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REPRESENTACIONES

SOCIALES DE LOS
JÓVENES SOBRE LAS
DROGAS (ALCOHOL,
TABACO Y CANNABIS)
Y SU INFLUENCIA EN
EL CONSUMO

FANNY T. AÑAÑOS BEDRIÑANA

Dykinson S.L.
REPRESENTACIONES SOCIALES
DE LOS JÓVENES
SOBRE LAS DROGAS
(ALCOHOL, TABACO Y CANNABIS) Y
SU INFLUENCIA EN EL CONSUMO
FANNY T. AÑAÑOS BEDRIÑANA
(Coordinadora)

REPRESENTACIONES SOCIALES
DE LOS JÓVENES
SOBRE LAS DROGAS
(ALCOHOL, TABACO Y CANNABIS) Y
SU INFLUENCIA EN EL CONSUMO
Reservados todos los derechos. Ni la totalidad ni parte de este libro, incluido el diseño de la
cubierta, puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, inclu-
yendo fotocopia, grabación magnética o cualquier almacenamiento de información y sistemas de
recuperación, sin permiso escrito del AUTOR y de la Editorial DYKINSON, S.L.

© Copyright by
Jesús García Mínguez
Fanny T. Añaños Bedriñana
Matías Bedmar Moreno
Miguel Beas Miranda
Inmaculada Montero García
Ana Isabel Gallego Serrano
Inés Mª Muñoz Galiano

Madrid, 2005

Editorial DYKINSON, S.L. Meléndez Valdés, 61 - 28015 Madrid


Teléfono (+34) 91 544 28 46 - (+34) 91 544 28 69
e-mail: info@dykinson.com
http://www.dykinson.es
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ISBN: 84-9772-741-X

Preimpresión por:
Besing Servicios Gráficos S.L.
e-mail: besing@terra.es
Teléfono (91) 855 14 64
MIEMBROS DEL GRUPO DE INVESTIGACIÓN “EDUCA-
CIÓN SOCIAL Y CULTURAL” HUM 739, UNIVERSIDAD
DE GRANADA

Dr. JESÚS GARCÍA MÍNGUEZ


Prof. del Departamento de Pedagogía, Universidad de Granada y Director
del grupo de investigación “Educación Social y Cultural” HUM 739

Dra. FANNY T. AÑAÑOS BEDRIÑANA


Profa. del Departamento de Pedagogía, Universidad de Granada

Dr. MATÍAS BEDMAR MORENO


Prof. del Departamento de Pedagogía, Universidad de Granada

Dr. MIGUEL BEAS MIRANDA


Prof. del Departamento de Pedagogía, Universidad de Granada

Dra. INMACULADA MONTERO GARCÍA


Doctora en Pegadogía

Lda. ANA ISABEL GALLEGO SERRANO


Lda. Pedagogía y alumna de tercer ciclo de la Universidad de Granada

Lda. INÉS Mª MUÑOZ GALIANO


Lda. Pedagogía y alumna de tercer ciclo de la Universidad de Granada
ÍNDICE
MIEMBROS DEL GRUPO DE INVESTIGACIÓN 7

PRÓLOGO 13

PRESENTACIÓN 17

INTRODUCCIÓN:Las representaciones sociales de las drogas


Jesús García Mínguez 19

1. METODOLOGÍA 41
1.1. OBJETIVOS 41
1.2. INSTRUMENTOS 42
1.3. PERFIL DE LA MUESTRA 43

2. LAS REPRESENTACIONES SOCIALES DE LOS


JÓVENES RESPECTO A LAS DROGAS 49
2.1. PERCEPCIÓN DEL SIGNIFICADO DE LA DROGA 49
2.1.1. Crea adicción 51
2.1.2. Afecta a la salud 53
2.1.3. Cantidad de consumo 56
2.1.4. Situación legal 57
2.1.5. Otros significados 59
2.2. EFECTOS ATRIBUIDOS AL ALCOHOL, TABACO
Y CANNABIS 61
10 Índice

2.2.1. Beneficios para la salud 65


2.2.1.1. “Ayuda a combatir el frío” 66
2.2.1.2. “Disminuye / abre la sensación de
apetito” 67
2.2.1.3. “Estimula la circulación” 70
2.2.1.4. “Facilita una buena digestión” 71
2.2.1.5. “Cura el catarro” 72
2.2.1.6. “Sana el dolor de oídos” 73
2.2.1.7. “Retarda el envejecimiento” 74
2.2.2. Beneficios psicológicos 76
2.2.2.1. “Quita la timidez” 77
2.2.2.2. “Contribuye a descansar y
relajarse” 78
2.2.2.3. “Da valor y ánimos” 81
2.2.2.4. “ayuda a estar contento/a” 83
2.2.2.5. “Calma la tensión y los nervios” 84
2.2.2.6. “Facilita desconectar del
aburrimiento” 85
2.2.2.7. “Aumenta el tono vital” 87
2.2.2.8. “Da lucidez, creatividad” 88
2.2.2.9. “Ayuda a olvidar y superar los
problemas” 90
2.2.2.10. “Contribuye a tomar decisiones” 91
2.3.3. Beneficios sociales 93
2.2.3.1. “Fomenta el establecimiento de
amistades o facilita las relaciones
entre amigos/as” 94
2.2.3.2. “Facilita el ligue” 96
2.2.3.3. “Estimula el inicio de las relaciones
sexuales” 97
Índice 11

2.3. ¿POR QUÉ SE TOMAN LAS DROGAS? 99


2.3.1. Motivaciones del consumo 99
2.3.1.1. “Por curiosidad” 100
2.3.1.2. “Porque mis amigos/as lo hacían” 101
2.3.1.3. “Está de moda” 103
2.3.1.4. “Para desconectar de los problemas” 104
2.3.1.5. “Me presionaron/condicionaron” 105
2.3.1.6. “Para caer bien al grupo” 107
2.3.1.7. “Por diversión” 109
2.3.1.8. “Por las costumbres” 110
2.3.1.9. “Por la tontería” 111
2.3.1.10. “Para parecer mayor” 113
2.3.1.11. “Por la tolerancia al tabaco” 114
2.3.2. Factores de mayor influencia en el consumo 115
2.3.2.1. Los amigos/as 116
2.3.2.2. Los bares y discotecas 118
2.3.2.3. Los compañeros/as de trabajo 120
2.3.2.4. La familia 121
2.3.2.5. La televisión 123
2.3.2.6. La escuela 126
2.3.2.7. El cine 128
2.3.2.8. Los carteles comerciales 129

3. LAS REPRESENTACIONES SOCIALES Y LAS


CONDUCTAS DE CONSUMO 133
3.1. RELACIÓN ENTRE LAS MOTIVACIONES, LA
PERCEPCIÓN DEL SIGNIFICADO DE LA
DROGA Y EL CONTACTO CON LAS
SUSTANCIAS 133
12 Índice

3.2. RELACIÓN ENTRE LOS FACTORES DE


INFLUENCIA, LAS SITUACIONES Y LA EDAD
DE INICIO EN EL CONSUMO 141
3.3. RELACIÓN ENTRE LOS BENEFICIOS DE LAS
DROGAS Y LA PERIODICIDAD DE CONSUMO 149
3.4. SITUACIONES DE INICIO AL CONSUMO 165

4. CONCLUSIONES 177

5. BIBLIOGRAFÍA 183
PRÓLOGO

Los últimos avances en investigación sobre las drogodependen-


cias ponen de manifiesto la gran relevancia que las representaciones
sociales ejercen en la asunción de las conductas relacionadas con el
consumo de drogas, de ahí que desde la Delegación del Gobierno
para el Plan Nacional sobre Drogas se promuevan estudios para pro-
fundizar en el análisis e interpretación de las dimensiones y procesos
psico-sociales que están implicados en su configuración.
La complejidad de los mecanismos que configuran dichas repre-
sentaciones viene dada porque se articulan a través de tres ejes o ni-
veles centrales muy distintos entre ellos: un primer nivel de carácter
individual que se va formando, principalmente, a través de la inte-
racción con los demás. Un segundo nivel son los procesos incons-
cientes, a través de los cuales lo social se incorpora en lo individual,
es la denominada “aculturación” y un tercer nivel es de la pautas de
conducta, normas, metas explícitas que los diferentes sistemas o
subsistemas sociales (sociedad, familia, escuela, grupo de igua-
les…) se plantean y que tienen como finalidad regular las acciones
de sus miembros. Esto evidencia la importante relación de lo indivi-
dual con los procesos colectivos en el desarrollo de la identidad.
El conocimiento de la interacción de estos tres niveles y de cada
uno de ellos en particular, es fundamental a la hora de diseñar buenas
políticas de prevención de las drogodependencias. Como resultado
de esta interacción compleja, se va formando, entre otras configura-
14 FANNY T. AÑAÑOS
Prólogo
BEDRIÑANA (Coord.)

ciones, la percepción del riesgo asociado al consumo de las diferen-


tes drogas que nuestros jóvenes poseen y que es uno de los posibles
determinantes a la hora de que elijan consumir o no.
En la encuesta escolar, que desde la Delegación se realiza con
carácter bienal, a través de una muestra de 25.500 estudiantes de 573
centros, nos aporta datos reveladores sobre la evolución temporal de
las prevalencias de uso de las diferentes sustancias que nuestros es-
tudiantes de 14 a 18 años tienen, así como los patrones de consumo,
los factores asociados y las opiniones y actitudes ante las drogas.
Según los datos de la Encuesta correspondiente a 2004, el 74,8%
de los estudiantes piensan que consumir habitualmente tabaco puede
causar bastantes o muchos problemas, así como el 39,3% con respecto
a beber 5 o 6 copas el fin de semana y el 76,1% hacia el hecho de con-
sumir habitualmente cannabis. Comparando estos datos con los de la
encuesta del año 2002, tenemos que la percepción de riesgo es inferior
hoy en día, salvo la que tienen sobre el consumo del cannabis que pa-
rece aumenta ligeramente. Estos datos deben ser una llamada de aten-
ción para continuar reforzando las políticas de prevención.
La edad de inicio, tan relacionada con la representación social
que el joven tenga sobre el consumo, se produce a edades tempranas,
siendo el tabaco la sustancia que primero se empieza a consumir, si-
tuándose la edad media de inicio en los 13,2 años, seguido por el al-
cohol (13,7%), el cannabis (14,7%) y los tranquilizantes (14,8%). La
edad media de inicio en el consumo de éxtasis, cocaína y alucinóge-
nos es posterior a los 15 años. No existen diferencias significativas
por sexos en las edades de inicio al consumo de las distintas drogas,
manteniéndose bastante estables con respecto a la encuesta del año
2002. La curiosidad, seguida de la diversión y el sentir nuevas sensa-
ciones son las principales razones que nuestros jóvenes manifiestan
para consumir.
El presente estudio realizado por un grupo de investigadores de
la Universidad de Granada y subvencionado por la Delegación, tiene
Representaciones sociales
Prólogo
de los jóvenes sobre las drogas 15

como finalidad intentar clarificar y profundizar cómo nuestros jóve-


nes perciben el consumo de drogas y ayudar así, a los profesionales
de las drogodependencias, a mejorar sus intervenciones con este co-
lectivo. Los profesionales del sector sabrán valorar adecuadamente
los contenidos del mismo y su idoneidad como instrumento de análi-
sis de esa cuestión.

Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas


Madrid, enero 2005
PRESENTACIÓN

Las toxicomanías o drogodependencias han constituido un


campo de estudio para la Pedagogía Social desde los años ochenta
(March, 1988). El seguimiento de la evolución del fenómeno, en el
afán por intervenir educativamente se aborda en Educación Social
desde dos pilares: la educación especializada y la animación socio-
cultural (Senent, 2003). Hoy distintos autores coinciden al analizar
los ámbitos de actuación, entre los que incluyen esta temática como
un espacio principal, cuyo tratamiento abarca desde vertientes que
comprenden la prevención, intervención... hasta la reinserción.
El contenido del presente libro girará en torno a las representa-
ciones sociales de los chicos y chicas españoles en relación a sus
percepciones, posicionamientos e identificación del concepto droga,
así como a los distintos efectos atribuidos a las sustancias (benefi-
cios), las explicaciones de los porqués, los factores de mayor in-
fluencia en el inicio del hábito y las consecuentes conductas de con-
sumo en relación a cada una de las tres sustancias estudiadas:
alcohol, tabaco y cannabis (las de mayor incidencia y prevalencia
nacional). Focalizamos el estudio en los jóvenes (12 a 26 años) por-
que se erigen como el rango etario donde se centra el mayor riesgo
de iniciación y mantenimiento del consumo de drogas.
En ese sentido, el propósito de la investigación nacional, llevada
a cabo durante el periodo comprendido entre el 2001 al 2003 por el
Grupo de Investigación HUM 739 (“Educación Social y Cultural”)
18 FANNY T. AÑAÑOS
Presentación
BEDRIÑANA (Coord.)

de la Universidad de Granada y financiado por la Delegación del


Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas (DGPNSD), ha sido
captar la relación existente entre el modo de pensar de los sujetos es-
tudiados respecto a las drogas “blandas” (alcohol, tabaco y canna-
bis) y sus hábitos de consumo, a fin de encauzar las actuaciones con-
cretas educativas y preventivas en un futuro próximo.
Vaya por delante nuestro reconocimiento a la DGPNSD que
confió en el proyecto y en el equipo investigador, nos ayudó y alentó
con su apoyo material para dedicarnos a esta tarea.

FANNY T. AÑAÑOS BEDRIÑANA


Coordinadora
INTRODUCCIÓN
LAS REPRESENTACIONES SOCIALES
DE LAS DROGAS

JESÚS GARCÍA MÍNGUEZ

Con altibajos se ha introducido en el mundo científico el concep-


to de representación social (RS) desde que Moscovici publicara en
1961 “Le psicoanalisis, son image et son public” (El psicoanálisis, su
imagen y su público). A pesar del título era un trabajo no preocupado
por las aportaciones de Freud, cuanto por dar razón de los procesos
de construcción del “pensamiento social”. Hubieron de transcurrir
entre 15 y 20 años para que empezara a tomarse en serio la obra cita-
da. Bien por el desconocimiento del autor que acababa de aparecer en
el círculo de los científicos, bien por las críticas vertidas desde el po-
der decadente del conductismo o el psicologismo, el caso es que la
teoría de las RS pagó un prolongado canon de oscura latencia.
A partir de la década de los 80, gracias al reencuentro con las RS
de diversos autores como Ibáñez Gracia (1988), Jodelet (1989), Cas-
torina (2003), la obra de Moscovici empieza a dar sus frutos. Por
suerte en la actualidad los estudios sobre el pensamiento social no
sólo auguran una nueva era, sino que facilitan medios para compren-
der la estructura de su implantación en la mente.
Una orientación social del conocimiento tenía ya una implanta-
ción teórica asegurada a partir de los trabajos experimentales reali-
20 FANNY JESÚS
T. AÑAÑOS
GARCÍA
BEDRIÑANA
MÍNGUEZ (Coord.)

zados por Bandura y Asch (1956): la influencia de los estímulos del


entorno daban razón del aprendizaje social; buena parte de las repre-
sentaciones sociales se instalan gracias a los procesos de imitación
y/o modulación social. Incluso la percepción de los estados de ánimo
acusan dependencia de las informaciones que el entorno cultural nos
suministra (Schachter y Singer, 1962). El hecho, pongamos por ca-
so, de que una persona se sienta graciosa depende de los aplausos y
las risas que tributan los amigos a sus chistes.
Por otro lado, nos encontramos con un tipo de estudios que
acentúan el carácter personal y psicológico de los fenómenos cogni-
tivos. Las investigaciones de Bruner llegaron a la familiarización de
los procesos de “categorización interna” (1957). La categorización
alude a la tendencia que toda persona lleva consigo y que cumple la
función de reconstruir la “información proporcionada” por la reali-
dad externa a fin de formar nuestra propia imagen. En esta línea los
“transaccionistas” y los “fenomenólogos” demuestran con experi-
mentos cómo la subjetividad distorsiona la propia percepción de la
realidad en base a lo que sabemos o pretendemos saber sobre ella
(Blumer 1961). Consecuentemente las inferencias personales van
adquiriendo cada vez un mayor papel de filtro en términos de parti-
cularidad atributiva y característica individualizada del pensamien-
to. De acuerdo con esta conceptualización muchos estudiosos no du-
dan en afirmar que aun cuando la realidad presente una serie de
propiedades reales y constitutivas de la misma, sin embargo no dejan
de ser percibidas de forma subjetiva.
El planteamiento de sendas interpretaciones de la elaboración
del pensamiento parecen escasamente compatibles entre sí: buena
parte de la Psicología y la Pedagogía no pueden dejar de considerar
la aparición del conocimiento como un fluir de imágenes cuya fuen-
te tiene origen en el contexto social. Otra parte no menos representa-
tiva asegura que los mecanismos de construcción están determina-
dos por y para nosotros, dicho lo cual el pensamiento pasa a ser el
resultado de la propia actividad mental. Parece pues claro, que los
Representaciones
Introducción. Las sociales
representaciones
de los jóvenes
sociales
sobre
de las drogas 21

procesos de tratamiento de la información son los responsables de la


existencia de realidades plurales. Y es precisamente este tipo de in-
terpretación el que nos interesa ahora.
Más allá de la explicación científica de la formación del concep-
to, lo que ahora convoca la atención es el descubrimiento del signifi-
cado; configurada la arquitectura conceptual según las explicaciones
societarias o cognitivistas con paso adelante nos preguntamos por la
representatividad que el individuo atribuye a cada una de las imáge-
nes mentales con el auxilio del entorno. Hemos de echar mano del
interaccionismo simbólico de Blumer (1961) y las propuestas de
identificación y proyección que tipifica el psicoanálisis. No quisiera
confundir al lector: al hablar de mecanismos de atribución significa-
tiva parecería que estamos añadiendo un proceso nuevo y diferente
al que construye el pensamiento. La atribución del significado entra
en ejercicio con las reglas de construcción de la actividad cognitiva:
es un elemento del propio concepto, capaz de otorgar color, olor y
sabor, esto es, concretar la realidad abstracta.
Nuestra ocupación en este momento está interesada en el descu-
brimiento de esas cualidades que se imponen a los sentidos y, en oca-
siones, gobiernan la conducta. Acotar la lógica de su aparición y las
consecuencias en el comportamiento de los individuos es una cues-
tión nada fácil, a la que se han dedicado Moscovici y su escuela.
Precisamente la complejidad simbólica es lo que pretenden ana-
lizar los estudios sobre las RS. Si llegamos a saber qué razonamien-
tos ejecutan los individuos en la vida cotidiana (Ibáñez, 1988) para
expresarse ante la sociedad, estamos en disposición de conocer las
leyes del pensamiento social. Se trata de buscar las estrategias que
manejamos para forjar nuestra percepción de las personas, los acon-
tecimientos, el derecho, la justicia… En verdad, no cabe duda que,
en definitiva, solo conseguiremos entender y comprender una con-
ducta o una reacción ante un estímulo, cuando seamos capaces de
encontrar el hilo que nos conduce al ovillo de las condiciones de for-
22 FANNY JESÚS
T. AÑAÑOS
GARCÍA
BEDRIÑANA
MÍNGUEZ (Coord.)

mación del pensamiento y el funcionamiento de los significados. Y


hay que insistir: más que la dimensión cognitiva es el factor simbóli-
co lo que mejor predice y explica el comportamiento humano.
Con este breve recuerdo de los supuestos del conocimiento so-
cial cuidaré profundizar en la entidad y funciones del pensamiento
social. ¿Qué son las RS? ¿Cómo se estructuran en la mente de las
personas? Finalmente, ¿cómo influyen en las conductas relaciona-
das con las drogas?

Qué son las RS


Para acercarnos familiarmente a la comprensión de las RS, el
profesor Ibáñez (1998) inicia la exposición con un ejemplo pedagó-
gico: estamos viendo un partido de fútbol. De pronto se produce una
jugada en la que un defensa choca con cierta impetuosidad contra el
delantero del equipo contrario cuando se disponía a pegar la pelota
dentro del área. El jugador cae por los suelos de forma aparatosa. La
reacción de los espectadores es inmediata y paradójica: unos silban,
protestan al árbitro, perjuran, demandan la expulsión del defensa;
otros, contraprotestan, aplauden, defienden la virilidad del juego. Es
fácil predecir que para los hinchas de un equipo el defensa se ha he-
cho acreedor de una tarjeta roja directa por agresión al contrario;
para los aficionados del otro equipo la entrada es consecuencia de
una acción fortuita, a todas luces propia de un juego “de hombres”.
Si la jugada es proyectada repetidas veces a través del vídeo, si
es acelerada o ralentizada, la opinión de los aficionados no variará,
porque cada parte está en lo cierto. El ejemplo trivial del fútbol pue-
de extenderse a la opacidad con que se presentan las relaciones so-
ciales, la amistad o el trabajo: la realidad es percibida de forma dife-
rente, porque los ojos que miran no son los mismos y por tanto no
ven lo mismo.
Representaciones
Introducción. Las sociales
representaciones
de los jóvenes
sociales
sobre
de las drogas 23

De un caso sencillo podemos extraer al menos tres conclusio-


nes:
— la percepción es distinta entre los sujetos, aun cuando la reali-
dad sea idéntica y en ocasiones aparentemente clara “todo
depende del cristal con que mire” asevera la filosofía del pue-
blo
— la interpretación está teñida de adscripciones y condicionan-
tes que superan los límites de la objetividad de los indivi-
duos. Cada persona elabora su particular visión de lo que tie-
ne delante
— el elemento de la particularidad conduce al hallazgo, no sólo
de una forma de ver, sino a un estilo de ser y hacer. Toda ex-
presión conductual sufre la mediatización de un proceso to-
talmente idiosincrásico y con matices sociales.
Ahora bien, volviendo a la experiencia futbolística resulta que
las opiniones sobre la jugada son compartidas por colegas partida-
rios del mismo escudo. Es decir, la percepción no sólo es personal;
hay una coparticipación grupal proveniente de la adscripción a unos
colores que parece reforzar y hasta determinar una aprobación o re-
probación común. En este sentido, si sustituimos el ejemplo de la
cancha de fútbol por la droga encontramos un fenómeno similar: el
tabaco, el alcohol, el cannabis, la coca igualmente van a recibir una
valoración determinada en función de la percepción de los colecti-
vos. La diversidad o equivocidad es extraída de los caracteres socia-
les o culturales. El discurrir del tiempo y la propia experiencia gene-
ran cambios en los valores y los significados de las cosas. Lo dicho
es una verdad de Perogrullo, pero importa resaltarla.
Porque es el momento de preguntarse: ¿qué es lo que hace que la
realidad sea percibida de forma distinta por los individuos? ¿Se de-
positan elementos especiales en los seres o es que ellos en sí mani-
fiestan diferencias? ¿Los mecanismos que permiten la comunión en-
tre ciertos colectivos para recibir percepciones similares, responde a
24 FANNY JESÚS
T. AÑAÑOS
GARCÍA
BEDRIÑANA
MÍNGUEZ (Coord.)

criterios internos, es el caso de Freud, externos tal como postula


Durkhein o intervienen ambos junto a la simbología según Mead?
Sorprende la pluralidad de factores y estímulos que intervienen,
lo cual aleja la posibilidad de una teorización explicativa definitiva.
El cruce de elementos constructores de origen social y psicológico
conforma un andamiaje complicado a la hora de establecer los pivo-
tes principales. “Estas matrices definen nuestras rejillas de lectura,
nuestras claves interpretativas que reflejan nuestras inserciones en la
trama socioeconómica y en el tejido relacional. Así pues, si bien es
cierto que gran parte de los efectos que produce la realidad social pa-
san por la interpretación que de ella hacemos, también es cierto que
nuestra actividad hermenéutica está determinada en buena medida
por factores que son independientes de cualquier interpretación”
(Ibáñez, 1988, 26). Tanto la hermenéutica, como la propedéutica de
las RS están dentro de una red de informaciones sociales e interpre-
tativas de costoso discernimiento por el imbricado tejido que las sus-
tenta. La duplicidad constitucional aparece en la elaboración y en los
resultados de impacto sobre la conducta.
Con un sentido eminentemente funcional Moscovici se atreve a
definir las RS del modo siguiente:
“son sistemas de valores, ideas y prácticas que tienen una do-
ble función: en primer lugar, establecer el orden que permita a
los individuos orientarse en el mundo social y material y domi-
narlos; y, en segundo término, permitir la comunicación entre
los miembros de una comunidad, aportándoles un código para el
intercambio social y un código para denominar y clasificar de
una manera inequívoca los distintos aspectos de su mundo y de
su historia individual y grupal” (1973).
La agenda que registra “un sistema de valores, ideas, prácticas”
representa el asentamiento notarial de una estructura de pensamien-
to. La verdad es que este archivo de conocimientos y apreciaciones
en sí mismo conlleva un potencial activador de la conducta. Al fon-
do, un planteamiento entendido como rampa de salida, comparte la
Representaciones
Introducción. Las sociales
representaciones
de los jóvenes
sociales
sobre
de las drogas 25

base epistemológica de la teoría de Piaget y en general de los enfo-


ques psicológicos del constructivismo. En este primer momento se
prioriza la plataforma personalista por cuanto las RS se refieren a
“algo” en “alguien” (Moscovici 1976).
Las RS se articulan en torno a intercambios cognitivos, emoti-
vos y sociales de donde se puede inferir que su estructura es bastante
compleja. Tiene un contenido objetivo, pero da cuenta de la interpre-
tación de una subjetividad inferida como parte del objeto que repre-
senta. Ampliando esta idea Moscovici (1976) aclara los elementos a
partir de los cuales se construye el pensamiento social: Información,
Actitud e Imagen.
El componente informativo es la fuente externa: alude a los co-
nocimientos organizados o informales que posee una cultura sobre
un objeto: los sujetos identifican la información que circula en su en-
torno, por ejemplo el grupo de pares, con unas características y una
valoración. La información “viene de forma directa de praxis. Se tra-
ta de conocimientos de primera mano que se alimentan de la expe-
riencia inmediata con los amigos, familiares, etc.” (Jodelet, 1989,
369). De esta información depende el proceso de estructuración final
de la representación.
El segundo elemento, la actitud, atiende a la “orientación y do-
minio” del individuo en relación con “el mundo social y material”.
Es decir, antes de construir la representación toma posición premo-
nitora sobre “los valores de grupo y los estilos de vida” (Jodelet,
1989, 369); es la manera de que la conducta a seguir interiorice y
proyecte esos valores posteriormente. Si la RS ejerce una influencia
sobre el comportamiento resultaría paradójico que previamente no
hubiere una disposición acerca de sus resortes. Es la etapa previa a la
valoración.
El tercer componente es el campo de representación o la ima-
gen: acuerda el contenido o el valor otorgado al objeto del pensa-
miento. En este momento entra en juego el laboratorio de recons-
26 FANNY JESÚS
T. AÑAÑOS
GARCÍA
BEDRIÑANA
MÍNGUEZ (Coord.)

trucción personal con capacidad de descubrir o implantar nuevos


dominios culturales a las formas del saber expresado en metáforas,
por ejemplo el bricolage de las representaciones, aludiendo a la plu-
ralidad de elementos constituyentes. No obstante, el campo repre-
sentacional aparece como si fuera una cosa unitaria estructurada al-
rededor de un esquema figurativo. Esta gesta interna permite a
Jodelet proponer seis características que dan cuenta de la elabora-
ción de las RS citadas por Salinas e Isaza (2003, 23):
1. “La actividad puramente cognitiva por medio de la cual el su-
jeto construye su representación en dos dimensiones: la del
contexto, donde el sujeto se relaciona con lo social o con un
estímulo gracias a lo cual aquélla aparece como una cogni-
ción social; y, la de pertenencia, donde el sujeto es sujeto so-
cial y hace intervenir los valores y los modelos del grupo al
cual pertenece, o sea, la ideología que le ha sido transmitida.
2. Los aspectos significantes de la actividad representativa,
donde se considera que el sujeto es productor de sentido, es
decir, expresa en la representación el sentido que le da a su
experiencia en el mundo social.
3. Las prácticas discursivas de los actores de esa sociedad que
en las RS se conciben como una forma de discurso que las ca-
racteriza.
4. La práctica social del sujeto que está condicionada por el lu-
gar y la posición social, reflejo de la ideología.
5. El juego de las relaciones entre los grupos que determina la
dinámica de la representación y
6. El factor sociológico que hace del sujeto un portador de de-
terminaciones sociales, responsables en última instancia de
la producción de la representación.
A través de estos seis rasgos de identidad podrá observarse que
las RS son tales por la naturaleza de sus condiciones de lugar y pro-
cedencia y por los efectos que produce la actividad cognitiva en el
juego de las relaciones, particularmente las simbólicas.
Representaciones
Introducción. Las sociales
representaciones
de los jóvenes
sociales
sobre
de las drogas 27

La naturaleza de lo social en las representaciones, insiste Ibáñez, no


reside en el hecho de que algo sea compartido por un colectivo: por
ejemplo el color de la piel es una propiedad de grupos sociales, pero no
se puede decir que el pigmento sea social. Tampoco radica lo social en
un rasgo inherente por naturaleza porque habríamos de dividir los con-
tenidos del cosmos en objetos intrínsecamente sociales y objetos intrín-
secamente no sociales. Esta clasificación se cae de las manos cuando
hablamos de una piedra: desde la óptica de la ciencia no es correcto afir-
mar que la piedra forme parte del universo cuya característica inherente
sea lo social; sin embargo, encontramos piedras que desempeñan una
función social, es el caso de las piedras sagradas: no son tratadas como
simples cosas, sino que el ser humano ha otorgado una simbología espe-
cial a la roca de manera que de la atribución depende el nuevo valor re-
lacional, esto es, el carácter de convocatoria social. Por tanto, al hablar
de RS estamos pensando en términos de atributo relacional antes que en
propiedades objetivables, estamos elaborando una representación antes
que descubriendo una característica de orden natural de los objetos.

Mecanismos de elaboración
En esto coinciden los investigadores: los elementos de la RS son
variados en cuanto a su procedencia y complejos respecto a su natu-
raleza: por citar algunos factores Moscovici habla de valores, opi-
niones, actitudes, creencias, informaciones, imágenes provenientes
o referidas a un objeto/situación, la historia y la experiencia de los
sujetos… En definitiva, las prácticas representacionales tienen ori-
gen en el laberinto de las condiciones sociales, culturales, económi-
cas, educativas, políticas sobredimensionadas por las disposiciones
experienciales del individuo.
Recordemos que este barullo de estímulos informativos exter-
nos, a nivel interno es capaz de alcanzar una organización, algo así
28 FANNY JESÚS
T. AÑAÑOS
GARCÍA
BEDRIÑANA
MÍNGUEZ (Coord.)

como si los muchos ruidos dispusieran un armónico concierto en el


sujeto. Cuando la representación aparece configurada se consolida el
núcleo estructural que ejerce la función de estratificación estable.
Gracias a la estabilidad la significación y la simbología adquieren
credenciales de organización en el campo de las RS.
¿Cómo se organiza y configura el núcleo estructural? En un enco-
miable esfuerzo por aportar datos relevantes para una mejor profundi-
zación sobre la configuración de las RS Moscovici y sus seguidores
(Jodelet, Castorina, Ibáñez, Salinas) experimentan y aportan pruebas
bastante sólidas: dos procesos fundamentales intervienen en la cons-
trucción de la estructura simbólica: la objetivación y el anclaje.
“La objetivación proviene de la transformación en imágenes de
los diversos contenidos conceptuales relacionados con el objeto”
(Ibáñez, 1988, 48). Objetivar significa concretar, es decir, convertir
lo abstracto en inteligible a través de formas icónicas. La dimensión
abstracta de un concepto, cuarta etapa del desarrollo de la inteligen-
cia de Piaget, pongamos por caso la disciplina escolar, es rebajado a
pensamiento concreto, tercera etapa piagetiana, donde el pensamien-
to no escapa de la materialidad de la conducta.
Un recurso muy utilizado en la comunicación, sea en las sencillas
conversaciones, sea en los discursos científicos o políticos, es el uso
de la metáfora: la metáfora es una figura lingüística “que consiste en
usar las palabras con sentido distinto del que tienen propiamente pero
que guarda con éste una relación descubierta por la imaginación”
(Moliner, 1979, 402). El núcleo central recibe la ayuda de la imagina-
ción para hacer más asequible la intelección de sus contenidos, cons-
ciente de que las comparaciones, los símiles, la metáfora, la imagen
son buenos traductores del sentido nuclear; la imaginación magnifica
o extorsiona el objeto que se hace presente en acto de reconocimiento.
De ahí que la objetivación no sea otra cosa que el esfuerzo por recom-
poner el conocimiento y posteriormente inspirar la acción. Según Ibá-
ñez “el concepto se transforma en precepto” (1988, 48): elaborado y
Representaciones
Introducción. Las sociales
representaciones
de los jóvenes
sociales
sobre
de las drogas 29

comprendido el núcleo figurativo gracias a la colaboración icónica,


la(s) representación(es) obtenida(s) organiza(n) la conducta en pro o
en contra de un fenómeno del contexto social.
Sin dejar de profundizar en la estructura de las RS los trabajos
de los estudiosos encuentran que tres etapas asisten al primer ele-
mento objetivante de la estructuración: la construcción selectiva, la
esquematización estructurante y la naturalización. Intentemos ana-
lizar en qué consiste este triple proceso.
— La construcción selectiva alude al mecanismo capaz de con-
seguir que los sujetos o los grupos lleguen a integrar el com-
ponente informativo exterior al que hemos aludido. El indivi-
duo se acerca a la realidad o ésta viene sobre él, en todo caso
precisa una apropiación, una estrategia que permita hacer
propios los saberes ajenos, con la preocupación de que no pa-
sen desapercibidos y se fijen en el intelecto. En una investi-
gación de Castorina concluye: “preguntado un colectivo de
niños su idea sobre la disciplina escolar y las diferencias eco-
nómicas de la familia, las respuestas… presentaban cierta va-
riación con la edad. No obstante, las diferencias principales
entre niños reflejaban su posición de clase (social). Esto indi-
caría que tienen un acceso a ideas ya dadas (2003, 19-20).
Las estructuras de pensamiento ya están fijadas por el sujeto,
los nuevos elementos, “la disciplina escolar, las diferencias
económicas”, en cuanto elementos informativos externos han
sido acomodados a los antiguos: “las ideas estaban ya da-
das”. Este primer paso de la objetivación recuerda al fenóme-
no piagetiano de la “asimilación”.
— La esquematización estructurada se ocupa de dar expresivi-
dad al núcleo figurativo. Es un trabajo que tiene por misión
dar significado a la representación de manera que el pensa-
miento aparezca como una estructura dotada de sentido y va-
lor global. M. Salinas y S. Isaza ponen de relieve en el libro
“Para educar en el valor de la justicia. Representaciones so-
ciales en el marco de la escuela” cómo la valoración y la sim-
30 FANNY JESÚS
T. AÑAÑOS
GARCÍA
BEDRIÑANA
MÍNGUEZ (Coord.)

bología orientan los comportamientos pro o contra, tanto en


mayores como en jóvenes, en maestros y en niños. Refirién-
dose a los profesores anotan: “la imagen del maestro destaca
como uno de los factores que ha impedido transformaciones
significativas al interior de la escuela al configurarse como
un ideal… Ello supone una idealización sobre el “deber ser”
al sobredimensionar su rol” (2003, 72). Ante las dificultades
del “deber ser”, efecto de una simbolización idealista del
maestro cunde el agotamiento y detrás el abandono de todo
intento. La estructuración figurativa, en principio posibilista,
se transforma en imposibilismo real.
— La naturalización es la tercera etapa donde los conocimientos
asimilados y valorados toman asiento en la mente de las per-
sonas. En la naturalización “el esquema figurativo adquiere
un status ontológico” (Ibáñez, 1988, 49), es decir, el pensa-
miento adquiere la categoría de lo fáctico. Así, “el esquema
figurativo pasa a ser la expresión directa de una realidad que
se le corresponde perfectamente y de la que no parece consti-
tuir sino un reflejo fiel” (49). Un ejemplo ilustrativo de la re-
lación de inmediatez entre pensamiento y realidad es consta-
tado por Salinas e Isaza: “los 180 niños/as que conformaron
la muestra habían sido afectados por los modos de funciona-
miento de la violencia social, escolar y familiar… Así lo de-
muestran no sólo los datos obtenidos mediante la aplicación
de los instrumentos, sino la carga violenta que lleva el discur-
so de los estudiantes que participaron en el proyecto (2003,
156). La afección directa del entorno sociocultural se refleja
en el pensamiento y las manifestaciones discursivas entre los
colegas: hay un rápido camino de ida y vuelta entre la reali-
dad, “violencia social, familiar…”, el núcleo figurativo y la
conciencia de la representación objetiva de lo real, “discurso
violento de los estudiantes”.

