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Jorge Almeida

Doctor en Comunicación y Cultura Contemporánea en la Facom-UFBa (Universidad Federal


de Bahía); profesor en la Universidad Católica de Salvador (UCSal)
BRASIL

Convergencia tecnológica, espacio público y democracia

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Convergencia tecnológica, espacio público y democracia
Jorge Almeida*

En este texto discutimos de qué manera se puede pensar en usuarios de productos y servicios de las
TIC (Tecnologías de Información y Comunicación) que no sean apenas punto de mira de estrategias
políticas y económicas; en ciudadanos que no sean reducidos a meros consumidores; y en qué
circunstancias la apropiación de estos productos y servicios pueden servir para una emancipación individual
y colectiva.
Si los medios, por un lado, han contribuido a la concentración del poder, por otro lado, solamente
con la utilización democrática de las TIC es posible viabilizar un espacio público democrático, participativo
y deliberativo. La configuración de una ágora mediática y digital ya es técnicamente posible con la
convergencia tecnológica, pero son necesarias condiciones culturales y políticas construidas por los sujetos
sociales.

El espacio público político y su evolución histórica


El espacio público político es visto como un espacio político fuera del Estado, pero un espacio que
no se confunde ni con el mercado y la estructura económica ni con las organizaciones de la sociedad civil,
en la medida en que sus objetivos son públicos y no privados y son más amplios que los de organizaciones
más específicas de la sociedad civil. Son espacios de debate de las questiones de interés público y de
formación de una opinión pública activa en tanto que consecuencia de una discusión donde los ciudadanos
puedan participar, no solamente de una forma pasiva, como ocurre en la mayoría de los casos, cuando éstos
son apenas informados acerca de los debates y decisiones que ocurren en las esferas estatales, ejecutivas o
legislativas.
Del punto de vista histórico, existen muchas lecturas sobre el origen del espacio público y el papel
que ejerció en diferentes realidades y formaciones sociales. Así que, en un clásico sobre este tema,
Habermas (1984) estudia el espacio público y la opinión pública burgueses como categorías históricamente
definidas y conectadas al desarrollo del capitalismo y de la imprenta nacida en Europa durante el "otoño" de
la Edad Media. Pero, él reconoce la existencia histórica de otras versiones, como el espacio público
plebeyo, el helénico y el espacio de representación pública feudal.
Monique Augras también ve la opinión pública como un concepto histórico y ligado a la práctica
política. Identifica una opinión pública de la ágora de la Polis griega que orienta las decisiones en Atenas,
pero de un público formado apenas por los ciudadanos, o sea, en aquella realidad, dejando fuera a los

