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Ensayos
Balance anual Mantener a una mujer enamorada Reprimir a un artista es delito 3 5 7

Reseñas Habitantes
Pepe Pereza Luis Sevilla Ángel Muñoz Manuel Guerrero Cabrera Luisa Fernández Esperanza García Guerrero Adolfo Marchena Adriana Bañares Ana Patricia Moya

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Visitantes
Arantza Guinea Lucia Fraga Marta Noviembre Patxi Irurzun Jesús Suárez Elena Ortiz Jack Farfán Cedrón Remisson Aniceto Rolando Revagliatti Begoña Leonardo Óscar Varona Rubén Casado Murcia Mar Benegas Beatriz García Néstor Villazón Toni Quero Velpister Yolanda Martínez José Ángel Parejo Tomás Illescas Daniel García Paz Hernández Tomás Rivero Daniel Pulido 45 46 48 51 55 57 61 64 67 69 72 75 77 80 84 86 88 92 95 98 100 102 104 107

Groenlandia número diez (Enero \ Abril 2010). Directora: Ana Patricia Moya – Vicedirectora primera y administradora de la web: Bárbara López Mosqueda – Vicedirector y caballero groenlandés de la máxima excelencia: Andrés Ramón Pérez Blanco - Portada y contraportada: Rezgo Reis – Ilustradora de partes: Amarande Guzmán - Habitantes: Ana Patricia Moya, Manuel Guerrero Cabrera (Córdoba), Ángel Muñoz Rodríguez, Luis Sevilla, Luisa Fernández, Valentín Valiente (Madrid), Carlos Pérez (Valladolid), Pepe Pereza, Adriana Bañares (Logroño), Esperanza García Guerrero, (Sevilla) – Visitantes: Jesús Suárez, Yolanda Martínez, Tomás Illescas (Córdoba), Elena Ortiz (México), Néstor Villazón (Gijón), Toni Quero (Sabadell), José Ángel Parejo (Jaén), Velpister, Marta Noviembre, Beatriz García (Barcelona), Patxi Irurzun (Pamplona), Daniel Pulido Ortiz (Colombia), Óscar Varona, Tomás Rivero, Paz Hernández (Madrid), Lucia Fraga (A Coruña), Mar Benegas (Valencia), Begoña Leonardo (Zamora), Rolando Revagliatti (Argentina), Jack Farfán Cedrón (Perú), Remisson Aniceto (Brasil), Rubén Casado (Ceuta), Arantza Guinea, Daniel García (Vitoria) – Fotógrafos: Tomás Illescas (Córdoba), Ángel Muñoz Rodríguez, Luis Sevilla, Ricardo Bórnez (Madrid) – Edita: Revista Groenlandia – Apoyos morales: Angustias Añón, Carmen Serrano Fernández, el gran Kebrantaversos – DEPÓSITO LEGAL: CO-686-2008 – ISSN: 1989-7407

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Los meses más fatídicos para mí son Diciembre (por recordar diversos episodios del pasado, que siguen siendo un lastre) y Enero (por aproximarme peligrosamente a la treintena). Los que me conocen saben que me abstengo de dilapidar mis paupérrimos sueldos en cosas que no necesito (las fechas navideñas propician un consumismo detestable) y en celebrar mis aniversarios de nacimiento (me aterra ser una solitaria anciana más, y sin derecho a pensión); también conocen mi hábito de hacer un balance anual de todo lo que me concierne, en todos los aspectos. No tengo inconveniente en compartir mis inquietudes con los lectores, así que puedo resumirlo todo en puntos breves y concisos:

1) ¿Becarios o trabajadores? He sido afortunada por haber
obtenido una beca de trabajo — porque es eso, una beca para trabajar, y para “formarme” -, pero por otro lado, considero que no puedo estar toda la vida siendo mano de obra barata, ni tampoco tengo que aguantar hasta mi edad de jubilación una tiranía de pluriempleo o agotar todos mis esfuerzos económicos y mentales en unas tiránicas oposiciones (la última esperanza de titulados que no aspiran a un puesto de esclavo en empresa o a un empleo con contrato basura) y que sé de antemano que no voy a aprobar por mucho que estudie. Mi experiencia avala lo siguiente: un becario ES UN TRABAJADOR MÁS; aunque cobre menos, DESEMPEÑA EL MISMO TRABAJO que un funcionario o un laboral. Por lo tanto, me jode sobremanera que me miren por encima del hombro al nombrar mi condición como becaria. Mejor dicho: soy trabajadora con “contrato” de beca. Y menos mal que tengo otra tarea que me genera un lucro, que si no, mal iba. De momento, barajo las posibilidades de la empresa (sería bonito ganarse la vida en algo que me gustase: ya sabéis que estoy comenzando una aventurilla editorial) y el exilio al extranjero (idea más atractiva si cabe, ya que hay más posibilidades de que valoren el curriculum).

2) La literatura sigue siendo mi refugio. Sin embargo, reitero mi
postura: no quiero entrometerme mucho dentro del mundillo literario; mi salud mental es más importante que lo que se cuece en este triste panorama de corruptelas, chanchullos, enemistades sin venir a cuento, etc. Por tanto, todo lo que no

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tenga que ver con la literatura, no será asunto de mi incumbencia. Que se maten entre ellos pero que me dejen en paz, ni me involucren en cosas raras. En otro orden de cosas: vivimos en una época interesante y la gente se agita, levanta la voz, se queja, pero siempre desde un rincón seguro: el anonimato. Es posible el milagro: poneros nombre y apellido y luchad por el cambio, demostrar que el sistema actual no tiene sentido. El futuro de la poesía — en especial — está en nuestras manos, y si no hay acción, seguiremos igual. Y si no, apostad por la revolución individual en caso de que el resto de los descontentos siguen dormidos, o despistados. La vida es para los valientes, de los que aprenden de sus errores, y de los que se hacen daño contra los muros.

3) Groenlandia es para mí, y no exagero, una de las cosas más importantes que me han pasado en la vida. Me ha dado la
oportunidad, por ejemplo, de publicar dos libros — digitales, pero libros, digan lo que digan — siendo una Doña Nadie, de crecer como persona y como artista, de conocer a gente maravillosa. Por supuesto, sinsabores propios del arte por el arte, claro que han existido y seguirán existiendo, no todo es color de rosa: he llorado, he reído, he sentido con Groenlandia tantas y tantas cosas que podría rellenar una enciclopedia entera. Sí, soy una madre orgullosa de esta criatura, criatura que no hubiera crecido sin el apoyo de artistas y lectores. Y quiero continuar luchando por mí y por todos los que creen en la cultura.

No sé que me deparará el futuro, pero me gustaría comenzar un sueño (espero que el proyecto que tengo entre manos salga bien: es una gran esperanza, una apuesta arriesgada, pero necesaria para no estancarme en un estilo de vida que detesto y que, tarde o temprano, no podré seguir), evolucionar en todos los sentidos, decir adiós a la mierda del pluriempleo, poder publicar más libros (porque ya hay seis guardados en el cajón y pronto no habrá sitio para más manuscritos; aparte, me está empezando a picar el gusanillo de publicar en papel), seguir peleando por vosotros, los que dais sentido a madrugones, ligeros ataques de ansiedad, noches en vela, etc. En Abril hacemos tres años, como sabréis, y vuestra jefa está orgullosa de todo lo conseguido, también de todos vosotros.

4 ANA PATRICIA MOYA RODRÍGUEZ

Poetas y escritores de todas las épocas han dedicado un incalculable número de páginas a escribir sobre el amor, cómo lograrlo y cómo mantenerlo. Alcanzar la felicidad en la pareja ha sido uno de los grandes anhelos de todo ser humano y, al conseguirla, mantener esa sensación para siempre. La tarea de educar se asemeja mucho a la labor de enamorar. Sí, labor, porque aunque enamorar y educar están más cerca del arte que de la ciencia, conseguir la chispa necesaria también exige disciplina y constancia. Los vagos que esperan sentados la inspiración pierden a su amada por aburrimiento, así como el maestro que pretende vivir toda la vida de algo que un día fue una buena actividad, pierde la credibilidad ante sus alumnos. El primer día de clase suele ser como la primera cita: se tantea y se engaña. El maestro lleva preparados juegos, canciones e incluso momentos de auténtica libertad con el fin de que ningún niño se dé cuenta de lo que realmente le espera. Porque, hay que admitirlo, con seis años, estar sentado en un aula cinco horas, no es un plan muy atractivo, como tampoco resulta atractiva la idea de pasar los domingos aguantando el fútbol, pero eso ella no lo descubre en la primera cita. Una vez que los niños vuelven a casa contando maravillas del colegio, se ha mantener el interés y la expectativa. Cuando a un niño se le cae el mito de su divertido profesor, es difícil de recuperar; andará con ciertas suspicacias, buscará más los límites y retará la autoridad del maestro. Por el contrario, se les debe bajar de la nube muy despacio, como una novia va viendo pequeños defectos a los que no da demasiada importancia. Por supuesto es inevitable que estos defectos, por una y otra parte, salgan a la luz de manera evidente en algún momento, y es entonces cuando se tendrán que limar asperezas. Con los niños se trata de no ceder a los chantajes y premiar la buena disposición, al tiempo que se toma el pulso a la clase para encontrar intereses o motivaciones comunes que potenciar. La confrontación de personalidades, en el aula y en la pareja, conlleva unos roces que pueden ser sanos, incluso útiles, ya que refuerzan la personalidad propia y la del grupo. Eso sí, se debe

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tener presente que estas disputas serán continuas, nunca cesan y hay que estar mentalmente preparado para ello. Cuando el orgullo juega malas pasadas y se cede a la ira, se quiebra la confianza y cualquier relación corre peligro. En el caso de un profesor, perder el interés de sus alumnos es uno de los mayores baches profesionales por los que se puede pasar. Con el fin de salvaguardar el interés, uno de los recursos más útiles es tan sencillo como olvidado: hacer feliz. Conociendo a nuestros alumnos, ya habremos averiguado qué les motiva y podremos explotarlo; un juego determinado, actividades creativas, cambiar de aula, una marioneta… Las posibilidades son miles y sólo las conoce el maestro que se ha interesado por sus alumnos y se esfuerza por conservar su confianza. Esto se debe hacer en el día a día, con frecuencia pero sin sobrecarga: hay que dejar espacio para otras cosas. Tampoco con la pareja hay que ser “empalagosos”, ya que, llegados a este punto, hay otros aspectos de la pareja en desarrollo y también necesitan atención. Hay otros peligros acechando el buen hacer del maestro (y del pretendiente), como la rutina, ese enemigo que llega sigilosamente y se establece en nuestra vida hasta arrebatárnosla. Suele terminar en estancamiento, las ideas no fluyen, se pierde el aprendizaje y cualquier actividad carece de sentido. Esta situación es reversible mediante un golpe de efecto, una jugada maestra, una gran sorpresa. La enorme acción que se vaya a llevar a cabo para despertar del letargo del estancamiento tendrá que ser meditada y encajar bien en los intereses de los alumnos (y de la pretendida), porque se corre el riesgo de que los fuegos artificiales se queden en pólvora mojada.

Las semejanzas entre la pareja y la educación son muchas y variadas. Ambas pueden convertirse en una relación de amor — odio, puesto que a veces se nos hace cuesta arriba, perdemos el interés y no nos apetece estar con los niños o con la pareja. Pero en el fondo sabemos que el resultado merecerá la pena, será un futuro feliz, trabajado y ansiado, merecido y disfrutado. En el amor y en la educación.

6 VALENTÍN VALIENTE MORALES

Eso fue lo que escribió Egon Schiele al margen de una de sus acuarelas cuando lo encerraron en la cárcel de Neulenbach (Austria) por corrupción de menores. La obra de este pintor austriaco estuvo condicionada por la pérdida de su padre en 1905, obsesionándole hasta el punto de mostrarse como un artista transgresor y angustiado por la muerte y el sexo durante toda su escasa vida; pero, a diferencia de su famoso coetáneo Gustav Klimt — del que fue alumno y amigo personal — Schiele siempre buscó a modelos demacrados entre las prostitutas y los obreros, tratando de representar la extrema delgadez de la clase social más baja, como metáfora contra los adinerados burgueses a los que suponía gordos y bien alimentados. Como resultado, mostró unos personajes desnudos, provocadores, lascivos y con una evidente carga erótica que fue considerada excesiva incluso en aquella sociedad vienesa de principios del siglo XX, más acostumbrada a intuir que a ver escenas sexuales tan gráficas y explícitas. Huyendo del recatado entorno de la capital austriaca se instaló en el sur de Alemania con la modelo Wally Neuzil, aún menor de edad; una convivencia que tampoco fue bien recibida en Baviera, obligando a la pareja a trasladarse a Neulenbach, no muy lejos de Viena. Su estudio se convirtió muy pronto en un punto de encuentro para los jóvenes más desinhibidos de la localidad, hasta que el 13 de abril de 1912, el padre de una de aquellas adolescentes lo denunció por secuestro. Este cargo no prosperó, pero sí que fue encerrado tres semanas por otros delitos: indecencia y atentado contra la moral pública por exposición de material pornográfico a menores; una acusación que — en aquel momento — acabó relegándole al papel de artista marginal, cuando el juez, simbólicamente, quemó en público una de sus acuarelas. En 1914, la influencia de Klimt logró que Schiele se rehabilitara socialmente con cierto éxito; e incluso llegó a casarse con Edith, una joven de clase alta, pero la fortuna volvió a darles la espalda: el atentado en Sarajevo contra el archiduque de Austria-Hungría desencadenó la I Guerra Mundial cuando el Imperio declaró la guerra a Serbia. Cuatro años más tarde, al mes de firmarse el armisticio que ponía fin a la contienda, un virulento brote de gripe española causó estragos en Viena y, con unos días de diferencia — del 28 al 31

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de octubre de 1918 — la enfermedad acabó con la vida tanto de su esposa, embarazada de seis meses, como del pintor, con tan sólo veintiocho años. Al igual que Egon Schiele, en la segunda mitad del siglo XX, el pintor Otto Muehl y su movimiento — el accionismo — también sorprendieron a la sociedad de Viena con su idea de que la pintura debía alejarse de los materiales tradicionales para acercarse a cualquier superficie donde se pudiera pintar (generalmente, el cuerpo humano); realizando unas performances que le valieron diversas condenas por blasfemia. En un futuro próximo, ¿seremos capaces de admirar como meras obras de arte lo que ahora todavía escandaliza a ciertos sectores del público? Conviene recordar que muchos lienzos que, en su momento, fueron criticados por su audacia, son vistos — hoy en día — como clásicos de la Historia del Arte. Al fin y al cabo, Miguel Ángel escandalizó a toda Roma con los frescos del Juicio Universal que pintó en la Capilla Sixtina del Vaticano; Goya tuvo que explicar a la Inquisición que su Maja desnuda no era obscena; Modigliani se vio obligado a retirar sus famosas mujeres desnudas de una exposición en la parisina Galería Berthe Weill… Y, bien entrado el siglo XX, la australiana Rosaleen Norton todavía fue denunciada por corromper la moral con sus dibujos inspirados en rituales satánicos; y el inglés David Hockney, aún sigue desatando la polémica por su contenido homoerótico, moviéndose en esa sutil frontera donde unas personas ven erotismo y otras, vulgar pornografía. ¿Cuál es el límite entre uno y otra? ¿Dónde acaba el arte y comienza la simple provocación? ¿Vale todo en el mundo de la pintura?