Así pues, la objetivación del pensamiento social describe unos


caminos azarosos perfectamente diseñados: 1) parte de la percep-
Representaciones
Introducción. Las sociales
representaciones
de los jóvenes
sociales
sobre
de las drogas 31

ción-información externa dentro de un contexto, cultura o colectivo,


2) el caudal informativo recibe la condición de propiedad del sujeto
u grupo, 3) éste elabora una significación simbólica y 4) termina el
recorrido con la proyección sobre la existencia fáctica. Otra manera
de entender el núcleo de las RS consiste en un trabajo del individuo
ocupado en descubrir un significado a través de una inferencia obje-
tiva, un proceso de subjetivización y un desplazamiento conductual
sobre las entidades reales.
El anclaje se encarga de desembarazar las trabas de lo descono-
cido que molestan a la incorporación de nuevos conocimientos. En
el enfrentamiento del individuo con la sociedad, particularmente los
grupos de pertenencia, el anclaje hace retroceder lo que pueda con-
formar una amenaza depositando en la mente una determinación de
cultura clarificadora. No olvidemos, aseguran Salinas e Isaza
(2003), que el anclaje acusa la presencia de “nuevos elementos de
conocimiento a un esquema anterior de valores y una red de catego-
rías más familiares” (28). Es una forma de extraer razones de propia
validación para liberarse de la incertidumbre ante lo desconocido e
invocar la seguridad en y de los aprendizajes desconocidos. Según
Guareschi “trae las categorías y las imágenes conocidas a lo que to-
davía no está clasificado o rotulado, porque todo lo que permanece
inclasificable o inrotulable, parece no existir; resulta extraño y ame-
nazante” (1994, 2001). Piaget hablaría de las formas de asimilación
de los fenómenos en tanto en cuanto lo imprevisible se vuelve fami-
liar y lo desconocido se acomoda a los esquemas preexistentes.

Funciones de las RS
Hemos descubierto los elementos que estructuran las RS; intere-
sa acercarnos a examinar con más detención la etapa de la naturali-
zación u orientación de los comportamientos. Como se ha dicho en
32 FANNY JESÚS
T. AÑAÑOS
GARCÍA
BEDRIÑANA
MÍNGUEZ (Coord.)

varios momentos, los procesos que las estructuran no son puramente


cognitivos: a la cognición manufacturada con elementos muy diver-
sos sociales, culturales, económicos, grupales, se asocian estímulos
simbólicos de orden emotivo. Preguntarse por las orientaciones fun-
cionales es pertinente por cuanto nos hallamos frente a un concepto
ante todo, dinámico. Jodelet (1989) recuerda que tras la RS subya-
cen formas de pensar, ser y hacer.
El núcleo figurativo del pensamiento social es copartícipe de la
construcción de una personalidad y de las funciones que un indivi-
duo desempeña en su vida. Por nuestra parte, vamos a fijar la aten-
ción sobre cinco determinaciones más específicamente cercanas a la
interpretación del fenómeno de la drogodependencia, preocupación
de la presente publicación.
1. La primera función de las RS tiene como objeto el influjo so-
bre las prácticas discursivas. Líneas arriba tomábamos nota
de cómo los niños-as del proyecto de Salinas e Isaza maneja-
ban en su comunicación verbal la agresidad recepcionada del
contexto violento. “Los intercambios verbales de la vida coti-
diana exigen algo más que la utilización de un mismo código
lingüístico. Exigen que se comparta un trasfondo de repre-
sentaciones (Ibáñez, 1988, 53). En efecto, el pensamiento so-
cial compartido es cómplice de la fluidez relacional. Siendo
que existen interferencias, “ruidos”, limitadores de la comu-
nicación interpersonal, no obstante, existe un pensamiento
coparticipado que permite la comunicación espontánea de los
signos y de los códigos simbólicos. El juego de las relaciones
entre grupos que comparten ideas y sentimientos asegura un
intercambio social, significando ideas, pero sobre todo, sím-
bolos ¿Qué es el amor entre dos personas sino la comunión
principalmente de símbolos?
2. A un nivel personal el pensamiento social vehicula la inte-
gración de lo nuevo. Gracias a la función de acomodación los
individuos son capaces de no perder el equilibrio ante el ím-
petu de la novedad. Lo extraño suele llevar consigo un cierto
Representaciones
Introducción. Las sociales
representaciones
de los jóvenes
sociales
sobre
de las drogas 33

riesgo de desestabilidad tanto en los saberes comunes como


en los conocimientos científicos. Resulta particularmente re-
levante que las RS expandan una energía de estabilidad ante
los efectos emanados de la evolución histórica. Los paisajes
totalmente nuevos o las viejas ideas en desuso no sufren des-
asosiego cuando el pensamiento social ha logrado encajar su
asiento en los viejos nichos. Dicho de otra manera, la signifi-
catividad de las RS ejerce de colchón ante los choques impre-
vistos de la novedad o simplemente de los cambios de reno-
vación generacional.
3. Una tercera función de las RS se halla no sólo en la confron-
tación del pensamiento sino también en la elaboración de las
“identidades personales”. En la construcción de las RS ocu-
pa especial papel la intervención del individuo que valora y
selecciona los modelos sociales de acuerdo a unos criterios
propios. Decíamos que el pensamiento social no es una copia
sino la reconstrucción del medio. En este proceso de configu-
ración se van sedimentando unos patrones que hacen de má-
quinas allanadoras de caminos; no es difícil concluir que al
tiempo que toma asiento la RS en la persona, ésta vaya ope-
rando sobre un modelo de ser y hacer personales estables. Por
tanto, una representación define los atributos de un objeto,
pero también manifiesta los atributos identitarios de una per-
sona. “Los aspectos significantes de la actividad representati-
va son de sujeto productor de sentido, es decir, expresa el
sentido que da su experiencia en el mundo” (Salinas, Isaza,
2003, 23). De forma más puntual en la representación de la
droga, de la que nos vamos a ocupar más adelante, va a apa-
recer la relación de la conciencia ante el fenómeno de las
toxicomanías.
4. Junto al elemento personal aparece el elemento societario.
Compartir pensamientos es hacer causa común; cuando el re-
pertorio común acontece entre varias personas aparece el
grupo. Las representaciones comunicadas configuran colecti-
34 FANNY JESÚS
T. AÑAÑOS
GARCÍA
BEDRIÑANA
MÍNGUEZ (Coord.)

vos y, lo que es más importante, crean la llamada “conciencia


de grupo”. Amistad con diferentes grados significa estar có-
modo y confiado con personas que tienen una misma visión
del mundo. La imagen de nosotros que como una sombra en-
vuelve a un grupo se expresa de dos maneras: primero cohe-
siona los individuos pertenecientes al colectivo y, segundo,
orienta los comportamientos frente a los demás. El ciudadano
integrado en un país vive la historia, la política o los aconte-
cimientos deportivos con una intensidad diferente frente a los
vecinos. No sólo se siente distinto a los habitantes situados
más allá de sus fronteras, sino que además defiende los colo-
res de su bandera como algo propio.
5. La entidad de un grupo se expresa con carácter fenoménico:
quiere decirse que la mejor manera de manifestar su identifi-
cación es compararse y distinguirse realmente de los otros
grupos. Las relaciones, la comunicación entre dos personas
de diferentes colectivos no tienen la misma consistencia que
las habidas en el seno grupal identitario. De este modo, las
RS intragrupales cumplen funciones de consistencia personal
y colectiva por cuanto la comunidad de significados otorga
fuerza y seguridad interactiva. Es un grado superior a la sim-
ple confianza. En los sujetos hay una especie de analogía di-
námica que internamente otorga una mejor comprensión y
desenvolvimiento en el entorno. Diríase que el pensamiento
social compartido en células grupales consolida estructuras
activas que parecen indispensables para el ejercicio consoli-
dado del individuo y la colectividad.
Concluyendo, la identificación grupal se manifiesta a nivel
práctico logrando que el ciudadano se integre en el mundo real. Pero
hay más: en la simbología grupal existe un apoyo social que nace
con una sólida fortaleza asociada a la simbología y la identificación
compartida. Al igual que las ideas e imágenes de los demás son ne-
cesarias, igualmente los significados tienen suficiente fortaleza para
despertar expectativas y agrandar esperanzas.
Representaciones
Introducción. Las sociales
representaciones
de los jóvenes
sociales
sobre
de las drogas 35

RS de las drogas
El problema de las drogas, igual que los fenómenos económicos
y culturales de nuestro tiempo, es que ha entrado en la rueda de la
globalización; las adicciones a estimulantes de la conducta trascien-
den los ámbitos personal y local para convertirse en un asunto de
competencia trasnacional. La mayoría de los países del mundo están
aquejados por las cuestiones de las drogas y la información que
transmiten los medios de comunicación a propósito del narcotráfico
está desposeída de límites geográficos. La preocupación es extensi-
va e intensiva.
Una plataforma de las últimas décadas, la globalización, super-
pone la economía y el consumo a la cultura, de modo que se han ge-
nerado, hablando suavemente algunas patologías sociales; Haber-
mas, incisivo él, las llama “colonización del mundo” (1990) y
“pensamiento único”. Los activos sociales solo logran tomar cuerpo
cuando entran en la estructura del mundo positivista. Si en otro tiem-
po los referentes históricos dejaban ordenar criterios y valores res-
pecto a aspectos de la realidad, hoy esos principios de vida enferman
de inconsistencia mental; alegremente han sido sustituidos por otros
que han traído la confusión y la falta de modelos culturales. “Se ha
borrado, asegura Lipovesky, la frontera entre la cultura y la diver-
sión” (2000, 15); a causa del imperio del progreso material es fácil
observar cómo hasta la droga se vuelve en categoría de consumo. El
valor cultural que poseía en otras épocas se ha degradado a objeto de
compra-venta.
Históricamente los productos alucinógenos han sido considera-
dos con apreciaciones distintas en función de los pueblos y de las
culturas. Que el consumo de drogas haya existido desde siempre es
una realidad asumible con facilidad (Escohotado, 1990; Becoña,
1999; Mejías, 2000). La peculiaridad proviene del hecho de que
cada momento y cada colectivo le ha atribuido un significado propio
con muchas variantes y funciones.
36 FANNY JESÚS
T. AÑAÑOS
GARCÍA
BEDRIÑANA
MÍNGUEZ (Coord.)

En la antigüedad, 1500 años a. C., algunas sustancias tóxicas re-


cibían un valor mágico y se utilizaban normalmente en los rituales
religiosos: era una representación social de la droga mediadora de
las relaciones entre Dios y el hombre. Bien conocidas son las fiestas
al dios Baco, a Dioniso, donde el alcohol corría entre los fervorosos
devotos como agua fresca que riega los espíritus.
Una significación más efímera descubrimos en los estimulantes
durante los ritos folclóricos de las prestigiosas ciudades de Corinto y
de Roma; estas concentraciones, reconocidas como las “corintía-
das”, “las vestales” eran una excusa para la diversión. En aquellas
sociedades cerradas lo que se pierde por privación se gana en liber-
tad durante los rituales profanos en los que el consumo de alcohol y
otras hierbas era la primera regla de la fiesta. Los que acudían a tales
festivales creían que los estimulantes eran un amigo que cumplía el
papel de deudor de la autonomía y escape de la cotidiana sumisión al
autoritarismo de una sociedad cerrada. Las gentes descubrían en
esos “carnavales” que la ingesta de potajes eufóricos era una forma
de escapar a la vigilancia social; la significación de la droga poseía
un valor catárquico.
El consumo de la coca adquiere valor representativo nuevo entre
los indígenas americanos, particularmente en Perú, Bolivia, Colom-
bia… Es un ejemplo paradigmático de una nueva cultura de la dro-
ga: los habitantes de los altos llanos de la Cordillera Andina, masti-
caban y aún lo hacen habitualmente, hoja de coca para hacer frente
al cansancio e incluso al hambre. Del mismo modo que Freud asegu-
raba que el objetivo del psicoanálisis era enseñarnos a vivir con me-
nos desgracias, así también el chicle de coca ayuda a domesticar el
sufrimiento del trabajo para poder distanciarse de él y mantener a
raya las penalidades del día a día. Los incas sabían y saben procurar-
se los medios naturales sin farmacopea médica para dar fuerza a un
cuerpo desamparado por las inclemencias de la naturaleza. Para los
pueblos americanos la manipulación representativa de la droga se
apropia funciones alimentarias y hasta vitamínicas. Indudablemente
Representaciones
Introducción. Las sociales
representaciones
de los jóvenes
sociales
sobre
de las drogas 37

su consumo sufraga la fragilidad de la naturaleza biológica del hom-


bre.
En tiempos más próximos, S. XVIII y XIX, para los cortesanos
de París o Londres, el uso del tabaco, el rapé, la cafeína, daba un to-
que de distinción a los consumidores (Zermeño, 2001). La droga no
ha reanudado la alianza entre esfuerzo y rehabilitación, más bien se
ha enfrentado cara a cara a dos universos. El que atiende al cuidado
saludable del cuerpo y el que responde a la vanalidad de la sociedad.
Parecería que el sentido de los estupefacientes empieza a desviarse
hacia suministros frívolos que simplifican el enjuague de “la dulce y
amarga epopeya de lo gris” (Bruckner, 2001, 75).
Patrones de tibia regularidad siguen implantados en nuestros días:
hoy el escenario de la droga está clasificado en legal e ilegal, blanda y
dura. No supondría ningún drama esta jerarquización, sino halláramos
detrás del cuadro intereses contaminantes. Aquel significado religio-
so, evasivo, terapéutico, reconfortante, ha dado paso a la cultura del
consumismo. Tras la dosis excitante reaparece la obediencia a la glo-
balización capitalista. El ideal de la sociedad del capital es el consu-
mo: producción y consumo son las dos coordenadas necesarias para
que el mundo siga su curso: “la pinza es perfecta… por un lado el mo-
delo de producción imperante requiere trabajadores atentos a las ta-
reas especializadas; si uno falla, su error afecta a los miles de produc-
tos en serie en los que tiene responsabilidad; por lo mismo los dueños
de los capitales industriales presionan para mantener la salud pública;
es así, pero por otra parte, el salario acredita al trabajador como consu-
midor masificado de productos que colmaron el mercado abastecido
precisamente por la tecnificación de la producción” (Zermeño, 2001,
34). Entre los múltiples productos del mercado que reclama el consu-
mo se encuentran las drogas, unas de acceso económico, otras más
costosas, pero todas capaces de escoltar al individuo hacia la entrada
triunfal con otra representación de la droga: la cultura consumista.
El breve recorrido histórico por la simbología de los estupefa-
cientes ha puesto de manifiesto la pluralidad de significados. No
38 FANNY JESÚS
T. AÑAÑOS
GARCÍA
BEDRIÑANA
MÍNGUEZ (Coord.)

puede asegurarse que contemplemos un significado universal y para


siempre; la evolución valorativa de las sustancias que alteran la con-
ducta está condicionada por las sociedades, las costumbres, la acci-
dentalidad de la naturaleza. Siendo así, el sentido de la droga tiene
un carácter fundamentalmente cultural. Si antiguamente eran catali-
zadores de la realidad ahora muestran el contraste entre la candidez y
el tributo a la “demanda insaciable” (Bukner, 1996). Para la sociedad
actual la drogadicción es un problema de salud personal y colectiva-
mente un conflicto de seguridad, pero al fondo responde a una repre-
sentativa necesidad de consumir. Y cabe preguntarse: ¿quién ha en-
fermado el drogadicto o la significación de la droga? ¿Qué
beneficios o perjuicios ha traído la asociación de la droga a la socie-
dad consumista? ¿Qué valor atribuyen concretamente los jóvenes
actuales al fenómeno de la drogadicción? ¿Qué representa social-
mente el uso de los estupefacientes hoy en día?
Se dice que la postmodernidad y el individualismo han borrado
del mapa los valores: estamos instalados en el mundo de los sentidos
antes que en el mundo de los principios y las convicciones (Lipoves-
ky, 2000). Sin embargo, la sociedad de la globalización, sobre todo
en los medios de comunicación, ha instalado la transformación del
significado relacionándolo con el consumo y el progreso ¿“Qué es
progreso a ojos del consumidor? “La forma superior de magia”
(Brukner, 1996, 63). La sofisticación de la droga, hoy en día, llega
al punto de no permitir que se entienda su funcionamiento y no haya
más remedio que tomar estupefacientes. Lo que sucede no es que
falten referenciales sino que ante el espectáculo de las ofertas hay
que elegir entre un gran mercado de productos.
De aquí se deriva un problema: la dificultad del hombre actual
consiste en probarse a sí mismo que es él frente a la aparición de los
reclamos publicitarios: me las tengo que ver, retomamos a Bruckner,
con un bombardeo incesante que cae sobre mí y que a cada instante
debo responder. De otra manera y en otro tiempo Rousseau reflexio-
nada con tiento y talento sobre el reencantamiento: “querer ser uno
Representaciones
Introducción. Las sociales
representaciones
de los jóvenes
sociales
sobre
de las drogas 39

mismo no significa tan solo tratar de conocerse sino aspirar al reco-


nocimiento de los demás” (Rousseau citado por Brukner, 2002, 28).
Y porque el hombre confía en la sociedad, ha de vérselas también
con los otros, en especial con los grupos de referencia. El ciudadano
no escapa a las limitaciones de la cultura gremial; la obediencia a los
colectivos de pertenencia es de obligado cumplimiento. Con la parti-
cularidad de que la sumisión no muestra la cara: una de las aventuras
del hombre actual es cómo defenderse de la autoridad “oculta” de los
otros. Parece que nos sentimos obligados a probar todos y cada uno
de los nuevos productos para estar al día, para convencer a los otros
y a nosotros mismos que somos de nuestro tiempo. Al contrario de lo
que se dice, la falta de referenciales consiste en que ante las pro-vo-
caciones consumistas colocamos sin darnos cuenta nuestro destino
en manos de solicitadores de inconfesables intenciones.
A medida que el individuo del S. XIX es embarazado por las
coerciones consumistas ha dejado de pensar y, en consecuencia, muy
a pesar suyo de ser libre; la autonomía parece ultrajada por la medida
de significados que traducen cuentos de hadas. El magnetismo de los
chamanes atribuye poderes mágicos al consumo, entre otros la dro-
ga: viajar, manejar el automóvil, conocer por conocer otros países, ir
al supermercado, vestir a la moda, tomar estupefacientes, significa
creer en la solidez y eficacia del consumo asociado a la libertad.
Cuanto más trata de extraer la conclusión de su autonomía más pro-
pensa se halla la persona a ser sometida al ardid de la adaptación do-
minante de nuestro mismo dominio.
Así pues, en medio de un escenario de significados paradójicos
donde todo se vuelve deseable se nos debe lo mejor, sin excluir las
sustancias que alteran la conducta. La industria del consumo nos ha
acostumbrado a la fecundidad y al abuso, de forma que la escasez re-
presenta insatisfacción. Estamos compitiendo en una carrera en la
que el hombre no figura como competente porque no conocemos el
significado de los productos, ni está en nuestro dominio la represen-
tación social.
40 FANNY JESÚS
T. AÑAÑOS
GARCÍA
BEDRIÑANA
MÍNGUEZ (Coord.)

La droga, producto reproducible en el mercado del consumo,


posee igualmente un significado de carácter mágico. Su destino es
otorgar un valor misterioso, cuasisagrado: fascina tanto como se ha
banalizado. Hemos sabido que históricamente los estimulantes han
recibido diferentes concepciones. Como contrapartida la sociedad
del consumismo en el mundo globalizado parece ver en los estimu-
lantes el milagro que cura la enfermedad de las carencias y las ruti-
nas. Para asegurarnos de la veracidad de estos pensamientos conta-
mos con el recurso de una investigación. El presente trabajo se
enfrenta al reto de averiguar las representaciones sociales de los jó-
venes sobre la fiebre de los estimulantes, en particular los más co-
munes: tabaco, alcohol y cannabis ¿cuál es el significado del consu-
mo del hachís, del tabaco, del alcohol? ¿Qué y cómo se reapropian
los jóvenes de la simbología de la droga? ¿Qué liberación esperan de
ella, o sea, qué cultura abriga su degustación? Después de todo, se-
gún se imponga uno u otro significado, la alianza entre droga y con-
ducta quedará certificada.
Considero que al intentar responder a estas cuestiones emerge
una situación estructural que acompaña a toda prevención: la RS de
la droga en los jóvenes. A responder a tan desafiante cuestión acude
el presente estudio no sin antes confesar las dificultades del trabajo
por tratarse de temas que prefieren mantenerse refugiados en los só-
tanos de los individuos. De todas maneras hemos arañado sobreco-
gedores resultados.
1. METODOLOGÍA

La propuesta metodológica de la investigación estuvo dotada de


una doble vía de información: de un lado el modelo cualitativo espe-
cialmente en la recogida de datos referidos a las creencias (entrevis-
tas en profundidad), de ahí que el enfoque tenga sus dificultades y
hasta posibles objeciones. Por ello y de otra parte se cuidó la obten-
ción de informaciones cuantitativas extraídas de la pasación de un
Cuestionario. La duplicidad de las fuentes informativas y el uso de
métodos complementarios, no excluyentes, otorga una mayor ampli-
tud y garantía de los atributos elementales a cualquier trabajo inves-
tigador: la validez y la fiabilidad.
La presente propuesta está basada en un diseño transaccional
descriptivo, dado que realiza una medición en un momento determi-
nado, y tiene como objetivo indagar las creencias, los valores y la in-
cidencia en las conductas de ingesta. Principalmente consiste en me-
dir en el grupo de estudio las variables que describen el mapa
informativo del pensamiento y comportamiento de los jóvenes.

1.1. OBJETIVOS

Situados en el contexto de una Facultad de Ciencias de la Edu-


cación, teniendo el estudio la meta final a medio plazo de una inter-
vención preventiva, resulta de valor imprescindible saber lo que
piensa la población con que se va a trabajar. En este sentido, el cono-
42 FANNY T. AÑAÑOS BEDRIÑANA (Coord.)

cimiento del valor, la utilidad y las posturas que el joven mantiene


ante las drogas blandas conforma la plataforma básica de una inter-
vención.
Tras la exploración del ámbito cognitivo de los jóvenes en rela-
ción a las drogas, la siguiente pregunta que surge lógicamente recibe
la formulación: ¿qué relación existe entre las creencias y la conduc-
ta? ¿Podríamos determinar una dependencia del comportamiento, es
decir el uso del alcohol, el tabaco y el cannabis es provocado por las
percepciones de las sustancias? En otras palabras más sencillas,
¿pensar es equivalente a actuar?

1.2. INSTRUMENTOS

Los instrumentos de recolección de datos fueron: la Entrevista


Personal y el Cuestionario, elaborados “ad hoc”. Sendos aparatos de
medida han sido aplicados en una muestra aleatoria representativa
de la población comprendida entre los 12 y 26 años y llevada a cabo
por un personal previamente adiestrado y capacitado.
La entrevista personal (88) fue semi-estructurada, en atención
a las categorías establecidas en el Cuestionario. Recoge de una ma-
nera espontánea, en un diálogo abierto y sin limitaciones, las opinio-
nes de los sujetos seleccionados respecto a las drogas que venimos
estudiando. La duración aproximada rondó los 30 minutos, han sido
grabadas con la licencia del interesado/a y posteriormente se trans-
cribieron para su estudio y análisis.
El Cuestionario (1030) confeccionado para el estudio contó
con un número no excesivo de 42 items, contempló las tres variables
establecidas: tabaco, alcohol y cannabis. A su vez cada variable se
identificó por diversas categorías: descripción de la muestra (socio-
lógica e ideológica), información general sobre la droga, hábitos de
consumo, percepciones, expectativas y motivaciones, situaciones de
inicio, factores de consumo...
Representaciones sociales de los jóvenes sobre las drogas 43

1.3. PERFIL DE LA MUESTRA

Las características generales de carácter descriptivo de los jó-


venes objeto de nuestro estudio, pueden vislumbrarse a través de la
procedencia, la edad, el sexo, el estado civil, la actividad académi-
ca-laboral, el posicionamiento político y el posicionamiento reli-
gioso.
La procedencia de la población analizada, intenta ser amplia,
extensiva y valorativamente por provincias, se ubica en Sevilla, Cá-
diz, Valencia, Granada, Madrid, Murcia, Jaén, Castellón, Alicante,
Málaga, Córdoba, Cuenca y Teruel. Como puede observarse esta-
mos hablando de regiones españolas diversas por sus características
económicas, número de habitantes, posición geográfica, relaciones
con el entorno internacional (turismo)... Más concretamente, tenien-
do en cuenta que la mayor concentración poblacional en nuestro país
se ubica en las ciudades, los sujetos que corresponden a la zona ur-
bana son el 68,7%; en cambio, el 31,3% son de extracción rural (Ta-
bla nº 1).
La procedencia urbana o rural, valoración económica, apertura
a otras culturas, etc. son aspectos a tener en cuenta en el consumo
de las drogas, asimismo es un factor que puede condicionar las re-
presentaciones sociales. Sin embargo, en nuestra sociedad actual,
hay múltiples posibilidades de información y conocimiento, hecho
que en un primer momento podría limitar a la gente que vive en zo-
nas rurales, pero en gran medida el handicap del medio rural como
obstáculo de “vivir al día” ha dejado de serlo. No obstante, el en-
torno sociocultural otorga características peculiares que condicio-
nan la socialización y el imaginario colectivo. En ese sentido,
como ejemplo afirman Comas, Aguinaga, Orizo, Espinoza y
Ochaita (2003: 281), las diferencias entre jóvenes urbanos y rura-
les parecen situarse en el campo de los valores y las ideologías,
puesto que, por un lado, los jóvenes urbanos adoptan puntos de vis-
ta más progresistas, por otro, los jóvenes rurales parecen más con-
44 FANNY T. AÑAÑOS BEDRIÑANA (Coord.)

servadores, aunque, posteriormente, sus comportamientos vayan a


ser muy similares.

Tabla nº 1: Origen geográfico de la muestra


Zona

Porcentaje Porcentaje
Frecuencia Porcentaje válido acumulado
Válidos Urbana 693 67,3 68,7 68,7
Rural 316 30,7 31,3 100,0
Total 1009 98,0 100,0
Perdidos Sistema 21 2,0
Total 1030 100,0

Las edades fluctúan entre los 12 y 26 años (Gráfica nº 1), así,


las franjas cronológicas distinguidas son las siguientes: los más nu-
merosos, con un 32,3% son los jóvenes de 21 a 23 años, los de 18 a
20 años representan el 25%, aquéllos entre los 15 a 17 constituyen
el 19,6%, los más jóvenes, de 12 a 14 años son el 12,9% y, los chi-
cos y chicas con edades más tardías (24 a 26 años), son el 10,2%. Si
hacemos un análisis general, observamos que más del 50% del total
de la población estudiada, pertenecen al intervalo de 18 a 23 años.
Del mismo modo, en la variable sexo aparecen desequilibrios: las
mujeres ocupan el 68,9% de la población, frente al 31,1% de varo-
nes; esta diferencia, además de ser consecuencia de una muestra
aleatoria, puede deberse, entre otras razones, a que gran parte de los
cuestionarios se pasaron a voluntarios y como sabemos la coopera-
ción es mayor en las féminas. En cambio, las entrevistas compensó
la muestra, distinguiendo un 45,59% de mujeres y un 53,41% de
varones.
Representaciones sociales de los jóvenes sobre las drogas 45

Gráfica nº 1: Edades de la muestra

32,3%
25%
19,6%

12,9%
10,2%

12-14 15-17 18-20 21-23 24-26


años años años años años

El estado civil (Tabla nº 2) es mayoritariamente el de soltero/a con


un 89,6%, esto puede explicarse, entre otras justificaciones, a que las
personas de estas edades se encuentran en procesos de formación o pre-
paración profesional y por ende son dependientes de sus familias; del
mismo modo, en la sociedad hoy, los compromisos formales de pareja o
de unión conyugal se suelen asumir en etapas más tardías. En cuantías
más modestas encontramos otros datos que muestran situaciones civiles
distintas a la observada; así, el 9% vive en pareja y el 1,4% insignifican-
te está repartido entre viudos/as, separados/as y casados/as.
Tabla nº 2: Estado civil
Estado civil

Porcentaje Porcentaje
Frecuencia Porcentaje válido acumulado
Válidos Soltero 913 88,6 89,6 89,6
Casado 10 1,0 1,0 90,6
En Pareja 92 8,9 9,0 99,6
Separado 2 ,2 ,2 99,8
Viudo 2 ,2 ,2 100,0
Total 1019 98,9 100,0
Perdidos Sistema 11 1,1
Total 1030 100,0
46 FANNY T. AÑAÑOS BEDRIÑANA (Coord.)

Por las características de la población, parece lógico observar


chicas y chicos que se encuentran estudiando, dentro de las diversas
opciones que nos ofrece el sistema educativo. Así, el 61,2% son es-
tudiantes universitarios, el 21,8% son estudiantes de ESO, algo más
del 15% son estudiantes de bachillerato y el 1,8% son alumnos/as de
formación profesional.
En cuanto a la ocupación laboral (Tabla nº 3), vemos que el
20,4% realiza alguna actividad laboral, además de cursar sus respec-
tivos estudios y, el 79,6% restante manifiesta estar únicamente dedi-
cados a las tareas académicas, en su defecto estar buscando empleo o
encontrarse en paro. En las entrevistas, podemos distinguir al 27,3%
de jóvenes que sólo trabajan, el 10,2% que trabaja-estudia a la vez y
el 62,5% tiene como única actividad el de ser estudiante.

Tabla nº 3: Situación laboral de la muestra


Actividad Laboral

Porcentaje Porcentaje
Frecuencia Porcentaje válido acumulado
Válidos Trabajador 140 13,6 20,4 20,4
Busca empleo o parado 546 53,0 79,6 100,0
Total 686 66,6 100,0
Perdidos Sistema 344 33,4
Total 1030 100,0

El posicionamiento político (Gráfica nº 2) refleja que la mayor par-


te se sitúa en posturas neutrales o de centro, con un 49,7% de los casos.
Así mismo, distinguimos dos posturas enfrentadas: la izquierda y la dere-
cha. Por un lado, jóvenes identificados con ideales de izquierda, donde a
su vez, existen dos subposicionamientos: unos más moderados o con ten-
dencia hacia la izquierda (31,1%) y otros con una postura más radical o
de extrema izquierda (5,7%). Por otro lado, aparecen los ideales de dere-
cha, que también mantienen dos subposturas: unos sujetos más modera-
dos, con inclinación o con tendencia hacia la derecha (10,7%) y otros que
se sitúan en posturas más extremistas o radicales (2,9%).
Representaciones sociales de los jóvenes sobre las drogas 47

Como podemos observar, las dos tendencias polarizantes son


minoritarias. Sin embargo, es significativa la población que se iden-
tifica con ideales de izquierda (36,8%), sobre todo la tendencia cen-
tral que prima por encima de todas (49,7%).

Gráfica nº 2: Posicionamiento político

Extrema derecha 2,9%

Derecha 10,7%
49,7%
Centro

Izquierda 31,1%
5,7%
Extrema Izquierda

Las posturas religiosas (Gráfica nº 3) de la juventud analiza-


da van cobrando ligeros cambios si partimos de una sociedad de
eminente tradición católica; éste es un hecho que se va observan-
do, de forma progresiva, desde los albores democráticos. Vemos
así, a más de la mitad de la población (69,8%) que se considera ca-
tólica, de ellos, sólo el 17,2% dice ser practicante y el 52,6% aun-
que profesan la religión católica no llevan a cabo los rituales exi-
gidos por la doctrina. Siendo éste el grupo más numeroso y nos
muestra la consolidación del modelo secular. La religión es un fe-
nómeno intelectual, tradicional más que un componente emotivo,
conductual.
48 FANNY T. AÑAÑOS BEDRIÑANA (Coord.)

Gráfica nº 3: Posicionamiento religioso

1%
Creyente de otra religión 52,6%

Católico no practicante
17,2%
Católico practicante
6,4%
Creyente sin religión
9,1%
Agnóstico
13,8%
No Creyente

Dentro de aquellos/as que manifiestan tener una creencia reli-


giosa, también observamos matices: es el caso de sujetos creyentes,
pero no profesan ninguna religión (6,4%), y quienes tienen otra reli-
gión, distinta a la católica, el 1%. También distinguimos el 13,8% de
no creyentes y el 9,1% de agnósticos.
El análisis de estos datos nos muestra que la sociedad, concreta-
mente los jóvenes, tienen una mayor apertura mental, un distancia-
miento de las prácticas religiosas, un tímido alejamiento total de los
dogmas religiosos y optan por diversas opciones religiosas. En cuan-
to a este dato, vemos una progresiva simpatía por otros planteamien-
tos doctrinales, tal es el caso de religiones orientales o las seguidas
por famosos y estrellas de los medios de comunicación (cienciolo-
gía); no obstante, habría que tener en cuenta en el fenómeno, tam-
bién, a la juventud inmigrante, que profesa creencias distintas a las
occidentales y se encuentran insertas en la sociedad.
2. LAS REPRESENTACIONES SOCIALES
DE LOS JÓVENES
RESPECTO A LAS DROGAS

2.1. PERCEPCIÓN DEL SIGNIFICADO DE LA DROGA

De las drogas podemos resaltar dos características definitorias:


su capacidad para crear habituación (dependencia) y la modificación
de las funciones del organismo. Una dependencia, según la FAD
(1997), caracterizada por la adaptación psicológica, fisiológica y
bioquímica, como consecuencia de la exposición reiterada a la sus-
tancia, haciéndose más necesario su empleo para evitar la sintomato-
logía que acontece con su retirada (síndrome de abstinencia).
No obstante, los efectos, las consecuencias y las funciones están
condicionadas, sobre todo, por las definiciones sociales, económicas y
culturales que generan los conjuntos sociales que las utilizan (Romaní,
1999). En ese sentido, las “drogas pueden ser muchas cosas, mas sólo
lo son aquéllas que culturalmente se clasifican como tales” (Comas,
1990), por tanto existen unas que gozan de la aceptación general de la
sociedad, mientras que otras son objeto de rechazo y/o estigmatización.
Desde esa perspectiva, las drogas siempre han tenido presencia so-
cial y cultural con patrones diferenciados en las distintas épocas y luga-
res. Los grupos sociales se han relacionado con las sustancias en un equi-
librio de coste social y de beneficios individuales y colectivos (ritualizar,
50 FANNY T. AÑAÑOS BEDRIÑANA (Coord.)

afianzar relaciones sociales, beneficios económicos de la gente que de-


pende de su trabajo, etc. que se abordará en el siguiente apartado) que se
obtienen. Cuando este equilibrio se mantiene la percepción de droga no
es evidente, así como la sociedad parece no ser consciente de este fenó-
meno, es decir, que convive con él (alcohol, tabaco...) y se aprecia como
algo natural. De esta manera se produce una estabilidad entre los benefi-
cios que proporciona y los perjuicios que ocasiona, por lo que no genera
conflictividad, no escandaliza con mecanismos defensivos y no altera la
sociedad. Sin embargo, es un equilibrio inestable (Megías, 1998)*.
En consecuencia, la idea de droga se asocia a toda aquella sus-
tancia “extraña”, “ajena”, “ilegal”, “lejana”... del medio en que nos
desenvolvemos.
Así, los resultados que se desprenden de la investigación, en
cuanto al reconocimiento o no de las sustancias como droga, son los
siguientes (Gráfico nº 4):

Gráfica nº 4: Percepción del concepto de la droga

90,9%
Cannabis

84,2%
Tabaco

Alcohol 65%

* Megías Valenzuela, E. (1998). Conferencia inaugural del “Experto Universi-


tario en Prevención de Drogodependencias en el ámbito comunitario”, de la Universi-
dad de Granada.
Representaciones sociales de los jóvenes sobre las drogas 51

Destacar sobre todo a la mayoría de jóvenes que identifican las sus-


tancias como drogas: en el caso del alcohol el 65%, respecto al tabaco,
es definido como tal por el 84,2%, cifra que muestra una mayor con-
cienciación (19,2 puntos más que el alcohol), finalmente, la percepción
del cannabis como droga resulta más contundente frente a las otras sus-
tancias antes citadas, de tal modo que el 90,9% lo reconoce así.
La asociación de los tóxicos como drogas, de acuerdo a las eda-
des, se observa que se va paulatinamente incrementando a medida
que aumenta la edad.

EXPLICACIONES DE LA IDENTIFICACIÓN DE LAS SUS-


TANCIAS COMO DROGAS
En referencia a los porqués o los razonamientos sobre la identi-
ficación o no de la sustancia como droga, vamos a definirlos a través
de los siguientes apartados que se extraen de las entrevistas.

2.1.1. Crea adicción


La adicción es sinónimo de entrega, de adhesión o hábito de
quienes se dejan dominar por el uso de alguna o algunas drogas
(RAE, 2004). Así, un riesgo de las sustancias tóxicas -quizá el más
importante- es su capacidad para crear dependencia.
Según la FAD y el Ayuntamiento de Madrid (2000: 6), la depen-
dencia es el conjunto de comportamientos y de reacciones que com-
prenden el impulso y la necesidad imperiosa de tomar la sustancia de
forma continua o regular, ya sea para sentir sus efectos o para evitar el
malestar que produce su privación. Todas las drogas presentan esta ca-
racterística, aunque se afirma que algunas no producen dependencia
física (cannabis, alucinógenos, éxtasis...), éste es un asunto aún en
controversia; en lo que sí hay unanimidad es en la capacidad de todas
ellas para provocar dependencia psicológica o emocional.
52 FANNY T. AÑAÑOS BEDRIÑANA (Coord.)

