Está en la página 1de 739

 
LINO ENRIQUE PALACIO

Derecho Procesal Civil


Tomo III

Cuarta edición actualizada por Carlos Enrique Camps

© Palacio, Lino Enrique


© de esta edición, AbeledoPerrot S.A., 2017
Tucumán 1471 (C1050AAC) Buenos Aires
Queda hecho el depósito que previene la ley 11.723
Todos los derechos reservados
Ninguna parte de esta obra puede ser reproducida
o transmitida en cualquier forma o por cualquier medio
electrónico o mecánico, incluyendo fotocopiado, grabación
o cualquier otro sistema de archivo y recuperación
de información, sin el previo permiso por escrito del Editor y el autor.
All rights reserved
No part of this work may be reproduced
or transmitted in any form or by any means,
electronic or mechanical, including photocopying and recording
or by any information storage or retrieval system,
without permission in writing from the Publisher and the author.
ISBN 978-950-20-2839-2 (obra completa)
ISBN 978-950-20-2843-9 (tomo III)
SAP 42076901
Camps, Carlos Enrique
Derecho Procesal Civil cuarta edición actualizada por Carlos Enrique Camps / Carlos Enrique Camps;
Lino Enrique Palacio - 4a. ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Abeledo Perrot, 2017.
v. I, 928 p.; 24 x 17 cm.
ISBN 978-950-20-2843-9
1. Derecho Procesal. I. Palacio, Lino Enrique II. Título
CDD 347.05


 
CONTENIDO

Derecho Procesal Civil 4a. Ed. - Tomo III


Capítulo XLIII - Actos de Desarrollo Procesal: La Dirección del Proceso
Capítulo XLIV - Recursos
Capítulo XLV - Recursos Ordinarios
Capítulo XLVI - Recursos Ordinarios (Cont.)
Capítulo XLVII - Recursos Extraordinarios en el Orden Nacional
Capítulo XLVIII - Recursos Extraordinarios en el Orden Provincial
Capítulo XLIX - Procedimiento en las Instancias Superiores
Capítulo L - Los Denominados Recursos de queja por Retardo o Denegación de
Justicia, de Rescisión y de Revisión

Capítulo LI - Actos de Comunicación o Transmisión


Capítulo LII - Actos de Conclusión Procesal: La Sentencia Definitiva
Capítulo LIII - Sentencia Definitiva (Cont.)
Capítulo LIV - Modos Anormales de Conclusión del Proceso
Capítulo LV - Contingencias Iniciales Comunes a los Procesos de Conocimiento:
Diligencias Preliminares
Capítulo LVI - Procesos Plenarios: Proceso Plenario Común (Ordinario)
Capítulo LVII - Excepciones Previas
Capítulo LVIII - Contestación a la Demanda y Reconvención
Capítulo LIX - Contingencias Posteriores Y Conclusión de la Causa Para Definitiva
Capítulo LX - Procesos Plenarios Abreviados: El Proceso Plenario Normalmente
Abreviado en General

Capítulo LXI - Rendición de Cuentas


Capítulo LXII - Deslinde
Capítulo LXIII - División de Cosas Comunes
Capítulo LXIV - Adquisición del Dominio por Usucapión
Capítulo LXV - Expropiación Y Ocupación Temporánea
Capítulo LXVI - Restricción de la Capacidad de Ejercicio de Derechos
Capítulo LXVII - Declaración de Inhabilitación. Ausencia y Fallecimiento Presunto
Capítulo LXVIII - El Proceso Plenario Excepcionalmente Abreviado en General
Capítulo LXIX - Alimentos y Litisexpensas 


 
CAPÍTULO XLIII - ACTOS DE DESARROLLO PROCESAL: LA DIRECCIÓN DEL
PROCESO

SUMARIO: I. GENERALIDADES: 591. Concepto.—


592. Clases de actos de dirección. II.
RESOLUCIONES JUDICIALES: 593. Concepto.—
594. Clasificación.— 595. Requisitos:
Subjetivos; Objetivos; De lugar, tiempo y
forma.— 596. Efectos.

I. GENERALIDADES

591. Concepto
a) De conformidad con el criterio objetivo o funcional al cual se prestó
oportuna adhesión como pauta clasificatoria de los actos procesales, es
dable verificar que entre la iniciación y la conclusión del proceso
aparece inserta una variadísima y heterogénea serie de actos
de desarrollo, de los cuales han sido objeto de análisis, en el tramo
precedente de esta obra, los actos de instrucción, es decir, aquellos cuya
finalidad consiste en proporcionar al órgano judicial los datos de hecho y
de derecho involucrados en el conflicto determinante de la pretensión que
debe ser satisfecha, como regla general, a la hora de pronunciarse la
sentencia definitiva.
b) Pero la introducción de las alegaciones procesales y la ulterior
comprobación de éstas no se conciben, dentro del desarrollo procesal,
como actos aislados. Los actos instructorios, por el contrario,
requieren ineludiblemente el despliegue de una actividad complementaria
cuyo objeto radica en encauzarlos dentro de determinadas pautas de
orden, así como en asegurar su efectividad. La instrucción, en otras
palabras, debe ser adecuadamente manejada o conducida a través del
cumplimiento de múltiples actos procesales que posibilitan el logro de su
objetivo y a los que cabe denominar actos de dirección.
c) De lo dicho se sigue que la dirección del proceso puede definirse, en
términos generales, como el conjunto de actos que corresponde cumplir
para colocar al proceso en cada una de las etapas que lo integran, resolver
las diversas situaciones que en ellas se susciten, reexaminar actos
defectuosos o injustos, comunicar a las partes o a los terceros las
resoluciones que se dicten, formar materialmente el expediente, dejar
constancia escrita de actos verbales, expedir certificados o testimonios y
asegurar la eficacia práctica de la sentencia definitiva.


 
592. Clases de actos de dirección
a) Más arriba (nro. 414) se subclasificó a los actos de dirección procesal
en actos
de ordenación, de comunicación o transmisión, de documentación y caut
elares, suministrando el concepto de cada uno de ellos. Igualmente, en
ese mismo lugar se puntualizó que, dentro de la primera categoría de los
mencionados actos, correspondía diferenciar los de impulso, los
de resolución o decisión, y los de impugnación.
b) Sin perjuicio de remitir a cuanto allí se dijo, importa formular en esta
oportunidad ciertas precisiones que se relacionan, particularmente, con el
sistema expositivo ya adoptado y a adoptarse en el ulterior desarrollo de
esta obra.
En primer lugar, cuadra observar que los actos de documentación, en
sus diversas modalidades, ya han sido materia de análisis (nro. 423)
cuando se trató el tema relativo a los modos de recepción de la actividad
procesal. Por ello no corresponde, sin riesgo de incurrir en inútiles
repeticiones, incluir su estudio en el presente volumen.
La misma observación es pertinente con respecto al incidente de
nulidad, porque al haber sido analizado en el capítulo XXXI ("Nulidad de
los actos procesales"), resulta innecesario volver a examinarlo junto con
los restantes actos procesales de impugnación.
En segundo lugar, cabe considerar inapropiado dedicar, dentro de los
actos procesales de ordenación, un tratamiento específico a los
denominados actos de impulso. Concebidos éstos, según se hizo supra,
nro. 414, como aquellos que, una vez iniciado el proceso, tienden a hacerlo
avanzar a través de las diversas etapas que lo integran, parece claro que
pueden participar de los efectos que generalmente producen la mayor
parte de los restantes actos de desarrollo. Debe advertirse, sin embargo,
que su inclusión dentro de los actos procesales ordenatorios no resulta
superflua en tanto permite cubrir la variadísima gama de actos que, a pesar
de ser insusceptibles de encuadramiento estricto dentro de algunos de los
tipos comprendidos en la clasificación propuesta, importan declaraciones
o meras manifestaciones de voluntad que coadyuvan directa
e inmediatamente al desarrollo del proceso y gozan de adecuada cabida,
por ello, en la noción de acto procesal enunciada supra, nro. 409.
Piénsese, por ejemplo, en las peticiones dirigidas a denunciar un domicilio,
obtener la integración de la litis, la suspensión de un plazo, la búsqueda
de un expediente extraviado o la remisión de éste a un órgano judicial
superior en grado. No se trata, obviamente, de actos instructorios sino de
actos de dirección, que si bien inciden, en forma directa e inmediata, en el


 
desarrollo del proceso, no encuentran posibilidad de ser enmarcados
dentro de las restantes categorías. En otras palabras, sin perjuicio de que
algunos de los tipos de actos de desarrollo posean aptitud para impulsar
la marcha del proceso, existen numerosísimos actos de puro impulso,
cuya clasificación, sin embargo, implicaría una labor que, aparte
de extraordinariamente dificultosa, no aportaría un beneficio científico
apreciable.
Corresponde aclarar, por último, que los actos cautelares, pese al
encuadramiento que se les ha asignado, no serán objeto de estudio en el
presente volumen. Si bien constituyen, en efecto, actos de dirección,
generalmente se integran en un conjunto de actos que conforman
verdaderos procesos accesorios, que, como tales, serán analizados tras
el examen de los procesos de conocimiento y de ejecución.

II. RESOLUCIONES JUDICIALES(1)

593. Concepto
a) El modo normal de conclusión de todo proceso hállase constituido
por el pronunciamiento de la sentencia definitiva, a la que cabe definir
como el acto del órgano judicial en cuya virtud éste, agotadas las etapas
de iniciación y desarrollo, decide actuar o denegar la actuación de la
pretensión o petición extracontenciosa que fue objeto del proceso(2).
b) Sin embargo, durante el lapso que transcurre entre la iniciación del
proceso y su conclusión, es decir, durante la etapa de desarrollo, es
cometido primordial e imprescindible del órgano judicial, de carácter
directivo, el consistente en dictar actos decisorios de diversa índole que
posibilitan el encauzamiento de la actividad procesal y, correlativamente,
preparan o facilitan el pronunciamiento de la sentencia final.
Tanto la sentencia definitiva, como acto típico de conclusión procesal,
cuanto los actos decisorios que necesariamente recaen durante el
desarrollo del proceso conforman especies dentro del género común de
las "resoluciones judiciales", a las cuales puede definirse, en sentido lato,
como todas las declaraciones emanadas del órgano judicial
(y, excepcionalmente, de los secretarios, oficiales primeros o jefes de


 
despacho) destinadas a producir una determinada consecuencia jurídica
a la que deben ajustar su conducta los restantes sujetos procesales.

594. Clasificación
a) De lo dicho en el número anterior se deriva que una clasificación
primaria de las resoluciones judiciales debe hacerse cargo de la
distinción existente entre la sentencia definitiva y las resoluciones que la
anteceden, preparan y facilitan, y que pueden denominarse, por ello,
resoluciones de ordenación procesal u ordenatorias(3). En virtud del
método clasificatorio de los actos procesales adoptado en la presente obra
corresponde analizar en este lugar —dedicado a los actos de desarrollo—
los distintos tipos que pueden presentar las resoluciones ordenatorias, sin
perjuicio de que, al tratar el tema referente a los actos de conclusión o
terminación, se examinen las diversas modalidades que es susceptible de
revestir la sentencia definitiva. El mismo criterio se seguirá en lo que
concierne a los requisitos de las resoluciones judiciales.
b) La legislación procesal argentina, en general, contempla dos tipos de
resoluciones ordenatorias, cuya debida diferenciación asume singular
importancia desde el doble punto de vista de los requisitos a que se
encuentran sometidas y de los recursos que contra ellas son admisibles.
El primer tipo de esas resoluciones recibe las denominaciones
de providencias simples(4), providencias de trámite(5)o decretos(6)y, según
prescribe el art. 160, CPCCN, "sólo tienden, sin sustanciación, al
desarrollo del proceso u ordenan actos de mera ejecución"(7).
La característica primordial de esta clase de resoluciones reside en la
circunstancia, mencionada por la norma transcripta, de que son
dictadas sin sustanciación, es decir, sin que se encuentren precedidas por
una contradicción (efectiva o legalmente prevista) suscitada entre las
partes o entre cualquiera de éstas y un tercero(8). Son ejemplo de esta
clase de resoluciones la que tiene por interpuesta una demanda y confiere
traslado de ella al demandado, la que dispone la apertura del juicio a
prueba o la agregación de un documento, la que designa fecha para la
realización de una audiencia, etc. Se trata, como se advierte, de
resoluciones que el juez y, en su caso, sus auxiliares pueden dictar de
oficio o proveyendo a peticiones de las cuales no corresponde conferir
traslado a la otra parte.
Las providencias simples admiten una subclasificación —
implícitamente consagrada por la ley cuando alude a la admisibilidad del


 
recurso de apelación (v.gr., art. 242, inc. 3º, CPCCN)—, fundada en el
hecho de que ocasionen, o no, un gravamen irreparable.
De conformidad con ese criterio, una resolución causa gravamen
irreparable(9)cuando, una vez consentida, sus efectos son insusceptibles
de subsanarse o enmendarse en el curso ulterior de los procedimientos(10).
Aunque se trata, como se percibe, de un concepto no del todo preciso,
puede decirse que, en términos generales, una resolución causa
gravamen cuando impide o tiene por extinguido el ejercicio de una facultad
o de un derecho procesal(11), impone el cumplimiento de un deber o aplica
una sanción. Como ejemplos de estas resoluciones cabe mencionar la que
declara inadmisible una prueba, la que dispone declarar la causa como de
puro derecho, la que declara la rebeldía de cualquiera de las partes(12), la
que condena al pago de costas o impone una corrección disciplinaria.
No ocasionan gravamen irreparable, en cambio, aquellas providencias
simples que facilitan o permiten el ejercicio de una facultad o de un
derecho procesal(13), como, por ejemplo, las que declaran la admisibilidad
de una alegación o de una prueba, salvo que, a través de la decisión, se
lesione un derecho de la otra parte o de un tercero, lo que ocurriría, v.gr.,
si se dispusiera la utilización de medidas compulsivas para vencer la
resistencia opuesta a un reconocimiento corporal, o se insistiera en
la exhibición de un documento cuyo contenido puede ocasionar un
perjuicio grave a su tenedor, o la respuesta a un pedido de informes
entrañara la violación del secreto bancario.
Importa señalar, desde ya, que las providencias simples son las únicas
resoluciones judiciales susceptibles del recurso de reposición,
siendo apelables solamente aquellas que causan gravamen
irreparable(14).
Dentro del segundo tipo de resoluciones ordenatorias se hallan
comprendidas las llamadas sentencias o resoluciones interlocutorias(15), a
las que el art. 161, CPCCN, define como aquellas que "resuelven
cuestiones que requieren sustanciación, planteadas durante el curso del
proceso"(16).
A diferencia de lo que ocurre con las providencias simples, las
resoluciones interlocutorias se caracterizan por la circunstancia de decidir
cualquier tipo de conflicto promovido durante el desarrollo del proceso,
requiriendo, por ello, que su pronunciamiento se halle precedido por una
contradicción (efectiva o legalmente prevista) entre los partícipes de ese
conflicto(17). Configuran sentencias interlocutorias aquellas que se
pronuncian, v.gr., sobre una excepción previa, una recusación
con expresión de causa, un acuse de negligencia en la producción de la
prueba y, en general, respecto de todo incidente promovido durante el
desenvolvimiento del proceso. Este tipo de resoluciones es únicamente
susceptible del recurso de apelación (art. 242, inc. 2º, CPCCN)(18).


 
c) Tanto las providencias simples como las sentencias interlocutorias
pueden tener por efecto, en algunos casos, imposibilitar la prosecución del
proceso. Entre las primeras figura, por ejemplo, la que dispone el
rechazo in limine de la demanda (art. 337, CPCCN). Es ejemplo de las
segundas la que acoge una excepción perentoria de previo y especial
pronunciamiento (falta manifiesta de legitimación para obrar, cosa
juzgada, transacción, conciliación y desistimiento del derecho; art.
347, inc. 3º, 6º y 7º, CPCCN). Tales resoluciones, si bien no constituyen
formalmente sentencias definitivas, tienen fuerza de tales(19)en la medida
en que obstan a la proposición eficaz de la misma pretensión en otro
proceso. El reconocimiento de esta categoría de resoluciones ordenatorias
con fuerza de definitivas reviste importancia práctica desde el punto de
vista de la admisibilidad de algunos recursos extraordinarios, como, v.gr.,
el de inaplicabilidad de la ley (art. 289, CPCCN)(20).
d) El art. 162, CPCCN, finalmente, se refiere a un tipo de resoluciones
judiciales que denomina "sentencias homologatorias" y son aquellas que
deben dictarse en los supuestos de desistimiento del derecho, transacción
y conciliación. Expresa la norma citada que "las sentencias que recayesen
en los supuestos de los arts. 305, 308 y 309 se dictarán en la forma
establecida en los arts. 160 o 161, según que, respectivamente,
homologuen o no el desistimiento, la transacción o la conciliación".
No se trata, como se percibe, de una clase de resoluciones judiciales
dotada de autonomía procesal. Cuando, por un lado, deciden la
homologación de los actos procesales mencionados, constituyen
resoluciones judiciales que participan de los efectos de la sentencia
definitiva y encuadran, por lo tanto, dentro de la categoría de los actos de
conclusión, aunque desde el punto de vista formal la ley las equipara a las
providencias simples. Si, por otro lado, desestiman la homologación,
configuran resoluciones ordenatorias sujetas a los requisitos establecidos
con relación a las sentencias interlocutorias.

595. Requisitos

A) Subjetivos
Toda vez que las resoluciones judiciales son actos procesales del
órgano judicial, constituyen requisitos subjetivos de aquéllas la


 
competencia del órgano que las pronuncia y la circunstancia de que su
titular o titulares (según se trate, respectivamente, de un juzgado o de un
tribunal) no hayan sido apartados del conocimiento del proceso de que se
trate por vía de recusación o excusación.

B) Objetivos
a) Constituyen requisitos objetivos de las resoluciones judiciales, como
de todo acto procesal, su idoneidad y su posibilidad jurídica.
Una resolución es idónea cuando su contenido se adecua al tema
concretamente sometido a la consideración del órgano judicial y resulta
además coherente en sus declaraciones.
Desde el primero de los mencionados puntos de vista, sería inidónea la
providencia simple que no se ajustara a los términos de la petición
específicamente formulada por quien requiere su pronunciamiento (lo que
ocurriría, por ej., si frente al pedido de una medida de prueba se decretase,
sin declarársela inadmisible, otra distinta), o la sentencia interlocutoria que
no guardara conformidad con las cuestiones articuladas por ambas partes
en los escritos presentados con motivo de un incidente suscitado durante
el transcurso del proceso, sea por omitir decisión sobre alguna de esas
cuestiones (citra petita), recaer sobre puntos no alegados (extra
petita) o exceder los límites de la controversia (ultra petita), o bien, aquella
que no contuviese decisión sobre el pago de los gastos ocasionados por
la sustanciación del incidente. A este aspecto se refiere el art.
161, CPCCN, en tanto prescribe que las sentencias interlocutorias deben
contener "la decisión expresa, positiva y precisa de las cuestiones
planteadas" (inc. 2º) y "el pronunciamiento sobre costas" (inc. 3º)(21).
Si se atiende al segundo de los referidos puntos de vista, carecería de
idoneidad la resolución que incurriese en contradicción entre sus
fundamentos y la parte dispositiva, lo que sucedería, por ejemplo, si esta
última encontrara apoyo en una norma que aquéllos
declararon inaplicable.
Las resoluciones judiciales son jurídicamente posibles cuando su
pronunciamiento, en el caso concreto, no se halla vedado por la ley. Serían
jurídicamente imposibles, entre otras, la resolución que ordenara un
reconocimiento corporal compulsivo, dispusiera trabar un embargo sobre
cualquiera de los bienes enumerados por el art. 219, CPCCN, o citara a
prestar declaración testimonial a algunas de las personas mencionadas
por el art. 427 del mismo ordenamiento.

10 
 
C) De lugar, tiempo y forma
a) Aunque la ley no contiene una mención explícita acerca del lugar en
el cual corresponde dictar las resoluciones, es obvio que aquél debe
coincidir con la sede o recinto donde funciona el órgano competente para
pronunciarlas.
Excepcionalmente, empero, cabe la posibilidad de que las resoluciones
se emitan fuera de dicha sede. Tal lo que ocurre cuando procede la
recepción de la prueba de confesión o de testigos en el domicilio de la
persona que se encuentra imposibilitada de concurrir a la sede del juzgado
o tribunal (arts. 418 y 436, CPCCN), se realiza un reconocimiento judicial
de lugares o de cosas no transportables al recinto del órgano interviniente
(art. 479, inc. 1º, CPCCN), o el titular o titulares de éste deciden
trasladarse a un lugar situado fuera del radio urbano pero dentro de la
circunscripción judicial donde deba realizarse alguna diligencia probatoria
(art. 382, CPCCN), en cuyas hipótesis procede el pronunciamiento de
resoluciones determinadas por cualquier cuestión surgida durante la
ejecución del acto respectivo(22).
b) Desde el punto de vista temporal es requisito de las resoluciones
judiciales su pronunciamiento en día hábil y dentro de plazos que se
computan a partir del cumplimiento de determinados actos procesales. Al
respecto las leyes vigentes en nuestro país instituyen plazos de distinta
duración atendiendo al tipo de resolución de que se trate, y prevén las
consecuencias jurídicas imputables al incumplimiento de tales plazos.
Por lo que concierne al primero de los mencionados aspectos, el Código
Procesal Civil y Comercial de la Nación prescribe que las providencias
simples deben dictarse dentro de los tres días de presentadas las
peticiones por las partes o del vencimiento del plazo conforme a lo
prescripto en el art. 36, inc. 1º, e inmediatamente cuando corresponde
dictarlas en audiencias o revisten carácter urgente; y las
sentencias interlocutorias, salvo disposición en contrario, dentro de los
diez o quince días de quedar el expediente a despacho, según se trate de
juez unipersonal o de tribunal colegiado (art. 34, inc. 3º, ap. b). Cuadra sin
embargo destacar, como se hizo supra, nro. 183, que no existiendo en el
Código Procesal Civil y Comercial de la Nación plazos distintos a los
mencionados para dictar ese último tipo de resoluciones, es menester
atenerse a los que pueden establecer otros ordenamientos legales(23).
El CPCCN, en cambio, ha omitido prever los efectos atribuibles a
la inobservancia de los plazos precedentemente mencionados, pues la
sanción de multa y eventual remisión de la causa a otro órgano judicial
sólo comprende el caso de sentencias definitivas (art. 167(24)). Ello, sin

11 
 
perjuicio de la responsabilidad disciplinaria de que pueden ser pasibles los
jueces morosos en el dictado de resoluciones ordenatorias (supra, nro.
183).
Algunos Códigos provinciales cubren ese aspecto con relación a todo
tipo de resoluciones judiciales. El art. 91 del Código de la provincia de
Mendoza, por ejemplo, disponía(25)que en el caso de no dictarse las
resoluciones en el doble de los plazos correspondientes, y salvo el caso
de fuerza mayor, las partes y los representantes del ministerio público
deben denunciar el atraso por escrito en el expediente y dejarse
constancia de la omisión en la foja de servicios del funcionario o
magistrado responsable. Si se trata de auto o de sentencia(26), el juez
pierde automáticamente su competencia en el proceso, debiendo el
secretario, bajo pena de remoción, pasarlo de inmediato al tribunal
subrogante. Éste debe comunicar el hecho al tribunal que ejerce la
superintendencia y pronunciar la resolución en el plazo que corresponda,
a contar desde la ejecutoria del respectivo llamamiento de autos. El juez
omiso es pasible de una multa no inferior a cinco pesos, ni superior a
cincuenta, y tres pérdidas de competencia dentro del año calendario por
atraso en las resoluciones pueden ser causales de remoción.
Varios Códigos vigentes en el país resuelven el problema de la
morosidad, como lo hacía el CPCCN en su versión originaria, con la
pérdida de jurisdicción y correlativa nulidad del pronunciamiento
emitido extemporáneamente(27); otros mediante la institución del
denominado "recurso de queja por retardo o denegación de justicia" (v.gr.,
Jujuy y Tucumán). Algunos combinan dicho remedio, frente a la
desobediencia de la orden impartida por el órgano judicial superior, con la
pérdida de jurisdicción (v.gr., Entre Ríos y Chaco) (infra, nro. 709), y el
Código de Córdoba autoriza a recusar con causa al juez o vocal de un
tribunal colegiado que no dicte sentencia o auto que resuelva pretensiones
controvertidas dentro de los plazos legales, aunque prevé la posibilidad de
que éstos se prorroguen ordinaria o extraordinariamente hasta el límite de
un año (arts. 122 a 124).
c) En lo que respecta a la forma, todas las resoluciones judiciales
(definitivas u ordenatorias) se hallan sujetas a los siguientes requisitos:
1º) Su redacción por escrito (arts. 160, 161 y 163, CPCCN) incluso en
el supuesto de que se adopten en el curso de una audiencia(28)y, como
todos los actos procesales, en idioma nacional (art. 115, CPCCN). El art.
44, RJN, dispone, asimismo, que no deben contener citas ni fojas en
blanco.
2º) La indicación de la fecha y del lugar en que se dictan (arts. 160, 161
y 163, inc. 1º, CPCCN)(29).
3º) La firma del juez, cuando se trata de resoluciones dictadas por
órganos unipersonales, o de los miembros del órgano colegiado o de su
presidente según se trate, respectivamente, de sentencias (definitivas
12 
 
o interlocutorias) o de providencias simples (arts. 160, 161, 163, 164, 272
y 273, CPCCN)(30).
Es innecesario, por otra parte, que la firma del titular o titulares del
órgano judicial sea autorizada por el secretario. La exigencia, establecida
por algunos Códigos antiguos(31), ha sido eliminada por la legislación
vigente en nuestro país.
Importa destacar, asimismo, que la mayor parte de los Códigos
Procesales argentinos autoriza a los secretarios para dictar con su sola
firma determinada clase de providencias simples (v.gr., las que disponen
agregar partidas, exhortos, pericias, inventarios, tasaciones, división o
partición de herencia, rendición de cuentas y, en general, documentos y
actuaciones similares; remitir la causa a los ministerios públicos,
representantes del Fisco y demás funcionarios que intervienen como
parte; devolver escritos presentados sin copia y dar vista de liquidaciones).
En su actual versión, el art. 38, inc. 3º a 5º, CPCCN, adhiere en cambio a
un criterio amplio en cuanto faculta a los secretarios para conferir vistas y
traslados, firmar las providencias de mero trámite y devolver los escritos
presentados fuera de plazo(32). En ambos sistemas —cuyo fundamento
estriba en la conveniencia práctica de descongestionar la tarea de los
jueces de un ámbito que no implica, en rigor, el ejercicio de facultades
jurisdiccionales— se acuerda sin embargo a las partes la facultad de
solicitar al juez o tribunal que deje sin efecto lo dispuesto por el
secretario, instituyendo de tal manera una especie de recurso de
reposición(33)ante quien inviste la plenitud de las potestades de dirección
procesal en el plano decisorio.
Sin perjuicio de los recaudos genéricos precedentemente analizados, la
ley se refiere en particular a los requisitos que deben reunir los distintos
tipos de resoluciones judiciales.
Dentro de las ordenatorias, y reservando para su momento el análisis
de los requisitos de las sentencias definitivas, el art. 160, CPCCN, dispone
que las providencias simples "no requieren otras formalidades que
su expresión por escrito, indicación de fecha y lugar, y la firma del juez o
presidente del tribunal"(34).
En cuanto a las sentencias interlocutorias, éstas deben contener, aparte
de los requisitos instituidos con respecto a las providencias simples, los
fundamentos (art. 161, inc. 1º, CPCCN(35)), es decir, la invocación de las
normas o los principios jurídicos que, a criterio del órgano judicial, son
aplicables a la controversia incidental que deciden(36). Es en
cambio innecesario que este tipo de resoluciones se halle precedido de los
denominados "resultandos", o sea, de la relación de las cuestiones
planteadas por las partes y sometidas a pronunciamiento(37).
Corresponde destacar, asimismo, que las providencias simples
requieren fundamentación cuando ocasionan gravamen irreparable (v.gr.,

13 
 
denegación de un recurso o de un medio de prueba; aplicación de una
sanción)(38).
En lo que atañe, finalmente, a las sentencias dictadas con motivo de un
desistimiento del derecho, de una transacción o de una conciliación, deben
dictarse en la forma prevista para las providencias simples o para las
sentencias interlocutorias según que, respectivamente, homologuen o no
tales actos procesales (art. 162, CPCCN).

596. Efectos
a) A diferencia de lo que ocurre con las sentencias definitivas, que, en
principio, adquieren eficacia de cosa juzgada en sentido material y, por
consiguiente, configuran una nueva fuente reguladora de la relación
sustancial controvertida en el proceso, cuyo ámbito trascienden, las
resoluciones ordenatorias sólo se hallan dotadas de eficacia preclusiva, es
decir que su pronunciamiento y subsiguiente firmeza impiden el ulterior
replanteo de las cuestiones ya decididas dentro del proceso en el que
fueron dictadas pero no proyectan sus efectos fuera de éste.
b) La posibilidad de que los órganos judiciales modifiquen de oficio el
contenido de resoluciones ordenatorias ya dictadas será objeto de
consideración al estudiar los recursos.

CAPÍTULO XLIV - RECURSOS

SUMARIO: I. NOCIONES GENERALES: 597.


Concepto.— 598. Caracteres.— 599.
Fundamento.— 600. Clasificación.— 601.
Naturaleza de la resolución sujeta a
recurso. II. REQUISITOS DE LOS RECURSOS: 602.
Admisibilidad y fundabilidad de los recursos.—
603. Requisitos subjetivos.— 604. Requisitos
objetivos.— 605. Requisitos de lugar, tiempo y
forma.

14 
 
I. NOCIONES GENERALES(1)

597. Concepto
a) Cualquier resolución judicial, sea definitiva u ordenatoria, debe
configurar la culminación objetivamente justa del conflicto suscitado entre
las partes, de la petición extracontenciosa que determinó la iniciación del
proceso o de las diversas situaciones que el desarrollo de éste promueve.
Pero como, en razón de la falibilidad del juicio humano, no cabe descartar
la posibilidad de que la actividad decisoria de los órganos judiciales incurra
en desviaciones emergentes de una errónea valoración de los hechos o
de las normas jurídicas aplicables al caso de que se trate, o de
la inobservancia de los requisitos procesales exigibles a la respectiva
resolución, los ordenamientos legales, en mayor o menor medida,
acuerdan a la parte, o excepcionalmente al tercero que se considere
perjudicado por una resolución judicial, la facultad de provocar un
nuevo examen de la cuestión que fue objeto de aquélla, a fin de lograr que
se la modifique o que se la sustituya por otra que satisfaga su interés.
Según que la referida facultad se ejercite contra una resolución en virtud
de los vicios o errores que en sí misma contiene, o a raíz de la actividad
procesal defectuosa que la ha precedido, en nuestro derecho cabe hablar,
respectivamente, aunque con las excepciones que se mencionarán
oportunamente, de recurso o de incidente de nulidad, los cuales
configuran, dentro de la categoría de los actos de ordenación procesal, las
especies más relevantes comprendidas dentro de los denominados actos
de impugnación (supra, nro. 414).
b) Sobre la base de su regulación por los ordenamientos vigentes en
nuestro país, y al margen de ciertas imperfecciones terminológicas que se
puntualizarán en su momento, cabe definir a los recursos como aquellos
actos procesales en cuya virtud quien se considera agraviado por una
resolución judicial pide, en el mismo proceso y dentro de determinados
plazos computados desde la notificación de aquélla, que un órgano
superior en grado al que la dictó o, en su caso este mismo, la reforme,
modifique, amplíe o anule.
De la definición transcripta se sigue, por un lado, que resulta indiferente
al concepto genérico de recurso el tipo o la entidad del error que mediante
él se persigue enmendar (que puede comprender desde una simple

15 
 
omisión o ambigüedad en el pronunciamiento hasta el más grave equívoco
en la conceptuación fáctica o jurídica de un caso) y, por otro lado, que
tampoco asume relevancia, para perfilar ese concepto, la jerarquía por
razón de grado que reviste el órgano judicial que dictó la resolución
impugnada.
La legislación y la doctrina extranjeras, en cambio, suelen utilizar
designaciones que difieren sobre la base de las circunstancias
precedentemente señaladas. El Código Procesal italiano, v.gr., se refiere,
en general, a las "impugnaciones", reservando el vocablo recurso para
caracterizar exclusivamente al de casación (art. 323), y algún autor, al
clasificar los procedimientos de impugnación, habla de "reparación" o de
"nuevo examen" según que, respectivamente, la renovación del
procedimiento se lleve a cabo para remediar una anomalía que lo ha
viciado o independientemente de ella(2).
En la legislación procesal alemana el concepto de recurso se
circunscribe a aquellos casos en los cuales se persigue someter una
resolución judicial a un nuevo examen por parte de un órgano judicial
jerárquicamente superior al que la dictó, denominándose "remedios" —
entre otras— a las impugnaciones encaminadas a obtener que el propio
órgano decisor modifique o enmiende la resolución impugnada(3).
Tales disposiciones no se adecuan a los ordenamientos procesales
argentinos, a los cuales es aplicable, en materia de recursos en sentido
estricto, el concepto genérico más arriba enunciado, el que, como se ha
visto, no hace mérito de la clase de error o vicio que se trata de corregir ni
de la jerarquía del órgano competente para conocer la impugnación.
Cabe compartir por ello la tesis de Podetti en el sentido de que los
recursos constituyen una especie del género jurídico más amplio de los
"remedios" que las leyes prevén para complementar, rescindir, anular o
modificar actos jurídicos(4). En ese orden de ideas existen remedios
procesales que no revisten el carácter de recursos, como, v.gr., la
denominada "acción de nulidad" que la ley concede contra los laudos de
los amigables componedores, el proceso de conocimiento subsiguiente al
de ejecución, el denominado "recurso de revisión"; etc.

598. Caracteres
En la legislación procesal argentina constituyen caracteres
fundamentales de todo recurso los siguientes:
1º) Suponen el pronunciamiento de una resolución judicial(5); de allí que
no configure un recurso en sentido estricto el denominado "recurso por

16 
 
denegación o retardo de justicia" que reglamentan algunos Códigos
provinciales, ya que la finalidad de este remedio no consiste en impugnar
una resolución sino en provocar su dictado.
2º) Requieren una declaración expresa de voluntad, por parte
del interesado, exteriorizada a través del acto de interposición. Por ello
tampoco es recurso la elevación en consulta al órgano judicial superior en
grado que el art. 253 bis, CPCCN y algunos Códigos provinciales (v.gr.,
Jujuy: art. 426 in fine) exigen al órgano inferior en el caso de recaer
sentencia desfavorable a la capacidad del denunciado como insano y de
no ser aquélla apelada por ninguna de las partes.
Este punto se halla vinculado con el referente a la admisibilidad de la
renuncia a interponer recursos. La cuestión no ofrece dificultad alguna
frente al supuesto de que, dictada una resolución, la parte perjudicada por
ella se abstenga de deducir el recurso que corresponda durante el plazo
fijado por la ley, o bien, desista expresamente de la facultad de recurrir. Se
ha prestado en cambio a controversias el problema relativo a la posibilidad
de renunciar al ejercicio de dicha facultad por vía de un convenio celebrado
entre las partes con anterioridad al pronunciamiento de la resolución. La
jurisprudencia y la mayor parte de la doctrina nacional han abordado el
problema con exclusiva referencia al recurso de apelación,
pronunciándose en favor de la admisibilidad de la renuncia anticipada.
Sustancialmente tal criterio se ha fundado tanto en las prescripciones
contenidas en los arts. 872 y 1881, inc. 3º, derogado CCiv., cuanto en la
consideración de que la doble instancia no configura requisito de la
garantía constitucional, de la defensa en juicio(6). Podetti, en cambio,
enfocando la cuestión desde un punto de vista general, sostiene que
siendo los recursos "de orden público porque se vinculan con la
organización judicial y su reglamentación depende de fines que atañen
al interés colectivo", permitir la renuncia anticipada de aquéllos implicaría
tanto como "autorizar la regulación convencional del procedimiento"(7).
En trance de tomar partido sobre el tema corresponde ante todo
considerar admisible la renuncia anticipada a la facultad de interponer el
recurso de apelación, siempre que aquélla afecte a ambas partes, porque
si una de ellas conservara la respectiva facultad resultaría quebrantado el
principio de igualdad(8). Cuadra compartir, por lo tanto, en este aspecto, el
criterio de la jurisprudencia y la doctrina dominantes, porque, por un lado,
la prohibición del denominado "proceso convencional" no excluye la
admisibilidad de pactos destinados a regular aspectos particulares del
proceso —como el caso de la interposición del recurso de apelación— y,
por otro lado, el reexamen de las cuestiones resueltas en primera instancia
depende de un criterio de política procesal que no se vincula con razones
de orden público ni es exigido por el art. 18, CN, en tanto asegura
la inviolabilidad de la defensa en juicio de la persona y de los derechos.
La conclusión precedente, sin embargo, debe considerarse
circunscripta al caso de que el recurso de apelación se dirija a cuestionar
17 
 
la justicia o el acierto de las resoluciones dictadas en primera instancia. Si,
por el contrario, la apelación involucra agravios relativos a la nulidad de la
resolución o se trata del recurso de nulidad que algunos Códigos autorizan
a interponer autónomamente, la renuncia convencional carece de validez.
Ello es así por cuanto la existencia de un vicio configurativo de nulidad
procesal implica necesariamente una violación de la garantía
constitucional de la defensa en juicio (supra, nro. 424) y excluye, al menos
presuntivamente, la posibilidad de que la resolución irregular sea justa, de
modo que la renuncia convencional referida al tipo de impugnaciones de
que se trata equivaldría a consentir, anticipadamente, la eventualidad de
una resolución viciada de injusticia y, por lo tanto, un resultado
absolutamente reñido con el que cabe legítimamente aguardar de toda
resolución judicial. Corrobora esta conclusión el art. 760, CPCCN(9), norma
que, con referencia al juicio arbitral, dispone que la renuncia de los
recursos no obsta a la admisibilidad del de aclaratoria y de nulidad fundado
en falta esencial del procedimiento, en haber fallado los árbitros fuera del
plazo o sobre puntos no comprometidos, ya que si tal restricción a la
renunciabilidad es aplicable a un proceso convencional, lo es con mayor
razón, en lo pertinente, a los procesos legalmente reglados, como los
judiciales.
La misma conclusión debe considerarse aplicable a los restantes
recursos. Su renuncia anticipada es por lo tanto válida, siempre que no se
trate de un remedio destinado a salvaguardar la garantía de la defensa en
juicio.
3º) Sean ordinarios o extraordinarios, los recursos no son admisibles
cuando la resolución impugnada ha alcanzado autoridad de cosa juzgada
(en sentido material o meramente formal) o se halla preclusa. Por lo tanto,
no encuadra en el ámbito de los recursos propiamente dichos el que
diversos Códigos provinciales reglamentan bajo el rótulo de "recurso de
revisión", pues cuando se lo funda en determinadas causales que
serán examinadas oportunamente (infra, nro. 714), puede interponerse
respecto de sentencias pasadas en autoridad de cosa juzgada en sentido
material.
Asimismo, otro remedio procesal, a cuya viabilidad no obsta el efecto
de cosa juzgada en sentido formal producido por la sentencia, es el
proceso de conocimiento posterior al ejecutivo.

599. Fundamento
a) El interrogante relativo a la justificación de los recursos en el
ordenamiento jurídico involucra un problema de política procesal que debe
18 
 
resolverse mediante la prudente conciliación entre dos aspiraciones
dotadas de alta significación social: una consiste en lograr, por razones de
seguridad jurídica, la más rápida conclusión de los procesos; la otra reside
en asegurar que las resoluciones judiciales, y en particular la sentencia
definitiva, guarden la mayor adecuación posible a las exigencias de la
justicia.
Desde que las decisiones judiciales, como productos que son de
la inteligencia y del conocimiento humanos, no pueden presumirse, sin
más, exentas de errores o de deficiencias, el legislador debe buscar un
punto de equilibrio en virtud del cual abra la posibilidad de que tales
irregularidades encuentren remedio a través de la concesión de recursos,
pero reglamentándolos en forma tal que no conspiren contra una
razonable celeridad del proceso(10).
El fundamento de los recursos reside, por lo tanto, en la conveniencia
de satisfacer el anhelo dirigido a la obtención de resoluciones judiciales
que se conformen a la justicia en la máxima medida posible, aunque
corresponde tener presente que ese ideal de perfección jurídica pierde
sentido, para conducir a un mero ritualismo, frente a una irrazonable
acumulación de instancias e impugnaciones.
b) La legislación procesal argentina se viene orientando, en los últimos
años, hacia una reglamentación de los recursos que consulta
las exigencias del principio de celeridad. Esta tendencia se
ha exteriorizado, por una parte, en aquellos ordenamientos
que instituyendo la oralidad para la sustanciación de todos o de algunos
procesos sólo admiten recursos extraordinarios respecto de las sentencias
pronunciadas por los tribunales colegiados de instancia única y, por otra
parte, en los Códigos que aún rigiéndose por el principio de la
doble instancia atenúan sensiblemente sus desventajas, particularmente a
través del régimen de las apelaciones diferidas y de la limitación de
recursos admisibles en ciertos tipos de procesos (v.gr., sumario y
sumarísimo).

600. Clasificación
a) Las múltiples contingencias que rodean a los recursos durante el
lapso que media entre su interposición y su resolución definitiva permiten
clasificarlos desde diversos puntos de vista. Sin perjuicio de hacer luego
referencia a algunos de los criterios que al respecto se utilizan, cabe
entender que en la legislación procesal argentina la clasificación básica de
los recursos gira en torno a su carácter ordinario o extraordinario.

19 
 
Son ordinarios aquellos recursos que la ley prevé con el objeto de
reparar, genéricamente, la extensa gama de defectos que pueden exhibir
las resoluciones judiciales y que, fundamentalmente, consisten en errores
de juzgamiento derivados de una desacertada aplicación de la ley o de la
valoración de la prueba (errores in iudicando), o en vicios generados a
causa de la inobservancia de los requisitos procesales que condicionan la
validez de la correspondiente resolución o concernientes a la irregularidad
del procedimiento que precedió a su dictado (errores in procedendo).
Correlativamente, la medida del conocimiento acordado al órgano
competente para resolver este tipo de recursos coincide con la que
corresponde al órgano que dictó la resolución impugnada. Asimismo,
como se verá oportunamente, durante el curso del procedimiento aplicable
a algunos recursos ordinarios cabe la posibilidad excepcional de realizar
actos probatorios.
Revisten el carácter de recursos ordinarios, en la legislación argentina,
los de aclaratoria, reposición, apelación, nulidad (con respecto a aquellos
ordenamientos que lo regulan autónomamente) y queja por denegatoria
del de apelación.
Algunos autores(11)incluyen entre los recursos ordinarios al denominado
recurso de queja por denegación o retardo de justicia; pero, según se ha
visto, éste no configura un recurso en sentido estricto.
Son recursos extraordinarios aquellos cuya admisibilidad se halla
supeditada a la concurrencia de motivos o causales específicamente
establecidas por la ley y en los cuales, consecuentemente, las facultades
del órgano competente para resolverlos están limitadas al conocimiento de
determinados aspectos de la resolución impugnada. Asimismo, el
procedimiento de esta clase de recursos descarta toda posibilidad de
realizar actos de prueba.
En la legislación procesal argentina son recursos extraordinarios, en el
orden nacional, el federal previsto por el art. 14, ley 48, y el
de inaplicabilidad de la ley que reglamentan los arts. 288 a 303, CPCCN,
y, en el orden provincial, los de inconstitucionalidad y casación (este último
en sus dos aspectos referidos a los errores de juicio y a los defectos
procesales). Pese a la heterogénea nomenclatura que utilizan los
ordenamientos procesales vigentes en las provincias para designar a los
recursos extraordinarios, la mayor parte de las causales comprendidas en
ellos encuadra, como se verá oportunamente, en el ámbito de los recursos
de inconstitucionalidad y de casación. No es en cambio
recurso extraordinario, ni siquiera un recurso, al menos en lo que atañe a
sus causales típicas, el que algunos de esos ordenamientos denominan
de "revisión".
b) Entre los restantes criterios clasificatorios importa mencionar los que
atienden al tipo de órgano competente para resolver el recurso y al
contenido de la resolución que en él debe recaer.

20 
 
Desde el primer punto de vista, y sobre la base de que el órgano que
dictó la resolución impugnada aparezca confundido o diferenciado con
aquel a quien incumbe decidir el recurso, cabe respectivamente hablar de
recursos de instancia única y plural. A la primera categoría pertenecen los
recursos de aclaratoria y reposición, los cuales, por su propia naturaleza,
deben interponerse y fundarse en un acto único. En la segunda categoría
se hallan incluidos todos los restantes recursos, tanto ordinarios
como extraordinarios, a los cuales caracteriza el hecho de que
se interponen ante el órgano que dictó la resolución impugnada y se
fundan ante aquel que ha de conocer de la impugnación. Esta regla
reconoce, sin embargo, algunas excepciones: entre los recursos
ordinarios, v.gr., el de apelación contra la resolución regulatoria de
honorarios puede fundamentarse en el acto de interposición (v.gr., art.
244, párr. 2º, CPCCN), y entre los extraordinarios cabe recordar que
algunos Códigos provinciales imponen al interesado la carga
de interponerlos y fundarlos directamente ante el tribunal que ha de
pronunciarse sobre ellos.
Interesa asimismo recordar que de acuerdo con el régimen establecido
por el CPCCN y ordenamientos a él adaptados, si bien cuando la
apelación procede en relación se interpone y funda en actos distintos,
ambos se realizan ante el juez de primera instancia.
Desde el punto de vista del contenido de la resolución con que culmina
el procedimiento de los recursos, éstos pueden ser positivos o negativos
según que, respectivamente, aquélla reforme, modifique o amplíe la
resolución impugnada (iudicium rescissorium), o bien, se limite a anularla
o a dejarla sin efecto (iudicium rescindens) y a disponer el envío del
proceso al órgano inferior o a otro de la misma jerarquía para que dicte
una nueva sentencia sobre el fondo del asunto o, en su caso, para que
sustancie nuevamente el procedimiento a partir del acto
declarado ineficaz.
Entre los ordinarios, son recursos positivos los de aclaratoria,
reposición, apelación y nulidad, aunque los Códigos que prevén este
último para enmendar vicios ocurridos en el curso del procedimiento le
asignan, en ese aspecto, carácter negativo. Entre los
recursos extraordinarios son positivos los de inconstitucionalidad y
casación por errores de juicio, y negativos el de inaplicabilidad de la ley
reglamentado por el CPCCN, el federal del art. 14, ley 48, y el de casación
por defectos procesales, aunque estos dos últimos, como se verá en su
momento, son positivos en algunos casos.

21 
 
601. Naturaleza de la resolución sujeta a recurso
a) Ha dado motivo a una antigua preocupación doctrinaria el problema
consistente en esclarecer la naturaleza que reviste la sentencia ya
recurrida o que, no habiéndolo sido, se encuentra, sin embargo, expuesta
a ser impugnada en razón de hallarse pendiente el plazo que la ley
concede para interponer el recurso correspondiente(12). Aunque la cuestión
ha sido generalmente analizada con relación a la sentencia definitiva, se
la puede extender, como se verá, a las restantes resoluciones judiciales.
Una corriente doctrinaria sostiene que la sentencia pendiente de
recurso configura un acto sujeto a condición, aunque dentro de
aquélla existen discrepancias referentes al tipo de condición de que se
trata. Algunos autores consideran que es una condición suspensiva, pues
los efectos de la sentencia se hallan supeditados a la existencia de un
hecho futuro o incierto, como el consistente en la falta de impugnación(13).
Otros, en cambio, prefieren hablar de condición resolutoria, porque
entienden que la sentencia nace dotada de presunción de legalidad y de
plena eficacia, si bien condicionada al evento de su reforma o anulación(14).
Sin perjuicio de lo que más adelante se dirá, ambas tesis son objetables:
la primera porque no alcanza a explicar los casos excepcionales en que el
recurso es concedido en efecto devolutivo, y la segunda por cuanto
desconoce la regla general de la inejecutabilidad de las sentencias sujetas
a recurso.
Chiovenda, por su parte, tras distinguir la sentencia como "declaración
del derecho y como declaración con predominante función ejecutiva",
observa que la sentencia sujeta a recurso no existe desde el primero de
los mencionados puntos de vista, siendo más bien un "elemento" que con
el concurso de otro (el término) llega a ser la "declaración del derecho" que
la ley exige. Aquella sentencia es, pues, simplemente una mera situación
jurídica, no obstando a ello el otorgamiento de la acción ejecutiva
provisional, ya que ésta no es consecuencia de la autoridad de que todavía
carece la sentencia, como acto de declaración de derecho, sino un tipo
especial de acción, con condiciones propias(15).
La tesis chiovendiana se presta a diversos reparos. En primer lugar, la
circunstancia de que la sentencia sujeta a recurso sea susceptible de
modificarse no afecta su carácter de verdadera sentencia, dotada, como
tal, de los atributos de obligatoriedad e imperatividad. Aquella
contingencia —como dice Lascano— no impide que sea "una
manifestación de la voluntad del estado emitida en función de
soberanía"(16). En otras palabras, la eventual modificabilidad de una
sentencia constituye un factor jurídicamente relevante desde el punto de
vista de la imposibilidad de que adquiera, por su mero
pronunciamiento, autoridad de cosa juzgada en sentido sustancial, pero es
irrelevante para desconocer su carácter de sentencia y negarle otro tipo
de efectos(17), tales como la prohibición, para el órgano que la dictó, de

22 
 
sustituirla o modificarla, la disposición de medidas cautelares a favor del
vencedor y la posibilidad de su inmediata ejecución cuando el recurso se
concede en el denominado efecto devolutivo. Por lo demás, como observa
Rocco, si la sentencia no estuviese dotada desde su nacimiento de
una autoridad propia, "resultaría incomprensible que este acto pueda
llegar a ser formal y sustancialmente una sentencia con sólo agregarle un
simple hecho negativo (la no interposición de la apelación dentro del plazo
correspondiente)"(18).
La sentencia sujeta a recurso no puede, por lo tanto, caracterizarse
como una mera situación jurídica, ni como una manifestación de voluntad
que requiera el concurso de una voluntad confirmatoria(19)o que se
halle expuesta a desaparecer en la hipótesis de ser revocada(20). Se trata,
por el contrario, de un acto procesal completo, que si bien carece de
aptitud para adquirir eficacia de cosa juzgada en sentido material y
constituir la futura fuente reguladora de la relación o de la situación jurídica
debatida en el proceso produce, dentro de éste, efectos que le son propios
y no dependen del contenido de una sentencia ulterior, sea ésta
confirmatoria o revocatoria. De esto se sigue, asimismo, que tampoco
puede calificársela como un acto sujeto a condición (suspensiva o
resolutoria), pues careciendo la sentencia recaída con motivo del recurso
de efecto retroactivo con relación a la fecha de la sentencia impugnada,
no puede sostenerse que los derechos declarados por ésta nazcan o
se extingan de conformidad con la índole confirmatoria o revocatoria de la
primera. Lo que en realidad ocurre es que, se confirme o revoque la
sentencia recurrida, es la sentencia final (de segunda o ulterior instancia)
la única que reviste autoridad de cosa juzgada y cuyo pronunciamiento
hace perder virtualidad jurídica (nunca su existencia como acto procesal),
a los efectos que produjo la primera sentencia.
En síntesis, la sentencia sujeta a recurso configura un acto conclusivo
de una de las fases que integran el proceso, pero que agota su función
cuando es sustituido por la sentencia recaída en la etapa de
impugnación(21).
La misma conclusión es aplicable a las restantes resoluciones
judiciales: pendiente de recurso una sentencia interlocutoria o una
providencia simple no cabe desconocer el carácter de actos procesales
completos que revisten, aunque pronunciada la nueva resolución son sólo
los efectos de ésta los que asumen relevancia jurídica y producen la
preclusión de las cuestiones de que se trate. La única variante que
generalmente se presenta al respecto consiste en la mayor prolongación
de los efectos de ese tipo de resoluciones, impuesta por razones de
economía procesal(22).

23 
 
II. REQUISITOS DE LOS RECURSOS

602. Admisibilidad y fundabilidad de los recursos


a) Tal como ocurre, según se vio oportunamente, con la pretensión
procesal (supra, nro. 79), todo recurso se halla supeditado a dos tipos de
requisitos: de admisibilidad y de fundabilidad(23).
En ese orden de ideas un recurso es admisible cuando posibilita
el examen de los agravios invocados por el recurrente y, por lo tanto, la
emisión de un pronunciamiento acerca del fondo o mérito de las cuestiones
sometidas al conocimiento del órgano competente. Es, en cambio,
fundado, cuando en razón de su contenido sustancial resulta apropiado
para la obtención de una resolución que reforme, modifique, amplíe o
anule la resolución impugnada.
De las nociones precedentemente expuestas se deriva que el examen
de los requisitos de admisibilidad debe constituir una operación
necesariamente preliminar con respecto al examen de fundabilidad o
estimabilidad, y que un juicio negativo sobre la concurrencia de cualquiera
de los primeros descarta, sin más, la necesidad de un pronunciamiento
relativo al mérito del recurso(24).
b) Pese a la sustancial coincidencia que el concepto de admisibilidad
guarda con referencia a la pretensión y a los recursos, debe repararse en
la circunstancia de que mientras la ausencia de algunos requisitos de
admisibilidad correspondientes a la primera sólo puede declararse a
petición de la parte demandada, en materia de recursos el control referente
a la concurrencia de dichos requisitos incumbe a los órganos judiciales,
quienes en todo caso, y sin perjuicio de las observaciones que pueden
formular las partes, se hallan habilitados para declarar de oficio
la inadmisibilidad de la impugnación(25).
Por lo demás, así como no existe identidad, aunque sí algunas
coincidencias, entre los requisitos de admisibilidad de la pretensión y los
requisitos de admisibilidad de los recursos puede ocurrir que los primeros
se transformen, en el procedimiento de impugnación, en requisitos de
fundabilidad. Si, por ejemplo, la sentencia de primera instancia rechaza la
demanda por falta de legitimación en alguna de las partes, se interpone
contra aquélla un recurso de apelación y éste es declarado admisible, el
fallo de segunda instancia debe examinar la legitimación —que constituye
24 
 
un requisito de admisibilidad de la pretensión— como problema de
fundabilidad, pues representa el fondo de la cuestión sometida al
conocimiento del tribunal(26). Por lo tanto, en el caso de confirmar la
sentencia el tribunal deberá desestimar el recurso por infundado, pero no
rechazarlo por inadmisible.
c) En lo que concierne a la competencia para examinar la admisibilidad
y la fundabilidad de los recursos, corresponde distinguir según que deba
conocer éstos el propio órgano que dictó la resolución impugnada o un
órgano superior en grado. En el primer supuesto ambos exámenes se
concentran en una resolución única, como ocurre, v.gr., en los recursos de
aclaratoria y reposición. En el segundo caso la admisibilidad es objeto de
un doble examen, originariamente efectuado por el órgano que dictó la
resolución recurrida y posteriormente revisado por el órgano
superior, incumbiendo privativamente a este último el examen de
fundabilidad. Cuadra sin embargo señalar que, excepcionalmente, la ley
sustrae el juicio de admisibilidad de la competencia del órgano que
pronunció la resolución impugnada. Tal lo que ocurre con los
recursos extraordinarios que, de acuerdo con algunos Códigos
provinciales, deben interponerse directamente ante el tribunal superior
(v.gr., Mendoza: arts. 146 y 147), y con el recurso de inaplicabilidad de la
ley reglamentado por los arts. 288 y siguientes, CPCCN, acerca de cuya
admisibilidad juzga la sala que sigue en el orden del turno a aquella que
dictó la sentencia impugnada (art. 293, CPCCN), incumbiendo el juicio de
fundabilidad a la Cámara de Apelaciones reunida en pleno.

603. Requisitos subjetivos


Los requisitos subjetivos de los recursos deben analizarse, como se
hará a continuación, desde tres puntos de vista que se refieren a las
personas facultadas para interponerlos, a la situación en que aquéllas
deben encontrarse con respecto al contenido de la resolución impugnada
y al destinatario o destinatarios de la impugnación.
a) Como principio de carácter general, la facultad de interponer
recursos incumbe a quienes revisten la condición de partes o de
representantes (voluntarios o necesarios) de éstas. Resulta indiferente, al
respecto, el tipo de parte de que se trate, de acuerdo con la clasificación
enunciada supra, nro. 289. Pueden, en consecuencia, recurrir: 1º) todos y
cada uno de los integrantes de una parte múltiple, sin perjuicio de los
efectos que produce la interposición del recurso según se esté en
presencia de un litisconsorcio facultativo o necesario; 2º) las partes
accesorias, como el caso del tercero adhesivo simple (art. 90, inc.

25 
 
1º, CPCCN); 3º) las partes transitorias o incidentales (v.gr., los abogados
y los procuradores a raíz de resoluciones regulatorias de honorarios); 4º)
las partes en sentido restringido, calidad de la que participan, por ejemplo,
el actor y el demandado en los procesos de determinación de restricciones
a la capacidad de ejercicio (art. 633, CPCCN).
No ofrece dificultad alguna el caso del litisconsorte originario o del
tercero que habiendo sido debidamente citados para intervenir en el
proceso lo hacen recién para interponer algún recurso contra una
resolución que los agravia. El juez, en tal hipótesis, y siempre que
concurran los pertinentes requisitos de admisibilidad, debe conceder el
recurso o, en su caso, emitir también pronunciamiento sobre el mérito de
la impugnación (v.gr., aclaratoria o reposición).
Es, en cambio, distinto el supuesto del interviniente voluntario (simple o
litisconsorcial) que comparece con la misma finalidad precedentemente
mencionada. En razón de que aquél puede presentarse, cualquiera que
sea la etapa o la instancia en que el proceso se encuentre (art.
90, CPCCN), la interposición del recurso, aun cuando éste se dirija a
impugnar una sentencia definitiva de primera o ulterior instancia, configura
sin duda un acto de intervención provisto de aptitud para convertirlo en
parte(27). Tal conversión no es sin embargo automática, pues se halla
supeditada a la prueba que produzca el interviniente acerca de la
calidad invocada y a la resolución que debe dictarse en el supuesto de
mediar oposición de cualquiera de las partes originarias (art. 92, CPCCN).
Por lo tanto, simultáneamente con la interposición del recurso
el interviniente voluntario tiene la carga de acreditar su interés o
legitimación y el juez, el deber de conferir traslado a las partes, de modo
que no cabe pronunciamiento acerca del recurso hasta tanto no venza el
plazo del traslado o, en su caso, exista decisión favorable a la
admisibilidad de la intervención.
Algunos autores consideran exigible que concurra, con respecto al
recurrente, el requisito de la legitimación(28). Sin embargo, pudiendo ésta
hallarse cuestionada durante todo el curso del proceso para ser resuelta
en oportunidad de la sentencia final, la mencionada exigencia conduciría
a la conclusión de que la parte a quien se niega la titularidad de la relación
jurídica sustancial carecería de la facultad de interponer recursos, incluso
respecto de la sentencia que declara la falta de legitimación(29). Debe
entenderse, por lo tanto, que la facultad de recurrir sólo se halla supeditada
a la condición de parte que debe revestir quien la ejerce.
En lo que concierne a los terceros cuya situación no encuadra en
ninguna de las modalidades de la intervención (voluntaria o coactiva)
previstas por la ley, pero que sufren no obstante un perjuicio a raíz de
alguna resolución judicial, su facultad de recurrir debe
considerarse excepcional. En principio, y sin perjuicio de las aclaraciones
que se formularán en cada caso, es menester atenerse al tipo de recurso

26 
 
de que se trate y a la imposibilidad de subsanar el agravio mediante la
utilización de otros remedios procesales.
En los procesos voluntarios la facultad de recurrir pertenece a
quienes intervienen en ellos como peticionarios (o a sus representantes
voluntarios o necesarios); de allí que, en lo sucesivo, cada vez que se
aluda a las partes como sujetos de aquella facultad, la expresión debe
considerarse extensiva a los peticionarios.
Por último, se hallan facultados para interponer recursos los
funcionarios del ministerio público, sea que actúen como representantes
legales de determinadas personas (incapaces, ausentes, Estado) o como
defensores del interés social.
b) Como acto procesal de parte, constituye requisito subjetivo de
admisibilidad de todo recurso el interés de quien lo interpone (supra, nro.
413). El interés se halla determinado por el perjuicio o gravamen que la
resolución ocasiona al recurrente y consiste, en términos generales, en la
disconformidad entre lo peticionado y lo decidido.
c) El órgano u órganos judiciales destinatarios del recurso deben tener
competencia para emitir un pronunciamiento sobre la impugnación, sea
limitado al juicio de admisibilidad o comprendiendo conjuntamente dicho
juicio y el de fundabilidad.

604. Requisitos objetivos


a) Desde el punto de vista de su objeto —que se halla en todo caso
configurado por una resolución judicial— los recursos, como todos los
actos procesales, deben ser idóneos y jurídicamente posibles (supra, nro.
413).
b) Un recurso es idóneo cuando resulta adecuado, de acuerdo con las
pertinentes normas legales, al tipo de resolución que mediante él se
impugna(30). Carecería de este requisito, por ejemplo, el recurso de
reposición interpuesto contra una sentencia definitiva o interlocutoria.
c) Es jurídicamente posible el recurso que se interpone contra una
resolución legalmente impugnable a través de esa vía procesal. No
reuniría el requisito analizado, v.gr., un recurso de apelación deducido
contra la resolución que admite un hecho nuevo (v.gr., art. 366, CPCCN),
o declara la improcedencia de la caducidad de la instancia (v.gr., art.
317, CPCCN), o contra una sentencia inapelable por razón del monto
discutido en el proceso. Tampoco sería jurídicamente posible el
recurso interpuesto contra un acto procesal a cuyo respecto la ley instituye

27 
 
otro medio de impugnación, como puede ser, por ejemplo, el incidente de
nulidad.
En oportunidad de estudiar en particular cada uno de los recursos
previstos por nuestra legislación procesal, se analizarán, bajo el epígrafe
de "resoluciones recurribles", los dos aspectos objetivos precedentemente
mencionados.

605. Requisitos de lugar, tiempo y forma


a) El lugar de interposición de los recursos coincide, como principio
general, con la sede del órgano que dictó la resolución impugnada.
Hacen excepción a esta regla ciertos recursos extraordinarios previstos
por algunos Códigos provinciales, los que deben ser
directamente interpuestos ante el tribunal que ha de conocer de ellos. En
cambio, con excepción de los recursos de instancia única (aclaratoria,
reposición) y, de acuerdo con algunos ordenamientos, del recurso de
apelación concedido en relación, los recursos deben fundarse ante el
órgano superior en grado a aquel que dictó la resolución.
b) Por tiempo de los recursos deben entenderse los plazos que las leyes
procesales establecen para su interposición y fundamentación. En la
legislación procesal argentina los plazos de interposición son,
sin excepciones, perentorios e individuales, aunque algunos Códigos les
asignan carácter común en los casos de litisconsorcio (v.gr., Mendoza: art.
133-II). Existen en cambio diversas variantes en lo que atañe a los plazos
de fundamentación, ya que algunos Códigos provinciales les acuerdan
carácter improrrogable, otros los declaran comunes con relación a cierto
tipo de recursos y otros instituyen esta última categoría de plazos para el
mejoramiento de los fundamentos de algunos recursos extraordinarios.
c) La forma de los recursos puede enfocarse desde múltiples puntos de
vista que serán puestos de manifiesto en oportunidad de abordar el estudio
de cada uno de ellos en particular. Atendiendo al lenguaje que
corresponde utilizar en su interposición, algunos recursos ordinarios
pueden serlo oralmente, como ocurre con el de apelación y con el de
reposición interpuesto (y fundado) en el curso de una audiencia. Desde
otro ángulo, mientras algunos recursos deben interponerse y fundarse en
actos separados, otros (los de instancia única y, en general,
los extraordinarios) se interponen y fundamentan en un acto único.
Finalmente, la admisibilidad de ciertos recursos extraordinarios se halla
supeditada a la realización de un depósito en dinero cuya suerte depende
del resultado de la impugnación.

28 
 
CAPÍTULO XLV - RECURSOS ORDINARIOS

SUMARIO: I. RECURSO DE REPOSICIÓN: 606.


Concepto.— 607. Requisitos subjetivos.—
608. Resoluciones recurribles.— 609. Plazo
de interposición.— 610. Forma
de interposición.— 611. Procedimiento.— 612.
Efectos. II. RECURSO DE ACLARATORIA: 613.
Concepto.— 614. Naturaleza jurídica.— 615.
Requisitos subjetivos.— 616. Motivos de la
aclaratoria.— 617. Resoluciones susceptibles
de aclaratoria.— 618. Plazo y sustanciación.—
619. Forma.— 620. Efectos.

I. RECURSO DE REPOSICIÓN(1)

606. Concepto
a) El recurso de reposición o revocatoria constituye el remedio procesal
tendiente a obtener que, en la misma instancia donde una resolución fue
emitida se subsanen, por contrario imperio, los agravios que aquélla pudo
haber inferido.
En principio, la competencia para conocer el recurso analizado
corresponde al mismo órgano judicial que dictó la resolución impugnada.
A esa idea general responde el art. 238, CPCCN, y la mayoría de los
ordenamientos procesales argentinos cuando erigen en objetivo
fundamental del recurso el de que el juez o tribunal que haya dictado una
providencia simple la revoque o modifique "por contrario imperio", es decir,
en ejercicio de la misma potestad decisoria inherente a la función
jurisdiccional(2).

29 
 
b) La mayor parte de los Códigos vigentes en el país distingue a este
recurso con el nombre de "reposición". El de Santa Fe (art. 345), en
cambio, utiliza indistintamente las designaciones de "reposición" y
"revocatoria", en tanto que el de Jujuy (art. 217) emplea exclusivamente
esta última denominación.
Desde el punto de vista de la finalidad del recurso, ambos nombres
resultan apropiados. Si "reponer" implica colocar al proceso en el mismo
estado en que se hallaba con anterioridad al pronunciamiento de la
providencia impugnada(3), parece claro que si ésta se "revoca" o modifica,
se llega sustancialmente a ese mismo resultado.
Interesa agregar que el recurso de "reconsideración" que el art. 19, dec.-
ley 1285/1958,autoriza a interponer contra las sanciones disciplinarias
aplicadas por la Corte Suprema de Justicia, por las Cámaras Nacionales
de Apelaciones, etc., participa de la índole del recurso de reposición(4). Lo
mismo cabe decir —según se recordó supra, nro. 595— de la facultad
impugnatoria concedida a las partes a fin de obtener que el juez deje sin
efecto una providencia dictada por el secretario.
c) El recurso de reposición se halla instituido con miras a la enmienda
de los errores de que pueden adolecer las resoluciones que, dentro de la
categoría de las ordenatorias, son las que menor trascendencia revisten
durante el curso del proceso y para cuya reconsideración resulta excluida
la necesidad de un trámite complejo y la intervención de órganos judiciales
superiores en grado al que dictó la decisión impugnada(5); de allí que el
fundamento del remedio estriba, esencialmente, en la conveniencia de
evitar las demoras y los gastos que implica el trámite a desarrollar en
una instancia ulterior, y, por ende, en razones de economía procesal(6).

607. Requisitos subjetivos


a) Como regla general, sólo las partes se hallan habilitadas
para interponer el recurso de reposición(7). Excepcionalmente, sin
embargo, la facultad impugnatoria ha sido reconocida a terceros ajenos al
proceso(8).
b) Destinatario del recurso es, en principio, según se anticipó, el mismo
órgano judicial que dictó la resolución cuya revocatoria o modificación se
requiere, aunque con la variante de que si se trata de un órgano colegiado,
la competencia para resolver la impugnación incumbe no sólo al
magistrado que emitió la decisión, sino también a los restantes titulares del
órgano (v.gr., arts. 238 y 239, CPCCN).

30 
 
El principio enunciado, sin embargo, no debe entenderse en el sentido
de que se requiere identidad física entre el juez que pronunció la resolución
y aquel a quien corresponde resolver el recurso. Carece en efecto
de incidencia, en lo que atañe a la admisibilidad de la reposición, la
circunstancia de que durante el lapso que transcurre entre el dictado de la
providencia y la sustanciación y resolución de aquélla se opere un cambio
en la persona del juez, lo que puede ocurrir definitivamente en los casos,
v.gr., de destitución, renuncia, ascenso, muerte, o de prosperar una
recusación o excusación(9), o en forma transitoria en la hipótesis de
licencia(10). En todos esos supuestos corresponderá al juez reemplazante
la sustanciación y la decisión del recurso(11). La misma solución es
pertinente si durante el recordado lapso el expediente se acumula a otro,
o bien, cesa la competencia del juez originario a raíz del fuero de atracción.
Idénticas consideraciones caben —con mayor razón— en el supuesto
de que entre la emanación de la providencia por parte del presidente de
un órgano colegiado y la oportunidad de la resolución del recurso se
produzca un cambio en la composición del órgano.

608. Resoluciones recurribles


a) El recurso de reposición sólo es admisible contra las providencias
simples (art. 238, CPCCN)(12), es decir, contra las resoluciones que "sólo
tienden, sin sustanciación, al desarrollo del proceso u ordenan actos de
mera ejecución" (art. 160, CPCCN) (supra, nro. 594).
De ello se sigue que se encuentran excluidas del ámbito del recurso
analizado las sentencias interlocutorias, por cuanto su pronunciamiento se
halla necesariamente precedido de sustanciación (art. 161)(13), y, con
mayor razón, las sentencias definitivas, cualquiera que sea la instancia en
que se dicten(14).
Con anterioridad a la sanción de la ley 22.434 no existía uniformidad
doctrinaria ni jurisprudencial acerca de la admisibilidad del
recurso examinado cuando era deducido contra una resolución que
acordaba o denegaba una medida cautelar. Podetti se pronunció en
sentido negativo con fundamento en el raciocinio de que una resolución de
ese tipo "tiene el carácter de definitivo, decide un artículo o una instancia
previa, y otorgar en su contra este recurso no sirve más que para complicar
y dilatar un procedimiento que debe ser simple y expeditivo"(15). Esa tesis
fue asimismo recogida por diversos precedentes judiciales(16).
El recurso de reposición debía sin embargo considerarse admisible
respecto de las resoluciones de que se trata, por cuanto, por un lado, las

31 
 
medidas cautelares se decretan y cumplen sin audiencia de la otra parte,
es decir, sin sustanciación previa (art. 198, párr. 1º, CPCCN), y, por otro
lado, en virtud de depender exclusivamente de la parte interesada el
planteamiento de la reposición o de la apelación directa, las
complicaciones y las dilaciones a que aludía el autor nombrado —
de existir— obedecían en todo caso a la vigencia de un régimen legal
optativo. Tal solución coincide con la de Ibáñez Frocham(17)y con la de
alguna jurisprudencia(18).
La ley más arriba recordada vino a superar toda discusión acerca del
tema en cuanto incorporó, al art. 198, CPCCN, un párrafo conforme al cual
"la providencia que admitiere o denegare una medida cautelar será
recurrible por vía de reposición; también será admisible la apelación,
subsidiaria o directa".
Carece de relevancia, a los efectos de la admisibilidad del recurso de
reposición, el hecho de que la providencia impugnada cause o no
gravamen irreparable(19). Así lo dispone expresamente el art. 238,
CPCCN(20), en concordancia con preceptos contenidos en algunos
Códigos provinciales(21). La circunstancia apuntada constituye una de las
notas que diferencian al recurso de reposición con respecto al de
apelación, aunque cuadra señalar que la ausencia de gravamen
irreparable no excluye la necesidad de que el recurrente tenga un
efectivo interés en obtener la reconsideración de la providencia
impugnada.
b) El recurso que es materia de análisis procede en
cualquier instancia, incluso en las extraordinarias, siempre, desde luego,
que la índole de la resolución lo justifique. Por consiguiente, las
providencias simples dictadas por la Corte Suprema de Justicia de la
Nación, las Cámaras de Apelaciones o sus salas y los tribunales
superiores de las provincias, las cuales deben ser suscriptas por los
presidentes de esos tribunales, son susceptibles de reposición, aunque
ésta, según se señaló anteriormente, debe ser resuelta, sin recurso
alguno, por el órgano judicial respectivo.
Distinto es el caso de las sentencias interlocutorias dictadas en segunda
o ulterior instancia, las que no son susceptibles de revocación por contrario
imperio en virtud del carácter definitivo que revisten(22). La jurisprudencia,
sin embargo, ha atenuado la rigidez de ese principio y se ha pronunciado
por la admisibilidad de la reposición de ese tipo de resoluciones en el
supuesto de que ellas se hayan fundado en circunstancias erróneas,
porque lo contrario implicaría cercenar el derecho de defensa en juicio(23).
c) Interesa determinar, finalmente, si los órganos judiciales se hallan
habilitados para revocar, de oficio, sus propias resoluciones,
sustituyéndose de tal manera a la posible actividad impugnatoria de las
partes.

32 
 
La jurisprudencia se ha pronunciado reiteradamente en sentido
afirmativo cuando se trata de resoluciones aún no notificadas a las
partes(24), pues en tales casos no existe un acto procesal
efectivamente integrado ni plazo pendiente para impugnar o consentir la
decisión(25).
La misma potestad ha sido reconocida respecto de resoluciones ya
notificadas cuando median circunstancias excepcionales, como, v.gr., las
consistentes en haberse dictado aquéllas con visible error de hecho(26)o
con violación de formas que afecten el derecho de defensa (art. 172,
CPCCN), pero siempre que no haya mediado el consentimiento de las
partes(27).

609. Plazo de interposición


a) El recurso de reposición debe interponerse dentro de los tres días
siguientes al de la notificación de la resolución que mediante él se
impugna. Tal es la regla establecida por el art. 239, párr. 1º, CPCCN(28),
que concuerda en este aspecto con la mayoría de los Códigos
provinciales(29).
El cómputo del plazo, como se advierte, se halla sujeto a la regla general
contenida en el art. 156, párr. 2º, CPCCN (supra, nro. 420) y no corre en
la hipótesis de que, debiendo notificarse la resolución por ministerio de la
ley (art. 133, CPCCN), el expediente no se encontrare en secretaría y se
hiciera constar esa circunstancia en la forma prevista por la norma
citada(30).
b) Si la resolución se dicta en el curso de una audiencia, el recurso
debe interponerse verbalmente en el mismo acto (art. 239, CPCCN)(31).
Pero en el supuesto de que el afectado por la resolución no haya estado
presente en el acto rige a su respecto la regla mencionada en la letra
precedente(32).

610. Forma de interposición


a) En cuanto a su dimensión formal, el recurso analizado
debe interponerse, como regla general, mediante la utilización del lenguaje
escrito. Es el principio que consagra el art. 239, CPCCN(33), en

33 
 
concordancia con el criterio adoptado por la mayor parte de los Códigos
provinciales. Excepcionalmente, sin embargo, el recurso de reposición
debe interponerse verbalmente cuando se trata de resoluciones dictadas
en una audiencia (norma citada)(34), en cuya hipótesis corresponde
transcribir en el acta respectiva los términos de la impugnación.
b) Sobre el impugnante, por otra parte, pesa la carga de fundar el
recurso, es decir, la de expresar las razones por las cuales corresponde,
a su juicio, la revocatoria de la providencia. Así lo exigen el art.
239, CPCCN, y todos los Códigos provinciales(35), siendo obvia razón de
la aludida carga el hecho de que debiendo ser resuelto el recurso por el
mismo órgano que dictó la providencia cuestionada, éste no se hallaría en
condiciones de emitir pronunciamiento si no se le suministraran los
argumentos que sustentan la impugnación(36). Por lo demás, la omisión del
fundamento obstaría a la decisión de la cámara en el supuesto de que el
recurso de reposición hubiese sido interpuesto junto con el de
apelación(37).
c) "Si el recurso fuese manifiestamente inadmisible —prescribe el art.
239, párr. 2º, CPCCN—, el juez o el tribunal podrá rechazarlo sin ningún
otro trámite"(38). La repulsa liminar del recurso procede cuando no
concurren, en forma manifiesta, los requisitos establecidos en los arts. 238
y 239, es decir, si no se trata de una providencia simple,
se interpuso extemporáneamente o carece de todo fundamento.

611. Procedimiento
a) Si el recurso de reposición reúne los requisitos de admisibilidad
precedentemente analizados, corresponde que se lo resuelva, en
principio, mediante previa sustanciación. "El juez dictará resolución —
dispone el art. 240, párr. 1º, CPCCN—, previo traslado al solicitante de la
providencia recurrida, quien deberá contestarlo dentro del plazo de tres
días si el recurso se hubiese interpuesto por escrito, y en el mismo acto si
lo hubiese sido en una audiencia"(39).
La exigencia del traslado que prevé la norma transcripta se funda en el
principio de contradicción (supra, nro. 51), el que resultaría naturalmente
quebrantado si el recurso se resolviese sin otorgar oportunidad
de audiencia a la parte que requirió el pronunciamiento de la resolución
impugnada y el contenido de ésta le fue favorable(40).
En cuanto a la consecuencia imputable a la omisión del traslado,
corresponde distinguir según que la resolución recaída en el pedido de
revocatoria sea o no susceptible del recurso de apelación. En el primer

34 
 
caso la apuntada irregularidad no comporta causal que justifique la
declaración de nulidad de la resolución que decide la revocatoria, si la
parte perjudicada tiene oportunidad de expresar agravios al sustanciarse
la apelación(41). En el segundo la parte afectada debe plantear la nulidad
de la resolución porque se expone, en caso contrario, al riesgo de que ésta
quede consentida.
b) "La reposición de providencias dictadas de oficio o a pedido de la
misma parte que recurrió —dispone el art. 240, párr. 2º, CPCCN(42)— será
resuelta sin sustanciación".
El fundamento de la excepción consagrada por la norma transcripta
reside en la circunstancia de que cuando una providencia se dicta de oficio
o a solicitud del mismo recurrente, no resulta justificado conferir audiencia
a la parte que no ha sufrido perjuicio por el pronunciamiento de aquélla y
carece, por lo tanto, de interés jurídico en requerir su mantenimiento.
c) La sustanciación del recurso analizado puede
requerir, excepcionalmente, la apertura a prueba; de allí que el párrafo
final del art. 240, CPCCN, prescriba que "cuando la resolución dependiere
de hechos controvertidos, el juez podrá imprimir al recurso de reposición
el trámite de los incidentes"(43). Dicho trámite debe entenderse referido al
que reglamentan los arts. 181 a 183, 185 y 187, CPCCN, y se halla
supeditado al requisito de que una o ambas partes hayan formulado el
ofrecimiento de prueba en los escritos de interposición del recurso y de
contestación del traslado.

612. Efectos
a) De acuerdo con el sistema adoptado por el CPCCN y por la mayoría
de los Códigos provinciales, la resolución pronunciada con motivo de un
recurso de reposición causa ejecutoria, es decir que, desestimado aquel
remedio, el impugnante carece de la facultad de apelar contra la respectiva
resolución(44).
Dichos ordenamientos, sin embargo, por aplicación del principio de
eventualidad, admiten que, frente a la hipótesis de que sea desestimado
el recurso de reposición, junto con éste se interponga el de apelación. "La
resolución que recaiga hará ejecutoria —dispone el art. 241, CPCCN—, a
menos que el recurso de reposición hubiere sido acompañado del de
apelación subsidiaria y la providencia impugnada reuniere las condiciones
establecidas en el artículo siguiente para que sea apelable"(45).
La norma transcripta —que reproduce sustancialmente el texto del art.
225, derogado Código de Procedimiento de la Capital Federal— ha dado

35 
 
lugar a una nutrida jurisprudencia no siempre concordante en cuanto a sus
conclusiones.
En primer lugar, dado que el recurso de reposición, según se ha visto,
sólo es admisible respecto de providencias simples que causen o no
gravamen irreparable para definitiva, debió resolverse el problema
consistente en determinar si, interpuesto aquel recurso con el de apelación
en subsidio contra una resolución que no reviste el carácter de providencia
simple (sentencia definitiva o interlocutoria), corresponde o no el
otorgamiento de la apelación. Los precedentes judiciales se han
pronunciado por la afirmativa, es decir, en el sentido de que, pese a la
circunstancia de ser inadmisible el recurso de reposición, debe
concederse directamente el de apelación en razón de ser susceptible de
éste la resolución impugnada(46).
Con frecuencia, asimismo, se ha suscitado la cuestión referente a la
admisibilidad del recurso de apelación interpuesto junto con el de
reposición cuando ha transcurrido el plazo de tres días correspondiente a
éste pero no el de cinco dentro del cual cabe deducir el primero. Mientras
algunos fallos han decidido que en tales supuestos es pertinente el
rechazo de ambos recursos porque lo accesorio (apelación) sigue la suerte
de lo principal (reposición)(47), otros, que constituyen mayoría y consagran
la solución más convincente, se han pronunciado en el sentido de
que, interpuesta la revocatoria después del plazo de tres días pero con la
apelación en subsidio dentro del quinto día, corresponde no sustanciar la
primera y conceder directamente la segunda, siempre, desde luego, que
se trate de una resolución que cause gravamen irreparable(48).
Por lo demás, la apelación subsidiaria sólo es admisible cuando se la
acompaña al recurso de reposición y no cabe, por lo tanto, si se
la interpone al promoverse un incidente de nulidad respecto de la decisión
adversa que en él pueda dictarse(49)o, en general, frente al supuesto de no
hacerse lugar a alguna petición(50).
b) Corresponde destacar, asimismo, que si bien la interlocutoria que
desestima el recurso de reposición es inapelable para quien lo interpuso,
no lo es en cambio con respecto a la otra parte en el supuesto de que
aquél prospere(51). La solución contraria implicaría cercenar el derecho de
la parte a quien favorecía la resolución revocada y que, por esa
circunstancia, no pudo interponer contra ella la apelación subsidiaria; de
allí que, receptando las conclusiones de la jurisprudencia, la ley
22.434 agregó, como inc. 2º, art. 241, que frente al caso de que el juez
haga lugar a la revocatoria "podrá apelar la parte contraria, si
correspondiere"(52), en virtud de que disponía el art. 150, párr. 2º, CPCCN,
la resolución que hace lugar al recurso sería inapelable si la parte
perjudicada por ella no hubiese contestado el traslado prescripto por el art.
240 de dicho Código. Hoy ello ha quedado modificado(53).

36 
 
El recurso de apelación interpuesto por la parte contraria a la que dedujo
el de reposición debe sustanciarse de acuerdo con el procedimiento
establecido por el art. 246, CPCCN, ya que el art. 248 del mismo
ordenamiento se refiere a la apelación subsidiaria y no a la directa(54).
c) Finalmente, frente a la hipótesis de que se deniegue un recurso de
reposición interpuesto junto con el de apelación en subsidio, el único
remedio idóneo para reparar el agravio consiste en la deducción de la
queja directa ante la cámara que autoriza el art. 282, CPCCN(55). No es,
por lo tanto, admisible el recurso de apelación ya interpuesto y
desestimado.

II. RECURSO DE ACLARATORIA(56)

613. Concepto
a) El recurso de aclaratoria es el remedio concedido para obtener que
el mismo órgano judicial que dictó una resolución subsane las deficiencias
de orden material o conceptual que la afecten, o bien, la integre de
conformidad con las cuestiones oportunamente introducidas al proceso
como materia de debate, supliendo las omisiones de que adolece el
pronunciamiento.
b) Con excepción de Códigos como los de Corrientes, La Rioja y de
Mendoza, cuyos arts. 242, 252 y 132, respectivamente, incluyen a la
aclaratoria entre los recursos ordinarios, los restantes ordenamientos
procesales argentinos en materia civil y comercial contemplan a aquélla
en el capítulo destinado a la reglamentación de las resoluciones judiciales,
en general, o de las sentencias definitivas, en particular. No obstante,
como se intentará demostrar en el número siguiente, no existen razones
válidas para negar a la aclaratoria, por lo menos en lo que al derecho
argentino concierne, el carácter de un verdadero recurso.

614. Naturaleza jurídica

37 
 
a) Parte de la doctrina considera que la aclaratoria no participa de la
naturaleza ni del objeto de los recursos. En nuestro país esta tesis ha sido
defendida con particular énfasis por Sentís Melendo, quien partiendo de la
premisa de que todo recurso tiene como finalidad la rescisión de una
resolución judicial y su reemplazo por otra(57), y arguyendo que mediante
la aclaratoria no se aspira a ese resultado ni a modificar un error de fondo
o de contenido —razón por la cual aquélla carece de aptitud para alterar
la "volición" expresada en el pronunciamiento impugnado—, llega a la
conclusión de que el remedio analizado no configura un verdadero recurso
sino un incidente producido durante la etapa de formación de la
sentencia(58).
A dicha conclusión cabe oponer diversos reparos.
En primer lugar, el aserto de que a través de la aclaratoria
resulte inadmisible enmendar un error de "contenido" sólo puede
considerarse relativamente válido frente al supuesto de oscuridades en
la expresión, pero no es extensivo, sin más, a los restantes motivos que
justifican la procedencia del remedio analizado. Existen, en efecto, ciertos
errores materiales —como los referentes al nombre o calidad de las partes
o los de cálculo— cuya enmienda afecta el contenido (incluso sustancial)
de la decisión(59), y en el supuesto de que la aclaratoria persiga que se
subsane una omisión de pronunciamiento, no se trata, como es obvio, de
corregir una deficiencia expresiva o material, sino de integrar la resolución
primitiva mediante un nuevo acto de voluntad representado por la decisión
de la cuestión o cuestiones omitidas.
En segundo lugar, aun en el caso de que permanezca inalterada la
voluntad judicial, no parece dudoso que una enmienda en la expresión
mediante la cual esa voluntad aparece declarada se traduce, en definitiva,
en una verdadera modificación del pronunciamiento, aunque lo sea en
términos más restringidos que en el caso de los restantes recursos(60).
Por último, la denominación de "incidente" que la tesis impugnada
asigna a la aclaratoria no se concilia con el concepto que de aquél emerge
del ordenamiento procesal argentino. De las disposiciones contenidas en
los Códigos vigentes en nuestro país se desprende que todo incidente
supone una cuestión contenciosa surgida entre las partes durante el
desarrollo del proceso (supra, nro. 454), al paso que la aclaratoria, también
de conformidad con esos Códigos, constituye un remedio que se resuelve
sin sustanciación, es decir, con prescindencia de la posible intervención
de la parte contraria de aquella que lo interpuso(61).
Por consiguiente, y pese a la ubicación sistemática que le acuerdan los
Códigos Procesales, cuadra concluir que la aclaratoria, en tanto tiende a
la revisión de una resolución judicial y su resultado puede traducirse en
una modificación de ella, participa de la naturaleza de los recursos(62).

38 
 
615. Requisitos subjetivos
a) Aunque en virtud de su propia índole la aclaratoria pareciera ser un
recurso exclusivamente concedido a las partes, no cabe descartar la
posibilidad excepcional de su interposición por un tercero, lo que podría
ocurrir, v.gr., si a raíz de un error material se incluyese el nombre de aquél
en una resolución susceptible de ocasionarle un perjuicio.
b) Es competente para resolver el recurso el mismo órgano judicial que
dictó la resolución cuya aclaratoria se solicita. Como sucede en el caso del
recurso de reposición, no es necesaria la identidad física entre el titular o
titulares del órgano que dictó la resolución y el titular o titulares de aquel
que debe resolver el recurso (supra, nro. 607)(63).

