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LA GLORIA Y EL INFIERNO.

Actualizado: feb. 1
La razón por la que no estamos recibiendo bienes del cielo es porque no vivimos ya en el agrado de
Dios. Ni los cristianos ni los que no lo conocen adoramos a Dios como a Él le agrada, la vida del
cristiano tiene que ser interior para ser grata a Dios.
Es la razón por la cuales los males están viniendo a nosotros porque amamos más las cosas del mundo
que al propio Dios; si hacemos las cosas mal provocamos males en nosotros y en los demás. Ya que
un pecado no solo afecta nuestro interior en el alma sino que influimos en la sociedad (estos son los
pecados del mundo que nos llevan a contagiarnos como los virus de todos los males que viven dentro
del alma de todas las personas.) Cuántas pocas almas viven justamente honrando a Dios como a Él le
agrada.

Es imposible conocer a Dios.


Mira a los astros, pero no ves a su creador. Cuenta primero las cosas visibles y entonces habla de
aquél que no se ve, que “cuenta el número de las estrellas y llama a cada una por su nombre” (Sal. 14-
5,4) entonces de esta manera se reconoce el poder de Dios que “ha contado las gotas de la lluvia”(Jb
36,27), no solamente las caídas sobre toda la tierra en este tiempo, sino en todos los tiempos.
“No busques penetrar en lo que está por encima de ti; pero piensa en lo que te fue ordenado”(Qo 3,21-
22).
Es suficiente para nuestra piedad saber solamente esto:
Tenemos un solo Dios, que existe siempre igual (no cambia) en Él no hay tiempo como en la tierra, ya
que no tuvo padre ninguno es más fuerte que Él. No ha sido ni tiene sucesor en su reino. Es
todopoderoso, bueno y justo, sabio, no es distinto ni diferente. Es siempre Uno y el mismo. Es toda
vista todo oído, y todo inteligente. Dice la Escritura: “Jamás oíste su voz ni vistes su figura” (Jn-5,37).
Jesucristo nos vinos a enseñar la palabra divina de Dios (su padre). El espíritu santo la Santidad que
tiene Dios Padre. Dice Job: “¿Acaso puedes tú comprender los caminos del Señor, o llegar al fondo de
su omnipotencia?” (Jb. 11,7). Si no se puede comprender las cosas creadas, “¿Cómo se comprenderá a
aquél que todo lo creó?. Nadie, ningún ojo vio y ningún oído oyó, ni jamás penetró en el corazón del
hombre, lo que Dios preparó para los que lo aman.” (Is. 64,4;1Co 2,9).
La serpiente y el dragón imitadores de aquél que nos expulsó del Paraíso, también son adorados y el
que creó el Paraíso ha sido menospreciado. Él vino que fue dado para alegrar el corazón fue adorado
por el hombre. (Sal. 104,15); es adorado como “Bacco” en lugar de Dios.
“Produzca la tierra verduras y hierbas que contengan semillas según su especie y su similitud” (Gen.
1,11), para que el pan reconforte el corazón del hombre (Sal. 104,15). ¿Por qué motivo se adora a
Ceres? El fuego se produce frotando piedras hasta que el roce produzca chispas, ¿es Vulcano, por esa
razón el creador del fuego? Uno de los dioses griegos fue sorprendido como un adúltero, si es adúltero
no puede ser llamado dios.
Tiene suficiente motivos como para encontrar la razón por la cual el hijo de Dios bajó desde el cielo
para curar semejante herida. El hijo ha venido para que el Padre sea reconocido, porque el Padre era
despreciado.
Era necesario que el error fuera corregido por el Hijo. Era menester además, que la herida fuera
curada,¿existe dolor más grande que tener que ver a una piedra adorada en lugar de a un Dios?
El Señor nos dice: “El que ama a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí”(Mt 10, 37)
vemos con qué claridad amamos tantas cosas inferiores a nuestros padres, cuánto amamos al mundo y
abandonamos a Dios.
La futura gloria eterna
El primero de todos los mandamientos, y dijo: “Escuchad Israel: el Señor, nuestro Dios, es el único
Señor y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas
tus fuerzas. El segundo mandamiento es: Amarás tu prójimo como a ti mismo.” (Mc.12,28-31)
¿Amamos a Dios tanto que sea Él el centro de nuestras vidas? Queremos ir al cielo y no hacemos lo
que nos pide.
Dios es infinitamente bueno
El nombre más propio y característico de dios es el que se dios a si mismo al contestar a Moíses que le
preguntaba por su nombre: “Yo soy el que soy”(Ex. 3,14). Significa el Ser subsistente, la plenitud
absoluta e infinita del ser. El ser es, precisamente por serlo, El Sumo Bien, o sea la suma Bondad
infinita y por su esencia.
La sagrada escritura está llena de textos alusivos a la santidad infinita de dios: <<Sed santos, porque
santo soy yo, Yahvé, vuestro Dios>> (Lev. 19, 3) <<Santo santo, santo, Yahvé, Sebaot. Toda la tierra
está llena de su gloria>> (Is. 6,3) <<Porque ha hecho en mí maravillas el Poderoso, cuyo nombre es
Santo >> (Lc. 1,49), etc, etc.

Las razón es porque la santidad consiste precisamente en el amor a a Dios como elemento positivo, y
en el odio al pecado, como elemento negativo.
Al amarse Dios a sí mismo, ama necesariamente la rectitud fundamental y, por lo mismo, odia
infinitamente el pecado.
Estos motivos y muchos otros más deben impulsar al hombre a amar a Dios:
 La infinita bondad de Dios
 El amor infinito con el que Dios nos ama
 Los beneficios naturales que de Él hemos recibido
 Los beneficios sobrenaturales en general
 Las gracias particulares de que nos ha colmado
 La futura gloria eterna
La última y el más grande de los beneficios sobrenaturales que Dios nos tiene preparados.
El cielo constituirá La Felicidad plena, perfecta y eterna del hombre justo que cumplió con Dios-“que
ama a Dios y no peca”.
Es el “conjunto de todos los bienes sin mezcla de mal alguno” el cuerpo y el alma del bienaventurado
se sumergirán materialmente en un océano de felicidad que saciará, con infinita plenitud y hartura, la
Sed devoradora de felicidad que atormenta en esta vida el corazón del hombre.
San Agustín describe esto así: “Veremos, amaremos, gozaremos”.
