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184
P718SO
Ej. 2

APOLOGÍA DE SÓCRATES
Platón
Apología de Sócrates. - 1ª ed . - Ciudad Autónoma de
Buenos Aires : Colihue, 20 18.
208 p. ; 18 x 12 cm . - (Colihue clásica)
Traducción de : A.lejan dro G . V igo.
ISBN 978-950-563-095-0
1. Filosofía Clásica. l. T ítu lo.
CDD 184

Título original: ArroAoy(a L<uKQárrou~

Coordinador de colección: Dr. Mariano Sverdloff


Asistente de coordi n ación: E nüliano D e Bin
Equipo de producción editorial: C ristina An1ado, Darío F. Finoli.
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ISBN 978-950-563-095-0

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vn

INTRODUCCIÓN

Alfonso Gómez Lobo, filósofo admirable,


amigo inolvidable,
. .
1n memonam

l. SóCRATES, ÁPOIIJCÍA Y LOS ESCRITOS TEMPRANOS


DE PLATÓN

Se ha dicho con razón que Sócrates goza del raro pri-


vilegio de haber sido elevado a través de la Historia al
rango de representante de la Humanidad, con10 tal. 1 De s-
de posiciones 1nuy diversas, y en épocas muy diferentes,
la figura de Sócrates ha sido vista casi unánime1nente
como el ejemp lo paradigmático de un cierto tipo de acti-
tud frente a los problemas fundan1entales de la v ida hu -
mana, particularn1ente, en su din1ensión ética, religiosa
y también política. Esto vale no sólo para los muchos y
muy diversos admiradores de la figura y la actitud socrá-
ticas, sino, del m ismo modo, tan1bié n para quienes, como
Nietzsche y en su tiempo ya A r istófanes, se convirtieron
en radicales críticos de Sócrates, precisan1ente por es -
tar convencidos de que encarnaba de modo ejen1plar los
rasgos de una actitud decadente, dotada de un enorme
potencial disolutorio. Este carácter ind isc utiblemente
paradigmático de su figura explica también, en buena

7. C f.Jaeger (1957) p. 389.


VIII ALEJANDRO G. VIGO

xn edida? el hecho de que el caso de Sócrates siga teniendo,


todavía hoy~ para nosotros un interé s que no se redu ce al
plano me ramerJ.te histórico ? sino que se conect a tan1b ié n,
de modo directo, con nue st ras propias convicciones y du -
das resp ecto de los p roblen1as fundan1entales que el caso
. ')
pone en Juego. -
Ahora bien, la pennanente presencia de la figura de
Sócrates, un filósofo que no dejó n ada escrito, como un
eje de referencia básico, a lo largo de un proceso de recep-
ción histórica que lleva ya bastante más de dos n1il años,
n o habría sido ni remotan1ente posible sin la n1ediación
de una tradición literaria que, partiendo de la experiencia
histórica inmediata, conservó, configuró y estilizó los ras-
gos del personaje, hasta elevarlo a la categoría de un ar-
quetipo. A esa tradición literaria pertenecen, entre otros,
escritores como J enofonte, un seguidor e incondicional
adn1irador de Sócrates, y Aristófanes, uno de sus 1nás
incisivos críticos en la Antigüedad, mencionado como tal
ya por el propio Platón en Apología. Pero la figura princi-
pal es aquí, sin duda, Platón mismo. 3 Puede de cirse que

2. Una incisiva presentación de conjunto, que intenta balancear los


rasgos que dan cuenta de la actitud tanto de los admiradores como
de los detractores de Sócrates, se encuentra ahora en Wilson (200 7).
Además de enfatizar la importancia del contexto sociopolítico del
juicio, la autora dedica especial atención a los aspectos vinculados
con la recepción de la figura de Sócrates, a lo largo de la historia, en
un intento por dar cuenta, desde el punto de vista arqueológico, de
los factores que contribuyeron, de diversos modos, a su idealización,
hasta nuestros días. En una vena parcialmente comparable, también
\Vaterfield (2009) ha ofrecido un persuasivo intento de contextua-
lización histórico -sociológica del caso Sócrates, que apunta, entre
otras cosas, a poner de relieve las razones que, desde la perspectiva
ateniense, hacían plausibles los cargos levantados contra Sócrates
por sus acusadores.
3. Un buen trata1niento de conjunto del probl ema relativo a las
fue ntes de nuestro conocimiento de Sócrates se encuentra en Guthrie
INTRODUCCIÓN IX

eI Sócrates que in fluyó de n1odo directo y d ecisivo en la


recepción histórica posterior fue, casi siernpre, el Sócrates
con se rv ado y recreado p or Platón.
Con10 se sabe, la fascinación por la figura de Sócra-
tes y el duro impacto producido p or la experiencia de su
juicio y con dena a 1nuer te dieron el impu lso inicial a la
carrera literaria de Platón, quien se dedicó, en un princi-
pio, a escribi r obras que retrataran la verdadera figura de
su n1aestro y el carácter de su indagación filosófica, con
el fin de defenderlo y reivindicarlo de las imputaciones
que llevaron precisamente a su ejecución. De hecho, tres
de los priineros escritos de Platón, esto es, Apología, Gri-
tón y, de modo n1enos directo, Eutifrón, están conectados
con el proceso y la condena de Sócrates. Y aunque los
de1nás diálogos del per íodo tem prano, que tienen a Só-
crates como personaje principal, no muestran la misma
vinculación con el te1na, el motivo del juicio y la conde-
na de Sócrates reaparece todavía, con renovada fuerza,
en un diálogo del período de madurez tan importante
co1no el Fedón, co1n puesto u nos diez años n1ás tarde que
la Apología, cuya escena está situada en los momentos que
preceden in1nediatamente a la ejecución de Sócrates en
la prisión. Respecto de Apología hay que asumir que fue
cornpuesta no muchos años después de la muerte de Só-
crates, ocurrida en el año 399 a. C. Se ha supuesto a veces
que pudo ser incluso el prirnero entre los escritos platóni-
cos, aunque no hay 1nodo de demostrar fehacientemente
la corrección de tal su posición. En todo caso, es plausible
la hipótesis que postula para la composición del escrito
una fecha anterior al año 393 a C. El argumento habitual

(1988) p. 313 -361. Para una evaluación conci sa de la h istoria y el


estado actual de la discusión acerca de la llamada «cuestión socrá-
tica», puede verse Dorion (2011); véase también 1Narterfield (2013 ).
X ALEJANDRO G. VIGO

p ara poner el 393 como fecha límite de la composición


(terminus ante quem) ren1ite al hecho de que el escrito pla-
tónico no replica de modo directo a los cargos realizados
contra Sócrates por el sofista Polícrates en su Acusación
contra Sócrates, publicada casi seguramente en ese año. 4
En todo caso, Apología, que es el único d e los escritos pu-
blicados por P latón que no presenta la forma literaria del
di álogo, se halla en vecindad inmediata, tanto desde el
pu nto de vista cronológico como desde el punto de vista
d el contenido, con los escritos del período socrático más
tem prano como Gritón, Ion, Eutifrón, Cármides y Laques. 5
Aunque emparentada estrechamente con los otros es-
critos referidos al proceso de Sócrates, Apología tiene, sin
duda, una especial importancia como fuente para el cono-
cimiento de aspectos fundamentales de la figura de Sócra-
tes. El escrito provee un rico y vívido retrato del modo en
que Sócrates enfrentó la instancia decisiva, en la que debió
probar la firn1eza de sus propias convicciones frente a la
amenaza cierta de la n1uerte. Como nos informa el escrito
(cf. 34a, 386), Platón estuvo presente en el juicio. Y tradi-
cionalmente se ha argumentado con razón que necesaria-
n1ente tiene que haberse ceñido, al n1enos, en general, a lo
efectivan1ente ocurrido, tratándose de hechos de dominio
público y estando interesado el propio Platón, sobre todo,
en mostrar la injusticia del juicio y castigo a su maestro.
Con todo, la versión de Platón seguramente no puede verse
corno una sirnple crónica de los acontecimientos, que pre-

4. Cf. Gorgemanns (2010) p. 40. Para los cargos formulados por


Polícrates y su relación con la acusación de Meleto, véase Eggers
Lan (1966) p. 16 ss.; para la conexión con el trasfondo político, véase
Ralkmvski (20 13) esp. p. 311 ss.
5. Una tabla cronológica de los escritos platónicos se encuentra en
Górgemanns (2010) p. 39 ss. P ara el es tado de la cuestión relativa a
la datación de los escritos platóni cos puede verse Brandvvood (1992 ).

i
INTRODUCCIÓN

tenda ser h istóricamente fiel h a ~ta e _1 sus n1 ' ¡ in1cs detaI!--s,


Constituye, más bien, u n a recrea ción genial? que apunüt,
sobre todo , a rescatar y poner de man ifíe sto el significado
de lo acontecido.J ust amen te p or eso puede serno s, tal vez ,
de mayor utilidad, a la hora d e in ten tar establecer, desde
un punto de vista más p ropian1ente fi losófico que histór ico,
en qué consistía realmente el sentido n uclear de la actitud
y la indagación de Só cr a tes. 6

2. EL JUICIO A S óCRA.TES

Desde el punto de vista del contenido, el escrito platóni-


co Apología de Sócrates constituye, en su parte fun d amental,
una recreación del alegato de descargo pronu nciado p or Só -
crates ante el tribunal aten iense, tras los alegatos p ronuncia-
dos por sus acusadores. 7

6. Para la cuestión de la historicidad de la Apología platón ica, vé ase


Brickhouse-Smith (1989) p. 2 ss.; de Strycker-Slings (1 994) p . 1 ss.;
Heitsch (2002) p. 189 ss . A diferencia de lo que he sugerido, Mo rri-
son (2005) sosti ene que Apología puede verse como un testimonio
re lativamente con fi able, en aquello que toca a la figura m isma
de Sócrates, en su carácter específicamente hum a no , pero n o en
aquello que concierne a lo que pudiera haber sido su p ensamiento
filosófico. En este punto, M orrison radicaliza las tesis de K ah n, que
desafía la interpretac ión tradicional que asume el carácter predo-
m inantemente socrático de los d iálogo s tempranos de P latón , pe ro
no extiende sus dudas al caso de Apología, que considera p eculiar
(cf. Kahn [1996] esp. p. 88 ss.). Por m i parte, sigo considerando más
convincente, en sus líneas generales, la interpretación tradicional
de la obra temprana de Platón, que asume su carácter predomi-
nantemente socrático .
7. Las diversas fu entes antiguas disponibles para la reconstrucción
del juicio y la ej ecución de Sócrates se encuentran reu nidas, en tra-
ducción inglesa, en Brickhouse- Sm ith (2002). El volu1nen incluye
también un conju nto de ensayos interpretativos en los que diversos
autores discuten algu nos de los principales puntos problemáticos.
Véase también Reeve (2002).
XH ALEJANDRO G. VIGO

El juicio tuvo lugar en el año 399 a. C., a con1.ienzos del


mes de Anthesterion, es decir, en época cercana al inicio
de la primavera boreal (febrero -marzo). Este hecho tuvo
consecuencias posteriores importantes, pues durante ese
mes Atenas enviaba todos los años un navío a la isla de
Delos, para dar gracias en el santuario de A polo, y hasta el
regreso de la delegación no podían realizarse ejecuciones.
Esto hizo que, tras el juicio, Sócrates debiera aguardar en
prisión un tiempo bastante prolongado, más o menos un
mes, antes de ser ejecutado, cuando normalmente las eje-
cuciones judiciales se realizaban de modo inmediato, por
lo general, al día siguiente del juicio. Las conversaciones
que proveen la trama de los diálogos Gritón y Fedón están
situadas, precisamente, en los días de cautiverio previos a
la ejecución de la sentencia.
Todo indica que el proceso contra Sócrates se inició y
desarrolló de acuerdo con el curso normal de las causas ju-
d iciales de este tipo. 8
El procedimiento se iniciaba con la presentación formal
de cargos ante el rey-arconte, quien abría un proceso de
instrucción (anákrisis) y, tras evaluar los argumentos de las
partes, dictaminaba acerca de si las irnputaciones tenían o
no el mérito suficiente como para dar lugar a un juicio. En
caso afirmativo, el caso era remitido a la corte que entendía

8. Para una descripción más precisa del tipo de proceso que re-
presenta el juicio contra Sócrates, véase Brickhouse-Smith (1989)
p. 24 ss. y (2004) p. 72 s. Se trata del tipo específico de proceso que
en el sistema jurídico ateniense se conocía con el nombre de graphe,
el cual podía ser iniciado por cualquier ciudadano, por medio de la
presentación de una acusación escrita contra alguien a quien se le
pretende imputar determinados cargos. El proceso podía revestir, por
tanto, interés general, justamente, en la medida en que, para poder
presentar cargos, no se requería alegar que se había sido víctima de
un delito, como sí era el caso, en cambio, en el tipo específico de
proceso denominado díke.

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iNTRODUCC!ÓN

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a la corte d enon1inada Eliaia. El tribu nal e ra ,o leg iado~ y


no unipe r so nal. L os jueces eran elegidos p or sorteo entre
los ciudadanos que se postulaban voluntarian1ente cada
año para desempeñar el cargo. El número de jueces desig -
nados para cada proceso era elevado y, al parecer, podía
oscilar fu e rten1ente: desde unos pocos cientos hasta 1niles,
según la importancia y la seriedad del caso. 11 l\Jo conoce-
n1os con certeza cuál fue el n úmero exacto de los jueces en
el juicio contra Sócrates. Pero la opinión mayoritariamen -
te ac eptada, la cual se b asa en una serie de conjeturas a
partir de indicaciones de fuentes antiguas, fija su nún1ero
en 501 .10 L os juicios eran públicos. En Apología S óc rates
alude marginaln1ente a la presencia de oyentes, adem ás
de los jueces encarg ados de dictar sentencia (cf. 24e; véase
también 33d-34a).
Una vez reunido el jura do en el tribun al, se procedía
a leer el texto de la acusación. A partir de allí , el pro-
ceso comp rendía una secu encia fija de tres bloqu es de
igu al duración, destinados a los alegato s de la s partes.
En el p rimer tur no presentaba sus argumentos la parte
acus adora, es dec ir, el pron1otor fonnal de la acusación
y quienes hacían causa común con él. En el caso del ju i-
cio a S óc rates, adem ás de lVl eleto parecen h aber, alega-
do forrna lme nte a favor de la acusación ta1nbién A.nito y
Licón (cf. 36a-b). A conti nuación , co1no segund o turno)
se otorgaba el misn10 tiempo a la defensa, para hacer su

9. Cf. Brickhouse-Smith (1 989 ) p. 26 y (2004) p. 73 ss.


70. Véase R iddell (1867) p. 1v-v1; Brickhouse-Smith (1 989) p. 26 y
(2004) p. 75 s. El número habitual, según las fuentes, era de 500.
Pero, sobre la base de datos referidos a épocas algo posteriores, los
estudiosos suelen fijar el número n1ás bien en 501, en la idea de que
debía tratarse de un número impar, a fin de evitar la po sibilidad de
empate.
XIV ALEJANDRO G. VIGO

alegato de descargo. También en este caso podían hablar,


además del acusado, quienes cooperaban en su defen -
sa. Sin embargo, en Apología Platón da a entender que
Sócrates asumió en soledad la tarea de defenderse. 11 A
estos primeros alegatos de las partes seguía una primera
votación del jurado 1 en la que se decidía exclusivamen-
te por el veredicto de culpabilidad o inocencia. Tras el
anuncio de l veredicto se abría, en caso de culpabilidad,
un tercer tiempo, de igual longitud que los dos anterio-
res, destinado a establecer el tipo y el monto de la pena
a aplicar. Primero tomaba la palabra la parte acusadora
para proponer una determinada pena. Luego la defen -
sa hacía una contrapropuesta. Para comprender alguno s
aspectos de la lógica interna del proceso contra Sócrates
resulta importante recordar que, cuando la ley no fijaba
expresamente un detenninado tipo de penalidad para el
delito que era materia del juicio, el tribunal podía fijar
p or sí mismo la pena, pero con la iinportantísima res-
tricción de que para ello debía limitarse a escoger entre
la propuesta de la parte acusadora y la contrapropuesta
de la defensa, sin posibilidad de modificarlas. En casos
que quedaban encuadrados en esta situación, 12 si la parte
acusadora lograba un veredicto de culpabilidad, quedaba
de inmediato en posición favorable para forzar determi-
nadas salidas, proponiendo determinados tipos de penas.
En el caso concreto del juicio a Sócrates, hay buenas ra-
zones para suponer que el pedido de condena a muerte
de parte de la acusación tenía como genuino objetivo

17. En cambio,Jenofonte afirma que los amigos de Sócrates partici-


paron en la defensa (cf.Jenofonte, Apología de Sócrates 22 ).
72. Se trata del caso específico del tipo de proceso conocido con la
denominación de ag6n timetós, vale decir: una «contienda judicial»
(ag6n) a través de la cual se étrriba, por vía de estimación (timetós), a
la fijación de una pena.

1
INTRODUCCIÓN

fo rzar a Sócrates a una contrapropuesta de e);;:iHo, z_ /'in


de log rar así, de modo indir~cto~ un a salida elegante que
resul tara acep t able p ara todos. D espués de ofr las pí·opo -
siciones de ambas partes en torno al tipo y 1nonto de la
pena, el jurado procedía a votar p ar a de cidir en favor de
una de ell a s . Con esto, el proceso qued a ba forn1alinente
concluido. Pero no es improbable que, en ciertos caso s e s-
peciales, se concedie r a a l ya condenado la posibilidad de
dirigirse nuevamente a los jueces. A sí acontece, de hec h o 1
en la presentación platónica. Y es razonable suponer q ue,
fuera o no realmente cierto que Sócrates dis puso de tal
posibilidad, Platón no h ubiera incluido e n su escrito un
nuevo discurso de Sócrates con posterioridad a la procla-
mación de la decisión sobre la modalid a d de la condena,
si no hubiera habido ciertos precedentes al respecto en la
práctica forense de la época. i:~ Considerada esta última
posibilidad, el acusado estaba en condiciones de ton1ar
la palabra en tres o p ortunidades a lo largo del p r oc eso.
La estructura de la recreación platónica reflej a d irecta-
mente esta secuencia de pasos. En efecto, el contenido del
escrito está dado por los tres d iscursos q u e habría pronu n -
ciado Sócrates a lo largo del proceso. La parte raás extensa
de la obra (17a -35d) está d edicada a la primera inter ven-
ción de Sócrates, al hacer su alegato de descargo frente a
las imputaciones de la parte acusadora. El segundo d iscur-
so (35e-38b) contiene la contra propuesta de Sócra tes frente
al pedido de pena de muerte realizado por los acusadores,
tras cono cerse el veredicto de culpabi lidad. Por ú ltimo,
el tercer discurso de (3 8c-42a) contien e las p alabras que
Sócrates habría dirigido a los jueces tras la proclan1ación
de la sentencia a 1nuerte.

73. Así lo sugirió ya Riddell (18 (;7·i p . vrL.


XV.f ALEJANDRO G, VIGO

3. LA ACTITUD DE SóCRATES. PIEDAD, SABER E IGNORANCIA

El juicio a Sócrates tornó la forn1a de un proceso por


impiedad (asé"beia). Sabernos de varios procesos de este tipo
contra íntelectuales y personas públicas en Atenas, y sabe-
mos también que, a menudo, solían encubrir tras la motiva-
ción alegadan1ente religiosa razones de otra índole, predo-
minantemente, políticas. En n1uchos casos, el proceso por
impiedad constituía, en la práctica, un recurso para forzar
la salida al exilio del acusado, fin respecto del cual la n1oti-
vación propia1nente religiosa jugaba un papel secundario o
incluso n1eramente instrumental. En este aspecto, el juicio
a Sócrates puede no haber sido la excepción, al menos, en la
intención de quienes lo iniciaron. Sin embargo, el curso que
tomaron po steriorn1ente los acontecimientos lo convirtió,
finaln1ente, en un caso con1pletamente excepcional. De he-
cho, no sabemos de ningún otro caso en el cual el resultado
de un proceso por in1piedad haya sido la condena a muerte
y la ejecución del acusado. 14
A. este resultado excepcional e inesperado contribu-·
yeron, sin duda, rnuchos factores, entre ellos, también el
peculiar tipo de actitud que Sócrates adoptó y puso de ma-
nifiesto en su defensa. Pues, distanciándose crítican1ente
de muchas prácticas habituales en los alegatos de este tipo,

14. Para el carácter y la función de la institución del juicio por impie-


dad en A tenas, véase la buena discusión en Cohen (1991) p. 203-217.
Sin embargo, la cuestión es difícil y poco clara en los aspectos de
detalle. Ya Dover (1976), citado por Cohen (cf. p. 212 nota26), puso
de manifiesto la fragilidad de las fuentes disponibles, sobre todo, las
tardías (vgr. Euforo, Diógenes Laercio, Plutarco), para nuestro cono-
cimiento de la práctica legal atenien se en este punto. Y todo indica,
además, que la propia noción de asébeia no q uedó nunca definida de
un modo suficientemente preciso, lo qu e dio luga r, en la práctica,
é.. una amplia y variada gama de modos de aplicación, con el fin de
encuadrar casos muv diversos.
,I
INTRODUCCIÓN XVII

Sócrates optó por reaJizar una defensa a tra 1 és de la cual


se mostraba intransigente en cuestiones de principios, pre-
sentando su actividad pública como fundada d irecta1nente
en un conjunto de premisas y convicciones fundam entales ,
respecto de las cuales se mostraba completa1nente reacio a
todo tipo de concesión y negociación. No se trataba sin1ple-
mente del rechazo a una actitud pragn1ática que abando-
nara determinadas convicciones, en favor de una supuesta
utilidad más in1nediata. Por el contrario, Sócrates creía
estar obrando del único modo que le asegu raba, finalmen-
te, no causar un verdadero daño, a sí mismo y a la ciudad
toda. Lo que estaba en juego era, en definitiva, la oposi-
ción de base entre dos conjuntos de convicciones acerca del
bien y la felicidad: las de Sócrates, por un lado, y las de la
mayoría de quienes debían juzgar su conducta, por el otro.
Por ello, las razones alegadas por cada u na de las partes
así como sus respectivas representaciones acerca de lo que
podría contar como una salida razonable resultaban, de
algún modo, inconmensurables.
Sin duda, en la actitud de Sócrates frente a sus jueces
jugaba un papel especialme nte relevante el componente
ético y religios o. Un aspecto importante para comprender
la actitud general adoptada por Sócrates frente a los jue-
ces reside en el hecho de que, en el marco de un p roceso
por impiedad, Sócrates presenta su actividad, paradójica-
mente, como un servicio al dios Apolo, es decir, con10 una
peculiar forn1a ele la piedad frente a los dioses. Platón ex-
plota esta situación en todo su potencial, a la vez , trágico e
irónico. Las actividades por las que se lo acusa de impiedad
constituyen en su 1notivación inicial y básica, explica Só -
crates, la respuesta a una exigencia del dios, expresada a
través del oráculo.
Ahora bien, no es en absoluto casual que haya podido
tener lugar aquí un malentendido tan profundo entre las
XVIII ALLIANDRO G. VIGO

p artes, ya que el tipo de ser,icio piadoso al dios que Sócra-


tes cree necesario llevar a cabo tiene poco o nada que ver
con las formas habituales de la piedad cívica ateniense. En
tal sentido, Sócrates encarna, de hecho, una nueva forma
de religiosidad, una forn1a de religiosidad vinculada a las
tendencias centrales del movin1iento cultural y espiritual de
la Ilustración del siglo V. 15
Uno de los componentes esenciales de esta peculiar ac-
titud socrática está dado por la conexión inmediata que .
Sócrates establece entre el respeto piadoso ante lo divi-
no, por un lado, y la actitud crítica frente al saber y el
conocimiento, propia de la reflexión filosófica, por el otro.
Sócrates explica el origen de su actividad filosófica de in-
dagación como un intento por interpretar el sentido de la
sentencia del oráculo de Delfos, que declaraba, para su
asombro, que no había n ingún ho1nbre que lo superase en
sabiduría, mientras que él mismo creía estar consciente de
los límites de su saber y se tenía a sí mismo por ignoran-
te. Justamente era este contraste entre lo que afinnaba el
oráculo, por un lado, y lo que Sócrates nüsmo creía saber
respecto de sí n1ismo, por el otro, lo que hacía imperioso
que Sócrates se dedicara a establecer qué quería decir real-
mente el oráculo, sobre la base de la convicción de que el
dios, en algún sentido, debía estar diciendo la verdad. Su

15. El contraste entre la actitud encarnada por Sócrates y el tras-


fondo de la religiosidad tradicional ha sido nítidamente el aborado
por H. G. Gadamer en un excelente estudio. Véase Gadamer
(1990). El componente religioso en la actitud de Sócrates había
sido enfatizado ya por Mondolfo (1 963) p. 24 ss. La religiosidad
de Sócrate s ha sido objeto de amplio estudio y no menos amplia
controversia en los últi mos años. E ntre los mucho s trabajos que
podrían citarse, me permito remitir a las muy buenas discusiones
de Vlastos (1991 ) p. 157-178 y de Iv1cPherran (2011) y (20 13). Un
tratamiento de conjunto más amplio se encuentra en ~vicPherran
( l t¡ ' l 6 ')
INTRODUCCIÓN XIX

actividad de indaga ción y cuestiona1nien to de aquellos qu,_.


parecían , e n principio 1 ser más sabios que él mismo, por
poseer a lgún conoci:rniento especializado o, al n1enos, una
~ierta reputación pública de sabios, lo llevó finaln1ente a
constatar que, en todos los casos, el saber, real o aparente,
de sus inte rl ocutores iba a compañado de una clara falta
de conciencia de los límites de la competencia que dicho
saber, real o su puestamente, les proporcionaba. Sobre esta
base, Sócrates concluyó que la superioridad en sabiduría
que le atribuía el oráculo sobre el resto de sus conciuda-
danos no aludía a la posesión de un detenninado saber de
contenidos, q ue él misn10 e staba consciente de no tener,
sino, n1ás bien, precisamente a su conciencia de los límites
del propio saber.
La concie nc ia de los límites del propio saber constitu-
ye un modo peculiar de referirse de modo expreso a dicho
saber y tomar posesión respecto de él, un modo situado
en un plano de reflexión, por así decir, más elevado que
el correspondiente a la mera posesión y ejercicio del sa-
ber en cuestión, como tal. Al n1e nos, en el caso del ser
hun1ano, cuyo conocimiento es sie1npre li1nitado, la falta
de dicho componente reflexivo conv ierte a la posesión de
cualquier tipo de saber de contenidos al mismo tiempo,
piensa Sócrates, en e l posible punto de partida de una
forma pecul iar de error e ignorancia, en la medida que
lleva tendencialment e a arrogarse conocin1iento y cornpe-
tencia también en áreas y 1naterias respecto de las cuales
ya no se sabe r ealmente nada. Liberar de esta peculiar, y
pertinaz, forma. de error e ignorancia a quien se halla bajo
su dominio, haciéndole advertir precisamente los límites
de su propio saber, es, por lo misn10, uno de los objetivos
fundan1entales del método refutatorio puesto en práctica
por Sócrates. La necesidad del recurso al elemento de
contraste provisto por el examen crítico y, eventuahnen-
XX ALEJANDRO G. VIGO

t e, también la refutación de las opiniones del interlocutor


se funda 1 pues, ella misma en las exigencias que plantea
la propia concepción socrática acerca de lo que constituye
una forma genuina de la conciencia de sí. Con10 tal, ésta
no puede prescindir jamás del componente (auto) crítico
por medio del cual obtiene la necesaria lucidez también
respecto de sí misma. Por el contrario, el error posee, en
todas sus posibles formas, la particu laridad de involucrar
necesariamente también un componente de autoengaño:
quien se halla en el error respecto de un contenido de
posible saber, cualquiera que éste fuera, sólo puede estar
en el error, en la medida en que, justamente, no reconoce
el error como error, sino que lo toma como lo contrario de
lo que realmente es, vale decir~ como genuino saber. Con
toda probabilidad, Sócrates fue el primer pensador en
haber reconocido, de modo expreso, el peculiar carácter
(auto)ocultante que caracteriza la conciencia errónea, en
sus diversas posibles formas. Y, sobre esa misma base,
logró reconocer tan1bién, con insuperable clarividencia,
el imprescindible papel positivo que des empefian las ex-
periencias de contraste facilitadas por la refutación, en
sede dialógica, y el castigo, en sede no dialógica, cuan -
d o se trata de ofrecer a quien se encuentra en el error
la posibilidad de reconocerlo con10 tal y superar así, el 1

autoengaño que lo hace persistir en la ignorancia. 16 En el

16. En tal medida, como acertadamente ha enfatizado G. Bohme en


un libro que no ha recibido el eco que merece, el método socrático
no apunta meramente a poner a prueba la sabiduría del interlocu-
tor, sino, por ese rned Í0 5 a hacer posible que éste llegue a poseer
también el misn10 tipo de sabiduría de la que el propio Sócrates
ha reconocido ser portador, vale decir: la «sabiduría humana»,
fundada en el reconocinliento de lo s límites del propio saber. En
tal sentido, Bohme explica que el método socrático no debe verse
solamente como un método de «prueba» (jnüf en), sino también de
l 'd , . \ 1'ea.se B
«c r eac10n o pro d- ucc10n
• - " lC . - ►; ler¿eugen. ae
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!l'lTRODUCClÓN

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C'iu 1d,-::o
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lug ar a au d· as, uno o e _ os legaaos 1n as nnponantes y mas
1 1 ·1 ·¡ , o ' L ,

de cisivos de Sócrates a la tradición filo sófica oc cidental.. 17


E n definitiva, Sócrates cree poder concluir, por tanto,
que el dios, efectivamente, lo ha puesto corno ejemp lo de
un tipo peculiar de sabiduría. Esta sabiduría e st á caracte-
rizada a n te todo, prec isan1ente, por la conciencia de los
líinites del propio saber, y es, con10 tai, un a sabiduría pro -
pia1nente humana, por oposición al conocimiento acabado
y p erfecto, que sería, más bien, exclusivo de los dioses. Por
lo mismo, la sabiduría humana comporta, al 1nisrno tiem-
po, una peculiar fo rn1a de piedad. Qu ie n reco noce los lími-
tes del p ropio saber queda preservad o del error de creerse
sabio, en el sentido habitual del térn1ino, y p e rn1anece,
por lo mis1no, abierto a la debida actitud de respeto frente
a aquello que, con10 lo d iv ino 1nisn10, lo supera en sabi-
duría. Pero la función de Só crates en la ciudad n o queda
adecuadamente descripta por referencia excl usiva mente a
la tarea de producir en sus interlocutores el reconocimiento

(198 8) p. 12 --L Si se c onecta el punto con la desc ripción del mé todo


socrático por medio de la m etáfora del «arte mayéutico»~ ofrecida
por Platón en el famoso pasaje d e leeteto 148 e-15l d, podría afir-
marse que el momento «productivo» del método , es decir, aq uel
que corresponde al «dar a luz», podría comen zar, en rigor, mucho
antes que la producción de nuevo conocimiento de contenidos, la
cual en los diálogos tempranos de Platón, que suelen finalizar de
modo aporético, cmno se sabe , casi nunca se alcanza y sólo apa-
rece claramente ilustrada por la conocid ísima escena del esclavo
de Afenón 82b-86c. En eÍecto, ya la misma to m a d e conciencia de
la propia ignorancia podría verse, al menos, allí donde die ra lugar
a un genuino cambio de actitud de carácte r m ás general y más
persistente, como un momento genuinamente mayéu tico, en el cual
tiene lugar la adquisición originaria de l peculi a r tipo de saber que
representa la «sabiduría humana,>.
77. Para una discusión más amp lia de estos aspectos , me permito
remitir al trata1niento en Vigo (2000).
XXII ALEJANDRO G. VIGO

de la propia ignorancia. Sócrates 1nismo presenta su tarea


en Apología como u na empresa de exhortación a una vida
verd aderain ente humana, que dé más importancia a la vir-
tud y los bienes del alma que al bienestar m aterial y las
posesiones exteriores. Junto a la conciencia de los límites
del propio saber, la actitud socrática aparece así, al mismo
tiempo, como fundada en ciertas convicciones sólidas acer-
ca de lo que es mejor o más valioso como también acerca
del modo de vida que resulta preferible para el homb re.
Y tales convicciones son lo suficientemente fuertes, como
para que Sócrates p refiera morir perseverando en ellas,
antes que seguir viviendo a costa de sacrificarlas y dañar
así su propia ahna.
Al menos, en un primer nivel de análisis, parece haber,
pues, una tensión manifiesta entre estos dos componentes
esenciales de la actitud socrática: la conciencia de los lími-
tes del propio saber, por un lado, y la convicción fuerte en
materias de crucial relevancia n1oral, por el otro. De hecho,
buena parte de la investigación más reciente acerca de la
filosofía de Sócrates ha girado en torno de las paradojas
que involucraría la actitud socrática: Sócrates no sabe, pero
es sabio, porque sabe que no sabe; Sócrates no sabe cómo
definir nocion es morales básicas como la piedad, la justicia
o la valentía, que son objeto habitual de sus indagaciones,
pero sabe que lo más importante son la virtud y los bienes
del alma, al punto de estar dispuesto a morir, con tal de no
actuar en contra sus convicciones morales, etc. 18

78º Para una lúcida discusión cr ítica de las principales paradojas


de la posición socrática con relación al conocimiento, véase Carone
(1 99i). Sobre el tema de la declaración socrática de ignorancia,
véase también Vlastos (1994) p. 39- 66, 67-86. Un intento de pre-
cisar el alcance exacto de la declaración socrática de ignor a ncia
y de m o strar así su compatibilidad con la pretensión de poseer
conocim.iento moral b a sado en creencias sólidas, aunque no pre-
INTRODUCCIÓN XXIII

t.Jo es claro hasta qu~ Dunto Sócrates n1ismo e stuvo en


- !

condic io n es de diagno sticar y, eventualmente, d e resolver


satisfactoriamente to das la s dificult ad e s v incul a d a s con
este complejo entramado de prob lemas. Pe ro hay razo-
nes para pensar que, lejos de ver con10 incompatibles la
búsqueda de la vi r tud y el reconocin1iento de la propia
ir•norancia, Sócrates apuntaba, más bien , hacia una dimen-
º en la cual amb o s aspectos resultan tendencialmente
sión
convergentes. Pues si la ignorancia es un mal para el alma,
tanto n1ás lo será allí donde no es reconocida como tal
y puede, así, incluso pasar falsamente por conocimiento.
Donde el saber es finito y falible, como en e l caso del ser
humano, todo genuino conocimiento se obtiene, en último
ténnino, por el camino de la superación del error y la igno-
rancia. Y el primer paso p ara ello co nsiste, en defin itiv a, en
reconocer como tales el error y la ignorancia mismos. Tal
es , al n1enos, en parte, tan1bién el significado de la famosa
sentencia socrática, según la cual la vida hu1nana no deb e
sustraerse a la necesidad de ser so znetida a p ermanente
exan1en, si es que de veras pretende ser una v ida genuina-
mente humana (cf. Apología 38a).

tendida1nente irrevisables, se encuentra en Gómez Lobo (1998)


p. 45 -71. Sobre esta base, Gómez Lobo concluye, además, en la
línea de Vlastos, que la declaración socrática de ignorancia no
debe verse nunca como insincera, porque, a la luz del tes timonio
platónico, no concierne en ningún caso constatable a aquellas mis-
mas cosas respecto de las cuales el propio Sócrates afirma poseer
creencias sólidas, como es el caso de lo relativo a la importancia de
los bienes del alma y, en particular, las virtudes morales. E n este
sentido, véase también Bett (2011). Trata m ientos más amplios de
la cuestión relativa a la concepción socrática del conocimiento y el
alcance de la declaración de ignora.ncia pueden verse 1 entre otros,
en Brickhouse- Srnith (1994) p . 30-72 y (2000) p. 99-121; 13enson
(~000) p . 167-26 1:. y IvJr PaJ Lhnrl (?. o:: :::.
XXIV ALEJANDRO G. VIGO

4. LA PRESENTE TRADUCCIÚN

La traducción aquí ofrecida constituye una versión


con1pletamente revisada y parcialn1ente renovada de la
versión publicada por primera vez, hace ya n1ás de quince
años, en Santiago de Chile. 19 Como base para la traducción
he empleado la versión del texto griego fijada por VV. S.M.
Nicoll, que fue publicada en la colección Oxford Classical
Texts, como ree1nplazo de la antigua edición de J. Burnet. 20
No n1e he apartado del texto de I\Jicoll más que en una
sola ocasión, indicada en nota en el lugar correspondien-
te (véase abajo 40a y nota complen1entaria 90 en p. 161).
Para esta nueva edición, he reescrito la introducción, he
revisado y en ocasiones aun1entado los análisis y las notas,
y, además, he an1pliado y actualizado significativamente
la base bibliográfica, aunque, naturalmente, sin pretender
ningún tipo de exhaustividad.
He intentado dar una versión que facilite el acceso de
un público an1plio y cercana en lo posible al uso actual
del español, pero sin sacrificar precisión ni perder todo
contacto con la sintaxis y el _estilo del original. Con todo,
en varios pasajes no me pareció deseable nivelar, sin más,
todo motivo o énfasis de tipo retórico, pues eso hubiera
significado dejar de lado una característica importante del
estilo platónico en este escrito.
Entre las traducciones española que he podido consul-
tar durante la realización del trabajo debo mencionar las
de J. Calonge Ruiz y L. Nousán Lettry, 2 i que sobresalen
por su balance estilístico, pero dentro de una concepción

19. Cf. Vigo (1 998).


20. Cf. Duke et alii (1995).
27. Cf. Calonge Ruiz (1981); l\Toussan Lettry (1973).
ll'!TRODUCC !Ói'f

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destctCa . OT . . ·¡!c.-1,,:, e··
-- 1 --- -- -~- .JL. L _, ~ uu ..... ~- -d U r. ·!..~ l!l ...~ .... u'u, / _ ::,_,

edición critica bilingüe de E. P. P arnosj" ra,do. 2 :-; Taxnbién


debo n1enciona r las reput adas traducciones de ]H. Treden -
nick, G. M . 1-\ . G rube y R. E. A.llen al inglés , ~ i de f/.L Croi-
set y L. Brisson, esta última excelenten-1ente an otada, a l
fr ancés / 5 de G. R eale y M. Valgiinigli, con muy buena
anotación d e I\11. Valgimigli y A.. M . Ioppolo 1 al italiano,~(;
y de F. Schleiermacher al alern.án. n
En materias de interpretación filológica e históric a,
la edición anotada del te.-cto griego debida a J. Burnet
probable1nente n o ha sido to d av ía su p erada.18 También
la e dición anotada ele J. Riddell sigue siendo de utilidad
en muchas cue stiones d e detalle, y va acornpañada d e un
·
exce 1en t e d 1ges 1
Lo 02 •
guos -!- •
¡ expresiones p l aton1cas.-
,, • ')()✓ J'A!,_
estas do s ediciones clásicas, se agrega ahora el comenta-
rio debido a E. de Strycker y S. R. Slings, que abunda tam-
bién en observaciones de tipo filológic o y gra:n1atical,:rn y
la tradu cción alemana , arnpliamente con1entada, de E.
H eitsch. 31 Algunas ediciones de uso e scolar resultan útiles
en materias de sintax is, léxico y referencias textuales, e n
particular, la s inglesas deJ.J. rielm y M.C. Sotkes, 32 y la
alemana de F. J . v-Veber. 33

22. Cf. Eggers Lan (1966).


23. C f. Ramos J u rado (2002).
24. Cf. Tredennick (1 954); Grub e (197.5); Allen (1 98 ..t) p. 59-1 04.
25. Cf. C roiset (1 920); Brisson (1999).
26. Cf. Reale (2000 ); Valgimigli--Ioppolo (1996 ).
27. Cf. Schleiermac her (1 818).
28. Cf. Burnet (1924).
29. Cf. R iddell (1867).
30. Cf. de Strycker-Slings (1 994).
37. C f. Heitsch (2002).
32. Cf. H elm (1 981); Stokes (1997).
33. Cf. \Veber (1 995 ).
XXVI ALEJANDRO G. VIGO

La traducción ofrecida va acompañada de un conjunto


de notas y de análisis de contenid o que preceden a cada
sección del texto. La finalidad inmediata de los análisis
consiste en proveer una reconstrucción de la argumenta-
ción des,arrollada en la sección correspondiente del texto,
que permita apreciar su alcance, sus presuposiciones y
eventualmente también los problemas que involucra. Por
su parte, las notas son de dos tipo s. Las colocadas al pie
de página están destinadas a prestar ayuda en la lectura
y facilitar la con1prensión inmediata del texto. Contie-
nen aclaraciones de ténninos o giros así como referen-
cias históricas o textuales, pero no discuten problemas
ni abordan aspectos relativos a la interpret ación . Éstas
dos últimas funciones han quedado reservadas para las
notas con1plementarias, agrupadas por separado detrás
de la traducción . Sin embargo, dadas las características
de la presente edición, las notas complementarias no
pretenden ningún tipo de exhaustividad y no proveen
un comentario detallado del texto, sino que se limitan a
discutir con mayor amplitud algunas pocas cuestiones de
importancia para una interpretación de conjunto. Puesto
que no están destinadas a facilitar la comprensión en una
prime ra lectura, el lector no interesado en discusiones
más técnicas o de detalle puede omitir, sin más, la lectura
de las notas complementarias.
En la elaboración de los análisis y las notas he acudi-
do a. una considerable cantidad de trabajos especializa-
dos, a los cuales remito de modo expreso en los lugares
correspondientes. Además de la clásica edición anota-
da de Burnet, ya citada, me han sido de especial utili-
dad los trabajos de T. C. Brickhouse y N. D. Smith, 3 -i

34. Cf. Brickhouse-Smi"h (1 989), (199L!), (20 00 ), (2002) 1 (2004) y


(2010 ).
INTRODUCCIÓN

G. - lastos, 35 C. D. C. P e~ve/lj y /i. ,----, ómez Lobo, 37 asi con10


los ensayos incluidos en las cornpilaciones editadas por JH.
I-l. Benson, G. Vlastos , R . Kan1tekar y D . R. I/íorrison / H

ÁGJRADJEC liMliEl\ lTO§

La historia de este libro se remonta a rr1ed ia dos d e los


años noventa, cuando me encon t raba radicad o en S an -
tiago de Chile. Con m i admir ado colega y querido amigo
chileno, radicado durante décadas en \Vashington 1 donde
se desempeñaba como Profesor de Filosofía en la Uni-
versidad de Georgeto\vn) el inolvidable Alfonso G ómez
Lobo, concebimos la idea de dar inicio a una colección
de traducciones anotadas de textos clásicos , filo sóficos y
liter arios , destinadas al uso escola r y uni ver sita rio. E n e se
contexto, decidimos que el prirner paso era acometer la
tarea de renovar la traducción de los diálogos platónicos
relacionados con la muerte de Sócrates. Nacieron así las
traduc ciones de Eutifrón y Gritón, realizadas por Alfonso,
y la primera versión de mi traducción de Apología. A estas
ver siones, publicad a s en Santiago de Chile entre 1997
y 1998, se agregó m ucho tiempo después, en 2009, mi
traducción de Fedón, p ublic ada e sta vez en Buenos Ai -
res, y en esta misma colección. La idea d e llevar a cabo
una revisión integral de la traducc ión de Apología, que me
permitiera , ade1nás de n1ejorar varios pasaj es y corregir
diversos errores, también actualizar las notas y a rnpl iar la
base b ibliográfica, ganó fuer za en el mismo momento de