616. Motivos de la aclaratoria


a) Tres son los motivos de aclaratoria que admite la legislación procesal
civil argentina: 1º) corrección de errores materiales, 2º) aclaración de
conceptos oscuros y 3º) subsanación de omisiones. A continuación,
se examinará el alcance de cada uno de ellos.
b) Configuran errores materiales, enmendables mediante el recurso
analizado, los errores de copia(64)o los aritméticos(65), o bien, los equívocos
en que haya incurrido el órgano judicial respecto de los nombres y las
calidades de las partes —como serían, v.gr., los consistentes en referirse
al actor como si se tratara del demandado o en atribuir carácter de locador
al que era locatario(66)—, y la contradicción que puede darse entre los
considerandos y la parte dispositiva de la resolución(67).
El art. 36, inc. 3º, de los Códigos provinciales que se adaptaron al
CPCCN en su versión originaria(68)faculta a los jueces para que, de oficio,
y mientras la sentencia no haya sido consentida por las partes, corrijan
"algún error material" siempre que la enmienda "no altere lo sustancial de
la decisión", y el art. 166, inc. 2º, de los mismos ordenamientos(69), al igual
que el CPCCN en su actual redacción, referido al recurso de aclaratoria,
reitera la mencionada limitación aunque contraída, por la forma en que se
halla redactado el precepto, a la hipótesis de que se persiga la aclaración
de algún concepto oscuro.
La aparente contradicción normativa debe resolverse en el sentido de
que la aludida limitación no rige cuando se trata de corregir algún error
39 
 
material, pues en tal supuesto la resolución aclaratoria altera, en mayor o
menor medida, el contenido del pronunciamiento impugnado(70), incluso en
su aspecto sustancial. Algunos Códigos provinciales, como los de Santa
Fe (art. 248) y Mendoza (art. 132), se limitan a determinar los motivos que
justifican la aclaratoria sin establecer restricciones con respecto al alcance
de la correspondiente resolución.
c) Por "concepto oscuro" debe entenderse cualquier discordancia que
aparezca entre una declaración contenida en el pronunciamiento y los
vocablos utilizados para expresarla. Se trata, por lo tanto, de una
deficiencia meramente idiomática, o sea, de una imprecisión terminológica
que dificulte o imposibilite la inteligencia de lo decidido, y no debe
confundirse con las equivocaciones, cuya enmienda corresponde intentar
a través de la interposición de otros recursos(71); de allí asimismo que no
quepa, por vía de esta causal del recurso de aclaratoria, alterar el
contenido sustancial de la resolución impugnada.
d) En lo que respecta a la tercera de las causales del recurso de
aclaratoria (subsanación de omisiones), dispone el art. 166, inc. 2º,
CPCCN(72), reiterando la facultad concedida a los jueces por el art. 36, inc.
6º, que a petición de parte corresponde al juez "suplir cualquier omisión en
que hubiese incurrido sobre alguna de las pretensiones deducidas y
discutidas en el litigio". Algunos Códigos provinciales, con mayor
generalidad y acierto, utilizan la frase "suplir cualquier omisión" (v.gr.,
Santa Fe: art. 248) u "omisión de pronunciamiento" (v.gr., Mendoza: art.
132.I).
De los términos en que se hallan redactados tales preceptos se infiere,
sin duda, que el recurso de aclaratoria constituye remedio idóneo para
suplir cualquier omisión de pronunciamiento acerca de cuestiones
oportunamente alegadas en el proceso, con prescindencia de su carácter.
Abarca, por consiguiente, tanto las cuestiones accesorias (v.gr.,
imposición de costas, regulación de honorarios, pago
de intereses)(73)cuanto las pretensiones y las oposiciones articuladas por
las partes (como serían, por ej., la pretensión de daños y perjuicios
acumulada a otra pretensión, la excepción de prescripción, etc.)(74).
Con anterioridad a la promulgación del CPCCN no existía unanimidad
de criterio, en el ámbito jurisprudencial, acerca de si, no interpuesta la
aclaratoria y deducido el recurso de apelación, el Tribunal de Alzada se
hallaba facultado para suplir omisiones de la resolución apelada(75). El art.
278 del mencionado ordenamiento resuelve la cuestión en sentido
afirmativo en tanto prescribe que "el tribunal podrá decidir sobre los puntos
omitidos en la sentencia de primera instancia aunque no se hubiese
pedido aclaratoria, siempre que se solicitare el respectivo pronunciamiento
al expresar agravios"(76). La norma debe considerarse extensiva a las
restantes causales que autorizan la interposición del recurso analizado
(errores materiales y conceptos oscuros)(77).

40 
 
617. Resoluciones susceptibles de aclaratoria
a) Con excepción de los Códigos de Corrientes, Jujuy, La Rioja, San
Juan, Mendoza y Tierra del Fuego, los restantes regulan la
aclaratoria exclusivamente en relación con la sentencia definitiva. En
cuanto a los ordenamientos citados, mientras el de Jujuy no formula
distinciones sobre el tipo de resoluciones judiciales impugnables por la vía
analizada, los de La Rioja y Mendoza limitan su admisibilidad a los autos
y a las sentencias (arts. 132-I y 252), excluyendo por lo tanto a los decretos
(providencias simples).
b) Tanto la jurisprudencia como la mayor parte de los autores
consideran sin embargo, con acierto, que la ubicación legal asignada al
recurso de aclaratoria no constituye óbice a su admisibilidad contra
cualquier clase de resoluciones judiciales, incluyendo a las providencias
simples y con prescindencia de la instancia en que se dicten(78).
c) Interesa señalar, por último, que el recurso de aclaratoria debe
dirigirse únicamente contra la parte dispositiva de las resoluciones
judiciales(79), salvo que el remedio tenga por objeto subsanar una
contradicción entre aquélla y los considerandos(80).

618. Plazo y sustanciación


a) En lo que concierne al plazo de interposición del recurso de
aclaratoria, la legislación procesal argentina presenta diferencias
relacionadas con la extensión y el carácter de aquél.
Por lo que atañe a la extensión, la mayor parte de los Códigos vigentes
la fija en tres días (CPCCN, Buenos Aires, Catamarca, Chaco, Chubut,
Entre Ríos, Formosa, La Pampa, Misiones, Río Negro, San Luis, Santa Fe,
Santiago del Estero y Tucumán) o en cinco (Jujuy y San Juan). La fijaba
en un día el Código de Salta —hoy, en tres—, al paso que el de Mendoza
la establece en un día o dos días según se trate, respectivamente,
de autos o de sentencias. Cabe añadir que los ordenamientos citados en
primer término, con excepción de los de La Pampa, San Luis, Tucumán y
Santa Fe, extienden el plazo a cinco días cuando se trata de
aclaratoria interpuesta contra las sentencias definitivas dictadas por las
cámaras de apelaciones o tribunales superiores (v.gr., art. 272, CPCCN).

41 
 
En su mayoría, los Códigos argentinos asignan al plazo
carácter individual. Hace excepción el de Jujuy, según el cual el plazo se
computa desde la última notificación.
Cuadra añadir que "los errores puramente numéricos podrán ser
corregidos aun durante el trámite de ejecución de sentencia" (art. 166, inc.
1º, CPCCN)(81), de oficio o a petición de parte que no configura, en rigor,
un recurso de aclaratoria.
b) La naturaleza del recurso analizado descarta, en principio, la
necesidad de que con carácter previo a la decisión se confiera traslado a
la otra parte o se realice otro tipo de trámite; de allí que la mayor parte de
los Códigos argentinos vigentes disponga que la corrección o la ampliación
se resuelva "sin sustanciación" (v.gr., art. 166, inc. 2º, CPCCN, y Códigos
que a él se han adaptado) o "sin sustanciación de ningún género" (v.gr.,
Córdoba: art. 337 y Santa Fe: art. 248). En algún caso, sin embargo, se
consideró conveniente, para mejor proveer, oír previamente a todos
los interesados en la cuestión(82).

619. Forma
a) En lo que respecta a la forma de interposición, el recurso de
aclaratoria debe serlo en lenguaje escrito. A título excepcional puede
deducirse verbalmente cuando se impugna una resolución dictada en el
curso de una audiencia, aunque en tal caso sus fundamentos deben
transcribirse en el acta respectiva.
Lo mismo que el de reposición, y en virtud de ser su destinatario el
mismo órgano judicial que dictó la resolución impugnada, el recurso de
aclaratoria debe fundarse en el acto de interposición.
b) Por lo que hace a la forma de la resolución que debe recaer con
motivo del recurso, corresponde distinguir según se trate de enmendar
o integrar una sentencia definitiva, una sentencia interlocutoria o una
providencia simple. Si bien desde un punto de vista sustancial la resolución
que hace lugar al recurso forma parte integrante de aquella a la cual se
refiere, no siempre se halla sujeta a los mismos requisitos formales de esta
última. Cuando el objeto del recurso es una sentencia definitiva, las formas
de la resolución aclaratoria no son las prescriptas por el art. 163, CPCCN,
sino aquellas que en cada caso se adecuen a la causal en que se fundó la
impugnación. Si, v.gr., se salva una omisión de pronunciamiento acerca
de una pretensión u oposición oportunamente articulada en el proceso, la
decisión deberá reunir los requisitos de una sentencia interlocutoria(83).
Cuando, por el contrario, se corrige un error material, se aclara un

42 
 
concepto oscuro o se suple la omisión incurrida respecto de una cuestión
accesoria, la resolución puede ajustarse a los requisitos de una
sentencia interlocutoria e incluso de una providencia simple. Cuando lo
aclarado fuere una sentencia interlocutoria, bastará, en la mayor parte de
los casos, el dictado de una providencia simple; y en el caso de ser ésta el
objeto del recurso, necesariamente la resolución aclaratoria debe
participar de sus requisitos.

620. Efectos
a) En el supuesto de que el recurso de aclaratoria prospere, la
resolución correspondiente forma una unidad inescindible con la
resolución aclarada(84). En consecuencia, la resolución aclaratoria
es insusceptible de producir efectos procesales autónomos, como podrían
ser, v.gr., su ejecución aislada o su tratamiento, por parte de un órgano
judicial superior en grado, con prescindencia de la resolución a la cual se
refiere(85).
b) Cualquiera que sea el eventual resultado del recurso de aclaratoria,
su interposición debe tener efecto interruptivo del plazo para deducir el
recurso de apelación, siempre, desde luego, que éste fuere admisible en
el caso. Algunos Códigos provinciales, como los de Corrientes (art. 244),
Jujuy (art. 49, párr. 2), Mendoza (art. 132-V) y Tierra del Fuego (art. 267.2),
adhieren a esa solución en tanto prescriben que el plazo para interponer
otros recursos comienza a correr desde el día siguiente a la notificación de
la resolución aclaratoria. Con respecto a ordenamientos que no contienen
normas explícitas sobre el particular —como ocurre con el CPCCN y
ocurría con la legislación que éste derogó—, la jurisprudencia se inclinó
casi invariablemente hacia el criterio opuesto(86), el cual merece reparos si
se tiene en cuenta, por un lado, que impone la carga de interponer un
recurso que puede resultar posteriormente innecesario si prospera la
aclaratoria(87)y, por otro lado, que no se hace cargo de la situación de la
parte cuyo gravamen nace, precisamente, cuando la resolución es
aclarada(88). Por lo demás, aun en el caso de que el recurso sea
desestimado, la simplicidad de su trámite descarta la existencia de lesión
seria a la vigencia del principio de economía procesal(89).
c) La resolución que desestima el recurso de aclaratoria es,
finalmente, insusceptible de otros recursos(90).

43 
 
CAPÍTULO XLVI - RECURSOS ORDINARIOS (CONT.)

SUMARIO: I. RECURSO DE APELACIÓN: 621.


Concepto.— 622. Requisitos subjetivos.—
623. Resoluciones recurribles.— 624. Plazos
para interponer el recurso.— 625. Lugar y
forma de interposición.— 626. Modos de
concesión del recurso.— 627. Efectos del
recurso: Los denominados efectos suspensivo
y devolutivo; El denominado efecto diferido.—
628. Reclamación de las partes y facultades
del Tribunal de Alzada acerca del modo de
concesión del recurso.— 629. Concesión del
recurso y remisión del expediente o actuación
a la cámara. II. RECURSO DE APELACIÓN ANTE LA
CORTE SUPREMA: 630. Concepto.— 631.
Requisitos subjetivos.— 632. Resoluciones
recurribles.— 633. Requisitos de lugar, tiempo
y forma. III. RECURSO DE QUEJA POR APELACIÓN
DENEGADA: 634. Concepto y objeto.— 635.
Requisitos subjetivos.— 636. Requisitos de
lugar, tiempo y forma.— 637. Procedimiento y
efectos. IV. RECURSO DE NULIDAD: 638.
Concepto.— 639. Requisitos subjetivos.—
640. Resoluciones recurribles.— 641.
Requisitos de lugar, tiempo y forma.— 642.
Causales de nulidad.— 643. Efectos del
recurso.

I. RECURSO DE APELACIÓN(1)

621. Concepto

44 
 
a) El recurso de apelación es el remedio procesal encaminado a lograr
que un órgano judicial jerárquicamente superior, con respecto al que dictó
una resolución que se estima injusta, la revoque o reforme, total o
parcialmente.
b) Es en primer lugar ajeno al concepto de apelación el carácter
colegiado o unipersonal del órgano llamado a conocer del recurso(2).
Aunque como regla general la respectiva competencia se halla asignada
a órganos colegiados (Cámaras de Apelaciones), el ordenamiento
procesal argentino instituye la excepción relativa a las sentencias dictadas
por los jueces de paz legos, las cuales son recurribles ante jueces letrados
que, de conformidad con las leyes de organización judicial, son
competentes para intervenir en el procedimiento de primera instancia.
Asimismo, en la circunstancia de que en el conocimiento del recurso
analizado intervenga un órgano jerárquicamente superior con respecto al
que pronunció la resolución impugnada no debe verse el ejercicio de un
control o fiscalización de tipo administrativo, sino una distribución de
competencias impuesta por razones funcionales y cuyo objeto consiste en
perfeccionar el conocimiento del asunto ya decidido en primera instancia
a través de la revisión de la resolución impugnada y de un nuevo examen
de los datos de hecho y de derecho en que aquélla se funda. Con motivo
de la apelación, por lo tanto, no sufre desmedro alguno el principio
de independencia de los órganos judiciales dentro del respectivo ámbito
funcional que las leyes les otorgan(3). Esta conclusión es, por lo demás,
aplicable a cualquier tipo de recurso que suponga la pluralidad
de instancias, con prescindencia de la índole ordinaria o extraordinaria de
éstas.
c) El recurso de apelación es el más importante y usual de los recursos
ordinarios. Este último carácter le viene dado, de acuerdo con lo que se
dijo en oportunidad de analizar la clasificación de los recursos (supra, nro.
600), por la circunstancia de que su admisibilidad no se halla supeditada
a la concurrencia de causales específica y taxativamente previstas por la
ley, y porque, correlativamente, la extensión del conocimiento
que incumbe al órgano competente para resolver el recurso de apelación
coincide con la que corresponde al órgano inferior. A través del
recurso examinado, por lo tanto, cabe la reparación de cualquier error de
juicio o de juzgamiento (error in iudicando), sea que él se haya producido
en la aplicación de las normas jurídicas (error in iure) o en la apreciación
de los hechos o valoración de la prueba (error in facto). Interesa añadir,
sin embargo, que la desaparición del recurso de nulidad como
remedio autónomo o su subordinación al recurso de apelación —que
constituyen las orientaciones que inspiran a la moderna legislación
procesal argentina— han determinado que este último configure también
vía hábil para obtener la enmienda de errores in procedendo, limitándolos
algunos Códigos a los que afectan directamente a la resolución impugnada

45 
 
y comprendiendo otros tantos a éstos cuanto a aquellos que afectan a los
actos anteriores al pronunciamiento de la decisión.
De acuerdo con el sistema adoptado por la legislación procesal
argentina, si bien la apelación supone la vigencia del sistema de la
doble instancia, ella no importa un nuevo juicio (novum iudicium) en el
sentido de que, a través de la sustanciación del recurso, el órgano superior
se halle facultado tanto para diligenciar ex novo los actos probatorios
producidos en la instancia anterior cuanto para admitir la interposición de
nuevas pretensiones y oposiciones o el ofrecimiento indiscriminado de
nuevas pruebas. En nuestro derecho, por el contrario, la apelación
constituye un procedimiento cuyo objeto consiste en verificar, sobre la
base de la resolución impugnada, el acierto o el error con que ésta ha
valorado los actos instructorios producidos en la instancia precedente. No
se trata, por consiguiente, de reiterar o de renovar esos actos, sino de
confrontar el contenido de la resolución con el material fáctico y jurídico
ya incorporado a la primera instancia, a fin de determinar si ese material
ha sido o no correctamente enjuiciado(4).
De ello se sigue que, en materia de alegaciones y de pruebas, la
primera instancia tiene efectos preclusivos(5), aunque es necesario advertir
que la legislación vigente, guiada por el objetivo de lograr un
pronunciamiento final que satisfaga en mayor medida las exigencias de la
justicia, limita la rigidez de aquel principio en tanto consiente, con
carácter excepcional, la realización de actos probatorios ante el Tribunal
de Alzada (v.gr., CPCCN, art. 260). Ello será objeto de análisis en el
próximo capítulo.

622. Requisitos subjetivos


a) La cuestión del epígrafe se relaciona, en primer lugar, con las
personas que se encuentran habilitadas para interponer el recurso de
apelación. Sin perjuicio de ser aplicables los principios que con carácter
general se enunciaron oportunamente (supra, nro. 603), conviene formular
algunas precisiones impuestas por la naturaleza y la importancia del
recurso analizado.
En principio, sólo quienes revisten la condición de partes (o de
representantes voluntarios o necesarios de éstas) están facultadas para
deducir el recurso(6), salvo en el supuesto de haber mediado renuncia
anticipada por vía convencional. En la hipótesis de unificación de
personería, la facultad compete autónomamente, por derecho propio, a
cada uno de los mandantes(7).

46 
 
En cuanto a los terceros cuya situación no encuadra en ninguna de las
modalidades de intervención previstas por la ley, pero que sufren, no
obstante, un perjuicio a raíz de una resolución judicial, se hallan habilitados
para interponer el recurso de apelación(8), aunque en la mayor parte de los
casos la vía más adecuada para la protección de sus derechos consistirá
en la promoción del incidente de nulidad(9).
También los funcionarios del ministerio público pueden apelar contra las
resoluciones dictadas en los procesos en los cuales les compete intervenir
sea como representantes de determinadas personas (incapaces
y ausentes) o a título de defensores del interés social(10), siempre, en
principio, que el pronunciamiento impugnado contradiga la postura
asumida en sus presentaciones o dictámenes(11).
Existen casos, finalmente, en los cuales la interposición del recurso de
apelación comporta un deber. Tal es el de los procuradores, quienes están
obligados a recurrir contra toda sentencia definitiva adversa a su parte y
contra toda regulación de honorarios que corresponda abonar a ésta, salvo
si cuentan con instrucciones por escrito en contrario de sus respectivos
mandantes (art. 11, inc. 1º, ley 10.996).
Asimismo, configura requisito subjetivo de admisibilidad del recurso la
circunstancia de que la resolución correspondiente ocasione, a quien
lo interpone, o a su representado, un agravio o perjuicio personal(12),
porque de lo contrario faltaría un requisito genérico a los actos procesales
de parte, cual es el interés (supra, nro. 413).
Por agravio debe entenderse la insatisfacción, total o parcial, de
cualquiera de las prestaciones (principales o accesorias), oposiciones o
simples peticiones formuladas en el proceso. Debe tratarse, asimismo, de
un agravio actual, desde el doble punto de vista del tiempo en que la
resolución impugnada se dicta(13)y del contenido de ésta (sería
v.gr. inadmisible, por prematura, la apelación destinada a cuestionar el
derecho de un abogado o procurador a percibir honorarios si la resolución
se ha limitado a determinar el monto de éstos y no la persona obligada a
pagarlos).
De lo dicho se sigue que, cuando existe contienda, es el vencimiento,
total o parcial, de la parte la circunstancia que determina la existencia de
agravio en cada caso concreto(14). Excepcionalmente, sin embargo, se ha
considerado admisible la apelación interpuesta por la parte vencedora en
el supuesto de que la naturaleza de la declaración del derecho contenida
en la sentencia difiera de la reclamada y pueda resultar frustratoria de
su interés(15).
El agravio, finalmente, debe encontrarse localizado en la parte
dispositiva de la resolución, siendo inapelables, por lo tanto, los
considerandos de aquélla(16). No se trata, empero, de un
principio inflexible, pues cede en aquellos casos en los cuales las
proposiciones formuladas en los considerandos de la resolución
47 
 
constituyen directivas encaminadas a orientar su cumplimiento e integran
implícitamente la parte dispositiva o gravitan en su interpretación(17).
b) La competencia para conocer del recurso de apelación se halla
distribuida entre el órgano judicial que dictó la resolución impugnada y el
órgano superior en grado: al primero incumbe pronunciarse sobre la
admisibilidad y al segundo, sobre la fundabilidad del recurso. Debe tenerse
en cuenta, sin embargo, que la decisión dictada por el órgano de
primera instancia no reviste carácter definitivo ni vincula al órgano
superior, quien en todo caso se halla facultado para rever y eventualmente
modificar, incluso de oficio, el juicio de admisibilidad(18). En otras palabras,
mientras el órgano superior tiene competencia plena en el conocimiento
del recurso, el inferior la tiene restringida y con efectos provisionales.

623. Resoluciones recurribles


a) La legislación procesal argentina es uniforme en el sentido de
declarar susceptibles del recurso de apelación, salvo disposición en
contrario, a las sentencias definitivas, es decir, a los actos conclusivos de
cualquier tipo de proceso mediante los cuales el órgano judicial decide
actuar o denegar la actuación de la pretensión o petición extracontenciosa
que fue objeto de aquél. El Código de Santa Fe (art. 346) es
particularmente explícito en tanto prescribe que el recurso procede "de las
sentencias definitivas sobre lo principal, en toda clase de juicios y actos de
jurisdicción voluntaria".
El principio precedentemente enunciado sólo admite excepciones
fundadas en el monto, sea que se trate del discutido en el juicio o del
representado por la diferencia cuantitativa cuestionada en
segunda instancia. Al primer criterio adhieren, v.gr., el art. 17 de la ley
4055 (modificado por la ley 17.765) que dispone la inapelabilidad de la
sentencia definitiva y demás resoluciones dictadas por los jueces federales
en las causas civiles y comerciales cuyo monto no exceda de $ 50.000(19)y
el art. 242, párr. 3º, CPCCN, que instituye la misma excepción con
respecto a todo tipo de resolución recaída en procesos en los que el valor
cuestionado no exceda de la suma de $ 20.000, salvo que se trate de
procesos de alimentos y en los que se pretenda el desalojo de inmuebles
o de aquellos donde se discuta la aplicación de sanciones procesales(20).
El segundo criterio informa, por ejemplo, al art. 106 de la ley 18.345, que
declara inapelables a "todas las sentencias y resoluciones dictadas en el
juicio, cuando el valor que se intente cuestionar en la alzada no exceda el
equivalente a 300 veces el importe del derecho fijo previsto en el art. 51
de la ley 23.187"(21), y al Código de Santa Fe (art. 348), el cual supedita la

48 
 
admisibilidad del recurso a la circunstancia de que el agravio que se
pretenda reparar exceda de determinadas sumas que difieren según que
la resolución haya sido dictada por jueces de paz o de primera instancia,
aclarando, a continuación (art. 349), que la estimación del agravio debe
hacerse "por la diferencia entre las pretensiones del recurrente y la
resolución apelada".
b) No existe uniformidad de criterio, en nuestra legislación procesal,
acerca de la apelabilidad de las resoluciones ordenatorias.
Por lo que concierne a las resoluciones interlocutorias, el CPCCN (art.
242, inc. 2º) y la mayoría de los Códigos vigentes establecen que, salvo
disposición en contrario, son susceptibles del recurso de apelación. Sólo
el Código de Mendoza, invirtiendo ese principio general, limita la
admisibilidad del recurso a aquellas interlocutorias
("autos") expresamente declarados apelables por dicho ordenamiento (art.
133).
En cuanto a la apelabilidad de las providencias simples, el examen de
la legislación vigente en nuestro país permite advertir la existencia de tres
sistemas cuyas respectivas características son las siguientes: 1º)
Inadmisibilidad absoluta del recurso de apelación con respecto a ese tipo
de resoluciones, que son exclusivamente impugnables por vía de
reposición. Tal es el principio que establece el art. 131-I del Código de
Mendoza. 2º) Admisibilidad de la apelación siempre que ésta haya
sido interpuesta subsidiariamente con el recurso de reposición, y la
providencia cause gravamen irreparable. Este criterio ha sido adoptado
por el Código de Santa Fe (art. 347), el cual, además, declara apelables
en forma directa a ciertas providencias simples expresamente
señaladas(22). 3º) Admisibilidad directa del recurso de apelación contra las
providencias simples que causen gravamen irreparable. Se trata del
sistema predominante, que ha sido seguido por el CPCCN (art. 242, inc.
3º), los ordenamientos que a él se adaptaron (Buenos Aires, Catamarca,
Chaco, Chubut, Formosa, Misiones, Neuquén, Río Negro, San Luis y
Santiago del Estero), y los Códigos de Entre Ríos (art. 239), Jujuy (art.
220, inc. 2º), La Pampa (art. 236) y Tucumán (art. 701).
De conformidad con este último sistema sólo se hallan excluidas del
ámbito del recurso de apelación las providencias simples que no causen
gravamen irreparable, las cuales, como oportunamente se indicó,
únicamente son susceptibles del recurso de reposición.
En cuanto a las pautas que, en términos generales, deben considerarse
para determinar si una resolución ocasiona o no gravamen irreparable,
cabe remitir a lo dicho supra nro. 594(23).
c) Una de las principales tendencias que inspiran a los Códigos
modernos consiste en la limitación de la apelabilidad de las resoluciones
ordenatorias.

49 
 
Tomando como referencia al CPCCN, su "parte general" descarta la
admisibilidad del recurso de apelación con respecto, entre otras, a las
resoluciones que se pronuncian sobre la recusación de los secretarios (art.
39); admiten la intervención de terceros (art. 96); hacen lugar a la
acumulación de procesos (art. 191); etc. Asimismo, toda resolución dictada
previa vista o traslado era inapelable para la parte que no los haya
contestado (art. 150, redacción anterior a la ley 25.488(24)).
Con relación al proceso ordinario, dicho ordenamiento
declara inapelables, entre otras, a las resoluciones que admiten un hecho
nuevo (art. 366); se pronuncian sobre producción, denegación y
sustanciación de las pruebas, sin perjuicio del replanteo ante la alzada en
el segundo caso (art. 379); desestiman el acuse de negligencia (art. 385);
deciden la recusación de los peritos (art. 467); etc.
En el proceso sumario —figura derogada en el texto actual del Código
de la Nación— las restricciones eran sensiblemente mayores, pues el
recurso de apelación sólo cabía contra la resolución que rechazaba de
oficio la demanda, la que declaraba la cuestión de puro derecho, la que
decidía las excepciones previas, las providencias cautelares, las
resoluciones que ponían fin al juicio e impedían su continuación y la
sentencia definitiva (art. 496, párr. 2º, derogado).
La limitación se acentúa aún más en el proceso sumarísimo, en el cual
sólo son apelables la sentencia definitiva y las providencias que decretan
medidas precautorias (art. 498, inc. 6º).
Asimismo, la admisibilidad del recurso se halla sumamente restringida
en los procesos de ejecución (v.gr., arts. 507 y 513 a 515).
Finalmente, no legislan el recurso de apelación los Códigos que, como
el de La Rioja, se hallan totalmente adscriptos a los sistemas de oralidad
e instancia única.
d) En lo que hace a la apelabilidad de resoluciones durante el trámite
de la prueba —y con motivo del fallo de la C. Nac. Com., sala D (sentencia
del 10/4/1978) in re "Atalanta Corporation v. Lanín SA"— se ha dicho lo
siguiente(25):
1. El caso que dio motivo a la resolución dictada por la sala B de la C.
Nac. Com. no ofrece complejidad alguna: hallándose el proceso en la
etapa probatoria, y apelada por ambas partes una decisión mediante la
cual se actualizó el monto del arraigo, el juez de primera instancia
concedió los recursos y elevó al Tribunal de Alzada no sólo el expediente
principal sino también uno de los cuadernos de prueba. Tras aludir al
principio establecido por el art. 379, CP (Adla, XXVII-C-2649), la Cámara
declaró los recursos mal concedidos "en el modo en que lo fueron, pues la
remisión del cuaderno principal del expediente menoscaba aquel
principio".

50 
 
2. Como fácilmente se percibe, el Tribunal de Alzada no objetó la
admisibilidad de los recursos en sí mismos, sino el hecho de que se le
hubiese remitido "la totalidad del cuaderno principal del expediente" (no se
aclara si existía otro cuaderno ni por qué se trata del
"principal"), expresando que "cuando el art. 379, CP establece la
irrecurribilidad de resoluciones que versen sobre producción, denegación
o sustanciación de pruebas, persigue el designio objetivo de
evitar interrupciones en el acopio de elementos probatorios, las que
gravitarían negativamente sobre la indagación en curso".
3. El raciocinio precedentemente transcripto resulta incuestionable y se
halla avalado, primordialmente, por el art. 371, ap. 2º, CP en tanto dispone
que la resolución que deniegue el plazo extraordinario de prueba "será
apelable, pero únicamente se elevará a la Cámara el respectivo cuaderno"
y por el art. 401 del mismo ordenamiento, el cual, tras prescribir que el juez
debe fijar el monto de los gastos extraordinarios pretendidos por las
entidades privadas a raíz de la contestación de oficios, agrega que "la
apelación que se dedujere contra la respectiva resolución tramitará
en expediente por separado". Es obvio que ambas normas —coincidentes
con el principio general del art. 375— configuran un arbitrio destinado a
evitar que, durante el transcurso del plazo probatorio, los respectivos
cuadernos se remitan al Tribunal de Alzada, con las
consiguientes interrupciones y demoras que ello involucra.
4. Importa preguntar, sin embargo, si el principio de celeridad procesal
en que se inspiran las disposiciones recordadas puede extenderse —
como lo hizo la Cámara— al extremo de declarar mal concedido un
recurso interpuesto contra una resolución dictada en el expediente
principal, por la simple circunstancia de haberse remitido erróneamente al
tribunal uno o ambos cuadernos de prueba.
La solución negativa se impone, a nuestro juicio, en virtud de las
siguientes razones:
1) Dado que la Cámara —como juez definitivo del recurso— cuenta,
entre otras, con la atribución de modificar de oficio el modo con que aquél
ha sido concedido (libremente o en relación o viceversa, art. 276, CP), es
obvio que se halla facultada para devolver al Juzgado de Primera Instancia
cualquier expediente que equivocadamente se le haya remitido o que
resulte innecesario para resolver la impugnación. Por lo tanto, en el caso,
a fin de preservar la vigencia del principio contenido en el art. 379, CP, al
tribunal le hubiese bastado con restituir al juzgado el cuaderno de prueba.
2) Si bien son irrecurrribles las resoluciones sobre producción,
denegación y sustanciación de las pruebas, frente al supuesto de decisión
denegatoria la parte interesada puede solicitar a la Cámara que diligencia
el medio probatorio de que se trate cuando el expediente le fuere remitido
para que conozca del recurso contra la sentencia definitiva. De tal manera,
mediante el denominado "replanteo" (arts. 285 y 260, CP), se brinda a las

51 
 
partes la posibilidad de obtener la enmienda de resoluciones susceptibles
de causarles un gravamen de irreparable. En el caso anotado, sin
embargo, pese a la circunstancia de que la resolución recurrida
ocasionaba sin duda ese tipo de gravamen, se privó a ambas partes en
forma definitiva, y a raíz de una contingencia meramente formal y
subsanable, del incuestionable derecho que tenían a la obtención de un
pronunciamiento de segunda instancia.

624. Plazos para interponer el recurso


a) De acuerdo con el art. 244, CPCCN, el plazo para interponer el
recurso de apelación, no habiendo disposiciones en contrario, es de cinco
días(26).
Dentro de dicho ordenamiento, la salvedad contenida en la norma sólo
tiene aplicación en los procesos sumarísimos, en los cuales se ha fijado
en tres días el plazo para apelar (art. 498, inc. 3º). Otros Códigos
argentinos, en cambio, fijan distintos plazos en función del tipo de la
resolución recurrida o de la forma en que corresponde conceder el
recurso(27).
La salvedad que formula el art. 244 importa, asimismo, reconocer la
vigencia de los plazos establecidos en otros ordenamientos, como, v.gr.,
el del art. 15 de la ley 16.986, sobre amparo, que fija en 48 horas el plazo
para apelar la sentencia definitiva, la que desestima in limine la demanda
y las que disponen medidas cautelares(28); el del art. 30 del dec.-ley
15.348/1946, que acuerda dos días para recurrir de las sentencias
recaídas en las ejecutorias prendarias(29); etc.
b) El plazo para apelar reviste las siguientes características: 1º) Es,
como todos los plazos legales, perentorio (art. 155), de manera que
operado su vencimiento sin haberse deducido el recurso la sentencia o
resolución queda firme. Las partes, sin embargo, pueden prolongarlo de
común acuerdo en virtud de la facultad que les acuerda la norma
últimamente citada. La jurisprudencia, por lo demás, según se
recordó supra, nro. 620, se ha inclinado generalmente en el sentido de que
el plazo analizado no se interrumpe ni suspende con motivo de la
deducción de un recurso de aclaratoria. 2º) Es individual, o sea que corre
separadamente para cada una de las partes, aun cuando cualquiera de
ellas revista carácter múltiple(30), y desde el día siguiente a aquel en que
se efectuó la notificación de la resolución(31).

52 
 
625. Lugar y forma de interposición
a) En cuanto al lugar de interposición del recurso de apelación, todos
los ordenamientos procesales vigentes en nuestro país consagran, como
principio absoluto, que aquél es el de la sede del órgano que dictó la
resolución recurrida.
b) Por lo que concierne a la forma, el art. 245, CPCCN, prescribe, en su
primer párrafo, que "el recurso de apelación se interpondrá por escrito o
verbalmente. En este último caso se hará constar por diligencia que el
secretario o el oficial primero asentará en el expediente"(32). Se trata,
asimismo, de la solución admitida por la mayoría de los Códigos
vigentes(33).
Cualquiera que sea la forma de interposición, la validez del acto
requiere, naturalmente, la firma de la parte recurrente o de su
representante(34). Por lo demás, el modo verbal es el único viable cuando
se recurre una resolución adoptada en el curso de una audiencia(35).
"El apelante —prescribe art. 245, párr. 2º, CPCCN— deberá limitarse a
la mera interposición del recurso y si esta regla fuere infringida, se
mandará devolver el escrito, previa anotación que el secretario o el oficial
primero pondrá en el expediente, con indicación de la fecha
de interposición del recurso y del domicilio que se hubiese constituido, en
su caso"(36).
La norma transcripta constituye una aplicación de la regla generalmente
adoptada por nuestros Códigos Procesales, en virtud de la cual el
procedimiento de apelación se escinde en dos fases: la destinada a la
mera interposición del recurso, que se verifica ante el órgano que dictó la
resolución, y la que tiene por objeto la fundamentación de aquél, que de
acuerdo con algunos Códigos(37)se lleva siempre a cabo ante el órgano
superior, y según otros —entre los que se encuentra el CPCCN y los
ordenamientos que a él se han adaptado— ante el órgano de segunda o
de primera instancia según se trate, respectivamente, de recurso
concedido libremente (art. 259) o en relación (sin efecto diferido) (art.
246), aunque en este último supuesto el acto de fundamentación
(memorial de agravios) supone la previa interposición y otorgamiento del
recurso, configurando, por lo tanto, sin perjuicio de lo que se dirá más
adelante, un acto procesal autónomo. Apartándose de la regla
mencionada, el Código de Jujuy(38)concentra en un mismo acto
la interposición y la fundamentación del recurso. Autoriza, asimismo, esa
concentración el art. 15, ley 16.986, sobre la pretensión de amparo(39).

53 
 
En el supuesto de que, contraviniendo la regla establecida en el art. 245,
el recurrente funde el recurso en el acto de interposición, no pierde, sin
embargo, la facultad impugnatoria, pues a la devolución del escrito debe
preceder, según la norma citada lo prescribe, la anotación del secretario u
oficial primero mediante la cual se deja constancia del hecho de haberse
apelado y de la fecha en que tal facultad se ejercitó, debiendo el juez
pronunciarse acerca de la admisibilidad del recurso.
Cabe estimar, empero, que no corresponde la devolución del escrito si
se trata de un recurso que debe concederse en relación y sin efecto
diferido, porque siendo en tal caso procedente la fundamentación en
primera instancia, el hecho de que el recurrente exprese por adelantado
los motivos de la impugnación no comporta, en definitiva, más que la
renuncia a un beneficio que la ley le otorga(40).
Importa señalar que, exceptuado el caso de la reposición, el recurso de
apelación es inadmisible cuando se lo interpone en forma subsidiaria. Se
ha resuelto, por ello, que aquél no cabe en subsidio de un pedido de
aclaratoria(41)o de un incidente de nulidad(42).
Finalmente, para los casos en que el tribunal que haya de conocer del
recurso tuviere su asiento en distinta localidad, el art. 249, CPCCN(43),
impone a las partes la carga de constituir domicilio en dicha localidad. Si
el recurso procede libremente, la mencionada carga debe cumplirse, por
el apelante, en el acto de interposición del recurso, y por el apelado, dentro
del quinto día de concedido aquél. Cuando el recurso procede en relación,
las partes deben constituir domicilio en los escritos a que se refiere el art.
246. La consecuencia del incumplimiento de la referida carga consiste en
que las sucesivas resoluciones quedan notificadas por ministerio de la ley.

626. Modos de concesión del recurso


a) Desde el punto de vista del procedimiento a observar con
posterioridad a la interposición del recurso de apelación, éste puede
concederse de dos modos que nuestras leyes denominan, por lo general,
"libremente" y "en relación".
El recurso debe concederse libremente sólo cuando mediante él se
impugnen sentencias definitivas dictadas en procesos ordinarios o
sumarios. En todos los demás casos, el recurso únicamente puede ser
concedido en relación (art. 243, párr. 2º, CPCCN)(44). Por lo tanto, esta
última modalidad del recurso es aplicable a la impugnación de
providencias simples que causen gravamen irreparable,
sentencias interlocutorias y sentencias definitivas dictadas en procesos

54 
 
sumarísimos, de ejecución, voluntarios y otros de carácter especial, como
los de alimentos y litisexpensas, y de declaración de incapacidad
o inhabilitación. La mayoría de los Códigos provinciales adopta la misma
regla.
b) De acuerdo con el régimen instituido por el CPCCN y los
ordenamientos que a él se han adaptado, entre ambos modos de
concesión del recurso median las siguientes diferencias:
1º) Cuando el recurso es concedido libremente, existe la posibilidad de
que, durante el procedimiento de segunda instancia, las partes aleguen
hechos nuevos posteriores a la oportunidad prevista en el art. 365
(supra, nro. 492), así como la consistente en que se acompañen
documentos de fecha posterior a la providencia de autos en
primera instancia o aun de fecha anterior pero desconocidos en
oportunidad de dictarse dicha providencia, se exija la confesión de la parte
contraria sobre hechos que no fueron objeto de esa prueba en la instancia
anterior, y se intercale un período probatorio destinado tanto a acreditar
los hechos nuevos alegables ante el órgano superior o
declarados inadmisibles por el inferior cuanto a producir pruebas
denegadas en primera instancia o a cuyo respecto hubiese mediado
declaración de negligencia (art. 260, CPCCN). Tales posibilidades, que
importan limitadas concesiones a la concepción del recurso como
un novum iudicium, no se presentan cuando el recurso se concede en
relación, porque de acuerdo con esta modalidad el órgano judicial de
segunda instancia debe resolver sobre la exclusiva base de los actos
producidos en la instancia precedente(45).
2º) Las sentencias a dictar con motivo de un recurso concedido
libremente deben serlo mediante el voto individual de los integrantes del
tribunal (art. 271, CPCCN, y art. 26, dec.-ley 1285/1958). Por el contrario,
las pronunciadas a raíz de un recurso concedido en relación pueden
redactarse en forma impersonal.
3º) Cuando procede la apelación en relación y sin efecto diferido, la
fundamentación del recurso tiene lugar en primera instancia (art.
246, CPCCN), al paso que la fundamentación de la apelación concedida
libremente debe necesariamente verificarse ante el Tribunal de Alzada
(art. 259, CPCCN).
De la confrontación precedentemente formulada, que es extensiva a la
mayor parte de los Códigos provinciales en lo que atañe particularmente a
las características señaladas con el número 1º)(46), se infiere que, en lo
fundamental, la diferencia que separa a ambos modos de concesión del
recurso reside en la mayor o menor amplitud instructoria y en la
consecuente complejidad o sencillez de las dimensiones formales y
temporales del respectivo procedimiento, todo lo cual encuentra
fundamento en la trascendencia y efectos de las resoluciones impugnables
de conformidad con una u otra de las modalidades analizadas(47).

55 
 
De lo dicho también se deriva que resulta más apropiado sustituir las
denominaciones de dichas modalidades por las de apelación "libre" y
apelación "limitada", "restringida"(48)o "abreviada"(49), tanto más cuanto que
el nombre "en relación" se halla actualmente desprovisto de sentido en
nuestro derecho, pues se vincula con la función —hoy desaparecida— que
la antigua legislación española asignaba a los relatores adscriptos a
las audiencias, quienes debían informar, verbalmente o por escrito, según
los casos, acerca del contenido de las causas que llegaban a aquéllas por
vía del recurso de apelación(50).
No obstante, en virtud del profundo arraigo con que cuenta la
mencionada expresión en nuestros medios forenses, ella ha sido
mantenida por los Códigos provinciales modernos (con excepción del de
Mendoza), por el CPCCN y por los ordenamientos que a éste se han
adaptado.

627. Efectos del recurso


El tema del epígrafe se relaciona, por un lado, con la ejecución o el
cumplimiento de la resolución que es objeto del recurso de apelación y,
por otro lado, con la oportunidad en que aquél debe ser sustanciado y
decidido. Ambos aspectos serán examinados separadamente a
continuación.

A) Los denominados efectos suspensivo y devolutivo


a) De acuerdo con la terminología utilizada por la mayor parte de los
Códigos vigentes en nuestro país, el recurso de apelación puede tener
efecto suspensivo o devolutivo según que, respectivamente,
la interposición de aquél obste o no al cumplimiento o ejecución de la
resolución impugnada.
La expresión "efecto devolutivo" proviene del período del
procedimiento extraordinario del derecho romano, en el cual se
consideraba que los magistrados inferiores ejercían su competencia en
carácter de delegados de magistrados provistos de superior jerarquía, y
éstos, a su vez, por delegación del Emperador, a quien correspondía la
competencia originaria(51). La consecuencia necesaria de ese principio
consistía en que, apelada la sentencia, se devolviese la competencia al

56 
 
magistrado delegante, quedando suspendida la competencia del
juez inferior y vedada a éste toda posibilidad de innovar con respecto a la
materia decidida hasta tanto recayera pronunciamiento en el recurso.
Originariamente, por lo tanto, la interposición del recurso de apelación
producía ambos efectos: devolutivo y suspensivo, siendo este último
una consecuencia del primero. Pero el derecho canónico —como
recuerda Caravantes (52)—, sobre la base de que en cierto tipo de causas
la imposibilidad de ejecutar provisionalmente la sentencia era susceptible
de ocasionar perjuicios irreparables, admitió que la apelación pudiera
concederse "al solo efecto devolutivo", es decir, sin que la interposición del
recurso suspendiese la competencia del juez de primer grado(53).
De lo dicho se sigue que la expresión "efecto devolutivo" carece de
sentido actual, pues los jueces inferiores no ejercen competencia por
delegación de los órganos judiciales superiores, y la división del proceso
en dos o más instancias sólo importa una distribución funcional dentro de
una misma clase de competencia(54). Como dice Couture, "no hay
propiamente devolución, sino envío para la revisión. La jurisdicción se
desplaza, en la especie concreta, del juez apelado al juez que
debe intervenir en la instancia superior"(55).
Por lo tanto, para distinguir los casos en que la interposición del recurso
suspende o no la ejecución de la resolución impugnada, la terminología
apropiada es, respectivamente, la de apelación con o sin efecto
suspensivo, que es la utilizada por el Código de Mendoza (art. 134, párr.
1º)(56).
Los Códigos argentinos vigentes, sin embargo, con excepción del
citado, han permanecido fieles a la terminología tradicional, acaso porque
pese a sus deficiencias se encuentra avalada por un prolongado uso que
le otorga inequívoca significación.
Sólo se advierten, en el análisis comparativo de esos Códigos,
pequeñas variantes de expresión, pues mientras algunos se refieren a la
concesión del recurso "en ambos efectos" (suspensivo y devolutivo) o "al
solo efecto devolutivo" (v.gr., Corrientes), otros aluden a la apelación "en
efecto suspensivo" y "en efecto devolutivo" (v.gr., CPCCN, Buenos Aires,
Catamarca, Chaco, Chubut, Entre Ríos, Formosa, La Pampa, Misiones,
Neuquén, Río Negro, San Luis y Santa Fe) o "con" tales efectos (v.gr.,
Jujuy: art. 221).
b) Como principio general, el art. 243, párr. 3º, CPCCN, prescribe que
el recurso de apelación "procederá siempre en efecto suspensivo, a menos
que la ley disponga que lo sea en el devolutivo". Se trata de la regla
receptada casi unánimemente por la legislación procesal argentina(57).
Corresponde puntualizar, no obstante, que si bien la concesión del
recurso con efecto suspensivo desprende al juez de primera instancia del
conocimiento del proceso hasta tanto recaiga el pronunciamiento del

57 
 
tribunal superior (appellatione pendente nihil innovandum), tal
consecuencia debe considerarse circunscripta a las cuestiones que han
sido materia del recurso o guardan con éste íntima conexión(58), pero no
se extiende a la decisión de temas independientes, como pueden ser,
v.gr., los comprendidos en un incidente que tramita por separado (art.
166, inc. 5º, CPCCN)(59), ni a la adopción de medidas cautelares (norma
citada, inc. 3º).
De acuerdo con el principio establecido por el art. 243, párr. 3º, el
CPCCN determina, en cada caso, las resoluciones a cuyo respecto el
otorgamiento del recurso no impide su ejecución (efecto devolutivo). En
relación con las sentencias definitivas, procede la concesión del recurso
en dicho efecto respecto de la que rechaza la oposición a la ejecución de
sentencia (art. 509); la sentencia de remate recaída en juicio ejecutivo
(art. 555) —aunque en ambos casos la concesión del recurso en el efecto
analizado se halla supeditada al requisito de que el ejecutante otorgue
fianza de lo que perciba, en el supuesto de que la sentencia fuese
revocada por la cámara—; la que concede los alimentos o litisexpensas
(arts. 647 y 651); y las dictadas, como regla general, en los procesos
sumarísimos (art. 498, inc. 6º)(60).
Con relación a las restantes resoluciones, el CPCCN declara apelables
en efecto devolutivo la que concede el beneficio de litigar sin gastos (art.
81), la que deniega la intervención de terceros (art. 96) o la citación de
evicción (art. 105), la que concede alguna medida cautelar (art. 198)(61)y la
que rechaza la excepción de incompetencia fundada en el carácter civil o
comercial del asunto siempre que se trate de la única excepción opuesta
(art. 353, párr. 3º).

B) El denominado efecto diferido


a) El recurso de apelación se concede en "efecto diferido" cuando,
tratándose de resoluciones ordenatorias específicamente determinadas
por la ley, la fundamentación y la resolución de aquél se postergan hasta
el momento en que el expediente se radica ante el órgano superior a raíz
del recurso o recursos interpuestos contra la sentencia definitiva.
Constituye una excepción al "efecto inmediato" que normalmente
produce la interposición del recurso, ya que por regla general al
cumplimiento de este último acto subsiguen, dictada la providencia
favorable a la admisibilidad, las etapas destinadas a la fundamentación y
a la resolución. Ello es independiente del efecto suspensivo o devolutivo
correspondiente al recurso, pues la circunstancia de que en la segunda
hipótesis pueda ejecutarse inmediatamente la resolución impugnada no
58 
 
obsta para que, paralelamente al trámite de la ejecución, se desarrollen
las mencionadas etapas. Esta última contingencia, por otra parte, es la que
contribuye a diferenciar el "efecto diferido" del "devolutivo", a los que
asemeja en gran medida el hecho de que, pese a la interposición y la
concesión del recurso, el juez no se desprende del conocimiento de la
causa(62).
b) El fundamento de la apelación en efecto diferido reside en la
conveniencia de evitar las frecuentes interrupciones que, en desmedro de
la celeridad procesal, sufre el procedimiento de primera instancia cuando
se halla sometido exclusivamente a un régimen de
apelaciones inmediatas(63).
El sistema de apelaciones diferidas que instituye el CPCCN (y los
ordenamientos que a él se han adaptado) reconoce como antecedentes,
entre otros, a los arts. 39, ley 11.924, 68, ley 12.948, y 9º, dec.-ley
23.398/1956, todos ellos referentes, aunque con matices diferenciales, a
la postergación de las apelaciones interpuestas contra resoluciones
dictadas por el juez de primera instancia en materia probatoria(64). Dicho
sistema, empero, guarda mayor semejanza con el establecido por el art.
340, Código Procesal italiano(65), pues con respecto a las resoluciones
denegatorias de medidas de prueba el CPCCN sustituye el régimen de las
apelaciones diferidas por el del replanteo de cuestiones.
c) La apelación en efecto diferido —de acuerdo con lo dispuesto por
el art. 243, párrafo final, CPCCN— sólo procede cuando aquélla deba
concederse en relación, y la ley, además, prevea específicamente ese
efecto con referencia a la resolución de que se trate(66).
Sobre la base de la regla precedentemente mencionada,
el CPCCN establece que deben concederse en efecto diferido las
apelaciones deducidas contra las resoluciones sobre imposición de costas
y regulación de honorarios en los incidentes (art. 69, párr. 4º), las que
declaran la inadmisibilidad de un hecho nuevo invocado en
primera instancia (art. 366), las que, en el proceso sumario, desestimaban
las excepciones de falta de legitimación para obrar, cosa juzgada,
transacción, conciliación y desistimiento del derecho o las defensas
temporarias (art. 496, párr. 3º, hoy derogado), y las que, en general, se
dicten en los procesos de ejecución, salvo las que procedan contra la
sentencia y la providencia que deniegue la apertura del proceso (arts.
509, párr. 4º, y 557).
d) Aun cuando proceda en efecto diferido, el recurso se halla sujeto, en
cuanto a su dimensión temporal, a la regla contenida en el art.
244, CPCCN. Debe por lo tanto interponerse dentro de los cinco días
contados desde la notificación de la resolución respectiva.
Por lo que concierne a la forma de interposición rige el art. 245 del
referido ordenamiento, vale decir que puede serlo por escrito o por

59 
 
diligencia, debiendo el apelante limitarse a la mera interposición del
recurso.
Deducida la apelación, el juez debe emitir juicio de admisibilidad, es
decir, concederla o denegarla. Pero en este último supuesto no
corresponde la interposición del recurso de queja por cuanto ni la ley prevé
tal posibilidad frente a la mera denegatoria ni el procedimiento que
establece el art. 282, CPCCN, se adecua al tipo de apelación analizado(67).
En consecuencia, es recién en la oportunidad prevista para la
fundamentación cuando el apelante debe expresar en forma simultánea
los agravios referentes a la providencia denegatoria y a la resolución
impugnada.
La solución es distinta en el supuesto de que se objete el efecto que el
juez haya asignado al recurso, o sea, concediéndolo en efecto diferido
cuando debió hacerlo en efecto inmediato, o viceversa, ya que el art.
284, CPCCN, hace extensiva a tales hipótesis la admisibilidad del recurso
de queja. En ambos supuestos son exigibles, en lo pertinente, los
requisitos a que se refiere el art. 283, debiendo la cámara disponer el
efecto que corresponde imprimir al recurso concedido.
e) Con respecto a la etapa de fundamentación, prescribe el art.
247, CPCCN, que "la apelación en efecto diferido se fundará, en los juicios
ordinario y sumario, en la oportunidad del art. 260, y en los procesos de
ejecución junto con la interposición del recurso contra la sentencia. En los
procesos de ejecución de sentencia, si la resolución recurrida fuere
posterior a la mencionada en el art. 508, el recurso se fundará en la forma
establecida en el párr. 1º del art. 246. En los procesos ordinario y sumario
la cámara resolverá con anterioridad a la sentencia definitiva"(68).
Por consiguiente, tratándose de procesos ordinarios, en los cuales,
como se ha dicho, el recurso interpuesto contra la sentencia definitiva
debe ser concedido libremente, las apelaciones concedidas en efecto
diferido deben fundarse ante la cámara respectiva dentro de quinto día de
notificada la providencia que ordena poner el expediente en la oficina (art.
260, inc. 1º, CPCCN), y resolverse con anterioridad al pronunciamiento del
fallo final. La norma transcripta anteriormente no alude a los procesos
sumarísimos por cuanto con respecto a éstos no se halla prevista
apelación alguna en efecto diferido.
En los procesos de ejecución, las apelaciones diferidas deben fundarse
junto con la interposición del recurso mediante el cual se impugna la
sentencia definitiva y resolverse en oportunidad de dictarse esta última(69).

60 
 
628. Reclamación de las partes y facultades del Tribunal de Alzada
acerca del modo de concesión del recurso
a) No obstante la claridad de las reglas que contiene el art.
243, CPCCN, acerca de los modos en que corresponde conceder el
recurso de apelación de acuerdo con el tipo de resolución de que se trate,
dicho ordenamiento contempla la posibilidad de que, por inadvertencia o
error, se conceda en relación un recurso que debió serlo libremente, o
viceversa, y prevé la forma en que procede rectificar la pertinente
resolución.
Prescribe al respecto el art. 246, párr. 2º, del referido ordenamiento, que
"si cualquiera de las partes pretendiese que el recurso ha debido otorgarse
libremente, podrá solicitar, dentro de tres días, que el juez rectifique el
error"(70).
Si el juez acoge favorablemente el pedido de rectificación —que
fundamentalmente configura un recurso de reposición—, corresponde que
disponga la inmediata remisión del expediente a la cámara a fin de que el
recurso se sustancie ante ésta en la forma prescripta por el art. 259.
El CPCCN prevé, asimismo, la posibilidad de que el juez persista en el
error y admite en tal hipótesis la posibilidad de que la cámara, de oficio o
a pedido de parte que debe formularse dentro de tercero día, imprima al
recurso el trámite previsto por el art. 260 con respecto a los recursos
concedidos libremente (art. 276, párr. 2º)(71).
La falta del pedido de rectificación en primera instancia no obsta al
reclamo que cabe formular ante el Tribunal de Alzada, ni a la modificación
que, de oficio, éste puede disponer respecto a la forma en que el recurso
fue concedido(72). Tales circunstancias, sin embargo, no eximen
al interesado de la carga de fundar el recurso ante el juez de primer grado,
porque de lo contrario corresponde la declaración de deserción de aquél
en los términos del art. 246, párr. 1º, CPCCN(73). Por lo demás, el pedido
formulado extemporáneamente carece de idoneidad para suspender el
plazo destinado a la presentación de memoriales(74).
En consecuencia, no formulado el pedido de rectificación en
primera instancia, o denegado por el juez, el reclamo ante la cámara o la
modificación que ésta se halla facultada para disponer de oficio suponen
el cumplimiento de la carga de fundamentación impuesta por el art.
246, párr. 1º, ya que la presentación del memorial y su contestación
equivalen, de conformidad con el mecanismo instituido por el párr. 2º del
art. 276, a la expresión de agravios y su contestación, debiendo la cámara,
en el supuesto de rectificar la forma de concesión del recurso, limitarse a
ordenar que, dentro de los cinco días contados a partir de la notificación
de la resolución rectificatoria, las partes ejerzan las facultades que les
confiere el art. 260, es decir que funden los recursos concedidos en efecto
diferido, replanteen las cuestiones relativas a la denegatoria de medidas
de prueba, presenten nuevos documentos, etc.
61 
 
En el supuesto inverso al precedentemente examinado, es decir,
cuando cualquiera de las partes pretende que un recurso concedido
libremente debe serlo en relación, se encuentra facultada para solicitar,
también dentro de los tres días computados desde la notificación de la
providencia correspondiente, que el juez rectifique el error (art. 246, párr.
3º).
El reclamo, como se advierte, reviste la misma naturaleza que el
previsto con respecto al caso anterior y, lo mismo que éste, no constituye
presupuesto del eventual pedido de rectificación ante la cámara o de la
modificación oficiosa que ésta puede disponer. Por lo tanto, la
circunstancia de que se haya omitido la solicitud de rectificación en
primera instancia o de que el juez la haya denegado no impide que la
cámara, a pedido de parte formulado dentro de tercero día, o de oficio,
ordene que el expediente sea puesto en secretaría para la presentación
de memoriales en los términos del art. 246 (art. 276, párr. 3º).
El plazo de tres días se computa desde la notificación de la providencia
que dispuso poner el expediente en la oficina a los fines de la presentación
de la expresión de agravios.
b) Los Códigos argentinos que, a diferencia del CPCCN y sus
similares, insertan la etapa de fundamentación del recurso exclusivamente
en el procedimiento de segunda instancia autorizan a las partes a reclamar
ante la cámara acerca del modo en que aquél fue concedido,
generalmente dentro de un plazo de tres días contados desde la
notificación del primer decreto de trámite dictado en la Alzada (v.gr.,
Córdoba: art. 368, Santa Fe: art. 355).

629. Concesión del recurso y remisión del expediente o actuación a la


cámara
a) La resolución mediante la cual se concede el recurso de apelación
reviste el carácter de una providencia simple en los términos del art. 160,
CPCCN, pues sólo propende, sin sustanciación, al desarrollo del proceso.
Debe, por lo tanto, dictarse dentro del plazo de tres días contados desde
la fecha de interposición del recurso (íd., art. 34, inc. 3º, ap. a])(75).
Salvo en el caso de solicitarse la rectificación en cuanto al modo en que
el recurso fue concedido, dicha providencia no es susceptible de recurso
alguno, sin perjuicio de que la cámara, antes de entrar a examinar el fondo
del asunto, rechace la apelación en virtud de no concurrir alguno de los
requisitos que condicionan su admisibilidad (v.gr., interposición fuera del

62 
 
plazo legal, carencia de interés jurídico en el apelante, irrecurribilidad de
la resolución, etc.).
b) Cuando el recurso se concede en efecto suspensivo, en la misma
providencia se ordena remitir el expediente original a la Cámara de
Apelaciones. Tal es la regla establecida por todos los Códigos argentinos
cuando se trata de apelación libre, y que sufre una excepción parcial en
aquellos ordenamientos que, como el CPCCN y sus similares, disponen
que se fundamenten en primera instancia los recursos concedidos en
relación y, por lo tanto, difieren la remisión del expediente a la cámara
hasta tanto se conteste el memorial de agravios o venza el plazo
concedido para hacerlo(76).
c) En el supuesto de que el recurso proceda en efecto devolutivo, el art.
250, CPCCN(77), instituye diversas reglas fundadas en el tipo de resolución
de que se trate.
"Si la sentencia fuere definitiva —prescribe el inc. 1º de la citada
norma—, se remitirá el expediente a la cámara y quedará en el juzgado
copia de lo pertinente, la que deberá ser presentada por el apelante. La
providencia que conceda el recurso señalará las piezas que han de
copiarse".
La solución normativa encuentra fundamento en la circunstancia de
que, dictada la sentencia definitiva, resulta innecesario que el expediente
original permanezca en el juzgado, a quien es suficiente, para proceder a
la ejecución, contar con las copias pertinentes. Los arts. 555 y 647,
CPCCN, relativos, respectivamente, a los recursos interpuestos contra las
sentencias que hacen lugar a la ejecución o conceden alimentos,
constituyen aplicaciones particulares de la mencionada solución.
"Si la sentencia fuere interlocutoria —dice el art. 250, inc. 2º—, el
apelante presentará copia de lo que señale del expediente y de lo que el
juez estimare necesario. Igual derecho asistirá al apelado. Dichas copias
y los memoriales serán remitidos a la cámara, salvo que el juez
considerare más expeditivo retenerlos para la prosecución del juicio y
remitir el expediente original".
Es explicable que, tratándose de recursos interpuestos contra
resoluciones interlocutorias, el expediente original permanezca en el
juzgado a los efectos de proseguir los procedimientos. La norma, sin
embargo, deja librada al arbitrio del juez la posibilidad de disponer la
remisión directa del expediente cuando ello resultare más expeditivo, lo
que puede ocurrir, por ejemplo, si la resolución recurrida ya ha sido
ejecutada o se halla en vías de ejecución y no existen actos de
cumplimiento urgente(78).
Dispone, finalmente, el art. 250, inc. 3º, que "se declarará desierto el
recurso si dentro de quinto día de concedido el apelante no presentare las

63 
 
copias que se indican en este artículo y que estuvieren a su cargo. Si no
lo hiciere el apelado, se prescindirá de ellas"(79).
d) En lo que concierne al plazo y a la forma de remisión del expediente
o actuaciones al tribunal que ha de conocer del recurso, es menester
distinguir según que aquél tenga su asiento en la misma o distinta localidad
que el órgano de cuya resolución se recurre.
Con relación al primer supuesto, el art. 251, CPCCN, prescribe que "en
los casos de los arts. 245 y 250, el expediente o las actuaciones se
remitirán a la cámara dentro de quinto día de concedido el recurso o de
formada la pieza separada, en su caso, mediante constancia y bajo la
responsabilidad del oficial primero"(80).
La norma transcripta contempla los casos en que la apelación se
conceda libremente o en efecto devolutivo. Mientras en el primero
el expediente original debe remitirse a la cámara dentro de los cinco días
contados desde el dictado de la providencia que otorga el recurso (no
desde la notificación, que es innecesaria), en el segundo dicho plazo se
computa desde la formación de "la pieza separada", lo cual supone no sólo
la presentación de las copias a que alude el art. 250, sino también la
presentación del memorial por parte del apelante y su contestación por
parte del apelado, o el vencimiento del plazo concedido a este último para
contestar el traslado, ya que la apelación en efecto devolutivo va siempre
acompañada del otorgamiento del recurso en relación.
Agrega el párr. 1º in fine del art. 251 que "en el caso del art. 246 dicho
plazo (cinco días) se contará desde la contestación del traslado o desde
que venció el plazo para hacerlo". La norma, como se advierte, se
refiere exclusivamente a los casos en que el recurso debe concederse en
relación (sin efecto diferido), con prescindencia del efecto suspensivo o
devolutivo en que aquél proceda.
Con relación al segundo de los supuestos anteriormente señalados el
art. 251, párr. 2º, CPCCN, dispone que "si la cámara tuviese su asiento en
distinta localidad, la remisión se efectuará por correo y dentro del mismo
plazo, contado desde la presentación del apelado constituyendo domicilio
o contestando el traslado, o desde que venció el plazo para cumplir tales
actos".
Esta prescripción se relaciona con la contenida en el art. 249, a la que
se hizo referencia anteriormente (nro. 625) y en cuya virtud cuando la
cámara tiene su sede en distinta localidad si el recurso procede libremente,
el apelante debe constituir domicilio en el escrito de interposición de aquél
y el apelado dentro del quinto día de la providencia de concesión, y si el
recurso procede en relación, la referida carga debe cumplirse en los
escritos mencionados en el art. 246, aparejando su incumplimiento, en
ambos casos, la consecuencia de que las sucesivas resoluciones quedan
notificadas por ministerio de la ley(81).

64 
 
"La remisión por correo —finaliza expresando el art. 251— se hará a
costa del recurrente". Éste, por consiguiente, debe depositar en la
secretaría el importe de los gastos de remisión, sin que el incumplimiento
de esa carga engendre otra consecuencia como no sea la eventual
declaración de caducidad de la segunda instancia. Otros Códigos, en
cambio, aperciben al recurrente omiso con la modificación de los efectos
del recurso(82)o con el desistimiento de éste(83).
e) Sin perjuicio de las sanciones a que puede dar lugar
el incumplimiento de los tributos que gravan a las actuaciones judiciales,
dicha conducta no puede entorpecer los efectos que normalmente produce
la interposición del recurso de apelación; de allí que el art. 252, CPCCN,
disponga que "la falta de pago del impuesto o sellado de justicia no
impedirá en ningún caso la concesión o trámite del recurso"(84).

II. RECURSO DE APELACIÓN ANTE LA CORTE SUPREMA(85)

630. Concepto
a) Pese a hallarse estructurado de acuerdo con el sistema de la
doble instancia, con las salvedades ya analizadas relativas a
la inapelabilidad por razón del monto, el ordenamiento procesal vigente en
el orden nacional admite, con carácter de excepción, la posibilidad de un
tercer grado de conocimiento pleno de la cuestión debatida en la hipótesis
del recurso ordinario de apelación ante la Corte Suprema de Justicia de la
Nación.
b) Originariamente instituido por la ley 4055 (arts. 3º y 4º)(86), y
modificado por leyes posteriores en cuanto a sus requisitos de
admisibilidad, actualmente el mencionado recurso es admisible contra las
sentencias definitivas dictadas por las Cámaras Nacionales de
Apelaciones en los siguientes casos: "1º) Causas en que la Nación, directa
o indirectamente(87), sea parte, cuando el valor disputado en último
término, sin sus accesorios, sea superior a $ 726.523,32(88). 2º) Extradición
de criminales reclamados por países extranjeros. 3º) Causas a que dieren
lugar los apresamientos o embargos marítimos en tiempos de guerra,
sobre salvamento militar y sobre nacionalidad del buque, legitimidad de su
patente o regularidad de sus papeles" (art. 24, inc. 6º, dec.-ley 1285/1958).

65 
 
c) El CPCCN, mediante la adaptación del art. 3º, ley 17.116 (que a su
vez modificó el art. 8º, ley 4055), y la introducción de ciertas precisiones,
se ha limitado a reglamentar el procedimiento aplicable al recurso
analizado cuando él procediere en "causa civil", es decir, en el supuesto
precedentemente señalado con el nro. 1(89).
d) La apelación ordinaria ante la Corte Suprema se halla encuadrada
dentro de los límites de la competencia asignada por la Constitución a los
tribunales nacionales, y debiendo ejercerse dicha competencia "según las
reglas y excepciones que prescriba el Congreso", de acuerdo con lo
dispuesto por el art. 117, resulta inobjetable la potestad legislativa para
establecer los recaudos a que debe ajustarse dicho recurso(90). No
desvirtúa esa conclusión el art. 16 de la Constitución Nacional, pues como
lo ha declarado la Corte Suprema no media, en el caso, discriminación
fundada en distingos arbitrarios ni indebido privilegio(91).
La doctrina, en general, ha adoptado una posición francamente adversa
con respecto al mantenimiento de esta tercera instancia ordinaria(92). Pero
si bien es cierto que el recurso se traduce, en importante medida, en
desmedro de la celeridad procesal, no lo es menos que median razones
de interés público para que la Corte intervenga, como tribunal ordinario de
tercera instancia, cuando se hallan en juego cuantiosos valores que
comprometen el patrimonio del Estado nacional(93).

631. Requisitos subjetivos


a) A diferencia de lo que ocurre con los restantes recursos ordinarios,
que no cualifican a los eventuales impugnantes, sólo se hallan habilitados
para interponer el recurso examinado el Estado nacional que haya
actuado directa o indirectamente como parte en el proceso(94)y la persona
o personas que hayan asumido el carácter de parte contraria con respecto
a aquél.
Corresponde aclarar, sin embargo, que no procede el recurso cuando
el Estado nacional ha intervenido en el proceso en gestión de
sus intereses de orden local, como, por ejemplo, los referentes al cobro
del impuesto de sellos(95), ni se halla facultada la otra parte, en el caso de
que las costas se hayan impuesto en el orden causado, para interponer la
apelación fundada en el monto de los honorarios regulados a los
profesionales que la asistieron o representaron, pues el punto resulta
ajeno a los intereses patrimoniales de la Nación(96).
Configuran, asimismo, requisitos del recurso —como sucede con los
restantes— la existencia de interés jurídico suficiente para sustentar la

66 
 
impugnación(97)y que los agravios versen sobre cuestiones planteadas en
las instancias anteriores(98).
b) La competencia de la Corte Suprema para conocer del recurso
analizado se halla circunscripta a los casos de mediar sentencia
pronunciada por una Cámara Nacional de Apelaciones. La apelación es
por lo tanto inadmisible respecto de pronunciamientos emanados de otros
órganos, administrativos o judiciales(99), aunque concurran los restantes
requisitos que establece el art. 24, inc. 6º, ap. a), dec.-ley 1285/1958.

632. Resoluciones recurribles


a) A diferencia del recurso de apelación común, el recurso en estudio
sólo es admisible respecto de las sentencias definitivas, debiendo
entenderse por tales a aquellas que ponen fin al proceso o impiden su
continuación, privando de tal manera al interesado de remedios legales
ulteriores para la tutela de sus derechos(100).
De ello se sigue que el criterio utilizable para la calificación de "sentencia
definitiva", a los efectos de determinar la admisibilidad de la apelación
ordinaria en tercera instancia, es más estricto(101)que en la hipótesis
del art. 14, ley 48 (recurso extraordinario federal ante la Corte Sup.), pues
con respecto a éste, según se verá oportunamente (infra, nro. 646), son
equiparables a la sentencia definitiva las resoluciones que causan
gravamen irreparable.
b) A título de ejemplos, no configuran sentencias definitivas
que autoricen la interposición de este recurso, entre otras, las dictadas en
los interdictos posesorios(102)o en los procesos de ejecución cuando las
cuestiones resueltas en éstos son susceptibles de discutirse eficazmente
en el posterior proceso de conocimiento(103), las que desestiman
determinadas defensas y disponen la devolución del expediente al órgano
judicial inferior a fin de que se pronuncie acerca de las restantes
cuestiones planteadas(104). Tampoco revisten aquel carácter las
resoluciones que practican regulaciones de honorarios con carácter
provisional(105), se pronuncian sobre la admisibilidad o la inadmisibilidad de
medidas cautelares(106), declaran la nulidad de actuaciones(107)o
desestiman recursos o incidentes de nulidad(108), etc.
La misma conclusión cabe respecto de las resoluciones posteriores a la
sentencia definitiva y a fin de hacerla efectiva, salvo que se demuestre que
lo decidido resulta ajeno al pronunciamiento que se ejecuta o importa
apartamiento palmario de lo resuelto en él(109).

67 
 
En cambio, deben considerarse equiparables a sentencias definitivas a
aquellas que, aun cuando no se pronuncian sobre el fondo del asunto,
impiden la continuación del proceso en los términos señalados al
comienzo de este parágrafo. Tal lo que ocurre, entre otras, con las
resoluciones que declaran la extemporaneidad de un recurso de
apelación(110), declaran la caducidad de la segunda instancia cuando el
efecto de esa declaración conduce razonablemente a la prescripción de la
acción(111), declaran la deserción de un recurso en virtud de haberse
presentado la expresión de agravios fuera del plazo legal(112), etc.
c) La admisibilidad del recurso se halla asimismo supeditada, según se
vio, a la circunstancia de que "el valor disputado en último término, sin sus
accesorios, sea superior a $ 726.523,32".
Para determinar ese valor, por lo pronto, es necesario que la sentencia
impugnada contenga una condenación específica, de manera que no son
impugnables mediante el recurso analizado, v.gr., las sentencias que
supeditan la cantidad a restituir a la Nación a la liquidación que
corresponde practicar oportunamente a un organismo administrativo(113)o
se limitan a declarar que la actora es acreedora de indemnización por parte
del Estado, debiendo determinarse aquélla en otro juicio(114).
En segundo lugar, por "valor disputado en último término" debe
entenderse aquel por el cual se pretende la modificación de la condena,
es decir, el monto del agravio(115). Este último se determina sobre la base
de la diferencia existente entre el importe de la condena y aquel que fue
reclamado en la demanda(116), con prescindencia de los incrementos que
este último haya experimentado durante la sustanciación del proceso(117),
de las cuotas devengadas durante ese período(118)o del valor de los bienes
disputados al tiempo de tramitarse el recurso(119). Dicho valor, por lo
demás, debe surgir de las constancias del proceso y ser demostrado por
el recurrente, resultando insuficientes sus meras aserciones al
respecto(120).
Como dice el art. 24, inc. 6º, ap. a), dec.-ley 1285/1958, no corresponde
computar los "accesorios" del valor reclamado. No cabe, en consecuencia,
acumular a éste los frutos(121), los intereses(122)o los honorarios(123). El
recurso es admisible, sin embargo, cuando esos rubros, autónomamente
considerados, exceden el límite legal(124).
Por último, en los supuestos de acumulación subjetiva de pretensiones
o de acumulación de procesos, el recurso de apelación ante la Corte
es inadmisible cuando ninguna de las pretensiones individuales alcanza el
límite legal en cuanto al valor disputado en último término(125). La solución
es distinta en la hipótesis de que cualquiera de las pretensiones
acumuladas supere dicho límite, porque de lo contrario se afrontaría el
riesgo de sentencias contradictorias(126). Ello, desde luego, siempre que
medie recurso por parte del litisconsorte cuya pretensión reúna el
mencionado requisito(127).

68 
 
633. Requisitos de lugar, tiempo y forma
a) El recurso de apelación ante la Corte Suprema debe interponerse
ante la Cámara Nacional de Apelaciones que haya dictado la sentencia
que se impugna (art. 254, CPCCN). Rige, pues, en materia de lugar
de interposición, el mismo principio que la ley consagra con referencia a
las apelaciones comunes.
b) Por lo que concierne al plazo de interposición, el mencionado art. 254
remite expresamente al establecido por el art. 244, de manera que el
recurso debe deducirse dentro del plazo de cinco días contado a partir del
día siguiente al de la notificación de la sentencia (art. 244, CPCCN).
c) En cuanto a la forma, en virtud de la remisión que el art. 254 hace al
art. 245, el apelante debe limitarse a la mera interposición del
recurso, aunque esa regla debe considerarse limitada a la prohibición de
fundamentar la impugnación y no excluye la carga de acreditar, como se
ha visto en el número precedente, cuál es, concretamente, el valor
disputado en último término.
En el supuesto de que el tribunal que ha dictado la sentencia tenga su
sede en alguna provincia, corresponde que el apelante, en el escrito o
diligencia en el cual interpone el recurso, y la otra parte dentro del quinto
día contado desde la concesión de aquél, constituyan domicilio en la
Capital Federal. En caso contrario, las resoluciones sucesivas deben
serles notificadas por ministerio de la ley. Es por lo tanto aplicable el art.
249 (art. 255, CPCCN), con la variante de que, si bien el recurso ordinario
de apelación ante la Corte Suprema procede únicamente en relación, debe
fundarse ante dicho tribunal y no corresponde la presentación de
memoriales ante la cámara que emitió el pronunciamiento recurrido.
Interpuesto el recurso, la cámara debe concederlo o denegarlo. En
ambos casos la providencia debe hallarse suscripta por todos o la mayoría
de los jueces que integran el tribunal, de manera que si aquélla lleva la
firma de uno solo de esos jueces procede, sin más trámite, la devolución
del expediente a la cámara o sala a fin de que proceda en la
forma indicada(128). Asimismo, si en la resolución por la que se provee el
recurso ordinario de apelación se declara, por inadvertencia o error,
conceder el extraordinario, corresponde devolver los autos al tribunal
respectivo a fin de que se pronuncie sobre la admisibilidad del
recurso interpuesto(129).
Concedido el recurso, y si se trata de una Cámara de Apelaciones con
asiento en la Capital Federal, el expediente debe elevarse a la Corte

69 
 
Suprema dentro del plazo de cinco días mediante constancia y bajo la
responsabilidad del oficial primero. En el caso de que la cámara tenga su
sede fuera de la Capital Federal, la remisión debe efectuarse por correo,
a costa del recurrente, dentro del plazo de cinco días contado desde la
presentación del apelado constituyendo domicilio o desde que venció el
plazo para cumplir ese acto procesal. Resulta, en consecuencia, de
aplicación al caso el art. 251 (al que remite el art. 255), excluidas,
naturalmente, las posibilidades de la concesión del recurso en efecto
devolutivo y de la presentación de memoriales ante la Cámara de
Apelaciones.
Es también aplicable el art. 252, CPCCN, en cuya virtud la falta de pago
del impuesto o sellado de justicia no impide en ningún caso la concesión
o trámite del recurso.
Finalmente, en el caso de denegarse el recurso por la cámara, procede
el recurso de queja que se analizará a continuación.

III. RECURSO DE QUEJA POR APELACIÓN DENEGADA(130)

634. Concepto y objeto


a) El recurso de queja por apelación denegada, también denominado
directo o de hecho(131), es el remedio procesal tendiente a obtener que el
órgano judicial competente para conocer en segunda o tercera instancia
ordinarias, tras revisar el juicio de admisibilidad formulado por el
órgano inferior, revoque la providencia denegatoria de la apelación,
declare a ésta, por consiguiente, admisible y disponga sustanciarla en la
forma y efectos que correspondan(132).
Cabe desde ya formular dos observaciones. Una consiste en que un
remedio análogo procede con respecto a las providencias denegatorias de
recursos extraordinarios —según se verá oportunamente—, y la otra en
que, de acuerdo con el sistema instituido por el CPCCN y por los
ordenamientos que a él se han adaptado, el recurso analizado
es extensivo al caso de cuestionarse el efecto en que el recurso de
apelación se ha concedido. Este último aspecto será materia de análisis
en el presente capítulo.

70 
 
b) Si bien el juez de primera instancia (o la cámara, en el supuesto de
recurso ordinario ante la Corte Sup.) se halla facultado para denegar la
apelación (por estimar, v.gr., que se interpuso fuera del plazo legal o por
ser a su entender irrecurrible la resolución de que se trate), el juicio
definitivo acerca de la admisibilidad del recurso incumbe al órgano
superior en grado, porque de otra manera quedaría en manos de los
jueces o de los tribunales inferiores la posibilidad de frustrar la vigencia
misma del sistema de la instancia plural en aquellos casos en que la ley lo
admite. "Si el andamiento de la apelación quedara subordinado a la
voluntad del juez apelado —escribe Couture—, lo probable es que
el instituto quedara desnaturalizado. Por un lado, el amor propio excesivo
conduciría a la conclusión de considerar justa la sentencia y no someterse
a la autoridad de un mayor juez. Por el otro, en un plano moral
superior, existe la posibilidad de que el juez, sin amor propio excesivo,
pero con sincero convencimiento, crea que es beneficioso para la causa
de la justicia no suspender los efectos de su fallo y niegue el recurso por
sincera convicción de hacer el bien"(133).

635. Requisitos subjetivos


a) Sólo se encuentra habilitada para interponer el recurso analizado "la
parte que se considere agraviada" (art. 282, CPCCN), es decir, aquella a
quien se denegó el recurso interpuesto, aunque la facultad puede
corresponder a un tercero extraño al proceso en aquellos
supuestos excepcionales en los que se les concede la posibilidad de
apelar (supra, nro. 622). Asimismo, constituyendo presupuesto ineludible
de la queja la denegatoria de la apelación, el remedio es inadmisible si el
recurrente manifiesta ignorar si tal denegatoria se ha producido(134).
b) La competencia para intervenir en el trámite del recurso incumbe, en
forma exclusiva, al órgano superior en grado con respecto a aquel que
denegó la apelación, ya que la respectiva providencia no es apelable ni
susceptible de reposición(135).

636. Requisitos de lugar, tiempo y forma


a) El recurso de queja debe interponerse en la sede del órgano
jerárquicamente superior con respecto a aquel que dispuso la denegatoria.

71 
 
"Si el juez denegare la apelación —prescribe el art. 282, párr. 1º,
CPCCN—, la parte que se considere agraviada podrá
recurrir directamente en queja ante la cámara..." (o, en su caso, ante la
Corte). Es la solución admitida por la mayoría de los Códigos Procesales
vigentes en nuestro país(136).
b) El plazo para interponer el recurso analizado es de cinco días, "con
la ampliación que corresponda por razón de la distancia, de acuerdo con
lo dispuesto en el art. 158" (art. 282, párr. 2º, CPCCN), es decir, de un día
por cada doscientos kilómetros o fracción que no baje de cien. Algunos
Códigos provinciales instituyen plazos fijos de menor o mayor extensión,
según que el tribunal superior tenga o no su asiento en el lugar del
juicio(137).
Dichos plazos se computan a partir de la notificación, por ministerio de
la ley, de la resolución denegatoria de la apelación, por cuanto ésta no se
encuentra incluida entre aquellas que corresponde notificar
personalmente o por cédula.
c) En cuanto a las formas que debe reunir la queja, el art. 282, párr. 1º,
CPCCN, sólo exige, en primer lugar —lo mismo que la mayor parte de los
ordenamientos procesales argentinos(138)— que el recurrente pida "que se
le otorgue el recurso denegado y se ordene la remisión del expediente".
Aunque la ley no requiere expresamente, como lo hace el art. 229,
Código de Jujuy, que el recurrente exprese "los fundamentos de la queja",
la naturaleza del remedio analizado impone la necesidad de que aquél
suministre al tribunal, siquiera brevemente, las razones por las cuales
considera erróneo el criterio que informa a la resolución denegatoria(139).
En segundo lugar, el art. 283, CPCCN prescribía, como lo hace
actualmente la mayoría de los Códigos provinciales que se adaptaron a él,
que "al interponerse la queja deberá acompañarse copia simple de la
resolución recurrida y de los recaudos necesarios suscriptos por el letrado
patrocinante del recurrente, sin perjuicio de que la cámara requiera
el expediente"(140).
No especificaba esa norma, como se advierte, cuáles son los recaudos
necesarios que corresponde adjuntar, pero a través de la jurisprudencia y
de la práctica judicial se consideró que configuraban
recaudos indispensables la copia del escrito de interposición del recurso y
de la resolución denegatoria, con indicación de las fechas
correspondientes a la notificación de la resolución recurrida y a la del cargo
puesto en el mencionado escrito(141).
Si bien la norma mencionada, en su versión resultante de la ley 22.434,
mantuvo el texto anterior en lo que respecta al procedimiento aplicable en
el caso del recurso de queja por apelación denegada y al efecto no
suspensivo del remedio, determina con toda precisión cuáles son los
"recaudos necesarios" a los que genéricamente se refería dicho texto, con

72 
 
lo que se facilita en importante medida la actividad del recurrente y se
acuerda la necesaria certeza a una cuestión que suscitó criterios no
siempre coincidentes.
Dispone, en efecto, el actual art. 283 que "son requisitos de
admisibilidad de la queja: 1º) Acompañar copia simple suscripta por el
letrado del recurrente: a) del escrito que dio lugar a la resolución
recurrida(142)y de los correspondientes a la sustanciación, si ésta hubiese
tenido lugar; b) de la resolución recurrida; c) del escrito de interposición
del recurso y, en su caso, de la del recurso de revocatoria si la apelación
hubiese sido interpuesta en forma subsidiaria; d) de la providencia que
denegó la apelación. 2º) Indicar la fecha en que: a) quedó notificada la
resolución recurrida; b) se interpuso la apelación; c) quedó notificada la
denegatoria del recurso. La cámara podrá requerir copia de otras piezas
que considere necesarias y, si fuere indispensable, la remisión
del expediente...".
Las copias mencionadas deben acompañarse inexcusablemente al
escrito de interposición del recurso, siendo inadmisible su presentación
posterior(143). El incumplimiento de la referida carga autoriza a la cámara
para proceder al inmediato rechazo de la queja(144), salvo que se trate de
recaudos ajenos a los legalmente previstos, en cuyo caso la cámara puede
requerir su presentación posterior.
Finalmente, si bien el art. 285, CPCCN, supedita la admisibilidad de la
queja por denegación de recursos ante la Corte Suprema a los requisitos
de lugar y tiempo ya analizados, así como al procedimiento y efectos que
se analizarán en el número siguiente, no impone la carga de presentar las
copias junto con la interposición de la queja, limitándose a disponer que el
tribunal "podrá" exigir su presentación. La norma recoge una antigua y
reiterada práctica observada por la Corte, que se funda sustancialmente
en la índole de los recursos admisibles para ante ella y en la
heterogeneidad de los tribunales cuyas resoluciones son susceptibles de
aquéllos.

637. Procedimiento y efectos


a) Interpuesto el recurso de queja, la cámara debe pronunciarse sin más
trámite acerca de la admisibilidad o la inadmisibilidad de la apelación
denegada, sea sobre la base de los recaudos acompañados por el
recurrente, o teniendo además a la vista el expediente principal, cuyo
requerimiento al juez de primera instancia comporta una simple facultad
del tribunal(145). Se decide, por lo tanto, sin sustanciación previa, es decir,
con prescindencia de la intervención o citación de la otra parte.
73 
 
"Presentada la queja en forma —prescribe el art. 283, CPCCN—, la
cámara decidirá, sin sustanciación alguna, si el recurso ha sido bien o mal
denegado; en este último caso, dispondrá que se tramite"(146).
En el supuesto de declararse bien denegado el recurso, corresponde la
devolución de las actuaciones o del expediente principal al juez de primer
grado(147). Si el recurso se declara mal denegado, cabe distinguir según
que el expediente principal se encuentre o no en la cámara: en el primer
caso, la resolución que concede el recurso y abre la instancia debe
disponer que aquél tramite en la forma que corresponda, es decir, acordar
plazo al recurrente para que presente memorial(148)si se trata de apelación
en relación u ordenar que el expediente se ponga en secretaría a fin de
que aquél exprese agravios si el recurso procede libremente. En el
segundo caso la cámara, tras declarar mal denegado el recurso, debe
disponer la remisión de las actuaciones a primera instancia a fin de que en
ésta se cumpla el procedimiento establecido por el art. 246 si el recurso
procede en relación, o bien, requerir el expediente principal a fin de dictar
la providencia prevista por el art. 259 con respecto al recurso libre.
Corresponde aclarar que cuando se trata de queja por denegatoria de
la apelación ordinaria ante la Corte Suprema el procedimiento del recurso
sufre variantes derivadas de la práctica judicial del tribunal. En primer
lugar, desestimada la queja sobre la base de los recaudos agregados, las
actuaciones no son devueltas a la cámara, a quien simplemente se
comunica aquella circunstancia mediante oficio. En segundo lugar, la
providencia que declara mal denegado el recurso y dispone su
sustanciación en los términos del art. 280, CPCCN, requiere la previa
recepción del expediente principal.
b) La mera interposición del recurso no produce efectos suspensivos
respecto de la competencia del juez que denegó la apelación. Aquél, por
lo tanto, deberá continuar los procedimientos hasta tanto la cámara (o la
Corte) revoque la providencia denegatoria(149). Dice al respecto el art. 283,
párrafo final, CPCCN, que "mientras la cámara no conceda la apelación,
no se suspenderá el curso del proceso"(150).
Pero, en realidad, la suspensión de los procedimientos en primera o
segunda instancia no se produce a raíz de la mera concesión del recurso
por el órgano superior, sino una vez que el juez o la cámara reciben la
orden de remisión del expediente principal(151). En la práctica, por lo
demás, el recurso produce efectos suspensivos cuando el superior, con
anterioridad al pronunciamiento sobre la admisibilidad del recurso, ordena
la remisión del expediente, pues ello impide, de hecho, la prosecución de
los procedimientos en la instancia inferior. Algunos Códigos
provinciales autorizan al órgano competente para disponer la suspensión
de los procedimientos como medida previa cuando median circunstancias
de excepción(152).

74 
 
c) Según se anticipó, el CPCCN extiende la admisibilidad del recurso de
queja a los casos en que, habiéndose concedido la apelación, cualquiera
de las partes objete los efectos (suspensivo, devolutivo o diferido) en que
se concedió. "Las mismas reglas —dispone el art. 284— se observarán
cuando se cuestionase el efecto con que se hubiese concedido el recurso
de apelación"(153).
En consecuencia, concedido el recurso en efecto suspensivo debiendo
haberlo sido en efecto devolutivo, el interesado debe, dentro del quinto día
contado a partir de la notificación de la providencia impugnada, solicitar
que la cámara ordene al juez observar las reglas establecidas por el art.
250, CPCCN (supra, nro. 629).
Si, en cambio, el recurso se concedió en efecto devolutivo debiendo
habérselo hecho en efecto suspensivo, corresponde solicitar las medidas
conducentes a evitar la ejecución de la resolución recurrida.
Al procedimiento aplicable en el caso de cuestionarse el efecto diferido
o inmediato del recurso se hizo referencia supra, nro. 627.
El art. 284, CPCCN, es inaplicable cuando se trata de queja por
denegatoria de la apelación ordinaria ante la Corte Suprema, pues dicho
recurso sólo puede concederse en efecto suspensivo.