Y tú, ¿qué opinas?

8 CARLOS PÉREZ VAQUERO

El género del terror no pasa por su mejor momento en la gran industria del cine americano: demasiados remakes y secuelas confirman una preocupante crisis creativa. Menos mal que, aparte de las producciones independientes del país, las propuestas europeas atinan, con fuerza; me voy a remitir, en concreto, a cuatro casos que me han impactado, cuatro películas escalofriantes.
Martyrs (Pascual Laugier, 2008)

Lucie fue secuestrada de niña, sin saber el motivo. Escapa y termina en un orfanato: allí conoce a su mejor amiga, Anna, que intenta ayudarla para superar sus traumas. Lucie decide vengarse de sus secuestradores y mata a una familia sin remordimientos, pero que esconde un terrible secreto. Galardonada en el Festival de Cannes, Martyrs es una apuesta poco convencional, donde la tortura y el dolor se justifica por un fin místico. Las actrices protagonistas cumplen su papel de manera excelente y los efectos especiales están muy conseguidos. Pero lo realmente importante de Martyrs es la trama, el misterio que envuelve tanto sufrimiento. Una joyita del nuevo cine francés extremo.

The human centipede: first sequence (Tom Six, 2009).

Bizarra: no hay mejor adjetivo para describir esta inquietante película holandesa que, en un principio, podría resultar ser un film más con ingredientes propios del género (un loco imitador del doctor Frankenstein, extranjeras que se pierden accidentalmente por el bosque y son raptadas, etc); sin embargo, la originalidad radica en que el retorcido malvado de la película es un cirujano que desea "construir" un ciempiés humano. Y consigue cumplir su fantasía uniendo a tres personas, a través de desagradables operaciones. Encantado con su nueva “mascota”, el doctor olvida que hay dos inspectores policiales que sospechan de su extraña actitud. Y hasta ahí puedo contar. Asquerosamente entretenida y no apta para estómagos sensibles. Y, de nuevo, imploro al cielo para que los artistas de EEUU no la mancillen...

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Cherry Tree Lane (Paul Andrew Williams, 2010)

En este film inglés no encontraréis miembros seccionados, ni sangre a borbotones, ni monstruos infernales: se nos plantea el puro terror psicológico que pueden causar unos cuantos adolescentes psicópatas que se aburren y deciden torturar a unos padres indefensos. ¿Aburrido el planteamiento? Para nada: de ahí radica lo distinto de Cherry Tree Lane , y que forma parte de un grupo de películas que, a través del suspense y de un terror realista, muestran una serie de mensajes sociales (y alarmantes) que nos pone el vello de punta. La crueldad de estos niñatos no tiene límites, y esta película es un ejemplo del horror que pueden generar unos estúpidos que se divierten haciendo daño gratuito. Muy cruda. Y no, no pasará al circuito de películas para nuestros cines porque no resultaría comercial.

S i c k G i r l ( Eben McGarr , 2 0 0 7 )

Producción independiente norteamericana y que supera con creces grandes superproducciones del género. Otra de las excepciones de gran calidad para el maltrecho panorama del cine americano. Como ya apunta el nombre, Sick Girl es una locura, una orgía de sangre perpetrada por una adolescente perturbada, Izzy - sus padres murieron, y su hermano mayor, del que está profundamente enamorada, es militar destinado en otro país - y que, con tal de proteger al pequeño Kevin, el menor que sufre acoso escolar, será capaz de cualquier cosa. La joven protagonista - conocida actriz de populares series que, para esta ocasión, destaca como desequilibrada sin escrúpulos - llega a sobrepasar los límites de lo macabro y comete los más crueles asesinatos, justificándose en que debe de cuidar del niño. Memorables son las escenas de cuando la maniática, en un autobús, se lía a tiros con un grupo de monjas y niñas colegiales. Y, por supuesto, no está disponible en nuestros videoclubs. Lo bueno siempre pasa desapercibido... ANA PATRICIA MOYA RODRÍGUEZ El equipo de Groenlandia también recomienda: “La cinta blanca”, por Michael Haneke “The Reader”, por Stephen Daldry “Amador”, de Fernando León de Aranoa 10 “Corre, Lola, Corre”, de Tom Tykwer

La breve eternidad de Morfeo (Rafael Manjón-Cabeza)

Quienes tuvimos la suerte de conocer a Rafa Manjón-Cabeza Guzmán seguimos impresionados por su ausencia y por lo mucho que nos aportó en poco tiempo (poquísimos meses en mi caso). Al menos nos quedó su obra, desde la que sigue marcándonos; por lo que la publicación de toda su poesía y su prosa creativa por el Ayuntamiento de su localidad, Cabra, es algo inmenso y

necesario para quienes lo leímos en Saigón , La Opinión de Cabra o en algún correo personal en el que te confiaba algún poema de su autoría para leerlo y compartir opiniones. Respecto a su obra poética (recogida en El incierto destino de los dardos ), don Antonio Roldán la definió, acertadísimo, como

“necesaria,

profunda, rebelde y juvenil, amorosamente inspirada”; en cambio,
su obra narrativa compuesta por diez textos de diversa índole (aunque el desencanto o la desilusión es algo que encontramos muy a menudo), quedan agrupados en el volumen que aquí comentamos y no dejan indiferente a nadie. Quizá por razones biográficas del autor, impacta al lector su lectura. Ya Raquel García, quien mejor lo conoció, nos lo descubre en su prólogo:

“relatos llenos de inolvidables vivencias y de una visión auténtica, original, crítica y sensible”. Pero, dejando aparte este rasgo vital
(además, difícil de eludir), hay que elogiar la técnica narrativa, llena de información visual y de diálogos (no podemos descartar una posible influencia cinematográfica) y la calidad literaria de los personajes protagonistas y su final: un suicida que piensa que la muerte es sólo un momento fugaz, un artista catalán en Córdoba donde trata de estrenar su obra de teatro, un anciano

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que se enfrenta a una enfermera manipuladora, un “Quijote” de Verne o un muchacho que ve cumplidos sus deseos por las lágrimas de San Lorenzo, son algunos de ellos. En cada relato conocemos sus motivos para la acción y sus pensamientos, a modo de expresa confesión del autor mediante sus personajes; por lo que, sin pretenderlo, hemos vuelto a unir vida y obra: la muerte es un instante y, luego, viene la nada; hay que vivir hasta el último instante para realizar tus sueños; no hay que perder la esperanza y actuar ante lo injusto; la libertad está en el interior de cada uno; los deseos se cumplen, pero tienen sus consecuencias. Al contrario, totalmente al contrario que en su poema “El finito

tiempo perdido”: Un único aplauso pareció el cierre de aquel libro. Y no mereció más la atmósfera vacía que quedó dentro.

Digno de varios aplausos es este volumen (para Rafa y todos los que lo hicieron posible) por entregarlo a los lectores, quienes se sentirán colmados de buena literatura y de la reflexión de cuánto podría haber seguido aportando este ya eterno egabrense, si no hubiera caído por siempre en las redes de Morfeo.

MANUEL GUERRERO CABRERA El equipo de Groenlandia también recomienda: “Nocilla Experience”, de Agustín Fernández Mallo “Fahrenheit 451”, de Ray Bradbury “El tiempo nos va desnudando”, de Julio César Álvarez “Melania Jacoby”, de Susana Pérez-Alonso “El juego favorito”, de Leonard Cohen “El debut del chico tatuado”, de David González 12 “El amante”, de Marguerite Duras

En nuestro apartado de cómic, vamos a destacar una obra del creador Paco Roca, un novelón gráfico de Howard Cruse y una entretenida propuesta del controvertido Ralf Köning.

Las calles de Arena (Paco Roca, Astiberri, 2009)

Sorprendente lectura de un fantástico Paco Roca que siempre, siempre, se supera con cada álbum. El autor no sólo domina el género costumbrista, como pueden ser, por ejemplo, los casos del desgarrador pero tierno relato sobre el Alzheimer ( Arrugas ) o la trama sobre prometedores dibujantes y guionistas que se revelaron contra un gigante editorial ( El invierno del dibujante); también el artista consigue recrear un precioso cuento gráfico onírico, que recuerda a muchas obras clave de la literatura universal. No voy a destripar más sobre las desventuras del principal protagonista, el peculiar Hombre sin Nombre, que lucha entre recuperar la identidad personal o vivir en un mundo extraño y fantástico, habitado por personajes pintorescos y extravagantes. Es un libro mágico, precioso. Recomendable al cien por cien. Una delicia para el buen amante del cómic.

Stuck Rubber Baby (Howard Cruse, Dolmen, 2006)

En un pequeño estado americano, vive el joven Toland Polk, el protagonista; en su pueblo natal, se suscita una intensa agitación social y política, propia de movimientos de las minorías — homosexuales y negros — que luchaban por sus derechos como ciudadanos en los años cincuenta. Esta historia es una pseudobiografía (el propio autor, Howard Cruse, así lo confirma en las páginas) pero que recoge una serie de hechos verídicos que forman parte de una decisiva y tensa etapa de la historia contemporánea de los EEUU. Tolk se debate entre aceptar su condición sexual verdadera o amar lealmente a una amiga, entre mantenerse pasivo a lo que sucede a su alrededor o bien actuar para apoyar a los que son diferentes. Maravillosa novela gráfica cargada de compromiso y humanismo, merecedora de importantes premios como el Eisner o el Harvey.

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Como conejos (Ralf Köning, La Cúpula, 2003)

Horst es heterosexual, músico y, de nuevo, soltero: su novia le ha dejado por haber encontrado una película porno en la casa. Sigi es homosexual, acaba de mudarse a un bloque de pisos dispuesto a cambiar de vida porque su novio le ha dejado. Ambos son vecinos y antiguos compañeros de escuela; de nuevo, resurge la complicidad entre ambos y se ayudan mutuamente. Mientras Sigi intenta olvidar a su ex y esquivar a su madre, deseosa de que su hijo siente la cabeza contrayendo matrimonio, Horst recupera el interés por el sexo salvaje al conocer a una vida de ópera. Sin embargo, todo tiende a enredarse — algo muy propio en estas comedias de situación bien dirigidas por el maestro Ralf Köning — cuando aparece un atractivo y bruto camionero gay y una ex novia despechada pero dispuesta a convertirse en una mujer ligera de cascos para reconquistar a su pareja. Como Conejos es una divertida reflexión acerca de la naturaleza del sexo en el ser humano y que hace reír hasta que duela la mandíbula. Imprescindible.

ANA PATRICIA MOYA RODRÍGUEZ

El equipo de Groenlandia también recomienda: “Wilson”, de Daniel Clowes “BlackSad: el infierno, el silencio”, de Díaz-Canales \ Guarnido “Off Road”, de Sean Murphy “Mazinger Z: la enciclopedia”, de J. Aurelio Sanz-Arranz “La época de Botchan”, de Jiro Taniguchi “Scott Pilgrim”, de Bryan Lee O´Malley “Monster”, de Naoki Urasawa “DDT”, de Suehiro Maruo “Pastitas de Hojaldre”, de Ralf Köning “New National Kid”, de Suehiro Maruo 14 “El invierno del dibujante”, de Paco Roca

La niña de las naranjas \ Palabra de Awixumayita (Ediciones Emilanenses, 2010)

Cuaderno de bitácora no es más que un lugar donde apuntar
nuestra “navegación”, las islas que encontramos, las tormentas que nos desestabilizan, la posición de las estrellas, nuestros naufragios. Y en ese devenir literario concebido para Internet se crea no sólo un género nuevo, sino una literatura nueva. Y de eso Adriana Bañares Camacho (Logroño, 1988) sabe mucho. Su blog ha sido el cuaderno de bitácora del que ha partido La niña

de las naranjas. Palabra de Awixumayita , un libro galardonado
con la Beca de Jóvenes Artistas con proyección, en la modalidad de literatura, del Ayuntamiento de Logroño. Tim

Burton, Sex in the City, Mi vida en la penumbra, Compañeros, David Lynch, X Men, Edith Piaf… son parte de una sola
autoficción poética, a ritmo de rockabilly, que aúna recuerdos y experiencias adolescentes y juveniles con revelaciones de la cultura de los años 80 (¡los 80!) o del mundo de las pin-up. Este libro nos habla de una niña en los 90, una niña que juega con su

Barbie de Mattel y que va descubriendo con ojos vírgenes la
opulencia cultural que le precede. Ella, como su muñeca rota, se sabe un producto cultural. La niña de las naranjas también es el descubrimiento de ella misma, del sujeto que siente y que interfiere en los sentimientos de los demás. Admiradora de Freud,

Adriana

Bañares

se

psicoanaliza

como

objeto

distante

y

desconocido, un poco indolente, cuyas pasiones se esconden en una bolsa de plástico del Corte Inglés y en unos zapatos recién comprados que exhibe al caminar solitaria por las calles de

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Valladolid. Adriana Bañares describe con sutileza la realidad consumista y el vacío existencial, haciendo que su voz se alce con una contundencia insólita entre otras muchas voces. La logroñesa pertenece a esa nueva especie de escritores: los que no conciben la expresión sin un feedback de sus lectores, sin publicar un

pos t,

sin

enlazar

un

artículo

interesante.

Los

colgados, en la red. El libro supone haber pasado el límite del blog; lanzando el diario y tirando la llave lo más lejos posible. Es un “estoy aquí, soy real, soy esto”, asegura la propia autora.

Adriana Bañares está hecha de otra pasta. De códigos binarios.

SARA R. GALLARDO

El equipo de Groenlandia también recomienda: “Bella Durmiente”, de Miriam Reyes “Rengo Wrongo”, de Jorge Riechmann “Poesía en forma de rosa”, de Pier Paolo Pasolini “La habitación del extranjero”, de Óscar Aguado “Litro de versos”, de Felipe Zapico Alonso “Dinero”, de Pablo García Casado “Dichosa tarde en escala de grises”, de Antonio Huerta Orihuela. “Breve testimonio de una mirada”, de Ana Vega “Habrá alguna vez un hombre libre”, de Nacho Escuín 16 “El frío”, de Pedro Andreu

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(Logroño). Ex – actor, guionista, poeta, escritor y director. Sus relatos han aparecido en diversas revistas y fanzines como “Narrativas”, “Lafanzine”, “Al otro lado del Espejo”, “Agitadoras”, “Cruce de Caminos”, “Deshonoris Causa”, así como en diversos blogs: “Crónicas para decorar un vacío” (de Xen Rabanal), “Hank Over \ Resaca” (Vicente Muñoz Álvarez y Patxi Irurzun), etc. Ha publicado el libro de relatos “Putas” (Ediciones Groenlandia; segunda edición, próximamente). En el 2012, la editorial Baile del Sol publicará su segundo libro, “Amores Breves”. Aparece en las antologías “Viscerales” (Ediciones del Viento), “Los rincones más oscuros: antología del miedo”, “Des-amor” (Groenlandia), “Beatitud: Visiones de la Beat Generation” (Ediciones Baladí). En breve, publicará en Groenlandia su segundo libro de relatos, “Momentos extraños”. Su blog: http://www.asperezas.blogspot.com.

