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omoAu editores

Buenos Aires - Madrid


Biblioteca de psicología y psicoanálisis
Directores: Jorge Colapinto y David Maldavsky
Clínica psicoanalítica y neogénesis, Silvia Bleichmar
O Silvia Bleichmar, 1999
Primera edición, 2000; primera reimpresión, 2001
Segunda edición, 2008
O Todos los derechos de la edición en castellano reservados por
Amorrortu editores S.A., Paraguay 1225,7" piso - C1057AAS Buenos Aires
Amorrortu editores España S.L., CILópez de Hoyos 15, 3" izq. - 28006
Madrid

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recuperación de información, no autorizada por los editores, viola dere-
chos reservados.
Queda hecho el depósito que previene la ley no 11.723
Industria argentina. Made in Argentina

ISBN 978-950-518-137-7

Bleichmar, Silvia
Clínica psicoanalítica y neogénesis. - 2" ed. - Buenos Aires :
Amorrortu, 2008.
360 p. ; 23x14 cm.- (Biblioteca de psicología y psicoanálisis 1
dirigida por Jorge Colapinto y David Maldavsky)
1 ISBN 978-950-518-137-7
1.Psicoanálisis. 1. Título.
CDD 150.195

Impreso en los Talleres Gráficos Color Efe, Paso 192, Avellaneda, provin-
cia de Buenos Aires, en septiembre de 2008.
Tirada de esta edición: 1.500 ejemplares
1.Intervención analítica y neogénesis

15 de abril de 1996

Quisiera comenzar por darles la bienvenida a este semi-


nario y puntuar algunos aspectos que hagan más fluido
nuestro trabajo. Sé que quienes me escuchan por primera
vez, y en particular los jóvenes, se verán obligados a recibir
una gran cantidad de información que tendrán que metabo-
lizar. No se trata sólo de que el programa que intentamos
desarrollar va abriendo distintos ejes que a su vez se van ar-
ticulando entre sí. En efecto, no es posible trabajar desde
una didáctica del aprendizaje de carácter progresivo, como
tampoco es posible una didáctica de la función simbólica de
carácter progresivo. No se aprende a hablar letra por letra
ni palabra por palabra; cuando la red simbólica cae sobre el
sujeto, el único modo posible de apropiación consiste en
metabolizar aquellos elementos que permiten ordenar co-
nocimientos a partir de los cuales se pueden establecer ór-
denes de significación del mundo. El psicoanálisis se apren-
de del mismo modo: se lanzan conjuntos de articulaciones
conceptuales y los elementos que caen van siendo apresados
por las mallas de conocin~ientosprevios que cada uno tiene,
allí se engarzan o se rechazan, desde allí se incorporan y son
cuestionados. El objeto que abordamos es un objeto comple-
jo, y la exposición tiene que ser lo más clara posible, pero no
puede devenir simplificante (no creo que haya mucha dis-
tancia entre lo simplificante y lo superficial: en la dimen-
sión simplificada siempre se pierde la densidad).
Vayamos ahora, en priiner lugar, al título del seminario,
que ha producido mucha curiosidad, comenzando por mar-
car los beneficios que acarrea: a) La curiosidad es producida
por e1 enigma. b) E1 enigma implica una ruptura con las cer-
tezas previas. c) En virtud de ello deviene traumatismo,
generando un proceso de desarticulaciones y rearticulacio-
nes que da lugar a un movimiento de recomposición teórica.
d) El enigma pone entonces en marcha la llamada pulsión
epistemofilica (a partir del carácter excitante y traumático
que le es inherente).
La palabra que en el título hace obstáculo para una com-
prensión inmediata parecería ser neogé7zesis. Por supuesto,
ella no puede ser definida de un modo breve, al nienos en el
comienzo: constituye el eje central alrededor del cual se ar-
ticula una serie de cuestiones que iremos desarrollando.

Vamos a trabajar habitualmente a partir de un modelo


que tendrá las siguientes características: expondré una
cantidad de tiempo, y luego ustedes no sólo formulan pre-
guntas sino también sientan posiciones, dan sus propias
perspectivas. Ustedes saben que no existe un intercambio
basado en alguien que sabe y un auditorio que pregunta. La
fornlulación de una pregunta implica ya una tonla de po-
sición, en muchos casos un cuestionamiento -desde un sa-
ber previo hasta la exposición misma-, de modo que defi-
namos desde el comienzo este espacio como un lugar de in-
tercambio e interpelación.

LACLINICA NO ES EL LUGAR DONDE SE PRODUCE LA


TEoRÍA SINO EL ESPACIO DESDE EL CUAL SE ABREN
LOS INTERROGANTES.

Volviendo al título: ¿por qué clínica psicoanalítica? ¿Qué


valor tiene todavía seguir sosteniendo la idea de una clínica
psicoanalítica? Sabemos que uno de los grandes problemas
que arrastra el psicoanálisis desde hace muchos años lo
constituye la disociación entre la teoría y la práctica, diso-
ciación que se manifiesta en un uso recitativo de la Metapsi-
cología,l en el que vemos el ejercicio de repetición de enun-

Consideramos parte de la Metapsicología no sólo los trabajos así Ila-


mados por Freud, tal como fueron compilados en las Obras completas ( D a -
bajos sobre metapsicología), Buenos Aires: Anlorrortu editores (en adelan-
te U )vol.
, XTV, 1979, sino también aquellos textos que ofrecen reformula-
ciones generales a los modelos del funcionamiento psíquico, entre otros el
«Proyecto de psicología)),el capítulo VI1 de La interpretaciólz de los sueños,
Más allá del prirzcipio de placer y El yo y el ello, a los que haremos particu-
lar referencia en nuestro trabajo.
ciados conocidos tomados como emblemas de fe y pertenen-
cia; estos enunciados van por un lado mientras por el otro
van la práctica, las intervenciones y los modos con los cuales
se accede desde distintas acciones prácticas a intentar el
ejercicio clínico. <<Clínica psicoanalítica)),entonces, con la
clara intención de someter nuestra práctica a los enuncia-
dos metapsicológicos y de repensar nuestros enunciados
metapsicológicos en la práctica. La clínica, desde la perspec-
tiva que estamos enunciando, no es el lugar donde se produ-
ce la teoría; es el espacio desde el cual se plantean los inte-
rrogante~que ponen en tela de juicio las teorías cuya con-
vicción sostenemos.
Tomemos conlo modelo el caso Hans -que supongo to-
dos conocen- para detenernos en el instante en el cual
Hans comienza a desplegar ante Freud sus asociaciones en
una dirección totalmente inesperada. Freud va hacia Hans
para comprobar la teoría del Edipo, en el sentido clásico, y
Hans se descuelga en la mitad del tratamiento con la teoría
cloacal. Se trata de ese fragmento del historial en el cual el
niño irrumpe con una serie de fantasías con respecto al plo-
mero, a las cañerías, a la castración, irrupción que se produ-
ce desde un ángulo no pensado hasta allí por ~ r e u dMo- .~
mento en el cual se abre una efracción en el interior del
cuerpo teórico, que obliga a repensar la teoría misma con la
que hasta entonces se había abordado la conducción de la
cura.

Y EL MÉTODO, QUE AFIRMA LA VAZIDEZ DE LA TEO-


RÍA GENERAL, MARCA SUS LÍMITES Y OBLIGA A REVI-
SARLA.