La dependencia física hace referencia al estado de adaptación


del organismo, dando lugar a la necesidad de lograr determinados ni-
veles de la sustancia, a fin de mantener la “normalidad”. En cuanto a
la dependencia psicológica, aparece un deseo imperioso de utilizar
repetidamente la droga, desde el convencimiento de que la necesita,
al margen de que tenga o no dependencia física.
Del mismo modo se produce una modificación de las funciones
del organismo al incorporarse a éste elementos químicos que cam-
bian la capacidad de acción habitual del cerebro, de la conducta, de
la motricidad, del ánimo, de la consciencia, de la percepción de la
realidad, etc. Tanto el tabaco, el alcohol como el cannabis cumplen
estas condiciones (dependencia y modificación de las funciones).
La percepción de los jóvenes sobre el concepto de droga a razón
de la capacidad de crear adicción a las diversas sustancias estudia-
das, queda definida como se aprecia a continuación (Gráfico nº 5):
Gráfica nº 5: ¿Por qué es una droga?: crea adicción

54,1%
59,4%

59,6%

Alcohol Tabaco Cannabis

Los porcentajes en los tres tipos de drogas son mayoritarios y


fluctúan en cifras bastante próximas, de tal modo que en el 59,6% de
los casos corresponde a la capacidad adictiva del alcohol, el 59,4%
al tabaco y el 54,1% al cannabis. A pesar de que un poco más de la
mitad de los sujetos son conscientes de esta característica de la dro-
Representaciones sociales de los jóvenes sobre las drogas 53

ga, es preocupante que un grupo significativo de los mismos no se


percate de ello.

2.1.2. Afecta a la salud


Los datos ofrecidos a nivel mundial por la Organización Mundial de
la Salud (citado por De Benito, 2004) respecto a las drogas socialmente
aceptadas (alcohol y tabaco) y las drogas ilegales en relación a las conse-
cuencias sanitarias, reflejadas tanto en la mortalidad como en años de
vida y pérdida por incapacidad, dicen que un 12% de los fallecimientos
en cada año se debe a las drogas autorizadas (8,8% tabaco y 3,2% alco-
hol), frente a un 0,4% debido a las sustancias ilegales (cannabis, anfeta-
minas, incluido éxtasis), cocaína y opioides (ver gráfica nº 6). Respecto a
la pérdida de años de vida y discapacidad, el tabaco ocupa el cuarto lugar
del mundo, seguido del alcohol, que es el quinto; las dos drogas juntas
producen una pérdida del 8,1% de años, en cambio las drogas ilegales, la
décima parte (0,8 años). Por tanto, la incidencia de daños ocasionados
por el alcohol y el tabaco en las condiciones de salud son mayores.

Gráfica nº 6: Mortalidad atribuida a las drogas a nivel mundial

Drogas ilegales 0,4%


3,2%
Alcohol
8,8%

Tabaco

Fuente: OMS, 2004 (citado por Emilio de Benito. En: El País nº 9791, Edición Andalu-
cía, 22 de marzo de 2004)

El tabaco es una droga enmascarada, porque no se quiere percibir


el daño que produce en la salud y porque no se tiene conciencia de la
54 FANNY T. AÑAÑOS BEDRIÑANA (Coord.)

dependencia que ocasiona y que es idéntica a la de otras sustancias. En


el caso del alcohol, puede considerarse el producto más importante,
tanto por ser la sustancia de intenso consumo a lo largo de la Historia
como por ser en estos momentos la que mayor número de dependien-
tes acoge y más problemas causa, bien sanitarios, bien psicosociales.
Así mismo, el cannabis es la droga ilegal de uso más frecuente en todo
el territorio nacional y sus efectos en la salud son igualmente dañinos.
Por ejemplo, la forma más extendida de consumo de tabaco es el
cigarrillo en cuyo humo se han identificado alrededor de 4.000 com-
ponentes tóxicos, de los cuales los más importantes son: nicotina, al-
quitrán, irritantes y monóxido de carbono. Por otro lado, de acuerdo
a un reciente informe de la Universidad Pompeu i Fabra, se asegura
que en España en el año 2000 el tabaco le costó a la sanidad unos
3.600 millones de euros (citado por Guerra, 2002). Del mismo mo-
do, el Ministerio de Sanidad Nacional señala que el país se sitúa en
uno de los primeros puestos de consumo de tabaco y en el primero
por número de casos de cáncer de laringe (15,8 nuevos casos por
cada 100.000 varones), lejos del segundo país, Francia, con 11,9.
No obstante, en la investigación, los resultados sobre la concep-
ción de droga en relación a las consecuencias que producen éstas en
la salud son bajas (Gráfico nº 7).
Gráfica nº 7: ¿Por qué es una droga?: afecta a la salud

29,5%
36,2%

18,5%

Alcohol Tabaco Cannabis


Representaciones sociales de los jóvenes sobre las drogas 55

Los efectos sanitarios del consumo de drogas se ven influidos,


entre otros, por la frecuencia con que se empleen, la cantidad admi-
nistrada, el tiempo de consumo y la dependencia o no de la sustan-
cia. En este sentido la percepción negativa para la salud del tabaco es
diferenciada en un 36,2% de los sujetos estudiados, una cifra relati-
vamente significativa, puesto que en las otras drogas ésta es aún me-
nor; en el caso del cannabis representa el 29,5%, y en cuanto al alco-
hol se distingue el 18,5%.
Matizando en las percepciones negativas sobre el consumo de
tabaco, se extraen del cuestionario los siguientes datos (Tabla nº 4):

Tabla nº 4: “El tabaco perjudica la salud”


Todas las personas que fuman perjudican su salud

Porcentaje Porcentaje
Frecuencia Porcentaje válido acumulado
Válidos Muy de acuerdo 812 78,8 83,7 83,7
Bastante de acuerdo 127 12,3 13,1 96,8
Ni de acuerdo ni en
22 2,1 2,3 99,1
desacuerdo
Poco de acuerdo 3 ,3 ,3 99,4
Nada de acuerdo 6 ,6 ,6 100,0
Total 970 94,2 100,0
Perdidos Sistema 60 5,8
Total 1030 100,0

La gran mayoría de los jóvenes encuestados expresa que efecti-


vamente el tabaco perjudica la salud en un 96,8%, específicamente
el 83,7% dice estar muy de acuerdo con la afirmación y el 13,1%
bastante de acuerdo. Dicha información refleja a una juventud que
reconoce la droga y es consciente de las consecuencias no benéficas
del tabaco; sin embargo, es una cuestión contradictoria si compara-
mos con el nivel de consumo y su frecuencia de uso de lo mismo (ver
tablas nº 25-26-27 y gráfica 46). Asimismo, en una postura minorita-
ria, se encuentran aquellos jóvenes que no se posicionan (2,3%); por
otro lado, observamos a sólo 0,9% de la población que no cree que el
56 FANNY T. AÑAÑOS BEDRIÑANA (Coord.)

tabaco sea perjudicial para la salud. En ese sentido, aunque este por-
centaje sea minoritario, es significativo que todavía haya jóvenes
con esa concepción, pese a la información circulando por los medios
de comunicación sobre estudios, investigaciones, reportajes, estadís-
ticas, etc. y que enfatizan las teorías dañinas de la sustancia en las
personas.
También se asocia al concepto de droga la variable que se ha de-
nominado “tiene efectos secundarios”, registrado tanto en el caso
del alcohol como en el caso del cannabis. Dichos efectos se encuen-
tran relacionados con las sensaciones personales experimentadas
que se analizan a continuación.
En primer término, el alcohol (20,1%) relacionado al reconoci-
miento de que éstas alteran las capacidades y que “emborrachan”;
por el contrario, apreciamos al 25% que no reconocen la sustancia
alcóholica como una droga porque, según ellos, no tiene efectos se-
cundarios para la salud. En segundo término, el cannabis (24,6%)
que curiosamente las percepciones relacionadas a la salud se enfo-
can desde una perspectiva placentera, es decir, “coloca”, “sensación
grata”, “alucina”... asimismo, se observa que los jóvenes dicen que
el cannabis es una droga que tiene “más efectos que el tabaco”
(8,2%).

2.1.3. Cantidad de consumo

En el fenómeno de las drogodependencias es importante valorar


la relación cuantitativa que el sujeto consumidor establece con la
sustancia.
Así, en nuestra sociedad, el abuso de las drogas no sólo se iden-
tifica a un patrón “desmesurado” en la administración de la misma,
sino que se reconocen otras formas de uso más “normalizado”. En
este último caso, su aceptación generosa y su asociación con el con-
cepto de droga de los jóvenes estudiados proviene, entre otras razo-
Representaciones sociales de los jóvenes sobre las drogas 57

nes, de la creencia según la cual los efectos son leves cuando se con-
sume en cantidades “moderadas”, puesto que permite a la persona
conservar el “control” del comportamiento en general y del consumo
en particular, sin reparar en los riesgos como consecuencia de los
efectos que producen y la dependencia que originan. Desde dicha
percepción, las sustancias consumidas en pequeñas dosis, no son
drogas.
Por todo lo dicho, los sujetos analizados en la investigación ex-
presan su definición de droga según la cantidad de consumo, sólo
cuando éstas son importantes o abundantes, de tal modo que es una
droga para el 28% de los jóvenes que consumen alcohol y para el
2,5% de las personas que fuman tabaco. En cuanto al cannabis, no se
encontró ninguna manifestación al respecto.

2.1.4. Situación legal

La incidencia nos muestra que alrededor de 205 millones de per-


sonas de todo el mundo consumen algún tipo de droga ilegal y de
ellos 162,8 millones consume cannabis, según el informe de la Orga-
nización Mundial de la Salud (OMS) hecho público en marzo del
2004 (citado por De Benito, 2004). Datos que, sin lugar a dudas, po-
nen el fenómeno en primera fila de la palestra, en cuanto a proble-
máticas de orden internacional y nacional.
Las políticas sobre drogodependencias hoy, según Pantoja
(2003), se encuentran centradas en evitar el consumo (planteamien-
tos prohibicionistas), medidas de control y de lucha policial; aunque
asistimos a un tímido desplazamiento hacia políticas orientadas a la
reducción de daños y riesgos que se aceptan como normales en con-
sumo de las drogas.
No obstante, cabe destacar la masificación y la globalización del
fenómeno, que en opinión de Abeijón (2003), está teniendo conse-
cuencias a muchos niveles, concretamente en los referentes econó-
58 FANNY T. AÑAÑOS BEDRIÑANA (Coord.)

micos y legales. De esta forma, el hábito se ha situado y se sitúa en el


filo de la ley y, en reiteradas ocasiones, fuera de ella.
Del mismo modo, dichas consecuencias producen alarma o con-
flictividad social, independientemente de la legalidad o no de la sus-
tancia, pero es necesario matizar la situación, puesto que las implica-
ciones no son las mismas. Así, de acuerdo al Defensor del Pueblo
Andaluz (2002), el consumo de drogas legales presenta una mayor
problemática social y sanitaria, sin que ello sea percibido por una
parte importante de la ciudadanía que sigue refiriéndose o asociando
el concepto de droga sólo a las denominadas ilegales. Pero, la adic-
ción a las sustancias legales es un problema de gran trascendencia,
no sólo por el consumo generalizado que existe, sino por las implica-
ciones que produce.
También, las actitudes de rechazo social llegan a ser más nume-
rosas en el caso de las drogas ilegales, lo que ha llegado a provocar
que el colectivo de drogadictos sea el que mayor rechazo provoca en
la sociedad española (Elzo, 1993). Por el contrario, la percepción de
las denominadas drogas legales sobre el nivel de conflictividad so-
cial de los usuarios es menor.
Sin embargo, cabe aclarar que en los últimos años las represen-
taciones sociales de las drogas, de acuerdo a su condición legal, ha
ido modificándose debido a las prácticas sociales asociadas al con-
sumo. A la vez cambiaron las opiniones y actitudes de la población
ante las drogodependencias, por ejemplo, podemos ver en la pobla-
ción andaluza (EDIS y otros, 1998) que la calificación más generali-
zada de los usuarios es la de enfermo, siendo más frecuente esta
apreciación cuando se refiere al colectivo que consume heroína y co-
caína (71,2% y 67,2%, respectivamente); cuando se trata del alcoho-
lismo la percepción se reduce a un 44,2%. De esta forma, los propios
consumidores siguen percibiendo la evidencia de un fuerte rechazo
social que los asocia a conductas y hechos delictivos producidos
para el mantenimiento del hábito.
Representaciones sociales de los jóvenes sobre las drogas 59

En la investigación, la percepción social en lo referente a distin-


ción de drogas legales e ilegales (Gráfica nº 8), nos muestra una do-
ble vertiente. Por un lado, apreciamos aquéllos que relacionan el
concepto de droga con la situación de ilegalidad de la sustancia, este
es el caso del cannabis (3,3%); y por otro lado, aquéllos que no reco-
nocen la sustancia como una droga, porque éstas son legales, así ob-
servamos al 50% de jóvenes refiriéndose al alcohol y 42,9% en el
caso del tabaco. Datos llamativos que sacan a la luz aproximada-
mente a la mitad de los jóvenes que no consideran drogas al alcohol
y al tabaco, a razón de su condición legal o regular en la sociedad,
hecho que redunda en la aceptación social de las mismas.
Gráfica nº 8: ¿Por qué es una droga?: es ilegal

50%

42,9%

Alcohol Tabaco

2.1.5. OTROS SIGNIFICADOS

a. Me divierte
El alcohol y la diversión, para la mayor parte de los jóvenes es-
tudiados, son dos factores de incuestionable presencia en el disfrute
del ocio, especialmente en los ambientes o espacios lúdicos y, con
frecuencia, acompañadas por otras drogas (tabaco, cannabis...). No
obstante, resulta preocupante el hecho de que el 25% de la juventud
60 FANNY T. AÑAÑOS BEDRIÑANA (Coord.)

analizada no considere el alcohol como una droga, porque es un ele-


mento de diversión.
Las explicaciones, en parte, pueden deberse a la menor percep-
ción de riesgo de la sustancia, porque cuanta más baja sea la percep-
ción de riesgo es mayor el consumo, por tanto, se banalizan las con-
secuencias, se conciben inocuas y la actitud final refleja una
percepción positiva de la droga. Al respecto, se observan afirmacio-
nes como: si “me divierte”, “no me hace daño”, “me siento bien”...
entonces, “no puede ser una droga, porque ésta es mala”.

b. Es un vicio
En nuestro país, la percepción social de las drogas ha ido pro-
gresivamente evolucionando, de un lado, por la propia considera-
ción de la drogodependencia y, por otro, por los cambios de hábitos
y actitudes de los consumidores. Sin embargo, aún se arrastran con-
cepciones que identifican a los sujetos consumidores de sustancias
como “viciosos”. Dicha percepción viene de la estigmatización de
las personas abanderadas de un nuevo y revolucionario estilo de vida
(cambios sociales con la entrada de la etapa democrática) que trasto-
ca la sociedad tradicional; así, la droga es considerada como un sig-
no de rebeldía y modernidad, ante un contexto cerrado, represivo y
repulsivo en sí mismo (Defensor del Pueblo Andaluz, 2002). La re-
acción social se concreta mediante el rechazo de los consumidores,
denominándolos “viciosos” y “delincuentes”.
El reconocimiento del tabaco como droga (84,2%), por parte de
los jóvenes estudiados, a razón de constituir un vicio, representa un
escaso 2,9%.

c. Afecta al entorno
El consumo de la sustancia alcohólica induce a comportamientos o
actitudes descontroladas que se ejecutan bajo los efectos de la droga,
conductas donde frecuentemente no se miden los riesgos ni las conse-
Representaciones sociales de los jóvenes sobre las drogas 61

cuencias de lo que se está haciendo (FAD y Ayuntamiento de Madrid,


2000). En ese sentido, de acuerdo a la Comunidad de Madrid y la Agen-
cia Antidroga (2002), las consecuencias sociales son fundamentalmente
la suciedad, los ruidos, los atascos, las discusiones o peleas callejeras... y
a nivel familiar, la preocupación por el cambio de hábitos y costumbres
familiares en cuanto a los horarios (se levantan tarde, no duermen en
casa o duermen cuando todos se levantan, etc.), noches de vigilia, no
cumplimiento de obligaciones domésticas, cambios de humor, etc.
En la investigación, del 65% de los chicos y chicas que reconoce
el alcohol como droga, únicamente el 1,9% relaciona a la concep-
ción de que “afecta al entorno”. Un entorno vinculado a los proble-
mas en el ámbito familiar y social que genera el consumo.

2.2. EFECTOS ATRIBUIDOS AL ALCOHOL, TABACO Y


CANNABIS

Las personas o los grupos, como hemos señalado en la per-


cepción del significado de la droga, se han relacionado con las
sustancias en procesos equilibrados de coste social y de benefi-
cios, es decir, sin alterar el orden social establecido, aunque los
patrones relacionales de cada cultura se han diferenciado en las
diversas épocas y en los distintos lugares. No obstante, este equi-
librio es frágil, porque con frecuencia se rompe ese “precio” (Me-
gías, 1998)* a favor de los beneficios que se obtienen de ellas.
El tándem drogas-beneficios, para Calafat y otros (1985), es el
resultado de la relación entre la persona que consume y el producto
empleado a través de la necesidad (dependencia física y/o psíquica)
de seguir consumiendo dicha sustancia con la clara intención de be-
neficiarse de sus efectos, tanto a nivel orgánico como sobre el com-
portamiento (Delgado, Pablos y Sánchez, 1994).
* Idem p. 48
62 FANNY T. AÑAÑOS BEDRIÑANA (Coord.)

Es incuestionable la importancia, dentro de la relación drogas-


beneficios, de la presencia del discurso social. Entendiéndose por
discurso social a la representación o percepción que los componen-
tes de una sociedad hacen u obtienen respecto un fenómeno de la
realidad (FAD, 1997), en este caso los jóvenes sobre las drogas. En
la sociedad, el enfoque sobre las drogodependencias ha sido impues-
to a través de diversos mecanismos (medios de comunicación social,
el código cultural existente en la comunidad, actitudes de sus miem-
bros frente al problema, valoraciones, comportamientos...). En su-
ma, es el grupo social quien da forma o construye el fenómeno y lo
asume como tal, en reiteradas veces mediante estereotipos, creen-
cias, mitos, visiones sesgadas o deformadas de la misma, al margen
de su verdadera correspondencia con la realidad que refleja.
En ese sentido los fenómenos sociales son también importantes
en la medida que transforman el uso y la percepción de las sustan-
cias, por ejemplo, en el caso español, con la entrada de la democra-
cia se ha producido el mayor cambio en el empleo y en la representa-
ción de las mismas, donde ésta ayudó a difundir nuevos valores que
sustituyeron los tradicionales y se orientaron hacia una cultura hedo-
nista. Cultura caracterizada en primar la gratificación inmediata del
individuo y donde la realización personal se convirtió en uno de sus
principales elementos (Defensor del Pueblo Andaluz, 2002); cam-
bios que se han traducido en nuevos hábitos y actitudes de los consu-
midores.
La percepción o representación de los componentes de la socie-
dad, más concretamente de los jóvenes, con relación al tándem dro-
gas-beneficios, se vehiculan mediante las necesidades de éstos a cu-
brir o satisfacer en cuanto a sus relaciones, comunicación con los
demás, expresar sentimientos y afectos, desarrollar su sexualidad,
etc. (Comunidad de Madrid, Agencia Antidroga, 2002); y lo más
preocupante es la creencia que las drogas, en este caso el alcohol, el
tabaco y/o el cannabis, pueden ayudarles a cumplir el deseo o el gus-
to.
Representaciones sociales de los jóvenes sobre las drogas 63

Sobre los beneficios, en España no se han hecho investigaciones


concluyentes ni estudios exhaustivos, es un campo que apenas está
empezando a andar. Por ejemplo, encontramos una investigación
muy reciente efectuada por E.D.I.S. en Andalucía en el año 2003 que
sólo hace referencia a nueve beneficios sin mayor profundización
(Tabla nº 5) y no permite mayores comparaciones.

Tabla nº 5: Beneficios del uso de drogas


%
Placer, bienestar 34,7
Estimulación, energía 14,0
Calma, tranquilidad 18,8
Resistencia a la fatiga 2,1
Evitación de molestias 3,1
Mejora en las relaciones sociales 9,4
Mejora en las relaciones sexuales 1,4
Otras 0,1
Ninguno 16,4
Total 100,0
Base (957)

Fuente: EDIS, por encargo de Comisionado para las Drogodependencias de An-


dalucía, Consejería de Asuntos Sociales (2003)

Los resultados de la Tabla nº 5 nos dicen que un 83,6% de los


consumidores de drogas (en general) apuntan algún tipo de bene-
ficio en el consumo de las mismas. Los beneficios más menciona-
dos son el placer-bienestar, estimulación-energía, calma-tranquili-
dad y la mejora de las relaciones sociales; los cuatro suman el
76,9%.
64 FANNY T. AÑAÑOS BEDRIÑANA (Coord.)

En nuestra investigación entramos de lleno en los beneficios o


efectos positivos que se obtienen de las drogas, en primer término
vamos a destacar aquéllas que han salido a la luz de las entrevistas,
datos que servirán para ir aproximándonos a las representaciones so-
ciales de los jóvenes sobre los tóxicos. Partiendo de que la mayor
parte de los sujetos estudiados son de la opinión que el cannabis es
una droga que crea adicción, que tiene efectos secundarios y que la
mayoría de los entrevistados lo ha probado (62%), dato ligeramente
superior al registrado en los cuestionarios (54,9%), debido a un am-
biente que inspiró una mayor interacción de los sujetos y en conse-
cuencia una respuesta más sincera. Los supuestos beneficios de la
sustancia se vislumbran en el imaginario popular de diversas formas,
entre ellas, las creencias.
Así distinguimos las creencias que se refieren a las supuestas
utilidades sanitarias-medicinales del alcohol no previstos en el cues-
tionario, donde el 45,5% relaciona los efectos benéficos a la propor-
ción de consumo, o sea, es bueno si se consume en pequeñas canti-
dades; el 22,4% asocia el bien porque lo recomiendan los médicos;
el 9,1% cree que es un remedio casero y sirve de tratamiento para las
dolencias (enfermedades); finalmente, el 17,9% vincula sus benefi-
cios a cuestiones sociales y psicológicas como la diversión y el efec-
to de desinhibición de la sustancia, aspectos que ampliamente anali-
zaremos en las siguientes páginas.
En segundo término y en mayor profundidad, veamos a conti-
nuación los resultados de los cuestionarios. La clasificación temática
de los beneficios de las drogas en este instrumento, tanto individua-
les como colectivos, se plantean en torno a tres grandes apartados:
beneficios para la salud, beneficios psicológicos y beneficios socia-
les, si bien en reiteradas ocasiones se producen interacciones entre
ellas. Información que se obtuvo de la valoración de la muestra so-
bre una serie de afirmaciones (percepciones) alrededor de las distin-
tas sustancias estudiadas.
Representaciones sociales de los jóvenes sobre las drogas 65

2.2.1. Beneficios para la salud


El alcohol, el tabaco y el cannabis, son considerados las sus-
tancias de uso más frecuente en todo el territorio nacional (aparta-
do 3.1.1 al 3.1.3), se encuentran acompañadas de valoraciones be-
nignas y se les concede cualidades medicinales sin conocimiento
seguro a su consumo (aunque en menor medida el tabaco) porque,
entre otras razones, existe la creencia según la cual no representan
un peligro para el organismo, sus efectos psicoactivos son leves y
favorecen, en cantidades moderadas, a la calidad de vida de las
personas.
Los beneficios que influyen en el estado sanitario se concretan
mediante distintas “propiedades” que, de acuerdo a los jóvenes estu-
diados, nos ofrecen las drogas. Estos efectos positivos en la salud se
remontan a épocas ancentrales del ser humano, donde los usos medi-
cinales, religiosos o mágicos se han fundido en ritos inseparables y
que sólo el peso del tiempo progresivamente ha ido deslindando las
mismas. Por ejemplo, Hipócrates y Galeno (padres de la Medicina
Científica) emplearon las drogas con fines medicinales y la conside-
raban como “una sustancia que en vez de ser vencida por el cuerpo
(y asimilada como simple nutrición) es capaz de vencer a la enfer-
medad” (Escohotado, 1996: 9).
Desde esa perspectiva se han arrastrado hasta hoy conceptos,
mitos, interpretaciones, creencias, etc. que de forma más concreta se
objetiva mediante representaciones, tales como: sobre el alcohol, se
recomendaba a las mujeres en estado de lactancia (cerveza de la cul-
tura egipcia); en cuanto al tabaco, se defienden sus utilidades para
sanar enfermedades (Juan de Cárdenas, 1591, respecto a las medici-
nas indígenas del Nuevo Mundo); o del cannabis con relación a sus
usos médicos en tratamientos oftálmicos, fiebre, insomnio, tos seca,
disentería, así como un elemento que alarga la vida (India), con ca-
pacidad para hacer frente a casos graves de melancolía y de epilepsia
(zona islámica de ocupación, s. XI)...
66 FANNY T. AÑAÑOS BEDRIÑANA (Coord.)

En la investigación las percepciones benéficas sanitarias de las


drogas se traducen en enunciados como: “ayuda a combatir el frío”,
“disminuye/abre la sensación de apetito”, “estimula la circulación”,
“facilita una buena digestión”, “cura el catarro”, “sana el dolor de oí-
dos” y “retarda el envejecimiento” que a continuación se analiza.

2.2.1.1. “Ayuda a combatir el frío”


La creencia de que el alcohol “es bueno o ayuda a combatir el
frío” parte de la sensación térmica de calor percibida cuando se be-
be, frecuentemente acompañada de un rubor facial. Ello se debe a la
inhibición del sistema nervioso que anula los circuitos cerebrales
más complejos y especializados; y la ingesta en vez de generar calor
en realidad produce descenso de la temperatura corporal.
Desde el imaginario popular se fomenta esta creencia, al reco-
mendarse el consumo de la sustancia cuando descienden las tempe-
raturas ambientales; mezclando o no la sustancia alcohólica en co-
midas (sopas, caldos, dulces, etc.) y bebidas (carajillo, infusiones,
vino, etc.) de uso cotidiano; cuando se tiene o siente frío o cuando se
espera elevar las temperaturas corpóreas.

Gráfica nº 9: “El alcohol es bueno para combatir el frío”

9,4%

SI
24,3%
NO
NS/NC
66,3%
Representaciones sociales de los jóvenes sobre las drogas 67

La Gráfica nº 9 ratifica la creencia de que la sustancia es eficaz


para combatir el frío, prueba de ello encontramos en la investiga-
ción, al 66,3% que cree en la propiedad; en cambio, el 24,3% no lo
percibe así y sólo el 9,4% no sabe o no contesta.
Con relación a la edad de los encuestados que valoran su acepta-
ción, es mayor entre los sujetos más jóvenes y va disminuyendo el
porcentaje a medida que aumenta la edad, de tal manera que se pasa
de un 67,7% entre los púberes menores de 15 años a un 56,2% entre
los mayores de 24 años.

2.2.1.2. “Disminuye / abre la sensación de apetito”


En cuanto a las percepciones sobre el apetito vamos a analizar
dos vertientes: primero, las propiedades de las sustancias para dismi-
nuir la sensación del apetito y, segundo, para abrir o provocar la mis-
ma.
a. “Disminuye la sensación de apetito”
Se plantea este enunciado como un beneficio desde la perspecti-
va de que los jóvenes asocian el consumo de tabaco o cannabis con
ayudar al organismo a mantener el “peso” o “estar en forma”. En es-
tas edades el cuidado de la imagen corporal es muy importante y
que, en gran medida, va a repercutir en sus relaciones sociales y para
sentirse satisfechos consigo mismos.
Sin embargo, científicamente el tabaco genera adicción psicoló-
gica y física (dependencia), la falta o la supresión tabáquica (síndro-
me de abstinencia) produce una sintomatología amplia, entre ellas,
el aumento de apetito (Sánchez Tomás, 2002) y/o aumento de peso
corporal (www.fad.es/sustancias/tabaco.htm, 2004). Del mismo mo-
do, el cannabis tiene como uno de sus efectos más inmediatos el au-
mento de apetito (www.fad.es/sustancias/cannabis.htm, 2004). Se
comprueba así, en ambos casos, por el contrario de la creencia que,
las sustancias son potenciadoras del apetito.
68 FANNY T. AÑAÑOS BEDRIÑANA (Coord.)

Gráfica nº 10: “El tabaco y el cannabis disminuyen el apetito”

51,9%
42%
Tabaco
25% 33% 30,2%
Cannabis
17,9%

SI NO NS/NC

En la investigación, es muy significativa la cantidad de jóvenes


que dicen estar de acuerdo con que el tabaco ayuda a disminuir la sen-
sación de apetito (Gráfica nº 10), cerca de la mitad de la muestra
(42%); en cambio, el 25% expresa su negatividad ante este enunciado.
Dado el porcentaje alto de la creencia, ésta ocupa el segundo lugar
dentro de los supuestos beneficios sanitarios de las distintas drogas.
En cuanto a la creencia de que consumir cannabis produce saciedad
y en consecuencia disminuye el apetito, las cifras distan (24,1 puntos
más) de las que se observan en el tabaco, notando que la mayor parte
cree que no produce tal efecto (51,9%). Por el contrario, sólo el 17,9%
percibe de que la sustancia dicha una sensación de saciedad y, por ende,
inhibe el hambre. La franja de edad que se destaca en la respuesta afir-
mativa a la cuestión que nos ocupa, va desde los 18 años en adelante,
siendo los más jovenzuelos los que mayormente ignoran tal efecto.
Es necesario llamar la atención de este colectivo puesto que, desde
esa perspectiva, el acudir a estas drogas para utilizarlo como un elemen-
to que va permitir “controlar” el apetito y saciarlo con dicho consumo,
puede producir efectos negativos en la salud de las personas, como ane-
mia, anorexia, desnutrición, úlceras digestivas, etc. Es frecuente tam-
bién en los usuarios asiduos no comer adecuadamente o comer escasa-
Representaciones sociales de los jóvenes sobre las drogas 69

mente, pero están obesos o con sobrepeso, ello se debe a que la sustancia
alcohólica rompe el equilibrio en la síntesis y degradación de las grasas,
produciendo el aumento de masa muscular, de grasa y de peso.
b. “Abre el apetito”
“El alcohol abre el apetito” es una expresión bastante común que
se emplea sobre todo cuando vamos a empezar una comida y se sirve
el aperitivo, por lo general acompañado de algún tipo de bebida. Ello
nos muestra, una vez más, el marcado carácter social y los niveles al-
tos de aceptación que posibilita una catalogación de “normalidad” en
los patrones de consumo, cuando en verdad, son desmesurados.
Con relación al sistema digestivo, el consumo habitual de la sus-
tancia produce acidez en el estómago, vómitos, diarreas... y, cuando
el consumo es crónico, el cuadro es más crítico, distinguiendo fun-
damentalmente consecuencias en el estómago (gastritis, úlceras,
etc.), en el páncreas (inflamación y degeneración) y en el intestino
(trastornos en la absorción de vitaminas, hidratos y grasas que pro-
vocan cuadros carenciales, etc.).

Tabla nº 6: “El alcohol abre el apetito”


El alcohol abre el apetito

Porcentaje Porcentaje
Frecuencia Porcentaje válido acumulado
Válidos Si 292 28,3 28,3 28,3
No 553 53,7 53,7 82,0
NS/NC 185 18,0 18,0 100,0
Total 1030 100,0 100,0

La Tabla nº 6 hallamos al 28,3% de los sujetos estudiados que se


identifican con la creencia, el 53,7% dice que no y el 18% no sabe,
no contesta o no se posiciona.
El imaginario popular nos dice que esta creencia se encuentra
muy arraigada en la sociedad, aunque la mayor parte de los jóvenes
70 FANNY T. AÑAÑOS BEDRIÑANA (Coord.)

no comparte dicha concepción. No obstante, es alto el índice de


aceptación de esta “propiedad”, puesto que ocupa el tercer lugar de
importancia entre los diversos beneficios que dicen tener para los jó-
venes las drogas.

2.2.1.3. “Estimula la circulación”


La percepción de que las drogas son útiles para la circulación
sanguínea parten de la idea de que éstas son estimulantes o activado-
ras de la fluidez de la sangre y de mayor ritmo cardíaco; sin embar-
go, tiene conocimiento de que el alcohol es un depresor del sistema
nervioso central que provoca, tras una fase muy corta de euforia, le-
targo, somnolencia, incoordinación/fatiga muscular, decaimiento,
etc. y, su empleo frecuente puede producir agitación, problemas con
el corazón (miocardinitis) o a nivel sanguíneo (anemias, disminu-
ción de las defensas).
Del mismo modo, el cannabis como alucinógeno menor que
puede llegar a provocar de forma inmediata una taquicardia (fre-
cuencia excesiva del ritmo de las contracciones cardíacas). En con-
secuencia, en ambos casos perturba el normal funcionamiento del
sistema circulatorio.

Gráfica nº 11: “Estimula la circulación”

31,4%
NS/NC
20,5% 57,7%

NO
57,9%
11%
SI 21,7%

Alcohol Cannabis
Representaciones sociales de los jóvenes sobre las drogas 71

En la Gráfica nº 11 en cuanto al alcohol dice que dicho enuncia-


do es verdad (21,7%) y el 57,9% manifiesta lo contrario. Pero, a pe-
sar de que la mayor parte de la población no tiene esta convicción, es
preocupante el número de sujetos que cree en ella y ocupa el cuarto
lugar de importancia en el baremo de beneficios saludables de las
drogas.
En segundo lugar, la facultad del cannabis para ayudar a la cir-
culación sanguínea, tampoco goza de mayor aceptación, donde el
57,7% manifiesta que el planteamiento es incierto, frente al 11% que
dice que sí. Este último porcentaje es minoritario y representa 10,7
puntos menos que el alcohol.

2.2.1.4. “Facilita una buena digestión”


Las propiedades digestivas de estas tres sustancias se encuen-
tran muy asentadas en el medio, es habitual que se sirva una copa o
sorbete de algún tipo de alcohol o preparado del mismo, se encienda
un cigarrillo (puro en algunas ocasiones) o se fume cannabis, tras
una copiosa comida (compromisos sociales) o, se consuma la/s sus-
tancia/s en la cotidianeidad alimentaria buscando el mismo fin: obte-
ner una “buena digestión”. Se vincula directamente la droga con la
“propiedad” digestiva y, por ende, es saludable.
Las actitudes básicamente se perciben favorables porque, por
ejemplo, en el caso del alcohol presenta unos “efectos” compensa-
dores con relación a la digestión, porque según las creencias ayuda a
asentar las grasas o las comidas pesadas. Pero, tiene calorías sin va-
lor nutritivo, no posee ni vitaminas ni proteínas y al entrar al cuerpo
es eliminado por metabolización; ésta se lleva a cabo a una “veloci-
dad” constante con independencia de la cantidad de alcohol que
haya en el organismo (Delgado, Pablos y Sánchez, 1994). Veamos lo
observado en el estudio (Gráfica nº 12).
72 FANNY T. AÑAÑOS BEDRIÑANA (Coord.)

Gráfica nº 12: “Facilita una buena digestión”

6,1%
65,1% 28,7%
Cannabis

14,6% 49,6% 35,8%


Tabaco

21,1% 62,3% 16,6%


Alcohol

SI NO NS/NC

De la afirmación “el alcohol ayuda a la digestión” destacamos:


el 21,1% cree que la bebida alcohólica ofrece estos beneficios y el
62,3% dice que no los tiene. Es la droga que mayor aceptación obtie-
ne en esta percepción frente al tabaco y al cannabis.
La propiedad digestiva del tabaco no recibe un apoyo represen-
tativo, así el 49,6% manifiesta no estar de acuerdo con dicha creen-
cia; es llamativo el número de jóvenes que dicen no estar de acuerdo
ni en desacuerdo o no contestar a la pregunta (35,8%), finalmente
aquellos que identifican y aceptan este enunciado como verdadero
constituyen un escaso 14,6%. Aunque este último dato es minorita-
rio, no deja de ser importante el hecho de que se vincule el consumo
del cigarro a un supuesto beneficio sanitario.
Sobre las supuestas utilidades digestivas del cannabis los chicos
y chicas opinan de la siguiente manera: el 65,1% expresa que no cree
en el enunciado y, en cambio, el 6,1% tiene la convicción de que el
cannabis sí cuenta con dicha propiedad.

