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Madre e hijo

(Una pieza en un acto)

César Aira
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HIJO
Perdón, mamá... ¡Mamá! Perdoná que te interrumpa pero quería decirte una
cosa.

MADRE
¡Querido...!

HIJO
¿Tejés sin mirar?

MADRE
No... Cómo voy a... El punto...

HIJO
Pero estás mirando la televisión.

MADRE
¿Qué...? ¿Qué...?

HIJO
Que tejés mirando...

MADRE
¡No...! Quéeeeq... Por qué meq... Qué me...

HIJO
Ah. Perdón. Vengo a decirte algo y no te lo digo. Quería anunciarte una
decisión que he tomado. Te lo digo sin preámbulo. Voy a casarme. No me
interrumpas justo ahora. De cualquier modo, no podría oírte. Es... Me caso y
listo. Como un sanámbulo. Es definitivo, inapelable. No necesitás decirme
que no te lo esperabas. Que si acaso esperabas algo de mí, era otra cosa, sobre
todo en este momento. De hecho, lo reconozco tanto como vos, o más que
vos. Entiendo que puedas decir que es inoportuno, ni que pensado adrede, el
minuto fatal; encima de todos los incovenientes, las incertidumbres, la
hiperinflación, yo doy el paso, más bien el salto, en la dirección equivocada.
Me zambullo en el inconveniente, la incertidumbre, sin la seguridad
financiera, etcétera. Me cargo con una familia. ¡Justamente! Hemos pasado
tantas dificultades después de la muerte de papá, vos y yo solos, al borde del
naufragio podría decirse, ¡y ahora esto! dirás: es como empezar de nuevo, y
no precisamente por la pendiente de la esperanza. No podría expresarte a
qué punto entiendo tu sentimiento en este punto: justo ahora, cuando se
anunciaba una aurora de alivio, un respiro. Es curioso: aunque la situación
del país sigue empeorando, por algún motivo o una cantidad de motivos,
nosotros dos podemos empezar a pensar, con mucha cautela, en voz baja, que
lo peor ha pasado. Pero es una sensación tan quebradiza, tan ilusoria quizás,
que puede hacerse humo con el mero anuncio de mi casamiento. Una
iniciativa intempestiva, fuera de lugar, un domingo siete. Es como si alguien
estuviera cayendo por un precipicio, encomendándose para una muerte
inminente, y logra aferrarse por casualidad, con una mano, con un dedo de
una mano, a un manojo de hierba, que no va a resistir su peso más que unos
segundos... y aprovecha la pausa para planificar sus próximas vacaciones. Es
cierto, nada más cierto. Excelente analogía. Tan vívida...
Pero, más allá de todos esos razonamientos, he pensado: ¿qué debo esperar?
Después de todo, lo del abismo, no es más que una metáfora, un poco
terrorista, es cierto, pero nada más. ¿Qué hay para esperar? ¿Qué la situación
empeore? A largo plazo, esperar siempre es esperar morirse.
Estás vos. No pienses ni por un instante que no te tuve en cuenta. No habría
podido. Hemos creado un statu quo, nosotros dos, y quebrarlo es doloroso; lo
sería aun sin dificultades materiales que nos rodean. Un hijo soltero a cierta
edad empieza a tener por esposa a su madre. Pero conserva el derecho a tener
su propia vida, ¡sin ese derecho no es nada! Vos vas a vivir muchos años
todavía, no se cuántos, veinte por lo menos, por decir una cantidad
cualquiera, al azar. Lo mismo podría haber dicho treinta. Y dentro de veinte
años yo voy a tener sesenta, ¡sesenta! ¡Te das cuenta! Casi un anciano.
Además, si me pongo a esperar... Si a partir de este momento me pongo a
esperar, así sea un solo minuto, sería como si te estuviera matando. No. Si de
esperar se trata, debo casarme hoy mismo, ya.
Soy el primero en reconocer lo engorroso y problemático de la iniciativa, pero
es como si hubiera razones superiores para hacerlo a pesar de todo. De hecho,
mamá, si vengo a interrumpirte para decírtelo sin esperar a la hora de la cena,
es porque la idea me vino de pronto, completa y evidente como un rayo.
Incluida esta escena... no sé... ¡todo! Y como tantas cosas en mi vida, vino de
la literatura. De una novela. Estaba en la pieza leyendo una novela
buenísima... Creo que sólo una novela puede explicar esa verdad prodigiosa
de la simultaneidad de la vida, en la que no se espera que haya terminado
una situación para empezar otra, porque todas se dan, al fin de cuentas, al
mismo tiempo.
¡Pero no es cuestión de hacer filosofía! Por el contrario, es muy simple, la
historia más simple del mundo: conocí a una chica, me enamoré, voy a
pedirle que se case conmigo... Debería haber empezado por ahí, ¿no? Quizás
la simplificación a la que nos hemos aferrado hasta ahora para hacer más fácil
nuestra vida admite una forma superior, que a primera vista puede parecer
una complicación.

MADRE
¡Cé...! Aj, aj, gggh... ¡sar!

HIJO
Qué, qué pasa.

MADRE
César, querido... ¿Vas enton...? ¿¡Vas!?

HIJO
¿Qué querés decir? No te precipites. No me mires con esos ojos de loca, por
favor.
MADRE
¿Vas a... divor...?

HIJO
¿Qué?

MADRE
No me habías dicho...

HIJO
Pero ¡si te estoy diciendo que voy a casarme! Cómo te voy a decir que voy a
divorciarme, ¡por favor, mamá!

MADRE
Pero có... Dos veces...

HIJO
Mamá, te estás haciendo un lío de algo muy simple.

MADRE
¡Pero Li...! ¡Liliana! Tu espo...

HIJO
¿Eh?

MADRE
¿Y los chic...? ¿Qué pensast...? Tomasit... Noemí...

HIJO
¡Casado! Cierto... ¡Uy! ¡Dios santo! Ja ja... ¿Podés creer que me había
olvidado? Pero por completo...
MADRE
¡No!

HIJO
Sí, pero ahora me vuelve. Qué increíble. Sí, por supuesto, Liliana, los chicos...
No sé cómo me pudo pasar, y a la vez me pasó con toda la naturalidad del
mundo.

MADRE
¡Per...!

HIJO
Y no es la primera vez que me pasa. Debí haberme esperado algo así.