El método (libre asociación - atención flotante) demues-


tra su eficacia, a punto tal que permite hacer entrar en cri-
sis la teoría «oficial. otorgando una preeminencia a un ele-
mento no considerado fundamental hasta el momento: la
aparición de una zona erógena (la anal) que no había sido
contemplada y que se rehúsa a ser subsumida en la línea
escogida por el analista hasta entonces. El método, que afir-
ma la validez de la teoría general, marca al mismo tiempo
sus límites y obliga a revisarla.
S. Freud, «Análisis de la fobia de un niño de cinco años)),e n u , vol. X,
1980, págs. 83-7.
Vemos ahí la relación compleja entre realidad y teoría.
Porque así como una realidad en sí misma no enseña nada,
y sólo marca nuestros puntos de ignorancia cuando quere-
mos o podemos verlos, la teoría aislada de la práctica, la teo-
ría que no encuentra sus preguntas en la práctica, toma la
forma del delirio; se convierte, como diría Freiad, en pura re-
presentación-palabra aislada de la representación-cosa
-tomando la característica de que las palabras, que operan
como cosas, son absolutamente incapaces de remitirse a las
cosas del mundo para operar sobre ellas-. Esto es lo que
observainos a veces en el placer que se genera en ciertos
círculos psicoanalíticos cuando se habla, y se habla, y se ha-
bla. . . Se trata de un placer obtenido de la repetición, y de
un intercambio establecido bajo modalidades narcisistas en
las cuales cada uno sabe que el otro lo reconoce como parte
del grupo no por lo que produce sino porque se atiene a cier-
to código. Bueno, nuestros intercambios no pueden tener
este carácter, nuestros intercambios tienen que estar cons-
tituidos por representaciones-palabra que se anuden a re-
presentaciones-cosa para producir algún tipo de captación
del objeto real externo. Objeto que no está dado, sino que es
producido con base en una articulación conceptual sobre la
materialidad que lo compone. Estas cuestiones de carácter
tan aparentemente alejadas de la clínica son, sin embargo,
centrales para las cuestiones que nos preocupan.

El primer problema que se plantea a la clínica de niños


consiste en redehir su objeto: ¿es el objeto de la clínica de
niños «el niño,)?Así como, se podría decir, pero sonaría un
tanto más burdo: ¿son las personas, en general, el objeto de
la clínica de adultos? Si el objeto del psicoanálisis es el in-
consciente y el psicoanálisis es un método de conocimiento
del inconsciente, la primera cuestión que se nos plantea es
la siguiente: la clínica psicoanalítica de niños implica pen-
sar niños con inconsciente; y esta formulación, aparente-
mente sencilla, nos remite desde el principio a los ejes más
problemáticos que atraviesan todo el pensamiento psico-
analítico. Comencemos por puntuar10 del siguiente modo:
hay dos grandes líneas que se han abierto en la historia del
psicoanálisis, después de Freud, con respecto a la cuestión
del origen del inconsciente. Por un lado encontramos la es-
cuela Meiniana y por otro el estructuralismo francés con La-
can a la ~ a b e z aEsto
. ~ no quiere decir que no haya otros au-
tores que han realizado sus aportes, pero estamos pun-
tuando grandes posiciones de base que presenten coheren-
cia entre sus propuestas metapsicológiasy nuevos modos de
encarar el objeto (lo cual no se reduce a meras aportaciones
técnicas, sino a reformulaciones de base de la práctica a par-
tir de un modo diferente de concebir el funcionamiento psí-
quico).
Del lado del Meinisrno --que por supuesto está en conti-
güidad con una serie de preocupaciones de Freud mismo y
despliega una alternativa posible de su obra-, conocemos
el peso otorgado a la idea de que las pulsiones y el incons-
ciente son correlativos y se encuentran en el ser humano
desde el momento mismo del nacimiento. Y sabemos que
para algunos autores poskleinianos --entre los cuales nues-
tros compatriotas han hecho punta- esto ocurre inclusive
desde antes del nacimiento. Melanie Klein nunca llegó a tal
extremo; partió, por su lado, de la idea de que cierta ruptura
del equilibrio homeostásico producido en el acto del naci-
miento es causal del modo mediante el cual se activa la vo-
racidad a partir de una tensión abierta, de un intervalo
- e n el sentido iiiatemático del término--- entre el deseo iri-
conmensurable de pecho y el pecho real capaz de ofrecer la
leche. Este concepto de voracidad en Klein tiene una densi-
dad mayor de la que usualmente se supone, y ha quedado

Vamos a considerar escuela psicoanalítica a aquella capaz de hacer


una propuesta que implique una nueva metapsicología y una nueva forma
de abordar al objeto. En este sentido, aunque los autores sean muchos,
existen básicamente dos grandes escuelas posfreudianas que han produci-
do renovaciones importantes en el pensamiento psicoanalítico, y son aque-
llas que se articulan en contigüidad con el pensamiento de Melanie Klein
y de Lacan. Habría que revisar la idea de si la Ego Psycl-iology constituye
realmente una Escuela, en el sentido aquí propuesto, o, desde sus orígenes
con Anna Freud a la cabeza, y más allá de algunos aportes indudablemen-
te interesantes, se ha limitado a sostenerse, con mayor o menor coheren-
cia, en cierta vertiente de la obra freudiana a la cual propone, más que re-
formulaciones troncales, ciertas extensiones, provenientes básicamente
de la clínica, sin pretender ni revisar las contradicciones y aporías de las
argumentaciones matrices en el interior mismo del freudismo ni reem-
plazarlas con otro modelo de carácter general.
reducido y aplanado junto al plegamiento sufrido por el pe-
cho como objeto de deseo con respecto al pecho como fuente
alimentaria: contigüidad de la reducción operada en psico-
analisis entre el objeto alimentario y el objeto sexual a par-
tir del concepto de apuntalamiento si este queda reducido a
considerar el apuntalamiento de lo sexual-representacional
(vale decir el fantasma) en lo somático. Pero si lo miramos
más cuidadosamente, se trata de un concepto que tiene que
mucho que ver con un algoritmo; y lamento mucho que los
colegas lacanianos que están acá se enteren de que hay
algoritinos que no son sólo del significante lenguajero, en el
sentido más popular del término, sino del orden de aquello
que, apelando a una semiótica general, opera como rasgo
diferencial. Y bien, el concepto de voracidad de KLein im-
plica un algoritmo, es una ecuación, es una relacibn, si bien
ella, por supuesto, pensaba en otros términos y yo estoy
abusando de su ausencia para poner en su teoría cosas que
ella nunca hubiera pensado de este modo. Pero hay algo
acerca de lo cual no hay duda, y está formulado con todas las
letras el inconsciente que Kiein propone, el inconsciente que
da surgimiento a la clínica de niños, es un inconsciente exis-
tente desde los orígenes de la vida. Veremos más adelante
algunas líneas que esbozan, desde la obra de Freud mismo,
las teorías que dan cuenta de que este inconsciente propues-
to por Klein tiene en qué brazos sostenerse.
Del otro lado, e inscripto como propuesta teórica con mu-
cha fuerza entre todos nosotros (fundamentalmente desde
fines de la década de 1960 en la Argentina), la idea total-
inente revolucionaria de Lacan con respecto a que el incons-
ciente no es algo del orden de lo biológico, no es algo con lo
que se nace: es un efecto de cultura producido a partir de la
inclusión del sujeto en relaciones estructurantes, en el mar-
co de una organización privilegiada, universal, que es la es-
tructura del Edipo. Dos grandes líneas entonces. Una en la
cual el inconsciente es existente desde los orígenes, y una
segunda posición que implica que el inconsciente es algo
fundado que se va a estructurar en algún momento de la vi-
da. Desde esta posición se produce una apertura hacia la
contingencia -salvados los aspectos que conducen a un es-
tructuralismo ahistoricista-, y en ella se inscriben los de-
sarrollos que estamos proponiendo con respecto a la funda-
ción del inconsciente.
ELCERCAMIENTO DEL INCONSCIENTE SE DEFINE EN
UN CAMPO DE INTERPELACIÓN.

