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EL MITO DE VICHAMA Y LA HISTORIA REGIONAL

Filomeno Zubieta Núñez1


Universidad Nacional José Faustino Sánchez Carrión-Huacho
filomenozubieta@gmail.com

Resumen
Religión, mitología e historia son concepciones y categorías que se entrelazan tras el mito
Vichama, dentro del ámbito nacional y regional, tratando de explicar no sólo las creencias y
ritos de pueblos antiguos, sintetizando, también, el derrotero de estos. En este breve ensayo
queremos, precisamente, buscar la explicación histórica tras el mito de Vichama, dentro de la
religiosidad de los pueblos que poblaron estas tierras, el llamado Norte Chico (las actuales
provincias de Barranca, Huaura y Huaral de la región/departamento de Lima). Las
inquietudes que nos impulsan a tratarla pueden sintetizarse en las preguntas: ¿Qué significa
el mito de Vichama?, ¿Cuál es su mensaje? ¿Qué relación tiene con la historia regional o
nacional?, ¿Qué hay detrás de este mito?
Palabras clave: Végueta. -Chancay. -Dios Sol.-Pachacamac.-Vichama
Abstract
Religion, mythology and history are conceptions and categories that are intertwined after the
Vichama myth, within the national and regional scope, trying to explain not only the beliefs
and rites of ancient peoples, also synthesizing their course. In this brief essay we want,
precisely, to look for the historical explanation behind the Vichama myth, within the
religiosity of the towns that populated these lands, the so-called Norte Chico (the current
provinces of Barranca, Huaura and Huaral of the region / department of Lime). The
concerns that drive us to deal with it can be synthesized in the questions: What does the
Vichama myth mean? What is its message? What relationship does it have with regional or
national history? What is behind this myth?
Key words: Végueta. -Chancay. -Sun God.-Pachacamac.-Vichama

Una necesaria explicación


De partida hay que tener en cuenta que la religión es un hecho social que está presente en
todas las sociedades, como actitud y práctica, mediante símbolos (representaciones o cosas
que evocan ideas). La religión tiene determinados elementos que es bueno identificarlos:
a. Las creencias (estado de adhesión firme e indudable, convicción fundada en sentimientos);

1
Profesor principal, en la especialidad de historia, de la Facultad de Educación de la Universidad
Nacional José Faustino Sánchez Carrión de Huacho.
b. Los ritos (costumbres, conjunto de reglas establecidas para el culto y ceremonias, actos
tradicionales de estabilización y cohesión social);
c. La comunidad que asume como suya la actitud y práctica religiosa;
d. La moral (intuiciones y concepciones que identifican lo que está bien y lo que está mal, lo
que se debe hacer y lo que se debe evitar);
e. La visión transempírica de la realidad; y
f. Los mitos.

Además, hay que considerar que la religión cumple determinadas funciones sociales:
cohesión social, legitimaciones, devoción y respeto absoluto, respuesta a problemas, entre
otros.
Por otro lado, el mito es una lectura del mundo y una interpretación de la vida dada en forma
de relato, plena de símbolos, acciones y representaciones fabulosas. Es, igualmente,
explicación, norma y regla de las relaciones sociales que le permite al hombre encontrar su
lugar en el mundo. Fortalece la cohesión social, es un modo de comunicación social. Revela
de qué manera los hombres y las cosas fueron hechos, y expresan el amor, el odio o la
venganza, comunes a la humanidad de todas las épocas.
La historia para explicar el desarrollo social y estudiar los hechos trascendentes se basa en
fuentes, entre ellas, las lingüísticas, las iconográficas, las etnográficas (donde se hallan los
mitos) que contribuyen decisivamente brindando referencias sobre facetas diversas de
pueblos ágrafos, como son los prehispánicos de nuestros lares.