MADRE
No me asustes... Un problemi... vascular, en el cereb...

HIJO
No digas pavadas, por favor.

MADRE
A tu edad... es imposib...

HIJO
Si es por eso, a otros más jóvenes les ha pasado.

MADRE
¡Imp...!

HIJO
De todos modos no es eso. Nada que ver. Ja ja. Estos olvidos se explican
mejor por un exceso de pensamientos que por un defecto en el mecanismo
que los produce. Me pasa con cierta frecuencia, y muy especialmente cuando
vengo a Pringles a pasar unos días con vos. En realidad, me pasa siempre,
cuando una ausencia de cualquier tipo y duración me ha separado de
alguien. Así sea un rato. Es como si necesitara de un recuerdo específico para
acordarme, como si no me bastara el mero recuerdo general como a todo el
mundo. ¿Podés creer que me pasa con Noemí? ¡Con Mimí, con la luz de mis
ojos! Basta que vaya a pasar un fin de semana con la otra abuela, en Buenos
Aires, y yo me olvido por completo de su existencia, y si en esas ocasiones
hay una alusión a ella tengo que hacer un esfuerzo, caigo en las nubes, me
pregunto: ¿Noemí? ¿Mimí? ¿la nena? ¿qué nena? ¿de qué me están hablando?
Al fin me vuelve, a las cansadas. Y aun así, qué curioso, es como si no
volviera, como si el olvido también dejara una huella...

MADRE
¡No...!

HIJO
Bueno, es lo que me pasa.

MADRE
¡Tenés...! ¡No puede...!

HIJO
En fin, no es tan grave después de todo. Vos misma me decías ayer que hay
cosas que te van y te vienen, recuerdos que se han borrado, y después de
borrarse vuelven...

MADRE
Igual... no es norm...

HIJO
¿Y qué te estoy diciendo? Por supuesto que no es normal. Aunque en
realidad se basa en el funcionamiento normal de la mente, que cuando piensa
una cosa no tiene más remedio que hacer pasar a un segundo plano todo lo
demás. Esto es más exagerado, más preciso también... Quizás sea una
característica familiar que vos me has transmitido.

MADRE
¡Yo...!

HIJO
Sí. Acordate que ayer me dijiste que hay días en que ves mi mano derecha
completa, con los cinco dedos, y de pronto te viene a la mente que no es así,
que tengo cuatro, y entonces te aparece como algo nuevo, como algo que
fuera preciso inventar, toda la historia del accidente, de la amputación, y de
toda mi infancia, y tu matrimonio, y sólo entonces surge aquel perro, de la
nada, del vacío, más o menos como sucedió en realidad, ¿no?

MADRE
No...

HIJO
¿No qué?

MADRE
¿Yo te dij...?

HIJO
Ayer. ¿Ya te olvidaste?

MADRE
Qué raro...

HIJO
Lo registré porque a mí mismo me pasa, veo el dedo que falta, no veo el dedo
que está... quiero decir, que está invisible, porque en realidad no está... Pero
en mi caso puede deberse a una contaminación con la lectura de un pasaje
famoso de Freud. En mí todo está contaminado de literatura.

MADRE
Uf...

HIJO
Lo curioso es que coincida con vos, que no leés. A propósito, mamá, ¿no te
parece que deberías leer un poco? Quiero decir: probar. Total no te cuesta
nada.

MADRE
¡Qu...!

HIJO
La televisión es buena, lo admito, qué increíble que haya llegado a admitirlo,
no me reconozco a mí mismo, pero así es. Lo acepté en buena medida por
vos, y antes ya lo había hecho por Osvaldo. A la televisión hay que
reconocerle esa cualidad maravillosa que tiene, de compañía. Si no lo había
reconocido antes, por mí mismo, es porque yo prefiero estar solo... pero eso
puede ser inmadurez de mi parte. Osvaldo me contaba de la tristeza enorme
que sentía a las tres de la mañana, cuando la transmisión terminaba: no lo
podía creer, todas las noches lo mismo, lo tomaba como un golpe de mala
suerte. Puedo entenderlo perfectamente, señal de que ya no soy tan
intolerante como era. O que ya no soy tan joven.

MADRE
¡Vos...!

HIJO
Pero hay un punto en que la televisión deja de ser buena, mamá. Eso es algo
que lo pensé yo solo, una teoría que estuve haciendo estos días, tirado en la
cama en mi pieza con un libro en las manos, sin poder concentrarme en la
lectura por el ruido que hace la televisión aquí en la sala. Es algo
relativamente sutil, como todo lo mío. Creo que te lo puedo explicar como
una fábula. Suponte... que sos una extranjera, que estás en un país remoto del
que ignorás el idioma. Y querés aprenderlo, por supuesto, qué extranjero no
quiere. En tu situación, en esa situación imaginaria, podés ver cuánto te
ayudaría, cuánto te simplificaría las cosas, poder comunicarte con el prójimo,
para hacer las compras, para pedir información... En ese caso, no hay mejor
ejercicio, ninguno que yo te recomiende más, que mirar la televisión, con el
sonido bien alto como te gusta a vos. Mucho más que la radio, porque en la
radio faltan las caras, que en las lenguas extranjeras lo son todo; y falta
también la espontaneidad, que también lo es todo en la lengua extranjera o
desconocida. En la radio las más de las veces leen, aprovechando que nadie
los ve. La radio en ese caso hipotético sería un mal sustituto de la televisión.
Y no hablemos de lectura, que sería directamente contraindicada porque
cuando se trata de aprender una lengua extranjera, todo el esfuerzo debe
concentrarse en captar el flujo, el continuo, y por escrito la lengua se presenta
cortada en palabras, mejor dicho presenta el corte y no la lengua. Yo creo que
una lengua se aprende 1) viendo hablar, 2) oyendo la emisión ininterrumpida
de la mañana a la noche, 3) agradeciendo la ¨cualidad maravillosa¨ de
compañía, 4) lamentando la negra melancolía del final de la noche y, 5)
ensordeciéndose con el volumen. Los cinco dedos de la mano del fantasma,
en mi caso la mano de Osvaldo, mi maestro. Pero. Pero. A esto iba. Una vez
aprendida la lengua, como es tu caso, o mejor dicho como lo sería en la
hipótesis de que fueras de verdad una extranjera instalada aquí en Pringles...
una vez dominada la lengua, como es tu caso en la realidad, ¿porque vos
sabés el castellano, no?

