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Hola, saludos desde La Pedregosa.

Las palabras
iniciales del evangelio de hoy nos permiten atisbar la
profundidad del Espíritu de Jesús frente a su misión:
"He venido a prender fuego en el mundo: ¡y ojalá
estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un
bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla!" El
fuego es una figura del Dios que purifica la impureza
del hombre y lo acrisola por dentro. Ese fuego está
actuando ya en la tierra, en la comunidad de los
creyentes y en el corazón de cada hombre a través de
la palabra de Jesús y por medio de su Espíritu.
Encenderá Jesús este fuego a través del bautismo de su
pasión, que le "sumergirá" en la muerte, "No he venido
a traer al mundo paz, sino división". Estas palabras de
Jesús parecen contradecir la espera de un mesías que
sería el príncipe de la paz. ¿No envió Cristo a sus
discípulos a evangelizar en misión de paz? ¿No dijo:
Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque se
llamarán hijos de Dios? ¿Cómo dice que no vino a
traer paz, sino guerra y división? Cristo es nuestra paz,
efectivamente, pero no una paz a cualquier precio.
Para disfrutar la paz que aporta el mensaje de Cristo
tiene que operarse antes una lucha del bien contra el
mal, contra la injusticia, la opresión, el desamor, la
mentira. Esa situación conflictiva alcanzará el corazón
de cada creyente que quiera ser consecuente hasta el
final con su fe. La opción responsable y definitiva por
Cristo es lo que define al cristiano. Bueno que pases
un muy feliz día. Habló para ustedes el Padre Gustavo,
desde la Comunidad Salvatoriana en La Pedregosa
Alta. Chao. Nos vemos en el espejo.
Evangelio de San Lucas 12,49-53
Vamos a estudiar el CARÁCTER ENIGMÁTICO DE
LA MISIÓN DE JESÚS (12,49-53: 49 Πῦρ ἦλθον
βαλεῖν ἐπὶ τὴν γῆν, καὶ τί θέλω εἰ ἤδη ἀνήφθη. 50
βάπτισμα δὲ ἔχω βαπτισθῆναι, καὶ πῶς συνέχομαι ἕως
ὅτου τελεσθῇ. 51 δοκεῖτε ὅτι εἰρήνην παρεγενόμην
δοῦναι ἐν τῇ γῇ; οὐχί, λέγω ὑμῖν, ἀλλ’ ἢ διαμερισμόν.
52 ἔσονται γὰρ ἀπὸ τοῦ νῦν πέντε ἐν ἑνὶ οἴκῳ
διαμεμερισμένοι, τρεῖς ἐπὶ δυσὶν καὶ δύο ἐπὶ τρισίν, 53
διαμερισθήσονται πατὴρ ἐπὶ υἱῷ καὶ υἱὸς ἐπὶ πατρί ,
μήτηρ ἐπὶ τὴν θυγατέρα καὶ θυγάτηρ ἐπὶ τὴν μητέρα ,
πενθερὰ ἐπὶ τὴν νύμφην αὐτῆς καὶ νύμφη ἐπὶ τὴν
πενθεράν = 49 He venido a echar fuego sobre la tierra,
y ¡cómo desearía que ya estuviera encendida! 50
Tengo que ser bautizado en un bautismo, y estoy
obsesionado hasta que esa idea se cumpla. 51 ¿Pensáis
que he venido a establecer paz en la tierra? No, os lo
aseguro, sino, más bien, división. 52 Porque de ahora
en adelante, cinco miembros de una familia estarán
divididos: tres contra dos y dos contra tres; 53 padre
contra hijo e hijo contra padre, madre contra hija e hija
contra madre, suegra contra nuera y nuera contra
suegra. COMENTARIO GENERAL Enmarcada en la
narración del viaje de Jesús a Jerusalén, la serie de
comparaciones sobre la relación entre amo y criado
llega a su fin, para dar paso al desarrollo de nuevos
temas. En primer lugar, Jesús presenta una serie de
reflexiones sobre el carácter de su misión y de su
ministerio (Lucas 12,49-53: "He venido a arrojar un
fuego sobre la tierra y ¡cuánto desearía que ya
estuviera encendido! Con un bautismo tengo que ser
bautizado y ¡qué angustiado estoy hasta que se
cumpla! ¿Creéis que estoy aquí para dar paz a la
tierra? No, os lo aseguro, sino división. Porque desde
ahora habrá cinco en una casa y estarán divididos;
tres contra dos, y dos contra tres; estarán divididos el
padre contra el hijo y el hijo contra el padre; la
madre contra la hija y la hija contra la madre; la
suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra").
En los pasajes precedentes (versículos 36-40: "sed
como hombres que esperan a que su señor vuelva de
la boda, para que, en cuanto llegue y llame, al
instante le abran. Dichosos los siervos, que el señor al
venir encuentre despiertos: yo os aseguro que se
ceñirá, los hará ponerse a la mesa y, yendo de uno a
otro, les servirá. Que venga en la segunda vigilia o en
la tercera, si los encuentra así, ¡dichosos de ellos!
Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué
hora iba a venir el ladrón, no dejaría que le
horadasen su casa. También vosotros estad
preparados, porque en el momento que no penséis,
vendrá el Hijo del hombre"; 43: "Dichoso aquel siervo
a quien su señor, al llegar, encuentre haciéndolo así";
45-46: "Pero si aquel siervo se dice en su corazón:
"Mi señor tarda en venir", y se pone a golpear a los
criados y a las criadas, a comer y a beber y a
emborracharse, vendrá el señor de aquel siervo el día
que no espera y en el momento que no sabe, le
separará y le señalará su suerte entre los infieles") ha
sonado con relativa frecuencia la temática de una
«venida»: cuando «llegue» el amo (Κύριος), cuando
«llegue» el ladrón, cuando «llegue» el Hijo de hombre.
Esta serie de referencias ha inducido probablemente al
evangelista a añadir, en este momento, las reflexiones
de Jesús sobre el carácter de su propia «venida» («he
venido»: versículos 49: "He venido a arrojar un fuego
sobre la tierra y ¡cuánto desearía que ya estuviera
encendido!"; 51: "¿Creéis que estoy aquí para dar paz
a la tierra? No, os lo aseguro, sino división"). La
primera de estas reflexiones (versículo 49: "He venido
a arrojar un fuego sobre la tierra y ¡cuánto desearía
que ya estuviera encendido!") proviene de «L», ya que
sólo se encuentra en Lucas. Y la segunda (versículo
50: “Con un bautismo tengo que ser bautizado y ¡qué
angustiado estoy hasta que se cumpla!”), a pesar de la
teoría de H. Conzelmann, es paralela a la primera y no
implica contraste alguno con esa reflexión. Por otra
parte, la segunda (versículo 50: “Con un bautismo
tengo que ser bautizado y ¡qué angustiado estoy hasta
que se cumpla!”) tiene cierta relación con Marcos
10,38 ("Jesús le dijo: «No saben lo que piden.
¿Pueden beber el cáliz que yo beberé y recibir el
bautismo que yo recibiré?»"), un fragmento del
episodio en el que los dos hijos de Zebedeo presentan
a Jesús una petición particular y el Maestro replica:
«¿Podéis beber la copa que yo tengo que beber, o ser
bautizados con el bautismo con que yo tengo que ser
bautizado?» (Más adelante, cuando Lucas vuelva a
empalmar con la secuencia narrativa de Marcos, en
Lucas 18, suprimirá todo el episodio). De esta relación
entre Lucas 12,50 (“Con un bautismo tengo que ser
bautizado y ¡qué angustiado estoy hasta que se
cumpla!”) y Marcos 10,38 ("Jesús le dijo: «No saben
lo que piden. ¿Pueden beber el cáliz que yo beberé y
recibir el bautismo que yo recibiré?»") se deduce
indiscutiblemente que la reflexión de Jesús es
prelucana y, por tanto, se puede considerar como
procedente de «L»; aunque Lucas ha modificado de tal
manera los datos de su fuente, que ronda los límites de
la composición personal del propio evangelista. Los
versículos 51: "¿Creéis que estoy aquí para dar paz a
la tierra? No, os lo aseguro, sino división" y 53:
"estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo
contra el padre; la madre contra la hija y la hija
contra la madre; la suegra contra la nuera y la nuera
contra la suegra", es decir, la tercera de las
reflexiones, procede de «Q», dado su estrecho
paralelismo con Mateo 10,34-36 (“No penséis que he
venido a traer paz a la tierra. No he venido a traer
paz, sino espada. Sí, he venido a enfrentar al hombre
con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con
su suegra; y enemigos de cada cual serán los que
conviven con él”), donde forman parte de las
instrucciones misioneras a los «doce discípulos». El
versículo 52 (“Porque desde ahora habrá cinco en
una casa y estarán divididos; tres contra dos, y dos
contra tres”) es adición redaccional del evangelista,
quien igualmente ha modificado el comienzo del
versículo 53 ("estarán divididos el padre contra el
hijo y el hijo contra el padre; la madre contra la hija y
la hija contra la madre; la suegra contra la nuera y la
nuera contra la suegra"). En el pasaje correspondiente
de Mateo se conserva con mayor pureza la
formulación originaria de «Q». Aunque también
conviene notar que ni Mateo ni Lucas citan
exactamente el texto de Miqueas 7,6 («El hijo
deshonra al padre, se levantan la hija contra la madre
y la nuera contra la suegra, y los enemigos de uno son
los de su casa»), la referencia en ambos no es más que
una alusión a la profecía. También el Evangelio copto
según Tomás conserva ciertas resonancias de estas
reflexiones de Jesús. En Evangelio de Tomás 10
(“Dijo Jesús: «He arrojado fuego sobre el mundo y
ved que lo mantengo hasta que arda»”) tenemos una
correspondencia con el versículo 49 ("He venido a
arrojar un fuego sobre la tierra y ¡cuánto desearía
que ya estuviera encendido!"): «Jesús dijo: 'He
echado fuego sobre el mundo y, mirad, lo estoy
manteniendo hasta que arda'». En Evangelio de
Tomás 16, el paralelismo es con los versículos 51-53
(“«¿Creéis que estoy aquí para dar paz a la tierra?
