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Colombia, nuestra familia1

Cuando se presentan2 en una familia circunstancias dolorosas, dificultades que afectan toda la
marcha del hogar, los hijos se reúnen, se solidarizan y sienten, como nunca, un sentimiento filial,
fraternal. Esto nos está pasando en Colombia, hemos estado en una situación de emergencia por
distintos motivos, y la patria requiere la unificación de todos sus hijos a favor de ella.

Ustedes saben que estamos sufriendo en todo el país por un largo verano que ha diezmado
totalmente las cosechas, estamos sufriendo obligatoriamente un racionamiento que paraliza todas
las actividades del país durante horas del día; industrias, fábricas, colegios, están paralizando sus
actividades. Estamos también sufriendo la consecuencia de una larga guerrilla, que ha arruinado
y desolado el país; muchos colombianos que estaban en pleno servicio han tenido que huir de
Colombia; otros están queriéndose enriquecer, aprovechando la situación extrema del país.

Está la ciudad triste, la ciudad no encuentra solución. ¿Que debiéramos hacer? Todos debiéramos
tomar conciencia de nuestra obligación de ayudar, como nunca, a Colombia en esta época. No
podemos, de ningún modo, aprovechar esta situación deprimente para enriquecernos
indebidamente, para hacer nuestro agosto a costa de la miseria del país. Todos los colombianos
debiéramos tomar conciencia y colaborar en favor de Colombia. Debemos cesar cualquier actitud
de injusticia o de falta de honradez.

Que esta época de crisis en Colombia sea la época de despertar a su servicio; que lo que ha pasado
nos sirva de enseñanza, que no quebrantemos la ley, que no busquemos caminos ilícitos en nuestro
provecho, que la guerrilla cese en su camino criminal, que los desfalcadores comprendan que no
podemos seguir arruinando a Colombia.

Principios elementales3
Casi sin darnos4 cuenta, hemos comenzado un nuevo año, un nuevo año cuyos
acontecimientos nos son imprevisibles. Vemos solamente un año para luchar, un año para
amar, un año para esperar muchas cosas, un año para tener seguridad de que Dios nos
protege todos los días. Es inquietante mirar la serie de meses, la serie de semanas, la serie
de días que nos aguardan, sin tener ninguna seguridad de nada de lo que pasará en ellos.
Pero debemos tener una perfecta confianza en que hay un Dios que nos protege y que nos
conducirá de la mano a través de estos meses.

Estos meses, para Colombia, tienen que ser distintos de los meses pasados; estos meses
no pueden ser, no pueden ver la noticia casi diaria de atracos, de secuestros, de asesinatos,
de asaltos y emboscadas, en todos los lugares solitarios de Colombia. No podemos seguir
así, no puede seguir así nuestra patria. Debemos presionar a toda Colombia para que
produzca la paz. Debe haber un ambiente generalizado de paz; debe haber un ambiente
generalizado de alegría, de justicia en Colombia. Voy a seguirles pidiendo, con la ayuda
de Dios, a todos los que puedan, para que erradiquen tugurios en todas las ciudades del
país.

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Tomado de García Herreros R. (2009) Constructores de la nueva Colombia Colección Obras Completas No. 19 Bogotá
p. 130
2
Abril 27, 1992
3 3
Tomado de García Herreros R. (2009) Constructores de la nueva Colombia Colección Obras Completas No. 19
Bogotá p. 131
4
Enero 6, 1988
Hay unos principios elementales que debemos saber y difundir por toda Colombia: todos
tenemos derecho a vivir decentemente, todos tenemos derecho a trabajo suficientemente
pagado, todos tenemos derecho a descanso, todos tenemos derecho a estudios primarios
y secundarios, todos tenemos derecho a vivir, nadie tiene derecho a quitarnos la vida,
todos tenemos derecho a la libertad.

Este año tenemos que cambiar el rostro de Colombia: el rostro de un país desordenado,
desequilibrado, ensangrentado… y hacerlo un país bello; trabajar todos en nuestros
pueblos, en nuestros campos y en nuestras haciendas; sentirnos todos comprometidos a
hacer algo por Colombia en este año. Es posible que el año pasado no hiciéramos nada
por el país; este año debemos dejar el rastro de nuestro bien, de nuestro servicio al país,
en nuestro pueblo, en nuestra vereda.