MADRE
Yo... York...

HIJO
Sí lo sabés. Bueno, muy bien: una vez dominada la lengua, cumplido el
objetivo, lo que se impone es pasar a dominar el continuo del pensamiento,
que no es lo mismo que el continuo de la lengua, es casi lo contrario.
MADRE
Es... Lib... Nietzche... ¡Es más aburrido que chupar un clavo!

HIJO
No te digo que te pongas a leer a Nietzche. Hay novelas lindísimas. Tus
propias amigas te lo dicen.

MADRE
¡Chuclav...!

HIJO
El otro día la oía a la de Llanos...

MADRE
¡La loc...!

HIJO
Pero te recomendaba leer.

MADRE
¡Más aburrido que chupar un clavo!

HIJO
Cuando yo era chico leías siempre Cumbres Borrascosas. Nunca pude
explicarme bien por qué... sobre todo que no se te ocurriera leer otro libro,
que es lo primero que se le ocurre hacer al que le ha gustado un libro. Vos
siempre con Cumbres Borrascosas.

MADRE
¡Es... buenísima...!
HIJO
De acuerdo, ¡pero es una sola! Después vienen todas las demás novelas
buenísimas...

MADRE
Nietzs... ¡Más aburrido que chupar un clavo!

HIJO
Está visto que te ha encantado esa expresión. Que por otro lado era una
favorita de Osvaldo. En todos sus textos póstumos...

MADRE
¡¡Ja... la otr... ja jjj!!

HIJO
¡¿Eh?!

MADRE
¿Qué...?

HIJO
Ay...

MADRE
¡Querido...!

HIJO
No. No es nada. Perdón. Me asustaste con esa risotada. Dios santo. Esperá un
segundo a que me reponga. El corazón me dio una vuelta carnero. Me vas a
matar de un síncope.

MADRE
¡Pero...! Pavad... No lo dig...
HIJO
Fue como si me dieran un martillazo en las válvulas.

MADRE
No... Es... nervioso... Que está...

HIJO
Sí. Perdón. No, no fue el susto nada más. Es que siempre está latente la
amenaza de que alguien muy cercano, muy confiable, se haya vuelto loco de
un momento a otro. Es un temor que vive agazapado en un rincón de la
mente, al acecho. Pueden pasar años sin que se manifieste, pero una nada lo
despierta, y entonces es instantáneo, se despliega como la cola de un pavo
real, con sus mil ojos... Yo la señal que estoy esperando es justamente esa
carcajada improcedente, la ¨risa loca¨.

MADRE
Pero no... mí... te... pre...

HIJO
Cómo no me iba a preocupar, faltaría más. Aunque en realidad es más que la
preocupación por un ser querido. Lo que está en juego es la desestabilización
del mundo entero, es dejar de entender nada, extraviar el sentido en general,
y en ese caso acordarse o no de alguna cosa dejaría de tener la menor
importancia.

MADRE
¡Hay tantos...! Locos... Todos...

HIJO
Yo no estaría conversando con vos. No habría más conversaciones.
MADRE
No... ¡Todos...!

HIJO
Bueno, si vamos a juzgar por tus amigas... Son un catálogo psiquiátrico. Vos
misma lo decís. Todas tus amigas están locas, y no es que se hayan vuelto
locas sino que ya eran así, antes de que fueran amigas tuyas. Papá siempre lo
decía, te acordás. Cómo hacías para desenterrar los verdaderos casos de
manicomio. Un radar, más que una predilección. A veces una amiga nueva,
una señora que conocías en la verdulería, en lo de Torres, parecía normal...
corriente... hasta que mostraba la hilacha.

MADRE
¡Tant...! La de...

HIJO
Una legión. Milagro que no se terminara la provisión de locas entretenidas,
curiosas, en un pueblo tan chico. Claro que es un semillero.

MADRE
No... No es tan... Cómo ha crecido...

HIJO
¡Pero qué decís! Si Pringles está cada día más chico. Los que no se van se
mueren. Pronto va a ser un pueblo fantasma.

MADRE
No... crece... ¡Está de lindo!

HIJO
¿Cómo va a crecer si hay cada vez menos gente?
MADRE
Los barrios... Todo... Casitas... ¡Lindo!

HIJO
Ah. Los barrios periféricos. Las urbanizaciones. Qué plaga. Qué idea. No me
explico quién va a vivir ahí. Cien casitas todas iguales, después cien más al
otro lado, cien más... Quizás engañan por la uniformidad. ¿No serán diez, en
vez de cien? Aun así... Se diría que la gente tiene que salir de un lado para ir a
otro, para llenar diez casitas tienen que quedar diez vacías.

MADRE
¡Se casan...!

HIJO
Mmm...

MADRE
Todas...

HIJO
Sí, en fin, así parece. Qué raro. Qué raro es Pringles.

MADRE
¡Vos porque no vas!

HIJO
Ni falta que me hace. Los veo perfectamente desde aquí, y de noche ¨oigo
crecer lo barrios¨, ja, ja. Esperá un poco... Aquél es nuevo.

MADRE
¿Cuál?
HIJO
Esos cuadritos blancos, más allá del hospital... ¿O más acá?

MADRE
No... El hospital es aquél...

HIJO
Perdón, estaba mirando al revés.

MADRE
Ahí es... la Pepa...

HIJO
¿Ese es el barrio donde se fue a vivir la Pepa? ¿No era por aquel lado, por el
boulevard 13?

MADRE
¡Bueno...!

HIJO
Creo que estamos mirando en direcciones opuestas. Las diagonales sí se
cortan. Mmm... creo que tenés razón. Allí hay otro manchón de cuadraditos
blanco. Qué intrigante.

MADRE
¿Con quién?

HIJO
¿Qué? ¿Quién?

