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EL DEBATE SOBRE LA PARANOIA

EN LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XX

Por Graziela Napolitano

Debate sobre la paranoia en la primera mitad del siglo XX en el campo de la


Psiquiatría. Luego llegará a desaparecer, a favor de la importancia que adquiere la
noción de esquizofrenia, englobando la mayor parte de las manifestaciones
delirantes. En el Primer Congreso Mundial de Psiquiatría, en 1950, subsumen la
paranoia ya sea en la concepción de los delirios de Bleuer, o dentro del concepto de
delirio primario de Gruhle.
En el campo del psicoanálisis, se mantiene la distinción paranoia –
esquizofrenia.
¿Cuáles fueron las razones que condujeron a la desaparición de la paranoia
en Psiquiatría?.
Intentaremos reconstruir los ejes principales de la discusión que enfrentaba
en un diálogo sostenido algunos de los principales representantes de las escuelas
suizo-alemana y francesa sobre la semiología, patogenia y etiología de la paranoia,
después de la reducción que recibe este término en la nosografía de KRAEPELIN, en
1899. Es en la sexta edición de su Tratado que el psiquiatra alemán ofrece una
definición sintética de esta entidad, cuyo reconocimiento había aparecido mucho
antes, hasta alcanzar una extensión abusiva, incluyendo manifestaciones de orden
heterogéneo, así como evoluciones diversas.
La paranoia se precisa como una entidad clínica caracterizada por la
existencia de un delirio, cuya organización reside en un riguroso encadenamiento
deductivo afirmado con tenacidad y firme convencimiento, por lo tanto
inquebrantable y con conservación de la integridad intelectual, en un curso constante
y regular.
Es para Kraepelin una enfermedad constitucional, en la que privilegia las
denominadas “causas internas”. La paranoia adquiere así estatuto de “verdadera”
enfermedad en la edad de oro de la construcción del edificio psiquiátrico.