35. Cf. Vlastos (1 991).


36. Cf. Reeve (1 989) .
37. Cf. Gómez Lobo (1993) y (1 994).
38. Cf. Benson (1 992); V lastos (1 99 1); Kamtekar (200.5 ); I\1 orrison
(2011).
XXVIII ALEJANDRO G. VIGO

concluir el trabajo en la traducción de F'edón . .A fine s de


201. J., tras sop ortar con conmovedora serenidad, socráti-
carnente~ una larga y penosa enfermedad, Adíon so partió
y ya no pudo ver re ali zado el trabaj o que ahora presento.
Sin en1bargo 1 ha sido el recuerdo de su figura lo que me
d io las fuerzas necesar ias para persistir, cuando, en medio
de muchas tareas vJ no -pocas dificultades, estuve a -punto,
una y otra vez, de abandonar n1i puesto y traicionar así el
espíritu socrático,
Desde los tiempos de trabajo en la primera versión de
la traducción, tuve la inmensa fortuna de poder contar con
la ayuda y el consejo de colegas y an1igos que leyeron el
texto, criticaron mis interpret aciones y me hicieron valiosas
sugerencias de mejora. Además del propio Alfon so, d ebo
mencionar aquí, muy especialmente, al Prof. Roberto To-
rretti y a mi a1nigo de toda la vida, el Prof. Marcelo D. Boeri.
Habiendo contado con el consejo de filósofos y helenistas
de semejante talla, tengo poca excusa p ara los errores que
tod avía queden. Pero debo decir que son exclusiva responsa-
bilidad nüa. A Miquel Solans,joven y enjundioso p1 atonista,
debo la referencia a algunos trabajos recientes que discuten
problemas tratados en mis notas. NH esposa Cristina del
Rosso había corregido los originales de la primera versión y
ahora, casi veinte años después, ha vuelto a corregir los de
ésta. Es difícil encontrar un modo adecuado de agradecer
semejante perseverancia.
Por último, quiero agradecer tambié n, muy sincera-
mente, al equipo de gestión de la Colección Clásica d e la
Editorial Colihue, por el apoyo que han dado a m i tarea y
por la enorn1e paciencia con la que han tolerado mi enorme
lentitud para ternünar lo que tengo entre manos.
J'\. G. V.
PAA.1 PLONA y A GOSJ.O DE 2015
XXIX

DKV X§KÓN JDE1L CONTJENXDO

Siguiendo a Burnet, 3~1 he dividido el contenido de la obra en


siete secciones principales, una de ellas con subdivisiones inter-
nas. El esquerna de esta división del contenido es el siguiente:

I. Proemio (17a-18a)
II. Plan de la defensa (l8a-í9a)
III. Defensa de Sócrates
1. Defensa contra las prin1eras acusaciones
(19a-24b)
2. Defensa contra la acusación de Meleto (24b-28a)
IV. La misión divina de Sócrates (28a-34b)
V. Epílogo (34b-35d)
VI. Contrapropuesta tras el veredicto de culpabili-
dad (35e-38b)
VII. Después de la imposición de la pena (38c-42a).
Las secciones I-V corresponden al prin1er discurso de
Sócrates, es decir, a su alegato de descargo. La sección 'lI
contiene el segundo discurso, pronunciado después del vere-
dicto de culpabilidad, con la contrapropuesta de pena frente
la solicitud de pena de muerte presentada por los acu sado-
res. La sección VII, por últin10, corresponde a la tercera
intervención de Sócrates, para dirigirse a los jueces tras co -
nocerse la decisión en favor de la condena a muerte.·rn

39. Cf. Burnet (192 4) p. 146 -251.


40. Para un buen resumen del desarro llo de Apología, véase Guth rie
(1990) p. 85 -92 .
XXX
CRONOLOGÍA

469 a. C. Nace Sócrates en Atenas, en el demos de Aló-


pece, como hijo de Sofronisco, un trabajador
de cantera y escultor, y Fenáreta, comadrona.
44-3/429 a. C. Gobierno de Peri eles. Atenas llega a su máxi-
mo esplendor como centro político y cultural
de Grecia.
431 /404- a. C. Atenas y Esparta se enfrentan en la llamada
Guerra del Peloponeso. Só crates participa
como soldado en las batallas de Potidea
(431 -429) , Delión (424) y Anfípolis (422).
Destaca por su resistencia y valor. Según
Platón (Simposio 220d), habría salvado la
vida de Alcibíades durante el sitio de Potidea
(431 -429).
429 a. C. Muere Pericles, víctima de una epidemia
que asoló Atenas, probablemente, de fiebre
tifoidea.
427 a. C. Nace Platón en Atenas (o Egina).
423 a. C. Aristófanes presenta su obra Las nubes, donde
caricaturiza y critica severamente a Sócrates.
416 a. C. El poeta Agatón resulta premiado en la
competición de obras trágicas. En Simposio
Platón recrea el festejo por esta consagración
artística. La caracterización de la figura de
Sócrates y sus vínculos con Alcibíades ocupa
un papel destacadísimo.
415/413 a. C. Se lleva a cabo la expedición atenien se
contra Sicilia, al n1ando de Alcibíades. La
expedición termina con la derrota de Atenas
y la traición de Alcibíades, quien se pasa al
INTRODUCCJÚ[\l

b aDdo enernigo, para evitar ser apr·2 0adc y


enju iciad o en P1t2nas.
407/ 403 a. C. Platón se interesa por la filo sofía y entra en
contacto con Sócrates.
406 a . C. Sócrates se desempeña co1no n1iembro pri-
taneo. Durante el ejercicio de su cargo, b ajo
el régimen den1ocrático, tiene lugar el juicio
contra los generales que lograron la victoria
en la batalla naval de las Arginusas, en razón
de no hab er logrado enterra r el cadáver de los
caídos en co1nbate. Sócrates se opone públi-
camente a la propuesta de que se los j uzgue
de n1odo colectivo, y no individual (cf. Platón ,
Apología 32c) .
404 a. C. Concluye la Guerra del Peloponeso con la
capitulación de Atenas, vencida por Esparta..
Gobierno de la T iranía de los Treinta.
Arresto de León de Salamina, ordena do por
el gobierno de los Treinta. Sócrates se n iega a
colaborar e incumple las órdenes (cf. Platón,
Apología 32c-d).
403 a. C. Restauración de la democracia, por medio de
una revolución. Critias, uno de los principa-
les miembros del gobierno de los Treinta, y
Cármides, su primo y camarada de p artido,
mueren como consecuencia de los combates
callejeros.
399 a. C. Juicio, condena y muerte de Sócrates.
XXXJJ

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APOLOGÍA DE SóCRATES

AnoAoy(a LWKQá1:ovc;
3

En este exordio con el que introduce su defensa Sócrates ma-


nifiesta su asornbro ante al tenor de las acusaciones dirigidas en
su contra, y ante la elocuencia y persuasividad del alegato de sus
acusadores. Por su parte, Sócrates niega tener especiales habilida-
des orato rias, y expresa su intención de no recurrir al mismo tipo
de retórica para hacer su d~fensa, cuyo poder de convicción deberá
basarse tan sólo en la veracidad de lo que va a decir en ella. En tal
sentido, Sócrates p ide a los jueces que le p ermitan emplear su modo
habitual de hablar en público, y que no atiendan al estilo y la form a
exterior de su alegato, sino tan sólo a su contenido.
PLATÓN

!7a 'Drrt µi:v í,¡-1cic;, w avbQEs A817vaio L, 'TTé'TTÓv0arrc {, no


'tWV c'.'µwv Karr17yóQWV, Ol.JK oi bcr iyc~1 b' ovv KCT.L a{r ro~
ún' aú1:c~1v óA(yov i:µavrrov énEAa8óµ17v, ov1:w rn8avc-z_,c;
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17 ouói:v iv\178tc; cLQT]KCTCTLV, úµc'i:c;: bé µov lXK0lJCTcCT8c rracrav
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úµwv ÓÉ0¡..1al KCÜ TTUQLt:µaL· tav ÓLct 1:c-;.,v C(l) T(~V Aóycov

l
APOLOGÍA DE SÓCRATES
,..,
i.)

No sé, señores atenien ses/ qué efec to han producido n1ls 1.h

acusadores en ustedes. Pues a mí, al menos, casi n1e h icieron


olvidarme de quién soy. iHablaron tan persu .siv a mente !
Y, sin embargo, práctica1nente nada de lo que han dicho es
verdad. Pero, entre las muchas mentiras que dijeron, hay
una que n1e causó especial a sombro: la de advertirles que
harían bien en precaverse de que no los engañe, puesto que
soy hábil para hablar. En efecto, me pareció lo 1nás desver- b

gonzado de su parte que no hayan tenido reparos, a pesar de


que enseguida los refutaré de hecho, cuando quede de mani-
fiesto que no soy en absoluto hábil p ara hablar, a no ser que
llamen «hábil para hablar» al que dice la verdad. Pues si es
esto lo que quieren decir, entonces yo mismo convendría en
que soy un orador, aunque no al modo de ellos.2 En efecto,
ellos, como acabo de afi rmar, poco o nada verdadero han
dicho. Yo, en cambio, les haré oír toda la verdad.
D esde luego, ipor Zeus ! , no oirán ustedes, señores ate - e

nienses, bellas formulaciones adornadas con giros y térmi-


nos <escogidos>, como las de ellos, sino cosas dich as im-
provisadamente con las palabras que se me ocurran, porque
estoy seguro de que lo que voy a decir es justo. Así que nin-
guno de ustedes esp ere otra cosa.3 Pues, sin duda, tampoco
sería adecu ado, señores, que, a mi edad, me presente ante
ustedes como lo haría un n1uchacho que intenta dar fonna
a un discurso.
Pero hay sobre todo una cosa, señores atenienses, que
necesito y les pido : si advierten que recurro en mi defensa al

7. Ver nota complementaria p. 13 8.


2. Ver nota complementaria p. 138.
3. Obviamente, esta adver tencia se refiere al modo en que Sócrates
piensa desarroll a r su discurso, es d ecir, a su renuncia a valerse de los
procedimientos formales típicos d e la retórica , y no a la declaración
de que lo que va a alegar en su favor es verd adero y justo.
6 PLATÓN

áKoú171:É µov arroAoyovµtvou bL' i0vrCEQ c:fr08a AiycLV KCTL


[V ayoQq ETÜ 'CWV TQCTTI [,(~V, Iva Ú~l(0V noAAoi. C<Kl7KÓlXCTL,
d KCÜ aAAo8l, µ~'TE 8auµá~cLV µ1í1:c: 80QVí3ELV 'TOÚTOV
[VEKCL ÉXEL yúQ OÚTCvaL vvv iyw TI Qé0TOV ETIL ÓLKC\'.CTTTÍQLOV
ava f3Éí3l7KO<, E1:f] ycyovwc;; rf3boµtj KOV1:CC CCIEXVC0c;; OÚV
~Évco~ EXüJ 1:-fíc; iv0ábr ;\É.~c:wc;;. tJCJTTEQ o{,v áv, ü TWL ÓVTL
l; tvoc;; irrúyxavov wv, CTUVEYLYVWCTKETE btjnov av µoL d
rna lv EKé:Í.Vl~ Tl] tj)wvq Té Kai. T~ TQÓTT<tJ EAc:yov rv oianEQ
i:1:c8Qáµµ17v, KCÜ b11 Kai. vüv Toürro ó~t&:Jv bto~taL 0(1<cuov,
(~I'.; yt µoL boK~J, -rov µtv 1:qónov T-fíc;: ;\É.~c:wc;: i.ixv - Iaw~
µi:v YªQ XELQWV, tacL,c;; bi: f3EA'ILüJV av d17 - O(lV[() bi: TOÜTO
uKOTCELV icai. -roÚT!+J Tov voüv TTQOCTÉXELV, el ó(Kata Atyw
11 ~uí· OLKaCJTOÜ µi:v YªQ aÜT11 CTQéTlÍ, QlÍTOQOc;; bi: 1:ai\17811
Atynv.
.A.FOLO<:;íA. DE SÓCRATES 7

11•1. isrno tipo


-
d___- COfrlers9.:~i. ..'.::n cue
1
s._1-210 ,:::r1p1 ::::EL.' üu-n."biért en
el ágora junto a las n-12s:.1s de los .-~ar_o_bistas, donde rnuchos
de u stedes me han cído 1 / e n otrZtS partes 1 no se a scrnbren :.t

ni alboroten por ello. Pues la situación es la siguiente: ésta


es la primera vez que subo al estrado de un tribunalJ a pesar
de que tengo ya setenta años, y ocurre que me siento simpl e -
111ente co n10 un extraño frente al modo de hablar propio de
este lugar. 4Ahora bien, si yo fuera realmente un extranjero,5
ustedes rne disculparían, por cierto, que n1e exprese en el
dialecto y en el n1odo de hablar en los que fui educado. Así rna
tarr1bién les pido ahora algo que, por mi parte 1 creo justo:
que no se preocup e n del 1nodo en el que rne expreso, sea
mejor o peor, y que consideren y pongan atención tan sólo
al hecho de si es justo o no lo que digo. Pues en esto consiste
la virtud del juez, y la del orador, en decir la verdad.ti

4. Ver nota cmnplementaria p. 139.


5. Hay aquí un juego de palabras entre la d eclaración de encontrar-
se «como un extrafi.o» o «aj eno» (xénos échá) respecto del modo de
hablar frente a l tribunal, por u n lado, y la referencia al caso de un
«extranjero» (xénos) que tuviera que expresarse frente a quiene::; lo
reciben como h uésped en su patria, por el otro.
6. «Virtud» es la traducción que he dado para el término griego aretl.
He optado por esta solución tradicional, sobre todo, por la ventaja q ue
ofre ce poder mantenerla en todos los casos a lo largo d ·l texto. Pero
los té rminos «virtud» y areténo son equivalentes perfectos y tienen , en
muchos casos, connotacion es d iferen tes. Un a diferencia iinportante
está dada p or el hecho de que arct.é se en1plea más frecuentemente que
«virtud» con un significado carente de connotación moral. En este sen-
tido an1plio, aretésignifica tanto corno la '<excelencia» o el «buen cun1-
plimiento de la Íunción» de algo, con cierta con notación de «eficacia».
En este sentido no específicam ente moral del térm ino, Platón habla a
veces de la areté de un cuchillo o de un caballo de tiro, para aludir a la
eficacia en el cumplimiento de la función propia de cada uno (cf. p . ej .
República I 352d ss.). También nuestro término «virtud» ad mite u sos
extrarnorales, como, p.ej., cuando se habla de las «vir tudes curativas»
8 PLATÓN

de una sustancia, para hacer referencia a sus propiedades terapéuticas.


Pero estos usos son poco frecuentes en el espaüol actual.
En el presente contexto, la referencia a la areté del juez y del orador
tiene, en primera instancia, un alcance extramoral. Sócrates no alude,
directamente, a las cualidades morales del juez y del orador, sino más
bien a las exigencias que uno y otro deben satisfacer, si esperan dar
buen cumplimiento a su función específica. Con todo es obvio que, al
menos indirectamente, el punto tiene también implícaciones morales.
9

II, PLAN DE LA DEFENSA (18A7-19A7)

Sócrates expone y fundamen ta brevemente el orden de trata-


miento que ha escogido seguir en su defensa . Primero va a defenderse
de ciertas acusaciones antiguas de tipo informal, difundidas por
personas hostiles a él y a sus actividades. Después se defe nderá de
los cargos formulados formalmente en su contra por sus actuales
acusadores. Este orden de tratamiento se j ustifica por dos razo-
nes: en primer lugar, porque las antiguas acusaciones inforrnales
y la falsa imagen pública de su persona derivada de su difusión
constituyen, a juicio de Sócrates, el origen remoto de las actuales
acusaciones formales; en segundo lugar, p orque muchos de los jueces
que tienen ahora la misión de juzgarlo han estado expuestos, desde
muy jóvenes, a la influencia de quienes difundz'an tales calumnias
en su contra. En tal sentido, Sócrates explica que no teme tanto a
los nuevos cargos que se le hacen, sino, más bien a la posibilidad
7

de que los jueces estén todavía sujetos a la iry'luencia de las muchos


calumnias sobre su persona que oyeron desde nú1os, de parte de
personas mayores que estuvieron a cargo de su crianza y educación.
PLATÓN

TTQ~J T OV pi:v o-i'.iv b (Kc:uóc; r tµ L ánoAoytjacia8aL,


(~J civb QEC: J\817vaioL, TIQÓc; Ta TCQ COTá µou lpcubtj
I \ \ .' I V

l(C 'Ill)'")Q7lpéVC{ K (U 1:ovc;; TTQüJ'[OU c;: KCcn7yoQOUc;, [Tiél'[CT


b ól:: TIQOC, Ta ÜoT EQOV KCTL Toúc;: 1,crTÉQotx;. ¿\ioü yaQ noAAol_
KC~TlÍYOQO l y cyóvacrLTTQOc; úµac; KL't l ná1\cu no;\;\a 17b17 lrrq
Kai. ot,blv áA118i·c;: 1\tyovTEC:, oüc; éy(o ~taAAov cpo~oüµcu
11 'tODc; óq~tcpl_ A sVV'tOV, K OllTIEQ OV'tC{ t; K Oll 'tOÚ'TOVc; ÓclVOÚc;.
APOLOGÍA DE SÓCRATES

Pues bien 1 señores atenienses, es justo que, e n prin1.er me!.


lugar, 111.e defiend a de las primeras acu saciones falsas en xni
contra y de mis primeros acusadores, y, luego, de las acusa-
ciones y los acusadores que han aparecido después.
En efecto, tan1bién en el pasado, y hace ya muchos afios, b
se han presentado ante ustedes muchos acusadores míos ,
que tampoco dijeron n ada verdadero. A ellos ten10 n1ás que
a Ánito y sus con1pañeros. 7 Pues, aunque también éstos son

7. Esta referencia a Ánito y quienes lo secundan da a entende! que,


pese a ser M eleto quien aparece como acusador formal, es Anito,
v no el joven Meleto, el verdadero promotor de la acusación (cf.
Diógenes Laercio II 38) . En su interrogatorio a Meleto, Sócrates
pondrá de relieve reiteradamente que el joven no tiene una idea
cabal del significado de los cargos que está haciendo, y que nunca se
ha preocupado realmente por los asuntos que constituyen la materia
de sus acusaciones (cf. 25c, 26a). wleleto es mencionado, además,
como aquel entre los acusadores que representaría la posición de los
poetas (cf. 23e), una referencia cuyo alcance no queda del todo claro.
No se tienen otras informaciones sobre su persona, pero hay quienes
piensan que podría ser el mismo individuo que es mencionado como
acusador del orador Andócides (ca. 440 -39 1 a. C.), a quien se le hizo
juicio de impiedad por su supuesta participación en los escandalosos
sucesos de 415 a. C., cuando una banda de jóvenes, al parecer, mutiló
unas estatuas sagradas de Hermes y profanó los misterios Deméter
(cf. Andócides, De mysteriis 94; para el problema de larosible iden-
tidad de ambos acusadores, véa~e l\1acDowell [1962 p. 208-210;
Blumenthal [1973] ). Por su parte, Anito, mencionado posteriormente
como representante de los ar tesanos y los políticos (cf. 23e-24a, 36a),
fue uno de los cabecillas de la violenta revolución democrática de
404/403 a . C ., que derrocó a la tiranía de los Treinta. En 404 a. C.,
con la llegad a de los Treinta a l poder, debió partir al exili~, del cual
retornó para participar en el derrocamiento del régimen. Anito des-
empeüaba un papel altamente influyente en la política de la época,
a pesar del desastre sufrido en 409 a. C., a causa de un temporal,
cuando comandaba una expedición militar destinada a ayudar en
la defensa de la ciudad Pilos, d urante la Guerra del Peloponeso . Fue
acusado de traición en Atenas, pero se libró de la condena recurrien-
do al expediente de sobornar al tribunal, un suc eso que Aristóteles
identifica cmno el inicio de la corrupción de la justicia ateniense (cf.
l.2 PLATÓN

ai\X EKcLVOl ()[LVÓTEQOL, W <XVOQEC::, O(L {,µwv Tül)c; rtoi\i\01'_,c;


EK na[bcov naQa1\aµ~ávovTEc;; i::11n8óv TE Kai. KCXTTlYÓQovv
éµoü ~uxi\i\ov OVOEV ai\q8¿\:, coc;; ECTTLV TLc; L(LlKQCXTflc;
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no,\uv XQÓVOV 17017 KlXTTlYºQT]KÓTcc;;, [TL ()[ KC<l [V TCTlY[lJ T~
rílu1dq Atyovn::c;; TTQOc;; {1µac; iv ~ av ~tái\LUTC{ E71LCTTéÚCTCT1T,
TICTLOE<; ÓVTcc; EVLO L ú µwv KCTL ~té LQCXKLa, CTTcxvcoc;
fQ~µ17v KaTt7")'0QOUVTEc;; itnoi\oyovµtvov ovbrvó c;.

J
APOLOGÍA DE SÓCRATES

te1nibles, aqu éllos lo son todavía n1ás, ya que, teniendo a


cargo a la TLn ayoría de u stedes desde la infancia/5 los per-
suadían , h aciendo acusaciones completan1ente falsas en m i
contra, de que hay un tal Sócrates, sabio varón, que especula
acerca de los fenó1nenos celestes e investiga todas las cosas
subterrán eas, y que convierte al argurnento más débil en
el más fuerte . Los que han difundido tal fama, señores ate- e

nienses, son m is acusadores más te111ibles, pues quienes los


oyen piensan que los que investigan tales cosas ni siquiera
creen en los dioses. 9
Además, estos acusadores son numerosos y vienen acu-
sándome desde hace ya mucho tiempo. Y, para peor, les
hablaron a ustedes a una edad en la que más fácihnente
les hubieran dado crédito, puesto que alguno s de ustedes
eran niños o muchachos, llevando a cabo prácticarnente un
juicio en ausencia, sin que nadie pudiera defenderse. 10 Y lo

Ath. ResjJ. 27, 5). Platón, por su parte, lo presenta como un enconado
enemigo de los sofistas (cf. Menón 89e-95a). Por ú ltimo, en Apología
se menciona como acusador también a Licón, representante de los
oradores (cf. 24a, 36a), de quien tampoco tenemos noticias más pre-
cisas. Su asociación con el personaje del mismo nombre introducido
porj enofonte en su Simp osio no es del todo segura.
8. La expresión «tener a cargo» (paralambánein) alude, básic:an1ente,
a la función de los maestros y preceptores en quienes los padres
delegan parte importante de la crianza y educación de los hijos. Sin
embargo, puede estar tomada aquí en un sentido lo suficientemente
amplio como para aludir a cualquier tipo de influencia impor tante
en la formación del carácter y las opiniones de la gente joven. De
hecho, Sócrates incluye poco después al com ediógrafo Aristófanes
entre quienes habían in flui do de este modo sobre la generación de
los que ahora eran sus jueces.
9. Ver nota complementaria p. 141.
70. La expresión erémen (se. díken) kategoreín, que he traducido por
«realizar un juicio en ausenci a», es de carácter técnico-forense.
Alude a los procesos llevados a cabo en ausencia del acusado, por
no presentarse éste ante el tribunal. Si n embargo, la aclaración "sin
PLATÓN

ó ÓE rráVT(vV a1\oyc0TaTOV, OTL OVÓE 'tlX óvó~taTa oióv


d Té CTUTWV d.blvcn KCTL [LTIELV, rrAr1 v él Tls KW~l(LJL00710Lüi;
Tuyxávr L (.0V. OCTOL bi:: cpeóvey Kai. ÓLa~o;\~ XQWµEVOl
Ú~tac; CTVÉ TTE L8ov, Ol ÓE Kai. (XlJTOL TTETIELCT~tÉVOl al\.i\ovc;
TIEL8ov-rt:c;, oÚTOL 11ávTcc; anoQWTarro[ ci.aLv· oúbi: yaQ
avap Lpáaaa8cu oióv T' i:a1:1.v a.t.JTCJV ivTav8oi oúó'
t:A éy~at OVÓÉVL't, ai\;\' aváyKl7 lXTéXVCJc; WUTTEQ CTKtaµaxüv
lX7101\oyoú~tcVÓV Te KCXL ii\iyxclV ~t17ócvoc; C(710KQLVOµÉvov.

j
APOLOGÍA DE SÓCRATE.S

n1ás absurdo de todo es que ni siqui ::,:ca se puede conoce:c ni ~:


señalar sus nornbres, excepto el de uno 5 que es escritor de
comedias.11 Pero los más difíciles < de enfrentar> son tcdos
aquellos que los convencían a ustedes mediante la envidia y
la calumnia, 12 y ta1nbién aquellos que, convencidos ya ellos
mismos, convencían <a su vez> a otros. Pues no es posible
hacer subir a este estrado a ninguno de ellos ni refu tarlo,
sino que habrá que defenderse, sin 1nás, con10 combatiendo
con sombras, y refutarlos sin que nadie conteste.

que nadie pudiera defenderse" (apologouménou oudenós) parece dar a


la expresión un giro diferente: Sócrates sugiere que, en su caso, el
«juicio en ausencia» ha consistido, n1ás bien, en que se lo acusó sin
darle ocasión de defenderse, pues se lo hizo de modo informal, a
través de calumnias y murmuraciones. Poco después señala Sócrates
que, en este caso, no ha sido el acusado quien se ausentó del juicio,
sino que, más b ien, han sido los acusadores quienes no han acudido
al tribunal y prefirieron quedar en el anonimato, de modo que deberá
limitarse a refutarlos sin que ellos mismos le contesten. Véase 18d.
71. Se refiere al comediógrafo Aristófanes . En su obra fa1nosa obra
titulada Nubes, Aristófanes pone a Sócrates como protagonista y lo
presenta de un modo que ha prestado sustento a su falsa imagen de
filósofo de la naturaleza y sofista, sospechoso de a teísmo. Un perso-
naje de la obra, Estrepsiades, que se siente e stafado por la enseñanza
que Sócrates les había impartido tanto a él misrno como a su h ij o,
quiere fina lmente incinerar a Sócrates junto con su discípulo Q uere-
fonte, y le echa en cara el haber blasfemado contra los dioses (véase
Nubes 1455-1509). Para la discusión de la presentación de Sócrates
por parte de Aristófanes, véase esp. Dover (1971); Nichols (1987) p.
7-28; Konstan (2011).
72. «Envidia» es la traducción de /1/z thónos, palabra que puede
sign ific ar también «odio», «resentimiento». A su vez, «calumnia»
traduce el término diabo!é, que aparece reiteradamente en el texto
y presenta una importante oscilación de sign ific ado, ya que puede
aludir a la calumnia mism a o bien a sus efectos en quienes quedan
persuadidos de ella. En el segundo caso, el término debe traducirse
preferentemente por «prejuicio» (véase p. ej. 19a, 196, 20c, 20d, etc.) .
El alcance de la expresión «mediante la envidia y la calumnia» parece
ser: los antiguos acusadores avivaban la envidia o el resentin1iento
contra Sócrates por medio de calumnias.
PLATÓN

C{~lCJCTC{T[ ovv KCXL Ú~tüc;:, (~1CTTIE Q iyco Atyco, ()L't'tOllc;; µou


\ I I ff \ \ 11

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obí8rJ'tE büv TTQÓc; iKdvouc; TTQWTÓv ~te anoi\oytjaaa8cu- Kat
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1101\i\c;1 XQÓV(¡J ECTXETé -raú-rriv E.V ovrrwc; ói\í.ycf-1 XQÓV(¡J.
í3ovi\o[µr1v /.lEV ovv &.v 'tOÚ'TO OlJH,vc; yt:vÉa8cu, él 'tl aµcLVOV
Kcú úpiv Kat iµoC Kat nJ\lov TÍ. µe rroLf)acu arcoi\oyoú~tcvov·
oI~taL bi: a.ÚTO xai\Enov ELVCXL, KlXL ov n::ávv µr: i\av8ávn
oióv {aTLV. óµc0c;; rrou-ro µi:v hw on-q -re~ 8E4J tj:>L-\ov, T<fJ bt
vóµ(f-1 TIHCTTÉOV Ketl anoi\oy17-rtov.

!
!

l
APOLOGÍA DE SÓCRATES

Pues bien, concédanme entonces que n1is acusadores han


sido, como digo, de dos clases: unos, los que rne han acusado
recientemente, y otros, a los que me estoy refiriendo, que lo
han hecho hace mucho tiempo. Y acepten que debo defen- e

derme prünero de éstos, ya que ustedes los oyeron antes y


más frecuentemente que a los que han aparecido después.
i Sea, pues! Ahora tengo que defendern1e, señores ate-
nienses, e intentar quitarles en un tiempo tan breve este
prejuicio que han adquirido a lo largo de tanto tiempo . Qui- 19a

siera, por cierto, que así resultase, si ello es mejor tanto para
ustedes como para mí, y lograr algo con mi defensa. Pero
creo que será difícil, y no se me oculta cuánto. Pero que la
cosa tome el rumbo que sea grato al dios. Por mi parte, tengo
que obedecer a la ley y defendenne.
l . DEFENSA CONTRA LAS PRIMERAS ACUSACIONES
(19A8-24B2)

Sócrates comienza la defensa contra de las fnimeras acusa-


ciones informales enumerando los cargos, a la manera de una
acusación formal. Los cargos principales, que aparecen reflejados
en la parodia de su figura rea lizada p or Aristófanes, son tres, a
saber: 7) indagar las cosas subterráneas y las del cielo, 2) converíir
el argumento más fuer te en el más débil, y 3) ense1iar a otros lo
indicado en 1) y 2). El cargo 7) vincula a Sócrates con la temática
de los primeros filósofos de la naturaleza y proyecta sobre él la
sospecha de ateísmo, cargo formulado también contra filósofos
como Anaxágoras. Los cargos 2) y 3), en cambio, asimilan a Só-
crates, más bien, a los sofistas y los maestros de oratoria, cuyas
actividades estaban en auge en ese entonces. Respecto del cargo
1), Sócrates no critica directamente ese tipo de indagaciones, pero
niega tajantemente poseer conocimientos de esa índole o haberse
ocupado alguna vez de tales temas en sus conversaciones. R especto
de los otros cargos, su actitud es más matizada: no hace referencia
expresa al cargo 2), sino que concentra su argumento en el rechazo
del cargo 3), ser1alando que nunca actuó como maestro pagado, al
modo de los sofistas. Puede no ser casual que Sócrates evite referir-
se aquí expresamente al cargo de convertir el argumento más fuerte
en el más débil, ya que el método socrático de discusión, con su
componente refutatorio, presenta indudablemente una semejanza
exterior con las prácticas de discusión de los sofistas. Sócrates
pudo haber pensado que, dadas las características del contexto:;
no era lo más conveniente basar su estrategia de defensa en disqui-
siciones acerca de las diferencias de ambos métodos de discusión,
y h.aber optado así, más bien, por enfatizar las diferencias de
.20 PLATÓN

motivación respecto de las actividades de los sofistas, insistiendo


en el carácter profesional y lucrativo de éstas.
En apoyo de su rechazo de estos cargos Sócrates ofrece una ex-
plicación del origen de su reputación de sabio_, a la cual aluden
expresamente las acusaciones referidas. A tal fin, cuenta la famosa
historia vinculada con la sentencia del oráculo de Delfos, que ha-
bría declarado que ningún hombre lo superaba en sabiduría. Ante el
asombro que le produjo esta declaración del oráculo, Sócrates -que
no se consideraba sabio sino, más bien, ignorante- decidió asumir
la tarea de interpretar el sentido de la sentencia, como misión al
servicio del dios Apolo, a quien estaba consagrado el oráculo de
Delfos, partiendo del presupuesto de que el dios, en algún sentido,
debía estar diciendo la verdad. Tal fue el origen de su actividad
pública de indagación y examen de quienes, en principio, parecían
ser más sabios, como los políticos, los poetas e incluso los artesanos.
El resultado de esta tarea de examen fue doble. Por un lado, Sócrates
llegó finalmente a comprender que cuando el oráculo le atribufo
una cierta sabidur{a, incluso superior a la del resto, lo hacía en
un sentido muy peculiar del término: la sabiduría de Sócrates no
consistía en la posesión de un tipo especial de saber de contenidos
sobre algún asunto importante, sino, más bien, en la conciencia de
la propia ignorancia o, dicho de modo más preciso, en la conciencia
de los límites del propio saber. A esta peculiar forma de sabiduría la
llama Sócrates «sabiduría humana», por oposición a la pretendida
sabiduría en asuntos divinos que le atribuía el cargo de indagar las
cosas celestes y subterráneas. Por otro lado, la misma actividad de
indagación y examen de los que parecían ser sabios hizo que, para-
dójicamente., mucha gente comenzara a atribuirle al propio Sócrates
el tipo de sabiduría que sus interlocutores se jactaban de poseer, y
que Sócrates mismo negaba tener, ya que a través de la refutación
Sócrates aparecía finalmente como superior a esos hombres presun-
tamente sabios. Esta aparente superioridad de Sócrates m otivó su
popularidad entre los jóvenes, que comenzaron a seguirlo y a tratar
de imitar su método refutatorio;,. - · _.

1
J..
APOLOGÍA DE SÓCRATES

Junto con dar razones en contra de la plausibilidad de las an-


tiguas acusaciones informales, Sócrates reconstruye así, en sus ele-
mentos fundamentales, el trasfondo de los cargos hechos por los
nuevos acusadores en su presentación formal.

UNIVERSIDAD
EAFlt: BIBLIOTEC~\~
- -
Vigilada Min@ciu~Gión
22 PLATÓN

Avaí\á~w~u:v o{,v i:f; LXQXTls TL~ i] Kct-r17yoQ[a ECJTLV i,~


b 1íc; ~ Ep17 ÓLapo;\~ ytyovrv, ií ó~ KaL rnaTEÚ0Jv l\1iArp:óc;
¡_ir lyQá~ 1CTrro t17v YQlXcp-~v 'Tcn'.,,n1v. ELcv· rrí. or) Atyovn:~
bd~aAt\.ov OL bLa.f3é{;\;\ov·u:~; WCJTIEQ oúv Korr17yóQwv n '1v
CTVT(cltOCJ[O(_V bc:t avayvcovcn C{lY[¿:JVº «L(JKQá-r17c; C<.OLKEL
KctL TIEQLEQ1.,,á,cTcn ~17T<:t.JV 1:á TE {,no yr7c;: KCÚ O-L_l QlXVla
KCÜ 'tÓv 17rrTco Aóyov KQELTTcL; TTOLcov Kcd. áAAovc; 'ICT.VTCT
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Kai. aivcoi. iv Tl~ AQLCTTocpávovc; K(vµcoLo(q, .EcL' KQCX'tl7
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tj)r{ryoLµL - ou\Aa )'L\Q [~lOl TOÚ'IüJV, ió avbQcc; A817vcÚOl,
cl Ol1ÓE'V ~tÉT[01:LV. µÓí.QTVQac; ÓE OLV'IOV¡;; {,µwv TOÚt; 'TTOA1\ou~
TTaQÉXO!.!CU, KCTl C{~t(O úµéü; a.AA.tj;\ovc;: ()L()CtCJKélV Té KCTL
cpQá~rLv, óuoL i:µoü nc0noTE aK17KÓaTc ÓLou\t:yopÉvov -
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'tül(XUT' EU'tl KOÚ TÓu\Aa 7tEQl i:poü a oi 710;\,;\oi. AtyovCJLV.
APOLOGÍA DE SÓCRATES 23

P ecapituler.nos, e~1tonces 7 desde el con1ienzo cuál ::S la


acusación de la que procede el prejuicio en mi contra. Ella b
es, de hec ho, la que ha ll evado después a IVIeleto; que le
dio créd ito, a presentar su escrito acusatorio. Veamos, pues.
¿Qué dicen los que han levantado estas calumnias en mi
contra? Es preciso leer sus acusaciones como si se tratara de
un a declaración jurada: «Sócrates comete delito y se mete
en lo que no debe indagando las cosas sub terránea s y las
del cielo, convirtiendo el argumento más débil en el n1ás
fuerte, y enseñando a otros estas mismas cosas». Tal es su e

acusac1on.
En efecto, ustedes mismos lo vieron en la comedia de
Aristófanes: allí un tal Sócrates, que se columpia de un lado
a otro, declara que anda por los airesi:-; y dice muchas otras
tonterías de las cuales yo no sé absolutamente nada. Y no
digo esto con la intención de menospreciar ta] ciencia, si
hay alguien que sea sabio en tales cosas. iNo vaya a ser que
Ivleleto me haga procesar por esta causa ! Pero el punto es,
señores atenienses, que yo no tengo parte en ninguna de esas
cosas. Pongo con10 testigo de esto a la mayoría de ustedes d
misrnos, y les pido a todos los que me hayan oído dialogar
alguna vez - y t al es el caso de 1nuchos de ustedes- que se
instruyan e informen n1utuamente. Infórmense, pues, unos
a otros respecto de si alguno de ustedes me oyó alguna vez
discurrir, poco o mucho, sobre tales temas. it A partir de ello
conclu irán que tan1bién las otras cosas que la gente dice de
mí son de la misma índole.

13. Véase Nubes218 ss. Sócrates aparece en la escena sostenido en el


aire por una especie de gancho amarrado a una cuerda, que lo hace
bambolearse sobre Ías cabezas de Estrepsíades y un discípulo. La
expresión «andar por los aires»(aerobateín) remite a Nubes 225, donde
debe leerse en el doble sentido de levitar y de «andar por las nubes»,
como parte de una caricatura de la actitud especulativa del filó sofo.
14. Ver nota complementaria p. 141.
PLATÓN

A.AA.a YªQ ov'rE 'Coí,1:cL,v oúotv raT Lv, 01Jot y' d. TLvoc;
CiK17KÓaTf (Óc;; {ye~ TUXLOcÚéLV E71 LXéLQé0 av8QWTIOVc; KCtl
e XQiÍ/.HXta TIQÓlTTO/-tCU, oúói:- 'LOU'TO a;\178ú;:. ETI El Kai. TOÜTÓ
yt ¡.,t.O l OOK[l KaAov ELVCTL, El 'tLc;; otóc;: 't EÚ7 TIC<LOclJHV
1

av8QWTIOV(; (0CJTIEQ foQyLac;: 'IE ó AEOV'Iivoc; Kai. TIQÓOLKOc;


ó KE°ioc;; Ka.i. <ITin[ac; ó 'Hi\{Loc;;. 1:oúTwv yáQ iiKaaToc;:, w
CT.VOQcc;, oióc; T' [CTTLV icov üc;; ÉKáa1:17v T(OV nóAcWV 1:ovc;
viovc;;, oic; i.::~rarrL1:cov Éav1:cov noALTWV TIQOiKa avvEivaL 4J
av ~oúi\wv-raL, 1:oín:ouc;; nd.8ouuL Tac;; EKEÍ.vcov avvovaí.ac;
20a anoi\tnóvrrac; acp[aLv avvrivaL XQtjµarra OLÓÓV'rac; KetL
xá.QLV TCQOU[LÓÉVCU. ind. KCTL t"iAi\oc; CTVlÍQ ECTTL ITáQLOc;
iv8áóc aocpoc; ov iyc~ ~a8óµriv i:nLof}µoüvTa· i::rrvxov
YªQ 71QOUcA8wv lXVOQL oc;: Tf1:ÉÍ\EKE XQlíµaTa aocj:>LaTaic;
1u\dw ~ a{,µnaVTEc; Ol cxAi\oL, KaAi\i.aL 'I(0L 'InnovÍ.KOV"
'IOUTOV OllV CXVf1QÓ~n7v - ECTTOV )'CT.Q CH~'T4) o{,o Úél -
APOLOGÍA DE SÓCRATES

Pero, desde luego, n ada de eso es verdad . -}é- si oyen a


alguien decir que yo intento instruir a los hombres y gano
<:así> d inero , tarnpo co esto es cierto. Por cierto, rne parece e

incluso que eso está muy bien , si es qu e algu ien e s capaz


instruir a los hombres corno G orgias de Leontinas, Pród ico
de Ceos e H ipias de Elis. 15 E n efecto, sefiores, icada un o de
ellos es capaz de ir de ciudad e n ciudad y p ersuadir a los
jóvenes, que bien podrían conversar gratis con cu alquiera
de sus conciudadanos, de que dejen de lado la compañía
de éstos para ir a juntarse con ellos, pagánd oles a camb io 20a

dinero y quedándoles encima agradecidos!


A propósito, se encuentra entre nosot ros también otro
hombre sabio, procedente de Paros, que, según me he ente-
rado, se halla de visita en la ciudad. Pues casualmente me
topé con un hombre que ha gastado más dinero en sofista s
que todos los otros juntos. M e refiero a Calia s, el h ijo d e
Hipónico_lfi Entonces, como tiene dos hij os, lo interrogué.

15. Gorgias de Leontinos es el famoso orador y maestro de retórica


que aparece como uno de los interlocutores de Sócrates en el diálogo
platónico titulado precisamente Gorgias. Pródico de Ceos e H ipias
de Elis son dos famosos sofistas y ap arecen como personajes secun-
darios en el diálogo Protágoras (véase su pintoresca presentación en
315b). Hipias aparece, además, como personaje principal en otros
dos diálogos, a saber: Jlipias mayor e líipias menor, de los cuales el
primero, sin embargo, es objeto de prolongada discusión respecto d e
su auten ticidad. Los tres person ajes aquí mencionados estaban aún
con vida en el momento del juicio a Sócrates. En cambio, Protágoras,
la otra gran figura de la sofística, había muerto ya.
16. Calias, el hijo de Hipónico, es el anfitrión ateniense de Protá-
goras, H ipi as y Pródico, en cuya casa se desarrolla el encuentro
entre Sócrates y Protágoras que provee la trama del diálogo pla-
tónico Protágoras. Hijo de una familia aristocrática, pasaba por ser
el ateniens e más rico de su tiempo y uno de los hombres más ricos
en toda Grecia, pero, en sus extravagancias, terminó por dilapidar
su fortuna. A su ruina económi ca contribuyeron decisivamente, al
1
parecer, sus desmedidos gastos para pagar los servicios de múltiples
1 sofistas. Véase también en Cráiilo 391 b y Protágoras 314c ss.
l
1

l
PLATÓN

«11 Ka;\i\(a,» ~v b' i:yc~\ «d µtv aov 'IW ín::i rrc0;\w ~ µóaxc0
ryEvtaSriv, rtxoµEv áv cn.'rroiv E7UCTTáTqv 1\a~él.V Kal
¡.ua8c0aaa8cn oc; E~tci\1\Ev atJT(0 KCXÍ\<i) 1T Kaya8co TCOL~anv
1) rr17v 71QOatjKovaav CTQETtÍV' ~V b' av OllTO<; ~ '[(~}V l7171LK0JV
'n½ 1'1 rrwv ycWQ')'LKwv· vüv ó' E71ctb17 av8QcÓnw ECT'IÓV, 'ILVCT
aú'Ioiv lv ve~, EXE'-s irr1.aTá.-r17v i\af3civ; 'Ttc; Tf]c; 'Io1.aúT17c;
ClQcTf]c;., 'If]c; av8QCv7llV17<; '[[ KCXL TC01\L'tlKllc;, f7UGTtjµcuV
[(JTÍ.V; oIµat yáQ OE ECTKÉcp8a.L Óta 'tllV 'tWV ÓÉúJV KT'7CTLV.
fCTTLV Tlc;.,» i:q:H7v lyc0, «17 ou;» «ITávu yr,» 11 ó' oc;.. «T(c_:,» 17v
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APOLOGÍA DE SÓCRATES

«Calias» - dije-, ·(<si tus hijos hubieran sido pctros o becerros~


hubiérarnos podido conseguirles un cuidador y p agarle para ti
que los hiciera aptos y buenos e n la virtud que les correspon -
de.17 En este caso, debería tratarse de un cuidador d e caba-
llos o de un agricultor, Ahora bien, puesto que < tus h ijos>
son seres humanos, ¿qué cuidador piensas conseguirles?
¿Quién es experto en esta clase de virtud, es decir, la huma-
na y cívica? Pues creo que habrás examinado el asunto, en
razón de que tienes hijos. ¿Hay alguien así o no?» - pregunté.
«Claro que sí>> -dijo él. <<¿Quién es, de dónde viene y por
cuánto enseña? » - pregunté yo. «Es Eveno, Sócrates,» - res-
pondió- , «viene de Paros, 18 y <cobra> cinco minas». 19 Y yo
consideré dichoso a Eveno, si reahnente poseía tal arte y lo e

enseñaba tan atinadamente. 20 Pues yo mismo roe enorgulle-

77. Para este en1pleo de la noción de «virtud» (a reté), véase arriba


nota 6.
78. Eveno de Paros es un poeta elegíaco de mediocre talento, segui-
dor e imitador de Teognis. Se han conservado algunos fragmentos
de sus elegías, las cuales se ocupaban de temas vinculados con la
educación. Platón lo menciona en otros p asajes como poeta y orado r
(cf. Fedón 60d; Fedro 267a).
79. Ver nota complementaria p. 143.
20. «Arte» traduce aquí el término griego téclme, el cual se aplica
a todas las actividades de tipo técnico -productivo, desde los oficios
manuales y artesanías, pasando por actividades ticnicoprofesiona-
les como las del navegante y el médico, hasta las vinculadas con lo
que modernamente se den01nina ~<:bellas artes» (literatura, pintura,
escultura, música). Aunque su uso en este sentido amplio ya no es
tan frecuente, también nuestra palabra «arte» puede aplicarse de un
modo que cubre práctica1nente el mismo universo de actividades,
y no sólo las «bellas artes». Así, p. ej., se habla a veces de las «artes
manuales», del «arte del carpintero» o bien del «ar te médico-~, etc.
El término griego téchne alude, cier tamente, a determinados tipos
de actividades, pero acen túa en todos los casos el hecho de que
se trata de actividades ejecutadas sobre la base de un cierto saber
especializado de tipo técnico . En el uso socrático -platónico este a s-
pecto es lo suficientemente determinante como para que el térn1ino
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cierto, no los tengo 5 sefiores atenienses.


