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Historia De La Iglesia Segunda Parte

1) ¿Cuáles son los dos hechos que marcan el paso de la persecución, del cristianismo, a
religión del estado? (tema 12)

El edicto de Constantino del 313, que daba libertad de cultos y la ley declarada por
Teodosio el año 379 que declaraba fuera de ley al paganismo y establecía religión oficial
del Estado al cristianismo.

2) ¿Cuáles fueron las principales herejías y sus representantes? (tema 17)

Arrianismo: nombre que viene de su iniciador, Arrio, presbítero de Alejandría. Para él


Jesucristo no era Dios. Y, desde luego, tampoco el Espíritu Santo.

Donatismo: llevado de un rigor exagerado e inaceptable, no readmitían en la Iglesia a los


que habían pecado grandemente, como los apóstatas en las persecuciones, los adúlteros,
los homicidas. ¿Por qué? Porque la Iglesia debía conservarse absolutamente pura.

Nestorianismo: por el nombre de Nestorio, obispo de Constantinopla desde el 428, a


quien se le ocurrió negar a María el título de “Madre de Dios”. Aseguraba Nestorio que
Jesucristo tiene dos naturalezas distintas: es Dios y es hombre. En esto decía la verdad.
Pero ponía también dos personas distintas: el Hijo de Dios es una Persona, y Jesús es otra
persona, que están unidas sólo moralmente. La Persona del Hijo de Dios utilizó a Jesús
sólo como un instrumento. Tal como hablamos hoy, para Nestorio había en Jesús dos YO:
el “YO” Dios, y el “YO” hombre. No una sola Persona, un solo YO. Entonces, como María
no engendró a la Divinidad eterna, sino sólo al hombre Jesús, María era la madre de
Jesús, pero no la Madre de Dios.

Monofisitismo: creada por Eutiques, monje de Constantinopla. ¿Qué enseñaba? Esto: en


Jesús había una naturaleza divina: era Dios. Pero, al tomar la naturaleza de hombre en el
seno de María, la tomó de tal manera que la natura-leza divina absorbió completamente a
la humana, de modo que Jesús dejó de ser hombre verdadero. Era un puro fantasma.
Tenía un cuerpo y alma sólo aparentes, pues Dios lo hacía desaparecer del todo.

3) Desarrollar los temas principales de los primeros concilios (tema 18)

El Concilio de Nicea: en el año 325, es el primero de todos, convocado para tratar y


condenar el Arrianismo.

En ese Concilio fijaron la fórmula del Credo:


“Creemos en un Dios Padre Todopoderoso, hacedor de todas las cosas visibles e
invisibles. Y en un Señor Jesucristo, el Hijo de Dios; engendrado como el Unigénito del
Padre, es decir, de la sustancia del Padre, Dios de Dios; luz de luz; Dios verdadero de Dios
verdadero; engendrado, no hecho; consubstancial al Padre; mediante el cual todas las
cosas fue-ron hechas”.

El Concilio de Constantinopla: el año 381, segundo Concilio ecuménico, que nos la


dejará en el llamado Credo niceno-constantinopolitano, y que rezamos todavía hoy con
tanto gozo y seguridad, fija para siempre la doctrina trinitaria:

“Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo
visible y lo invisible. Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del
Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios
verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre; por quien todo fue
hecho”... “Creo en el Espíritu Santo, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y
el Hijo recibe una misma adoración y gloria”.

El Concilio de Éfeso: del año 431, nos interesa mucho. Había que condenar el nesto-
rianismo, herejía que ya conocemos también. El pueblo cristiano mantenía viva y recta la fe
católica: Jesús, era Dios y hombre, y basta. Con esto tenía bastante. Pero esta vez fue el
pueblo el gran héroe de la verdad. Nestorio, obispo de Constantinopla, mantenía en Cristo
DOS personas, una la del Hijo de Dios y otra la del hombre Jesús, e hizo predicar a un sa-
cerdote de su confianza que María no era la “Theotókos”, la “Madre de Dios”, sino sólo la
“Kristotókos”, es decir, la “Madre de Cristo”.

4) Desarrollar San Benito y sus monasterios (tema 24)

A finales del siglo V, el año 480, nacía en Italia el Santo que un día sería el Patriar-ca de
todo el monacato de Occidente: San Benito de Nursia. La Regla que escribió para sus
monjes es suave, práctica, pues toda se reduce a desarrollar el lema que inscribía en el
monasterio: “Ora et labora”, es decir, “Reza y trabaja”. Dios lo llenaba todo, conforme
también a otro de sus lemas: “Ut in omnibus glorificetur Deus”, o sea, “Que Dios sea
glorificado en todas las cosas”. La vida del monasterio se reducía entonces a la oración y
al trabajo. El monje quedaba comprometido de manera fija en su monasterio. Hacía los
votos de pobreza, castidad y obediencia, y se sujetaba a la autoridad del Abad, que tenía
como ayuda al Prior.