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Esto sucedió hace un par de años, cuando un primo ejercía su profesión (médico general y

cirujano) en un pequeño municipio del territorio nacional.

Este municipio como muchos de nuestro territorio nacional, sufría o aún sufre de lo que por
décadas ha acabado con la vida de millones de personas y es el conflicto armado entre la fuerza
pública y las guerrillas.

Mi primo ejercía su profesión de médico a cabalidad cumpliendo fielmente con la ética profesional
que se requería y una de ellas era atender a cualquier paciente y garantizarle el derecho a la vida y
a la salud de dicho paciente y si estaba en sus manos salvarles la vida.

En dicho municipio como de costumbre, había un enfrentamiento entre la fuerza pública y la


guerrilla de las FARC. Todo era pánico y caos. Mi primo cerró de inmediato su consultorio para
evitar que fuera víctima de alguna bala perdida. Ya pasado varios minutos o quizás horas de esta
balacera, tocan la puerta del consultorio de una manera muy violenta. Mi primo de inmediato
abrió la puerta para ver qué era lo que querían, pues sabía que en medio de dicho enfrentamiento
iban haber personas heridas. Por lo tanto, él cómo un excelente profesional, debía estar atento
para ejercer su profesión y ayudar a las personas que lo estaban necesitando; cuando abrió la
puerta de su consultorio, era una persona herida, pero nada más y nada menos que un guerrillero
el cual estaba acompañado por otros guerrilleros, y de inmediato le pidieron a mi primo que lo
atendiera.

Obviamente él debía hacer lo correcto y era prestarle los primeros auxilios independientemente
de quien se tratase. Porque en este tipo de casos lo que prima es la vida y la salud de la persona y
no lo que es dicha persona. Se dispuso a hacerle las respectivas curaciones y cirugías para poder
estabilizarlo y evitar que perdiera la vida. Al terminar con el procedimiento, los guerrilleros se
marcharon y mi primo se quedó en su consultorio con la satisfacción de haber salvado una vida
independientemente de quien se tratase.

Pasado los días, llegan unos policías al consultorio de mi primo, con una orden de captura por ser
cómplice y asistirle a miembros de las FARC. Proceden a llevarlo a la cárcel para su posterior
judicialización. Allí lo condenan a varios años de cárcel y fue condenado de manera injusta solo por
el hecho de haber ayudado a un guerrillero a que no perdiera su vida y él solo estaba cumpliendo
con su deber de médico. No hubo poder humano a que cambiaran dicha sentencia, pues era la
palabra del médico, ya que en esa situación presentada mi primo se encontraba solo y no tenía
más pruebas que su propia voz. Debido a que el paciente atendido por ser guerrillero andaba al
margen de la ley y obviamente no estaba presente para ser testigo con la palabra y el poder del
gobierno. Por lo tanto, dicha condena se cumplió hasta que quedó en libertad por buena
conducta, pues el en la cárcel también ejercía su profesión y ayudaba a los presidiarios que lo
necesitaban.

Articulo vulnerado

En este caso, mi primo fue víctima de lo que hoy llamamos un falso positivo y también se le
vulneró el derecho que dicta la constitución política de Colombia en al artículo 28, donde cita que
toda persona es libre. Nadie puede ser molestado en su persona o familia, ni reducido a prisión o
arresto, ni detenido, ni su domicilio registrado, sino en virtud de mandamiento escrito de
autoridad judicial competente, con las formalidades legales y por motivo previamente definido en
la ley.

La persona detenida anticipadamente será puesta a disposición del juez competente dentro de las
treinta y seis (36) horas siguientes, para que éste adopte la decisión correspondiente en el término
que establezca la ley. En ningún caso podrá haber detención, prisión y ni arresto por deudas, ni
penas y medidas de seguridad imprescriptibles.

Debemos conocer muy bien nuestros derechos como ciudadanos y como seres humanos para que
estos no sean vulnerados y los podamos defender a capa y espada. Si los conocemos vamos a
garantizar que se nos trate de una manera justa y digna como seres humanos.