Está en la página 1de 244

ENSAYO

SOBRE LA ENSEÑANZA
P E LOS

IDIOMAS LATINO Y GRIEGO


T DE

US SELLAS i m n
ron

LOS CLASICOS PAGANOS


i l os j m n i : y i les iü o ¡.

Escrito en Lagos en 1 8 8 0 por*

w m -
Julian o , qao prohibió a loa
cristianos enseñar y aprender
la· letras liberales.
S ax A ccbtix.

SAN JU A N DE LOS LAGOS.


T i p o g r a f í a d e J o s é M a r t i n y H c r m o s illo .
1881.
INDICE £>E LAS MATERIASQUE CONTIENE ESTAjüNTIüáGA 1 P

P A R T E 1 -9

Correspondencia epistolar entre el lim o. Señor S ó lla ñ o y A-


gustin Rivera.

P A R T E 3. p

A d ic io n e s a l a C o r r e s p o n d e n c ia .

Adición 1 P ¿Por qué ae publicó la Correspondencia epistolar


en la Revista Universal.
Adición 2 P Explicación de estas palabras: “E sta es, le con­
testé, una añadidura que se hace a la Encíclica por via de
mejora, pues el Santo Padre no dice eso.”
Adición 3 P E l Ralio Sftidiürum. Daño que hace hoi la m ito­
logía.
Adición 4 P L a O ratoria Catilinaria.
Adición 5 P Muchos mexicanos ilustres por su saber y virtu­
des se form aron, en cuanto a la ciencia de hablar y dé es­
cribir, en "Virgilio y en otros clásicos pagano?, y no recibie­
ron daño.
Adición 6 P Necesidad y utilidad de la enseñanza de la G ra­
m ática y de la Bella L iteratura a la ju v en tu d .
Adición 7 P Necesidad de ía enseñanza de la G ram ática lati­
na y de la* griega a la juventud.
Adición 8 P L a enseñanza de la G ram ática y de la B ella L i­
te ra tu ra ha de ser, por r e g la s ^ principalm ente por modelos.
Adición 9 P Los modelos han de ser los raedores, que son los
clásicos cristianos y los clásicos paganos acondicionados.
II.

Adición 10 P Sistema del A bate Gaume. 42.


Adición 1 1 5a Monseñor Gaume, Monseñor Dupanloup y Emi­
lio Castelar. 45.
Adición 12 P H istoria del Sistema del A bate Gaume. 48.
Adición 13 P Sistema que sigo. 58.
Adición 14 P El alimento de los demonios en las Bellas Le­
tras, o sea la enseñanza de los clásicos pagano» sin discer­
nimiento. 01.
Adición 1 5 ? El alimento de los demonios en las Bellas Artes,
o sea la imitación de las pinturas y esculturas clásicas pa-
ganas sin discernimiento. G4.
Adición 16 P V entaja de los clásicos paganos sobre los clási­
cos cristianos en cuanto a la propiedad, ,pureza y buen gus­
to del lenguaje. 70.
Adición 171* V entaja d élos clásicos cristianos sobré los clási­
cos paganos en cuanto a la cristiandad,del lenguaje. . 83
Adición 18 P No co n vi en e e n senkr ín ú¡chd~ de los clásicos pa­
ganos y mui poco de los clásicos cristianos, ni mucho de los
clásicos cristianos y mui poco de;ks'clásrcóá pétganos. 92.
Adición 19 P Ideas del A bate Gaume y del P . V entura sobre
cxpurgacion de los clásicos paganos. Boodad no Solamente
literaria, sino natural y moral del idioma y estilo de dichos
clásicos. 04.-
Adición 20 P Las Mascaradas. 101 .
Adición 21 P Los clásicos cristianos destroíados. 100.
Adición 22 P Las Lágrimas de San Pedro y otros opúsculos ;■ ^
semejantes. 109.
Adición 23 P U tilidad de la Poesía para la Oratoria, «,un la
del pulpito. , ■ ^ ■ 110,
Adición 24 P Ojeada proem ial sobre los diez y nübVef;Biglós
de la era cristiana, en cuanto a la enseñanza de,los clási­
cos paganos a la juventud. Licitud y decencia de este1En­
sayo. - ■ ' 112.'
Adición 25 P Enseñanza de los clásicos ^pagtmos^eii1el si­
glo I, asaber, p o r San Pablo. 1 ' .·'.■· 116·.
Adición 26 P Enseñanza de los clásicos paganos a la javeñ-
tud éii el siglo II. 1' 120.
Adición 27 P Enseñanza de los clásicos paganos a la ju v en ­
tud en el siglo II. Continúa. Clemente Alejandrino, o
sean Los Postres. -* 128.
III

Adición 28 P Fallecimiento del lim o. Sr. Sullano y el del Sr.


Canónico Arzac, en cuanto dicen relación con este Ensayo. 141.
Adición 20 P Enseñanza de los clásicos paganos a la ju v en ­
tu d en el siglo 111. 144.
Adición 30 P E l Concilio IV de Cartago. Id.
Adición 31 P Las Escuelas cristianas desde la Paz de Cons­
tantino hasta el Concilio de Trento y la Compañía de J e ­
sús. 153.
Adición 32 P Enseñanza délos clásicos paganos a la ju v en ­
tud en el siglo IV. ICO.
Adición 33 P U n tex to de San Gerónimo truncado por
G aum e y los gaum istas. 173.
Adición 34 P L a Epístola a L eta. 176.
Adición 35 P Las Constituciones Apostólicas. ,182.
Adición 36 P Edicto de Juliano el A póstata. 194.
Adición 37.P, Enseñanza de los clásicos paganos a la ju v en ­
tu d en el siglo V. San Agustín, o sea el A quiles de los
gaumistas. 208.
Adición 38 P Los Dos Estudiosos a lo rancio. Adición preli­
m inar al estudio de la Edad Mcdiav Satisface el autor a
algunos reparos. 231.
ENSAYO SOBBE LA ENSEÑANZA
DELA

B £ LLA L I T E R A T U R A C L A S I C A P AG ANA

PARTE 1.^
C a r t a d b A g u s t í n R i v e r a a l S r . L ic . E ü fe x tto M e n d o z a , e n l a
QUE LE TRASCRIBIO SC CORRESPONDENCIA EPISTOLAR CON EL TLLMO. V
R m o . S r . D o c t o r y M a e s t r o D . J o .s e M a r í a d e J e s ú s D i e z d e S o -
l l a n o y D a v a l o s , 'D ig n ís im o Omsro d e L e ó n , s o b r e l a e n s e ñ a n z a
DE LOS CLASICOS PAGANOS A L A JUVENTUD: CARTA EST QUE El, MISMO R i VE­
RA ITSO ALGUNAS NOTAS A LAS CARTAS DEL TLLMO. S r . SOLLANO, Y QUE
SE PUBLICO EN EL PERIODICO DE MEXICO “ L a REVISTA UNIVERSAL” EN'
LOS NUMEROS CORRESPONDIENTES AL MES DE MARZO DE 1873.

O p titn i n o v it p r u d tn iia iu a unum -


qiLtnujut i» ruó sensu abundare.
C ab ta de S. G kronuio a 3. Aguhtim.

“Lagos, 23 de Febrero de 1873.


9 r : ’ L ie D . E u f e m i o M e n d o z a .

M é x ic o .

Mi mtri 'estiuíado discípulo, amigo y Señor.


Deseo com unicar a U. lá conferencia que por medio de cartas se
ha dignado tener conmigo el Ilustrísim o Señor SoIIano sobre la en­
señanza de los clásicos paganos a la ju v en tu d , estando Su Señoría
llustrisim a por la negativa, y yo por la afirmativa. Supongo que se­
rá agradable a U. esta m ateria en razón de su im portancia.
En Iníbrtue del Seminario de Colima que leyó su apreciable
Rector el 21 de Diciembre de 187(J, lei a la p ág h sá^ estos párrafos:
“Acaso algunos extrañarán la eliminación que se h a hecho en el Se­
n.inario de mi cargo de los clásicos paganos; pero nada mas justo,
por que, prescindiendo de las mil y mil razones, que han aducido vic­
toriosam ente contra el aprendizaje del clasismo ( 1) pagano, hombres
tan sabios como el A bate G aum e y el grande V entura de Ráulica,
hay un sentimiento de propia dignidad, que precisam ente debe bro­
ta r de todo corazon católico,' que h aga « tí parfilél o entro el clasismo
católico y el pagano. Én efecto ¿quion de los clásicos del paganismo
es tan bello y elegante en su latín como San Gerónimo?, ¿quien ta n
agraciado y poético, incluso el mismo Virgilio, como San Ambro­
sio?, ¿q*tiéh liras 'sencillo; suave y elegante que San Gregorio?
¿Quien de los clásicos paganos es mas preciso y sentencioso que San
Agustín?, ¿quien’mas ñuidoy sublime que San León o San Fulgen­
cio? ¿Sabéis la distancia que vá de unos a otros? L a mism a que hay
entre el paganismo y la religión cálólica.— Nadie pues extrañe que
hayamos dado ¿[golpe dé gracia al clasismo'pagano. Por lo demas,
ein participar de ciertos escrúpulos de los que abogan por él, noso­
tros nos tendríamos por m uy afortunados, si llegáramos á form ar
de nuestros alumnos unos latinistas como San B ernardo o San G e­
rónimo, con todo y los barbarismos y solecismos que algunos pedan­
tes les a trib u y e n /’
Educado yo con Fedro, Cicerón, Virgilio y Horacio; teniendo sus
queridos recuerdos grabados en mi alma desde mis primeros años;
habiendo contemplado hEwáa poco tiempo en Rom a sus luminosas
huellas, y estando estudiándolos al escribir mi Compendio de la His­
toria Romana, me vino al pensamiento escribir algo en defensa d éla
enseñanza de sus inm ortales obras, p ara contribuir con mi grano
de arena a im pedir el perjuicio que puede causar a la ju v en tu d , la
propagación de-larQUdya^^ggu^ar y en mi humilde juicio errada o-
pinion del Á bate Gaume y dei Padre V entura. P or lo qué escribí e
imprimí en dicho Compendio tuxpftrágrafo intiti;l|Ldo; F ilosofa de la
Historia. Utilidad de enseñar a lajuventud ¡os clásicos latinos paganos,
que adjunto a U. al fin de esta carta. Pero como escribo con mucho
cuidado al dar a luz algunos de mis pobres escritos, en razón del
respeto que se debe a la sociedad, y de la ütilidad o daño que pro­
duce la prensa, despues de im prim ir dicho parágrafo y antes de con­
cluir la impresión de mi Compendio, m e ocurrio consultar a quien
mas sabé, y escribí al Ilustrísimo Sr. Solían o en estoé térm inos:
L*gos, 2 G de Ja;:n io de 18^2. .
T l^o.1Senbr X)í»ctor y Maestrp t). José M aría de Jesús Diez de
(1) D í b e 8ó t
Sóllaño y Dávalos, Dignísimo Obispo de León.
Leoti.
Mui respetable Señor de mi especial afecto.
Tengo el honor de adjuntar a Vuesa Señoría llustrisim a las pá­
ginas 15(5 y 157 de mi Compendio de la H istoria Romana, en las
que lie escrito y procurado probar este articulo: Filosofía d>i la JU&-
loria. Utilidad de enseñar a la juventud los clásicos latinos paganos. A mi
me parece una verdad; sin embargo, como enjuicio individual está
ta n sujeto a errar,y como'algunas personas instruidas opinan en con­
trario, suplico a Vuesa Señoría llustrisim a ques en los momentos
que se lo perm itan sus m uchas e im portantes ocupaciones, me ha­
ga favor de decirme su mui respetable juicio sobre esta m ateria, y
en caso de que sea contrario, exponerme las razones en que se apo­
ye, pa-a hacer yo las reformas necesarias al mencionado articulo, an ­
tes de que concluya la impresión de este pequeño libro, que será
dentro de quince dtás.
Dígnese Vuesa Senaria Tlustrisiína dispensarme esta molestia, y
aprovecho la oportunidad para saludarlo con'profundo respeto, co­
mo bu afectísimo y atento seguro servidor que a V.uesa Señoría I-
lustrisim a b ésala mano.
lim o Seüor.
A g u s t ín B iy e b a .

Su'Señoría llustrisim a se dignó contestarm e en estos térm inos:


S r, Doctor D. A gustín Rivera.
- “ León, Julio 3 de 1S 7“2.
Muy Señor .mió:
Contesto su grata efe cfel próxim o pasado, en que Ud. se dig­
na preguntar mi parecer só b rela utilidad de enseñar á la juventud
los clásicos latinos paganos. La cuestión que Ud. me propone es
m uy delicada, y yo me contento con rem itir á Ud. al A bate Gau-
m e en,,sus obras “El G usano roedor de las sociedades m odernas” y
la “Historia de la Revolución” que es su com probante; asi como al
P . V entura en su obra “El Poder Político Cristiano,*5 discurso se­
gundo sobre la necesidad de una reform a en la pública enseñanza en
ínteres de la religión, y el tercero sobre lo mismo, e n in te re rd e la li­
te ra tu ra y de la política.
E n cuanto 6 las razones que Ud. indica en las hojas que m e in­
cluyó, solo diré qfue la prim era la rebaten enérgicam ente los auto­
res citados: la segunda tiene en su contra el uso de diez siglos en­
— 4—
teros de la Iglesia, desde San Agustín iiasta el llamado renací ojien
to, en que comenzando por el método trazado por San Gerónimo
(Bpist. ad L u í iam, de Educ- Jihae), aconsejado por Sam A gustín (De·
Doctr, Christ.), expuesto por Casiodoro (instituí.), adoptado pjor Ai-
cuino y m andado por Carlomagno, se liizo la enseñanza de la ju v en ­
tud en los Libros Sagrados y en los Padres de la Iglesia, hty?ta el
grado que el Concilio IV de Cartago prohibiera á los miamos Obis­
pos: Pagtmorvm Ulros non legant. L a tercera tieíle en su contra al mis­
mo San Gerónimo que Ud. cita, quien dice hablando de los versos
de los poetas y de la oratoria y filosofía pagana: Dacmwmm cíbus est
carmina jjoetarum, socollar i$ sapientia, rhetaricorum pcmjja verhorv.m
etc.; á Orígenes (Jlom. 2. a in Ilier), y mas expresam ente 6 San A-
gustín; An haecpraeponmda ei~ulienda indolijuvenLutis? (Ep. ad Necf).
Finalm ente la cuarta razón la tom a Ud. de la Encíclica de 21 de
Mareo de 03: esta la he leído por entero en el tomo 2. ^ de ta 2, ^
serie de la “Civiltd C ató lica/'y por todo el tenor se echa de vór que
se habla de loa elenyos, que empapados en la divina Escritura,
Santos Padres, Teología etc. (1), aprenden despues de esto la ele­
gancia de hablar, así en las sajñeniísimas obras de los Padre», como en
los mas Insignes escritores paganos “expurgado^ de toda suciedad;”
lo qué nada prueba en favor del m étodo en cuestión; pues como di­
ce el P . Ventura, no hay inconveniente en que despues de bien e m ­
papados los jóvenes “en el estudio mas serio de la verdad, de la
grandeza y de la im portancia del dogma y la moral, en loa Libros
Sagrados y en las obras maestas de la literatura ó ristian a/’ ap ren ­
dan el estilo y forma de los clásicos paganos. Este mi humilde pare­
cer, puede Ud. reformarlo segtm su profundo saber que yo respeto.
frémito á tfd . etc.* (Ííegócío diferente).

Con fecha 5 de* Ju lio tu v e la honra de enviar al Iten&íSeñor Obis­


po mi contestación, de la qué se mé pasó dejar copia, pero recuer­
do bien que en sustancia decía asi:
Se digna decirme Yuesa Señoría Hustrisima qne el ’AbaÉ^^Gftu-
(1) £ s d e tír^ tfe aegun lo Eacíolica no se debo eneeuar loa diisícoe paganos a los jó-
jijvenes que aspifan aleacordocio, n n o hasta despiiog que Layan cursado Teología, Sun'
ta E s c rito ra ,e tc .lis decirqufcéuando están próximos a recibir el presbiterado ec Tes debe
4 e e irv “Ao ее pueden ardertiar fraefa que estudien la»Piíbulae do íV áro, las Orne ¡tures do
Cine ron, V irgilio у H игрció." Con el debido respeto a Su SeÜorii^natrífifmn y «n virtud
de una líeLte ¿jfpuúon, d ig o q n e ó reo <ще nada ck· «ato diera la Enafclicn, qn# no es es­
te la mente del £ftuvtq iTadro, y que entenderla do esta moliera,’es torcerlo notoriam ente
paru acomodarla a uñ sistem a particular.
me en sus' obras E l Gusano roedor y la Historia da la Revolución, y el
Padre V entura en su Poder Político Cristiano, discursos segundo y
tercero, rebaten enérgicam ente el método de los jesuítas. Yo no
tongo esas obras ni las puedo conseguir aqui pronto, y por lo mismo
suplico a su Señoría Ilustrisim a me haga el favor de decirme, si los
mismos escritores niegan que los jesuítas ensenen a la ju v en tu d los
clásicos paganos, o suponen que los enseñan y dicen que su ense­
ñanza es errada; aunque esto último parecen expresar las palabras
de Yucsa Señoría Ilustrisim a.
Tam bién me hace favor de decirme que ha leído in té g ra la Encí­
clica de 2 L de Marzo de 1853, y que por su contexto se-eeh* de ver
q u eh ab lad e loa clérigos, a'quicncs no se debe enseñar según Vuesa
Señoría Ilustrisim a las clásicos paganos, sino d esp u esq ü e hayan es­
tudiado las facultados mayores· Tampoco tengo esta Encíclica ín­
tegra. El Sr. Rector del Seminario de G uadalajara, en su Informe
del mismo establecimiento leído a principios de este año escolar, no
cita mas que las palabras conducentes a su prop.ósito, que es el mis­
mo que el mió, y de dicho Informe tom é las referidas palabras que
he sentado en mi Compendio. P or lo mismo ruego a Vuesa Seño­
ría Ilustrisim a, que cuando se lo perm itan sus muchas ocupaciones
me haga favor de trascribirme, no toda la Encíclica, sino únicam en­
te el párrafo integro donde se hallan esas palabras, p ara reform ar
mi juicio, si fuere necesario
Su Señoría Ilustrisim a me hizo favor de contestarm e en estos té r­
minos:
Sr. Doctor D. A gustín Rivera.
....... . X e o o rju lio 25 de IS727 ~
Muy Señor mió y de mi especial aprecio..
P o r haber ido á G uatiajualo y al mineral de la Luz", nb tecíbi á
tiempo sil apreciable do 5 del corriente que hoy contesto. Siento
mucho que.no tenga Ud. á la m ano las obras de G aum e y V entura,
p ues dau znucha luz en el asunto que nos ocupa. L a refutación que
hocen del sistem a de los Jesuítas, por lo que m ira á la enseñanza
d e los clásicos, no es negando que los Jesuítas hayan em pleado es­
te; método, sino m ostrando los funestos resultados que ha tenido y
exam inándolo bajo sus diferentes respectos, con una erudición quo
ad m iiay con una filosofía que encanta. G-aume li^ce ver que Ja. Kc-
volucion francesa del siglo pasado bajo todos, sus aspectos, fue ía
consecuencia lógica y práctica de la enseñanza- y el Padre
V entura cita á varios celebérrimos Jesuítas, q ’iíc previeron, los u-
ños y confesaron Tos otros esto mismo rebultado-
— G—
Lia Encíclica la tengo en italiano, el párrafo que Ud. desea dice
á la letra: “Siendo conocido y m anifiestocuanto ayü#a á la pfespe-
ridad de la Iglesia, no menos que del Estado, la buena^educacion del
clero .. . , proseguid (dicé á los Obispos franceses) en no dejar liada
que desear, á fin de que los jóvenes clérigos en vuestros Seminariós
se formen a su tiempo en toda virtud, piedad y espíritu‘eclesiástico;
que crezcan en la humildad, sin la que no podemos agraciar ЙDios,
y asi mismo en las letras hum anas, y en la disciplina mas severa es­
pecialm ente sagrada, y lejos de todo peligro de error sean asi dili­
gentem ente instruidos, que puedan ad q u irirla verdadera elegancia
de h a b la ry ^ "e sc rib ir, la elocuencia, ya en las sapientísimas obras
délos Santos Padres, ya en los mas insigues escritores paganos, ex­
purgados do toda suciedad; pero mas principalm ente puedan conse­
guir la perfecta y sólida ciencia de la Teología, d é la Historia ecle­
siástica y de los Sagrados Cánones, en autores aprobados por esta
Sede Apostólica.” P o r aqui se vé: primero que se tra ta dé clérigos·,
segundo que se instruyan á su tiempo; tercero que esta instrucción
sea principalm ente en la Teología, Historia eclesiástica y Cánones;
en arto y que la elocuencia se aprenda en los Padres de lalglesia y es­
critores paganos bien expurgados; y y a;se ,vé que de esta m anera
no habrá ningún peligro. Ademas, me ocurre que esta Encíclica es
dirigida á los Obispos franceses, y el Santo Padre quizá lo que pre­
tendió fué corregir en lo posible la educación acostum brada en los
Seminarios Galicanos, y por eso m arca que sea la enseñanza de la
Teología,^Historia y Derecho jio r autores aprobados por la Santa Se­
de; y si la prudencia aconsejaba no excluir det to^Q ^loSautores p a­
ganos para la elocuen с ia , se nota que puso el Santo P ad re lá ta x a­
tiva de exjwrgadbs·, y athSftftsrqiaiso que de preferencia se estudiéran
en este mismo ramo las sapientísim as obras de los Padres, queco-
locó <en prim er lugar (1).. ^ .

{Г] E n mi bom ilde juicio el Santa Podre lio u*a palabras daprcfcrtncij, sino de igual
dad'· ivm<x tapien iw nm isPatrum operibus, tum ex c!añsñm i& ethnicitsaiptm bvs: “íantoea
las sapientísim as obras do loe P adres, como en lo» ceclatccidñirooe ee<JiitOMr|lá§SW5í .’’
V case el D iccionario L atino, verb. T u m , j el D iccionario C astellano, verb. Tonto.
S uS efioriálluetrísim a dice que el Sumo Pontifico quíeo que de preferencia se estudiaran
on este mismo romo las sapientísim as obras de los Podres, y se apoya en que "loe coloc^
en prim er lgg'ár.,r Aún suponiendo que fuera así, seria un argum ento débil; pero e e ü lü
iúTéfSü. H ablándose con: propie do.d gram atical (como вс Ъ&Ыа on К о т а ), cuando её di­
ce tanto éh arto a m o en a to otro, aunque atendiendo a la serie m aterial de las palabras « -
¡o está prim ero que a to otro, en el orden de las ideas teto círo está prim ero que u to . E-
Jemplo: “Т о doré cate mea tanta como te di el posado.” P a ra saber cuantos« Загц en esto
т г в , es necesario sab er prim ero cuanto sed ió en el paeacto.

fc ih lin tfín a N a n in n a l ri& Р .ч п а п а


Esto me ocurre de pronto, y lo someto al recto juicio de U., que
es juez com petente.
¿Recibió U. etc. [negocio diferente).
Su afectísimo servidor y Capellan que atento B , S. M.
Jo sé M iuia de Jesus, Obispo de Leos.
A vuelta de correo tuve el honor de contestar al llustrisim o Se­
ñor Obispo en estos términos:

Lagos, 28 de Julio de 18^2.,./^


llustrisim o y Reverendísimo Señor Doctor y Maestro Don Jo sé
M aria de Jesús Diez de Sollano y Davalos, Dignísimo Obispo de
León.
León.
Mui respetable y amado Señor.
Recibí la m ui aprcci&ble de Vuesa. Señoría Ilustriaim a de 26 del
corriente, en la qué me hace el favor de manifestarm e integro el
párrafo respectivo de la Encíclica; y en contestación tengo la hon­
r a de decir a Vuesa Señoría, Ilustrísim a, con sumo respeto y al mis­
mo tiempo con la sinceridad con que debe hablar un hombre, que
mi opinion sobre los clásicos paganos, es la mism a que asentó en
la s páginas 156 y 157 de mi Compendio de la Historia Romana, y
que me ha confirmado en ella el párrafo referido.
Omito entrar en el desarrollo de mis cuatro fundamentos, y en la
extensa contestación a sus m ui respetables razones, por que «sto,
en un sacerdote como y muchísimo a V oesa Señoría Ilus-
trisim a en el orden eclesiástico y en letras, parecería una especie
de atrevim iento. Unicam ente presento a Vueea Señoría ¿lustrLsi*
m a con todo acatam iento los puntos siguientes, que yo locaría si
en trára en dicho desarrollo. 1 . ° Respecto de la razón tom ada de
la nueva doctrina del Abaté^G aum e y del P ad re V entura, pondría
en el platillo de « n a balanza la autoridad de los jesuítas, y en otro
la del A bate G&ume y del P ad re V entura. Y a conseguí el Poder
Político del segundo, y voi a procurar la "H istoria de la Revolución
francesa” del primero. A un suponiéndo que las doctrinas de estos
dos autores fueran superiores en lo especulativo a las de los escritores
de la Compañía, ellos no tienen los conocimientos prácticos y trad i­
cionales q u e los jesuítas en la enseñanza de la juventud.
2 . ° A veriguaría si la Revolución francesa y la corrupción m oder­
n a se han debido á la enseñanza de Cicerón y de Virgilo, hecha con
discernimiento, o a otras causaa universales, radicales y poderosas
—8—
E n un discurso contra los clásicos'se cita al A bate Gaume, quien
dice que los revolucionarios .francesas im itaron muchos hechos de
la H istoria Román a, y esto éqnfy¿le:H rdéCrí\quc'se deba prohibir
no solo la enseñanza* “d e ío^oTasrcbs, -¿mó liítótHí la dé la Historia, y
tam bién el fuego y el .petróleo 7
3. ° P or lo que toca al tex to de San Gerónimo: Daemorum cibui eét
carmina poeiamm (“Los versos de los poetas alimento e s d e demo­
nios”), distinguiría la matei'ia de forma, recordaría la condícion de
m i proposicion: con discernimiento, y lo com pararía con la doctrina del
Santo P adre quien llam a a dichos poetas exclarecidísimos.
4. 0 Respecto de la doctrina de i>an Agustín, en. su cuestión: A n
haec fi'acponenda etc. trataría de la sociedad semipagana del siglo V,
tan débil en la fé, y de cuyos ojos y oídos r . ncccsario afiartar abso­
lutam ente toda cosa pagana. Á los hebreos les eran mui dañosas las
imágenes, y el piadoso rey Ezequias tuvo que destruir hasta la única
que tenían, que era la Serpiente de metal, y hoi son mui provechosas-
Me mortifica citar estos hechos a un Prelado, cuyas sapientísim as
Pastorales manifiestan sus profundos conocímcntos eu las Escri­
turas, y lo hago únicam ente por via de discusioii. En el siglo XVI
era m ufperjudicial m anifestar a los indios sus ídolos y otros monu­
mentos aztecas, y hoi es mui provechoso. El jn ism o crucifijo era
mui dañoso a los neófitos en los primeros siglos, y nunca se les mos­
trab a (Mis Cartas sobre Roma, carta XIV, § Símbolos); y hoi es su­
m am ente provechoso.
£>. ° El Sumo Pontífice quiere que se enseñen los clásicos p ag a­
nos “a los jóvenes clérigos,” para lo cual basta que estén to n su ra­
dos.( 1), y esto me parece confirmar mi opinión de que "es m ni ú-
til enseuar*íos claai^BB pagsnUjam i1»-juventud.' Dice el Sauto P adre
hablando de dichos clásicos: expurgados cfetoéfa iuciéOct&^y creo q ue
es lo mismo que yo he asentado : “e£ m uy útil enseñar los clásicos
paganos a la juventud con díxcertuiniento. 'PsLva. cum plir con esa pre­
vención pontificia me parece que basta que el catedrático enseñe á
los jóvenes unos pasajes y no les m uestre otros; pero aun suponien­
do que sea necesario u n a edición y un texto con selección de pasa­
jes (lo qué seria mejor), dicha edición ee un dis&ermmiento compren­
dido en mi proposicion. Repito que hago a Y nesa Señoría Ilustrisi-
m a esta manifestación con sumo respeto, por que si en la discusión'
coq.cualquiera persona se debe usar de atención y moderación, m a­
yores son las que debe guardar iin inferior al h ablar a un superior,
(1) E n L&s palabras júven u clérigos están comprendidos lo· gram itiaóB tonfturftdrK^
pomo fcui muchos en los Sem inario· de Europa conformé a lo» Cánones, y como vi alga-
nos en oí Seminarlo de AtézLco, siondo S có to r de él ol lim o. Seuor So llano.
y que lo hago únicamente por necesidad, pues do otra m anera da­
ría lugar a pensar, que escribía al público sin meditación y con lije-
reza. A pesar de todo, desconfiando de mi juicio individual y ha­
ciéndolo a un lado, y por un ju stísim o respeto al sentir de Vucsa
Señoría llustrisím a, voi a qu itar enteram ente dé las páginas 150 y
157 de mi Compendio la doctrina sobre clásicos paganos, y a po­
ner en su lugar otra m ateria (diversa de la de los clnsicos y análo­
ga a los antecedentes). cüjro m anuscrito tengo y a p reparadoy se im ­
prim irá dentro de tres o cuatro días. Cuando consulto.a.un superior
sobre una cosa dudosa, no es para cuestionar, sino p ara obedecer,
anteponiendo su respetable juicio al mió.
Soi de Y uésa Señoría llustrisím a afectísimo y mui atento seguro
servidor que le besa la1m anó .
lim o. Sr.
A g t .s t i x R i v e r a .

El día -°» de Agosto próximo pasado el Sr. Presbítero Lic. D, J o ­


sé -VI. 65 Gordoa, que vino a esta ciudad con motivo de la feria, me
dijo: “El Señor Sollano me ha dicho: " E l Doctor Rivera y yo tene­
mos una cuest-ioncita sobre los clásicos.” Yo le co n testé:‘ H a sido
una consulta que hice al Seüor Obi^.o, sobre mi opinion en favor
de la enseñanza de los clásicos pagan 03 a la juventud, la cual im pri­
m í en mi Compendio de la Historia Komana. Su Señoría Tlustrí-
sima fué de opinion contraria, y yo le ho contestado que prescindía
de la mia, y que he m andado q u itar de mi Compendio esa doctri­
n a / ’ Me respondió: “ Si, tam bién me lo dijo el Señor Obispo: que
U. habia cedido, q u e h a b ia c e d id o ^ ‘ !
El 7 del mismo mes pasó pur esta ciudad p a ra A guascalientes D.
Tiburpio Medina, estudiante de TeéJd^fTcti elS'étUfriftríQ detLeonyvi­
no a mi casa y me dijo: "El P ad re‘Correa es a quien toca pronunciar
al fin de este ano escolar el discursó acostum brado: el Señor Obis­
po le lia encargado que la m ateria dél discurso sea precisam ente
probar que la enseñanza de los clásicos paganos es peijudicial a la
juventud. E 11 el Seminario yo he defendido la opinion de U .” Al
consultar al Ilustrisim o Señor Sollano, yo no previ que hiciera pasar
este asunto del terreno epistolar y privado al terreno académico y
público; sin embargo dicho asunto 110 era reservado ni tenia poi­
que serlo, y por lo mismo Su Señoría llustrisím a hizo miüi bien.
Asi es que, no contesté al Sr. Medina m as que estas palabras: “Me
parece m ui bien que se haya elejido esa m ateria, por que es mui
— — 10
propia de un discurso académico en un Seminario."
Compré cu México 1a Revolución f ranccsa por Gaumc.
Quité de t u Compendio la m ateria de clásicos paganos, por h a­
bérselo prometido asi al limo* Señor Obispo, e im primí en su lugar
o tra análoga.
A mediados de Noviembre próximo pasado, D. Manuel de Alva,
tflu d io n te de Teología en el Seminario de Lcon. vina'a vacaciones
a esta ciudad y a hacerme una visita, y me dijo: “El Señor Obispo
me ha dicho: “Dele U. al Señor Dr. Rivera mis afectuosas memo­
rias, y llévele uuas casillas (convites en que se expresan las m aterias
ile exam en) de los exám enes públicos de G ram ática latina, para que
vea que aquí tam bién enseñamos los clásicos paganos, que tam ­
bién los enseñam os.” Pasó en seguida este diálogo: le dije: “¿Donde
están las c a silla ^ —No traje, porque se imprimieron pocas y se aca­
baron pronto.— ¿El discurso del Padre Correa fue sobre los clásicos
paganos?— Si Señor.— Y ¿qué dijo.^— Que sch ab ia de enseñar a la
ju v e n tu d los clásicos cristianos y también los paganos.—Pues en­
tonces estam os conformes.— Si Señor, yo creo qae sí. Asistí por su­
puesto al discurso, al qué asistió tam bién él Dr. Gal van, y lúe-
yo que concluyó me acerqué a él y ledije: “Me parece que no lia si­
do Combatida la opinion del Sr. Rivera;” a lo qué me contestó: “Yo
croo lo mismo: las razones del Dr. Rivera están en pié.” D. Manuel
m e añadió: “La única diferencia que noté en el discurso y que re­
cuerdo en este m«mento, e8 que dijo el P adre Correa que se habían
de enseñar los clásicos cristianos y los paganos, peto con preferen­
cia aquellos sobre estos.” “ Esta es, le contesté, una añadidura que
so hace a la Encíclica por vía de mejora, pues el Santo Padre no dice
eso. Sin enbargo, que en la prim era m itad del ano escolar se ensé­
ñen lo s cUsicos cristianos,<y « a la aeguüda m itad lus clásicos paga­
nos, o que se enseñe algo mas de aquéllos ¿fue d.e~esto3|n o hace al
caso.” ...... ..........
Concluí la impresión de mi Compendio, y al volverse a L een D.
Manuel de Alva, rem ití por medio de él al lim o. Señor Obispo un c-
jem plar em pastado y le escribí en estos térm inos: "Lagos, 0 de Enero
de 1873.— lim o. Señor Doctor y Maestro .Don Jo sé M aría d e J e s u s
Diez de Sollnno y Dávalos, Dignísimo Obispo de León.—L con.—
Mui respetable Prelado de la Iglesia M exicana.— Tengo el honor de
saludar a Y uesa Señoría llustrisím a, y de adjuntarle mi Compendio
de la Historia R om ana. P o r el cambio hecho en las páginas 155,150
y 157« verá Y uesa Señoría llustrisím a, que he cumplido con lo que
le prom etí en m i corta de 28 de Ju lio próxim o pasado: de quitar
—Il­
la m ateria de clásico?, contra mi opinión, y únicam ente por respe­
to a la de Yuesa Señoría llustrisim a, He sabido que despucs de mi
referida respetuosa contestación, se pronuncio en el Seminario de
Yuesa Señoría llustrisim a tin discurso relativo a los clásicos paga­
nos, y deseando saber los térm inos de dicha pieza oratoria, ruego a
Vucsa Señoría llustrisim a que si está impresa, m e lu g a favor de
regalarm e un ejemplar, y .jin o lo está, fie digne rem itirm e una co­
pia, pagando yo el im porte de ella.— Me parece conveniente avi­
sar a Yuesa Señoría llustrisim a que desde Setiem bre próxim o pa­
sado me vino de. Ptn is el Heinfenstucí ( negocio diferente. J — Soy de
Yuesa Señoría llustrisim a con todo respecto afectísimo y atento se­
guro servidor que le besa la mano.— lim o. Señor,— A o rs n x R iye-
iía .
Su Señoría llustrisim a se dignó contestarm e en estos térm inos:
León, Enero t> de 1873.— Si·. Doctor D. Agustín R ivera.-L agos.—
Mi m uy estimado Señor de mi distinguida consideración,— lia sido
en mi poder su m uy recom endable de V. de fecha 0 del actual, asi
como su Compendio do la H istoria Romaia* que me dedicaen expre­
sión de su dedicatoria “con el respeto debido a mis vastos conoci­
m ientos." Ojalá y estos no fueran tan pequeños como en realidad
2o son, pues solam ente la benevolencia de Ud. puede dar tal califica­
ción a la pequenez de mis luces.— Y eoque en la erudita obra que
U. me dedica, ha omitido contra su opinion y solo por respeto a la mia
la m ateria relativa a los clásicos paganos; agradezco a Ud. como es
debido la deferencia y consideración, y le suplico y recom iendo que
lea las obras del Padre Yentyjcft.jfedal· A bate G aum e, que tra ta n ex-
profe&ó d e lá m alaria, pues con esta lectura, no dudo que en la eru­
dición de U. liará suya mi opinÍQttr^Bi^diaciBiBOi de la -diatcLbucion
de premios1eti m i Séftfiüáífo Conciliar, no es mió sino del catedrá­
tico que lo pronunció, y no se ha impreso, por lo cual no se lo re­
m ito á U. como desea.— Celebro mucho qué y a tenga Ud. etc. ( ne-
gocio diferénte.)-^-Concluyo con reiterar á Ud. las consideraciones
de mi m as distinguido aprecio, quedando como siempre su afectísi­
mo servidor y capcllan que atto. B .S . M.-1- Jo sé María de Jesús, 0 -
bispo de Lcon.
E sta es, mi am ado amigo, la hi&toria de este asunto literario. En
los ratos que me lo perm iten otras ocupaciones preferentes, «stoi
lej'endo la voluminosa obra de O aum e en. 6 tom es en é e , escrita
toda contra la enseñanza de los clásicos pagano«,-y despues leeré
las dos largas Conferencias d e lP . Y entura'sobrB io mismo. No me
parecen sólidos los argum entos de Gaume; pero no le digo a Ud.

fíih lin te n a N a rin n a ! rio F ir ta ñ a


—12—
bada aocrca de esto, por que puede вег que éste, esunto pase al
terreno de la prensa, y no me parcGeconveniente*aiiÜcipap mis ra­
zonas. ,
P ara no m olestar a Ud. m as concluyo haciéndole esta sola re ­
flexión. El Ilustrisim o Señor Sollano en sus cartee h a combatido
mi opinión, y todavía en la últim a me dice.* "le suplied y recom ien­
do que lea las obras del P adre Ventun^y* del A bato Gaumc qno
tratan exprofeso de la m ateria, pues con esta lectura, no dudo que
en la erudición de Ud. hará suya mi opinion.” De todo se deduce
que alborecer la opinion de Su Señoría Illuatrisim a es contraria a
la cfaseñanza de los clásicos paganos a la ju v entud; pero en la rea­
lidad creo que Su Señoría Ilustrisim a lia aceptado mi opinion, pues
no hallo en que este:nos desacordes. Si lo estuviéramos, seria cu
alguno de estos capítulos: 1 ° en que Su Señoría Llustrisim a^pina-
ra que se enaguaran a la ju v e n te d los clásicos cristianos, y yo opi-
n ára que no se enseñaran; 2 ° en que Su Señoría Ilustrisim a, opi­
n ara que se enseñaran a la juventud los clásicos paganos ex p u rg a­
dos, y ..yo opináfa quo so enseñaran no expurgados; 3 ° en que Su
Señoría Ilustrisima opinára que no se enseñaran a 1a ju v en tu d ios
clásicos pagados en las cátedras de G ram ática, sino hasta que con­
cluyera las facultades mayores, contra mi opinion de que se le
enseñen en las cátedras de G ram ática latina, que es el m étodo de
loa jesuítas» Mas on ninguno de estos tres capítulos estamos real·
menle desacordes. No 6n cuanto al 1 ° ,p o r que yo jam as he dicho
que no se enseñe a la juventud loe clásicos cristianos. Mi proposi­
ción que imprimí fué y es esta: E s m m vtü enseñar a juventud a
San (■hr.mdTrWi Fj'mfetmfyy QÍroa .¿¡ios. Pudras y clásicos cristianos, y
también a Cicerón, Virgilio, Horacio y otros clásicos, paganos coq фасег'-
nimiento. Jso en cu an to .al<2. ° , por que tampoco he dicho que se en­
señen a la-juventud los clásicos no ecptírgados, sino con disccrmmien-
to, no enseñándoles lo malo,.eino únicam ente lo bueno. No en cuan -
to al 3 ° , por que.por orden del Ilustrisimo Señor Obispo se han e n ­
señado,· y so siguen enseñando los clásicos paganos en el Seminario
de León en las cátedras de G ram ática latina, y Su Señoría Ihistrisi-
m a ha dicho a D. M anuel de Alva: “Lleve U. al Dr. Rivera algunas
casillas de los exám enes públicos de G ram ática L atina, p ara que
vea que aquí tam bién enseñamos los clásicos .paganos, que aqui
tam bién los enseñam os.” Repito pues; q u em e parece que Su Seño­
ría Ilustrisim a ha adoptado mi opinion.— Soy de Vd. afectísimo a-
migo y atto . S. S. Q. B. S. M. — Agustín R ivera.'''
n1
'•Filosofía de la historia. U tilidad de enseñar a la juventud I03
clásicos latinos paganos.
¿Es útil enseñar a los jóvenes los clásicos paganos? 0Es nocivo?
¿Es mejor enseñarles los Sontos Padres?
Est modas in rebus: sunt cerfí denique fines,
Qnos idira citraque nequit considere redum.

Si en las m aterias controvertibles cada uno puode em itir su mo­


do do-pensar, y cada tino debe respetar el juicio agénó, en nuestro
humilde juicio es m ui útil enseñar a la ju v en tu d a San Gerónimo,
Prudencio y otros Stos. Padres y clásicos cristiauos, y tam bién a
Cicerón, Virgilio, Horacio y otros clásicos paganos con discernimien­
to. Nos apoyamos, entre otras, en las siguientes razones, que nos
parecen m ui fuertes y diremos en breves palabras. 1. La ense­
ñanza modelo, que es la de los jesuítas, los qué enseñan a la ju v en ­
tu d los clásicos cristianos e igualm ente los clásicos paganos, advir-
tiendo que la Compañía cuida, no solo de la instrucción literaria de
la juventud, sino principalm ente de su educación moral. 2. p E l a-
precio de largos siglos en que han sido tenidos los clásicos paganos
por todos los sabios, y la enseñanza que han hecho de ellos a la ju ­
ventud. 3. 53 San Gerónimo, San Ambrosio y los demas Stos. P a ­
dres aprendieron las bellezas de su estilo en la Biblia y en los clá­
sicos gentiles. A hora bien: conviene dar a la ju v en tu d a beber en
la fuente ( l) . 4 . 88 Pió IX en su Encíclica de 21 de Marzo de 1853
dice: “Puedan aprender (los jóvenes estudiantes) la legitim a e-
legancia de hablar y de escribir, la elocuencia, tanto en las sapien­
tísimas obras de los Padres, como en los exclarecidísimos escrito­
res paganos.” (2) El Santo Padre sabe m ui bien q ue los clásicos
hablan en sus libros de la m itología pagana, como que era la reli­
gión de su tiempo] sabe mui bien que Cicerón, Horacio y los mas
de los clásicos paganos fueron pésimos en sus costumbres, y sin
em bargo los llam a esclarecidísim os en sus escritos, y quiere que
se enseñen a la juventud. Si se recurre al tuciorismo (y esto ape-
sar de la razón 1. p ) la 4 . 88 razón no deja lugar ni aun a él, por que
el P apa cuida las almas maB que nada y mas que nadie. No es cier-
(1) “ H ablo de las bellezas del estilo, ele la forma, ta n necesaria p a ra h ab lar eon e -
ficacia y con fruto. Respecto del pensam iento, Bin duda que los oláaiéoe cristianon no­
van infinita ventaja a 'lo s paganos, como lo manifiesto m u adelante en mi § “ Evangelio
y Muerto de Jesu cristo .”
(2 ) G trm anam d ie tn d i scrihcndiqitt elcgan tiam , eloquentiam t íum t i 'tapien -
(¡ttim ir P a tru m o piribu s, tum ex cla risiim is ethnicis scriptoribus adiseere ualeant.
- li­
to que la sublimidad y belleza de los clásicos paganos no es ver­
dadera, y que esta solo Be encuentra en el Cristianismo, por que el
P apa dice que la sublim idad y belleza de dichos clásitíos eg genna·
wer, es decir legítim a y verdadera. Tampoco dice la Encíclica, que
se enseñe a los jóvenes mucho de los Stos. Padres y mui poco de
los clasicos paganos, sino que dice que tanto de unos como de o-
tros. El mundo está lleno de opiniones exclusivistas; mas la doctri­
na de los Pontifices no está ultra ni citm, y todo padre de familia
y m aestro que la siga va seguro.’'
— 15—

PARTE 2Л
ADICIONES

h e c h a s рок A g u s tín R iv e r a e n 1 8 8 0 a l a C o rre s p o n d e n c ia e p is to ­
l a r ANTERIOR, PARA CONFIRMAR SU OPINION, REFUTANDO LAS EQUIVOCA­
CIONES d e M o n s e ñ o r J o s é G a u m e y d e l M . R . P. J o a q u í n V e n t u r a
DE R aU L IC A , SOBRE LA ENSESANZA DE LA B.ELLA LITERATURA CLASICA
TACANA A LA JUVENTUD DE LOS COLEGIOS CRISTIANOS, Y EN DEFENSA DE
l a E n c íc l i c a d e 2 1 d e M a r z o d e 1 8 5 3 s o b r e l a ш э м а a t e r í a .

M oditf loe uendi el »eñbcndi i4


catieris (fu a ip d tm по я tu n g u n t. est
u t ttutgis inniianiur ta íw n ti guárn
auctuntule cujusrumtfve doetoris,
q uantum cum qtic cdcLris O m nis ho-
rtut, d im itá is ratw nem jnnpter autlo-
ritatem h u m a n a m , ineitiii in i n t i ­
p ien liam .
S an А осзп .ч.
‘•З о н h o m b ro s m u i g r a n d e s ; p e ­
r o aiu e m b u rg o , h o m b ro s.’1
M eluiur C aso .

“II n’ Ы pasplus aiséúun hom·


tnc dt ft d tfa irt de fies p tejugn,
•q u t d* bruta su m auvn ”
Dt&CABTEH.
J*L D I С I O N ip

¿ P o r q u e SB p u b l i c o l a C o r r e s p o n d e n c i a e p i s t o l a r e n l a R e v i s ­
ta U n iv e r s a l ?

Mi instruido, laborioso y difunto discípulo y amigo el Sr. Lic. Eufe­


mio Mendoza y y o, tuvimos durante algunos años correspondencia
epistolar literaria, com unicándonos lo que estábam os estudiando y
escribiendo. P or cate motivo le com uniqué mi correspondencia epis­
tolar con el lim o. Sr. Obispo de León sobre clásicos paganos. Como
so vé a la pag. 11, lineaúltim a, le dije eu mi carta: “No me parecen
sólidos los argum entos de Gaume; pero no le digo aU . n ada acerca
de esto, por que puede ser qUe este asunto pase al terreno de la
prensa, y no me parece conveniente anticipar mis razones:’’ pala­
bras que indican que yo no tenia intención de queue publicara dicha
— 10—
Correspondencia, El Sr. Mendoza n^econtestó que ya se estaban p u ­
blicando las Cartas en 1a Revista. .Yo le, ccgntcsté que no se las h a­
bía trascrito p&ra que ge imprimieran; pero que tampoco me pare­
cía mal la publicación, p o rq u e no era un asunto de reserva, ni ten ia
por que serlo. En efecto,, el negocio haljia sido objeto de un acto
público en León, y hasta los jovencitos del Seminario sabían el a-
eunto de mis cartas al Iluetrisimo Sr· Sdllano.
J k . D IC IO N 2 f

E X P L IC A C IO N D E ESTA S PA LA B R A S: “ E S T A ES, L E C O N T E S T E , U NA
AÑA D ID U B A , Q U E SE H A C E A LA E N C IC L IC A P O It V ÍA D E M EJO R A ,
p u e s e l S a n t o P a d r e no d ic e e s o ."

Las dije por chanza: La chanza, siendo urbana, es expresión de á-


nim o contento y de am abilidad; m as ni por chanza habría dicho c-
feas palabras, si hubiera previsto que la Correspondencia se iba a
imprimir.
^ D IC IO N 5 »

E l R Á t i o S t u d i o r u í í . D a .^ o q u e m a c e n o i 14 . m i t o l o g í a .

E n mis “Pensamientos de Horacio”, que publiqué 1 1a lo después


de la Correspondencia epistolar con el llustrisim o Sr. Suu.u.no. en la
Nota 10. digo: ‘¿Esnecesário no olvidar la regla de S. Agustín: la du-
biis libertar, en m aterias opinables cada uno puede seguir la opinion
que mas le agrade: in ómnibus chantas; y cada uno debe respetar el
juicig ageno. Por lo mismo yo respeto el de personas eclesiásticas y
e¿éuW és,m iii conócidaís por sü sobresaliente instrucción que opinan
en contrario. Cuaudo hai conocimiento de causa por el estudio de la
m ateria, entendim iento libre de .preocupación por ta l o cual idea
nueva, conciencia exenta de escrúpulos, rectitud de intención, fuer­
za de razones y claridad y suavidad de lenguaje, es mui fácil conve­
nir en opiniones. P or mi parte creo que conviene pensar sobre el lia -
tio Studwrum, o plan de estudios de la Compañía,que fue concebi­
do, m editado y formado por grandes sabios; que ha sido aprobado
por los Sumos Pontífices; que uo ha durado un añ<? ni dos, para
ser sustituido por otros veinté, sino por el espacio de algunos siglos,
y que está vigente el dia de hoi; que no rige en uno que otro co­
legio, sino en todos los que tiene la Orden en todo el m undo; que
por lo mismo debe ser una obra que contiene alguna sabiduría y
utilidad, y según la doctrina del mismo Horacio, un m onum ento
— 17—
un poquito mas pesado e indestructible quo las Pirám ides de Egip­
to . . .Si la enseñanza literaria de los jesuítas fes desmoralizadora,
debemos compadecer a todos los pueblos d éla tierra civilizados por
ellos, y debemos llorar por el joven San Luis Gonzaga, y por otros
muchos desmoralizados qne han entrado ern el cielo/'
“Es c i e r t o que en muchos pensamientos morales de Iíoracio van
mezcladas ideas mitológicas,: pero la mitología (sacando loa pasajes
obcenos) no hace daño alguno, no digo a los jóvenes, pero ni a los
n i ñ o s , los qué al oir hablar de los Dioses Inmortales, de Júpiter,
(palabras que en el siglo en queescribió S Agustín, en el que el m un­
do pagano se estaba convirtiendo al Cristianismo, producían una
grande impresión en las almas), del Cancerbero que tenia tres ca­
bezas, de Cipariso que fué convertido en ciprés etc. etc., no hice
mas que reírse; y si hai alguno tan bobo que crea que Horacio real­
m ente se trasformó en cisne, no es idoneo para la carrera de las le­
tras. La mitología es como el arm a de Priamo: enjlos principios, en
la época del catecumenado, era mui perjudicial; pero hoi us ¿tabelle
s iw ic lu ”
^ d íc io n 4»
L a O r a t o r ia . C a t e l in a r ia .

En los mismos Pensamientos, N ota 40, digo: “Aquí está la razón


por que es tau buena la Oración 1 * de Cicerón contra Catilina, su
obra m aestra y la prim era de todas sus Oraciones, según el juicio de
la m ayoría de los críticos.”
“Es verdad que en ella el orador romano habla con una gran­
de ira; pero con una ira patriótica y justísim a y que salvó a la
República. Pues qué ¿se había de haber andado respecto de Cati-
lina con imchito, michito, como dicen nuestros rústicos cuando quie­
ren am ansar cariñosamente a un gato? Rom a habría sido incendiada,
y la nación entera envuelta en una atroz guerra civil, porque como
añade el Crisóstomo: “L a prudencia irracional invita al mal, no solo
a los malos, sino también a los buenos'’ (Ibid); y el mismo Marco
Tulio en la Oración de que hablo dice: Jam me ipsuminerliae nequi-
tiaeque condanno. Es sabido que la oratoria no ha de ser siempre sua­
ve y tierna, sino diversa según los casos. El mismo dulcísimo A utor
de las parábolas del Hijo Pródigo y del B aen Pastor, usaba el lengua­
je de una grande ira cuando reprendía a los fariseos. P ara que, pues,
la enseñanza de la oratoria no sea m anca e imperfecta, debe presen«
tarse a la juventud, no solamente modelos de un género, sino de to-
— 18—
dos, por que de todos necesitará despues en su vida pública. Debe en­
señársele, no solo la elocuencia que arranca lágrimas de ternura en la
homilía del Cnsóstomo sobre la Misericordia de Dios, y en la Ora­
ción de Cicerón én favor de Quinto Ligario; sino también la ira sa­
ludable, la energía de lenguaje, la elocuencia ardiente y demostina
de la Catilinaria 1 a ; la santa elocuencia iracunda que sacudía la
cabellera de los Profetas; la elocuencia católica de 0 : Connell en el
parlamento infles; la elocuencia am etralladora de Massillon, que
hace a Luis XIV y a sus numerosos cortesanos cubrirse el rostro con
las manos al escuchar el Juicio Final. Asi saldrán los jóvenes ora­
dores cabales. Mui pronto serán hombres, y podrán hablar con la
debida vehemencia y eficacia en pro de las buenas causas,· en el pul­
pito, en la tribuna, en e] (oro y en el campo de batalla.

^ .D IC IO N 3 »

M u c h o s m e x ic a n o s il u s t r e s p o r b u s a b e r y v ir t u d e s s e f o r ­
m a r o n ’ , EN CUANTO A L A C IE N C IA D E H A B L A li Y E S C K IIÍIli, EN1 V I R G I ­
LIO Y EN OTROS CLASICOS PA GA NO S, Y NO R EC IB IER O N DAÑO.

En los mismos Pensam ientos de Horacio/ Nota 35, digoí “¿De


qué modo cuadros tan inocentes y sencillos, como los de esta oda
(1 ) y los de casi todas las églogas de Virgilio, podran paganizar a
la juventud? ¿Será posible que estas escenas idílicas hayan levan­
tado el cadalso y la guillotina? Mas joh dolor!, a la hora menos pen­
sada, la guerra, la calamidad y el exterminio, que respetaran otras
regiones de la ciencia, han caido sobre el pobre campo de Mantua,
el menos merecedor quizas, entre todos los campos profanos, grie­
gos y latinos, de tam aña desgracia. ¡Ai de ti Mantua! por estar m ui
cercana al burdel de Ovidio, a la recám ara de Luciano y a las
bacanales de Cátulo;
Mantua, vaemiserae, nimium vicina Cremonael
Al sonido-del clarín de guerra, que envuelve en una misma pe­
na a los culpables y a los que no lo son, huyeron los pastores con
sus vacadas y tiernos corderillos. Volaron las palomas torcaces de
Melibeo, que alegraran a muchas generaciones inocentes y paci­
ficas. Huyeron las abejas de Coridon que libaban el tomillo de Hy-
blea, cuya dulcísima miel gustaron sin perjurio de su Virtud, y no»
[t ] Beatm illt quiprotul negotiir.
— 19—
ofrecen en sus escritos, los Portugal, Munguía, S olano [ 1], O r m a -
cliea?, Najeras, Arrillagas, Camacho*, Espinosas, Pesados, Carpios
Sánchez de Tagle, Marianos Esparzas, A lam ares, Coutos, de 1a Ro­
sa y mil otros, si mil otros mexicanos ilustres de los siglos anterio­
res, sin que sepamos que alguno de ellos, haya tom ado una tea pa­
ra incendiar la casa del vecino. Todas tas cabañas se hallan desier­
tas, los cercados destruidos, seca la fuente de A retusa, secos loa a-
nsoj'os, y secos loa árboles del bosque: el álamo dedicado a H ércu­
les, el laurel a Apolo, el avellano a Pilis, el fresno, hermosísimo en
las selvas y el pino en los huertos. El rayo cayó sobre el ciprés, en
el que aquellos sencillos pastores veian representarla a Roma, y
el huracan derribó la tendida haya, a cuya sombra tocaba el dulce
Tí tiro su delicada zampona. A rruinada está la choza de Alfesibeo,
en cuya puerta l a d r e a de gozo el perro Hylas, cuando veia venir
a Dafnia. A pagada está el fogon de Tirsiq, que siempre ardia; solita­
ria la piedra « a que sentado Menalcas cantaba la apoteosis de Cé­
sar; y la (lauta d e Damon con la que celebraba los versos Mena-
tíos; la dulce flauta que infunde en la juventud el am or a la vida
pací6ca, libre de deudas y de intrigas, sea en el campo o en la ciu­
dad, el amor a la tranquilidad de la conciencia y a las costumbres
inocentes; la flauta de Damop que ha hecho derram ar lágrimas de
ternura a diez y nueve siglo»; que mas poderosa que la lira de ürfeo,
ha domeñado los corazones salvajes, ha sembl ado en las almas im á­
genes apacibles, les ha inspirado el am or a lo bello y a lo tierno, ha
suavizado los sentimientos y ha civilizado a la humanidad; que in­
mortalizó al P etrarca, al piadosísimo Tr. Luis de León, a Chateau­
briand y a nuestro Navarrete; que jam as puede dejar de la mano la
poesía idílica: la italiana, la española, la francesa, la inglesa, la a -
lem ana ni la mexicana, sin renuneiar a bu propia madre; esta dan­
ta triunfal yace en un rincón empolvada, habitación de la tejedo­
ra arana.—‘Condénese en buena hora la poesía impia y obcena de
Lucrecio, de Cátulo, de Ovidio y del mismo Horacio; descártese
tatíibien la égloga 2 ? ; pero ¿por qué ta n ta dureza con las demas
églogas de Virgilio?"

(1) Ve aso como he tratad o al lim o. Sr. S o lid o después de la polémica, colocándo­
lo a l lado de personaje* ta á em inentes p or su sai>ef y virtudes, como el Sr. Obispo P o r­
tu g al y el &r- Arzobispo Mixnguia, y cato no Bolo e? conrenaofones privadas, sino por
la r o z de la prensa. Y «n otra o brita que cataba imprimlcndó «til·loé primeros meses ilo
este año do 1880, intitulada "M iscelánea Selecta", a la pag. til digo: “ Escuchemos al sa­
bio Obispo do L eou.” V e u e puoskcomo j o so conservó después dú la polémica ningriu
resentim iento.
—20—
^ D IC IO N 6?

N e c e s id a d y u t il id a d d e l a e n s e ñ a n z a d e l a G r .o i a t i c a y d e l a
Iíe l l a L it e r a t u r a a l a j u v e n t u d .

Rollin en su Tratado de Estudios dice: “La inteligencia de las


lenguas sirve de introducción a todas las ciencias. Por las lenguas
llegamos casi sin trabajo, a conocer una infinidad de cosas, que
costaron largos trabajos a los que las han inventado. Por ellas se
nos abron todos los siglos y todoB los países; ellas nos hacen de al­
gún modo contemporáneos de todas las edades, y ciudadanos de
todos los reinos; nos ponen encestado de conversar hoi, con todos
los sabios que la antigüedad ha producido, y que parece han vivi­
do y trabajado para nosotros. Tenemos en ellos otros tantos maes*
tros, a quienes podemos consultar en todos tiempos, otros tantos
amigo?, a quienes encontramos a todas horas y en todas partes,
cuya conversación, siempre útil y siempre agradable, nos enrique­
ce el espíritu con mil conocimientos curiosos, y nos enseña a sacar
provecho de las virtudes y de los vicios del género humano. Sin el
auxilio de las lenguas todos estos oráculos quedan encerrados, y ca­
reciendo de la única llave que puede abrirnos la puerta, quedamos
pobres en medio de tan ta riqueza, e ignorantes en medio de todas
las ciencias.”
Pero Rollin no es original en ese pensamiento, pues muchos si­
glos antes que él habia dicho S. A gustín: “L a Gramática es la puer­
ta de todas las ciencias/ la cual abierta, se abren todas, y la cual
cerrada, se cierran todas.” El Santo habla principalmente de la gra­
mática latina y de la griega [ 1].
El gran literato Mureto dice: “A p a rta rá los jóvenes del estudio
de la lengua latina eB socavar los cimientos de todas las ciencias, y
no puede sobrevenir mayor peste o mas segura ruina para las artes
liberales” (2).
Cicerón, autoridad suprema en m ateria de elocuencia, dice: “H a­
blar adornada y aptam ente sin sentencias, es locura; y hablar sen­
tenciosamente, sin orden yjmodo de palabras, tam bién es locura” (3).
Ese modo no tiene mas que cuatro letras; pero ¡cuantas cosas en­
cierra/ Es el mismo modo de que habla Horacio cuando dice “Hai
(I) Grammálica est ja n u a omnium tcUntiarutn; qtta aperta, ornnei apenvnlwr, *t fita
claiua, ovina elauduntur.
(4) Lccoiones V arias, prefacio.
(3) De Qratore, vúm. 336.
— 21—
modo en las cosas:’’ E dm odusin rebits. Es el mismo modo de que ha­
bla San Agustín en una de sus Epístolas, cuando dice: "Platón, el
hombre mas instruido de rus tiempos, habló sobre todas laa cosas
de tal modo, que las grandes las dijo como grandes, y las de cual­
quier moda pequeñas, las magnificó con su modo de hablar” Ese
modo de magnificar las cosas y hacer interesantes a veces hasta las
pequeñas, como una circunstancia doméstica, una fruta del cercada
ajeno, una pregunta, una intelección, un adem an; ese modo de pre­
sentar las cosas cada una con el efecto correspondiente: como sen­
cilla, o como bella, o corno sublime, o como ridicula, o como p atéti­
ca; ese modo de m anifestar las cosas en su grandeza, ora en el que
San Vicente de Paul llam aba el alto pulpito, ora en la tribuna, ora
en el foro, ora en la academia, ora en la poesía lírica, en la bucólica,
en la comedia, en la tragedia, en la epopeya, en los escritos didác­
ticos, en las narraciones históricas; ese modo de deleitar la im agina­
ción, convencer el entendimiento y persuadir la voluntad: de delei­
ta r la imaginación y conmover el sentimiento en la poesía, a veces
I m ta un grado parecido al éxtasis; de convencer en un escrito di­
dáctico con una lógica irresistible, de m anera que el contrario cierra
sus labios y el enemigo se vuelve hacia atras y corre (1), de conven­
cer y persuadir en la oratoria; de arrancar la razón con la razón y
el sentimiento con el sentimiento; de hacer llorar llorando y hacer
reír riendo/de atravesar el corazon como con un puñal con una sim­
ple oracion del verbo ser, como la que dijo N athau a David: “Tu e-
res ese hom bre;’ ese modoeñ sumam ente diGcil, sin las reglas y mo­
delos de la Bella Literatura.
Virgilio dice que la poesía “es una cosa no pequeña:” res est non
'parta-, palabras que en su enfática concision quieren decirmucho.
Mma. Stael dice: “Guando se persistiera en ten er por perjudicial
la elocuencia, reflexiónese por un mom ento sobre cuanto es nece­
sario hacer para ahogarla; y se verá que sucede con ella lo que con
las luces, lo que con la libertad, lo que con todos los grandes pro­
gresos del talento hum ano. Puede ser que algunas calamidades va­
yan anexas a estos beneficios; pero para preservarse de semejantes
calamidades, seria preciso aniquilar cuanto hai de útil, de grande
y generoso en el ejercicio de las facultades morales” ( 2 ) .
Emilio Castelar, en su Discurso de ingreso a la Academia espa­
ñola, dice: “Difícil tarea es ciertam ente acreeditar de poética una
( 1) C onvertentvrinim tei m i retronum . (Salmo 05, ▼. 10.J
(8) De la L iteratu ra considerada en búa relacione« sociales, ptc. 2 P , cap. 8. Res­
puesta. anticipada a u n ó de loe principales argum entos de Gaumo y del P. V entara, to ­
mado do loa males causados por los aUno* d e l» lectura de los clásicos paganos.
etjad notada de prosaica, por sus achaques políticos y sus tenden*
ciae á la economía y á la industria. Valor he m enester para confron­
ta r los barbacanas de feudal castillo con los hilos de industrioso
telégrafo; y el campo de los torneos, donde alardean los caballeros,
3· piafan los caballos, y relucen las armas, y luchan las fuerxas, y
bram an las muchedumbres, y ondeau las divisas, y sonríen las da­
mas, con esos almacenes de nuestras exposiciones universales, don­
de filván las máquinas, y hierven las calderas, y giran las ruedas,
sosteniendo porfías del trabajo, mas útil, pero no mas honroso que
lo? cruentos empeños de la guerra.”
Mas, como dice mas adelante el célebre orador, laa artes mecá­
nicas no están peleadas con Ja bella literatura, sino que se herma­
n an mui bien, y en una sociedad de seres racionales y sensibles la
segunda os el hermoso y necesario complemento délas primeras.
Lo confirma otro distinguido literato español diciendo: “Las na­
ciones que mas descuellan en Europa por seis adelantos en todos los
ramos del saber, no por haber hecho tan considerables progresos en
las ciencias físico-matemáticas y naturales; no por haber creado y
llevado á un alto grado do perfección las morales y políticas, han
abandonado el campo florido de las humanidades, y su entusiasmo
por loa descubrimientos de Newton, de Laplace y deLiebig, y por
las doctrinas de Smith, Reíd y Mac Cullok, no las ha disgustado, ni
las ha inducido á m irar con desprecio las inspiraciones dé Humero,
ni los sonoros periodos de Demóstenes y Cicerón (1) . Calumnia á
nuestro si^Io, el que juzga incompatibles su propensión al estudio
de los hechos con Jns creaciones de la fantasía, y con la pulidez de
ló qne se llama hoy la fo r m a . . . Diremos mas. La civilización es un
conjunto de muchas partes inseparables; no procede con pesos de­
siguales, ni adm ite en sus elementos constitutivos anomalías ni di­
vergencias. El sujetó en que obra y el instrúm epto que emplea es
/él hombre; pero todo el hombre; no prefiriendo una ó alguna de sus
facultades ó. las otras; no enriqueciendo estas á costa de aquellas,
sinc abrazándolas todas en su vivi6cante influencia; purificando el
córazon, fertilizando el entendimiento, y elevando y éns^cpjpLiido
la fantasía: engrandeciendo en una palabra la totalidad de su"ser, y
poniendo en armonía toáafc las dotes, con que lo ha distinguido la
benigna mano de la Providencia. Una familia hum ana .eminente?
m ente próspera e¡n su comercio, diestra en sus m anufacturas, con
un suelppjuJbierto de escelentes caminos y de jnpgnificos puentes, y
cuyos puertos de m ar hormigueasen en buques de todas las bande-
(1J ¡Sonoros/. No es la sonoridad lo principid en los grepgpji de Demúetones y eu
las oraciones de Cicerón.
ras, como el que fingió Penelon en Salento, y han realizado sucesi­
vam ente Venecia y Liverpool; que careciese al mismo tiempo ,de tea­
tros, de academias, de escritores públicos, y que hablase un idioma
tosco, incorrecto, sin formas urbanas y literarias, presentaría u n mo­
delo de civilización bastarda, imperfecta y brutal, si puede aplicar­
se este adjetivo á un sustantivo <Jué lo desmiente y anula.”
“Las matemáticas elementales ejercen eñtirt entendimiento juve­
nil, una especie de desp’otUrfío que encadena sil ejercicio, y lo obli­
ga á someterse al ciego, al incomprensible, al iuesplicable imperio
de lo ab so lu to .. .Sabemos que las m atem áticas han introducido
torrentes de luz en la geología, en la geografía y eu la química; q áe
son el fundamento indispensable, ó por mejor decir, la esencia mis­
ma de la óptica, de la estética, de la mecánica y d é la astronomía;
que sin ellas, la arquitectura en todos sus ramos, la navegación, el
arte del ingeniero, la hidráulica, la m aquinaria y otros mucho3
ramos del saber de úna utilidad incontestable, reducidos á ten ta­
tivas incompletas y á triviales rutinas, ño habrían podido jam as su­
m inistrar al hombre los poderosos recursos, con que triunfa hoy de
tantas dificultades, sometiendo á su poder todas las fuerzas de la
naturaleza, haciéndolas sus tributarias, y empleándolas en satisfa­
cer sus necesidades, y ensanchar la esfera de sus goces. . - De todo
esto lo que se infiere es, que las matemáticas son una parte nece­
saria de la educación; pero no se inferirá jam as que deban consti­
tuir su fundamento; que deba empezar por ellas el desarrollo de
las facultades mentales; desde que hay sistemas de educación en el
mundo, esta prioridad, esta supremacía, se han concedidtT&€mpr£
a las humanidades.’*
“Esa suavidad de costumbres y modales que predominan en to­
das nuestras relaciones; ese espíritu de tolerancia y urbanidad, que
és, como si dijéramos, la barrera opuesta por uua especie de inten­
ción y una práctica espontanea, á los pruritos del egoísmo y á loa
estallidos de las pasiones; esa afición á los recreos elegantes de la
escena y de la lectura, ese buen gusto que legisla en nuestras con­
versaciones, en nuestras relaciones domésticas y sociales, y hasta
óú Iob adornos mas pequeños y en las obras mas insignificantes de
las artes mecánicas, todo eso se debe al influjo de lo que pwrpfa.-
m ente se llam a bella literatura; consecuencias previstas por él cé-·'
lebre poeta que escribió:
Ingenuas dtdisdsse jiM iier artes]
Emollit mores, necsinit esseferos" ( i) .
(1) Enciolopodia de Melíado, art. B ella L itew ta ru .
— 24—
Todos esos pensamientos y los encomios de la elocuencia que han
hecho otros machos en muchas páginas, los resumió D. Ju an de I-
riarte en esta cuarteta con una hermosa hipérbole:
Tanto como en el hablar
Excede el hombre ¿ las bestias,
Excode á los hombres mismos
El que habla con elocuencia.
Lectores austeros, a quienes desagradan los nombres de Mma.
Stael, Emilio Castelar'y otras bellas florescencias de nucstrp siglo,
¿quereis autoridades mas graves? ¿Quereis pruebas de que la bella
literatura es necesaria aun para la predicación católica respecto de
algunos géneros, y útil respecto do todos? Aqui teneis algunas doc­
trinas de la Biblia, de la fuente suprema de toda bella literatura:
pensamientos que comprenden la oratoria, la poesía y todo género
de elocuencia. “La lengua de los sabios adorna la ciencia” (1).
"L a sabiduría encubierta y el tesoro que no se vé ¿qué provecho
traen ambas cosas?” (2). “El que es dulce en su hablar recibirá m a­
yores cosas?” (3); es decir “enseñará y persuadirá con m ayor faci­
lidad a los otros.5’ (Scio). “Las palabras compuestas son un panal
de miel’1(4). “L a elocuencia vencedora, dice Scio, es un panal (o).
"H ay oro y m ultitud de piedras preciosas; y el vaso precioso son
loslabios de la ciencia” (G). “P or esto San Ju an , patriarca de Cons-
tantinopla, añade Alápíde, en razón de su elocuencia recibió el so­
brenombre de Crisóstomo, que significa Boca de oro, y San Pedro,
Arzobispo de Ravena, fué llamado Crisólogo, que quiere decir l e n ­
guaje de oro. “Manzanas de oro en vasos de plata el que habla la pa­
labra a su tiempo” (7). “Las flautas y el salterio hacen u na suave
melodía, y mas que ambas cosas la lengua suave ”(8). “Mezcla tu

(I ) Pror. 15—2.----- (2J Eccli. 41— 17. ;1J Prov. 1G—21.


f 4) I d , id , v. 24. "C om puestas," r* ■!ietiaa con propu'dnd, ordon y elegancia,
por qno cata« tres cosas significa r ! n lj< ;i·.···
(6 ) Y Alá pide explica: E s t tiuitn strmu umitrius du lcif ni mel, et tomen p t -
ccatoris conscunliam m ipsu suui-.i.tíc i. ;.;/.ungtns. Aqü1 está retratado el E -
vangelio.
( S j P ro r. 20—15.
( J i Alude a 1» ologBTitíeiinn figura, >v;· ;n . <m a n los fruteros en las meses ele los
rey na orientales, como era Sul'jinnn, Iiim ·. .l.Iu - a laá manzanas por fiu homoso co­
lor, por lo mismo que twoh¡> n V irlti -1·■ - ■í !· sus l-'is Llama doradas* “T e mandé
díe* manzanas dorada«y nuuiiui.i l· · -.
(8) Eocli. 40—21. ¡Poderos·;! c .· i i , t · ; a : . ntcncia prueba que la orato­
ria y la poesía son superiores n .¡¡u.
— 25—
oro y tn plata y haz á tus palabras balanza, y frenos rectos á tu bo­
ca” ( 1).
lie aquí la magnifica regla de San Agustín sobre la oratoria, que
rasí todos los teólogos moralistas adoptan, al enseñar a los sacer­
dotes el modo con que deben predicar. “ Que la verdad se m ani­
fieste; que la verdad resplandezca; qjue la verdad mueva. P ara que
la verdad se manifieste se debe hablar clara y abiertam ente. P ara
que la verdad resplandezca, se debe hablar con propiedad, orden,
elegancia y ornato. P ara que la verdad mueva se debe hablar fer­
viente y devotam ente” ( 2 ). El mismo San A gustín dice: Oportet
eluqumfetn cccksiasticum (o ). El P ap a San Inocencio I: “El predica­
dor debe tener oro, plata y bálsamo: asaber, sabiduría, elocuencia
y honestidad'' [4]. San Ju a n Crisóstomo: “L a voz del predica-Ior
no sea áspera, no sea desagradable; sino mas suave que to d a ar­
monía musical, respecto de la qué nada pueda halagar con m as v e ­
hemencia los oídos de los oyentes” (5). Séneca: “ Cuando vieres que
lias aprovechado y afectado los ánimos de los oyentes, insta con
mas vehemencia, urge, aprieta: habla contra la avaricia, habla con­
tra la lujuria” (&}.
Compárese ahora las doctrinas de San Agustín, San Inocencio y
San Ju an Crisóstomo con las de Cicerón y Séneca, y dígase si es
inui difícil esa consonancia, es» hermandad, que quiere la Enciclí-
fe
( \) Kccli. 28—20. E sta sentencia os sobro la preparación para hablar con acierto,
especial mentó un la oratoria y on la pousin. y contra loa improvisaciones atolondradn»,
pilonen las reuniones literarias, en los congresos y aun en los pulpitos, se vún hom­
bros quo dicon lo primero quo so 1ro vi e n e a la boca, sin orden y sin sustancia. Confir­
ma. la doctrina do la E scritura aquolla regla de Catón el Filósofo, tan buena como bre­
ve: “i ’oaec el asunta; loa palabras arguiniu:" Jietn Une: verba sequentur. ro s e e el asun-
lo'en un rato do meditación con tus tres potencias: con laniomoriu ordúnalo t»u punto*,
m u ol entendimiento comprendo y duBarrolIn cudu punto, y o m la voluntad y el nonti-
miento caliéntalos; y sube luego a la tribuna. Dico casi lo uiiduno el pivccptu do Ho­
racio:
T'erbaqve ¡trotissam rem, n&n in vita stquenlur.
E s verdad que os mui buona y a voces necesaria la improvisación; pero esta necesita
dos cosas: caudal do conocimientos y larg a práctica do la oratoria.
( - ) l-l vertios patcat, veri tas luceat, venias nuneaL Ut veritat pateaí, debrl toqui ría-
r í ti tiperli. Ut m ita s luccat, debtl loqu\ competid ti ornati, U t vertios mvvtat, dtbtt la-
tijui ferren ter et devota.
(3| üporUl títHftitnlcm íccluiaslieum.ifuanda suadel aliquid qiw d agendum es(, non
soluui doc.erc ut instruat, et delectare ulteneat-, Tcrúrn etiamjleclere ut rincat. (De D octr.
Clirist., lib. 4, cap. IV.}
j-i] Ü e rin o n l0 de Adviento.
(■') Prél<*sn sobre San Juan.
(C) Epist. 109.
— 20 —

ca entre 1оь clásicos cristianos y los clásicos paganos.


San Alfonso Maria de Ligorio, Doctor de la Iglesia y padre de
todos los moralistas contemporáneos, dice: "En donde fa!ta el arte,
no se puede вег mas que un predicador insípido y d e so rd e n a ^ /’
( 1). En ßu, desde Panteno fundador de la escuela cristiana de Alejan­
dría eu el siglo II, hasta Leon X III, todos 1он Prelados católicos, co­
mo se verá eu el curso de estas Adiciones, han reconocido la ver­
dad que expresa la sentencia de San Agustín: Oportet eloquentem eccle-
S M á ttcu m .
^ .D I C I O N 7P

N e c e s id a d d e l a e n s e ñ a n z a b e l a G r a u a t ig a l a t i n a y d e l a g r i e ­
ga A LA JUVENTUD.

El Padre Cahour, de la Compama de Jesus, dice: “Puisqueles


ancicnncs langues de Gréce et de Г Italie nous sont parvenúes cliar-
gées de tous les souvenirs hietoriques de 1’ antiquité profane et
sacrée, pendant deuxmille ans; de tous les chefsd* uiuvre d e l’ elo­
quence et de la poésie, aux trois grandee époques de P éricles,d’
Auguste et des Peres de 1’ Eglíse; de toute la philosophie hum aine,
depuis Socrate, Platon, Aristote, jusqu* 6 St. Thomas, jusqu* н
Leibnitz et Newton, qui furentlatinistes; de toutes les traditions, de
toutes les croyances, de toutes les théologiea du Christiauisme, il
faut convenir qu’ á elles, seulee elles, eont plus richcs que toutes
les autres ensemble. A moins done de cultiver á la fois tous les i-
diomes anciens et modernes (2), il fallait, pour base de la culture
littérairc et chretienne, choisir ces dcux-lá.”
"L ’ ctude du latín devait aussi 1’ em pörter sur 1’ etude du grec.
La préférence purem ent litteraire pourr&it etre contesté©; car la
(¿rece, en fait d’ eloquence et de poésie, ne le cede certes pas ä Г I-
talie, dontellc fut la m aitresse. Mais ä son point de vue national,
philosophique et rcligieux, la question n ’ adm ettait pas de doutc
.. .Si Г Europe savante renonce au latin comme moyen decoinu-
liication intellectuelle, la science européenne y perdra ( 3 ) .. .Si V
Eglíse Cathólique néglige les études claesiques du grec, et du latin
surtout, le Catholicísme y perdra” (4).
(1) Ove manca i’ arte, non jruo t u m i che ь л jr^edieatore insípido ¿ disordinato. [Cit,
por ScAviai, ui>úndíce 1. ° al lib. -i. ° de bu Teología.]
(2) Y much os idiomas, com · el español, el fn n ro s y denme neolatinos no se paeden
Aprender bien sin i&bono el latin.
(3) Lo que el autor dice do вц pale Europa, podemos nosotros decir de nuestra A
merica.
(■i) Dosj Clussiqucs et <ke Etudce Frofessionnvllesj p<e. 2 ? , g 2.
^D IC ÍO N

La enseñanza d e l a G ra m a tic a y na l a B e lla L ite ra tu r a h a de


SER POR REGLAS, Y PRINCIPALMENTE POR MODELOS.

La gramática, según Quiutiliano tiene dos partes: la prim era con­


siste en las reglas, y osta se llam a gram ática metódica, y la según* ·
da en la trnducciony ejercicio sobre los autores, y esta se llam a
histórica ( 1).
JIma. Stael. dice: “El estudiar el arte de conmover a los hom­
bres, es profundizar los secretos de la virtud. Las obras m aestras
de la literatura, prescindiendo de los ejemplos que presentan, pro­
ducen una especie de conmocion moral y física, extremecimiento de
admiración, que nos dispone a las acciones g en ero sas.. .Desde que
las obras de literatura llevan el objeto de conmover el alma, se a-
cercan necesariamente a las ideas filosóficas, y las ideas filosóficas
conducen a todas las v e rd a d e s.. . El Fédon de Sócrates y las me­
jores obras m aestras de la elocuencia, sostienen nuestra alm a en
los re v e se s.. , ¡Cuan humano, cuan útil es el dór un superior va­
lor a la bella literatura, el arte de pensar. . . Estos escritos hacen
verter lágrimas en todas las situaciones de la vida; elevan el alma a
unas meditaciones g e n e ra le s.. . En los desiertos del destierro, en
el interior de las prisiones, en vísperas de perecer, una cierta p á­
gina de un autor sensible reanimó quizas una alm a abatida (2J . . .
¡Cuan preciosas son aquellas lineas siempre vivas, que sirven to ­
davía de amigo, de opinion pública y de patria’’ (3).
El exclarecido ingenio español citado en la Adición 6 p dice:

[l] -El finitae quidem sunt p a rtu duat, q va t haee profeaio p o ü iu lu r, id etl, ratio tn-
qtundí, et auerratxo auclarum, q u a ru n iLlam methodietn, hanc historian votant. (io e ü t.
U n í , lib. 1 .9 , cap. 14].
[8] Mi renpetablo amigo el Sr. L ic. D. M u r a d de Soria y Beüa, hoi D ignidad de la
catedr&rde Q ucrétaro y en 1867 V icario C ap itu lar de la misma Ig lesia, y confeeor y
confidente del em perador Maximiliano desde el día 16 de Ju n io basta el 19, y desde la
celda de C apuchinas hnata el cadalso, во dignó hacerme una ris ita de cinco hora· ев
la enea do diligencia» de Q uerétaro el día 12 de Moteo do 1868, a mi, paso por dioha
tiu d a d cuando venia de E uropa. E n tre mochos porm enores (que apante la eg o j, mo re­
tinó el siguiente. E n ano de oeos días le dijo Maximiliano! "T engo U> la bondad do f a ­
cilitarm e un libro valiente" E l emperador no hablaba bien el castellano, y quería de­
cirle: “ un libro que le infundiese valor p ara la m uerte." E t Sr. Soria le llevó un tomo
do loe Sermones de Maeeillon, y Maximiliano le dijo que le habia serv ido mucho. V éa­
se loe beneficios do la elocuencia.
WJ Estos pensamientos son eltn ejo r comentario de aquel de Cicerón: cducrs'u ptrfu-
gium ac solatium pracíent.

R ihlinfpna М яп пл я/ rio Р сп я п я
— 28 —
“Aprender un idioma, n o m in a s que convertir un cierto número de
palabras sabidas en otro igual de palabras ignoradas. Ksta ope­
ración 110 puede verificarse mas que de un solo modo, es decir, cono­
ciendo el vinculó de cada una con la correspondiente, ó lo que es
lo mismo, su significación. Aprender las reglas ñutes do las pala­
bras á que han de aplicarse, es lo mismo que aprender el contra­
punto antes de las escalas, 6 lo mismo quo aprender el análisis quí­
mico sin saber lo que son afinidades. Los niños «préndenla lengua
patria sin el m enor esfuerzo, y no necesitan de reglas para obser­
var exactam ente las concordancias. Xinguu niño dice: yo comcmoa ni
Papá son buenos, y sin embargo, nadie le ha dicho lo q u e es mimo-
to ni género. Y ya que no pueda observarse este método en las
lenguas muertas, el único medio de sustituirlo con buen éxito
la traducción interlineal, tan adm irablemente aplicada por el céle­
bre llam ilton, basta ¿idiom as tan difíciles como el hebreo y el siria­
co. Y no se crea que esta innovación es una tentativa aventurada,
de las muchas que engendran las propensiones reformadoras de
nuestro siglo/ Rollin, rector de la universidad de París en el siglo
clásico de Luis XIV, ta n ncréditado entre loa literatos por su es-
quisito buen guato, como por su profundo conocimiento de la a n ­
tigüedad y la solidez de su doctrina, recomienda el mismo princi­
pio en la obra de que ya hemos hecho mención, (Tratado de Estu­
dios). “Las primeras reglas, dice, que se enseñen han de ser en la
lengua patria, por que en toda ciencia y en todo conocimiento, do-
be pasarse de lo que se sabe á lo que se ignora. Pero antes de lo-
do debe empezarse por la traducción, por que lo que im porta e.s
adquirir muchas palabras, y conocer bieu au fuerza, para aplicar­
las despues con propiedad.’'
“Pero p o rm asq u ese espliquen las reglas, nunca bastaran ellas so­
las a formar un escritor ni un orador perfecto. La verdadera escuela
del que desea adquirir aquella perfección, es la lectura meditada
y escojida. Quintiliano, tau minucioso en sus preceptos, recomienda
á los jóvenes que no cesen de leer bueuos libros, y se pone á si mis­
mo como ejemplo: Eyo optxmos quiclem et statim ei semper. La lectura
obra en el ánimo de la juventud, por medio de uno de los mas po­
derosos agentes que puedan ponerse en uso, para modificar todas
sus facultades. Acostumbrado el entendimiento á una cierta clase de
impresiones, no puede menos de reflejarlas en sus operaciones ac­
tivas, y esta observación esplica el predominio del bueno y del mal
gusto, tanto en la literatura como en las costumbres, en los moda­
les y eu las operacioiios triviales de la vida. TCs imposible queescri-
— 29 —
ba mal el que tiene siempre á la vista modelos acabados y perfec­
tos. . . Nuestros buenos escritores del siglo de oro ( 1) no prestaban
mucha atención á la gram ática castellana. Los primorea de su es­
tilo, la propiedad de sus voces, la redondez de sus periodos, su es­
mero en la elección de frases elegantes y correctas, son dotes que
no aprendieron en cursos ni en prontuarios ni en compendios.
Salieron del profundo estudio que hicieron de fof¡ antiguos, en cuyo
espíritu se im pregnaban á fuerza de asiduas lectoras y laboriosas
meditaciones" (2).
Y censurando el mismo escritora muchos catedráticos, que em­
plean la m ayor parte del tiempo en explicar cuademdlosde oraciones
y muchísimas reglitas, poquísimo en la traducción de buenos mo­
delos, dice con gracia: “aquel formidable quisvdqui, que ha costado
tantas lágrimas a la hum anidad” [3].
Catorce siglos antes San Agustín había enseñado que la enseñan­
za de los idiomas y de la bella literatura, habia de ser con la tra ­
ducción e imitación de buenos modelos, mas que con reglas, apo­
yado en las mismas razones que aduce el literato español, y en o-
tras mas: dice: Cum ev infantibus loqitmtes non Jiant, nisiheutiones dis-
ccndo loqnentivm, cnrdoqumiesjierinonpossmt, nulladoqumdi arte tra-
dita, sed elocutiones doquentium legendo et audiendo, et quantum assequi
conceditin·, imitando? Quid guod iia fieri ípsis quoqve experimur exem-
■¡jhs? Nam siTiepraeceptis rethoricis novimus plurimos doquentiorespluri-
mis qui illa didicerunt; sine lectis vero et auditís eloquentium disputaliom-
bus (discursos oratorios) et diccionibus, neminem. N am ñeque ipsa
arte grammatica, qua discitur locutíonis integritas (la propiedad y la
pureza), indigeientpuerisi ei$ ínter homines, qui integré loquermtur, cres-
cere daretur et vivere. Nescientes gwppe ulla nomina vítwrum (barbaris-
mo, solecismo u otro vicio de idioma), quidquíd r itwrum cujusquam
ore loquentis a u d iren t, sana sua consuctudine reprehenderent et
caverenl; sicut rústicos urbani reprehendunt, etiam qui littera s
nesciunt (4 J.

(1) Los e sc rito r« principales españoles de Iob reinados do Carlos V , Felipe I I y


Felipe Til.
(2) A rticulo citntlo.
( 3) A rtículo citado. Al cunos de estos cuadernillos enseñan reglas tan filosófica·! co­
mo estas: “ ¿Qué es pretérito ¡mporfecto ¿o indicativo?— A quel que term ina cu ba o ia .
como yo amaba, yo t¿ia.—¿Qué es pretérito im perfecto de subjuntivo?—Aquel que so
conoce en estas term inaciones ra, ría y se, como anuira, amaría y amase.''
(4) lictlía rica C h ristia n a .
— 30—
^ d íc ío n 9r

Los MODELOS h a n d e s e r l o s m e j o r e s , q u e s o n l o s c l a s i c o s c h is -
TI ANOS V IX)S CLASICOS PAGANOS ACONDICIONADOS.

“ Nunca, dice San Gerónimo, el modelo se tom a de las cosas mu*


las, sino aun cu las cosas del siglo el modelo se tom a de las mejo­
res” (I). Esto es claro. Un pintor no presenta a sus discípulos por
modelos para que copien, las pinturas de un pintor de pueblo, ni
aun cuadros medianos, sino cuadros de los maestros en el arte. I 11
arquitecto no presenta a sus discípulos muestras del estilo eliurri-
guero, sino del orden dórico, del jónico u otro de los perfectos. El
maestro armero no enseña a sus oficiales a hacer escopetas de chis­
pa, sino rilles Remiliington. ¿Y para la perfección en el idioma, fin
de la gramática, y para la enseñanza de las bellas letras, que son
mas importantes que las bellas artes y superiores con mucho a las
artes mecánicas, se desechará a Cicerón y a Virgilio, y se pondrá en
manos de la juventud las Lágrimas de San Pedro?
^ N C O M J O S D E LOS CLÁSICOS CRISTIANOS Y DE LO S
CLÁSICOS PAGANOS ACONDICIONADOS.
*
S an' P a b lo .

T cstim onium hoc te ru m cst (2).


L'lrKllON.
P ara enamorarse de la bella literatura basta aquel texto: H uec
stu d ia adolescentiam a lu n t, senectutem oblectant, secundas res
o rn a n t, adver sis p erfu g tu m ac solalium praebent, delcctant dorni,
non im p ed iu n t f u n s , p ern o cta n t nobüeum , p ereg rin a n tu r, rus-
tica n tu r (3).
(1) N u n q va m cztm plum á m alis sum itur, etiam in saeculi rebus semper á me ¡ta­
ri p a rte . f É p itt. 3-4, a d J u liá n .).
(•■0 A<1 T it. 1 ® —18.
(■'!) Pro A rthia. Oviedo traduce el pernoctant nobiscujn, “ duermen con nosotros.” Asi
tienen muchos el estadio y las bellas le tr u , dormidos. L a frase de Cicerón significa pie.
cisamcnto todo lo contrario: “ velan toda la noohe con nosotros·" Cicerón no dioo dor.
¡ninnt. H ai gratule diversidad en tre et verbo durmió y el Yerbo pernocto. Miguel y Mo­
rante en su Diccionario L atino Etimológico traducen el verbo pernotto "pasAT la no
<h«;u «p mi humilde juicio es mas preciso en virtud de la preposición p tr, y nignifioa
“ pasar toda la noche.” Como las doce Oraciones de Ciocron traducidas por Oviedo, son
]ü.s generalrncntn sirven de texto en nuestro· colegios, alg m o s catedráticos ira-
¡."»j 1&or»t\u con norofros."
— ;n —
I)ico rquidem , poetas m u lta hexámetro carm ine, m u lta trím e ­
tro, al tinque generibus m etrnrum scripsisfie, ac olios »enera, alias
jocosa fut*$e complexos. Quae cuneta m u í ti fu cu lta tis k u ju s -
vi od i profesores usserunt, r e d i educan dis jucenibus edheenda,
v t ex ra rio ru m poetar um p eritia fa c u n d i re d d a n tu r, A lii enp ita
(/uficdamex óm nibus selecta, et in idem conducta, m em oriae com -
rnendanda enntendunt E g o ig itu r q u id potissim e de Ai* óm nibus
stnttam uno verba svjficientcr dicam . llo c rquidem arbitror, quod
m ihi ab óm nibus concedetur: M ülTa á p o c tu pkope, m u lta eliam
contra exse dicta (L).
Una de las causas por que 110 somos m ui alectos a los clásicos
paganos, es por que muchos de sus pensamientos son mui altos y
no los comprendemos, y no comprendiéndolos, 110 podemos gustar
de ellos. Cicerón dicc que 61 mismo no.alcanzaba algunos de dichos
pensamientos. V eteresilli inojus quiddam anim o com plexi, m u l­
to p lu s etiam tidtsuc nidentur, qaam qu a n tu m nostrorum inge·
nUtrutu acics in lu cri putest (2).
TÍQTMí'In.

Víiü ecemplwüi (¿meca


TSudurna útTóate nuuM, versaie diurna (3).
(trmis dedd ora ruinado
Mtisaloqtd.

Se llama rotundo el lenguaje do los clásicos griegos, y tam bién


el de los clásicos latinos, por su fluidez y armonía, “ por que como
con ruedas, dice Alápide, llevan agradable y suavem ente asi las pa­
labras al oido, como el sentido de las palabras al ánimo de los o-
yentes” (4).
QoiNirLLANO.

Ego optvnos ( libros) quidetn. ct statim ct wfnper.