No, os lo aseguro, sino división. Porque desde ahora
habrá cinco en una casa y estarán divididos; tres
contra dos, y dos contra tres; estarán divididos el
padre contra el hijo y el hijo contra el padre; la
madre contra la hija y la hija contra la madre; la
suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra»”):
«Jesús dijo: 'Tal vez piense la gente que he venido a
poner paz en el mundo; pero no caen en la cuenta de
que lo que he venido a poner sobre la tierra es
divisiones, fuego, espada, guerra. Porque si hay cinco
habitantes en una casa, tres se pondrán contra dos y
dos contra tres; el padre contra el hijo y el hijo contra
el padre, y quedarán como solitarios o como monjes'».
Del logion 10 (“Dijo Jesús: «He arrojado fuego sobre
el mundo y ved que lo mantengo hasta que arda»”) se
puede decir, casi con toda seguridad, que procede de
Lucas 12, 49 ("He venido a arrojar un fuego sobre la
tierra y ¡cuánto desearía que ya estuviera
encendido!"); mientras que el logion 16 («Jesús dijo:
'Tal vez piense la gente que he venido a poner paz en
el mundo; pero no caen en la cuenta de que lo que he
venido a poner sobre la tierra es divisiones, fuego,
espada, guerra. Porque si hay cinco habitantes en una
casa, tres se pondrán contra dos y dos contra tres; el
padre contra el hijo y el hijo contra el padre, y
quedarán como solitarios o como monjes'») es un
híbrido de elementos procedentes tanto de Mateo
como de Lucas. Por otra parte, la referencia con que
termina el logion 16: «solitario» es indicio evidente de
una formulación tardía. Desde la perspectiva de
historia de las formas, los versículos 49-51 (“«He
venido a arrojar un fuego sobre la tierra y ¡cuánto
desearía que ya estuviera encendido! Con un
bautismo tengo que ser bautizado y ¡qué angustiado
estoy hasta que se cumpla! «¿Creéis que estoy aquí
para dar paz a la tierra? No, os lo aseguro, sino
división.”) conservan, como atribuidos a Jesús,
«dichos en primera persona», que recuerdan la
tradición del cuarto Evangelio. R. Bultmann considera
los versículos 49-50 (“«He venido a arrojar un fuego
sobre la tierra y ¡cuánto desearía que ya estuviera
encendido! Con un bautismo tengo que ser bautizado
y ¡qué angustiado estoy hasta que se cumpla!”) como
vaticinia ex eventu; concretamente, el versículo 50
(“Con un bautismo tengo que ser bautizado y ¡qué
angustiado estoy hasta que se cumpla!”) es, en su
opinión, una frase añadida con posterioridad, en
paralelismo con el versículo 49 ("He venido a arrojar
un fuego sobre la tierra y ¡cuánto desearía que ya
estuviera encendido!"), aunque las mutuas
correspondencias no son literalmente exactas. Pero,
según W. G. Kümmel y otros comentaristas, resulta
difícil rechazar estas afirmaciones como una
predicción auténtica del propio Jesús. El problema
radica, en parte, en el modo de interpretar
específicamente el lenguaje figurado con el que se
hace referencia al bautismo, en el estadio I de la
tradición evangélica. A mi modo de ver, es
perfectamente posible que Jesús, en el curso de su
ministerio, se fuera dando cuenta de que su infatigable
proclamación del Reino y de la palabra de Dios
provocaba un antagonismo creciente por parte de sus
adversarios, que, posiblemente, llegarían a adoptar un
día las medidas más radicales para suprimirlo. Pero,
naturalmente, no hay por qué incluir en esa conciencia
de Jesús todos los detalles del proceso jurídico y de las
circunstancias que le llevaron a su crucifixión, tal
como se nos cuenta en el estadio III de la tradición
evangélica. Las tres reflexiones de Jesús, que
constituyen este pasaje, presentan aspectos paralelos
de su ministerio terrestre: 1. En primer lugar, su deseo
es ver toda la tierra abrasada, y hasta consumida, por
ese fuego que su venida enciende en el mundo. El
objetivo fundamental de su ministerio, de su
proclamación y de su actividad prodigiosa se expresa
figuradamente como un πῦρ («fuego») discriminatorio,
el fuego de una κρίσις (decisión, juicio, condenación)
con todas las ambigüedades de la polisemia del
símbolo. 2. En la perspectiva de Jesús, su ministerio es
βάπτισμα (Bautismo, inmersión, hundimiento) no sólo
con agua, sino también con πῦρ («fuego», Lucas 3,16:
"Juan respondió, diciendo a todos: Yo os bautizo con
agua; pero viene el que es más poderoso que yo; a
quien no soy digno de desatar la correa de sus
sandalias; Él os bautizará con el Espíritu Santo y
