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Voces: SOCIEDAD CONSTITUIDA EN EL EXTERIOR ~ EMPRESA EXTRANJERA ~ CONSTITUCION

DE SOCIEDAD ~ DOMICILIO ~ INVERSION EXTRANJERA ~ OBJETO SOCIAL ~ PAGO DEL


IMPUESTO ~ SOCIEDAD ANONIMA ~ DERECHO INTERNACIONAL PRIVADO ~ LEY APLICABLE ~
LEY DE SOCIEDADES COMERCIALES ~ CAPITAL SOCIAL ~ ASOCIACION EXTRANJERA ~
FRAUDE ~ FRAUDE A LA LEY ~ PARAISO FISCAL ~ EVASION FISCAL ~ APLICACION DE LA LEY
~ SEDE SOCIAL ~ NORMAS LEGALES ~ PODER DE POLICIA ~ RESPONSABILIDAD DEL
ACCIONISTA ~ LEY EXTRANJERA ~ DOMICILIO CONSTITUIDO ~ DOMICILIO EN EL EXTERIOR ~
LEY DE CONCURSOS Y QUIEBRAS ~ COMPETENCIA ~ COMPETENCIA EN RAZON DEL
TERRITORIO ~ QUIEBRA ~ JURISPRUDENCIA ~ JURISPRUDENCIA EXTRANJERA ~ TRATADO
INTERNACIONAL ~ PRIMACIA DE LA REALIDAD ~ DOCTRINA DE LA CORTE SUPREMA
Título: Una visión realista de la Corte Suprema sobre la actuación en el país de sociedades constituidas en el
extranjero
Autores: Vítolo, Daniel Roque
Publicado en: LA LEY 23/03/2009, 5
Fallo comentado: Corte Suprema de Justicia de la Nación (CS) CS~2009-02-24~Compañía General de Negocios SAIFE s/pedido de
quiebra por: Mihanovich, Ricardo L.

SUMARIO: I. Introducción. - II. La operatoria denominada "off shore". - III. La actuación


extraterritorial de las sociedades comerciales con carácter exclusivo o como parte principal de sus
negocios. - IV. Naturaleza del artículo 124 de la ley 19.550. - V. Aplicación de la ley concursal argentina a
los deudores domiciliados en el extranjero. - VI. La cuestión referida a la existencia de bienes en el país. -
VII. Colofón.

I. Introducción
Con asiduidad asistimos a la actuación dentro del territorio nacional de sociedades constituidas en el
extranjero bajo la modalidad off shore. Durante décadas esta práctica había sido tolerada, admitida y hasta
fomentada como un mecanismo de instrumentación o "vehiculización" de inversiones sin reparar en la
perversidad del sistema, y en lo peligroso que resulta el hecho de que alguien que en su país tiene prohibida toda
actividad pueda desarrollarla impunemente en otros países escapando a todo tipo de control escudándose en su
origen (1).
De un modo reiterado, algunas de las actividades que estos sujetos de derecho desarrollan tienen conexión o
basamento con estructuras locales que los albergan y protegen llevando muchas veces a confusión a los
destinatarios de bienes y servicios — por similitud de denominación, utilización del mismo espacio físico, o por
identidad de interlocutores— respecto de quien es la otra parte contratante o la parte responsable. Ello se devela
— con tristeza y desesperación— recién en aquellos casos en que se produce algún incumplimiento, un
conflicto o cuando — directamente— la sociedad constituida en el extranjero se resguarda como tal y deriva
cualquier reclamo a una extraña jurisdicción, cuando no desaparece — literalmente— y los referentes locales
niegan cualquier vinculación con ella.
Muchos serían los ejemplos a proporcionar, pero nos detendremos hoy — en razón de que el presente es un
mero comentario a fallo— en los típicos casos de operaciones financieras llevadas a cabo por estas entidades
off shore encubiertas dentro de oficinas y andamiajes de entidades locales autorizadas a operar que, cuando llega
un momento de crisis y no pueden enfrentar los compromisos asumidos, se esfuman o pretenden que los
inversores, empleados y contratantes dirijan cualquier reclamo contra ellas en la jurisdicción de su lugar de
constitución, incluyendo pedidos de quiebra.
Tanto el Banco Central como los tribunales comerciales han sido especialmente benévolos cuando les ha
tocado juzgar estas situaciones y han preferido — salvo raras excepciones— mantener la órbita de su actuación
y de toma de decisiones dentro de un marco estrictamente formal evitando tener que ingresar en la cuestión de
fondo ejerciendo su poder jurisdiccional.
De allí que el reciente fallo de la Corte Suprema dictado en la causa "Compañía General de Negocios SAIFE
s/pedido de quiebra por Mihanovich, Ricardo L. s/Recurso de hecho" de fecha 24 de febrero de 2009, resulte
alentador y merezca ser tenido en cuenta para volver sobre las cuestiones vinculadas a la actuación
extraterritorial de las sociedades constituidas en el extranjero bajo la modalidad off shore.
II. La operatoria denominada "off shore"
Hace ya tiempo que venimos insistiendo respecto de la necesidad de condenar mundialmente lo que se ha
dado en denominarse operatoria comercial y financiera "off shore" (2).
No es una novedad — insistimos— que en el mundo de los negocios se constituya una sociedad comercial
en determinado país para realizar actividades exclusivamente en otros países distintos de aquel. Más fuerte aún,
existen — en diversos países— legislaciones específicas mediante las cuales se regula y contempla la

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posibilidad de constituir sociedades en ellos bajo la condición o requisito de que su actuación estará limitada a la
realización de actos fuera del territorio de ese país — generalmente exclusivamente en el campo de las
inversiones— , prohibiéndole la práctica de actos vinculados a su objeto social y el desarrollo de actividad
comercial dentro del propio territorio del país de origen. Un suerte de patente para hacer "fuera del país" lo que
no se desea que se haga "dentro de él".
Estas sociedades son las denominadas sociedades "off shore", es decir entes ideales, generalmente de
propiedad anónima, cuyo propósito es una actuación exclusivamente extraterritorial; están creadas para actuar
en cualquier lugar del planeta, menos en el propio país de su creación donde lo tienen prohibido, o su actividad
es sumamente restringida.
Constituyen — en cierta forma— una perversa manera de crear sujetos dentro de una jurisdicción para
remitirlos como "enviados" a ejercer su actividad "fuera de casa" bajo la esperanza de que podrán obtener en el
país de destino un reconocimiento para poder realizar allí todo aquello que no les es permitido realizar en su
propio país de origen; sin embargo ese país de origen — que no les permite actuar dentro de su territorio—
protegerá a los socios de la sociedad off shore con el secreto y el anonimato frente a las preguntas que cualquier
tercero o Estado del mundo deseen hacer sobre ellos, les dará — en algunos casos— también protección
diplomática y — lo que es más importante— en ningún momento les harán preguntas en relación a cómo,
dónde, ni cuándo obtienen las ganancias e ingresos que acumulan en cuentas bancarias de instituciones
financieras – también off shore-; todo ello, por un módico monto anual de impuestos preacordados, o de un
porcentaje mínimo en relación con el volumen de las operaciones.
En nuestro país no hemos sido ajenos al movimiento de estos entes off shore. Por el contrario, en cada uno
de los escándalos políticos y económicos o vinculados a la corrupción, aparecen estos instrumentos de actuación
exclusivamente extraterritorial (3).
Así ocurrió en el affaire IBM-Banco Nación; en las investigaciones de corrupción efectuadas respecto de la
actuación de varios funcionarios públicos, algunos de los cuales se encuentran aún detenidos; en el caso de
venta de armas a Ecuador; en investigaciones vinculadas al proceso de lavado de dinero del cual resultan
imputados los directivos de algunas instituciones bancarias, y en las investigaciones referidas a lo ocurrido con
el Banco Velox y sus conexiones con el Trade and Commerce Bank; el Banco General de Negocios y la
Compañía General de Negocios; el Banco República, y tantos otros.
En cada uno de estos casos aparecen — como por arte de magia— sociedades y negocios en jurisdicciones
off shore en el centro de la mira y vinculados muy estrechamente con los hechos investigados, cuando no se
revelan como protagonistas destacados de los mismos.
Lo mismo ocurrió hace pocos años en relación con la tragedia acaecida en una discoteca en la cual se llevó a
cabo un recital de rock en vivo donde un incendio acabó con la vida de 192 personas. Cuando se quiso conocer a
los verdaderos responsables de lo ocurrido, apareció un entramado societario constituido por sociedades off
shore con acciones al portador, plenas de testaferros y terceros que manifestaban no conocer a los verdaderos
dueños. El único detenido imputado que hubo por lo ocurrido escuda su defensa en el hecho de sostener que era
un mero encargado de relaciones públicas sin relación alguna con las sociedades comerciales nacionales y
extranjeras que eran propietarias de los inmuebles, organizadoras de los espectáculos o locadoras de aquéllos.
Lo cierto es que — en palabras de su abogado— el imputado no tiene responsabilidad penal ni patrimonial
alguna en el hecho porque "no pertenece a ninguna de dichas sociedades..." (4).
Al comenzar a desarmarse el entramado del escándalo por presunto contrabando de drogas a través de la
línea aérea Southern Winds, nuevamente apareció una sociedad off shore — de propiedad anónima— como
eventual "controlante" del Directorio.
En la Ciudad de Buenos Aires, solamente, existen entre 15.000 y 16.000 inmuebles a nombre de este tipo de
sociedades "off shore" sin que pueda saberse quiénes son sus verdaderos dueños, los que se esconden detrás del
anonimato que proveen esas estructuras foráneas: y no es la primera vez que nos referimos a ello (5).
Ahora bien, ha sido necesario un colapso mundial de la economía y de las finanzas para que se haya
advertido que el fenómeno "off shore" tiene mucho que ver en la crisis actual, lo que ha llevado a los países
centrales a tener que reconocer este hecho, como ha ocurrido en la reciente cumbre mundial donde la Unión
Europea en su conjunto — y a través de sus principales líderes— ha hecho pública su condena al sistema.
¿Cuál es la razón para que una sociedad comercial recurra a este sistema que parece tan absurdo: nacer en
una jurisdicción donde no puede actuar para desarrollar toda su actividad en otras jurisdicciones?
Pues la respuesta es clara: escapar a los controles y a la fiscalización que puedan ejercer las autoridades de
los países en los que actúan, amparándose en el argumento de que son sociedades "extranjeras" sometidas sólo
al control de su país de origen. A ello podría agregarse — como adelantamos— también la búsqueda de