Huc igitur eipedemus (al estudio de Cicerón)/ Aoc propositum no­
lis sit exemplum. 2lie seprofecisse sc^at, cui Cicero valdepktcuerit (5).
( 1) D ¿ Legibus¡ cap. 7. N o aé com o el P . Vrntnra cita este texto pura probar
que es d añosa!« enseñ an za de Ion poetas clá sico s p a gan os, cuando eu el mism o
texto enseña C icerón que en dichos poetas lm muchas cosas buenas, y que untre-
sscá n d u ftt los maentrofl, la enseñanza será útil a lo s itisclputoe.
( 2 ) D e O ra to r e ,lib .3 .
{3) A rte poet. v o. 20 8 y
[ 4 | U J > ra u .2 !> ------ I I .
[ó] In stit. O rat.¡ lib. 10, cap. I ’ 0
— 32—
S ax G regorio NAWAxnwn.
Paseido de sentimiento por el tiránico decreto de Juliano el A-
póstatn, que prohibió la enseñanza de los clásicos paganos en las es­
cuelas cristianas, decía a los paganos: “Os dejo todas las riquezas,
nobleza de nacimiento, gloria, autoridad: bienes que desaparecen
como un sueño; pero deseóla elocuencia, y no me desanimaran pa­
ra buscarla los trabajos, ni los viajes por tierra y m ar” (1).
S an A clstix ,
PuhJirum a t splendor veri.
Incoutparabiliterpulckrtor est neritas cliristianorum quam llvh'na grae-
enrum (2 ).
Noé accuso verba, sed vinum erroris [3].
Jiotrum cat pe, spinas care (4=J.
rüDHO I>K IJlOI.Í.
Nunqnam super vcrbts faciam
E e te m ístico n o ta b le d el s ig lo X I I d ic e :
quacslionem- (5 J, de qua facúltate sumantur, dummodo aedificent ad salo-
trm: vam nec de herbts quaeritur qua de terra vet cujiis kortuluni cura et
cultura adoleverint, dummodo vim habeant sanaUvam: nam ct defubula-
rum geniiUum moraliiate, quandoque forma crudilionis elicilur, qttoniam
fas est ah hoste doceri [6].
Sto. T ohaa dk Aqütxo.
C o m en ta n d o a c u e lla s p a la b r a s d e S a n P a b lo Testimonium hoc rerun
a t, d ice: Confirm at autem testimonium cum dicit: Testimonium etc. G lo s ­
sal per hoc inlclligimus quod doctor Sacrae ¿¡cripturae accipit testimonium
vertía tis, ubicumquc invenrrit. Unde Apostolus in pluribus iucit recitut
dicta Geniiltum, sicut in (1 Cor. X V , v. 33): "Corrumpuat bonos mores col-
loquia mala." Item (Act. X V l l t v. 28): “ 7n ipto vivimus, movemur et su-
mus.1' Nec propter hoc approbatur tota eorum doctrina, sed eligifnr bn-
num, quia verum d quocumquc dicutur, est a Spiritu Sanrto, cl respwtar
malum (7J. Unde dicitur [Deut. X X /, t). 11] in figura hujus quod “it
[1] Libro contra Juliano. Cit. por César C antú, H ist. Univ., lib. 7, cap. 21.
[2] E pist. 4 .* .
(:3) Contera., lib. 5.
(4) T rata t. i-> sobre S. Ju a n , cap. 10.
[ü] Es lo mismo quo die® San A gustín: N o n accuso verba.
(6) Epístola cit. por Tomas Hibém ico, Fiores Doctorum, art. Doclrina.
[7] Luego este vofso:
T y lire tu patulans rccubans sub tegminc f a g i ,
y Ir das ln¿ ¡numerables palabras, Í roues, modismos, pcuaumioutoe, y versos buenos do
los clásicos iKignuoí, vieuou del E spíritu Suuto.
— 33—
quis tideril pucUatn iit numero eapticorum, tlebeí praecidere urgnet et ca­
pillos” id eit, mjjtrjluiiatet etc. (IJ .
L o r ek zu d i M k d ic ir .

Ofreció toda su vajilla de p lata por algunos m anuscritos de filó­


sofos griegos ( 2).
С'жкььиль Bimuq.
Aprendió de memoria todas las obras de Cicerón, y las llevaba
siempre consigo (3).
E kasmo.

Kneomio de San Gerónimo. Hierotigmvs, phrati el artifiein dieendi, non


Cliritlianos modo omnes longo postase inlervdllo ivliquit (41, terum eliam
cura iptu Cicerone certare vultfur. Ego cúrii, nisi me Sandhiim i virifn llit
amor, c u i j i Hicronymianam oralionem cum Ciceroniana con/ero, vidtnr mi­
li i netcio quid in ipeo eloquentiae principa dvsidvrare (5).
S i c a ite r if .illu ílr tá a lio q u i, cum ¡toe c a n fe m n tn r , ob h u ju t ¿ruinen!¡uní
o b scu ra n lu r. T a l e g r t g i i s e tí cu m u lu lu s d u itb u s (G), « / rix vlhtrn h a b e a t,
r d ip u a d o c ta G ra e c ia , quem cum ко с v ir o q u en t w m p o tw r e . Q u a n tv m iu
Ulu rom a n ae f a c u a d i a t! Q u a n ta lin g v a r u m p e ritia '. Q u a n tq n o tilia h is to -
ria r u m o m n it a n liq u ila lis ! Q u a m f i d a m em o ria ! ty u /w i f e i i x rcrittn ora-
n iajn m ix tu ra .1 Q u a tn a b so lu ta m y tlic a r u m litte r a r u m c o g n ilio ! S u p e r (m i­
n ia , q u is ardorJ Q u a m a d m ir a b ilit p e c lv r it o jf ia lu t, a t v n a e t p lu r im u m
d e le c te t e lo q u en íta 1 e l d o e e a t e r u d itw n c , e t r a p i a t M n c tim o n ia ! \ 1 ) .

(l J (Jomentnrioa a ln« Epístolas de San Pablo.


[2J О в и т о , o b r a c it., lil llonncim iento, pto. ! . p ,e n p . 7.
(3) 1b u l.
(4^ l)ico quo San Gerónimo on cuanto ¡i la forinu ilrl idioma v ili- l;i i'1<>ruoi>i‘¡;i, :i-
ventaja mucho a loe domas cImícoa cristianos. No т о Migtiiii! pui's. cuuudu Лi-ж!о ч'.м-
estaba escribiendo mi Compendio do la HSutoria Humana, y nutee ilu ln poh'mica cun <>1
llustrisim o Sr. Solí ano, al hablar do Ь э clúeicoa cristianos quo do hablan de i>rc№iitnr
«■»ню mcxlolos n la juvontud, coloqué on primor ti-rmino a Snn Gerónimo, dich-iidu:“ E*
mui útil m seiiar a la juventud a San Gerónimo, Prudencio'' etc·.
(Л) L ib . 5, e p ist. ií). ,
(I) E l P . V entura escribió mnl doctibus.
[7¡ Lib. X I, opint, l . ? ad Loonom X , P, M. Eraamo^fuó un genio; pero un geni«
tan rs eóntrico y por dncirla así quodlibútico, quo b a di*jndo & la poetoridad indcciHu
«obro cuulce b a ja n sido доя verjarlorus poueamiontos ou roligiou, en p o lílicu y en lítrra -
Tur.i, Y 11 ttft ba visto rl m agnífico elogio quo liizo de San Gtfhmimo, ofpccialineuto por
fu simtidad, on ana do sus Epístolas a Ldon X ? Pu<f8 en otro do sus (\««т1Ыя dice q u r
S;m {Jerónimo, al haber asegurado quc4«tecr¡b¡ó con facilidad el Kvungi'lio lifbrcu do
— 34—
Jeu o Свалж S c u r o n e .
“Yo preferiría вег el au to r de la oda de Horacio Quem tu Mel­
pomene semel, а вег Bey de F rau d a1' [1].
M eloiob Сxso.
Prima fex (Historiae) ex hominum probitate integritateque sumetur. Quae
muñirte res locum halet cvrn qvae narrant historia, ea velipsi se vidisse
iestantur, vcl ab his qui viderunt acceptste. (¿ualia suni pitraque in Epts-
iolis Ambresii, Cypriani, H ierwym i, Augvstini, in lihris quoque hujus
De Civitute Dei, in Dialogis Gregorii, breviter in omnibus fere Doctnrum
Ecclesiae probatissimorum scriptis: in quihus mendacium suspicari, quod ad
m e n w r ia m se m p ite rn a m tr a n s fe r r e ti l l sc rib e n d o v o lu e r in t, p ta c u lu m t i t ___
Haec autem prima lex tn prophanit quoque auctoribus locum habet. Quae-
dam ttibn Julius Caesar, quaedam Suetonius, quaedam Cornelius Tacitus,
q u a e d a m Plutdrckus, q u a e d a m Plinius narrant quae auctores ipsi partim
nculis aspexcrunl; partim acceperunl ab his qui ea presentes aspexerant...Do-
lenter hue dico,potius quam contumeliosa, multo a Laertio severius vitas Plii-
lornphorum scriptas, quam ¿ Christians vitas Sanctorum, longeque inctrr-
ruplius et tntegrius Suetonium res Catsarum exposuisse, quam exposutrint
Cai&olici, n on res d ico Imperatorum, sed martyrum, virginum etconfessorum»
Itli en im in p rv b ts, a u t Philosophis aut Principibus, nec c ilia nec suspicio­
n s vitioruui tacent; tn improbisveró etiam colores viriutumprodunt. Nostri
a u te m p lc r iq u e , vel offeetibus inserciunt, vcl de industria quoque ita mul­
ta соijingnnt, ut corum me nimirum, non solum pudeui, sed etiam taedeat.
Has e n im intelligo E c c le s ia e Christi, cum nihil utilitatis attulisse, turn
incommodationis plurimum ( 2 ) ... Sunt enim, ut dixi, in prophanit aucto*
San Mat«» Fui· un em bustero. (Cano, D e Loois, lib. II, cap. С). El D octor de H olanda,
j>or una parto ЫояопаЬа do católico, y tenía íntim a amistad con Ju lio I I y con Leon X,
y por otTu dcciu: “Yo puse el huevo, y L utero sacó el pollo": E g o peperi ovum, L u (Jie-
rus c¿clustf. Ridiculizó a todos: & loe P apas у я loe católicos, y a L utero y & los protes­
tantes. Y L utero tam bién во burlaba de el diciendo: “ Егаяшо siempre oatá sobro el hue­
vo", “ El E spíritu Santo no es escéptico.” Quizá por su gran sabiduría, sagacidad y os­
curidad do carácter el cólfbrc Podre N ájera ршю al pie de bu retrato ceta inecripciou
que И en oL convento del Carmen de G uadalajara: Aut Erasmus, aut diabolus: <‘0 Eras*
mo o el diablo.”
|l] C it. por V entura, obra cit, disc. 2.®
(2) Foyjoo acepta esto juicio crítico. M elchor Cana se refiere en él principalm ente
a casi todas las crónicas de la edad media, que jnzgo escritas m ascón candor que con
m alicia; poro no s« refiere a otras muchas Vidas de Santos escritas por autores cristia­
nos, ni menos a lap V idas de los Santos escrita· p o r loe principales Doctores católicos,
a quienes antes elogia por su veracidad; y menos todavía se refiere a l u Bulos de loa
->35—
ribvr, non pauci, quorum ingenuiitu et verecundia, tic hominum sermone
¿elcbrata est, ut nemo tilos unquam mendaces% et in fingendo impudente*
extitimaveríL Qttalet iunt Caesar, Vaieriut Mnximtu, Tcrevtius Varm,
Livius, Curneliut Tacitmi, Seneca, Ammianu» Mtírcelintft, Euí'optut, Fia·
mus Vopiscus, Paufut Diaconu$, Lucias Flurut, Poljfbiuá, Dionysiut ILt-
licarnaseut, Julius Capitolinus, Cornelias Nepos, Strabo aliique plures,
La ti ni praesertim aueteret (1).
COBÜELIO Al ANDB, JEflCTTA.

“El estilo de San Basilio respira doctrina y abunda adm irable­


mente en preceptos de santidad. El Nacianceno es mas profundo
en todos sus escritos, y entra sin esfuerzo en los raas altos m iste­
rios, con grande peso de asuntos y de palabras. A tanasio es mas
suave, pero sin embargo, lleno, con lenguaje templado, sem ejante
siempre a si mismo, y enseñando con grande autoridad. Epifanio
es duro contra las heregiaa (2). Teodoreto es diligente y sensible.
El Damasceno es doctísimo y mui apto p ara explicar los dogmas
mas difíciles de la fé. Mas el Crisóstomo, como lo indica su nombre,
es elocuente y popular, domina los ánimos de los oyentes, y con
u na elegante abundancia de palabras, como con un caudaloso rio
de elocuencia, los impele a todas partes. E ntre los latinos se dis­
tingue Cipriano por la pureza y riqueza de discurso, y sin em bar­
go nada redundante, sino lleno de dignidad y dejpeso; y en lin ch
como testifica San Gerónimo como un arroyo purísimo, dulce y
que corre agradablem ente; de m anera que A gustino lo llam a tam ­
bién doctor suavísimo. Mas Ambrosio tiene su estilo m ui fértil en
sentencias, fluido con palabras escojidisimaa, y mui aficionado a la
cadencia, de m anera que fácilmente verás en él o al teólogo h a ­
blando oratoriam ente, o al orador hablando teológicamente: de cu-

P apas sobre m n o a in o io n de 1<m Santo«, o u y n e milagros consignaron olio« despues do


un escrupuloso examen, guiados por b u sabiduría y con especial auxilio del E spíritu
Santo. Es claro quo el sabio crítico no habla de las inum erablcs V idas do dantos y
crónicas escritas por cristianos despnes del tiempo de dicho Obispo do loa C anarias, es
decir en los siglos X V IT r X V III y X IX , en que tanto se ha avanzado en - la oieneia do
la crítica: especialm ente “Loa Heohoa de loa S anto·" por el P. José Botando, jesu íta
do Amberes y colaboradores, llam ados por esto Bolandistas, fuente de donde so han
tomado las muchas obras que llevan el títn lo de “A&o Cristiano·”
(1) D e L ccis, li b - 11, cap. 6.
(2) D e este P adre dice el historiador H enrion: “ D ieen q u e de los P ad res griegos
fue el que mas descuidó la elegancia del estilo." (H isto ria G eneral de la Iglesia, c a tá ­
logo de e s c rito ra eclesiásticos ftt fin del lib io 1#).
- S C -
ya dulzura ¿qué mas puede decirse, siu'O que fué anunciada por el
iniftmo Dios con un grande prodigio, cuando [según sabemos por
la tradición] siendo infante puso en su boca uti enjambre de abe­
jas? El lenguaje de Gerónimo es docto, es abundante en m onum en­
tos de la antigüedad, es mui agudo y sobre todo, tiene aptitud para
todo genero de elocuencia; interpretación literal de la Escritura,
reglas para toda especie de vida, panegíricos, defensas, polémicas,
censuras, diatribas, sermones morales; en todas las cuales cosas va­
le tanto, qne, llanam ente, parezca su elocuencia celestial. Agustín
es fecundísimo, copiosísimo y suavísimo; tan apto para cualesquie­
ra cuestiones arduas, como para los sermonea al pueblo, eti los qué
con mucha gracia tan to instruye el entendim iento, como mueve
la voluntad. Y ¿quien mas grave, mas cadencioso y por decirlo a-
si, mas rotundo que León, en cuyo discurso se vén algunas veces
pensamientos y frases a fuer do rayos? Gregorio es todo y en todas
partos moral; cautiva al lector con una copia suavísima de ejem ­
plos y comparaciones, lo instruye con la doctrina para la virtud y
lo halaga con la suavidad y variedad del estilo. ¿Qué diremos de
Bernardo, a quien propiam ente podemos llam ar de miel,· que, fe­
cundo en documentos espirituales, y estos, óptimos y perfectísimos,
tiene de principal que de tal suerte entreteje y ¿mezcla en su estilo
las Santas Escrituras, que parece que, oel habla con el lenguaje de
Jas Escrituras, o que las Escrituras hablan por sus labios? E l cual
estilo ju n ta a la herm osura y la gracia una gravedad y fuerza ad­
m irable'' [ 1].
C'lürsi'tt.

“ Es preciso que nos sirvamos de los autores paganos como de


la víbora, que, despues de aplastada la cabeza, se emplea para
curar sus picaduras” [2].
F ie . J c i \ d e S ah D e m e trio .

"Ud libro clásico que reúne a la riqueza de los pensam ientos la


del lenguaje, es preferible al que solo tiene en su favor la forma o
la palabra. En efecto, la forma es a los libros lo que la cáscara a la
almendra, y sabido es que esta vale mucho mas qi5e aquella. Si
no es posible que la una exista sin la otra, claro e3 que todos de­
searán que ambas sean buenas [ 3 ] . . . Si quereis hallar presa y
(1) In Prox. 15—.2.
(S) D e E th n itit Philosopfns.
(3) Hoi exageración en tener la form a como p u ra cú icafa. E lla im porta tam bién
mucho. Si n. un enfermo se le d i una píldora am arga envuelto en miol, la tom ará, j u-
na píldora dulca.envuetta fn acíbar, no la tomará.
— 37— ^
poesía en un solo autor cristiano y m ártir, ahí teneis a Boecio, a
quien Santo Tomas de Aquino no temió com parar con Cicerón por
la elocuencia en prosa, y con Virgilio por el verso'1 [1 ].
J cj.n Luis jíe I íaijcac.

"Jíueno ca usar las tolas de Levante; pero nó hacerse circuncl·


dar." ¡Bella sentencia!
YosstO.

“Hornero es mas apropósito para enseñar la virtud a los hom­


bres, que todos los filósofos antiguos1’ [2].
Mauiu-on.

Encomio de la literatura de San B ernardo. Iit. ejus S crip tis e-


lucet ingeniw n, n a tu r a no b ile,generosum , exedsum : sed k u m a -
num , civile, el honestuwi E toquentia, q u a ti congeni ta, »ine f u ­
co, non sine ornamento, sed nativo. S f y l u * pressus, oratto t¡Ítax,
dictio p ro p ria , cogita tus su llim is (?>J, affectus p ii, hpores $pon -
te natcente», totusserm o unum D eu m ac e.oclestia spirans, a rd et,
non u ren s, sed inflam m ans. P u n g it, et atim ulat, non ut irritct, sed
u t moceat. C o rrip it, in crepal, non u t d etra h a t, sed u t a ttra h a t.
A r g u it, m in a tu r t terret> «ed am ando, non in d ig n a n d o . B la n d i-
t ur; sed non adulatu r. L a u d a t\ sed non extollií. U rget blandí,
p e r s tr in g it absque molestia. D electat,recreat, placel e t c . . . ¡ E t
m ira m u r si vir ta n tu s a m a tu rl ¿Si ejus S c rip ta co m p a ra n tu r,
tera n iu r, le g u n lu r ah ómnibus? (4).
LArmuTíft«.

“U n Padre de la Iglesia, un Doctor de la Iglesia, ¡qué nombi'esí,


¡qué tristeza en sus escritos!, ¡qué sequedad!, ¡qué fría devociou!,
y acaso ¡qué escolasticismo!," dicen aquellos que jam as los han leí­
do. P ero mejor dicho, ¡qué admiración para todos aquellos que se
han formado una idea de los Padres ta n ajena de la verdad, si vie­
ran en sus obras mas donaire y delicadeza, m as pulidez y genio,
m as riqueza de expresión y mas fuerza de raciocinio, giros m as
garbosos, y gracias mas naturales, que los que se notan en la mayo­
ría de los libros de este tiem po (siglo de Luis XIV), que son leiao»

(1) Sermonea im preso· en V«n«cia on 1568.


{'2) U t N a tu r a P o tL , cap. 9 .
(3] P ara ol que dice cc^iíatuj tu llim is la dicción- de San Bernardo era propia.
(4] Prefacio u las Obras de .Sun Bomnnlo.
— 38—
con agrado, y dan renombre y vanidad a sus autores! ¡Qué com­
placencia es am ar la religión, y vérla creída, sostenida, explicada
por tan bellos ingenios y por tan sólidos espíritus, principalm ente
cuando uno llega a conocer quer por ejemplo, en la extensión de
conocimientos, en la profundidad y la penetración, en los p rin ci­
pios de la p ura filosofía, en su- aplicación y desarrollo, en la exac­
titu d de las conclusiones, en la dignidad del discurso, en la belle­
za de la moral y do los afectos, nada es· comparable a San Agus­
tín, sino Platón y Cicerón.” [ 1]
S antevtl.

"Daría todas mis poesías p o r esta estrofa del poeta Angélico:

Se nascens dedü socium,


Convescens in eduKum,
iSe m o r ie n s i n p r a e t i u m r
S e re g n a n $ daí in p r a & n i u m ” (2).

R ebato IU pih , J kebtta.

"Los legisladores, los fundadores de* Estados, los filósofos, los


médicos, los astrónomos, los geómetras, los pintores, los genera­
les, los principes y los reyes, se formaron estudiándo los poemas
de Homero” (3).
FxNKLOir.

"Los Padres de la Iglesia son nuestros maestros, y todos ellos


fueron genios sublimes, almas grandes, poseídos do sentimientos
heroicos, y hombres que tenían una maravillosa experiencia de los
espíritus y de los corazones, y que habían adquirido una gran au­
toridad y elocuencia. Todos ellos eran mui cultos y urbanos, pues
estaban perfectam ente instruidos en el arte de hablar en público,
de conversar familiarmente y de desempeñar todas las funciones
de la vida civil. Asi es que en sus escritos se advierte una gran ur­
banidad y finura, no solo de palabras, sino de sentimientos y cos­
tum bres. Esa misma urbanidad, que no está reñida con la sencillez,
producía grandes resultados p a ra la religión. P o r lo tanto, despues
de la Escritura, ellos son las fuentes limpias” (4).

11] C aracteres, D élos espíritus fuertes.


[3] Cit. por V entura, Obra cit., discurso 3.
[3] Reflexiones sóbre tos p oetaj.
(4) Diálogos sobre la Elocuencia.
— 39—
F lcust.

“Mui mal me parece que la mayor parte de los cristianos que


h an estudiado, conozcan m ejor a Cicerón y a Virgilio, que a San
A gu stín o San Crísóstomo. Diríase que solo los paganos tuvieron
ingenio y saber, y que los autores cristianos solo son buenos para
los clérigos y los devotos” ( 1).
TnoiUBsiuo.

Hablando de las letras paganas dice: Profanae non sunt, m si cum


sotae sunt (2): sentencia fecunda en consecuencias. Y despues, ha­
blando de la necesidad del estudio de las humanidades para el de
la Santa Escritura, dice: Cum vero litterali senstt, vdutifundamento,
innitatur tota JSeriptvrarum intelligentia, humariiontms litieris opus est,
quae verborum vim, figuras, et id genus alia aperiant (3 j . ¿Cuales hu­
manidades? Las mismas de que ha dicho Profánete non sunt etc.
C abdehal M ablt.

“ [Qué desgrada seria si dejaran de ser estudiados los Griegos y


los Romanos! L a H istoria de estos dos pueblos es una grande es­
cuela de moral [cívica] y de política. E sparta fué una fortaleza inac­
cesible a la corrupción. Los hijos, formados por una educación p ú ­
blica, se acostum braban desde su nacimiento a la virtud de sus pa­
dres. Las mujeres espartanas am aban y sostenían la virtud de los
hombres, y fácil es juzgar el respeeto, o mas bien la admiración,
que los Espartanos debieron causar a toda la Grecia.” (4)
P adre F estcra .

“Los poemitaa de San Buenaventura, que vuestro famoso Ger-


son quiso que entrasen en el núm ero de los libros clásicos de la
juventud, como los mas propios p ara elevar y espiritualizar las al­
m as ¿no respiran una verdadera y deliciosa poesía? ¿No se hallan
en el mismo caso los himnos y las prosas de Santo Tomas? ( 5) . . .
Y yo también, por que cada cual tiene su gusto, renunciaría de
buena gana a todas las dignidades de la Iglesia, por el honor de

(1) Elección d · Estudios, núm. 17.


[2] Ve tu* et N ova E ccltiiat D isciplina, j>tt. 2, lib. 1 s , i < Ückoli* f t Univerñtgti-
but, cap. 93.
(3) Id ., id, cap. 95.
[4] O bsetraeionas acerca de loa Griego«, pte. 7 * .
¡5] Creo q u · la* prosas só, costo la i da laa 9«m at.
— 40—
haber cantado el nacimiento temporal del Yerbo eterno, como lo
ha hecho S. Ambrosio f l j , y las grandeza· de la cruz, como vues­
tro poeta Fortunato” (2).
C ebar C ix t u .

“Desgracia es que la persecución de sus enemigos, no baya deja­


do sobrevivir ninguno de los discursos de Atajiasio pronunciados en
su tem pestuosa vida, y con los cuales conmovió al mundo cristiano'’.
"La unción y la sencillez son las dotes características del estilo
de 3^ Efren; el cual es rico en imágenes, tom adas en su m ayor par­
te de la vida campestre, limpio de los adornos retóricos, demasía·
do comunes en los Padres griegos, y en el cual se m uestra conoce­
dor profundo de las Santas Escrituras, que cita oportunam ente. . .
C antó a María, con acentos que no los empleó mas fervientes
San Bernardo. Obras iicas en poesía son sus cánticos de m uerto
(Necrosima), destinados principalm ente a los funerales de los
monjes.”
“En San J u a n Crisóstomo, imagen viva de la Iglesia Oriental,
como San Agustín lo lué de la Occidental, se reúnen natural clari­
dad en la elevación, majestad en las ideas, sentimientos patéticos,
fuerza de raciocinio, riqueza y atrevim iento de imágenes, y toda
la ciencia de su siglo. Gran conocedor de todas las maneras y giros
elegantes de la lengua griega, Babia todos los modos con que puo*-
de ser dispuesta y variada Ja palabra; pinta con el brio del dram a
la fealdad del vicio, o excita las pasiones en favor de la verdad,
aunque oculta diestram ente £a ventaia que saca del uso magistral
que hace de la retórica y de la filosofía. . . - Desde la edad de trein­
ta y ocho años en adelante, en que fué ordenado sacerdote, escri­
bió Homilías que atraían a escucharlo a los que estaban lejos, y
hacían prorum pir a los que le oían en clamorosos aplausos. El que
lee a este escritor solanivute a trozos, no puede comprender el va­
lor de sus escritos, por que su belleza está en el conjunto, en ol ca­
lor que le anima desde el principio hasta el fiu, en el m ovimiento
vivo de aquella abundancia asiática, sobrepuesta a una moral
siempre pura y generosa; está en la m agia de un estilo, que viste
los pensamientos con las expresiones mas propias, claras para ins-i
U) E n e l h im n o d e l d ía do la N a tiv id a d :
Jcsu, Ktdim¡tloT omnium.
(2) E n el h im n o d el V ie rn e s S a n to :
]'<xilia J ltg u proátunl.
fD wcurso eit.,'.
— 41—
truir, pintorescas.para describir, robustas para exhortar, patéticas
para conmover o consolar. A una gente que hacia poco había sali­
do del paganismo, inclinada a dar cuerpo a todo, debía agradar ex­
traordinariam ente aquel predominio de la imaginación; de la cual
se sirve para mover loa afectos mas profundos del corazon humano:
siendo inimitable en el arte de conmover e interesar, sacando ins­
trucción de las cosas mas estériles, y revistiendo y coloreando fan­
tásticam ente las ideas mas sutiles, sin perder nunca la ocasiou de
excitar a la devoción o a la te rn u ra — Con San Ju an Crisóstomo
espira la elocuencia griega. Treinta y seis años despucs de su muer­
te, Proclo recitó su elogio, pobre monumento de una decadencia
que no tuvo ya rem edio.’’
“Escribió también (San Ambrosio) varios himnos de noble y pa­
tética sencillez, algunos de ios cuales se cantan aun, tratando de
presentar un contraveneno a los cantos profanos' que usaba el
pueblo. Recordaba con santa complacencia la melodía de hombres
y mujeres, de vírgenes y niños, semejante al estruendo de lasólas,
la cual conmovía también a San Agustín hasta hacerle*derramar
lágrimas” ( 1).
F r a n c is c o d e i\ M ellad o-

“La iniciación en los rasgos característicos de aquella gran na­


ción [la Roma de Augusto], infunde en el alma cierta gravedad
de pensamientos, cierta elevación de miras, cierta afición á todo
lo q u e es grande y noble,,que no puédem enos de influir de un mo­
do favorable en las prendas del alumno Y como gran vehículo del
pensamiento es la palabra, y como las ¡deas se revisten necesaria­
mente del colorido de las voces en que se simbolizan, es imposible
que aquellas nociones no adquieran nuevos grados de vigor, tras­
mitidas en un lenguaje grandioso y sonoro lleno de majestad, y cu­
yas inversiones dan ta n ta variedad á b u s efectos eufónicos y tanta
latitud á sus construcciones y á su fraseología.'7
“Donde sehacen mas patentes los tesoros d éla poesía, su digni­
dad y las altas funciones que puede desempeñar en la región mas
alta á que puede llegar nuestro espíritu, es en los Libros del Anti­
guo Testamento. Jam as se ha levantado el lenguaje humano á la
grandiosidad que nos asombra en innumerables pasajes de aque­
llas santas composiciones. Aila respira la poesía verdadera con to­
do el vigor del augusto m anantial que la produce; alli nos deslum-

[i] H is t. U n ir ., l i b - 7, c * p . » 1 .
— 42—
bran, nós sobrecogen y al mismo tiempo nos deleitan el atrevim ien­
to de las metáforas, la viveza de los símiles, la am argara de las re­
criminaciones, la tern u ra de los afectos,”
"¿Quien ha podido figurarse que hay literatura sin educación cla­
sica? ¿Qué otra disciplina la reemplaza en el entendimiento, en la
razón, en la dirección de la voluntad y del gusto moral literario y
artístico? "El mas hermoso diamante, dice el escelente critico ingles
Felton, necesita la mano del pulidor; el oro mas fino no luce sin la
purificación y el lavado.” Indoctrinados salimos del seno de la na­
turaleza, y las mas bellas cualidades se degradan y pervierten, si no
se modifican por medios artificiales y si no se las cultiva con esme­
ro. En algunas personas que han alcanzado la madurez de la vida
sin los auxilios de una educación liberal, podemos observar á veces
las mas felices disposiciones oscurecidas y eclipsadas. Sus ánimos
están ocultos y sumidos como el marmol de Pároa en la roca” ( 1).
C'AHDt'R, JESLITA.

“La enseñanza cristiana de los clásicos paganos es mui ú til” (2).


Dl’BKKR.

En fin, este autor, apesar de ser en gran m anera afecto a la en­


señanza de los clásicos cristianos a la juventud, para quien compu­
so sus Selecta Nova ex Palribua Jxtimis y publicó en 1852, es decir
en lo mas recio de la polémica gaumista, advierte: “Nous avions re-
pris la lecture de Saints Peres, a fin d' y choisir des extraitá gradúes
et propres á étre expliques, concuncmmenl avec les classiques profa­
nes. Nous u’ abandmnom pas ces derniers, par ce que nou9 savons
dans quel but le Christianisme-, depuis dixhuít siccles, nous a Conser­
vé cet heriiage
^DÍCION 10*

S is t e m a del A b a t b G a u i íe .

Puede reducirse a cuatro artículos.


1. ° La enseñanza de los clásicos paganos expurgados, hecha a
los niños y jóvenes en los primeros años de la carrera literaria, aun­
que se ju n te con la de los clásicos cristianos, es dañosa.
2. ° En los primeros años de la carrera literaria, no debe ense­
ñarse a los niños y jóvenes, mas que los clásicos cristianos.
(\) Enciclopedia, artículo Bellas L etras cit.
(? ) Des Etudes Classiqacs ot des Etudes L’rofossionnelles, pte. 4,§ 13-
—43r—
3. ° L a enseñanza de los clásicos paganos expurgados, hecha a.
los jóvenes en los años ulteriores de la carrera literaria, es útil.
4. ° Debe ensenarse mucho de los clásicos cristianos, y poco de
los clásicos paganos ( 1).
(1) Digo quo loe dos ílth n o s artículos «ion del sistem a do Güamo, es decir de apro­
bación do la Gnseüanzu do loe clúsicos p.iganos я la jn v en tu d , rotando expurgados, y
haciúndoso la enseñanza en los años ulteriores do la carrera literaria, p o rq u e así parti­
ré de la letra del Sr. A bate, esto ен, de una quo o tra palabra que se encuentran espar­
cidos en sus obras, y del hoclio de la edición de* los clásicos paganos que hizo para 1h
enseñanza do la juventud. Pero ei observamos el ctpíñlu. quo domina en todas le í obras
de1Gnu me contra los clásicos paganos, se vü tino tentado a creer, que no quiore le a-
probacian do la enseñanza de el loa, sino la tolerancia de dicha enseñanza a wn» no po­
der; que su espíritu no es de enseñanza de mucho ni de poco do los clásicos paganos,
ni aun expurgados, ni aun en los años ulteriores do la carrera literaria, R iñ o de elimi­
nación de ellos de los colegios cristianos. P o r que en las obras del Sr. A bato no se en ­
cuentra ningún encomio do los clásicos paganos, sino quo lo que se vé en oasi todas aus
páginas, es aborrecim iento do ellos, lenguaje ardiente contra ellos, vituperios, diatri-
bns. reproches y recrim inaciones do ellos. A voces descubro la cara, y manifiesta con
bastante claridad bus esperanzas y deseos do que, pasando el tiempo y cuando sus ideus
hayan bocho nfclla en toilo.s loa ánimos, d e r r ib a r los clasicos paganas, acab ar con ello»
y eliminarlos do los colegios cristianos, como cuando dice: “liuccr quo pura un gran n ú ­
mero de personas baya dejado de ser dogma y posado a prnblemn, lu necesidad de Ins
autores paganos pitra form ar hombres y literatos cristianos, y preparar do cato modo
шш generación que» Dios mediante, llegará a derribar el idolo, 'han sido los resultado?
favorables obtenidos luistu. ahora” (Obra cit, El Renacimiento, parte 1 p ., prólogo). El
•Sr A bate conocía quo, despues do estareo ensoñando hacia largos siglos loa clásicos
paganos en los colegio* cristiunos, en razón·do la poderosísima fuorza que tienen los
hábitos 8ecula.ro? y tradicionales, dicha enseñanza estaba mui arruinada, y no era po­
sible que acabara cu pocos años: por lo mismo so lim ita'a to lerar la enseñanza de 1ея
clásicos paganos, y a esperar y desear la fu to ra eliminación de ellos.
Otro de los iudicios de que el espíritu de Gaumo es la eliminación, es que los que
Lun leído b u s obras do buena fe (por lo menos algunos) han Bocado por consecuencia
la eliminación de los clasicos paganos dolos colegios cristianos. Asi el Sr. R eotordel Se­
m inario do Colimu loyó lns obrus do Caume, y d m in ú d e su colegio los clásicospaganos:
obró do buena fe; fuó consiguiente a su lectura. E l Ilustrísim o Sr. Obispo de LcOn le­
yó las obras de Gaume, y llegó a mas: llefgóa soepeohkrquo la intención del mismo Sr.
Pió I X en su Encíclica, fuó la de eliminar los clásicoe paganos do los Seminarios fran­
ceses, pues dice: ‘'Adornas me ocurre que esta Eucíclica os dirigida a los Obispos fran ­
ceses, y ol ^auto l*adro quizá lo que pretendió fue corregir en lo posible la educación
acostum brada en los Seminarios Galicanos, y p o r eso m arca quo sea la ensenansa de
la Teología, U ístori« y D erecho por autores aprobados por la Santa Sedo; y si la pru­
dencia aconsejabu no excluir del iodo a los autores paganos pará la elocuenoi% MBOta
que puso el Santo Padre la taxativa de expurgados." (P¿g- 6, Un. 21J. Parece paos que
Sff Señoría Iluetrieim a indica este pensamiento: “ E l S r. Pío IX ЪШ en s r corazón ne
quería los clásicos paganos^ino que no lo quiso docirpor prudencia." Mes en mi hum ilde
juicio esta sospecha carece enteram ente de fundam ento, p o r que respecto de cualquier
persona, aunque no sea un Papa, su ánimo, su intención, ldererdadcros sentim ientos de
au corazon, вс conocen рот го» palabra? y por sos hechos, no habiendo indicio en oon-
— 44—
Gaume comienza explicando qué entiende por "La Revolución,”
titulo de su obra, diciendo: “ La emancipación progresiva de la Eu­
ropa de la tutela del Catolicismo, su Balida del orden divino, y la
total sustitución déla soberanía del hombre a la d e Dios: véd aquí
el carácter distintivo de la época moderna: véd aqui lo que llama­
mos 1m Revolución; véd aqui el mal. Aquí tratam os de la Revolución
en general, no de la francesa de 1789, que mas adelante caracteri­
zamos” (1). Un gaumista dice que el sistema del Sr. Abate es origi­
nal (2); pero como maniGesta largamente el mismo Gaume, él no
ha hecho mas que repetir lo que otros literatos de los siglos pasados
han dicho, y aun dos de ellos formulado en sistema. Probablem en­
te no ha de haber habido un siglo en que no apareciese algún es­
critor, oponiéndose a la enseñanza de los clásicos paganos a la ju ­
ventud, on los primeros años de la carrera literaria. Esto no admira,
por que dice la Escritura que Dios desde el principio entregó el
mundo a las disputas de los hombres, y por que dice el adagio lati­
no que cuantos son los hombres tantos son lös pareceres: ,Quot homi-
7ies tot seutentiae. Lo que admira son dos cosas. L a primera es que
esos enemigos de los clásicos paganos hayan sido poquísimos, por
que si la enseñanza de ellos fuera el mayor mal social, como afirman
Gaume y el P . Ventura, los referidos oposicionistas hubieran sido
muchísimos. Algunos de los que hayan leido “La Revolución”
extrañarán ese poquísimos que digo, por que en dicha obra presen­
ta el Sr. Abatc;un grande aparato aepártidarios; pero me afirmo en
mi proposieion, porque una cosa es leer y otra estudiar; y tam bién
por que aunque dichos impugnadores vistos a bulto parecen mu­
chos, teniendo en cuenta que los escritores públicos antes de la in­
vención de la imprenta fueron muchísimos en cada siglo, aun en la

trario, como dice la regla de Derecho: A tt imus talis praesumitur, q ualtm facta dcmotit-
trant: máxime cuando las palabras non mui expresivos y loe hechos mui expresivos. E l
Sr. Pió IX usó do palabras nu boIo de aprobación, sino do grandísim a aprobación do la
enseñanza de los clásicos paganos, pues empleó nn superlativo: "loa «xclarecidísimos
escritores pogauos." Y respecto do heohos iqué hechojmu·) expresivo que[una Encíclica?
Ni satisface el decir que debió de obrar así por prudencia, porque la prudencia usa
del silencio, do excusa«, do evasivas, de medias palabras; pero jam as, de superlativos
encomiásticos do lo contrario do aquello que se tiene en e! corazon. Esto es mui claro,
j no se necesitaba el estudio ni de media hora p ara conocerlo, por lo qué creo que al
Iiustrísimo Sr. Sollano at emitir osa sospecha padeoió un a distracción. H u i respeta­
ble« son Su Señoría Ilustrísím a, el A bate Gaume j el P. V entura; pero ea mas respeta·
ble el Samo Pontífice 7 b u E ncíclica, cuya defensa tienen por objeto estas Adiciones.
O bra cit., L a Revolución francesa, periodo I o ., introducción.
(?) Obra cit.,E l Renacimiento, pts. 1 ? , prólogo.
- 45 -
edad media (1), y deapues de dicha invención batí sido en cada siglo
bastantes centenares, teniendo esto, digo, en consideración, los im­
pugnadores de los clásicos paganos vienen a ser poquísimos. La se­
g u n d a cosa que admira es que, a excepción del siglo IX en que pre­
valeció la opinión del monje Alcuino (y esto solamente en loa co­
legios de Francia y en alguno que otro) nunca han dejado de ense­
ñarse los clásicos paganos a la juventud en l>s colegios crist’anos,
en los primeros años de la carrera literaria. Tal’ es la, fuerza de la
verdad, especialmeute de aquellas verdades que han vivido a la
sombra de la Iglesia Católica. En todus lineas, pero especialmente
en loa hechos practicados en la Iglesia Católica, la tradievmt aun es
las materias de disciplina, como es la presente, es un argumento
mui fuerte.
El sistema de G aums ha sido una gran novedad como una re­
surrección, y puede considerarse eomo un sistema nuevo en el siglo
XIX. El P. Ventura sigue eo todo el sistema del Abate Gaumé y
lo defiende a capa y espada.

Jk. DIC ION lis»

Mon'sesos Gaume, Monsesok Düpainloup y E milio Castblak.

Castelar dice: “Una délas primeras y de las mas importantes pcfc-


lémicas de Monseñor Dupaintoup, fué la polémica sobre los autores
clásicos. Cierto Abate célebre (Gaume) queria hoirar de la educa*
cion general, y especialmente de la eclesiástica, los autores griegos
y latinos, los eternos maestros déla forma. Tal intento condenaba
las generaciones presentes, á ignorar las mas bellasobras de la hu­
mana inteligencia, aquellas obras de armonía entre el fondo y la
forma, de equilibrio entre el espíritu y la naturaleza, de propor~
ciones rítmicas tales, que hoy mismo ofrecen monumentos impe­
recederos de gloria al género humano, y modelos perfectos de gus­
to á la expresión artística. Aun religiosa, aun teológicamente, era
la idea una verdadera inconsecuencia y una verdadera heregia (2).
Prescindamos de que oradores tan grandes como el Crisóstomot no
llegaran á elocuencia tan alta como sus Sermones, sin modelos tan
acabados como Jos diálogos de Platón y los discursos de Demóste­
nes. Prescindamos de que Padres de la Iglesia como San Basilio,
[1] Uularmin» Dé Scriptoribus Eccltriatlicit cao a ta cerca de tra c ie n to * un solo Ja
ednd media.
(2) No tanto, ni tampoco q-jo las obras <3« loa cláaioos paganos eeaa "loa mas bo­
llan de la hum osa inteligencia."
-4 6 —
habian recomendado á lo s cristianos el estudio y aun Ja im itación
de la clasica antigüedad (1). D entro de las obras monum entales de'
los antiguos, hubo aiempre aquella estela deslum bradora de ideas»
llam ada por Orígenes el Cristianismo natural. Obra de Dios el dog­
ma* obra de Dios la razón hum ana, según el maravilloso apologista
no podian. contradecirse por completo. T en consecuencia contaba
la religión cristiana en la filosofía, precedentes como el esplritua­
lismo de Xenophanes, como la tendencia moral de Zenon, como los
arrebato 3 platónicos por los dogmas de la existencia de Dios y de
la inm ortalidad del alm a. Quitar esto del Cristianismo, era como
quitar la prim avera de las estaciones en nuestros años, ó como qui­
tar las alboradas en los hermosos dias de nuestra zona terrestre.
Tal idea produjo «na controversia, y tal controversia tuvo á Dupain-
loup entre los amigos de la clásica antigüedad. Llevó tan lejos su
entusiasmo, que los alumnos del Seminario de Orleans, represen­
taban en griego las antiguas tragedias como el Edipo Coloueo de
Sófocles, á presencia de innum erables sacerdotes, y entre los aplau­
sos de la ju v e n tu d ” (2 ).
El Diario de los Debates, en Noviembre de 1857 dijo: “Debemos
dar gracias a Mr. Dupainloup, por la excelente lección sobre el ar­
te dramático, que nos ha dado por boca de los alumnos de su pe­
queño Sem inario/'
E l P . V entura dice: “Sabido es que en algunas escuelas eclesiás­
ticas, ray a a ta l punto el entusiasm o por los poetas dramáticos del
paganismo, que se hace representar ciertas piezas a jóvenes levi­
tas, y esto sin inconveniente alguno, y con la aprobación de una
respetable autoridad (Monseñor Dupainloup). Sol ame ule nos per­
mitiremos una observación sobre ta n extraño hecho, dejando a es­
critores nada sospechosos el cuidado de dem ostrar la inconvenien­
cia y el peligro de tales representaciones.— Un célebre escritor’ha
dicho que “el niño es un ángel candidato al reino dé los cielos·, que la
educación es una obra divina, y que el respeto debido a la n atu ra­
leza y a la dignidad del niño, es un respeto religioso, y debe elevar­
se haata Dios.” ¡Mas ai! que este mismo personaje hace perder a los
alumnos un tiempo precioso en explicar, en aprender de memoria y
en representar en griego ante un público estúpidam ente alelado (3),
tragedias y comedias de antiguos poetas griegos. Se le podría pjies
preguntar, aunque no fuese mas que por simple curiosidad, si seme-
(\) E s cierto.
(1 ) Sem blam os Coatciuporcuioas, El Obispo de Orleans.
/3 } Llam a estúpida a ln sobiedad de Orleans.
— 47- ,
ja n te educación es verdaderam ente u na obra divina; ei eso es tra ­
ta r y considerar al niño como un ángel y un candidato al reino de los
cielos; y por últim o si semejante respeto hacia 61 ea el verdadera­
m ente debido a su naturaleza y a su dignidad, y si este es un res­
peto religioso que se eleva hasta Dios. Pero es tal el poder de las
preocupaciones clásicas, que ciegan a los mas nobles espíritus y a
los caracteres mas elevados, y lo peor de todo es que el referido m é­
todo ha sido contagioso” (1).
El P. V entura y Castelar exageran. No estoi impuesto délo s por­
menores de esas representaciones dramáticas. Puede sar qué en sus
circunstancias haya habido alguna exageración de parte del Sr. Du-
painloup, y puede ser que no haya habido ninguna. Es verdad por
una parte, que en las personas mas respetables hai quid hitmam, co­
mo dice Billuart; es cierto que, especialmente cuando las personas
tienen pasión por las disputas escolásticas, estas disputas calientan
los ánimos, producen resentim ientos y hacen declinar a exagera­
ciones en la opinion, y a veces aun dos diditos mas, como decía D.
Quijote; y es cierto por otra parte, que cual es el ataque ha de ser
la defensa. Donde no llueve bastau loa quitasoles; pero doude caen
rayos, hai necesidad de pararayos. Cuando el Santo a quien se h a­
ce una fiesta religiosa es mui grande, hai repiques a vuelo, maitines
solemnes1 sermón, procesion, rosario cantado y e n cada misterio un
cohete. El ataque del A bate Gaume a los clásicos paganos se pre­
sentaba de una m anera ruidosa, y era necesario que no, a los o-
jos de la m ultitud incauta y especialmente de la juventud, perecie­
ran dichos clásicos. U na de las cosas que G áum e atacab a con mas
vehemencia, eran las comedias y tragedias im itadas de los clásicos
griegos y romanos, que los jesuitaB representaban en sus colegios,
y era necesario poner a la vista del público esas representaciones,
para que se conociera práctica y palpablem ente que no eran in­
morales. Esa certidum bre práctica no agradaba naturalm ente al l í ­
bate G aum e ni al P. V entura.
Este Señor exagera. ¿Acaso el Iltno. Sr. Barajas, Obispo que fué
del Potosí, el lim o. Sr. Verea, actu al Obispo de Puebla, el lim o.
Sr. Camacho, actual Obispo de Querétaro, el lim o. Sr. Guerra, ac­
tu al Obispo de Zacatecas, el Sr. Dr. D. J u a n N. Camarena, A rce­
diano que fué de G uadalajara, mi am ado m aestro.el Sr. D. Ju an
Gutierrez, D ean que fué de la C atedral del Potosí, el Sr. Dr. D.
Ju an X. Ledon. Vicario Capitular que fué de la misma diócesis, el
Sr. Lic. D. Francisco M. Vargas, actual Iiectoral y algunas veces
r
(!) Apéndice al Discurso 2. =
— 48—
<Gk>bernadorde la Mitra de Guadalajara, omitiendo a otras muchas
personas, que tan bien representaban en las comedias y tragedias,
como alumnos del Seminario de Guadalajara, algunas de ellas imi­
tadas de los clásicos paganos como el E dipode Martínez de la Ro­
sa, ¿acaso, digo, dejaron por esto de ser candidatos al reino de loa cie­
los! L a representación de comedias y tragedias se usa todavía en
el Seminario de Zacatecas y probablemente en otros, y yo soi ente­
ram ente de la opinion de los SS. Obispos que gobiernan esos Semi­
narios.
^ D I C Í O N 12 p

H i s t o r i a d e l s is te m a d e l A bate G a u u e.

Este Sr. presentó su sistema en "El Gusano Roedor dq las socie­


dades modernas,’’ libro que publicó en 1S51 (1). En los primeros
meses de 1852 publicó las “Cartas a Monseñor Dupainloup sobre
el Paganismo en la enseñanza,” de polémica con dicho Sr. Obispo
de Orlelos, en defensa de su sistema; deepues, en el mismo año de
1852 publicó el opúsculo "Resumen de la cuestión sobre los Clási­
cos” ( 2 J, y después “La Revolución,’’ en $ei¿ volúmenes en 4 ? ,
para desarrollar extensam ente su sistema,*Esta últim a obra la es­
cribió en tres anos, es decir de 1856 a 1859, y la publicó por par­
tes. Consta de seis secciones: 1 P La Revolución francesa, dividi­
da en 4 periodos; 2 P El Volterianismo; 3 P El Cesarismo; 4 P El
Protestantismo: 5 P El Racionalismo, y 6 P El Renacimiento, que
divide en 4 partes, de las cuales la ¿í P son las “Cartas a una Ma­
dre de familia/ 1
El sistema de Gaume en “El Gusano Roedor” llam óla atención
en Europa, especialmente en Francia, y se dividió la opinion pú ­
blica. AJgunos periódicos y algunos literatos, entre estos algunos
Obispos y teólogos, en sus cartas particulares a Monseñor Gaurpe
ве declararon gaumistas; y otros periódicos y literatos; especialmen­
te Obispos y teólogos, se declararon antigaumistas. Los gaum istas
pueden dividirse en tres clases. L a primera y principal fué la de m u­
chos padres de familia, bastantes directores y maestros de los cole­
gios y otros literatos, que abrumadoe con la erudición, estilo ardien­
tem ente celoso y la fama del autor del “Catecismo de Perseveran­
cia," se alarmaron por el peligro de inmoralidad que creyeron cor-
rrian la niñez y lajnventud. AJgunos de estos Señores eran como di­
go, personas mui respetables en la gerarquia eclesiástica, pero que
(1) 1 л ВагоЬиЛоп, Ш Renacimiento, pte. 4, cap. 11.
[2] ld,id,0&p. 19.
— 49—
per *ua muchas 7 gravea ocupaciones, uo podiau hacer u a estudio
competente de la vasta y no fácil cuestión de los clásicos paganos.
L a segunda cíase fué la de los am antes de sistemas nuevos. La afición
a lo nuevo y extraordinario es una de Iss pasiones del corazonhu*
m#hnt y cuando uh sabio presenta ua paterna nuevo, y mas »i lo pre­
senta cod un grande aparato de erudición, y adornado con las ga­
las de la elocuencia, ee necesita una razón fria y un exam en mui lar-
•go y minucioso de lps hechos, para que la inteligencia no se vaya en
pos del sistema. La tercera clase fué la de tos enemigos de los jesu í­
tas. Los principales^gaumistas fueron Luis V eilloc, redactor en ge*
fe del periódico parisiense ‘‘El Universo,” en los años de 1852 y si­
guientes, y el M. R. P. Joaquín V entura de Raúlica, General de la
Orden de los Teatinos. Veillot pertenece a la segunda clase de gau-
mistas. Es un autor tan excéntrico en sus opiniones, que en su “ Per­
fume de Rom a” afirma que el telégrafo y los ferrocarriles son anti­
católicos, alegando que las campanas de la Iglesia son u n a mgor te­
legrafié, que los Santos Padres no escribieron sus sabias obras ca·
minando por fertocam ies y otras sinrazones semejantes; a la in­
versa de Monseñor Dupainloup, que en su Pastoral com unicando
lo« decretos del Concilio Vaticano, bendice los ferrocarriles, por
que llevaron a los Obispos de todos los puntos del globo a Roma,
realizando una obra que desdo el siglo XVI no ae había vuelto a
vér, que se creia por todos sum am ente difícil, y por algunos como
el Conde de Maistre, imposible: un Concilio Ecuménico. Publica­
do el sistema de Gaume, era seguro que un autor tan afecto a sis­
tem as nuevos seria el primero que lo abrasaría. ÜJl P. V entura, a
invitación (según supongo)'de Napoleou III, fué de Roma a Paris
en 1857, y predicó en la capilla del palacio de las Tullerias, d elante
del mi^mo emperador, los Sermones o Discursos de cuaresma, de
los qué el 2 ? y 3 ? fueron para sostener el sistema de G auire.
Despues publicó sus Discursos formando un libro que intituló “ Po­
der Político Cristiano.” Lospiincipales antigaum istas fueron el Sr*
Dupainloup, Obispo do Orleans en su9 “ Cartas el Sr. A bate Gau·
m e,” que publicó en los primeros meses de 1852, y el Padre Arse-
nio Cahour, francés, de la Compañía de Jesús, eu su libro D es£iu^
des Viasniques et dea Mudes Pro/easíonnelles, que publicó en P aiii,en
los últim os meBes del mismo año, y que fué como el vestíbulo da
la Encíclica de 21 de Marzo de 1853.
“La Armonía," periódico piamontes, dijo: “¿Quien no conoce el nom­
bre de Monseñor Gaume, y su obra titulada J£l (¡rmano Roedor de ¿ai
tociedadet mcd&nas, que tan to ruido h a ¿ocho eu Europa"” (1)j
<I) Cit por Gaume, obra eit., El Itenuladesto. pt* I ?, prólogo.
-6 0 -
Pocái veces se ha usado de la palabra ruido con tatita propiedad
(I). Gaume cuida de presentar todos los periódicos que escribiéron
en favor de su sistema, y todas las cartas particulares cjtié'fe escri­
bieron en el mismo sentido. ¿Y Us cartas de los personajes que de­
bieron de contestarle negativamente? Esas las calla. Solo dice qiíe
muchísimos opinan en contra de su sistema. En efecto los periódi*
eos gáumistas fueron poquísimos en comparación de los inutnefra-
bles periódicos de Europa, y los literatos que opinaron en pi*ó del
sistema del Sr. Abate fueron poq>m>mos en comparación de los 1-
numerablea literatos de Europa. De los romanos no cita mas que al
P. Ventura, al P. Theiner y otros tres literatos. ¿Y qué son cinco
personas, en comparación de las muchísimas notabilidades de Ro­
ma? De buena gana quisiera yo saber algún rasgo biográfico de los
personajes europeos gáumistas: ¿se encontrarían- entre ellos algu­
nos de fama de escrupulosos?; ¿se encontrarían alo unos desafectos
a los jecu tas? Es imposible a un mexicano adquirir estos pormeno­
res, que a veces pertenecen a la vida intim a. Gaume cita los perió­
dicos y cartas en favor de su sistema; pero no cita ni una tetra del
Sr. P ío IX. El Sr. Abate remitió al Santo Padre su Gusano Roedor
p o r conducto del Sr. Arzobispo de Myra [2]. ¿El Sr. Pió IX llegó a
escribir al Abate Gaume aprobándole su Gusano Roedor o su obra
“ La Revolución,” en el espacio de diez y nueve «nos, es decir desde
la conclusión de dicha obra hasta la m uerte del Papa? Y o sé que
cuando el Sr. Espinosa, Arzobispo de esta arquidiócesis, le remitió
al Sr. Pió IX sus Notas al fiyllabus, Su Santidad le contestó en té r­
minos aprobatorios y aun cariñosos, y que aquel dulcísimo Papa,
lo era especialmente cuando se le presentaba un libro mui útil a la
religión o a la educación de la juventud. Que se presente algún es­
crito del Sr. Pío IX al A bate Gaume en los términos dichos, y se-
rá'un documento que no tendrá el valor del periódico El Universo,
redactado por Veillot, y otros periódicos y cartas de personajes
gaumistas.
Loa antigaum istas fueron ¡numerables. Gaume dice: “Del mis­
mo modo q u e en 18-17 formaron una coalicion contra el promotor
de la liturgia romana, formaron otra en 1852 contra el de la refor­
m a cristiana de los estudios. - -En las dos épocas llovieron manda­
mientos, carias, artículos de periódicos y libros. . -D urante todo el a-

fjj E l Díccísttürio dx5 la Academia dice: “R uido tú. C ualquier sonido inarticulado
2f confino, m » o menoe fuerte . -.. Humor ·.■. . alboroto, pendencia, quimeras, discordia,
i «m ullo eto. Apariencia g ra & d tm la t eoint, qué en la n a lid a d d d hecho no /-·— - p ti-
ta nda. . . A rm ar ruido: promover bullanga, alboroto eto.
(-) Obra «Lt., £1 Renacimiento, pto. l f , cap. 17
—S i ­
no d> 1862cayeron sobre m i los golpes como «1 granizo en ua cam­
po de trigo. Todo el mundo tom ó parte en Ib cruzada, y todo pare­
ció bueno para humillar, desacreditar y destruir a) atrevido autor
<ie E l Gusano Roedor. Exagerado, sofista, embrollador, bárbaro,
discípulo de Ornar y de Juliano el A póetata, fariseo, hermano, ex­
traviado y no sé que mas vine yo a ser ( 1); pero estas calificacio­
nes clásicas me afectaban poco y respondí con el silencio” . (2). El
A bate Gaume al hablar del granizo se olvidó del r%yp, que fué la
Enciplica de 21 de Marzo, y la llamo rayo, porque asi «ededuce de
la doctrina de Scavini que mui pronto citaré. Él Sl\ A bate es m ui
hábil en los símiles: él com para su opinion al trigo, es decir a una
copa mui sana y provechosa, y los mandamientos, cartas y demas es­
critos ec su contra los compara al granizo, es decir una cosa piui da­
ñosa. Dice: ‘‘Los sacerdotes, párrocos y canónigos de upa gran ciu­
dad nos dirigen colectivamente la siguiente caj'ta: ‘'M uiíSeñornues-
tro; todo lo tocante a los sagrados intereses de la Iglesia n uestra
Madre liace palpitar nuestros corazones. Esto es tan to co m o decib­
le, que eos felicitamos por la discusión que tan apropósito h a sus­
citado U. respecto de los clásicos, y que todas nuestras simpatías
están por la causa que tan generosamente defiende U . . .No ha si­
do para nosotros lijero motivo de asombro, el que hasta algunos
Obispos hayan creído poder censurar las miras y palabras d a U.;
pero cuando de su parte está la razón y el buen derecho, nos admi­
ram os mas de ese ánimo firme, de esa perseverancia tranquila, con
los cualep £Ín hacer caso de las injurias de sus adversarios, sabe U.
rechazar sus exageraciones y sus e rro re s .. .4 de E n^rode 1853 ’.
Yo creo que los mismos ¡33. Canónigos, párrocos jf ¡ sacerdotes no
habrian escrito lo mismo dos meses y medio de.^pues, es decir des­
pués de la Encíclica de 21 de Marzo del mismo año.
Los antigaum iatas llam aban a los gau mistas cruzados con vuezof,
y estos llam aban a aquellos cruzados con escarpines. Gaame, cuan­
do publicó su Gusano Roedor era Vicario general de la pequeña
diócesis de Nevers, pues apesar de su grau talento, virtudes y ser­
vicios a la Iglesia coa su famoso “ Catecismo de Perseverancia’.' y
oicas. sabias obras, nunca fué nombrado Obispo, quizá por su.celo
(1) Yo no digo ninguna de esas cobos; sino únicamente <jua te tquicoeói S®* esoft
eneabeíajLp da estas Adícioaps dice: “para refutar iat equivcxacionei de iíona«Snr
Gftiime y ¿el M. E. P. Joaquín Ventara de Kúulioa.’’ Taaibie^ el Sr. Abato al haljJ.u·
do sos contrarios, especialmente de los jesuítas, qo se 6^pr«^a>t^i ^^avemQDtc; y d }\
Ventura, énínvirae c o b o s mui dnras, dice que l&.eDsefiansa ¿ e ,loe jesuíta* e· la
ñatua Je Sotanas, como voremoa en su lagar: efecto· de loa polémica^.
P1 M, 14, cap- 19. Deapuoe «solibio aei« yoIúmum.
— 52—
exagerado, el cuai do ве Eviene con la ptajdet&ia gulwrontiv’a; A-
ludiendo.a eso los antiganmietas decían: el sistemtoéelfoxrf, la lógi-
m de Ncvers, como quien dice discurso de Jalón, ridiculizando el co­
nocimiento en materia de latin que ее pretendía tener en un pue­
blo de Francia, en comparación del que tiene Roma de la preciosa
herencia de вив exclarecidv) inon abuelos, del cual latin ha usado ha·
ce tantos ligios en sus Bulaa, Breves, Encíclicas y demaa documen­
tos pontificius.
¿Cual era el estado del sistema de Gaume en 1857, deepuee de
cuatro años de estarlo defendiendo con ardor en diversas obras? El
interno dice en el referido año que su sistema avanza lentamente (1).
Escuchemos lo que dice el P. Ventura en el mismo año de 1857:
“La mayor parte de nuestros adversarios observan una conducta
ciertamente extraña: ellos nos han denunciado a la opinion pública
como novadores y bárbaros, han tratado de excitar contra nosotros
la autoridad civil (2) y la eclesiástica, y de que se nos considere
• o m ziza fieros y exagerados; se han apoderado de los órganos de
la publicidad, y los han movido contra nosotros (3 ). . . Han orga­
nizado contra nosotros una formidable cruzada, capaz de desalen·'
tar a todo valor y de desarmar todo celo. En una palabra, impi­
den a Iob defensores del método cristiano ser oidoa y aun hablar,
y apoyándose en un silencio que es obra suya, pues hai росах per-
лопал que hablen tomo nosotros, emplean ese mismo silencio como u-
na arma para combatimos" (4). ¿Cual era el estado del mismo sis­
tema en 1858? Escuchemos lo que el mismo Gaurae decía en di­
cho año: “Si prestáis vuestra atención, oiréis a las den voces del
mundo literario, deciros que los autores que se dan por maestros
a vuestros hijos, son los hombres mas eminentes del mundo, los
mas bellos ingenios de la antigüedad, los filósofos mas célebres, los
oradores mas elocuentes, los moralistas mas puros, los poetas mas
amables y divinos, Iob historiadores mas elegantes, y unos hombres
todosе11ов la flor délos eiglos de oro de la literatura” (5). ¿Cual

<]> Id|4d, prólogo.


(2) El Р.,Ventura trató de probar en la* Tul]«ría« delante to Ущк>1»ои H |, «■ fe.
eir d* la suprema autoridad cíyíI, gae la enseSaua de lito joeuita* a la ¿atentad e n b
ФчеКапжа de Sotana*. ¿Como estarían los jesuítas dg Fronda?
(3) Uso de loe órganos mas poder*«» de publicidad м el palpitó: el V. Vntúra ia
bió.a ano de loe mas aforados, el pulpito imperial di laa TuHerí as. Otró da lo* (tas
dea árganos de pobfleldad ея ¡aprensa. Ganmé la ooupó ctaoo alíe*. La Mafd taúbiea
el P. Ventora, publicando su Poder Pdhfoo Cristiano.
(4) Apéndice«) Diwaíao i?
1У· Carta* a una Madre de familia, CArta 1 f
— 53—
e n el estado del sistema dé Gaume en 1859, es decir al concluir
su vóluminosa' obra “La Revolucioné y despúcs de haber hecho
cuantos esfuerzos pudo por sostener su opinion? El nos dice en el
referido año: “Unos se oponen a ella por rutina, pereza o espíri­
tu de sistema; otros por amor propio ifadividual o colectivo, que'tfo
quiere confesar que se engaña; otros por que carecen de f¿ en la
importancia de una cuestión que no han estudiado, y que sin em­
bargo domina todas laa demas, dependiendo de ella la salvación de
la Europa; y muchos en fin, porque profesan odio instintivo o cal­
culado al Cristianismo” (1); y mas adelante: “Si nosotros la· hu­
biéramos escrito (una obra en pro de los clásicos cristianos y cbtítra
los clásicos paginos escrita en el siglo XVII), la república literaria
no tendría bastantes piedras para arrojarlas sobre nosotros” [2]. ·
En 1852 hubo gran peligro de que “El Gusano Roedor” fuera
prohibido, y con este motivo Gaume hizo viaje violentamente a Ro­
ma. Dice: “A las injurias succedierou las acusaciones. Un Obispo,
a quien no nombraré, me acusó en un documento oficial, de haber
violado las leyes canónicas con la publicación de mÍ9 obras, y fui
amenazado con una próxima condenación del Indice. El dignó
Prelado, para fundar sil acusación no encontró nada mejor que los
t. ea textos siguientes: Siatuimus ei ordínamus qund nullwn librum, a*
Itquem1sic) imprimere seu imprimí f acere praeaumat, nisi prius ab Episr
copo diligenter examinetur d approbeiur.— JJbri ttjpis non cudiniur, nisi
eorum editiom suffragdur Ordtnarii auctoñtas eí approbaíio.— Preit-
'bytaiet dtaconi sine sententia eí volúntate Epiatopi nihil peragant.
"Estos textos se escribieron en latin para demostrar su autenti·
cidad, y a los ojos de la mayor parte de los lectores debieran pare*
cer concluyentes.”
‘•He aqui lo que valen: el primero és un texto fabricado con un
pasaje mutilado del Concilio V de Letrau, pasaje que, restablecí*
do en su integridad, prueba ¡justamente lo contrario de lo que se
se quería!”
“El segundó es un titulo de capitulo dado para 'un articulo de leí.
Ahora bien: este titulo, obra del compilador, tiene el doble mérito
de no probar nada, y pertenece tanto al Derecho Canónico, corrió
ib i títulos o sumarios colocados por k>s benedictinos & la eábést
de las obras de los Padres {que no pertenecen a la Patrologia!’’
‘•El tercero es un canon apostólico, relativo a la ádmltíiBifación
temporal dé lós bienes de la Iglesia, ¡aplicado júútas¿unsn¿e a la pu­
lí] Obra e i t . El Renacimiento, pte. 4, iatradaooioD·
(3) Id, id, cap. 16.
— 64—
blicacion de libros!—rEn cuanto & las amenaza# d * coadanaeion, se
m e escribía: “Sé de buena tin ta q uelaa obras de Y . se ium delatado
en Roma, y que vá U. a ser puesto en el Indice”. A un cuando fuese
imposible que obras públicam ente aprobadas por el ilustre Arzobis­
po de Reirás, y estim uladas por nuestros mas sabios Prelados f J.J,
fuesen un ultraje a la Iglesia, esta acusación, lo confieso, me causó
como sacerdote y como escritor católico, una pena fácil de compren­
der. P arti para Roma; era esto en Enero,de 1853.— Mi prim era vi­
sita fué al R. P . Módena, secretario de la Congregación del Indice.
Habiéndole dicho mi nombre, indicado el objeto de mi viaje y he­
cho relación d élas amenazas, el excelente religioso (dominico) me
abrazó con efusión diciendo: M a che/ ma che! credom dunque ifraiic6$i
. che abbfoamo il cei'vdlo nei'e calcague!” ¡Pero qué!, ¡pero qué! ¡sin duda
le s franceses creen que tenemos el cerebro en los talones! ¡Condo­
narle a U!, ¡aU . por haber querido despaganizar laenseñanza!...Es­
to seria formar el proceso a toda nuestra Orden, que se gloria de tener
j u m ártir de la m ism a causa (Savonarola).— Pero, Padre mió, si U.
no quiere condenarme, yo quiero al menos me exam ine: be venido
a Rom a para eso, y no me marcharé, sino con una absolución o u-
na condena en mi bolsillo” (2).
Gaume hace mucho mérito de las frases de espléndida cortesía
delS r, Secretario de la Sagrada Congregación del Indice. En otra
Adición dedicada a.Gteróuimo Savonarola noe^ocuparódel valor de
esas frasea, y por ahora solo observaré: 1 ? Que b ai diferencia en­
tre la absolución o condenación de un libro, y la absolución o conde­
nación del autor: puede s e prohibido un librof sin ser condenado el
autor. 2 ? Que hai mucha diferencia entre la Sagrada Congrega­
ción del Iudice y el Secretario de la Sagrada Congregación del In ­
dice. Alegar la aprobación, privada de un libro hecha por el Secre­
tario, o pualquier otro individuo de la Congregación del Indice no
es probar la aprobación canónica del libro.— “No, se dirá, el A bate
Gaume no trata de la aprobación, canónica de sus obraB ctmtra los
clámccB paganos, tino de un indicio,de aprobación.”— Pues al tra ­
tarse católicos de la aprobación de un libro, todo lo que no
se^ s probacion panpnica* es alegar- inútilm ente. 3 ? Que lo tácito
n^sQ pyede e^har en ,el bolsillo,, y por lo j p i ^ o Gaume hablaba
de una, absolución q cond,en^cÍon de gus Qoraa contxa los clásico^
paganos, hecha por (9 S agrada Congregación del Indice y,.,qu$ fue-
rM qpr/sg y consignada en un.papeTque se pudiera écíia^ en 9^ 1-
[1] Esta expresión na es exiota. . ,~ T
j .1
|• a·
3] tId, id, cap. t». - ' · w . . . u a :¡ :0 i)
¡
— 55—
sillo. Ni el Santo Padre, dí la Sagrada Congregación del Indice die­
ron la aprobación ni la prohibición expresa de las obras de Gaume
contra los clásicos paganos. »
“ Les obras de Gaume contra los clásicos paganog, dirá quizas al­
guno., no están prohibidas. Luego son mui verídicas, mui provecho­
sas y mui del agrado del P ap a.”
Respuesta 1 P Esa consecuencia se deduce tan to como esta otra:
La Defensa de los C uatro Artículos de la Iglesia Galicana escrita
por Bossuet, no fué prohibida. Luego fué una obra mui verídica,
mili provechosa y mui del agrado del Papa. Dicha Defensa causo a
Rrntra una sensación profundam ente dolurosa; pero la Silla Apos­
tólica sabe mejor que nadie que en ciertos casos la virtud de la pru­
dencia debe anteponerse a la virtud de la justicia ( 1). Dice Bene­
dicto XIV que el libro de Bossuet, no fué puesto en el Indice de los
libros prohibidos, no por que no lo mereciera, Bino po rq u e el céle­
bre Obispo de’ Meáux, era por otra parte (alias) mui benemérito de
?a Iglesia Católica, por sus obraB apologéticas, especialmente su
Historia de las Variaciones (2). E ra el que había dicho: “ ¡Iglesia Ca­
tólica, péguese mi lengua al paladar el día que yo me olvidare de
ti!’’ No por esto digo, que las obras de G aum e'contra la enseñan­
za tradicional de los clásicos paganos a la ju ven tu d de los cole­
gios cristianos, sean dignas 'de prohibición; esto si seria un atrevi­
miento; yo no hago mas que negar la consecuencia del argum ento.
Dichas obras del Sr. Gaume se pueden leer, por que están tácita­
m ente permitidas.
Respuesta 2. *® El A bate Gaume salió de Roma y se volvió a
Francia en Febrero de 1853, y en el mes siguiente expidió el Papa
su famosa Eucidica, en la qué llama esclarecidísimos a los clásicos
paganos y encarga que se enseñen a la juventud, la cual Encíclica
indica cuan g ra tó le fué “El Gusano Roedor” de Gaume, asi como
el Breve dirijido por el mismo Sr. Pió IX alS r. Obispo de Calvi y
Teaiio en 1875, sobre la enseñanza de los clásicos paganos a la ju -
ventud, Breve de que m e ocuparé en otra Adición, indica cuan gra­
ta fué a su Santidad “La Hevolucion” del mismo Sr. A bate. , t
Dice Gaume: “P o r último, para com pletat el triunfo de mis acu·
sadores, les aconsejo que hagan que se ponga al Papa mismo en el ln+
dice, y ahora se verá que con un poco de lógica no es imposible con-
11J E l sapientísim o R ipalda no dice: “ Loa v ir tu d « cardinales m cuatro: la p rim e -'
m justicia. La segunda prudencia e t o . s i n o " la prim era pradenoia, la segunda ju s ti­
cia1' etc.
(9) V m m esto bocho tratad o por el carm elita F ra y Antonio- 4e San F etnun, eq su
Defra» del Home AttrUvi.
- 5 6 ,-
fegui^lo (J). Dígase lo que ee quiera,' ?1 título con que el Soberano
Potídfice se ha dignado honrarme, tiejve una sígnificacioiique rego­
cija dios unos, mientras a los otros im portuna". Form a este argu­
mento: “Deepues que el Saíito Padfe recibió mi Gusano Roedor,
me concedió el cordon y titulo de Protonotario Apostólico con el
tratam iento de Monseñor. Luego mi Gusano Roedor fué de su apro­
bación. y si hemos de ser puestos en el Indice yo y todos loa qne
aprueban mi opinion, h e a h a l Papa en el Indice” [2)
He equi otra aprobación de un libro que puede llamarse porvia
de ícrd^n. El Sr. Gaume es un bravo polemista; pero ae dignaran
dispensarme los Señores gaumistas que yo no acepte su lógica. Lo
primero, por lo que ya desde entonces dijeron algunos literatos al
Sr A bate, contettándele eFe argumento, aeaber, que el Santo P a­
dre habia cotí cedido el mi^mo titulo de Protonotario Apostólico con
el tratam iento de Hfcmthor a uno de loa principales impugnadores
de la opinion gaumiista. Luego ese titulo concedido al Sr. G aum e
no prueba aprobación de su opinion. Lo segundo, por que el P a­
pa no concedió ese titulo a Gaume luego que recibió “ El Gusano
Roedor,” sino largo tiempo despues. Lo tercero, por que el Sr. t'io
IX concedió el roinno titulo de Protonotario Apostólico con el tra­
tam iento de MuntéñoT, a bastantes personas inferiores mucho en sa­
ber a! Sr Abate Gaume. Cuando este Señor escribió tu Gusano Roe­
dor, ya era por otra parte ( alias) benem érito de la Iglesia Católi­
ca, j or fus (jLraa sabias y em inentem ente católicas, especialmente
.6*1 fbmoso "Catecismo de Perseverancia,” y esta sola obra era un
mérito sobrado, para que f¡e Je concediera el cordon de Protonota­
rio Apostólico con el tratam iento de Monueñor.
D ándomela venia Monseñor Gaume y el grande V entura de Ráu-
lica, digo, que si el nombramiento de PiOtonotaiio Apostólico equi­
valiera a la epru^acion de un libro, aunque contuviese doctrinas
falcas, ese titulo^ amigos lectores, seria un precioso talisman, y a
un escritor público seria mui ventojoso tom arse el trabajo de pro­
curar adquirirlo. Porque con solo tenerlo, se le ahorraba el trabajo
de estudiar, de ponerse a dar descargos, sostener polémicas, m eter­
te en honduras, y muchos dolores de cabeza; pues desde que reci­
biese el pombrauiiento de Protonotario Apostólico ipsofado que­
daban rptobadas todas las obras que habia escrito, dijeran lo que di­
jeran. Y tí alguna peraoua lerpreguntaba que ¿porqué habia dicho
t.1] E l Ilufttríéimo Sr. Sollono ka dicho que Gírame escribe “con una filosofía qne
encnula" (Pog- 5, linón 96). P a ra una cosa tan grave como poner al Papa en el Indioe
«le toa autores prohibidos, esporomos un poderoso argum ento, un» graud$ £luaofia-
[2] O bre c it. E l Ueuaoimianto. p tí. 4. cap. 19.
«n su libro, por ejemplo» que algunos {pie habían m uerto en peca­
do mortal se habian ido al cielo?, podría responder que estaba mui
bien dicho, por que había sido nombrado Protonotario Apostólico.
Y si otro le preguntaba que ¿por qué habia afirmado que en la edad
inedia no se habian enseñado los clásicos paganos a la juventud, cons­
tando por la historia lo contrario?, podía Contestar fácilmente que
por que era Protonotario Apostó ico. Quizá no será asi; pero do es­
te modo discurrimos en Lagos.
En fin, be aqui la doctrina de Scavini, Dean de la catedral de No­
vara, escritor que no es jesuíta, para que pudiera tachársele' de
parcial, sino un autor sabio, i m parcial, de sana, doctrina, aprobada
por el Papa y recibida en todos los Seminarios católicos. l)icc: “ L-
na gran cuestión se agitó mucho en ^rancia, acerca del uso do lo*
libros paganos en tos Colegios de enseñanza de lojuventud; alegan­
do unos que dichos libros habiaa' dé ser eliminados completamente,
como fuente de tantos males en la educación cristiana [entre los
q u é sobresale Gaume en la obra E l <íusano Roedor']] y otros negan­
do esto, lo qué ciertam ente prueba la experiencia de tantos siglos
y el ejemplo de tantos Santos. Pío I X pusofin a la controversia con
la Encíclica de 21 deMarzo de 1853 a losObispos franceses, en don­
de los ex h o rtaa que de tal suerle h in de instruirá los estudiantes,
que estos puedan aprender la legitim a elegancia de bablary de es­
cribir, tanto en las sapientísimas obras de los Padres, coinu en los
esclarecidísimos escritores paganos, expurgados de toda mancha"

¿Y por qué la Encíclica fue dirijida únicamente a los Obispos fran­


ceses, y nó a los de las demas naciones de la cristiandad/ Por (pie
en Francia era donde habia hecho mas ruido el sistema gaumista.
No fué necesario enviarEncícüca a los Obispos do Alemania, ni a los
de España, ni menos a los de Italia, por ser esta de tiempo inmemo­
rial el paie mas afecto a los clásicos paganos, y menos todavía a los
de otras naciones como México, en donde fué conocido el sistem a
gaum ista cuando ya en Europa estaba muerto y sepultado.
[11 M agn a quaettio e za g ita ta f u it in G a llia circa itsum librerum gentilium
ín scholis; a liis con/endenti¿>us illas omnino este elim inados, utpnte tot mulorum in
chrUtianm td u ca tio n t teatu rigin em [ínter quos eminet Gaume in opere I I Ver.uk
B o d ito ri); a liit id tiegnntibms^ quod quidem to t saecuíornm e tp e r ie n tia p ro b a t, ac
tot Sanctorum ezemplum. C m ntroversiat jin tm im pesvit P iu t P P . I X E n c íc li­
ca 21 M art. 1853 a d G allican os E p isto p o s, ubi kortatu r Jíie e$»» in strutndos
tákolaret, tr# ·*germ anan d icen d i scribendiqut eitg a n tia m , clo q u cn lia a , tnm ez
*apAmtütim\» P a t n m eperibus, tum ez c la n siim ite th n ic it icr/ptpribu !, ab omni la-
b e r z p 9 r g a 4 ii,a d d is c tn v a ie a n t.'\T h to lo g ia M ’o ra tiiV n ÍB trta yUb. 1 ? , Aum .752)
—58—
Durante la polémica con motivo de “El Gusano Roedor gau-
mifita aleman, el Dr. Seppe, dijo: "Se ha visto a Monseñor G-aume dar
el golpe de gracia, coa su obra titulada “El G-usano Roedor de las so­
ciedades modernas,’' a la enseñanza pagana que domina en nues­
tros dias, y pronunciar contra el la una sentencia de muerte” (1)*E-
chemos una ojeada sobre los colegios civiles y sobre los Seminarios
de Europa y de México: ¿se ha cumplido la aseveración del Dr. Sep­
pe? ¿Quien fué el que dió el golpe de gracia, el Papa o Gsuimeijinem
inqyjsuit?
El Abate Gaume, apesar de au viaje a Roma y de sus agencias
en la Ciudad Eterna, salió de ella sin llevar en el bolsillo la aproba­
ción ni la prohibición expresa de ninguno de los libros que había es­
crito hasta esa fecha, contra la enseñanza de los clásicos paganos
a la juventud, y sin embargo no se desanimó. En seguida se publicó
la célebre Encíclica, y'sin embargo no se desanimó. Se fué a Reims, de
cuyo Obispo era entonces Vicario general, empuñóla ardiente pluma,
y durante tres años desarrolló ampliamente en ¡seis volúmenes!, y
tra tó de sostener su sistema propuesto en “El Gusano Roedor.” E-
ra Larde: la controversia estaba terminada: jínem imposuit. Desde la
conclusion de dichos volúmenes o sea “La Revolución,” hasta su
muerte, es decir en el espacio de veinte años, guardó silencio so­
bre el negocio de los clasicos paganos (2). ¿Qué diremos de esto? Si
a un guerrero, despues de lidiar denodadamente en el campo de ba­
talla durante nueve años en pro de una causa, le vémos retirado en
el hogar doméstico por el espacio de veinte años, ¿qué deduciremos
de esto?
Tal ha sido el éxito del sistema del Ábate Gaume.

1
SISTEMA QUE SIGO.

Es en mi sentir el que se desprende de la Encíclica, y siguiéndo el


m étodo escolástico, ju sta m e n te estimado por los Babios en pleno sin­
glo XIX, como el mas apropósito en escritos didácticos como elpre-
( 1) Cit. por Gaume, obra cit-, £1 Renacimiento, pte. 1 P , prólogo. Mostrando jo a
un amigo mió mui instruido nn párrafo en quo un Sr. gaamiata mexicano, copiando al
Dr. Seppo, dico que ha dado en su colegio el golpo de gracia a loa clásicos paganos, me
coa testó cou estos solos palabras: “ ¡Pues ha hecho bonita gracial”
[3¡ Hoi SCde Agosto de 1880, al llevar mui avanzadas estas Adiciones, el Sr. Manuel
de AIt», de quien hablo en 1a pag. 10 , linea 6 , actual Cura de Marfil, vino * Y iaituae
y me dijo que sabia por un p«riódico que Monseñor Gaume habí»muerto en Noviem­
bre próximo pasado.
— 59—
sente, para tina clara exposición y demostración, siguiendo, digo,
este método, presento mi sistema en un proemio, una proposición,
cuatro fundamentos y cinco corolarios.
Mi p iu k j iio .

Es el mismo que asenté en mi parágrafo Füo&ojia déla Historia.


Utilidad de ensenar a la juventud los clásicos latínospaganos que escri­
bí desde que estaba escribiendo mi Compendio, de la Historia Ro­
mana, y antes de la Correspondencia epistolar coiü el Ilustrisimo Sr.
Sollano (1): E ai un modo en las cosas, hai finalmente limites cier­
tos, y ni mas allá, ni mas acá de ellos, puede consistir ló recto:
Est modua in rebus, suné cerii denique jincs,
Quos ultra c¿traque nequü constátete redum.
Mi p r o p o s ic io s .

Una proposicion es la expresión precisa de un pensamiento, y


que por lo mismo no ha de tener mas ni menos palabras que las
que se necesitan para expresar el pensamiento. Lo que es en los c-
dificios el cimiento y eu el mar un faro, es en una discusión una
proposicion: la base de toda la opinion y materia controvertible, un
punto fijo y luminoso que sirve de guia en toda la discusión, para
evitar la confusion de ideas y la confusion de palabras, o sea vana
y perjudicial palabrería. Mi proposicion desde que escribí dicho ar­
tículo Filosofía de la Historia fué y es la siguiente: Es mui útil en­
señar a la juventud a San Gerónimo, Prudencio y otros Santos Pa­
dres y clásicos cristianos» y también a Cicerón, Virgilio, Horacio y
otros clásicos paganos con diflcernimieato [ 2]. Desarrollo esta pro­
posicion en cuatro artículos:
1. ° La enseñanza a la juventud de los clásicos paganos expur­
gados, sin juntarla con la de los clásicos cristianos, ea dañosa.
2. ° La enseñanza a la juventud de los clásicos paganos sin ex-
(1) Véaae «Se paTÍgftfo * la p&g. 13 do esta Enrayo.
J2] L a palabra discernimiento se deriva del verbo latino discemo, y esto se compo­
ne dol verbo cano y do la preposición dit. El verbo ctrno significa cernir farinam. cri-
bro, dio« Flinio: la liarina on el oedaso: separar la flor de harina del salvado « inmun-
dioias. En los idiomas so llama preoiBA aquélla palabra que expresa muchas ideas: tal es
la palabra cernir, la quú expresa todas estas ido&s; separar lo grueso «je lo delgado^-----
lo burdo de lo fino----- lo dañoso y lo inútil do lo útil----- y separar con multiplicidad,
es decir, machísimos partes dañosas de machísimas útiles. L a preposición dis, en mu­
cho· compuesto* como en discernir, esaanrentativade laaooion del verbo. [Diccionurlo
Latino Etimológico por Miguel y Morante, verba. Cerno j Di»). Discernimiento aplica­
do a un libro clásico pagano es, pues, la separaoion de todas las partea útiles de l u d a­
ñosas, hecha con maoho oald&do. ¿Xo ea esto una expargación*
— 6° — .
purgar, aunque se junte con la de los clásicos cristianos, es mas da­
ñosa que la del articulo anterior.
3. ° La enseñanza a la juventud de los clásicos paganos u n ex­
p u rg a r^ ein juntarse con la de los clásicos cristianos, es mas da­
ñosa que la del articulo 2 . °
4. 0 La enseñanza de los clasicos paganos expurgados, juntacon
la de loa clásicos cristianos, hechaa los niños y a los jóvenes en los
primeros años de la carrera literaria es mui útil.
Mjb ceatro fcxdanestos.

Son los mismos que asenté en mi referido parágrafo Filosofa dt


la notoria, asaber:
1 . ° L a enseñanza modelo, que es la de los jesuítas, loa qué en­
señan a los niños y a los jóvenes en los primeros años de la carrera
literaria, los clásicos cristianos e igualmente los clásicos paganos con
discernimiento; advirtiendo que la Compañía cuida, no solo de la
instrucción literaria de los niños y de los jóvenes, sino principalmen­
te de su educación moi'al.
2. ° El aprecio de largos siglos en que han sido tenidos losolá-
sicos paganos por todos los sabios, y la cuidadosa enseñanza que
han hecho de ellos a los niños y a los jóvenes en los primeros años
•de la carrera literaria.
3. ° San Gerónimo, San Ambrosio y los demas Santos Padres, a-
prendieron las bellezas de su estilo en la Biblia y en los clásicos
¿entiles. Ahora bien: conviene dar a los niños y a los jóvenes a be­
ber en la fuente. 71
4. ° Pió IX en su Encíclica de 21 de MaTzo de-1853 dice: “Puedan
aprender (los adolescentes clérigos) la legitima elegancia de hablar
y de escribir, la elocuencia, tanto en las sapientísimas obras de los
Padres, como en los esclarecidísimos escritores paganos, expurgados
de toda mancha.”
Mis c in c o c o r o l a r i o s .

Son los mismos que asenté en dicho parágrafo Filosofía de la


Miaíoria, asaber:
I. ® El Santo Padre sabia mui bien, que los clásicos paganos ha­
blan e n bus libros de la mitología pagana, como que era la.religión
de su tiempo, y sin embargo los 1lama esclarecidísimos en sus escritos,
y encarga que se enseñen a los adolescentes. Lnego no hai peligro de
que se paganicen.
2 . 9 £21 Santo Padre sabia mui bien que Cicerón, Horacio y los
mas de los clásicos paganos fueron pésimos en sus costumbres, y sin
embargo los llama ezclarecidwirnos en sus escritos, y encarga que se
— 61 —
enseñen a los adolescentes. Luego no h&i peligro de que se corrom­
pan las costumbres de estos.
3. ° El Papa cuida de las almas mas que nada y mas que nadie.
Luego ningún católico puede con prudencia recurrir al tuáonmo,
diciendo que'apesar de la Encíclica, lo mas seguro es no enseñar los
clásicos paganos a los adolescentes, por que esto equivale a decir:
“Yo cuidó las almas mas quo el Papa.”
4. ° El Papa dice que la enseñanza de los dáñeos paganos ex­
purgados produce la elocuencia germana. Luego no es racional decir
que los clásicos paganos producen una elocuencia falsa, por que la
palabra germana quiere decir legítima y verdadera.
5. ° El Papa dice “tanto en las sapientísimas obras de los Padres,
como en los esclarecidísimos escritores paganos.” Luego no se ha
de enseñar mucho de los clásicos cristianos y poco de los clásicos pa­
ganos ni viceversa.
Es decir que mi sistema es el mismo que asenté desde antes de
la Correspondencia epistolar con ul Ilustrisirno Sr. Sollano, sin que
tenga que variarlo en ninguna de sus partes, y fué una casualidad
q u e h a ja y o acertado entonces (sino es que c sté errado), cuando no
había leido n i un renglón del Abate Gauine ni del P. Ventura, como
consta por dicha Correspondencia. E n este Ensayo no hago pues
mas que desarrollar los pensamientos capitales que me ocurrieron
cuando estaba escribiendo mi Compendio de la Historia Romana:
pensamientos capitales que constituyen un sistema de enseñanza.
E sta Adición 13 P es pues e l ^ a n y la regla de todo este pequeño
libro, y ruego a mis lectores que vuelvan los ojos a ella, siempre
que seles ofreciere alguna dificultad en alguna parte de él.
y&.DIC10 N 14 f

El alimento de los demonios e * l a s B e l l a s L e t r a s , o sea la


ENSEÑANZA DE LOS CLASICOS PAGANOS SIN DISCERNIMIENTO.
La.conocida sentencia de San Gerónimo dice: Daemonum ctbus
swit carm ina poetarum.
El siguiente axioma de un clásico:
Haro moribus czprimit Catonem
Quisquís versibus exprimí Caiulum.
El Padre Paz, orador jesuíta español de principios del sigio XVII,
dice: “A vosotros profesores de Teología y de Sagrada Escritura,
á vosotros predicadores de los divinos oráculos van dirijidas mis pa­
labras. ¡Cuantos veo bey entre vosotros que apasionados por lo·
— 62—
libros paganos» dejan á un lado la Sagrada Escritura y los Santos
Padres, ee complacen en leer fábulas mitológicas, aprenden de me­
moria las sentencias de los filósofos, estudian y meditan las historias
profanas, y van luego a predicarlas en público al pueblo, ansioso
de oir la palabra de Dios! Muchos conservan ya solo pár adorno en
sus librerías las obras de San Agustín, San Gerónimo, San Grego­
rio, San Ambrosio y otros Santos Padres, y buscan para estudiar las
de los poetas, filósofos e historiadores profanos de Grecia y Roma.
Los primeros callan, los segundos hablan en las conferencias y en
el pulpito: borrados aquellos de la memoria, duermen en sus sepul­
cros; estos intervienen hasta en los discursos sagrados; los elegidos
por Dios para ensenar son postergados; los que la Iglecia apenas
permite son los doctores de la educación de la juventud en Israel:
co*no si para los cristianos pudiera valer mas Ovidio que San Pablo;
como si Cicerón fuera mas persuasivo moralista que el Evangelio, y
como ai la autoridad de Homero y Séneca fuera mayor que la del
Espíritu Santo!.. -El ajo puede ser presentado en la mesa del escla­
vo para sazonar su pan; pero no en la de los reyes, que nesesitan
otras sustancias mas exquisitas. La predicación es lamesajdejun gran
monarca, que convida á ella á sus hijos los cristianos, y vosotros
presentáis en ella manjares propios de esclavos!" ( 1).
Y si deben, apartarse de la vista de la juventud, aquellos pasa­
jes de los clásicos paganos que le infunden sentimientos viles, en es­
to capítulo están comprendidos muchos de Ovidio en sus Tristes,
de los qué dice Mma.Stael: “Los Tristes de Ovidio están llenos de
desagradables testimonios de una alma abatida, de las mas bajas li­
sonjas a su perseguidor" [ 2].
Si: dice bien Mma. Stael. El hombre, aunque esté en la adversi­
dad, jamas debe adular: morirá lejos de su patria y en un pobre
lecho; pero morirá con dignidad. Ovidio tiene sin duda en sus Tris­
tes, modelos de elocuencia patética y de exquisito gusto literario:
tal es, por ejemplo, la despedida de su esposa y de sus hijos, en la
memorable noche de su partida de Roma para el destierro: Cum su-
bit iüius trislissima nodis imago; tales son los apostrofes a su libro al
enviarlo a Roma: Parre líber ibis in urbem: “Anda ¡oh libro!; pero sin
adornos de marfil, plata, oro y piedras preciosas, cual conviene a

fi) De Vita Spiritu&ii.