IV. RECURSO DE NULIDAD(154)

638. Concepto
a) En sentido lato —comprensivo por ende de las diversas modalidades
que asume de acuerdo con los ordenamientos vigentes en nuestro país—
, el recurso de nulidad puede definirse como el remedio tendiente
a invalidar tanto resoluciones judiciales cuanto actos procesales anteriores
a ellas que no reúnen los requisitos indispensables para la obtención de
su finalidad.
A diferencia, por lo tanto, del recurso de apelación, cuya finalidad
consiste en lograr la revocación o la reforma de un pronunciamiento que
se estima injusto por errores en la aplicación de las normas jurídicas o en
la apreciación de los hechos (error in iudicando), el recurso de nulidad
tiene por objeto subsanar los vicios o los defectos de que pueden adolecer

75 
 
los requisitos que condicionan la validez de los actos procesales (errores
in procedendo).
Sin embargo, como bien lo puntualiza Podetti(155), "el objeto inmediato
del recurso de nulidad es rescindir, casar o anular una sentencia, por su
forma o contenido, o por los actos que la han precedido, pero su objeto
mediato, útil y que lo justifica es obtener que no se violen las garantías de
la defensa, que no se produzcan resoluciones injustas. A primera vista no
puede confundirse el objeto del recurso de nulidad: rescisión, y el objeto
de la apelación: revisión, pero a poco que se reflexione se observa que la
rescisión tiene por objeto hacer posible una sentencia ajustada a derecho,
sea por el tribunal a quo, sea por el propio tribunal que anuló. Y por eso...
la anulación o la rescisión va desapareciendo, o ha desaparecido
como institución autónoma dentro de los recursos".
b) Según se señaló oportunamente (supra, nro. 429), la promoción
del incidente de nulidad constituye, de conformidad con el
régimen instituido por el CPCCN y los ordenamientos que a él se han
adaptado, la única vía admisible para obtener la declaración de nulidad de
cualquier acto procesal realizado durante el curso de una instancia con
anterioridad al pronunciamiento de la correspondiente resolución. En
consecuencia, los vicios determinantes de la nulidad resultan convalidados
si la parte interesada no hace uso de ese remedio dentro del plazo que la
ley prescribe, es decir, dentro de los cinco días contados desde que tuvo
conocimiento del acto defectuoso (art. 170, CPCCN).
Se indicó también en esa oportunidad que la vía incidental es
igualmente admisible en el supuesto de que, a raíz de un acto irregular, se
haya dictado una resolución judicial (definitiva e interlocutoria), pues en tal
hipótesis no se impugna a ésta en sí misma, sino en la medida en que
configura la culminación de un procedimiento defectuoso. Tal lo que
ocurre, entre otros casos, cuando se dicta sentencia sin que previamente
se haya abierto la causa a prueba o declarado como de puro derecho, se
resuelve un incidente sin conferir traslado a la parte contraria a aquella que
lo promovió, se pronuncia sentencia de remate omitiéndose la previa
citación para defensa o hallándose ese acto afectado de nulidad, etc. Si,
en cualquiera de los supuestos mencionados, la parte interesada no
estuvo en condiciones de conocer la existencia del acto irregular con
anterioridad al pronunciamiento de la decisión, debe hacer valer la nulidad
mediante incidente que corresponde promover dentro del quinto día desde
que tuvo conocimiento de aquélla (y, por ende, del acto o trámite irregular
que precedió a su dictado).
Tras algunas vacilaciones, ésa fue la conclusión a que llegó la
jurisprudencia de los tribunales de la Capital Federal con anterioridad a la
promulgación del CPCCN, pese a la circunstancia de que el Código
derogado incluía, como una de las causales del recurso de nulidad, a las
resoluciones precedidas de un procedimiento defectuoso. Los
precedentes se fundaron, para ello, en la autonomía de que goza
76 
 
el incidente de nulidad con relación a los restantes incidentes que pueden
suscitarse durante el curso del proceso, y en el hecho de que no media
impedimento legal alguno para que el propio juez que dictó la sentencia
(incluso definitiva y con prescindencia del tipo de proceso de que se trate)
conozca del respectivo incidente de nulidad, por cuanto la suspensión de
competencia que importa el pronunciamiento del fallo supone la validez de
los actos que lo precedieron(156).
c) De lo expuesto se sigue que, conforme al régimen instituido por el
CPCCN y ordenamientos análogos, la admisibilidad del recurso de nulidad
se halla circunscripta a las impugnaciones dirigidas con relación a los
vicios procesales que pudieren afectar a alguna resolución judicial en sí
misma, quedando por lo tanto excluidas del ámbito del remedio analizado
aquellas irregularidades de que adolezcan los actos procesales que
precedieron a su pronunciamiento(157).
d) Analizada la nulidad como remedio procesal diferenciado
del incidente, se advierte que la legislación argentina le dispensa un
tratamiento normativo que presenta variantes desde el doble punto de
vista de la forma en que dicho remedio se encuentra estructurado y de las
causales que lo tornan admisible.
Desde el punto de vista de su estructuración, los Códigos vigentes
pueden agruparse en dos sistemas respectivamente caracterizados por
1º) considerarlo, acordándole o no, la denominación del recurso, implícito
en el de apelación, y 2º) declarar a ambos recursos recíprocamente
implícitos(158).
Dentro del primer sistema se hallan comprendidos, por un lado, aquellos
ordenamientos que, no obstante negar toda autonomía al recurso de
nulidad, continúan designándolo como tal. Es, por ejemplo, el caso del
CPCCN, cuyo art. 253, ubicado en la sección destinada al recurso de
apelación, se limita a disponer que éste "comprende el de nulidad por
defectos de la sentencia"(159), y el del Código de Tucumán, que si bien
reglamenta a la "nulidad" en un título independiente prescribe, en el art.
743, que "el recurso de apelación lleva implícito el recurso de nulidad".
Por otro lado, en el mismo sistema se encuentran comprendidos los
Códigos de Jujuy y Mendoza, aunque éstos no regulan la nulidad como
recurso y se limitan a aludir a ella como uno de los posibles motivos en
que cabe fundamentar el recurso de apelación.
Al segundo sistema, finalmente, adhieren el Código de Santa Fe
(art. 361) y el de Tucumán (art. 743), los cuales, aparte de
reglamentar autónomamente el recurso de nulidad, disponen que el
recurso de apelación lleva implícito el de nulidad (en el caso del de Santa
Fe, se indica que cada uno de estos recursos —nulidad y apelación— lleva
implícito el otro), pero el tribunal no puede pronunciarse sobre el
no interpuesto, salvo que el recurrente lo solicite y funde en el curso de
la instancia.
77 
 
Desde el punto de vista de las causas en que cabe fundar el recurso o
la alegación de nulidad, mientras el CPCCN y los ordenamientos que a él
se han adaptado las limitan a los defectos de las resoluciones(160), los
Códigos de Jujuy, Mendoza y Santa Fe las extienden a los vicios
procesales ocurridos con anterioridad al pronunciamiento de aquéllas,
siempre que no hayan sido convalidados o consentidos.

639. Requisitos subjetivos


Este tipo de requisitos coincide con los que corresponden al recurso de
apelación, los cuales fueron objeto de estudio supra, nro. 622. La
conclusión es válida con prescindencia del carácter que la respectiva
legislación acuerde al recurso, pues los ordenamientos que lo mencionan
como tal o contemplan sus causales supeditan la admisibilidad del remedio
a la del recurso de apelación.
Sólo importa añadir que, no procediendo la nulidad por la nulidad
misma, el recurrente debe demostrar, en oportunidad de fundamentar la
impugnación, el perjuicio experimentado a raíz del vicio o vicios que
puntualiza, así como el interés que procura subsanar con la declaración
de nulidad (arg. art. 172, CPCCN)(161).

640. Resoluciones recurribles


a) Constituye un principio unánimemente consagrado por la legislación
procesal argentina el de que sólo son susceptibles del recurso de nulidad
las resoluciones apelables. Esta equiparación se explica fácilmente si se
tiene en cuenta que las nulidades procesales carecen de un fin en sí
mismas y su declaración sólo entraña, en definitiva, una vía indirecta para
asegurar la justicia de las decisiones judiciales. A esa circunstancia
obedece que la legislación procesal haya evolucionado en el sentido —
ya indicado anteriormente— de restar autonomía al recurso examinado,
abriendo paso a la vigencia del principio que Carnelutti ha denominado de
la absorción de la invalidación por la impugnación(162).
b) De conformidad con lo precedentemente expuesto, en el derecho
argentino el recurso de nulidad es admisible contra las sentencias
definitivas, las sentencias interlocutorias y las providencias simples que
causan gravamen irreparable, con las salvedades que, respecto de estos

78 
 
dos últimos tipos de resoluciones judiciales, prevén algunos Códigos
(ver supra, nro. 623).

641. Requisitos de lugar, tiempo y forma


Los ordenamientos procesales que asignaban carácter autónomo al
recurso de nulidad prescribían que debía interponerse junto y dentro del
mismo plazo que el de apelación (v.gr., Córdoba: art. 1266, Salta: art. 249).
De ello se seguía que los requisitos de lugar, tiempo y forma
de interposición de este último recurso eran estrictamente extensivos al de
nulidad(163).
En cambio, los Códigos vigentes en la actualidad descartan la
necesidad de que el recurso de nulidad sea expresamente interpuesto y,
por ende, concedido por el juez de primera instancia, bastando que lo sea
el de apelación. Esa circunstancia, empero, no libera al apelante de la
carga de invocar, ante el órgano de segunda instancia, los defectos
procesales que a su juicio afecten a la resolución recurrida (o, en su caso,
a los actos precedentes), porque en caso contrario aquéllos deben
reputarse convalidados(164).

642. Causales de nulidad


a) En la legislación argentina, como se dijo, existen dos tipos de
causales que autorizan el recurso (o alegación) de nulidad: uno se refiere
al incumplimiento de los requisitos que condicionan la validez de las
resoluciones judiciales, y otro a los vicios que afecten a los actos
procesales que precedieron al dictado de aquéllas. Los Códigos que aún
lo reglamentan en forma independiente contemplan ambas causales en
tanto prescriben que aquél procede contra las resoluciones "pronunciadas
con violación de las formas y solemnidades que prescriben las leyes"
(primera causal), o "en virtud de un procedimiento en que se hayan omitido
las formas sustanciales del juicio o incurrido en algún defecto de los que
por expresa disposición del derecho anulan las actuaciones" o con
"violación y omisión de las formas prescriptas bajo pena de nulidad o que
asuman carácter sustancial" (segunda causal) (v.gr., Santa Fe: art. 360).
El mismo criterio adoptan los ordenamientos que erigen a la nulidad en
uno de los posibles motivos del recurso de apelación: tales el Código de

79 
 
Mendoza, cuyo art. 133-IV dispone que este último recurso "comprende
los agravios ocasionados por defectos en el procedimiento, no
convalidados, o en la sentencia", y el de Jujuy, cuyo art. 228 prescribe que
"el juez o tribunal de apelación deberá observar previamente si en el
escrito en que se interpuso el recurso (de apelación) no se ha hecho valer
la nulidad de la sentencia o de los actos de primera instancia".
El Código de Tucumán ofrece en cambio la particularidad de que prevé
el recurso de nulidad sólo frente al supuesto de que el procedimiento se
encuentre afectado por los vicios a que se refieren los arts. 165 y 166
(relativos a las nulidades procesales), siempre que aquéllos no hayan
podido subsanarse en la instancia en que se cometieron (art. 744).
b) Es vasto el repertorio de irregularidades que pueden afectar la validez
de las resoluciones judiciales y autorizan, en principio, el recurso de
nulidad. Tales serían, por ejemplo, la omisión de la fecha en que es dictada
y tal defecto ocasiona un perjuicio a las partes(165), el error sobre el nombre
de las partes que imposibilita la ejecución de lo decidido(166), el
pronunciamiento sobre cuestiones no planteadas o
(167)
articuladas extemporáneamente , la omisión de pronunciamiento sobre
(168)
puntos esenciales y la falta o insuficiencia de fundamentos(169).
Pero, exista o no la posibilidad de reenvío, la declaración de nulidad de
la sentencia requiere la existencia de una irregularidad manifiesta y grave;
de allí que, según lo tiene reiteradamente establecido la jurisprudencia,
aquella declaración no procede cuando los vicios invocados son
susceptibles de repararse mediante el recurso de apelación(170).
c) El recurso (o alegación) de nulidad por defectos de "procedimiento",
de conformidad con los ordenamientos que contemplan esa causal, es
admisible para subsanar irregularidades procesales que, acaecidas con
anterioridad al pronunciamiento de la resolución, han afectado el derecho
de defensa de cualquiera de las partes, sea por omisiones o restricciones
en la audiencia o en la prueba. Tal sería el caso de la sentencia definitiva
dictada sin abrirse el juicio a prueba, pese a la circunstancia de existir
hechos controvertidos o sin declararse la cuestión de puro derecho(171), o
de la sentencia interlocutoria pronunciada con prescindencia del previo
traslado a la parte contraria a aquella que promovió la cuestión(172).
Pero todos los Códigos que prevén esta modalidad del recurso
supeditan su admisibilidad a la condición de que el defecto procesal de
que se trata no haya sido convalidado o subsanado por falta de oportuna
reclamación en la instancia en que se produjo, lo cual obedece al carácter
relativo que revisten todas las nulidades procesales (supra, nros. 426 y
429).
De ello se sigue que el recurso (o alegación) de nulidad por vicios de
procedimiento se encuentra circunscripto a la hipótesis de que aquéllos
hayan llegado a conocimiento del interesado con posterioridad al dictado
de la resolución impugnada, pues tal circunstancia obstaría, de acuerdo
80 
 
con el criterio que informa a los Códigos que admiten la impugnación por
la referida causal, a la posibilidad de articular la nulidad por vía
de incidente.

643. Efectos del recurso


a) En el caso de prosperar la nulidad, los efectos del recurso difieren
según que aquélla haya sido declarada por vicios de la sentencia misma o
del procedimiento que la antecedió. Cabe, sin embargo, observar
que aun entre los Códigos que prevén ambas causales existen variantes
que se examinarán a continuación.
b) En el caso de que la impugnación se refiera a los vicios que afectan
a la sentencia, la inmensa mayoría de los Códigos vigentes en nuestro
país acuerda al tribunal de apelación la doble facultad de declarar la
nulidad de aquélla y de sustituirla por otra que dirima el fondo del asunto,
concentrando por lo tanto en un mismo acto la emisión del juicio
negativo (iudicium rescindens) y del positivo (iudicium rescissorium). Esta
solución ha sido adoptada incluso por los Códigos que, como el de
Corrientes, se aproximaban en mayor medida a los regímenes que
aseguraban autonomía al recurso de nulidad, pues en su art. 255
prescribía que "si el procedimiento estuviera arreglado a derecho y la
nulidad consistiese en la forma de la sentencia, el tribunal declarará a ésta
nula y dictará nueva sentencia"; también, desde luego, por los
ordenamientos que han eliminado el recurso de nulidad (v.gr., Mendoza:
art. 141-IV y V, y Jujuy: art. 228).
En el orden nacional, el art. 253, CPCCN dispone, luego de su reforma
por la ley 22.434, que "si el procedimiento estuviere arreglado a derecho y
el Tribunal de Alzada declarare la nulidad de la sentencia por cualquier
otra causa, resolverá también sobre el fondo del litigio"(173).
En cambio, algunos ordenamientos provinciales que se adaptaron
al CPCCN omitieron, al igual que éste en su versión originaria,
contemplar expresamente el efecto imputable a una declaración de
nulidad de sentencia por defectos inherentes a ella. Sin embargo, la
marcada directiva de economía procesal que los orienta en todo sentido,
el régimen adoptado en materia de nulidad de actos procesales, la
supresión del recurso de nulidad como remedio autónomo y la
aplicación extensiva del art. 278 conducen necesariamente a la conclusión
de que, declarada la nulidad de la sentencia, corresponde que el tribunal
emita pronunciamiento sobre el fondo del asunto(174).

81 
 
c) En la hipótesis de que se cuestione la validez del procedimiento, los
Códigos que admiten esa causal de nulidad como fundamento de la
impugnación coinciden en limitar la competencia del tribunal de
segunda instancia a la emisión del iudicium rescindens, ya que la
concurrencia de un vicio anterior a la resolución impugnada afecta
totalmente la regulación de ésta y obsta a un pronunciamiento sobre el
fondo del asunto; de allí que dichos ordenamientos dispongan que,
comprobada la existencia de un vicio en el procedimiento, corresponde
declarar la nulidad de todo lo actuado (incluso de la sentencia) desde que
aquél se produjo, y remitir el expediente a primera instancia a fin de que
se proceda a sustanciar nuevamente la causa y a dictar la resolución que
corresponda. Pero mientras el Código de Tucumán (art. 745) prescribe
que el expediente debe remitirse al mismo juez de primera instancia, los
restantes disponen el reenvío a otro juez de la misma jerarquía (v.gr.,
Jujuy: art. 228, Mendoza: art. 141-IV, Santa Fe: art. 362), siendo esta
última la solución correcta, ya que, como observa Podetti, aparte de que
el juez que intervino originariamente habría incurrido en prejuzgamiento,
en la medida en que "ha producido actos que adolecen de nulidad o los ha
tolerado, no ofrece garantías suficientes para el afectado o agraviado por
esos actos"(175).

CAPÍTULO XLVII - RECURSOS EXTRAORDINARIOS EN EL ORDEN NACIONAL

SUMARIO: I. RECURSO EXTRAORDINARIO


FEDERAL: 644. Concepto.— 645. Requisitos
subjetivos.— 646. Resoluciones recurribles:
Por el órgano que las pronuncia; Por
la incidencia procesal de la resolución; Por la
posición del órgano dentro de la respectiva
estructura judicial; Por el contenido de la
resolución: Cuestión justiciable; Cuestión
federal; Relación directa e inmediata;
Resolución contraria.— 647. Requisitos de
lugar y tiempo.— 648. Requisitos de forma:
Introducción y mantenimiento de la cuestión
federal; Forma de interposición.— 649. El
caso de las sentencias arbitrarias.— 650.
Gravedad institucional y trascendencia. II.
RECURSO DE QUEJA POR DENEGATORIA
DEL EXTRAORDINARIO FEDERAL: 651. Concepto
y requisitos subjetivos.— 652. Requisitos de

82 
 
lugar, tiempo y forma.— 653. Efectos. III.
RECURSO DE INAPLICABILIDAD DE LA LEY: 654.
Concepto y naturaleza.— 655. Requisitos
subjetivos.— 656. Requisitos objetivos:
Resoluciones recurribles; Existencia de
contradicción.— 657. Requisitos de lugar,
tiempo y forma.

I. RECURSO EXTRAORDINARIO FEDERAL(1)

644. Concepto y naturaleza


Luego de la reforma de la ley 22.434, se volcaron los siguientes
desarrollos
introductorios del tema de este capítulo(2):
"Sumario: I. Introducción. II. Recurso extraordinario. III. Recurso
ordinario de apelación. IV. Queja por denegación de recursos ante la Corte
Sup.
"I. Introducción
"La ley 22.434 (ADLA XLI-B-2765), de reformas al CPCCN (ADLA
XXVII-C-2649), mantuvo, en lo fundamental, las disposiciones contenidas
en dicho ordenamiento acerca de los requisitos de lugar, tiempo y forma a
que se hallan sujetos los recursos extraordinario y ordinario de apelación
ante la Corte Sup., pero introdujo diversas modificaciones relativas a la
sustanciación de tales impugnaciones, así como a la de las quejas
motivadas por su denegatoria. Modificó, asimismo, un aspecto de los
requisitos formales que condicionan la admisibilidad del recurso de queja
por denegatoria del extraordinario.
"En razón de tratarse de reformas que revisten alguna significación he
estimado conveniente dedicarles el presente trabajo, que divido en sendos
parágrafos relativos al recurso extraordinario, al recurso ordinario de
apelación y a la queja por denegación de tales recursos.
"También la ley 22.434 sustituyó el art. 258, CPCCN por otro que
contempla la posibilidad de que, concedido el recurso extraordinario, se
ejecute, previo el otorgamiento de fianza, la sentencia de la cámara o
83 
 
tribunal que fuese, confirmatoria de la dictada en primera instancia. No me
ocuparé, empero, de esta cuestión, por cuanto la norma constituye
reproducción prácticamente textual de la contenida en el art. 7º, ley
4055 (ADLA 1889-1919-533) que fue derogada por el art. 2º-VIII, ley
22.434.
"II. Recurso extraordinario
"1. El art. 257, CP, en su actual versión, reproduce esencialmente el
texto de esa norma y prescribe que 'el recurso extraordinario deberá
ser interpuesto en escrito fundado con arreglo a lo establecido en el art.
15, ley 48 (ADLA 1852-1880-364) ante el juez, tribunal u organismo
administrativo que dictó la resolución que lo motiva, dentro de los diez días
contados a partir de la notificación'. Nada nuevo, por lo tanto, en relación
con los requisitos de lugar, tiempo y forma del recurso extraordinario.
"2. Disponen, en cambio, los restantes párrafos del art. 257, que 'de la
presentación en que se deduzca el recurso se dará traslado por diez días
a las partes interesadas, notificándolas personalmente o por cédula.
Contestado el traslado o vencido el plazo para hacerlo, el tribunal de la
causa decidirá sobre la admisibilidad del recurso. Si lo concediere, previa
notificación personal o por cédula de su decisión, deberá remitir las
actuaciones a la Corte Sup. dentro de cinco días contados desde la última
notificación. Si el tribunal superior de la causa tuviera su asiento fuera de
la Capital Federal, la remisión se efectuará por correo, a costa del
recurrente. La parte que no hubiera constituido domicilio en la Capital
Federal quedará notificada de las providencias de la Corte Sup. por
ministerio de la ley. Regirá respecto de este recurso, lo dispuesto en el art.
252'.
"3. Con anterioridad a la entrada en vigencia de la ley 22.434 la cuestión
que contemplan los párrafos transcriptos se encontraba regulada por el
art. 280, CP, según el cual, concedido el recurso por el tribunal superior de
la causa y recibido el expediente por la Corte Sup., ésta debía dictar la
providencia de autos y las partes podían, dentro del plazo común de diez
días siguientes al de la notificación de esa providencia, presentar un
memorial que correspondía agregar al expediente, quedando sin más
trámite la causa conclusa para definitiva.
"De conformidad con el régimen instituido por el actual art. 257, en
cambio, la sustanciación del recurso debe llevarse a cabo ante el tribunal
superior de la causa mediante un traslado que corresponde conferir, a la
otra u otras partes, del escrito en el cual aquél se interpuso, debiendo
luego dictarse pronunciamiento acerca de la admisibilidad de la
impugnación y remitirse el expediente a la Corte Sup. si dicho
pronunciamiento es favorable al recurrente. Resulta de tal
manera excluida la necesidad de que la Corte dicte la providencia
de autos, pues ella se encuentra implícita, como se verá más adelante, en
la recepción del expediente por el tribunal (art. 280, ap. 1º, en su actual

84 
 
redacción), debiendo éste limitarse a conferir vista o a
acordar intervención, en su caso, al procurador General.
"4. El nuevo régimen exhibe diversas ventajas.
"En primer lugar, facilita la tarea del tribunal superior de la causa, pues
si bien el recurso extraordinario debe bastarse a sí mismo, de manera tal
que de la lectura del correspondiente escrito aquél se encuentre en
condiciones de emitir juicio sobre su admisibilidad, las alegaciones
formuladas por la parte contraria en oportunidad de contestar el traslado
puedan configurar elementos ilustrativos que coadyuven a la corrección de
ese juicio. Es también susceptible de facilitar la labor de la propia Corte en
el supuesto de que el recurso sea denegado, pues en la práctica ocurría
que, en ciertos casos, sin tener a la vista el expediente principal, la lectura
de la copia del escrito de interposición del recurso extraordinario y de la
resolución denegatoria entorpecía la decisión inmediata de la queja.
"En segundo lugar, la función del memorial del recurrente era, por cierto,
limitada, y en ocasiones representaba para éste un serio riesgo, porque,
por una parte, hallándose trazados los límites del pronunciamiento de la
Corte por los agravios vertidos en oportunidad de interponerse el
recurso extraordinario, el impugnante debía circunscribirse a mantenerlos
y a aportar argumentos complementarios, y, por otra parte, se exponía a
la perspectiva de que el tribunal se abstuviese de emitir decisión acerca
de cuestiones que, si bien planteadas en el escrito de interposición del
recurso, no se mantenían, a veces por inadvertencia, en el memorial (1).
Acaso el sistema pudo justificarse cuando el plazo para interponer el
recurso era de cinco días, pero perdió virtualidad una vez que aquél fue
duplicado, acordando por lo tanto al recurrente la posibilidad de formular
una fundamentación exhaustiva.
"Tampoco para la parte recurrida era el memorial un acto provisto de
mayor relevancia, ya que mediante él no se encontraba en condiciones de
replicar eventuales mejoras de fundamentación, y hasta podía convertirse
en una actuación inoficiosa frente a la eventual deserción de agravios por
parte del recurrente.
"El nuevo régimen, por último, facilita asimismo la tarea de la parte
recurrida en el caso de que el tribunal superior de la causa tenga su asiento
fuera de la Capital Federal. Durante la vigencia del sistema anterior, en
efecto, concedido el recurso y remitido el expediente a las oficinas de la
Corte, resultaba casi siempre necesario que aquel litigante debiese
requerir los servicios de un profesional radicado en la Capital Federal a fin
de que se hiciese cargo de la presentación del memorial y de controlar la
marcha de los procedimientos. En la actualidad, la contestación del
traslado que debe conferírsele por el tribunal superior de la causa supera
esa contingencia, a veces económicamente gravosa.
"A propósito de esta cuestión conviene señalar que si bien la ley
22.434 no reprodujo el texto del anterior art. 258, que remitía a las
85 
 
disposiciones contenidas en los arts. 249 y 251, es obvio que el recurrente
en el escrito de interposición del recurso y la otra u otras partes en
oportunidad de contestar el traslado tiene la carga de constituir domicilio
en la Capital Federal, porque de lo contrario se exponen al riesgo de que
las ulteriores providencias les sean notificadas por ministerio de ley. El
punto, no obstante, hubiese ganado en claridad si el art. 257 hubiera
remitido también al art. 249, cuyo ap. 2º contempla una situación similar
en lo que atañe a la forma de sustanciarse los recursos concedidos en
relación.
"El nuevo mecanismo arbitrado por la norma comentada allana
un inconveniente de orden práctico que, en la referida situación, se
presentaba bajo la vigencia del régimen derogado. De acuerdo con éste,
en efecto, la parte contraria de la que interponía el recurso extraordinario
tenía la carga de constituir domicilio en la Capital Federal dentro del plazo
de 5 días contando desde la 'concesión' de aquél (art. 249, ap. 1º, CP), no
contemplándose, por ende, el supuesto de denegarse la impugnación.
Verificada, pues, esta última eventualidad, deducida la queja ante la Corte
y declarada ésta admisible sin entrar el tribunal a emitir pronunciamiento
sobre el fondo, resultaba imprescindible, a fin de cumplir el procedimiento
reglamentado por el art. 280 en su anterior versión, citar previamente a la
parte domiciliada fuera de la Capital, por intermedio del tribunal superior
de la causa y con la ampliación que correspondiera por razón de la
distancia, para que se presentase ante los estrados de la Corte. Se trataba,
sin duda, de un inútil dispendio de actividad, ahora eliminado.
"5. El único inconveniente que presenta el procedimiento reglamentado
por el art. 257, CP, consiste en que puede prolongar en exceso el plazo
para que la sentencia dictada por el tribunal superior de la causa adquiera
carácter firme y pueda eventualmente ejecutarse de inmediato frente al
supuesto de denegarse la impugnación.
"La sustanciación del recurso ante el tribunal superior de la causa pone
en manos del litigante malicioso o simplemente afecto a la 'chicana' un
arma de dilación procesal que puede utilizar de diversas maneras en
consonancia con la fertilidad de su imaginación. Entre ellas cabe
mencionar, a título ejemplificativo, las consistentes en presentar el recurso
sin copias o sin firma de letrado, obligando al tribunal a dictar las
providencias ordenatorias del caso, con la apreciable inversión de tiempo
que ello implica.
"La parte vencedora, empero, puede en alguna medida contrarrestar el
efecto de esas picardías a través de una actividad procesal diligente, la
que es susceptible de concretarse, v.gr., dándose por notificada del
traslado al tiempo de contestarlo o notificándose personalmente de la
resolución denegatoria del recurso.
"6. En síntesis, un adecuado balance entre el inconveniente
precedentemente señalado y las ventajas anteriormente descriptas arrojan

86 
 
en definitiva un resultado favorable a éstas y, en consecuencia, a la
bondad del nuevo régimen.
"7. Restan por analizar algunos pormenores relacionados con la
aplicación del art. 257.
"a) Importa preguntar, ante todo, si el tribunal superior de la causa se
halla habilitado para rechazar de plano el recurso extraordinario sin
conferir, en consecuencia, el traslado previsto en el precepto analizado.
Consideramos que puede hacerlo, sin lugar a dudas, cuando el recurso
es interpuesto fuera del plazo legal o en la hipótesis de que, presentado el
escrito sin firma de letrado o sin copias, el recurrente no supla la omisión
dentro de los dos días siguientes a los de la notificación, por ministerio de
la ley, de la providencia que exige el cumplimiento de las cargas
pertinentes (arts. 57 y 120, CP) (2), aunque en estos dos últimos casos se
trata de un rechazo implícito, ya que el tribunal debe limitarse a tener por
no presentado el escrito y a disponer su devolución al presentante.
"Despierta alguna duda, en cambio, el problema referente a si la
facultad de rechazo precedentemente aludida puede extenderse al
supuesto de que el recurso carezca de la fundamentación exigida por
el art. 15, ley 48. Nos inclinamos hacia la solución negativa, aunque
consideramos que la denegatoria puede disponerse in limine si el
impugnante se abstiene, lisa y llanamente, de fundar el recurso, y
lo interpone en la misma forma que una apelación ordinaria.
"b) En el caso de interponerse, independientemente del previsto en
el art. 14, ley 48, algún recurso extraordinario admisible en el orden local,
esta circunstancia no exime al tribunal superior de la causa de imprimir al
primero el trámite previsto en el art. 257, CP, sin perjuicio de que difiera su
pronunciamiento acerca de la admisibilidad una vez resuelto en definitiva
el recurso local.
"c) Interesa recordar, asimismo, que con anterioridad a la vigencia de
la ley 22.434 se había decidido, reiteradamente, que procede la caducidad
de la instancia extraordinaria cuando, desde la fecha en que se notifica la
concesión del recurso hasta que se elevan los autos a la Corte Sup.,
transcurre el plazo fijado por el art. 310, inc. 2º, CP, sin que medie
actuación de parte o del tribunal encaminada a impulsar el procedimiento
(3).
"En la actualidad la situación es distinta, pues el art. 313, inc. 3º, del
mencionado ordenamiento dispone, en su versión resultante de la ley
22.434, que no se producirá la caducidad cuando 'la prosecución del
trámite dependiere de una actividad que este Código o las
reglamentaciones de superintendencia imponen al secretario o al oficial
primero'. Si bien, en efecto, el art. 257 se limita a prescribir que, concedido
el recurso, el tribunal de la causa debe remitir las actuaciones a la Corte
Sup. dentro de cinco días contados desde la notificación de la
correspondiente resolución, es obvio que por aplicación extensiva del art.
87 
 
251 la actividad consistente en remitir el expediente a la Corte incumbe al
oficial primero o al funcionario que, en las cámaras, haga sus veces, de
manera que, en virtud de lo dispuesto por el mencionado art. 313, inc. 3º,
el transcurso del plazo previsto en el art. 310, inc. 2º, sin que el expediente
se remita a la Corte no configura causal de caducidad de la instancia.
"Esta última, por lo demás, tampoco es susceptible de operarse cuando
las actuaciones han sido recibidas por la Corte, pues, por una parte, el art.
280 en su actual versión determina que esa circunstancia implica el
llamamiento de autos y, por otra parte, el art. 313, inc. 4º, descarta la
posibilidad de la caducidad cuando se ha verificado dicho llamamiento.
"d) En razón de que, finalmente, en la instancia extraordinaria
es inadmisible la apertura a prueba y la alegación de hechos nuevos (art.
280, CP), corresponde que el tribunal superior de la causa disponga el
desglose de los documentos probatorios acompañados con los escritos a
que se refiere el art. 257, sin perjuicio de que, en caso de omisión, lo
ordene posteriormente la Corte Sup.
"III. Recurso ordinario de apelación
"1. De conformidad con lo dispuesto en el art. 254, CP, el recurso
ordinario de apelación ante la Corte Sup., en causa civil, debe interponerse
ante la Cámara de Apelaciones respectiva dentro del plazo y en la forma
dispuesta por los arts. 244 y 245, de modo que corresponde deducirlo
dentro de cinco días contados desde la notificación de la sentencia y el
apelante debe limitarse a la mera interposición del recurso. Tales los
requisitos de lugar, tiempo y forma del recurso, no afectados por la ley
22.434.
"2. Por lo que concierne a la sustanciación, el nuevo art. 280 del Código,
tras disponer que cuando la Corte conociere por recurso extraordinario la
recepción de la causa implicará el llamamiento de autos, agrega que 'si se
tratare del recurso ordinario del art. 254, recibido el expediente será puesto
en secretaría, notificándose la providencia que así lo ordene
personalmente o por cédula. El apelante deberá presentar memorial
dentro del término de diez días, del que se dará traslado a la otra parte por
el mismo plazo. La falta de presentación del memorial o su insuficiencia
traerá aparejada la deserción del recurso. Contestado el traslado o
transcurrido el plazo para hacerlo, se llamará autos. En ningún caso se
admitirá la apertura a prueba ni la alegación de hechos nuevos'.
"3. De conformidad con el régimen derogado, el trámite del recurso de
apelación ordinaria ante la Corte coincidía con el descripto en el parág. II,
nro. 3 del presente trabajo en relación con el recurso extraordinario, con la
única variante de que la falta de presentación del memorial, o
su insuficiencia, determinaban la deserción del recurso.
"El nuevo régimen, en cambio, sustituyó el plazo común de 10 días para
la presentación de memoriales, por un procedimiento contradictorio similar

88 
 
al que rige en el caso de los recursos de apelación que proceden ante las
cámaras, aunque de tipo intermedio con respecto a los que deben
otorgarse libremente o en relación.
"A los primeros se asemeja en la circunstancia de que el memorial de
agravios y su contestación deben presentarse ante el tribunal que en
definitiva ha de conocer del recurso, así como en el hecho de que el plazo
para cumplir el primero de los actos mencionados se computa desde la
notificación, por cédula, de la providencia que ordena que el expediente
sea puesto en secretaría (art. 259, CP). También concuerda, en cuanto a
la extensión de los plazos, con el trámite del recurso concedido libremente
en el proceso ordinario (norma citada).
"Con los recursos que deben otorgarse en relación coincide en tanto se
descarta la posibilidad de la apertura a prueba y la alegación de hechos
nuevos (art. 275, CP). La estructura de la impugnación, por lo demás,
resulta incompatible con el cumplimiento de las cargas previstas en
los incs. 1º y 2º, art. 260, CP.
"El recurso analizado guarda, en cambio, similitud con los recursos
concedidos libremente o en relación en tanto el traslado del memorial de
agravios debe notificarse por ministerio de la ley, ya que aquél no se halla
comprendido entre las resoluciones que, de acuerdo con el art. 135, CP,
corresponde notificar personalmente o por cédula.
"4. Según lo señalé en una obra reciente (4), el procedimiento
contradictorio previsto en el nuevo art. 280 comporta una solución correcta
en la medida en que no existe razón valedera para instituir, con referencia
al recurso ordinario de apelación ante la Corte Sup., un trámite diferente
del que rige a los recursos de apelación en general. Por lo demás, el
memorial que autorizaba a presentar a la parte recurrida el anterior art.
280 podía representar una mera pérdida de tiempo, ya que exponía a
aquélla a la posibilidad de apuntalar fundamentos de la sentencia recurrida
que no habían sido materia de agravios en el memorial del recurrente.
"5. No alcanza a percibirse, en cambio, la razón por la cual el legislador
no adoptó, en el caso, una solución semejante a la consagrada en el art.
257, estableciendo, en consecuencia, que el recurso se sustancie ante la
Cámara de Apelaciones que dictó la sentencia impugnada (5).
"Con excepción de la extensión de los plazos, por otra parte, este último
temperamento hubiese coincidido con el consagrado por el art. 246, CP,
el cual contempla el trámite de un recurso esencialmente similar al recurso
ordinario de apelación ante la Corte Sup.
"Desde que, en efecto, este último participa de las características de los
recursos que corresponde conceder en relación, con los que además
concuerda en cuanto a los requisitos de lugar, tiempo, y forma, la solución
aconsejable hubiese consistido en someterlo al mismo procedimiento de

89 
 
sustanciación, con la única variante referida a los plazos para fundar el
recurso y contestar el traslado del memorial.
"Tal procedimiento habría reportado ventajas similares a las expuestas
en el nro. 4 del parág. 2º de este trabajo, pues coadyuvaría a la corrección
del juicio de admisibilidad por parte de la cámara, facilitaría la tarea de la
parte recurrida en el caso de que la cámara tuviese su asiento fuera de la
Capital Federal y allanaría el inconveniente que se expuso en el
mencionado lugar con referencia al supuesto de denegarse el recurso.
"6. Es por último aplicable al recurso ordinario de apelación lo dicho en
el parág. 2º, nro. 7, letra c), con relación a la caducidad de la instancia.
"IV. Queja por denegación de recursos ante la Corte Sup.
"1. Esta cuestión no ha sido objeto de reformas fundamentales, sino de
algunas especificaciones que se adecuan a la jurisprudencia y a la práctica
observada por la Corte Sup.
"De acuerdo con este criterio la ley 22.434 sustituyó el texto del art. 285,
CP, por el siguiente: 'Cuando se dedujere queja por denegación de
recursos ante la Corte Sup., la presentación, debidamente fundada,
deberá efectuarse en el plazo que establece el párr. 2º, art. 282. La Corte
podrá desestimar la queja sin más trámite, exigir la presentación de copias
o, si fuere necesaria, la remisión del expediente. Si la queja fuera por
denegación del recurso extraordinario y la Corte la declarase procedente,
podrá pronunciarse sobre el fondo de dicho recurso. Mientras la Corte no
haga lugar a la queja, no se suspenderá el curso del proceso'.
"2. Aunque el nuevo art. 285 comienza por exigir que la presentación
del recurrente ante la Corte se encuentre 'debidamente fundada',
corresponde formular una diferencia según que el recurso denegado sea
el ordinario o el extraordinario.
"Mientras en el primer caso, en efecto, la exigencia legal se cumple
mediante la enunciación de los motivos tendientes a desvirtuar el juicio
negativo de admisibilidad formulado por la cámara (6), en el segundo caso
pesa sobre el impugnante, aparte de esa carga (7), la consistente en
fundar la queja en la misma forma que el recurso denegado, lo cual implica
que aquél debe enunciar concretamente los hechos de la causa y
demostrar la relación directa e inmediata que ellos guardan con las
cuestiones que intenta someter el conocimiento de la Corte (art. 15, ley
48).
"Corresponde recordar, no obstante, que a partir del caso registrado en
Fallos 267:90 (Rep. LL XXVIII, J-Z, p. 2454, sum. 35), la Corte atemperó
el rigor de su jurisprudencia tradicional sobre el punto, decidiendo que si
bien la ausencia de fundamentos del escrito de interposición del recurso
de queja no se suple con la agregación de los recaudos de práctica,
tal exigencia debe ceder en supuestos en que media expresa remisión a
lo expuesto en ocasión de deducirse el recurso extraordinario, siempre
90 
 
que se acompañe copia de esta última con la queja y que de sus términos
resulte que reúne los requisitos del art. 15, ley 48 (8).
"3. La queja debe presentarse dentro del plazo que, con carácter
general, establece el párr. 2º, art. 282, que es de cinco días con la
ampliación que corresponda por razón de la distancia de acuerdo con lo
dispuesto en el art. 158 (9). Rige, asimismo, el principio consagrado por el
párrafo final del art. 124, con respecto a los escritos no presentados dentro
del horario judicial del día en que vence el plazo (10).
"Interesa señalar, no obstante, que el cómputo de dicho plazo debe
practicarse desde la notificación por ministerio de ley, o por cédula,
del auto denegatorio, según que el recurso denegado sea el ordinario de
apelación o el extraordinario (art. 135, inc. 14, CP).
"4. De acuerdo con el mismo criterio adoptado por la norma en su
versión originaria, el actual art. 285 no impone al recurrente la carga de
presentar recaudos, junto con la interposición del recurso de queja, pero
la Corte puede exigir su presentación si lo estima conveniente. La
diferencia con el art. 283, referido al recurso de queja por denegación de
la apelación ante las cámaras, continúa, por lo tanto, siendo fundamental.
"Cabe añadir que, en razón de revestir el carácter de providencias de
mero trámite, las resoluciones mediante las cuales se requieren copias
pueden ser suscriptas por los secretarios del tribunal (11).
"5. Interpuesto el recurso de queja la Corte Sup. se halla facultada, de
conformidad con lo prescripto en el art. 285, para adoptar alguna de las
siguientes resoluciones:
"a) Se trate de recurso ordinario de apelación o de
recurso extraordinario desestimar la presentación directa, sea de plano
cuando su inadmisibilidad resulta de la propia exposición del recurrente, o
luego de la presentación de las copias solicitadas por la Corte o de la
recepción del expediente principal. En esta última hipótesis es de práctica
requerir previo dictamen del procurador general.
"El transcurso del plazo previsto en el art. 310, inc. 3º, sin que el
recurrente acompañe las copias requeridas por la Corte Sup., justifica la
declaración de caducidad de la instancia (12).
"No tan clara es la solución frente al supuesto de que la Corte haya
dispuesto requerir la remisión del expediente principal. Con anterioridad a
la vigencia de la ley 22.434 se decidió, en efecto, que corresponde
declarar perimida la instancia en un recurso de queja si transcurridos tres
meses desde que se dictó la providencia solicitando los autos principales
el expediente no fue remitido a la Corte ni se pidió la reiteración del oficio
respectivo (13).
"Sin embargo, en virtud de las consideraciones expuestas supra II, 7,
c), unidas a lo dispuesto en el art. 89 del Reglamento para la justicia

91 
 
nacional en lo que atañe a las comunicaciones que incumbe suscribir a los
secretarios y a la circunstancia de que, en el caso, no se trata de una
actividad que sólo depende del recurrente, nos inducen a inclinarnos hacia
la solución prevista en el art. 313, inc. 3º, CP, en su actual versión.
"b) Declarar admisible o mal denegado el recurso, dictando
simultáneamente la providencia que prescribe el art. 280, párr. 2º, si se
trata de recurso ordinario de apelación, o limitarse a la mera declaración
de admisibilidad y al dictado del llamamiento de autos en el supuesto de
recurso extraordinario. En ambos casos es necesario que el expediente
haya sido requerido al tribunal que dictó la sentencia recurrida y que aquél
se encuentre en las oficinas de la Corte.
"En las dos hipótesis la caducidad de la instancia resulta improcedente
en los términos de lo prescripto en el art. 313, inc. 3º, CP.
"c) Declarar admisible o mal denegado el recurso extraordinario y dictar
simultáneamente sentencia sobre el fondo de la cuestión o cuestiones
federales planteadas.
"Esta última posibilidad había sido admitida desde antiguo por la
jurisprudencia de la Corte frente a aquellos casos en los cuales podía
considerarse que las mencionadas cuestiones habían sido
suficientemente debatidas en las instancias ordinarias y no requerían, en
consecuencia, más sustanciación (14).
"De acuerdo con el régimen resultante de la ley 22.434, en el cual, como
hemos visto, el recurso extraordinario debe sustanciarse ante el tribunal
superior de la causa, y no ante la Corte Sup., como ocurría con
anterioridad, el pronunciamiento sobre el fondo del asunto debió
convertirse en regla y no mantenerse como una simple facultad del
tribunal, pues actualmente carece de sentido un primer pronunciamiento
sobre la admisibilidad del recurso y otro posterior sobre su mérito o
fundabilidad, tanto más cuanto que entre uno y otro no se halla prevista,
con excepción del dictamen del procurador general, ninguna actividad
procesal del tribunal o de las partes. Por lo demás, el sistema vigente
puede colocar en visible desigualdad de trámite a los expedientes que
llegan a la Corte con recurso concedido y a aquéllos en los cuales aquél
es abierto por el tribunal, ya que mientras los primeros deben ser objeto
de un único pronunciamiento, los segundos pueden ser materia de dos
decisiones.
"6. El nuevo art. 285 aclara, en su párrafo final, que la queja carece de
efecto suspensivo.
"Recoge así reiterada jurisprudencia de la Corte Sup., que sólo ha
hecho excepción a tal principio cuando median en la causa razones de
orden institucional o interés público (15).
"7. La ley 22.434 mantiene, finalmente, como requisito formal de
admisibilidad de la queja por denegatoria del recurso extraordinario, el
92 
 
depósito, a la orden de la Corte Sup., de una suma de dinero cuyo importe,
desde luego, se actualiza y debe hacerse 'en el banco de depósitos
judiciales'. También se mantienen las exenciones previstas por el art. 286,
CP, en su versión primitiva, pero la norma se flexibiliza y no puede
ya interpretarse —como se hizo (16)— en el sentido de que la omisión del
depósito dentro del plazo previsto en el párr. 2º, art. 282, determina, sin
más trámite, el rechazo de la queja, pues el párrafo final del mencionado
art. 286 prescribe, en su actual redacción, que 'si se omitiere el depósito o
se lo efectuare en forma insuficiente, se hará saber al recurrente que
deberá integrarlo en el término de cinco días. El auto que así lo ordene se
notificará personalmente o por cédula'.
"De tal manera se otorga al recurrente un plazo adicional para cumplir
el requisito de que se trata, transcurrido el cual sin resultado corresponde
el rechazo de la queja y, en su caso, la devolución del
depósito extemporáneo o insuficiente, pues éste sólo se pierde cuando
media pronunciamiento adverso a la admisibilidad del recurso directo o se
declara la caducidad de la instancia (art. 287, CP) (17).
"Aunque pudo prescindirse de la necesidad de notificar personalmente
o por cédula la resolución intimatoria, por tratarse de un trámite que
recarga innecesariamente las tareas de la Corte, el nuevo sistema es
preferible al anterior en la medida en que, por un lado, satisface con menor
rigor un mismo objetivo y, por otro lado, no afecta derecho alguno de la
parte contraria, quien no interviene en el trámite de la queja.
"Notas:
"(1) Corte Sup., Fallos 271:278; 274:139, 297 y 319; 178:187; 285:9; 287:193; 290:499;
293:278 (LL 132-285; 136-497, 301 y 627; LL Rep. XXXII-1670, sum. 445; LL 151-201; LL
Rep. XXXV, J-Z, p. 1553, sum. 40; LL 1975-B-355; 1976-B-422, fallo 33.415-S).
"(2) Sin perjuicio de que, si concedido el traslado el recurrente no insta su notificación a
la parte contraria dentro del plazo previsto en el art. 310, inc. 2º, CP, se opere la caducidad
de la instancia.
"(3) Corte Sup., Fallos 295:485 (LL XXXVIII, J-Z, p. 1457, sum. 67) y las citas contenidas
en el dictamen del procurador Fiscal de la Corte.
"(4) Estudio de la reforma procesal civil y comercial (L. 22.434), Abeledo-Perrot, Buenos
Aires, p. 185.
"(5) En razón de que estas normas no figuraban en el proyecto de reformas elevado al
ministro de Justicia de la Nación por la comisión integrada por los Dres. Colombo, Cichero
y Anaya, la explicación tampoco se encuentra en los fundamentos expuestos por estos
juristas en la nota adjunta a dicho proyecto.
"(6) En general, sobre esta cuestión, PALACIO, Derecho procesal civil, t. V, p. 130.
"(7) Corresponde desestimar la queja cuando no se ha cuestionado el acierto del auto
denegatorio del recurso extraordinario, para demostrar la procedencia de la apelación
rechazada (Corte Sup., Fallos 287:237; 293:266; LL Rep. XXXV-1486, sum. 9; LL 1976-C-
423, fallo 33.618-S).
"(8) Esta doctrina fue reiterada en Fallos 289:66 (LL Rep. XXXV, J-Z, p. 1201, sum. 17),
donde se expresó que si el recurrente acompaña con el escrito de queja copia de la
apelación extraordinaria, haciendo o no remisión expresa de ésta, puede considerarse

93 
 
remediada la carencia, en la queja, de aquellos requisitos de fundamentación que resulten
suplidos mediante manifestaciones concretas y suficientes ya contenidas en el
recurso extraordinario. Pero en el mismo caso se dijo que el recurso de queja requiere, en
principio, fundamentación autónoma a fin de que la Corte pueda imponerse del planteo del
caso en lo sustancial y, especialmente, de las razones en que el recurrente basa su petición
en el sentido de que se declare mal denegado el recurso extraordinario cuyo rechazo lo
motivó.

"(9) Para computar tal ampliación ésta debe medirse entre las
respectivas estaciones ferroviarias (Fallos 301:82, LL 1980-D-774 y sus
citas).
"(10) Es extemporánea la queja presentada el día hábil inmediato al vencimiento del
término legal previsto para su interposición, pero fuera de las dos primeras horas del
despacho (Fallos 295:1017, LL Rep. XXXVIII, J-Z, p. 1672, sum. 15).
"(11) Fallos 295:406 (LL Rep. XXXVIII, J-Z, p. 1672, sum. 16).

"(12) Fallos 242:139; 246:10; 148:659 (LL Rep. XIX-920, sum. 70; LL
107-699, fallo 48.777-S) y muchos otros.
"(13) Fallos 291:447 y 499; 293:521 (LL Rep. XXXVI, J-Z, p. 1027, sum. 89 y p. 1020,
sum. 10; LL 1976-D-654).

"(14) Fallos 241:249; 247:285; 293:176 (LL Rep. XIX-1107, sum. 18;
XXI-1047, sum. 7; LL 1976-A-264) y otros.
"(15) Fallos 294:327 (LL Rep. XXVIII, J-Z, p. 1672, sum. 17) y sus citas.
"(16) Fallos 273-82; 274-116; 281-337; 283-94; 286-85; 288-292; 289-66 (LL Rep. XXX,
J-Z, p. 1550, sum. 16; XXXI, A-I, p. 549, sum. 7; XXXII, J-Z, p. 1205, sum. 8; XXXVIII, J-Z, p.
1255, sum. 8; LL 155-752; XXXV, J-Z, p. 1201, sum. 17; 301-425) y otros.
"(17) Véase Fallos 267:47 y 490 (LL Rep. XXVIII, J-Z, p. 2456, sum. 52 y p. 2453, sum.
20). De allí, asimismo, que se haya resuelto que corresponde devolver el depósito cuando
la Corte se abstiene de dictar pronunciamiento en la queja, por considerarlo inoficioso (Fallos
286:220; LL 153-419)".

Luego, se vuelca el siguiente trabajo —ver título y datos de publicación


en nota 2—:
"I. Por una parte, la estructura contradictoria que la ley 22.434 (ADLA
XLI-B-2822) imprimió al recurso extraordinario federal como
consecuencia inmediata de su interposición y, por otra parte, ciertos
precedentes de la Corte Sup. que exigen un específico fundamento a la
resolución admisoria o denegatoria de aquél promueven algunas
reflexiones que desarrollaré en las breves líneas que siguen.
"II. Conforme a la modificación que le introdujo la ley mencionada, el art.
257, CPCCN prescribe que de la presentación del recurso examinado
debe darse traslado por 10 días a las partes interesadas y que, contestado
el traslado o vencido el plazo para hacerlo, corresponde que el tribunal de
la causa decida sobre la admisibilidad de la impugnación.
"Esa norma plantea, entre otros, el interrogante relativo a si el plazo del
traslado es irrevocablemente perentorio —conforme a la regla general
establecida en el art. 155 del referido Código— o si, por el contrario, como

94 
 
esta misma disposición lo prevé, aquél puede ser 'prorrogado' (1) por
acuerdo de partes.
"Aunque no se trata de una situación habitual, el tema fue objeto de un
precedente emanado de la C. Nac. Com., sala D (2), en el cual se
desestimó la prórroga con fundamento en que 'los procedimientos' ante la
Corte 'dependen sólo de la Constitución, de la ley y de los reglamentos
provenientes sólo de ese mismo tribunal', de manera que si la sala
concediera dicha prórroga 'el efecto sustancial de esa decisión
aparentemente ordenatoria consistiría en disponer —por ese
tribunal inferior— de los plazos y modalidades que rigen la actuación ante
una instancia superior', lo que no es posible en tanto 'subvierte la
organización jerárquica de la justicia'.
"Más allá de que la instancia extraordinaria comienza no con
la interposición sino con el otorgamiento del recurso (3), al resolver como
lo hizo la cámara no advirtió, por un lado, que revistiendo ella, como la
misma Corte, el carácter de un tribunal nacional, se halla sujeta al mismo
ordenamiento procesal que rige a ésta, y que además no existe ni
puede existir 'reglamento' alguno de jerarquía superior a ese ordenamiento
que contenga normas contrarias al referido art. 155. En virtud de ser
idéntica la ley procesal que rige a ambos tribunales no caben, por lo tanto,
soluciones disímiles para el caso y resulta por lo demás obvio que tampoco
la Constitución —que ni siquiera prevé explícitamente el
recurso extraordinario— reglamenta el procedimiento de que se trata.
"En consecuencia, así como la cámara aplicó el art. 257, CP, no medió
razón válida alguna para que omitiera, frente al pedido de ambas partes,
la aplicación del art. 155 del mismo ordenamiento procesal nacional.
"No sólo eso. Por las mismas razones el Tribunal de Alzada se halla
facultado, v.gr., para tener por no presentado el recurso extraordinario que
carece de patrocinio letrado (art. 37, CP) o al que no se acompañó copia
(art. 120, CP) si dentro de los plazos correspondientes no se subsanó la
omisión, e incluso, a mi entender, para rechazar aquella impugnación en
el caso de que fuera deducida fuera del plazo o sin fundamento alguno (4).
"La solución no habría sido otra si el recurso se hubiese interpuesto ante
algún tribunal provincial regido por normas diversas a las contenidas en el
Código nacional, pues si bien la interposición y ulterior trámite del
recurso extraordinario sólo puede hallarse reglamentado por éste, no lo es
menos que tampoco cabe recurrir a la aplicación de normas provinciales
frente a contingencias que, como las señaladas precedentemente, se
hallan íntimamente vinculadas al mencionado trámite e inciden en su
eficacia. Es en efecto obvio que los arts. 256 a 258 del Código nacional no
pueden concebirse como normas aisladas, sino en conexión con los
preceptos de ese mismo ordenamiento que necesariamente las integran
respecto de conductas que son susceptibles de interferir con motivo de su
aplicación concreta, de manera que aun frente a la hipótesis de que el

95 
 
recurso extraordinario se deduzca ante un tribunal local regido por un
ordenamiento que no contemple la posibilidad de fijar un plazo
convencional como el previsto en el art. 155, ella debe admitirse con
riesgo, en caso contrario, de alterar un contexto normativo que en el
caso exhibe carácter prevalente desde el punto de vista constitucional.
"III. Particularmente a raíz de la reforma introducida al trámite del
recurso extraordinario federal por la ley 22.434, la doctrina especializada
coincide, no ya en la conveniencia (5), sino en la necesidad de que la
resolución emitida por el superior tribunal de la causa acerca de la
admisibilidad del recurso exhiba suficiente fundamentación (6). Se trata de
una tesitura sin duda correcta en tanto, al hallarse precedida dicha
resolución por un trámite contradictorio, reviste el carácter de una
sentencia interlocutoria que, como tal, debe reunir el recordado requisito
(v.gr. art. 34, inc. 4º, CP, y normas provinciales concordantes), aunque en
sentido estricto carezca de alcances y efectos idénticos a los de aquélla.
"La Corte Sup. ha avanzado sin embargo en ese terreno con mayor
vigor, pues tiene resuelto que cuando la concesión del remedio federal no
aparece debidamente fundada, corresponde declarar su nulidad 'al no dar
satisfacción a los requisitos idóneos para la obtención de la finalidad a que
se halla destinada' (art. 169, párr. 2º, CP) (7), habiendo agregado que su
competencia recurrida no puede quedar 'habilitada o denegada sin
razones que avalen uno y otro resultado', porque 'ello irroga un claro
perjuicio al derecho de defensa de los litigantes y al adecuado servicio de
justicia de la Corte' (8).
"Si bien la apropiada fundamentación de la resolución admisoria o
denegatoria del recurso extraordinario federal facilita sin duda la labor de
la Corte Sup., resulta a mi juicio difícil compartir el criterio conforme al cual
la ausencia de aquel requisito obste al logro de la finalidad del acto e
impida, por lo tanto, preservar el derecho de defensa de las partes, porque
si el recurso se concede —como ocurrió en los casos citados—, aquel alto
tribunal —como juez final de la impugnación— contará con todos los
elementos de convicción necesarios para emitir un adecuado juicio de
admisibilidad y fundabilidad, y si el recurso se deniega, sumará, a tales
elementos, las razones que suministre el recurrente en oportunidad de
presentar el recurso de queja.
"Si, por el contrario, según aconteció en los casos anteriormente
mencionados, la Corte dispone devolver el expediente al tribunal de origen
para que dicte una nueva decisión sobre el punto, se introduce en el
trámite un factor decididamente adverso a la vigencia del principio de
economía procesal y se coloca a una o ambas partes —que son por lo
demás absolutamente ajenas a la omisión de que se trata— en la situación
de afrontar otra inútil demora dentro de la desesperante lentitud que
caracteriza en la actualidad al procedimiento en la instancia extraordinaria.

96 
 
"El problema se complica aún en mayor medida frente a la hipótesis de
que la carencia de fundamentos afecte a la resolución denegatoria del
recurso, porque entonces la Corte debería requerir, en primer lugar, el
envío del expediente principal, luego verificar la existencia del defecto y
posteriormente devolver aquél al tribunal de procedencia para que lo
subsane.
"Examinado el tema desde una adecuada perspectiva axiológica, entre
la 'minoración' que supone la resolución infundada —que no guarda, como
se dijo, estricta identidad con una sentencia interlocutoria en cuanto a sus
alcances y efectos— y la peligrosa cercanía al ritualismo que entrañan los
recordados precedentes de la Corte Sup. (9), la solución justa
debe inclinarse, a mi entender, hacia la primera posibilidad, tanto más
cuanto que atañe al incumplimiento de un requisito de orden formal que no
afecta la vigencia de garantías constitucionales ni comprometió, durante
más de una centuria, el regular desenvolvimiento del más alto tribunal de
la República (10).
"Notas:
"(1) Aunque se trata de una terminología incorrecta, pues a nuestro juicio sólo cabe
hablar de plazos prorrogables respecto de aquellos que pueden ser prolongados mediante
resolución judicial dictada con motivo de la petición que en ese sentido formule
unilateralmente el sujeto procesal a quien afecten (PALACIO, Derecho..., cit., t. IV, p. 72). En
rigor, los plazos que a título excepcional prevé el art. 155,párr. 1º, CP, revisten el carácter
de plazos convencionales (PALACIO, Derecho..., cit., t. IV, p. 69).

"(2) Con fecha 4/2/1988, en la causa 'Fernández, Jorge M. v. Pagasano


de Mignaquy, Florentina M. y otra', LL 1988-C-79.
"(3) Véase la doctrina resultante de las sentencias de la Corte Sup.
registradas en Fallos 293:679; 295:485; 300:205; sus citas y otros.
"(4) Cfr. PALACIO, 'Los recursos ante la Corte Sup. en la ley 22.434', LL 1981-D-1224.
"(5) Al respecto véase YMAZ - REY, El recurso..., cit., p. 256, ed. actualizada por Rey y
Palacio.
"(6) MARTÍNEZ, 'El nuevo recurso extraordinario federal', LL 1982-A-740; MORELLO, El
recurso..., cit., p. 337; SAGÜÉS, Recurso..., cit., t. II, p. 806.

"(7) Causas 'Banco Crédito Provincial SA v. Díaz, Luis C.', 11/12/1986,


LL 1987-B-42; Fallos 308:2457 (LL 1987-B-42); 'Spada, Oscar y otros v.
Díaz Perera, E. A. y otros', 20/10/1987, ED 126-170 (LL 1988-B-572).
"(8) Véase la causa 'Spada' citada en la nota precedente. Alude, asimismo, a 'motivos
constitucionales' (SAGÜÉS, Recurso..., cit., t. II, p. 806) y, con específica referencia a la
denegatoria del recurso con base en la doctrina de la arbitrariedad, a 'un anómalo ejercicio
de potestades jurisdiccionales incompatibles con la garantía de la defensa en juicio'
(MORELLO, Los recursos extraordinarios y la eficacia del proceso, t. II, Hammurabi, p. 447).
Al comentar el caso 'Spada', Bidart Campos no hizo mérito de la implicancia constitucional
del tema de que se trata y tampoco lo hizo en oportunidad de anotar el caso 'Cima SA v.
Municipalidad de Bahía Blanca', 17/11/1987, análogo a los ya citados y publicado en ED
127-378 (LL 1988-B-578), donde se limitó a señalar que 'el puente del recurso extraordinario
necesita tenderse hábilmente desde las jurisdicciones provinciales (o federales inferiores a
la Corte), y que en su recorrido las causas judiciales requieren el auxilio de los órganos

97 
 
naturales ante los que transitan, para que tanto los justiciables cuanto la Corte Sup. logren
con la mayor diligencia una eficaz administración de justicia'.
"(9) Sobre esta cuestión véase COSSIO, La teoría egológica del derecho y el concepto
jurídico de libertad, ps. 575 y 592 en relación, respectivamente, con los desvalores del orden
y de la cooperación.
"(10) A lo dicho en el texto cuadra añadir que durante los últimos años la Corte Sup.
declara la inadmisibilidad de recursos extraordinarios concedidos y de recursos de hecho
mediante la aplicación de un lacónico 'cliché' que por cierto no responde, siquiera
mínimamente, a los agravios de los impugnantes. Sin desconocer el hecho de que, en
su inmensa mayoría, tales recursos vienen suscriptos por profesionales carentes de
conocimientos básicos acerca de la técnica de aquéllos, cuando no son interpuestos con
simple ánimo dilatorio, el criterio adoptado por el tribunal parece en gran medida
contradictorio con la doctrina de los precedentes citados en la nota 7".

Desde que el fundamento de validez de toda norma jurídica radica en


su adecuación o coherencia con las prescripciones que, en cuanto a su
contenido y método de creación, se hallan establecidos en una norma
prevalente, y que la Constitución del Estado representa el grado superior
del ordenamiento normativo, la validez de éste, en las distintas escalas
que lo integran (leyes, sentencias y actos administrativos), depende de su
subordinación a los preceptos constitucionales.
Por ello se habla de una supremacía de la Constitución no sólo para
puntualizar el hecho de que ésta configura el fundamento primario del
ordenamiento jurídico, sino también en el sentido de que son susceptibles
de invalidación las normas creadas al margen de la competencia y de los
principios trazados por el poder constituyente, a cuyas directivas deben
sujetar su actividad normativa los poderes constituidos (Legislativo,
Ejecutivo y Judicial).
Como necesaria derivación de ese principio de supremacía —
consagrado por el art. 31, CN— todos los órganos judiciales del país, sean
nacionales o provinciales, y cualquiera que fuere su jerarquía, se hallan
habilitados, con motivo de los casos concretos sometidos a su decisión,
para declarar la invalidez de las leyes y de los actos administrativos que
no guarden conformidad con el texto de la Constitución Nacional. Se trata
del denominado control "difuso" o desconcentrado de constitucionalidad.
Pero la eficacia del control judicial de los mencionados actos de
gobierno requiere, fundamentalmente, uniformidad de criterio; y ello hace
necesario que sea el más alto tribunal del país quien, mediante la revisión
de las sentencias pronunciadas por los jueces y los tribunales inferiores,
determine en definitiva el alcance de las cláusulas y los principios
constitucionales(3). Como dice Podetti, "así como la ley debe crearse por
el método y con los contenidos que la Constitución señala, y la sentencia
y el acto administrativo, por los métodos y con los contenidos señalados
por la ley, de arriba hacia abajo, los jueces, de abajo hacia arriba, deben
verificar la constitucionalidad de las normas legislativas, administrativas y
judiciales. Y es la Corte Suprema a quien se atribuye, mediante el recurso
de inconstitucionalidad, la última y decisiva palabra sobre el particular"(4).

98 
 
Si a lo dicho se agrega que, de conformidad con lo dispuesto por el art.
116 de la Constitución corresponde a la Corte Suprema el conocimiento y
decisión "de todas las causas que versen sobre puntos regidos" por
aquélla, se explica que el legislador haya asignado competencia a dicho
tribunal para conocer, por vía de recurso, todas aquellas cuestiones en las
que se halle en juego el control último de constitucionalidad de las normas
y actos de las autoridades nacionales o provinciales.
La ley 48(5), inspirándose en la Judiciary Act norteamericana del
24/9/1789, instituyó el mencionado recurso y le acordó, lo mismo que la ley
4055, el inapropiado nombre de "apelación"(6). Sin embargo, tanto la
práctica como la legislación posterior(7)asignaron al remedio analizado la
denominación de "recurso extraordinario". Algunos autores lo llaman
"recurso extraordinario de apelación"(8)o "recurso de inconstitucionalidad
en el orden nacional"(9), pero en virtud de las razones que más adelante
se expondrán debe considerarse preferible denominarlo
"recurso extraordinario federal".
Dispone el art. 14, ley 48: "Una vez radicado un juicio ante los tribunales
de provincia, será sentenciado y fenecido en la jurisdicción provincial, y
sólo podrá apelarse a la Corte Suprema las sentencias definitivas
pronunciadas por los tribunales superiores de provincia, en los casos
siguientes: 1º) Cuando en el pleito se haya puesto en cuestión la validez
de un tratado, de una ley del Congreso o de una autoridad ejercida en
nombre de la Nación y la decisión haya sido contra su validez. 2º) Cuando
la validez de una ley, decreto o autoridad de provincia se haya puesto en
cuestión bajo la pretensión de ser repugnante a la Constitución Nacional,
a los tratados o leyes del Congreso, y la decisión haya sido en favor de la
validez de la ley o autoridad de provincia. 3º) Cuando la inteligencia de
alguna cláusula de la Constitución o de un tratado o ley del Congreso, o
una comisión ejercida en nombre de la autoridad nacional, haya sido
cuestionada y la decisión sea contraria a la validez del título, derecho,
privilegio o exención que se funde en dicha cláusula y sea materia de
litigio".
Las cuestiones involucradas en los tres incisos precedentemente
transcriptos serán objeto de análisis infra, nro. 646, donde se examinarán
los distintos tipos de cuestiones federales que autorizan la interposición
del recurso extraordinario. Cabe añadir que la reglamentación del recurso
se halla complementada por las prescripciones contenidas en los arts.
15 y 16, ley 48; 6º, ley 4055; y 256 a 258, 280 a 282 y 285 a 287, CPCCN,
las que serán materia de estudio en los lugares correspondientes.
b) El carácter "extraordinario" del recurso instituido por el art. 14, ley
48, está dado, esencialmente, por la circunstancia de hallarse
circunscripta la competencia de la Corte, cuando interviene mediante esa
vía procesal, al conocimiento y decisión de las "cuestiones federales"
taxativamente contempladas por dicha norma. Desde que, por otra parte,
las cuestiones de orden federal previstas por el precepto citado
99 
 
configuran cuestiones de derecho, quedan en principio excluidas
del examen y resolución del tribunal las conclusiones de hecho o de
prueba establecidas por la sentencia impugnada(10). La interposición del
recurso no abre, por consiguiente, una tercera instancia ordinaria, en la
que quepa someter a la decisión de la Corte cualquier perjuicio o gravamen
en sentido genérico(11), debiendo contraerse aquélla a rever
la interpretación que de las normas o actos mencionados por el art. 14, ley
48, ha efectuado el fallo recurrido. De ello se infiere que el recurso
analizado participa de la naturaleza del recurso de casación por errores de
juicio (infra, nro. 660), aunque en ciertas hipótesis, particularmente
cuando se cuestiona la violación de la garantía de la defensa, funciona en
forma semejante a la de la casación por defectos procesales (infra, nro.
664).
Corresponde destacar, finalmente, que si bien la finalidad primordial del
recurso consiste en mantener la supremacía de la Constitución Nacional,
controlando las eventuales desviaciones en que con respecto a ella
pueden incurrir las normas o los actos emanados de los poderes
nacionales o locales, el art. 14, inc. 3º, ley 48,otorga competencia a la
Corte Suprema para revisar las resoluciones judiciales que
versen exclusivamente sobre el alcance de cláusulas constitucionales o de
normas contenidas en las leyes federales del Congreso. En razón de que
en tal hipótesis se halla excluida la invocación de una incompatibilidad
entre normas de distinta jerarquía, no cabe sostener que la actividad de la
Corte se circunscriba, cuando se trata del recurso objeto de análisis, al
control de constitucionalidad y que, por lo tanto, pese a la primacía de tal
función, resulta insuficiente denominar a aquél "recurso extraordinario
de inconstitucionalidad"; de allí que parezca más adecuado al alcance que
le ha asignado el art. 14, ley 48, llamarlo "recurso extraordinario
federal"(12).

645. Requisitos subjetivos


a) La facultad para interponer el recurso examinado pertenece, como
principio general, a las partes, aunque, según se vio supra, nro. 352, son
numerosos los casos en los cuales la Corte Suprema admitió
impugnaciones deducidas por terceros ajenos al proceso.
b) Como todo recurso, el extraordinario federal sólo puede
ser interpuesto por quien ha sufrido un perjuicio o gravamen a raíz de la
resolución que impugna. El recurrente, por lo tanto, debe demostrar
la existencia de un interés personal y jurídico que justifique la intervención
de la Corte Suprema mediante la vía prevista por el art. 14, ley 48.

100 
 
La existencia de interés personal está dada por la titularidad del
derecho que se intenta preservar a través de la interposición del recurso.
En consecuencia, es inadmisible el recurso extraordinario federal
deducido en favor de un tercero con respecto a quien el impugnante
no inviste el carácter de representante(13).
Desde otro punto de vista, tampoco gozan de interés personal quienes
no se encuentran comprendidos entre los destinatarios de la norma o acto
que se impugna(14), o han renunciado al derecho que intentan hacer
valer(15).
El interés jurídico se relaciona con la eficacia práctica que puede
revestir la eventual decisión de la Corte Suprema, de manera que
la existencia de aquél debe descartarse, v.gr., cuando el agravio proviene
de la conducta discrecional del recurrente(16)o carece de actualidad(17). Es
irrelevante, sin embargo, la entidad económica del gravamen(18), aunque
debe revestir una razonable significación (minima non curat praetor).
Asimismo, es necesario que el gravamen subsista en la oportunidad del
pronunciamiento del tribunal. Ello no ocurriría, por ejemplo, si cuestionada
la validez constitucional de un acto administrativo, éste hubiese sido
revocado al tiempo en que la Corte debe resolver el recurso(19).
c) El juicio acerca de la admisibilidad del recurso debe efectuarse
sucesivamente por el órgano que dictó la resolución impugnada y por la
Corte Suprema, a quien incumbe reexaminar ese juicio con carácter previo
al eventual pronunciamiento de fundabilidad.

646. Resoluciones recurribles

A) Por el órgano que las pronuncia


a) Como principio de carácter general, el recurso extraordinario federal
sólo es admisible respecto de las resoluciones dictadas por los órganos
judiciales, pertenezcan al orden nacional o provincial. El art. 6º, ley
4055, asimiló a aquéllos a los tribunales superiores militares(20).
Por consiguiente, no es dado a la Corte intervenir, mediante el remedio
en análisis, respecto de laudos emanados de árbitros o de amigables
componedores(21), aun cuando se trate de organismos arbitrales

101 
 
permanentes y la sumisión a éstos haya sido libremente pactada por
los interesados(22).
b) En cambio, sin perjuicio de lo dispuesto en los arts. 23 y 24, ley
19.549, la jurisprudencia del tribunal es reiterada en el sentido de
considerar admisible el recurso interpuesto contra resoluciones dictadas
por funcionarios u organismos administrativos, siempre que: 1º) éstos
hayan actuado en ejercicio de funciones de naturaleza judicial, es decir,
de aquellas que, en el orden normal de las instituciones, se encuentren
encomendadas a los jueces; 2º) lo decidido revista carácter final y sea, por
lo tanto, insusceptible de revisión judicial(23).
De acuerdo con las señaladas pautas se han reputado resoluciones
administrativas que implican el desempeño de funciones judiciales, entre
otras, a las que aplican sanciones por contravenciones o faltas(24), deciden
conflictos privados de naturaleza contractual(25)o interfieren con
pronunciamientos recaídos en sede judicial(26). Se ha decidido, por el
contrario, que no comportan ejercicio de funciones judiciales las
resoluciones relativas, v.gr., a la determinación de tareas como no
configurativas de trabajo por equipo(27); a la calificación de los empleados
nacionales, sean civiles o militares, ni a la promoción o cesación en sus
cargos(28); a la determinación de los requisitos de capital que deben reunir
determinadas compañías a los fines de la ampliación del ramo de sus
actividades(29); a la provisión de cátedras universitarias(30); a la
determinación del carácter representativo de una asociación profesional a
los efectos de su personería gremial(31); a la eliminación del registro de
tripulantes de la Marina Mercante dispuesta por el prefecto Nacional
Marítimo(32); a un conflicto colectivo de trabajo en tanto no exceda lo que
es propio de resolución durante su curso(33); a la observación de la
redacción de un artículo de un estatuto social dispuesta por la Inspección
General de Justicia(34); a la reinscripción y la reclasificación de productos
medicinales(35); etc.
Asimismo, debe demostrarse que la resolución impugnada no es
susceptible de revisión judicial por vía de acción o de recurso(36); de allí
que se haya decidido, entre otros casos, que el recurso extraordinario
es inadmisible contra la resolución del Banco Central que impone multa
por infracción al régimen de cambios, pues aquélla no descarta la
posibilidad de una acción de repetición ante la justicia(37), o contra la
decisión mediante la cual el Tribunal de Cuentas aplica una multa en razón
de que la Ley de Contabilidad autoriza el juicio ordinario de repetición o la
declaración de ilegitimidad del cargo formulado(38), o contra las
resoluciones respecto de las cuales se halla previsto un recurso
contencioso-administrativo(39).
En relación con las decisiones referidas al juicio político, a partir del
precedente registrado en Fallos (308:905), la Corte abandonó su
jurisprudencia tradicional en cuya virtud los órganos que las dictan
(cámaras legislativas, jurys de enjuiciamiento, etc.) no constituyen
102 
 
tribunales de justicia en tanto ejercen funciones de tipo político atinentes a
la responsabilidad de quienes se encuentran sometidos a aquéllos y viene
decidiendo que los pronunciamientos recaídos en las respectivas causas
son susceptibles del recurso extraordinario cuando se invoca por la
parte interesada la violación del debido proceso(40). Pero tal doctrina no es
actualmente conciliable, en el orden federal, con el art. 115, Constitución
Nacional, reformada en 1994, pues esta norma dispone, en su párr. 2º,
que "será irrecurrible" el fallo dictado por el jurado de enjuiciamiento de
magistrados.

B) Por la incidencia procesal de la resolución


a) Los arts. 14, ley 48, y 6º, ley 4055, limitan la admisibilidad del
recurso extraordinario federal a las "sentencias definitivas".
A través de una reiterada jurisprudencia, sin embargo, la Corte Suprema
ha asignado a la referida expresión un alcance que no coincide
estrictamente con el concepto de sentencia definitiva
enunciado supra, nro. 593, ya que por una parte lo ha restringido y por la
otra lo ha ampliado.
De acuerdo con esa jurisprudencia, en efecto, son en primer lugar
sentencias definitivas, a los fines del recurso analizado, aquellas que
"ponen fin al pleito"(41), siempre que priven al interesado de otros medios
legales para obtener la tutela de sus derechos y descarten, por ende, la
posibilidad de plantear el tema debatido en un proceso posterior(42). En
este aspecto la acepción resulta más restringida que la formulada en el
lugar antes indicado, por cuanto existen resoluciones conclusivas de un
proceso, mediante las cuales se actúa o deniega la actuación de la
pretensión o la petición extracontenciosa que lo motivó, y que, no obstante
la circunstancia de revestir por ello el carácter de sentencias definitivas en
sentido genérico, no obstan para que, en un nuevo proceso, se planteen
cuestiones vinculadas al objeto del anterior.
En segundo lugar, la Corte ha atribuido la calidad de sentencias
definitivas, a los mismos fines, a aquellas resoluciones que impiden la
continuación del proceso o causan un agravio de imposible o insuficiente
reparación ulterior(43). Desde este punto de vista, es fácil advertir que
cualquier tipo de resolución judicial (sentencia interlocutoria o providencia
simple) es elevada, cuando produce los efectos referidos, a la categoría
de sentencia definitiva.
b) Dentro del concepto de sentencia definitiva en sentido restringido,
corresponde encuadrar, en primer término, a las que ponen fin a los

103 
 
procesos ordinarios y a los plenarios rápidos o abreviados (es decir, a los
que el CPCCN denominaba "sumarios" y "sumarísimos")(44), así como
también a las que, siendo conclusivas de procesos
especiales autónomamente reglamentados, producen efectos de cosa
juzgada en sentido material (v.gr., el proceso de declaración
de incapacidad o de inhabilitación).
El recurso es inadmisible, en cambio, respecto de las sentencias
recaídas en los procesos sumarios en sentido estricto (supra, nro. 63), en
los que a raíz de la fragmentariedad impuesta al conocimiento judicial y de
la correlativa imposibilidad de debatir y resolver todos los
aspectos involucrados en el conflicto, es, como regla general, viable un
ulterior proceso destinado al planteamiento de las cuestiones que no
pudieron discutirse en el primero.
Dentro de la categoría de sentencias de ese tipo se hallan
comprendidas, en primer lugar, las recaídas en los procesos de ejecución,
por cuanto cualquiera que fuere su resultado éste es susceptible de
modificarse a través del posterior proceso de conocimiento que, como
principio, puede promover la parte vencida(45).
El principio precedente no es sin embargo absoluto. Admite excepción,
en primer lugar, cuando en virtud de la ley o de la jurisprudencia el fallo
recaído en el proceso de ejecución produce efectos de cosa juzgada en
sentido material(46). La Corte, en segundo lugar, se ha pronunciado por la
admisibilidad del recurso en ese tipo de procesos frente a los casos en que
lo decidido revista gravedad institucional, excediendo el interés individual
de las partes y afectando al de la colectividad(47).
No son tampoco revisables por la Corte, mediante el recurso analizado,
las sentencias recaídas en otras clases de procesos sumarios en sentido
estricto, como los de interdictos(48)y de alimentos(49).
c) Son ejemplos de sentencias que impiden la prosecución del juicio,
entre otras, aquellas que, resolviendo cuestiones de previo y especial
pronunciamiento, privan al interesado de toda posibilidad de una ulterior
tutela judicial. Tales son, v.gr., las que admiten las excepciones de
prescripción(50)o de cosa juzgada(51)opuestas con carácter previo.
d) Antes de considerar el alcance excepcional que reviste el concepto
de agravio irreparable, conviene destacar que se hallan excluidas de la
admisibilidad del recurso extraordinario federal las resoluciones que,
dictadas durante el transcurso del proceso, no descartan la posibilidad de
que un pronunciamiento posterior torne innecesaria la intervención de la
Corte.
Pertenecen a esta categoría de resoluciones judiciales, entre otras, las
que decretan, levantan o modifican medidas cautelares(52), admiten o
deniegan medidas de prueba(53), desestiman una recusación(54), declaran
la nulidad de actuaciones(55), rechazan la defensa de falta de acción

104 
 
opuesta en calidad de artículo de previo y especial pronunciamiento(56),
declaran perdido el derecho a contestar la demanda y a ofrecer prueba(57),
declaran la caducidad de la instancia(58), suspenden regulaciones de
honorarios(59), etc.
El carácter no definitivo de ese tipo de resoluciones está dado por la
circunstancia de que los agravios que producen pueden encontrar remedio
en el transcurso de las instancias ordinarias e incluso ser considerados por
la Corte Suprema en oportunidad de conocer del
recurso extraordinario interpuesto contra la sentencia definitiva, en tanto el
contenido de ésta resulte influido por el de aquellas resoluciones(60).
La excepción referida a la existencia de gravamen irreparable que
pueden generar esta clase de resoluciones y que autoriza, como se ha
visto, la interposición del recurso extraordinario federal se configura
fundamentalmente frente a la ausencia de otra oportunidad útil para
amparar el derecho de que se trate(61), a la magnitud del perjuicio
económico que lleva aparejado el cumplimiento de la decisión(62)o a las
dilaciones que aquélla pueda producir hasta el punto de traducirse en una
efectiva denegación de justicia(63).
e) Finalmente, el recurso extraordinario federal es inadmisible respecto
de las resoluciones dictadas con posterioridad al pronunciamiento de la
sentencia definitiva y que tienden a hacerla efectiva. Tal principio, sin
embargo, admite excepción cuando este tipo de resoluciones tengan un
contenido ajeno a la sentencia que se ejecuta, impliquen un ostensible
apartamiento de lo resuelto por aquélla(64)u ocasionen un gravamen de
imposible reparación ulterior(65).