Colombia es un país excepcional, pero está requiriendo nuestro propio y personal trabajo.
Este año no lo vamos a dejar pasar en vano ni inútilmente; en este año, después de tanto
sufrir, después de tantas heridas, va a comenzar, por obra nuestra, la nueva y bella
Colombia, que está queriendo aflorar a través de mucha sangre, a través de mucho llanto,
a través de muchas pesadumbres.

¡Dios mío!, en tus manos invisibles ponemos este año con todos los azares, con todos los
riesgos, con todo lo inesperado; lo ponemos en tus manos divinas. Tenemos seguridad de
tu amor.

Momento propicio de desarrollo5


Estuve6 en estos días otra vez en el mar de Coveñas, este increíble mar, sin duda alguna,
el más bello de Colombia. Allí está surgiendo una nueva ciudad, como una nueva
civilización, con quintas, con hoteles, con cabañas realmente bellas al frente del mar.

Cuando uno va de Tolú a Coveñas y pasa por Montería y ve la belleza de sus ganaderías,
de su enorme desarrollo, queda realmente satisfecho de Colombia. Colombia está
adelantando, Colombia seguramente va a ser un polo de desarrollo en el mundo, gracias
al magnífico presidente y a las excepcionales orientaciones que le está dando al país.
Algunos meses más, algunos cortos años más y estaremos en una época envidiable, de
avances culturales y de gran riqueza para todos.

En esta estancia mía, estuve contemplando, admirado, la belleza de las fábricas de


concentrados donde, con fórmulas nuevas, se está haciendo alimento para ganado y se
está vendiendo en todo el mundo. Es satisfactorio ver a los ingenieros y a los obreros, a
todos trabajando febrilmente, dirigidos sabiamente por personas de gran capacidad
organizativa y financiera. Les propuse que creáramos una facultad de agronomía en esa
región; me aceptaron la propuesta y la van a financiar. Esta facultad será para los
campesinos y para los hijos de los hacendados, y estaría adscrita a la Universidad Minuto
de Dios.

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Tomado de García Herreros R. (2009) Constructores de la nueva Colombia Colección Obras Completas No. 19 Bogotá
p. 148
6
Julio 31, 1992
También vamos a hacer, en esa región, en una gran hacienda, en diciembre, una
concentración de todos sus ganaderos para que ellos, reunidos, planeen un desarrollo
todavía mayor de la región. Invitaremos al ministro de agricultura y, sin duda alguna, al
presidente de la república. El año entrante haremos la concentración para todos los
ganaderos de Ubaté y Cundinamarca. Serán pequeñas ferias agrícolas para que ellos vean
qué se está haciendo en Estados Unidos, que se está haciendo en Alemania y qué se puede
adaptar en Colombia. Concentraciones similares pudiéramos hacer de industriales,
floricultores, algodoneros, arroceros, etc.

Colombia está, sin duda alguna, en el momento propicio de su desarrollo; lo demás son
cosas secundarias, que no vale la pena mentar. Yo sueño con invitar a todos los pudientes
de Colombia a invertir en el país, a hacer grandes empresas, a unirse, a conocerse, a no
envidiarse, a colaborar mutuamente. Esta es la gran Colombia que está floreciendo; lo
demás es secundario y no vale la pena mentarlo.

Los trabajadores7
Mañana es la fiesta del trabajo y de todos los trabajadores; no sólo del obrero manual, de
las fábricas y de las carreteras, sino de los gerentes, de las mecanógrafas, de los maestros,
de los limpiabotas, de los agricultores, de los mecánicos, de los zapateros, de los
tipógrafos y de los pescadores. Mañana la fiesta del trabajo.

Dios es el primer gran Trabajador. Cuando había sólo el silencio de la nada, Dios rompió
el mutismo del vacío y empezó a trabajar. El buen Dios es el alfarero de las estrellas, el
tallador de los luceros, el escultor de los árboles, el pintor de las flores. Dios es el alfarero,
el gran trabajador. Él es el químico divino que hizo el agua de la fuente y el maravilloso
poeta que creó el mar y el soñador que trazó los arreboles de la tarde. Él es artífice que
hizo la luz y que hizo la mariposa y Él es el escultor amoroso que esculpió al hombre.

