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CONCEPTOS POLÍTICOS, TIEMPO E HISTORIA

Chapter · June 2013

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Javier Fernández Sebastián Gonzalo Capellán


Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea Universidad de La Rioja (Spain)
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Autores
Por conceptos históricos fundamentales no hay que entender las expresio- El estudio histórico de los lenguajes y conceptos políticos despierta un interés creciente entre Javier Fernández Sebastián Hans Erich Bödeker
nes específicas de las ciencias de la historia descritas en manuales y obras sectores académicos cada vez más amplios. Junto a muchos historiadores, no pocos estudiosos
Gonzalo Capellán de Miguel (eds.) Pim den Boer
metodológicas. Más bien se trata de conceptos-guía del movimiento his- en ciencias sociales, filosofía y humanidades han encontrado en la obra de Reinhart Koselleck
Peter Burke

CONCEPTOS POLÍTICOS,
tórico […] [que] constituye el objeto de la investigación histórica. Por una fuente de inspiración y un estímulo para sus trabajos.
ello la Historia como ciencia [Historie] remite de forma obligada al uso de Gonzalo Capellán de Miguel
CONCEPTOS Giuseppe Duso

TIEMPO E HISTORIA
las palabras descollantes en cada campo temático. Ninguna investigación Los ensayos reunidos en este volumen, escritos por reconocidos especialistas, ofrecen un pa-
histórica debiera reducir el tratamiento de la expresión lingüística y de la norama de los principales enfoques y desafíos metodológicos que afronta hoy día la historia Alexandre Escudier
autointerpretación de épocas pasadas o presentes a una fase transitoria de conceptual, así como algunos trabajos específicos sobre ciertos conceptos fundamentales de la João Feres Jr.
dicha investigación. En cierto modo las fuentes lingüísticas de los períodos
tratados en cada caso son en su conjunto una única metáfora de la historia
modernidad.
POLÍTICOS, Javier Fernández Sebastián
Michael Freeden
acontecida [Geschichte] que se trata de conocer. Este libro combina reflexiones teóricas y orientaciones generales sobre la investigación en la

Reinhart Koselleck, Introducción al Geschichtliche Grundbegriffe


historia de conceptos con una serie de textos referidos particularmente al caso de España y al
mundo iberoamericano, ámbito en el que los estudios en este campo han alcanzado un desa-
TIEMPO Jacques Guilhaumou
Jörn Leonhard
rrollo considerable en los últimos años. Faustino Oncina
E HISTORIA Kari Palonen
Elías José Palti
Pablo Sánchez León
Guillermo Zermeño Padilla

Gonzalo Capellán de Miguel (eds.)


Javier Fernández Sebastián
ISBN 978-84-8102-610-8 30€

www.edicionesuniversidadcantabria.es

www.mcgraw-hill.es The McGraw-Hill companies


CONCEPTOS POLÍTICOS,
TIEMPO E HISTORIA
Nuevos enfoques en historia conceptual
CONCEPTOS POLÍTICOS,
TIEMPO E HISTORIA
Nuevos enfoques
en historia conceptual

Editado por
Javier Fernández Sebastián
Gonzalo Capellán de Miguel

Ediciones de la Universidad de Cantabria


y McGraw-Hill Interamericana de España

Ediciones
Universidad
Cantabria
  Conceptos políticos, tiempo e historia : nuevos enfoques en historia conceptual /
editado por Javier Fernández Sebastián, Gonzalo Capellán de Miguel. — Santander :
Editorial de la Universidad de Cantabria ; [Madrid] : McGraw-Hill Interamericana
de España, D.L. 2013.
  XXXIX, 495 p. : il. ; 24 cm
  D.L. SA. 280-2013. — ISBN 978-84-8102-610-8
1. Ideología — Historia. 2. Ciencia política — Historia. 3. Vida intelectual — Historia.
4. Historia — Filosofía. I. Fernández Sebastián, Javier, ed. lit. II. Capellán de Miguel,
Gonzalo, ed. lit.
32:930.1
316.75:930.1
930.1

Esta edición es propiedad de la Editorial de la Universidad de Cantabria; cualquier forma de reproduc-


ción, distribución, comunicación pública o transformación sólo puede ser realizada con la autorización de sus
titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos,
www.cedro.org) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra.

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Presidente: José Ignacio Solar Cayón
Área de Ciencias Biomédicas: Jesús González Macías
Área de Ciencias Experimentales: M.ª Teresa Barriuso Pérez
Área de Ciencias Humanas: Fidel Ángel Gómez Ochoa
Área de Ingeniería: Luis Villegas Cabredo
Área de Ciencias Sociales: Concepción López Fernández y Juan Baró Pazos
Directora Editorial: Belmar Gándara Sancho
Digitalización: emeaov

© Hans Erich Bödeker; Pim den Boer; Peter Burke; Gonzalo Capellán de Miguel (editor); Giuseppe
Duso; Alexandre Escudier; João Feres Jr.; Javier Fernández Sebastián (editor); Michael Freeden; Jacques
Guilhaumou; Jörn Leonhard; Faustino Oncina Coves; Kari Palonen; Elías José Palti; Pablo Sánchez
León y Guillermo Zermeño Padilla
© Editorial de la Universidad de Cantabria
Avda. de los Castros, s/n. 39005 Santander (Spain)
+34 942 201 087
www.libreriauc.es
© McGraw-Hill
www.mcgraw-hill.es

ISBN: 978-84-8102-610-8
D.L.: SA-280-2013

Impreso en España – Printed in Spain


Imprime: Dosgraphic, s. l.
Reinhart Koselleck (1923-2006)
In memoriam
Sumario

Agradecimientos XIII
Conceptos políticos, tiempo y modernidad.
Actualidad de la historia conceptual XVII
Javier Fernández Sebastián
y Gonzalo Capellán de Miguel

Parte I.  Historia conceptual y disciplinas afines

1 Historia de los conceptos como historia de la teoría.


Historia de la teoría como historia de los conceptos.
Una aproximación tentativa 3
Hans Erich Bödeker
2 Ideas, conceptos, metáforas. La tradición alemana
de historia intelectual y el complejo entramado
del lenguaje 31
Elías José Palti
3 Ideología e historia conceptual: la interrelación
entre método y significado 61
Michael Freeden
4 Los estratos teóricos de la historia conceptual
y su utilidad para futuras investigaciones 93
João Feres Júnior
X Conceptos políticos, tiempo e historia

5 Historia cultural de las prácticas intelectuales:


una visión general 115
Peter Burke

Parte II.  En torno a la semántica histórica


de los tiempos modernos

6 La Begriffsgeschichte y el concepto moderno de poder 141


Giuseppe Duso

7 La temporalidad histórica de las formas de individuación.


Las figuras del yo (siglos xvi-xix) 171
Jacques Guilhaumou

8 Los «momentos conceptuales». Una nueva herramienta


para el estudio de la semántica histórica 195
Gonzalo Capellán de Miguel

9 Semántica histórica, iconología de la muerte


y modernidad en Reinhart Koselleck 235
Faustino Oncina Coves

10 Decadencia y regeneración. La temporalidad


en los conceptos fundamentales de la modernidad
española 271
Pablo Sánchez León

Parte III.  Sobre temporalidad y ‘nacionalidad’ de los conceptos:


lenguajes y experiencias en el espacio y en el tiempo

11 Temporalización (Verzeitlichung) y modernidad política:


ensayo de sistematización a partir de R. Koselleck 303
Alexandre Escudier
Sumario XI

12 Contingencia, teoría política e historia conceptual 351


Kari Palonen
13 Lenguaje, experiencia y traducción: hacia una dimensión
comparativa 377
Jörn Leonhard
14 Culturas nacionales, conceptos transnacionales:
la ‘Begriffsgeschichte’ más allá del nacionalismo
de los conceptos 405
Pim den Boer
15 Cabalgando el corcel del diablo. Conceptos políticos
y aceleración histórica en las revoluciones hispánicas 423
Javier Fernández Sebastián
16 Sobre la condición postnacional en la historiografía
contemporánea: el caso de Iberconceptos 463
Guillermo Zermeño Padilla
Sobre los autores 491
Agradecimientos