C) Por la posición del órgano dentro de la respectiva estructura


judicial
a) La admisibilidad del recurso extraordinario federal, en el aspecto que
ahora se examina, requiere que la resolución impugnada provenga del
órgano que la Corte tradicionalmente denomina, adoptando
sustancialmente la terminología que utilizan el art. 14, ley 48, y el art.
6º, ley 4055, el "tribunal superior de la causa".
Por tal debe entenderse al órgano judicial (y eventualmente
administrativo), cuya resolución, en lo que concierne al examen de la
cuestión federal discutida, es insusceptible de ser revisada por otro órgano
dentro de la respectiva organización local.
De lo dicho se sigue que puede revestir el carácter de "tribunal superior"
un juzgado de primera instancia si, de conformidad con la correspondiente

105 
 
organización judicial, su fallo es insusceptible de recurso para ante un
órgano superior (como ocurre, v.gr., con las sentencias y demás
resoluciones comprendidas en el art. 242, CPCCN), o bien, interviene
como Tribunal de Alzada respecto de resoluciones dictadas por órganos
judiciales inferiores (según acontece, por ej., en algunas provincias, con
los pronunciamientos que dictan los jueces letrados de primera instancia
con motivo de las apelaciones interpuestas contra las resoluciones
emanadas de los jueces de paz legos). En el mismo orden de ideas
encuadran en el concepto de tribunal superior los órganos administrativos
cuando contra sus resoluciones no es admisible ningún otro recurso.
b) Una antigua y reiterada jurisprudencia de la Corte tenía decidido que
algunos tribunales, pese a la circunstancia de revestir, en el orden local, el
carácter de órganos judiciales supremos, no eran, en ciertas hipótesis, los
tribunales superiores de la causa. Tal lo que sucedía, por ejemplo, con la
Suprema Corte de la provincia de Buenos Aires y tribunales de análoga
jerarquía de otras provincias cuando conocían en el proceso a raíz de
la interposición de recursos extraordinarios
(inconstitucionalidad, inaplicabilidad de la ley, casación, nulidad,
revisión) y los desestimaban(66). Tal conclusión —reiteradamente
establecida por la jurisprudencia de la Corte Sup.— encontraba
fundamento en la circunstancia de que ese tipo de
recursos extraordinarios asignan a los respectivos tribunales una
competencia generalmente circunscripta al examen de cuestiones de
derecho común o local, con exclusión de las que revisten carácter federal,
cuyo conocimiento incumbía a los órganos judiciales provistos de
competencia ordinaria. Ante éstos (Cámaras de Apelaciones o tribunales
de instancia única), en consecuencia, correspondía la interposición del
recurso extraordinario federal(67).
Cuadra destacar, sin embargo, que conforme a la citada jurisprudencia,
los supremos tribunales provinciales debían reputarse los tribunales
superiores de la causa a los fines del art. 14, ley 48, en la hipótesis de que,
a través de alguno de los mencionados recursos extraordinarios,
revocaran la sentencia del órgano judicial ordinario que había acogido
favorablemente la pretensión o la oposición de la parte que planteó la
cuestión federal discutida. En esos casos la admisibilidad del recurso para
ante la Corte se justificaba por cuanto el pronunciamiento revocatorio
entrañaba un desconocimiento del derecho federal alegado por quien
había triunfado en las instancias ordinarias y vedaba toda posibilidad de
remediar esa situación en el ámbito provincial(68).
c) Tras diversos pronunciamientos que durante el lapso comprendido
entre los años 1982 y 1985 introdujeron variantes respecto de las pautas
precedentemente recordadas(69), la jurisprudencia de la Corte sobre el
tema de que se trata alcanzó su definitiva consolidación con motivo de
la sentencia recaída, con fecha 8/4/1986, en el caso "Strada"(70). En ese
pronunciamiento el tribunal comenzó realizando una minuciosa reseña del

106 
 
alcance de las leyes 182 (de la Confederación), 27, 48 y 4055 y de sus
fuentes, de su propia jurisprudencia y de la doctrina de los precedentes
emanados de la Suprema Corte de los Estados Unidos de América;
prosiguió destituyendo de relevancia a la clasificación de los recursos en
ordinarios y extraordinarios para privilegiar, en cambio, las aptitudes de
las instancias a fin de reexaminar las cuestiones debatidas; y expresó —
ya ingresando en el aspecto medular del tema— que si bien "es facultad
no delegada por las provincias al gobierno nacional la de organizar su
administración de justicia y que, por ello, la tramitación de los juicios es de
su incumbencia exclusiva, por lo que pueden establecer las instancias que
estimen convenientes (arts. 104, 105 y 108, CN) (...) tal ejercicio es desde
todo punto de vista inconstitucional si impide a los magistrados locales
considerar y aplicar en su integridad la totalidad del orden jurídico del
Estado, en cuya cúspide se encuentra la Constitución Nacional..." (art. 31).
Más adelante subrayó que "las provincias son libres para crear
las instancias judiciales que estimen apropiadas, pero no pueden vedar a
ninguna de ellas y menos a las más altas, la aplicación preferente de
la Constitución Nacional", agregando que "esta creencia se sustenta en el
cumplido respeto del régimen federal de gobierno, por conferir a la zona
de reserva jurisdiccional de las provincias la plenitud que
constitucionalmente le corresponde, al reconocer a los magistrados de
todas las instancias el carácter de irrenunciables custodios de los
derechos y garantías de la Ley Fundamental, y emplazar la intervención
apelada de esta Corte Suprema en el quicio que aquélla le ha señalado:
ser su intérprete y salvaguardia final".
De tal modo la Corte abandonó tajantemente su jurisprudencia clásica
acerca de lo que debe entenderse por tribunal superior de la causa y
otorgó esa calidad al máximo órgano judicial previsto en las constituciones
locales, con prescindencia de las eventuales restricciones que las leyes
pudieren imprimir a las potestades cognoscitivas de ese tipo de órgano.
Conforme a la doctrina allí sentada, por lo tanto, el agotamiento de todas
las instancias locales se convirtió en necesario presupuesto de acceso a
la instancia federal.
d) En dos sentencias posteriores (casos "Christou" y "Di Mascio") la
Corte avanzó, inclusive en exceso, dentro de la línea marcada en "Strada".
En el primero de los casos citados, contra la sentencia desestimatoria de
una demanda de amparo pronunciada por una Cámara de Apelaciones de
la provincia de Buenos Aires se interpuso un recurso extraordinario federal
que el tribunal concedió aunque advirtiendo, simultáneamente, que los
recursos extraordinarios locales no hubiesen sido admisibles conforme a
la jurisprudencia de la Suprema Corte provincial en el sentido de que las
sentencias recaídas en los juicios de amparo no revisten carácter de
definitivas.
En oportunidad de decidir la impugnación la Corte, con fecha 19/2/1987,
la declaró inadmisible por cuanto: a) el interesado no hizo uso de ninguna

107 
 
de las vías de impugnación extraordinaria previstas en el ámbito local, no
obstante ser ellas potencialmente aptas para considerar y resolver la
cuestión federal articulada y revestir "los magistrados de todas
las instancias el carácter de irrenunciables custodios de los derechos y
garantías de la Ley Fundamental"; b) no configuraba óbice para ello la
mencionada jurisprudencia de la Corte provincial, ya que, de acuerdo con
la elaborada por la Corte federal, la sentencia que rechaza el amparo es
asimilable a definitiva cuando se demuestra que lo decidido causa agravio
de imposible o muy dificultosa reparación ulterior; c) el impugnante no sólo
debió articular la cuestión federal en el ámbito de los
recursos extraordinarios locales, sino también deducir
la inconstitucionalidad de la interpretación judicial restrictiva del art. 278,
Código Procesal de Buenos Aires(71), en tanto determina lo que debe
entenderse por sentencia definitiva a los fines de los mencionados
recursos.
En el ya citado caso "Di Mascio", fallado el 1/12/1988, la Corte
Suprema avanzó aún más en la línea anteriormente expuesta. Aquí
ocurrió que contra la sentencia condenatoria de la pena de dos años de
prisión dictada por la Cámara Penal del Departamento de Dolores
(provincia de Buenos Aires) se dedujo recurso de revisión, que si bien fue
desestimado, condujo, por aplicación de la ley 23.077, a la reducción de
esa pena a la de un año y seis meses de prisión. Contra esta resolución
el interesado interpuso recurso de inaplicabilidad de ley ante la Corte local
conforme a lo prescripto en el art. 350, Código de Procedimiento Penal, y
tras invocar diversos agravios de orden federal, planteó
la inconstitucionalidad de dicha norma en tanto, al supeditar la
admisibilidad de dicho recurso al requisito de que la sentencia definitiva,
revoque una absolución o imponga pena superior a tres años de prisión,
restringe el acceso al superior tribunal de la causa para el tratamiento de
cuestiones federales. La cámara desestimó el recurso de inaplicabilidad
por extemporáneo, y, por su parte, la Corte provincial lo declaró bien
denegado aunque, no por aquel motivo, sino por no reunir el requisito
impuesto por el citado art. 350, cuya constitucionalidad sostuvo. La Corte
Suprema hizo lugar al recurso federal y, luego de aludir a la doctrina
consagrada en el caso "Strada", expresó, en extenso fallo, que "si por
disposición de las legislaturas de las provincias o por la jurisprudencia de
sus tribunales resultare que los superiores órganos locales se vieran
impedidos de garantizar el orden previsto en el art. 31, Constitución
Nacional, en condiciones en que sí podría llevarlo a cabo esta Corte, bien
pronto se advertirá que ello producirá una reducción de la zona de reserva
jurisdiccional de las provincias, puesto que esos órganos se verían
impotentes para velar por el mantenimiento del principio de supremacía en
casos correspondientes a la jurisdicción de sus propios Estados, y
resueltos por sus propios órganos jerárquicamente inferiores...",
agregando luego, entre otras consideraciones, que "si el ideal federal ha
sido abrazado por los argentinos con igual fervor que el republicano, uno

108 
 
de los caminos para refirmar aquél y enriquecer a éste es el de subrayar y
ahondar los poderes de la justicia provincial para velar por el
mantenimiento de la estructura fijada por el art. 31 citado, sobre todo
cuando están interesadas las atribuciones de los tribunales más altos de
los Estados..." y que "consecuentemente, corresponde afirmar que en los
casos aptos para ser conocidos por esta Corte según el art. 14, ley
48, la intervención del superior tribunal de provincia es necesaria en virtud
de la regulación que el legislador nacional hizo del art. 31, Constitución
Nacional, de modo que la legislatura local y la jurisprudencia de sus
tribunales no pueden vedar el acceso a aquel órgano, en tales supuestos,
v.gr., por el monto de la condena o por el grado de la pena, por la materia
o por razones análogas", y concluyó diciendo que, "por lo tanto,
corresponde declarar que la validez constitucional del art. 350, Código de
Procedimiento Penal de la Provincia de Buenos Aires, se halla supeditada
a que la limitación por el monto que contiene sea obviada cuando
estén involucradas aquel tipo de cuestiones"(72).
Tal doctrina jurisprudencial ha sido mantenida por la Corte respecto de
los tribunales provinciales. Si bien en algunos casos la extendió a la justicia
nacional —aunque por otras razones(73)—, en la actualidad rige el criterio
tradicional(74).
A raíz del fallo de la Corte Sup., del 14/10/1982 in re "Jubert, Omar E.",
se señalaba lo siguiente —bajo el título "El retorno de la Corte Suprema a
su jurisprudencia tradicional sobre el tribunal superior de la causa a los
fines del recurso extraordinario", LL 1983-B-305—:
"I. Breve reseña de la jurisprudencia tradicional
"1. Con anterioridad a la sentencia dictada en el caso 'Cautana
Agropecuaria Forestal', con fecha 13/11/1980 (1) —lo que equivale a un
período que excede con holgura al siglo—, la Corte Sup. asignó al
concepto de 'tribunal superior de provincia' (o, con mayor generalidad, 'de
la causa') una significación fundamentalmente basada en las siguientes
premisas: a) Corresponde considerar tribunal superior de la causa al
órgano judicial (2), cuya resolución, en lo que concierne a la cuestión
federal planteada en el juicio, no es susceptible de revisión por otro órgano
dentro de la respectiva organización de la justicia en el ámbito local. b) El
conocimiento y la decisión de las cuestiones federales articuladas en el
proceso incumbe, como regla general, a los órganos judiciales que ejercen
la competencia ordinaria (Cámaras de Apelaciones, sus salas, tribunales
de instancia única y, en algunas hipótesis, juzgados de primera instancia),
ante los cuales, por lo tanto, debe en todo caso interponerse el recurso
del art. 14, ley 48 (ADLA 1852-1880-364). c) Algunos tribunales, pese a la
circunstancia de revestir, en el orden local, el carácter de órganos
judiciales supremos, no son sin embargo los tribunales superiores de la
causa cuando conocen en el proceso a raíz de la interposición de
recursos extraordinarios (inaplicabilidad de la ley, inconstitucionalidad,
casación, revisión) y los desestiman por razones de admisibilidad, es decir,
109 
 
en virtud de carecer de los requisitos subjetivos, objetivos (idoneidad y
posibilidad jurídica) o de lugar, tiempo y forma previstos en el
correspondiente ordenamiento procesal (3). d) Por el contrario, frente al
supuesto de que dichos tribunales, en ocasión de emitir pronunciamiento
acerca de los mencionados recursos, consideran y resuelven las
cuestiones planteadas como de naturaleza federal, adquieren el carácter
de tribunales superiores de la causa en los términos del art. 14, ley
48 (4). e) Cuando, contra la sentencia definitiva del órgano judicial
ordinario se interponen, conjuntamente, el recurso extraordinario federal y
uno o más recursos extraordinarios locales, no configura óbice, a la
admisibilidad del primero, la declarada inadmisibilidad de los segundos (5).
Por lo tanto, el agotamiento de estos últimos no constituye requisito del
recurso previsto en el art. 14, ley 48, salvo que el tribunal ante el cual éste
se interpuso haya decidido lo contrario sin incurrir en arbitrariedad (6).
"2. La breve reseña que precede se integra con la observación de que,
en diversos precedentes, la Corte Sup. extendió las
conclusiones expuestas al caso del recurso de inaplicabilidad de la ley
reglamentado por los arts. 288 y ss., CPCCN (modificados por ley 22.434),
y 28, dec.-ley 1285/1958 (ADLA XLI-C-2975; XLI-C-2901) (7).
"II. Los casos 'Cautana', 'Municipalidad de Junín' y similares
"3. En el ya recordado caso 'Cautana', contra la sentencia dictada por el
Juzg. Civ., Com., Minas y Lab. San Luis, que desestimó la oposición
formulada a la mensura de una mina por el propietario de otra, el
oponente interpuso el recurso de casación local y el extraordinario federal.
"El juez rechazó el primero y concedió el segundo, lo que motivó la
deducción, por la parte agraviada, de un recurso de hecho por ante el Sup.
Trib. de la provincia. Si bien la queja prosperó y el juez en cumplimiento
de lo ordenado por el Sup. Trib., tuvo por interpuesto el recurso y confirió
plazo para fundarlo, como el impugnante omitiera la presentación del
memorial correspondiente, se le dio por perdido el derecho a pedido de la
actora.
"En oportunidad de pronunciarse sobre el recurso extraordinario
concedido, la Corte Sup. expresó que 'en tales condiciones, sólo es
imputable a la conducta discrecional de la parte la pérdida de una vía que
ella consideró apta para reparar el gravamen, lo que determina, en el caso,
la inadmisibilidad del recurso federal, que no llena así los recaudos a que
se refiere el art. 14, ley 48, en cuanto a la exigencia relativa al tribunal del
cual debe provenir la sentencia definitiva'.
"4. Como fácilmente se advierte, el fallo recaído en 'Cautana' comportó
una significativa modificación de la doctrina recordada en el parágrafo
precedente nro. 1, letra e), ya que, conforme a lo decidido en aquél, resulta
suficiente escollo a la procedencia del recurso extraordinario federal la
mera circunstancia de que el recurrente malogre, a raíz de su conducta
procesal, una vía de impugnación por él reputada idónea para reparar sus
110 
 
agravios, al margen de que, en definitiva, esa creencia pueda no coincidir
con el criterio del tribunal competente para conocer del recurso (8).
"5. En el caso 'Municipalidad de Junín v. Frea, Saúl', fallado con fecha
19/2/1981 (9), contra el pronunciamiento de la C. Junín (prov. de Buenos
Aires), que modificó la de 1ª instancia en lo relativo a la cuota de reajuste
por desvalorización monetaria, la actora interpuso recurso extraordinario
federal que fue desestimado. Al recurrirse mediante queja ante la Corte
Sup., ésta desestimó la impugnación a raíz de advertir que 'la recurrente
dedujo asimismo recurso extraordinario de nulidad ante la Suprema Corte
local, planteo rechazado por no carecer de fundamento legal el fallo
apelado, además de no corresponder el tratamiento de agravios, sólo
susceptibles de ser considerados a través del recurso de inaplicabilidad de
ley, que la actora omitió interponer', y por considerar que, 'de tal manera,
es únicamente imputable a la parte la pérdida de una vía idónea para
reparar su gravamen...'.
"6. La doctrina establecida en el caso mencionado en el número
precedente guarda estricta coherencia con la fijada en 'Cautana'. Si en
este último, en efecto, le bastó a la Corte, para rechazar el recurso federal,
la observación de que el interesado había abandonado el trámite de un
recurso local por él considerado apto para reparar el gravamen, la misma
conclusión se imponía, con mayor razón, frente a la explícita declaración,
por parte del órgano judicial competente, de que la parte había incurrido
en error en la elección del recurso que hubiese posibilitado la reparación
de los agravios articulados.
"7. En fallos posteriores, la doctrina enunciada en el caso 'Cautana'
se invocó explícitamente por la Corte para rechazar recursos directos de
los cuales surgía que el impugnante había interpuesto, junto con
el extraordinario federal, recursos extraordinarios provinciales que fueron
desestimados por deficiencias de fundamentación (10) o a raíz de
la insuficiencia del depósito requerido para su admisibilidad (11).
"III. La jurisprudencia posterior
"8. Con posterioridad a los fallos recordados en el parágrafo precedente,
y hasta el pronunciamiento del que es objeto de comentario en esta nota,
se presentaron a la consideración de la Corte numerosos casos
sustancialmente similares, pues en ellos las sentencias de cámara o de
tribunales de instancia única fueron impugnados mediante el
recurso extraordinario federal y recursos extraordinarios provinciales que
se rechazaron por adolecer de falencias en algunos de sus requisitos de
admisibilidad.
"Se trató, entre otros, de los casos 'Arazmendi de Aivazián, C. v.
Aivazián, P.', 'Marchi, O. R. v. Daniel Dell'Oeste' (12), 'Arce E. v.
Electromecánica Sur SRL' (13), 'Laducci, C. L. v. Gran Hotel Cnel. Suárez'
(14), 'Albornoz, L. R. v. Alberto R. A. Terán' (15), 'Bencivenga, T. v. Banco
de la Provincia de Córdoba' (16) y 'Arbedibe, A. v. Masneri, A.' (17), en los
111 
 
cuales la mayoría de los jueces de la Corte soslayó la consideración del
tema relativo al tribunal superior de la causa y entró, directamente, a
analizar los agravios vertidos, contra la sentencia del órgano judicial
ordinario, los que fueron rechazados en virtud de remitir al examen de
cuestiones de naturaleza no federal.
"9. En todos los casos mencionados en el número anterior el doctor
Guastavino, por el contrario, votó en el sentido de que el recurso federal
debía rechazarse por concurrir circunstancias análogas a las que fueron
objeto de decisión en 'Cautana' y similares, o sea, porque 'sólo es
imputable a la conducta discrecional de la parte la pérdida de una vía que
ella y el superior tribunal local consideraron apta para reparar su
gravamen'. Importa empero agregar que, a partir del caso 'U. O. M. R. A.
v. Crevatín F.' (18), el criterio sustentado por el doctor Guastavino
comenzó a contar con la adhesión del doctor Gabrielli.
"IV. La sentencia anotada
"10. El caso que motivó la sentencia que se publica en el texto exhibe,
según se desprende de los considerandos iniciales de aquélla, una visible
semejanza con el caso 'Cautana', por cuanto, como ocurrió en éste, contra
una sentencia de 1ª instancia insusceptible de impugnación por recurso
ordinario se interpusieron los recursos de casación local y extraordinario
federal, los que se concedieron, aunque el primero fue luego desestimado
por el Trib. Sup. Just. de la provincia, a raíz de la incomparecencia del
recurrente para mantenerlo.
"11. A diferencia de lo que sucedió en los fallos comentados en el
parágrafo III, la mayoría de los jueces de la Corte afrontó —acaso con el
propósito de esclarecerlo definitivamente— el problema referente al
tribunal superior de la causa y se inclinó —conforme a las pautas
emergentes de la jurisprudencia clásica— por conferir aquel carácter al
juzgado de primera instancia. El recurso extraordinario federal fue, no
obstante, rechazado, en razón de no ser atendible, a juicio de la Corte, la
tacha de arbitrariedad articulada por el impugnante.
"La minoría, en cambio, representada ahora por los ministros Gabrielli y
Guastavino, reiteró los términos de la doctrina fijada en los casos que se
mencionaron en el parágrafo II, aunque agregándole diversas
consideraciones que, como se verá más adelante, le confieren un perfil
considerablemente más riguroso, aunque también más complejo.
"12. El criterio minoritario encuentra sustento, básicamente, en las
siguientes argumentaciones: a) Si, contra la sentencia dictada por un
órgano judicial dotado de competencia ordinaria, se interponen —
mediante fundamentos sustancialmente análogos— tanto el recurso
contemplado en el art. 14, ley 48, cuanto un recurso extraordinario
provincial, y ambos son concedidos, la declaración explícita acerca de
la existencia del segundo desplaza a la implicancia de considerarse a
dicho órgano el tribunal superior de la causa que, de otra situación,
112 
 
derivaría del hecho de haber concedido el recurso extraordinario
federal. b) En razón de que el art. 14, ley 48, reemplazó el régimen
optativo de las instancias locales y federales establecido en los arts. 21 y
concs., ley 27 (ADLA 1852-1880-354), por el de radicación y obligado
fenecimiento de las causas en sede provincial —lo que importa el respeto
cabal del federalismo que, en materia de organización judicial, consagran
los arts. 5º, 31, 67, inc. 11, 100, 104 y 105, CN—, el agraviado debe
recorrer las instancias existentes en la respectiva jurisdicción local, sean
ordinarias o extraordinarias. c) En las hipótesis de recursos locales
de extensión limitada, o extraordinarios, que no contemplan el tratamiento
de la cuestión federal, también deben utilizarse si resultan idóneos para
eliminar el gravamen, correspondiendo recurrir ante la Corte nacional
luego de su agotamiento.
"V. Objeciones al criterio minoritario
"13. Los argumentos precedentemente sintetizados son, a mi juicio,
pasibles de diversas objeciones, entre las cuales cuadra destacar las
siguientes:
"a) La antigua pero impecable afirmación que contiene el voto de los
doctores Gabrielli y Guastavino, en cuya virtud 'la declaración de los
tribunales de provincia, en el sentido de existir todavía un recurso local
apto para conocer en la cuestión que se pretende traer a la Corte Sup. por
la vía del art. 14, ley 48, no es revisable en esta instancia, salvo caso de
arbitrariedad', se halla obviamente referida a la hipótesis de que los
órganos judiciales provistos de competencia ordinaria denieguen, por la
razón apuntada, el recurso extraordinario federal.
"Ello pone desde ya de relieve —y lo confirman en forma contundente
los precedentes citados— la diferencia esencial que separa a la referida
hipótesis de la que concurrió en el caso comentado, en el cual, según
observamos, el Juzgado Correccional de la ciudad de Córdoba concedió
el recurso federal, y nadie arguyó que esa decisión adoleciera de
arbitrariedad (19).
"Dicho juzgado se consideró, por lo tanto, el tribunal superior de la causa
a los fines del art. 14, ley 48, sin que fuese necesario que así lo
declarara expresamente, ni que, al otorgar el recurso previsto en la
referida norma, tratase de modo expreso el punto, pues ésta es función
cuyo cumplimiento incumbe a la Corte Sup. cuando declara correctamente
concedido o erróneamente denegado el mencionado recurso (20).
"Por ello, la circunstancia de que el órgano judicial con competencia
ordinaria haya otorgado, además, el recurso de casación previsto en el
orden provincial de ninguna manera implica, como lo entiende el voto de
la minoría, desplazar la admisión implícita, por parte de dicho órgano, de
revestir el carácter de tribunal superior de la causa. Si, en efecto, tanto la
concesión de un recurso previsto en la legislación provincial cuanto la
decisión acerca del carácter de dicho tribunal involucran temas
113 
 
estrictamente procesales e insusceptibles, por ello, de revisión por la Corte
Sup., y si en ninguno de esos aspectos media arbitrariedad, no alcanza a
comprenderse por qué la primera resolución debe prevalecer sobre la
segunda.
"En consecuencia, las mencionadas resoluciones sólo admiten
la interpretación de que el juzgado, en presencia de dos impugnaciones
aparentemente aptas para reparar los agravios del imputado, consideró —
correctamente— que la concesión de ambas consultaba en mayor medida
el derecho de defensa y el principio de eventualidad.
"A lo dicho interesa añadir que 'la declaración expresa de la existencia
de un remedio extraordinario, local' no sólo resulta absolutamente
irrelevante para descartar el valor de la admisión implícita, por el juzgado,
de ser el tribunal superior de la causa a los fines del art. 14, ley 48, sino
que tampoco 'releva de toda incertidumbre' como se afirma en el
considerando 4º del voto que comento, porque es obvio, por una parte,
que la mera 'existencia' de un recurso en el orden provincial no induce la
concurrencia, en el caso concreto, de sus requisitos de admisibilidad, y,
por otra parte, que el juicio definitivo acerca de este último extremo no es
función que corresponda al órgano judicial ordinario, sino al Trib. Sup. Just.
de la provincia; de lo cual se sigue que la declaración de 'aptitud' del
recurso a que se alude en el considerando 6º del voto minoritario no pasa
de ser una mera conjetura acerca de la eventual admisibilidad de la
impugnación.
"b) La argüida diversidad de regímenes que mediaría entre las leyes
27 y 48 carece de fuerza persuasiva en casos como el comentado, pues
en ellos no se encuentra en juego la opción entre instancias locales y
federales, sino la necesidad, o no, de transitar todas las instancias
provinciales como requisito de acceso a la federal prevista en el art. 14, ley
48. Por otra parte, corresponde reparar en la circunstancia de que la ley
27 sólo contemplaba instancias ordinarias, a cuyo respecto no hay duda
alguna de que, en tanto son siempre las adecuadas para el debate y la
decisión de los temas de naturaleza federal, deben agotarse con carácter
previo a la interposición del recurso extraordinario ante la Corte Sup.
"c) El voto minoritario, finalmente, dista de ser claro acerca de si el
agraviado, sin perjuicio de agotar el trámite de los recursos extraordinarios
provinciales, debe, a fin de precaverse frente a una eventual decisión
adversa del órgano competente para conocer de aquéllos, interponer
además —como sucedió en el caso comentado y en los otros que
anteriormente se recordaron— el recurso extraordinario federal.
"Si —como parecería surgir de lo dicho en el considerando 4º— la
respuesta es afirmativa, la solución resulta visiblemente disvaliosa en tanto
subordina la admisibilidad del recurso federal no sólo a la diligencia
procesal del agraviado en el ámbito local, sino también al requisito de que
el máximo órgano judicial de la provincia se pronuncie en sentido favorable

114 
 
a la idoneidad y a la posibilidad jurídica de la impugnación, lo cual, como
es sabido, suele frecuentemente depender de criterios circunstanciales o
de modificaciones operadas en la integración de los tribunales. Si a ello se
agrega que —de acatarse la tesis minoritaria— se encontraría en mejor
situación la parte que se limita a interponer el recurso federal que aquella
que deduce, además, recursos extraordinarios provinciales, la injusticia
del resultado se advierte con mayor nitidez.
"Si la respuesta es negativa, la solución resulta aún más desdeñable.
"Ello es así porque, fundamentalmente, se coloca a la parte agraviada
en el difícil trance de formular un juicio absolutamente certero acerca de la
'idoneidad' de los recursos extraordinarios provinciales que no contemplan
el tratamiento de la cuestión federal (21). El más leve descuido al respecto
e incluso el error (no arbitrario) del máximo tribunal local pueden resultar
dramáticos para el impugnante, pues es jurisprudencia corriente de la
Corte —no desvirtuada en el voto minoritario— que el plazo
para interponer el recurso extraordinario federal no se suspende
ni interrumpe a raíz de la deducción de recursos declarados inadmisibles
(por cualquier motivo) en el ámbito local (22).
"En esa hipótesis ocurrirá entonces que el desafortunado litigante, por
fidelidad a un supuesto 'federalismo', habrá perdido —incluso 'con costas'
y aunque concurra alguno de los supuestos del art. 14, ley 48— toda
posibilidad de obtener la reparación de sus agravios a través de un
pronunciamiento de la Corte nacional.
"Importa, asimismo, añadir que las tres líneas de precedentes judiciales
que la minoría invoca en apoyo de la necesidad de agotar todas
las instancias locales no se relacionan, en realidad, con ese discutible
aserto. Por lo tanto, la doctrina, en cuya virtud las cuestiones federales
resueltas antes de la sentencia definitiva deben plantearse cuando se
recurre de ésta y siempre que entonces subsista el gravamen, remite, no
a la decisión de recursos extraordinarios, sino a las resoluciones
ordenatorias (providencias simples y sentencias interlocutorias) que hayan
gravitado negativamente en el contenido del fallo final recaído en
la instancia ordinaria. En segundo lugar, los casos, en los cuales se
declaró prematuro el recurso extraordinario federal interpuesto contra la
sentencia de cámara, no configuran otra cosa que una de las excepciones
hechas por la jurisprudencia clásica al principio con arreglo al cual son
sentencias definitivas del superior tribunal de la causa, a los fines del art.
14, ley 48, las dictadas por los órganos judiciales dotados de competencia
ordinaria. Finalmente, los precedentes en cuyo mérito es admisible el
recurso federal, respecto de resoluciones que deniegan arbitrariamente
remedios extraordinarios previstos en los ordenamientos locales, no
constituyen más que una de las tantas aplicaciones de la doctrina
elaborada por la Corte acerca de la tacha de arbitrariedad, pero de ninguna
manera 'importan —como se dice en el voto minoritario— la admisión de
que corresponde reconocer el carácter de superior tribunal de provincia al
115 
 
órgano máximo de la estructura judicial local habilitado para entender
mediante dichos recursos extraordinarios provinciales'.
"14. Creo que no está de más observar, por último, que el voto de la
minoría, pese a las numerosas consideraciones en que abunda acerca del
tema atinente al tribunal superior de la causa, concluyó, como el de la
mayoría, examinando los agravios en que se fundó el recurso federal, los
que fueron desestimados por razones sustancialmente similares a
los expuestos por ésta.
"VI. Conclusiones
"15. Si es cierto —como lo es— que normalmente el conocimiento y la
decisión de las cuestiones de índole federal compete a los órganos
judiciales que integran las instancias ordinarias, no es dudoso que, una
vez agotadas éstas —lo que no se presta a la más mínima dificultad de
orden técnico—, la circunstancia de abandonarse el trámite de
una instancia extraordinaria local (23), o de elegirse ésta erróneamente,
no puede, sin más, convertirse en obstáculo a la admisibilidad del
recurso extraordinario federal. Según creo haberlo demostrado, la solución
contraria que propicia el voto de los doctores Gabrielli y Guastavino carece
de respaldo jurídico suficiente, complica innecesariamente el ya de por sí
difícil manejo de ese recurso, y conspira contra la seguridad y el orden. Es
de esperar, por lo tanto, que la tesis hoy mayoritaria perdure en la
jurisprudencia de la Corte Sup.
"16. No quisiera concluir esta nota sin reiterar que, en todos los
precedentes en los cuales se trató específicamente el problema referente
al tribunal superior de la causa, el recurso federal se declaró en
definitiva inadmisible por otras razones; y sin señalar, además, mi
convicción de que, si los ministros disidentes hubiesen comprobado
la existencia de una cuestión federal digna de ser examinada, se habrían
abstenido de abordar un tema que, en ese caso, debería incluirse en la
categoría de los denominados 'ápices procesales frustratorios'.
"Notas:
"(1) Fallos 302:1337 (LL 1981-A-490).
"(2) O, eventualmente, administrativo.
"(3) Sobre esta cuestión, en general, véase PALACIO, Derecho..., cit., t. V, p. 41.
"(4) Aparte de los precedentes citados en el voto de la mayoría véanse los requisitos en
Fallos 250:715 y 295; 277:239 y 361; 293:577; 295:101 (LL Rep. XXII-1042, sum. 113; t.
XXXI, J-Z, p. 1638, sum. 67; sum. 68; t. XXXVII, J-Z, p. 1422, sum. 81; t. XXXVIII, J-Z, p.
1750, sum. 123).

"(5) Fallos 247:459 (LL 101-986, fallo 6046-S) y sus citas.


"(6) En el caso de Fallos 303-1-655, se decidió que si bien, por regla general, no debe
revisarse en la instancia extraordinaria la afirmación de los jueces locales, basada en
una interpretación del derecho procesal propio, acerca de la existencia de otras vías en el
ámbito provincial, pues en este tema la tacha de arbitrariedad es particularmente restrictiva,

116 
 
cabe apartarse de tal principio si el a quoomitió considerar que el monto del juicio no cubre
el mínimo legal que permita habilitar el recurso de inaplicabilidad de ley.
"(7) Fallos 250:170 y 198; 255:379; 266:273 (LL Rep. XXIV-1348, sum. 50; t. XXVIII, J-
Z, p. 2552, sum. 132).
"(8) Esta circunstancia fue puntualizada por Morello en su excelente trabajo '¿Cuál es el
superior tribunal de la causa en la reciente jurisprudencia de la Corte nacional?', ED 95-509.

"(9) Fallos 303-1:238.


"(10) Casos 'Pagnucco Musuruana, R. v. Aspramonte y Stavole',
3/3/1981 (Fallos 303-1:352) y 'Bertini de Baldomá, M. v. Cooperativa de
Servicios Sociales Luque Ltda.', 2/7/1981 (Fallos 303-1:470).
"(11) Caso 'Pérez, Viviani, H. v. Torassa, C. M.', 26/3/1981 (Fallos 303-
1:470).
"(12) Fallados el 16/6/1981 (Fallos 303-1:834; LL 1982-A-188) y 837,
respectivamente.
"(13) Íd., 8/9/1981 (Fallos 303-2:1296).
"(14) Íd., 8/10/1981 (Fallos 303-2:1517).
"(15) Íd., 13/10/1981 (Fallos 303-2:1523).
"(16) Íd., 13/10/1981 (Fallos 303-2:1527).
"(17) Íd., 10/10/1981 (Fallos 303-2:1700).
"(18) Íd., 25/10/1981 (Fallos 303-2:1875).
"(19) Creo que no hace falta aclarar, pero por las dudas lo hago, que
cuando los órganos judiciales ordinarios deniegan el recurso federal por
razones distintas a la de no ser los tribunales superiores de la causa,
implícitamente admiten revestir tal carácter.
"(20) Es sabido que, en la inmensa mayoría de los casos, cuando los tribunales inferiores
conceden el recurso federal, no fundan la respectiva resolución o, a lo sumo, remiten al art.
14, ley 48. Es más frecuente, en cambio, que funden la resolución denegatoria, aunque la
práctica corriente consiste en afirmar que no concurren los requisitos mencionados en la
aludida disposición legal.
"(21) No alcanzo a explicarme por qué el voto minoritario parece poner en duda la
constitucionalidad de ese tipo de recursos.

"(22) Fallos 276:303; 279:15; 281:267; 284:334 (LL 141:622, fallo


25.190-S; 142:418; 147:693, fallo 29.000-S; 148:632), entre muchos otros.
"(23) O nacional, como sería el caso del recurso de inaplicabilidad de la ley reglamentado
por los arts. 288 y ss., CPCCN, y 28, dec.-ley 1285/1958".

117 
 
D) Por el contenido de la resolución
Desde el punto de vista del contenido de la resolución impugnada,
configuran requisitos de admisibilidad del recurso extraordinario federal los
siguientes: 1º) que aquélla verse sobre una cuestión justiciable; 2º) que
dicha cuestión revista carácter federal; 3º) que exista una relación directa
e inmediata entre lo decidido y el punto federal en debate; 4º) que la
cuestión federal haya sido resuelta en forma contraria al derecho alegado.
Cada uno de los mencionados requisitos será objeto de consideración
particular.

E) Cuestión justiciable
a) Por "cuestión justiciable" debe entenderse toda aquella que, en el
orden normal de las instituciones, incumbe decidir a los jueces, en el
ejercicio de su específica función judicial(75).
b) De acuerdo con el criterio precedentemente expuesto, cabe ante
todo excluir del ámbito de las "cuestiones justiciables" a aquellas cuya
decisión se halla encomendada, con carácter privativo, a otros poderes del
Estado, como, entre otras, aparte de las mencionadas supra, las
concernientes a la formación de los padrones electorales(76), a la
organización y personería de un partido político(77), a la declaración del
estado de sitio(78)o a la de utilidad pública a los fines expropiatorios(79), a la
calidad de los magistrados judiciales para el desempeño de sus
funciones(80), a la violación del régimen republicano de gobierno(81), o las
decisiones del Poder Ejecutivo en materia de política salarial, adoptadas
en virtud de una ley que lo habilita al efecto, sobre la base de criterios de
oportunidad, mérito o conveniencia tenidos en cuenta al momento de su
dictado(82).
Asimismo, en virtud de lo dispuesto por los arts. 121 y ss., Constitución
Nacional, no configuran "cuestiones justiciables", a los efectos del
recurso extraordinario federal, los conflictos suscitados entre autoridades
provinciales(83).
c) Los órganos judiciales se hallan también provistos de facultades
privativas cuyo ejercicio tampoco comporta "cuestión justiciable" que
corresponda resolver a la Corte Suprema por la vía del
recurso extraordinario federal. Son, por lo tanto, ajenas a este último las
decisiones adoptadas por los tribunales en ejercicio de atribuciones de
superintendencia y disciplinarias(84), las resoluciones denegatorias del
planteamiento de cuestiones de competencia por vía de inhibitoria(85), etc.

118 
 
d) Por último, cabe descartar como cuestiones justiciables a las
consultas(86)y a las resoluciones normativas de carácter general(87).

F) Cuestión federal
a) Supuesta la concurrencia de los requisitos precedentemente
descriptos, así como los de lugar, tiempo y forma que se estudiarán más
adelante, el recurso analizado sólo es admisible respecto de las
resoluciones que versen sobre una "cuestión federal".
Como se dijo con anterioridad, las cuestiones federales comportan,
esencialmente, cuestiones de derecho, razón por la cual
resultan excluidas, como materia del recurso, las cuestiones de hecho. No
obstante, la jurisprudencia de la Corte ha debido hacer excepción a ese
principio frente a aquellos supuestos en que los hechos del proceso se
encuentran tan íntimamente vinculados a la cuestión federal que tornan
imposible su decisión separada(88)y en los casos en que la decisión sobre
los hechos sea insostenible y conduzca a la frustración del derecho
federal invocado (ver, particularmente, nro. 649).
De conformidad con las hipótesis previstas por el art. 14, ley 48,
configuran cuestiones federales las que se refieren, por un lado, a
la interpretación de cláusulas constitucionales, o de normas o actos de
naturaleza federal (cuestión federal simple) y, por otro lado, a los conflictos
que pueden suscitarse: 1º) entre la Constitución y una ley, o acto nacional
o local (cuestión federal compleja directa); 2º) entre normas dictadas por
diferentes autoridades nacionales, o entre normas o actos nacionales o
locales, discutiéndose cuál es el acto o norma que, de acuerdo con las
prescripciones constitucionales, reviste carácter preeminente (cuestión
federal compleja indirecta).
En lo que hace a la primera de las categorías —cuestiones federales
simples— se expuso lo siguiente(89):
"A pesar del paupérrimo marco significativo que ofrece el art. 280,
CPCCN (t.o. 1981, LA 1981-B-1482), la Corte Sup. lo ha invocado no sólo
para desestimar planteos baladíes o intrascendentes, sino también para
disponer la apertura de la instancia extraordinaria frente a cuestiones
que, aun careciendo de los requisitos formales de la
impugnación, exhibían, conforme a la 'sana discreción' del tribunal, real
importancia o trascendencia; de modo que, en consecuencia, por conducto
de una ponderable línea jurisprudencial semejante a la que ya había
arraigado conforme al estándar de la gravedad institucional, el signo
negativo que surge de una comprensión meramente literal de las normas

119 
 
más arriba recordadas, se extendió la jurisdicción discrecional de la Corte
en sentido positivo (1). En otras palabras, el art. 280, CPCCN, configura,
en la actualidad, un instrumento selectivo de casos a resolver por el alto
tribunal.
"Aunque no existen estadísticas confiables, o al menos ellas no han
alcanzado suficiente difusión, mientras que la jurisdicción discrecional
negativa aparece acrecentada cuando los recursos se limitan a
la invocación de alguna de las hipótesis supuestamente encuadrables en
la doctrina de la arbitrariedad, no cuadra idéntica conclusión en los casos
de fundarse aquéllos en la inteligencia de normas o actos de carácter
federal a los que se refiere el art. 14, inc. 3º, ley 48 (ALJA 1853-958-1-14).
"Dentro del vastísimo repertorio de preceptos contenidos en leyes y de
actos normativos de carácter federal, muchos de ellos regulan sin embargo
situaciones y conductas cuya intrascendencia, por resultar notoria, no
justifica su interpretación final por la Corte Sup. y habilita, por ende, la
declaración de inadmisibilidad del recurso extraordinario en los términos
del mencionado art. 280, CPCCN.
"Pero junto con esos preceptos existen numerosas normas contenidas
en leyes federales, cuya aplicación excede el mero interés individual y
afecta legítimos intereses de la Nación, de manera que la determinación
de su alcance configura, en los casos concretos que se someten a los
tribunales de justicia, una materia que no cabe incluir, sin más, en el marco
de la jurisdicción discrecional negativa de la Corte. Es obvio que idéntica
conclusión es pertinente respecto de la interpretación de los
tratados internacionales, que tienen actualmente jerarquía superior a las
leyes, si bien no resulta apropiada la doctrina que a su respecto predomina
entre los ministros del alto tribunal (2).
"En virtud de las razones precedentemente desarrolladas, no persuade
la opinión formulada en el sentido de que 'el legislador podría contribuir a
aliviar la 'tarea muscular' de la Corte Sup., derogando el inc. 3º, art. 14, ley
48, en cuanto habilita la instancia extraordinaria para la 'interpretación' de
las normas federales. En la actualidad, con la existencia de las Cámaras
Federales (que son de creación posterior a la sanción de la ley 48), no
parece necesario favorecer la intervención de la Corte en tales casos, toda
vez que —por lo demás— siempre queda supeditada esa vía en los casos
de arbitrariedad y gravedad institucional. La Corte Sup., sin embargo, se
halla actualmente provista del poder discrecional que le confiere el art. 280,
CPCCN, para desestimar recursos que, aun fundados en derecho,
reconocidos por normas federales involucran cuestiones carentes de
trascendencia' (3).
"No obstante, en efecto, si bien existen innumerables normas de índole
federal relativas a comportamientos intrínsecamente desprovistos de
trascendencia (v.gr., las que se refieren a la incidencia del aumento del
precio de los cigarrillos en función de la alícuota de impuestos internos, a

120 
 
las multas aplicables por infracciones a la ley de pesca y similares, al
cómputo del plazo aplicable a la caducidad de una marca, y muchas
otras), existen otras del mismo carácter que conceptualizan conductas
de indudable incidencia colectiva, como, por ej., las relacionadas con el
contrabando, el tráfico de estupefacientes o el enriquecimiento ilícito de
funcionarios nacionales.
"Mientras que las primeras, a pesar de su eventual importancia
económica, son susceptibles de excluirse, en principio, del conocimiento
de la Corte Sup. —y es en este aspecto correcta la opinión de Vanossi
más arriba recordada—, no ocurre lo mismo con las recordadas en
segundo término, porque, en tanto exceden con evidencia el interés
particular de las partes en conflicto, se hallan intrínsecamente enmarcadas
en la jurisdicción positiva de la Corte.
"Es que así como el alto tribunal, aunque en un caso aislado, desestimó
por mayoría el recurso deducido contra una sentencia fundada en un fallo
plenario dictado por una Cámara Nacional de Apelaciones con referencia
a la doctrina legal consagrada con motivo de la aplicación de una ley
federal (4), en otros precedentes más cercanos en el tiempo atribuyó
gravedad institucional a la necesidad de imponer un quietus frente a
la existencia de pronunciamientos contradictorios emanados de tribunales
nacionales inferiores (5).
"De allí que, en el entendimiento de restringir la intervención de la Corte
a aquellos casos provistos de efectiva trascendencia, resulta innecesaria,
en virtud de la actual vigencia del art. 280, CPCCN, la propuesta
derogación del inc. 3º, art. 14, ley 48, en cuanto se refiere a
la interpretación de normas federales, y sí, en cambio,
conveniente introducirle un agregado con arreglo al cual cuando se trate
de la inteligencia de cláusulas contenidas en un tratado carente de
jerarquía constitucional en los términos del art. 75, inc. 22, Carta
Fundamental (LA 1995-A-26), o de una ley o acto federal, es requisito del
recurso la existencia de decisiones contradictorias de tribunales federales
o nacionales con competencia federal, o de cualquiera de éstos con la
jurisprudencia de la Corte Sup. Precisamente la regla 10 de la Corte
norteamericana incluye, entre las materias del writ of certiorari y, por ende,
entre las 'importantes y especiales razones' que lo justifican, a ese tipo de
sentencias, aun cuando, inclusive, se refieran a la interpretación de
normas constitucionales.
"En síntesis, una de las formas apropiadas para aliviar el cúmulo de
tareas que pesa sobre la Corte, y entre otras medidas que no hace al caso
puntualizar en este trabajo, consiste en modificar el inc. 3º, art. 14, ley 48,
en función de uno de los aspectos que conciernen a la trascendencia
mencionada en el art. 280, CPCCN.
"Ello, naturalmente, sin perjuicio de que el tribunal intervenga
como intérprete final de normas o actos federales frene a fundadas

121 
 
causales de arbitrariedad, porque en tales supuestos media siempre un
agravio constitucional merecedor de tutela por la vía del
recurso extraordinario.
"Notas:
"(1) Ver, entre otros, el voto de los ministros Petracchi y Moliné
O'Connor en Fallos 315:1492 (JA 1992-III-199); el de los ministros
Belluscio y Boggiano en Fallos 316:64, y el del ministro Fayt en Fallos
315:490.
"(2) Ver el caso de Fallos 318:2639, en el que la mayoría del tribunal consideró cuestión
federal la interpretación de una norma de derecho común contenida en el Tratado de
Derecho Civil de Montevideo.
"(3) VANOSSI, Recurso extraordinario federal, 1985, p. 85.
"(4) Ver Fallos 256:372, donde se resolvió que, habiéndose decidido el caso por la
aplicación de la doctrina establecida en fallo plenario, 'acontece la posibilidad de que se
superpongan instancias de casación que exceden los fines que requiere la aplicación
uniforme del derecho federal', y 'que en tales condiciones, la subsistencia del
recurso extraordinario ante esta Corte no encuentra fundamento racional en la sola
necesidad de la uniformidad de aplicación de leyes nacionales, porque se trata de
un extremo ya satisfecho por el recurso legalmente previsto para ante otro alto tribunal de la
Nación y ejercido por éste en reunión plenaria'.
"(5) Ver, por ej., el caso de Fallos 315:1209 (JA 1992-III-10), en el que se resolvió la
aplicación de la tasa activa en materia de intereses con apoyo en el carácter federal atribuido
a la ley 23.928 (LA 1991-A-100) y su reglamentación y, entre otras razones, en la necesidad
de poner un necesario quietus en la evolución de las encontradas tendencias
jurisprudenciales, que conspira contra la requerida certeza del tráfico en la materia. En
sentido análogo, ver Fallos 316:713 (JA 1997-I, síntesis)".

b) Existe cuestión federal simple referida a la interpretación de la


Constitución cuando sólo se trata de determinar el alcance de alguna de
sus cláusulas y no se halla en juego, por lo tanto, la colisión de éstas con
otra norma o acto. Tal lo que ocurre cuando se desconoce un derecho o
una prerrogativa que emana en forma directa del texto constitucional(90).
Puede ofrecer alguna duda en cuanto a si se trata de una cuestión
federal simple o compleja el caso de los pronunciamientos judiciales que
comportan la violación de un derecho constitucional (como cuando
afectan, v.gr., la garantía de la defensa en juicio por no haberse acordado
oportunidad de audiencia a alguna de las partes o porque deciden
cuestiones no planteadas en el proceso), ya que, aparentemente,
aparecería un conflicto suscitado entre la Constitución y una
norma individual. Pero si se tiene en cuenta que las cuestiones federales
preexisten, en rigor, a la sentencia, que debe circunscribirse a resolverlas,
y que el caso en análisis se soluciona mediante la mera interpretación de
las normas constitucionales cuyo quebrantamiento se alega, resulta
preferible encuadrar a aquél en el ámbito de las cuestiones federales
simples(91).
Por lo que concierne a las "leyes del Congreso", cuya interpretación
puede también configurar una cuestión federal simple en los términos del
122 
 
art. 14, inc. 3º, ley 48, corresponde aclarar que esta última disposición se
circunscribe a las leyes federales, es decir, a aquellas que dicta el
Congreso en ejercicio de las potestades que le otorga el art. 75,
Constitución Nacional, con excepción de las incluidas en los incs. 12 y 30
de la norma mencionada. En consecuencia, el recurso analizado es ajeno
a la interpretación de las denominadas leyes nacionales comunes
(Códigos Civil, Comercial, Penal, de Minería y del Trabajo, y Seguridad
Social, las leyes incorporadas a esos Códigos y las que los integran,
modifican o amplían)(92), así como a la de las leyes dictadas por el
Congreso nacional para ser aplicadas exclusivamente en el territorio de la
capital de la Nación.
Aparte de la interpretación de las leyes federales, autoriza también
la interposición del recurso extraordinario la interpretación de las
reglamentaciones de ese tipo de leyes y la de los reglamentos
e instrucciones autónomas que contengan disposiciones de naturaleza
federal(93).
En cambio, el recurso es inadmisible cuando se halla en juego
la interpretación de normas procesales, aun en el caso de que éstas
revistan carácter federal. Ello es así porque ese tipo de normas no afectan,
en principio, la prelación que consagra el art. 31, Constitución Nacional,
pero el recurso es admisible en la hipótesis de que lo decidido en materia
procesal ocasione agravio constitucional o comprometa las instituciones
básicas de la Nación(94).
Constituye, asimismo, una cuestión federal simple el hecho de
cuestionarse el alcance o la vigencia de cláusulas contenidas en un
tratado internacional(95), las que inclusive, por imperio constitucional,
tienen jerarquía superior a las leyes (art. 75, inc. 22, CN). Dicha cuestión,
conforme a una reiterada y antigua línea jurisprudencial, no se configuraba
cuando sólo estaba en tela de juicio la interpretación de normas de
derecho común incorporadas al ordenamiento jurídico argentino a raíz de
un tratado(96).
Esa doctrina fue, sin embargo, abandonada por la mayoría de
los integrantes de la Corte Sup. en la sentencia dictada con fecha
26/12/1995 en la causa "Méndez Valles", en la cual se discutió, a la luz del
Tratado de Derecho Civil Internacional de Montevideo de 1940, el tema
relativo a la ley aplicable a la calidad de la forma que debe revestir un
contrato de cesión de créditos celebrado en el Uruguay, cuyo objeto y
efectos se encontraban localizados en la Argentina, es decir, como se
advierte, una típica cuestión de derecho común.
Se decidió entonces esencialmente que, como la mera posibilidad de
que la atribución de responsabilidad argentina se vea comprometida por
la interpretación y la aplicación de un tratado configura, de por sí, una
cuestión federal de trascendencia, no es razonable fundar la inexistencia
de dicha cuestión en el hecho de que los preceptos del tratado funcionen

123 
 
como disposiciones de derecho común, pues ello es indiferente a los
efectos de esa eventual responsabilidad(97).
Pero al margen de que, en el ámbito del derecho común, los órganos
judiciales nacionales o provinciales inferiores a la Corte Suprema deben
reputarse suficientes custodios del cumplimiento de las
obligaciones internacionales contraídas por la República, la intervención
de aquélla es eventualmente viable por conducto de la doctrina sobre
arbitrariedad, particularmente frente a la indebida prescindencia, por parte
de dichos órganos, de las normas contenidas en un tratado internacional,
de allí que la referida tesis jurisprudencial resulte objetable(98).
Por último, involucra una cuestión del tipo examinado la interpretación
de los actos no normativos provenientes de las autoridades de la Nación
mediante los cuales se constituye, reconoce o extingue algún derecho,
siempre que tales actos se hallen regidos por normas de carácter federal.
A ellos se refiere el art. 14, incs. 1º y 3º, ley 48, en tanto aluden,
respectivamente, a "autoridad ejercida en nombre de la Nación" y a
"comisión ejercida en nombre de autoridad nacional"(99). El caso más
corriente de esta clase de cuestiones está dado por la interpretación de las
propias sentencias de la Corte Suprema(100).
c) Configuran cuestiones federales complejas directas, según se
anticipó, aquellas que versan sobre la impugnación de una norma o de un
acto que se estima incompatible con la Constitución Nacional, con
prescindencia de otra norma o acto.
Al intervenir con motivo de tales conflictos la función de la Corte difiere
sustancialmente según que la norma o el acto impugnados
como inconstitucionales revistan o no carácter federal. En el primer caso
el tribunal debe, con carácter previo, interpretar la norma o acto
cuestionados y declarar su inconstitucionalidad solamente cuando
resulten ostensiblemente inconciliables con las cláusulas constitucionales
de que se trate; por el contrario, debe abstenerse de formular esa
declaración si, a través de una exégesis razonable, aquéllos son
susceptibles de armonizarse con el texto constitucional(101). Si las
impugnadas, en cambio, son normas o actos de derecho común o local, la
Corte debe comenzar por atenerse a la interpretación acordada a aquéllos
por el órgano inferior —que cuenta para ello con facultades propias
y exclusivas de conformidad con lo dispuesto por los arts. 75, inc. 12, y
121, y ss., CN—, correspondiéndole únicamente resolver si
tal interpretación —que no puede ser practicada por la Corte sin riesgo de
transgredir los límites trazados a la competencia federal— es o no
compatible con los preceptos constitucionales que se estiman
vulnerados(102).
d) Las cuestiones federales complejas indirectas se configuran, como
también se anticipara, cuando la inconstitucionalidad de una norma o acto

124 
 
se funda en su incompatibilidad con otra norma o acto que, de acuerdo
con la Constitución Nacional, reviste carácter preeminente.
También en esta hipótesis corresponde advertir que la función de la
Corte varía según que las normas o actos en conflicto posean o no
naturaleza federal, ya que en el primer caso el tribunal se halla facultado
para interpretarlos a fin de determinar si media o no la incompatibilidad
alegada como fundamento del recurso. Tal lo que ocurriría, v.gr., si se
adujese que al dictar el decreto reglamentario de una ley federal, el Poder
Ejecutivo excedió los límites de la potestad que le confiere el art. 99, inc.
2º, Constitución Nacional(103).
En el caso de que las normas o actos en conflicto no revistan carácter
federal (es decir, cuando se trate de normas o actos de derecho común o
local), la Corte debe atenerse a la interpretación que de ellos haya
formulado el órgano inferior, careciendo por lo tanto de facultades para
rever la declaración de compatibilidad o de incompatibilidad que respecto
de esas normas o actos contenga la resolución recurrida (arts. 75, inc. 12,
122 y ss., CN). Es, por lo tanto, inadmisible el recurso si, por ejemplo, el
tribunal de la causa, sobre la base de la interpretación acordada a una ley
de orden común, declara que el decreto del Poder Ejecutivo que la
reglamenta ha excedido la potestad concedida por el art. 99, inc. 2º, y es
por lo tanto inconstitucional(104)o, por el contrario, y también con apoyo en
la interpretación de una ley común y de su decreto reglamentario, llega a
la conclusión de que ambos son compatibles y el segundo, por lo tanto,
constitucionalmente válido(105).
La misma regla es aplicable cuando el conflicto aparece planteado entre
una norma local y una norma dictada por el Congreso en ejercicio de la
facultad que le acuerda el art. 75, inc. 12, Constitución Nacional, lo que
ocurriría, v.gr., si se plantease la inconstitucionalidad de una norma
provincial en razón de ser contraria a preceptos contenidos en el Código
Civil u otra ley de fondo(106).
Los principios enunciados precedentemente no pueden, sin embargo,
considerarse absolutos, pues la Corte se halla habilitada para rever los
juicios de compatibilidad o incompatibilidad emitidos por los
tribunales inferiores cuando las conclusiones de las respectivas
sentencias sean insostenibles o conduzcan a la frustración del derecho
federal invocado, prescindiendo arbitrariamente de la jerarquía normativa
impuesta por el art. 31, Constitución Nacional(107).

G) Relación directa e inmediata

125 
 
a) Otro de los requisitos de admisibilidad del recurso examinado
consiste en que la cuestión federal guarde una relación directa o inmediata
con el contenido de la resolución impugnada. "Cuando se entable el
recurso de apelación que autoriza el artículo anterior —dispone el art.
15, ley 48—, deberá deducirse la queja con arreglo a lo prescripto en él,
de tal modo que su fundamento aparezca de los autos y tenga una relación
directa e inmediata a las cuestiones de validez de los artículos de la
Constitución, leyes, tratados o comisiones en disputa...".
b) No basta, para que concurra el requisito de "relación directa
e inmediata", la mera invocación de cláusulas contenidas en la
Constitución, en los tratados o en las leyes o actos federales. Es preciso,
por el contrario, que la solución que deba acordarse al caso
dependa, necesariamente, de la interpretación que se asigne a dichos
ordenamientos o actos(108).
c) De lo dicho se deriva, en primer lugar, que corresponde desechar la
concurrencia del requisito en estudio si las normas federales invocadas
como fundamento del recurso resultan ajenas a las cuestiones que fueron
objeto de debate y resolución en el proceso. Tal lo que ocurre, v.gr.,
cuando se hace mérito de normas ostensiblemente extrañas a dichas
cuestiones(109)o de preceptos constitucionales que no otorgan garantías
específicas(110), o bien, se omite la impugnación directa de las normas
aplicadas y el recurrente se limita a alegar el desconocimiento de alguna
cláusula constitucional por parte de la resolución(111).
d) En segundo lugar, tampoco existe relación directa e inmediata
cuando, pese a la circunstancia de hallarse en juego en el proceso una
cuestión de orden federal, la resolución tiene fundamentos en preceptos
de naturaleza común o local, o en cuestiones de hecho que resultan
suficientes para la solución integral del caso(112), o bien, aquélla cuenta en
parte con fundamentos federales y éstos no son impugnados(113).

H) Resolución contraria
a) Desde que, como se dijo, la finalidad esencial del
recurso extraordinario federal reside en asegurar la supremacía de la
Constitución, de los tratados y de las leyes nacionales, constituye requisito
de admisibilidad de dicho remedio que la resolución impugnada contraríe
el derecho fundado en alguna de las normas integrantes de los referidos
ordenamientos. Debe mediar, en consecuencia, una resolución contraria
al derecho federal invocado en el proceso.

126 
 
b) Cuando se trata de una cuestión federal simple referida a
la interpretación de cláusulas constitucionales o de normas federales, es
preciso aclarar que la admisibilidad del recurso no se halla supeditada al
requisito de que la resolución haya sido contraria a la validez del título,
derecho, privilegio o exención consagrados por el precepto en que fundó
su pretensión u oposición la parte recurrente. Es suficiente, por lo tanto,
que el debate haya girado en torno a la interpretación de la norma que
ambas partes han considerado compatible con su respectiva postura
procesal(114).
c) En el caso de cuestiones federales complejas es necesario distinguir
según que el conflicto se suscite entre la Constitución y normas o actos
locales, o entre aquélla y normas nacionales (federales o comunes) o actos
provenientes de autoridades de la Nación.
En el primer supuesto la admisibilidad del recurso se halla excluida
cuando la sentencia impugnada reconoce la supremacía de preceptos
contenidos en la Constitución, en los tratados o en las leyes del Congreso
respecto de normas o actos de orden local. En este sentido es claro el art.
14, inc. 2º, ley 48, en tanto condiciona la admisibilidad del recurso al
requisito de que "la decisión haya sido en favor de la validez de la ley
o autoridad de provincia"(115).
En el segundo supuesto, por el contrario, la declaración de
compatibilidad entre las normas de que se trata puede implicar el
desconocimiento de un derecho fundado en la Constitución Nacional (art.
14, inc. 3º, ley 48)(116), y el caso inverso (declaración de incompatibilidad)
entraña la invalidación de la norma o actos nacionales que justifica la
admisibilidad del recurso en virtud de lo dispuesto por el inc. 1º del referido
precepto de la ley 48.
En otras palabras, siempre que en la causa se haya puesto en tela de
juicio la validez de una norma o acto nacionales, el recurso examinado
resulta admisible cualquiera que sea el contenido de la decisión recaída
sobre el punto. Si, en cambio, la impugnación se dirige contra una norma
o acto provinciales, el recurso sólo es admisible en la hipótesis de que la
resolución declare la validez constitucional de aquéllos.
d) Por último, no comporta requisito de admisibilidad del recurso que la
resolución contraria sea expresa. Si ha mediado oportuno planteamiento y
mantenimiento de la cuestión federal, la omisión de que adolezca la
sentencia impugnada acerca de aquélla debe considerarse como una
decisión implícitamente contraria al derecho invocado por el
recurrente(117).

127 
 
647. Requisitos de lugar y tiempo
a) El lugar de interposición del recurso extraordinario debe coincidir con
la sede del denominado superior tribunal de la causa, acerca del cual se
ha aludido, supra, nro. 646. Es por lo tanto inadmisible el
recurso interpuesto ante un órgano judicial inferior en grado(118)o
directamente ante la Corte Suprema(119).
Con el aspecto analizado se relaciona la posibilidad de que, en
casos excepcionales, el recurso extraordinario se interponga, en el orden
de la justicia nacional, directamente ante los estrados de la Corte y ésta
se avoque al conocimiento de la impugnación con prescindencia del previo
tránsito ante el Tribunal de Alzada, es decir, por salto de instancia (per
saltum).
Si bien a partir de la sanción de la ley del 3/3/1891(Evart Act), la
Suprema Corte de los Estados Unidos se consideró habilitada para
conocer, por vía del writ of certioriari, en causas radicada ante las
Cámaras Federales y en las cuales no había recaído aún sentencia de
éstas, y la reforma de 1925 (Judges Bill) instituyó normas explícitas al
respecto, la legislación procesal argentina no contiene disposiciones sobre
el tema y el art. 280, CPCCN, omitió contemplar en forma expresa la
posibilidad de que se trata(120).
Norma que, sin embargo, dio lugar al denominado "certiorari argentino",
respecto del cual se ha expuesto lo siguiente(121):
"Sumario: I. Objeto de este trabajo. II. Las fórmulas acuñadas para
disponer el rechazo de recursos y su razón de ser. III. El estándar de la
trascendencia y su interpretación. IV. Tratamiento de la doctrina sobre
arbitrariedad de sentencias. V. Conclusiones.
"I. Objeto de este trabajo
"Transcurridos más de cinco años desde la vigencia de la ley
23.774 (ADLA L-B-1256), estimé apropiado que este número de homenaje
a la Revista La Ley fuera ocasión propicia para que mi modesta
colaboración versara sobre los resultados que durante ese lapso, y
conforme al juicio de un observador objetivo, arrojó la aplicación de ese
ordenamiento en cuanto faculta a la Corte Sup., mediante la
sola invocación del art. 280, CP, para rechazar el recurso extraordinario
concedido por el tribunal superior de la causa, o la queja deducida a raíz
de su denegatoria cuando, según la sana discreción del tribunal, falte
'agravio federal suficiente' o las cuestiones planteadas fueren
'insustanciales o carentes de trascendencia'.
"El objeto de esta breve digresión ha de consistir, por lo tanto, en
balancear, sobre la base de los precedentes de la Corte Sup.
comprendidos en el referido lapso, así como de la percepción de la práctica
que el tribunal ha venido desarrollando en ese período, las ventajas y
los inconvenientes del denominado 'certiorari argentino', que sólo se
128 
 
asemeja al writ of certiorari norteamericano, pese a las improvisadas
manifestaciones vertidas durante los debates que tuvieron lugar en el
Senado y en la Cámara de Diputados con motivo de la sanción de la ley
23.774, en la circunstancia de que la Corte no requiere fundamentar la
sentencia mediante la cual rechaza la impugnación (1).
"II. Las fórmulas acuñadas para disponer el rechazo de recursos y su
razón de ser
"A propósito de la referida modalidad de rechazo es pertinente recordar
que, con anterioridad a su integración dispuesta a fines del año 1983, en
las sentencias desestimatorias de recursos extraordinarios concedidos o
de recursos de hecho, la Corte Sup. acostumbraba describir someramente
la índole de los agravios articulados o indicaba los defectos de que
adolecía la impugnación con específica referencia al caso, es
decir, explicitando la consistencia o las características de aquéllos (no se
limitaba, v.gr., a señalar la inexistencia de sentencia definitiva o de
fundamentación autónoma, sino que además suministraba brevemente el
concreto motivo de tales falencias). Con posterioridad, y aproximadamente
a partir de 1987, el tribunal comenzó a utilizar, frente a la ausencia de los
requisitos objetivos del recurso, una lacónica fórmula que omitía toda
referencia al caso resuelto y se limitaba a expresar que 'a juicio de esta
Corte, no se advierte un caso de arbitrariedad que justifique
su intervención en materias que según el art. 14 de la ley 48 (ADLA 1852-
1880-364) son ajenas a su competencia extraordinaria' (aunque en
algunos casos no se hubiese invocado arbitrariedad alguna). Asimismo,
ante deficiencias relativas a los restantes requisitos de la impugnación —
particularmente a algunos de índole subjetiva y a los de actividad (lugar,
tiempo y forma)— en la misma época empezó también a arraigarse la
costumbre —aún vigente— de señalar simplemente la falta o
la insuficiencia de aquéllos. Basta una ligera lectura del índice de materias
contenido en los volúmenes 310 y siguientes de la Colección de Fallos de
la Corte Sup. para advertir que, en forma correlativa a la adopción de tales
prácticas judiciales ha decrecido manifiestamente, en relación con
volúmenes anteriores, el número de fallos resumidos bajo los acápites de
'cuestiones no federales', 'sentencia definitiva' y 'requisitos formales' (2).
"Al margen de la escasa o nula simpatía que pudieron generar
semejantes modalidades desestimatorias de recursos, no es sensato en
modo alguno atribuirlas —como se hizo en una de las alocuciones
pronunciadas en el Senado de la Nación— a la necesidad de 'eliminar una
enorme cantidad de causas que demandarían un estudio exhaustivo del
más alto tribunal del país' (3) por cuanto: 1º) la inmensa mayoría de los
asuntos sometidos a la decisión de la Corte —como lo sabe cualquier
persona medianamente familiarizada con el tema— exhibe a simple vista
deficiencias que obedecen, particularmente, a un erróneo asesoramiento
profesional tanto en los aspectos de fondo como de forma, cuando no a un
último intento de reparar lo que se vive como una injusticia o al

129 
 
propósito —generalmente frustrado— de diferir el cumplimiento de la
sentencia recurrida; 2º) tal circunstancia no elimina sino que facilita
apreciablemente el análisis del caso y su resolución inmediata sin
necesidad de acceder a la lectura total o parcial del expediente, cuya
remisión a la Corte, por lo demás, no es requerida en la mayoría de los
recursos directos; 3º) frente a tales contingencias, habitualmente y al
menos cuando se trata de magistrados o de funcionarios
suficientemente experimentados, puede insumir más tiempo la lectura del
escrito de interposición del recurso y de la sentencia impugnada que la
redacción de un somero fallo desestimatorio.
"Por consiguiente, en la referida práctica judicial de la Corte anterior a
la vigencia de la ley 23.774 sólo puedo encontrar razonable y
coherente explicación en la conveniencia de disuadir al litigante inexperto
de futuras impugnaciones similares (aunque a veces pagaron justos por
pecadores) o en la inutilidad práctica de reiterar doctrinas publicadas hasta
el hastío en las colecciones de fallos (v.gr., las referidas a la irrevisibilidad
de lo decidido sobre la existencia o la inexistencia de cosa juzgada, el
alcance de recursos deducidos ante los tribunales de la causa, la
imposición de costas y regulación de honorarios, etc.), así como en el
riesgo de incurrir en excesos decisorios susceptibles de interpretaciones
equívocas en relación con casos similares.
"De allí que, al margen de los gruesos equívocos y de los verdaderos
despropósitos que se deslizaron durante el debate parlamentario que
precedió a la sanción de la ley 23.774, la facultad que ésta otorga a la
Corte para rechazar recursos a través de la sola invocación del art. 280,
CP, no puede —sin riesgo de legalizarse una inadmisible denegación del
servicio de justicia— entenderse en el sentido de que exime al tribunal de
la tarea de examinar las causas en las que se planteen las cuestiones
mencionadas por aquella norma; tanto menos cuanto que, en el
orden interno del tribunal, suele redactarse un memorándum y un proyecto
de sentencia para cada causa, los que circulan junto con el expediente
entre los jueces de la Corte y sus auxiliares letrados.
"Pero si bien la referida potestad discrecional acordada a la Corte Sup.
no merece reparos constitucionales (4), y las fórmulas de que actualmente
se vale el tribunal para desestimar los recursos son aún más lacónicas que
las consagradas por las mencionadas prácticas (5), esta circunstancia,
como se verá más adelante, en manera alguna se ha traducido en un
mayor rendimiento del tribunal ni en la concreción de la mínima celeridad
deseable en el dictado de sus fallos, pese al hecho de tratarse de objetivos
implícitos en toda reforma de la importancia de que se halla dotada la ley
23.774 y a los que, por lo demás, aludió expresamente el
miembro informante de la mayoría en el Senado de la Nación con motivo
del mencionado debate parlamentario.
"III. El estándar de la trascendencia y su interpretación

130 
 
"En orden al tema del epígrafe interesa ante todo recordar que,
oportunamente, la doctrina puntualizó, en forma virtualmente unánime, el
carácter ambiguo y reiterativo de las enunciaciones contenidas en el art.
280, CP. La referida a la ausencia de 'agravio federal suficiente' se
superpone, sin duda, al requisito de la debida fundamentación que exige
al escrito de interposición del recurso extraordinario el art. 15, ley 48, y es
por ello superflua (6). Asimismo, la referente a la insustancialidad de la
cuestión sometida a la decisión de la Corte equivale a la existencia de
reiterados precedentes judiciales adversos a los agravios del recurrente y
a la omisión, por parte de éste, de aportar elementos de juicio susceptibles
de modificar, en el caso, la doctrina resultante de dichos precedentes. Es
por lo demás sabido que la declarada exclusión de este requisito cuando
no media un tema de gravedad institucional —como ocurrió en el
precedente de Fallos 248:195— no prosperó en la jurisprudencia posterior
al tribunal.
"De lo dicho se sigue que la única mención dogmática contenida en el
art. 280, CP, provista de relevancia jurídica es la relativa a la
'trascendencia' de las cuestiones planteadas y que sólo respecto de tal
estándar —comprensivo, en el mejor de los casos, de las restantes
enunciaciones normativas— funciona la potestad discrecional de la Corte
Sup. para evaluar la admisibilidad del recurso (7).
"Así ocurrió, por lo demás, en la experiencia que vengo analizando, de
cuya percepción es lícito deducir que la 'trascendencia', como eventual
requisito del recurso extraordinario federal fue aplicada, por un lado, en
forma explícita o expresa y, por otro lado, como medio tanto de rechazo
como de admisión del recurso extraordinario.
"Desde que, en efecto, la Corte no se halla obligada a suministrar
fundamento alguno del rechazo del recurso, en la generalidad de los casos
la existencia de 'trascendencia' sólo es susceptible de inferirse cuando uno
o más ministros hacen uso de la facultad de rechazo que les concede el
art. 280 y uno u otros entran a considerar la fundabilidad de la impugnación
y disponen la revocación o la confirmación de la sentencia impugnada. Se
trata de la trascendencia 'implícita', aunque si bien el voto o votos en el
primer sentido implican un juicio tácito de intrascendencia, el o los
restantes no siempre entrañan un juicio de explícita trascendencia.
"Este último tipo de juicio fue enunciado en aquellos precedentes en los
cuales la importancia atribuida a los temas debatidos en las respectivas
causas se consideró motivo suficiente para habilitar la
competencia extraordinaria de la Corte, no obstante —conforme al criterio
prevaleciente en la actual composición del tribunal— el incumplimiento de
determinados recaudos procesales que condicionan el acceso a dicha
competencia (8), o relacionarse, de acuerdo con la opinión minoritaria, con
cuestiones no encuadrables estrictamente en ésta (9).

131 
 
"Por una parte, en consecuencia, la potestad concedida por el art. 280,
CP, no sólo ha sido interpretada como un medio de exteriorizar el ejercicio
de una jurisdicción negativa —según lo entendió inicialmente la doctrina
(10)—, sino también como una vía apta para facilitar el ingreso y
consecuente consideración de recursos que involucran, claramente,
cuestiones dotadas de trascendencia. Por otra parte, la jurisprudencia del
tribunal relativa a este último aspecto utilizó el concepto de 'trascendencia'
con la misma finalidad que otrora movilizó la utilización del estándar de
'gravedad institucional', aunque, como se dijo, quedó en minoría el criterio
conforme al cual la facultad que otorga al tribunal el art. 280, CP,
lo autoriza, 'trascendencia' mediante, a incursionar en el conocimiento de
asuntos no regidos por normas federales (11).
"A la misma condición ha quedado relegada la tesis en cuya virtud, no
obstante el aparente carácter potestativo del art. 280, CP, esta norma
impone a la Corte el deber de seleccionar, mediante su 'sana discreción',
las causas en las cuales conocerá, y de descartar, por ende, los planteos
de cuestiones, inclusive federales, carentes de trascendencia (12).
"Pero al margen de tales variantes importa subrayar el hecho de que,
hasta ahora, y conforme resulta del contenido de los votos cuya sumatoria
refleja la opinión prevaleciente en el tribunal, el concepto de
'trascendencia' no difiere en lo esencial del enunciado tradicionalmente,
con la conocida latitud, respecto del de 'gravedad institucional'
(13), aunque no cabe desestimar la posibilidad de que el primero, en razón
de su aparente mayor amplitud, absorba eventualmente al segundo (14).
"Tal circunstancia deja sin embargo abierto el interrogante relativo a si
debe considerarse subsistente la carga de demostrar, en cada caso, como
se requería frente a la alegación de gravedad constitucional, la
concurrencia del requisito a que alude el art. 280, CP (15).
"IV. Tratamiento de la doctrina sobre arbitrariedad de sentencias
"En lo que respecta a la doctrina sobre arbitrariedad de sentencias, no
se advierte que su aplicación por la Corte haya declinado sustancialmente
durante el período analizado en este trabajo. La precedente conclusión se
halla, asimismo, corroborada por el hecho de que el número de sentencias
descalificadas por adolecer de aquel vicio, de acuerdo con las constancias
de los precedentes registrados en el último volumen publicado de la
Colección de Fallos (315-I, febrero-mayo de 1992), no difiere
esencialmente en comparación con los que registra el
volumen inmediatamente anterior a la entrada en vigencia de la ley
23.774.
"Asimismo, pese a las predicciones formuladas por la doctrina (16), no
ha experimentado cambios fundamentales el número de fallos
encuadrables en las diversas causales de arbitrariedad contempladas por
la jurisprudencia de la Corte.

132 
 
"Ello demuestra, por una parte, el lamentable nivel al que ha
descendido, en general la calidad de los magistrados que se desempeñan
tanto en el orden nacional como en los ámbitos provinciales y, por otra
parte, la fina sensibilidad jurídica puesta de manifiesto por los integrantes
de la Corte Sup., quienes frente a aquella dolorosa realidad han sabido
adoptar una directiva de sabia prudencia en el uso de la facultad que les
otorga el art. 280CPCCN.
"V. Conclusiones
"Formuladas las precedentes digresiones, corresponde retroceder al
punto de partida y evaluar la incidencia de la aplicación del art.
280, CPCCN, en el adecuado rendimiento del tribunal y, como ya anticipé
mi juicio adverso, debo ahora exponer sus razones.
"Una de ellas, que por lo demás forma parte de la experiencia común,
radica en el hecho de que cuanto más numerosa es la composición de
cualquier tribunal de justicia tanto más lento en su funcionamiento y en
mayor medida se prolonga el resultado final de las causas sometidas a su
decisión, máxime si se tiene en cuenta que resulta prácticamente
imposible lograr que las designaciones de todos los integrantes de un
órgano judicial colegiado recaigan en personas de parejas
aptitudes intelectuales y capacidad de trabajo.
"Tales raciocinios resultan puntualmente aplicables a un órgano
necesariamente indivisible como es la Corte Sup. y otorgan suficiente
sustento a las consideraciones que ésta expuso en la acordada del
22/9/1989, a propósito, precisamente, del proyecto del Poder Ejecutivo
mediante el cual se modificó la composición del tribunal elevando de cinco
a nueve el número de sus miembros. Respecto de tal
'engrosamiento' expresó entonces la Corte, recordando la exhortación
formulada en 1937 por el presidente de la Suprema Corte de los Estados
Unidos de Norteamérica, Charles Evans Hughes: 'Debates interminables,
multiplicación de votos dispares que impiden establecer criterios judiciales
claros y previsibles, inseguridad jurídica, prolongación de las situaciones
litigiosas son los efectos contraproducentes más notorios'.
"La realidad posterior a la promulgación de la ley 23.774 vino a
corroborar en apreciable medida tales predicciones, pues es notorio que a
raíz del aumento del número de ministros de la Corte dispuesto por dicho
ordenamiento no sólo suele resultar dificultoso, a causa de las numerosas
disidencias y votos individuales (muchos de ellos excelentes), inferir la
opinión mayoritaria del tribunal, sino que se han acrecentado
considerablemente los tiempos correspondientes al trámite de los recursos
sometidos a la consideración de aquélla. Basta señalar que el trámite de
un recurso extraordinario concedido insume actualmente una duración
promedio mínima de dos años (que llega a tres si interviene previamente
el procurador general) y el de un recurso directo (sin pedido de remisión
de expediente principal) no menos de cuatro meses. Además, pese al

133 
 
hecho de haberse incrementado el ingreso de causas, el número de
sentencias dictadas por el tribunal a partir de 1990 ha decrecido
sensiblemente respecto de los dos años inmediatamente anteriores a
aquél.
"A tales circunstancias —que configuran, asimismo, otras razones que
ratifican un juicio negativo sobre la aplicación del llamado
'certiorari argentino'— se suma el régimen de trabajo vigente en la Corte.
"De acuerdo con dicho régimen, y como regla, una vez redactado un
proyecto de sentencia en alguna de las secretarías judiciales o en el
despacho de un ministro, aquél, junto con el expediente y un
memorándum explicativo del caso y de su solución, circula, de acuerdo
con su importancia, entre cinco o más ministros, quienes lo conforman o
redactan un voto individual o una disidencia, cabiendo la posibilidad de
que, en estos últimos supuestos, la causa vuelva a circular. Se trata, como
fácilmente, se percibe, de un procedimiento escasamente ágil, agravado
por la circunstancia de que la Corte carece de plazos legales para resolver
y por la intervención que se otorga, en las diversas etapas, a los auxiliares
letrados de los ministros.
"Si bien el sistema descripto puede justificarse respecto de causas
complejas o que revistan, prima facie, trascendencia institucional, carece
de razón de ser cuando se trata de recursos fácilmente encuadrables —
como son la mayoría— en la categoría de los 'inadmisibles', o cuando
aquéllos se deducen respecto de resoluciones visiblemente arbitrarias.
"En relación con estos últimos resulta sin duda aconsejable —previa
una adecuada selección— el retorno a la antigua práctica de los acuerdos,
o sea, a la reunión periódica (al menos dos veces a la semana) entre cinco
ministros (que pueden rotar) y uno o más auxiliares letrados, durante cuyo
transcurso éstos explican los asuntos, sugieren las soluciones e incluso
someten a la consideración del tribunal un proyecto de sentencia que
puede ser conformado por aquéllos en el mismo acto. Tal práctica, por lo
demás, no entraña la consagración de una indebida delegación
funcional —que es por lo demás parcialmente inevitable—, sino el único
sistema apto para descongestionar la tarea del tribunal y favorecer la
dedicación personal de los ministros a los asuntos en los que estén en
juego los graves problemas constitucionales o federales realmente
vinculados a la función eminente que ha sido conferida al tribunal.
"¿Conviene empero —y para concluir— la derogación del art. 280, CP,
en cuanto acuerda a la Corte la potestad de rechazar recursos con la
sola invocación de esa norma? Si bien tiene estado parlamentario un
proyecto de ley en tal sentido (17), entiendo que la solución del grave
problema que entraña la escasa eficiencia actual del tribunal no pasa por
esa línea, sino por la de arbitrar un régimen legal transitorio que permita
no cubrir las eventuales vacantes que se produzcan en aquél con miras a
retornar algún día a una Corte de cinco jueces. Ello sin perjuicio de

134 
 
adoptarse, internamente, la mencionada práctica de los acuerdos y de
encararse las reformas tendientes a agilizar el trámite y la resolución de
las causas sometidas al juzgamiento del tribunal (18).
"Podrá decirse, naturalmente, que se trata de una propuesta utópica en
las actuales circunstancias y quien lo diga estará en lo cierto. Pero por el
momento, sin embargo, no vislumbro otra.
"Notas:
"(1) Al respecto puede leerse el lúcido trabajo de GARAY, Alberto F., 'Comentario sobre
las reformas al recurso extraordinario', LL 1990-E-984/1002, y especialmente p. 987.
"(2) En lo concerniente a las 'cuestiones no federales' aparece en cambio la síntesis de
fallos en los que se hace excepción, por razón de arbitrariedad o de gravedad institucional,
a la regla consistente en la irrevisibilidad de sentencias fundadas en normas de derecho
común o local, o en razones procesales o de hecho.
"(3) Ver Diario de Sesiones del Senado, período 1990, p. 2613.
"(4) Cfr. BIDART CAMPOS, Germán, J., 'El «certiorari» y la «avocación en la competencia
de la Corte Suprema»', ED 115-805; GUASTAVINO, Elías, Recurso..., cit., t. I, p.
492; LEGARRE, Santiago, 'El requisito de la trascendencia en el recurso extraordinario',
Buenos Aires, 1994, p. 16 y su cita del voto de los jueces Barra, Belluscio y Boggiano en la
causa R.65.XXIV, 'Rodríguez, Luis E. v. Rodríguez de Schreyer, Carmen I. y otro', fallada el
2/2/1993 (LL 1993-C-174).
"(5) Expresa, simplemente, cuando se trata de la ausencia de requisitos objetivos: 'El
recurso extraordinario (o el recurso extraordinario cuya denegación originó la presente
queja) es inadmisible' (art. 280, CP) o, cuando se refiere al cumplimiento de otro orden de
requisitos: el recurso extraordinario 'carece de fundamentación autónoma' o 'no se dirige
contra sentencia definitiva o equiparable a tal' o 'esextemporáneo', etcétera.
"(6) SAGÜÉS, Recurso..., cit., t. II, p. 529; GUASTAVINO, Recurso..., cit., t. I, p. 470; GELLI,
María Angélica, 'El writ of certiorari en perspectiva', LL 1994-B-880/890, especialmente p.
886; PALACIO, El recurso..., cit., p. 200. Equiparan la ausencia de este requisito a la de
'gravamen' (LUGONES, Narciso, Recurso..., cit., p. 391; MORELLO, Augusto, La nueva
etapa..., cit., p. 137).
"(7) En ese orden de ideas es ilustrativo el consid. 4º del voto en disidencia de los
ministros Petracchi y Moliné O'Connor en la causa 'Ekmekdjian, Miguel A. v. Sofovich,
Gerardo y otros', fallada el 7/7/1992 (LL 1992-C-540), en el que se expresó: 'Que,
consecuentemente, más que una inteligencia pormenorizada de cada uno de los
términos expresados en la norma (falta de agravio federal suficiente,
cuestiones insustanciales o carentes de trascendencia), debe rescatarse el carácter análogo
de éstos y su convergencia en una misma finalidad: la de preservar a esta Corte a fin de que
'según su sana discreción', pueda centrar su tarea en los asuntos que pongan en juego su
relevante función'.
"(8) En el voto en disidencia de los jueces Petracchi y Moliné O'Connor en la causa citada
en la nota precedente se expresó que el art. 280, CP, 'no debe ser entendido como un medio
que sólo consienta la desestimación de los recursos que no superen sus estándares. Si,
como ha quedado asentado, aquél constituye una herramienta de selección dirigida a que
la Corte posea un marco adjetivo que le haga posible un acabado y concentrado desarrollo
de su papel institucional, deberá reconocerse, al unísono, que esa disposición también
habilita a considerar admisibles las apelaciones que entrañen claramente cuestiones de
trascendencia no obstante la inobservancia de determinados recaudos formales, a efectos
de que el rito de los procedimientos no se vuelva un elemento frustratorio de la eficiencia
con que dicho rol debe desenvolverse'. También en el voto de los ministros Belluscio y
Boggiano recaído en la causa citada en la nota 4, se dijo: 'Asimismo, el art. 280, CP, permite

135 
 
a esta Corte ejercer su jurisdicción extraordinaria en casos de
trascendencia, aun cuando existiera algún obstáculo formal para acceder a ésta. La
resolución de temas de notable repercusión institucional no puede quedar vedada al tribunal
por el incumplimiento de requisitos formales por parte de los interesados en casos cuya
gravedad precisamente excede los hechos y las personas directamente involucradas'. En la
misma idea se inscribió el voto en disidencia del doctor Fayt en la causa P.7.XXIIX, 'Prunello,
Federico, N. s/información sumaria', fallada el 24/3/1992, en el cual se expresó: 'Así como
el legislador ha colocado a la falta de trascendencia entre las razones por las que esta Corte
puede rechazar un recurso extraordinario mediante la sola cita del art. 280, CPCCN, parece
compadecerse con el espíritu de la norma y ello avala anterior doctrina del tribunal, que la
importancia de una causa sea razón atendible en el momento de sopesar la admisibilidad
de un recurso extraordinario'.
"(9) En la causa L.44.XXIV, 'López, Antonio M. v. Explotación Pesquera de La Patagonia
SA s/acción civil', resuelta el 10/6/1992 (LL 1992-E-48), si bien la opinión mayoritaria
(Levene, Cavagna Martínez, Fayt, Barra y Boggiano) se inclinó en el sentido de que era
procedente el recurso extraordinario deducido contra la sentencia que resolvió la aplicación
de la tasa activa y apoyó tal declaración en el carácter federal atribuido a la ley 23.928 y su
reglamentación (ADLA LI-B-1752; 1816), también hizo hincapié, con remisión explícita al art.
280, CP, y acaso para cubrir un flanco débil en cuanto a la admisibilidad de la impugnación,
en la circunstancia de que 'la determinación de la tasa reviste significativa trascendencia
para el desarrollo del crédito y la seguridad jurídica', correspondiendo que la Corte resolviera
el fondo del asunto 'a fin de poner un necesario quietus en la evolución de las encontradas
tendencias jurisprudenciales que conspira contra la requerida certeza del tráfico en la
materia'. En oportunidad de fallarse la causa R. 317.XXIII, 'Rodríguez, Juan R. v. Compañía
Embotelladora Argentina SA y otro', con fecha 15/4/1993, el voto de los ministros Levene,
Cavagna Martínez, Boggiano y Barra adhirió a una tesis análoga respecto de
la interpretación del art. 30, LCT (ADLA XXXIV-D-3207; XXXVI-B-1175). El mismo tema fue
materia de decisión en la sentencia recaída en la causa 'Luna, Antonio R. v. Agencia
Marítima Rigel SA', con fecha 2/7/1993, aunque aparece combinado con una descalificación
del fallo recurrido por razón de arbitrariedad.
"En la actual composición del tribunal sólo los ministros Boggiano y Levene adhieren a la
tesis de que los casos provistos de trascendencia autorizan a la Corte para incursionar en
la interpretación de normas no federales.
"(10) Cfr. GUASTAVINO, Recurso..., cit., t. I, p. 488; LUGONES, Recurso..., cit., p.
395; PALACIO, El recurso..., cit., p. 283.

"(11) Ver la nota 9.


"(12) En el voto en disidencia de los ministros Boggiano y Levene en la causa F.338.
XXII, 'Fregeido, Horacio D. v. Caja Nacional de Previsión de la Industria, Comercio y
Actividades Civiles', fallada el 16/6/1992, se lee lo siguiente: 'Que el art. 280, CPCCN,
impone a esta Corte el deber de seleccionar 'según su sana discreción' las causas en que
conocerá por recurso extraordinario. Pese al aparente carácter potestativo de la norma, la
obligación de hacer justicia por la vía del control de constitucionalidad torna imperativo
desatender los planteos de cuestiones, aun federales, carentes de trascendencia'. Sobre
este último aspecto resulta particularmente interesante el voto disidente del ministro
Boggiano en la causa B.638.XXII, 'Bolland y Cía. SA v. Estado nacional (Ministerio de
Economía) s/resolución y cobro de australes', del 2/7/1993 (LL 1994-A-331), en la que se
debatía la inteligencia de las normas que establecen los conceptos de 'reintegro' y
'reembolso' en el ámbito aduanero. En ese voto se declaró la inadmisibilidad del
recurso extraordinario en los términos del art. 280, CP, y en razón de que 'las particulares
circunstancias del caso posibilitan la interpretación que la Cámara hizo de las normas
federales en juego. Dicha interpretación es inobjetable desde la perspectiva constitucional,
única que debe adoptar esta Corte'. Es en este ámbito en el cual, a mi juicio, el ejercicio de
la facultad que otorga el art. 280, CP, puede reportar mayores beneficios, pues posibilita
eliminar el análisis exhaustivo, por parte del tribunal, de numerosos asuntos regidos por

136 
 
normas federales pero desprovistos de toda importancia (Cfr. PALACIO, El recurso..., cit., p.
17).
"(13) Ver, por todos, BARRANCOS Y VEDIA, Fernando, Recurso extraordinario y
'gravedad institucional', 2ª ed., Abeledo Perrot, Buenos Aires.
"(14) Cfr. MORELLO, La nueva etapa..., cit., p. 163; Actualidad del recurso extraordinario,
Buenos Aires, 1995, p. 147; PALACIO, El recurso..., cit., p. 204.
"(15) Sobre esta cuestión ver GUASTAVINO, Recurso..., cit., t. I, p. 480, donde postula la
conveniencia de argumentar acerca de la relevancia del caso a fin de mejorar las
posibilidades de procedencia del recurso.
"(16) Ver, por ejemplo, SAGÜÉS, Recurso..., cit., t. II, 533, donde propone una interesante
distinción entre errores normativos y fácticos que no se plasmó sin embargo en la
jurisprudencia de la Corte.
"(17) Son sus autores los diputados Leopoldo Orquín y Raúl Vicchi, y su texto puede
verse en Trámite Parlamentario, 1995, nro. 72, p. 2901.
"(18) Entre otras reformas, no cabe desestimar la exigencia de una especial habilitación
profesional para actuar ante la Corte, la supresión del recurso ordinario de apelación, la
atribución de resolver las cuestiones de competencia al procurador general y la máxima
limitación de las atribuciones de superintendencia".

No obstante, en el caso "Dromi"(122)(relativo a la privatización de


Aerolíneas Argentinas), cuatro ministros de la Corte(123)se pronunciaron en
el sentido de que, frente a la vigencia de la norma mencionada y a su
supuesta inspiración en el proyecto citado en la nota 121 y en la legislación
norteamericana, cuando en las causas de competencia federal se
demuestre por el recurrente, "con manifiesta evidencia", que ellas
entrañan "cuestiones de gravedad institucional —entendida ésta en el
sentido más fuerte que le han reconocido los precedentes del tribunal— y
en las que, con igual grado de intensidad, sea acreditado que el
recurso extraordinario constituye el único medio eficaz para la protección
del derecho federal comprometido", autorizan a prescindir del requisito
concerniente al tribunal superior —en el caso las Cámaras Federales
previstas en el art. 6º, ley 4055— a efectos de que la Corte, a fin de evitar
demoras de consecuencias irreparables, habilite la instancia promovida
por aquel recurso para revisar lo decidido en la sentencia apelada.
Los jueces Nazareno y Moliné O'Connor obviaron el examen del tema
en los referidos términos e hicieron mérito, para fundamentar
la intervención directa de la Corte, en la necesidad de resolver un virtual
conflicto de poderes derivado del desconocimiento, por el Poder Ejecutivo,
de la competencia de un magistrado judicial para resolver la cuestión sobre
la que versaba el juicio. Con la disidencia del ministro Fayt, la mayoría del
tribunal arribó, como se percibe, a idéntico resultado(124).
Otro precedente importante en relación con el aspecto analizado recayó
con motivo del recurso extraordinario directamente deducido ante la Corte
Suprema por dos procuradores fiscales del tribunal y el fiscal de la Cámara
Nacional de Apelaciones en lo Penal Económico contra las resoluciones
mediante las cuales el juez de primera instancia de ese fuero hizo lugar a
las excarcelaciones solicitadas por los procesados en la causa instruida a
137 
 
raíz de la incautación de estupefacientes conocida como "Operación
Langostino"(125).
Mientras los ministros Moliné O'Connor, Boggiano y López dispusieron
en su voto la suspensión de los efectos de las resoluciones impugnadas
con esencial fundamento en los agravios irreparables que aquéllas podían
generar, en la "trascendencia de la materia" sobre la que versaba la causa
y en la necesidad "de asegurar la eficacia de la actividad jurisdiccional,
principio de indiscutida vigencia, inseparable de la función judicial y
reconocido expresamente dentro del orden jurídico nacional (art.
232, CPCCN), que alcanza su máximo vigor dentro del ámbito de
atribuciones de este tribunal como cabeza del Poder Judicial de la Nación,
último resguardo de la garantía constitucional del derecho de obtener una
decisión fundada y eficaz", los restantes miembros del tribunal adoptaron
igual medida por distintas razones, pues el ministro Nazareno se remitió a
la suspensión dispuesta con carácter previo en el citado caso "Dromi", el
ministro Levene se limitó a hacer mérito de la aplicabilidad, al caso, de la
doctrina referente a la gravedad institucional, y sólo el ministro Petracchi
fundó su voto y disidencia parcial en la doctrina del caso "Dromi" más
arriba reseñada(126).
En definitiva, y con la disidencia de los ministros Belluscio, Bossert y
Fayt, el tribunal resolvió, por mayoría, suspender los efectos de las
resoluciones apeladas, comunicar esa decisión a la cámara y al juez de
primera instancia, y exhortar a los magistrados intervinientes para que,
dentro del tiempo más breve posible, diesen trámite y resolviesen las
cuestiones sometidas a su conocimiento(127).
Como se advierte, salvo el ministro Petracchi, los restantes que
conformaron mayoría se abstuvieron de calificar la vía intentada, se
limitaron a disponer la suspensión de los efectos de las resoluciones
recurridas y encomendaron la decisión del fondo del asunto al tribunal
superior de la causa.
Mayor alcance exhibió la sentencia de la Corte Suprema del
3/4/1996 dictada a raíz de un recurso por salto de instancia interpuesto por
los ministros de Trabajo y Seguridad Social y de Justicia de la Nación
contra la resolución de primera instancia que había dispuesto retrotraer la
relación fáctico-jurídica entre una empresa automotriz y su personal a la
regida por la convención colectiva de trabajo 260/1975 y ordenando al
Ministerio de Trabajo abstenerse de aplicar la convención colectiva
185/1996 "E" hasta tanto se resolviese la cuestión de fondo(128).
Fundada la impugnación en el argumento de que lo decidido por la
magistrada de primera instancia importaba dirimir una cuestión de
encuadramiento sindical que caía bajo la esfera privativa del citado
Ministerio, cuya resolución era susceptible de eventual revisión por la
Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo y no por el juez inferior, la
Corte expresó, entre otras consideraciones, que "si bien la cuestión no

138 
 
aparece configurada como una contienda en las que, en condiciones
normales, incumbe a esta Corte decidir en ejercicio de la atribución que le
confiere el art. 24, inc. 7º, dec.-ley 1285/1958, lo cierto es que, tal como ha
sido planteada, encierra en la realidad de los hechos un virtual conflicto
fundado en el exceso de la competencia de un magistrado", agregando
que como "la invasión que un poder del Estado pudiera hacer respecto de
la zona de reserva de actuación de otro importa siempre, por sí misma,
una cuestión institucional de suma gravedad", "en los particulares
y excepcionales casos en que tales materias están en juego, la Corte debe
actuar incluso con abstracción del nomen iuris dado por los interesados a
la presentación formalizada ante sus estrados para provocar
su intervención, debiendo atender, en cambio, a la sustancia real de dicha
presentación, a su fundamento, trascendencia y a su procedibilidad, sin
que obste a ello la existencia de un trámite ordinario con eventual aptitud
para dejar sin efecto el acto que provocó el conflicto, toda vez que el
mantenimiento del orden institucional no admite dilaciones".
Finalmente, en ocasión de resolver la presentación directa ante el
tribunal formulada por el ingeniero Jorge Rodríguez en su carácter de jefe
de Gabinete de Ministros de la Nación, mediante la que denunció un grave
conflicto de poderes suscitado con motivo de una decisión cautelar,
dictada por un juez de primera instancia, por la que se ordenó al Poder
Ejecutivo nacional la suspensión de los efectos de un decreto que dispuso
la concesión de los aeropuertos nacionales e internacionales(129), la
mayoría de la Corte se pronunció en parecidos términos a los del fallo
precedentemente recordado, remitiendo a las consideraciones
concordantes contenidas en el dictamen del procurador general.
Aunque tanto en el precedente citado en la nota 128, como por remisión
hecha a aquél en el último de los citados, la mayoría de la Corte(130)expresó
que lo resuelto no implicaba la admisión de un salto de instancia sino el
ejercicio de una facultad administrativa o de superintendencia cuyos
directos destinatarios eran los jueces de primera instancia, en tanto
habrían excedido el ejercicio de su jurisdicción en desmedro del principio
de división de poderes, lo cierto es que, más allá del nomen iuris que
corresponda atribuir a las peticiones directas formuladas al tribunal, su
acogimiento implicó la prescindencia de la intervención del tribunal
superior de la causa ante quien, normalmente, se debió recurrir con
carácter previo.
Sin abrir juicio acerca de la corrección del criterio mayoritario(131), parece
sin embargo claro que no se trataba de decisiones de índole
administrativa, sino netamente jurisdiccionales, y que, en ánimo de aunar
opiniones sobre la naturaleza de la impugnación, resultó diluido su
verdadero alcance.
b) Sin perjuicio de lo que más adelante se dirá acerca del requisito
consistente en la oportuna introducción y mantenimiento de la cuestión
federal, el plazo para interponer el recurso en análisis es de diez días
139 
 
contados desde el siguiente al de la notificación del pronunciamiento
correspondiente (art. 257, CPCCN)(132).
Dicho plazo es individual y perentorio, y no se suspende con motivo de
la interposición y trámite de otros recursos declarados inadmisibles(133).
Pero, interpuesto dentro del plazo legal, puede serlo en forma simultánea
con dichos recursos(134).
Por último, en el supuesto de que el recurso extraordinario sea
denegado con fundamento en la circunstancia de habérselo interpuesto
fuera de plazo, ese pronunciamiento no es revisable por la Corte
cuando interviene a raíz de la queja respectiva, salvo en el caso de que
aquél adolezca de manifiesto error legal en el cómputo del plazo(135).