El evangelista San Juan dice: “En el cielo veremos a Dios tal como es”(1San Juan 3,2) Ello será
posible como enseña la teología católica, gracias al Lumen Gloriae, que elevará y perfeccionará
sobrenaturalmente el entendimiento de los bienaventurados para que puedan ver a Dios directa e
inmediatamente tal como es en sí mismo, cara a cara, como dice San Pablo: “ahora vemos por un
espejo y oscuramente; entonces veremos cara a cara” (1Cor. 13,12) “El lumen Gloriae” reforzará
sobrenaturalmente la potencia de nuestros entendimiento para que pueda unirse directamente e
inmediatamente con la esencia misma de Dios. De esta manera el entendimiento del bienaventurado
sin perdido du propia naturaleza quedará como fusionado con la misma esencia de Dios (14).
No podemos comprender esta gran misterio en esta Tierra.
Nos admiramos y con gran razón de nuestra dignidad de Hijos de Dios por la gracia santificaste, pero
<<Aún no se ha manifestado lo que hemos de ser>>(1Jn.3,2). “Pero cuando llegue el fin desaparecerá
eso que es imperfecto”(1 Cor 13.,10)
Habremos llegado a “varones perfectos a la medida de la plenitud de Cristo”(Ef. 4,13) en una palabra
“seremos semejantes a Él, porque le veremos tal cual es”(1Jn. 3;2)
*Nota: No se entienda mal, no somos Dios solo semejanza con Él.*
Estas Divinas realidades se demuestran en el éxtasis de San Pedro en el Monte Tabor al contemplar un
rayo de la divinidad de Cristo transfigurado <<Señor,¡Qué bien estamos aquí!>>(Mt.17,4)
Otro ejemplo es el sublime rapto de San Pablo, “fui arrebatado al paraíso y oí palabras inefables que el
hombre no puede decir”(2Cor. 12,3-4)
Recordemos los éxtasis místicos de Santo Tomás de Aquino, Santa Catalina de Sienta, Santa Teresa
de Jesús, San Juan de la Cruz…etc. Y ni con todo ello podremos formarnos la menor idea de lo que
contemplaremos en el cielo cuando seamos <<como los ángeles de Dios>> (Mt.22,30), que “ven
continuamente la faz del Padre, que está en los cielos”(Mt. 18,10).
Amaremos en el cielo a Dios con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, con toda nuestra mente
y con todas nuestras fuerzas porque le veremos tal como es y su infinita hermosura arrebatará nuestra
alma en un éxtasis inmenso. Veremos clarisimamente que Él es el bien infinito, el Bien de todos los
bienes y nuestro corazón se encenderá en las llamas del divino amor con una intensidad increíble.
Cada quien recibirá según sus méritos en la tierra mayor o menor conocimiento de la Gloria de Dios.
Dice Santo Tomás (15) <<Nos has hecho Señor, para ti, y nuestro corazón anda inquieto y desahogado
hasta que descanse en ti>>.
San Agustín (16) comenta: <<Pero en el cielo nada quedará por desear, puesto que poseeremos
plenamente el gozo fruitivo del mismo Dios.>><<Sácianse de la abundancia de tu casa, y los abrevas
en el torrente de tus deleites >> (Sal.35,9). Este gozo es tan pleno y desbordante, que no cabe dentro
del corazón del hombre; por eso no entrará el gozo en el hombre sino el hombre se sumergirá para
siempre en el gozo mismo de Dios. “Entra en el gozo de tu Señor.”(Mt.25,21)

La pérdida del amor y temor a Dios se ha olvidado son la tecnología y todas las distracciones que nos
hacen pensar que no tenemos tiempo para Dios. Entre más tecnología invada al mundo, nos parece
que la enseñanza de Jesucristo siendo humilde no es comprensible y los hombres modernos, actuales
en quienes aumenta cada día más la soberbia paréceles poca e incompresible cosa ya que su razón no
vive iluminada por la de Dios y viven en el orden natural no pueden entender el orden divino que solo
es comprensible viviendo en la gracia de Dios, recibiendo los dones del Espíritu Santo especialmente
La Razón iluminada por Dios; y ven como dice San Agustín: la palabra de dios la ven pobremente por
la sencillez con la que nos habla Dios. Al vivir en la soberbia con la falta de humildad no pueden
comprender la humildad que se ve en ellas por carecer de esa virtud.
¿Existe el infierno?
El que inflije las leyes divinas merece castigo Eterno sino se arrepiente en esta vida.
El pecado mortal contiene en cierto modo una malicia infinita, como quiera que por él se desprecia a
Dios, que es infinitamente bueno, merece pues, ser castigado por una pena eterna en cuanto a
duración.
Desde el principio del mundo hasta nuestros días todos los pueblos de la tierra han creído en el
infierno (antiguas civilizaciones, nativos africanos y americanos, protestantes, etc). No es sino hasta el
siglo XIX que por influencia de la masonería se crean las ideologías ateístas.
En la biblia nos habla en diversas ocasiones del infierno:
3 Levitas, Core, Dathán y Abirón que habían blasfemado contra Dios y habían rebelado contra Moíses
fueron tragados al infierno: “cubiertos de tierra bajaron vivos al infierno”(Vers.33).
En el Deuteronomio dice el Señor por boca de Moises: “Mi furor se ha encendido como un fuego
grande que los abrazará hasta el abismo del infierno” (Dt. 32,22)
En el libro de Job igualmente escrito por Moises leemos que los impíos, rebosantes de bienes que
dicen a Dios: “No tenemos necesidad de ti, no queremos tu ley, ¿para qué servirte y rogarte?” Caen
repentinamente en el infierno”
Setecientos años antes de la era cristiana cuando todavía no se empezaba a escribir la historia griega ni
romana, David y Salomón hablan con frecuencia del infierno como una gran verdad conocida por
todos y de todos reconocida.
Así David en su libro de los salmos dice hablando de los pecadores “que serán arrojados al infierno”
“que los impíos serán confundidos y precipitados en el infierno” y habla después de “los dolores del
infierno”
Y Salomón refiriéndose a los dichos de los impíos que quieren seducir y perder al justo dice:
“Devoremoslos vivos como lo hace el infierno”. Y en su famoso libro de la sabiduría (en la Biblia)
donde tan admirablemente pinta la desesperación de los condenados, añade: “He aquí lo que dicen en
el infierno los que han pecado, pues la esperanza del impío se desvanece como el humo en el viento.”
Testimonios semejantes encontramos en los libros del antiguo testamento especialmente en
Eclesiastés-en el de Isaías-de Daniel-de los demás profetas hasta el precursor del Mesías San Juan
Bautista, quien también habla a Jerusalén del fuego eterno del infierno, como una verdad conocida por
todos y de la que nunca nadie ha dudado.
Aristóteles, Zeneca y Cicerón nos hablan de esta misma tradición que se pierde en la noche de los
tiempos: como el relato de Enero a los infiernos. Que bajo el nombre de “Tártaro” de Plutón, etc se
encuentra los suplicios de los malvados eternamente en el infierno.