(2) De la Literatura, cap. J. Lo que admiran los críticos en 6Ba fflujPf 6«, no tan­
to que haya aido escritora pública, pues otraa muchas lo han BÍdo; sino que baya oscri*
tt* con un Derrpode pensamientos varoniles j profundo· y e n estilo varonil,
quo la impiedad i 9 bu tiíinpo, tan general y dominadora, hay» herido un ingenio tan
Errando!
— 63—
un desterrado:
Vacie, sedincullus, qualem deeei exulisesse]
sin titulo de color rojo, con el cabello crecido y enmarañado [ 1];
lleva iufeliz el traje de este tiempo:
Infelix Jiahitum iemporis hujus habe;
el vestido de luto: conveniens ¡uctibus. Anda, con todo, anda y mira
por mi a Roma, tú a quien es permitido mirarla:
1 tornen, i, pro me tu, cui \icet, adspice Romdm.
Anda y saluda con mis palabras los lugares gratos: [!el lecho de
mi esposa!, ¡la cuna de mis hijos!, ¡el sepulcro de mis padres!, ¡el
templo de Júpiter Estator!, ¡el Capitolio!
Vade, líber, verbisque meis loca grata saluta.
Sin embargo, entra ocultamente para que no te perjudiquen mis
versos; por que no están llenos de favor como en otro tiempo:”
Clam tamen intrato; ne, te mea carmina laedant>
Pero por otra parte dice Ovidio que su pena será menor si Au­
gusto se ablanda con él; que su temor es mayor que su esperanza;
que tiembla como la paloma al ruido de las alas del gavilan, y como
la corderilla en el establo por miedo del lobo; que ya le parece que
tiene la espada al cuello para degollarlo etc. Y aun suponiendo que
hubiera sido asi como su medrosa fantasía le representaba, ¿por
qué no se dejaba degollar como los hombres? Ya era viejo, ya la fa­
ma había tomado y alzado en su trompa el nombre de él, para
hacerlo oír a millares de siglos, ¿para qué quería vivir mas?, ¿ha­
bía de ser eterno? En fin, causa risa y enojo vér a Ovidio tan man­
dria, y aunque Catón fué un criminal, el ánimo experimenta me­
nos molestia al leer su suicidio en Etica, que al vér las lágrimas mu*
jeriles de Ovidio en el Ponto (2 ).

[1] Alude n que el pergamino sin pulimentar con la piedra pon es presenta timi es­
pecie de pelillo. ¿Quo artificea de libro· había de haber tn[u ua^mimjrabla aldea allá a
orillas del Mar Negro?
(2) Un periódico ha recordado esta queja:
Y vosotroB leis riendo
Lo que yo escribo llorando.
Si el escritor ea un rerdadero poeta y llora con razón, la -queja es jmt&rpero ií es un
— 64—
^ D IC IO N

E l alim ento db lo s demonios en l a s B e lla s A rte s , o se a l a i-


1UTACION DE LAS PINTURAS Y ESCULTURAS CLASICAS
PAGANAS SIN DISCERNIMIENTO-
No seria difícil hacer el encomio dol uso de las cuatro bellas ar­
tes: arquítctura, pintura, escultura y música, y de su grande utili­
dad en el orden religioso, en el poli tico y en el literario; pero este
panegírico no cabe en la estrellez de una Adición, que es por via de
digresión análoga y útil. En esta diré solamente dos-palabras so­
bre los abusos de la pintura y escultura clásicas paganas.'
Emilio Castclar en su Discurso at ingresar en la Academia Espa­
ñola, describiendo el Renacimiento dice: “la resurrección de la es­
tatua griega en su sepulcro de Italia, que nos dá la foruia humana
perfecta.” Con gusto acepto este pensamiento, que es mui bello, no
traslimitándose a los abusos de la estatuaria,
"Aristóteles en su Política prohíbe toda pintura y escultura im­
púdicas" (1). Propercio, también clasico pagano, dice: “El primero
que presentó imágenes vergonzosas a las miradas de una lamilla
casta, fue el primer corruptor de nuestras jóvenes vírgenes, e hizo
cómplices de su maldad sus ojos inocentes. Llore y padezca mil ve­
ces el que dió ft conocer al mundo placeres, abrasando nuestros sen­
tidos con el fuego sedicioso que albergan nuestros corazones. Seme­
jantes pinturas no decoraban los tochos artesonados de nuestros a-
buelos, ni cubrían las paredes de sus casas imágenes criminales ’
(2 )·
Salvator Rosa dice: “Cuanto mas antiguo es el mal, mas empeo­
ra, y ha llegado el caso de formar un serrallo de jóvenes de uno y
olro sexo, para obligarlos a servir de modelos al natural ydesias
cosas. Noep esto solo, pues dichos artistas haceu un abuso, mas im­
pío todavía de suindustriasacrilega, retratando mujeres enlostem -
choft donde se adora a Dios, y convirtiendo en tienda pública su san­
ta Casa. Con mengua de todo temor cristiano y de la fé, las pintura»
fomentan la impiedad, el adulterio, el incesto. Vos, Señor, que arro­
jasteis del templo a los vendedores que lo profanaban, volved a la
n a l versificador o un poeta que llora sin razón, el lector podta contestarle: "Tu tióBM
la «ulpa de que yo me ría.” Si un mal versificador dice disparates riendo, cansa risa, j
■i dio» disparates llorando, causa, mas risa.
(1] Cit. por Gaume, obra cit., £1 nacionalismo, cap. 13.
[S] Ibid.
— 65—
tierra con el látigo en la mano, pties loa pintores son causa de que
se verifique hoi en vuestros templos uií fnercádo mas culpable toda­
vía. No solo, Diosmio, disimuláis el ultrajeí feino'quo süfris que las
locuras de esos hombros‘inmuodOB ¡se cbloqtten sobre vuestros alta­
res! Observad loa gestos y posturas que* obligan a hacer a vuestros
Santos. Algunos de esos artistas hai, qne pará adquirir el nombre
de conocedores de todos los detalles del cuerpohumano, hacen quu
las vírgenes Santas ostenten $us senos y muslos, y qué pintando des­
nudos los Santos, quieren ser contados entre los grandes maestros,
y probar que no ignoran el lugar y el juego de cada uno de los mús­
culos del cuerpo. Las actitudes, ademas, son horribles; apenas se
encuentra un cuadro sagrado que sea casto:
Piá tacóla non v’ echa almsn sia casia,
— En sus lienzos sobre asuntos sagrados, se vén sustituidos los An­
geles y los Santos por demonios y libertinos. Engañados los fieles
con tan sacrilega idolatría, ofrecen al infierno sus suspiros y plega­
rias, y adoran la figura de Atys y de Medusa, y las facciones de Bá-
tilo o de una Harpía, en vez de las de un Angel o de la Virgen Ma­
ría. Ilum ea el incensario y arden las lámparas en honor de los lu ­
panares. - .Todos son pintores, y Roma cuenta mas cuadros que
paredes, dando con esto lugar a que los habitantes d é la otra par­
te de los montes (franceses, ingleses, alemanes y españoles), dí­
gan que en ella se encuentran tres cosas abundantes: cuadros, espe­
ranzas y cortesías. Las pinturas salea a qarros del Lacio, y la casta
de los pintores inunda la Suropá*éi№éíra’v( l) .<
Salvator Rosa, el gran poeta y pintor eminentemente católico,
apostrofa y reprende con justicia a Miguel Angel, aludiendo a su
Juicio Final y-otras pinturas de la Capilla Sixtina, con este argu­
mento contundente: “Chám se atrajo la maldición de Ü 109 por que
descubrió las V'érgften*^ de su padre; y tú, sin temor a Cristo ni a
su' Madre; has descubierto las vergüenzas de algunos Santos, alli
donde el Vicario de Dios ofrece el sacrificio.”
Sobre este juicio critico de Salvator Rosa adoptado por GaUine,
hago tres observaciones. Primera. ‘Que en parte es juato jr éñ par­
te es falso, como en décir que en Roma no se encuetítrá 'nrriguna
pintura que po sea impúdica, f én d<?cir que los fieles ídbfatran en
los templos, y lo mismo lo de cuadros, esperanzas y cortesías.
La segunda observaciones, que diez años antes que el Abate Gau-
me saliese de Roma, sin llevar en el bolsillo la aprobación o prohU
O) Cit. por Gaume, ibid.

R i h f i n f a r ' a M a n i n n a f ric» P e n a ñ a
— 66 —
Ilición expresa de bu Gusano Roedor, no juzgaba con esa severidad
las pinturas y esculturas de los templos de Roma, pues en sus
‘ Tres Romas”, describiendo las bellezas artísticas del templo de San
A adres delle Fratte, dice: “Non seulement les Papes et les Cardinanx,
inaia encoré lee communautés religiueses et les simples particu-
liiírs semblent rivaliser de ule pour fairede la Ville éternelle la ga-
Jer;e, le musée, Id salón de V Europeet du monde. Deja lea palais
poutífiaaux nous avaieat montré leurs nchesses; nous volumes, ¿V
temple da tous k&voyageurs, visiter celles qui embdlissent les habita-
lions particuliéres, ct nous commen^ames une excursión purement,
artistique.—II faut remarquer que les chefs-d 5oeuvre da peinture et
leaculptnre »emblent mieux places a Home que dans nuUeautre ville”. Y
describiendo los tesoros de pintura y escultura del templo de Santa
Maria de la Paz, dice: “Raphael ( 1) 1* inmortaUsa par un chef-
.1?rauvre de son pinceau. Au-dessus de¡l’ are de la premíére chapelle á
gaucho, depuis la corniche de 1’ église jusqu’ uubas, brille comme une
>iode dans le Jirmamcnt, sa belle peinture a fresque représentant les
Sybilles de (Jumes, de Perse, de I>hrygío et deTivoli (2). JImreuse-
nwií que la critiquepuritaine, la critique de réaction jansenista ne s’ était
pas encorc fait sentir; nous aurions un chefa-d’ eouvro de moins. ..
Ce que nona avons vu á Saint— Andró della Valle, s\ Sainte—Mario
de la Paíx, se retrouve avee quelques variantes dans la plupart des
autres églises de Home. Partout les artsont cherché un abri proiecteur
u V omhre dee hasor jure« du Catholwsme: la reconnaissan ce et C inutinc
ni' iae de la cotiservation leur enfaisaieni un devoir”·
La tercera observación tiene por objeto disolver esta diGcultad:
;,Por qué los Papas toleran tamaña inmoralidad en los templos ca­
tólicos, especialmente en los de la capital del mnndo católico?
En mis Cartas sobre Roma, que escribí hace diez aíios, hablando
del sepulcro de Pablo III, digo: “Le llaman los artistaspregkUiaswio
favoro: preciadísimo trabajo de Guillermo de la Porta. Todo es de
bronce, y sus partes principales son la urna, la estatua sedente, y
majestuosa del Pontífice, y las estatuas yacentes al pié de la. urna,
de la Prudencia y de la Justicia, primero enteramente desnuda, y
despues cubierta con una túnica de bronce pqr carden de Urbano,
VIH.” [H] En las mismas Cartas, hablando la Capilla Sixting*,,
digo: "tíl gran pintor Daniel de Volteara po>r orden de Pió IV cur
brió las partes pudendas de las del Juicio Final y de Uapa-
(!) Uno dé los pintores mas celerados por Gaumo d iezj ge¡a aüe» darjpu··.
(i) Cuatro p istu ra fie penontjAfl pilguaos en un templo «rütiqpo.
(3) Carta t E*
- 67—
redes, haciendo en esto una justicia aí pücforr $ ft Í í verdadera be­
lleza artÍBtica; mas los demas pintores le dieron el sobrenombre de
Rragkettmc, Braguetorí.” (1). En las mismas Caita», describiendo el
A no y la Semana de Rafael en Ja iglesia del Pópolo, digo: “Si noso­
tros nos sentáramos algunos momentos en las Billas de los gober­
nantes, sentiríamos todas sus espinas y graves dificultades, y no los
juzgaríamos tan Iberamente: ellos tienen que tolerar muchas cosas
por el bien de ht paz y otros supremos, y el rrtiamn Jesus no qui­
so arrancar la zizaña p o r conservar el trigo” ( 2 ).
Si un ingles me preguntára “¿Por qué los Papas desde San1IV
flro hasta León XIII, han tolerado muchos abusos?,” yo le-pregunta­
ría “¿Por qué todos los reyes y parlamentos ingleses, desd'c el pri­
mero hasta el último, han tolerado muchos abusos?”, y lo mismo
preguntaría a un francés respecto de? todos-sus reyes, y a todo na­
cional respecto de su gobierno; y no habría qerien-me contestase
negando tes abusos, hasta que me encontrase alguno que me di­
jese: “Yo Boínativo del Paraíso terrenal.”Y si algún político ape­
lase a la infalibilidad pontificia, creyendo que esta se extiende a
todos los sectos del Papa, hasta el de quitar o poner pinturas, el de
almorzar y el de bañarse, le contestaría brevemente con nuestro 1-
lustrisimo Portugal: "Hay políticos necesitados de ser catecúmenos' ’
(o): brevemente, por que lá estrechez de ur.a Adición no dá tiempo
para catequizar.
Algunos Papas han hecho la guerra con demasiado celo y ardor
a los abusos del Renacimiento: a los libros clásicos paganos sin ex­
purgar, y a las pinturas y esculturas inmorales, especialmente las
colocadas en loa templos: taléis fueron Pablb II y Adriano VI; y ¿que
sucedió? Que el pontificado del primero fúé mui tempestuoso con es­
te motivo, yfos renacientes de mala leí llegaron hasta atentar con­
tra la vida det Papa. En el pontificado de Adriano hubo mas distur­
bios que en el de Pablo, y respecto de las circunstancias de la muer­
te del mismo Adriano, be aquí como las refiere Gaume, apoyado en
en el historiador Pedro Valeriano. “Un beneficio del cielo (decía u-
no de los malos renacientes del siglo XVI) libró de él (de Adriano)
a la'tierra en el año segundo de su pontificado.'* “¡Miserables!, aña­
de €kiume; lo que ellos se atreven a llamar beneficio del cielo fué
[si hemos de creer al rumor público] un crimen abominable .. .
Muere repentinamente el Pontífice, y al día siguiente aparece colga­
da en la puerta de la casa de su médico una corona de hojas de ár-
( 1 ) Carta 6 ?
(?) C&rtaS»
(sy Protesta contra la Leí de 11 de Enero d· IM?.
— 68 —
bol, cóu ia siguiente inscripción enabultados caracteres: “Al Líber-*
tadprde la patria el Senado y el Pueblo Romano:” Lvb&ralori patriae
¡S. P . Q -Ji. El médico no protestó contra esta demostración’' ( \ ) .
Y no es que, loa demás Pontífices no hayan obrado de la misma
manera por cuidar su vida y procurar su bienestar personal: el bien
común, la paz y unidad de la iglesia, el bien de la religión, ha sido el
norte de su conducta. ¿Por qué Clemente XIV nodespredó en justicia
la grita de las comftnpidas cortes europeas yconáervó la Compa­
ñía de Jesús1?Por que Clemente y todos los Papas han sabido mui
bien, que en muchísimos casos antes que la virtud de 1%justicia esta
otra virtud que importa mas: L· pudenda. El sabio y virtuoso Gan-
ganelli conocía la santidad del instituto de San Ignacio de Loyola,
y la grande utilidad de sus miembros, y con toda su alma habria
querido conservarlo; pero conoció que de obrar asi resultaría un
cisma en Europa, y que si la extinción de úna Orden religiosa era
un mal, un cisma era un mal mucho mayor. Entonces bajó la cabeza
y dijo: Mínima demalis, y pasó llorando los pocos años de su ponti­
ficado, y murió llorando. Los mismos jesuitas lo disculparon, y no
cuando había pasado medio siglo y habían calínado los ánimos, sino
cuando tenían todavía fresca la mortal herida. Muere su último Ge­
neral Lorenzo Ricci poco despues de Clemente XIY; un jesuíta pro­
nuncia la oracion fúnebre de aquel y dice: “¡Levántate, oh Clemen­
te, del augusto sueño déla noche eterna, y mira la obrado tus ma­
nos! A gran prueba £e Uainió J>iog 4. Í 1 jai¿eyc|iAhtfthftnv Padre de
los creyentes, cuando te pidió él sacrificio ¿fe un tü amado e inocen­
te cuerpo. Sabe todo el mundo cuanto te aflijió la grandeza del pre­
cepto: testigo fue tu llanto. Entonces y ahora se vio levantado el
brazo; pero en esta vez se descargó el golpe, y cayó la victima a lea
pies de la sagrada ara de aquel Dios, que sabe cuando le place sus­
citar hasta de las mismas piedras nueva semilla de Abrahain” ( 2 ).
¿Porqué los P a p a B toleran esa clase de pinturas y eaQulturas?
Pbr 'qiae Be encuentran de frente con una idea nacional, con una
preocupado^ secular italiana, en pro de esta clase de obras llama­
das al natural, y .que tiene como una barbarie tocar un ápice de un
lienzo de Rafael, o un dedo de una estatua de Miguel Angel; y todos
los políticos saben que un&jidea nacional es mui fuerte, y que .una
preocupación que cuenta siglos es mui difícil de desarraiga^., Jl
nr¡est paslpha aisé áunhommede se de$<me,d&$№p'tjugL%xgue dp bruler

(i) Obra cit., El Renacimiento, pte. 4, cap. 4 .


[?[ Manuscrito perteneciente a la biblioteca del conveoto del CármQn de Méjico^
que mi? prestó un carmelita.
— 69 —
¿a maison. Loa Papas conocen que una preocupación nacional ea
como los nublados, los qué cubren, no solamente la choza del rús­
tico, sino también la casa del sabio y el palacio del potentado; que
esta preocupación embarga la vista, no solamente de los pintores
de Ubeda y de los Doctores de Osaría, sino también de muchas per­
so nas mui poderosas pot sus letras, por süs riquezas y por su in­
fluencia política, los qtlé, lastimadas en site mas-caras ideas e inte­
reses, producirían una agitación social. No sé qüe^nlría un prínci­
pe italiano, si se mandara arrancar un cuadro del Cori*§ggto, colo­
cado en un altar erigido por sus abuelos en virtud de sscritára de
fundación. Los Papas saben mui bien que los enemigos del Pontifi­
cado solo están espiando una oportunidad; que una cuestión nacio­
nal sobre bellas artes puede complicarse y resultar una cuestión re­
ligiosa, y que frecuentemente de una chispa ha resultado un grande
incendio. Entonces, anteponiendo la prudencia á lajustidia dicen:
Mínima de malis. “Esperemos que vayan cambiando las ideas.” En-
torces no hacen acerca de estas cosas mas que orar y llorar. ¿De
qué provenían las abundantes lágrimas que derram aba Pió IX a
los pies del confesor y al ofrecer el sacrificio de la Misa, como ates­
tiguan sus biógrafos? De los graves abusos que veia en la Iglesia de
Dios y no podía remediar. ¿La esclavitud es una grandísima injus­
ticia y un gravísimo mal? Sin duda. ¿Es contra el Evangelio? Tam­
bién. Pues ¿por qué los Apóstoles no la prohibieron de una mane­
ra terminante y absoluta, y han sido menester diez y nueve siglos
para acabar con ella?
Las quejas de Salvatcrr Rosa y del Abate Gaumo son en parte
mui justas en lo especulativo; peró respecto de ta práctica. . . . “Eu
salvo está el que repica.” Si hubieran sido Papas, habriau dicho:
¡“Ah!, jah!, ¡ahí Esto tiene muchísimas dificultades. Toleremos, to­
leremos," Fulano, que es hombre de talento e instrucción, pero que
por no pérdter *n pingüe empleo habla conforme al torrente de los
de su partido; Zutano, Redactor del periódico "La Jicara;” Manga-
no, flpteiwiaieidomas-qne a Alejandro Dumae, Eugenio Sué, T ar­
rago y Mateos y la Moda elegante, y Perengano que estudió hasta
Medianos y cortó la carrera, con la mano en la cintura echan pea*
tes contra los Papas por estos y k>s otr®s abusogvpor que e r mui fá­
cil ceasurar; lo difícil es hacer. Pues pó&gaSe »Fulano dfe-PHftfflen-
tede la República Mexicana, a Zutano· de (lobernadordaun Estado,
a Mangano de jefe político de un cantón, y a PerengaíKíde sargen­
to de un cuartel; y ¿qué hacen con los abusop qne aaoirart y re prue­
ban en su interior? Apretarse las ma&o&ytiaen: con resignación:
"A mujer brava soga larga.” ¡Hai neceaidad de tolerar!” FacUé pm-
— 70—
ues. valemus, reda consilia aegrotis damus, dice Tereneio [ 1].
^ D IC ÍO N 16 ?

V e m a ja de los clasicos paganos sobbe los clasicos·cristianos


EV CÜAVTO A LA PROPIEDAD, PUREZA Y BUEN GUSTO DEL LENGUAJE.
El Padre Ceussin, jesuíta, profesor de retórica en París a princi­
pios del siglo XVII, dice a los Santos Padree:* “Perdonadme: sois
Santos, pero vuestro latín no es puro” (2). El Padre Jnchoefer, j e ­
suíta aleman de mediados del mismo siglo, dice: “Del aiio de GOO
al de 000. La latinidad, que hasta entonces habia sido casi virgen,
casada con un marido bárbaro, fue hecha ü ia d r e . .. mas bien que
partos, tuvo abortos’’(3).
Berardi, grande autoridad en materia de idiomas latino y griegor
л de critica de los antiguos monutüentos literarios, dice: IJis autern
xermonum studiis adhuc acerbius iltud acccsñt, quod situm esl it»
tpsu ctiam vihosae latin-itAt» cvltu diligentísimo t utpote ntcessaric
omnino, ad monumema legum saerarum media с aetati* intelli *
¿enda, quum nimirum Longobardorufíi, Francorum , Álaman-
uorum , et his commixtarum finilimarum nabiortoim statula, aut
ad res ccclesiaslicas pertinerr, auteum erclesiasiicie decretis con­
fundí, imu etiam decreta ipsa ¿eclesiástica, si rion iodem, salte»*
non longt dissimtli xapEgu hT\LO СОШСТгЫ Cf?eDerUní, m^czsTis rozrur»
iv-BisisHiB ■- .Auteum itludA xigugti saeetuÜm^qüod cum tanta
¡nudein ore omnium circumfertur, ас magvijicc praedicatur, tc-
futi unicum albo, ita dixerim, lacillo cunsignatum cst, nccinte-
rum enepotitit, ct brevium lustrorum potius, quam saeculi no-
mine donar Миг; я equeper varias et per tongas deindeJluenUe ae-
iaics restaviu.íii aluívjlsdo i'orciT, nec nisipost quinqué supra decem $ae-
cula spes quaedam bonis adfulsitfuturum ut renocaretur. A c
cutn prtmüm duccntis ab /Une annis, virorum egregiorum ad
>nagna conantium studia prodierunty Galilea Phisicas> Cavalie-
T—----
(!) Loa adagio» que 4 U0 en <mie folletosson de los aprobados por 1» Academia o?
vauoU- Lo· buenos adagioa- pertenecon al genero literario de las Sentencias, y aon mu ¡
utiltís por bu brevedad j precisión, y loe ш м, por lo que losaatiguoa llamabantal díieaí
V'ot cato reuma que loe clásicos españole» y au n ' los autores таи graves 7 en los ш ш -
ms isas sotLob unan do loe adagios. Asi MelchorCano ou t a gravísimo libro "De los
L u g ar« Teológicos" confirma una de bus doctrinas sobre crítica con oatc adagio caste­
llano: “De luengas tierras luengas mentiras.’'[ ti B . П , сер в]. Y aun el Concilio ile
Treato usa de este adagio: “El hábito no hace al monje".
!-) Tratado de Elocuencia, lib. 3, pag. 173.
13] llutoria Sacrac Lu ti ni tatú, lib. 1.0 , cap. 16,
—71—
rr>, K e p h r o ti Daride Gregorio Matkematicas, Aquapendenle t t
llarteo Medicas, Melckiore Cano Théologicas disciplina » e le g a n -
tissim c tnstaurantibus . . .F axit Deus ut omnia tx voto cedant,
t t bonarum artium cultas, auctus in dies redditusque elegantior,
jirm is crmdifionibus perseveret (1 ).
César Cantú, historiador aceptado generalmente por su sabidu­
ría y excelentes juicios críticos; que no escribió coa agitación -y ba­
jo la presión de amargas contradicciones, como el a b a te Gaurae, sino
con tranquilidad e imparcialidad, dice: “La elocuencia de este San·
to (San Gregorio Nacianccno) se alimentaba con esa poema me­
ditabunda« ideal, en que resplandece sin embargo la imaginación,
y en que el aticismo se une con el fuego oriental, la delicadeza do
un lenguaje purísimo con los arrebatos desordenados de la fantasía,
la austeridad del apóstol con el refinamiento del retórico. Si llora
sobre les sepulcros, se parece a Jeremías; si hace invectivas a Julia-
no, se cree oír a Isaías; y su noble elocuencia se regula-por modos
y pensamiento« finos y delicados, felizmente mezclados con ideas
q«e conm ueven.. .No por esto se debe proponer a San Gregorio
«orno modelo de elocuencia sagrada, pues se rodea demasiado do
artificios retóricos, sin que estos le lleven a fundir la moralidad con
los hechos, a huir de las digresiones y de la prolijidad, a excluir lo
relumbrante que tiene el aspecto de novedad, no la esencia. Pero
el calor y la grandeza que su dicción toma de ideas superiores, aun­
que ae complace en el estilo templado, la riqueza de imágenes, de
símiles, de expresiones metafóricas, su talento para escribir, le po­
nen a la cabeza de los Santos Padres contemporáneos, pin excop^
tuar a San Juan drisóstomo.”
“San Gregorio ííiceno escribió la Oración fúnebre de San Grego­
rio Nacianceno, en estilo mediano y casi enteramente teológico, sin
dar con las imágenes y el sentimiento vida alas pinturas;dejándo­
se arrastrar por el misticismo &la aridez del método, en vez de pre­
sentar su Oración con un colorido oriental, y de elevarse al espectá­
culo del creciente Cristianismo.’’
“Ni se me oponga al elogio que hago de los Santos Padres, la com­
paración entre sus obras y las de Demóstenes y Cicerón. Los pri­
meros carecen do la ¡severa y sobria pureza de estilo que jamas deja
de agradar enjlos clásicos; sin un método preciso, y no sabiendo ser
sobrios en las particularidades, hacen frecuentes digresiones y abu­
s a ^ de la erudición qpe, pretendiendo instruir, hastia. En ellos ae de­
ja n cqnoc^r con demasiada frecuencia los hábitos retóricos, y, cosa
(l) Coa^ntanos si D#r. Eclcs. Uuiv, prefacio al Tiaí. d» la Jurisdicción.
rara, esto se vé en sus cartas familiares mas que en виз obras orato­
rias. Pero los grandes escritores antiguos nacieron en las circuns­
tancias mas propias para fomentar el genio; y sobre aquellos que en
el siglo XVII emularon en Francia la elocueucia de los Santos Pu­
dres, se reflejaba una civilización pulimentada por las artes y por la
vida urbana, y por la magnificencia de ица corte"que unia el refina­
miento al esplendor. En el siglo IV, por el contrario, loa oradores
cristianos surgen en medio de la decadencia universal, entre inva-
ciones extranjeras e iracundas disputas, grosera afeminación y co­
barde envilecimiento; donde ineptos monarcas son gobernados por
mujeres y eunucos; donde todo se inclina ante los tiránicos man­
datos o ante la perezosa indiferencia,”
"¿Pero como habia de ser correcto [San Gerónimo], si a yecos es­
cribía en un dia mil lineas (1), y en una noche compuso el Tratado
contra Vigilancio? En cambio aclara áridas cuestiones con su fuer­
za imaginativa, y hacen agradable su lectura los hermosos rasgos
de elocuencia y de rigorosa dialéctica con que Ца adorna .'7 [ 2 ].
“La literatura de los antiguos [los clásicos paganos], dice el mis­
mo Cantú, era admirable principalmente por la delicadeza y pure­
za de composieion y exposición, cualidades que agradan aun cuan­
do las ideas sean falsas y revelen medíanla o ignorancia, por que la
belleza es constantemente su ídolo y está siempre reproducida con
la perfección que se requejiaen obras I?
de.pepsonáB, lo selecto dé la esclavos^y clientes
exigía a la par que las estatuas mas hermosas, los mas perfectos es­
critos. El diverso destino a que cstádcdicada la literatura moder­
na, ha hechp que se cuide menos de la forind, pfivándqse d^- aque-
11a unión del arte y de la sencillez en que no tuvieron iguales los an­
tiguos; pero la razón modera cada pasaje, aclara toda coiüusion,
coordina las ideas, no permite que se divaguen, y arreglándolo todo
con método y recto juicio, produce una austera precisión, ид a
límpida claridad y un progreso continuo hacia el objeto. En la edad
media se habia perdido la corrección antigua, sin haberse adquirido
aun lar&zqOjipo/lerna: erg. una transición destituida de. arte y deforma,
una lengua indeterminada, ingenios no ejercitados'1.^ ) -
“Como era de esperar, se trastornó todo cuando entraron ед el
imperip tantps extranjeros, y eran ciudadanos de Н о та .loa Bárba­
ros de tqd^ e^orbe, c o n o to ¡,de maceta quo, podían pretender con
(1) Préfiíclo al Be^ÚDdo domentarío a la Epístola de San Pablo & Jos £fegioe.
(2) Historia tfmY./lib. V, cap. 21. · '
(3) Id, Discureo sobre la Edad Media.
— 73—
igual derecho que fuesen aceptadas las voces nativas, las pocas ve­
cen que hablaban al pueblo o en el senado. Cuando ascendían a los
grados supremos y hasta a la silla imperial capitanes extranjeros al
Lacio y a la Italia ¿habrían osado pretender de ellos los gramáticos
que usasen o protegiesen la pureza del lenguaje? Presentóse enton­
ces la edad que llamaron de hierro, a diferencia de las de oro, de
plata y de cobre; y poseemos de ella un triste monumento en loa
escritores de entonces. . . Se recurrió al griego, no solo por los hom­
bres científicos, sino también en los oficios civiles y de la vida, es­
pecialmente despucs de la traslación del imperio; y loa mismos escri­
tores que huian de lo rancio [los clásicos paganos y los clásicos cristia­
nos] no sabían conservarse libres de tantas novedades de palabras,
<fe compuestos, de desinencias, de significado, ni de tantos adjeti­
vos nuevamente introducidos, o disminuidos o alterados de un mo­
do nuevo, o a los que se daban diferente significación; ni acertaban
(ni los clásicos cristianos y paganos) a esquivar el régimen inusita­
do de los verbos y otros solecismos, contra los cuales no tenían ya por
salvaguardia la fuerza del idioma corriente.. . Cuando la gente mas
acomodada se trasladó con la corte a Constaatinopla, y enmudecie­
ron la tribuna y el senado, debió alterarse mas y mas una lengua. Las
formas que entonces prevalecían nada tenían de bárbaras; antes al
contrario se acercaban a la originalidad, al latín de que se habían se­
parado los autores mas insignes [los clásicos cristianos y los clásicos
paganos]: siendo natural que el vulgo, en vez de la delicadeza de laa
declinaciones y conjugaciones, emplease la generalidad de las pre­
posiciones y de los verbos auxiliares, especificase mejor los objetos
por medio del articulo, y acortase las desinencias. Creo, en suma, que
convirtieron la lengua urbana latina en otra mas sencilla, poco o na­
da distinta del italiano actual; de donde scBÍgue que la manera de
hablar en la llamada edad de hierro, fué solo una nueva faz que to­
mó la lengua, en la cual adoptó el idioma escrito mayor número de
voces y de giros que el idioma hablado.—Los escritores eclesiásticos
que succedieron a los profanos, cooperaron a esta revolución, pues
no dirigían sus discursos a la clase masescojida de la sociedad, para
corromper mujeres y captarse la voluntad de los literatos, sino que
tenían que descender al nivel del vulgo, para llevarle palabras de
vida y de esperanza. Por lo mismo los Santos no se valieron de la
lengua culta, sino de la mas común y que se aproximaba a la que
derivaba de los siervoB (vemaé), llamada por esto vernácula. Asi el
Cristianismo reformó como todo lo demas el idioma. Se vé a los San­
os Padres desdeñar la eleganciay hasta la corrección; San Agustín
— 74—
dice que Dios entiende larübien al idiota que dice irUer húminibiis,
ea lugar de intir hómmes] Sari Gerónimo declara qué su intención
es abusar del habla del vulgo para mayor comodidad desús lecto-
rea f 1]. Quien tenga pues fíjala miente tan solo en la pureza de es*
tilo de la época de Augusto, debe desechar muchas locuciones que
se encuentran en los Pudres, y anatematizarlas con el nombre de
barbarispios. En latin, como hemos dicho, e 9tau escritos los Codi*
gos Hurbaros, que por eso añaden con frecuencia a las palabras lati­
nas el sinónimo vulgar. Con mayor razón debían hacer esto y per­
mitirse locuciones populares, los toscos escritores que redactaban
cartas y crónicas; y el historiador mas importante de aquella época,
Obispo y cortesano (2), declara que ha empleado el femenino por el
masculino, que Ha alterado el régimen de las preposiciones, y efi
metido otros solecismos semejantes 11 (3).
¿Quien se atreverá a decir que el español que hablan hoi los aca­
démicos, es el mismo español que hablaron Santa Teresa de Jesús,
Fraj; Luis de Granada. Fray Luis de León, los dos Argensolas, Que-
vedo, Mariana, D. Antonio de Solis y sobre todo Miguel do Oervan-
ios? Y de la misma manera ¿quien se atreverá a decir que el latin
de San Gregorio Magno, de San Bernardo y de Santo Tomas de A-
quino, es el mismo latin líe Cicerón, Virgilio y Horacio? Los seres
intelectuales y morales, como los físicos [animales y vegetales],
lienen vida, dividida en diversos periodos. Cada idioma, expresión
del animal racionad, fea
lidad y vejez, y algunos como el etrnsoo y el cartaginés, han. tenido
también muerte. La virilidad, apogeo y siglo de oro del idioma cas­
tellano fué en los reinados de Carlos V, Felipe nyV F eH psinyy-la
virilidad, apogeo y siglo de oro del idioma latino fué en el siglo de
Augusto. Un siglo solamente habia trascurrido entre Cicerony Quin-
tiliano, y ya este se quejaba de que en su tiempo el latin fcose hü-
11abajen la edad de oro, sino en la edad de plata (4). E a el siglo II I,
(1) l ' u l o - p r o I r g c n l i s f a c i l í t a t e u L u l i s e r m o n e v u l g a t o - [ £ p i s t . a d F a b i t / l ) .
(2) San (jri'gorio do Tours.
(3) Id, Lib. 0, cap. 19.
(i) ‘ V’si fué justo qao esto tan atinado usa de idean y voces, quedase desde caton­
iza con Aprobficion universal de los gubias, árbitro j juez supremo de la latino, cloco-
oiira, adonda«tabeiian upelatlos venideros, si vem upor dichan dettsaocer, como lo hizo
Quintilla uo apelando á la «dad do Augusto, y nivelando oon ella la manera del bion
hablar, que en bus dios habla padecido aquella meoguA qu e, tiene 1» plata respeto del
oro; lo lucerno ea bion que hagamos nosotros, reparando el monoaoabu del romance es­
pañol, cualquier que sea la norma do la perfección que tuvo en bu feliz siglo dol scík-
uicntos, esto «s, desde el reinad o tan glorioso para laB<tpa&a, como en o larto militaT asi
— 75—
en que existió el rgtórioo 1ejJafci5 .se fallab a en d^caduncía
(1). Luego eLiafcid'de tos escritores, ¿e. la «4¿¿de plato, com» el de
San Cipriano que existió en el siglo III, y el de San Gerónimo, San
Ambrosio y Prudencio que existieron en el siglo IV, es Inferior en
propiedad« pureza y buen, gusto·al latin de los escritores delfiiglo
4c oro, como Cicerón, Virgilio, Horacio,y demás clásicos paganos do!
siglo de Augusto: siglo que según el juicio mui .autorizado do Quin-
tiliano ( 2 ), debe ser el modelo, la norma, la piedra d&.toque y el juez
supremo del latin en todos. los siglos.
La causa principal del menoscabo en la propiedad, pvrreza y buen
gusto en cada-idioma es la mezcla de este con otros idiomas, prin­
cipalmente si estos son iuferiores, como dice Garces. Esta mezcla
de idiomas produce una cosa parecida a la mezcla del oro con la
plata, el cobre, el fierro y el plomo. Desde el tiempo mismo de Ci­
cerón comenzó a menoscabarse el idioma latino, poc la mezcla con
inuclios.idi.Qmas b á r b a r o ^ consecuencia de las conquistas de Julio
César. En los tres siglos siguientes siguieron las conquistas de ]os
emperadores romanos hasta Aureliano, siguió la mezcla del pueblo
romano con los pueblos bárbaros, y siguió mas y mas la mezcla del
latín con las lenguas bárbaras. Liego 'el siglo V y en todo él la irrup­
ción de los bárbaros, la mayor revolución y la mayor mezcla de- pue­
blos y de lenguas que ha presenciado la humanidad. Luego el latín
de los escritores de la edad de cobre, como el de San Agustín y el
de San León el Grande, que existieron en el siglo V, y el de tían
Gregorio el Grande, que existió en el siglo VI, es inferior en pro­
piedad, pureza y buen gusto al latin de los escritores de la edad de
plata. Siguió la. edad media ¿ycon ella el mayor menoscabo del idio­
ma latino, atraso en las bellas letras y oscurantismo. Luego el latin
de los escritores de la edad de hierro, como el de San Isidoro de Se­
villa que existió en el siglo V il, el del Venerable Beda que existió
en las artes y ]oügaa,dci V,· Justa su a próximas succcsotcí." (Garcí·.*.
Fundamento .del vigor y rlogancla de la lengua castellana, tomo ? ? , prólogo).
(1) "Dos A rni juicio. <3¡co («arco*, puedt-n sor losfanestos principios que ocasionan
el menoscabo de uua lengua perfecta: uno ee el último do lo« que nota Dionisio Longinc
en la seoeion última del EaíUo subiimt, donde examina como profundo fUósofo cl ofigoti
d« la dccadcnciti do las bellas letras en su tieupo, os aflaWr, cuando la incauta y ton.
lograda juventud, que drb»*rin horadar y conservar el tesoro de los cieuqitfs, da lugar
on «ns pechas d la desidia, no llorando ya otra mira en sus estudios,'-que jwoourane ou
vil octo^wjuol útil de interés «de honor, qao va vinculado & loefemplso·? que pinten de u y
logran bajo la protección de inooneideradoa Moconaarpooo;<j|8t&»ÍS»ede seguir el ejem
-plojr (constante aplicwionde loa doctos, ni menos de? y por»ane gloria.'

• UK Y*, citado por. tiarcea. ■


— 76—
eu el siglo VIII, y el de Aleuino que existió ea el IX, es inferior en
propiedad, pureza y buen gusto ai latin de los escritores de la edad
de cobre.
El Abate Gaume y el Padre Ventura dicen: “Si; pero San Geró­
nimo, Prudencio y demas] Santos Padres y clásicos cristianos apren­
dieron su latin en Cicerón, Virgilio, Horacio y demas clásicos paga­
nos del siglo de Augusto.”
Esto es verdad; pero respondan por mí la objecion los célebres
latinistas Mureto (1), Luia Vives y Perrault, citados por Gaume, y
el mismo Sr. Abate. Dice este: "Dos alemanes que solo conocieran
el francés por la gramática, el diccionario y los buenos autores, no
podrían resolver sin la intervención de un natural de Francia, una di­
ficultad gramatical relativa a la lengua francesa.5’ (2) “Si koi dia, di­
ce Mureto, un aleman o un polaco, que nunca hubiera estado en Ita ­
lia ni oído hablar a un italiano, pero que conociera este idioma por
haberlo aprendido en los libros, se encontrara con un hábil floren­
tino ( 3 j, y lo tratára de bárbaro, por que empleaba palabras y gi­
ros que él no hubiera hallado en sus libros ¿no nos reinamos todos
de él a carcajadas? ¿Somos nosotros por ventura menos necios, cuan­
do criticamos el lenguaje de unos hombres [los clásicos paganos del
siglo de Augusto), cuyos cocineros y mozos de muías entendían y
hablaban el latin mucho mejor que nosotros?: quorum coquiet malio-
res multo m díus qv.cua omnes tíos latine intélliyebantet loquebantur? ( 4 J .
Nosotros, dice Gr&ume.podxwnsfr^Lber $Haün.;paganopocomafl o
menos ooffio un europeo, que nunca ha salido de su país ni visto un
solo chino ni hombre alguno que haya estado en la China, puede sa­
ber el idioma del celeste imperio, por mas que lo haya estudiado en
[1] Juan Antonio ilurct, conocido entro loe que hablan el italiano j tntTO los que
hablamos el español con el nombro de Mureto.
[3] Cartas a una Madro de familia, corta 25.
(8) Loa florentinos hablan el italiano con mas propiedad y loa romanos con mas gra­
cia, do aquí el adagio L ingua totcana, bucea-romana.
14] Orat. XIV Le. T u c ¡tiun. Aquí provoca Mureto ceta caoetion importante, o por lo
menos curiosa: Eraamo, Luis Vives, Escalígcro, Melchor Cano, Mureto y doma» latinis­
tas principales del Renacimiento ¿hablaron «1 latin con mas o monos propiedad y pure­
za que loa cocineros y mozos de mulos du los olásioóa del siglo de Auguato?
L a opinión do Mureto ha sido aceptada por Gaume y los gaomistas en odio do loa li­
teratos del Benacimieuto, pora ponerlos abajo aun do loa cocineros; y es natural que
esta opinion parozoa a machísimos una paradoja, como pareoióa un amigo miojeatedráti­
co áo nn Seminario, bastante instruido «n loa alásieoe paganos, a quien propuse eata
cuestión cariosa. Esta parece, en efocto a primera vista, una paradoja, por que en to­
dos tiempos j an todas las nociones los plebeyos, y especialmente los de la cías« de loa
cociaeioe, mozos de multa y demás sirvientas domésticos, han hablado su respectivo idio-
— T i­
lo« libros; y ya sabéis con que perfección poseemos el chino y otras
lenguas vivas, estudiadas de esta manera.—Ahora bien} los idio­
mas muertos ofrecen todavía mayores dificultades. Nos es descono­
cido su genio, somos extraños a las creencias, costumbres, institu­
ciones y usos do los pueblos que los hablaron: cosas todas que dan
a^las frases un sello y a las palabras una significación y coloridos, que
para nosotros pasan desapercibidos. ¡Cuantas trasposiciones de ad­
jetivos, preposiciones y adverbios, que empleamos en oiertos casos
y que consideramos como elegancia de-estilo, y cuautos giros que cree­
mos usar mas oportunamente en casos dados, hariau reír a carcaja­
das a los griegos y a los romanos, como nos reimos nosotros de loa
extranjeros a quienes oírnos hablar nuestro idioma!” (1). “Por lo
que hace al fondo del idioma, dice Perrault, suponiendo que Mu-
rcto supiera cuanto puede ensenar la lectura de los buenos autores,
es preciso reconocer que carecía del auxilio de una persona a la
cual le fuera natural el latin, y de la qué no carece el aleman pa­
ra estudiar nuestra lengua fia francesa). De aqui deduciréis que
mi comparación poca mas bien de débil que de exagerada, y po­
déis sacar la consecuencia de qüe si los extranjeros no entienden
ni hablan nunca nuestro idioma con toda perfección, apesar de te ­
ner la ventaja de poderlo estudiar con los mismos naturales fran-

ma con mucha impropiedad y corrupción. Diré brevemente mi modo de pensar. Sin du­
da que Ig, gaucralidud do los cocineros, mozos de mulos y domas 6Lrviontes domésticos
do loa rumanos dol reinado de Augusto, no hablaban con propiedad y pureza por Iji ra­
zón anterior; pero do ellos no hablaba Mu reto, sino de lo» oocineros y mozos de malas
do Cicfcron, Horacio y demás clásicos del mismo reinado que les sirvieron bastantes a·
ños y los oian hablar diariamente. Respecto de estos tengo por probabilísima la opinion
do Mu retó, por qae está probado en la Adición 8.* y. en la presente que el apreadizaje
de los idiomas vivos depende principalmente dé hablarlos diaria Mente, y «1 de loe idio­
mas muertos, de traducirlas diariamente. En el paquete “Emperatriz Eugenia", en que
viajó de Veraeruz a San Nazar ¡o en 1867, conocí a un camarista llamado Ansy, de qulon
de oían los conocedores que adamas de sti Idioma 'nativo^que era al^froncoa, hablaba el
italiano, el ingles· el aleman, el español y el portugués, y que loe hablaba oomo los de
la gente’odltá. Por que hacia catorce años que era camarista de baque, y hablaba dia­
riamente Ron italianos, ingleses, alemanes, españoles y portugueaos perteneciente« a 1»
clase «ioa y culta. Y creo también que los sirvientes domésticos de Augusto, Agripa,
Máscenos, Polion y otros personajes, que oian hablar diariamente a Virgilio, Hora­
cio, Ovidio, Capitón, Labeon, Tito Livio, Dionisio de Halicam&so, Cornelio ÜTfípóto,
Quinto Cursio, Diódoro Sículo, Trogv Pompeyo, Nicolás de Damasco, Tflmlo, Pro-
percio, Pedro, V iM bio y otroe muúhos oliínote unas ’dlas a anos y otto* a otros, ha­
blaban el latín de una manera semejaste a la d« dichos oUbieo^y japerior al latin que
hablaban y escribían Enunno, Melchor Cano, linreto y demás renacientes, al cabo de
mas de qninoe siglos de meadas, alteraciones y eorrvpetaiM'
(i) Ibid.
— 78—
eeséi, tenemos que vérnoa precisamente en peer Bituacion con res­
pecto·* 1*8 lenguas griega y la tin a .. . He oído decir a un gran per-
lonaje, que bí un romano del tiempo de Cicerón, hubiera oído de­
clamar a Mureto, que fué el primer hombre de su siglo en punto &
bella latinidad, hubiera reventado de risa a cada momento, pues
continuamente habría oido algunas palabras fuera de su natural
sentido· o alguna frase intempestiva, lo cual junto con una pro­
nunciación enteramente distinta de la de su época, le parecería tan
ridiculo, como lo seria para nosotros una arenga francesa compues­
ta. y pronunciada por un aleman recien llegado a Francia” [ 1]. “Si
tuviéramos un pueblo, dice Luis Vives, cuyos individuos habláraa
griego [el griego clásico] o latiu, mejor querría vivir con ellos un
«ño, que pasar diez en la escuela de nuestros grandes maestros'’ [ 2].
Todo idioma tiene cuatro partes: analogía, sintaxis, prosodia y
ortografía. Por vía de brevedad, desentendámonos de la analogía,
prosodia y ortografía de la lengua latina en los siglos posteriores
al de Augusto; prescindamos de si San Gerónimo y los demas cla­
sicos del siglo IV, escribían el latin como lo escribían Cicerón, V ir­
gilio y Horacio; prescindamos de si San Bernardo, Santo Tomas y
San Buenaventura, hablaban el latin como lo hablaban Cicerón, Vir­
gilio y Horacio; y fijémonos en la smtáxis y especialmente en lo»
modismos. Cada hom bre tiene su alma y su fisonomía, y los modis­
m os Ecn como la fisonomía que revela el espíritu de cada idioma.

gna latina, y usarían do ellos tan bien como Cicerón,‘Virgilio y Ho­


racio? AI cabo de muchos siglos y especialmente en la edad media
¿el latin tendría la misma fisonomía que en el siglo deAugu&to; ¿U-
na mujer tiene la misma fisonomía a los treinta y cinco oouarenta
años, que a los diez y ocho? ¿Un hombre tiene la misma fisonomía
cuando está en salud y lozano, que cuando tiene alguna enferme­
dad? Entre muellísimo^ ejemplos citaré solamente uno. El Quijote
.La ¿ido traducido a todas loa lenguas de Europa, a algunas del A-
ú a y ha&ta al griego y al latiu en bastantes ediciones. Con mucho
gusto y a crecido precio compraría yo un Quijote en latin, para vér
como están traducidos los modismos de la lengua d e Cervantes y
divertirme débilmente. U no de los muchos traductores ingleses del
Quijote, llegando a este modismo “Don Quijote tomó las de Villa­
diego," lo traduce asi: “Don Quijote ae fué a la villa de Diego.'*
Tengo para mi que de las muchísimas lenguas a que ha. sido tra-
(1) Cit, por Gaume, id, id, CUl« 26, ‘ '
f;''1 D? Disc'pliats. lib. 2.
— 7 Se­
ducido el Quijote, en ninguna lo está bien.
Recurramos a la Encíclica. Según esta, el idioma y estilo de lo*
clásicos paganos producen la elocuencia germana, la elocuencia cris­
tiana. Es asi que no la produciriann ei fueran paganos, por que lo
pagano no puede producir lo cristiano, como que el efecto partici­
pa de la naturaleza de la causa. Luego el idioma y estilo de los cié·
sicos paganos no son paganos. Concluyamos con lo que deciaM r.
Foiaset en 1852: que la afirmación del Abate Gaume de que el grie­
go y el latin de loa clásicos cristianos es tan propio y tan puro co­
mo el de los clásicos paganos est une de cespieuses chimeres quí ne
stduironlpaslongtemps. Por la historia del sistema de Gaume cons­
ta que la previsión de Foisset fué acertada.
Un literato.gaumista de Urgel citado por Gaume, dice: "Quiero,
sin embargo, suponer que el latin cristiano, iaclúso el de los mas
esclarecidos autores, no sea tan puro como el pagano. Quiero tam ­
bién hacer abstracción de la importancia mucho m ayor de la bue­
na educación sobre todos los idiomas del mundo, y pregunto: Por
mas que estudies a Saluatio, a Tito Livio, a Cicerón y a los demas
escritores del siglo de Augusto ¿lograreis hablar latin con mas pu­
reza, elegancia, facilidad, vigor y dulzura que los Santos Padreé,
antes citados, ni menos con tanta nobleza ni magnificencia como
San León? No y n?il veces no” f 1)- El P. Ventura dice: ;‘San Ge­
rónimo vale mil veccs mas que Cicerón. Y verdaderamente se ?nue"
re uno defastidio leyendo, por ejemplo, las Cuestiones Tuaculanas, el
libro mas elegante del Orador romano; mientras que al solitario de
Belem se le lee hasta el fin, sin que decaiga un solo momento el ín­
teres. Las hipotiposis de San Ambrosio hacen olvidar los trozo 9 mas
pintorescos de Virgilio; el latin de los Libros Morales de San Grego­
rio y de los Comentarios de Beda, reúne la elegancia, la armonía,
la suavidad y 1q gracia, a una facilidad portentosa de poner al al­
cance de todas las inteligencias, los mas sublimes misterios y los
masimportautes deberes Hel Cristianismo. ¿Y hai nada mas conciso
ni mas enérgico que el latin de Tertuliano, ni mas sólido y senten-
cioso que el de San Agustín? ¿Hai nada mas fluido y majestuoso
que el latin de San León, ni mas exacto, mas vivo, mas dulce j mas
tierno que el de San Bernardo?— Los modernos profesores de la­
tin ¿no se considerarían al oontrario, mui diehosos, si por medio de
su método pagano lograsen formar discípulos que escribiesen el la
tin de San Bernardo y de San Gerónimo? ¿Y no se creerían bien
recompensados con tal éxito, de sus penosos trabajos en la esse*
[I] Cít. por Gaume, £} Reote «miento, pte prólogo.
— 80—
fianza de esta, lengua? (1). Y el S i. Rector del Seminario de Colima
.1870 copiando a Ventura, dice: “En efecto, (/quien de los clásicos
dfií paganismo es tan bello y elegante en su latin como San Geroci-
m o^Q uien tan agraciado y poético, incluso el mismo Virgilio, como
San A mbroeio? ¿Quien mas sencillo, suave y elegante que San Ge-
tfinimo? ¿Quien de los clásicos paganos es mas preciso y sentencioso
que San Agustín? ¿Quien mas fluido y sublime que San León y San
Fulgencio? ¿Sabéis la distancia que va de uno a otro? La misma que
hay entre el paganismo y la religión católica.—Nadie pues extrañe
que háyamos dado el golpéete gracia al clasismo pagano. Por lo demas,
sin participar de ciertos escrúpulos de ios que abogan por él, no­
sotros nos tendríamos por muy afortunados, si llegáramos a formar
de nuestros alumnos unos latinistas como San Bernardo o San Ge­
rónimo, con todo y los barbaríamos y solecismos que algunos pe­
dantes les atribuyen.”
Me admira, no tanto que el sacerdote de Urgel, sino que los sa­
bios Gaume y Ventura presenten, no una sino repetidasveces la
argucia que expresan los párrafos anteriores, relativa al aprendiza­
je de los alumnos. Si aprovecha el agua del arroyo, mas aproye-
cjiará la de la fuente. En la enseñanza de cualquier ciencia y arte
¿qué preceptor ha dicho jamas a sus discípulos: “Aqui están los
segundos modelos: son inútiles los primeros?” Cuando se ha visto
que en un juego de carrera, alguno se proponga no llegar a la me­
ta, pi&o ocho o diez metros antes d e la m ^ ta i’-U s clásico español
sienta esta regla general para aprender una cosa con perfección, y
que como regla general es aplicable a nuestro caso: “Si solo ponéis
los ojos en lo que es mediano, y no os extendeis á mas, aun ahi no
llegareis, sino que os quedareis muy atras. - . Entenderásebienio
que queremos decir, y la importancia y necesidad de este medio,
con una comparación manual. Cuando un arco o ballesta esta flo­
ja , para dar en el blanco es menester asestar un palmo ó dos mas
arriba, por que está floja la cuerda y asi no llega donde quereis, y
asestando mas alto, viene á dar en el blanco” (2). Amigos lectores:
los jovencitoB estudiantes son una cuerdafo ja, y aun los catedráti­
cos y todos somos una cuerda floja.
Dicese que los que afirman que los clásicos cristianos'tienen bar-
bariemos y solecismos son unos peiludes. Esta calificación es falsa
e injuriosa, por que de ella resulta que Causein, Inchoefer, Luis Vi-
[ij Discursos. °
(%} JUanftoJtodtigneZt jeeoite, Ejcroioios do Porfscftiou, pto. 1 Ia ,trat. 1 9, cap. 8. Ba­
ta autor ca clásico, no solo como místico, sino también como hablista. (Garces, Fundft-
monto d«l vigor y elegancia d« la lengua ooat«!!«#.** prólogo).
— 81 —
vos, Mureto, Berardí, Henrion, César Cantú y otros ¡numerables
literatos, que en diez y nueve siglos, después de haber gastado lar­
gas vigilias en el estudio do los clásicos cristianos y de los clásicos
paganos, (estudio qufttfpjizá no han hecho los que se avanzan a hacer
esa calificación), afirman que los clásicos cristianos contienen barba-
rismos y solecismos, resulta, digo, que todos estos son unos 'pedantes.
Toase un ejemplo entre muchísimos del latín que se aprende a-
borreciendo los clásicos paganos, y leyendo con frecuencia latín
como el de las Lágrimas de San Pedro, Alticri, Gonet yotros se mo­
jan tea. En un lugar del arzobispado de Guadalajara, dé'büyo nom­
bre no quiero acordarme, un catedrático en su programa para un
acto público de física en 1S77, presenta estos trozos:'quotiesjit (s tu -
dium rerum n a tu ra h u m ) et laboratur p er Deuth: magna im-
pnrtantin et efficatia in eo in ven itu r. . . Deus praeUrea jin is est
ultim us et cnmpletus actionum etrerutn omnium nostrotum ; er-
gn omne npus hominis, tit rátio bonitatis, pu lckritu d in ts ac veren
nnfns utilifatis retineat, necease est nt tanto jin i subordina tu ni
s i t . . . I ’roptrrc/r, eti :m ú himentubili casu recentinres de F in ca
tractatus nihil de D iviniiate loquantur, semper hunc drfectum
compensare curavi, mentes juvenum passim ad Dominum erigen-
do, et in ómnibus M anum Dei sapientem atque Omnipotentem
contemplare faciendo.
Dice Cide Hamete Uenengeíi que entre los tesoros de ose párrafo,
diera la mejor almalafa de dos que tenia, por ese sustantivo impor·
taniia, importantice que al autor d tl programa le ocurrió introducir en
el idioma latino, con una autoridad cornola que yo tengo para «onea-
grar aras. Efee párrafo ix^^cu^rdalQ s nombres y verbos; que inven­
tábamos los muchachos estudiantes de gramática latina que no éra­
mos aventajados. II, pedia a R. que virtiese al latín estaoracíon: “Im­
porta comprar cebollas.” II. preguntaba a II. "¿Que haipor impor­
tar”?—Importo, importas, importare, contestaba II. (de donde viene im-
portantia, imporictniiae).— ¿ Y por comprar?—Emo, einis, eniere<— ¿Y
por 'cebolla?— Üetolla cébollae. En fin, al latín de ese programa es en­
teramente aplicable el juicio de Mureto: que los cocineros y mozos
de muías de Cicerón y de Iloracio entendían y hablaban mejor^ella-
tin. 11 nJesipasplus aisé á un Jtomme de, se dqfaire de]sesprejugéa^que de
brulersa maison. Señores gaumistas: no quemen sus ca|iap en.Io lite­
rario; sigan. la senda trazada por losjesaitas, trazadapor.nuestros an­
tepasados, aquellos viejos que pensaban y sabían mas que nosotros
de achaques de educación, y sobre todo, l& ¿eñda trazada por los
Papas; enseñen los clásicos paganos,y déjense de innovaciones, las
— 82—
qué on estas materias cam siempre son peligrosas ( 1).
Véase ahora, al contrario, prácticamente el latiu que se aprende
cuando los alumnos se han formado en los clásicos paganos, como
han sido los del Seminario de Guadalajara, eiyüonde hace siglos se
ensenan dichos clásicos. Mi amadomaestro el Sr. DeanD. Juan Gutie­
rrez, en el párrafo que precede a su programado los actos públicos
de Filosolia Moral y llcligion, en el mismo Seminario en 1841., dice:
N ih d prius uttquam aut ontiquius kabui, ex quo mr/ti htterariae
jurentutis studw rum maderamen, qvod P raesuH plam it, commis-
sitm est, quam u t illa societati deliciis fu tu r a quondam el orna­
mento, cum adhuc planta v tlu ti quaedarn essel tenella, imbribus
continuo salutartbus excoleretur, sese meo d uctu , ad Jiumanio-
ru m non modo litterarum notitiam , rtrvm que mirahilium ubique
adnpectabilis m undi praelucentium , qune quidem ad percipien-
dam , peragendamque virtutem , et nunc valent p lu rim u m apud
omne?, BEiirERyuK YAu EicrxT, terútn ad id etiam, quod est inter caetera.
m axim um , prtm asque perpetuo stdes habuit atque habere debuti,
m orum ícilicet honestalem solidamque erga JJeum pietatem in ­
form ando, omni opera atque studio procurare. N a m cum et sa­
pient um litteris, et enmmuni populorum consensu, qui naturae
vox appelari mérito tolet, el experientia constanti omnium saecuforum, ip-
siusquemet demum évidentia facii cumpertum kaberem, Rtligionem cuditus
in hontinem cnUulam, basim ilJam esse praefer caderasjirmam, qua tina sub-
nixa soeidas, in altum quodcurugue Ja4Íigi(UtL tfdJ4 HQÜtttrgerc potest, fon-
temque inkavr&adum, rinde boni mores cuneta que penitus bona cum ad p r í ­
valos cives, tura rem ctiam publicara bene gerendam spcciantia, uíi propria
rx origine nascantur, in illius tfstimoniis mirabiUbus perscratandú u t in
iltcem meridianam alíalaf sua pectore maneat alié defixa ve ritas, óptimos
juve/iet, quarum memoria haud unquam mtki non sua vi$tima eritt totos in ­
cumbere operae pretium duxi.
Casi todas laa palabras y frases de ese párrafo son ciceronianas.
No tiene duda: cuando el modelo es supremo, la imitación respec-.
to de raros discípulos es buena, y respecto de muchos es mediana;
cuando el modelo es apenas bueno, la imitación respecto de raros
es mediana, y respecto de muchos es mfima; y cuando el modelo es
mediano, la imitación respecto de todos sale ínfima. Luego deben
presentarse a los jóvenes los mejores modelos de griego y de latin,
para qne salgan unos helemistas y latinistas siquiera medianos.
(l) En el lugar aludido liai catedráticos de mui buen talento que conozco: ellos no
tienen la culpa do que se lea impida la ciiscítuiza de loa clásicos paganos.
— 83—

^ .D IC IO N 17 .»

V e n t a ja d e l o s c l a s ic o s c r is t ia n o s s o b b e l o s c l a s ic o s p a g a n o s

EN CUANTO A LA CRISTIANDAD DEL LENGUAJE.

Es evidente, como dije en mi parágrafo Filosofa de la Historia,


desde antea de la polémica con el'jluatrísimo Sr. Sollano, que loa clá­
sicos cristianos llevan una infinita ventaja a los clásico? paganos
en cuanto a la materia, por que el peusamiento cristiano es infini­
tamente superior al pensamiento pagano: de esto nadie disputa; la
cuestión es sobre la forma. Fues bien, esta Adición tiene por obje­
to probar, siguiendo la doctrina de la Encíclica y contra los afec­
tos excesivamente a los clásicos paganos, que si estos hacen ventea·a
los clásicos cristiano» en cuanto a la propiedad, pureza y buen gus­
to de la forma, los clásicos cristianos hacen ventaja a los clásicos
paganos en cuanto a la cristiandad de la misma forma.
Dice Erasmo: “¿Por qué no ha de ser bueno el latín cristiano?;
¿por que se sirve de palabras noevas y de giros que 110 conocieron
Cicerón ni los autores del siglo de AuguBto? Pero si hemos de con­
siderar como bárbaro todo lo que es nuevo en el lenguaje, no hái
palabra ni giro que antes de ser usual no se haya considerado co­
mo bárbaro. ¡Cuantas de esas novedades no hallamos en los es­
critos mismos de Cicerón, y sobre todo en las obras en que trata
del arte oratoria y de la filosofía! ¿Qué oído 1atino hahia-weuclíado
hasta que él las pronunció las palabras beatitud#, visio, 3pedes, pro~
positWf occupatio, cojiieniio y complexiot El fué quien se atrevió a forjar­
las y a darles una significación desconocida hasta entonces de los ro­
manos. ¡Cuantas otras palabras fueron introducidas en la lengua
latina por Plaqto, a quien tanto admiraba Cicerón, y por Ovidio,
Cátulo, Séneca, Pimío, Tácito y otros de los mas aeféditados auto­
res! Horacio misma justifica semejantes innovaciones, y traza las
reglas conforme a las que pueden hacerse. ¿Con qué titulo, pues,
negareis a los mas eminentes escritores del Cristianismo un derecho
que nadie se atrevió a disputar a loe de la antigüedad? ¿Habían por
ventura de encadenar el genio cristiano con las trabas del pagano y,
dejar sin expresión esa m ultitud de ideas nuevas q w qtie dotó al
mundo el Cristianismo? Yo por mi parte os <£g0.¿itie el buen latín
consiste entre los cristianos, en emplear las palabras y giros conve­
nientes para expresar las cosas cristianas, asi como entro los paga­
nos consistía en expresar bicn las ideas paganas. Cicerón mismo, ei
— 8 -1—
hoi viviera, hallaría el nombre de Dios Padre tan elegante como
el de Júpiter Optimo Máximo, y creería que el de Jesucristo daba
tanta gracia, cuando menos, al discurso, como ei de Rómulo o el
de Escipion.v
. '’Causa asombro oiros desacreditar a los Padres de la Iglesia y a
los grandes escritores de la edad media, como Santo Tomas, Esco­
to, Durando y otros, siendo asi que no teneis autoridad para ello...
No se nos diga que Cicerón no habló como ellos, pues esta obje­
ción es buena solo para niños. ¿Qué tiene de extraño que aquel 0-
rador no usára del lenguaje de ellos, si carecía de las ideas que e-
llos tenían.? ¿Cuantas cosas decimos nosotros en las cuales no pudo
pensar siquiera Marco Tulio? Sin embargo, si hoi viviera, las expre­
saría como nosotros. . . y por consiguiente su latín (de los clásicos
cristianos) es bueno y elegante en su género__ Juzgad vosotros
¡cuantas cosas ridiculas y peligrosas diría, el que quisiera valer­
se solo de frases y giros de la antigüedad para expresar ciertas
ideas!, y ¡cuantas veces también se vería en la imposibilidad de ex­
presarlas! En la lengua latina de los paganos no hallais las pala­
bras Jesucristo, Espíritu Santo, Trinidad, Evangelio, Moisés, profeta,
РепШеюсо, salmo, obispo, diácono, Iglesia, heregia, símbolo, bautismo,
МкапаНа, absolución, excormmwn, Misa y otras muchas que expre­
san la vida entera religiosa 37social de las naciones modernas” O ).
El sacerdote gaumista de Lrgel que ya he citado, caminando so­
bre las huellas de Erasmot^dis»^''‘j S < ^ ^ < ^t^ctilo para la ins­
trucción el latín cristiaüo, injusta y severamente censurado por los
zoilos modernos?.. .La trasiormacion del mundo de pagano en
cristiano exigía necesariamente una trasformacion en el lenguaje,
pues eBte es siempre la expresión del pensamiento. Asi como el
Cristianismo es superior con mucho al paganismo en el orden de
Лае ideas, asi también, guardada la debida proporcion entre lo que
es d iv in o ^ humano, el lenguaje cristiano debe exceder al pagano
en su diferencia sustancial. Esto es claro y evidente; pero no impi­
de que en aquellas cosas en que el Cristianismo y el paganismo no
intervienen para nada, puedan ciertos autores gentílicos llevar ven­
taja a otros cristianos y vice tersa'* ( 2). En este punto el literato ur-
geliense habla con imparcialidad.
- El doctísimo benedictino Mabillon dice: “Es preciso evitar el ex­
ceso'de ciertas gentes, que apasionadas ciegamente por la antigüe­
dad, forman escrúpulo de usar algunas palabras latinas que no so
[t] Cicerón ianua, eívo D e optimo «tíccndi genero.
[9] C ít por Gftume, El Renacimiento, pie. 1 JV, púlogo.
— 85 —
hallan.en Cicerón, ni en los demas escritores profanos del siglo de
oro, y que por lo tanto no se resuelven a usar de las palabras consa­
gradas por la religión cristiana, sustituyéndolas ooa otras que rayan
en impías. Asi es que algunos, según advierte Mureto, emplean la
palabra persuasio en vez de Jides, y loe herejes d e ‘nuestros dias u-
san el Sandijicum cmstuluvi piara expresarla Eucaristía. Solo falta
usar la palabra Júpiter en vez de la do Chñstv&y por que esta no se
halla en Cicerón (1). Mas lo que me parece insoportable es que los
mismos católicos, se arredren de usar la palabra fiakHtíor, y pon­
gan en su lugar la de Scrvatar, por que la primera no se halla en
los autores latinos. Ya San Agustín habia clamado contra semejan­
te desorden: “Por mas que los gramáticos digan que la voz Salva-
tor no es latina, basta para los cristianos que exprese bien la ver­
dad do lo que creen. Es cierto que salvare y /Salvator no eran pala­
bras latinas antes de la venida del Salvador; pero las hizo tales des­
de el momebto que vino para los latinos*' ( 2). Aprendamos de los
paganos a ser mas religiosos, y a conservar las expresiones consa­
gradas por la religión. La costumbre es la maestra ciertisíma del
hablar, y no tiene duda que se ha de usar del lenguaje y de la mo­
neda que tienen una forma pública7' f3).
Calixto Hornero, de la Orden de las Escuelas Pías, dice: ‘’¿Qué
vicios se deben ¡evitar en el uso de las palabras y locuciones eclesiás­
ticas, y quien se podrá llamar ciceroniano?”
"Dos defectos reprensibles se deben evitar en este punto. El pri­
mero lo Cometen aquellos que, sin ninguna reflexión ni discerni­
miento, echan mano de cualesquiera vocablos ó frases eclesiásticas,
aun cuando en su lugar se pudieran usar muy bien, otras de pura lati­
nidad, olvidándose enteramente de la cultura y propiedad del len­
guaje. En el segundo incurren los que por un extremo contrario,
son ta n delicados y supersticiosos en el exámen de las locuciones
eclesiásticas, qué hacen -asco de todojo que no se halla en Cicerón,
j tienen escrúpulo de decir Ecclesia CoÚiafoaitSancta Trinitas, 9a-
cramentum Baptismi, Stjnú>olum Apostolorum, Sacrifidum Miasae, Sa*
crammtalis Confessio: de tal manera que si se ofrece hablar en algon
asunto de nuestra Santísima Religión Cotólica, hablan como un ro-
mano idólatra del siglo de Aguato 77 (4).
<i) Ni cato faltaba, por qua ya el Danta enra Divina Comedla habia ctioho; O Sum~
m o J o v e c r u c ifix o p e r m d

(i) Sermón 99, n. 6.


(3) Botadios Monásticos, pte. S P , cap. 2. _ c -
(4) El amonto« do Retórica, Proemiales, a. 8l··
— 86 —
Cesar Cftntú dice: “Hasta Tertuliano de Cartago, ningún escritor
se dió a conocer entre los latinos en los primeros dias del Cristia­
nismo: a los que florecieron despues, les falta la hermosa armonía
del genio griega y la graciosa elocucion que los helenos conserva-
ron casi enteramente pura; pero tienen mas unción, y, por decirlo
asi, mas actualidad, y sin agradar tanto, penetran mas. En Italia y
mucho menos en España, en las G-alias y en Africa no estaban tan
arraigadas las tradiciones literarias como en Grecia, por lo cual, aun­
que menos culto, fue mas original el desenvolvimiento de los nues­
tros; decaía la lengua; jpei'o Tenada el estilo] y lojque les falta en pure­
za y corrección, lo sujtlen con el vigor del sentimiento, la riqueza
de imágenes, la elevación de miras y principalmente la novedad
del fondo, m érito notabilísimo en una literatura que desde la cu­
na no había hecho mas que traducir y restaurar.”
“El mas universal entre los Padres latinos fué San Agustín. De
ingenio sublime y que hubiera brillado mucho mas si la época le hu­
biera favorecido, todo lo sopo y a todo se ¡doblegó su dócil enten­
dimiento: fué metafisico, historiador, conocedor de las costumbres
y de las artes, sutil dialéctico, orador grave y majestuoso; escribió de
música y de los puntos teológicos mas difíciles; describió la deca­
dencia del imperio y kra fenómenos de} pensamiento; supor animar
las disputas escolásticas con la elocuencia; asoció la im aginación a
la teo logía.. .Su eiocuepcia-ti^n^a w o w v lg o d&bárbafo y "de afec­
tado, pero comimrnerrte es nueva y sencilla, siempre viva y concisa;
y las ideas evidentes de aquella imaginación ardiente como el cli­
ma patrio, y la citaordinaria emocion con que las expresaba, obra­
ban mui eficazmente sobre la fantasía africana. Si tiene poco arte, y
es desigual y áspero su estilo, y no se eleva tanto como los Padres
orientales, en cambio tiene mas de evangélico, dirigiéndose con fre­
cuencia al coraron.
“fFttñtavida, tan ta armonía, tanto movimiento en la sociedad re­
ligiosa, mientras la sociedad política yacia inerte y desordenada!
£ titfelo s literatos gentiles [en los siglos IV y. V] hallam os fríos
graíflátibÓB, Retóricos charlatanes, cronistas ignorantes, poetas epi-
talámicoa y de idilios, en fin cuanto puede nnirse con la servidum­
bre y la depresión moral: éntre los cristianos vemos filósofos, po­
litic s y oradores, que agitan las cuestiones m as elevadas. Y es­
cribían lo mismo que obraban, es decir, los Obispos, filósofos y po­
liticos al mismo tiempo, dedicados a meditar y a obrar, a conooer
y a gobernar. Por esto se resienten muchas veces bus escritos de la
precipitación, pues estaban compuestos para determinadas ocasio-
—8 7 -
лея. . .Atentos solo a la s cosas, cayeron en muchos defectos deforma,
debidos en parte a su propia naturaleza, en parte aloe estudios que
estaban en decadencia, o al desprecio del arte. San Ju an Crisósto-
mo cae algunas veces en una débil redundancia. Agustín y Ambro­
sio descubren en sus antitesis los hábitos retóricos, énfasis en Tez
de calor, sutileza en vez de profundidad; en Cipriano observamos
los ampulosos periodos meridionales; la deslabazada facilidad de Lac-
tancio forma contraste oon las duras metáforas,y el estilo de hierro
de Tertuliano. Pero /con cuantas bellezas Т10.< ю щ щ ^п estos de­
fectos/ Atanasio, sagaz en la invención y fuerte en la exposición de
argumentos· Basilio, que escribió con noble elegancia, enérgica pre­
cisión y puro aticismo-, Gregorio que une la sublimidad con la exac­
titud; Juan Crisóstomo, cuyo lujo de estilo no perjudica a lo paté­
tico; Cipriano de magnánima vehemencia, no mui desemejante déla de
Demósícnes-, Gerónimo, lleno de fuerza de imaginación, sostenida por
una erudición variadísima; Anjbrosio, ameno naturalmente, siem­
pre noble y lleno de unción; Agustín, sublime y popular, que une lo
mejor de todos y sabe usar de ello alternativamente, en una ca­
rrera de tan diversas disputas.”
£1 mismo sapientísimo y juicioso historiador italiano,, des­
pués de notar la falta de propiedad y de pureza en los escritos de
los clásicos cristianos, diee: “ X sin embargo, la literatura cristiana
podía por medio de un nuevo ingerto entre oriental y popular, re­
juvenecer el antiguo tronco de la latina. Los escritores clásicos [pa­
ganos], habían introducido aquel periodo contorneado con arte,
que no se encuentra en los que escribían -con mas natur^lidsid *pó--
mo el inimitable César. Al traducir la Biblia se desterraron las for­
mas convencionales, prefiriendo étléhguaje común, lo cual hace que
el estilo sea sencillo y la cxposicion ingenua. Los preceptores que
deciden siempre, no con sujeción a lo que es, sino conformé á tipos
creados a su antojo, cuando vén voces y frases que no están en uso
en los escritoies de la edad de oró, claman contraía corrupción y
la barbarie, en vez de reflexionar que la antiquísima versión llama­
da itálica, se ejecutó en la época en que mas floreciente se hallaba
la lengua latina; y el que lea los salmos de aquella, queso cantan'
aun en el rito ambrosiano, conocerá que el idioma del Lacio a i- '
quiere un vigor desusado, y para favorecer la sublimidad Tos
pensamientos, recóbrala noble elevación que debífl. tener ep los
primeros tiempos sacerdotales; sentirá una armpnia diferente de la
que buscaban los prosistas al redondear el peáodD) y los poetas en
la imitación de los metros griegos; pero tan.‘grande sin embargo,
-8 8 —
que los’maestros de canto la prefieren hasta al italiano” ( 1).
Tales son las doctrinas de cuatro humanistas y críticos eminentes
en su respectiva nación: uno holandés, otro francés, otro español y o-
tro italiano. En punto a pensamientos, me parecen buenos los de
Mabillon y Homero, y excelentes los de Erasmo y César Cantú;y en
punto a reglas, las que me parecen, mas acortadas son las dos que a-
sienta Hornero. *
Mr. Sagettc en su Sermón a los seminaristas de Perigueux, ante
el Obispo de la diócesis, en tiempo de la controversia gaumista, dice:
“Los perfumes literarios trastornan fácilmente las cabezas jóvenes.
En los primeros y hermosos dias de la primavera, hai en la atmósfera
tal fermentación de savia y de vida; hai tanta gracia y embeleso en
las primeras flores y en los primeros perfumes, en las cancioues de las
aves de paso y en las hojas de los árboles reverdecidos; liai tal encan­
to encstabe’la naturaleza, bien cante ose agite, florezca o se desplie­
gue bajo la mirada de Dios, que uno se siente hecho presa do esta
embriaguez, conmovido con tales palpitaciones y fascinado con estas
armonías. Asi sucede a las jóvenes inteligencias, cuyo pensamiento
se despierta al contacto d,euna luz fogosa y pura, y cuya imagina­
ción brota sus primeras hojas, como los primeros dias de Mayo. En­
tonces es cuando el espíritu cristiano tiemplá estos ardores, sujeta
estas intemperancias, y dirige este entusiasmo que nos hace sonreír
con su naturalidad; entonces es cuando mezcla su enseñanza con la
de la literatura, y diee If lttKjOVtít№á¿&fü y grave a la
ver. qtfe eé neseBarío consagrar a Dios las primicias del pensamien­
to y las primeras flores de la palabra, como en otro tiempo los hi­
jos de Irael lo hacían de las primicias de b u s campos, de las prime­
ras espigas maduras de sus mieses; que es preciso no dejarse sor­
prender ni desvanecerse con los hechizos de la palabra, y saber con­
ducir el pensamiento a través de los artificios del lenguaje,”
“ Queridos hijos: a vosotros, objeto especial de esta enseñanza, a
vosotros hablo mas directam ente.. .Y entre las reminiscencias que
llevareis de esta Casa, y las no menos profundas que vosotros deja­
reis ei} ¿Ha, llevad y guardad siempre la memoria de esta enseñ an­
za, el soplo ds este espíritu y el eco de esta voz, que mas que re­
prenderos, sabe acariciaros. Os decimos pues, que admiréis, pero con
piesura y precaución, a los grandes ho&bres de la antigüedad paga-
pa, tan grandes por las dotes del espíritu, como por la expresión de
las pasiones y las gracias del lenguaje. Dios no hizo al genio patri­
monio del paganismo: quiso hacerle comprender que no se salvaría
[l] Lib. 7, cap. SI cit.y lib. 6, cap. 19.
— 89 —
ni por sus grandes hpmbres, ni por eus WoÍQÍW papíunqB, ni por la
perfección dd l<№g№jet.V\ por Joa rQÍiu w a ie flt^ a d e i ewoir i t u . Adini-
rad es^alW p ad ^ -P arn aso antiguo: lio n ero , JEsquiljo^laíjou, De-
jnóatcnee^ic^TjPn, YirgilLo, Horacio, Tácito; pero lamentad que esas
Jirad armoniosas po:a« ejercitasen frequsn temfiute,an cantar la vir­
tud, que esoB hí&torifldofes no comprendieran laupqíqti d^ la divina
Providencia sobre los! pueblos, que esos oradores acostumbrasen
mezqlar loe interósea, d® an amor propio y de ,«irfWíbici.on con los
sagrados do la patrian y. q i ^ ;p s , (Uósofaa, bábjefld#, conocido a
Díob, no le ptestáraQ un'piiblieQ /«oíanm e homenaje ( l ) - . ae
trata de moldurar la forma a expensas del pensamiento, nvde .cu­
brir con las magnificencias del lenguaje las fealdades de la corrom­
pida naturaleza: sol»> si do extenderla' luz y laparidad en Las almas,
y para esto tofca laa.organizaciones son suceptible^, desde, los mas
humildes s^Utarios bastados i t é r a n o s Pontífice^; m^sljca
simp]¿cidad d&E4P3^s,Íji|stí»fíf^ pempas.oratopiM4© San Juan -JCr¡r
sústorao. Alti es fdonftepGdrqií admirar, sin peligro,· ei no la perfec­
ción irreprochable de hforina, al menos el vigor del pegsaniieqtq. Ja
onergia de la fé, la impetuosidad del entusiasmo,' el ardor de la ca­
ridad, la unción de la oracion y la varonil elocpenciade Tertuliano,^
líl amplitud enérgica San. Giprjapo, y la elegancia oratoria do San
Gregorio Nac¡anccno,y la Vivacidad de San Qeróniino, y la profun­
didad de Saa Agü&tin, y la balsámica eensibMrdad de San Ambrosio;
y, trepando por las pendientes delaeda,d media, la c la r id a d ulce.jí
profunda d<e ¿?an Gregorio el Grande, la elocuenaia iflUamadiv d#
Sau Jiernardo, el luminoso resplandor de Sto,, Tojnfp, J»[seráfica
poesía de S aa BtaeiiayéptMrp-” ;;; *;·/> ·;·· «:0 ·;
¡Y todos los pensamientos de ’Erastrtoi de MabilIOn, de Hornero,
de César Cáütú y. j e Sagette están comprendidos ejalaíincjcUcal
Es admirable la sabiduría do los Pontífices, aun en· lap materias de
disciplina, (Jomo ea'lflprfeseiite.sobre la. enseñanza déloscláaicoH pa­
ganos a la juréQAttd-’ ·. .iGw»q p&it tan pocas pal ab tas
dijortaritol, ¡Gomoi taft .brej-es’iialabra*i^*f^,j)í resolvió unacvg^
plicada dificultad y. con trovoj-gía! Ttnlo oatolico la obedece, el cand­
íaist a y el teólogo Siiperljciti]iBsLle>:4 iidola delearrera» nopenetra-
ran su sentida:, ni, ■abkr.csuíán tíodas siJts, relaciones, y todo ¿ornare
pensador encontrará· eh élla una gran sabiduría. - ^·<·*' ....
*‘Y qué, se dirá, ¿también se encuentra en la Encíclica el pensa­
miento desarrollado en e»ta Adicion es deQÍr(;quQ,al griego y el la-·.
-------- »■ «: ¡· ■" ·■■·:-■ ‘ -■•■jl:. __ ■ : - 1 -IJ :Í;: ¿ T í j '’:»-;·)■( ; - ;:A .
(1) Esto bo llama la cnsenanza cristiana do Iob cláaiooa pacanos. Do esta tnanoru
coavioaa quo un cato^K^^ico hable a sus discípulos al traducirles un clasico pagano,
- 90—
tin de los clásicos cristianos es un buen, griego y un buen latín?”— Sí:
todo está dicho en ella: que el idioma y estilo de los clásicos cristia­
nos, ei no es óptimo por faltarle la rigorosa propiedad y pureza que
tienen loa de loe clásicos paganos, si son suficientemente buenos.—■
“Es que todos los apologistas de los Stos. Padres alaban bu santi­
dad, su sabiduría en loe pensamientos y doctrinas, y esto es lo único
que dice la Encíclica: “las sapientísimas obras de los Padres;” y solo
rarísimos autores, como Erasmo, Mabillon, Hornero y César Cantú,
son los que dicen que los escritos de los Stos. Padres son buenos
aun en cuanto a lafo r m a ”—Sin embargo, este sencillo raciocinio
dará a conocer que de la Encíclica se deduce eso claramente. Ella
dice que los clásicos cristianos y los clásicos paganos producen la
elocuencia germana. Pues por mas Santos que hubieran sido los Pa­
dres y los Doctores católicos, por mas sabias que fueran sus doctri­
nas, si su idioma y su estilo no eran buenos, sus essrítos servirían
muchísimo para las cátedras de teología y demas ciencias anexas a
la religión; pero de nada servirían para las cátedras de idiomas y
de bella literatura; sus escritos producirían la sabiduría en materias
de religión, la fé, la piedad y demas virtudes; pero no la elocuencia
germana. ¡Qué sabiduría, repito, la de esa Encíclica! ¡Como de co­
sas tan desiguales y al parecer tan diversas como son la literatura
cristiana y la literatura pagana ha hecho salir la t/nidacR ¡Como de
cosas defectuosas, como es el idioma y el estilo de los clásicos cris­
tianos considerados aislados, y el idioma y estilo de los clásicos pa­
ganos considerados aislado*, por insidio de tm *sabia combinación
ha hecho salir una cosa perfecta, cual es la elocuencia cristiana\ Por
que el defecto de los clásicos pristianos se compensa (Usando, de la
frase de César Cantú) con la ventaja que tienen sobre los clásicos
paganos, e igualmente el defecto de estos se compensa con la ven­
taja que tienen sobre los clásicos cristianos. La habilidad de un
arquitecto al ф г т а г un edificio no consiste en colocar piedras igua­
les, eino en usar de piedras desiguales, amoldando y trabando unas
con otras: las partes convexas de unq piedra se amoldan a las partes
cóncavas de la otra; las partee salientes de la una entran en las par­
tes huecas de la otra, y vice versa; y de esta manera las dos piedras
quedan macizas y reducidas a la Unidad, y todo el edificio, como una
inmensa catedral, queda macizo, reducido a la unidad, esbelto, e-
le g a n te y rtnrndf ro por siglos. «Si las dos piedras contiguas a la cla­
ve de un arco ье dejan solas sin la clave, vendrán ai su*»ln; ppro ei
ве coloca sobre ellas la clave, .esta dará fuerza a el leu y a ^ ¡
demas, y resultará un trozo arquitectónico, una unidad arquitecto·
— 91—
uíca, un arco. Profana« non ras* cum sólae su/ti.
Diré una palabra mas para mayor explicación y claridad (1). Ob­
sérvese la diferencia que hai entre lo que es defecto y lo que es an­
tagonismo. Ec el griego y ol latín de los clásicos cristianos, hai el de­
fecto que se ha dicho respecto de los de los clásicos paganos, y en
el idioma y estilo de estos hai el defecto que se ha dioho respecto
del idioma y estilo de aquellos; pero no hai cmiagonismo'. griego es
el de los clásicos cristianos y griego el de los clásicos paganos; la­
tín es el de los clásicos paganos y latín es el de los clásicos cristia­
nos: no hai antagonismo en las raíces, en la estructura y demás par­
tes esenciales del idioma y estilo de unos y otros, por la sencilla ra­
zón que ya he expuesto: que b í hubiera autagonismo, no resultaría
del estudio paralelo de unos y otros la elocuencia verdadera.
Ni se diga que hai antagonismo entre unos y otros clásicos, pero
que se remedia con las ventajas respectivas, por lo qué el Papa
quiere que se ensenen juntos. Por que dichas ventajas remedian el
defecto·, pero no remediarían el antagoniamo filológico- Se puede a-
rrancar a un peral una rama e ingertarle otra de un manzano; pe­
ro no se puede quitarle la raiz y ponerle una raíz de manzano. Si
el griego o el latín pagano y el griego o el latín cristiano fueran an­
tagonistas, enseñándose uno y otro a la juventud seria como si un
cuartillo de miel se mezcla con un cuartillo de hiel: que no resulta
UHel,*einc un brebaje insoportable a todo paladar. Sería como si
al tratarse de hacer una pintura, uno diese una pincelada hacia a-
rriba y otro una pincelada hada abogo en el mismo lugar. Sería eo-
mo si se echasen un perro y un gato en un b o c o . Resultaría un ba­
turrillo, no TeBultaría la elocuencia una y cristiana, no resultaría e-
locuencia de ningún género.
Otra palabra y concluyo esta ya bien larga Adietan,
Cada palabra de la Encíclica es un diamante. Obsérvese: 1 .°
que el Papa ha usado de superlativos para ealifícar los escritos de
los clásicos cristiaüofl y los de los dáaiCds paganos, pues ba dicho atz-
ptentísimos, esforzadísimos: señal de qué unos y otros son rapremos
en su línea; y 2 . ° que no ha usado del mismo superlativo para ca­
lificar a unos y a otros, sino que de unos ha dicho sapientísimos, y de
otros, exclarecidistmos. Permítaseme esta conjetura: que el Papa qui-
.. m *
(I] Un antiguo dlsofpitTo y amigo o b l o me dijo, que yo en mi· escrito· públicos no
olvidaba que había nido catedrático trtc« años en «1 Seminario da Qaadalajara. Pido
indulgencia: j o no trato de enaeuar a nadie, ni ann a la jurentod, sino solo de ser algo
útil a esta, a la cual eatan consagrado· mi· pobres escritos; por lo «jo« caai todos tienen
I* forma de Compendio!.
so indicar con la palabra sapientísimos la ventaja de Iob clásicos cris­
tiano^ sobre los clásicos paganos, por qu'e las palabras sabiduría y
saino vierten de la palabra sabor} y pbr ló mismo se refiero, 110 sola­
mente a la materia del escrito, riño también, aunque en segundo
lugar, a su forma. Asi por ejemplo los escritas de Sail Bernardo y los
de San Buenaventura, no solo ióstrUyen con la doctrina el enten­
dimiento; sino que son sabrosos por loque con la forma de su estilo
deleitan la im anación?.y crcitáfllós afectos del corazoií [ 1]. El Pa­
pa no dice «tqjeriti&imos Saafob,' Bíwicsopieñtísilnas obras. Si San Ge-
rónimb, San Agustín y demttsTáíTres hubieran segnido la vida cou-
ternplatiVíTfcfti escribir ni un rengíóflf Imbiefan sido sapientísimos,
por que'Hftbieran conocido, am adoy gustado tffúc&isimo dé Dios y
de las oósás dirinas; mas la Encíclica nada habría tenido que ver
con ellos. La EneicÉca no habla de la sabiduría privada.sino do a-
quella de que el mismo Cardenal Hti^o dice: “La boca máuifiestc y
comunique ra los demas la sabiduría del corazop” (2 ). Habla de la
sabiduría elocuente, de la que predueé la elocue&cia germana) por que
el Sr. Pió TX sabia mui bien con San Agustín, que en lo relativo al
inimslerio de la palabra “La sabiduría sin la elocuencia poco apro­
vecha35 (o).
Me patrece'igualmente que el Sto. Padre con eT superlativo clarí­
simos o txtfcfrmdisimos, quiso'iridtóai la prbpiedády ■pureza dé los
d é s ic o s paganos, por que el supéíríatívofotíno-<*?aríswKí¡¡ significa
propiedad, pureza y esplendor principalmente de ünaie. ■ *►-
■ , oí;iur»!íiíj fl'líí S íÍto j O iíu ·j ;:»n -fsor.rl ?>í> « · !■ " 1
^ D r e í o x - l 8 ,í»
■' ; : í ' ¿ i d ü :.' 7 J . ’-’ i j £ ¡ J (.'·>·.:■ 9 » ; i-·

N a CO&VTEXE HNSEftilt> Bl'CBO BE LOS CLASICOS PACANOS V M i POCO:


DB LOS CLASICOS CRISTIANOS, NI MUCHO DE I 1O8 CLASWOS GfllSTIAKOS Y MCr
POCO DELOS CLASIÚOéPAOÜVC». ! fc V » '· .;o·.* v x /n ic ' ,í
.·;;
1 . ’ . .: ·:' v :.
j^ j^ c e q u e la mayo*· parte de los cris­
tianos qvy^fa^^lniM o» conozcan mejor arCicei:Qn¿r a Virgilio que &
San Agustm o a San Cris^t^ipjo. pirijase qu^ gplo los_ pacanos tuvie-
<1 ) S ^^ iitíro T q ^ ;S ev illa ái‘c¿: “Saíno y a J^utcUcbode «4?>ar.”J^¿tíau>lo¿ías. lifc. 1 0 ,
vérb. Scpu¡jti]. ElCa&eftk^flugotfico: "Sabiduría oa como cienciS a&bYoÉa.” fin Eccli.'
«ap. 6 ). 7 íos humanistaa HiguM y1 Morafríe dicen:JISapíeiu ikjfientix (de S a p a ). Hoc
recio: De paladar muy du-Ucudo.” (diccionario Latino Etimológico). £1 Papa habla
puco, de loa Podres de paladar mui 'delicado en las cosos divinos, do los escritores de
baen gusto literario . ' 1 '* r,> f>’’ ^ f,,;· ■' r ' 'r “
(2> In Lúe. II.' ’' >; - - r
(8) üajricntia sinC áoqtitntia pdrum produl; 'tl<x¡\untia vtr¡> rirli tajrienlia tít. [De‘
Doctr. Chriít , lib. 4, cap. fij. ' i
— 93 —
ion irfgcnio y saber, y que los'autores cristianos solo son buenos pa­
ra los clérigos y loa devotos. Sit títJultí dfe qtíe les per*
judica, pues hace r*]u£tnúchos créan qiie Sus o&yafl sóK/tíf/uftdan en
exhortaciones £ meditaciones fastidiosaá” O .)·' ' ' '! ;xU^ !
Gabriel dfe Puy-H érbault, cuya opinion adopta Gáiiin^, dice:" Ha­
ciendo abstrddoti déla elegancia delestiloydélt¿Ién tftd éin vención
(2 ), ?iacta o casi nada hai en ellos ( nihil oítííÜúú Vélptíntm ddinodúm),
que lejos fre sór digno .de leerse, no merezca a'éiVCótatde’n ado al fue­
go . Sí' por cada impertinencia qtte! eonsigttan didbtoé '^Hitores pudie­
ran recibir una híófetíida, to d d sü buérpo 1yér'iá u h ^íé ^ ü frd eriál .n
(iaume añade: **A1 decir hace tres siglos el elocuente defensor dé
nuestra causa lo que ?losqtr^s, mi§mQsJ¿e?iio_s dicho, añade que las ge­
neraciones de los colegio9 efauc'adás eíí ib, corrompida escuela del
paganismo, difunden por todas partes la corrupción, y son causa de
que la Europa sc hajfe pervertido. . .1E^gra 1*/DÍt)«fcг> despUee-de ha­
ber señalado éí üíaléfl sudrfgtín, í^ ifeá ,^ítfeD^iK4,,t%íe é9'el mismo
propuesto porrfósblros, ssábér: ahjunos exlf'abttfoííreprensibles [3] de
los autores paganos, y la introducción anvplia de los autores cristia­
nos. . . Yed aqui lq que hace cuastro siglos vienenTeólatoaiido la/re-
ligion, la socilé tlad',y el Btlfífi1sentido, y lo que, 'seanoá perinitido
decirlo, nadie mas que b a íealiáttdo ehdoa volúmenes
de clásicos paganos''" [5]. 1 ;' i ■ ' ' r l;!'’ '
El ^ r i ó é ^ ,w!Lá 'TI¿it)tírhdi|o: “Monseñor JClaúnlé liá ■própitéató
latífffonna convénieíite' sobrfe'ó!particular. Este etmfletífcéfcscritor
«xige que ios estudios dé Ios'fíi.Sós hasta el cuarto an£>, sé co^lagrexl
a la Sagrada Effcritui*a‘ 'rf tey éfeétito» dé los
Actas de lófl mártires ( 6 ), á í‘ítfismo tiempo que-W^és áóté'dé los
coñocifnientoá'«íé'ltístoria, ciencias o industria, en armonía con las
divarsas profesiones <ftíe qttfe
sel&fktioie en di estudio dé loa autores pagahos'tiáte^fte^tébtetf ^Ibs
ooupcinátent«« íefeiidoÉf,' pide ademas que el elemento ptí^aruo no·
——> ‘ ' *rr. -.-.I ^ Jil sJj üoio-'.·'·..; ^
*(1J C¡í. por G o ^e^ cjb g w & iiií B^áBieiquent^ píftíAi^ay, A^-bchualfií eiu ¿¡ i r '
( 2). Iioa'niiwnoK .oñcmtgoa dq loq clásicos pagiiuus, "bo véúfbivía^qs * n¡9g»fc^iir lúa
bucuas cuulidudcs do catos pnxu ld c^gcüaqza., i . v ' * *’V ‘
(3) l ’or ejemplo ltv cuarta parte de una (^rücioii <fo Cic t f r o i j i , t í ^ r Ü K i a doTl/btí»
2 ® de la Eneid*/de tloaék» retjodto qae lós’jívwJeé n ¿ 'é c ^ á u '^ íií^ y tó /\uW iiqtó)Illíi^-
noion, n i en qwi quedó la guerra do T ro ja, aunquo cu cstda-cbáaa MU ¡MCiS*r»
prensible cael·ordenm oral. ■■--í ,· ■ . , . ,·.■ i ';-7 'í> p.
(4), Ea alerto. E¿ Ufioir yuoIV y--IJorbault y uuo qu® ptro autqr oxt№yajjantfl*oa lu
roKgfoíl-y 1¿ saciedad. ' V ' ·- !>- ' i Oír .
(·) Id, id, cap. G.
(C) E icelo n te lifiro para excitar la piodad y que púodié .leerte n li'.t ¡ ^.ica
templo; ppro ¿paru 1# t'lucui’ncin, q«L‘ es de lo r¿ue 'oq'« ae trata1!
— 94—
entre ep la enseñanza, sino en mui corta proporáon” ( 1)..
Estas ideas no son conformes a la Encíclica, la qué habbi con i*
gualdad de la enseñanza de los clásicos cristianos y de los clásicos
paganos. A la autoridad de la Encíclica se agrega’la de la razón.
Por que asi como r^inguno aprenderá a pintar pintando poco, ni na­
die aprenderá Jurisprudencia estudiando una sola de la Siete P ar­
tidas, ninguno aprenderá el griego y el latín puro estudiando poco
de los clásicos paganos, ni aprenderá él griego y el latín acomoda­
do a la sociedad moderna, estudiando poco de loa clásicos cristia­
nos.
^ D IC IÓ N 19 .»■

I deas del A bate G atjjíe y del P. T extura íp b r b ' expurgacion dh


LOS CLASICOS PACIANOS. BONDAD, NO SOLAMENTE LITEBASIA, SINO NATU­
RAL Y MORAL DEL IDIOMA Y ESTILO DE DICHOS CLASICOS.