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El debate se inicia poco tiempo después y concierne tanto al concepto como a
la clínica y etiología de la paranoia.
SÉRIEUX junto con CAPGRÁS, llevan a cabo un desmembramiento que busca
atenerse a las particularidades clínicas de las presentaciones delirantes.
Es Sérieux el que introduce la concepción de Kraepelin en rancia, y se ocupa
junto con Capgrás en 1909 de describir “las locuras razonantes”, diferenciando el
delirio de interpretación y el delirio de reivindicación no por su fórmula, sino a partir
de los mecanismos de generación de la producción delirante, manteniendo el criterio
clínico evolutivo como marco general de su análisis.
Hay coincidencias en la consideración de los factores etiológicos, los que
tanto Kraepelin como en Sérieux y Capgrás son situados en el orden constitucional,
categoría que les parece suficiente y necesaria para explicar una patología tan
íntimamente ligada a la personalidad y cuyo desarrollo progresivo reconoce en
ocasiones desencadenantes exógeneos, choques emocionales, situaciones
adversas, pero que no hacen más que exacerbar características propias de una
forma de ser y reaccionar, y cuya cronicidad es la nota fundamental, cronicidad del
carácter inquebrantable del delirio, “la incurabilidad sin demencia terminal”, como lo
expresaran Sérieux y Capgrás.
Es con respecto a la patogenia que los autores se diferenciaran, Kraepelin
centrado sobre todo en una perturbación del juicio, “un raciocinio sin desarrollar”,
como dirá más tarde, y Sérieux y Capgrás privilegiando la concepción de Bleuler
para explicar por qué razón las interpretaciones, que son mecanismos normales, se
tornan patológicas y no admiten corrección ni crítica.
Vemos con BLEULER, con la importancia crucial que adquiere a comienzos del
siglo XX el advenimiento del Psicoanálisis y el surgimiento de una perspectiva
psicopatológica nueva.
La introducción de la teoría psicoanalítica estuvo en el principio del
surgimiento de una nueva manera de entender el síntoma y el mecanismo de
producción al que obedece.
Con Bleuler, que se había acercado al psicoanálisis a través de Jung, se inicia
una nueva época de la Psiquiatría, en la que adquiere importancia una renovada
perspectiva psicopatológica, centrada en una delimitación de procesos psíquicos
que consideraban como necesarios de postular para dar cuenta de los productos
patológicos, y la dinámica psíquica que los condiciona.
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Bleuler incluye el problema de la paranoia dentro de su teoría de la
afectividad, y pretende explicar la formación del delirio por la acentuación afectiva de
determinadas representaciones, subrayando la naturaleza pasional de las ideas
delirantes, en términos de una defensa frente a una realidad insoportable que el
sujeto busca negar. Se trata para Bleuler en la paranoia de un conflicto afectivo que
se expresa en el delirio, como compensación de una inferioridad inaceptable para el
sujeto. “Predisposición”. El delirio paranoico es una formación psíquica que se apoya
en mecanismos normales, su carácter patológico reside en su imposibilidad de ser
corregida y su tendencia a extenderse. De allí su definición tan conocida de la
paranoia como la reacción de una personalidad predispuesta ante dificultades que
no puede afrontar.
Bleuler coincide con Kraepelin en el carácter irreducible del delirio y la
cronicidad de esta condición clínica. De allí que le resulte insuficiente la dinámica
psicopatológica para explicar la paranoia, y recurre a la noción de disociación.
El problema de la incurabilidad del delirio recibe cuestionamientos de
importancia. GAUPP, en 1909 presenta el concepto de “paranoia abortiva”,
destacando ciertos rasgos que la caracterizan, diferenciándose de la definición
clásica: disposición básica pacasténica-neurótico obsesiva; durante la enfermedad,
formación delirante insidiosa, afecto pasajeramente depresivo temeroso,
reconocimiento parcial de la enfermedad, oscilaciones del curso y ausencia de
egoísmo.
Gaupp desestima la influencia de factores reactivos, y enfatiza la importancia
de la base caracterológica, de allí que califica la paranoia como “formación delirante
caracterógena”, subrayando las oscilaciones que caracterizan el delirio, por lo que
resulta cuestionado el curso constante, así como el rasgo de inquebrantable de la
formación patológica, esenciales en la definición de Kraepelin. La respuesta de
Kraepelin de 1915 se centra en la dificultades diagnósticas de los casos presentados
por Gaupp, rechaza de esta manera la categoría de paranoia abortiva, que se
oponía al carácter de rígida sistematización del delirio así como a su progresión
constante.
En 1913 JASPERS publica su Psicopatología General. Se trata en Jaspers de
ordenar el campo de los fenómenos psicopatológicos a partir del núcleo más
problemático del campo psiquiátrico: el problema de la causa. En esta dirección
utiliza sus operadores metodológicos “comprensión-explicación”, ateniéndose al
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registro en el que se presentan los fenómenos psicopatológicos, el registro del
sentido. Preocupado por establecer una precisa definición de la noción de delirio,
Jaspers establece la diferencias que será fundamental en el abordaje de la paranoia,
diferencia que separa lo que denomina “vivencias delirantes primarias” y “la
elaboración delirante”. Las primeras consideradas auténticas ideas delirantes, son
caracterizadas por la nueva significación que entrañan, y la oscuridad de su sentido,
así como su forma de irrupción en el psiquismo, “una irrupción sin motivo”, que las
torna incomprensibles. Es la noción de vivencia delirante primaria que conduce a
Japers a borrar toda diferencia entre los que considera “verdaderos” fenómenos y
las manifestaciones paranoides de la esquizofrenia.
Recogiendo las nuevas propuestas de Bleuler, Gaupp y Jaspers, en 1917 E.
KRETSCHMER, publica su muy conocida obra sobre el denominado “delirio de relación
de los sensitivos”, en el que se propone caracterizar en términos de tipicidad los
principales factores etiológicos en la tríada del carácter, la vivencia y la situación
social. En la perspectiva de Kretshmer es al esquema nosográfico clásico al que
dirige sus críticas y propone en esa dirección nuevos criterios, que permitan una
mejor delimitación de los factores biológicos, constitucionales y psicopatológicos.
Mientras tanto, en la escuela francesa, es el análisis lo que se privilegia,
ahora dedicado a establecer las coordenadas de correspondencia entre una fina
semiología y los mecanismos generadores del delirio. En esa dirección se destacan
los trabajos de GAETAN DE CLÉRAMBAULT, que parece mantenerse al margen de las
nuevas tendencias psicopatológicas que caracterizaron a las primeras décadas del
siglo XX.
Clerambault lleva a cabo una diferenciación dentro de los delirios
considerados paranoicos, a partir de los mecanismos y la patogenia que les
corresponden. Así, diferenciará los delirios de acuerdo a mecanismos pasionales,
constitucionales y mecánicos, buscando en lso fundamentos de la construcción
delirante, aquellos fenómenos que situados en el origen, se diferencian de la
elaboración narrativa la cual, sin embargo, mantiene una comunidad estructural con
la matriz inicial.
Clerambault culminará por proponer un origen mecánico al delirio de
interpretación, en el prototipo de una variedad al menos, el proceso denominado
“seudoconstatación espontánea incoercible”, presente en la fase inicial de ciertos
delirios paranoicos.
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Los autores de la época situaban el factor constitucional como tope de los
problemas suscitados por la etiología de los delirios paranoicos, tanto en su variedad
interpretativa, como reivindicativa.
Clerambault separa la variedad de delirios paranoicos reivindicativa junto con
el delirio de celos y la erotomanía a partir de los mecanismos pasionales y la
estructura interna del delirio, así como su posible remisión. Sin embargo, durante
algún tiempo, coincide con Kraepelin y Sérieux y Capgrás en otorgar un peso
fundamental a la constitución en el resto de los delirios paranoicos, categoría
utilizada para dar cuenta de ciertos rasgos fijos del carácter, que permitían explicar
la aparente continuidad entre la psicosis y el estado anterior del sujeto. Esta
perspectiva alcanza una teorización extrema y definida con los trabajos de
MONTASSUT en 1925 y GÉNIL PERRIN en 1926, en la que plantean el concepto de
“constitución paranoica”, para dar cuenta de la continuidad entre la normalidad y la
paranoia clínica. Es el primero de los dos autores que cree encontrar una propiedad
primaria de la paranoia, es la denominada “psicorigidez”, que tiene su expresión en
ciertos rasgos básicos que se destacan en el futuro paranoico. Genil Perrin seguirá
la misma dirección, afirmando “se nace paranoico”, e influenciado por
representantes de la escuela italiana, destacará el origen psicogenético, es decir,
caracterológico, de los delirios sistematizados. Estos últimos son considerados como
una derivación de la psicología normal del carácter, una exacerbación de los
componentes básicos de la constitución.
Las perspectivas constitucionalistas así como también las mecanicistas serán
el objeto de las críticas de la nueva generación de psiquiatras que emerge poco
antes de los años 30 y se agrupan en torno a la publicación de “La evolución
psiquiátrica”, que comienza en 1925. Entre ellos se destaca J. LACAN, quién años
más tarde ocupará un lugar de privilegio en el campo del Psicoanálisis. Después de
la redacción de un primer artículo sobre la estructura de las psicosis paranoicas,
escribe su tesis, en 1932, influido particularmente por Janet, Jaspers, Kretschmer y
la introducción de la segunda tópica freudiana en Francia.
Su crítica a las teorías de la constitución paranoica apunta al obstáculo que
representan para toda investigación clínica, ya que “… para qué ponerse a interrogar
tan detalladamente los hechos, allí donde ya está bien entendida la causa de su
naturaleza íntima, o sea el carácter innato de su determinismo”. Su proyecto se
plantea, por el contrario en términos de la búsqueda de un determinismo que sea
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específico de los fenómenos delirantes. Lacan desarrolla su tesis a partir de un
postulado: este determinismo específico es situado en el orden definido en los
fenómenos por las relaciones de comprensión, por lo que puede ser calificado de
psicógeno.
Después de un cuidadoso análisis se preocupa de establecer un orden
diferenciado de las causad, destacando la causa específica de la reacción por la
psicosis: una anomalía específica de la personalidad, de su desarrollo, entendida en
función del concepto de superyo de la teoría psicoanalítica. Es a partir de su estudio
que concluye en la patogenia estrictamente psicógena de este grupo de psicosis.
Junto con la paranoia de reivindicación son agrupadas considerando su
determinismo y en un cuestionamiento de la patogenia pasional establecida por su
maestro, Clerambault. Tal determinismo se define para Lacan por una detención
evolutiva de la personalidad en el estadio genético del superyo.
En los años 50 HENRI EY comienza a elaborar su teoría organodinámica,
compartiendo con Lacan sus críticas al mecanicismo de Clerambault y a las teorías
constitucionalistas.
Su contribución a la clínica de la paranoia reside en la distinción del delirio
primario, equiparado al delirium, expresión de una desestructuración de la
conciencia, y el trabajo delirante, síntoma que manifiesta el esfuerzo de la
conciencia perturbada por asimilar el error y reestructuras de manera patológica las
relaciones del yo con el mundo.
Henri Ey desestima la exclusión del grupo de la paranoia de las psicosis
alucinatorias, en la medida en que sitúa el fenómeno alucinatorio como una
modalidad del delirio, en el registro de un error que lejos de afectar los senditos,
perturba la vasta conciencia de la realidad, por la emergencia de productos del
inconsciente, liberados de toda regulación y control.
Es momento de esbozar algunas hipótesis para responder a nuestro
interrogante inicial sobre la razón por la que la paranoia desapareció como categoría
diagnóstica después de la primera mitad del siglo XX. ¿Podemos considerar, como
lo hacen algunos autores, que esta categoría dejó de tener vigencia por la dificultad
de distinguir las manifestaciones reactivas de las consideradas procesuales, si
confiamos en los operadores jasperianos?. En contra de esta hipótesis podríamos
sostener que justamente son esos operadores los que sirven para diferenciar, a
partir de los denominados fenómenos primarios, los signos de la estructura psicótica,
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de las otras producciones patológicas. En segundo lugar, ¿nos parece acaso más
pertinente pensar que fue la declinación del edificio nosográfico kraepeliniano la que
condujo a desconfiar de una categoría establecida en función de criterios rígidos que
dejaban fuera del campo una serie de manifestaciones patológicas que no
respondían a esa nosografía?. Esta hipótesis, que se centra en el problema de la
epistemología de las clasificaciones tiene la virtud de apuntar a uno de los ejes del
problema, como lo hemos constatado en el curso del debate, y que concierte
particularmente a la dificultad de articular la clínica con la dimensión de la causa en
el campo psiquiátrico.

Capítulo 1: Kraepelin: “La verdadera paranoia”.