Religión y mitología “prehispánica”


Religión y mitología como manifestaciones ideológicas, eran parte importante de la vida
andina tal como lo fueron las económicas y sociales. Constituían parte de su historia, eran su
historia. Por lo mismo reproducían la vida material, con sus dioses con las mismas conductas
que los hombres, con atributos humanos enaltecidos. La jerarquía, las pugnas,
enfrentamientos de los dioses no significaban otra cosa que la presencia de clases sociales,
contradicciones y guerras al interior o entre las nacionalidades o curacazgos, como también
de invasiones y colonizaciones.
Los mitos brindan importante información histórica, pues los avances y logros como las
derrotas o retrocesos de los dioses, no son sino los de las agrupaciones que le rinden culto y,
por lo mismo, permiten extraer conclusiones sobre aspectos relacionados con el derrotero
de la vida económica, social, política o ideológica de éstas.
Como la religión y los mitos estaban inmersos en la totalidad de los aspectos de la vida
cotidiana y pública, se justificaba la presencia de infinidad de divinidades, imperando -por lo
mismo- el politeísmo. Hubo divinidades asociadas a la vida agrícola como pecuaria y otros
aspectos del quehacer social, con sus correspondientes templos e ídolos denominados huacas.
Las divinidades habitaban en sus estatuas o ídolos representados en arcilla, madera, metal o
piedra, tenían vida y podían dar respuestas a las preguntas, cual oráculos, brindar protección
a su pueblo, ganarse su reconocimiento.
En el mundo andino todas las divinidades tuvieron derecho a tener presencia; coexistieron
dioses panandinos, regionales, locales, familiares y personales. Unos tuvieron más fuerza y
poder que otros, generando su clasificación en mayores y menores. Los hubo con figura y
silueta humana, antropomorfa.
El origen y desarrollo de los pueblos está justificado por los mitos. Para ellos la historia no
fue un proceso progresivo y lineal. No cronologizaban los hechos por días, semanas, meses,
años, siglos o milenios. Les era suficiente con señalar que uno u otro suceso fue antes o
después de tal o cual acontecimiento. Tuvieron una concepción cíclica de la historia, donde
cada curacazgo o nacionalidad tenía su origen, esplendor y culminación; con épocas
independientes que no necesariamente se encadenaban con otras, ni era necesaria una para
la existencia de otra.
Su historia era, además, selectiva. Se conservaba y trasmitía de generación en generación sólo
lo positivo, lo que era de interés o o conveniencia del grupo dominante; por lo mismo se
magnificaba, engrandecía y glorificaba hasta la exageración, sus realizaciones y conquistas,
para justificar su presencia en determinado territorio y para evidenciar el poderío de sus
dioses.