Los

faros

encendidos

del

vehículo

iban

devorando

las

líneas

discontinuas del asfalto, abriéndose un hueco en la espesa oscuridad de la noche. Por los altavoces del coche sonaba la versión que Radiohead hizo del mítico tema de los Pink Floyd: “Wish You Were Here”. Laura subió el volumen y siguió conduciendo por la autopista. Un par de lágrimas se deslizaron por sus mejillas. Al escuchar el tema no pudo evitar echarse a llorar, quizás porque esa canción le traía un aluvión de recuerdos y no todos eran gratos. Pisó el acelerador un poco más. Las lágrimas siguieron brotando y al mezclarse con el rimel de sus pestañas dejaron un rastro negruzco en su cara, parecido a dos minúsculas carreteras. Se cruzó con un coche que le dio las largas e hizo sonar repetidas veces su claxon. Laura continuó conduciendo como si nada, absorta en sus pensamientos, llorando con cada acorde. Recordó el día que Miguel le regaló el CD que estaba escuchando. Fue dos semanas antes de que se matase en un accidente. Laura había bebido demasiado. Además se había tomado un puñado de tranquilizantes y

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la mezcla no le estaba sentando muy bien. Pisó un poco más el acelerador. La aguja del cuentakilómetros subió a ciento sesenta. Laura no hizo caso del cuentakilómetros, ni siquiera se fijó en él. Ella sólo miraba al frente, a esa oscuridad perpetua levemente mancillada por los faros de su coche, a ese negro absoluto que era un fiel reflejo de su estado emocional. La música y las lágrimas seguían fluyendo al igual que el dolor y la desesperación. La letra de la canción decía: “Ojalá

estuvieras aquí”. Laura lloraba más y más. Cada nota de la canción era
una puñalada que le recordaba que Miguel estaba muerto, que nunca más tendría sus besos, sus abrazos… que ya nada merecía la pena. Se cruzó con otro coche que también le puso las largas e hizo sonar insistentemente su claxon. Laura conducía en sentido contrario. Dos coches más la esquivaron e hicieron todo lo posible para advertirla de su error, pero ella seguía inquebrantable por el carril que había hecho suyo, como un proyectil homicida impulsado hacía un futuro incierto. Avanzando en la dirección equivocada, decidida a terminar cómo en un guión de cine, saltando por los aires en una gran bola de fuego que apagase con su luz la noche entera.

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Ramiro era un jubilado que casi todas las noches salía en busca de mensajes en las estrellas. Desde que su mujer murió, siempre que el tiempo era propicio, salía en busca de un mensaje que no terminaba de llegar. Observaba

atentamente los tintineos de luz de cada estrella para apuntar de seguido en una libreta: punto, raya, raya, raya,

punto, punto… En los tres años que llevaba escrutando el
cielo nunca logró encadenar una pequeña frase en Morse que tuviera algo de sentido. Aun así, él seguía

inquebrantable en su empeño. Antes de morir, lo último que le dijo su mujer fue: “búscame en las estrellas, yo te hablaré

a través de ellas”. Este era el motivo por el cual Ramiro
buscaba un mensaje en el cielo. Por eso salía cada noche esperanzado, aunque cada amanecer regresara cabizbajo y con una fría sensación de tristeza y fracaso. Notaba la falta de su mujer a cada segundo, después de más de cincuenta años de matrimonio era normal que la echase de menos. Su vida había dejado de tener sentido y sólo aguantaba en este mundo por si las estrellas se decidían, de una puñetera vez, a enviarle el ansiado mensaje de su esposa. Mientras esperaba la tristeza se iba adueñando de él y lo poseía hasta el extremo de hacerle perder las ganas de todo. Ramiro siempre fue un hombre risueño que

contagiaba su buen humor a todos, pero desde que se quedo viudo parecía otro. En tres años había envejecido diez. Su pelo, que siempre fue negro, se había ido

agrisando. Su rostro y frente estaban llenos de pliegues y su

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mirada vacía era un fiel reflejo de la tristeza que le acompañaba siempre. Esa noche estaba siendo muy fría y Ramiro no paraba de tiritar mientras escribía en su libreta. Estaba enfadado con las estrellas. Hasta ese momento, todo habían sido mensajes ilegibles y sin sentido. El vapor salía de su boca formando pequeñas nubes blancas. De pronto, una estrella llamó su atención. Se apresuró a apuntar en su libreta una serie de espacios, rayas y puntos. Al principio no le dio ninguna importancia, pero según iba anotando en la libreta, una frase comenzó a surgir. Con cada tintineo formaba letras y palabras completas con sentido. Ramiro repasó el mensaje una y otra vez para no caer en errores. Todo era correcto. Lo leyó una vez más. No cabía duda, su mujer por fin le hablaba a través de las estrellas. Ramiro dio gracias al cielo y saltó de alegría cómo si fuese un chaval. Ya no habría más días tristes, de hecho ya no habría más días. El mensaje decía: “No estés triste, mi amor. Mañana

antes del anochecer estaremos juntos”.

Pepe Pereza 21

Luis Sevilla (Madrid). Misterioso poeta, narrador, fotógrafo, crítico literario, misántropo. Ha aparecido en diversas antologías. Mantiene el blog: www.lacasaenpenumbras.blogspot.com.

Anoche la lluvia. El calor se evaporó como agua de plancha sobre la manga de una camisa. Anoche la madrugada. Pensé en ti. A veces cae la camisa como lo hace la lluvia, derramada por el suelo como agua de una cañería rota. Cuando pienso en agua pienso en tus bragas, en ti esperando en la parada de un autobús, en el móvil en tu bolsillo, en tu mano sacándolo, buscando mi número. Mi voz entra dentro de ti como si estuviera esta noche dentro de ti. Jugamos al billar en el bar bajo tu casa. Estamos tan cerca el uno del otro que el olor a tabaco que se queda en nuestra ropa es como mi boca que se llena de la tuya, o puede que hayamos bebido demasiado, o que las bolas no quieran entrar en la tronera a la primera para alargar este momento y no perderlo nunca. Me besas. Me gusta la lluvia en tu pelo cuando me besas. Me gusta decirte obscenidades mientras esperas el autobús y me llamas por teléfono porque te aburres y necesitas saber que hay alguien al otro lado. El agua entre tus piernas es como los mosquitos bailando alrededor de una bombilla. Dices que mi lengua es una bombilla que irradia soles. Algo arde en el centro del hielo, tus manos desnudas sosteniendo durante unos minutos la escarcha del congelador. El calor es húmedo y tu lengua suda en la mía. Dices que te diga cosas que te lleven aún más lejos de nosotros mismos. Y te llevo, como lo hace la nieve que se sorprende agua. Como el agua que se hace vapor, o se filtra en la tierra como un café. Por eso huelo tu pelo, húmedo de tierra que huele a café. Huelo tu boca, que me sabe a tierra, y es allí, en la hierba de aluminio frío de un bar de mala muerte que cierra demasiado tarde como para recuperarnos de la resaca, donde me quedo dormido, la barra desierta con el camarero deseando irse a su casa y que tú te largues de este lugar al que llamamos hogar.

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I

Tal vez haya abandonado casi sin notarlo demasiadas cosas Que he dejado de contar todas las gotas de lluvia, Todas esas cosas que antes me hacían perder el autobús. Supongo que empecé a olvidar como empezó todo. Sé que a veces me miras como si lo supieras todo de mí, Quieta, sentada, mirando mis ojos como si leyeras El final de un libro varias veces releído Y nada más te perturbara salvo cerrarlo, Dejarlo sobre la mesilla que hay junto a tu cama Y abandonarte a sueños desconocidos En lugares en los que nunca has estado. Y no sé si seguimos sentados al otro lado de la mesa Porque nada ha cambiado entre nosotros,

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O si en realidad no queremos saber nada más Porque eso es todo cuanto queremos saber Y las preguntas han sido cambiadas por el cuadro Cuya belleza has dejado de contemplar. Sé que en ocasiones me sostienes la mano Como si tuvieras miedo de caerte, Y me miras como si una canción que no has oído Resonara en tu mente, Aunque cuando miro tu mano enredada a la mía No sé si en realidad lo haces Porque eso es lo que siempre hemos hecho. Debo suponer que he tenido que olvidarlo. Por un breve momento, un día de lluvia, Nos desnudamos Y por una vez no tenemos otra fantasía que la de estar juntos, Y no queremos nada que no sea la de estar dentro El uno del otro, como cuando nos sentábamos juntos, Casi sin tocarnos, esperando ansiosos que la hora Se detuviera para deslizar un beso por el quicio de los labios. Quizá, después de todo, nos hemos olvidado tanto De quienes somos, del lugar del que venimos, Que un día nos despertamos junto a un desconocido Y por eso esta mañana he visto que me mirabas Sin el menor remordimiento, para cerrar la puerta tras de ti.

Luis 24 Sevilla

(Leganés, Madrid, 1977). Licenciado en Historia del Arte. Poeta, narrador, fotógrafo. Autor de: “Ya no leo Tebeos de Wonderwoman” (Groenlandia, 2009) y “Como Ulises en una cacharrería” (Bohodón Ediciones, 2010). Sus textos han aparecido en diversas revistas literarias, así como en blogs y páginas webs. Tiene su espacio en Las Afinidades Narrativas. Ha participado en multitud de recitales y exposiciones. En breve, sus poemas aparecerán en distintas antologías poéticas. Impulsor del proyecto poético “Poetrastros: por favor, tratad con cariño” (La Vida Rima Ediciones). Tiene dos poemarios inéditos.

La delicadeza y la ternura se habían convertido en los estandartes de cada noche. Levantaba las sábanas, no sin antes observar como moldeaban un cuerpo, imposible de ser cincelado mejor. No quería provocar más rechazo en su vida, y ésta sabía que era la mujer que siempre había querido encontrar.

La amó, quiso saborear la tenacidad de sus pezones pero el paladar seguía cargado con el aroma de los vasos de vino que había catado en la cena.

Fatigado cayó a un lado de la cama para dormir profundamente.

***

El despertador no cumplió con su función al tener el alma gastada. Llegaría tarde a trabajar pero el amanecer a su

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lado

borraba

cualquier

injusticia.

Esa

mañana

no.

Definitivamente no.

No la desinflaría para guardarla en el armario. Así, al caer la jornada y volver abatido no encontraría la casa tan sola.

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¿sabes? a tu abuelo lo quería mucho cuando le conocí no tenía dónde caerse muerto y con una sábana de mi ajuar le cosí cuatro o cinco calzoncillos un hombre decente no puede ir con el badajo colgando entre las perneras y todavía mi madre me preguntaba si yo quería a ese pordiosero como marido que no tenía un real ni para él no te preocupes le dije si es preciso los dineros los traigo yo a casa pero ese hombre no va a ir el resto de su vida con el chisme colgado mientras tenga sábanas en el ajuar

Ángel Muñoz Rodríguez

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(Lucena, Córdoba, 1980). Licenciado en Filología Hispánica, actualmente es profesor de lengua y literatura en secundaria. Director de la revista literaria lucentina Saigón y miembro de la asociación cultural Naufragio. Ha publicado el poemario “El desnudo y la Tormenta”, el ensayo “Tango Bailando con la Literatura” (ambos en la editorial Moreno Mejías) y el estudio “Estudios Críticos de Literatura del siglo de oro”. Sus poemas han aparecido en diversas revistas literarias.

…y tu cuerpo conoce todos los lenguajes. NIZAR KABBANI

¿Por qué no escribes? ¿Ya no te gusto? ¿Ya no te inspiro? Habla. Dime por qué. ¿Ya no hay mar en mis ojos ni coral en mis labios? ¿Ya no está el firmamento en mi célico vientre?

Estoy mudo y te miro.

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Y tu boca me ofrece el alba roja, tu cintura, el deseo de una inquieta paloma y tu pecho, azahares.

¿Por qué escribir? Estoy mudo, desnudo

y tu cuerpo conoce todos mis lenguajes .

Manuel Guerrero Cabrera 29

(Madrid). Ha obtenido algunas menciones en diversos certámenes literarios gracias a sus relatos. Ha sido incluida en diversas antologías y sus poemas e ilustraciones han aparecido en revistas literarias, digitales e impresas, (“Groenlandia”, “Al otro lado del espejo”, etc) así como en distintos blogs. Ha escrito tres novelas, dos novelas cortas y cuatro poemarios (inéditos). Pertenece a la Asociación Literaria Mesa de Escritores (Fuenlabrada, Madrid). Administra el blog literario y personal Tierras de Alquimia (http://tierras-de-alquimia.blogspot.com).

Tardé mucho en comprender el motivo por el cual mi mejor amigo era tan dado a tener secretos. Nunca hablaba de su familia, ni tampoco nos llevaba a su casa. Siempre era el primero en idear alguna pifia para divertirnos: quemar ratas, pinchar neumáticos, hasta creo que aquello de meterse en las casas a robar fue cosa suya. Pero lo que más me gustaba de él eran sus historias. Era un verdadero cuentista. Nuestra imaginación buceaba por ellas haciéndonos viajar hacia mundos desconocidos y maravillosos de paladines y princesas, dragones y magos. Guerreros. Todo un mundo construido para nosotros, sus oyentes.

Luego, el paso de los años nos separó. Yo acabé el bachillerato a fuerza de tirones de oreja y él cumplió su primera condena en un correccional para menores. Asalto con resultado de muerte accidental.

Fue mucho después, por casualidad, y ya terminando mis prácticas hospitalarias en un centro psiquiátrico, cuando supe de él. Su infancia fue un vía crucis de maltrato y violaciones sistemáticas por parte de su

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padrastro. Su madre había muerto cuando él tenía seis años y su padre biológico rechazó su custodia, dejándolo totalmente desamparado en manos de aquel verdugo que ostentaba el título oficial de padre. Miguel había pasado por tantas instituciones psiquiátricas, que ya no quedaba nada del muchacho que yo conocí. Ahora, mientras le veo en la boca del metro exigiendo dinero a los viandantes para una nueva dosis de heroína con la que apaciguar al extraño que lo habita, oigo el crepitar de su voz como la de un viejo animal herido al que hicieron crecer a fuerza de palos. La escucho impotente desde aquí, desde el lado bueno de la acera.

Luisa Fernández 31

(Sevilla). Forma parte del proyecto Fahrenheit 451 (Las Personas Libro). Sus poemas aparecen en diversas antologías: “Poemas para un minuto” (Editorial Hipálage, 2007), “Girapoemas” (2009). Ha participado en diversas revistas y algunas páginas Web de Literatura. Ha formado parte del ciclo “Versos Sumados”, dentro del Festival Cosmopoética (Córdoba, 2009).

Hoy hace un año que salí de mi país, sólo quedan ocho meses para tener pagada la deuda del viaje; a partir de entonces, tendré la libertad, o por lo menos eso fue lo acordado cuando llegué aquí. Si decido irme, ellos dejarán de enviar dinero a mi familia, no sé lo que haré cuando llegue ese día… pero, ¿para qué pensar? Aún quedan muchos meses, por ahora prefiero que mis padres continúen con la idea de que trabajo como niñera.