Loe dos grandes enemigos de dichoe clásicos, viendo encima de


ellos la poderosa Encíclica, no pudiendo como católicos desha­
cerse de ella, ni chocar clara y groseramente con ella, le lian hecho
tina reverencia, se han visto precisados a hacer una concesion y han
dicho: 41Aceptamos la Encíclica: aceptamos la enseñanza de loe clá­
sicos paganos con expargación.” Gaume hizo una edición de los elá-
sicas paganos expurgados; pero en esa edición y cuando uno y o·
tro autor se explican ¡qué expurgacion es la suya, tan diversa de
la de la Encíclica! Una expurgacion que reduce a casa nada la en­
señanza de los clásicos paganos; que consiste en mutilarlos defor­
me y peijudicialmente, que tiende a matarlos, a'ellininarlos y a sa­
lirse ellos con la suya. Gaume dice: "Madurada la razan de lós dis­
cípulos en el seno vivificador de los eminentes literatos, poetas, pro­
sistas, oradores y filóeofos de la Iglesia, se hallará fortificada con­
tra las falsedades y vicios.que se advierten en los autores paganos,
y los hacen siempre peligrosos j w mas expargadoe que esten. . . ¿Pero
no hai cosas buenas en los autores paganos? Si, del mismo modo
que en \m campo lleno de zarzales se hallan de trecho en trecho
algunas espigas” (2).
“Las expurgaciones, catecismos, conferencias y congregaciones
piadosas, no serán nunca mas que paliativos iiisigniji¿ünlt$} ( 3 ) . . ,
(1) Cit. por G ana·, id, id, сер. 18.
(T) Id, Id, pte. 4, cap. 1. ®
(3) Id, id, евр. 1·. jVay» ада bofetada a la Encíclica, siempre Coa rerrrrneiai!
— 95 —
“En vano los jesuitaB han procurado con un noble celo extirpar
«1 veneno expurgando los clásicos; podran bien ocultarlo, pero no
impedir la curiosidad da la naturaleza corrompida en penetrar en
«se foco de obscenidades” ’( 1 ).
Él P. Ventura dice: “Asi como el espíritu del Cristianismo cons­
tituye el alma y el carácter esencial de los Libros Sagrados y dé
los clásicos cristianos, el espíritu del paganismo constituye el al­
ma y el carácter esencial de los libros profanos y de los, clásicos
paganos/ esos dos espíritus saltan, rebosan a oada página y 4e ca­
da Linea de esas dos especies de escritos, y, con raras excepciones,
asi como todo es cristiano eú un libro cristiano, asi también todo es
pagano en un libro pagano. El espíritu que domina en todo un li­
bro es lo que lo constituye a este, y no se le puede despojar de es­
te mismo espíritu sin destruiHo. Y asi como no por separar algu­
nas páginas o algunas frases de los libros cristianos, se logra borrar
de ellos enteramente el espíritu cristiano, asi también quitando al­
gunas páginas o algunas frases de los libros paganos no se consi­
gue que desaparezca de ellos enteramente el espíritu pagano; o en
otros términos: asi como no se pueden corromper completamente
por medio de algunas supresiones, las preciosas producciones del
pensamiento cristiano, asi tampoco se puede ejecutando igual su­
presión, expurgar completamente las funestas producciones del
pensamiento pagano (2). Por eso no nos explicamos la Ilusión que
se hacen siertos cristianos, y aun ciertas eclesiásticos, pensando
que basta borrar o cortar algunas lincas o páginas, para que un li­
bro pagano pueda sin riesgo ponerse en manos de los jóvenes, ni
que hombres de discernimiento y de juicio no comprendan aun;
que el peligro de los libros paganos para los jóvenes, no está sola­
mente en ciertas narraciones o en eiertos pasajes demasiado licen­
ciosos y apropósito para manchar el candor del alma, del niño, si­
no mucho mas en el espíritu material, profano, témpora!, terrestre,
animal, satánico^ como dice un'apóstol: Sapientía terrena, animaliti,
diabólica. ( Jac. cap. 2 3).\ todo en esos libros principia por el hombre
y termina en el hombre.: las pocas máximas comunes de moral que

( 1 ) Ibid. En la misma argucia de los impíos contra la prolubioion. de libroa sulofl,


que la Iglesia lia practicado desde bu »acimiento, dictando que la misma prohibición
escita lu curiosidad dojcerlos. Dicha argucia también tiene lugar contra el miaos0 Gua­
rne, a saber, contra La edición de clásicos paganos expurgados qu« hizo. .
(2 ) El P. Ventura niega ol dujtuosto do la Encíclica, niega q u · sea posible la expar­
gación de loe clásicos p a g a n a s . Escribió e n 1857, es decir cuatro año* después deiu Je»u -
cíclica, y en Lugar de ucutarla coma católico, la ataca por au base.
-r—9G— ..
вияацфрев.&ВД tom ado, d é la » tradiciónо в р с у я ^ е а (1 ), y q u ^ n e
hfr Д К » ¥ ^ Г | aingjjm, cristiano qivesepa su rate p em o ;.m á x im a s que
p o r lo dem as s o n tá n rara s como la y e f b a о U 3:/WGfc,enfJ<>>j, áridos
4#ftiec.to.9 <ie АЛю а; esas m áxinjas, digo, tan feifl* оото1а'у1*аЧо^ no
t&DÍendo,por baso dogm a alguno dlvirto, a i las rec o m p en sa» o loe
ca^tígoe ^ t^ rn o s ppr sanción, son ta n ^щ реЦ еп^Сф ш о. sonidos va*
ззов.p a ra im presionar el alm a (-2), y £ánr vacias com ^-la n a d a . . .
^ u h J q s m ee castigados (ПЬгрэ, paganos), i^ p e o to de bus ©sspjeeio
Des y le« m as escrupulosam ente expurgados, son siem pre funestos
p o r su espíritu r(3), p o rq u e no se e n c u e n tra en ellos generalm ente,
it?4P: que. el espíritu del m undo Placiendo la g u e rra ai e sp íritu del
Evangelio, y el espíritu de Satán»» rep resen tad o bajp ,toda» eus
firm a s y.opuegta^L E sp íritu de DioS" (4).
menos sé lograse con un método tan fon esto a la · fe (la .en*
eGñabza de Jos clásicos paganos), obtener, algui}&,y<eijtajft, en lite ^
i’tóttWriíi fiomp^nsaoion seria en verdad harto deplorable, pero al
fio ya,ecft:^gURfl, |?ero mataraL cristiano y al ciudadano^eu el hu-
manista; eínjjacede literato; ahogp,en,.éLt 0 dqgiwteJ^nfcpde vir-r
tud, sin enscilarle 1да y e rd a d e t^ i^ io a e B d e lo bello; extraviar su
espíritu,y su corazon relativamente a la moral y α la (religión, sin
haberle mas apio para conquistar la íLenniajrmodelarie de puerto
qu^ olvidé tós-bioBea del cielo, sin ofreeorle pompensftoion en loado
k* iierti^Jíiacerle^erdür los «jios mas preciosos ds su vida en аргец·»
4 ¡№ jtP ta g g P fi¿ 4 ^ « li^ i jwanii narr
se, popa sAAietér вца bijoe а .репоеаа рг^тоаэ» вп щ оиЫевЦ, ще-
црз que pueden perder es el tiempo, perdiendo con cortejo, la
vopíoq: ¡todo eso ee demasiada cruell [5J. J3so iCa lo que al fin fie
llegeüa ♦ofiaprender; eso es el inmenso eeoá»d^yul*)íimtraatc injus­
ticia, a }op cualeá se lia querido p.oner remedio libértenle Jas dos
tercera^p^tjte# por· ^ ■menos ^e.ta|iAYentud>£sfcu diosa, d e ja, tríate.
$&§£eidad .dé рм агро? horcas orfiidinoH de 1аеп^£аод* p a g a ^
en dondó^dqja jcoü h»fi$afre&rei*eia los hábitos y iag eftntimieütoe
mae preoiosi)s,■jwineeogiendo т а л -iruto qLiíi aropcl ii3e»iladj>:$|)4

(f) :~E«as &<wBcieBÍn--T«nIitn do lairligiffü'prtm rtírn.. « e ^ é o ird e ü io e ,'


[3] I?ur ^jenploíic^ellaeeotflaoUi^'Kii Hlmiiirao>>ivi«io*, пп*гтпо*МГки*у somáe/' y<oj·
пш deelásiofirf pugen<*r^«ií dlte Suri 1 *яЫо w m om nl Importantes’,· г n son mus quo f i ­
nidos vanob £1 ÍIÜRli'minio St.8üllto.4diofl QlieNll ^.'Veatot^libldb^iMiMiüatitotofilk'
que enwn&tal” .-'’.¿ и ' ■: ’ ■·· ·ι :ι’·-^·)·«ν·: i> s¡¿linmui—'j Y .·■. '.Λ
•ЗД. 2№qntefe^ftee-irphrgbeloft^fti1евЬгйриЬв»»' <vf v >*»! ■. i-r *
J4] Discurso 2 ? · \ <J j L .. JÍ.: ^
[0] /Todo e t^ c s demasiado falso? .*
— 97 —
cieno (1). ·. Pero siempre, & jgcsaplo de Curlomagno, el verdads-
ro rey de los graudeq.y el mas grande de los reyes, modificareis (di-
£e a Napoleon III) laslé^esque rigen la ea«>¿mmza, de-manera que
la parte mas noble de la naeion, no se vea obligada a ir a buscar
en las vias del paganismo el progreso literario, .sino que quede en
libertad de ir a tomar en la enseñanza divina de Jesucristo, losprin-
cipio&del verdadero progreso en las letras humanas: Ipsum audite.
Rompereis, en fin, todas las trabas que awtiyuas y deplorables preñan-
paciones (2 ) oponen aun a la vuelta del método cristiano en la e lu-
cacion de la juventud4’ (3).
Cuando una preocupación ae mete en la cabeza de un sabio y se a-
poderade él, resulta aquel adm irabley gracioso contraste quti Cer­
vantes nos pinta perfectamente ea eu Quijote. Cuando se oye a a-
quel literato hablar o escribir sobre alguna ciencija, o arte, pasma
su saber; pero cüando se le toca algún punto sabreé^qué está preo­
cupado, da risa eUmodocon que discurre. Cuando se lee afguria de
laa muohisimas obras del P. Ventura, como su •'■Escueta de lo-> Mi­
lagros,” sus "Parábolas de Jesucristo,” sus "Mugeres dél Evan^i-
lio,;·’ su “ Divinidad de la Confesión,v sus "Armonías de la Etcaris-
tia¿’! sus Sermonee fníatumos ¡qué talento.' ¡qué íilosolia! ¡qué álta
teología! ¡que erudición en las Escrituras y en los Santos Padres!
¡qué elocuencia! pero cuando se le lee en uno que otro punto
acerca de los qué estaba preocupado, se vé al sabio desbarrar las­
timosamente, y despeñarse desde la cumbre de la sabiduría hasta la
sima de la extravagancia. Por ejemplo, en el trozo que acabft de
citar sobro la'enseBaDsa de los clásicos paganos a la juventud. Dice
que en un libro compuesto jJbr un pagano casi todo es pagano. ¿Y el
papel y la pasta de los libros clésjcoB paganos también son paganos?'·
¿Y las narices de ios'dásicos paganos tamicen eran paganas? ¡Uu*o-
(1) Ea ducirj lo diguo tic ospiirgaeiou c/> »teño, y lo restante eB faegun Vc¡rtura) oro.
pfil. ■ ■ ... , · . . . .
(2) N o Ps nluTtt lo del ojd. ’* ■ ,
(t) Acoha^ja a. Napoleón 111 <jue imite ol ejemplo d^Carlomagno, el cual por consejo
dol monje Alcui no, (tintinó de'loa colegios literarios la Enseñanza de loa clásicos pogu-
uos, por quo dicb© monje había so*ad*· que los referido» clásicos orun perjudiciales <fhv
juventud; mas pan»qu.6 se Cumpliera el deeoo del P· Yeptirra era necesario, que alguno,
que tuviese sobre Napoleon ITI la influencia que tuvo ¿lc\iino sobra Carloiuagnó,se]o
aconsejasc^y que cae hombre influente tuviese un aufeüo como el do Alcuino; j qnc o|
emperador de los fran coses y los demos existentes en el siglo X IX , aceptasen éste huc-
iio como ae aceptó aquel on ol siglo IX .
(4) En mi Compendio de 1a Historia Antigua do México, al hablar délos Sacrificios y
dejos Sacramentos aztecas, presento los profundos pen 9ami*irt«sdel P. V entura sobre
Sacrificios yaobre Sacramentos, especialmente el de 1a C o afo fo n y el de la Comunton.
— 98—
tas proposiciones falsas, cuantos disparates enatan pocas páginas!
Estgs despropósitos de los grandes escritores nos consuelan a los
pequeños. “Esos dos'espiritus rebosan de*cada página y de cada
linea:” primera proposición falsa. uGon raras excepciones, tofo es
cristiano en un libro cristiano:” segunda proposicion falsa. ‘ Con ra­
ras excepciones, todo es pagano en un libro pagano:” tercera propo­
sición falsa. “En los clásicos paganos todo principia por el hombre:”
cuarta proposicion falsa. “En los clásicos paganos todo termina en
el hombre:” quinta proposicion falsa. “Las máximas de moral en los
clásicos paganos son tan raras como las flores en los desiertos de
Africa:” sexta proposicion,falsa. “Las máximas de moral de los cla­
sicos paganos no tenían por base dogma alguno divino:” sétima pro­
posición falsa. “Las máximas de moral délos clásicos paganos-no te­
nían por sanción las recompensas o los castigos eternos:” octava pro­
posicion falsa. “Las máximas de moral de los clásicos paganos son
tan vacias como la nada:” novena proposición falsa. “La enseñan-:
za de los clasicos paganos expurgados a los niños y a los jóvenes a-
hogan en ellos todo sentimiento de virtud:” décima proposicion fal­
sa. “Los clásicos paganos expurgados no enseñan a los niños y a los
jóveneB las verdaderas nociones de lo bello:” undécimti proposicion
falsa..“La enseñanza de los clásicos paganos.expurgados a los ni­
ños y a los jóvenes extravian su espíritu y su cora/on relativamen­
te a la moral y a la religion:” duodécima proposicion falsa. “La en­
señanza de los clásicos pagax№ftiexpu#gados a los niños y a los jó ­
venes, les hace olvidarlos bienes del cielo;” décima tercia proposi­
ción falsa. “La enseñanza de los elásico#pagano»<expurgados a los
niños y a los jóvenes, obliga a muchísimas familias a arruinarse:,J
cf&cima cuarta proposition falsa. “La enseñanza de los clásicos pa­
ganos expurgados a los niños y a los jóvenes, les hace perder el
tiempo:”-décima quinta proposicion falsa. “La enseñanza délos
clásicos paganos expurgados a los niños y a los jóvenes, les hace
perder la devooion:” décima sexta proposicion falsa. “Los precep­
tos de enseñarlos clásicos paganos expurgados a los niños y a Iob
jóv%nes,son las horcas candínas:” décim asétim a proposicion falsa;
y otras proposiciones falsas apuntadas en mis notas anteriores.
¡De cuan diverso modo discurren los jesuítas! Escuchemos a l P a­
dre Cahour. “II est vrai que la science du Christianisme a en-
richi la langue grecque et la langue latine d’ expressions et de oou-
( 1 ) Paxftijuft № conozcan m«jor los pt'ristmnentos do este áabfc», los presento on el
idioma en qua escribió. Sol afecto a los textos origínale*, y do aquí mia frecuente* t é i '
tos latinos.
- 09 —
leurs nouvclles pour rend re des idéea el, des sentiments inconnus
aux Gtftcs et aux Romains; maig elle n' а раз change la nature
mem« de leurs idiom'ea—La Religión du Christ ne devait pas anéan-
tir les langues qui ont serví A la p^édication de 1' Ev'angile. Elle
v e u a i t redresser, perfcctionner 1’ humanité, et non раз la détruire.
Or, la langue des peupies anciena, leur gotítlitteraire sont 1* heri­
tage de 1}humanité, et non du^aganiam e. II en est des beaux—
arts et de leurs regles comme de la phíÍ090phre et des loia de sa
logique: ce sont des dons du ciel que les generations ee transm ettent
plus ou moins iñtactg. Le beau tient an vrai, et le Chrigtianisme ne
devait pas plus répudier la poésie des Greca que les vérités qu’ ila
avaient conservéis. Ne disons plus que le bon g o ü tfa t paTen aux
eiecles de Pericles et d’ Auguste; il était humain, voild tout; et c’ est á
ce titre que les Saints Peres 1’ oüt étudié, que les Vicairea de Jésu s-
Christ 1’ont réveillé des le quatorziéme, et le quinzieme laissant de
cóté son application, qui seule était paíenne.—-La primitive Eglise
prit daos les rites anciens ce qui appartenait aux traditions du genre
humain, 1’ eau lústrale, les flambeaux, Г encens, sansse confondre
avec le paganisme, qui les avait adoptes ( 1). Ijes martyrs employment
dans les inscriptions de leurstombeaux les symboles antiques dont
les paícns avaient abusé et qu’ ils semblaient т е т е s' etre appro-
priés: с’ etait rendrc á la verité son Jangage. Sur leurs pierres sé-
pulcrales ils mirent des Orphées, des dauphins, des palmes, des cou-
ronnee, parceque le genre humain avait fait de ces ñgures des ex­
pressions imagées detriom phe зиг 1ед passions, de salut, de victoire,
d ’ immortalité ( 2 ).— L’ architecture grecque ne fut pas Г oeuyre du
paganisme,' inais de Г esprit humain. Phidias était homme; sasta-
tuaire appartient ¿Г humanité comme la poésie cTHomere et de Yir-
gile. 21 n’ y eut de pacen dans les chefs-d' auvre des pcüens que Г idée qui
/es consacra au cuite dea dieuxie t qui de 1' «xpceesion de la verité fitce-
lle du mensonge. . . C’ est un devoir, dans les classes d’ éloquence
et db póógie,de faire oomprendre qu’ il n’ y a de beau que le vrai;
que la languo grecque et la langue latine ne sont tielles que par­
ceque leur eyutaxe repose виг les lois de I 7 esprit humain; que ce
n ’ est'pas le polytheisme, m aisla civilisation des siécles de Peri­
cias et d ’ Auguste qui a perfectionné le goütdes Greca et des Re­
mains/ que chez eux la decadenoe des inoeura causa la péHe d u
(l) Procuró desarrollar y dem ostrarla profunda verdad que entraña este pmaamien ■
toen mi Compendio de la Historia A ntiguado Muí ico, en varío» pan toq del capítulo so­
bre In Religion de loa Aztecas, eapcciulmcntoal tr ttá r de ш Sacra nrébtos.
(2J Puede vérse osos hechos y otros semejantes fixplicadM'ttUlli· СОТtas Bobrc 11o-
ma, carta XIV воЪге laa Catacumbas, § Símbolos.
— TOO—
goút; qu' étudíer daña k-urs chefs-d' ueuvre les loís d éla jioésie et
de 1’ éloquencc cc n' esí qtu’ étudier 1- humamté á ses grandes épo-
ques; mais qu' il cst absúrde de transporter darís les nation 9 chre-
ticjmos un ideal paien” ( 1 ).
A las reflexiones del s'aírfójesuíta añadiré otras do mi cabeza. Me
tomo la libertad de confirmar el pensamiento de Cahour con la au­
toridad de San Gregorio Nacianceno, quien' convatiendoa Juliano
el Apóstata por su tiránico edicto poi*el qtié'prohibió la enseñanza
do los clásico^ paganos en las escuelas cristianas, le diee: “Pensan­
do tú sobre los lenguajes a la verdad con grandísima necedad , . .
como si el lenguaje griego no sea asunto de idiojna, si no de reli­
gión fStultissimc sane scrtnonilús cogitans,,, quati strmo graetzis
non linguac, sed religionis sit. Permítaseme volver a preguntar,
¿Y las narices de los clásicos paganos también eran paganas? .¿Y
su [lengua también ci'a pagana?—-"No, se dirá, su lengua y sus
nariccs no eran paganas, sino humanas.”— Pues si eu lengua
no era pagana ni cristiana, sino humana, apta para hablar de
todo* su lenguaje, su idioma y su estilo, considerados en sí mismos
como quedan despues de la es purgación, tampoco son paganos ni
cristianos, sino humanos, aptos para expresarlo todo. En el gran dia
de Pentecostés Jqs Apóstoles .hablaron los idiomas de muchos pa­
ganos: el de los Partos, él de los-Medos, el dé los Persas, el-de la Mc-
tiopotamia, el de Capaiíocia, el del Ponto, los del Asia Menor, el de
Frigia, el de Paníilia, elid&JjjgwtOj lop^e Libia, el de
Arabia, el idioma griego y el idioma latino. ¿Es deCir qtté los Após-
tolea hablaron idiomas ‘malosl— ¡"Milagro!, se dirá; eso fué milar
gro".—.No es buenarespuesta;; perOBinombargov^presentemos otros
ca^os ^ue no han sido milagros. La cautiva pagana que* cortándo­
sele los cabellos y las üñas y ■vistiéndosele el traje hebreo, era des­
posada con un israelita'i ¿qué idioma hablaba en el pueblo* de Dios,
en el mismo templo de Dios?) ¿estaba muda? Los griegos, los lati­
nos y los iniáfc.erables paganos que se convertían al Cristianismo
¿qué idioma hablaban ín. la Iglesia Católica, en el templo y en el
misino martirio y agonfa por Jesucristo? .
El idioma y estilo dte los paganos no tieo e religión; no es pa­
gano ifi cristianóles uto.instrumento semejante a la mano, con la
qué se puede tomar dinero y dar limosna, y. también tomar un cu­
chillo y m atar a otro. El lenguaje es como su instrumento máte*
rial qjie es la lengua, de la qué dice Santiago: "Con ella bendecí­
amos a Dios y al Padre: y con ella maldecimos á lo sh o m b re s.. -Dé
[l] Des Etudoi cit., pte. A, § 1 C.
— 101—
una nña’ma boca procede bendición y maldición” (1). Y no se der
duzca de aqui que el idioma y estilo de cualquier pueblo es por su
naturaleza mdiferqtie, sino que es bueno, y el abuso es el· que lo ha­
ce ínftlo, como lo indica el mismo apóstol por estas palabras: (/“Por
Ventura* fina fuente1*por un mismo caüo echa agua dulce y amarga?
¿Por ventura, hermanoá tnios, puede la higuera llerar uvas e la vid
trigos?” (2) Alápide explicando esta doctrina, dice: “Con estas
comparaciones manifiesta Santiago, que es innatural y fuera del or··
den de las Cosas y como que pugna coc la misma naturaleza, que de
la boca destinada por Dios y por la naturaleza para bendecir,· proce­
da maldición: asi Como pugna con lanaturaleaa que de una fuentb
dulce proceda agua amarga, de una vid higos, y de una higuera u-
vas.” En conclusion: el latín y el griego de los clásicos paganos, ejc-
purgadosjde toda obscenidad, de todo abuso, quedan como cualquier
idioma y estilo de que se asa para háfelar y escribir bien: unos idio­
mas y estilos natural y morahmrde buenos. Todas las lenguas soa
buenas en si, y por esto dice el Apocalipsis que entraremos en el
cielo de toda lengua: ex omni lingua (3).
JL Τ - * 'P
A d ic ió n 2 0 *

L as .'Mascaradas'.·

£1 Ábate Gaume censura conkjusticia al jesuíta Büteano, por que


ffl poeta jesuíta Sarbierwiski le llama sacerdotede Apolo (4). El'me?-
clar el lenguaje dé la mitología pagana con el lenguaje cristiano,
el aplicar Jos nombres de los dioses y hechos rituales paganos >
Santos, personajes j hechosrituales cristiaiíos.fiié. Uní dófectti, ώύ
solamente de inuchoájésuítás, sino de los mas literatos de loá sigj.08
XVI, XVTÍ\'f X V ill y de tíiucfaiaijtíos’del sigiopreeent«. .Filéy;ea
uq ¿tan defecto que debe censurarse y cbrtegiráe', qué'se lia'corre­
gido en alguáá; paite, y*que proscribe la Encíclica, norma de todas
estas. Adiciones; p o rq u e en esa dispofeicionpontificia, cjue en su
brevedad es una obra maestra ele bella lítéfáxtipát se^ótíí^^íí'qiie
se enseñe la! 'elocuencia germana, y esa mézcía heterogeírek y e s ­
trafalaria no es elocuencia vtod, y cu cbnsecueií c ia to es elocuencia
germana. J ’ :vy

(1) Cap. 3, τ. LO.


(2 ) ia, V. 1 2 .
(3) cap. 5, y- 9.
(4) Obra d t., El Henacimiento, pte. 2, cap. 1 9
— 102 —
Acaeo se dirá: “Mas algunas composiciones cristianas en queliui
esas aplicaciones mitológicas, son n>ai tiernas y exhalan un perfu­
me místico.”— nos, salimos del terreDo, si se prescinde de que el
latín o elgriego que; se enseñe a la juventud sean o no clásicos, si
vú sre,trata mas que do ternuras místicas, que se le enseñe la No-
Vena deN tra. Sra. del Refugio por el Padre Ofiregon. Es&s compo-
iiciorie«· ¿serán Tnásjtiernas y mas dulcemente místicas que las ho­
milías de San Bernardo, el himno Sacria solemniis de Santo Tomas,
y otras muellísimas composiciones de clásicos cristianos?—r“ Pero
por qué, ee replicará, estrechar tanto la enseñanza? ¿No nos será
permitida la libertad de enseñar a Son Bernardo, a Virgilio y tam ­
bién esas preciosas* composiciones, apesar de sus reminiscencias
mitológicas?"—Si, Señores: teneis libertad de enseñar esas compo­
siciones, la libertad de enseñar la poesía de Góngora yG racian,la
libertad del mal gusto. Pero permitidme solamente una pregunta:
¿os parece estrecho el campqpde las sapientísimas obras délos Padres
y de los esclarecidísimos escritores paganos? Esas composiciones son
como el Cancerbero que se cita en ellas con frecueucia: tienen tres
cabezas: el paganismo, el Cristianismo y el juicio individual, y lo
que tiene tres cabezas es un monstruo.
En los siglos anteriores no faltaron críticos de gran talento que
•censurasen esas composiciones. A mediados del siglo XVIII Bal-
zac decía: ‘‘El autor de la divina Eneida-nunca invocó a Heso, ni a
Mithra, ni a Anubis, y nosotros no debemos introducir temeraria­
mente en nuestras composicionesdivÍBÍda4 ^ .e5 ^^¿^a, ni llamar
kÍmeveQ *]M' bodas de Jacob y ’Kaquel^ ni dar a Mercurio por guia
a TóSias, ni decir que Júpiter Tonante se apareció a Moisés en la
montaña. Verdaderamente eBta mala costumbre necesita, reforma,
y merece que meditemos su importancia. Ésa mezcla no es acepta­
ble, pues disfraza por completó toda nuestra religión, choca a los
menos delicados, y escandaliza hasta a los menos devotos. Aunque
nada sufriera por ello la verdad, el bien parecer se ofendería, y si
el .obriu: asi no.es cometer ningún crimen, es por 16 menos futeer
fuera de tiempo una mascarada.— ¿4 qué se han de pintar los turcos
cqn,sombreros y los francesep con turbante«? Los romanos nó lle­
varon'a bien que, $ps magistrados cj^áran la toga cüando estuvie­
ron en la Grecia,"y sé vistieran el manto. Criticaron los amores del
emperador Tito y de la reina Berenice, y miraron con horror el ma­
trimonio de Antonio y Cleopatra; y si bien esta princesa fué de las
mas iluetres familias del mundo, no solo creyeron que el enlace e-
ra desigual, sino que Antonio se había deshonrado casándose con
elfo, y que semejantes alianzas eran monstruosas y abominables.
• . — 103“ *
Creo qua hai mucha diferencia entre cas^r a dos ^ s o n a a de reli­
giones diferentes, y hermanar dos religiones,contrarías; entre unir
un romano con un bárbaro, y la ■superstición de lös pagano^ con la
piedad cristiana, y entre contratar un hombre y una mujer una co­
munión de bienes y una sociedad de vida, y establecer entre Jesu­
cristo y Belial una alianza de misterios y una confusion*de ceremo­
nias.. Si, pues, el modo de proceder de que trato no es frandu-
lento, tampoco deja de tener inconvenientes, pues por buena que
sea la calidad del oro (los clásicos, cristianos), y por excelente que
sea el color del cobre (los clásicos paganos) el que mezcla ambos
metales siempre será considerado como monedero falso. . . Esos Se­
ñores (los afectos excesivamente a los clásicos paganos) están tan a-
costumbrados a las letras profanas, que uo pueden desentenderse
de ellas ni aúnen las materias mas religiosas. Sus ánimos están tan
imbuidos en la idea, que han concebido·, que nada pueden producir
que no lleve su sello, y su carácter, tanto que me hacen recordar
a aquel embajador relien llegado de Constaatinoplapara residir en
Roma, que llena todavía su imaginación de las cosas del Asia y de la
grandeza,del- imperio Otomano, en la areuga que pronunció ante
el Papa Leon, )e~,dió el nombre de Alteza en vez del de Santidad, J-
despues de haberle llamado con Sa« Burnardo: “por el primado A-
bel, por el gobierno Noe, por el ordeu Melquísedech, por la digni­
dad Aaron,” le.dijo por conclusión y para coronar tan magui&oo·
epítetos: “Tu eres eu fin el Gran Turco.de los cristianos!” (L),
¿Y qué diría el. grau Balzac si al cabo de dos siglos y asedio,
cuuudo tanto ha adelantado la critica y el buen gusto literario, viera
hoi todavía resto» de las antiguas mascaradas? Al estar escribien­
do estas Adiciones he .rficiUi^y uua ^ e s ia latina, conquesta .RS*1,u i^
páriopp para ceiebrar la ’visita ele* un'Sr. Obispo !a su dioeesifl,
la consiguiente-frecuencia de los .sacramentos de la Confirmación,
Penitencia y Comuriion: poesía que revela en su virtuoso autor ta ­
lento poético y versación en los clásicos paganos; pero que adolece
en algunos verbos del defecto que voi censurando. Tales'son*los si­
guiente»;
•' H i n
‘ i^rößabria Er&bo profectis,
Quos rapi juvii, súbito reliciae - -
l)ulcibus caulae ( 2 ) cito reddidere
Vocibus agnos.
(1) Cit por OMtume, id, id,pi«. 1 . * , cap. Í 6 .
( 2 ) Aquí presenta ai &u£ar un áatirfi de aingulor qaa no Aciato ea ol idáoma'iatin*,
pura caulae cavlarvm caree« de aingular. Iriarto en su Gramática di 90 :
De Singular también fallo·
— 104—·
lnque coenoias Achenmtu imdas
-j:. ■: у*~r> rtifr&tm 9öboJem btlerurä,
>'■r|J " !....... lfKéé·W '^$ г4 р е га п Ы ш го · .
r ' . .*1 -'Fúnte laxare':·

’’4 я ТГоп satis Auster ralibusgve nimbi


Sic nocent, Christi gregisut teneftm
Officit proli, nocet atqxie bachatis '
Ventiis ab Orco.

' : ; Fiét&n v t Pkoebi mimmt sacerdos ("1),


E t modts g ra tm nnmerisque M usís,
- - · щ gfáv l quamvis rekvaret ípsa '
" Castcdü tinda. ‘ · · ?, : :

• i / . ¡ ’" к : i ,; i i¡&¿c¡пшат.‘insignieJieivm per. áevum, “■· ·;· ! : ,


-тг.Ь*;г«ог i rrr <Ииря'.оЬЩи& inwéimt favoris
n·· :-f 'r · - Frór^ts'hmrir&h)Heet-tpsaLeíhae»- i ¿ !
a- ·■ Ffatmina potar. ’· j ” -
°Aí|¿iitok quieren;justificar esaliterat ura pagano-cristiana, dicicn-
dí .figurado. ?.‘Jío'jBé posible, contesta üálzac,
e intérpretlMffbtí';'feifl’VfcriáFwíb Ut fábula
у ¿reiu* una nueva a n tig ü e d a d Es un его г vulgar Creer que el leu-
gditíe jgw^aágfeaafetfewü^teglH»agWBrtÉl4MHSita^?».1^siat^·»'
y u i ^ ‘¿№JeTrasesTa í^rfto(f m otiva] es decir, ^ e i ^ g u r a searmge-
nftJsá, delicada y de buen gusto, qye se asemeje mucho a la verdad,
ptfr que "la verdad, diCé'J0 erVanfé&;' &‘de¡Igá5íápftr<í ip quiebra j’7mas
es£ dé colo^u 1al rió Aqueronte en el confestinmóüiq^^ ti-
n£ ímagiüación tími tdsjca У á u r 1quebrada. p e s g ^ c i á ^ ^ m l l i e -
1^ ^ ; Й ,;че.?Й^ 4вв'а Тй fantasía que ^ólaée рот' ¿bridé se le antójá-
gé^^ ^ f t p aad'^fle: P ictorihus táqvepoetis etc.; inas el Í3Íiátóf 'Hpra-

^Es yerdád que es necesario dar á los poetas liceucia pafá que
Sed non ut placidiя coednt immitia', non v t
Serpentee axibus germ inpntur, tig^ip^f^agni.
Van ,Íoa Masculinos Antee et«.

Loa femeninos Agogae,

CiiUUae, ChárUéL Сцц Qe&tlt.'


f f i r f r a < p l « m Ae'-)'ttjw..'· f t’w ·Vf .e! « ,· rtTíbtni ьцммш ьй d¿
- · . f T, 1, , , - ...
Ары».
— 105 —
digan lo que no se puede expresar bien de otro modo: licencia? q n
a veces constituyen sus mas notables bellezas, c»mo afu sila oscu­
ridad visible de Mílton; ¿como se podría expresar bien de otro m ol»
► Ofuego del infierno? Todos los profesores de las letras y de las ar­
tes de imitación: oradores, poetas, novelistas, pintores, e.sealtores,
arquitectos y músicos, tienen licencias extraordinarias que no tie­
nen los profanos; mas el orador no tiene las licencias q u 3 et poet:i;
ni el novelista tiene la licencia de mezclar berzas con capachos, co­
mo dice Cervantes; ni el pintor tiene licencia de pintar a los me­
xicanos con turbantes y a los Apóstolas con el alto coturno griego;
ni el monedero (escultor en mótales) tiene licencia para mezclar
el oro con el cobre; ni el arquitecto tiene la d-3 construir un altar
mayor del orden jónico y lo restante del templo del orden dórico;
ni un músico la de componer una Misa de Difuntos con los acantos
de la Gallina Ciega: ni un orador tiene la de llamar a un sacerdo­
te de Cristo sacerdote de. Apoto; ni un poeta dramático la de hacer
hablar a uno de la Cólquida como uno de Asiría, ni a uno de Tobas
como uno de Argos:
Choleus, an Asxyriua; Thebis n u tritu », an A rg is;
ni un poeta cristiano tiene la licencia para hablar como un paga­
no, porque si importa distinguir las lenguas, las nacionalidades y
educaciones, importa mas distinguir las religiones; y en fin, ningún
poeta tiene licencia para colocar el Erebo, el Orco, el rio Aqueron-
te, el rioLetheo y la fuente Castalia en los sacramentos católicos,
y menos en el Santísimo de la Euoaristia.
ttalzac dice con mucha propiedad “ una mascarada fuera de tiem­
po.'' En efecto, ¿"qué necesidad tenemos los cristianos en nuestras
composiciones sobre asuntos, religiosos de I^s Matas, teniendo tan
bellos Angeles! ¿Qué necesidad tenemos del "Erebo ni del Averno, te­
niendo en el Evangelio e lInfierno y la Gehennaí ¿Qué necesidad te­
nemos de la fuente Castalia, teniendo en Isaías las fíenles del Calca­
dor y en el Evangelio la tiernisima JSfioe, y aquella fíente de agua
viva que salta hasta la vida tierna0. ¿Qué necesidad tenemos del Vés­
pero, teniendo la Estrella de Jacob y la Estrella del mar?, ¿ui de la cho­
za de Titiro teniendo el Pesebre de Beiem? ¿Pafa qué vamos a bus­
car el Parnaso, teniendo el Tabor, ni el Olimpo teniendo el· Calva­
rio, ni a Júpiter, Minerva, Apolo, teniendo al Padre de tas tuces, a2
Verbo, esplendor de la luz eterna, y al Parádiío que entrn desde el délo un
rayo de su luz, ni el néctar, la ambrosia y el elidir,'teniendo la pro­
fundísima, bellísima, tiernisima e incomparable Eucaristía, etc.
etc. etc./*
—10 G—
En fin, ni Virgilio con hábito de moiye del 01ara\ ai, ni feau
desuardo con corona de perejil; sino que cada uno se presente con
¿u propio trajo. O composiciones sobre asuntos .'profanos a imita·
cion de las el ásiC&S'paganas, sin mezcla de Cristianismo, o compo­
siciones sobre asuntos religiosos a imitación de las clásicas cristia­
nas, sin mezcla de paganismo.
Perdóname Musa Ameiicuna: tu también eres una mascarada. 1
J \. D I C IO N 21.*»

L o s CLASICOS c m s m x o s DESTROZADOS,

Huyamos del ultra. Huyamos del purismo pagánico de muchos


renacientes excesivamente afectos a los clásicos paganos; mas al
propio tiempo; huyamos delctVra; huyamos del purismo supersticio*
so de algunos excesivamente afectos a los clásicos cristianos. Tal es
Bossuet, a quien siguen Gaume, Ventura y otros gaujnistas, que no
quieren que se use de Jas palabras Dicus y Diva para designar a los
Santos del Cristianismo, diciendo que son mui paganas, y que debe
decirse Sancius, Sanchi, Beatus, Beata (1), En electo, la palabra Di­
vas, derivada de Dem, o mejor dicho, del antiquísimo Dius, signifi­
caba Dios de segunda clase, y se aplicaba a los emperadores romanos
luego que morían, cuando seles hacia la apoteosis, que era a modo
de canonización. Asi en el friso del arco triunfal de Tito se lee Divo
Tilo. Abí en las leyes romanas leemos o cada paso Divus Augustas,
Divus Tladrianus, Divus Anioninus etc. Y cuando Vespasiano se es­
taba muriendo, decía burlándose de las creencias: Dii-vs fio: “Me
hago D ios/’ como Voltaire decía a la misma hora refiriéndose al ce­
menterio: Eo rus: “Me voi al campo.” Pero para quitar esas pala­
bras seria necesario llevarquinientos albañiles a Roma, para que las
borraran de ¡numerables inscripciones, especialmente las que es-
tan en el frontis de los templos, y seria necesario incendiar todas las
bibliotecas de la cristiandad, especialmente el Breviario y el Misa!;
y todavía despues de esto no faltarían sabios que dijesen: Divus
Bernardas, Dypus AugusUnus, Dwa Terema, " lVmlogica Disquisitio
de mente DIYI Thonyie cum merifé Sandae Ecclesiae comparata, circa
Immaculatam Coiiceptionem Beatissimae Virginia Marías, anclare Jose-
plto Mariae á Jesu I)iez de Sottano eí Dávalos, Episoopo Deonerm, anno
M D C Q C LX X X ” (2). Gaume, despues de tantos respetos y tau
ll] Gaume, obra cit., El Renacimiento, pte. 2, cap. 1 ° .
{2) Ese Leontnsi es una errata de imprenta, que debe sonar muí mal en los oídos en
Kouaa, y que el lluetm im o Sr. iSoUano por 6 ub muellísimas ücupacivats so tuvo lk m :
— 1° 7 —
justos a San Gerónimo, por escribir con mucha agitación le díó un
empellón al mismo Doctor Máximo, pues el Santo usa de la pala­
bra JJivus aplicándola a San-Antonio Abad, allí: Quod si mdlmn rt-
liurn DiVL'M protulisset jEgipius, ealh eral Antonios (1). Y es que sin
duda San Gerónimo perteneció al Renacimiento.
Huyamos del purismo de Gaume que reprueba el uso de otras
palabras semejantes a la de Divas, alegando que son mui paganas;
por que si quisiéramos quitar del latin cristiano todas las palabras
que son mí ti payanas en su origen, habría necesidad de quitar las
palabras Numen, Flamen, Au</waref'I'cequiae, Nvptiae, Feriae, K¡>
cubiae, R d ’uiuiae, Biblia, Pontifex (2 ) y otras inumerables.
Sería necesario rasgar el “Orden de encomendar el alm a/’ prac­
ticado en toda la Iglesia para auxiliar a loa moribundos, por que
alli se dice: ‘‘las legiones del Tártaro.'” iarlamelegiones.
Seria necesario colocar en el Indice de las obras prohibidas el
himno A te m am Siella de San Bernardo, que usay canta la iglesia
universal. Analicemos, aunque no sea mas que los primeros versos
de este célebre himno:
Ave maris SteRa.
Ave. Esta palabra es mui pagana en su origen, pues la usaban mu­
cho los gentiles para saludarse, presentándose en nombre de los
Dioses los deseos de la buena mañana (3), la buena tarde y la buena
noche (4), y también para dar el último vale a los difuntos’al colocar
el cadáver en la sepultura. Los romanos usaban tanto del Ave, que
po d<· corregir: ilubc **or Ltgwnensi- Y si ol impresor me rcplicám queLtgiotuiuia ex­
presa lo relativo a la ciudad do Lcon do £spaüu y Leotuhhit lo rtilatiT’O a la ciudad <Ju
León de Mí'xieo, yo le preguntar!* ¿si 1« adorttidétn. de Eupaíla so expresa con la pa­
labra papüver, papateris, y la adarnmlcnra de México, ron la palabra ddorinidera, ador-
mideraeJ; ¿y si por» rKprranr al natarol de Vallaáolid en EapaSa ae dice tallisolelanut,
y para expresar al uutwrat do Valladrrliil en México (antigua capital do Michoacnn) ga
dice xalladolitnsis?; ¿y 8» c011 una [palabra latina so expresa a San Felipe ííeri por ba­
bor sido de Europa, y con otra a San Felipe do Joans por haber sido do México?
(1) Cit. por Soqtxefron, Doctor da Alcalá,Ceuanrttdéla CnMca Seráfica de Cornejo.
(2) Anco Mnrcirt, 4 ° iíey de "Roma, hizo ol primer puesto sobre el Tíber, y por esta
mejora tan notable en aquellos tiempos, recibió él título ¿ej^onlifcx (Pontífice), palabra
qao significa conatruotur depfceute, compuesta do pota y do /a ñ o ; título que como ho­
norífico heredaron todos sua succcaorcs'ooaao gefea de la religión pagana, y Que adopta­
ron los cristianos, como otros muchísimos nombres riíualu paganos. (D IooU oiit 'Hfa-
lícarnaso y Plutnacn, citados por García Loan, Gramática general, lección 82). Puede
vvrge sobre esto mi Compendio de la Híatoria Romana, Tiempos Históricos, época 1 P ,
£ AncoMarcio.
(3) Ave matutinum portare, dice Maroia!.
Por cato Sou tteróuimo puso en la boca de Judas Iscariotes el jÍvc, par« do*« su
maestro la buena noche al tiempo ijue lo vcudfiat A l t ffoibbi·
— 108 —

](ι grababan cti el umbral de la puerta principal de la casa, como


lo vi en una de las ruinas de Pompeya.
Dei Mater alma.
Ahu't. Esta palabra es tan pagana, que éntre los millones de rciv
ploren <jue contiene la Escritura, no se encuentra ni una sola vez.
3/rtftr ahna. ¡Mayor aprieto! Era el epiteto de Venus, de Ceros y
do otras principales divinidades femeninas paganas (1). Aquí podría
decir el Abate Gaume siguiendo la lógica de su celo amar go. “ ¡Qué
blasfemia! ¡Aplicar a la Inmaculada Madre de Dios el epiteto de Ve­
nus y de otras abominables divinidades paganas!” El Ave estaba
tc-iK-ngrado a los Dioses, es decir a los demonios: Omves dii genUum
sin embargo San Gerónimo, que no era exagerado со­
ню Gaume. no tuvo inconveniente para poner el Ave en la boca
del arcángel San Gabriel para que diera la buena noche a la San­
tísima Virgen, no en nombre de los dioses, sino en nombre del Dios
Altísimo. Ni San Bernardo, que no era exagerado como Gaume,
tuvó obstáculo para poner el Ave y el Mater alma en los labios
de todos los cristianos, para dar a la \Iadre de Dios el eterno dia.
Ni los Santos Padres todos, ¡qné digo los Santos Padres todos!, la
Iglesia Católica» que no es ridiculamente escrupulosa como un ju ­
dio, ni fanática como un musulmán, ni exagerada como Gaume, no
tuvo empacho para quitar de la boca y de las aras de los paganos
el Ave, el alma, Mater alma, Divus, Sacrum facere y otras inumera-
Ьк-s palabras, frases y modismos usados por los paganos, adoptar­
los, consagrarlos al verdadero Dios e introducirlos legítimamente
( germanam) en el griego y el latin cristiano.
Seria necesario destrozar las obras de todos los Santos Padres, y
ademas el Breviario, el Misal, el Ritual y el Pontifica!. Y eu fin, se­
ria necesario poner en el Indice de libros prohibido« hasta la Biblia,
asaber, la griega de los Setenta y la Vulgata latina, pues concretán-
donos'a esta, en ella bai frases y modismos iguales a los que están
en los clásicos paganos, como lo han probado algunos criticos que
se han dedicado a estudiar este punto detenidamente ( 2 ); lo cual
no es extraño por que San Gerónimo, traductor de la Vulgata, es­
taba empapado en los clasicos paganos m al que' ningún otro Padre
de la iglesia, y por que-como se ha probada largamente en la Adi­
ción 19 ? , el-latin, el griego y todo idioma considerado en si mismo,
no es pagano, sino natural y moralmente buena. "

(V) Miguol j Morante, Diccionario Lntino]EtimoIogioo, verb. АЫ а-


(·} CésarCantú,H¡»t. Unlv..lib. 8, cap. 19, notaqn« comienza "Algu&oa idiotisüKia."
— 109—
^ D IC ÍO N 2 2 p .

L as L a g r im a s de S an P e d r o y o t r o s o pit sc d l o s s e m e j a n t e s .

Las Lágrimas de San Pedro, la Oración latina en las honras fú­


nebres de D r* María Bárbara de Portugal y .otros librillos semejan-
tos, me recuerdan aquella palabra que dijo el sacerdote Ah ias a la
mujer del rey Jeroboam, cuando entró disfrazada en el aposento
del profeta: “¿porqué te finges ser otra?”: ¿guare aliam te case sim u­
las? Esos folletos d o son minórales, ni son mezcla de.Cristianis­
mo y paganismo; pero si son unas composiciones marrulleras y fo­
llonas [ 1], que uo han entrado en los colegios por la puerta legal,
tino por la puerta falsa o saltando las tapias, disfrazadas de clásicas.
Por qus la única puerta de la enseñanza que establece la Encíclica
es que la composicion sea clásica: cristiana o pagana. Las Lágrimas
de San Pedro y otras composiciones cjnsdem furfuris ¿son clásicas
cristianas? No. ¿Son clásicas paganas/’ Tampoco. Pues entonces ¿por
qué se enseñan.'5'— "Por que son mui bonitas, se dice, y mui tier­
nas.7’—Mas esa belleza es falsa, ésa ternura es como la de las cala­
bacitas, es decir de mal gusto, esas composiciones son plebeyas, a-
doleeen de sordidez en la analogía, en la sintaxis, en los modismos y
en el estilo, y por lo mismo perjudican a la niñez y a la juventud.
—-“Pero esta es mucha delicadeza, s^repliijprá: ¿no nos sera licito
enseñar a la juventud -un poco mas que no sea clásico?”—Los que
discurran asi se pareceran a muchas ancianas que en la aplicación
de los medicamentos a uu enfermo bastante grave, le ministraü po­
co uio.s (según ellas) de lo prescrito por el médico, y el enfermo se
agrava. Esmucha delicadeza, es cierto; pero todas las cosas gravas,
como es la formacion del idioma, y del gusto hter&rip.file la juven­
tud, exigen mucha delicadez*. E s mucha delicadeza;' pero no mia,
sino de la Encíclica; no mia, sino de San Gerónimo, que escribiendo
a la matrona Leta sobre la educación moral y literaria que le ha de
dar a su hija Paulina, le encarga entre otras cosas que procure que
la niña aprenda el latín con mucha propiedad y purera, dos cuali­
dades de que carecen los opúsculos que voi censurando. “Mirad, le
dice, que no se han de despreciar como cosas pequeñas a q u e lta sin
las cuales no se pueden adquirir ni conservar las grandetf. T'áfigo
esto, por que la misma pronunciación de las letras y la enseñanza
de los primeros preceptos, de una manera los pronuncia y d á a en-
( 1) Al qu© le pareciere que las palabras marrulleras, follonas y otras muchas seme­
jan tos de que oso en mia n e rita s wn fam ifiura, 1c supliefrquc consulte el Diccionario.
-1 1 0 — #
tender el bombre docto y de otro el rústico. Y asi debeis advertir
y poner cuidado al principio, en que vuestra hija no se acostumbre
a pronunciar las palabras medio entre dientes, y comiéndose la mi­
tad con algunos melindres necios y propios de mujeres, ni tampo­
co ha de vestir seda, brocado o pnrpura u otros trajea ricos y gala­
nos: por que lo primero es dañoso para la lengua y lo segundo pa­
ra las costumbres. No aprenda, pues en su tierna edad lo que sea
necesario quitarle despues. Por ías historias humanas, sabemos
cuanto aprovechó a los GraCos para ser tan elocuentes el enseñar­
los su madre Cornelia, quo lo era desde su niñez. La oracion y c-
locuenciafan p v r a de que usa Hortensio, entre los brazos de su pa­
dre tuvo principio y cobró fuerzas.. - Sepa el metro de loa versos
griegos, y tras eso sea luego enseñada en la lengua latina, la cual,
si desde la niñez no habituamos la boca tierna a ella, suele corrom­
perse y dar un ponido peregrino; y asi la lengua patria se mancha
con las faltas de Jos estraños.” ¿A qué nos atenemos pues en cuan­
to al modo de la enseñanza de los idiomas y de la bella literatura
latina y griega? ¿Tomamos por reglas las de los maestros en la ma­
teria, como San Gerónimo, o nuestro juicio y gusto literario indi­
vidual que nos dice uEsto es bonito!
Por la historia del idioma latino consta que en e^·siglo XYII se
conoció, habló y escribió con menos perfección que en el XVI; que
en el siglo XVIII se conoció, habló y escribió con menos perfección
que en el XYII, y en nuestro siglo con menos perfección que en e l .
próximo pasado. Y si según Muréto, lois cocineros y mozos de mu­
ías de los clásicos del siglo de Augusto hablaban el latin mejor que
los primeros latinistas del siglo XVI, ¿en qué grado de la escala de
modelos colocaremos las composiciones latinas de los siglos XVIII
3 XIX, para poderlas presentar a la juventud?
Si hubiera escacez de clásicos, pudiera tolerarse que se enseñaran
composiciones plebeyas; mas asi los^ clásicos cristianos como los clá-
bicos paganbs1Bón abundantes. Se‘quiere belleza, dulzura, ternu­
ra, devoción? Ahí están, entre otros muchísimos modelos, las с о т·
posiciones en prosa de San Juan Crisóstomoy Sap Bernardo y los
himnos de San Ambrosio, de Prudencio y de Sto. Tomas de Aqiri-
ttO.’¿r*ara qué es diseñar folletos como las Lágrimas de San Pedro?
^ D i c i o N . 2 3 *=
U t il id a d de la rOESiA р а п а l a o r a t o r ia , a u n l a d e l p u l p it o .

“La poesía, diFan algunos, de nada sirve para'el pulpito-” Be algo


ha de servir, puesto que el Sr. Pío IX quiere que se enseñen los poe-
—H i­
tos clásicos cristianos y paganos ‘‘a loa jóvenes clérigos^ En efecto,
los literatos del estado llano creen que la poesía de nada, sirve para la
oratoria, especialmente la sagrada. No juzgan lo .misrqojQa literatos
em inentes, como Cicerón, el cardenal Maury y nuestro Arzobispo
Muugia. La oratoria y la poesía son hermanas gemelas y se ayu­
dan mutuamente. Dice Cicerón: Etenim omnes artes quae ad h u -
manitatcm pertinent, kabent quoddam commune vmculum, et
quasi cognatiane quadam continentur . . ^Quaeres á nobis, Grali,
cur tantvpcre hoc homine delectemur. Quia suppeditat nobis ubi
el animusex hocforensi strepitu rejicialur, et aures conviciis de-
fcssae, conquieseant, An tu existimas aut suppetere nobis pos se,
quod qaottdie dicamus in tanta car úfale rerttm, nist ánimos
nostrjs noc-TiMsi Kxrui.AMi'rt; autjrrre ánimos tantam jwsse contentio-
ncm, nisi eos doctrina eadei* relaxemusl (Pro A. L. Ardua).
“ Xo puede hacerse un elogio, [dice nuestro excelente literato y
Timado maestro mío el Ilustrisiino Munguia], ni mas completo, ni
mas exacto y filosófico de la poesía, que tenerlapor fuente de lo mas
excogido y grande que reconocemos en la elocuencia. En efecto, por
mucho que la imaginación y el sentimiento concurran ¿ los planes
del orador, si este no está familiarizado con las imágenes atrevidas
y los vuelos admirables de la inspiración poética, difícilmente hará
lan odioso el vicio, tan amable la virtud, tan dulce y atractiva la
verdad. “La feliz violencia de una versificación esmerada, dice Mau­
ry, es para el orador la fuente de -una locueion dulce y armoniosa;
el cuadro de ritmos variados, donde son tan visibles las faltas gra­
maticales, e6 una fuente de corrección y de pureza; las licencias fe­
lices que se "toma el poeta, impelido por la severidad del metro, son
para el orador una fuente de fuerza y energía ( 1); la necesidad
contioua de locuciones figuradas, á que se vé reducido por la so­
briedad del idioma, son la fuente donde tom a el orador las imágenes
y el colorido; el arrebato de una vehemente inspiración, y la diver­
sidad de giros que exige cada periodo y á yeees cada linea de una
composicion poética, es para el orador el manantial que le provee
de los movimientos impetuosos d éla imaginación y el sentimiento.
El estro poético engendra la elevación oratoria, bien asi como la
elegancia de un discurso, nace de la comparada y simétrica distri­
bución de las palabras que forman una poesía'’ ( 2 ). He aqui los ser-

( 1 ) Aunque el orador no tiene tantas Licencias como el poeta, sogun be dicho orí )u
Adición 2 0 .89
( 2) Eneuyo sobre la Elocuencia del pulpito.
^ 4 X
vícíbjrtf pe á la elocuencia' presta la poesía, y por qué Cicerón mira-
b a lé a la como la verdadera fuente de cuánto h a i( l) de mas grán­
ete y esclarecido en los discursos freí o&'dbr^C#).
^ D IC IO N 2 4 .*·

Ojeada proemial sobre los nrez y vítete siglos de la kra ™ i -í?ía-


•NAEN CUANTO A LA EXbTí^AKZA DB LOS CLABfCOS !*A<3AXOS A LA JU V E>
t u d . L ic it u d y d e c e n c ia d e e s t e E x s a y o .

£1 Sr. Pió IX en su Breve de 1875 al Sr. Obispo de Calvi y Tea-


no sobre la enseñanza de los clásicos paganos a la juventud, (lite-
ve que será la materia especial de otra Adición), dice; "la Iglesia-ha
tenido sic?»j3J-(?la costumbre de instruir a la juventud en la lengua
latina por medio de la lectura combinada de los auiores sagrados y
de los clásicos/ ' E8esiEMMtF, aunque no es una doctrina de le couiü
tampoco lo ea la de la Encíclica de 21 de Marzo, es una doctrina
respetabilísima. Ese b ie ü p ü e es el objeto de todas las numerosas A-
dicionea siguientes. Yoi a recorrer siglo por siglo los diez y nueve
de la era cristiana, y a procurar probar con monumentos histórico3,
canónicos y profanos, que en cada siglo se han ensenado los clasi­
cos paganos a la .juventud cristiana. ¡Ardua empresa, superior a
mis fuerzas!; pero para llevarla a cubo couíio en el «ut.*i!iü divino y
en la indulgencia de mis lectores.. , ... -,,,
, He aqui uii gran trabajo; y sin embargo no es el mayor. El ma­
yor es tener yo, siendo un Presbítero, que refutar juntamente con
la opinion de (iaum ey de Ventura, la del Ilustrisimo Sr. Obispo de
León, que loa sigue.·
Por el lado mas flaco es atacado un baluarte, y el enemigo anda
al derredor de él buscándole ese lado débil. Y aunque este Eqsa·
yo no es un baluarte, sino upa casa pequeña, a veces también las
C3 Piis>f>ec)b«mM s¿¿ atacadas: A Dios gracias, no recuerdo alguna
persona que pueda llamaren lo literario con el nombre de enemigo,
en raso# de mi oscuridad; peropara que no suceda que algunos de
buena fó/set silban pobre esta pequeña casa y roe la bagan venir a-
bajo, creyendo y alegando que falto al respeto debido a un Prelacjq
de la Iglesia Mexicana, diré dos palabras acerca de esto.

(i) £1 Sr. Munguia escribe ha\, mui buei, en lugar de kay> muy, buey. Mi opinion ea
TVünisina y la aeoritó como regla en mis “Elementos de Gramática Castellana" deade 1«
edición l . 1* en 1850.
(?) Estudios Oratorios, Análieia de la Orbcióu en favor de Arquias.
— 113-^
■•fe’iWj® „YííVi?^
«MPÍ fr .W P W ^ IWHHIh W P í f t ?r. la w ,
¡ w t « 3 » 's r i f e T O j a w ^ s * ·»
U10-
w <
w № J m № ii ¡№·'!
»5 ^ "n¿/W o flfifc i>JírMHr,¿.i:"-rr¡r· /s ··*-*« I Jt· n b . t f ' t : r ¡·'*· -· v . ‘ l*r·

h t,eraras, ^fi
°'· 'iin 'filó r&^tt^W»WPY'ct) \ r ·
Ll:S-M· lí? <»Lj¿*;; vfl n fl :;■/ ,-’ ! y id T[f> ;r r f .( » » l í i f.
Pamriin a compo^ioR-literatii^ íJice ^ niwmOf-Be.ne^eúUt.q ue na
lialla ro0|s<^algtti^qu6 i ^ l e ^ rnie(lo: 6Vwmww^ ^¿«ií ‘0>w>is ,a-<
¿esi (¿i). diacabwdes persona«, si por sei· la una^iaítíiñor qn
concüoion $>.l&<9tt»|Miqttall^iqe*l&d№ a Igdp Jo que dice §1, superior,
no luñcoíileranoiayno laai exclaTocimiento.-de.la, verdad. Cuando do
doñ que cantJ0YÍ6i'teTV^b!'e:&JgunaL¡mat£BÍ{i, iiiáj^^ íjresbifcero y <>
tro.es un •S fe0№ £totfjf$ £ aw&vo aqWl.llevar íenguj^&rN
cíid<$ia^ pQT e£ riefq&eto,. <¡U- tEtenera que n a d io e n ia s que medias
pnlflbnas.y i'üzoBaniientos a mediasjcuando el inferior no se rpaue^
ve· a^^UW^Qoii-cl$i idad^obro algunos puntos, ydice.en’su interjol?
con. Ce^^3^/j<^<4h$44á'^9i ^eaead? eL arroz, aunqu^se pegue,v
Umpooo Uai dJ«(^ÍQAii<9№^tt%ck^il<| (üEcuLtad^ni so saca ninguna
verdad útilt .Uiia di^eiv8Lon osjge \&líbenad -délapulubra, amplia y
decente. · Ya. por esto se entenderá que no hablo de la ^oe«c¿a, la
cu^l.^g mui diverja de la libertad. Esta, es una facultad; aquella.e§
un liccho abusivo. La licencia es el hecho de tablar.o escribir i >
ju n osam ^ tep or fal^d^d^por iQurbanidad a ^r.Qfro cajtítjjlo; es­
ta uo so,Ü £^$i^tfup tmtg^jCop j^p c^tooaprp. Aquella «eviene pa*
ra ü-ator coü ,t a a ^ £J ^ j O « i ^ l^ ^ ^ if e ¿ a ( l de lapalabra sobré
u-a U^ifltp, de utilidad, coi^rei^€j.G u*ti^;fa^t^j^aj^. ^ la dejja*
>’ claridad, llamando al.,pan panry aí vino vino-,
2 ,?í fio ltó|»W,^Qnjlaft^tpn4ou competente, sin pe*í\r por'sobra
ni,pff£ ^ jcoaveaccr, o sea la de
usar d éla fueraalógica, y 4- la fífcultád ele persuadir, la facultad'
del colorido, la de cmplear^la fuerza.dcJa imaginaejop y e^ sen ^
m ieaío, el lenguaje l^guraáo;' tjb$ aimílea, 'las se nténqiíi,^
las interrogAoiQftaq, las adjftLra^&eia, losiüpérboUífl, los apA^.^ feft
ltt'proeojtwfwyay ki&rFetiflencm»,;fco* impqsiblea^lad fdflgofiaB*.laff*-
'. -<··^ yW•TlíV'I.Ií híll \ n-oill'J vs
C- h f i f i A '.ú < ¡ 60 O i i tlL t i.: .L ^ i ; ‘ j '; ukjt f'n n 'í H n ¿ í · i¿¡;¡-

A t i i a «¿I» J táiphftél· -o -.·


-*.tifl oiqviti iui ,'U. ous^ ul toq ui ujtttM &v:l^ ..'■mJni
. .<.ii>inai flütf]
— 114—
lusiones, lee ironía« osea el ridículo etc. etc. El ridiculo es eegnn
Cervantes señal de discreción; es ea las lides literarias una amia
de buena leí estando acondicionada, y por eato lavemos usada, na
solamente por los clasicos paganos, amo también por loa clásicos
cristianos ^ Padres de la Iglesia, especialmente San Gerónimo (1),
y aun'éñ la Santa Escritura encontramos ejemplos de olla. llnr'i8Ímo
deberá de вег el libro en que se encuentren expresiones tan pican­
tes y donosa?, como aqUel 1аэ con qué Blias ridiculiz ) a lo* sacer­
dotes de Bual. Sin embargo, yo no he usado ш upará del lidíenlo,
sino con mucha economía, por que esta figura exige condiciones mui
exquisitas, y temo que me comprendí la máxima de Cervantes (2);
temo que me Buceda lo que a no pocos escritores públicos, que u-
san del ajo creyendo que es sal ática. El ajo ee alimento picante,
pero grosero y que por lo mismo eolo agrada a la gente büja y de
mal gueto. Y cuando he tenido y tuviere que tocar alguna propo-
del Ilustriaimo Sr. Sollano, jamas he usado ni usaré d«l ridi­
culo en manera alguna, por el grande respeto debido a Su Señoría
llustrisima. Y si en lo que llevo escrito he tenido algnn deslia o lo
tuviere en lo de adelante contra este propósito, ruego a mis lecto­
res que consideren quehai defectos, dice Horacio, que se escip in a
toda diligencia humana: quosporum c-iv t humana natura, y que tá
aun al escribir una cosa tan breve como utia carta, es mui fácil pa­
decer uua distracción y poner una expresión por otra, esto es mu­
cho mas fácil al escribirse un libro que contiene centenares de pá­
ginas. »
¿Está prohibido por el derecho natural, o por el divino positivo,
por el canónico o por el civil, la discusión respetuosa entre un
Presbítero y un Sr. Obispo sobre una materia puramentec>entijicu o
bter.tnat Me parece que nó, y en la Historia de la Iglesia creo en­
contrar abundantes ejemplos de esta verdad (3). Verbi gracia: un
Sr. Obispo dft su licencia para que ee casen uu hombre y una mu­
jer, лих advertir que tienen impedimento dirimente de coneangui-

11] En ana de sns cartas 3e polémica con San Agustín, que era de maoho menos e-
'dsd que él, le diñe qoo se acuerde del adagio vulgar qne dio« que el baui viajo pisa mas
fuerte: «temen ta . . . vulgaru provcrbii qxtod bot tcutu»fortín» ptdem.
[2 ] "A lo que r<*p<Wió la Duquesa: deque Sfwohoot bueno sea gracioso, lo «rt¡-
mrt j m b mucho, por que ta señal qne Ca discreto; que laa gracias y loa donaire«, Seüor
Don Quijote, como V uof» Merced bien lo sabe, no asieutan sobre ingenies ttrp cs.”
(3) Hablo de un Prelado que no es el propio, como no loes por» mi el Sr. Obispe
do León. Acerca del propio Prelada nada digo. Por la qne a mi toca, nnnoa ha tenido
ni teñiré «na discusión por Mocito ai por la prensa ooa mi propio Prelado, sobre ni»·
— 115—
nidad.'Un Presbítero dice al Sr. Obispo que aquellos contrayentes
están ligados por 1« consanguinidad en cuarto gnidp. El-Sr. Obis-
[>o niega elhfcho, porque el caso está mui enmarañado, y jbu Seiio-
ria llustrisima por sus muchas ocupaciones nóhia tenido tl^n p o de
conocerlo bien. El Presbítero afirma el hecho, por que tiene.estu­
diado e! rufo. Entablare una discusión con mansedumbre de parle
del Sr. Obispo y con respeto de parte del Presbítero, y el Sr. Obis­
pe, como pegona muí sensata y que no ama moa que la verdad,
cede. ¿Qué liai de malo en este caso y en otroa semejantes que se
pueden ofrecer?
Por la Historia de la Iglesia consta que al comenzarse las exe­
quias de Santa Clara de Asi». Inocencio IV lavo una discusión con
(•I Cardenu! Orntiense sobre un negocio mui grave, siendo el Santo
l'adre de una opinion y el Cardenal de la contraria: discusión que
fué ce n la nprcil »cion de Su Santidad. Como el Papa es la persona
mas ele vada en la gerarquia eclesiástica, este hecho es una justifi­
cación de la licitud de una discusión de un inferior con un supe­
rior sob«e un negocio de importancia, afierca del qué no obligue la
obediencia, ni una razón mui semejante a la de la obediencia. Ino­
cencio IV “cedió cd su dictamen,” dice la Crónica Seráfiea, en la qué
parte 2 ? , líb 1 ? , capitulo 3 ? , puede vérse el hecho narrado deta­
lladamente, lo qué yo uo hago por no ser difuso. Y si todo un Papa
cedió y concedió la razón al Cardenal y tigui·'» su opinion, esta es u-
na nueva justificación du que nada tiene de extraño el que en una
discusión sobre una materia puramente científica o literaria, un su­
perior en la gerarquia eclesiástica ceda, y conceda la razón al infe­
rior cuando corozua que la tiene.
Estaba eentaHo Moisés juzgando él solo al pueblo de Israel; Vie­
ne Jethro y “No es bueuo, le dijo, lo que l\aces¡ te consumes con
un trabajo vano— Mas oye mis palabras y.consejos, y será Dios
contigo” etc. Y apenar de ser Jethro un hombre sin representación
alguna ni en lo religioso ni en lo civil, y por lo mumo inferior mu­
chísimo al gran Legislador de Israel, este Biguió el consejo de aquel.
Alápide, explicando este pasaje dice: “ Dios quiso que Moisés, va­
ren por otra parte sapientísimo, fuese instruido por un extranjero
y ¿ogaño] asaber por Jethro, pora manifestarle que a nadie se ha
concedido que tepa siempre con igualdad en todas las ¿osas, y que
por lo mismo tauibien.ee ha de oir con humildad a los inferióte:i que
dan erneejos «anos.** .AJ mismo propósito dice Horacio: **Muchag
veces el hortelano había palabras oportunas,” y .San Ju an Crisós-
tomo: “En todas las cosas n» se lia de atender tanto * la cualidad
du las personas que aconsejan, como a la naturaleza del coBsejoA
^ íW y ' Cíccrofi: “Л1 dísrtút ar?; rt</ гё h^íf^^K^l^^ntVá^l.íés^cofi·'
Wgfeítfcfónes de autoi‘i a ^ ; !&t^fh^tflíV2Pft^ríiTal9i'*y25) ,y éh fiu
f firno el Jo v tn it/'^ á cd e b ^ ^ íR W iw e iW ltffh l KHmWi^déto $ pe-

fof-yti. ¿Que tiene tile?*e*íí*flfitr tin k ^ i^ V e n tí d*W*!ft£ £ b ^ jí nSianos,


W¿ de palabra, por escrito o porWfwefrftk, ¡sléhcftf tf-anqitila, rabo­
nada }r respetuosa, sobré una mftténá ifü^órta taiiícho a la ju­
ventud/* ·
Por último, la misma historia de esta cimstiori íóíbi^ Tos clásicos,
que be presentado en la Adición 12 ? , es fttrade mis defensasT. Des­
de un principio se presentaron en la arena un Presbítero: Monseñor
Guume, y un Sr. Obispo: Monseñor Dúp&inloup; un Si\ Obispo an-
'tigaumista: el de Viviera, y un Presbítero gaiitnístá: el P. Ventura;
un Sr. Obippo gaumista: el de Urgel, y un Presbítero antigaumis-
‘ tárel P . Arsenio Cahoúr;de la Gompamá de Jeau 9. Y sin embar­
go, nadie en Europa llamó la atención sobre que de loa controver­
sistas unos fuesen Presbíteros y otros Séñ'ores Obispósj por ó[ue se
trataba de una materia puramente científica y literaria, se fijó la aten­
ción únicamente en las razones que se elevaban cleiífofey otra par­
te. Ep verdad que yo no soi un G-aurae ni un Cáhour, ni un Carde­
nal Ocíense,· pero tampoco Lagos es un Paris, ni México una Euro­
pa. ¿Puea qué én las villas y pueblos n a h a - d a * Htooatros de
y p u ^ M r ^ ^ T l ü s '^ ñ O T 'é ^ 'd í ^ t l ^ n ' pa­
ra ilustrar a la Europa, y yo discuto para los de mi mesnada, quie­
ro decir, para comunicar el escás# fhito.de mis elu d io s a mis com-
/ pam otás;iguales á mi, $ en j i r o jüventoirel·чвоШвЬа.
• ’ "í. i d -
■ « ^ D IC IO K a^,·! i '
«- ** ■ · -. . . *! .¡ · 1·!'· 1. ^ ·· ·* --¿Y
«fc^flíGOE PACASOS EN JEL BIgLO ASAB6 R/ POR
í? a n P a b l o . ^ " -i
* á a n .I§ Í^ ;jH a San Pablo
.арбьГшиПад.С^ше^Ьвз, а еп Ц ^ а ^ эд в BÍ]^.dp£pjkl<)énsepan-
. do. a traducir а jr лКйЩо>,аperó' pi уещрр a fían
.Pahlo^apmvecliámiofie 4^ W d.octvwis аеДоз q l^ < ^ pagapop,pa-
f X i í t a loa оЩодо loéjQjrpe^ alQ^bjpm-
■Í^KtoW^#e«4tói<feBi»Wt1lel^> »·' - -^ ’4 ’ <'(!■ · “■>js':> .·
h M k t^ i lh s p r l , Ц Ъ . X
L-v> ¿ : : l ¿m efca-j^ здЛ b i J i u i м.Ч 8 : r , i u i '
a^sWmoV· ^c¿tt а ошс? ,1't L'jí-uom ouy ыаьвиы н.и ui
-T T7—
1 lf^ 't¥ rt^ i# ^ f^ 4 b rv t5 o 3 > B tf>*ií‘Wíft«ri9:fÍOÍohfeB№hiH deftoe&t·
^Heá,^>ue8t 0 ^ pié (¿»^«dnsdtíiMDft Apa-
%$, 'i&tgrfietoseÉ, № 'todfc« ¡íafl'fltfMfiíwrnjeaxriBtoann
.fifi pérttitf fóoff. ^P$r ^ u e táfaBd^ oAatreq ¿imid*opD«,-(ha-
Hé^fclraMitflfire áíaVéíi '<yQé aá¿¡ÍÁOé ndiTOa<»£<*nÍ-
^li& pué^qU íí voSStít>¥ftai6i<a1s' iLaiooil<)<3ftitIi^^«®ég alqitieiya a»ía-
luuiúioi . r· l^ ^ tte W -é líttié rg íl VíVitoitep3MU>taut№ttnpsfyf icnqca:
como dijeron también algunos de vuestros poetas. Por qukda-éH two-
toeií somos linájd. Stéfidó pUes linaje de \Diosr^Q(pdebemQ9 pensar
quo la Divinidad-es séinejante a oro’; eto. {l). Sobre la^jjualea^a-
I&bras dice el sapientísimo Alápide, llamado eLjactncipa'jdelos ex­
positores: ‘'Batas palabras; “Por que de .-él también samas, linaje,^
boo palabras d&Aratd 6a au libro Líos Fenómenos. Aralo,fuá.poeta
antiguo y célebre, delicias del Rey Atotioeo* e n la Q iim piadaCiiXT,
• en el año de 472 déla fundación de Roma,inatucalde Solos,jio lejos
*de Tu reo, y porlo-mismo casi conciudadano de Pablo.” Laego.San
Pablo estaba bien impuesto de Jas doctrinas del poeta pagano A-
Tato, puesto quo cita su verso al p&ícLe la letra.. Y. como se refie­
re, no «solamente a Arato, sino a otros poetas,.ae-aigufl que el Após­
to l estaba bien impvte&b» de lo que decían los libros de loa clásicos
.paganos. En-cfecto, como dice Alápide, lo. aiismo que estaba escri­
to en el librev-da:¡Arate estaba*en los de Platón, Sanio, Cicerón y
-Virgilio, cuyas doctrinas cita dicha. expositor al pié. de la letra.
-<■ El aaiemo Sao Pablo.escribiendo a los Corintios. lea. dics; "No
queráis ser engañ&dos. Las malas conversaciones corr.otnpQD. las
buenas -costumbrecrf (2). Sobre;l&cual con-
-yei'sacioliea1’ etc. dice Alápide: ^‘EbtejtrdDs^jeft.uii sejiario de Menan-
dró, dice 'SamQeróniüio.'' Luego San. Pablo estaba bien impuesto
^.e. las- doctrmaáJdel itWIgC-'SfrQPJLvf>tWAl
-p i¿4 eia letra, Kí luismoT^dñ'Fablo en BuEpiatcd*^ T Í^ p lc ii: “DÍ-
jo iu ia d ^ dttirft^llos, propio profeta auyp: que los de Creta siempre
«on-mentiroBOSj "í¿^aktf^g!^fQ?oso3. Este testimonio
-es yerdadero” (3). Y San Geróliiinjo dioejí^ie ^ y u n o ^j#^d2!Bs fué
Epiménides, poeta griegor.Luego San .Pab{<3 estaba bien impuesto
^dcLla^ doctrinas delslásicopaganó· Epjjtn4 iJÍdesI'pues lo citajaJ pié
de la letra. - , . . ;·' ■·*·.·/ ;·· ai ,«·/.. .·
- Alápide presentaesta dificoiltíaAyiláüregiielve: nD iré#j 0^ 6p$poe-
la s yerran y mienten:' ¿ooawr pups, idtei lUiahq' de eUQB-jbpp e r A-
II*'“ "J■:J ■■**■ <’■·■ ■ l v iW '·'r~ ' ■; ,··!> üiaawo ~ /-» ■
m p c> ?f> , r A i t a ; . r t a ^ ^ T n -o '.
ÚC>ñ) Vw^t? »";* .»oioJmI tartfí~r-y-: j. .■ . A, o 4 j
La ^ eí -¿uj v ,otfna'.rrü ■ , j z .
pd stal:‘ Este testimonie en verdadero?1' Responden San Gerónimo
y el Crisóstoíno (pido su »tendón a loe Señoree gaumUtas j: que el
Apóstol oo aprueba aquellaopiftion de la divinidad da Júpiter, con
Cuya ocasión dijo esfco Epinénides; sino eolo la oom misma, esto ев,
qu# loa cretenses eran tLentiroeoe, asaber, por la ingénita inolina-
скш a m entir y engañar.- y esto si es verdadero.” En eete sentido
digo “Enseñanza de los clásicos paganos en el siglo I, asaber, por
San Pablo.”
San Gerónimo en su Epístola a Magro, orador de Коша, que Te
echaba en,cara al Santo el que siendo un Doctor católico, citaba
con frecuencia los clásicos pagano?, le dice: “ Y a loque me pregun­
táis en el fin de vuestra carta, que ¿porqué en mis libros pongo al­
gunas veces ejemplos de las letras seglares, y mancho la hermosu­
ra de la Iglesia eon las suciedades de los gentiles?, respondo breve­
mente, que nunca vos me preguntareis esto, si no estuvierais del
todo entregado a Tulio,y si leyerais las Santas Escrituras, y dejan­
do a Volcado, revolvierais los expositores-de ella*»; porque ¿quien
hai que r.o sepa que en los Libros de Moisés y en los de los Profe­
tas etc. . .Mas auu también el Apóstol San Pablo, escribiendo a su
discípulo Tito se aprovechó de un versezue’o del peeta Epiménides
que d o asi.' “Siemprelos de Creta eon mentirosos, malas bestias,
vientres perezosos.” . . . Y en otra Epístola el mismo Apóstol (I Cor.
15) pone un Eenario del poeta Menandro que dice asi.* “Las ma­
las palabras corrompen las buenas costumbre«”. (Actor. 17^. Y es­
tando «n Atenas disputando en la audiencia ó templo de Marte, ci­
tó por testigo al poeta Arato diciendo: “ Y pomos de su mismo li-
enje y casta;'* lo cual es clausula de un ver»>o heroico. Y porque
aun no pareciese poco todo esto, el Capitan del ejército de Cristo y
orador invicto, haciendo el negocio de la causa de Cristo, uun la ins­
cripción de la «statua que leyó acaso, la torció con grande arte pa­
ra argumento de la fé; y esto hacia como quien había aprendido
del Verdadero David a sacar por fuerza la eepfcda de las manos de1
eue enemigos, y cortar la cabeza del severisimo Goliath cou su pro­
pio alfanje (1 Heg. 17); y también habia leidoenel Deuteronomio
(Dent: 17), qua estaba mandado por palabra del Señor que a la
im je r cautiva o esclava, le royesen la cabeza y las cejas, y que le
coftaeen todos los pelos y uñas del cuerpo, y qufe asi la podrían to­
rnad por mujer. ¿Pues qué hai que maravillar de que yo procure
hacer de la ciencia secular, por s» hermosura y gallardía en el lengua­
je, ypbr la gracia de swe miembros, de esclava y cautiva una israelita?"
¿No os parece, Señores lectores, que la doctrina de la Encíclica es
idéntica a la de San Gerónimo, y que la elocuencia yerman» no es
— 110—
Dfos que «ha israelita?
8 nfo Tomas d» A quno, comentando esta9 palabras del Apos­
to'. *'Kt t í testiníon o es verl idem, dice: "Mas confirma el te*ti no-
niu” etj. ( I). El >a 1i | Cv.lin >t, comeí.tindo es „as p »labras d iSan Pa­
blo poco antes citadas: “como dijeron también algunos-de vuestros
poetas”, dice: "Hl ejemplo de Pablo que cita aqui el testimonio de
un poeta profano, defiende a aquellos escritores que al tra ta r de las
cosas de la Religión, no se ab-tenen de! testimonio délos escrito·
res que condena la Iglesia. Esto lo pide algunas veoea la defensa
de una buena causa, para que los enemigos de la verdad sean com­
batidos ellos mismos con sus armas, lo qué faé^iraoticado aqui por
Pablo. Algunas veces la misma verdad, obligada a servir al error
en la b» ca de un gentil o de un hereje, como que se rescata de la
cautividad, cuando sacada de los escritos de elloa, como que se li­
bra de la cárcel y se arma co.ntra el error mismo.”
Qaurae ha dicho que Jos clásicos paganos son malos, y por lo mis­
mo antipáticos a la religión cristiana [2]. En efucto, lo malo es an­
tipático a lo bueno, como es la rel'gion cristiann: por esto no se vé
que San Pablo ni ningún Santo Paur ·, h tya citado en bus libros por
via de enseñanza ninguna palabtao pasaje obsceno, ni error mito*
lógico, ni uinguna co*.a mala de los clásicos paganos; pero ei han
usado de las doctrinas, lenguaje y estilo de ellos; lo cual no hubie­
ran hecho si dichas doctrinas, idioma y estilo fueran antipáticos a
la religión cristiana. Luego las referidas doctrinas, idioma y esti­
lo no manchan la hermosura de la Iglesia, sino que antea son mui
útiles a la elocuencia católica, por la hermosura, gallardía y gracia
de sus miembro 9.
Tal fué la’enseñanza de San Pablo y el US*» que hizo en ella de
los clásicos paganos, Resf*ecto de los domas apóstale·, un excelente
historiador de la Iglesia dice: “ Limitándose los Hechos de los Após­
toles a la historia de Pedro y Pablo, no hacen mención del resto de
los doce. Esto no carece de motivo, pues no hubieran hecho mas
que repetir los mismos milagros, los miamos padecimientos y las
mismas virtudes” (3), y me pareee que podía haber añadido y la»
mismas doctrinas.
Concluyamos. ¿A quienes enseñó San Pablo los clásifloa paga­
nos? ¿Solamente a los hombres maduros y a los viejos^ No, tarabiet

(i) Veaacgla doctrina del Angélíoo a1p¡¿ d«l* la te e n l*JL d^iaot.*,pft£. 82, Haca.
**.
|S) Obrm eit., El RmaolBimto, pta. 4 .* , cap. l. ·
(!) Aliog, H itttrik Univ. d · U Iglesia, { 49.
a loe jóvene* y a los ni5oa, por qué era

»ferawdP^%y,9jiP3»is»g-·
^ s,c % c o * t» g « H * ,* la jpvfm t^dd^
l a a ^ H ^ 8 f t« i¡ ^ p a s , n < ? ,^ j^ O fl.fa^ ;co8a uueyat aino,qü;e m ii^-
roij ja; S ^ Q ^ S l¿ "'e l $éim $a ,ctel Afcjóet.ol 99 áuj.(A8tiüc^cioii: i j ^ y ^ f
p fy v b h H W rM o ffo ^ '' ^ 0 l H ^ ellos,^psenatian loa cláeiqps,paganos»;
p W f ^ ^ ^ ^ e f ^ t L ¿ jos jóvensa -de: tWJP£ coutra. lo& aorores: dé los
W%St> P¿kf9P?i ** & m 0Í¡iipfitjn ármatw'. T-Bi-ii‘6 ,VRQr qjié esí^
e ju s f i§ a ^ ^ ^ a ^ d a b a ^ a ¿ 9 i mpVgaiioa y su empera.dgí; Juliano
Jgrotóié^/.Tfflc^ .colegí03 crisljniifla qjio desde e]
s i j ^ l O ^ j ^ ^ i ^ h a n QüBdnjidQ bien loe clásicos pacanos ala.j.Ur
a la verdad que expresa fu dactrina
asjjríupérktada e n ]a Aíjicioi*& * » PqV.. .qjlos..i>6
han aprOTano'íoto la doctrina de dichos'c^sipp§: errores nyüilógi-
oa, ¿ le.: N&gKÓpjtpr, "hodftppt'olKitui'"(pta corum ftotfrip'a;
W Lfl!ip>V |O Íeffdó 1q bueffo,de,,ellÓ3,)Ldesqchi\(|olo tnaiór.s«? di-
< fi^ rl^ ^ ^ ^ y é ^ p id ^ iir 'tnáhi.ríi. ■ ., , - ‘i
?w?-)d;: A d ic ió n 26 » - '
; W i r f j Jlí t o!í·» . - ·■ / . ' . · ; , ._· *· ■- ' «V .

«^ciiXSítttffeaífiíUfe.. á la jftVi&fMW ft;d ic to IT.'