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ventajas fiscales — evasión real de tributación frente a la actividad desarrollada en el territorio donde actúan— ;
la garantía del anonimato en cuanto a los reales propietarios del capital; y colocar a los acreedores y eventuales
damnificados en la difícil situación de tener que tramitar cualquier reclamo en caso de quiebra o de graves
incumplimientos en el lejano país donde la sociedad fue constituida — lo que les genera casi una completa
impunidad— . III. La actuación extraterritorial de las sociedades comerciales con carácter exclusivo o como
parte principal de sus negocios
Desde los primeros años de vigencia del Código de Comercio se generó una gran preocupación por esta
situación referida a sociedades que se constituyen en un país determinado, con el objeto de ejercer el comercio
principal en otros y, en el caso específico, en la República Argentina ésta era la norma rectora del artículo 286
del Código de Comercio, el cual establecía que las sociedades constituidas en un país extranjero para ejercer su
comercio principal en la República, con la mayor parte de sus capitales levantados en ésta, o que tuvieren en la
misma su directorio central y la asamblea de socios, serían consideradas para todos sus efectos como sociedades
nacionales sujetas a las disposiciones del código.
Este artículo había sido reformado por la ley 3528 en el año 1897. En consecuencia, las sociedades
constituidas en el extranjero que se encontraren en alguna de las situaciones previstas por la norma, debían
constituirse conforme a la ley argentina, hacer las publicaciones e inscripciones respectivas y, en caso, de
tratarse de sociedades anónimas también debían obtener su personalidad jurídica a través del dictado de un
decreto específico por parte del Poder Ejecutivo.
Recuerdan los autores de la época, las disposiciones del código tendían claramente a evitar la posibilidad de
fraude a la ley a través de la localización de la sede social.
Es interesante recordar los comentarios que sobre este punto mencionan Aztiria, Zavala Rodríguez y Garo,
tomando el ejemplo francés donde se enfrentaba el conflicto derivado de la constitución de sociedades en el
extranjero para eludir las disposiciones de la ley 1867 de aquel país; es decir sociedades constituidas para
escapar a la aplicación de una ley nacional.
El leading case fue "Moulin Rouge Attraction Limited", entidad constituida en Londres según los requisitos
de la fórmula inglesa para las sociedades comerciales, y cuyo principal objeto era la explotación de la casa de
espectáculos Moulin Rouge que funcionaba en París.
El órgano de administración estaba compuesto en forma exclusiva por personas de nacionalidad francesa,
que residían en la ciudad de París donde también se celebraban reuniones y donde se encontraba la sede
principal de los negocios del establecimiento, su domicilio postal, los archivos, los registros contables, el
personal de administración y los demás trabajadores. El capital también había sido recolectado en ese país y se
había recurrido a los servicios de un solicitor inglés para crear la sociedad conforme a las normas de Gran
Bretaña. Frente al conflicto suscitado respecto de la aplicación de la ley, la sociedad fue finalmente considerada
como una sociedad constituida en Francia.
La ley 19.550 de Argentina dispone en su artículo 124 que la sociedad constituida en el extranjero que tenga
su sede en la República o su principal objeto esté destinado a cumplirse en la República, será considerada como
sociedad local a todos los efectos del cumplimiento de las formalidades de constitución o de su reforma y
contralor de funcionamiento (6).
Esto tiene particular interés en los casos en los cuales las sociedades constituidas en el extranjero tienen
como único patrimonio la titularidad de acciones o participaciones en sociedades constituidas en el país; como
es el caso de determinadas sociedades holdings constituidas en paraísos fiscales, o países de políticas flexibles
en materia fiscal; como también en los casos en que la sociedades locales simplemente son titulares de bienes
específicos sin actividad alguna.
Adicionalmente, puede señalarse al respecto que parte de la doctrina ha sostenido que a la sociedad
extranjera cuyo objeto está destinado a cumplirse en la República Argentina — el caso de titulares de bienes
inmuebles o derechos de crédito con garantía real— podrían aplicárseles las justas soluciones previstas por el
art. 54 de la ley 19.550 (t.o. 1984) (Adla, XLIV-B, 1319), en el sentido de resultar inoponible su actuación
frente a terceros, pues el solo hecho de ser titulares de derechos reales no configura "el fin societario" requerido
por el art. 1 de la ley 19.550, en cuanto pretende que toda sociedad comercial deba dedicarse necesariamente "a
la producción o intercambio de bienes o servicios" (7).
III.1. El caso "Great Brands"
Hace un par de años, a raíz del dictado de un fallo particular — "Great Brands"— (8) la polémica volvió a
actualizarse. En efecto, el fallo en cuestión — si bien se dictó en un tema concursal— tuvo fuerte
fundamentación en los aspectos societarios vinculados al sujeto concursable, que era una sociedad constituida en
el extranjero en la cual la única actividad denunciada por la sociedad extranjera era ser propietaria de un

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conjunto de acciones que le permitían tener el control de una sociedad constituida en la República Argentina, y
había cumplido con la inscripción a la que alude el artículo 123 de la ley 19.550.
Para el juez de primera instancia no parecía dudoso que la situación fuera subsumible en el supuesto de
hecho del art. 124 de la ley 19.550, debiendo aplicarse a la sociedad afectada la regulación societaria prevista
para las entidades nacionales. Habida cuenta — entonces— de que la actividad de la peticionaria resultaba
encuadrable en el art. 124 de la Ley de Sociedades y que, por tanto, debía haber ajustado su constitución y
funcionamiento a las normas del derecho argentino, el juez concluyó que su inscripción en los términos del art.
123 de la misma ley resultó insuficiente y que, en consecuencia no podía ser considerada un sujeto concursable
a tenor del art. 2° de la ley 24.522. Sobre la base de tales argumentos, el fallo determinó que ya sea que se
postulara que el efecto de la inobservancia del art. 124 de la ley 19.550 fuera la inoponibilidad de la
personalidad jurídica del ente, como que se considerara que a la sociedad extranjera le resultan aplicables las
normas de las sociedades irregulares, la peticionaria no hubiera podido en ningún caso solicitar su
concursamiento, pues, si bien es cierto que las sociedades irregulares pueden acceder al concurso preventivo,
aquélla no sería "sociedad" de acuerdo a la ley argentina, ya que, al haber sido conformada, como sociedad
unipersonal — algo no permitido en la legislación nacional— carecía de la pluralidad de socios exigible en
nuestro derecho y, en consecuencia, era nula por ausencia de un elemento tipificante.
El fallo de segunda instancia revocó la decisión señalando que, en el caso, no se percibía una afectación del
orden público societario ni una demostración de un fraude a terceros, y dado que la peticionaria había cumplido
con las directivas del art. 123 de la ley 19.550, no correspondía impedirle el acceso al concurso preventivo, por
el solo hecho de que su único activo fuera el 99% del paquete accionario de una sociedad local, ya que de esta
situación de control no se deriva per se el supuesto descrito en el art. 124 de dicha ley.
Sostuvo la Cámara que, aun de admitirse el encuadramiento de la sociedad peticionaria dentro del art. 124 de
la Ley de Sociedades de ello no podía derivarse ipso iure la negación de su carácter de sujeto de derecho, a los
fines de impedir su acceso al concurso preventivo, pues en el marco de dicha norma la "adecuación" exigible a
la sociedad constituida en el extranjero — salvo las situaciones excepcionales de los arts. 18 a 20 de la misma
ley, que no se configuraban, a juicio de la Cámara en el caso bajo análisis— no puede derivar en una privación
de la personalidad jurídica, o en una constitución ex novo; máxime, teniendo presente la regla de interpretación
consagrada en el art. 100 de la ley citada, según la cual, en caso de duda sobre la existencia de una causal de
disolución, cabe estar siempre a favor de la existencia de la sociedad.
Así las cosas, la Cámara, más allá de los eventuales requerimientos de adecuación, resolvió aceptar la
aptitud concursal de la sociedad extranjera y desestimó el planteo del juez de primera instancia.
El fallo tuvo en su momento defensores y detractores en la doctrina. Entre quienes se pronunciaron a favor
del criterio sostenido por el tribunal pueden mencionarse a Roca (9), y Manóvil (10). Por el contrario el caso tuvo
una fuerte crítica de parte de Nissen (11), y opinión adversa de Ramayo (12).
Por nuestra parte, y tal como lo hemos señalado en varias oportunidades (13), consideramos a la norma
contenida en el artículo 124 de la ley 19.550 como una norma de policía de Derecho Internacional Privado, y no
una norma sancionatoria del instituto de "fraude a la ley", por lo cual, comprobada por el tribunal
correspondiente o la autoridad administrativa de contralor en el caso concreto en disputa de la circunstancia de
que se está frente a una sociedad constituida en el extranjero pero con sede en el país o cuyo principal objeto
está destinado a cumplirse en la República — no existió controversia en el caso respecto de que el único activo
lo constituía el paquete accionario de la sociedad constituida en el país— , la norma es imperativa y debe
aplicarse, pues el presupuesto de aplicación es objetivo en razón de comprobarse los elementos constitutivos del
caso: (i) sociedad constituida en el extranjero — no hubo controversia alguna sobre ello— , y (ii) la existencia
de uno de los dos puntos de conexión contenidos en la norma — tampoco se controvirtió que el único activo y
objeto era la titularidad del paquete accionario de la sociedad local— .
La sociedad comprendida en el artículo 124 que se encontraba inscripta bajo un supuesto distinto en el
Registro Público de Comercio — artículo 123— en realidad no estaba sujeta a un control de tipicidad, pero al
quedar encuadrada en el artículo 124 sin haberse inscripto a tal efecto, deberá ser considerada una sociedad
irregular y su eventual concursamiento por vía del concurso de garante sería susceptible de ser admitido por el
tribunal haciendo uso de (i) el acogimiento a la facultad prevista por el artículo 68 de la ley 24.522, y (ii) de la
legitimación que otorga la misma norma legal para que las sociedades irregulares y de hecho puedan acceder al
concurso preventivo.
Sin embargo debe tenerse presente que el reconocimiento de la legitimación para acceder al concurso
preventivo a la sociedad extranjera no inscripta por el 124 — que era la inscripción pertinente— y que sí lo
estaba por el artículo 123 — que no correspondía— importa concederle personalidad bajo el régimen de las
sociedades irregulares y de hecho — sanción de nuestra ley para las sociedades locales no inscriptas— lo que