Para aproximarme a este tema, me veo obligada a intro-


ducir acá un concepto que será central en todos los desarro-
llos de este seminario, el concepto de interpelación. Con-
cepto proveniente de la ciencias sociales, que podemos más
o menos resumir en los siguientes términos: cuando yo me
aproximo a la realidad, interpelo a la realidad respecto a un
orden de fenómenos que quiero conocer dejando de lado, o
poniendo entre paréntesis, aquello que no es relevante. Yo
no interpelo a toda la realidad, sino a una realidad que ya
ha sido relevada con respecto al universo de objetos que me
propongo investigar; mis interrogantes ya orientan el rele-
vamiento que guía la interpelación de la realidad. Suponga-
mos que sea un médico clínico en el momento de la consulta:
el hecho de que una paciente que consulta por una molestia
tenga o no el cabello teñido no es relevante, en principio, pa-
ra mi recolección de datos, salvo que estuviéramos a la bús-
queda de las determinaciones de algún tipo de reacción alér-
gica, por ejemplo, en el cual este pudiera estar involucrado;
el color y calidad de su tintura no me interesan, salvo por su
composición y pigrnentos, en caso de que otros síntomas lle-
varan a tomarlo en cuenta. Podría ocurrir también que la
consulta fuera hecha por una astenia prolongada, con difi-
cultades para conservar el ritmo de trabajo, acompañada de
insomnio, y que el carácter descuidado del pelo, su decolora-
ción y desarreglo dieran cuenta, junto a otros indicios, de
una depresión severa. El color del pelo, su arreglo, tomarían
un carácter totalmente diferente en una u otra paciente. Es-
tamos en este caso ante un orden de interpelación de la rea-
lidad que hace al cercamiento de un objeto.
La preocupación por la definición de un objeto se plantea
hoy no sólo en ciencias sociales, sino también en el conjunto
de las ciencias llamadas duras. No hay más que echar un
vistazb a alguno de esos libritos editados por Tusquets en la
colección .<Matemas>>, Proceso al azar,4por ejemplo, que tu-
vo cierta difusión hace algún tiempo, para ver de qué modo
se r e d e h e la cuestión del método por relación al objeto; el
gran problema del científico es la determinación del objeto,

J. Wagensberg, Barcelona: Tusquets, 1986.


definir sobre qué objeto va a trabajar. Si ustedes tonaan los
textos de Melanie Klein, van a ver que la cuestión radica, en
su caso, en la aproximación al inconsciente; no hay allí otro
interés que el de saber, al aproximarse a una sesión de aná-
lisis, de qué manera está operando la realidad pulsional.
Y como desde su perspectiva el inconsciente existe desde
siempre, no se pone en duda su existencia en el sujeto al
cual ella se confronta. Luego voy a ir aclarando, ya que se
trata de una cuestión nuclear de mi teoría y m i práctica, a
qué me refiero cuando digo que, por el contrario, mi primera
tarea es ver si hay o no inconsciente, definir la existencia del
objeto en cada situación clínica concreta, lo cual equivale a
dejar abierta la posibilidad de que este pueda no estar cons-
tituido -tema sobre el cual he escrito y hablado de múlti-
ples maneras, pero sigue constituyendo tal vez el principal
obstáculo que se plantea para que algunos puedan aproxi-
marse a mis desarrollos-. En la propuesta de Klein, el obje-
to, el inconsciente, no sólo está dado desde el comienzo sino
que parecería existir en sí mismo. Parecería no haber otra
cosa que inconsciente,y el analista interpreta directarnente
como si no hubiera formaciones secundarias, a tal punto
que las certezas del yo del paciente son consideradas como
encubrimientos de la verdad, verdad que está siempre en el
inconsciente. El preconsciente no ocupa ninguna función
-estamos ante un modelo distinto del aparato anímico-,
y dado que la unica realidad psíquica es la realidad de la
plza7ztasy7es comprensible que toda afirmación del yo tome
un carácter de formación defensiva engañosa, algo cercano
a la mala fe sartreana: ((Ustedcree que lo ama, pero en rea-
lidad lo odia». Como si la .verdad>>del inconsciente se con-
trapusiera al «engaño>> del preconsciente, del yo. Veremos
más adelante que este modo generalizado y abusivo de
interpretar no es sólo patrimonio Meiniano, sino dificultad
de los analistas de abandonar la idea de un ((sujetodel in-
consciente»,el recentramiento en el inconsciente del sujeto
deseante.
Vayamos ahora a ciertas cuestiones del lado del lacanis-
mo, y en particular a aquellas que han constituido obstácu-
los centrales en el psicoanálisis de niños. Para hacer un po-
co de historia: con estas dos posiciones sobre los orígenes del
inconsciente me encuentro yo cuando empiezo a ejercer mi
práctica psicoanalítica en la década de 1970. Y por supues-
to, a comienzos de esa década existe un gran entusiasmo
por la posición de Lacan y por el estructuralismo. En aque-
llos años, el libro de Maud Mannoni, La primera entrevista
con el psicoanalista, vino a plantearnos y a reposicionarnos
en el psicoanálisis de niños, y muchos de ustedes conocen
aquellas objeciones que, pasado un primer momento de
exultación, se podían realizar a ese texto: objeciones que yo
misma realicé hace ya años, con respecto a las consecuen-
cias que acarrean para la desaparición del campo específico
del psicoanálisis de niños.
Pero más allá de Maud Mannoni, la cuestión central, y
que no podemos obviar, está en el corazón mismo de la pro-
puesta estructuralista, en la cual.encuentran valor paradig-
mático las formulaciones de Lacan, por ejemplo en la famo-
sa carta a Jenny Aubry en la cual se propone definir qué es
el niño. No me detendré ahora en esta carta, en la cual La-
can define qué es el niño, sino para señalar simplemente
que, en el psicoanálisis lacaniano, el niño deviene objeto y
no sujeto. E1 niño se convierte en el objeto del deseo del otro,
constituye su deseo con respecto al deseo del otro, lo cual, al
mismo tiempo que puede ser reconocido como el aporte feno-
menal del lacanismo -al plantear por primera vez en la
historia del psicoanálisis, con todas las letras, que el deseo
no es algo biológico, b a t o , sino que se constituye en el mar-
co de relaciones primordiales que articulan al ser humano
al otro humano y que lo determinan-, deviene la razón
principal de su parálisis clínica en el campo de la práctica
con niños, ya que el inconsciente infantil, como objeto de
conocimiento, se pierde, emigra hacia la estructura del Edi-
po o hacia el inconsciente parental. En la conceptualización
lacaniana clásica, el niño deja de ser sujeto atravesado por
su propio inconsciente, por su propio deseo inconsciente, pa-
ra devenir objeto, en razón de que está en posición de signi-
ficante que viene a obturar la falta de la madre. Se produce
allí una inversión fenomenal, ya que la pregunta da un giro
de ciento ochenta grados: ella radica ahora en indagar a qué
deseo materno responde el niño, «qué quiere la mujer»,y se
produce un borramiento fundamental del interrogante psi-
coanalítico, ya que no hay indagatoria sobre el deseo incons-
ciente del niño como posición de este en tanto sujeto clivado.
Pensado el niño desde la castración del otro, queda des-
pojado de toda dimensión estructural singular, y el avance
que posibilitó repensar la condición del inconsciente como
implantación exógena deviene, simplemente, análisis de las
condiciones exógenas de su implantación e imposibilidad de
aproximación al objeto inconsciente en la infancia. Dilución,
así, de las posibilidades de ejercicio de la práctica clínica con
niños en una propuesta intersubjetivista que no se diferen-
cia, en muchos casos, del interaccionalismo -como método,
no como contenido.
Tal vez querrían ustedes intervenir. Sé que estoy desa-
rrollando temas densos, importantes, que ponen en juego
muchos conocimientos previos, y por ahí estoy avanzando
un poco rápido.