MADRE
Que te... casabas...
HIJO
Ah, la chica con la que estaba pensando en casarme. Qué ridículo. No tiene
importancia, ahora que me volvió el contexto. Se disuelve. Qué curioso, creo
que ella vive en uno de esos barrios. Una chica humilde, bonita, lo más
indicado para hacer feliz a un escritor solterón... que resultó que no existía.
No creo que te hayas fijado en ella, como uno no se fija nunca en las fantasías
ajenas, no podría aunque quisiera, la atención tiene sus límites. Dejemos todo
ese asunto hundirse en el olvido. Creo que ni yo podría reconstruirlo, salvo
como una novela. Debe de haber sido un desarrollo mental instantáneo, un
chispazo de locura, que una ilusión me hizo ver en el tiempo, donde no
estaba. Aunque, bien pensado, no es necesario recurrir a la ficción, lo que
sería una prueba suplementaria de que el pensamiento se sobrepone al
olvido. Porque uno puede casarse dos veces, para eso está la bigamia. O
muchas: la poligamia. Y eso iría en la dirección en que lo pensé
originalmente, es decir como un enriquecimiento de la realidad. Y se le
opondrían las mismas objeciones que yo ponía en tus labios: problemas,
complicaciones... el pesimismo se reconstruye en otro nivel, la visión negativa
envuelve otra vez a la realidad, esta vez con motivos más serios, debo decirlo.
Démosle una oportunidad al optimismo. Es mi deber, como leibnitziano que
soy. Fijate que ahora podemos volver al comienzo de nuestra charla, sobre
bases más firmes ahora que los recuerdos han sido puestos en su lugar. Todo
lo que te anunciaba como un proyecto intempestivo y algo loco, ya lo había
hecho. Porque yo me casé, ¿no? Formé una familia, tuve hijos. ¿No lo hice?
¿No afronté todas las dificultades, aunque habría sido más fácil no hacerlo?
Es cierto que hace diez años la situación del país no era tan agobiante, nuestra
situación personal era mejor: papá vivía, vos estabas protegida,
acompañada... Y yo también: Osvaldo vivía, yo tenía maestro, gurú... Pero
igual todo era difícil, porque siempre lo es. Y aun así cerré los ojos, me
zambullí en la corriente de la vida. Me casé, acepté las complicaciones y los
enriquecimientos del matrimonio y la responsabilidad. Cuando podía haber
optado, como hacen tantos, como quizás vos secretamente deseabas, por una
vida sin ataduras, de viajes, libertad, soltería. Es cierto, además, que hace diez
años no tenía que pensar más que en mí, mis decisiones no afectaban a nadie
más que a mí...

MADRE
¿Y por qué...? ¿¡!Entonc...?

HIJO
¡Ah...! ¿Ves? Seguís considerándolo un error. ¿Por qué?, me preguntás.
Porque la vida existe. Porque sí. En aquel entonces yo no debía rendirle
cuentas más que a mi capricho, a mis manías. Y me casé. Si la alternativa se
planteara hoy, tendría otros elementos a tomar en cuenta. Vos por ejemplo.
¿Pero por qué hoy te tomaría en cuenta? Porque me casé, y gracias a eso
aprendí algo sobre la vida y la responsabilidad.

MADRE
¡Pero...! Divorciar...

HIJO
¿Y por qué me voy a divorciar, si soy muy feliz en mi matrimonio? ¿Para
volver a casarme, con otra desconocida?

MADRE
¡Todos...! Mirá Arturito...

HIJO
Perdé cuidado que no voy a divorciarme.

MADRE
Si... te enamor...

HIJO
¡Pero es que para eso es necesario casarse antes! El amor es momentáneo, el
matrimonio es definitivo. El instante se basa en la eternidad... Creo. En fin, de
esos temas no me gusta hablar, porque se transforman en palabras en el
momento de decirlos, y cambian sus reglas de funcionamiento. Pero nosotros
dos nos entendemos sin palabras, ¿no lo has notado? No del todo sin
palabras; siempre se necesita algo: la sombra de una palabra, un eco, un
balbuceo, un tartamudeo, y el otro ya sabe a qué se está refiriendo. Debe de
ser una de las ventajas de ser madre e hijo, ¿no? La gente se casa para iniciar
un vocabulario nuevo, para darse el lujo, por un tiempo, de no entender. Lo
curioso, lo realmente sobrenatural, es que se produzcan estos olvidos a dúo,
que son como malentendidos objetivados. Quizás son el precio que hay que
pagar por esa comprensión automática de la maternidad. Porque estoy
convencido de que en la vida todo debe pagarse. Todo. Hasta lo gratuito.

MADRE
Ah, no te... olvidarte... la tarjeta...

HIJO
No te preocupes, hoy mismo voy a ir. No, hoy no porque ya debe de haber
cerrado. Mañana a la mañana. ¿Seguro que no querés conservarla? Si yo
tuviera una tarjeta de crédito, no l devolvería; siempre puede ser útil.
Además no creo que sea tan fácil como ir a devolverla. Probablemente te
harán firmar algo, o se tomarán un lapso para hacer la liquidación.

MADRE
Si hace meses... ¡no la uso!

HIJO
¿Y ellos cómo van a saberlo? Puede llegar una cuenta atrasada...

MADRE
¡Y...nada! Nada... Un austral, miles... quince... cómo es...

HIJO
Sí, es cierto, las deudas se licuan con la hiperinflación. Pero pueden cobrar
intereses. O puede ser un gasto que hicieron en Europa, en dólares.

MADRE
No, no... Eso...

HIJO
Está bien. Escuchame, mamá. estaba pensando cómo... A pesar de ese
entendimiento con menos palabras, o por causa de él, hay cosas que quedan
envueltas en el más profundo misterio. Por ejemplo, ¿qué quisiste decir con
las palabras ¨la otra¨?

MADRE
¿Eh?

HIJO
Hace un arto, cuando soltaste esa carcajada que me sobresaltó.

MADRE
¿No te dist...?

HIJO
¿Qué?

MADRE
¡La dere...! ¡La cha no...!

HIJO
¿Cómo la derecha?