El mito de Vichama
La costa central, como otros lugares del mundo andino, tenía divinidades que poseían sus
pares. Así, Pachacámac tenía su doble o "hermano", al decir de los naturales, que era
Vichama. Esto no era sino la réplica de la manifestación de los curacas o incas (en el caso del
Cusco) que tenían sus huauques o hermanos que compartían o ayudaban en las tareas de
gobierno. Uno de ellos destacaba sobre el otro. Tal ocurría con Pachacámac, con respecto a
Vichama, que era el más poderoso y cuyo prestigio se debía a sus oráculos y vaticinios
Pachacámac era el dios del reino de los Ichma o Ishmay. Es posible, como lo sostiene María
Rostworoswski, que el nombre antiguo de Pachacámac haya sido Ichma, por su similitud con
Vichma o Vichama, su "hermano", ambos considerados como hijos del Sol.
Pachacámac y Vichama no son solo hermanos, son igualmente los polos opuestos de la
cosmovisión de la costa central. El primero es el dios de la noche, de las tinieblas, de los
temblores; el segundo, el dios del día, de la vida, de la fertilidad. Representan la eterna lucha
entre el día y la noche; de ahí que Vichama nunca encuentre al otro pese a su búsqueda
incesante. Ambos estuvieron representados en el ídolo de dos caras (hallado en Pachacámac):
Vichama, como dios del día, sosteniendo mazorcas de maíz; Pachacámac, como el dios de la
noche, adornado de plumas de cóndores y gallinazos.
Se conocen dos versiones del mito de Vichama, uno de 1617 y otro de 1638. La primera fue
recogida por el padre jesuita Luís Teruel en La Barranca, es corta e instructiva:
1. En tiempo antiguo de sequía y falta de comida, una anciana que se hallaba, entre lágrimas,
recogiendo raíces para comer, fue abordada por el Sol que le prometió remediar su situación,
poseyéndola. Al cabo de 4 días parió un hijo.
2. Llega Pachacámac, que tenía su huaca 4 leguas al sur de Lima, el cual despedaza al niño; le
entrega los dientes como semillas de maíz, los huesos como semillas de hierbas y camotes, y
la carne para pepinos y otras frutas. Se produce la abundancia.
3. Ante el desconsuelo de la madre, por la pérdida de su hijo, el Sol desentierra el ombligo
de desaparecido e hizo que saliese un hermoso muchacho al que llamó Vichama o Villama.
4. El recorrió el mundo por muchos años, en ese ínterin Pachacámac mata a su madre
entregando sus restos a los cóndores y gallinazos.
5. Vuelto Vichama y enterado de los hechos, busca y junta los huesos de su madre y la
resucita.
6. Queriendo vengarla persigue a Pachacámac, no encontrándolo; aplaca su cólera
convirtiendo a los curacas en piedras que fueron adorados como dioses y a los indios
plebeyos en piedras ordinarias.
7. Para poblar la tierra cayeron del cielo tres huevos: de oro del que proceden los curacas y
principales, de plata del que salieron sus mujeres y del tercero los indios plebeyos.
La segunda versión fue recogida por el padre Antonio de la Calancha en tiempos de la
extirpación de idolatrías, secuencialmente, presenta los pasos siguientes:
1. En los principios del mundo, Pachacámac da vida a una pareja humana, pero no les
proporciona alimentos, lo que provoca padecimientos de hambre;
2. Producto del hambre fallece el hombre; la mujer, que a duras penas conseguía algunas
raíces para alimentarse, se queja de sus penurias ante el Sol, solicitándole socorro;
3. El Sol, condolido de la soledad de la mujer, la fecunda y permite el nacimiento de un niño
a los cuatro días; colmándola, además, de venturas y alimentos.
4. Pachacámac, al enterarse de la intromisión de su padre el Sol, colérico toma al niño y lo
despedaza. Para que no faltasen alimentos siembra las partes de éste y brotan: de sus dientes,
maíz; de sus huesos, yucas; de las otras partes del cuerpo, pepinos, pacaes y los demás frutos
de la tierra, generando abundancia en los llanos.
5. Sin embargo, la madre sigue llorando la pérdida del hijo. El Sol interviene nuevamente y
del ombligo y cordón umbilical del niño lo resucita, asignándole el nombre de Vichama (
Villama, o Vichma); el cual creció bello y gallardo, poniéndose a recorrer el mundo.
6. Aprovechando una de las ausencias del joven Vichama, Pachacámac mata a la anciana
madre y abandona su cadáver a los gallinazos y cóndores, escondiendo sus cabellos y huesos;
creó hombres y mujeres que poblaron la tierra con sus curacas que los gobernasen.
7. A su retorno a Végueta, Vichama enterado del triste suceso, monta en cólera, persigue a
Pachacámac sin lograr alcanzarlo y descarga su rabia contra los naturales a quienes, con el
apoyo de su padre el dios Sol, los convierte en piedras.
8. Luego de hallar sus huesos devuelve la vida a su madre, con apoyo de su padre el Sol, y
arrepentido de haber dado muerte a los naturales solicita apoyo a éste, convirtiendo sus restos
en huacas al que los lugareños ofrecían hoja de plata, chicha y espinco cada año.
9. Ante los ruegos de Vichama de repoblar las tierras, el Sol deja caer tres huevos: uno de
oro del que salen los curacas y los principales; otro de plata del que surgen las mujeres de los
primeros y; el tercero de cobre del que aparecen los plebeyos, es decir los mitayos, sus
mujeres y familiares.
Vichama no sólo es el dios de los naturales de Végueta, sino de todo el espacio territorial
comprendido entre Barranca y Aucallama, incluyendo Supe, Végueta y Huacho. Por su lado,
Pachacámac tenía su propio territorio, desde Carabayllo (al norte de Lima) hasta el extremo
sur, Arica.

Foto 1: Representación del mito de Vichama según Federico Kauffmann Doig

Fuente: Kauffmann, 1990, p. 81.