*
Jorge Almeida es Doctor en Comunicación y Cultura Contemporánea en la Facom-UFBa (Universidad
Federal de Bahía en Brasil); profesor del curso de Publicidad en la Universidad Católica de Salvador (UCSal)
y del curso de Hipermedia en la FTC (Facultad de Tecnología y Ciencia).
Dirección electrónica: _jorgealm@uol.com.br
Sitio: www.sites.uol.com.br/jorgealm
esclavos, las mujeres y los jóvenes. Semejante era el caso de la Vox Populi en el forum de la república
romana, donde la "voz del pueblo" era solamente de una parte del pueblo. En la Edad Media, hay también el
Consensus Omminiun, o "acuerdo de todos", pero solamente de todos los nobles que buscaban el apoyo del
pueblo para las Cruzadas. En este caso, los herejes también quedaban fuera, pues expresabam una opinión
crítica también de manera religiosa. El advenimiento del capitalismo, el Renacimiento y la Reforma van
consolidando la idea de la existencia de una opinión crítica y de un espacio público independiente del poder
feudal y que tiene un importante papel entre los intelectuales de la Revolución Francesa de 1789 que creó la
Fiesta de la Razón y la Fiesta de la Opinión. Y "las proclamaciones republicanas empezaban así: 'El pueblo
decidíó'. Pero, desgraciadamente, cuanto más se hablava de decisión popular, menos se votaba. La opinión
era la voz del grupo que estaba en el poder" (Augras, 1978).
La opinión y el espacio público burgueses nacen en el proceso del cambio de mercancías e
informaciones empezadas con el capitalismo financiero y mercantil, desarolladas con las ferias y los burgos
y el sugimiento de los primeros correos y prensa. El crecimiento del comercio va exigiendo mayores
garantías institucionales y se produce el desarrollo del Estado-nación, que nacionaliza economías
anteriormente más localizadas, y del Estado moderno como centralización política. Por tanto, hay un
fortalecimiento del Estado y de la burguesía, aunque el Estado es dirigido por la nobleza y la burguesia
privada del poder. Están ahí los elementos fundamentales de la contradicción que llevará a la aparición del
espacio público burgués: la fuerza emergente y paulatinamente hegemónica en la economía y cada vez más
letrada e informada estaba desprovista de poder político.
Así, para Habermas (1984) el espacio público burgués puede ser comprendido inicialmente como
un espacio de personas privadas del poder reunidas publicamente para defender su libertad económica y
atacar el principio de dominación vigente en aquella época para hacerlo racional: no basado en una
superioridad determinada por un orígen hereditariamente noble, sino en el mejor argumento racionalmente
sometido a la opinión pública. El espacio público burgués surge en espacios culturales públicos en un
campo de tensiones entre el Estado y lo privado y el proceso de transición que llevará la burguesia al poder
tendrá claras marcas nacionales, aunque mantiene una serie de características básicas semejantes: la reunión
permanente de personas propietárias privadas en forma de público, buscando formar una opinión pública,
basada en sus intereses de clase en este espacio público, del que eran excluidos las mujeres, los empleados y
los jóvenes, que eran vistos como personas sin autonomía para decidir. El parlamento, como instancia muy
especial del espacio público pasa a ser un órgano del Estado, pues ahora la burguesía tiene poder de
decisión. Pero la disputa de opinión pública continuará ocurriendo fuera del parlamento. Así, el espacio
público burgués desarrollado y institucionalizado en el Estado de Derecho burgués no supera su
contradicción: nace presentando una idea opuesta a la dominación, pero su base social (la propriedad
privada) no permitía el fin de la dominación. Por otro lado, consecuencia de todo un proceso de luchas y en