Algu no ele ustedes p od ría tal vez objetar: «Pero~ Sócra-
tes, ¿cuál es tu ocupación? ¿D e dónde han surgido estos
prejuicios en tu contra? P ues no habrá sido porqut:: no te
ocupabas de nada más notable que los den1ás por lo que han
surgido luego esta fan1a y estos rumores, a no ser que <efecti-
van1ente> hayas hecho algo diferente que la Inayoría . Dinos~
pues, qué es, a fin de que no nos h agamos un juicio a.pre su·· d
rado sobre ti». Sí alguien habla de este 1nodo, m e parece que
lo que dice es justo. Así que intentaré mostrarles a ustedes
qué es lo que me ha creado esta reputación, y tan1bién este
prejuicio <en mi contra>. 21 Escuchen , pues.
Posiblemente les parezca a algunos de ustedes que estoy
bromeando. Pero sepan bien que les diré toda la verd ad. En
efecto, señores atenienses, no he adquirido esta reputac ión
por ninguna otra causa que por una especie d e sabiduría. ¿y
qué clase de sabiduría? Justamente aquella que es, tal vez ,
una sabiduría humana. Pues parece que reahnente soy sabio
en ella. Tal vez alguno de los que mencioné antes pueda ser e

sabio en una sabiduría superior a la propia del ser humano,


o no sé cómo llamarla. Pero yo, por 1ni parte, no estoy en
posesión de ella, y el que lo afirme n1iente y habla por caus a
de los prejuicios en mi contra.

téchne signifique en muchos casos«ciencia» o «saber estricto», en el


mismo sentido que el término epistémc (véase Roochnik [1 992]). La
temática del saber de expertos ha jugado un papel muy importante
en la indagación de Sócrates, y del Platón temprano, en torno al
conocimiento y la educación moral (par a este punto véase, p. ej.,
Woodruff [1992] esp. p. 90 ss.; Irwin ll99.5] p . 65-77).
27. La «reputación» de Sócrates alude a su fama de sabio. El «pre-
juicio» en su contra se refiere, en cambio, a su falsa imagen pública
de filósofo natural y sofista, sospechoso de ateísmo y de corromper
a la juventud. A1nbos aspectos están sutilmente relacionados, pero
conviene distinguirlos.
PLATÓN

KCTl f.JOl, (0 CTVOQc.c;: A817vatül, ~lll 80QV~17cnrr[, µqb' f.CtV


bó~c,J 'H ú~üv t-tiya Atynv· o{,1 yaQ i~iov EQ6) TOV i\óyov ov
av Aiycv, cv\i\' [Le; al;.tÓXQUvV ·óµiv TOV i\é-yoVTCí. avo [aw.
rr17c;: yaQ iµ17<;, d btí TLc;: iaTLV aocp[a Kai o1a, µáQTVQa ú~uv
7HtQÉ~oµaL '(()V 8tov TOV [V ~éi\<poic;. XaLQccpwv Ta YªQ lGT[
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nov. OllTOc; lµóc;: Té ['[CXI.QOs ~V EK vtov KC\'L tJµwv '((~J rri\tj8n
l:--raiQÓs TE Kai.avvúpvyr rr~v cpuy~v 'tcn'.n:17v Kai. ~tc8' ú~tcvv
Karr17i\8L Kai. iaTE 017 oioc;: iív XcxLQEcpwv, ~1c; acpoóQóc; úp' orn
ÓQµ tíac LEV. KaL 61í noTé Ka1. úc; ilu\cpoú.:; fA8c~1v ETóA1-rr7ar
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'( ET ci\cÚ'rT7KEV.

J
APOLOGÍA DE SÓCRATES

Y ro reaccionen airadamente con'Ta rní~ seiiores é\..teni~n -


ses, si acaso les p arece presuntuoso lo que voy a decir. Pues
el relato que haré no lo presento coxno propio, sino que rne
remitiré a quien lo ha dicho, que es algu ien en quien uste-
des confían. Respecto de mi sabiduría, si lo es, y en qué 21a

consiste, les presentaré como testigo al dio s de Delfos. 11 U s-


tedes seguramente conocieron a Querefonte. 1 :1 Fue a1nigo
mío desde joven, y seguidor, como ustedes, del partido de-
mocrático. :H Como ustedes, marchó al destierro en aquella
oportunidad, y también regresó con ustedes. Ustedes saben
cón10 era Querefonte, cuán impetuoso era en lo q ue em-
prendía. Sucedió así que fue una vez a Delfos y se atrevió a
preguntarle al oráculo lo siguiente - y, como digo, no vayan
a reaccionar airadamente, señores. Le preguntó, en efecto,
si había alguien más sabio que yo. La pitonisa le respon dió
entonces que nadie era más sabio. Y de esto les podrá dar
testimonio su hermano, que está aquí presente, puesto que
Ouerefonte
..__, ha muerto. 25

22. El oráculo de Delfos estaba consagrado al d ios Apolo, que emi-


tía sus sentencias y proÍecías a través de una pitonisa. Fue el más
importante entre los oráculos griegos y un centro de irradiación del
culto a Apolo.
23. Q uerefonte fue uno de los antiguos compañeros y seguidores
de Sócrates, desde los comienzos de su ac tividad pública. Aparece
ridiculizado junto con Sócrates en la presentación de Aristófanes
en 1Vubes. A diferencia de otros amigos de Sócrates (por ejemplo,
Critias), fue, según se indica aquí, seguidor o tal vez 1niembro del
partido democrático. Algunos años antes del juicio, en el 404 a. C.,
debió marchar a l exilio junto con otros miembros y simpatizantes
del partido, ante la in stauración del régimen oligárquico de los
Treinta Tiranos, promovida por Esparta tras la derrota de Atenas
en la Guerra del Peloponeso. Retornó a Atenas hacia el 403, pero
murió antes del juicio a Sócrates.
24. Ver nota complementaria p. 143.
1 25. Se trata posiblemente de Querécrates, mencionado porjenofonte
i
'
! en A1emorahilia II 3, l.

l
32 PLATÓN

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OVK d.owc;, iyco bt, WCTTIEQ ovv Ol'1( oioa, ovbi: OLO¡...tCT.L' [OLKCT
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'rCTÚ'ta EOO~c· KCTL EV'Taú8a KlXK[LVyJ Kctl aAAou:; noi\i\oic;
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Gonsideren ahora. r.>ara f
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seüarles de dónde su r~ió(.:J


el rcjuii:io
·p·
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en rni cc11¡1 :·.:1 . i-;- ·rl ck'C.-
toí cuando n1e enteré de lo su ~e<lido , quede hdcic1 uirnne l;1
siguiente reflexión: <<¿Qué quiere decir rE:al rn t.'. nr.e d dio~-;~,
¿Qué enigma está planteando? Pues yo no tengt; f..:n abf-,uiuto
concie ncia de ser sabio. ¿Qué q uiere entonces cL:-cir ,c:uando
declara que yo soy sapientísirno?~<, Pues, por cierto, nu puede
estar mintiendo, ya que no le es lícito>>_:n :{ durante rnucho
tien1po estuve dudando acerca de lo qu e quería rcaJrnente
decir. Más tarde, a duras penas, rn e aboqué a invr::~tigarlo
del siguiente n1odo. l\!Ie dirigí a uno de los que par e cí;-1n ~e r
sabios, pensando que de ese n1odo, en caso de ser factible ~
podría refutar la sentencia del oráculo, y declararie así a éste:
«aquí hay alguien que es más sabio que yo, pero tú has dicho
que yo lo era». Entonces lo sorr1etí a exarnen. :N o necesito dar
su no1nbre, pero era un político a quien estu ve exa1ninando,
sefiores atenienses, cuando hice esta experiencia. Y1 al dialo -
gar con él, llegué a la convicción de que si bien muchos creían
que este hon1bre era sabio, y, sobre todo, también él 1nismo así
lo creía, en realidad no lo era. Y enseguida intenté mostrarle
que no era sabio, aunque creía serlo. Fue así con10 me volví d
odioso para él y para muchos de los allí presentes. 1\ l irme, me
hice la siguiente reflexión: yo soy n1ás sabio que este hon1bre,
pues parece que ninguno de los dos sabe nada adrnirab1e ni
valioso, pero él cree saber algo, aunque no lo sabe, mientras
que yo no lo sé, pero tan-1poco creo <saberlo>. 1V1e pareció,
por tanto, que era rnás sabio que él, aunque rr1ás no fuera por
esa pequeña diferencia, es decir, que no creo saber lo que nu
sé. Acudí entonces a otro de los que parecían ser n1ás sabios,
y volví a tener esta n1isma in1presíón. Y también aquí me gané e!
el odio de éste y de muchos otros.

26. Ver nota complementaria p. 144.


27. Ver nota con1plementaria p . 147.
34 PLATÓN

Mera -raü1:' o{,v tjb17 icpcl11c; iJª, ala8avóµc:voc; µtv


Kai. Avnoúµrvoc; Ka.i. oEotcoc; O't l anf]x8avóµqv, opetJc;
()[_ avayKaiov E()ÓKEL ELVCU '[() TOÜ 8roü Tté:Ql ru\rtGTOV
rroLüa8cu· hiov oúv, aKonoúvn rcov XQ17aµov 'IL A.Éyn, i:nl
anav1:ac; rcoúc;: TL b0Koúv1:ac; t:Lbtvcu. KcÜ v~ Tov KÚva, e~,
22a avbQü; A817vaioL - bü YªQ TTQO<; t)µac; 1:cxi\178fi J\éyELV - ~
i..1.17v iyc~, ina8óv TL 'TOLOÜTov· oi. ~tcv µái\LaTa ruboKLµouvtrc;
lbotáv µoL ói\[yov bciv 1:oü ni\d.a1tov lvbrcic; clvaL
l;:f]TOÜV'TL KlXtlX TOV 8cóv, ai\i\oL bi:. ()OKOÜV'Téc;: cpavi\ÓTEQOL
i1nELKÉaTEQOL clvcu &vbQEc; 7tQOc; TO <pQoví.µwc; EXELV. bü
011 í,µiv 1:17v iµ17v ni\ávriv ETTLbritcu wanEQ nóvovc; 1:Lvac;
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µt:1:a YªQ touc; noi\nm:ouc; ~a ETTL 1:ouc; 710Ll7TC<c; 'COÚc;: 'Ic '[(0V
'IQCXYWL()LWV KO:l 1:ouc; 'T(iJV bLBVQáµ~wv KCÚ TOÚc; ai\i\ovc;,
APOLOGÍA DE SÓCRATES

Después de iesto, acudí a uno tras o tn~,. 1 aunque p,erci-


bía con p en a y temor que estaba despertando odios, seguía
pareciéndom e necesario dar 1nayor ünportancia a lo :concer-

niente al dios. Debía, pues, ir a todos aquellos que parecían
saber algo, a fin de seguir investigando qué quería decir el
oráculo. Y, i por el perro! / 8 señores atenienses, pues debo 22"1

decirles la verdad. Lo que me ocur rió fue lo siguiente: al in-


dagarlos de conformidad con < lo dicho por> el dios, 1ne pa-
reció que los de mayor reputación eran deficientes ca si por
completo, mientras que otros, que parecían ser inferiore s,
eran hombres mejor dotados para ser sensatos.2 9 Es pre ciso
entonces que les muestre el aza roso camino que tuve que
seguir, como quien está obligado a llevar a cabo una serie
de trabajos ...30 iY tan sólo para que el or áculo term inara por
hacérseme irrefutable F11
En efecto, después de los políticos, me dir igí a los poetas,
tanto a los que escriben tragedias como a los que escriben
ditirambos, y también al resto, en la idea d e que allí podría b

28. La expresión, un tanto extraña para nosotros, parece ser una


antigua fórmula de juramento, conocida como el juramento de
Radamante. Su empleo tiene carácter eufemístico. Para la figu ra de
Radamante, véase abajo nota 93.
29. La expresión «para ser sensatos» (pros tophronímc>s échein) parece
aludir al hecho de que los que gozaban de menor reputación estaban,
paradójicame nte, más cerca de poder adoptar una actitud ra zonable
respecto de sí mismos , precisamente por verse, desde el principio,
más directamente confrontados con los límites de sus propias habi-
lidades y competencias.
30. El pasaje contiene claras alu siones mitológicas. La referencia a
un «azaroso camino» (pláne) parece aludir a las andanzas de O disea
(Ulises) en su intento por regresar a casa tras la Guerra de Troya
(cf. Homero, Odisea I 1 ss.). La mención de una serie de «trabajos» o
«esfuerzos» (pónoi) a ser cumplidos debe leerse, con toda p robabili-
dad, como un a referencia a la figu ra de Heracl es (Hércules) y a sus
fan1os os doce trab ajos.
37. Ver nota complementaria p. 147.
PLATÓN

b coc;: ivrravea in' CTlJ'IücpC0Q(f1 KlX'IaA171+1óµcvoc; iµaurrov


á µ a 8ÉCTTEQOV EKéLVWV ÓV'tOL avaAaµf3ávcov OlJV CTllTWV
TÓ. rrouíµ a Ta a ~toL lbóKcL ~táAta-ra Tic.TTQayµarrcüa8cu
a ú1:oic;, OlllQ(~'[(tJV av ctV'IOVc; 1:L Atyou::v, Iv' a~ta '[l KCd
µ a v8ávotµL TCaQ' a1ncov. cdaxúvoµca o{,v úµiv ELTTEiv,
w CTVÓQEc;, rraAr7817· O~twc; bi:: Qqrrtov. roe; E.noc; YªQ ELTiclV
óA(yov aÚTwv &navrrEc; oi. 7HXQÓVrrcc; &v pÉArrtov lAcyov
' ( , \ 'I , ..., } ~ \ \ -

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KCTl oi XQ1laµwtoo(· Kai. YªQ 0l)'[0l AtyovaL ~tEV noi\i\a
Kai. KaAá, taaatv ot oúbi::v cóv Atyovat. rrotoÜTÓv 1:( µoL
i'.<j)áv17aav ná8oc; Kai. Ol. 7TOL1l'[Cll. 71é710V8Órrcc;, KCtl aµa
17ta8óµ.17v aurrc~,v c:na '[~V TIOLT1CTLV oio~utvwv Kai. rráAi\a
aocpw rrárrwv ELVCTL a.v8Q(~17T(uV a OVK 17aav. an~a oúv KaL
tvrrcü8rv Té~ aÚTCfJ oióµrvoc; 71:EQLyryovÉvat WLTCEQ Kai. rrwv
noi\ntKcov.
Tci\EVTWV ovv E7Ú rrouc; XELQOTÉxvac; t;ía· iµaUT4J yaQ
ª uuvtíb17 ovbtv ETILCT'raµtvc~ coc; iinoc; ELTIELV, TOÚ'TOVs bi: y '
1)b17 ()'[l cDQlÍCTOLµL noAi\a Kai. Kai\a E71LUTaµtvovc;. KlXL
TOÚTOU µi:v Ol)K Etpcúa817v, aAi\' T]71LGTCTV'[0 a i-..yw OUK
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1:oü XQ11G~.toü rrÓTEQa OE~afµ17v b..v oü-rwc; c0arrEQ EXW EXELV,


APOLOGÍA DE SÓCRATES 37
descubrirme flagrantemente a mí misxno como 1nás igno-
rante que ellos. Entonces, tomando aquellas entre sus obras
que me pare cían estar mejor realizadas, les preguntaba qué
querían decir, a fin de poder a la vez aprender algo de ellos.
Pues bien, me avergüenza, señores, decirles la verdad , pero
debo de cirla. Resulta que, por así decir, prácticamente todos
los aquí presentes podrían dar mejores ex plicaciones que
ellos acerca de las obras que ellos mismos han con1puesto.
Por mi parte, tardé entonces poco tiempo en comprender
que tampoco los poetas hacen lo que hacen en v irtud de
alguna sabiduría, sino, más bien, a causa de una cierta dis-
posición natural y en estado de inspiración, tal como los e

adivinos y los vates. Pues dicen muchas cosas bellas, pero


no comprenden nada de lo que dicen. 32 Se me hizo así evi-
dente que es algo de esta índole lo que les ocurre también a
los poetas. Y corr1probé, a la vez, que, a causa de la poesía,
creen ser los hombres más sabios también en aquellas otras
cosas que ignoran. Me fui de allí convencido, pues, de que
los aventajaba en el m ismo aspecto que a los políticos.
Finalmente, me dirigí a los artesanos. Pues yo tenía con- d

ciencia de no ser experto, por así decir, en nada, y sabía, en


cambio, que iba a comprobar que ellos sí eran conocedores
de muchas cosas admirables. Y en esto no me engañé, sino
que <efectivamente> ellos sabían cosas que yo no sabía, y
en ese aspecto eran más sabios que yo. Sin embargo, señores
atenienses , me pareció que también mis buenos artesanos
cometían exactamente el mismo error que los poetas, ya
que, por el hecho de realizar bien su arte, cada uno de ellos
estimaba ser su 1namente sabio también en las demás co-
sas, incluso las más importantes, y tal desmesu ra opacaba
aquella sabiduría. Por tanto, me preguntaba a mí mismo, en e

razón del oráculo, si no prefería ser tal como soy, n i sabio

32. Ver nota complem entaria p. 148 .


PLATÓN

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e TIEVlqí µvQLl:( d.µi. bta 'Tl7V 'COlJ 8coü AaTQElCTV.
APOLOGÍA DE SÓCR/\TES .39

en la sabiduría de ellos ni ignor2:nti=: en .,u ignorancia? o rnás


bien poseer a1nbas características, tal con:10 ellos las poseen,
Y me respondí a 1ní mismo y al oráculo que rn.e resultaba
mejor ser con10 soy,:1:1
Fue precisan1ente a partir de esta indagación, señores
atenienses, como se generaron 1nuch os odios en 1ni contra ,
algunos de ellos lo suficienten1ente severos y enconados,
como para que a partir de ellos se originaran muchas ca- 23a

lu rn n ias y se difundiera esta reputación mía de ser sabio.


En efecto, los presentes suelen quedar convencidos, en cada
caso, de que yo mismo soy sabio en aquello en lo que refuto
a otro. Pero en realidad, señores, parece que es el dios e1 que
es sabio, y que en aquel oráculo quería decir lo siguiente: que
la sabiduría hu1nana vale poco y nada. Y, evidente1nente,
al mencionar a Sócrates, presente aquí ante ustedes, se ha
valido de mi nornbre con el fin de ponerme como ejemplo, b
como si quisiera decir: <<El más sabio entre ustedes, los seres
humanos, es aquel que, como Sócrates, tiene conciencia de
que en verdad no vale nada en lo que respecta a sabiduría».
Así pues, todavía hoy continúo mi búsqueda, indagando
e interrogando de conformidad con el dios a conciudadanos
y extranjeros, si alguno de ellos me parece ser sabio. Y cuan-
do tengo la ünpresión de que no es así, entonces le muestro
que no es sabio, como servicio al dios. Y por causGt de esta
ocupación no n1e ha quedado tiempo libre para hacer nada
digno de n1ención, ni en los asuntos de la ciudad ni en mis
asuntos privados, sino que n1e hallo en gran indigencia, a e

causa del servicio al dios. 34

33. Ver nota complementaria p. 148.


34. Sócrates alude aquí, por primera vez, a su pobreza. El argumento
tiene un valor de descargo, en cuanto revela que sus actividades no
apuntaban a la obtención de lucro o beneficios personales. Y refuerza
entonces su alegato de haber obrado en servicio al dios . La referencia a
la pobreza se reitera posteriormente varias veces. Véase 31c, 37c, 386.
PLATÓN

ITQóc; bt TOÚToLc; oi. vÉoL µ01. E71(TKo;\ov8oüvTEc;, oL;


µái\Lcn:a axoA1í i:ai:Lv, oi. Twv rrAouaLwTáTcov, atn:ó~uxtoL,
xa(QOVaLv aKoúovrrEc; i~trra(,oµÉvwv TCtJV av8Qwncov, KCTL
CHJTOL rro1\AáKLc; iµt µL~toúvTcu, Eha bnxnQOÚCTLV a.Ai\ovc;
él;cTá(,av· KctrrEna o[µaL EÚQLCTKovaL noAi\riv acp8ov(av
OLO~LÉV(L1V µtv ci.b{vaL 1:l CtVÜQC0TICuV, f.tbórrcov ()f_ oi\(ya
i] oúbiv. EVTEU8Ev oúv oi. ún' at'Yrwv E~ETa(,óµcvoL tµot
ÓQy((,ovtaL, oúx aúrroic;, Kai. i\iyovaLv c0c; LWKQáT17c; TLc;
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nc; atn:ouc; EQúJTCTl 01:l TIOLCOV KCTL OTL ()LOCXCTKWV, EXOUCTL µi:v
ovbtv drrüv ai\X ayvooÜCTLV, LVa bt µ17 ()QKWCTLV CXTCOQELV,
TC< Ka,Ta rráVTCvV TCt)V cpLi\oaocpoúvTCvV TIQÓXELQCT TaÚTlX
1\ÉyovaLV, OTL «Ta ~LETÉWQCT KCTL Tct ÚTIO y17a» KCTL «0couc;
µ17 voµ((,ELV» Ka.i. «TÓV 17TTW i\óyov KQELTTW TIOLELV.» rra
YªQ aA118~ OLO~LCXL OUK áv i:8ÉA.OLEV i\Éynv, OTL KaTábrv\01.
y(yvovn:n nQoarroLoúµEvoL µtv cibivcu, doóTcc; bi: ovbév.
e CTTc oúv oI~taL q)li\ó•nµoL ÓVTcc; Kai. ac:pobQOL KCXL noi\Ao[,
KCÜ GVV'TETCX~tÉvwc; KCTL TIL8avc-;.,c; i\tyovTt:c; 71EQL rµoü,
EµTTETii\tjKCTGLV úµwv Ta WTa KCTL nái\cu KCTL acpobQWc;
bta~ái\i\ovTE<;. EK TOÚTwv Kai. MtA17Tóc; µoL tni:8ETO KaL
i\vvToc; Kai. Aú1<c0v, Méi\17Toc; µi:v ÚTIE.Q TWV rron1Twv
24a ax8ó~LEVOc;, AvvToc; OE ÚTIEQ TWV bflµLOVQYWV KCTL TWV
noi\l'nKwv, AvKwv bi:. ÚTIEQ TWV QflTÓQcov· wai:t:, ÓnfQ
O:QXÓµt:voc; ryw EAcyov, 8av~tá(,oL~L' áv él oióc; T' rfr¡v
iyw Ú~L(OV TCTÚTflV T17v OLa~oi\17v [~éi\Éa8cu [V OVTWs
oi\[ywL XQÓVüJL oÜTw rroi\i\17v ycyovviav. TaúT' ECTTLV ú~üv,
(~1 CXVOQcc; A0riva.i:OL, Tai\ri817, KCTL úµac; OUT[ ~LÉya OVTE
µu<QOV anOKQVlf,'áµrvoc; tyw i\Éycu oúb' ÚTTOGTni\áµt:voc;.
APOLoc;íA DE SÚCRATES

A esto se agrega que los jóvenes que disfrutan de rnayor


tiemp o libre, es deci r, los hijos de los más ricos con1ienzan,
por su propia iniciativa, a seguirme, pues los divier te oír
cón10 someto a examen a esos individuos, y a n1enudo ellos
misn1os n1e imitan .,y tratan entonces de someter a exa1nen a
otros. Y resultó así, me parece, que hallaban una gran can-
tidad de individuos que creían saber algo, pero sabían poco
y nada. De ahí que los que ellos examinan se encolerizan
conmigo, y no consigo n1ismos, y afirman que el tal Sócrates
es de lo más infame y corrompe a los jóvenes. Pero cuando d
alguien les pregu nta de qué modo y con qué enseña nzas,
no pueden decir nada, sino que lo ignoran. Y p ara que n o
parezca. que no lo saben, apelan a los dichos más usuales en
contra de todos los que filosofan: «las cosas celestiales y las
subterráneas», «no creer en los dioses», «convertir el argu-
mento más débil en el más fuerte» .35 Pues la verdad 1 creo,
no estarían dispuestos a decirla, es decir, que quedaron en
evidencia al aparentar saber sin saber nada. Así, d ado que
son, según creo, celosos de su honra, agresivos y también e
numerosos, y dado que hablan de mí de rnodo tenaz y per-
suasivo, han terminado por llenarles a ustedes las orej a s,
avivando desde antiguo y con veheme ncia los prejuicios <en
mi contra>.
De aquí han partido también los ataques de M eleto, Áni-
to y Licón: Meleto, disgustado en nombre de los poetas;
Ánito, en el de los artesanos y los políticos, y Licón, en el de 24a
los oradores. 3i; De 1nodo que, como decía al comienzo, me
resultaría sorprendente que fuera capaz de refutar en tan
poco tiempo un prejuicio que, como éste, se ha hecho tan
generalizado. Ésta es la verdad, señores atenienses, y en lo
que digo no les oculto ni disimulo nada, ni grande ni peque--

35. Ver nota complementaria p. 149.


36. Ver nota complementaria p . 149.
PLATÓN

KLl.lTO l o[oa axcbov OTL (XllTOic;: 'tOÚTOlc; CTTCEX8ávoµcu, oKC\'.L


Té:1-< lllÍQlOV OTl a;\17817 AÉy üJ KOÚ OTl aÜTT7 ECTT LV tí ()Lct~oA~
b l1 Ef-111 KO..l TLl. O(L'HCT TCXÜTá ECT'UV. KCll iávrn: vüv iávTc av8u;
APOLOGÍA DE SÓCRATES 43

ño. Sin embargo, estoy casi seguro de que por 2so xnisrno
estoy despertando odios, lo cual también es testirnonio de
que digo la verdad, cuando afirmo que tal es el prejuicio en
mi contra y tales sus causas. Y si investigan esto ahora o en b
otra oportunidad, comprobarán que es así.

l
2. DEFENSA CONTRA LA ACUSACIÓN DE MELETO
(24B3-28Al)

Tras la defensa contra las antiguas acusaciones informales,


Sócrates pasa a hacer su descargo frente a la acusación for-
mal de Meleto y quienes lo apoyan. Los ca rgos contenidos en
la acusación son, básicamente, dos, a saber: 1) el de co rromper
a los jóvenes, y 2) el de no creer en los dioses de la ciudad sino
en otras divinidades nuevas introducidas por él mismo. En la
interpretación de Sócrates, aceptada por Meleto, ambos cargos
están conectados de modo tal que las acciones señaladas en el
cargo 2) especifican el modo en que Sócrates lleva a cabo lo que
se le imputa en el cargo 1). En su alegato acerca de las antiguas
acusaciones informales Sócrates ha hecho explícito el trasfondo
de estas nuevas acusaciones. La defensa toma ahora la forma
de un interrogatorio a Meleto, en el estilo característico de las
conversaciones socráticas, a través del cual quedan de manifiesto
las inconsistencias de la posición del acusador.
Respecto del cargo 7), que le imputa corromper a los jóvenes,
Sócrates desarrolla en el diálogo básicamente dos contraargu-
mentos. A) Meleto identifica a Sócrates como el único corruptor
de los jávenes y, en cambio, considera a todos los demás ate-
nienses como sus benefactores. Esta posición es poco plausible,
pues implica una manifiesta asimetría respecto del modo en que
habitualmente se juzga en otro tipo de casos, particularmente,
en los casos referidos a los distintos conocimientos técnicos. En
el caso de las técnicas y las artes se considera que sólo un tipo
de persona es capaz de hacer el bien a aquellas cosas o personas
encargadas a su cuidado, a saber, el experto en la técnica o el
arte correspondiente, mientras que los demás, que son legos en
PLATÓN

la materia, más bien las da11an. Así, p. ej., en el caso de los


caballos sólo el cuidador de caballos está realmente en condi-
ciones de hacerles el bien. En el caso del cuidado de los jóvenes
con vistas a su educación como ciudadanos, en cambio, el caso
vendría a ser el inverso, según el argumento de ll1eleto, pues sólo
un tipo de personas o incluso un solo indizJiduo, concretamente
Sócrates, estaría en condiciones de da11arlos, mientras que todos
los demás serían sus benefactores, Esto sería altamente im-
¡ólausible. El argumento debe la mayor parte de su fuerza a dos
lJremisas aceptadas, de algún modo, por Meleto en el contexto
del diálogo con Sócrates, a saber: i) la premisa de que hay o debe
haber una estrecha simetría entre el tipo conocimiento que guía
las actividades técnicas y el tipo de conocimiento que orienta la
acción y la educación moral; ii) la premisa de que el cargo de
corromper a los jóvenes sólo es imputable a Sócrates o a gente
como Sócrates. La premisa i) articula una convicción expresa
de Sócrates reflejada en varios pasajes de los diálogos plató-
nicos (véase arriba nota 20), pero Meleto la asume sin mayor
análisis, o simplemente no logra idenllficarla como un presu-
puesto cuestionable en el argumento desarrollado por Sócrates.
La premisa ii) es asumida expresamente por Meleto, pero sólo
a causa de las preguntas que incisivamente le dirige Sócrates,
y a los efectos de tener que evitar inculpar o hacer sospechoso
de corrupción también a alguno de los miembros de jurado o a
alguno de los ciudadanos atenienses encargados de magistra-
turas y funciones gubernamentales. Evidentemente, Sócrates
aprovecha aquí en su favor la inexperiencia de Meleto, que no
está dispuesto a correr el rie_sgo de aparecer como insolente y
disgustar a los miembros del tribunal. B) El segundo contra-
argumento presenta la forma de un dilema, en el cual ambas
ramas del argumento conducen a resultados que ponen en cues-
tión la pertinencia de la acusa ción de Meleto. El dilema parte
de la aceptación hipotética del cargo de corromper a los jóvenes
:·¡ i

.-:•n [•• t· --: o / ... fr:,r_:> r.7 .... ,-.,.


y aOir~pv? r. 'f.,,_ f} i"I' ' '
?A/la aui, lUll,J,u Ü, nSj}éCtO
.::.,~" · , r,>.? . _.• rJ .r:
L.~. ;. ,: l. ;(,U.,~,_; ;
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bien ii) de modo involuntario. Si el caso es i}, entonces 2sif-Z ? Ü:, ,


en última instancia, buscando da1larse a si mismo o} al '!lenas)
exponiéndose .sufrir un dafío¡ y ello a sabiendas, ya que a) h.ate
malos a los jóvenes que lo siguen y comparten su tientjJo con él, y
b) no ignora ni puede igno rar que los malvados da{ian a quie"ies
conviven con ellos. La suposición de que un hombre de su edad
no advierta este peligro es_poco verosím il, y habría que just{ficar
entonces otra suposición, menos razo nable aúnJ como es la de
que a sabiendas busca da1iarse a sí mismo o, al menos, expo--
nerse innecesariamente a un dar1o. En cambioJ si el caso es iz)
y Sócrates corrompe involuntariamente a los jóvenes entonces 1

su acción ya no constituiría propiamente un delito im_putable y


merecedor de castigo} sino, más bien, un error no querido corno
ta l, para cuya supresión bastaría instruir a Sócrates, hacién-
dole ver los efectos negativos no deseados que _traen aparejados
sus actos. En ninguno de los dos casos la acusación de Jl!J.eleto
parece tener el sustento requerido. El trasfondo de este complejo
contraargumento está dado por algunas convicciones básicas
de Sócrates con, relación al problem,a de la motivadóa de las
acciones y la naturaleza del error moral. Concretamen,te, arnbas
ramas del dilema presuponen de diversos ¡nodos el principio
socrático según el cual nadie hace el m,al voluntaria ,mente. E n
i) el princ~óio está implícitamente considerado ci relación con
la persona de Sócrates mismo, como supuesto agente del acto de
co rrujJción, en cuanto él mismo queda exfJuestr; indirectamente
a los efectos negativos de sus propios actos. En ii) la construcción
del caso de corrupción como una acción involuntaria impl{ca
que se está en presencia de un error que no resulta plenamente
imputable al agente - es decir, Sócrates- desde el punto de vista
moral o, al menos, desde el punto de vista jurídico, precisamente
en razón de su carácier involunta rio.
PLATÓN

Respecto del cargo 2), que le imiJuta no creer en los dioses


de la ciudad sino en otra s divinidades nuevas, Sócrates con-
centra su contraargumentación en un único punto, destinado
a mostrar la contradicción interna que envuelve una acusación
que al mismo tiem/Jo le imputaría alguna forma de ateísmo
y la .introducción de nuevas divinidades. Debe notarse que, en
fJrinczpio, no parece claro que la acusación formal de Meleto, tal
como el propio Sócrates la reproduce, contenga rea lmente una
imputación de ateísmo. Sin embargo, Sócrates solicita a Meleto
que aclare más específicamente el sentido del delito que se le
imputa, presentándole la alternativa entre un cargo de ateísmo
(no creer en ningún dios) y uno de lo que podríamos llamar más
bien heterodoxia religiosa (creer en otros dioses nuevos). Ante
esta alternativa, Meleto escoge la primera posibilidad, es decir,
reformula el cargo corno una imputación de estricto ateísmo,
jJosiblemente motivado por la necesidad de endurece r su acusa-
ción todo lo posible en este punto, tras el debilitamiento de la
fuerza del cargo de corrupción, a causa de los contraargum.entos
dados por Sócrates. Una vez reformulado el cargo de este modo
por Meleto, Sócrates muestra que la imputación de ateísmo es
ir~fundada, recurriendo a dos argum entos fundamenta les: i) tal
imputación se basa en una confusión de Sócrates con fil ósofos de
la naturaleza como Anaxágoras que negaban el carácter divino
de los astros, como ya había mostrado Sócrates resp ecto de las
antiguas acusaciones informales; ii) es inconsistente con el cargo,
formulado bajo juramento en la acusación escrita, de introducir
otras divinidades nuevas, diferentes de los dioses de la ciudad,
puesto que el término «divinidades» designa o bien cierta especie
de dioses o bien seres engendrados por los dioses. El error de Me-
leto, que Sócrates aprovecha hábilmente, es, en este caso, el haber
reformulado oralmente de un modo distinto un cargo p resentado
antes bajo juramento y por escrito, en términos evidentemen-
te incon~patibles con la posterior r~formulación. Al llamar la
fl_POLOGÍA DE SÓCRATES

atención de losjueces sobre esta inconsistencia_, Sócrates p one ea


cuestión la seriedad de la acusación le vantada por illfeleio, qu ien
parece no estar en claro acerca del verdadero alcance de los cargos
que ha formulado.
PLATÓN

IlcQL ~ti:v ouv ln; oi ITQCÓTO Lµov KaTtjyoQOL KaT17yóQOUV


Oltn:11 [0'[0.J LKCX\J~ ornoAoy[a 7CQO<; úpou;. TIQOc; O[ MÉJ\.r¡-rov
'HJV aya8ov KCÜ cpu\ÓnüALV, cor; 9)f]Ul, KCÚ TOtJi; {101:ÉQOUc;
¡J.ETCT. 'rOCÜTa 71:fLQ Ó:CTO¡JCU OLTI01\oy1íaaa8a.L au8u; yaQ OtÍ,
iC;~)CTHEQ É'IÉQWV 'IOl''TüJV ÓVTWV Kan7yÓQ0JV, Aá~(0!-lé.V CTU
'IilV TOÚ'tú)V CXVT(iJ¡_tOCJlCT.Vo EXfl bt TiúJi:;: (~()[° LWKQÓn17 cpqatv
a bucüv 'IOÚ:; 'té vÉovc; ~nacp8dQOV'IC( KCTl 8couc; oü½ TÍ n ÓALc;
e vop[~él ou vo¡_ü~ovra, E1:EQCí. bl ÓCU¡J.ÓVLa. Kcuvá. TO µtv b~
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XOlQ!..EVT Li:E'TCU, QCTlül0J¡; .de; aywva Ka8LCTTO:¡; av0Q(JTTOVI'.;,
'ITEQ'- ngay¡.HxTwv 71QOanoLoúµEvo~ unouoál:t:Lv KaL
KTJOfa8oo_ (0V ovbtv T.OÚTWL 71WTTOT[ i:µi A170rv· (;_;s bi:: 'TOÜ'TO
oÜ'rwc; txn, TIElQÓLao¡..tcu Kai. úµiv intoEiE,cu.
Ka[ µol ()EÜQO, (0 MC\T]'Tf, El7H~º a1\i\o 'Tl f] TTEQl. T(;\[LCT'tOV
c1 Tiotf]L ÓnüJt:; toe; ~ti\naTOl oi vt:wTEQOL toovT.cn;
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"10 l btj vvv rirr..e rroúrro Le;, 'I(c; aÚToúc; pEm[ovi; TIOLELº ó17i\ov
yag frn oia8a, µi Aov yé aoL rrov ¡_ttv yaQ cnacp8d.Qovrra
E~EVQC~'v, (0¡;;: tj)tju;, iµt, rLaáyr:Lr,; rrov1:0La1. Kai. KarrriyoQüs·
TÓV bt 017 ~EAtdovi; noLouv-ra I8L ünt KCÜ 1..u7vuaov a1rroü;
TÍ.e; [CT'TLV. - ÓQCT Lc;:, ir,, MtArp:c, OTl aLyatc; KCÜ OUK txnc;
t:in:Eiv; Ka h oL ouK cáaxQóv ao t óoKEi E1vaL 1(ai. iKavov
'TéK/,.HÍQLOV oú b17 i:y(;J i\tyl0, frn. CTO l oúblv ,_u:µ ii\171G:V; ou\A'
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TOÜTO EQüJTW, w~fA'TlCTT.E¡ ou\;\á TÍ.e; av8Q1
Cunoc;,
OCT''T.ls TCQW'TOV KCÜ orinó 'IOÜTO OlOf, rrouc; vó¡.1ovs;

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APCLO(-;fA DE sc)CRATES

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taré defendern1e de DAeleto - i:an ho:a esto -y paitdota~ se2"ún - V

dice-, y de los últirnos <:acu sadores>. Ton-iern.os 7 pues, nue-


va1nente su declaración jurada, corno si se tratara de otro
2-:rupo de acusadores. Es anroxirnadan1ente
u !
corr10 sigue: e,
«Sócrates», dice, <<con1ete el delito de corromper a los jóve-
nes y de no creer en los dioses en los que cree la ciudad. sino e
en otras divinidades nuevas>>. Tal es su ilnputación. Exan1i-
nemos cada uno de sus puntos.
Afirma que con1eto el delito de corromper a los jóvenes.
Yo, por mi parte, afirmo, sefiores atenienses, que es Meleto
quien delinque, puesto que se ton1a en broma algo serio, al
llevar a juicio con ligereza a las personas, fingiendo estar
ocupándose y cuidando de asuntos de los que jamás se pre-
ocupó. Voy a intentar mostraríes que esto es así.
- Ven aquí, Meleto, y dirne: ¿l\Jo es cierto que tu princi-
pal preocupación es que los jóvenes lleguen a ser lo 1-nejor a
posible?
-Así es.
- Di entonces a los presentes quién es el que los hace me-
jores. Pues es evidente que lo sabes, ya que es esto lo que te
preocupa. Descubriste, en efecto, al que los corrornp e 1 que
soy yo, según dices, y lo traes aquí ~-nte los presentes y lo acu-
sas. Ahora habla y revélales a éstos quién es el que los hace
mejores ... ¿Ves, Meleto, que te quedas callado y no puedes
decirlo? ¿Pero no te parece vergonzoso y prueba suficiente
· de que lo que yo afirn10~ cuando digo que este asunto no te
ha preocupado en absoluto? Pero di, amigo, ¿quién los hace
mejores?
-Las leyes.
- Pero no es esto lo que te estoy preguntando, sino quién e
es la persona que, por empezar, conoce ya eso r.nismo, las
leyes.
52 PLATÓN

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APOLOGÍA DE SÓCRATES 53

- Éstos 1 Sócrates, los jueces.


- ¿ Cómo dices, Meleto? ¿ Son éstos quienes tienen la Cc.-
pacidad d e educar a los jóvenes y h a cerlos ni.ejores?
-Sin duda.
- ¿Todos ellos, sin excepción, o bien algunos sí y otros
no?
-Todos, sin excepción.
-Buena cosa anuncias, ipor Hera! iUna gran abundancia
de benefactores! ¿y qué hay entonces de los oyentes aquí
presentes? ¿También ellos los hacen mejores o no? 2s a

-También ellos.
- ¿y los nlien1bros del Consejo ?37
-También los miembros del Consejo.
-Pero, Meleto, ¿acaso los miembros de la Asamblea co-
rrompen a los jóvenes ?38 ¿Q tan1bién ellos los hacen mejores,
todos sin excepción?
-También ellos.
-Entonces, según parece, todos los atenienses los hacen
buenos y honestos, excepto yo, que soy el único que los co-
rrompe. ¿Afirmas esto ?
- Eso es lo que afirmo, con todo énfasis.
-Me imputas, p or cierto, una gran desgracia. Pero res -
póndeme. ¿También en el caso de los caballos te parece
ser éste el caso? ¿Todas las personas los hace n mejores

37. Se refiere a los boleutaí, los miembros de la Boulé, un cuerpo


colegiado de 500 ciudadanos, elegidos anualmente por sorteo, a
razón de 50 por cada una de las diez tribus de Atenas. Su función
básica era preparar la agenda para la Asamblea (vé ase abajo nota
38), discutiendo de antemano algunos de los temas a tratar y
haciendo recomendaciones a los asambleístas. En 32b Sócrates
recuerda su actuación como miembro de la Boulé, único cargo
público que ejerció.
38. Se refiere a los ekklesiastaí, es decir, los miembros de la Ekklesía,
la Asamblea de Atenas a la cual podían acudir todos los ciudadanos
para discutir y votar sobre asuntos relativos a las políticas del Estado .