MADRE
¡La izquier...! ¡Laman...! ¡Dedo!
HIJO
¡Ah, el dedo! El perro. No, no fue la mano derecha, tenés razón. ¿Yo dije la
derecha? No, por supuesto... Esperá un momento. Siempre tengo que
concentrarme para saber dónde está la derecha y dónde la izquierda... Sí, en
efecto estuve hablando de la mano derecha, y el accidente fue en la izquierda.
Y sin embargo... Qué extraño. Si revivo ese momento atroz de hace treinta
años, me lo represento enteramente por el lado derecho. Y es el único modo
que tengo de recordarlo: revivirlo. El ataque del perro, la mano, el brazo, toda
la mitad derecha del cuerpo, que adelanto para detenerlo, para defenderme,
no tengo más defensa que esa torsión desesperada. Yo era tan flaco, tan frágil,
tan enclenque, puro cerebro, igual a Tomasito, que ahora tiene diez años
como yo entonces... Lo miro a él y me parece verme, a mí o al perro. Puedo
reconstruir ese instante, la sensación, el terror, la mordedura, el tirón, la
sangre, todo junto, desde el extremo de mi dobladura... Sí, ahora mismo...
¿Ves cómo adelanto por instinto la derecha...? Y la derecha está intacta. Si lo
que perdí fue el dedo meñique de la mano izquierda, es obvio que el ataque
fue por ese lado. Lo raro es que no se tarta de un error de detalle, que pueda
corregirse pensándolo un poco, porque todo el recuerdo, o mejor la escena
que revivo y que he revivido siempre en espejo. Es muy posible. El shock
debió producir un cambio en el cruce cerebro-cuerpo, y quedó fijado al
revés.es muy muy muy posible.

MADRE
Pero... ¡la izquier...!

HIJO
Por supuesto que fue en la izquierda, si me hubiera faltado el meñique en la
derecha no me habría hecho escritor, porque la lapicera exige un equilibrio
sin el cual yo sería otra clase de escritor, quizás un escritor malo.

MADRE
No digas... andes...
HIJO
¿Qué tiene de malo? Es cierto que ser escritor es una especie de secreto, pero
después de haber publicado tantos libros, es un secreto a voces. Aun así sigue
siendo un secreto, en eso tenés razón. El secreto de la mano ilesa, ja ja.
Debería escribir algo sobre el tema, pero si me pongo a pensar en todo lo que
podría escribir... He estado pensando mucho, sobre todo en los últimos años,
en el hecho de que papá haya sido un zurdo contrariado. Porque era zurdo, y
escribía con la derecha, y tenía esa hermosa letra caligráfica, seguramente eso
mismo, porque habría tenido que aprender a a escribir con la mano con la
que no podía hacerlo naturalmente: debía hacerlo como algo deliberado, casi
artístico, no como una función.

MADRE
¡Qué sé yo...!

HIJO
Eso también es un secreto, en cierto modo. Un secreto que se mantiene oculto
toda la vida y que sale a la luz después de la muerte, cuando al que recuerda
se le aparece todo un sistema, una red, y el pequeño secreto desencadena
otros datos...

MADRE
¡Uf...!

HIJO
... por ejemplo ese perfeccionismo impaciente de papá, esa exigencia, esa
severidad...

MADRE
¡Qué sé yo...! ¿No...! ¡Qué sé yo...!

HIJO
Un fantasma es un sistema que nos abarca.
MADRE
¡¡Pero...!! ¡¡Mírate...!!

HIJO
¿Eh?

MADRE
¡La man...!

HIJO
Sí, la mano. Las manos, en realidad, porque tengo dos. Cómo me gustaba,
cuando era chico, ponerlas sobre un papel con los dedos abiertos y hacer un
trazo de lápiz siguiendo el contorno. Al retirarla quedaba el dibujo. Fue una
manía que me duró hasta grande. Claro que yo tenía el entretenimiento extra
de que la izquierda salía distinta por la falta del... Habría jurado que era la
derecha, quizás en el papel salen al revés, la izquierda derecha, la derecha
izquierda, no sé, tendría que hacer la prueba, ganas no me faltan, las
diversiones infantiles tardan en perder la gracia...

MADRE
¡Mirat...!

HIJO
Es que mirando el contorno de las dos manos nadie podría decir si esa
persona es zurda o diestra, es como una mascarilla mortuoria, nadie podría
decir si el sujeto era tartamudo o no. Menos que eso, un ¨contorno¨
mortuorio, como el dibujo de los cadáveres que hace la policía... Ni el
observador más atent...
Pe... pero... perop... ¡Mamá! ¿Me estoy volviendo loco o qué? Mi iz... ¡¿Pero
cómo?!

MADRE
¡¿Vist...?!
HIJO
¡Tengo cinco! La iz... ¡cinco! La der... ¡cinco! Esperá... Esperá un segundo, te
ruego que no me interrumpas... es absolutamente increíble... El instante más
increíble de mi vida. No sé qué pensar...

MADRE
¡¿Vist...?!

HIJO
Imposible interrumpir el instante, como si durara. Ni lo intentes. El instante
significa que uno ha estado equivocado toda la vida.

MADRE
No...

HIJO
No, pero sí. Una de dos: o aquí también se coló alguna especie de olvido... o
el perro me arrancó no un dedo sino una mitad entera del cuerpo y he vivido
reflejándome a mí mismo, el ambidiestro perfecto... ¡O bien tengo once dedos!
No nueve: once. ¿Conocés el chiste? Creo que alguna vez te lo hice. Tengo
once dedos, y te lo puedo demostrar. Mirá mis manos. Son once dedos.
¿Decís que son diez? No, son once. Los cuento. Empiezo por esta mano.
Cuento al revés, porque da lo mismo, ¿no? En un sentido o en otro. Diez,
nueve, ocho, siete, seis... Más cinco: once ¿Seis más cinco? ¡Once! Ja ja... No,
pero hablando en serio... si es que se puede hablar en serio después de hacer
un chiste. Si es que se puede volver a hablar en serio una sola vez en la vida
después de haber hecho un solo chiste...

MADRE
Querido... El buen carácter... Siempre... la risa

HIJO
Hace bien.
MADRE
Igual a... tu padre... Siempre... una cosa seria... ¡qué! Un chist...

HIJO
Es una virtud ¿no?

MADRE
Yo... ojalá...

HIJO
No, vos también tenés algo de esa virtud, sólo que en otro terreno. Yo
aprendo mucho de vos, de tu ¨vivir el momento¨, sin preocupaciones. No te
olvides que papá vivió toda su vida lleno de temores por el porvenir.

MADRE
Sí... “no vamos a tener... para comer...”

HIJO
Era fatal en ese sentido, pobre. Si llovía, si no llovía. Mucha gente de campo
es así. Tan ordenado, tan temeroso. Nunca una deuda. Milagro que haya
sacado la tarjeta de crédito al final.

MADRE
¡Porque!

HIJO
Menos mal que no le tocó ver lo que vino después, la hiperinflación...

MADRE
¡Menos mal...!