momentos históricos diferentes, se da la entrada de los trabajadores, de las mujeres y de la juventud en la
escena política, ampliando lo que pasó a ser una opinión pública formal, con derecho de votar.
El espacio público literário también cambia y las leyes del mercado penetran en la esfera de la
cultura. Enfin, después del proceso de llegada y consolidación en el poder, la burguesía ya no necesita ser
crítica ni defender una opinión pública crítica.
Como regla general, los grandes medios de comunicación publican una opinión privada y no
pública. Los medios, que deberían ser instituciones ejemplares del espacio público, se comercializan dentro
de la lógica de transformar el público ciudadano en consumidor de mercancías. Con los nuevos medios del
siglo XX (radio, cine y televisión), tenemos un segundo momento histórico del espacio público burgués,
cuando éste es ampliado mediáticamente, pero acuerdo con los intereses privados que se hacen presentes,
privilegiadamente, a través de los medios dirigidos a un "público". Ahora, en lugar de la imprenta
intermediar la opinión pública, una opinión no-pública pasa a ser formada primero através de los medios.
Hay un máximo de público y un mínimo de opinión conciente.
Aun así, el propio Habermas ve la posibilidad de reconstrucción de un auténtico espacio público
políticamente activo. Pero la condición para la existencia de este tipo de espacio público es su
autogeneración, institución y competencia con el espacio publico político burgués manipulador. En sus
textos posteriores, Habermas (1994 y 1995) continúa buscando un espacio publico auténtico y creyendo que
las condiciones para su existencia son su origen no burgués y su autogeneración, basada en movimientos
sociales y su competencia con el Estado y el mercado.
Por tanto, desde la primera revolución industrial hasta los dias de la tercera revolución tecno
científica, de la convergencia tecnológica, del neoliberalismo y de la globalización imperialista, hubo un
desarrollo de los medios y el derecho de voto es universal, pero el Estado se afirmó como una organización
burocratizada y cerrada a la participación pública, pues la burguesía no ha mostrado interés en la
construcción de un efectivo espacio público. Luego, la constitución de un verdadero espacio público pasa,
necesariamente, por la construcción de espacios que tengan, como sus sujetos efectivos, el conjunto de los
sectores hoy día explotados, oprimidos, discriminados, apartados y excluidos. O sea, a falta de un concepto
más claro, de los que viven de su trabajo y están privados y excluidos del poder y de la propiedad de los
grandes medios de producción y comunicación - la plebe contemporánea. Espacios donde se puedan
construir nuevas relaciones políticas y crear condiciones para la construcción de nuevas corrientes de
opinión pública y una nueva cultura política, crítica y participativa. Espacios que puedan construir nuevas
relaciones de poder. Por tanto, como destaca Fraser (1996), espacios que no deben evitar las diferencias,
sino resaltarlas, pues el espacio público no debe ser visto apenas como un espacio de debate, sino de
afirmación política y cultural. Más que eso, espacio de disputa de hegemonía (Gramsci, 1978) y de
formación de bloques sociales, políticos y culturales que construyam opiniones públicas activas y capazes
de realizar un nuevo espacio público auténticamente democrático y popular donde el pueblo pueda discutir
y decidir acerca de los más diversos rumbos de la sociedad. Un mundo más democrático y, de hecho,
gobernado por sus ciudadanos y no por las directrizes originadas en los intereses privados de los
oligopólios, del FMI, del Banco Mundial, de la OMC o del G-8.