....
PLATÓN

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trario : uno .:iólo es capaz d 2 hacerl mejo res o, a lo surno, ,:i b
unos p o co s 1 los cuid adores d e cab allos, rn ientras que la
mayoría, cuando trata con caballos y los utiliza, los echa a
perde r? ¿l\Jo es así, I lfeleto, tanto en el caso de los caballos
con10 en el de los restantes an ir.nales? Con toda certeza, lo
ad m itan o no tú y Ánito. iPues gra n felicidad sería en el
caso de los jóvenes, si uno solo los corro1npiera y el resto
los beneficiara! Pues bien, M eleto, has mostrado suficien- e

tem en te que nunca te has interesado por los jóven es , y has


puesto claran1ent e de manifiesto tu despreocupación, ya
qu e e n nada te has preocupado de aquello por lo que me
haces con1parecer a mí. Pero hay m ás todavía, M eleto.
Dinos, por Zeu s: ¿qué es mejor: habitar entre ciudadanos
bueno s o malvados? R es ponde, querido amigo. Pues no
te pregunto nada difícil. ¿No h acen daño los malvados a
los que en cada caso están cerca de ellos, mientras que los
buenos les hacen el bien?
- Ciertamente.
- ¿y hay alguien que quiera ser perjudicado por quienes
conv iven <con él>, en vez d e beneficiado? Responde, ami- d
go, ya que tarnbién la ley ord ena responder. ¿Hay alguien
que quiera ser perjudicado?
-Desde luego que no.
- D i, pues. ¿Al hacerme comparecer aquí por corromper
a los jóvenes y hacerlos peores, opinas que lo hago volunta-
ria o involuntariamente?
- Voluntariamente, en mi opinión.
- ¿Pero cómo es esto, I\!1eleto? ¿Acaso tú, que eres tan joven,
eres tanto rnás sabio que yo, a mi edad, como para que tú hayas
con1prendido que los malos producen siempre a1gún daño a e

los que están cerca de ellos y los buenos <siempre> algún bien,
PLATÓN

TOCTOÜTOV a~_ta8(ac;; 17Kw (OCJ'[[ Kai. TOtrr' ayvoéo, OTL éáv


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aútoc; ªQª voµ((.co EivaL 0Eoúc; Ka1. ovK dµi. TO naQánav
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aAAovc; TlXÜTa btoáaKclV.
l
APOLOCÍA DE .SÓCRATES .S7

mientras que yo he llegado a tal puni:o en rni ignoran-~ia? q 1_:2:;


ignoro incluso que si hago peor a aiguno de los que convi-
ven <conrnigo> correré el riesgo de recibir algún d año de su
parte, y hago así un n1al tan grande voluntarian1ente, como
tú afirmas? Esto yo no te lo creo, Meleto, y pienso, además,
que ninguna otra persona < te lo creería>. Por el contrario,
o bien no corrompo <a los jóvenes> o bien, si los corrompo, 25a

lo hago involuntariamente, de modo que en ambos casos tú


mientes. Y si los corrompo involuntariamente, lo correcto no
es hacerme comparecer aquí por tales faltas, sino enseñarme
y reprenderme en privado. Pues es obvio que si aprendo, de-
jaré de hacer aquello que hago involuntaria1nente. Pero tú
evitaste tratar conmigo y ensefiarme, o no te lo propusiste.
Y, en cambio, me haces comparecer en este lugar, que es el
sitio destinado legalmente para hacer con1parecer a los que
necesitan de castigo, y no de instrucción.
Pero con esto, sefiores atenienses, ha quedado claro ya,
como dije antes, que a l\1eleto nunca le preocuparon esta s b
cosas, n i mucho ni poco. Con todo, dinos ahora, Meleto:
¿cuál es el modo en que, según afirmas, corrompo a los jóve-
nes? ¿No está claro que, según la acusación que presentaste
por escrito, < los corrompo> enseñándoles a no creer en los
dioses en los que la ciudad cree, y sí, en cambio, en otras
divinidades nuevas? ¿No afirmas que es enseñándoles estas
cosas como los corrompo?
- Eso afirmo, con todo énfasis.
- Pero, Meleto, ipor estos mismos dioses de los que ahora
estamos hablando!, explícanos aún n1ás claramente, a 1ní y tam-
bién a los presentes. Pues no logro comprender si afirmas que e

ensefio que hay ciertos dioses - y, entonces, también yo creo que


hay dioses, y no soy en absoluto ateo ni cometo delito en este as-
pecto- , aun cuando no sean precisamente los mismos <dioses>
en que la ciudad <cree>, sino otros. ¿No es <justamente> el que
sean otros lo que rne echas en cara? ¿Q bien sostienes que yo no
creo en absoluto en dioses, y que les enseño esto a los demás?
PLATÓN

Tatn:a i\Éyw, loe; TO TilXQána.v ov voµ(,ac; 8t:oú;.


r;1 "D 8avµÓLCTlc MÉArrrE, lVlX Tl '[C{lY(C{ i\ÉyELc;:; OtJbE. l7Í\tov

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aV8QüJ710L;
Ma L\C, w lXVÓQEc; bLKCTCT'ICTL, ETiél TÓV ~lEV 17i\tov i\(8ov
q>flCTLV rivaL, TT1V bt acAtív17v y17v.
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Ava~ayÓQOV OLEL KCTTT1YOQELV, cp(i\E Méi\ryrc; Kctl oÜTw
KCTTcttpQOVEic; 'ICuVOE KcÜ ota avTovc; andQovc;: yQaµµáTwv
rivoa c0a'tr ovK d.bÉvat OTL Ta Ava~ayóQov f3Lf3i\(a TOÚ
KAa~oµrv(ou yÉ~lEL 'tOÚTwv TWV i\óywv; Kai. ori
Kai. oi
vÉoL taúTa naQ' iµoú µav8ávovatv, & i::~raTLV tví.oTE d
e návv no)u\oü bgax~rr1c; [K rrf]c;: ÓQX~CTTQctc;: TTQlct~tÉVOtc;
LWKQÓn:ovc; KaTayri\av, i.a.v TIQOan:ot17TaLÉavTov t:Ivat,
aAAcuc; '[é KOÜ oü,:wc;: lXTOTia OV'Ta; ai\,\', w
TIQOc;: L\tóc;,
oirrwa[ CTOL ÓOKW; ovóÉva VO~ll~W 8cOV ELVetL;
Ou µÉV'tül µa L\í.a ovb' ÓTIWCTTLOÜV.
A1u.a1:óc;: y ' EL, w l\rfÉi\11TE, KlXL TCTÜ'ta µÉvTOl, wc;
i:µoi. óoKric;, aavT4>. r~toi. YªQ boKEi oúToa[, ({, avbQEc;
A811voüot, návv Eivoa Ú~QLCTTTlc; Kai. aKói\aaToc;,
APOLOGÍA DE SÓCRATES 59
·,-
-r..:so es 1· o que anr:n10,
,,,
que i o crees en aosol ·1 .
uro en
dioses ,
- Sorprendente Iv.Ieleto 1 ¿ para qué d ices esto ? ¿J>Jo creo, a
po r con siguiente, que el sol y la luna son dioses, con10 el
resto de los hon1bres?
- iPor Zeus que no, señores jueces!, sino que afirma que
el sol es una piedra, y la luna, tierra.
- ¿Crees que estás acusando a Anaxágoras, que rid o
Meleto ? ¿y a tal punto subestirnas a los aquí presen tes que
crees que son analfabetos, como para no saber q u e los li-
bros de Anaxágoras de Clazómenas están llenos de tales
aseveraciones ?39 iY justa1nente los jóvenes serían quienes
aprenden de mí estas cosas, cuando tienen la posibilidad de
adquirirlas en cualquier momento en la orquesta por una e
dra cma, como mucho, y reírse <así> de Sócrates, si preten-
diera que son suyas, siendo, por lo demás, tan extrañas como
son!·10 Pero, ipor Zeus!, ¿te parece que éste es mi caso, y que
no creo que haya dios alguno?
-No, ipor Zeus!, en absoluto.
-Tampoco en este caso, Meleto, resultas digno de crédito,
según me parece, ni siquiera para ti mismo. En mi opinión, seño-
res atenienses, éste es un perfecto insolente yun desenfrenado,

39. Anaxágoras de Calzómenas, muerto en 428 a. C., es decir, 29


años antes del juicio a Sócrates, gozó de gran fam a como intelectual
y filósofo de la naturaleza, especialmente en Atenas, donde vivió
unos treinta años y mantuvo estrechos lazos con Pericles. Según
cuentan algunas fuentes antiguas, Pericles incluso habría asumido
su defensa y logrado su absolución en un juicio de impied ad al que
fue sometido. Sócrates alude precisamente a su fama y a ]a difusión
de las doctrinas contenidas en su libro, cuyo precio de una dracrn.a
no era muy alto (véase nota complementaria 19 en p. 143) . Para las
1 opiniones de Anaxágoras sobre la natu r aleza del sol y la luna aquí
mencionadas véase los textos 59A42 y 59A72 en la colección de
D iels-Kranz (1951 -1 952).
40. Ver nota complementaria p. 150.
60 PLATÓN

KCÚ CTTEXV(~Jc;: T17v ygacp17v 'UtÚT17v ÜpQEL TLVL KCTL aK0Aa.a[0


27a KCTL VE ÓTll Tl y QLÍ.~Jaa8aL EO LKEV yáQ C~JCTTTEQ ctivLy~te<
avv'n8ÉvTLOLanELQcuµÉvcot «A.Qa yvc~Jucrcu LWKQárrr¡c;
ó aocpoc; br1 E~lOÜ XCtQ LEVTL~OµÉvov KCTL EVCTVTC éµa.vn~
Alyovr.oc;, 17 E~CXTTa Ttjaw CllY[OV KCT L TOÚc;: &A.Aove;: -rouc;
a.KoúovTac;;» o{n:oc; y aQ E~toi. cpa[vETcu Tct tvavTía Aiynv
alr[oc; ÉavTc~ iv TT~ yQacp1~ c00rrcQ av r: i_ ELTTOL' «AótKEL
LC0KQctT17c; Gcoúc; ou v oµÍ~(L)V, ai\i\a 8cot,c; VO~ll(:(LJV.»
I - ! ": l"7'
KCUTOl. TOVTO éCTTl TICU~OVTOc;.
L.VVETTLCTKÉ41a08c otj,. (0 CTVÓQEs, lJ µoL cpaLVé"TCH TCTlY[CT
,\iyav· av ÓE ~µ'iv CTTTÓKQLVCU, (Ó MÉA17TL ú¡.J.úc; bt, OTTé"Q Ket'C'
b CXQXcts úµac; TICXQlJtqcráµ17v, µi~tvriaGÉ ~lül ~u7 80QV~ÜV i.av
iv TCvL dcL,8ÓTL TQÓTTüJL T01)c; Aóyovc; noLw~taL.
"EaTLV OCTTLc; av8QWTI(uV, w MÉAl7 TE, CTV8Q(0 TiélCT
1

!..lEV voµ ((a TIQáyµaT flVCH, av8QC0TIOVc; ()[ ül' voµ(,a;


lXTIOKQLVÉa8w, (~) aVÓQEc;, KCXL µ17 &AA.a KCTL ái\Aa 80QV~[LTCtY
i:08' ÓCTTLc; innove; ~ti::v ou voµí~EL, lnrrLKCT ot nQáy~taTa; 17
at,A17nxc; µi:v 01, VO~ll(.EL ELVCU, CTl.JAl7TLKC( oi:: 7TQáy~tCXTct; OlJK
fCTTtV, có iiQLCTTE avóQwv· él µ17 av ~OVA.EL a nOKQÍVEa8cu,
iy¿_) aoL\tyw KCÜ Toic;: d.AAou:; TOVTOLCTL. ai\i\á TO éni. 'tOV'Cy.}
e ye CT71ÓKQLVCU' Éa8' OCTTLc; baL~tÓVLCT ~ti:v vo ~Ü(,EL ngáyµcn: '
rivcu , ocüµova½ bi: ov voµí(,n;
ÜUK ECTTlV.
(º~ cov17aac; OTl µóyL~ CT 7T EKQLV(v úrro TOVTWVL
avayKa(,óµc voc;. OUKOUV bcu~lÓVLCT ~lEV cptjc; µr: KCXL
v oµí(,nv KCTL ÓL0(7{CTKélV, ch' ovv KCHVCT. ELTE rraAaLá, aAX
ovv oaL~tÓvLá YE voµí(,c0 Karra TOV aov Aóyov, Kai. Taü1:cx
Kai. OLcoµóaw iv 1:1j av1:LyQacj:nj. EL ot ócuµóvLa voµ[(,c0, KCXL
ba í~tovac; ótjTiov rroAA17 avá:y1<17 vo~ü(,cLV µt la-rLv· ovx
OlJTWc;: EXcL; ÉXH b1í· rr(817µL yáQ Gc. óµo1\oyouvrra, lnno17 ovK
d CTTTOKQÍVlJ. 'tOl-'s Ó[ ba(µovac; ovxi. 1'íTOL 8coúc; ye 17yo{Jpé:8Cl
11 8c6JV ncubcxi;; cp1)~ Í] ov;
APOLOGÍA DE SÓCRATES

y ha escrito su acu s~ició:n_ sirnplen12nte p o r icausa d ~ su inso-


1

lencia, su desenfreno y su ju-ventud . En efecto, parece c: 0 111 0 si


quisiera p onerm e a prueba urdiendo una especie de enig111a
<que dijera:> «¿Acaso se dará cuenta Sócrates, el sab io, d e 21a

que me estoy burlando y me contradigo a rní misn10, o logra-


ré engañarlos a él y a los otros que nos oyen?» Ciertan1ente,
resulta evidente, a m i juicio, que éste se contradice a sí n1isn10
en su acusación, como si dijera: «Sócrates comete de lito al no
creer en dioses, pero creyendo en dioses». Esto, por cierto, es
propio de alguien que está jugando.
Examinen ahora, sefi.ores, por qué me resulta evidente
que se contradice de este modo. Tú respóndenos, l\1eleto. Y b

ustedes, como les solicité al comienzo, acuérdense de no ha-


cer alboroto en mi contra, si argumento como suelo hacerlo.
- ¿Hay alguien, Meleto, que crea que existen los asuntos
humanos, pero no los seres humanos? Que responda, señores,
y que no interrumpa protestando una y otra vez. ¿Hay alguien
que crea que no <hay> caballos, pero sí asuntos hípicos? ¿Q
bien que no hay flautistas, pero sí asuntos relativos al arte de la
flauta? No lo hay, excelentísüno señor. Si tú no quieres respon-
der, yo te lo diré, a ti y también al resto de los presentes. Pero
responde, al menos, lo que sigue: ¿hay alguien que crea que hay e

asuntos relativos a la divinidad, pero que no hay divinidades?


-No lo hay.
- iCuánto me has ayudado al haber contestado, aunque
más no sea a duras penas y forzado por éstos! Sostienes, por
tanto, que creo en cosas divinas y también las enseño, ya sean
nuevas o antiguas. Pero, sea como fuere, creo al n1enos en co-
sas divinas, según has dicho. Y, adernás, lo has afirmado bajo
juramento en tu acusación escrita. Ahora bien, si creo en cosas
divinas, es, por cierto, muy forzoso que crea también en divi-
nidades. ¿No es así? Ciertan1ente lo es. Doy por sentado que
lo concedes, puesto que no respondes. ¿y no juzgamos que las
divinidades son o bien dioses o bien hijos de dioses? ¿Sí o no? d
PLATÓN

IIávv yr:.
Ü UKOÜV él71[Q 00(.Lµovac; tjyoür.icu, wc; av cptjc;, él µi::v
3Eül TlVÉc; cLCJLV oL bcúµovr.c;, '[Otn:' av élY7 6 lyw cp11µ( CTE
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·q)ÓLVCü ,_l[ 8couc; av ~y[ia8ou 71áAtv, i:n:EL01Í71EQ YE bcúµovac;
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-u.xún7v i] anOQWV ÓTL i:yKaAoic; rµoi. álu78tc; ao(1<17µcr
() T[ (JJc; bt aú TlVCT 71fl80LC:: av KCÜ aµLKQOV voüv EXOVTa
Ól\J8QCÓTiúJV có~ ov TOÜ nu'toÜ ECT'tLV Kai. oc:u~ióvLa Kai. 8Eia
1

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APOLOGÍA DE SÓCRATES

., 1, •• ij " • 7 t -. , ,
ins 01Ii.n1.os.ch::=:s son 02rt:2, c1as2 u 2 d1c.~es 5 2" ·:p. n estana lo que
? •

lhrno tu enig;;:-aa y tu b:ro: . 1a: en ded -- que no creo en dioses


y, a la vez, que sí creo en dioses, puesto que creo en divini-
dade .n En efecto, si las divinidades son, a su vez, una espe-
cie de hijo~ bastardos de los dios s) nacidos de ninfas o bien 0

d_e orras <:rnaLdres?,


L --~ corno tan101t:.¡· ,-. n se cuenca, . , po d na
; l.quien '
creer <entonces> qu,e hay hijos de diose~, pero no dioses? lEs e

que seria tan absurdo corr10 creer que hay hijos de los caba-
1 llos o también de <los caballos> y los asnos como las mulas,
p ,2 ro que no hay caballos y Hs:nos!'12 J\To es posible, Meleto 1
1

que hayas presentado este escrito de acusación, a menos que


estuvieras poniéndonos a prueba de este ff1odo ? o bien a me-
nos que no supieras qué auténtico delito podrías imputarme.
_ero no 11ay norma de convence-~, -"1. s1quwra
P ¡(" . . a una persono,
de muy poca inteligencia, de que un mismo individuo puede
creer que hay cosas relativas a la divinidad y a los dioses, y, a
h
' l a vez, que no .J.,lay d.1v _n1
. "d a d-
._es n1. cnoses
1i •
n1• 1n2roes.
,

,,11

41. El argumento juega con la proximidad de sentido de las ex- '.·'


' !
presiones theoí y daimones, que he traducido, respectivamente, por
«dios:::s>> y ..~divinidades>:-. Como indicaBurnet (1924) p. 195, aunque
en el uso arcaico, p. ej., en Homero los términos theós y daimon se
emplean práctic an1ente corr10 sinónimos, escritores posteriores y, en ! 11

especi al, Platón tienden a distinguirlos. En SimJJosio Platón. presenta


expresamente a los daímonescomo una especie de divinidades inter-
medias entre los dioses y los hombres (cf. 202d). F-n el presente pasaje
parece haber ya algún indicio en esa dirección, corno lo nmestra el
argumento desarrollado a continuación.
1
42. La doble comparación con caballos y asnos se explica por el
, intento de dar cuenta de la d iferencia e;dstente en la tradición i-eli-
giosa / mitológica griega entre los dioses y los ser.nidioses o h éroes,
que son hijos nacidos de la unión u n dios o u.na d ivinidad y un ser
humano. Al caso de los semidioses se asemeja -el de las rnuh", que
proceden de la mezcla de caballo y asno. Sean las divinidades de las
que habla Sócrates hijos d e dioses o d e dioses y hoxnbr2s 1 en ambos
t-., qt1•-
Cas os S ~ ~1º 6ri·t•,c,
'e: ::,,_ ~o
.e, Sl. '-' '·-·~·,
c ..·-,:.• ·tr·S
e
c.:L c~-r
• ec. --~
.,.., S ',___,c::.•,.•:
.!. .,,,_, S,["""1·~; ,¡ f
~,. a... .~c.-, . .. L.
,, ·...,
í, 5~
J. ~U-,...,-1-n·l
L.::' L '· e-·

deberá cre-cr tam.bién en la e:x.:isten ci2. d e dioses.


65

IVo LA MISIÓN DIVINA DE S óCRATES {28A2-3 4n5)

Tras haberse defendido de las acusaciones formales e informales


en su contra, Sócrates pasa a explicar la motivación última de su
actividad de indagación de sus conciudadanos, a la cual presenta
como una misión que le ha sido asignada por el dios Apolo a través
de su oráculo. Sócrates intenta presentar su actitud como coherente
yfundada en ciertas convicciones de tipo ético y religioso, y, con ello,
da también razones para justificar su decisión de no abandonarla.
El argumento de Sócrates en este pasaje está construido sobre la base
de cuatro principios de decisión y evaluación moral.
1) Una primera justificación aducida por Sócrates introduce un
importante principio para la evaluación moral y la toma de deci-
, siones de acción: a la hora de decidir qué hacer en circunstancias de
riesgo que ponen en juego alguna convicción moral básica, el agente
debe considerar exclusivamente si lo que se dispone a hacer es justo o
, no, sin considerar las eventuales consecuencias negativas que podría
sufrir él mismo a causa de sus actos. A modo de justificación de la
corrección de este criterio, Sócrates remite a ejemplos tomados del
contexto tradicional de la mitología, que supuestamente se explica-
rían por referencia al mismo principio, más concretamente, al caso
de Aquiles, quien no temió afrontar el riesgo de morir a la hora de
vengar la muerte de su compañero Patroclo a manos de Héctor.
2) En conexión con lo anterior, Sócrates formula un segundo
principio básico que justifica su actuación, a saber: a la hora de
cumplir una misión o una orden; uno no debe abandonar su puesto,
no importa si éste fue escogido por uno mismo o asignado por al-
guien superior. La expresión «por un superior» empleada en el texto
66 PLATÓN

.
remite i. - ·
uaszcamente ·· y b't
at1 contexto rnz·¿nar · ,,pera es e-o
e uo, ¡
szq2Ctenie-
r••

rnente o.mjJlia. corno para permitir st, inmediato traslrr:!o tmnbién al


contexto rel(giosoJ donde alude a la debida obediencia a los designios
divinos. De lucho) Sócrates explota en su argumento esta posible
doble interpretación del alcance de la expresión. Primero remite a su
propia actuación bélica) donde) corno era públicamente reconocido,
destacó por su valor, al resistir a pie firme en su puesto de cmnbate.
Sócrates compara esta actitud en el frente bélico, donde obró' por
orden de la ciudad, con su posterior actitud de servicio al dios,
señalando que también en este caso no ha hecho sino _permanecer
firme en el puesto que el dios 'tnismo le asignó en la ciudad, al darle
a entender que se dedique a indagar a sus conciudadarws. La crítica
implícita de Sócrates alproceder de sus conciudadanos consiste aqui
en llamar la atención sobre el hecho de que se procede a enjuiciarlo,
en definitiva, por el mismo tipo de actitud de obediencia y firmeza
p or la cual en su momento se le había tributado reconocimiento
público en su calidad de cmnbatiente.
3) Un tercer principio o criterio de decisión introducido por
Sócrates apunta a justificar no tanto el hecho de haberse dedicado
al tijJo de actividad pública iJor la cual se lo acusa, sino, más bien,
su actitud de no estar dispuesto a renunciar a la práctica de dicha
actividad tampoco en el futuro. Este principio puede,formularse de
'modo general del siguiente modo: an,te la alternativa de tener que
optar entre algo que no se sabe si es un mal y algo que efectivamen-
te se sabe que lo es, se debe elegir lo priniero. Así formulado, este
principio parece trivial, pues expresa una regla elemental para una
estrategia de decisión racional que apunte a minim,izar da11os. Sin
emhar;go, Sócrates lo aplica de un modo no trivial al caso de situa-
ciones en las que está en juego la posibilidad de la propia muerte.
La p osibilidad de esta aplicación no trivial viene dada por el hecho
de que Sócrates asume expresamente una peculiar actitud respecto
de la cuestión del significado de la muerte y de la posibilidad de la
vida post mortem. Esta actitud queda explicada posterionnente en
. / ai
..la con,,1ersacwn ' 1.jocrates
f.' / "
con ws .
p.;eces ,
q~u:. ?..Jou2ro;1 e¡i contra a¡e
su co~idena (véase 4-Cr:-4-fr):, y contiene} cdem,ds de ti'ii co'in¡)mwiiü;
de esperaíiza ¡óositiva e~i ia vida desfJuis de la ,~lue·rieJ ia:mbién i.-:--~
aspecto de distancia crítica re~pecto de la actitud ¡'za.biüu;,L, consis-
tente en creer saber a ciencia cierta que la muerte es un mal. En el
presente argumento Sócrates se refiere expresamente a este elemento
de distancia critica frente a la actitud habitual ante la muerte. D e
acuerdo con esto, entre el riesgo de la muerte, que para Sócrates no
es evidente que sea un mal, y la desh onra de dejar de lado la tarea
encomendada por el dios, que evidentemente es un mal, Sócrates
debe escoger necesariamente, según el principio antes enunciado,
correr el riesgo de la primera, afin de evitar la segunda. Esto explica
por qué Sócrates no estaría en condiciones de aceptar ningún trato
en virtud del cual se lep erdonara la vida, a cambio de dejar de lado
su actividad en servicio del dios.
4) Un cuarto principio, cuya introducción apunta a apoyar
el argumento reconstruido inmediatamente antes, establece que el
hombre bueno no puede s1ifrir realmente un da11o de parte del que es
malo. El genuino alcance de este principio se comprende, si se lo fJone
1 en conexión con otras convicciones morales de Sócrates, en particu-
lar, con la tesis que establece la superioridad de los bienes interiores
del alma respecto del bienestar y las posesiones exteriores (véase,
p. ej., 29e-30c y 36c}, y también con la tesis según la cual cometer
injusticia es un mal mayor que padecerla ( véase, pº ej., 30d, donde
esta tesis es aplicada a la acción de Ánito y !1lf.eleto como acusadores).
En caso de condenarlo a muerte, alega Sócrate , la ciudad se hará
un daño a si misma, y ello en un, doble sentido: primero) en cuanto
habrá cometido una injusticia, y luego, en cuanto se verá privada de
los beneficios de rivados de la función encomendada a Sócrates por
el dios, la cual apuntaría, en definitiva, a llamar la atención de los
, ciudadanos sobre la importancia de un niodo de vida adecuado, que
ponga el bien del alma por encima de las demás cosasº
A manerrz de corolario de esta justificación de su acütud, Só-
crates da una explicación de su renuncia a participar en los asuntos
públicos a través de la acción j1olítica. Esta renuncia obedecería a
68 PLATÓN

una advertencia divina que a Sócrates se le presenta ordinariamen-


te, a fin de apartarlo de decisiones que podrían producir algún mal.
Sócrates entiende que el sentido de tal advertencia se comprende, si
se considera el hecho de que, en caso de haber optado por la actividad
política, se habría producido mucho antes para la ciudad el mismo
da1io que ahora estaba a punto de acarrear su condena a muerte, y
p or las mismas razones, pues la actitud intransigente de Sócrates
respecto de no hacer nada en contra de la justicia lo hubiera llevado
entonces mucho antes a la muerte. Como prueba de su incómoda
intrans(gencia en materias de justicia Sócrates menciona sus prin-
cipales actos de oposición tanto en tiempos del régimen democrático
como durante el régimen oligárquico de los Treinta. Por último,
Sócrates reitera su convicción de no haber dañado a nadie, en par-
ticular tampoco a los jóvenes, a través de sus actividades públicas.
PUffÓN

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an:o8aV[LV;» i:yco ()[ TOÚT(:J áv b(KaLOV Aóyov ávn:í.noq.u,
O'n «Oi, KCTAl0~ Atyc:u;,. c0 &v8Qtvn:E, ri oin. btiv KÍ.vbvvov
únoAoy((c::u8cu. Tov (fív 17 1:E8v6..vou avbQa oTov TL KC\'. L
up.lKQOV ócpEAÓ<; ECTTlVp ou\X OUK t:Kcivo 1-lÓVO\l CTKOTTélV
01tav 71:QÓLT.'Tl~, nÓTfQOV b(Koua -i1 CTOlKOí. 71:QÓL'T'IEL, KCX L
avbQoc; aya8oü ÉQYª 17 KO~KOÜ. cpo.:uAot YªQ av
'l:Cy ye ai¡J
e Aóy4> ElfV T{0v 1í1-u8ú0v oaot {v TQOÍ.al TE'IEAEvTtjKaCTLV
ot Te &AAol Kcú. ó Tf1<; 0ÉTtooi; uió½, os Touofrrov 'TOV
Ktvbúvou Ka1:u:pgóv17aEv TCOLQa TÓ oúaxQóv Tt ún:oµrivcn
(~,a'tE, énrLb~ t:Inrv ri PJÍT17Q av'Ic;; n:Qo8u~tov¡.1tvcp ''EK'IOQCT
OtTI:OK'It:ivou, 0t:oc; 01:,aa, OÚ'I(.vCTl TT(t.1';,, 0Js EYW OL~ll\'. l'
A POLOGLL\ DE SÓCRATES

D
Jiues l, -
01e:n? senores at, ~n1en
.
ses1 111.e pa:cc...,e que no se re- :uia
quiere demasiada defensa <p ara íT10str ~Lr> que no co1neto
el delito del que me acusa lVieleto. Basta con lo d icho. Pero
antes dije tarnbién que se ha gestado mucho encono en n1i
contra, de parte de muchos. "":i ténganlo por cierto. Pues lo
que rne condenará, si soy condenado, no son IVleleto ni A.ni-
to, sino, n1ás bien, la calu1nnia y la envidia de la gente. Lo
rnismo que ha condenado ya a n1uchos otros hombres ho-
nestos <me> condenará, creo, también <a mí>. Pues no hay b
temor de que <esto> se detenga conmigo.
Posiblemente alguien quisiera preguntar: <<¿No te aver-
güenzas, Sócrates, de haberte dedicado a una ocupación
por cau sa de la cual estás corriendo ahora el riesgo de n10 -
rir?» Y yo, como justa respuesta, le diría: «No es correcto
lo que dices~ si crees que un hoínbre que valga siquiera un
poco debe andar calculando el riesgo de v ida o muerte, en
vez de considerar, cuando obra, tan sólo si es justo o no
lo que hace, y si sus obras son propias de un hornbre rec-
to o vil. Pues tontos serían, según tu razonamient o , todos e
los semidioses que murieron en Troya, entre ellos, el hijo
de Tetis. Éste, frente a la alternativa de tener que sopor-
tar algo vergonzoso, despreció el peligro hasta ese punto,
cuando, deseoso de n1ata.r a Héctor, su madre, qu e era
dios a, le previno 1 según creo, más o menos co1no sigue :'~3

43. Sócrates remite aquí a la historia de Aquiles, tal como aparece


reflej ada por Homero en la Ilíada. Ante la muerte de su amigo Patro -
clo a manos del troyano Héctor, Aquiles debe vengar a su a rn igo, aun
' corriendo el riesgo de una muerte segura vaticinad a por su 1nadre, la
diosa Tetis. Para la conversación de Aquiles con su madre véase Ilíada
XVIII 65-144. Sócrates apela al caso de Aquiles por considerar que
eje1nplifica adecuadamente el principio de decisión formulado poco
' antes, según el cual, a la hora de actuar, debe considerarse tan sólo si
es o n o justo lo que se piensa hacer, sin importar qué consecuencias
negativas pudiera traer consigo el obrar de ese modo.
72 PLATÓN

<'0 ncü, el 'tL~lüJQtíanc; TiarrQÓKi\4) TC+J É-raÍ.QCl1 TOV cpóvov


KCí l "EK'tOQCl CT710K't:C:VElc;, autoc; Oí.TI08nvlj - C(l}TLKCT yág
TOL,> cp170[, <µE.8' "EKIOQCT 11ó1:~toi:; ÉT.oiµoi;> - ó ól 1:oü1:o
Óí.Koúaac;; 'IOÜ ¡~tlv 8avá.Tov Kai. rroú KLv~róvou c;Ji\LywQ17ar,
ª not\ú ói:: µai\i\ov bdaac; 1:ó ,11v KctKóc; ¿~,v Kai. Toic; cp(1'\0L~
~n7 'nµWQELV, <Aúrrí.Kct, >cpqaí., <TE8vaí.17v, ó(K17v ETn8dc; TWL
ÓLOLKOÚV'tl, i'.va µ~ tv8á.bc µivcl., KaTayÉi\aa1:oc;; TICTQct
v11uai. KOQWVL0lV ax8oc; lXQOlJQ17c;.> µ17 ainóv OLH cpQOVTLCTCU
8avárrou xai. KLvbúvou;»
ÜV'I(u YªQ i:xa, (0 aVÓQEc;; A817vaioL, TlJ ai\178 E(q· oú
&v 1:Lc; i:auTÓV 1:á~17 ~y17aáµt:voc; ~tA-rLaTov ELVCTL 17 ún'
ªQXOV'Iüc; Tax811, EVTCTÜ8a ()[L, wc; r.µoi. OOKEL, µtvovrra
KLvóuvt:úav, ~n7otv únoi\oyt,óµrvov µ1trr 8ávaTov µtjtE
ai\i\o µ17bi::v TIQO TOÚ lXLCTXQOÜ. tyw oúv ()[LVCT av d17v
e éLQyaaµévoc;, wavbQcc;; A8qvmoL, él OTé: µtv ~le oi ªQXOVTcc;

ETarr:1:ov, oüc; úµrü; di\ca8r iiQXELV µou, Kai. i:.v I1oTcLbaí.q


KcÜ i:v A~tcj)LTIÓAEL Kat tni. ~17i\(ey, rrÓTE µtv oú EKc.ivoL
ETCX'I'IOV i\té:VOV WCTTCEQ KCTL ai\i\oc;; Tlc; KC(l EKLVDÚVEUOV
á no8avt:'iv, TOÜ oi:: 8cOÚ 1:á1:1:ov-roc;, wc;; i:.yc0 4-J~817v '[é KCXL
ÚnÉi\a~ov, cpti\oaocpoüvrrá µe briv (l1v KCÚ E~c1:áC:ov1:a
[~lOLUTOV KCTl rr:ouc;; ai\i\ovc;, EV'tCHJ8a O[ cpo~178cL<; tí
29& 8ávocrov f] ai\;\' ÓT LO ÜV TIQliy~ta A.l710LµL T~V TCX~LV.
APOLOGÍA DE SÓCRATES

«H ijo, si vengas la rnuerte de -'·u compa.ñero Patroclc /


matas a Héctor, tú mismo rnorirás; pues, tras I--'léctor, el des-
tino estará presto de inmediato para ti>>:1·1 Pero él, h abién-
dola escuchado, desdeüó la n1uerte y el peligro, por terner d
mucho más el seguir viviendo como un cobarde, sin vengar
a los amigos, y replicó: «Que muera de inmediato, tras haber
ajusticiado al culpable, con tal de no quedar aquí,junto a las
cóncavas naves, como objeto de ris a y lastre de la tierra».'15
¿Acaso crees que se preocupó de la muerte y del peligro?»
En efecto, señores atenienses, así es en verdad: donde
uno mismo haya tomado posición por considerar que es me-
jor, o bien donde haya sido apostado por un superior, allí es,
me parece, donde debe pennanecer y afrontar el peligro, sin
tener en cuenta la muerte ni ninguna otra cosa antes que la
deshonra. iExtraña sería mi conducta, señores atenienses, e

si, después de haber permanecido, como cualquier otro, en


el puesto que n1e asignaron los superiores designados por
ustedes para comandarme, en Potidea, en Anfípolis y en
Delión, y habiendo afrontado <allí> el peligro de morir,
ahora que el dios me asigna, según he creído y aceptado, el
puesto de vivir filosofando y examinándome a mí mismo
y a los demás ? tuvie ra, e n cambio, miedo a la muerte o a 29a

cualquier otra cosa, y abandonara mi puesto! •11J

44. Cf. l líadaXV III 95-96. Sin embargo, como es habitual en Platón,
la cita no es textual.
45. Cf. llíada XVIII 98, 104. Tampoco en este caso la cita es com -
pletamente textual.
46. Sócrates remite aquí a su participación en tres episodios bélicos,
las batallas en Potidea, en Anfípolis y frent e al templo de Apolo Delio.
La batalla de Potidea, en la p enínsula de Calcidia, tuvo lugar en el
431 a. C., cuando Sócrates tenía unos 37 años. Sócrates se destacó
por su coraje, entre otras cos as, al salvar la vida de A lcibía des. A l
comportamiento de Sócrates en este episodio se remite en Simposio
219 e, donde Platón pone un elogio de Sócrates en boca de Alcibíades.
En la batalla de Anfípolis, en Tracia, en el año 42 2 a. C. los atenienses
sufrieron una derrota a manos ele Esparta. Ésta es la única referenci a
PLATÓN

bc: tvóv 'tOLV d11, KCÜ (~,e; cv\riecoc; TÓT·, av ~le ()LKal(vc; ELaáyoL
'ne; rLc; OlKCTCTTTÍQLOV, frn Oll VOfJ.l'W 8colJc; éLVCH arra0c~JV '[~
!~tavTELQ'. Kai. bcóLwc; 0áva'tov Kai. otóµrvoc; aocpoc; dvcu ot,K
WV. 'TO yáQ 'rül 0ávaTOV bcolÉvcu, có <XVOQ[c;, OVOEV ai\i\o
{01:i.v 11 ()OKELV aocpov ELVCU µ17 OVT(X" OOKELV YªQ fL()[VCU
iarci.v & oúK oiot:v. o[bc ~ttv yaQ 01Jodc; 'TOV 8á.vaTov oúo' d
Tvyxávc l 'I(0 av8Q(Ó71C+J TIClV'TWV µtyta'TOV óv 'T&JV ayaewv,
Oé:ÓlCTCTl b' wc; EÚ doÓTcc; OTL µtyLaTOV T(~)V KCXKWV EU'CL.
h KCTÍ 'IOVTO TI0J<;. OlJK aµa8í.a i:arri.v lXl'T17 T] E710VflOLCTTOc;, ~
'TOU Olcü8a.L ELÓÉVCU & OlJK oiocv; iyw o', cr., OLV()QEc;, 1:0ÚT4J
KCTL EV'TCOJ0a. Iawc; bLacpÉQW T&JV rroi\i\.wv av0Q(~TCWV, KCXL
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ÓvTa Tuyxávn. oúbinoTE cpof3~aoµaL ovbt cpcú~oµat·
A POLOGÍA DE SÓCRATES 75

Extraño serfa.5 por cieri.:o. -1\ en 'i:al caso,, sería reah11'""ntP


justo que se me hiciera coxr1parece:r ante un t ribu nal por no
creer que existan dioses, ya que estaría de ... obed:::ciendo 2J
oráculo, temiendo a la n1uer te y creyendo ser sabio sin serlo.
Pues tenerle miedo a la muerte no es otra cosa, señores, que
creer ser sabio sin serlo, ya que es creer saber lo que no se
sabe. En efecto, nadie sabe si acaso la muerte no resulta ser
el mayor de todos los bienes para el hon1bre. Y, en cambio,
se la teme como si se supiera con certeza que es el peor de los
males. ¿y cómo no va a ser justamente ésta la más censura- b
ble ignorancia, la de creer saber lo que no se sabe? Ta1nbién
en este caso es eso, posiblemente, lo que me distingue de
la mayoría de los hombres. Y si pudiera decir que soy más
sabio que alguno en alguna cosa, sería ciertamente en que~
no sabiendo lo suficiente acerca de las cosas del <lugar> de
Hades, estoy consciente ta1nbién de no saberlo:P .Pero sí sé,
en cambio, que es malo y deshonroso cometer injusticia y
desobedecer a alguien superior, sea un dios o un hombre. 48
Y, por cierto~ ante los males que me consta que son males,
jamás ten1eré ni rehuiré aquellas cosas que no sé si acaso n o
resulten ser buenas.

a una eventual participación de Sócrates en este e pisodio bélico. Por


último, en la batalla frente al santuario de D elión, en Beocia, en el
año 424 los atenienses fueron vencidos por los beocios. En Simposio
221a y Laques 181b se hace referencia al valiente comportamiento
de Sócrates durante la retirada.
47. Ver nota complementaria p. 150.
48. Sócrates juega aquí conscientemente con una cierta ainbivalen-
cia en la noción de lo «superior», la cual permite el paso del sentido
propiamente militar del término a un significado más general de tipo
religioso, que alude a la debida obediencia a los dioses. Esto le permite
a Sócrates reforzar el paralelismo trazado entre su actitud en el fren te
de combate para defender a la ciudad y su actitud de obediencia al
servicio encomendado por el dios: en ambos casos se ha mantenido
firme en la misión encomendada, sin abandonar su puesto.
PLATÓN

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APOLOGÍA DE SÓCRATES

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no le dieran crédito a Ánito, ~liando afirn1ó qu2 rnás va1drfa.


que desde un principio yo no hubiera co1np2recido aqui, y
no que, habiendo comparecido, no se pudiera condenarn1e a
muerte, diciéndoles que, de salir yo iinpune, los hijos de us-
tedes pondrían enseguida en práctica lo que Sócrates enseña
y se echarían a perder todos por completo ... Pues si ustedes,
al contrario, me dijeran: <<Sócrates, ahora no le haremos caso
a Ánito sino que te dejamos libre, pero con la condición de
que no pierdas más el tiempo en esta clase de indagación ni
andes filosofando, pues si te sorprenden haciéndolo de nuevo, d
perecerás», si, como digo, me dejaran libre en estos términos,
1
entonces yo les respondería: «Señores atenienses, los aprecio
y estimo, pero le haré más caso al dios que a ustedes. Mientras
todavía respire y sea capaz, no voy a dejar de filosofar, de ex-
hortarlos y también de poner en evidencia a aquel de ustedes
con quien ocasionahnente m e encuentre, diciéndole lo que
acostumbro <a decir>: «Tú, distinguido señor que, como ate-
niense, perteneces a la ciudad más grande y prestigiosa por su
cultura y poder, ¿no te avergüenzas de andar preocupado de
obtener la mayor cantidad posible de riquezas, fama y honra~ e
sin preocuparte ni hacer caso, en cambio, de la sabiduría, de
la verdad y tampoco de tu aln1a, como para que llegue a ser
lo 111ejor posible?». Y si alguno de ustedes lo pone en duda y
afirma que sí se preocupa < de estas cosas>, no lo dejaré ir
enseguida ni tampoco me iré yo, sino que lo interrogaré, lo
exa1ninaré y lo refutaré. Y si me da la in1presión de no poseer
virtud, a pesar de afirmarlo, le reprocharé el h echo de que dé 3oa
menor importancia a las cosas de mayor valor y n1ayor im-
portancia a las de menor valor. Tal será n1i proceder con todo
aquel con quien me encuentre, sea joven o viejo, del extran-
jero o de la ciudad, pero, sobre todo, con ustedes, mis conciu-
dadanos, que me están más cercanamente en1parentados.~ 9

49. Ver n ota complementaria p . 150.


PLATÓN

Ta.freo. YªQ Kt:)u:Úcl ó 8éÓc;, [V LCT'Cé, K(Xl iyw o1oµcu ouotv 71:6.i
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1
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XQÍ]µaTa KlXl TC\' ou\;\a aya8a TOLc; a.V8QWTIOLc; CTTTC<VTCT KCT.l
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Olf'IlU KCTL ai\Aoc; ·-de; TTOU ~..tcyái\a KlXKá, tyw b' OUK oroµcn,
APOLOGÍA DE SÓCRATES 79

pues e so? sépan:o bien? es lo que ordena el dios? y yo creo


que no ha habido para ustedes todavía ningún bien mayor
en la ciud ad que este servicio mío al d ios. Pues no hago otra
cosa que dearobular tratando de convencerlos a ustedes, jó-
venes y viejos, de no preocuparse tanto de sus cuer p os y de b
las r iq uezas, ni tan intensamente como del alma~ a fi n de
que ésta llegue a ser lo mejor posible, diciéndoles: <<De las
riquezas no surge la virtud, sino que es por causa de la virtud
como las riquezas y las demás cosas llegan a ser, todas ellas,
buenas para los seres humanos, tanto en lo público como
en lo privado». 50 Si es diciendo estas cosas como corrompo
a los jóvenes, lo que digo tendría que ser perjudicial. Y si
1
alguien afirma que digo cosas diferentes de éstas, habla en
vano». Yo les diría también: «Señores atenienses, ya sea que
1
le hagan caso a Ánito o no, ya sea que me dejen libre o no,
yo no obraría de otro modo, ni siquiera si tuviera que morir e

muchas veces».
No alboroten, señores atenienses, sino manténganse en
lo que les pedí: no hagan escándalo ante mis afirmaciones
y sigan escuchando. Creo que sacarán provecho si me oyen.
Y, por cierto, les voy a decir todavía otras cosas por las cua-
les querrán ponerse a gritar. Pero no lo hagan de ninguna
manera. Pues sepan bien que si me n1atan por ser tal como
ies estoy diciendo, me harán menos daño a mi que a ustedes
mismos. A mí, en efecto, no me harían ningún daño Meleto
o Ánito, ya que ni siquiera podrían hacerlo. Pues, creo, no d
está permitido que hombre que es mejor reciba daño de par-
te de u no que es peor. Por cierto, éste tal vez podría matarlo
o desterrarlo o bien despojarlo de sus derechos ciudadanos.
' Y creerá posiblemente, como también seguramente algún
otro, que éstos son grandes males. Pero yo no lo creo así, sino

50. Ver nota complementaria p . 1.51.


80 PLATÓN

óu\i\c\ noi\v ~tai\;\ov TIOLELV a OÚ'COCTL vüv TIOLEL, avbqa


a b[Kwc; E7HXéLQélV CTTIOK'Cf lVÚVC<L. v uv OlJV, (~1 avbqrc;
ASrivaioL, rcoAi\oü biw iyc0 úni.:Q i~icnJ-rov cinoi\oyria8aL,
W½ '[Le; av Olül'CO, cu\.í\ a ÚTIEQ Ú~l(OV, µtí TL E~aµáQTf]Tf TIEQL
'[~V TOÜ 8EOÜ OÓCTLV úµiv tµoü KCT.Ta4117q)laáµEVOL. iixv yáQ
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lXTEXVW<;, EL Kat ycAoLÓTcQOV ELTIELV, TIQOUKcLµt:vov 1:q
rrói\a úno TOÜ 8t:oü (0CTTié.Q LTI71~ µcyáAc:-,1 µtv KC<l ycVVCTL4J,
úno µcyÉ8ov<; bi: vw8Ea'LÉQC~ Kai. bcoµi:ve:-,1 i:yt:LQEa8c:u
úno µúwrró~ TLvoc;· OLOV btí µoL bOKél ó 8coc; iµt Ttj nó;\n
TIQOCTTE8f1KÉVaL - TOLOÜTÓV TLVa, oc; Ú~tiü; EYELQWV KCÜ
Jfa. n:r(8wv Kai. ÓVELO(,cov lva EKaatov OtJbi.:v naúo~taL T~V
f]f-lEQCTV OÍ\T]V TiaVTUXOÜ TIQOUKCT8L(CuV. TOLOÜTO<; OtJV
&i\i\oc; oü Qqbí.wc; ú~üv yt:vtjarTcu, wavbQE<;, ai\;\' iav iµoi.
nr(BriaBE, <pclCTé.CT8É ~tov· úµrü; o' Iawc; 'Táx' áv cix8óµcvOL,
r:I ( I .,,,. -, I I V

WUTI[Q OL vvarra~OV'C[<; EYELQO~léVOL, KQOVCTC<V'Cé<; av ~té,


TIEL8Ó~tEVOL AvÚ'rCfJ, QC<Loíwc; &v anoKTELVCTLTE, rl'Ca TOV
AüLTIOV f3íov KCX8éÚOOV'Cf(_; ()LCTTEAOL'Cé av, El µtj TLVCT. ai\.;\ov
ó 8roc; ú~üv ETILnɵ'f'EléV Kf1bóµrvoc; úµwv. 01:L b' iy¿_1
rrvyxávcv (~V TOLOÜ'CO<; oioc_; úno 'COÜ 8éOÜ 'rl] nó;\a brbóa8cn,
b iv0Évor iiv Karcavotjaanc· oú yaQ av8Qwn(vcty EOLKE 'CO ¿\tr
'rWV µi:v iµauTOÜ TICXV'CWV 17µci\llKÉVal Kai. avixca8cn '[WV
OLKéLWV aµt:AovµÉV(L)V '[QU(XÜ'ra ~º11 E'rll, TO bi: úµÉ'rEQOV
71Qá'rTELV ar[, ib(a.L ÉKáa'rcty TIQOCTLÓv-ra wanEQ na'rÉQa tj
abc.Acpov TIQECT~lJ'[f.QOV TIEL80V'[C( f.TILµcAéia8aL CtQET.~c;.
APOLOGÍA DE SÓCRATES 81

que mucho peor es hacer lo que él está haciendo ahora mi~-


rno: en1peñarse en dar 1T1uerte injustarnente a un hombre. :>]
A sí q ue ahora, contra lo que podría creerse, no estoy e

hacien do 1ni defensa por n1i propio interés - lejos de ello- ,


sino, más bien, por ustedes, a fin de que no cornetan u n error
res pecto del don que el dios les dio, decretando mi condena.
Pues si me matan, no hallarán con facilidad otro que literal-
rnente, aunque resulte bastante ridículo decirlo, haya sido
enviado por el dios al acoso de la ciudad, como si ésta fuera
un caballo grande y noble, pero más bien lerdo a causa de su
tamaño, que necesita ser azuzado por una especie de tábano.
Como tal , creo, me ha impuesto el dios a la ciudad, para que
no cese de andar posándome por todas partes, azuzándolos, 31a

persuadiéndolos y haciéndole reproches a cada uno de uste -


des . Por cierto, señores, no van a tener fácilmente otro con10
yo. Así que háganme caso y déjenme vivir.
Pero tal vez ustedes, irritados como si se los despertara
cuando están entrando en sueños, me lancen un manotazo
y me maten sin 1nás, haciéndole caso a Ánito. 52 Y, en t al
caso, seguirán durmiendo indefinidamente por el resto de
la vida, a no ser que el dios, compadeciéndose de ustedes, les
1
envíe otro como yo. Que tengo precisamente esta función
y <así> he sido asignado a la ciudad por el dios podrán
reconocerlo en el hecho de que no parece ser algo <n1era- b
mente> humano el que me haya despreocupado de todo lo
mío y tenga descuidada mi casa durante tantos años ya, para
andar ocupándome sien1pre de los asuntos de ustedes, acu-
diendo privadamente a cada uno, como un padre o un her-
mano mayor, que los persuade de preocuparse por la virtud.