fuego"). Pero un bautismo que no va destinado
únicamente a los demás, sino que le concierne también
a él. Jesús, el que bautiza con fuego, tiene que
enfrentarse, él mismo, con la prueba y la κρίσις
(decisión, juicio, condenación), elementos
constitutivos de esa formulación simbólica. Y Jesús
está ansioso de que esa realidad llegue a su
cumplimiento, porque su inmersión en el «bautismo»
está íntimamente vinculada con los objetivos
esenciales de su ministerio, ya formulados en el
versículo 49 ("He venido a arrojar un fuego sobre la
tierra y ¡cuánto desearía que ya estuviera
encendido!"). De momento no se especifica en qué
consiste, propiamente, ese bautismo; todo queda en la
oscuridad de la figura. Con el tiempo, el lector de la
narración evangélica de Lucas llegará a comprender
esa realidad. R. Bultmann define ese «bautismo» como
«el martirio de Jesús»; otros comentaristas no dudan
en hablar explícitamente de «su muerte». Pero tal vez
eso suponga una lectura retrospectiva, que ve en las
palabras de Jesús más de lo que verdaderamente
quieren decir. 3. Jesús describe los efectos de su
actividad como διαμερισμός («discordia», «división»,
«separación»). Y eso, a primera vista, parece implicar
una contradicción entre las consecuencias del πῦρ
(«fuego») y del «bautismo» por una parte, y por otra,
uno de los aspectos más importantes de la presentación
lucana de Jesús, que, ya desde su nacimiento, lo
introduce como el que trae «paz a la tierra» (Lucas
2,14: "Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz
entre los hombres en quienes Él se complace"; Lucas
19,37-38: "Cuando ya se acercaba, junto a la bajada
del monte de los Olivos, toda la multitud de los
discípulos, regocijándose, comenzó a alabar a Dios a
gran voz por todas las maravillas que habían visto,
diciendo: ¡Bendito el Rey que viene en el nombre del
Señor! ¡Paz en el cielo y gloria en las alturas!").
Aunque, en la concepción de Lucas, la Εἰρήνη («paz»)
es uno de los principales efectos del acontecimiento
Cristo, el evangelista decide conservar aquí una
formulación de «Q», que interpreta la actividad del
Maestro en términos contrarios. Pero no se debe
olvidar que ese efecto de «división» ya está
prefigurado incluso en las narraciones de la infancia.
Ya desde su presentación en el templo, Jesús está
marcado como «bandera discutida», como «señal de
contradicción», como causa «de ruina y de
resurgimiento para muchos en Israel» (Lucas 2,34:
"Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la
madre: «Este niño será causa de caída y de elevación
para muchos en Israel; será signo de contradicción").
Lo que ahora se enuncia es una de las modalidades de
esa «división»: la «discordia» entre los componentes
de una misma familia. Se cumple así la lamentación
del profeta Miqueas, que llora la desaparición de «los
hombres leales», del «hombre honrado», de la
estabilidad social de la raza humana, cuyas
convulsiones arrastran no sólo al «prójimo» y al
«amigo», sino a los propios miembros de la familia
(Miqueas 7,1-7: "¡Ay de mí! He llegado a ser como los
segadores en verano, como el que rebusca después de
la vendimia: ¡ni un racimo para comer, ni una breva
de las que tanto me gustan! El hombre fiel ha
desaparecido del país: ¡no queda ni un justo entre los
hombres! Todos están al acecho para derramar
sangre, cada uno atrapa a su hermano en la red. Sus
manos se emplean para el mal; para hacer un favor,
el príncipe exige y el juez reclama una gratificación;
el poderoso manifiesta su avidez y se pervierte la
justicia. El mejor entre ellos es como una zarza, el
más justo, peor que una mata espinosa. Pero ha
llegado tu castigo, el día anunciado por tus
centinelas: es el momento de su consternación. No se
fíen de un compañero, no tengan confianza en un
amigo; cuídate de abrir la boca delante de la que se
recuesta en tu pecho. Porque el hijo denigra al padre,
la hija se alza contra su madre, la nuera contra su
suegra, y cada uno tiene como enemigos a los de su
casa. Pero yo aguardo al Señor, espero en el Dios de
mi salvación. ¡Mi Dios me escuchará!"). No cabe duda
que Jesús entra en la historia humana en una época de
paz, en la era de la pax Augusta, como signo de la
verdadera paz entre los hombres. Jesús no viene como
el reformador fogoso que esperaba Juan Bautista. Pero
no por eso es menos cierto que el propio Jesús