Fue Emil Kraepelin quien inicia la reducción progresiva del campo de la
paranoia en su intento tenaz por diferenciar verdaderas enfermedades a partir de un
criterio basado en la evolución de las fases y sobre todo en la culminación del
proceso mórbido. Cuestionará aquellos tipos de clasificación basados en una
especificación meramente sintomática.
Veremos entonces, a partir de un rastreo a lo largo de su obra, las
modificaciones y reducciones que sufre la entidad que nos ocupa.
La consideración de la Paranoia en las primeras ediciones del Compendio de
Psiquiatría: Kraepelin estuvo bajo la formación de Wundt en su laboratorio de
psicología experimental. A instancias del propio Wund comienza, en 1883m su
transmisión teórica titulada “El compendio de psiquiatría”, pequeño manual del que
se sabe, conocerá ocho ediciones.
En lo relativo a la paranoia las primeras ediciones reflejan una descripción
sindrómica que intenta diferenciarla de los estados agudos ubicándola bajo el título
de delirio sistematizado (verrucktheit) primitivo, forma que incluye el delirio
persecutorio, megalomaníaco, erótico y religioso. Más detalladamente, en su
segunda edición, el delirio sistematizado (lo que más tarde dará a llamar paranoia),
nos es presentado bajo su forma depresiva y su forma expansiva, separado a raíz
de su cronicidad de las psicosis delirantes agudas tal como lo consideraba Krafft-
Ebing, de quién Kraepelin tomará varios criterios diagnósticos.
Había discusiones del campo psiquiátrico acerca de la consideración de la
locura sistematizada (verrucktheit). Kahlbaum en 1865, describe un delirio
sistematizado primitivo que no se acompaña de otras afecciones de las funciones
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mentales dándole el nombre de “paranoia”, término que luego utilizará Kraepelin a
partir de su cuarta edición. También Snell describe un estado delirante y alucinatorio
al que considera como primitivo y no secundario. Griesinger admite una forma de
verrucktheit primaria. Era éste lo que podía llamarse el momento de prosperidad de
la paranoia en tanto categoría parecía querer extenderse a todo el campo de la
psicosis.
Sin embargo desde el inicio Kraepelin hace depender los delirios
sistematizados o verucktheit primarias de las anomalías del carácter cuya etiología
es constitucional, además de reconocer que no afectaban la integridad afectiva e
intelectual por no terminar nunca en demencia. Se lee entonces tempranamente los
dos criterios fundamentales que la separarán radicalmente de la Demencia Precoz
aunque aún no hayan surgido una y otra bajo esa denominación.
El inicio de la reducción del campo paranoico: En la 4º Edición, adoptando ya
el término de paranoia para las verrucktheit, modifica esta categoría al intercalar
entre éstas y las Neurosis Generales los procesos psíquicos degenerativos que
comprendl tres formas: demencia precoz, catatonía y demencia paranoides, esta
última descripta como una invasión de ideas quijotescas, absurdas y cambiantes,
procedentes de un período depresivo inicial y construidas primeramente alrededor
de ilusiones e interpretaciones de la memoria.
La sexta edición del compendio: La sexta edición nos presenta la paranoia
bajo una definición que continúa reduciendo su campo, ahora se manifiesta a partir
de “un desarrollo insidioso, bajo dependencias de causas internas y según una
evolución continua de un sistema delirante duradero e imposible de conmover que
se instaura con una conservación completa de la claridad y el orden del
pensamiento, la voluntad y la acción”. Y es bajo esta concepción que cuestiona la
extensión abusiva del término agradeciendo los trabajos de Snell, Westphal y
Sander por haber considerado y reconocido una forma primaria de la paranoia
opuesta al delirio secundario que podía proceder a la manía y a la melancolía.
Critica a Westphal una forma de paranoia aguda que tiende hacia una
recuperación. Para Kraepelin esto es inadmisible en la medida en que contradice el
concepto original de la enfermedad: su cronicidad y la exigencia de la delimitación
de los cuadros clínicos sucesivos en el tiempo.
Fiel hasta las últimas consecuencias al método clínico evolutivo, considerará
el error de la Psiquiatría, aquella observación que sólo contempla la agrupación
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meramente sintomática de los cuadros patológicos, por eso la “supuesta” oposición
entre desórdenes del humor y los desórdenes de los sentimientos es tan sólo una
distinción psicológica y de ninguna manera clínica. Se esforzará por demostrar que
la incurabilidad de esta enfermedad es una de las características esenciales.
En adelante sólo se llamará paranoia a aquellos casos que se ajusten
estrictamente a su definición. La descripción del cuadro se anuncia con ligeras
depresiones, desconfianza, quejas físicas, descontento, incomprensión dado que en
su interior el paciente experimenta un sentimiento de grandeza que lo lleva a
imaginar situaciones irreales. Considerando que es una enfermedad crónica, su
desarrollo es lento, pudiendo durar este período largos años. Sobreviene el
momento en que todo su entorno lo alude dando cuenta de uno de los mecanismos
en que reposa la paranoia, el delirio de autoreferencia o delirio de significación
personal, el enfermo manifiesta que es mal mirado, le dicen cosas ofensivas, hay
intenciones hostiles ocultas hacia su persona, etc. En adelante los diferentes tipos
de delirios que pueden desarrollarse en la paranoia combinatoria, forma
interpretativa por excelencia, se manifiestan bajo la forma de delirios de persecución,
de celos, de grandeza, forma erotomaníaca y una forma especial de delirio de
querulancia (perseguidos-perseguidores de los franceses), pudiendo coexistir uno y
otro como en el caso del delirio de persecuición y de grandeza, en tanto que el
enfermo llega a explicar la enormidad de los medios en su contra considerándose
una personalidad única: genio, inventor, etc., en fin, alguien llamado a ocupar una
posición venerable en el mundo.
En cuanto al delirio erotomaníaco Kraepelin cree encontrar en él, a raíz de su
coloración estática, platónica y fantástica un instinto sexual poco desarrollado o
desarrollado de manera defectuosa, esta noción de déficit volverá en su 8º Edición
cuando propone la idea de un déficit en el desarrollo del raciocinio en la paranoia,
manera de dar cuenta de la etiología de esta enfermedad: causas internas, como lo
indica su definición, caracterizadas como endógenas constitucionales.
Los delirios se desarrollan por interpretaciones patológicas de experiencias
reales que no pueden ser corregidas en función a la inmutabilidad fundamental del
sistema. Para Kraepelin lo que cuenta es la predisposición morbosa degenerativa
que permite dar cuenta del desarrollo insidioso de la enfermedad en un momento
preciso de la vida (no es originaria), de su incurabilidad y de la escasez de otros
trastornos más llamativos.
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Otro mecanismo en juego son las ilusiones de la memoria que consisten en
exámenes de experiencias pasadas en las que el enfermo resignifica de manera
patológica muchos detalles que antes habían pasado desapercibidos y que ahora se
plasman con una certeza absoluta.
También reconoce que al estar el delirio arraigado a la personalidad del
enfermo es inevitable una debilidad en el entendimiento manifestada a través de la
carencia de objetividad en el pensamiento al no poder corregir los errores de sus
interpretaciones delirantes.
Un ejemplo clínico: Un hombre de 72 años descrito como cuidadoso con su
aspecto personal. Se dedica al ejercicio de diversos entretenimientos, tales como
lecturas de periódicos, visitas a cafés y elaboraciones de fabulosos proyectos en los
cuales obtendría fama y dinero. Tras una serie de nuevas y grandilocuentes
empresas para llevar a cabo, comienzan las quejas del paciente por no ser
reconocido dado que el consulado no respondía a sus pedidos. En su exposición