La historia tras el mito
Todo da a entender que el mito fue elaborado en el siglo XV o, por lo menos, concluyó su
formulación, luego de las muchas versiones que le antecedieron. Las dos versiones registradas
por los religiosos españoles lo corroboran.
Tras el mito de Vichama no están sino las penurias, luchas, conquistas y logros por las que
atravesaron los hombres y mujeres que habitaron estas tierras desde tiempos remotos. En
otros términos, tras el mito no está sino la explicación de parte de nuestra historia regional.
Los primeros grupos humanos que poblaron estos lares lo hicieron en tiempos remotos en
que el medio era inhóspito, con plantas y animales en los alrededores del valle, como en la
porción del océano. Su escaso nivel cultural, su desconocimiento de actividades como la
agricultura o ganadería, tornaba a estos iniciales habitantes en meros consumidores de los
recursos naturales que prodigaba la naturaleza, dedicados a la recolección de raíces, de frutos
y de algunos animales marinos, así como la caza los animales.
La escasez de frutos y animales, como su depredación por el consumo necesario, provocaron
en estos pobladores trashumantes tiempos permanentes de hambre y
la búsqueda desesperada de alimentos para garantizar la sobrevivencia. Hubieron de morir
muchos. La acción colectiva y el uso de algunos rudimentarios instrumentos de recolección,
caza y pesca, que poco a poco se fueron perfeccionando, habrían de permitir la continuidad
de la presencia humana.
En los años de lucha por la sobrevivencia, los hombres fueron acumulando conocimientos
y experiencia: aprendieron a distinguir las propiedades alimenticias o tóxicas de las plantas,
las mejores épocas de presencia de frutos y los lugares donde hallarlos, las costumbres y
prácticas de los animales, en fin, a conocer e interpretar algunos fenómenos de la naturaleza
que les sería de suma utilidad para el futuro.
Precisamente, esa experiencia y los conocimientos adquiridos le permitieron realizar
actividades de experimentación en la domesticación de algunas plantas de cuyos frutos,
flores, hojas o raíces se alimentaban. El río Huaura, como las partes humedecidas de los
bordes de otros ríos Supe, Pativilca o Fortaleza, serían los espacios dedicados a esta paciente
labor, donde el cuidado del crecimiento y alimentación de las plantas correría a cargo de las
madres, tal como lo hacían con sus menores hijos.
Este esfuerzo paciente de cientos de años, por no decir de miles, revolucionaría la vida
cotidiana de los hombres. No se trató sólo del surgimiento de la agricultura, con la
consiguiente incorporación de "maíz, yuca, pepino, pacae y demás frutos" (como dice el
mito) a la actividad cultivo-cosecha-consumo, sino de todas las derivaciones que esto trajo
consigo.
En efecto, la actividad agrícola significó mejora en las condiciones de vida, ya no "dependían"
de la naturaleza, estaban dominándola. Ahora ya podían obtener cosechas que garantizaran
alimentos suficientes y para muchos días. La frontera agrícola se fue ampliando
paulatinamente con la creación de nuevas técnicas. Los hombres ya no serían nómades, por
fin descansarían de su duro trajinar en búsqueda de alimentos. Su sedentarismo los forzaría
a construir sus viviendas, su población crecería. Sitios precerámicos tardíos como Áspero,
Bandurria y Caral con fechados de 4900, 4530 y 4090 de antigüedad respectivamente, son las
mejores evidencias.
Pero, como nos narra el mito, aparecerían nuevas dificultades para los hombres: la disputa
por el control de las tierras y espacios dedicados a la agricultura, provocando enfrentamiento
con consiguientes muertes y guerras entre ayllus y grupos vecinos. De otro lado, los hombres
al obtener cosechas superiores a sus necesidades darían origen a la lucha por el control y
apropiación de los excedentes de producción. Es decir, en adelante habrían de hacer frente
a dos dificultades o contradicciones: entre grupos o ayllus y al interior del propio grupo.
Luchas entre ayllus, muchos considerados de un origen común, provocaron la ocupación de
distintos espacios geográficos, tanto longitudinalmente como por pisos ecológicos. Entre
ellos, en adelante, sin dejar de lado esporádicos u ocasionales rivalidades, se darían esfuerzos
de colaboración, de intercambio y hasta de unidad en señoríos o curacazgos.
De otro, las contradicciones al interior de la colectividad (ayllu) provocarían la desigualdad
entre determinados grupos, con la legitimación de derechos y privilegios para unos (los
provenientes del huevo de oro, los curacas y principales), como de los deberes y obligaciones
para otros (los que nacieron del huevo de cobre, los plebeyos). Como los dioses (el Sol,
Vichama) así lo habían dispuesto, en adelante, había que aceptar la realidad sea por las buenas
o por la imposición de la fuerza. Esto se constata durante el Intermedio Tardío en que llegó
a su pleno apogeo la Cultura Chancay, dentro de cuya jerarquía religiosa Vichama ocupaba
un lugar preferente. Los chancayanos fueron invadidos por los chimúes y luego por los incas.
La presencia del dios Sol en el mito, por lo mismo, significa la huella de la influencia Inca.
De todo esto se concluye que los hombres de estas tierras utilizaron el mito de Vichama para
reproducir su historia. El mito de Vichama, como parte de la memoria colectiva, fue
construido en el curso de muchos años, con olvidos y recuerdos, acorde con los intereses de
aquellos que se tornaron en beneficiarios de las bondades del tipo de sociedad predominante.
Por lo mismo, parte importante de la historia regional está presente en este mito. El mito
convertido en religión tornó a Vichama en un dios local o regional, con derecho a templo o
huaca, como a las ofrendas y demás consideraciones, tal como ocurría con los hombres que
provenían del "huevo de oro".
Las expresiones ideológicas, como el culto a Vichama, eran simbolizadas o representadas en
la cerámica, los telares, la escultura, los frisos de los murales y posiblemente en el tatuaje.
Éstos, con su distribución, desplazamiento o circulación, desempeñaron la función de
breviarios, biblias o medios de transmisión y formación dentro de las concepciones de la
época, contribuyendo a su culto por pueblos de un espacio geográfico muy considerable.