648. Requisitos de forma

A) Introducción y mantenimiento de la cuestión federal


a) De los tres incisos que integran el art. 14, ley 48, se deriva, con
claridad, que la eventual admisibilidad del recurso extraordinario requiere,
como antecedente necesario, que durante el curso de las instancias
ordinarias se haya planteado alguna de las cuestiones federales previstas
por dichos incisos, de manera tal que los órganos judiciales (o
eventualmente administrativos) intervinientes en el proceso se encuentren
en condiciones de pronunciarse sobre ellas.
El planteamiento de la correspondiente cuestión federal debe ser, ante
todo, inequívoco, y no tácito o por mera implicancia(136). Si bien para la
correcta introducción en el proceso de una cuestión federal no son
necesarias fórmulas especiales ni términos sacramentales, a la
parte interesada incumbe la carga de mencionar concretamente el
derecho federal que estima desconocido y de demostrar la conexión que
guarda con los puntos debatidos en el proceso(137).
En segundo lugar, la cuestión federal debe plantearse en tiempo
oportuno, no pudiendo, como ha dicho la Corte, ser "el resultado de una
reflexión tardía o una mera ocurrencia"(138). En principio, es a los órganos
que han intervenido en las instancias ordinarias a quienes, sobre la base
de las normas contenidas en los respectivos ordenamientos procesales,
corresponde decidir si la cuestión federal fue o no

140 
 
oportunamente introducida, siendo esa resolución irrevisable por la Corte
salvo en el supuesto de que adolezca de arbitrariedad(139). En ausencia de
pronunciamiento sobre el punto mencionado, y siempre que la cuestión
federal no haya sido decidida por el superior tribunal de la causa,
constituye función de la Corte determinar la oportunidad o la inoportunidad
en que aquélla fue introducida. Como regla de carácter general, la cuestión
federal debe introducirse en los escritos de demanda, reconvención o
contestación de ambas, por cuanto son esos actos procesales los que
trazan el ámbito de las cuestiones a decidir en la sentencia final(140). La
regla admite excepción en los casos en que las leyes autoricen el
planteamiento de nuevas cuestiones con posterioridad a la ejecución de
los referidos actos procesales (v.gr., art. 365, CPCCN) o cuando medie
causa justificada que haya impedido hacerlo entonces, lo que ocurriría, por
ejemplo, en la hipótesis de que, invocada por primera vez una ley en el
escrito de contestación a la demanda, el actor cuestionase su validez
constitucional en ocasión de presentar el alegato, pues este acto
comportaría la primera oportunidad posible que brinda la estructura del
procedimiento en primera instancia(141).
Corresponde tener presente, sin embargo, que cuando la sentencia
considera y resuelve la cuestión federal resulta indiferente la forma y la
oportunidad de su introducción en el proceso(142), por cuanto esa
circunstancia equivale a decidir, implícitamente, que el superior tribunal de
la causa se encuentra habilitado por la respectiva ley procesal para
pronunciarse sobre el punto(143).
b) De todo lo expuesto se sigue que resulta tardío el planteamiento de
la cuestión federal que se formula con posterioridad al pronunciamiento de
la sentencia definitiva, y en el escrito mediante el cual se interpone el
recurso extraordinario(144). La carga del planteamiento oportuno no
es exigible, naturalmente, cuando la cuestión federal recién surge con
motivo de los términos de la sentencia recurrida, por cuanto en tal hipótesis
se halla descartada la posibilidad de preverla(145).
c) Importa destacar, por último, que la cuestión federal no sólo debe ser
oportunamente introducida en el proceso, sino además mantenida en
todas las instancias de aquél(146).

B) Forma de interposición
a) El recurso extraordinario federal debe interponerse por
escrito(147)(art. 257, CPCCN) y en forma incondicional, requisitos
que excluyen, respectivamente, la utilización de otro tipo de lenguaje(148)y
la posibilidad de subordinarlo al resultado de otros recursos(149).
141 
 
b) Asimismo, el escrito de interposición debe fundarse en los términos
prescriptos en el art. 15, ley 48 (art. 257, párr. 1º, CPCCN), lo cual implica
que pesa sobre el recurrente la carga de mencionar concretamente los
hechos involucrados en el proceso y de demostrar la relación que ellos
guardan con las cuestiones que intenta someter al conocimiento de la
Corte Suprema(150). El recurso, en otras palabras, debe bastarse a sí
mismo, de manera tal que de la lectura del respectivo escrito el tribunal se
encuentre en condiciones de formarse juicio acerca de su admisibilidad.
De allí que el requisito analizado no concurra cuando el recurrente se
limita, v.gr., a formular afirmaciones genéricas no demostradas ni referidas
a los hechos de la causa(151)o a remitirse al contenido de actuaciones
anteriores(152).

649. El caso de las sentencias arbitrarias


a) Se ha visto, en los números precedentes, que la admisibilidad del
recurso ahora analizado requiere la concurrencia de alguna de las
cuestiones federales previstas en los tres incisos del art. 14, ley 48, y que
la interpretación que los tribunales inferiores efectúan de las leyes de
orden común y local, así como la apreciación de las cuestiones de hecho
contenidas en sus sentencias, constituyen materias extrañas al
mencionado recurso.
b) En un fallo dictado en diciembre de 1909(153), sin embargo, la Corte
Suprema se pronunció en el sentido de que la norma constitucional que
impide privar de la propiedad sin sentencia fundada en ley justifica la
admisibilidad del recurso "en los casos extraordinarios de sentencias
arbitrarias, desprovistas de todo apoyo legal, fundadas tan sólo en la
voluntad de los jueces...". El mismo principio fue reiterado en sentencias
posteriores(154), si bien su enunciación careció de virtualidad para que los
respectivos recursos prosperaran(155).
Recién en 1939 la Corte aplicó el mencionado principio para revocar un
fallo dictado con manifiesta violación de las disposiciones aplicables al
caso en materia de la eficacia de la cosa juzgada y que privó a las partes
de un derecho incorporado a su patrimonio(156). A partir de entonces se
sucedieron numerosos precedentes que refirmaron la admisibilidad del
recurso en presencia de sentencias arbitrarias(157), aunque algunos de
ellos, con mayor acierto, justificaron la intervención del tribunal
para examinar cuestiones de hecho, o de derecho común o local en la
garantía constitucional de la defensa en juicio, la cual supone,
elementalmente, la posibilidad de obtener el amparo judicial de los
derechos lesionados(158). Por lo tanto, cuando la sentencia es arbitraria y
142 
 
carente de todo fundamento jurídico "no es una sentencia judicial, y es
obvio que el primer requisito del amparo judicial de los derechos es que
sea eso precisamente, amparo judicial, es decir, fundado en la ley y en la
prueba de los hechos formalmente producida"(159).
En diversas oportunidades la Corte ha suministrado conceptos
genéricamente definitorios de la arbitrariedad, expresando, v.gr., que ésta
es atribuible a las sentencias que aparecen "determinadas por la sola
voluntad del juez"(160), adolecen de "manifiesta irrazonabilidad"(161)o de
"desacierto total"(162). Asimismo, desde que ese tipo de anomalías
es incompatible con la garantía de la defensa en juicio, la Corte ha dicho
"que la exigencia de que las sentencias judiciales tengan fundamentos
serios reconoce raíz constitucional"(163), agregando, en sentido positivo,
que es condición de validez de los fallos judiciales que ellos configuren
conclusión razonada del derecho vigente, con particular referencia a las
circunstancias comprobadas en la causa(164).
c) Por aplicación del criterio precedentemente enunciado la Corte ha
descalificado por arbitrariedad, entre otros casos, a sentencias que:
1º) Se fundan en normas no vigentes(165), o ajenas al caso planteado(166),
o en afirmaciones meramente dogmáticas(167), o en conceptos imprecisos
en los cuales no aparecen la norma aplicada ni las circunstancias del
caso(168), carecen de fundamentos suficientes para sustentarlas(169), o bien,
prescinden de lo expresamente dispuesto por la ley con relación al
caso(170).
2º) Desconocen la prueba incorporada al proceso(171)o la interpretan en
forma manifiestamente irrazonable(172), incurren en excesos rituales(173)o
en autocontradicción(174).
3º) Omiten pronunciarse sobre cuestiones oportunamente planteadas
por las partes y conducentes para la resolución del caso(175).
Los supuestos precedentemente mencionados a título de ejemplo
demuestran que la tacha de arbitrariedad sólo es atendible en presencia
de desaciertos u omisiones que, en virtud de su extrema gravedad,
impiden reputar a la sentencia como un verdadero acto judicial, y que la
referida deficiencia, por lo tanto, no alcanza a cualquier tipo de error en
la interpretación de la ley o en la valoración de la prueba; de allí que, como
se ha resuelto reiteradamente, la mencionada tacha no habilita
la instancia extraordinaria cuando se la funda en la mera discrepancia del
recurrente con la valoración de la prueba o la interpretación de normas
procesales o de orden común practicada por los tribunales de la causa(176).
d) Cuadra señalar, por último, que la circunstancia de fundarse el
recurso en la tacha de arbitrariedad no excusa el cumplimiento de los
requisitos de admisibilidad a los que aquél se halla sujeto y han sido objeto
de análisis en los números precedentes(177).

143 
 
650. Gravedad institucional y trascendencia
a) En el nro. 646, se recordó que si bien, como principio, el
recurso extraordinario federal resulta inadmisible cuando se halla en tela
de juicio la interpretación de normas federales de carácter procesal, la
jurisprudencia de la Corte hizo reiteradamente excepción a dicho principio
frente a la hipótesis, entre otras, de que lo decidido comprometiera
"las instituciones básicas de la Nación"(178), aludiendo, en precedentes
posteriores, al supuesto de que mediaran circunstancias de "manifiesta
gravedad o interés institucional"(179).
También se destacó, en el nro. 646, que una fórmula sustancialmente
similar fue utilizada por el tribunal para caracterizar a una de
las excepciones admisibles al principio en cuya virtud el recurso de que se
trata no procede respecto de las resoluciones recaídas en los procesos de
ejecución a causa del carácter no definitivo que, como regla, revisten esos
pronunciamientos(180).
Tales son, en breve síntesis, los antecedentes jurisprudenciales de la
"gravedad institucional"(181), concebida, a grandes rasgos, como estándar
del que la Corte hace mérito cuando —según frase del tribunal— "lo
decidido excede el interés de las partes y atañe también al de la
colectividad".
La doctrina referente al tema examinado se consolidó y extendió a toda
clase de procesos a partir del caso "Jorge Antonio", en cuyo juicio
de interdicción de bienes iniciado a raíz del dictado del dec.-ley
5148/1955 la ex Cámara Federal de la Capital hizo lugar al pedido
formulado por los apoderados de aquél en el sentido de que se les
entregara, en calidad de depósito, determinados bienes muebles —
provisionalmente incautados por el Estado— en razón de que tenían un
ínfimo valor en relación con el patrimonio del interdicto y su inmovilidad
redundaba en menoscabo de su debida conservación.
Impugnada esa resolución por el apoderado de la Comisión Liquidadora
dec.-ley 8124/1957 mediante un recurso de nulidad y apelación en el cual
se mencionaba, marginalmente, el art. 14, inc. 3º, ley 48, y denegada
aquélla por la Cámara porque a la sazón había cesado la personería del
mencionado organismo, con motivo del recurso de queja deducido por
éste, y previo dictamen del procurador general en el que se señaló la falta
de utilización de la vía extraordinaria y el carácter no definitivo de la
resolución impugnada, la Corte, tras soslayar el examen estricto del
contenido del recurso y del tema referente a la personería de la Comisión
Liquidadora —que relegó a la categoría de "ápices procesales
144 
 
frustratorios" del control de constitucionalidad y de la casación federal que
el tribunal debe cumplir— y de puntualizar que "constituye
cuestión institucional de gravedad lo atinente al alcance del art. 10, dec.-
ley 5148/1955", continuó expresando que "la repudiable desviación moral
de los hechos que motivaron la mencionada legislación concurren a
imponer la intervención de esta Corte e impiden la extensión interpretativa
de las excepciones que el régimen legal admite", para concluir destacando
que "en tanto no existe sentencia judicial que acredite, con valor de cosa
juzgada, que los bienes afectados por la medida precautoria no han sido
producto de lo que la ley incrimina como sistemática expoliación del
patrimonio nacional, debe declararse improcedente su entrega a
los interdictos" aun cuando concurran los motivos invocados por los
peticionarios(182).
Aunque la jurisprudencia posterior al caso precedentemente reseñado
resulta de muy difícil sistematización en razón de la heterogeneidad de los
temas abordados (preservación de diversos derechos y garantías
constitucionales, casos de arbitrariedad o relacionados con la
organización, la división y el funcionamiento de los poderes, etc.), el
estándar de la gravedad institucional ha sido y continúa siendo utilizado
por la Corte para declarar la apertura del recurso extraordinario cuando,
concurriendo aquélla, median no obstante falencias tales como
la ausencia de sentencia definitiva(183)o de agravios específicos en
la interposición del recurso(184), el defectuoso planteamiento de la cuestión
federal(185)a la ausencia de legitimación en el recurrente(186), e inclusive la
falta de intervención del tribunal superior en el orden de las instancias
federales(187)o la de agotamiento de los recursos extraordinarios
locales(188).
Si bien, por otra parte, algunos precedentes de la Corte Suprema
erigieron al estándar de que se trata en una vía autónoma de acceso a
la instancia federal, de manera que mediando aquélla, a juicio del tribunal,
a los fines de la admisibilidad del recurso extraordinario
resultaba indiferente la circunstancia de que la causa versara sobre temas
de derecho común(189), esa línea jurisprudencial fue luego
abandonada exigiéndose, por lo tanto, como requisito básico para que
funcione la pertinencia de la gravedad institucional, la existencia de una
cuestión federal.
Por último, la jurisprudencia de la Corte es reiterada en el sentido de
que corresponde desestimar la alegada existencia de
gravedad institucional si el punto no fue objeto de un serio y concreto
razonamiento que demuestre de manera indudable la concurrencia de
aquella circunstancia, ni se advierte que la intervención del tribunal en la
causa tenga otro alcance que el de remediar eventualmente
los intereses individuales de las partes(190).
b) Dispone el art. 280, párr. 2º, CPCCN, incorporado por la ley
23.774, que "la Corte, según su sana discreción y con la sola invocación
145 
 
de esta norma, podrá rechazar el recurso extraordinario, por falta de
agravio federal suficiente o cuando las cuestiones planteadas
resultaren insustanciales o carentes de trascendencia". A su vez, el art.
285 del mismo ordenamiento, y de acuerdo con la modificación que le
imprimió la ley citada, dispone que "si la queja fuere por denegación del
recurso extraordinario, la Corte podrá rechazar este recurso, en los
supuestos y forma previstos en el art. 280, párr. 2º"(191).
En razón de que la "suficiencia" a que alude el art. 280 no es en rigor
atribuible al "agravio" sino a la "cuestión" federal, y que al mencionar
aquélla la "insustancialidad" de las cuestiones planteadas no hace más
que remitir a una pacífica jurisprudencia en cuya virtud esa falencia
concierne a la existencia de una reiterada e inequívoca doctrina judicial
adversa al planteo formulado por el recurrente, el único concepto
normativo relativamente novedoso y dotado de relevancia es el atinente a
la falta de "trascendencia" de dichas cuestiones.
Aunque el concepto de trascendencia se vincula con el de interés o
gravedad institucional(192), reviste en realidad mayor amplitud(193), por
cuanto puede considerarse comprensivo de ciertos asuntos que, sin incidir
en el interés de la comunidad, exhiben significativa importancia sea por su
proyección jurídica o su entidad económica.
En la generalidad de los casos, sin embargo, la concurrencia del
requisito analizado sólo es susceptible de inferirse cuando uno o más
ministros de la Corte se limitan a hacer uso de la facultad de rechazo que
les confiere el art. 280, CPCCN, y uno u otros entran en cambio
a examinar la fundabilidad del recurso extraordinario. Se trata de una
trascendencia implícita, porque si bien el voto o votos emitidos mediante
la sola invocación de la norma mencionada implican un juicio tácito
de intrascendencia de las cuestiones planteadas, el o los restantes no
entrañan necesariamente un juicio de explícita trascendencia.
Este último tipo de juicio fue empero enunciado en algunos precedentes
en los cuales la trascendencia asignada a los temas resueltos fue utilizada
con la misma finalidad que el estándar relativo a la gravedad institucional,
es decir, no sólo como un medio de exteriorizar el ejercicio de una
jurisdicción negativa —como parecería desprenderse del texto del art.
280—, sino también para habilitar la competencia del tribunal pese a la
circunstancia de no hallarse reunidos algunos de los recaudos procesales
que condicionan dicha competencia(194).
Incluso en alguna oportunidad —como otrora ocurrió, según se vio más
arriba, con la gravedad institucional— llegó a obtener mayoría, en el seno
del tribunal, la opinión conforme a la cual el art. 280, CPCCN, autoriza a
aquél a incursionar en el conocimiento de asuntos no reglados por normas
federales(195).
No ha alcanzado mayoría, en cambio, la tesis en cuya virtud, no
obstante el aparente carácter potestativo del art. 280, CPCCN, esta norma
146 
 
impone a la Corte del deber de seleccionar, mediante su "sana discreción",
las causas en las cuales conocerá y de descartar, por ende, los planteos
de cuestiones, inclusive federales, carentes de trascendencia(196).
Pero más allá de las referidas variantes importa subrayar el hecho de
que, hasta ahora, y conforme resulta del contenido de los votos cuya
sumatoria refleja la opinión prevaleciente en el tribunal, el concepto de
"trascendencia" —aunque no definido— coincide esencialmente con el
enunciado respecto de la "gravedad institucional", el que continúa siendo
utilizado por la Corte quizá con mayor frecuencia que aquél.
Si bien, por último, no parece exigible la carga de demostrar, en cada
caso, como se ha visto que ocurre con la alegación de
gravedad institucional, la concurrencia del requisito a que alude el art.
280, CPCCN, media sin duda la conveniencia de asumirla(197).

II. RECURSO DE QUEJA POR DENEGATORIA DEL


EXTRAORDINARIO FEDERAL

651. Concepto y requisitos subjetivos


a) Denegado por el tribunal superior de la causa el
recurso extraordinario federal, la parte agraviada puede recurrir
directamente ante la Corte Suprema (arts. 282 y 285, CPCCN). En razón
de que este remedio procesal configura una de las variantes contempladas
por el CPCCN bajo el título genérico de "queja por recurso denegado",
son extensivas a aquél, en cuanto a concepto y fundamento, las
consideraciones vertidas supra, nro. 634, acerca del recurso de queja por
apelación denegada.
b) En lo que concierne a los requisitos subjetivos del recurso analizado
valen, asimismo, en lo sustancial, las nociones expuestas supra, nro. 635.
Por lo tanto, sólo se halla facultada para interponer la queja "la parte que
se considera agraviada", constituyendo presupuesto de aquélla la
previa interposición del recurso extraordinario federal(198)y su subsiguiente
denegatoria(199). La competencia para conocer el recurso de
queja incumbe exclusivamente a la Corte Suprema.

147 
 
652. Requisitos de lugar, tiempo y forma
a) El recurso debe interponerse en la sede de la Corte Suprema, dentro
del plazo de cinco días (hábiles) siguientes al de la notificación de la
providencia denegatoria(200), con la ampliación que corresponda por razón
de la distancia, de acuerdo con lo dispuesto en el art. 158, CPCCN (arts.
282 y 285, CPCCN).
b) A diferencia del recurso de queja por denegatoria de la apelación, en
el que basta una sucinta relación de los antecedentes del caso y de los
motivos tendientes a desvirtuar el juicio negativo de admisibilidad
formulado por el juez o la cámara, cuando se trata del recurso ahora
analizado pesa sobre el impugnante la carga de fundarlo en la misma
forma que el extraordinario denegado, lo cual implica que aquél debe
enunciar concretamente los hechos de la causa y demostrar la relación
que ellos guardan con las cuestiones que se intenta someter al
conocimiento de la Corte. El cumplimiento de dicha carga no se suple
mediante la remisión a lo expresado en oportunidades anteriores ni por la
circunstancia de agregarse los recaudos de práctica(201).
Pero en tanto prescribe que la presentación debe ser "debidamente
fundada", el art. 285, CPCCN, no sólo alude al requisito de
fundamentación autónoma precedentemente mencionado, sino que
es extensivo a la carga —fundamental— consistente en hacerse cargo de
las razones contenidas en la resolución denegatoria del
recurso extraordinario y de demostrar, por lo tanto, su desacierto(202).
No incumbe al recurrente, en cambio, la carga de presentar los
recaudos habituales (copia de la resolución recurrida, de la que denegó el
recurso, del escrito en que éste se dedujo, etc.) junto con la interposición
de la queja (art. 285, CPCCN), pero la Corte —según lo dispone el párr. 2º
de la norma citada— puede exigir su presentación si lo estima
conveniente. Se trata, como se advierte, de otra diferencia que separa al
recurso examinado de la queja motivada por la denegatoria de la apelación
ordinaria dispuesta por un juez de primera instancia, habiendo la ley
recogido, como fundamento de esta variante, una antigua práctica
observada por la Corte Suprema.
Constituye requisito formal de admisibilidad de la queja el depósito, a la
orden de la Corte, de la suma de cinco mil pesos, el cual debe efectuarse
en el Banco de depósitos judiciales (art. 286, párr. 1º, CPCCN).
El requisito del depósito no debe ser cumplido por "los que
estén exentos de pagar sellado o tasa judicial, conforme a las

148 
 
disposiciones de las leyes nacionales respectivas" (art. 286, párr.
2º, CPCCN)(203).
Frente al caso de omitirse el depósito o de efectuarlo en
forma insuficiente, corresponde hacer saber al recurrente que
debe integrarlo en el plazo de cinco días, debiendo el auto que así lo
ordene notificarse personalmente o por cédula (art. 286, párr. 3º, CPCCN).
"Si la queja fuese declarada admisible por la Corte —prescribe el art.
287, párr. 1º, CPCCN—, el depósito se devolverá al interesado. Si fuere
desestimada, o si se declarase la caducidad de la instancia, el depósito se
perderá". Es por lo tanto suficiente, para disponer la restitución del
depósito, que la Corte declare mal denegado el recurso, con prescindencia
de la eventual fundabilidad de éste. El depósito se pierde, en cambio,
cuando recae pronunciamiento adverso a la admisibilidad de la queja o en
el supuesto de que, transcurridos tres meses desde la última providencia
dictada por el tribunal, el recurrente no realiza acto procesal alguno
tendiente a impulsar el procedimiento y se declara por ello la caducidad de
la instancia (arts. 310, inc. 2º, y 311, CPCCN).
Prescribe, finalmente, el art. 287, CPCCN, que "la Corte dispondrá de
las sumas que así se recauden para la dotación de las bibliotecas de los
tribunales nacionales de todo el país".

653. Efectos
a) Interpuesto el recurso de queja, la Corte Suprema puede adoptar
alguna de las siguientes resoluciones:
1º) Desestimarlo, sea de plano cuando su inadmisibilidad resulta de la
propia exposición del recurrente(204), o luego de la presentación de los
recaudos que la Corte estime conveniente requerir, o del envío
del expediente principal(205)(art. 285, párr. 2º, CPCCN). En esta última
hipótesis corresponde requerir el previo dictamen del Procurador General
si concurre la causal prevista en el art. 33, inc. a), ap. 5º, ley 24.946.
En virtud, asimismo, de la expresa remisión que el art. 285, párr. 3º,
hace al art. 280, párr. 2º, CPCCN, la Corte se halla facultada para omitir
toda fundamentación y rechazar la queja mediante la invocación de la
última de las normas citadas (supra, nro. 650).
2º) Si los argumentos aducidos en el recurso extraordinario y
mantenidos en la queja pueden, prima facie, involucrar cuestiones de
orden federal susceptibles de examen en la instancia del art. 14, ley
48, declarar admisible la queja y decretar la suspensión del curso del

149 
 
proceso sin que ello implique pronunciamiento sobre el fondo del
recurso(206).
3º) Declarar admisible o mal denegado el recurso extraordinario y dictar
al mismo tiempo sentencia sobre el fondo del asunto.
Mientras en la hipótesis señalada bajo el nro. 1), o si se declara la
caducidad de la instancia, el recurrente pierde el depósito exigido por
el art. 286, CPCCN, en las restantes corresponde la restitución de aquél
(art. 287, párr. 1º, CPCCN).
b) El recurso analizado carece de efecto suspensivo (arts. 283, párr.
4º, CPCCN, y 285, párrafo final), aunque la Corte ha admitido la solución
contraria en supuestos excepcionales(207).

III. RECURSO DE INAPLICABILIDAD DE LA LEY(208)

654. Concepto y naturaleza


a) Según se puntualizó oportunamente (supra, nro. 37), existen dos
modos, en el ámbito de la justicia nacional, para obtener la uniformidad de
la jurisprudencia dentro de las distintas Cámaras de Apelaciones:
a iniciativa de cualquiera de las salas que integran el respectivo tribunal
(art. 302, CPCCN) y mediante el recurso de inaplicabilidad de la ley.
Ambas figuras quedaron derogadas por la ley 26.853, que creó —por
un lado— nuevos tribunales (Cámaras Federales y Nacionales de
Casación) y —por el otro— nuevos recursos: el de casación y el
de inconstitucionalidad.
Sin perjuicio de tal derogación formal, la Corte Suprema de Justicia de
la Nación mediante la acordada 23/2013 estableció que la operatividad de
estos nuevos recursos quedará supeditada a la instalación y
funcionamiento de los órganos referidos, hecho que al momento en que
esta actualización se escribe no ha tenido lugar.
b) Originariamente instituido por el art. 28, dec.-ley 1285/1958, y luego
regulado con mayor detalle por los arts. 288 y ss., CPCCN, el referido
recurso constituye el remedio procesal que, frente a la
contradicción existente entre la sentencia pronunciada por una sala de una
Cámara Nacional de Apelaciones y la doctrina establecida por alguna de

150 
 
las salas del mismo tribunal en los diez años anteriores a la fecha del fallo
que se impugna, tiene por objeto obtener, de la cámara reunida en pleno,
una sentencia que fije la doctrina legal aplicable al caso.
c) La naturaleza del recurso en análisis constituye materia discutida en
el ámbito doctrinal. Hay quienes consideran que no se trata, en rigor, de
un recurso de "inaplicabilidad de ley", ni, por lo tanto, de una de las
especies del recurso de casación, y que podrían denominárselo de
"inaplicabilidad de jurisprudencia contradictoria"(209)o de "recurso contra la
contradicción jurisprudencial"(210), ya que si bien su resultado último puede
parcialmente coincidir con la función casacional, la causal que lo autoriza
"no obedece a otra razón que la desintegración de un tribunal en
salas"(211)y sobre el recurrente no pesa la carga de demostrar la falsa o
errónea aplicación de la ley, sino tan sólo la consistente en acreditar
la existencia de sentencias contradictorias(212). A tales raciocinios se ha
replicado mediante el argumento de que, por un lado, el fin genérico de
"uniformar la interpretación jurisprudencial de la ley" determina la identidad
del recurso examinado con la casación y, por otro lado, "la
mera invocación de que se ha desconocido la jurisprudencia no abre el
recurso, si al mismo tiempo no se atribuye al fallo un concreto error en la
aplicación de la norma jurídica", siendo esta última circunstancia el
"motivo" del remedio y la existencia de jurisprudencia contradictoria "un
presupuesto de admisibilidad"(213).
El problema, sin embargo, resulta simplificado cuando se prescinde de
atribuir excesiva importancia a la designación que la ley acuerda al recurso
o de intentar estrictas identificaciones entre éste y otros remedios
procesales. En ese orden de consideraciones, puede caracterizarse al
recurso que regulan los arts. 288 y ss., CPCCN, como una simple variante
del recurso de casación por errores de juicio(214). Aquél se asemeja a este
último, fundamentalmente, en la circunstancia de que la competencia del
tribunal en pleno se circunscribe a la decisión de una cuestión de derecho,
siendo insusceptibles de revisión las conclusiones de hecho o de prueba
establecidas por la sentencia recurrida(215), no cabiendo tampoco, ante
dicho tribunal, la invocación de hechos nuevos ni el ofrecimiento de
pruebas o agregación de documentos (art. 291, CPCCN). Pero el recurso
de inaplicabilidad de la ley legislado por el CPCCN se diferencia del
recurso de casación puro en el hecho de que mientras éste es viable para
reparar cualquier tipo de error iuris in iudicando, con prescindencia de
que exista o no un precedente acerca de la cuestión resuelta, la
admisibilidad de aquél se halla condicionada a la contradicción existente
entre la doctrina establecida por la sentencia impugnada y la resultante de
otra sentencia proveniente de una de las salas de la misma cámara. Tal
contradicción, asimismo, obra como único motivo del recurso, siendo
suficiente que el impugnante la señale en "términos precisos" (art. 292,
CPCCN). No incumbe, por lo tanto, a aquél la carga de demostrar el error
jurídico de que padece la sentencia(216), ya que de acuerdo con la ley

151 
 
la existencia de ese supuesto error resulta virtualmente configurada frente
a la contradicción alegada entre la doctrina emergente del fallo y la
establecida por otro fallo oportunamente invocado por el recurrente en
apoyo de la postura jurídica asumida en el proceso. Quien recurre, en otras
palabras, atribuye implícitamente a la sentencia un error en la aplicación
de la ley, siendo función del tribunal plenario, en oportunidad de establecer
la doctrina legal aplicable al caso, determinar la existencia o la inexistencia
de ese error.
De lo dicho se sigue, por un lado, que el recurso de inaplicabilidad de la
ley satisface parcialmente la finalidad que persiguen los regímenes
tradicionales de casación y, por otro lado, que dicha finalidad resulta aún
sumamente restringida en tanto comprende a las eventuales divergencias
de criterio que pueden suscitarse dentro de cada una de las Cámaras
Nacionales de Apelaciones, limitación que si bien se adecua a las
modalidades de la organización judicial vigente, impide alcanzar al recurso
analizado el objetivo político de "unidad jurídica" que es propio de la
casación tradicional; de allí que algún fallo haya caracterizado al recurso
de inaplicabilidad de la ley como una "casación limitada" y "formalmente
condicionada"(217).
El recurso extraordinario de inaplicabilidad de ley analizado presenta
ciertas notas que lo asemejan a los recursos de casación por errores in
iudicando, de los cuales constituyen especies, según se ha visto, los
recursos de inconstitucionalidad (tanto nacional como provincial) y el
de inaplicabilidad de ley o doctrina legal que reglamenta el CPCCBA. Lo
mismo que en los regímenes tradicionales de casación, se halla excluida
de la competencia de las cámaras en pleno, cuando conocen de este
recurso, la revisión de las cuestiones de hecho resueltas por la sentencia
de la sala. Ni siquiera sería posible, mediante esta vía procesal, el examen
de los hechos por razón de "arbitrariedad" o de "absurdidad". Tampoco
cabe, ante el tribunal plenario, la invocación de hechos nuevos ni el
ofrecimiento de pruebas o agregación de documentos (CPN, art. 291),
según ocurre, asimismo, con los recursos de casación.
Pero el recurso de inaplicabilidad se diferencia de los recursos de
casación comunes por la circunstancia de que, mientras estos últimos
proceden para reparar cualquier error iuris in iudicando, la admisibilidad de
aquél se halla condicionada a la existencia de un precedente, emanado de
una de las salas de la cámara, que sea contradictorio con la doctrina
establecida por la sentencia impugnada. Se advierte, por lo tanto, que la
finalidad del recurso de inaplicabilidad de ley se ciñe a un simple aspecto
del amplio control de legalidad que ejercen comúnmente los tribunales de
casación; aspecto que se circunscribe aun más si se tiene en cuenta que
sólo persigue lograr la uniformidad de la jurisprudencia dentro de cada
uno de los Tribunales de Alzada que integran la justicia nacional.
d) Del texto del art. 300 CPN se desprende, asimismo, que a diferencia
de lo que ocurre en el régimen del CPCCBA con respecto al recurso
152 
 
de inaplicabilidad de ley, el recurso examinado acuerda al tribunal
plenario competencia negativa, ya que éste debe limitarse a establecer la
doctrina aplicable al caso, a anular el fallo impugnado en el supuesto de
que su doctrina no se ajustare a aquélla, y a disponer la remisión de la
causa a otra sala de la cámara a fin de que dicte nueva sentencia de
conformidad con la doctrina fijada.

655. Requisitos subjetivos


a) A quien interpone el recurso de inaplicabilidad de ley le son aplicables
los requisitos genéricamente enunciados supra, nro. 603, es decir, la
facultad para recurrir y el interés procesal(218).
En lo que atañe al primero de los mencionados requisitos, es sin
embargo pertinente aclarar que sólo las partes o los terceros a quienes se
reconoció tal calidad en el proceso se hallan habilitados para interponer el
recurso analizado. Por lo tanto, a diferencia de lo que ocurre con otros
recursos (apelación o extraordinario federal), se halla vedado el
de inaplicabilidad de la ley a los terceros cuya situación no encuadra en
alguna de las modalidades de la intervención previstas por el
ordenamiento procesal, ya que la particular naturaleza de aquél descarta
la posibilidad de que se lo utilice como vía para remediar los perjuicios que
la sentencia definitiva pudo irrogar a quienes no participaron en el trámite
del proceso.
Importa añadir que, de acuerdo con lo dispuesto por el art. 290, párr.
1º, CPCCN, los apoderados no están obligados a interponer el recurso
analizado, el que por lo tanto escapa a la regla establecida por el art.
11, inc. 1º, ley 10.996. Aclara el párr. 2º de la norma citada, reafirmando el
principio general establecido por el art. 51, CPCCN, que "para deducirlo
(los apoderados) no necesitarán poder especial".
b) La competencia para conocer el recurso de inaplicabilidad de la ley
se diversifica atendiendo a su admisibilidad o fundabilidad. El juicio de
admisibilidad compete a la sala que sigue en orden del turno a la que dictó
la sentencia recurrida (arts. 292 y 293, CPCCN) y, sea positivo o negativo,
reviste carácter definitivo. El juicio de fundabilidad, en
cambio, incumbe exclusivamente a la cámara en pleno, que actúa en el
caso con una competencia funcional distinta a la de cada una de las salas
que la integran y como órgano jerárquicamente superior con respecto a
éstas(219).

153 
 
656. Requisitos objetivos

A) Resoluciones recurribles
a) El recurso de inaplicabilidad de la ley sólo es admisible respecto
de sentencias definitivas dictadas por las salas de las Cámaras
Nacionales de Apelaciones (art. 288, CPCCN).
b) El art. 289, CPCCN, sin embargo, suministra un concepto de
sentencia definitiva que no guarda estricta coincidencia con el
enunciado supra, nro. 593.
Por un lado, en efecto, el párrafo inicial de la norma citada dispone que
"se entenderá por sentencia definitiva la que terminare el pleito...", pero el
segundo párrafo aclara que "este recurso no será admisible cuando
pudiere seguirse otro juicio sobre el mismo objeto...", lo cual importa
acordar carácter definitivo únicamente a aquellas sentencias susceptibles
de adquirir eficacia de cosa juzgada en sentido material, como ocurre con
las que ponen fin a los procesos ordinarios, a los plenarios rápidos o
abreviados (vale decir, a los denominados "sumarios" y "sumarísimos" por
el CPCCN en su anterior redacción), y a determinados procesos
especiales reglamentados en forma autónoma (v.gr.: el de declaración
de incapacidad o de inhabilitación). En consecuencia, se hallan excluidas
del ámbito del recurso de inaplicabilidad de la ley las sentencias dictadas
en los procesos sumarios en sentido estricto, las cuales, como regla, no
impiden la promoción de un nuevo proceso destinado al planteamiento de
cuestiones que, en aquéllos, no pudieron ser objeto de debate o lo fueron
en forma restringida. Tal lo que sucede, v.gr., con las sentencias recaídas
en los procesos de ejecución(220)(aunque con las salvedades establecidas
por el art. 553, CPCCN), de alimentos(221)y de interdictos(222).
Por otro lado, el art. 289, párr. 1º, CPCCN, reputa también sentencia
definitiva a la que "hiciere imposible" la continuación del proceso,
ampliando de tal manera el concepto formulado supra, nro. 593. Son
encuadrables dentro de esta categoría de resoluciones judiciales aquellas
que, a pesar de no configurar formalmente sentencias definitivas, privan
al interesado de toda posibilidad de una ulterior tutela judicial de sus
derechos(223). Son tales, por ejemplo, las que deciden hacer lugar a
una excepción perentoria opuesta como artículo de previo y especial

154 
 
pronunciamiento (cosa juzgada, prescripción, etc.) o declaran la deserción
de un recurso de apelación interpuesto contra la sentencia definitiva(224).
Asimismo, el art. 289, CPCCN, excluye como tema del recurso
de inaplicabilidad de la ley a las resoluciones que regulan honorarios o
aplican sanciones disciplinarias. Tal exclusión no responde al carácter
definitivo o no de esas resoluciones, sino a las materias sobre que versan,
las cuales se hallan generalmente influidas por consideraciones de hecho
que escapan, como se dijo, al conocimiento del tribunal plenario; pero el
recurso es admisible si se trata de la interpretación de las normas
contenidas en la ley arancelaria, pues ello entraña una cuestión de
derecho(225).
En conclusión, no tratándose de sentencias definitivas con eficacia de
cosa juzgada en sentido material o de resoluciones que impidan la
continuación del proceso, y aparte de la exclusión referida en el párrafo
precedente, el recurso de inaplicabilidad de la ley es inadmisible respecto
de toda otra resolución aun en el supuesto de que ocasione un gravamen
irreparable(226).
A título ejemplificativo, se ha resuelto que son extrañas al recurso las
resoluciones que desestiman la caducidad de la instancia(227); versan
sobre la acumulación de procesos(228); recaen en los trámites tendientes al
logro de la declaratoria de herederos(229); acogen o desestiman medidas
cautelares(230); deciden una cuestión de competencia entre jueces(231);
hacen lugar a la excepción de incompetencia(232)o desestiman
dicha excepción(233); desestiman la pretensión de amparo(234); deciden una
cuestión relacionada con la prueba(235); etc.
En lo atinente a los recursos de casación e inconstitucionalidad, el
concepto de sentencia revisable lo encontramos en el nuevo art. 288: "Las
sentencias definitivas, o equiparables, dictadas por la Cámara de
Apelación, serán susceptibles de recurso de casación. El recurso de
casación será admisible contra las resoluciones que decidan la suspensión
de los efectos de actos estatales u otra medida cautelar frente a
alguna autoridad pública y contra las decisiones que declaren
formalmente inadmisible a la pretensión contencioso-administrativa".

B) Existencia de contradicción
a) Constituye requisito objetivo del recurso de inaplicabilidad de la ley
que la sentencia impugnada "contradiga la doctrina establecida por alguna
de las salas de la cámara en los diez años anteriores" a la fecha de dicha
sentencia (art. 288, CPCCN).

155 
 
En su párrafo segundo la norma expresa que "si se tratare de una
Cámara Federal, que estuviere constituida por más de una sala, el recurso
será admisible cuando la contradicción exista entre sentencias
pronunciadas por las salas que son la Alzada propia de los Juzgados
Civiles Federales o de los Juzgados en lo Contencioso-Administrativo
Federal".
La situación contemplada por este párrafo es ajena a la organización
judicial de la Capital Federal, donde funcionan una Cámara Nacional de
Apelaciones en lo Civil y Comercial Federal y una Cámara Nacional de
Apelaciones en lo Contencioso-Administrativo Federal,
respectivamente integradas por tres y cuatro salas (leyes 21.628, 21.973
y 22.090). Se refiere a las Cámaras Federales con asiento en las
provincias que cuenten por lo menos con dos salas provistas de
competencia para conocer de los recursos de apelación interpuestos
contra las sentencias dictadas por los Juzgados Federales en materia civil,
comercial o contencioso-administrativa, o por los juzgados del mismo fuero
con específica competencia en esas materias, donde existieren.
b) Existe contradicción que autoriza el recurso examinado en el
supuesto de que, mediando una situación de hecho similar, el sentido
jurídico que le asigna la sentencia recurrida no coincide con el que le
atribuyó el fallo dictado con anterioridad, sea por haberse aplicado normas
distintas o una misma norma con diverso alcance(236).
c) La contradicción debe presentarse entre fallos pronunciados por
salas integrantes de una misma cámara, siendo por lo tanto irrelevante, a
los efectos del recurso, la invocación de un precedente emanado de otro
tribunal(237).
Asimismo, el precedente contradictorio debe provenir de una sala
distinta de aquella que dictó la sentencia recurrida, razón por la cual el
recurso es inadmisible en la hipótesis de que la contradicción resulte de
decisiones sucesivamente dictadas por una misma sala(238). Es obvio, en
cambio, que el recurso es admisible cuando el precedente invocado se
halla constituido por una sentencia plenaria, cuya doctrina es de aplicación
obligatoria para todas las salas de la misma cámara y para los jueces de
primera instancia respecto de los cuales aquélla es Tribunal de Alzada (art.
303, CPCCN)(239).
d) Finalmente, según se vio, el art. 288, CPCCN, instituye una limitación
de orden temporal referida a la antigüedad del precedente invocado, la
cual no puede exceder los diez años anteriores al pronunciamiento del
fallo recurrido. Dicha limitación ha hecho perder virtualidad a la
jurisprudencia según la cual, con objetable criterio, se exigía como
requisito del recurso que el precedente invocado proviniese de alguna de
las salas de la cámara en su composición actual(240).

156 
 
657. Requisitos de lugar, tiempo y forma
a) El recurso de inaplicabilidad de la ley debe interponerse ante la sala
que dictó la sentencia definitiva, dentro del plazo de diez días contados
desde la notificación de aquélla (art. 292, CPCCN).
b) Por lo que atañe a los requisitos formales, el art. 288, CPCCN,
impone ante todo al eventual recurrente la carga de invocar el precedente
con anterioridad al pronunciamiento del fallo. Se trata de un acto procesal
previo a la interposición del recurso y su cumplimiento tiene por objeto
brindar a la sala la oportunidad de cotejar su interpretación jurídica del
caso con la doctrina establecida en el precedente, alertándola acerca de
la posible contradicción jurisprudencial a producirse en la hipótesis de
apartarse de los términos de dicha doctrina.
La oportunidad de la invocación del precedente es, como regla, la de la
presentación de la expresión de agravios o su contestación, o la de los
memoriales, según se trate, respectivamente, de apelación concedida
libremente o en relación. Ello no se opone, desde luego, a la invocación
formulada en primera instancia(241), aunque en tal supuesto es
imprescindible, como condición de admisibilidad del recurso, que aquélla
se reitere con motivo del cumplimiento de los actos procesales
anteriormente mencionados(242). En el caso de que el precedente se
produzca con posterioridad a estos actos cabe su invocación útil con
anterioridad al dictado de la providencia de autos o, en su caso, a la
decisión de la sala (arts. 268 y 275, CPCCN), ya que el art. 288 de ese
ordenamiento fija un límite temporal que no es incompatible con esa
solución, que parece justa y adecuada a la finalidad del recurso
de inaplicabilidad de la ley(243).
La carga analizada debe ser cumplida por quien interpone este último
recurso, con prescindencia de la calidad que haya asumido durante la
sustanciación del recurso de apelación. En consecuencia, la invocación
del precedente debe ser formulada por el apelante, como fundamento de
la revocatoria, o por quien persigue la confirmación de la sentencia
apelada y en apoyo de tal confirmación(244); de manera, por lo tanto,
que aun cuando el fallo de primera instancia coincida con la doctrina del
precedente invocado por la parte vencedora, ésta no se halla eximida de
la carga de reiterar la invocación en oportunidad de presentar la
contestación a la expresión de agravios o al memorial de su contrario, pues
la contradicción jurisprudencial en que puede incurrir la sala constituye
una eventualidad previsible.
Finalmente, el escrito mediante el cual se interpone el recurso
de inaplicabilidad de la ley debe contener una adecuada fundamentación,

157 
 
en forma tal de que se baste a sí mismo: "En el escrito en que se lo
deduzca (el recurso) —dispone el art. 292, párr. 2º, CPCCN— se señalará
la existencia de la contradicción en términos precisos, se mencionará el
escrito en que se invocó el precedente jurisprudencial y se expresarán los
fundamentos que, a juicio de la parte, demuestren la procedencia del
recurso. El incumplimiento de estos requisitos determinará
su inadmisibilidad".
Por un lado, en consecuencia, debe el recurrente demostrar, en forma
concreta, cuál es la contradicción que media entre el fallo que impugna y
la doctrina fijada por el precedente invocado, no bastando, v.gr., la mera
refutación de los fundamentos del fallo que son extraños a los
precedentes invocados(245)o la simple afirmación de que éstos contradicen
a la sentencia(246). El escrito debe, asimismo, reputarse carente de
fundamento si no indica con la debida precisión los precedentes
jurisprudenciales realmente opuestos al fallo recurrido(247), omite hacer
precisa referencia a los juicios en que recayeron tales precedentes(248)o si
los pronunciamientos transcriptos se citan incompleta o defectuosamente
al punto de que no pueden ser ubicados(249). Por otra parte, incumbe al
recurrente indicar el escrito en el cual mencionó el precedente, de manera
tal que la cámara pueda abrir juicio inmediato acerca de la oportunidad en
que aquél fue invocado.
El art. 292, CPCCN, impone asimismo al recurrente, como se ha visto,
la carga de expresar los fundamentos que demuestran la procedencia de
la impugnación, lo cual implica que aquél no sólo debe demostrar, en forma
clara y concreta, cuál es la contradicción que media entre el fallo que
cuestiona, sino también que tal cotejo debe ir acompañado de la réplica de
las razones jurídicas que sustentan a ese fallo y de la correlativa afirmación
del acierto que a su juicio exhibe el precedente invocado, lo que entraña
el señalamiento del vicio de que aquél adolece y la petición de que sea
revocado.
c) En cuanto al recurso de casación, está previsto el siguiente trámite
por parte de quien lo interpone: "El recurso de casación se
deberá interponer por escrito, fundado con arreglo a las causales previstas
en el artículo anterior, ante el tribunal que dictó la resolución que lo motiva,
dentro del plazo de diez (10) días contados a partir de la notificación de la
misma. El escrito indicará concretamente la causal en la que se funda el
recurso. Se citarán las previsiones normativas que se consideran
violadas, inaplicadas o erróneamente interpretadas y se expresará cuál es
la aplicación o interpretación que se considera adecuada. De la
presentación en que se deduzca el recurso se dará traslado por diez
(10) días a las partes interesadas, notificándolas personalmente o por
cédula. Contestado el traslado, o vencido el plazo para hacerlo, el tribunal
de la causa decidirá sobre la admisibilidad del recurso. Si lo concediere,
previa notificación personal o por cédula de su decisión, deberá remitir las
actuaciones a la Cámara de Casación respectiva dentro del plazo de cinco

158 
 
(5) días contados desde la última notificación. Si el tribunal de la causa
tuviera su asiento fuera de la Capital Federal, la remisión se efectuará por
correo, a costa del recurrente. La parte que no hubiera constituido domicilio
en la Capital Federal quedará notificada de las providencias de la Cámara
Federal de Casación de que se trate, por ministerio de la ley. La concesión
del recurso de casación suspende la ejecución de la sentencia" (art. 290,
CPN).
d) Y en lo que hace al de inconstitucionalidad, operan las mismas reglas
(art. 296, CPN).
e) La ley 26.853 incorpora al CPN el recurso de revisión en los
siguientes términos: "El recurso de revisión procederá contra las
sentencias y resoluciones a las que hace referencia el art. 288, cuando las
mismas hubiesen quedado firmes, si la sentencia hubiera sido
pronunciada a consecuencia de prevaricato, cohecho, violencia u otra
maquinación fraudulenta cuya existencia se hubiere declarado en fallo
posterior irrevocable" (art. 297).

CAPÍTULO XLVIII - RECURSOS EXTRAORDINARIOS EN EL ORDEN PROVINCIAL

SUMARIO: I. GENERALIDADES: 658. Panorama


de la legislación vigente.— 659.
Método expositivo. II. RECURSO DE CASACIÓN
POR ERRORES DE JUICIO: 660. Concepto.— 661.
Requisitos subjetivos.— 662. Requisitos
objetivos: Causales del recurso; Resoluciones
recurribles.— 663. Requisitos de lugar, tiempo
y forma. III. RECURSO DE CASACIÓN POR
DEFECTOS PROCESALES: 664. Concepto.— 665.
Requisitos subjetivos.— 666. Requisitos
objetivos: Causales del recurso; Resoluciones
recurribles.— 667. Requisitos de lugar, tiempo
y forma. IV. RECURSO
DE INCONSTITUCIONALIDAD: 668. Concepto.—
669. Requisitos subjetivos.— 670. Requisitos
objetivos: Causales del recurso; Resoluciones
recurribles.— 671. Requisitos del lugar, tiempo
y forma. V. DENEGATORIA DE
RECURSOS EXTRAORDINARIOS: 672.
Generalidades.— 673. Sistemas vigentes.—
674. Destino del depósito.

159 
 
I. GENERALIDADES

658. Panorama de la legislación vigente


La mayoría de los ordenamientos procesales civiles vigentes en las
provincias argentinas regula uno o más recursos de carácter extraordinario
cuyo conocimiento incumbe, como regla, a los respectivos órganos
judiciales de mayor jerarquía en el orden local (tribunales superiores o
cortes de justicia).
El estudio sistemático de esa legislación ofrece, sin embargo, serias
dificultades, no sólo por la diversidad de designaciones acordadas a
recursos de análoga naturaleza (v.gr., "inaplicabilidad de ley", "casación",
"casación por violación de la ley o doctrina legal",
"apelación extraordinaria", "revisión"), sino por la heterogeneidad de los
motivos que determinan la admisibilidad de recursos previstos con la
misma denominación y por la mayor o menor amplitud concedida a ciertos
medios de impugnación destinados a cumplir similares fines. Es así como,
por ejemplo, algunos Códigos engloban dentro de un mismo recurso
causales relativas a los dos tipos tradicionales de casación (o sea, por
errores de juicio y por defectos procesales), cuando no otras
ordinariamente involucradas en el mal llamado recurso de revisión, y otros
ordenamientos incluyen como motivos de casación por infracción o
violación de ley a algunos que son en rigor ajenos a la índole de ese
recurso.

659. Método expositivo


No obstante lo dicho en el número precedente, el análisis global de la
legislación procesal civil argentina permite agrupar a los
recursos extraordinarios que prevén los respectivos ordenamientos en
todos o en algunos de los siguientes tipos: 1º) casación por errores de

160 
 
juicio; 2º) casación por defectos procesales; 3º) inconstitucionalidad
(casación constitucional).
Sobre esa base dichos recursos serán objeto de estudio en el presente
capítulo.

II. RECURSO DE CASACIÓN POR ERRORES DE JUICIO(1)

660. Concepto
a) El recurso de casación por errores de juicio (in iudicando) es aquel
mediante el cual se denuncian los equívocos imputados a la resolución
impugnada con respecto a la selección o al alcance asignados a las
normas aplicadas a las cuestiones decididas, objetándose, por lo tanto, la
solución jurídica acordada al caso planteado y solicitándose su
rectificación a través de una sentencia que, de conformidad con el sistema
legal de que se trate, puede limitarse a anular (casar) el fallo recurrido y
formular una declaración sobre la norma aplicable, devolviendo el proceso
al órgano inferior a fin de que dicte nueva resolución (reenvío), o bien
pronunciar, junto con el juicio anulatorio o rescindente, resolución sobre el
fondo del asunto(2).
De la noción precedentemente expuesta se deriva que la labor del
tribunal funcionalmente encargado de conocer en el tipo de
casación examinado se circunscribe a verificar la existencia de los
posibles errores iuris in iudicando que puedan afectar a la resolución
impugnada, estándole vedado a dicho tribunal el reexamen de las
conclusiones de hecho establecidas en la instancia ordinaria. Se verá más
adelante, sin embargo, que algunos Códigos (v.gr., Catamarca,
Corrientes, Chubut, La Rioja, Misiones, Neuquén y Tierra del Fuego) y la
jurisprudencia de algunos tribunales han flexibilizado este principio,
abriendo excepcionalmente la vía de la casación a las cuestiones fácticas.
b) La justificación política del recurso de casación por errores de juicio
ha radicado, tradicionalmente, en la necesidad de preservar la unidad de
las respectivas legislaciones nacionales a través de una interpretación
uniforme de las normas que las integran(3). Siendo en efecto numerosos
los órganos judiciales llamados a aplicar una misma legislación, las
divergencias interpretativas que esa circunstancia determina, y que

161 
 
comprometen la vigencia del principio de igualdad ante la ley, sólo pueden
encontrar remedio en la intervención de un órgano que, ubicado en la
cúspide del ordenamiento judicial, se encuentre en aptitud de gravitar
sobre la actuación de los tribunales inferiores y de promover, por lo tanto,
la uniformidad de la jurisprudencia, pues aunque las decisiones del tribunal
de casación carezcan legalmente de fuerza vinculante (salvo disposición
en contrario)(4)la tienen, sin embargo, de hecho, en la medida en que la
resolución que contraríe la doctrina de un precedente emanado de aquél
se halla expuesta al riesgo de ser anulada mediante el recurso
analizado(5).
c) Como ya se dijo (supra, nro. 664), el recurso extraordinario federal
participa de la naturaleza del recurso de casación por errores de
juicio, aunque limitado al contralor de la interpretación de las normas
contenidas en la Constitución Nacional y en las leyes federales. Asimismo,
se puntualizó que el recurso de inaplicabilidad de la ley contemplado por
los arts. 288 y ss. del CPCCN configura una modalidad del recurso
en examen, por cuanto se halla condicionado a la existencia de un
precedente contradictorio emanado de otra sala de una misma Cámara
Nacional de Apelaciones y la doctrina legal fijada con motivo de dicho
medio de impugnación sólo tiene efectos vinculantes para el respectivo
tribunal y los jueces de primera instancia que de él dependen.
No existe, en cambio, en nuestro país un Tribunal Nacional de
Casación, destinado, como tal, a asegurar la uniforme aplicación de la
legislación común en todo el territorio de la República(6). La conveniencia
de contar con un órgano de esa naturaleza queda fuera de duda con sólo
computar el hecho de que teniendo vigencia en todo el territorio de la
Nación los Códigos de fondo sancionados por el Congreso en virtud de la
potestad que le confiere el art. 75, inc. 12, de la Constitución Nacional, las
distintas interpretaciones de que aquéllos pueden ser objeto por parte de
los órganos judiciales de las provincias desvirtúan el principio de unidad
de régimen jurídico consagrado por la norma constitucional citada.
A la institución de un recurso de casación con alcance nacional se
opone, sin embargo, la misma norma constitucional, en tanto prescribe que
la "aplicación" de los Códigos Civil, Comercial, Penal, etc., corresponde a
los tribunales provinciales cuando las personas o las cosas "cayeren bajo
sus respectivas jurisdicciones". Para salvar la dificultad emergente de ese
texto se ha acudido con frecuencia al distingo que existiría entre la
"interpretación" y la "aplicación" de las leyes, sosteniéndose que el art.
67, inc. 11, de la Constitución (hoy art. 75, inc. 12) reserva a las provincias
la potestad de "aplicar" los Códigos de fondo pero no la de "interpretarlos",
razón por la cual esta última labor podría encomendarse a un Tribunal
Nacional de Casación(7). Con el mismo propósito se propició, en otras
oportunidades, la posibilidad de crear la casación nacional mediante
tratados interprovinciales en los términos del art. 107 (actual art. 125) de
la Constitución Nacional(8).

162 
 
Ninguna de las mencionadas soluciones es a nuestro juicio convincente
y no logra, por lo tanto, superar el problema constitucional. La primera
porque la conceptualización jurídica de un caso supone una confrontación
axiológica entre las circunstancias que lo configuran y las menciones
dogmáticas contenidas en la ley, es decir, un acto interpretativo que no
puede concebirse en forma independiente respecto de la aplicabilidad o
no de aquélla, de manera tal que "interpretación" y "aplicación" conforman,
al enjuiciarse la conducta de que se trate, un todo inescindible. El sentido
jurídico de la conducta, en otras palabras, es el resultado de la operación
única consistente en la interpretación de esa conducta a través de la ley,
y en la aplicación de ésta.
La segunda solución tampoco es aceptable, por cuanto, como se ha
dicho con acierto, "el art. 107 (actual art. 125) de la Constitución Nacional
se refiere a acuerdos tendientes a la facilitación recíproca de las
respectivas administraciones de justicia, pero no a la administración de
justicia en sí misma, porque la existencia y organización de la justicia local
es un requisito de la autonomía provincial según el art. 5º como condición
esencial del 'goce y ejercicio de sus instituciones', de lo cual resulta que la
potestad de aplicar las leyes consagrada por el art. 67, inc. 11 (actual art.
75, inc. 12), no sólo corresponde al poder autónomo provincial sino que es
además inevitable, irrenunciable e indelegable"(9).
Descartadas las soluciones referidas, cabe concluir que la casación
nacional sólo puede instituirse por vía de reforma de la Constitución
vigente, mediante la adopción de una fórmula análoga a la que contenía el
art. 95 de la Constitución de 1949. Dictada la correspondiente ley
reglamentaria, corresponde entender que los recursos de casación en el
orden provincial deberán ceñirse a la verificación de la aplicabilidad
o inaplicabilidad de las leyes locales.
d) Diversos Códigos provinciales vigentes instituyen recursos de
casación por errores de juicio, aunque, como se verá, presentan
diferencias particulares referidas a la amplitud del remedio y a la inclusión
de causales que no encuadran en el mencionado tipo de casación.

661. Requisitos subjetivos


a) Se hallan habilitados para interponer este recurso las partes y los
terceros a quienes se hubiere reconocido aquella calidad por encontrarse
encuadrados en alguno de los tipos de intervención previstos por la ley
procesal. La índole de la impugnación, en cambio, inhabilita para deducirla
a los terceros que no fueron admitidos oportunamente como partes.

163 
 
Como ocurre con todo recurso, es también requisito subjetivo
la existencia de un perjuicio o gravamen derivado de la sentencia que se
impugna(10). El gravamen debe ser personal, en el sentido de que el
pronunciamiento debe afectar al propio recurrente(11), actual, no
meramente hipotético o eventual(12)y subsistir hasta el momento en que se
resuelve el recurso(13).
Algunos ordenamientos establecen como requisito adicional que el
gravamen supere determinado valor. Los Códigos de La Pampa (art. 262)
y La Rioja (art. 256) lo fijan en una suma de dinero(14). Otras provincias, a
fin de evitar la posible desactualización, remiten a pautas económicas de
diversa índole; así, la de Buenos Aires exige que el agravio,
cuantitativamente, exceda de quinientos jus arancelarios (art. 278)(15), la
de Catamarca el doble del sueldo básico de un juez de primera instancia
(art. 297), la de Río Negro el doble del monto que fije anualmente el
Superior Tribunal o el monto base si no existiere doctrina legal (art. 285)(16),
la de Misiones diez salarios mínimos vitales y móviles (art. 295) y la de
Tierra del Fuego el equivalente a 180 veces el importe de la tasa de justicia
para juicios de monto indeterminado (art. 286.3). Santiago del Estero, por
su parte, sólo prevé el recaudo cuando la recurrida constituye sentencia
confirmatoria del pronunciamiento de primera instancia (art. 299).
Cuando media litisconsorcio, la aptitud para recurrir
corresponde individualmente a cada uno de los litisconsortes. No obstante,
los Códigos de Buenos Aires (art. 278), La Pampa (art. 262) y Río Negro
(art. 285) establecen la admisibilidad de los recursos cuando hagan
mayoría los litisconsortes que individualmente reclamen un valor superior
al que se alude en el párrafo anterior(17).
Desde luego, el recaudo no es exigible en los procesos insusceptibles
de apreciación pecuniaria, o cuando encontrándose el
valor indeterminado, fuere imposible o dificultosa la determinación de la
cuantía económica.
Sin perjuicio de ello, la ley 5827 de la provincia de Buenos Aires autoriza
a la Sup. Corte Bs. As. a dar trámite a los recursos de inaplicabilidad de
ley que no superen las limitaciones en razón del valor del litigio, si media
gravedad institucional o un notorio interés público, o cuando
resulte indispensable establecer doctrina legal siempre que la cuestión
gire en torno del derecho de fondo y el recurrente la hubiese formulado
adecuadamente (art. 31 bis).
Además, esta restricción y otras análogas contenidas en las leyes
locales, carecen de validez constitucional en el supuesto de que mediante
el recurso se proponga a conocimiento del superior tribunal provincial una
cuestión federal(18).
b) En lo que concierne a la competencia del órgano judicial, es menester
formular una distinción basada en la circunstancia de que el respectivo
régimen legal disponga que el recurso deba interponerse ante el tribunal
164 
 
que dictó la sentencia o directamente ante aquel a quien incumbe
pronunciarse en definitiva. Mientras en el primer caso, según algunos
ordenamientos, el juicio de admisibilidad debe ser sucesivamente emitido
por el tribunal inferior y el superior, en el segundo dicho juicio
compete exclusivamente al último.

662. Requisitos objetivos

A) Causales del recurso


a) Existen en la legislación argentina dos sistemas referidos a la
enumeración de las causales que supeditan la admisibilidad del recurso
de casación por errores de juicio.
De acuerdo con el primer sistema, constituyen causales del recurso las
consistentes en que la sentencia haya "violado" o "aplicado erróneamente
la ley o la doctrina legal" (Buenos Aires, art. 279, incs. 1º y 2º; Chaco, art.
4º, dec.-ley 1413/1962; Corrientes, art. 278; Entre Ríos, art. 276; La
Pampa, art. 261, inc. 1º(19); La Rioja, art. 257, inc. 1º(20); Misiones, art.
296, incs. 1º y 2º; Santiago del Estero, art. 292(21); Tierra del Fuego, art.
287.1(22)). Otros Códigos refieren a que el pronunciamiento haya aplicado
una ley o norma "que no correspondiere o hubiere dejado de aplicar la que
correspondiere" o "hubiere interpretado erróneamente una norma legal"
(Mendoza, art. 159, incs. 1º y 2º; San Juan, ley 2275,art. 15; San
Luis, aunque este último con exclusión de las normas procesales arts. 287,
288). Se trata, como se advierte, de fórmulas sustancialmente similares,
comprobándose solamente diferencias respecto de la denominación
acordada al recurso, que los Códigos de Buenos Aires, Chaco, Corrientes,
Entre Ríos y Misiones llaman de "inaplicabilidad de ley"; los de Chubut, La
Rioja, Mendoza, San Juan, San Luis, Santiago del Estero y Tierra del
Fuego, de "casación", y el de La Pampa, "recurso extraordinario".
En este sistema deben incluirse los recursos de casación de Chubut
(arts. 286, 288, 289), Río Negro (art. 286) y Santa Cruz (ley 1687,arts.
1º, 3º, 4º) y el recurso de inaplicabilidad de ley de Neuquén (ley 1406,art.
15), los que si bien de manera especial prevén como causal de
impugnación la existencia de jurisprudencia contradictoria(23), propia de los
regímenes que se examinarán infra, contemplan, además, con algunas

165 
 
variantes, la violación o errónea aplicación de la ley o doctrina legal,
tornando así superflua aquella previsión(24).
Por último, bajo la denominación de recurso de casación, empleando
otras fórmulas, el Código de Tucumán alude a la "infracción de normas de
derecho" tanto sustanciales como formales (art. 750); el de Catamarca, a
la "errónea aplicación e interpretación" de la ley o la doctrina legal (art.
298), y el de Jujuy, a la "violación o desconocimiento de la ley o de la
doctrina legal" (art. 235).
Existe "violación" de ley cuando, frente a una determinada situación de
hecho, se prescinde de aplicar la norma que conceptualiza esa situación,
eligiéndose otra norma cuyas menciones contemplan un supuesto
distinto(25). La "errónea aplicación" de ley significa que si bien la norma ha
sido correctamente elegida, se le acuerda, por restricción o ampliación, un
sentido incompatible con el supuesto de hecho planteado en el proceso(26).
Por otra parte, la "errónea interpretación" que contemplan algunos
Códigos, no constituye una causal independiente, sino que
está inescindiblemente ligada a la "errónea aplicación" (supra nro. 660).
No obstante, cuadra aclarar que la doctrina y la jurisprudencia
no exhiben uniformidad en punto a la caracterización de estas causales(27);
y esta heterogeneidad de criterios se proyecta negativamente sobre los
justiciables, provocando dificultades para elaborar una fundamentación
suficiente del recurso, problemática que será abordada más adelante
(supra nro. 663).
De ahí, también, la bondad del Código de Tucumán, que al referir al
concepto genérico de "infracción de normas de derecho", comprende la
totalidad de los errores iuris que puede cometer el órgano judicial.
Por "ley" debe entenderse, en los términos de los preceptos
anteriormente citados, todas aquellas normas aplicables por los órganos
judiciales de las provincias, es decir las contenidas en los Códigos de
fondo mencionados por el art. 75, inc. 12, de la Constitución Nacional y en
los respectivos ordenamientos locales. Asimismo, salvo en la provincia de
Mendoza(28), el tipo de recurso analizado comporta vía hábil para
denunciar las infracciones a la Constitución Nacional de que adolezca la
sentencia impugnada, sin perjuicio de que también sea admisible, en tal
caso, el recurso extraordinario federal(29). En cambio, la violación o errónea
aplicación de normas contenidas en las Constituciones provinciales han
merecido diversos tratamientos; mientras algunas provincias incluyen a la
totalidad de las cuestiones constitucionales en los recursos
de inconstitucionalidad previstos en los respectivos ámbitos locales(30),
otras sólo asignan a ese remedio las denominadas cuestiones
constitucionales complejas, con exclusión de las cuestiones simples que
se canalizan a través de los recursos de casación por errores de
juicio(31)(ver supra nro. 670).

166 
 
En cuanto a la expresión "doctrina legal", contenida, como se ha visto,
en algunos de los Códigos provinciales antes citados, no es del todo
precisa, aunque generalmente se la refiere a los casos en los cuales,
frente a la inexistencia de ley expresa, la resolución se funda en los
principios generales del derecho(32). Se trata, sin embargo, de
una expresión innecesaria, ya que siendo tales principios supletorios de la
ley, viene, en definitiva, a identificarse con ella(33). Conforme a otra
corriente, adoptada por la Suprema Corte de la Provincia de Buenos Aires,
doctrina legal es la que emana de los fallos del superior tribunal(34).
Como ya se anticipara, el recurso examinado tiene por exclusiva
finalidad asegurar la corrección jurídica del fallo impugnado a través del
control de su legalidad(35). No abre, por lo tanto, una tercera instancia
ordinaria susceptible de provocar un reexamen de los hechos y de la
prueba, cuya valoración incumbe definitivamente a los órganos judiciales
de mérito(36), sino una instancia extraordinaria destinada a la eventual
rectificación de los errores de juicio en que pudieron incurrir dichos
órganos desde el punto de vista de la aplicación de las normas jurídicas(37).
Obviamente, está vedada la alegación de hechos nuevos y
la incorporación de nuevas fuentes de prueba(38).
No obstante, los Códigos de Catamarca (art. 298, inc. c]), Chubut (art.
288, inc. e]), Misiones (art. 296, inc. 4º), y Neuquén (ley 1406,art. 15, inc.
c]) receptan la doctrina de la arbitrariedad, y el de Corrientes la del absurdo
(art. 278), que resultan apropiadas para denunciar defectos graves de
motivación en el terreno de la determinación de los hechos y de la
apreciación de la prueba (supra, nro. 649). De manera más acotada, el
Código de Tierra del Fuego consagra, en materia probatoria, la causal de
absurdo, imponiendo la carga de invocar la norma relativa a la
admisibilidad o valoración del medio infringida (art. 287.1)(39). Otro tanto
ocurre con la norma contenida en el art. 257, inc. 3º del Código de La Rioja,
la cual, reproduciendo sustancialmente el inc. 7º del art. 1692 de la Ley de
Enjuiciamiento Civil española, erige en causal autónoma de casación el
hecho de que "se hubiere incurrido en errónea apreciación de la prueba,
siempre que se funde en instrumentos públicos o privados, debidamente
reconocidos en juicio, y que de ellos resultare, en forma manifiesta, la
equivocación del jugador". El inc. 4º de la norma citada también instituye
como motivo del recurso de casación el de haberse "incurrido en
manifiesta arbitrariedad en la aplicación de las reglas de la sana crítica";
pero se trata, según una corriente de opinión, no receptada generalmente
por los superiores tribunales, de un precepto redundante, ya que el simple
error (no ya la arbitrariedad) en la aplicación de esas reglas configura un
problema sustancialmente jurídico que, como tal, se halla virtualmente
comprendido en el inc. 1º del art. 257, referido a la casación por errores de
juicio(40).
Otras legislaciones también contemplan la apertura excepcional de la
casación a cuestiones de hecho a través de la doctrina de la arbitrariedad;

167 
 
pero la causal se canaliza mediante el recurso extraordinario
de inconstitucionalidad. Así ocurre en Jujuy (arts. 165 inc. c], Const., y
8º, ley 4346) y Tucumán (art. 92, inc. 3º, ley 6944)(41).
Asimismo, la jurisprudencia de algunos tribunales superiores,
particularmente la de la Suprema Corte de la Provincia de Buenos Aires,
ha admitido una excepción al principio de la irrevisibilidad de las
cuestiones de hecho en el caso de las denominadas "sentencias
absurdas", o sea frente a aquellos pronunciamientos que al transgredir los
principios de la lógica o incurrir en una grosera desinterpretación material
de los escritos de las partes o de las fuentes de prueba(42), colocan al
tribunal de casación, como paso previo a la tarea de contralor
estrictamente jurídico, y a fin de evitar una notoria injusticia, en la
necesidad de rectificar los errores fácticos del fallo recurrido. En ese orden
de ideas se han encuadrado en el concepto de "sentencias absurdas", que
tornan admisible el recurso de inaplicabilidad de ley, a aquellas, v.gr., que
establecen una conclusión en abierta contradicción con las constancias
objetivas de la causa(43), teniendo por negado un hecho que fue
admitido(44)o consentida una parte de la sentencia que fue motivo de
agravios(45); o las que denominan prueba o dan categoría probatoria a lo
que por su naturaleza no lo es, o tienen por tal a una
constancia inexistente, o que no se refiere al hecho discutido, o que
demuestra lo contrario de lo que se afirma(46); las que prescinden de
prueba decisiva(47)o la aprecian en forma parcial, sin valorarla
íntegramente(48); sientan conclusiones analógicas mediante la
comparación de elementos no análogos(49); descartan un hecho
decisivo(50)o se fundan en un hecho aislado sin vincularlo a los demás del
proceso(51); establecen proposiciones distintas que se excluyen entre sí
recíprocamente(52)o contradicen su propia argumentación(53). Pero sólo el
error palmario, notorio y fundamental de los jueces de la instancia ordinaria
puede autorizar la revisión de las cuestiones de hecho y prueba por la vía
del recurso de inaplicabilidad de ley(54), no bastando la mera discrepancia
subjetiva del recurrente con el criterio adoptado por aquéllos(55).
b) El segundo sistema al que se aludió más arriba circunscribe la
casación por errores de juicio a los supuestos en que exista contradicción
entre la doctrina de derecho sentada por la sentencia impugnada y la
resultante de otro pronunciamiento emanado de un órgano judicial de
grado o del superior tribunal. En esta línea, que guarda analogía con el
recurso de inaplicabilidad de la ley previsto en el orden nacional (supra,
nro. 654), se encuentran el recurso de casación de Córdoba(56), los
de inaplicabilidad de ley de Formosa(57)y Salta(58)y la
(59)
apelación extraordinaria de Santa Fe .
Sin perjuicio de ello, estas provincias, sea legislativamente, aunque con
otro lenguaje(60), ya por vía pretoriana(61), receptan la doctrina de la
arbitrariedad.

168 
 
B) Resoluciones recurribles
a) Con la excepción que se señalará más adelante, sólo son
susceptibles del tipo de recurso examinado las sentencias definitivas,
debiendo entenderse por tales a aquellas que, poniendo fin al proceso u
obstando a su continuación, producen efectos de cosa juzgada en sentido
material, o sea que vedan la posibilidad de renovar las cuestiones
resueltas a través de la utilización de una vía procesal ulterior. El concepto
coincide, por lo tanto, con el enunciado supra, nro. 656 con respecto al
recurso de inaplicabilidad de la ley en el orden nacional(62).
Luego de determinar que "el recurso de inaplicabilidad de ley o doctrina
legal procederá contra las sentencias definitivas de las Cámaras de
apelación y de los tribunales colegiados de instancia única...", el art. 278
del Código de Buenos Aires agrega, en su párrafo final, que "a los efectos
del recurso se entenderá por sentencia definitiva la que, aun recayendo
sobre cuestión incidental, termina la litis y hace imposible su continuación".
Fórmulas análogas contienen los Códigos o leyes especiales de
Catamarca (art. 288), Chaco (dec.-ley 1413/1962,art. 2º), Chubut (art.
286), Corrientes (art. 275), Entre Ríos (art. 277), Formosa (art. 282), Jujuy
(art. 233, ap. 2º), La Pampa (art. 261), Misiones (art. 285), Neuquén (ley
1406,art. 1º), Río Negro (art. 285), Salta (art. 280), San Juan (ley 2275,art.
4º), Santa Cruz (ley 1687,art. 1º), Santiago del Estero (art. 293) y Tucumán
(art. 748). El Código de Mendoza refiere a las "sentencias y autos que
pongan fin al pleito" (art. 160); el de San Luis alude a las "sentencias o
resoluciones definitivas (art. 286); el de Tierra del Fuego a las "sentencias
definitivas o interlocutorias con fuerza de tales" (art. 285); y el de La
Rioja extiende la admisibilidad del recurso a "los autos que causen
gravamen irreparable", "siempre que se hayan agotado todos los remedios
procesales ordinarios de que se dispusiere" (art. 256, inc. 3º, a]).
Algunos ordenamientos agregan el requisito referente a la imposibilidad
del nuevo planteamiento, mediante otra vía, de la cuestión o cuestiones
resueltas (v.gr., Chaco, dec.-ley 1413/1962,art. 3º; Chubut, art. 286, in fine;
Corrientes, art. 275; Entre Ríos, art. 277; Formosa, art. 282, Jujuy, art.
236, párr. 1º; La Rioja, art. 256, inc. 1º; Mendoza, art. 160, párr. 1º; Salta,
art. 281, San Juan, ley 2275,art. 4º; San Luis, art. 286; art. 3º; Santa
Cruz, ley 1687,art. 1º; Santiago del Estero, art. 293, Tucumán, art.
749), aunque dicho recaudo debe considerarse implícitamente incluido en
los Códigos que no lo mencionan en forma expresa. El Código de Tierra
del Fuego, aparte de referirse a los asuntos que toleran un proceso
posterior, dispone la inadmisibilidad contra las resoluciones relativas a
medidas cautelares (art. 286.2 y 3).
169 
 
Cuadra observar que los Códigos o leyes específicas de Catamarca (art.
288), Misiones (art. 297), Neuquén (ley 1406,art. 1º) y Tucumán (art.
748, inc. 2º), recogiendo la jurisprudencia elaborada por la Corte Suprema
de Justicia de la Nación, autorizan el recurso pese la inexistencia de
sentencia definitiva, cuando lo resuelto revista gravedad
(63)
o interés institucional .
Y que la Constitución de Santiago del Estero prevé el conocimiento del
Superior Tribunal de Justicia por salto de instancia (per saltum), cuando
las decisiones de los jueces de primer grado recaigan sobre asuntos de
gravedad institucional (art. 194, inc. 2º, c]). El mismo mecanismo consagra
la ley 6944 de Tucumán (art. 107).
De acuerdo con el concepto enunciado no configuran sentencias
definitivas, entre otras, las resoluciones que recaen en materia de
beneficio de litigar sin gastos(64); recusación y excusación de los jueces(65);
medidas cautelares(66); diligencias preliminares(67); ampliación de
demanda(68), contestación de demanda(69); rebeldía(70); acumulación de
procesos(71); citación de terceros(72); excepciones previas
(73) (74)
dilatorias , incluso la de incompetencia ; ofrecimiento y producción de
pruebas(75); alegación de hechos nuevos(76); caducidad de instancia(77);
nulidad de las actuaciones(78); etc. Respecto de los procesos sumarios
propiamente dichos, se han considerado no definitivas, como principio, las
sentencias dictadas en los juicios posesorios, de interdictos(79)y
ejecutivos(80). En materia de amparo no puede formularse a priori un juicio
en punto a la admisibilidad de los recursos extraordinarios, sino que, en
cada caso, se debe examinar si el recurrente se encuentra privado de otras
vías procesales, o lo resuelto ocasiona un perjuicio de imposible
o insuficiente reparación ulterior, supuestos en que la sentencia resulta
definitiva(81). En cuanto al proceso especial de alimentos, en la medida que
el conocimiento haya sido amplio (sin restricciones para la defensa), la
sentencia es definitiva(82). Y en lo tocante a la guarda de menores, el
pronunciamiento es impugnable en casación cuando lo resuelto ocasiona
un agravio de imposible o insuficiente reparación ulterior(83).

663. Requisitos de lugar, tiempo y forma


a) No es uniforme la legislación procesal argentina en lo que atañe al
lugar de interposición del recurso analizado. Mientras la mayoría de los
ordenamientos vigentes lo hace coincidir con la sede del órgano judicial
que dictó la sentencia, otros lo establecen en la correspondiente al tribunal
que ha de conocer del recurso (Jujuy, art. 238; La Rioja, art. 258; Mendoza,
art. 146(84); San Juan, ley 2275,art. 2º)(85).

170 
 
b) Tampoco existe uniformidad en cuanto al plazo dentro del cual
corresponde interponer el recurso. Los Códigos de Córdoba (art. 385),
Jujuy (art. 238)(86), Mendoza (art. 146) y Tierra del Fuego (art. 288) lo fijan
en quince días; el de San Juan en diez o quince días según que los juicios
correspondan a la primera o segunda circunscripción (ley 2275,art. 2º); el
de La Rioja en quince y seis días conforme se trate de sentencias
definitivas o interlocutorias, respectivamente, debiendo anunciarse
la interposición dentro del tercer día (art. 258, inc. 1º); los de Buenos Aires
(art. 279), Catamarca (art. 289), Chaco (dec.-ley 1413/1962,art. 7º),
Chubut (art. 289), Entre Ríos (art. 280), Formosa (art. 286), La Pampa (art.
263), Misiones (art. 286), Neuquén (ley 1406,art. 1º), Río Negro (art. 286),
Santa Fe (art. 567), Santa Cruz (ley 1687,art. 4º) y Santiago del Estero
(art. 297) en diez días; los de Salta (art. 285) y Tucumán (art. 751) en cinco
días; y el de San Luis establece el plazo de tres días para la interposición
y un término de diez días para la fundamentación (art. 289).
Se trata en todos los casos de plazos perentorios(87), que no
se interrumpen a raíz de la promoción de un incidente de nulidad(88)ni por
la interposición de recursos declarados improcedentes(89).
c) En lo que concierne a las formas, la mayoría de los Códigos
argentinos exige que el tipo de recurso examinado se interponga y
fundamente en el acto de interposición. En cambio, el Código de San Luis
escinde esos actos, debiendo fundarse el recurso luego de la interposición
y concesión (art. 289).
Frente a la hipótesis de que se deduzca más de un
recurso extraordinario, algunos ordenamientos, receptando los principios
de concentración y preclusión (consumación), exigen la interposición
conjunta, no admitiéndose la deducción de otro o la ampliación o
modificación posterior (Chaco, dec.-ley 1407/1962,art. 47; Mendoza, art.
145; San Juan, ley 2275,art. 2º).
"El escrito por el que (el recurso) se deduzca —prescribe el art. 279,
párrafo final, del Código de Buenos Aires— deberá contener, en términos
claros y concretos, la mención de la ley o de la doctrina que se repute
violada o aplicada erróneamente en la sentencia, indicando igualmente en
qué consiste la violación o el error". Contienen textos similares los Códigos
de Catamarca (art. 299), Chaco (dec.-ley 1413/1963,art. 8º), Chubut (art.
289), Entre Ríos (art. 280, párr. 2º), Jujuy (art. 238), La Pampa (art. 263),
Misiones (art. 297), Neuquén (ley 1406,art. 16), Río Negro (art. 286, último
párrafo)(90), Santa Cruz (ley 1687,art. 4º, inc. a])(91), Santiago del Estero
(art. 298)(92)y Tierra del Fuego (art. 290). El Código de Corrientes no
contiene exigencias específicas, limitándose a expresar que el recurso
debe fundarse necesariamente en la violación o errónea aplicación de la
ley (art. 278), pero no cabe duda de que la carga de fundamentación que
se comenta también debe asumirse en esta provincia.

171 
 
Los restantes Códigos vigentes regulan el tópico en términos diversos.
El de San Luis dispone que en el escrito de fundamentación se expresará
claramente la circunstancia por la que se recurre, debiendo resultar de sus
propias manifestaciones la procedencia del recurso (art. 291). El de
Tucumán establece que el escrito deberá bastarse a sí mismo, tanto en la
relación completa de los puntos materia de agravio como en la cita de las
normas que se pretenden infringidas, exponiendo las razones que
fundamenten la afirmación y la doctrina que, a criterio del recurrente, sea
la correcta (art. 751). Con mayor minuciosidad, el art. 161 del Código de
Mendoza prescribe que en el recurso debe señalarse, clara y
concretamente, cuál de los incisos del art. 159 contempla el caso; cuál es
la finalidad perseguida y qué parte de la resolución se pretende que sea
casada; cuál es la ley o norma explicitada que no correspondía o que
correspondía aplicar o en qué consiste la errónea interpretación legal; en
qué forma la errónea aplicación o interpretación de la norma ha
determinado que la resolución sea contraria a las pretensiones del
recurrente; y la jurisprudencia de la Corte sobre el caso (íd., art. 16, ley
2275 de San Juan). En la misma línea, el Código de La Rioja exige
la indicación precisa de la resolución que se recurre, justificando que se
ha anunciado el recurso de casación dentro del plazo de tres días de la
notificación; puntualizar si se pretende la casación total o parcial de la
sentencia y, en este supuesto, qué parte de ella; además, señalar los
motivos y las normas que se estimen infringidas o erróneamente
aplicadas, expresando los argumentos demostrativos y, en su caso,
acompañar los instrumentos en que se funda la errónea apreciación de la
prueba (art. 259).
Los Códigos de Catamarca (art. 299), Misiones (art. 297) y Neuquén
(ley 1406,art. 16) agregan que, si se invoca la arbitrariedad o la
gravedad institucional, el recurso deberá exponer de qué forma se
configuran; requisito que corresponde considerar exigible en las restantes
provincias cada vez que se invoquen estas doctrinas o la del absurdo(93).
El recurso, por lo tanto, debe bastarse a sí mismo, siendo carga de
quien lo interpone no sólo la de impugnar explícitamente las razones
jurídicas que sustentan la sentencia, sino también la de citar y demostrar
cuál es la norma que debió aplicarse o cuál es el alcance que corresponde
asignar a la norma aplicada(94), explicando en qué sentido habría variado
la conclusión del fallo en el caso de rectificarse los errores denunciados(95).
Va de suyo que el recurso es insuficiente si omite efectuar una crítica
razonada y concreta de las motivaciones esenciales de la sentencia(96), o
sólo ataca uno de los fundamentos de aquélla y omite impugnar otro u
otros que son suficientes para sustentarla(97). Asimismo, no configura
fundamentación idónea del recurso la remisión a lo expresado en escritos
presentados con anterioridad(98), o a otros recursos(99), o a las opiniones
vertidas por los jueces de las instancias ordinarias(100), ni la reserva de
motivar la impugnación en la posterior memoria(101).