Intervención: ¿Podría aclarar un poco más los aspectos que


hacen a la concepción del niño como objeto y como sujeto?

Si bien lo iré desarrollando a medida que avancemos,


quisiera marcar, solamente, que el interés de introducirlo
en este punto es para reafirmar la idea central de que para
que haya psicoanálisis debe haber sujeto de inconsciente,
atravesado por el inconsciente, no del inconsciente, vale de-
cir, no en el inconsciente.

LAIMPLEMENTACION DEL MÉTODO ANALÍTICOIM-


PLICA UNA SERIE DE PRERREQUISITOS.

Para que haya psicoanálisis, iinplementación del méto-


do analítico, tienen que darse ciertas condiciones:

1. El conflicto debe ser intersistémico, vale decir, intra-


sujetivo. Siendo el padecimiento psíquico no simple efecto
de un displacer producido por el mundo exterior, sino del de-
sequilibrio libidinal que se establece entre los sistemas en el
interior de la tópica psíquica y de la angustia o de los reorde-
namientos sintomales que son entonces obligados.
2. Tiene que haber alguien que pueda hacer el trabajo de
producir conciencia donde no la hay, vale decir, de hacer
consciente aquello que no es consciente.Y este alguien debe
ser una instancia psíquica, parte de la tópica, diferenciada
del inconsciente. Se trata de que el sujeto analizante, pro-
visto de inconsciente, tenga también preconsciente, dado
que esta es la condición de posibilita que estando estructu-
radas las relaciones lógicas, devengan síntomas las incon-
gruencias a las cuales se ve confrontado el yo como efecto de
la presencia del inconsciente.
3. Debe haberse constituido y estar en funcionamiento la
represión, como condición del clivaje tópico entre los siste-
mas psíquicos y de la diferencia entre el preconsciente (con
su lógica del proceso secundario) y el inconsciente (operan-
do la legalidad del proceso primario). Las representaciones-
palabra, en sentido estricto, como enclave del significante
en el doble eje de la lengua, son correlativas a la constitu-
ción de la lógica del preconsciente que permite posicionar al
inconsciente como reprimido.

De modo breve: para que la implementación del método


psicoanalítico sea posible tiene que haber 1)inconsciente
constituido y, a partir de eso, conflicto intrasubjetivo, vale
decir, conflicto intersistémico; 2) sujeto capaz de posicionar-
se ante el inconsciente; 3) represión o defensa.
Ustedes podrán ver cómo estos desarrollos tienden a or-
denar el campo y a encontrar una vía de resolución a la gran
dificultad con la cual me encontré en la década de 1970,
cuando comencé a trabajar -y sobre todo en mis épocas de
mayor entusiasmo estructuralista-, que consistía en saber
en qué momento tenía frente a mí un sujeto con inconscien-
te, un niño que poseyera inconsciente constituido, con re-
presión, con defensas, con conficto intrasubjetivo, intersis-
témico; problema prioritario que se planteaba para poder
definir si un niño era analizable o no era analizable. Lo cual
no quiere decir que, en ciertos casos, cuando estas condicio-
nes no están dadas, no se deba implementar otra estrategia
de la cura. Nos detendremos en esto más ampliamente lue-
go; hoy estoy hablando de Manhattan, para después hablar
del Bronx. Vamos a tratar de ubicar qué es estrictamente
psicoanálisis para delimitar a partir de ello la periferia.
Una cuestión más, con intención de aproximarnos desde
otro ángulo al problema de la analizabilidad y a la impor-
tancia de un ordenamiento metapsicológico: ustedes saben
que, para Melanie Klein, el juego es un equivalente de la li-
bre asociación, y ello desde una perspectiva muy interesan-
te que consiste en el intento de transformar el juego en una
categoría semiótica que posibilite trabajar bajo articulacio-
nes significantes. Esto no atañe sólo a la cuestión técnica, y
sólo me voy a detener ahora en señalar que la inamovilidad
de los objetos de la canasta de juegos remite a esta intención
de constituir una batería significante mínima; por eso no se
pueden modificar demasiado los objetos que la constituyen,
la canasta tiene que tener cierta estructura para que los ob-
jetos puedan articularse y componer significaciones que va-
yan en la dirección de un develamiento del inconsciente.
Pero la equivalencia establecida entre juego y lenguaje no
es tan simple si se considera al juego desde una perspectiva
semiótica y no como un simple modo de expresión del in-
consciente. Lo mismo ocurre con el lenguaje, cuyo estatuto
está claramente definido en el freudismo como pertenecien-
te al preconsciente-consciente y no como patrimonio del in-
consciente.
Esto enlaza con una cuestión más general del proceso de
la cura analítica, y no sólo de niños: ¿es posible el acceso a
las representaciones inconscientes «tal cual)),en sí? Sabe-
mos que, desde una perspectiva que mantenga la diferen-
ciación de sistemas como se la propone en la Metapsicolo-
gía, es imposible el acceso al inconsciente en sí, ya que sólo
se puede hacer consciente aquello de lo cual la concien-
cia puede dar cuenta, y esto es imposible sin un ejercicio de
significación.Y Freud afirma en El yo y el ello que algo sólo
puede devenir consciente mediante su conexión con las
correspondientes representaciones-palabra, vale decir, me-
diante su transcripción al preconsciente.5 Pero él mismo da
pie, a través de sus contradicciones, de las cuales no es la
menor el concepto de fantasma originario y su estatuto de
materialidad princeps del ello, a un leitmotiv del kleinismo:
el análisis de laphantasy desde los comienzos mismos de la
vida y su posibilidad de acceso ((envivo)).Por muchos flancos
puede ser puesto en tela de juicio el estatuto de fantasmas
originarios existentes desde los comienzos de la vida, o in-
cluso que formen parte del inconsciente originario: el in-
consciente se caracteriza por tener representaciones-cosa y
por no tener articulaciones lógicas (no hay temporalidad, no
hay negación, no hay tercero excluido). Es dificil sostener el
estatuto de inconsciente originario de ciertos fantasmas que
implican una escena y un guión - e n t r e otros, el del fantas-