frente a Kaepelin, ante ciertas contradicciones que el médico le señala, ofuscado le
responde “¿qué quiere usted? ¡las faldas!”. Esta enigmática expresión se aclara ni
bien el enfermo relata que es objeto de la persecución de una mujer llamada
Bulldog, hija del cónsul inglés en Quito. La susodicha lo persigue desde hace 23
años con ideas de matrimonio, de ahí que él se encuentre a merced de permanentes
maquinaciones en su contra que se le presentan como obstáculos a diario:
accidentes cotidianos, hasta la propia internación.
Estas ideas permanecen inquebrantables pese al esfuerzo de señalarse su
inconsistencia. Y durante 9 años que estuvo en el asilo no experimentó cambio
alguno respecto de sus convicciones y empeños por conseguir su verdadera
posición social.
La octava edición del Tratado: Es necesario hacer referencia a otras
corrientes y a otros autores que cuestionaban la definición de la paranoia del sexto
Tratado.
En primer lugar hacemos mención a la Corriente Psicodinámica Alemana,
surgida en 1900 como reacción a las concepciones clásicas de Kraepelin y sobre
todo contra del concepto de “entidad mórbida”. Con Bleuler la enfermedad mental
será abordada privilegiando otros parámetros para dar cuenta de su surgimiento. Es
entonces el momento donde los conceptos freudianos se incorporarán (previo
recorte de la función de la etiología sexual de los síntomas psíquicos), como modo
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de dar cuenta de la importancia de la afectividad en la vida psíquica y del
pensamiento. Cobra importancia el concepto de “reacción”, a paranoia se verá
definida como reacción a una situación insoportable a la que se responde mediante
la enfermedad.
Es pertinente señalar la oposición que se establece con la concepción de la
paranoia en Kraepelin en la cual el énfasis recae en la influencia que ejerce una
constitución determinada para el desarrollo de la enfermedad.
Por esta época son también descriptas formas benignas de la paranoia que
remiten después de un conflicto exterior grave, ejemplo de esto son los trabajo de
Fridmann y más delante de Gaupp sobre las predisposiciones paranoicas y la
paranoia abortiva que sin duda cuestionan la conicidad que tanto afirmaba Kraepelin
sobre esta enfermedad. Contradicen la inquebrantabilidad del delirio, pilar de la
enditad que refleja la definición clásica. Autores como Wilmanns postulan una
consideración sobre la paranoia entendida en términos de “desarrollos mórbidos
puestos en movimiento por una vivencia más o menos cargada de afectividad que
actúa sobre cierta predisposición depresiva”, consideración que desestima el
concepto mismo de enfermedad mental y el carácter endógeno del delirio de
querulancia.
Kraepelin intentará conciliar con las críticas recibidas y sus elucubraciones
teóricas.
Surge el grupo de las parafrenias (término también antes utilizado por
Kahlbaum) para poder designar los delirios crónicos que no forman parte de la
demencia precoz ni de la paranoia. Bajo esta forma en la 8º Edición conviene
perfectamente a la escuela francesa.
Respuesta a las críticas: Kraepelin no sólo atiende a las críticas francesas
sino también aquellas que se desprenden de las nuevas concepciones
psicodinámicas provenientes de Suiza, recordemos que Bleuler en lo que concierne
a la paranoia, prevalece el concepto de reacción por sobre el de predisposición,
tomando valor en la psicogénesis de la enfermedad las causas externas en términos
de experiencias insoportables para el enfermo.
Kraepelin reconoce que en aquella forma que él creía encontrar la descripción
perfecta de la paranoia, el delirio de querulancia, debe ahora pensarse en relación
estrecha con causas externas, siendo éstas siempre agrupadas en tornos a factores
exógenos (que puede ser a su vez, tanto un acontecimiento externo de alto valor
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significativo para el enfermo como sucede en la forma querulante, o un factor tóxico
o infeccioso como ocurre por ejemplo con el grupo de las psicosis alcohólicas y las
sifílicas), pero en particular al delirio de querulancia, Kraepelin, tras haber
reconocido en él la sistematización del delirio, su uniformidad e inquebrantabilidad,
la limitación del proceso a ciertas esferas de la representación y el mantenimiento de
la personalidad psíquica con ausencia de demencia, señala sin embargo una
marcada diferencia respecto de la “paranoia verdadera”, término que designa ahora
estrictamente aquellos casos que se desarrollan a partir de causas internas. “Tal
diferencia se manifiesta en la conexión del delirio con alguna causa externa,
concreta, y en los perjuicios jurídicos, reales o supuestos, que causan fuerte
emociones psíquicas”.
No puede dejar de reconocer que debe haber una predisposición peculiar
como base genérica para que se desarrollen las manifestaciones querulantes y que
por lo tanto la diferencia entre una y otra “se limitan solamente a un cierto
desplazamiento de la relación entre influencias externas psicógenas y causas
internas de la enfermedad”.
Algunas coincidencias y discrepancias: Kraepelin parece coincidir con Sérieux
quien separa el delirio de interpretación del delirio de reivindicación, coincidiendo el
primero con su paranoia y el segundo con la forma querulante. Respecto de las
teorías alemanas, menciona a Fridmann y Gaupp sobre las formas de paranoias
benignas y abortivas para proponer un examen más riguroso en la medida en que
aún no puede incluirse baso su concepción.
También encontramos discrepancias con la tendencia de Bleuler por afirmar
que los complejos afectivos constituyen el punto de partida del delirio, esto le resulta
extremadamente exagerado. Tampoco ahora críticas hacia Freud enfatizando su
descrédito hacia la concepción del delirio en términos de intentos de autocuración
llevados a cabo por los pacientes.
En cuanto al valor de la herencia es sumamente cauto aclarando que los
datos de sus pacientes carecen de fiabilidad, habla de una predisposición
psicopática.
El origen del delirio: Es en este punto donde el autor plantea un concepto
deficitario al parecerle que el delirio en la paranoia tiene similitudes significativas con
un raciocinio sin desarrollar que se asemeja al de los pueblos y hombres
espiritualmente primitivos. Hay que considerara a los paranoicos como un grupo de
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sujetos en los que se ha producido un desarrollo desigual de la personalidad
psíquica en determinadas zonas de la vida anímica.
La paranoia latente: Se discutió sobre la delimitación o no, de formas de
paranoias curables con curso abortivo. Kraepelin intenta examinar nuevamente los
trabajos de la época sobre este tema, destaca la confusión que se produce en
cuanto al diagnóstico ya que en ocasiones la paranoia ha sido confundida con
ataques de locura maníaco depresivas, se tata para él, y vuelve a recomendar, de
obtener una visión global de la enfermedad, es decir de un diagnóstico bajo el
criterio clínico evolutivo.
En tanto no podría negarse la existencia de paranoias benignas y curables,
pero aquí vuelve a comunicar que debe suponerse una paranoia en estos casos
“latente”, que no se declara hasta una circunstancia especial en delirante, y cuando
las circunstancias desfavorables desaparecieran, remitir y sanar, aunque cualquier
otra también podría volver a enfermar, entonces ya no tendríamos una paranoia
benigna y curable, sino una tendencia permanente (o más bien crónica) hacia
formaciones delirantes aisladas, más que hacia una evolución sistematizada.
Kraepelin habla de paranoia “rudimentaria”, es decir no desarrollados.
Las supuestas modificaciones: Kraepelin trata de preservar el edificio de su
nosografía a costa de modificaciones, pero pese al esfuerzo por mantener su visión
sintética sobre la enfermedad y al descartar aquello que no se ajusta a la misma, los
cimientos comienzan a tambalear poniendo en duda la rigurosidad de sus
definiciones y dejando el campo apto para nuevas formas de abordaje sobre la
enfermedad mental.