HIJO
No sabés a cuánta gente le he oído decir cosas parecidas últimamente, a
viudas o gente que recuerda a sus padres o abuelos muertos, esos
inmigrantes meticulosos... Pero quizás se habrían adaptado, como nos
adaptamos nosotros, quizás incluso lo habrían disfrutado, de un modo
perverso, como confirmación al fin de sus temores.

MADRE
No...

HIJO
Dije: quizás. Hay cosas que vamos a ignorar para siempre. Son los límites del
pensamiento más clarividente. Lo más que se pueden hacer son deducciones,
como en una geometría de contornos fantasmas... Fijate que papá tenía ese
buen carácter, por un lado, y por otro el miedo al futuro, la preocupación:
una cosa era el precio de la otra. Y vos por tu parte: la despreocupación, la
falta de temores de un verdadero lirio del campo, pero también depresiva,
melancólica, siempre al borde de la crisis nerviosa. Son cuatro mitades de las
que dispuso mi cubilete genético, para armar y rearmar a gusto un hombre...
Podría jactarme de haber heredado lo bueno de los dos, de pagar el bien con
bien. ¡Si fuera tan fácil! Las geometrías también se complican, se llenan de
curvas. Recién decía que sentía como si una de mis mitades se hubiera
evaporado, y el vacío se redujera a reflejar lo que quedó. Ahí veo el embrión
de una historia de fantasmas, ¿no? La vida y la muerte como mitades. Lo
malo es que en mí todo se hace teórico, filosófico. Tan lleno estoy de lógicas
retorcidas que cosas tan simples como la alegría o el goce de la vida se me
hace imposible alcanzarlas sin un rodeo por las historias, por los fantasmas.

MADRE
¡No...!

HIJO
En fin...
MADRE
Así... Una sonrisa...

HIJO
Eso al menos queda: mi buen carácter. Siempre me acuerdo, cuando la
conociste a mi suegra, lo primero que le dijiste fue eso: que yo tenía buen
carácter. Más te explayaste, te explicaste, vos que nunca te expresas más que
por frases entrecortadas, le hiciste toda la historia de mi buen carácter,
aunque es por definición lo que no tiene historia. Eso en retrospectiva suena
como un reproche a mi decisión de casarme, porque después de todo
ninguna mujer se merece a un hombre de buen carácter, y Liliana menos que
ninguna, ¿no? Confesalo. No porque sea Liliana sino porque fue la mujer que
emergió en la realidad.

MADRE
No... Ahora...

HIJO
Ah, “ahora”, claro. Pero en el matrimonio siempre se trata de “ahora”,
porque es el presente perpetuo.

MADRE
Pero... ¡ahora!

HIJO
Sí, ¿ahora qué? Siempre es ahora.

MADRE
No... ¡otra ahora...!

HIJO
¡¡Ah...!! Es otra de la fantasía mía del matrimonio... No. Hace como si no
existiera, vas a estar más cerca de la verdad. Perdón, pero en este momento se
me había hecho un lío en el cerebro, tanto hablar de mitades, como si la otra
fuera también Liliana, vista del otro lado del espejo. Qué fácil sería, lástima
que no pasa así. Si uno pudiera aprender antes... Si se pudiera vivir dos veces,
una de izquierda a derecha y otra de derecha a izquierda, y que aún así fuera
una sola. Porque si la vida no fuera una sola no valdría la pena vivirla. Y de
hecho, sería el único modo de que la vida fuera una sola. De hecho, quizás se
vive así, de ida y de vuelta. Yo por lo menos he aprendido, ¡y mucho! Quizás
no es tan descabellado al fin de cuentas el asunto de la bigamia, del
enriquecimiento de la realidad. Hay una frase famosa: ¨Si te casas, te
arrepentirás; si no te casas, también te arrepentirás¨. Es muy cierto, aunque
tiene una validez muy limitada, limitada sólo al momento de la decisión. La
que sale ganando al fin es la realidad, la realidad real. El arrepentimiento no
tiene mayor importancia, porque es una de las formas de olvido.

MADRE
Todo... Al final...

HIJO
No digas eso. No seas nihilista. Tantas desgracias... los seres queridos que
uno pierde... Papá, Osvaldo... ¿Cómo soportarlo si uno no confiara en la
eternidad del dolor? Y aun si el matrimonio fuera una desgracia, que no lo ha
sido en mi caso, muy por el contrario, ¿cómo soportar el peso de la decisión si
no es con la eternidad, con el sentimiento delo definitivo?

MADRE
El tiempo...

HIJO
El tiempo es lo definitivo.

MADRE
Pasa... pasapa...
HIJO
¡A mí me lo decís! Al Rey de lo Pasajero, al esteta de la fugacidad. ¡Si yo me
olvido de todo! Yo soy el olvido, el olvido en persona, que vuelve... A nadie
más que a mí le sucede ver huir un instante, uno solo, y olvidarse de la
existencia de su hija adorada... Mimí...

MADRE
No...

HIJO
¿Qué Mimí? ¿Quién? ¿De qué me están hablando?

MADRE
¡No...!

HIJO
Pero es cierto. Y además no tiene la menor importancia, es una pequeña
broma privada que tenemos Mimí y yo. Unilateral, por el momento. Aunque
confío en lograr con el tiempo que ella también se olvide de mí, en ocasiones,
con ayuda del Instante que todo lo puede. ¿No has tenido la experiencia de
despertarte y no saber dónde estás, quién sos? Es lo más común del mundo.
¿Nunca te ha pasado, mamá?

MADRE
¿Qué hora es?

HIJO
Las... siete cuarenta y siete.

MADRE
¡Ya...!
HIJO
¿Ya qué?

MADRE
La cena...

HIJO
Pero qué apuro hay, siempre lo mismo, qué manía de hacer la comida tan
temprano, almuerzo y cena... Es pleno día. Mira. Qué hermosa puesta de sol,
desde aquí arriba... Sos una privilegiada, vivir en un quinto piso en el pueblo
más chato del mundo... Lo ves todo: el cielo y la tierra. El sol se pone sobre
Pringles... Qué espectáculo soberbio... qué pueblo misterioso es Pringles,
dentro de todo... Dentro de su falta de misterio. Da un poco de miedo, y a la
vez es reconfortante. Para mí por lo menos... Estar aquí me tranquiliza, es una
experiencia muy irreversible. Pero tiene su reverso amenazante, y es que con
el mismo gasto vital podría estar en otro lado. Y no estar, cuando uno está, es
lo que más se parece a la catástrofe. Esa es la duplicidad de Pringles, el
motivo por el que los pringlenses se van, y se quedan. Es ambiguo. Sobre
todo para mí, que después de todo me fui. Estar al otro lado del mundo, bajo
otros cielos... ¡Qué horrible, qué descorazonador! Yo podría estar en otro
mundo, y el Instante seguiría aquí en Pringles. El Instante seguiría siendo
Pringles, abierto como una flor, el crepúsculo más hermoso que he visto en
mi vida.