Internet y la esfera pública


La Internet puede estar inserida en una tercera fase del espacio público burgués (después del
período inicial de la imprenta escrita y de los tiempos de la radio y de la TV) y puede ser entendida como
un espacio de conexión para el acesso a una inmensa masa de informaciones; una comunicación en la cual
los individuos pueden ser no solamente receptores, sino también emisores, para una o muchas personas a
través del correo electrónico o de la participación en listas de discusión, chats o grupos de noticias (Gomes,
2001). Así, Internet no es un espacio público, sino un instrumento que permite la intervención de individuos
o grupos en el debate público (luego, en eventuales procesos deliberativos) y en articulaciones locales o
globales entre organizaciones políticas, inclusive de grupos contra-hegemónicos que actúan en la sociedad
civil, en el proprio Estado o en espacios públicos locales.
Internet es también un medio de comunicación especial, pues es un medio de los medios, o sea, una
red necesaria para que los medios (microcomputadora) puedan comunicarse. Toda persona que tenga una
microcomputadora, un teléfono y cierto grado de educación formal, puede ser un emisor, especialmente si
forma parte de segmentos más activistas. Pero, aún son pocos los que tienen aceso y ni todos los sitios
tienen la misma oportunidad de audiencia, por que los que están integrados económicamente en grandes
redes de comunicación tienen más ventajas.
De todos modos, incluso si todos estuvieran conectados, esto no resolvería la cuestión central, pues
no basta la discusión fragmentada si no hay debate y decisión públicos. Internet sirve para articular
acciones, reforzar lazos existentes, construir nuevos vínculos o dar más visibilidad a hechos negativos
ocurridos en espacios políticos burocratizados. En fin, Internet no es un espacio público, pero es un
instrumento inédito que contribuye para el debate público y la organización de la sociedad civil y de
espacios públicos activos.
Como afirma Rousiley Maia (2001), "en el dominio de la sociedad civil, no hay duda de que las
comunidades virtuales están creando plataformas suplementares importantes para la participación política.
De cualquier modo, en grande parte de la literatura acerca de la llamada cyberdemocracia o democracia
digital, es común enfatizar exageradamente las dimensiones tecnológicas y asociar deterministicamente el
potencial de las nuevas tecnologías con la revitalización de las instituciones y prácticas democráticas.
Colocar la cuestión simplemente en términos de que 'Internet es un instrumento de democratización', puede
llevar a distintos errores". Y no podemos olvidar también que la fragmentación y segmentación de los
medios no está llevando a una fragmentación del poder. Mientras las bandas de frecuencia de TV se
multiplican y se segmentan con la TV de pago, la propiedad de los medios se concentra (Lima, 1997)
facilitada por los procesos de privatización, aprovechándose de la convergencia tecnológica de los medios
de comunicación, telecomunicación e informática (Negroponte, 1995); mientras las relaciones de trabajo se
flexibilizan e informatizan, los capitales y la riqueza se concentran (Almeida, 1998).
John Keane (1996) considera que hay una fragmentación del espacio público en innumerables
micro-espacios públicos presentes en movimientos sociales con objetivos más locales. Hay medios-espacios
que corresponden más o menos a los Estados nacionales y son mediados por periódicos de grande
circulación y por los medios eletrónicos. Y los macro-espacios, que son aquellos ubicados por encima de
los Estados nacionales. La globalización de los medios hace parte de este proceso e Internet es una fuerte
esimuladora del crecimiento de macro-espacios públicos no solamente en términos de red sino también
distribuyendo informaciones entre distintas organizaciones civiles. Miranda (1995) también habla sobre esta
questión, alertando sobre las consecuencias perversas de nuevas formas de control o su revitalización
usando los espacios virtuales, lo que indica que el nuevo espacio que está sendo constituido es tan
ambivalente como el que está en vigor. Dominique Wolton (1995) hace un estudio de las contradiciones del
espacio público mediatizado y ampliado, mostrando que la comunicación es una condición indispensable
para la existencia de la democracia y del espacio público, pero ella no tiene condiciones de garantizar la
calidad de la democracia.
Así mismo, rescatando a Walter Benjamin, Kurz (1998) considera que la cultura de masas puede
tener contenidos emancipatorios, pero la esperanza existiría solamente "en un nuevo movimiento social de
masas que se apropiase de los potenciales emancipatorios latentes de la modernas técnicas de reprodución y
los volviese contra su forma comercial".