Dos sacerdotes céleLro.\ han Lastimado la gloriá..de ila Teleskí
MGjifeMtflda sd& iiriwnangra» fal­
s é a le ¿ ^ rn e g io b criáfinñcs db educación literaria déla jnr(Hltu<t
.en.lqs primeros siglos de la ^le^ia y ¿en la edad inedia: el A batojo
suita Juan Andrés y el Abate Oaurae; aquel espafio.l apyusioiiado
tóq#r«ÍíHttgíít$fgor ]& li¿et^W #ján»fc,.J’ e$te, ^pasiívnjadoiioxage-
ra d a w ^ e t# Q fJte h t^ tu ^ a ¿ d itia n a -. ♦ -:: .· - .
J^A bH 4 4 i<í>í “ ÍÍOí^e Atrejgí.ré las imigEms
flcijd^nj ^ ^ kftt^ofla· xi hq ttmehfeg .Ob\$p9?y '<íelo«o4 {iifrlsídes bao
fur»4í^|^W ft e&tmiioe sagrado?, hbyart
ei(3<? foiínndo^8<&t>.rje ¿o* áiiíine&i perQ sidñó que; AJcar
te Ehjj, Ákalüi jin¡íqs jjuetetitra Je »roiisíiar
nos estíméséti en estimación semejantes establecin^fltfto^'lCuaciü .©»
flvfitpfr nftft^Qp^flüíia^uG
-W ¿ ^ íy J í^ Qoffgiw¡& MvcQwnMM %№№&:
Uhicion cuyo ongm, a m i juicio, se debe refm r a loe san aceñas. . . Yi¿n-
j t o w t e ^ p |f l |8 f ¡ k refle-
sion de que el primero que pensó en tal nsntiicion en la Eurojfl
fué un ^ipañol, es asab e^d qélebee QyahwriKAfWrorao«^ t a t o fqn-
-t* f ,iiwf| t tH l l .fiaU «ñtliiU ,y»fA
—1 2 1 -
dítcíon del.npblc boleco de »San (demente j e ^plonia, y que d í ­
gaos de 61 lando a su ejemplo otro el S n tiio P o m ^ j^ ^ e ^ o rio X, y
<¿ueVosteHorm6nté,sj¿ fundaron otros;.. .^no scrá’<»ga;i^^tiable o!
asegurar que Je. tos arares toman su orí^e tfn \ic¡3tros eoíe£ios',.y que
esta institución pijede también, ser contada ^ n ^ J o ^ ^ ’enqficios que
la moderna cultura debe recouooer recib id o s,^ á.L itera,tu rd A ra­
be?” ■. ' *U'- T .’· · ''• i i i 'V · '
Tales son las opiniones de Andres on Buótirti ''frfel.Prigen, Pro­
gresos y estado actual de toda Literatura”, tomo o-
. pintones admirables en un hombre tan sidjio, y qüc hae^n’^ócordar
aquella sentencia del literato español D. I'Váhcised Javi&f de Iriar-
te^que lo refuto: “La valentía en'afirmar las ccfs'as es en muchos au­
tores causa deírmclios anacronismos” (1)‘. L a academia AI coran i.s-
tica fue fundada por'Alcascm o a mediadpsclel sigTo X l l f . 'El cole­
gio de San Clemente fué fundado p o rA Ib b rnóz.,á^ etiía (í6s del si­
glo X IV . . ■’ '· ' ' ‘'
El AbatcjGrAumc cri su Gusano Roedor, al tratar de la enseñan­
za' de los clásicos pacanos a la juventud en los colegios cris'tiápos,
distingue varias épocas hiatófioas: llam a primera ép ó c^ lo ssig lo s I,
II, 1IT, IV y Y, segunda época la edad media -etc. Dice: “^ o u ’s v e­
nous do voir quel fu tle systém e d ’ iustructióu litterairo siiívi par les
chréliens durañt la premiere opaque, c r est á diré pendaut les cinq
premiers sircles do 1’ Eglisc. Nous alloñs 1’ etudier dans la secoude
époque,‘ qui compre nd touto la daré o du moyen a g e .— Eu interro-
geant avdc soin les m onum ents qui nous rostenfc, nous.,’trpuyou s
la rrn’-mc ínétliodc, si ée n r es qué los auíeura páícñS’SÓnt- eucorc
moifts lus, qu' ils disparaissent nirine entieroment du nombro des
classiques (2) .*7. t^ene^aíit la p rem iéreeooq u e, les l^vresdastiguea
de T énfancc sont 7 T ¿^f?Tr,r0Í|f?í
prolongeait longteinps. TI n ’ était pas ncccsSaire, eft effiít, d ’ applL-
q u e r la jcunésse de si bonne heurc a V étude de la grammaire et
de 1’ y retenir, comino orí le fnit aujóurd’ hui, duranttaQ td' aunées
[Tj !7 ‘ Féndál^ÍOT'dcííx'préhiiéres Spóqués, les olassiques,' p' osfc i
dire, tout a la fois les livres et les arts presentes pour modéle· á 1’
enfanco sont cxchisivcmait chréilens'' [4 ]. En sus Cartaq.al Sr. fIh i:
painlóüp, oprimido por la lógica y los fech os alegados por él ¿ b ió
Obispo'de Orleans, cejó algo al parecer/, pues c p ^ 0tt;<Ífo*¡¡in los
. [IJ Disertación histérico sobro la s Soclcdad<is, l'tf lo ^ lo a y A c*3éíK fcí do E u rn p u y
ou particular do Espupft antes do 1« itrvasien do Iqs morqp.-PfrfrBqq&FPtt 1$0&,
[2] t”up. 6. .
[3] Cnp. 5.
W Cnp- ?,
— 122—
cinco primeros .siglos de la Iglesia se enseñó en los colegios cristia­
nos utipOGo de los clásicos paganos. Dice: “A vantla Kenaissance, on
étndiait, et on laissait é tudier/un peu le paganismo. Que si qudque/oía
on fait étudier les auteurs profanes, on environne cette étude de
précautions q,ui en neutrali&ent ledangcr. Ainsi, jam aison né met
le texte mémc entre les mains des enfants; le inaítre se contente
de les lirc en les cxpliquanL” Digo “cejó algo al parecer”, por que
en la realidad no cejó nada. Eso i’ué lo que sucede frecuentemente
enlaa disputas literarias: hablar sin. decir nada; lo que eu el lengua­
je forense vulgar se llama clticana; responder algo el contrincante
por no quedarse callado, sin responder ninguna cosa en sustancia.
Por que decirse que se traduce un libro, por ejemplo del latin al
castellano, sin que cada discípulo tonga en la mano el libro latino,
par& que vaya viendo la correspondencia de cada palabra latina con
cada palabra castellana, y de cada sintaxis y pensamiento latino
o:m cada sintaxis y pensamiento castellano, es lo mismo que no tra­
ducirse nada. Esa cliicana es enteramente gratuita, pues Gauine
no cita ningún autor ni monumento histórico que la pruebe, ni aun
que la haga conjeturar. En su obra La Revolución habí» en el
mismo sentido queden su Gusano Roedor y en sus Cartas a Mon­
señor Dupainloup, y refiriéndose a ellos, dice: “Apenas se escribió
el Evangelio, cuando se le rió protestar contra la Biblia de batanas.
Los hombres apostólicos a medida que se iban regenerando por
medio del bautismo, decían a las naciones: “Absteneos da leer los
libros'foioií gentiles: b m k i f á t o nada
teneis que ver con sus doctrinas, 1o3tcs y falsos profetas, que han
seducido a algunos hombres lijeros, y hécholes perder la fó .Todo lo
teneis en el código divino, y no necesitáis por lo tanto recurrir a
las fábulas. ¿Quereis historia? En él teneis el Libro de los Reyes.
¿Necesitáis filosofía y poesía? Buscadlas en los Profetas, en Job y
en los Proverbios, y las hallareis mas perfectas y abundantes que
en ninguna obra de los sofistas (1) y poetas paganos. ¿’Queréis el
género.lírico? Leed los Salmos. ¿Deseáis examinar antiguos oríge­
nes? Estudiad el Génesis. ¿Buscáis leyes y preceptos de moral? To­
mad él código divino del Salvador. Absteneos, pues, de todas las
obras profanas y diabólicas: A b ómnibus üaque álvmls et á diabolo ex*
cogitalis fortiter abstinde. (Constituciones Apostólicas, lib. 1 9 , cap.
6).—¿He dicho yo mas que esto por ventura?—'El monumento ca­
pital que hemos citado, y que es a la vez una protesta enérgica
contra el estudio de los autores paganos y una elocuente excitación
íl) Platón y Aristóteles no fucrou ecguu Guamo mas que sofista^.
-123—
aí cTe los autores del Cristianismo, tiene de existencia diez y siete
siglos; ¡y sin embargo hai quien dice que s<?i un innovador! En él
se haya fielmente resumido el pensamiento de la Iglesia, ¡y no obs­
tante hai quien dice que la insulto! (1)—Ahora bien: la Iglesia no
se desdice ni es capaz de contradecirse. El espíritu que la anima­
ba en su cuna ca.cl mismo que la anima hoi y que la animará siem­
pre. l*or consiguiente y en \ista de la Constitución Apostólica que
acabo de citar, tenemos derecho para afirmar a p ' i o r i y sin recurrir
a otras pruebas, que la Iglesia no cesó nunca ni cesará de ser an­
tipática al estudio de los libros paganos. - . El espíritu cristiano na
permaneció mudo, pues a cada tentativa opuso enérgicas protes­
tas que seria ocioso recordar aqui, mucho m as habiéndose mencio­
nado ya en otras ocasiones. Nos contentaremos, pues, con presen­
tar algunos hechos generales y evidentes como la luz del dia, que
resumiendo la tradición auténtica, prueban a lajrez la perpetuidad
y el poder de esa protesta que en. los siglos anteriores al Renaci­
miento llegó a ser la reina de la opiníon y la regla general” (2).
El P. Ventnra dice: “Es un hecho que durante los primeros si­
glos de la Iglesia, hasta los maestros cristianos de literatura expli­
caban a la juventud los clásicos paganos, y que los mismos padres
cristianos enviaban a sus hijos a aquellas escuelas, sin temor de
comprometer la pureza y la solidez de su creencia; pero este he­
cho (aqui va el subterfugio), debido solo a circunstancias excepcio­
nales y propias únicamente de aquel tiempo, y que nuestros adver­
sarios se hacen la ofensa de no ver, era entonces una necesidad a
que podia cederse sin peligroír (3).
Ks decir qtie Gfaume afirmo» que en los cinco primeros siglos de
la Iglesia no ensenaron los clásicos paganos en las escuelas cris­
tianas, y Ventura afirma que **
Gautne ha sido el jefe del sistema y ejército contra los clásicos pa­
ganos, y Ventura ha sido su segundo en jefe. Si al comenzarse u-
na batalla, el general en gefe dá al ejército la orden de que se ha­
ga tal cosa, y el segundo en gefe manda que se haga todo lo con­
trario ¿qué resultará? ¿Qué confianza tendrá el ejército eú. sus jo-
fes y en la fijeza de sus principios sobre el negocio que traen entre
manos?
Veamos si es cierto lo que han escrito los Abates Juan'Andrés
y Gaume sobre la cnsenanza en los colegios cristianos en los cinco
(1) En otra Adición me ocuparé Ge esto muuumento, de lim Constituciones Apcslú-
licns, y veremos si es cíi’rto lo <¡uc injui ilicu Camine.
(2) K1 Hüiiacirnipntd, pte, 4 ^ , c-il'. 1 ?
(3) Apéndice ul Discurre 2 F
—ш —
primeros siglos do la Iglesia.
"Kl .primer vinculo que se yó, dice Ciceróu, en la sociedad de to­
do, el genero humano es la razón y el discurso hablado, qué, ense­
ñando, aprendiendo, Comunicando, discutiendo, juzgando, concilia
a los hombres entre si y los une en cierta sociedad natural’7 (1). Efi
todas las naciones antiguas y modernas ha habido colegios de en-
коПапиа y educación de la juventud, y «n todas se*lc ha enseriado
íá bella 1iteratura, por quo en todas las naciones so ha creído que
ía bella literatura es mui útil a la sociedad (2). Jesucristo, que vino
a Wi* la 1ий del mundo (í>), envió a sus Apóstoles a ensoñar a vida
enatvra todo lo verdadero, bueno, bello y útil para la felicidad eter­
na, y por añadidura, para el progreso y felicidad, en cuanto ca­
be, «n esta vida. No esperemos, repito, vér a San Pedro y a los de­
mas Apóstoles en las Catacumbas, ensoñando a los neófitos a tra ­
ducir a Cicerón y a Virgilio. "Todas Iás cosas tienen su tiempo,*
dice la Escritura: “Todo está bien” dice Pope; “Distingue fes tiem­
pos^*1dice la regla de Derecho. Jesucristo reprendo en su Evange-
íio a aquellos que son mui instruidos en las cosas físicas, como la
astronomía, o ignorantes en las morales; mui peritos para distinguir
los tiempos en el orden físico, y torpes para distinguir los tiempos
fen el orden irióraj (4j. Querer igualar y confundir los tiempos es
qu,orer quo las gallinas se 'duerm an й Ц aurora y se levanten al
anochecer; porque igualar los tiempos en el orden moral, están
___ _ .
. |· _ -V ' ·' ·
л. -ít#rT a ? 1'·
г íurtfll q i t e c L g c t o é r i i foimaní sorktnie rinetf/twh
ra lto el rm itio. qutir. d w t n i h , disren'b*. ·«tin i·)(ir <!<r, t/iso p ia n d o , jtid iu a n d o , fn n r itin С
ín ter se ’¿ omines, ' ■ ' • g ii^—^yf|jj, j - j
'(~2) £1 е хй ЗД Ш то r .n n z n k z T nU -z díci;: Scicmh/m. r.s·/' lltk ru r’/m ro ^n ítio rtcn i r.lriR-
т ш т яцрк AATII’M (fa r ip tin a M rftitia jé tM U tiu p U № & £ g ifo n a siie arudiiur, m egnaúi
Ji(¡¡iitlj¿ir.uc ntililaUm tcslulur Vtularchus D e fnsitlucruiii ÉífSffit j . . Jdto in
i/i»ftibv$ RepuUicis btncm vra/i;, jirivui e irp tfu il sch'Acmm риЫ капиИ , v i cssmt m'a*
í ; t i ( r £ q u i j i u h l i t é t íu A ít A T t C A s t g í k t k r a m j C ü л и т к я jrrnltitTcnturel d vccrtn l, publico illis
tlrpenáfoco*teilulo. U c jUejpubiéea IJcTjracorum, uhierun Cscfwtac cía siguí1 lialilarwld do
Г<*н Cfttrgbs <1# tdncfrtipn m o raría do la jftvontud <M>üfuchüs naciones. (Conicutri+lriS a
fas Duc re ta los, ]¡b. ."i, (¡t. Л. cap. d).
- p ) Ujp» ttífa Uix rr&m&ljaaA 8—12^.
^ - ' " Я ф к О Д } d^Lcit lo suTreia d¡frtinguir¡¿y laa soñóles ílrt 1оя tiouipoa no p o jéis
púber"? fAÍntt. 1C--I). Y le misma doctrina onsfcfia en o tra parto.'/X n?. 12 —ГУТ). Alúpl-
de, cipILoando el ргшуп (lo Satt,M uteo, dice1: “ Asi lioi hoi mncli^a qnr. япп Гтсезнрп Ina
Cosud íciT ciiís'^'teyos lji 1ая i\tviK№r;prudcuío« rn Iiui del inundo, e йшспшГо'н ¿n lns
•leí cielo; vivos para ju n ta r dinoro, y mui ignorantes en las cosas d.· la ivli^ioii. Eí«t'W
wibcn todo lo relativo 11 li; bolsa, y aun iudifui'Likb H en luruliitiv» a la ctmcii ncin." S<m
loe qao dicen: ‘‘U na cosa es la conciencia y o tra cosa es el dinero:" "l.’nn O'^'i on la a-
iiiiMtud y o tm c«íu es id dinero,'' y ./uü.Lu V‘LutuUv Adülurd<j Lo;k:z du Aynlu uu stt c«·
líitdiu "JÍ1 T anto poi' c ic n to .1 <
- -'-125—
contrario a la naturaleza como lo es en el orden físico. Los cjuo quie*
rén que los Obispos de hoi anden de aqui para alli cOmo los Após­
toles, y que si nó, no son verdaderos Obispos; que el Sí. Obispo dtí
ГиеЫа ha de dejar su grei, para recorrer otros obispados; que el
Яг. Obispo de Orleafls se ha de ir’a predicar a China, y el Si·; Obispo
Máronita ha de dejar sus montanas del Líbano, y venir agob'ernür
]a Tglesia de México con un idioma ininteligible, son tfrio's bárbaros.
Los que quieren que los Obispos dol siglo XtS. habitep eiichozas de
paja como los de ít>3 tiempos a p o s tó lic o s , y que en la miama choza
rengan su secretaria, su pioVisorato, su 'seminario, sii correccional
iíc clérigos, y demas locales necesarios hoi para el buen gobieriío de
lina diócesis; los, que dicen que los Obispos no han de andar con 2a-1
flatos, sino con sandalias, y que se han de reunir poéticamente en
el campo a la sombra de una calle de álamos blancos, creen sin duda
que la fuerza de las disposiciones de un Concilio Viene dé las san­
dalias de ios O b ito s y de los álamos blaii<!os. Y lo í que jiifc£an
a algunos personajes y hechos históricos pertenecientes a la Iglesia
Católica,'dq una manera tan desfigurada y falsa como lo vemos con
frecuencia, muestran que no conocen mas que Lo§ Misterios de Pp-
ris, El Judio Errante, La Abadía. de Castro, Carlos erilechizado y
ritras novelas y dramas semejaAtcs, fuentes puras del saber, eVquó
muchos, no digo bien, muchísimos mexicanos, no solo de berbiquí
y dé botijas de meseal, sino de levita y sombrero alto, han bebido su
instrucción histórica. “Todos los cosas tienen su tiempo.” “Todo es­
tá b ie n /’ Pues aunque el reino de Jesucristo Hnó es de este mtorr-
do ’, está en este mmdo, y se amolda a las exigencias lícitas dé cW a
época, para,gobernar.nx§jor al цшдЗо.. Si San P e d ro ‘volviera hoi
a gobernar JjQglesia, cuidaría el Coliseo, el Panteón do Agripa, el
museo de Belvedere
como los cuida el Pr. León XIII; y nos daría tiita Encíclica'tan sa­
ína y tan favorable a la enseñanza de los clásicos paganos, como
la qne nos dió el 'Fi^ PTBTX; y vestiría como visten los Papas de
cale tiempp. Je^tjcrLslo no se presentó desnudo cómo AJaiíri cuan­
do fué criado en gracia, ni vestido como Abraham, ni como Moisés,
sino сои el- vestido que usabart los israelitas en esc tiempo ." ,,Toj
das las cosas tiéileü su tiempo.” ’ t ’ 11 ' ■'j:
La Tglesia cristiana nació feii medio del género human'o, y ú^'péhm.í-
m em e en medio de la sociedad griega y do la sociedad romana. En
la sociedad griega había muchísimos colegios de educación literaria
dol.'ijuvcntud.los qué ыеНатаЬяп gymnamvs. Enlttfcoeiedad roma-»
na, tanbiea cían mui numerosos dichos colegios,'y 'Se llamaban cscwf'
las {schilac). Eu estas-se enseñaban laallamadasuatonoea siete.artea
— 120—
liberales, entro las que se contaban la gramática y la retórica o eío-
cueücia; aunque algunas veccs la palabra gramática comprendía
también la elocuencia, es decir toda t>ella¡líÉeratura, en razón do que
dicta palabra se deriva de la griega gramm a, que corresponde a Ta
latina litfqrq (1). Esto era una reminicencia de la infancia de la gra­
mática latina. La ciencia déla gramática [2] nació probablemente
en Tas naciones mas antiguas como la India y el Egipto, de quien de-
ben de haberla tomado los griegos. Lo que consta es que estos la en­
señaron a los romanos siglo y medio antes de Jesucristo. En esa é-
poca nació la gramática latina, y entonces los gramáticos enseñaban
juntam ente la retórica: costumbre que pareco ya había cambiado en
tiempo de Suetonio, es decir, en el primer tercio del siglo II de la
era cristiana, en cuyo tiempo ya era una la cátedra de gramática y
o tralad c retórica; aunque en aquella se ensenaban los? rudimentos
cíe la retórica [3 ]. Cuando nació la Iglesia, en las escuelas romanas
gentiles asi la gramática como la retórica se enseñaban con dos me­
dios: el de las reglas y el do las traducciones de los clásicos griegos
y latinos: oradores, poetas e historiadores. Tal fúé el sistema de en*
¿éñanza que encontró la Iglesia, y que adoptó, expurgando los clási­
cos paganos. Asi también encontró el pincel y el buril de los pa-
(i;* órammática, dice Casíodoro, esl perilia i-im hr lut/uenrli rr pottis ilfris-
tribuí oratoribusqitr. culccía. (De Artibns ai discipliiiis lihtralium litierarmm, cap.
J ® ). V G onzález Tellcr, adv ien e que en algunos cánones por gramática te en­
tienda tod».tlaMa j i t e ^ n n y ^ (¿rai^ut{ú.a. iriúüigitur littcratura.
' p y ¿lomncth ames tTc J csuírislo, "y ucspoelaaftáít® j uucvu sigloá, y todavía
liol por muchos, arte. ,
(3) Cicerón dice: la Grammaticis poctancm pertraetntio, Aíj/áriarúm rogni-
tietittrbanim initfpretatio, pronuntíandi quidem soniu. (£)0 Oratoio, lili. 1. ®)„ Y
(itacalcs, Li condado do Murcia a mediados dol siglo X VI í, otv sus Cortas Filológicaa,
década 3.p , o artaS .p , dice: “1 para quo ontonduis mas bina la autoridad qué tuvo la
Gramática, leed a Sactúnia Tranquilo oiiol libro paiticirlar que hizo dú mucho· Una-
ircs’jTramtnaticos. Allí voieia como desnuca de Euuio j Livio poetas, entro la segunda
yt<Tcera guerra púnica, tl^prlm cro quo metió la Gramática en liorna faú Crates Malo­
te», del mismo tiempo del grnn Arístarclio, i quo este la comenzó n. ensenar entonces,
pwr,'qqq%i>.toB;j»mo la lengua Latina era m ig a r entro los Romanos, »egun la nuestra
catre lo· Españole«, i la F ra M e s a entro loa Franceses, no se onsenqfcagnl babia para
qué. Desde este Malote« so ensenó, no la lengua Latina, que esa arar materna i ganniua,
sino la elegancia d e ja lengua Lutina, dando precepto« para r o b a r la coa documoulos,
y ¿rinclplos de lictóricn., con figuras 1 trozos; con oxcrcicios de chría, problemas, pe·
rfplirasw, ploonoionpsji otrosgóueioa do exercícios. Vcltres grammattei, dice Suetonio,
tCrhelericat» doczbaui, ac muñoram d t ulraque arte comwtntariíft.runlur. Secun·
dmm q*atm consvetudintm pusUrwrc* quoque czitlimp tamquamjam ditertiis pro·
fenionii>US, nihilominus v tl inslituisse, vei retinuisse ipsos quavdam genera insti·
tutionum ad ¿loqutntiam praeparandum, u tprolhm ata, ptriphrases, eloqulionts,
tiM agtets, atqne áliathtijuí gtntris.
— 127—
ganos y los adoptó por encontrarlos bellísimos para pintar y es­
culpir, no las imágenes do 13aco y Venus» síño las de Jesucristo .y
de su Santa Madre. La Tglesia adoptó* hasta el nombre de escudas.
Asi se llaman en la historia de Ja Iglesia los colegios de educación
moral y literaria de la juventud, que existieron en los primeros si­
glos y en la edad media hasta el Concilio de Trento, y por fo mismo
asi los llamaré también en estas Adiciones-ai hablar de loa referi­
dos siglos: escuelas cristianas. ·
Los Obispos conocían mui bien, en primer lugar, que la educación
de la niñez y de lajuventud es de los interósea supremos y de grandí­
sima preferencia, por cuanto quo asi como la vida, el crecimiento y
corpulencia de un árbol depende de sus raíces, la formacion de una
generación entera depende déla formacion de los n iñ o sj' de los jó-
vones,Ty la convorsion del mundo del gentilismo al Cristianismo de­
pendía de la conversión e instrucción de los ninos j de.lo^jóvenes.
Conocían en’segundo lugar ,que para la propagación áeífevángélío y
conversión del mundo, necesitaban muchos clérigos, y parajtcncr mu­
chos clérigos necesitaban tener escuelas de clérigos. Por esto^desde
los mismos siglos de las Catacumbas vemos en la Iglesia las escuelas
cristianas, asi de primeras letras como de educación secundaria; es­
cuelas que procuraban aquellos santOB Obispos luchando contra las
tempestades; que en los tiempos de persecución sufrían los vaivenes,
suspensión y perjuicios consiguientes, jr en las temporadas de paz ad­
quirían alguna formalidad, hasta que Constantino dio la paz a la 1-
glesia, en cuyo tiempo las escuelas cristianas adquirieron estableci­
miento y consistencia. Un sabio Arzobispo de Sevillacontempófaneo
dice: “Como los Obispos según el precepto de Nuestro Señor tenían
que enseñar d las naciones, y en cumplimiento de este cargo proveer
de presbíteros y maestro alas iglesias de sus diócesis, les opurrió na­
turalmente habilitar escuelas en sus casas, a la s qtré consagraron su
■vigilancia pristoral, y las qué produjeron dichosamente escritores
tan prodigiosos como Orígenes, Julio Africano, los Gregorios, los
Crisóstomos y otros astros brillantes de sabiduría, que esparcieron,
juntam ente con la religión, la elocuencia,la cronología y el estudio
de los idiom as.. . Nos encontramos agradablemente sorprendidos en
*)l siglo III y en el IV con aquellos Obispos sapientísimos
BÍlio, San Atanasio, San Cirilo de Jerusalem, San Gregorio
c c d o , el Crisóstomo y Eusebio de Cesarea, verdaderos antros de taa
letras, en quienes sobresalen a la par de la piedad, Itféradíciota, la
elocuencia, la poesía y la 7ii$lo)'ia, mereciendo notarse «jtiesüs casas é-
ran propiamente escuelas prácticas y ejemplares, en las qué se a-
.prendian la religión y l¡xs ktras h u m > w t y de las qué sallan.;otros
128—
Obiaüop^y presbíteros doctos, capaces deslustrar á las. pueblo«, „
I xm Obispos mas eminentes, de.aquel,tiempo^ imposibilitadus de a-
personalmente á toctos las iglesias.de sus demarcaciones, ni
jriénos de comunicac ciencias inspiradas á su clero¡., se vieroiuobli-
i?adüs desde luego á valerse del prestigio de las letras para afu mar
pr'^S.é.ner él gobiernode sus feligresías.* Eii razón de esto los men­
cionados Doctorea Han Basilio, San Gregorio, el Crísústomo y otros
diferentes, que babian estudiado .en las escuelas de Atenas y A-
lpjamlria, comprendieron al tender la vista por sus reíanos, que les
xirgia hacer de sus casas un plantel moral de presbíteros histrqidps,
que fncLicáran lafé y sirviesen las parroquias eon. inteligencia y ce­
lo* dclp qué resultó una ilustración ninversal«n el OrLentc nunca
Kftst¿.ontQÍcee,oo,nocida( cultivándoselas ciencias eclesiásticas y le­
tras profanas, al. mismo tiempo que se extendía la religión de mi
.mÓÍ3o íicWiirablc — Limitándonos á España, sabemos/jue los varo­
nes apostólicos enviados á ella.por. San Pedro, convirtieron tan rá­
pidamente sus regiones, que según canta el poeta Prudencio, toda e-
. ra católica en el segundo siglo. Alioia bien, como igualmente nos
confita que las,sillas establecidas por, San Indalecio, San Eufrasio y
susi3antí>ieompañero8,¡t(uvieroii.utia'Bene-contiuua4a.idasuccaoro8,,
infiere .claramente c[uo toda España quedó ilumiuada dcJas le­
tras por medio de sus Obispos” (1).
‘ JJergicr dice: "Tenemos pruebas que desde el siglo ! San «luán E-
j 11-
venina. yan Poli carpo, que liubia sirio su discípulo, imito su cjempto
en Ja iglesia deilísmirna, y no podemos dudar (¿uo los Obispos mas
Santos l^ayaii Ucebo lo mismo. (Moalieim, Insíitut. 31i.si. Chris.,
sect. 1. , pte. 2 .48, cap. 3).— Como la función do eusenap lp.s es­
taba confiada principalmente, vémos desde el segundojy tercer siglo
escuelas y bibliotecas colocadas al lado de la» iglesias catcdra·»-
}ée”Y 2 ). * '
^E D ICIO N , 2 7 ,
OleBlifeí --
¿lUi «err·
j Í5 n £ b £ a n ;¿¿’ DEI^O* CLASICOS PAGADOS A LA JUVENTUD EN EL SIGLO
II. C o n t i n u a . C le m e n te , A l e ^ a ^ u k d t o ’, o s e a x X q s P o s t r e s .
*
• Ilaciefido ^ ¡unlado la opimon probable de Manuel Sá y de otros
expositores,, dp que San Pablo fue el quo fundó 1%^primera esencia
*(I) ÓTcciunario do Dercchri Canónico, art. SomLnarloe. ^ _¡
- (2) Bicfrf tararlo 4o Teología, urt. Escuoltw. _‘ ~
— 129—
cristiana en Efcso ( 1 ) , ya en el siglo II aparece la escuda cristiar
na de Alejandría. Algunos opinan que la fundó. San Marcos, pero
lo que consta en la historia eclesiástica es qjie en el último tercio
de dicho siglo II era regente de ella San Panteno. Ya ea.au tiem­
po si se enseñaban mui probablemente los clásicos paganos a la
juventud, en las escuelas cristianas de Atenas, Alejandría, Edesa y
demas de educación secundaria (2). Dicho Pantenp era un filóso­
fo estoico, convertido al Cristianismo por uno de los discípulos do
los Apóstoles. A San Panteno succcdió en la regencia,de la escue­
la de Alejandría a fines del siglo II, Tito Flavio Clemente, conpcido
por esto con el nombre de Clemente Alejandrino, que es uno de los
Padres de la Iglesia. A Clemente Alejandrino,succedió Orígenes a
la edad de 1S años (3). Orígenes fundó 3espues la célebre escuela
cristiana de Cesárea, en la qué, entre sus numerosos discípulos con­
tó a San Gregorio de Neoccsarca. A Orígenes; succedió en la regen­
cia de la escuela de Alejandría Heráclias, y a-jaste Dionisio (4). La
doctrina siguiente de Clemente Alejandrino da'a conocer cual e-
ra el método de enséñanza en la escuela de Alejandría, y por iden­
tidad de razón en todas las escudas cristianas en los siglos II, ÍIIr
IV y V. Dice: “La verdad que es de la fé, es necesaria para vivir;
mas la enseSálitoáqiíe a ig u efla d§ la literatura, profana] es seme­
jante a los pescados, tortas, confituras, frutas y vinos deliciosos: a-
cabada la cena son suaves los postres” [o]. Se conoce que Cíemeu-
(1) Disorf ;ic"nn histórica sobre las Sociedades ote. cnp- <· cit.
12] Asi bo dóduco del lírove al ftr. Obispo do Cal vi y Teauo.
[3] Alzog, Historia Universal do la Iglesia, $ SI. Los histonadoreg,ae Nombran 3ff
esta precocidad, y № por que no Imn venido a Múxico: aquí verinn am achos picolas Orí­
genes que a la edad do 18 .aSos, dcscuídamlo la carrera literaria, son ya presidentes do
sociedades científicas y redactores flo periódicos, Nutjvtroa padres no cieribian para ol
público liosta qao habían concluido dicha carrerd r B í g i í l e r f i d o & l d é t ó nfttíiYálera;
en la quó primero os la estación do !;is lloros y do.-purs la da los frutos; porr* Cfitos jo*
ToncitiWi soñ cutBft lflí matas do calabaza, loa (ju¿ echan a un Uiíuipu florea y frutos.
Exceptuó algunos júvonra qa« por su raro, talonto pueden hacer osas cosas coa prove­
cho. 1 _ r ' r,
- [1] Tomnteíno,T Y tlu s el Nova, cap. 02 n i. fel sablo'liíAt^riSdor ATifíg.-lUfbl&ndo d»
■Clomonto Alejandrino dice: " Su» largos viajes por Greoid, ítaH a,‘PalMtinu y Oriente,
Je proporcionaron la. ocasiondo tJir a loa grandes.maestroa jíd é adquirir varios
dos ctfndciiníontos en todos tos ramos (U ta literatura pagana <- .hom brado
^ucccsor l ’ontcno p o t ol Obispo Dcipetrio, I057Ó interesar en sas l^aci^itfM^Mracr
a Ta Iglosiu a mpclios paganos, arrastrados y imcanladospor sus pro.iTu^dgM ^ ác io u e n -
tos en las letrai ¿/abatías,* bu arrebatadora. plocuenCiá y í u cspírit¿ MBMBft . Óadtv voz
m w ^ n n e , maa afcrtvidó-y lpmiooso) trnir№d-iiI^mftujo^ci1 C!AatlaiiÍ^B№^wado por ntru
parte de un raro don de enseñanza, eulia dirigir a c¡ulu uno de io s diflct pulí ts »Lguuaua
particulares -exigonolas, haciéndolos qdfelanlar a listos Qp,^;iifuáino.n I3 81).
[5^ Q u a t esl t t f i d t , üeritas meessaria est a d tiatntktm ; quac autem procedii·
^130-
tc Alejandrino era, coma dicc Alzop;, un cxcolonto maestro do la ju­
ventud, por que una de las cosaa en que se conoce un buen cate*
drático, es en que en bu explicación procede por medio de hiena* '
Comparaciones, como que es el mas apropósito pára la exactitud y
claridad enjla enseñanza. La base del ser racional es el juicio, la com­
paración, y por lo mismo el método comparativo es el mas confor­
me a la naturaleza del hombre.
Los- antiguos romanos y los de otras muchas naciones, acostum­
braban hacer b u comida principal ai anochecer, la qué constaba de
dos partes: la primera consistía en alimentos suculentos: animales
y vejetales, y los romanos le llamaban cena. La segunda, o sean
los postres, consistía en diversos manjares y potajes sabrosos, y los
romanos los designaban con los nombres de obsonium, obsopium, bd·
larva , placenta y placmtulá.
Asi pues: 1. ° El Doctor de Alejandría compara la enseñanza de
la fé cristiana a la cena, y la enseñanza de los clásicos paganos a los
postres. 2. ° En el siglo II en la escuela de Alejandría, primero se
enseñaba a los niños y jóvenes la fé cristiana por lecciones orales y
por la lectura de autores cristianos, y despues se les enseñaban los
clásicos páganos. 3. ° Este fué el método de enseñanza, no solo en
la esctielsde Álejandrnf/ci soloeti él siglo II, eino'por identidad de
razón en todas las escuelas cristianas en los siglos Iü, TIT, IV y V,
es decir, en los siglos de la conversión de la sociedad del gentilismo
al Cristianismo..
El F . Venturtt se aprovecha de la citada doctrina de Clemérite
Alejandrino, para formar uno de ¡sus mas lamosos argumento«, tra­
tando de probar que hoi se ha de enseñar a los niños y jóvenes de
loa colegios, primero la Filosofía, la Teología, los Santoa Padres, el
Derecho Canónico y la Historia eclesiástica, y despues los clásicos
paganos. Dice: “Es pues evidente, según el bello testimonio citado,
que los hijos de nuestros padres en la fé no principiaban su ins­
trucción literaria, sino'degpues de terminada de la manera mas-am­
plia, completa y mas sólida, su instrucción religiosa, y cuando la
religión había ^echado raíces profundas & indestructibles en su en-t
tendimiento y «n su corazon. Es evidente que no tocaban a lósela-*
fticos paganos, sino despues de haber, durante largos años, leído y
meditado los Libros Sagrados y las obras maestras de la literatura
cristiana. Es evidente que el estudio de la gramática, de la elocuen­
cia y de la poesía no se emprendía, sino despues del estudio mas

disciplina (profana eruditio, añade Ventura) est obsonio sinilif tí M loriin dt*
iintnte «ociia, «uavif cst placentula. ( Strom aíiib, I . a
— 131-r- '
serio de la verdad, do la grandeza y do la importancia del dogma
y de la moral del Cristianismo. . . El estudio de las letras luí ma­
nas constituía*solo la parte accesoria, los postres y el recreo: demi­
nente coena suxtms estplacená^a. Eso es lo que yo llamó método cris­
tiano.—Pero nft síicéde lo mismo en nuestros dias. Se coje al ninp
apeÉás salido de los brazos de su piadosa madre, sabiendo apenan
leer, escribir y rogar a Dios, y se le entrega al esttídio del clasicis­
mo pagano, antes de que hayaaprendide bl%ñ'fclftí¿ ^ é j^ ó cristia­
no. Se le Batura de Pedro, de Comelio Nepote, dé Hpraéio, dé: Yir-,
gilio, de Cicerón y de Plutarco, y se le deja qué ij^pfrélód'Libros ’
Sagrados y Iob escritos inmortales de los grandes Dóctorea de la T-
glesia. Se le ensenan los nombres de Júpiter y de Vénua, antea <fé
que sepa formular "bien los dulces y venerandos nombres de Jesu­
cristo y de su Santa Madre” (1). El Uustrisúáo Sr. $ 0 Uat)0 dice: “por
todo el tenor (de la Encíclica) se echa de vet* que btftbM <3e los den -
(jos, que empapadas ep la divina Escritura, Santos Padres, Tcolo^ia
etc., aprenden después de esto la elegancia do hablar, asi en las su­
plentísimas -obras da los Padres , como en los mas insignes escritores
paganos expurgados de toda suciedad; lo qué nada prueba'en fa­
vor del método en cuestión; pues como dicé 9 IP . Ventura no hhi
inconveniente en que déüpues de bien empapados los jóvenes "en
el estudio mas serio de la verdad, de la grandeza y de la importan­
cia dol dogma y la moral, en los Libros Sagrados y en las obras
maestras de la literatura cristiana ,’7 aprendan el estilo y forma de
los clásicos paganos” ( 2 ).*Y en otra carta, hablando.Su 8 enófia^ 2us-
trisirna de la minada Bncicliea, dice: -“P o riiq tiü é yés pfíñiérb qno
se trata dé eUrígós; &égnfldd, q ^ e!ye itfethiyáh'á su tiém^po; teírtícro,
que cata instrucción séa principalmente cp la Teología, Historia 13-
clesiástica y Cánones; cuarto, y que la elocuencia se aprenda’en
los Padres dé la Iglesia y escritores paganos bien expurgados; y ya
se vé que de esta manera no habrá DÍngun peligro” (B) .
Maaen primer lug¿£, é l f^nióso argumento del· P. Ventura es u n ,,
sofisma, jo rq u e t^ene aquel Vició qtíelos escolásticos llam an‘‘tiráii- ·'
sito de un gónero a otro género”.*tr& nsii^ üpc/énieh fó g m u s . Fdrqiiér
el ilustre teatíno-ha hecho un tránsito brusco <LéLgénero y d fe tdoi* '
tandas d<? la aocdfid^i.cristiana en loa, lim e ro » a l i g e r o y,
circunatanciaa d a la sociedad cristiana en los aigloa moderaos·
(1) Discurso 9 ° D ím q u « alo a niift» oristtanoa so loa do J ópi­
te r y de V«nufl(mt«9 quolüft de Júauoristgy dt> María SimtUiiO&; "jJIuw» quu mt ali ,
Jba Atteoir; puré uo diga dso.eino“!Miren que equiTOoaokml*
(3) V cub la pag. l r liuuas 16 y sig .“ de «ate Ensayo.
(3) V ciují Ii» f : lincua y ^guicutes·
O quantum, quantum luxec Nwbe, Nidbc distaúat al· illa!
.jCuan diversas sou las circunstancias, tíxigcnciasy conven ienciaa
de una y otra época! Hoi so recibe en lósr colegios a los niños ya
critstíaaos y que ¡uin recibido una prim era educación cristiana, y so les
enseña sin inconveniente alguno.,y antes con mucho fruto, prime-
rolos clásicos pagano? ^n las cátedras de Gramática y de Iletórica,
y despues la Eilosoüa Mqral y la Religión en el curso de Eilosoíia
(1). Esto pa$a,Jioi; pero aquella era otra cosa. Era el tiempo de la
tras formación deí mundo.moral por la virtud de Cristo yj desuE -
vangelio. Era la época de la trabajosa transición de la sociedad do!
paganismo al Cristianismo. La escuela cristiana de Alejandría era
una escuela catequística (2), y lo mismo todas las escuelas cristianas
de los siglos II, III, IV у -V. Eu ellas se recibía a los niños y a los
jóvenes gentiles, (y también a los hombres maduros y a los viejos).
Era pues, forzoso comenzar por enseñarles el dogma y la moral
cristiana, y no era smc^mueho despues, cuando se les ensoñaba la
gramática y la retórica, pqr íos clásicos paganos. Cuando se trata
de destetar a un ni ño ¿acaso la madre se uata con miel los pechos
y se lo acerca a ellos? Entonces se aficionaría mas a ellos y seria im­
posible destetarlo. Si se toma a un joven mahometano para cate­
quizarlo, desprendiéndolo- <|&.£ujejig io n y procurando que profese
la,cristiana ¿acaso se le ensena el Alcorán? fietb toeft&Tefiiacharlo
en su religión. Esto no cabo en cabeza humana. Aquellos sabios
Obispos de los primeros siglos la tenían en su lugarj recibían en
sus escuelas a niños y. jóvenes gentiles: lo primero que les enseria­
ban eran las veroí a deede ja fe y la moral cristiana: Quae csí ex/¿de
vei;itaa: la Sma. Trinidad.la Encarnación y demas misterios del Cris­
tianismo j l a Mijja^eLjamor a los eaemigos, la obediencia al Papa y
deníals m a ñ d ^ ie n to s cristianos; la oracion cristiana mental у то-.
ca|, prmcipábnerite $1 PíKlre Kuestrp-, el Bautismo, la Confesión, la
Eucac^tia y demas »saó^^entos/cristiano*» f X despues de catequi­
zados, ишtr id o s en la reÜ j^n crisÚ ^^rónvcnciap s de la falsedad
y ¿doíaíHc»-y bautizados; despues de recibí·
(V) Seguh Sem btaüodc QutóUdef&ra: ebdfcto que bou {*
mi todo eUtaminario ílb Ьвоп, el do УдспЕеШа y átrea, f 4ae.cn mihirrüldó juicio οοητσ- .
nía quo imitases todos loe Soaduarios; por quo n todo católico es, no solo útil вию иШх-
яиАЬ, el eátadio científico Se Ю religión: ‘útilísimo, ho’eolb úB fleto vldi) ратл COÚitbCT'y
pred icar bü)n.«u religión: einotam bicnen la otra para;eloanzar mayor grado do glorfo;
irnos «l Concilio Vaticano hft declarado que aunque 1ф К-лаисШа bftfcta para la salva­
ción, ce mejor Ift fé ¡luetrada. . . . ·,
<:'J ¡bid.
— 133—
río el sacramento (lo la ConGrmación; después <Ie habituados largo
tiempo y robustecidos con los sacramentos de la Confesion y la Eu­
caristía; después de nutridos con una cena tau suculenta, se pasaba
sin inconveniente a los postres: a la enseñanza de la literatura pro­
fana (profana erudtíioj, a ja enseñanza d$ las bellezas de Demóste-
nes, Cicerón, Ilomero, Virgilio y Horaoió. Así como no liai incon­
veniente en que a un joven musulmán, despuesd e catequizado,
instruido en la religión cristiana, convencido de las.falsedades del
fanático de mas ta le g o que produjera la Arabia,.y.de la maldad
de la religión de la cimitarra; después do bautizado y fortificado con
la Confirmación; despuesde habituado largó tiempo y. robustecido
con los sacramentos católicos, no hai inconveniente, repito, ep ense­
narle la literatura patria, el lenguaje.oriental y poético del Alco­
rán y demas doctrinas de la gran literatura gentil arábiga; desmeri­
te coena suaris esi placenMá.
En segundo lugar, el famoso argumento del P . Ventura no tiene
mas defecto que el no venir al ,caao. Clemente Alejandrino habla
de la enseñanza de la doctrina cristiana a los niños y a los jovenes
gentiles, fiara que sean bautizados y fortalecidos, déspues del bautis­
mo; y la Encíclica habla de la enseñanza de "las sapientísimas o-
bras do loa Padres” a los niños y jóvenes cristianos délos Semina­
rios yara qvc aprendan la elocuencia. Son dos cosas mui diversas. El
Doctor do Alejandría habla do la enseñanza de las verdades de la
fé: Quae cst cr. Jule vertías; de las verdades de la fé necesarias para la
vida temporal y eterna: necassaria esi ad m'enáttTTi- ^Por.qué,.pues, al­
gunos Señores gaumiitas estiran tantodicha doctrina, haciendo que
comprenda la enseñanza de la Teología, de los Santos Padres, del
Derecho .Canónico y de" la Historia eclesiástica? Es mui diverso el
catequismo de un neófito do un acto de Borla y de la oposicion a
uña Canongia. Entonces resulta quo la ciencia de la Teología es de
fé necesaria para la salvación, que los Santos Padres son de f¿, quo
el Derecho Canónico es de f l y la Historia eclesiástica es de/e [1].
En tercer lugar, considerando esta interesante materia bajo bu :

flf ifu ratón, después do citar alguuos aislemos «lo filósofos quoaunquealtxJínartm
n itaut^oa, ni finsfl desvanecieron, por que carecían do fuudambnto^súlUtá (eomo el da
(jalim oy Ventara) dice: “Ve aquí Como lo a hoitbrai grandes, pbt f á lt a r a C A áo c lm ic ri·
iC«-ciarlo» da loé cosas, Imaginan y t¡«hon por ompresn gloriosa «Jid«&r'on sn fa n fa sm
aquello que verosímilmente pudiera o bebiera bar, i y* que 8¿n«rldPfleia no pueden l o ­
g r a r s e mejoresnoticias. Semejantes S is te m a s , de lúe qaé HMj«9io»puodfen-llaniiirBO con Sm>
A g o s t í a m a g u a n a g n a r v m \D '/r .lo r x u n < ld ir a m * ía ,,e iguales f n n u l o j r u y n f u n io n e s p a r -
t icularfs, hnllamós pd el vnslo Tcíno di' 1« Jítvrat^n'·" (Fuerzu d r la humana Fantasía,
e n p . ¡F .)
—134—
mas amplio punto do vista, hoi sucedo lo mismo quo en’ los pri-
nie^s éíglos de la Iglesia en cuanto que. la educación cristiana, la
etíéeñtmzá de las verdades de la fé y déla moAl Cristiana, se hace
muifro tiemjio antesqac la enseñanza de los clásicos páganos. Na­
ce trn ñifiQ jf' a los pocos dias es bautizado. A los dos años, y cuan­
do todavía no puede hablar, se le pregunta “¿Donde esta Dios?’\ y
rés^Oñdé levantando la manita derecha y apuntando con el dedo
indicó til cielo. He aqui, el conocimiento de Dios en embrión, per­
mitiéndoseme fia expresión; he aquí la primera idea de la religión.
£1 niño levanta la maneeita y golpea con ella a uno de sus herma­
nos, o a un tio. o a otra persona, y la madre le golpett'suavemente
lainanéeitay le dice con semblante serio: "No.” El ítiño llora, pe­
ro cqmprelide que no debe hacer aquello- he aqui la primera lec­
ción’ deí' ninem lacdcns, la primera lección de moral. El niño lle­
ga a los tres anos?, a la alborada déla vida intelectual práctica por
el desarrollo del órgano de la palabra, retrato del pensamiento; sus
ojcfé'r *65908 comienzah a fijarse en los objetos; comienza a in-
vestigíir. L a iniciación en la jaik b ta coincida con., la iniciacioñ en
la investigación. “¿Qué sera esto?7’ es la pregunta perpetua do su
nhna. Suu.ojos y sus oidos se encuentran rodeados por todas partes
de1objetos religiosos: las imágenes de Dios, de su Santa Madro y de
Ico Sdíitófl' t n é y é en su *ca$a: frente a sus juguetes, a su mesa y
a W léchojloÉ fobgétiyr g ttev é en l^úsm aacaeas; lqsóbje-
tos'-eügriEtdó# qué su madre le Ü* y^fteítfae
continuamente: el tem p lo con su sorprendente majestad. Comien­
za a balbucir y las primeras v oces (que todavía no son palabras)
son^rtprt {la expresión del bien, del interés individual que después
tlúrantolóda éü vida apetecerá y buscará bajo ¡numerables for­
mas), coco, que espresa el mal, Papá, Mamá, Pepe (el hermano),
:(D io ^ (M ^ flía ria , la Madre de Dios) . Su madre le lleva an-
Jesucristo y de la Santísima Virgen, y lo habi-
tu a a - gue pímiéndo la manita en actitud; de pedidles pida papa:
él comién¿& a entender quo do aquellos seres vienen todos los bie­
nes: hé. aqüi la primera oracion, el primer acto d d culto. Vá Cfe-
ciendo su cuerpo con la sangre, y vá creciendo su espíritu cqd la,
savia de la religión. Guiado por la enseñanza de su buena madre,
el niño dice todos los dias al levantarse y al acostarse algunas bre-
ve$ oraciones a Dios, a María Suntisima y al Angel de su Guarda.·
ho&ai¿iViciado el culto interno y el externo do latría, hyperdulia
y dmUéuLa -madre le lleva con frecuencia al templor toma agua
bendita^ 4rt¿ do rodillas asistiendo a la Misa y a otros oficios divi­
nos, oye los acentos del órgano y d i la? cunto? sagradoí»; mira a los
— 135—
sacerdotes con vestidos vistosos, los oyo predicar y, aunque no com­
prende lo que dicen, vó que muchos se aflijen y lloran, y empieza
a venerar a aquellos hombres como unos seres extraordinarios. Su
madre lo acostumbra a descubrirse la cabeza delante de los tem ­
plos y de los sacerdotes, y a besar a estos la mano. Ya el sacerdote
a su casa, y vé el niño que sus padres lo tratan con un respeto que
indica que es superior a ellos. Entra en la escuela do edueacion pri­
maria, aprende el catecismo de la doctrina cristiana, y este (con la
enseñanza diaria de la madre que continua), es durante algunos a-
ños el alimento principal de aquel tierno espíritu. El catecismo os
como una lluvia mansa, pero abundante y que dura mucho tiempo,
que deja el campo lleno de agua: aquella alma queda Uena de ideas
religiosas, que entonces no'entiende bien, pero que entenderá dea-
pues y las abrazará con su cerebro toda su vida. En la adolescen­
cia, la madre, los sacerdotes, lo* maestros y los libros, y e n la edad
madura el mismo individuo serán el labrador que distribuirá con
orden estas aguas; pero desde la niñez el campo queda lleno de a-
gua, y esta quedará alli toda la vida: las pasiones la harán evaporar
en mayor o menor parte; pero ni los recios calores,del filosofismo y
del materialismo la harán evaporar enteramente. A los siete, ocho
o nueve años el niño sé pós'trá a los pies del sacerdote y le confiesa
con grande susto sus pequeñas faltas; y despucs de instruido su.fi-
cicntemcntejde lo que esjla Eucaristía, y conforme al espíritu déla I-
glesia Católica, a los mismos siete años recibo la Comunión. No so
puede decir lo qüe influyen sobre el alma del niño los sacranientos
de la Confesion y de la Eucaristía, recibidos tres a cuatro yeces al
año desde los siete hasta los catorce años.
En fiu, después de una cena ta n suculenta, a los doce, catorce o
diez y seis años, es decir mui tarde respectivamente, seensetLanal
niño composiciones breves selectas y expurgadasJdeFedró, Cicerón,
Virgilio, Horacio, Ovidio, César, Tácito, Démostenos y Homero; que
serán para él como el que al fin-de la mesa se toma un pastelillo,
algunas confituras y dos o tres copitas de exquisito vino: alimentos-,
no solamente sabrosos, sino favorables a la digestión, a la nutrición
y a la vida, aunque no tanto como los de la cena: dGsinente ooeria Stía-
vis cst placeniula, .. . "‘ ’
"Mas esa cena, dirá quizas alguno no* es sucu[enta”-7:p^p es su-
culenta/* ¿Son lijeras las impresiones que se r.edbe&e^Ja{niñez en
materia de religión^ Borradlas ¿ podéis, y mientc£s»iqueÍo hacéis,
escuchad algunas verdades mas, tomadas unaade los clásicos cristia­
nos y otras de los clásicos paganos, que eit iñííS&as de sus doctrrúas
son profundos moralistas, que queráis que no; multa probé haditilio
— 13G—
Ciccron, como habéis visto (1). Dichas verdades son tan generalmen­
te reconocidas, que han pasado a ser axiomas y son las siguientes.
El lib ro de los Proverbios dice: Adoleeens jvx ta vfnm suam cliam
xum senirerit, non recedet ab ea [2]. San Gerónimo: "Difícilmente se
borran las ideas infundidas en los primeros años. ¿Quien volverá a
la púrpura de Tiro su antigua blancura? La vasijanuevade barro
conserva por mucho tiempo el sabor y el olor del licor que se le echó
al principio” (S). Sto. Tomas de Aquino: “La costumbre, y princi­
palmente la que es desde el principio, obtiene fuerza do naturale­
za; por lo qué acontece que aquellas cosas en qiiccs imbuido el á-
mino desde la niñez, se adhieren tan firmemente, como si fuesen
nacidashaturalmente y por si’^[4]. Horacio: "La lana teñida de púr­
pura no vuelve a su antiguo color” ( b ) . “La vasija nueva de barro
conserva mucho tiempo el olor del licor que una vez se le echó” (fi).
Plutarco: "Como los sellos se imprimen en la blanda cera, asi las
doctrinas se graban en las almas délos niños" (7); y en fin, Aptilo*
yo dice que los loros, cuando tienen uno o dos años aprenden fácil*
'mente a hablar todo lo que se les sugiere; pero que después ya no
aprenden, aunque los azoten (8).
Los que en su niñez recibieron una educación religiosa, en laju-
ventud, en la edad madura y en la ^ejez tienen una de estas cuatro
suertes de vida. Si son de pasiones suaves, viven siempre confor­
me a los principios de la religión. Si son de pasiones fuertes y en
su juventud sé dedican a combatirlas, despnes de estar largoticm -
po cayendo y levantando, ¿I fitf'lw'iW taStó* ^'sB^\5gfta‘bí-«áárf,jpwra
siempre en la virtud. Si pon de pasiones fuertes y en su juventud
no las combaten suficientemente, se parecen al que despups de na­
dar algún tiempo contra la corriente de un caudaloso rio, creyendo
imposible salvarse, Se abandonan a la corriente: estos, tlcspues de
Bu'lamentable naufragio, si respetan la fé, hacen toda su vida una
curiosa amalgama de religión y vicios: un salteador de caminos quo
fué criado piadosamente, al pasarpor una calzada en la que se halla

(1) Veoae la pag. SI. ___ . ^ .


(2) C ap,Sí.v. 6.
(S) EpísVmdí Laetára*
(4) Summa óontTtt Gtente«, lib. 1 ·°, cap. 11. / ..
• 1*1 Iiib. S,"oda 5, r r . S7 y ÍS. ‘ J ·
; ^6]; Lib. l . b ,-£ p is t,Í.B BtMiolliam,tt <C9 y 70, Ealo ftanaamionloy él anterior a-
gfr^feriaiii^nefro'avSiin G^iminio. Kecuimlodo 1» Adición quo comienza: JLios ©lisico®
crátuiio* destrozados. ·.
I V Edacatione Uberorum.
№ ítoriaw.,
— 137“
una imagen de la Sma. Virgen, se descubre la cabeza y con la9 lágri­
mas en los ojos reza una Salve. En fin, otros que siendo de pasionea
fuertes, ñolas combaten en su juventud' suficientemente, y paraa-
callar los remordimientos se declaran en contra de la re’igion, pa­
san su vida protestando contra ella, diciendo: “No hai infierno, no
hai Dios” ete. ¡Eb tarde!: estos son deseos, pero no convicciones.
En cuarto lugar, los niños que no hayan cenado en sus casas en
el Seminario van a cenar. Entre muchos documentos justificativos
sobre la educación religiosa que se dá en los Seminarios, bastará ci­
tar dos: el Informe acerca del Seminario de Guadalajara, dado el 7
de Noviembre próximo pasado por su Rector el Sr. Dr. D. Rafael S.
Camacho, Canónigo Penitenciario, y el Infoi me acarea del Semina­
rio de Zacatecas, dado el 1Gde Agosto próximo pasado por su Rector
el Sr. Canónigo Penitenciario Dr. D. Jesús Torrea. Dice este Señor:
"Convencidos de que la instrucción, para ser fructuosa debe apoyar­
se en la piedad propiamente cristiana, y que esta no puede obtener­
se si no reconoce por apoyo el amor y la devocion á la Santísima
Virgen María Madre de Dios, el Seminario tomó en el año que hoi
terminamos el mayor empeño eñ que la devocion y el culto ele la San­
tísima Virgen , fuera atendido como lo principal de la vida moral y
religiosa del Establecimiento.—Visible y notorio es el fruto que ha
producido en el corazon de la niñez y de la juventud que está á nues­
tro cuidado.—A la Santísima Virgen María nuestra tierna y amo­
rosa Madre, debemos los incontables beneficios que el Señor ha dis­
pensado á esta Casa en. el último año; no solo han sido los jóvenes
favorecidos del cielo con la docilidad, la obediencia y la piedad, que
notoriamente han resultado en la generalidad , sino que aun los benefi­
cios temporales han sido patentes.— Todo lo ordenado en el regla­
mento relativo á las ‘p rácticas religiosas de la mañanay de la noche dia-
tíos y mensuales, se han practicado con la mayor eficacia, y tenemos
la convicción intim a de que con rarísimas excepciones la comuni­
dad las ha practicado, no solo con eficacia, sino con espíritu verda­
deramente cristiano.— Los retiros mensuales se han practicado con
suma eficacia, lo mismo los demas que están mandados en las fies­
tas principales de la Iglesia; viendo con placer que la generalidad
cumple con exactitud estas prescripciones.—Se practicaron los ejer­
cicios espirituales que está mandado se hagan anualm ente.” .
El Sr. Camacho dice.· “La moralidad de esta m ultitud de estu­
diantes que frecuentó nuestras aulas, se procuró mantener por los
medios de que ha usado siempre el Seminario: frecuencia de sacra­
mentos, predicación, prácticas religiosas, exhortación á la obediencia, de­
voción á la Santísima Virgen, pércidos espirituales de San Ignacio y
— 138— _
vigilancia continua. Los ejercicios espirituales se verificaron en doa
tandas, una pura los internos y estudiantes de las cátedras de Teo­
logía y Jurisprudencia en la capilla del Seminario, y otra para loa
externos de las demas cátedras en la Casa de Ejercicios de Guada­
lupe, empezando los primeros el cinco y los segundos el seis de F e­
brero, concluyendo unos el catorce y otros el quince del mismo
mes. Dispuse con acuerdo de Vuesa SeñoríaIlustriaima, que loa ni­
ños mas pequeños estuvieran separados de los grandes, tanto en el
dormitorio como en el local de sus distribuciones, que las hicieron
en la cátedra de Lógica habilitada de oratorio. Esto dió muy buen
resultado para conseguir el recogimiento. Ademas do los internos,
hicieron en el Seminario los Ejercicios todos los externos teólogos
escolásticos, moralistas y juristas en número de ochenta y siete. En
la Casa de Guadalupe, dirijidos por el Sr. Dr. D. Ignacio Diaz, ca­
tedrático de Filosofía Moral, hicieron los ejercicios todos aquellos
que señalaron los respectivos catedráticos de Filosofía y Gramáti­
ca, en-número de ciento cincuenta y seis. Las dos tandas estuvie­
ron muy edificantes y devotas, cuanto podia esperarse atendida la
edad do los ejercitantes.—ParasoBtener la perseverancia en el fru­
to de los ejercicios, se instituyó con acuerdo de Vuesa Señoría I-
lustrisima, una 1‘A sociadon de Perseverancia” para los que libre­
mente quisieran inscribirse, con obligación de cftmuhjnr los salados
de cada semana, en una Misa que se celebra en la capilla del Semi­
nario para los que hicieron los ejercicios ahí, y otra en la iglesia
de la Soledad para los externos. Esto hadado un magnifico resul­
tado, pues hasta lin de ano se sostuvo la frecuencia de sacramentos
con mucha edificación de todos, y con inmenso trabajo do parte de
los Señores catedráticos para confesar esta multitud cada ocho dias·, pe­
ro debo informar á Vuesa Señoría Ilustrisima en justicia, que nin­
gún sacrificio omitieron para sostener esta buena o b ra .. . Resta­
blecí una antigua costumbre que se había olvidado; señalar todos
los viernes entre los internos, desde el Rector abajo, cuatro personas
que hagan vn ayuno en lionor de San. Francisco Javier, con el fin
de que dicho Santo alcance de Dios Nuestro Señor, libertar la co­
munidad de toda enfermedad contagiosa: los celadores generales
están encargados de llevar la lista y notificar el jueves en la noche
á los que toca ayunar el día siguiente.7’
Y despues de una cena tan magnifica, ¿qué daño hará a los ni­
ños y a los jóvenes la placentula de los clásicos paganos?: desinenle
tom a suavia est placentula.
Los alumnos de todos los Seminarios están de rodillas ante su
— 139—
maestro al ofrecer este el Sacrificio de la Misa; bastantes de ello»
están de rodillas a los pies de su maestro en el sacramento de 1»
Confcsion, y por lo mismo todos los discípulos están de rodillas en
la cátodra ante bu maestro.— “No, se dirá, solamente sucede esto
respecto de aquellos poquísimos a quienes se impone el castigo de
estar de rodillas;” mas 70 insisto en que todos los discípulos, aun­
que esten sentados o en pié en lo exterior, en lo interior están de
rodillas en la cátedra, según este pensamiento de Víctor Hugo;
“Hai veces que cualquiera que sea la actitud del cuerpo, el alma
está de rodillas.” Desde que los discípulos han visto a su maestro
alzar la hostia y el cáliz; desde que le han oído predicar las verda­
des eternas; desde que el alma del discípulo ha sido conmovida pro­
fundamente y estigmatizada por el maestro en el sacramento deln
Corifesion; después que el discípulo de rodillas a los pies del maes­
tro le lia confesado todas sus flaquezas, su vida intima, como si fue­
ra el mismo Dios,· despues que en el mismo sacramento ha sido la
voz del maestro, unas veces de reprensión, fuerte como el rayo, y
otras de consuelo, dulce como la primera mirra, como si fuera la
misma voz de Dios; después que en el mismo sacramento el maestro
ha llorado juntam ente con su discípulo, lamentando el presente de
este y temiendo por su porvenir, con mas ínteres que su padre na­
tural, desde entonces, digo, los discípulos no miraa a aquel hombre
como un maestro cualquiera, sino como un maestro ministro da Dios\
reciben sus preceptos, sus consejos, sus lecciones y su acción sobre
ellos como los preceptos, los consejos, las lecciones y la acción de
un ministro de Dios. Las personas lijeras creerán que esto no es
así, por que los discípulos a veces hasta se burlan del maestro; mas
los viejos conocemos los corazones y juzgamosde ellos de otro mo­
do: aunque los discípulos jugueteen delante del maestro, aunque
se burlen exteriormente de él, cuando han pasado los hechos y las
impresiones que acabo de referir, en ol interior de su alma hai un
gran respeto a su maestro.
Y despues de tantas influencias religiosas, despues de una cena
tan opípara ¿qué daño harán a los niños y a los jóvenes los postres
moderados de los clásicos paganos?: deaiñente coma suavis est placen-
tula.
Postres moderados lie dicho. Por que yo me quiero apegar a la
expresión de Clemente Alejandrino, quien no dice placenta, sino pla-
cenPula: placenta significa postres abundantes, y piacéntuta postres
moderados. No pretendo que los alimentos cláslüo& paganos que se
den'a la juventud, sean como los que a D. Quijote le daba su ama,
la qué" decía llorando: “Para haberle de volver algún, tanto en sí,
-~ H °—
gasté mas de seiscientos humos, como lo sabe Dios, y todo el mun­
do, y ttiíh gallinas que no me dejaran mentir.” Por que ni D. Qui­
jote habia de recobrar el juicio con puros huevos, ni la juventud
ha de aprender la bella literatura, recargándola con mucha traduc­
ción de dos o tres clásicos paganos, pertenecientes a uno o dos gé­
neros de elocuencia, como he procurado probarlo en la Adición 4 f3 .
Tampoco es mi pensamiento que la ocupacion délos estudiantes, y
ni aun la de los catedráticos, en los clásicos paganos, absorba su
tiempo y sea aquella tan asidua y minuciosa que con justicia cri­
tica Cervantes en algunos estudiantes de su tiempo, en la persona
del estudiante de Salamanca D. Lorenzo de Miranda (1): quédese
este estudio vasto y prolijo para mui pocos literatos comentaristas,
que lo desempeñaran con mucho fruto para catedráticos y estu­
diantes. No pretendo que los postres clásicos paganos sean como
ios de las cena9 de Lúculot no opino $or que se enseñe a los estu­
diantes composiciones breves, selectas y expurgadas de todos los clá­
sicos paganos, ni aun de la mayor parte de ellos, por que son m u­
chísimos: muchos oradores, muchos poetas líricos, muchos bucóli­
cos, algunos cómicos, algunos trágicos, algunos épicos, muchos his­
toriadores, algunos novelistas, algunos autores dejCartas y muchos
didascálicos; sino que en mi humilde juicio la habilidad de un ca­
tedrático (advirtiendo que un buen catedrático no se encuentra a
cualquier salto de mata, por que had e tener muchas condiciones},
consistirá en formar un buen plan de enseñanza y distribuir tan a-
certadarnente el tiempo del curso, que le proporcione enseñar a loa
alumnos composiciones breves, selectas y expurgadas de bastantes
de ellos en todos los géneros de la bella literatura, para que en to­
dos tengan modelos de elocuencia.
Monseñor Gaume en su obra “La Revolución” ha asentado esta
máxima digna de su talento: “Nada hai tan tenaz como un hecho;
la .historia entera que habla por medio de documentos originales,
es la lima que va gastando la lengua de la vivora*’ (2). Luego en
el siglo II se enseñaron los clásicos paganos a la juventud, por que
“Nada hai tan tenaz como un hecho.”
Mucho me he extendido al hablar d éla enseñanza de los clásicos
paganos a la juventud en el sigloII, en razón de la importancia do

(1) "Toda el día se 1« posa en averiguar sí dijo bien o mal Homero № tal verso do la
Iliada; si Marcial anduvo deshonesto o no en tal epigrama; ai so h«-n de entend«r de ana
manota o otro talca j tales versos do Virgilio: «n fin todas sus conversaciones son coa
lo· libros de loa referidos poetad, y con los de Horacio,Porsio, Ja ren al j Tibulo."
(i) El Renacimiento, ptc. i .9 , prólogo.
—H i­
la materia, que deseo encuentre la juventud sobradamente dilucí-
*¡ida.
Claudiiejam nvos, pueri, satprata liberant.

A D IC IO N 2 8 ^

FaLLÍCIVTENTO d e l iLtTSTHlSIMO SíSOR S 0LLAN0 T EL DEL Sr. CANO­


NIGO AKZAC E¡* CUANTO »ICEN RELAOION CON ESTE ENSAYO,

Este Ensayo ha sido hasta aquí de discusión con el Ilustrlsimo y


Reverendísimo Señor Doctor y Maestro D. José María de Jesús Diez
de Sollano y Dávalos, Dignísimo Obispo de León, y de vez en cuan­
do he tocado laopinion gaumista del Sr. Presbítero D. José Ramón
Arzac, Rector del Seminario de Colima en 1870, y despues Canóni­
go Magistral de la Santa Iglesia Metropolitana de Guadalajara. SI Sr.
Arzac falleció en el puerto del Manzanillo el dia 21 de Abril próxi­
mo pasado, y antier he sabido que el Ilustrlsimo Señor Sollano
murió en León el dia 7 del corriente. ^Descansen en paz Señores tan
beneméritos de la Iglesia! ¡Descanse en paz el Ilustrlsimo Señor So-
llano, uno de los Obispos mas sabios y celosos de la Iglesia Mexica­
na! Y no es ahora solamente cuando hago este encomio; lo hice
también en vida de Su Señoría Ilustrisima; y no ocultamente, sino
en varios de mis folletos; y no antes de la polémica, sino despuea
de ella [1].
Mas estos dos infaustos acontecimientos me han obligado a hacer
una parada en este Ensayo, y preguntarme ¿cual es mi deber en
este caso? ¿Poner punto a esta publicación o continuarla? Si lo pri­
mero, queda trunco este pequeño libro, y si lo segundo, muchos pro­
bablemente tomaran de esto motivo para censurarme, diciendo que
es una cosa extemporánea e innoble la polémica con difuntos, en ra­
zón de que no pueden contestar. En eBtaduda, mo he decidido por
el segundo extremo, y voi a presentar a mis lectores las considera­
ciones que me han movido a ello. Tal es el objeto de esta Adición
por via de justificada digresión.
Consideración 1 .tB Cosa propia de villanos hubiera sido, que yo
h u b ian esperado la muerte de los dos mui respetables Señores, pa­
ra escribir este Ensayo o para publicar la primera página de él; pe­
ro yo lo escribí el año pasado de 1880 de Junio a Diciembre, y co­
mencé a imprimirlo en Enero, cuando ni la edad, ni Ib salud, ni la
actividad episcopal del Ilustrlsimo Señor SollfUM^ermitian pronos­
(1) Veaac la Adición 5. 9
— 142—
ticar que fallecería dentro de pocos meses. Están impresas veinti­
siete Adiciones, y faltan muchas mas. ¿Qué hai que hacer, pues,
Bino seguir el orden de la Providencia en el curso de las cosas huma­
nas? D urarte esta publicación podia haber fallecido el Ilustrisimo
Sr. Obispo de León o yo: en el segundo caso es claro que Be corta­
ba la impresión, en el primero continua. Tal es el orden de la Pro­
videncia.
. ¿Y cumo preguntarán algunos, que habiéndose comenzado la
i mpresion en En ero, en Junió no ib an im pres a s m as q ue cié n to treinta
y. tantas páginas? Aquí es lugar oportuno para manifestarlo que al­
guna vez he deseado decir en el prólogo de un folleto: mis trabajos
para imprimir. Yivo en Lagos, y por falta de una buena imprenta
en esta ciudad, desde Enero do 1870 he impreso casi todos mis fo­
lletos en la de San Juan de los Lagos. Viene la proba por el co­
rreo a la caida de la tarde en la temporada de secas, y a la media no­
che en la de lluvias, al día siguiente la corrijo, y la devuelvo por
olcorreo inmediato. Desde que me acerqué a los cincuenta años, es
decir hace catorce, no he escrito nada de noche por hacerme mucho
inai lavóla; por lo qué jamas he devi/elto una proba al dia si­
guiente. De esta manera las impresiones se han hecho con mu­
cha lentitud, apesar de la pericia y laboriosidad de mi impresor
y amigo el Sr. D. José Martín y Herniosillo. Algunos amigos me han
dicho que ¿por qué no imprimo en Guadalajara o México, comisio­
nando a alguna persona para la corrección de probas y dirección de
la impresión; pero de conoce que los mismos Señores no tienen ex­
periencia de imprenta; por que la corrcccion de probas es un tra­
bajo tan minucioso y frecuente, que solo el interesado puede eje­
cutarlo bien, y ni al mayor amigo se le puede dar una carga tan pe­
cada, para que desatienda sus propios negocios y se ocupe en los
ágenos. A instancias de dos amigos, ya hice un ensayo una vez
acerca de esto y me salió mui m al.
Consideración 2. * Este Ensayo es dedicado a la juventud de mi
patria, de la RepiVblica Mexicana, &la cual porcion escojida de la
sociedad, en virtud délos estudios que he hecho, preveo que le se­
rá de alguna instrucción y utilidad, o por lo menos asi lo deseo.
Si yo terminara aquí esta' obrita por un exceso de caballerosidad, y
en consecuencia por una falsa caballerosidad, saldría perjuíro&da
la juventud.
Consideración 3 .88 Como se vé en la parte 1 .89 de este Ensayo, la
Correspondencia epistolar entre el Ilustrisimo Sr. Sollano y mí ( l ) t

(1) Mucho» extrañaron ese mi en lug&r de yo. T ratar aquí U. caosUon gramatical
— 143—
se publico en el periódico La Revista Universal en Marzo de 1878;
Sü Señoría Ilustrísim ay el Sr. Arzac lo supieron, y no tuvieron
a bien contestar a mis razones, sin duda por sus muchas ocupacio­
nes. Luego esta no ha sido polémica con difuntos, por que los dos mui
respetables Señores tuvieron ocho años disponibles para contestar.
Consideración 4 .p Como se vé por este Ensayo, especialmente
por Ja Adición 13. p , él no es mas que el extenso desarrollo délas
razones presentadas por mi en la Correspondencia, robustecidas con
abundancia de datos. Suponiendo que los dos mui respetables Se­
ñores hubieran sobrevivido a la conclusión de este pequeño libro,
quizá habrían contestado a él, y q u iz á no habrían con testado ¿por
sus muchas ocupaciones. No puedo conjeturar lo que habría suce­
dido.
Consideración 5 .p ¿Pues qué, por el hecho de fallecer un escri­
tor público, ya no se puede refutar sus opiniones y sistemas, para
guardar respeto a su memoria? La historia entera e s t« en contra.
San Cipriano, Descartes, Lamennais y millar.es de escritores han si­
do refutados déspues de su muerte, sin que la refutación haya sido
tenida como una especie de alevosía, sino antes como una obra mui
útil. ¿Por qué? P orque primero están lajuventud, la patria, la in­
vestigación de la verdad, el progreso y la ciencia. Desde que un es­
crito notable de Gaume, de Ventura o de cualquiera otra persona
ha salido de la prensa y ha entrado en el dominio de la sociedad,
el escritor pasa a la clase de autor histórico, y su obra puede ser refu­
tada en vida de él y despues do muerto; por que aunque murió el
autor, vive la multitud de los lectores, vive la sociedad: los lectores
juzgaran si la refutación es justa o injusta, y la aceptaran o la re­
chazaran. Ahora bien.- el Hustrisimo Sr. Sollauo y el Sr. Arzac han
pasado a la clase de autores históricos.

L agos, 10 d b J unio de 1881.

A gustín Rivera.

«obre ai es o no lícito «1 ubo dol yo con la prepoalcion enlrt, sí es o no fundada la clip,


fcis que dice la Academia y sigue Martínez López, seña escribir una nota inconducen­
te. Basto observar qoe ai Be adopta el sistema de ¿lipsis, será un expedienté mni fácil
para justificar muchos malos modos do hablar, y que Cerrantes, ano de loa primeros
modelos de buena Labia castellana, pone en boca de Don Quijote estas palabras: “aquí
•1 Señor rentero y el gran Sancho teran medianeros j apreciadores entre Vuesa Mer­
ced y mi. (Ptc. 2. <■, cap. 26).
— 144—
^ D I C I O N 2C),«·

E nseñanza de los clasicos paganos a la juventud en el siglo ni.


El historiador Eusebio de Cesarea hablando de Orígenes, que
fué el principal regente de la escuela cristiana de Alejandría en el
siglo III, dice: “A los discípulos dejmas agudo ingenio los introdu­
cía en la Filosofía, enseñándoles la Gramática y la Aritmética y 0-
tras letras previas, y conduciéndolos en seguida al estudio de va­
rios sistemas de filósofos; y exhortaba a muchos de ingenio tardo
al estudio de la? humanidadesrt (1). Esas letras previas y esas huma­
nidades son las mismas q ue Clemente Alejandrino llama placentula,
y en otros monumentos canónicos se llaman letras profm as, en 0-
tros letras liberales, en otros letras romanas y en otros se llam an con
otros nombres: el aprendizaje de I09 clásicos paganos. Y añade To-
massino que la misma era la enseñanza en las demas escuetas de
la cristiandad, a las q u é la de Alejandría servia de norma (2).
El historiador Sozomeno hablando de la educación del Santo Pa­
dre Eusebio de Etnesa, conocido con el nombre de El Emiseno, en
la escuela cristiana de Edesa en el mismo siglo III, dice: "Desde su
niñez como lo pide la costumbre de nuestros padres ,fué educado en las
Sagradas Letras (rudimentos catequísticos), en seguida fué instrui­
do en los ramos de la literatura humana, y despues aprendió de una
manera mas exquisita los labros Santos de la .Escritura, siendo sus
intérpretes y maestros Eusebio (de Cesarea), Panfilo y Patrófilo”
<3)·
En compendio, el método de enseñanza en el siglo III y siguien­
tes, fué el mismo de que habló Clemente Alejandrino y que he ex­
plicado en la Adición 27. Luego en él siglo III se enseñaron los
clásicos paganos a la juventud, por que "Nada hai tan tenaz como
un hecho/'
^LDICÍON 3 0 ,»*

E l Concilio IV de Caktago.
La base de la filosofía de la historia es la historia, y la base de la
historia es la cronología. Para juzgar bien un hecho histórico, de-
(1) Cit. por Tomaaaino, Vetus et Nova Eooleaiae Disciplina,, pte. 2 .p , 11b. 1. ° , D ·
Scholis et Univeraitatibns. cap. 92.
(2). A l a andrina haa^Sekola, cui cutieras Ckrisiiani vrlit Sellólas qllemperalas dlintccps
vhteperquam probabile tai. flb id j.
(S) Cit· por Tomanino, ibid.
— 145 —
be comenzarse por fijarse el tiempo en que se verificó, por que el tiem­
po, el lugar, las personas y el espíritu de la época, son indispensa­
bles para hacer el debido juicio critico del misino hecho. Cuando
tuvo lugar la Correspondencia epistolar entre el Ilustrisiino Sr.
llano y mi, la segunda razón o fundamento que expuse en lavor de
mi opinion fué esta: "El aprecio de largos siglos en que lian sido
tenidos los clásicos paganos por todos los sabios, y la enseñanza
que han hecho de ellos a la juventud.’’ El Sr. Obispo de León me
contestó diciendo: "la segunda (razón) tiene en su contra el uso de
diez siglos enteros de la Iglesia, desde San Agustín hasta el llamado
renacimiento, en que comenzando por el método trazado por San
(Jerónimo ( E pist . ad Ijaetam de Educ.filiae), aconsejado por San A-
gustin ( B e Doctr. C h ñ st.), expuesto por Caaiodoro (Justiüd.), adop­
tado por Alcuino y mandado por Carlomagno, se hizo la enseñanza
de la juventud en los Libros Sagrados y enlosPadres de la Iglesia,
hasta el grado que el Concilio IV de Cartago prohibiera a los mismos
Obispos: Paganom m libros non legante (1).
Dice pues Su Señoría Ilustrisima, que el método de enseñanza de
la juventud en los Libros Sagrados y en los Santos Padres, con ex­
clusión de los clásicos paganos, fué comenzado y trazado por San
Gerónimo [quien floreció a fines del siglo IV y principios del V:
murió el año de 420], aconsejado por San Agustín [que floreció en
la misma época: murió el año de 430], expuesto por Casiodoro [que
existió en el siglo VI], adoptado por Alcuino (que existió a fines del
siglo VIII y principios del IX), mandado por Carlomagno (que exis­
tió en la misma época), y coadyuvado por el Concilio IV de Carta­
go. De aquí se deduce que en sentir del Señor Obispo de León dicho
Concilio se celebró en tiempo de San Gerónimo, que faé quien co­
menzó y trazó el supuesto método, es decir, a fines del siglo IV. Mas
por la Historia de la Iglesia consta que dicho Concilio IV de Cartago
se celebró el ano de 254, es decir a mediados del siglo III, y en con­
secuencia mas un siglo antes que San Gerónimo (2).
Dice el P. Ventura: “La instrucción de la juventud cristiana no
se verificó, sino con la ayuda de los clásicos del Cristianismo. Si. el
estudio de la literatura profana se manifiesta a veces durante ese
trascurso de tiempo, jamas figura, según el espíritu de los primeros
siglos de la Iglesia, sino como loa postres al fin de la comida: Pos¿
coencim suavis est placentula.—¿Ni como había de sucederde otro mo­
do/' Habiendo prohibido absolutamente el cuarto Concilio de C.ir-
( 1) Vcnse la pag. 3, linea última ile cate Ensaya.
(?) Diccionario de los Concilio?, art. Concilio IV da Cartago.

Biblioteca Nacional de España


— M 6—
In co la lectura do los libros pacunos (1), considerábase con mas rn-
v.on que so habin rj uorido prohibirá los niños acmtjantc lectura.—
ftoguiase por tanto úrticmncnlr. el método trazado por San (Jerónimo
[2], aconsejado por »San Agustín [·■>], expuesto por Casiodoro [4],
renovado por Alcuino y erijido en leí del imperio por Carlomagno.
í'-egun este método, los niños no se formaban mas que por el estu­
dio de los Libros Sagrados y de los Padres de la Iglesia y evcfnsi-
vwnmfc de estos libros se sacaban los trozos selectos que los niños
aprendían de memoria, y en los cuales estudiaban la gramática y
la retórica. N ada se tomaba de los autores paganos-, se les considera­
ba para el caso como si nunca hubieran existido” (5).
Éste pensamiento y opinion del P. Ventura, adoptada por el Ilus-
tñsiino Sr. Sollano, entraña dos proposiciones: 1 .p Por el Concilio
IV de Cariago se prohibió absolutamente a los Obispos leer los li­
bros de los paganos. 2. p Si se prohibió absolutamente estos libros
a los Obispos, con mas razón se prohibió absolutamente la enseñan­
za tic los clásicos paganos a los estudiantes de las escuelas cristia­
nas, especialmente a. los r.iños. Examinemos estas proposiciones en
otras tantas breves cuestiones.
Cuestión 1 .88 ¿Es cierto que si el Concilio IV de Cartago prohi­
bió absolutamente Ja lectura de los libros paganos a loa Obispos,
también so prohibió la enseñanza de los mismos libros a los estu­
diantes de lia escuelas cristiafcás/espeeialmente alo e niños?
Que el que en los primeros siglos de la Iglesia estaba prohibido
■¿i loíi cristianos de cualquiera edad, fuesen niños, jóvenes, de edad
madura o viejos, la lectura de loshbroB paganos fu tr a de las escue­
las, sin que nadie se los enseñase, sino a su voluntad y peligroso
juicio individual, es una verdad palmaria que no se disputa ni vie­
ne al caso. Lo que se disputa es ¿si en los primeros siglos de la I-
glesia se enseñaron los clásicos paganos a los estudiantes de las es­
cuelas cristianas o nó? El Abate Gaume ha afirmado que no se en­
señaron, y a este efecto ha traído a colacion el decreto del Concilio
IV de Cartago; mas los monumentos canónicos prueban que si se
enseñaron, y que el decreto del referido Concilio comprendía a los O-
biapoB, pero no comprendía en los primeros siglos ni en la edad me·

{I) EtnicoTum libros Episcopi non Ugant; haeretieorum autem «i nectssilos


postnlaverit. ('Canon ltíj.
(2) E p iil a d Ldctam de EduCation#jiliac.
(3) De fínctr. Chritt,
(-1) ím titutiont»,
(j) D iscurro 2. ®
-1 4 7 — _
dia a los estudiantes de las escuelas cristianas, ni comprende lioi r,
los estudiantes de los colegios.
San Gerónimo conocía bien el decreto del Concilio IV de Cartíi-
go, y no creía que se dedujese de él que si se prohibía a los Obis-
pos la lectura de los libros de los paganos, también se prohibía la
enseñanza de los mismos libros a los estudiantes de las escuelas
cristianas. El sabio Tomassino presen^ la doctrina de San Geró­
nimo sobre este punto diciendo; "Geronimo, que tan severameute
prohíbe a los monjes y hombres consagrados a Dios la lectura de
los escritores profanos, en numera alguna aparta de eüa a los jóvenes
( \ J . . . Y ai algún Obispo se deleítase con esta lectura profana, por
ejemplo, de los poetas profanos, vé como Gerónimo se enardeciese
contra él con cierta acervidad de estilo: “Mas ahora vemos ( dice
San Gerónimo) que aun los Sacerdotes de Dios, omitiendo los E-
vangelios y las Profecías, leen comedias, cantan las palabras ama­
torias de los versos bucólicos, poseen a Virgilio; y lo que en los ni·
ños e$ de necesidad, en ellos es un crimen, de deleite” ( 2 ). Luego del
decreto del Concilio IV de Cartago no se deduce que si a los Obis­
pos estaban prohibidos los clásicos paganos, también lo estuviesen
a los niños y jóvenes de las escuelas cristianas; sino a la inversa;
que si a los Obispos estaban prohibidos, a los niños yjuvenes.de las
escuelas cristianas no lo estaban. Por que el que los Obispos leye­
sen loa libros pacanos era cosa de deleite: volujjtaiis, y el que los
niños y los jóven es aprendiesen las mismos clásicos era cosa de ne­
cesidad, asaber, la necesidad del aprendizaje fle los idiomas griego
y latino con la debida propiedad y pureza, y la necesidad del apren­
dizaje de la verdadera elocuencia, para desempeñar bien muchos
oficios de la vida pública, y principalmente la predicación católica.
Cuestión 2 .83 A los sacerdotes, a los monjes y a los Obispos ¿les
estaba prohibido en los primeros siglos, y les está ahora la lectura
de los libros paganos? ¡Ardua cuestión!, por que esta materia ha si­
do controvertida, no solo entre los escritores católicos, sino también
eutre los Santos Padres, como se verá por la doctrina del sabio ca­
nonista González Tellez que presentaré ai fia de esta Adición. Y
si los mismos Padres de la Iglesia han disputado sobre esta mate­
ria, ¿qué podré decir yo que soi un pigmeo, para tratarla, desenma­
rañarla y lijar los principios acerca de ella? Por lo mismo bo haré
(1) juvf-nes ab ta-nequaquam dr.tcrrcU
(2) A t nunc cliam Sactrdoles D ti, atnistis E su n g c líii P/ophcLü?, u ahina»
eomoedias Irgerc, Qiiutloria iitcolicorum per»u*m ntrba am ere, ttm rr. V'irgUium;
et uiifuod in ri'KiiusKi:i¿sniTAvis ikt, ¡rimen in sefa c e n vetuplatis. [Ejiist. ad Dom f
ciL p a r T om assinv, Vela* t i Nona, p(c ’¿ . ° , lib. 1. B . ctrjt. 1U2J.
—U S -
inas oue presentar algunas observaciones en el terreno de la certi­
dumbre, y aventurar otras en el campo de las probabilidades.
Observación 1. ^ Ea necesario distinguir, como una de las bases
de^ e¿ta materia, entre los sacerdotes seculares, los monjes y los
O b ito s . La atenta lectura de los monumentos canónicos dá a co*
norer que según su espíritu, a los monjes varones se ha prohibido
la ltciura de los libros pagados mas que a los sacerdotes seculares,
por que aquellos son personas mas abstraídas del mundo y consa­
gradas enteramente a Dios (1); a las monjas mas que a los monjes,
y a los Obispos mas que a las monjas. Parece que despues del Con­
cilio IV de Cartago, los Obispos de las Iglesias donde haya sido reci­
bido el canon 16, no podían leer los libros de los paganos ni por ne­
cesidad, sino conlalicencia del Papa o de su respectivo Patriarca; por
'que dicho canon es tan severo y terminante respecto de los Obispos,
que parece no admite ni el caso de necesidad, pues dice: “Los Obis­
pos uo lean los libros de los paganos; mas los de los herejes, si lo pi­
diere la necesidad/7 Luego los libros de lo.s paganos, ni por necesi­
dad. Y aun respecto de los libros de los herejes, usa de una palabra
que los gramáticos llaman futuro dubitativo \postulaverit. Conjeturo
que en los siglos posteriores, se ha aflojado en el grandísimo rigor
de la disciplina establecida por esa canon.
Observación 2 .48 Es necesario hacer distinción entre tres causas
impulsivas para la lectura de los libros paganos, asaber, la necesi­
dad, la utilidad y el placer.
Observaoion 3. *° Es necesario hacer distinción entre el estudio
detenido de los libros paganos, en el qué se gastan algunos meses
o años, y la simple, corta y escojida lectura de ellos, como si se lee
cada tercer dia una página dé la Iliada, o del Arte poética de Ho­
racio o de Tácito»
Observación 4 .85 A los sacerdotes, a los monjes y a los Obispos
les es lícita la lectura de los libros paganos por necesidad, como si
en la edad media o ahora nombrara o nombra un prelado a un
monje catedrático de la escuela monástica, para que enseñára o en­
señe a sus alumnos los clásicos paganos, y como si el Papa manda
a un Cardenal Obispo o a un Obispo in pariUms que escriba un li­
bio sobre filosofía, historia, bella literatura u otro ramo de las cien­
cias, para cuya composicion necesita el estudio detenido de los au­
tores paganos. En tiempo del Concilio IV de Cartago no se cono­
cían los Obispos inpartibus.
Observación 5 . p A los sacerdotes, a los monjes y a los Obispos

(1) Tomossino, id, id, cap. 94. núm. 5.


— 149—
‘les es licito el estudio detenido de los libros paganos por gravé uti­
lidad. Pero para que esta utilidad sea verdadera, ea necesario que
dichonestu dio se haga sin faltar en nada a los respectivos deberes de
sacerdote, monje u Obispo. Un monje, por ejemplo, do gran talen­
to, sobre el estudio de Aristóteles escribe un libro sobre filosofía;
pero para escribirlo ha obrado sin aprobación del prelado, se lia hui­
do del convento, o, aunque ha vivido en él, ha descuidado las obli­
gaciones monásticas. ¿El libro es útil en la linea de la filosofía? Si.
¿El monje ha obrado conforme a los cánones? Nó. ¿Como se conci­
lla esto? Con el trillado axioma malutn ex quocurnque defed-u. Para
que una obra sea buena, se necesita quesean buenos, no solamen,-
te el fin» sino también el medio y las circunstancias; por que es bien
sabido que el fin no justifica los medios. Mucho mayores que el
supuesto bien que pueda producir un libro en su linea, son los m a­
les que so siguen a la sociedad de que un siíbdito no observe las le­
yes a que está sujeto; y en el orden de las almas estos males son in­
finitos. El célebre Cisneros, siendo monje de San Francisco, Arzo­
bispo de Toledo, Primado de España y Cardenal, fué Regente de
la monarquía de España, y ejercitó con gran energía y prudencia
el poder legislativo, el administrativo y el judicial· ejercitó el poder
administrativo, aun el militar, militando personalmente a caballo en
la guerra de España contra los moros y tomándoles a Oran. ¿Cis­
neros faltó a los cánones? No. ¿Fué verdadera la utilidad que pro­
dujo su gobierno? Y mui grande. Por que obró con la aprobación
del Papa. Por que al propio tiempo que tronaba con sus cañones y
domeñaba a la sediciosa aristocracia, cumplía exactamente con sus
obligaciones episcopales y monásticas: vestía con humildad su hábi­
to de sayal, rocorria la España a pie y descalzo, sin mas compañero
qiie un lego, ni mas dinero que el que pedia de limosna, visitando
los conventos de su orden, conforme a la regla de San Francisco; a-
yunaba, se disciplinaba y maceraba su cuerpo con el cilicio, confor­
me a la misma regla; y en medio de una vida activa tan grande co­
mo la de Regente del reino, en el qué, no solo conservó sino que hizo
progresar en gran manera la religión, la política, las ciencias y las
artes, su vida contemplativa era tan profunda conforme al espíritu de
eu instituto, que su oracion mental llegaba a ios éxtasis, como los
que tuvo en el Castañar. Estos hechos del Arzobispo y monpe cató­
lico, no solamente constan en las historias escritas por católicos, co­
mo la Crónica de la Orden Seráfica y la Historia del Cardenal Jime-
nez de Cisneros por el Hmo. Espíritu Flechier, sino que los refiera
también con admiración y encomio el protestante Prescott en su
Historia de los Reyes Católicos. Mas los Obispos como Cisneros son.
— is a —
no solamente raros, sino rarísimos, y por lo mismo mo parece no so­
lamente raro, sino rarísimo el caso de gran utilidad, objeto de esta
Observación, respecto de un Obispo que se encuentre desempeñan­
do personalmente el gobierno de su diócesis.
Él monje Tomas de Aquino hizo un estudio mui detenido de los
libros paganos de Aristóteles, para escribir su Suma inmortal. ¿A-
caso faltó a los cánones? Nó, por que al propio tiempo ejercitó las
virtudes monásticas hasta un grado que lo elevaron a la santidad.
Observación G. 13 A los sacerdotes, a lo s monjes y a los Obispos
les está prohibido el estudio detenido de los libros paganos por jm-
ropiasen, y esto es l o que llama San Gerónimo crimen de placer:
crimen vohptalis. ¿Por qué? Por que no p u e d e n hacer e s o sin d e s ­
atender muchísimo las obligaciones de su ministerio, especialmen­
te los Obispos. Y no se diga que esto era en l o s primeros B iglos de
la Iglesia, euando los Obispos tenían tantas y tan graves ocupacio­
nes, y que no sucede lo mismo en los tiempos modernos. Cuaudo
la diócesis de Guadalajara comprendía d e s d e la Alta California in­
clusive, hasta el Cedral (Estado de San Luis Potosí) y hasta Tejas
inclusive ¿tendría tiempo el Obispo para dedicarse al estudio dete­
nido de los clásicos paganos? Y hoi mismo, por ejemplo la arqui-
dioccsis de Guadalajara, comprende ciento catorcepairorjuuis, y ¡que
parroquias, e s p e c i a l m e n t e las de la Tierra, Caliente! Sé que cuando
el llnstriaimo Sr. Espinosa le dijo al Sr. Pío IX que tenia dosmülo-
nes de diocesanos, el Sto. Padre, abriendo mucho los ojos, le pregun­
tó: / “Pues como son esos Obispados!'’ ¿Qué es hoi uu Obispo? Es­
ta pregunta es mui grande, y e s mui diticil responder a ella. t Tu 0-
bispo se levanta al amanecer y se acuesta cerca de la medía noche,
y despues de la Misa, el oficio divino de Horas menores, Vísperas,
Completas, Maitines y Laudes, la hora de oracion mental, las ocu­
paciones de desayuno, comida y cena, el rosario, las devociones es­
peciales de todo católico, el sacramento de la Confirmación y la s ho­
ras del despacho de los negocios; despues de un trabajo asiduo y
no interrumpido, se acuesta con dolor, por que le parece que no ha
heekosada respecto de tanto como tiene que hacer; sus relaciones
con el Sto. Padre; bus relaciones con los demas SS. Obispos; sus re­
laciones y atención a cada uno de los SS. Canónigos; sus relacio­
nes con los Curas, procurando estar al tanto de como vive y desem­
peña sus funciones cada uno; su vigilancia sobre los sacerdotes, in­
feriores, para vércomo vivey desempeña sus deberes cada uno; su
atención a la vida de cada monje; su cuidado déla vida y subsisten­
cia de cada monja; su vigilancia grandísima sobre el Seminario: ¿qué
exquisitas «utilidades ha de tener un maestro de la juventud?, ¿qué
— 151—
libros y doctrinas se ensenan?, ¿cual es la moralidad y adelantos
literarios de los alumnos?; vigilancia sobre los demas colegios de
su diócesis; vigilancia sobro laa escuelas de primeras letras de su
diócesis: prudencia y justicia con los eclesiásticos corrigendos; la
revisión y censura de I09 libros contra la fe, la moral y la discipli­
na (campo mui vasto hoi que sudan las prensas); grande cuidado
con los de diversa religión; lectura de algunos periódicos, para co­
nocer la marcha política del gobierno; cuidado de los templos de
gu diócesis: el estado de la fábrica material y la observancia del
culto divino en cada uno; c n ie la d o de que se fabriquen nuevos tem ­
plos; cuidado de los hospitales; cuidado de los pobres encarcelados;
cuidado de los capitales piado&os; los juicios eclesiásticos; los sino-
dos de los sacerdotes para procurar la instrucción de cada uno; las
dispensas y domas negocios matrimoniales; los negocios de sepul­
turas eclesiásticas; el cuidado de los cementerios; la visita pastoral
de su diócesis, cosa sumamente difícil en América; el cuidado del
orden doméstico de su casa, por que dice San Pablo que el que no
tiene su casa arreglada en lo doméstico, no es buen Obispo; y en
fin. . . . ¡la mar!
Con razón San Gerónimo califica el hecho de entregarse un Obis­
po a la lectura de los libros paganos por puro 2)l^cer, con el nombre
de crimen, que como saben los juristas expresa un hecho mas gra­
ve que la palabra ddito (1).
Observación .7.d En los primeros siglos de la Iglesia estaba'pro­
hibida a los Obispos la lectura délos libros paganos, aunqueifuese
simple, breve y escojida, pues el cánon de Cartago es muí term i­
nante y severo; pero me parece mui probable que en los siglos pos­
teriores hasta hoi, ha sido y es permitida a los Obispos dicha lectu­
ra, aun por puro placer, siendo simple, breve y eseojida. San Ju an
Evangelista se divertía algunas veces jugando con una perdiz, el
austerisimo San Francisco de Asia, jugando algunas veces con un
corderillo, y otros Santos recreándose de otras maneras (2).
Los Obispos no pueden tener ocios grandes, como los que se nece­
sitan para leer mucho diariamente de los clásicos paganos; mas la
recreación, o sea la virtud de la eutropelia, es necesaria para la sa­
lud del cuerpo, para la del espíritu y para el mismo buen desempeño
de los negocios, como dice @1 pequeñito de los clásicos paganos lati­
nos:
Citó rumpes arcum, semper si tensum haftueris;
O) Borardi, Comont. iu Ju s Eccles. Univ., De Crimlnlbus, d íse rt-1 .* , cap, 1.®
(2) Los meuciona el Marques de C’aracciolo e n bu Tratado de la Alegría.
— 152—
A t si laxaría, cúm voles, erít utilis (1).
Por «sto creo que los SS. Obispos pueden tener con frecuencia ocios
pequeños, recreaciones honestas: físicas, como el paseo a pie y a ca­
ballo, y morales, como las visitas de amigos, pulsar un instrumento
músico y leer un trozo de la Liada o de la Eneida: recreación tan
grande, que alguna vez ha producido hasta el alivio[en las enfermo'
dades y la salud de los reyes (2).
En esta materia merece una especial mención Fenelon, por que
fué Arzobispo de Cambray, por que se dedicó mucho al estudio de
los clásicos paganos, y por que por este motivo es zaherido por Gau-
me y por Ventura. Por las mismas razones su Telémaco será el ob­
jeto do otra Adición, en el lugar correspondiente al tiempo en que
existió dicho sabio (3).