El

sábado

trasladaron

a

la

chica

polaca,

han

comentado que es una recompensa por su interés en aprender el idioma y agradar a los clientes, a partir de ahora trabajará en la capital, allí podrá salir a la calle y dejará de estar apartada en medio de la nada, ella estaba muy contenta porque prometieron comprarle ropa de lujo y perfume caro, pero aún así continuará siendo una puta. No teníamos una gran amistad, aquí apenas te dejan hablar, pero antes de irse me regaló un

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libro de viajes, lo encontró una noche en uno de los cuartos, dijo que le había servido para imaginarse tomando el sol en esas playas doradas de las fotografías, y creyó que podría recordarme a mi país… ahora que lo pienso, ese ha sido el único instante agradable desde que pise esta tierra.

A partir de entonces, cada noche, cuando creo haber terminado de complacer, me acurruco en la cama e iluminada por una linterna que mi madre me compró por si alguna vez estaba a oscuras, inicio mi viaje a esos lugares, recorro el texto pronunciando con suavidad cada palabra, ¡aunque no entienda su significado!… eso es lo que menos importa, me detengo durante largo tiempo en las imágenes de las playas, acaricio las

páginas para sentir los grumos del papel, acercó el libro a la nariz y procuro quedarme dormida envuelta por ese olor cálido y seco que me recuerda a la niñez, el mismo olor de los cuentos que nos regalaban las monjas cuando visitaban el pueblo.

Pero casi siempre la sacudida de un manotazo me devuelve a la realidad, y algún borracho de última hora, llega goteando alcohol con el pelo grasiento pegado a la frente, y ese olor pegajoso mezcla de sudor y whisky

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que

se

agarra

a

la

garganta,

produciéndome

un

insoportable amargor. En ese momento yo, que por fin he aprendido a no oponerme, extiendo mi cuerpo en el centro de la cama, y coloco el libro abierto cerca de la cabecera, entonces cuando su pegajosa piel comienza a frotarse contra la mía, giro el rostro, refugio la cara entre las páginas, aspiro con fuerza todo su aroma, y mientras intento impedir que mis lágrimas se mezclen con la tinta del papel, recuerdo con ironía la frase de mi padre: “ríe porque eres una afortunada en abandonar

esta cabaña”.

Esperanza García 34 Guerrero

(Vitoria, 1967). Codirige la revista “Amilamia”, junto a José Luis Pasarín Aristi, con quien publica, en 1992, el libro de poesía “Cartapacios de Lucerna” (Ediciones Libertarias / Prodhufi). Ha publicado en revistas literarias impresas y digitales, como “Cuadernos del Matemático”, “Río Arga”, “Groenlandia”, “Turia”, “Los Cuadernos del Sornabique”, “Letralia”, “Océano”, “Haritza”, “El cuervo”, etc. Ha publicado el libro de poesía “Proteo; el yo posible”. Sus poemas han sido traducidos al alemán, francés, euskera y árabe. Ha publicado recientemente dos libros digitales: “La reconstrucción de la Memoria” (Groenlandia, 2008) y “Planta de Neurocirugía” (Editorial Remolinos, 2008).

A dónde llegar sin voz en la garganta con un anzuelo vivo que dispersa las vocales por las autopistas de la traquea, vocal de la resistencia sin paranoias reticentes, no dormirse en la resaca de una mañana sin disgustos ni abreviaturas cancelados todos los viajes hacia las vanguardias.

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Teclear sin pensar en la mañana que nos abre los buzones, las cartas atrasadas de una vida en fuga, consumido el reloj en el último toque de campana de fin de siglo. La reiteración de los surtidores de gasolina el octanaje del recuerdo en parábola hacia la distancia de nuestros presentes enquistados en otras seducciones de teatros sin alambiques.

Adolfo Marchena 36

(Logroño, 1988). Estudiante de Filosofía. Directora del fanzine independiente La-Fanzine. Sus textos han aparecido en diversas publicaciones, digitales e impresas, así como en blogs. Ha participado en recitales poéticos y ha obtenido diversas menciones por sus poemas y relatos. Ha publicado “El movimiento de la lagartija” (Bubok), “La soledad del café” y “La niña de las naranjas” (Ediciones Emilianenses). Próximamente, sus poemas y relatos aparecerán en distintas antologías. Su blog: http://awixumayita.blogspot.com.

Escribe cuando llegues, no te lo pienses mucho o me olvidarás, me olvidarás. ( Europa. Astrud)

Me niego a empezar a escribir con un “querido X”. Preferiría ponerte un nombre, uno bien hortera como sacado de Corín Tellado o Danielle Steel. Sólo por castigarte. Demasiado light, ya, pero no te mereces algo mucho más elaborado. Por eso no te pondré nombre ni te llamaré querido. Pero te diré que cuando era pequeña tocaba las paredes de mosaicos verdes de mi colegio mientras subía por las escaleras, entre tantos niños que gritaban, para subir a clase. Mientras lo hacía miraba fijamente. Con los años ha habido gente que ha detenido su discurso en medio de lo que debería ser una conversación y, después de una pausa, me han dicho: seguiré hablando cuando dejes de atravesar objetos. Pensaba en la muerte con una estupidez propia de la infancia. Cuando llegué a la adolescencia y quise ser gótica eran ellos, aquellos tristes de negro, los estúpidos. Yo pensaba en la muerte porque siempre he tenido una tendencia - estúpida - suicida. Un miedo terrible a dejar que mi vida fuera un punto insignificante en la eternidad. Yo quería ser una Marilyn, una Janis , una Nïn inmortal. Pero siempre me imaginé estéril y finita. Muy finita. A los dieciocho empecé a fumar como una descosida. Ya ves, qué tarde. A los dieciocho. Fumaba incluso en ayunas. Hasta

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qué punto puede llegar alguien a desear una muerte así. Porque por cada calada sentía cómo me iba comiendo parte de vida. Parezco un anuncio de sanidad. Pero te lo digo completamente en serio. Estéril y finita. Mi destino era morir joven. Desaparecer pronto, no dejar nada. Ni siquiera palabras. Todo ha perdido sentido desde que escribir se ha convertido en un hobbie para post-post adolescentes que quedan para follar en las redes sociales. Internet nos ha matado a todos. Agrégame al Messenger si te apetece terminar también con esto. Ya veremos qué tal se nos dan los silencios por escrito. Lo que no creo que te dé es mi número de teléfono. Se me parte la mandíbula cuando trato de hablar por hablar. No sé me dan bien los silencios. Imagínate mi voz titubeante. La belleza de mi nombre, lo que te llevó a escribirme, quedaría manchada y tomaría otro sentido. Como las madres que no quieren llamar a sus recién nacidos con los nombres de los locos de su pueblo, descartando entonces Julietas y otros nombres que puedan parecerte bonitos. Bonitos. Vuelvo a los nacidos. A las madres. A la vida. Vas a pensar que estoy loca, pero realmente no me importa porque no nos conocemos. Necesito contarlo. Como los que advierten con un “SPOILER” enorme en los foros de series y películas de Internet antes de contar un final, te advierto desde aquí que, si no quieres leer, pases directamente al próximo párrafo. X (rompemos aquí una norma que me impuse al principio), creo que veo el futuro, mi futuro, en las cosas que escribo y dibujo. Por poner un ejemplo tonto, hace unos meses dibujé una sirena y poblé parte de su cuerpo de espirales. Lo sorprendente es que hace unas semanas llegó a mis manos una película que trataba de una sirena enferma cuyo cuerpo se poblaba de heridas infectadas. Lo curioso es que la herida inicial era un cúmulo de espirales. Y yo soy piscis, X, piscis nacida en mil novecientos ochenta y ocho, como el año en que salió esa película. Y como a ella, a mí me está comiendo algo. Lo noto y lo sé. Estéril y finita, X. Hace poco me topé con un relato en el que hablaba de una mujer embarazada cuya esperanza de vida posiblemente no alcanzaría a la fecha de nacimiento de su hijo, porque tenía una enfermedad - no especificaba cuál, aunque podría ser cualquier tumor- que

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estaba comiéndose su cuerpo. Y digo comiéndose porque es la sensación que tengo cuando hablo de metástasis. Tengo tanto miedo de mí y de esta enfermedad que se va a comer mis veintidós años y todo el futuro que podría engendrar, que fumo más que nunca para acelerar el proceso y morir antes de volverme completamente loca y dejar en mis conocidos un mal recuerdo. ¿Qué te parezco ahora, X? ¿Te parece tan hermoso mi nombre? ¿O he pasado a ser esa loca cuyo nombre nunca pondrías a una de tus hijas?

¡Ay! ¡Mira lo que pasa cuando te aventuras a conocer a
alguien! Decías en tu carta que bastan pocas palabras para hacer que nos sintamos vivos. ¿No te sientes vivo, querido? (rompemos aquí otra norma). Si quieres te digo “hola” “adiós” y “gracias” hasta que explotes de vida y podamos morir los dos para sentirnos menos solos, menos extranjeros . Acertaste al decir que estoy lejos de donde nací.

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Celine Dion ha declarado la guerra a la bondad y a la felicidad. En el ascensor hay dibujado un pene simplificado y alguien ha tachado el “no” que prohíbe dejar subir solos o bajar solos a los niños. En el hueco de la escalera del tercer al cuarto piso se besan dos adolescentes antes de subir uno bajar otra. Y en el salón de mi casa un grupo de fashion’s lectores de Maitena comentan como serios críticos entendidos el último disco de Christina Aguilera. Lo que nadie sabe ni siquiera intuye es que Celine Dion ha declarado la guerra a la bondad y a la felicidad.

Adriana Bañares Camacho 40

(Córdoba, 1982). Licenciada en Humanidades y Master en Textos, Documentación e Intervención Cultural (especialidad en Edición). Pluriempleada. Sus textos - poemas y relatos - han aparecido en distintas publicaciones (revistas, fanzines, panfletos literarios), digitales e impresas, de España e Hispanoamérica, así como en distintas páginas webs, blogs, plaquettes y antologías (“Heterogéneos”, “Anuncios (Des)Clasificados II”, “Póker de Reinas”, “Esnifando Letras”; “Poetrastros”, “Nocturnos”, en prensa). Tiene su espacio en Las Afinidades Narrativas y Las Afinidades Electivas. Ha publicado el poemario “Bocaditos de Realidad” (segunda edición del 2010) y “Cuentos de la Carne”, su primer libro de relatos. Sus poemas han sido traducidos al catalán, italiano, inglés, francés, portugués y alemán. Misántropa, huraña, ermitaña: entrañable.

De nuevo, pluriempleada, atesorando con avaricia mis sueldos en la cartilla; de nuevo, sin tu calor necesario para estas interminables noches invernales; de nuevo, la preocupación por el mundo que enseña la televisión: más paro, más corrupción, más muerte; de nuevo, los roces incómodos con historias sin sentido…

De nuevo, me tientan las cajas de pastillas del fondo del frigorífico, las de la felicidad química y artificial,

las que me prohíbo por respeto a mí misma.

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“Pretty Woman”, “Cuando un hombre ama a una mujer”, “El diario de Noah”, “Cuando menos te lo esperas”, “Memorias de África”, “Lo que queda del día”, “Harold y Maude”, “Cuando Harry encontró a Sally”, “City of Angels”, “Expiación”, “Love Story”, “Ghost”, “Robin y Marian”, “El curioso caso de Benjamin Button”, “Lo que el viento se llevó”, “Los Puentes de Madison” … y más títulos se amontonan en el sillón. Petra está
indecisa: le gustan todas. Se las sabe de memoria, sí, pero no se harta de visionarlas una y otra vez, de repetir escenas favoritas y repasar, entre murmullos, los diálogos más

interesantes y apasionados mientras come palomitas frente al impresionante equipo de televisión con potentes altavoces de sonido (propiedad de su marido). Petra adora el ritual que lleva practicando de lunes a viernes, desde hace cuatro años: cuando concluye la exhaustiva limpieza de la casa — los callos y el tacto áspero de sus manos, las dolencias en las cervicales y el agarrotamiento de sus rodillas son la prueba irrefutable de que se esfuerza por dejar su hogar como los chorros del oro, bien ordenado y desinfectado —, almuerza algo ligerito — una ensaladita, un sándwich de pavo o una pechuguita de pollo — y va directa al salón, a escoger la película de su amplia colección (más de cien alternativas románticas) que más le apetezca ver ese día; y se queda durante horas y horas ensimismada con ese viejo y genial Clint Eastwood que corteja a una señora casada, con el caballeroso Richard Gere

transformando a una prostituta en una perfecta dama; con una joven que sacrifica sus sueños para dar forma al guaperas

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rubio de su novio, o con el simpático ancianito de un asilo que lee su diario al amor de su vida. Las desventuras y desdichas de estos galanes y princesas hacen suspirar mucho a Petra, con la emoción se le atragantan las carcajadas, las lágrimas y el maíz calentito. El amor es tan ideal en el cine… en esas sucesiones de imágenes, música y palabras, Petra, en lo más profundo de su alma, admite con amargura la patética realidad: porque su esposo Paco no le hace el amor tan lenta y cariñosamente, él es más de separarle las piernas y

clavársela directamente; ni le trata como a una princesa, pues él jamás se acuerda ni de cumpleaños ni aniversarios, ni jamás ha sacrificado su tiempo para estar con ella cuando la ingresan en el Hospital y darle compañía en esas interminables noches de dolor, ni tampoco estará toda su vida junto a ella… cuando ella envejezca, posiblemente él, todo un pichabrava, la dejará por un pastelito sin arrugas… o bien ella — y esto lo piensa, a menudo, cuando se mira los hematomas de los brazos y piernas — se morirá antes, machacada, y dejándolo solo, con su miseria.

Y, a pesar de que Petra conoce la verídica cara del amor, se conforma con disfrutar de este mágico e ideal mundo de ensueño… por lo menos, hasta que llega Paco, borracho, con ganas de ensuciar su cuerpo — de golpes, de fluidos — y su dignidad.

Ana Patricia Moya 43

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(Vitoria Gasteiz). Escritora amateur. Colabora con la revista literaria provincial “La botica”. Ha participado en diversos recitales y una muestra de su poesía ha aparecido en el libro “Cinco Voces”. Ha obtenido diversos premios literarios por sus poemas. Mantiene dos blogs y participa en Encuentros de Poetas en Red.

Ahogas las penas en copa de licor, disimulando una vida de dolor, ocultando tu cara de perdedor, observas el tormento que hay en tu interior. Cobarde corazón con patas de aire, mentiras que en tu boca se escabullen como nieve que agua desaparece, temores que en la ignorancia persisten. Amargo sorbo en vaso de olvido, caricia de espanto en el frío espejo con mano de esparto, dando cobijo, fiereza inútil, sin mucho sentido. Alternas las manos y sientes que olvidas. Tu rostro en la copa, marcando la huella, engañas las horas con poca mesura y el futuro, cobrará las deudas.