En el largo proceso de preparación, escritura y edición de una obra co-


lectiva como esta, los editores han contado con la ayuda de numerosas
personas e instituciones. Entre estas últimas, es razonable empezar por
reconocer nuestra deuda de gratitud con el Ministerio de Ciencia e In-
novación del Gobierno de España y con el Departamento de Educación,
Universidades e Investigación del Gobierno Vasco. Estas dos instituciones
han financiado en los últimos años, respectivamente, un proyecto en
mar­cha titulado «Historia conceptual, constitucionalismo y modernidad
en el mundo iberoamericano» (har 2010-16095), así como las actividades
académicas del Grupo de investigación en Historia Intelectual de la Po-
lítica Moderna (it- 615 -13), que desarrolla sus tareas en la Universidad
del País Vasco (upv/ehu) bajo la dirección de Javier Fernández Sebastián
desde el año 2007. Además, el Banco de Santander viene financiando
generosamente a través de distintos convenios firmados al efecto con la
upv/ehu los dos principales proyectos internacionales en los que estamos
embarcados, a saber, el llamado Iberconceptos (cuyo objetivo es construir
una historia conceptual comparada del mundo iberoamericano), y más
recientemente, el incipiente Proyecto Europeo de Historia Conceptual.
Gracias a la ayuda de estas instituciones públicas y privadas ha sido
posible organizar una serie de eventos académicos, seminarios y con-
gresos en donde poco a poco, a través de varias conversaciones con di-
ferentes colegas europeos y americanos pertenecientes en su mayoría al
History of Political and Social Concepts Group (hpscg, recientemente
rebautizado como History of Concepts Group: hcg) y también a la red
Iberconceptos, fue tomando forma la idea de un libro como este. Un libro
en el que, por una parte, ofrecemos al lector un panorama comprensivo
XIV Conceptos políticos, tiempo e historia

de las aproximaciones y desarrollos metodológicos más significativos de


la historia conceptual en los últimos años, mientras que, por otro lado,
tratamos de aportar algunas reflexiones y estudios de caso acerca de
la temporalidad de los conceptos políticos en el mundo moderno (con
especial atención al mundo ibérico).
Estamos muy agradecidos a todos y cada uno de los autores por
su paciencia y, sobre todo, por su disposición desinteresada a redactar su
correspondiente capítulo. João Feres Júnior compartió los primeros pasos
de esta aventura y algunas tareas preliminares para su puesta en marcha.
Su realización ha supuesto muchos meses de trabajo y a él han coadyu-
vado, directa o indirectamente, numerosas personas. Cada una de las
etapas de escritura y reescritura, traducción, revisión, edición y publi-
cación de los textos han consumido mucho tiempo y muchas energías.
Dada la complejidad y variedad de traducciones en un libro como este,
cuyos originales se escribieron en cuatro lenguas distintas del español,
quisiéramos mencionar a Ian Thomas y a Mark Hounsell para el inglés,
a Luis Fernández Torres para el alemán, a Laura Volpe para el italiano, a
Pilar Gil y Consuelo Manzano Ortiz para el francés, y a Jorge Sáez Pas­
cual y Mariluz Gorricho Martínez para diversas traducciones del inglés
al español.
Versiones preliminares de varios de los ensayos que aquí se reúnen
han sido presentadas y debatidas en distintos seminarios de Europa y
de las dos Américas, e incluso algunos de ellos han visto la luz con an-
terioridad1. En lo que al capítulo de Javier Fernández Sebastián respecta,

1
El original alemán del capítulo de Hans Erich Bödeker fue incluido en el libro Methoden und
Kontexte. Historiographische Probleme der Bildungsforschung, Rita Casale, Daniel Tröhler y
Jürgen Oelkers (eds.) (Gotinga, Wallstein Verlag, 2006). El
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original italiano del ensayo de Giu-
seppe Duso fue publicado parcialmente en Storia dei concetti e filosofia politica, editado por
Sandro Chignola y por el propio Giuseppe Duso (Milán, Franco Angeli, 2008). Los capítulos
de Alexandre Escudier y Elías Palti vieron la luz como artículos en las revistas Annales hss
(64/6, noviembre-diciembre 2009) e History and Theory (49, mayo 2010), respectivamente.
Los de Javier Fernández Sebastián, Faustino Oncina Coves, Gonzalo Capellán de Miguel y
Pablo Sánchez León, actualizados para este libro, en Lenguaje, tiempo y modernidad. Ensayos
de historia conceptual (Santiago de Chile, Globo Editores, 2011). Damos las gracias de nuevo
a los autores y a los editores por autorizar la publicación de sus textos en este volumen.
Agradecimientos XV

hay que agradecer muy cordialmente a Pierre Rosanvallon (cuya histoire


conceptuelle du politique constituye una fuente de reflexión y un estímulo
para muchos de nosotros), que en su día le invitó amablemente a presentar
un primer borrador del texto en su seminario de la Chaire d’Histoire
Moderne et Contemporaine du Politique (Collège de France), donde hubo
ocasión de discutirlo con un selecto grupo de académicos entre quienes
se encontraban, entre otros, Annick Lempérière, Geneviève Verdo, Joëlle
Chassin, Federica Morelli y Gabriel Entin. Vaya nuestro agradecimiento
a todos ellos, así como a Juan Francisco Fuentes, colega y amigo con
quien tantas veces hemos colaborado y compartido proyectos y debates
sobre cuestiones de historia política e intelectual, cuyos comentarios y
observaciones nos han resultado de inapreciable ayuda.
Esa larga labor preparatoria y los múltiples trabajos ­desarrollados
a lo largo de los últimos cinco años no hubieran podido dar su fru-
to sin la inestimable colaboración de la Universidad de Cantabria,
a la que damos las gracias por haber aceptado abordar un proyecto
editorial tan complejo, y muy especialmente a Belmar Gándara, Di-
rectora de Ediciones de la Universidad de Cantabria, por su exquisita
profesionalidad.
En esta misma editorial, bajo su sello Cantabria University Press y
en colaboración con McGraw-Hill, salió a la luz en 2010 una primera
versión de este libro en lengua inglesa, Political Concepts and Time. New
Approaches to Conceptual History. Para esta nueva edición en español,
se han suprimido los dos apéndices; a saber, el discurso conmemora-
tivo de Christian Meier poco después del fallecimiento de Reinhart
­Koselleck y la declaración que daba a conocer las líneas generales del
­Proyecto Europeo de Historia Conceptual impulsado por Henrik
­Stenius, Michael Freeden y Willibald Steinmetz (mission statement ­cuya
versión en español fue publicada en el número 12 [2011] de la revista
electrónica Historia Constitucional). En esta nueva edición destinada
al público hispanohablante, el libro se ha enriquecido con tres capí-
tulos a cargo de Gonzalo Capellán de Miguel, Pablo Sánchez León
y Guillermo Zermeño, reforzando así en gran medida la presencia de
XVI Conceptos políticos, tiempo e historia

autores pertenecientes al área cultural iberoamericana. Además, la obra


se ha reestructurado en tres grandes bloques acordes con los contenidos
de este nuevo volumen.
Sólo nos resta reconocer la enorme deuda intelectual de todos no-
sotros con Reinhart Koselleck, deuda que el lector podrá apreciar fácil­
mente en casi todos los ensayos aquí reunidos. Poco después de su muerte
empezó a gestarse la idea de este libro. Es justo que ahora que por fin ve
la luz vaya dedicado a su memoria.
Conceptos políticos, tiempo y modernidad.
Actualidad de la historia conceptual