S. Freud, en AE, vol. XIX,pág. 22.


ma de castración, en cuyo ordenamiento lógico subyace un
reconocimiento parte-todo---. Para que haya castración tie-
ne que haber un todo al que le falte un pedazo y en el incons-
ciente no hay representación de la ausencia; si no hay en el
inconsciente representación de la ausencia, si es inherente
a su modo de funcionamiento el hecho de que se constituya
toda representación como una pura positividad, ¿cuál sería
el estatuto de la ausencia para el inconsciente, en particu-
lar, el de esa ausencia privilegiada en la cual se ha insistido
tanto, la del pene, vale decir, la que remite a la castración?
Es Melanie Klein, posiblemente, en la historia del psicoaná-
lisis, quien intenta una resolución intuitiva, verdadera-
mente genial, a nivel del modo fantasmático de inscripción
de la ausencia, de esa ausencia constitutiva que es la ausen-
cia del pecho, cuando plantea que toda ausencia, a partir de
esa ausencia paradigmática constituida por la ausencia del
pecho, deviene presencia atacante -el pecho ausente es
«pecho malo),-, y establece una mitología que toma apre-
hensible, representacional, el carácter del inconsciente
como una positividad radical, es decir, como algo del orden
de lo real donde no hay posibilidad de representación de la
nada.

ELINCONSCIENTE SE DEFINE EN TÉRMINOS DE CON-


FLICTO INTERSISTÉMICO, VALE DECIR, INTRASUB-
JETIVO.

Estos elementos 1)determinación del objeto -y hago


aquí una primera aproximación aunque luego vamos a ir
trabajando cada aspecto-; 2) inconsciente definido por la
represión, y 3) posicionamiento del sujeto respecto del in-
consciente, desembocan en lo siguiente: el psicoanálisis es
impensable sin el conflicto; conflicto que se define, en el
marco metapsicológico, en términos intersistémicos, vale
decir, intrasubjetivos.
Veamos el interés práctico de estas cuestiones: ¿de qué
carácter sería una consulta por un niño que se rehúsa a co-
mer? Consulta cuya interrogación se clausura con dernasia-
da facilidad cuando se propone, como respuesta demasiado
frecuente, que se rehúsa a comer para oponerse a la madre.
Este niño que se rehúsa a comer podría ser pensado, al me-
nos, desde dos perspectivas: ¿se rehúsa a comer porque, co-
mo en el suefio del salmón ahun~ado,~ es un niño histérico
que a través del deseo insatisfecho logra la realización de al-
gún tipo de deseo, o se rehúsa a comer porque es la única
manera de plantarse como sujeto por oposición a la madre,
negándose al deseo de ella para tener un deseo propio que
no ocurriría de otro modo? En el primer caso estamos ante
un síntoma: hay un deseo reprimido que el sujeto se rehúsa
a sí mismo desconociendo el hecho de que lo hace porque lo
manifiesto, su acción de negarse a comer, es efecto de un
conflicto en el cual uno de los polos está en el inconsciente,
en razón de lo cual el síntoma es analizable dado que hay
clivaje, represión y conflicto entre sistemas. En el segundo,
si se trata de algo del orden de la «negacióndeterminada»,
vale decir, de la necesidad de rehusarse al otro como único
modo de afirmación ante el temor a un arrasamiento de su
precaria existencia -sea por exceso de intromisión mater-
na, sea porque está en ese momento en el cual la negación
opera como modo constitutivo-, estamos en el orden del
trastorno, y debe ser implementada alguna estrategia para
desmantelar el nudo patógeno que puede estar en vías de
constitución (incluida una serie de entrevistas madrehijo,
en cuyo interior se definirán espacios y articulaciones inter-
subjetivas).

EL LUGAR QUE OCUPA EN LA E C O N O M ~PSIQUICA


DEL NINO EL MALESTAR QUE MOTIVA LA CONSULTA
ES OBJETO DEL DLAGNÓSTICO.

Podemos plantear esto, brevemente, en los siguientes


términos: ¿constituye este momento de la vida psíquica del
ni50 un proceso neurótico, de carácter sintomal, o es un mo-
mento estructurante que da cuenta de un trastorno en el
proceso intersubjetivo de producción psíquica? ¿Estamos
ante un trastorno o ante un síntoma? ¿Implica que hay aná-
lisis posible o no hay análisis posible? ¿Es interpretable o no
es interpretable? ¿Es deconstructible o no es deconstructi-
ble? Y como cuestión fundamental: ¿qué lugar ocupa en la
economía psíquica del niño?, ¿se encuentra al servicio del
progreso psíquico?, ida cuenta de algo que se puede enquis-
tar en forma patológica? Esto no se puede seguir decidiendo

S . Freud, La interpretación de los sueños, e n AE, vol. IV,págs. 164-8.