Capítulo 2: La paranoia a partir de una teoría de la afectividad en Eugene Bleuler.


Concepción de Bleuler sobre la paranoia a partir de una teoría de la
afectividad. Bleuler intenta desde el principio de su trabajo delimitar claramente un
concepto de la afectividad, que pueda se utilizado en el marco de las ciencias
naturales.
Define así a la afectividad como una reacción general de toda la psique, que
tiene efectos además sobre una multitud de funciones corporales. Aísla distintos
aspectos o consecuencias de las manifestaciones afectivas, a las que denomina
sintomatología de la afectividad.
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La reacción paranoica: intenta abordar en la conexión del sistema delirante y
la afectividad, partiendo de la hipótesis de que el delirio se origina en cierta
disposición, que entraña la acción catatímica (algo así como la influencia de
modificar los pensamientos) de los afectos. Esta hipótesis, que fuera necesaria en la
primera edición de la obra se hace innecesaria para el autor en la segunda, teniendo
en cuenta que más allá de algún detalle, se acepta el origen psicogenético del
sistema delirante.
En la génesis del delirio en la paranoia y en las formas paranoides, incluida la
parafrenia, se encuentra la influencia patológica que ejercen sobre el pensamiento,
los complejos representativos cargados de afecto que signifiquen de alguna manera
un conflicto interno. Es sobre la base de este planteo que Bleuler aborda el problema
de la paranoia desde una perspectiva psicogenética y reactiva. El individuo
paranoico se caracteriza por poder la ambición de ser o de producir algo
sobresaliente, pero no es capas de lograr esa finalidad debido a una insuficiencia de
energía.
Lo incorregible de estas ideas, encuentra su explicación en la superación de
la lógica por los afectos. En la paranoia la afectividad posee una fuerza conmutadora
demasiado intensa en relación con la firmeza de las asociaciones lógicas y el
aumento de esta fuerza, pujanza afectiva, juega un papel decisivo, en tanto no se
puede demostrar una debilidad en las asociaciones del paranoico fuera del delirio.
La intensidad de la fuerza conmutadora y la continua persistencia del conflicto
entre lo que se quiere ser y lo que se es, impide que se tengan en cuenta las
razones contrarias. Toda vez que se llega a contradicciones con la realidad, se3
añade una explicación nueva, así el delirio se propaga, incluyendo nuevas vivencias
que se asocian por vía asociativa al conflicto que persiste.
Es bajo este modelo que Bleuler puede caracterizar el punto en el que el
delirio paranoico se sistematiza, ya que al persistir el mismo conflicto, todas las
ideas delirantes se enlazan al mismo complejo, esto es, se mantiene lógicamente
centradas.
Respuesta al conflicto: mecanismo catatímico. En lo esencial Bleuler sostiene
que la paranoia implica la existencia de un sistema delirante -como único síntoma-
producido por la acción del mecanismo catatímico en una psique en todo lo demás
normal. Este mecanismo se activa a partir de un conflicto, que se conecta con
circunstancias externas que solo producen su efecto patológico al ponerse en
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conexión con un sentimiento de inferioridad – dificultad interna, no reconocido por
insoportable.

Capítulo 3: Karl Jaspers: la paranoia según el método fenomenológico.


Posición de Karl Jaspers con respecto a la noción kraepeliniana de paranoia:
a partir de la aplicación de sus operadores metodológicos “comprensión” y
“explicación”. El autor bifurca el campo de la paranoia en una variedad procesual y
otra correspondiente a los desarrollos de la personalidad, estableciendo, a la vez,
una fusión entre la clínica de la demencia precoz de la forma paranoide y la de la
locura razonante o interpretativa, en virtud de la formalización de las llamadas
“vivencias delirantes primarias”. Para ello se abordan tres textos: “Los Escritos
Psicopatológicos” de 1910, “La Psicopatología General” de 1913 y “Genio y Locura”
de 1922.

“Los Escritos Psicopatológicos” de 1910:


La primera época de Jaspers concibe “dos modos” de considerar la vida
anímica, primera versión de los operadores metodológicos “comprensión” y
“explicación” propuestos acabadamente luego.
Los procesos consisten en “cambios de la vida psíquica, incurables,
heterogéneos a la personalidad anterior, que irrumpen en ésta ya sea una vez y
aisladamente, o en forma repetida y general, y, dentro de estas posibilidades, en
todas sus transiciones invaden la personalidad”.
Jaspers se pregunta por el estatuto de la variedad de la paranoia que
comprende a los delirios celotípicos. Su respuesta a la cuestión no es unívoca, en
algunos casos la existencia de procesos psíquicos, y en otros, desarrollos de una
personalidad. Así encuentra paranoias de devenir lento y otras de inicio brusco.
Esta bifurcación diluye la consistencia de la categoría de paranoia como
entidad clínico evolutiva tal como la propuso Kraepelin, en la medida en que ésta
supone la conjugación de una etiología particular con una sintomatología, cuyo inicio
y evolución se producen de un modo determinado y siguiendo ciertas leyes. ¿Cuál
es enonces el común denominador que permite, a pesar de las diferencias
planteadas en el ámbito de la clínica y de la nosología, reunir ambos tipos de
paranoia?. La clave de esta cuestión se encuentra en la noción de delirio en juego.
Es la “cohesión interna de la formación delirante, la lógica comprensible y el `método
15
´ lo que posibilidad mancomunar los diversos tipos de delirio de celos e incluir,
además, el paradigmático delirio de los querulantes de Kraepelin. Jaspers señala
que “por increíble que parezca, las ideas delirantes siempre caen dentro de una
conexión lógica. Jamás se entromete algo totalmente extraño, o incoherente, o
incomprensible entre ellas, una vez que se han formado”. Es preciso señalar que el
término “delirio” empleado por el autor en esta época, no se encuentra todavía
acabadamente formalizado. Esboza algunos puntos que permiten identificar una
verdadera idea delirante (surgimiento incomprensible, incorregibilidad y fijeza). Más
tarde en la Psicopatología General culminará con la definitiva división interna de la
paranoia de Kraepelin y con el establecimiento de nuevos nexos entre paranoia y
esquizofrenia.

“Psicopatología General” de 1913:


Jaspers se formula la pregunta: “¿qué es el delirio?” su respuesta es
contundente: “el delirios es un fenómeno primario”, que tiene lugar en la “experiencia
de pensamiento de la realidad”. Se trata de una vivencia de la realidad que “no se
puede derivar, ni poner en el mismo grado con otros fenómenos afines, sino sólo
describir indirectamente como un fenómeno originario”, ligado fundamentalmente a
la significación.
En el caso del delirio, se trata de “una transformación en la vasta conciencia
de la realidad”. Esto quiere decir que tanto la vivencia misma como el juicio que la
expresa secundariamente se transfiguran. Introduce el término “idea delirante” para
nombrar a los juicios patológicamente falseados que se fundan en vivencias
originarias alteradas, cuyos rasgos externos son la convicción extraordinaria con la
que se afirman, la condición de no influenciables por la experiencia y la imposibilidad
de contenido, es decir su irreductibilidad al sentido. Estos falsos juicios sobre la
realidad que en todas las circunstancias constituyen un “producto secundario”, no se
encuentran alterados en su aspecto formal, de modo tal que solo pueden distinguirse
de un juicio normal por el contenido que les provee la experiencia radicalmente
trastocada. El “error” de juicio en las ideas delirantes está “en el material”, mientras
que el pensamiento formal queda intacto. Y son estas auténticas ideas delirantes las
que le permitirán aproximarse al “verdadero hecho típico” de la vivencia delirante.
Si hay algo primario para Jaspers en el delirio es la vivencia: “sensaciones,
sentimientos vivaces, disposiciones de ánimo, cogniciones” que albergan “una nueva
16
significación”, aún cuando ésta sea incierta, oscura en cuanto a su sentido. Estas
vivencias delirantes primarias irrumpen sin motivo en la vida psíquica, es decir, no se
derivan de otras vivencias en el marco de un desarrollo vivencias, no son
comprensibles sino que son referidas mediante el recurso de la explicación causal a
un proceso psíquico. Una vez que han hecho su entrada, aparece la significación
que, por estructura, siempre remite a otra. En palabras de Jaspers: “no hay ninguna
ocurrencia delirante unimembre”, sino que se establecen nuevas conexiones entre
ellas, facilitándose así el sentido.
Las vivencias delirantes primarias deben ser puestas en una relación exenta
de contradicción con las percepciones reales y los conocimientos del sujeto: esto se
alcanza mediante un trabajo –podría decirse secundario- al que llama elaboración
delirante. Consiste en un tarea de sistematización tendiente a dar coherencia a los
distintos elementos en un conjunto comprensible, una reacción a través de la cual el
sujeto metaboliza los fenómenos morbosos, en un intento de “comprenderse”. No se
trata de la reacción de una personalidad sana, sino de un mero esfuerzo por “ilustrar
los contenidos (delirantes) y ponerlos en relaciones”. Dichas elucubraciones
presentan cierta movilidad, dado que pueden ser reemplazadas por otras o incluso
ser olvidadas, lo que las acerca a las llamadas ideas deliroides -formaciones
delirantes influenciables-, variables, que pueden desaparecer y que, en oposición a
las verdaderas ideas delirantes, carecen de certeza absoluta.
El esquema diagnóstico propuesto por el autor tiene como punto de partida
una renuncia a la idea de entidad clínico evolutiva.
Jaspers propone un esbozo de esquema diagnóstico dividido en tres grandes
grupos:
- El primero abarca las “enfermedades somáticas conocidas con
perturbaciones psíquicas” y es el único en el que se cumplen
verdaderamente los criterios de unidad nosológica real;
- El segundo grupo incluye “los tres círculos de las grandes psicosis”
(epilepsia genuina, esquizofrenia y enfermedades maníaco depresivas);
- El tercer grupo denominado “las psicopatías” comprende reacciones
anormales, neurosis y desarrollos anormales de la personalidad.
Nos detendremos en el segundo grupo.
Entre los tres círculos que conforman este grupo -cuyo núcleo es algo típico,
al mismo tiempo somático y psíquico, qué sólo se produce en el hombre-, se
17
encuentra la esquizofrenia. Como uno de los “rasgos de la vida psíquica
esquizofrénica”, Jaspers sitúa el complejo sintomático paranoide de la vida psíquica
loca, que fusiona la clínica de la demencia precoz a forma paranoide y la de la locura
razonante o interpretativa: “Aquella limitación externa de la vieja paranoia a los
“juicios falsos, incorregibles” es suplantada por la anteposición de las vivencias
subjetivas de los enfermos que aquí son la fuente de la formación delirante
(legítimas ideas delirantes) (…)”. Otras formaciones, como el delirio inventivo, el de
celos o el reivindicatorio quedan excluidas de los verdaderos delirios – y también de
los procesos esquizofrénicos-, por estar fundadas en ideas sobrevaloradas,
desarrolladas a partir de un “estado afectivo muy fuerte”, y no en ideas delirantes
legítimas, “productos de la cristalización (…) relaciones propias difusas, enigmáticas,
que no son bastante comprensibles por la personalidad ni por la situación (…)”
Según las palabras del propio Jaspers “el esquema diagnóstico es más interesante
para el conocimiento allí donde demuestra disarmonías”, lo que ocurre
particularmente con la categoría kraepeliniana de paranoia, que no encuentra como
tal un único y verdadero lugar en la nosografía. Señala que en el caso de esta
antigua unidad nosológica “parecen darse transiciones, por una parte, hacia
desarrollos de la personalidad; por otra parte, hacia procesos esquizofrénicos.

“Genio y Locura” de 1922: el caso Strindberg:


En 1922 Jaspers escribió “Genio y locura”, texto en el que examina la posición
de Jaspers en lo concerniente a la categoría de Paranoia establecida por Kraepelin
en el marco de su peculiar sistema nosográfico. Para ello aborda el análisis del
dramaturgo Strindberg, Jaspers afirmó que “padeció una enfermedad que podemos
llamar indistintamente, porque el nombre es lo de menos, esquizofrenia, parafrenia o
paranoia”. Cuando Jaspers habla de esquizofrenia designa para él todas las
enfermedades mentales cuyo proceso se inicia en un momento determinado, sin que
el paciente pueda volver a su estado anterior y en las que no cabe atribuir su origen
a una lesión cerebral conocida.
Debe subrayarse que el autor es contundente al negar la existencia de una
continuidad entre la idiosincrasia del sujeto y la psicosis. Jaspers asevera: “…yo, por
mi parte, no encuentro síntomas de aquella sino a partir de la eclosión de la
enfermedad…”.