Javier Fernández Sebastián y Gonzalo Capellán de Miguel

En los últimos años la llamada «historia conceptual» despierta un vivo


interés entre un amplio abanico de estudiosos en ciencias sociales y hu-
manidades. En los círculos académicos, sobre todo en aquellos que de
un modo u otro se ocupan de las sociedades del pasado, se extiende cada
vez más la conciencia de la necesidad de tomar en cuenta la variabilidad
de las redes semánticas que los seres humanos han ido tejiendo y deste-
jiendo en el espacio y en el tiempo.
La crisis por la que atraviesan en nuestros días muchos conceptos
modernos seguramente no es ajena a ese interés creciente. El resquebra-
jamiento de ciertas categorías que tendíamos a dar por evidentes invita a
volver la vista atrás y a interrogarnos sobre sus orígenes, su desarrollo y
las razones de su declinación. Conceptos que hasta hace poco creíamos
imprescindibles, sólidos y poco menos que irrevocables empiezan ahora
a parecernos esquemas provisionales, frágiles y contingentes, cuando no
francamente residuales u obsoletos.
Esta nueva sensibilidad histórico-conceptual probablemente tampoco
es ajena a la necesidad de hacernos cargo de la multiplicidad de modos de
vida que pululan en el planeta. La pluralidad de lenguas, culturas y sis-
temas conceptuales que se entrecruzan en el babélico mundo actual, con
su irremediable cortejo de malentendidos, nos permite imaginar la uti-
lidad de una semántica histórica comparada de las civilizaciones. Una
XVIII Javier Fernández Sebastián y Gonzalo Capellán de Miguel

disciplina conjetural que podría contribuir al acercamiento y al (re)cono-


cimiento mutuo entre gentes pertenecientes a las distintas áreas y sistemas
culturales que coexisten en nuestro mundo.
A todas estas razones por las que los conceptos son realmente impor-
tantes, pueden añadirse las que recientemente han esgrimido Martin J.
Burke y Melvin Richter, al sostener la imposibilidad radical de traducir
cabalmente el pensamiento político y social sin un conocimiento previo
de los significados históricos de los conceptos. Sin esa recuperación de
la gama de significados originales de los conceptos en sus textos y con-
textos, de su formación, transmisión y recepción, de su traducción y
retraducción en diferentes culturas y momentos que aporta una historia
conceptual, no sería posible según el propio Koselleck entender el signi-
ficado del pensamiento en el pasado (Why Concepts Matter. ­Translating
Social and Political Thought, Leiden/Boston, Brill, 2012) (véase también,
desde una perspectiva diferente, una interesante colección de estudios
acerca del movimiento a escala global de ciertas palabras en el espacio y
en el tiempo: Carol Gluck y Anna Lowenhaupt Tsing [eds.], Words in
Motion. Toward a Global Lexicon, Durham y Londres, Duke University
Press, 2009). También los estudios postcoloniales han puesto de mani­
fiesto la existencia no sólo de varios sistemas conceptuales y tradiciones
de pensamiento, sino también de diversos cronotopos y maneras de abor-
dar el pasado, lo que parece aconsejar la apertura de un diálogo entre esa
pluralidad de aproximaciones.
Sea como fuere, lo cierto es que los procesos de «desnaturalización» e
historización de nuestros marcos de comprensión del mundo han avan-
zado considerablemente –particularmente en Occidente– en los últimos
años, y hay pocas razones para pensar que este saludable, progresivo
distanciamiento del sensus communis llegue a detenerse en el futuro in-
mediato. De hecho, un número creciente de trabajos y de publicaciones
se interrogan sobre los cómos y los porqués del surgimiento y diseño de
nuevos conceptos (más raramente, también sobre su ocaso), o aportan
estudios empíricos sobre nociones o lenguajes específicos. Más bien pa-
rece, pues, que las diversas aproximaciones teóricas y metodológicas al
Conceptos políticos, tiempo y modernidad XIX

problema del cambio político y la innovación conceptual (sin olvidar el


análisis de la obsolescencia semántica), así como los programas de inves-
tigación en historia conceptual transnacional seguirán desarrollándose
en los próximos años.
En realidad, la historización del mundo no ha dejado de expandirse
paso a paso, aunque no sin retrocesos, desde el siglo xviii (cuando, según
Koselleck, surgió propiamente el concepto moderno de historia): acon-
tecimientos, estructuras, clasificaciones, disciplinas… toda clase de he-
chos, conocimientos y creaciones humanas han sido sometidos paulatina­
mente al imperio de la historia. Últimamente se ha llegado a historizar la
propia historia, incluyendo las grandes categorías y marcos epistemoló-
gicos que la hacen posible: lenguaje (G. Gadamer), estructuras tempora-
les (R. Koselleck), tropos historiográficos y variedades de la conciencia
histórica (H. White), lenguajes y discursos (J. G. A. Pocock), memo-
ria y olvido (P. Ricœur), regímenes de historicidad (F. Hartog). Por esa
vía, la historia se ha ido haciendo cada vez más reflexiva y los historiado-
res se han vuelto mucho más conscientes de que tanto el lenguaje como
el tiempo –categorías ambas obviamente imprescindibles para cualquier
aproximación histórica a las sociedades del pasado– importan sobrema-
nera. La afirmación de la radical lingüisticidad e historicidad del mundo,
reforzada desde el llamado «giro lingüístico», ha hecho que estas dos
dimensiones de la realidad se hayan convertido en asuntos merecedores
de atención, no sólo para los filósofos, sino para muchos estudiosos de
las ciencias humanas y sociales.
«Familiarmente extraño, enigmáticamente obvio», ha escrito Marramao,
«el tiempo se sitúa en la encrucijada entre la experiencia cotidiana y su re-
presentación» (Giacomo Marramao, Kairós. Apología del tiempo oportuno,
Barcelona, Gedisa, 2008, p. 27). Por su parte, los conceptos que manejamos
día a día nos suelen parecer no menos obvios, familiares y transparen-
tes, como si simplemente nos dejasen ver «el mundo tal cual es» y nuestra
comprensión del mismo no estuviera filtrada y mediatizada por ellos.
Esta obviedad y esta aparente transparencia, sin embargo, están siendo
últimamente cuestionadas con intensidad creciente. Al igual que sucediera
XX Javier Fernández Sebastián y Gonzalo Capellán de Miguel

en la época de las revoluciones, cuando, como observó hace pocos años


Lynn Hunt, para los contemporáneos «el tiempo dejó de ser algo dado
para convertirse en una cuestión problemática» (Lynn Hunt, «The World
We Have Gained: the Future of the French Revolution», The American
Historical Review, 108/1, 2003), podríamos decir que también ahora, el
tiempo y los conceptos se nos han hecho súbitamente visibles a los his-
toriadores, y volvemos nuestra mirada hacia ellos con cierta extrañada
sorpresa. Están dejando de ser un considerados como meros contenedo­
res o «transmisores» más o menos neutros, «objetivos» y estables, de los
acontecimientos historiados, para convertirse en un asunto digno de
reflexión y estudio.
Es así como el tiempo y los conceptos –muy especialmente los con-
ceptos políticos y los llamados «tiempos históricos» (basta examinar la
cantidad de libros y publicaciones que ven la luz desde hace tres o cuatro
décadas sobre estos temas, así como los índices de algunas revistas, como
History and Theory, para comprobarlo)– han llegado a convertirse ellos
mismos en materia histórica. Los historiadores se vuelven hoy hacia las
lentes y el instrumental óptico que han venido utilizando para ver, com-
prender y representar los mundos desvanecidos del pasado (un ejemplo
reciente: Francesco Benigno, Las palabras del tiempo. Un ideario para
pensar históricamente, Madrid, Cátedra, 2013). Y lo hacen a sabiendas
de que esas lentes, sujetas permanentemente a cambios más o menos
bruscos o paulatinos de graduación, coloración o focalización, si por un
lado condicionan inevitablemente las realidades pretéritas sometidas a
escrutinio histórico, por otro lado resultan absolutamente imprescin-
dibles, puesto que, sencillamente, si nos desprendemos de esas lentes
perderíamos toda visión.