(1) Fábula “Esopo jugando”. ¡Estos clásicos paganos tan zopencos, inmorales o ino­
portunos, que so ofrece citar a cada pnsoi
(2) “Habiendo cnlVrmado i*n Cupuu el mas ilise reto <le nuestros Alfonso;, Tiendo lo
aprovechaban poco los medicamento« fííicoe, apeló ÚBuavizar bu mal con la Historia do
Quinto Cnroio; y hablando logrado oonvalecar con sola esta diversion, decía con gra­
cia d sub módicos; ‘'Viva oa buenahorn Avicenn, viva Hipócrates; poro sobre todos vi­
va Curcio, que lia sitio el nu:dico quo me lia sanado."’ [Ventura del Prado, Doctor do la
Universidad de Sevillu, Censura de la "'Espaiía Primitiva" de Huerta y Yuga).
(3) E t KBpienÜsirao canonista G onzález T ellez dice; S a tis controverssum :s>,
non aolúm inter Doctores, htrüm etiam inter E ec h sia e P a ires, án G entilium li-
brorum lectio viris ecclesiasticis permit i aturl A ffirm ant piltres relati in eapite
Legim us, cap. R elatum 14, díst. 37, immu et ipsi P atrcs in ecclesiasticis legibus
decenicndis vtuntur terutn auctoritatibvs, ut in cap. D om inus 87, § d iz it 1,
quacst 1, cap. S i q u id ju r i 13, 27 distin t., cap. Nec mirum 2fS, quaest 5, notat
R a m irez ubi svpra, pag, 25. N egarunt P aires in locis supra pro argumento
d ijficu ttatisadducli. P ro quorum jurium antisom ia sedanda, asserendum est P rae-
la tis ct personit Eccl¿sia¿ticis G entilium lib n s u ti licere,u t quae u tilia ab illis
inventa sunt, expo sitioni S a cree Scripturae deseroiant·, quae aulem, aul turpia,
aut olicocna dicta sunt, relinquant, r/fel¡antque: legimus enitn aliqva ne ntgligan-
tur; legimus, non ut fentamus, sed ut repudiemus; ct tic dum temi-erata terum libro *
r u n lectione titirnur, eapuis C-'sosibvs nos damxamuk, u t plura de libris G entilium
legendis, vel non, tradunt D uarcnus, ¡ib. 4, D e Sacris E cclesiae, cap. 3; C la u ­
dius Espenceus, integr.iract. JJc L egendis G entilium Libris; S a u sa y , in P a nopl.
Cferie., parte. 1. 6 , lib. 6, cap. a § -1/ Salvaras a d Sidonium , hb. 8, episL 4; A -
nonimus contra M acliavellum , lib. 2 ü t lieligiune, pag. 165; Cresolius, lib. 3,
M ystagog.,cm p. 16, sed. 2; Lonysas in N atis ad D ivum Isidorum , lib, 3 Scnt*nt.,
ta p . 13; Decretistae in diet, dis/inct. Ü7; J-’i/esncvx, lib. 1 Select., cap.Jtnali;
Cellotivs, D e H ierarch , lib. S, cap. 18; Theopkilus R a yn a u d u *, tomo 11, tractat.
D c bonis et malis L ibris, trothtm . 11; F rater A htonius A M atre D ei, inapendice
ad P ra cludia in Sacram Scripturam, dub. I per to!urn (t dub, 6. ( CommeularÍQ
ip Dceretales, cap. 15 D c aetaie et q v a h t ordin),
— 153—
^ D I C Í O N 3 !,» ·

L.VS ESCOCIAS CRISTIANAS DESDE LA PAZ DE CONSTANTINO FASTA I ’.


CoN'cir.io d b T r e n t o y la C o m p a ñ ía d e J e s ú s .

Las parroquias tienen su origen a principios del siglo IV (cómo


lo prueba Berardi), en que en virtud de la paz concedida a la [-
glesia por Constantino, pudo ya cada presbítero residir con tra n ­
quilidad en cierto territorio, cuyos limites designaba el Obispo, y
gobernar en lo espiritual a los habitantes de él: el conjunto de es­
tos ge llamaba plebe, y el que la gobernaba tenia entre otros nom­
bres el de Presbítero y el de Plebano (1). Desde principios pues del
siglo IV, ademas de las grandes escuelas de Alejandría, Atenas y
domas mencionadas en las Adiciones anteriores,·comenzó a haber
en la Iglesia (de una manera fija y constante) doa Especies de es­
cuelas: las parroquiales y las episcopales. En el mismo siglo IV na­
cieron las Ordenes monásticas, y con ellas otra especie do escuelas:
las monásticas. Voi pues a hablar de tres especies de escuelas cris­
tianas de educación moral y literaria de la niñez y de la juventud,
desde el siglo IV hasta mediados del siglo XVI, eu que apareció
primero el Instituto de San Ignacio de Loyola con sus Colegios, y
luego el Concilio de Trento con. sus Seminarios, asaber: las escuelas
parroquiales, las episcopales y las monásticas.
Escuelas parroquiales eran las que tenia un párroco en su parro­
quia: una en la casa de su morada y otras en otras casas en los ba­
rrios y aldeas de su territorio. El rector y maestro principal de to­
das estas escuelas era el párroco, y el vicerector (llamémosle asi)
era un clérigo (subdiáconó;^* menorista) de grande probidad y su­
ficiente instrucción, que vivía en la casa escolar, gobernaba a los ni­
ños y a los jóvenes de dia y de noche, y ayudaba al párroco en la
enseñanza. Las materias de esta enseñanza eran cuatro: 1 .50 el ca­
tecismo de la doctrina cristiana, 2. *“ la lectura, 3 . 63 la escritura y
4 , 83 el canto y música eclesiásticas. Es decir que en los primeros
siglos las escuelas parroquiales eran catequísticas, por que los es­
colares en su inmensa mayoría eran gentiles. De dichos escolares
unos eran internos o alumnos, que eran los niños y jóvenes que
vivian en la casa de la escuela y salían mui poco de ella, y otros eran
(I) Inter alia nomina, quibut parochut propriut regtns pnpulum appellatur,
frequtns est Presbylcri, passin in ve (tribus Concilii* et JSAk Pairvm Epitírlit
ohvium est. (G o n sa kx Telliz^ Comment. in Decretales, cap. 3 De sita et honttt.
C ieñe).
— 154 —
externos, que eran los jóvenes que asistían a la escuela a ciertas lio-
ras. Los internos (y Jo mismo loa de las escuelas episcopales y loa
de las monásticas) se llamaban alumnos, palabra derivada del ver­
bo alimentar, por que eran, alimentados por el párroco: los hijos de
ricos a expensas de su padre o madre (por que frecuentemente el pa­
dre era gentil y la madre cristiana), y los pobres a expensas del pá­
rroco. En dichas escuelas parroquiales eran enseñados, no solamun*
te los niños y jóvenes libres, sino también los niños y jóvenes escla­
vos. Siento 110 haber encontrado acerca de esto entre mis pocos li­
bros, mas monumento canónico que un canon del Concilio de Lé­
rida relativo a la Iglesia de España (1); pero me parece, no solo
probabilísimo, sino cierto que asi era en las demas Iglesias: en pri­
mer lugar, por que es un hecho histórico la solicitud de la Iglesia
desde los tiempos apostólicos en pro de los esclavos; y en seguudo
lugar, por que las escuelas parroquiales eran catequísticas, y ’co­
mo los niños y jóvenes esclavos se habían de h;iber quedado paga­
nos? Uno de los cánones qne habla con mas claridad de las escue­
las parroquiales es este del Concilio de IS'antes: “que cada Presbí­
tero que gobierna plebe, tenga un clérigo que cante con él la Epís­
tola y lea la lección, y el cual Presbítero pueda tener escuelas, y a*
monestar a sus parroquianos qüe manden a sus hijos a la Iglesia,
para que aprendan la í'é, a quienes él mismo enseñe con toda cas­
tidad" (2). Otro canon dice: :‘Los Presbíteros tengan escuelas en
las aldeas y en loé barrios” (3)*, Y en, fin,,también es digno de men­
ción este canon del Concilio A^asenBe II, relativo a los jóvenes
internos de las escuelas parroquiales: "Tenemos a bien que todos
los Presbíteros constituidos gefes de parroquia, según la costumbre
que sabemos se observa saludablemente en toda Italia, reciban en
la casa de su morada a cuantos Lectores jóvenes encontraren sin
esposa, y alimentándolos espiritualmente como buenos padres, pro­
curen que preparen los Salmos, que insistan en las lecciones divi­
nas, que se instruyan en la lei del Señor” (4).
Escuela episcopal era la que cada Obispo tenia en su casa, la qué
estaba contigua a la catedral. En los cánones de los primeros siglos
la habitación del Obispo se llama episcopia, que quiere decir "ca-
( 1) JFlorebant in I rispa nia t i tu Galliet Schalae. Ilcrdcnsc Concilium , in
uniuscujusque C ltrici prívala domo scholam excitare videtur, cu i fiiii serviqve
omites disciputi assignantur. (T om astino, Veíus t t N ovu, p íe. g . lib. I . ° , can,
04).
(2) Forma el cap. 9 De vita et han est. Cleric. cn las Decretales.
(3) CIt. por González Tellez al mismo cap. 3.
W Cit. per Benedicto X IV , Do Synodo Dioeccs., lib. 5, cay. 11.
— 155—
sa del Obispo,” y desde la edad media se comenzó a llam ar pala-
tium, que significa, palacio. Formaban las escuelas episcopales loa
r.iños y jóvenes cristianos salidos de Jas escuelas parroquiales, es
decir los niños y jóvenes que habían sido catequizados, que habían
recibido los sacramentos del Bautismo, la Confirmación, la Pcni-
Icacia vía Comunion, que ya sabían leer y escribir y que aspiraban
al saber y a obtener con el tiempo alguna profesión que exigía la
instrucción literaria. En dichas escuelas episcopales 110 se recibía a
ningún niño ni joven «in la voluntad de su padre, tutor o curadur.
De los estudiantes unos eran internos, que eran los que aspiraban
al CE-Iado eclesiástico, y otros eran externos, y eran loa que aspira­
ban a una profesion seglar, como la Jurisprudencia, la-diplomacia
(que entonces consistía principalmente en embajadas), la milicia y
la pvoicíion señorial, o sea el ejercicio de los tres poderes legislati­
vo. ejecutivo y judicial, que ejercían los señores feudales. De los es­
colares internos hablan algun os cánones, entre ellos uno del Con­
cilio Toledano II (1), y otro del Concilio Toledano IV ( 2 ). Las ma­
terias de los estudios en las escuelas episcopales eran las artes libe­
rales, .la Teología y la Jurisprudencia. Las llamadas entonces artes
liberales, letras liberales, disciplinas liberales,y con otros nombres,
y que precedían al estudio de-la Teología y de la Jurisprudencia,
eran .siete: la Gramática fgriega y latina ) , la Dialéctica, la lletóri-
ca o Elocuencia (oratoria y pocsia), la Música, la Geometría, la A-
iitm ética y la Astronomía; y el aprendizaje de la Gramática y la
Retórica (que son el objeto de esto Ensayo, las. demas no me ata­
ñen), se hacia en los clásicos cristianos y en los ,clásicos paganos.
Que esto fue asi consta por los monumentos aducidos en las Adicio­
nes anteriores, y por los muchos que aduciré en esta y en las si­
guientes. ...
£1 Concilio de Chalona hablando de las escuelas episcopales las
llama “escuelas de literatura divina y hum ana/' ¿Qué significa en
el lenguaje de los Cánones esta frase “literatura humanaT' Eu el i-
dioma latino, que es el mismo de los Cánones, el adjetivo humanus
aplicado a estudios significa culto, instruido en las bellas letras, en
las humanidades; el sustantivo humanUas significa buena educado»,

f I) De Ais quot tufantes partnium , áprimis infantiae atmis, Cíerieattts nffi-


cía manciparit, atatuimvs obtervandun, ut mox cunt dftonii, pel mñmterió Ledo -
rum conlraditi fuerini, in domo EccUsiae, sttb E^piicopaiipraet+ntia, á P ratp osi­
to sibi debtant crudiri. ( Cit, por Benedicto JT /K , ib id y por. ino, ibid).
(2) Si qui in Cloró púberes sint, ortnB« in nao ccmelavj a^fl^toím oTentur. (Cit- por
r.jned¡cti> XIV, ibid y por Tomaaitno, t'biclj- * ;
-156—
cultura, propiedad y pureza en el lenguaje; J el plural Knmamtales
{significa las bellas letras, principalmente la oratoria y la poesía.
Tomassino, hablando de los estudios en las escuelas episcopales,
dice: “Y 3io negaría yo que los mismos clérigos (es decir’ los nines
y ¡os jóvenes de las escuelas episcopales que aspiraban al sacerdo­
cio y portaban tonsura clerical), sin perjuicio de lasautidad de su
Orden hayan estudiado con selección aquellas artes y letras, que
no foii pro lunas sino cuando están solas y no sirven (estando so­
las) a aquellos fines y usos con los que se prdmueve la religión y la
piedad'' [1]. ¿Y cuales son esas letras p 'n fa m sl Las siete que lio
uicho aprendidas en los clásicos, especialmente los profanos o pa­
ganos. De esta literatura dice el sabio escritor que cuando va uni­
da cotí el estudio y práctica de la religión, en lugar de dañar antes
aprovecha, y por lo mismo no debe llamarse profana. Y dice mui
bien, por que una túnica formada con tela hecha de fina lana y se­
da, no se puede llamar túnica de lana. Los gaumistas al hablarse
délos clásicos paganos dicen con desprecio, con reprobación y aun
con horror “jotras profanas1., ¡literatura profana], ¡enseñanza profa­
na'." Apoyado en la sentencia de Tomassino digo: niego que los ciá­
ticos paganos acondicionados sean literatura profana.
Escuela monástica era la que había en cada convento, en la qué
entraban los niiios y jóvenes de las mismas condiciones que los de
las escuelas episcopales. Como dice Mabillon, tan instruido en las
antigüedades monásticas, de dichos estudiantes, unos eran internos,
que eran los que aspiraban al monacato, y los reclusos por delito, y
otros externos, que eran los que aspiraban a alguna de las profe­
siones seglares [2]. Las materias de estadio eran, las mismas que
]as de las escuelas episcopales.
¿Qué diferencia habia pues, eetre las escuelas episcopales y las
monásticas? Unas y otras eran escuelas de educación secundaria;
pero habia entre unas y otras tres diferencias. La primera era que
e n las escuelas episcopales entraban los niños y jóvenes que aspi-

[ II Q v a t profana* nr>n svnt, niti tvm solae rvnt. [Id , id, cap. 93].
(2] B rn td ic to X K ftf.M fam osa obra D e Synodo Dioctsiana, en el c a p ítu ­
lo citado diee: Idtnt Sfabillónhti ibidem, numero 40 , probat nunquam laecularts
Clerici, intra monasierii srpia tdticandi, bonitqve nrtibus imbutndi , excepti fu e -
rt, std dttát divertae i r quoñbtt mona i teño constitvtat erant puerarurn scholae:
aliñe interiore t, u u elamtraiet, pro nonacM»f tt pueril monasterio úblatis-, aliae
exttriarei et canónica* pre CUricis saccularibm; Clcrici enim vocabantur quot*
guot UíierU »peram d a b a n t . . . fuinimm* i» Convtni·* ab Abbefibvr Francia^
habito Aquisgrani etme 8 1 7 , cap. 42, espretii staiutvm legimus: irUt nullvi
plebejtit, sett Cieñen» taetvlaris, in m tnaittri* ad habitand*m rccipietw , n iti
*«lutnt fitr i M#nacA«(.”
— 157—
raban al estado clerical, y principalmente al sacerdocio; y err ías
escudas monásticas entraban los que aspiraban al estado religio­
so: unos y otros eran mui numerosos. Pero como he dicho, en unas
y otras escuelas se recibía también a los niños y jóvenes que aspi­
ra han a una profesion seglar*
La segunda diferencia era que las escuelas monásticas eran mas
vastas en su plan que las episcopales; por que estas eran solamen­
te escuelas literarias, y aquellas eran ademas escudas cZe artes, asa-
ber, de bellas artes y de artts mecánicas. Una de las bellas artes
en que los monjes ocupaban mas a sus alumnos era la copia de ma­
nuscritos, principalmente los clásicos en alguna ciencia o arte. Mu­
chos creen que los frailes fueron unos holgazanes, y que en la edad
media no hubo ninguna cosa buena; mas la verdad histórica es que
los monjes fueron en la misma edad la clase mas trabajadora. La
palabra trabajo expresa una pena; pero también expresa una reden­
ción. Esa palabra es mui ilustre, porque tiene una estela luminosa
de sesenta siglos: la estela d é la civilización. Esa palabra es santa,
y debe estar grabada con caracteres de oro en todo establecimiento
público, y grabada profundamente en todo corazon católico- Santa
es la mesa en que escribe el literato y santo es el anzuelo del pesca­
dor. El zapatero y el encuadernador de libros pertenecen a las cla­
ses productoras, y el autor de los libros con mas razón. Apruebo y
admiro nuestras escuelas contemporáneas de obreros, y admiro pro­
fundamente aquellas escuelas de monjes obreros, sólidas, fecundas
y duraderas por siglos como las encinas de las montañas; por que au
savia, su alma, su principio, su medio y su fin era la religión/ por
que su móvil era el mas poderoso de los sentimientos del corazon
humano, el que da mas fuerza para acometer empresas y vencer to­
das las dificultades, el que da mas fuerza de abnegación y de constan­
cia en ol trabajo: el sentimiento religioso. Dice Horacio que una go­
ta de agua cava una piedra, no con la fuerza, sino con la constan­
cia en caer frecuentemente;
Guita camal lajoidem, non vi, sed aaepe caderufo.

La disciplina en las escuelas era severa. El día estaba distribuido1


rigorosamente desde el amanecer bastar el anochecer; de manera
que al cabo de muchísimos anos y de siglos« los monjes1copiaron,
duplicaron y centuplicaron los manuscritos antiguos« enriquecie­
ron todas las bibliotecas de la cristiandad, poblaron de libros et
mundo, y como dice Madrolle en su precioso libró "Jesucristo en
presencia del siglo,” "el solo monasterio de líbate Casino fué o o jb o
— 158—
el Arca en que se salvaron las ciencias y las artes^del diluvie uni­
versal, dé los bárbaros." ¡Loor eterno a los monjes de la edad
media! ¡Loor eterno a los niños y jóvenes de las escuetas monásti­
cas, a quienes debemos las obras de San Gerónimo, de San Juan
Crisóstomo, de Homero, de Virgilio y todas las obras clásicas de la
antigüedad! Y aqui me detengo, por que el ponerme a referir to­
dos los descubrimientos y beneficios en el orden intelectual, en el
moral y en el material debidos a los monjes de la edad media, se­
ria meterme a navegar en alta mar e irme mui lejos de mi objeto.
La tercera diferencia entre las escuelas episcopales y las monásti­
cas, era que los jóvenes incorregibles en aquellas eran encerrados
en eatas (1). En las escuelas monásticas la disciplina era mas severa
que en las episcopales, y como consta por la historia, los monaste­
rios fueron en la edad media unas casos de oracion, y ademas es­
cudas literarias, y ademas escuelas de artes, y ademas unas excelen­
tes Penitenciarias, no solo para dichos jóvenes, sino también para
los grandes criminales: para muchos eran un asilo voluntario mui
»propósito para la expiación, y para otroa eran una reclusión forza­
da. Todas las mejoras que hoi se ponderan en las Penitenciarias:
vida común, enseñanza moral y literaria, meditación, auxilios de
la religión, trabajos mecánicos, trabajos agrícolas, que son los mas
higiénicos: todo se encontraba en aquellos monasterios. El ayuno,
la oración} los sacramentos, el trabajo constante, eran un poder mui
grande para sostener él Ctftbato *forzado; mas hoi, en las Peniten­
ciarias en que no tiene todo su poder e influencias la religión, yo pre­
gunto a los mas hábiles políticos ¿qué hacen con trescientos crimi­
nales, a quienes se arranca del acostumbrado lecho conyugal, y se
les entrega a un espantoso aislamiento? Yo les ruego que no corteu
el nudo gordiano, por que esto a todos nos es fácil, sino que re­
suelvan el problema de una manera que no sea inmoral, y en con­
secuencia contra el régimen penitenciario, ni fonnulen ningún arti­
culo nuevo que no se encuentre en reglamento alguno de las de-
cantadas Penitenciarias. No se olviden que muchas y aun pocas
mujeres de fuertf áe la Penitenciaria, que penetren con frecuencia
en el interior de ella y hablen secretamente con sus esposos de den­
tro; tóran mui fácilmente los hábiles instrumentos de recados, pla­
nes, maniobras y conspiraciones. Pero conviene recoger las vela»,
porque me voi ««parando otra vez de mi ruta.
Bergier, hablando de las escuelas cristianas en la edad media,
f l j In ■moratleria ablegaban tur,¿si qui ex fiis adoU-ueniHus mmiu mcrígeri csseni
K rc(m n o veI Ugibw Sthoitu- ( Toma$fino, Vctus el Nova, cap. ÍA. tit-J-
— 159—
dice; “Binghan cita dos cánones del· Concilio V I general de Constan'
tinophi, qtoe ordenanestablecer escuelas gr&tuitite; en las aldeas, y
reeomiendan a loa Presbíteros el tomar el' euidaádile ellas. . . Cuan­
do los pueblos del Norte hubieron devastado 1* Europa y destrui­
do casi todos los monumentos de las ciencias, loa eclesiásticos y los
monjes trabajaron en recoger los restos y conservarlos; en las igle­
sias catedrales hubo siempre escuelas para la instrucción d é la ju ­
ventud; en ellas fueron educados muchos hijós de nuestros reyes.
En el siglo VI, un Concilio de Vaisons y otro de Narbona ordena­
ron a los curas el dedicarse a la instrucción de los jóvenes, sobre
todo de los que estaban destinados al clericato. En el VIII, un Con­
cilio de Cloveshow en Inglaterra impuso a los Obispos la misma o-
bligacion” [1]. En la ¿Vdicion 26. w hemod visto la narración y
doctrinas de un ilustre Arzobispo de Sevilla, sobre los estudios que
se hacían en las escuelas cristianas desde los primeros siglos hasta
el XVI.
No obstante lo dicho en los párrafos anteriores, la relajación de
costumbres tan general en la edad media, tocó también como
era natural a las escuelas cristianas: parroquiales, episcopales y
monásticas, cuales mas, cuales menos. En toda la edad m edíalas
que menos decayeron fueron las de Roma. Despues de estas, las
que menos decayeron en Jos siglos VI y VII fueron las do España,
por la sabiduría, celo y santidad de los Leandros, Isidoros, Ildefon-
zos, Braulios y Fulgencios, y por la sabiduría y celo de los mas O-
bispos godos,, como lo muestran los Concilios de Toledo y el celebro
código del Fuero Juzgo. En los siglos IX y X las escuelas que me­
nos decayeron despues de las de Iloma. fueron las de Francia y A-
lemania, por la influencia y esfuerzos de Carlomagno y de los reyes
de la dinastía carlovingiana.
En los siglos X III y siguientes hasta el XVI, el establecimiento,
ramificación, pujanza y esplendor de las Universidades hicieron re­
bajar muchísimo las escuelas episcopales y las monásticas; mas es*
to fué solamente en cuanto a las cuatro ciencias (llamadas enton-
ces facnliades), de Filosofía, Teología,! Derecho Canónico y Derecho
Civil, y no en cuanto a la enseñanza de la Gramática griega y latina
y de las Bellas Letras griegas y latinas: estudios que continuaron
siendo el objeto de las escuelas episcopales^ de las monásticas, con
mayor número de alumnos, esplendor y frutos que en los siglos an­
teriores, pues estas materias no se enseñaban en las Universida­
des. Erijas mismas escuelas episcopales y monásticw'c&ntmuó la en-
(i) Diccionario de Teología, art. Cacadas. - ''
— ICO—
sefíansadc la Filosofía, Teología, Cánones y Leyes, a aquellos po-
eos jóvenes qae por su pobreza no podían ir a una Universidad. Has­
ta que en el siglo XVI, primero la institución de los Colegios por
San Igoacio de Loyola, y luego la institución de los Seminarios por
el Concilio de Trento, hicieron caer )as escuelas episcopales, o mejor
dicho, que estas recibiesen nueva forma- Las escuelas monásticas
continuaron, recibiendo también la nueva forma que pedian los si­
glos modernos. Estudio importante y para el que no tengo tiempo,
seria el investigar cuanto tomaron los Seminarios délos Colegios de
los jesuítas.
Concluyo esta Adición con una observación importante. En los
quince siglos que antecedieron al Renacimiento, se enseñaron los
clásicos paganos, no solamente a los jóvenes, sino también a los ni·
nos , contra lo que afirman Gaume y Ventura. Ya se habrá conocí·
do esto y se conocerá suficientemente por las Adiciones presenta­
das hasta llegar a la edad media; y el hecho quedará de manifiesto
por las abundantes pruebas que aduciré en una Adición dedicada
exclusivamente a este objeto, la qué tendrá su propio lugar al aca»
bar de hablar del siglo XV, y como un resumen de los referidos
quince siglos.
Las escuelas árabes en Asia, Africa y España, en las qué entro
otras muchas ciencias se enseñaba la Medicina, los colegios protes­
tantes, los institutos civiles modernos independientes de la Iglesia
Católica, y demás colegios de educación literaria de la juventud que
han existido en las cinco partes del mundo en los diez y nueve si­
glos de la era cristiana, independientes de ln Iglesia Católica, no
e n tra n en el plan de este Ensayo. Baste decir que a excepción
de los escuelas Carolinas que existieron en el siglo IX bajo la in­
fluencia del excéntrico y visionario Alcuino, y de los institutos ci»
viles de Francia en el último tercio del siglo pasado, p a rto del fi­
losofismo, probabilisimamente en todos los colegios que han exis*
tádo en el mundo en diahos diez y nueve siglos, se han enseñado
los clásicos paganos a la ju v e n tu d . ¿En qué escuela árabe no Be ha
enseñado a Aristóteles? A la juventud aateca gentil se le enseña*
ban los cantos de ftetzaAuaIcoyotl, y ¿qué son esos cantos sino un li*
brp clásico pagano?
^ D IC IO N 3 2 ,·»

SxSBfiAHZA DE LOS CLASICOS PAGANOS a LA JUYEKTUP EN EL SIGLO IV.

Bou hechos claros que constan asi por la Historia como por los mo*
—IG 1 --
numentoa patrológicos, es decir por las obtas de los Santos Padres
de los primeros siglbs; héchoa claros y por lo mismo acerca do los
qué están convenidos gaumistas y antigaumistas, los siguiemos:
1. ° que casi toáoslos Padres griegos fueron mui instruidos en Ho­
mero, Demóstenes, Tucidide9, Jenofonte y demas dámeos "riegos
paganos, y casi todos los Padres latinos fueron mui instruidos en
Cicerón, Virgilio, Horacio y otros clásicos latinos paganos; y 2. °
que aun despues de hechos sacerdotes y Obispos, casi todos usaron
en sus homilías y demas composiciones católicas del lenguaje de
los clásicos paganos en. cuanto a la form a: asi por quo estaban em­
papados en cilios, y en esta materia está universalmente recibido
aquel axioma de Horacio, que la lana una vez teñida de rojo nun­
ca pierde sil color, cómo también por convicción; por que creían
que este lenguaje era el que convenia.
l'n historiador tan autorizado ¡como Césii/fcCantú dice: “Diver­
sas vías abrian loe Padres de la Iglesia, no buscando el arte por
si mismo, sino haciendo servir la form a al pensamiento y creando li­
na literatura de carácter original, cuando la antigua perdía el su­
yo. . . Cuando la religión se extendió y mezcló con la sociedad, se
armó con las armas con que el errorla combatía, y la elocuencia
so trasladó de la tribuna de las arengas al pulpito, de la política a
la moral, de los intereses del mundo a los del cielo.— Como arte,
tomó vuelo tan pronto como pudo publicarse libremente desde el
pulpito la palabra divina; y la Iglesia s&liendo triunfante, quiso a-
dornarse con la elocuencia, como se adornaba con pompa y apa­
rato . . . Su primer campo fueron las luchas con los Arríanos; hizo-
ce luego gigante por obra de oradoras, que al combatir el orgullo
del saber y la indocilidad del corazon, no solo sobrepujan en mu­
cho a sus contemporáneos, sino que se ponen a nivel de cuanto la
antigüedad tiene por mas insigne. Los Padres orierttales principal­
mente, hacen plegarse la lengua y\el arte griego a las inspiraciones sa­
gradas, y a expresar las novedadés de la le, sin alterar la Índole que
ti idioma tenia cuqndo tronaba o lisonjeaba con Dehióstenes y Sócrates.”
“Pronunció también (San (Jerónimo) muchas oraciones fúnebres
(iepitaphia), y especialmente la de Nepociano, sacerdote de Albino,
en que no se separa del arte pagano.” ■■
. "Basta leer a San Ambrosio para convencerse de lo mncho que
conocía los clásicos, por que sus discursos están, llenos ffcgiros yp en -
samientos tomados de los mas célebres”, :, ^
"San Gregorio Nacianceno y San Basilio se adornan· por el con­
trarío con todo el arte, no ya como San Atana»io'atentos solo a cor­
tar de golpe los miembros dañados, siuo a conciliarios con el amor,
no tanto dwputan sobre.la prociaion del^ogqi^.i^Tpfl^& tande me­
jorar las costumbres; avivando la exhoífcfttóijí)!) con la alocuencia de
ñau lengua i/t'ri castigada·y Con un enttisifismo persuasivo. El pue­
blo griego, abandonando los talleres ep,qué gíiuaba:ól pan cuoti­
diano, acudía Ansioso y ávido a la.instrdcíioQ j^ue al arts de .
p*scondift:b«jo una popula? y pergyaaiva;scucillcz. . . San Basilio po-
( nia ante los ojos del püeblo.deCeB&rea Ja pompa de la creaciou,
para que le sirviese de,escala para elevarse al Creador, y por nía-,
nana y tarde exponia*el or<Jenfiei]as estacióneselos movimiento*
ahornados del mar, los diversos instintos de los anímale-?, s-u-3 emi­
graciones regulares y todo cuanto puede cajwnr mas admiración
en la naturaleza hum ana— Sobr,e este núwno asunto meditaba
también su amigo Gregorio Nacianceuo, inferior en genio a Basilio,
aunque mas espléndido y gracioso de imaginación. A fln de tener
liuros con que .sustituir a loa poetas proíano.s, cuando el Apóstata
los prohibió a los cristiano?, escribió versos inferiores en arte a loa·,
clásicos, pero nu$VQg por su sentimiento y su v e rd a d .. . Su lierma^
no Gregorio deÑ ixa (hdrinano do San Basilio), que siendo maestro
do rotórica se dedicó al eetad£> eclesiástico, y al estudio de la Teo­
logía, no abandonó por- egp .¡.gu afición a la FiloaoGa pagana, divi­
diendo el tiempo entra.Platon y el Evangelio, explicando los dog­
mas pqr el raciocinio y con el método alegórico oriental, pero sin
caer en elarror”. (1). ■*$■*:; , :¡.
. San Gerónimo fiama a Lactancia ria.de elocuencia. TuUanai y. a San
Cipriano lo llama ciceroniano, a uno y otro por la graude instruc­
ción que toman en Cicerón, y por que imitaban su lenguaje^ .su esti­
lo ^2). El mismo San Gerónimo estaba empapado en los clásicos pa·*
ganos. En la Epístola 2 7 ? cscrita^de.sde el yermo al di;ícono .Julia­
no, le dice: “aunque es cierto que eetoi tan coasumido cou las· conti­
nuas onf)arpied%des del cuerpo y del dniíno, que teniendo la muerte
al ojo c a s ia u n d e m i no me aco rd ab a.. .Asi yo o& enviaré tantas
cartas que pienso me rogareis quetno os escriba., .y dado caso quo
la serpiente ultramarina me despedace con su boca malvada, no te··
m eré el juicio ¡¿tatos hombres por que he de teñ era Dios por Juez,
según aquello-qu^dyo uno hablando :del que tiene segura la .Con­
ciencia: “Aunque se abrqt el mundo y se. caiga «1 cielo,· no me da­
rán pénalas ruinas” (3). ‘Vüjaiejpor esto quc.'cl S&nto ya estaba en
' ( l ) . llíst. Univ.^ffi. 7, cap. 21. ■ ^ a' r " '* ^
{i) Fray Luis ¿Té Granuda, Retórica, líbí № ,-cüp. B. ° l
. (Z) , Si/ractm illabatur wbis, ' . O; . (.f i r ·
. J m j i $ v í 4 w i f e ñ ? n t , 2 :< >>, (■:! !·
-Jtóeio. t ' y~<\ : '·
— 1 os­
una edad casi octogenaria, en la Via unitiva Con Dios, con la muer­
te al ojo, y todavía estaba citando a Horacio al pié de la'letra, tas­
to no es mas que un ejemplo^ entre millares, pues· fceguff dicea los
que han estqdiado las ■obra». d^ San Geróftitáo,‘e n cualquier parto
do ellas que 8d:ábra{ sé véa lag áoctrittáso fiüfees de los Clásicos pa­
ganos, - ' ·■’ » v
En lanotaí¡€>. p «a mis·Pensamientos de noraéio digó:"^Tate, tato,
este Santo (San Gerónimo) fué tan ciceroniano, quehai&ta fué Azo­
tado por hnber estudiado a Cicerón. Esta vapulación fué verdadera,
por que aunque en su Epístola a Rufino dice que'estos azote»fue­
ron c-n un sueño, en su Epístola 22. * a Eustoquio dice que po¿f
sonmium. después dél· sumió, íe quedarou en su cuerpo sca^ulus H
playas., contusiones y llagas.—Oú) fué azotado por el mío, sino por el
almo que hizo do Cicerón: A U e a in c r e p a tw 'fu itS . №e№tiymu$,
iiurno xapplaiü, rjuéd Uudicteíüs Ckefonem quám S. Scriptura'm ledi-
iard. ( Alápide, in Joan. 15— 2 ) . ^Reconocemos, dice Fray Luis de
Granada, que fué azotado justamente, no por hiher sido eiceroutam,
sino por que se había dedicado tanto al estudio de Ciñeron, que to~
talmente omilia el de la»Sagradas'IietflKíi por causarle tedio su esti­
lo humilde. CiertaW№nt& vémos qué hai muchas cosas necemri't.'i para
vivir, cuyo inmoderado uso viene a ser dañoso. ¿Qué cosa hay mas
necesaria para conservar la vida que la comida, la bebida, el ca’or
natural y la sangre? No obstante, ninguna de estas cosas una vez
desordenada deja de acarrear la enfermodad o la muerte” (1).
Un orador de Roma llamado M&gno,por consejo de Rufino, a
quien San Gerónimo llam ador burla Calfurftio, escribió al Santo
a la Palestina preguntándole ¿por qué en1bus escritos católicos usa­
ba de las d o ctrin é yr«stilo de los clásicos paganos. Con lo qué pa­
recía manchar el esplendor de la Iglesia? San Gerónimo contestó
a Magno: en su Epistolar 4 l en los tém anos siguientes: “Y a loque
preguntáis en el fin do vuestra carta, qaé vp°r qué en mis libros
pongo algunas veces ejrempíos de las letras seglares, y mancho lá
hermóenra dé la Iglesia! «oh las-suciedades de los gentiles?, rea--
pondo(brevcmente que vos-nunca me ^preguntaseis esto, ai no estu­
vierais' d d todo entregado s Tulio, y si leyerais las Santas Escritu­
ras, y.^ejaindoi a Voicacio, revolvietals ios expositores1desellas/ por
que ¿quien¿hai jque'lío sep a^u e en los libros de Moisés les de
los F ro íetashai toifladM-al gaitas cosas <íe los libro»delo&gentiles?
¿ Y que Salomon propuso iilgtmte dudas a los filfrRrfás d e Tiro, y
les respondió a otras que elies le propusieron?- Y asi en el princir-

[1] Ibid.
- lf,4 — .
pió de los Proverbios amonesta ( Prov. 1/q u e entendamos y pene­
tremos Iris.palabras de loa prudentes* y las astucias o ingenio de los
palabras, y las parábolas y semejanzas; y la oscuridad de las pala­
bras y rabones, los dichos de ios sabioé y s¡ua enigmas, que todas son.
cosas propia» do los dialécticos y filósofos· Y también el Apóstol
fian Pablo, escribiendo a su discípulo Tito, se aprovechó de un ver*
tezüelo del poeta Epiménides que dice asi: "Siempre los do Creta
.son mentirosos, inalas bestias, vientres perezosos:” de cuyo'verso
heroico tomó después Calimaco la mitad. Y no hai que maravillar­
le, si entre los latinos la traslación palabra por palabra no guarda
la medida puntual en el verso, pues aun Homero puesto en prosa
e:i la misma lengua, apenas tiene trabazón y coherencia. Y en otra
Epístola el mismo Apostol (1 Cor. o lj, pone un senario del poctfi
Mcnandro que dice asi: “Las malas palabras corrompen las buenas
eofetumbres;'’ y estando en Atenas (A clor. 17) disputando en la au­
diencia o. templo de Marte, citó por testigo al poeta Arato diciendo:
“Y f-omos de bu mismo linaje y casta:” lo cual es cláusula de un verso
heroico. Y por que aun no pareciese poco todo esto, el capitan del
ejército de Cristo y orador invicto, haciendo el negocio de la causa
de Cristo, aun la inscripción de la estatua que leyó acaso, la torció
con grande arte para argumento de la fe; y esto hacia como quien
Labia aprendido del verdadero David, a sacar por fuerza la espada
de las roanos de sus enemigos, .y cortw lacabdía del severiaimo Go-
liath non su propio alfanje ( I Rey. 17); y también había leido en el
Dcuícronoinio (JJc’Ht. 17) que estaba mandado por palabra del Se­
ñor, que a la mujer cautiva o esclava le rayesen la cabeza y las ce­
jas, y que le cortasen todos los cabellos y uñas del cuerpo, y que
asi la podían tomar por mujer. Pues ¿qué hai que. maravillar de
que yo procure hacer de la ciencia secular, por su hermosura y ga­
llardía en el lenguaje y por la gracia de sus mienibros, dé esclava y
cautiva,una israelita? ¿Y .ql todo lo que hai en ella muerto y m or­
tífero de idolatría, de voluptuosidad, de errores y de apetitos ma­
los,^o ,1q:.corto, o lo raigo, y engendíO depila para el Señor de los.
ejércitos Unos ggglavillos nacidos en sasa* mezclados al cuerpo pu­
rísimo'? Todo tíú .trabajo redunda en provecho de la familia de Cristo*
y elae&tupro de la agena, aeitecíenta el número de los que juutam en-
te son. sus siervos. El profeta Oseas ( Osee. 1) tomó por m u je ra u-
na fornicaría llamada Comer, hija .de B elaiivy de ella nacióle un
hijo que se llamó Jezrael, que quiere decir semilla da Dfas. Isaías
(/«ai. 7) rayó con tina navaja aguda la barba y las piernas de loa
que pecaban (1). Y Ezequiel (Ezech. 5), en figura de Jerusalem
[I] Otra doctrina sobre cipuvgacion do los cliísicos paganos.
— 165—
fornicaste, se corta el cabello de la cabeza, pata que se le quite to-'
do lo que carece de sentido y de vi<Ja en ella (JL).San (Jipriano, va-
ron de grande elobaencíaTy mártir, es reprendido según reüert Fir-
jniniaoo, por qne escribiendo contra Demetriaño naó y sé aprove­
chó de los testittttthios de los Profetas y de loe Apóstoles, que De-'
metrinno decía oran finjidos e inventados*· pudiendo haberse aprove­
chado mejor de los testimonios de ¿9?filósofos y ló&'poetaSf á cu y a au­
toridad, como gentil, no- habría podido,contradecir.: H an escrito con­
tra nosotros Celso y PorGrio: al primero respondió Orígenes y al
segundo, Metodio, Eusebio y Apolinario, y esto con grandísima
tuerza: de los cuales, Orígenes escribió ocho libros, y Metodio lle­
gó a diez mil vensojJr y Ensebio y Apolinario compusieron veinti­
cinco y treinta libros; leedlos y vereis como yo en comparación su­
ya £oi imperitísimo, y que despues de tan largo {iempo como ha
que no leo estas cosas, apenas y como por sueños m&acuerdo de lo
que aprendí siendo niño. Juliano Augusto vomitó siete libros con­
tra Cristo nuestro Redentor, yendo a la guerra contra los Partos,
y, como dicen Jas fábulas de los poetas, ae despedazó con su mis­
ma espada. Si yo pretendiera escribir contra este tal, pienso quer
me lo estorbareis; por que no hiera a un perro rabioso con la doc­
trina de los filósofos y estoicos. - - Josefo, proband-o la antigüedad
del pueblo judaico, escribió dos libros contra Apiou Alejandrino,
gramático, y pone en ellos tantos ejemplos y testimonios de las k -
¿ras seglares, que a mi me parece milagro como un varón hebrea y
dado desde su niñez a las Letras Sagradas, habia podido revolver
todos los libros de los griegos. ¿Qué diré de Filón, al cual los Críticos o
censores llaman otro,P latonoel segundo Platón judio? Quiero dis­
currir por cada uno de ellos. ¿No sabéis que Cuadrato, discípulo de
los Apóstoles y Obispo de Atenas, presentó al emperador Adriano'
a la sazón que visitaba el templo de Eleusina, un libro en favor de
nuestra sagrada religión1(2), y fué para todos de tanta admiración,
que como el emperador tenia excelente ingenio-, se convenció y al­
zó la mano de una persecusion gravísima con que la afligía? Arís-.
tides, filósofo, varón elocuentísimo, ofreció al mismo principe una-
apología o defensa de nuestra religión, tejida de sentencias varias de
filósofos ,· al cual imitó déspues Justino (Padre d é la iglesia}} y asi
ofreció un libro qne escribió este contra los gentiles en id Jnismoes*
tifo, al emperador Antouino Pk> y a sus hijos y %todo el Senado,
—— ' ■ v,·. v ’
(IJ Otra doctirinfe (¡obre ]<i misim etpurgdcío». ' <j ¡
(2) Abwri&aie «a dectrinag de los cl¿*ipc* pogkno* según lo que despuea $ qo eí
Sunto aiii; “loa cuales todoe, en tanto gmdo Ueaareu 3us libros ' cte. . .
— 1-66—
eniqTlo defendia la afrenta, d é la Cruz, y predicaba coa toda liber-
t*dr]#:rraiaí,éoc¿on.dfe'CristoeíQué diré dé MeJáticm .·Obispo de Cer-
deZ&J* ¿Qué también ido Apolmario sacerdofardeda Iglesia de Hie-
rápolieí ¿Y deDioniatóQbispo dé. Ck>r¿jQto,yde~Taciano, y de Bar-,
desano, y de Ircneo mártirBucce&or de Forino? Loa cuales declara*
ron· con muchos libros de qué fuente de filósofos manaron loa vene*
nos de cada una de las herégias de Orígenes. Pan teño, filósofo de
la secta estoica, fué enviado a la India por Demetrio, Obispo de A-
lejandiia, por su fama do grande erudición, para que predicase a
Jesucristo entre los bracmanes y filósofos de aquella nación. Cle­
mente, presbítero'de aquella Iglesia de Alejandría, que a mi juicio
fué »1 mas erudito de todos, escribió ocholibrtJS.de varias cosas, y
otros lautos de las disposiciones y exposiciones, y otro contra los
gentiles, y también-otros tres del Pedagogo o ayo. ¿Qué cosa hai
en ellos indocta? ¿O qué hai, por mejor decir, que no sea saca­
da de las entrañas de lafdo&ofuil Imitando.Orígenes a este autor, es­
cribió diez libros de cosas y arias, comparando entre sí las senten­
cias de los filósofos y las de los cristianos, y confirmando todos los
dogmas de nuestra religión con lo que dijeron Platón, Aristóteles ,
JSum&iio y Comvto. También.Melquíades escribió un excelente li-
bo#,contra los gentiles, nipólito también' y Apolonio senador de
Boma, fioinpusieron sus libros propios: también hai unos de Julio
Africano de lo^item pos, y otros de Teodo­
ro qno después sollamó Gregorio, varón <?n quien resplandecieron
seriales y virtudes apostólicas; y oíros de Dionisio, Obiápo de Ale­
jandría. También hai otros de Anatolio, sacerdote de la Iglesia de
JLaodicea, y. dé los presbíteros Panfilo, Pierio, Luciano, Malquion,
Ensebio, Obispo cte Gosarea, y de Eustacio dé Antioquia, y de A-
tanasio de Alejandría, y también de Busebio Einiseno, y dO'Triü-
leo de Chipre; y d© Asterio de Scitópolis, y de Serapiou, confesor,
y de Tito Bostrcñse, y do Basilio, Gregorio y AnGloquio, lo ítre s
de Oafjadocia, Jos cuales todos m tosido ¡jrad&.lknamn sus Ubres de
dodrifáty& ntesm us de b s fdów fos, que no sabíais qué admirar maá en
ellos, si h. erudición m kis cosüs seglares, o m denda en las Santas Es-
criluras . Pero vengamos ahora a loe latinos* ¿Qué¡cosa mas erudita
que Tertuliano? ¿O qué cosa mas aguda? Su Apologético-ylibro
contra los gentiles contiene toda la tnsmamm y deuda seglares. Hi-
nucio Félix, defensor de causas en lá1audiencia de Roma, en.un lin
bro que intituló Ociado y en otro contra los matemáticos (si el ti­
tulo no es lalso en lo que toca al autor)*¿qué cosa dejó de tocar
de los escritos de h s gentü&ft Amobio compuso siete libros* contra
los paganos, y su discípulo Lactancio otros tantos, el cual también

escribió dos yoldmepea qüeÍDtitqló De l» Ira y d é la Obra de Dios*
y si gpstnreia leerlpe, hallareis un compendio da ha Dióiogóx de Oke*
ron.. A Yitítoriano, ipártir, aunque le falta erudjcionen sus libros,
110 le falta voluntady deseo de ella. Pues Cipriano ¿&№ quéirfcv&T
dad y con qué ciencia de todas las historias, y con qué r$sj}landos
de palabras y sentido probó que los ídolos no sondioso9.? Hilario,
confesor de mis tiempos, imitó los doce libros de Quivtíiiano en et nú?
mero y en el estilo} y en el pequeño libro que escribió ooijtraDiósco-
ro jnédico4moBtró bien lo que alcanzaba en los letras. Juvenco,,preg-
UíprOj explicó la historia de Nuestro Salvador en verso, sieüdo empe­
rador .Constantino, y no temió poner debajo de las leyes del metro
la majestad del Evangelio. No quiero tratar de loa demás, asi muer­
tos como vivos, pues en los libros están manifiestas sus fuerzas y vo­
luntad. Y no os enganeis por esto con falsa opinión* pensando quo
estq es licito contra los gentiles, pero quei en las denlas disputas se
hade disimular; porque casi todos loa libros de todos, excepto los
que no aprendieron letras con Epicuro, están llenísimos th crwUcion
y doctrina. Aunque yo mas sospecho una cosa, quq dietando ahora ea^
to me ha venido a la imaginación, y e 9 que.vos.no ignoráis lo quo
en esto siempre ¿e ha •usado éntre los hombres doctos, sino que otro en
vuestro nombre me propone la cuestión, al cual por ventura por el
amor a las historias de Salustio, le euadra el nombre de (Jal turnio,
por sobrenombre Lanario; al cual os ruego persuadáis que por es­
tar sin dientes no tenga envidia de loa que loa táeneny comen con
ellos, y que por ser topo, no menosprecie el ojo d&la&'eabras” (1).
“Si, ee dirá, es verdad que los Santos Padre afaeron pwiitiAtruido*
en los clásicos paganos y usaron bastante de ellos en sus escrito»
católicos; pero de aqui no se deduce que, quiáieran que se enseñaran
dichos clásicos a la juventud cristiana.”
Y un pintor, amante de las bellezas y de la utilidad de su arte,
¿no quiere que su hijo sea pintor? ¿Por qué v^moa en la historia de
la pintura generaciones de pintores? Y un abogado q u e h a canquis-
tado cien coronas en el campo del foro y de lapolitiea^ en aquello^
paises en que la abogacía tiene toda su respetabilidad y opimosfra^
tos, ¿no quiera que, pu hijo siga la carrera de lajjsp&gbtratura? Y un
cojtnerciaut.e que.ha enriquecido con el cojnercjo, ¿no quier*<q¿ftéi su
hijo sea comerciante? Y una madre mui afecta al altar, aL wjifeBO-
- i :t ;i '1 ..
(2) San Getóniwo con su fine-sátira acostumbrada, *di<»e-qtt»Cfttfa«yo na como
bieu por que pe tiene, dientes, y íu® no tiebe el ojo'ctoJttSrMÜMi>68 decir, que no ti«*-,
as tujunto paradopacer*1 bitas uw^qu« &e paod« cfttáliw* d·
paganoe. " '
— 1(58—
Darío, a la predicación y a todas las cosas de la Iglesia, ¿no quiere
qué su hijo sea sacerdote? De la grande estimación de un bien y
mas de la poseeion de él, nace en todos los corazones bien nacidos
el deBeo de qué otros, especialmente los que les pertenecen, parti­
cipen de él.
Una madre, dice San Agustín, presenta un puñado de nueces a
üu hijo pequeñuelo, y el niño corre a sus brazos. Los Santos Padrea,
sin lastimar las verdades de la fe ni la gravedad de la religión, adu­
naban sabiamente la sublimidad de la Biblia con la filosofía plató­
nica, el vigor ciceroniano, la moralidad horaciana y la belleza vir-
giliana. Ellos atraían a loa neófitos con sus propias nueces, y alcanza­
ron por todas partes opimos frutos. Ellos, como dice San Agus­
tín, enriquecieron a los hebreos con los despojos de los egipcios,
esdeeir. realzaron el esplendor y robustecieron el sentimiento de la
religión católica con las riquezas de la literatura griega y de la lite­
ratura latina paganas. Ellos combatieron a los gentifes con sus pro­
pias armas. Ellos, como dice César Cantú, ' hicieron plegarse la len­
gua y el arte griego [y también la lengua y el arte latino] a las
inspiraciones sagradas. - -hicieron servir la form a al pensamiento, y
armaron a la religión con las armas con que el error la combatía.”
Ellos en’fin, creyeron que este era el modo cc.-n que se debía predicar
y escribir, y el lenguaje y estilo mas convenientes.
Y siendo estas sua convicciones, no querrían que lo» niños y los
jóvenes d e sus colegios, la nueva generación sacerdotal, siguiese el
m ism o camino, se adiestrase en la m ism a palestra, recibiese la mis­
ma enseñanza, para que alcanzase los mismos frutos? Habiendo en
todo corazon noble elsentimiento déla reproducción, el sentimiento
de una gloriosa paternidad, ¿querrían aquellos hombres morir sin
hijos? Teniendo su corazon henchido de amor a la Iglesia, de amor
a todas las almas, de amor a todo e l mundo, pues el mundo entero
eabia en sil corazon, ¿querrían que muriendo ellos ya no hubiese
quien defendiese a la Iglesia como ellos, ni quien sembrase y cose-
c h f ts e - |& u n 4 p n te m e n te , ni quien continuase laucónversión del gen­
tilismo y la propagación del Cristianismo?
De este argumento á raíione, de esta prueba tomada de la filoso­
fía, pasemos a otra tomada de la historia. Consta por esta que £i los
Padres de los primeros siglos, especialmente los del IV, fueron tan
instruidos en los clásicos paganos, era por que esta enseñanza ha­
bían recibido .en su niñez y en su juventud, unos en. tos escuelas
paganas y· otro» en las escuelas cristianas. Tomassino (1)-refiere que
ésta fué la enseñanza que recibieron San-Basilio y Sft4 Gregorio
, f\) Fetos ti ü tm i, píe. 3 P , lib. 1P , cap. 92.
— 109—
Nacianceno en la escuela cristiana de Atenas [ t] ; se ha visto que es­
ta íuó la enseñanza én la escuela de Alejandría, y que estas escue­
las principales eran la norma de todas las demas escuelas episco­
pales y monásticas de la cristiandad.
¿No se enseñaron los clásicos paganos a loa niños y jóvenes do
las escuelas cristianas en el siglo IV? O ig a o s a César Can tú. “J)c
San Basilio tenemos también ciiatrocientas Cartas, modelo de dis­
cusión epistolar. En el Tratado dirijido a loa jóvenes Sobre el modo
de leer con fru io las oh'as de los gentiles, recomienda su estudio, pri­
mero porque se encuentran en ellas ejemplos de virtud, y segundo
por que todo lo útil y verdadero que tienen, lo tomaron de Jas Sagra­
das Escrituras: opinionque entonces era vulgar. Pudiera lmber a-
íi adido que en el estudio de estos autores se a fe c c io n a el guato [2]
y se ejercitan el entendimiento y la critica. Débese pues a San Ha­
tillo el haber detenido con este Opúsculo la destrucción do los li­
bros profanos, efecto de un celo iñal entendido” [3].
Respecto de San Gerónimo, recordemos que no quería, diceTo-
massino, que se apartase a los jóvenes del aprendizaje de los clá­
sicos paganos [4], y que afirmaba que en los niños este aprendiza­
je es de necesidad [5].
El español D. Francisco Javier Iriarte en su docta Disertación
histórica sobre las Sociedades etc., publicada en 1S(>8, dice: ‘‘Pero
asi como tratándose de los m onjes, hem os fielmente referido el sen­
timiento (sentir, m odo de peDsar) del Santo Doctor (San Basilio),
en quitar de sus manos los libros profanos, oigamos también como
él habla á los jóvenes seculares, no solo permitiéndoselos, sino aun
aconsejándoles á k&'los con precauciones convenientes, en una Ho­
milía particular que se lee entre sus obras con este titulo: ,‘‘A los
jóvenes [6] como se aprovecharán de la lectura de los libros g e n ti­
les” [7 ]. —Despues de u n bello exordio sobre la capacidad en quo
(1) Scriptor graecus ct perreturfu* Vitae Grcgorii N azianztni'fiitfquam quam
pirntissima motre Deo constcratus csset statim ac natus, tmmo Aatequam conctp-
tusfuisset; milito tamen remissint insuda Itim ab ca ene postea Gratamaíicat, Jihe.
toricae, Vhifosophiae, M edicinaey JU ustitu, Cleomctriae, Astronomía* . . . Comes
iili studiorum fucra t Jtatiliu.i, fuit el ad piunt secessum duz. I la te olim saeculi, mor
Clcri dittr lamina, .1 poliis ¿tjgypli Ecclcsiam locupltlaruni , koc est, sateularibus
pjnnibus diiciplinis .
(¿) Lo Jijo tambicji el Saulo, como &c vó par a a doctrina, <jue rol * «itax lur-go «[
pió <.lc la letra.
(:i) Ilist. U niv., líb.T , cap. 21.
f l) jurcnes non-delcrrct.
(C>) Id in jilierít Meessilahs cst.
(C) li o pareco que debe trudneirse “A los Aflftloscrnton.”
(1 ) A d Adoltsctntcs, quQtnvdo ex GentUium dotirinis projiciafit.
-170—
se halla para dai :consejo en este punto^y el amor de padre con que
lea aconsejará solamente lo que les fuere provechoso, llegando al
punto les dice: "En la lectura do los libros gentiles en que estudiáis,
os prevengo que no debeis fijar vuestros juicios sobre sus doctri­
n a^ como suele fijarse la nave sóbrelas áncoras; sino que, cogiendo
<le ellas Jas sentencias que fueren útiles, abandonéis las demás que
nada os pueden aprovechar. Cuales, empero sean aquellas, y como
puedan discernirse (1), os enseñaré sencillamente (2). Arranquemos
pues, o jóvenes, de este principio: que, como nada juzgamos digno
lie nuestro aprecio, nada absolutamente de lo que en la vida tiene
lin, y con el tiempo se acaba, asi digamos que todas aquellas co-
¡•ras que conducen para la vida futura, las debemos amar y procu­
rar con todas fuerzas, como al contrario, del mismo modo despre­
ciar las que para e6te fin nada conducen” (3).—Puesto este prin­
cipio, exhortando á q u e sobre él se apliquen ¿ aprovecharse tam­
bién de aquellos libros gentiles que les ponían en las manos (4), a-
ñade: “Asi como á las plantas, cuya propia virtud y bondad es el
abundar de los mejores frutos, les dan no obstante cierto ornato y
gracia las hojas con que están vestidas las ramas, asi también el á-
nimo, cuyo fruto es la mas excelente verdad, no deja con todo eso
de recibir adorno de las ciencias profanas, como .de hojas que con
su misma sombra amenizan oportunamente la vista ( o ).—Y asi de
aquel Moyses, cuyo nombre en punto de sabiduría es entre todos
los hombres el mas famoso, se dicequearribó á la•cornte^placion
del que por excelencia tiene en si todo el ser, despues de haber e-
je m ta d o la mente con el estudio de las disciplinas de los Egipcios.

(1) Yo pues, uso bien desde ©1 principio, de la’palabra discernimiento,·pues <*s J<* la
quo usa San Basilio.
(2) N am talxbus librit, qvibus operam datis, moni at ne yedras sentencias vt-
lu t anchoras n avigii omnino firm as tradatis; sed quae tantum ex kis utilia fu e rin t
consectari, reliqva trí nihftí p ro fu tu ta resputre m alítis. Q u m m t ig itu r Aaec, cí
quomedo d ise cm e n d a ,A ó t p h n i docebo,
(3) IIin c sum tt tx<rfdiuin, o jw ew e s,u tn ih iltM ie in hum ana vita adm irandum
alirjuid exislimemns, uut omnino bcmUrA p u lí mus,' qitcd . í i c fin tttl til habiturvm.
Quae igitur ad fu íu ra m fa c iu n t v ita n ,h a tc e tia m n é s t t amare t et p r o n q u i iotis
riribiu; nikilD tra profutura,totis virib u i despicere opvrtere d ic in u sr
(4) Aquí cata contradicha In. especio gratuita de Gaumo, que en los primeros siglos
du lu Iglesia les «nseRaban·, es ciarto, loa e l iaico« paganos -a Los 'jóvenes do laa e n c h ­
ina cristianos; poro un jw o y ponerles los libros en las manos. ( Vcase la pág. 12 l|iio
».‘Uto Ensayo, linea ^5).
(5) V tlu d p lantis.quibus propria viríus est fru c tu pvlcherryno icatere, fo lia
nihitominus ra n is conjuncia quemdam ferunt ornatumj tic et a yim a, cuijiraccellens
quidem tir ita s fructus etf, nottabs retom en ezttriore sapient\a circumdaiur, si·
tu tfo liis qvibusdam timbrara fructus^ ac aspectum non uUetnjfris^ivum fersntibus.
— 17 L—
Aai mismo en tiempos mas vecinos·, se escribe que Daniel prim era
aprendió en B&biionia las ciencias de los Caldeos, y despuca se a-
plicó á las divináis, y esto basta para mostrar que las ciencias pro­
fanas no son totalmente inútiles al cultivo de las almas” í 1)— Pa­
ga deapues ¿ ensoñar como podran entresacar de loe libros genlUe^
lo bueno, sin tomar lo malo: "Do los oradores gentiles, dice, tom e­
mos aquellas cosas en que alabaron las virtudes ó reprendieron 1оя
vicios. Por que asi como de las flores, los demás solo usan para el
recreo de la vista ó del ollato, pero las abejas, ademas de eso, sa­
ben sacar la miel; asi los que diligentemente leen los libros (de los
clásicos paganos), no solo buscan lo que hai en ellos de dulcc y de­
leitable, sino que también atienden á sacar de ellos lo que en si
tienen de útil y provechoso para el ánimo. Aun mas: asi como las
abejas (ya que ellas nos ofrecen aqui un ejemplo digno), no paran
igualmente sobre todas las flores, y ni aun de aquellas sobre que
paran se empeñan en coger todo lo que en ellas‘hair sino que to­
man lo que necesitan y dejan lo de mas; asi también nosotros, to­
mando de tales libros, como sobriamente sabios, lo que nos convie­
ne y es mas conforutefe la vérdad, todo lo demás lo (fajemos apar­
te" (2)—Todo esto es de San Basilio, aprobando en los cristianos
la lectura do los libros gentiles, y enseñando el modo de aprove­
charse de aquellos que para el estudio se les ponían en las manos.”
Es mas terminante a mi propósito el testimonio de San Gregorio
Nacianceno, protestando y censurando el edicto de Juliano el A-
pústata, y que por lo mismo citaré a la letra al hablar de dicho
edicto.
Comparemos el alto aprecio que hacen los Padres de la Iglesia
de los clásicos paganos y su етред о en que ge enseñaran a los ui-
(1) D icitu r enim et Mot/séi, ctijus í i ¡ ’ ín sapiencia л е т е л apuel omnes nomines
máximum, jE g y p tio m m disciplinis m entan ezcrcitatus, tía ad rjus (¡ui esl conttm-
platianem proetssisse; sím il ittr etuitm, et in sequentibus temporibus D anitlem B a-
bylont C haldaeofum s«pieniiáiñ\ d ra m t, didicisse, tune demrjue divina» attiginie
doctrinas. E t haelcnus tptidem, quod discipltnac profanúb п о л'sunt aaimae o rm i­
no inútiles, satis narratum.
(2) E a magia iltorum recipiamus, in quibus· virtuitm laudavirunt, r el vitium
vitupcraocrunt. VeJut emtn fioruín reüquis quidem usque ad odoremi vel colortm
est в ш : apes autem niel ex ipsis ezcerpere noverunt; tic c tq u i diligentes in Ugen *
do exiitunt, non solum quod dulce ju cm d u m q u e fu e r it, in etrum iibris persequun-
turt sed quamdam ex eia utilitater» animo referrt contendunt. Y elu í ilem apes
(ju a n d o hae nohis probi. huic exemplo suppeditant) non ómnibus Jlofihus insident,
n c c e i eis a d quot accedunt, omnla auferre conantur, sed~quantum ipsis ad opu?
nccessarium f u tr it cotnprchcndenles, reliquutn dim itunt; n o t etiam , uí sobrii so~
pientesque, quantum congruum nobis propinquum qut te riía ti ex ips'u fu c r it, per*
sequamur, rtflqwum pratU rctinvs.
— 172— _
nos y a los jovenes de las escuelas'cristianaa, con la apreciación que
hacü Ventura de los mismos clásicos. Censurando la enseñanza de
los jesuítas, a las narraciones de César y de Quinto Curciolas 11a-
m&insíjmlos relatos, y alas descripciones de Ovidio y a las de Virgilio
en sus Eglogas, Geórgicas y Eneida las llama itwulsas, y a las Cues­
tiones Tusculanas de Cicerón las llama exircmadurnente fastidiosas
d).
A los testimonios citados agregaré el de uno de nuestros SS. 0-
bispos mas instruidos en los clásicos paganos, y por lo mismo bas­
tante autorizado sobre el asunto: el Ilustrisimo Sr. Dr. D. Ignacio
Montes de Oca y Obregon, Dignísimo Obispo de Linares, conocido
en la república de las letras con el sobrenombre de Ipaudro Acai-
co (2 ) , dice: "Algunos anos despues vino á mis manos la preciosa
homilía do San 13afiilio, en que dá varias y saludables instrucciones,
para que la lectura de los autores profanos en vez do sernos
nociva nos sea útil y provechosa; y ley también lo que sobre el
mismo asunto escribieron San Gerónimo, San Francisco de Sales y
otros Padres y autores eclesiásticos. Aplican al asunto que nos o -
cupa el texto del Deuteronomio (XXI, 11 y 12), en que manda el
Señor á los israelitas, que si entre los prisioneros de guerra se en­
cuentra alguna hermosa cautiva, á quien alguno del pueblo esco-
jido quiera unirse en matrimonio, se le haga antes cambiar su ves­
tidura y tocado, haciendo caer los cabellos y las uñas bajo la tije­
ra puriñeadora, siendo entonces permitido el enlace. Así dicen que
hemos de hacer con los autores profanos: despojarlos de lo super-
(1) "Si le lince consumir no se cuanto tiempo ra. traducir insípidos relatos do bata-
!tn;i <-n Quinto Curcio y en Ccdnx. o insulsas descripciones potiticaa en Ovidio o en V ir­
gilio.” [Discurso 2 .° ]. “ Verdaderamente so mucre uno do fastidio leyendo, por ejem·
pin, las Cuestiones Tusculanas, «I libro rana elegante del orador romano.” (Discurso
:>■*)·
(2) Cuando a principio« de rute alio de 1880 los españolea redactores del periódico·
L a ilustración Espiniolu, compusieron su “Calendario do la Ilustración Española partv
el íiiio do 1881,’ a lu »azonque olIluetrísimoSr. Montos de Oca en Italiana en España, Su
Sfíiorin llustrisima contribuyó consa brillante contingente para diclio Calendario, prc-
Kí-ntaudouna Od» Xc-moa> poro yo nu sú por q»é,y sin duda sin couocimieato del tír.O.
blspo, se equivocaron los calendaristas y pusieron: “Oda Nemca, truducida de l ’índaro
por i-l ilustrioimo Sr. Dr. D. Iguaoio Monteado Oca y Obregon, Obispo do Puebla cu
Músico,'1Hiendo nsí qu» el tSr. Montes de Oca no era Obispo do Puobla y nunca lo ha si­
do, Y como esteCaU udariu luí circulado mucho on toda« loa nocionesdondo se habla i'}
i.liomu cnpuuol, lmsla t:ii uurntrní) poblacioitefl cortas, y como muchos no <^slan ni tanto
(lu líis cosua eclesiásticas, puedo suceder Fácil mentó que dentro de veinticinco o treinta
¡ifio¡r algún oícritor público presento ul Sr. Montos do Oca en el catúlog'o do loa Obi»·
V>J3 de l’ucblu, y ptuu rectificar este bccho me ba parecido conveniente esta uotft-
1^é o —■
íluo y poco delicado, y aprovecharnos de lo domas para -nuestra,
instrucción”· (1). ·■■ ·
Después de todos estos documentos históricos m e ocurre una her­
mosa reminiscencia, y es aquella célebre máxima de Monseñor Gau*
me; "Nada hai tan tenaz como un hecho; la historia entera que ha­
bla por medio de documentos originales, es ía lima que va gastan­
do la lengua de la víbora.” Luego en el siglo IV se enseñaron los
clásicos paganos a la juventud, por que “Nada hai tan tenaz como
uu hecho.'5
¡Niños: aqui tenéis la abundante cosecha y las enseñanzas del si­
glo IV! Aquí tenéis el ejemplo de los Santos, sobre cuyas huellas
imn caminado los jesuítas y caminó Pió IX al dar su famosa Encí­
clica: exanplo Sanclorum. ¡Niños: estudiad la Historia y os liareis an­
cianos! Luis Vives, el gran humanista del siglo XVI, dice.· “Con
razón el sacerdote de Egipto, a Solon y a los demas griegos, por no
tener la historia y las tradiciones que los egipcios, los llamó niños.
La Historia, si se sabe, de loa niños hace ancianos, y si no se sabe,
estii ignorancia hace de los ancianos niños” (2 ).
El mismo Sr. Gaume, el P . Ventura y el Ilustrisima Sr. ¡üsollano
siguiendo las pisadas de uno y otro, presentan como un grande ar­
gumento contra la enseñanza de los clásicos paganos a la juventud,
aquel te x to do San Gerónimo: “Los versos de los poetas alimento cu
de demonios.” Mui lejos estaba el S a n to .. - - ; pero la solucion do
esta dificultad merece una Adición aparte.
^ d i c i o n 3 3 ,*»

t TN TEXTO DE S a n GERONIMO TRUNCADO POR GAUME Y LOS GAL’MISTAS.

Ese texto que presentan como un grande argumento el Abate Gau-


me y el P. Veiltura, y que me presentó el Ilustrisimo Sr. Sollano,
es el siguiente: “Los versos de los poetas alimento es de demonios;
la sabiduría seglar es la pompa de las palabras de los retóricos” (3).
Yo contesté a 8u Señoría Ilustrisima en estos términos: “Omito etí-
trar en el desarrollo de mis cuatro fundamentos, y en la extensa
contestación a sus mni respetables razones; por que esto, en un sa­
cerdote como yo, inferior muchísimo a Vuesa Señoria Ilustrisima
( 1) Lo* liacólicos G rifo s , Carltt-prólugo*
(~) Alcrit!) Sacf-rdus acgi/j/tius Sttlontm el iír a te o i, qui reco rd ü fa u cn pris-
raí memoriae non Unercnf, jnieros oppclfaiiit. H isto ria , si a d i\(t t í p u tris fa c ii
»enes; sin absit, ex scuibus piteras. ( U c I)isciplinis, lib. !*).
(’A) Uaemouum cibitf (.¡(.carmina p t/c la rim , saecutcCrir sapienlia, r/ielvrictf-
rum pom pa eerborum. ¿
—m —
én el orden eclesiástico y en letras, parecería una especiede atreví·
miento. Unicamente presento a Vuesa Señoría Ilustrisima con todo
acal&fitféiíto loa puntos siguientes, que yo tocaría si entrara en di-
clic/ desarrollo: 1. ° etc . 3. ° Por lo qué toca al texto de San Geró­
nimo: Daemonum übuse$t caim ina poetarían: (“Los vertios de los poe­
tas alimento es de demonios”), distinguiría la materia de la forma,
recordaría la condicron de mi proposicion: con discernimiento, y lo
compararía con la doctrina del Sanio Padre, quien llama a dichos
poetas esclarecidísimos’' (1).
Por aquí se ve que en cinco renglones di, no una, sino tres res­
puestas al texto de San Gerónimo, presentado como un argumento
por el Sr. Obispo de León. ]. ** Distinguir la materia de la forma;
esdecir,los errores y vicios, materia confrecuencia délos clásicos pa­
ganos én sus escritos, las cualcs cosas son malas, y el idioma y estilo
de dichos clásicos, los cuales está probado que son buenos. 2 . p Que
los clásicos paganos se han de enseñar con discernimiento, es decir
expurgados,'y de esta manera no son alimento de demonios. 3 . 89
Que el Santo Padre llatna esclarecidísimos a los poetas, a los ora­
dores, a lós historiadetea y demás clásicos paganos, y no los llama­
ría así ni en cargan a'que se enseñaran a lá juventud, si fuerán |ali-
menío de deononios. Esto dije desde el tiempo de la Corresponden­
cia epistolar, a pesar de no haber leído ni un reuglon de las obras
de Gaunié,:jy feetó imsmo digo1ahora, sin tener necesidad de añadir
niq u itaruna sola palabra;^n ^nb^rgo, a ifaáyor abun'datnicnto, pre­
sentaré las sabias reflexiones del Padre Caliour y algunas otras
mías sobre el rolando texto de San Gerónimo.
Dice el sabio jesuíta: “On n’ a pas cessé de repeter, depuis un anr
que S. Jerome appellelaJUtteraturc paíenne la noutfiiure des dthwns.
Voíci le passage doiit on abuse. Le Saint Docteur paraplir^se ce ver-
¡•ct de l,a parábale de 1’ Enf&nt Prodigue: 11 souhaíkiit remptír son
l OiU'^de ia^wurni^rú 4e$ púur4xaux, et s’ emprime ainsi (2):— “La
L.ourriture des demons, c’ est l5 ivresse, la luxnre, la fornicatíon ot
tousleflr^áees en general. lía goñt engageants et lascifs* ils charment
les^enft pMil^ volupté; et des qu’ ils se m ontrent ils provoquent á
leur jouisBance.. .Noua pouvons encoré donner un autre scn§ á cetto
uoum ture des porceaux. La nourríture des démons, -ce sont les
chante des poetes, la sagesse (on la philosoplüe) du monde, la pompe
cratoire des rhéteurs. Tout cela charme P oreille par sa suavtté; et
en prenaiit P oréille par des vers quí coulent douccmení modules,
li] P¿g.' 7, linea ii.’ée este Ensayo. i
(2) S. Luc., o X V, v. 16. HjñiL ad Damas*™Tapam.
- lio -
ccs poémes pénetrent aussi dans I’ ame, et encliainent le coeur.
Mais une fois qu’ on lea a lus avec intensité d’ ardeur et de travail,
ils ne laissent á leurs lecteurs qu’ un son vide et un vain bruit do
paroles. La on ne trouve aucun rasaasiement de la vérité, aucune
refection de la justice. Ceux qui s’ en repaíssent persévérent daña
la faim du vrai et dans la disette des vertus.—Cetto aagesse da
monde, continue le Saint Docteur, se trouve représentée dans le
Deutéronorae sous la figure de la femme captive, au sujet de la
quelle la loi divine ordonne que si un israélite veut la prendre pour
épouse, il doit lui raser la tete, lui couper les ongles, et ne s’ unir
á cette esclave conquise par la victoire, qu' aprés la avoir purifiée.
Cette proscription entendue á la lettre, n ’ est-elle pas ridicule ?
Voilá ce gue nous avona courmiE de faire quand nous lisons les philoso­
phies, quand tom bent dans nos mains les livres de lasagesse mon-
daine; si noua y trouvons quelque chose d’ útile, nous le tournons
vers not re doctrine; mais ce que nous y trouvons de súperflu, an
sujet des idoles, de 1’ atnour, de la sollicitude des biens du siecle,
nous lo rasons, nous le retranchons commc une chevelure; noua y
portons le tranchant du fer pour le couper, comme des ongles.—'
Voilá pourquoi l’ Apótre defend de s’ asseoir aux banqueta consa-
crés aux idoles— N’ est ce pas vous dire en d5autres termes: Ne
lisez pas les philosophes, les orateurs, les poetes: et ne vous rep v
sez pas dans leur le ctu re? .. .Dieu garde una bouche ehretienne da
i aire résoniior le nom da tout puissant Jupiter, de prendre &témoin
ilercule et Castor, et tous oes autres dieux qui sont dos monstrea
plutót que des divinités! E t pourtant aujour d’ huí nous voyone memo
des potrea du Seigneur, laiasant de coté les Evangiles et les Pro-
phétes, lire des comedies, chanter les vers amoureux desbucoliques,
s' attacher á Virgile, et d’ une étude necessaire aux enfanls, se faire
un crime de volupté/'— Ce passage, cité en entier, n’ a pas bosoin
de commontaire; on voit que S. Jérome d¿tprécis¿itwú tout leconínt¿-
re de ce q on lid a f a it dire e n t r o n q u a n t sa pensée” ( O -
Respecto de las palabras: "La sabiduría seglar es la pompa
las palabras de los retóricos,” San Gerónimo no censura con ellas
la belleza literaria clásica pagana en servicio de la religión cristia­
na, sino esa literatura sola, y especialmente la literatura pagana de
su tiempo,^ de fines del siglo IT, literatura que puede pintarse con
este cuarteto del ilustre poeta español contemporáneo Nuñez de Ar­
ce:

(i) Des Etudes cite. Xotee pitees jnetiíkfttivcB, num. 1. °


— 17G—
Europa a i vergonzoso enervamiento
yacía entonces y on sopor profundo,
cual gladiador que tra? penosa brega
sus recios miembros al descanso entrega [1].
Censura especialmente la bella literatura greco-romana del siglo
IV, en que habia llegado a su última decadencia y agonía; en que
a laauguBta voz de Cicerón, de Plutarco y de tantos otros exclare-
cidisimos, habia succedido una literatura de esclavos y do eunucos:
las sutilezas de retóricos pedantes; y en que las vocos armoniosas
de Vegecio y de Claudiano se perdían en la balumba de lo» bárba­
ros dei Norte, como se pierden, las últimas dulcísimas notas de un
laúd, entre el choque y ruido de las olas del océano. El Santo re­
prueba en esa sentencia la pura j)ompa á#palabras, y por lo mismo
ku pensamiento ha sido aplicable durante catorce siglos, y lo es el
dia de hoi, a la oratoria ampulosa y de pura palabrería, a la poesía
de puros arroyos cristalinos y hojarasca, a los drqjnas patibularios, a
novelas como las de Alejandro Dumas y Eugenio Sué, y a toda li­
teratura vana, mentirosa y sin sustancia.
351 cargo de truncamiento del texto de San Gerónimo que hago
en esta Adición, no se (dirige en manera alguna al Hustrisimo Sr.
^ollano, por que »Su Señoría Ilustrisima no hizo mas que copiar las
palabras del Santo, como las yió'en las obras de Gauine y en las de
Ventura.
^tDICJON 345a

L a E p ís t o l a a L e t a .

El P. Ventura hablande déla enseñanza de la gramática y de la


elocuencia a los jóvenes de las’escuelas cristianas desde el siglo IV
hasta el XV, dice: “Habiendo prohibido absolutamente aun a los
Obispos el IV Concilio de Cartago la lectura de los .libros paganos,
considerábase con mas razón que se habia querido prohibir a lo»
niños semejante lectura.—Seguíase por tanto únicamente el método
trazado por San (Jerónimo ( Epístola a L d a , De la Educación.de su
hija), aconsejado por San Agustip e t c .. . Según este método los
niños no se formaban mas que por el estudio de los Libros Sagra­
dos y de los Padres de la Iglesia, y exclusivamente de estos libros se
sacaban los trozos selectos que los niños aprendían de memoria, y
en los cuales estudiaban la gramática y la retórica. N ada se toma­
ba de los autor.es paganos, se les consideraba para ei caso como si
(1) Ultima lamentación de Lord Byron.
— 177—
nw ca hubieran existido — Nada t i ^ e pues de e x trajo que en aque­
llos tiempos no se reclamase costra, el método pagano, puesto que
estaba enteramente proscrito de toda? las escuelas cristianas.— Pero
asi que con el auxilio de lo que se lian)? renacimiento d& las le­
tras, y que no fué realmente mas que la restauración dol paganis­
mo en Europa, en la filosofía« en la política,.en la literatura, en las
artes y casi puede decirse que en la religión; asi, digo, .que en con­
secuencia de esta reacción sacrilega contra todo lo que era cristia­
no, el método pagano invadió las espuelas” etc. (1) El Ilustnsimo
Sr, Sollano, contestando a la 2 5° de mis razones en pro de la ense­
ñanza de los clásicos paganos a la juventud, dice: “la 2. p tiene en
«u contra el uso de diez siglos enteros de la Iglesia, desde Sun A-
guatin hasta el llamado renacimiento, en que, comenzando por el
método trazado por San Gerónimo {Epístola á I/eta J k la Educación
de su hija), aconsejado por San Agustín” etc. (2): es la misma doc­
trina del P. Ventura. El Abate Gaume en su Gusano Roedor y en
su obra La Revolución dice repetidas veces que la enseñanza de
los clásicos paganos a la juventud, es contra la doctrina de San Ge­
rónimo eu su Epístola a Leta; y torna la Epístola a Leta, y vuelve
la Epístola a Leta. Veamos pues qué dice San Gerónimo en esta
Epístola a Leta. Preparémonos para escuchar un argumento mm
fuerte.
Habia en Roma dos esposos: Toxocio, gentil, y Leta, cristiana,
que tenian una hija, niña de pecho, llamada Paulina. Leta era nue­
ra de Santa Paula, viuda y monja del convento que San Gerónimo
tenia establecido en Belem, del que, a las,azon era abadesa. Tenia
tambienjLeta una cuñada, hermana de Toxocio, llamada Eusto quio,
doncella y también monja del conveuto de ISelem.. San Gerónimo es­
cribió a Leta la Epístola de que tratamos, de Belem a Roma, acon­
sejándole la educación que había de dar a su hija Paulina, desde
que comenzase a hablar. Esta Epístola es preciosa, corno todas las
de San Gerónimo. Vése en ella el antiquísimo método de la ense­
ñanza de la lectura por silabeo, alli: “Ju n te ^Paulina) las silabas
unas con otras; y para que lo haga con gusto y cuidado, prometedle
algún regalillo de los que suelen mover alo s de su edad. Y par? que
mejor aprenda, sea en compauia.de otras, respecto de las qué teu-
ga alguna emulación si le hacen ventaja, y oyendo .que las ala­
ban mas que a ella, reciba fdgjuna afrenta y empacho. Y si acaso fue­
re algo ruda y tarda en aprender, no hai para qué reñirla mu^ho;
(1) Discurso 2.®
[2) Veue la pag. s, linea última de eaU Estajo.
mejor es despertar su ingeriicr con alabanzas.’’ AÍR seVétánbiótí^i-
ua cósa qüe es hoi ¡blógiada, asaber, que al silabéársG ptésontcñ*a
los niTibg, no cualesquiera palabras, ain.6 <?n su mayor píarte’nombres
1listóneos y científicos, como Adam , Noe,· Jestccríxto, Marta de- ff'nu-
ílalvpe, Plalon, Gütidnbercf, Cristóbal Cólon, Hidalgo, sirio, diámetro,
hidrógeno, locomotora etc; para qué mediante la curiosidad natural
y preguntas infantiles, los niños comiencen a recibir desdo bus mhs
tiernos años las semillas de la religión, de la historia y de otras cien­
cias. Dice San Gerónimo: uLós mismos nombres con que poco a poco
se ha de acostumbrar (Paulina) a juntar las partes, no sean cuales­
quiera, sino ciertos y determinados y escojidós de industria para
esto, como son los de los Profetas y los de los Apóstoles, y el catá­
logo -de los Patriarcas dpsde' Adam.;; Por esta Epístola se vé que eL
método objetivo en la enseñanza «Je las primeras letras, tan pondera­
do en el dia con los nombres de “medios mnein-nnícos'’ y :*eneantado-
ras-pueriiidades” (1), presentado en las Exposiciones Universales de
Londres;;Paría y Filadelfia, y a imitación de ellas en la seguida de
Guadal ajara y otras ciudades 'americanas, y que muchos créen in­
vención del siglo XfX ypartó feliz de Alemania, se vé, digo, que ese
m étodo e¡* mui viejo, pues se encuentra ya en el si^lo IV recomen­
dado por San Gerónimo a Leta, al!i: “Cuando íuerc [Paulina] de
edad ps^ra aprender a leer, háganle unas letras de boj [madera mui
dura y mui bonita )^ r i « color amarillo,-téi$,ura:y Imtre] o de m ar­
fil, poniendo a cada una sünopffirfc, y jüégue cóti eHas, {Jara que el
iiiismo ju eg o sirva de aprender y jvt<rar ju n tam en te, y no os conten-
teis con que las sepa por orden y arreo de manera que la memoria
de los nombres se le convierto ‘tía canción, sino procurad muchas
veces trocar el orden y m e z c la r la s u n a s con btras, y p o n e r c o n las
de en medio las últimas y c o n las. primeras las de en m edio, para
que, n o B o la m e n te las c o n o z c a p b r el sonido, sino también por la
vista.”
Vengamos al estudio dé la literatura. Dice San Gerónirña: “Lo
primero que ha de estudiar es el Salterio, y con estos cantares se po­
drá entretener y aliviar del trabajo o animar a la virtud; y luego tras
esto e&tudie en los Proverbios <Jé §>alómon como ha de ordenar y
disponer su vida. En el Kclesiast’e s’aprenda a menospreciar las cosas
del mundo, y en el Libro de· Job'siga los ejemplos de paciencia y
fortaleza que alli se hallan: Tras esto leerá los Santos Evangelios, y
nunca los dejará de las-manos. Lea táfbbien con toda voluntad y
[I] Guia iI p lu Exposición Uuíversal J e P arís, en_l$C7. «ilición c e L t'V iju c —Diijueíl··
Ec· Hermanos, 5 El Profesor. '
. . . —l " P r r > _ » .. ·.·.···.■
aScíon lo» Hechos de loa Apególes y, eijipapando sus
entrañas; y después que hubiere enriquecido,éu pecho can éstos te­
soros, aprenda de memoria los. P ro feta, loa Libros ele Moisés y de
los Reyes y del Paralipómenoov y loa de Esdras y Éather; y última­
mente aprenderá sin peligro, el Cántico de los C ánticos.. .Tenga
siempre* en las meónos ios «piásemos do San Cipriano, y podrá Jer^r
sin escrúpulo ninguno las Epístolas de S,an, Altan asió y I09 Jjibros de
Fan Hilario, y d e l e i t e mucho con-los tratados e ingenios de a-
quellos, en cuyos libros no titubee la piedad de la fe (t).·JL’eroIos
demás (libros profanos), léalos de tal manera, quem as sea juagan­
do y examinando lo,que dicen, que siguiéndolo a ojos cerrados.”
De esto deducen el Abate Gaume y el P . Ventura, que a los ni­
ños de'los colegios se les lia de enseñar la bella literatura en las
Santas Escrituras y en las obras de San Cipriano y demas clásicos
cristianos, y que enseñarles,ios clásicos n^ganoa es contra estacloc-
trina de San Geróqim,o‘. ( n' .
Desdeñantes qüte fuera concebida,Paulina, &u madre Lola liabia
hecho voto a Jesucristo de que la bija que tuviera se la ofrecería pa­
ra esposa suya en el estado de virginidad y religión, es decir, ha­
bía hecho voto dp que Paulina liabia de ser pionja. San G-erónimo
en esta Epístola oxqíjta a L e ta al cumplimiento de su voto, dicién-
dolé: "Vos pudistfcis libreipénto ofrecer a Dios a vuestra hija o 110
ofrecerla copio las demas m,adres, pues nadie os hizo fuerza; mas
despues de haberla ofrecido, mui gran peligro os corre si 110 tenois
de ella.mui.jgrand$ cuidado,}' para que gpg. la que debe.·' El Santo
le dá a Leta r ^ l ^ . ^ r e . - e l motfó con-gue’ha, (Je educar a Pauli;
íW'jjW'fl.ffiotyií,'allí;"IlazQn es por ciertp q.ue )á que nació.de pro- ‘
niésay por favor ^ahiciityr del ci$lp, sea doctrinada y criada por
sus padresrc o n t ^ t o cuidado! que oorrespondacsto a, 311 nacimien­
to . . .T e:iga'^jjuhna) por superiora o aya, alguna dpngéjlá éxpc:
rijnentada y ánciájiá de bqpna fama y honestidad, la ciial la ense­
ñe, "y con cuyo ejepiplo se ácoptumbr.e a levantarse de noche (co­
mo las capuchinas), p a ra 'o ra r y cantar los Salmos; y a la mañana
para cantar los himnos; y a las horas de Te retaj: Sexta y Nona, a
es'tar en el escuadrón como soldadle» dé Cristo, y encendida la lám­
p a ra pagar el sacriGcio de la tarde. Paree el día jen estos qjerciciosv
y hállela la ^nóchd en «atas ocupaciones ytrabajo » ,T ras la &racion
tenga lección, y tras íá'lecéióh-téngaoraciottConozca también lue-
go itf lA otía 'áb'üéJa ^ o tí^ tra, y p a r a esposa'de qué
0) ■fíV* 1oaWtTufiiuitó,; faífi ¿infria f ¿VítfkaTcoiÉf^thitfh'éttta1^rrfT'Ju¡a. rclo=;LÍs-
— 180—
emperador ee cria, y pata qné' ejército y compañía está doncel lita,
que c íta r a el de las monjas.'* San Gerónimo d&e a Leta al findie la
Epístola, que si conoce qu& creciendoPauJina y viviendo en Bo­
ma, -no podrá aprender tanto de las-Santas Escrituras y de los San­
ios Padrea como le aconseja, ni recibir la educación que le ha tra­
zado, por ias distracciones de la sociedad, luego que le quite el pe­
cho se la mande a Uelem, para que se crié en el convento por su
abuela Santa Paula y por su tia Santa Eustaquio, y alli reciba de
ellas la educación monástica mencionada (1).
Y bien, ni yo ni nadie hemos dicho que a las novicias de los con­
ventos ce les ha de enseñar a Cicerón y demas clásicos paganos.
£an Gerónimo en su Epístola a Leta habla de la educación de las
monjas; ¿a qué viene, pues, esta Epístola, tratándose de una cosa
mui diversa, que es la enseñanza literaria de los jóvenes, principal­
mente los varones, en los colegios? Dice San Gerónimo que cuan­
do crezca Paulina “no oiga música ni sepa para qué se hicieron la
llauta, la guitarra y el arpa;” que ha de vivir mui retirada de la so­
ciedad, sin tratar con seglares, que ha de comer en secreto y se­
parada aun de sus padres; "que su comida ordinaria sean algunas
legumbres y un pan de harina con agua y sal y sin manteca, y ra­
ra vez algunos peceflillos;” que no ha de usar de paños finos, sino
que su vestido ha de ser como el hábito de las monjas; que no ha
de usar libros con. pasta, fin^a y cantos dorados,,y que “jam as se ba­
ñe.” A una monja gerónima ¿ ‘capuchina ¿para qué se le ha de en­
señar a tocar Ja guitarra?; pero ¿de aquí se infiere que está prohi­
bida la cátedra de música en los colegios^; ¿es decir que los estu­
diantes no pueden comer-mas que legumbres y pecesiüos, ni han
de tratar con las gentes de la sociedad, ni se han de bañar? Esto
es hacer decir a San Gerónimo despropósitos que estuvo mui lejos
de decir. Los estudiantes de los colegios están destinados para ha­
blar y escribir para el público, y por esto les es mui útil aprender
como dice la Encíclica, “el arte de hablar y de escribir, la verda­
dera elocuencia, asi en las sapientísimas obras de los Padres, co­
mo en los esclarecidísimos escritores paganos.” Están destinados
(I) Cuando *b fundó él oonvento de Cafrachtnaa da Lagos en 1756, «atoaron la n¡3a
Dota AnaFerOandei de San Salvador, de edad da tanooaioe, y la niña Dofta Julíann
Torre«, de edad da trea, cuando apenas se le había quitado e} pecho. Allí vivieron vee·
tido* con «a pequeño hábito y tooa como las monjas, y a la edad canónica profesarán
Ambas murierondeipuea de bt oonsiímactóii w la Indepindentiia. Córre impreca Ta Vi­
da de la aegnada, la qoó fuá tia abuela del Sr. escribano públioo D. Locara Torres y
hermanos, actnAlea Tecinas de La&os. Paedeveri· mi “Notioia hiatórioadel Ea-ooo^ -
Tanto de Ua (lapnnkiim dsLaffo·.”
.. — Г81— _ f .
para la vida activa: él pulpito, la tribuna, el forot la fccádemia, la
poesía en sus múltiples ramas, Га prensa eñ sus 'numerosos géne­
ros. Es necesario pues'que aprendan la oratoria, la poesía y demás
bellas letras en los mejores modelos, que son los clásicos cristia­
nos y los ciásicos paganos. Mas las monjas, especialmente las de
la regla de San Gerónimo, como iba a ser Paulina, las de la regla
de San Francisco de Asis, corno son las capuchinas, y otras mu­
chas, están destinadas al retiro del mundoi a la vida contemplativa.
Les será mui útil el aprendizaje le los Salmos, del'Cántico de los
Cánticos y do otros Libros de la Escritura, y también el aprendiza­
je de las obras de los Santo9 Padres; pero ¿para qué se les ha de en­
señar la Guerra de Yugurta, ni las Oraciones de Cicerón contra
Verrcs, ni el Arte poética de Horacio, ni cosa alguna de los clási­
cos paganos?
En lugar de ser el sentir de San Gerónimo contrario a la ense­
ñanza de los clásiooe paganos en las escuelas cristianas, ya hemos
visto que afirmaba que esta enseñanza les era necesaria a los ni­
ños de las escuelas literarias para el aprendizaje de la elocuencia
(1). Dice Tomaseino: “Gerónimo, que prohíbe tan escrupulosamen­
te la lectura de los escritores profanos a los monjes y demas per­
sonas consagradas» Dios, de ninguna manera aparta de ella a los
jóvenes11 (H). Y sin salir de esta Epístola a Leta, en ella misma ad­
vierte el Santo que no trata de la educación de los seglares, sino
de la de láe personas consagradas a Dios, porque “ una es, dice, la
condicion de ios seglares« y otra la de las vírgenes j los monjes” (3).
Cuando se vé a MonseSóf Gaüme y al P . Ventura presentando
la Epístola a Leta cotilo tin fuerte argumento, con grande apara­
to de razonamientos, erudición, metáforas, hipérboles, interroga»
ciones, admiraciones y cooffiocion retórica, parece que están pa­
riendo los montes. ¿У qué resultó? Un ridículo ratón.
Al vér el aplomo y formalidad con que los mismos dos persona­
jes citan dicha Epístola« paite probar que San Gerónimo prohibió
la enseñanza de loa 'clásicott paganos a los jóvenes de las escuelas -
cristianas, y que siguiéndose «ata doctrina no se enseñaron dichojí .
clásicos en las mismas escuelas désde di siglo V hasta el aiglo XY*- ·
no hallo que pensar* Por que |>eüsBJf qüe ño leyeroq la B pistolaa

[11 i d qued tu pueris neetnitatU jit.