172 
 
A su turno, los regímenes que contemplan el recurso analizado frente a
la existencia de precedentes jurisprudenciales contradictorios, requieren el
cumplimiento de cargas procesales específicas en cuanto a la forma;
algunas de ellas también están impuestas en los ordenamientos adscriptos
al otro sistema, que prevén especialmente esta causal.
Los Códigos de Formosa (art. 281) y Salta (art. 279), a la manera del
Código de la Nación, exigen que el precedente de la sala del tribunal haya
sido invocado con anterioridad al pronunciamiento recurrido(102); luego, al
fundar el recurso de inaplicabilidad de ley, debe individualizarse dicho
escrito (Formosa, art. 285; Salta, art. 284).
En la totalidad de los ordenamientos, es menester señalar en forma
precisa la contradicción que habilita la procedencia del recurso(103).
Adicionalmente, a los fines de la admisibilidad, el Código de Santa Fe
establece que debe acompañarse copia autorizada de la resolución
anterior invocada (art. 567); como alternativa, el de Córdoba permite citar
con precisión la publicación especializada de amplia difusión donde fue
íntegramente reproducida (art. 385)(104).
Pero mientras que en los Códigos de Formosa (art. 285) y Salta (art.
284), a los fines de la suficiencia del recurso basta con poner de resalto en
forma precisa la contradicción, el de Santa Fe (art. 567) dispone que el
recurrente debe citar las normas violadas o erróneamente aplicadas(105); y
el Código de Córdoba, mediante técnica más ajustada a la naturaleza del
recurso de casación, dispone que el escrito deberá contener la aplicación
o interpretación de derecho pretendida y los argumentos sustentadores
(art. 385, incs. 1º y 2º).
Es evidente que, aunque no se erija en recaudo de admisibilidad la
argumentación destinada a sostener la doctrina que el recurrente pretende
que se aplique al caso, resulta siempre aconsejable que se desarrollen los
argumentos de derecho encaminados a lograr la adhesión del órgano
judicial a dicha doctrina.
Por fin, el Código de Santa Fe (art. 566, inc. 1º) impone la carga de
demostrar que la doctrina contradictoria sentada en el pronunciamiento
recurrido ha influido sustancialmente en el dispositivo que ocasiona
perjuicio(106). Empero, dicha carga debe considerarse
implícitamente exigible en todos los ordenamientos enrolados en este
sistema, toda vez que permite tener por configurado el interés procesal
específico para recurrir.
Los Códigos que prevén la interposición directa ante el órgano que ha
de conocer del recurso exigen, aparte de la fundamentación, requisitos
adicionales que guardan coherencia con ese sistema. Tal, por ejemplo, el
de Mendoza, cuyo art. 144, párr. 2º, prescribe que "deberá transcribirse
fielmente la resolución en contra de la cual se recurre y mencionarse las
demás actuaciones del expediente que se vinculen directamente con el
recurso". Los Códigos de La Rioja (art. 259), Jujuy (art. 238, inc. 3º) y San
173 
 
Juan (ley 2275,art. 3º, inc. 2º), disponen por su parte que el recurso debe
ser acompañado del testimonio de la sentencia recurrida.
Cuando la sede del órgano judicial que dictó la sentencia recurrida no
coincide con el lugar de asiento del superior tribunal, pesa sobre el
recurrente la carga de constituir domicilio; pero la inobservancia sólo
acarrea la notificación automática de las resoluciones judiciales(107).
Fuera de ello, los distintos ordenamientos procesales
requieren, explícitamente, la agregación de copias para el traslado que
corresponde conferir a la parte recurrida(108).
Asimismo, buena parte de los Códigos provinciales condicionan la
admisibilidad formal del recurso examinado a un depósito en dinero, cuya
realización debe comprobarse mediante la boleta que corresponde
acompañar juntamente con la interposición de aquél.
De acuerdo con algunos de esos ordenamientos, el monto del depósito
representa un porcentaje del valor del juicio, aunque un sector de ellos
establece cantidades mínimas y máximas. El art. 280 del Código de
Buenos Aires prescribe que el recurrente, al interponerlo, acompañará un
recibo del Banco de la Provincia del que resulte haberse depositado a
disposición del tribunal una cantidad equivalente al 10% del valor del litigio,
que en ningún caso podrá ser inferior a 100 jus arancelarios, ni exceder de
500 jus arancelarios, agregando que si el valor del litigio
fuera indeterminado o no susceptible de apreciación pecuniaria, el
depósito será de 100 jus arancelarios(109). El mismo porcentaje establecen
los Códigos de Jujuy (art. 237), Río Negro (art. 287)(110), Santa Cruz (ley
1687,art. 4º, inc. d])(111), Chaco (dec.-ley 1413/1962,art. 9º) y Entre Ríos
(art. 280), aunque los dos últimos circunscriben la carga de depositar a los
supuestos en que el recurso se deduzca respecto de sentencia
confirmatoria(112). La Pampa (art. 264) y Neuquén (ley 1406,art. 2º) lo fijan
en un 5%(113), Chubut en un 3% (art. 289, inc. d]), Mendoza en un 2% (art.
146), Catamarca en un 1% (art. 300)(114)y San Juan en un doce por mil (ley
2275,art. 3º).
En cambio, el Código de Misiones establece que el depósito debe ser
equivalente a la mitad del salario mínimo, vital y móvil (art. 286) y el de
San Luis, al 30% de un sueldo del jefe de despacho (art. 290). Por último,
mientras el de Santiago del Estero se limita a fijar una suma de dinero (art.
300), los Códigos de Corrientes (art. 272) y Tucumán (art. 752) han
delegado al Superior Tribunal la determinación periódica del monto del
depósito.
No tienen obligación de depositar, según el art. 280 del Código de
Buenos Aires, quienes gocen del beneficio de litigar sin gastos(115), los
representantes del Ministerio Público y las personas que intervengan en el
proceso en virtud de nombramiento de oficio o por razón de un cargo
público(116). Análoga exención consagran otras leyes provinciales(117).

174 
 
El fundamento del depósito previo consiste en la necesidad de evitar
la interposición de recursos motivados por actitudes apresuradas o
dilatorias(118), restringiendo aquéllos a la limitada finalidad para la cual han
sido instituidos(119). En cuanto a su naturaleza, constituye, como dice
Podetti, una "tasa condicional de justicia"(120), ya que el recurrente tiene
derecho a la restitución de la suma depositada frente a los supuestos que
se analizarán más adelante (supra nro. 749).
Conforme a lo dispuesto en el art. 280 del Código de Buenos Aires la
omisión o insuficiencia del depósito no determinan sin más
la inadmisibilidad de la impugnación extraordinaria, por cuanto
previamente debe intimarse al recurrente para que dentro del plazo de
cinco días subsane el defecto, bajo apercibimiento de denegar el recurso
o declararlo desierto, según que el requerimiento provenga de la alzada o
de la Suprema Corte; la intimación se notifica por cédula, con indicación
del monto a depositar(121). Disposiciones semejantes contienen los
ordenamientos de Catamarca (art. 292), Corrientes (art. 272), Mendoza
(art. 146)(122)y Río Negro (art. 287).
En relación con los restantes regímenes vigentes,
corresponde interpretar que la boleta respectiva debe agregarse dentro del
plazo para recurrir(123), siendo tal criterio aplicable a la ampliación del
depósito realizado en forma insuficiente(124).
Para determinar el valor del litigio a los fines de calcular el monto del
depósito, la jurisprudencia, atendiendo a la naturaleza del objeto de la
pretensión y del recurso, ha sentado diversas pautas que se analizaron en
la nota número 15 del presente capítulo, y a cuyo contenido cabe por lo
tanto remitir.

III. RECURSO DE CASACIÓN POR DEFECTOS PROCESALES(125)

664. Concepto
a) El recurso de casación por defectos procesales es aquel que tiende
a obtener la invalidación de sentencias dictadas o de procedimientos
sustanciados con inobservancia de determinados requisitos establecidos
bajo pena de nulidad, siempre que el vicio no se haya convalidado en el
curso de las instancias ordinarias.

175 
 
A diferencia del recurso por errores de juicio, cuyo objeto consiste en
asegurar la corrección jurídica de la sentencia desde el punto de vista de
la aplicación de las normas que conceptualizan el supuesto de hecho
sometido a decisión, y en subsanar los defectos de juzgamiento (errores in
iudicando) de que puede adolecer el pronunciamiento sobre el fondo del
asunto, el recurso de casación que ahora se examina se halla encaminado
a fiscalizar la regularidad de la actividad procesal desplegada sea en la
construcción de la sentencia o en el desarrollo de los procedimientos, y en
rectificar las desviaciones producidas en ese aspecto (errores in
procedendo)(126).
b) No es aplicable a esta modalidad de la casación el principio referente
a la intangibilidad de las cuestiones de hecho, pues el tribunal competente
para conocer del recurso debe necesariamente examinar las modalidades
fácticas de la actividad procesal cuya irregularidad se denuncia(127).
c) La propia índole del recurso analizado impone al tribunal de casación
el ejercicio de una competencia negativa, es decir, circunscripta a la
anulación de la sentencia o de los procedimientos irregulares y al
consecuente reenvío al tribunal inferior, o a otro, a fin de que pronuncie,
observando los requisitos quebrantados, una nueva sentencia sobre el
fondo del asunto, o para que, en su caso, sustancie nuevamente el
procedimiento a partir del acto declarado nulo. Sin embargo, como se verá
más adelante, la legislación argentina no es uniforme sobre este aspecto,
ya que parte de los ordenamientos no admiten el reenvío cuando se trata
de la nulidad de la sentencia.
d) Cuadra advertir que algunos Códigos, como ocurre con los vigentes
en Formosa y Salta, no implementan un recurso extraordinario por
irregularidades procesales ni esta modalidad puede considerarse
comprendida en el ámbito de los recursos expresamente regulados(128).
El Código de Entre Ríos, en cambio, si bien no alude explícitamente a
errores in procedendo, desde que recepta la "violación de la ley" como
motivo del recurso extraordinario, cabe interpretar que esa causal
comprende la infracción de las normas que instituyen los requisitos de
validez de las sentencias definitivas. La misma hermenéutica puede
efectuarse en Catamarca; pero como el ordenamiento contempla, además,
como causal del recurso de casación la arbitrariedad de la sentencia por
no reunir las condiciones mínimas necesarias para satisfacer
adecuadamente el derecho a la jurisdicción, los errores graves de
actividad también pueden canalizarse por esta vía.

665. Requisitos subjetivos


176 
 
a) Son aplicables al tema las consideraciones vertidas supra nro. 662,
con respecto al recurso de casación por errores de juicio, con la salvedad
de que los Códigos de Buenos Aires (art. 297), La Pampa (art. 262),
Misiones (art. 299) y Santiago del Estero (art. 845) no supeditan la
admisibilidad de la impugnación al requisito consistente en que el valor del
pleito exceda determinada cuantía económica.
Asimismo, corresponde destacar que el Código de Mendoza habilita
a interponer el recurso de inconstitucionalidad a los terceros contra
quienes se intenta ejecutar una resolución dictada en un proceso en el que
no fueron citados como partes (art. 150, inc. 5º).
b)Conforme al sistema en cuya virtud el recurso persigue la invalidación
de actos procesales que anteceden al dictado de la sentencia, algunos
ordenamientos consagran como requisito de admisibilidad subjetivo, a la
par del interés para recurrir derivado de la derrota, la concurrencia
del interés específico que debe acreditarse en materia de nulidades. En
ese sentido, el Código de Córdoba dispone que el recurso no procede
cuando el acto, pese a la irregularidad, hubiere logrado la finalidad a que
estaba destinado o no afectare la defensa en juicio; recepta, además, el
principio de protección en materia de nulidades, disponiendo
la inadmisibilidad del recurso cuando el impugnante hubiere concurrido a
producir el quebrantamiento de las formas (art. 383, inc. 1º). En términos
semejantes está concebido el art. 257, inc. 2º, del Código de La Rioja. Y
en la misma línea, el Código de Santa Fe requiere que la violación de las
formas haya influido directamente restringiendo o anulando la defensa (art.
565).
El recaudo resulta también exigible en los cuerpos normativos que
circunscriben el recurso a los vicios instalados en la sentencia definitiva, al
menos respecto de algunas causales de nulidad —v.gr., falta de
fundamentación y omisión de cuestiones—. El Código de Río Negro, por
ejemplo, prescribe que la violación de las normas que regulan las formas
que deben observar las resoluciones judiciales acarrea la nulidad en la
medida en que el vicio genere indefensión (art. 296, inc. 3º). Un precepto
semejante contiene el dec.-ley 1407/1962 de la provincia del Chaco (art.
26, inc. 3º). Los ordenamientos de Neuquén (ley 1406,art. 19) y Misiones
(art. 300) recogen el principio de protección, sentando la inadmisibilidad
del recurso cuando el vicio se haya producido por acción u omisión del
recurrente. Y la Suprema Corte de Justicia de Buenos Aires tiene decidido
que la falta de fundamentación legal es idónea para reclamar la nulidad
del pronunciamiento definitivo, siempre que haya impedido o dificultado
la interposición del recurso extraordinario de inaplicabilidad de ley(129), y
que carece de interés jurídico el recurrente que deduce el recurso para
subsanar la omisión de una cuestión esencial planteada por la parte
contraria(130).

177 
 
666. Requisitos objetivos

A) Causales del recurso


a) Mientras algunos Códigos argentinos erigen en causales de este
recurso a determinados vicios de que adolece la sentencia en sí misma,
otros las extienden a defectos ocurridos con anterioridad al
pronunciamiento de aquélla.
b) Entre los ordenamientos incluidos en el primero de los grupos citados
se encuentran los Códigos de Buenos Aires, Chaco, Corrientes, La
Pampa, Misiones, Neuquén, Río Negro, Santiago del Estero y
Tucumán, aunque entre éstos existen diferencias relacionadas tanto con
la designación acordada al recurso cuanto con las concretas causales que
supeditan su admisibilidad y, en este último aspecto, mientras algunos
comprenden la ausencia de cualquiera de los requisitos que condicionan
la validez de la sentencia definitiva, otros circunscriben los motivos a
la inobservancia de parte de esos recaudos, que enumeran taxativamente.
De tal suerte, conforme a la regulación amplia, constituyen motivos de
impugnación la omisión de acuerdo y voto individual de los jueces que
componen el tribunal colegiado (incluida la ausencia de firma de los
miembros que figuran concurriendo al acto), la inexistencia de mayoría de
opiniones, la falta de fundamentación y la incongruencia, sea por exceso
o defecto. Dentro de este régimen se encuentran el recurso extraordinario
de La Pampa (art. 261, inc. 2º)(131), los recursos de nulidad extraordinarios
de Misiones (art. 299)(132)y Neuquén (ley 1406,art. 18)(133), los recursos de
casación de Río Negro (art. 286)(134)y Tucumán (arts. 750 y 761)(135)y los
recursos de inconstitucionalidad de Chaco (dec.-ley 1407/1962,art.
26, inc. 3º)(136)y Santiago del Estero (art. 844, inc. 3º)(137).
De acuerdo con lo anticipado supra, nro. 664, los Códigos de
Catamarca y Entre Ríos no contienen previsiones específicas respecto del
tipo de casación analizado. Sin embargo, el art. 276 del Código entrerriano
contempla como causal del recurso de inaplicabilidad la "violación de la
ley", comprendiendo de esta manera la infracción de las normas que
prevén los recaudos que incumbe observar a los órganos judiciales en
ocasión de dictar la sentencia definitiva, entre los que se encuentran los
recordados más arriba(138). Esta conclusión es susceptible de extenderse
al régimen vigente en Catamarca, pues debe interpretarse que el recurso

178 
 
de casación comprende también la violación de la ley(139); de todos modos,
en razón de que en dicho régimen se prevé, además, como motivo del
recurso, la arbitrariedad de la sentencia (art. 298, inc. 3º), esta
impugnación resulta ciertamente apropiada para denunciar vicios que
afectan al pronunciamiento en sí mismo, tales como la ausencia de
mayoría de opiniones, la falta de fundamentación y la incongruencia
por exceso o defecto.
El Código de Buenos Aires lo denomina de "nulidad extraordinario"(140),
y el recurso procede "cuando las sentencias definitivas de las Cámaras de
Apelación o tribunales colegiados de instancia única hayan sido dictadas
con violación de las exigencias previstas por los arts. 168 y 171 de la
Constitución de la Provincia" (art. 296).
El art. 168 de la mencionada Constitución impone a los tribunales de
justicia el deber de "resolver todas las cuestiones que les fueren sometidas
por las partes, en la forma y plazo establecidos al efecto por las leyes
procesales", agregando que "los jueces que integran los tribunales
colegiados deberán dar su voto en todas las cuestiones esenciales a
decidir", y que "para que exista sentencia debe concurrir mayoría de
opiniones acerca de cada una de ellas". A su turno, el art. 171 del mismo
ordenamiento prescribe "que las sentencias que pronuncien los jueces y
tribunales letrados serán fundadas en el texto expreso de la ley; y a falta
de éste, en los principios jurídicos de la legislación vigente en la materia
respectiva, y en defecto de éstos en los principios generales del derecho,
teniendo en consideración las circunstancias del caso".
De las normas constitucionales transcriptas se infiere que la legislación
procesal de la provincia de Buenos Aires eleva a la categoría de causales
del recurso de casación por defectos procesales, a las tres siguientes: 1º)
omisión de tratamiento de una cuestión esencial; 2º) inexistencia de
acuerdo y voto individual y ausencia de mayoría de opiniones
concordantes de los jueces componentes del órgano con respecto a la
solución de cada una de esas cuestiones; 3º) falta de fundamentación
legal. Cualquier otro defecto procesal de la sentencia es ajeno al área del
recurso(141), el que tampoco procede respecto de nulidades de
procedimiento anteriores al pronunciamiento definitivo(142).
En lo que atañe a la causal señalada con el nro. 1, constituye "cuestión
esencial" cuya omisión autoriza el recurso toda aquella que es susceptible
de gravitar en la solución final del proceso(143), como pueden ser, v.gr., una
de las pretensiones acumuladas por el actor, ciertos fundamentos de la
pretensión o alguno de los objetos reclamados(144), o una defensa opuesta
por el demandado(145). Siempre, desde luego, que tales cuestiones hayan
sido planteadas admisiblemente por el recurrente en las instancias de
grado. Contrapuestamente, el vencedor no tiene la carga de replantear las
cuestiones desestimadas, desplazadas u omitidas por el juez de
primera instancia; la Cámara de Apelaciones debe considerar de oficio

179 
 
tales planteos si decide estimar el recurso de la contraparte, y si no lo
hace incurre en la causal de nulidad que nos ocupa(146).
En cambio, no revisten el carácter de esenciales, los argumentos de
hecho, de prueba y de derecho invocados por las partes en apoyo de sus
pretensiones u oposiciones(147), los planteos de nulidad de las
actuaciones(148), las cuestiones accesorias(149), y las excluidas del debate
por razón de su extemporaneidad(150)o por no haber sido clara y
concretamente planteadas en la demanda o contestación(151).
Asimismo, el recurso no procede cuando la cuestión que se sostiene
omitida ha sido expresamente tratada(152)o ha merecido respuesta
implícita y negativa(153), cualquiera fuere el acierto jurídico de la decisión;
tampoco, cuando la omisión no deriva del descuido o inadvertencia del
juzgador, sino de la convicción expresada en la sentencia de que la
cuestión no puede o no debe ser tratada(154), o cuando su consideración
ha sido desplazada por la solución acordada a otra que lógicamente
la excluye(155).
La causal más arriba señalada con el nro. 2, supone, en primer lugar,
como surge del texto del art. 168 de la Constitución local, que la sentencia
haya sido dictada mediante previo acuerdo y voto individual de los
jueces integrantes del órgano judicial respectivo, siendo, por lo
tanto, inválida la pronunciada en forma impersonal(156), aunque no
comporta violación de la norma constitucional citada el hecho de que uno
de los jueces que suscriben el fallo no funde su voto y se limite a adherir a
las razones expuestas por el que lo precedió en la votación(157). Pero
entraña infracción a dicho precepto la no emisión de voto individual,
fundado o de adhesión, por parte de uno de los jueces presentes en el
acuerdo, aunque el resto haya votado coincidentemente formando
mayoría(158).
Luego, acarrea nulidad la inexistencia de mayoría de votos
concordantes en los fundamentos y en las conclusiones; no basta, por lo
tanto, que exista mayoría de opiniones sobre la solución del caso en un
determinado sentido, sino que es necesaria, además, la concordancia de
fundamentos(159).
Finalmente, de acuerdo con la tercera de las causales ya indicadas
(ausencia de fundamentación), el recurso procede frente a las sentencias
que aparecen desprovistas de toda referencia a los preceptos legales o a
los principios jurídicos en que se basan, al extremo de impedir la
eficaz interposición del recurso de inaplicabilidad de la ley(160). Encuadran
asimismo en la causal examinada las sentencias que se limitan a formular
una invocación genérica de la ley, prescindiendo de la indicación de las
concretas normas aplicadas(161), o que se circunscriben a citar dispositivos
palmariamente inatingentes(162). Asimismo, si bien el recurso
es inadmisible cuando el pronunciamiento se halla legalmente fundado en
su conjunto, aunque se omitan citar las normas correspondientes en cada

180 
 
uno de sus considerandos o conclusiones(163), si el fallo resuelve dos o
más cuestiones esenciales autónomas o netamente separables, cada una
de ellas debe encontrarse fundada en ley(164). Contrariamente, el recaudo
de validez se encuentra satisfecho sea que el fundamento normativo se
encuentre en los votos individuales vertidos en el acuerdo o en la parte
dispositiva de la sentencia(165). Por otra parte, no generan nulidad la exigua
justificación de la selección y la aplicación de la norma citada(166)y
la insuficiencia de la cita legal por falta de indicación de otro u otros
preceptos(167). Tampoco la ausencia de cita legal es suficiente para fundar
el recurso de nulidad extraordinario cuando, en virtud de las modalidades
del fallo impugnado, puede individualizarse el precepto a que aquél se
refiere(168).
Por último, el Código de Corrientes (art. 285) regula el recurso de
nulidad extraordinario para reparar el vicio de incongruencia, sea
por exceso o por defecto, la ausencia de mayoría de opiniones respecto
de las cuestiones esenciales(169)y, en términos generales, la falta de
fundamentación, aprendiendo así tanto la ausencia de motivación fáctica
como legal(170).
c) Entre los Códigos argentinos que erigen en causales del
recurso examinado tanto a los defectos procesales de la sentencia cuanto
a los ocurridos durante el procedimiento que la precedió, figuran los de
Chubut, Córdoba, Jujuy, La Rioja, Mendoza, San Juan, San Luis, Santa
Cruz, Santa Fe y Tierra del Fuego, aunque no existe uniformidad en orden
a la denominación y al número de remedios implementados(171).
Estas legislaciones, empleando fórmulas genéricas, receptan como
fundamento del recurso los errores de actividad instalados en la sentencia
definitiva o resolución equiparada, aunque algunas, redundantemente,
refieren a la ausencia de ciertos recaudos de validez en particular.
Pero se distinguen de los ordenamientos analizados en el acápite
anterior, por cuanto contemplan los vicios que anteceden al
pronunciamiento definitivo sometido a recurso; es decir, los que pueden
afectar a resoluciones no definitivas a los fines de los
remedios extraordinarios (providencias o decretos, interlocutorias o autos)
o a otros actos procesales (v.gr., notificaciones, audiencias)(172).
En cuanto a los defectos procesales que atañen a la sentencia, hay
textos normativos concebidos en términos generales, comprendiendo, así,
como causales del recurso, la ausencia de cualquiera de los requisitos de
validez de la sentencia definitiva. Son los de La Rioja (art. 257, inc. 2º)(173),
San Juan (art. 12, inc. 3º, ley 2275)(174)y Tierra del Fuego (art. 287, inc.
3º)(175).
Y otros Códigos, si bien regulan el recurso de manera amplia, aludiendo
a la violación de las formas y solemnidades sustanciales prescriptas para
la sentencia o fórmulas similares, contemplan, en particular,
la inobservancia de algunos requisitos de validez del pronunciamiento
181 
 
definitivo. Así, Chubut (art. 287)(176), Córdoba (art. 383, inc. 1º)(177), Jujuy
(art. 234)(178), Mendoza (art. 150, inc. 4º)(179), San Luis (art. 921 inc. 6º)(180),
Santa Cruz (ley 1687,art. 2º)(181)y Santa Fe (art. 564, inc. 1º)(182).
En lo que se refiere a los vicios anteriores a la sentencia definitiva sujeta
a recurso extraordinario, todos estos ordenamientos consagran,
naturalmente, contenidos dogmáticos abiertos.
En efecto, Mendoza (art. 150, inc. 3º) y San Juan (ley 2275,art. 11, inc.
3º) autorizan el recurso de inconstitucionalidad cuando una resolución
haya sido pronunciada en violación del derecho de defensa(183). Y San
Luis, el de revisión cuando la sentencia se dicte sin audiencia de partes
(art. 921, inc. 5º).
La Rioja establece como causal del recurso de casación la violación u
omisión de las formas procesales establecidas en el Código (art. 257, inc.
2º).
Los ordenamientos de Chubut (art. 288), Córdoba (art. 383, inc. 1º),
Jujuy (art. 234, inc. 1º) y Santa Cruz (ley 1687,art. 2º), con mayor
especificidad, refieren a la violación de las formas y solemnidades
sustanciales prescriptas para el procedimiento. Y el de Santa Fe a
la inobservancia manifiesta de las formas sustanciales para el trámite de
la causa (art. 564, inc. 1º).
Empleando otra fórmula, Tierra del Fuego erige como fundamento del
recurso de casación a la infracción o errónea aplicación de normas de
procedimiento que sean esenciales para la garantía del debido proceso
(art. 287.3).
En general, para que estos vicios sean susceptibles de ser revisados en
sede de casación, es menester que resulten trascendentes, esto es, que,
a la postre, sean determinantes del agravio que provoca la sentencia
definitiva, o que, verosímilmente, la reparación, nulidad mediante, sea
capaz de provocar un pronunciamiento de contenido diverso(184).
Mas cabe alguna aclaración. En realidad, cuando de vicios anteriores al
dictado de la sentencia definitiva se trata, el recurso de casación propone
a conocimiento del Superior Tribunal los errores de juicio, fácticos o
jurídicos, que cometió el órgano judicial de segunda instancia o
de instancia única al resolver el originario planteo de nulidad. Y ello es así,
por cuanto en estas provincias, al igual que en las restantes, las nulidades
procesales, por regla, son relativas, y requieren la interposición de un
recurso ordinario si lo viciado es una resolución, o la promoción
del incidente en la instancia en que se produjo la irregularidad si se
impugnan otros actos procesales; y tanto el recurso como la
pretensión incidental exigen, entre los requisitos de admisibilidad, que el
vicio no se encuentre consentido(185). Y como los recursos de casación de
esta naturaleza también están sometidos a idéntico recaudo de
admisibilidad (que el vicio no haya sido convalidado expresa o

182 
 
tácitamente), cuando el proceso trepa a sede de casación, el recurso o
el incidente de nulidad ya han sido resueltos en las instancias de grado.
De modo que los Superiores Tribunales conocen del error de actividad a
través de la alegación crítica del contenido de la resolución que decidió el
planteo de nulidad; acto de alegación que pone de resalto los errores de
juicio en el juzgamiento de los vicios denunciados.
Pero la circunstancia de que los errores de actividad anteriores estén
comprendidos en el recurso de casación, permite que el Superior Tribunal,
al revisar el error de juicio que cometieron los órganos judiciales de grado,
pueda penetrar en el terreno de los hechos sin necesidad de invocación y
demostración de arbitrariedad o absurdo(186).
Lo expuesto conviene tanto a los supuestos en que la revisión de los
errores de actividad se intente indirectamente mediante el recurso de
casación contra la sentencia definitiva o directamente contra la resolución
de grado que resuelve el planteo de nulidad. Es que, también en este
sistema puede acontecer que la decisión que culmina el incidente de
nulidad sea definitiva desde la óptica de los recursos extraordinarios, en
cuyo caso el justiciable no debe esperar el dictado de la sentencia, sino
que tendrá que deducir el remedio contra la interlocutoria respectiva(187).
Los únicos supuestos en que el recurso extraordinario puede proponer
originariamente, por vez primera, a conocimiento del órgano de casación
errores de actividad que exhibe el procedimiento anterior a la sentencia
definitiva, son aquellos en que el recurrente toma conocimiento del vicio
con posterioridad a la resolución impugnada, y cuando están involucradas
nulidades absolutas, insubsanables, que, dicho sea de paso, sólo el
Código de Santa Fe, adscripto a este sistema, las
contempla explícitamente(188).

B) Resoluciones recurribles
Como ocurre con el recurso de casación por errores de juicio, son
susceptibles del recurso analizado las sentencias definitivas que reúnan
los requisitos enunciados supra, nro. 662, lugar al que corresponde remitir
en virtud de ser aplicables al caso todas las consideraciones
allí expuestas. Disposiciones diversas contienen el Código de Córdoba,
que en esta materia admite el recurso de casación contra las sentencias
definitivas, los autos que pongan fin al proceso, hagan imposible su
continuación o causen un gravamen irreparable (art. 384), y el de
Mendoza, que autoriza el recurso de inconstitucionalidad contra las
resoluciones que pongan término a la cuestión en forma irrevisible en
las instancias ordinarias (art. 150)(189).
183 
 
667. Requisitos de lugar, tiempo y forma
a) Tal como ocurre con el recurso de casación por errores de juicio, la
mayoría de los ordenamientos procesales vigentes disponen que el
recurso debe interponerse ante el órgano que dictó la sentencia, en tanto
que los de Jujuy (art. 238), La Rioja (art. 258, inc. 1º) San Juan (ley
2275,art. 2º) y San Luis (art. 924) establecen que corresponde cumplir el
acto en la sede del tribunal funcionalmente encargado de conocer en la
impugnación. El de Mendoza, si bien prevé la interposición directa ante la
Suprema Corte, faculta a deducir el recurso ante su delegación
administrativa que por circunscripción judicial corresponda (art. 146).
b) En cuanto al plazo de interposición, lo fijan en quince días los
Códigos de Córdoba (art. 385), Jujuy (art. 238)(190), Mendoza (art. 146)
y Tierra del Fuego (art. 288); el de San Juan en diez y quince días, según
que el proceso corresponda a la primera o segunda circunscripción
territorial, respectivamente (ley 2275,art. 2º); el de La Rioja, en quince días
si se impugna una sentencia definitiva, y seis días si se trata de auto (art.
258, inc. 1º)(191); en diez días los Códigos de Buenos Aires (art. 297),
Catamarca (art. 289), Chaco (dec.-ley 1407/1962,art. 27)(192), Chubut (art.
289), Corrientes (art. 278), Entre Ríos (art. 280), La Pampa (art. 286),
Misiones (art. 286), Neuquén (ley 1406,art. 2º), Río Negro (art. 286), Santa
Cruz (ley 1687,art. 4º) y Santa Fe (art. 567); y en cinco los de San Luis
(art. 925), Santiago del Estero (art. 845) y Tucumán (art. 751).
c) En lo concerniente a la dimensión formal, todos los Códigos
anteriormente mencionados imponen a la parte interesada la carga de
fundamentar el recurso en el acto de interposición(193).
Algunos ordenamientos, previendo la posibilidad de que el recurrente
se agravie por errores de juicio y defectos procesales receptan los
principios de concentración y preclusión en su aspecto de consumación,
disponiendo que ambos recursos deben interponerse conjuntamente, no
admitiéndose la deducción, ampliación o modificación con posterioridad
(Chaco, dec.-ley 1407/1962,art. 47; Mendoza, art. 145; San Juan, ley
2275,art. 2º)(194).
Los Códigos que requieren la interposición del recurso ante el órgano
judicial encargado de resolverlo imponen la carga adicional de transcribir
fielmente la resolución recurrida (Mendoza, art. 146) o acompañar
testimonio de ella (Jujuy, art. 238, inc. 1º; La Rioja, art. 259; San Juan, ley
2275,art. 3º, inc. 2º)(195).

184 
 
Exigen depósito previo como requisito de admisibilidad del recurso los
Códigos de Catamarca (art. 300), Corrientes (art. 287), Chubut (art.
289, inc. d]), Entre Ríos (art. 280), La Pampa (art. 264), Jujuy (art. 237), La
Rioja (ley 3288), Mendoza (art. 146), Misiones (art. 286), Neuquén (ley
1406,art. 2º), Río Negro (art. 287), San Juan (ley 2275,art. 3º, inc. 3º), San
Luis (art. 927), Santa Cruz (ley 1687,art. 4º, inc. d]), Santiago del Estero
(art. 845) y Tucumán (art. 752). A estos ordenamientos les son aplicables
las consideraciones expuestas supra nro. 663.

IV. RECURSO DE INCONSTITUCIONALIDAD(196)

668. Concepto
a) El recurso de inconstitucionalidad configura, en términos generales,
y sin perjuicio de las precisiones que se formularán más adelante, el
remedio acordado para impugnar las sentencias definitivas de
última instancia que hayan decidido un caso constitucional, entendiéndose
por tal a aquel que versa sobre la validez o invalidez de una norma
cuestionada como contraria a las constituciones, nacional o provinciales
(cuestión compleja), o sobre la inteligencia de alguna de las cláusulas
contenidas en éstas (cuestión simple).
b) Desde el punto de vista de su naturaleza jurídica, se trata de una
modalidad del recurso de casación por errores de juicio, por cuanto
mediante él se persigue la rectificación de los posibles errores iuris in
iudicando de que puede adolecer la sentencia impugnada al determinar el
alcance de algún precepto constitucional(197), quedando, por
principio, excluidas del conocimiento del tribunal competente las
cuestiones de hecho o de prueba resueltas en las instancias ordinarias.
No obstante, aunque sin desconocerse que el recurso analizado "puede
considerarse una suerte de casación constitucional", se ha dicho que "el
objeto del recurso de inconstitucionalidad es la ley misma, en cuanto a su
validez constitucional: el examen que provoca se refiere a la congruencia
o discordancia de la ley con la Constitución y no puede fundarse, en
principio, en que la sentencia misma sea inconstitucional"; agregándose
que "el objeto del recurso de casación, en cambio, es la sentencia, en
cuanto en ella se interpreta y aplica la ley; en nada influye que esa ley sea
sustantiva y procesal, y que siendo procesal las formas estén establecidas

185 
 
constitucionalmente o no: sólo cuenta cuáles sean las formas
cuya infracción admite el recurso"(198).
A pesar de dejar señalada una significativa variante, resulta objetable la
corrección del raciocinio que respalda a la opinión precedentemente
referida. Objeto del recurso de inconstitucionalidad, aun desde la óptica
parcial con que se estudia el problema, no es la ley desde el punto de vista
de su validez constitucional, sino la sentencia que se pronuncia sobre ese
aspecto y emite un juicio relativo a la conformidad o disconformidad entre
normas de distinta jerarquía. La materia sobre que versa el recurso
analizado está dada exclusivamente por la corrección jurídica de ese
juicio, y tal circunstancia es suficiente para calificar a aquél como una
modalidad de la casación por error in indicando(199). La variante que
caracteriza al recurso de inconstitucionalidad con respecto a aquel tipo de
casación estriba en una eventual mayor amplitud de los efectos de la
sentencia dictada por el órgano judicial competente para conocer del
primero, ya que a raíz de la rectificación o ratificación del juicio de derecho
contenido en la sentencia recurrida puede resultar descalificada la validez
de la norma impugnada como contraria a algún precepto constitucional.
Cabe añadir que el argumento comentado pierde todo valor frente a los
casos en que no se ha suscitado conflicto alguno entre una norma y la
constitución, sino un debate circunscripto a la inteligencia de un precepto
contenido en esta última.
c) Todas las Constituciones vigentes en el país prevén el recurso
de inconstitucionalidad y acuerdan competencia para conocer de él a los
órganos judiciales de mayor jerarquía dentro de los respectivos ámbitos
locales(200). Las leyes procesales, por su parte, han reglamentado dicho
medio de impugnación en términos sustancialmente similares. Asimismo,
algunas constituciones provinciales contemplan, junto con el recurso, una
pretensión declarativa de inconstitucionalidad que corresponde sustanciar
en instancia originaria y exclusiva ante los tribunales superiores, y que
procede, de acuerdo con el art. 161, inc. 1º, de la Constitución de la
Provincia de Buenos Aires, al que han seguido sustancialmente las
normas de otras cartas locales, en todos los casos en que los poderes
o autoridades públicas dicten leyes, decretos o reglamentos, y las
partes interesadas comprendidas en sus disposiciones y a quienes deban
aplicarse, se consideren agraviadas por ser contrarias a
derechos, exenciones o garantías constitucionales(201).
A diferencia de la pretensión declarativa de inconstitucionalidad, el
recurso homónimo supone un proceso en trámite y una sentencia que haya
decidido un caso constitucional, es decir, un pronunciamiento acerca de la
validez o invalidez de una norma impugnada como contraria a la
Constitución de la provincia, o del alcance de alguna de las cláusulas
contenidas en ésta. La diferencia entre ambas instituciones también está
dada por la extensión de las potestades del tribunal, pues mientras en el
caso de la pretensión declarativa aquél se halla habilitado tanto para

186 
 
pronunciarse sobre el alcance de las normas constitucionales pertinentes
cuanto para valorar los hechos y las pruebas invocadas en apoyo de
la infracción, si se trata de recurso tal valoración es privativa de los jueces
de las instancias ordinarias e irrevisable por el tribunal(202); no obstante,
como se verá más adelante, si bien ésta es la regla, sea porque la cuestión
de hecho está íntimamente ligada a la de derecho constitucional, ya
porque el órgano judicial de grado incurrió en arbitrariedad o absurdo, el
superior tribunal está habilitado a penetrar en el terreno fáctico(203).

669. Requisitos subjetivos


Son aplicables las consideraciones formuladas supra nro. 661 con
respecto al recurso de casación por errores de juicio. Sólo cabe señalar
que los Códigos de Catamarca (art. 287), Buenos Aires (art. 300), La
Pampa (art. 262), La Rioja (art. 264), Misiones (art. 302), Río Negro (art.
302), Santiago del Estero (art. 844) y Tierra del Fuego (art. 314)
no extienden al recurso de inconstitucionalidad la restricción referida al
monto del pleito.
Asimismo, en punto al interés para recurrir, recuérdese que debe
subsistir en el momento en que el órgano judicial resuelve sobre la
admisibilidad y la fundabilidad del recurso. Y tratándose del
recurso extraordinario de inconstitucionalidad, la desaparición
sobreviniente del interés puede ocurrir por la derogación y sustitución total
o parcial de las leyes y la pérdida de vigencia por el transcurso del tiempo.
En principio, no procede juzgar la validez constitucional de normas que
al momento de dictar sentencia han dejado de regir(204); sea que hayan
sido derogadas(205), sustituidas por otras(206), o agotado su vigencia(207).
Quedan a salvo los casos en que el recurrente conserva un interés
concreto derivado de la subsistencia de efectos definitivamente producidos
por aquellas normas(208).

670. Requisitos objetivos

187 
 
A) Causales del recurso
a) Los Códigos y leyes especiales vigentes en la República contemplan
con distintos alcances las causales del recurso de inconstitucionalidad(209).
Mientras algunos incluyen en el "caso constitucional" la discusión relativa
a la inteligencia de las cláusulas constitucionales (cuestión simple) y el
conflicto suscitado entre normas constitucionales y preceptos de inferior
jerarquía (cuestión compleja), otros lo circunscriben a esta última colisión.
En el primer grupo se encuentran Mendoza(210)y Salta(211), que regulan
este medio de impugnación para alegar errores de juicio en
la interpretación de las cláusulas de las Constituciones nacional y
provincial, siempre que la sentencia sea contraria al derecho o exención
que se funda en el precepto constitucional; asimismo, para denunciar los
errores cometidos al juzgar la validez de las leyes a la luz de ambas Cartas
Fundamentales, no sólo en la hipótesis de que se haya declarado la
constitucionalidad, sino, también, cuando se recala en
la inconstitucionalidad del precepto infraconstitucional.
Cabe aclarar que la restricción que se desprende de los textos
normativos respecto de las cuestiones simples, es inoperante. Tal como
acontece en el marco del recurso extraordinario federal, aun cuando
la inteligencia de la cláusula constitucional sea favorable al derecho
o exención de una de las partes, igualmente el recurso
de inconstitucionalidad es admisible, pues, en tal caso, la resolución es
contraria a la inteligencia propiciada por la contraparte y desemboca en el
desconocimiento de una exención o derecho invocado por ella.
Por otro lado, la amplitud de los contenidos dogmáticos
permite interpretar que las cuestiones complejas no sólo comprenden
la incompatibilidad de normas locales con las Constituciones o la colisión
de aquéllas entre sí, sino, además, las cuestiones constitucionales
suscitadas por leyes nacionales.
En cambio, otros ordenamientos, si bien comprenden tanto las
cuestiones simples como las complejas, el objeto del recurso
de inconstitucionalidad se circunscribe a mantener la supremacía de la
Constitución local, quedando a la vera las infracciones a la nacional.
Bajo este régimen, las provincias que estructuran el recurso con mayor
amplitud son las de Tierra del Fuego(212)y Tucumán(213). El medio de
impugnación está previsto para plantear cuestiones constitucionales
locales simples y complejas; las primeras pueden proponerse al Superior
Tribunal cualquiera sea la interpretación de la cláusula constitucional que
consagre la sentencia recurrida; las segundas, se declare en la instancia

188 
 
de grado la compatibilidad o incompatibilidad constitucional de la norma
provincial.
Córdoba(214), Jujuy(215)y San Juan(216)se mantienen en el área de
las infracciones a la Constitución provincial y regulan apropiadamente las
cuestiones complejas, por cuanto el recurso procede frente a la
declaración de constitucionalidad o inconstitucionalidad de la norma local;
sólo se diferencian de las provincias señaladas anteriormente porque
restringen indebidamente la proposición de la cuestión simple a los
supuestos en que la sentencia sea contraria al título, derecho, garantía
o exención que se funda en la cláusula constitucional objeto
de interpretación; mas, como se expuso supra, el recurso siempre es
admisible, ya que estando en tela de juicio la hermenéutica de una cláusula
constitucional, la que en definitiva se recepte es capaz de generar agravio
a una u otra parte.
A este grupo se suma San Luis. El art. 825 del Código regula de la
misma manera las cuestiones simples. Y si bien en cuanto a las complejas
el precepto limita el recurso a la hipótesis de que la sentencia haya
declarado la validez constitucional de la norma local, la equiparación se
produce porque el art. 213, inc. 1º, de la Constitución habilita al Superior
Tribunal a conocer del remedio cuando el pronunciamiento declara
la inconstitucionalidad.
Por último, los textos normativos de Chaco, Chubut, San Cruz, Santa
Fe y Santiago del Estero acotan incorrectamente el ámbito de
admisibilidad del recurso(217). En primer lugar, porque respecto de las
cuestiones simples, incluyen la inoperante restricción de que el
pronunciamiento atacado haya sido contrario al derecho o exención
que invoca el recurrente. En relación con las complejas, debido a que la
sentencia es susceptible de impugnación solamente cuando declara la
validez constitucional de la norma local, siendo que el pronunciamiento
que recala en la incompatibilidad del precepto infraconstitucional también
puede infringir la Constitución, cuya supremacía tiende a asegurar el
recurso de inconstitucionalidad.
El resto de las provincias implementan el recurso para la revisión de lo
resuelto en el marco de las cuestiones complejas a la luz de las
Constituciones locales(218), quedando excluidas las denominadas
cuestiones simples. Y, uniformemente, en todas ellas, el
remedio extraordinario es admisible para impugnar la declaración de
constitucionalidad o inconstitucionalidad de normas provinciales.
En esta línea, el Código de Buenos Aires establece que el recurso
procede formalmente cuando en el proceso se haya controvertido la
validez de una ley, decreto, o reglamento, bajo la pretensión de ser
contrarios a la Constitución de la Provincia y siempre que la decisión
recaiga sobre ese tema (art. 299)(219).

189 
 
Textos normativos idénticos o semejantes consagran Corrientes(220),
Entre Ríos(221), Formosa(222), La Pampa(223), La Rioja(224), Misiones(225),
Neuquén(226)y Río Negro(227).
También queda aquí encasillada Catamarca, aunque a diferencia de las
otras provincias, el recurso es admisible para plantear la incompatibilidad
de normas infraconstitucionales con la Constitución Nacional(228).
b) De las normas mencionadas se infiere que los ordenamientos de
Mendoza y Salta comprenden como causales del recurso la totalidad de
las cuestiones constitucionales.
Por otra parte, en La Pampa, debido a que implementa un solo
recurso extraordinario, la totalidad de los errores de juicio, sea en materia
de derecho federal (violación de la Constitución Nacional y de
normas infraconstitucionales de esa naturaleza), de derecho común y
público provincial (infracción de la Constitución provincial y de
normas infraconstitucionales locales), se canalizan por esa vía procesal.
Pero en el resto de los regímenes provinciales son extrañas al recurso
de inconstitucionalidad las cuestiones simples y complejas en las que está
en juego la interpretación de cláusulas de la Constitución nacional y, salvo
el de Catamarca, la incompatibilidad de normas infraconstitucionales de
cualquier tipo con esa Carta Fundamental. En estos casos, el carril idóneo
es el recurso de casación por errores de juicio o el de inaplicabilidad de
ley, según el régimen de que se trate; bien que el mero error en la
designación del medio de impugnación utilizado —
v.gr., inconstitucionalidad— no debe arrastrar la inadmisibilidad, pues ello
constituiría un exceso ritual que obstaría, además, a la
necesaria intervención del Superior Tribunal provincial en un caso apto
para ser conocido por la Corte Suprema de Justicia de la Nación de
acuerdo con el art. 14 de la ley 48 y con la doctrina sentada in re "Di
Mascio" (Fallos 311:2478)(229).
Problemática semejante se presenta cuando la cuestión constitucional
se plantea o es resuelta a la luz de las Constituciones de la Nación y de la
Provincia. En estos supuestos, conforme los textos legales, habría que
deducir recurso de casación o inaplicabilidad de ley para denunciar
la infracción a la Constitución Nacional y el de inconstitucionalidad por la
violación de la local. Mas el solitario empleo de uno de esos remedios no
debería acarrear la desestimación del elegido, pues también en esta
hipótesis el Superior Tribunal incurriría en un excesivo rigor formal,
apartándose, además, de la doctrina elaborada en "Di Mascio"(230).
Las dificultades se acrecientan en las provincias de Córdoba, Formosa
y Santa Fe, que adoptan un sistema de casación restringido a la existencia
de contradicción entre la doctrina de derecho sentada por la sentencia
impugnada y la resultante de otro pronunciamiento emanado de un órgano
judicial de grado o del superior tribunal. En estos ordenamientos, a estar
al precedente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación tantas veces
190 
 
citado ("Di Mascio"), los Superiores Tribunales deben admitir que el
recurso de inconstitucionalidad local es admisible para proponer el
conocimiento de las cuestiones simples y complejas fundadas en la
Constitución de la Nación.
Luego, en materia de infracción a las Constituciones locales, los
Códigos de Buenos Aires, Catamarca, Corrientes, Entre Ríos, Formosa,
La Rioja, Misiones, Neuquén y Río Negro excluyen las denominadas
cuestiones simples. De modo que cuando el debate gire alrededor de
la inteligencia de alguna cláusula de la Constitución provincial, el
agraviado debe acudir al recurso de casación o al de inaplicabilidad de ley,
idóneos para poner de resalto errores de juicio de derecho(231).
c) La admisibilidad del recurso requiere que la sentencia impugnada
contenga decisión expresa acerca del "caso constitucional" debatido en el
proceso(232). En caso contrario, el fallo habría omitido el tratamiento de
una cuestión esencial, error que sólo cabe remediar mediante
la interposición del recurso de casación por defectos procesales(233).
d) Por fin, recuérdese que en buena parte de las provincias el recurso,
con diversos alcances, es idóneo para impugnar la
sentencia inconstitucional en sí misma (sea por inobservancia de los
requisitos de validez de los pronunciamientos, violación del derecho de
defensa o arbitrariedad)(234). En otras, en cambio, esta impugnación es
ajena al recurso de inconstitucionalidad, y se canaliza mediante los otros
remedios extraordinarios(235).

B) Resoluciones recurribles
a) Son susceptibles del recurso de inconstitucionalidad las sentencias
definitivas que reúnan los requisitos aludidos supra, nro. 662, es decir,
aquellas que ponen fin al juicio o impiden su continuación, obstando a la
promoción de un ulterior proceso(236).
b) Debe destacarse, empero, que a diferencia de lo que sucede con los
recursos extraordinarios locales anteriormente estudiados, los cuales son
admisibles, según se ha visto, contra las sentencias pronunciadas por las
Cámaras de Apelaciones o tribunales de instancia única, o sea por los
órganos judiciales de mayor jerarquía provistos de competencia ordinaria
dentro de los respectivos ámbitos locales, el recurso
de inconstitucionalidad corresponde también respecto de las sentencias
de última instancia, debiendo entenderse por tales a aquellas que,
revistiendo las características anteriormente señaladas, no son
susceptibles de ningún recurso en el orden provincial. Son, por lo tanto,

191 
 
sentencias definitivas, a los fines de la admisibilidad del
recurso examinado, las sentencias pronunciadas por los jueces de paz en
los asuntos provenientes de las alcaldías, o las de los jueces de
primera instancia dictadas por vía de apelación en los procesos venidos
de los Juzgados de Paz y alcaldías(237). La situación es semejante, como
se advierte, a la del recurso extraordinario federal (supra, nro. 646).
Por otra parte, no puede perderse de vista que la Corte Suprema de
Justicia de la Nación considera que la declaración de inconstitucionalidad
de una norma constituye un acto de suma gravedad institucional(238). Y que
la doctrina de la gravedad institucional opera para superar ciertos
requisitos de admisibilidad del recurso extraordinario, entre ellos, el
que exige que la sentencia impugnada sea definitiva. Es indudable,
entonces, que cuando está en juego la compatibilidad o incompatibilidad
constitucional de una norma, el recurso de inconstitucionalidad es
admisible en los procesos sumarios propiamente dichos —como las
ejecuciones fiscales o el amparo—, y para impugnar resoluciones de todo
tipo, aun cuando no resulten sentencias definitivas en sentido estricto(239).

671. Requisitos de lugar, tiempo y forma


a) La mayoría de los Códigos vigentes fija, como lugar de interposición
del recurso de inconstitucionalidad, la sede del órgano que dictó el
pronunciamiento impugnado. Hacen excepción los Códigos de Jujuy (ley
4346,art. 9º), La Rioja (art. 264), Mendoza (art. 146) y San Juan (ley
2257,art. 2º), los cuales imponen la carga de interponer directamente el
recurso ante el tribunal funcionalmente encargado de conocer de él(240). En
cambio, el Código de San Luis remite al procedimiento de la apelación
libre; de modo que el recurso se interpone ante el órgano judicial que dictó
la sentencia recurrida, y se lo funda ante el superior tribunal (art. 827).
b) No existe uniformidad legislativa en lo que concierne al plazo
de interposición del recurso. Los Códigos de Córdoba (arts. 385, 393),
Jujuy (ley 4346,art. 9º), Mendoza (art. 146), y Tierra del Fuego (arts.
288, 314) lo fijan en quince días; el de La Rioja (art. 264), en seis o quince
días, según se trate de auto o sentencia; el de San Juan (ley 2275,art. 2º),
en diez o quince días, conforme la causa esté radicada en la 1ª o 2ª
circunscripción, respectivamente; en diez días los Códigos de Buenos
Aires (art. 300), Catamarca (arts. 285 bis, 289), Chaco (dec.-ley
1407/1962,art. 27), Chubut (art. 300), Corrientes (art. 290), Formosa (art.
298), La Pampa (art. 263), Misiones (art. 303), Neuquén (ley 1406,art. 24),
Río Negro (art. 301), Santa Cruz (ley 1687,art. 19), Santa Fe (ley 7055,art.
2º)(241)y Tucumán (ley 6944,art. 94); en ocho el de Entre Ríos (ley 8369,art.

192 
 
58); y en cinco días los de Salta (art. 298) y Santiago del Estero (art. 845).
En San Luis el recurso se deduce en el plazo de cinco días (art. 827) y se
lo funda dentro de los diez o cinco días, según se trate de juicio ordinario
o sumario (art. 259).
c) En lo que atañe a las formas, y en razón de que el recurso
es inadmisible si el fallo no contiene pronunciamiento expreso acerca de
la validez o invalidez de las normas cuestionadas o, en su caso, de
la inteligencia atribuible a alguna cláusula contenida en la Constitución,
configura antecedente ineludible de la interposición del recurso, el
planteamiento oportuno del "caso constitucional", en forma tal de dar
oportunidad a los órganos judiciales de las instancias ordinarias para que
emitan explícito pronunciamiento sobre él.
Todos los Códigos vigentes exigen el cumplimiento de ese requisito
previo en tanto supeditan la admisibilidad del recurso a la circunstancia de
que en el proceso "se haya cuestionado" o "controvertido" la validez de
una ley, decreto, etc., bajo la pretensión de contrariar preceptos
contenidos en las Constituciones locales, o "se haya puesto en cuestión"
la inteligencia de alguno de esos preceptos. El art. 153 del Código de
Mendoza contempla con mayor detalle y precisión el aludido requisito: "La
garantía constitucional —prescribe— debe haber
sido expresamente invocada en el proceso, de manera que las instancias
ordinarias hayan podido válidamente pronunciarse sobre ella, salvo que
surgiera de la resolución en contra de la cual se recurre y no hubiera
podido ser oportunamente prevista y deducida. Es necesario, además, que
no se haya consentido un pronunciamiento contrario a la
garantía invocada".
Normas sustancialmente semejantes consagran los ordenamientos de
Entre Ríos (ley 8369,art. 57) y de San Juan (ley 2275,art. 12). La ley
7055 de Santa Fe requiere que la cuestión constitucional se haya
propuesto oportunamente y mantenido en todas las instancias del proceso
(art. 1º).
El "caso constitucional" debe introducirse en la debida oportunidad, es
decir, al deducir la demanda o la reconvención, o al contestarlas(242). Es
tardío, en consecuencia, el planteamiento del "caso constitucional"
formulado en segunda instancia o con posterioridad al pronunciamiento de
la sentencia definitiva, salvo que la infracción surja con posterioridad a los
actos iniciales del proceso(243)o en oportunidad de la sentencia misma,
como dice el Código mendocino. Esto último ocurriría, por ejemplo, si el
fallo apareciera fundado en una norma que se reputa inconstitucional, que
no hubiese sido invocada por ninguna de las partes durante el transcurso
del proceso(244).
En suma, es necesario que la tacha de inconstitucionalidad se formule
en la primera oportunidad procesal propicia, es decir, en aquella que

193 
 
permita al interesado desarrollar sus argumentos y a la contraparte la
posibilidad de rebatirlos(245).
De todos modos, actualmente, a la luz de la novedosa doctrina que
reconoce la potestad de los órganos judiciales de controlar de oficio la
constitucionalidad de las leyes(246), el requisito que nos ocupa, en lo que
hace al juicio de admisibilidad del recurso, ha perdido la relevancia que
otrora exhibía. Repárese en punto a la introducción de la cuestión, que si
los órganos judiciales gozan de la potestad de declarar de oficio
la inconstitucionalidad de las normas, poco interesa que arriben a tal
pronunciamiento por propia iniciativa o excitados por un
planteo inadmisible; por caso, extemporáneo(247).
d) En general, los ordenamientos imponen la carga de fundamentar el
recurso en forma tal que se baste a sí mismo, siendo inadmisible la
remisión a actos procesales anteriores(248).
Por último, los Códigos que prevén la interposición del recurso ante el
superior tribunal prevén la carga adicional de acompañar testimonio de la
sentencia recurrida o la transcripción fiel de ella (La Rioja, art. 259;
Mendoza, art. 146; San Juan, ley 2275,art. 3º, inc. 2º).
e) Finalmente, los Códigos de Chubut (art. 300), Jujuy (ley 4346art. 12),
La Pampa (art. 264), La Rioja (ley 3288,art. 1º), Mendoza (art. 146),
Misiones (art. 303), Río Negro (art. 302), San Juan (ley 2275,art. 3º, inc.
4º) y Santa Cruz (ley 1687,art. 19) supeditan la admisibilidad del recurso
de inconstitucionalidad a un depósito en dinero igual al que corresponde
efectuar en los otros tipos de recursos extraordinarios examinados en este
capítulo. No lo hacen, en cambio, los restantes ordenamientos
vigentes(249).

V. DENEGATORIA DE RECURSOS EXTRAORDINARIOS

672. Generalidades
En materia de recursos extraordinarios locales, el examen de
admisibilidad puede ser doble o único. Tal diversidad se traduce en la
estructuración de distintos procedimientos que se analizarán en el número
siguiente.

194 
 
673. Sistemas vigentes
a) Buena parte de los ordenamientos vigentes en nuestro país prevén
el doble juicio de admisibilidad y, por consiguiente, la posibilidad de
recursos de queja frente a la denegatoria de los recursos extraordinarios
por parte de los órganos judiciales de la instancia ordinaria.
Dentro de este primer sistema, asimismo, la queja se halla sujeta a un
procedimiento específico o al que rige en materia de denegatoria del
recurso ordinario de apelación, aunque las variantes carecen de mayor
significación.
Instituye un procedimiento particular, el Código de la Provincia de
Buenos Aires, cuyo art. 292 prescribe que "si la Cámara o el Tribunal
denegare el recurso o concedido lo declarare desierto, podrá recurrirse en
queja ante la Suprema Corte, dentro de los cinco días, con la ampliación
que corresponda en razón de la distancia. Al interponerse la queja se
acompañará: 1º) Copia, certificada por el letrado del recurrente, de la
sentencia recurrida(250), de la de primera instancia (cuando hubiere sido
revocada), del escrito de interposición del recurso y del auto que lo
deniegue o lo declare desierto. 2º) Los demás recaudos necesarios
para individualizar el caso y el tribunal(251). Presentada la queja la Corte
decidirá, dentro de los cinco días y sin sustanciación alguna, si el recurso
ha sido bien o mal denegado o declarado desierto. Si se diere cualquiera
de los dos últimos casos se procederá como lo determina el ap. 3º del art.
283 (o sea, que previa vista al Procurador General, se dictará la
providencia de 'Autos', que será notificada en el domicilio constituido por
los interesados). Si se declarare bien denegado o desierto el recurso, se
aplicarán las costas al recurrente. Mientras la Corte no conceda el recurso,
no se suspenderá la sustanciación del proceso, salvo que la misma
requiera los autos para resolver la queja, y ello desde que el Tribunal
reciba la requisitoria". Normas sustancialmente similares contienen los
Códigos de Chubut (art. 299)(252), Río Negro (art. 299)(253)y Santa Cruz (ley
1687,art. 18)(254).
Bajo la denominación de recurso directo, el Código de Córdoba requiere
el cumplimiento de similares recaudos, aunque el plazo de interposición es
de diez días y se autoriza al recurrente a agregar copias de las constancias
del expediente que estime pertinentes (art. 402). En razón de que
el inferior está facultado para declarar la inadmisibilidad sin suministrar los
fundamentos, el superior puede requerir informe sobre los motivos de la
denegatoria o la ampliación de ellos, así como de cualquier otra
circunstancia pertinente, y, excepcionalmente, puede requerir los autos

195 
 
principales por un plazo no mayor de cinco días, ya que este recurso
carece de efecto suspensivo (art. 403). A la manera de la queja por
denegatoria del recurso extraordinario federal, si se considera admisible el
recurso de casación o de inconstitucionalidad, y siempre que haya sido
sustanciado en la instancia de origen, el superior debe resolver sobre el
fondo, aunque requiriendo las actuaciones si fuese necesario (art. 407).
Por su parte, el Código de Tierra del Fuego dispone que la queja
debe interponerse en el plazo de cinco días, ante el tribunal que desestimó
el recurso extraordinario (art. 297) y que sobre este órgano pesa el deber
de agregar las copias necesarias e informar las fechas en que se notificó
la sentencia recurrida, en que se interpuso el recurso extraordinario y se
notificó la denegatoria, debiendo elevar el recurso, las copias y el informe
al superior en el plazo de cinco días (art. 298)(255). Recibidos los
antecedentes, el Superior Tribunal debe decidir si ordena o no la
suspensión del procedimiento, en atención a las circunstancias del caso;
si lo hace, le incumbe comunicar la decisión al inferior por la vía más rápida
disponible (art. 299). Si el Superior Tribunal estima la queja, debe ordenar
al órgano de grado que proceda a la sustanciación del
recurso extraordinario (art. 300).
Otros Códigos remiten al trámite aplicable al recurso de queja por
denegatoria de la apelación ordinaria. La remisión es expresa en el de
Chaco (art. 281); Entre Ríos (art. 275)(256); La Pampa (art. 273), Salta, para
el recurso de inconstitucionalidad (art. 303), Santa Fe, para la
apelación extraordinaria (art. 568) y el recurso de inconstitucionalidad (ley
7055,art. 8º)(257), Santiago del Estero (arts. 289, 303 y 847) y Tucumán (art.
755)(258). En tanto lo hacen en forma virtual los Códigos de Corrientes (art.
271)(259)y para el de inconstitucionalidad los Códigos de Formosa (art. 299)
y San Luis (art. 827).
b) Los Códigos que encomiendan la formulación del juicio de
admisibilidad al tribunal competente para conocer del recurso descartan,
naturalmente, la posibilidad de la queja, y facultan a aquél para desestimar
de plano, sin sustanciación, los recursos que por carecer de los requisitos
subjetivos, objetivos y de actividad correspondientes, impidan un
pronunciamiento sobre la fundabilidad (Formosa, para el de inaplicabilidad
de ley, art. 286; Jujuy, arts. 240 y 9º, ley 4346; La Rioja, art. 260(260);
Mendoza, art. 147; Salta, para el de inaplicabilidad de ley, art. 286; y San
Juan, ley 2275,arts. 2º y 5º)(261). A este sistema adscriben, asimismo, los
Códigos de Catamarca (art. 291), Misiones (art. 288), Neuquén (ley
1406,art. 4º) y San Luis (art. 294), pese a la circunstancia de que los
recursos extraordinarios se interponen ante el tribunal que dictó la
sentencia recurrida, pues sustanciados en la instancia de origen el
tribunal inferior debe elevar lo actuado sin emitir resolución en torno de la
admisibilidad(262).
c) La resolución del Superior Tribunal que desestima la queja o
declara inadmisible el recurso extraordinario local, es susceptible de
196 
 
recurso extraordinario federal en los excepcionales supuestos en que se
configuren algunas de las causales típicas de arbitrariedad(263).
En efecto, en el sentir del Alto Tribunal Federal, cuando se deniegan o
desestiman por inadmisibles los recursos extraordinarios locales, la
resolución debe contar con motivación idónea o suficiente. Si la decisión
carece de esa fundamentación y conduce a una restricción sustancial de
la vía utilizada por el justiciable, media violación de la garantía del debido
proceso consagrada en el art. 18 de la CN(264).
Y ello ocurrirá, particularmente, cuando el Superior Tribunal no se haga
cargo razonadamente de las articulaciones del recurrente que ponen de
resalto la admisibilidad del recurso(265), o se aparte de las constancias de
la causa(266), lo que va acompañado, generalmente, del empleo de meras
afirmaciones dogmáticas o de fórmulas estereotipadas(267). También
cuando el órgano local aprecie con excesivo rigor formal la concurrencia
de los requisitos de admisibilidad(268).

674. Destino del depósito


En razón de que la cuestión del epígrafe se relaciona, en cierto aspecto,
con la forma y contenido de las sentencias dictadas en
las instancias extraordinarias, cabe remitir a lo que se dice infra, nro. 749.

CAPÍTULO XLIX - PROCEDIMIENTO EN AS INSTANCIAS SUPERIORES

SUMARIO: I. PROCEDIMIENTO DE LA APELACIÓN


CONCEDIDA LIBREMENTE: 675. Trámite inicial.—
676. Expresión de agravios.— 677. Deserción
y desistimiento del recurso.— 678.
Contestación a la expresión de agravios.—
679. Adhesión al recurso.— 680.
Concentración de alegaciones y de peticiones
de prueba.— 681. Fundamentación de las
apelaciones diferidas.— 682. Replanteo.—
683. Presentación de documentos.— 684.
Prueba de confesión.— 685. Apertura a
prueba.— 686. Procedimiento probatorio.—

197 
 
687. Llamamiento de autos y sorteo. II.
PROCEDIMIENTO DE LA APELACIÓN CONCEDIDA
EN RELACIÓN: 688. Memoriales.— 689. Trámite
ante la cámara. III. PROCEDIMIENTO DEL
RECURSO ORDINARIO DE LA APELACIÓN ANTE LA
CORTE SUPREMA: 690. Concesión del recurso
y providencia inicial.— 691. Sustanciación.—
692. Trámite posterior. IV. PROCEDIMIENTO DEL
RECURSO EXTRAORDINARIO ANTE LA CORTE
SUPREMA: 693. Sustanciación, concesión del
recurso, efectos y remisión del expediente.—
694. Radicación del expediente en la Corte y
trámite posterior.— 695. Sentencia. V.
PROCEDIMIENTO DEL RECURSO
DE INAPLICABILIDAD DE LA LEY EN EL ORDEN
NACIONAL: 696. Sustanciación.— 697. Dictado
de la providencia de autos.— 698.
Determinación de las cuestiones a resolver.—
699. Cómputo de opiniones y forma de
votación.— 700. Resolución. VI.
PROCEDIMIENTO DE LOS
RECURSOS EXTRAORDINARIOS EN EL ORDEN
PROVINCIAL: 701. Generalidades.— 702.
Regímenes con juicio de admisibilidad
único.— 703. Regímenes con doble juicio de
admisibilidad.— 704. Trámite posterior.

I. PROCEDIMIENTO DE LA APELACIÓN CONCEDIDA LIBREMENTE(1)

675. Trámite inicial


a) Concedido libremente el recurso de apelación —modalidad que sólo
procede, según se vio supra, nro. 626, en el supuesto de sentencias
definitivas recaídas en procesos ordinarios o sumarios—, el expediente
debe remitirse a la cámara respectiva dentro del quinto día de dictada la
providencia de concesión, desarrollándose ante dicho órgano un
procedimiento que puede circunscribirse a la fundamentación del recurso

198 
 
o incluir eventualmente una etapa probatoria. Tales contingencias
se examinarán a continuación.
b) "Cuando el recurso se hubiese concedido respecto de sentencia
definitiva dictada en proceso ordinario o sumario —prescribe el art.
259 del CPCCN—, en el día en que el expediente llegue a la cámara, el
secretario dará cuenta y se ordenará que sea puesto en la oficina. Esta
providencia se notificará a las partes personalmente, o por cédula. El
apelante deberá expresar agravios dentro del plazo de diez días o de cinco
días, según se tratare de juicio ordinario o sumario"(2).
Llegado, pues, el expediente a la cámara respectiva, el presidente de la
sala, o del tribunal en su caso, debe dictar una providencia ordenando
poner el expediente en la oficina a fin de que el apelante presente
la expresión de agravios, que es el acto destinado a la fundamentación del
recurso y cumple, en el procedimiento de apelación, una función en cierta
medida análoga a la de la demanda en primera instancia, ya que su
contenido delimita las potestades decisorias del Tribunal de Alzada.
La mencionada providencia debe notificarse personalmente o por
cédula, tanto al apelante como al apelado. El primero cuenta, para
presentar el escrito de expresión de agravios, con un plazo de diez o de
cinco días según se trate respectivamente de proceso ordinario o sumario,
debiendo contarse aquél desde el día siguiente al de la notificación de la
correspondiente providencia.
Reviste, como todos los plazos, carácter perentorio (art. 155, CPCCN).
Es, además, individual, de manera que corre independientemente para
cada uno de los apelantes, sean partes contrarias o litisconsortes(3).
c) Interesa recordar, por último, que si el recurso se concedió
libremente, correspondiendo que se lo hiciera en relación, la cámara de
oficio, o a pedido de parte formulado dentro de tercero día (contado desde
la notificación de la providencia que ordena expresar agravios), debe
modificar el modo de concesión del recurso y disponer que el expediente
se ponga en secretaría para la presentación de memoriales en los términos
del art. 246 (art. 276, párr. 1º, CPCCN). De tal manera se impone el
cumplimiento directo, ante la cámara, de la carga de fundamentación del
recurso que debió cumplirse en primera instancia de acuerdo con el art.
246 (supra, nro. 628).

676. Expresión de agravios


a) La expresión de agravios es el acto mediante el cual, fundando la
apelación, el recurrente refuta total o parcialmente las conclusiones

199 
 
establecidas por la sentencia en lo que atañe a la apreciación de los
hechos o de la prueba o a la aplicación de las normas jurídicas. Se trata,
por lo tanto, de conformidad con la clasificación desarrollada supra, nro.
474, de una alegación crítica e indirecta.
Sobre la base de la nutrida jurisprudencia elaborada con anterioridad a
la promulgación del CPCCN, su art. 265 dispone, en las dos primeras
oraciones, que "el escrito de expresión de agravios deberá contener la
crítica concreta y razonada de las partes del fallo que el apelante considere
equivocadas. No bastará remitirse a presentaciones anteriores"(4).
Por aplicación de la norma transcripta se ha decidido, entre otros casos,
que no constituyen expresiones de agravios idóneas las afirmaciones
genéricas sobre la solución acordada al juicio, omitiéndose precisar el
yerro o desacierto en que incurrió el juez en sus argumentos sobre
aquélla(5); el disentimiento con la interpretación judicial sin suministrar
bases jurídicas a un distinto punto de vista(6); la mera disconformidad con
la sentencia por considerarla equivocada o injusta(7)o las generalizaciones
y apreciaciones subjetivas que no cuestionan concretamente las
conclusiones de la sentencia apelada(8). También es insuficiente
la expresión de agravios si el recurrente se limita a manifestar que da por
reproducidos argumentos formulados en presentaciones anteriores, como
v.gr., en el alegato(9), ya que el respectivo escrito debe bastarse a sí
mismo.
Sin embargo, la brevedad o el laconismo de la expresión de agravios no
constituye razón suficiente para declarar la deserción del recurso en el
supuesto de que el apelante individualice, aun en mínima medida, los
motivos de su disconformidad con la sentencia impugnada, por cuanto la
gravedad de los efectos que la ley imputa a la insuficiencia del mencionado
acto procesal aconseja aplicarla con criterio amplio, favorable al
recurrente(10).
La expresión de agravios, por lo demás, no puede versar sobre puntos
no sometidos a la decisión del juez de primera instancia(11), por cuanto se
halla vedada a la cámara la posibilidad de emitir pronunciamiento sobre
aquéllos (art. 277, CPCCN). Pero puede el apelante articular ante la
cámara las cuestiones a que se refiere la norma citada in fine (intereses,
daños y perjuicios u otras cuestiones derivadas de hechos posteriores a la
sentencia de primera instancia).
Deben en cambio incluirse inexcusablemente en la expresión de
agravios las causales de nulidad que el recurrente imputa a la sentencia
de primera instancia (art. 253, CPCCN) y aquellas cuestiones que, aunque
sometidas a pronunciamiento, fueron omitidas por aquélla (art. 278,
CPCCN).
b) En razón de que, como se verá más adelante, del escrito
de expresión de agravios corresponde conferir traslado a la parte
apelada, incumbe al recurrente la carga de acompañar las copias a que se
200 
 
refiere el art. 120 del CPCCN, con riesgo, en caso contrario, de tenerse
por no presentado el escrito y de la correlativa deserción del recurso(12).
En los casos de litisconsorcio, y a pesar de que la norma citada exige la
presentación de tantas copias "como partes intervengan", el número de
aquéllas debe coincidir con el de litisconsortes que, de conformidad con el
contenido del fallo, revistan la calidad de apelados y tengan en
consecuencia interés en responder a la expresión de agravios, lo cual
descarta la necesidad de agregar una cantidad de copias equivalente a la
de sujetos integrantes de una parte múltiple(13).

677. Deserción y desistimiento del recurso


a) "Deserción" y "desistimiento" constituyen expresiones indicativas de
ciertas circunstancias que conducen a un mismo resultado: la extinción de
la segunda instancia y la correlativa firmeza o ejecutoriedad que adquiere
la resolución recurrida.
Sin embargo, mientras la deserción importa en todo caso la
concurrencia de un hecho procesal equivalente a un desistimiento tácito,
o el cumplimiento temporal o formalmente defectuoso de un acto procesal,
el desistimiento puede ser expreso, configurando una declaración de
voluntad del recurrente en el sentido de abandonar la instancia y de
conformarse con el contenido del fallo apelado.
b) Bajo el título de "deserción del recurso", el art.
266 del CPCCN dispone que "si el apelante no expresare agravios dentro
del plazo o no lo hiciere en la forma prescripta en el artículo anterior, se
declarará desierto el recurso"(14).
La norma precedentemente transcripta, como se advierte, prevé dos
causales de deserción: 1º) el transcurso del plazo de diez días que fija el
art. 259 sin que el recurrente presente la expresión de agravios —hecho
equiparable a un desistimiento tácito(15)—, o el
cumplimiento extemporáneo del mencionado acto(16); 2º) la insuficiencia
de la expresión de agravios en razón de no contener una crítica concreta
y razonada de las conclusiones del fallo que estima equivocadas, o de
limitarse el recurrente a remitirse a presentaciones anteriores.
Constituyen asimismo motivos que autorizan a declarar la deserción del
recurso la falta de personería de quien presenta la expresión de
agravios(17), la circunstancia de que ésta adolezca de deficiencias formales
como pueden ser la falta de firma(18), de patrocinio letrado(19)o de
agregación de copias(20), o la existencia de error no subsanado respecto
de la forma de concesión del recurso(21).

201 
 
El recurso, por lo demás, puede declararse parcialmente desierto
cuando el recurrente, no obstante haber apelado la sentencia en su
totalidad, omite expresar agravios acerca de algunas de las conclusiones
contenidas en aquélla(22)o lo hace de modo insuficiente.
c) Aparte del desistimiento tácito que importa el hecho de no
fundamentar el recurso(23), éste puede ser expresamente desistido en
cualquier estado en que se encuentre el procedimiento de
segunda instancia, sin perjuicio del pago de las costas que eventualmente
debe soportar el apelante(24).
El desistimiento expreso puede ser parcial en el supuesto de que el
recurrente que impugnó en primera instancia la totalidad de la sentencia
limite explícitamente sus agravios en el escrito correspondiente.
d) En los casos de litisconsorcio, el desistimiento o la deserción
declarada respecto de uno o algunos de los litisconsortes obsta a que el
eventual resultado favorable del recurso los beneficie, salvo en el supuesto
de litisconsorcio necesario (supra, nro. 334).

678. Contestación a la expresión de agravios


a) Del escrito de expresión de agravios "se dará traslado por diez o
cinco días al apelado, según se trate de juicio ordinario o sumario" (art.
265, in fine, CPCCN)(25).
La providencia mediante la cual se confiere dicho traslado se notifica
por ministerio de la ley, pues no se halla incluida entre las resoluciones
que, de acuerdo con el art. 135 del CPCCN, corresponde notificar
personalmente o por cédula. Por lo demás, el apelado ya ha sido notificado
en esta última forma de la providencia que manda poner el expediente en
la oficina, y se encuentra por lo tanto debidamente anoticiado de que aquél
se halla tramitando ante la Cámara de Apelaciones.
Asimismo, el escrito de contestación a la expresión de agravios debe
acompañarse con copias (art. 120, CPCCN), motivo por el cual si ese
requisito no se cumple corresponde tener a aquél por no presentado y por
decaído el derecho no ejercitado(26).
b) La contestación a la expresión de agravios es el acto alegatorio en
cuya virtud la parte que resultó beneficiada por la sentencia recurrida
apoya o amplía los fundamentos en que ésta se sustenta, replica los
agravios expuestos por el apelante y, en su caso, formula la crítica de
aquellos aspectos de la sentencia que, sin afectar el resultado favorable a

202 
 
dicha parte, desestiman articulaciones oportunamente formuladas por
ésta.
No obstante la importancia del acto procesal examinado(27),
su incumplimiento, a diferencia de lo que ocurre frente a la falta de
presentación o a la insuficiencia de la expresión de agravios, carece
de incidencia en el desarrollo del procedimiento de segunda instancia.
Expresa al respecto el art. 267 del CPCCN, en concordancia con lo
dispuesto por la mayoría de los Códigos vigentes en el país: "Si el apelado
no contestase el escrito de expresión de agravios dentro del plazo fijado
en el art. 265, no podrá hacerlo en adelante y la instancia seguirá su
curso"(28). Interesa asimismo anticipar que la falta de contestación a
la expresión de agravios no constituye impedimento para que la cámara,
en oportunidad de dictar sentencia, haga mérito de cuestiones articuladas
por el vencedor que fueron desestimadas por la sentencia recurrida, pues
aquéllas quedan implícitamente sometidas a la decisión del tribunal a raíz
del recurso interpuesto por el vencido (infra, nro. 744).

679. Adhesión al recurso


a) La adhesión a la apelación constituye la facultad concedida a la parte
cuya pretensión u oposición fueron parcialmente desestimadas por la
sentencia, y que a pesar de ello se abstuvo de apelar, a fin de que, en
oportunidad de contestar la expresión de agravios presentada por la parte
que interpuso el recurso, refute el aspecto de la sentencia que le es
desfavorable y solicite, en consecuencia, su reforma parcial.
b) Originada en una ley citada por Justiniano(29), la referida facultad se
halla instituida por algunos Códigos provinciales como los de Córdoba,
Jujuy, Mendoza y Santa Fe. Prescribe el art. 372 del primero de los
Códigos que "de la expresión de agravios se correrá traslado por diez días
al apelado para que conteste y, en su caso, adhiera al recurso", agregando
a continuación que "de la adhesión se correrá traslado al apelante por igual
plazo". Sustancialmente análogos, con variaciones en cuanto a la duración
de los plazos, son los arts. 223 del Código de Jujuy, 139 del de Mendoza
y 367 del de Santa Fe.
c) Carece de la facultad de adherir al recurso la parte que resultó
totalmente vencedora(30), no obstante que la sentencia haya desestimado
alguna de sus alegaciones, ya que, por un lado, es sólo la contestación al
escrito de expresión de agravios la oportunidad con que cuenta para
defender su postura procesal, y, por otro lado, aun en el supuesto de que
el vencedor omita el cumplimiento de dicho acto las alegaciones que le
fueron desestimadas en primera instancia quedan implícitamente
203 
 
sometidas a la decisión de la cámara. Es obvio, asimismo, que también
carece de la facultad analizada la parte totalmente vencida, pues no
pudiendo la vencedora apelar por falta de interés jurídico, no existe
recurso al cual adherir.
Asimismo, sólo puede ejercer la facultad de adhesión la parte que no
apeló, y no aquella que, habiéndolo hecho, provocó la deserción del
recurso a raíz de su inactividad o de su actividad procesal defectuosa(31).
Por último, la adhesión supone necesariamente que el apelante ha
mantenido el recurso en segunda instancia, razón por la cual aquélla no
procede en los casos de deserción o de desistimiento de dicho recurso(32).
Se requiere, en otras palabras, la subsistencia de la apelación principal.
El párr. 2º del art. 139 del Código de Mendoza se refiere a esta exigencia
en tanto dispone que "cuando por cualquier causa no llegue a abrirse
la instancia para el primer apelante, la adhesión quedará sin efecto".
En virtud de que la adhesión reviste carácter excepcional, sólo puede
admitirse si el respectivo ordenamiento procesal la instituye en
forma expresa(33), lo que no ocurre con la mayoría de los Códigos
argentinos vigentes.

680. Concentración de alegaciones y de peticiones de prueba


a) Además de la presentación de la expresión de agravios y de su
contestación, el CPCCN impone a las partes, durante el curso del
procedimiento de segunda instancia en caso de recurso libremente
concedido, determinadas cargas cuyo cumplimiento debe verificarse
dentro de un mismo plazo y en un acto único.
El art. 260(34)del referido ordenamiento enumera, entre dichas cargas
que serán objeto de estudio particular en los parágrafos que siguen, las
consistentes en fundar las apelaciones diferidas, replantear las cuestiones
atinentes a la denegatoria de pruebas dispuesta en primera instancia,
presentar documentos, exigir confesión judicial y peticionar la apertura a
prueba de la segunda instancia.
La norma citada fija, para el cumplimiento de esas cargas, un plazo de
cinco días contado desde la notificación de la providencia que dispone
poner el expediente en la oficina y establece que debe serlo en un solo
escrito. No media obstáculo, sin embargo, para que las alegaciones y
peticiones que menciona el art. 260 se formulen en el mismo escrito
de expresión de agravios, siempre que el texto de aquél resulte
suficientemente claro para posibilitar la debida diferenciación entre ambos
actos procesales. Tal concentración se justifica particularmente cuando se

204 
 
trata de un proceso sumario, en el cual coincide el plazo (cinco días)
correspondiente a los dos actos.
b) Tanto el apelante como el apelado pueden cumplir las cargas que
enumera el art. 260: el primero para que los nuevos elementos de juicio
que se incorporen al proceso a través de esas cargas desvirtúen total o
parcialmente los fundamentos de la sentencia cuya revocatoria solicita; y
el segundo para que tales elementos de juicio refuercen las conclusiones
del fallo, o sirvan, eventualmente, para que la cámara acoja
favorablemente las alegaciones que le fueron desestimadas en
primera instancia.
Pero corresponde destacar que aun en el supuesto de que cualquiera
de las partes haya hecho uso de las facultades que acuerda el art. 260,
cabe declarar la deserción del recurso si el apelante no presenta
la expresión de agravios dentro del plazo legal o lo hace contrariando los
requisitos que exige a ese acto el art. 266. Este principio admite una
sola excepción en el caso que se menciona en el número siguiente bajo la
letra c).

681. Fundamentación de las apelaciones diferidas


a) La primera carga que impone a las partes el art. 260 del CPCCN es
la de "fundar los recursos que se hubiesen concedido en efecto diferido"
(inc. 1º, primera oración).
Según se recordó supra, nro. 627, el recurso de apelación debe
concederse en el mencionado efecto con respecto a las resoluciones
sobre imposición de costas y regulaciones de honorarios recaídas en
los incidentes (salvo que el expediente hubiese sido oportunamente
remitido a la cámara con motivo de un recurso interpuesto sobre el fondo
del asunto incidental decidido) (art. 69, párr. 4º, CPCCN,), las que
rechazan un hecho nuevo alegado en primera instancia (íd., art. 366)
y aquellas que, en los procesos sumarios, desestiman las excepciones
previstas en los incs. 6º, 7º y 8º del art. 347 (vale decir, las de cosa
juzgada, transacción y desistimiento del derecho y las defensas
temporarias) (íd., derogado art. 496, párr. 3º). Se deja por el momento de
lado el caso de los procesos de ejecución, en el cual las apelaciones
diferidas se sustancian en forma distinta.
Si bien de la letra del art. 260, inc. 1º, parecería inferirse que la carga
analizada supone la "concesión" del recurso en efecto diferido, debe
entenderse que al interesado incumbe el cumplimiento de aquélla también
en el caso de que el recurso hubiese sido denegado en primera instancia,

205 
 
por cuanto en esta última hipótesis no se halla previsto un recurso de queja
o de hecho. Frente a la denegatoria, por lo tanto, corresponde que el
apelante, al fundamentar el recurso en segunda instancia, lo haga desde
el doble aspecto de su admisibilidad y de su fundabilidad.
En el caso de que la parte interesada se abstenga de presentar el
escrito de fundamentación, queda firma la resolución respectiva (art.
260, inc. 1º, in fine,CPCCN), sin que para ello sea necesaria declaración
alguna de la cámara.
El escrito de fundamentación de la apelación diferida, por otra parte,
debe contener una crítica razonada y concreta de la resolución
impugnada, tal como se exige a los memoriales destinados a sustentar un
recurso concedido en relación. En caso contrario, corresponde declarar la
deserción (supra, nro. 621).
Interesa aclarar, asimismo, que si se trataba de un proceso sumario, la
apelación diferida sólo procedía en el supuesto contemplado por el
derogado art. 496, párr. 3º, del CPCCN, pues en los dos restantes casos
que se han recordado más arriba la norma precedentemente citada no
prevé recurso alguno.
b) De las razones expuestas en apoyo de una apelación diferida
corresponde conferir traslado a la parte contraria, quien debe contestarlo
dentro del quinto día (art. 261, CPCCN)(35). Dicho traslado se notifica por
ministerio de la ley y la falta de contestación carece de gravitación en el
trámite de la segunda instancia, que continúa su curso.
Fundamentada una apelación diferida, contestado el traslado o
transcurrido el plazo para hacerlo, la cámara debe expedirse sobre aquélla
sin más trámite y con anterioridad al llamamiento de autos para dictar
sentencia definitiva (art. 268, CPCCN)(36). En oportunidad de resolver el
tribunal puede: 1º) declarar bien denegado el recurso por el juez de
primera instancia; 2º) declararlo mal denegado pero infundado; 3º)
declararlo fundado (haya o no mediado denegatoria), en cuyo caso cabe
la posibilidad de disponer la apertura a prueba si se trata de la
desestimación de un hecho nuevo alegado en primera instancia (art.
366, CPCCN) que hubiese sido controvertido por la parte contraria.
c) Existe un caso, finalmente, en el cual la resolución dictada sobre una
apelación diferida puede tornar innecesario el pronunciamiento de una
sentencia de segunda instancia sobre el fondo del asunto. Es el que se
configuraría, en los procesos sumarios, si la cámara, revocando la decisión
de primera instancia, hiciese lugar a alguna de las excepciones
contempladas en los incs. 6º, 7º y 8º del art. 347 (cosa juzgada,
transacción, conciliación, desistimiento del derecho y defensas
temporarias). Debe entenderse, por lo demás, que si el único agravio del
apelante radica en el rechazo de alguna de las mencionadas excepciones,
la presentación del escrito en el que se funda la apelación interpuesta
contra la respectiva sentencia interlocutoria resulta suficiente para
206 
 
mantener abierta la segunda instancia, aun cuando no se presente el
escrito de expresión de agravios, que se presenta, en este particular caso,
como un acto superfluo.

682. Replanteo
a) Según se vio supra, nro. 495, los arts. 379 y 385, in fine, del CPCCN,
fundados en razones de celeridad y concentración, instituyen el principio
de la irrecurribilidad de las resoluciones dictadas por el juez de
primera instancia en materia de producción, denegación o sustanciación
de las pruebas, pero dejan a salvo el derecho de la parte afectada para
solicitar, durante el curso del procedimiento ante el Tribunal de Alzada
derivado de la apelación interpuesta contra la sentencia definitiva, que se
diligencien en segunda instancia las medidas probatorias denegadas o
respecto de las cuales hubiese mediado declaración de negligencia.
El sistema no importa la institución de una apelación diferida como la
que contemplaba el art. 9º del dec.-ley 23.398/1956, ya que la
parte interesada no tiene la carga de interponer recurso alguno contra la
resolución respectiva, sino la de actualizar, ante la cámara, el tema sobre
el que versa aquella resolución.
b) En concordancia con el referido mecanismo, el art. 260, inc. 2º,
del CPCCN dispone que dentro del quinto día de notificada la providencia
que ordena poner el expediente en la oficina, las partes deben "indicar las
medidas probatorias denegadas en primera instancia o respecto de las
cuales hubiese mediado declaración de negligencia, que tengan interés en
replantear en los términos de los arts. 379 y 385 in fine. La petición será
fundada y resuelta sin sustanciación alguna".
De la norma precedentemente transcripta se deriva, en primer lugar,
que el replanteo requiere, ineludiblemente, el ofrecimiento de las
correspondientes medidas probatorias en primera instancia(37), y que aquél
sólo es admisible cuando se alega que dichas medidas han sido
erróneamente denegadas o declaradas caducas por negligencia(38).
Asimismo, la norma que se analiza es clara en el sentido de imponer a
la parte interesada la carga consistente en invocar las razones
demostrativas de la necesidad de la prueba(39)y en formular una crítica
razonada y concreta de los motivos en que se apoyó la resolución
denegatoria o declarativa de negligencia, en forma similar a lo que ocurre
cuando se trata de una expresión de agravios o de un memorial(40).
Obviamente, debe también la parte interesada requerir la apertura a

207 
 
prueba de la segunda instancia a fin de que se diligencien las medidas
probatorias de que se trate.
Formulado el replanteo, la cámara debe resolver el pedido sin más
sustanciación y con anterioridad al llamamiento de autos para definitiva
(art. 268, CPCCN), disponiendo la apertura a prueba en el caso de
estimarlo admisible y fundado.