51. Ver nota complementaria p. 152.


52. Con la imagen del manotazo para darle muerte Sócrates continúa
la comparación con el tábano que molesta a quien está a punto de
quedarse dormido, introducida poco antes .
PLATÓN

Kai. d µtv 'H arra 'COlYrWV CT7H~Aauov KC\'.l µ LCT8óv Aaµ~áV(vV


"Caürca TICTQfKEArvóµ17v, ELXOV dv "CLVa Aóyov· vuv be ÓQCT.'Cc
b~ Kai. Oí.U'COL O'Cl oi KaTlÍYOQOL nxAAa návTa avcuaxúvtúJc;
º -- _, "! e, ., '
ovTw KaT11yoQOUV'Ccc;, rrou"Co ye ou x otot 'tE cycvovrco
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'nva 11 ETIQa~áµ17v µta86v ~ 1}n7aa. LKavóv yáQ, oIµat, i:yw


71CTQÉxoµcn 'COV ~láQTVQa wc; aA118iJ Atyw, 'CT]V TCEVLCTV.
"Iawc; av ouv OÓ~ELEV lX'COTIOV clVCTL, O'Cl 017 iyw LOLC<L
µtv -rafn:a auµ(3ouAEúw TCEQLLWV Ka i. 110AurrQayµovc~,
l>11µoa[q bt ov rroA~tw ava~a[vcov Eic; "CO rrAfJ8oc; reo
úµÉ'rEQOV auµ~ouAEÚELV nj rróAa. 'tOÚ'COV or. atrctóv i:anv
o úµEic; i\tou rroAAáKLc; a1<171<Óa"CE rroAAaxoü Atyoyrroc;,
d Ó'n µo t 8{i:óv "Ct Kai. batµóvtov y(yvcrrat, o b~ Kai. tv rr~
yQacp1J ETTLKWµf~owv MÉln7rroc; iyQátparro. iµoi. bt 'Coúrr'
iarrtv EK nouboc; CTQ~áµcvov, cpwv1í 'CH; ytyvoµÉv17, f) ó-rav
av
yÉVfl'tOLL, CTEL aTIO'tQf7Cé.'.L µe 'tOÜ'tO O µtAAw TIQá'C'tHV,
71QOTQÉITEL bi: ourro'CL 'Coüir' larrtv o µot rvavirtoürccn
'Ca rcoAt'tLKa ITQCX.'t'tELV, Kal. nayKáAwc; yÉ µot ooKÜ
ivaV'tLOua8ae EV YªQ LCT'Cé, w lXVOQEc; A811vaLOL, él i:yw
rróu\cu ETIEXEÍQ11ªª 71QáT'Cf LV 'ta rcoAnu(a rrQáyµarca,
e náAcu av arr0Ac{JA11 Kai. ourr' b..v Ú~téic; wcpcA1ÍK17 ouoi:v oih:'
áv E~lav-róv. KCTL ~lOL µ~ ax8t:a8E AtyovTL rraA178i]· ou yaQ
ECT'rLV oairLc; av8Qwnwv aw01íac1tcu ourrc ,~,µiv oÜrrE ciAAcvL
11i\tj8cl oubcvt yv17a[wc; evavrrtoúµt:voc; Kai. btaKwAúwv
TioAAa aOLKa Kai. 1taQávoµa EV 'tlJ rcÓAé:L y[yvca8aL,
32a ou\;\' avayKa'ióv ECTTL 'TOV T4°J ÓV'tl µaxoúµrvov ÚTTEQ
irou ÓLKa[ou, 1eai. ci µiAArt ól\[yov XQÓvov aw81íaEa8at,

_j
APOLOGÍA DE SÓCRATES

Si hubie:ra sacado algún partido de ello o hubiera obten;do


un sueldo por exhortarlos a esto, habría tenido algún xr1oti-
vo. Pero, en can1.bio, ustedes mis1nos están viendo ahora que
rnis acusadores, que tan desvergonzadamente me han impu-
tado todas esas otras cosas, no han sido capaces de llegar a
la desvergüenza de afirmar por medio de algún testigo que e

yo haya recibido o solicitado alguna vez una paga. Pues yo


~í estoy presentando un testigo suficiente, creo, de que digo
la verdad: mi pobreza.
Ahora bien, podría tal vez parecer extraño que, por una
parte, yo ande deambulando y entrometiéndome para dar
estos consejos en privado y, por otra, no me atreva a apare-
cer antes ustedes cuando están reunidos en asamblea y dar
así consejos a la ciudad. La causa de esto es algo que ustedes d
me han oído decir muchas veces en muchos lugares: que
se me presenta una <señal> divina y extraordinaria, como
también lo indicó Meleto, a modo de burla, en su acusación
escrita. Esto comenzó a ocurrirme ya desde niño, y es como
una voz que, cada vez que se presenta, me aparta de lo que
estoy a punto de hacer, pero, en cambio, nunca me incita < a
hacer algo>. 53 Esto es lo que se opone a que yo intervenga
en los asuntos políticos, y me parece que hace muy bien en
oponerse. Pues tengan por cierto, señores atenienses, que
si hace años hubiera intentado participar en las actividades
políticas, habría perecido también hace años, y en nada les
hubiera sido útil a ustedes, ni a mí mismo. Y no se disgusten e

conmigo, si les digo la verdad. No hay nadie, de hecho, que


pueda mantenerse a salvo, si tiene la nobleza de oponerse a
ustedes o a cualquier otra asamblea popular e impedir que
en la ciudad ocurran muchas cosas injustas y contrarias a
la ley. El que realmente combate por la justicia, si ha de 32a

per manecer a. salvo aunque más no sea un breve tiempo,

53. Ver nota complementaria p . 152.


PLATÓN

i_blüJTéÚclV ai\i\a µ17 017~toau-:úav.


1

l\1fr:ycxi\o. 0 fywyé Úp_iV 'TEKµtjQLlX TTCXQÉtoµcu 'TOÚ'TüJV,


ov i\óyovi:;: ai\A' O {iµcic; ·nµa.1:E, EQYCL C(KOÚCTct'Té b1í ~tül
rra avp~c~171<ó1:a, tva éibfirrr O'TL otio' áv ÉVL únn1<á80LµL
TTCXQU TO btKCXLOV bd.aac; 8ávarrov, µ17 llTTfLK(uV ()f. ai\i\a
KOCV anoi\0[µ17v. EQC0 bi:: ú~üv cpüQ'tlKC{ ~lfV KCXL OLKCXVU(Cl,
óu\ri8f] bL tyw yáQ, wCT.VOQEc; A817vaioL, ai\A17v µtv CtQX~V
h oúbt:~Üav nwnorrr 17Qta i.v rr17 nóAEL, t~ovi\cvaa bi:· KaL
l1:vxrv TÍ!J.COV 11 cpvA17 Av'noxi_~ TIQVTavn~,ovaa OTE úµEic;
APü L.OGiA DE SÓCRATES

deberá forzosarnente actuar en el á~ __ bito pri rado, y no en


el público. 54
Yo mismo les ofreceré pruebas contundentes de esto, no
palabras, sino h echos, que es lo que ustedes aprecian .55 Oi-
gan, pues, lo que me ha sucedido, para que sepan que no
har ía concesiones a nadie en contra de lo justo, por temor a
la muerte, y que estaría dispuesto a morir en el acto, con tal
de no ceder. Lo que voy a decirles es vulgar y recurrente en
los alegatos forenses, pero es verdad. 56
Por cierto, señores atenienses, no desem peñé jamás n in- b
gún otro cargo en la ciudad, excepto haber sido miembro
del Consejo.57 Nuestra tribu, la Antióquide, 58 se hallaba en
el ejercicio de la pritanía, 59 cuando ustedes resolvieron en la

54. Ver n ota cornplementar ia p. 154.


55. La oposición entre los «hechos» (erga) como pruebas más con-
tundentes y las meras «palabras»(lógoi) es una figura habitual en la
retórica forense de la época.
56. También forma parte de las prácticas habituales en la retór ic a
forense que el acusado incluya en su defensa un elogio de sus obra s
o de los servicios que ha prestado. Sócrates se distancia de estas
prácticas habituales de autoalabanza, calificándolas de v ulgares y
enfa tizando el hecho de que lo que va a contar acerca de su actuación
pública es simplemente la verdad.
57. Véase arriba nota 37.
58. Una de las d iez tribus de Atenas, que enviaban sus representantes
al C onsejo.
59. En períodos normales, los 50 miembros de cada tribu asumían
durante un período de 35 o 36 días las funciones de una especie de
comisión ejecutiva del Consejo, que tenía la principal responsabilidad
en el manejo de los asuntos públicos en los períodos comprendidos
entre las reuniones de la Asamblea. A tal función institucional se le
daba el nombre de pritanía, y los miembros del consejo que la desem-
peñaban en cada caso eran denominad os prítanes. El orden en que
cada tribu se hacía cargo de la pritanía era detern1inado por sorteo.
Entre los prítanes se elegía cada día por sorteo un miembro encargado
de presidir las reuniones. Aunque no lo menciona de modo expreso,
en el momento de los sucesos referidos en al pasaje, Sócrates tenía
precisamente a su cargo, al parecer, la función de presidir la pritanía.
86 PLATÓN

TOÚt; OÉKa CTTQCT'It7you~ Tül)c; OlJK avEAoµivouc; TOVc; [1( 'ttjc;


vav~tax[ou; trovi\rúaaa8E á8QÓOvc; KQLVELV, TICtQavóµwc;;,
~,e; iv 1:4,J ÚaTÉ.QCf.' XQÓvey rra.aLv úµiv lbo~cv. 'IÓ'r' i:yc~ µóvoc;
'IWV TIQUTávrwv ~vav-rLw811v úµiv ~n7btv n:oLÜV naQa Toúc;
vóµouc; KCÜ rvav·da i:tt'1l<t>LCTlX~HlVº KCÜ ÉTo(µwv OV't(,JV
[VOELKVÚVCU µE KC{L C(TICXYELV '[(v\J QT]'IÓQWV, Kai. úµwv
e KEÍ\Evóvrwv Kai. ~owvrwv, µc'Iet TOÜ vó~tou Kai 'IOÜ bLKa(ov
41µriv µai\i\óv µe büv bLetKLvbuvn_~lELV i] µc8' úµcov yt:via8aL
µ17 b(KaLa ~ovArvoµÉvwv, q>o~178Évrra braµov 11 8á.va'Iov.
Kai. 1:avrra µtv 17v ETL b17~tOKQC<TovµÉ.vr1c; Tfic; TIÓi\Ewc;. innb~
()f. óALyaQxia iyt.vero, oi TQllXKOVTCT au µeraTicµtj;á.µEVOL
µE ru\trr,:ov aúrrov Eic; ,:17v 8ói\ov nQoaÉ,:a~av ayayúv
EK .[,aAaµivoc; J\ÉovTa rrov r.aAaµivLov tva ano8ávor
oia b~ 1cai. al\.Aou; EKf.LVOL noA;\oic; noi\l\.a 71QOCTÉTCT'I'IOV,
APOLOGÍA DE SÓCRATES

Asarnblea soroeter a juicio conjunto a los diez generales que


no habían recogido a las <victirnas> del combate naval, lo
cual era contra la ley, coro o posteriormente todos ustedes re-
conocieron. En aquella ocasión fui yo el único de los prítanes
que se les opuso, a fin de que no se hiciera nada fuera de la
ley, y voté en contra. ·y cuando los oradores se aprestaban
a denunciarme y hacerme arrestar, y ustedes los animaban
vociferando, yo consideré que era preciso correr el riesgo e

permaneciendo del lado de la ley y la justicia, antes que ali-


nearme con ustedes en la adopción de resoluciones injustas,
por miedo a la cárcel o la muerte. Esto sucedió cuando la
ciudad estaba todavía bajo el régimen democrático. 60
A su vez, después del advenimiento de la oligarquía, los
Treinta me mandaron llaxnar al Tolo 6 1 y me ordenaron que,
integrando un grupo de cinco, fuera a traer de Salanlina a
León el Salaminio, para darle muerte. Por cierto, también a
otros muchos solían irn partir este tipo de órdenes, con la in-

60. S e refiere al juicio a los miembros del generalato tras la victoria


ateniense sobre Esparta en la batalla naval de las Arginusas en el
año 406 a. C. Los generales fueron acusados por no haber logrado
recoger a la tripulación de las naves dañadas o, tal vez, a los cadáveres
de los caídos en el combate, a causa de una tormenta. Se los juzgó y
condenó a muerte por tal motivo. Sócrates, por su parte, fue el único
de los prítanes que se opuso a que los generales fueran sometidos por
la Asamblea a un juicio conjunto, y no individua.1.Jenofonte refiere
detalles de la historia. Véase 1-lelénicas I 7, 4 ss.
67. El régimen conocido corr10 la Tiranía de los Treinta accedió al
poder por imposición de Esparta, tras la rendición ateniense del año
404 a. C. El objetivo de su gestión era, en principio, elaborar una
nueva constitución de orientación oligárquica. Pero sus miembros
terminaron usurpando el poder en favor propio. Este régirnen, en el
cual tuvo papel protagónico Critias, el tío de Platón, se caracterizó
por sus abusos despóticos. El Tolo, también llamado la Sombrilla
por su forma circular, era una ed ificación exnplazada en el ágora,
destinada a las reun iones de los prítanes. Los Treinta la ocuparon y
la emplearon como sede para las reuniones de gobierno.
88 PLATÓN

~ovi\óµrvoL c0c; ru\da'Tovc; avanA:fiacu ai.TLC7Jv. 1:Ó'TE ~ttvi:oL


rl ryc0 ou i\óye+J ai\A EQY4' a{, ivEón~á~n7v orrL iµoi. 8aváTov
f.-lEV pti\a, ú µ17 ªYQOLKÓ'rcQOV ~v eLn:Eiv, oóó' ÓrrLoüv, rroü
bt ,..n7ólv CXÓLKOV µ17ó' avócnov rgyá,ra8aL, 'TOll'TOV ÓE '[()
ni.iv µt1\a. i:µi:· yaQ EKELV17 Y] CTQXll ovK i~tni\17~cv, oÜrrüJc;
iaxvQCX ovaa, (0CT'Lé CTÓU('.ÓV '[l t:QyáaL1-CT8cn, ai\i\' [71[LÓ~
ix rr~c;: 8ói\ov t~i]i\8oµrv, oi. !J~EV rrÉT'rctQEc; i)xovrro eic;
Lou\a~üva KcÜ 1\yayov AÉovrra, tycJ ór c~xóµ17v an:Lwv
oiKabL Kai taw.;; áv bux 'Taü1:a c\n:t8avov, EL ~n7 ~ CTQX~
e OlCT 'tOLXÚtJV KCT'té:i\Ú8fl. KCTl TOlJT(uV ü~tiv ECTOV'CCTL noi\i\oL
f.-tÓí.Q'TVQcc;.
AQ' o{,v &v ¡..te oita8r rroaáóE i1:17 ÓLayt:vÉa8aL el
ingarrov TO/. ó17~tÓCTLa, KCÜ TTQáT't(L1V a~í.wc; CTVÓQOc;
aya8oü i:f3oi]8ovv '[Ole; OlKctlülc;: KCÜ, é{,1anEQ XQll, TOÜ'TO
TiéQi. TTAclO'TOU ETIOLOúµ17v; 110Ai\ou ye ÓEi, w CTVÓQEc;
A8qvoÜOlº OVÓ[ YªQ av d:Ai\oc; civ8QW71WV OÚÓcLc;.
33a ou\i\' {yw bu\ TIOLVTOC:: rroü f3í.ov oriµoaí.q 'LE él TTOÚ 'Tl
ÉnQa~a Totoürcoc;: cpcrvoü~tcu, KCÜ ió(q¡. ó au1:o½ oúi:oc;,
oubcvl TT(~1n0Tc: avyXü.JQÍ]aac; oúói:v 11aQix 1:0 o(Katov
oü1:r óu\Ju:fJ oi'.vu:: 'IOÚ1:wv ouoEvi. o{\:; ó~ bLaf3ái\l\OVTEs
APOLOGÍA. DE SéJCRATES

tención de hnplicar ,2 n delitus a hi T.nayor cantidad posibleY1


Pero tan1bién en esa oportunidad puse de n1anifiesto, no de c.,
palabra sino con los hechos, que la muerte no rne in1porta
un con1ino - perdonen la expresión un tanto ruda-, sino que
lo ú nico que me importa es no cometer ninguna injusticia
ni in1piedad. En efecto, aun siendo tan violento, aquel régi-
men no n1e atemorizó tanto corno para que cometiera una
injustic ia, sino que , tras salir del Tolo, los otros cuatro se
d irigie ron a Salamina y trajeron a León, pero yo los dejé y
me fu i a casa. Probablemente hubiera perecido por esto, si
el gobierno no hubiera sido derrocado poco después. 1i 3 De
estos hechos ustedes pueden tener también n1uchos testigos. e
Pues bien, ¿creen acaso que yo hubiera llegado a un a
edad tan avanzada si me hubiese dedicado a los asuntos pú-
blicos, y si, actuando como es digno de un buen ciudadano,
hubiese salido en defensa d e las causas justas, poniendo esto,
como es d ebido, por encin1 a de todo ? Ni remotamente, se- 33a
ñores atenienses. Pues tampoco lo hubiera logrado ninguna
otra p ersona. Pero, por mi parte, he puesto de n1anifiesto a
lo largo de tod a nü vida una misma actitud, tanto en público,
cuando ocasion almente tuve alguna intervención, como en
privado, ya que no hice nunca a nadie ninguna concesión
contraria a lo justo, tampoco a alguno de esos que, según se

62. Salamin a es una isla situada en el golfo de Sarónica, frente al


Pireo, puerto de A tenas. Le ón era un homb re adi nerado, que había
sido una de las fi g uras p rominentes en el gobiern o democrático.
Como muchos otro s líderes d e dicho régimen, debió huir ante la
llegada de los Treinta al pod er. Sus bienes despertaron Ia codicia de
los Treinta. Por otra par te, con el encargo de detenerlo los jefes del
régimen de los Tr ein ta prob able1nente intentaron poner a p rueba
la lealtad de Sócrates y de u n dete rminad o grupo de ciudadanos.
El ca so adquirió gr an n otoried ad entre los a ten ienses . Véase p. ej .
Jenofonte, H elénicas II 3, 39; P latón , Carta VII 324d-325a.
63. El r égime n d e los T r einta sólo pudo sostene r se ocho meses en
el poder.
PLATÓN

ip É (})CXCTlV i\toúc; i--ta8qrrac; dvcu. iyco ()f ()L()D'.CTKaAoc; 1--d:v


oÚÓEVOs nwnoT' iyEvóp17v· el bé -r(c; pov i\iyovTo<:; KaL Ta
t p aui:oü 71QÓlTTov-roc; b n8vpoi aKoúnv, i::iTE vni,TEQOc; cL'rE
'HQcCT~ÚTtQoc;, oúbEvi. nwno1:r úp8óv17aa, ovbt XQtjµaTa
¡) µ i:v Aap.f3ávcÁ,v btai\tyoµa L1--lTl Aaµf3ávwv bt oú_, aAX
óµ.o(wc; KOÚ re.Aova[~ KCÜ TTÉv1rn 'TTlXQÉ'.XüJ tµavTOV EQ(.v'ClXV,
KOLL iáv 'Tl<; í3oúi\1rcal CT710KQLVÓµrvoc; lXKOÚE.LV cóv áv i\Éycv.
\ F ') \ 1/ \ , V / ~ T\

Kou. TOVTcuv ryw HTE TL<; XQ17arroc; YLYVETaL ELTE 1--u7, ovK av
btKatetJc; -c~v ahícxv únéxotµL, c0v ~t~TE ÚnEaxóµT]v µT]bt:vi.
~-117btv rrwnoTE µá8rt1--ta µ1írrt: i:b[bal;o.: d. oi rr[c; <:pflCTL naQ' -·
lp.oü 'ITWTIOTÉ Tl 1..ta8Eiv 1'1 CTKOÜCTlXl tÓÍlXl Ó'n 1--lll KCÚ oi ai\AoL
návTEc;, rú ia1:r o--rl oúK aA17 e11 AtyEL.
Ai\Aa Ola TÍ.. btj 7(01:é µer' i:µoü xaíQOVCTL 'ClVEs TIOA.UV
e XQÓVOV OllXTQl~OVTcc;; aKrp<ÓCTTE, w avbQEt; A817vaLOL,
naaav ú~üv 1:17v ou\tj8cLCTV i:yco t:Inov· O'C l CTKOÚOV'ré~
x a[Qovatv i~t:Ta(.oµivotc; Toic; oto~tÉvo tc; µtv rivaL
aocpoü;, OtJCTL o' ou· [CTTL YªQ OVK a1it>éc;. iµoi. ()f TOUT0,
(~)<; i:yw cpflµL, 7tQOCTTÉ'IaKTCU Úno 'tOU 8c.OÜ TIQCX't'([LV KlXL

be µav'tELCvV Kat i.~ ivvnv[wv Kai. navi:i. 1:QÓTT.lfJ c~nÉQ


1:(c; 71:0'TE KOll ou\i\17 8E[a µotQa OLV0QWIT(~ KCÜ Ó'CLOÜV
TIQoatrra~f. nQáT'tELV. rraü-ra, w·
avÓQEc; A8rivaioL, Kai.
á Ari8f] ECT'UV Kai.. EuÉAEYK'IOL EL yaQ b17 i::ywyc -rc~JV vi.wv
ª -roúc;: µtv buxcp8i[Qw rroúc; ot óu:cp0aQKa, XQ11V otjnou, Ehc
1:1..vtc; cuJrrwv TIQECT~ÚTEQOl ycvóµrvo t lyvwaav O'tl vÉo L~
OUO"lV aÚTOL½ i.yw KCTKOV nwnoTÉ 'H GVVE~oúi\Evaa, vvvi.
aú-ro{,~ avaf3a[vov'tou; i.~toü Ka1:17yoQELV Kai. rrtµwQc'ia8ar
APOLOGÍA DE SÓCRATES

dice Ethora para calumniaxrne 1 serian discípulos Infos. Pues


yo no fui nunca maestro de nadie. 0•t Desde luego ~si alguno
desea oír mientras hablo y realizo mi tarea, nunca rechacé
a nadie, sea joven o viejo. Tampoco converso a cambio de
que me den dinero, ni me niego si no me lo dan, sino que me h
pongo de igual manera a disposición de las preguntas tanto
del rico como del pobre, y tarnbién si alguno quiere oír mis
réplicas .65 Si <luego> alguno de ellos fuera a comportarse
honestamente o no, no sería justo que se me haga respon-·
sable, puesto que a ninguno de ellos le ofrecí ni le impartí
jamás ninguna enseñanza. 66 Y si alguno afirma haber apren-
dido u oído de mí en privado algo que no hayan <oído>
también todos los demás, sepan bien que no dice la verdad.
Pero ¿ cuál es la razón de que a algunos les guste pasar
tanto tiempo conmigo ·1 Ya la han oído, señores atenienses. e
Les he dicho toda la verdad: la razón es que les divierte oír
cómo se somete a examen los que creen ser sabios sin serlo,
pues esto no deja de ser ameno. En cuanto a mí, como digo,
'. fue el dios quien me ordenó hacer esto, no sólo mediante
oráculos, sino también por medio de sueños y de todos los
otros modos de los que se vale una dispensación divina, para
ordenarle a alguien que haga alguna cosa. 67
Esto es verdad_, señores atenienses, y fácil de poner a
prueba. En efecto, si no sólo ahora corrompo a los jóvenes, d
sino que también en el pasado he corrompido a otros, <en-
tonces> sería ahora mismo el momento para que aquellos
que, siendo ya mayores, se hayan dado cuenta de que en su
juventud les di alguna vez un mal consejo subieran <a este
estrado> a acusarme y pedir mi castigo. Y si e1los no quie-

64. Ver nota complen1entaria p. 154.


65. Ver nota complementaria p. 154.
66. Ver nota c ompl emen taria p. 157.
67. Ver nota complementaria p. 1.57.
92 PLATÓN

r i. bl ~u7 cn:n:oi. 178cAov, rr{ov OLKELcov TLvac; TC~)V EKELvcvv,


71CTTÉ'Qac; KL"ll CXOE1\cpo1)(; KCXI. aA,\ovc;: 1:ovc; TTQOGYJKOVTac;:,
fLTTEQ ÚTC ' i.µoü TL KCT.KOV i:rrrnóv8conv at,rr{ov oi. OLKELOL,
vüv pc¡J.v17a8cn KCT.i. TL~lCL'Qcia8cu. rrávtcoc; bt náQHCJLV
aÚTWV rro1\Aoi. EVTav8oi oüc;: ryw ÓQ(~, TIQWTOV µlv KQL'HuV
e oúroa(, i:µoc;: rv\LKL(~rn7c; Kctl bT7µÓTT7c;:, KQLTO~oí,Aou TOÜOé
TCCX'[lÍQ, irrcna Avaav(ac; ó I,qníTTLOs, Ai.ax(vov 1:oübc
rraTlÍQ, ETL o' Av1:Lcpc~,v ó K17 cp Latcúc; o{Ycoa[, 'ErrLyÉvouc;
TICt'CtjQ, aAAoL TOLVVV 0-LJTOL wv oi. abcAcpoi. EV '[C(llTlJ 1:q
()LCTTQLP11 ycyóvaaLV, N LKÓCTTQlt'[üc;: 0EO~OTLOOU, abcAcpoc;
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C 5..'
ofOuOTOU O µrv
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&v EKcivó,; ye a.ÚTOU KctTC(()fT7 8d.q - KCTL IlaQáALoc;: obE, ó
3b ~riµobÓKOV, oú ~V E>cáyqc;: abcAcpóc;· OOE 0[ AbcL~taVTOc;:,
APOLOGÍA DE SÓCRATES 93
ren <hacerlo>, alguno de sus farniliares -sean sus padres,
sus hern1anos o algún otro de sus parientes- debería ahora
mencionarlo y ped ir que se me castigue, si es cierto que
algún miembro de su familia sufrió algún n1al por mi culpa.
En todo caso, muchos de ellos están aquí, y los estoy viendo:
en primer término, Critón, que es de m i n1isn1 a edad y de e

mí mismo distrito, padre de Critobulo,6 8 también presente;


después Lisanias de Ésfeto, padre de Esquines, que también
está aquí; 69 ade1nás, Antifón de Cefisia, padre de Epígenes.70
Y, por otra parte, <están presentes> otros cuyos hermanos
han pasado bastante tiempo conmigo en estas ocupaciones,
como Nicóstrato, hijo de Teozótides y hern1ano de Teódoto
-y puesto que Teódoto ha muerto, no sería él quien pudiera
obligarlo <a testimoniar en mi favor>-, 71 y también Paralio,
hijo de Demódoco, cuyo hermano era Téages, 72 y Adin1anto, 3fa

68. Critón pro cedía, como Sócrates, del distrito de Alópece y era de
. su misma edad. Fue un fiel amigo y seguidor de Sócrates. Lo visitó
, frecuentemente en prisión tras la condena y estuvo presente junto a él
el día de su muerte (cf. Fedón 59b). En el Gritón Platón narra una de las
conversaciones que habría mantenido con Sócrates durante la estadía
1
de éste en prisión. J unto a otros amigos de Sócrates, ofreció durante el
juicio 30 minas de plata para que Sócrates los ofrezca en pago corno
multa, en lugar de la pena de muerte solicitada por los acusadores (véase
más abajo 38b). Al parecer, habría pedido consejo a Sócrates, en cierta
ocasión, acerca de la educación de su hijo Critobulo (cf. Eutidemo 306d).
69. Esquines, del distrito de Ésfeto, fue uno de los más conocidos
seguidores de Sócrates. Corno Platón , escribió diálogos socráticos,
de los que se conservan una buena cantidad de fragmentos. Después
de la muerte de Sócrates, que presenció (cf. Fedón 59b), se marchó
a Sicilia, de donde regresó a Atenas recién n1ucho s años más tarde.
70. Epígenes, del d istrito de Cefisia, es mencionado por Jenofonte
1
como otro de los cmnpañeros habituales de Sócrates (véase Jdemora-
l bilialII 12). También presenció la muerte de Sócrates (cf. Fedón59b).
! 77. Teódoto, cuyo hermano mayor Nicóstrato p resenció el juicio,
había sido compañero habitual de Sócrates.
1 72. Según se informa en el diálogo Téages, atribuido inauténticamente
1

~ a Platón, Dem ódoco, padre de Par alio y Téage s, e r a algo mayor que
l

_____....L
94 PLATÓN

ó AQLO"TWVOc;, oú abrAcp cH; OU'IOCTL Tii\áTWV, KCÚ


AiavTÓDWQOc;, oú Arroi\i\ÓOCiJQO½ OOE aoci\<pó½. Kai. a:.i\.1\ov~
noi\Aoúc; iyco EXüJ úµiv ELn:t:"iv, (Óv 1:Lva ixgf]v µáALaTa ~ttv
iv T<+J taui::oü i\óy4J naQaaxÉa8cu Mtl\r¡1:ov µáQTVQa· d
br TÓTc i:n:EAá8cTO, vuv TTCXQaa xtaew - iyco TTCTQC\'.XCL>QC~'
- Kai. AcyÉTW EL 1:l EXfl TOlOUTOV. a.AA.a TOlY[O U na.v
Touvav·dov ElJQlÍCTETE, w avbQEc;, návTac; iµo i. (30178Eiv
É'Ioíµou~ t~J bLacp8ELQOVTl, T4' KaKa i\>ya<';:oµ i.vc~ 'Iüllc;
b oiKdouc; CTlY[WV, wc; cpaaL M t i\rr roc; KCXL AvuToc;. a.u-roi. µrv
YªQ oi bLc<p8aQµÉvoL Táx' av i\óyov EXOLEV (3or¡ 8oüv ·n:<;.
ol bi:: acHácp8aQ'rOL, TIQECT(3ÚTEQOL 17or¡ lXVOQEc;, oi TOÚT(L)V
TIQOCTlÍKOVTEs, TÍva ai\Aov txoua Li\óyov (30178ouvTE~ iµoi.
ou\i\' f] '[()V ÓQ8Óv Te Kai. ()LKCXlOV, Q'[l avv[aaaL Mt:i\i p:~ ~lEV
l rcuboµtvc1-', iµol. bi: ou\r¡8cÚOVTL;
APOLOGÍA DE SÓCRATES 95
d' 1-""'~nston?
l11JO -.e
00 .r
cuyo l·1:ex:r.nano tn1 axon
?. tam b.-1:en
' , esta
' , aqu.1/·
, -'-l
y A.yantodoro, h ermar:o de }'l,_polodoro, 'i:ar.obién presente.Í-1
Puedo mencionar a muchos otros, a alguno de los cua--
les; indudablemente, Meleto hubiera debido presentar como
testigo en su alegato. Si entonces lo ha olvidado, que lo haga
ahora -se lo concedo-, y que diga si tiene algún <testigo>
de este tipo. Pero ustedes comprobarán todo lo contrario~
señores: todos ellos estarán dispuestos a ayudarrne a mí 1 que
vengo a ser el que corrompe y hace d año a sus farniliares,
según afirman Meleto y Ánito. Ahora bien, que aquellos a Rii
quienes corrompí salgan en <mi> ayuda podría tener, tal
vez, explicación. En cambio, aquellos que no corrornpí, y
que son ya personas adultas 1 sus parientes~ ¿qué otra razón
podrían tener para venir en mi ayuda 1 salvo la correcta y
justa: que están conscientes de que IV1e1eto miente y yo digo
la verdad?

Sócrates y había ocupado las más altas magistraturas de la ciudad


(cf. 127e), probablemente 7 el generalato. Es uno de los interlocutores
de Sócrates en el mencionado diálogo, y parece ser idéntico con el
personaje que aparece en el diálogo pseudoplatónico Demódoco. Su
hijo Téages es interlocutor de Sócrates en el d iálogo homónimo. Para
la fecha del proceso estaba ya muerto. En RejJública 496b-c Sócrates
cuenta que su dedicación a la filosofía se vio facilitada por el hecho
de que su débil salud lo apartó de la política.
73. Adimanto es hermano de Platón y bastante mayor que éste, quien
tenía entonces unos 28 años. Es interlocutor de Sócrates en la Repú--
blica. É.ste es uno de los pocos pasajes en los que Platón se rnenciona
a sí n1ismo dentro de sus diálogos. Hay sólo otras dos OCU1(T2nc i as
del nombre, a saber: A¡bología 38b y F'edón 59b.
74. Apolodoro es el narrador en el SirnjJosio platónico. fue un fer-
viente e impetuoso seguidor de Sócrates, y estuvo presente en e1
momento de su :muerte. A.si se lo :rnen.dona en ,Pedón 59a 117d y en
7
. . l1 '"'"
.Sl'lll,búSW I ~) d •
97

Vº EPÍLOGO (34B6-35o8)

Sócrates co ncluye su alegato expresando su decisión de no


hacer apelación a la misericordia de los jueces por medio de los
recursos habituales en las estrategias forense s de la época (p.
ej. la presenta ción de los hzjos del acusado en el estrado). En
general, Sócrates se ha distanciado varias veces, a lo largo de su
defensa, de las prácticas habituales en los alegatos forenses, e in-
1 cluso, cuando en determinado momento ha debido acudir a algún
argumento que pudiera encuadrarse como un lugar común en los
alegatos, se ha disculpado expresamente por ello (v éase 32a). En
el caso concreto de su renuncia a la apelación a la misericordia
de los jueces, Sócrates justifica su actitud por referencia a dos
típos de razones, ambas de alcance netamente moral. 7) Por una
pa rte, Sócrates considera que el tipo habitual de apelación a la
clem encia de los jueces configuraría una actitud indigna, tanto
de él mismo como de la ciudad toda. Con o sin razón, Sócrates es
tenido por un ciudadano sobresaliente de Atenas. Si Sócrates se
comportara de manera indigna y se mostrara como cobarde con
1
el solo fin de evitar una sentencia, será toda Atenas la que verá
seriamente dañado su prestigio a los ojos de los extranjeros. 2)
Por otra parte, el tipo habitual de apelación a la clemencia de los
jueces es, en último término, incompatible con el buen ejercicio de
1
la función del juez. Pues los jueces no pueden conceder dádivas,
, sino que deben decidir en justicia, y han prestado juramento ante
los dioses de obrar de ese modo. Si Sócrates pretendiera influir en
el veredicto de los jueces avivando su sentimiento de compasión,
estaría induciéndolos a no cumplir cabalmente su función y, de
PLATÓN

ese modo, a cometer un acto de impiedad, al violar el juramento


propio del cargo. Y ello, j ustamenteJ en el marco de un juicio por
iml1iedad. Seria una paradoja que Sócrates lograra evitar ser
condenado por su supuesto delito de impiedad mediante el expe-
diente de hacer cometer a los jueces el mismo delito que a él se le
imputa. Además, al hacer esto Sócrates mismo habría cometido
delito de impiedad y, con ello, habría dado finalmente razón de
lucho a la acusación de Meleto.
100 PLATÓN

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Eicv ótj, (J l1VOQcC:º µtv iyw EXOLµ' CXV arroAoyüa8cn,
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APOLOGÍA DE SÓCRATES lO F

Sea, pues, señores. Esto es, básicamente, lo que p odría h

alegar en mi defensa, y seguramente otras cosas del misrno


tipo. Tal vez alguno de u stedes , recordando su propio caso~ e

se irrite, si al afrontar algún pleito, incluso menos in1por-


tante que éste, suplicó e imploró a los jueces con m uchas
lágrimas, haciendo subir al estrado a sus h ijos para obtener
la mayor compasión posible, así como a otros muchos fami-
liares y amigos, mientras que yo, sorprendenten1ente, no voy
a hacer nada de eso, aun cu ando estoy corriendo un riesgo
que, según podría parecer, es el más extren10. Es probable,
entonces, que alguno, al pensar de este modo, se obstine aún
más en mi contra, y que, enfurecido por esta misn1a causa,
deposite su voto con ira.
Pues bien, si tal fuera el caso de alguno de ustedes - cosa d

que no creo, pero por si acaso-, <entonces> me parece razo-


nable que me dirija a éste diciéndole: «Por cierto, estimado
amigo, también yo tengo algunos familiares. Pues vale aquí
aquello de Homero: tampoco yo he nacido «de una encina o
de una piedra»,75 sino de seres humanos, de mo do que tam-
bién yo tengo familiares, e incluso hijos, señores atenienses,
tres, de los cuales uno ya es un m uch acho, pero los otros
dos son aún niños. 76 Sin en1bargo, no h aré subir a ni nguno
de ellos a este estrado para ponenne a suplicarles que me
absuelvan». ¿y p or qué n o he de hacer nada de esto? No

75. Son palabras que Penélope le dirige a su esposo Od iseo (Ulises),


a quien no reconoce a su vuelta de Troya, preguntándole por su linaje
(cf. Odisea XIX 163).
76. Sócrates menciona aquí sus tres hijos, el mayor de los cuales,
de nombre Lamprocles (cf. Jenofonte, Memorabilia II 2, 1), era un
adolescente en el momento del juicio. Sus otros dos hijos eran So-
fronisco, homónimo de su abuelo paterno, y Menéxeno, el menor.
Ambos eran todavía pequeños, a pesar de que Sócrates tenía ya
setenta años. l\1enéxeno lo suficiente como para poder ser llevad o
en brazos (cf. Fedón 60a, 1166). Todo hace suponer que Sócrates se
casó con su esposajantipa a edad bastante avanzada.
102 PLATÓN

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bE:1..vóv Tt oLop.i.vovc; rrdara8at d. arro8avoúv1:t1.L, wanEQ
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Ol E~toi. DOKOUCTLV aLaxúvqv Ttj nói\n. TCf.QllX71'rélV, waT'
&.v 'nva KCÜ Té~~v ~Évwv ú110Aa~t:'iv Ó'n oi bLaq:>éQOV'CEc;
b A817va(üJV de; aQETtjvp oi.\:; av1:oi. tav1:{vv i!..v 'CE rraic; aQxaic;
Kai. 1:air; a.AAon<; ·nµaí:c; TTQOKQLVOVCTLV, oÚTOL yuvaLKWV ·
oúbrv bta<:pÉ.QOUCTlV. -caürra yáQ, wavbQE~ A8rivoiioL, OU'Cé: 1

uµiic:; XQ~ 'ITOlflV rcour; ÓOKOÜVTC<<; K!Xl ÓTTlJOÜV Tl fLVCTl, OlJ"C ,

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AP LOGÍ.A DE SÓCRATES

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ustedes. Si estoy o no actuando atreviaarnente ante la :rnuer-


te, eso es otra cuestiónº Pero, por cierto~ en lo qt1e atañe ª~
mi reputación, la de ustedes y la de la ciudad toda, no m e
parece correcto hacer ninguna de estas cosas, tanto m ás a
mi edad y con mi renombre, sea éste merecido o noº Pues la
opinión general, al menos, es que Sócrates supera en algo a 35a
la mayoría de los ho1nbres.
Ahora bien, si aquellos de ustedes que tienen fama de
sobresalir en sabiduría, en valentía o en alguna otra vir-
tud cualquiera se comportaran de este modo, sería una ver-
güenza. Y, de hecho, he tenido rnuchas veces ocasión de ver
' que algunos que parecen valer algo, cuando se los somete
a juicio, obran de modo asombroso, convencidos de que
padecerán algo terrible, si resultan condenados a muerte.
i Como si fueran a ser inmortales, en caso de que ustedes
no los mataran! Éstos, me parece, colman de vergüenza a
la ciudad, de modo que algún extranjero podría incluso lle- o
gar a suponer que aquellos que sobresalen en virtud entre
i los atenienses, y que gozan de preferencia en las elecciones
7
1 para las magistraturas y los demás cargos honorarios/ en
nada se distinguen de las mujeres. En efecto, es preciso que
, ni ustedes obren de este modo, si es que parecen tener al-
. gún mérito, ni lo consientan, si es que nosotros lo hacemos,
sino que, por el contrario, deben manifestar claramente que
n1ucho más severa será la condena para el que trae a escena
estos penosos espectáculos y pone así en ridículo a la ciudad
que para aquel que guarda la calma. 78
Pero dejando aparte <lo que atañe a> la fama, señores e
¡ atenie nses, tampoco me parece que sea justo suplicar al

1
7Z Se alude aquí a un sistema de preselección de candidatos (pró-
krisis) a las magi straturas y los demás cargo s h onor arios .
78. Ver nota complementaria p. 157.
PLATÓN

arroqn:úyc1.v, cii\i\a bLbáaKELV KCÚ TIEL8cLV. ou YªQ rrd


'LOÍn:c~ Ká817'lcu ó OLKCTCT'ri¡c;, ini. 1:c~ Ka1:axaQ(,Ea8aL rra
ÓLKCUCX, a;\¡\' ETIL t4) KQLVELV '[(Xl)'[(X º Kai óµwµoKEV ou
XCXQLEia8cn oic; av ()OKll cn)'rc;1, ai\i\a ÓLKáCTELV KCTTct '[OVc;
vó~touc;. OUKOUV XQ17 OL'Tc 17µac; i:eU:cLV úµac; ETILOQKELV
ot,8 ' úµac; teu:ca8ar OUOÉTEQOL YªQ CTV 1íµc0v cUCTé~OléV.
µ17 Ol>V a.tLOU'rÉ ~lf, (0 avbQcc; A8r¡vcÚOL, 'rOLlXÜTa béiv
TIQOc; Ú~tac; TIQá t'rELV a !--llÍTE 17yoú~tCU Kai\a clVlXL µtjTc
d ÓLKC(La µi¡-rt: OGLCT., a;\;\c0c; Té ¡..tivTOL v17 ~La rrávTwc; Kltl
0:U[~[L()(<; cprúyovTCT úrea Mci\i¡TOV TOU1:0UT. aacpwc; YªQ av,
EL nd0otµL úµac; Kai. T4J bcia8aL f3La~o(µ17v óµcoµ0Kó1:ac;,
8couc; av ()LOáCTKOLµL µ11 ~ycia8aL úµac; ELVCTL, KCTL CXTEXV(~)(;
CTTIOi\oyoúµt:voc; KlX1:flYOQOL17V CT.V EµCTVTOÜ W<; 8EOV<; OV
voµL,ll). a;\i\a noi\i\ov ()[L oih:coc; EXELVº voµ(,w Te yáQ, w
ll.VOQ é<; A817vaiol, (Je;; OUOEL<; 'IWV i:µwv KLTt17yÓQWV, KaL
ú~üv ETH'IQÉnw Kai. TctJ 8c~ KQLVCTL TIEQL i:µoü OTilJ µéi\i\n
-, I V -; \r -

rµoL 'té CXQLCJTO( ELVCTL KCTL uµLv.