intuitivamente ---.a mí me parece que lo que le pasa a la
madre es tal cosan-; la primera cuestión radica en deter-
minar el objeto en el niño, encontrar con qué fwlcionamien-
to psíquico estamos para saber si tenemos que seguir avan-
zando o no. Este va a ser el eje del trabajo en común de este
año: dar una cierta coherencia a nuestras intervenciones
clínicas a partir de determinadas relaciones entre lo que La-
planche llama descriptivo - e s decir, el modelo de aparato
con el que trabajamos- y la prescripción que indicamo~:~
por qué consideramos adecuado hacer o no hacer esto o lo
otro, qué relación guardan las acciones escogidas por el te-
rapeuta con el modelo del fwicionamiento psíquico que las
sostiene. Es indudable que esto no podemos saberlo apriori,
que ciertas intuiciones operan en estas elecciones, pero la
intuición no es de orden empírico sino teórico: es una hipóte-
sis a ser desmantelada en el camino de la corroboración y la
coherencia intrateórica.
Planteaba hace un momento la existencia de dos líneas
posibles de ordenamiento del campo clínico a partir de pre-
misas teóricas de partida diferentes: una de ellas sostiene
un inconsciente existente desde los orígenes, y en virtud de
ello la única indicación posible es la del análisis. Ustedes sa-
ben que Arminda Aberastury llegó a interpretarles a niños
de seis y ocho meses; y esto que hoy nos suena absurdo era
coherente con la idea -originada en Klein pero llevada has-
ta el límite- de que el niño entiende porque hay un incons-
ciente tanto más accesible cuando menos operan el yo y las
defensas secundarias. Más raro e incoherente resulta esto
en Dolto, siendo lacaniana. Dolto le interpreta y le habla al
niño de meses, pero lo hace por otra razón, una razón que
podemos sospechar de origen no psicoanalítico: Dolto era
una mujer extremadamente religiosa, con lo cual habría
que ver si lo que pensaba que tenía el niño cuando nacía era
inconsciente o alma, dos cosas que, ustedes saben, son muy
diferentes, aun cuando arrastren en común la cuestión de
proponer un sujeto provisto de representaciones desde los
comienzos de la vida misma, y habitado por algún tipo de es-
píritu. . . Esto es todo un tema para pensar con respecto a la
presencia de la ideología en el campo terapéutico. Porque el
J. Laplanche, Seminario del 12 de diciembre de 1979, en Problemáti-
cas V La cubeta. Dascerzderzcia de la tralzsferencia, Buenos Aires: Amo-
rrortu editores, 1990, pág. 60.
problema de la existencia o no del inconsciente desde los co-
mienzos de la vida tiene que ver con io que uno piense sobre
si los seres humanos nacen con o sin representaciones, que
no es lo mismo que reconocer que puedan nacer con mon-
tantes adaptativos de uno u otro orden, e inclusive, tal como
plantean Chomsky o René Thom, con esquemas sobre los
cuales se instala la experiencia.
Entonces, por un lado, esta idea de que el inconsciente
existe desde siempre. Por otro, la idea de que el inconsciente
es fundado. Ahora bien, como el psicoanálisis lacaniano -al
menos en la época que yo me formé y creo que esto no ha
cambiado centralmente- arrastraba un problema coheren-
te con el Corpus central del estructuralismo que implicaba
un aliistoricismo radical, los tiempos fundacionales eran
tiempos míticos. Con lo cual, cuándo estaba h d a d a o no la
represión originaria -tema que a mí me preocupa particu-
larmente-, cuándo estaba o no estaba fundado el incons-
ciente, se determinaba a partir de modelos que concernían a
tiempos míticos que era imposible cercar en su realidad his-
tórica. ¿Por qué? Porque había un elemento teórico de base
que obstaculizaba el acercamiento de la historia, y era la
idea de una estructura que se va realizando bajo modalida-
des combinatorias, no determinada por la vicisitudes de lo
históriccj-vivencial. Por su parte, para Klein la historia del
niño era la historia de la pulsión, y lo vivido se reducía a ve-
ces a algún acontecimiento ligado al amamantamiento, al
control de esfinteres, pero con carácter causal absolutamen-
te irrelevante. La función del acontecimiento es algo que va-
mos a trabajar mucho, que ocupa un lugar muy importante
en la ruptura de un determinismo a ultranza.
Además, a partir de la obra de Lacan, pero siguiendo so-
bre todo a Maud Mannoni o a Frangoise Dolto, hemos visto
operar con una extrapolación directa -sin mediación- de
la estructura del Edipo a la organización psíquica del niño,
con la consiguiente desaparición del inconsciente infantil,
diluido en el discurso-deseo del adulto. En la estructura en
la cual se hallaba insertado el niño se producía la «causali-
dad suficiente»que daba cuenta de la patología actual, del
fantasma presente, y si su raíz estaba en el otro, había que
remontarse hasta los abuelos, o bisabuelos, no para articu-
lar una génesis del sujeto por aprgs-coup, sino para organi-
zar una causalidad trans-subjetiva. En otros casos, se ha
llegado a confundir la estructura edipica con las figuras rea-
les, presentes, de los adultos, y a concebir el síntoma coino
una respuesta al entorno, sin que se haya siquiera sospe-
chado que un inconsciente es la mera respuesta in situ a un
estímulo exterior, por mucho que este estímulo sea del or-
den del otro amado u odiado, reduce el inconsciente a un sis-
tema de interacciones, en un aplanamiento brutal, casi
obsceno, de la potencialidad y riqueza del objeto del que da
cuenta el concepto mismo.
Por supuesto que estos modelos han sido altamente
tranquilizantes para los analistas de niños, ya que facilitan,
sea desde el inconsciente originario universal, sea desde la
búsqueda en el discurso del adulto de los determinantes sin-
tomales, líneas de trabajo no por reasegurantes más fecun-
das. Esa imagen del analista como máquina interpretante,
capturado él mismo por un saber que traslada al paciente,
ha sido motivo tanto de crítica como de broma. Circula una
historia malintencionada pero no despojada de toda veraci-
dad que cuenta que el paciente de un analista kleiniano va
corriendo a sesión y responde al paso a alguien que lo inte-
rroga sobre su prisa: .Lo que ocurre es que estoy llegando
tarde y ya me perdí la primera interpretación}).Historia que
hace pendant con esta otra: el paciente de un analista la-
caniano va caminando muy lentamente y cuando lo interpe-
lan dice: «Voy despacito, llegando tarde, así tengo la ilusión
de que tuve media hora de sesión».Estas son bromas que no
se relacionan con la teoría sino con los juegos que hacemos
los analistas sobre las deformaciones y absurdos de ciertas
técnicas, pero no podenios desconocer el hecho de que los ab-
surdos se plantean en los límites de lo que la teoría arrastra
en el centro. No se llega a ningún tipo de deformación que
no esté plasmada de algún modo en el corazón mismo de
una teoría, lo cual no quiere decir que no existan kleinianos
y lacanianos más inteligentes que otros, ni que no podamos
encontrarlos cuando trabajamos y pensamos sobre materia-
les maravillosos de colegas de distintas orientaciones. Pero
no hay que vacilar en decir que gran parte de la inteligencia
psicoanalítica está trabada por el engorro de paradigmas
que ya no sostienen su racionalidad ni teórica ni práctica, a
los cuales hay que dar vuelta para que se tornen nuevamen-
te fecundos, más allá del dogmatismo y las transferencias
que anudan a cada uno a sus certezas establecidas.
EN EL SER HUMANO, LA SINGULARIDAD NO ES UN
ACCIDENTE, SINO SU ESENCIA MISMA.

Puntuemos ahora algunas cuestiones con respecto a los


modelos propuestos desde una y otra perspectiva para el
psicoanálisis con niños: tenemos, por un lado -desde el
kleinismo-, un sistema organizado de sentidos, basado en
una lectura desde un modelo pulsional, sistema que va a ser
aplicado al niño en una lectura traductiva del juego o del
lenguaje, y, por el otro - d e s d e el lacanismo-, un esquema
con respecto al modo en que una estructura va a determinar
las formas de organización deseantes del niño. En nuestra
opinión -digo en nuestra porque somos muchos los que
pensamos así-, tanto en uno como en otro extremo faltan
los modos singulares históricos de constitución del sujeto.
Falta precisamente lo que hace al eje central del psicoanáli-
sis, y lo que está obviado es el método: en ambos casos se
transcribe a la situación singular un modelo general que «se
aplica» al caso, como una ley al margen de toda causalidad
singular. Castoriadis ha afirmado algo más o menos del si-
guiente orden: .La singularidad no es un accidente del ser
humano, es su esencia misma. Así como yo puedo encontrar,
dentro de la clasificación de las plantas, que cada planta es
un ejemplar de la planta como categoría, la singularidad de
lo humano hace a la dimensión humana. Cuando se pier-
de la singularidad, se pierden las categorías básicas de lo
humano>>.8 Esta es una idea muy importante, porque hace
justamente a las funciones particulares de la historización
con respecto a las tensiones y malestares subjetivos del ser.
Reubico simplemente ahora tres o cuatro cuestiones. Va-
mos a trabajar en los próximos tiempos sobre la práctica
psicoanalítica en su articulación teórico-clínica e iremos
pensando todos estos problemas con respecto a la historia
del psicoanálisis de niños. No voy a desarrollar un segui-
miento cronológico sino a trabajar, más bien, en el sentido
opuesto, viendo, a partir de los problemas actuales que te-
nemos, cómo se ha intentado su resolución. Procedemos tal