*  *  *

La semántica histórica –que trata de dar cuenta de las relaciones re-


cíprocas entre dos recursos tan esenciales para la política moderna como
son el lenguaje y el tiempo– puede servir para muy diferentes propósitos
y beneficiarse de las aportaciones de numerosas disciplinas. Más allá de
Conceptos políticos, tiempo y modernidad XXI

su uso crítico, instrumental, por parte de aquellos historiadores inte-


resados en evitar anacronismos y entender adecuadamente las fuentes
textuales que manejan, los hallazgos y reflexiones de la semántica histó-
rica interesan en una primera instancia a los cultivadores de la historia
del pensamiento político (que, como ha mostrado Pocock, puede ser ella
misma una forma de pensamiento político), de la historia intelectual y
de la historia de la ciencia. También los especialistas en historia cultu-
ral, hermenéutica, traductología, metaforología, análisis del discurso,
ciencias cognitivas, etc., tienen mucho que ganar de la familiaridad con
la historia conceptual.
Especial mención merece la vinculación cada vez más estrecha entre
conceptos y metáforas que está llevando a tender toda clase de puentes
y pasarelas entre la teoría e historiografía de las metáforas y la historia
conceptual, sobre todo a partir de la teoría de la «inconceptualidad»
de las metáforas de Blumenberg (con ese objetivo se desarrollo un se-
minario interdisciplinar en Potsdam en 2007, que ahora ha visto la luz
editado por Matthias Kross y Rüdiger Zill, Metapherngeschichten.
Perspektiven einer Theorie der Unbegreiflichkeit, Berlín, Parerga Ver-
lag, 2011, un libro que viene a sumarse al volumen editado por Hans
Erich Bödeker hace algunos años: Begriffsgeschichte, Diskursgeschichte,
­Metapherngeschichte, Gotinga, Wallstein�������������������������������
, 2002). En efecto, como ha he-
cho notar recientemente Rieke Schäfer, la historización de las metáforas
constituye todo un reto para la historia conceptual (Contributions to the
History of Concepts, 7/2, 2012). En un artículo anterior publicado en la
misma revista, subrayaba Ernst Müller que el enfoque metaforológico
es inexcusable cuando se estudian algunos conceptos fundamentales ge-
nuinamente transdisciplinares. La interdisciplinaridad, y los procesos de
transferencia semántica que implica, descansa en gran medida sobre los
constantes cruces de las fronteras entre disciplinas por vía metafórica
(Contributions, 6/2, 2011). No por casualidad, la primera revista elec-
trónica dedicada específicamente al estudio histórico de los lenguajes y
discursos que se publica en España (Ariadna histórica) lleva este trans-
parente subtítulo: Lenguajes, conceptos, metáforas (http://www.ehu.es/
ojs/index.php/Ariadna/index).
XXII Javier Fernández Sebastián y Gonzalo Capellán de Miguel

Inversamente, los historiadores de los conceptos tienen mucho que


aprender no sólo de las especialidades más arriba mencionadas sino de
todas las ramas de las ciencias humanas, sociales y jurídicas, desde la
antropología a la sociología, desde la ciencia política al derecho. La na-
turaleza interdisciplinar de la investigación histórico-conceptual es el
resultado, en último término, de la omnipresencia de los conceptos en
todas las áreas de conocimiento y en toda clase de escenarios sociales
y políticos, y también de la enorme facilidad que muchos de estos concep-
tos han mostrado para atravesar subrepticiamente las fronteras –literales
y metafóricas–.
Por lo demás, y aun siendo cierto que la historia conceptual se prac-
tica hoy día de muchas maneras, es indudable que la Begriffsgeschichte
de Reinhart Koselleck constituye un hito fundador y una de sus más
importantes fuentes de inspiración. Las repetidas invitaciones que el
lector encontrará en distintos lugares de este libro a «ir más allá» del es-
tilo koselleckiano de historia conceptual constituyen una demostración
a contrario de la fertilidad de sus aportaciones y de la profundidad de su
impronta. Además de sus influyentes trabajos primerizos sobre la esfera
pública en la época de la Ilustración (Kritik und Krise) y sobre la historia
social de Prusia desde finales del siglo xviii hasta mediados del xix, y
del gran lexicón de referencia codirigido por el profesor alemán junto
a sus maestros Otto Brunner y Werner Conze (Geschichtliche Grund-
begriffe), un puñado de artículos seminales y de ensayos de carácter
teórico-metodológico que se han convertido en clásicos (varios de ellos
reunidos en Vergangene Zukunft, obra vertida al español como Futuro
pasado) siguen siendo, tres o cuatro décadas después de su publicación,
una fuente ineludible para todos aquellos que se inician en esta rama del
saber histórico.
De hecho, se sigue profundizando y ya no sólo en el ámbito acadé-
mico germano, en el europeo o en el iberoamericano, sino también en el
anglófono en el conocimiento de la obra y del pensamiento de Koselleck
que despiertan un creciente interés. Una profundización que se hace
posible gracias a nuevos estudios como la reciente biografía intelectual
Conceptos políticos, tiempo y modernidad XXIII

que debemos a Niklas Olsen (History in the Plural. An Introduction to


the Work of Reinhart Koselleck, Nueva York/Oxford, Berghahn Books,
2011)1. En el mundo hispanohablante, también la progresiva publicación
de textos de Koselleck va ensanchando considerablemente el acceso a
su obra y su penetración en el ámbito académico, como se ejemplifi-
ca en la reciente edición de Modernidad, culto a la muerte y memoria
nacional por parte de Faustino Oncina Coves (Madrid, Centro de Es-
tudios Constitucionales, 2011) o la traducción de un texto fundamen-
tal, ­Begriffsgeschichten (2006) por Luis Fernández Torres, Historias de
conceptos: Estudios sobre semántica y pragmática del lenguaje político y
social (Madrid, Trotta, 2012).
En efecto, con independencia de las críticas y revisiones de varios
aspectos de su obra –por ejemplo, acerca de su hipótesis de una Sattelzeit,
repetidamente discutida en estas páginas, en particular en los trabajos
de P. den Boer y de G. Duso–, algunas intuiciones básicas de Koselleck
mantienen plenamente su vigor. Tal es el caso, por ejemplo, de su insis-
tencia en que los conceptos no tienen propiamente historia, sino que más
bien contienen, son ellos mismos historia; en la medida en que articulan
las experiencias de una sociedad y las cambiantes expectativas de sus
miembros, los conceptos son a la vez indicadores y factores del cambio:
modelan y encauzan el devenir histórico de dicha sociedad; su énfasis
en el carácter irremediablemente ambiguo y disputado de los conceptos
modernos; en fin, sus extraordinarias reflexiones sobre diversos aspec-
tos de la modernidad, su teoría de la historia (Historik), y su productiva
metáfora de los estratos semántico-temporales (Zeitschichten) son un
estímulo y un desafío permanente para los estudiosos. A título de ejem-
plo de cómo las ideas koselleckianas siguen estimulando y fecundando
la investigación actual mencionaremos su propuesta de estudiar lo que
llamó «contraconceptos asimétricos» (asymmetrische Gegenbegriffe), un
enfoque que está siendo discutido y profundizado en nuestros días por

1
Una reseña de este libro a cargo de Javier Fernández Sebastián: «Against History (in the
Singular)», Contributions to the History of Concepts, 7/2 (2012); versión en español en
Ariadna histórica. Lenguajes, conceptos, metáforas, 1 (2012).
XXIV Javier Fernández Sebastián y Gonzalo Capellán de Miguel

académicos pertenecientes a una variedad de disciplinas (véase al res-


pecto el volumen de Kay Junge y Kirill Postoutenko [eds.], Asymetrical
Concepts after Reinhart Koselleck. Historical Semantics and Beyond,
Bielefeld, Transcrip Verlag, 2011).
También en nuestros medios académicos, en algunos de los proyectos
de investigación y edición más destacados en estos últimos años, ya sea
desde la filosofía (José Luis Villacañas, Faustino Oncina, Antonio Rive-
ra…), desde la historia social y postsocial (Manuel Pérez Ledesma, Miguel
Ángel Cabrera…) o desde la historia político-intelectual (Javier Fernán-
dez Sebastián, Juan Francisco Fuentes, Gonzalo Capellán…) es clara-
mente reconocible en mayor o menor medida la impronta koselleckiana2.
La otra gran corriente en historia conceptual –o historia de los len-
guajes políticos– es la llamada escuela de Cambridge, de J. G. A. Pocock,
Quentin Skinner, John Dunn, etc., mucho más conocida e influyente en
el mundo anglófono, y que comparte desde sus orígenes con la Begriffs-
geschichte algunas críticas bien fundadas a las viejas maneras de estudiar
la historia de las ideas políticas. También en el contexto español se han
realizado contribuciones y reflexiones notables basadas en las valiosas
aportaciones de Skinner a la metodología histórica contemporánea (­desde
los primeros artículos de renovación metodológica de la historia del pen-
samiento político por parte de Fernando Vallespín, a comienzos de la
década de los noventa, hasta la colección de textos editados por Enrique
Bocardo Crespo bajo el título El giro contextual. Cinco ensayos de Quen-
tin Skinner, y seis comentarios, Madrid, Tecnos, 2007, donde se incluye
un análisis de contraste con la historia de los conceptos de Koselleck a