2.2.1.5. “Cura el catarro”


Desde la antigüedad se asoció el consumo de bebidas alcohóli-
cas con la salud y el bienestar, más concretamente, durante la Edad
Media; así, a finales del siglo XVI las sustancias embriagantes se co-
Representaciones sociales de los jóvenes sobre las drogas 73

nocen con el nombre de “alcohol”, porque hasta entonces se le lla-


maba “aqua vitae”, es decir, “el agua de la vida” (FAD, 1997). Tér-
mino que nos refleja con claridad la simbología e interpretación de
la droga, directamente vinculado con los beneficios sanitarios.
Hoy, es frecuente oír expresiones como “la gripe se cura con al-
cohol”, “ahoga el virus en un trago”, “dale una leche caliente con
`algo´”... manifiesto que asocia el consumo de la sustancia con la cu-
ración de la enfermedad o mal. Vayamos a las respuestas halladas en
la investigación (Tabla nº 7).
Tabla nº 7: “El alcohol cura el catarro”
El alcohol cura el catarro

Porcentaje Porcentaje
Frecuencia Porcentaje válido acumulado
Válidos Si 73 7,1 7,1 7,1
No 832 80,8 80,8 87,9
NS/NC 125 12,1 12,1 100,0
Total 1030 100,0 100,0

Esta afirmación cuenta tan sólo 7,1% de aceptación y muestra


que es una de las creencias menos recurrentes entre los jóvenes (el
80,8% no cree en ella) y el 12,1% no sabe o no contesta. La percep-
ción que el alcohol no cura el catarro aumenta, según van teniendo
más edad, pasando de un 68,4% del total de sujetos menores de 15
años a un 85,7% del total de sujetos mayores de 24 años.

2.2.1.6. “Sana el dolor de oídos”


Las propiedades medicinales del cannabis hoy se encuentran so-
metidas a la opinión mediática de la sociedad española. Se sabe que
en el país se encuentran sustancias sintéticas cannabinoides en fase
experimental o de estudio con usos terapéuticos, fundamentalmente
en procesos de tratamiento de la quimioterapia.
74 FANNY T. AÑAÑOS BEDRIÑANA (Coord.)

No obstante, en el imaginario popular existen otras creencias refe-


ridas a dichas facultades para sanar dolencias, este es el caso del dolor
de oídos, donde el proceso de curación consiste en fumar y expeler el
humo en la oreja afectada reiteradamente. Analicemos a continuación
los resultados obtenidos en la investigación (Tabla nº 8).

Tabla nº 8: “El cannabis sana el dolor de oídos”


El porro cura el dolor de oídos

Porcentaje Porcentaje
Frecuencia Porcentaje válido acumulado
Válidos Si 41 4,0 4,0 4,0
No 679 65,9 65,9 69,9
NS/NC 310 30,1 30,1 100,0
Total 1030 100,0 100,0

La mayor parte de los jóvenes no cree en esta propiedad


(65,9%), pero un escaso 4% sí; resaltar también el 30,1% de los chi-
cos y chicas que no saben o no contestan, posiblemente por descono-
cimiento del tema. El grupo etario que está de acuerdo con dicho be-
neficio se sitúan entre los 15 a 17 años (9,4%) seguido de aquellos
menores de 15 años (4,5%). Esta creencia es la segunda menos acep-
tada de todas las propuestas en los beneficios para la salud.

2.2.1.7. “Retarda el envejecimiento”


Las propiedades del alcohol como un elemento que alarga o re-
tarda la llegada del envejecimiento no tiene fundamento científico
que lo valide de manera concluyente, aunque es habitual asociar que
pequeñas dosis (en la cultura occidental) de la sustancia alcohólica
fermentada en la dieta cotidiana, contribuye a la longevidad de las
personas De modo semejante ocurre en las culturas orientales, fun-
damentalmente en la India.
En nuestro medio, también se refleja en el imaginario popular,
mediante dichos, frases, chistes... como por ejemplo “¡qué bien te
Representaciones sociales de los jóvenes sobre las drogas 75

ves! ¿te conservas en alcohol?” expresión que se emplea para refe-


rirse al aspecto saludable, lozano y fundamentalmente joven de la
persona adulta o, refranes explícitos que recomiendan el uso del al-
cohol en personas mayores “el vino es la leche de los viejos”, “ami-
go viejo, tocino y vino añejo”, etc. (García Mínguez, Mínguez Álva-
rez y Bedmar Moreno, 2003).
Los resultados que distinguimos en la investigación sobre la
afirmación “el alcohol y el cannabis retardan el envejecimiento”
(Gráfica nº 13) son los siguientes.

Gráfica nº 13: “Retarda el envejecimiento”

27,7%
NS/NC
14,5%

69,2%
No
82,2%

3,1%
Si
3,3%

Alcohol Cannabis

De un lado, sobre el alcohol, un 82,2% de los sujetos no dieron


validez al enunciado, frente a un reducido 3,3% que manifestó estar de
acuerdo con el supuesto beneficio. Por otro, las propiedades preventi-
vas del cannabis ante el proceso de envejecimiento no reciben un apo-
yo mayoritario, es decir, el 69,2% no cree que esta droga tenga dicha
facultad; aunque este porcentaje es 13 puntos menos que el registrado
en el alcohol. En cambio, un reducido 3,1% comparte la creencia.
En ambas drogas, a pesar de que la abrumadora mayoría no con-
cibe como verdadero el planteamiento, es considerable el número de
76 FANNY T. AÑAÑOS BEDRIÑANA (Coord.)

jóvenes que no opinan o quieren posicionarse, sobre todo en el can-


nabis, donde el mayor índice de abstenciones se da entre los sujetos
menores de 15 años (40,6%), porcentaje que disminuye en los suje-
tos de edades posteriores. Destacar también que es la creencia con
menor aceptación entre los jóvenes, dentro de los beneficios en la sa-
lud en general y dentro de los sugeridos tanto en el alcohol como en
el cannabis en particular.

2.2.2. Beneficios psicológicos

Los beneficios psicológicos son igualmente o más importantes


que los relacionados con la salud física, se perciben como puentes
para satisfacer las necesidades/dificultades personales mediante el
consumo. Está comprobado que las drogas alteran directamente en
la dimensión psicológica de los consumidores, porque afectan los
centros superiores del cerebro (influyendo en: sentimientos, re-
flexión, memoria, atención, control social, etc.) estimulándolo o por
el contrario inhibiendo el funcionamiento del sistema nervioso cen-
tral; hecho que se reflejará también, entre otros efectos, en la percep-
ción, en la actitud, en el comportamiento...
Las voces que nos hablan sobre los beneficios son ancestra-
les, por ejemplo, sobre el alcohol, Hipócrates (cultura griega) de-
cía “ceder a la ebriedad una o dos veces, de cuando en cuando que
para la relajación es terapéutica en sí misma”; el tabaco para
Leander (1926) sirve para elevar en éxtasis* y crear una comunica-
ción con los dioses, igualmente en China (siglo I) se relacionaba el
consumo de cannabis para llegar al trance y para agilizar la mente.
Hoy, a pesar de los cambios y de la evolución sufrida, en mayor
o menor medida, en las diversas culturas, gran parte de esas creen-
* Éxtasis: Estado del alma caracterizado por cierta unión mística con Dios me-
diante la contemplación y el amor y por la suspensión del ejercicio de los sentidos
(RAE, 2004: http://www.rae.es)
Representaciones sociales de los jóvenes sobre las drogas 77

cias se mantienen vivas en el imaginario popular, así detengámonos


en los beneficios psicológicos reflejados en la investigación y que
hacen alusión a: “quita la timidez”, “contribuye a descansar y rela-
jarse”, “da valor y ánimos”, “ayuda a estar contento/a”, “calma la
tensión y nervios”, “facilita desconectar del aburrimiento”, “aumen-
ta el tono vital”, “da lucidez, creatividad”, “ayuda a olvidar y superar
los problemas” y “contribuye a tomar decisiones” que a continua-
ción se analiza.

2.2.2.1. “Quita la timidez”


Uno de los efectos iniciales que produce el consumo de alcohol
es la sensación de desinhibición y seguridad en sí mismos de los su-
jetos. De ahí la creencia que es “bueno para quitar la timidez” de las
personas retraídas y/o con dificultades de relación social o simple-
mente para facilitar con mayor rapidez el acercamiento en las rela-
ciones sociales.
En realidad, en contra de lo que se puede percibir, la sustancia
alcohólica no es un estimulante, sino un depresor del sistema nervio-
so que bloquea el funcionamiento cerebral responsable de controlar
las inhibiciones; por tanto, tras esa fase inicial de aparente seguridad
y euforia, se pasa a un estado de aletargamiento generalizado.
De igual modo, el cannabis tiene unos efectos inmediatos que
varían de acuerdo a la dosis, a la tipología de la sustancia, al esta-
do anímico del sujeto, etc.; donde en proporciones bajas se produ-
cen sensaciones placenteras de desinhibición comunicativa debi-
do a la actuación del THC* en las células nerviosas. Por los
supuestos efectos percibidos, estas drogas tienen un fuerte arraigo
social, asociados a la superación de ciertos handicaps personales de
relación, como la timidez, y se cree que dichas sustancias pueden
ayudar a vencerlas y por tanto satisfacerlas (Gráfica nº 14).
* THC: uno de los componentes químicos del cannabis, responsable de la ma-
yor parte de los efectos de la droga.
78 FANNY T. AÑAÑOS BEDRIÑANA (Coord.)

Gráfica nº 14: “Quita la timidez”

78,6%

37,9% 37,4%
15,1% 6,2% 24,8%

SI NO NS/NC
Alcohol Cannabis

Los resultados de la investigación reflejan esa relación directa


entre drogas y la superación de la timidez, ésta es más evidente en
el caso del alcohol (78,6%) y representa el beneficio más comparti-
do y destacado entre los jóvenes estudiados; con cierta distancia,
aunque igualmente representativa, observamos al cannabis, con un
37,9% de aceptación. Datos sumamente preocupantes, especial-
mente los del alcohol, porque aglutina a la mayor parte de la pobla-
ción joven; donde, a su vez, el porcentaje más elevado cuenta entre
15 a 17 años (86,6% en relación al alcohol y 51,7% en el caso del
cannabis).
También es necesario señalar que el porcentaje de aceptación de
la creencia en cuanto al alcohol constituye el valor máximo, es decir,
la percepción más arraigada en los jóvenes analizados, tanto en rela-
ción a todas las drogas como respecto a los beneficios psicológicos
en general; en el caso del cannabis, ocupa un lugar menos protago-
nista en las creencias (cuarto lugar), dentro de los beneficios asigna-
dos a dicha droga.

2.2.2.2. “Contribuye a descansar y relajarse”


El fumar cigarros o “porros” da lugar a una serie de desencade-
nantes sobre el organismo que finalmente originan una dependen-
Representaciones sociales de los jóvenes sobre las drogas 79

cia física y/o psíquica en los usuarios, si bien es cierto ésta no es


asumida por una parte significativa de los jóvenes que se guían de
percepciones tergiversadas y buscan dichos efectos benéficos de la
droga.
En el caso del tabaco, la nicotina (alcaloide constituyente de
esta sustancia y mayor responsable de los efectos sobre el organis-
mo) actúa en el cerebro de forma casi inmediata produciendo una ac-
ción recompensante en el sujeto; la reiteración de la práctica termina
por asentarse en la acción del fumador/a, y a partir de la cual estaría-
mos hablando de dependencia a la nicotina, cuya supresión de los ni-
veles en la sangre produce el denominado síndrome de abstinencia.
A diferencia del cannabis, el tabaco es una droga estimulante, la ma-
yoría de los fumadores cree que el fumar relaja; ello se debe a que,
una vez creado el hábito, el cigarrillo calma la ansiedad que provoca
su falta en los momentos que tienen asociado su consumo (http://
www.fad.es/sustancias/tabaco.htm); este es un efecto psicológico
vinculado a la reducción de la ansiedad por la dependencia a la nico-
tina (Sánchez Tomás, 2002).
Los efectos del cannabis aparecen, tras el consumo, en escasos
minutos y desaparecen aproximadamente a las tres horas; en el ám-
bito psicológico se traduce en sentir sensaciones de relajación y
bienestar físico. Cabe destacar que la capacidad de generar depen-
dencia (física-psíquica) no se encuentra descrita, pero genera a los
consumidores crónicos/habituales un síndrome de abstinencia leve
en forma de ansiedad, sudoración, dolores musculares, irritabilidad,
depresión, etc.
En ambos casos (tabaco y cannabis), además de los efectos pro-
pios de las sustancias componentes de la droga antes descritas, pue-
den influir en la percepción de relajación el hecho mecánico de una
mejor respiración, donde se inhala o aspira la droga con más intensi-
dad. Analicemos a continuación las respuestas de los encuestados en
relación a este beneficio de las drogas (Gráfica nº 15).
80 FANNY T. AÑAÑOS BEDRIÑANA (Coord.)

Gráfica nº 15: “Contribuye a descansar y relajarse”

20,1%

NC/NS 21,2%

21% Cannabis
NO 10% Tabaco
58,9%
SI 68,7%

La creencia de que el tabaco es un elemento que facilita el descan-


so y la relajación goza de una buena aceptación (68,7%), frente a sólo el
10% que considerará la premisa incierta. Centrándonos en el análisis se-
gún la edad, el índice de abstenciones es mayor cuanto más jóvenes son
los sujetos; asimismo, en todos los intervalos de edad, la mayoría cree
que fumarse un cigarrillo es una forma de descansar y de relajarse, al-
canzando el porcentaje más alto el tramo de 18 a 23 años (45,7%).
Las frecuencias de aceptación del tabaco son las más significati-
vos, ocupando el primer lugar dentro de los beneficios del tabaco y
el segundo puesto dentro de la escala general de los beneficios psi-
cológicos de todas las drogas.
El efecto placentero de relajación que produce el cannabis es
ampliamente confirmado por los jóvenes estudiados en los cuestio-
narios (58,9%), aunque haya una menor incidencia en relación al ta-
baco (9,8 puntos menos) y; en contra el 21% expresa no estar de
acuerdo con la afirmación.
En cuanto al estado etario, teniendo en cuenta el 100% de suje-
tos en cada tramo de edad, observamos que el mayor índice de abs-
tenciones, al igual que en el tabaco, se da entre los menores de 15
Representaciones sociales de los jóvenes sobre las drogas 81

años (36,8%), pero curiosamente le sigue el grupo de mayores de 24


años (19%). La creencia del beneficio supera el 60% en los tramos
de edad que abarcan de los 15 a 26 años, donde el porcentaje más
alto (63,8%) se halla en el intervalo de 18 a 23 años.
Esta premisa ocupa el primer lugar en la escala de los supuestos
beneficios en general del cannabis, así como dentro de los beneficios
psicológicos de la misma también ocupa un lugar destacado (terce-
ro) en el conjunto de todas las drogas estudiadas.
Los datos descritos tanto del tabaco como del cannabis llama a la re-
flexión, no sólo porque son altos, sino también por la asociación entre des-
canso, relajación y consumo de drogas, lo que lleva a poner en los puntos
de mira dichas percepciones, cara a posibles acciones preventivas.

2.2.2.3. “Da valor y ánimos”


La facultad de las drogas de ofrecer a los consumidores una “in-
yección” de valor y de ánimos procede de tiempos inmemoriales, por
ejemplo, sobre el alcohol se decía que era un “sagrado entusiasmo” o
se brindaban bebidas alcohólicas a los dioses y a los soldados antes de
entrar a la batalla (cultura griega). Situación parecida observamos en
el caso del cannabis (siglo XI, zona árabe), éste se consumía en abun-
dancia por los guerreros de la orden de los “haschischins” antes de en-
trar en combate y afrontar las batallas con valor, de ahí viene la pala-
bra “asesino”, aunque éstos no eran asesinos sino combatientes menos
crueles y arbitrarios que los enemigos (cruzados europeos), pero pre-
cisamente los cruzados dieron una visión negativa de estos guerreros;
prueba de que se valoraba la orden es que sirvió de modelo para las ór-
denes europeas de caballería (Escohotado, 1996). En ese sentido, re-
cientemente se ha hecho pública la adicción al cannabis y otras drogas
ilegales de los soldados estadounidenses en la guerra de Vietnam.
El alcohol, al ser un depresor del sistema nervioso central, actúa
bloqueándolo haciendo perder el control de las inhibiciones y la auto-
crítica, facultad que nos permite mantener una conducta equilibrada;
82 FANNY T. AÑAÑOS BEDRIÑANA (Coord.)

algo parecido ocurre con el cannabis, cuyos efectos inmediatos y, en


dosis bajas, afectan al estado de ánimo de los individuos, en las expec-
tativas, locuacidad... En consecuencia, el sujeto consumidor de estas
drogas se encuentra “estimulado”, con “seguridad”, con “ánimos”,
con “valor”, etc. para llevar a cabo actos, tomar actitudes o comportar-
se de forma no habitual o realizar lo que, dentro de la normalidad, no
haría. Comprobemos en la investigación qué dicen los jóvenes.
Gráfica nº 16: “Da valor y ánimos”

10,2%
26%
NS/NC
31,2% 48,2%
Alcohol
NO Cannabis
58,6% 25,8%
SI

La creencia de que beber la sustancia alcohólica va a permitir a


las personas infundirse fuerza, valor y ánimo, es también muy arrai-
gada, así el 58,6% está de acuerdo con el enunciado y, en la postura
contraria distinguimos al 31,2% de los jóvenes. El porcentaje mayor
en la aceptación del beneficio lo constituyen aquéllos que cuentan
entre los 21 y 23 años (59,8%), en cambio no creen en dicha utilidad
los mayores de 24 años (52,4%) y los niveles de abstenciones conti-
núan dándose entre los menores de 15 años (19,5%).
Sin embargo, los niveles de aceptación de la creencia en el canna-
bis, se vislumbra muy distinta, así aproximadamente la mitad de los en-
cuestados piensan que la premisa es incierta (48,2%), frente a un escaso
25,8% que cree en ella. El mayor índice de abstenciones se da entre los
menores de 15 años (41,4%), porcentaje que tiende a disminuir a medi-
da que aumenta la edad de los sujetos; los que no aceptan la creencia son
Representaciones sociales de los jóvenes sobre las drogas 83

los mayores de 24 años (60,9%) y el grupo que cree más en estas propie-
dades de la droga cuenta entre 15 a 17 años (43,8%).
Los resultados son importantes porque es muy alto el número de
jóvenes con la creencia de este supuesto beneficio, especialmente
sobre el alcohol, coincidiendo tanto el alcohol como el cannabis en
ocupar el tercer lugar de mayor aceptación del total de los beneficios
psicológicos de las drogas estudiadas.

2.2.2.4. “ayuda a estar contento/a”


Desde los antiguos griegos se consumía el cannabis con la fi-
nalidad de suscitar la hilaridad y el disfrute (risas y algazara que
excita en una reunión, que por lo común nace de la alegría*). No
obstante, los efectos como la euforia y sobre todo la constante mani-
festación de risas son peligrosos, porque pueden someter al consu-
midor a cuadros incontrolables, aunque la segunda fase de actuación
de la droga en el organismo es de depresión y somnolencia.
Esta sintomatología “eufórica” se debe a una acción rápida de la dro-
ga (especialmente del THC) que influye en las emociones, concretamente
es probable que actúe en una región cerebral llamada sistema límbico, en-
cargada de controlarlas. Estudiemos los datos hallados en la investigación.
Tabla nº 9: “El cannabis ayuda a estar contento/a”
Ayuda a estar contento/a

Porcentaje Porcentaje
Frecuencia Porcentaje válido acumulado
Válidos Si 555 53,9 53,9 53,9
No 244 23,7 23,7 77,6
NS/NC 231 22,4 22,4 100,0
Total 1030 100,0 100,0

* R.A.E. (2004): http://www.rae.es/


84 FANNY T. AÑAÑOS BEDRIÑANA (Coord.)

En cuanto a la alegría o al efecto de estar contento que produce


consumir cannabis (Tabla nº 9), los jóvenes expresan su afirmación
en un 53,9%, dato preocupante, puesto que condiciona a ser usuario
de la sustancia para conseguir estados placenteros o de disfrute. En
cifras más minoritarias encontramos de forma equilibrada a aquéllos
que no están de acuerdo o no creen en el enunciado (23,7%) y aqué-
llos que no saben o no opinan (22,4%), siendo éstos, también, signi-
ficativos. La gran mayoría de individuos entre los 15 y 17 años creen
que el cannabis tiene dicha propiedad (69,3%), en contra vemos a
los mayores de 24 años (33,3%).
Esta percepción ocupa el segundo lugar en cuanto a frecuencias
de aceptación dentro de los beneficios psicológicos del cannabis y el
cuarto puesto a nivel general de todas las drogas.

2.2.2.5. “Calma la tensión y los nervios”


La presente percepción tiene una relación muy próxima con otra
analizada anteriormente “ayuda a descansar y relajarse”, aunque ésta
presenta un matiz lindando con la salud mental.
Se parte de una población que normalmente fuma tabaco, siendo
este hábito muy asentado en la persona y ocasionando una depen-
dencia física. La dependencia, a su vez, crea la necesidad de seguir
ingiriendo la droga para el “normal” funcionamiento del organismo.
La explicación de este proceso se refiere a que la vida media de la ni-
cotina en la sangre es menor de 2 horas y, de acuerdo a la reducción
de su concentración en la sangre, empiezan a aparecer síntomas an-
siosos, con cuadros nerviosos y tensos, que alertan al fumador des-
pertando el deseo de encender un nuevo cigarrillo. En consecuencia,
el sujeto percibe (con la nueva dosis en sangre) que la sustancia le
proporciona una sensación de calma de la tensión y de los nervios,
cuando en realidad está bajando la ansiedad que provoca el descenso
o falta de la nicotina.
Representaciones sociales de los jóvenes sobre las drogas 85

Gráfica nº 17: “El tabaco calma la tensión y los nervios”

NS/NC
28,5%

SI
52,3%

NO
19,2%

El grado de aceptación del enunciado es grande (Gráfica nº 17),


así el 52,3% de los jóvenes cree que el tabaco tiene dicha facultad;
por el contrario, el 19,2% no concibe o no considera el beneficio sea
verdad. En este caso, tienden a estar de acuerdo con la afirmación
aquéllos entre los 18 y 23 años (33,1%), ello puede justificarse a tra-
vés de que a estas edades el consumo de los fumadores suele ser un
hábito muy asentado.
Esta creencia representa la segunda opción de mayor aceptación
dentro de los beneficios psicológicos del tabaco (tras “ayuda a des-
cansar y relajarse”), asimismo es representativo destacar el porcen-
taje porque constituye ligeramente más de la mitad de los jóvenes
encuestados compartiendo esta percepción.

2.2.2.6. “Facilita desconectar del aburrimiento”


El aburrimiento se traduce en términos de cansancio, fastidio,
tedio, originados generalmente por disgustos o molestias, o por
no contar con algo que distraiga y divierta (RAE, 2004). De
acuerdo a recientes estudios, combatir dicho estado es una razón
relativamente común de casi un tercio de los sujetos estudiados
86 FANNY T. AÑAÑOS BEDRIÑANA (Coord.)

con consumos prolongados de cannabis (31%, Gamella y Jimé-


nez, 2003); asimismo para Widmer* el consumo de drogas, espe-
cialmente del cannabis, se da como única forma de ocupar el tiempo
libre, dada la vida “fácil” de los jóvenes suizos.
Desde esa perspectiva es un consumo de orden psicosocial, don-
de los jóvenes se sienten insatisfechos con su vida personal, con su
escolaridad, dificultades de comunicación con sus iguales o sus pa-
dres, etc., por tanto el hábito se asocia al beneficio de desconexión o
superación del mencionado estado de apatía.

Tabla nº 10: “El cannabis facilita desconectar del aburrimiento de


la vida”
Ayuda a desconectar con el aburrimiento de la vida

Porcentaje Porcentaje
Frecuencia Porcentaje válido acumulado
Válidos Si 463 45,0 45,0 45,0
No 299 29,0 29,0 74,0
NS/NC 268 26,0 26,0 100,0
Total 1030 100,0 100,0

De la Tabla nº 10 se deduce que el 45% de los encuestados cree


que al consumir cannabis le ayuda a trascender o a desconectar de la
vida rutinaria (aburrida) de los mismos; siendo ésta una respuesta
muy alarmante, porque supone acudir a elementos externos para
ofrecer una dinámica o a dar sentido a nuestra existencia. Sólo el
29% dice no estar de acuerdo con la premisa propuesta.
La mayoría de sujetos estudiados que cree que el cannabis propor-
ciona dicho beneficio se ubican en el tramo de edad de 15 a 17 años
* Widmer Andreas (2004), responsable de “Contact” en Suiza (Centro que exis-
te en cada ciudad para aclarar dudas a los jóvenes sobre el consumo de drogas).En:
http://www.solocannabis.com
Representaciones sociales de los jóvenes sobre las drogas 87

(57,9%), seguidos del intervalo 18 a 23 años (44,7%) y el porcentaje más


bajo en este ítem lo encontramos entre los menores de 15 años (33,1%).
En cambio, el porcentaje más abultado entre aquéllos que opinan que no
ayuda a desconectar el aburrimiento, cuentan con más de 24 años (39%).

2.2.2.7. “Aumenta el tono vital”


El alcohol es un producto químico depresor del sistema nervio-
so, lo que implica una disminución del “tono”, la ansiedad y, a dosis
mayores en la primera fase del consumo, produce desinhibición. De
esta forma la sustancia, al principio, parece que excita al usuario,
tanto a nivel mental como en los comportamientos, cuando en reali-
dad sus efectos consisten en disminuir las capacidades personales y
la sensibilidad (Delgado, Pablos y Sánchez, 1994).
La excitación o euforia inicial da lugar a la creencia de que el al-
cohol ofrece una visión personal optimista, supera los miedos, se
salta los límites físicos y psicológicos... en definitiva es un “empu-
jón” progresivo que aumenta o ayuda a tener un “tono vital a tope”.

Tabla nº 11: “El alcohol aumenta el tono vital”


El alcohol aumenta el tono vital

Porcentaje Porcentaje
Frecuencia Porcentaje válido acumulado
Válidos Si 331 32,1 32,1 32,1
No 490 47,6 47,6 79,7
NS/NC 209 20,3 20,3 100,0
Total 1030 100,0 100,0

La premisa (Tabla nº 11) no goza de mayor aceptación (47,6%), no


obstante, el 32,1% sí cree en ella, siendo éste el dato llamativo, porque
resalta el índice de jóvenes que tiene la creencia. La negación del bene-
ficio aumenta con la edad, pasando de un 36,8% del total de sujetos
menores de 15 años a un 61,9% del total de sujetos mayores de 24 años.
88 FANNY T. AÑAÑOS BEDRIÑANA (Coord.)

2.2.2.8. “Da lucidez, creatividad”


La propiedad inspiradora o el estado de máxima producción
cognitiva era un beneficio bastante extendido en Grecia, se decía que
personajes como Homero, Arquílogo, Alceo, Anacreonte, Epicarmo
y Esquilino, vivían una embriaguez permanente a razón de tal pro-
ducción. Ésta se explica a través de las distintas etapas que se desen-
cadenan al consumir el alcohol: la fase desinhibidora (segunda, tras
la euforia inicial) genera que el sujeto se sienta liberado del miedo al
ridículo, se siente más locuaz, etc. No obstante, rápidamente apare-
cen síntomas narcóticos que afectan a las funciones sensitivas y mo-
toras que, en la mayoría de los casos, son vividas como si sintieran
más y mejor las situaciones o hechos, lo que hace percibir una sobre-
valoración de las propias facultades relacionadas fundamentalmente
a la lucidez y a la creatividad.
En cuanto a las consecuencias negativas del alcohol, se sabe que
los adolescentes que consumen esta sustancia tienen una capacidad
de memorización claramente inferior a los que no lo hacen, y que
este déficit es con toda probabilidad permanente (Comunidad de
Madrid, Agencia Antidroga, 1997).
De igual modo ocurre con el cannabis, el consumo origina difi-
cultades en los procesos mentales complejos y alteraciones de la per-
cepción temporal y sensorial. Así se desencadena una intensifica-
ción de la sensibilidad, en la capacidad de expresión, etc. los sujetos
sienten que la droga les da ideas, libera el subconsciente y creen que
potencia la imaginación, aportando un “plus” en la creatividad... lo
que en definitiva, según ellos, ayuda a inspirarse o crear.
Sobre los usos trascendentales de obtener dicho “plus” creativo,
en este caso, se creía que ayudaba a comunicar con los espíritus (siglo
I, China), agiliza la mente (India), tiene virtudes para la meditación
(India y zona árabe de ocupación en el siglo XI), etc. relacionados
con la inspiración, la imaginación... La inspiración, es frecuentemen-
te asociada al mundo artístico, a quien la sociedad suele permitir
Representaciones sociales de los jóvenes sobre las drogas 89

ciertos “excesos”, quizás por el respeto que les causa la actividad ar-
tística y por la sensación de que el creador/a es un excéntrico.
Sin embargo, el cannabis produce unos efectos negativos en la
memoria a corto plazo, es decir, las debilita cuando el THC se adhie-
re a los receptores del hipocampo (región del cerebro que procesa la
memoria) y, a largo plazo, bajo la influencia de la droga, el cerebro
puede no llegar a registrar las nuevas informaciones (números de te-
léfonos, lecciones matemáticas...) quedando completamente fuera
de la memoria.
Gráfica nº 18: “Da lucidez y creatividad”

26,5%
NS/NC 29%
51,7%
Cannabis
NO Alcohol
44%
21,8%
SI 27%

La Gráfica nº 18 expresa la percepción de los chicos y chicas so-


bre el beneficio del alcohol como facilitador para desarrollar la crea-
tividad y el ingenio; observamos así que el porcentaje mayor corres-
ponde a aquéllos que no están de acuerdo o no creen en dicha
propiedad (44%), frente al 27% que cree en ella.
En cuanto al cannabis el porcentaje de excepticismo en la pre-
misa es 7,7 puntos más (51,7%) que en los percibidos en el alcohol y
creen en el beneficio el 21,8%. El último dato representa a una po-
blación que relaciona el consumo de la droga con la imaginación y el
desarrollo de la creatividad.
90 FANNY T. AÑAÑOS BEDRIÑANA (Coord.)

2.2.2.9. “Ayuda a olvidar y superar los problemas”


Entre las búsquedas más ancestrales del ser humano está el com-
prender los misterios de la mente, para lograrlo ha utilizado diversos
medios que van desde la meditación, el ayuno, el dolor, hasta el empleo
de sustancias (alcohol, entre otras) que favorecen trascender de la reali-
dad (Zermeño, 2001). Este hecho ha sido y es recurrente cuando las per-
sonas están pasando por etapas críticas a nivel personal y/o social de di-
versa índole; se busca olvidar, desconectar, evadir y, lo que es peor,
considerar que la droga ayudará a solventar los problemas. Se agravaría
más la situación si añadimos la variable frecuencia de consumo.
Las manifestaciones de la droga afectan directamente, entre
otros, a los sentimientos, la reflexión y la autocrítica. Al verse éstos
disminuidos el sujeto se siente alegre, capaz de todo, estimulado,
etc., aspecto, sin duda, que convierte la droga en “atractivo” y em-
pleada como elemento o medio para no afrontar la situación de tras-
fondo etiológico. Veamos a continuación los resultados distinguidos
en la investigación.
Gráfica nº 19: “Ayuda a olvidar y superar los problemas”

NS/NC SI
19,8% 20,8%

NO
59,5%

Esta percepción es usual escucharla en las diversas manifesta-


ciones como la música, la poesía, la literatura, etc.; sin embargo, la
aceptación de esta creencia en relación al alcohol representa a única-
Representaciones sociales de los jóvenes sobre las drogas 91

mente al 20,8% de los sujetos (Gráfica nº 19) y la mayor cantidad de


jóvenes rechaza o no está de acuerdo con ella (59,5%). A pesar de
que el porcentaje de aceptación de la creencia es llamativa, cabe des-
tacar que, dentro de los beneficios psicológicos de las drogas estu-
diadas, ocupa el penúltimo puesto de aceptación.

2.2.2.10. “Contribuye a tomar decisiones”


“Potencia los sentidos sin borrar la memoria” era una creencia
muy arraigada de los griegos para referirse al alcohol, ello significa
que aparentemente la sustancia permite la existencia del control de los
sentidos del sujeto consumidor, por tanto se concibe que es un estado
apropiado, como el de estar sobrio, para tomar cualquier decisión.
Parte de los efectos que ocasiona el consumo de alcohol (con pos-
terioridad a la euforia) son: aumento del tiempo de respuesta, disminu-
ción de la capacidad de atender y comprender, lentitud en los reflejos,
deterioro de la capacidad de juicio, dificultades para hablar y razonar,
etc. Debido a que la sustancia afecta a la práctica totalidad de los me-
canismos neurotransmisores, o sea, el medio que conecta la mente y el
sistema nervioso en su conjunto con el resto del cuerpo. Existe tam-
bién la probabilidad de que el hábito reiterado produzca una pérdida
de memoria, dificultades cognitivas y procesos de demencia.
Asimismo, los efectos del cannabis (a diferencia del alcohol)
desde el primer momento conducen a alteraciones de la memoria
reciente y a la capacidad de expresión, retardo en las reacciones,
dificultades en los procesos mentales complejos y alteraciones de
la percepción temporal y sensorial, etc. Si el consumo se intensifi-
ca y se prolonga en el tiempo desemboca en el denominado “sín-
drome amotivacional”*, junto a una frecuente disminución en la ca-
pacidad de concentración y de memorización.
* Síndrome amotivacional: estado mental caracterizado por la falta de interés y
diligencia general para ejecutar una acción o para animar o animarse (Delgado, Pablos y
Sánchez, 1994; RAE, 2004).
92 FANNY T. AÑAÑOS BEDRIÑANA (Coord.)

Por todo lo dicho, la química de las drogas, tanto las depresoras


(alcohol) como las alucinógenas (cannabis) generan en las personas
una reducción en la percepción clara de lo que ocurre a su alrededor
y, de acuerdo a la OMS, trastornos y daños cerebrales, capacidad de
cambiar la conciencia y el pensamiento, deterioro cognitivo y la dis-
minución del volumen cerebral... motivo por el que los sujetos bajo
los efectos de las drogas no están plenamente capacitados o cons-
cientes para tomar decisiones. A continuación estudiaremos los da-
tos encontrados en la investigación referidos a este aspecto.
Gráfica nº 20: “El alcohol contribuye a tomar decisiones”

24,7%
NS/NC
10,5%
62,8%
Cannabis
NO 71,5% Alcohol
12,5%
SI 18,1%

Por un lado, la premisa de que el alcohol actúa como un agente


facilitador en la toma de decisiones (Gráfica nº 20) no goza de ma-
yor aceptación (71,5%) y es compartida por un reducido 18,1% de
los sujetos que creen en ella. El rechazo se produce fundamental-
mente en los mayores de 24 años (87,6%), las abstenciones se siguen
dando entre los sujetos menores de 15 años (21,8%).
Por otro, la mayoría de los jóvenes estudiados no creen que el he-
cho de consumir cannabis ayude a tomar decisiones (62,8%), dato lige-
ramente superior en 8,7 puntos en cuanto al beneficio del alcohol; en la
postura contraria encontramos al 12,5%. A pesar que el número de chi-
cos y chicas que creen en la premisa es menor, no deja de llamar la aten-
ción, la asociación entre la droga y la toma de decisiones. De acuerdo al
Representaciones sociales de los jóvenes sobre las drogas 93

estadío etario, las abstenciones se dan preferentemente entre los sujetos


menores de 15 años (41,4%), los que no creen en el beneficio tienen de
18 años en adelante (superan el 70%), en cambio los que están de acuer-
do en dicha propiedad son los menores de 15 años (50%).
Cabe destacar que este beneficio psicológico ha sido el que me-
nos éxito ha tenido dentro de las percepciones propuestas, ocupando
el último lugar de las mismas, lo que nos lleva concluir que este be-
neficio no tiene una incidencia representativa en los jóvenes.

2.3.3. Beneficios sociales


El empleo de las drogas con fines sociales ha sido y es en todas
las culturas una constante, aunque no han significado lo mismo en
cada una de ellas. De esta forma, cada cultura construye sus puentes,
sus significantes y sus reglas del juego (Zermeño, 2001).
Así, los consumos se han utilizado con finalidades lúdicas (grie-
gos y zona árabe de ocupación) o para estimular las reuniones priva-
das, como potenciadores de los deseos sexuales (tradición brahamá-
nica, India), como signo de distinción (corte inglesa, s. XIX o más
recientemente en las películas de Hollywood), etc. Hoy, las drogas
forman parte consustancial de nuestras vidas, por ejemplo, es difícil
cumplir los compromisos sociales siendo abstemios, pues en diver-
sas ocasiones de cierta importancia social (matrimonios, bautizos,
fiestas, comidas...) es correcto apurar al menos un vaso o una copa
de alguna sustancia alcohólica (Escohotado, 1996).
Por principio, las drogas responden a unos estímulos asociados
a necesidades individuales o, a veces, colectivas. La Sociología opta
por considerar que tras el consumo de drogas existe una adaptación a
los imperativos socialmente establecidos: “estudiar mejor”, “rendir
más”, “no aparecer raro”, “ser uno más del grupo”, “no sentirse re-
chazado”, “para ligar”... son algunas exigencias de orden social con
que muchos jóvenes justifican la aproximación al mundo de los pro-
ductos tóxicos (García Mínguez, 2001).
94 FANNY T. AÑAÑOS BEDRIÑANA (Coord.)

Los beneficios sociales que distinguimos en nuestra investiga-


ción son tres: “fomenta las relaciones con el grupo de iguales”, “fa-
cilita el ligue” y “estimula el inicio de relaciones sexuales”.

