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Reflexión sobre el Covid-19.

Situación internacional y nacional.


“Vivimos tiempos difíciles”; eso es lo que siempre dicen los presidentes de las naciones
cuando sienten que todo se tambalea. Pero lo cierto es que siempre hemos vivido en
tiempos difíciles. Guerras por recursos y poder, estructuras racistas y xenófobas, gente
que muere en las calles por la brutalidad policiaca, por riñas de banda, por hambre, por
falta de atención hospitalaria, epidemias; gente que sufre patologías mentales generadas
por la angustiosa incertidumbre diaria. Parece ser que, al igual que menciona Sousa en
“La pedagogía del virus”, vivimos en un estado de crisis permanente; o por lo menos así
vivimos más del 50 % de la población latinoamericana. Entonces, si esto sucede siempre
¿por qué es ahora que todos nos sentimos angustiado ante la crisis del Covid-19? Como
el mismo Sousa lo dijo, es porque esta es una crisis del norte, de occidente; es porque el
modelo de las grandes potencias entró en crisis. Pero si fue occidente que entró en crisis
¿por qué nos preocupamos?

Desde que se comenzaron a entablar relaciones comerciales transnacionales, todos


somos interdependientes; aunque algunos más que otros. La crisis de américa latina y la
crisis colombiana, se debe a la adopción del modelo de occidente, por eso hoy nuestro
país también tambalea; porque somos de nuevo colonia. Al igual que en el pasado, nos
han hecho depender intelectualmente de otros. Prueba de ello es el modelo económico
y político que hemos adoptado; el gobierno de intervención mínima. Gracias a esta
ideología, hoy bienes públicos de gran importancia para la prevención y la contención del
virus (la salud, el agua potable, la electricidad, telecomunicaciones, entre otros), no
cubren la totalidad de la población, ni tienen los equipos necesario para tratar el virus. Y
ni hablar de nuestra poca capacidad científica, la cual no nos permite adelantar trabajos
de búsqueda de una vacuna o de un tratamiento para el virus. Una vez más dependemos
de occidente.

No obstante lo anterior, aún hay más. Si bien no todos los países tienen la misma
capacidad para atender la actual contingencia; hay países que dentro de su mismo
territorio, Colombia es uno, poseen un desequilibrio regional en cuanto a los recursos que
se necesitan para contener el virus. Por ejemplo, para el 8 de mayo de este año en el
Amazonas habían 430 casos de Covid 19; mientras que en Bogotá, capital colombiana,
habían 3,824 casos. Para el día 25 del mismo mes, Amazonas ya tenía 1,505 casos,
mientras que Bogotá tenía 7,386 casos. En tan solo 17 días el número de casos de
Amazonas se triplicó, mientras que en Bogotá casi que se duplicó. Bogotá, por ser distrito
capital, cuenta con ciertas ventajas como atención hospitalaria, agua potable y vías de
acceso; y aunque existe un acceso estratificado a aquellos servicios, la posibilidad está
presente. En el Amazonas sucede lo contrario. Esta zona boscosa, habitada por
poblaciones indígenas, carece de vías de acceso adecuadas, un sistema de atención
hospitalaria eficiente y cuenta con condiciones de habitabilidad que imposibilitan medidas
como el aislamiento social. Bajo estas circunstancias, se entiende que al surgir un brote
del virus, el gran número de casos puede causar muchas pérdidas humanas y culturales.

Situación Local, familiar y comunitaria.

La situación del Amazonas se repite a lo largo de Colombia; pero no la visible, sino la


Colombia olvidada, la habitada por las poblaciones étnicas, por los campesinos y, al
interior de las grandes ciudades, por los parias. La Colombia que normalmente es
ignorada pero que hoy, gracias a la pandemia, no puede seguir siendo olvidada. Contrario
a lo que nos quiere hacer pensar los grandes medios de comunicación, no estamos juntos
en esta crisis. Quienes más se preocupan por que la gente haga lo que dicen las
autoridades sanitarias son los mismos que no tienen necesidad de salir de su casa ni
tienen preocupaciones; pero también son aquellos que si tienen necesidades pero que
debido a las deficiencias del sistema sucumben ante el miedo. En últimas, la desigualdad
ha hecho que se desate una ola de egoísmo, violencia y discriminación pues todos
buscamos salvarnos como podamos. Esto sucede en ciudades donde hay grandes
diferencias sociales. Pero también en ciudades como Buenaventura.

