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Desarrollo humano

Por Roberto Martínez (01-Nov-1997).-

Los avances tecnológicos de este siglo, o tal vez debería decir, de este año, nos
asombran a todos. Cada vez recibimos con mayor frecuencia noticias de inventos y
mejoras; parece que tan pronto como adquirimos una computadora y la sacamos
de la tienda, ya ha quedado obsoleta.

Somos afortunados de vivir en este momento histórico, este pequeño segmento de


tiempo que poco agrega a la edad de la Tierra, pero que ha sido el punto donde los
conocimientos, la técnica y la creatividad han convergido para multiplicar la
capacidad de construir un sin fin de cosas maravillosas y al mismo tiempo armas
poderosas para autodestruirnos.

Ayer vi la película "Contacto", en la que se toca el tema con un giro interesante. En


una escena sale Larry King entrevistando a Kent Ross, uno de los principales
personajes. Ross opinaba que aunque nunca antes la humanidad había estado tan
comunicada y provista de cosas, las personas se sentían más vacías que nunca. Por
otra parte, la protagonista, una científica atea con doctorado en astronomía, de
nombre Elenore Arroway, declaraba que la explicación de ese vacío interno debía
de encontrarse en el espacio exterior. Esta convicción la impulsaba a buscar vida en
otro planeta.

Finalmente tiene contacto con un extraterrestre que la desengaña. El alien tampoco


sabe quién es el Creador del Universo, ni por qué siente ese vacío. Sólo le comparte
la alegría de no ser la única especie inteligente en el cosmos y le asegura que hay
millones.

Bueno, a fin de cuentas es ciencia ficción con increíbles efectos especiales y vale la
pena ver la película. Lo que sí deja en claro es cómo la humanidad ha puesto en el
progreso de la ciencia y la técnica su esperanza y el resultado es que sabemos cómo
funciona casi todo, y no sabemos cómo funcionamos nosotros.
La raza humana se ha esforzado más en los últimos siglos por el desarrollo
científico que por el desarrollo humano. El resultado de este "mito del progreso"
que divulgó la Ilustración prometiendo que al final del camino del progreso estaba
la perfección del hombre, ha sido la aparición de modos de vida más humanos para
unos cuantos privilegiados y condiciones inhumanas para la mayoría.

Tenemos el fenómeno de la marginación en todas las grandes ciudades.


Desequilibrio social y poder para destruirnos oprimiendo un botón. Lo más grave
me parece ser la explotación de los recursos naturales y humanos a la que es
sometido el Tercer Mundo por tener deudas impagables con las naciones
desarrolladas.

No es de extrañarse que ante el fracaso del camino del progreso como solución a
todos los males algunos estemos volteando al pasado para rescatar lo más valioso y
retomar a partir de allí el rumbo. Ciertamente no podemos regresar en el tiempo, y
las circunstancias actuales son muy diferentes a la época anterior a la Ilustración.
De todas manera me cuestiono, ¿cómo sería una sociedad inspirada en los
principios morales? ¿Cómo sería el mundo si en estos siglos de dedicación al
desarrollo científico los hombres se hubiesen ocupado también de llevar a la
práctica estos principios en todos los ámbitos?

Para empezar tenemos que resaltar algunas diferencias importantes entre ayer y
hoy. En el ámbito político, por ejemplo, no se puede hoy en día tomar a la moral
como bandera política. La moral no se impone con el voto popular. Si un partido se
define como bastión de la moral, por cuestiones de equilibrio, se formará otro
partido que defienda todo lo que es amoral. Lo que mantendría unidos a los
miembros de uno y otro bando sería más el odio al contrario que la búsqueda del
bien común de la sociedad.

El desarrollo humano basado en los principios morales, y adaptado a los tiempos


actuales debe tener por objetivo formar la conciencia de todos los políticos de
manera que ninguno tome por bandera a la moral y a la vez todos practiquen sus
criterios.

A nivel cultural tampoco se puede descartar todo lo que hay de valioso en la


modernidad, por ejemplo: los nuevos conocimientos, la democracia y las mejoras
sociales. Otra circunstancia diferente es el pluralismo y la tendencia hacia la
globalización. Un desarrollo hacia un ambiente con más vivencia de los valores
morales no puede anhelar la uniformidad, porque fracasaría rotundamente. Lo más
prometedor resulta reflexionar cómo la moral puede servir para iluminar y alentar
las distintas realidades socioculturales.

Un buen comienzo es analizar el ambiente de trabajo para ver cómo se puede


moralizar. El trabajo es una actividad propia del ser humano y la acumulación del
trabajo de la sociedad forma la cultura. Si se infunde el trabajo con valores morales,
con el tiempo la cultura se impregnará con el dulce aroma de los principios
morales.

Esta promoción de los valores morales debe dirigirse a la formación de la


conciencia, más que a la elaboración de un manual que ofrezca soluciones
universales para todos los problemas, ya que a cada quien le corresponde aplicar
estos principios con prudencia y rectitud, según las circunstancias específicas.

El tema da para mucha más reflexión. Lo importante es que nos demos cuenta de
que no tenemos que preguntarle a un marciano qué somos o cómo alcanzar la paz y
la felicidad. Debemos apostarle a los valores. Allí están los criterios que nos
llevarán a mejorar la vida de los hombres del tercer milenio... nuestros hijos.