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importa la responsabilidad ilimitada y solidaria de todos sus socios y accionistas — en el caso uno solo— , y de
quienes representaron y actuaron por la sociedad; los que se verán afectados por la responsabilidad que pudieran
exigirles los acreedores a tenor de los artículos 21 a 26 de la ley 19.550, y las acciones que podrían derivarse de
una futura declaración en quiebra.
IV. Naturaleza del artículo 124 de la ley 19.550
En cuanto a la naturaleza del artículo 124 de la ley 19.550, no existe consenso en la doctrina respecto de este
punto; pues tanto ha sido concebido como una norma de policía de Derecho Internacional Privado, como un
claro precepto que regula la constitución de sociedades en fraude a la ley.
Para Boggiano (14), por ejemplo, se trataría de una norma de policía de Derecho Internacional Privado
argentino en virtud de la cual se defiende la aplicación del derecho argentino con todo rigor y exclusividad
cuando una sociedad tiene su sede en el país o cuando el principal objeto social está destinado a cumplirse en el
territorio de la república. Contrariamente, si tales elementos se ubican en territorio de otro país extranjero, en la
Argentina no se defiende la aplicación del derecho de la sede o del principal objeto, sino que se acepta la
aplicación de la ley del lugar de constitución; como ocurre en el caso del artículo 118, parte primera, de la ley
19.550.
Señala Boggiano que se advierte el carácter unilateral de la norma contenida en el artículo 124 de la ley
19.550, que sólo enfoca dos conexiones alternativas en el territorio nacional: la sede o la principal actividad del
objeto social y, produciéndose en los hechos cualquiera de esas dos hipótesis, la aplicación del derecho
societario argentino es perentoria y excluyente de cualquier eventual derecho extranjero.
Por el contrario, tanto para Goldschmidt (15) como para Kaller de Orchansky (16), se trataría de un típico
caso de fraude a la ley.
Como bien lo advierte esta última autora, es sabido que en el Derecho Internacional Privado la norma
indirecta remite a un determinado ordenamiento para que éste regule una situación jurídica; para ello la norma
utiliza un punto de conexión personal, real o voluntario. El legislador prevé, al regular la cuestión, la realización
normal del punto de conexión y asigna la competencia normal del derecho señalado. Claro está que en ciertos
casos los particulares se acogen deliberadamente a un ordenamiento jurídico cuya reglamentación de ciertas
situaciones le resultan más favorables que otra, nacional o extranjera, a la cual están normalmente sujetos y —
para lograr sus propósitos— evadir el derecho normalmente competente y lograr la aplicación de otro derecho
más favorable, alteran voluntaria y maliciosamente el punto de conexión utilizado por la norma indirecta.
La intención que anima a los particulares es fraudulenta porque los cambios operados en los puntos de
conexión carecen en absoluto de la sinceridad, son efectuados con el fin exclusivo de eludir la ley normalmente
competente y obtener la aplicación del derecho escogido. Al decir de Kaller de Orchansky, la competencia de la
nueva ley — aquella que es buscada a través del fraude— resulta así anormal o artificial, es el producto de
móviles egoístas ansiosos de burlar el derecho normalmente competente y colocarse bajo el imperio de una ley
más favorable.
Claro está que ello debe ser sancionado, pues como recordaba Niboyet (17), la noción de fraude a la ley en
Derecho Internacional Privado es el remedio necesario para que la ley conserve su carácter imperativo, y su
sanción en los casos en que deje de ser aplicable a una relación jurídica, por haberse acogido los interesados a
una nueva ley (18).
IV.1. Fraude a la ley y norma de policía: dos supuestos diferentes
La diferencia entre caracterizar a una norma como sancionatoria del fraude a la ley o como una norma de
poder de policía de Derecho Internacional Privado no es algo menor.
En efecto, mediante normas de policía, el legislador nacional — enseña Boggiano— elige su derecho
interno (lex fori) como aplicable para un caso multinacional. La autoelección del derecho propio del legislador
de normas de policía, está inspirada en el fin de proteger ciertos intereses generales y públicos del país
comprometidos en los actos multinacionales.
Se trata — entonces— de la incidencia de los intereses nacionales en los casos multinacionales
jusprivatistas, incidencia que adquiere mayor importancia cuando los Estados se proponen organizar, controlar y
dirigir las estructuras jusprivatistas que repercuten, en conjunto, en la planificación económica de aquellos
estados. Al decir de Boggiano, ciertamente no sólo los intereses públicos económicos dominan la finalidad de
las normas de policía, sino también intereses públicos familiares, asistenciales, y sociales, entre otros.
Finalmente, también cabe destacar que en la materia en que el legislador dicta la norma de policía de Derecho
Internacional Privado, también allí se debe afirmar la jurisdicción internacional de los jueces argentinos; es el
paralelismo de competencias que permite deducir la jurisdicción internacional argentina de las normas de policía

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argentinas. La aplicación de la norma de policía es imperativa.
Por el contrario, en el caso de fraude a la ley existe un elemento subjetivo — que debe probarse— que es la
intención dolosa, y la evidencia de la intención fraudulenta tiene que sea extraída de la conducta exterior de las
partes. Como advierte Goldschmidt, los dos indicios típicos de la intención fraudulenta en este campo son: a) la
expansión espacial de las conductas, y b) la contracción temporal. Las partes aparecen en un país extranjero
donde no pueden justificar su actuación, y obran aceleradamente. Pero para destruir las presunciones típicas del
fraude deben suministrarse razones objetivas que justifiquen las conductas aparentemente extraordinarias; lo que
no es sencillo, toda vez que el fraude puede ser — a su vez— (i) retrospectivo, que es el cometido para eludir
las consecuencias de un acto ya realizado; (ii) simultáneo, que falsea los hechos ya al llevarlos a cabo o bien a
fin de evitar las consecuencias inmediatas del acto llevado a cabo en forma sincera: y (iii) el fraude a la
expectativa, manipulando los hechos y no porque — como bien advierte Goldschmidt— el acto sincero
produzca consecuencias que se quieren evitar, sino porque se teme que en el futuro puedan darse esas secuelas,
y se procura evitarlas.
Para que exista fraude a la ley deben darse tres requisitos básicos: (i) el punto de conexión debe haberse
alterado mediante un proceso regular no objetable;
(ii) el derecho que se pretende eludir por ser el normalmente competente, debe ser un derecho coactivo; y
(iii) la invocación del fraude a la ley debe ser el último recurso y operar sólo en ausencia de cualquier otro
remedio para neutralizar los resultados queridos por las partes.
Como puede advertirse, de acuerdo con la posición que se adopte en relación a la naturaleza de la norma,
será la forma en que debe considerarse operará la protección legal.
Si se adhiere a la posición que otorga a la regulación contenida en el artículo 124 de la ley 19.550 la
naturaleza de una norma de policía de Derecho Internacional Privado, verificados cualquiera de los dos puntos
alternativos de conexión en relación con dicha norma — que la sociedad tenga su sede en la República o que su
principal objeto esté destinado a cumplirse en la misma— de nada les valdrá a las partes constituir la sociedad
en un país extranjero y someterla a otras leyes, ya que en aquellas circunstancias de conexión se aplica
exclusivamente la ley argentina y para evadirla deberían crear ficticiamente una sede y una explotación en el
extranjero (fraude), pues éstos son los puntos de conexión.
Contrariamente, si se adhiere a la posición de que se trata de un caso típico de fraude a la ley, el mismo debe
probarse, con la carga de la prueba en cabeza de quien invoque el fraude, y ello debilitaría — desde nuestro
punto de vista— el alcance de la norma.
Por nuestra parte hemos adherido a la primera de las posiciones, es decir a la que considera la norma del
artículo 124 como una norma de policía de Derecho Internacional Privado, de carácter imperativo, y señalamos
que esta división doctrinaria en relación con el tema específico — norma de policía vs. fraude a la ley—
obedece a una situación que en la doctrina se ha pasado algunas veces por alto y es que las normas de policía de
Derecho Internacional Privado también persiguen — muchas veces— evitar y prevenir el fraude a la ley
nacional; y de allí viene la confusión. El hecho de que el artículo 124 contenga una norma de policía de Derecho
Internacional Privado que — además— intenta prevenir el fraude a la ley nacional, no convierte a la norma en
una típica norma sancionatoria del fraude a la ley.
Prueba de ello es que la norma mencionada en modo alguno castiga el hecho fraudulento con la sanción
típica aplicable al fraude a la ley como lo es la ineficacia de las consecuencias fraudulentas perseguidas por las
partes, haciendo que caiga también el acto o hecho instrumental del fraude, ni tampoco juzga como no ocurridos
los puntos de contacto artificiales.
Por el contrario, la norma se preocupa muy bien de establecer una consecuencia particular y con alcance
acotado respecto de la sociedad constituida en el extranjero que tiene su sede en la República o cuyo principal
objeto esté destinado a ser cumplido en la misma: (i) considerarla sociedad local y (ii) con el sólo alcance
respecto de las formalidades de constitución, o de su reforma y contralor de funcionamiento.
Por ello, desde nuestro punto de vista, la norma contenida en el artículo 124 de la ley 19.550 no es una típica
norma que sanciona el fraude a la ley, sino que es:
(i) una norma de policía de Derecho Internacional Privado;
(ii) tiene carácter imperativo;
(iii) resulta de aplicación exclusiva y excluyente en los casos en que se presenten cualquiera de las dos
circunstancias de conexión; y — finalmente—

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(iv) la jurisdicción de los tribunales argentinos también es exclusiva y excluyente en el caso.
V. Aplicación de la ley concursal argentina a los deudores domiciliados en el extranjero
La legislación concursal argentina contiene una norma de Derecho Internacional Privado que prevé la
hipótesis de concursamiento del deudor domiciliado en el extranjero respecto de los bienes situados en el país —
art. 2, inciso 2, ley 24.522— .
La norma atribuye competencia internacional al juez argentino para la apertura de procedimientos
concursales, excepcionando la regla general por la que el domicilio del deudor determina la ley aplicable y el
juez competente en su concurso.
La concursalidad del patrimonio situado en el territorio nacional no excluye la existencia de un concurso
abierto en el extranjero, puesto que la jurisdicción en este supuesto es concurrente a diferencia de la hipótesis
del deudor domiciliado en el país, en el que la jurisdicción internacional argentina es exclusiva y excluyente.
El proceso abierto, en consecuencia, será territorial, su aplicación y validez tendrá virtualidad en Argentina,
sin perjuicio de los efectos cuya propagación expanda el concurso foráneo. La jurisdicción quedará delimitada a
los bienes locales, y no tendrá injerencia alguna respecto del patrimonio del fallido internacionalmente disperso,
fuera del territorio de la república (19).
De este modo, el principio de universalidad del patrimonio establecido en el segundo párrafo del artículo 1°
de la ley 24.522 queda acotado a la masa de bienes aquí situados. Si bien hemos sido siempre partidarios de
sostener que la referencia que las normas del artículo 2 de la ley 19.551, en su tiempo, y de la 24.522, en la
actualidad, hacen al concurso del deudor domiciliado en el extranjero, era referencias relativas al instituto de la
quiebra (20), y que éste era el sentido que le había dado la jurisprudencia a dicha regulación (21), no podemos
dejar de advertir que la incorporación por parte del nuevo régimen legal de 1995 del instituto del "Concurso en
Caso de Agrupamiento" con la misma facultad otorgada al garante, lleva a replantear la cuestión.
Los argumentos para sostener la posición anterior eran claros:
i) la facultad de apertura de un concurso preventivo en nuestra ley sólo opera por voluntad del deudor y no
por el acreedor a quien sólo le queda el remedio de solicitar la declaración en quiebra;
ii) el remanente al que alude la ley sólo opera en caso de quiebra y no de concurso preventivo; y
iii) el objetivo de otorgar la preferencia y de liquidar el patrimonio local para repartirlo entre los acreedores
también locales es sólo aplicable al proceso de quiebra.
De hecho el mismo maestro Cámara ya lo había adelantado, señalando, además, que otorgar un alcance
diferente a la interpretación generaría un sinnúmero de dificultades y perjuicios, a la vez que la antigua ley
11.719, la ley italiana, y la mejicana, siempre se refirieron a la quiebra y no a los procesos preventivos (22).
Sin perjuicio de seguir sosteniendo el principio general enunciado, nos parece que, atento a la nueva
regulación legal — ley 24.522— , debería tomarse como excepción atendible la posibilidad de que un deudor
domiciliado en el extranjero pueda acceder, mediante la exclusiva vía del concurso en caso de agrupamiento, o
en su carácter de garante de un deudor concursado, a un procedimiento preventivo.
Negarle tal oportunidad sería colocarlo en una situación de desventaja en relación con los otros integrantes
del conjunto económico, o del deudor afianzado o principal, privándolo de intentar resolver el estado de
cesación de pagos al que lo arrojaría el proceso concursal del deudor principal, mediante un proceso de concurso
preventivo, dejando sin esta posibilidad alguna al integrante domiciliado en el exterior, o al garante quienes no
serían alcanzados por la novación prevista en el artículo 55 de la ley concursal en caso de que el acuerdo
preventivo resulte homologado.
Para el caso en que el acuerdo no llegare a buen término o que, homologado, resulte incumplido, la quiebra
que pudiera declararse será efectiva respecto de los bienes existentes en el país (art. 2, ley 24.522).
Por ello, en este punto, y referido especialmente a los casos de sociedades constituidas en el extranjero, nos
pronunciamos por la siguiente interpretación:
i) cuando el artículo 2 de la ley 24.522 refiere como sujetos comprendidos en el régimen a los deudores
domiciliados en el extranjero respecto de los bienes existentes en el país, la referencia debe entenderse como
que el proceso al que alude es exclusivamente la quiebra, y no el concurso preventivo;
ii) sin perjuicio de ello, el deudor domiciliado en el extranjero — y las sociedades constituidas en el
extranjero— que integraran un conjunto económico que ha solicitado tramitar su concurso preventivo en los
términos de los artículos 65 a 68 de la ley 24.522 (Adla, LV-D, 4381), o que resulte garante por cualquier acto