683. Presentación de documentos


a) Según se vio oportunamente (supra, nro. 467), la prueba documental
debe agregarse necesariamente a los escritos de demanda, reconvención
o contestación de ambas (art. 333, CPCCN), aunque la ley admite la
posibilidad de que las partes, durante el período de prueba en
primera instancia y hasta el llamamiento de autos o la oportunidad en que
el proceso se encuentre en condiciones de ser resuelto, presenten
documentos de fecha posterior a los escritos mencionados, o anteriores,
bajo juramento o afirmación de no haber tenido antes conocimiento de
ellos (arts. 335 y 338, párr. 2º, CPCCN).
El art. 260, inc. 3º, del CPCCN contempla, en relación con el
procedimiento de segunda instancia, una posibilidad similar a la
precedentemente mencionada, pues dispone que dentro del quinto día de
notificada la providencia que ordena poner el expediente en la oficina, las
partes deben "presentar los documentos de que intenten valerse, de fecha
posterior a la providencia de autos para sentencia de primera instancia, o
anteriores, si afirmaren no haber tenido antes conocimiento de ellos".
No requiere mayores comentarios el motivo por el cual la ley autoriza la
presentación de documentos de fecha posterior al llamamiento de autos
para definitiva en primera instancia, pues la prohibición de hacerlo
implicaría cercenar irrazonablemente el derecho de defensa de las partes,
para quienes el contenido de tales documentos puede resultar decisivo
con respecto a la suerte del recurso.
En cuanto a los documentos de fecha anterior a la referida providencia,
la admisibilidad de su agregación al expediente se halla condicionada a la
afirmación formulada por el presentante en el sentido de que desconocía
su existencia, pero dicha afirmación —que suple la necesidad del
juramento—, debe ir acompañada de la enunciación de razones
suficientes y verosímiles que sustenten la viabilidad del pedido(41), ya que
de lo contrario, aparte de facilitarse actitudes reñidas con los deberes de
lealtad y buena fe, resultaría desvirtuado el carácter excepcional que

208 
 
reviste la posibilidad de aportar elementos probatorios en
segunda instancia (supra, nro. 621).
A diferencia de algunos Códigos provinciales(42), el art. 260, inc. 3º,
del CPCCN no contempla expresamente el caso de los documentos
que, aunque conocidos por la parte, ésta se encontró imposibilitada de
proporcionárselos en tiempo oportuno. Corresponde, no obstante, admitir
la agregación en segunda instancia de los documentos que se encuentren
en esa situación, siempre que el interesado los haya mencionado en el
momento procesal correspondiente (demanda, reconvención o
contestación de ambas) o indicado la imposibilidad de acompañarlos(43).
b) De los documentos agregados en segunda instancia corresponde
conferir traslado a la parte contraria, quien debe contestarlo dentro del
quinto día (art. 261, CPCCN), si bien la cámara, por aplicación del principio
general contenido en el art. 364, párr. 2º, del mencionado ordenamiento,
tiene la potestad de desestimar sin más trámite los documentos
presentados extemporáneamente o cuyo contenido configure una prueba
manifiestamente improcedente, superflua o meramente dilatoria(44).
Dispuesta la concesión del traslado, la parte a quien va dirigido puede:
1º) cuestionar la agregación de los documentos en virtud de mediar alguna
de las circunstancias precedentemente mencionadas; 2º) reconocer o
negar expresamente su autenticidad o recepción, sin perjuicio, en el
primer supuesto, de objetar su pertinencia para la decisión del juicio; 3º)
alegar que el presentante conocía la existencia de los documentos de
fecha anterior a la providencia de autos en primera instancia; 4º) presentar
nuevos documentos que contraríen el contenido de los presentados por la
parte contraria.
En la hipótesis de negarse expresamente la autenticidad o recepción de
los documentos, se impone necesariamente la apertura a prueba de la
segunda instancia(45). También cabe la misma solución en los
casos indicados bajo los nros. 3º) y 4º), salvo que el conocimiento de los
documentos por parte de quien los presenta surja de las constancias
del expediente, o que la contraprueba documental sea expresamente
reconocida(46).

684. Prueba de confesión


a) De acuerdo con lo dispuesto por el art. 260, inc. 4º, del CPCCN,
ambas partes tienen derecho, que deben ejercer dentro del quinto día de
notificada la providencia que ordena poner el expediente en la oficina, para
"exigir confesión judicial a la parte contraria sobre hechos que no hubiesen

209 
 
sido objeto de esa prueba en la instancia anterior"(47), y siempre que se
tratara de un proceso ordinario, pues en los sumarios ese derecho se
hallaba excluido por el art. 274(48).
b) Según se puntualizó supra, nro. 532, resulta indiferente, a los efectos
de la admisibilidad de la absolución de posiciones durante el
procedimiento de segunda instancia, la invocación de hechos o de
documentos nuevos o desconocidos, siendo suficiente que los hechos
sobre los que ha de versar la prueba sean distintos a aquellos sobre los
cuales recayó la absolución de posiciones en primera instancia(49).
De ello se sigue que, a los fines del inc. 4º del art. 260, constituye
requisito imprescindible el de que la prueba de confesión se haya
efectivamente realizado durante el procedimiento de primera instancia, y
que aquélla, por lo tanto, no haya sido objeto de desistimiento o de
caducidad, pues de lo contrario no existiría posibilidad de verificar la
diversidad de hechos que, en relación con el objeto de la absolución de
posiciones, debe mediar entre ambas instancias(50).
c) Conviene aclarar, finalmente, que el citado inc. 4º se refiere a la
prueba de confesión relativa a hechos articulados en primera instancia, la
cual es independiente del mismo tiempo de prueba cuyo diligenciamiento
cabe requerir sea para acreditar un hecho nuevo alegado en la alzada o
desestimado en primera instancia (art. 260, inc. 5º, subinc. a]), sea a raíz
de una petición de replanteo (art. 260, inc. 5º, subinc. b]). Mientras en el
caso del inc. 4º la práctica de la absolución de posiciones no requiere la
apertura de un período de prueba, éste se impone en los restantes
supuestos referidos, sin perjuicio, naturalmente, de que solicitada la
confesión con fundamento tanto en el inc. 4º como en el 5º aquélla se
realice en un acto único. Hacían excepción los procesos sumarios, en los
cuales la prueba analizada sólo podía referirse al hecho nuevo alegado en
segunda instancia y a la hipótesis del replanteo.

685. Apertura a prueba


a) Dentro del mismo plazo destinado a formular las peticiones
precedentemente analizadas, es decir, dentro del quinto día de notificada
la providencia que ordena poner el expediente en la oficina, el inc. 5º del
art. 260 del CPCCN autoriza a las partes para pedir que se abra la causa
a prueba en dos hipótesis, la primera de las cuales se configura cuando
"se alegare un hecho nuevo posterior a la oportunidad prevista en el art.
365, o se tratare del caso a que se refiere el segundo párrafo del art. 366"
(subinc. a])(51).

210 
 
El concepto de "hecho nuevo" mencionado por la norma transcripta
coincide con el enunciado supra, nro. 492, con referencia al procedimiento
de primera instancia. Se trata, por lo tanto, de la incorporación al proceso
de nuevos datos fácticos(52)que, sin alterar ninguno de los elementos
constitutivos de la pretensión, tienden a confirmar, complementar o
desvirtuar su causa. De allí que el hecho o hechos nuevos invocables en
la alzada, aparte de que deben relacionarse con la cuestión controvertida
y ser conducentes, en ningún caso pueden importar la transformación de
la pretensión ni muchos menos la interposición de una pretensión nueva,
pues ello significaría conferir a la segunda instancia el carácter de un
nuevo juicio, modalidad que, según se ha visto, es ajena a nuestra
legislación(53).
La admisibilidad del hecho nuevo en segunda instancia se encuentra
condicionada al requisito de que se haya producido o llegado a
conocimiento de las partes con posterioridad a la oportunidad fijada por el
art. 365 en relación con el procedimiento de primer grado, vale decir, una
vez transcurrido el plazo de cinco días desde la notificación de la audiencia
prevista en el art. 360(54).
También es admisible el hecho nuevo desestimado en
primera instancia, siempre que se trate de proceso ordinario, y que
el interesado haya recurrido oportunamente de la resolución denegatoria
y fundado la impugnación en los términos del art. 260, inc. 1º, del CPCCN
(supra, nro. 681).
La facultad de invocar hechos nuevos ante el Tribunal de
Alzada incumbe tanto al apelante como al apelado, pues al margen de que
el art. 260 se refiere genéricamente a "las partes", no media razón válida
para negar al segundo la posibilidad de aportar al proceso elementos de
juicio susceptibles de robustecer los fundamentos de la sentencia
recurrida(55).
Del escrito en el cual se invoca el hecho nuevo corresponde conferir
traslado a la parte contraria, quien debe contestarlo dentro del quinto día
(art. 261, CPCCN). El destinatario del traslado puede, en su contestación,
asumir las mismas actitudes que ya se han descripto al analizar la
alegación de hechos nuevos en primera instancia (supra, nro. 474). De
esas actitudes, por lo demás, dependerá que se disponga o no la apertura
a prueba de la segunda instancia, en forma tal que esa primera alternativa
quedará excluida si la otra parte pone de manifiesto la inadmisibilidad del
hecho nuevo, o admite sin más su existencia, o la "novedad" de aquél
resulta desvirtuada por las propias constancias del expediente.
Finalmente, la alegación del hecho nuevo debe ir o no acompañada del
ofrecimiento de las medidas probatorias correspondientes según se trate
de proceso sumario u ordinario(56).
b) La segunda hipótesis en la que cabe la petición de apertura a prueba
en segunda instancia consiste en que "se hubiese formulado el pedido a
211 
 
que se refiere el inc. 2º de este artículo" (art. 260, inc. 5º, subinc. b],
CPCCN), es decir, cuando hubiese mediado petición de replanteo
respecto de medidas probatorias denegadas o declaradas caducas en
primera instancia, tema al cual nos hemos referido supra, nro. 682.

686. Procedimiento probatorio


a) La estructura del procedimiento probatorio a desarrollarse en
segunda instancia coincide esencialmente con la de la primera. Dice al
respecto el art. 262, párr. 1º, del CPCCN que "las pruebas que deban
producirse ante la cámara se regirán, en cuanto fuere compatible, por las
disposiciones establecidas para la primera instancia"(57).
Si se trata, por lo tanto, de un proceso ordinario, la cámara debe fijar un
plazo no mayor de cuarenta días y las partes ofrecer las pruebas con
suficiente anticipación a la fecha de la audiencia del art. 360(58)(art.
367, CPCCN). Procede, asimismo, si se diere el caso, la aplicación de las
normas contenidas en los arts. 369, 370, 371, párr. 1º, 373 y 374.
El procedimiento sufre una variante en el supuesto contemplado por el
art. 260, inc. 5º, subinc. b), del CPCCN, ya que al resolver favorablemente
la petición de replanteo corresponde que, en forma simultánea, la cámara
fije el plazo dentro del cual deben diligenciarse las pruebas consideradas
mal denegadas o respecto de las cuales medió errónea declaración de
negligencia.
Cuando se trataba, en cambio, de proceso sumario la prueba debía ser
ofrecida en el escrito en el cual se alegaba el hecho nuevo,
correspondiendo que la cámara se limite a fijar el plazo que considere
necesario para la producción de aquélla (derogado art. 489, CPCCN).
A ambos tipos de procesos, finalmente, son aplicables las normas
generales contenidas en los arts. 363 (clausura del período de prueba),
364, párr. 2º (rechazo de pruebas manifiestamente improcedentes,
superfluas o meramente dilatorias), 375 (continuidad de los plazos de
prueba), 376 (constancias de expedientes judiciales), 377 (carga de la
prueba), 378 (medios de prueba), 383 (plazo para el libramiento de oficios
y exhortos), 384 (negligencia), 385 (prueba producida y agregada) y 386
(apreciación de la prueba), sin perjuicio de las limitaciones y modalidades
a que se hallaban sujetas las pruebas testimonial y pericial en los procesos
sumarios (derogados arts. 491, 493 y 494).
b) En lo que concierne a la recepción de la prueba que requiera la
celebración de audiencias, dispone el art. 263 del CPCCN que "los
miembros del tribunal asistirán a todos los actos de prueba en los

212 
 
supuestos que la ley establece o cuando así lo hubiese solicitado
oportunamente alguna de las partes en los términos del art. 34, inc. 1º (es
decir con anticipación no menor de dos días a la realización de
la audiencia). En ellos llevará la palabra el presidente. Los demás jueces,
con su autorización, podrán preguntar lo que estimaren oportuno"(59).
La misma solución corresponde en el caso de que las actuaciones de
prueba deban realizarse fuera de la sede de la cámara, pero dentro del
radio urbano del lugar (art. 381, CPCCN). Si, por el contrario, dichas
actuaciones deben practicarse fuera del radio urbano pero dentro de la
circunscripción judicial, los integrantes de la cámara pueden trasladarse
para recibirlas, o encomendar la diligencia al órgano judicial de la
respectiva localidad (íd., art. 382).
Cuando se trata de un reconocimiento judicial, cualquiera que sea el
lugar en que se verifique, deben asistir al acto los miembros del tribunal
que éste determine (íd., art. 480), sin perjuicio de la concurrencia de todos
los jueces integrantes de aquél (supra, nro. 523).
c) Como ocurre en el procedimiento de primera instancia, y siempre que
se trate de un proceso ordinario, la ley admite la posibilidad de que las
partes presenten un alegato sobre el mérito de la prueba producida en la
alzada. El plazo para presentarlo es de seis días, pero las partes no
pueden retirar el expediente (art. 262, párr. 2º, CPCCN)(60). Dicho plazo se
computa desde que adquiere carácter firme la providencia dictada por el
prosecretario mediante la cual se ponen los autos en la oficina para alegar.
Una regla similar regía en los procesos sumarios, con la variante de que
el plazo para alegar comenzaba a correr desde la notificación, personal o
por cédula, de la resolución del presidente de la cámara o sala que declara
clausurado el período de prueba (derogado art. 495, párr. 2º, CPCCN).
d) El CPCCN acuerda a las partes la facultad de informar oralmente
ante el tribunal. Expresa al respecto el art. 264 del citado ordenamiento
que "si se pretendiere producir prueba en segunda instancia, dentro de
quinto día de notificada la providencia a que se refiere el art. 259, las partes
manifestarán si van a informar in voce", y que "si no hicieren esa
manifestación o no informaren, se resolverá sin dichos informes"(61). La
norma, como se advierte, exige que las partes anticipen su intención
de informar oralmente dentro del plazo de cinco días contados desde la
notificación de la providencia que ordena poner el expediente en la oficina.
Formulada esa manifestación, y una vez presentados los alegatos,
corresponde fijar la audiencia destinada a la recepción de las alegaciones
orales de las partes. Con anterioridad a la celebración de esa audiencia, y
a fin de no desvirtuar su eficacia, es necesario que los miembros del
tribunal hayan realizado un primer estudio del expediente(62).

213 
 
687. Llamamiento de autos y sorteo
a) La faz instructoria en el procedimiento de segunda instancia concluye
con la resolución mediante la cual se llama autos para dictar sentencia, no
cabiendo, con posterioridad al pronunciamiento de dicha resolución,
ninguna alegación o acto probatorio propuesto por las partes, sin perjuicio
de las medidas de prueba que la cámara puede disponer de oficio
conforme a la facultad acordada por el art. 36, inc. 4º,
del CPCCN. Dispone al respecto el art. 268, primera oración, de dicho
ordenamiento, que "con la expresión de agravios y su contestación, o
vencido el plazo para la presentación de ésta y, en su caso, sustanciadas
y resueltas las cuestiones a que se refieren los arts. 260 y ss., se
llamará autos y, consentida esta providencia, el expediente pasará al
acuerdo sin más trámite"(63).
b) "El orden para el estudio y votación de las causas —agrega el art.
268, in fine— será determinado por sorteo, el que se realizará al menos
dos veces en cada mes"(64). La fecha del sorteo del expediente determina
el comienzo del plazo para el pronunciamiento de la sentencia definitiva
(art. 34, inc. 3º, c]), siendo aquél de sesenta días. En cuanto a la forma en
que se aplica el art. 167 del CPCCN a los órganos colegiados, cabe remitir
a lo dicho supra, nro. 183.
El art. 269 del CPCCN, por último, complementa a la norma
anteriormente transcripta y asegura la publicidad del movimiento interno
de los expedientes en tanto prescribe que "la secretaría llevará un libro
que podrá ser examinado por las partes, sus mandatarios o abogados, en
el cual se hará constar la fecha del sorteo de las causas, la de remisión de
los expedientes a los jueces y la de su devolución"(65).

II. PROCEDIMIENTO DE LA APELACIÓN CONCEDIDA EN RELACIÓN(66)

688. Memoriales

214 
 
a) Analizados los casos en que el recurso de apelación debe
concederse en relación, así como las diferencias fundamentales que lo
separan del recurso concedido libremente, corresponde ahora examinar el
procedimiento aplicable a la primera de las mencionadas modalidades.
b) En lo que atañe a la fundamentación del recurso concedido en
relación, existen en la legislación argentina distintos sistemas referidos en
la instancia en que aquélla debe realizarse a las consecuencias que trae
aparejada su omisión y a la posibilidad o no de contradecir los
agravios expresados por el apelante.
El CPCCN inserta la etapa de fundamentación en el procedimiento de
primera instancia, impone al apelante la carga de presentar un memorial
de agravios cuya falta o insuficiencia determinan la deserción del recurso
y acuerda al apelado la posibilidad de contradecir dichos agravios.
"Cuando procediere la apelación en relación sin efecto diferido —dispone
el art. 246, párr. 1º, de dicho ordenamiento—, el apelante deberá fundar el
recurso dentro de los cinco días de notificada la providencia que lo
acuerde. Del escrito que presente se dará traslado a la otra parte por el
mismo plazo. Si el apelante no presentare memorial, el juez de
primera instancia declarará desierto el recurso"(67).
El plazo que se otorga al apelante para la presentación del memorial
comienza a computarse desde el día siguiente al de la notificación, por
ministerio de la ley(68), de la providencia que concede el recurso, siendo en
consecuencia innecesario el dictado de cualquier resolución posterior que
disponga poner el expediente en la oficina a fin de dar cumplimiento a la
carga mencionada(69). Por lo demás, según se dijo supra, nro. 625, no
procede la devolución del escrito en el que simultáneamente se interpone
y fundamenta el recurso, aunque en tal hipótesis, por configurarse la
situación prevista en el art. 135, inc. 12) del CPCCN, el traslado a la parte
contraria debe notificarse por cédula(70).
Si se trata de un proceso sumarísimo, y en virtud de la norma contenida
en el art. 498, inc. 3º, del CPCCN, el memorial debe presentarse dentro
del plazo de tres días contado desde la notificación de la providencia que
otorga el recurso.
En el caso de que cualquiera de las partes considere que el recurso
concedido en relación debió serlo libremente, puede solicitar la
rectificación de la respectiva providencia dentro del plazo de tres días (art.
246, párr. 2º, CPCCN) (supra, nro. 628), en cuyo caso el plazo para la
presentación del memorial se suspende hasta tanto el juez se expida
sobre el reclamo(71); pero no formulado el pedido de rectificación dentro del
plazo correspondiente, y transcurridos los cinco días prescriptos para
fundamentar el recurso, éste debe declararse desierto(72).
Frente al incumplimiento de la carga impuesta por el primer apartado
del art. 246, es al juez de primera instancia a quien incumbe declarar la
deserción del recurso(73), aunque igual declaración puede emitir la cámara,
215 
 
una vez que el expediente le es remitido, si comprueba la inadvertencia en
que incurrió el juez sobre la extemporaneidad de la presentación del
memorial.
Por lo que concierne a su contenido, este último debe reunir los mismos
requisitos exigidos a la expresión de agravios, de manera que el
recurrente tiene la carga de formular una crítica concreta y razonada de la
resolución impugnada, no bastando la remisión a las manifestaciones
vertidas en anteriores actos procesales(74). Valen, por lo tanto, con
respecto al punto, las consideraciones expuestas supra, nro. 676.
El incumplimiento de dichos requisitos autoriza a la cámara (no al juez)
para declarar la deserción del recurso.
Presentado el memorial por el apelante, corresponde conferir traslado
(que se notifica por ministerio de la ley)(75)a la parte contraria, quien debe
contestarlo dentro del plazo de cinco días. Como ocurre en el caso de falta
de contestación a la expresión de agravios, la omisión de contestar el
memorial no tiene otro efecto que el consistente en vedar al apelado la
posibilidad de hacerlo con posterioridad, debiendo proseguir el
procedimiento mediante la remisión del expediente a la cámara con el
memorial presentado por el recurrente.
Cabe recordar, finalmente, que el art. 248 del CPCCN, en tanto
prescribe que "cuando el recurso de apelación se hubiese interpuesto
subsidiariamente con el de reposición, no se admitirá ningún escrito para
fundar la apelación", se refiere a quien interpuso el recurso de reposición
rechazado pero no a la parte contraria que apela de la resolución que
acoge aquel recurso. Esta última, por lo tanto, tiene derecho a presentar
memorial para fundar la apelación(76).
c) La mayoría de los Códigos provinciales no adaptados al CPCCN
establece que la fundamentación del recurso concedido en relación debe
efectuarse en la segunda instancia, y algunos de esos ordenamientos
(v.gr., Córdoba, art. 374; Mendoza, art. 142-III; Santa Fe, art. 378) imputan
a la falta de presentación de memorial o de expresión de agravios la
consecuencia consistente en la deserción del recurso. El derogado Código
de Salta, en cambio (art. 276), otorgaba a la fundamentación carácter
facultativo y, por lo tanto, no impedía que, aun en ausencia de aquélla, el
tribunal emitiera pronunciamiento sobre la apelación.

689. Trámite ante la cámara


a) En términos generales, y como se anticipó supra, nro. 626, las
características fundamentales del procedimiento de la apelación

216 
 
concedida en relación —y que lo diferencian del correspondiente a la
apelación libre— consisten en la mayor simplicidad de sus dimensiones
temporales y formales y en las restricciones a que se hallan sometidos los
actos instructorios que lo integran, los cuales se circunscriben, como regla,
a las alegaciones de las partes, con exclusión de los actos de prueba.
El examen de la legislación procesal vigente en nuestro país pone, sin
embargo, de resalto algunas variantes que serán analizadas a
continuación.
b) En concordancia con el sistema de fundamentación instituido por
el art. 246 del CPCCN, estudiado en el número precedente, el art. 275 del
referido ordenamiento dispone, en su párr. 1º, que "si el recurso se hubiese
concedido en relación, recibido el expediente con sus memoriales, la
cámara, si el expediente tuviere radicación de sala,
resolverá inmediatamente. En caso contrario dictará la providencia
de autos"(77).
Con la salvedad que se formulará más adelante, el procedimiento ante
la Cámara de Apelaciones se reduce, por lo tanto, a la faz decisoria del
recurso, siendo necesario el dictado de la providencia de autos que se
notifica por ministerio de la ley y tiene por objeto acordar a las partes la
posibilidad de ejercer la facultad de recusación, en el caso de que
el expediente no se hubiese radicado con anterioridad en la sala que va a
decidir.
Agrega el párr. 2º del art. 275, que "no se admitirá la apertura a prueba
ni la alegación de hechos nuevos"(78), norma que, según se advierte,
corrobora la limitación instructoria del procedimiento.
La cámara, en consecuencia, debe emitir pronunciamiento sobre la
base de los hechos invocados y de los actos de prueba producidos en
primera instancia, hallándose también involucrada en la prohibición que
establece la norma transcripta la agregación de documentos(79). Pero el
tribunal, de oficio, puede ejercer la facultad que le acuerda el art. 36, inc.
4º, del CPCCN(80).
c) La forma y el contenido de la sentencia con que culmina el
procedimiento de segunda instancia serán objeto de estudio infra, nro.
745.

III. PROCEDIMIENTO DEL RECURSO ORDINARIO DE APELACIÓN ANTE LA CORTE SUPREMA(81)

217 
 
690. Concesión del recurso y providencia inicial
a) En el supuesto de que la respectiva Cámara de Apelaciones resuelva
conceder el recurso ordinario de apelación previsto por el art. 24, inc. 6º,
subinc. a), del dec.-ley 1285/1958 (supra, nro. 630), en la misma
providencia debe disponer la remisión del expediente original a la Corte
Suprema de Justicia de la Nación. La remisión debe efectuarse dentro del
plazo de cinco días contado desde el otorgamiento del recurso si la cámara
tiene su sede en la Capital Federal, o desde la presentación de la parte
apelada constituyendo domicilio en la Capital (o a partir de la fecha en que
venció el plazo para cumplir dicho acto) si se trata de un tribunal que tiene
su asiento fuera de dicho distrito (arts. 251 y 255, CPCCN). Cabe añadir
que como el recurso ordinario ante la Corte Suprema sólo procede en
efecto suspensivo, son inaplicables a su respecto tanto el art. 250 como el
art. 251 en cuanto alude a la formación de la "pieza separada".
b) Recibido el expediente por la Corte Suprema corresponde que aquél
sea puesto en secretaría mediante el dictado de una providencia que se
notifica personalmente o por cédula (art. 280, párr. 2º, CPCCN). Esta
última debe diligenciarse en el domicilio constituido por las partes en
las instancias inferiores, si se trata de un proceso proveniente de un
tribunal con sede en la Capital Federal, o en el domicilio que las partes
hubiesen constituido en la oportunidad prevista por el art.
249 del CPCCN (o sea, en el escrito de interposición del recurso, el
apelante, y dentro de quinto día de concedido aquél, el apelado), en el
caso de que el juicio haya tramitado ante un tribunal con asiento fuera de
la Capital. La parte que no hubiese cumplido con la carga de constituir
domicilio queda notificada de la providencia de autos, así como de las
restantes resoluciones que se dicten, por ministerio de la ley (art. 249, párr.
3º, CPCCN).

691. Sustanciación
a) Dentro de los diez días siguientes al de la notificación de la
providencia aludida en el número precedente, el apelante debe presentar
un memorial del que corresponde dar traslado a la otra parte por igual
plazo (art. 280, párr. 3º, CPCCN).

218 
 
En virtud de no figurar en la enumeración que contiene el art.
135 del CPCCN, la providencia de traslado se notifica por ministerio de la
ley.
Para el apelante, por lo tanto, la fundamentación del recurso ante la
Corte configura una verdadera carga procesal, ya que de acuerdo con lo
prescripto por el art. 280, párr. 3º, del CPCCN, "la falta de presentación del
memorial o su insuficiencia traerá aparejada la deserción del recurso"(82).
Al igual que la expresión de agravios, el memorial a presentar ante la
Corte debe contener una crítica razonada y concreta de las partes de la
sentencia que el apelante considere equivocadas, no siendo suficiente la
remisión a lo expresado en anteriores presentaciones(83). Tampoco cabe,
en el memorial, la introducción de cuestiones no sometidas a decisión en
las instancias anteriores(84).
El recurso ordinario de apelación en tercera instancia comprende el de
nulidad por defectos de la sentencia (arts. 253 y 255, CPCCN),
pero incumbe al recurrente, en el memorial, hacer concreto mérito de tales
defectos, porque en caso contrario no pueden ser considerados por la
Corte.
b) El procedimiento aplicable al recurso analizado reúne las
características del correspondiente a la apelación concedida en relación,
de manera que la Corte Suprema debe decidir sobre la base de los actos
producidos en las instancias anteriores y de los agravios contenidos en el
memorial. De allí que el párrafo final del art. 280 del CPCCN prescriba que
"en ningún caso se admitirá la apertura a prueba ni la alegación de hechos
nuevos"(85). Ello no obsta, sin embargo, para que el tribunal ejerza, si lo
estima conveniente, las facultades instructorias que le acuerda el art.
36, inc. 4º, del CPCCN.

692. Trámite posterior


Ordenada la agregación del memorial presentado por el apelante y
contestado el traslado o transcurrido el plazo para hacerlo corresponde
disponer el llamamiento de autos (art. 280, párr. 4º, CPCCN), sin perjuicio
de que, con anterioridad al pronunciamiento de la sentencia, el tribunal
haga uso de las facultades aludidas en el número precedente.
La forma y el contenido de la sentencia serán objeto de análisis infra,
nro. 745.

219 
 
IV. PROCEDIMIENTO DEL RECURSO EXTRAORDINARIO ANTE LA CORTE SUPREMA(86)

693. Sustanciación, concesión del recurso, efectos y remisión del


expediente
a) A diferencia del régimen vigente con anterioridad a la promulgación
de la ley 22.434, la sustanciación previa del recurso extraordinario federal
debe en la actualidad desarrollarse íntegramente ante el juez, tribunal u
organismo administrativo que dictó la resolución impugnada mediante
aquél.
Interpuesto en efecto el recurso con sujeción a los requisitos
analizados supra, nros. 647 y 648, dispone el art. 257, párr. 2º,
del CPCCN que de la correspondiente presentación "se dará traslado por
diez días a las partes interesadas, notificándolas personalmente o por
cédula". Por "partes interesadas" debe entenderse aquellas que
hayan invocado derechos o asumido posiciones contrapuestas a las del
recurrente, de modo que no cabe notificar el traslado a los litisconsortes
que tengan con aquél un interés coincidente. Cuando, asimismo, el
recurso se deduce contra una resolución dictada por un tribunal provincial,
las formas de practicarse la notificación personal o por cédula se rigen por
las normas vigentes en el orden local.
Si se trata de causas que tramitan ante tribunales con sede fuera de la
Capital Federal, el recurrente en el escrito de interposición del recurso y la
otra parte en oportunidad de contestar el traslado a que alude el art.
257 del CPCCN tienen la carga de constituir domicilio en aquélla porque
de lo contrario, como lo dispone la norma citada en su párr. 3º, se exponen
al riesgo de que las providencias que eventualmente dicte la Corte
Suprema les sean notificadas por ministerio de la ley.
b) El art. 257, párr. 2º, del CPCCN prescribe que "contestado el
traslado, o vencido el plazo para hacerlo, el tribunal de la causa decidirá
sobre la admisibilidad del recurso".
Es, por consiguiente, al órgano judicial o administrativo que dictó la
resolución impugnada a quien incumbe emitir el primer juicio acerca de la
admisibilidad del recurso extraordinario, requiriéndose entonces un
pronunciamiento explícito que no puede suplirse mediante la simple orden
de remisión del expediente a la Corte Suprema(87). Dicho pronunciamiento
debe hallarse asimismo debidamente fundado, por cuanto de lo contrario,
220 
 
conforme a reiterada jurisprudencia, adolece de nulidad en los términos
del art. 169, párr. 2º, del CPCCN(88).
c) Frente al supuesto de que el juicio de admisibilidad sea favorable al
impugnante, la concesión del recurso tiene efecto suspensivo(89).
A título excepcional, sin embargo, el art. 258 del CPCCN—
reproduciendo la norma contenida en el art. 7º de la ley 4055— dispone
que "si la sentencia de la cámara o tribunal fuese confirmatoria de la
dictada en primera instancia, concedido el recurso, el apelado podrá
solicitar la ejecución de aquélla, dando fianza de responder de lo que
percibiese, si el fallo fuera revocado por la Corte Suprema. Dicha fianza
será calificada por la cámara o tribunal que hubiese concedido el recurso
y quedará cancelada si la Corte Suprema lo declarase improcedente o
confirmase la sentencia recurrida. El fisco nacional está exento de la fianza
a que se refiere esta disposición".
De la norma transcripta se sigue que: 1º) es inaplicable a las sentencias
dictadas en única instancia; 2º) sólo son ejecutables los fallos de contenido
patrimonial; 3º) todo lo referente a la ejecución del fallo impugnado debe
peticionarse y eventualmente debatirse ante el superior tribunal de la
causa(90).
d) Concedido el recurso, y previa notificación personal o por cédula de
la pertinente decisión, corresponde remitir las actuaciones a la Corte
Suprema dentro de los cinco días contados de la última notificación. Si el
tribunal superior de la causa tiene su asiento fuera de la Capital Federal,
la remisión debe efectuarse por correo (o vía aérea), a costa del recurrente
(art. 257, párr. 2º, CPCCN).
El art. 257, in fine, del CPCCN prescribe, asimismo, que "regirá,
respecto de este recurso lo dispuesto en el art. 252", norma que, a su vez,
dispone que "la falta de pago del impuesto o sellado de justicia no impedirá
en ningún caso la concesión o trámite del recurso". Ello no implica, sin
embargo, la consagración de una exención tributaria, pues el cobro
correspondiente debe gestionarse en expediente por separado (ley
21.859,art. 13)(91).

694. Radicación del expediente en la corte y trámite posterior


a) Dispone al respecto el art. 280, párr. 1º, del CPCCN que "cuando la
Corte Suprema conociere por recurso extraordinario, la recepción de la
causa implicará el llamamiento de autos". En la práctica, sin embargo,
particularmente como arbitrio encaminado a posibilitar la recusación de
uno o más jueces del tribunal —que conforme a lo prescripto en el art.

221 
 
18 del CPCCN debe deducirse al día siguiente de la notificación de la
primera providencia que se dicte—, el secretario de actuación emite un
decreto en el que se dispone el mencionado llamamiento de autos.
En esa misma providencia debe conferirse vista al procurador general
de la Nación en los supuestos contemplados en los incs. a), aps. 3º y 5º, b)
y c), del art. 33de la ley 24.946, es decir, respectivamente, en las causas
en que la Corte entienda a raíz de recursos de apelación ordinaria en las
materias previstas en el art. 24, inc. 6º, aps. b) y c), del dec.-ley
1285/1958 (extradición y causas originadas en apresamientos o embargos
marítimos en tiempo de guerra, salvamento militar y nacionalidad del
buque, legitimidad de su patente o regularidad de sus papeles), en las que
se articulen cuestiones federales, salvo que concurra la hipótesis del art.
280 del CPCCN o el recurso fuese manifiestamente inadmisible, y en las
que se impulse la acción pública mediante la manifestación de que ratifica
o desiste del recurso deducido por los fiscales (nacionales o
federales) intervinientes en la instancia precedente(92).
También corresponde otorgar intervención al defensor general de la
Nación en los casos en que la causa ingrese a la Corte con motivo de los
recursos interpuestos, en el orden de la justicia nacional, por los
defensores oficiales o los defensores públicos de menores e incapaces
(ley 24.946,art. 51, inc. a]).
b) Al referirse, en general, al procedimiento recursivo ante la Corte
Suprema, el art. 280, in fine, del CPCCN dispone que "en ningún caso se
admitirá la apertura a prueba ni la alegación de hechos nuevos".
La norma exhibe particular justificación en el caso del
recurso extraordinario, a través del cual se abre una instancia
de excepción que versa, como regla, sobre temas de derecho, lo cual no
obsta, empero, para que el tribunal ejerza, si lo estima conveniente, las
facultades instructorias que acuerda a los órganos judiciales el art. 36, inc.
4º, del CPCCN. Tampoco procede, en la instancia extraordinaria, la
agregación de documentos(93).

695. Sentencia
En razón de que el recurso extraordinario federal se sustancia
íntegramente, como se ha visto, ante el tribunal superior de la causa, y no
siendo admisible, ante la Corte Suprema, la producción de actos
alegatorios y probatorios, una vez evacuados, en su caso, los dictámenes
del procurador o del defensor general de la Nación, corresponde el dictado
de la sentencia cuya forma y contenido serán analizados infra, nro. 747.

222 
 
V. PROCEDIMIENTO DEL RECURSO DE INAPLICABILIDAD DE LA LEY EN EL ORDEN NACIONAL(94)

696. Sustanciación
a) Interpuesto el recurso de inaplicabilidad de la ley, como se vio supra,
nro. 657, ante la sala que dictó la sentencia, corresponde ante todo
acordar a la parte contraria la posibilidad de ser oída con anterioridad a la
declaración de admisibilidad o inadmisibilidad de la impugnación.
b) Dispone, en efecto, el art. 292, párrafo final, del CPCCN que "del
escrito de recurso se dará traslado a la otra parte, por el plazo de diez
días", agregando el art. 293, en su párr. 1º, que "contestado el traslado a
que se refiere el artículo anterior o, en su caso, vencido el plazo para
hacerlo, el presidente de la sala ante la cual se ha interpuesto el recurso
remitirá el expediente al presidente de la que le siga en el orden del turno".
El art. 293 del mencionado ordenamiento continúa expresando que
dicha sala "determinará si concurren los requisitos de admisibilidad,
si existe contradicción y si las alegaciones que se refieren a la procedencia
del recurso son suficientemente fundadas. Si lo declarare inadmisible
o insuficiente, devolverá el expediente a la sala de origen; si lo estimare
admisible concederá el recurso en efecto suspensivo y remitirá los autos
al presidente del tribunal. En ambos casos, la resolución es irrecurrible".
La intervención de la sala que le sigue en el orden del turno a la que
dictó la sentencia no debe, por lo tanto, circunscribirse a verificar si
concurren, en el caso, los requisitos subjetivos y objetivos, así como los
del lugar, tiempo y forma a los que la ley supedita la admisibilidad del
recurso (v.gr., si se trata de sentencia definitiva, si el escrito
de interposición se halla debidamente fundado, si el precedente que se
estima contradictorio fue objeto de oportuna invocación en el juicio), sino
que también dicha sala se encuentra habilitada para pronunciarse acerca
de la existencia o inexistencia de contradicción, extremo este cuyo
análisis, durante la vigencia del régimen derogado por la ley
22.434,incumbía en forma privativa a la cámara en pleno.
No obstante, la sala que dictó el fallo recurrido se halla habilitada para
desestimar la impugnación cuando ésta resulta
manifiestamente inadmisible(95).

223 
 
Sea positivo o negativo, el juicio de admisibilidad formulado por la sala
reviste carácter definitivo, y en el primer supuesto el recurso debe
otorgarse en efecto suspensivo, lo cual implica que la sentencia
impugnada no puede ser objeto de ejecución hasta tanto recaiga
pronunciamiento del tribunal plenario sobre el fondo del asunto. De ello se
sigue que, de acuerdo con el régimen actual, el juicio de admisibilidad
compete, como regla, en todos sus aspectos, a la sala que sigue en el
orden del turno, en tanto que el juicio de
fundabilidad incumbe exclusivamente a la cámara en pleno aunque no
cabe negar a ésta, como juez del recurso, la posibilidad de desestimarlo
por razón de inadmisibilidad(96).
c) Prescribe el art. 301 del CPCCN que "declarada la admisibilidad del
recurso de conformidad con lo establecido en el art. 293, el presidente
notificará a las salas para que suspendan el pronunciamiento definitivo en
las causas en que se debaten las mismas cuestiones de derecho; el plazo
para dictar sentencia se reanudará cuando recaiga el fallo plenario. Si la
mayoría de las salas de la cámara hubiere sentado doctrina coincidente
sobre la cuestión de derecho objeto del plenario, no se suspenderá el
pronunciamiento y se dictará sentencia de conformidad con esa doctrina.
Los miembros del tribunal podrán dejar a salvo su opinión personal".
El fundamento de la norma transcripta consiste en evitar la posibilidad
de que persistan discrepancias jurisprudenciales cuando se halla
pendiente de sustanciación el procedimiento destinado a superarlas. El
precepto, por otra parte, es aplicable tanto en el caso de que la
convocatoria a tribunal plenario se haya formulado a raíz de la concesión
del recurso de inaplicabilidad de la ley, como en el de que aquélla
obedezca a la iniciativa de cualquiera de las salas de la cámara (art.
302, CPCCN)(97).
La suspensión de pronunciamientos no cabe en la hipótesis de que la
mayoría de las salas haya establecido una doctrina uniforme acerca de la
cuestión o cuestiones materia de convocatoria, por cuanto en dicha
hipótesis media, como dice Colombo, un "plenario virtual"(98), que, en el
orden de las probabilidades normales, anticipa la doctrina que prevalecerá
en el fallo. De allí que se imponga su acatamiento con anterioridad a la
reunión del tribunal.

697. Dictado de la providencia de autos


Prescribe al respecto el art. 294 del CPCCN que "recibido
el expediente, el presidente del tribunal dictará la providencia de autos, y
firme ésta, determinará la cuestión a resolver; si fueren varias, deberán ser
224 
 
formuladas separadamente y, en todos los casos, de manera que permita
contestar por sí o por no".
Por lo tanto, concedido el recurso por la sala que le sigue en el orden
del turno a aquella que dictó la sentencia, y recibido el expediente por el
presidente de la cámara, éste debe dictar la providencia de autos, la que
adquiere carácter firme una vez transcurrido el plazo de tres días sin que
contra ella se deduzca el recurso de reposición (arts. 239 y 273, CPCCN).

698. Determinación de las cuestiones a resolver


a) Firme la providencia de autos, el presidente del tribunal debe
determinar cuál o cuáles son las cuestiones que corresponde decidir a la
cámara reunida en pleno, aunque se trata, como se verá, de una
determinación provisional.
El procedimiento a observar para la determinación de dichas cuestiones
se halla reglamentado por los arts. 295 y 296 del CPCCN. Dispone el
primero que "el presidente hará llegar en forma simultánea a cada uno de
los integrantes del tribunal copias del memorial y de su contestación, si las
hubiere, y un pliego que contenga la o las cuestiones a decidir,
requiriéndole para que dentro del plazo de diez días exprese conformidad
o, en su caso, formule objeciones respecto de la forma como han sido
redactadas". Agrega el art. 296 que "vencido el plazo a que se refiere el
artículo anterior, el presidente mantendrá las cuestiones o, si a su juicio
correspondiere, las modificará atendiendo a las sugerencias que le
hubiesen sido formuladas. Su decisión es obligatoria".
b) Según fácilmente se percibe, se trata de un procedimiento interno de
la cámara, cuyo desarrollo resulta manifiestamente facilitado
porque excluye la necesidad de que se practique sorteo alguno y la
posibilidad de que el expediente circule entre los distintos jueces
que integran el tribunal. Resulta acertada, sin embargo, la
opinión expresada por Di Iorio en el sentido de que, pese a la omisión
legal, el presidente de la cámara, en ejercicio de las atribuciones
genéricamente conferidas en el art. 36, debe remitir no sólo las copias del
memorial y de su contestación, sino también una copia de la sentencia
recurrida(99).

225 
 
699. Cómputo de opiniones y forma de votación
a) "Fijadas definitivamente las cuestiones —prescribe el art.
297 del CPCCN—, el presidente convocará a un acuerdo, dentro del plazo
de cuarenta días, para determinar si existe unanimidad de opiniones o, en
su caso, cómo quedarán constituidas la mayoría y la minoría".
El acuerdo a que alude esta norma constituye la única reunión plenaria
que exige el régimen legal vigente y su finalidad se circunscribe a
determinar si media unanimidad de opiniones entre los integrantes del
tribunal acerca de la solución de las cuestiones ya definitivamente fijadas,
y, en caso contrario, quiénes son los jueces que votarán por la afirmativa
o por la negativa con respecto a dichas cuestiones.
b) "La mayoría y la minoría —dispone el art.
298 del CPCCN— expresarán en voto conjunto e impersonal y dentro del
plazo de cincuenta días la respectiva fundamentación. Los jueces de
cámara que estimaren pertinente ampliar los fundamentos, podrán hacerlo
dentro del plazo común de diez días, computado desde el vencimiento del
plazo anterior".
Esta norma se refiere al proyecto de sentencia que debe remitirse al
presidente del tribunal, e innova, con respecto al régimen anterior, en tanto
no requiere el voto individual de los jueces de la cámara y sólo contempla
la posibilidad de que éste se redacte en forma conjunta e impersonal,
haciéndolo separadamente los magistrados que integran la mayoría y la
minoría, sin perjuicio de la ampliación de fundamentos que pueden
efectuar aquéllos dentro del plazo fijado por la disposición transcripta.

700. Resolución
Lo concerniente al modo de obtener resolución acerca de la cuestión o
cuestiones objeto del plenario, así como a la forma, contenido y efectos de
la sentencia, será objeto de análisis infra, nro. 748.

VI. PROCEDIMIENTO DE LOS RECURSOS EXTRAORDINARIOS EN EL ORDEN PROVINCIAL(100)

226 
 
701. Generalidades
a) El procedimiento aplicable a los recursos extraordinarios previstos
por los Códigos locales se halla sujeto a distintos regímenes.
En primer lugar, la diversidad está dada, según se ha visto, por la
circunstancia de que las respectivas leyes admitan el único o doble juicio
relativo a la admisibilidad de los recursos.
En segundo lugar, mientras la mayoría de los Códigos instituyen un
procedimiento específico aplicable genéricamente a todos los
recursos extraordinarios que prevén, aunque con variantes que hacen al
contenido de la sentencia, otros estructuran procedimientos distintos para
cada recurso (Chaco, Entre Ríos, Formosa, Salta, La Pampa, San Luis,
Santiago del Estero y Tucumán).
b) Interesa añadir que la concesión o, en su caso, la interposición de los
recursos extraordinarios locales tiene, como regla, efecto suspensivo.
Hace excepción el Código de Tierra del Fuego, que adopta el principio
opuesto, salvo que el proceso versare sobre el estado civil de las
personas; pero la facultad del recurrido de ejecutar la sentencia
impugnada se neutraliza frente al caso de que el recurrente preste garantía
para responder de los perjuicios que pudiere ocasionar la demora (art.
292)(101). También el de San Luis para el recurso de revisión, aunque,
según las circunstancias del caso, el Superior Tribunal puede ordenar la
suspensión de la ejecución, siempre que el recurrente preste fianza (art.
932).
Asimismo, otros Códigos, si bien receptan el efecto suspensivo, bajo
ciertas condiciones autorizan la ejecución provisional. Así, el de Río Negro
faculta a la parte recurrida a solicitar la ejecución ofreciendo fianza para
responder de lo que percibiese si el fallo fuese casado, aunque el órgano
judicial, teniendo en cuenta la naturaleza de la condena y las
consecuencias eventualmente irreparables, puede denegar la petición (art.
290). En términos similares, el de Misiones, pero la ejecución provisoria
sólo procede en caso de sentencia de Cámara confirmatoria del
pronunciamiento de primera instancia (art. 293); también en este último
supuesto, San Luis, para el recurso de casación (art. 296), y Tucumán (art.
96, ley 6944), para el recurso de inconstitucionalidad, prevén el efecto
devolutivo otorgando el apelado fianza. El Código de La Rioja autoriza la
ejecución provisional cuando la sentencia condene al pago de sumas de
dinero, otorgando el recurrente garantía (art. 258, inc. 2º); de la misma
manera el de Córdoba (art. 388), que además prevé el efecto devolutivo
cuando el recurso se funde en la existencia de jurisprudencia
contradictoria e impugne resoluciones no definitivas (art. cit.); el de Santa

227 
 
Fe, para el recurso de inconstitucionalidad, en caso de urgencia, si la
sentencia recurrida fuese confirmatoria de la de primera instancia y
siempre que se preste caución (art. 9º, ley 7055); y régimen semejante
adopta el de Catamarca (art. 296) para el recurso de casación(102). Por fin,
los Códigos de Mendoza (art. 147) y San Juan (ley 2275,art. 5º) disponen
que resuelta la admisibilidad del recurso, el superior tribunal podrá
disponer la suspensión del proceso en el cual se deduce y solicitar
el expediente original o los testimonios que considere necesarios.

702. Regímenes con juicio de admisibilidad único


a) Algunos ordenamientos sólo contemplan un único juicio de
admisibilidad de los recursos extraordinarios, el que se defiere,
obviamente, al tribunal superior. Si bien en ciertos casos ello es
consecuencia de que la impugnación debe deducirse directamente ante el
órgano a quien incumbe conocer del recurso, en otros, pese a la
circunstancia de que el remedio se interpone ante el tribunal que dictó el
pronunciamiento recurrido, éste tiene asignada la mera recepción del
escrito respectivo, careciendo de potestad para verificar la concurrencia
de los requisitos de admisibilidad.
b) Entre los Códigos que imponen la interposición del recurso ante el
tribunal superior se encuentran los de Jujuy(103), La Rioja(104), Mendoza(105),
San Juan(106)y San Luis (recurso de revisión)(107).
c) En cambio, los Códigos de Catamarca (art. 289), Misiones (art. 286),
Neuquén (ley 1406,art. 2º) y San Luis —recurso de casación— (art. 289)
establecen como lugar de deducción del recurso la sede del órgano que
emitió el pronunciamiento impugnado. Aquél debe sustanciarse con el
recurrido, confiriéndole traslado por un plazo idéntico al que se concede
para la interposición, y contestado el traslado o vencido el plazo,
corresponde que sin más trámite se eleven los autos al superior tribunal,
a quien compete emitir el juicio de admisibilidad (Catamarca, arts. 290, 291
y 292; Misiones, arts. 287, 288 y 289(108); Neuquén, ley 1406,arts.
3º, 4º y 5º; San Luis —recurso de casación— arts. 293, 294 y 301(109)).

703. Regímenes con doble juicio de admisibilidad

228 
 
a) Los Códigos Procesales de Buenos Aires, Chaco, Chubut, Córdoba,
Corrientes, Entre Ríos, Formosa (recurso de inconstitucionalidad), La
Pampa, Río Negro, Salta (recurso de inconstitucionalidad), Santa Fe,
Santa Cruz, Santiago del Estero, Tierra del Fuego y Tucumán instituyen el
doble juicio de admisibilidad, imponiendo al órgano que dictó la sentencia
recurrida la emisión de un pronunciamiento fundado acerca de la
concurrencia o ausencia de los requisitos subjetivos, objetivos y de
actividad involucrados en el mencionado tipo de juicio.
No obstante, cabe diferenciar entre los ordenamientos que prevén la
sustanciación previa del recurso extraordinario y aquellos que omiten la
contradicción en la instancia ordinaria. Desde otro ángulo, algunos
Códigos contemplan un examen preliminar de admisibilidad ante el
superior tribunal, al tiempo que otros han eliminado esta etapa procesal,
postergándose el segundo y definitivo juicio de admisibilidad para la
oportunidad de dictar sentencia.
b) Entre los ordenamientos que prevén la sustanciación del recurso con
el recurrido con anterioridad al primer examen de admisibilidad, se
encuentran los de Córdoba (arts. 386 y 393), Corrientes (art. 278), Entre
Ríos —recurso de inaplicabilidad de ley— (art. 280), Río Negro (art. 288 y
289), Santa Fe —recurso de inconstitucionalidad— (art. 4º, ley 7055),
Tierra del Fuego (art. 291.1) y Tucumán (art. 751; art. 94, ley 6944)(110). El
plazo concedido a la contraria para responder el recurso extraordinario
coincide con el que se otorga para la interposición, y en esa pieza la
contraparte debe constituir domicilio ante el Superior Tribunal, y está
facultada para alegar tanto la inadmisibilidad como la infundabilidad de la
impugnación(111). Contestado por el recurrido el traslado conferido o
vencido el plazo para hacerlo, el tribunal que dictó la sentencia recurrida
emite el juicio de admisibilidad, concediendo o denegando el recurso
(Córdoba, arts. 386 y 393; Corrientes, arts. 278 y 280), Entre Ríos (arts.
280 y 282), Río Negro, art. 289(112); Santa Fe, ley 7055,arts. 5y 6º; Tierra
del Fuego, art. 291.1; Tucumán, art. 754; art. 94, ley 6944).
En cambio, el Código de Buenos Aires elimina la sustanciación del
recurso ante el órgano ordinario, prescribiendo el art. 281 con respecto al
de inaplicabilidad de ley, pero aplicable a los restantes
recursos extraordinarios reglamentados en el orden local (arts. 297 y 302),
que "presentado el recurso, el tribunal examinará sin más trámite: 1º) Si la
sentencia es definitiva; 2º) Si lo ha interpuesto en término; 3º) Si se han
observado las demás prescripciones legales. Enseguida se limitará a
dictar la resolución admitiendo o denegando el recurso. Esta resolución
será fundada. Cuando se admita el recurso se expresará que concurren
para hacerlo todas las circunstancias necesarias al respecto, que se
referirán; cuando se deniegue, se especificarán con precisión las
circunstancias que falten". Un régimen sustancialmente similar regulan los
Códigos de Chaco (arts. 10 y 11, dec.-ley 1413/1963; art. 29, dec.-ley
1407/1962), Chubut (art. 290), Entre Ríos —recurso

229 
 
de inconstitucionalidad— (art. 59, ley 8369), Formosa —recurso
de inconstitucionalidad— (art. 299), La Pampa (art. 265), Salta —recurso
de inconstitucionalidad— (art. 299), Santa Cruz (art. 5º, ley 1687), Santa
Fe —apelación extraordinaria— (art. 568) y Santiago del Estero —recurso
de casación e inconstitucionalidad— (arts. 302 y 846).
c) Concedido el recurso extraordinario de que se trate, corresponde el
envío del expediente al órgano judicial superior dentro de plazos que
varían de acuerdo con los distintos ordenamientos(113).
d) Algunos Códigos prevén emplazamientos destinados al cumplimiento
de cargas de distinta índole. Tal el Código de Buenos Aires, cuyo art. 282
prescribe que cuando el tribunal concedente tenga su asiento fuera de la
ciudad de La Plata, la resolución que admite el recurso debe emplazar al
recurrente para que dentro de cinco días entregue en mesa de entradas y
en sellos postales el valor del franqueo que corresponda para la remisión
del expediente a la Corte y la oportuna devolución por ésta, y que
el incumplimiento de esa carga trae aparejadas la declaración de
deserción del recurso y la aplicación de las costas; ambas resoluciones
deben notificarse personalmente o por cédula. De manera similar, lo
dispone el Código de Corrientes (art. 281).
e) Según se anticipara, gran parte de los Códigos adscriptos al sistema
del doble juicio de admisibilidad, prevén como acto inicial del
procedimiento ante el tribunal superior, el denominado "examen preliminar
de admisibilidad" como paso previo al dictado de la providencia de
"autos"(114). Así acontece en los ordenamientos de Chubut (art. 292), La
Pampa (art. 266), Río Negro (art. 292) y Santa Cruz (art. 7º, ley 1687). En
este grupo también se ubica el Código de Santiago del Estero, cuyo art.
306 acuerda al Superior Tribunal la potestad de declarar de oficio mal
concedido el recurso.
El Código de Tierra del Fuego, a la manera del recurso extraordinario
federal, ha receptado en el art. 293 el denominado certiorari, en virtud del
cual el Superior Tribunal se halla habilitado para rechazar el recurso,
según su sana discreción y con la sola invocación de esa norma, en los
supuestos de falta de agravio suficiente o cuando las cuestiones
planteadas resultaren insustanciales o carentes de trascendencia
(ver supra, nro. 650)(115). De todos modos, debe interpretarse
que aun cuando el recurso supere el examen preliminar, el superior
tribunal está en condiciones de volver sobre el tópico, declarando
la inadmisibilidad en ocasión de dictar sentencia definitiva(116).
En cambio, otros ordenamientos han eliminado el examen preliminar de
admisibilidad, y el segundo y definitivo juicio de procedencia formal se
produce al dictar sentencia. Es el caso de los Códigos de Buenos Aires
(art. 283), Chaco (art. 14, dec.-ley 1413/1962, y art. 30, dec.-ley
1407/1962), Córdoba (art. 387), Corrientes (arts. 282 y 284), Entre Ríos

230 
 
(art. 282; art. 60, ley 8369), Salta (art. 300), Santa Fe (art. 569; arts.
7º y 11, ley 7055) y Tucumán (art. 756; art. 97, ley 6944).
No obstante, el régimen bonaerense ha sido modificado con la reforma
de la ley 5827, cuyo art. 31 bis, siguiendo en parte el modelo del
recurso extraordinario federal y del Código de Tierra del Fuego, dispone
que si la Sup. Corte Bs. As., en cualquier estado de la tramitación,
considera que los recursos extraordinarios no reúnen los requisitos
esenciales, que han sido insuficientemente fundados, que plantean
agravios desestimados por el mismo tribunal en otros casos análogos, o
que la cuestión que someten a su conocimiento es insustancial o carece
de trascendencia, puede rechazarlos con la sola invocación de la norma
citada y la referencia a cualquiera de las circunstancias
precedentemente expuestas. Significa que el Superior Tribunal, antes o
después del llamamiento de autos al que alude el art. 283, está habilitado
para emitir un juicio negativo de admisibilidad. La desestimación,
mediante interlocutoria, puede fundarse en que la cuestión planteada
es intrascendente o insustancial, lo que comprende la existencia de
doctrina legal adversa (ver supra nro. 650); también, en la ausencia de
requisitos esenciales, esto es, de recaudos cuya inconcurrencia determina
sin más la inadmisibilidad del recurso, entre los que se encuentra la
suficiencia de la fundamentación recursiva.
f) En los ordenamientos que no prevén la sustanciación del recurso ante
el tribunal ordinario, dictada la providencia de "autos" y notificada en el
domicilio constituido, cada parte, dentro del plazo de diez días, puede
presentar una memoria relativa a su recurso o al interpuesto por la
contraria. Tal lo previsto por el art. 284 del Código de Buenos Aires.
Normas sustancialmente similares contienen los Códigos de Chaco (art.
16, dec.-ley 1413/1962; art. 32, dec.-ley 1407/1962), Chubut (art. 293),
Santa Cruz (art. 8º, ley 1687), Salta (art. 301) y Santiago del Estero (art.
305). El Código de Santa Fe, con respecto a la apelación extraordinaria,
ofrece la variante de que si bien los memoriales deben ser presentados
ante el tribunal superior, el plazo para hacerlo (quince días) corre desde la
notificación de la providencia que acuerda el recurso (art. 569).
Finalmente, debe interpretarse que el ordenamiento de Formosa, en virtud
de la remisión del art. 300, también admite los memoriales en el trámite
del recurso de inconstitucionalidad, los que deben presentarse dentro del
quinto día de notificada la providencia de autos.
De acuerdo con los ordenamientos precedentemente mencionados, la
falta de presentación del memorial no lleva aparejada la deserción del
recurso, criterio que es sin duda acertado si se tiene en cuenta que ese
acto alegatorio no cumple la función de fundamentar el
recurso extraordinario, ya que ello se produjo en la instancia ordinaria,
juntamente con la interposición, sino la consistente en ampliar los
argumentos que sustentan los motivos de impugnación oportunamente
formulados(117). Tampoco acarrea consecuencias perjudiciales para el

231 
 
recurrido, fuera de que pierde la ocasión de plantear la inadmisibilidad
o infundabilidad del recurso extraordinario de la contraria.
Diverso es el procedimiento que regula el Código de La Pampa, ya que
declarado admisible el recurso por el Superior Tribunal, debe correrse
traslado al recurrido por diez días y, en su caso, al Procurador General,
cumplido lo cual corresponde dictar la providencia de autos (art. 266). Un
procedimiento semejante rige en Entre Ríos para el recurso
de inconstitucionalidad, con la diferencia de que el traslado a la contraria
se confiere por ocho días (ley 8369,art. 60).

704. Trámite posterior


Es sustancialmente similar en todos los Códigos vigentes: cumplidos los
actos procesales descriptos en los párrafos que anteceden y oído el
representante del Ministerio Público cuando la materia lo requiere,
el expediente pasa a estudio de los integrantes del tribunal a los fines del
pronunciamiento de la sentencia. Hace excepción el Código de Jujuy, cuyo
art. 245 intercala un acto alegatorio de carácter oral (vista de la causa)
antes de que los magistrados del tribunal pasen a deliberar.
La forma, contenido y efectos de la sentencia, así como el destino de
los depósitos que algunos Códigos, como se vio, erigen en requisito de
admisibilidad de ciertos recursos extraordinarios, se analizarán infra, nros.
749/751.

CAPÍTULO L - LOS DENOMINADOS RECURSOS DE QUEJA POR RETARDO O


DENEGACIÓN DE JUSTICIA, DE RESCISIÓN Y DE REVISIÓN

SUMARIO: I. GENERALIDADES: 705. Panorama


de la legislación argentina.— 706.
Terminología. II. QUEJA POR RETARDO O
DENEGACIÓN DE JUSTICIA: 707. Concepto y
naturaleza.— 708. Procedimiento.— 709.
Efectos. III. RESCISIÓN: 710. Concepto y
naturaleza.— 711. Procedimiento y
efectos. IV. REVISIÓN: 712. Concepto y
naturaleza.— 713. Requisitos subjetivos.—

232 
 
714. Requisitos objetivos: Resoluciones
impugnables; Causales de revisión.— 715.
Requisitos de lugar, tiempo y forma.— 716.
Procedimiento.

I. GENERALIDADES

705. Panorama de la legislación argentina


Con excepción del CPCCN y de algunos de los ordenamientos que a él
se han adaptado, los restantes Códigos vigentes en el país contemplan
uno, algunos o todos los denominados recursos mencionados en el título
del presente capítulo, y guardan, según se verá, notorias analogías en lo
que atañe a su reglamentación, circunstancia que obedece a la
coincidencia de las fuentes legales utilizadas. Cabe añadir que los Códigos
que admiten la rescisión la regulan junto con la rebeldía, y que los más
modernos, como los de Mendoza y San Juan, no le acuerdan la
denominación de recurso. Algo similar ocurre con la queja por retardo, que
algunos Códigos legislan separadamente de los recursos y no les
confieren tal carácter. En cuanto a la revisión, por último, no todos los
ordenamientos que prevén sus causales típicas le asignan ese nombre.

706. Terminología
Sin perjuicio de lo expuesto en el número precedente, la queja por
retardo o denegación de justicia, la rescisión y la revisión no configuran,
en rigor, verdaderos recursos, según se demostrará al analizar en
particular cada uno de esos remedios procesales.

233 
 
II. QUEJA POR RETARDO O DENEGACIÓN DE JUSTICIA(1)

707. Concepto y naturaleza


a) La queja por denegación o retardo de justicia es, en términos
generales, el remedio otorgado frente a la demora incurrida por un órgano
judicial en dictar alguna resolución, a fin de que el órgano jerárquicamente
superior intime a aquél para que se pronuncie dentro de un plazo
determinado.
Dicho remedio se halla reglamentado por algunos Códigos vigentes en
la República, con las variantes que se examinarán más adelante. En
cambio, el CPCCN, así como los ordenamientos que a él se adaptaron(2),
sustituyeron la queja por la pérdida automática de la jurisdicción, aunque
circunscribiendo ese efecto al caso de morosidad en el pronunciamiento
de las sentencias definitivas por parte de los jueces de primera instancia y
Cámaras de Apelaciones (art. 167), y descartando, por ende (sin perjuicio
de la eventual aplicación de sanciones disciplinarias), la posibilidad de
urgir la emisión de otro tipo de resoluciones (providencias simples y
sentencias interlocutorias) cuando han transcurrido los plazos que la ley
establece para dictarlas (supra, nro. 183). Se trata de una omisión que
debe subsanarse, siempre que se arbitren los mecanismos idóneos para
evitar la ineficacia práctica de que el remedio adolecía en la legislación
nacional derogada(3).
El Código de Mendoza, pese a la circunstancia de encontrarse entre los
ordenamientos que reglamentan la queja por retardo, instituye, también, la
pérdida automática de jurisdicción de los jueces cuando no dictaren
los autos y las sentencias dentro del doble de los plazos previstos. En ese
caso, denunciada la demora en el expediente, el secretario, bajo pena de
remoción, debe remitir la causa al tribunal subrogante (art. 91). Otro tanto
ocurre en el Código de Córdoba, aunque la pérdida de jurisdicción
depende de la recusación con causa que pueden formular las partes (arts.
122 y 123).
b) Pese a la denominación de recurso que le asigna la mayoría de los
Códigos que la contemplan, la queja por retardo o denegación de justicia
no reviste los caracteres de aquel acto procesal. Los recursos, en efecto,
persiguen la reforma, la modificación, la ampliación o la anulación de una
resolución judicial, al paso que la queja tiende, por el contrario, a lograr el
pronunciamiento de una resolución, la cual, a su turno, podrá ser objeto de
impugnación a través de los recursos que la ley acuerda; de allí que pueda
calificársela, como lo hace Ibáñez Frocham(4), como un simple "reclamo de
superintendencia".

234 
 
708. Procedimiento
a) Con excepción del Código de Tucumán, los restantes ordenamientos
que regulan el remedio analizado supeditan su admisibilidad a un previo
requerimiento o pedido de pronto despacho que corresponde formular ante
el órgano judicial moroso.
"Vencido el término en que debe dictarse cualquier providencia o
resolución —dispone el art. 126, Código de Córdoba—, el interesado
podrá pedir el pronto despacho, y si dentro de tres días posteriores a la
fecha de su presentación no lo obtuviere, procederá el recurso de
retardada justicia, por ante el superior inmediato...". Análogo
requisito, aunque fijando el plazo de diez días, prevén los Códigos de San
Juan (arts. 169 y 170)(5)y Santa Fe (art. 109). El Código de Mendoza
contempla, también, el pedido de pronto despacho, pero el órgano goza
de un plazo idéntico al que tenía para el dictado de la resolución
respectiva, vencido el cual el litigante debe deducir la queja ante el tribunal
que ejerza la superintendencia (arts. 91 y 144)(6).
El Código de Tucumán, en cambio, autoriza a la parte afectada por la
demora para reclamar de ella directamente ante el órgano judicial superior,
dando conocimiento al inferior (art. 49)(7). Asimismo, dicho Código (arts. 48
y 49), como el de Mendoza (art. 144, apartado final), conceden el remedio
frente a la inacción en el cumplimiento de trámites judiciales con plazos
vencidos.
b) Recién cuando ha vencido el plazo de interpelación, se abre la
posibilidad del reclamo directo ante el órgano judicial jerárquicamente
superior.
El Código de Córdoba, en cuanto al trámite, remite a las normas del
recurso directo por denegación de la apelación (arts. 126, 402 y 403). Ello
significa que la presentación deberá efectuarse ante el
superior inmediato indicando la fecha en que debió dictarse la providencia
o resolución y la del pronto despacho, adjuntando copia de esta última
petición. Presentado el recurso en debida forma, el superior resolverá,
previa orden al inferior, para que informe los motivos de la retardación. Tal
pedido de informes —que era asimismo la costumbre observada por los
tribunales nacionales durante la vigencia de la legislación derogada—
comporta una solución más apropiada que la intimación directa, pues
brinda a los jueces y a las cámaras la posibilidad de suministrar razones
que justifiquen la demora incurrida(8), o la de requerir la concesión de un
breve plazo para expedirse, indicando los motivos del atraso(9). Permite
además al órgano inferior, durante el plazo concedido para la emisión
235 
 
del informe, dictar la resolución correspondiente, con lo cual la queja
pierde virtualidad(10).
La resolución del tribunal superior que estima la queja puede condenar
al magistrado al pago de una multa disciplinaria en la medida autorizada
por la Ley Orgánica del Poder Judicial (art. 126). Esta condena es
susceptible de ser impugnada por los jueces ante el Tribunal Superior de
Justicia y los miembros de la cámara mediante recurso de reconsideración
(art. 127).
Semejante es el procedimiento establecido en el Código de San Juan.
Con la queja debe acompañarse certificación del actuario acerca de la
fecha del pedido de pronto despacho y de la última actuación judicial (art.
170). Presentada la queja con dicha certificación, la Corte de Justicia
requerirá informe al responsable, que deberá evacuarlo en el acto de su
recepción. Procediendo la queja, el superior intima a dictar sentencia en
un término no superior a cinco días (art. 170).
Del mismo modo, el art. 109, Código de Santa Fe, prescribe que,
vencido el plazo conferido con motivo del pronto despacho, procederá la
queja ante el superior inmediato; éste requerirá informe al juez con la
brevedad posible, fijándole un plazo, y sin más trámite declarará si procede
o no la queja; en el primer caso, impondrá al magistrado una multa. Sin
embargo, a continuación, el art. 110 distingue según que el retardo se
refiera a sentencia definitiva o interlocutoria, o a un simple auto o decreto.
En el primer caso, presentado el pedido de pronto despacho, los jueces
tienen para fallar un plazo igual al que debió observarse, y si omiten
hacerlo, cualquiera de las partes puede solicitar que la sentencia sea
dictada por un conjuez cuya designación corresponde efectuar
de inmediato, por sorteo, de la lista respectiva, produciendo el pedido ipso
facto la pérdida de la potestad del juez para dictar el
pronunciamiento, aunque si éste entiende que no ha vencido el plazo,
debe elevar los autos al superior para que resuelva sin trámite alguno. Si
se trata, por el contrario, de un simple auto o decreto, el superior, una vez
sustanciada la queja, debe ordenar al juez que lo emita dentro del plazo
que le fije.
El sistema no guarda empero armonía con la norma contenida en el
artículo precedente (109), en cuya virtud procede la queja ante el
superior inmediato en el supuesto de que no se dicte resolución dentro del
plazo de diez días contado desde el pedido de pronto despacho. En primer
lugar, dado que según el art. 105 del Código santafesino
los autos interlocutorios deben dictarse dentro de los cinco días, y otras
normas del mismo ordenamiento exigen el pronunciamiento de las
sentencias definitivas dentro de plazos inferiores a los diez días, la queja
carecería de viabilidad frente a la demora en emitir ese tipo de
resoluciones, ya que la inmediata designación del conjuez y la
pérdida automática de jurisdicción que produce el simple pedido de
designación no se concilia con el transcurso del plazo de diez días al que
236 
 
se halla condicionada la interposición de la queja. En segundo lugar, toda
vez que las providencias simples deben dictarse, de acuerdo con el
mencionado art. 105, "en el día que el pedido fuese puesto a despacho",
parece sin duda excesiva, con respecto al retardo en emitir ese tipo de
resoluciones, la aplicación del art. 109.
El Código de Tucumán, que impone la interposición directa de la queja
ante el órgano judicial superior, dando conocimiento al inferior, y adopta
asimismo el sistema del informe previo que debe evacuarse dentro del
plazo de 24 horas (art. 46; remisión, art. 49), prescribe que en el supuesto
de ser admitido el reclamo "la cámara dispondrá que el inferior en grado
administre justicia en un plazo que no exceda de diez días" (art. 50, párr.
1º)(11).
El objeto de la queja prevista en el Código de Mendoza se circunscribe,
en principio, a que el tribunal que ejerce la superintendencia imponga una
multa al juzgador omiso, ya que, paralelamente a este remedio, si el
litigante denunció la demora en el expediente, se produce la
pérdida automática de jurisdicción y la remisión del expediente por parte
del secretario a un juez subrogante. No obstante, si el actuario no dio
cumplimiento a ese trámite, la queja es apropiada para lograr el referido
envío al subrogante (arts. 91 y 144)(12).

709. Efectos
a) Independientemente de la pérdida de jurisdicción que, como se vio,
puede ser o no una consecuencia de la estimación de la queja, la
procedencia de ésta genera, en los ordenamientos que la receptan,
diversos tipos de responsabilidad, sea política, disciplinaria o civil.
b) El primer tipo de responsabilidad está previsto en el art. 51, Código
de Tucumán, conforme al cual incurren en mal desempeño los jueces que
omiten pronunciar sentencia o voto en los plazos fijados por el superior, y
si esta circunstancia se repite por tres veces en el año calendario, el o los
responsables son pasibles de su enjuiciamiento como magistrados.
También el Código de Mendoza —como lo hacía el CPCCN en su
versión originaria— dispone que tres casos de pérdida de competencia
dentro del año calendario pueden ser causal de remoción (arts. 91 y
144)(13).
c) Consagran la sanción disciplinaria de multa el CPCCN (art. 167) y los
Códigos de Córdoba (art. 126) y de Mendoza (arts. 91 y 144).

237 
 
Asimismo, este tipo de responsabilidad imputa el Código de Santa Fe si
el magistrado omite dictar los simples autos o decretos dentro del plazo
que fijó el tribunal superior (art. 110). Por otra parte, tratándose de
sentencias definitivas e interlocutorias, cuando el magistrado demora la
designación del conjuez o si, producida la designación de éste, no le remite
los autos dentro de tres días o, en su caso, no los eleva al superior en igual
plazo, califica a la omisión de falta grave, debiendo el superior aplicar las
sanciones correspondientes (art. 111).
El de San Juan, a su turno, sin perjuicio de la sanción pecuniaria a la
que se aludirá más abajo, establece que el tribunal superior podrá disponer
las medidas disciplinarias y de otro orden que estimare aplicables, dejando
nota en el legajo personal del juez de todas las quejas admitidas durante
sus funciones (art. 170).
d) Por fin, en el ámbito de la provincia de Santa Fe la demora en el
trámite del proceso puede generar responsabilidad civil, en la medida en
que el tribunal superior haya fijado un plazo para dictar los autos o
decretos de impulso (art. 110). Corresponde entender que este tipo de
responsabilidad debe hacerse efectiva mediante la interposición de una
pretensión resarcitoria autónoma.
En este sistema está además comprendido el Código de San Juan, cuyo
art. 170 dispone que al prosperar la queja, el superior establecerá el monto
de una conminación pecuniaria compulsoria que se devengará
diariamente a su cargo en favor del quejoso y a partir del vencimiento del
plazo fijado para dictar sentencia, cuyo monto no podrá exceder el total de
las costas.
e) Importa señalar, finalmente, que si bien el CPCCN sólo instituye el
efecto consistente en la aplicación de una multa frente a la demora en
dictar la sentencia definitiva y no prevé una queja referida al retardo en
pronunciar otro tipo de resoluciones, es obvio que la reiteración de tal
conducta, por parte de los jueces, genera responsabilidad disciplinaria
(supra, nro. 207) y puede configurar una circunstancia demostrativa de
"mal desempeño en el ejercicio de sus funciones" que autoriza la
promoción de enjuiciamiento (art. 115, CN) (supra, nro. 204).

III. RESCISIÓN(14)

238 
 
710. Concepto y naturaleza
a) El denominado recurso de rescisión es el remedio acordado a la parte
declarada en rebeldía por razones que no le son imputables, cuyo objeto
consiste en obtener la nulidad de los procedimientos y, en su caso, de
éstos y de la sentencia, a fin de que el proceso se sustancie nuevamente
a partir del estado en que se encontraba a la fecha del impedimento que
obstaba a la comparecencia del rebelde.
b) Pese a la denominación que le asigna el Código de Santa Fe, el
remedio analizado, según se puntualizó supra, nro. 438, no configura
técnicamente un recurso sino un incidente de nulidad(15), con el cual
coincide en cuanto a sus presupuestos de admisibilidad y efectos.

711. Procedimiento y efectos


La cuestión del epígrafe fue materia de examen supra, nro. 438, en
oportunidad de analizarse las normas contenidas en los Códigos
provinciales que reglamentan la rescisión. Corresponde, en consecuencia,
remitir a lo expuesto en el mencionado lugar.

IV. REVISIÓN(16)

712. Concepto y naturaleza


a) En sentido propio, denomínase revisión al remedio tendiente a
obtener el reexamen de sentencias pasadas en autoridad de cosa juzgada
pero pronunciadas a raíz de conductas ilícitas, con prescindencia de
documentos no incorporados oportunamente al proceso por
razones inimputables al vencido o sobre la base de medios probatorios
afectados de falsedad.

239 
 
En el orden nacional, primitivamente previsto pero no reglamentado por
el art. 7º, inc. 3º, ley 27, con referencia a los pronunciamientos dictados
por la Corte Suprema en instancia originaria y exclusiva, la hoy
derogada ley 50 de procedimiento ante los tribunales federales, adoptando
las prescripciones contenidas en la ley de procedimiento civil del cantón
de Ginebra, contempló en su art. 241 las causales de admisibilidad del
denominado "recurso de revisión", incluyendo dos (decisión extrapetita y
omisiones de pronunciamiento) que excedían el objeto propio del
remedio examinado(17)en razón de configurar motivos técnicamente
encuadrables dentro del recurso de casación por defectos procesales(18).
Los Códigos provinciales redactados sobre la base de la ley 50, y que aún
mantienen el remedio en estudio, adolecen, excepto los de Córdoba,
Corrientes, La Rioja, Río Negro y Tierra del Fuego, de la misma
imperfección, e incluso agregan otras causales que alejan a aquél de su
ámbito específico.
b) Desde que, según se ha visto, la interposición de todo recurso implica
la suspensión de la firmeza de la resolución impugnada, y la revisión es
admisible, en sentido propio, respecto de las sentencias pasadas
en autoridad de cosa juzgada, difícilmente puede incluir a aquélla en el
marco de los recursos(19). Por ello, aun cuando el objeto del remedio esté
constituido por una sentencia y su finalidad consista en reemplazarla por
otra que se haga cargo de las pruebas omitidas o se ajuste a las idóneas,
aquél configura, en rigor, una pretensión invalidatoria autónoma que,
como tal, es objeto de un nuevo proceso(20).
c) El denominado recurso de revisión se halla reglamentado por los
Códigos de Córdoba, Corrientes, La Rioja, Mendoza, San Juan, Río Negro
y Tierra del Fuego. La ley 26.853incorpora al CPN el recurso de revisión
en los siguientes términos: "El recurso de revisión procederá contra las
sentencias y resoluciones a las que hace referencia el art. 288, cuando las
mismas hubiesen quedado firmes, si la sentencia hubiera sido
pronunciada a consecuencia de prevaricato, cohecho, violencia u otra
maquinación fraudulenta cuya existencia se hubiere declarado en fallo
posterior irrevocable" (art. 297). Las normas contenidas en dichos
ordenamientos serán tomadas como base en el desarrollo del tema que
se hace en los números siguientes.
Corresponde recordar, finalmente, que aun en ausencia de textos
reglamentarios del remedio que se analiza, diversos precedentes
judiciales se han pronunciado por la admisibilidad de
pretensiones autónomas destinadas a la invalidación de sentencias
pasadas en autoridad de cosa juzgada cuando ellas son el producto de
conductas ilícitas provistas de extrema gravedad(21).

240 
 
713. Requisitos subjetivos
a) La aptitud para promover este remedio procesal incumbe por regla
general a quienes han asumido, en el proceso en el cual se dictó la
sentencia impugnada, la calidad de partes, sea originariamente o a raíz de
alguna de las formas de intervención de terceros previstas por la ley. Es
además exigible un interés jurídico suficiente.
Con las salvedades previstas por algunos Códigos, la revisión no ha
sido instituida en beneficio de quienes fueron terceros con respecto al
proceso, sin perjuicio de la pretensión revocatoria que pueden interponer
aquéllos contra las sentencias que les ocasionan un daño a raíz del dolo,
fraude o colusión de las partes.
b) La competencia para conocer la revisión corresponde a los órganos
judiciales de mayor jerarquía dentro de los respectivos ámbitos locales,
quienes, de conformidad con algunos ordenamientos, se hallan asimismo
habilitados para rever, mediante aquel remedio, sus propias sentencias
dictadas en instancia originaria. Hace excepción el Código de San Juan,
que prevé interponer la revisión ante el tribunal que dictó la sentencia
impugnada (art. 265 ter).

714. Requisitos objetivos

A) Resoluciones impugnables
a) De acuerdo con todos los ordenamientos procesales que regulan el
denominado recurso de revisión, éste sólo es admisible contra las
sentencias definitivas. Por tales debe entenderse —al igual de lo que
ocurre con los recursos extraordinarios examinados en el Cap. XLVIII— a
aquellas resoluciones que, aun recayendo sobre un incidente, pongan
término definitivamente a las cuestiones planteadas en las instancias
ordinarias y obsten a la posibilidad de articular nuevamente dichas
cuestiones mediante otra vía procesal. El art. 922, Código de San Luis,

241 
 
agrega como supuesto de "sentencia definitiva" a aquella "que someta al
recurrente a un juicio no instaurado contra él".
b) Los ordenamientos vigentes ofrecen variantes relacionadas con la
clase de órgano judicial que ha pronunciado la sentencia cuya revisión se
requiere. El art. 396, Código de Córdoba, preceptúa que el recurso
procederá contra las sentencias definitivas o autos equiparados
"cualquiera que sea la instancia en que hayan quedado firmes". El art. 921,
Código de San Luis, alude a las sentencias definitivas del Superior
Tribunal, de modo que descartaba la admisibilidad del remedio contra las
sentencias de primera instancia no susceptibles de recursos ordinarios. El
Código de Corrientes acuerda el remedio contra "las sentencias
definitivas" (art. 295, incs. 1º, 2º y 3º). El Código de Mendoza, por su parte,
si bien no formula distinciones referidas al tipo de órgano judicial (art. 155),
el art. 144, inc. 9º, de la Constitución local cubre virtualmente esa omisión
en tanto alude a "la sentencia definitiva de segunda instancia"(22).
Finalmente, los Códigos de La Rioja (art. 265) y San Juan (art. 265 bis)
tampoco formulan distinciones.

B) Causales de revisión
a) Según se ha dicho, con excepción de los Códigos de Córdoba y de
La Rioja, los restantes ordenamientos argentinos que reglamentan la
revisión desbordan el objeto específico de ésta en tanto incluyen como
causales del remedio analizado ciertas hipótesis que configuran, en
sentido estricto, infracciones o errores subsanables mediante
la interposición de recursos extraordinarios, como los de casación
e inconstitucionalidad; de allí que comenzaremos analizando las causales
genuinas de revisión, para señalar luego aquellas que debieron ser
materia de otro tipo de impugnaciones.
b) El análisis de la legislación procesal argentina vigente permite
diferenciar las causales genuinas de revisión en cuatro grupos
comprensivos de las siguientes hipótesis: 1º) Sentencias fundadas en
documentos reconocidos o declarados falsos, sea al tiempo de su
pronunciamiento ignorándolos las partes o con posterioridad. 2º) Hallazgo,
luego de dictada la sentencia, de documentos decisivos ignorados
antes, extraviados o detenidos por fuerza mayor, o por obra de la parte
vencedora. 3º) Sentencias fundadas en prueba testimonial y posterior
condena por falso testimonio. 4º) Obtención de la sentencia a raíz del
prevaricato, cohecho, violencia u otra maquinación fraudulenta.
Al primer grupo se refieren los Códigos de Córdoba (art. 395, inc. 1º,
aps. a] y b]), Corrientes (art. 295, inc. 1º), La Rioja (art. 265, inc. 2º) y San
242 
 
Juan (art. 265 bis, inc. 2º), así como el art. 144, inc. 9º, supuesto 2º,
Constitución de Mendoza, y el art. 921, inc. 10, Código de San Luis.
Según el primero de los Códigos citados, con el que guardan identidad
o analogía los restantes ordenamientos referidos, constituye motivo de
revisión "que la sentencia haya recaído en virtud de documentos que al
tiempo de dictarse aquélla, ignorase una de las partes que estuvieran
reconocidos o declarados falsos, o que se reconocieran o declarasen
falsos después de la sentencia. En ambos supuestos en fallo irrevocable".
Para que la revisión prospere en virtud de esta causal es menester, en
primer lugar, que se trate de documentos cuya valoración, sea aislada o
en combinación con otras pruebas, haya gravitado en el contenido de la
sentencia(23), de manera que el remedio no procede si ésta encuentra
apoyo en otros elementos de juicio suficientes para sustentarla.
En segundo lugar, incumbe al interesado acompañar, junto con el
escrito de interposición del remedio, el instrumento que contenga el
reconocimiento de la falsedad o el testimonio de la sentencia firme que la
haya declarado(24).
Con respecto al segundo grupo de causales dispone el art. 395, inc. 3º,
Código de Córdoba —y en sentido idéntico o similar los Códigos de
Corrientes (art. 295, inc. 2º), La Rioja (art. 265, inc. 1º) y San Juan (art.
265 bis, inc. 3º), la Constitución de Mendoza (art. 144, inc. 9º, supuesto 1º)
y San Luis (art. 921, inc. 11)— "cuando después de pronunciada la
sentencia se obtuviesen documentos decisivos ignorados hasta
entonces, extraviados o detenidos por fuerza mayor o por obra de la parte
a cuyo favor se hubiere dictado aquélla".
Debe tratarse, como dice el precepto, de documentos "decisivos", es
decir, dotados de tal significación que, en el supuesto de haber sido
valorados por la sentencia, ésta se hubiese dictado en sentido contrario(25).
No basta, por otra parte, que el impugnante haya ignorado la existencia
de los documentos recobrados con posterioridad al dictado de la sentencia
definitiva, sino que es necesario que la ignorancia no le sea imputable(26),
pues la revisión no se otorga para subsanar la negligencia, desidia u
omisiones de los litigantes(27).
El tercer grupo de causales se halla contemplado por los Códigos de
Córdoba (art. 395, inc. 2º), Corrientes (art. 295, inc. 3º), La Rioja (art.
265, inc. 3º) y San Juan (art. 265 bis, inc. 4º), la Constitución de Mendoza
(art. 144, inc. 9º, supuesto 2º) y San Luis (art. 921, inc. 12).
La norma citada en último término —similar a las restantes— erige en
causal de revisión la circunstancia de que "la sentencia se hubiere dictado
sólo en mérito de la prueba testimonial y los testigos fueren condenados
por falso testimonio, dado en las declaraciones que sirvieron de
fundamento a la decisión".

243 
 
La viabilidad de la impugnación se encuentra supeditada al requisito de
que haya mediado pronunciamiento condenatorio firme en sede penal por
la comisión del delito de falso testimonio referido a la declaración prestada
en el proceso civil. Es necesario, asimismo, que descartadas la
declaración o declaraciones falsas la sentencia aparezca desprovista de
toda sustentación. Si, por ejemplo, la sentencia se funda en la declaración
concordante de varios testigos, y uno solo de ellos resulta condenado por
falso testimonio, la impugnación puede no prosperar si los dichos de los
restantes, apreciados de acuerdo con las reglas de la sana crítica, resultan
suficientes para generar el convencimiento de la verdad de los hechos de
que se trate; de allí que no sea acertada la norma contenida en el art.
295, inc. 3º, Código de Corrientes, según la cual es motivo de revisión la
sentencia dictada en virtud de pruebas testimoniales y uno de los testigos
es condenado como falsario en su declaración.
También es errónea dicha norma, así como el art. 265 bis, inc. 4º,
Código de San Juan, en tanto erigen en causal del recurso la circunstancia
de que la sentencia se haya dictado en virtud de prueba de posiciones y
la parte absolvente sea luego condenada como falsaria, ya que, por un
lado, el confesante que falsea la verdad no incurre en el delito de falso
testimonio y, por otro lado, la confesión sólo puede constituir fundamento
de la sentencia en tanto los hechos sobre que versa sean desfavorables a
quien presta aquélla.
Al último grupo de causales se refieren los Códigos de Córdoba (art.
395, inc. 4º), La Rioja (art. 265, inc. 4º) y San Juan (art. 265 bis, inc. 4º), la
Constitución de Mendoza (art. 144, inc. 9º, supuesto 4º) y San Luis (art.
921, inc. 13).
La citada disposición del Código de Córdoba eleva a la categoría de
causal de revisión la hipótesis de que "la sentencia se hubiere obtenido en
virtud de prevaricato, cohecho, violencia u otra maquinación fraudulenta".
Los restantes ordenamientos se ajustan a este precepto, con excepción
del Código de La Rioja que no incluye el prevaricato.
Por "maquinación fraudulenta" debe entenderse, como dice Prieto
Castro(28), "todo artificio realizado personalmente o con auxilio extraño por
la parte que haya obtenido la sentencia deseada o por quienes la
representan".
Comprende, por lo tanto, la diversa gama de conductas configurativas
del dolo procesal (v.gr., modificación de cosas o lugares a fin de inducir en
engaño al juez o a los peritos; colusión con un tercero para frustrar el
diligenciamiento de medidas probatorias, etc.).
c) Entre las causales que la mayoría de los ordenamientos
provinciales incluye indebidamente dentro del marco de la revisión las hay
que corresponden a los recursos de casación por defectos procesales o
por errores de juicio, e incluso al recurso de inconstitucionalidad.

244 
 
Configuran defecto procesales atribuibles a la sentencia en sí misma,
ante todo, los previstos en la Constitución de Mendoza (art. 144, inc. 9º,
supuesto 3º) y la ley puntana (art. 921, incs. 1º y 2º), y según los cuales
procede la revisión: 1º) "Que la resolución hubiere recaído sobre cosas no
demandadas. 2º) Que se otorgue en la sentencia más de lo pedido, o que
no provea en ella sobre algunos de los extremos de la demanda o de la
reconvención...". Del mismo carácter participa la causal instituida por
el inc. 3º, art. 921, Código de San Luis, en cuya virtud la revisión es
admisible cuando "resulte contradicción entre los puntos contenidos en la
parte dispositiva en el fallo". Este último ordenamiento prevé, asimismo,
como motivo de revisión, que la sentencia "haya recaído contra distinta
persona de aquella contra la cual se interpuso la demanda" (San Luis: art.
921, inc. 4º). El art. 921, incs. 5º, 6º y 7º, agrega aun tres causales de
revisión análogos a los anteriores en cuanto a su naturaleza (algunos de
los cuales se superponen evidentemente entre ellos) y son los siguientes:
"Que la sentencia haya sido dictada sin audiencia de partes, en los casos
en que la ley lo prescribe; que no se hayan observado en la sentencia las
formas y solemnidades prescriptas por la ley; que haya sido dictada
con intervención de algún camarista recusado o pendiente de recusación".
Y el Código de San Juan torna pasible de revisión a la sentencia dictada
por un magistrado cuyo nombramiento no se ajuste a los requisitos
constitucionales (art. 265 bis, inc. 1º).
También a un vicio procesal se refiere el art. 921, inc. 9º, Código de San
Luis, cuando erige en causal de revisión la circunstancia de que existan
sentencias contrarias, dictadas en segundo grado por las Cámaras de
Apelaciones, entre las mismas partes, por los mismos fundamentos y
sobre la misma cosa.
Finalmente, el art. 290, inc. 7º, Código de Corrientes, englobaba al
recurso de inconstitucionalidad en el ámbito de la revisión.