Dado que se trata de una referencia oral, las comillas no implican una
cita textual sino más bien un intento por transformar al autor, en este caso
Castoriadis, en interlocutor. Para remitirse al texto: C. Castoriadis, El
psicoanálisis, proyecto y elucidación, Buenos Aires: Nueva Visión, 1992.
colno se lee la historia en psicoanálisis: no se pide al pacien-
te que cuente todo desde el momento en que nació, sino que
se recurre a la historia a partir de la repetición en la cual el
inconsciente evidencia su insistencia. Lo mismo haremos
con los esquemas teórico-clínicos: desde la repetición, desde
10 que insiste sin resolución, vamcts a buscar la historia.
En segundo lugar vamos a trabajar los modelos del fun-
cionamiento psíquico, y es con respecto a esto donde se nos
va a plantear con mayor claridad la cuestión que remite al
tema ((neogénesis,).Para abrir sólo un anticipo con vistas a
que puedan seguir el modelo desde esta perspectiva: en
1914, en la Metapsicología, donde más o menos se ve asen-
tada la teoría y se inaugura el movimiento que va hacia la
segunda tópica, dos conceptos nucleares de 1900 van casi a
desaparecer de la obra de Freud. Uno de ellos es el concepto
de huella rnnémica, que ustedes van a ver reemplazado por
el concepto de representante pulsional o representante re-
presentativo -representante pulsional, que incluye al re-
presentante afectivo y al ideativo; representante represen-
tativo, en razón de que representa a la pulsión, de origen so-
mático, en lo psíquico-. El otro concepto que no desaparece
totalmente pero que se eclipsa es el de traumatismo.
En realidad, el movimiento de reemplazo comienza ya
antes, con Des ensayos; podríamos decir que en 1904,1905,
comienza este movimiento que va de una teoría exógena de
la constitución del hcionamiento psíquico --determinado
por inscripciones y por representaciones provenientes de la
experiencia, y en especial de una experiencia muy particu-
lar realizada con e1 otro humano- a una dominancia endó-
gena, caracterizada por una derivación de lo somático en lo
psíquico, que sigue las líneas de maduración de los estadios
preformados por funciones vitales: oral, anal. Es allí donde
se disocian hacer consciente lo inconscientey llenar las lagu-
nas mnémicas, dado que si el inconsciente es un inconscien-
te producido por delegación, se puede hacer consciente lo
inconsciente sin llenar las lagunas mnémicas, simplemente
remitiendo los deseos actuales a sus fuentes pulsionales,
transcribiendo, podemos decir, lo manifiesto a lo determi-
nante endógeno no experiencial. Por supuesto que en Des
ensayos aún se conserva el orden de la experiencia, tal vez
sostenido más en esa noción vaga de fijación que algún día
tendremos que retrabajar, pero es una experiencia determi-
nada por el movimiento mismo del soma, que segrega se-
xualidad en sus resoluciones vitales.
De todos modos, sabemos que todo lo que se disocia en
Freud se va reencontrando a lo largo de la obra. Pero habla-
mos de líneas dominantes, y en este caso el endogenismo
pasa a tener un lugar muy importante, tan importante que
deviene una causalidad tautológica de fácil recurso, y cuya
parodia encontramos desplegada a través de enunciados del
orden de «Fulano es agresivo porque nació con mucho ins-
tinto de muerte))o, de modo menos burdo, y en este caso en
Freud mismo: «Confluía en el deseo de Hans por el padre
una corriente homosexual efecto de la bisexualidad consti-
tutiva. . .».

ENTRE
LO INTERIOR Y LO E N D ~ G E N OES PRECISO ES-
TABLECER LA DIFERENCIA PARA QUE EL PSICOANÁLI-
SIS NO SE REDUZCA A UN INTERSUBJETMSMO.

De todos modos, la descaptura del endogenisrno no es


tan sencilla, ni desde el punto de vista teórico ni en la imple-
mentación práctica de la cura. Sabemos que una de las pa-
radojas del funcionamiento psíquico es la siguiente: gran
parte de lo que el sujeto considera como interior, producto de
sí mismo, Ciene una proveniencia exterior (como ocurre con
el yo y su materialidad identificatoria, residual); y por otro
lado, gran parte de lo interior es vivido como ajeno, externo
(ajenidad radical del inconsciente). Es necesario, más allá
de que se pueda sostener un exogenismo radical respecto
del origen de las representaciones, de las condiciones de
partida de la constitución subjetiva, marcar que entre lo
que está en el exterior y lo que el sujeto encuentra hay un
procesamiento que es absolutamente singular, «interior».
Diferenciar entre «interior>)y «endógeno))es condición de
conservación no sólo del espacio psíquico, sino también del
espacio analítico, ya que, entre otras cosas, decirle a un su-
jeto que lo que le ocurre no es suyo, es, por decirlo así, «de
su madre*, no sólo es falso en términos absolutos sino que
lo único que puede producir son modos de centrifugación
masiva, un incremento de la disociación y de los niveles de
proyección. Si ustedes quieren leer una forma magistral de
producir esto, tienen el texto de La primera entrevista con el
psicoanalista, de Maud Mannoni, cuando ella le dice al ni-
50: «Si tu mamh hubiera tenido un papá, tendría menos
de que su marido se convirtiera en un papá demasia-
do enojado)).gDe modo tal que, en el límite, podríamos decir
que en lugar de buscar en el interior del niño, en los espacios
ocultos del inconsciente, de qué manera se produce aquello
que padece, propone una interpretación que bien puede bor-
dear e1 límite de una justificación proyectiva: «Yono puedo
lnacer esto por culpa de mi mamá».
Volvamos a la fórmula que aúna hacer consciente lo in-
consciente con rellenar las lagunas mnémicas, lo cual impli-
ca acceder a un inconsciente estructurado históricamente a
partir de experiencias que lo determinan. Este inconsciente
estructurado a partir de experiencias que lo determinan es
un inconsciente no tan fácil de buscar en el niño, porque el
niño no puede asociar sobre la historia. El niño puede poner
en acto, mostrar, y en algunos casos armar alguna articula-
ción significante que dé las pistas para construir los recorri-
dos junto a él sin ejercer un exceso de violencia simbólica,
pero no deja por ello de plantearse u n problema central en el
psicoanálisis de niños: ¿qué quiere decir tomar la historia
como elemento determinante en la constitución subjetiva, y
abrir a partir de ello la posibilidad de una neogénesis? Quie-
re decir que, en razón de que no todo está dado desde antes
y para siempre, la intervención del analista no se reduce a
encontrar lo que ya estaba, sino a producir elementos nue-
vos de recomposición y de articulación que den un producto
diferente del preexistente.