Si Cristo nos enseña la existencia del infierno, todo aquel que crea en Cristo deberá creer en el
infierno. La mejor manera de refutar que Cristo no habló del infierno o lo hizo de forma figurada es
presentar los diferentes textos que pronunció Jesús al respecto en las sagradas escrituras:
Que si tu mano o tu pie te es de ocasión de escándalo, arrójalos lejos de ti; pues más te vale entrar en
la Vida Eterna con un solo ojo, que tener los dos y ser arrojado al fuego del infierno. (Mat. 8, 8-9)Al
fin del mundo enviará el Hijo del Hombre a sus Ángeles y quitarán de su reino a todos lo escandalosos
y a cuantos obran la maldad y los arrojará en el horno del fuego: allí será el llanto y crujir de dientes
(Mt. 13, 40-43)
Después de explicar Nuestro Señor Jesucristo cómo vendrá a juzgar a los buenos y a los malos el día
del juicio, dice: <<Al mismo tiempo dirá a los que están a la izquierda; Apartaos de mí, malditos: id al
fuego eterno>> y añade: <<y éstos irán al suplicio eterno>> (Mt. 25,41)
Si tu mano te escandaliza, córtala; mejor es para ti llegar a la vida con una sola mano que con las dos,
arder en el infierno en un fuego inextinguible, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga. Que
si tu pie te escandaliza, córtatelo; es mucho mejor llegar a la Vida Eterna con un solo pie, que no con
los dos ser arrojado al Infierno a un fuego que no consume, donde el gusano no muere ni el fuego se
apaga. Y si tu ojo te escandaliza, arráncanlo: mejor es para ti entrar en la Gloria con un solo ojo que
con los dos ser arrojado en el infierno, donde el gusano no muere ni el fuego se extingue. (Mt. 9, 42-
43)Y no temáis a los que solamente pueden mataros en el cuerpo, si no pueden mataros el alma; temed
únicamente a quien puede arrojaros en cuerpo y alma en el infierno (Mt. 10,26)Murió también el rico
y fue sepultado en el infierno. Y abriendo los ojos estando en los tormentos, vio a lo lejos a Abraham
y a Lázaro en su seno. Y exclamó diciendo: “Padre Abraham ten misericordia de mí y manda a Lázaro
que con la punta de un dedo mojado en agua venga a refrescar mi lengua pues estoy abrasado en estas
llamas.” (Lc. 16,22-24)Yo os digo que el que se enoje con su hermano será reo de muerte…y el que te
diga “raca” (un gran insulto) será reo del fuego del infierno. (Mt. 5,22)
Nota: Ver también Mt. 8,11-12; Mt. 22, 11-13; Mt. 7,19; Jn. 4,5-6.
San Juan nos habla del infierno y de sus fuegos eternos. Refiriéndose al anticristo y a su falso profeta,
dice: “serán arrojados vivos en el abismo abrasado de fuego y de azufre para ser ahí atormentados día
y noche por los siglos de los siglos.
En el fin del mundo, el Apóstol San Juan nos habla a su vez del infierno mostrándonos los demonios y
los condenados “encadenados por la eternidad en las tinieblas y sufriendo las penas del fuego eterno.”
El concepto de la Iglesia católica sobre el infierno es necio
Apartaos de mí <<He aquí el sufrimiento principal del infierno: la separación de Dios, la pérdida de
Dios. Pena que los teólogos llaman pena de daño, porque pérdida en latín es se damnum.
<<Malditos>> Pero en las palabras de Cristo no solamente hay separación, hay maldición y maldición
de Dios; el réprobo es un ser maldito de Dios: Si por malvado que sea, cualquiera se sobrecoge de
horror, con solo pensar que puede ser maldito de su mismo padre, ¡Qué será ser maldito de Dios! De
Dios, del poder infinito, cuya maldición penetra el alma del réprobo, como penetrará su cuerpo el día
de la resurrección universal por todos los poros y circulará por su sangre e invadirá todas sus entrañas
hasta impregnar la médula de sus huesos.
El sentimiento, es otra facultad del alma que lleva al hombre irremisiblemente a amar, amar lo santo si
se es bueno y a amar lo malo si se es malvado, pero a amar, será maldita de Dios en el réprobo. El ya
no podrá amar nada, tan solo podrá odiar y ser odiado.
<<Ir al fuego eterno>> Todavía más. Además de las penas anteriores que son epirituales, tendrá que
sufrir el condenado una pena que llaman los teólogos, de sentido, porque es producida por agentes
sensibles como el fuego,
Y no es la del fuego la única pena sensible de los condenados. Hay otras más, que las Sagradas
Escrituras llaman metafóricamente el agua, el hielo, el gusano que no muere, las inmundicias, el lago
de azufre, y otras no metafóricas, como la compañía execrable de Satanás y de los demás demonios,
de los criminales y depravados, que serán para los condenados, otras tantas causas de tormento; la
privación de todo lo bueno, de la libertad, de la variedad, de la mudanza, de la luz, del reposo, de toda
satisfacción, en fin de todo bien.
¿Dónde se encuentra el infierno? Eso es lo de menos. En siglos anteriores en que no se creía que fuera
redonda la tierra, era la creencia común entre los teólogos, que se encontraba debajo de ella; otros
después, pensaron que se encontraba en su interior, pero, en realidad, esto está muy lejos de haber sido
definido.
Cómo va a ser posible que baste un solo pecado mortal para condenarse
Nada de extraño tiene que piensen así las personas alejadas de Dios. Las que, ignorantes, no saben las
condiciones requeridas para que sea mortal un pecado y que no conocen, por lo tanto, la malicia del
pecado mortal.
Un pecado mortal es una ofensa grave, que se hace a Dios, voluntaria y conscientemente.
Quien se da cuenta de esto no puede dudar que baste un solo pecado mortal para condenarse , pues
¿cómo va a perdonar Dios a quien voluntariamente y sabiendo bien lo que hace lo ofende gravemente?
Sin embargo, si se arrepiente, Dios, que es infinitamente Bueno lo perdona, pero si no se arrepiente y
reniega de Dios y muere en su pecado ¿cómo no va a ir al infierno?
Siendo el hombre como es, un ser libre, puede haciendo mal uso de su libertad, negar lo más evidente,
hasta la existencia de Dios pero hay algo que nunca podrá negar por más cegado que esté: la muerte,
y de ninguna manera podrá estar absolutamente cierto de que no haya otra vida. ¿No es pues un necio
el que vive como si esta realidad no existiera?
La muerte fija al alma en el estado en que la encuentra, como dice el Evangelio en estos términos:
“hacia el lado que el árbol cayere, ahí quedará”.