Mañana es el día del trabajo. Todo este mundo maravilloso, casas, edificios, talleres, es
obra de miles de trabajadores, es obra del trabajo. Lo malo que hay en el mundo lo produjo
la ociosidad, la holgazanería. Lo bello que hay en el mundo lo hizo el trabajador: el trabajo
de Dios y el trabajo de nosotros, los hombres.

Debemos entrar en un profundo amor al trabajo, en un hondo respeto. Lo nefando, lo


vergonzoso es la ociosidad y la vagancia. El hombre que pasa barriendo nuestras calles
merece un profundo respeto. La lavandera que a la orilla del río blanquea la ropa contra
las piedras es algo maravilloso y es quizá un lejano símbolo de Dios, nuestro redentor,
que lava los pecados del mundo. Esta fiesta del trabajo no es la fiesta de la rebeldía ni del
odio; es la fiesta del amor y del optimismo ante un mundo que se va a mejorar por nuestro
propio esfuerzo.

Aquí en Colombia necesitamos entusiasmarnos por el trabajo, agruparnos febrilmente y


construir una patria mejor. Nuestros campos están aguardando la semilla, nuestras
cosechas están esperando la siega. Nuestros campos están deseosos de caminos y de
carreteras, nuestras casas están aguardando los jardines y el aseo. Todo está esperando el
trabajo de nuestras manos. Debiera empezarse una gran campaña a formar trabajo;

7
Tomado de García Herreros R. (2009) Constructores de la nueva Colombia Colección Obras Completas No. 19 Bogotá
p. 159
premiar al mejor trabajador de Colombia, al mejor obrero de todas las fábricas, al mejor
colaborador de la ciudad.

Un pueblo que labora8


He visto, en mi último viaje por Estados Unidos, pero lo había visto también antes en
otras partes, especialmente en Rusia y Alemania, lo que es un pueblo que trabaja. Y he
pensado en Colombia, donde trabajamos el mínimo, donde apenas hemos comenzado a
trabajar. Cuando uno ve a esa gente trabajando, con entusiasmo, con actitud, con
perfección, y vemos cómo trabajamos aquí, concluimos que nuestro atraso es por falta de
trabajo.

Yo creo que debemos comenzar una campaña nacional por el trabajo. Creo que se deben
contratar a todas las agencias publicitarias del país para que durante seis meses hagan
propaganda al trabajo. Se nos debe hablar en todas partes: en la prensa, en la radio, en la
TV, en el púlpito, en afiches, en el teatro, en la escuela, en la universidad, acerca del
trabajo. Seis meses de entusiasmo a los colombianos por el trabajo, y enriquecemos el
país. Que no haya nadie ocioso, que no haya miles de señoritas de sociedad, levantándose
a las once de la mañana. Que no haya miles de vagos, deambulando por las calles. Que
no haya miles de empleados que pasan su tiempo leyendo el periódico y conversando
estupideces, causa de la ruina del país.

Si esta humilde insinuación mía, la invitación al trabajo, cayera en buena tierra,


salvaríamos el país y lo haríamos el más próspero de Suramérica. Seis meses de
propaganda al trabajo, de restauración del trabajo. Que no quede una casa a donde no
llegue la invitación al trabajo.

Y se me dirá: muy bueno, pero, ¿quién dará el trabajo? Yo soy simple y decidido para
contestar. Cuando empecemos a trabajar, brotará el trabajo de debajo de las piedras.
Nosotros tenemos todo por hacer: carreteras, fábricas, artesanías, agricultura, oficinas,
archivos. Todo está desordenado, incompleto o simplemente no hecho. Los pobres
inventaremos trabajo y los ricos daremos trabajo. No más capitales para Suiza,
sacrílegamente. Aquí en Colombia vamos a comenzar a trabajar. Seis meses de un gran
despliegue de propaganda y haremos el país más bello de América.

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Tomado de García Herreros R. (2009) Constructores de la nueva Colombia Colección Obras Completas No. 19 Bogotá
p. 160