describe su actuación ministerial como fuente de
divisiones incluso entre los destinatarios de su mensaje
salvífico. Es más, esos desgarramientos se producirán
hasta en el seno de su familia, ya que «una espada
atravesará el corazón» de su misma madre (Lucas
2,35: "y a ti misma una espada te atravesará el
corazón. Así se manifestarán claramente los
pensamientos íntimos de muchos"), y eso a pesar de la
admiración que Lucas siente por María, la primera y la
más profunda creyente. No es fácil establecer una
relación entre esta serie de afirmaciones de Jesús y el
pasaje de Marcos 10,38: "Jesús le dijo: «No saben lo
que piden. ¿Pueden beber el cáliz que yo beberé y
recibir el bautismo que yo recibiré?»"; como tampoco
lo es determinar hasta qué punto esas reflexiones
podrían darnos una base para medir el grado de
autoconciencia del Jesús histórico. Igual que en Lucas
10,21-24 ("En aquel momento Jesús se estremeció de
gozo, movido por el Espíritu Santo, y dijo: «Te alabo,
Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber
ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y
haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque
así lo has querido. Todo me ha sido dado por mi
Padre, y nadie sabe quién es el Hijo, sino el Padre,
como nadie sabe quién es el Padre, sino el Hijo y
aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar». Después,
volviéndose hacia sus discípulos, Jesús les dijo a ellos
solos: «¡Felices los ojos que ven lo que ustedes ven!
¡Les aseguro que muchos profetas y reyes quisieron
ver lo que ustedes ven y no lo vieron, oír lo que
ustedes oyen y no lo oyeron!»"), la formulación de
estas afirmaciones representa el estadio III de la
tradición evangélica. Es muy probable que todos estos
enunciados estén profundamente influidos por los
acontecimientos históricos, es decir, por el proceso
jurídico, la pasión y la crucifixión de Jesús. Pero
atribuir todos estos elementos de tradición
exclusivamente a la comunidad primitiva es
francamente insostenible. Como paralelos de estas
afirmaciones, W. Grundmann, al que sigue I. H.
Marshall, aduce diversos testimonios tomados de la
literatura de Qumrán - concretamente, de los Himnos
de acción de gracias o Hódáyót - en los que el Maestro
de Justicia describe las peculiaridades de su propia
figura. Aunque ninguno de los textos tiene un exacto
paralelismo con las reflexiones de Jesús, no deja de ser
interesante un estudio comparativo. Valgan como
ejemplo: «Y yo me convertí en el hazmerreír de los
descreídos y se abalanzó contra mí la asamblea de los
depravados» (1QH 2,11-12); «fui piedra de escándalo
para los que profieren calumnias, y hombre de paz
para los que buscan la justicia» (1QH 2,14-15); «Tú,
Señor, has rescatado la vida del pobre, desbaratando
los planes sanguinarios que habían urdido contra él,
porque era tu siervo; pero ellos no sabían que mis
caminos proceden de ti» (1QH 2,32-33) VINE (Lucas
emplea aquí el aoristo de indicativo ἦλθον (vine) y no
el perfecto ἐλήλυθα (he venido, Lucas 5,32: "No he
venido a llamar a justos, sino a pecadores al
arrepentimiento"). Véanse, igualmente, el grito del
espíritu inmundo (Lucas 4,34: "Déjanos ¿Qué
tenemos que ver contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has
venido a destruirnos? Yo sé quién eres: el Santo de
Dios") y los dichos que hacen referencia al Hijo de
hombre (Lucas 7,34: "Ha venido el Hijo del Hombre,
que come y bebe, y decís: ``Mirad, un hombre glotón y
bebedor de vino, amigo de recaudadores de impuestos
y de pecadores"; 9,58: "Y Jesús le dijo: Las zorras
tienen madrigueras y las aves del cielo nidos, pero el
Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza").
En cuanto al uso de los tiempos en el cuarto
Evangelio, véase Juan 3,2: "Este vino a Jesús de noche
y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como
maestro, porque nadie puede hacer las señales que tú
haces si Dios no está con él"; 5,43: "He venido en
nombre de mi Padre y ustedes no me reciben, pero si
otro viene en su propio nombre, a ese sí lo van a
recibir"; 7,28: "Entonces Jesús, que enseñaba en el
Templo, exclamó: «¿Así que ustedes me conocen y
saben de dónde soy? Sin embargo, yo no vine por mi
propia cuenta; pero el que me envió dice la verdad, y
ustedes no lo conocen"; 12,27: "Mi alma ahora está
turbada, ¿Y qué diré: «Padre, líbrame de esta hora?