Nuestra Santa Iglesia, que al canonizar a un Santo define que su alma ha entrado ya en el Paraíso,
nunca ha declarado cuáles de ellas estén en el infierno, salvo la de Judas y eso porque Nuestro Señor
Jesucristo dijo de él: “mas le valiera no haber nacido” (Mt. 26,24)
Van camino del infierno, desde luego los que no creen en el infierno pues no creyendo en él no se
preocupan por hacer algo para evitarlo. ¿Cómo podrán librarse de él?
Los que son causa de escándalo, principalmente si tienen alguna autoridad y abusan de ella para
arrastrar a sus subordinados al mal, ya empleando la violencia, ya la seducción, o si teniendo dones
intelectuales, abusan de ellos para arrancar la fe a las pobres gentes ignorantes en Religión. A estos
corruptores públicos, a estos heresiarcas, se aplica este anatema tremendo de Nuestro Señor Jesucristo:
<<Ay de vosotros que recorréis la tierra y los mares para hacer un prosélito y cuando lo habéis
ganado, hacéis de él un hijo del infierno dos veces peor que vosotros mismos>> (herejes, los
espiritistas, los propagandistas de la vida impersonal, los masones, que muestran para propagar sus
errores un celo digno de mejor causa y todos aquellos sus designios.)
A esta categoría pertenecen también los publicistas impíos, los profesores de ateísmo y de herejía y
esa turba de escritores sin fe y sin conciencia, que día a día conscientemente mienten, calumnian,
blasfeman y de los que se sirve el padre de la mentira para perder las almas e insultar a Nuestro Señor
Jesucristo.
Van camino del infierno los sectarios de la francmasonería que hacen voto, por decirlo así, de ligarse
al demonio, haciendo juramento de vivir y morir fuera de la Iglesia, sin confesión, sin sacramentos,
sin Jesucristo y por consiguiente contra Jesucristo.
Todos aquellos para quienes el matrimonio no es un sacramento indisoluble y que se divorcian para
dizque contraer otras nupcias que no son sino un hipócrita concubinato, como lo es el matrimonio de
los dizque se casan con una persona divorciada y el de todos aquellos que sin estar casados por la
Iglesia se llaman casados o hacen vida de casados.
Los orgullosos que llenos de sí mismos desprecian a los demás y les arrojan sin piedad la primera
piedra. Hombres duros y sin corazón, encontrarán, ellos también si no se convierten en el momento de
su muerte, un juicio implacable.
Los egoístas, los malos ricos, que ahogados en las delicias del lujo y de la sensualidad, no piensan mas
que en satisfacer sus deseos desordenados de placer y olvidan a los pobres. Ejemplo de ellos es es mal
rico del Evangelio del cual Dios mismo ha dicho: <<Fue sepultado en el infierno>>.

Los avaros que no piensan más que en amontonar dinero y olvidan a Jesucristo y la eternidad. Estos
hombres, metalizados que, por medio de negocios más que dudosos, por medio de injusticias
acumuladas sordamente y de comercios sucios, por medio de compra de bienes de la Iglesia y de
“buscas”, han hecho su fortuna, grande o pequeña, sobre bases que reprueba la Ley de Dios. De ellos
está escrito que: <<no poseerán el Reino de los cielos>>.
Los voluptuosos que viven tranquilamente, sin remordimientos, en sus costumbres impúdicas y se
abandonan a todas sus pasiones, no teniendo otro dios que su vientre y acaban por no conocer otra
felicidad que las cosas materiales y los toscos placeres de los sentidos.
Las almas mundanas, frívolas, que no piensan más que en divertirse, en pasar lamente el tiempo, las
gentes honradas según el mundo que olvidan la oración y el servicio de Dios y por la cristiana; no
piensan en su alma; viven en estado de pecado mortal y la lámpara de su conciencia se apaga sin que
por ello se inquieten lo más mínimo. Si el Señor viene de improviso como lo ha dicho, oían la terrible
respuesta que dirige en el Evangelio a la vírgenes locas: <<Yo no os conozco>>.
¡Desgraciado el hombre que no haya revestido con el traje nupcial! El Juez soberano ordenará a sus
ángeles que cojan al servidor inútil, en el momento de la muerte, para arrojarlo de pies y manos en el
abismo de las tinieblas exteriores, es decir, en el infierno.
Van al infierno aquellos cuyas conciencias falsas y torcidas los llevan a confesiones y comuniones
sacrílegas, “comiendo y bebiendo” su propia condenación”, según la terrible frase de San Pablo.
Aquellas gentes que abusando de la Gracia de Dios, encuentran la manera de ser malos hasta en los
medios más santificantes. Los que llenos de odio rehusan el perdón.
Todas estas pobres gentes ciertamente que van camino del infierno. Felizmente para ellos aún no
llegan a él. ¡Ay de ellos! El camino que conduce al infierno es tan ancho, tan cómodo, tan
engañosamente hermoso: siempre va en descenso, una vez tomado basta con dejarse ir!
Para librarnos del infierno se requieren 3 cosas:
 Salir del estado de pecado
Con la confesión sincera de nuestros pecados, con propósito firme de corregirnos de ellos en adelante.
Que ello pueda significar hasta grandes sacrificios, ¡Qué importa! <<¿De qué le sirve al hombre ganar
el mundo entero si pierde su alma?>>
Hay que estar siempre preparado para comparecer ante Dios pues bien puede ser que no muera uno
repentinamente pero es absurdamente necio jugar toda una eternidad contra un ¡puede ser!
 Huir de las ocasiones de pecado
Un hombre verdaderamente cristiano, que tiene sentido común, soporta todo, sacrifica todo para
escapar del fuego del infierno, ¿no acaso Nuestro Señor Jesucristo nos ha dicho: <<si tu mano derecha
(es decir, la más útil, lo más querido que tenemos) te es causa de pecado, córtala y arrójala lejos de ti;
mucho mejor es vivir con una sola mano, que no con las dos ser arrojado al fuego eterno>>?
No hay que hacerse ilusiones a este respecto. No debemos sentirnos seguros de estar libres del
infierno. Cierto que Nuestro Señor Jesucristo nos ha dicho: <<Jamás rechazaré a quien viene a mí>>
pero también nos ha dicho por boca del Apóstol Pablo: “Trabajad por vuestra salvación con temor y
con temblor.” Hay pues que temer santamente, para tener el derecho de esperar también santamente.
No caigamos en el error de que, son pretexto de necesidades en el comercio, de sabia previsión por el
porvenir de los nuestros, caer en los negocios sucios, con la necia disculpa de que tal sea la costumbre
general en los negocios,
 Vivir una vida seriamente cristiana
Quien quiera estar seguro de evitar el infierno, que no se contente con evitar el pecado mortal, con
evitar las ocasiones de pecado, sino que se esfuerce por llevar una vida buena, seriamente cristiana,
santa, llena de Nuestro Señor Jesucristo.