2.2.3.1. “Fomenta el establecimiento de amistades o facilita


las relaciones entre amigos/as”
La alteración que producen las drogas en el comportamiento se
refleja mediante la desinhibición, sobre todo en cuanto a las relacio-
nes sociales. Las personas cuando consumen, tienen la sensación de
alegría, con tendencia a hablar, de reír, de “pasarlo bien”, etc., en
compañía de los amigos/as, que generalmente, son el grupo de igua-
les.
En los denominados microsistemas del joven se encuentran la
familia, el centro educativo y el grupo de iguales con que se relacio-
na. Es sabido que en esta etapa los amigos/as son el contexto con
mayor referencia o importancia, en consecuencia éstos inciden de
forma fundamental en los posibles comportamientos de riesgo a que
los chicos y chicos se exponen.
Los problemas de los adolescentes y/o jóvenes*, concreta-
mente la exposición de los riesgos, no pueden asociarse únicamente
a los caracteres de la personalidad, sino a la compleja interacción de
ésta con las ambientales. La explicación coherente de las conductas
de riesgo ha de tener en cuenta los valores, ideas, creencias y expec-
tativas sobre lo que “debe ser” y “como debe comportarse” la juven-
tud en las sociedades desarrolladas (Comas, Aguinaga, Orizo, Espi-
nosa y Ochaíta, 2003).
Según García Mínguez (2001), gran parte de las conductas de
riesgo, por norma, son realizadas en el grupo de amigos/as durante
* Adolescencia: actualmente se diferencia entre una adolescencia temprana (11
y 14 años), adolescencia media (14 y 18 años) y adolescencia tardía o juventud (hasta
los 30 años), (Moreno y Del Barrio, 2000).
Representaciones sociales de los jóvenes sobre las drogas 95

los fines de semana (estilo de consumo social predominante) y están


sostenidos por unas creencias según las cuales las bebidas alcohóli-
cas, el tabaco y el cannabis están dotados de unos efectos favorece-
dores de conductas grupalmente apreciables (asertividad, desinhibi-
ción, afiliación al grupo, relaciones...). Vayamos enseguida a
describir la situación encontrada en la investigación sobre este plan-
teamiento.
Gráfica nº 21: “Fomenta la relación con los amigos/as”

26,9%
NS/NC 26%
31,5%
47,9% Cannabis
NO 66,8%
31,9% Tabaco
Alcohol
25,2%
SI 7,1%
36,5%

Las respuestas ante este enunciado (Gráfica nº 21) expresan:


primero, sobre el alcohol, los jóvenes que creen en la premisa repre-
sentan el 36,5% frente al 31,9% que no cree en ella. Segundo, el ta-
baco no recibe un apoyo mayoritario (66,8%) y sólo el 7,1% expresa
su acuerdo con el beneficio. Finalmente, el cannabis tampoco recibe
el apoyo mayoritario (47,9%), en cambio el 25,2% cree en dicha
propiedad. En esta última variable distinguimos a los chicos y chicas
en el intervalo de 15 a 17 años (29,2%).
De los resultados, destacar las frecuencias elevadas de acepta-
ción de la creencia, sobre todo del alcohol y del cannabis, puesto que
son datos a tomar en cuenta, ya nos muestran el convencimiento de
los jóvenes sobre las drogas como mediadores o vehículos para
afianzar, fortalecer sus relaciones interpersonales o para una “fácil”
socialización entre iguales. Es el beneficio social más aceptado.
96 FANNY T. AÑAÑOS BEDRIÑANA (Coord.)

2.2.3.2. “Facilita el ligue”


Preguntar si una persona fuma o no, pedir un cigarrillo o un po-
rro (en menor medida de forma abierta y/o dependiendo de los con-
textos) o pedir fuego para encender los mismos, ha sido y es un buen
pretexto para establecer un contacto inicial y/o “romper el hielo” con
la otra persona objeto de ligue. El ligue consiste en entablar contacto
y/o relaciones amorosas inicialmente pasajeras, por lo general cuan-
do se sale de “marcha”.
La creencia de que las drogas: tabaco y/o cannabis ayuden a li-
gar parte de que tanto el estimulante como el alucinógeno menor,
respectivamente, estimulan y/o favorecen el estado de alerta y desin-
hiben, ello puede funcionar como facilitador de las relaciones socia-
les. Observemos los datos encontrados en la investigación (Gráfica
nº 22) al respecto.
Gráfica nº 22: “Facilita el ligue”

30,7%
NS/NC 26,4%

36,9% Cannabis
NO 62,3%
Tabaco

32,4%
SI 11,3%

Por un lado, los resultados hallados se encuentran bastante igua-


lados en cuanto al tabaco. Así, el 36,9% no está de acuerdo que el
tabaco sea el mecanismo efectivo para ligar, en cambio, el 32,4%
cree que el cigarro ayuda a ligar. El tramo de edad en el que más
existe la creencia de que pedir fuego resulta un buen método aproxi-
marse a la otra persona deseada se halla entre 15 y 17 años (43,1%);
Representaciones sociales de los jóvenes sobre las drogas 97

mientras que el grupo más numeroso que no cree en ello es el de ma-


yores de 24 años (43,3%).
Igualmente, la creencia del cannabis como elemento que facilita
el ligue no recibe el respaldo mayoritario (62,3%) frente al escaso
11,3% que cree en el beneficio. De acuerdo a las edades, aquellos
son los mayores de 24 años (71,4%), aunque en todos los intervalos
comparten esta negatividad (superan el 50% en todos los casos);
dentro de la postura de aceptación están los 15 a 17 años (17,3%),
seguidos de los menores de 15 años (13, 5%).
A pesar de que los porcentajes de aceptación de la creencia halla-
dos no son mayoritarios (con la ventaja del tabaco sobre el cannabis
con 21,1 puntos), no dejan de ser importantes, puesto que vehiculan la
droga instrumento de “ayuda” en las relaciones interpersonales, espe-
cialmente con los jóvenes de su apetencia sexual. Constituye un meca-
nismo perverso que incita el consumo. También cabe expresar que
esta percepción ha sido la que menos porcentaje de aceptación ha reci-
bido, dentro de los beneficios sociales propuestos.

2.2.3.3. “Estimula el inicio de las relaciones sexuales”


El vino para Eubulo tenía varias propiedades, de acuerdo a la do-
sis, decía: “La primera copa da salud; la segunda, amor y placer; la ter-
cera, sueño”, desde esa perspectiva los griegos empleaban la sustancia
en rituales orgiásticos, sazonados además con mandrágora y beleño.
Hoy se sigue creyendo en las propiedades afrodisíacas del alcohol y en
aquello con el que se “bonifica” el goce (Rätsch y Amela, 2003).
En muchos casos se considera un instrumento casi imprescindible
para empezar el preludio para entablar relaciones sexuales o un elemento
que facilitará el “estar juntos”, puesto que desata la desinhibición (pro-
ducto del bloqueo funcional del sistema nervioso central), donde se po-
nen de manifiesto los sentimientos y las sensaciones de manera abrupta.
En contra de lo que puede creerse, el alcohol no es un estimulan-
te, sino, como hemos visto en anteriores descripciones, es un depre-
98 FANNY T. AÑAÑOS BEDRIÑANA (Coord.)

sor del sistema nervioso central, pues a la sensación de euforia y


desinhibición inicial le sigue el estado de somnolencia, visión borro-
sa, incoordinación muscular, aumento del tiempo de respuesta, fati-
ga muscular, etc., por tanto el sujeto no reúne las condiciones ópti-
mas tanto físicas como mentales para responder de manera
satisfactoria a la estimulación sexual. Asimismo el doctor García
Cebrán* (2004) desmiente algunas “falsas creencias”, como que los
fármacos para tratar la impotencia tengan poderes afrodisíacos, o
que las drogas como la cocaína y el cannabis mejoran las erecciones;
por el contrario, matizó que las drogas son los “grandes enemigos”
de esta patología. Estudiemos a continuación las percepciones en re-
lación al tema obtenidas en la investigación (Gráfica nº 23).

Gráfica nº 23: “El alcohol estimula el inicio de las relaciones sexuales”

NS/NC
SI
28%
35%

NO
37%

Las respuestas de este enunciado son bastante equilibradas, pero


destacan ligeramente aquellas que no creen en esta propiedad del al-
cohol (36,9%) y, muy de cerca se encuentran aquéllas que tienen una
percepción positiva o creen en el beneficio (34,8%). De acuerdo a
las edades, los jóvenes que comparten dicha idea cuentan entre 15 y
* García Cebrán, J.: Médico adjunto del Servicio de Urología del Centro de Espe-
cialidades Juan de Llorens de Valencia. En: Europa Press, http://www.solocannabis.com
Representaciones sociales de los jóvenes sobre las drogas 99

17 años (39,4%), por el contrario los que no creen en ella son los ma-
yores de 24 años (48,1%) y los menores de 15 años los que menos se
posicionan (34,8%).
Estos resultados nos llaman a la reflexión, a pesar de que la can-
tidad de jóvenes que creen en el beneficio no representen la mayoría,
porque se vincula directamente el consumo de alcohol con los efec-
tos desinhibidores y estimulantes de la misma. Es la segunda creen-
cia social con mayor apoyo, tras “Ayuda en las relaciones con los
amigos/as”.

2.3. ¿POR QUÉ SE TOMAN LAS DROGAS?

2.3.1. Motivaciones del consumo


En la historia de la humanidad las drogas siempre han estado
presentes, aunque en cada cultura sus significados y usos han sido
diversos. Siguiendo a Martín Hopenhayn (1999) vamos a abrir la
“caja negra de las motivaciones” que movilizan el consumo de las
sustancias en los jóvenes.
Las motivaciones hacen referencia a la facultad de decidir y or-
denar la propia conducta para aproximarse a las drogas y al estilo de
vida que se asocia a su consumo. En ese sentido, los amigos/as, la
búsqueda de su identidad y de libertad, las inquietudes, las necesida-
des personales-sociales... o cualquier figura cercana a los chicos y
chicas tienen un papel destacado pues su actitud y posicionamiento
influirán en el grado de motivación (FAD, 1997).

MOTIVACIONES DERIVADAS DE LOS CUESTIONARIOS


En primer término, en la investigación analizamos las distintas
motivaciones que han planteado los sujetos en el momento de con-
100 FANNY T. AÑAÑOS BEDRIÑANA (Coord.)

tactar con la droga (alcohol, tabaco y cannabis): “por curiosidad”,


“porque mis amigos/as lo hacen”, “está de moda”, “para desconectar
de los problemas”, “me presionaron/condicionaron a hacerlo” y “pa-
ra caer bien al grupo”, al margen de que hayan o no seguido con el
hábito.

2.3.1.1. “Por curiosidad”


La curiosidad es un aspecto inherente al adolescente, en el que
con frecuencia suele explorar, experimentar y querer “estar a la últi-
ma” o “lo que se lleva”. En definitiva, se traduce en una necesidad
de descubrimiento, donde la droga puede percibirse como un “ele-
mento atractivo repleto de sorpresas”; por tanto no es extraño que
los jóvenes quieran desvelar dichas “sorpresas” por sí mismos. Prue-
ba de ello, por ejemplo, según el último estudio publicado por la Jun-
ta de Andalucía (E.D.I.S., 2003) las motivaciones más citadas se re-
fieren a aspectos experimentales (50,2%); concretamente el 32,6%
dicen haber iniciado el consumo por experimentar placer, por ani-
marme, etc. y, el 17,6% por curiosidad y deseo de sentir sensaciones
nuevas. Los datos más gráficos son los expuestos en la Encuesta so-
bre Drogas a Población Escolar 2000 (DGPNSD, 2001) sobre las
motivaciones del consumo, específicamente del cannabis, donde la
razón principal constituye “la curiosidad” (89,4%), seguido por
“sentir nuevas sensaciones” (35,5%). Porcentajes muy altos que se
pueden explicar, entre otros, por los mitos existentes sobre el canna-
bis y porque ésta es la sustancia considerada como droga y por ende
un elemento teóricamente “prohibido”; poniendo de manifiesto la
importancia que hoy en día tiene la droga.
Analicemos enseguida los resultados relacionados a la curiosi-
dad en la investigación.
Representaciones sociales de los jóvenes sobre las drogas 101

Gráfica nº 24: Motivo de consumo: “La curiosidad”

88%
Cannabis

Tabaco 77,4%

67,1%
Alcohol

La Gráfica nº 24 muestra que la curiosidad es una razón de incues-


tionable importancia, tal es así que representa el motivo principal del
88% de jóvenes que empezaron a consumir cannabis, a corta distancia le
siguen el 77,4% de chicos y chicas en relación al tabaco e igualmente
con un porcentaje alto (67,1%) se asocia el inicio del consumo en cuanto
al alcohol. Destacar el cannabis, por tener el resultado más alto y, reitera
la percepción de que es la droga que mayormente en los sujetos suscita el
deseo de averiguar sus “propiedades”, asimismo constituye un porcenta-
je sólo 1,4 puntos menos que la encontrada por DGPNSD (2001).

2.3.1.2. “Porque mis amigos/as lo hacían”


La pertenencia a un “grupo” es algo consustancial a cualquier
ser humano. Desde la perspectiva del imaginario social, el grupo por
excelencia lo constituye el “grupo de amigos/as”, y en ningún otro
colectivo como el de los jóvenes y los adolescentes resulta más em-
blemático (Rodríguez, Megías y Sánchez, 2002: 5).
El concepto de grupo se define como una pluralidad de personas in-
terrelacionadas por desempeñar cada una un determinado rol, en fun-
ción de unos objetivos comunes, más o menos compartidos, y que inte-
ractúan según el sistema de pautas establecido (Munné, 1979).
Así, el consumo de drogas puede actuar como un elemento de inte-
gración grupal: muchos de los adolescentes y jóvenes beben o fuman
102 FANNY T. AÑAÑOS BEDRIÑANA (Coord.)

porque lo hacen los demás miembros del grupo. También, para este co-
lectivo el grupo tiene una gran trascendencia como espacio de socializa-
ción (dentro de él se interiorizan valores, se aprende a relacionarse con
los demás, se incorporan hábitos, etc.); espacios donde se fortalecen los
procesos de pertenencia, de vinculación y aceptación de los miembros.
Es éste el ámbito y contexto propicio para el consumo de drogas, porque
pasa a ser una conducta del grupo que actúa reforzando la integración
del mismo (Comunidad de Madrid, Agencia Antidroga, 2002: 10).
Por tanto, las creencias sobre cómo los individuos significativos
responden al consumo, la percepción del consumo por parte del gru-
po de iguales o de amigos/as son altamente predictivos, especial-
mente aquéllos más próximos. En la investigación encontramos los
siguientes resultados asociados a “porque mis amigos/as lo hacen”
como razón/motivación para empezar el hábito (Gráfica nº 25).

Gráfica nº 25: Motivo de consumo: “Porque mis amigos/as lo hacían”

1 3 ,2 %
1 1 ,4 %

5%

A lc o h o l T abaco C a n n a b is

La imitación de la conducta se puede vislumbrar en la Gráfica nº


25, donde ha servido de argumento para el 13,2% de jóvenes que
empezaron a consumir alcohol, el 11,4% para aquéllos que iniciaron
con el tabaco y sólo el 5% utilizó tal justificación cuando comenzó a
ingerir cannabis. A pesar de que las cifras sean reducidas ocupan el
segundo lugar en importancia (aceptación) en cuanto a los motivos
de inicio de las drogas estudiadas.
Representaciones sociales de los jóvenes sobre las drogas 103

2.3.1.3. “Está de moda”


En la sociedad de consumo en el que vivimos, las drogas se han
transformado en objetos de consumo en sí mismos, dentro de la ofer-
ta indiferenciada de productos que ofrece el mercado; esto tiene mu-
cho que ver con el marketing que crea la propia dinámica social de
consumista.
Del mismo modo, el consumo se ha convertido en un aspecto
clave de la cultura de ocio de los jóvenes, es decir, es un fenómeno
de moda, donde la ingesta de tóxicos con finalidades recreativas tie-
ne una importante dimensión económica y ha pasado a ocupar una
posición relevante en las ofertas de ocio juvenil que, en opinión de la
Agencia Antidroga de la Comunidad de Madrid (2002) cerca del
60% del dinero que reciben los chicos y chicas para gastos persona-
les lo destinan a la compra y consumo de drogas.
En ese sentido, el hábito de consumir sustancias sobre todo los
fines de semana está de moda, gracias, entre otras razones, a intensas
actividades publicitarias y a los estilos de vida juveniles. Así, por
ejemplo, para el 0,6% de los jóvenes andaluces el motivo de consu-
mo es precisamente por “encontrar un nuevo estilo de vida”
(E.DI.S., 2003). Veamos a continuación los datos observados al res-
pecto en la investigación.
Gráfica nº 26: Motivo de consumo: “Está de moda”

Cannabis 0,6%

2%
Tabaco
2,5%
Alcohol
104 FANNY T. AÑAÑOS BEDRIÑANA (Coord.)

La moda es una justificación para el 2,5% de chicos y chicas


que se acercaron al alcohol, el 2% en relación al tabaco y escasa-
mente el 0,6% en cuanto al cannabis. Los porcentajes no son repre-
sentativos, pero es importante conocer estas percepciones cara a la
prevención.

2.3.1.4. “Para desconectar de los problemas”


El uso de drogas, para un sector de jóvenes, se concreta en una
forma de evasión del entorno, porque entre otros, éstos se sienten in-
satisfechos o desbordados con su vida personal, escolar, familiar o
social.
La evasión se intensifica fundamentalmente en el fin de sema-
na (Comunidad de Madrid, Agencia Antidroga, 2002). Es el tiem-
po de ocio, de contraposición a las tareas que se llevan a cabo por
obligación (estudiar, colaborar en tareas, trabajar, etc.) y es vivido
como un espacio de liberación del control que ejerce la familia o la
escuela y, donde el consumo de sustancias contribuye a trascender
de las responsabilidades, las obligaciones cotidianas y de los pro-
blemas.
Los datos que nos describe la Junta de Andalucía (E.D.I.S.,
2003) sobre las motivaciones de consumo de drogas en relación a
la pasividad y huida, son bastante clarificadores de lo expuesto en
líneas arriba: “escapar a problemas personales” (5,3%), “estar a
disgusto con la sociedad” (1,5%), “pasar de todo” (1,9%) y “sentir-
se discriminado en el trabajo” (1,9%), todos suman un total de
8,7% de personas que aluden motivos de evasión o de desconexión
de los problemas como fundamento para empezar el hábito. Estu-
diemos enseguida los resultados encontrados en la investigación
sobre el tema.
Representaciones sociales de los jóvenes sobre las drogas 105

Gráfica nº 27: Motivo de consumo:


“Para desconectar de los problemas”

2,5% 2,6%

1,7%

Alcohol Tabaco Cannabis

Los porcentajes distinguidos sobre la aceptación de la evasión de


los problemas mediante las drogas son: tabaco el 2,6%, alcohol 2,5% y
cannabis el 1,7%. Estos resultados constituyen una incidencia baja, bas-
tante igualados en las sustancias legales y en menor proporción el can-
nabis; asimismo, se sitúan por debajo de la mitad con respecto a los por-
centajes hallados por EDIS (5,3%). No obstante hay que tenerlos en
cuenta, porque representan a un número de usuarios que emplean las
drogas para olvidar sus preocupaciones o trascender de la realidad.

2.3.1.5. “Me presionaron/condicionaron”


La elección del grupo de amigos/as y su consecuente aceptación,
son actualmente aspectos de destacada importancia en cuanto a la repre-
sentación social entre los chicos y chicas. Del mismo modo, las creen-
cias sobre cómo los individuos significativos responden al consumo y
las presiones de los iguales son altamente predictivos, fundamentalmen-
te los amigos/as más cercanos (Robin, Johnson y Lannoti, 1996).
Según Munné (1979) en los grupos se establecen por un lado, unas
condiciones a los miembros (presiones) y por otro, el grupo en sí mismo
cumple también otros requerimientos. En cuanto a la primera queremos
resaltar fundamentalmente aquellas que de algún modo ejercen una pre-
106 FANNY T. AÑAÑOS BEDRIÑANA (Coord.)

sión (mayor o menor, de acuerdo a los casos), condicionamiento o pre-


rrequisito a las personas para ser consideradas parte de un “todo”:
• Poseer una característica común con los demás miembros del
grupo (valores, intereses, proximidad, característica físicas,
psíquicas o sociales...).
• Operar para la consecusión de unos objetivos comunes, afec-
tivos o utilitarios.
• Regular sus acciones por un sistema común de pautas, nor-
mas o modelos de comportamiento.
• Tener más o menos conciencia de pertenecer al grupo, como uni-
dad más allá de uno mismo y, sobre todo, ser reconocido como tal
por los demás miembros del grupo “de forma expresa o tácita”.
Así, desde una perspectiva estructural, las expectativas hacia los
distintos modelos de relación interpersonal estarían condicionadas
por distintos elementos, y por las posibles interconexiones entre los
diferentes puntos de las redes en que se inserta un mismo individuo
(Rodríguez, Megías y Sánchez, 2002: 12). Una muestra de lo descri-
to es la expresión de jóvenes andaluces (E.D.I.S., 2003) que dan
como razón en el inicio del consumo de drogas el “deseo de ser
miembro de un grupo y sentirme aceptado por él” (4,1%). Analice-
mos ahora los datos distinguidos en la investigación.
Gráfica nº 28: Motivo de consumo:
“Me presionaron/condicionaron a hacerlo”

1,7%
Cannabis

1%
Tabaco

1,3%
Alcohol
Representaciones sociales de los jóvenes sobre las drogas 107

La Gráfica nº 28 refleja los porcentajes sobre la presión o condi-


cionamiento del grupo de iguales en el consumo de drogas, así la
presión más alta fue para un reducido (1,7%) que empezaron con el
cannabis, 1,3% con relación al alcohol y el 1% asocian a esta moti-
vación al tabaco. Los datos son de poca incidencia, no obstante no
podemos dejar de mencionarlos debido a la influencia del grupo en
el consumo de las sustancias y se ubica muy por debajo de las fre-
cuencias expuestas por EDIS (2003) en 2,8 puntos menos; estas dife-
rencias pueden deberse, entre otras, a características etarias de la
muestra: EDIS abarca a sujetos a partir de los años en adelante (in-
cluye personas mayores) y en la investigación nos centramos entre
los 12 a 26 años. Es la motivación que ocupa el penúltimo lugar en la
escala establecida para tal fin.

2.3.1.6. “Para caer bien al grupo”


La realidad y las expectativas de los jóvenes respecto a sus rela-
ciones grupales se percibe, de acuerdo a Rodríguez, Megías y Sán-
chez (2002) que, el hecho de “estar solo/a” es una rareza difícilmen-
te comprensible, casi una patología, opuesta por principio a uno de
los valores más arraigados socialmente (“estar relacionado y ser po-
pular”); es decir, no sólo es necesario relacionarse con otras perso-
nas para sentirse afectivamente cubiertos o arropados sino que es,
sobre todo, útil.
Así, para los chicos y chicas existen unos presupuestos de parti-
da determinantes en la configuración de las relaciones, por ejemplo,
además de la necesidad de relacionarse y no estar solo/a, destacamos
la necesidad de contacto, arropamiento y cercanía afectiva, concre-
tado en la “amistad”.
El reconocimiento del sentido de pertenencia al grupo que sirve
de referencia continua en los momentos de ocio, de igual modo lo es
también su papel de plataforma en la que se articulan la socializa-
ción y la identidad, donde los púberes y los que no lo son tanto no
108 FANNY T. AÑAÑOS BEDRIÑANA (Coord.)

pueden sustraerse de la “marea” y sienten la necesidad de “caer


bien”, de integrarse en él. Por tanto, el hecho de apartarse de esos cá-
nones podría significar, para gran parte de ellos/as, el estar al margen
de lo que “se lleva” o “ser diferentes” (Comunidad de Madrid,
Agencia Antidrogas, 2002). Dicha rareza o distancia del “prototipo”
a seguir expresada en “para no sentirme raro” como motivo para el
consumo de inicio en el hábito representa el 1,4% de la población
andaluza (E.D.I.S., 2003). Los datos al respecto en la investigación
pueden observarse en el siguiente gráfico.

Gráfica nº 29: Motivo de consumo: “Para caer bien al grupo”

0,8%

0,2%

Alcohol Tabaco

La Gráfica nº 29 refleja la razón “para caer bien al grupo” como


fundamento para el inicio del consumo de tabaco (0,8%) y el co-
mienzo para el 0,2% de jóvenes en relación al alcohol. Dicho motivo
de consumo ha sido el que menor incidencia hemos encontrado en el
listado de razones que aludieron los sujetos estudiados para el inicio
de consumo de las sustancias y, constituyen al igual que en las dos
anteriores motivaciones, datos por debajo de la mitad de los refleja-
dos por EDIS (2003).
Representaciones sociales de los jóvenes sobre las drogas 109

OTRAS MOTIVACIONES DERIVADAS DE LAS ENTREVISTAS


La originalidad de las respuestas y las motivaciones no previstas
en los cuestionarios, dan lugar a ofrecer un espacio específico a los re-
sultados observados en las entrevistas, por ello se considera necesario
que salgan a la luz, dada la importancia que puede tener en el estudio
del fenómeno, sean éstas: “por diversión”, “por las costumbres”, “por
la tontería”, “para parecer mayor” y “por la tolerancia al tabaco”.

2.3.1.7. “Por diversión”


Es frecuente asociar el consumo de drogas con motivaciones de
carácter lúdico, con la diversión, con los procesos de integración y
aceptación en el grupo de iguales. Así, la diversión, la fiesta o la “mar-
cha” tiene un lugar destacado en el inicio o proximidad con las sustan-
cias, hecho que se produce fundamentalmente con la compañía de los
“amigos/as”. El grupo que se busca para este fin estará compuesto por
personas no necesariamente por los denominados “amigos/as de ver-
dad”, pero tienen que ser funcionales para las expectativas de diver-
sión (personas conocidas, guapas, divertidas, populares, etc.) de
acuerdo a las necesidades de cada cual. En la investigación los datos al
respecto son bastante llamativos (Gráfica nº 30), conformando el pri-
mer lugar en la escala de motivaciones distinguidas en las entrevistas.
Gráfica nº 30: Motivo de consumo: “Por diversión”

25%
Cannabis

38,6%
Alcohol
110 FANNY T. AÑAÑOS BEDRIÑANA (Coord.)

La diversión representa el 38,6% de jóvenes que aluden a este


motivo para el inicio del consumo del alcohol, le sigue el 25% de
chicos y chicas que dan dicha razón en relación al cannabis; no en-
contramos esta justificación en cuanto al tabaco, tal vez, por los
efectos eufóricos y de deshinbición que estas drogas (alcohol y can-
nabis) producen de forma bastante rápida.

2.3.1.8. “Por las costumbres”


En el discurso social interaccionan los códigos culturales vi-
gentes, los valores, la información temática, etc.; así, la percepción
social sobre las drogas se encuentran mediatizadas por los criterios
preestablecidos en cada sociedad, la misma que condicionará el
contenido del discurso. Dicho contenido, difundido por los medios
de comunicación y otros mecanismos propios de la cultura (tradi-
ciones, costumbres, significantes... en cuanto al uso y empleo de
las sustancias) provoca una actitud de permisividad de las drogas
legales (alcohol, tabaco) y de algunas que no lo son (cannabis,
somníferos, antidepresivos...), así como una reacción beligerante
ante las sustancias consideradas ilegales.
Las drogas socialmente admitidas son elementos con los que se
ha aprendido a convivir, dentro de una relación de intenso consumo
a lo largo de la Historia. Estos consumos (moderados) se llevan a
cabo con el beneplácito social convirtiéndose en una tradición, don-
de muchas veces es difícil rechazar su empleo porque se asocia a
otros ritos.
En España el modelo consumista ha tenido una gran repercusión
en el mercado de las drogas legales, de tal forma que los últimos
años se ha experimentado una explosión de ingesta de sustancias al-
cohólicas en amplios sectores sociales, así como un incremento im-
portante en el consumo de tabaco, hecho que tiene que ver, entre
otras razones, con la incorporación masiva de las mujeres en el hábi-
to y el adelanto en la edad de inicio de los jóvenes (Defensor de Pue-
blo Andaluz, 2002). Por ejemplo, el enunciado “porque es una cos-
Representaciones sociales de los jóvenes sobre las drogas 111

tumbre” como motivo para empezar el consumo de sustancias ha


sido expresado por el 23,7% de los jóvenes andaluces (E.D.I.S.,
2003). Enseguida vemos los datos referentes al tema en la investiga-
ción.

Gráfica nº 31: Motivo de consumo: “Por las costumbres”

31,3%

18,8%

Alcohol
Cannabis

Las costumbres o la tradición como razón en el consumo de dro-


gas es bastante significativa en el estudio, así el 31,3% asocia a di-
cho motivo para iniciarse con las sustancias alcohólicas y el 18,8%
en cuanto al cannabis; porcentaje próximo mostrado por EDIS
(2003). Llama la atención que esta variable no haya salido en el caso
del tabaco, sin embargo constituye la segunda motivación más im-
portante en el consumo de drogas derivadas de las entrevistas.

2.3.1.9. “Por la tontería”


La tontería es un concepto de difícil explicación, puesto que no
denota ninguna razón de aparente peso o no hay motivo explícito
para el inicio en las drogas, sin embargo, están presentes como razo-
nes de consumo en los tres tipos de sustancias estudiadas.
Es una cuestión que tiene que ver con los estilos de vida de los
chicos y chicas fundamentalmente urbanos españoles, donde la in-
112 FANNY T. AÑAÑOS BEDRIÑANA (Coord.)

gesta de sustancias pueden ejercer el poder de discriminar actitu-


des y comportamientos; por tanto, se consume o no se consume, en
función de las características de los grupos, sin darle demasiada
importancia, sin casi darse cuenta, tal vez porque el acto parece ad-
quirir un cierto automatismo, especialmente en el tabaco (Comas,
2001).
No obstante, el hecho de emplear sustancias expresa significa-
dos profundos, tal vez, relacionados con el reconocimiento y respeto
de los demás miembros del grupo, y las prioridades personales. Un
ejemplo muy cercano lo distinguimos en el estudio llevado a cabo
por la Junta de Andalucía (E.D.I.S., 2003) en el que “pasar el rato”
es una razón sin aparente trascendencia para consumir las drogas,
pero significan el motivo principal del 42,2% de los jóvenes andalu-
ces. En ese sentido los resultados de la investigación expresan los si-
guientes datos, tal y como se muestra en la Gráfica nº 32.
Gráfica nº 32: Motivo de consumo: “Por la tontería”

14,1%
Cannabis
23,4%

Tabaco

8,8%
Alcohol

“La tontería” es el motivo principal para el 23,4% de los jóvenes


que empezaron a fumar tabaco, le siguen los fumadores de cannabis
(14,1%), finalmente, el 8,8% de los entrevistados que iniciaron el con-
sumo de bebidas alcohólicas por dicha razón. Los resultados son meno-
res en comparación a los ofrecidos por EDIS (2003), no sólo porque en
Representaciones sociales de los jóvenes sobre las drogas 113

la investigación se distinguen las valoraciones específicas de cada dro-


ga, sino también, entre otras, a los caracteres de la muestra (EDIS abarca
un rango de población amplísima a partir de los años en adelante).

2.3.1.10. “Para parecer mayor”


Es evidente la asociación entre éxito social y el consumo de ta-
baco y, sobre todo de alcohol, en los prototipos de “jóvenes guapos,
guapas y felices” (Comas, Aguinaga, Orizo, Espinosa y Ochaíta,
2003); relación que puede llevar o desembocar en conductas de ries-
go más frecuentes, debido a la necesidad de los púberes y adolescen-
tes en demostrar que han dejado atrás la etapa infantil, puesto que
quieren mostrar que ya son unos hombres y mujeres en todos los
sentidos; por tanto, reclaman el reconocimiento de su autonomía, de
su capacidad de participación y toma de decisiones en los ámbitos
familiares, escolares y sociales... y se otorgan también la licencia
(cada vez más en edades tempranas) para consumir las drogas.
En la investigación (Gráfica nº 33), además de “por parecer ma-
yor”, se distinguen otros sinónimos o términos empleados por los
entrevistados como “hacerse los chulos” o “presumir” que van en la
línea de una clamorosa exaltación o necesidad de hacerse notar con
sus iguales y a nivel social en general.
Gráfica nº 33: Motivo de consumo: “Para parecer mayor”

17%

Alcohol
9,4% Tabaco
3,6% Cannabis
114 FANNY T. AÑAÑOS BEDRIÑANA (Coord.)

El hecho de aparentar mayor edad o de mantener unas conductas


“maduras” o “adultas” (Gráfica nº 33) como motivo de inicio de las
drogas reflejan los siguientes datos: el porcentaje más alto se obser-
vó en aquellos que empezaron a consumir tabaco (17%), en segundo
término encontramos a quienes dicen haber comenzado a consumir
el cannabis (9,4%), finalmente sólo el 3,6% en relación al alcohol.
Llama la atención que destaquen las drogas normalmente fumadas,
cuyo hábito es tolerado o aceptado en cualquier momento y en casi
todas partes, sobre todo en el caso del tabaco.
2.3.1.11.“Por la tolerancia al tabaco”
La tolerancia es el proceso en el que el organismo admite en for-
ma ascendente una mayor cantidad de sustancia tóxica. Fundamen-
talmente se caracteriza porque la droga disminuye sus efectos en el
sujeto, entonces surge la necesidad de administrar repetidas veces,
de modo que eleva la dosis para obtener la sensación deseada.
En la investigación distinguimos la tolerancia como motivo de
consumo en el caso del tabaco, siendo éste uno de los primeros
nexos con las drogas legales, quedándose con el tiempo y los hábitos
de uso y consumo “insuficiente” para dar lugar a una ingesta “más
fuerte” o “más efectiva” en el 12,5% de los jóvenes estudiados (Grá-
fica nº 34) que iniciaron el consumo de cannabis; no obstante no se
observaron tolerancia en el resto de drogas.
Gráfica nº 34: Motivo de consumo: “Por la tolerancia al tabaco”

87,5%
12,5% Tabaco
No hay tolerancia
Representaciones sociales de los jóvenes sobre las drogas 115

LAS MOTIVACIONES DE ACUERDO AL TIPO DE DROGAS


El análisis que se lleva a cabo en este apartado, a diferencia de la
primera, es una perspectiva esquemática de acuerdo a la tipología de
drogas consumidas.
Tabla nº 12: Motivaciones según la tipología de droga consumida
MOTIVOS %A %T %C
Por curiosidad 67,1 77,4 88,0
Porque mis amigos lo hacían 13,2 11,4 5,0
Está de moda 2,5 2,0 0,6
Para caer bien al grupo 0,2 0,8 -
Me presionaron a hacerlo 1,3 1,0 1,7
Para desconectar de los problemas 2,5 2,6 1,7
Otros 13,3 4,8 2,9

A: alcohol, T: tabaco, C: cannabis

Las motivaciones de acuerdo al tipo de drogas (Tabla nº 12) son


fundamentalmente dos: “la curiosidad” y “porque mis amigos/as lo
hacían”. Respecto a la primera, cabe destacar que es la razón más re-
currida en las tres drogas estudiadas (alcohol 67,1%, tabaco 77,4% y
cannabis 88%), constituyendo el pilar básico que da lugar a la aproxi-
mación de las sustancias y; la segunda, a gran distancia, se observa
una incidencia de 13,2% en el caso del alcohol, el 11,4% con relación
al tabaco y el 5% sobre el cannabis. Las demás justificaciones tienen
una presencia menos importante no superando el 3% de repercusión.

2.3.2. Factores de mayor influencia en el consumo


Constituyen las circunstancias o características personales, fa-
miliares o ambientales que, relacionadas con las drogas, aumentan la
probabilidad de que un individuo, mantenga o enfatice los consumos
116 FANNY T. AÑAÑOS BEDRIÑANA (Coord.)

(factores de riesgo) o; por el contrario serían condiciones que prote-


gen al sujeto a tener consumos irresponsables o a no “probar” drogas
“duras” (factores de protección).
Los factores en los que nos centraremos en la investigación son
los de riesgo constatando que, además de las características persona-
les, familiares y sociales que rodean al joven, existen los riesgos vin-
culados a la propia droga, sean éstos por sus propiedades farmacoló-
gicas, de sus efectos a corto, medio o largo plazo y de su capacidad
para generar adicción.
La presente investigación saca a la luz información necesaria
para establecer que los motivos principales aducidos por los jóvenes
estudiados en el inicio de consumo de las drogas son mayormente la
curiosidad y la imitación a los amigos, pero la continuidad y/o fre-
cuencia de las mismas se ven favorecidas por distintos factores. Di-
chos factores estudiados en la investigación son: los amigos/as, ba-
res y discotecas, los compañeros/as de trabajo, la familia, la
televisión, la escuela, el cine y los carteles comerciales, de los que se
pidió su valoración en relación al grado de influencia que tienen és-
tos en el consumo de las drogas. Las medidas de valoración son: alta
(mucho), medio (intermedio) y poco (bajo).