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jurídico de obligaciones de un deudor que hubiere solicitado su concurso preventivo, podrán acceder —
excepcionalmente— a este procedimiento — conforme a lo dispuesto por los arts. 65 y siguientes de la ley
24.522— ;
iii) se encuentran comprendidas en este supuesto tanto las sociedades constituidas en el extranjero que no
hayan realizado actividad en la República, como las sociedades comprendidas en los supuestos de los artículos
118, tercer párrafo, 123, y 124 de la ley 19.550.
VI. La cuestión referida a la existencia de bienes en el país
Atento al texto legal contenido en el artículo 2, inciso 2° de la ley 24.522, ¿debe entenderse que la exigencia
de previa comprobación de la existencia de bienes en Argentina como presupuesto de apertura del concurso
convierte al requisito jurisdiccional en un presupuesto de fondo para la procedencia de la petición falencial?
Adelantamos desde ya nuestra opinión en contrario.
El presupuesto objetivo para la petición de la declaración en quiebra directa de un sujeto fue y sigue siendo
— bajo la ley concursal argentina— el "estado de cesación de pagos" (23). Si bien dentro de nuestro régimen
legal el sistema concursal es aplicable a "sujetos", dos excepciones que presentan características particulares —
el patrimonio del fallecido mientras se encuentre separado del de los herederos, y el deudor domiciliado en el
extranjero respecto de los bienes existentes en el país (24)— se apartan de la regla, pero de ningún modo por
ello se deja sin efecto — en ningún caso— la exigencia del presupuesto objetivo para la declaración de falencia,
cual es el estado de cesación de pagos — arts. 1 y 78 de la ley 24.522— del deudor.
En el primero de los casos — patrimonio del fallecido— la regulación obedece a las normas contenidas en
el Libro IV, Sección I, Títulos III y V del Código Civil que contempla los institutos del beneficio de inventario y
la separación de patrimonios; en el segundo ello obedece a permitir un régimen de preferencia en el cobro por
parte de los acreedores locales sobre los bienes que se encuentren en el país de propiedad del deudor
domiciliado en el extranjero.
Pero en modo alguno acreditar la existencia previa de bienes en el país puede constituir un requisito de
procedibilidad o de admisión de la petición de falencia, en la medida en que no se trata — esta acción— de una
acción individual que persigue la ejecución de bienes para cobrarse con el producido de la venta forzada de los
mismos.
De lo que se trata el instituto contenido en el art. 2, inciso 2° de la ley 24.522, es de poner coto o límites a
los efectos de la quiebra declarada por un juez argentino respecto de un deudor domiciliado en el extranjero. En
lugar de ser una declaración en quiebra que afectará universalmente la totalidad del patrimonio del deudor
fallido, y que importará el desapoderamiento de todos sus bienes — salvo los excluidos expresamente por la ley
— , los efectos alcanzan nada más que a los bienes que tal deudor domiciliado en el extranjero pueda tener en la
República Argentina.
Dicho de otro modo: el deudor domiciliado en el extranjero — como reza la ley 24.522— es declarado en
quiebra sólo respecto de bienes existente en el país; sean éstos conocidos o no al momento de tal declaración
(25).

VI.1. El caso Pacesetter


La Corte Suprema — por medio de una disidencia minoritaria— tuvo oportunidad de considerar este tema
en el año 1994 al llegar a su conocimiento el caso "Pacesetter Systems Inc. S.A. s/pedido de quiebra por
Pacesetter S.A." Lamentablemente la disidencia adoptó una posición diferente a la de nuestro pensamiento —
los restantes miembros de la Corte no se pronunciaron— en relación con la cuestión mencionada en el acápite
anterior.
La situación era la siguiente: Pacesetter S.A. había iniciado un pedido de quiebra contra Pacesetter Systems
Inc. — sucursal Argentina— , sociedad domiciliada en los Estados Unidos de América, argumentando que ésta
había sido condenada por sentencia firme de un juzgado local en un juicio ordinario entablado por ella y que
dicha sentencia no había sido cumplida oportunamente por lo que consideraba acreditado el estado de cesación
de pagos.
Por su parte, el representante de la sucursal Argentina de Pacesetter Systems Inc. sostuvo que la sociedad
norteamericana carecía de patrimonio en el país y que la sucursal se encontraba "en la práctica totalmente
liquidada", solicitando que se declarase la incompetencia del tribunal y se rechazase el pedido de quiebra con
fundamento en el artículo 2°, inciso 2°, de la ley 19.551, equivalente a la norma correspondiente de la ley
24.522.
La sentencia de primera instancia hizo lugar a la excepción opuesta y rechazó el pedido de quiebra, pues si

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bien aceptó que existía un crédito probado sumariamente y un hecho revelador de la cesación de pagos, el juez
manifestó que no había podido constatar en la litis la existencia de bienes en el país; dato indispensable — según
su interpretación del texto legal— para decretar una quiebra ante esta jurisdicción de una empresa extranjera.
La sentencia fue apelada y la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Comercial, Sala C, al hacer suyo el
dictamen del fiscal de cámara, revocó la sentencia de primera instancia. Aquél, a su vez, había receptado la
argumentación desarrollada por la peticionante en su memorial de agravios, sosteniendo que el legislador había
querido subrayar su intención de ceñir sus pretensiones, de orden procesal, a la territorialidad de juicios y masas.
Ello no importaba — sin embargo— a criterio del tribunal de alzada, que pudiera confundirse esa
limitación territorial con una exigencia de fondo que sólo habilitará la declaración de quiebra de un deudor
domiciliado en el extranjero, supeditada a la previa comprobación de la existencia de bienes en el país, pues
esto, convertiría la modesta aspiración de efectos territoriales, de índole claramente jurisdiccional, en un
requisito de fondo para la procedencia misma del decreto de falencia que debería añadirse a las previsiones del
art. 4° del mismo cuerpo legal, que es la única disposición de derecho de fondo aplicable en la materia.
Concluyó la Cámara sosteniendo que "en la especie, en consecuencia, la sociedad constituida en el
extranjero, y por ende su sucursal en el país, mientras se halle configurado alguno de los supuestos
contemplados por el art. 4 de la ley 24.522 podría ser declarada en quiebra, con la advertencia de que tal
decreto, desde el punto de vista jurisdiccional, sólo tendrá eficacia reconocida con base legal, respecto de los
bienes existentes en el país que pudieren detectarse en el trámite de la causa.
El recurso extraordinario interpuesto contra tal resolución fue denegado por la Cámara.
Presentada que fue la queja ante la Corte por denegación de recurso extraordinario, el expediente llegó a
conocimiento de la Corte y, si bien la mayoría de los miembros del máximo tribunal desestimó la queja por
considerar que la resolución dictada por la Cámara no era una sentencia definitiva ni equiparable a ésta — art.
14 de la ley 48 (Adla, 1852-1880, 364)— , uno de los ministros — en disidencia— sostuvo que el artículo 2°,
inciso 2° de la ley 19.551 — vigente entonces pero aplicable a lo dispuesto en la actual ley 24.522— supeditaba
la jurisdicción internacional de los jueces argentinos en materia concursal a la existencia de bienes en el país de
la sociedad domiciliada en el extranjero. Según Boggiano — autor de la disidencia— no cabe sostener que el
propio proceso falencial sea un cauce para determinar dicha existencia.
Según este criterio doctrinal expuesto por el magistrado, para que el juez argentino pueda ejercer su
jurisdicción internacional el acreedor peticionante de la quiebra debe denunciar bienes sitos en Argentina. De lo
contrario, se desnaturalizaría — para Boggiano— el sentido de la norma pues podría someterse a juicio ante los
tribunales argentinos a una entidad completamente ajena a nuestro país que deberá soportar injustificadamente
un proceso en jurisdicción extraña, lo que compromete la garantía de defensa en juicio contemplada en el
artículo 18 de la Constitución Nacional (26).
VI.2. El caso Boskoop
Se trata de un fallo dictado por la Sala A de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Comercial de la
Capital Federal, siguiendo el dictamen de la Fiscalía de Cámara, disponiendo encuadrar jurídicamente como una
sociedad comprendida en el régimen del art. 124 de la ley 19.550 a una sociedad constituida en la República
Oriental del Uruguay bajo el régimen de la ley uruguaya 11.073 de Sociedades Anónimas Financieras de
Inversión (SAFI), cuya actividad principal era la inversión en el extranjero en títulos, bonos, acciones, cédulas,
debentures, letras, bienes mobiliarios, o inmobiliarios — y que de hecho era propietaria de un inmueble en la
Ciudad Autónoma de Buenos Aires el que explotaba como garaje y playa de estacionamiento por horas— con
prohibición absoluta de realizar cualquier tipo de actividad dentro del territorio de la República Oriental del
Uruguay — país de su creación— , y que no había probado realizar ninguna otra actividad en un tercer país.
Si bien el caso se refiere a un pedido de quiebra y al juez competente para intervenir en el proceso, el fondo
del debate nos introduce también en el rico campo de las sociedades constituidas en el extranjero bajo la
fenomenología off shore, y ciertas consecuencias del tratamiento que debe darse a estos casos.
Pero no es esto solamente lo trascendente de las argumentaciones del Ministerio Público que hace suyas el
tribunal de alzada. Varios son los aspectos involucrados en el pronunciamiento dignos de ser destacados.
VI.2.1. Encuadramiento de la sociedad off shore en el art. 124 de la ley 19.550
En el extenso dictamen del Ministerio Público se sostuvo — en el caso— que, tratándose Boskoop S.A. de
una sociedad encuadrable en el art. 124 de la ley 19.550, que había incumplido con la inscripción en el registro
local, debía ser considerada una sociedad irregular. Ello en la medida en que, al imponer la norma legal que esta
sociedad constituida en el extranjero deba ser considerada una sociedad local a los efectos de las formalidades
de constitución y de funcionamiento, le resultan aplicables las normas de la ley 19.550 en materia de inscripción