Entregaos generosamente a la noble vida que se llama la Vida Cristiana; la Vida Piadosa. Para ello es
necesario, de una necesidad capital, acercarse con frecuencia al sagrado Sacramento de la Eucaristía.
Claramente Nuestro Señor Jesucristo nos dijo: <<Quien comer de este Pan vivirá eternamente.>>
Y comulgar trae consigo también la confesión, esa maravilla de Sacramento, execración de los impíos,
bendición y alegría de los buenos. La confesión y la comunión son los dos grandes medios ofrecidos
por Nuestro Señor Jesucristo a los que quieren evitar el pecado, crecer en el amor del bien, en la
práctica de las virtudes cristianas, a los que quieren santificarse y salvarse.
Mientras más frecuente y mejor comulguemos, más nos apartamos del infierno. Y no olvidemos cada
vez que comulgamos, pedir a Dios nos conceda la mayor de todas las gracias que podemos alcanzar
sobre la tierra: la gracia de la comunión diaria.
La realidad del adversario
El ritmo de vida que llevamos ahora tanto en los negocios y ofertas, lo domina todo y ya no permite
ninguna reflexión profunda, nadie camina hacia la luz, nadie siente dificultades para respirar. A veces
el diablo empujaba al hombre al ateísmo, como afirma David, “dice el necio en su corazón: no hay
Dios.” (Sal. 13,1) Otras veces empuja al politeísmo, alguna vez lo persuadió de no venerar a aquél que
es Dios por naturaleza, en cambio otras veces lo puso a punto para venerar a los demonios (Mt. 4,19)
y también al cielo y la tierra, al sol, a la luna, los astros y a todos los restos de la creación, hasta los
cuadrúpedos y a las serpientes. En efecto, no rendir el debido honor a aquellos que son dignos de él es
tan grave como tributar una gloria no conveniente a aquellos que no son dignos de ella.
A veces, el Diablo amaestra algunos para decir que el mal es co-eterno a Dios, mientras engaño a
otros para decir que Dios, bueno por naturaleza, es causa del mal. Hizo que alguno errasen en decir
neciamente que una sola es naturaleza y una sola es persona de la divinidad como lo dicen las herejías.
Dice San Pablo: “Revestíos de las armas de Dios para poder resistir a la acechanzas del diablo. Porque
nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra los principados, contra las potestades,
contra los dominadores de este mundo tenebroso, contra los espíritus del mal que están en las alturas
“(Ef. 6, 11-12). “Él nos libró del poder de las tinieblas” (Col. 1,13) “y nos ha hecho aptos para
participar en la herencia de los santos en la luz.” (Col. 1,12)
En la biblia nos habla también del fin de los tiempos, es decir de la transfiguración de la creación en
Cristo, San Juan en su Evangelio (12,31-33) explica la causa de este suceso, piedra de toque: “Ahora
es el juicio de este mundo; ahora el príncipe de este mundo será echado fuera. Y cuando yo sea
levantado de la tierra llevaré a todos hacia mí.” Decía esto para significar de qué muerte iba a morir.
Dios creó a los ángeles para que lo ayudaran a gobernar en el cielo y en esta tierra auxiliar a todos los
que estamos aquí, pero como al hombre le dio libre albedrío, también a los ángeles los probó y es aquí
donde vienen esa cuarta parte de los ángeles que se rehusaron a obedecer a Dios y fueron castigados
con el infierno. Por esto, estos ángeles caídos del cielo que vagan en torno al aire y a la tierra, ya
incapaces de escrutar los cielos, son los demonios que merodean en torno al mundo.
El príncipe de la mentira dirige y gobierna lo que es contrario a la bondad de Dios. Es la elección del
hombre en el libre albedrío donde cada quien decide si quiere vivir en las tinieblas o en la luz de Dios.
El demonio se convirtió en no-ser, capaz solo de usar solo su libertad en forma negativa
(análogamente un hombre degenera en no-hombre cuando se aleja de Dios y se encierra
voluntariamente en la mentira).
En la carta de San Juan (1, 5-19) menciona: el mundo entero yace en el poder del maligno, esto quiere
decir que no existe ningún lugar donde no sea posible la tentación. Jesús no acusó de mentiroso a
Satanás cuando este le mostró en un instante todos los reinos de la tierra y le dijo: “Te daré todo el
poder y la gloria de estos reinos porque a mí me ha sido entregada, y se la doy a quien quiero. Si,
pues, me adoras, todo será tuyo” Como única respuesta, Jesús citó la Escritura, está escrito: adorarás
al Señor tu Dios y solo a Él darás culto. (Lc. 4,5). Esto significa que el poder del demonio no lo hace
sin que Dios se lo permita y nos puso como manera de tener méritos para poder ganar el cielo la
tentación que la produce Satanás, por lo tanto él no puede hacer nada que no le sea permitido porque
él sigue sometido a la voluntad de Dios.
De esta manera se cumple lo que dice San Juan: príncipe de este mundo, como tentador, Dios dispones
de este no-ser de manera que le sea permitido utilizar su voluntad dirigida a seducir en vez de guía a la
mentira en vez de la verdad, a las tinieblas en vez de la luz, a la muerte en vez de la vida, para poner a
prueba la libertad del hombre en el dilema de obedecer o desobedecer a su creador en la decisión por o
contra Cristo.
A esto nos dice el Evangelio de San Marcos (14, 38): Velad y orad para que no caigáis en tentación;
que el espíritu está pronto pero la carne es débil. Según el Evangelio de Mateo, <<la magnitud del
dinamismo del poder satánico será tan grande al final de los tiempos que la caridad de la mayoría, que
antes estuvo inflamada por Dios, se enfriará>> (Mt. 24, 12). Esto significa que se les caerá de las
manos el escudo (de la fe) y las armas (de la luz), contra el poder de las tinieblas; y entonces la
tentación invadirá la interioridad del hombre. Pero el que persevera hasta el fin, ese se salvará (Mt.
10,22).
Con esto podemos entender que al ser el padre de la mentira, engaña a tantos pensando que están
perseverando en la verdad; la verdad de la palabra se tiene cuando uno profiere con la boca lo que
piensa en el corazón y corresponde a la realidad. He aquí este propósito, la exhortación del apóstol
(Ef. 4,25): desechando la mentira, hablad con verdad cada cual con su prójimo; y así se lee en los
Salmos (Cf. 14,3): Señor, habitará en tu tienda el que dice la verdad de corazón y no calumnia con su
lengua.