Vichama, hoy
La llegada de los españoles a nuestras tierras significará, entre otras, la imposición de la
religión católica, con la destrucción de los adoratorios, huacas y prácticas religiosas propias.
Ante la imposibilidad de imponer la nueva fe por métodos persuasivos o meramente
ideológicos, se recurrió a la violencia con la extirpación de idolatrías, entre la segunda y cuarta
década del siglo XVII. En adelante, gran parte de las antiguas manifestaciones religiosas se
irían extinguiendo, quedando sólo en el recuerdo y registradas en las crónicas e informes de
doctrineros y extirpadores, como ocurrió con el Mito de Vichama que, en 1638, en su
segunda versión, fue publicado en Barcelona (España) dentro de la Corónica moralizadora de la
Orden de San Agustín en el Perú del padre Antonio de la Calancha.
Gracias a la recopilación, estudio y divulgación de nuestros historiadores y científicos sociales
(Pierre Duviols, María Rowstworowski, Alfredo Torero y otros), el Mito de Vichama se
mantiene latente, por lo menos en la memoria de unos pocos, ya que la conservación oral se
fue perdiendo con el discurrir de los años. El interés por la historia regional y, más aun, la
investigación arqueológica de los últimos 30 años contribuyó, también, a interesar por
conocer este mito y lo que había detrás éste.
En este contexto, a finales de la década del 70 del siglo XX, el Dr. Arturo Ruiz Estrada halla
un ceramio en Luriama , hacia la parte sur de Pampa de Ánimas (distrito de Santa María,
provincia de Huaura), en forma de botella de doble gollete de color crema rosado, de 0.12 x
0.135 m. Lo significativo de este objeto de cerámica es la figura que contiene, de 0.06 x 0.107
m. Esta representa a un personaje antropomorfo de piernas rectas que en la cabeza porta una
corona de dos puntas. De su boca abierta sale la cabeza de un felino proyectada hacia la
corona. De la cabeza del personaje se desprende otra figura circular con puntas triangulares
que termina en cabeza de ave hacia sus pies. Del hombro izquierdo sale un brazo flexionado,
cuya mano empuña una vara de mando o puñal. Esta figura estaría representando a un
personaje de jerarquía, con poder de mando, con vinculaciones a la fauna costeña.