18
Esta perspectiva claramente rupturista conduce a Jaspers a plantearse la
cuestión del comienzo de la enfermedad. Strindberg habla de un fenómeno, situado
en el año 1882, considerado como la “primera manifestación fechada que pueda
referirse a los comienzos de su esquizofrenia”. Se trata de un conjunto de “típicos
fenómenos somáticos de orden subjetivo”: dolores de cabeza, irritabilidad nerviosa,
molestias en el estómago, anomalías que el propio Strindberg encuentra “muy
chocantes”. Aunque la determinación exacta del inicio de la enfermedad le resulta
imposible desde todo punto de vista, Jaspers expresa claramente la necesita de
“buscar otros síntomas”. Así pues, recoge un episodio que “puede muy bien ser la
primera manifestación verdaderamente sospechosa de unos celos delirantes”: en
1885 Strindberg ve un álbum con caricaturas de escandinavos célebres entre las
que se encontraba la suya. Observa: “Estaba adornada con un cuerno. Formado
disimuladamente con un mechón de mi pelo. El autor del retrato era uno de nuestros
mejores amigos. Saqué de ello en conclusión que la infidelidad de mi mujer era
notoria; todo el mundo estaba enterado menos yo”. Esta experiencia constituye el
paradigma de otras tantas que van a signar la vida del sujeto a lo largo de estos
años: “gestos secretos”, “indirectas”, expresiones animadas por “reflejos
desconocidos”, preludio de la aparición en 1886-87, “de una forma muy típica del
delirio de celos”, organizado en torno a la figura de su esposa. El autor reconoce que
muchas veces se vuelve difícil discriminar los celos corrientes, comprensibles de una
variedad del delirio de celos como la que padece Strindberg, dado que, a menudo,
estos sujetos siguen pasando por normales hasta muy avanzada la enfermedad.
Este rasgo, que recuerda el carácter insidioso, la apariencia benigna que Kraepelin
señala como nota distintiva de la paranoia, pasa, no obstante, a segundo plano
cuando Jaspers recurre a los conceptos de la Psicopatología General para cernir la
envoltura formal de un verdadero síntoma psicotico: así, destaca, por sobre todas las
cosas, que más allá del contenido, importa la justificación que da el paciente y la
forma en que se declaran los celos, aspectos que se expresan bajo el modo de una
evidencia absoluta de ser objeto de una alusión. Esta certeza de concernimiento
personal nunca se rectifica, permanece fija definitivamente, aunque no excluye,
sobre todo en las fases iniciales del delirio, la incertidumbre. Tal es así que aunque
Stridberg está convencido de que algo sucede con su mujer, se ve atormentado por
la duda: “Dudas de todo: de la virtud de mi esposa, de la legitimidad de mis hijos;
dudas que me asedian sin tregua ni descanso”. Jaspers formaliza su posición a favor
19
de la discontinuidad con el concepto de brote, expresión que se refiere a la irrupción,
con carácter agudo, de nuevos síntomas fundamentales, fenómenos anormales que
aparecen de manera intermitente originando una alteración irreversible de la
personalidad que perdura incluso después de haber desaparecido.
Lo decisivo para ubicarlo como uno de los más frecuentes “síndromes
paranoicos del grupo esquizofrénico” es su coexistencia con otros síntomas
mórbidos, a saber, la espontánea sobre-exitabilidad de los sentidos, los estados de
alteración de la conciencia y, fundamentalmente, las interpretaciones delirantes. Son
estas últimas las que tomaron cada vez más la escena, primero en torno a la figura
de su segunda mujer, luego con respecto a sus allegados y, por último, en relación
con todo lo que lo rodeaba. Las experiencias tienen, al comienzo, un sentido oscuro.
Como hemos visto, Jaspers tipifica estas vivencias con el nombre de experiencias
delirantes primarias, basadas en percepciones reales de las que emana una
evidencia inmediata, pero que son interpretadas de un modo especial, la mayor
parte de las veces, en relación con el propio yo. Dichos fenómenos interpretativos
son los que, en 1896, se plasman en un delirio de persecución que lleva al
dramaturgo a mudarse continuamente de una ciudad a otra. Luego de una
perspectiva mesiánica, vuelve a la antigua manía persecutoria. Los accesos
sucesivos fueron suavizándose, llegando el enfermo a habituarse a ellos.
Jaspers recoge los relatos que hizo sobre una serie de experiencias que se
registraban en su conciencia objetiva, para ordenarlos según el método
fenomenológico:
En primer lugar, las parestesias o percepciones sensibles imaginarias, que
afectan al tacto, la sensibilidad general, al gusto, el olfato, la vista y el oído. En el
apogeo de su segunda crisis, Strindberg se sentía víctima de supuestos ataques
eléctricos que le oprimían el pecho y le atravesaban la espalda.
En segundo lugar, Jaspers repara en las presencias abstractas de carácter
corpóreo, dando ese nombre a la sensación de presencia real e inmediata de un ser,
que no es registrada por un órgano sensible determinado. Strindberg decía barruntar
“la presencia de alguien” a quién no veía pero sentía.
Las parestesias, las presencias abstractas de carácter corpóreo y las
experiencias delirantes primarias son identificadas por Jaspers como los “fenómenos
llamados elementales”. La inclusión de síntomas tan heterogéneos bajo una misma
denominación se justifica porque presentan como característica común el hecho de
20
ser datos inmediatos, totalmente desligados del contexto vital e irreductibles al
análisis psicológico. Estos fenómenos incomprensibles, heteróclitos pero
empíricamente interdependientes, reaparecen una y otra vez en casos parecidos,
formados conglomerados semejantes con una determinada forma de desarrollo a lo
largo de los años. El predominio de algunos de estos elementos por sobre otros es
lo que permite distinguir tipos parcialmente opuestos en el marco de la
esquizofrenia.

Capítulo 6: El delirio de interpretación, de Sérieux y Capgrás ¿una entidad


autónoma?
Tratarán de establecer un tipo nosográfico separado del abarcativo grupo de
los Delirios Crónicos Sistematizados, para el cual se propone el nombre de “Delirio
de Interpretación”.
Una vez delimitada, recibe su lugar en el subgrupo de las psicosis
constitucionales, psicosis que no modifican la personalidad del enfermo, de la cual
no son más que su exageración.
La interpretación delirante, rasgo que da nombre a esta entidad, se definirá
como: “un razonamiento falso que tiene como punto de partida una sensación real,
un hecho exacto, el cual en virtud de asociaciones de ideas ligadas a las tendencias,
a la afectividad, toma, con ayuda de inducciones o deducciones erróneas, una
significación personal para el enfermo”.
No será sobre la base de la existencia de interpretaciones delirantes que se
propondrá “fundar la autonomía de la entidad mórbida. Se presenta entonces el
conjunto de citerior en que ésta será sostenida: “El Delirio de Interpretación es una
psicosis crónica sistematizada caracterizada por: 1º la multiplicidad y la organización
de interpretaciones delirantes; 2º la ausencia o la penuria de alucinaciones, su
contingencia; 3º la persistencia de la lucidez y de la actividad psíquica; 4º la
evolución por extensión progresiva de las interpretaciones; 5º la incurabilidad sin
demencia terminal”.
Surge la circunscripción del término Paranoia a dos especies clínicas: el
Delirio de Interpretación, anteriormente definido, y el Delirio de Reivindicación.
Síntomas del Delirio de Interpretación: se caracteriza por la existencia de dos
órdenes de fenómenos. El primero involucra a los trastornos delirantes manifiestos o
21
síntomas positivos, que se definen como las manifestaciones mórbidas del Delirio de
Interpretación. Los segundos aluden a la conservación de la actividad menta, y son
llamados en consecuencia los síntomas negativos de la enfermedad.
- Dentro de los síntomas positivos es posible distinguir: 1) concepciones
delirantes y 2) interpretaciones delirantes.
- La definición de síntomas negativos se refiere sobre todo en aquello que
acontece por fuera del delirio. Indica fundamentalmente la ausencia de
trastornos tanto de la vida intelectual como de la vida afectiva. La ausencia
que se destaca es la de los trastornos sensoriales.
Evolución: la evolución del Delirio de Interpretación se formula en tres etapas:
La primera consiste en una fase de incubación meditativa, en la que se acumula el
material de las interpretaciones futuras; luego, sobreviene un período de
sistematización, en el que surge la idea directriz, iniciándose así la extensión
progresiva y retrospectiva del delirio; por último, un período terminal de resignación,
en el cual el delirio se borra sin desaparecer. Pueden ocurrir evoluciones irregulares.
En la sexta edición del tratado de Kraepelin se produce una transformación de
la concepción de las locuras sistematizadas, que culmina con el desplazamiento de
las forma alucinatorias con terminación demencial a la demencia paranoide de la
demencia precoz; reservándose entonces la denominación de Paranoia a un grupo
de casos (que según Sérieux y Capgrás corresponde al Delirio de Interpretación y al
Delirio de Reivindicación) en los cuales las concepciones delirantes constituyen el
síntoma sobresaliente, junto a las características privilegiadas por los autores que
nos ocupan.

Capítulo 7: De la psicosis paranoica al Delirio Pasional. Gastón G. de Clérambault.