Arantza Guinea
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(A Coruña, 1979). Traductora y asesora lingüística. Actualmente, estudia psicología. Licenciada en Filología Hispánica por la Universidade da Coruña. Especialista en el área de Teoría de la Literatura; posee diploma de Estudios Avanzados y un curso de especialización en “Teatro, Cine y Audiovisuales”. Ha elaborado diversos trabajos sobre escritores de lengua gallega y cine. Coeditora del proyecto de investigación poética “Cien Años de Poesía”. Ha residido en Alemania, donde impartió clases de literatura contemporánea y literatura aurisecular. Miembro fundador del grupo poético “Los Vándalos”, y de su revista “Méster de Vandalía”. Sus textos han aparecido en diversas publicaciones: “Coolcultural Galicia, “La Bella Varsovia”, “Piedra de Molino”, “Al otro lado del espejo”, etc. Ha participado en antologías poéticas. Ha publicado el poemario “Nostalgia del acero”. Administra su blog personal con poemas: http://www.luciafraga.blogspot.com.

Esta noche de alcohol y luces de neón, El cielo se tiñe de púrpura. Púrpura de mis labios en un beso infinito Que acoge tu ser borracho de vida. Alguien grita por los callejones Y se oye un ruido de cristales rotos. La noche es una navaja afilada Que se desliza por nuestros cuellos.

Déjame que esta noche sea real y No una quimera que desaparece con el amanecer. Dame un trago más, de lo que sea, Que necesito sentirme etérea y alada. Pasemos por encima de los borrachos, Y permanezcamos en silencio en esta esquina Donde tus ojos son más verdad que nunca.

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Luces de coches de policía inundan las calles de espuma y vino, De delincuentes juveniles que se pinchan heroína en los talones Y de putas despavoridas sin papeles. Aún queda mucha noche que quemar, Aunque no sea entre una fogata de okupas. La noche es una navaja afilada Que se desliza por nuestros cuellos.

En medio de una ciudad insomne y sórdida, Nosotros ya no somos un par de desconocidos Que comparten una copa y un pasado nauseabundo. Sólo nos queda este momento Y cerrar la navaja.

Lucia47 Fraga

(Barcelona, 1976). Poeta. Licenciada en Periodismo por la Universidad Autonómica de Barcelona (UAB). Tras trabar en prensa diaria y televisión, se especializó en la gestión de gabinetes de prensa para organizaciones no gubernamentales de desarrollo, actividad que ha desempeñado hasta 2009. Ha publicado los poemarios “El código de los heridos” (Ediciones El Primor, 2009) y “Catálogo de lágrimas” (Editorial Poesía eres Tú, 2009).

A veces,

se me atraganta la distancia, por eso busco el camino de vuelta a casa en el mapa de tu cara dormida, lo repaso despacio con un dedo imaginario, con cuidado de no despertarte, de no despertarme las ganas de abrirte los ojos con los labios,

entonces,

ese paisaje lunar que separa las dos caras de la moneda a punto de decantarse no me parece ya aquel océano insalvable de urgente tierra de por medio. Toda esa arena para traducir la frontera tras la que me escondía.

Ahora el desierto tiene mucho más sentido.

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Latentes, opacos, tupidos, abiertamente cerrados entre las ganas y los miedos, entre las ansias y los huecos. De piezas perdidas o engranajes desencajados, resquicios, fisuras, hendiduras, grietas, entre lo que creemos y los que sentimos, entre lo que sentimos y lo que queremos. Ingentes, de vértigo, entre tú y yo, entre mí y yo. De años luz, infinitos, entre lo que imaginé que sería y lo que soy, por tapar, por saltar, por conquistar, por invadir. Espacios que creía que inundarías tú y debo llenar yo, sin saber cómo.

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Sólo bésame. Odio cuando guiñas un ojo para decirme adiós.

Voy a quedarme así, bocabajo, para que recuerdes el lunar en mi espalda, la curva de este culo, los pies suspendidos en signo interrogante.

No voy a mirarte. Odio ver como traes de vuelta la coraza.

Voy a quedarme así, los ojos hundidos en la almohada, para luego recordarte como hace justo cinco minutos.

Quiero verte siempre como hace justo cinco minutos.

Desnudo. Siempre.

Marta Noviembre 50

(Pamplona, 1969). Autor de los libros: “Cuentos de color gris”, “Cuentos sanfermineros”, “La polla más grande del mundo”, “Ajuste de cuentos” (relatos y cuentos); “Odio enamorado”, “Cuestión de Supervivencia”, “Ciudad Retrete” (novelas). Ha participado en diversas antologías (“Golpes, Ficciones de la Realidad Social”, “Tripulantes”, etc), ha coordinado algunas (como “Hank Over \ Resaca”, “Simpatía por el relato”, etc) y también ha colaborado en diferentes medios (“El País”, “ADN”, “Vinalia Trippers”, “Fábula”, etc). Ha obtenido diversos premios literarios.

Señor juez: una vez leí que en Dinamarca intentar fugarse no agrava las penas, no es un delito. Y pensé que los daneses eran gente legal: que un preso intente fugarse es su obligación. El delito sería no intentarlo.

A usted no le pido que lo entienda. La libertad, aunque no lo sepa, también es su deber, pero este es un mundo de esclavos y de canijos que sacan pecho para que se les vea la placa, o

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la cartera, en lugar del corazón. Detrás de los muros de las prisiones hay otros, millones de celdas con invisibles barrotes catódicos, el televisor, Internet, en las que se sirve un rancho de pan y circo, de hamburguesas y fútbol, y se condena a trabajos forzados a cambio un carrito para el híper y una papeleta cada cuatro años.

Acaso de poder entender algo, sería lo otro, lo del guardia al que atropellé. Supongo que, incluso siendo juez, sabrá algo sobre el amor, ese motor del mundo que a menudo nos lleva a lugares indómitos, que nunca imaginamos; al menos que su ausencia nos vuelve fríos, escépticos, casi inhumanos; es decir perfectamente dotados para hacer juicios.

Mi nombre es Miguel Babujal, camionero, y conocí a Laila en un club de carretera. Reconozco en mí ese vicio denigrante con el que me vacuno contra la soledad. Sé que está mal y supongo que un hombre debe de ser honesto consigo, mirar dentro de si alguna vez sin excusas, ni treguas, pero lo que desconozco es exactamente el significado de esa palabra: honestidad. ¿Qué es lo honesto? ¿Actuar como uno es en el fondo de su corazón? ¿O cómo debería ser? ¿Qué sucede cuando uno mira dentro de sí y sólo descubre cadáveres tirados en mitad de un descampado?

Yo creía que era un ser desahuciado para el amor. Nunca nadie se ha esforzado lo suficiente para quererme, y es lo justo, porque yo nunca me he entregado por completo, por puro

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pánico a decepcionar, a traicionar (mi vida ha sido una sucesión de traiciones y huidas), a mostrar esas zonas oscuras, como esquinas meadas en mi alma.

Pero cuando conocí a Laila, todo cambió. Me enamoré de los caracoles azules de su pelo, incluso antes de que se deslizaran lentamente sobre mi pecho desnudo y palpitante, de su piel hermosamente tostada por el sol ensangrentado de Argelia, de los risueños hoyuelos en sus mejillas, en los que a pesar de la vida de perra apaleada que llevaba, se escondían tesoros que parecían brillar sólo para mí… No podía soportar la idea de que pasara un sólo día más de su vida en el que alguien le hiciera daño, un día más encerrada, tal y como ella me confesó, contra su voluntad en aquella sórdida habitación. Aquella misma noche volví al club, con el bate de béisbol que escondía bajo el asiento del camión, y me volví loco de amor y de remordimientos: cada golpe que daba a uno de aquellos tipos era como si rompiera un pedacito de mí mismo. No me costó demasiado sacar a Laila del club, montarla en el camión y hundir toda mi rabia sobre el pedal del acelerador. Fue el comienzo de esta larga huida. La vida de Laila también había sido una sucesión de fugas y traiciones. Huyendo del hambre y del chador había sido traicionada por quienes le vendieron un futuro al otro lado del mar, y ahora pagaba cara la deuda cada noche a hombres a los que el corazón nos colgaba de los testículos. El día que, en aquel control, nos echaron el alto, volví a sentir la misma rabia, pues el guardia que trepó y se asomó a la cabina, malencarando a Laila, también era

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cualquiera de aquellos tipos a los que se la traía floja (quizás ésta no se la expresión más adecuada para la ocasión), que ella fuera una "ilegal" cuando paraban en el puticlub. Pero sobretodo, señor juez, lo que me llevó a golpearle, haciéndole caer al suelo, bajo las ruedas y atropellarlo fue el terror de perder a mi amor, lo único grande que he descubierto en este mundo de insectos y esbirros.

Quería que lo supiera, que lo único que encontrará cuando tiren abajo la puerta de mi casa será esta confesión, y que si su obligación es la de juzgarme, la mía es de escapar, de la cárcel y de esa otra gran cárcel invisible detrás de los muros, escapar lejos, más lejos incluso que Dinamarca, a un lugar en que Laila y yo podamos brindar por la guerra nuclear, por que todo explote a nuestro alrededor y sobre el planeta sólo quedemos ella y yo.

Patxi Irurzun 54

(Madrid, 1981). Licenciado en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid, ha vivido en Córdoba algunos años. Ha publicado “Manual de Instrucciones” (Editorial Poesía Eres Tú) y “Ése que llaman invierno”. Ha participado en distintas revistas literarias (“El Coloquio de los perros”, “Radicales Libres”, “Groenlandia”, “Bar Sobia”, etc). Es colaborador, creador y coordinador de la distribuidora de literatura libre Shiboleth. Recientemente, ha publicado un libro de relatos. Actualmente, prepara su tercer poemario.

Limpio el cristal de la historia con el llanto y la derrota, con la ropa de los muertos visto todas sus lecciones, me sitúo en el lugar de aquellos que han expulsado; desde ese punto de vista, nada de esto ha terminado .

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Despido a mis neuronas por ser tan incompetentes, se ha acabado mi paciencia con el mundo, quiero ser extraterrestre; somos milagro y azar, yo ateo y racionalista, la sociedad una visión, y yo invidente y autista.

Destapas las palabras y las untas, calientas el papel, le hechas azúcar. Por fin ha amanecido en tu cuaderno, por fin entra la luz, por fin te alumbra.

Jesús Suárez González

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(México). Licenciada en Ciencias de la Comunicación, egresada en la Universidad Franco-Mexicana. Miembro de la Red Mundial de Escritores en Español (REMES), de la Unión de Escritores Hispanoamericanos y de Escritores Latinoamericanos. Participó en la antología “Mejores Textos” (2008), editada por el Rincón de los Escritores y en la antología “Iwith” (Bubok, 2009). Sus poemas han aparecido en diversas publicaciones literarias. Recibió accésit y mención de honor en el I Concurso de Relatos Convocados por la Revista Literaria “Katharsis” y finalista del II Concurso de Microrrelatos para abogados.

Querida Anita:

Por acá las cosas siguen como siempre: la fuente de la plaza no deja de repetir tu nombre con el correr del agua que cae

descaradamente sobre los mosaicos azules y amarillos que la visten por dentro. Las flores comienzan a aparecer aquí y allá, los chiquillos todo el día van de un lado para otro correteando y jugueteando como todos los niños, y como suele suceder con las criaturas, de cuando en cuando escupen a la cara su sinceridad tan duramente que hasta lastiman.

Ayer rompieron un cristal del ventanal de la sala. Cuando salí con la piedra en la mano para reclamarles la afrenta huyeron a toda prisa riéndose y gritándome a la cara: Loco. Ya te lo había comentado en otra carta, no sé porqué les ha dado por llamarme así, ¡me creen demente! Cuando estoy más cuerdo que nunca.

¿Acaso es una locura tejer mis sueños con la madeja del optimismo? ¿O vestir la tristeza con el ropaje de una esperanza? Todo mi pecado

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consiste en mirar al sendero anhelando el momento en que te veré llegar, ataviada con ese vestido de flores rojas que conseguía enloquecerme.

Piensan que he perdido el juicio porque mantengo la casa intacta para que a tu regreso encuentres todo en su lugar: las cortinas de encaje en la ventana del pasillo, el mantel de tu abuela limpio y almidonado cubriendo la mesa del comedor, las plantas vivas y rebosantes dentro de las macetas de barro que con tanto esmero cuidabas cada mañana, tu ropa en el armario, las zapatillas junto a la cama, el abrigo marrón listo para abrigarte en el perchero junto a la puerta y mis brazos extendidos con fervor añorando que te refugies en ellos como antaño, para apretarte suavemente contra mi pecho mientras acaricio tu cabello con delicadeza.

Cuando salgo para hacer las compras de costumbre, los oigo cuchichear a mis espaldas. Afirman que me he desquiciado, tan sólo porque paso las noches sentado en el porche de la casa con la mirada firme en el horizonte, pendiente de cualquier ruido, de algún movimiento que delate tu arribo para correr a tu encuentro, seguramente con los ojos llenos de lágrimas dispuesto a olvidarlo todo para comenzar una nueva vida.

Añoro, eso sí, el pasado en el que fui tan feliz. Los días en que verte ir y venir por la casa representaban lo mejor de mi vida. Me llaman excéntrico porque despierto gritando tu nombre y en las tardes lluviosas me siento tras la ventana esperando por ti, entonces

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aprovecho que las gotas de lluvia resbalan por el cristal empañado y lloro, lloro con todas mis fuerzas, delirante y furioso.

Mi querida Anita, te di mi vida, mi corazón entero, me entregué a ti por completo sin más anhelos que verte feliz. A cambio, te marchaste, fuiste cruel e implacable, no escuchaste mis súplicas frenéticas exigiendo, rogando, suplicando que no me privaras de tu presencia infinita y gloriosa como una bendición de Dios. Pero todo fue inútil. Desde entonces, vivo entre estas cuatro paredes fiel a tu recuerdo, esperando tu regreso. Porque sé que volverás, cuando no encuentres en sus manos las caricias conocidas, cuando veas que sus pasos vacilantes no te llevan a la gloria, cuando sus labios repitan tu nombre en esas noches de amor infinito querrás encontrar mis ojos y a pesar tuyo los encontrarás: vacíos de vida, cegados por el dolor, inundados de tristeza porque sabrás que me abandonaste sin compasión como un verdugo frío y despiadado.

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Nunca te amará como yo, te sentirás perdida en tus propios caminos, incapaz de continuar; sé que, aunque no sea un profeta, que lo abandonarás y volverás, te veré avanzar por el sendero poco a poco, con pasos apresurados, aunque nerviosos, tendrás el temor al rechazo reflejado en tus ojos. Entonces…

Te colocaré tu abrigo para protegerte del frío, te acercaré las zapatillas de dormir para que reposes tus pies, besaré ese camino que te trajo hasta mí, te amaré con ternura, te escucharé con paciencia, hilvanaré mil collares con cuentas de colores para que nunca tu imagen vuelva a ser difusa y dedicaré cada día a hacerte feliz.