San Juan (3, 21) dice: El que obre la verdad, va a la luz, para que quede de manifiesto que sus obras
están hechas según Dios. Santo Tomás respecto a los comentarios del evangelista San Juan nos dice: a
propósito de esta verdad, la relación con el demonio, el Señor afirma: No ha perseverado en la verdad
de la justicia, porque abandonó el orden de la propia naturaleza, que era la sumisión a Dios para
conseguir de Él la felicidad y la extinción del propio deseo natural. Por eso, al intentar conseguir
aquello contando consigo mismo, perdió la verdad.
Nota: El hombre que vive solamente en el orden natural y no quiere vivir en el orden divino de
la gracia de Dios, se hace semejante a los demonios del infierno porque no hay quien persevere
en la fe si no es por medio de Dios. El hombre que se ha dejado engañar ciertamente por su
culpa, pero que de todos modos se dejó engañar, al quedar esclavizado comienza a recibir las
consecuencias de su alejamiento de Dios. Con ello comienza la posibilidad del retorno a Dios,
hacia aquél ámbito donde toda existencia es don y al mismo tiempo, liberación. Así, una vez que
el hombre se dejó arrancar de Dios por el poder del adversario, igualmente ahora necesita un
redentor que lo libere para Dios y es aquí donde siempre se cuenta con la misericordia de Dios
aquel que se arrepiente de todo el mal que haya hecho contra Dios.
En este versículo podemos observar cómo el demonio continuamente nos está queriendo convencer de
venderle nuestra alma sugiriéndonos su poderío falso; queriendo que hagamos las cosas mal.
La tercera designación del adversario, según san Juan, es la de “homicida desde el principio” (Jn. 8,
44). También esta expresión sirve para comprender la misión de Cristo, y para advertir el enorme
peligro en el que nos encontramos hasta que no aceptemos y queramos retornar a la libertad de los
hijos de Dios.
Dios es la vida y la fuente de vida de todo ser Creado. Lo contrario absoluto de Dios es la muerte
irreversible (Sf. Ap. 21,8; 22,15). ¿Cómo puede existir esta última? Puesto que toda criatura que tiene
la dignidad de persona posee la libertad de querer, de poseer y de elegir, puede rechazar su
reconocimiento y gratitud a Dios con todas sus consecuencias. He aquí la imagen de la caída de
Satanás en el ámbito de la muerte: un planeta arrancado de su trayectoria solar que cae
irrevocablemente-ya que por él mismo nada puede rectificar- en el vacío del universo. La muerte es
como una vorágine permanente que arrastra hacia el abismo. ¿Qué trata de hacer el tentador? Arrastrar
consigo dentro de esta vorágine, a todos los seres que todavía participan de la vida.
En verdad, ¡qué estrecha es la entrada, qué angosto es el camino que conduce a la vida! (Mt. 7.14) Así
como en el primer nacimiento se entra en la vida terrena por un conducto estrecho, de igual forma con
más razón, en el segundo nacimiento se llega a la vida eterna, que implica conocimiento y libre
voluntad por una puerta estrecha. Pero antes debe morir todo lo que impide todavía la unión con Dios.
¿Qué es un muerto de este género? Un ser sin futuro y sin presente, privado de cualquier contenido
positivo en el instante en el que existe.; un ser del pasado, y de un pasado perdido del que no logra
desprenderse y que por eso tiene un odio inextinguible: uno que “ha sido”, uno que se ha rompido.
Este pasado perdido es el gusano que no muere y el fuego que no se apaga (Cf. IS 66,24 y Mc. 9,
44.46.48). De este pasado no logra desprenderse el condenado. Él existe pero solo por un pasado
erróneo, por una vida que vaciada de todo significado ya no tiene para él presente ni futuro. Por eso,
los seres de las tinieblas tienen un odio inextinguible a todo lo que significa luz, amor, vida, a ese
mundo que ellos han perdido para siempre. Si no existiese la luz de la vida, no tendrían ese tormento.
De ahí sus esfuerzo y afanes por aniquilar la vida, por el homicidio y la muerte, ante todo del hombre,
porque Dios se ha encarnado en el hombre y la condenación de Satanás es una consecuencia de su
rechazo a la decisión de Dios por medio de la cual quiso no solo hacerse hombre, vivir como hombre
y así ayudar a los hombres, sino también encomendar a los ángeles la tarea de estar al servicio de la
salvación del hombre.
El no-ser de Satanás
Se puede decir que la esencia de Satanás es el odio mortal, así como la esencia de Dios es el amor que
despierta y da la vida. Mientras el odio de Satanás tenga algún ser viviente del que se pueda apoderar
para atormentarlo hasta la muerte, su existencia satánica tendrá un cierto significado, una cierta
saciedad.

En la caída, su señorío-concedido por Dios para hacer valer el amor de Cristo- degeneró el instinto de
dominio, y éste está unido ahora a la insaciable voluntad de desfiguración, destrucción y aniquilación
de todo vestigio de vida. La naturaleza de los demonios está marcada por incesante intento de atrapar
objetos sobre los que quieren desahogar su poder y su aniquilación. Y así operan, de esta manera: son
símbolos de los sentidos que ya no están al servicio del alma sino que se ha erguido en tirano sobre
ella: devoran indiscriminadamente todo lo que se les ofrece como alimento.
Según la segunda carta a los tesalonicenses (2,3-12), el poder de satanás se consolidará y se expandirá
por el mundo como una especie de encarnación del príncipe de los ángeles caídos, hasta tal grado de
apropiación del mundo y de sus estructuras públicas que quienes ostenten el poder terreno, cegados
por satanás, designarán está situación como “paz y seguridad”. Solo entonces cuando con la segunda
venida de Cristo, no esperada por ningún poder del mundo, se ponga fin al poder de las tinieblas,
cuando su razón a la luz quede de manifiesto en un acto de justicia que se exprese en el grito de todos
los apartados de Dios: Y dicen a los montes y a las peñas: “Caed sobre nosotros y ocultadnos de la
vista del que está sentado en el trono y de la cólera del cordero” (Apol. 6,16) solo entonces será
eliminado para siempre el mundo adverso. Y el mal no existirá ya (Apol. 21,1).
Desde que Caín mató a Abel, la aniquilación del hombre por el hombre ha adquirido proporciones
espantosas. Por eso ahora Satanás intenta llevar al hombre a que no respete la disposición de Dios
sobre la muerte, a que el hombre mismo llegue a matar, a que se proclame señor de la vida y de la
muerte, de tal forma que la muerte se convierta en homicida.
La conjura del mal en todo el mundo, en la que participa cada hombre malo y de la que saca provecho
como soberano el príncipe de este mundo, ya que el mal nace siempre del mal. Esto significa que
Jesús ha participado en todo sufrimiento ocasionado por el mal; que ha sufrido junto con nosotros
todas nuestras penas y así nos ha revelado su sentido.

