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Contradanza.

Género musical que su origen se halla en la contradanza francohaitiana llegada a


Cuba en 1789, después de la revolución francesa, por inmigrantes franceses blancos, negros y
mulatos provenientes de Haití y de otras migraciones de franceses de Luisiana y Nueva Orleáns.
Paulatinamente fue tomando características criollas, influyendo en este proceso los músicos que la
interpretaban.

En Cuba se interpretó desde el Siglo XVIII, pero es a principios del Siglo XIX cuando
alcanza un auge notable y adopta características muy especiales que la transforman en
contradanza criolla. La más antigua que se conoce es San Pascual bailón, que es anónima y
se publicó en 1803., porque adaptaban o reorganizaban el ritmo de laEs el baile de pareja
suelta, realizando figuras que se ejecutaban en los salones de baile de la burguesía criolla,
con un bastonero que se encargaba de señalar la sucesión de las figuras, mientras que la
población dominada se reunía en los bailes de cuna y academias de bailes.

El hombre toma en su mano izquierda la mano derecha de la mujer, dejando libres las del
otro lado y quedando ambos de costado. Esta forma de enlace permite una relativa facilidad
e independencia en la ejecución de los movimientos en cuanto a la relación de pareja.

Sus figuras fundamentales son: paseo, cadena, sostenido y cedazo, los dos primeros son
lentos, tranquilos y reposados, y los otros son más vivos y agitados. Dentro de los diseños
espaciales de este Baile de salón se destacan: las dobles hileras de parejas en forma de
calle, los círculos, cuartetos, tríos y dúos.

El más importante elemento sustancial aportado por la contradanza a los bailes de salón cubanos,
fue su paso básico. Este consiste en avanzar o retroceder, alternando los pies en cuanto a tiempos
musicales. En los tres primeros se apoya el pie completamente en el piso y en el cuarto tiempo se
golpea sólo con el talón, para luego, con el mismo pie de la última acción, comenzar otra vez el
paso. Esta forma básica se mantuvo en la Danza, el Danzón, el Son y el Casino, aunque evolucionó
en diferentes períodos con ciertos cambios de acentos corporales y de ritmo, y alguna que otras
pequeñas variantes o adornos en los pies, sobre todo, en los desplazamientos y la ejecución de
nuevas figuras.

Esta contradanza sufre un proceso de criollización, se utilizaban en su acompañamiento


ritmos de habaneras y, en las segundas partes, fragmentos de guarachas y canciones entre
otras, propias del repertorio teatral. En las agrupaciones que interpretaban estos géneros
bailables predominaban los cordófonos, dos clarinetes, cornetín, figle y trombón, entre los
cordófonos estaban dos violines, contrabajo, y de percusión los timbales y el güiro.

Sus títulos fueron muy jocosos y hacían alusiones a muchas situaciones a muchas
situaciones cotidianas, tales como ¡Ay! Clara dame tu yema, El capricho de las damas,
entre otros.

En el repertorio de este género se puede señalar a innumerables compositores negros y mulatos


de la época que imprimían un ritmo peculiar y conjugaban planos rítmicos diferentes,
destacándose no solo como compositores, sino también como intérpretes.
Entre los compositores que escribieron obras inspiradas en este ritmo están Wolfgang Amadeus
Mozart y Ludwig van Beethoven, con su colección de doce danzas publicadas en 1803, en especial
la n.o 7 y la n.° 11, que utiliza al final del ballet Las criaturas de Prometeo 1801. Pese a su
marginación por la historiografía musical, de especial importancia fueron las contradanzas en
hispanoamérica a lo largo del Siglo XIX, con autores como Manuel Saumell y el continuador de su
obra, Ignacio Cervantes, siendo La Habana uno de los centros de difusión de este género más
importantes, en parte debido a la expansión por el Caribe, de bailes afroamericanos asimilables
como la calenda.

La Contradanza Cubana dio pie a la Danza Cubana que con su tempo lento y melancólico proveyó
espacio a la estrofa cantada y de ahí a la habanera, primera expresión vocal propiamente cubana.
El desarrollo de la Contradanza Cubana y La Habanera llevó a la creación de otros géneros
musicales propiamente cubanos, que estuvieron muy vínculados a la transición de la Orquesta
Típica a la Charanga Francesa y de ésta en la Charanga. En orden cronológico de origen podemos
mencionar a: el Danzón, el Danzonete, el Danzón de Ritmo Nuevo Danzón Mambo, el Cha Cha Chá
y la Pachanga; todos ellos asociados, principalmente, al formato instrumental de la Charanga a la
Francesa que hoy conocemos, simplemente, como Charanga.

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