2.3.2.1. Los amigos/as


Hoy en la sociedad, una significativa parte de la población en la
que se producen relaciones socio-grupales tiene que ver con las diná-
micas propias del consumo, debido a que muchos de los referentes de
identidad en los que se cimientan las expresiones de grupo se consoli-
dan mediante la transacción comercial, más o menos explícita, y espe-
cialmente en el tiempo libre. No se trata sólo del consumo de elemen-
tos o productos que identifican físicamente, sino también que los
propios contextos de relación o de actividades llevadas a cabo en gru-
po, casi de forma indispensable, requieren el consumo de objetos (ro-
pa, música, bebidas, tabaco, comida, etc.), de espacios... (Rodríguez,
Megías y Sánchez, 2002: 16). Del mismo modo, Cembranos y Palle-
Representaciones sociales de los jóvenes sobre las drogas 117

rés (2001), añaden que en dichos contextos se da una cierta relativiza-


ción de las expectativas tradicionales de la amistad, así como una crea-
ción y recreación de identidades (simbologías) mediante el consumo.
Por tanto, sirve como indicador de evaluación para definir la in-
fluencia de este tipo de consumo que la persona, por lo general, desco-
noce los efectos reales de la droga y el consumo, mayormente, se reali-
za en el marco de un grupo que le invita a probarla (FAD, 1997). Es
decir, la facilitación y la aprobación social del consumo de la sustancia,
por parte de los iguales, son especialmente importantes como factores
de influyen en la misma (FAD y Ayuntamiento de Madrid, 2000). De
igual manera, la percepción del consumo por parte de los amigos/as y
las presiones de ellos/as son altamente predictivos, sobre todo los más
cercanos (Robin y Johnson, 1996; Lannoti, 1996). Vamos a analizar a
continuación los resultados obtenidos en la investigación, sobre la in-
fluencia de los amigos/as en el consumo de las sustancias.
Gráfica nº 35: Factor de influencia: “Los amigos/as”

1,8%
Cannabis 7,1%
91,2%
6,3% Poco
Tabaco 12,8% Medio
80,9%
Mucho
5,3%
Alcohol 11,3%
83,4%

La influencia de los amigos en el consumo de sustancias es con-


tundente, tal como se muestra en la Gráfica nº 35, así la influencia es
alta, en primer término, para el 91,2% que consume cannabis, segui-
da por el 83,4% que bebe alcohol y el 80,9% que fuma tabaco.
Como dato adicional podemos ofrecer que también en las entre-
vistas los amigos tuvieron una influencia determinante a la hora de
118 FANNY T. AÑAÑOS BEDRIÑANA (Coord.)

beber alcohol (58,8%), situación parecida se observa en el 53,2% de


los sujetos que fuman tabaco. Del mismo modo, en ambas drogas los
resultados de acuerdo a los distintos grupos de edad se encuentran
repartidos de forma homogénea a diferencia del cannabis; en él es
interesante ver cómo en los intervalos etarios a partir de los 18 años
los jóvenes aceptan con mayor amplitud la influencia de los amigos/
as en el consumo de la sustancia.
Según la Gráfica nº 35, si comparamos la influencia alta de los
amigos/as en el consumo de cannabis con el del tabaco y el alcohol,
observamos en estas dos últimas un grado de influencia algo menor,
pero todas son ampliamente mayoritarias; en cifras más pequeñas,
pero igualmente importantes son aquellas valoraciones intermedias.
Ante estos resultados, cabe afirmar que, los amigos/as se constituyen
como los difusores “legales” o factores de mayor influencia en el
consumo de las tres drogas estudiadas.
2.3.2.2. Los bares y discotecas
Históricamente la infancia y la juventud no se han caracterizado
por disponer de espacios privados o especiales reservadas para ellas,
sino que han estado compartiendo los ambientes de los adultos. Los
espacios orientados para los jóvenes son una conquista del Siglo
XX, donde éstos coadyuban a construir una identidad personal autó-
noma e independiente a la de sus padres, madres, cuidadores/as, pro-
fesores/as, etc.; así su reivindicación no sólo respondió a unas nece-
sidades materiales, sino fundamentalmente a unas necesidades
simbólicas, es decir, la puesta en marcha de unos rituales y espacios
de un imaginario juvenil.
Hoy los espacios compartidos en el hogar se prolongan en el
tiempo, debido entre otras razones, al retraso en la emancipación fa-
miliar, por tanto, los jóvenes no están obsesionados tanto en marchar
de dicho espacio, sino en buscar espacios propios que pueden com-
pensarles: la cultura de la noche (“la marcha”), los viajes... (Feixa,
2003).
Representaciones sociales de los jóvenes sobre las drogas 119

Penetrando en la cultura de la noche, los bares, discotecas, pubs,


etc. son espacios o contextos de relación o donde los grupos desarro-
llan actividades, donde prácticamente es indispensable consumir
(juegos, música, sustancias...).
Estos espacios se encuentran fundamentalmente concurridos en las
noches de los fines de semana como consecuencia del tiempo de ocio
juvenil que se concreta en “la marcha”, asimismo son ambientes marca-
dos por cualquier tipo de elementos disuasorios que delimitan quién for-
ma parte de ellos o puede hacerlo, y quién no (Rodríguez, Megías y Sán-
chez; 2002); por ejemplo, espacios denominados de “ambiente”, más
bien orientados a jóvenes homosexuales o lesbianas, espacios para los
“metaleros”, espacios con un tipo de música concreta, espacios con “be-
bidas o consumos muy especializados”, espacios que exigen un tipo de
“vestimenta concreta”, espacios según “intervalos de edades”, etc.
Desde la perspectiva, las personas (grupos) adquieren diversos
caracteres identitarios/simbólicos, según los contextos en los que se
mueven. Veamos los resultados obtenidos en la investigación al res-
pecto (Gráfica nº 36).

Gráfica nº 36: Factor de influencia: “Bares, discotecas...”

5%
Cannabis 27,8%
67,2%
22,2% Poco
Tabaco 33,4% Medio
44,3% Mucho
9,4%
20,9%
Alcohol
69,6%

Los bares, pubs, discotecas... son espacios o contextos de ocio prefe-


ridos por la juventud cuando salen a divertirse y son percibidos por ellos
120 FANNY T. AÑAÑOS BEDRIÑANA (Coord.)

como factores muy influyentes en el consumo de las sustancias (alcohol:


69,6%, cannabis: 67,2% y tabaco: 44,3%); llama la atención que en el
caso del tabaco el porcentaje es menor en aproximadamente 23 puntos,
no obstante, en los tres tipos de drogas, son los valores más altos.
La información obtenida en este factor, sin lugar a dudas, nos
deja evidencia que los espacios de ocio juvenil, en este caso, más
bien ligados a la noche, son medios propicios o factores de riesgo
importantes para generar o potenciar el hábito de uso de las diversas
drogas. Tal es así que, tras los amigos/a, ocupa el segundo lugar
como factor de influencia en el consumo de las sustancias.

2.3.2.3. Los compañeros/as de trabajo


En el ambiente laboral hay que resaltar la influencia de los compañe-
ros/as en el consumo, así como en la dimensión festiva y de celebración
que se producen en él, sea por motivos personales, sociales o tradiciona-
les. En ese sentido, se organizan con cierta frecuencia actividades recrea-
tivas como comidas y cenas de trabajo donde, si bien pocos jóvenes obje-
to de nuestro estudio se encuentran inmersos, sin embargo, poseen la
información de sus progenitores y de la sociedad en general. También,
cabe el riesgo de que en vez de tomar como referente a los compañeros de
trabajo como tal, asocian el concepto a los compañeros de estudio o clase.
Gráfica nº 37: Factor de influencia: “Los compañeros/as de trabajo”

27,4% 43,2% 29,4%

Cannabis
33,8% 22% 44,3% Mucho
Medio
Tabaco Poco
19% 38,9% 42,1%

Alcohol
Representaciones sociales de los jóvenes sobre las drogas 121

Así, la influencia de los compañeros/as de trabajo en el consu-


mo de las sustancias (Gráfica nº 37) refleja los siguientes datos: los
porcentajes mayoritarios son los referidos a que es un factor con es-
casa o poca influencia (tabaco: 44,3%, alcohol: 42,1% y cannabis:
29,4%); sin embargo, aquéllos/as que consideran que este factor es
“muy influyente” (tabaco: 33,8%, cannabis: 27,4% y alcohol: 19%)
representan un sector importante, aunque estos últimos resultados no
son los más significativos, pero señalan un ambiente laboral (rela-
ciones interpersonales) como factor notable en el consumo de las
drogas.
En las tablas de contingencia según la edad no encontramos re-
sultados destacables, encontrándose los porcentajes repartidos de
forma homogénea.

2.3.2.4. La familia
Actualmente, hablar sobre la “familia española” prototípica es
bastante difícil, dado la diversidad de modelos vigentes (monopa-
rentales, reconstruidos, del mismo sexo...) en un afán de adaptación
a una realidad que cambia rápidamente. Lo que sí es común en todos
los modelos es que la familia, según Dávila (2003) es la institución
más valorada por la sociedad española, por delante de los demás fac-
tores de la vida (bienestar económico, trabajo, amistades, etc.). Asi-
mismo, constituye el primer lugar de socialización, un espacio vital
de influencia que resulta imprescindible para favorecer la estabili-
dad y la cohesión de toda la sociedad, al ser para las personas que la
integran la “mejor escuela” de formación humana y cultural, donde
se aprenden a diario los valores de la convivencia, la solidaridad, el
respeto mutuo, la tolerancia... así como la reproducción de los siste-
mas culturales.
Del mismo modo, las actitudes tolerantes o el uso de las drogas
en el hogar, en opinión de expertos (Kals y cols., 1996; Lannotti y
cols., 1996), son los mejores predictores de la valoración positiva de
los niños/as hacia el consumo y por tanto aumentan sus expectativas
122 FANNY T. AÑAÑOS BEDRIÑANA (Coord.)

de consumir en el futuro; en definitiva es un factor de riesgo que se


considera de vulnerabilidad ante las sustancias. Dichas situaciones
concretas podemos objetivizarlas mediante casos como:
• Empleo de drogas legales (alcohol, tabaco, fármacos, pasti-
llas para adelgazar, píldoras para dormir, etc.)
• Postura contradictoria de los padres o prefesorado (hacen una
cosa y dicen otra)
• Padres altamente consumidores de las sustancias que impide
o limita abordar de forma coherente los riesgos inherentes al
hábito
• Actitud tolerante frente a la ingesta de sustancias, porque se
cree que no acarrea demasiados problemas (baja concepción
del riesgo)
• Estilo educativo inapropiado: exceso de disciplina o de per-
misividad
• Ocio y tiempo libre familiar desarrollado dentro de la cultura
de consumo de drogas
• Etc.
Sobre el tema, en la investigación observamos en la gráfica los
siguientes resultados:

Gráfica nº 38: Factor de influencia: “La familia”

Cannabis 9,4% 72,2%


13,4%
Poco
41,2% Medio
Tabaco 18,9%
39,9% Mucho
63,7%
Alcohol 15,7%
20,7%
Representaciones sociales de los jóvenes sobre las drogas 123

La poca influencia de la familia en el consumo resulta mayorita-


ria para el 72,2% que emplea el cannabis, el 63,7% que bebe alcohol
y 41,2% que fuma tabaco; por el contrario, para otra escasa pobla-
ción la influencia es alta o decisiva (tabaco: 39,9%, alcohol: 20,7% y
cannabis: 13,4%). De la Gráfica, destacar el mayor porcentaje de in-
fluencia alta del tabaco, que junto a la influencia media suma el
58,8% de los jóvenes que creen que este factor induce al consumo;
también resaltar la influencia del factor en relación al alcohol, por-
que en la lectura de los datos resulta “normal” que se reconozca la
influencia familiar en la socialización de la droga.
También los resultados coinciden en cierto modo con los teóricos
que relacionan estos fenómenos con el desarrollo intergeneracional/
ontogenético, en el que el hecho de que los progenitores consumen al-
guna/s droga/s da lugar a una mayor probabilidad de que los hijos e hi-
jas también lo hagan. Incluso si comparamos sustancias se observa
que la familia es más influyente para el consumo de tabaco que para el
de alcohol, entre otras razones, ello puede deberse a que el hábito de
fumar cigarrillos es un gesto más cotidiano en la vida familiar y social.
Finalmente, comentar que a pesar de que los porcentajes relacio-
nados con el cannabis son bajos, es preocupante saber que existan en
este ámbito nuclear, puesto que la sustancia es considerada bajo todos
los prismas como una droga ilegal y su empleo familiar no responde a
los estándares conductuales generales establecidos socialmente.

2.3.2.5. La televisión
Los medios de comunicación de masas se consolidan como refe-
rencia casi obligada a la hora de conocer la visión limitada con la
que cuentan los miembros de una sociedad, para recibir información
y/o emitir sus opiniones al respecto. El conglomerado de informa-
ción que se ofrece a la colectividad para abordar una realidad especí-
fica constituye de por sí una función selectiva, puesto que es codifi-
cada y simplificada (mass media) alrededor de todo aquello
susceptible de acaparar audiencia (FAD, 1997); ello evidencia que
124 FANNY T. AÑAÑOS BEDRIÑANA (Coord.)

nos encontramos ante sociedades de consumo que obedecen a crite-


rios de mercado.
Las variables que participan en la presentación final de los te-
mas (selección, aspectos relacionados, valoraciones, orden de apari-
ción, lenguaje, etc.) desvirtúan la representación de la realidad,
transmitiendo y consolidando estereotipos creados. Uno de los me-
dios más representativos es la televisión.
La televisión es un medio audiovisual que convierte la razón y
la crítica en elementos menos empleados, porque no permite a los
sujetos detenerse y analizar la información (lo han sustituido las
imágenes), los parámetros referenciales son inexistentes o escasos,
las informaciones difusas y sesgadas... y sobre todo destacar la rapi-
dez con las que se presentan.
También es necesario poner en relieve que la educación infor-
mal (medios de comunicación, familia, etc.) tiene mayor trascenden-
cia que la educación formal (escolar), por tanto el tiempo que perma-
nezcan espectándola se traduce en tiempo de influencia.
Los datos sobre los nuevos hábitos familiares en relación a la
cantidad de horas que pasan los niños y jóvenes ante la televisión
son preocupantes, por ejemplo, según el estudio llevado a cabo en
Catalunya por el Consell de l´Audiovisual (CAC), presentado el 20
de enero de 2004 en el Parlament (citado por Ventura, 2004) dice
que los niños/as catalanes entre 4 y 12 años consumen unas 990 ho-
ras al año de televisión, frente a las 960 horas que pasan de media en
el centro escolar, además éstos prefieren la programación que se
emite a partir de las 22 horas -franja conocida como “play time”-, es
decir, fuera del horario protegido para los menores. Añadir a esta si-
tuación el informe 2002-2003 (“Anuario de la televisión 2004”) rea-
lizado por la consultora GECA en Madrid sobre jóvenes entre 13 a
24 años (citado por Rodríguez, 2004), donde de los 219 minutos (3
horas con 39 minutos) de consumo televisivo de media al día, los
chicos y chicas están solos ante el televisor un total de 96 minutos,
Representaciones sociales de los jóvenes sobre las drogas 125

80 minutos la ven acompañados por otra persona y 43 minutos en


compañía de dos o más personas.
De esta forma, estos datos nos muestran una realidad donde la te-
levisión deja de ser un medio menos familiar de lo que era en sus orí-
genes (elemento de unión y compartido por la familia en determinados
momentos), los menores se exponen abiertamente al medio, más aún
si estos se encuentran sin acompañantes que influyan estratégicamen-
te en el análisis o en la lectura crítica de lo que se está presenciando.
También queda fuera de dudas el evidente “divorcio” entre “los conte-
nidos y métodos de la educación y de los medios audivisuales”, puesto
que algunos contenidos televisivos pueden considerarse como de
“riesgo”, peligros potenciales por la acumulación para la sociedad y
de la cultura: violencia, sexismo, racismo, pornografía, publicidad y
estilos de vida que fomentan el consumo de drogas (legales o no) o los
que violan el derecho al honor, la intimidad y la privacidad de las per-
sonas... Comprobemos la influencia de este medio de comunicación
en el consumo de sustancias en la investigación.
Gráfica nº 39: Factor de influencia: La televisión

20% 23,8%
56,2%
Tabaco Mucho

15,7% Medio
35,9% 48,4% Poco
Alcohol

En la Gráfica nº 39 muestra la influencia de este medio de co-


municación en el consumo de alcohol y el tabaco, se obvia el canna-
bis por su condición de ilegalidad que le impide salir abiertamente.
Los datos más amplios corresponden a una baja/escasa influencia
126 FANNY T. AÑAÑOS BEDRIÑANA (Coord.)

tanto en el tabaco (56,2%) como en el alcohol (48,4%), frente a la in-


fluencia alta/decisiva, donde el 20% representa al tabaco y el 15,7%
al alcohol.
No obstante a que la influencia alta y media es menor no deja de
ser llamativo que los sujetos relacionen sus consumos con la televi-
sión; ello puede deberse, entre otras razones, a la cantidad de horas
que los jóvenes ven este medio audiovisual, donde el bombardeo pu-
blicitario a favor del consumo de las sustancias es frecuente, así
como los contenidos de los programas muestran unos estilos de vida
o situaciones potenciadoras de las mismas. Dentro del contingente
de edades no podemos destacar ningún dato significativo puesto en
todos los niveles de influencia encontramos un patrón bastante ho-
mogéneo de resultados.

2.3.2.6. La escuela
La Escuela o los Centros Educativos Escolares, son entidades
oficiales donde los niños/as y/o jóvenes participan del proceso de
enseñanza-aprendizaje en los diversos niveles educativos, donde
también existe una filosofía, principios... y sistemas que se transmi-
ten tanto explícita como implícitamente.
Así, uno de los objetivos de las enseñanzas obligatorias es, en
un sentido amplio, la de preparar para la vida, porque entre otras mo-
tivos, existe un número importante de personas que acaban ahí su es-
colarización. Valores como tolerancia, solidaridad, respeto, capaci-
dad de crítica; hábitos saludables (por ejemplo: prevención en
drogodependencias), capacidad de iniciativa y de relación... son as-
pectos y metas que el alumnado debe alcanzar. Sin embargo, es fre-
cuente “el divorcio” o “distanciamiento” de estos objetivos escola-
res con los que el menor se enfrenta en su contexto (mediatizado por
las dinámicas sociales). Por todo lo dicho, se aprecia que la escuela
teóricamente no es un factor de mayor influencia en el consumo de
drogas, no obstante analicemos los resultados en la investigación.
Representaciones sociales de los jóvenes sobre las drogas 127

Gráfica nº 40: Factor de influencia: El Centro Escolar

6,2% 18,4%
Cannabis 75,3%

17,4% 16,8% Mucho


Tabaco 65,9% Medio
Poco
14,4% 20,3%
Alcohol 65,2%

Los resultados mayoritarios corroboran a la poca o escasa in-


fluencia de la institución educativa como factor de consumo (canna-
bis 75,3%, tabaco 65,9% y alcohol 65,2%); sin embargo, encontra-
mos jóvenes que dan a este factor una influencia alta (tabaco 17,4%;
alcohol 14,4% y cannabis 6,2%). Según la edad, destacar que en el
intervalo 15 y 18 años encontramos a chicos y chicas que dicen reci-
bir mucha influencia en el consumo de tabaco (30,2%), los datos re-
feridos al alcohol son parecidos.
Las valoraciones medias y bajas responden, entre otras razones,
a que la escuela o centro escolar es un contexto específicamente aca-
démico, considerada como el espacio menos propicio para el fomen-
to o incitación del consumo de las drogas, puesto que en contra ahí
se promueven actitudes, aptitudes... saludables y preventivos. No
obstante, el hecho de observar un grupo de chicos y chicas que con-
sideran o creen en su influencia, provoca preguntarnos si es la insti-
tución en sí lo que aporta algún tipo de influencia o si son las respon-
sables el conjunto de circunstancias que la rodean (amigos, recreos,
profesorado, alejamiento del hogar, no inclusión en el currículum es-
colar, etc.).
128 FANNY T. AÑAÑOS BEDRIÑANA (Coord.)

2.3.2.7. El cine
El cine es un medio de comunicación audiovisual que, a diferen-
cia de la televisión, éste constituye un espacio al que hay que acudir
expresamente y pagando unas tasas. Pero las películas pueden ser
vistas tras su proyección cinematográfica en la televisión.
La unión de cerveceros y destiladores lleva décadas subvencio-
nando a Hollywood (“la meca del cine”) para que haya en todas las es-
cenas posibles alguien ofreciendo una copa, signo de distinción cuan-
do hay el apropiado mueble-bar, o la simpática campechanía cuando
el medio es más humilde. Los fabricantes de tabaco pagan también a
los héroes y las heroínas del celuloide para que tengan siempre un ci-
garrillo en la mano o en la boca (Escohotado, 1996: 145).
Así, del cine cabe resaltar la publicidad que se emite antes de la pe-
lícula, en el que, entre otras, se propagan mensajes a favor del consumo
de alguna droga o, entrando en el contenido de los argumentos de los
propios guiones observamos códigos culturales con actitudes permisi-
vas, sobre todo frente a las denominadas drogas legales (alcohol, taba-
co), consumos masivos... en definitiva, nos muestran unos estilos de
vida acordes a la cultura de la droga. Enseguida estudiamos los datos de
la influencia de este factor en el consumo de sustancias.
Gráfica nº 41: Factor de influencia: El cine

82,5% 60% 68,1%

Poco
Medio
25,5%
26,8% Mucho
14,5%
3% 14,5% 5%

Alcohol Tabaco Cannabis


Representaciones sociales de los jóvenes sobre las drogas 129

Los porcentajes mayores representan una baja o escasa influencia


del cine en el consumo de las drogas (alcohol: 82,5%; cannabis:
68,1% y tabaco: 60%) y en porcentajes bajos aquéllos que sitúan al
cine como un factor de mucha influencia (tabaco: 14,5%; cannabis:
5% y alcohol: 3%). Llama la atención, aunque las frecuencias son mi-
noritarias, que haya jóvenes que creen ser influenciables, en menor o
mayor medida, por imágenes o por los argumentos que hagan referen-
cia al consumo o fomento de las drogas, especialmente del tabaco.
2.3.2.8. Los carteles comerciales
El cartel comercial es una forma de publicidad que está presente en
calles, paradas de autobuses, plazas, carreteras, etc. en el territorio, sea
urbano o rural. La publicidad es el segundo canal de propagación de la
imagen parcial que se ofrece en el discurso social dominante.
En el campo de las drogodependencias los mensajes propagandísti-
cos contribuyen a dispersar, mantener o imponer la visión de tolerancia e
incitación del consumo, dada su finalidad última centrada en propiciar el
aumento de consumo; con ese fin no encuentra inconvenientes en apo-
yarse o en promocionar estereotipos distorsionados o formas de compor-
tamiento al margen de su verdadera correspondencia con la realidad que
refleja. Vamos a comprobar los resultados de la influencia de los carteles
comerciales en el consumo de drogas a través de la Gráfica nº 42.

Gráfica nº 42: Factor de influencia: Los carteles comerciales

72%

Tabaco 16,3%
11% Poco
Medio
66,7% Mucho
25,6%
Alcohol
7,7%
130 FANNY T. AÑAÑOS BEDRIÑANA (Coord.)

Al igual que los cuatro últimos factores estudiados, el mayor


porcentaje corresponde a la baja o escasa influencia de los carteles
comerciales en el consumo del alcohol y del tabaco (66,7% y 72%,
respectivamente), no se incluye el cannabis dado a su situación ile-
gal y por tanto su publicidad se encuentra prohibida; en cambio, sólo
expresan su influencia alta o determinante el 11% de los casos res-
pecto al tabaco y el 7,7% en torno al alcohol.
Resulta curioso observar que pese a las enormes campañas de
marketing que rodean a las marcas de bebidas alcohólicas o de ciga-
rrillos, la publicidad en los carteles comerciales no es considerada,
por la mayor parte de los jóvenes, determinante en el consumo de las
mismas. Lo que no podemos aventurar en afirmar es si estos mismos
carteles publicitarios influyen en los chicos y chicas en la medida en
que éstos consuman unas marcas más que otras.

JERARQUÍA DE LOS FACTORES DE INFLUENCIA DE


ACUERDO A LA TIPOLOGÍA DE DROGA CONSUMIDA
A luz de los datos (Tabla nº 13), podemos concluir sobre los fac-
tores de mayor influencia en el consumo del alcohol, tabaco y canna-
bis que son los amigos/as y los bares y discotecas los que se erigen
como fundamentales; en menor medida la familia para el caso de las
bebidas alcohólicas y los cigarrillos y, en cuanto al cannabis los
compañeros de trabajo. Los otros factores, aunque tengan cierta inci-
dencia no representan valores significativos.
Representaciones sociales de los jóvenes sobre las drogas 131

Tabla nº 13: Jerarquía de factores de influencia de acuerdo


a la tipología de droga
Factores de influencia: alcohol MUCHO MEDIO POCO
Los amigos/as 83,4% 11,3% 5,3%
Los bares y discotecas 69,6% 20,9% 9,4%
La familia 20,7% 15,7% 63,7%
Los compañeros/as de trabajo 19% 38,9% 42,1%
La televisión 15,7% 35,9% 48,4%
La escuela 14,4% 20,3% 65,2%
Los carteles comerciales 7,7% 25,6% 66,7%
El cine 3% 14,5% 82,5%
Factores de influencia: tabaco MUCHO MEDIO POCO
Los amigos/as 80,9% 12,8% 6,3%
Los bares y discotecas 44,3% 33,4% 22,2%
La familia 39,9% 18,9% 41,2%
Los compañeros/as de trabajo 33,8% 22% 44,3%
La televisión 20% 23,8% 56,2%
La escuela 17,4% 16,8% 65,9%
El cine 14,5% 25,5% 60%
Los carteles comerciales 11,7% 16,3% 72%
Factores influencia: cannabis MUCHO MEDIO POCO
Los amigos/as 91,2% 7,1% 1,8%
Los bares y discotecas 67,2% 27,8% 5%
Los compañeros/as de trabajo 27,4% 43,2% 29,4%
La familia 13,4% 9,4% 77,2%
La escuela 6,2% 18,4% 75,3%
El cine 5% 26,8% 68,1%
3. LAS REPRESENTACIONES SOCIALES Y
LAS CONDUCTAS DE CONSUMO

En este apartado se analizará de forma más esquemática la rela-


ción entre las representaciones sociales estudiadas en la investiga-
ción (capítulo 2) y las conductas adictivas derivadas de las mismas,
es decir, cuál es la relación entre las percepciones, las creencias, los
mitos, las valoraciones sociales, opiniones, hábitos, nociones, actitu-
des... preliminares que tienen los sujetos con los comportamientos
epidemiológicos que asumen los jóvenes en cuanto al consumo de
los tres tipos de sustancias propuestas.

3.1. RELACIÓN ENTRE LAS MOTIVACIONES, LA PERCEP-


CIÓN DEL SIGNIFICADO DE LA DROGA Y EL CON-
TACTO CON LAS SUSTANCIAS

El contacto o relación con las drogas objeto de nuestra investi-


gación (alcohol, tabaco y cannabis) es un claro indicador del acerca-
miento de los jóvenes a las sustancias consideradas “blandas”. Los
aspectos relacionados con la continuidad o mantenimiento de ese
primer contacto o, por el contrario, con un distanciamiento de las
drogas, se analizará más adelante (periodicidad de consumo).
Sin embargo, las razones que sirven de motivación para dicho
contacto hacen alusión a la voluntad de los sujetos o las justificacio-
nes que ofrecen y que se detalla en la siguiente Tabla (nº 14) que in-
134 FANNY T. AÑAÑOS BEDRIÑANA (Coord.)

cluye tanto las registradas en los cuestionarios como aquellas obser-


vadas en las entrevistas, siendo ambas complementarias.
Tabla nº 14: Motivaciones en el consumo de las drogas
Motivos de consumo: Cuestionarios A% T% C%
“Por curiosidad” 67,1 77,4 88
“Porque mis amigos/as lo hacían” 13,2 11,4 5
“Está de moda” 2,5 2 0,6
“Para desconectar de los problemas” 2,5 2,6 1,7
“Me presionaron/condicionaron a hacerlo” 1,3 1 1,7
“Para caer bien al grupo” 0,2 0,8 -
Otros 13,3 4,8 2,9
Motivos de consumo: Entrevistas A% T% C%
“Por diversión” 38,6 - 25
“Por las costumbres” 31,3 - 18,8
“Por la tontería” 8,8 23,4 14,1
“Para parecer mayor” 3,6 17 9,4
“Por la tolerancia al tabaco” - - 12,5

A: alcohol, T: tabaco, C: cannabis

En la investigación, la interacción (contacto) entre los sujetos y


las drogas se concreta en datos rotundos como: el 93,7% ha bebido
alguna vez, el 79,1% ha fumado tabaco y el 54,9% ha probado can-
nabis (Gráfica 43).
Representaciones sociales de los jóvenes sobre las drogas 135

Gráfica nº 43: Contacto con las diversas sustancias

54,9%
Cannabis
93,7%

Alcohol

79,1%
Tabaco

La motivación más destacada en el inicio del consumo es la cu-


riosidad (Tabla nº 14) y se traduce en una necesidad de saber/explo-
rar de lo que acontece cuando se consume las drogas. En ese sentido,
las respuestas de los chicos y chicas son impresionantes (88% can-
nabis, 77,4% tabaco y 67,1% alcohol) y que, saltan las alarmas sobre
la importancia de este aspecto, especialmente en los púberes y ado-
lescentes. No obstante, dichos procesos experimentales en cuanto a
la variable “lo probé una sola vez” es baja (6,1% alcohol, 31% taba-
co y 35,1% cannabis), es decir, la mayor cantidad de los sujetos con-
tinúa la relación con las drogas.
Del mismo modo, el alto índice de contacto con las drogas (Grá-
fica nº 43), pone en relieve una contradicción entre los pensamientos
y las conductas, o sea, la mayoría de los jóvenes reconocen estas sus-
tancias como drogas (Tabla nº 15), pero la inmensa proporción ha
entrado en relación con ellas.
136 FANNY T. AÑAÑOS BEDRIÑANA (Coord.)

Tabla nº 15: Identificación de las sustancias como drogas


¿Es una droga? Alcohol Tabaco Cannabis
SÍ 65% 84,2% 90,9%
NS/NC 24,5% 11,6% 6%
NO 10,5% 4,2% 3,1%

Sobre la relación entre las percepciones y contactos producidos,


destacamos:
• Cannabis: el 90,9% lo identifica como droga, de ellos el 54,9%
llega a consumir al menos una vez, así sólo el 36% de jóvenes es
coherente con su percepción no llegando a probar la sustancia.
• Tabaco: el 84,2% considera a los cigarros como droga, de
ellos el 79,1% llega a fumar; de esta forma un escaso 5,1%
mantiene fija su percepción y no desemboca en el consumo.
• Alcohol: el 65% reconoce las bebidas alcohólicas como dro-
ga, pero los jóvenes que probaron la sustancia sobrepasan el
porcentaje (93,7%), es decir, llegaron a consumir todos los
sujetos que reconocen la droga más el 28,7% entre aquellos
que no sabían o dudaban en dicha identificación y entre aque-
llos que no reconocieron las bebidas como droga.
Otro aspecto a tener en cuenta en la relación con la droga es el po-
liconsumo. Según la FAD (1997), se define como el consumo de dife-
rentes sustancias al mismo tiempo y se trata de un hábito cada vez más
generalizado. Prueba de ello, son los datos reflejados en el estudio so-
bre los “hijos y padres: comunicación y conflictos” (Megías, 2002),
donde vislumbramos que del 76,9% de entrevistados indicaron haber
consumido drogas en el último año, únicamente un 21,2% consumió
un solo tipo de sustancias; en cambio el 55,8% fue policonsumidor; de
ellos el 33,6% empleó dos tipos de tóxicos y el 22,2% tres o más. La
presencia en el policonsumo del alcohol y tabaco es incuestionable en
empleos habituales de consumo (modelo 2 de policonsumo con 18,6%
de la varianza), donde también es importante la aproximación al can-
nabis. Veámoslo, en este caso, de forma diferenciada.
Representaciones sociales de los jóvenes sobre las drogas 137

3.1.1. Contacto con el alcohol


El alcohol es una sustancia que se obtiene por fermentación o
por destilación, ha sido conocido y consumido desde tiempos inme-
moriales y, culturalmente se encuentra inserto en nuestro medio; en
perspectiva química nos estamos refiriendo al etanol (CH3-CH2-
OH), principal componente de las bebidas alcohólicas. De acuerdo
con la FAD, el alcoholismo se considera como la primera toxicoma-
nía en muchos países del mundo; afecta a gran número de personas,
muchas de ellas púberes o adolescentes, no sólo por los procesos de
alcoholización, sino también por los problemas relacionados con los
consumos. Es la sustancia psicoactiva más extendida en España,
consumida en casi todos los sectores sociales como en todos los tra-
mos de edad, probada alguna vez en la vida por el 77% de los jóve-
nes entre 14 a 20 años (Megías, 2002) y por el 88,8% de la población
de 15-64 años en el 2001 (Observatorio Español sobre Drogas,
2003).
En cifras próximas se hallan en los datos obtenidos en nuestra
investigación, es decir corrobora la tendencia e indica un mayor con-
tacto que los estudios antes descritos, así el 93,7% de la juventud es-
tudiada ha probado esta droga (Tabla nº 16). Por el contrario, sólo el
6,3% dice no haberla probado nunca. Como información adicional,
de las entrevistas podemos afirmar que las bebidas más consumidas
son la cerveza (56%), el whisky (24%) y el calimocho (20%), siendo
éstas, por lo general, sustancias destiladas, por tanto de alta gradua-
ción alcohólica y bebidas en combinación con otros líquidos (refres-
cos, agua, etc.). Del mismo modo, las frecuencias de contacto se
acercan a las registradas en los cuestionarios, donde su incidencia es
ligeramente más alta (96%).
Los resultados son contundentes y nos demuestran con tozudez
que el consumo de la sustancia alcohólica es prácticamente generali-
zado y habría que incidir en analizar las percepciones, los factores,
las situaciones, etc. que lo motivan.
138 FANNY T. AÑAÑOS BEDRIÑANA (Coord.)

Tabla nº 16: Degustación de las sustancias alcohólicas


¿Ha probado las bebidas alcohólicas?

Porcentaje Porcentaje
Frecuencia Porcentaje válido acumulado
Válidos Si 960 93,2 93,7 93,7
No 65 6,3 6,3 100,0
Total 1025 99,5 100,0
Perdidos Sistema 5 ,5
Total 1030 100,0

3.1.2. Contacto con el tabaco


El tabaco, a pesar de que su origen fue en el Nuevo Mundo, su
empleo (tras una etapa inicial de represión), velocidad de difusión,
aceptación y arraigo en nuestra sociedad fue extraordinariamente rá-
pido, gracias a la ayuda de la revolución industrial, que facilitó la fa-
bricación de cigarrillos manufacturados a gran escala. En dicha ten-
dencia de expansión son diversas razones las que contribuyeron a tal
fin: intereses económicos de los países productores y empresas mul-
tinacionales, las propias características de la sustancia (adictivas), el
enorme despliegue publicitario, etc.
Hoy en día, constituye una de las drogodependencias mayorita-
rias de la población habiendo sido probadas alguna vez en la vida en
el 2001 por el 67,8% de los jóvenes entre 14 a 20 años (Megías,
2002) y por el 68,2% de españoles entre 15 y 64 años, según el Ob-
servatorio Español sobre Drogas (2003). Del mismo modo, de acuer-
do a diferentes estudios sanitarios, uno de cada tres españoles mayo-
res de 15 años fuma y la proporción es mayor entre los jóvenes: la
mitad sufre tabaquismo (citado por Guerra, 2002), a pesar de una
creciente “lucha” en su contra. En la investigación distinguimos los
siguientes resultados
Representaciones sociales de los jóvenes sobre las drogas 139

Tabla nº 17: Experimentación con el tabaco


¿Ha probado el tabaco?

Porcentaje Porcentaje
Frecuencia Porcentaje válido acumulado
Válidos No 214 20,8 20,9 20,9
Sí 809 78,5 79,1 100,0
Total 1023 99,3 100,0
Perdidos Sistema 7 ,7
Total 1030 100,0

La información procesada en relación a este tóxico nos muestra


(Tabla nº 17) que la mayor parte de los chicos y chicas encuestados
(79,1%) han probado esta droga, en contraste sólo el 20,9% dice no
haber fumado cigarrillos. Si las cifras son bastante próximas a las
obtenidas en el contacto con el alcohol (93,2%), cabe matizar que
hay una ligera ventaja a razón contacto en relación al tabaco. Asi-
mismo, estos resultados están por encima de los obtenidos en los es-
tudios antes citados (Megías, 2002; OESD, 2003).
Por otro lado, los resultados conseguidos en las entrevistas distan
en gran medida de los cuestionarios, es decir, el porcentaje observado en
ellas muestran una incidencia mayor de contacto (91,6%), debido tal
vez a un clima de más confianza establecida con los sujetos, abarca tam-
bién poblaciones tanto urbanas como rurales y las edades de la muestra
(12 a 26 años) describen a una población de intensos consumos.