APOLOGÍA DE SÓCRATES 105

juez/9 ni salir absuelto mediante súplicas, sino que hay que


informarlo y convencerlo. Pues el juez no está en su sitio para
conceder la justicia como una dádiva, sino para juzgar lo que
es justo, y no ha jurado favorecer a quienes le parezca, sino
dar sentencia con arreglo a las leyes. Por tanto, ni nosotros
debernos acostumbrarlos a ustedes a faltar a su juramento
ni ustedes <mismos> deben acostumbrarse < a ello>, pues
ni ustedes ni nosotros estaríamos obrando piadosamente.
No me exijan entonces, señores atenienses, que haga
ante ustedes cosas que no considero honorables ni justas ni
piadosas, mucho menos, ipor Zeus!, ahora que Meleto, aquí ª
presente, me está acu sando precisamente de impiedad. Pues
es claro que si los persuadiera y los obligara con súplicas, a
pesar de haber prestado ustedes juramento, les estaría ense-
ñando a no creer que hay dioses, y con este tipo de defensa
no estaría haciendo otra cosa que imputarme a mí mismo el
cargo de no creer en los dioses. 80 Pero está muy lejos de ser
así. Pues creo <en ellos>, señores atenienses, como ninguno
de mis acusadores, y dejo en manos de ustedes, y del dios, la
decisión de juzgar qué será lo mejor en mi caso, tanto para
mí como para ustedes.

79. El término «juez» en singular debe entenderse aquí con un valor


colectivo. El tribunal que Sócrates tiene frente a sí no es uniperso -
nal , sino que so n muchos los jueces encargados de decidir sobre la
acusación y votar por su absolución o por su condena.
80. Sócrates sugiere que hacer faltar a los jueces a su juramento
sería, de hecho, llevarlos a incurrír en una actitud de impiedad, que,
en definitiva, resultaría poco menos que equivalente a creer que no
existen los dioses, al rnenos en el sentido de que se estaría actuando
como si los dioses realmente no contaran. ·
Vliº CONTRAPROPUESTA TRAS EL VEREDICTO
DE CULPABILIDAD (35El-38B10)

Tras concluir Sócrates su alegato el jurado procede a votar so-


bre su culpabilidad o inocencia. El veredicto de culpabilidad se
impone por un margen estrecho de 60 votos de diferencia, sobre
un total probable de 501 votantes. Según esto, el resultado exacto
habría sido 280 contra 221. En juicios referidos a delitos para los
cuales la ley no fijaba expresamente una determinada sanción el
tribunal podía establecer la sanción a imponer, pero para ello debía
limitarse a escoger entre la pena propuesta por la acusación y la
contrapropuesta hecha por la defensa. Los acusadores proponen la
pena de muerte. Sócrates, por su parte, realiza una contrapropuesta
que pone en cuestión el veredicto de culpabilidad como tal, pues no
consiste realmente en una pena, sino, más bien, en un beneficio al
que se habría hecho acreedor de parte de la ciudad: alimentación
gratuita en el Pritaneo. A esta contrapropuesta llega Sócrates a
través de un análisis de diferentes posibles alternativas, que apunta
a aplicar a su propio caso el principio básico de que la retribución
debe ser adecuada y proporcional al mérito o demérito de los actos
que se juzgan. Esto implica responder, de modo sucesivo, dos cues-
tiones diferentes, a saber: primero, 7) si se está en presencia de actos
pe¡judiciales que merezcan castigo o bien de actos beneficiosos que
merezcan recompensa, y luego, 2) qué tipo de castigo o recompensa
guarda correspondencia con dichos actos y con sus consecuencias así
como con la situación personal de quien los llevó a cabo. Respecto de
1), Sócrates considera que sus acciones fueron no un mal sino un bien
para la ciudad, en la medida en que respondieron al servicio que le
108 PLATÓN

encomendó el dios. Por tanto, Sócrates se ha hecho acreedor a una


recompensa de parte de la ciudad, y no a un castigo. Resp ecto de 2),
Sócrates estima que dicha recompensa guardaría las proporciones
adecuadas, si, al menos, le restituyera aquello que Sócrates mismo
debió sacrificar para cumplir con tal servicio público. Sócrates ya
ha mencionado que se halla en gran indigencia, por causa de su
servicio al dios y a la ciudad (véase 23b-c). Consecuente-mente,
solicita ahora que la ciudad lo compense mediante la subvención de
sus necesidades mínimas de subsistencia.
Desde el punto de vista del proceso como tal, Sócrates proba-
blemente desbarata de este modo las verdaderas intenciones de los
acusadores. Es muy probable que la pena de muerte solicitada por la
acusación tuviera como fin obligar a Sócrates a proponer a cambio
la pena de exilio, de modo de facilitar así al tribunal una salida
decorosa y aceptable para todos. Con su contrapropuesta Sócrates
no sigue el juego y pone al tribunal nuevamente ante una alter-
nativa dura entre condenarlo del modo más severo o bien dejarlo
libre y, encima, con premio. Esta actitud de parte de Sócrates es un
modo indirecto de reafirmar su posición, expresamente establecida
anteriormente (véase 29c-30c), de no estar dispuesto a negociar las
condiciones de su puesta en libertad, a cambio de dejar de cumplir
su misión respecto de sus conciudadanos. Así interpretada, la acti-
tud de Sócrates responde fundamentalmente a convicciones básicas
expresadas y mantenidas ya antes, a lo largo de la defensa.
110 PLATÓN

e To µtv µ~ ayavaKTElV, (~) avbQEc;: A817vaioL, i:rri. 'tOÚ'I4)


36~ 't4) yt:yovÓTL, KCX'n.: tpr¡cp(aaa8c, a1\i\a TÉ ~lOL noAAa
OTL ~lOlJ
avµ ~ái\i\ercu, KCXL Ol)K avÉATILCTTÓV µoL ytyovcv '[() yc::yovoc;
rcoÜTO, ai\Aa 710/\.l) µai\Aov Sauµá~(t,) [KCX'f ÉQCt)V 'fWV
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d. TQLáKovTa µóvcu µrTÉnraov rrwv ~)tjcpwv, anrnrcpEt1y17
av. MtArrrov µtv OlJV, wc;: tµoi. ÓOKW, Kai. vúv CXTIOTIÉq:>EV)'CT,
Kai. ov µóvov CX7t07tÚpcuycx, aAAa n avri. 017Aov TOÜTÓ ye,
O'tl él µ11 avt~ri A.VV'füc;: Kctl AÚKWV KCtTT7')'0Q~CTOVTéc;: [~toú,
b Kav wcpi\c XLA(ac;: ÓQaxµ ác;, ou µc1:aAet~(OV TO niµnTOV
µÉQOc;: 'tWV tp1ÍcpüJV.
TtµatCXL b' oúv µoL ó CTV~Q 8aváTOV. EléV' i:yw ÓE 617 TLVO~
úµiv avTnLµríaoµat, wavbQc::c; A8rivaioL; fi b17i\ov ÓTL tfit;
al;.[ac;:; tí.ouv; TLCT~LÓ<; d~u na8üv ri CT710TÜCTaL, OTL µa8(~)V fV
't0 ~l(p ovx ~avx(av 17yov, ai\A' a~tc::A1íaac;: WVTT[Q Ol noi\i\o(,
APOLOGÍA DE SÓCRATES

l\!luchas cosas contribuyen, señoree:, atenienses, a que no "


me larnente porque rne hayan condenado, entre otras, ta:n1 - 362.
bién el he cho de que este resultado no rne era inesperad').
Me asornbra mucho tnás el número de votos resultante para
cada una de las p artes . P ues no creía que < la diferencia> iba
a ser tan estrecha, sino mucho más an1plia. i Parece a ho ra
que si sólo treinta votos hubieran caído al otro lado, habría
salido absuelto! 8 1 Respecto de < la acusación de> l\1eleto,
sin embargo, este resultado representa, según me parece,
una absolución, y no sólo una absolución, sino que incluso
resulta evidente para cualquiera que, de no haber subido
al estrado Ánito y también Licón para acusarme, <aquél>
hubiera debido pagar mil dracmas, por no reunir la quinta b
oarte de los votos. 8:l
1
Este señor pide para mí la pena de muerte. Bien . .,.{ yo,
, por mi parte, ¿qué voy a proponerles a can1bio, señores ate-
nienses? ¿No es claro que tendrá que ser lo que me n1erez-
. ca? ¿Qué, pues? ¿Qué es lo que merezco sufrir o pagar en
corr1pensación, por la torpeza de no haber tenido sosiego en
' mi vida y de descuidar lo que le preocupa a la mayoría - los

, 81. Dado el resultado de 280 a 221 votos a favor de la condena 1 si


30 jueces 1nás hubieran votado por la abs olución, se habría tenido
1
entonces un resultado de 251 a 250 a favor de Sócrates.
' 82. El argumento de Sócrates, no exento de intencionada ironía, se
' basa en el ardid de repartir entre los tres acusadores que subieron al
estra90 el total de los votos obtenidos por la acusación. Esto implica
que Ani to y Licón alegaron formalmente a favor de la acusación
presentada por Meleto. Según el razonamiento de Sócrates, resulta
entonces que cada uno de ellos obtuvo poco más de 93 votos, más
precisamente, 93 1/ 1 votos(= 280/3). En el caso de lV1eleto esto hu-
' biera significado, de presentarse solo, no haber alcanzado siquiera la
1 quinta parte del total de los votos, que asciende a 100. Como recu rs o
1
para evitar acusaciones gratuitas, la ley ateniense estabiecía que en
i caso de no reunir la quinta parte de los votos el acusador debía pagar

un a multa de 1000 dracmas .


PLATÓN

XQlli-ta't L0µov
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TE KCH OLKovoµuxc_:: KCTL OTQlXT.1lYLC0v Kcn


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71:QÓ'tEQOV ~ní-rc TCt)V tnvTou µ11oc:vóc; lru¡.u:At:'ia8cu TTQLV
ÉaV'IOV i:rrLpEAri8d17 OTC(vc;: wc_:: ~ti\rrtarroc_:: Kat.cpQüVLµ(Ó TCX'tüt;
luono, µfJTE 1:wv T17c;: nóAtúJC::, nQLv CTlJn7c; 1:17c_:: rrói\E6x;, T.c~,v
'té'. ai\i\wv OU'TClJ KaTa TOV CHJTOV 'IQÓTCOV t'71l~téi\c:'ia8a.L - Tl
(! ouv [:L~ll Óí.~lOC.: na8civ TOLOU'IOc_:: cov; aya8óv Tl, (0 avbQEc;
A.811vo.iol, el Dei y:: l(C{'[C( n7v a~í.av T~Í ai\178 ELC¡t TL~taa8ar
KCTl 'TCTUTCX ye aya8ov TOlOÜ'tOV OTL av 71QÉ710L ~\toL Tl oúv
71QE71El avc:>Ql ntvrrn EÚcQyirrq OéüpÉVCf.J aycLV axoi\11v
E.71L TTJ úµerÉQq TCCXQCTKf/\EÚGEL; oÚK lo8' orrL ~uii\i\ov, w
CTVOQfc; A811vOLLOl, 71Qf7l[l oü1:wc;: wc;: TOV '[QlOÜ'IOV avbQ(X
iv TTQVTavd4J o-rr:Eia8aL, rro;\ú yr µai\Aov ~ rt 'ne; ú~twv
[11rrc;0 iJ avvüJQtb t 17 (n.'JyrL vrv(KqKt:v ··oAvµrrí.aatv· ó µi:v
YªQ úµat; no Lri cL,óa(µovac; boKriv rivaL, iyc~, bi: dva.L, Keti.
e ó p.{v TQücpf]c; 01,btv bri1:cu, ly0_, bt bto1~ou. El oúv bd µE
37a KOL'HX TO ()LKCX tOV 'rl7<; a~i_a.c; 'nµaa8cn, 'tOÚTOV 'nµw~LCXL, EV
TIQVTCTVELCf.J ontjarwc;.
APOLOGÍA DE SÓCR/ffES

negocios, !a. adrninistración de la casa, los cargos n1.ilitares


y las funcion es en la P1.sa1nblea asf co n10 los dernás cargos,
las alianzas y las luchas partidarias que se de sar roll an en
la ciudad--, convencido de que, en realidad, era demasiado e

honrado como para salvar la vida, si n1e dedicaba a tales co-


sas? No to1né ese run1bo, pues hacerlo no hubiera resultado
de ninguna utilidad, ni para ustedes ni para rn í n1ismo, sino
que n1e dediqué a hace_r a cada uno en privado el mayor
bien, según yo afirmo. Este fue el carnino que tomé, inten-
t ando persuadir a cada uno de ustedes de no preocuparse
de ninguna de sus cosas, antes de haberse preocupado de sí
mismo, de modo de llegar a ser lo mejor y lo más sensato po-
sible, y de no preocuparse de las cosas de la ciudad, antes de
haberse preocupado de la ciudad misma, y afrontar así, del
n1isn10 modo, las preocupaciones relativas a todo lo demás.
Pues bien, ¿qué es lo que merezco que me pase por ha- d
1
ber mantenido esta actitud? Algo bueno, señores atenienses,
al menos, si la retribu ción propuesta ha de estar reahnente
en correspondencia con los merecimientos. Además, ten-
drá que ser un bien que me resulte apropiado. ¿ Qué cosa
resulta, pues, apropiada para un hombre pobre, que es un
benefactor) y que necesita disponer de ocio para exhortar-
los a ustedes? No hay nada que sea más apropiado para un
hombre tal, señores atenienses, que se r alimentado en el
Pritaneo, mucho n1ás <apropiado> incluso que para aquel
de ustedes que haya triunfado en las Olimpíadas, en una
carrera de caballos, de bigas o de cuadrigas . Pues éste hace e

' que ustedes parezcan ser felices, n1ientras que yo, en cambio,
, hago que sean felices, y, aden1ás, él no necesita alin1ento,
pero yo sí. 83 Por tanto, si la retribución ha de ser detern1inada
de modo justo, según los merecimientos, propongo que sea 37a

é sta: manutención en el Pritaneo,

83. Ver nota comp lementari a p . 158.


PLATÓN

''Iacuc;; ovv úµiv KctL TOLVTL AÉyc0v ruxQani\r1a[u.Jc:; b0Kc~1


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A POLOGÍA DE SÓCR/\TES

Tal vez les parezca que? al decir esto~ roe exp:reso arTo-
gantemente, igual qu e a propósito d e las larne·Ttaciones y
las súplicas. 81 Pero no e s así, señores ate n ienses? sino que
ocurre, más bien, lo siguiente. Estoy persuad id o de que no
con1eto injusticia voluntariamente contra ningu n a p ersona,
pero a ustedes no logro convencerlos d e esto, ya que es 1nuy
poco el tiempo que hemos dialogado entre nosotros. Pues,
;egún creo, si fuera práctica legal entre ustedes, co1no en
otros pueblos, el no dictar sentencia en casos de pena de b
muerte en un solo día, sino al cabo de rnuchos, terminarían
convenciéndose. 85 En cambio, en las actuales ci rcunstancias
no es fácil librarse de calumnias grandes en poco tiempo.
Y puesto que estoy persuadido de no hacer injusticia a
nadie, lejos estoy de pensar en hacerme injusticia a mí n1is-
n10, declarar en mi propia contra que merezco un castigo,
y proponer para mí una pena correspondiente. ¿Por miedo
a qué? ¿A tener que padecer lo que I\!1eleto propone en m i
contra, cosa que, como dije, no sé si es un bien o un mal?
¿Q deberé elegir, en vez de esto, algun a de las cosas que sí
sé que son males, y proponerla como pena? ¿La prisión, p or
ejemplo? ¿y por qué he de vivir en prisión, s01netido con10 e

un esclavo a los magistrados del grupo de los Once que estén


de turno? 86 ¿ Q tal vez una multa en dinero, bajo condición
de quedar preso hasta que haya pagado? Pero esto sería en
mi caso igual que lo que acabo de mencionar hace un 1no -

84. Véase 34c-35b.


85. Se refiere a la práctica habitual en Esparta para este tipo de
casos. Cuenta Tucídides I 132, 5 que en los procesos de pena capital
los espartanos evitaban toda decisión apresurada y prolongaban el
proceso por varios días. En Atenas, en cambio, la decisión debía ser
tomada al cabo de un solo día de proceso.
86. La magistratura de los Once estaba a cargo> entre otras cosa s,
de la custodia y v igilanci a de los reclusos en prisión así como de las
ejecuciones de los condenados a muerte .
u6 PLATÓN

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av0QWTI(~, 'tLTUTCT b' é'n 1Í'TTOV TCcl<JE<J8É µol AÉyovTL.
A POLOGÍA DE SÓCRATES

1nento, pues no tengo dinero con qué pagar. ¿Propondré


entonces la pena de destierro? Probablemente ustedes me
acordarían esta pena. Sin en1bargo, 1nuy excesivo tendría
que ser 1ni apego a la vida, señores atenienses, si pierdo hasta
tal punto mi capacidad de discerninliento , con10 para no
caer ya en la cuenta de que ustedes, que son nüs conciuda-
danos, no fueron capaces de soportar mis conversaciones d
y mis argu mentos, sino que éstos se les hicieron pesados y
odiosos, al punto de que ahora mismo están buscando librar-
se de ellos. ¿Qué otros habrá entonces que estén dispuestos a
tolerarlos? Ni por asomo, señores atenienses. iLinda vida me
esperaría, si me 1narchara, siendo un ho1nbre de mi edad,
y tuviera que vivir expulsado, mudándome de una ciudad
a otra! Pues bien sé que, donde vaya, los jóvenes querrán
oírme hablar, igual que aquí. Y si los alejo, ellos misn1os me
harán expulsar, convenciendo a los mayores. Pero si no los
alejo, <me expu lsarán> sus padres y familiares, en interés e

de los propios jóvenes.


Tal vez alguien podría decir: «Pero, Sócrates, una vez
que hayas salido de aquí, ¿no serás capaz de vivir callado y
en calma?». Éste es justamente el punto en el que rnás difícil
resulta persuadir a algunos de u stedes. Pues si digo que tal
cosa es una desobediencia al dios, y que, por eso mismo, será 38a

imposible que viva en calma, no me darán crédito, como


si estuviera poniendo pretextos. 87 Pero m enos crédito n1e
darán aún, si digo que es un gran bien para un ser humano,
precisan1ente, el poder conversar cada día acerca de la vir-
tud y de los demás temas sobre los cuales ustedes me oyen
dialogar, examinándome a mí mismo y a otros, y que la vida
no sometida a examen no es digna de ser vivida para un
ser humano. Sin embargo, las cosas son tal con10 les digo,
señores atenienses, aunque no resulte fácil convencerlos. A

87. Ver nota complementaria p . 158.


PLATÓN

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'Tí.\
Q<tDLOVo KCÚ éy0J ap.a Ol)l( rIGlCT~lC(l ipav1-óv lX~LOÜV KCTKOÜ
b Ol>OcVÓ l;o [l pEV yáQ 11v ~lü l XQTÍpet'ICí., t~T q_u7uáµqv L~V
XQTlf-.tá.TCLJV cSaoL i\.u::.A.1\ov éKrrdacLV, ol1ói:v ycxQ áv éí3Aáp17v·
vüv ól oú yaQ ÉoTLV, el ~u7 áQa oaov áv E)'(~) óvva(µ17v
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e átLÓXQH~.
APOLOGÍA DE SÓCRATES 119

la vez, tampoco estoy acostumbrado a considerarme mere-


cedor de ningún daño. Por cierto, si tuviera d inero, hubiera b
propuesto pagar con10 multa una suma tan grande como
pud iera. Pues esto no me habría ocasionado ningún daño. 88
Pero, en las actuales circunstancias, esto no es posible, a no
ser, claro, que estén dispuestos a imponerme como multa lo
que pueda pagar. Tal vez pudiera llegar pagarles una mina
de plata. Propongo, entonces, como multa esa cantidad. 89
Pero ahí están Platón, Critón, Critobulo y Apolodoro, se-
ñores atenienses, que me piden que proponga treinta minas,
y se ofrecen como garantes. Propongo entonces esa suma, y
ellos, que son solventes, asumirán ante ustedes la garantía
del pago.

88. Ver nota complementaria p. 160.


89. Para algunos datos indicativos sobre el monto ofrecido por Só-
crates corno mul ta, véase nota c01nplen1entaria 19 en p . 143.
V!l. DESPUÉS DE LA II\tíPOSICIÓN DE LA PENA
(38c1-42A5)

Según Diógenes Laercio JI 42, votaron por la condena a muerte


80 jueces más que por el veredicto de culpabilidad. Esto daría un
resultado de 360 a 14 7 a favor de la pena de muerte. Tras conocerse
el resultado de la votación, Sócrates se dirige una vez más a sus
jueces, y lo hace de modo diferenciado: primero {38c-39d) habla a
los que votaron por la condena, y luego (39e-42a) a los que votaron
por la absolución.
A quienes votaron por su condena Sócrates les advierte que van
a obtener resultados opuestos a los que se proponen alcanzar elimi-
nándolo. Por una parte, no beneficiarán a la ciudad ni se benefi-
ciarán a sí mismos, sino que, más bien, quedarán expuestos a las
difamaciones y al desprestigio, al aparecer como responsables de la
injusta condena a un hombre tenido por sabio, que, además, rehusó
comportarse indignamente para evitar la muerte. Por otra parte,
tampoco se librarán de las molestias de tener que dar cuenta de su
modo de vida, sino que se verán más radicalmente confrontados con
tales cuestionamientos de parte de los jóvenes seguidores de Sócrates,
que tomarán su condena como símbolo emblemático de la situación
de injusticia reinante en la Atenas de sus mayores.
A quienes votaron por su absolución Sócrates se dirige, en cam-
bio, para intentar aclararles, también a modo de consuelo, cuál es a
su entender el verdadero significado de lo ocurrido. Más concreta-
mente, Sócrates les da razones que avalan su actitud de confianza
y su creencia de que la condena a muerte no significa un verdadero
mal para él. Sócrates da dos razones a este respecto. 1) Antes de
12 2 PLATÓN

encam.inarse al tribunal y más tarde, durante su alegato de defensa


en el j uicio, no se le hizo presente el signo divino que habitualmente
se le interponía para impedirle llevar a cabo aquello que luego le
acarrearía males. _Esto permite suponer que lo que iba a acontecerle
a consecuencia de su defensa, es decir, su condena a muerte, no es
propiamente un mal. 2) L a segunda razón presenta un argumento
en la forma de un dilema, a saber: la muerte es o bien a) un estado
de absoluta.falta de consciencia o bien b}, como sostienen ciertas con-
cepciones tradicionales, una transición hacia otra forma de vida,
que, al menos para los justos, resulta mejor que la vida terrena. En
ambos casos la muerte no constituye un mal e incluso puede decirse
que sería un bien. En el caso b) la muerte sería un bien,justamente,
en la medida en que permite el paso a una vida mejor. En el caso
a) la muerte tampoco sería un verdadero mal, ya que la comple-
ta ausencia de conciencia excluye la posibilidad de experimentar
males. Pero, además, comparado con los sufrimientos propios de
la vida terrena, dicho estado de completa ausencia de conciencia
debe verse incluso como un bien, pues excluye toda posibilidad de
padecer dolor. Frente al problema del significado de la muerte, la
p osibilidad a) representa una hipótesis de mínima, mientras que
la posibilidad b) aparece aquí como la hipótesis de máxima. Sin
embargo, ambas implican que, para el justo, la muerte no puede
representar realmente un mal. La posición de Sócrates es entonces
que el justo puede estar seguro de que para él la muerte no repre-
senta un mal, pero, además, puede tener, si no certezas, al menos,
esperanzas de que tras ella lo espere un bien mayor. La posibilidad
de un mal mayor para el justo tras la muerte queda, por principio,
excluida, pues la hipótesis de un castigo post mortem, en caso de
ser cierta, sólo afectaría al injústo. Con todo, la persuasividad de
la argumentación de Sócrates depende muy fuertemente de que se
acepte como verdadera la premisa según la cual el dolor propio de
la vida terrena es lo suficientemente grande, como para hacer que
un estado de completa inc01~sciencia pueda considerarse mejor o más
APOLOGÍA DE SÓCRATES 123

deseable que la existencia terrena 1nisma. Esta premisa, en fav or


de la cual Sócrates no da ningún argumento especifico, p uede haber
debido parte de su persuasividad ante el auditorio a ciertas presu-
posiciones compartidas, propias del trasfondo cultural provisto por
la sabiduría popular del pesimismo griego. Pero su verdad está muy
lejos de ser obvia.

BiBliOTEC~.,
Vigilada MiMautlCÍÓM
PLATÓN

Ov Tioi\i\oü y' [V[KC( XQÓVOl.\ c:J avbQ cc; A817vaioL,


óvo~ta lE,t'TE KCTL at-rí.<xv {,rro 1:é.óv í3oui\.o~lÉvcL,v -r17v rróALv
AotbOQt:iv e~,~ Lü.JKQlXTll CXTIEK'TÓva-r:::, a.vaga aocpóv -
<p~aovaL yaQ b11 aocpov dvaL, EL KaL ~uí dµL, o[ ~ovi\óµrvoL
úµiv ovnbí.,av· El yoüv TiéQlE~l[lVCT'IE oi\í.yov XQÓVOV, ano
rroü a.vTo~táTou étv ú~.üv 'TOÜT.o iyévcTO. ÓQCTTE yaQ b11 rr11v
iiluK[a.v ÓTL TIÓQQüJ 17b17 ia-rt 1:oú ~í.ov 8avénou bi:_ iyyú<;.
Atycv bt 'tOÜ'TO oú TIQOc; náv1:ac; Ú~Hic;, ai\i\a TIQÓc; rrovc;
d iµou Ka1:atJJ11cptaa~LÉvouc;; 8áva'Tov. 1\Éyco bt Ka1. -róbE nQÓc;
'tOVc; lXV'tovc; TOll'tOUc;. LO(vc; µr 0LcG8c, (0 ávbQEc; A8rivaioL,
anoQ[q Aóyc0v taAwKÉvcu Totoú-rcov oic; av ú~tac; lnnaa;
EL 4Jµ11v bciv &nav'Ta TIOLEiv Kai. i\éycLV warrE a.nocpuyüv
·n1v bbo1v. rroi\Aoü ye bc'i. a;\i\' a.nog[c;t ~tt:v táAc0Ka, ou
pÉVTOl Aóywv, ai\Aa TÓAµric; KCXL ávcuaxuv1:í.ac;: KCXL 'tOÜ
µ17 t:8É,\clV i\ÉyéLV TIQOc; Ú~tac; 'tOlctlJTC( oI' av úµiv µi:v
17ota'ta 17v áKoÚELV - 8g17voüvróc; 'TÉ ~tou Kai. obvQoµévov
e KCTL ai\;\a TIOLOÜV'Iüc; KCÜ i\éyov'toc; noi\i\a KCTL civá<;LCX
iµoü, c~c; i.yc~J q:n1µL, oia b17 Kai. d8La8E úµEic; 'tc:,v iiAAwv
CTKOÚELV. ai\A' OUT[ 'tÓ'té (~~817v büv [V[KCX TOU KLVóÚVOV
TIQaE,cn ovblv avci\cÚ8éQOV, OUT[ vüv µoL µc'Taµéi\n OV'TWS
ánoi\o-y17aa~dv~, ai\i\a no;\v ~uxAAov CTLQOܵaL wbE
an0Aoy17aáµEvoc; 'Tc8vávaL Y] EKélVWc; l:17v. OlJTc yaQ [V
bÍ.KlJ OV'T' EV noAÉ~l(~ OV'T' iµi:: Ol''t' a;\Aov ovoÉva ()[l '[QlY[Ü
39a µ11xavlia8aL, 071Wl; CTTIO<f)fÚE,é'fOi'.l TIO..V 710LC0V 8ávarroV.
Kat YªQ iv Taic; ~táxatc; noAl\áKLs bf]i\ov yí.yvE'taL orrL
rró YE ano8avciv áv 'tll'.; iiccpúyot KCXL OTI/\ct atj)Ei.c; KCXL
icp' LKETEÍ.av 'TQOi'.TIÓµEvoc; 'TWV ()LCvKÓV'TWV. Kai. ai\Acn
µ11xavcü noAAcú ELCTLV iv iicáarrou; Toic; KLvbúvoLc; cooTE
btatj)rúyav 8ávaTov, i:áv Ttc; rroi\µ~ nav notEiv Kai.i\tynv.

-
A POLQ(jÍA DE SÓCRATES 1125

Por <ganar> sólo un poco de tiernpo, señores atenien- e

ses, van a obtener la reputación y el cargo de haber xnatado


a Sócrates, <<ese hombre sabio», por parte de a quellos que
quiere n difamar a la ciudad. Pues quienes deseen hacerles
un reproche afirmarán que soy sabio, aunque no lo sea. En
cambio, si hubiesen esperado un breve tiernpo, habrían ob-
tenido automáticamente el mismo resultado. Por cierto, us-
tedes están viendo que, a rni edad, estoy ya bien avanzado
en mi vida y próximo a la muerte.
No les digo esto a todos ustedes, sino a quienes votaron
por mi condena a muerte. A esos misn10s les digo también lo d
siguiente. Posiblemente piensen, señores, que n1i condena se
ha debido a la carencia de argumentos con los cuales hubie-
ra podido convencerlos, si hubiera creído necesario de cir y
hacer cualquier cosa a fin de salir absuelto. Pero muy lejos
está de ser así. He sido conden ado por carencia no de argu-
n1entos, sino de atrevimiento y desvergüenza, y por no estar
dispuesto a decir ante ustedes aquello que más les hubiera
gustado oír, lamentándome, llorando o haciendo y diciendo e

muchas otras cosas que son indignas de m í, según afirmo,


pero que ustedes están acostumbrados a oír de parte de los
otros. Pero ni antes creí necesario actuar de modo servil,
por causa del peligro, ni ahora me arrepiento de haberme
defendido como lo hice, sino que prefiero mucho más m orir
habiéndome defendido así que conservar la vida recurrien-
do a ese otro tipo de defensa. Pues ni en el tribunal ni en la
guerra debe suceder que yo o algún otro recurramos a estos
ardides, para evadir la muerte por cualquier medio.
Por cierto, también en las batallas se h ace patente mu-
chas veces que uno podría escapar a la muerte deponiendo 39 a

las armas y volviéndose a suplicar a los perseguidores. Hay


también muchos otros ardides para evitar la muerte en cada
una de las diferentes situaciones de peligro, si se tiene la
osadía de hacer y decir cualquier cosa. Pero lo difícil, seño-
126 PLATÓN

ai\i\a µ17 oú TOln' ~ xai\rnóv, (0 CTVOQfc;, 0ávaTOV EK<:pll)'ELV,


aAi\a noi\.v xai\cTTCÓTéQOV TTOVl7QLC<Vº 0CTTTOV YªQ 8a.váTOlJ
b 8ci. KCTt vüv E)'~' µtv CTT[ pQCXOl)(; wv KCXL TTQi2CTpún7c; vno
TOÜ pQCXOVTÉQOV Éái\.wv, oi. o' i\toi KCTTJÍYOQOL CT.Tc ÓcLVOL
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iyw µi::v ánnµL úcp' Ú~l(OV BaváTOV OLKl7V ocpAc~JV, OlYrül o'
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ano8a.VELCT8Cü. <f)l7~ll yáQ, W lXVOQEc; ÓL fµi:: lXTTEKTÓVCTTé,
Tl~lüJQLCTV Ú~llV 17~clV Ev8vc; ~lf.TlX TOV iµov 8ávaTOV noAú
xai\ cnWTÉQC<V v17 LllCT 11 OLCTV E~lE lXTTéKTÓVC<.Téº vüv yaQ
1:oürro ÜQyaa8r oi.óµt:vot µtv ancv\Aá~ca8cu 1:oü ótóóvcn
lAryxov TOÜ pLOV, TO OE {,µiv noAv EVCTVTLOV anoí31íacTCXL,
wc; i:ycÓ cpqµL TU\E[ovc; fCTOVTCTL úµa.c; Ol. Ei\É)'XOVTE<;,
d oüc; vvv iy(o KaTcixov, úµ.cü_: ói:: ouK 1Ja8ávca8c· Kai.
xai\E11córrEQOL i:aov1:at oac¡J vEcÓTEQOL ELaLv, 1<ai. úµcic;
µciAAov aya.vaKTlÍCTETL él YªQ OlcG8c CT710KTélVOVTé(_;
av8Qc~1rrovc; érrtaxtjanv TOÜ ÓVéLÓÍ(nv TlVlX ú~úv OTL oÚK
ÓQ8wc; (17Tc, 01, KaAc~,c; 0lC(VO[LCT8E· ou yáQ i'.a8' a{rr17 ~
a naAAay~ OL>TE návv óvvarr17 ovTE Ka.A~, a.AA' lKdv17
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Kai. OUTiüJ EQXO~taL oI iA8óv1:a µE orí: TE8vávcu.
A POLOGÍA DE .SÓCR.ATES

res , no es escapar a a rnuerte, sino que mucho n1ás difícil


es escapar a la bajeza , pues corre n1ás rápido que la muerte.
Y ahora a n1Í, que soy lento y viejo, me alcanza la más lenta b
<de las dos>, mientras que a mis acusadores, hábiles y rápi-
dos corno son, <los alcanza> la más rápida, la vileza. YTo me
voy ahora condenado a 1nuerte por ustedes, pero ellos <se
van> convictos de iniquidad e injusticia por la verdad. Y así
corr10 yo he de atenerme a mi sentencia. también ellos < a
J ,

la suya>. Tal vez era necesario que esto resultara así, y creo
que el resultado guarda las proporciones.
Tras lo dicho, deseo ahora hacerles un vaticinio, conde- e

nado res míos. Pues me encuentro ya en aquella situación en


la que los hombres 1nejor dispuestos están para vaticinar:
cuando están próximos a morir. Les digo a ustedes, señores
que me han sentenciado a muerte, que poco después de que
. yo muera recibirán, ipor Zeus !, un castigo 1nucho más duro
que el que me han impuesto a mí con la condena. En efecto,
ustedes han hecho esto creyendo que iban a liberarse de
tener que dar cuenta de su modo de vida, pero les aseguro
que van obtener un resultado completan1ente opuesto: serán
n1uchos los que vengan a someterlos a examen, a los cuales d

yo contenía hasta ahora, sin que ustedes se dieran cuenta.


