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Descripción de mi conversión

A la edad de 15 años, cuando la mayoría de mis compañeros y amigos del colegio comenzaron a
escavar de forma mas profunda en los deseos y pasiones que el mundo les ofrecía, incurriendo
algunos en las drogas, incluyendo al que yo consideraba mi mejor amigo, Dios salió a mi
encuentro; un hambre ardiente por leer la biblia empezaba a quemar cada día mas fuerte dentro
de mi ser y aunque toda mi vida había asistido a la iglesia, nunca había tenido el hábito de leer la
biblia de forma personal, por lo tanto no sabía cómo empezar a leerla y mantuve ese deseo oculto
por unas semanas más, hasta que al final le pedí a mi mamá que me cambiara mi biblia infantil por
una versión de adulto, a lo cual ella accedió con gusto y al otro día después de volver del colegio
en la noche, encontré mi biblia en mi cuarto.

Devoré la mayoría de los libros del nuevo testamento en esos siguientes meses, en especial las
cartas paulinas, debo reconocer que al principio no entendí mucho de lo que leí, pero siempre
tuve el sentimiento de que algún día entendería y así me motivaba a seguir leyendo.

Dios fue obrando en mi vida a medida que leía su Palabra, conocía el mensaje del evangelio, e
incluso lo creía, pero fue leyendo la Biblia que me encontré de frente con el Protagonista de toda
la historia de la redención, Cristo.

Los próximos dos años de bachillerato, lo cuales también eran los dos últimos, los cursé en la
jornada de la mañana y tuve más tiempo por las tardes para leer la biblia, y esto cambio cada área
de mi vida, mis afectos más profundos eran cada día mas cautivos de la Palabra de Dios, propuse
en mi corazón orar en las madrugadas antes de ir al colegio y todas las tardes de 5 a 6 p.m en mi
cuarto con mi rostro pegado al suelo y por la gracia de Dios este hábito persiste hasta el día de
hoy, me desligue de muchas amistades y las redes sociales ya solo hallaban sentido en mi vida
para compartir versículos de la biblia, mi mesa de planchar el uniforme la convertí en un escritorio
donde tenía el suficiente espacio para mi biblia y un cuaderno de apuntes, luego mi padre me dio
un portátil y comencé a buscar predicas cristianas; las primeras que recuerdo haber visto fueron
de parte de mis amados pastores Paul Washer, y Chuy olivares. Después de ellos vinieron otros
tales como John MacArthur, Charles Stanley, Miguel Núñez y Sugel Michelén.

No puedo decir con exactitud qué día fui salvo, pero algo si puedo decir con toda certeza, soy salvo
y esto es por el sacrificio perfecto de Cristo Jesús, el cual tomando mi lugar me reconcilio con el
Padre, borrando todos los pecados que me señalaban ante el Padre como transgresor de Su eterna
Santidad y por lo tanto me condenaban eternamente.