[2J (¿mí prpfaH*ru* 3cript<ipfm1ttt¡ane Гоя ¿ícnUt
Лащ/иш interdicit liieren fm u t,jH H tu tjtb ta ntq*atj*04*ifiU jnt. ( Vctut et Na»at
cap. 92, cir.). . . V
[3 ] Qkm ^m ím alia rii cenditié ии(и1агшщ шЧа v i rginum i t топвсЛлпЬя·
— 182ргг _
Lefca, ДО.,se puede.pues eeri% calTGcar con la fea n o tad e Jije r^ er*
trascendencía para 1$ júyehtüd, a Rem ores que
debieron escribir ronciénzudámeníte/ Fcbsár cjug le-
yefeh íá Epístola a Leta y no la entendieron, tampoco se puede,
por qup ésto seria argüirlos de ignorantes. Pensar qñe leyeron y
encendieron la Epístola, y que a todos sus lectores tioá quisieron
rotifr'cuijas, haciéndonos creer que San tíeróniruo dice £a dicha E-
pistola uña cosa, no diciendo sino otra mui diversa, menos se pue­
de, jpor que esto seña.im putar mala fe a unos autores que gozaron
KÍfempre de la, fama de sacerdotes virtuosos. Y asi no me queda mas
reéurs6"quú apelar á uno de mis epígrafes: "Son hombres m uigrüa-
des;pérópin embargo, hombres” '

^ D I C I O N 35P,
' ·, ; ' '.i -V, 1 ·■
с«и..: . L as Constituciones А едотодсаз .
-:»i '- '.'i '■ · · . ... ·*· > .· ' , ·· 1:> <'·
•Las СопЫ.йи«ц>&ев Apo&tóiiOasj Son una Goteceioude <üsppsieio-
пев sobre jnateriae ^ ^ iá á tic a s ^iyididft eu ocUo libros» J cada vi­
no de elloaún’Capítulos,.tjuesoiyeal fren t e s e l a Colección doCpn^
ciiios.pDr Labbé. Dices© que -los Apóstolas dieron de palabra >os¿aa
d id|>eaictQíiefy y_ique el Papa San Clemente I .be eaqribió, cojecciQ-
néjilqfcdtyiifc &ТОДde O ú d i g f t i p u r i á en
lofllpriníeres añe» ¿«AiSíg^o.Iiin л ?," * т нг ·'. «; ·
.El Abato Gaume dice.· “ApervaB ae escribió el Evangelio, cuando
s a je vró protpatar contra la Biblia de Satanas (los libros de lo s p ^
gaRQP^iLos hombres,а(^0<и<й»»(£Ай#1$а q»íG £Qiban regeneran-
с1оп|Ю^1 _<iel bau^sjHwv deoiafi .a lM¡j)ftcioií^; “Al?steneos de?
leeñ g * Uferofti ,{4Ш ^1& ю > щ ф ю lihMgaiiilium),
pues nada teneieqjJte'v$fi<x>p £1$ ,leyfes y ifisos profeta»,;
q u i i ^ w í ^ t ó ^ a alguno&h^bf^lijerpfl,yÍMíciíoJ.GS дегЗед laifé.
T^iO^W frtoei.c&ciígQdiVfjPQ.jiííOji^ait^is píirlo taatp recurrir,
а tatotitkulM; ¿ ^ u fife ^ /^ ^ ft^ É ftig t^ ^ ^ e V L i^ p o .^ /lo s R e y e « .
¿ЦейайКиА fitoaofia? t a c a d l a J p ^ у, вв.,l osara*
v^fbiGs^tyílafe liailaflerg адавдеОДЬэд § ^^^ц щ н ц % /Ь ]и р d$ lo*soi
fis&*l<JJpolta дедорор 0 ¿Qjtfrejgp, в § * ^ Й ¥ 3 < Р ? ^ ^ г loe^alm ps^
•Deseáis examinar antiguos orígenes: Estudiad el Génesis. ¿iijis-
Щ anteen то a ppalr perjion a aquella? peWoioáHii' 'óRHS^riat ¿i
_ o lea ^ Ш ^ 'М ЗаГсвйЬ ОДroTO/WTfO^^lftsüifífod^tft’^rtBciiíií
ИДОЙШАп* ЪйWBt-^nb Was 4arf 4PÍ-
.(.'b 1 ,-v.
Í 1 VI ■ii n - .'o l . i p . u·;.* «iVibnos lii artn жам^му.^ [lj
-J 3 4 3 = _

ómnibus ithtiue anéipÁ'ét 8‘'^$A(M;éaip^ititM$j'cjrífervtó&máfe.*(üóttÉ¡u-


tudoWes]Ap$síólícas; lib. .!1 9 ,;qáp. G). M e di¿ho ya mas ’cpié -ésto
por ventura?—El moninfifintó cá,£riÉal qu# ¡héTÜóta teitadcJ, y $ue 'es
s :la vbí uná 'pf¿teSta!'ehérgica contra .el estadio de Tos au tb rí$ ‘pa­
ganos,' y tíña' elocuente excitación al de· lós aütór^^^Criatífitiiéttto»
tiene de existencia diez y siete siglos; ¡y sin eínbáfgi níáí (jüfq'tí'flibe
qtte soi itiiióvador! En él be halla restuniddi eí pensamlentíí ‘Séyla
Iglesia; y ¡no*obstantéhai quien diga que la lnsul^óf—Áhbrk^Bran:
la Iglesia no Be desdice ni ea capaz de contradeciréeVEl espíriftiijae
1» animaba en su cuna, es el mismo que la· anima hoi y qile íaaiíi-
m ara siempre. Por consiguiente y en vista de la Constitución Apos­
tólica que acabo de citar, tenemos derecho para afirmar á piion'y
siu recurrir a otras pruebas, que la iglesia no cesó nunca ni cesará
de ser antipática al estudio de los libros paganos” (1). ‘ A[D'
El argumento es grave y alarmante, y aquí importa, betaév’ól&s
lectores- toda vuestra atención. Ahora que el' Abate GaúrakjfJarece
que se ha desprendido del espíritu sistemático que ciega y árrastra
a la parcialidad y a las map'torpes equivocaciones, ahora que ack-
ba dé discuMr tari1bien sobré la- Epístola a Leta, ahora que tiene la
filosofía y la inspiración en su puntó y sazón, no perdamos C3tos mo-
1mentos y estemos atentos. El argumento es de grandísimo peso ^ór
ser de (ratlrae, escritor de tanta autoridad, que dice el graneé Ven­
tura do .Ráulíca que si Platón, Oicterpü:y Qai&tUÍah^ hú^él^h, co­
nocido a sú amrgó ^ |ef<$ @4úmre, fe hptii&áii érijvio aíUtifeé{ (í2)^Con
un altar había para hipérbole y aun ítotóécba, pomendb áe rodillas
a Pl&ton incensando a Gaume,'pero Vérntiira no dijo altar', áiñó altarte,
por que al buen pagador no le duelen prendas. Tan estupenda aprécísll·

ff) El ltemiciiniento; ptc. 4, cap. 1.0


[í] "Tunipocofid ox^ljciürú la posteridad qué cierios eniaitUticos en alia pocinion, n«>
Luyan oinlostb'Mwqné' el escandáis de Iii indiferencia a los estragos de la incrédujidííd.
.n i elevado Ja voz de sú ooloimw que para dtftnder la idea <pagan<i centra liv^nsiiann;
,qtiv solo Uo.y¡iu/alritinudo cevsuTasy 'andtcmas contra intrépidn eataliaog, getfUgtiyt»
cuino t)¡ fuesen Lutcroa y €aLvinosr n. hombros que lina guarido restaurar pfL
íroeiimifo por los¡inag grandes jierjjonajoe db]lo Iglesia. La posteridedñ» se «piioarA fu
tiu,' que] linos crlstianújjso liíiyan encarnizado coi» tunto furor cóntraotucm «3Kptmnye, pn
rá^uBfigarlós por lin W qiiérido crÍBtiontznr la eilBeaaiirtB<tóaí;iñtc¡rtiáao pSrtieiilur.
muntfl anonadtr *1 lino ditos »ta¿sanios y m a t labios M&erdoies dio su ípcioñ.por h'ntr^r-
.se atrevida a ¡decfr ea un tiáaipp d«i apw tw ia universa^y*« « i pUtdt tatersc Una ¿tel··
,¿ipd crUlia'ta sin tducar crul\an.aiMntt a, la juvefüud, j piétettdiemlo arr^tn u ; a la sj^ .
moni as a ese hombre venerable, o»qu 1e n, enobsequio y en interej d eía moral pIWíCíl-í^jí.
ron. Cicwri’jl (¿lizflítfjffrje hvbítr*r(<HJ1d6 ífl«rffív pDÍecufíjo 2’ - ]. ' ' *-*
. óoit^ipjdeM gw iíar a .Gaume, por queestq Sfñor^coiQp yerpmos
' «niu,feg*rr <jlice qiip Cicerón no fue orador, у м*1р 4i<¡eрод juicidcn-
te,8№Óque siéntala tesis de qué Cicerónño" fíiél orador! yuna de
t las совав con, que trata de probarlo es haber ¿ido un adulador У un
embutí ero, poí* haberle dicho a, César que, era. “muijem ejaote a un
dipdV ( smiUimum deo) . Por que, si no me equivoco, es mas ser dioe
pagano, que ser mui semejante a un dios pagano. Jfara aceptar la
Лешсасшп del Abate Gaume como un elogio, no tengo mas que un
escrúpulo, y es que Ventura dice a cada paso que los paganos* aun
los mas sabios, deificaban a los hombres mas viciosos. Cada uno
tiene su modo de pensar; a mi me parece que si loa paganos hubie­
ran conocido a Gaume, sabio de un celo tan ardiente que a cada pa­
po les echaría en cara sus errores y profundos vicios, le habrían e-
ryido eJ mismo altar que le erijieron a San ГаЫо o Sao Bartolomé.
El Abate Gaume y el P. Ventura en su ardiente hostilizacion a
los clásicos paganos, han obrado por un principio bueno en su fin,
por un celo vehementísimo por la juventud, para precaverla de la
corrupción moral. <Elt sabio Cornejo, escritor del siglo XVII, na­
rrando la vida del Cardenal Cisneros, dice que el celo es como fuego
encadenado, y explica su comparación diciendo, que asi como si el
fuego es dirijido por una mano hábil, aflojando o comprimiendo, au-
mentándolo o disminuyéndolo, еъ mui útil, mas si no es gobernado
con esta delicadeza es desastroso * asi el. celo, si .es dirijido por la
prudencia, es m ui provechoso, perq slaalva los justos limites es de­
sastroso. Esta comparación tan propia explica las modernas, mara­
villas del vapor. Al haber hablado el P. Ventura de la dedicación de
Gaume, al haber dicho que la enseñanza de los jesuítas a la juven­
tu d produce la ierfotía, o sea rabia contra Dios, al haber aseverado
el mismo y Gaume que Cicerón no fué orador, y al haber hecho u-
110 y otro otras apreciaciones semejantes, auir entaron excesivamen­
te el fuego del celo, se les descarrilaron los wagones, despeñaron a
muchos que [se fiproij de ellos, causaron muchos daños y dieron al
traste con el sistema.’ Ta mos al Argumento.
El que toma el Sr. Abate de laa.Constituciones Apostólicas es
grave y alarmante, porque si loe Apóstoles prohibieron que se en­
celara a losjóvenes los libros de lo&gentiles, de él se signe que han
obrado y obran contra la doctrina de los Apóstoles todoa los SS. 0-
bispos que han procurado en,los pasados siglos y procuran hoi que
jse enseñe en ш Seminarios a Cicerón, Virgilio y otros clásicos pa­
ganos; y se sigue también otra cosita.* que el Sr. Pió IX, al haber en­
cargado en eu Encíclica que se enseñe a los jóvenes los libros de los
gentü&;fcbró contra ía doctrinad? Los Apóstoles. ¡ElPapa y loe O·
— 185 —
bispos obrando contraía doctrina de los Apóstoles!; cualquier co ­
b a !; es como aquellos (na pcccatdla de que se acusaba un italiano al
confesor.
Al tratare« de un documento histórico, las reglas mns sencilla*
de la lógica y de la critica enseñan, que para que merey.ca fé ba de
tener tres condiciones: autenticidad, veracidad e integridad: tres
condiciones que en su aplicación a las Constituciones Apostólicas
serán el objeto de otras tantas breves cuestiones.
Cuestión l . p ¿Las Constituciones Apostólicas son auténticas?
¿Son de los autores a quienes se atribuyen? ¿Los Apóstoles dieron
esas Constituciones?
Recordemos lo que el profeta Alnas dijo a la mnjer de Jcroboam
cuando se le presentó disfrazada: “¿por que te finges ser otr;i?'’:
quare alinni le esse xíniulax? Esas Constituciones son hermanas de la»
Decretales de Isidoro Morcator, y primas hermanas de las Retracta­
ciones de Hidalgo y de Morelos (1). Muchos teólogos y muchos ca­
nonistas de loe siglos pasados, cuando la ciencia de la critica no ha­
bía avanzado mucho, creyeron que esas Constituciones eran efecti­
vamente disposiciones dadas de palabra por los Apóstoles y codi­
ficadas por San Clemente [2]. Esta parece ser tamhien la opinion
de G&ume, y lo muestran aquellas palabras: “Apenas se escribió el
tfvanydio, cuando se le vió (al pueblo de Dios) protestar contra la
Jiiblia de Satanns. Los hombres apostólicos” etc: palabras que indican
a San Clemente, pues on lo relativo a los primeros siglos de lalgle-
eia, por hombres apostólicos, u ri apo&iolid, los historiadores de la I-
glesia desde Tertuliano entienden los inmediatos auccesores de los
[1] Debo explicarme, por que a algunos na agradunl cu*a segunda com paración. D i­
go que no mui lu rmiiuns, por quu según todua lus probabilidades lus Ki'traettu-ionca n«
llid u lg o y de Múrelos so» fulB&fi; m ientras quo lus dos Colecciones canónicas tienen m u­
cho de verdad, on cuanto quo muchos do los monumentos que· contienen; considerado«
ii¡aludo?, fueronverdaderos en su origen. Muero H idalgo comiendo dulcen y difunteán­
dose; dospues se publica la Jleíraclacion de H idalgo, y Alnniun dicc: fu ¿ y a verdadera·
MoreloB, despue* do hucer durante alguno* días ujios ejerciciosespirituales, muero f o r
vorosisi mámente; después, sabiéndoseyoel cam lüito de lusUetriictociouos, ae publica la
Hclractacion de M or dos, y Alnuian dicc: f u t fra g u a d a , esfa lsa , (llisto riu de Rlikioo,
lib. í, cup. I. ° ). El historiador 8« olvidó de quo el que haoa^Mi cesto buce ciento.
(2) lteifTenstvrol, apeeux do ser un canonista clásico, dice qne los Cánonu ide.lat A ·
f u c T o n dispoBicionea de palabra de loa Apóstoles y escritos os grlcgo.y coleo·
p e ló le s
cionados por San Clemente (Jus Canonieum Univereum, proemio, §4, alli: Sancti Ap6t*
toli etc.). La miamn. es lu opiuioii do Gonsalez Tolloz, también caubaüftajcláslco. [Com.
mentaría Perpetua, Apjfaratua de Origine etc.]. Esos Caooncs Apostólicos fueron otrrt
antigua Coleccion cclesiAstioa, posterior a l a d o la* Constttuclonas Apostólicus; dua-
j^ne» se insertaron en ostae, forman parto dpo 3tM ,y W ffu l* opinion reinanto boi yon
tan apócrifo» como esto*.
— 186—
Apóstolas, como lo fué San Clemente. Lo indican también aquellas o-
tras· ‘Viene de existencia diez y siete siglos:” lecha que? hace subir
la memoria al siglo II en que existió San Clemente. Pero desde
tiñes deí siglo pasado hasta hoi, la opinion común de los teólogos y
canonistas es que ni todas las Constituciones Apostólicas fueron da­
das por los Apóstoles, ni fueron escritas ni compiladas por San Cle­
mente, sino que pon una CoIeccion eclesiástica fabricada en tiempos
"bastante posteriores (1); y se apoyan en los razonamientos siguien­
tes. 1. ° ¡Si. las Constituciones Apostólicas hubieran sido dadas por
les Apostóles y e&critas por San Clemente, hubieran sido contadas
(.•u el canon de los Libros Sagrados. 2. ° Si dichas Constituciones
hubieran sido obra de Jos Apostóles y el código obra de San Clemen­
te, hubieran sido un monumento canónico sumamente interesante,
de que hubieran hablado, a lo menos alguna vez, los doctores ca­
tólicos; mas ni Eusebio de Cesare», ni San Gerónimo, ni Sócrates,
ni Sozomeno y casi ningún Santo Padre, historiador, critico, ni con­
troversista de los siglos II, 111, y IV, hace mención de dichas Cons­
tituciones. 3. ° En ellas se encuentran algunas cosas contrarias a
la doctrina de Ja Iglesia (ií), por ejemplo, la licitud déla rebaptiza-
cion del bautizado por un hereje. 4. ° Si dichas Constituciones hu­
bieran sido obra de los Apóstoles y de San Clemente, las habría a-
legado entre sus primeras pruebas San Cipriano en el siglo III, cu
&u célebre controversia y defensa de dicha rebaptizacion. 5, ° En
dichas Constituciofiés se establece la solemne celebración del sá­
bado como primer dia de la semana; siendo asi que, como refiere
fc’au Justino, desde el nacimiento mismo de Ja Iglesia, los fieles co­
menzaron aculebrar como dia principal el domingo, en memoria do
la llesuriecoio» de Jesucristo. G. ° Kn dichas Constituciones se re­
fiere, que Santiago el Mayor asistió al Concilio III que celebraron
los Apóstoles en Jerusalem, y se le supone tejiendo la historia del
mismo Concilio; siendo asi que Santiago el Mayor fué muerto por
Herodes Agripa el Viejo antes del referido Concilio. 7. ° Dichas
Constituciones cuentan el Evangelio de San Juan entre los Libros
Sagrados que se han de leer en la Iglesia; siendo así que cuando
San Ju an compuB<wu .Evangelio ya habían muerto todos los demas
Apóstoles, y por lo mismo esa Constitución no pudo ser hecha por

(1) BcTgicr dice.· “Casi todoB los sabios convienen on que son Bupuestajj [la* Coneti'
taoioue» ApoBtóüoas], y prueban quo ooa mui postwiiorea al tiempo de loa Apóstoles.'
(Diccionario do Teología, art. Constituciones Apostiilicaf*].
(2) Wortt*» fa ·*<* ¿pcírtira« h c tltiia t adversan tur. (¿catini, Tktol. Mut. Univ., lib..
I.°, a. 868).
— 1 67 —
los Apóstoles. 8. ° En las mencionarlaa Constituciones se entuicuV
tran establecidas muchas cosas, que segnn el testimonio fie Tertu­
liano se introdujeron en los primeros siglos por la pura tradición
( i j. Dicho código es pues apócrifo. Dicc el Ilustrisimo Sr.Sollano
que Gaume escribe “con una erudición que admira,” A mi tam­
bién me admira la erudición sobre documento» apócrifos. El argu­
mento de Gaume, queso presentaba grave y alarmante, va tom M i ­
do un aspecto poco satisfactorio, y mucho me temo que este caso
sea parecido al de aquel ventero que, habiendo ofrecido de comer
lo que se le pidiese, fuese “de las pajaricas del aire, ó de las aves
de la tierra, ó de los pescados del m ar,” resultó que no tenia mas
que dos ¡xftas de vaca: síitira con que censura Cervantes a los quff
ofrecen mucho y no prueban nada.
¿Quien pues fabricó c.sa compilación?. ¿en qué lugar/*, ¿en qué
tiempo?, ¿cual es su materia.? El autor se ignora completamente.
El lugar, lo mismo. Respecto del tiempo, de los canonistas y críti­
cos unos conjeturan que fué en el siglo III, otros que en el siglo
IV (2), y otros que en el siglo V. Por lo que toca a la materia, la
mayoría d i los canonistas sospecha que dichas Constituciones fue­
ron tomadas, unas de sínodos, otras de leyes civiles y otras do cos­
tumbres de la Iglesia oriental en los siglos II, III y IV. Y como no
es inverosímil que algunas de estas costumbres hayan venido do
disposiciones dadas de palabra por los Apóstoles, no es inverosí­
mil que algunas do las Constituciones Apostólicas vengan de dispo­
siciones orales de los Apóstoles.
Cuestión 2 .88 ¿Las Coi^stitucioneB llamadas Apostólicas son ve­
races?
No, por que en muchas cosas se oponen a la doctrina de la I-
glesia Católica. Bergier en el articulo citado dice: "Estas pretendi­
das Comiiluciones Apostólicas propenden en muchos pasajes al arria·
nimio, y tienen anacronismos y opiniones singulares acerca de mu­
chos puntos de la religión.” Ya hemos visto que Scaviui dicc tam ­
bién que algunas de dichas Constituciones se oponen a la-'dactriua
de la Iglesia. Los sabios autores del Diccionario del Derocho Canó^
nico, en el articulo Derecho Canónico, dicen: "En cuanto al código
de las Constituciones Apostólicas, dividido en ocho libros, se coloca
generalmente en la clase de los apócrifos, aunque contenga c >sas
de que se puede hacer un buen uso. Aseguran ios sabios que esta
f 1) Selvngio, Instituciones Coaóuicua, Historia dol Deroohp Csjwüco.
(2) Bstu opinion es la quo me agrada mas, y por cato tnlto de la» Cuntí taoionee A -
poít'iUcas en ln parte de «sltis Adición·» correspondiente al frigio IV
— 188—
Coleccicn no principio a aparecer hasta el cuarto o quinto si»lo»
Una de las razones que autorizan esta opinion es que eatas Cons­
tituciones en algunos pasajes tiran al arrianlsmoV
í'nchtion 3.*5 ¿Las Constituciones llamadas Apostólicas son in­
te grii#?
No. Itergier en el articulo citado dice: “El Concilio in Tiullo ce­
lebrado en el siglo Vil, dicc positivamente en el canon 3. 0 que
esta obra ha sido alterada por los herejes;" y los autores del men­
cionado Diccionario en el articulo citado dicen: “Constituciones A-
poftólicas, .. Son de autor incierto, pues no hai razón para atri­
buirlas a los Apóstoles ni a San Clemente P apa. - , Despues se a-
duIteraron, por lo qué las desechó el tercer Concilio de Constanti-
nopla (sexto general)’' [1].
Dejemos esta discusión de este tamaño; que bastante la han de­
sarrollado algunos canonistas. Y bien, yo concedo lo mas que se
puede conceder, asaber: que las llamadas Constituciones Apostó­
licas eon una Coleccion de cánones de la Iglesia, hecha por algunos
autores católicos en el siglo III, IV o V. Yo acepto lo mas que se
puede aceptar, esto es, que esas palabras “Absteneos de todos loa
libros gentiles’7son un canon de la Iglesia, ¿qué se deduce de esto?
¿Que la enseñanza de los clásicos paganos a los jóvenes estudian­
tes de los Seminarios, es contra los cánones de la Iglesia? ¿Es decir
que el Sr. Pió IX al haber encargado en su Encíclica que se ense­
ñen los clásicos paganos a los jóvenes de los Seminarios obró con'
tra los cánones de la Iglesia?
No. La Iglesia de Iob primeros siglos prohibía a los fieles en gene-
m i leer los libros de los gentiles, pero no prohibía, como £e ba vis­
to, que a los jóvenes de las escuelas cristianas se enseñasen los li­
bros de jos gentiles. No era lo mismo que un fiel en lo particular,
entregado a su propio consejo, sin ningún guia que le dijese: “Esto
es verdadero j eBto es falso, esto es bueno y esto es malo, esto que
te parece peregil es cicuta,” tomase el Arte de Amar de Ovidio y Iob
libros pa-gaDOü que se le antojase y leyese todos sus errores y todas
bus obscenidades, no era lo mismo, digo, que el que losjóveues de
las eseuelus cristianas leyesen únicamente los libros paganos que
sus maestros les ponían en las manos, con la selección de pasajes,
explicación, impugnación y exquisitos euidados, que tenian aque­
llos santos Obispos y presbíteros en la educación de la juventud.
En el primer caso, un pobre cristiano recien salido del paganismo,

r 1) i iw · fI n i i ^ n i ' j í.'n n u L lí'.« i n T ru U o.


—18 9 —
caminando con vacilante pie por la penosa senda de las virtucfce
cristianas; llevando en su cabeza la corona de espinas d d Cristo;
encorvado bajo su pesada cruz, ain la qué ninguno puede вег би
discípulo; ceñiflos sus lomos con el c'ngulo de la castidad, que lu­
chan por romper todas las fuerzas de la naturaleza del viejo Adam.'
cíngulo que ha arrebatado a la Iglesia la mitad de Europa, y ha
levantado- en Asia y en Africa desde el tiempo mismo de los Após­
toles hasta el dia de hoi, una muralla mas fuerte que la de China
y un valladar mas ancho Que el Nilo; este cristiano, repito, con u-
na alma todavía débil [1], tomaba en f as manos un libro gentil y
e n c o n tra b a .... nuevos lazo3, nuevas instigaciones [2]: religión,
lilosofia, historia, bella literatura.· bellezas por ¡doquier, tan gran­
des como el Júpiter Olímpico, tan seductoras como la Venus de
(ínido, tan embriagadoras como el vino de Quios, tan adormecedo­
ras como el amaraco del Ida: aqúi una filosofía que parecía tan exac­
ta como los números de Pitágoras y como las categorías do Aris­
tóteles; allí una moral que .les parecía tan sublime, que apellida­
ron a Platón E l Divinó; allá una lengua que hizo llamar al mismo
con el nombre de Ahcja Atica; acá una túnica con gcroglifícos y
recamada de ore [3]; allá un velo bordado de rojo acanto [4]; acu­
llá un cetro que llevara en Ilion la hija mayor de Priamo [5], y un
collar de margaritas [6], y unadoble corona de oro y perlas [7], sin
sospechar que estos tesoros estaban preñados de desgracias [&]. Mi­
raba a la griega Elena, a aquella mujer tan hermosa, que San Agüe*
tín se acordó de ella al hablar de Ja belleza de la verdad cristiana,
usando de un comparativo fptdckrior), sin hacer comparación (In -
comparabiliter). Aquel pobre cristiano miraba lleno de admiración
a Minerva, Palas, Juno, Venus, Vesta, Hebet Isíb.· aquel ejército
de diosas que para él despedían luz al andar y ‘ cuando una mujer
despide luz aPandar, esta's perdido,” dice Víctor Hugo. A aquel cris-
tiano con aquel libro en las zcanos, le sucedía lo que a Dido cuan­
do estrechó contra su pecho a Cupido, creyendo|que era el inocente
-------- 9
O ) reside» ánimos.
l'i) ntivaá artes, n»va com ilia.
(3) p u ila m signis auroque rigentem .
(4) et circumtezto сrveeo velamen achanto«
( 5 ) P raeterea seeptrum Ilione etc.
( 6 j eolldqu * monile b accatu m .
{ 7 ) et duplicem ge¡nt»it auroque ceronam-
{$) inicia D iáo
Tm idat quantus m iítrae 1?еиз'

Ji iii rftvctn ftí u r o t.


— 100—
niño Ascanio [1]: del mal apagado luego idolátrico se levantaría la
llama, que se convertiría en un volcan de pasiones (2)\apechugaría
otra vez sus antiguos errores, y se volvería a su amada religión de
ios Dioses Inmortales, de aquellos Dioses que eran para él eterna­
mente justos (3), y tan grandes, que habían llenado su vida: la re­
ligión nacional, enlazada con los recuerdos, las hazañas, las tradi­
ciones y las glorias de la patria; la religión de sus padres eu que
había nacido, y que tenia para él ¡numerables atractivos,
¡Ah! Despuea de diez y nueve siglos de austero Cristianismo, ¡el
mundo literario cristiano admira con entusiasmo la literatura pa­
gana: griega y romana!; ¡el mismo Papa la defiende con encareci­
miento, llamándola exdareádísimal ¿Qué seria esta literatura en su
tiempo? ¿Qué impresiones haria en el alma de un gentil? El dia do
hoi todo hombre de sentimiento experimenta cierto calosfrío, cuan­
do, por ejemplo, en la Catilinaria l . 8* lee aquel apostrofe de Ci­
cerón a loa templos y a los muros de la Ciudad/ ¿qué seria estar
en el recinto del Senado, y oír esas mismas palabras de la boca do
Cicerón, y vér con los propios ojos aquellos templos y aquellos mu­
ros que eran llamados por testigos? lio i conocemos la Eneida al
través de una niebla de diez y nueve siglos, y la Iliada a la som­
bra de copias, traducciones y cambios de veintinueve siglos. Hoi
ignoramos ¡numerables personas, hechos y circunstancias del tiem­
po y del lugar en que se escribieron esas epopeyas: personas, he­
chos y circunstancias religiosas, políticas, literarias, artísticas, do­
mésticas, agrícolas, do costumbres, de usos etc.: necesarias para en­
tender esos poemas. Hoi ignoramos la significación precisa y la fuer­
za de ¡numerables nombres, verbos, partículas, frases y modismos
de aquellas edades. Ya hemos visto lo que sucedería hoi si resuci­
taran los cocineros y mozos de muías de los clásicos del siglo de
Augusto: que se reirían a carcajadas al oírnos traducir la-Eneida,
el Arte poética de Horacio o alguno de loa libros de esos clásicos.
¿.Quien traducirá hoi bien la Iliada o la Eneida al español, al ita­
liano, al fnmees, al ingles o al aloman? El griego o el latió, idiomas
tan ricos, tan filosóficos, tan sentimentales y tan armoniosos, no
caben cu idiomas tan pobres como los modernos. Si se quiero in­
troducir un cuerpo de volumen como 8 en una vasija de volumen
como 4, no cabe, la vasija se hace pedazos. Hoi vivimos mui lejos
del teatro de la Iliada y de la Eneida, de los acontecimientos que

gremio fo v tt inscia D ido.


i2) atque ussibuí implicat ignem.
(3) manares fa n d i atque nrfunrli.
, — 191—
relatan los libros de los clásicos paganos. No es lo mismo leer la ba­
talla de Austerlitz, que haberse hallado en la batalla de Austerlitz.
No es lo mismo leer en Suetonio la Ascención de Tito al Capitolio
que haberla presenciado (1).
Amigos lectores: ya habéis escuchado al P. Ventura en el pulpito
de las Tull crias; ahora escuchad a Lacordaire en el pulpito de Nues­
tra Señora de París, para que os forméis alguna idea de lo que senti­
ría un gentil recien convertido al Cristianismo, al leer los libros dñ
sus mayores. Algunos 110 entenderemos uno que otro pensamiento
ni beberemos de esa agua, pur que el pozo es profundo. Dice: "Hasta
aqui, Señores, habéis tal vez considerado la idolatría como una or­
ganización religiosa fácil de destruir. Mucho os engañais- - - La pri­
mera de las pasiones del hombre es, (tal vez os maravilléis al oirlo),
la primera es lapasion religiosa. La pasión religiosa tiene en nosotros
la primacía sobre todas las demas, hasta sobre la pasión de la volup­
tuosidad. . .La religión es la primera y la mas antigua amiga del
hombre, pues aun cuando la contrista, la respeta aun y se procura
con olla secretas intimidudes. - . La idolatría, apesnr do sus aparien­
cias poco doctrinales, satisfacía a la necesidad religiosa; tenia tera-
píos, altares, sacerdocio, sacrificios, oraciones, ceremonias públicas
y pomposas, un grandísimo estado en el mundo, y los girones de su
mitología ocultaban aun bastantes recuerdos de Dios, para que el
alma no estuviera enteramente en ayunas y] sin alim entos-- .No
«ó que arte profundo había pulverizado juntos a Dios y la materia,
a la religión y la voluptuosidad, y hacia descender defl mismo altar
pensamientos graves y vergonzosos incentivos. L a idolatría lo tenia
todo en sus dioses; quisiese lo que quisiese, el eielo'obedecía a bus
deseos.. .La idolatría no era cosa distinta del imperio.; el principe
o el Senado o el pueblo disponía de¡Ja m ajistratura sacerdotal, nom·
braba los Pontífices, arreglaba las ceremonias, se daba el placer de
ocultar el traje de sus Cónsules bajo el manto de sus dioses. La re­
ligión era también la patria. Veiase marchar juntos delante de la
República, las haces y los altares: las haces, símbolo de su justicia
y de su poderío; los altares, símbolo d e ja alianza misteriosa que u-
nia los destinos del Estado a los mismos destinos de los dioses.^·
No, nunca os representareis bastante 1%fuerza de aquella m ltitu-
.cion. ¡Ah! Si resucitase a vuestra vista uua ceremonia pagana; si pu­
dierais vér a Roma entera subiendo al templo de «Júpiter Capitali­
no : aquel pueblo, aquel Senado, aquellaslegionea, todos los recuer-

(i) Tengo loa obrna do Suotonio <jue adquirí en la testamentaria de mi tío el Dr. D.
Clcmeutn Sauiomau.
-1 9 2 -
doa patrióticos subiendo con ellos, y llevando todos juntos a loe dio­
ses la nueva vietoriadc Roma! Si oyerais el silencio y el ruido de la
unanimidad, aquel murmullo de todas las pasiones convencidas de
bu derecho {]), y satisfechas de su triunfo: asi el orgullo como la
lujuria, asi la lujuria como la religión, lo elevado y lo abyecto, el
cielo y la tierra, todo juntamente, todo en un solo día y en un solo
acto; si esto hubieseis visto y oido, acaso vosotros mismos, sucum­
biendo a aquella embriaguez total de las facultades humanas,
hubierais inclinado un instante la cabeza y adorado en las manos
de Tíoma a los antiguos dioses del mundo” (2).
En fin, si hoi un romano del siglo de Augusto nos recitara, por
ejemplo, la Eneida, y de una manera extraordinaria se nos diera
entendimiento para comprenderla y corazon para sentirla, nos suce­
dería lo que a Octavia la hermana de Augusto, cuando escuchó de
los labios mismos de Virgilio un trozo de bu Eneida: nos desmayaría­
mos. Aquella prohibición, pues, de las Constituciones llamadas A-
postólicaa: "Absteneos de todos los libros de los gentiles,5' dirijida
a losjitks en general, era una grande justicia.
Mas en el segundo caso, e9 decir, el de la enseñanza delo9 libros
de los gentiles a los niños y a I09 jóvenes de las escuelas cristianas,
los efectos eran diversos. Por que en primer lugar, aun suponiendo
<jwe esos niño3 y esos jóvenes cuando eutraban a las escuelas cris­
tianas fuesen todavía paganos, estaban en mui diverso predicamen­
to que los fíeles que durante cuareuta, sesenta o setenta años habían
profesado el paganismo. Los recuerdoB de la religión, de las glorías
políticas, y de lus hazañas de los antepasados, erau mucho mayo­
res en loa hombres maduros y on los ancianos que en los niños y en
los jóvenes. La lectura délos clásicos paganos ¿haría la misma im­
presión en los niños y en los jóvenes, que en un hombre de cuaren­
ta o sesenta años que hubiese visto pasar a Trajano bajo el arco
triunfal, o por lo menos hubiese vivido en tiempo de Trajano y hu­
biese presenciado las glorias desu reinado? La lectura de los hechos
de Marco Aurelio ¿haría la misma impresión en un niño de doce a-
fios o en un joven de diez y siete, que apenas tuviesen noticia do
Marco Aurelio, que en un hombre de cuarenta o sesenta años que
hubiese militado con Marco Aurelio? Entre nosotros en 1820 ¿harían
la misma impresión los hechos de Hidalgo en un niño que no tu­
viese mas que vagos recuerdos del héroe, que en un hombre de*
cuarenta o sesenta años que hubiese sido soldado de la Indepeadea-
(1) Estimativo.
(?) Conferencia 99."
— 193—
cíq? Xo es lo mismo ira corazon de doce o diez y siete años, semejan*
te a una tierra nueva en la que se puede sembrar lo que se quiera,
que un corazon arado por loa recuerdos de cuarenta o sesenta años.
¡Estos cuarenta o sesenta años hacen sulco9 mui profundos en el co­
razon! Cuando un niño oye hablar de hechos históricos o de otras co­
sas serias, comienza a bostezar y se va a divertir con sus juguetea,
mas los hombres maduros y principalmente los viejos, viven de re­
cuerdos. Estas memorias de su vida, ora religiosas, ora políticas, ora
literarias, ora fausta?, ora dolorosas, se hayan asidas fuertemente
de su alma. En otra parte he presentado esta verdad palmaria: que
las impresiones recibidas en la niñez duran toda la vida: entonces
dije: “¡borradlas si podéis!/' y ahora digo otra vez: “¡Borradlas si
podéis!” No me contradigo: eso tiene lugar siempre que la educa­
ción primera es continuada, fomentada y robustecida por la edu­
cación secundaria, y también aunque dicha educación primera sea
contrariada por los vaivenes, pasiones y errores de las edades -si­
guientes; pero casi no tiene lugar cuando el fruto fué cortad·) en a-
graz, cuando la educación primera es contrarestada metódica, cons­
tante, vigorosa y poderosamente, como era la educación cristiana
que los venerables Obispos y presbíteros de los primeros siglos da­
ban a los niños y jóvenes de sús escuelas.
En segundo lugar, por que a dichos niños y jóvenes no se ponían
en las manos los libros de los gentiles, sino dospucs que había tras­
currido largo tiempo y que estaban bien catequizados, convencí:·
dos de la falsedad de la religión pagana y de la verdad de la reli­
gión cristiana, y afirmado»fin esta cón los sacramentos, prácticas y
virtudes cristianas; y no se les enseñaban todos los libros, ni todas
las partes de un libro, sino pasajes escojidos. De manera que dichos
estudiantes, al propio tiempo que aprendían en los clásicos paga­
nos lo que San Gerónimo llama “hermosura y gallardía del lengua­
je," el Sr. Pió IX elocuencia legüvna y verdadera, aprendían a a-
borrecer, ridiculizar y rechazar los errores y vicios paganos. Los
dos casos, repito, eran mui; diversos. Iloi está prohibida« los fieles
en yeneral la lectura de la Biblia sin notas; y no está prohibida
la enseñanza de la Biblia, de la manera que se enseña a los niños
y a los jóvenes de los Seminarios en la cátedra de Religión y en
las de Teología, y aun a los niños de las escuelas de primeras letras.
Hoi están' prohibidos a los fieles en general los libros de la filosofía
alemana racionalista; y no está prohibido que se enseñe a los a-
lumnos de los Seminarios la filosofía alemana racionalista, por quo
no se les enseña para que la abracen, sino para que la impugtieu.
En el primero de los casos propues tos, la lecturu de los libros de
— 194—
los gentiles, hecha por cualquiera bilí ninguna precaución ni direc­
ción, inclinaba a abrazar los errores y vicio3 pagauos, y por esto e·
ra dañosa; en el segundo caso, la enseñanza de ios libros de los gen­
tiles a los alumnos de las escuelas cristianas, tendía, a rechazar di­
chos errores y vicios, y por esto era provechosa. Y si nó ¿por qué
Juliano el Apóstata uo quería se enseñasen los libros de tas genti­
les a loe alumnos de las escuelas cristianas?

Jk. D IC IO N 3 6 » ,

E d ic t o d e J u l ia n o e l A po sta ta.

lie aqui ese famoso edicto, referido por los historiadores y críti­
cos eclesiásticos y profanos. Amiano Marcelino, historiador gentil
y soldado de Juliano, dice.· “Mas era una tiranía que debiera cu­
brirse con un perpetuo silencio (1), que apartaba por fuerza do
la enseñanza a los maestros retóricos y gramáticos que profesaban
el culto cristiano7' (2). llenrion dice: "Homero y Démostenos, decia
Juliano, adoraron a los Dioses. ¿Por qué los sectarios del Galileo
los lian de proponer a la juventud como hombres admirables, si se
engañaron en el punto mas importante, como lo aseguran los mis­
mos sectarios/* Redúzcancc, pues, a explicar las elegantes produc­
ciones (burla) de Luq&s o de Mateo'5(o). César Cantú dice: "Yo 110
quiero, decia Juliano, obligar a nadie a que cambie de creencias:
escojan entre 110 explicar estos escritos que condenan su doctrina,,
o, si quieren explicarlos, manifiesten con los hechos que aprueban
sus creencias, y enseñen a los jóvenes que Homero, Hcsiodo y otros
acusados de error, de impiedad y de locura, no son como se les pre­
sentan’' (4). "Requeríase esta cultura (la imitación del idioma y es­
tilo de loa clásicos paganos), para atraer a la gente instruida y a los
muchos acostumbrados a loe ejercicios retóricos, y conociéndolo J u ­
liano, intentó embotar esta arma excluyendo a los cristianos de la

(I) El pagano, aunque adversario de los cristianaren matoTiu de -religión, y •¿viuquc


no vivia eu el sígli» X IX , bu avcrgonznba tío un decreta tan antiliberal ríe su <-:niu:ru­
do r.
[9] lliu d outitn erdf inclettuns, obruendum perenni sileniio, quod arctbcit do-
e t n magistral rhetoricos et gr-amotaticos, ritti* chrhtiani cultores. (Cif por Alzog,
Hixt.|UniT. d$ Id Iglesia, 8 9ÍÍ]. E l verbo arctv no significa apartar simplemente1, «in·,»
apartar potfuerta, atrancar. Asi Virgill* dieo: Qui¿ te nostrü cmidcribus arrttí
te añ a sc a do m k brozo·?’
H istoria General de la Iglesia, A io de 852.
[*)) Lfbi-T, cap. 7 . ’
-1 0 5 —
enseñanza. (1). Feyjoo dicc: “Si me dijere (unu que impugnó sua
escritos), que les prohibiría (Juliano) el estudio de las Letras Sagra­
das, mas nó el de las profanas, le responderé que está muy enga-
nado. Todo lo contrario: les prohibió las profanas y permitió las
Sagradas. Está clarísimo en el edicto: porque despues de articular
que pues los cristianos no adoraban a los Dioses, que habían ado­
rado Homero, Hesiodo, Demóstenes, fíeródoto, Tucidides, Isócra-
tes y Lysias (2 ), no se les debía permitir que leyesen o interpre­
tasen esos autores; por qne es absurdo, decía, que expongan los li­
bros de esos autores, los que vituperan a los Dioses que ellos ado­
raron. . . Yé aqui la literatura profana prohibida a los cristianos.
¿Y la Sagrada? Expresamente les es permitida por el mismo edicto
“ Por que (aliade JulianoJ, si en las cosas que enseñan esos autores
y de que ellos (lo¿> eristiauos) se constituyen intérpretes, juzgan
que hay algo de sabiduría, procuren primero im itarla piedad que
olios practicaron con los-Dioses. Mas si juzgan que esos autores pe-
airón en el culto de esas Deidades, en vez de exponerlos en las au­
las, vayan a sus iglesias y allí interpreten a su Lucas y a au Ma­
teo" . . . ¿Pero qué fcintieron los Santos Padres del proceder dp Ji:-
liauo? Que poreso mismq c^u^prohibió a lps fieles toda profana li-
teratiira,-fiü penaejougionfuo la mas acerba y m alignare cmntaspa­
deció la Iglesia. Escúchese sobre el punto al Eximio Doctor (Suarez),
lomo 4 ? De lidirjionc, 11b. 5 9 , capitulo 4 ? , donde después do d«-
<;ir que el emperador Licinio era tan enemigo de las letras, que las
llamaba peste pública, prosigue asi: “Pero despues Juliano Após­
tata prohibió especialmente a los cristianas el estudio de ellas, aun­
que no padeció d eiror de juzgarlas nudas,*) inútiles p a ra la defensa
o propagación de l$ l’ú; antes,bieo por que las tenia por útiles pa­
ra este|fin, usó de aquella diabólica malicia para extirpar enteramen­
te la Religión Cristiana, cuyo ínfensisimo enemigo era, y de la cual
había desertado volviendo al paganismo. Y asi los Santos Padres
juzgan que lué mas acerba aquella persecusion de Juliano, que la
de los tiranos q u e c o n la violencia y los tormentos querían, obligar
a los fieles a abandonar la fe.” Lo qué inmediatamente confirma
con testimonios de Agustino, delNacianceno y de Teodoreto.*—Aíí*a
¿por qué juzgaban los Santos Padres tan perjudicial a la Iglesia el
edicto de Juliano? Por qne prohibiendo a los fieles el estudio de
las letras humanas, poruña parte los haciamenOsMb3es para de*
[1] Id, cap. 21.
[2] Luego en las escuelas cristiauns de los primero« siglos. 0n lu cátrdrn il< c:ri>'go
co cnsennbn a Homero, Husírnilo, JHunVstoues, H eredóte Tucidukfr, y
LrUígo no so loa onsoBftbtt mui ¡w o 'le Los cláéiOOB pa£fcnoa.
— 19G—
fendar en la disputa la doctrina católica, y por otra les quitaba de
las manos las armas con que habían de im pugnarla gentílica. Por
lo que Romano Mauro, citado en la glosa ordinaria, compara la ma­
licia del demonio cuando por medio de los paganos, de los hereje.-*
o d e ]<js fa lso s cristianos, procura privar délos estudios a los verda­
deros fieles, a la militar precaución de los filisteos, que no dejaron
herrero alguna en la tierra de Israel, porque no hubiese quien les
fabrícase armas para su defensa'1 (1).
Tomassino dice: “Cuando Juliano el Apóstata prohibió y apar­
tó por fuerza a los cristianos de las letras profanas de los gentiles,
los Santos Padres de la Iglesia estuvieron persuadidísimos, que se
habia causado a la cristiandad una herida gravísima. Acerca de es­
te argumento escribió Basilio un pequeño libro “De que se han de
leer los libros de los gentiles,1’ donde dice que las letras seglares
flos clásicos paganos), se tienen como las hojas con que ee ador­
nan los árboles, y se sombrean y resguardan los frutos” (2). En la
Adición 32 F he expuesto largamente y al pie de la letra la doc­
trina de San Basilio, de que Tomassino no cita mas que un peque­
ño trozo. Veamos ahora la doctrina de San Gregorio Nacianceno.
César Cantú, hablando de los Sautos Padres con motivo del edicto
de Juliano, dice: “Protestaron estos a una voz contra tan inicuo e-
dicto, y fueron aun mas celosos en su estudio (délos clásicos paga­
nos ), como sucedo con las cosas vedadas; de modo que San Gre­
gorio Nacianceno decia a los paganos: "Os dejo todo lo demás: ri­
quezas, nacimiento, gloria, autoridad, bienes que desaparecen co­
mo uu sueño; pero deseo la elocuencia, y no inc desanimaran pa­
ra buscarla los trabajos y los viajes por tierra y mar.” El erudito
español D. Francisco Javier Iriarte dice: (,Ni se mostró menos efi­
caz en defender esta lectura (de los clásicos paganos) su intimo a-
migo ( de San Basilio) San Gregorio Nacianceno. Habia el empe­
rador Juliano Apóstata prohibido á los cristianos el tener escuela
de Retórica, ó [como ademas de muchos otros autores afirma Teo-
doreto en el libro 3 9 do su Historia, capitulo 8. ° ], aplicarse á los
estudios de poesía, de elocuencia y de filosofía. Esta ley llamada
aun por el pagano Amiano Marcelino cruel, inclemens, obligó á los pre­
lados católicos y los dcmasüeles; entre los cuales San Gregorio Na-
(1) Curtos, tomo 4, carta 1S.
(2) Cum profanis et gentilium litteris Julianus Apostata christianos abstii^u'U
arcuiique, gravísim o vulnere ah eo saueiatam rem christianam fuisse Sanctis E c th -
*iae Patriluspersuasissimum fu it. De hoc argumento libellum señpsit B a sd iu i,
De Legendis Gentilium libris, ubi ait disciplinas saeculares instar habere folio-
rum, quibus omantur arbgres, inumbranturfructvs tt muniuntur. (Veta* ti N ova,
efíp. D2 cit).
—m —
cianceno, que aun no era Obispo, se explicó contra ella en la Oración
primera contra Juliano, empleando bu elocuencia como justa ven­
gadora, dice, de la maldad con que había Juliano ultrajado la elo­
cuencia, la cual, debiendo ser común a todos los hombres, él envi­
diosamente la habia prohibido á los cristianos, como si á él solo le
hubiese tocado en partición (1)— Llama á esta ley necia: como si el
hablar bien en griego (entiéndese 10 mismo de cualquier otro idio­
ma), no fuese cosajde la lengua, sino de la religión (2)-Llám ala ley
tiránica. “Tales fueron las disposiciones y el modo de pensar de nues­
tro sabio Emperador y gran Legislador, quien para que nada se es­
capase de su tiranía, desde los principios de su imperio ante todas
cosas, tiránicamente oprimió el arte de bien hablar y todas las fa­
cultades liberales Ij‘(3)—Redargúyele por,que pretextando otras ra ­
bones para su ley, pensó ocultar á los cristianos que el verdadero
motivo de'ella era el temor de vér confutada con mas viveza su im­
piedad (4); con lo quequedó mas declarada la flaqueza de la cau­
sa que defendía ,(5). Y como asi? “Por que no era de hombre que
conüasc en la bondad de la causa, ó en la elocuencia con que la
defendía, el impedir que nosotros hablásemos con la elocuencia” (G).
—Lo que explicó con una elegante semejanza para que quedase con­
fundido Juliano: "Asi como, diae, no seria hombre que quisiera sor
reputado por el mejor atleta, y que quisiera ser públicamente preco­
nizado por tal, el que con bando público intimase que ninguna per­
sona de valor y bríos, saliese á campo á luchar con él. Esto seria
argumento, no de fortaleza, sino de flaqueza. Por que la corona no
6e gana sobre los que solamente están de mirones en lo alto del
circo, ó sobre los qué, entrados en campo, se les atan ó cortan de
antemano los brazos]con que habían de combatir/sino sobre aque­
llos á quienes se les deja libertad para que con todas sos fuerzas
combatan (1 ) , Y asi o Juliano! con el mismo hacer grandes exfuer-
[ I ] U li q m q u t haee poena pulckré eonvenit, u t sermone crucietur pro eo scele-
TCfjiuod in sermones adm isit, qui, ceirt omnium rationepraedictorum eommunes siní,
iis famen, tamquam proprii. a d se jiertinercnt, cfrristianis p e r invidiam interdixit.
[2J S tu ltissim l sané de sermonibus cogitans. . . quasi sermo graecus non Un·
g v a t, sed religionis sit.
{3} Atque kacc sapiens noster Im perator t t L egislato r, q v i ut ne tyrannidis
suae quidquam exptrs esset, atque amentiae vtcordiaeque edictum proponeret in
Im pertí $ui prim ordio ante res omnes alias, sermones, liberales que disciplinas t y ■
rannide opressit.
{4) Aiobts obscurum esse p u ta v il, id s e . . , e o conidio fa cere, guia im pitíatis
confuiationcs eztimescebat.
(5 ) Im becillitatem suam prodidít,
[6] Ñeque enim hominis eral, vel religionis su a e ju ri, vel ipsis etimm sermoni-
bus confidentis, sermones nostros comprimere·
{*) P e r in d ta c si quis a tlU ta ru vi fortiisitttus sibi vidcaiur, ac publico prae-
— J&S—
zos para que ninguno te combata, prohibiéndome el venir contigo
á batalla y medir contigo las fuerzas, sin darme lugar á vencer,
te me diste por vencido” (1 )■ Con estavehem encia impugnó el
Santo Doctor la ley de Juliano, llegando á decir alli mismo con al­
gún hipérbole f2), que aunque Juliano hizo otras muchas grandes
maldades que justam ente lo debieron hacer odioso, pero, á su ju i­
cio, esta fué la mayor que en su ánimo se propuso (3). Lo qué aca­
so dijo el Santo, ó por que con esa ley ве propuso el Apóstata o-
bligar á los cristianos á una do dos, ó á abandonar bu religión, ó á
vivir en una vergonzosa y peligrosa ignorancia; ó por que con ella
pretendió que hechos ellos con la ignorancia objeto del común des­
precio, con ninguno tuviesen crédito para que abrazasen su reli­
gión; ó por que, finalmente, de esc modo quiso que los Doctorea
cristianos, quedasen privados de la energía necesaria para rebaiu-
con brio y defenderse contra la sutileza de los paganos filósofos.—
Que aun por eso se lamentaba el mismo Emperador Ap6síai;i, co­
m o dice Teodoreto, diciendo: "Somos asaltados con nuestras pro­
pias armas; por que armados los cristianos con lo que estudian en
liucstroa libros, con ellos nos hacen la guerra’’ (4). Y aun por esr¡
en la Epístola 42 P entre sus obras se queja de que los cristianos
visaban en bus escuelas de los autores gentiles, y les dice que ó
crean lo que <J)rcian los autores que explicaban á sns discípulos, ó
t esen cío explicarlo.?, y expliquen en ella á Mateo y á Lucas.— Se
ha dicho esto en demostración de los libros qne ве usaban antigua­
mente en laá academias y escuelas Cristianas, 6 incidentemente eu
defensa del uso que aun hoy dia se hace en ellas de los libros de
los gentiles” (5).
El P. Ventura dice: “La verdad es que Juliano, lejos do prohibir
сen su famoso edicto a los joven es cristianos aprender la literatura
pagana, únicamente prohibió a los maestros cristianos enseñarla, lo
ccnia ómnibus praeferrt ¿lústulel qui td ittr il, quisquúm m agni, ac stren ni arrimi
• i. ctrla m cn ln ea t, aiqut in arenam dcsccndat. I d quod ignaviac, potins quam
f'ertitvdinis argvmcnlum trt. Coronae quippc adversas eos lom parantur qui céria-
ttiinc cnngredivntur, non qui sursiim stdent, atqve a d versus cosqui tato robort con-
la id u n t, поя qtti magna virivm parte truncati tuiit.
( I J Q uod si omnino signa ennferre, manvaque consererc v c n tu sc st boc ipso
и victui/i esse dcclarasti, mihique sitie tilla dhnicatinm victoriam adtpisci licuit,
ditm (antüpcre a is te dim icaivm es/, ne dimieationem гиб ira .
(2 ) Otros historiadores y críticos no lo tionon por hipérbole.
(3) Сыт m ulta et gravia sint q u a t illi,odirim mcritd confiare d tb ta n t, nutfuiя
famcn unquam hoc scclcratius ab eo dcsignatum eisc opinor,
(4 ) JJropriis arm\s impctimur%ez nosiris enim libris armati, nobis bttlum in·
/e ru n f. [C it. por Teodoreto, H istoria T rip a rtita , Jib. 6 t cap. 17.]
(b) Disertación histórica sobre lea Saciedades etc·,, c«p. 15.
— 190—
cual es mui diferente. Y, como lia dicho San Gerónimo, únicamente
prohibió a los cristianos el profesorado, y no el aprendizaje de las ar­
tes liberales: Ne cjisiiani liberalium ariiwn magvstri essent. ( Apud Ba-
roimwt, ad Annwn 3G2). Remitimos a nuestros críticos a los Anales
del sabio CardenalBaronio, en dónde verán '/victoriosamente demos­
trada nuestra tesis, limitándonos a trascribir aquí este notable pasa­
je: Haeelenus Julia n i Im peratoria qu&etsi ckristtanos omnes á
docendo revocat, non tamen adolescentes prehibet á discendo, haec
que om nia eo consilio, qund christiani docentes, ex gentilibus
aiictoribuK deorum inancm prorsus esse cultum , argum entis p lu -
ribus demonstrabant\ adeo ut eos sic interpretari, n tk tl alin d es-
ret, quam adolescentes vera religione imbuere, et á g m tilitia su ·
perstrtione penitus dimovere: quos sic sim ul imbutos, perfacile e-
ra t ad christianam fidem cimpiexendam adducere: quibus si
iidem illi carerent magistris, et gentiles auctores á gentilibus doc­
ta ribus magno deorum praeconio explícalos acciperenl; fieret, u t
rorum eultui addicerentur, retinerent firm ite r quod p u e ri didi-
cissent. ( B a ronius, ad A n n u m 862, n. 319). Nada mas cierto.—
En la (liste necesidad en que estaban, de explicar en sus cursos pú­
blicos de humanidades a Cicerón; a Horacio y a Virgilio, los pro­
fesores cristianos de literatura de aquel tiempo, como puede vérse
:n los escritos do Clemente de Alejandría y de Lactancio, aprove­
chaban con ardor cuantas ocasiones se les presentaban, de exaltar
el mérito filosófico y literario de los Libros Sagrados, con perjuicio
del mérito filosófico y literario de los libros.profanos, de condenar
las obscenidades y absurdos de la supcrticion de los gentiles, y de
explicar las grandezas y bellezas del dogma cristiano — Por lo que
hace a los niños cristianos, Juliano no solo no les prohíbe aprender
la literatura pagana, pino que según lo demuestran sus propias pa­
labras, Jes deja por el contrario en plena y entera libertad de fre­
cuentar las escuelas de los gentiles.— Este mismo hecho se vé con­
firmado en la queja que San Ambrosio dirijió al emperador Valen-
tiniano, contra los senadores que acababan de exhumar en Roma
ia leí do Juliano, prohibiendo a los cristianos profesar en público
la literatura: Qui loqucndi etc. (Episi. 30 ad VafeniinJ (1).
Del edicto de Juiiano y de la protesta de los Padres y Doctores
católicos contra él, de ese grande hecho histórico visto a la luz de
la filosofía de la historia, se deducen las consecuencia? siguientes.
1 .p Que en el siglo IV se enseñaron los clásicos paganos a la ju ­
ventud de las escuelas cristianas.
<i) ApOnJico al Diec-jrso 2 . °
— 203—
2. 88 Que esta enseñanza tenia tres fines, El primero era confir­
m ar la verdad de la religión cristiana con las grandes.doctrinas de
Platón, Aristóteles, Demóstenes, Cicerón, Tucidi^es, Julio César,
Homero, Yirgi]iof Horacio y demás clásicos paganos. El segundo era
la enseñanza de la forma clásica pagana para el aprendizaje de la
elocuencia cristiana. San Basilio compara, como se lia visto, la re­
ligión cristiana a un árbol, y la bella literatura clasica pagana alas
liojaa de este árbol. ¿Qué ea un árbol sin hoj^s? Eso era la religión
cristiana para aquellos· paganos tan llevados de los sentidos, de la
imaginación y el sentimiento. Era mui conveniente cubrir el árbol
ccn un bello follaje. ¿Qué es un árbol cubierto de hojas? Es frondo­
so, hermoso y atractivo. San Basilio juzgaba pues, que la enseñan­
za de los clásicos paganos a los jóvenes de Ia9 escuelas cristianas,
era mui útil para adornar la religión cristiana y atraer a los gen­
tiles, presentándola con mas sublimidad en sus dogmas, mas belle­
za cu su culto, mas gravedad en sus preceptos y mas dulzura en
sus consejos*, instar foliurum qmlus ornantur arlores. Juzgaba que
esta enseñanza era mui útil a dichos jóvenes, para que aprendiendo
la verdadera elocuencia, pudiesen despues, por una parte presen­
tar la religión cristiana con todas sus bellezas en el pulpito,
en la tribuna y en los libros, y por otra defenderla en las contro­
versias con lógica científica y con elocuencia persuasiva: quibus or­
na nfvr. El tercer fin ora atraer a la gente instruida, como dice Cé­
sar Cantú. La Suma Teojógicade Biliuart ¿es una obra de mui sa­
na doctrina, y clásica como obra dé religión? Sin duda. ¿Y qué su­
cedería si en Taris, México o Guadalajara alguno predicara las ver­
dades del Cristianismo en el estilo de Billuart? Que este orador insí­
pido según la calificación de San Ligorio, se quedaría sin oyentes.
¿Y qué sucederá, si un orador enseña las verdades del Cristianis­
mo en París, México o Guadalajara con los arreos de la bella litu-
rátura, según el estilo de San Gregorio Nacianceno, de SaA Ju a n
CJrisóstomo, de Bossuet, Massillon y Lacordaire? Que los literatos,
los filósofos, ló's jurisconsultos, los médicos y los hombres del gran
mundo lo escucharán con gusto y recojerán mucho fruto. Muchos
aceptarán la doctrina, y muchos saldrán del temploeou una afecta­
da indiferencia; mas la palabra de Dios, dice el Evangelio, ea semilla:
la semilla cayó en el corazon envuelta en la suave película de la for­
ma, y tarde o temprano germinará. Luego no basta predicar sanas
doctrinas, sino que respecto de muchas personas Bon ademas nece­
sarios los preceptos de la elocuencia [1]. Esto lo sabían mui bien
[i] (iliqMrndc neetssam, dice Gury. f Compon div'ni Thol, Mvr., n. 112J.
— 201—
los Obispos y maestros de los primeros siglos.
Los cristianos podian pues, decir a los clásicos paganos: Voso­
tros nos habéis confirmado en la verdad del Cristianismo, enseñán­
donos las creencias y tradiciones de todos loa pueblo? paganos que
lo apoyan. Vosotros nos habéis corroborado en la verdad de nues­
tra religión, porque los testimonios de los enemigos valen mucho;
y al propio tiempo, por vosotros somos oradores» poetas y hábiles
dialécticos y controversistas.” Y aqui, Señores lectores, puedo ya
presentaros wn inconveniente un verso de la] Divina Comedia que qui­
pe colocar en ei frontis de este libro como un segundo epígrafe; y
no coloqué, temiendo que pareciese a algunos un eseándalo; un la­
moso verso en que el Dante, hablando a Virgilio y refiriéndose a
las mencionadas creencias y tradiciones consignadas por el Mantna­
no, y especialmente a su Egloga IV, le dice:
Per te poeta fu i, per U cristiano.
Verso que explicaré en su lugar, es decir, al tratar de la enseñan­
za de los clasicos paganos a la juventud en el siglo XIV.
La 3 .p consecuencia es que en dichas escuelas no se ensoñaba
mui poco de los clásicos paganos, pues según los monumentos histó­
ricos aducidos, en la sola cátedra de griego se enseñaba a Home­
ro, Hesindo, Demóstenes, Heródoto, Tucídides, Sócrates y Lysias.
La 4 .88 consecuencia es que no solo San Basilio, San Gregorio
Nacianceno y San Gerónimo juzgaban que era mui útil enseñar loa
clásicos paganos a los niños y jóvenes de las escuelas cristianas,
sino que el mismo era el sentir de San Ambrosio citado por Ven­
tura, de San Agustín y Teodoreto citados por Suarez y Feyjoo, y
de todos los Padres de la Iglesia como dice Tomassino: Sanctis Eccle-
siae Patribus. Este sentir era completamente unánime, porque, co­
mo dice César Cantú, todo s los Padres a ima voz protestaron contra
el edicto de Juliano. Así pues, el Sr. Pió IX en su Encíclica no hizo
mas que seguir el ejemplo de los S intos, como dice Scavini: Sanc-
torum exemplum. ¡Oh siglo de Pericles!, ¡oh siglo de Augusto! gloriaos
de tales y tantos defensores. El antiguo pueblo griego era tan de­
licado respecto de la conservación y uso de su idiomi, que se reía a
carcajadas de las faltas de propiedad, pureza y [elegancia que co­
metían los primeros embajadores romanos, y en la asamblea de Ta-
rento llegó por desprecio a arrojar lodo sobre la toga de uno de e-
llos, hecho que fué el origen de una serie dé batallas, y que costó
la vida a la Grecia. Los antiguos romanos eran igualmente escrupu­
losos en cuanto a su idioma, y se reían a carcajadas de los defectos
de propiodad, pureza y elegancia que cometían los senadores biso-
— 202 —
ños galos e hispanos (1). Si Ovidio con Jas mejillt^esjcaldadas por
el llauto, Bi laantigua Grecia y la an tig u á ro n la hubieran,éscucha-
do a los Padres griegos y latinos, se habrían llenado de gozo al en­
contrar en ellos unos dignos.apreciadores, defensores-y sostenedo­
res de sus ininortaleslenguas y bellas letras. Y si en esa asamblea
de gigantes, en esa asamblea de JosPadue's de la,Iglesia, hubieran
liechoel papel de oposicionistas Félix Pumas, anticlásico del siglo
XY1I, Grou, anticlásico del aigloXVIII, Gaumey' Ventura, hubieran
parecido unos pigmeos.
La 6 .p consecuencia es que el sentir de los Padres do la Iglesia
no era un juicio cualquiera, sino una convicción profunda: jiersua-
S¡$&ÍJWi7n fu it.
La ó.·®0 es que los Santos Padres juzgaban, que la enseñanza de
los clásicos paganos a los niños y a los jóvenes de las escuelas cris-
lianas era, no solamente útil, sino útilísima, y de aqui su grandí­
simo sentimiento poi* el edicto de Juliano, diciendo que con él se
había hecho a la cristiandad una herida gravísima: gmeissimo^ culne-

\ entura apoyado en Baronio, so empeña en una distinción en­


tre el profesorado, y el aprendizaje con motivo del edicto de Ju lia­
no, diciendo ¿pie,es te prohibió a jo s cristianos el profesorado, pero
no el aprendizaje de los clásicos·-paganos. Emitiendo mi opinion con
la venia de autores tan respetables, como puede emitirla licitamen­
te todo honjbre cu e^tas m^teriaa^ digo que esa distinciou me pare­
ce completamente falsa. Por que eñ. virtud cíel edicto corrían pare­
jas el profesorado y el aprendizaje, aunque en dicUo edicto no se
expresara mas que el ensenar. Xi vale alegar la regla de Derecho
que dice.· Odia restringí, ni la otra: Expresa noczñt, non expresa non no-
cent, ni la otra: Ijex cQirecioiia non ampliatur áparitate, yuin.nec á ma-
joritqle rati<j)№)$QT queresas reglas notíepen lugar acerca de aquellas
cosas necesariamente correlativas y unidas, como son el enseñar y el
aprender, acerca de'1 ^ qué tipoe lugar, esta otra regla de Derecho:
Cüm quid yorohiletur, prohibenlur ojnnia <¡ugp sequwifyr ex iUo, y esta
otra: JSxpresio eorza^i {¿ugq tqcíiP insuni, nihil oporaiu. "Xo, dice el P.
Ventura, a los discípulos uó prohibí^ el ¿dicto el^aprendizaj.e de loa
clásicas paganos, por que podian pasar al ppgai}ipmo y aprenderlos
(3)1 Uiwpuca d&tanto» aiglds La sucedido lo mismo ée lat?pdca moderna. En los Con-
<>:llog >grn«r»I«a,: úa purto dp ios Obispos romanos y ileinusi&aLiauoB no ha habido r¡-
gero 8i grande molestia fes oád»,¿ü eecucd?(br luq aouitos, agadón do los Obtapos
frafi^j. aojv y loa bárbaros. poDid^B fjutmalcs.j', jiioauk'S, do loa. Obispo» espuñolus, ingle-
»«a, ilbuy njy, lioluudcac» y pójiic<J9.
(3) (!i«ár Cali tú combara el catflo’fle diilrir'y -do iírijvfccncion con que escribieron
los Santos FWhre» con motivo dvl edicto do Juliano, s i wtilu.ardieut«« ¿le Isaitis. (O tra
cit, lib. 7. cal' 21).
en las éífcViel&s pfágftnas': nM'frrméimnl bif JVumimm спЬ>т. ^Гач sí
'páísübolval ^^á^sriiby^dej'ábtíti'dé áer criáliar.os,
y resulta cierto que a hs cr-.stimoü ''^^iroÜityia tyffrcn'h·' los clá-
6¡tí03 рв^агюз. Discurriendo deesk^Htóidáo nfodo', resulta que el
edicto tampoco а 1оз maestrtá ‘prrthibifr' Éfhséfiár los clásicos paga­
nos, porque podiafi раяаг ni paganismo у ёй?ййяг10я en las escue­
las pacanas: tfiñ Iransiisentad Nommuift edheH. Y e h fin, los monu­
mentos canónicos de In época dice1!] n?ie el edicto de Juliano prohi­
bió el enseñar y el apren ’er: Co'.erc d d с're. ·
Lo que hai de cierto en ose hecho es, que era mui difícil que los
maestro« pasaran al paganismo, por qiVe 'oran perdonas mui arrai­
gada^ en la íé y cu’to cti-tiano, mas ti era fácil que los d iscípu los
aun los que eran ya cristianos, viendo que en las esciu'lns cristia­
nas ya no se engeíiaban los clásicos pagauos, por el grande amor a
la literatura de estos, y por la autoridad de sus padree, si estos e-
ran gentiles, pasasen a las escuelas psjgapá^.. Esto es lo que indica
liarouio, quien para nada pensó en la cuestión de los clásicos, y
Ventura se aprovechó de la sencilla narración del historiador para
acomodarla a Su objeto. Mas esa no es distinción que hiciera el e-
dicto entre el profesorado y el aprendizaje, sino distinción entre la
dijim ltad y la facilidad del tránsito а 1ав escuelas paganas: distin­
ción que importa un ardite para el asunto que nos ocupa. Supon­
gamos que con motivo del edicto de Juliano, la cuarta parte de
los niños y jóvenes de las escuelas cristianas se pasaron a las escue­
las paganas; supongamos (lo qué no sucedió), que se hubiera pasa­
do la mitad de ellos; pongámonos en la última hipótesis: que todos
los niños y jóvenes de las cteeüelas cristianas se hubieran pasado a
las escuelas paganas, ¿quése deduciría de esto? Lo que se disputa es
si en el siglo IV se enseñaron о но ве enseñaron los clásicos paganos
a la juventud en las escuelas Cristinas. De esta propoeiciou: en el
siglo IV tejió» loe niños y jóvenes de laseseuelas cristianas, viendo
que ya cil· ellas no se enseñaban los clásicos paganos, so pasaron a
las escuelas paganas, se deduce esta consecuencia: luego en el siglo
IV se ensenaban los clásicos paganos a los niños y a loa jÓ Y enee en
las escuelas cristianas*
En virtud del edicto de juliano y de la protesta de loaSantos
Padres, la enseñanza de los с básicos paganos en los primeros siglos
es un hecho palpitante, que aunque Gaume oeó négarenrsu Gusa­
no Roedor, Ventura se vé obligado a confesar- Mas ya que le es
imposible negarlo, procura desvirtuarlo, lo pinta con pinceladas
desfavorables, para que aparezea débil y descolorido y como un ar­
gumento de mui poca fuerza. Una de esas pinceladas desfavorables
— 204—
es asegurar que es verdad que en los primeros siglos se enseñaron
los clásicos paganos a la juventud de las escuelas cristianas, pero
que eso fué por una triste necesidad.
Si, la misma triste necesidad con que a los postres de una opipa-
ra mesa se loman dulces y vinos exquisitos: desinen¿e coma suavis
est placentula. La misma triste necesidad con que en la primavera se
cubren los árboles de hojas: tnsiar fdiorw n quibus ormniia· arbores.
La misma triste necesidad^ con que un desposado adorna el dia de
sus bodas la puerta de su casa con un festón de yedra, simbolo de
la felicidad conyugal: instar foliorum. La misma triste necesidad con
que un emperador romano subia en triunfo al Capitolio, llevando
en la cabeza una corona de laurel.· instar foliorum. La misma triste
necesidad con que se lee esta quintilla de Fray Luis de León;
El aire el huerto orea,
Y ofrece mil olores al sentido;
Los árboles menea
Con un manso ruido
Que del oro y del cetro pone olvido (l):
instar foliorum quibus omaniur arbores. La misma tiistc necesidad con
que un israelita se casaba con una hermosa cautiva griega, adorna­
da con el collar, zarcillos, braceletes, sandalias y la mitra o boneti­
llo hebreo:propter eloquii venustatem (2). Y en fin, la misma triste ne*
cesidad, resignación y frialdad, con que San Gregorio Nacianceno,
enojado por que Juliano habia quitado la enseñanza de los clásicos
paganos, decía a este emperador y a todos lew paganos: “Os dejo
todas las demas cosas; riquezas, nobleza de naeimiento, gloria, au­
toridad: bienes que desaparecen como un sueño; pero deseo la elo­
cuencia, y no me desanimaran para buscarla los trabajos ni ios via­
jes por tieray mar” (3).
Dice el P. Ventura q n een la época de Juliano, los Santos Padres
enseñaban los clásicos paganos a la juventud de las escuelas cris­
tianas, por que carecían entonces de clásicos cristianos que pone
en las manos de la juventud para que aprendiera el griego y el
latin, la elegancia de hablar y de escribir, la elocuencia.
Es admirable como se ciega un hombre aunque sea sabio, cuan­
do 6e convierte en sistemático; pues a veces, para conocer un hecho
no se necesitan largos estudios ni profundas disquisiciones meta
Oda A la Vida del campo.
(t) San Gerónimo, Epístola a.Mugao·
f»J Libro costra Juliano.
— 205—
sieas, sino que basta leer la historia. El reinado de J uliaeo fué cu
el último tercio del siglo lYr, ¿y en el último tercio del siglo IV no ha­
bía todavía clásicos cristianos que poner en manos de la juventud,
para que aprendiera el latin y el griego y la bella literatura cristia­
nad Pues, dejando aparte el histórico Génesis, los históricos Li­
bros de loe lleyes, el bucólico Cantar de Cantares y loa poéticos Li­
bros de Job, de los Profetas y de los Salmos; dejando aparte el Ел
vangelio, modelo de sencillez 'sublime, de grave elocuencia histó­
rica y de lenguaje y estilo oriental, abundante en bellísimas y pa­
téticas figuras; ¿no existían los escritos de San Dionisio ei Are оръ-
gita, que escribió en el siglo \? ¿No existían los escritos de Atená-
goras, San Justino el Filósofo, Taciano, San Mcliton, Teófilo de An-
tioquia, San Ireneo y Clemente Alejandrino, que existieron en el
siglo Ш ¿No existían los escritos de Tertulianof Orígenes, San Ci­
priano, San Gregorio el Taumaturgo, Minucio Félix y Arnobio, que
existieron en el siglo III? ¿No existían los escritos de Lactancio, los
de los poetas virgilianos Juvenco y Prudencio, uno y obro gloría
de España, los de Euscbio de Cesarea, San Febadio, Sam Hilaria
de Poitiers, San Atanasio, San Basilio, San Gregorio Naciancezm,
San Efren, San Meleeio y el Papa San Dámaso, que escribieron', li­
nos en el primer tercio y otros en el segundo del siglo IY7 ¿Y to­
davía no había en el último tercio del siglo IV clásicos cristianos
que poner en manos de la juventud?
San Gerónimo llama a San Cipriano ciceroniano y a Lactancio
no de elocuencia TvUatia, por el idioma y estilo de uno y otro mui
parecidos a los de Cicerón (1). El mismo Doctor Máximo dice de
Juvenco: “Explicó la historia de Nuestro Salvador (2) en verso__
y no temió poner debajo de las leyes del metro la magostad del E-
vangelío,” y de San Hilario de Poitiers: “Imitó los doce libros de
Quintiliano en el estilo y número”^ (8;, y en otra parte llama al
mismo San Hilario: "Ródano de la elocuencia latina” (4).
El historiador Henrion dice: de San Meliton: “Composo* muchas
obras llenas 3e ingenio y elegancia f de Teófilo de Antioqura: “Se con­
serva su elegante. Tratada a Autólico sobre la verdad d«l Cristianis»
mo;” de San Cipriano: "Lactancio le respeta como al primero de
los Padrea verdaderamente elocuentes; y en efecto tiene esta feliz
igualdad de imaginación y discernimiento, q,ue produce lar verda*
(1) F r Luis do Granada, Retórica.
Í2] £1 Evangelio Jo 9m> Mateo.
(3] Epístola я Mafeno.
ГЯ C’it- por loe a u to ra def tDecionario ÍJaJtfiíeül de Historia y Geógrafo, art- ЦГ
\axio de Poitiers.
- SO G -
dera clocueícia. Sü'cstilo varonil y vehemente, brillante, sublime y
magestuoao, nada tiene sin'embargo de declamatorio, y hermana la
amenidad con la naturalidad y la pureza;” de San G regorioel Tau­
maturgo: “Dejó una Epístola, de gran autoridad y un Panegírico
mui elocuente de Oñgene^f’ de Lactancio: “Llamado el Cicerón cris­
tiano por la pureza de su estilo;” de San Atanasio: “El mas pene­
trante de los oradores y el mas claro y natural de los escritores;”
de San Basilio: “Sus obras consisten en excelentes comentarios so­
bre la Escritura, en homilías mui elocuentes, en cartas etc. Se aven­
taja en los panegíricos. La elegancia y pureza de su estilo, su9 pen*
tfainientos tan nobles como delicados, sus expresiones grandes y su­
blimes, la profundidad de su doctrina, lo vasto de su erudición y la
purera de sus raciocinios, le hicieron igualar a los mas grandes ora­
dores de todos los tiempos, am excejAvar a Dcmóstencs;" de San Gre­
gorio Xaeiajiccno: “Sus obras consisten en cincuenta y cinco discur­
sos o Sermones, en muchas piezas de poesía y en muchas Cartas.
Su elocuencia es mui sublime y mui anim ada. . . Su estilo es puro,
sus expresiones noblesTsus figuras variadas, sus comparaciones fre­
cuentes, propias y luminosas y sus raciocinios sólidos;” de San E-
i’ren: “Sus Sermones y discursos de piedad, sus Tratados contra los
herejes y sus Comentarios sobre la Escritura ofrecen un fondo de
bellezas- .. Sobre todo se admira la unión difícil de todo lo brillan­
te de la imaginación oriental con la mas tieroa unción;” de San Mc-
lebio: “5an Epifanionoa ha conservadoun diacurso mwz docitenie·.'' y
en fin, del Papa San Dámaso: “Escribió muchas Cartas y algunpa
pocsia.s, que le h i c i e r o n pasar por uno do los ingenios mas grandes de
tu b¡t/lu" (1). ¿Y todavía no habia en el último tereio del siglo IV
clínicos cristianos que poner en manos de la juventud?
Ilai enemigos de los clásicos paganos que loa tratan con un des­
precio, que 110 sé si causa admiración o risa. Dicen que, ¿qué com­
paración hai entre Virgilio y San Ambrosio?, que Horacio es un tris­
te y que Cicerón no fué ni orador. Hai otros que conceden a los ciá­
ticos paganos un gran mérito en la forma, pero dicen que los ciá­
ticos cristianos sOn·. isupsriores a ellos aun en ouoato a la forma, c
indudablemente en cuanto al pensamiento; que este es el que im­
porta; que ja ventaja que los clásicos paganos hacen a los clásicos
cristianos en cuanto a la propiedad, pureza y buen gusto del idioma
ycfctilo.no componga los males que causan aquellos en cuanto al
pensamiento, debilitando mucho en la juventud ql pensamiento
cristiano, paganiza ndc la, corrompiendo su fé y haciéndole perder
---------r - , . .. i. ■ . -· ■— ' ’
(1] Historia General do la Iglesia, Catálogo (lo Escrito ros eclesiásticos.
— 207·—
áiis costumbres; y que por tanto debe sacrificarse la forma al pen­
samiento, eliminándose de los colegioe.criatianosla enseñanza de los
clásicas paganos, o por lo menos, enseñándose mui poco de ellos. Но
aqui el sofisma de los gaumistas fie talento, q ^ ;tien e todos ioa visos
<le verdad y do fuerza, y que por lo mismo h-д, sorprendido a algu­
nos hombres de buena fe: sofisma que me parece desbaratado ya en
las Adiciones anteriores, y sobre el qué, por loimsmoí'eolo añadiré
una palabra.
Si cate fuera un argumento verdadero, si realmente tuviera ver­
dad y fuerza, nunca hubiera tenido tanta como en loa primeros si­
glos de la Iglesia, porque nunca mas que entonces ha habido mas
necesidad de cuidar y robustecer el pensamiento cristiano,, П-и, des­
pués de diez y nueve siglos de Cristianismo, el pensamieto cristiano
está mui crecido y robustecido; pero en los primeros siglos so esta­
ba operando la tr a b a jo s a transición del paganistaoal Cristianismo.
Entonces el pensamiento cristiano se criaba en algunas almas, en
otras estaba en estado de embrión, y en oirás ya habia nac:do
y se hallaba en estado de crecim'ento. Y sin embargo, los Santos Pa­
dres se lamentaban profundamente d éla faltaque les hacían los clá­
sicos paganos para la fonnacion de la juventud cristiana,. ¿Y por
qué se lamentaban? ¿Por qué no pensaban como los gaitmistas.? ¿No
tenian oradores ciceronianos, poetas virgilianos, institutista* seme­
jantes a Quintiliano y clásicos en otros muchos géneros de bella lite­
ratura.^ ¿Xo tenian ¡un rio! de elocuencia tuliana.? ¿No tenían,';tm
Ródano! en la Iglesia Católica.? ¿Quemas querían? ¿Por que llora­
ban? ¡Ay! Por que ellos conocían mui bien la diferencia que hai en­
tre ciceroniano y Cicerón, entre tu liín a y T u li / y entre г irgilta-
no y Virgilio. ¡Ay! Por que ellos tenian las narices· largas, y Mon­
señor С ай те y el Mui Reverendo Padre Ventora láá káni tenido
romas. Por que ellos miraban lejos, y Monseñor Gairme y el Mui
Reverendo Padre Ventura han sido cortos de vísta, pues el Autor
de la naturaleza es libre en la repartición de sus dones. Por qne o-
llos se sabían mui bien por qué Sán Gerónimo habia llamado a San
Hilario Ródano y no Tiber: por que el Ródano too arrastra arenas
de oro puro como ei Tiber, sino no pocos guijarros Mamados
ciemos. Porque ellos sabían la diferencia que hai entre rio y fu e n ­
te. Por que todos los hombres del mundo pretieren para beber el
agua de las fuentes a la de los ríos. Por que, como lo hemos obser­
vado los que hemos estado bástante tiempo én(el cafnpo, hasta los
animales cuando van a beber en un arroyó, van sabiendo hasta que
llegan a la fuente o al lugar menos distante de ella.
— 208—

^ .D IC IO N 5 7 ,®

E n se ñ a n z a d ei .o s c l a s ic o s p a g a n o s a l a ju v e n t u d e x e l s ig l o V.
S a n A g u s t ín , o s t ; \ el A q u il e s d e l o s c a u m is t a s .

En este siglo continuaron las escuelas parroquiales, episcopales y


monásticas: continuó la época de transición de la sociedad del paga­
nismo al Cristianismo, aumentándose con las multitudes de los bár­
baros del Norte que ingresaban al Cristianismo; continuó la convic­
ción profunda y doctrina de los Santos Padres sobre la grandísima
utilidad de la enseñanza de los clásicos paganos a la juventud cris­
tiana; continuó dicha enseñanza en las escuelas cristianas, y conti­
nuaron saliendo de ellas Doctores católicos, ilustres por su litera­
tura sagrada y profana. Tales fueron el Papa San León el Grande,
Vicente JLirmense, San Hilario de Arles, San Pedro Crisólogo, Só­
crates, Sozomeno, Teodoreto, San Próspero, Pulo Orosio, Salviano,
{Sidonio Apolinar y Claudio Mamerto.
^h isto ria d o r Henrion dice de Teodoreto y bus obras: "Estas dife»
raptes obras bb cuentan justamente entre los producciones mas per-
fectas de 1a antigüedad;" de San Próspero: ,lSe estima sobre todo
su poema sobre los Ingratos;” y de Salviano: "Su estilo es mui ador·
nado y no obstante fácil y agradable. Hai pocos Padres latinos que
lleguen a su elocuencia, la qué algunas veces llega hasta un entu?
piasruo y vehemencia que se asemejan a la declamación”. Claudio
Mamerto es el autor del himno Pavgc lingua sobre la Pasión de Je*
cristo composicion breve, pero modelo de bella literatura clásica.
Mas la figura mas prominente del siglo V es San Agustín. Los
gO-umistas presentan la doctrina de e¿te Santo como opuesta a la
enseñanza de los clásicos paganos a la juventud de los colegios cris--
tianos. Tienen a San Agustín como su Aquiles, como el defensor
principal de su causa, como el general en gefe y porta-bandera de
su ejército y como el patrono de su cofradía (1). En el lenguaje do
los escolásticos se llama Agutíes el argumento principal y mas fuerte
en una controversia, filudicndo a que Aquiles fue el guerrero mas

(1) l'n urmg<4inio mui fidedigno] por mi iirobidud v alta posición oclc-siánfica.'mo
refirió que cstumlü ol lluatrÍMim> Sriior Sollu.no en Silao sentado n la mosu, y dicho tes­
tigo a su ladoj li&liitjpdoso foc/ul» el pinito de la publicación de uucMfu Corresponden­
cia epistolar ep el peri(jd¿po La KoTÍNta U ui vernal,]Su áeiíoria llustrúim u dió un f a orto
golpe w b n lu inesn diejepdar “ Yo pierdo la cucatiou que piorda Sau Agustín": liccliu
que, »propósito do rnuotios doctrinas del Santo do que se habia retractado, referí en mi
folleto Retractación sobre ol origen de 1a escultura etc., impreso eu 1377, pag. -7.
—200—
valiente en Ja Guerra de Troya. Con perdón delacscueli peripaté­
tica opino que es'^mpropio ese nombre, por que Aquilesera vulnera­
ble en cierta parte, osaber en un talón, según ae creía; pero un argu­
mento verdadero y grande no es contestable ni vulnerable en parto·
alguna. Me parece que mejor se puede aplicar el nombre de Aquilo*
a un sofisma mui ingenioso y delicado, que tiene todos los visos de
verdad y de fuerza, a 11110 de esos sofismas de los sabios, cuyo vicio os-
tá, tan escondido, que se necesita un talento perspicaz para hallarlo.
Ninguno de los gaumistas que yo he leido, ni el mismo Gaume,
presenta el argumento tomado de la doctrina de San Agustín con la
fuerza que el P. Ventura: Dice este sabio: “No citaré mas que al gran
£an Agustín, por haberse apoyado en su propio ejemplo para estig­
matizar esta escandalosa imprudencia (la enseñanza de los clásico?;
paganos a la juventud cristiana), y por que desgraciadamente su
historia se repite con demasiada frecuencia hasta eu nuestros dias.
Aunque hijo de padre pagano, liabiase educado Agustín por su santa
madre en los principios y en ios sentimientos del Cristianismo. Peí o
desde el momento en que se dedicó a los estudios literarios, en c-
üob miamos autores que hoi se ponen en manos de loa jóvenes, su es­
píritu se abrió a todos loa errores y su corazon a toáoslos vicios.—
‘‘Repetíame, dice, “En esos libros es donde hai que buscar el cono­
cimiento de las palabras latinas y déla alta elocuencia, para expli­
car bien a los demás y persuadirlos de las cosas mas importantes.
¡Co mo si no podríamos conocer las palabras lluvia de oro, trno, afeite,
sin leer a Terencio en ellugar en que noB presenta a un joven disolu­
to, proponiéndose el ejemplo de Júpiter para entregarse allvicio! ¡Ah!
No son esas palabras las que mas fácilmente se aprenden con seme-
antes torpezas, sino esas torpezas mismas las que se aprenden a co­
meter con maa fuidacia leyendo esas palabras Maldito seas, con­
tinua San Agustín, torrente de la costumbre liumana! ¿Quien con­
tendrá tus estragos? ¿Hasta cuando arrastrarás a los lujos de Eva a
ese mar inmenso y formidable, que atraviesan con gran peligro aun
los que van en un navio? ¿No es en el estudio de eso9 libros donde lie
aprendido a Júpiter Tonante y adulterino al mismo tiempo? Se dice
que esto es una ficción de Homero. Si, una ficción, pero de una tras­
cendencia horrible, puesto que en virtud de esa ficción que concede

(1) D icebatur m ih i. . . kine verba diteuntur^ hiñe aequiritvr cloquentia rthus


pertuadendit, ataientiisque explicm dis maiimt nrctssaria. ( Confesa., ¡ib. ó). . ,
Jia vero t N on eognosttrtm ui verba haec: imbrkm acreuv, et ukcmiím et ni*¡
Térent'ius inducertt neqttam adoUscentem proponentem sibi Joi 'cm a d ezcMplu/it
stupri; non om ninóper hanc turpitudinem verba ista commedius discunlur, std per
haec verba iurjñtudo irta confidentim ptrpetratur, (Confess,, lib,
— 210—
a los hombros mas perversos los atributos de la Divinidad, los crí­
menes ya no son crímenes, y cometiendo sus infamias puede cual­
quiera lisonjearse de imitar, no ya a los monstruos de la tierra,sino
a los dioses del cielo" (1) .Por lo que respecta ni poeta de Mantua,
si quien se considera como el mas casto de todos los poetas, he aqui
las impresiones que San Agustín experimentaba leyendo la Eneida.
‘■He aprendido en Virgilio, dico, muchas palabras enteramente inú-
liles, o que hubiera podido aprender con mayor facilidad en libros
mas serios. Se me obligaba a.seguir los errores de cierto personaje
llamado líneas, al paso que yo olvidaba los mios propios; aprendí a
llorar a Dido, que se había matado por haber excesivamente, ama­
do, mientras que no derramaba iii una lágrima sobre esas fábulas
<|ue me habían alejado de Vos, /olí Dios mió, vida mia!, ni por
mi propia muerte espiritual producida por ellas, ¡Oh Agustín! (se
■decia a si mismo) ¡oh Agustín, el mas miserable de todos los hom­
bres,-por que el colmo de la miseria es no sentir uno su propia mise­
ria/ (2). A estas locuras es a lo que se dá el nombre de bellas le­
tras, y a lo que se atribuye la mayor importancia. No quiero ha­
blar de las palabras, sino del licor emponzoñado que maestros faodos
administran a los jóvenes por medio de esas palabras, y ¡desgracia­
dos de ellos si se niegan a beberlo! Por que son castigados; ¿y el me­
dio de evitar el castigo, puesto que no existe ni un aólojuez sobrio
a quien puedan apelar? Por mi parte, aprendía con gusto estas fu­
tilidades, complacíame en ellas, y por esta causa decían que era un
joven de bclias esperanzas (3).—Se me obligaba a aprender d^ me­
moria los discurso» de .Juno, furibunda y desolada por no poder a-
rrojar de Italia al rey de los troyanos, y a exponer de la manera
mas conveniente en prosa, lo que el poeta había dicho en verso__
(1) Vae tibi /lumen morís humanil Quis rtsiatet tibil Qtífndiunon siceaberis?
Quousque vuloes Eoae filies in mare magunm t t formido¡osum, quod vix transeunt
ijui lignum eonseenderintt N m n* ego i» te Itgi it To/urrMm Jovem t t adulteran -
te m í . . . Ftngebat Humen s i . , . sed verius dicitur quod fingebat hae hace qui-
ftem ilít; sed heminihus Jlagitioxis divina tr ib tiendo, ne Jfug'tim putarentur, et u t
/¡uisquis ea feeisset , non hamints perdttos, sed coeUstes Os»* »¡deretur imitoim .
<lt»d).
(2) D idici in eit multa vería inutilia (stdquat in rebus non vanis disei pos-
sent). 7'enere togibar jüneae nescio cujas errores, obliius trrorum mrorum, et
plorare Didonem mortvam, qui ase occidit oh amorem, cúm interea meipmm in hi*
<1 te moriente», D tus, vita mea, siccis oculisferrnn miserrimus. Quid enim mise­
rias ett misero non miseranU se ipsuml ( Confess., lib. 5).
(ü) Talis dimentia honestiores et uberiores Utteraeputantur\ Non accuso ver­
lo , sedtinum trroris, quod in eis ab ebriis doetoribus propinabatur·, tt ni'ii libe-
remus, caedzbamur; nec appellare ad aliqutm judietm sobrium licebati ethaet li-
¿ínter didici, et eis delectabar miser, et ob Ase spei puer opptUabar. (Ib iJ).
-2 1 1 —
Asi, ¡oh Dio»y Señyr mío/, los hijos de los hombros observan escn.
pulosamente las reglas del lenguaje que han recibido de sus ante
cesores, al piso que olvidan enteramente las leyes eternas, que han
recibido do Vos para la salvación de bu alma (1). ¿Es pues de ad­
mirar que, yo asi enseñado, haya seguido todas las vanidades del
mundo, y que os haya abandonado enteramente? ¿Qué son to d «
estas cosas mas que viento y humo.* /Desgraciada juventud/ ¿Xo
hai por ventura otro medio de cultivar tu espíritu y de formarte pa­
ra la elocuencia? Vuestras alabanzas ¡oh Señor!, contenidas en la
Sagrada Escritura, hubieran fijado de otro modo mui diferente el
flexible vastago de mi corazon, y este corazon do hubiera sido arras­
trado por todo lo que hai de mas vacio en el vacio, ni se hubiera
convertido en presa de los buitres del infierno. ¡Ah! ese es también
uno de los modos de inmolar las almas a los ángeles prevaricado
res’’ ( 2 ) . . .3 c ahi, como fuerte con su propia experiencia San A-
gustin, ha juzgado el método que combatimos, y como ha refutadt
de antemano con todo el poder de su elocuencia, la opinion d*.
nuestros pedantes tn a l llam ados cristianos, que sostienen que el método
en cuestión no ofrece peligro alguno. Verdaderamente, ¡preciso os
tener mucho valor, para atreverse a disputar contra el notable testi­
monio del genio mas grande de la edad de oro de la Iglesia*."' (:>).
¡He aqui la doctrina de San Agustin, el argumento principal do
los gaiunistas! ¡He aqui una Pirámide egipcia! ¿Quien la derribará?
¡He aqui un Aquiles!: esplendente con su coraza, con su laorrion,
con su lanza y con su escudo. Este Aquiles se presentó tan?hermo­
so y sorprendente al jesuíta Grou en el siglo pasado, que apesar
de ser un sabio, en razón de ser de conciencia escrupulosa, creyó
que San Agustin en ese pasaje de su» Confesiones, reprueba la en­
señanza de los clásicos paganos a la juventud de los colegios cris­
tianos, y se declaró anticlásico. Jiusqiiémosle a Aquiles el ta-
( \ ) Proponebobur mihi ut ditcerem verba Junonis irarcentis et doltntis , r¡rtn¿
non pósset Italia Teucrarunt avr.rtere regrm. Cogtbamur et tale alirjuid ditere so-
lutis oerbis guale poeta dixisset versibus . . , vtrbis sententiit congruintihui . . .
Vide, Domine D tus, vide quomodo diiigenter obterttnt filü hominumpoefa httera-
rum et syllabarum, a acepta á prioribus iocutoribus) e td te accrpta aettraa pacta
perpetuae salutis negliganL
(2] Quid autem minen quod tn vemitates ita ferebar, et ú te, Deas meus, ibain
forast— Nonnt eere \Ua omutafumus ttventus? lia ne aliudnon eral ubieierten-
tur ingenittm et lingna mea? Laudes iuae Domine, laude* tuae, per Scripturas (uus
•vspenderent palm iitm cordit mei, et non raperetvr per tiranta vugurum lurpit
praeda volntilibui. Non enin uno modo »acrijícatur transgrtisoribut angelí). [ C oh-
ftss , lib. 5].
(3) Discurso 2. - , en dolido trc8ori.be la opinion de Grou
—212—
loe. No será tan difícil hallarlo, porque este Aquiles arda descalsor
EL Г. Grou, Monseñor Gaume, el Mui Reverendo Padre Ventura
ioucb los gaumistas opinan que San Agustín reprueba la ense-
fianza de los clásicos paganos a los jóvenes de los colegios cristia­
nos. Y a veis, Señores gaumistas, que Ovidio es uno de los clasicos-
paganos mas obscenos; pues yo sigo la opinion de que San Agustín,
lio solo no reprueba, sino que aprueba la enseñanza de los clásico»
paganos a los niños y a los júvenes de los colegios cristianos, aun
la enseñanza de Ovidio. Para mayor exactitud y claridad expreso·
mi opinion en las dos proposiciones siguientes:

ftro p o a irio n 1 ?