715. Requisitos de lugar, tiempo y forma


a) Mientras los Códigos de Córdoba, La Rioja, Mendoza y San Luis
prevén la interposición directa del remedio procesal analizado ante el
órgano que ha de conocer de él, el de Corrientes (art. 330), expresa:
"Interposición. Cabrá la interposición directa del recurso ante el Superior
Tribunal si la sentencia impugnada se encontrare firme. Caso contrario,
ante la Cámara o juez que la dictó". El de San Juan (art. 265 ter), por su
lado, señala: "Competencia. El juez competente para intervenir en el
presente recurso, será: 1) El juez o Tribunal que dictó la sentencia, una
vez legalmente constituido, en el caso del inc. 1º del art. 265 bis. 2) En los

245 
 
demás casos previstos en el art. 265 bis, el juez o Tribunal que hubiese
dictado la sentencia cuya revisión se pretende, en cualquiera de
las instancias ordinaria o extraordinaria en que el vicio se exteriorice. Si en
el supuesto del inc. 4º del art. 265 bis, la causa de la revisión alcanza la
actuación del juez, intervendrá el que legalmente deba reemplazarlo".
b) El plazo de interposición ofrece variaciones de acuerdo con los
ordenamientos y las causales de que se trate, aunque media coincidencia
en cuanto al comienzo del cómputo de aquél según la índole, propia o
impropia, de la causal invocada.
Frente a las causales propias, la mayoría de los Códigos y leyes que
reglamentan la revisión concuerdan en prever, como momento inicial del
plazo, el día siguiente "al que se tuvo conocimiento de la falsedad, del
fraude o se recobraron nuevos documentos". Varía, en cambio, la duración
del plazo, pues mientras los Códigos de Córdoba (art. 397) y Corrientes
(art. 296) lo fijan en treinta días, el de La Rioja lo hace en tres meses
(art. 266) y los de Mendoza (art. 146) y San Juan (art. 285 quater), así
como San Luis (art. 925), en quince días.
Por lo demás, algunos de los ordenamientos mencionados establecen
un límite temporal máximo contado desde la fecha de la sentencia, a partir
del cual el remedio no puede proponerse, siendo aquél de tres años en el
Código de Corrientes (art. 298) y de cinco años en los de Córdoba
(art. 397) y La Rioja (art. 266)(29).
Con respecto a las causales impropias media uniformidad en determinar
que el plazo se cuenta desde la notificación de la sentencia, siendo aquél
de quince días para el Código de Mendoza (art. 146), de treinta para el de
San Juan (art. 265 quater) o de cinco para el de San Luis (art. 925).
c) Por lo que atañe a las formas, la mayoría de los ordenamientos
vigentes impone la carga de fundamentar la impugnación en el escrito
mediante el cual se la interpone (Córdoba: art. 398; La Rioja: art. 266;
Mendoza: art. 156; San Luis: art. 926), exigiendo algunos que se
acompañen los documentos hallados o recobrados, o, en su caso,
testimonio de la sentencia firme que haya declarado la falsedad o el
prevaricato, el cohecho u otra maquinación fraudulenta(30). El Código de
Córdoba requiere, asimismo, que se agregue copia del fallo que se
impugna (art. citado).
El Código de Corrientes no requiere, en cambio, la fundamentación,
pues se limita a disponer que para el trámite del "recurso" "serán de
aplicación, en lo pertinente las normas de inaplicabilidad de ley relativas a
la sustanciación, depósito, examen de admisibilidad, prohibiciones,
remisión y efecto de la recepción de la causa" (art. 302). El Código de San
Juan tampoco exige, aparentemente, el cumplimiento de la
carga examinada, pero como su art. 265 quater prescribe que la revisión
debe sustanciarse "por el trámite del juicio ordinario", cabe inferir que
otorga al escrito de interposición de la impugnación el carácter de una
246 
 
demanda que, como tal, debe contener la correspondiente
fundamentación(31).
Asimismo, los Códigos de Corrientes (art. 297), Mendoza (art. 146)
y San Luis (art. 927) condicionan la admisibilidad de la impugnación al
depósito de una suma de dinero, cuyo destino varía de acuerdo con la
suerte que corra aquélla.

716. Procedimiento
a) Mientras algunos ordenamientos instituyen un trámite específico,
otros remiten a las normas aplicables a distintos tipos de procesos o a la
apelación libremente concedida.
Dentro del primer grupo se hallan incluidos el Código de Mendoza y el
de San Luis. El procedimiento consiste, fundamentalmente, en la
concesión de un traslado a la parte contraria y en la eventual apertura de
un período probatorio (Mendoza: art. 157; San Luis: arts. 928 a 934).
Al segundo grupo corresponden los Códigos de Córdoba (art. 400)
y San Juan (art. 265 quater), que someten la impugnación al trámite del
juicio ordinario(32). El Código de La Rioja, por su parte, tras disponer que
declarada formalmente procedente la impugnación corresponde correr
traslado por diez días a la otra parte (a quien incumbe ofrecer su prueba),
agrega que presentada la contestación o vencido el plazo para hacerlo
debe fijarse audiencia de vista de causa dentro de cuarenta días y
aplicarse en lo pertinente las normas del juicio ordinario (art. 267).
b) Algunos de los ordenamientos citados establecen el principio de que
la revisión no suspende la ejecución de la sentencia firme que se
impugna, aunque autorizan al tribunal competente para disponer lo
contrario, previa fianza (Córdoba: art. 401; La Rioja: art. 267; San Luis: art.
932; San Juan: art. 265 quater) o sin ella (Mendoza: art. 147).
c) La forma, el contenido y los efectos de la sentencia pronunciada con
motivo de la revisión serán objeto de análisis infra, nro. 752.

CAPÍTULO LI - ACTOS DE COMUNICACIÓN O TRANSMISIÓN

247 
 
SUMARIO: I. GENERALIDADES: 717. Concepto.—
718. Plan expositivo. II. TRASLADOS Y
VISTAS: 719. Traslados.— 720. Vistas.— 721.
Plazos para la contestación.— 722. Calidad en
que se dictan los traslados y vistas. III.
NOTIFICACIONES: 723. Concepto.— 724. Tipos
de notificaciones.— 725.
Notificación automática o por ministerio de la
ley.— 726. Notificación tácita por retiro
del expediente, presentación de cédulas y
otras actitudes procesales.— 727. Notificación
personal.— 728. Notificación por cédula.—
729. Otros medios de notificación personal.—
730. Notificación por edictos.— 731. Nulidad
de la notificación. IV. OFICIOS
Y EXHORTOS: 732. Generalidades.— 733.
Oficios.— 734. Comunicaciones entre órganos
judiciales: Oficios entre jueces de la
República: Órgano judicial destinatario del
oficio; Ley aplicable al trámite del oficio y
facultades del órgano oficiado; Contenido del
oficio; Personas autorizadas para el
diligenciamiento del oficio; Procedimiento ante
el órgano judicial oficiado; Regulación de
honorarios; Conflictos entre los órganos
oficiante y oficiado. Exhortos dirigidos a o por
órganos judiciales extranjeros.

I. GENERALIDADES

717. Concepto
a) Son actos procesales de comunicación o transmisión, de acuerdo con
lo dicho supra, nro. 414, aquellos que tienen por objeto poner en
conocimiento de las partes, de los terceros (peritos, testigos, etc.), o de
funcionarios judiciales o administrativos, sea una petición formulada en el
proceso o el contenido de una resolución judicial.

248 
 
b) Con excepción de los traslados y las vistas, que configuran especies
dentro de los actos de resolución, los restantes actos que han
de examinarse en el presente capítulo derivan siempre de resoluciones
mediante las cuales se ordena su cumplimiento, hallándose éste
distribuido, en sus distintas etapas, y según sea el caso, entre los jueces,
el personal judicial auxiliar y los letrados patrocinantes o apoderados de
las partes.

718. Plan expositivo


En concordancia con lo expuesto en el número anterior, se estudiarán
en primer lugar los traslados y las vistas, para proseguir con el análisis de
los actos de comunicación que comportan una consecuencia de aquéllos
o de otro tipo de resoluciones judiciales. Es el caso de las notificaciones,
los oficios y los exhortos.

II. TRASLADOS Y VISTAS(1)

719. Traslados
a) La vigencia del principio de contradicción, emergente de la garantía
constitucional de la defensa en juicio, implica la prohibición de que los
órganos judiciales dicten resoluciones cuyo contenido es susceptible de
afectar los derechos de cualquiera de las partes y, eventualmente, de
terceros, sin que previamente se acuerde a aquéllas o a éstos la
posibilidad de ser oídos.
Al referido principio responde la institución de los traslados, a los que
cabe definir como aquellas providencias mediante las cuales los jueces o
los tribunales deciden poner en conocimiento de las partes o de los
terceros las peticiones encaminadas a obtener una resolución capaz de
afectarlos, concediéndoles de tal manera la oportunidad de formular
alegaciones o producir pruebas en apoyo de los derechos que estiman
asistirles.

249 
 
En la gran mayoría de los casos —y se trata del principio general
consagrado por el CPCCN a raíz de la reforma que le introdujo la ley
22.434— los traslados constituyen actos de transmisión entre los sujetos
activos y pasivos de la pretensión procesal, es decir, entre quienes revisten
en el proceso la calidad de partes permanentes (principales o accesorias)
(supra, nro. 289). Pero debe tenerse presente, por un lado, que los
traslados pueden comprender a las partes transitorias o incidentales, lo
que ocurre, v.gr., en el incidente de recusación de los peritos (art.
467, CPCCN) y, por otro lado, que aquellos actos de comunicación son
susceptibles de disponerse a raíz de peticiones formuladas por terceros,
como el caso contemplado por el art. 92, CPCCN, en cuya virtud del
pedido de intervención voluntaria corresponde conferir traslado a las
partes.
b) Como regla, la ley determina cuáles son los escritos de los cuales
corresponde conferir traslado; pero frente a la multiplicidad de
cuestiones incidentales que pueden suscitarse durante el desarrollo del
proceso, nada obsta para que los órganos judiciales, a fin de preservar el
más adecuado ejercicio del derecho de defensa, dispongan traslados
respecto de peticiones no expresamente contempladas(2). Algunos
Códigos provinciales prevén la cuestión, refiriéndola a la carga de
acompañar las copias del escrito de que se trate(3).
c) Un tema de significativa importancia relacionado con los traslados (y
con las vistas) es el referente al de las copias que exigen acompañar a los
correspondientes escritos los arts. 120 y 121, CPCCN. La cuestión fue
objeto de análisis supra, nro. 422), lugar al que cabe remitir.

720. Vistas
a) Si bien las vistas tienen la misma finalidad que los traslados, y la
mayoría de los Códigos vigentes las sujetan a los mismos requisitos que
éstos, particularmente en lo que atañe al plazo para la contestación y a la
carga de acompañar las copias correspondientes, la expresión era
utilizada por el CPCCN en su versión originaria y ha sido mantenida por la
mayoría de los ordenamientos provinciales adaptados a aquél en relación
con ciertas situaciones especiales que generalmente se configuraban
cuando la aprobación de un acto de parte (v.gr., presentación de una
liquidación) se hallaba supeditada a la conformidad de la contraria
(v.gr., arts. 503 y 504, CPCCN) o ambas partes debían expedirse acerca
de un acto procesal ejecutado por un tercero (v.gr., una tasación, art.
578, CPCCN).

250 
 
Conforme a algunos Códigos provinciales la concesión de un traslado o
de una vista depende, en ausencia de disposiciones específicas, de la
mayor o menor complejidad o de la índole, jurídica o predominantemente
fáctica, de las cuestiones acerca de las cuales debe expedirse el
destinatario del correspondiente acto de transmisión. A ese criterio
responde, v.gr., el art. 177, Código de Jujuy, en tanto dispone que se
conferirán únicamente vistas cuando sea necesario sustanciar gestiones
relativas a providencias de trámite o informes de los secretarios,
agregando que "en ausencia del plazo fijado por la ley o por el juez, toda
vista se entiende otorgada por el de cinco días (al igual que el plazo para
evacuar traslados, que el art. 176 del mismo Código fija, como regla, en
cinco días)(4).
b) Asimismo, tradicionalmente suele conferirse vista a los
representantes del ministerio público en los supuestos en que les
corresponda expedirse por vía de dictamen y no como representantes de
determinados sujetos procesales (incapaces, pobres, ausentes), en cuyo
caso su situación es sustancialmente equiparable a la de las partes. Tal
es el alcance que cabe atribuir al art. 151, CPCCN, cuando prescribe —
con fundamento en la necesidad de evitar al dilación de los
procedimientos— que "en los juicios de divorcio y de nulidad de
matrimonio sólo se dará vista a los representantes del ministerio público
en los siguientes casos: 1º) Luego de contestada la demanda o la
reconvención. 2º) Una vez vencido el plazo de presentación de los
alegatos. 3º) Cuando se planteare alguna cuestión vinculada a la
representación que ejercen. En este caso, la vista será conferida por
resolución fundada del juez".
Corresponde empero aclarar que el inc. 3º de la norma
precedentemente transcripta no se refiere al cuestionamiento de la
personería de los miembros del ministerio público cuando intervienen en
calidad de representantes de alguna de las partes, sino al supuesto de
objetarse la admisibilidad de su participación en el proceso o el alcance de
sus atribuciones como representantes del interés social.
c) La ley 25.488(5)abandonó la discutible distinción entre vistas y
traslados formulada por la ley 22.434 sobre la base de que se confirieran,
respectivamente, a funcionarios del ministerio público o a las partes, y se
atuvo, al menos aparentemente, al criterio tradicional en cuya virtud
mientras las vistas se utilizaban cuando un acto de parte se hallaba
supeditado a la conformidad de la contraria o ambas partes
debían expedirse acerca de un acto procesal ejecutado por un tercero, se
consideraba traslados a las providencias mediante las cuales se ponía en
conocimiento de las partes o de los terceros peticiones susceptibles de
afectar sus derechos.

251 
 
721. Plazos para la contestación
a) Todos los ordenamientos vigentes prevén plazos comunes con
respecto a las vistas y los tratados. El art. 150, CPCCN, prescribe que "el
plazo para contestar vistas y traslados, salvo disposición en contrario de
la ley, será de cinco días"(6). Otros Códigos, como los de Córdoba (art.
171), La Pampa (art. 141), Mendoza (art. 65), Santa Fe (art. 89), reducen
ese plazo a tres días.
En razón de que el citado art. 150, CPCCN, cubre todas las hipótesis
posibles, importa destacar, en primer lugar, que frente a la omisión
normativa respecto del plazo dentro del cual debe contestarse una vista o
traslado es inaplicable el principio establecido por el art. 155, párr. 2º, del
mencionado ordenamiento, en cuya virtud incumbe al juez señalarlo "de
conformidad con la naturaleza del proceso y la importancia de la
diligencia"(7).
Asimismo, los órganos judiciales tienen facultades para declarar la
suspensión o la interrupción de los plazos fijados para contestar vistas o
traslados cuando concurran las condiciones previstas por el art. 157, párr.
3º, CPCCN, es decir, "cuando circunstancias de fuerza mayor o causas
graves hicieren imposible la realización del acto pendiente"
(contestación)(8).
Por lo demás, sin perjuicio de las hipótesis genéricas de suspensión
(v.gr., arts. 43 y 53, inc. 6º, CPCCN), el plazo de contestación de una vista
o traslado puede resultar interrumpido o suspendido de hecho a raíz, por
ejemplo, de un recurso interpuesto contra la providencia que los
confiere(9)o de la promoción de un incidente que corresponde resolver con
carácter previo.
Las partes, a su turno, mediante una manifestación expresa por escrito,
pueden de común acuerdo convenir tanto la prolongación o la suspensión
como la abreviación del plazo correspondiente (arts. 155 y 157, párr. 2º,
CPCCN)(10).
b) En lo que a este tema concierne, la ley 22.434, por otro lado, modificó
el párr. 2º de dicha disposición, prescribiendo que "la falta de contestación
del traslado no importa consentimiento a las pretensiones de la contraria".
Aparte de generalizar (acaso innecesariamente) la regla específica del art.
356, inc. 1º, ello implica además que, contrariamente a lo que preceptuaba
el párr. 2º del art. 150(11), toda resolución dictada previo traslado es
apelable para la parte que no lo haya contestado. Aunque el texto actual
no alude a la vista, corresponde interpretar que frente a la falta de
contestación de ésta es aplicable la misma solución.

252 
 
722. Calidad en que se dictan los traslados y las vistas
Mediante la utilización de fórmulas normativas sustancialmente
análogas, la mayor parte de los Códigos vigentes instituye la regla en cuya
virtud una vez contestada una vista o traslado, o vencido el plazo para
hacerlo, resulta innecesario el dictado de la llamada providencia de autos,
y el órgano judicial, por lo tanto, debe resolver sin más trámite la cuestión
planteada.
El art. 150, párr. 1º, in fine CPCCN, siguiendo el criterio adoptado por
el art. 5º, ley 4128, y posteriormente reproducido por el art. 2º, dec.-ley
23.398/1956, dispone sobre el particular que "todo traslado se considerará
decretado en calidad de autos, debiendo el juez o tribunal dictar resolución
sin más trámite"(12).
El alcance de la norma transcripta, sin embargo, debe considerarse
limitado a aquellos supuestos en los cuales, evacuados el traslado o la
vista, o vencido el plazo correspondiente, se halla descartada la posibilidad
de contingencias procesales anteriores al pronunciamiento de la
resolución relativa a la cuestión planteada, como, por ejemplo, la apertura
a prueba(13). El art. 145, Código de Tucumán, contempla la referida
limitación en tanto dispone que "evacuado el traslado o la vista, o vencido
el término para hacerlo, en los casos en que no correspondiera otra
actuación, el juez dictará la resolución sin más trámite".

III. NOTIFICACIONES(14)

723. Concepto
a) Las notificaciones son los actos mediante los cuales se pone en
conocimiento de las partes, o de terceros, el contenido de una resolución
judicial.
Vienen de tal manera a constituir, en primer lugar, un
complemento ineludible de las vistas y de los traslados, pues sólo a partir
253 
 
de la notificación de las resoluciones que los confieren nace, para su
destinatario, la carga de contestarlos. Son, además, actos integrativos de
todo tipo de resolución judicial, cuyo perfeccionamiento y consecuente
imperatividad recién se opera a través de su notificación(15).
De lo expuesto se sigue la doble finalidad que persiguen las
notificaciones: por un lado, en efecto, tienden a asegurar la efectiva
vigencia del principio de contradicción, y en todo caso determinan el punto
de partida (dies a quo) para computar los plazos dentro de los cuales
corresponde cumplir el acto o actos procesales ordenados, o bien, deducir
las impugnaciones admisibles respecto de la resolución judicial de que se
trate.
b) Las leyes, sin embargo, supeditan la notificación de ciertas
resoluciones a su previo cumplimiento. Tal lo que sucede con aquellas que
decretan medidas cautelares, que por obvias razones de efectividad se
dictan sin previa audiencia del afectado y se notifican a éste con
posterioridad a su ejecución (v.gr., art. 198, CPCCN).

724. Tipos de notificaciones


a) Las notificaciones son susceptibles de clasificarse desde la doble
perspectiva de la forma en que deben practicarse y del lugar en que llegan
al conocimiento real o presunto de su destinatario.
b) Si se atiende a la dimensión formal, las notificaciones pueden
ser expresas o tácitas según que, respectivamente, exista un efectivo acto
de transmisión o éste se repute verificado por disposición de la ley o a raíz
de actitudes asumidas por las partes o sus auxiliares.
Dentro del primer grupo corresponde formular una distinción fundada en
que el respectivo acto de transmisión haya proporcionado al destinatario
un conocimiento cierto o presunto acerca del contenido de la resolución
judicial de que se trate(16).
Constituyen notificaciones expresas que deparan un conocimiento
cierto las que se practican en el expediente con la firma del interesado
puesta al pie de la respectiva diligencia (v.gr., art. 142, párr. 1º, CPCCN),
y aquellas que, dirigidas al domicilio del destinatario mediante cédula,
telegrama o carta documentada, son recibidas personalmente por aquél.
Entre las notificaciones expresas de las que cabe presumir un
conocimiento de la resolución transmitida por parte del destinatario,
corresponde incluir las practicadas por edictos (v.gr., arts.
145 y 148, CPCCN), así como aquellas que, realizadas por cédula,

254 
 
telegrama o carta documentada, son recibidas por personas distintas de
aquél o simplemente se dejan en su domicilio. Debería incluirse en este
elenco —como notificación expresa— la notificación electrónica dispuesta
por la Acordada 31/2011 por la Corte Suprema de Justicia de la Nación.
Las cédulas son firmadas por el letrado patrocinante de la parte que
tenga interés en la notificación o por el síndico, tutor o curador ad litem —
o, en general, las personas encargadas de asistir a una persona con
restricciones a su capacidad de ejercicio—, en su caso, quienes deben
aclarar su firma con el sello correspondiente. La presentación de la cédula
en la secretaría importa la notificación de la parte patrocinante o
representada. Deben en cambio ser firmadas por el secretario o
prosecretario las cédulas que notifiquen medidas cautelares o entrega de
bienes, y las correspondientes actuaciones en las que no intervenga
letrado, síndico, tutor o curador ad litem. Corresponde asimismo que sean
suscriptas por el secretario las cédulas que, por razones de urgencia o por
el objeto de la providencia el juez así lo disponga (art. 137, modificado
por ley 25.488).
Finalmente, debe señalarse que todas estas pautas relativas a las
validez de las notificaciones habrán de resultar de aplicación —con las
adaptaciones necesarias, a tenor del diferente formato y soporte— en el
campo de las notificaciones electrónicas (Acordada 31/2011, Corte Sup.).
Son notificaciones tácitas las que se consideran realizadas
determinados días de la semana fijados por la ley o por el órgano judicial
(v.gr., art. 133, CPCCN) o a raíz del retiro del expediente por la
parte interesada, o por su abogado o apoderado (v.gr., art. 134, CPCCN),
de la presentación de cédulas (v.gr., art. 137, CPCCN) y de otras actitudes
de las que cabe presumir el conocimiento de una resolución.
c) En cuanto al lugar en que la notificación llega al conocimiento real o
presunto del destinatario puede ser la sede del órgano judicial
(notificaciones en el expediente y por ministerio de la ley), el domicilio de
aquél (notificaciones por cédula, telegrama o carta documentada) o dicho
domicilio u otro lugar (notificaciones por edictos o resultantes del retiro
del expediente).

725. Notificación automática o por ministerio de la ley


a) La notificación automática o por ministerio de la ley es aquella que se
verifica determinados días de la semana fijados por la ley, o por el juez o
tribunal, aun en el supuesto de que, a raíz de la incomparecencia de la
parte a la sede del órgano judicial, ésta no haya tomado conocimiento del

255 
 
contenido de la resolución correspondiente. Se trata, por lo tanto, de una
notificación tácita, pues excluye la necesidad de un acto real de
transmisión.
El fundamento del sistema —que constituye la regla general adoptada
en materia de notificaciones por la mayoría de los Códigos vigentes—
reside, por un lado, en la imposibilidad de conminar a las partes para que
comparezcan a notificarse personalmente en el expediente y, por otro
lado, en la necesidad de evitar las dilaciones que trae aparejada la
notificación en el domicilio.
"Salvo los casos en que procede la notificación por cédula y sin perjuicio
de lo dispuesto en el artículo siguiente —prescribía el art. 133, párr. 1º,
CPCCN—, las resoluciones judiciales quedarán notificadas en todas
las instancias, los días martes y viernes, o el siguiente hábil, si alguno de
ellos fuere feriado"(17).
De la norma transcripta se infería que toda resolución judicial que, de
acuerdo con las prescripciones legales, no deba notificarse por cédula, se
consideraba automáticamente conocida por las partes desde el primer día
martes o viernes subsiguiente a aquel en que fue dictada (o desde el
siguiente hábil si alguno de esos días fuese feriado)(18), siendo por lo
tanto innecesario cualquier tipo de constancia relativa a la asistencia o
la inasistencia de aquéllas(19). El precepto dejaba asimismo a salvo la
hipótesis contemplada por el art. 134, en cuya virtud el retiro
del expediente a raíz de las causales autorizadas por la ley implica la
notificación de todas las resoluciones dictadas hasta ese momento, aun en
el caso de que hubiesen debido notificarse por cédula.
El sistema de notificación analizado sólo rige con respecto a quienes
han sido tenidos por parte en el proceso(20): para el actor desde que se
provee el escrito de demanda y para el demandado a partir de la
notificación del traslado de aquélla.
En el caso de intervención de terceros corresponde atenerse a la forma
en que aquélla se verificó. Si es voluntaria, el sistema rige a partir de la
notificación (personal o por cédula) de la resolución que admite
la intervención, y si es obligada, desde que se notifica por cédula al tercero
su citación al proceso.
Asimismo, cuando el proceso se halla en estado de dictar sentencia,
cesa para las partes la carga de comparecer los días designados por la ley
y deja, por lo tanto, de funcionar el sistema de la notificación automática(21).
Puede ocurrir, por otra parte, que una resolución que, debiendo ser
notificada por ministerio de la ley, lo haya sido por cédula, correspondiendo
distinguir, en este caso, si el acto de transmisión fue o no dispuesto por el
órgano judicial.
En relación con la primera de esas hipótesis la jurisprudencia
predominante se inclina, con acierto, en el sentido de
256 
 
que, aun adoleciendo de error la resolución que dispone la notificación por
cédula, los plazos correspondientes corren desde el diligenciamiento de
ésta y que, en caso de prosperar una revocatoria, recién a partir de
entonces es aplicable el sistema de notificación automática(22).
Con respecto a la segunda hipótesis, incluso el diligenciamiento de la
cédula indebidamente librada no obsta a que la resolución se tenga por
notificada por ministerio de la ley(23).
Interesa destacar, finalmente, que la parte a cuyo pedido se dicta una
resolución, aunque sea de las comprendidas en la enumeración del art.
135, CPCCN, queda notificada de aquélla por ministerio de la ley(24).
b) En relación con el tipo de notificación examinado, los Códigos prevén
la posibilidad de que el expediente no se encuentre a disposición de las
partes para su examen los días en que éstas deben cumplir la carga de
comparecencia.
El art. 133, párr. 2º, CPCCN, prescribía acerca de esa eventualidad que
"no se considerará cumplida la notificación si el expediente no se
encontrase en secretaría y se hiciera constar esta circunstancia en el libro
de asistencia(25), que deberá llevarse a ese efecto"(26); de manera, por lo
tanto, que la indisponibilidad del expediente tiene como consecuencia
diferir la fecha de la notificación por ministerio de la ley, la que recién se
opera el día de asistencia obligatoria posterior, siempre que en esa
ocasión el expediente se encuentre a disposición del interesado o éste
omita dejar constancia de lo contrario(27).
Como un arbitrio destinado a asegurar el adecuado funcionamiento del
tipo de notificación por ministerio de la ley, y en virtud de la importancia
que a su respecto reviste el libro de asistencia, el párrafo final del art. 133,
CPCCN, prescribe que "incurrirá en falta grave el prosecretario
administrativo que no mantenga a disposición de los litigantes o
profesionales el libro mencionado"(28). La norma, por lo demás, desplaza
hacia el oficial primero, por razonables motivos de desconcentración
funcional, una responsabilidad que durante la vigencia del régimen
procesal derogado incumbía a los secretarios.
c) En materia de notificaciones(29)la ley 25.488 mantiene, como regla
general, la automática (art. 133), aunque con la diferencia, respecto del
sistema vigente con anterioridad, de que si algún día martes o viernes es
feriado, la notificación no tendrá lugar el siguiente hábil, sino el siguiente
día de nota.
No alcanza, empero, a comprenderse la utilidad práctica de
la innovación, la que puede hallarse incluso reñida con la deseada
celeridad frente a los casos en que el siguiente día de nota sea también
feriado.
Si bien responde al mismo criterio que informó al art. 133, CPCCN, en
su versión anterior, el nuevo precepto desdobló los supuestos en los que
257 
 
no se considerará cumplida la notificación y prescribe que tal contingencia
se opera: 1) Si el expediente no se encontrare en el tribunal. 2) Si
hallándose en él, no se exhibiere a quien lo solicita y se hiciera constar tal
circunstancia en el libro de asistencia por las personas indicadas en el
artículo siguiente, que deberá llevarse a ese efecto.
En ánimo de evitar equívocos, hubiese sido más apropiada una
redacción genérica que aludiera al supuesto de que el expediente no
estuviere disponible para quien lo solicita, pues la constancia que requiere
la norma comprende tanto el caso de que aquél se encuentre fuera de
secretaría (por haber sido facilitado en préstamo o remitido al ministerio
público o a otro tribunal) y el de que se encuentre en secretaría pero a
despacho.
En cuanto a las personas mencionadas en el inc. 2º son, no sólo la
parte, o su apoderado o letrado, sino también la autorizada en
el expediente, inclusión acertada en tanto hace innecesaria la
concurrencia personal de las restantes personas.
El párrafo final de la norma imputaba al oficial primero la falta grave que,
en su versión actual, adjudica al prosecretario administrativo que omite
mantener a disposición de los litigantes o profesionales el libro de
asistencia. Sólo se modificó, en consecuencia, la designación del
funcionario responsable.

726. Notificación tácita por retiro del expediente, presentación de cédulas


y otras actitudes procesales
a) También configuran notificaciones tácitas, en tanto operan sin
necesidad de un acto real de transmisión, las resultantes del retiro
del expediente de la secretaría, sea por las partes o por sus auxiliares, de
la presentación de cédulas por las personas que la ley habilita para
suscribirlas y del cumplimiento de actos que demuestran el conocimiento
de una resolución.
b) A la primera de las hipótesis precedentemente mencionadas se
refiere el art. 134, CPCCN, en tanto dispone que "el retiro del expediente,
conforme al art. 127, importará la notificación de todas las resoluciones"(30).
La norma transcripta —que recoge la doctrina adoptada por numerosos
precedentes judiciales anteriores a la promulgación del CPCCN (31)— se
funda en la razonable presunción de que quien retira en préstamo
un expediente judicial se encuentra en condiciones de interiorizarse
íntegramente del contenido de los actos documentados en
aquél, excluyendo por lo tanto la necesidad de que se le

258 
 
transmitan expresamente las resoluciones dictadas. La solución contraria
implicaría respaldar una actividad reñida con la lealtad procesal.
Si bien el precepto parece, literalmente, supeditar la notificación tácita a
la concurrencia de alguno de los supuestos contemplados por el art. 127,
CPCCN (analizados supra, nro. 423), no existen razones válidas para
impedir que esa modalidad de la notificación se tenga por verificada
cuando el expediente es facilitado en préstamo por circunstancias ajenas
a aquellos supuestos(32).
Obviamente la notificación tácita sólo se produce cuando el expediente
es facilitado en préstamo a los abogados o apoderados de las partes, y no
a los peritos o escribanos a fin de que cumplan los actos
procesales inherentes a sus funciones específicas(33).
Por último, el art. 134, CPCCN, en su redacción resultante de la ley
22.434, agrega que "el retiro de las copias de escritos por la parte, o su
apoderado, o su letrado, implica notificación personal del traslado que
respecto del contenido de aquéllos se hubiere conferido". Este agregado,
sin embargo, sólo contempla uno de los supuestos en que el retiro de
copias importa una notificación tácita, pues también reviste este carácter,
y equivale a una notificación personal, el retiro de la copia de cualquier
resolución judicial.
En lo que atañe a la notificación tácita la ley 25.488(34)mantuvo el texto
del art. 134 en su anterior versión, agregando, entre las personas cuyo
retiro de copias de escritos implica notificación personal del traslado que
respecto de aquéllos se hubiere conferido, a la persona autorizada en
el expediente(35). Se ha legalizado así una práctica admitida por los
tribunales y que corresponde considerar extensiva, con arreglo al sistema
adoptado por la ley 25.488, a las copias de escritos a cuyo respecto se
hubiese conferido vista (v.gr., liquidaciones).
c) La segunda hipótesis de notificación tácita mencionada más arriba se
halla contemplada por el art. 137, CPCCN, norma que, tras habilitar para
suscribir las cédulas al "letrado patrocinante de la parte que tenga interés
en la notificación, o por el síndico, tutor o curador ad litem...", agrega que
"la presentación del documento a que se refiere esta norma en la
Secretaría del Tribunal, oficina de Correos o el requerimiento al notario,
importará la notificación de la parte patrocinada o representada"(36).
En el caso de patrocinio sin representación el temperamento adoptado
por el precepto transcripto —que innovó con respecto a la legislación
procesal derogada(37)— reconoce claro fundamento en razones de buena
fe y lealtad, ya que encontrándose facultado el letrado patrocinante para
suscribir actos de transmisión que producen plenos efectos con relación a
la otra parte, resulta congruente y ajustado a la realidad que el
conocimiento de la resolución reflejado en el cumplimiento de ese acto se
considere extendido a la parte patrocinada(38).

259 
 
Pero a diferencia de lo que ocurre con la hipótesis
anteriormente examinada, la presentación de la cédula en secretaría sólo
implica la notificación de la resolución que se transmite mediante aquélla,
y no la de todas las resoluciones dictadas.
d) Dentro de la tercera hipótesis, finalmente, cabe incluir todo acto
procesal cuyo cumplimiento no se justifica si se desconoce la resolución
que implica su necesario antecedente. Entre otros casos, configuran
notificaciones tácitas de una resolución, en tanto importan un inequívoco
conocimiento de ella, el pedido de aclaratoria(39), el retiro de copias(40), el
pago de un impuesto realizado en cumplimiento de aquélla(41), la
presentación de los demandados por cobro de honorarios regulados, no
obstante sus manifestaciones de haberse enterado extrajudicialmente de
la regulación cuestionada(42); etc.

727. Notificación personal


a) Denomínase notificación personal a aquella que se practica en la
sede del órgano judicial interviniente en el proceso, mediante
diligencia extendida en el mismo expediente y que, con indicación de
fecha y la firma del interesado o de su representante y la del auxiliar
designado por la ley o, eventualmente, sólo con la de este último y la del
secretario, se deja constancia de haberse tomado conocimiento de una o
más resoluciones.
Se trata, por lo tanto, de una notificación expresa y demostrativa del
conocimiento cierto adquirido por su destinatario. Es, en razón de esa
certeza, que la notificación personal sustituye a los restantes tipos de
notificaciones expresas previstas por la ley(43).
"La notificación personal —disponía el art. 142, párr. 1º, CPCCN— se
practicará firmando el interesado en el expediente, al pie de la
diligencia extendida por el oficial primero". Todos los Códigos vigentes
contienen al respecto normas similares, variando solamente en cuanto a
la clase de auxiliar judicial a quien se encomienda el cumplimiento del acto
de transmisión(44), aspecto que es en realidad secundario, por cuanto en
la práctica la diligencia se realiza con la intervención de cualquiera de los
empleados de las secretarías, e incluso mediante la manifestación
consignada por el interesado.
La ley 25.488(45)reprodujo en lo esencial la norma del art. 142, CPCCN,
referente a las formas de la notificación personal, desdoblada ahora en
dos artículos (142 y 143), aunque mantuvo la ya caída en desuso

260 
 
notificación a requerimiento, que ahora debe ser formulada por el
prosecretario administrativo o jefe de despacho (art. 143).
b) Sobre la base del mismo criterio que inspiró al art. 67, Código de
Mendoza, prescribía el art. 142, párr. 2º, CPCCN, que "en oportunidad
de examinar el expediente, el litigante que actuare sin representación o el
profesional que interviene en el proceso como apoderado estarán
obligados a notificarse expresamente de las resoluciones mencionadas en
el art. 135"(46). El tercer párrafo del mismo artículo preveía el caso de que
el interesado se niegue a notificarse de esas resoluciones y determinaba
que, previo requerimiento que debe formular el oficial primero, valía como
notificación la atestación acerca de la negativa y la firma de dicho
empleado y la del secretario(47).
La carga que instituye el citado precepto persigue el objetivo de evitar
las dilaciones que traen aparejadas las notificaciones mediante cédula y
tiene por ello fundamento en razones de economía procesal. En la
práctica, sin embargo, debido principalmente a la circunstancia de que las
modalidades de trabajo imperantes en las oficinas judiciales dificulta un
estricto control del estado y movimiento de los expedientes, el sistema de
notificación personal coactiva no resulta cumplido y ha caído, por lo tanto,
en desuso.
Las leyes procesales, asimismo, contemplan el supuesto de que el
compareciente no sepa o no pueda firmar. El art. 142, párr. 3º, CPCCN,
en su versión anterior, prescribía que en tales casos —lo mismo que en la
hipótesis de negativa— "valdrá como notificación la atestación acerca de
tales circunstancias y la firma de dicho empleado (el oficial primero) y la
del secretario"(48). Otros Códigos requieren la simple firma del secretario o
del empleado designado en el primer decreto (v.gr., Santa Fe: art. 60).
c) Un tipo de notificación personal, aunque caracterizado por la variante
de que el correspondiente acto de transmisión se verifica fuera de la sede
del órgano judicial, es la que se practica a ciertos representantes del
ministerio público. Tal lo que ocurre, en el orden nacional, con el
procurador General de la Nación, el defensor General de la Nación, los
procuradores Fiscales de la Corte Suprema, los procuradores Fiscales de
Cámara y los defensores Generales de Cámara, quienes, de acuerdo con
lo dispuesto por el art. 1º, ley 19.419 (modificatoria del art. 135, párrafo
final, CPCCN, hoy nuevamente modificado por la ley 25.488), deben ser
notificados personalmente en su despacho. Los restantes miembros del
ministerio público, en cambio, quedan notificados el día de
la recepción del expediente en su despacho, debiendo devolverlo dentro
del tercer día, bajo apercibimiento de las medidas disciplinarias a que
hubiere lugar (art. 135, CPCCN)(49).
Mediante la reforma de la ley 25.488(50), entre los funcionarios a quienes
corresponde notificar personalmente en su despacho, se incluyó, aparte
de los que figuraban, al defensor General de la Nación y a los defensores

261 
 
generales de Cámara, pero se omitió aludir a los fiscales de Cámara, que
son identificables con los procuradores fiscales de Cámara en razón de
jerarquía.

728. Notificación por cédula


a) La notificación por cédula es aquella que se practica, con intervención
de los auxiliares judiciales designados por la ley, en el domicilio (procesal,
real o convencional) de las partes o de sus representantes. Como regla,
por lo demás, constituye el único acto de transmisión idóneo respecto de
los terceros citados para comparecer en calidad de partes o para cumplir
uno o más actos procesales (sin perjuicio, en este último caso, de su
sustitución por la notificación telegráfica o por carta documentada).
La proliferación de este tipo de notificaciones constituye uno de los
factores que en mayor medida conspiran contra la efectiva vigencia del
principio de celeridad; de allí que la legislación moderna se oriente en el
sentido de limitar el número de resoluciones que corresponde notificar
personalmente o por cédula, erigiendo en principio general el sistema de
la notificación automática o por ministerio de la ley (supra, nro. 725).
b) Sobre la base de ese criterio, el art. 135, CPCCN (reformado por
la ley 22.434), disponía, en sus dos primeros párrafos, que "sólo serán
notificadas personalmente o por cédula las siguientes resoluciones:
"1º) La que dispone el traslado de la demanda, de la reconvención y de
los documentos que se acompañen con sus contestaciones.
"2º) La que dispone correr traslado de las excepciones.
"3º) La que cita a absolver posiciones, salvo respecto del declarado
rebelde.
"4º) La que declara la cuestión de puro derecho y la que ordena la
apertura a prueba.
"5º) Las que se dicten entre el llamamiento para la sentencia y ésta.
"6º) Las que ordenan intimaciones o apercibimientos no establecidos
directamente por la ley, o la reanudación de plazos suspendidos por
tiempo indeterminado, aplican correcciones disciplinarias o hacen saber
medidas precautorias, o su modificación o levantamiento.
"7º) La providencia que hace saber la devolución del expediente,
cuando no haya habido notificación de la resolución de alzada o cuando
tenga por objeto reanudar plazos suspendidos por tiempo indeterminado.

262 
 
"8º) La primera providencia que se dicte después de que un expediente
haya vuelto del archivo de los tribunales, o haya estado paralizado o fuera
de secretaría más de tres meses.
"9º) Las que disponen traslado de liquidaciones.
"10) La que ordena el traslado del pedido de levantamiento de embargo
sin tercería.
"11) La que dispone la citación de personas extrañas al proceso.
"12) Las que se dicten como consecuencia de un acto procesal
realizado antes de la oportunidad que la ley señala para su cumplimiento.
"13) Las sentencias definitivas y las interlocutorias con fuerza de tales,
con excepción de las que resuelvan caducidad de la prueba por
negligencia.
"14) La providencia que deniega el recurso extraordinario.
"15) La providencia que hace saber el juez o tribunal que va a conocer
en caso de recusación, excusación o admisión de la excepción
de incompetencia.
"16) La que dispone el traslado del pedido de caducidad de la instancia.
"17) La que dispone el traslado de la prescripción, en los supuestos del
art. 346, párrs. 5º y 6º.
"18) Las demás resoluciones de que se haga mención expresa en la ley
o cuando excepcionalmente el juez lo disponga por resolución fundada.
"No se notificarán por cédula las regulaciones de honorarios que
estén incluidas o sean consecuencia de resoluciones no mencionadas en
el presente artículo"(51).
A diferencia del texto del art. 135 en su versión originaria, dicha norma,
conforme a la redacción que le imprimió la ley 22.434, no obligaba a los
jueces a ajustarse a la enunciación de resoluciones que contiene(52). Ello
importa un razonable reconocimiento del margen de libertad o arbitrio
ordinario que es consustancial a la actividad de los órganos judiciales,
quienes se hallan legítimamente habilitados para ampliar el ámbito
significativo del precepto en función de las valoraciones que lo
sustentan(53), así como para incluir supuestos virtualmente comprendidos
en aquél(54).
En relación con las resoluciones que corresponde notificar
personalmente o por cédula(55), el nuevo art. 135 reprodujo prácticamente,
de acuerdo con la ley 25.488, el texto de la norma en su versión anterior
con muy escasos agregados y supresiones, por lo general relacionados
con actos procesales no contemplados con anterioridad y con la
designación de ciertos funcionarios. Importa destacar, sin embargo, que
en los incs. 6º y 7º se incurrió en una reiteración (referida a las

263 
 
resoluciones que disponen la reanudación de plazos suspendidos por
tiempo indeterminado) que deberá ser objeto de una fe de erratas.
Las incluidas son la resolución que se pronuncia sobre las excepciones
previas (en rigor ya incluida en el inc. 13 como resolución interlocutoria
que es) (inc. 2º); la que designa la audiencia preliminar conforme al art.
360 (inc. 3º); las que disponen vistas de liquidaciones (inc. 9º); las
aclaratorias de sentencias definitivas y de las interlocutorias con fuerza de
tales (inc. 13); y la que deniega recursos extraordinarios, es decir, el
federal y el de inaplicabilidad de ley (inc. 14).
Pero a pesar de que, conforme al párrafo inicial la enumeración debió
ser taxativa, el inc. 18, al igual que su anterior, agrega las demás
resoluciones que determine el tribunal excepcionalmente, por resolución
fundada, lo cual desvirtúa, con evidencia, el referido carácter, y da pie a la
discrecionalidad judicial en desmedro de la celeridad procesal.
El nuevo art. 135, párr. 2º, prescribe, sin duda correctamente, que no se
notificarán mediante cédula las decisiones dictadas en la audiencia
preliminar a quienes se hallaren presentes o debieron encontrarse en ella;
de allí, asimismo, que el nuevo inc. 4º exceptúa, de la notificación personal
o por cédula, a la resolución que declara la cuestión de puro derecho
cuando se dicta en dicha audiencia.
c) La cédula constituye un documento que debe redactarse en doble
ejemplar y contener diversas enunciaciones tendientes a individualizar a
su destinatario y a suministrarle la posibilidad de adquirir un efectivo
conocimiento de la resolución que se le comunica.
De acuerdo con el anterior art. 136, CPCCN(56), la cédula debía
contener(57):
"1º) Nombre y apellido de la persona a notificar o designación que
corresponda y su domicilio, con indicación del carácter de éste". La norma
distingue, en primer lugar, según se trata de una persona física (nombre y
apellido) o jurídica (designación de su nombre o razón social),
pero interesa señalar que los posibles errores o insuficiencias de que
puede adolecer esta enunciación no afecta la validez del acto cuando, de
acuerdo con sus restantes constancias, el destinatario de la notificación
resulta debidamente individualizado(58). En cuanto al domicilio, es
menester aclarar su carácter de denunciado o constituido.
"2º) Juicio en que se practica", o sea, la mención de la carátula
del expediente en el que se ha dictado la resolución que se notifica.
"3º) Juzgado y secretaría en que tramita el juicio". Si se trata de la
primera notificación, la omisión de este enunciado ocasiona la nulidad del
acto; pero tratándose de notificaciones posteriores, corresponde apreciar
las circunstancias del caso para determinar si el defecto pudo afectar el
derecho de defensa del destinatario(59).

264 
 
"4º) Transcripción de la parte pertinente de la resolución". Este inciso se
refiere a las sentencias interlocutorias y definitivas, de las cuales sólo
corresponde transcribir la parte dispositiva, y los aspectos que conciernen
personalmente al destinatario de la notificación(60). Hace a la corrección
del documento la indicación de la fecha de la resolución que se notifica,
pero la omisión de aquélla o su mención errónea no constituyen causales
de nulidad(61).
"5º) Objeto, claramente expresado, si no resultare de la resolución
transcripta". El inciso alude a aquellas providencias simples que remiten al
contenido de otros actos procesales, como, v.gr., las que se limitan
a individualizarlos por su foliatura en el expediente.
"En el caso de acompañarse copias de escritos o documentos —
prescribe el párrafo final del art. 136—, la cédula deberá contener detalle
preciso de aquéllas"(62).
A diferencia de algunos Códigos provinciales (v.gr., Jujuy: art. 157, inc.
4º; Mendoza: art. 70-I), el CPCCN no requiere que la cédula contenga las
menciones del lugar y fecha de su otorgamiento, requisito que sin embargo
se cumple en la práctica. Pero la omisión no comporta causal de nulidad,
por cuanto lo que fundamentalmente interesa es la fecha en que se
practica la notificación, y no aquella en que la cédula fue suscripta o
entregada en secretaría.
"La cédula —prescribe el art. 137, CPCCN (reformado parcialmente por
la ley 22.434 y luego, por ley 25.488(63))— será suscripta por el letrado
patrocinante de la parte que tenga interés en la notificación, o por el
síndico, tutor o curador ad litem, en su caso, quienes deberán aclarar su
firma con el sello correspondiente. La presentación de la cédula en la
secretaría importará la notificación de la parte patrocinada o representada.
Deberán ser firmadas por el secretario las cédulas que notifiquen
providencias que dispongan sobre medidas cautelares o la entrega de
bienes, y las que correspondan a actuaciones en que no intervenga letrado
patrocinante. El juez podrá ordenar que el secretario suscriba las cédulas
cuando fuere conveniente por razones de urgencia o por el objeto de la
providencia"(64).
La norma transcripta —que tiene su antecedente inmediato en el art. 4º,
dec.-ley 23.398/1956— distribuye la tarea consistente en suscribir las
cédulas de notificación entre los letrados o representantes legales de las
partes o peticionarios, por un lado, y los secretarios, por otro, acordando a
los primeros el ejercicio accidental de una función pública
cuyo incumplimiento irregular, configurado por inexactitudes o falsedades,
los hace pasibles de responsabilidad civil o penal (sin perjuicio de la
disciplinaria)(65). Algunos Códigos provinciales extienden la facultad de
suscribir las cédulas a los apoderados, con prescindencia de que posean
o no el título de abogados(66), criterio que debe considerarse correcto por
cuanto el acto de que se trata es ajeno a la finalidad del patrocinio letrado

265 
 
y, por otra parte, su cumplimiento por los procuradores resulta compatible
con los deberes y las responsabilidades que contraen a raíz del ejercicio
de su profesión(67).
La reforma impresa por la ley 22.434, al párr. 2º del art. 137, debe
estimarse correcta porque: 1º) al referirse a las cédulas que notifiquen
"embargos" y "medidas precautorias" el texto anterior incurría en una inútil
repetición, ya que los primeros constituyen una especie con respecto a las
segundas; y 2º) suprimió la alusión que hacía dicha norma a las
resoluciones relativas a la "modificación de derechos", que no constituía
una expresión del todo clara en cuanto a su alcance. Asimismo, el nuevo
texto incluyó implícitamente, entre las resoluciones que deben notificarse
mediante cédula suscripta por el secretario, a aquellas que disponen el
levantamiento o la modificación de medidas cautelares.
Como, sin embargo, puede darse el caso de que, por inadvertencia, una
cédula que debiendo ser suscripta por el secretario lo haya sido por otra
de las personas a las que alude el art. 137, se presenta el problema relativo
a la validez del respectivo acto de transmisión. El interrogante debe
resolverse en sentido afirmativo en el caso de que la resolución notificada
en esa forma hubiese llegado al conocimiento del destinatario de la cédula,
pues entonces el acto habría cumplido la finalidad a que estaba destinado
y resultaría improcedente la declaración de nulidad (arts. 149 y 169,
CPCCN)(68).
d) "Las cédulas —disponía el art. 138, CPCCN, antes de la reforma de
la ley 25.488(69)— se enviarán a la oficina de notificaciones dentro de las
veinticuatro horas, debiendo ser diligenciadas y devueltas en la forma y en
los plazos que disponga la reglamentación de superintendencia. La
demora en la agregación de las cédulas se considerará falta grave del
oficial primero"(70).
Entregada la cédula por los profesionales o por las demás personas
mencionadas por el art. 137, o suscripta en su caso por el secretario,
corresponde su remisión a la oficina de notificaciones dentro del plazo que
prevé la norma transcripta. La reglamentación no ha determinado aún la
forma y los plazos de diligenciamiento y devolución de las cédulas a la
secretaría, pero mediante sendos acuerdos plenarios las Cámaras de
Apelaciones con asiento en la Capital Federal resolvieron que la
agregación de aquéllas, una vez devueltas por la oficina de notificaciones,
debe tener lugar dentro del plazo de cuarenta y ocho horas, siempre que
el expediente de que se trate se encuentre en la secretaría(71).
La norma se refiere a las cédulas cuyo diligenciamiento corresponde
practicar dentro de la circunscripción territorial del órgano judicial. Con
respecto a las que deben diligenciarse fuera de esa circunscripción es
aplicable la ley 22.172, que aprobó el convenio celebrado entre la
provincia de Santa Fe y la Nación, al que han adherido las restantes
provincias(72).

266 
 
e) Los arts. 140 y 141, CPCCN, anteriores a la reforma de la ley 25.488,
se referían a las formas que debían observar los funcionarios o empleados
habilitados para diligenciar las cédulas (oficiales notificadores o ujieres),
difiriendo dichas formas según que aquéllos, respectivamente,
encontraran o no en el correspondiente domicilio a la persona a quien iba
dirigida la notificación.
En ambos casos, por tratarse de un acto ejecutado por un funcionario
público en ejercicio de facultades legales, las manifestaciones
consignadas por aquél tanto en el original de la cédula como en su copia
equivalen a las mencionadas por el art. 993, CCiv., en relación con
los instrumentos públicos, de manera tal que, hasta tanto no sea declarada
su falsedad(73), hacen plena fe acerca de la existencia material de los
hechos que el notificador afirma haber cumplido personalmente(74).
Prescribía —antes de la reforma de la ley 25.488— el art. 140,
CPCCN(75), que "si la notificación se hiciere por cédula, el funcionario o
empleado encargado de practicarla dejará al interesado copia de la cédula
haciendo constar, con su firma, el día y la hora de la entrega. El original se
agregará al expediente con nota de lo actuado, lugar, día y hora de la
diligencia, suscripta por el notificador y el interesado, salvo que éste se
negare o no pudiere firmar, de lo cual se dejará constancia"(76).
En el supuesto de que la cédula se encuentre dirigida a varias personas
que tienen un mismo domicilio la diligencia debe practicarse con todas
ellas, y si alguna o algunas no se hallan presente en oportunidad del acto,
correspondía observar el procedimiento previsto por el art. 141. En caso
contrario, la notificación adolece de nulidad respecto de los ausentes(77),
salvo que del expediente surja que tuvieron conocimiento de la resolución
que motivó el acto (art. 149, CPCCN)(78).
Si bien la copia de la cédula reviste la misma eficacia y goza de igual
presunción de autenticidad que el original(79), puede presentarse el caso
de que ambas piezas difieran en cuanto a la fecha en que se practicó la
notificación. Frente a tal hipótesis la jurisprudencia, con acierto, se
ha inclinado, en ausencia de otras pruebas susceptibles de esclarecer la
verdad, por acordar valor prevalente a la fecha consignada en la copia, por
cuanto la situación de duda que engendra esa discrepancia debe
resolverse a favor de quien resulta más gravemente perjudicado por
ella(80).
En el acto de la notificación el funcionario o empleado encargado de
cumplirlo debe entregar al interesado las copias correspondientes; pero la
omisión de esa entrega no ocasiona la nulidad de la diligencia y sólo abre
la posibilidad de solicitar la suspensión del plazo para la contestación de
la vista o traslado(81).
Finalmente, ante la hipótesis de que el destinatario de la notificación se
niegue a firmar la diligencia o se encuentre imposibilitado para hacerlo, el
art. 140, CPCCN, ha suprimido el sistema, proclive a las más burdas
267 
 
ficciones(82), consistente en requerir la firma de dos testigos(83), limitándose
a exigir que el notificador deje constancia de los hechos mencionados,
cuya existencia goza de plena fe en los términos del art. 993, CCiv.
Colocándose frente a la segunda de las hipótesis más arriba
mencionadas, prescribe el art. 141, CPCCN, que "cuando el notificador no
encontrare a la persona a quien va a notificar, entregará el instrumento a
otra persona de la casa, departamento u oficina, o al encargado del
edificio, y procederá en la forma dispuesta en el artículo anterior. Si no
pudiere entregarlo, lo fijará en la puerta de acceso correspondiente a esos
lugares"(84).
Importa señalar, ante todo, que cuando se trata de la notificación del
traslado de la demanda(85)y no se encontrare al interesado en el domicilio,
la aplicación del art. 141 se halla supeditada al requisito de que el
notificador deje aviso a aquél para que espere al día siguiente, oportunidad
en la cual, persistiendo la ausencia, recién cabe observar las formas que
dicho precepto establece(86).
Dichas formas simplifican el mecanismo instituido por el derogado
Código de Procedimiento de la Capital Federal —mantenido por algunos
Códigos provinciales— consistente, por una parte, en el orden de prioridad
que debía observar el notificador respecto de las personas de la casa con
quienes correspondía practicar la notificación en ausencia del interesado
y, por otra parte, en el eventual requerimiento a los vecinos(87). Pero la
validez del acto realizado con intervención de las personas mencionadas
por el art. 141 se halla supeditada al requerimiento, con resultado negativo,
de la presencia del destinatario de la notificación(88), debiendo quedar
constancia de ello en la diligencia(89).
El acto, por lo demás, debe realizarse con personas mayores de 14
años, edad a partir de la cual los actos lícitos se reputan hechos con
discernimiento (arts. 127 y 921, CCiv.) y que es, asimismo, la requerida
para prestar declaración testimonial (arts. 127 y 921, CPCCN)(90).
Frente al supuesto de haberse denunciado erróneamente el domicilio
para practicar la notificación, puede ocurrir que la persona con la cual ésta
se realiza manifieste que aquél pertenece al destinatario. En razón de que
lo informado por el notificador hace plena fe de lo realizado por él o pasado
ante él, pero no de la veracidad de las manifestaciones formuladas por
terceros(91), no cabe en tal caso la redargución de falsedad del documento,
bastando que el interesado acredite, en el correspondiente incidente de
nulidad, que no tenía su domicilio en el lugar en que la notificación se llevó
a cabo(92). Obviamente, también es el incidente de nulidad la vía adecuada
para demostrar la falsedad del domicilio denunciado bajo la
responsabilidad de la parte(93).
Por último, ante la imposibilidad de hacer entrega de la cédula, el
notificador debe fijar la copia correspondiente, así como las restantes que

268 
 
acompañan a aquélla, en la puerta de acceso de la casa, departamento u
oficina, sea adhiriéndola a la parte externa o introduciéndola por debajo(94).
Como arbitrio encaminado a preservar la intimidad de las partes frente
a la eventualidad de que la notificación deba diligenciarse con
personas extrañas, prescribía el art. 139, CPCCN, que "en los juicios
relativos al estado y capacidad de las personas, cuando deba practicarse
la notificación por cédula, las copias de los escritos de demanda,
contestación, reconvención y contestación de ambas, así como las de
otros escritos cuyo contenido pudiere afectar el decoro de quien ha de
recibirlas, serán entregadas bajo sobre cerrado. Igual requisito se
observará respecto de las copias de los documentos agregadas a dichos
escritos. El sobre será cerrado por personal de secretaría, con constancia
de su contenido, el que deberá ajustarse a lo dispuesto en el último párrafo
del art. 136"(95).
En lo que concierne a las copias de contenido reservado la ley
25.488(96)mantuvo sustancialmente el texto del art. 139 en su versión
anterior. El art. 140, CPCCN fue adecuado a las nuevas modalidades
previstas respecto de ese tipo de notificaciones.

729. Otros medios de notificación personal(97)

a) Como nuevo art. 136, CPCCN, la ley 25.488 prevé como medios de notificación, aparte de la cédula, el
acta notarial, el telegrama con copia certificada y aviso de entrega, y la carta documento con el mismo aviso.

Se trata tal vez de la innovación más significativa que registra el nuevo


ordenamiento, ya que serios estudios estadísticos realizados en relación
con juicios sustanciados en los tribunales de la Capital Federal han
demostrado que de los cinco años que insume, como promedio, la
duración de tales juicios, dos años y medio se corresponden con el trámite
de las notificaciones por cédula. No es, por ende, escaso el tiempo que
podrá ahorrarse mediante la aplicación del nuevo régimen, de cuyo marco
se ha excluido el telegrama o la carta documento cuando se trata de la
notificación de los traslados de demanda, citación de personas extrañas al
juicio, la sentencia definitiva y todas aquellas que deban efectuarse con
entrega de copia, aunque se tendrá por cumplimentada la entrega de
copias si se transcribe su contenido en la carta documento o telegrama.
b) Por otra parte, la elección del medio de notificación debe realizarse
por los letrados, sin necesidad de manifestación alguna en las
actuaciones, y ante el fracaso de una diligencia de notificación no es
necesaria la reiteración de la solicitud del libramiento de una nueva, la
que incluso podrá intentarse por otra vía. Si, por ejemplo, se frustra una

269 
 
notificación por cédula, el interesado puede practicarla directamente por
telegrama, carta documento o acta notarial, sin necesidad de presentar
escrito alguno solicitando el reemplazo o denunciándolo.
c) Se trata, como fácilmente se percibe, de innovaciones cuyo mérito no
puede menos que resaltarse, aunque es de lamentar que, a diferencia de
un proyecto sometido a la aprobación del Senado en 1999, se haya omitido
la posibilidad de que las cédulas se presenten, por los letrados que las
suscriben, directamente en la oficina de notificaciones, con la correlativa
abreviación de tramos burocráticos que ello entraña y constituyen los
factores que en mayor medida inciden en la referida demora
(confrontación y zonificación de cédulas en secretaría, confección de
listas, inobservancia de los plazos para su remisión y devolución).
d) Con las adaptaciones resultantes de las características propias de
los nuevos medios de notificación previstos, así como de las
designaciones actuales de los funcionarios intervinientes en las
notificaciones, la ley 25.488 no introdujo modificaciones sustanciales a las
normas aún vigentes relativas al contenido de los respectivos documentos,
a su firma y formas de diligenciamiento, a las copias de contenido
reservado y a la entrega del instrumento al interesado o a personas
distintas (arts. 137, 138, 139, 140 y 141, respectivamente).
Sólo configuran variantes destacables las que radican en la posibilidad
de que los telegramas y cartas documento sean suscriptos, como regla
general, por el letrado patrocinante, síndico o curador ad litem y que la
presentación del instrumento en la oficina de correos o, en su caso, el
requerimiento al notario, importará la notificación de la parte patrocinada o
representada (art. 137).
A propósito de tal requerimiento, es del caso distinguirlo debidamente
de la notificación al destinatario.
Respecto del requerimiento interesa señalar que, conforme a lo
prescripto en el art. 296, CCiv. y Com., el acta respectiva sólo hace plena
fe acerca de su fecha, de la identidad del requirente y de la firma de éste
en aquélla, pero la referida eficacia no es extensiva a la exactitud o
veracidad del contenido y fecha de la resolución que se solicita notificar.
Éstos no son hechos que han pasado en presencia del notario, quien por
lo tanto no está obligado a verificar que coinciden con las constancias
del expediente, sin perjuicio, naturalmente, de la responsabilidad civil o
penal que recae sobre el requirente con motivo de cualquier falsedad
o inexactitud relativa a dichas constancias.
La situación es diversa con respecto al acta de notificación (sea que se
practique mediante acta protocolar complementaria o por acta autónoma),
ya que ella hace plena fe de la existencia material de todas las
circunstancias que documenta (fecha, lugar del acto, persona o personas
notificadas o no, etc.).

270 
 
Asimismo, cuando la diligencia (cualquiera que sea su carácter) deba
cumplirse fuera de la ciudad asiento del tribunal, una vez selladas, se
devolverán en el acto y previa constancia en el expediente, al letrado o
apoderado (art. 138, párr. 3º).
La ley 25.488 mantuvo el texto del art. 144, CPCCN, referente a la
fecha de la notificación realizada mediante telegrama o carta
documento, aunque, con plausible criterio, eliminó las restantes
menciones normativas atinentes al doble ejemplar y a la intervención del
secretario.

730. Notificación por edictos


a) La notificación por edictos es aquella que, practicada mediante
avisos insertos en la prensa, exhibidos en lugares públicos o transmitidos
por radio o televisión, tiene por objeto hacer conocer a un
número indeterminado de personas la realización de un acto ordenado
judicialmente respecto del cual pueden tener interés (v.gr., mensuras,
subastas), o bien, lograr la comparecencia al proceso de
personas inciertas o cuyo domicilio se ignore.
Este último aspecto es el que ahora interesa y al cual se refería el art.
145, CPCCN, en tanto, tras expresar que "además de los casos
determinados por este Código", agregaba que "procederá la notificación
por edictos cuando se tratare de personas inciertas o cuyo domicilio se
ignore"(98).
Ejemplos de la primera hipótesis (personas acerca de cuya existencia
no media certeza) son, entre otros, el de la demanda por cobro de
impuestos cuando se ignora el nombre del propietario del inmueble
afectado por el gravamen y tampoco consta en los registros, o el de la
citación al juicio de los herederos de la parte fallecida en el caso de que
no medie certidumbre sobre la existencia de aquéllos. La segunda
hipótesis concurre cuando, cabiendo la posibilidad de individualizar a la
persona que corresponde citar al proceso, se ignora su actual domicilio o
residencia.
La legislación argentina, en general, supedita la admisibilidad de la
notificación por edictos a la condición de que quien la requiere acredite, en
forma sumaria, la imposibilidad de determinar el domicilio de la persona a
notificar(99), y así lo hacía el art. 145, CPCCN, en cuanto imponía a la parte
la carga de justificar previamente el hecho de haber realizado, sin éxito,
gestiones tendientes a conocer ese domicilio.

271 
 
Esas leyes no establecen restricciones en cuanto a los medios de
prueba que corresponde producir a fin de acreditar el extremo
señalado, aunque el más idóneo consiste en el pedido de informes a
reparticiones públicas (correos y telecomunicaciones, registros de
enrolados, etc.)(100), cuya respuesta negativa es suficiente para ordenar el
tipo de notificación analizado(101).
b) El art. 145, CPCCN(102), a raíz de la reforma que le introdujeron las
leyes 22.434 y 25.488, dispone lo siguiente: "Además de los casos
determinados por este Código, procederá la notificación por edictos
cuando se tratare de personas inciertas o cuyo domicilio se ignore. En este
último caso, la parte deberá manifestar bajo juramento que ha realizado
sin éxito las gestiones tendientes a conocer el domicilio de la persona a
quien se deba notificar(103). Si resultare falsa la afirmación de la parte que
dijo ignorar el domicilio, o que pudo conocerlo empleando la debida
diligencia, se anulará a su costa todo lo actuado con posterioridad y será
condenada a pagar una multa de pesos cincuenta ($ 50) a pesos quince
mil ($ 15.000)".
Esta norma innovó en relación con el régimen vigente con anterioridad,
en tanto no exige la justificación previa y sumaria de que se realizaron sin
éxito gestiones tendientes a conocer el domicilio de la persona a quien
corresponde notificar, sustituyendo el cumplimiento de esa carga, como
con acierto lo hacen los Códigos de Entre Ríos (art. 142) y La Pampa (art.
137), por la manifestación bajo juramento acerca de la
realización infructuosa de tales gestiones.
La nueva disposición es plausible porque la previa prueba que ordenaba
el art. 145, aparte de traducirse en dilaciones innecesarias(104), no
guardaba congruencia con la denominada notificación bajo
responsabilidad (virtualmente admitida por el art. 339, CPCCN), la que no
obstante ser susceptible de colocar al citado en una posición procesal más
desventajosa que en el supuesto de notificación por edictos (eventual
declaración de rebeldía), no requiere el diligenciamiento de medidas
previas. Por lo demás, la prueba que exigía el art. 145 puede ser suplida
mediante la práctica de diligencias posteriores a la notificación por edictos,
cuya admisibilidad emerge del deber impuesto al defensor oficial en el
sentido de "tratar de hacer llegar a conocimiento del interesado
la existencia del juicio" (art. 343, párr. 2º, CPCCN).
La ley 25.488 se limitó a aumentar el monto de la sanción pecuniaria
frente al caso de comprobarse la falsedad de la afirmación de ignorancia
del domicilio.
c) En lo que respecta a la publicación de los edictos, prescribía el art.
146, CPCCN, que ella "se hará en el Boletín Oficial y en un diario de los
de mayor circulación del lugar del último domicilio del citado, si fuere
conocido o, en su defecto, del lugar del juicio, y se acreditará mediante la
agregación al expediente de un ejemplar de aquéllos y del recibo del pago

272 
 
efectuado. A falta de diarios en los lugares precedentemente
mencionados, la publicación se hará en la localidad más próxima que los
tuviera, y el edicto se fijará, además, en la tablilla del juzgado y en los sitios
que aseguren su mayor difusión"(105).
En virtud de que la notificación por medio de edictos debe basarse en
una razonable probabilidad de que la resolución llegue a conocimiento del
citado, sea en forma directa o a través de terceros, se justifica la exigencia
de que aquéllos se publiquen en un diario de los de mayor circulación; de
allí la conveniencia de complementar la norma mediante el dictado de otros
preceptos que establezcan los requisitos que deben reunir los diarios en
los cuales corresponde publicar edictos, tal como lo ha hecho, v.gr., el
dec.-ley 16.005/1957 (con respecto a la Capital Federal)(106).
Las prioridades que establecía el art. 146, CPCCN, con respecto a los
lugares en que debe efectuarse la publicación, sólo son aplicables a los
procesos contenciosos en los cuales se trata de obtener la comparecencia
de quienes revisten la calidad de partes y que, como tales, se hallan
habilitados para oponerse a la pretensión (demandado en el proceso de
conocimiento y ejecutado en el proceso de ejecución), o bien, para
reemplazar la actuación de las partes originarias, como ocurre en los casos
de sucesión (v.gr., art. 53, inc. 5º, CPCCN). Con excepción del supuesto
contemplado por el art. 707 de dicho ordenamiento en relación con la
sucesión testamentaria, no son en cambio extensivas a otros procesos
universales o voluntarios (v.gr., arts. 699, inc. 2º, y 661, inc. 2º, relativos,
respectivamente, a los procesos sucesorios ab intestato y de mensura) ni
a los procesos contenciosos en los cuales se dispone la notificación a un
número indeterminado de personas eventualmente interesadas en la
realización de un acto ordenado judicialmente (v.gr., art. 566, CPCCN,
referente a las subastas decretadas en los procesos de ejecución). En las
mencionadas hipótesis los edictos sólo deben publicarse en diarios del
lugar en que tramita el proceso, sin perjuicio, cuando se trata de la subasta
de bienes inmuebles, de anunciarse facultativamente en diarios del lugar
en que aquéllos se encuentran situados (norma citada).
Aunque la ley utiliza la expresión "diarios", frente a la hipótesis
contemplada por el art. 146, párr. 2º, no cabe descartar la posibilidad de
que la notificación se practique en una publicación alterna existente en el
lugar del último domicilio del citado o de la sede del órgano judicial, ya que
si aquélla goza de suficiente circulación, puede resultar preferible a una
publicación diaria de la localidad más próxima.
Por último, la ley 22.434 agregó a dicha norma un párrafo, en cuya virtud
"salvo en el proceso sucesorio, cuando los gastos que demandare la
publicación fueren desproporcionados con la cuantía del juicio, se
prescindirá de los edictos; la notificación se practicará en la tablilla del
juzgado".

273 
 
Se trata de una disposición sin duda correcta, aplicable, con excepción
de los casos previstos en los arts. 699 y 707, CPCCN, a los supuestos
contemplados en los arts. 53, inc. 5º, 531, inc. 2º, 566 y 661, inc. 2º(107).
En lo que atañe a la forma de publicarse los edictos(108), a los lugares
en que la publicación debe efectuarse y a la prueba de la notificación, la ley
22.434 —como se ha visto— reprodujo el texto del art. 146, CPCCN, en
su anterior versión, y la ley 25.488 eliminó la necesidad de agregar
al expediente el recibo de pago efectuado con motivo de la publicación.
d) Dispone el art. 147, CPCCN, en cuanto a la dimensión formal de los
edictos, que éstos "contendrán, en forma sintética, las mismas
enunciaciones de las cédulas, con transcripción sumaria de la
resolución"(109).
Con excepción del domicilio y, en su caso, también del nombre de la
persona citada, los edictos deben contener, aunque abreviadamente, las
enunciaciones previstas por el art. 137, CPCCN. La mayor simplicidad de
su texto, con relación al de las cédulas, tiene fundamento en la necesidad
de reducir las erogaciones que demanda la publicación de los
edictos, aunque sin desmedro, naturalmente, de la mínima claridad que
dicho texto debe revestir.
La Corte Suprema puede disponer la adopción de textos uniformes para
la redacción de los edictos(110), y el Poder Ejecutivo establecer que, en el
Boletín Oficial, los edictos a los que corresponda un mismo texto se
publiquen en extracto, agrupados por juzgados y secretarías,
encabezados por una fórmula común (art. 147, párrs. 4º y 5º, CPCCN).
e) El número de publicaciones de edictos es el que en cada caso
determina el Código (art. 147, párr. 2º, CPCCN)(111).
De acuerdo con este último, por dos días deben publicarse los edictos
tendientes a citar al proceso a personas inciertas o cuyo domicilio se
ignore (arts. 53, inc. 5º, y 343, párr. 1º), así como los relativos a la subasta
de bienes muebles (art. 566), al paso que corresponde publicar por tres
días los edictos cuyo objeto consiste en notificar la subasta de
bienes inmuebles (art. 566) y la citación a quienes tuvieren interés en el
acto de la mensura (art. 661, inc. 2º), o a todos los que, en el juicio
sucesorio ab intestato, se consideraren con derecho a los bienes dejados
por el causante (art. 699, inc. 2º).
f) Dispone, por último, el art. 147, párr. 3º, que "la resolución se tendrá
por notificada al día siguiente de la última publicación"(112).
Corresponde aclarar, sin embargo, que como los edictos pueden
publicarse tanto en días hábiles como inhábiles, en este último caso
corresponde tener por notificada la resolución el primer día hábil inmediato
a la fecha en que se realizó la última publicación (art. 156, párr. 2º,
CPCCN)(113).

274 
 
g) En coincidencia con el criterio adoptado por diversos Códigos
provinciales (v.gr., Jujuy: art. 164, Mendoza: art. 72-III), el CPCCN
contemplaba la posibilidad de que el texto de los edictos se propale
oralmente a través de la radio o la televisión. Disponía sobre el particular
el art. 148 del referido ordenamiento que "en todos los casos en que este
Código autoriza la publicación de edictos, a pedido del interesado, el juez
podrá ordenar que aquéllos se anuncien por radiodifusión. Las
transmisiones se harán por una emisora oficial y por las que determine la
reglamentación de superintendencia, y su número coincidirá con el de las
publicaciones que este Código prevé en cada caso con respecto a la
notificación por edictos. La diligencia se acreditará agregando
al expediente certificación emanada de la empresa radiodifusora, en la que
constará el texto del anuncio, que deberá ser el mismo que el de los
edictos, y los días y horas en que se difundió. La resolución se tendrá por
notificada al día siguiente de la última transmisión radiofónica. Respecto
de los gastos que irrogare esta forma de notificación, regirá lo dispuesto
en el último párrafo del art. 143"(114).
La ley 25.488(115)mantuvo esencialmente el texto del art. 148, CPCCN.
Agregó, sin embargo, la posibilidad de la notificación por televisión y
eliminó la referencia a la emisora oficial, que sustituyó por la relativa a la
empresa radiodifusora o de televisión.
De esta norma, se deriva que, salvo en lo que atañe al presupuesto que
condiciona su admisibilidad, los edictos comunicados por radiodifusión se
hallan sometidos a las mismas reglas aplicables a los edictos publicados
en la prensa.
El mencionado presupuesto consiste en la petición que debe formular
la parte interesada a fin de que los edictos se difundan a través de los
medios previstos por la norma, lo que excluye la posibilidad de que ese
tipo de notificación se practique de oficio. En este aspecto el CPCCN se
aparta de algunos Códigos provinciales que admiten esa posibilidad
cuando el órgano judicial "lo considere necesario" o "razones especiales
lo aconsejen" (v.gr., Jujuy: art. 164).
En la práctica, sin embargo, acaso debido a los excesivos gastos que
demanda, la notificación por radiodifusión no es utilizada.

731. Nulidad de la notificación


a) La doble finalidad que, según se dijo supra nro. 723, persiguen las
notificaciones (asegurar la vigencia del principio de contradicción y
determinar un punto de partida para el cómputo de los plazos) supone el

275 
 
logro de una finalidad primaria y elemental, cual es la consistente en
proporcionar a su destinatario el conocimiento de la resolución de que se
trate.
En razón de que los requisitos de lugar, tiempo y forma a los cuales
deben sujetarse las distintas clases de notificaciones expresas previstas
por la ley constituyen el medio adecuado para la obtención de la referida
finalidad, la inobservancia de dichos requisitos afecta, como regla, la
validez del correspondiente acto de transmisión; de allí que, de acuerdo
con lo prescripto en el art. 149, párr. 1º, CPCCN —en texto mantenido por
la ley 25.488—, "será nula la notificación que se hiciere en contravención
a lo dispuesto en los artículos anteriores siempre que la irregularidad fuere
grave e impidiere al interesado cumplir oportunamente los actos
procesales vinculados a la resolución que se notifica"(116).
La norma transcripta perfeccionó el texto del art. 149 en su anterior
versión y es suficientemente clara en el sentido de que el vicio emergente
de la inobservancia de los requisitos legales no determina, por su sola
configuración, la declaración de nulidad, pues ello contrariaría el principio
general establecido por el art. 169, párr. 3º, CPCCN, en cuya virtud
es inadmisible dicha declaración "si el acto, no obstante su irregularidad,
ha logrado la finalidad a que estaba destinado".
El art. 149, párr. 2º, en cuanto dispone que "cuando del expediente
resultare que la parte ha tenido conocimiento de la resolución, la
notificación surtirá sus efectos desde entonces"(117), constituye
precisamente una específica aplicación del mencionado principio general.
La determinación del "conocimiento" a que alude la norma constituye una
cuestión de hecho que debe resolverse de acuerdo con las particulares
circunstancias de cada caso, existiendo al respecto una nutrida
jurisprudencia(118).
Interesa destacar, en segundo lugar, que siendo todo tipo de
irregularidad procesal, en materia civil, susceptible de convalidarse a
través del consentimiento expreso o presunto de la parte a quien aquélla
perjudique, no existiendo, por lo tanto, en dicho ámbito, nulidades
procesales absolutas, la declaración de nulidad de una notificación
defectuosa se halla supeditada al requisito de que dicha declaración sea
peticionada dentro de los cinco días subsiguientes al conocimiento del acto
(art. 170, párr. 2º, CPCCN). En caso contrario la irregularidad resulta
convalidada.
Asimismo, por aplicación del principio general contenido en el art. 172,
CPCCN, quien articula la nulidad de la notificación "deberá expresar el
perjuicio sufrido del que derivare el interés en obtener la declaración y
mencionar, en su caso, las defensas que no ha podido oponer". Si se
plantea, por ejemplo, la nulidad de la notificación del traslado o vista de
una liquidación o de una pericia, el impugnante debe indicar las
alegaciones o las pruebas de que se vio privado a raíz del vicio que alega;

276 
 
en otros casos, sin embargo, el perjuicio o el interés se presumen, como
ocurre, v.gr., cuando se trata de la nulidad de la notificación del traslado
de la demanda o de un resolución susceptible de recursos(119). En ciertas
hipótesis, finalmente, la declaración de nulidad es inadmisible cuando la
facultad no ejercida debió serlo, por disposición de la ley, junto con el
pedido de nulidad. Tal lo que ocurre, por ejemplo, si requerida la nulidad
de la ejecución no se cumplen, en el mismo acto, las cargas impuestas por
el art. 545, CPCCN.
b) El art. 149, párr. 3º, CPCCN(120), prescribe que "el pedido de nulidad
tramitará por incidente, aplicándose las normas de los arts. 172 y 173".
c) Por último, dispone el art. 149, CPCCN, en su párrafo final, que "el
funcionario o empleado que hubiese practicado la notificación declarada
nula incurrirá en falta grave cuando la irregularidad le sea imputable"(121).
El párrafo transcripto, introducido por la ley 22.434, modificó asimismo
el alcance de la responsabilidad del funcionario o empleado que realizó la
notificación al margen de los requisitos impuestos por la ley, pues mientras
de acuerdo con el régimen anterior —mantenido por la mayoría de los
Códigos provinciales(122)— esa responsabilidad se contraía también a raíz
de la simple irregularidad del acto, actualmente sólo es susceptible de
hacerse efectiva en el supuesto de declararse la nulidad de la notificación,
sin perjuicio, desde luego, de que puedan aplicarse al oficial notificador
sanciones disciplinarias menores de las que corresponden en los casos de
"falta grave".
La aplicación de tales sanciones no excluye, finalmente, la eventual
responsabilidad civil del notificador por los daños y perjuicios ocasionados
al interesado. Se trata, empero, de una disposición innecesaria, en virtud
del principio general que, en materia de nulidades procesales, contiene el
art. 170 del citado ordenamiento.

IV. OFICIOS Y EXHORTOS(123)

732. Generalidades
a) En la legislación procesal argentina la única diferencia relevante que
separa a los oficios de los exhortos radica en que mientras éstos tienen
por exclusivo objeto la comunicación entre órganos judiciales, aquéllos

277 
 
pueden, además, dirigirse por dichos órganos a funcionarios de otros
poderes estatales e incluso a particulares y entidades privadas. Corolario
de esa diferencia es que la firma de los exhortos incumbe solamente a los
jueces, al paso que cierto tipo de oficios pueden ser suscriptos, de
conformidad con lo dispuesto por algunos ordenamientos vigentes, por los
secretarios o por los letrados patrocinantes de las partes o peticionarios.
b) Sin perjuicio de lo que se expresará más adelante, cuando se trata
de comunicaciones entre órganos judiciales argentinos, la procedencia del
libramiento de un oficio o un exhorto se halla supeditada, según los casos,
al carácter nacional o provincial de aquéllos, a su competencia territorial y
a la jerarquía por razón del grado que les corresponde de acuerdo con la
respectiva organización judicial.
Si, en cambio, la comunicación se dirige a un órgano judicial extranjero,
debe efectuarse siempre mediante exhorto.
En lo que a esta materia concierne, la ley 22.434 mantuvo el principio
establecido por el art. 131, CPCCN, en su versión originaria, con arreglo
al cual las comunicaciones dirigidas a jueces nacionales por otros del
mismo carácter deben hacerse mediante oficio y las dirigidas a jueces
provinciales, por exhorto. Dejó sin embargo a salvo "lo que establecieren
los convenios sobre comunicaciones entre magistrados". Los Códigos
provinciales, a su vez, consagran generalmente la regla inversa en tanto
prescriben que deben practicarse por oficio las comunicaciones dirigidas
a jueces de jurisdicción provincial por otros del mismo carácter, y
por exhorto las dirigidas a jueces nacionales o de otras provincias(124). El
Código de Mendoza, por su parte, limita la utilización del oficio para las
comunicaciones cursadas entre jueces de la misma circunscripción
y extiende el uso del exhorto para los demás casos (art. 101-II)(125). El
Código de San Luis, en cambio, prevé el oficio para las comunicaciones
dirigidas a jueces "del mismo grado dentro de la provincia" e impone el uso
del exhorto con respecto a "las dirigidas a jueces de grado superior, a
jueces nacionales y de otras provincias" (art. 131).
En la actualidad, sin embargo, la distinción carece de virtualidad cuando
se trata de comunicarse entre tribunales de la República que ejercen
diversa jurisdicción territorial, sean nacionales o provinciales, pues la
totalidad de las provincias adhirieron al convenio celebrado con fecha
9/10/1979 entre el Poder Ejecutivo nacional y el de la provincia de Santa
Fe (aprobado por la ley 22.172), con arreglo al cual (art. 1º) dichas
comunicaciones deben realizarse directamente por oficio.
c) Dispone el art. 131, párr. 2º, CPCCN, que los oficios o exhortos
"podrán entregarse al interesado, bajo recibo en el expediente, o remitirse
por correo", agregando que "en los casos urgentes, podrán expedirse o
anticiparse telegráficamente"(126). Generalmente, es la parte interesada en
el libramiento del oficio o exhorto quien lo confecciona y lo retira de
secretaría, bajo recibo, una vez firmado, pero la norma transcripta prevé la

278 
 
posibilidad de que, a pedido de aquélla o cuando se trata de una medida
ordenada de oficio, sea el propio juzgado el que tome a su cargo la
remisión, por carta certificada, de los mencionados actos de comunicación.
En cuanto a la expedición o anticipación telegráfica de oficios o exhortos
debe regir, por analogía y en lo pertinente, el art. 144, CPCCN.
En su párrafo final, el art. 131 prescribe que "se dejará copia fiel en
el expediente de todo exhorto u oficio que se libre"(127), siendo la norma
aplicable a cualquiera de las modalidades de remisión contempladas en el
párrafo anterior(128).
Algunos Códigos provinciales determinan que, entregado el oficio
o exhorto a la parte interesada, corresponde fijarle un plazo para
presentarlos ante el órgano judicial a quien van dirigido (v.gr., Jujuy: art.
170, párr. 1º, Santa Fe: art. 94, mismo párrafo, Tucumán: art. 150, mismo
párrafo), bajo pena, según el Código de Santa Fe, "de caducidad por no
hacerlo en el plazo fijado, si se tratare de diligencias de prueba" y, de
acuerdo con el Código de Tucumán "de no producir el efecto perseguido".
Si bien el CPCCN no prevé la fijación de plazos para la presentación del
oficio o exhorto ante el órgano judicial comisionado, importa recordar que
el art. 454 del mismo ordenamiento, cuando se trata de prueba testimonial
a producirse fuera de la jurisdicción del juzgado, determina que incumbe
al juez fijar el plazo dentro del cual la parte que ofreció la prueba
debe informar acerca del juzgado en que ha quedado radicado el exhorto
(u oficio) y la fecha de la audiencia, bajo apercibimiento de tenerla por
desistida.

733. Oficios
a) Denomínanse oficios a las comunicaciones escritas dirigidas a los
órganos judiciales, a los funcionarios de otros poderes del Estado, a
particulares y a entidades privadas y suscriptas, según los casos, por los
jueces, secretarios o letrados patrocinantes de las partes o peticionarios.
Incumbe a los órganos judiciales, nacionales o provinciales, expedir los
oficios cursados: 1º) con las variantes señaladas en el número precedente
respecto de las distinciones parcialmente vigentes en el ámbito interno de
algunas provincias, a otros de la República que ejercen diversa jurisdicción
territorial (art. 1º, ley 22.172), a fin de encomendarles el cumplimiento de
determinadas diligencias (v.gr., notificaciones, recepción de medios de
prueba, traba de medidas cautelares), de requerirles informes sobre el
estado de un expediente o la remisión de éste (o de testimonios o
certificados de alguna de las piezas que lo integran), o de hacerles conocer
el contenido de resoluciones adoptadas con motivo de una cuestión
279 
 
planteada por vía de inhibitoria; 2º) a ciertos funcionarios integrantes de
los Poderes Ejecutivo (art. 38, inc. 1º, CPCCN) y Legislativo(129), a fin de
pedirles informes o la remisión de documentos o actuaciones con el
alcance fijado por las leyes correspondientes, así como su declaración por
escrito en el caso de prueba testimonial (v.gr., art. 455, CPCCN)(130).
Es facultad de los secretarios suscribir los restantes oficios ordenados
por el juez con excepción de los dirigidos a los funcionarios públicos
respecto de los cuales la ley exija la comunicación practicada por aquél,
así como de los que la ley habilita para suscribir a los letrados
patrocinantes. Los secretarios no están facultados, como principio general,
para oficiar a los jueces, aunque se admiten excepciones, por ejemplo,
con respecto a los secretarios de la Corte Suprema de Justicia de la
Nación, que suscriben todas las comunicaciones dirigidas a magistrados
judiciales, salvo cuando se trata de los presidentes de los superiores
tribunales provinciales (arts. 81 y 89, RJN) y con relación a los secretarios
de juzgados letrados provinciales que firman los oficios librados a los
jueces de paz legos.
Por último, algunos ordenamientos procesales autorizan a los letrados
patrocinantes para firmar los oficios mediante los cuales se
requieren informes, expedientes, testimonios y certificados ordenados en
juicio(131), salvo cuando su destinatario sea un magistrado judicial o algún
funcionario público al cual, según la ley, sólo puede dirigirse el juez. Tales
ordenamientos, por lo demás, prescriben que los oficios dirigidos a
bancos, oficinas públicas o entidades privadas que tengan por único objeto
acreditar el haber del juicio sucesorio pueden ser presentados
directamente por el abogado patrocinante, sin necesidad de previa petición
judicial(132).
Las leyes procesales argentinas, por lo general, no contienen
prescripciones específicamente referidas a las formas que deben reunir
los oficios. Mediante la utilización de una fórmula breve, el Código de
Mendoza dispone que "en todo oficio o exhorto, se expresará lugar, fecha,
destinatario, carátula del expediente y tribunal que lo emite; su objeto,
personas autorizadas a diligenciarlo y retirarlo, y cualesquiera otra
circunstancia que sea conveniente incluir en el mismo" (art. 101-III)(133).
Asimismo, con referencia a los oficios a librarse con motivo de la prueba
de informes, algunos Códigos exigen que aquéllos contengan
transcripción de la resolución que los ordena y que fija el plazo en que
el informante debe expedirse(134).
b) A la recepción y remisión de los oficios se ha hecho referencia en el
número precedente.

280 
 
734. Comunicaciones entre órganos judiciales
Fuera de esas variantes, el objeto de los exhortos coincide con el
descripto sub 1º) en el nro. 733.
En virtud de los distintos regímenes jurídicos a que se hallan sometidas
las comunicaciones libradas entre órganos judiciales de la República y
aquellos que éstos dirigen o reciben de autoridades judiciales extranjeras,
ambos aspectos serán objeto de examen separado en las letras que
siguen.

A) Oficios entre jueces de la República


Actualmente, los aspectos fundamentales relacionados con el tema del
epígrafe se hallan sujetos a un régimen uniforme en todo el territorio de la
República en razón de que, como se anticipó en el nro. 645, tanto el
gobierno nacional como cada una de las provincias han adherido,
mediante la promulgación de sendas leyes(135)al convenio celebrado el
9/10/1979 entre el Poder Ejecutivo nacional y el de la provincia de Santa
Fe sobre comunicación entre tribunales de distinta competencia territorial;
de allí que el ulterior desarrollo del tema girará en torno del análisis de las
cláusulas contenidas en dicho convenio referentes al primero de los temas
señalados.

B) Órgano judicial destinatario del oficio


a) Con anterioridad a la celebración de un convenio análogo al
precedentemente recordado(136), la jurisprudencia se había pronunciado
reiteradamen