Cuando la gente vea que mi espera no fue en vano, volverán a llamarme Don Jacinto, dejaré de ser el ido que espera un imposible y que escribe cartas cada día para lanzarlas al aire con la esperanza de que el viento incansable las lleve hasta ti. Pero no tardes mucho, por favor, porque a veces siento que en medio de esta espera dolorosa terminaré loco de verdad.

Con fervor:

Tu Jacinto.

Elena Ortiz 60

(Perú, 1973). Ha publicado “Pasajero Irreal”, “Vironte” (2005), “Cartas” (2006) y la serie de plaquettes “Al Castor” (2007)., “Ángel”, “Las ramas de la noche”, “El leve resquicio del amor” (2009), “La hendidura del vacío”, “Series absurdas”, “Gravitación de amor”, “Aves pestañas vaticinando el horror de las lágrimas” (2010). Modera los blogs El Águila de Zaratrusta y Exquioc. Edita la revista on-line “Kcreatinn”. Sus poemas han aparecido en revistas literarias tales como “El Hablador”, “Letralia”, Azularte”, “La comuna de los desheredados”, “Revista de Letras”, “Destiempos”, “Letras hispanas”, etc.

Las placas de la Tierra se acercan. Trópico y polo puntos estratégicos. Naturalidad humana. Allá el mar es cobarde. No posees nada. Te das cuenta en el frío, sentado en una piedra. Aún no ves la mística del reloj. Tus dedos se levantan y cuentan.

Cuentan. El aire en el autobús es un incendio de mierda. Bajo mi cama un cráneo escupe gusanos.

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Asumo que hoy es martes, que he asumido hace apenas unos segundos asumir que hoy es martes, que un reloj es un mundo sin agujas. Siguen los días. El agua siempre baja por acción natural y asciende dado un fenómeno geológico: los géiseres.

Qué por ejemplo. Asumo que hoy es martes, no va a pasar
nada que no gire en torno de la monotonía, a menos que hoy no sea martes y crea que estoy soñando, no esté despierto, que no es lo mismo y si fuera lo mismo, ¿sería el mismo martes que supongo? No, creo que no es martes, es un día otro, girar papel de la basura, me aniquilan de un brazo y me patean

de la otra pierna. Miran aquí así. Espejo para los escupitajos. Fotografía: un azul no es más que la melancolía visible, como ya he dicho nunca alguna vez, un papel azul de sumar, a la siesta, azul traganto, a punto detener todo el mundo en un paso hundido siendo martes, realmente aunque lo sea.

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¿¡Que los correos terrestres...!? Ah, lo inservible del papel guardado que no se llora. Cartas viajes. Viejas cartas. Dos que tres frases resumiendo la diaria vida cotidianamente diaria. Send. Ratón chola. Matrix mierda.

Jack Farfán Cedrón 63

Nova Era (Brasil). Ha publicado “Poesia para o mundo” (Bubok, 2009), “Todo dia é dia de poesia” (iG Editores, 2002), “Palavras de poetas” (Physis Editora, 1997), “Novos talentos da poesia brasileria” (Forever Editora, 1995), “Escrevo nos espaços que me restam” (Editora Bauhaus, 1982). Sus poemas han aparecido en distintas páginas webs y revistas, tales como “Revista Internacional de Poesía de Rosario”, “Partes”, “Bacamarte”, “Revista Remolinos”, “Revista cultural Ámsterdam”, etc. Ha obtenido premios en géneros de cuento y poesía. Mantiene un blog abierto a la publicación de poemas, noticias, artículos, etc.

¡Idiota! ¿No ves que nada eres? Apenas fina capa mohosa te protege de la podredumbre. Gusanos hambrientos te rodean. ¿Ignoras que en un pase mágico, en un segundo apenas cae por tierra toda la altivez y el bello papel de regalo revela la fétida masa? El gusto amargo de la hiel, la visión incierta, el torcerse de las piernas, el descontrol total... ¡todo es inevitable! Cualquier día serás presa fácil: el tiempo es impiedoso. El trágico fin no depende de tu voluntad. La arrogancia que derramas no pasa de ser faceta inútil de tus diversas faces vanas y mundanas. Al sol poniente, el rostro marchito y los huesos corroídos dolerán más que en aquellos que tuvieron

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la precaución y el buen tino de ser simples y ocultos. Quedarán tus lindos cabellos... ¿Y qué utilidad tendrán tus cabellos, hilos huérfanos y subterráneos, dispersos, opacos sobre los huesos?

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Hago poemas en versos negros y versos blancos para que todo poema sea libre.

Entre el amor o el odio entre la fe y el no creer entre la vida o la muerte entre Dios y el diablo prefiero esto a aquello.

Remisson Aniceto

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(Buenos Aires, Argentina, 1945). Ha publicado “Fundido encadenado”, “Propaga”, “Leo y escribo”, “Sopita”, “Picado contrapicado” (poesía), “Las piezas de un teatro” (dramaturgia), “Historietas del amor”, “Muestra en prosa” (relato y cuento), etc. La mayor parte de sus obras están disponibles en formato electrónico. Posee los poemarios inéditos “Ojalá que te pise un tranvía llamado deseo”, “Infamélica” y Viene junto con”. Más información sobre el autor y su obra en: http://www.revagliatti.com.ar.

En sus cuentos - me refiero a mi hija -, que son breves, hay misterio, suspenso. Y siempre mata a alguien. Acababa de leerme el último, y en ése, moría el protagonista. Le dije: ¿Por qué no hacés que siga

vivo? Ella me explicó: No me salía, no sabía cómo continuar, me cansé y, además, ya estuve mucho rato. Le sugerí: Seguí escribiéndolo mañana. Dijo: No, porque es un cuento corto.

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Nació por vía de cesárea Cristina, único descendiente que tuvieron sus padres. El nombre lo improvisaron de apuro, por así decir; lo extrajeron de una criteriosa galera, tras evaluar la armonía fonética junto al

apellido. Aguardaban a Juan Ramón Ernesto e irrumpió Cristina. El desencanto se fue desplegando corrosivo en sus ánimos.

La

niña,

alumna

aplicada,

fantasiosa

y

fácilmente

ridiculizable, encorvaba la espalda, fruncía los labios cuando se concentraba, ya, padecía bizqueaba ataques de a veces picazón, y, o

adolescente lloraba.

En

procura

de

reducir

fatigosa

gimnasia

(contar

paradas de colectivos, o perros, o automóviles con tales o cuales características), ritos incoercibles

(sentarse durante unos instantes en determinado sillón, antes de tomar la merienda), sueños repetitivos (su madre obstinándose en ofrecerle muestras de

comprensión y cariño), concurrió a un curso de control mental que promocionaban por radio. En esas estaba, cuando ella y el licenciado que dictaba el curso se enamoraron. Sin tropiezos accedieron al altar; y ahora, él la embarazó y la tiene ilusionada con que por fin nacerá Juan Ramón Ernesto, una generación después.

Retazo de vida.

Rolando Revagliatti

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(Zamora). Trabajadora de la palabra, poeta siempre y sin opción, autónoma a ratos, madre a tiempo completo. Escribe para diferentes medios como freelance y colabora en revistas literarias, impresas y digitales. Participa en eventos literarios y tiene su espacio en Las Afinidades Electivas. Es miembro del REMES y sus letras aparecen en las antologías “Esnifando Letras” y “Des-amor”; ha prologado el libro “Cosas que nunca te diré” y ha sido finalista del primer premio de poesía Gertrudis Gómez de Avellaneda. Ha publicado los libros de poesía: “Respira, y luego dime que estás vivo”, “Nadie dirige las palabras” y “No frenes la lengua de los pájaros”. Mantiene los blogs literarios “Más allá de lo invisible” (http://pasajera67.blogspot.com) y “Dad aire a mi voz” (http://aquinohaycerraduras.blogspot.com).

Lo oí perfectamente una sentencia más que una amenaza y me sentí aliviada, parecía que iba acabándose la espera, las renuncias. La cabeza se refrescaba con canciones...

De nuevo, abrían hasta tarde las ventanas olía a bizcocho a tortilla de patata,

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y el aire aterrizaba en su cabello...

Lo oí perfectamente: -Como vuelvas a pegarme, te mato.

Y él de rodillas, pidió perdón.

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Era la más guapa del barrio sonreía sin medida contenía el aire enamorado en sus pulmones de núbil sorprendida.

Era la más aplicada en reventar braguetas al cumplir los diez y seis,

cuando la vi en el parque no me saludó, el cabello revuelto el vestido contenido los zapatos al revés...

Al sábado siguiente llorando me abrazó. Quiero ser tú.

Begoña Leonardo 71

(Madrid). Bibliotecario. Fumador empedernido. Escritor y dibujante. Responsable de la publicación artística “Delirio”. Ha publicado los libros “Síntesis” (compilación de relatos) y “Cómo” (novela), ambos en la editorial Bubok. Algunos de sus relatos han sido traducidos al inglés.

A Fran

Las piernas encima de las mías, para sentir el calor de tu piel, para sentir tu presencia en este día de vacaciones que se abre ante nosotros sin muchas perspectivas, tal vez disfrutar el uno del otro. Tal vez. Las piernas encima de las mías, mientras lees uno de esos libros que tiempo atrás te recomendé, y me alegro que lo disfrutes tanto como yo lo hago observándote. Al fin y al cabo, para eso están las vacaciones. El silencio roto únicamente por alguna de las canciones que pongo en el estéreo y que decides no escuchar, pues, como otras veces me has confesado entre risas y bromas, no son de tu especial predilección. ¿Qué se le va a hacer? Me contento con observarte pasar las páginas del libro, mientras la casa está sin hacer, el baño sin limpiar, y el niño sale continuamente de la habitación para contarnos alguna de las películas que devora con deleite. Soy feliz así, aunque no lo sepa. El ventilador funcionando, dándonos el aire suficiente como para no morir de calor. El humo del cigarrillo molestando tus

preciosos ojos verdes, que se sumergen en la lectura con

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delicioso frenesí. A veces sonríes, estirando esos labios que nunca me hartaré de besar, que nunca me cansaré de acariciar; a veces, la mayoría, permaneces impertérrita, dejando volar tu imaginación, al mismo tiempo que yo lo hago al observarte sin que te des cuenta. Al fin y al cabo, para eso están las vacaciones. Ya pensaremos qué hacer. Ya haremos la comida cuando tengamos hambre. Ya haremos el amor cuando nos apetezca. Y podría pasarme así el resto de mi vida, sin las preocupaciones del día a día rondando nuestras mentes contaminadas. No es momento de pensar, sólo dejarse llevar. Acaricio tus piernas y me miras con un gesto de agradecimiento que interrumpe momentáneamente tu lectura. Desearía besarte, pero lo dejaré para más tarde. No quiero molestarte. Sólo quiero mirarte, sentirte cerca de mí, como si este momento fuese eterno, como si nada pudiese acabar con nosotros,

contigo, conmigo. Y aunque la noche anterior hayamos discutido, o nos hayamos metido en nuestros propios

pensamientos sin contar excesivamente con el otro, este instante rompe cualquier maleficio, al menos por mi parte. Te quiero. Siempre lo he hecho, incluso antes de conocerte, antes dejarme el dinero en tequilas imbebibles y vinos baratos con tal de poder hablar contigo, de reunir el valor suficiente para hacerlo. Pues tu rostro de diosa alada sacada de algún sueño imposible conseguía que la poca fe que en mí mismo podía tener se viniese abajo. Pero lo hic e. L a p r ueba es tá en q u e aq uí estam os, aq uí y ah or a,

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disfrutando del primer día de vacaciones, aunque ninguno de los dos nos demos cuenta. Mientras la ciudad se muere lentamente y la gente abandona sus refugios. Mientras los bosques se queman y las piscinas se llenan de niños y familias de fin de semana. Mientras las personas hacen cola para poder clavar su sombrilla en la playa, aunque tengan que tomar el sol de pie. Quedan lejos los aromas a comida precocinada y sangría de barril. Solos tú y yo. Y el niño. Y el gato. Y la lectura del libro que te incité a comprar aquel día en un supermercado, mientras nuestras vidas se

derrumbaban.

74 Óscar Varona

(Ceuta). Poeta. Ha publicado la plaquette “Cacagénesis” (editorial Alea Blanca). En breve, con Groenlandia, publicará “Urbe Desta Historia”.

Parece que en este mundo que se acaba todo se reduce. Las frases, las palabras, se acortan.

Te quiero más que a mi vida , se dice,
por ejemplo. O, nadie te querrá tanto como yo . Incluso frases tristes y sin contenido del tipo: No sé qué sería de mí sin ti .

No sabemos decirnos cosas más bonitas. Tal vez sea falta de imaginación, prisas, tal vez simplemente sea que se nos acaba el tiempo, que nos es materialmente imposible improvisar algo mejor.

O puede ser que estemos cansados de tanta poesía y flores y luceros y que simplemente baste estar para hacerse entender.

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La pregunta resonó en la sala — con todo el peso de su sesudo contenido como si alguien de una vez por todas, de veras, la fuera a contestar.

¿Crees en Dios?

Un sonoro pedo retumbó hasta las catacumbas del primer año Católico de nuestra Era. Y hasta Jesucristo , la chota, se tuvo que tapar.

Rubén Casado 76

(Ribarroja, Valencia, 1975). Poeta, grafóloga y perito caligráfico, estudiante de Ciencias Laborales. Sus poemas han aparecido en distintas revistas de poesía. Ha formado parte de la publicación conjunta de los pliegos “Manual de Instrucciones para abrir una caja fuerte” (Fundación Inquietudes y Caudal, poetas de El Dorado, 2010). Ha publicado el poemario “Niña Pluma Niña Nadie” (Amargord Ediciones, 2010). Ha colaborado en proyectos de videoarte y montajes poéticoteatrales. Pertenece a la Asociación Poética Caudal y participa en el blog corporativo contra la violencia de Género (Cien Autores contra el maltrato).

Hay palabras bicéfalas:

No se puede nombrar el poder sin que llore el hambre.

Afilo mis dedos y lo intento, pero nunca es suficiente.

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los niños son lanzados por un puño cerrado se estrellan contra las paredes, y limpian la sangre

los niños con bracitos de alambre desgranan la tierra, lombrices ciegas que braman por dentro

los niños saltan por los aires celebran así, con regocijo que besaron una mina

los niños ofrecen su sexo como un juguete son generosos, sólo piden a cambio unas monedas

los niños:

los niños no existen

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¿No ves el tiempo huir, con la luz entre las manos? ¿No encierra el látido un mundo de alambradas? ¿No saltas, acaso, sobre escombros? ¡Cuán perdido

andas, cachorro sin dientes! ¿Buscas acaso dónde esconderte de tu sombra? Mientras los tiovivos

escupen sus colores, tú acurrucas nieve en tu pecho y le hablas de signos helados en un alfabeto que no entiende, ¿parirá tu espalda alguna vez? o ¿te

dejarás morir sin haberte conocido?

Mar Benegas

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(Barcelona, 1983). Periodista de profesión, guionista a ratos y escritora de vocación. Ha trabajado en Cadena SER, Radio Nacional y en algún que otro medio antediluviano. Ahora sólo escribe para la revista “Penthouse”. Ha publicado diversos relatos – sobretodo satírico – en fanzines barceloneses, y como nunca ha ganado un concurso literario, abomina de ellos. Valora seriamente trabajar como ghost writer y lo único que espera de la vida es que un buen día pueda echar la vista atrás y haber dejado un par de buenas novelas, de aquellas que el tiempo no borra.