3.1.3. Contacto con el cannabis


El cannabis es una planta, cuyos constituyentes químicos son
complejos y variados, dentro de ellos, son más conocidos los canna-
binoles, en concreto el tetrahidrocannabinol (THC), responsable de
la mayor parte de los efectos propios de esta sustancia.
Las flores, hojas o resina de la planta sirven para elaborar diversas
preparados adictivos y reciben popularmente nombres como “marigua-
140 FANNY T. AÑAÑOS BEDRIÑANA (Coord.)

na”, “maría”, “hierba” (preparada a partir de hojas secas, flores y peque-


ños tallos de cannabis sativa, proporción de THC de 1 al 10%); “ha-
chís”, “chocolate”, “canuto”, “porro”, “peta” (resina prensada de la
planta hembra, proporción de THC hasta 20%) y; “aceite de cannabis”,
“aceite de hachís” (mezcla de resina con algún disolvente, proporción
de THC hasta 85%). Farmacológicamente la droga es considerada
como un alucinógeno menor y su consumo se da únicamente a través de
la ingestión y/o inhalación, puesto que el THC no es soluble en líquidos.
La producción y/o explotación de la planta ha tenido diversos
usos, bien por la fibra del cáñamo como por sus propiedades psico-
activas y su supuesta utilidad clínica, por tanto considerada una dro-
ga ilegal “blanda”. De hecho, con frecuencia, se escuchan voces que
solicitan su legalización y liberalización con fines terapéuticos.
El cannabis y sus derivados son las drogas ilegales de mayor
consumo en España; así, de acuerdo al Observatorio Español sobre
Drogas (2003) en el 2001 un 24,4% de la población entre 15 y 64
años la había probado alguna vez en su vida, el 44,5% de sujetos en-
tre 15 a 24 años dice haber experimentado con esta droga según Co-
mas, Aguinaga, Orizo, Espinoza y Ochaita, (2003).
De un lado, los porcentajes hallados en la investigación de esta ti-
pología de droga disminuyen considerablemente respecto del alcohol y
del tabaco (Tabla nº 18), pero eleva los datos generales presentados en el
párrafo anterior; en ese sentido observamos al 54,9% de la muestra que
manifiesta haber probado el cannabis en sus diversas variantes. Las ra-
zones de dicho incremento puede responder a que en el presente estudio
la franja etaria de los sujetos (12 a 26 años) representa una etapa de ex-
perimentación y uso muy frecuente de las sustancias, así como pone en
relieve la tendencia de mayor propensión de consumo.
Del mismo modo, se considera el resultado muy significativo, no
sólo porque entra en contacto directo más de la mitad de los jóvenes, sino
porque esta sustancia es considerada ilegal y su consumo a nivel social no
está bien visto; sin embargo, para la juventud parece que no tiene la mis-
Representaciones sociales de los jóvenes sobre las drogas 141

ma significación, es más, resulta ser una droga que goza de cierto prestigio
relacionado con la independencia, a “pasar de todo”, “a relajarse”, “a sen-
tirse bien”, etc. (efectos atribuidos a las sustancias, ver apartado 2.2.2).
Tabla nº 18: Experimentación con el cannabis
¿Alguna vez ha probado el porro?

Porcentaje Porcentaje
Frecuencia Porcentaje válido acumulado
Válidos Si 557 54,1 54,9 54,9
No 457 44,4 45,1 100,0
Total 1014 98,4 100,0
Perdidos Sistema 16 1,6
Total 1030 100,0

3.2. RELACIÓN ENTRE LOS FACTORES DE INFLUENCIA, LAS


SITUACIONES Y LA EDAD DE INICIO EN EL CONSUMO

Los factores son circunstancias o características de índole per-


sonal, familiar o ambiental (Tabla nº 19) que van a favorecer o in-
fluir en la probabilidad de que un joven inicie el consumo, donde
también las condiciones u oportunidades (situaciones) en torno al
sujeto potenciarán dicho contacto (Tabla nº 20).
Asimismo, la edad de los sujetos a la hora de tomar contacto/
consumo directo con las drogas, constituye un hecho de extraordina-
ria importancia como veremos, cada vez, se produce en edades más
prematuras (Gráfica nº 44). Nos permite establecer las fronteras del
consumo y obviamente trazar las líneas preventivas antes de la llega-
da del mismo. También nos facilita entablar conexiones entre los di-
versos policonsumos y/o analizar la influencia del estado etario de
los jóvenes en el uso de una u otra sustancia.
Otro aspecto a considerar sobre la necesidad de conocer las edades de
inicio, es que actualmente la mayoría de los programas de prevención es-
Tabla nº 19: Factores de influencia en el consumo 142

Factores de influencia en el con- MUCHO% MEDIO% POCO%


sumo

A T C A T C A T C

Los amigos/as 83,4 80,9 91,2 11,3 12,8 7,1 5,3 6,3 1,8

Bares y discotecas 69,6 44,3 67,2 20,9 33,4 27,8 9,4 22,2 5

Los compañeros de trabajo 19 33,8 27,4 38,9 22 43,2 42,1 44,3 29,4

La familia 20,7 39,9 13,4 15,7 18,9 9,4 63,7 41,2 72,2

La televisión 15,7 20 - 35,9 23,8 - 48,4 56,2 -

Escuela/centro educativo 14,4 17,4 6,2 20,3 16,8 18,4 65,2 65,9 75,3

El cine 3 14,5 5 14,5 25,5 26,8 82,5 60 68,1


FANNY T. AÑAÑOS BEDRIÑANA (Coord.)

Carteles comerciales 7,7 11 - 25,6 16,3 - 66,7 72 -

A: alcohol, T: tabaco, C: cannabis


Representaciones sociales de los jóvenes sobre las drogas 143

tán dirigidos fundamentalmente a grupos de chicas o chicos que con fre-


cuencia se encuentran ya en contacto y viviendo situaciones potenciado-
ras del consumo de las drogas, cuando sería más efectivo hacerlo antes.

Tabla nº 20: Situaciones de inicio en el consumo


Situaciones de inicio A% T% C%
“Con los amigos/as” 46,7 67 70,8
“En un botellón” 19 5 13,3
“De marcha” 16,2 10,4 6,9
“En la familia” 9 2,6 1,1
“En un viaje” 2,6 6,5 6,4
“Solo/a” 0,8 3,9 0,4
NS/NC 2,9 2,7 -
Otros motivos 2,7 1,9 1,4
A: alcohol, T: tabaco, C: cannabis

Del análisis de las tablas 19 y 20 se desprenden los siguientes da-


tos: los amigos/as, según las valoraciones de los sujetos, son al mismo
tiempo, los factores de mayor influencia en el inicio del hábito (83,4%
alcohol, 80,9% tabaco y 91,2% cannabis) y, es con ellos o estando con
ellos donde se generan conductas adictivas como característica y pau-
ta de comportamiento del grupo (70,8% cannabis, 67% tabaco y
46,7% alcohol). Hecho que sitúa al grupo de iguales en primera fila de
importancia en el inicio de las drogodependencias y por ende de la
prevención, porque en los jóvenes los amigos/as se convierten en un
factor principal de riesgo de consumo, pero también son un apoyo so-
cial que aportan elementos protectores como la estabilidad emocional
que se podrían emplear en la lucha contra el abuso del consumo.
Es conveniente destacar también a los factores de influencia
como son los espacios nocturnos, concretamente los bares y discote-
144 FANNY T. AÑAÑOS BEDRIÑANA (Coord.)

cas (69,6% alcohol, 44,3% tabaco y 67,2% cannabis) y actividades


de ocio (situaciones) denominadas “la marcha” o “el botellón”. Los
espacios y las situaciones responden a unas necesidades simbólicas,
la puesta en marcha de rituales y de un imaginario colectivo, es de-
cir, una cultura juvenil, fundamentalmente de noche y los fines de
semana, donde las sustancias se encuentran muy presentes y con fá-
cil acceso colocando al sujeto en predisposición de consumir.
“La marcha” como situación de inicio en el consumo está muy rela-
cionada con estos espacios lúdicos, porque en general se lleva a cabo en
ellos, por ejemplo en la “marcha” se iniciaron con el alcohol el 16,2%,
con el tabaco el 10,4% y con el cannabis el 6, 9% (ver Gráfica nº 50). Por
tanto, ambas situaciones (“marcha” y los espacios de diversión) coexisten
y, dependiendo de los casos, pueden funcionar como situación o como
factor de consumo. Las respuestas en relación a los factores de influencia,
según los distintos grupos de edad son homogéneas, aunque hay que re-
saltar a los menores de edad porque consideran en mayor medida este fac-
tor como “muy influyente” sobre todo en el consumo de cannabis.
Por otro lado, como se ha observado (apartado 2.3.1.2), la curiosidad
de los jóvenes en la experimentación con las drogas representa el dato
(motivo) más importante, así como los factores de influencia y las situa-
ciones circundantes, para el acercamiento a las mismas y, a su vez, ello se
produce desde edades tempranas, especialmente púberes y adolescentes.
Así, en primer término, analizaremos otros estudios referidos a
las edades de inicio: los porcentajes que se distingue sobre las eda-
des de iniciación en el en el consumo de sustancias son: en cuanto al
alcohol, la media se situó en 16,9 años, aunque hay que destacar que
el 27,5% tuvo su primer contacto antes de los 15 años; del mismo
modo, la edad media de inicio fue aproximadamente dos años más
baja en los hombres que en las mujeres, si bien estas diferencias dis-
minuyen conforme lo hace la edad (Observatorio Español sobre
Drogas, 2003) y, según EDIS (2003) el límite de jóvenes andaluces
se ubica en 17,2 años.
Representaciones sociales de los jóvenes sobre las drogas 145

Cuantías muy parecidas encontramos en el tabaco, donde la


edad media en que se fuma el primer cigarrillo se situó en los 16,5
años; es llamativo en el consumo de esta droga que a partir de 1997
se observa a más mujeres iniciadas antes que los varones (Observa-
torio Español sobre Drogas, 2003) y, de acuerdo a EDIS (2003) el
comienzo se fija en 16,4 años.
Finalmente, la edad de inicio en el consumo de cannabis se ubi-
ca en 18,4 años; porcentaje que disminuye la edad respecto a 1999
(19,2 años) y pone de manifiesto que en los últimos años se ha pro-
ducido un aumento significativo en la experimentación de esta sus-
tancia, principalmente entre los más jóvenes y entre las mujeres (Ob-
servatorio Español sobre Drogas, 2003) y, EDIS (2003) la línea se
establece en 17,7 años.
Veamos ahora los límites detectados en nuestra investigación
(Gráfica nº 44).

Gráfica nº 44: Porcentajes mayoritarios en la edad de inicio


de las drogas
40,5%
35,1% 32,1%

Alcohol Tabaco Cannabis

14-15 años 14-15 años 16-17 años

Los resultados expresan que el primer contacto con las drogas


suele producirse en edades muy tempranas: por ejemplo, los adoles-
centes a los 13 años experimentaron en un 22,2% con bebidas alco-
hólicas, el 30,6% con el tabaco y el 6 con el cannabis. No obstante,
los porcentajes mayores se sitúan a los 14-15 años en cuanto al alco-
146 FANNY T. AÑAÑOS BEDRIÑANA (Coord.)

hol (40,5%) y el tabaco (35,1%), en cambio con el cannabis el tramo


etario sube a 16-17 años (32,1%).
Comparando estos resultados con los estudios antes descritos, se
observa las siguientes diferencias: en primer lugar, cabe aclarar que,
en la presente investigación se emplearon franjas o intervalos de
edades, en cambio los otros, utilizaron edades exactas y, en segundo
lugar, resaltar los resultados obtenidos en el estudio rebajan de for-
ma significativa los límites establecidos por los anteriores, concreta-
mente cuando menos baja en el caso del alcohol 1 año, en cuanto al
tabaco 1,5 años y respecto al cannabis 1 año.
Las explicaciones sobre los distintos momentos etarios de con-
tacto con las diversas drogas podrían referirse, entre otras razones, a
que inicialmente los adolescentes siguen un patrón bastante regular
en las sociedades contemporáneas en cuanto al orden de consumo de
las sustancias (Gamella y Jiménez, 2003: 42); dicho patrón alude a
que se suelen probar en un primer momento las drogas legales, las
socialmente más aceptadas y aquéllas más disponibles, este es el
caso del alcohol y del tabaco. Por tanto, tales sustancias suelen ser
los puntos de partida y/o puentes hacia otros consumos más nocivos
u otras drogas consideradas ilegales, cuyo uso recreativo se conside-
ra ilícito -aunque en el caso del cannabis se piensa que no es dema-
siado peligroso ni sancionable-. Finalmente, aquellas sustancias más
difíciles de conseguir, aparecen generalmente como las más peligro-
sas. El tema amerita un análisis más riguroso de cada bloque que a
continuación desarrollamos.

3.2.1. Edad de inicio en el consumo de alcohol


De acuerdo a los estudios llevados a cabo en las últimas décadas
y los datos obtenidos en nuestra investigación, el alcohol es la droga
más aceptada en nuestra sociedad, su consumo es generalizado (al
menos el 93,7% lo ha probado) y cada vez, dicho contacto se produ-
ce a edades más tempranas.
Representaciones sociales de los jóvenes sobre las drogas 147

El inicio a esta droga se produce, en gran medida, entre los 14 y 15


años (40,5%, Tabla nº 21); los factores de inducción son muy diversos:
los amigos, bares y discotecas, etc. que en capítulos anteriores se ha vis-
to en mayor profundidad (apartado 2.3.2); es relevante también el
26,3% de sujetos que empiezan a beber entre los 16 y 17 años. La pro-
porción aminora a medida que bajamos en edad: el 15,5% comienzan
entre los 12 y 13 años y, el 6,7% inicia su consumo habitual antes de los
12 años. Los últimos datos son preocupantes y reflejan una población
significativa de jóvenes (22,2%) que en edades muy tempranas, antes de
los 14 años, ya han empezado a consumir la sustancia.
Tabla nº 21: Edad de inicio en el consumo de alcohol
Si la respuesta es afirmativa, ¿a qué edad inició el consumo?

Porcentaje Porcentaje
Frecuencia Porcentaje válido acumulado
Válidos Antes de los 12 años 64 6,2 6,7 6,7
Entre los 12-13 149 14,5 15,5 22,1
Entre los 14-15 390 37,9 40,5 62,7
Entre los 16-17 253 24,6 26,3 89,0
Entre los 18-19 79 7,7 8,2 97,2
Entre los 20-21 20 1,9 2,1 99,3
Más de 21 7 ,7 ,7 100,0
Total 962 93,4 100,0
Perdidos Sistema 68 6,6
Total 1030 100,0

3.2.2. Edad de inicio en el consumo de tabaco


El tabaco es otro elemento habitual en la sociedad: según nues-
tro estudio el 79,1% de los jóvenes lo ha probado, y el incremento
del consumo preocupa a diversas instancias institucionales, sobre
todo a la sanitaria, porque se sigue dando, a pesar de la diversidad de
medidas preventivas y de coerción para evitarlo.
Matizando los datos en relación a la edad de comienzo de con-
sumo de esta sustancia, encontramos (Tabla nº 22): el 35,1% empie-
za a fumar entre los 14 a 15 años, estos representan el grupo más nu-
148 FANNY T. AÑAÑOS BEDRIÑANA (Coord.)

meroso. Habría que tomar muy en cuenta al 9,4% de personas que


empezaron a fumar antes de los 12 años y aquéllos que comenzaron
a fumar entre los 12 a 13 años (21,2%) -ambos tramos suman el
30,6%-, porque de acuerdo a los estudios sanitarios y sociales, el
consumo en edades tempranas es más dañino para la salud, así como
la deshabituación resulta más difícil de superar.
Lo cierto es que la amplia mayoría empieza a consumir entre los 12
y 17 años, conformando este sector aproximadamente el 80% del total de
individuos interpelados, tanto en los cuestionarios como en las entrevis-
tas. A partir de los 18 años la tendencia disminuye (13,8%), lo que con-
duce a la preocupación por la precocidad en los púberes y/o adolescentes.
Tabla nº 22: Edad de inicio en el consumo de tabaco
Para los fumadores, ¿a qué edad se inició en el uso del tabaco?

Porcentaje Porcentaje
Frecuencia Porcentaje válido acumulado
Válidos Antes de los 12 años 48 4,7 9,4 9,4
Entre los 12-13 108 10,5 21,2 30,6
Entre los 14-15 179 17,4 35,1 65,7
Entre los 16-17 105 10,2 20,6 86,3
Entre los 18-19 60 5,8 11,8 98,0
Entre los 20-21 7 ,7 1,4 99,4
Más de 21 años 3 ,3 ,6 100,0
Total 510 49,5 100,0
Perdidos Sistema 520 50,5
Total 1030 100,0

3.2.3. Edad de inicio en el consumo de cannabis


A pesar de que el cannabis es considerado una sustancia ilegal es una
droga que goza de bastante aceptación por parte de los jóvenes españoles
y, constituye el tóxico irregular de mayor consumo a nivel nacional; así, el
contacto inicial suele darse mayoritariamente a los 16 a 17 años (32,1%,
Tabla nº 23), le siguen los jóvenes entre los 18 a 19 años con un 26,9%,
asimismo el 23,8% corresponde a quienes empezaron entre los 14 a 15
años. Es llamativo que el 6% de los sujetos manifiestan sus comienzos an-
Representaciones sociales de los jóvenes sobre las drogas 149

tes de los 14 años, por el extremo etario contrario distinguimos al 11,3%


que se fumaron el primer porro a partir de los 20 años de edad.
Como podemos comprobar, el inicio que acumula a más jóvenes
en el consumo de esta droga suele producirse ligeramente más tarde
(16-17 años), con respecto al alcohol y al tabaco (14-15 años).
Tabla nº 23: Edad de inicio del consumo de cannabis
SI la respuesta es afirmativa, ¿a qué edad inició el consumo del porro?

Porcentaje Porcentaje
Frecuencia Porcentaje válido acumulado
Válidos Antes de los 12 años 6 ,6 1,2 1,2
Entre los 12-13 25 2,4 4,8 6,0
Entre los 14-15 124 12,0 23,8 29,8
Entre los 16-17 167 16,2 32,1 61,8
Entre los 18-19 140 13,6 26,9 88,7
Entre los 20-21 35 3,4 6,7 95,4
Más de 21 años 24 2,3 4,6 100,0
Total 521 50,6 100,0
Perdidos Sistema 509 49,4
Total 1030 100,0

3.3. RELACIÓN ENTRE LOS BENEFICIOS DE LAS DROGAS


Y LA PERIODICIDAD DE CONSUMO
Las diferencias en las relaciones entre los individuos y las diversas
drogas se establecen mediante una clasificación a partir de las caracte-
rísticas que definen a las distintas tipologías de consumo y éstas, a su
vez, de los efectos atribuidos a las sustancias que se concretan en diver-
sos beneficios percibidos sean orientados a la salud, al ámbito psicológi-
co y/o social que el sujeto espera conseguir a través de la ingesta. Según
la FAD (1997), se distinguen las siguientes categorías periódicas:

a. Consumo experimental
Referida a las situaciones de contacto inicial con una o varias sustan-
cias, de las cuales existe la posibilidad de abandono o continuidad en los
150 FANNY T. AÑAÑOS BEDRIÑANA (Coord.)

consumos. Es generalizable que esta práctica experimental se desarrolle


en casi todas las realidades culturales, concretamente en la adolescencia es
donde con mayor frecuencia se da este tipo de contactos, aunque es cierto
que un alto porcentaje no reincide en el mismo. Concepto que se asocia en
la investigación a la “curiosidad” como motivo del primer contacto.

b. Consumo ocasional
Se entiende por consumo ocasional el uso intermitente de la/s
sustancia/s, sin que exista una periodicidad fija y produciéndose lar-
gos intervalos de abstinencia. Las características generales asocia-
das a este tipo de consumo son: el sujeto continúa utilizando la sus-
tancia en grupo, sin embargo es capaz de llevar a cabo las mismas
actividades sin necesidad de mediar droga alguna. Conoce además la
acción de la sustancia en su organismo y por este motivo la consume.

c. Consumo habitual
Se traduce en la utilización frecuente de la droga. Esta práctica con-
ductual puede conducirle hacia otras formas de consumo, dependiendo en
ese sentido de la sustancia en sí, la asiduidad con que se emplee, las carac-
terísticas de la persona, el entorno que le rodea, etc. Los indicadores que se
identifican con esta forma de consumo son: el sujeto amplía las situaciones
en las que recurre a las drogas, es decir, éstas se usan tanto en el grupo de
iguales como de forma individual. Sus efectos son perfectamente conoci-
dos y buscados por el usuario, cree que no ha perdido el control sobre su
conducta y manifiesta poder abandonar el hábito en caso de proponérselo.

d. Consumos compulsivos o drogodependencias


Corresponde a una situación en que el individuo necesita la sus-
tancia y toda su vida gira en torno a ésta, a pesar de las complicacio-
nes que ello le pueda ocasionar.
Las prevalencias de consumo de sustancias psicoactivas según
los diversos estudios y que más adelante analizaremos, son:
Representaciones sociales de los jóvenes sobre las drogas 151

• En el 2001 de acuerdo al Observatorio Español sobre Drogas


(2003), muestra de 16 a 64 años:
1. Consumos ocasionales subdivididos en “alguna vez en
los últimos 12 meses”, el 45,5% (tabaco), el 77,4% (al-
cohol) y, el 9,9% (cannabis) y; “alguna vez en los últi-
mos 30 días”, el 41,5% (tabaco), el 63,8% (alcohol) y,
el 6,5% (cannabis).
2. Consumos compulsivos, identificado con la variable
“diariamente”, donde se observan el 35,1% (tabaco), el
15,3% (alcohol) y, el 1,6% (cannabis).
• En el 2001-2002 según EDIS (2003), muestra a partir de los
12 años:
1. Lo probó alguna vez: 50,1% tabaco, 80,9% alcohol
2. Consumo ocasional (últimos 12 meses): 6,2% tabaco,
16,5% cannabis y 19,7% alcohol
3. Consumo habitual (último mes): 1,3% cannabis,
26,2% alcohol
4. Consumo diario (último mes): 29,4% tabaco, 1,5% cannabis
y 13,3% alcohol
• En el 2001 según Megías (2002), muestra de 14 a 20 años:
1. Lo probó alguna vez en la vida: 77% alcohol, 67,8% ta-
baco y 34% cannabis
2. Consumo habitual: 39,4% alcohol, 39% tabaco y
7,7% cannabis
• En el 2001 de acuerdo a Ricart (2002), muestra en jóvenes
catalanes:
1. Consumo ocasional: 50,2% alcohol, 30,9% tabaco y
31,4% cannabis
2. Consumo diario: 0,45% alcohol, 26,7% tabaco y
3,2% cannabis
El análisis de estos datos se hacen un tanto complejos, dado que
cada institución o los diversos investigadores emplean distintos mo-
mentos temporales, otras terminologías, así como diversas edades en
152 FANNY T. AÑAÑOS BEDRIÑANA (Coord.)

la muestra, por tanto, quitando algunas coincidencias, las compara-


ciones se dificultan; no obstante haremos inferencias cuando anali-
cemos las frecuencias de cada droga.
La periodicidad o la frecuencia de consumo que mantienen los
chicos y chicas objeto de nuestro estudio (Gráfica nº 45), respecto al
alcohol, tabaco y cannabis, controla, en gran medida, la relación
temporal o vínculo que se establece entre el sujeto/a, la droga y sus
consecuentes conductas que responden a la satisfacción de unas ne-
cesidades y que se perciben como beneficios (Tabla nº 24).
La relación entre los beneficios y la periodicidad del consumo
depende de varios factores, entre ellos, las razones personales y so-
ciales que desea obtener cada individuo, es decir, para conseguir un
mismo “bien” o “propiedad” (creencias) puede emplearse, de acuer-
do a los casos, de modo ocasional o puntual, habitual o frecuente-
mente, a diario o simplemente haber tenido un consumo único que
responde más bien a motivos experimentales. Así, como podemos
observar la gama de efectos positivos es bastante amplia y engloba
diversas dimensiones de las personas.
Gráfica nº 45: Frecuencia de consumo de las distintas sustancias

F re cu e n cia d e con su m o
49,4%
42,2%

35,1%
31,8% 31,0%

12,1%
6,1%
0,9% 5,5%

A lc ohol Tabac o Cannabis

O c as ionalm ente A diario Lo probé una vez


Tabla nº 24: Beneficios de las drogas
Beneficios en la salud SÍ% NO% NS/NC%
A T C A T C A T C
Ayuda a combatir el frío 66,3 - - 24,3 - - 9,4 - -
Disminuye la sensación de apetito - 42 17,9 - 25 51,9 - 33 30,2
Ayuda a abrir el apetito 28,3 - - 53,7 - - 18 - -
Estimula la circulación 21,7 - 11 57,9 - 57,7 20,5 - 31,4
Facilita una buena digestión 21,1 14,6 6,1 62,3 49,6 65,1 16,6 35,8 28,7
Cura el catarro 7,1 - - 80,8 - - 12,1 - -
Sana el dolor de oídos - - 4 - - 65,9 - - 30,1
Retarda el envejecimiento 3,3 - 3,1 82,2 - 69,2 14,5 - 27,7
Beneficios psicológicos SÍ% NO% NS/NC%
A T C A T C A T C
Quita la timidez 78,6 - 37,9 15,1 - 37,4 6,2 - 24,8
Contribuye a descansar y relajarse - 68,7 58,9 - 10 21 - 21,2 20,1
Da valor y ánimos 58,6 - 25,8 31,2 - 48,2 10,2 - 26
Ayuda a estar contento - - 53,9 - - 23,7 - - 22,4
Calma la tensión y nervios - 52,3 - - 19,2 - - 28,5 -
Facilita desconectar aburrimiento - - 45 - - 29 - - 26
Aumenta el tono vital 32,1 - - 47,6 - - 20,3 - -
Da lucidez, creatividad 27 - 21,8 44 - 51,7 29 - 26,5
Olvida y supera problemas 20,8 - - 59,5 - - 19,8 - -
Contribuye a tomar decisiones 18,1 - 12,5 71,5 - 62,8 10,5 - 24,7
Representaciones sociales de los jóvenes sobre las drogas

Beneficios sociales SÍ% NO% NS/NC%


A T C A T C A T C
Fomenta las relaciones de amistad 36,5 7,1 25,2 31,9 66,8 47,9 31,5 26 26,9
Estimula inicio relaciones sexuales 34,8 - - 36,9 - - 28,3 - -
Facilita el ligue - 32,4 11,3 - 36,9 62,3 - 30,7 26,4
153

A: alcohol, T: tabaco, C: cannabis


154 FANNY T. AÑAÑOS BEDRIÑANA (Coord.)

Los periodos más representativos que el estudio refleja son:


1. Consumo experimental, identificada con la variable “lo
probé una sola vez” se refiere a un consumo único de tipo ex-
perimental de los chicos y chicas para “saber lo que se sien-
te”, no volviendo a usar la droga tras la anécdota. Así, ocurre
en el 35,1% de los casos en cuanto al cannabis, el 31% en re-
lación al tabaco y el 6,1% respecto al alcohol.
2. Consumo ocasional: del cannabis (49,4%), del alcohol
(42,2%) y del tabaco (12,1%). Cabe matizar un dato adicio-
nal, en cuanto a la sustancia alcohólica: es la variable deno-
minada “fin de semana”, que podría considerarse también, de
algún modo, como un consumo habitual. Por ejemplo, se
puede encontrar en esta categoría los beneficios referidos a
las facultades medicinales o saludables de las sustancias con-
sumiéndose cuando se presenta un mal o, cuando se presenta
una situación o handicap puntual (dimensiones psicológicos-
sociales) que, según el sujeto, es indispensable u oportuno
consumir con el fin de superarlo.
3. Consumo habitual: conducta repetitiva periódica como, por
ejemplo, beber todos los fines de semana, con lo cual resulta
que casi la mitad de los jóvenes beben con escaso espacia-
miento en el tiempo (49,5%), este hábito genera el estableci-
miento de una cierta dependencia con la droga; asimismo dis-
tinguimos al 10,3% de sujetos en dichos consumos frecuentes
en cuanto al cannabis. En esta categoría temporal los benefi-
cios son buscados reiteradamente, a razones de mantener una
buena salud o en su defecto prevenir la llegada pronta de la
vejez, el cuidado estético, buscar sensaciones de seguridad y
desinhibición, estados placenteros-lúdicos, de relajación, de
agudeza, ayudar en las relaciones sociales, etc.
4. Consumo diario: dependiente o compulsivo lo constituyen las
personas que de forma rutinaria requieren un uso cotidiano y
compulsivo del tóxico, aunque las cantidades personales de
consumo de éstos pueden variar. El resultado más alarmante es
Representaciones sociales de los jóvenes sobre las drogas 155

el del tabaco, llegando a afectar al 31,8% de los encuestados;


este dato se amplía en la Tabla nº 27; bastante lejos observamos
al 5,5% de los jóvenes que usa todos los días el cannabis y al
0,9% que bebe alcohol. Los beneficios en esta categoría funda-
mentalmente estarían orientados a satisfacer el síndrome de
abstinencia de las drogas, ello se traduce en sensaciones perci-
bidas, como por ejemplo, “el descanso y relax” o “calmar la
tensión y los nervios” a través del consumo del tabaco o canna-
bis; la búsqueda de seguridad emocional o el fortalecimiento
social, donde se concibe que “en dosis controladas o modera-
das” de sustancia alcohólica mantiene el estado de salud ópti-
mo o reafirmar los rituales sociales (el café entre clases acom-
pañados de alguna otra droga, la “caña” del medio día, etc.).
El análisis más exhaustivo e individualizado de la periodicidad en
el consumo de cada droga investigada se desarrolla a continuación.

3.3.1. Frecuencia de consumo del alcohol

El alcohol es una sustancia con la que muchas sociedades occi-


dentales han aprendido a convivir a lo largo de la Historia. Por ello,
culturalmente el consumo mediterráneo es habitual en pequeñas do-
sis y generalmente acompañadas de alimentos, sin embargo, también
se observa un uso abusivo de la droga. En este último apunte es don-
de nos vamos a centrar.
La incidencia epidemiológica de la droga en el ámbito nacional
indica que el 39,4% de la juventud bebe de forma habitual (Megías,
2002); concretamente, en Andalucía (población escolar 14-18 años)
el 42,9% consumió alcohol en el último mes y se llevó a cabo duran-
te los fines de semana y el 14,7% lo hizo en días laborables (Defen-
sor del Pueblo Andaluz, 2002); en Cataluña el 50,2% bebe ocasio-
nalmente y el 0,45% liba todos los días (citado por Ricart, 2002).
Los datos son preocupantes, pero analicemos los observados en la
presente investigación.
156 FANNY T. AÑAÑOS BEDRIÑANA (Coord.)

Los índices de consumo observados son altos (Tabla nº 25) y re-


flejan claramente los diversos matices de periodicidad. Así, se puede
distinguir entre aquéllos que lo hacen todos los días (0,9%), entrese-
mana (1,2%), los fines de semana (49,5%), ocasionalmente (42,2%)
y los que han consumido bebidas alcohólicas una sola vez (6,1%).

Tabla nº 25: Frecuencia de consumo de alcohol


En caso afirmativo, ¿cuál es la frecuencia de su consumo?

Porcentaje Porcentaje
Frecuencia Porcentaje válido acumulado
Válidos Una sola vez 59 5,7 6,1 6,1
Solo ocasionalmente 406 39,4 42,2 48,3
Los fines de semana 476 46,2 49,5 97,8
Entre semana 12 1,2 1,2 99,1
Diariamente 9 ,9 ,9 100,0
Total 962 93,4 100,0
Perdidos Sistema 68 6,6
Total 1030 100,0

Los consumidores durante los fines de semana, constituyen el 49,5%


de los encuestados y el 57,3% de los entrevistados. Sin duda es el periodo
de tiempo de mayor consumo de los jóvenes; aprovechan, entre otros fac-
tores, el descanso académico, laboral o de las actividades habituales que
llevan a cabo durante toda la semana. A su vez, en cada salida, el 46,7%
manifiesta beber una media de 2 copas como mínimo, el 24,1% bebe una
media de 3-4 copas y el 29,1% bebe más de cinco copas. Del mismo modo
es significativo el consumo ocasional de los chicos y chicas (42,1%).
Si comparamos estos datos con los recogidos en la calle a través
de las entrevistas vemos que un 57,3% bebe los fines de semana, el
16% lo ha probado una sola vez, el 2,7% bebe diariamente y son úni-
camente 4 de cada 100 los que nunca han tenido esta experiencia o
no han probado el alcohol. Estos resultados son superiores a los en-
contrados en los cuestionarios, tal vez a razón de que en este instru-
mento el grado de relación y de confianza que se obtiene con los su-
jetos es mayor, por tanto se muestran más sinceros.
Representaciones sociales de los jóvenes sobre las drogas 157

Las diferencias en la frecuencia de consumo según las edades


podemos observar que el mayor porcentaje de individuos que decla-
ran haber bebido sólo una vez son menores de 15 años (28,6%), lo
cual resulta lógico en razón de su corta edad; sin embargo entre los
15 a 17 años la cifra se dispara a un 43,8%, aunque dicen beber oca-
sionalmente. También los consumos ocasionales de los jóvenes en-
tre 24 a 26 años son llamativos (53,4%). Los sujetos que más ingie-
ren alcohol en los fines de semana están comprendidos en el tramo
de 18 a 23 años.
Comparando los resultados generales de la investigación con los
presentados por otros estudios (páginas 130-131), cabe resaltar
aquéllos que usaron la misma frecuencia periódica: consumo diario
0,9% frente a 13,3% (EDIS), 15,3% (Observatorio Español sobre
Drogas) y 0,45% (Ricart), el dato de la investigación se encuentra
más próximo a los registrados por los jóvenes catalanes (citado por
Ricart, 2002), aunque los nuestros sean ligeramente más altos. Las
explicaciones del porqué se encuentran tan distantes a los mostrados
por EDIS y OESD, pueden ser que, éstos abarcan una muestra etaria
muy amplia con costumbres y hábitos de consumo distintos al de los
jóvenes, es decir, ingesta diaria en dosis pequeñas de bebidas alco-
hólicas.
En cuanto al consumo ocasional, registrado en la investigación,
es de 42,2%, mientras para EDIS (2003) es de 19,7% y para Ricart
(2002) es de 50,2%. Las diferencias con EDIS saltan a la vista, las
justificaciones pueden deberse a que estos datos bajos responden a la
tendencia de consumo distinto de los sujetos en una amplia gama
etaria, porque los llevados a cabo con los jóvenes exclusivamente los
porcentajes son mucho más altos, es decir consumen esporádica-
mente los chicos y chicas en mayor cantidad. En ese sentido, los por-
centajes entre la juventud catalana y los hallados en el estudio son
cercanos, aunque los nuestros unas décimas menos, seguramente
porque en éste la muestra abarcó diversas zonas geográficas españo-
las y ambientes tanto urbanos como rurales.
158 FANNY T. AÑAÑOS BEDRIÑANA (Coord.)

3.3.2. Frecuencia de consumo del tabaco


A partir del levantamiento de las prohibiciones del cultivo de la
planta (siglo XVIII), su uso crece de forma gradual, la difusión es rá-
pida, la aceptación social es creciente y se arraiga el hábito en nues-
tro contexto.
La epidemiología española nos dice que en el 39% fuma habi-
tualmente (Megías, 2002), la radiografía de los jóvenes catalanes
nos muestra que el 30,9% usa el cigarrillo ocasionalmente y el
26,7% lo hace cada día (citado por Ricart, 2002), así como los datos
en Andalucía expresan que el 29,4% fuma diariamente y el 6,2% de
forma ocasional (EDIS, 2003). Del mismo modo, teniendo como re-
ferencia el 35,1% que consume tabaco diariamente (Observatorio
Español sobre Drogas, 2003), hay que destacar que la prevalencia de
fumadores diarios fue más alta entre los hombres (40,1%) que entre
las mujeres (30,1%), con una media de 15,4 cigarrillos fumados cada
día, y con una intensidad de consumo menor entre los adolescentes
que la población de más edad. Veamos ahora los datos hallados en
nuestra investigación.

Tabla nº 26: Frecuencia de consumo del tabaco


¿Podría usted decirme cuál es su relación temporal con el tabaco?

