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La membresía de la iglesia

Capítulo 1

El autor comienza señalando que el Estado tiene el imperio, soberanía, diríamos, sobre
nuestras vidas, porque Dios así se lo ha dado. Las iglesias existen por voluntad de Jesús, que da
el poder a los Estados. “El hecho de que Jesús tiene el imperio debería eliminar cualquier
tentación de sobrevalorar la autoridad del Estado. El Estado simplemente es un servidor con
un mandato específico.” (20)

Hay concepciones erróneas acerca de lo que es la iglesia: lugar de beneficencia, club de amigos
de domingo, pero después la vida espiritual parece desvinculada de lo que significa ser y
sentirse parte de una iglesia.

“La iglesia local es la autoridad que Jesús ha instituido en la tierra para confirmar oficialmente
nuestra vida cristiana y moldearla.” La iglesia es una especie de embajada de una nación en el
futuro. Las iglesias representan el gobierno de Cristo aquí y ahora, en potestad y poder. Siendo
cristianos de verdad, según el autor, la persona se convierte en la embajada misma.

Dice el autor que los cristianos no se unen a las iglesias, sino que se someten a ellas.

El bautizo y la santa cena nos hace miembros de este cuerpo del que no se puede salir ni
entrar. Recibir al Señor implica buscar una familia y la iglesia local nos da esa oportunidad.

Capítulo 2: Principios neotestamentarios de la membresía

La primera iglesia que fundó Pedro creció al punto de que debían reunirse para tomar
decisiones sobre cómo atender a las viudas, por ejemplo. La cantidad de creyentes se volvió un
desafío al orden público y por eso sufrían persecuciones. Se fundan iglesias en todas partes y
los integrantes se cuidan y mueren perseguidos, pero sin negar su fe. Aunque hay varias
iglesias con el tiempo, todas se relacionan y se apoyan.

La primera señal de cambio es el bautizo. Luego, “A los cristianos se les manda separarse del
mundo y no asociarse oficialmente con él”. El autor nos recuerda que a los pastores se les
encomienda cuidar ovejas, pero también desecharlas y separar los divisionistas.

Capítulo 3: ¿Qué es una iglesia? ¿Qué significa ser miembro de una iglesia?

Para el autor, “la iglesia local es un grupo de cristianos que se reúne regularmente en el
nombre de Jesús para confirmar y supervisar oficialmente la membresía mutua en Jesucristo y
en su Reino a través de la predicación del evangelio y la práctica de los sacramentos”. (61).
Haciendo una revisión, el autor concluye que Jesús habla muchísimas veces de reino y poca de
iglesia, pero Pablo muchas de iglesia y pocas de reino. “Es el enfoque de Jesús en el Reino lo
que establece la Iglesia como una institución” (62). Afirma el autor que Israel era el reino, la
nación representante de Dios hasta que fueron desechados. Jesús mismo se hizo el
representante, siendo Dios mismo, y de ahí en el adelante todos podríamos pertenecer al
reino si nos arrepentimos, somos pobres de espíritu y humildes como niños. Ante este nuevo
estado de cosas surge el tema de la ciudadanía legítima, puesto que no hay reino material, sin
territorio ni fronteras. En suma, es la iglesia local la que tiene el poder de decidir quién es
ciudadano del reino y quien no lo es o dejó de serlo.

Cinco características de la iglesia local: “una iglesia local es un grupo de cristianos que se reúne
regularmente en el nombre de Jesús para confirmar y supervisar oficialmente la membresía
mutua en Jesucristo y en su Reino, a través de la predicación del evangelio y la práctica de los
sacramentos”.

Capítulo 4: ¿A qué se parece una iglesia y sus miembros?

A un cuenco de varias frutas que hay que tomar en su totalidad, esto se traduce en jerarquía y
familiaridad al mismo tiempo. “La familia, el cuerpo, el templo, el pueblo. Todas estas
descripciones de la Iglesia de Cristo no se quedan en el mundo de las ideas, sino que se aplican
concretamente en lugares reales. Se ponen en práctica localmente” (89). La iglesia local es
fundamental para la iglesia universal. “Necesitas un cuerpo de Cristo para ser el cuerpo de
Cristo. Necesitas a una familia de Dios para ser la familia de Dios”.

Esta familia, afirma el autor, puede tener fallas y tropiezos, como cualquier familia, pero es el
camino hacia el reino porque es donde nos perfeccionamos, aprendemos a amar a quienes no
queremos, a perdonar, a cuidar, a disciplinarnos a crecer juntos, a liderar, etc.