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El milagro de la Navidad

La Navidad es una época llena de milagros y si no me crees escucha esta historia. Todo
empezó con un profesor que decidió asignarles una tarea diferente a sus estudiantes en la
víspera de Navidad. Al terminar la clase les dijo: – “Es tiempo de compartir nuestro
corazón, así que lleven a tantos niños como puedan la alegría de esta Navidad”.

Fue así como un grupo de muchachos se animaron a cumplir con la asignación del
profesor y salieron a comprar algunos regalos, que envolvieron y colocaron dentro de un
saco. En Nochebuena decidieron que el mejor lugar para repartirlos era el hospital más
cercano, donde seguro habían niños anhelando recibir los regalos de Santa.

Disfrazados de Santa Claus y cantando villancicos se aparecieron por sorpresa en el


hospital, donde creían que a lo sumo encontrarían una docena de niños. Pero la realidad
era que habían muchos más niños aquella noche internados, alrededor de una treintena.
Los niños miraban expectante y con júbilo, esperando a ver qué sorpresas les traían estos
Santas.

Los muchachos quedaron desconcertados, sabían que los juguetes que habían comprado
no eran suficientes para tantos niños, pero tampoco podían romper sus corazones.
Finalmente intentando no decepcionarlos, comenzaron a repartir los juguetes que traían a
los más pequeñines, y acordaron que cuando se terminaran le explicarían lo sucedido a los
más grandes.

Pero cuál fue la sorpresa al notar que cada vez que buscaban dentro del saco un regalo
más, lo encontraban. Cada niño recibió su juguete y los muchachos apenas podían creer lo
que había sucedido aquella noche. Sin poderle dar otra explicación a aquel problema que
matemáticamente no tenía solución, decidieron pensar que se trataba de un milagro de la
Navidad.

¿Qué te ha parecido esta historia, increíble verdad? Pues más increíble te parecerá saber
que tú también tienes tu propio saco y este nunca se vacía. Está muy dentro de ti, llenito
de alegría, amor y cosas que ofrecer. No esperes más y abre ese saco que es tu
corazoncito y compártelo con todos los que te rodean en esta Navidad.
Un cuento de Año Nuevo

Cuenta la leyenda que hay un modo de conseguir que el año que empieza cumpla casi
todos nuestros sueños. Según esa creencia el tiempo nace y envejece. Se encarna cada
año y vive bajo el nombre que le damos. El 31 de diciembre coinciden por un segundo la
personalización del año nuevo, como un niño, y del viejo, que ya se ha convertido en un
anciano. Cuando se cruzan, el año que acaba sólo tiene un momento para aconsejar al
pequeño que llega.

Según esa tradición, hay un modo de lograr que desde el 1 de enero nuestro tiempo nos
regale preciosas vivencias y días felices. Al parecer, el mayor miedo del tiempo consiste en
desaparecer. Dicen que odia los relojes de arena porque le recuerdan lo efímero de su
paso por la vida de los hombres.

En esa creencia se basan los que conjuran al tiempo con tarritos de cristal.

Todos los que conocemos esa costumbre, antes de que acabe el año, compramos un
frasco de cristal mientras nos concentramos en concederle la inmortalidad al año que va a
empezar.

En él guardaremos los recuerdos maravillosos de felicidad que el año nuevo nos regale.

2016 frasco de cristal de www.milesdetextos.comCada vez que sucede algo digno de ser
recordado… lo apuntamos en un papel y los guardamos en el frasco para no olvidar que
ese año nos regaló la vivencia de enamorarnos, de ascender en el trabajo o de aprobar el
carnet de conducir…
Todo lo bueno que nos suceda ha de ser convenientemente anotado.

Si es cierto lo que cuenta esa leyenda, cuando el año que se va y el que empieza se
crucen… el que nos deja le dirá al recién llegado que los días felices que nos depare serán
eternos, y que se guardarán en un frasco de cristal con su nombre.

Antes de dar las doce y tomar las uvas abriremos la tapa, meteremos el primer papel con
el nombre de nuestro año nuevo y diremos en voz alta el conjuro:

“A lo malo… olvido

y el recuerdo alegre

al futuro… vivo”

Con ese conjuro nos comprometemos a conceder la inmortalidad a todos los días y
vivencias buenas que nos depare el año.

El tarrito se irá llenando tanto… ¡que lo más probable es que tengamos que comprar otro
antes de que acabe el año!