L a d o c t r in a d e So.11 A giiM tin es uña. p r u e b a


-<« »
en l'a vo r de la e n s e n a n z a d e Iom clásticos p a g a ­
n o s a lo s n in o s y a lo«jovemos» de lo« colegios*
cr is tia n o » .

P ro p o s ic ió n й ?

Lia d o c t r i n a d e te»an A g u s t í n e s u n a p r u e b a

en Гал'ог de l a m is m a e n s e n a n z a , т а м f u e r t e
<iue la d o c t r in a de c u a lq u ie r o t r o d e lo*s X*a-
d r e s d e la I g lesia .

Emito esta opinion con temor, por que soi mui pequeño y no soi
capaz de contradecir a talentos tan grandes y teólogos tan consu­
mados y versados en los Santos Padres, como el P. Grou, el Abate
(Jaume, el P. Ventura y el Ilustrisimo Sr. Soüano, y por que en es­
ta escabrosa senda camino sin un guia que me alumbre, en razón
de que el análisis que voi a hacer de la doctrina de San Agustín en
sus Confesiones, la reunión de las doctrinas del Santo, recogiéndo­
las de diversas obras y presentándolas como un admirable conjun­
to de datos, y en fin la opinion que expresa la proposicion 2 F no
los he visto en ningún autor. Siento esas dos proposiciones única­
mente con tres fines: el del uso modesto y legitimo de un derecho,
el de defender la verdadera doctrina de San Agustín, y el de poner
los pensamientos que me lian ocurrido en servicio de la juventud,
líe dicho "uso modesto y legitimo de un derecho”* por que dice el
adagio de los clásicos latinos que cada uno tiene su cabeza y su
modo de pensar (1), y dice Horacio que en materias controvertibles
ninguno está obligado a jurar sobre hw palabras de ningún nues­
tro f 2), y dice San Agustin que en lae mismas materias entre ca­
tólicos hai libertad de pensar (3). De un rincón de México, de esta
querida México que loa mas europeos creen habitada por salvajes;
de una pequeña ciudad de Jalisco, de la qué, déttn cabo a otro de
nuestra nación se dice que no puede salir ninguna cosa buena en la
linea intelectual, sale hoi una pobre voz, que se perderá entre las
muchas de los sabios de Europa y de México que han tratado la
cuestiou de Jos clásicos eon mas extensión, lógica, critica, erudición
y profundidad. Voi pues a probar mi proposicion 1 P
Comienzo por volver a presentar la doctrina de San Agustin en
sus Confesiones, tal como la acabo de presentar en las páginas ante­
riores, ез decir, tal como la ha traducido el P Ventura. Benévolos
lectores: para que'conozcais la diferencia que hai entre presentar un
texto de un Santo Padre de un modo y presentarlo de otro, os su­
plico que hagais la experiencia de leer dos veces el texto de San A-
gustin: una en las páginas 200 y siguientes, y otra en esta página y
siguientes. Como en efecto el Santo reprueba la enseñanza de los clá­
sicos paganos a la juventud, y como la reprueba acremeute, y co­
mo el cuadro está recargado con las negras pinceladas que le aña­
dió el P. Ventura, leyendo el texto solamente en las páginas an­
teriores, seria fácil que os rindiera la elocuencia de Ventura, y cre­
yeseis que no tiene duda que San Agustin reprueba la enseñanza
de los clásicos paganos a la juventud de los colegios cristianos. Yéd-
pues el mismo texto de otra manera, es decir anotado. “Repetía­
me, dice, “En esos libros es donde hai que buscar elcoaocimiento
de las palabras latinas y de la alta elocuencia, para explicar bien o,
los demas y persuadirlos de las cosas mas importante». ¡.Como si no
podríamos conocer las palabras lluvia de oro, seno, afeiter sin· leer ar
Terencioen el lugar en que nos presenta a un joven disoluto, pro­
poniéndose el ejemplo de Júpiter para entregarse al vicio. ¡Ah! No
son esas palabras las que mas fácilmente se aprendes, con senmejan-
tes torpezas, sino esas torpezas mismas las que se aprenden a co­
meter con mas audacia leyendo esas palabras (4).— ¡.Maldito seas>
(l) Qvnt homines, tot ¡entenliae.
(2J Ifjiltiu» assuetus jurare verba m pgiftri.
(3) In dabiis liberta*.
(4) Lo que dice San Aguetia ев que bien so pueden aprender, aun en bsirusmcm c!¡¡-
Picofl pagftnóB lae palabras lluvia deoro, teño, a/tile y las demás-palabras lutinas y lu olo
cuencia посокппа para explicar y persuadir loe coras im portantes, Hin necueidud do leer
*Bf paguje dcTercDcio, ni otrií alguno obsceno. E»a censura del Saato »o dirige contra
— 214—
continua San Aguslin, torrente de la costumbre humana! [1~¡.
. Quien contendrá tus estragos.? ¿Hasta cuando arrastraras a los la-
Job de Eva a ese mar inmenso y formidable que atraviesan con gran
peligro aun los que van en un navio? [2]. ¿Xo es en el estudio de esos
libros donde he aprendido a Júpiter Tonante y adulterino (3) al mis­
mo tiempo? Se dice que esto es una ficción de Homero (4). Sí, una fic­
ción, pero de una trascendencia horrible, puesto que en virtud de esa
ficción que concede a los hombres mas perversos los atributos de hi
Divinidad, los crímenes ya no son crímenes, y cometiendo sus in­
famias, puede cualquiera lisonjearse de imitar, no ya a los mons­
truos de la tierra, sino a los dioses del cielo (5).—He aprendido en
rl modo con que" во епвеилЬол los ciánicos en las escocias pagana4; pero no contra la
t'iiHriíunza do los mismos ciánicos en lúa escuelas cristianas, por que en estas no seen-
ьсfiaba <'»o piwnjo do Terencin ui otro alguno obsceno,
(1) Maldice la costumbre; de los escuelas paganas, no costumbre alguna de 1оя escue-
lus cristianas; por que en estos no había costumbre do ensoñar to rp eas. Ya soba vis­
to como so спвейвЬяп los clásicos paganos en loe escuelas criatiauaa, lo cual bien sabia
o debia sabor el P. Ventura. Han Gerónimo dico quo dicha cnseuonza se hacia) como
lo quo во hacia con la cautiva p ag u a: que se le cortaban y raían lo» cabellos d<> la ca­
beza, y todo el vello del cuerpo, y todns las uíías de las manos, y todas las ufias de los
San Basilio dico quo dicha ensenanza «o liacia entresacando de cada clásico paga­
no lo mas honesto y útil, al modo con quo las abejae liban lu micljdo cada flor, y no во
ensenaba nada de lo domas. Уti tií itnn ajjta etc.
(2) Es bien sabido q uc loe rloe desembocan y entran en el mar. Igm knente, desdo quo
Jesucristo tomó m вив divinos labio· palabra »ave pora simbolizar su Iglesia, casi
«irinpro que ul trotara« do las еовнв do lo religión cristiana so dice on sentido flautado
nene, ме entiende la Iglesia. Dice pues Su» Agustín que el rio (Jlwntn) de los clásicos
pacano? отгости a loa hijos do Eva, es decir n los cstudiautrs do Ins e.«euelns jinpimm,
ni шаг de los ptisioac?, y que aun loe quo van cu la nave, ся decir 1ий cristiano:». atru-
Tif.-tan con mucho peligro el mnr do lúe {Misiones humanas. Sí: aun los cri*tiiim»e cono-
ciiin el grun peligro que había en la lectura do los ctúeicos paganos, y por cuto ревиЬи
sobre todos estp pTGceptOí “Abstunoos de todos los libro» de los gentiles jSibstinctc ab
ómnibus hbrú f¡tniiliu-m, dn que he hablado luTganieuto en otra Adieíon. Y uun los quo
iban cu el centro de la nave, los maestros oou sus discípulo« de los escuela» cristianas,
la preciosa'scmifla, la bqcvu gonwwewo, ceoeeion d grande peligro do la enseñanza do
los clásicos paganos, y por estofa haoian con tanta*procaucioncH, y juntándola con la
uiiidua enseñanza de la doctrimu cristiana,, y frecuencia de sacraineutoa y prúations ca­
tólicas, que enfrenasen loa pasiones do lu juvoutttd.
(.4^ San Agustín dice adúltero.
( I) Los miemos pngnnos creían quo la inmensa mayoría de sus fábulas oran ficcio­
nes, pues olios, especialmente su« hombre» de letra», no erun ton bobos quo cri j kscii
que Júpiter realmente se imbuí convertido on lluvia do oro.on águila etc. etc.; •■‘inn que
teniuu todos catas cosos como mitos, mietorioa y símbolos, do quo uo ha carecido ningu­
na religión del mundo.
(.'>) En loa escuelas л Helianas no ее ensebaba a imitar a los dioses ui sus infuiub.*,
«¡uo a reprobar unos y otras.
—215—
Virgilio muchas palabras enteramente (1 ) inútiles, o que hubiera
podido aprender con mayor facilidad ('1) en libros mas serios (3).
He me obligaba a seguir loa errores de cierto personaje llama­
do Eneas, al paso que yo olvidaba los míos propios; aprendí a llo­
rar a Dido que se había matado por haber excesivamente amado,
mientras que no derramaba ni unalágrima sobre esas fábulas qm me
habían alejado de Vos ¡oh Dios mió, vida mía!, ni por mi propia muerte
espiritual, producida por ellas. ¡Oh Agustín, [se decía a si mismo],
i oh Agustín (4) el mas miserable de todos los hombres, porque el
colmo do la miseria es no sentir uno su propia miseria! (5) .A estas
locuras es a lo que se da el nombre de bellas letras, y alo que se a-
tribuye la mayor importancia. No quiero hablar de las palabras
('CJ, sino del licor emponzoñado que maestros beodos (*i) adminis-
(1) Esta palabra no m hulla en ol texto do San Agustín.
(2J E»*ta frase no so halla en el texto de San Agustín.
(3J Sun Agustín dice: “Aprendí en ellos [en lo· libros de Virgilio] muchas palabras
inútiles [pero que pudieran aprenderte eu cosas uo vanas].” D id in ¿n a i mulla verba inu-
iitiafted <¡ttai íi» rtbua non ditct posseni). En decir: “Aprendíen los librosde V irgi­
lio muchas frases, lenguaje, estilo y pensamientos inútiles: verba; poro frases, lenguaje,
cotilo y pensamientos que podrían aprendorse en codas no vanos.” Aquí dico Sao Agus­
tín enteramente lo contrario do lo quo dico Ventura. Aquí aprueba la cnsefianza (le Id
janna: lo« frases, el lenguaje, ol estilo y los pcasamitintoa de Virgilio y de todo·! Ida clu.
hícos paguno«: dücipvsstxL Lo que reprueba es su aplicación n expresar cosas vcjiil*. »■-
rrun's y vicios. Dice que aprendió en Virgilio muchas palabras [frasca, lenguaje etc. iiu'i-
tilo!*]; poro no dice qae todas lus cosas del estilo y peusamieutos de Virgilio son inútil·'*.
¡Si Sau Agustín hubiera sida en este siglo catedrático |de gramática latina, y uno de
sus discípulos hubiera sido el P. Ventura, le habría aplicado un castigo de los que upli-
can en Ion colegios, por que no traducía bien, con groa perjuicio del maestro.
(-1) Mal traducido.
(5) Alii estuvo lo oíalo: en quo San Agustín haya seguido los errores idolátricos de
Eneas, en que se haya tenido con las furiosas pasiones de Dido y en que no! se baya a.·
Trepen ti do de sus pecados. En todo esto se refiero San Agustín a las escuelas paganas.
« ti las q u e se le enseñó de esa manera, y pora nada so refiere a las escuelas cristíanua, en
las que no se obligaba a los alumnos a que siguiesen los errores idolátricos, sino que
antea estos eran combatidos victoriosamente, ni se les traducía el episodio de Dido, ni
uingun pasaje molo, y se les inclinaba eficazmente al arrepentimiento de sus peeudos y
a l a práctica de las virtudes.
(6) No, ilustre Ventura, San Agustín no dice asi, sino que dico: “No acuso las pala­
bras”: los dos expresiones tienen diverso sentido y fuerza.
(7) El P. Ventura pone con letra de diverso tipo Ips palabras demeniia, maestros bto-
doi y otros semejantes, para llamar la atención sobre ellas indloando que San Agustín
las refiere a los maestros de los colegios cristianos. Por que si no se refiere a estos, tún i
ii los de tus escuelas paganas, no vienen al caso,y no h ab iap a n q u é ponerlos con leti'u
de diverso tipo, ni aun que citar el texto del Sonto. ¿Es decir qne en las palabras locu­
ra y mact(rof fa if a que eaeeuaboa el error, el Sonto se refiere « los santo» Obispo:). prvU'
— 210—
tran ( l ) a los jóvenes por medio de esas palabras, y desgraciados de
ellos si se niegan (2) a beberlo! Por que son castigados (3); ¿J el me­
dio de evitar el castigo, puesto que no existe (4) ni un solojuez sobrio
(5) a quien puedan apelar? Por mi parte aprendía con gusto estas fu·
tilidades, complacíame en ellas, y por esta causa decían que era un jo­
ven de bellas esperanzas (C).--Se me obligaba a aprender de memoria
los discursos de Juno, furibunda y desolada por no poder arrojar de
Italia a l rey de los troyanos, y a exponer de la manera mas convenien­
te en prosa, lo que el poeta había dicho en verso...Asi, ¡oh Dios y Se­
ñor mió!, los hijos de los hombres observan escrupulosamente la3 re­
glas del lenguaje que han recibido de sus antecesores, al paso que
olvidan enteramente las leyes eternas que han recibido de vos pa­
ra la salvación de su alma (7). ¿Es pues de admirar que yo, asi en­
señado, haya seguido todas las vanidades del mundo y que os haya
abandonado enteramente? ¿Qué son todas estas cosas mas que vien­
to y humo? ¡Desgraciada juventud/ ¿No hai por ventura otro medio
de cultivar tu espíritu y de formarte para la elocuencia;5 (8). Vues­
tras alabanzas /oh Señor/ contenidas en la Sagrada Escritura, hubie­
ran fija d o de otro modo mui diferente el flexible vastago de mi co-
razon (9), y este corazon no hubiera sido arrastrado por todo lo que
bit oros y cenobitas que oran los maestros nn Ijl« escuelas cristiana·? ¿Es decir que lla­
ma íotot y beodot yautorizudore* de la «tiBC'ña&za da errores &loa d n u J Santón Pudro'.'
¡Pues no faltaba m u! Maestro*beodos I lu ta el S ontos lea de las eaonelas paganos, por
qnc estaban como bcúrtnfl. por qué tenían la cabeza, el oorazon y h u ta las entraRa» ini ·
Vreguadosde paganismo 3* d<*shou«:tidailtts. Cuando el fuego de unupxsiou La cuídosu-
I.TO los ojo:«, como lit pasión (VI fvin que sulla los limitan, aunque l>x¡ ojos ¡van loa da
un sabio. 110 se ven ve rilados tan claras pomo el sol: tuptrctcidil ignis, ct non rüirrunf
jo/m . [Salino 07, y 9, txpffiicion de Massillon].
(1) San Agustin dice adminístrala*.
(?) San Agustín dice ti nos negábamos.
(¡)) 8 »B Agnstín dice éramos castigados.
}4 ] El Santodice no rra liextu.
(&1 De esta fiase, aplicándola a la.« escuelas cristianas, se deduce que ou tiempo do
Sun Agustín nó había ningúnÍ jupb Obispo, y que los católicos no tenían Papa. En fin.
todp rl toito dul Sonto, sacándolo de sus quicios, resulta con los pies para arriba, jllu
aquí un Aquilea boca nbajol
ICJ El Santo liuMa d o su edncnrinn rá la» osrnidas pacunas de Tugunte v Cartago.
i ' | Esto na hacían lo» maestros de bis uscuctus cristianas- lie manera qua Son Agus­
tín con la expresión lot hijos de los hombres, que quiero decir ios necios, estuvo mui lejos
de referirse a dicho* respetables maestros.
18] N<>, ilnrtre Ventora, traduzcamos bítn: desde Desgraciada hasta cím ii tncia, nu
está traducido con fidelidad el texto do Sun AguutEu.
(9) Dice el Santo que ai los doctrinos do la Escritura hubieran fijado su corazon, ga
¿lecirsí la educación religiosa hubiera sido ni fundamento de su educación literaria, co·
ni o lo era en las escuelas cristianas y como lo es cnlos Seminarios moderaos, | ¿c^uu es-
-217—
liai de mas vacio en el vacio (l) tiise hubiera convertí'!·) en prosa
de los buitres del infierno (2). /Ah! ese es también uno de los mudo*
de inmolar las almas a los ángeles prevaricadores/’
El quid, como dicen los escolásticos, el núcleo de la mencionaba
doctrina de San Agustín en sus Confesiones, el pensamiento capital
y dominante en todo el texto, y la llave de’todoól es esta sentencia:
“No acuso las palabras, sino el vino del error que en ellas se daba
a beber por maestros beodos*’: Kon acarn verija, sed vinum errori*
etc.: corroborada con esto otro pensamiento.· “las qué se podrían a-
prender en cosos no vanas” : quae in rebus non v'W* disci possent; y la
llave de esa sentencia es este sustantivo r?rhi-Probemos explicarlo.
Yerba. Esta expresión no quiera decir palabras a ^ k v h t i porque
suponer que San Agustín dice: "No acuso las palabras aisladas,'' se­
ria suponer uiut vulgaridad indiana dul talento de Agustín, pues el
que casi todas las palabras consideradas aisladas, son inocentes eri
iodos los idiomas del mundo, es una verdad de Pero Grullo (·)). Ho­
racio en el precepto 11. ° de su Arte Poética prescribe que al tra­
ducirse un autor no se entiendan sus pensamientos en un sentid»
vulgar }■ chavacano:

Acc arca vilem p a iu lu w jw moratoria orhcm ( i ) .

Cuanto mas, tratándose de un pensador como San Agustín. El


Santo habla de las palabras htibláiulose bien o mal, para expresar
una verdad o un error: vinum erroris. Mas ni una verdad ni un error
se pueden expresar con palabras aisladas, sino que es necesario en­
lazarlas y ordenarlas en un discurso, en un raciocinio, o por lo me­

ta pro) mrio c-n la Adición 1*7.c ). hii corazón n o liu)>ieni huí o nrrc-lmtüdo por In.» vanida­
des dolos fábulas pajruiuu*. l’uistn (·««■fundannuto. *t· podrí mi luiliur discutido *in jn-I i -
ts t» los cI'Íhúioh p u g u n t·« n ¡Sui» A^UHtiu s t'g u u k u m is m a d o c t r i n a : q u a e in r e b u s n o n ra -
nú¡ disci jiosnent.
f 1) "¿Lo que li:i¡ demai* vacío en el voeici?" Esto mo recm«rdn. aquel lenguaje: “ tu r¡i-
zutt di' la muraxon que & tui rnzon so liare. de tul m:nu-ru mi razón <;iiHuqimot·, ijui* cnn
nizon mo quejo de lu vuMtm fennosurn.“ Si In_«i obras du Sun Ayiixtiu p.*tuvíuruu iflert-
‘tiirt en el lrii^iiaji: y estilo intrincudu y estrambótico ilo lu.4 libro* do cabullería*,el» liul·-
■lu liora «e pondrían cu manos «le la, juveutud, para que aprem iare ci] loiigmyotsMsíti»
v el lmcn gusto literario. Son Agustín dicí cu lenguaje Jimio y claro "lúa vanidad«!*
<le las bagatelas”: inania migarum.
(2 ) Los buitres son carnivoTMfl y no camen del fruto do lu vid. £1 S antodíw viJutiU-
Lh»; piro p o r recargar de sombra« el evmlro, vn tullir di* jiiljaros bc puso builrts.
(¿) NondiTP umdo por L'crrtuitiM.
{4) v. 132.
—218—
nos c-n una proposición ( \ ). Las palabras aisladas no Birven de na-
<i:i, ni son objeto del ser racional. San Agustín habla de las pala-
V>raFt según que son objeto y facultad del ser racional: es decir quo
hiiblu del knguoje. Luego San Agustín dice que no reprueba el len­
guaje de los .clásicos paganos.
Verla. Eeta expresión según los conocedores del idioma latino,
¡•igniSca samo, es decir, lenguaje (2). Según el modo de hablar d«
los clásicos, como lo era San Agustín, la palabra verba, significa len-
tpjnje. Asi en Terencio verba facere significa hablar; en Ovidio verba
reddere, responder, y en Cicerón verba funde-re cesar de hablar (3).
Luego en San Agustiu non acontare verba significa no acusar el len­
guaje. Luego San Agustín no reprueba el lenguaje de los clásicos
paganos, ni aun el de Ovidio, en todos aquellos pasajes en que no
hai vino de error.
Verba. Esta expresión significa tam bien/om a y hermosura del len­
guaje (4). Luego San Agustín no reprueba la forma, la hermosura
del lenguaje y estilo de los clásicos paganos.
Verba. Esta expresión según los mejores latinistas significa razan,
pensamiento, sentencia (5). Miguel y Morante en su Diccionario La­
tino Etimológico dicen: “ Vocabulum es la palabra considerada ais­
ladamente como parte material del lenguaje. Verba son las pala-
bpa.8 formando parte del discurso. . . Voz, Verbum y JJictum designan
•también muchas veces un pensamiento manifestado d e u n a manera
notable, un proverbio, una máxima o sentencia ” San Agustín no dice
-Yon acenso vocabula, sino Non acenso verba. ¿Reprobaba en los clásicos
paganos estas palabras aisladas mtmade, engendrar, ellos, reflejar, ar­
dor? Es evidente que no. ¿Y reprobaba las mismas palabras forman­
do este pensamiento del pagano Platón: “La mónade engendró a
la mónade y reflejó en ellas el ardor?” No, antes se alegraba de en­
contrar en Platón un vislumbre del misterio de la Sina. Trinidad, asa-
ber, de la generación del Hijo por el Padre, y de la procesion del
Espíritu Santo del Padre y del Hijo (G). ¿Acaso reprobaba San A-
(1) Al ¡ipido, comentando la Epístola do Sun Paulo & los Hebreo«, cap. 4, verso 12,
que Ja palabra verbum significa lenguaje (sumo), y añude: iScmpentm ex mullís vtr-
tiis i:onslans,'inlcgram perfectumt/ue tjjert ti enuniial senlentiam, non u n a n tnntam .sed ti
jilurcs saepc, u n enirn, tom o suept nailtis projfositioniüus el tenU nim toaltscil ti conjla-
tUT.
‘¿] Optimi, verbam vertip o ttst serrno. {Alapide i n Ioann. 1 — 1 ].
-JJ Diccionario Latino Etimólogico de Miguel y Morante, art. Verbum.
'4] Verbum vertí potest forma. [A lápid*, ibid].
o l'crbuut pñmd eertijiotest ratio . . .Stcund·) vertí poitst drfinltlo. ( A ll-
pide, ibid).
[<'] Alápido, ibiJ.
— 210 —
guslin este pensamiento del poeta pagano Aralo: ' En el mismo vi­
vimos, nos movemos y somos.?” Mal podría reproba;’ lo que ap ro ­
baba San Pablo. ¿Y reprobaba este otro pensamiento de los p a ji­
nos Platónico«. “En el principio'era el Verbo’’? De ninguna manera,
antea lo tenia como un tesoro: haber descubierto en loa Platónicos
el principio del Evangelio de San Juan, En sus Confesiones es don­
de nos habla de este descubrimiento (1). Luego San Agustín dice1
que no reprueba lospensamientos de lo» clásico·} paganos, ea los qué
no hai vino de error: Non accuso verba, sed vwwn worts.
El P. Veutura no ha sido fiel al citar el testimonio de San Agus­
tín, pues ha presentado un trozo de las Confesiones en que e! Santo
se lamenta délos danos que le causaron hspasrrj'j-s m dos de los clá­
sicos paganos, y ha ocultado otros trozos de las mismas (Jjn felo ­
nes, en que so ven loa frutos provechosísimos que sacó el Santo d-j
los pasajes buenos de los mismos clásicos. El P. Ventura nos cita las
quejas de San Agustín de Virgilio, por los males que le había he­
dió, especialmente con su episodio de Dido; pero nonos c ita d re*
conocimiento de San Agustín a Virgilio por loa bienes que le hahuv
hecho. Emilio Castelar describiendo la Capilla SixLina, dicj: 'vQné
hermosas son esas Sibilas de la S ix tin a /.. .San Agusliu ha leído
los libros misteriosos de estas mujeres. En su entusiasmo, ha^; lo
que Miguel Angel ha hecho: las coloca en la Ciudad de Dios. Ellas
han predicho la venida de Cristo: Pcrtincni ad Civilaiem Ih i, excla­
ma. Son aquellas mismas que delante del César, según una an ti­
gua leyenda piadosa, se arrancaron la corona do la frente y descen­
dieron mudas del marmóreo altar, por que había nacido el espera­
do por las naciones, y Be habian cumplido las promesas de los si­
glos. Virgilio mereció que San. Gerónimo, despues de haber salu­
dado la cuna de Cristo en Bclem, saludára el sepulcro del poeta en
el Pausilipo.—-Mereció mas: mereció que San Agustín lo citara en­
tre los testigos de mayor excepción a fav'or del Cristianismo, entre
los genios que han ahuyentado sus dudas y han fortalecido sa fe. ,lXo
creería tan fácilmente esto (2), si antes no lo hubiera anunciado un
poeta nobilísimo en lengua romana" (3). La palabra nobilísimo es se­
mejantísima a la palabra clarísimos o exclrtrcádísiiiivs de que usa la
Encíclica y mui probablemente es la misma eu el original. San A-
[1] Am plius dico, gentiles E uangelia suspezere. Q u a n tie a fecerint PialonLci
narrai S . A vgusíinus, lib. X D e C ivil D ci, cap. 29,7«« i t lib. V i l C onfe« .
r.ap. O, rioeet se iii Platúnicorum ItbHs legiste initium E o a n g tlii S . Joannis liI n
principio erat Vtrbum." [ Aláp'ult, Proemio a los Evangelios].
(2) L a irx[>nctac!i>n ilel Mosuis entre lus rouinuoa gnutilor.
(:t) Recuwlos deItalia.
— 220-—-
gnsliri y Pió IX están enteramente de acuerdo. Aquilea se va con-
virtiiMiHo en Clnr:i Perlerína.
Vniut. “Si. dirán loa guumístaa, concedemos que San Agustín
no rvpmebn <*l nprendizaje de los el ¡laicos pacunos para la JilosoJitc
y la fr'ilmjui., e.s decir, para robustecerlas, porque estaa ciencias son
iiiuL importan les, corno que tienen por objeto el cultivo del enten­
dimiento y el bienestar del ser racional en esta vida y en la otra;
fiero ¡para hacer versos! ¡para hacer discursos!, para la poesía, la o-
ratoria y deinas ramos de elocuencia o bella literatura, 110 tiene du­
da que San Agustín reprueba el aprendizaje de los clásicos paga­
nos. Por que el Santo se queja de haberse entretenido en leer la E-
neida, y del mal que le lucieron las tragedias de Terencío. Por que
la elocuencia en todos sus ramos es el desarrollo d éla imaginación
y las pasiones, y dando suelta a la imaginación y las pasiones, si?
Jorina 1111 vino de error que embriaga locamente, y que reprueba
terminantemente el Santo.”
Respuesta. Pero tocar la pez para untar y tocar la pez para des­
tilar, siempre es tocar la pez. Todo el que se ocupe en hacer o leer
vcrsillos, o bien magníficos versos como los de la Eneida y los de
Terencio, descuidando el estudio de la religión y la moralidad, co­
mo lo hizo San Agustiu en su juventud, tendrá el resultado que el
Sauto: caerá en el vicio y tendrá despues justos motivos de lamen­
tarse. Todo el que se entretenga en leer tragedias y a Cicerón, Vir­
gilio y Horacio, y descuide el estudio dé la verdadera filosofía, como
lo hizo San Agustín en sti juventud, tendrá después razón para que­
jarse, por que sin liloaofia no hai oratoria, ni poesía, ni género al­
guno de bella literatura. Por que la filosofía tiene por objeto la ver­
dad, y la bella literatura tiene por objeto la belleza y el bien sentir,
y sin verdad 110 hai belleza ni bien sentir (1). Por que la filosofía
tiene por objeto el cultivo del aifemlimiento, y la oratoria, la poesía
y demás ramos de la bella literatura o elocuencia, tieneu por objeto
el cultivo de la imaginación y el sentimiento. La imaginación, en.
caso de que sea potencia como quieren algunos metaíisicos, es una
potencia p*isiva. Ella es el móvil de los sentimientos o pasiones; pero
a su vez ella lia menester ser dirijida por el entendimiento. Cuando
no se deja dirigir por este, lo esclaviza, y es una de las fuentes de
nuestros errores, según la doctrina de todos los lógicos; entonces se
vuelve “la loca de la casa“, como antes que Pascal la llamó Santa

(I) S in v e rd iid 1111 ] n ■


n .x ;im io n ro
E f |> a lo c io ¡*in c i i i i i r i i t u . ( J iu o · I l o í a * M o m i o . piTí« r.njfiH'-i.;.' C 'tc n e lu d o l a
d ii:liu .j.
— 221—
Teresa (1)/ entonces produce obras de literatura llamada falsamen­
te Idla, como las poesías de Góngora y, Balbuena, las comedias de
Lope de Aega (2) y de D. Ambrosio de Aguilar (3), y obras locas,
como las de Dumas, Sué, Tarrago y Mateos y caterva de malos no­
velistas, que Ureton de los Herreros pinta con este terceto:
¿Donde estudió Don Ulas el muy bolonioi
Autor de esa novela fementida
Que apesta a mundo, a carne y a demonio? (4).
Pero diiijida por el entendimiento la imaginación, y comunican­
do esta su recto y feliz impulso a las pasiones, produce una Oración
fúnebre en las exequias de Enriqueta de Inglaterra, un Sermón del
Juicio Final, un Sermón de la Epifanía, un Discurso en pro de la
libertad de Irlanda, una Divina Comedia, un Paraíso Perdido, unas
fjusíudas, una Jerusalem Libertada, una Alalia, un Pdo déla Dehesa,
odas como Las Ruinas de Itálica y a La Vida del Campo, un Qui­
jote, un Telemaco, una Catedral de Milán, una Cúpula de San Pedro,
una Transfiguración, un Juicio Final, un Martirio de San Pedro de Ve·
roña, una Cornunion de fian Gerónimo, una Noche del Cotregio, unas
Tres Gracias de Canova, un Miserere de Alegri, y un Barbero de Se­
villa: obras maestras de oratoria sagrada, de oratoria de tribuna, de
epopeya, tragedia, comedia, poesía lírica, novela, arquitectura, pin­
tura, escultura y música; obras maestras de bellas letras clásicas y
de clásicas bellas artes.
Y bien, Señores gaumistas, ¿llamareis a todas esas obras malos y
peligrosos desarrollos de la imaginación y las pa&iones! Me parece que
frente a frente de ese formidable catálogo me responderéis que d o ;
pues yo os pido solamente un favor: que junto u la Divina Come­
dia le concedáis un lugarcito a la lliada y a la Eneida, y junto a la
oda La Alda del Campo se lo concedáis al Arte poética de Horacio,
y quédense por ahora sin lugar y entre los pichones, como decíamos
en elcolegío, Demóstenes, Cicerón, Ovidio, Julio César, Salustio,Tá­
cito y demas numerosos clásicos paganos.
1 bien, Señores lectores, una alma como la cte Agustín; una ima­
ginación inspirada por el cielo africano, por el simoun y los oasis
del desierto, por las Pirámides de Menfis y de Tetaos y por las tum­
bas de Orígenes, de Régulo, de Catón, de Pompeyo y de Alejandro

[1] Villa, cap. 17.


I-1 Arniijuri loa iros tienen licllozas (le primer orÍ№.-y ti tercero fiu' un genio-
¿ (:1] Bretón ilo los Herrero«,“ El I’^otíi y ln beueíteiwdu.'’
/ i j ¿si tira contra lu manía contagiosa di* (.«serí&ir par« ti público.

Biblioteca Nacional de España


-2 2 2 —
el Grande; un corazon hijo del Atlas y del Nilo; una alma tan sim­
pática de la armenia, que le parecía que le hablaban las palmas del
desierto, las ondas del mar y las estrellas del cielo; aquella alma
viajera por todos los seres de la naturaleza y por las regiones del
infinito, en busca de la h&mosura siempre antigua y siempre nueva-, el
autor del Libro de la Música; el m&estro de elocuencia en Cartago
y en Roma; aquel a quien la gracia siguiendo a la naturaleza, no
convirtió con un rayo como a San Pablo, nl· con la vista de un ca­
dáver como a Santa Margarita de Cortona, nrcon la aparición de un
condenado como a San Bruno, sino con el dulce canto de un niño;
el grande orador católico ¿desconoceríaloa encantos de Ja imagina­
ción y el sentimiento y la grandísima utilidad de la elocuencia para
la religión? lie aqui algunas de sus máximas. MP'ara que la verdad
resplandezca debe hablarse con propiedad, eleganáa y ornato:' (1) El
Doctor y maestro dele hacer esto (hablar con elocuencia), para que
los discípulos lo oigan, no solo entendiendo lo que dice, sino con gus­
to y con disposición de ejecutar lo que les enseña ”(2). “Como es gra­
to el que aparta las nubes delaa cosas que se han de conocer, a3Í ea
pesado el que insiste en decir las j a conocidas: porque la gracia de
deleitar se llama también notas (musicales); en donde no se atiende a
ellas mismas, sino al modo con que se dicen” (3). “Dijo un elocuen­
te y dijo una cosa verdadera: que el elocuente debe hablar de tal
manera, que enseñe y deleite y rinda: enseñar es de necesidad; de­
leitar, do suavidad; rendir, de victoria” (*£). Ese elocuente a que a-
lude ^an Agustín probabilisiinamente fue Cicerón, el cual dice: “Ea
perfecto orador el que al hablar enseña y deleita y conmueve los á-
nimos de loa oyentes. Enseñar es una obligación; deleitar es liono-
íifico; eonmover es necesario” (5). Aqui no hai llantos por la lec­
tura de Cicerón, sino aprovecharse de la fuente de sabiduría de
Cicerón.
¿Y reprobaba San Agustín los clásicos paganos como modelos de
{!) Vrast* la pag. 25,.linca 3 y sfyruieiites da este Eusnyo.
J Doctor et ductor id agere debet, ut tun soltlm mtclligenlcr, vtrú n et liben-
itr el obedienter audiatnr. [De Doctrina Christianá\.
(3 ; S icut gratu» estvfvi cpgnoscenda enubilat, sic et onerosus qui cognila in-
nitcat: nata dtU ctundi gra tia ttiam nota dicuntUrt ubi non ipsa, red modus quo
dicuntur alltnditur. (Ibid].
[4] JJixit quídam eloquent, et venan dizit, ila dicere debere elequentem, ttt rf».
l« /, ct fhhctel, ct jlcctat: daccre aecesiitatis csí, delectare tuavitaíin, vincere vit-
furiac. [/6ú/].
(ó) Optimas est arator, qui dicendo, ánimos audientium et docet, e t dele ti at et
j>,:rtar,vO. Dneere d eb itu m tsl; delectare, honorarium; p e r n o te n , necctscrrixm, (D e
ü i-a tu re,í De óptimo genere oratorumj.
elocuencia? De ninguna manera. Hablando encomiásticamente dice:
“Platón, el varón mas sabio de su tiempo, que de tal modo habló
sobre todas las cosas, que las grandes las dijo como grandes, y las
de cualquier modo pequeñas, las magnificó con el modo de hablar.
De donde se puede decir con verdad: todos adm iran la elocuencia de
Tulio ; mas no igualmente su corazon: todos admiran el corazon de
Aristóteles; mas no igualmente sil elocuencia: todos admiran el co­
razon de PJaton (1) e igualmente su elocuencia.” N on accuso verba
sed vinvm erroris ( 2 ) .
San Agustín ya convertido al Cristianismo, ya Doctor de la Igle­
sia, citó confrecuenma dice Alápide, en sus escritos católicos los pen­
samientos de los clásicos paganos, y los citó con t i l frecuencia, que
Santo Tomas adoptando un pensamiento de San Gerónimo que
he citado en la Adición 3 2 .p , y aplicándolo a todos los Doctores
de los primeros siglos, incluso San Agustín, dice que no se halla
que admirar mas en sus escritos, si la ciencia de las Escrituras o la
instrucción en los clásicos paganos: v t nescitts qu idin illispriú s admi­
r a n debeas, erudittonem saectdi, an sci&Wani Scrfplurarum (3).
¿Como es esto? ¿Como se concilla este estudio de los clásicos pa­
canos hecho-por Agustín ya católico y Obispo, después de lamen­
tarse tanto de haber leido esos clásicos eu su juventud? I no se con­
fiesa de que durante mucho tiempo ha vendido alhajas de oro, pla­
ta, perlas y piedras preciosas, se lamenta con lágrimas do que es­
tos objetos han sido para él lazos de perdición, y al dia siguiente
ya anda en las calles gritando que vende alhajas de oro, plata, per­
las y piedras preciosas. Otro se confiesa de que durante muchos a-
íios ha leido malos librosj y llora amargamente los inmensos daños
que le han. causado en sus costumbres. El sacerdote le dice: "Her-
mano, ya U. conoce la necesidad de dejar esos libros,” y él contesta:
‘7Ah/, no Padre. Esos libros son hermosos como la vid en el cer­
cado y como los racimos de las uvas.” Después de paternales
exhortaciones, el penitente insiste en que jamas se separará de a-
quellos libros, que los leerá toda su vida, que los enseñará a otros
y que publicará sus doctrinas. El sacerdote le contesta: “Pues her-
inano, esta U. obcecado: no puedo daros la absolución; os daré una
bendición." ; Algo tienen aquellos extraordinarios libros! (4). Jesu-
( 1) Luego Pintón y Aristóteles no eran tan malos como los pinta Gatuno.
(2 J Cit. por Tomas Ilibérnico un su Florea Doctorum, ort. Eloqaontia·
(<J) 1 ? p a rt ¡quatst. 1 ? , art o.
Este no es mas que un símil para explicar la conducta de San Agustín. No .«o
croa poT esto que re pruebo Ion Cánones sobre que ningún sacerdote putilc absolver al
que no quiere desapoderarse de un libro prohibido.
__224__
cristo había quitado a los Apóstoles del oficia de pescadores dicién-
doles:"Yo os haré pescadores de hombres“ Y sin embargo, el Evan­
gelio despues de narrar la muerte y resurrección del Señor, refiere
que San Pedro dijo: “ Voi a pescar,” y que los Apóstoles le contes­
taron: “Yamos fambien nosotros contigo/’y se fueron a ejercer su
antiguo oficio (1). San Gregorio el Grande, explicando este pasaje
dice. "El negocio que antes de la conversión sú hizo sin pecado, se
pudo repetir sin pecado despues de la conversión. Asi Podro volvió
a la pesca, y Mateo no volvió a la mesa de las usuras ’. Y si San Ma­
teo después de su conversión ya no volvió a la mesa de las usuras
¿por qué Sun Agustín volvió a los libros de los paganos’ He aqui la
doctrina de Alágijle: “La razón sirve como esclava a la le, la natu­
raleza a la gracia, y laíilosolia a la Teología. En símbolo de lo cual
mandó Dios en el Deutorouoinio, capitulo 21, verso 11, que las hijas
do los geni iles tomadas prisioneras por los judíos en la guerra, des­
pues du la tonsura y purificación, fuesen admitidas al contrato ma­
trimonial y lecho délos fieles» hebreos. Por cuya causa, San (Jeróni­
mo, San Cirilo, San Gregorio Nacianceno, San liasílio, San Ayustm,
Tertuliano, Clemente Alejandrino y aun ñan.jPablo citan con f r e ­
cuencia sente’iciasde los-'gentiles’’ (2). El mismo San Agustín expli­
ca su conducta y su doctrina diciendo: “La doctrina enseñada por
Iob malos es pámpano en el cercado, racimo de uvas entre las espi­
nas: lee con precaución para que no, queriendo tomar el fruto te
hieras la mano, y cuando oyes al que dice bienes, no imites al que
obra m a l.. .Corta el racimo, evita lns espinas"' (S). "Los filósofos
(paganos), si dijeron a'gunas cosas verdaderas y acomodadas a nues­
tra le, sin apercibirse de ello, no solo d o $ e /tan (ui sino que de
ellos, como de injustoe poseedores, se han de vindicar para nuestro
uso” (4). “Algunos de los filósofos (paganos) en cuanto fueron ayu­
dados divinamente, descubrieron algunas grandes verdades (5); mas
en cuanto estuvieron impedidos humanamente, erraron” (G). El Si\

(1) JtiHnn. 21—3.


(2) J'rolryóiiiriin# al Krlesiáattco, cnp. ■*.
(3) Doctrina per víalos, palmes in sepe, botrus Inter spinas: can ti lege, ne titira
i/tiaeris frucUtm, laceres manum, et cwm audit bnua dicenlem, ne im ittris mala
Ja r U n ta n . . . Jiatrum carpe, spinas cape. ( Super Joann ).
(4) Pliilosophi, si (fitat fo rtí vera, ct firfei notirue acccmmndata direrunt, fo r ­
mulando, non sutil·, sed ab els etinm taiufiiam wjustis possctsstribus, ¡n vctiM nos­
trum vindicando. (De Doctr. Christ., Ub. 2, cap. 40).
(bj Aqui ya no lüii forth.
(6) Quidam j) kit usoph orum quaedam magna, quantum divinitus adjuti snnt, in-
Tcncrunt: quantum autem humanitu» impedid sunt, errar crunt. (De Civil, D ci ,
¡ib. 2 , cep. 7).
Pío IX sabia mui bien que los clásicas pacanos fueron malos en sus
costumbres, y sin embargo dice: '‘Ensénense a la juventud sus e s ­
clarecidísimos escritos.^ La doctrina de la Encíclica está conforme
con la de San Agustín: "Cuando oyes al que dice bienes. no imites
al que obra nial. ..O o rta e l racimo, evita las espinas.'’ Luego San
Agustín, uo reprueba las razone?, las sentencias, los grandes pensa­
miento.·*, el lenguaje y estilo de los clásicos paganos, ni los de 0 -
vidio; sino que antes enseña que son hermosos y tiles, como los
pámpanos de la vid en el cercado y loa racimos de uvas entre las es­
pinas; lo que reprueba son los pasajes malos que producen el error
y el vicio: Xon accuso verba, sed vhinmerrori*.
El argumento de Grou, de Gaume y de Ventura tomado de las
Confesiones de Son Agustín, puede llamarse nnarr/nmenlo de llanto,
frin rellcxiouarsecomo ni porqué se llora. “¡El llora!” dicen. El San­
to llora los males que le causaron las amistades. ¿Es decir que re­
prueba la amistad? Llora los males que le produjeron las relaciones
amorosas con las mujeres. ¿Es decir que reprueba el matrimonio?
Llora los pecados que cometió siendo estudiante en Cartago. ;Es de­
cir que condena las carreras literarias?
El P. Ventura trata de apoyar su interpretación del texto de
£an Agustín en sus Confesiones en el testimonio de Sacy, uuo ele
los expositores católicos trances-es de la liibüa, por que este, comen­
tando el capitulo 3. ° de la Epístola 2, ^ de San Pablo a Timoteo,
dice que debe enseñarse los clásicos paganos a los jóvenes de los co­
legios con mucho cuidado, para que no Ies acarreen los grandes ma­
les que acarrearon a San Agustín (1). Mas el mismo Sacy en el pro­
pio lugfir dice: “No se puede, sin embargo, condenar absolutamen­
te la lectura ni el estudio de los autores paganos, por que pueden
ser mui provechosos-, todos los Padres de la Iglesia estaban instrui­
dísimos en ellos, y San Agustín mi*.moxo»Ji?sa que puede uno enrique­
cerse con su sabiduría y con su elocuencia, como los israelitas se enri­
quecieron con los despojos de los egipcios,’’
r;Y reprueba í^an Agustín la enseñanza, de los clásicos paganos
alaju v entud de los colegios cristianos? Probemos que no, sino que
antes aprueba esta enseñanza, y de esta manera sernu desalojados
los gaumistas de su último atrincheramiento.
El primero de los placeres de la criatura racional (intelectuales,
morales y materiales), es el placer de la inteligencia. Y según el
historiador filósofo Diódoro de Sicilia, uno de loa primeros placeres
de la inteligencia, uno de los mas útiles es el de la Historia: remen.-
( 1) Dticurfo 2. 3
— 220—
tarse a los pasados siglos, íqterveuir con la inteligencia en los gran­
des sucesos de la humanidad, asistir a la asamblea dé los grandes
lioinbres, escuchar sus profundos pensamientos sobre las co^as que
man importan al género humano, y aprovecharse de ejlos como el
discípulo recibe las lecciones del uiaestro (1)* En la Adición anterior,
Séniores lectores, llevados de la mano por el sabio Toma.ssino, lie­
mos asistido a la asamblea de “los Santos P4 dre 3 .de la Iglesia*’ en
el siglo IV, y hemos escuchado su sentir sobre la, enseñanza de los
clásicos paganos a la juventud, con motivo del edicto de Juliano.
Esa locucion universal “los Santos Padres de la Iglesia” compren-»
de sin duda a San Agustín, y mas habiendo sido un Padre contem­
poráneo. Por el órgano de César Cantó hemos escuchado a todos
los Padres de 1a Iglesia griegos y latinos, protestando a um coz con­
tra el edicto del tirano. Luego protestó también San Agustín; a no
per que digamos ymiuüameuie, que en esa pléyade brillantísima de
lodos los Padres griegos y latinos, solo el astro de San Agustín .se
eclipsó. Las mismas doctrinas del Santo citadas hasta aquí, indican
que su sentir en el asunto era el mismo que el de los demas San­
tos Padres. Los sabios Suarez y Feyjoo dicen que San Agustín re­
probó el edicto de Juliano, como so ha visto en la misma Adición,
en donde l ’eyjoo, despues de citar la doctrinado Suarez añade: "lo
qué inmediatamente confirma con testimonios do A rjnstom, del Xa-
cianceno y de Teodoreto.” Alzog en su excelente historia Univer­
sal de la Iglesia, al hablar del edicto de Juliano, cita estas palabra»
que dice San Agustín en estilo de reproche: “Juliano, que prohibió
a los cristianos enseñar y aprender las letras liberales'' {_!). Esta sen­
tencia es tan concluyente, que la elegi para epígrafe de este libro,
para que el solo frontis de él fuese un golpe de muerte de la opi-
«ion gaumista, y para que los partidarios reflexivos vieran desde
el mismo frontis desbaratado su sistema. En fin, Alápide dice: “San
Agustín en el libro XV11I De la Ciudad de Dios, capitulo 5 ? , y loa
antiguos Doctores en varios lugares censuran fuertemente a Julia­
no el Apóstata el haber vedado a loe cristianos enseñar, para qui-
[ I] .Xiitil utilivs grandiutqut co/ritari potr.st, tfitam, in hnmanat v'dat titea -
tro, ifttocl H istoria partthus ómnibus miré instmetum h n h f t , . . Cvmrjue m a ii-
morum hominum de suinmis rebus maximis cansitiis ínterfucris, id r¡uwl »ujjidisni·
mi. kom iatt habemus, eurum eliam cctnlihus inlr-rcstc. ( l ’rueoiio a lus Vidas di¡
Filijio y de Alejandro).
( i j Julianus, f]ui christianos liberales Hileras docert el disetrc rttuit. Aquí estit (W trui-
<la la falso o inútil distinción de Buronío 7 dt· Ventura eutiv el profesorado y el apren­
dizaje en virtud del edicto do Juliana. Mui respetable* son eso« do* autores; p*ro lo
es mucho mus Sun Agustín, especialmente hattendo sido un testigo co’JtcmiK’ranco
t!el hecho.
tarles las armas con que destruían su gentilismo” (1). San Agustín
reprobó el edicto de Juliano. Luego aprobóla enseñanza de loada"
sicoa paganos a la juventud en las escuelas cristianas. No sé que·
so pueda responder a esta consecuencia, ni que habrían respuesto a
ella los miamos SS. Gaume y Ventura, apesar de haber sido unos
sabios.
Dicese que San Agustín en su Epístola a Nectario qivt comienza:
A n /¿cree praejfonenda de. reprueba la enseñanza de los clásicos paga­
dos a lajuveutud, con selección de pasajes y déla rnaueracon que
se enseñaban en las escuelas cristianas. Yo lo niego redondamente,
por que en tal ciso habría obrado de una manera favorable a J u ­
liano, se habría puesto en contradicción con todoa los demás Padrea
de la Iglesia griegos y latinos, y esto hubiera sido quizá mas sensi­
ble para ellos que el edicto de Juliano, y en mas de un renglón de
las obras de los Santos Padres, encontraríamos un Tu parecido a
un puñal: el Tu viro horno rmanwñs de la Escritura;· el Tu quoque
jili mi del infortunado César. Todo lo contrario: en lugar de hallar-
ge en las obras de los Padres alguna queja de San Agustín, o algún
rasiro de disentimiento, se encuentran las palabras terminantes de
üsentimiento y unanimidad que he citado. Si fuera pues eierta la
doctrina que se le atribuye por los gaurnístas en su Epístola a Nec­
tario, y cuyo texto dichos sistemáticos no han llegado a citar, San
Agustín se habría pnesto en· contradicción consigo misino. ¡Cuanto-
siento que Monseñor Gaume y el P. Ventura no hayan pesado to­
das estas cosas en la balanza de su criterio! ^Cuanto siento que Mon­
señor Gaume, apesar de sus nueve aios de estudios y de sus seis vo­
lúmenes, no haya pensado un poco mas!
Despues de haber procurado probar mí proposición 1 F , paso a
probar la 2 P , asabor, que la doctrina de San Agustín eu pro de
la enseñanza de los clásicos paganos a los niños y a tos jóvenes da­
los colegios cristianos, es un argumento mas ftierteen favor de la
misma enseñanza que la doctrina de cualquiera otro Padre de la
Iglesia.
El pobrecito Santo habia lrecho en su juventud !o que está mui
lejos de defender nuestro sistema: se habia deleitado desenfrenada­
mente en los clásicos paganos, como lo confíes» el mismot ets delec-
tabar. Joven de tez tostada por el sol de Africa, de barba tan po­
blada y exuberante cómo la vegetación de la zona tórrida, de co-

[ I ] <■· Augtuiintu lib. X V l í I De Civ ríate, rap. 6 , t i passim veteres, tazant


Juliaumm Apostatan, qu*d vetuerit Chñstianoi docere, u t arma i » eriptrel,
quibxu gtntiliimu m tuum deitruebant. (I* Jacob., cap, 3, v. 1 * J.
— 228—
razón humeante como el Etna y el Vesubio, habla apurado aquel
vaso grande de vino que dice Plauto: poculum magaum] se habia
embriagado cou los amores de Dido y con otros muchos pasajes
obscenos do los clásicos paganos, se habia entregado a la lujuria, yr
cunsado viajero, envejecido a los treinta y tres años, llegaba a las
puertas del Cristianismo. Llegaba a buena hora: cuando los tristes
restos del imperio romano hacían las exequias del paganismo, y da­
ban el último iale al real difunto, que dejaba lleno el mundo con la
fama de su nombre; mientras que e! Cristianismo,joven, robusto,
a e levantaba, coronado de todas las glorias de la fé, de la filosofía
y de la elocuencia, cargado con las inmensas riquezas de Cristo,
cargado por añadidura con la rica herencia de la lengua, de las
ciencias y las artes del paganismo. Llegaba abuena hora, porque
el dueño de los tiempos y de las vidas de los hombres,' que había
aumentado quince anos la vida de Ezequias, y retrazado diez hora»
el reloj de Acliaz (1), parece que habia dilatado cinco siglos el naci­
miento de aquel que habia de ser el gran luminar de su Iglesia, pera
que no oyera a Virgilio recitar su Eneida inmortal, ni viera el Coli­
seo en todo su esplendor; aquel Coliseo del qué cantaban tos roma­
nos, que era superior a los milagros de M&njU como llamaban a las
Pirámides de Egipto (2). Llegaba al Cristianismo con las mejillas
hundidas por dos arroyos de lágrimas; de lágrimas calientes como la
lava de un volcan; aquellas lágrimas de las que dice Chateaubriand:
“¿tempestad del coraron, he aqui tu lluvia!" Llegaba al Cristianis­
mo como el naufrago llega a la playa, desnudo y lleno de contu­
siones, y como el soldado vuelve de la guerra, cubierto de heridas
recibidas en el campo de los clásicos paganos. ¿Como no habia de
tener tristes recuerdos de ellqs? ¿Como ha de hablar bien de la fe­
ria el que perdió su caudal en ella? ¿Cuando ha sido agradable a u-
na madre la vidta de la horca en que murió su hijo? ¿Como h&bi&
de bendecir David los montes de Gelboe? ¿Como no habia de llo­
rar abundantemente José a la vista de sus hermanos, q,ue lo liabiaa.
echado en un pozo y lo habían vendido? ¿Como no se habia de la­
mentar San Agustín del daño que le habían causado les clásicos pa-
(1) IV R rg ., X X.
(2) B arbara P yram idum silcant mirmcttla M tm phis,

O m nii Cae tare § ctdat labor A m phiíkeatrc.


M a r c ia i ,.
£1 Verones no turo necesidad de poner al pie de su obra maestra este letrero:
E ü a tto n tai Bodatde Canaan; pero yo si tengo necesidad deadvertipV·, piadwo lector,
que eg «so trozo hablo figuradamente. Sin dada que la groeia cficu kabria triunfado
da Virgilio, de mil Coliseos y de todo. ·
— 229 —
gnnos, o mejor dicho, el modo con que se le habían enseñado y ha­
bía leído? De manera que, aun suponiendo que el Sanio, en cuanto
:i la enseñanza de loe clásicos paganos en las escuelas cristianas, se
hubiera separado del sentir de los demas Padres de la Iglesia, su
testimonio fuera mui explicable. Мая ацп en este caso, el testimonio
de San Agustín no formaría argumento en la cuestión presente, y
losgaumistas se quedarían sin argumento, por que según la teo!oj
j$ia católica ol testimonio de un Padre de la Iglesia opuesto al sen-*
tir unánime de 1оз demas Padres, uo hace argumento»
Pero sucede todo lo contrario.
El P. Ventura supone que el llanto del Santo era el llanto de
un rústico o de una persona sin sentido, que cuando escribió su»
Confesiones no estaba ni para dar migas a un gata, es decir, quer
estaba tan abatido y trastornado, que no sabíalo que deciay decia
hasta disparates. Nada de eso. El grande Obispo de Hipona, mien­
tras que por una parte con la humildad del último de los fieles pu­
blica loa pecados de su vida pasada y los llora ante la prosteridad
(l): unos pecados causados en mucha parte por los clásicos paga­
nos, por otra, con la excelsa independencia de razón de un filósofo,
y con la valentía de uno de los primeros Doctores de la Igíesia.en-'
seña que no se tema a esos clásicos, que se lean, que a& estudien,
que se enseñen a la juventud: fonnidanda nvn surtí. Estas palabras
eon capaces de tranquilizar la conciencia del maestro mas tucio«-
rista y menticuloso por la suerte de la juventud; si es que este maes­
tro quiere obrar de buena fé y no por vanidad de estudiante eu sos­
tener una proposicion que una vez emitió, ni por tenacidad en de­
fender el sistema de Gaume; por que ninguno habría tenido mas tor
zon para temer a los clásicos paganos que San Agustín. Mientráte
que por una parte llora el daño que le hizo el vino del error dé esos
clásicos, por otra enseña que ellos tienen preciosos racimos y acon­
seja que se corten. Por que aunque sabia mui bien que los racimos
de uvas no producen agua, sabia tan bien como San Ambrosio que
ese vino tomado con discreción, no es vino de error, sino un vino
que confortaba entonces, y ha confortado en todo» los siglos, y con)-
forta hoi en el siglo 3ÍIX la inteligencia, para adquirir con сгесЗД
la verdadera filosofía y una fé ilustrada (2); por que entonces y hoi
y en todos los siglos, el testimonio de loe enemigo» acerca de un
hecho, ha sido, es y será mas corroborativo que el de los amigos.

(1) No loa declara con cinismo, nomo Rousseau loa auyoa on sus Confesiones.
(2) Lin$ua suamtr.r d o ctn t'p lm confort at inteUictum. ( S a n A m bruio, st&fe
el Salmo B cati immaculati).
— 230—
Sabia mui bien que el vino do esos racimos es un vino que alegra y
conforta el corazon (1); por que esos clásicos en razón de la propie­
dad, pureza y gallardía del lenguaje y de las bellezas de la elocuen­
cia, deleita a maestros y discípulos, a oradores y oyentes, a escri­
tores y lectores, y hace que la sana doctrina sobre religión, sobre fi­
losofía y sobre cualquiera otra materia sea recibida con gusto y
en consecuencia, con fruto: libetácr.
Mui fuerte argumento en pro del sistema de Coperaico ea el cé­
lebre E pur 6¿ mu uve de Galiieo. Mui fuerte argumento en favor de-
la enseñanza de los clásicos es la doctrina de San Gerónimo, por
que también le habia ido mal, y esa doctrina equivale a decir:
“Aunque mehayan azotado con justicia por ciceroniano exagerado,
digo que es mui útil enseñar con discernimiento a Cicerón y a los
demás clásicos paganos a los jóvenes y aun a los niños (pucria)”
Pero en mi humilde juicio la doctrina do San Agustín es un argu­
mento en favor de la misma enseñanza, mas fuerte que el que pre­
senta el testimonio de cualquier otro Padre de la Iglesia; porque a
ninguno habían hecho tanto dáñalos clásicos paganos como a San
Agustín; por que el Santo habría querido que le hubieran dado cien
veces mas azotes que a San Gerónimo, como hubiera conservado la
virginidad de su alma; por que los azotes del espíritu son tres vocea
mas dolorosos que los azotes del cuerpo, y los azotcB del pecado infi­
nitamente mayores que los del cuerpo y los del espíritu. Toáoslos
Jemas Santos Padres, incluso San Gerónimo, dieron su testimonio
con mas espontaneidad; mientras que San Agustín bo dio luchando
con lo.s dolorosos recuerdos que tenia de los mismos clásicos, para
hablar en fuerza de la verdad.
Vna palabra y concluyo. En mi carta de 28 de Julio de 1872
dirijida al llustrisimo Si\ Sollano, concedí a Su Señoría Ilusrtrisima
el supuesto de que San Agustín reprobara la enseñanza de los clá­
sicos paganos a la juventud (2). En los pocos dias que duró nuestra
Correspondencia epistolar, yo estaba dedicado a otros estadios, asa-
ber. los de la Historia Roldana, y no pude estudiar profundamen­
te la doctrina de San Agustín, ni recorrer el vasto mar de la his­
toria de las escuelas y colegios cristianos durante los diez y nueve
siglos de la era cristiana, ni me habia ocupado de la cuestión sobre
lob clásicos, ni aun habia leído los escritos de Gaume, como consta
déla misma Correspondencia; y me pareció que una persona tan
versada en las obras de San Agustín como Su Señoría Ilustrisima
H ) Vtnum laetljicel cor. [Salm o 103, ». 15].
!2) V piísc la pag. S, liura 11 de este Eiidiiyo.
-2 3 1 —
diria bien. Mas ahora despues que he hecho lo que no pude hacer
en aquellos breves dias, mi opimon sobre la doctrina de San Agus­
tín es la que asiento en esta Adición. Este es el úaico punto de mi
Correspondencia epistolar que tengo que rectificar; y respeto de
loa demas puntos: históricos, filosóficos y literarios que toqué en la
misma Correspondencia, todo» los repito y ratifico en este Ensayo,
Lue^o en el siglo V se ensenaron los clásicos paganos a la juven­
tud, porque “Nada hai tenaz como un hecho.”
Suplico a mis benévolos lectores que me dispensen lo mucho que
debo de haberlos molestado con esta tan lar^a Adición} pero asi
me ha parecido necesario para profundizar y explicar bien la doc­
trina jie San Agustín. Antiguamente, a todo.s los hombres de letras
agradaba un historiador o escritor que descendiese a pormenores
y no dejase de una materia punto alguno sin tocar: a esto llama­
ban “un autor puntual” lloi también agrada a muchos este estilo;
pero otros muchos, como leen de carrera y sin imponerse bien de
cada asunto, califican al escritor de minucioso, pueril, paciente y
fastidioso. ¡Qué se ha de hacer!, cada uno tiene su modo de escri­
bir. Suponiendo que este Ensayo no esté escrito con la extensión
competente y necesaria, sino con prolijidad, yo sigo esta opinion de
uiritilia.no en sus Instituciones Oratorias: que de deis defectos que
puede cometer un escritor, el de la superficialidad y el de la pro­
lijidad, es mas disponible el segundo. Satiwyue esi^ahynUl narniúo-
m ·«wpewsse qnam deesse.

DICIOK 5 8 .

Los Dos E s t u d io s o s a lo r a n c io . A d ic ió n p r e l im in a r a l e st u d io de

la E dad M e d ia . S a t is f a c e el autor a algunos r epa ro s.

Eran dos hombres dedicados al estudio, Juan y Francisco, cuyos


apellidos no se dicen porque para que hablen no hai necesidad de
mencionarlos, Ambosjeran laguensesy ancianos, y por esto afestos al
estudio tal como se hacia en nuestra República hace mas decuaren-
ta anos. Juan se había educado en el Seminario de México, vivía
en esta capital y a la sazón se hallaba en Lagos por vacaciones,-}'
Francisco habia comenzado su carrera en el Seminario de Morelia
y la habia continuado y hecho casi toda en el de Guadalajara, vi-
via en Lagos y encribia un pequeño libro intitulado "Ensayo sobre
la enseñanza de los Clásicos paganos a los jóvenes y a los niños.”
Los dos habían leido de buena fé las obras de Monseñor Gaume y
—232—
del P. Ventura sobre dicha enseñanza, y, como sucede con frecuen­
cia, <esa lectura había hecho en ellos diversas impresiones: Juan, do
conciencia escrupulosa y excesivamente celoso por la suerte de la
juventud, se habia hecho gaumista; y Francisco, que veia las cosas
menos turbias y con ojos mas serenos, dq se habia dejado alucinar
por los sofismas de esos sabios y era antigaumista. Bien pudiera po­
ner a mis personajes nombres retumbantes, como Agorante Key di1
Ja >’ubia oD. Onofre Echevers Valdivieso Vidal de Lorca, Marques
d e S. Miguel de Aguayo y Santa Olalla; pero es mejor la sencillez
del Padre Larroga: Ju an y Francisco. Los dos eran amigos desde la
niñez y tuvieron la conferencia siguiente:
Juan. He leido tus opiuculos sobre diversas materias, y respecto
.de tu Ensayo he hecho lo que poquísimos liabrau ejecutado: lo lie
leido detenidamente hasta la Adición 37. a Aunque tus referidos o-
púsculos revelan que estas mui lejos de ser monarquista, sin em­
bargo, por tu modo de estudiar y de escribir, quiero decir por la
meditación y detenimiento conque lo haces; por que estudias do
dia y duermes de noche; por ser enemigo del café y del mezcal co­
mo medios de inspiración y supletorios del estudio; por ser amigo
de los libros infolio, aunque tengan la pa9ta de pergamino (1); por tu
paciencia en recoger, ordenar y presentar datos; por tu consiguiente
abundancia de citas; por tu lengunje que atestas de latines; por tu
afecto a los detalles; por tu castellano claro; por tu estilo franco; por
tus ribetes de ergotismo y escolasticismo, y hasta por tus comas
mas frecuentes en tus últimos folletos que en los primeros, indi­
cio de la respiración mas pausada en la ancianidad: en razón de
todo esto, tuB escritos parecen pertenecer a la época anterior a 1821.
Me agradan bastante por que soi de tu época, menos algunos que
me parecen defectos y que despues te diré. Estoi convencido de que
en los cinco primeros siglos de la Iglesia se enseñaron los clásicos
paganos a la juventud de las escuelas cristianas, por que ios hechos
que has aducido son muchos y las pruebas concluyentes.
Francisco. No roe admira el que te hayas convencido, pues se con­
venció el P, Ventura. Tu, aunque gaumista, miras la cuestión de
los clásicos con ¿bunio tranquilo y das lugar a tu claro talento c
imparcialidad; mientras que el General de los teatinos tenia un ar­
diente espíritu de partido, y apesar de ello, en virtud de esos hechos
y de esaa razones, y aun contradiciéndolas, tuvo que confesar pa­
ladinamente que en los cinco primeros siglos de la Iglesia se ense­
ñaron los clásicos paganos a la juventud de las escuelas cristianas:
Torjat ea quac pacis sunt.
(\) librof, maxirní avtem membranas. [ / / T im .} 4— 13].
— 233—
Juan. Bien está; pero falta la cola por desollar; falta lo principal
que es la edad media; falta probar que en esta época se enseñaron
los clásicos paganos a la juventud délas escuelas cristianas, lo cual
niega Y entura de acuerdo con Gfaume.
Francisco. No es la edad media lo principal; lo principal son los
primeros siglos de la Iglesia, por que «atoa son la base del Cristia­
nismo y de la enseñanza en los siglos posteriores. ¿Confiesas que en
los primeros siglos se enseñáronlos clásicos paganos a la juventud?
Pues asido te tengo: tienes que confesar que se enseñaron también
en la edad media. Cuando en una guerra se toma el· baluarte prin­
cipal y dominante de una plaza, Be rinde la plaza. Con razón (>au-
me no quiso confesar de plano que en los primeros siglos se enseña­
ron los clásicos paganos a la juventud, por que como hombre mui
vivo conoció que desalojando ese baluarte, la cuestión ora perdida.
Por que la enseñanza en la edad media fué el consiguiente y la i-
lacion precisa de la enseñanza en loa primeros siglos.
Juan, No comprendo esa ilación precisa, ni por qué la enseñan­
za en una época habia de ser la enseñanza en otra época.
Francisco. ¿Eu el siglo V se ensenaron los clásicos paganos a la
j uventud?
Juan. Si.
Francisco. ¿ Y en el siglo VI?
Juan. No, por que el siglo VI fuó ya la edad media.
Francisco. Ventura y bus partidarios han e'ojido el siglo VI (co­
mo podrían .haber elejido cualquier otro), como un gratuito valladar
de la enseñanza de loa clasicos-paganos a la juventud. ¿Y quien o-
bró esa repentina y milagrosa mudanza, que lo que se enseñó en el
siglo V ya no se enseñó en el VI? Mira Juan: (/qué dirías si alguno
te dijera que un caudaloso rio, despues de correr cien leguas de o-
jieu te a poniente, al llegar a cierto lugar, sin que se )o impidiera
una montaña, ni otro obstáculo alguno, habia retrocedido y corri­
do de poniente a oriente?
Juan. Qüe estaba loco, por que si el rio no tenia'obstáculo, es cla­
ro que seguiría corriendo en la misma dirección otras cien leguas y
mas.
Francisco. Pues una cosa igual sucedió en la enseñanza de los
clásicos paganos a la juventud de las escuelas cristianas: si el rio co­
rrió en los primeros siglos, corrió en la edad media.
Juan. No entiendo la comparación.
Francisco. Afirmas con Ventura que hasta,el siglo Y so enseña­
ron los clásicos paganos a la juventud, y que en el VI ya no se enso­
ñaron, Coloquémonos pues en el siglo V para asistir a ese mara­
— 234—
villoso tránsito de una enseñanza a otra· Ya recordarás el tcstimo-
„ nio de Sozomeno, historiador del siglo V, que he citado en la Adi­
ción 29. el qué, despues de referir que al Santo Padre Eusebio el
Erniseno se le enseñaron los clásicos paganos en su adolescencia en
la escuela cristiana de Edesa,-añade: “como lo pide la costumbre de
nuestros padres;” ut mos patfius fert. Y abas visto en las últimas A-
dicionea que en los primeros siglos, incluso el Y, la enseñanza de
los clásicos paganos en las escuelas cristianas, fue una costumbre
eclesiástica. Los canonistas dividen las costumbres eclesiásticas en
generalísimas, generales, especiales y especialisimas. Llaman cos­
tumbre general la que se observa en toda una nación cristiana, y
costumbre generalísima la que se observa en toda la cristiandad (1).
La enseñanza de los clásicos paganos en las escuelas cristianas en
loa primeros siglos, incluso el V, fué una costumbre generalísima, por
que era observada en toda la cristiandad: en la Iglesia Griega y en
la Iglesia Latina: los Padres griegos dan testimonio de la costum­
bre en la Iglesia Griega, y los Padres latinos, de la costumbre en
la Iglesia Latina. Esa enseñanza era materia de disciplina, general
exterior. v
Juan. E 3 verdad.
Francisco. Fues las ^costumbres generales, las costumbres de to­
da una nación que datan de siglos, son a modo de un caudaloso rio
que, aunquebc le pouga un dique, lo salva y sigue corriendo. ¿Qué
sera cuando no se le pone ninguno? Y bí tal es una costumbre (/ene-
ral, ¿qué seria una costumbre generalísima, una costumbre de toda
la cristiandad, que contaba bastantes siglos de existencia y databa
del nacimiento de las escuelas cristianas.? Ya sabes lo que son Ins
ideas nacionales, las ideas antiguas, las convicciones profundas de
un pueblo. Ya has visto en las últimas Adiciones que la enseñan­
za de los clásicos paganos a la juventud, era la convicción profunda
de todos los Padres de la Iglesia, griegos y latinos, y con ellos de ten-
da la sociedad cristiana en los primeros siglos, incluso el Y : persua-
¿nssimumfuit. ¿Por qué milagro, pues, las ideas de la cristiandad,
las convicciones profundas, la costumbre generalísima del Biglo Y,
se convirtieron en las ideas, convicciones y costumbres generalísi­
mas contrarias en el siglo VI? Y a sabes que el espíritu de la Igle­
sia Católica es de unidad, de universalidad y dt perpetuidad. Ya sa­
bes que el espíritu de la Iglesia Católica es de cadena de doctrina y de
instituciones- Ya sabes que es un espíritu de respeto a la autoridad: no
solo de los Papas y de los Concilios, «ino también de los Santos Pa­
dres; ni solo en las materias de la fé y de la moral, sino también en
( 1} ReiffenstWélj íu e Canonicum Universum, Do Conaaetudine, § 1·°
— 235—
las de disciplina general: respeto sapientísimo y justísimo, porque ai
es sabio y justo el respeto a Hipócrates y Galeno en la linea de la
medicina, a Copérnico y a New ton en astronomía, a Bossuet y a Mi-
rabea u en la oratoria, al Dante y a Yol taire en la poesía etc., es mui
cabio y mui justo el respeto en lasjmatertas teológicas, canónicas y
metafísicas a un San Agustín, un Santo Tomas de Aquino, un San
Gerónimo y todas esas inteligencias de primera magnitud que so
llaman los fíantos Padres. Tu has estudiado los Cánones, y sabes mui
bien que esta expresión "las instituciones de los Santos Padres” es
en ellos una gran palabra: Sandarum Patinm instituía. Sabes mui
bien que en los Cánones las materias de disciplina general se llaman
“las instituciones de los Santos Padres” ( l). Sabes mui bian cuan fre­
cuente es en los Cánones esta locucion: "siguiendo las pisadas de
nuestros antecesores:” vesOgiis inherentes. Sabes mui bien que la dis­
ciplina. eclesiástica se llama en los Cánones nervio, es decir una cosa
de mucha consistencia e importancia, y que si es disciplina general,
es nervio de todo el cuerpo católico, por lo qué la Iglesia ha sido
siempre cuidadosísima de que este nervio no se rompa: ne>vv,s dís-
ciplinae (2). Por tanto, mi amado Juan, desde antes de entrar de
lleno en el estudio de la edad medía, no te quepa duda de que San
Gregorio el Grande, Casiodoro y los demas Padres y doctores cató­
licos del siglo Yl, San Isidoro de Sevilla y demas Padres y doctores
del siglo Y ll, siguieron las huellas de los Padres de los primeros si­
glos: vesügiis intierentes. No te quepa duda de que los Padres y doc­
tores católicos de la edad media siguieron y cumplieron las institu­
ciones de los antiguos Padres, enseñando en sus escuelas los clási­
cos paganos a la juventud: Sanctorum Patrum instituía. Yj pensar
lo contrario es desconocer la lógica católica, la filosofía de la histo­
ria y el espíritu de la Iglesia, y no haber saludado el Derecho Ca­
nónico. Preséntame un solo Papa, un solo Concilio, un solo Santo
Padre del siglo Y o del VI o del VII, que haya prohibido la enseñan­
za de los clásicos paganos en las escuelas cristianas, o haya contra­
riado con su ejemplo aquella costumbre generalísima iniciando la
Costumbre generalísima en contrario·
Juan. El Coucilio IV de Cartago.
Francisco. Está probado en la Adición SO.03 que de la doctrina
de ese Concilio se deduce todo lo contrario.
Juan. Las Constituciones Apostólicas.
Francisco. Está probado en*ia Adioion 3 5 .89 que esas Constitu­
ciones hablaron de cosas mui diversas.
[1] Reiffonswel, id, id, § 3.
í*] Cap. Cum inler, De Contwtudint in Dtcrdal.
— 230—
Jvmi. San Gerónimo en su Epístola a Leta fué el que comenzó
y trazó el nuevo método e inició la costumbre generalísima en con­
trario.
Francisco. Está probado en la Adición 3 4 .88 y en otras que San
(Jerónimo en su Epístola a Leta no trazó ningún método nuevo,
*ino que fue del mismo sentir que los demas Padres en pro de la
enseñanza dolos clásicos paganos en las escuelas cristianas.
'fvun. ¡Ah, no recordaba!, San Agustín fué el que en sus Confe­
siones o en otro libro aconsejó el nuevo método.
Francisco. Está probado en la Adición 37. “ que San Agustín no
aconsejó tal método, y que fué del mismo sentir que los demás P a­
dres en favor de la enseñanza de los clásicos paganos en las escue­
las cristianas,
Juíin. No habiendo sido el Concilio IV deCartago, ni las Constitu­
ciones Apostólicas, ni San Gerónimo, ni San Agustín, Casiodoro de­
bió de ser el que cu sus Instituciones inició la costumbre en con­
trario.
Francisco. ¡Qué Doctor, ni qué buen católico habría sido tan so­
berbio y atrevido, que se hubiera animado a preferir su juicio indi­
vidual al pentir de todos los Padres de la Iglesia, y a contradecir
una disciplina general! Casiodoro pertenece al siglo VI, y al llegar
a ese siglo veras que es tan cierto que Casiodoro se opuso a la ense­
ñanza de los clásicos paganos a la juventud, como que se hayan o-
pucsto San Gerónimo y San Agustín. En fin, dicen los gaumistas,
no digo bien los venturistas, que en los cinco primeros siglos de la
Iglesia hubo la costumbre de enseñar los clásicos paganos a la ju ­
ventud de las escuelas cristianas; pero que San Gerónimo y San
Agustín fueron de sentir que no se diera tal enseñanza por ser per­
judicial, y que por la doctrina, autoridad y grandísima influencia
de esos Doctores, en el siglo V se cambió la costumbre, y ya en la
edad media no se enseñaron los clásicos paganos a la juventud de
lns escuelas cristianas. Derrotada la vanguardia de los gaumistas,
carguemos sobre la retaguardia de los venturistas, militares menos
avisados que los gaumistas, y que se,han colocado en un terreno
mui desfavorable. A vér que te pacece este razonamiento, y una
higa para el pagano y malvado que inventó la forma de él, y que por
desgracia usan todavía en pleno siglo XIX los escritores europeos
de mas valia:
En tanto según los venturistas n · se enseñaron en la edad me­
dia los clásicos páganos a la juventud de las escuelas cristianas, en
cuanto que San Gerónimo y San Agustín fueron de sentir que no
se enseñaran.
— 237—
Es asi que es falso que San Gerónimo y San Agustín fueron da
sentir que no se enseñaran.
Luego es falso que no se cnseüarop en la edail media los clási­
cos paganos a la juventud de laa escuelas cristianas.
Juan. H om bre·__ a la verdad. . . .tu s razones me hacen mucha
fuerza, y me parece que dices bien. Veraeferias suni ubi est pax et con­
cordia(1). Ven ira un abrazo: “¡Hermano mió eres, crezcas en milla­
res de millares!" (2). Entremos en el estudio de la edad media. P e­
ro antes te liaré algunas observaciones sobre tus escritos, especial­
mente sobre la forma de ellos. Y bien, ¿con qué caudal cuentas para
escribir una obra de no poca extensión y trabajo literario, como en
este Ensayo, y mas teniendo otras cuentas pendientes?
Francisco. Con Dios y su ayuda, mis pocos libros, la imprenta do
San Juan de los Lagos y la paciencia; por que “No se ganó Zamora
en una hora”, y dice otra sentencia; "La paciencia es el genio". Y si
eos hombres tan grandes que se llaman genios han empleado la pa­
ciencia para llevar a cabo sus empresas, con mas razón debemos
emplearíamos pequeños. Hasta loa animales nos dan ejemplo de pa­
ciencia. Asi, sin necesidad de citar a los naturalistas, vemos por la
experiencia que el gato espera mucho tiempo su presa silenciosa­
mente y con una paciencia inalterable.
Juan. /Pero, Francisco, eso es mui poco!, por que aunque Dios
es mui grande, quiere que pongamos de nuestra parte los instru­
mentos y cooper ación suficiente, y deaqui aquellamáxima: “A Dios
rogando y con el mazo dando” ; y los paganos tenían también su
máxima acerca de esto que decía: “Con Minerva mueve también
la mano": Cuvi Minerva move quogue manum.
Plutarco en la Vida de Demóstenes dice que un escritor público
debe vivir en una ciudad mui populosa e ilustrada, en donde tenga
estos dos elementos para escribir con perfección: abundancia de bue­
nos libros cd que estudiar, y abundancia de personas instruidas a
quienes consultar (3). En tiempo de Plutarco no se conocía la im­
prenta, y por esto no mencionó este otro elemento.' una buena im­
prenta.

( 1) Div, Chrysoti. Super tienes.


(3) Palabras qucjaconeejajAlonao Rodríguez so digan en las polémicas para que sean
decenl«sr aunque sean acaloradas, y no degeneren en día putas injuriosas 7 en riñas.
(3) E i qui Historian» scribendam susceperit, primó omnium oput eit Urbe no-
bili, rerun hontstarum studiosa, hominuntque ntuUitudine afluente, v te t in ovt-
nis generis librorum copia venara, et ea quae á acriptoribut om itía, ñiemoriae
tamen beneficio conservata fidem merentur, pereontando audiendoque percipienty
ita tuum opus absoloat, ut ne m ulta, aut neeessaria in to desiderari possint.
— 238—
Francisco. Si: con frecuencia llegan a mis manos obras que se
publican por suscricion, ricas de tipografía y ¿litografía, y pobres
de pensamiento: obras salidas de las principales prensas de Europa
y América; impresas en papel de marca; con el retrato del autor
ante todo; con dos o tres] frontis con letras tan grandes como me­
lones; con unos renglones negros, otros rojos y otros verdes; con
margenes tan anchos como el texto; con párrafos mui breves a la
Víctor. Hugo y grandes espacios en blanco: fáciles recursos para
escribir poco y aparentar mucho, y hacer de un librito que podía
ser en 12™; un gran libro en folio menor; con caprichosas viñetas;
con estampas que representan un cocodrilo con las fauces abiertas
mostrando cuatro hileras de espantables dientes, o ¡{¡un Kalmuco
con colaüT, o el Retrato de Quetzacoail (ja, ja, ja,) o el Anticriato des­
embarcando en Acapulco, o antiguos geroglíGcos interpretados ad
hoc, para que signifiquen que loa aztecas no vinieron de Aztlan, co­
mo dicen todas las historias y monumentos, sino ¡del lago de Cha-
pala!, u otras'figuras raras y sorprendentes que saquen el dinero;
obras que atraviesan los mares, que multum phalertUa, es decir con
muchos arreos y lujo tipográfico, entran en los palacios para diver­
tir los ratos de pereza de los grandes señores, y mediante influen­
cias y recomendaciores, conquistan al autor medallas, listones, ser
nombrado Socio de la Real Academia H y miembro del Instituto
Científico R e tc .. ¡Oh, no, no! Mis libritos sotk como los gatos.* mui
caseros, pues poco pasan del Estado de Jalisco; son como la moneda
do cobre, la cual no circula mas que en un pequeño territorio y dura
poco tiempo, y para tan corta circulación y duración, bien se está
San Pedro en Roma, quiero decir, que no hai para qué ir a buscar
con muchos trabajos una ciudad populosa en que escribir, ni otra im-
pien taq ue la de San Juan de los Lagos.
Ademas. Es verdad que en la capital de la República y en las
de los Estados se encuentran loshombres mas instruidos; pero, de­
jando aparte esas honrosísimas excepciones, ¿creerás, mi querido
Juan, que me parece que en una ciudad pequeña se escribe con mas
tranquilidad, meditación y solidez que en la capital de la Repúbli­
ca? Allí la vida de no pocos escritores públicos es la siguiente. Le­
vantarse a las ocho o nueve de la mañana; luego el tocador, que dura
bastante, especialmente si pasan de los'cuarenta años; despnesel
almuerzo; despues las horas de oficina pública (en cuyo desempeño
mezclan lectura de periódicos, escritos propios para el público, con
no poco ruido y distracciones y pláticas con amigos); en la tarde el
paseo; en la noche la comida, el teatro, escribir para el público y
leer para dormir, que es lo contrario de pensar. ¿Y las largas convi-
— 239
vialidades?, ¿y hacer y recibir visitas de amigos?, ¿y el "baño? ¿y la asis­
tencia a asociaciooes literarias?, ¿y Las veladas?, ¿y la cátedra o cá­
tedras?, ¿y la correspondencia epistolar abundante con amigos? ¿A
qué horas se estudia? ¿A que horas se medita?
Respecto de la imprenta de San Ju an de los Lagos, ya digo algo
acerca de esto en la Adición 28. * , a lo qué añado que dicha im­
prenta antes era mala; pero su dueño se proveyó de tipos de Esta­
dos Unidos, y ya el tomo 1. ° de mi Compendio de la Historia An­
tigua de México, mis Documentos sobre Montes dé Piedad y lo que
va impreso de este Ensayo han salido medianamente buenos y mui
legibles, y tan correctos todos mis folletos, apesar de la muchedum­
bre de textos latinos, que casi ninguno ha necesitado de fé de erra­
tas, y menos de dos o tres fojas de fé de erratas, como se vó en no
pocos libros salidos de otras imprentas, aun las de la capital de la
República.
Juan. Tu aludes a los escritores de muchos periódicos y de m u­
chos folletos, a quienes inspiran y favorecen las cinco Musas de loa
chiribitiles, de aquellos escritos públicos de que dice el literato je ­
suíta Poree: “que pare el Hambre, vende la Avaricia, compra la
Simpleza, lee la Ociosidad, admira la Fatuidad y reprueba la Sabi­
duría” (1).
Francisco. No solamente a esos, sino también a no pocos libros
de uno, dos y mas volúmenes, que no salen de las pocilgas, sino do
los grandes almacenes y gabinetes, en que brillan los espejos, se
pisan afelpadlas alfombras y se admira la caoba y el damasco; y sin
embargo las Musas que los inspiran y favorecen son la Especula­
ción y las otras cuatro que has dicho.
Juan. Tu Musa, dirán, es la de los viejos: la Ranciedad, y una de
las cosas en que la muestras es ese recargo de citas que a mu­
chos parecerá pesado y fastidioso. Ademas, algunas «ie ellas son inú­
tiles. Te has olvidado de aquella critica que haee el Padre Isla de
un predicador que decia: “¡Católicos! Dios es Omnipotente, como
dice San Ju an Crisóstomo” ; pues la Omnipotencia de Dios es una
verdad tan clara, que nohai necesidad de sitar a San Ju an Crisós-
tomo ni a nadie.
Francisco. Pruébame que alguna de mis citas es como esa.
Juan. Te has olvidado de tu autor favorito, Cervantes, quien di­
ce en su Quijote que es ridiculo el escritor que para expresar uu
pensamiento ha de citar precisamente a otro autor, pudiendo ex-
(I) Quos p a rit F a m ts, vendit A v a ritia , emií SiolidiCas, legit D esidia, a d m i­
ra (ur F a tu ita s,reprobat Sa p ien t ia.
— 24 0 —
presarlo por si mismo; y es la verdad, por que tal escritor seria se­
mejante al que para todo lo que dijese anduviese buscando testi­
gos. Tú te pareces a aquellos escritores de los siglos XVI y XVIÍ
que decían: “Xos avergonzamos cuando hablamos sin texto”: Jí'm-
bescimur dum sme tertu loqiiimur.
Francisco. Es tan natural citar, que para probarme que no debo
citar tú citas al Padre Isla y a Cervantes. En efecto Cervantes dice
eso; pero conviene distinguir los casos. ¡Esta sindéresis tan ne­
cesaria! Cuando a un escritor, aunque sea mediano, le ocurre un
pensamiento profundo, hará bien en expresarlo como propio, aun­
que se exponga a las notas de orgulloso y atrevido, haciendo un sa­
crificio de la modestia a la verdad y al derecho de propiedad del
pensamiento, que es tan legitimo como todos los derechos de pro­
piedad, y el mas noble y hermoso de todos. Por esto, en una que
otra parte de mis folletos he dicho: Fsto no lo he visto ennincfun au­
tor. Pero cuando el escritor expresa un pensamiento mui notable
por su novedad o por su sublimidad o belleza o agudeza o preci­
sion u otra excelente cualidad, y este pensamiento no le ocurrió a
él, sino que lo leyó en otro autor, a cada uno lo suyo, a fuer de es­
critor leal y sincero debe citarlo. Y aun suponiendo que por una
feliz casualidad a mi me hubiera ocurrido un pensamiento profun­
do que encuentro en líossuet, ¿tendrá para mis lectores aquel pen­
samiento la misma autoridad y peso en boca de liossuet que en la
mía? Por último, la mayor parte de mis folletos son sobre Historia,
y en materia de Historia ¿como no citar a cada paso, al narrar ca­
da hecho, el historiador o historiadores que lo refieren?
Juan, liien, pero tú eres mui minucioso; por que citas no sola­
mente el autor, sino la obra, el libro, el capítulo y el artículo.
Francisco. Asi te dé Dios buena manderecha para la composicion
de tus escritos; pero por lo que a mí toca esas particularidades no
son para omitidas; por quo si el escritor no es mui acreditadojpor su
literatura y por bu buena fé, el decir solamente "corno dice el au­
tor-Fulano”, no “como dice, Mangano, Zutano y Perengano,J,[sin de­
cir donde ni como, es dar lugar el escritoT a la sospecha fundada
de embustero o charlatan, o bien de negligente para escribir, lo qué
tampoco es una garantía para los lectores. Esas citas vagas equi­
valen a aquel Poco nías o rúenos en los alrededores de Papeguay. En
las Causas célebres de Gaspar y Roig, parte francesa, hai una causa
crienminal en la que para la averiguación de un hecho mui inte­
resante se llevó como testigo a un aldeano anciano, que era tau ton­
to, que a todas las preguntas que le hacían no respondía otra cosa si­
po: Foco iñas o menos ~en los alrededores de Papeg-wj·, por lo qué loa

También podría gustarte