El autor ubica a la paranoia y las psicosis pasionales, por fuera de las psicosis
que tiene como base al Automatismo Mental, en principio concebido como
mecanismo generador de ciertas Psicosis Sintomáticas y de algunos Delirios de
Persecución. En un comienzo, de Clérambault sitúa al paranoico como aquél que
delira con su carácter. Los delirios interpretativos, tiene como base el carácter
paranoico, establece así una continuidad entre carácter y delirio.
Ya en 1923, escinde la Paranoia en carácter paranoico por un lado, y delirio
interpretativo por otro. Al hacer esta separación Clerambault define a la paranoia no
como una entidad mórbida, sino como un conjunto de rasgos del carácter. El delirio
22
interpretativo tiene como estructura formal la red, se extiende en todas las
direcciones utilizando cualquier objeto o acontecimiento, y aún explica situaciones
del pasado.
El delirante interpretativo, del tipo descrito por Sérieux y Capgrás, se
diferencia del paranoico por su estado de perplejidad, la explotación de temas
coherentes y el uso de modos de pensamiento normales. Mientras que el paranoico
tiene siempre enemigos y renueva constantemente las quejas por ser agraviado, es
hostio y agresivo, sus razonamientos se basan en el pensamiento emotivo, el
interpretador por otro lado es dubitativo y profundamente paralógico.
En 1925 vincula a los delirios interpretativos con un origen elaboración
puramente mecánicos.
Delirios Pasionales: en 1921 la existencia de un nuevo grupo de delirios, con
autonomía respecto de la paranoia, el grupo de las psicosis pasionales, en
desacuerdo con la concepción de Capgras y Heri Ey, pues el primero la incluía en el
delirio interpretativo, en tanto el segundo, en la paranoia. La erotomanía fue elegida
por de Clérambault como paradigma de estas psicosis.
La separación del grupo de las psicosis pasionales de la paranoia se sustenta
para el autor en elementos tales como la patogenia, los componentes, los
mecanismos, la apariencia general, la estructura y el factor etiológico.
La patogenia de la Erotomanía es pasional. Lo que la caracteriza clínicamente
es fundamentalmente la existencia de una certeza, a la que nombra postulado,
núcleo afectivo ideo inicial: es el objeto el que ha comenzado y el que más ama, o el
único que ama”.
Conclusiones: de Clerambault contribuye al desmembramiento del concepto
de paranoia, por un lado sirviéndose de la noción de “carácter paranóico”, y por otro
innovando al proponer a los delirios pasionales como síndromes autónomos
respecto de la paranoia.

Capítulo 10: La paranoia en la teoría organodinamista de Heri Ey.


La obra de Heri Ey nace como reacción al organicismo mecanicista,
especialmente a toda perspectiva lineal, basada en el postulado del paralelismo
psicofísico, por lo cual criticará duramente en sus diferentes textos la antinomia
organogenesis – psicogénesis, intentando buscar una alternativa superadora de las
mismas. Su producción se inspira en las concepciones psiquiátricas llamadas
23
“dinámicas” en su época. Asimila las concepciones del neurólogo ingles Jackson que
propone a la “organización” como carácter fundamental de la vida. Las concepciones
de Jackson -ordenadas en función de subsumir perturbaciones neurológicas y
perturbaciones psiquiátricas a una escala común de disoluciones-.
Los principios de Jackson, que Heri Ey considera centrales en la elaboración
de su teoría organodinámica, se enuncian de la siguiente manera:
1º Las funciones del sistema nervioso central se organizan jerárquicamente,
siendo la más elevada la consciencia.
2º en la aparición de las funciones, la ontogenia repite a la filogenia.
3º Existe doble sintomatología para toda enfermedad: a) negativa, como
efecto de la disolución de una función y b) positiva, como efecto de la liberación de
la función inmediatamente inferior en la jerarquía.
4º La velocidad con que se produce la disolución es tanto o más importante
que la causa de la disolución.

Herni Ey produce cuatro tesis fuertes que dan cuenta de las bases del
modelo:
Primera tesis: La realidad del psiquismo es ser un organismo, en el sentido de
“cuerpo psíquico”, que se encuentra estructurado jerárquicamente en fases
evolutivas cuyo orden puede desorganizarse y dar por resultado las diferentes
formas de patología mental.
Segunda tesis: La estructura de la patología mental es por lo tanto
organización deficitaria y regresiva.
Tercera tesis: El análisis fenomenológico es la herramienta para aprehender
la estructura de los tipos patológicos.
Se clasificatá a los tipos psicopatológicos en función de dos estructuras,
conforme los trazos de fractura virtuales del “organismo psíquico”: por un lado, las
desestructuraciones del campo de la conciencia; por otro, las desorganizaciones del
sistema de la personalidad. Las primeras comprenden episodios maníacos y
depresivos, trastornos psicóticos breves y “delirium” o episodios de confusión
mental; las segundas consignan los trastornos del carácter, neurosis, psicosis y
demencias.
Cuarta tesis: Todos los trastornos mentales son orgánicos en dos sentidos: a)
conllevan una desorganización denominada organísmica, es decir, una
24
desorganización del “cuerpo psíquico” y b) son siempre resultado de un proceso
somatógeno.
El nudo del atolladero organodinamista: Herny Ey propone en sus desarrollos
una versión más del organicismo enriqueciéndolo, recreando modelos que pretende
criticar.

La organización estructural negativa. El “delirium”. Las psicosis paranoicas se


hallan incluidas en el marco de los delirios crónicos como “delirios paranoicos o
delirios sistematizados”.
No es que Ey descuide lo que llama “la dinámica” de lo psíquico, pero intenta
otorgarle un lugar subordinado, vinculado íntimamente con la noción de “liberación”
que toma de Jackson.
Lo que opera en la paranoia, como fundamento último que permite que el
delirios en su aspecto productivo se desencadene, es un condicionamiento negativo,
un déficit en la organización psíquica del cual depende la organización delirante,
como elaboración, trabajo del delirio.
Así establecido como manifestación secundaria de un proceso primario de
desorganización psíquica, el delirio paranoico nace del estado delirante agudo o
“delirium”, estado de desorganización de la conciencia librada al funcionamiento del
inconsciente, estado próximo al sueño.
El delirio procede del “delirium”, la conciencia oscurecida y productiva
encuentra el modo de introducirse bajo forma sistemática dentro de la concepción
lúcida del mundo y el delirio levará siempre la marca de esta conciencia perturbada.
Establecido de este modo el carácter secundario del delirio y el carácter
primario del estado delirante o “delirio-estado”, nos queda ahora por situar el orden
causal que subyace al trastorno. La explicación patogénica, la lesión somato-
psíquica en la base de estos episodios.
Así delimitado el primer hecho clínico de carácter negativo -la experiencia
delirante primaria- Ey destaca un segundo hecho clínico que se plasma en lo que da
en llamar el “desequilibrio psíquico”: comprende anomalías en la vida psíquica que
ofician como terreno sobre el cual germina y se desarrolla la psicosis, anomalías
cuyo fundamento puede hallarse en la fijación de la organización afectiva en formas
arcaicas; esta inmadurez afectiva daría como efecto manifestaciones en el carácter
del paciente.
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De las experiencias delirantes primarias y el desequilibrio psíquico,
considerados como rasgos negativos, dependerá en gran medida el desarrollo de la
psicosis. La estructuración psicogenética positiva, que revisaremos a continuación.

La organización estructural positiva. El delirio. Cuatro caracteres esenciales


determinan la organización estructural positiva en la paranoia: la continuidad de las
tendencias de la personalidad, el tema dramático fundamental, el desarrollo
coherente de la construcción y el substrato afectivo.

La crítica que esboza Lacan señala que la perspectiva organodinamista no


permitiría diferenciar trastornos neurológicos de trastornos psicopatológicos
propiamente dichos.-

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