Cuando se interviene en momentos estructurantes del


funcionamiento psíquico -10 que yo llamo intervenciones
analíticas-, para producir, por ejemplo, un pasaje de la re-
lación binaria a una relación terciaria en un análisis de ni-
ños, se inaugura un proceso de neogékesis: algo que no esta-
ba preformado, y que no hubiera llegado a instalarse por sí
mismo, se produce en virtud de la intervención analítica. Si
ustedes releen desde esta perspectiva ciertos textos, se en-

M. Mannoni, La primera entrevista con el psicoarzalista, Buenos Aires:


Granica, 1973, pág. 48.
contrarán con lo emocionante que es, por ejemplo, redescu-
brir algunos aspectos no pensados. Tomen los trabajos de
Winnicott en los cuales desarrolla ideas con respecto al ver-
dadero self y al seudo selL donde considera que su interven-
ción analítica produce algo del orden del develamiento de lo
ya existente pero encapsulado defensivamente, al modo de
«después de cuatro de años de relacionarse el paciente con-
migo a través del seudo self apareció el verdadero selfi, y
rastreen el método de trabajo. Es fácil ver, cuando seguimos
sus relatos clínicos, que la intervención de Winnicott, el mo-
do de trabajo de Winnicott, ligó y articuló un nuevo self don-
de un conjunto de representaciones desligadas debían de-
fenderse mediante el encapsulamiento de la angustia extre-
ma a l a cual se podía quedar librado. No se trata de que de-
bajo del seudo apareciera el verdadero, sino que se produjo
algo que no existía previamente: sobre las representaciones
desarticuladas, fracturadas y fallidas, un nuevo entrelaza-
do psíquico permitió una composición menos patológica.
Lo mismo ocurre con el modo de intervención de Bion,
que ubica al analista estableciendo la posibilidad de meta-
bolizar elementos P y transformarlos en elementos a. Les pi-
do disculpas a los que no saben nada de Bion, pero pueden
leer algunos textos tan estimulantes como Aprendiendo de
la expei-fenciay TrOlviendo apensar, dos textos complejos, pe-
ro que tienrn la enorme virtud de dar cuenta de un pensa-
miento comprometido e independiente, que parece tener en
su horizonte teórico muchas de las cuestiones planteadas
por Freud en el «Proyecto».Quien ha leído el «Proyecto»,
sentirá mucho placer en leer a Bion, y quien ha leído a Bion
sin leer el «Proyecto»,tal vez encuentre placer en leer el
«Proyecto»a posteriori.
Ustedes saben que Bion, debido a su insertarse básica-
mente en el tronco de ideas Meinianas, trabaja con la idea
de que el sujeto evacua, expulsa, proyecta o deflexiona ele-
mentos determinados por el instinto de muerte, pero, a dife-
rencia de la mayoría de los autores Meinianos de su época,
no considera que el otro sea sólo una pantalla de proyección,
sino que opera en él un verdadero proceso metabólico que
favorece las funciones de simbolización; estos elementos
primarios, que son metabolizados por la madre mediante la
función de reverie, al transformarse en elementos capaces
de ser metabolizados producen crecimiento simbólico.
cuando esta función fracasa, o los elementos P son excesi-
vos, el sujeto queda librado a procesos de desestructuración
que el análisis debe recomponer. De modo que la tarea del
analista está atravesada por la función de reverie, metaboli-
zante y posibilitadora de transformación de elementos a en
elementos p.
Hay una tendencia, en ese afán de superponer conceptos
de diferentes escuelas, a confundir el holding de Winnicott
con la función de reverie de Bion; es indudable que corres-
ponden a órdenes conceptuales distintos, si bien se pueden
articular respetando su campo de pertenencia específico. El
holding es un modo de posicionarse del analista en orden a
crear las condiciones de sostén «suficientemente buenas»
para favorecer la emergencia -constitución, decíamos-
del self verdadero. La función de reverie del analista hace
más a la posibilidad de metabolización simbólica de las re-
presentaciones. En algún momento lo retomaremos.
El aspecto que yo sometería a discusión desde los basa-
mentos teóricos que expongo, y que puede servir para com-
partir con ustedes un ejercicio de rnodelización acerca del
«trabajo de teoría», se relaciona más bien con lo siguiente:
Bion tiene un concepto que creo es muy evocativo, y es el de
«indigestión psíquica»; esta indigestión es efecto de la vio-
lencia y omnipotencia que, en el caso de la intrusividad del
esquizofrénico, opera produciendo imposibilidad de pensar;
ustedes se dan cuenta de que la dificultad básica se plantea
del lado del sujeto: la «proyección»es primaria, ella estruc-
tura la relación con el objeto. El descubrimiento interesante
es, en mi opinión, la idea de una dificultad metabólica cuya
causalidad podríamos invertir: no es efecto de que el sujeto
--como efecto de la envidia constitucional- proyecte locura
que la madre no metaboliza, sino que desde el otro se ejerci-
tan intromisiones no metabolizables que dejan al sujeto li-
brado a la locura.
Para el tema que estamos trabajando, lo que me interesa
marcar es simplemente lo siguiente: cuando Bion ejerce es-
ta función de reverie en el interior del espacio analítico, está
fundando algo que no estaba previamente, está establecien-
do un proceso de neogénesis, abriendo la posibilidad de que
se organice algo que no había existido antes. No se trata de
suponer que esto estaba así, potencialmente, en espera; co-
mo tal, nunca estuvo, y dejando de lado si esto ocurrió por
un déficit constitucionai del sujeto o del otro psíquico que
tuvo a su cargo las funciones de humanización, lo que irn-
porta es que el analista debe ejercer esta función de trans-
formación de elementos a en elementos p para que la cura
transcurra.
Otro ejemplo: ustedes saben que Klein parte de la idea
de que en los comienzos existe una unidad -¿mítica? kbio-
lógica?- que luego es clivada, como efecto de la necesidad
de segregar (defiección?proyección), la pulsión de muerte.
En cambio, siguiendo cierta perspectiva freudiana, nosotros
vamos a trabajar a partir de la idea de que en los orígenes
no hay ninguna unidad, que esta unidad es efecto de un acto
constitutivo (el «nuevoacto psíquico»,diría Freud), motor de
la diferenciación tópica, efecto de la identificación y correla-
tivo de la represión originaria. Esa unidad privilegiada es el
yo, y cuando hay una falla en e1 funcionamientopsíquico, no
se trata de recomponer un yo que en sus orígenes fue cliva-
do por la angustia de muerte, sino que hay que producir una
estructuración en la tópica. Lo cual lleva a una discusión
importante en psicoanálisis acerca de las funciones de las
distintas instancias en la tópica psíquica, pero sobre todo de
los modos de intervención del analista.

LA IDEA DE NEOGENESIS REMITE A UN APARATO


ABIERTO A LO REAL Y SOMETIDO AL TRAUMATISMO.

En este recorrido que estoy esbozando vemos que uno de


los aspectos centrales en la idea de neogénesis remite a un
aparato abierto; aparato que si bien tiene cerradas -en la
mayoría de los casos- las vías de salida, tiene siempre li-
bres las vías de acceso. Se trata de un aparato que siempre
va a recibir elementos de lo real, y una de las cuestiones fun-
damentales consiste en preguntarse qué tipo de elementos
recibe de lo real, ya que no necesariamente recibirá elemen-
tos de lo real cualificados y compuestos.
Quería hacer un esquema, no me va a dar el tiempo. Me
disculpo, creo que ya me excedí en el tiempo. Aveces me ol-
vido de que tenemos un año entero para trabajar, y produz-
co indigestión. Me comprometo a remetabolizar, me compro-
meto a retrabajar elemento por elemento. Jamás voy a pen-
sar que la indigestión de ustedes es efecto de la identifica-
ción proyectiva con la cual pretenden paralizar mi mente
(risas). Simplemente quise puntuar una serie de cuestio-
nes. Si quieren preguntar algo, todavía nos quedan unos
minutos.

No hay preguntas.