2
Permítasenos mencionar aquí algunas obras colectivas de referencia: Javier Fernández
­S ebastián y Juan Francisco Fuentes (dirs.), Diccionario político y social del siglo xix es-
pañol, Madrid, Alianza Editorial, 2002; de los mismos, Diccionario político y social del
siglo xx español, Madrid, Alianza Editorial, 2008; Javier Fernández Sebastián (dir.), Dic-
cionario político y social del mundo iberoamericano. La era de las revoluciones, 1750-1850,
vol. I, Madrid, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, 2009 (vol. II en prepara-
ción); Faustino Oncina (ed.), Palabras, conceptos, ideas. Estudios sobre historia conceptual,
Barcelona, Herder, 2010; Manuel Pérez Ledesma (ed.), Lenguajes de modernidad en la
Península ibérica, Madrid, Universidad Autónoma de Madrid, 2012.
Conceptos políticos, tiempo y modernidad XXV

cargo de Joaquín Abellán, uno de los pioneros que dio a conocer tem-
pranamente en España los rudimentos de la Begriffsgeschichte). También
la obra de Pocock ha sido introducida en nuestro país gracias a los meri-
torios trabajos de colegas como Eloy García, Julio A. Pardos, Antonio
Feros, Xavier Gil, Sandra Chaparro y Pablo Sánchez León, entre otros.
Los loables esfuerzos de autores como Melvin Richter3, Kari Palonen
o Elías Palti, entre otros, por poner en comunicación a ambas corrientes
y hacerlas entrar en diálogo, aunque no puede decirse que se hayan visto
plenamente coronadas por el éxito, han logrado al menos difuminar sus
fronteras y desarmar a los más obcecados guardianes de las respectivas
esencias. Hoy, entre los miembros de la principal red internacional que
reúne a los especialistas en este campo (me refiero al History of Concepts
Group, hcg) suele admitirse sin problemas la conveniencia de combinar
ambas aproximaciones, o al menos de no desaprovechar las herramientas
heurísticas forjadas por estos dos programas de investigación, así como
por otras metodologías emergentes.

*  *  *
El libro que el lector tiene en sus manos es un producto del contacto
más o menos asiduo entre un grupo de estudiosos de muy distinta forma-
ción y procedencia, vinculados en ocasiones a tradiciones académicas y
estilos de investigación bastante alejados, pero que compartimos algunos
supuestos teóricos de base y sobre todo un interés común por el lenguaje
como fenómeno social fundamental e insoslayable que evoluciona en el
tiempo, por los aspectos simbólicos y culturales de la política y por los
cambiantes horizontes de comprensión de los agentes históricos.
Situados en una encrucijada en la que convergen el estudio del lengua-
je, la política y la historia, los ensayos reunidos en este volumen presentan
un amplio panorama de algunos de los retos teórico-metodológicos más
importantes a los que se enfrenta en la actualidad la historia conceptual,

3
Melvin Richter, The History of Political and Social Concepts. A Critical Introduction,
Nueva York/Oxford, Oxford University Press, 1995.
XXVI Javier Fernández Sebastián y Gonzalo Capellán de Miguel

además de algunas contribuciones más específicas sobre la dimensión


temporal de determinados conceptos, en especial sobre la emergencia de
algunas nociones políticas fundamentales y la manera en que los actores
vivieron y experimentaron el tiempo desde los albores de la modernidad.
Como se verá, la larga sombra de Koselleck se proyecta sobre la gran
mayoría de los textos reunidos en este volumen, cuyos autores retornan
una y otra vez a la obra del maestro, a menudo con el propósito de ir
más allá. Se genera así un fructífero e incesante diálogo que permite al
lector de estos ensayos asomarse a la vasta problemática subsumida bajo
la bandera «historia conceptual».
Pero este diálogo, lleno de incitaciones intelectuales, no es meramente
informativo: no se limita a una puesta al día del estado de la cuestión; de él
pueden extraerse lecciones muy provechosas para el desarrollo de futuras
investigaciones en este campo. Así, algunos autores sugieren que en la
obra de Koselleck hay implícita una teoría de la política como actividad
(K. Palonen), una teoría de la experiencia (A. Escudier, J. Leonhard),
o incluso que contiene elementos para una teoría de las condiciones es-
tructurales de la producción social del conocimiento (H. E. Bödeker);
otras contribuciones reflexionan sobre el lugar de la Begriffsgeschichte
y su aparato teórico en el contexto de las teorías políticas normativas
(J. Feres).
Algunos capítulos inciden sobre distintos aspectos de la temporali-
dad de la política moderna, tales como la contingencia (K. Palonen) o
la aceleración (J. Fernández Sebastián), o bien analizan la formación de
algunos conceptos centrales de la modernidad, tales como el moderno
concepto de poder (G. Duso), el de opinión pública (G. Capellán), los
de decadencia y regeneración en el contexto de la modernidad española
(P. Sánchez León) o la emergencia de la noción de yo (J. Guilhaumou).
Otros, en fin, se aproximan a la historia conceptual desde una variedad
de disciplinas, objetos y herramientas analíticas afines, tales como la ideo-
logía (M. Freeden), la metaforología y el análisis del cambio semántico
(E. Palti), la iconografía y la memoria (F. Oncina), la historia comparativa
(J. Leonhard, P. den Boer, G. Zermeño) o la historia cultural (P. Burke).
Conceptos políticos, tiempo y modernidad XXVII

La temporalidad interna de los conceptos y la política moderna son así


abordados desde perspectivas muy variadas, que en conjunto ofrecen
una visión poliédrica de la historia conceptual.

*  *  *
En la primera parte se han agrupado aquellas contribuciones que
de algún modo plantean la cuestión del lugar que le correspondería a la
historia conceptual en el concierto de las disciplinas –generales o par-
ticulares, emergentes o declinantes– que se relacionan inmediatamente
con ella. Varias de esas contribuciones critican, desde diferentes pun­-
tos de vista, la tendencia de la Begriffsgeschichte koselleckiana a ocuparse
de conceptos singulares, en lugar de hacerlo de otras unidades discur-
sivas mayores o más significativas: lenguajes, campos semánticos, redes
conceptuales.
Hans Erich Bödeker ha escrito un penetrante ensayo sobre la relevan-
cia de la historia de conceptos para la historia social del conocimiento.
Recuerda Bödeker, siguiendo a Koselleck, que la realidad histórica se
plasma en conceptos que constituyen, por un lado, la expresión lingüística
de las experiencias y cambios sociales, mientras que por otro lado señalan
los límites de lo que puede ser proyectado o concebido. Los conceptos
se situarían pues en un terreno intermedio entre la historia factual y la
historia de la conciencia de los hechos, tal como esta conciencia aparece
reflejada en las fuentes históricas. Entendidos como núcleos de cristaliza-
ción de los discursos y abreviatura de un pensamiento devenido habitual,
los conceptos son necesariamente ambiguos y han de ser interpretados.
Pero, puesto que casi siempre se presentan formando parte de enunciados,
argumentaciones y discursos complejos, los procesos de producción de
significado van más allá de los simples conceptos aislados. Involucran
constelaciones teóricas, campos semánticos y redes de conceptos que
estructuran el conocimiento posible. De ahí, sugiere Bödeker, la necesi-
dad de trascender la historia de conceptos singulares para construir una
historia más ambiciosa y comprensiva del conocimiento social, que se
esfuerce por tematizar los procesos históricos de construcción de sentido.
XXVIII Javier Fernández Sebastián y Gonzalo Capellán de Miguel

Elías Palti sitúa su reflexión en un marco teórico más amplio si cabe.