¡Sí, para eso he llegado a esta hora!"; 12,47: "Al que
escucha mis palabras y no las cumple, yo no lo juzgo,
porque no vine a juzgar al mundo, sino a salvarlo";
16,28: "Salí del Padre y vine al mundo. Ahora dejo el
mundo y voy al Padre"; 18,37: "Pilatos le dijo:
«Entonces tú eres rey». Jesús respondió: «Tú lo dices:
yo soy rey. Para esto he nacido y he venido al mundo:
para dar testimonio de la verdad. El que es de la
verdad, escucha mi voz»". El uso de ἔρχεσθαι (venir)
seguido de otro verbo en infinitivo - aquí
concretamente ἦλθον βαλεῖν (vine a echar») - expresa
intencionalidad) A ECHAR FUEGO SOBRE LA
TIERRA (H. Conzelmann se precipita, al interpretar
esta frase como referencia a «la conflagración
escatológica». Naturalmente, no hay un perfecto
paralelismo entre el versículo 49 (finalidad de la
venida y de la actuación de Jesús: "Vine a arrojar un
fuego sobre la tierra y ¡cuánto desearía que ya
estuviera encendido!") y el versículo 50 (alusión
ominosa al desenlace de su existencia: "Con un
bautismo tengo que ser bautizado y ¡qué angustiado
estoy hasta que se cumpla!"); por tanto, la mención del
πῦρ («fuego») tiene que ser de orden figurativo. En el
Antiguo Testamento, la imagen ofrece multitud de
connotaciones; puede ser instrumento de purificación
(Levítico 13,51-52: "Al séptimo día volverá a
examinar la mancha, y si se ha extendido por la
prenda de vestir –en la trama o la urdimbre– o por el
cuero –cualquiera sea el uso para el que se lo
destina– es lepra maligna: ese objeto es impuro y será
quemado. Como se trata de lepra maligna, deberá ser
consumido por el fuego"), un signo discriminatorio
(Isaías 33,14: "Están aterrados en Sión los pecadores,
un temblor invade a los impíos: «¿Quién de nosotros
habitará en una hoguera eterna?»") o un elemento
punitivo (Génesis 19,24: "Entonces el Señor hizo
llover sobre Sodoma y Gomorra azufre y fuego que
descendían del cielo"). Ver Lucas 3,9: "El hacha ya
está puesta a la raíz de los árboles; el árbol que no
produce buen fruto será cortado y arrojado al fuego";
9,54: "Cuando sus discípulos Santiago y Juan vieron
esto, le dijeron: «Señor, ¿quieres que mandemos caer
fuego del cielo para consumirlos?»". Aunque uno se
incline particularmente por una de esas matizaciones,
el πῦρ («fuego») tiene que estar relacionado con la
predicción de Juan Bautista en Lucas 3,16: "él tomó la
palabra y les dijo: «Yo los bautizo con agua, pero
viene uno que es más poderoso que yo, y yo ni
siquiera soy digno de desatar la correa de sus
sandalias; él los bautizará en el Espíritu Santo y en el
fuego"; sólo que ahora los efectos de esa realidad
amplían sus virtualidades hasta afectar a la misma
«tierra») Y ¡CÓMO DESEARÍA QUE YA
ESTUVIERA ENCENDIDA! (La interpretación de
esta frase plantea un verdadero reto a la exégesis.
Según ciertos comentaristas, la oración completiva que
depende del verbo θέλειν («desear», «querer»)
describe una situación irreal; por tanto, Jesús
expresaría un deseo que no ha llegado a su
cumplimiento. La locución completa va introducida
por el interrogativo τί («qué»), que corresponde,
probablemente, al hebreo o arameo ‫( מָה‬máh, «qué»);
por otra parte, la conjunción εἰ («si») - τί θέλω εἰ («qué
quiero, si») - puede equivaler al hebreo ‫( ּאם‬im, «si»).
Estas observaciones justificarían una traducción de la
frase como la que ofrece Fitzmyer. Pero las cosas se
complican por la comprobación de que, en otros textos
de la literatura griega, el verbo θέλειν («desear»,
«querer»), seguido de la conjunción εἰ («si»), admite
otros significados. Véase Eclesiástico 23,14
("Acuérdate de tu padre y de tu madre, cuando te
sientes en medio de los grandes, no sea que los olvides
en presencia de ellos y te comportes como un necio.
Porque entonces desearías no haber nacido y
maldecirías el día de tu nacimiento"), que es,
posiblemente, un «semitismo»; no podemos
asegurarlo, ya que el original hebreo se ha perdido.
Este fenómeno sintáctico puede ser una de las
manifestaciones del uso de la conjunción εἰ («si»),
para introducir una oración completiva dependiente de
ciertos verbos que indican sorpresa, emoción, etc.)
TENGO QUE SER BAUTIZADO EN UN
BAUTISMO (En la construcción de la frase, el verbo
βαπτισθῆναι (bautizado) - infinitivo aoristo pasivo -
lleva un acusativo «interno» (βάπτισμα, Bautismo)
como complemento directo o en función homologa.