Las TIC como canales de información, participación y decisión en el espacio público


Luego, el problema es la construcción de nuevos espacios públicos, políticos, territoriales,
productivos, culturales, mediáticos etc, con carácter popular, en un proceso de transformación de la
sociedad y del Estado. Pero es necesario discutir también cómo, en una sociedad compleja, sería posible
viabilizar una democracia al mismo tiempo directa (plebiscitaria), participativa (consejista) y representativa
(Almeida, 1999-a). Discutir cómo el potencial técnico de las TIC puede ser utlizado para viabilizar la
constitución de un espacio de debate y decisión política pública efectivamente democrático. La
convergencia tecnológica parece que echó abajo el fuerte argumento "técnico" de que en sociedades
complejas, organizadas en Estados nacionales, como consecuencia de sus naturales dificultades geográficas
y demográficas, no habría condiciones de viabilizar una democracia directa, lo que solamente habría sido
posible en la ágora, de las ciudades-estado griegas. Hoy día, con el desarollo de la telemática, utilizando de
manera combinada con la informática, el teléfono, la radio, la TV y la Internet, sería técnicamente posible la
práctica de la democracia directa plebiscitaria incluso en grandes países como Brasil, Canadá o Estado
Unidos, llegando a tomar decisiones precedidas de un amplio debate público, acerca de las questiones más
importantes nacionalmente y en las relaciones internacionales de cada país.
Además, una nueva organización de las instancias deliberativas del espacio público que, al lado de
las instancias formadas por representantes (como el parlamento), pueda tener instancias de mayor poder
participativo y directo de los ciudadanos. O sea, la reanimación del debate público y de la constitución de
una opinión pública activa está directamente conectada al poder participativo y deliberativo de esta opinión
pública.
La forma de los consejos populares, como es el caso de los consejos del Presupuesto Participativo,
más o menos como los existentes en algunas administraciones municipales brasileñas, puede apuntar para
una línea de democracia participativa (Rodrigues, 1997).
Por otro lado, cuando hablamos de espacio público como ámbito del debate público de la sociedad
acerca de sus rumbos, no podemos limitarnos a instancias a donde van los más interesados (consejos) o las
elecciones que ocurren cada 4 años, único momento en que el espacio público (ampliado) se instala
(temporalmente) como un todo. Esto solamente puede ser obtenido por la democracia directa. El nuevo
plebiscito puede ser mediático y digital; utilizando Internet o cualquier teléfono residencial, comercial o en
las calles, el elector digita el número de su documento electoral y su contraseña individual y secreta. Este
proceso estimularía el debate pues éste estaría conectado a una decisión de la cual cada uno participaría.
Además de los debates originados en los grandes medios, de manera democrática y durante un tiempo
razonable antes de las decisiones (plebiscito), este proceso podría estimular debates con públicos menores
articulados por espacios públicos locales o instituciones de la sociedad civil y organizaciones partidárias, así
como los medios más locales, sectoriales y comunitarios y la Internet. Por tanto, se viabilizaría una
situación de democracia deliberativa, directa, plebiscitaria y con formación de opinión pública a través de
los medios tradicionales e interactivos y de la reunión del público, en espacios virtuales y territoriales. Así,
los medios funcionarían como un espacio de visibilidad del debate público y tendríamos algo muy superior
tanto al consumo atual de los medios, cuanto a los espacios de debate estrictos.
Por tanto, la crítica al espacio público burgués en su estadio actual (de real inexistencia como
forum de discusión argumentativa, pública y de deliberación democrática) no puede ser hecha como
nostalgia de tiempos que no volverán (ni se desea que vuelvan, pues también eran cerrados para la mayoria
del pueblo). Así como este espacio no puede ser aceptado frívolamente (Lipovetsky, 1989), como si la
democracia liberal, formal y manipuladora fuera la única posible en un mundo complejo y mediatizado.
En estos términos, los medios democratizados son instrumentos indispensables para viabilizar un
espacio público democrático, amplio y de masas. Y la acción estratégica, la publicidad y los sondeos de
opinión, que son inevitables, pueden ser vistos como instrumentos legítimos para el conocimiento de la
realidad y el convencimiento.
Sin embargo, como sabemos, ésta no es una cuestión solamente técnica, sino política. Su ejercicio
presupone una radical democratización de los medios de comunicación, del Estado y de la sociedad
(Almeida, 1998-b). Todavía más, presupone el derecho y la posibilidad del pueblo a decidir directamente
sobre questiones muy importantes.
Organizaciones respetadas en la sociedad civil y que ocupan espacios importantes en los medios,
como el MST brasileño (Almeida, 1999) y los zapatistas mexicanos (Rubim, 1996) muestran que
movilización social, presión y conflicto, aliados a argumentación racional también son medios legítimos de
disputar y formar opinión.
Así, el avance en la construcción de espacios mediáticos que contribuyan para realizar la utopía de
un espacio público democrático y activo es un camino contradictorio. Porque es un proceso que no puede
concluirse mientras no se rompam las amarras de la hegemonía del mercado en espacios más amplios y
bases territoriales nacionales y globales.
Por todo eso, son muy importantes las manifestaciones como las de Seattle, Quebec y Génova, el II
Encuentro Americano por la Humanidad y Contra el Neoliberalismo realizado en la ciudad de Belém, en la
Amazonia brasileña (diciembre de 1999), el Foro Social Mundial, realizado en el Sur de Brasil (enero de
2001), así como actividades relativas a los 500 años de resistencia indígena, negra y popular en varios
países de las Américas. Muestran que la "plebe" contemporánea continúa luchando para construir su
espacio público. Las actitudes y acciones internacionalistas y contra esta globalización realmente existente
también son cada día más indispensables para los que quierem construir un proyecto nacional y realizar un
espacio público local.
Es así que, contradictoriamente, en este mundo "abierto", "global", "plural", "sin muros", la
próxima reunión de la cúpula de G-8 tendrá lugar, en 2002, en una ciudad isolada, en las Montañas Rocosas
de Canadá, escogida para mantener lejos a los manifestantes, o sea, al espacio público y a la sociedad civil.
Después de las protestas en Génova, el G-8 decidió no hacer el encuentro del próximo año en la capital del
país, Otawa, como había sido planeado originalmente. Los líderes de Estados Unidos, Inglaterra, Canadá,
Francia, Alemania, Italia, Japón y Rusia van a encontrarse en junio de 2002 en la pequeña ciudad de
Kananaskis, que tiene apenas dos hoteles.
En fin, los plebeyos continuan luchando para construir un espacio público popular y el G-8, como
los feudales, quierem un espacio donde se oigan solamente los intereses privados, para después ser
presentados mediáticamente al público. Por tanto, el avance continuo de las TIC, en sí mismo, no trae
optimismo ni pesimismo, pero, a despecho de su ambivalencia, materializa condiciones técnicas que
pueden, basadas en la intervención de los sujetos sociales, crear un nuevo espacio público popular,
democrático, territorial y mediático-digital.

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