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“Política y Medios de comunicación en las presidencias de

C. Menem, N. Kirchner y C. Fernández (1989 – 1999 y 2003 -


2015)”
 
Por: María del Pilar Melcón[1]
 
 
 
I.            Introducción
       

 
 

1. Justificación: Desde hace dos décadas, concretamente desde los `90, los
medios de comunicación tendrían una gran relevancia a nivel político y
electoral, y de esta manera su contenido repercutiría en la opinión
pública. Con el menemismo y el kirchnerismo los medios, de una u otra
manera, serían un pilar fundamental en sus liderazgos.
2. Objetivos: el objetivo general de este trabajo es examinar la relación entre
los medios de comunicación y los liderazgos presidenciales de Carlos
Menem, Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner.
Los objetivos particulares son:
  Analizar cómo dichos presidentes construyeron su liderazgo a
partir de la utilización medios.
  Analizar la experiencia de Menem en los medios, principalmente
en la televisión y la repercusión de sus escándalos mediáticos.
  Analizar la relación cambiante del matrimonio Kirchner con los
medios de comunicación, especialmente con Clarín.
  Abordar las características de la Ley de Medios y su influencia en el
escenario político y en la opinión pública.

3. Planteo del problema: tanto Menem, como Kirchner y Fernández de


Kirchner emplearon y se apoyaron en los medios de comunicación de
diferentes maneras según el momento y las circunstancias: los utilizaron
siempre a su favor.
4. Problema: ¿Qué hubiera sido de dichos liderazgos sin la presencia y
utilización de los medios de comunicación?
5. Hipótesis: “Los medios de comunicación tendrían un rol decisivo en la
política, positivo o negativo, según el presidente, el momento y la
circunstancia, así como un papel influyente sobre los electores y
moldearía a la opinión pública.”
 
    II.            Algunas consideraciones
 
-         Marco teórico. El tema de los medios de comunicación (y la
comunicación en general) vinculado con la política (y los liderazgos
políticos), tanto durante el menemismo (década del ´90) como durante el
kirchnerismo (2003-2015), ha sido extensamente desarrollado a lo largo
de estos años. Encontramos autores como Hernán Fair, Agustín Vallejo y
Robertino Spinetta que nos expresan cómo se mediatizó la vida política
en los años ´90. Fair también nos muestra cómo Menem se aparecía en
los medios y construía su liderazgo a partir de ellos como el  “salvador”
y cómo los medios potenciaban su liderazgo personalista. Alberto
Baldioli y Santiago Leiras aportan la relación del matrimonio Kirchner
con los medios, y el conflicto con el sector agropecuario. El trabajo de
María Victoria Vaccaro, trata sobre la comunicación y la política y la
experiencia de Menem en este aspecto. Giovanni Sartori analiza la
influencia de la televisión y habla de la personalización de la política y
de video-política. El periodista Luis Majul habla sobre la relación
(cambiante) de la pareja con los medios de comunicación. Y, en
vinculación con ésto, Juan Carlos Torre expresa cómo ya Perón intentaba
controlar a los medios. Santiago Leiras, además, en un artículo del año
2009 analiza los objetivos de la Ley de Medios y hace una serie de
aclaraciones al respecto.
 
