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Tatiana Machado González

c.c. 1037618293
Protocolo encuentro del 24 de julio de 2020
El primer momento de la clase se dio con la proyección de tres videos: uno de la tumba
de Antígona de Zambrano y dos de la serie Dark, las posteriores intervenciones
reflexionaron acerca de estos.
- En una de las reflexiones acerca de la serie Dark se indaga por la por la
presencia del tiempo histórico en el desarrollo de la trama, el tiempo histórico es
aquel que se da en la colectividad. Esta intervención sirve de partida para traer
de nuevo la idea del carácter bidimensional que le da Maria Zambrano al tiempo
y que constituye también un carácter bidimensional de la historicidad del ser
humano, aquella que se da en comunidad, que es la histórica propiamente dicha:
por ejemplo, la pandemia del covid 19; y la otra que se da al interior de cada ser
humano que es la biográfica.

- Otra de las reflexiones es acerca la tumba de Antígona, aunque mantiene


relación con los otros video, y es por la pregunta que se encuentra al inicio : ¿A
dónde se fueron el amor y los dioses? Esta pregunta remite a la relación misma
que los seres humanos tienen con lo sagrado, la desaparición de los dioses y el
entronamiento del yo y la subjetividad que se da en la modernidad, para
Zambrano una posible redención de esta relación marcada por el hombre que se
ha vuelto dios, es cambiar la relación con lo sagrado que, en ultimas no trata de
figuras de dioses sino de lo real que es la vida, la vivencia misma del tiempo.

- La última reflexión nos invita a pensar la serie Dark como una invitación a
cuestionar lo que nos es dado por sabido, “Cuestionar a los cuestionadores” dice
el compañero, señalando que no es necesario pensar linealmente como ha sido
impuesto por el desarrollo racional de las ideas y conceptos.

Después de la lectura del protocolo, surgen dos preguntas: una por la idea de ruinas que
presenta Zambrano que será resuelta en el desarrollo de la clase. Y la otra que indaga
por la posibilidad de que ese que aparece en los sueños se pueda pensar como otro, en
una especie de despersonalización del sujeto; la explicación del profesor presenta la idea
de Zambrano de que es en la vigilia donde la conciencia organiza y construye un yo que
es privilegiado por la presencialidad, determinando que este es real. Por el que al
contrario en los sueños aparecemos como realmente somos en una dimensión
fundamental de la vida, liberada de las construcciones de la conciencia. Esto también se
aclara más con el desarrollo de la clase.
Esta oposición de la vigilia y el sueño que se presentó anteriormente, no implica que
Zambrano este negando la vigilia como una dimensión de la vida humana, más bien
hace un llamado a reconocer que la vida se constituye de ambas, puesto que obviar esto
lleva a una abstracción del tiempo en el que se dice que es absoluto dejando de lado el
carácter experiencial y múltiple del tiempo.
Al igual que otros seres vivos el ser humano sueña, lo que lo diferencia es que él sabe
que sueña, como sabe de su finitud en el mundo. En los sueños es donde desaparecen
los criterios de verdad de la conciencia, es decir que se pierde de vista esa forma del
tiempo que es mera continuidad, revelando así su carácter de ficción y dándole paso a la
dimensión original del tiempo que es de carácter simbólico y múltiple. Para Zambrano
es así como los sueños rompen con la mera prespecialidad y la continuidad impuestas
por la conciencia en la vigilia y se abre paso a la relación del ser humano con lo real a
través del padecimiento que lo conecta con el tiempo visceral en la vivencia del cuerpo.
De nuevo es de resaltar que Zambrano no niega las otras formas del tiempo y por tanto
no niega la forma en que este se presenta en la vigilia, el problema es que la conciencia
si excluye otras formas del tiempo, con lo que se separa de lo otro y de los otros. Esta
distancia desaparece cuando el hombre sueña porque se da la vivencia del tiempo
visceral y logra participar del latir de todo lo viviente
Tanto los sueños como las ruinas eluden la prespecialidad que, si es exigencia de la
vigilia para organizar el antes y el después que permite ejercer control sobre el tiempo, y
es precisamente por esa no presencialidad que no se tiene control sobre el tiempo
visceral que el hombre padece en los sueños y que se anula la posibilidad de un
correlato de estos en la conciencia del hombre que le dé a los sueños algo más que la
forma de una sombra. Por su parte las ruinas también carecen de presencialidad, puesto
que refieren a lo otro que ya no está, es decir que son pasado. Estas formas del tiempo
son nombradas por Zambrano como tiempo natural u originario puesto que preceden a
cualquier ejercicio de conceptualización, demostrando que la realidad es necesariamente
temporal y que el tiempo no se encuentra en esta como un mero añadido. En este
sentido el tiempo ya no será un campo de conocimiento sino de experiencia.
Con todo esto Zambrano nos lleva a pensar el tiempo como laberintico, múltiple y
plural, generando una apertura del tiempo y no un cierre que gira alrededor de un antes
y un después. La pluralidad del tiempo se puede pensar si se pone el acento en el sentir
singular y en los secesos, en la vivencia que el hombre tiene de este y no en su
objetivación.