MADRE
¡Y vengan...! Aquí... tan bien... los chicos... ¡Mejor que allá!

HIJO
Lo siento, pero en este punto no vamos a poder darte el gusto. Yo lo hemos
hablado muchas veces. Hay motivos prácticos, muy concretos, que debo tener
en cuenta cada vez que pienso en esa posibilidad, que alguna vez, vos bien lo
sabes, fue un proyecto serio, cuando nació Tomasito. Ahora es un proyecto
imaginario, una mera fantasía. ¿Qué podría hacer yo en Pringles? Tendría
que estar pensando siempre en viajar a Buenos Aires a ver a mis editores, y
sabés qué poco me gusta viajar, esas noches blancas en el micro, al día
siguiente como un zombi. Además, digas lo que digas, acá no hay vida
cultural, no hay cines, ni museos, ni exposiciones, ni conciertos, ni teatros...
Es cierto que yo nunca voy al cine ni a los museos ni a las exposiciones, ni a
los conciertos ni, Dios me libre y me guarde, al teatro. Están los libros... Claro
que aquí en la biblioteca están los libros, por lo menos todos los que yo
podría leer en mi vida. ¡Pero es imposible! No podría desarraigar a los chicos
de su escuela, de sus amigos, ni a Liliana de su trabajo y su círculo de
poetas... Eso es definitivo.

MADRE
Qué import... Aquí pued...

HIJO
Es fácil decirlo, mamá, pero yo soy el ser menos portátil del mundo. Cuando
me hago una idea, me planto ahí para siempre. Sobre todo cuando es una
idea de felicidad. Me hago de piedra, de pórfido, de basalto, me quedo
pegado al planeta como un sonámbulo. Porque después de todo, felicidad es
algo que he tenido tan poco.

MADRE
¡No...!

HIJO
Sí. Tan poco. A pesar de mi buen carácter.

MADRE
¡No...!¡Nonó! ¿Vos...?

HIJO
Sí.
MADRE
No es ciert... no cier...

HIJO
De acuerdo: no. Yo nunca discuto. Pero al mismo tiempo es cierto.

MADRE
Macanas.

HIJO
Como digas.

MADRE
Uf... Voy a... el pollo...

HIJO
Está bien, andá, sacáte el gusto. ¡A esta hora! Es perfectamente de día. Mirá...
Qué colores. Qué rojo, qué violeta, qué anaranjado... El sol se pone en las
sierras. Acá arriba va a ser de día cuando sea de noche en Pringles.

MADRE
Pero... no.

HIJO
¿Cómo que no? ¿No es de día?

MADRE
¡Ah! ¡Porque! Es ocho... ¡nueve! ¡Siete...! ¡Son!

HIJO
¿Què? ¿Cambiaron la hora?
MADRE
¡Clar...!

HIJO
¿Otra vez cambiaron la hora? No puede ser. Las ocho y uno. ¿Son las ocho o
no?

MADRE
Sí... pero nueve...

HIJO
¿Cómo nueve?

MADRE
¡No, siete...! ¡Qué se yo...!

HIJO
No entiendo nada. Ah, esperá... Es el cambio que habían hecho. Sí, es cierto,
no me acordaba, mejor dicho pensaba si no habrían vuelto a cambiar... No,
imposible. No, si son las ocho quiere decir que son las nueve, o mejor dicho
las siete. ¿No deberían ser las nueve, entonces? Ahora me acuerdo que
cuando hicieron el cambio no puse en hora mi reloj, porque en estos relojes
japoneses es dificilísimo, hay que meter una aguja, y hacer pasar todos los
números... Lo que no me acuerdo es si al fin lo hice o no. Es cierto. Tenías
razón. Pero no me negarás que es de día de todos modos. No entiendo cómo
podés vivir sin un solo reloj en la casa. En serio, ¿le tocás el timbre a la vecina
cada vez que querés saber la hora?

MADRE
¡La loc...!

HIJO
Bueno, ahora que la adelantaron... Menudo lío se les hará. El departamento
de ella da al amanecer.

MADRE
El pollo tarda...

HIJO
Sí, andá a ponerlo. No es tan temprano a fin de cuentas. Salís a la abuela, que
era igual en ese apuro por terminar de una vez, porque se hiciera de noche...
Cómo sufría con los días largos del verano. El veintidós de diciembre decía:
Por suerte ya los días empiezan a acortarse... ¿Compraste pollo otra vez?

MADRE
¿No te...? Me habías di... ¿Te cans...?

HIJO
No, me encanta el pollo, comería todos los días. Pero no lo hagas todo.

MADRE
¿No tenés ham...?

HIJO
Sí tengo. Siempre tengo hambre. Me lo pasaría comiendo. Pero para nosotros
dos solos no vale la pena. Hacé la mitad y la otra mañana.

MADRE
No... ¡Lo tiro...!

HIJO
Es que yo adoro el pollo frío con mayonesa. ¿Cómo lo vas a tirar? No me vas
a obligar a comerme un pollo entero esta noche con esa amenaza. Qué locura.
Un ala y gracias.

MADRE
(De la cocina) ¡César!

HIJO
¿Qué pasa?

MADRE
Vení... ¡Quer...!

HIJO
¿Qué pasa?

MADRE
Nad...

HIJO
¿Te ayudo?

MADRE
¡No...! ¡¡Aaaah...!!

HIJO
¡¿Qué pasa?!

MADRE
(Entra) ¡Querido...! ¡Qué sust...! ¡Está viv...!

HIJO
¿Qué?¿Quién?

MADRE
El poll... Elpó... Poví...
HIJO
¿Pero cómo vivo? No me digas que compraste un pollo vivo, para matar y
pelar...

MADRE
No... En el super... ¡El pollo conge...!

HIJO
¿En la bolsita de plástico?

MADRE
Cuando lo saqu...

HIJO
Te pregunto si lo compraste en... si venía en una bolsita de plástico...