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y las consecuencias de su eventual omisión.
VI.2.2. La extensión del principio de irregularidad a la responsabilidad de los accionistas en caso de quiebra
Otro aspecto interesante del fallo es el relativo a la vinculación entre irregularidad y quiebra en los términos
del art. 160 de la ley 24.522, toda vez que esta última norma dispone que la quiebra de la sociedad importa la
quiebra de sus socios con responsabilidad ilimitada, de modo que cualquier declaración en quiebra respecto de
la sociedad comprendida en el art. 124 de la ley 19.550 carente de inscripción, hará extensivo a los accionistas el
estado de falencia, tal como nosotros lo adelantáramos en su momento (27).
VI.2.3. El art. 124 de la ley 19.550 y los tratados internacionales
Como es sabido, a partir de la reforma constitucional de 1994, los tratados internacionales tienen una
jerarquía superior a las normas internas. En diversas oportunidades se ha intentado sostener que la norma
contenida en el art. 124 de la ley 19.550 y las resoluciones dictadas en su consecuencia por parte de la
Inspección General de Justicia a partir del año 2003, contarían tratados internacionales suscriptos por la
República Argentina (28). Ya hemos intentado demostrar en un trabajo anterior — y desde nuestro punto de vista
lo hemos logrado— que ello no es así y que, no bien se analicen los textos podrá concluirse que la norma de la
ley 19.550 y los alcances interpretativos que se han otorgado a la misma por quienes reivindican el ejercicio
pleno del poder de policía del Estado en los casos en que se trate de sociedades constituidas en el extranjero que
tengan su sede o cuyo principal objeto esté destinado a ser cumplido en la República, en modo alguno colisionan
con tales tratados (29).
En el extenso dictamen del Ministerio Público se sostuvo — en el caso— que, tratándose Boskoop S.A. de
una sociedad encuadrable en el art. 124 de la ley 19.550, debía ser considerada sociedad local, y que dicha
norma en forma alguna violaba tratado internacional suscripto por la República Argentina. En este sentido el
Ministerio Público ratificó lo sostenido por nosotros con anterioridad (30).
VI.2.4. La sede efectiva de la administración de los negocios y el principio de "realidad"
En el caso "Boskoop" el Ministerio Público consideró que la sociedad en cuestión constituía una sociedad
"in fraudem legis", dado que había realizado actividad habitual en la República Argentina sin cumplir con el
deber de registrarse, y aparentando ser una sociedad extranjera, cuando en realidad su único objeto se cumplía
en la República. En tal sentido argumental, y sobre la base de citar ciertos antecedentes jurisprudenciales (31),
siendo que la administración y la dirección de la sociedad Boskoop S.A. se encontraba en la Argentina, la "sede"
estaba en el territorio nacional, concluyendo que aún en el contexto del art. 3, inciso 3, de la ley 24.522, que
establece que es competente para entender en los procesos de insolvencia el juez del domicilio en el caso de las
sociedades regularmente constituidas, se ha establecido que la regla no se aplica si se comprueba el carácter
ficticio del domicilio social, pues se trata de dar primacía a la "realidad" sobre la "apariencia", con lo que debe
ceder el domicilio legal como determinante de la competencia para conocer en al quiebra de una sociedad si ésta
realizaba sus actividades y casi la totalidad de su activo estaba en otra jurisdicción (32).
VI.3. El antecedente del fallo "Belforte"
En este caso — citado por el Ministerio Público en el caso Booskoop— la Sala B de la Cámara Comercial,
con fecha 16 de abril de 2003, tuvo que resolver una situación en la cual una sociedad constituida en el
extranjero tenía establecida sucursal en la República Argentina pero, de sus registros surgía que los bienes de
dicha sucursal eran realmente casi todo el patrimonio, constituyendo de hecho más que una sucursal real, casi
una sucursal ficticia que denotaba la realización de una actividad principal de la sociedad uruguaya en el país
encuadrable en el artículo 124 de la ley 19.550.
Se reclamaba la jurisdicción uruguaya para que el concurso preventivo de la sucursal no se llevara a cabo en
el país y la Cámara reivindicó la jurisdicción nacional bajo la aplicación del artículo 124 de la ley 19.550 en
consonancia con el Tratado de Montevideo de 1940.
La Cámara sostuvo en esa oportunidad, siguiendo el dictamen del Fiscal de Cámara que:
i) si del examen de los estados contables y de la situación patrimonial de la concursada (sucursal de una
sociedad constituida en el Uruguay) surge que esta tiene importantes bienes en el país y desarrolla en él una gran
actividad comercial, lo que excede el ámbito de los actos aislados de comercio mencionados en el artículo 118,
ello permitiría concluir que, atendiendo a la realidad económica y a la entidad del giro de la concursada más que
al ropaje jurídico formal de la sucursal, ésta puede ser incluida en la categoría de casa independiente, a que se
refiere el artículo 41 del Tratado de Montevideo de 1940, por lo que una aproximación mayor a la realidad
subyacente conduce a la conclusión que la sociedad concursada encuadra mejor en la hipótesis del artículo 124
de la ley 19.550; y que

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ii) la norma del artículo 124 de la ley 19.550 no contradice lo dispuesto por el artículo 40 del Tratado de
Montevideo de 1940, sino que es complementaria y puede integrarse sin dificultad, prueba de lo cual es que a la
fecha de celebración del pacto internacional se encontraba vigente el artículo 286 del Código de Comercio, que
es el antecedente del actual artículo 124 de la ley 19.550 y que — en sustancia— consagraba una disposición
similar (33).
VI. El caso "Compañía General de Negocios SAIFE s/pedido de quiebra por Mihanovich, Ricardo L."
Se trata la cuestión de una sociedad constituida en la República Oriental del Uruguay bajo el conocido
régimen previsto en el decreto 381/89, reglamentario del arto 4 del decreto-ley 15.322 de la República Oriental
del Uruguay, que establece que las empresas de intermediación financiera externa tendrán por único objeto la
realización de operaciones de intermediación o mediación financiera entre la oferta y la demanda de títulos
valores, dinero o metales preciosos, radicados fuera del país, de acuerdo a la reglamentación que dicte el Poder
Ejecutivo, con el asesoramiento del Banco Central del Uruguay, entidades que sólo podrán operar con no
residentes en el mencionado país.
Conforme a lo que habría sido probado en una causa penal vinculada al caso, esta sociedad — Compañía
General de Negocios SAIFE— operaba y funcionaba desarrollando su actividad de intermediación financiera
en el territorio de la República Argentina — más precisamente en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires— , con
oficinas situadas dentro de dependencias del Banco General de Negocios S.A. — una entidad financiera
nacional— captando dinero y disponiendo de esos fondos mientras que su domicilio legal — situado en la
Ciudad de Montevideo— conformaba una mero lugar de registración contable sin actividad comercial ni
financiera alguna.
Ante el incumplimiento de una obligación financiera — y la exteriorización de otros incumplimientos— , un
acreedor denunció el estado de cesación de pagos de la deudora y solicitó la declaración en quiebra de dicha
sociedad constituida en la República Oriental del Uruguay bajo el argumento que se trababa de una sociedad
comprendida en el art. 124 de la ley 19.550, es decir, una sociedad constituida en el extranjero pero cuya
principal objeto estaba destinado a cumplirse en la República, donde — además— poseía su verdadero
domicilio comercial y centro de actividades.
Tanto el juez de primera instancia como la Cámara — Sala C de la Cámara Comercial— rechazaron el
pedido de quiebra sobre la base de varios argumentos: a) no haber acreditado el peticionante que revestía el
carácter de acreedor local — es decir de que su crédito hubiera de ser pagado en el país— ; b) que el juez
competente para intervenir en el proceso de quiebra era el del domicilio del deudor — Uruguay— conforme a
los Tratados de Montevideo de 1889 y 1940; y c) que el peticionante no había acreditado de un modo fehaciente
que la demandada tuviera bienes en el país — recaudo exigido por el art. 2 inc. 2 de la ley 24.522 para dar curso
a la petición de falencia— -, algo que era insoslayable a juicio del tribunal para dar curso a la petición.
Recurrieron por la vía extraordinaria el Ministerio Público y la peticionante de la quiebra. El primero hizo
hincapié en que — a su juicio— la Cámara de Apelaciones había omitido aplicar el art. 6 de la Convención
Interamericana sobre Normas Generales de Derecho Internacional Privado, en tanto prescribe que no se aplicará
como derecho extranjero el derecho de un Estado Parte, cuando artificiosamente se hayan evadido los principios
fundamentales de la ley de otro Estado Parte, lo que habría ocurrido en el caso bajo análisis, pues se habría
probado que la Compañía General de Negocios, constituida en la República Oriental del Uruguay bajo un
sistema legal que sólo le permitía desarrollar actividad financiera fuera de ese país, cumplía esa actividad en
forma clandestina y marginal en la sede del Banco General de Negocios, situada en la Ciudad de Buenos Aires.
Señaló que captaba fondos y títulos valores de ahorristas e inversores argentinos que eran registrados como
recibidos o transferidos al país mencionado, vulnerando el control del Banco Central de la República Argentina.
Adicionalmente, en razón de lo dispuesto por el art. 124 de la ley 19.550 correspondía — a criterio de la Fiscalía
— considerar a la sociedad extranjera como sociedad local.
La peticionante — por su parte— también destacó estos aspectos, agregando que la Cámara al fallar había
omitido la consideración de hechos y pruebas esenciales obrantes en el proceso y prescindido de dar a la
controversia un tratamiento acorde con las circunstancias de la causa, con grave afectación de las garantías
constitucionales de defensa en juicio y propiedad. Alegó también la existencia de gravedad institucional en el
caso.
Al dar tratamiento al Corte a la cuestión resolvió la admisibilidad del recurso por considerar que el mismo
era formalmente procedente, ya que se hallaba en juego la interpretación de normas de naturaleza federal y la
decisión ha sido contraria al derecho que los recurrentes fundaron en ellas (art. 14, inc. 3 de la ley 48).
Luego de analizar aspectos de Derecho Internacional Privado, la Corte señaló que la individualización de las
normas de derecho interno que finalmente pudieran resultar aplicables al caso requerían la consideración de
extremos fácticos y jurídicos que habían sido desatendidos por la Cámara.

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A modo de ejemplo, señaló la Corte que el art. 124 de la ley 19.550 individualiza el supuesto en el cual la
sociedad constituida en el extranjero no es reconocida como tal, sino como sociedad local. Tal supuesto se
configura cuando la sede o el principal objeto social se ubican en territorio nacional, hipótesis que impone la
aplicación del ordenamiento legal nacional con el alcance establecido en la propia norma. Por consiguiente, la
decisión acerca del tratamiento legal que, en el derecho interno, corresponde a la sociedad cuya quiebra se
peticiona, se encuentra inescindiblemente unida a la conclusión a que se arribe acerca del lugar en que ésta
desarrolló su actividad principal — cuestión no abordada por la Cámara— .
Advirtió el máximo tribunal que los jueces deben interpretar adecuadamente las normas jurídicas que
aplican, y que no pueden incurrir en defectos en la consideración de extremos conducentes a la solución del
caso, advirtiéndose que la Cámara había errado al pronunciarse respecto de los recaudos establecidos en la ley
de concursos para alcanzar la calidad de acreedor local — art. 4— o la existencia de bienes en el país — art. 2
— , puesto que el examen de tales requisitos no puede efectuarse sin atender al régimen legal bajo el que opera
la sociedad, a su actividad y a la modalidad con que la desarrolla y a las probanzas obrantes en la causa sobre
tales aspectos.
A juicio de la Corte, a efectos de determinar la jurisdicción a la que compete entender en una petición de
falencia de la sociedad objeto de análisis, constituida en la República Oriental del Uruguay, debe acudirse a los
Tratados de Montevideo de Derecho Comercial Terrestre de 1889 y de 1940. El art. 35 del tratado de Derecho
Comercial Internacional de Montevideo de 1889 establece que: "Son jueces competentes para conocer de los
juicios de quiebra los del domicilio comercial del fallido, aun cuando la persona, declarada en quiebra, practique
accidentalmente actos de comercio en otra Nación, o mantenga en ella agencias o sucursales que obren por
cuenta y responsabilidad de la casa principal». Por otra parte, el art. 40 del Tratado de Derecho Comercial de
Montevideo de 1940, prescribe que: Son jueces competentes para declarar la quiebra, los del domicilio del
comerciante o de la sociedad mercantil, aun cuando practiquen accidentalmente actos de comercio en otro u
otros Estados, o tengan en alguno o algunos de ellos, agencias o sucursales que obren por cuenta y
responsabilidad del establecimiento principal».
Concluye el máximo tribunal en que en ambos tratados se consigna el domicilio comercial de la deudora
como atributivo de la jurisdicción para tramitar los procesos de falencia, el cual es a su vez definido en el art. 3
del Tratado de Montevideo de Derecho Comercial y Terrestre de 1940, que establece: "Domicilio comercial es
el lugar en donde el comerciante o la sociedad comercial tienen el asiento principal de sus negocios. Si
constituyen, sin embargo, en otro u otros Estados, se consideran establecimientos, sucursales o agencias,
domiciliados en el lugar en donde funcionen, y sujetos a la jurisdicción de las autoridades locales, en lo
concerniente a las operaciones que allí se practiquen".
En síntesis, lo que la Corte ha advertido en su pronunciamiento puede resumirse en grandes definiciones:
a) en materia atributiva de jurisdicción cuando se discute qué juez es competente para atender al pedido de
quiebra de una sociedad constituida en el extranjero — en este caso en la República Oriental del Uruguay—
que desarrolla actividad en el país, debe ponderarse seriamente establecer dónde dicha sociedad desarrolla su
actividad principal — art. 124 de la ley 19.550— ;
b) los aspectos sustanciales de la causa y las probanzas arrimadas sobre el régimen legal aplicable al sujeto
bajo análisis — en el caso concreto— son el eje a partir del cual deben examinarse los recaudos bajo los cuales
la acción puede ser intentada — p. ej. arts. 2 y 4 de la ley 24.522— ; y
c) no pueden dictarse fallos que no vengan acompañados de suficiente fundamentación y análisis, dejando
de lado aspectos sustanciales para refugiarse en cuestiones meramente formales.
La Corte revocó — entonces— el fallo de Cámara y mandó a dictar nuevo fallo "con arreglo a lo resuelto"
¿Qué significa esto?
VII. Colofón
Pues bien, al tener que analizar la Cámara Comercial nuevamente el caso para dictar un nuevo fallo "con
arreglo a lo resuelto" por la Corte, deberá encarar seriamente las probanzas y constancias de la causa para
determinar si la sociedad constituida en el extranjero tenía su centro principal de intereses — para decirlo en
terminología europea— o desarrollaba su actividad principal en el territorio de la República Argentina, o si en
él tenía su sede — según reza nuestra ley 19.550— y, si la respuesta es afirmativa, deberá considerarse
competente para dictar el fallo. Fallo — éste— que tendrá que disponer la quiebra de Compañía General de
Negocios S.A.I.F.E, acreditado que hubiera sido en el expediente la existencia de hechos reveladores del estado
de cesación de pagos de la mencionada sociedad.
Claro está que, tratándose de una sociedad constituida en el extranjero, encuadrable — si se acredita lo