Porcentaje Porcentaje
Frecuencia Porcentaje válido acumulado
Válidos Nunca he fumado 213 20,7 20,8 20,8
Lo he probado
317 30,8 31,0 51,8
pero no fumo
No fumo pero sí
44 4,3 4,3 56,1
era fumador
Sólo fumo
124 12,0 12,1 68,2
ocasionalmente
Fumo diariamente 325 31,6 31,8 100,0
Total 1023 99,3 100,0
Perdidos Sistema 7 ,7
Total 1030 100,0
Representaciones sociales de los jóvenes sobre las drogas 159

Resulta curioso observar que prácticamente coinciden aquéllos


que han probado los cigarros y no han continuado el consumo (31%)
con aquéllos/as que fuman a diario (31,8%); el 20,8% manifiesta no
haber tenido contacto en ningún caso, el 12,1% fuma ocasionalmen-
te y el 4,3% dice que fue fumador habitual. Se destaca fundamental-
mente a los consumidores diarios por la cantidad de cigarros que
consumen al día, motivo por el que nos detenemos en el siguiente
apartado (Tabla nº 27).
De acuerdo a las edades, en el tramo denominado menores de 15
años si sumamos los porcentajes de quienes nunca han fumado
(38,6%), quienes lo han probado pero no fuman (34,8%) y quienes
lo han dejado (3,9%) resulta un 77,3% de sujetos que no fuman ac-
tualmente. Un 12,1% fuma todos los días y un 10,6% ocasionalmen-
te, ambas cifras muy elevadas teniendo en cuenta el intervalo de
edad en el que nos ubicamos. En el intervalo de 15 a 17 años estas ci-
fras aumentan, fumando diariamente un 27,6% y ocasionalmente un
11,6%, frente a un 60,8% que no fuma.
Haciendo las comparaciones con los datos de otros estudios (pá-
ginas 130-131), por ejemplo en los consumos diarios: en la investi-
gación resultó el 31,8%, frente a los que se hallan en dos regiones
importantes, así se encuentra ligeramente por encima la juventud an-
daluza (14-29 años, 35%) que los jóvenes catalanes (26,7%); el aná-
lisis dice que los resultados del presente trabajo se sitúa a escasa dis-
tancia de la media nacional (35,1% según el Observatorio Español
sobre Drogas), no obstante son coherentes y se ubica a la par de las
demás investigaciones.
160 FANNY T. AÑAÑOS BEDRIÑANA (Coord.)

Tabla nº 27: Cantidad de cigarrillos que se consumen al día


A los fumadores diarios: ¿qué cantidad de cigarrillos fuma diariamente?

Porcentaje Porcentaje
Frecuencia Porcentaje válido acumulado
Válidos De 1 a 5 130 12,6 33,7 33,7
De 6 a 10 118 11,5 30,6 64,2
De 11 a 15 56 5,4 14,5 78,8
De 16 a 20 70 6,8 18,1 96,9
Más de 20 12 1,2 3,1 100,0
Total 386 37,5 100,0
Perdidos Sistema 644 62,5
Total 1030 100,0

Incidiendo en los fumadores diarios y tomando como base al to-


tal (31,8%) de los jóvenes con esta frecuencia de consumo, encon-
tramos las siguientes cantidades de ingesta: entre 1 y 5 cigarrillos el
33,7%, entre 6 y 10 cigarrillos representan el 30,6% de la población
fumadora, entre 11 y 20 cigarrillos al día son el 32,6% y fuman más
de 20 cigarros cada día el 3,1%.
Los datos de las encuestas se aproximan bastante a las cifras de
las entrevistas en el primer tramo de consumo de 1-5 cigarros
(33,3%); en cambio, de 6-10 cigarros representan el 19,1% y de 10-
20 cigarros son la mayoría (47,6%). Cabe destacar a estos últimos
porque no sólo fuman en grandes cantidades sino porque presentan
un hábito dependiente. De lo dicho se puede concluir que el 64,3%
de los fumadores diarios consumen entre 1 y 10 cigarros, el 32,6%
fuma entre 11 y 20 cigarrillos y sólo el 3,1% fuma más de 20 cigarri-
llos al día.
Según la edad, los porcentajes disminuyen en todos los tramos
cuando se relacionan con consumos mayores de tabaco, esto quiere
decir que los fumadores compulsivos mayoritariamente fuman de 1
y 5 cigarrillos diarios y, el porcentaje de fumadores decrece a medi-
da que aumenta el numero de cigarrillos, por ejemplo: en el tramo de
Representaciones sociales de los jóvenes sobre las drogas 161

edad correspondiente a los menores de 15 años un 52,6% fuma de 1


y 5 cigarrillos diarios, porcentaje que va disminuyendo progresiva-
mente hasta llegar a un 5,3% que fuma más de 20 cigarrillos al día. A
partir de los 11 cigarros diarios ocupan el primer lugar los mayores
de 24 años.

3.3.3. Frecuencia de consumo del cannabis

El empleo histórico del cannabis en Occidente ha estado res-


tringido a determinados grupos (brujos, artistas, etc.); pero en los
años 60, debido del auge del Movimiento Hippie, el empleo se
popularizó, alcanzando a convertirse hoy en la sustancia ilegal de
mayor consumo social del país. El consumo de la sustancia gene-
ra en los chicos y chicas una baja o escasa percepción del riesgo,
razón por la cual se potencia su expansión y su tendencia va en
ascenso.
Los datos epidemiológicos nos indican que en España el can-
nabis tiene un uso ocasional del 34% y un empleo cotidiano del
7,7% (Megías, 2002); en cifras parecidas la juventud catalana con-
sume ocasionalmente en un 31,4% de los casos y todos los días el
3,2% (citado por Ricart, 2002). En ese sentido, de acuerdo al Ob-
servatorio Español sobre Drogas (2003) el consumo de la sustancia
creció de forma importante en el periodo 1995-2001, así distingui-
mos: consumo en la frecuencia últimos 12 meses (pasó de 6,8% a
9,9%), últimos 30 días (creció de un 3,1% a 6,5%) y, el consumo
diario (incrementó de 0,7% a 1,6%), en todos los grupos de edad y
en ambos sexos. Estos datos nos ponen de manifiesto que en años
recientes se ha producido un aumento significativo en la experi-
mentación con cannabis, principalmente entre los más jóvenes y
entre las mujeres.
162 FANNY T. AÑAÑOS BEDRIÑANA (Coord.)

Gráfica nº 46: Frecuencia de consumo de cannabis

35,1%
Lo probé una vez

Ocasional
49,4%
10,3%
Habitual
5,5%
Diario

En el estudio (Gráfica nº 46), las frecuencias de ingesta del can-


nabis distinguidas son: mayoritariamente el 49,4% de los jóvenes
manifiestan que consumen ocasionalmente y una población de
35,1% dice que sólo lo probó una vez la sustancia, no manteniendo
dicho hábito. A gran distancia observamos a los consumidores dia-
rios (5,5%) y los que fuman habitualmente entre 2 a 6 veces a la se-
mana (10,3%).
Sin embargo, en las entrevistas distinguimos los siguientes ma-
tices: consumo ocasional (47,6%), a diario (30%), fines de semana
(7,5%) y los probó una sola vez (15%). Causan preocupación los da-
tos referidos a la ingesta ocasional y cotidiana, porque además de ser
altas son muy significativas y distan enormemente de las registradas
en los cuestionarios, las razones pueden deberse a que las entrevistas
se llevaron a cabo con sujetos al azar (jóvenes transeúntes en las ca-
lles, plazas, paradas de autobús, etc.), mientras los cuestionarios de
llevaron mayormente en centros escolares y asociaciones juveniles
y, como es lógico, la muestra es mucho más diversa, asimismo el
instrumento (entrevista) se presta más a obtener mayor confianza de
los interpelados.
Representaciones sociales de los jóvenes sobre las drogas 163

De las personas que han fumado o fuman cannabis extrae-


mos: aquéllos que lo probaron una sola vez, siendo éstos menores
de 15 años (53,5%), y los jóvenes entre 15 y 17 años (40%). La
mayoría de individuos que fuman porros ocasionalmente (54,1%)
se ubican en el intervalo de 18 a 23 años. Los que más consumen
todos los días cuentan entre 15 y 17 años con un 9,5%; y aquéllos
que beben de 2 a 6 veces por semana (10,9%) son mayores de 24
años.
Los datos comparativos del consumo diario frente a los publi-
cados por otras entidades se distinguen por: de un lado, los resulta-
dos de EDIS (1,5%) y de OESD (1,6%) son bastante cercanos y con
edades muestrales muy parecidas (16 a 24 años y 12 años en adelan-
te, respectivamente), pero en caso de los jóvenes catalanes el por-
centaje es mayor (Ricart, 2002; 3,2%) y el nuestro eleva aún más di-
cha frecuencia de consumo (5,5%), evidenciando el aumento en la
tendencia de ingesta de la juventud española.

3.3.4. Tasa de abandono del consumo


Determinar la tasa de abandono de las drogas estudiadas no
es un aspecto explícito previsto en la investigación, sin embargo
lo consideramos necesario, dada la importancia que tiene cara a
la deshabituación de la sustancia y a la prevención del fenóme-
no.
Los porcentajes obtenidos en la investigación no son específi-
cos en relación al abandono (Gráfica nº 47), excepto en el tabaco;
tomamos como punto de referencia el porcentaje de contacto man-
tenido con el tóxico, como se muestran en las Tablas nº 25 – 26 y
gráfica 46).
164 FANNY T. AÑAÑOS BEDRIÑANA (Coord.)

Gráfica nº 47: Tasa de abandono de las diversas sustancias

35,1%
31,0%

6,1%
4,3%

Alcohol Tabaco Cannabis

Una sola vez Era fumador y lo dejé

En primer término, el alcohol, como ya venimos observando, es


la sustancia con mayor contacto entre los encuestados (93,7%), to-
mando éste como base total, se desprende que sólo el 6,1% lo probó
una sola vez y no volvió a beber. Es una relación que directamente
no se puede interpretar como abandono del consumo, porque se lle-
vó a cabo de forma experimental, no obstante, se señala puesto que
esos jóvenes, por la razón que sea, no siguieron el hábito.
En segundo término, con características técnicas parecidas al al-
cohol, describimos el cannabis. Del 54,9% que tuvo contacto con la
sustancia el 35,1% lo probó una vez y no continuó su uso. En este caso
es más notorio el contacto casual o explorador de los chicos y chicas
con la droga y, tras la experiencia, el 19,8% mantiene la relación.
Finalmente respecto al tabaco, cuyo porcentaje de contacto es
elevado (79,1%), las cifras experimentales de probarlo una sola vez
también son altas (31%); del mismo modo es interesante destacar al
4,3% que abandonó el consumo, es decir, habitualmente fumaban y
dejaron de hacerlo. A pesar que la tasa de abandono explícito o con-
tacto único con la droga es grande (35,3%), el número de fumadores
jóvenes es alarmante (43,8%).
Representaciones sociales de los jóvenes sobre las drogas 165

De igual manera, son altos los índices de abandono del tabaquismo


hallados en las entrevistas, donde el 48,2% han probado la droga, pero
de éstos, no han seguido en el camino un 45,9% y entre los fumadores
decidieron dejar el cigarro un 2,4%. El porcentaje más alto de fumado-
res rehabilitados está en el tramo de edad de mayores de 24 años y el de
fumadores compulsivos (fuman diariamente) se encuentran en el tramo
de edad de 18 a 23 años (36,7%) y de más de 24 años (36,2%).

3.4. SITUACIONES DE INICIO AL CONSUMO

Las situaciones de inicio en el consumo de drogas, si bien es


cierto que, ya se describió en el apartado 3.2 es conveniente presen-
tarlo en uno independiente, dada la abundante información valiosa
que nos ofrece. Las situaciones se referirán a las características, con-
diciones u oportunidades que colocan a los sujetos en posturas de
consumir las drogas. No estaríamos hablando de la etiología, sino
que, obedece a la interacción de las condiciones ambientales, fami-
liares, personales... que facilitan el inicio de uso.
Las situaciones en las que se produce el consumo de las drogas
estudiadas (alcohol, tabaco, cannabis) en la investigación son diver-
sas: con los amigos/as, en un botellón, en la familia, de marcha, en
un viaje y estando solo/a, muchas de ellas se pueden solapar, darse
varias a la vez o empezar por una y seguir con otras, siendo bastante
complejo interpretarlas de forma independiente, no obstante se ha-
rán inferencias en ese sentido.

3.4.1. “Con los amigos/as”


El deseo de los jóvenes de estar con los amigos/as y el tiempo
que, realmente, se comparte con ellos/as se sitúa en el primer plano
de estar bien y ser feliz. No obstante, siendo prácticos, dicho tiempo
se invierte en “ser feliz” a través de las relaciones de amistad (gru-
166 FANNY T. AÑAÑOS BEDRIÑANA (Coord.)

po), puesto que es importante en la construcción y consolidación de


señas de identidad específicas a través de las propias relaciones y de
los contextos, actividades y momentos en que se producen (Rodrí-
guez, Megías y Sánchez, 2002: 16).
La interacción simbólica de Thoits (1985) resalta tres beneficios
imprescindibles en las relaciones sociales de los jóvenes:
• Proporcionan a las personas un conjunto de identidades so-
ciales, que se llevan a cabo en interacción y que ofrecen guías
de conducta estables a través de la adopción de roles asimé-
tricos.
• Es fuente de autoevaluaciones positivas, con mayores posibi-
lidades en los entornos próximos, que facilitan el desarrollo y
el mantenimiento de la autoestima.
• Dan lugar a una sensación de control y dominio, muy efecti-
vo y positivo en la comparación social.
Estos beneficios generan en los chicos y chicas una percepción
de ayuda potencial, aportando paralelamente el incremento de la
predictibilidad de consumo y regularidad de la vida y la conducta
cotidiana, al tiempo que ofrecen una parte de la sensación de seguri-
dad necesaria para el desarrollo personal (Rodríguez, Megías y Sán-
chez, 2002).
Sobre el utilitarismo instrumental y la afectividad se basan gran
parte de las expectativas de las relaciones de grupo y de las relacio-
nes interpersonales de la juventud que, de acuerdo a los contextos,
van adaptándose de diversas formas. En ese sentido, los amigos/as
son un apoyo social que aportan elementos protectores para la esta-
bilidad emocional, pero también donde se generan conductas adicti-
vas como característica común y pauta de comportamiento del gru-
po. De hecho, en el 2003 en Andalucía “el grupo de amigos”
constituyó el 51,4% de situaciones de inicio en el consumo de dro-
gas (E.D.I.S., 2003). Analicemos enseguida los resultados que nos
ofrece la investigación.
Representaciones sociales de los jóvenes sobre las drogas 167

Gráfica nº 48: Situaciones de inicio en el consumo: “Con los amigos/as”

70,8%
Cannabis

67%
Tabaco

46,7%
Alcohol

La Gráfica nº 48 nos muestra unos porcentajes muy altos de


amigos/as con relación a las situaciones en el inicio del consumo de
cannabis (70,8%), le sigue el tabaco (67%), finalmente, el alcohol
(46,7%). Resulta llamativo que los datos más altos correspondan a
drogas que se pueden fumar, también resaltar que, es la situación de
consumo que ocupa el primer lugar en la escala elaborada en la mis-
ma. Frente al porcentaje registrado por EDIS (2003; 51,4%), la me-
dia observada en la investigación es 61,5% y se sitúa aproximada-
mente con 10 puntos por encima de la media andaluza; una razón
puede constituir es que en la investigación sólo nos centramos en las
respuestas de las tres drogas -las más consumidas a nivel nacional-
(alcohol, tabaco y cannabis) y en los resultados de EDIS confluyen
además de éstas diversas sustancias ilegales.

3.4.2. “En un botellón”


El “botellón” es un fenómeno social complejo cuya definición no
es precisa, se centra en la juventud pero afecta a toda la sociedad. Es una
innovación basada en nuevos estilos de vida, de comportamientos y de
formas de ocio (Castillo, Días, Gallego y Santiago, 2001).
El botellón es una manifestación mayoritaria de los jóvenes en
la calle, se trata de concentraciones de grupos de amigos/as que ad-
168 FANNY T. AÑAÑOS BEDRIÑANA (Coord.)

quieren bebidas alcohólicas y otras drogas para consumir en espa-


cios abiertos y amplios como plazas o jardines, normalmente cerca-
nos a los lugares de la “marcha” nocturna. Sin embargo, estos
componentes no tendrían sentido sin la toma de la calle, su conquis-
ta. La noche invierte el uso del espacio público en espacio lúdico,
asimismo, esta acción sólo es posible en las franjas horarias específi-
cas: la noche.
Del mismo modo, el “botellón” tiene un carácter social puesto
que todo aquel/lla que asiste al ritual no va sólo a beber sino también
a encontrar gente (cuantos más, mejor) en un ambiente de comuni-
dad surgido en medio de la noche por intereses, más o menos facti-
bles, pero comunes a miles de jóvenes.
Resulta cada vez más usual encontrar a esta población reunida,
por lo general, los fines de semana, consumiendo sustancias y pre-
sentando en este acto un signo de socialización y de relación entre
iguales, sin diferencias en cuanto al sexo o condición social (Defen-
sor del Pueblo Andaluz, 2002). El ritual suele prolongarse hasta altas
horas de la madrugada, muchas veces, ante la mirada resignada o
molesta del resto de los vecinos/as que no acaban de considerar estas
escenas como algo “natural”. Los datos del “botellón” en la investi-
gación son los que siguen.
Gráfica nº 49: Situaciones de inicio en el consumo: “En un botellón”

19%

13,3%
Alcohol

5% Tabaco
Cannabis
Representaciones sociales de los jóvenes sobre las drogas 169

La Gráfica nº 49 refleja que el 19% de los jóvenes empezó a


consumir alcohol estando o participando en un botellón, el 13,3% en
relación al cannabis y sólo el 5% en cuanto al tabaco.
El “botellón” como situación en el inicio de consumo de las dro-
gas ocupa el segundo lugar en importancia en la escala de las situa-
ciones, no obstante está bastante alejada del primero (los amigos/as:
alcohol 27,7 puntos menos, tabaco 62 puntos menos y cannabis 57,5
puntos menos). Este distanciamiento se puede entender mediante el
solapamiento del primero (los amigos/as), porque el “botellón” tam-
bién se lleva a cabo con el grupo.

3.4.3. “De marcha”


Es otro fenómeno social de difícil acepción, se emplea en el ar-
got o lenguaje juvenil, hace referencia al hecho de salir a divertirse a
“pasarlo bien”, fundamentalmente de noche en el tiempo de ocio. Es
una conducta ampliamente generalizada entre los chicos y chicas
más bien vinculada a estar con el grupo de amigos/as, tomar copas,
fumar, bailar, escuchar música, ligar... normalmente en lugares o es-
pacios como bares, pubs, discotecas, etc. hecho que se prolonga has-
ta altas horas de la madrugada.
El tiempo preferido es el fin de semana, en el que se espera “to-
do”, está abierto a diversas posibilidades y constituye en términos de
Comas, Aguinaga, Orizo, Espinosa y Ochaíta (2003) un “fenómeno
que crece imparable”, donde en sólo seis años el número de adoles-
centes y jóvenes que apuran la noche se ha duplicado, y el porcentaje
de chicos y chicas que a las 6.30 de la mañana del domingo aún no se
ha acostado se incrementa del 8% al 34%, o sea, que un comporta-
miento en principio minoritario ha crecido mucho en un periodo
temporal corto. Las razones parecen asociarse al anonimato que
ofrece la oscuridad y la sensación de libertad, llegando a constituirse
(la noche) su “objeto de propiedad privada”.
170 FANNY T. AÑAÑOS BEDRIÑANA (Coord.)

Cuando se sale de “marcha” implícitamente se admite, por lo


general que, para “aguantar” o “ayudar a estar más contentos”, etc.
(ver apartado 2.2.2) se consumen drogas, sean éstas legales o no.
La tipología de diversión tiene innumerables opciones, por
ejemplo “ir de botellón”, “ir de tapas”, “de copas”... que terminan fi-
nalmente en la “marcha”. Dependiendo de los casos, algunos pueden
empezar por el “botellón” como paso intermedio a la “marcha”, salir
directamente a la “marcha”, iniciar con el “tapeo”, luego el “bote-
llón” y enseguida la “marcha” u otras tantas combinaciones/eleccio-
nes que surjan. En ese sentido hay que tener en cuenta también el po-
der adquisitivo que disponen los chicos y chicas, porque dependerá
de éste, en gran medida, el tipo de diversión que se escoja. Los jóve-
nes que empezaron a consumir sustancias de “marcha” en la investi-
gación nos muestran los siguientes resultados.
Gráfica nº 50: Situaciones en el inicio de consumo: “De marcha”

6,9%
Cannabis

10,4%
Tabaco

16,2%
Alcohol

La “marcha” fue una situación que fomentó el consumo en el


16,2% de los jóvenes en relación al alcohol, el 10,4% en cuanto al ta-
baco y el 6,9% respecto al cannabis. Los datos no son mayoritarios,
pero son importantes en la medida que es un movimiento social ju-
venil con grandes repercusiones, tanto en los propios implicados
como en el ámbito de la sociedad. También, indicar que a esta varia-
ble le pasa algo parecido que al “botellón”, es decir, el ocultamiento
Representaciones sociales de los jóvenes sobre las drogas 171

o absorción de los “amigos/as” como situación principal de consu-


mo.

3.4.4. “En la familia”


La familia es el único sistema en el que las personas pertenecen
y participan durante toda su existencia. Tiene la capacidad de consti-
tuirse como un núcleo de transmisión de costumbres, hábitos, mode-
los de comportamiento, asimismo representa un elemento de apoyo,
resolución de conflictos y sustento del estado de bienestar, además
es clave en el desarrollo personal y social del individuo (Megías y
otros, 2002).
Así, la familia como elemento próximo al joven tiene un papel
incuestionable porque, las condiciones o situaciones que se produz-
can en el seno en relación a las actitudes o posicionamientos de las
drogas, pueden influir o estimular en la motivación para empezar el
consumo. Por ejemplo, para el 6% de chicos y chicas andaluces fue
en la familia donde tuvieron su primer contacto con las drogas
(E.D.I.S., 2003). A continuación estudiemos los resultados hallados
sobre el tema en la investigación.

Gráfica nº 51: Situaciones en el inicio de consumo: “En la familia”

9%

2,6%
1,1%

Alcohol Tabaco Cannabis


172 FANNY T. AÑAÑOS BEDRIÑANA (Coord.)

Los porcentajes referidos al alcohol son los más altos (9%), tal
vez por la amplia aceptación social que goza la droga y por ser un
elemento que está casi siempre presente en los actos de índole so-
cial; le sigue el tabaco con un 2,6% y, finalmente el cannabis única-
mente con un 1,1%, entre otras razones, porque esta última sustancia
es ilegal y por lo general las familias convencionales no tienen ante
ella una postura tolerante. Por otro lado, las entrevistas corroboran el
dato en relación al alcohol, produciéndose en dicho contexto en el
8,2% de los casos.

3.4.5. “En un viaje”


Los viajes, inicialmente los escolares y luego más tarde lo lleva-
dos a cabo entre amigos/as, son circunstancias propicias para experi-
mentar situaciones nuevas, fuera del control de la familia y del orden
establecido. Los adolescentes y los jóvenes se sienten protagonistas
y fundamentalmente libres, aspectos que pueden impulsar o estimu-
lar a “probar” sustancias. Así acontece en el 0,6% de los jóvenes an-
daluces que probaron las drogas cuando estaban de viaje (E.D.I.S.,
2003). En la investigación, distinguimos los siguientes datos.
Gráfica nº 52: Situaciones en el inicio de consumo: “En un viaje”

6,5% 6,4%

2,6%

Alcohol Tabaco Cannabis

El viaje fue una situación que originó el consumo de tabaco de


los sujetos estudiados (6,5%), muy cerca se observa aquéllos que se
Representaciones sociales de los jóvenes sobre las drogas 173

iniciaron con el cannabis (6,4%) y únicamente el 2,6% empezaron


con el alcohol. Vuelve a llamar la atención que sean las sustancias
fumadas las que tengan un porcentaje más elevado, tal vez sea por-
que estas drogas no ocasionan, en gran medida, demasiada notorie-
dad en cuanto a sus efectos, puesto que no podemos olvidar que mu-
chos de estos viajes se llevan a cabo dentro del marco escolar y en
consecuencia se encuentran “vigilados”.
Comparando estos resultados con la media andaluza (0,6%;
EDIS, 2003), son mucho más elevadas (5,2%), ello puede deberse a
que las edades de la muestra analizada en la presente investigación
se fija únicamente entre los 12 y 26 años, etapas actualmente en el
que se efectúan estos desplazamientos con cierta frecuencia a dife-
rencia de la muestra de EDIS que, cuenta con sujetos de todas las
edades (de 12 años en adelante), donde parte de la población perte-
nece a generaciones que no han tenido la oportunidad o no han podi-
do disfrutar de estos eventos.

3.4.6. “Solo/a”
El consumo de drogas, como cualquier otro consumo social, no
es acto exclusivo que se haga en grupo, sino también es un hecho de
índole personal. Por tanto, la soledad como estado emocional, el en-
contrarse físicamente solo/a o buscar momentos de plena intimidad
para consumir son situaciones propicias para iniciarse en el hábito.
Por ejemplo, como dicen Gamella y Jiménez (2003: 227) en el estu-
dio sobre el uso prolongado del cannabis, los consumidores diarios
no sólo suelen fumar con más gente sino que también fuman más a
menudo en solitario, asimismo los fumadores intensivos pueden ha-
cerlo con cualquiera, incluso con desconocidos. Algo parecido ocurre
con los consumidores del tabaco. No obstante, volviendo a las situa-
ciones de origen encontrándose los jóvenes solos/as, distinguimos en
la investigación los siguientes datos.
174 FANNY T. AÑAÑOS BEDRIÑANA (Coord.)

Gráfica nº 53: Situaciones en el inicio de consumo: “Solo/a”

Cannabis 0,4%

3,9%

Tabaco
0,8%
Alcohol

Los porcentajes en esta variable (Gráfica nº 53) son bastante ín-


fimos, lo que nos demuestra que el hecho de “estar solo/a” como si-
tuación de inicio de consumo en las sustancias no es significativa,
cobrando más peso las condiciones relacionadas con el entorno so-
cial. Sin embargo, destacan ligeramente aquéllos que comenzaron en
dicha situación consumiendo tabaco (3,9%), a distancia se hallan
quienes empezaron con el alcohol (0,8%) y los jóvenes que se inicia-
ron con el cannabis (0,4%). Esta variable se encuentra en la última
posición de incidencias en cuanto a las situaciones de consumo, por
tanto su prevalencia es menor volviendo la mirada hacia situaciones
extremas relacionadas con el grupo de iguales.

3.4.7. Situaciones de inicio de consumo de acuerdo a la


tipología de droga

La Tabla nº 28 muestra claramente que las situaciones que pre-


valecen en el inicio del consumo de las sustancias estudiadas son los
“amigos/as”, seguidas del botellón (alcohol y cannabis) y en caso del
tabaco “de marcha”. Todas las situaciones son identificadas como
momentos lúdicos y de disfrute.
Representaciones sociales de los jóvenes sobre las drogas 175

Tabla nº 28: Situaciones de inicio de consumo


según la tipología de droga
Situación %A %T %C
Con amigos/as 46,7 67 70,8
En un botellón 19 5 13,3
De marcha 16,2 10,4 6,9
En la familia 9 2,6 1,1
En un viaje 2,6 6,5 6,4
Solo/a 0,8 3,9 0,4
NS/NC 2,9 2,7 1,1
A: alcohol; T: tabaco; C: cannabis

De acuerdo a la edad, “los amigos” destaca a partir de los 18 años


en adelante (superando el 50% en el alcohol y el 70% en el tabaco);
así, en el caso del alcohol los más jóvenes (adolescentes) tienen el por-
centaje más alto en la situación “de botellón”, las explicaciones al res-
pecto pueden deberse a la popularidad que ha adquirido el hecho so-
cial (“el botellón”) en los últimos años, pues cuando comenzaron a
consumir alcohol, en las franjas más altas de edad apenas se había di-
fundido la práctica, siendo por tanto más baja esta variable.
Finalmente, destacar a “la familia” como situación de inicio del al-
cohol porque, a pesar de que el porcentaje de sujetos que comenzaron a
consumir la sustancia dentro de este marco es bajo (9%), es un hecho
que evidencia la situación abiertamente tolerada en el contexto social,
donde el núcleo familiar sirve de primer nexo o puente con la droga.
Por otro lado, es curioso observar los menores de 15 años que
afirman que comenzaron a consumir tabaco y cannabis “de marcha”;
esta situación llama la atención, porque a estas edades “la marcha”
como tal (dimensión lúdica nocturna hasta el día siguiente, vivida “a
tope”, consumiendo sustancias...) no suele darse, más bien parece
una respuesta relacionada al hecho de “aparentar” ante los demás.
4. CONCLUSIONES

Las representaciones sociales suponen una visión, una percep-


ción y sobre todo una evaluación o valoración de algún fenómeno
concreto de la realidad, en este caso, las representaciones sociales de
las drogas.
Interesa especialmente lo que hay detrás de la idea, es decir, la
simbología que los jóvenes atribuyen a las drogas, en tanto en cuanto
generan modelos e influyen en las conductas. Los significados pue-
den o no coincidir con las teorías científicas, pero siempre es preciso
salir a su encuentro, primero para conocer el valor representado y
después para interpretar el sentido atribuido.
Las representaciones sociales son el efecto de una subcultura,
donde la transmisión, la imitación, la modulación genera una infor-
mación dependiente del contexto, si bien dichas inferencias van a su-
frir el filtro de la interpretación personal, lo que imprime un cierto
sello de peculiaridad.
De acuerdo a los resultados de la investigación, los factores que
han influido en el conocimiento del alcohol, el tabaco y el cannabis y
su contacto con la experiencia inmediata han sido fundamentalmen-
te: los/as amigos/as y los bares, discotecas y pubs, los elementos de
próxima interacción.
El escenario de los/as amigos/as se consolida como la fuente
que ofrece el agua informativa al sujeto sediento de sensaciones nue-
178 FANNY T. AÑAÑOS BEDRIÑANA (Coord.)

vas (en los tres tipos de drogas superan el 80%); quiere decirse que
la dinámica de consumo es colectiva y supone un referente de identi-
dad personal y grupal. En este sentido los iguales se erigen en pieza
preciada de socialización, requisito básico en las situaciones inicia-
les de ingesta; hechos que se concretan en actividades a citar “la
marcha”, “el botellón”, “el tapeo”, etc. Por otro lado los escenarios
lúdico-festivos, especialmente nocturnos, discotecas, pubs, bares,
plazas, etc., constituyen la pista de despegue en el ritual de degusta-
ción de las drogas.
A partir de nuestros datos podríamos asegurar que los significa-
dos otorgados a las drogas desde la interpretación mental conforman
una caja de Pandora, llena de argumentos sorprendes y subjetiva-
mente consistentes:

a. Por su significación complaciente:


Se advierten motivaciones tales como “la diversión”, “las cos-
tumbres” “el tonteo o la tontería”…
También destacan, los motivos de plagio conductual como “por-
que mis amigos/as lo hacen”.

b. Por su significación pseudocientífica:


Se comprueba que la “curiosidad” recibe un carácter experi-
mentalista que conduce a la exploración y al inspirador encuentro
con las drogas estudiadas.
En el alcance benéfico del alcohol destacan asociaciones psico-
lógicas referidas a la necesidad de vencer a la timidez o para estimu-
lar los estados anímicos, así mismo percepciones relacionadas a las
relaciones sociales (establecer nuevas amistades o como elemento
facilitador en el inicio de la relaciones sexuales); también es muy
significativo la creencia saludable de obtener sensaciones térmicas
Representaciones sociales de los jóvenes sobre las drogas 179

de calor y de esa forma superar el frío o de servir como estimulante


para abrir el apetito.
De las propiedades asignadas al tabaco sobresalen los beneficios
psicológicos orientados a obtener la calma, relajación y descanso que se
“siente” al fumar -propiedad que se identifica también, en primer lugar,
en el cannabis-. Desde la perspectiva sanitaria, llama la atención la creen-
cia que la sustancia aminora el apetito, por ende, un buen regulador del
peso; así como, favores de orden social que se traducen como buen moti-
vo o excusa para “ligar” o aproximarse a la persona objeto de deseo.
Respecto a las ayudas que se perciben del cannabis despuntan,
además de las propiedades psicológicas relajantes de la droga, las
vinculadas a los estados anímicos como estar contentos o desconec-
tar del aburrimiento -producido por la cotidianeidad-; también coin-
cide con el alcohol la creencia de que facilita vencer la timidez. Por
otro lado, pone en relieve un bien de la salud asociada al control del
peso, porque se cree que disminuye la sensación del hambre; asimis-
mo se obtiene una ventaja porque es un buen estimulante del sistema
circulatorio. Finalmente, los atributos sociales encaminados hacia
mejorar las relaciones con los amigos/as.
El análisis de prevalencias refleja que en el alcohol están pre-
sentes todas las dimensiones y, en el caso del tabaco y cannabis, es-
pecialmente, los psicológicos y sociales.

c. Por sus significaciones autocomplacientes:

Más que fortalezas el trabajo pone de manifiesto las debilidades


de los jóvenes, expresión de carencias, inseguridades, curiosidades,
temores, expectativas…y efecto de una titubeante personalidad. Por
ejemplo, se atribuye al consumo capacidades “extrarrutina” por cuan-
to “coloca”, “da el punto”, “alucina”, “me siento bien”, “ayuda a
olvidar y superar los problemas”, “da lucidez-creatividad”, “aumen-
ta el tono vital”, “facilita en la toma de decisiones”…
180 FANNY T. AÑAÑOS BEDRIÑANA (Coord.)

d. Por su significación “benevolente”:


El pensamiento de los jóvenes respecto a las drogas, en gran me-
dida, es difusamente generoso, muestra de la presencia en la mente
del irrealismo. La percepción de ausencia de riesgos y de consecuen-
cias perversas a medio plazo es una constante en las creencias juve-
niles. El ejemplo elocuente viene de la falsa percepción según la cual
aparece la sustancia valorada como droga, pero sólo cuando se con-
sume en cantidades abundantes; es decir se borran los límites de la
dependencia porque la sobriedad y el control son atributos de la con-
dición humana en opinión del colectivo. En esta óptica, los benefi-
cios que se espera obtener de la ingesta de las drogas están por enci-
ma de cualquier otra consideración ética y científica.
Estos datos son los elementos que corroboran las percepciones
benéficas o valoraciones llenas de benignidad que se otorgan a las
drogas, como propiedades medicinales, terapéuticas, estéticas, ayu-
das personales y/o sociales para estar a gusto, superar los problemas
y disfrutar de la vida. No obstante, son sensaciones y estados fruto
de la estimulación o inhibición en el funcionamiento del sistema ner-
vioso central, cuyo efecto refleja una hipotética liberación de senti-
mientos, emociones, experiencias, control social, actitudes, compor-
tamientos, etc. que supuestamente las drogas ayudan a canalizar.
Educación y significados de las drogodependencias
Desde la educación interesan fundamentalmente las representa-
ciones sociales y, en menor medida, las conductas, porque antes de
aparecer la conducta existe en la mente de los jóvenes un significado
motivante; consideramos que los procesos educativos no buscan tan-
to eliminar las conductas adictivas como transferir la influencia de la
simbología, es decir, sustituir los significados vigentes por otros
igualmente significativos y realistas.
1. La Educación supone algo más que unos mensajes de preven-
ción: un coche sirve para correr, pero aparte saber conducir,
conviene conocer las debilidades y fragilidades de la máqui-
Representaciones sociales de los jóvenes sobre las drogas 181

na. Las competencias educativas alcanzan, en primer lugar,


las perspectivas de la visión, las creencias, los criterios.
2. En consecuencia, el foco de atención de un programa educa-
tivo referente al consumo de la droga negocia los significa-
dos. Lo importante es establecer puentes de acceso a los valo-
res y sentido atribuido al consumo de las sustancias, previo al
abordaje de las conductas.
3. En el estudio aparece la relación entre simbología-motivos-
beneficios. Ello representa una cultura o si se prefiere una
subcultura en el mundo juvenil. Acceder a la comprensión de
tales códigos comporta entender los anclajes de las relacio-
nes sociales. El educador tiene como básica tarea tomar con-
ciencia de los potenciales que aparecen en la mente y que ca-
nalizan la funcionalidad del consumidor.
4. Así pues, nuestra propuesta se orienta hacia la alfabetización
del educador. Por analfabeto entendemos el no tener acceso
al sistema de signos, creencias, hábitos, costumbres… de ahí
que muchos trabajadores, en los escenarios de las sustancias
tóxicas, podrían ser calificados de tales, cuando ignoran la
simbología del joven consumidor. Alfabetizarse representa
un esfuerzo por acceder a los significados que se manejan en
“los ambientes” socioculturales y en las representaciones
complacientes o pseudocientíficas.
5. Del trabajo se extrae una conclusión más: las actividades de
reciclaje de las creencias no pueden partir de nuestros su-
puestos como criterios últimos. Más bien el empeño educati-
vo se conducirá por la presencia de:
• Un diálogo comunicativo entre educador y joven.
• Una participación activa de los sujetos empeñados en la tarea.
• El reforzamiento de la autoestima y la relación emocio-
nal con otras tareas igualmente significativas.
• La necesidad de alfabetizarse el joven y el educador
gracias al ajuste de las capacidades cognitivas y simbó-
licas de unos y otros.
182 FANNY T. AÑAÑOS BEDRIÑANA (Coord.)

Finalmente deseamos expresar que, mediante la concreción de


este estudio, hemos respondido al desafío de poner en la palestra te-
mas o planteamientos de costoso acceso; pese a las dificultades, es-
peramos aportar desde el nuevo enfoque de las creencias, percepcio-
nes, valores… modelos de otra transferencia de los símbolos
atribuidos a la “feliz compañía” del alcohol, tabaco y cannabis.
Antes de cerrar estas líneas reiteramos nuestro agradecimiento a
la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas, por
confiar y apoyar el proyecto de investigación y el trabajo del equipo,
así como, a todas las personas que intervinieron directa e indirecta-
mente, con cuyo aliento nos sentimos acompañados en este camino.
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