Desde que inició el brote del virus en Buenaventura, el principal temor que surgió en las
comunas era que este se expandiera por toda la ciudad. Ese temor está justificado debido
a la mala atención en los hospitales, la incapacidad de analizar las muestras y pues ni
hablar de la falta de equipo para atender a los casos graves. Pero también hubo quienes
permanecieron escépticos y no hicieron caso a la cuarentena y el distanciamiento social.
Sin embargo, aquí no podríamos hablar de que una u otra postura depende de la posición
social, pues las diferencias no son muy significativas, y la atención hospitalaria es la
misma. Aquí el factor determinante está entre quienes tienen para comer en cuarentena,
pues hacen teletrabajo y les siguen pagando y en quienes no tienen esa oportunidad; en
quienes tienen agua potable y quiénes no. Por ello los gritos de ayuda no se hicieron
esperar.

En una situación de una desventaja casi que generalizada, la solidaridad es la mejor


opción. Sin embargo, en algunos casos no sucedió. Mientras algunos se manifestaban,
otros comenzaron a condenar esos actos, pues decían que eran la causa de la actual
crisis. Ello ha provocado que en algunos barrios los vecinos estigmaticen a sus vecinos
enfermos, los amenacen y hasta justifiquen los actos de brutalidad policiaca que son
perpetrados en nombre de la salud. El miedo se ha apoderado tanto de la ciudadanía
bonaverense, que ya no se ayuda al paisano que necesita ayuda por cualquier
enfermedad, pues se presume que tiene Covid. “Hoy todo es Covid”, alegan quienes se
sienten indignado y manoseados por las clínicas y Eps´s que no quieren tratar ninguna
patología, y que han hecho de esta situación un negocio. Hoy, una vez más, la población
de Buenaventura vuelve a ser violentada por las mafias organizadas que se hacen pasar
por servidores públicos.

En algunos barrios la solidaridad y la familiaridad se han roto, lo que disminuye nuestras


probabilidades de sobrevivir juntos a esta pandemia. En apariencia el Virus nos ha hecho
extraños y enemigo; pero la extrañez hacia el otro en última está justificado porque no es
capaz de mantenerse aislado. En este sentido, la desigualdad se convierte en un
problema mayor que el virus. Pero, así como hay quienes se alejan y dejan morir a sus
paisanos; también hay quienes han mantenido su sentido solidario y han ayudado de
múltiples formas. En este sentido, la pandemia además de hacernos ver las marcadas
desigualdades que existen en el país y en nuestra ciudad, también nos ha dado una
oportunidad para organizarnos una vez más como comunidad.

El gobierno distrital también ha sido de gran apoyo. Pese a las circunstancias ha hecho
esfuerzos significativos por gestionar recursos para poder mitigar la crisis agudizada por
la pandemia. Sin embargo, también ha habido algunos inconvenientes que hay que
solucionar. El posible incremento del desempleo en sectores relacionados con el turismo,
parte importante de la economía local, el sector servicio, entre otros; y las pérdidas que
se tienen en sectores como el comercio y el transporte público, exigen medidas
contundentes. Este es el momento perfecto para poner en marcha el proyecto de
gobernanza que inició con el paro cívico, y que hoy más que nunca necesitamos si
queremos librar esta situación juntos.

Por último, hay otras cosas que se deben considerar. Por ejemplo, la salud mental de los
y las bonaverense que pasan largas horas confinados. La ansiedad, angustia y estrés
causados por el trabajo y el estudio virtual tanto en aquellos que pueden hacerlo como
para los que no, sin duda alguna puede generar la aparición de patologías. También hay
que poner el ojo sobre la violencia intrafamiliar y los feminicidios que no paran, al igual
que los asesinatos selectivos. Sin duda alguna la administración distrital tiene grandes
retos para la post pandemia; pero el mayor reto está en las comunidades y en la sociedad
civil. Si queremos que esto no se repita, hay que fortalecer la solidaridad y la organización
comunitaria; pero también nuestra determinación política. No podemos dejar que se siga
manejando la política del país a favor del neoliberalismo; pues ante otra pandemia lo más
probable es que muchos mueran. Por ello, esto es también una oportunidad para cambiar
el rumbo social y político de la próxima década.