Y serán tanto n1ás agresivos cuanto más jóvenes sean, y us-
tedes se fastidiarán mucho más. Pues si creen que matando
gente lograrán impedir que se les haga el reproche de que
no viven rectamente, no están considerando bien las cosas,
ya que este modo de evadirse n o es para nada eficaz, ni
honrado. Por el contrario, el modo más honrado y n1ás fácil
no consiste en reprimir a los den1ás, sino en prepararse uno
mismo para ser lo mejor posible. Con esta profecía rne des-
pido, pues, de aquellos que votaron por n1i condena.
En cuanto a los que votaron por mí absolución, me gus- e

taría dialogar con ellos sobre el hecho que acaba de suceder,


mientras los magistrados sigan ocupados y yo no tenga que
128 PLATÓN

ou\Aá µ()l, w avbQEc;:, TTCTQa.µr[va.Té TOGOUTOV XQÓVov·


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EGTLV 1:0 Tc8váva L· ~ ya.Q oiov µflb t:v EivaL µ17bi:
oda8riaLV µfl~H-:1..1(av µrioEvoc;: EXELV '[()V TE8VéWTlX,
APOLOGÍA DE SÓCRATES

partir todavía al lugar donde debo roorir. D•e rm a nezcan con-


migo u n rato rnás, señores. Pues nada impide que convers e-
n1o s e ntre nosotros~ m ientras esté permitido.
A ustedes, que son amigos , estoy dispuesto a h a cerles 40a

ver cuál es realmente el significado de lo que acaba de su-


cedenne. Señores jueces - y al llan1arlos así a uste des uso
la palabra en su genuino significado- , 1ne ha pasado algo
asombroso. En efecto, antes era muy frecuente que se 1ne
presentara una y otra vez la acostumbrada < voz> profética
90
[ ..• ], que n1e salía al encuentro incluso en situaciones sin
importancia, cada vez que estaba a pu nto de obrar in correc-
tan1ente. Ahora, en cambio, ustedes mismos están viendo
que acaba de acontecerme algo que uno pensaría - y, de he-
cho, habitu almente < así> se considera- que es el peor de los
rnales. Sin en1bargo, el signo del dios no se n1e ha opuesto b
ni a la mañana al salir de mi casa, ni cuando subí aquí al
estrado del tribunal, ni tampoco cuando iba a decir algo
durante mi alegato. En cambio, en otras conversaciones que
he mantenido, se interponía constantemente y 1ne detenía
en medio de lo que estaba diciendo. Pero ahora, en todo este
asunto, no se me ha opuesto nunca al hacer o al decir algo.
¿Cuál debo suponer que es la causa? Les diré: al parecer,
esto que me sucedió ha sido un bien, y no puede ser correcta
la suposición de quienes pensan1os que morir es un mal. He
tenido una prueba contundente de esto, pues no es posible e

que la señal acostumbrada no se me haya opuesto, si lo que


estaba por hacer no iba a ser bueno. 91
También lo siguiente debería hacernos pensar que hay
grandes esperanzas de que esto sea un bien. En efecto, estar
muerto es una de dos cosas: o bien el que ha muerto no es
nada, por así decir, y no tiene ninguna percepción de nin-

90. Ver n ota complementaria p . 161.


91. Ver nota complern.entaria p . 161.
PLA.TÓN

17 Kct'Ta 1:a. i\cyóµrva µE1:a(30Arí 1:Lc;: 1:vyxávcL o{,aa KetL


µc1:0Í.K17aLc; rrij ~)vx1~ 1:oü tónov 'TOÜ i:v8évbE de; á;\J\ov TÓrrov.
d l(C{l ELLE 017 µ17oc~tí.a aia8riak: [CT'[LV ai\X olov l'7tvoc; i:nnbá.v

·ne; Ket8EÚOüJV µrio' OVCTQ µ17otv ÓQéiL, 8av~ll1CTLOV KÉQOOc; av


rtq ó 8áva1oc;· i:yco yaQ av oIµcn, cI 'nva i:Ki\cl:;,áµEvov oioL
1:aú1:riv 1:17v vÚKTa rv 1J oÜTCJ KctTÉOaQ8rv waT.E ~t17bE ovaQ
lOéLV, KCTL 1:ac; a,\Aac; VlJKTac; T[ KCÜ 1íµ ÉQetc; Tete; '[01J pLOU 1:0U
lav'"CoÜ avTLTICTQa8Év1:a 1:aú1:-q 'Tl~ vvKTL béoL CJKE1Váµcvov
d.nciv rróaac; áµctvov KaL 17~nov 17µÉQas Kai. ví,K'Ta~ 'TcttrrY)c;
1:17c; VVK'Cüc; pépl(JKEV f_V TCfJ Écnnov pLC~, oIµaL CTV µ17 on
e L()LWTl7V '[LV<-'l, a,,\J\a TOV ~tiyav pCTCTLAÉa EÚCXQL8~trírrovc; av
EÚQELV CUJ'COV TCTÚTCTC:: TIQOc; 'Ictc; a,,\i\ac; 17µiQac; KC\'.L v{11('[C\'.c;·
él ouv 1:0Loü1:ov ó 8áva'IÓc; ECTTLV, KÉQÓoc; i::ywyc AiycL,. KCXL
YªQ oúbt:v TIA.clú)V ó rrac; XQÓVoc; cpaÍ.VE'CCTL OlJTW b17 cLVCXl
17 ~tí.a vúl;. rl 6' av oiov árrobri~tf]aaí. ECTTLV ó 8ávaToi;
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-1 la Ele; Atbou, arraAAayci.c; 'COU'C(tJV l. T(OV cpaaKÓVTWV
bucaarrwv Eivat, cúgtjat:L 1:01Jc; wc;
aAriewc; btKaaTác;, otnEQ
APOLOGÍA DE SÓCRATES

guna cosa, o bien se trata 1 como se cuenta, de una suerte de


cambio de estado y migración del aln1a, desde este lugar de
aquí hacia otro sitio. Si es ausencia de tod a percepción, algo
así como dormir cuando el que duerme n o tiene ningún d

sueño, <entonces> la muerte sería una ganancia maravi-


llosa. Pues yo creo que si alguien to1nara en consideración
una noche en la que durn1ió de tal 1nodo que no soñó nada,
y tuviera que compararla con las demás noches y los demás
días de su vida, para examinarlos y decir cuántos días y
cuántas noches ha vivido de modo mejor y más grato que
esa noche en toda su vida, entonces, creo, no ya un sin1ple
particular, sino incluso el mismo Gran Rey encontraría que e

noches como aquella se cuentan con los dedos de una mano,


en comparación con el resto de sus días y sus noches. Por
tanto, si la muerte es algo de esta índole, yo afirmo que es
una ganancia. En tal estado, además, la totalidad del tie1npo
seguramente no parece ser más larga que una sola noche.
Si, por otro lado, la muerte es como emigrar de aquí ha-
cia otra parte, y si es verdad lo que se cuenta acerca de que
allí están todos los que han muerto, ¿qué bien podría haber
mayor que éste, señores jueces? Pues si una vez llegado a lo 41a

de Hades, 92 tras librarse de estos que se jactan aquí de ser

92. Hades es el dios que gobierna el mundo subterráneo, donde,


según representaciones de la mitología y la religión popular, habi-
tan los muertos. En cambio, la pintura de la existencia post mortem
como recompensa a los justos contenida en el pasaje no guarda
correspondencia con las creencias más difundidas en la Grecia de la
época arcaica y clásica, tal como están reflejadas, p. ej., en Homero
(véase esp. Odisea XI). En tal sentido, el pasaje parece reflejar, más
bien, representaciones procedentes de complejos de creencias más
específicos, vinculados con los misterios eleusinos así como con
ciertas ideas del orfismo y el pitagorismo. Ideas semejantes aparecen
también en Fedón 6le, 117c. Para una excelente presentación sintética
de la temática de la muerte y la vida post mortem en la religión griega,
véase Burkert (1985) p. 190-215.
132 PLATÓN

KaL i\iyovTcn EKÜ DLKCX~éLV, Mí.vcoc; TE KaL 'Pabá.µavBvc;


KCÚ A taKÓ<; KCTL TQLn-ró.Acµoc;: Kai. á..A.AoL oaoL Twv 17µL8Éwv
btK(XlOL iyÉVOVTO [V 1:CtJ Écnnwv pl4', ªQª cpaí,.Aq av dq ~
anobq~üa; 17 a{, 'OQ<pci avyycviu8aL Kai. Movaa[cµ Kai.
(HcnÓO(~ KCtl 'O~ttjQ4' ETIL71Ó04' av TLc; OÉ~arr' &v {,µwv¡ ty¿_)
µtv YªQ n oi\.AáKLc; i8Éi\ú) Tc8vávaL él TCXÜT' EGTLV a.A.17817.
énci. iµoLyc KaL cn:.i1:C+) 8nuµaaT~ av d17 17 btaTQLp~ avTÓ8L,
b ónó'rc EV'rÚXl)L~ll I1a.Aat.t~or:L Kai. Ai'.av'rL 'rc;1 Tc.Aa~twvoc;: KaL
EL Tlt; ciAAoc; '[(uV naAa.LG)V Ola KQLCTLV (X()LKOV 1:É8v171G::V,
Ó!.V'rLTiaQa(3áAi\ovTLTa E~tauToü ná817 ngoc; nx EKdvcov -
c0c; iyw oIµcn, OÚK av aqbtc; éLll - KCTL o~ TO µiytaTOV,
rrotn:; EKEi il:,.cTá(ovTa Kai. EQEvvwvTa coanEQ TOV~
évTaú8a bLáycLV, Ttc; avTwv aocpóc; ECTTLV Kai. TLc; OLETCTL
p tv, ECTTLV o' oü. f71l TIÓCT4' b' av TLc;, ió a.VOQcc; OLKct0TlXL,
APOLOGÍA DE SÓCRATES ,33

jueces, uno va a encontrar a los verdaderos jueces, que, se-


gún se cuenta, hacen justicia ailí, como Minos, Radamante,
Éaco, Triptólem o, 93 y a todos los otros sem idioses que fue -
ron justos durante su vida, ¿sería acaso malo emigrar? Y,
adem á s, ¿cuánto daría alguno de ustedes por convivir con
O rfeo, Museo, Hesíod o y Homero ?94 Por mi parte, estoy dis-
puesto a morir muchas veces, si esto es cierto. Pues tan1bién b
para mí mismo sería n1aravilloso pasar el tiempo en un lugar
donde pudiera encontrarme con Palamedes, con Ayante, el
hijo de Telamón, y con cualquier otro de los antiguos que
haya muerto a causa de un juicio injusto, y co1nparar así
m is sufrimientos con los de ellos. 95 Pienso que esto no sería
desagradable. Pero lo más grande sería, sin duda, pasar el
tiempo examinando a los de allí y preguntándoles, como
lo hice con los d e aquí, quién de ellos es sabio, y quién cree
serlo, pero no lo es. ¿ Cuánto daría uno, señores jueces, por

93. Minos, Radamante y Éaco son hijos de Zeu s que durante su


vida se destacaron por su justicia y llegaron luego a ser jueces en
el mundo de los muertos. La historia se refiere con más detalle en
Gorgias 523a-524a. Triptólemo es un héroe vinculado con el culto
de Eleusis, que se destacó también por su comportamiento justo y
pacífico a lo largo de su vida.
94. Junto a H omero y Hesíodo, las dos grandes figuras h istóricas de
le épica griega, aparecen mencionados dos personajes legendarios
como Orfeo y Museo, vinculados a los anteriores por su calidad de
poetas y cantores. Los cuatro eran considerados los maestros de
Grecia en los comienzos del desarrollo de la cultura. Orfeo y Museo
suelen ser mencionados juntos, en su carácter de iniciadores de la
religión órfica. Véase, p . ej., Protágoras 316d; Rep ública 364e.
95. Palamedes y Ayante Telamonio son dos de los principales jefes del
ejército griego en la expedición contra Troya. En las sagas mitológicas
ambos aparecen como víctimas de muertes inj ustas . Palamedes fue
lapidado por la tropa a causa de una acusación injusta de traición
por parte de Odisea. Ayante se suicidó ante el agravio de verse
injustamente despojado de las armas de Aqu iles, tras la muerte de
éste. Sócrates compara su caso con el de ambos héroes, injustamente
llevados a la muerte.
PLATÓN

blt;cnTo i~eráacu TOV ird TQoÍ..av ayayóvTcx T17v rroJ\i\~v


e CTTQlTnav 17 ·,o ovaaÉa 17 I:.i.avcpov 17 aAAov~ µvgi.ov~ av
TLc;: d'.noL KCTL ávbQac;; Kai. yvvaiKac;;, ok EKÜ cncv\.éyc:a8cn
K(Ü avvüvcu KcÜ i~r-ráCav aptjxa.vov áv ri17 EÚÓaL~tovío:.c;;;
ná.v1:wc;; oú btjnov Tot'.nov ye EVEKa OL EKEi anoKTEÍ..vovar
¡-'CXQ ai\Aa ruocuµovÉCT'TéQOL élCTLV Ol [Kf::l 'H0V iv8ó..bc,
'[Ó( TE
KCÚ ~º11 TOV i\OLTIOV XQÓVOV a8áva'TOL flCTLV, cl7lf() YE '[O'.
Ac:yóµcva aAri8fí.
AAAa KCXL úµac; XQTÍ.r w avbQcc; ÓLKCTCT'TCTL, cúéi\rnbac;
ELVCXL TIQÓc; 'rOV 8ávaTOV, KOÜ fv ·n 'tOÜTo OLavocia8cu
d ai\178tc;:, 01:l OlJK fCTTlV l'.XVOQL aya84J KCXKOV OlJÓEV
OV'TE (.WV'TL OÜTc TcAEV'ttjaa.vTL, Oll()[ aµt:AEL'TCU úno
8cwv 'tll TOlJTOU TIQCXY~llt'[Ct" OVOE '[(X i:µa vuv lXTIO 'tOU
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~b17 'H::8vávcu KCXL arr17AAáx8cu TIQaypáT(i)V ~ÉAnov
17v pül. bu\ 'tOV'tO KCTL i::µi: OllOaµoü anÉTQE'4-1EV 'tü
017µEiov, l(C(Lry(uyc TOic;; KCT'tCT'4,Jl7q)l0CXµÉvou:;: ~lOV l(C(L
'roic; KCXT17yóQol(; oú 11ávv xa.Ac11aí..vc,.J. Ka.Í..ToL oú TaÚTJl
't(l ()LCTVOÍ..0 KCX'tt:ip17<pí..(.ovTÓ µou KCÚ KCX'tl7YÓQOVV,
APOLOGÍA DE SÚCR/ffES

poder examinar al que condujo a Troya aquel gran ejército,


o a Odisea, o a Sísifo? o a muchísimos otros hon1bres y mu- e

jeres que podrían n1encionarse ?96 iDialogar y coffvivir con


ellos allí y examinarlos sería una felicidad indescriptible! En
todo caso, es seguro que los de allí no condenan a rr1uerte
por esto. Pues no sólo son más felices que los de aquí en los
demás aspectos, sino que, además, son ya inmortales por
el resto del tiempo, al menos si es verdad lo que se cuenta.
Pero es preciso, señores jueces, que ustedes mantengan
una actitud esperanzada ante la muerte y consideren una
sola cosa como cierta: que para un hombre honesto no hay d

ningún mal, ni mientras vive ni una vez que ha muerto, y


que los dioses no se despreocupan de lo que le pase. 97
Tampoco en mi caso es casual lo que ha sucedido, sino
que se me hace evidente que morir y quedar liberado de mis
preocupaciones era ya mejor para mí. Ésta es ta1nbién la ra--
zón por la cual la señal no me contuvo en ningún momento.
Y, por mi parte, tampoco estoy muy enojado con lo s que
me condenaron, ni con los que n1e acusaron, aun cuando
no haya sido ésta la intención con la que me condenaron y

96. Junto a Odisea y Sísifo Sócrates menciona aquí, sin emplear su


nombre, a Agamenón, jefe supremo del ejército griego en la guerra
de Troya. La mención de estos tres personajes involucra un contraste
con el caso de Palamedes y Ayante, a quienes Sócrates nombra como
compañeros de infortunio. Agamenón, Odisea y Sísifo son menciona-
dos como personas a las que Sócrates quisiera poner a prueba. Esto
sugiere que Sócrates los incluye en el grupo de quienes aparentan ser
sabios sin serlo. De hecho, Odisea y Sísifo aparecen normalmente
asociados como ejemplos paradign1áticos de astucia, muchas ve ces,
carente de escrúpulos. La asociación de ambos fue tan estrecha que
en épocas post-clásicas Sísifo, originalmente representado sólo como
rey de Corinto, tendió a reemplazar a Laer tes como verdadero padre
de Odisea. El caso de Agamenón es men os claro, pero parece que
su mención en este contexto implica también una crítica a su papel
como conductor de los ejércitos griegos en Troya.
97. Ver nota complementaria p. 161.
PLATÓN

e ai\i\' OLÓµEVOL ~1\árrtELV" 'IOÚ'IO C:llJ'IOLc; CT~LOV µÉ~tcpéa8aL.


rcoaóvbE µiv'IOL aÚTwv bioµae 'tül.Jc; Úcic; µou, inELbixv
TÍ~lÍCTCuCTl, 'nµwQ1íaaa8c, wavbQEc;, 't(Xl)'"((X 'tlXV'tai\vnovvTEc;
lXTTEQ fyc~1 Ú~tac; ii\únovv, i:av úµiv büKWCTLV Tl XQ17µá'IWV
i] ai\i\ov 'tOV TTQÓTEQOV ETTL~u::i\cia0al fi CXQE'IT]s, Kal ECXV
boKcoaí. Tl rivat µqbi::v ÓV'IEc;, ovt:Lbt,ETE:: au'Ioic; c~anEQ
iyw úµiv, O'tl OÚK Ernµci\OÜV'tlXL (0V bt:i, KlXL OLOV'Ial 'tl
Etvc:u ÓVTEc; oúbt:vóc; a~LOL. 1eai. iixv TavTa noLf]'IE, bi.KaLa
42a 'TTE710V8wc; i:yc~ iiaoµcu úcp' {iµwv atnóc; 'Ic Klll OL in:ic;. ai\;\a
yaQ tjcn7 wga antÉvaL, i:~ioi. µi:v ano8avovµtv4,>, úµiv bt:
~LwaoµÉvoLc; . ÓTIÓTEQOL bt ~µwv EQXOV'taL i:rd aµt:LVOV
TIQayµa, áb17i\ov TICTV'tt ni\~v i) TctJ 8EC~.
APOLOGÍA DE SÓCRATES 637

acusaron, sino, 1nás bien, en la idea de hacerrne un daiío.


En esto sí merecen reproche. 98 Sin en1bargo, les pido sólo e

una cosa: cuando m is hijos crezcan, señores, castíguenlos


haciéndolos padecer las mismas cosas que yo le h ice p ade-
cer a ustedes, si les da la impresión de que se preocupan de
las riquezas o de cualquier otra cosa antes que de la virtud.
Y si creen ser algo que no son, entonces háganles el mismo
reproche que yo les hice a ustedes, por no ocuparse de lo
que es debido y por creer que son algo, sin tener ningún
mérito. Si obran de este modo, tanto yo mismo como mis 42a

hijos habremos recibido un trato justo de parte de ustedes. 9 9


Pero es hora ya de irse, yo a morir y ustedes a seguir
viviendo. A quién de nosotros le toca mejor parte, nadie lo
sabe con certeza, excepto el dios.

98. Ver nota complementaria p. 162.


99. Ver nota complementaria p. 162.
PLATÓN

l\TOTA§ COMLPJLJEMJENTAJRKA§

P. 5') NOTA l
Corno apunta Burnet (1924) p. 148, no era inusual referirse a los
1niembros de la corte con el apelativo de «señores» (ándres)) en vez
de «jueces» (dikastazJ. Sin embargo, la evitación de la palabra «jueces»
tiene en este caso un significado especial. En efecto, el pasaje 40a
deja en claro que Sócrates reserva intencionadamente el apelativo
de <1ueces» para el momento en que ya se conoce el veredicto del
tribunal, y se muestra entonces dispuesto a aplicarlo sólo a aquellos
que han votado por su absolución, pero no a los que votaron por su
condena. La razón de esto se da, de modo indirecto, en 18a: el buen
ejercicio de la función del juez no es dejarse impresionar por alegatos
retóricamente brillantes, sino atender exclusivamente a la justicia
o injusticia de lo que se dice como denuncia o defensa de alguien.
Quienes no obran de este modo -y tal es, a juicio de Sócrates, el caso
de quienes votan a favor de su condena- no merecen ser llamados
propiamente <~ueces>>. Véase también la referencia a quienes se jactan
injustamente de ser jueces en 41a.

Pº 5, NOTA 2
Sócrates dis tingue aquí dos sentidos en que se puede atribuir
h abi lidad o competencia para hablar (deinós légein): un sentido
que alude a la capacidad puramente técnica y formal de en1plear
el lenguaje de modo persuasivo, y otro que alude a la verdad del
contenido del discurso y a la disposición a la veracidad de parte del
que habla . De acuerdo con esta distinción, Sócrates contrasta dos
sentidos diferentes en que alguien puede ser llamado «orador»: por
una parte, el sentido habitual, que implica tan sólo la atribución de
competencia formal para hablar persuasivamente, pero no --o no
necesariamente- la de una actitud fundamental de veracidad; por
otra parte, un sentido inusual, que implicaría la atribución tan sólo
de una actitud de veracidad, pero no - o no necesariamente- la de
competencia formal para el uso persuasivo del lenguaje. Sócrates
admite ser llamado «orador» sólo en el segundo sentido, pero no
en el primero, que es el sentido en que se aplica el término a ~us
acusadores. Pero, como correctamente sugieren Brickhouse-Smith
(1989) p. 52 s., la crítica de Sócrates a los oradores, en general, Y
a sus acusadores, en particular, no va dirigida primariamente ª la
forma de sus discurs os como tal, sino, más bien, al hecho de que,
A POLOGÍA DE SÓCRATE S ¡39

en favor d e di cha forma exterior, tienden a dej a r d e lad o en sus


alegatos o si m plemente sacrifican la verdad del con tenido. El con-
traste entre re tórica, cmno técnica p uramente form al de pers uasión,
d esl igada habitualmen te d e la preocupación por la verdad , por un
lado, y verdad, c01no cualificación material de los contenidos del
discurso y como objetivo al que debe apuntar quien cu ltiva un a
actitud genuina de vera cid ad en el contex to de la praxis lingüís-
tica y dialógica, por el otro, r eaparece, de diversos modos y con
diferentes a centuaciones, en las frecue ntes críticas a la retórica que
Platón pon e en boca de Sócrates en escrito s posteriores a Apología.
Véase esp. Gorgias 4 62b -4 6.5e.

Po 7. NOTA 4
Desde Riddell y Bu rnet, la declaración de Sócrates de estar ajeno al
modo d e hablar forense ha motivado una amplia discusión acerca del
sentido no sólo de tal declaración, sino también del proemio como
un todo . En efecto, R iddell (1867) p. xx s. obs ervó que para cada uno
de los elementos fundamen tales contenidos en el proemio pueden
encontrarse ej ernplos y paralelismos en los discursos de los oradores.
Esto vale tanto para el cargo de mentira dirigido a los acusadores,
para la negativa de ser hábil para hablar (así, p. ej., en Lisias XIX, 1,
2) y para el pedido de disculpa por emplear el modo de hablar y el tipo
de argumentos con los que el acusad o está fam iliari zado (presente en
Isócrates XV 179), como también para el alegato de desconocimiento
de las p rácticas forenses (también en Isócrates XV 38), el reclamo de
imparcialidad a los jueces (también en Lisias XIX , 2, 3) , el reclamo
al tribunal de n o hacer alboroto (presente en Esquines II 24) y la
negati va a adoptar estilos o actitudes impropios de un h ombre viej o
(también en Isócrates XII 3). A partir de esta constata ción extrae
Riddell una conclusión en contra de la historicidad del proemio, ya
que tal demostra ción de sutileza retórica en el comienzo de su defensa
no estaría de acue rdo con el Sócrates histórico.
Por su parte, Burnet (1924) p. 147 s. admite el diagnóstico de R iddell
en lo referido a la abundante presencia de lugares comunes de la
re tóric a forense en el proemio, pero rechaza la conclusión que pone
en duda la historicidad del contenido. Burnet explica la aparente
incongruencia entre la declaración de desconocimiento del modo
de habl ar propio de la retórica forense y la demostración fáctica de
conocimiento re tórico proporcionada por el proe1nio como un caso
de ironía socrática . Según esto, no sólo la declaración de descono ci-
mi ento de la retórica forense, sino también el proemio com o un todo
compondrían, entre otras cosas, una parodia de Sócrates, de alcance
PLATÓN

claramente irónico. A los argumentos de R iddell agrega Burne t, en


tal sentido, la in1plausibilida d de la suposici ón d e que Sócrates real-
mente careciera de toda familiaridad con la r etórica de su tiempo.
Tanto Aristófanes en Nubes como J enofonte (cf. Me morabilia I, 2, 15)
darían por sentado que Sócrates se había ocupado de la retórica. A
ello se agrega además, indica Burnet, el hecho de que en R~fJúhlica
se presenta a Sócrates como cercano a la familia de Lisias , y en el
Fedro -que, a juicio de Burnet, contiene un núcleo históricamente
genuino, en lo que atañe a la presentación de la figura de Sócrates--
éste aparece justamente imitando y parodiando el estilo de Lisias 1 y
demuestra también conocimiento de Isócrates. Esto lleva a Burnet
a la conclusión de que, sin ser un informe literal, el proemio es, en
lo esencial de su contenido, genuinamente socrático, incluso en el
h echo de constituir, a la vez, una parodia de los lugares comunes
de la retórica forense, a los cuales Sócrates apela aquí, como en el
Fedro, de un modo tal que a la vez quedan, por así decir, superados
y dotados de un significado nuevo, a través del contraste con la
exigencia de dar más importancia a la verdad del contenido que a
la forma del discurso.
Como la de Riddell, también la interpretación de Burnet presenta
algunos aspectos insatisfactorios. Burnet parece estar en lo cierto
respecto de la historicidad, al menos, de lo nuclear del contenido
del proemio, y también en el énfasis sobre el hecho de que Sócrates
no puede haber estado completamente ajeno a la retórica de su
tiempo. Mucho más difícil de aceptar, en cambio, es su tesis del
carácter de parodia del proemio como un todo. En primer lugar,
no es posible afirmar que la totalidad del p roem io tiene carácter
irónico o paródico, puesto que el proemio contiene, evidenteínente,
afirmaciones que Sócrates necesariamente está dando por verda-
deras, como, p. ej., la promesa reiterada de que en su alegato dirá
sólo lo que él mismo considera justo y verdadero. Pero, además,
tampoco es correcto siquiera interpretar como irónicas la negativa
de ser hábil para hablar y la declaración de desconocimiento de
la retórica forense. En realidad, la interpretación de Burnet parte
de una incorrecta interpretación de estos dos asertos de parte de
Sócrates. Contra ella, se han hecho valer reciente1nente importantes
objeciones. 1) La negativa de ser hábil para hablar no debe enten-
derse en un sentido amplio y genérico, como si implicara absoluta
impericia en el uso del lenguaje de parte de Sócrates, sino que queda
referida exclusivamente al significado concreto que dan a la expre-
sión los acusadores, es decir, a la supue sta capacidad de Sócrates
para embaucar al jurado, de la cual los jueces deb erían precaverse:
Sócrates niega ser hábil para hablar en este preciso sentido, pero no
,6., POLOGÍA DE SÓCRATES p_n

en todos los demás, e incluso afirma expresamente ser un genuino


or a d or, si se con viene en q u e lo característico del orador es decir
la verdad . 2) El a legato d e d escon ocimiento de la retórica fo rense
debe entenderse tarnbién en un sentido re stringido , q u e que da
referido a la declaració n inmed iatamente a nte rio r de hallarse por
prin1era vez en situación de ten er que defender se en un estrado, a
la avanzada edad de se tenta años. En este sentido , Sócra tes está en
lo cierto al declararse inexp erto en la práctic a h abitual del alega to
forense. Pero esto, desde luego, no es incompatible con la posesión
de conocimiento de las técnic as formales de dicha re tórica y de
los modos característicos de la dicción forense. Por lo d emás , el
propio Sócrates remite más tarde expresamente al hecho de haber
presenciado a menudo otros juicios (cf. 34a; v éase también 346- c
y 35a). Esto sugiere que su alegato de desconocimiento del modo
de hablar forense en el proemio se refiere simplemente a l hecho d e
no haber tenido ocasión de ejercitarse a ntes e n el modo habitual
de realizar estos alegatos frente a un tribunal.
Para todo esto, véase Brickhouse-Smith (1 989) p. 53 ss.; Reeve (1989)
p. 5 ss. Para la relación del exordio con la r etórica forense de la época,
véase también de Strycker-Slings (1994) p. 27 ss.

P. 13, NOTA 9
El punto central es aquí que la falsa imagen de Sócrates, que lo pre-
senta como una suerte de mezcla de filósofo natural y sofista u orador,
sólo apunta, en definitiva, a dar sustento al verdadero cargo de fon-
do, que es el de ateísmo. El cargo de especular sobre los fenómenos
celestes e indagar las cosas subterráneas busca, entonces, asociar la
figura de Sócrates con la de pensadores como Anaxágoras, quien
hacia el año 450 a . C. h abría sido acusado formalmente de impiedad
en Atenas a causa de sus indagaciones sobre los fenómenos celestes,
las cuales lo llevaron a sostener doctrinas consideradas incompatibles
con la creencia en la divinidad de los astros. En la posterior discusión
con Meleto Sócrates intenta quebrar esta errónea asociación de su
figura con la de Anaxágoras, y remite expresamente a las doctrinas
cosmológicas del filósofo. Véase 26c-e.

P. 23, NOTA 14
Sócrates declara aquí no haberse ocupado con el tipo de indagación
llevado a cabo por los filósofos de la naturale za. Se trata de una
constatación de hecho, que el propio Sócrates pretende presentar,
en principio, como despojada de toda valoración, positiva o ne-
gativa, acerca de ese género de especulación filosófica (cf. 19c-d).
PLATÓN

Esto prepara un argumento importante dentro de su posterior


estrategia de defensa contra las acusaciones de Meleto, consistente
en intentar mostrar que parte de los cargos que se le formulan se
basan en una confusión de sus indagaciones con las especulaciones
cosmológicas llevadas a cabo por filósofos como Anaxágoras (cf.
26a-e). En un famoso pasaje de Fedón Sócrates realiza una especie
de autobiografía intelectual, en la que explica, entre otras cosas, su
entusiasmo juvenil con la filosofía de la naturaleza y su posterior
desencanto al comprobar que el tipo de explicaciones ofrecidas por
los representantes más famosos de ese tipo de indagación resultaba
insuficiente, pues apelaba exclusivamente a causas de tipo material y
1necánico, sin hacer intervenir para nada la referencia a propósitos y
fines (cf. 95a-99d). Según la versión de Fedón, en este desencanto de
Sócrates jugó un papel muy especial precisamente Anaxágoras. En
efecto, Sócrates cuenta allí que, ya decepcionado con otros autores,
se entusiasmó nuevamente al enterarse de que, junto a las causas de
tipo mecánico, Anaxágoras introducía una causa de tipo diferente,
el Intelecto (noüs) cósmico, y le atribuía un papel decisivo en el
proceso de generación del universo. Tanto mayor fue su decepción
entonces, al comprobar que, en la práctica, Anaxágoras atribuía al
Intelecto una función que no resultaba cualitativamente distinta de
la atribuida al resto de las causas habituahnente reconocidas por
los filósofos naturalistas, pues lo hacía actuar, básicamente, como
una nueva causa mecánica, aunque fuera anterior y más importante
que el resto (cf. Fedón 97b-99d). A partir de este trasfondo, puede
advertirse que la declaración de Sócrates de no saber nada acerca del
tipo de indagaciones desarrolladas por los filósofos naturalistas no
debe entenderse en un sentido literal, pues involucra, claramente, un
componente de distancia irónica. A esto hay que agregar que Sócra-
tes fue muy probablemente discípulo de un filósofo de la naturaleza
como Arquelao, cuando joven. La declaración de no saber nada de
estas cosas debe entenderse más bien en el sentido sugerido por el
pasaje antes citado del Fedón. Sócrates explica allí que el estudio de
las sofisticadas y novedosas doctrinas de los filósofos naturalistas, que
para los mismos fenómenos daban cada uno explicaciones diferentes
y hasta contradictorias, lo llevó finalmente a un estado de confusión,
en el cual ya no acertaba a explicarse satisfactoriamente nada de lo
que antes creía saber razonablemente. Por ello prefirió finalmente
abandonar de modo definitivo ese tipo de especulaciones (cf. Fedón
96c-d; 99d-100a). Por lo demás, debe tenerse en cuenta que para el
momento del juicio habían pasado ya poco menos de cincuenta años
desde esta pasajera ocupación juvenil de Sócrates con la filosofía de
la naturaleza.
APOLOGÍA DE SÓCRATES

Pº 279 NOTA 19
El p recio de 5 :mi.nas por curso q ue habría exigido Eveno por su
en señanza es bajo, si se lo compara con las 100 q ue p ar ece haber
p edido en ocasiones Protágoras (cf. D iógenes Laercio lX 52; véase
Burnet [1924] p. 167). Pero, corno indica Eggers Lan (1 96 6) p. 125
nota 14, el precio no deja de ser consid erable, si se lo cmnpara, p.
ej ., con el monto de los salarios mensuales de un tra bajador labriego,
que, al parecer, rondaban las 30 dracm a s, equivalentes aproxin1a-
damente a 1/3 de mina (1 min a= 100 dracm as) (cf. Dodds [1959]
p. 347, ci tado por Eggers Lan). Ad viértase que en 38b Sócrates dice
disponer a lo sumo de 1 m ina para pagar como multa, y sus amigos
pudientes ofrecen hasta 30 minas para salvarlo. Esto da una idea
de la relación de valores, y de lo costosos que podían resultar los
servicios de los sofistas.

P. 319 NOTA 24
Contra lo que se asume en ocasiones, la expresión kai hym6n t6(i)
pléthei hetaíros en 2lal no remite a una supuesta amistad personal
de Querefonte con la mayoría de los jueces del j uicio proceso contra
Sócrates, que, por lo demás, eran una multitud: 501, según la versión
más digna de crédito (véase arriba p. 7). La expresión refiere aquí,
más bien, a algún tipo de relación de camaradería, más precisamen te,
a una camaradería de tipo político. Nótese que el tex to no emplea
en este caso el térn1ino jJhílos, que es el que más se aproxima en su
significación a nuestra palabra «amigo», sino el término hetaíros,
cuya significación, aunque a veces intercambiable con la de phílos,
no es simple1nente equivalente. Como señala Burnet (1 924) p. 170
ad loe., hay aquí un intencionado doble uso de hetairas en el pasaje:
aplicada a la relación de Querefonte con Sócrates, la pala bra alude
a la pertenencia de Querefonte al círculo de amigos y seguidores de
Sócrates, de suerte que en este empleo del término la relación de
amistad o cercanía personal está claramente implicada; aplicad a
a la relación de Querefonte con los jueces o su mayoría, la palabr a
apunta, en cambio, a recalcar la común fil iación política de Que re-
fonte con esos jueces.
En tal sentido, de Strycker-Slings (19 94) p. 272 ad loe., explican
que hetaíros puede muy bien indicar mera sin1patía con las líneas
generales de una política, y no necesariamente pertenencia formal
a un partido, en calidad de miembro. Con todo, esto no afecta aquí
el fondo de la cuestión, pues la vinculación de Querefonte con el
partido democrático fue , evidentemente, lo suficienten1ente e strecha,
como para forzarlo al exilio . El énfasis de Sócrates sobre este hecho
PLATÓN

es importante a los fines de su defensa, porqu e la mayoría de sus dis-


cípulos o seguidores habían sido enemigos del régimen democrático.
En su estrategia de defensa, Sócrates intenta, en más de una ocasión)
despolitizar el objetivo de sus actividades, ya sea dejando ver~ como
aqu í, la diversa filiación política de sus seguidores, ya sea dejando
constancia de que, en lo personal, le fue mal tanto bajo el régimen
aristocrático cmno bajo el democrático (cf. 32a-e). La traducción
«seguidor del partido democrático» en 2 lal está destinada, pues, a
hacer perceptibles para el lector no especializado estas conexiones,
que, de otro modo, le pasarían completamente inadvertidas. Como
indican de Strycker-Slings (1994) p. 272 ad loe., expresiones como-
hym6n t6(i) pléthei y to pletlws to h_yméteron se emplean para referir tanto
a la asamblea popular como al régimen democrático y, en último
término, también al propio partido democrático. Para este último
uso, véase, p. ej., Andócides, De mysteriis 136, 150; Lisias XII 66-67;
XIII 1, 2, 11; XXIV 25; Demóstenes XXIV 111, 134; citados por
de Strycker-Slings.
Para el trasfondo político en e l que se inscribe la estrategia de defensa
adoptada por Sócrates, puede verse la discusión en Wilson (2007) p.
52-88, que enfatiza acertadamente el papei decisivo que debe conce-
de rse a la actitud política de Sócrates, que no ocultaba su distancia
crítica respecto del régimen democrático, y a su asociación, real o
supuesta, con «a1nigos peligrosos», como Critias y Alcibíades, a la
hora de explicar el origen de las sospechas y el encono contra su
persona. Una instructiva caracterización del pensamiento político
de Sócrates se encuentra en Vvaterfield (2009) p . 173-190. Waterfield
ofrece, además, una excelente pintura del medio aristocrático en el
cual se inscribe la relación de Sócrates con Alcibíades y Critias, en
el contexto más amplio de las fuertes transformaciones ocurridas
en los años de la guerra contra Esparta (cf. p. 51-121). Un intento
de reconstrucción de lo que sería la «filosofía política» de Sócrates,
especialmente, sobre la base del testimonio platónico en Gritón, se
encuentra en Griswold (2011); véase tambiénjohnson (2013 ).

P. 33, NOTA 26
La respuesta de Sócrates en este pasaje plantea un problema, que
afecta a la interpretación de la historia del oráculo corno un todo.
En 21a se cuenta que a la pregunta de Querefonte acerca de si había
alguien más sabio que Sócrates la pitonisa respondió con un enuncia-
do negativo, diciendo que nadie era más sabio, es decir, en el texto
griego: meáéna sophóteron einai. Ahoras en 21b, Sócrates reproduce la
sentencia del oráculo de un medo que implica dos cambios grama-
ticalcs importantes respecto de la primera for:..-n ulación, a saber: 1)
reemplaza e1 enunciado negativo por uno afirü'1alivo, y 2) reemplaza
el comparativo del aci~ etivo «sabio» por el correspondiente superlativo
sin artícu lo. La formulación resu ltante en e l texto g riego es, pues, la
siguiente: emé sophótaton einai. Esta nueva ve rsión de la respuesta del
oráculo refleja el modo en que la habría interpretado inicialm ente
Sócrates, pero admite dos posibles traducciones, m uy diíerentes en su
alcance, en vir tud de la ambigüedad de significa do del comparativo
griego p rivado del artículo. En efecto, así empleado, el sup erlativo
puede indi car el rn áximo comparativo absol uto en ]a posesión de una
determinada cual idad o bien sólo la posesión de dich a cualidad en
grado eminentej sin implicar necesariamente que se trate del máximo
comparativo absoluto. En atención a esta dualid ad de significado d el
superlativo sin artículo , la senten cia de 21 b pue de ser trad ucida ya
como a) «yo soy el más sabio», ya como b ) «yo soy sapientísimo» o
bien «extremadamente sabio». Si en la sentencia original el super-
lativo hubiera estado acompañado del artículo, la expresión habría
sido unívoca, de modo sólo podría haber sido traducida en el sentid o
indicado por a). En n1i traducción, en cambio, he seguido la cauta
recomendación del Prof. A. G ómez Lobo y he optado por traducir
en el sen tid o indicado por b ), sin estar, sin e1nbargo, totalmente
convencido de que Sócrates no haya querido mentar a).
Ahora bien, asurniendo que el significado de la sentencia de Sócrates
es el indicado en a), algunos intérpretes le han reprochado a Sócrates
el cometer una equivocación im portante en su interpretación de la
sentencia del o ráculo : mientras la respuesta del oráculo sólo exclu-
ye lógicamente la posibilidad de que haya alguien más sabio que
Sócrates, Sócrates la habría entendido, tomándola en el sentido de
a), como si quisiera decir que él mismo era más sabio que todos los
demás. E sta inferencia contendría, entonces, un error lógico elemen-
tal, pues de «nadie es mayor/mejor que A» no se sigue, obviamente,
que «A es mayor/mej or que todos los demás». Algún intérprete ha
ido lo suficientemente lejos en esta línea de argumentación , cmno
para a tribuirle al supuesto error de !ógica de Sócrates consecuencias
tan graves como su propia muerte . Esta no habría sido, en defi ni tiva,
sino el resultado último de la m ala interpretación de la sentencia
del oráculo: en la creencia de que el dios no podía estar mintiendo,
la errónea interoretación de la sentencia habría llevado a Sócrates
J.

a in tentar demostrar insistentemente su superioridad frente a los


demás, por medio de su método de ind agación y refutación (en este
sentido, cf. Tan1ayo [1996]).
Por mi parte, creo que este tipo de objeción puede desarticularse
fácilmente, si se pondera adecuadamente todos los elen1entos que
PLATÓN

entran en juego. Aun cuando la sentencia de 21b tuviera que enten-


derse en el sentido a), lo cual no es forzoso, es posible mostrar que
Sócrates no comete necesariamente u n error de lógica y, además,
que su muerte no es una simple consecuencia de ese supuesto error.
La mejor prueba de esto consiste en ver cuál fue realmente el tipo
de indagación que emprendió Sócrates para tratar de interpretar el
verdadero alcance de la sentencia del oráculo. Desde el punto de
vista de su estructura formal, puede decirse que la indagación de
Sócrates no apunta a demostrar la verdad del enunciado «Sócrates es
más sabio que X», donde X representa el interlocutor del caso, sino,
n1ás b ien, la verdad del enunciado «X es más sabio que Sócrates» y,
con ello, la falsedad del enunciado «no hay ningún X que sea más
sabio que Sócrates», que reproduce el contenido de la respuesta
del oráculo, en su formulación negativa original. Sócrates afirma
expresamente que su indagación destinada a interpretar el sentido
profundo de la sentencia del oráculo tomó, en principio, la forma
de un intento por poner a prueba y refutar dicha sentencia en su
significado literal, y no la de un intento de confirmarla (cf. 2lb-c).
Puesto que el examen adquiere la forma de una prueba refutatoria de
la sentencia del oráculo en su significado literal e inmediato (véase
abajo nota complementaria 31 en p. 147)~ resulta, desde este punto
de vista, indiferente, si Sócrates entendió en un comienzo la versión
positiva de dicha sentencia dada en 216 en el sentido a) o bien en el
b), ya que, para hace r falsa la sentencia negativa del oráculo de que
no hay nadie más sabio que Sócrates, basta con hallar, al menos, un
individuo que lo supere en sabiduría.
En este sentido, el tipo de examen emprendido por Sócrates no
presupone, en su origen, una interpretación errónea de la sentencia
del oráculo, pues en razón de su estructura de tipo refutatorio, y no
confirmatorio, es compatible tanto con la interpretación a) como
con la b) de la sentencia contenida en 21b. Una cosa completamente
diferente es el hecho de que, al cabo del examen realizado a sus in-
terlocutores, Sócrates obtuviera precisamente el resultado opuesto
del q ue, en principio, estaba buscando, y se viera forzado entonces
a constatar que, pese a las apariencias iniciales, su interlocutor
no lo superaba en sabiduría, sirio que, en un sentido diferente del
té rmi no, era precisamente Sócrates el más sabio de los dos, pues
Sócrates revelaba poseer una consciencia de los límites del propio
saber de la cual su interlocutor ocasional carecía. Sin embargo, esto
expresa el resultado de la indagación de Sócrates, y no su punto de
partida, y se trata incluso de un resultado inesperado para Sócrates
mismo, y no de uno directamente buscado por él en su ac tividad ~e
indagación y examen de sus conciudadanos. Así lo señala el propio
A_POLOGÍA DE SÚCR AT ES

Sóc rates, cuan do contrasta. expresam en te las intencion es con q ue


inició su tarea y los resultados que obtuvo p or medio de ella (cf. 22a).
En este sen tido, incluso si hubiera que enten derla en el sentido a),
la sentencia de 21b no necesariamente contiene el error de lógica
que se pretende imputar a Sócrates, pues, tom ada en el sentido
a), la sentencia de 21b puede muy bien ser interp retad a como una
anticipación del resultado al que 1 de hecho, condujo la indagación
realizada para poner a prueba la sentencia del oráculo, ttatando de
refutarla. Este resultado, obviamente, no se sigue de la sentenci a
del oráculo, como tal, ni precede a la indagación de Sócrates, a la
manera de una hipótesis de trabajo, si no que, más bien, se obtiene
de modo inductivo, sólo al cabo de la indagación rnisma.
Para otros detalles referidos a la historia del oráculo y a la formu-
lación de su respuesta en la versión de Platón y J enofonte, véase de
Strycker-Slings (1994) p . 74-82 . Para el significado del oráculo como
punto de partida de la indagación socrátic a, véase Brickhouse-Smith
(1 989) p. 87-100.

P. 33 9 NOTA 27
Sócrates rechaza la posibilidad de que la respuesta del oráculo sea
falsa, pues Apolo no puede haber mentido. Sócrates formula esto
diciendo que al dios «no le es lícito» (ou thémis autói) mentir, en el
sentido de que no corresponde a su naturaleza de dios y a su función
dentro del orden del mundo. Como ex plica Gómez Lobo (1994)
p. 80 s., a dicho orden del mundo, que es fuente de normatividad,
queda sujeta incluso la voluntad de un dios como Apolo. Aunque el
punto está formu lado aquí de un modo que queda restringido al caso
particular de A polo, parece expresar una convicción más general de
Sócrates, quien en otros pasajes platónicos rechaza la idea de que
la d ivinidad como tal pueda mentir (cf. República II 382e). En esto
Sócrates se opone frontalmente a la presentación tradicional del com-
portamiento de los dioses, tal como ésta aparece, p. ej ., en H omero.

P. 35, NOTA 31
Sócrates se compara con ambas figuras para hacer resaltar irónica-
mente el hecho de que todos sus esfuerzos condujeron finalmen te a l
resultado opuesto a aquel que, supuestame nte, pretendía alcanzar
al emprenderlos . Como hace notar Burnet (1 924) p. 174, esto alude
al hecho de que Sócrates comenzó su indagación con la intención
expresa de refutar al oráculo (cf. 2lb-c) 1 y sólo después de hab er
comprendido su significado más profundo adoptó expresamente la
decisión de seguir su indagación como servicio al dios (cf. 23a-c).
PLATÓN

Sin embargo, la intención inicial de Sócrates de «refutar» el oráculo


debe entenderse corno referida exclusivamente al sentido literal y
n1ás obvio del dicho del dios. Pues Sócrates afirma tam.bién desde
el comienzo su convicción de que el oráculo no puede ser falso (cf.
21 b; véase arriba nota 26). Por tanto, no hay lugar para ver en la
declaración inicial de Sócrates, como se ha pretendido a veces, un
gesto de impiedad frente a Apolo. P ues su indagación apuntaba, en
definitiva, a establecer el sentido profundo del oráculo, y no a poner
en tela d e juicio su verd ad . Para esta cuestión véase Brickhouse-Smith
(1989) p. 96 s.; Górnez Lobo (1994) p. 69 ss.; Reeve (1989) p. 22 s.

Pº 37~ NOTA 32
Só crates esboza aquí una concepción de la inspiración poética en la
misma línea de la que se encuentra desarrollada más ampliamente
en el ]onde Platón . Los poetas no producirían sus obras simplemente
sobre la base de un genuino conocimiento, que fu era enseñable al
m o do de los conocimientos técnicosº La prueba de ello sería que no
p ueden dar cuenta satisfactoriamente del significado de las obras
que ellos mismos producen. En este sentido, su arte se basaría~
más bien, en ciertas dotes naturales. Y la producción de sus obras
a contecería en un peculiar estado de inspiración, de origen divino
(entlwusiázontes). De este modo, los poetas resultan comparables en
alguna medid a a los vates y adivinos, que ofician de mediadores de
mensajes que ellos mismos no producen. La misma comparación
con vates y adivinos se aplica en lv!enón 99c no sólo a los poetas, sino
también a los políticos.