El evangelio de la muerte y la resurrección de Jesús afirma: el amor es más fuerte que la muerte. Dios,
la vida, entra por amor en lo contrario de sí mismo, la muerte. Solo Él, solo el amor podía y puede
morir sin cesar de ser la vida eterna. Así la muerte queda integrada para siempre en el amor más
fuerte, está abierta hacia lo alto.
El actuar contra los mandamientos: “Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los
otros” (Jn. 13,34). Comprendedme: este mandamiento de Cristo se llama amar, y en virtud de este
amor son eliminados los pecados. No practicar este amor es grave pecado y constituye la raíz de todos
los demás pecados.
Aquí está la perfección de la caridad: estar dispuestos a morir por el hermano. El Señor ha dado el
ejemplo de esta caridad muriendo por nosotros y rogando por aquellos que lo crucificaron al morir
diciendo: “Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen.”(Lc. 23,34)
En esta oración está el poder de Aquél que en situación nuestra, toma ahora sobre sí lo que debiera
corresponder a nosotros: “el abandono del Padre”. Jesús es, en la cruz, “el Dios abandonado por
Dios”. Desde este extremo abismo de amor tiene pleno poder su oración para el perdón que a todos
nos busca y a todos nos afecta. El primero que recibe la gracia de la conversión es el buen ladrón: el
(planeta) hombre arrancado de su órbita solar antes de precipitarse en el abismo experimenta una
atracción irresistible hacia el Exaltado que es la luz del mundo y entonces gira de nuevo a Dios, su
astro central y así se salva. Se hace justicia a Dios dándole gracias y siguiendo sus mandamientos, y se
hace justicia a quien tiene necesidad de algo dándole lo que necesita. El justo y el hombre piadoso en
esta tierra se dedica a darle esa gloria a Dios que hemos perdido, el cual viven externa e internamente
manifestándose siempre a favor de la verdad, demostrándolo siempre en cada acto de su vida como un
acto de manifestación de amor hacia la gratitud de Dios. Noé, obedeciendo fielmente a Dios en su
mandato de construir una barca, para crear y renovar el mundo que había vivido completamente en el
pecado, obedece a la Palabra de Dios como se le había dicho. entonces, hace la construcción de esta
arca; para el mundo circundante supondría como un anuncio del fin del mundo que, como ocasión,
sería una propuesta de conversión más seria, más urgente y con más influencia que cualquier forma de
predicación.
Podríamos imaginarnos también otros tipos: personas que han dejado que sus sentido se vuelvan
obtusos hasta el punto de no advertir lo que sucede o aquellos que sí advierten lo que está pasando,
pero son demasiado perezosos, demasiado cobardes, están demasiado aferrados a su situación actual
como para tener el valor de sacar consecuencias reales, y por lo tanto reaccionan a medias. Hay
algunas otras personas que ante la inundación, huyen a una montaña y consiguen salvarse per solo
hasta que el diluvio sube más y logra tapar también la montaña.

A este propósito cita San Lucas: como sucedió en los días de Noé, así también será en los días del hijo
del hombre. comían, bebían, tomaban mujeres o maridos, hasta el día en que entró Noé en el arca;
vino el diluvio y los hizo perecer a todos. (Lc. 17,26-27) Quien intente guardar su vida, la perderá; y
quien la pierde, la conservará. Yo os lo digo: Aquella noche estarán dos en un mismo lecho: uno será
tomado y el otro dejado; habrá dos mujeres moliendo juntas: una será tomada y la otra dejada. (Lc. 17,
33-35)
Y termino diciendo esto con una célebre palabra de San Agustín que dice: tengo muchos argumentos
para poder convertir a las personas, pero cuando ellas no quieren, no tengo ningún argumento.
Tenemos que tener claro que todo lo que los hombres puedan decirnos es sólo un prólogo. La Palabra
verdadera, en sentido propio, la dice Dios mismo, y la expresa dentro de nuestro silencio. Mediante
libros que nos hagan crecer espiritualmente de aquellos grandes santos que vivieron llenos de Cristo, y
el cambio solamente lo puede producir Dios en nuestras vidas; y lo realiza en el silencio de amor que
tenemos ante Él.
Pecado contra Dios
Mucho me puedo quejar del hombre que de Mi no recibe más que bien, y él me devuelve odio,
obrando todo el mal que puede.
Obligado estaba a darme gloria; mas el me la arrebató para dársela a sí mismo.
De este modo quebrantó la obediencia que le había impuesto y se hizo enemigo mío.
Se ha hecho Dios a sí mismo y a mí me persigue con muchos y diversos pecados. Todo por no
ponderar el beneficio de la Sangre esparcida con tanto fuego de amor.
¡Oh hombre miserable, que se deleita en el todo como animal y no reconoce tantos beneficios de Mí!
Ya no podía recibir más esta miserable criatura llena de ignorancia.
Pecado contra sí mismo
Obrando el mal, ¿A quién daña? A sí mismo en primer lugar.
Peca ante todo, contra sí mismo y ésta culpa lo priva de la gracia; peor ya no puede obrar.
Es imposible que cosa alguna me violente a cometer un pecado mortal si yo no quiero.
Borradas las manchas de vuestra ignorancia yo no me acordaré ya jamás de que me hayas ofendido.
Por el pecado el alma miserable está llena de ingratitud de la que procede todo mal.
Hice árboles de amor, con vida de gracia, que recibieron en el bautismo; y ellos se han hecho a sí
mismos árboles de muerte.
Los frutos de este árbol que dan la muerte son diversos como los pecados mismos.
Esto hace el ignorante y falso cristiano que pierde la gracia por su propia culpa.
El pecado es la nada, en nada te conviertes, te quitas la vida y te das la muerte.
¡Miserable y ciega alma mía! Jamás te conociste en Él por no haberte despojado de tu perversa
voluntad ni haberte revestido de la suya.
Aniquila hoy, pues nuestros pecados, ¡Oh Dios verdadero!
Lava la cara de nuestras almas con sangre de tu unigénito Hijo.
¡Señor mío amantísimo! No sé quién podrá evitar la condenación eterna si tienes en cuenta nuestras
iniquidades.
Mas, como cruel ensancha todavía los límites de su crueldad, pues no solamente no da ejemplo de
virtud, sino que como malvado que es hace el oficio de demonio, apartando según sus fuerzas a la
criatura de la virtud y conduciéndola al vicio.
Esto es crueldad para con el alma, ya que se ha convertido en instrumento para quitarle la vida y darle
la muerte.
Los pecadores, por su amor y de distintas maneras, se han identificado con la tierra. Y en tierra se han
convertido.
¡Qué grandes son los sufrimientos provocados por los sobresaltos de la conciencia!¡Cómo sufre el que
desea venganza! El primer muerto es él al matarse con el cuchillo del odio.