Su contribución plantea radicalmente el problema de la historicidad del
lenguaje, siguiendo el rastro teórico de aquellas disciplinas que han tra-
tado sucesivamente de dar cuenta del cómo y el por qué de los cambios
en los instrumentos intelectuales para la comprensión del mundo, desde
la vieja historia de las ideas hasta la metaforología de Blumenberg. Su
análisis de la tradición alemana de historia intelectual le lleva a pregun-
tarse repetidamente por el origen del que brota la contingencia en las
formaciones conceptuales; por qué, en definitiva, el discurso, lejos de
alcanzar su vocación de plenitud, racionalidad y permanencia, es repe-
tidamente cuestionado y desafiado por nuevos discursos que vienen una
y otra vez a sustituir a los anteriores. De la idea al concepto, y de este
a la metáfora, el ensayo de Palti muestra que el estudio de los cambios
en las formaciones intelectuales no debería detenerse en el nivel de los
cambios en los significados de ciertos conceptos particulares, sino que
ha de preguntarse, más radicalmente, por los cambios en las constela­
ciones que articulan los sistemas conceptuales, e incluso asomarse al
abismo de lo preconceptual. ¿Por qué, cómo y de dónde emergen nuevos
sistemas de conocimiento en los cuales lo que antes no era ni siquiera
pensable, de repente aparece como concebible y viable? La teoría blumen-
bergiana de la inconceptualidad, que subraya el poder de construcción se-
mántica de ciertas metáforas –especialmente de aquellas que Blumenberg
llama «metáforas explosivas»–, proporciona algunas pistas interesantes
para contestar a esta pregunta inquietante. En definitiva, este texto de
Palti articula diversos niveles de análisis para terminar por conceder una
gran importancia al sustrato más profundo de las formas no conceptuales
de figuración simbólica de la realidad que ayudan a dar el salto desde lo
inexpresable a nuevos significados incipientes.
El siguiente capítulo, a cargo de Michael Freeden, comienza por ex-
plorar algunos de los significados vehiculados por el término «ideología»
a lo largo de su historia, y cómo este concepto ha dado origen a muy
diferentes modalidades de investigación. Su ensayo pone brillantemente
de manifiesto cómo las sucesivas conceptualizaciones de ideología du-
rante los dos últimos siglos por parte de diversos teóricos y científicos
Conceptos políticos, tiempo y modernidad XXIX

sociales y en distintas circunstancias históricas han ido cambiando sus-


tancialmente el perfil del concepto, realzando algunos de sus componen-
tes semánticos y rebajando o difuminando otros. Freeden sostiene que
el examen de las direcciones que el estudio de las ideologías ha segui-
do últimamente puede ser de gran ayuda para evaluar la contribución de
esta disciplina a la historia conceptual. Tras distinguir las aproximaciones
interpretativas/académicas a la ideología de los usos vulgares y peyorati-
vos del término, propone una acepción neutra del mismo, entendiendo la
ideología como una forma típica y ubicua del pensamiento y el discurso
político. Los historiadores conceptuales, sugiere Freeden, podrían utili-
zar la ideología como una herramienta analítica adecuada para el estudio
de las interacciones entre conceptos, más bien que de conceptos aislados.
Por fortuna, la flamante edición en español de su libro Ideología. Una
breve introducción (Santander, Ediciones de la Universidad de Cantabria,
2013) permite ahora a los lectores del mundo hispanohablante un acceso
más directo a estos temas, incluyendo su propio enfoque morfológico de
las ideologías, que Freeden resume sucintamente en el último epígrafe
de su capítulo.
La contribución de João Feres se asoma al futuro de la investigación
en historia conceptual (asunto este evocado también por otros autores,
como es el caso de Pim den Boer en sus observaciones finales), y lo hace
a partir de un análisis de algunos de los estratos teóricos de la historia
conceptual. Tras un rápido repaso a la proyección de la Begriffsgeschichte
fuera del área germanohablante y un reconocimiento de la contribución
de Melvin Richter y Kari Palonen al diálogo de esta corriente con la lla-
mada escuela de Cambridge, Feres analiza las teorías de Koselleck a la luz
de la oposición entre dos enfoques ideales que etiqueta como kantiano y
hegeliano. Concluye que, pese a algunas posiciones metodológicas neo-
kantianas, la concepción agonística de la política que tuvo Koselleck pre-
senta escasos puntos de contacto tanto con las proposiciones normativas
del filósofo de Königsberg como con el idealismo hegeliano (si bien señala
algunas residuos comunitaristas que emparentarían en cierta medida la
aproximación de Koselleck a la filosofía de Hegel). En la última parte de
su trabajo, Feres se apoya en varias aportaciones teóricas del historiador
XXX Javier Fernández Sebastián y Gonzalo Capellán de Miguel

alemán para plantear una serie de sugerencias acerca de las posibilidades


de sacar partido de las ideas koselleckianas para la mejora de las futuras
investigaciones sobre los conceptos políticos modernos.
Como colofón a este primer apartado Peter Burke da cuenta de la
aparición en los últimos años de un nuevo tipo de historia intelectual
que no se corresponde estrictamente ni con el estilo de Pocock y Skinner
ni con la Begriffsgeschichte de Koselleck. Se trataría de una modalidad
híbrida, resultado del cruce entre historia cultural e historia intelectual,
a la que propone llamar «historia cultural de las prácticas intelectuales».
Algunos ejemplos de esta nueva tendencia serían la historia de la «cultura
histórica», que en parte está sustituyendo a la historia de la historiografía;
el renovado interés hacia las prácticas académicas, tales como las maneras
de leer, escribir o tomar notas de lectura, así como el empleo creciente
del concepto de «traducción cultural», con vistas a analizar cuidadosa-
mente el tipo de procesos que solían ser conocidos anteriormente como
Rezeptionsgeschichte (historia de la recepción).

*  *  *
La segunda parte del volumen consta de cinco capítulos relativos a la
semántica histórica de los tiempos modernos. Cada uno de ellos aborda
un aspecto muy diferente de la modernidad; a saber, los conceptos de
poder, opinión pública, decadencia y regeneración, las formas de indi-
vidualización, la iconología conmemorativa de las guerras y la acelera-
ción histórica.
En primer lugar, Giuseppe Duso, sobre las huellas de Reinhart
Koselleck, Otto Brunner y Max Weber, propone una reconstrucción
histórico-filosófica de la génesis de la noción de poder como concepto
político fundamental. Según Duso, que toma distancia del tratamiento de
Herrschaft y otros términos conexos en el lexicón alemán (Geschichtliche
­G rundbegriffe), el concepto de poder político determina el sentido ge-
neral de la política en la Edad Moderna. Incluso nociones que suelen ser
tenidas por pre-políticas, tales como igualdad, libertad o derechos indi-
viduales, en realidad estarían en la base del concepto de poder, ­entendido
Conceptos políticos, tiempo y modernidad XXXI

más que como un concepto aislado, como un mecanismo lógico o cons-


tructo teórico que organiza todo el vocabulario político. Duso sostiene
que el verdadero cambio en el concepto –que, de referirse a la sujeción
al dominium de una persona, pasa a designar la sujeción a un cuerpo
político abstracto pensado para que el sujeto pueda mantener su libertad
e igualdad– se produjo en la Edad Moderna temprana, concretamente
con la teoría hobbesiana del contrato. Todo ello implica una datación al-
ternativa de la Sattelzeit que, según él, habría que retrotraer al siglo xvii.
Se habría originado entonces la idea moderna de soberanía –presente ya
en Hobbes, pero todavía no en la obra de Bodin o Althusius–, enten-
dida como una construcción racionalista basada en la voluntad de los
individuos de someterse al poder soberano, surgiendo con ella toda una
red de conceptos políticos vinculados unos a otros según un esquema
lógico subyacente.
Jacques Guilhaumou sostiene en su ensayo sobre la temporalidad de
las formas históricas de individualización que la historia del ­sujeto mo-
derno y sus representaciones guarda una relación estrecha con la historia
de conceptos. Su recorrido a través de un periodo cronológico ­dilatado se
apoya en el análisis textual de una pluralidad de aproximaciones concep-
tuales al tema del yo por parte de un conjunto de teóricos, que incluyen
grandes escritores y filósofos de los siglos xvii al xix, como Pascal, Locke,
Diderot, Rousseau, D’Holbach, Sieyès, Victor Cousin, Maine de Biran
o Michelet. El análisis de estas fuentes permite entrever un complejo
proceso histórico de construcción teórica y social del sujeto que se va
desplegando a lo largo del tiempo, dando lugar a una amplia gama de
concepciones y dimensiones de la noción moderna del yo.
Gonzalo Capellán plantea una reflexión en torno a lo que denomina
momentos conceptuales, como nueva herramienta analítica útil para de-
terminar con mayor precisión las relaciones entre los planos semántico
y temporal en la historia de cada concepto fundamental. La idea central
es que en la evolución de cada concepto cabe distinguir una serie de fases
(momentos), cuyo comienzo coincide con un cambio semántico acelerado
que tiene su correlato en significativos cambios históricos en el ámbito
XXXII Javier Fernández Sebastián y Gonzalo Capellán de Miguel