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señalado al comienzo del párrafo anterior— en el art. 124 de la ley 19.550, y no inscripta en el Registro Público
de Comercio, a cargo de la Inspección General de Justicia, le resultaría aplicable el régimen de los arts. 21 y
siguientes — sociedad irregular— , dando operatividad a la norma contenida en el art. 160, comunicando la
quiebra por extensión a sus socios.
Por su parte, la quiebra de los socios con responsabilidad ilimitada — bajo el régimen del art. 160 de la ley
19.550— es (34):
a) integrativa de la quiebra social;
b) tiene carácter constitutivo, es decir que sus efectos se producen a partir de la declaración;
c) procede de oficio si se han acreditado los presupuestos, y debe admitirse la petición de interesado si el
tribunal no advierte la presencia del socio solidario;
d) tramitan ante el mismo tribunal (supra, arts. 68 y 162);
e) por procedimientos separados y con masas activas y pasivas independientes (art. 168);
f) si es posible, por verificarse los presupuestos, debe ser declarada simultáneamente con la quiebra de la
sociedad; y
g) si el tribunal advirtiera temporáneamente la identificación de los socios con responsabilidad ilimitada, la
quiebra de éstos debe declararse simultáneamente con la quiebra social.
Como puede verse, la posición de la Corte ha sido — al menos en este caso— una fuerte apuesta a la
realidad por sobre las formas, en un concepto concreto de lo que significa hacer justicia.

(1) En esto el avance habido en materia de control obedeció a la impronta generada en la Inspección general
de Justicia a partir de la gestión del Inspector General Ricardo A. Nissen, y el dictado de varias resoluciones al
respecto.
(2) Vítolo, Daniel Roque. Libros: First Approach to Money Laundering, Ed. Ad Hoc, 2001; Sociedades
Extranjeras y Off Shore, Ed. Ad- Hoc, 2003; Manual Económico Jurídico de la Empresa y de las Inversiones
Extranjeras, Ed. Ad-Hoc, 2003; How to deal with foreign and "off shore" companies in Argentina, Ed. Ad-Hoc,
2004; La sociedad constituida en el extranjero con sede o cuyo principal objeto esté destinado a cumplirse en la
República, Ed. El Derecho, 2005. Artículos en Revistas Jurídicas: Las sociedades constituidas en el extranjero y
su acceso a los procesos concursales, Revista de las Sociedades y los Concursos N° 24, septiembre-octubre
2003, Ed. Ad-Hoc; La sociedad constituida en el extranjero que no se encuentra inscripta en la Republica
Argentina, ED 18-11-03; El art. 124 de la Ley 19.550, el Poder de Policía y el mito del Inversor Extranjero,
Suplemento Especial Sociedades Extranjeras La Ley Resoluciones 7 y 8 IGJ, Noviembre 2003; Nuevos
controles de la Inspección General de Justicia para las sociedades constituidas en el extranjero, Suplemento
Especial de Revista Jurídica Argentina La Ley Indices Económicos y Financieros, Noviembre 2003; La
Resolución General I.G.J. 8/2003 y los Actos Aislados cumplidos en el país por una Sociedad Constituida en el
Extranjero, Doctrina Societaria y Concursal N° 193, Diciembre 2003, Ed. ERREPAR; Sociedad constituida en
el extranjero, realización de actos aislados, y capacidad para estar en juicio, LA LEY, 9-9-04; Prevención
respecto de la actuación extraterritorial de las sociedades comerciales "off shore", Revista de las Sociedades y
los Concursos N° 29, julio-agosto 2004, Ed. Ad-Hoc; Prevención sobre el uso de Estructuras Jurídicas "off
shore" frente al delito de Lavado de Dinero y el Crimen Trasnacional, ED 13-12-04 y 14-12-04. Artículos en
Diarios: Sociedades "off shore" bajo la lupa, Ámbito Financiero 30-11-03; Buen paso para cuidar los intereses
públicos, La Nación 1-8-04; El lavado de dinero mueve el 5% del PBI mundial, INFOBAEprofesional, 16-12-
04; La impunidad y los negocios off shore, Ámbito Financiero 6-1-05; Uruguay ayudaría rompiendo el secreto
de las sociedades fantasmas, INFOBAEprofesional, 13-01-05; Efecto Cromañon: más control a off shore,
Ámbito Financiero 17-2-05; La mitad del dinero mundial pasa por jurisdicciones off shore,
INFOBAEprofesional, 17-02-05; Uso y abuso de las estructura societarias off shore, LA LEY, 2005-B, 904;
Quiebra trasnacional, forum shopping y el centro principal de intereses del deudor, LA LEY, 2006-B, 921;
Sociedad Off shore y el art. 124 de la ley 19.550 frente al pedido de quiebra, LA LEY, 2006-D, 370; La Justicia
Comercial arremete contra las sociedades off shore, INFOBAEprofesional, 28/6/2006; La justicia comercial
aplicó un duro golpe a las off shore, INFOBAEprofesional, 29/06/2006; Conferencias pronunciadas:
International Investment: Where and How to do Business, Steamboat Springs, Colorado-USA, 11-2-01, Center
for International Legal Studies; Normativa IGJ, Sociedades Extranjeras, 18-12-03, IDEA; Jornadas de Derecho
Societario y Tributario, 18-10-04, Universidad Católica Argentina; Primer Seminario Nacional sobre Sociedades
Extranjeras. Alvear Palace Hotel, 17-11-04, Herramientas Gerenciales - Vítolo Abogados; Foro de Inversiones
Extranjeras. Hotel Four Seasons, 23-11-04, El Cronista-Apertura; Panorama Societario 2004/05. Nuevas
Resoluciones de la IGJ para Sociedades Comerciales, Hotel Sheraton 21-12-04, INFOBAEprofesional, Errepar,

© Thomson La Ley 13
Vítolo Abogados; Prevención sobre el uso de estructuras jurídicas off shore frente al delito de lavado de dinero
y el crimen trasnacional, 1er. Simposio Internacional de Crímenes Económicos, organizado por The British
Institute of Security Law de Inglaterra; The International Symposium on Economic Crime del Jesus College,
Cambridge, Inglaterra; The Centre for Business and Economic Crime, de la University International
Documentation Organized and Economic Crime, Cambridge, Inglaterra; The British Institute for International
and Comparative of Free State-South Africa; The Centre of Law (BIICL) Inglaterra; y la Universidad Notarial
Argentina, que tuvo lugar en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, los días 8 y 9 de noviembre de 2004; entre
otras;.
(3) Martorell, Ernesto E.; Responsabilidad de los bancos por colocaciones marginales "off-shore"; LL 2006-
C. 1316; ídem, Nuevos estudios societarios-Sociedades "Off-Shore". Sociedades "de grupo": "¿Puro grupo"; LA
LEY 1999-B, 877; Kabas de Martorell, Elisa-Ernesto E. Martorell-Waintraub, Javier H.; Acciones colectivas
contra bancos y demás "Brokers" financieros por colocación de títulos; LA LEY, 2006-A, 928.
(4) Ver declaraciones del Dr. Pedro D'Attoli al Diario Ambito Financiero el 17/02/05, pág. 15.
(5) En varios de nuestros libros, artículos y ocnferencias lo hemos hecho. Ver en especial Vítolo, Daniel
Roque, Prevención en el uso... cit., E.D., ejemplares de los días 13 y 14 de diciembre de 2004, y lo mencionado
en la nota n°2.
(6) Ley 19.550, art. 124.
(7) NISSEN, Ricardo, "La sociedad extranjera cuyo objeto esta destinado a cumplirse en la República
Argentina debe ser considerada como sociedad local, a todos los efectos" allí se cita el Fallo "Ferrari Vasco c/
Arlington SA s/Sumario" CNCom. Sala C mayo de 1995, Sociedades y Concursos en el Mercosur Ad-Hoc.
1996 pág. 233.
(8) CNCom., sala C, 27/12/02.
(9) Roca, Eduardo A., Orientación en el confuso campo de la sociedad extranjera no inscripta, Revista de
Derecho Privado y Comunitario, 2003-1, Ed. Rubinzal Culzoni, quien señala: "En el marco confuso del artículo
124 que ha tratado de describir, el tribunal no ha buscado desarrollar doctrina alguna, sino fijar criterios, bases
prácticas sensatas para su aplicación teniendo en cuenta nuestro sistema jurídico. Ha determinado las
consecuencias que sobrevendrían si correspondiera imponer el régimen del artículo 124 que sujeta la estructura
de la sociedad extranjera a la ley nacional. Vale la pena tratar de sistematizar, o al menos enumerar, los
diferentes criterios que contiene el fallo cuya lectura es inevitable: a) no es relevante para encuadrar la sociedad
extranjera en el artículo 124, la particularidad de que sus acciones pertenezcan a un solo socio;
b) en el marco del artículo 124, no cabe la privación de la personalidad jurídica, sanción que corresponde
sólo a los supuestos de objeto o actividad manifiesta ilícita; c) la imposición de la norma exige una declaración
jurisdiccional plena, con adecuado juzgamiento previo ( en primera instancia el denegamiento de la apertura
concursal había sido dispuesto de oficio); d) desde el momento de la declaración, es decir, para lo futuro y no
retroactivo, se abre una instancia de adecuación de la sociedad extranjera a las formalidades de la ley nacional;
e) si la adecuación no fuese posible por alguna razón surgirán entonces cuestiones de responsabilidad para
los representantes. Los magistrados que sentenciaron de esa manera tuvieron bien en cuenta la doctrina
nacional; citaron a Le Pera, Verón y Farina sobre la inconveniencia de generalizar el desconocimiento de la
imputación diferenciada propia de toda entidad con personería. Es importante dejar constancia de que esas
referencias pueden agregarse otras en igual sentido. Por lo pronto, Boggiano, el jurista que más se ha ocupado
de analizar las consecuencias de la norma, es expresamente partidario de la interpretación restrictiva, o sea de la
adaptación como instituto imprescindible, porque una amplia "arruinaría directamente la seguridad jurídica
comercial y, según mi parecer, se podría llegar a lesionar o dificultar gravemente la defensa en juicio (art. 18,
Const. Nac.)...", "el artículo 124 no debe conducir a considerar inexistente, nula ni irregular a la sociedad
constituida en el extranjero". Se suma a esta corriente dos activas juristas de Córdoba, Dreyzin de Klor y
Saracho Cornet que expresan muy claramente que "la sanción prevista en el artículo 124 no acarrea la nulidad
de las acciones realizadas con fraude, sino la recurrencia o reintegro del acto para someterlo a la ley imperativa
que se pretendió evadir". También Cabanellas adopta, en principio, el temperamento del fallo". Transcribo —
dice Roca— su importante opinión: "El artículo 124 hace aplicable las exigencias formales de la legislación
argentina, y tales exigencias no pueden conducir – por su inobservancia – al inexistencia o nulidad de la
sociedad, salvo en casos excepcionales..." Por otra parte, luego de la sanción de la ley 22.903, no pueden quedar
dudas respecto de que la regularización de la sociedad, mediante la subsanación de los vicios de forma, no
implica la creación de una nueva sociedad, sino la alteración del status jurídico de la irregular preexistente; Cfr.
el artículo 22 de la LSC". Los cinco puntos que el fallo de la Cámara — dice Roca— ha n dejado expuestos son
corolario del principio primordial del reconocimiento de la personería diferenciada de las sociedades, nacionales
o extranjeras; desconocerlo es conceder imperio a nuestros jueces más allá de nuestras fronteras. En menos,

