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CAPITULO 11.

NORMAN VINCENT

CAPITULO  11.

AL FIN LA FELICIDAD

     Es importante amar lo que uno hace, tenerle cariño al oficio, porque entonces
uno da más de sí mismo; y cuando más dé uno de sí, más le devolverá la
vida. Alguien ha dicho “Ama la vida y la vida te amará”.  Así pues, seamos
amigos.  Si, como decía mi primo, usted está haciendo las cosas como por salir
del paso, le recomiendo que se suelte más completamente, que dé más de sí
mismo, que se entregue de veras.   En cuanto así lo haga, la felicidad inherente a
su naturaleza surgirá por todo su ser.  Y lo importante, al fin y al cabo, es que
usted se encuentre a sí mismo, que se conozca, que se tenga confianza y que se
entregue.  Entonces, y solamente entonces, será su vida lo que debe ser, una
experiencia gloriosa y satisfactoria, día tras día.
     Cuando pienso en la felicidad que he experimentado me parece que me ha
venido en su forma más intensa y agradable cuando he recibido o cuando he dado
bondad.  He llegado a la conclusión de que la bondad recibida y la bondad dada
son factores básicos de la felicidad que se consigue.  Recuerde los pequeños
actos de bondad que usted ha recibido o que ha dado, y observe que todavía
tienen el poder de estimular sentimientos de felicidad, aun cuando hayan ocurrido
hace muchísimo tiempo.

Cuando escribo este capítulo, Ruth y yo estamos en Hong Kong.  Hace poco


atravesamos un alto puente peatonal  y llegamos a una empinada escalera que
conducía al nivel de la calle.  Por no fijarme bien donde pisaba, tropecé y caí,
llevándome en mi caída a mi mujer, que estaba colgada de mi brazo. Estábamos
rodeados de centenares de personas que se apresuraban en diversos
quehaceres, y aun cuando tratábamos de levantarnos, nadie vino en nuestro
auxilio hasta que oímos la dulce voz de una jovencita china que dijo claramente en
inglés. “Permítame que le ayude, señor”.  Aunque era de constitución endeble, nos
prestó a los dos una vigorosa ayuda e insistió en ayudarnos a bajar la empinada
escalera.

     Protestamos asegurándole que ya nos encontrábamos perfectamente bien,


pero ella no se quiso alejar sin cerciorarse de que así era en realidad.  “Es usted
muy bondadosa”, le dije, y ella replicó: “Señor, para mí es un placer
ayudar”. Observé que en su rostro se dibujaba la alegría cuando dijo esto.
Puesto que según parece, ayudar a los demás produce un sentimiento de alegría,
de ahí se sigue que uno puede aumentar su felicidad simplemente aumentando el
número de veces que realiza un acto de bondad.  Descubrirá usted que la felicidad
es su estado de ánimo dominante si puede multiplicar sus actos de bondad.  Tiene
suerte la persona que haga este descubrimiento.

     Sin proponérmelo en absoluto, tomé una pequeña parte en abrir una vida más
feliz para un extraño en las calles de Nueva York, en otra ocasión en que sufrí otra
caída.  Las calles estaban cubiertas de hielo después de una racha de frío
tremendo.  Para realizar mi ejercicio diario de caminar entre cuatro y cinco
kilómetros fui a pie ese día a una oficina que tenía en la parte baja de la Quinta
Avenida, pero al cruzar una calle donde el hielo estaba liso y brillante, se me
fueron los pies y fui a quedar tendido cuan largo era en el arroyo.  No me puedo
imaginar una situación más lamentable. 
    Pero casi inmediatamente vi acudir a mi lado a un joven que vestía una
parka. Me ayudó a ponerme de pie, me hizo subir a la acera, y me preguntó
solícito cómo me sentía y si no había indicios de huesos rotos. Le aseguré que me
sentía muy bien t seguimos juntos andando por la avenida.  Cuando llegamos a la
calle siguiente, vi que la bocacalle estaba igualmente cubierta de hielo, pero el
joven me dio el brazo y pasamos sin percance al otro lado.  “Su cara no me es
desconocida-me dijo-. ¿Cómo se llama usted?”  Cuando le di mi nombre soltó la
risa: “¡Lo que van a gozar mis amigos cuando les cuente que yo he sacado a
Norman Vincent  Peale del arroyo!” Nos despedimos celebrando este gracejo y yo
tuve la sensación de que había sido un episodio feliz para ambos.
     Alcanzar una actitud mental de calma y seguridad es requisito básico para
lograr la felicidad; y para desarrollar esa serena actitud mental, es sumamente
importante la seguridad de que se deriva de la fe.  Me parece que es un hecho
bien comprobado que cuando la fe es débil. La angustia es proporcionalmente
fuerte; mientras que si la fe es fuerte, la angustia será menos problema.
¿Cómo se puede lograr esa fe que lo libra a uno del temor, de la preocupación y la
angustia? Empiece por pensar en la fe, afirmar la fe, actuar a base de la
fe. Practique el principio de “como si”, que es muy poderoso.  Actuando como si
tuviera fe,  su conciencia aceptará la idea de que en realidad de verdad la tiene, y
usted la tendrá.
La actitud tiene tanto que ver con que seamos o no seamos felices.

Recordemos siempre que.....

“La voluntad de Dios no es solamente que seamos felices, sino que nos
hagamos nosotros mismos felices”:

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