político, económico, social, científico y cultural. Al iniciarse cada uno de


esos momentos, se produce un cambio mayor en el significado del con-
cepto que se consolida en una semántica dominante que será la que carac-
terice a dicho concepto en el discurso coetáneo durante todo un periodo
de duración variable (hasta que nuevos cambios históricos desencadenen
el inicio de otro momento conceptual). Esta hipótesis se pone a prueba
y ejemplifica con un estudio de caso: el concepto de opinión pública. En
el repaso de su evolución histórica, se distinguen cuatro momentos del
concepto: moral, político, sociológico y mediático.
Faustino Oncina estudia la participación de Koselleck en los debates
sobre memoria e historia, incluyendo los opiniones y actitudes del his-
toriador alemán acerca de los monumentos a los caídos en las guerras.
Para Koselleck, algunas semejanzas de base entre conceptos e imágenes
justificarían sobradamente una aproximación metodológica similar al
estudio de ambos tipos de entidades, lingüísticas y visuales. Su giro hacia
el estudio académico de los monumentos sería, por tanto, un desarrollo
natural de su interés por la historia conceptual, y ambos tipos de traba-
jos estarían entretejidos desde el punto de vista metodológico. Oncina
muestra que en sus últimos años Koselleck rastreó la historia moderna
de los memoriales de guerra y reconstruyó los hitos principales de esa
evolución, en un intento por sentar las bases teóricas de una estética de
la memoria y, más específicamente, de una iconografía de la muerte vio-
lenta. La relación metodológica entre historia conceptual e iconología,
así como su rechazo a la noción de memoria colectiva o sus tomas de
postura en el debate público sobre el monumento a las víctimas del holo-
causto en Berlín, estarían inspiradas en parte por su teoría de la historia
(Historik), así como por su interés permanente hacia la modernidad y
lo que él entendía como un posible paliativo a algunos problemas de la
sociedad moderna.
Pablo Sánchez León ofrece una reflexión sobre los estratos temporales
de la cultura española entre el Antiguo Régimen y la modernidad. Su
texto parte del actual debate acerca de si la revolución liberal española
de comienzos del siglo xix comportó el empleo de un nuevo lenguaje
Conceptos políticos, tiempo y modernidad XXXIII

j­urídico-político, o si más bien este lenguaje –y las prácticas e institu-


ciones a él asociadas– estuvieron hipotecados por la pervivencia de las
estructuras semánticas del Antiguo Régimen. El planteamiento es que
este dilema se puede superar historizando adecuadamente los conceptos
con los que se ha venido elaborando el «gran relato» de la modernidad
española desde la Ilustración. Sánchez León parte de una perspectiva de
largo plazo acerca de cómo, en el contexto de una conciencia de deca-
dencia y de voluntad de superación, la cultura de la monarquía hispánica
fue durante la Ilustración incorporando una nueva temporalidad que
entrelazaba el pasado imperial idealizado con un futuro de engrandeci-
miento nacional. Dicha temporalidad arrastraba un «espacio de expe-
riencia» bastante singular que se mantendría a lo largo del siglo xix en un
contexto de irrupción de nuevos lenguajes, abriendo paso a procesos de
vernacularización e hibridación semántica plasmados especialmente en el
campo de significado del concepto de regeneración y sus usos discursivos.
Finalmente, describe cómo el intento contradictorio, ya en el siglo xx y
bajo el régimen de Franco, de convertir el «horizonte de expectativa» que
implicaban esos procesos de conceptualización en fuente de inspiración
de políticas abiertamente antimodernas, acabó estableciendo las condi-
ciones para una superación de toda la singular temporalidad heredada
referida a los conceptos de decadencia y regeneración.

*  *  *
Si bien en todas las contribuciones sin excepción está presente de un
modo u otro la dimensión temporal del lenguaje político, los seis capítulos
del tercer y último apartado tienen como punto focal el problema de la
temporalidad, al que se superpone en algunos casos una preocupación
específica por la «nacionalidad» de ciertas nociones o la transferencia de
conceptos entre países y lenguas. Todos ellos contienen, además, inte­
resantes sugerencias de cara a futuras investigaciones en este campo.
La temporalización (Verzeitlichung), sin duda una de las nociones
clave de la Begriffsgeschichte koselleckiana, es precisamente el centro de
la rica, comprensiva y sistemática visión que Alexandre Escudier ofrece
XXXIV Javier Fernández Sebastián y Gonzalo Capellán de Miguel

en su capítulo de la teoría de la historia de Koselleck. Escudier presta


particular atención a los problemas epistemológicos relacionados con
el advenimiento de la nueva temporalidad asociada a la modernidad po-
lítica, esforzándose por sacar a la luz una «teoría general de la experien-
cia histórica» que estaría implícita en la obra de Koselleck, basada en
la temporalización como herramienta analítica fundamental. El autor
analiza a diversos niveles la historización de los lenguajes políticos mo-
dernos, lo que permite entablar un diálogo fructífero entre historia y
ciencia política, y aboga por una visión más compleja de la noción de
experiencia histórica.
El texto de Kari Palonen, a través del análisis de la contingencia como
rasgo insoslayable de la actividad política volcada hacia el futuro, plantea
una interesante y a primera vista sorprendente discusión sobre la figura de
Koselleck como teórico de la política. Palonen parte de la tesis expuesta
por el propio Koselleck en su ensayo autocrítico Begriffsgeschichtliche
Probleme der Verfassungsgeschichtsschreibung (1983) según la cual el his­
toriador no sólo ha de tomar distancia del presente en orden a evitar
anacronismos en sus juicios sobre el pasado; también ha de esforzarse, in-
versamente, por conectar sus juicios sobre el pasado con las controversias
del presente. En tal sentido, sería posible tender un puente epistemológico
entre historia y política que permitiría leer las interpretaciones históricas
no sólo como contribuciones al debate historiográfico especializado, sino
también como aportaciones que no carecen de implicaciones teórico-
políticas. Apoyándose en la idea pocockiana de la política como una
actividad que trata de lidiar con la contingencia, así como en un trabajo
propio previo en el que distinguía entre dos paradigmas diferentes de
la contingencia, maquiaveliano y weberiano –basado el primero en la
fortuna y el segundo en la oportunidad–, se pregunta Palonen en cual de
estos dos modelos ideales encajarían las reflexiones de Koselleck sobre
la temporalización de la experiencia. Su respuesta, bastante sofisticada,
es que la temporalización de los conceptos en el momento crucial de la
Sattelzeit se correspondería con un intento de domesticar la fortuna por
medio de la virtù, mientras que la desespacialización de la experiencia y
de los conceptos encajaría más bien en una contingencia de tipo webe-
Conceptos políticos, tiempo y modernidad XXXV