Ríos de acero que confluyen en mares de zinc racheado de aluminio y, a la deriva, navegan los tonos mortecinos de lo que pretende llamarse la vida de una gran ciudad. Visto desde los 443 metros de altura del Empire State, Nueva York le parecía a Marino una enorme colcha de pathwork tejida con hebras de cobre - la colcha de una anciana con glaucoma-. ¿De qué está hecho el tiempo? Había dejado de hacerse esa pregunta cuando llegó a la conclusión de que el tiempo estaba hecho, sin duda, de un

80 80

material volátil, y que cuanto más se aferraba a él más lo sentía escurrirse entre sus dedos y caer con el baile de una hoja seca sobre la moqueta de casa, el parquet de su gimnasio o el frío asfalto de las calles para convertirse en la huella de otro. Así, para Marino el tiempo era la marca de un 42 de suela cuarteada en la baldosa grisácea de una oficina. Por eso, y porque la máquina de pensar de Llull no funcionaba, los perfectos

engranajes de esta gran metrópolis, su estructura reticular, su sincronismo absolutas, mecánico, sino que se todo, le ya no le el revelaba reflejo verdades eterno

antojaba

del

imprevisible. Fue realmente una crisis de valores, una necesidad de olvidar la razón en un mundo que no tiene lógica, lo que lo condujo al lugar en el que se hallaba en aquel momento - un momento que bien podrían ser horas, días o semanas-. De pie, sobre una caja de cables, en el punto más alto del Empire State Building, Marino concentraba su atención en el silbido del viento y se dejaba mecer por su frío soplo, sintiéndose parte de aquella divinidad a la que tanto había buscado y a la que hoy se ofrecía en las alturas como muestra de constricción y excelso

anacoretismo. Ahora Marino se agachaba lentamente y, en cuclillas, extraía otra pastilla de ácido del calcetín. “El ácido es la

única sustancia que puede hacer parar el tiempo”, le había dicho
Thomas, el día en que volvió a vivir. Lo recordaba bien: la academia le había facilitado su quinto empleo temporal en Brooklyn como forma de pagar las clases de inglés, y lo cierto es que lo prefería a tener que rastrillar la grasa seca de una parrilla o limpiar manchas de mayonesa. “ Welcome to MacDonald, sir. Can

I

help

you?”

Aquel

día

Marino

subió

los

cinco

pisos

del

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destartalado edificio en el número 20 de Bedford Ave cargado con una pesada caja que dejaba caer torpemente en el suelo

cada dos escalones para comprobar que sus pulmones seguían en su sitio. Al final, un cartelito colgado del pomo de una puerta le indicaba: “Would you leave the box on the floor? Thanks. God

bless you ”. Pero en vez de marchar, Marino esperó apoyado en el
pasamano, y pudo ver cómo unos brazos esqueléticos y velludos aparecían tras el umbral para arrastrar el paquete al interior del domicilio. A partir de entonces fue trayéndole a Thomas,

periódicamente, nuevas piezas de su Ars Magna por correo — una reproducción seriada de la Fundación Ramón Llull -, hasta que un buen día lo conoció. Thomas G. Peane era hijo de una

tradicionalísima familia británica — no en vano su padre era Lord -, y había dedicado su ociosa existencia a estudiar todo tipo cultos, desde el animismo africano a las corrientes teosóficas, hasta convertirse en un disciplinado eremita; uno de tantos ermitaños

urbanos que cobijaba la ‘City’ y que meditaban en la soledad de sus apartamentos de paredes agrietadas y crujir de muebles, sobreviviendo a base de drogas de diseño y palitos de pescado congelado. Fue Thomas quien le puso tras la pista de San Simeón El Viejo, que permaneció 48 años erguido sobre una alta columna antes de revelársele el Altísimo. “Escoge tu camino y expía tus

penas”, le repetía. Por eso había decidido seguir la senda de San
Simeón; por eso se encontraba subido en la gran columna del Empire State — mucho más alta que la que había albergado a su maestro —, alzado sobre una caja de cables en su punto más elevado. Por fin el estilita creyó oír un sonido diferente al del viento ¿Llegó el momento de la revelación? Las hélices de un

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helicóptero

levantaron

un

pequeño

vendaval

y

Marino

se

tambaleó sobre la caja de cables. Oyó una voz. ¿La voz de Dios?

“Marino Estévez, We’re the Police. Don’t move!” . (*) But Marino didn’t mind life, because life is time and he’s time too, and time is dead. Y en 443 metros de caída libre, Marino tuvo una revelación.

(*) Pero a Marino no le importaba la vida, porque la vida es tiempo y él también es tiempo y el tiempo es muerte.

Beatriz García

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(Gijón, 1982). Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Oviedo. Ha sido galardonado con el Premio Internacional de Textos Teatrales “Lázaro Carreter” por la obra “Democracia” (ADE, 2009). Autor de diverso textos teatrales y adaptaciones, trabaja como crítico y reseñista para la revista teatral “La Ratonera”, además de colaborar en publicaciones como “Clarín”, “Revista de Nueva Literatura”, el programa de televisión “Con tres sentidos” y coordinar la sección de Literatura para la revista “Páramo”. Sus poemas han aparecido en la antología “Fábula de Fuentes”. Cumple con el cargo de secretario de la zona norte de la Asociación Cultural Pigmalión, participando activamente en diversos recitales, homenajes y lecturas dramatizadas. Ha colaborado también en el libro de relatos “Mitología Asturiana”.

Llamadle miedo, rencor, asco, versos de un poeta anodino, dolor de muelas, estar jodido, el fogoso candil de una mañana inesperada; manchas en el abdomen, dolor de pies, de espalda, fuerza o cansancio, no ver los cadáveres, libertad, suicidio, derrota o apariencia. Llamadle como queráis,

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pero eso sí, no me negaréis que, pese a ser una putada ahora, si ha sido feliz e intensa, con el calor de una familia que te quiere y la sensación de no tener que demostrar nada a nadie, la infancia es el mayor de los logros preconcebidos. Lástima.

Néstor Villazón 85

(Sabadell, 1978). Licenciado en Filología Hispánica. Actualmente trabaja como editor. Su primera obra, “Los adolescentes furtivos”, fue galardonada con el Premio Internacional de Literatura Antonio Machado 2009, traducida al francés y prologada por Pere Gimferrer. Página Web: www.toniquero.com.

El temblor del alba, pedazos de memoria interrumpida, desamordazaba los cuerpos entregados a la noche.

Abrir los ojos, contemplar el vientre desnudo, el animal dormido entre las sombras amaraba el tiempo en la retina.

El viento bate las ventanas. Finas láminas de celuloide se desgajan de su cuerpo parpadeando sin fin entre las sábanas.

No retornarme nunca. La brisa ondea el vello

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y el húmedo cauce de sus labios.

Una centella anuncia el día. La siega afeita campos y pestañas.

Sobre los muelles del Hudson los pilotos trazan loops inverosímiles y dibujan esferas tornasoladas.

El nocturno lagrimal de los árboles humedece la vaporosa luna de las cafeterías.

El sol leva el día. Los adolescentes lamen la belleza que exhala de sus propios cuerpos.

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En Central Park el resplandor de las teselas atrae bandadas de turistas y coronas de difuntos.

El dial tambalea los descapotables. De Pompeya a Brooklyn ícaros de barro esbozan trovas en las azoteas. Don’t stop the music.

Toni Quero 88

Jens Peter Jensen Silva (Barcelona, 1970). Estudió Geografía e Historia en Ourense, Ciencias de la Información en la Complutense de Madrid y piano en A Coruña. Músico, pintor, poeta y escritor. Ha realizado diversas exposiciones artísticas – incluyendo recitales de música y poesía - en diferentes lugares de Europa. Ha codirigido y coordinado espectáculos multidisciplinares (que mezclan música, danza, teatro y pintura). Actualmente trabaja en MUSICOPLASTIDRAMA. Ha publicado el poemario “Transeúntes del Olvido” (Groenlandia, 2010).

Pusieron la mesa entre el niño y él. Su madre estaba entrando, llegaba de trabajar. Tenía algo importante que decir. La había llamado el profesor, quería hablar con ellos sobre los dibujos que hacía su hijo: truculentos, sangrientos, llenos de cuerpos decapitados y otras lindezas. Mientras ella hablaba iba sirviendo los platos que su marido se había ufanado en preparar: filetes de aguja de cerdo, la carne

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más jugosa que existe. También patatas y ensalada. Él se encargaba de la compra y de la cocina.

- Bueno, es algo de lo más normal. Yo también dibujaba así de pequeño, y mi padre tampoco le daba importancia. Ya hablaremos de esto.

- Sí, es necesario que hablemos, el profesor me dijo que a lo mejor estaría bien que fuese a un psicólogo.

- ¿Un psicólogo? Vamos, vamos, no hay que exagerar. Ya hablaré yo con el crío.

Se miraron clandestinamente y el padre le guiñó un ojo. Al terminar de comer recogieron y lavaron los platos entre los dos mientras ella echaba una siesta. Cuando estuvo todo listo se llevó al niño a las actividades de la tarde. Clases de violín y lenguaje musical, después un paseo por el parque y de vuelta a casa a hacer los deberes y tocar un rato el piano. Salieron de la mano a por el coche. Dentro del garaje, una chica caminaba en dirección a la salida. Los garajes son lugares no necesariamente peligrosos, pero sí tenebrosos y oscuros la mayoría. La chica no sintió ninguna preocupación ante un padre y un hijo, caminó confiada dedicando una sonrisa al pequeño. Cuando pasó por su lado la agarró tapándole la boca. Se sintió horrorizada,

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especialmente cuando comprobó que el niño gritaba alentando a su padre.

- ¡Sí, papá, mátala, mátala! ¡Córtale la cabeza!

De un rápido movimiento le rompió el cuello.

-¡Síííííííí! - gritó el niño dando palmas y saltos de alegría ¡Me encanta cuando haces eso!

Cuando

terminaron

de

recoger

todo,

de

colocar

el

cadáver en un lugar seguro para después descuartizarlo hasta hacerlo filetes, se metieron en el monovolumen. Los cinturones de seguridad bien abrochados, música de

Mahler en el reproductor de CDs. Satisfechos.

Entonces el padre le dijo:

- Bueno, y ahora vamos a hablar de esos dibujos tan violentos que pintas.

Velpister 91

(Córdoba). Filóloga hispánica. Actualmente, estudia quinto de Humanidades en la Universidad de Córdoba. Ha trabajado como docente, auxiliar de archivo, administrativa, redactora, etc. Actualmente trabaja como bibliotecaria en el colegio de abogados de Córdoba. Devora libros, aprendiz de pintora, aficionada a la jardinería, animales y cualquier evento cultural. Está preparando su primer poemario. Ha colaborado en varias plaquettes, artículos periodísticos y ha participado en recitales organizados en tu ciudad natal.

Disfrazada bajo luces de neón se contonea buscando una presa y con falso pudor se vende por un beso.

Vuelve a subir a un coche diferente. Esta noche, el amor es de nuevo una gárgola encaramada al pecho.

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A mi hermano

Te traigo gominolas de colores, y caramelos, un trocito de cielo y mi corazón.

Me has salvado de la bruja y de la quema. Me has devuelto mi casa de chocolate, mi trozo de libertad. Hoy comienzo una vida nueva, sin brujas ni dragones para seguir el camino de baldosas amarillas.

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Las arterias ajadas y los huesos roídos. Óxido en sus mejillas y la piel a jirones.

Deambula por las calles, se mira en los espejos y se pregunta quién es la que habita su cuerpo.

Suplica una sonrisa y mientras engulle la rabia de sus verdugos.

Se araña el corazón con los dedos y vomita lo que queda de él.

Yolanda Martínez

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(Jaén, 1981). Concibe la literatura como uno de los medios de comunicación más puros. Licenciado en Filología Hispánica por la UJA, donde también cursó estudios de Postgrado en Literatura Comparada. Desde el año 2004 imparte clases de Lengua Castellana y Literatura en un centro de Enseñanza Secundaria y trata de despertar el gusto por la lectura en mis alumnos. Posee un poemario inédito, “El eco mudo”.

Sé que nunca podré olvidarme de esta imagen impúdica, obscena, que grabaré a fuego en mi memoria, de los últimos rayos de sol lamiendo tu cuerpo de bestia derrotada. Los párpados oscuros, los miembros cansados, la piel salina y todo tú abandonado al sueño que llega a deshoras. Mis deseos se mezclan y confunden hasta quebrarse bruscamente en tu pecho. Quiero asesinarte con mis besos, desperezarte con las caricias que tanto te hieren, que sufras mi entrega, que tu boca se queje y tu voz, si así está escrito, me rechace una última vez.

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Noche que vuela suspendida en tus ojos soñando el alba.

Palabra errante, decepción susurrada que arde en tus labios.

La niebla llega y se posa en tus manos como un regalo.

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Lo único que hago es llamarte. Llamarte como tú sabes, sentado al filo de la noche más solitaria, desde la caverna del ogro, con una verdad que hiede a pánico, un grito ansioso de llegar a tus oídos. Te llamo a sabiendas de que no me escucharás desde la remota burbuja azul que habitas, custodiado por muros sombríos que me rechazan. No hago otra cosa más que invocar tu nombre de cualquier modo y a cualquier hora y esperar respuesta inútil, obstinada, desesperadamente, para al fin sólo oír mi voz rota y el eco repitiéndola en silencio. El eco mudo.

José Ángel Parejo 97

(Córdoba). Pertenece a la Generación X cordobesa. Comparte aficiones tan dispares y poco comunes como la poesía y la micología. Actualmente reside en la provincia de Sevilla. Como miembro de la Asociación Cultural Soñando Caminos ha participado en recitales de poesía, por cuya labor divulgadora ha sido recientemente premiada. Algunos de sus poemas aparecen en distintas webs. En breve, publicará su primer poemario, “Emisión Analógica”.

Siete y media. Desempaño el coche. Arranco. Sintonizo la radio. Radio 3 - la única libertad que nos queda -. Salgo del pueblo escuchando la voz nasal de Bob Dylan llamando a las puertas del cielo. Cielo negro sobre los olivos.

Bajo por el lomo arcaico de la sierra hasta el valle. Veintitantos kilómetros. Cuarenta y tantas curvas. Prohibido adelantar. Todoterreno. Me escoltan, primero, añosos alcornoques;

después, los olivos silvestres que hunden sus raíces en el fondo del mar fósil.

La carretera serpea, como un estrato superpuesto al viejo camino de arrieros. Carbón, cal y caza. Desciende lentamente como desde el pasado hacia el presente. Curva peligrosa izquierda-derecha. Cañada. Surge la voz ronca e impura de

Tom Waits hablándome de la luna amarilla. La misma que aún
se ve, al sur, sobre las siluetas de los toros. Cielo violeta sobre los lirios.