Foto 2: Ceramio con la figura del Vichama, hallado por el Dr. Arturo Ruiz Estrada

Fuente: Museo arqueológico de la UNJFSC


Figura 1: Recreación de la figura del Vichama en el ceramio de Luriama

Fuente: Arturo Ruiz Estrada

Esta figura que, según el mismo Ruiz, se reproduce en otros objetos de cerámica de los valles
de Pativilca, Supe y Huaura, estaría representando al dios Vichama. Por lo mismo, cuando la
Universidad Nacional José Faustino Sánchez Carrión decide adoptar una figura
representativa de su zona de influencia para su logotipo o símbolo, hace suya la propuesta
del arqueólogo Ruiz Estrada mediante Resolución Rectoral Nº 3198-81-UH.- Huacho del 11
de febrero de 1981 y, hoy, la encontramos en toda documentación y publicación oficial de
nuestro centro superior de estudios. Es más, Vichama es conocido como sinónimo de
símbolo de la Universidad representado en su logotipo.

Figura 2: Logotipo oficial de la Universidad Nacional José Faustino Sánchez Carrión,


propuesta del Dr. Arturo Ruiz Estrada
En los últimos años Vichama se ha tornado en un tema recurrente en la provincia de Huaura.
Está presente en obras teatrales, en denominaciones de negocios, de centros culturales, de
publicaciones, de movimientos académicos-políticos, etc.
Pero lo que ha concitado la atención en los últimos años es el Proyecto Arqueológico con el
nombre de Vichama en el espacio de lo que siempre fue conocido con Halconcillo, ubicado en
la entrada del pueblo de Végueta, distrito de este nombre, en la provincia de Huaura,
departamento de Lima. A 75 m.s.n.m., ocupando una extensión aproximada de 136 Hás.,
está conformada por varias estructuras monumentales correspondientes al período Arcaico
o Precerámico Tardío (3000-1800 a. C.). Las investigaciones desde 2007 están a cargo del
Proyecto Especial Arqueológico Caral-Supe (hoy Zona Arqueológica Caral), dirigida por la
Dra. Ruth Shady Solís.
Todo esto es importante, contribuye a recuperar la memoria histórica, genera el interés por
la historia regional, provoca la autoestima y el orgullo por lo nuestro. Poco a poco se está
convirtiendo en un componente valioso de la identidad regional, contribuyendo a su
afirmación.

Bibliografía Básica
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ANEXOS

1. EL MITO DE VICHAMA según los jesuitas (Carta annua de los Jesuitas, 1617).
«Por ser grande el numero de guacas y se yba descubriendo pregunto el visitador en algunos
pueblos de origen dellas y dixeronle una historia que, aunque es ridicula, la pondré aquí:
Dicen ser traddicion entre ellos que en tiempo antiguo ubo una grande seca y falta de comida
en esta tierra y que en ellas salio una vieja al campo a buscar algunas raizes// que comer y
estandolas buscando con muchas lagrimas bajo del cielo el sol y preguntandoles la causa de
su llanto le prometio facil remedio y le mando se ynclinasse como de antes estaba cogiendo
sus rayzes. Hizolo ella y el salto por encima della como quien juega al juego de los officios y
deste salto quedo preñada y al cabo de quatro dias pario un hijo. Apenas avia parado quando
luego llego alli Pachacama (que es una guaca muy célebre y muy comun en este reino, y esta
a quatro leguas de Lima junto al mar a la parte del Zur; el qual despedaço el muchacho a vista
de la madre y le dio los dientes como semilla de mais, los güesos para semilla de yerbas y
camotes y la carne para semilla de pepinos y otras frutas y desde entonces aca dizen no aver
avido falta de estas cosas. Fuesse el Pachacama y volvio el sol y hallando a la madre
desconsolada por muerte de su hijo hizo que del ombligo que el habia enterrado en cierto
lugar saliesse otro muchacho hermoso a quien llamo unos dizen Vichama, otros Villama.
Desde quentan que andubo peregrino muchos años y visto todo el mundo y que en el ynterin
el Pachacama mato a su madre y hecha pedaços la dio a comer a condores y gallinazos. Buelto
Bichama de su peregrinacion y saviendo lo succedido, busco y junto los güesos de su madre
y consolo decirle: —Madre lavantate, la resuscito: pero queriendo vengar su muerte y no
pudiendo hazerlo en el Pachacama que ya se avia huido por la mar al lugar donde oy esta
executo su colera y enojo en los curachas [curacas] y en el resto de los yndios. A los curacas
principales convirtio en piedras que fuessen guacas adoradas como dioses y a los yndios
plebleios en piedras ordinarias y por que no quedasse sin yndios la tierra caieron del cielo
tres buebos, uno de oro de que proceden los curacas y principales otro de plata de que sus
mujeres y otro de que proceden los yndios plebleyos». Annua de 1617 (Arch.
Societatis Jesu, Roma, Peruana Letterae annuae, T. III. Peru 14, fol 54 54v. —recogido
por Pierre Duviols 1983- ).