riano, relacionada con la ocasión y la probabilidad (Chance). Finalmen-


te, la brecha entre experiencia y expectativa indicaría un tercer tipo de
contingencia basada en un futuro abierto e incontrolable.
Jörn Leonhard regresa en su capítulo al tema de la experiencia como
categoría fundamental de comprensión histórica (un tema que, como ha
quedado dicho, había sido tratado por A. Escudier desde un punto de vis-
ta distinto en el primer capítulo de esta tercera parte). Leonhard examina
este problema tomando en cuenta la importancia del lenguaje como medio
para estructurar, articular y comunicar la percepción que el ser humano
tiene de su entorno político, socioeconómico y cultural. Sobre esta tela
de fondo, avanza algunos elementos para una teoría de las experiencias
históricas, centrándose especialmente en la cuestión de cómo analizar
la relación entre lenguaje y experiencia sobre la base de la comparación, la
transferencia y la historia enredada o interconectada (entangled history).
Los conceptos del pasado no pueden ser traducidos sin sufrir ciertas
transformaciones semánticas. A partir de un análisis concreto de «liberal»
y «liberalismo» como conceptos clave del vocabulario político y social, el
autor reconstruye la manera en que los contemporáneos percibieron es-
tos dos nuevos conceptos y cómo los interpretaron, así como la manera
en que estos conceptos y su semántica fueron traducidos, exportados e
importados, tratando de identificar los límites de estas transferencias y
transformaciones de una sociedad a otra. De este modo, la traducción es
entendida como una transferencia cultural asimétrica en la cual lo que
importa al historiador no es la exactitud de la traducción o la eficacia de
la traslación, sino más bien los mecanismos y contextos de la transferencia
cultural así operada.
Después de reconocer la gran importancia de la obra de Koselleck
fuera del mundo de habla alemana, y en particular para el proyecto de
historia conceptual de los Países Bajos, Pim den Boer aboga en su capí-
tulo por trascender el «nacionalismo metodológico» para ir abordando
progresivamente empresas más ambiciosas que superen los límites nacio-
nales. Puesto que, pese a las apariencias, «un concepto transnacional rara-
mente tiene exactamente el mismo significado e idénticas ­connotaciones
XXXVI Javier Fernández Sebastián y Gonzalo Capellán de Miguel

en diferentes lenguas», el estudio comparativo de algunos conceptos


transnacionales clave –como middle class/bourgeoisie/Burgertum, civi-
lization/civilisation/Zivilisation, y tantos más– permitiría, sostiene Den
Boer, liberar a los investigadores de las tradicionales anteojeras nacio-
nales. Señala también Den Boer –al igual que lo hace Leonhard en su
correspondiente capítulo– la importancia del plurilingüismo para las
transferencias conceptuales a través de las traducciones entre distintas
lenguas literarias y vernaculares en la Europa moderna.
Javier Fernández Sebastián rescata en su capítulo la vieja metáfora
del caballo desbocado –no exenta de resonancias apocalípticas– para dar
cuenta de algunos de los temores y reacciones de las gentes que vivieron
en primera persona la era de las revoluciones, especialmente en el Atlánti-
co ibérico (por su temática híbrida, este capítulo hubiera podido incluirse
igualmente en el bloque anterior sobre la problemática de la modernidad).
La inquietud de los conservadores ante un mundo en frenética transfor-
mación, que parecía haber entrado en una fase de inestabilidad crónica y
de creciente aceleración histórica se plasmó también en otras imágenes,
entre las que destaca la definición quintaesenciada de revolución que
propuso Donoso Cortés como «tiempo comprimido» o «condensado».
Imágenes que en todo caso se distancian considerablemente de la mucho
más difundida, estereotipada metáfora de la «locomotora del progreso»,
que refleja más bien la cara optimista de la experiencia moderna de la ace-
leración por obra de la técnica (un imaginario que alcanza su ápice en una
descripción alternativa que pone el acento más bien en la acción revolucio-
naria como acelerador temporal: me refiero a la famosa imagen marxiana
de las revoluciones como «locomotoras de la historia»). Esta aproximación
debe mucho a las aportaciones de Koselleck sobre la profunda transfor-
mación en la percepción del tiempo histórico que tuvo lugar durante
las revoluciones euroamericanas de finales del siglo xviii y comienzos
del xix, y en particular a sus estudios sobre el agudo sentido de acele-
ración que se extendió entre las élites políticas occidentales durante las
primeras décadas del ochocientos. El texto de Fernández Sebastián mues-
tra también cómo la nueva vivencia moderna del tiempo no fue ajena a
la incómoda sensación de entrar en una época de significados lábiles, en
Conceptos políticos, tiempo y modernidad XXXVII

la que la relativa estabilidad semántica del orden tradicional parecía haber


quedado definitivamente atrás para dar paso a una lucha interminable
por los significados entre facciones políticas y adversarios ideológicos.
Finalmente, Guillermo Zermeño analiza el alcance, pero también los
límites, del enfoque historiográfico que supone el proyecto Iberconcep-
tos. Destaca este autor el talante revisionista implícito en Iberconceptos
como práctica de historia conceptual, ya que no sólo desafía el discurso
sobre una historia lineal, progresista y teleológica de corte nacionalista,
sino también las inquietudes asociadas a un orden de temporalidad emer-
gente dominado por el presentismo: no hay función de enjuiciamiento
del pasado desde el presente. Por ello recalca la premisa de que todo
conocimiento es conocimiento datado y situado, surgido en un determi-
nado momento histórico y en un contexto material y cultural específico.
Otro aspecto de Iberconceptos que merece la atención de Zermeño es
su ampliación del espectro de fuentes más allá de los autores canónicos,
así como la crítica implícita que supone al positivismo reivindicando la
necesidad ineludible del análisis del lenguaje como requisito para dar
cuenta de la evolución social. Una focalización en la sociedad, en «lo
social», que diferencia este enfoque de la historia de las ideas, y que
conduce hasta lo público, lo transindividual, a través de la comunicación
por medio de textos impresos: el significado de las palabras depende en
última instancia de su uso social. Justamente la historia tiene entre sus
principales funciones «críticas» la deconstrucción de esas construccio-
nes sociales. El último aspecto que el autor subraya de Iberconceptos es
su perspectiva postnacional, su nuevo énfasis en lo global, que no sólo
permite observar las interconexiones entre diversas partes del mundo,
sino que proporciona valiosas claves para redescubrir lo nacional desde
una mirada más dilatada y abarcadora.

*  *  *
Enlazando con el último capítulo de Guillermo Zermeño, conclui-
remos señalando que el lanzamiento y progresivo desarrollo de varios
programas de naturaleza genuinamente transnacional en el campo de
XXXVIII Javier Fernández Sebastián y Gonzalo Capellán de Miguel

la historia de los conceptos –Proyecto Iberoamericano de Historia Con-


ceptual (Iberconceptos), Project of Intercommunication of East Asian
Basic Concepts, European Conceptual History Project…– pone de
­manifiesto que la historia conceptual está ya madura para afrontar nue-
vos retos que trascienden los límites del Estado-nación. Más allá de las
fronteras nacionales, parece claro que una disciplina como esta –ella
misma transdisciplinar– se encamina hacia un futuro crecientemente
global y comparativo.
No contenta con atravesar las barreras entre disciplinas y países, la
historia conceptual desafía asimismo las periodizaciones habituales.
En efecto, una de las ventajas de la noción koselleckiana de Sattelzeit
–un marco discutido en varios capítulos de este volumen que sólo en
parte coincide con la llamada «era de las revoluciones»– es su capaci-
dad para cuestionar los esquemas cronológicos rutinarios. En lugar del
siglo, esa típica unidad de investigación que a veces actúa como un le-
cho de Procusto que recorta y mutila de manera arbitraria procesos en
marcha, la opción por un lapso temporal a caballo entre dos siglos –de
mediados del xviii a mediados del xix, en este caso– ofrece una alternativa
heurísticamente más afinada para explorar esa gran transición que trajo
consigo cambios epistémicos, políticos y culturales de una trascendencia
difícil de exagerar.
Esta relativización de las líneas divisorias convencionales entre paí-
ses, épocas y disciplinas, al poner a prueba viejas certezas, redundará
­probablemente en una conciencia más aguda de la porosidad e histori-
cidad del mundo. Historizar los marcos de comprensión de la realidad
y los instrumentos que los seres humanos han venido forjando para in-
­terpretar su(s) pasado(s) es seguramente la mejor contribución que la
historia conceptual puede ofrecer en el momento actual a los historiado-
res y científicos sociales (no es preciso decir que aquí manejamos la eti­
queta «historia conceptual» en su más amplio sentido, que incluye todas
las escuelas y enfoques que hoy se agrupan bajo este nombre, además
de las aportaciones desde la historia de la ciencia y desde la epistemolo­
gía histórica).
Conceptos políticos, tiempo y modernidad XXXIX

En lo que a las ciencias sociales y a las humanidades respecta, cabe


esperar que, gracias a su historización profunda, estos saberes se tor-
nen más reflexivos, menos arrogantemente presentistas. Y el acerca-
miento a la historia conceptual puede ciertamente contribuir a hacernos
más conscientes de la contingencia y precariedad de los medios para
aprehender el mundo que nos rodea. Confiamos en que este libro ayude
a los lectores a seguir avanzando en ese camino.

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