Por lo general, los términos βάπτισμα («bautismo») y
βαπτιζαν («bautizar») se consideran como típicos del
vocabulario cristiano; por eso muchos comentaristas
piensan que esta formulación del destino con el que se
enfrenta Jesús procede de la comunidad primitiva.
Pero esa pretensión no es tan cierta como parece a
primera vista. Por ejemplo, Flavio Josefo, que estaba
informado sobre la figura de Juan, se refiere a él con el
título de «Bautista» y habla de sus bautismos. Los
sustantivos no aparecen en los LXX. Pero sí hay
constancia de los verbos βάπτειν (sumergir) y
βαπτιζαν («bautizar»), normalmente se usan como
traducción del hebreo ‫( ָטבַל‬tabal, «sumergir»). Aunque
en la literatura de Qumrán se mencionan las
abluciones rituales, jamás se emplea ese verbo hebreo.
El problema está en comprender por qué Jesús expresa
el dramático desenlace de su existencia precisamente
como «un bautismo». Por una parte, ya ha sido
bautizado con el bautismo de Juan (Lucas 3,21: "Todo
el pueblo se hacía bautizar, y también fue bautizado
Jesús. Y mientras estaba orando, se abrió el cielo");
por tanto, parece lógico que su referencia al futuro no
pueda interpretarse exclusivamente en la perspectiva
de aquel acontecimiento. Y, por otra parte, dada la
relación entre «bautismo» y πῦρ («fuego», Lucas 3,
16: "él tomó la palabra y les dijo: «Yo los bautizo con
agua, pero viene uno que es más poderoso que yo, y
yo ni siquiera soy digno de desatar la correa de sus
sandalias; él los bautizará en el Espíritu Santo y en el
fuego"), y teniendo en cuenta las connotaciones
simbólicas del πῦρ («fuego») en el Antiguo
Testamento, como acabamos de señalar, es
perfectamente posible que Jesús hubiera utilizado esa
expresión. J. A. T. Robinson avanza la hipótesis de
que Jesús alude a «su sufrimiento redentor»; pero,
naturalmente, esa interpretación no pasa de ser más
que una sugerencia. Recuérdense las correlaciones con
Marcos 10,38-39: "Jesús les dijo: «No sabéis lo que
pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber, o ser
bautizados con el bautismo con que yo voy a ser
bautizado?» Ellos le dijeron: «Sí, podemos.» Jesús les
dijo: «La copa que yo voy a beber, sí la beberéis y
también seréis bautizados con el bautismo con que yo
voy a ser bautizado") Y ESTOY OBSESIONADO
(Una traducción, posiblemente menos exacta, podría
ser: «¡Qué angustiado estoy!» Muchos comentaristas
se inclinan a interpretar la frase en este sentido porque
la relacionan con el episodio de Getsemaní. Pero no se
debe olvidar que, en la obra de Lucas, el verbo
συνέχειν (angustiar, «mantener», «agarrar», «apretar»)
tiene diversas connotaciones (Lucas 4,38: "Y
levantándose, salió de la sinagoga y entró en casa de
Simón. Y la suegra de Simón se hallaba συνεχομένη,
sufriendo, con una fiebre muy alta, y le rogaron por
ella"; 8,37: "Entonces toda la gente de la región
alrededor de los gadarenos le pidió a Jesús que se
alejara de ellos, porque συνείχοντο, estaban poseídos,
de un gran temor. Y Él entrando a una barca,
regresó"; 8,45: "Y Jesús dijo: ¿Quién es el que me ha
tocado? Mientras todos lo negaban, Pedro dijo, y los
que con él estaban: Maestro, las multitudes
συνέχουσίν, te aprietan, y te oprimen"; 19,43: "Porque
sobre ti vendrán días, cuando tus enemigos echarán
terraplén delante de ti, te sitiarán y συνέξουσίν, te
acosarán, por todas partes"; 22,63: "Y los hombres
que συνέχοντες, custodiaban, a Jesús se burlaban de
Él y le golpeaban"; Hechos 7,57: "Entonces dando
grandes voces, συνέσχον, se taparon, sus oídos, y
arremetieron unánimes contra él"; 18,5: "Y cuando
Silas y Timoteo vinieron de Macedonia, Pablo,
συνείχετο, constreñido, en espíritu, testificaba a los
judíos que Jesús era el Cristo"; 28,8: "Y aconteció que
el padre de Publio estaba en cama, συνεχόμενον,
enfermo de fiebres y de disentería: al cual Pablo
entró, y después de haber orado, le puso las manos
encima, y le sanó"); se trata de un término
característico de Lucas. Básicamente significa:
«mantener», «agarrar», «apretar»; pero el término
aislado, sin modificaciones complementarias - como
en este pasaje -, sólo se encuentra en Nehemías 6,10
("Y yo entré en casa de Semaías, hijo de Dalaías, hijo