Política mediatizada
 
Hoy estamos en plena explosión multimedia, podríamos hablar casi de la
“dictadura de la imagen” (Dell´Oro)[2]: las palabras le cedieron su lugar a la
imagen, y en todo esto la televisión tiene un papel central. Tal es así que la
televisión, en muchos aspectos, ha desplazado a los otros medios y ha impuesto
su formato: el modelo actual es, predominantemente, audiovisual (Rossi) [3].
Jorge Dell´Oro afirma, además, que “en la política de estos tiempos, el
candidato es, en sí mismo el mensaje” y, en este sentido, “el electorado hoy
compra credibilidad antes que propuestas”. Los líderes en la actualidad
prácticamente no requieren de actos multitudinarios, como sí era frecuente y
común en otras épocas, para legitimarse, y si lo hacen es para que se vea por la
televisión. Tal como dice Luis Lázzaro [4], “el espacio público ya no es la tribuna,
son los medios.” Este, además, afirma que la televisión (y hace referencia a ella
como un “dispositivo tecnomediático”) tiene un rol referencial fundamental en
la construcción social y en el imaginario colectivo y se ha convertido en la
principal herramienta de construcción de los nuevos universos simbólicos.
(2011)
Si bien gobernar implica comunicar, no son sinónimos: la comunicación
es una herramienta de gestión pero no la reemplaza. 
En la actualidad, gran parte de los asuntos públicos salen a la luz en los
medios de comunicación como consecuencia de factores como la
personalización de la política y el auge de las tecnologías.  Algunos políticos se
han convertido en símbolos mediáticos y el ciudadano, en la urna, tiende a
privilegiar el valor de sus figuras personales, más que sus plataformas [5]. Según
Sartori “El video-líder más que transmitir mensajes es el mensaje” (1998) ya que
la política por televisión requiere de personas, de rostros. De esta manera la
imagen, como ya se mencionó anteriormente, personaliza la política. En
términos del autor
Los efectos de la vídeo política tienen un amplio alcance. Uno de estos
efectos es, seguramente, que la televisión personaliza  las elecciones. En
la pantalla vemos personas y no programas de partido; y personas
constreñidas a hablar con cuentagotas. En definitiva, la televisión nos
propone personas (que algunas veces hablan) en lugar de discursos
(sin personas). (1998)
Sartori, alude al poder de la televisión en cuanto a la inducción de
opiniones, personalización de las elecciones; en suma, alude, al dominio de la
imagen y de las herramientas de la comunicación audiovisual.
En nuestro país fue Carlos Menem (1989-1999) quien inauguró la video-
política: “una nueva forma de hacer política por la cual bastaba con responder
sin límites a entrevistas radiales o asistir a populares programas de televisión
para dar a conocer sus opiniones sobre los más diversos temas, recibir y
procesar  las demandas sociales.” (Vaccaro)[6]. El candidato riojano fue pionero
en implementar una nueva forma de movilización política en la que quien se
movilizaba era él mismo: en su `menemóvil´ recorría el país, interactuando con
la ciudadanía sin intermediaciones y distanciándose de la tradicional manera de
hacer política de los viejos líderes. (Krisiuk)[7]. En la década del `90, los
candidatos y los medios habían pasado a pertenecer al mercado, con su
exigencia de impacto y espectacularidad. (Lázzaro: 2011)
Los medios de comunicación se adueñan del rol de dirigir la agenda de
discusión pública, ubicándose en el centro de la escena de la Comunicación
Política. Estos imponen las reglas del debate político de modo que son ellos
quienes eligen las cuestiones y temas a tratar, marcan y manejan los tiempos.
 