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Millones de seres, a estas horas, se entrecruzan en círculos concéntricos por las carreteras de circunvalación de las ciudades. Otros, menos afortunados, simplemente sobreviven si pueden. Así desde el día en que nuestra codicia nos expulsó del paraíso de la selva virgen.

Sigo

descendiendo,

curva

a

curva,

la

carretera

de

mi

existencia. Entre las notas de guitarra eléctrica reconozco voz de Morrissey en una canción desconocida. La vida sigue. La música sigue. Me incorporo a la nueva carretera comarcal que me conduce subliminalmente a los lugares donde el niño que fui iba con mi padre — ambos, aunque siguen vivos, son ya pasado -.

La enorme máquina, ávida de actividad, chirría al ponerse en marcha. En el Guadalquivir, crecido e impuro, se reflejan las primeras luces del primer día. Cielo naranja sobre las naranjas.

Tomás Illescas

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(Vitoria, 1983). Escritor y lector de Bukowski, Palahniuk, Puertas, Kerouac, Dovtoieski, Fante, Reverte, entre otros. Colabora en varias páginas, revistas, fanzines y blogs.

Nunca me han gustado las imposturas, ni las carreras de larga distancia, tampoco las trabas sociales, ni el hierro a fuego, mucho menos las cicatrices del alma.

Detesto el fariseísmo, la inepcia y el borreguismo.

Debo de estar asilvestrado, así que si tenéis cojones, ensillad a este potro.

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Si quieres saber con exactitud el grado de posesión, codicia y avaricia que ostenta tu esposa, amante o novia, cúbrete con una manta después de haber echado un buen polvo, mírate a los pies, y si los tienes destapados, sabrás cómo en un futuro te va a abandonar.

Así que decide o elige.

Daniel García 101

(Madrid). Ingeniera topográfica que actualmente trabaja como gestora administrativa. En sus ratos libres, se dedica a escribir prosa y poesía. Ha participado en otros blogs, como “Poetízame” o en “Poetas Anónimos”. Algunos de sus poemas han sido traducidos al catalán por Pere Bessó y al francés por Roberto Alonso. Administra el blog “Entre Completas y Vigilias” (www.elblogdecalipso.blogspot.com).

Nadie conocerá mi nombre aún cuando esparza tus cenizas Lince tornadizo en tus pupilas piedra impávida en mi corazón

Nadie conocerá mi nombre aún cuando bese tu viento

aún cuando transites los recuerdos de aquel abril de baraja compartida

Nadie coronará el trono de tu ausencia marcharé como Medea de Corinto

Nadie conocerá mi nombre y yo no huiré de la tragedia.

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Tenía la nube perdida en sus ojos, no supo decir que no a aquella melodía invadiendo segundos vacíos.

Supo que era ella antes de llegar, sus sueños impregnaban el ambiente de aquel azul de viento, nada que hubiera visto antes, nada que pudiera encontrarse o perderse en aquellas calles abandonadas de razón.

Quiso prestarle pupilas a su mar, la espuma nunca la dejaba ver, siempre estaba revuelta, emocionada,

siempre llegando a la orilla.

Fue constelación solo aquella tarde, solo un destello, no se quería delatar, luego se deslizó en el tiempo.

(nunca perteneció a aquel lugar)

Paz Hernández

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Representante de la poesía de la ignorancia. Miembro fundador de “Los Inservibles”. Carente de biografía, cicatrices, mujeres y libros. Acérrimo luchador contra el oficialismo poético. Ha publicado sus poemarios (“Claridad Cautivo”, “Quedan inmóviles pendientes”) en Bubok. Los siguientes poemas pertenecen al libro inédito “Fornicaciones”.

Pero tuve ese silencio que precisan las flores para dar su perfume a una hora exacta que los enamorados desconocen pero de la que se aprovechan encelados con la venganza de un aceite derramándose lento sobre la carne su palpito de luciérnagas su luz el brillo en la piel.

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Y que no supe amar es fácil de descubrir si entre estas letras apenas lees pero ella tenía dones que eran desconocidos yo tan sólo quise como un sirviente quiere satisfacer primero a su dueña a su ama.

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Ni un millón de años serán capaces de apartar de mí tu nombre lo llevo azul o templado entre mis dedos y mi lengua perdonado y uncido como una dulce venda atándome a tu corazón que tiembla estremecido.

Tomás Rivero 106

(Bogotá, Colombia, 1956). Ha publicado “Cro-nicas para la Edad del Hombre” (2000), “Cuentos para leer en familia” (2002), “Asuntos del Barrio” (2007) y “Las puertas del cielo” (2009). Como pintor ha participado en numerosas exposiciones individuales y colectivas. Como muralista ha realizado numerosos trabajos. Actualmente, vive en León (Nicaragua). Forma parte del grupo que edita el fanzine \ panfleto literario Deshonoris Causa.

Cientos de pies descalzos corriendo, tropezando, levantando polvo por el camino. ¡El camión, el camión, ahí vienen, hay que esconderse bien ocultos entre el maizal, entre los siembros de pipián y frijoles, si es preciso hay que meterse debajo de la tierra! Viene la guerra, viene a llevárselos, a masticarlos vivos, a los chavalos descalzos, semidesnudos, algunos no alcanzaron ni a ponerse camisa, ni chinelas, ni siquiera el machete.

Guachimán siempre sabe dónde buscar, siempre tiene soplones que le dicen dónde morder, no le importa el llanto de las

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madres, ni de las hermanas, las hijas, las primas, los abuelos, las abuelas, todos con el miedo como un puño en el tórax, la orinadera de los nervios, la cagadera, el dolor de entrañas, el silencio.

Muy cerca resopla el motor del camión, los gruñidos de los cazadores, pisadas duras de botas militares sobre el polvasal, ya no se puede correr, hay que estarse quietos, no pestañear, ni respirar casi, dejar que los parientes hagan escándalo, que lloren, que se tiren al piso, que les ofrezcan agua, tiste o café a los reclutadores, a ver si los distraen y los calman para que se olviden de los chavalos, para que hagan de cuenta que en esta comarca no vieron ni oyeron nada, sólo pájaros, siembros raquíticos, perros ladrando, miseria. Ya antes han regresado chavalos en ataúdes sellados, ni se sabe si son o no, ni se sabe si vienen o no, ni se sabe si los pedazos de carne adentro de la caja son restos del hijo que la familia espera o tal vez paladas de lodo embadurnado con sangre de quién sabe quién. Chavalos que no alcanzaron a esconderse y se los cargaron a la guerra, chavalos que se ofrecieron convencidos en la justeza de ofrecer su vida. Los identificables han venido en cajones baratos, con ventanita de cristal, niños de la comunidad, morados o cenizos, muchos de ellos chamuscados, mutilados, apenas con un trozo de cuerpo, solo una cabeza para ser mirada a través de la ventanita, una cabeza helada con las fosas nasales y las orejas rellenas de algodón; a ser velados en los hogares de plástico y cartón, a ser llorados sobre los pisos de tierra, a ser bendecidos bajo la luz mortecina de una bujía

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amarilla, a ser enterrados humildemente, sin lápidas de lujo, con cruces sencillas, con misas absurdas. A los parientes les ha quedado un diploma emitido, firmado y sellado por las

autoridades de la república, los objetos personales del difunto, la medallita de metal con el número de serie asignado al chavalo en el batallón; les ha quedado la expresión de inocencia de sus hijos (los que regresaron vivos nunca más volvieron a tener esa expresión dulce en su rostro). Les ha quedado el recuerdo último cuando los chavalos agitaban la mano desde el camión militar que emprendía rumbo a la guerra, y las mamás, hermanas, cuñadas, abuelas, hijas, amigas (los amigos ya estaban muertos, escondidos o en el frente), novias, papás, primas, corriendo detrás de los camiones,

bañadas en lágrimas lanzándoles el último paquete de tortilla con queso duro, de pinolillo, la última ración de chancho con yuca o un puñito de billetes para que coman algo por el camino.

Por eso hay que morderse los labios ocultos entre el maizal, aguantar las picadas de los mosquitos, de los jejenes, de las hormigas negras, quietos los chavalos flacos, pensando en su hambre compartida, en sus parientes llorosos, mientras la bestia que resopla se marcha a buscar carne de cañón en otras comarcas. Y Guachimán pendiente, alistando los discursitos pendejos, la retórica frente a los cadáveres descuartizados, el vestido de gala para ostentar superioridad en la plaza pública mientras las familias reciben a sus héroes sobrevivientes: - ¡En estos momentos… después de un año en la línea de fuego

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hacen su entrada triunfal los combatientes del glorioso batallón N.N.N.N… recibámoslos con un caluroso aplauso! - y comienzan a desfilar los flacos peludos, heridos, vendados, remendados, mancos, cojos con muletas o bastón, ciegos, tuertos, inválidos en sillas de ruedas, futuros esquizofrénicos, muertos vivientes. Detrás aparecen los saginudos que pueden caminar, cargando monos y chocoyos posados en los hombros y la testa, carne de monte, cocos, cabezas de plátano guineo, cualquier cosa de comer que no sea mierda. Ojerosos, demacrados, con la muerte escrita en el semblante, con el maldito dolor a cuestas esperando un abrazo, un beso del hijo que no han visto crecer, una señal de vida, algo que justifique sus dedos en los gatillos, los matados del otro bando, el dolor propio y de los del otro lado de la línea de fuego.

Por eso hay que ocultarse entre el maizal, aunque no se entienda por qué, aunque en ese instante se piense que esconderse es una traición a la patria, aunque la propaganda oficial te acuse de traidor, de cobarde, de vende patria, aunque te persiga el estigma hasta el final de tus días. Hay que rehusarse a ser engullido por la guerra, negarse a matar o ser matado… Guachimán lo sabe, por eso durante las madrugadas, cuando padres, madres, abuelas, amigas, hermanas, primas, esposas, hijas, hijos y guerreros logran dormir, Guachimán les taladra el cráneo, les roba la memoria y les ataruga hijo

resignación, falsos orgullos de heroísmo… Guachimán… el de la gran puta que nunca duerme ni olvida.

Daniel Pulido Ortiz 110

Groenlandia, revista cuatrimestral de Literatura, Opinión y Arte en general número nueve ( Enero \ Abril 2011 )

Junto con esta publicación, se presenta el suplemento de Groenlandia correspondiente (suplemento Groenlandia número diez, correspondiente
a los meses de Enero \ Abril). Todos los textos e imágenes pertenecen a

sus respectivos autores. Los textos pertenecen a Ana Patricia Moya,
Valentín Valiente, Carlos Pérez, Manuel Guerrero Cabrera, Sara Gallardo, Pepe Pereza, Luis Sevilla, Ángel Muñoz, Luisa Fernández, Esperanza García Guerrero, Adolfo Marchena, Adriana Bañares, Arantza Guinea, Lucia Fraga, Marta Noviembre, Patxi Irurzun, Jesús Suárez, Elena Ortiz, Jack Farfán, Remisson Aniceto, Rolando Revaglatti, Begoña Leonardo, Óscar Varona, Rubén Casado, Mar Benegas, Beatriz García, Néstor Villazón, Toni Quero, Velpister, Yolanda Martínez, José Ángel Parejo, Tomás Illescas, Daniel García, Paz Hernández, Tomás Rivero y Daniel Pulido. Para el diseño de esta publicación se han utilizado fotografías e ilustraciones, extraídas de la red, pertenecientes a los siguientes artistas consagrados: John Gutmann (página 23), Corwin Prescott (26), Alexander Bergström (34 y 88), Roger Ballen (43 y 80), Eduardo Naranjo (49), Adrian Markis (51), Juan Francisco Ruiz (55), Erik Johansson (62 y 67), Daikichi Amano (70, 101 y 105), Brian Day (74), David Lindsey Wade (76), Yanire Fernández (85), Heile Grüsse (93), Werner Bischof (96) y Paul Nash (107).

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También

se

han

empleado

obras

de

Rezgo

Reis

(portada

y

contraportada), Amarande Guzmán (páginas 17 y 44), Felipe Solano (111 y 112), Ángel Muñoz Rodríguez (31, 38, 45, 65, 79 y 116), Ricardo Bórnez (29, 35, 47, 99 y 103), Velpister (88), Tomás Illescas (2 y 59) y Luis Sevilla (19).

Groenlandia respeta las opiniones de sus colaboradores — las cuales son de su total responsabilidad — y defiende la autoría de sus obras.

Groenlandia aboga por la total libertad de expresión, sin censuras.
Groenlandia es, desde el número cero, una publicación que no busca lucro. Groenlandia defiende la cultura gratuita. Todas las publicaciones son de descarga gratuita desde las distintas plataformas de la red (página Web oficial, SCRIBD, ISSUU). Todos los contenidos de esta revista corresponden a sus respectivos autores; desde el número cero, todas las obras que contienen las publicaciones están protegidas. Groenlandia

respeta los derechos de autor: para proteger nuestra cultura, es
esencial proteger las ideas originales de sus autores porque las mismas son un trabajo de imaginación y esfuerzo únicos.

www.revistagroenlandia.com http://www.scribd.com/RevistaGroenlandia http://issuu.com/revistagroenlandia
DEPÓSITO LEGAL: CO-686-2008 ISSN: 1989-7405

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Groenlandia presenta sus tres nuevos libros: el poemario “Apología de la muñeca de Bellmer”, de Jorge Heras García (con portada y

contraportada, e imágenes de interior, de Amarande Guzmán) y dos nuevas obras de narrativa, “Realidad Paralela”, de Ana Vega (con prólogo de Esteban Gómez y fotografía de Ángel Muñoz Rodríguez) y “Cuentos de la Carne”, de Ana Patricia Moya (prólogo de Pepe Pereza, epílogo de Adolfo Marchena, portada y contraportada de Felipe Solano, fotografías de interior de Juan José Romero). Todos los nuevos libros digitales, ya están disponibles en las plataformas ISSUU, SCRIBD y en la página Web oficial. Próximamente: Poesía Escupí sangre (Isaac Contreras) En el invierno de la lluvia (Helena Ortiz) Feto Oscuro (José Ángel Conde Blanco) Urbe Desta Historia (Rubén Casado Murcia) Carne (Daniel Rojas Pachas) Narrativa Putas (Pepe Pereza) 2ª Edición Contrafábulas (Franco DiMerda) Momentos extraños (Pepe Pereza)

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Pasquín Literario

http://www.grietasmx.blogspot.com

Revista de narrativa

http://www.alotroladodelespejorevista.blogspot.com

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, ni tampoco estará toda su vida junto a ella… cuando ella envejezca, posiblemente él, todo un pichabrava, la dejará por un pastelito sin arrugas… o bien ella – y esto lo piensa, a menudo, cuando se mira los hematomas de los brazos y piernas – se morirá antes, machacada, y dejándolo solo, con su miseria. Un escritor es

— en nueve de de que diez casos — la verídica cara del amor, Y, a pesar cada Petra conoce se conforma con disfrutar de e un loco que se salva de su propia locura proyectándola sobre el mundo y generalizándola a categoría universal

Si se niega a tal operación salvífica — conjetura Wrongo — entonces es una sana persona corriente o — en siete de cada diez casos — un poeta.

Jorge Riechmann

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