de Metabeel; y él, συνεχόμενος, encerrado. Y dijo:
«Juntémonos en la casa de Dios, en medio de ella y
cerremos sus puertas; pues vienen de noche a
matarte»"). Tiene razón H. Koester al rechazar la
interpretación del término en el sentido de «temor a la
muerte»; eso sería especificar demasiado. Como
sugerencia propone traducirlo por «Y estoy
obsesionado por esta idea» o «¡Y cómo me persigue
esa idea!») HASTA QUE ESA IDEA SE CUMPLA
(Nos encontramos, una vez más, con la temática
lucana del «cumplimiento», que trasciende la mera
realización histórica) ¿CREÉIS QUE ESTOY AQUÍ
PARA ESTABLECER PAZ EN LA TIERRA? (Los
manuscritos más importantes leen el verbo δοῦναι
(«dar»). Pero el códice Bezae y algunas versiones,
como la siro-curetoniana, escriben: ποιήσαι («hacer»),
y todavía hay otros que lo sustituyen por βαλεῖν
(«echar», «arrojar»). La última variante es, con toda
probabilidad, un intento de armonización con el
versículo 49 ("Vine a arrojar un fuego sobre la tierra
y ¡cuánto desearía que ya estuviera encendido!") o
con Mateo 10,34: "No penséis que vine a traer paz a
la tierra; no vine a traer paz, sino espada". El verbo
δοῦναι («dar») puede tener aquí el significado semítico
de «poner», «establecer». Ver Miqueas 3,5, en la
versión de los LXX: "Esto dice el Señor sobre los
profetas, los que seducen a mi pueblo; los que
muerden con sus dientes y predican sobre él la paz,
que no ha sido dada en la boca de ellos; suscitaron
sobre él la guerra". Véase también Lucas 2,14:
"Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz entre
los hombres en quienes Él se complace") NO. SINO,
MÁS BIEN, DIVISIÓN (O también: «separación»,
«discordia», ya que el sustantivo διαμερισμός
(división) se refracta en el doble διεμερίσθαι (dividir)
de los versículos siguientes (52-53: "Porque desde
ahora habrá cinco en una casa y estarán divididos;
tres contra dos, y dos contra tres; estarán divididos el
padre contra el hijo y el hijo contra el padre; la
madre contra la hija y la hija contra la madre; la
suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra").
Mateo, en su pasaje correspondiente (Mateo 10,34:
"No penséis que vine a traer paz a la tierra; no vine a
traer paz, sino espada"), opta por el lenguaje
figurativo: μάχαιρα («espada») DE AHORA EN
ADELANTE HABRÁ CINCO EN UNA CASA Y
ESTARÁN DIVIDIDOS; TRES CONTRA DOS, Y
DOS CONTRA TRES (Claro indicio de redacción
personal de Lucas. H. Conzelmann interpreta
correctamente esa precisión temporal (ἀπὸ τοῦ νῦν, a
partir de ahora), refiriéndola no a «la consumación
definitiva», sino a la etapa de conflictos que empieza a
perfilarse en la narración evangélica de Lucas)
ESTARÁN DIVIDIDOS (Lucas emplea, una vez
más, la llamada «conjugación perifrástica»: tiempo del
verbo «ser» con un participio; aquí, concretamente, el
futuro de indicativo (ἔσονται, «estarán») con el
participio perfecto de la voz pasiva del verbo
διαμερίζειν (dividir, διαμεμερισμένοι, «divididos»).
Este tipo de construcción gramatical contrasta con el
versículo siguiente (versículo 53: "estarán divididos el
padre contra el hijo y el hijo contra el padre; la
madre contra la hija y la hija contra la madre; la
suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra"),
donde se usa el futuro de indicativo de la voz pasiva
(διαμερισθήσονται, «se dividirán»). La construcción es
del propio Lucas) ESTARÁN DIVIDIDOS EL
PADRE CONTRA EL HIJO Y EL HIJO
CONTRA EL PADRE; LA MADRE CONTRA LA
HIJA Y LA HIJA CONTRA LA MADRE; LA
SUEGRA CONTRA LA NUERA Y LA NUERA
CONTRA LA SUEGRA (Estas polaridades
familiares constituyen, probablemente, una cita de
Miqueas 7,6: «El hijo deshonra al padre, se levantan
la hija contra la madre y la nuera contra la suegra, y
los enemigos de uno son los de su casa». Como se ve,
el texto griego de Lucas, igual que el de Mateo, tiene
sus diferencias con relación a los LXX. Para una idea
semejante, Zacarías 13,3: "Y sucederá que, si alguien
profetiza todavía, su padre y su madre que lo
engendraron le dirán: «¡Tú no vivirás, porque has
dicho una mentira en nombre del Señor!». Y su padre
y su madre, que lo engendraron, lo traspasarán
mientras profetiza"