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Informe de lectura: El delirio del superhombre

Tiene el ser humano un anhelo de deificación, este anhelo está marcado por la tragedia
de su condición irrealizable y como toda persecución trágica termina convirtiéndose en
un delirio, el mismo delirio que acompaña a la tragedia poética. El hombre persiste en
su delirio y así su historia no es la suma de logros sino la de la persecución de su delirio.
Este delirio que tiene el hombre sobre su propio ser encuentra explicación en su
condición de pordiosero, significa que se encuentra en un doble estado: el de la
servidumbre y el de la exigencia que manifiesta al pedir; el hombre al contrario de las
cosas del mundo no presenta la perfecta servidumbre del silencio, el hombre puede
pedir y lo hace. Sabe de su necesidad, se sabe en falta y es este sentir originario lo que
abre paso a la conciencia, de la necesidad nace la exigencia y de la exigencia a su vez el
pensamiento.
El pensamiento y más bien la filosofía a través de la realización de la conciencia doto al
hombre de un ser propio, de una “naturaleza humana”, esta terminaría por convertirse
en el elemento que la religión utilizaría para hablar de la redención del hombre. Durante
la edad media por un tiempo el hombre logro silenciar el delirio de deificación, durante
un periodo el hombre estuvo bajo una especie de servidumbre, puesto que abandono la
exigencia del ensueño que anhelaba la divinidad y se conformó con la promesa en el
horizonte de una vida eterna.
Durante este tiempo el hombre se decidió por la acción que le ayudaba a ocultar su
condición de mendigo con lujosos harapos. El caso de Edipo rey es un ejemplo de esto,
como mendigo era adivino, aun cuando no conocía su origen, si conocía su propio
destino, pero ante la posibilidad de coronarse rey, de dejar su baja condición y cubrirse
de divinidad no pudo resistirse, cegado por el anhelo no intuyo la fatalidad que sabía le
esperaba. No es pues autosuficiencia lo que se busca en la acción de hacerse rey sino
convertirse en quien da y otorga todo favor, es la necesidad de mandar del hombre, que
no ha podido hacerse con su propio ser, la que propicia la aparición de la realeza y no
que otros hombres necesiten ser gobernados. Mendigo y rey son asi partes de la unidad
del ser hombre, los dos hacen parte de la existencia humana entre el goce y el
sufrimiento, entre el pedir y el otorgar, entre reinar y juzgar. El rey ha decidido no
reconocerse en su condición de mendigo; por su parte el mendigo se ha hundido en su
necesidad para reconocerse en ella.
Quedo manifiesta la insuficiencia de la acción de hacerse rey para dejar de ser mendigo,
no era suficiente la promesa de una vida eterna en el horizonte para librarse de la
angustia de su destino. La filosofía hubo de llevar la conciencia hasta el desvelamiento
del conocimiento propiamente humano, vino por fin a sacar al hombre del sufrimiento,
del goce y del encubrimiento de una corona. El ser del hombre que apareció en la
filosofía como una respuesta que tomo fuerza en el pensamiento cartesiano, en el que la
propia conciencia se hizo prueba irrefutable de la su existencia. nada había de exigirse
en conexión con lo divido pues el hombre había encontrado su humanidad y todo había
de ser absorbido por ella, por su conciencia, solo era necesario seguir las reglas para la
dirección del espíritu o tal vez el método cartesiano y así esquivaría el infierno del no-
ser. La ciencia presentaría la evidencia que le faltaba aquel hombre rey-mendigo casi
adivino de su destino. En adelante el idealismo, de Descartes a Hegel, marcaría el
camino del progreso de lo humano que ha ganado la libertad de escribir su propia
historia. La conciencia libero al hombre, la filosofía ha convertido al hombre mismo en
limite y se hizo ella misma ilimitada, puesto que atrás ha dejado lo místico y lo oculto;
en el sujeto creado por el idealismo se cumplía el anhelo de dejar al hombre libre de
padecimiento y el accionar del hombre se hizo libertad pura y sin límites.
El espíritu gano las cualidades de lo divino para lo humano: independencia en su ser y
transparencia en el mundo. Este idealismo termino desfigurar al hombre; en el espíritu
hegeliano que recorre la historia de la humanidad devino el hombre como divinidad. Sin
embargo, surgiría nuevamente de la mano de pensadores como Marx y Kierkegaard, el
reclamo frente eso humano que nada parecía tener que ver con el hombre que padece,
que se angustia y que permanece enajenado sin participación alguna de la iluminación
de la conciencia. En la poesía tampoco se acallo la necesidad del hombre frente a lo
divino, no pudo dejar de lado la tensión, el vértigo que siente el hombre ante lo sagrado,
Hölderlin, contemporáneo de Hegel parado desde el mundo que edifico la razón, revivió
la tragedia del hombre griego, y al final fue devorado por lo divino.
Así aparece el superhombre de Nietzsche como una réplica a la filosofía, él es la
personificación del hombre que ha cedido su propia vida al delirio del ser humano de
transformarse en divino, el delirio sagrado se hace claro en la historia cuando se
manifiesta en el sacrificio y el filósofo alemán llevo su ser a la tragedia, es decir no solo
pensó desde la filosofía la divinidad o la busco en la inspiración poética, el mismo se
convirtió en el escritor y protagonista de su tragedia y solo en este delirio pudo surgir el
delirio del superhombre.
El superhombre de Nietzsche nació en una soledad que se encuentra más allá de la del
cogito cartesiano, es un dios nacido de las entrañas del hombre que clama ante un dios
que sabe inexistente, y el mismo se ha constituido tal para por fin dejar de ser mendigo.
Reclama de lo divino todo lo que la filosofía ha dejado como oculto y reniega en
contra de esa misma filosofía que a través de la conciencia y el espíritu ha dado lugar a
la desfiguración del hombre en la aparición de lo divino sin sentir ninguna angustia, el
idealismo liberó al hombre del sufrimiento propio de su condición, lo hizo un
superhombre, porque la conciencia y el espíritu no padecen la tragedia de la vida
humana.
Nietzsche no se conformó con ver de frente esa condición trágica que acompaña la
libertad humana, finalmente la tragedia necesita un altar un dios frente al que su
protagonista se sacrifique y en la soledad en la que se haya este superhombre no existe
ante quien sacrificarse, de este modo entonces se decidió por la destrucción de lo
humano, regreso hasta el sentir originario de lo divino en el caos, busco allí el altar para
su sacrificio, hubo de retroceder hasta el caos para despojar al hombre de su conciencia
y de las ideas de bien y mal, de todas la ideas y de la culpa que se desprende de estas,
descubriendo así en lo humano, en la elección por lo humano el error primario que le
impide al hombre llegar a lo divino. La divinidad en este caso llega al hombre no por su
conciencia sino del anhelo entrañable de lo divino que se manifestaba en el acto puro y
omnipresente de vivir, así su existencia ya no fue enigmática puesto que ya no se
encontraba desfigurada por la idea de humanidad. Pero con la destrucción, el sacrificio
de lo humano Nietzsche no fue lo suficientemente lejos, su deshumanización del
hombre no logro deshacerse del tiempo y de la memoria, su esfuerzo tan empeñado en
lograr lo divino se encontró con aquello “divino” que ya había sido definido en la
filosofía, y el tiempo se manifestó como el rastro de lo humano que permanecía
haciendo resistencia a su delirio de deificación.

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