2. EL MITO DE VICHAMA según Antonio de la Calancha (Recogido por Antonio de


la Calancha, publicado en 1638).
«Que no había en el principio del mundo comida para un hombre y una mujer que el Dios
Pachacamac había criado. Y murió de hambre [el hombre] y quedó una sola mujer, que
saliendo un día a sacar raíces de hierbas entre espinas, con que poderse sustentar al campo,
alzó los ojos al Sol, y entre abundantes lágrimas y quejosos suspiros, le dijo al Sol así: «Amado
Criador de todas las cosas, ¿para que me sacaste a la luz del mundo, si había de ser para
matarme de pobreza, y consumirme con hambre? ¡Oh, nunca te acordarás de criarme de la
nada, o me acabarás al punto que salí a este mundo, yo sola viva en el, sin sucesión de hijos,
pobre, afligida y sola; ¿Porqué o Sol, si nos criaste nos consumes? y, como si eres, el que
reparte luces, muestras ser miserable negándome el sustento no pareces piadoso, pues no te
compadeces de los afligidos y no socorres a los que criaste tan desdichados; permite o que el
cielo me mate con su rayo o la tierra me trague acabando tan trabajosa vida o socorreme
benigno pues me criaste, omnipotente [...].
«Compadecido el Sol bajo alegre, salúdola benigno, y preguntó la causa de su lloro,
fingiéndose ignorante y ella le dijo el afán de su vida, el trabajo de buscar el sustento entre
espinas y la triste pasadía librada sólo en desenterrar raíces; [...]. Oyendo (el Sol) sus lastimas,
condolido de sus lágrimas, le dijo palabras amorosas, que depusiese el miedo, que esperase
descansos, porque ya no sería causa de sus penas la que hasta allí lo había sido de sus congojas
[...]. Mándole que continuase en sacar las raíces, y ocupada en esto, le infundió sus rayos el
sol, y concibió un hijo que dentro de cuatro días con gozo grande parió, segura ya de ver
sobradas sus venturas, y amontonadas las comidas.
«Pero salió al contrario, porque el dios Pachacamac indignado de que al Sol se le diese la
adoración debida a él, y naciese aquel hijo en desprecio suyo, cogió al recién nacido semidiós,
y sin atender a las defensas y gritos de la madre, que pedía socorros al sol padre de aquel hijo
y también padre del Dios Pachacamac, lo mató despedazando en menudas partes a su
hermano (sic) [...]. Pero Pachacamac porque nadie, otra vez, se quejase de la providencia de
su padre el Sol de que no producía mantenimientos, ni la necesidad obligase a que otro que
él se le diese la suprema adoración sembró los dientes del difunto y nació maíz; [...]. Sembró
las costillas y huesos, nacieron las yucas, [...] y las demás frutas de esta tierra que son raíces.
De la carne procedieron los pepinos, pacayes y lo restante de sus frutos y árboles y desde
entonces no conocieron hambre ni lloraron necesidad debiéndosele al Dios Pachacamac el
sustento y la abundancia [...].
«No se aplacó la madre con estas abundancias, porque en cada fruta tenía un acordador del
hijo y un siscal [sisal] de su agravio; y así su amor y la venganza la obligaban a clamar al sol,
y a pedir o el castigo o el remedio de sus desdichas. Bajó el sol [...] condolido de la mujer que
le lastimaba; y preguntándole, dónde tenía la vid y ombligo del hijo difunto, se lo mostró, y
el sol dándole vida creó de él otro hijo, y se lo entregó a la madre, diciéndole, toma y envuelve
en mantilla a este hijo que llora, que su nombre es Vichama (otras informaciones dicen que
Villama). Crió al niño [...] creció hermosísimo, hasta ser bello y gallardo mancebo que a
imitación de su padre el sol, quiso andar el mundo y ver lo criado en él, consultó a la madre