Pecado contra el prójimo
Quien no me ama a mí, no ama al prójimo, al no amarle, no le socorre.
No hay pecado que no alcance al prójimo.
Después de concebir el mal, va dándole a luz el perjuicio del prójimo, según el capricho de su
perversa voluntad sensitiva y de muy distintas maneras.
He aquí cómo los pecados de todos y en todas partes repercuten en el prójimo y se cometen por su
medio.
Bien es verdad, pues, que toda ofensa hecha a mí es siempre a través del prójimo.
El alma estaría en riesgo de perderse, si aborreces al prójimo.
Esforzémonos hermanos míos y no desmayen por los pecados que hayamos cometido, ni cualquier
tentación o ilusión del demonio porque nuestro médico Jesucristo no ha dado medicina contra todas
nuestras enfermedades.
Demonios
Billy Graham declara que el diablo es una fuerza con la que se tiene que luchar, y que él mismo cree
por tres razones: porque lo dice la biblia claramente que existe; porque ve su obra en todas partes, y
porque grandes eruditos han reconocido su existencia.
Dios se inclina al hombre en amor pero nunca domina la fuerza la voluntad humana, encanto que los
demonios hacen lo más que pueden para dominar a los individuos, invadir y distorsionar y causar
confusión en su peor forma.
Mateo (12:18) el evangelista, escribió el conflicto entre dos reinos espirituales: por una parte estaba el
Reino de Dios y por la otra estaba el dominio oponente de Satán.
La astucia del maligno es engañar al hombre de que no existe, así peca fácilmente y se deja seducir
por él.
Quien rehusa a reconocer la existencia del diablo no está con la iglesia católica, ya que es un
dogma de fe.
Apocalipsis (20:3-10): está ordenado un tiempo en el que los espíritus malignos serán confinados y
castigados. El poder del demonio se acabará en el fin del mundo.
Deuteronomio (18:9-14): “Cuando hayas entrado en la tierra que Yahvé, tu Dios, te da, no imites las
abominaciones de esas naciones, y no haya en medio de ti quien haga pasar por el fuego a su hijo o a
su hija, ni quien se de a la adivinación, ni a la magia, ni a hechicerías y encantamientos; ni quien
consulte encantadores, ni a espíritus, ni adivinos, ni pregunte a los muertos. Es abominación ante
Yahvé cualquiera que esto hace.
Se puro ante Yahvé tu Dios. Esas gentes que vas a desposeer consultan a hechiceros y adivinos pero a
ti nada de eso te permite Yahvé, tu Dios.”
Pero, ¿qué es un brujo? En el libro del Deuteronomio (18:10-11) encontramos la respuesta:
 “usa la adivinación” o es un experto en adivinar con ayuda de la magia
 “un observador de los tiempos” o que practica las artes de la magia
 “un encantador” o adivinador mediante las serpientes
 “un hechicero” o un murmurador
 “un fraguador de encantamientos” o unidor de palabras juntas para encantamiento
 “un consultor de espíritus familiares” o un inquiridor del demonio residente
 “un mago” o falso profeta
 “un nigromante” o un investigador en los muertos
A esto contesta nuestra pregunta de el día de la toma de posesión de López Obrador que invocó a los
brujos fuera de la catedral de México a practicar estas abominaciones contra Dios y llenar de
maldiciones nuestro país.
Hay que reparar ante Dios estas maldades y pecados tan graves contra el primer mandamiento.
Imagínense un presidente que está para desarrollar el bien común y la felicidad al pueblo mexicano
como dice Aristóteles que es el fin de la política (lograr la felicidad en los ciudadanos) y este hombre
se puso a hacer un maleficio a nuestro país. ¡Cuántas gentes practican hoy en día esas cosas! Bien dice
la biblia que al final de los tiempos abundará en los habitantes de la tierra los espíritus del mal.
Cuántos vendidos a Satanás en la política y en diversidad de personas importantes que practican estos
males.
El maligno está dando poder sobrehumano a las personas para que puedan promover su obra sobre el
cielo.
Dios tiene en su poder todas las cosas
También lo tiene sobre los herejes que lo rechazan, aunque Él los tolera por su magnanimidad.
Domina al diablo soportándolo por longanimidad. A este le dio el ser para que realizara dos cosas:
para que al ser vencido fuera avergonzado y para que los hombres recibieran La Corona de la victoria.
Así también permitió la lucha de los ángeles contra el diablo para que fueran coronados con la victoria
obtenida mientras que aquél derrotado por sus inferiores sintiera una gran vergüenza, en cambio, los
hombres, con la victoria obtenida contra el aquél que fuera una vez arcángel. Por lo tanto, nada queda
fuera del poder de Dios: "Todas las cosas le están sujetas." (Sal. 119,91) Todo le está sujeto.
Dios domina, pues todas las cosas y con su misericordia espera a los asesinos ladrones y fornicadores,
concediendo a cada uno el tiempo necesario antes de ser castigados; algunos recibirán con más rigor el
castigo que otros ya que, a pesar del largo tiempo continuaron impenitentes. Los reyes son los que
gobiernan en la tierra, pero no sin el poder que les viene de lo alto. Así lo reconoció por experiencia
Nabucodonosor diciendo: "Su reino es un reino eterno y su poder se extiende a través de todas las
generaciones." (Dn 4,31)
"Mío es el oro y mía es la plata y yo se la doy a quien yo quiero." (Apocalipsis 2,8) Es necesario que
hagas un buen uso de ella por lo tanto despreciarlas no es lo correcto, pero cuando usaís mal lo que es
bueno, pretendeís censurar vuestra mala acción, impíamente despreciáis al Creador. ¿Quereís saber
cómo las riquezas pueden ser las puertas del cielo? "Vende, dice el Señor, lo que tienes y dáselo a los
pobres y tendrás un lugar en el Cielo." (Mt. 19,21). Por lo tanto nunca digas que las riquezas son del
demonio aún cuando él mismo lo declaró: "Todo esto yo te daré porque me fue dado." (Lc. 4, 6) es
evidente que cualquiera pueda rechazar lo que él dijo pues a un mentiroso no se le puede creer.
A Dios le pertenece todo porque Él es el creador y Él distribuye sus bienes como Él prefiera, solo
Dios es todopoderoso y Omnipotente.
Adora tú a un solo Dios, Omnipotente, padre de Nuestro Señor Jesucristo. Huye de todos los errores
del politeísmo; huye de todas las herejías y vivirás juntamente con Job: "Invocaré al Señor
Todopoderoso, que hizo las cosas grandes e insondables, gloriosas y admirables que no tienen
medida" (Job 5,8-9). Y además por todas estas cosas y muchas más dignas de admirar, gloria al
omnipotente por los siglos de los siglos, amén.