MADRE
¡Y clar...! Lo saqu...

HIJO
¿Y cómo va a estar vivo? ¿Tiene plumas?

MADRE
¡No! Congel... Me tiró un picotaz...

HIJO
¿Pero los venden con cabeza a los pollos congelados, aquí en Pringles?

MADRE
No quer...

HIJO
Ah, no tiene cabeza y te tiró un picotazo. Perdoná, pero tengo que ver ese
prodigio.

MADRE
¡No! ¡Tené cui...!

HIJO
¿Qué son esos ruidos?

MADRE
¿Vist...!

HIJO
Pero... pía, cacarea... ¡está cantando! No, oí... aletea... Yo no entro a esa cocina
ni loco...

MADRE
...

HIJO
Ahora no se oye nada.

MADRE
...

HIJO
¿No será que al sacarlo de la bolsita, si lo habían metido muy apretado, se
estiró por la ley del resorte?

MADRE
No...

HIJO
O es posible que haya tenido movimientos eléctricos, como pasa a veces con
los cadáveres, por desagradable que sea evocar el tema. Al descongelarse se
habrá activado algún músculo, de un modo totalmente mecánico nada más,
no como en la vida.

MADRE
¿Qué vamos...? ¿Qué hacemos...?

HIJO
...

MADRE
...

HIJO
¡¿Qué fue eso?!

MADRE
La olla.

HIJO
Ese pollo es un peligro... Yo llamaría al porte... Hhhh...

MADRE
Hhhh...

HIJO
¡Tenías razón!

MADRE
¿Vist...?
HIJO
¡Está vivo! ¿Cómo puede ser, mamá?

MADRE
¡Vino...! ¡Nos...!

HIJO
¿No habrá rodado? No... Vino... ¿Pero tenía patas? No puede ser... No, es
cierto... ¡Se ha regenerado! ¡Mirá, la cabeza...! ¿Y las plumas...! plumas de
todos los colores... ¡Parece un faisán...! El fisán-sultán de mis novelas. Es
glorioso, con todos esos colores...

MADRE
¿Qué hacem...? ¡César...!

HIJO
No te preocupes, no te enloquezcas, no hay que perder la calma. No parece
amenazante. ¿No ves la mirada perdida que tiene? Y se ha quedado inmóvil,
como una estatua... Hasta ahí llegó. Nos mira y no nos mira, como una
estatua, vino a que lo veamos, a resucitar...

MADRE
¡Pero me da...! ¿Qué hacem...?

HIJO
¡Nada! ¡Nada! Dame un poco de tiempo. No me pongas más nervioso de lo
que estoy. Mientras se quede en la puerta de la cocina... lo único cierto es que
no vamos a cenar pollo. Mirá cómo brilla, en la penumbra. ¨¿Qué hacemos,
qué hacemos?¨ ¿No sabés decir otra cosa? Como si quisieras terminar de una
vez con la situación, con el día, con todo... Él también es un sol que se pone.
Tiene algo de siniestro, te lo concedo, pero al mismo tiempo es un... no sé...
¡un milagro! Es un verdadero milagro que un pollo eviscerado y congelado
salga de su bolsa de plástico de supermercado, y le crezcan la cabeza y las
patas que le habían cortado, y le vuelvan a salir las plumas, mil veces más
hermosas que las que tenía... Uno puede pasarse la vida esperando un
milagro, y cuando sucede es tan idiota, tan inútil... ¡Un pollo! El milagro que
no pasó con Osvaldo, con papá... ¿No te parece que son de oro, las patas, la
cabeza...? El pico sobre todo, fijate cómo brilla. Ya sería un milagro que
volviera a la vida, ¡pero encima este lujo! Las plumas del sueño...

MADRE
¡Se mov...!

HIJO
¿Un muerto puede volver a la vida, entonces? ¿Puede? ¡Cuántas
posibilidades se abren...!

MADRE
¡Hacé algo...! ¡César!

HIJO
Sí, sí, sí... Hablo por nervios, digo cualquier cosa. No, no se mueve, es la
impresión... me da la impresión de que oye todo lo que digo. Deberíamos
prender la luz.

MADRE
¡Prendé...!

HIJO
Pero es increíble la luz que sale de él, no nos damos cuenta porque no le
hemos sacado la vista de encima... ¡Hhhh...!

MADRE
¿Vist...? ¿Y ahora...?
HIJO
¡Shh...! ¿Adónde va? A la puerta. Querrá salir, pero como no sea por el
ascensor... Esto ya es Disney. ¡No, es por la luz! Ahora sí que... ¡Nos oyó!
¿Qué dijiste? Nos corta el camino al botón de la luz... y a la puerta...

MADRE
¡Espant...! ¡Tirale...!

HIJO
¡Uuuuuuuh! ¡Uuuuuuuh! No... no hay caso. No se da por aludido.

MADRE
¡Te mir...!

HIJO
Lo horrible es que no se asuste. La silla... ¡Uuuuuuuh! Impávido. Está en otra
dimensión. Pongamos este sillón... ¡Cuidado! ¡Se subió! Qué macana. Cómo
nos miran...

MADRE
Dejam...

HIJO
¡No! ¡¡No, mamá, no!!

MADRE
¡Pero qué...!

HIJO
¡Andá a encerrarte en la pieza! ¡Vamos a encerrarnos! Pedimos auxilio por el
balcón.
MADRE
No... El telé...

HIJO
Pero a quién vas a llamar... ¡Hhhh!

MADRE
¿Vist...? ¡Nos oye...! Yo le...

HIJO
¡No! ¡Cuidado! Ahora no podemos... ¿Y ahora? ¡Uuuuuuuh! ¡No, mamà!
Ponéte atrás de mí...

MADRE
Yo le...

HIJO
¡Noooo!

MADRE
Dejam...

HIJO
¡¡No, mamáaaaa!!

MADRE
¡Aaaah! AAAAAAH...

HIJO
¡¡MAMÁAAAAA!! El cuello... Nooo... La mataste... bestia... Yo te... ¡Aaaaah!
¡Los ojos no! Ay, ay, ay... ¡Socorro! ¡¡Socorro!! Aaaah... Mamáaaa... ¿Dónd...?
Aaaaaaaaah... gghh... aaah...
(El pollo extiende las alas y oculta toda la escena.)

César Aira
16 de marzo de 1990

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