y continuó su viaje, [...].
«No hubo bien comenzado su ausencia, cuando el dios Pachacamac mató a la que ya era
vieja, y la dividió en pequeños trozos, y los hizo comer a los cuervos índicos que llaman
gallinazos, y a los buitres peruanos que llaman cóndores y los cabellos y huesos guardó
escondidos en las orillas del mar, crió [nuevos] hombres y mujeres que poseyesen el mundo
y nombró curacas y caciques que lo gobernasen.
«Volvió el semidiós Vichama a su patria, que se llama Vegueta, [...]. Deseoso de ver a su
madre no la halló, supo de un curaca el cruel castigo [...]. Convocó [a] los que habitaban
aquellos valles. Preguntó por los huesos de su madre, supo
dónde estaban, fuelos componiendo como solían estar y dando vida a su madre la resucitó a
esta vida. Trató de la venganza y fue dispusiendo al Dios Pachacamac. Pero él (Pachacamac),
por no matar a este otro hermano (Vichama, hijo del Sol), enojado con los hombres, se metió
en la mar en el sitio y paraje donde ahora está su templo y hoy el pueblo y valle que se llama
Pachacamac de quien vamos hablando.
«Viendo el Vichama que se le había escapado el Pachacamac, bramando encendía los aires y
centellando atemorizaba los campos [...]; volvió el enojo contra los de Vegueta y culpándoles
de cómplices, no porque mataron sino porque permitieron (la muerte de la madre de
Vichama) [...]. Pidió al sol su padre los convirtiese en piedras [...] las criaturas que formó el
Pachamamac ya invisible [...].
«No hubo bien ejecutado el castigo el Sol y el Vichama, cuando se arrepintieron de la
impiedad que lo que la ira yerra [...]. El Sol y Vichama no pudiendo deshacer el castigo,
quisieron satisfacer el agravio y determinaron dar honra de divinidad a los (restos de los)
curacas y caciques, a los nobles y a los valerosos, y llevándolos a las costas y playas del mar,
los dejó a unos para que fuesen adorados por guacas (Waka) y a otros puso dentro del mar,
que son los peñoles [...] y cada año ofrecían hoja de plata, chicha y espinco con que se
aplacasen los tales convertidos, dado el primer lugar al Curaca Anat, que es un peñón o roca,
una legua de tierra rodeada de mar, por ser éste el mayor que entonces era de los hombres,
(y por esto es hoy el de mayor adoración entre estos indios) [...].
«Viendo el Vichama el mundo sin hombres y las guacas (Waka) y Sol sin quien los adorase,
rogó a su padre el sol criase nuevos hombres, y él le envió tres huevos, uno de oro, otro de
plata y otro de cobre. Del guevo de oro salieron los curacas, los caciques y los nobles que
llaman segundas personas y principales; del de la plata se engendraron las mugeres de estos,
y del guevo de cobre la gente plebeya, que hoy llaman Mitayos, y sus mugeres y familias. Este
principio creian como si fuera artículo de Fé todos los indios de guaura, de Cupi, de la
Barranca, de Aucayama, de Guacho, de Vegueta, i los que abitan la costa,(.....) i los pueblos
que corren la costa al mediodía hasta arica que venera sus peñoles, rocas, o escollos, solo
diferencian este origen, diciendo, que los ombres que se criaron despues para
poblar este mundo, i adorar con sacrificios a los Dioses y guacas, los criò del Dios
Pachacamac, enbiando a la tierra quatro estrellas, dos varones y dos enbras, de quien se
procrearon los Reyes nobles y generosos, i los plebeyos, pobres i serviciales. Mandando el
supremo Dios Pachacamac que a las tales estrellas que él avia enviado, y las bolvia al cielo, i
a los Caziques i Curacas convertidos en piedras los adorasen por guacas, ofreciédoles su
bebida, i plata en oja.» (Calancha: 1639, L. II, Cap. XIX).