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palabras, para ultimar una entidad constituida en otro país habría antes que declarar la guerra."
(10) Manóvil, Rafael M., Una ajustada interpretación del artículo 124 de la ley de sociedades. LA LEY,
Suplemento de Concursos y Quiebras, 20/5/2003. El autor señala en apoyo de su posición que "En otros
términos: de la lectura de la norma se desprende que aspectos como la organicidad, las reglas relativas al objeto
y a la imputación de actos a la sociedad, la atribución o no de personalidad jurídica, etc., no dejan de estar
regidas por la ley del lugar de constitución. Podrá alegarse la palidez de los efectos de la norma con esta lectura.
Pero es ésta y no otra la que impone el texto legal: no dice, por ejemplo, que en este caso se "considera
totalmente como sociedad local, aplicándose íntegramente las reglas legales argentinas", como afirma Zunino
(Comentario de Jorge Osvaldo Zunino al art. 124 en la edición de la Ed. Astrea del "Régimen de Sociedades
Comerciales"). Da la impresión que la poca doctrina que se ocupa del asunto siente una cierta incomodidad, más
intuitiva que racional, frente a los supuestos previstos en el art. 124 y a la norma misma. Esto justifica unas
breves reflexiones acerca del interés que la norma puede haber querido tutelar. El primer aspecto es el de la
protección de los terceros que se relacionan con la sociedad extranjera. Estos tienen interés en conocer la clase
de sujeto con el que se vinculan. Pero para esto es la publicidad registral la que debería proporcionar suficiente
información. O sea: este aspecto se halla suficientemente cumplido con las inscripciones exigidas por los arts.
118 y 123 de la L.S. El cumplimiento de ciertas formalidades adicionales, v.gr., una escritura pública cuando en
el país de origen éste no hubiera sido un requisito de constitución, nada agregará al conocimiento que puede
brindar la consulta en el registro. La cabal comprensión de las características del sujeto societario puede ser
difícil, pese a la inscripción registral, cuando la legislación del país de origen de la sociedad extranjera sea
substancialmente diferente a la argentina. Aunque los tipos sociales formalmente se parezcan, bien puede
tratarse de figuras en las cuales ciertos aspectos de la normativa societaria en la cual se encuadra la compañía
tenga matices inesperados, v.g.r., en cuanto al funcionamiento de los órganos, a los alcances de la
responsabilidad de los socios, etc. Empero, este no es un problema exclusivo de la sociedad encuadrable en el
art. 124: lo mismo puede ocurrir en supuestos de sociedades que establezcan en el país una sucursal y se
inscriban de acuerdo a lo exigido en el art. 118 de la L.S., o de la sociedad que realice ocasionalmente los
llamados actos aislados. Podrá argüirse que, precisamente, si la actividad de la sociedad está tan intensamente
establecida en el país como para que la sede se halla ubicada en él o en la totalidad de su objeto se desarrolle en
su ámbito, es razonable que la legislación sea más exigente. Sin embargo, una fracción de la actividad total de
una empresa societaria que actúa en diversos países, puede ser mucho más relevante en términos absolutos que
el total de la actividad de una sociedad que encuadra en uno de los supuestos del art. 124 de la L.S. En todo
caso, es en este punto que cobra relevancia el párrafo de la sentencia de Cámara en que, con cita del voto de
Alberti en el caso Saab-Scania Argentina S.A., demuestra que cuando, como en caso que se comenta, no se trata
de actividad directamente desarrollada por la sociedad extranjera, sino de la toma de participación en la sociedad
argentina, no tiene sentido exigir la aplicación del art. 124 porque la actuación en el país, o sea, en el mercado
nacional, lo ejecuta una sociedad constituida en el país bajo las reglas y normas de la legislación nacional,
particularmente cuando la exigencia de transparencia en la persona de los sujetos socios está cumplida con la
inscripción exigida por el art. 123 de la L.S. La segunda perspectiva desde la cual puede apreciarse el problema
es la interna de la sociedad. ¿Sería admisible que una sociedad que actúa exclusivamente en el país, o que aquí
tiene su sede, sea una corporación angloamericana en la cual no se respete el derecho de preferencia en la
suscripción de nueva acciones ni el voto acumulativo, o que en ella el directorio pueda decidir por sí un aumento
de capital, o cuya asamblea no tenga la atribución de aprobar el balance? En otros términos: las normas
imperativas de la legislación societaria, ¿pueden ser derogadas por la elección de un régimen societario
extranjero? En mi opinión se impone la respuesta afirmativa. Las normas imperativas de funcionamiento de la
persona jurídica societaria están establecidas para la seguridad jurídica de los terceros que se vinculan con la
sociedad y para la tutela de ciertos derechos de los socios. En cuanto a lo primero, la protección de la ley no
puede alcanzar sino a los sujetos constituidos en el ámbito de la ley nacional. Si se tratara de un principio
absoluto no debería admitirse actuación alguna de una sociedad constituida en el extranjero. En cuanto a lo
segundo, debe pensarse, ante todo, en la sociedad constituida en el exterior por personas no argentinas (en el
sentido de no domiciliadas ni residentes) que desean, lícitamente, establecer una actividad en el país. No parece
razonable forzarlos a adoptar un sistema jurídico para sus relaciones internas que les resulte desconocido, o
inapropiado para los vínculos que pactan. Y aún en el caso de que, total o parcialmente, se trate de socios
argentinos, tampoco parece adecuado impedirles la elección de un régimen jurídico que resulte más conveniente
a la estructuración de sus negocios: se trata, en última instancia, de intereses privados, esencialmente
disponibles por los interesados"
(11) Nissen, Ricardo A., Las sociedades extranjeras constituidas en fraude a la ley, Doctrina Societaria y
Concursal, Ed. Errepar, N° 185, p. 349 y siguientes. El autor señala que: "Resulta imposible sostener como
principio general la licitud de estos engendros societarios, y quien así lo predica parece ignorar lo que sucede en
nuestro tráfico mercantil. La Inspección General de Justicia viene publicando periódicamente las estadísticas de
constitución de sociedades en la República Argentina, y basta mencionar que entre el 1 de enero de 2002 y el 31
de agosto de 2002 se habían registrado 603 sociedades extranjeras para participar en sociedades locales,

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habiéndose constituido, en ese mismo período, la cantidad de 2.970 sociedades anónimas y 2.245 sociedades de
responsabilidad limitada. Del mismo modo, durante todo el año 2001 se habían registrado, en los términos del
artículo 123 de la ley 19550, la cantidad de 1.258 compañías extranjeras, contra 5.126 sociedades anónimas y
3.956 sociedades de responsabilidad limitada. Estadísticamente hablando, durante el año 2001 por cada cuatro
sociedades anónimas nacionales se registraba una sociedad extranjera en los términos del artículo 123 del
ordenamiento societario, y durante los primeros ocho meses del año 2002, a pesar de la nula inversión foránea
en la República y encontrarse la República Argentina sumida en la más profunda crisis económica de su
historia, se registraba una sociedad extranjera partícipe en una sociedad local por cada cinco nuevas sociedades
anónimas argentinas. No es necesario ser economista para conocer la verdadera composición de estas sociedades
extranjeras, ni debe calificarse como xenófobo a quien repudia su actuación en el tráfico mercantil argentino:
todos sabemos quiénes las conforman, para qué se constituyen, y quiénes sufren con su constitución y actuación
en la República. En definitiva, las sociedades del artículo 124 de la ley 19550 no son las sociedades extranjeras
regularmente constituidas en su país de origen, que vienen a participar legítimamente de los negocios que se
celebran en la República Argentina. Son sociedades que debieron ser argentinas, pero que no lo son porque
quienes son sus controlantes o dueños exclusivos de su capital accionario pretenden actuar desde las sombras y
ocultar su proceder, violando expresas normas de la legislación argentina."
(12) Ramayo, Raúl Alberto; La sociedad comercial extranjera y el orden público internacional, E.D. 202-
313.
(13) Ver Vítolo, Daniel Roqe, Sociedades Extranjeras y off shore, Ed. Ad Hoc, 2003; ídem La sociedad
constituida en el extranjero con sede o cuyo principal objeto esté destinado a cumplirse en la República, Ed. El
Derecho, 2005
(14) Boggiano, Antonio, Curso de Derecho Internacional Privado, Ab. Perrot, pág. 609 y siguientes, 2000.
(15) Goldschmidt, Werner, Derecho Internacional Privado, Ed. Depalma , 8° Ed., 1997.
(16) Kaller de Orchansky, Berta, Nuevo Manual de Derecho Internacional Privado, Ed. Plus Ultra, 1995.
(17) Niboyet, J.P., Principios de Derecho Internacional Privado, Madrid, 1928.
(18) Debe reconocerse que este concepto tan afín a la doctrina francesa y belga, y que ha sido recogido
también por la doctrina y jurisprudencia italiana, tiene sus detractores en un sector no menos importante de la
doctrina nacional quienes no encuentran razonable intentar aprehender los móviles de quienes han generado la
conducta o el hecho centrando la atención en determinar si pueden invocar la ley en la cual se amparan.
(19) Ver Rivera-Roitman-Vítolo, Concursos y Quiebras, Ed. Rubinzal Culzoni, Santa Fé, 2005.
(20) Ver Vítolo, Daniel Roque, Comentarios a la Ley de Concursos y Quiebras N° 24.522, Ed. Ad Hoc,
1996.
(21) CNCom., Sala A, 10/4/83, Kestner S.A. s/Concurso Preventivo, incidente por International Petroleum
y otro, LA LEY, 1983-B, 726.
(22) Cámara, Héctor, El Concurso Preventivo y la Quiebra, Ed. Depalma, T. I, p. 340.
(23) Ver Vítolo, Daniel Roque, Concursos y Quiebras, Ed. Ad Hoc, 2007 donde se señala que la ley 24.522
mantiene el tradicional requisito de la existencia del estado de cesación de pagos como presupuesto objetivo par
ala apertrura de los procesos concursales; no así para poder acceder al Acuerdo Preventivo Extrajudicial donde
el régimen es más flexible. El legislador ha considerado conveniente mantener dicha exigencia, más aun cuando
ha quedado establecido entre nosotros el concepto amplio al que se alude con dicha expresión, como el estado
del patrimonio que sin disponibilidad de crédito se revela impotente para atender las obligaciones exigibles, con
los bienes normalmente realizables, en oportunidad de dicha exigibilidad.. Ver también algunos fallos que
señalan: La ley recoge el concepto amplio para definir el estado de cesación de pagos y atiende, no
necesariamente a que existan obligaciones exigibles impagas, sino a la situación empresarial en su conjunto, de
cuya evolución normal necesariamente devendrá la imposibilidad de afrontar en forma las obligaciones ya
contraídas en razón del desequilibrio ínsito de la situación patrimonial, que revele ser permanente, estable o
incapaz de ser saneado por vías normales concretas al alcance de la empresa, aun cuando la manifestación de tal
estado — el incumplimiento de las obligaciones— se prevea y en realidad suceda en un período ulterior
(CNCom., sala A, 29-4-83, "Miguel Ángel Canelli SA s/Quiebra"). La cesación de pagos es el estado
económico de un patrimonio que se revela impotente para hacer frente a los compromisos que gravitan sobre él.
Para que pueda desencadenar la declaración de quiebra es necesario que se manifieste a través de hechos
exteriores empíricamente verificables, y que la ley concursal ejemplificativamente enumera en su artículo 86
(hoy 79 de la ley 24.522) (CNCom., sala D, 23-2-90, "Cereales Litoral SACIA s/Propia quiebra").
Económicamente y jurídicamente la cesación de pagos es el estado de un patrimonio que se revela impotente