 
Presidencia de Carlos Menem
           
          Para las elecciones presidenciales del año 1989 había dos propuestas
claras, representadas por dos candidatos:
  El candidato justicialista, Carlos Menem, por entonces gobernador de
provincia de La Rioja, prometió una “Revolución productiva” y un
“Salariazo”. Buscaba una identificación personalista, emotiva, directa,
apareciendo de esta manera como un líder carismático.
  El candidato radical, Eduardo Angeloz, gobernador de Córdoba,
proponía todo lo contrario a su contrincante: privatización,
desregulación de la economía, reducción del intervencionismo estatal. 
(Paradójicamente, esto es  lo que llevaría a cabo el caudillo riojano).
Menem apelaba a la tradición nacional y popular del peronismo y “en ese
contexto, potenciado por las constantes contradicciones internas y la imagen de
ganador que proyectaba Menem en los medios masivos de comunicación, el
candidato peronista generaba un vínculo de identificación simbólica con las
masas” (Fair: 2012). Asimismo, buscaba, mediante la aparición constante, casi
cotidiana, en la televisión (aunque también en otros medios de comunicación)
trascender el vínculo con sus seguidores.
Finalmente, el 14/5/1989 fue electo presidente (la fórmula era Menem-
Duhalde) con el 47,51% de los votos, mientras que la fórmula radical (Angeloz-
Casella) obtuvo el 32,45%. Debido a la situación económica (hiperinflación) y
social (altos niveles de desocupación y pobreza) Menem asumió la presidencia
el 8/7/1989 (a fines del mes de junio, el entonces presidente, Raúl Alfonsín
renuncia).
Rápidamente, el presidente electo llevó a cabo todo lo prometido por Angeloz,
es decir, tomó el camino neoliberal con un modelo de acumulación basado en el
mercado autorregulado y libre (Fair: 2012). En este contexto, lanza, casi
paralelamente (agosto y septiembre) dos políticas económicas que comenzaban
a delinear el nuevo modelo:
  La Ley de Emergencia Económica (23.697). Suspendía todo tipo de
subsidios, privilegios y regímenes de promoción y autorizaba el
despido de empleados estatales.
  La Ley de Reforma del Estado, (23.696). Exhibía la necesidad de
privatizar una amplia lista de empresas estatales y delegó en el
presidente la facultad de elegir la manera específica de realizarla.
Estas leyes le dieron al Poder Ejecutivo la facultad de legislar por decreto
y de esta manera saltear a un Congreso “demasiado lento” en la toma de
decisiones. (Vaccaro) Según Hernán Fair, “la sanción de estas dos mega leyes
neoliberales constituyó el eslabón inicial” para dar comienzo a un proceso de
flexibilización laboral, privatización, desregulación comercial, reducción del
gasto público. También hay que mencionar los ajustes en la Corte Suprema de
Justicia (abril del `90) a través de la ley N° 23.774: la cantidad de miembros
aumentó de cinco a nueve lo cual le garantizaba al Poder Ejecutivo una mayoría
que iba a legitimar, en lo judicial, tanto las políticas neoliberales así como el
abuso de los poderes excepcionales. Aquí Santiago Leiras afirma que “durante
el gobierno de Menem se produjo la emergencia de un estilo de liderazgo
neodecisionista que tendió a concentrar el poder político en su persona, en
desmedro de las instituciones democrático-republicanas.” (2009) 
En lo que refiere a la relación de Menem con los medios podemos
mencionar, en primer lugar, cómo desde un principio (desde la campaña para
las elecciones del ´89) aparecía en éstos como el “salvador”, quien iba a unir al
país (debido al caos hiperinflacionario y a la fragmentación social). “El discurso
de Menem había instaurado un orden político soberano basado en la estabilidad
monetaria y la pacificación y reconciliación nacional.” (Fair: 2012). Su liderazgo
personalista era potenciado por sus apariciones permanentes en los medios
masivos de comunicación. Con la ayuda de éstos “repolitizó a la ciudadanía en
torno a su figura.” (Fair: 2012). Como dice Bárbara Krisiuk, el mandatario veía
reforzada su imagen de “tipo carismático y entrador” debido a sus frecuentes
apariciones en programas de televisión como en eventos deportivos y
espectáculos musicales. No obstante, también existieron escándalos mediáticos
por corrupción alrededor del entonces presidente y de su entorno, entre ellos
encontramos una denuncia por lavado de dinero proveniente del narcotráfico y
que involucraba a varios funcionarios, y también una denuncia por venta ilegal
de armas. Y en este aspecto, Luis Alberto Romero amplía estos hechos de
corrupción; hace referencia a la guerra entre Menem y quien pretendía
sucederlo (Eduardo Duhalde, por entonces gobernador de Buenos Aires) y uno
de los caminos elegidos fue la denuncia periodística de hechos de corrupción, 
nutrida con informaciones que unos y otros hacían circular para perjudicar a
sus ocasionales rivales. Los medios difundieron episodios como la venta
clandestina de armas a Croacia y Ecuador, las exportaciones ficticias de la
`mafia del oro´, la `aduana paralela´, más tolerable que la oficial, o los sobornos
de la empresa IBM a los directores del Banco Nación. (Romero: 2014) Esta
mediatización de los escándalos fue un factor importante en el descenso de la
imagen de Menem  hacia 1995. (Vallejo, Spinetta: 2012)
Durante la década del ´90, los medios masivos actuaron como un espacio
de acción de la política, legitimando el discurso del presidente. El régimen de
convertibilidad (que integraría discursivamente las políticas de privatización,
apertura, desregulación y flexibilización laboral) prácticamente no fue criticado,
y la cuestión predominante giró alrededor de las ya mencionadas denuncias de
corrupción y el abuso de poder del presidente [8]. También es importante
mencionar el trabajo que los medios de comunicación se tomaron para inculcar
en la ciudadanía la idea de que lo estatal era ineficiente y que era la iniciativa
privada la que salvaría al país del abismo.  En algunos ámbitos estatales existía
la voluntad de que el nivel de los servicios públicos decaiga para que la
ciudadanía estuviera más predispuesta a las ideas privatizadoras.  Las reformas
menemistas disfrutaron de una gran adhesión pública y activa: durante los
primeros meses, su popularidad subió entre el 60 y el 80 % [9].  En este sentido,
hay destacar el apoyo social que obtuvo el liderazgo menemista tanto por parte
de sectores populares como empresarios.
Menem se convirtió en un personaje más de la farándula, asistiendo a
programas de televisión pero también a megafiestas nocturnas. Pasó asimismo
a integrar la “prestigiosa” lista de “Personajes del año” de la revista Gente,
(revista oficialista) cuyo propietario era su amigo Constancio Vigil. (Vaccaro)
Así, en el imaginario colectivo se fue instaurando la convicción de estar
sumergidos en el “primer mundo”, más cerca de lo norteamericano que de lo
latinoamericano. La relación entre el presidente, la opinión pública y los medios
se cristalizó en la “Plaza del Sí” en abril de 1990 cuando una multitud,
convocados por sectores del gobierno y figuras reconocidas de los medios que
apoyaban al presidente (Neustadt, Sofovich), se concentró en la Plaza de Mayo
expresando su apoyo a las medidas llevadas a cabo por el Ejecutivo. (Vaccaro)
Debido a que Menem era un candidato mediático, se presume que para
su equipo era más fácil posicionarlo en la campaña de 1994-1995 con una
estrategia basada en el éxito de su gobierno (de su primer mandato) y con un
slogan que invitaba a continuar por el mismo camino “Sigamos para adelante”.
(Dell´Oro)