Pº 39~ NOTA 33
Los artesanos revelaban poseer efectivamente un saber específico
genuino, del que podían dar cuenta y que podía ser enseñado a otros.
Su error consistía, sin embargo, en pasar por alto el hecho de que,
por basarse en un conocimiento técnico específico, su competencia
está exclusivamente limitada al ámbito propio de su oficio, y en
creerse así capacitados para emitir juicios sobre asuntos que escapan
a su esfera específica de com.petencia, incluso sobre aquellos de la
rnayor importancia, como son los relativos al gobierno de la ciudad
(para esta interpretación de la referencia a los asuntos más ímpor-
tantes, véase Gómez Lobo [1994] p . .52 s., quien ve aquí una crítica
velada Sócrates al régimen democrático) . La posesión de un saber
específico de tipo técnico-productivo aparece en este caso como el
punto de partida d e una actitud de imprudente desmesura, por no ir
acompañada de un saber reflexivo dP- segu ndo orden, relativo a los
APOLO GÍA DE SÓCRATES

lín1ites éstructurales de dicho saber técnico de ,o rilner o:cden. Este


tipo de error con sist •nte en u n a actitud equivocada fr en te al alcance
y lo s límites del propio saber tiene, par a Sócrates, conse cuencia.s lo
suficien temente graves como para preferir carecer d el saber técnico
resp ectivo, si el precio hipotético de poseerlo fuera tener que pade-
cer, a la vez , ese tipo de ignorancia. También a los poetas les había
reprochado Sócrates poco antes el mismo tipo de d esmesura. Pe ro
en el caso de los p oetas la situación es aún peor, en la medida en que
ni siquiera se les p uede atribuir un genuin o conocimiento específi co
de tipo técnic o como a los a rtesanos.

P. 41 ~ NOTA 35
Sócrates explica d e este modo el origen del posterior cargo de corrup-
ción. Todo se remontaría, en últi mo término, a su popularidad entre
los jóvenes de las fam ilias a dineradas, que comenzaron a seguirlo
e imitarlo en su actividad de examinar a quienes pasaban por ser
sabios. Los cargos formales de corrupción que posteriormente se le
hicieron estarían motivados, en última instancia, por los temores
que despertó su influencia sobre los jóvenes, y por la indignación de
quienes se veían puestos en evidencia. Pero en su formulación literal
tales cargos se limitan a articular una serie de lugares comunes y de
reproches habituales contra los que se dedican a la filosofía, cuya
aplicación a Sócrates carece de todo fundamento.

P. 419 NOTA 36
Sócrates presenta aquí a los principales promotores de la nueva
acusación fonnal como representan tes de los intereses de uno o
varios de los grupos de personas que se sintieron afectados por sus
indagaciones. Meletoj el promotor oficia l de la acusación formal, es
nombrado en primer término (pero véase arriba nota 7). En opinión
de Burnet (1924) p. 179, su asociación con los poetas puede deberse
a que él mismo haya escrito poemas o bien, como se ha sugerido a
veces, a que haya sido el hijo del poeta trágico del mismo nombre.
En todo caso, como explica Burnet (1 924) p. 89 s., la identificación de
Meleto, el joven acusador de Sócrates, con el conocido poeta trágico
del mismo nombre deb~ ser descartada por razones cronológicas. La
doble v inculación de Anito, probablemente el principa l instigador
de la acusación, con los ~r tesanos y los políticos parece deberse al
hecho de que el propio Anito sería uno de aquellos artesanos que
pretendían ser también conocedores de los asuntos políticos, y había
adquirido por ese entonces una importante influencia política. En el
lvfenón Platón lo retrata corno u n enconado enemigo de los sofistas,
PLATÓN

que ti ende a asociar con ellos a Sócrates (cf. esp. 89e-95a; véase
Burnet [1924] p . 179 ; Brickhouse -Smith [1989] p. 29). D e Licón, por
su p a rte 1 no sabemos casi nada. La asociación de los tres promotores
de los nuevos cargos en su contra con los grupos de personas que
m ostraron desde antiguo hostilidad contra él es parte iinportante
de la estrategia de Sócrates, destinada a presentar las nuevas acusa-
cion es formales c01r10 originadas en las antiguas inculpaciones de
tipo informal, trasmitidas en la forma de rumores y murmuraciones.

Pº 59, NOTA 40
Sócrates las califica de «extrañas» (átopa) las tesis cosmológicas de
A naxágoras no tanto para indicar que son «absurdas» o «falsas», sino,
m ás bien, para enfatizar el hecho de que sería imposible plagiarlas
exitosan1ente, pues, dada su peculiaridad, nadie podría desconocer
su verdadero origen. En el relato autobiográfico de Fedón 96a-99d
Sócrates cuenta haberse entusiasmado de joven con el pensamiento
de Anaxágoras, al enterarse de que, junto a las causas mecánicas,
introducía también una causa de otra índole como el Intelecto
cósmico (noús). Pero ese entusiasmo se transformó rápidamente en
decepción al leer su libro y comprobar que Anaxágoras reducía a un
n1ínimo las funciones de dicho Intelecto, pues lo hacía actuar como
una simple causa mecánica más, y no apelaba a su acción para dar
explicaciones de tipo teleológico acerca del orden y disposición de
las cosas en el universo (cf. 97c-98c).

P. 75 9 NOTA 47
En muchos casos, Sócrates opone su actitud a la de aquellos que creen
ser sabios sin serlo, diciendo que él mismo no es sabio, pero tampoco
cree serlo. Aquí, en el caso de la actitud ante la muerte, el énfasis es
a lgo diferente: mientras los demás actúan como sí supieran que la
muerte es un mal, Sócrates declara no saberlo y, además, estar seguro y
consciente de no saberlo (y no meramente «no creer saberlo»; cf. 29b:
oíomai ouk eidénai, donde la negación recae sobre eidénai, «saber», y
no sobre oíomai, «creer», «estar cierto»). El énfasis es aquí positivo,
y recae expresamente sobre la consciencia de la propia ignorancia:
Sócrates no sabe, pero sabe que no sabe.

Pº 779 NOTA 49
Sócrates enfatiza aquí la comunidad de origen o nacimiento con
sus conciudadanos, quienes son los destinatarios inmediatos de su
a ctivid a d en serv icio del dios y de la propia ciudad . Se distingue
~1sí de la actitud de los so fi stas~ itineran tes d e ciuda d en ciudad, que
APOLO(:;ÍA DE SÓCRATES

vendían sus servicios a qui en estuviera dispuesto a pagar p or ellos.


El sentimiento de p ertenencia a la ciudad se en fatiza nuevamente en
37c-e, donde Sócrates rechaza la p osibilidad de vivir en el destierro.
El motivo de su pertenencia a Atenas y su deuda para la comunid ad a
la que debe su crianza y educación resulta central en la justificación de
la negativa de Sócrates a escapar de la cárcel tras el juicio, mientras
esperaba la ejecución de la sentencia a muerte . Véase Critón 50a ss.

P. 79, NOTA 50
Desde el punto de vista gramatical, la sentencia contenida en 3062- 4
admite también una interpretación diferente de la que subyace a la
versión que he dado en mi traducción. Según dicha interpretación
gramatical, defendida todavía por algunos intérpretes, la traducción
de la sentencia debería decir: «de las riquezas no surge la virtud,
sino que es a partir de la virtud como surgen para los hombres las
riquezas y las demás cosas buenas, todas ellas, tanto en lo privado
como en lo público». Desde el punto de vista gramatical, la interpre-
tación que subyace a esta traducción es posible e incluso, en algún
sentido, más sencilla que la que sustenta la versión a la que yo h e
dado preferencia. Mi decisión en contra de tal interpretación coincide
con la de intérpretes como Burnet, Vlastos, Gómez Lobo y Stockes,
entre otros, y se basa en las notorias dificultades de contenido que
presenta la versión alternativa citada. En efecto, de ésta se sigue la
adscripción a Sócrates de una tesis altamente implausible, a saber:
la tesis de que la mera posesión de la virtud ética garantiza, por sí
sola, la obtención de cosas como las riquezas, los honores y todos los
demás bienes extramorales, y ello tanto en el ámbito privado como
en el público. Una tesis semejante no viene exigida por ninguno de
los principios básicos de la concepción ética de Sócrates, tal como
ésta puede reconstruirse a partir de los diálogos tempranos de Pla-
tón y de las demás fu entes principales, en especial,Jenofonte. Pero,
además, como lo señaló ya Burnet (1924) p . 204, dicha tesis resulta
claramente incompatible con el modo en que el propio Sócrates
presenta su situ ación ante los jueces en la Apología, pues Sócrates
declara, en repetidas oportunidades, encontrarse en una situación
de gran indigencia, como resultado de su propia actividad de ex-
hortación a la virtud y de servicio al dios (cf. 236-c; véase también
31c, 37c, 386). Por otra parte, poco antes de introducir la sentencia
de 3062-4 que da pie a la discusión, Sócrates había contrastado
fuertemente la preocupación por el dinero, los honores, etc., con la
preocupación por la vi rtud, dando a entender así que es ciertamente
posible dedicarse a obtener dichos bienes extramorales por caminos
PLATÓN

que implican el descuido, incluso completo, del bien propiamente


1noral (cf. 29d-e; véase tan1bién Stockes [1997] p. 149 ad 3062-4).
En tal sentido, no es exagerado decir, con Gómez Lobo (1988) p.
30, que Sócrates mismo es la «refutación viviente» de la tesis que le
adscribe !a versión alternativa citada. Para una defensa más amplia
de esta interpretación del pasaje, en réplica a las objeciones de Frías
(1999), me permito remitir a Vigo (20006); véase también la amplia
discusión en Burnyeat (2003). Por su parte, Salmieri (2011) ofrece
una defensa de la lectura del texto que he dejado de lado, en la cual
intenta mostrar que, a juicio de Sócrates, la virtud es el único modo
fu ndamental de hacer dinero («the only fundamental money maker»).
Sin embargo, su defensa de esta exótica tesis es extremadamente
débil y va acompañada, además, del reconocimiento de que la lec-
tura alternativa ofrece una interpretación más característicamente
socrática y filosóficamente más instructiva («more characteristically
,Socratic and more philosopltically insightful»). Siendo así, la única razón
de fondo que queda a Salmieri para preferir la interpretación que
resulta más débil, desde el punto del contenido, es la convicción, no
libre de cierta dosis de prejuicio, de que se basaría en una lectura
sintácticamente más natural («the traditional and more natural way of
reading tite clause»). -

Pº 81 9 NOTA 51
En este pasaje Sócrates afirma su convicción de que el hombre malo
no puede causar realmente daño al bueno (véase arriba p. 22). La
expresión «no está permitido» (ou themitón) sugiere que tal imposibi-
lidad está fundada en la naturaleza de las cosas, más concretamente,
en el tipo de b ienes y males aquí involucrados: el malo sólo podrá
arrebatarle al bueno algunos bienes exteriores, pero no el bien in-
terior del alma, pero, a la vez, él mismo quedará privado de éste, al
cometer injusticia en contra del bueno. Esta convicción está, pues,
directamente conectada con la tesis socrática de la superioridad de
los bienes del alma.

P. 83., NOTA 53
Ésta es la primera referencia de Sócrates durante su defensa a la famo-
sa «señal divina» que, según afirma en reiteradas oportunidades, se
le presentaba habitualmente. La referencia se repite en 40a-c. Véase
también Critón 36; Eutidemo 272e; República 469c; Fedro 2426; Teeteto
151a. La expresión daimónion, que he traducido por «extraordinario»,
h a llevado con frecuencia a una interpretación inflacionaria de la
referencia de Sócrates a este signo, al ser asociada con la palabra
APOLOGÍA DE Sé>CRATES í,53

dafaz(m y con representa iones posteriores de los «demon ios>> o es-


píritus intermedios , cad a vez más frecuentes y amplificadas, sobre
tod o, en la ép oca helenística. Sin embargo, aunque 1a representación
habitual de los daímones no le está completamente ajena, Sócrates
nunca emplea el sustantivo daírni5n para referirse a esta señal, y el
adj etivo daimónion empleado en este tipo de giros no parece tener
otra fuerza que la de subrayar el carácter extraordinario de dicho
signo y su procedencia, en cierto modo, divina (para el significado
de daímón en Platón, véase arriba nota 41)º Para evitar confusiones
y fals as asociaciones en el lector, he evitado una traducción del tipo
«señal divina y demoníaca», que es todavía la más habitual.
En el presente pasaje Sócrates precisa una de las características
esenciales de este signo divino: su función es de tipo preventivo,
en el sentido de que advierte a Sócrates de no tomar determinadas
decisiones, pero nunca le indica positivamente qué curso de acción
seguir. La función del signo divino, al menos en la presentación de
Sócrates por parte de Platón, parece agotarse en evitarle a Sócrates
determinados males, en el sentido de consecuencias negativas no
buscadas de los actos que se apresta a realizar.Jenofonte, en cambio,
parece atribuir funciones positivas a l signo divino, el cual reco--
mendaría a Sócrates «qué hacer» (cf. Apología 12, 3; véase también
Memorabilia I 4, 3-7; IV 8, 1-2). Pero es probable quejenofonte haya
formulado de modo impreciso el punto, tal vez, dejándose llevar por
la fuerza expresiva de la oposición «qué hay que hacer» y «qué no
hay que hacer», la cual no implica necesariamente la atribución al
signo divino de una función positiva como guía de la decisión moral.
De hecho, recomendaciones puran1ente negativas de abstención
pueden ser incluidas, en un sentido amplio, bajo el rótulo genérico
de recomendaciones acerca de «lo que hay que hacer». Por otra parte,
como enfatiza acertadamente Gómez Lobo (1 994) p. 98 ss., el tipo de
advertencia impartida a Sócrates por el signo divino parece tener un
alcance prudencial, más bien que estrictamente m oral. Así, p. ej., la
advertencia de no participar en las actividades políticas no tiene el
alcance de una censura moral de la dedicación a tales actividades,
sino que apunta tan sólo a preservar a Sócrates del riesgo de una
muer te prematura y, con ello, a evitar un final anticipado de su pe-
culiar servicio a la ciudad. En cambio, Sócrates no apela nunca de
modo directo a la «señal divina» para justificar la corrección moral
de una decisión determinada.
Para otras precisiones acerca de las características y función del signo
divino, véase Brickhouse-Smith (1994) p. 189 ss. El tratamiento de
Tovar (194-7) p. 259-275 añade algunos aspectos interesantes desde el
punto de vista cultural y religioso, pero no tiene la nitidez requerida
154 PLATÓN

en la demarcación de las Íunciones del signo divino. Un útil resumen


de la presentación del signo divino en Platón yJenofonte se encuentra
en Riddell (1867) p. 101-1 09.

Po 85? NOTA 54
En todo este pasaje hay una fuerte crítica de Sócrates a las prácti-
cas políticas de su tiempo, en general, y al régimen democrático
que detentaba el poder, en particular. Pero, como enfatiza Reeve
(1989) p. l00ss., 155 ss., esto no implica la adhesión de Sócrates a
una posición radical de rechazo a la actividad política como tal, ni
tampoco la adhesión a una posición radicalmente antidemocrática.
Brickhouse-Smith (1994) p. 157-166 reúnen y discuten los principales
textos platónicos para caracterizar la actitud crítica de Sócrates tanto
frente a los demócratas como frente a los oligarcas de Atenas. Para
una reconstrucción de la posición de Sócrates respecto del Estado y
las leyes a partir de Apología y Gritón, véase Santas (1979) p. 10-56.
Para estos aspectos, vinculados con la actitud de Sócrates frente al
régimen democrático y la política, en general, véase también las
indicaciones dadas arriba, nota complementaria 24, p. 143 s.

Po 91, NOTA 64
Este pasaje contiene una alusión indirecta al caso de Alcibíades
y Critias, ambos políticos prominentes, que habían pertenecido
al grupo de quienes frecuentaban a Sócrates y pasaban así por
discípulos suyos. Esto hacía que se responsabilizara a Sócrates in-
directamente por las acciones y delitos de ambos. Este aspecto no
fue mencionado en la acusación formal de Me1eto y sus mentores,
pues un edicto de amnistía del año 403 dificultaba la posibilidad de
hacer cargos formales sobre la base de hechos anteriores a esa fecha.
Pero Sócrates sabe que esta conexión forma parte del trasfondo de
la acusación formal y contribuye a la negativa imagen pública de
su persona, de la cual los acusadores buscan sacar par"tido. Por eso
intenta desactivarla con un argumento de tipo general referido a
los límites de la responsabilidad que le cabe por sus actividades,
sin mencionar expresamente los nombres de Critias y Alcibíades.
Para este punto, véase también las indicaciones dadas arriba, nota
complementaria 24, p. 14:3 s.

P. 91, NOTA 65
Este pasaje presenta alguna dificultad de interpretación, pues no
ofrece una descripción muy adecuada del modo en que Sócrates
llevaba a cabo habitualmente sus conversaciones. Por cierto, no
APOLUGÍA DE SÓCRATES 155

es lo habitual que Sócrates asuma en los diálogos el papel del que


responde, aunque en algún caso más bien excepcional lo haga de
modo transitorio. Sin embargo, corno indica Burn et (1 924) p. 218,
gramaticalmente el texto original no puede ser leído más que de este
modo, ya que contiene una construcción habitual de infinitivo final
(cf. también Weber [1995] p. 113; H ehn [1981] p. 73) . El sentido tiene
que ser que Sócrates se pone a disposición de las preguntas de sus
interlocutores, y no a la inversa.
La interpretación general del pasaje ofrecida por Burnet parece la
mejor: Sócrates está explicando cómo es que llegó a ser conside-
rado como un maestro por algunos que acudían a él a preguntarle
determinadas cosas. De hecho, algunos de los diálogos socráticos
se desencadenan a partir del encuentro con un interlocutor n1ás
joven, que le plantea a Sócrates una determinada cuestión sobre
la cual busca orientación o bien le pide ayuda para algo que juzga
importante obtener (véase, p. ej., Menón 70a, Protágoras 310a-3 lla).
Como señala Burnet, lo habitual es que el que interroga a Sócrates
resulte, a su vez, interrogado y cuestionado por éste, y no obtenga
precisamente el tipo de respuesta que andaba buscando. Pero ésta
es otra cuestión, que no entra directamente en consideración en este
pasaje. Véase también de Strycker-Slings (1994) p. 349 s.
En una nueva discusión del pasaje, el Prof. P. Cavallero defiende
una interpretación diferente del texto, basada en dos decisiones
gramaticales fundamentales, a saber: a) la de tomar la construcción
de infinitivo final en un sentido indeterminado, que no presupondría
la referencia a Sócrates como sujeto pasivo de la acción de preguntar,
y b) la de leer la construcción del participio apokrinómenos (del verbo
apokrínestlwi: «responder», «replicar»), contenida en la segunda parte
de la sentencia, como referida no a Sócrates, sino a su circunstancial
interlocutor. Según Cavallero, la traducción del pasaje debería ser
entonces: «al rico y al pobre por igual me ofrezco para hacer pre-
guntas, también en caso de que alguno quiera, al responder, seguir
escuchando lo que digo». La ventaja de esta versión sería hacer
compatible el sentido de pasaje con los rasgos más usuales de la
práctica del diálogo socrático (véase los argumentos en defensa de
esta versión en Cavallero [2001]).
Pese a la sólida argumentación, tanto desde el punto de vista grama-
tical como desde el punto de vista del contenido, que ofrece el Prof.
Cavallero, esta ingeniosa interpretación alternativa no termin a de
convencerme. Desde el punto de vista gramatical, tanto la decisión a)
como la b) resultan problemáticas. Respecto de a), hay que replicar
que la construcción de infinitivo activo con valor final puede e incluso
suele tener en griego, como también en castellano (véase expresiones
PLATÓN

del tipo <<folletos para llevar», «platos para degustar», etc.) y en otras
lenguas modernas, sentido pasivo. Además, en el caso concreto de la
construcción que presenta el pasaje, una construcción con el verbo
parécho usado en sentido reflexivo y con dativo de interés, es poco
menos que la regla que el infinitivo tenga precisamente ese sentido,
y hay varios ejemplos suficientemente claros al respecto en el pro -
pio Platón (cf. Gorgias 480c, un pasaje de estr uctura paralela a la de
nuestro texto, donde el valor pasivo del infinitivo respecto de suj eto
principal de la sentencia es indudable; véase también Gorgias456b;
.Menón 70c). En vistas de ello, es razonable suponer que si el pasaje
hubiera estado destinado aquí a referir no a la pregunta de una de
las partes involucradas en el diálogo, en este caso, del interlocutor
de Sócrates, sino, como sugiere el Prof. Cavallero, al intercambio de
preguntas entre ambas partes, Platón debería haber aclarado mejor
el alcance del texto, ya sea apelando a una construcción verbal dife-
rente o bien complementando el infinitivo empleado por medio de
alguna expresión adverbial o pronominal que indicara reciprocidad.
Respecto de b), la interpretación alternativa, como nota el propio
Prof. Cavallero, debe afrontar una objeción relativa al componente
aspectual del participio presente apokrinómenos, que es infectivo e
indica simultaneidad con la acción del correspondiente verbo conju-
gado. No me parece convincente, en tal sentido, tomar el participio
apokrinómenos con la locución verbal boúletai akoúein («quiere oír»),
ya que en ese caso la acción de «responder» estaría presentada prima
facie como simultánea a la de «oír», y no como anterior a ella, que es
lo que requería la interpretación alternativa.
Siguiendo a de Stricker-Slings (í994) p. 350 ad loe., el Prof. Cavallero
sugiere referir el participio, al mismo tiempo, al verbo de la oración
principal y al de la subordinada (légó). Pero, a mi juicio, esto es menos
plausible y, además, obliga, como de Stricker-Slings reconocen, a
equiparar el sentido de légein («decir») al de erotán («preguntar»),
para hacer compatible el sentido con el de la primera parte de la
sentencia. Por lo demás, esta propuesta tampoco elimina el proble-
ma vinculado al aspecto verbal. En la lectura que he favorecido,
siguiendo a Burnet, el participio apokrinómenos queda referido, en
cambio, al verbo légo («digo») de la cláusula subordinada, cuyo
sujeto semántico es Sócrates . Ello implica asumir la existencia de
un hipérbaton algo incómodo en la estructura de la sentencia. Pero,
como indica Burnet, éste es el modo de leer el participio que mejor
cuadra con la correcta interpretación de la construcción de infinitivo
en la primera parte de la sentencia. Sobre esta base, la traducción
literal de la cláusula subordinada sería: «lo que digo en respuesta» o
bien «en réplica». La versión que ofrezco en mi traducción simplifica
APOLOGÍA DE SÓCRATES 1,57

un poco más la sin taxis, eliminando la subordinada: «mis réplicas».


Este giro preten de aludir a los contraargumentos y las preguntas con
que, tras haber respondido él mismo a las p reguntas del interlocutor,
Sócrates pasa, a su vez, a sorn eterlo a examen crítico. Por último,
agradezco en este punto al Prof. Cavallero el haberme hecho n otar
que mi prim era versión , que contenía el giro «mis respuestas», en
lugar de «mis réplicas», dejaba la sens ación de una redundancia
innecesaria. La noción de réplica, que el verbo apokrínesthai puede
expresar perfectamente, es más am plia q ue la de respuesta y, por lo
mismo, resulta preferible en este contexto, ya que puede entenderse
como una referencia a los cuestiona mientos que Sócrates d irige al
interlocutor, al asumir el papel de quien g uía activa mente el diálogo.

P. 91~ NOTA 66
Bien entendido, Sócrates no pretende desligar a quien actúa como
maestro de otros de toda responsabilidad respecto del comporta-
miento de sus discípulos , en particular, en el caso de aquellos que
pretenden enseñar conocimientos específicos cuya aplicación implica
cuestiones de relevancia moral. En Gorgias Sócrates rechaza un a r-
gumento de Gorgias en tal sentido, y lo confronta expres a mente, en
su calidad de maestro de retórica, con la necesidad de preocuparse
también por los problemas vinculados con el uso que pueden hacer
de dicho arte aquellos que lo aprenden de él (cf. 456b- 461b). El des-
cargo de Sócrates en este pasaje apunta, en cambio, al hecho de que
él mismo nunca pretendió trasmitir un conjunto de conocimientos
específicos a ningún discípulo.

P. 91, NOTA 67
Además del oráculo, Sócrates menciona aquí ciertos sueños y otros
medios extraordinarios como vías de comunicación del encargo que
le dirige el dios. En todo caso, no es el único lugar en que Sócrates
remite a los sueños como vías de comunicación de este tipo (véase
Critón 44a ss.; Fedón 60e ss .). Pero, como enfatiza Vlastos (1991) p.
167-171, la decisión de dedicarse a interpretar el significado de tales
indicaciones divinas y la interpretación adoptada en cada caso se fun-
dan como tales, a su vez, en determinadas convicciones racionales.

P. 103, NOTA 78
El pasaje de la tercera/segunda persona («ustedes») a la primera
(«nosotros») y, de nuevo, a la tercera/segunda («deben»), que conserva
la versión del texto original mej or atestiguada en los manuscritos, se
ex plica por el hecho de que Sócrates se refiere a sus jueces indicán-
,- ()
1;, o PLATÓN

doles cuál debería ser su comportamiento en el caso hipotético de


ser acusados y tener que defenderse en un juicio. El sentido general
es: en su función actual de jueces, ustedes no deben consentir que
los acusados se comporten de un modo humillante para la ciudad,
ni tampoco pueden comportarse ustedes mismos de ese modo, si
es que se ven confrontados con la necesidad de defenderse de una
acusación ante un tribunal. El caso, sin embargo, no es meramente
hipotético, pues Sócrates ha dado a entender poco antes que entre
los jueces hay quienes han apelado a este tipo humillante de defensa.
cuando tuvieron que defenderse de acusaciones judiciales (véase 34c).

P. 113 9 NOTA 83
La comparación con el competidor olünpico involucra dos aspectos,
a saber: 1) el competidor en carreras sólo procura una felicidad
pasajera y aparente, mientras que Sócrates, a través de la misión
encargada por el dios, ayuda a los ciudadanos a obtener su felicidad
real; 2) el competidor, al menos en el caso del que participaba en el
tipo de carrera mencionado, debe poseer hacienda y bienes como
para poder mantener caballos de carrera, mientras que Sócrates es
pobre, en buena medida, justamente a causa de su servicio al dios
y la ciudad. Ambas diferencias explican la pretensión Sócrates de
ser acreedor a una recompensa de la ciudad con más justicia que los
vencedores en los juegos olímpicos.

Pº 117, NOTA 87
El giro «como si estuviera poniendo pretextos>> traduce la expresión
lws ein'ineouménoi de 38al, la cual contiene una forma del verbo eiro-
néuesthai, conectado con el sustantivo eironeía. De estos dos términos
griegos derivan, a través del latín, nuestros vocablos «ironizar» e
«ironía». Con todo, he evitado conscientemente traducir de ese modo
la expresión contenida en 38al. La razón de esto es que el término
griego eironeía y sus derivados tienen un significado, en un aspecto
esencial, diferente del que· poseen en el español, y en otras lenguas
modernas, la palabra «ironía» y sus derivados. La diferencia funda-
mental, que es especialmente importante a la hora de caracterizar la
actitud de Sócrates, reside en el hecho de que el griego eiri5neía alude a
una peculiar forma de engaño, consistente en fingir inferioridad para
sacar intencionadamente alguna ventaja. En las lenguas modernas,
en cambio, la palabra «ironía» y sus derivados excluyen, más bien, el
componente de engafio, pues sólo implican que se dice algo dando a
entender lo contrario de lo que literalmente se dice, pero, precisamente,
con la intención de dar a entender lo contrario de lo que literalmente se dice,
APOLO GÍA DE SÓCRATES 159

y no de engañar al interlo utor. En este sentido, es importante llamar


la atención sobre el hecho de que en Platón la palabra eirone{a es en1-
pleada para caracterizar la actitud de Sócrates sólo por sus oponentes ,
y no p or Sócrates mismo o sus amigos. El presente pasaje no es una
excepción, pues, a pesar de ser Sócrates quien habla, las palabras que
pronuncia se refieren expresamente a la actitud de interlocutores hipo-
téticos, que representan, a la vez, la actitud del autorio real presente.
Esos interloc utores hipotéticos no creen en la veracidad de su alegato,
según el cual dejar de examinar a los hombres sería un acto de desobe-
diencia al dios y un abandono del servicio que le ha encomendado. El
ejemplo más ilustrativo del sentido negativo de censura que adquiere
la expresión eir6neía en el uso por parte de los oponentes de Sócrates
se encuentra, posiblemente, en el famoso pasaje de República I, en el
cual Trasímaco acusa a Sócrates por su supuesta actitud habitual de
fingir no saber acerca de lo que pregunta, a pesar de que en verdad sí
sabe o, al menos, cree tener una respuesta satisfactoria a la cuestión
planteada por él mismo (cf. 337a).
Como ha mostrado G. Vlastos en un brillante estudio del tema, el
hecho de que el término eironeía haya perdido su significado original
de reproche que alude a un determinado tipo de engaño, para pasar a
designar, más bien, la actitud correspondiente a la ironía en su sentido
actual, debe explicarse justamente por la asociación del término con la
figura de Sócrates. Dicho de otro 1nodo: el término que originalmente
emplearon sus enemigos para denunciar a Sócrates como farsante
termi nó siendo empleado para referir de modo laudatorio a la actitud
característica de Sócrates, cuya figura resultó así elevada a la categoría
de representante de un nuevo tipo de actitud humana. Véase Vlastos
(1991) p. 21-44. Más recientemente, en un estudio de la evolución
del término, M . Lane ha mostrado concluyentemente la completa
ausencia del significado ahora habitual en los tex tos platónicos y ha
argumentado, además, que éste sólo se estabiliza, asociado a la figura
de Sócrates, sobre la base del empleo del término por parte de autores
posteriores como Aristóteles, Cicerón, etc. En este último punto, el
diagnóstico de Lane coincide, en lo fundamental, con la posición ya
alcanzada por Vlastos, más allá del h echo de que éste creía poder
encontrar indicios del uso que no implica reproche ya en el propio
Platón . Véase Lane (2006) y (2011). Para la ironía socrática y suco-
nexión con la declaración de ignorancia, véase también Gómez Lobo
(1993), quien realiza importantes precisiones respecto del verdadero
alcance de la declaración de ignorancia; véase también la detallada
discusión en Fine (2008 ), que, a través de una precisa distinción de
niveles y formas de conocimiento, intenta mostrar que la declaración
socrática de ignorancia no reviste carácter autocontradictorio.
160 PLATÓN

Pº 119, NOTA 88.


Nótese que Sócrates se muestra hipotétic amente dispuesto a aceptar
pagar una rnulta en dinero sólo en el entendido de que eso no im-
plicaría reconocer su culpabilidad, ya que desprenderse del dinero
no le ocasionaría ningún daño real y no podría contar, por tanto;
como un genuino castigo. Esto presupone la concepción expuesta
anteriormente acerca de la prioridad de los bienes del alma. Véase
29e-30c, 36c. Así interpretado, el pasaje no es inconsistente con la
línea general adoptada por Sócrates en su defensa. Del mismo modo
debe entenderse el hecho de que Sócrates admita, poco después, que
sus amigos ofrezcan una cantidad 1nayor para que se lo deje libre: el
verdadero mal para ellos no es, en modo alguno, la pérdida del dinero
de la fianza, sino, más bien, la del amigo y compañero de indagación.
Ungefehr-Kortus, (2003) estudia detenidam ente el pasaje y ofrece
una cantidad de detalles que ayudan a una mejor comprensión del
contexto en el que se inscribe la contrapropuesta socrática. Sin em-
bargo, por partir de la disyunción exclusiva entre la interpretación
que toma la propuesta de pagar una multa como un ofrecimiento
serio de Sócrates, por un lado, y la que la ve como un recurso para
burlarse provocativamente del tribunal, por el otro, no ve modo
de ofrecer una interpretación consistente y recurre, entonces, a la
hipótesis de una interpolación tardía, suposición para la cual no hay
base textual ninguna. Ciertamente, no sería inverosímil asumir que,
desde el punto de vista de los propios jueces 1 la propuesta de pago
de Sócrates pudiera sonar como una burla, sobre todo, si pudiera
mostrarse que la suma ofrecida estaba muy por debaj o de lo habitual
en esos casos. Esto último, sin embargo, no resulta posible, dado el
silencio de las fuentes disponibles. Tampoco es descartable, sin más,
la suposición de que la propuesta socrática pudiera incorporar ella
mi sma un componente irónico o incluso burlón. Pero nada de esto
impide reconocer, en definitiva, que la aceptación por parte de Sócra-
tes de la posibilidad de pagar una multa no resulta, en modo alguno,
incompatible con las precisas convicciones acerca del verdadero bien
y la prioridad de los bienes del alma, por referencia a las cuales el
propio Sócrates justificó ante el tribunal su comportamiento de toda
una vida, a lo largo de su defensa. Si se considera, además, que, en
el momento preciso de hacer su contrapropuesta, Sócrates tiene en
cuenta no sólo su propio bien, sino también el de sus amigos, el de sus
conciudadanos y, en cierto modo, hasta el de los propios jueces que lo
han condenado, entonces se puede incluso afirmar que la disposición
favorable a la posibilidad de pagar una multa se funda ella misma,
en último ténnino, en esas mismas convicciones. No hace falta decir,
APOLOGÍA DE SÓCRATES

por iw d- ernas, que e l mrec1rniento


r ,- . . , pago por pz.r ,i:e 02
de • ~)e ocntte" DO
r ,

comporta prmnesa alguna d e abandonar en el futuro la actividad de


indagación realizada hasta entonces, pues cualquier concesión en tal
sentido ya había sido tajantemente rechazada (cf. 29d).

JPº 129') NOTA 90


Por única vez, me aparto del texto de Nicoll y a dopto la sugerencia
de Schleiermacher, seguida por Burnet, de secluir las palabras he
toú daimoníou. Como indica Burnet (1924) p. 245, estas palabras
tienen todo el aspecto de una glosa procedente de épocas en las que
ya se había hecho frecuente la representación tardía del daimónion
socrático como una suerte de «espíritu intermedio». En tal sentido)
dichas palabras presuponen una interpretación inflacionaria de
la referencia socrática al «signo divino», del tipo de las criticadas
más arriba (véase arriba nota complementaria 53 en p. 152)º Como
anota Burnet, en los textos platónicos la expresión sustantivada ló
daimónion aparece sólo dos veces en conexión con el «signo divino»
de Sócrates, a saber, en Eutifrón 3b y Teeteto 151a. Pero en ambos
casos se presenta en conexión con el verbo «sobrevenir», «surgir»
(gígnesthai), lo cual mitiga fuertemente el valor de la sustantivación.
Por lo demás, la expresión no aparece nunca en los casos oblicuos,
salvo en el presente contexto. Más allá de esto, el texto presenta,
además, la particularidad de que el sujeto aparece en el femen ino
(cf. 40a) . La explicación habitual, que he seguido en la traducción,
consiste en presuponer la omisión del sustantivo jJh onJ («voz»), e1n-
pleado en 31d, dentro de un contexto similar al presente.

Pº 129 9 NOTA 91
Sócrates había argumentado antes que la actitud habitual de temor
ante la muerte representa un caso del tipo peculiar de ignorancia
consistente en creer saber lo que no se sabe (véase 29b-c). Ahora
da todavía un paso más, al interpretar el hecho de que no se le pre-
sentara el signo divino como un indicio que hablaría en favor de la
convicción de que, al menos en su caso, la muerte no sólo no es un
mal, sino un bien .

P. 135~ NOTA 97
Aqu í resume Sócrates claramente su posición resp ecto del destino
post mortem. Su única certeza fundada consiste en la exclusión de la
posibilidad de que el justo reciba el mal, tanto en vida como después
de muerto. Esta certeza se funda en consideraciones racionales acerca
de la naturaleza de la divinidad y su preocupación por los hombres
PLATÓN

(cf. 4lc-d) , además de las razones alegadas anteriormente, en el


argumento que toma la muerte como un estado de completa falta
de consciencia (cf. 40c-e). Pero Sócrates distingue nítidamente esta
certeza, relativa a la exclusión del mal para el justo, de sus esperanzas
acerca de la posibilidad de una recomp ensa post mortem. Estas espe-
ranzas no carecen de todo sustento, pero no se apoyan en el mismo
tipo de consideraciones. Se basan, más bien, en el respeto e incluso la
adhesión prima Jacieque le provocan a Sócrates las representaciones
religiosas y tradicionales acerca del juicio y la vida post mortem de
justos e injustos. Sócrates insiste expresamente en el hecho de que
la esperanza de obtener un bien mayor tras la muerte se funda en la
presunción de verdad de lo que los relatos mítico -religiosos cuentan
al respecto, y queda así condicionada por ella (cf. 40e; 41c).

JPº 137, NOTA 98


Los jueces que votaron por la condena merecen reproche por su
intención de causar un daño a Sócrates, aunque de hecho, si el razo-
namiento acerca del significado de la muerte es correcto, más bien
le hayan procurado un bien. De un modo diferente, Sócrates apela
aquí nuevamente a la distinción ya establecida entre las intenciones
que motivan un acto y las consecuencias efectivas que éste produce.
Véase 28b-d.

JPº 1379 NOTA 99


Sócrates ofrece una confirmación adicional de estar convencido de
que su acción pública al servicio del dios y la ciudad fue benéfica, al
pedir que se trate a sus propios hijos de la misma manera que él trató a
sus conciudadanos. Se trata de un caso peculiar de apelación implícita
al principio de decisión y evaluación conocido posteriormente como
la «regla de oro», el cual se formula habitualmente como «no hagas
a los demás lo que no quieres que te hagan a ti». Desde este punto
de vista puede reconstruirse la posición de Sócrates en los siguientes
términos: al reclamar para con los suyos el mismo tratamiento que
él tuvo para con los demás, Sócrates declara al mismo tiempo justo
y legítimo su propio comportamiento, en la medida en que se ajusta
a lo que prescribe la «regla de oro».
ÍNDICE

liNTRODUCCIÓN / VII
l. Sócrates, Apología y los escritos tempranos
de Platón / VII
2. El juicio a Sócrates / XI
3. La actitud de Sócrates. Piedad, saber
e ignorancia / XVI
4. La presente traducción / XXIV
AGRADECIMIENTOS / XXVJI
DIVISIÓN DEL CONTENIDO / XXIX
CRONOLOGÍA / XXX
BIBLIOGRAFÍA / XXXII

PLATÓN

Apología de Sócraie&
I. Proemio (l 7a-18a) / 3
II. Plan de la defensa (18a-19a) / 9
III. Defensa de Sócrates / 19
7. Defensa contra las primeras acusaciones
(79a -24b) I 19
2. Defensa contra la acusación de Meleto (24b-28a} / .45
IV. La misión divina de Sócrates (28a-34b) / 65
V. Epílogo (34b-35d) / 97
VI. Contrapropuesta tras el veredicto de culpabilidad
(35e-38b) / ro7
VII. Después de la imposición de la pena (38c-42a) / n t
l\JOTAS COMPLEMENTARIAS / 138
TiTULOS PUBLICADOS

<K lvfanuscritos económico-filosóficos de 7844, Kard Ma1rx


«e Hamlet, WHHam Shakespea:re
<K Discurso del método, René Descartes
<K Otelo, el moro de Venecia, William §hakespea1re
<K Hojas de hierba, Walt Whitman
<K Crimen y castigo, Fiódo:r Dostoievski
<K El rey Lear, WHHam §hakespea:re
<K Poética, Arlistóteies
«< Iluminaciones, A:rthur Rimbau.d
<K Una vuelta de tuerca, Henry James
<K Las flores del mal, Cha:rles Baudelai:re
<K Tragedias I, Eu:rípides
<K Laspenas deljoven Werther,J ohann Wolfgang von Goethe
<K Romeo y julieta, William ShakespeaX'e
<K Los papeles de Aspern, Henry James
<K Ética Nicomaquea, Aristóteles
<K El Príncipe, Nicolás lV!aquiavelo
<K Macbeth., ,NiUiam Shakespeare
<K El proceso, Firanz Kafka
<K }vfemorias del subsuelo, Fiódor Dostoievski
<K Las mil y una noches, Anónimo
<K Utopía, Tomás i'doro
<K Comedias completas, Te:rencio
<K Una casa de muñecas. Un enemigo del pueblo, Henrrii.k Kbsen
<K Frankenstein, Ma:ry Wº Shelley
«e Edipo rey. Edipo en Colono. Antígona, Sófocles
<K Los hermanos Karamázov, Fiódor Dostoievski
C!I Confesiones, §an Agust ín
([ Peer Gynt. El pato salvaje. Hedda Gabler, Hen:rik Ibsen
«r Enéadas. Textos esenciales, Plotino
<ff Elogio de la Locura_, E:rasmo de Rot te:rdam
<rr Pensamiento y habla, JLev Vigotski
([ Obra poética, Stéphane MaUarrmé
«e Convivía, Dante Alighieiri
CK La filosofía en el tocador, Marqués de Sade
@: Poesía completa, Catulo
([{ Epistolario, Barn.11.ch Spinoza
<K Discurso de la servidumbre voluntaria, Étienne de La Boétie
<!{ Fedón, Platón
CK Arte de amar, O vidio
<K Tratado de la reforma del entendimiento, Ba:ruch Spinoza
«e Crítica de la razón pura (2ª ed.), Jímmanuel Kant
<rr Poema de Mio Cid, Anónimo
<K Categorías, Aristóteles
<R Catilinarias, Cicerón
<K Textos literarios, Nicoliáüs Maquiave1lo
<K Madame Bovary, Gustave Flaubert
<K Elprofeta. El loco. El vagabundo. Eljardín delpr~feta, Khalil Gibrán
<K El extraño caso del Dr.jekylly Mr. Hyde, Robert L. Stevenson
CK Cuentos completos, Edgar Allan Poe
CK Cuadernos de arte, literatura y ciencia, Leonardo da Vinci
«r Acerca del alma, Ardstóltele$
<K Crítica de la razón prácticq, Immanuel Kant
<E: El hombre que fue jueves, Gº Kº Chesteirton
CK Romancero, Glo:ria Chicote (compiladora)
<K Evgueni Onieguin, Alexan.dlr Pushkin
<R Tragedias 11, 1Euurípfüdles
([ El lvf aestro, §ai.n ilgMstírrn.
([ Moby-Dick, 1Bie1rJ1Tilanm MeRvHJe
<K Banquete, JPlialtón
<K Tragedias 111, JEurripides
CK El primo Basilio,jo§é Maria E~~ de Queiró§
<K Fausto,Johann Wolífgang von Goethe
~ El jugador, JFiódorr Dostoievskli.
<K Teatro completo, .A..\.nton Ch.éjow
<K Teatro corapleto, lván §º Tuurguéniev
<OC Ensayo sobre el origen de las lenguas,J ean:Jacq¡_ues Rousseau
<K Teatro completo, Alexandir JPushk.in
<K Opúsculos rnorales, Giacomo JLeo¡wa1,rdi
<K El Ateneo, Raul Pompeia
<K Ion, Platón
<sI Bhagavad Gita, Anónimo
<!I Escritos lógico-filosóficos, GoHdob 1F1rege
<K El contrato social,J ean:J acque§ Rousseau
<K Diez días que estremecieron al mundo,J ohn JReed
<!I Diario de un hombre superfluo, lván 'fuirgMéniev
«r l-Iistoria del desarrollo de las funciones psíquicas superiores,
lLev Vigotski
<K Las reglas del método sociológico, Ímiilie Durkheim
<K Oliver Twist, CCh21des Dicken§

TiTULOS DE PRÓXIlViA APARICIÓN

<!I El retrato de Dorian Gray, ܧca1r 1NHdle


<K Poesía completa, Césair Vallejo
<K Cándido, V <0R t21hC'<e
<K L eviatán, 'Thom.rJJ.as Hobbe§
<K Apología de .Sócrates, Pliatón
<K Fundamentación para la metafísica de las costumbres, Kn1n11.anueli
Kant
<1t Bases y puntos de partida,Jnan JB211uutisl1:a ARbertcdH