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para hacer frente a los compromisos que sobre él pesan. No es un hecho sino un estado de hecho (CCCom. de
Junín, 15-8-84, ED 110-652). La cesación de pagos es la situación en que se encuentra un patrimonio que se
revela impotente para hacer frente, por medios normales, a las obligaciones que lo gravan (del dictamen del
fiscal de Cámara) (CNCom., sala A, 27-3-91, "Matadero y Frigorífico Antártico SAIC s/Quiebra s/Incidente de
apelación"; sala E, 26-11-91, "Ruta Coop. Arg. de Seguro Ltda. s/Incidente art. 260 del Cód. Proc."). Bien
puede suceder que el pasivo sea inferior al activo, y no obstante ello el deudor se hallara en estado de cesación
de pagos, por no contar con medios líquidos o fácilmente realizables o no poder recurrir al crédito para hacer
frente a las obligaciones exigibles (del dictamen 69.939 del fiscal de Cámara) (29-3-94, "Caja de Crédito Coop.
Prácticos Río de la Plata s/Quiebra"). La cesación de pagos es una condición del patrimonio, en el que
convergen los caracteres de generalidad y permanencia, que se revela impotente para afrontar las obligaciones
líquidas y exigibles (Primer JPConc.Reg. de Mendoza, 10-4-84, JA 1984-II-313). La cesación de pagos es un
estado patrimonial de impotencia; no "una creación legal" sino un fenómeno económico complejo que revela
que el deudor no está en condiciones de cumplir regularmente las prestaciones que le conciernen (CCCom. de
Santa Fe, sala I, 17-9-85, ED 117-236). Resulta opinable la adjetivación de que la cesación de pagos deba ser
general y permanente: si tal situación debiera ser, además de cierta, permanente, el precepto dispositivo quedaría
derogado a voluntad del intérprete; pues en cualquier situación podría ser negada esa permanencia respecto del
futuro, y como no existiría modo de probar efectivamente hacia adelante, en el tiempo, ningún deudor se hallaría
nunca en cesación de pagos (CNCom., sala D, "Cardoso, Luis s/Conc."; sala E, 25-11-91, "Ruta Cooperativa
Argentina de Seguros Ltda. s/Incidente art. 250"). Si no se prueba debidamente el estado de cesación de pagos
del deudor, corresponde desestimarse el pedido de quiebra, sin perjuicio del derecho del acreedor de renovar el
debate en otro proceso concursal, aportando nuevos medios de prueba o alegando otros hechos idóneos
reveladores de la cesación de pagos (C2ªCCom. de Santiago del Estero, 16-12-98, "Saravia, Víctor Clavel
s/Quiebra"). El pagaré sin protesto acompañado por el deudor puede justificar la condición de acreedor del
peticionario, pero es por sí solo ineficaz para acreditar la cesación de pagos. La mora en el pago de una deuda es
insuficiente porque la quiebra no está ni puede estar dirigida al cobro de créditos individuales, porque en ella
está comprometido el orden económico general (CCCom. de San Martín, sala I, 28-2-95, "Kroll, Alberto
Rodolfo s/Pedido de quiebra"). El pedido de quiebra no es un medio para que el acreedor cobre su acreencia,
sino una vía para determinar el estado de cesación de pagos del deudor, y en su caso, ejecutar colectivamente su
patrimonio, salvando el principio de la par conditio creditorum. En el pedido de quiebra, la mora del obligado
puede significar tanto el mero incumplimiento, como exteriorización del estado de insolvencia. El juez, al
meritar sus explicaciones y demás circunstancias de la causa, deberá ponderar si tal estado existe y decidir sobre
la admisión o rechazo del pedido (CCCom.Min. de San Juan, sala 3ª, 19-9-97, "Talleres Metalúrgicos Clavijo
SA s/Quiebra solicitada por Bodegas y Viñedos Maravilla SA"). La cesación de pagos es el estado económico
de un patrimonio que se revela impotente para hacer frente a los compromisos que gravitan sobre él. Para que
pueda desencadenar la declaración de quiebra, es necesario que se manifieste a través de hechos exteriores
empíricamente verificables, y que la ley concursal ejemplificativamente enumera en su artículo 86
(CCCom.Lab.Min., Sala Civil, 29-6-99, "Cromel SRL c/Creser, Pablo s/Pedido de quiebra"). No se trata de
probar un estado de cesación de pagos, sino un hecho que eventualmente autorice al magistrado a presumirlo,
dado que difícilmente el acreedor peticionante pueda obtener datos fehacientes acerca del mismo (vgr.
informaciones contables, índices de liquidez, etc.) la norma se conforma con que se patentice la verificación de
alguna de las circunstancias previstas en el artículo 79 de la ley concursal (C1ªCCom. de Mar del Plata, sala II,
11-9-97, "Fulco, Rubén s/Pedido de quiebra"). Resulta en principio compatible el criterio de tomar como punto
de arranque del estado de insolvencia la traba de un embargo por incumplimiento de la obligación de escriturar
un inmueble. Adviértase que un solo incumplimiento es capaz de revelar el estado de cesación de pagos de
manera más inequívoca que una pluralidad de ellos, y tal es precisamente el supuesto de autos, dada la magnitud
de la obligación contraída, ello es, la escrituración de un inmueble (CNCom., sala D, "Fincar SA s/Quiebra").
Resulta prematuro juzgar la inexistencia de cesación de pagos al tiempo de resolver sobre la apertura del
concursamiento preventivo o el decreto de quiebra pedido por el deudor, cuando no existen indicios claros de
que la confesión de insolvencia constituya una mentira fraudulenta que deba ser develada y reprimida (CNCom.,
sala D, 11-9-86, "Cardoso, Luis E. s/Concurso preventivo").
(24) Ver art. 2, ley 24.522.
(25) Sobre esto volveremos con mayor profundidad en un trabajo que tenemos en preparación.
(26) Es interesante el razonamiento de Boggiano al sostener que el caso federal planteado tenía suficiente
independencia respecto de la cuestión fáctica relativa a la existencia de bienes de Pacesetter Systems Inc. en el
país. Ello es así — según el ministro disidente— porque, contrariamente a lo sostenido por el fallo de primera
instancia, el dictamen en el que se fundó la sentencia recurrida interpretó que el artículo 2°, inciso 2°, de la ley
19.551 no exige para la declaración de quiebra de una sociedad extranjera que esté acreditada ab initio la
existencia de bienes de la deudora en el país, sino que sólo limita los efectos territoriales de dicha declaración.
Por otra parte — enfatizó Boggiano— una diferente interpretación desnaturalizaría el sentido de la norma pues

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podría someterse a juicio ante los tribunales argentinos a una entidad completamente ajena a nuestro país que
debería soportar injustificadamente un proceso en jurisdicción extraña, lo que compromete la garantía de
defensa en juicio contemplada en el artículo 18 de la Constitución Nacional; razón por la cual, además, la
sentencia apelada causaba un gravamen de imposible o insuficiente reparación ulterior, por lo que cabía
equipararla a definitiva a los efectos del recurso extraordinario.
(27) En Vítolo, Daniel Roque, Sociedades Extranjeras y off shore, cit., al comentar la resolución recaída en
el caso "Great Brands", sostuvimos enfáticamente que al quedar encuadrada la sociedad en cuestión en el
artículo 124 sin haberse inscripto a tal efecto, deberá ser considerada una sociedad irregular y su eventual
concursamiento por vía del concurso de garante sería susceptible de ser admitido por el tribunal haciendo uso de
la facultad prevista por el artículo 68 de la ley 24.522, y de la legitimación que otorga la misma norma legal para
que las sociedades irregulares y de hecho puedan acceder al concurso preventivo. Pero advertimos que "Sin
embargo debe tenerse presente que el reconocimiento de la legitimación para acceder al concurso preventivo a
la sociedad extranjera no inscripta por el 124 — que era la inscripción pertinente— y que sí lo estaba por el
artículo 123 — que no correspondía— importa concederle personalidad bajo el régimen de las sociedades
irregulares y de hecho — sanción de nuestra ley para las sociedades locales no inscriptas— , lo que importa la
responsabilidad ilimitada y solidaria de todos sus socios y accionistas — en el caso uno solo— , y de quienes
representaron y actuaron por la sociedad; que se verán afectados por la responsabilidad que pudieran exigirles
los acreedores a tenor de los artículos 21 a 26 de la ley 19.550, y las acciones que pudieran derivarse de una
futura declaración en quiebra."
(28) En tal sentido puede verse Stratta, Alicia Josefina, La regulación de las sociedades extranjeras por la
Inspección general de Justicia, E.D. Colección Académica, 2004.
(29) Vítolo, Daniel Roque, Sociedades constituidas en el extranjero... cit., Ed. El Derecho, Colección
Académica, 2005.
(30) Ver nuestra tesis en Vítolo, Daniel Roque, La Sociedad constituida en el extranjero... cit.
(31) CS, "Cía. Azucarera Argentina Com. Ind. La Corona S.A. s/Quiebra, Fallos, 312:476; CN Com., Sala
B, "Inverlac S.A. s/Pedido de quiebra por Gelfix S.A."
(32) CS, "Trillagro S.A. s/Pedido de quiebra por Finagri S.A., 9/4/91).
(33) En el caso "Boskoop S.A." el Ministerio Público Fiscal expresamente se refiere a este antecedente,
para determinar la competencia del juez local en materia concursal, al advertir que el caso iba inclusive más allá
de aquel precedente: la única actividad comercial de la sociedad off shore se llevaba a cabo en la República
Argentina.
(34) Ver nuestra posición en Rivera-Roitman-Vítolo, Concursos y Quiebras... cit.

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