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Historia del Arte Arte románico

5. ARTE ROMÁNICO
1. CONTEXTO HISTÓRICO

Para el historiador Gómez Moreno, el Románico va a abrir un ciclo histórico nuevo, considerándolo el
primer estilo internacional de la cultura europea de Occidente, ya que toda Europa va a estar unida
espiritualmente bajo un mismo sentimiento religioso común, al margen de las divisiones políticas que
eran muchas en esta época marcada por el feudalismo. Su desarrollo cronológico va a ser desde el
siglo X a principios del XIII aproximadamente y su etimología deriva de las lenguas romances que se
instalaron en Europa, todas ellas derivadas del latín, al igual que la base arquitectónica que va a
adoptar este arte, la romana.

La uniformidad artística del románico va a venir dada por dos características fundamentales. Es
relevante el papel de la Iglesia en estos momentos, que se convierte en la autoridad medieval que
monopoliza la cultura mediante las órdenes monacales (Clunny y Cister) y la relevancia alcanzada por
las peregrinaciones a los lugares santos (Camino de Santiago y las reliquias, sobre todo en la zona de
Oriente Medio, con las Cruzadas, incursiones militares en lugares sagrados de Tierra Santa –Jerusalén-
para intentar liberarlos de manos islámicas). También, la iglesia va a llevar a cabo un control y
sometimiento de la ciencia a la fe, es decir, todo lo terrenal va a estar sujeto a las verdades eternas
de la religión cristiana.

En relación con la política feudal, tras la


disgregación del Imperio Romano, la tierra se va a
convertir en fuente de riqueza y sustento,
creándose un poder local fuerte (proceso de in-
castellamento que llevaba aparejado el
sometimiento personal, a cambio de la defensa y
manutención por parte del señor feudal=
vasallaje) capaz de manejar la riqueza y la
sociedad, apareciendo así la figura del noble
feudal.

Así, la importancia del feudalismo y la iglesia, van


a generar dos tipos de edificios que se identifican
perfectamente con la cultura del Románico y la Edad Media: el monasterio y el castillo. Hasta bien
entrado el siglo XIII no empezó a surgir una nueva clase social (la burguesía), resucitando con ella el
papel perdido de la ciudad y de la economía mercantil, decayendo poco a poco el poder feudal que
estaba apegado a la tierra y a lo rural. Por tanto, lo que dio lugar al románico va a ser una ferviente
creencia religiosa reforzada por una sociedad feudalizante y por unas bases artísticas anteriores.

2. ARQUITECTURA

La arquitectura románica es casi exclusivamente religiosa. Con similares criterios constructivos se


levantaron también castillos e incluso viviendas. Pero estas obras distan mucho de alcanzar la belleza
y complejidad técnica de los edificios religiosos.

Desde el punto de vista formal, el románico apareció como el resultado de unir diversas influencias,
que van desde el antiguo Arte Romano (del que se deriva el término románico) hasta el Islámico,
Bizantino, sin olvidar las aportaciones de las distintas tentativas del arte medieval temprano
(paleocristiano y prerrománico: carolingio, otoniano, asturiano, etc.). Todo ese complejo mundo de
influencias fue lo que justificó que el Románico apareciera en cada región de Europa con su propia

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personalidad, si bien es cierto que, por encima de esa variedad regional están una serie de
características comunes que le dan unidad al estilo.

Por tanto, en el románico confluyen dos aspectos en apariencia contradictorios: su regionalismo y su


carácter internacional. El regionalismo se traduce en el empleo de materiales locales, distintas
soluciones al equilibrio de los edificios, diversidad de planos, etc., por lo que cada región aporta
soluciones y rasgos propios (de ahí la importancia del estudio de cada zona). El carácter internacional,
más difuso y menos perceptible de forma inmediata, radica en la unidad de sentimiento religioso, y a
él contribuyen las grandes corrientes de peregrinación que permitieron difundir formas, concepciones
y técnicas artísticas.

2.1. Elementos constructivos

2.1.1. Elementos sustentantes

El muro de sillería
se impone pronto,
en parte
respondiendo al
deseo de medida
de los arquitectos;
el sillar no puede
tener una forma
caprichosa, es la
unión de la
geometría y la
piedra. Ha de ser
un muro recio, que
sea capaz de
sostener la pesada
cubierta; en
ocasiones el muro
se realiza en doble
hilera, quedando Elementos constructivos del arte románico. Cabecera del templo
el interior relleno
de piedras pequeñas, llamados ripios. En correlación con los arcos transversales que en él descargan,
se refuerza con estribos o contrafuertes, cuyo resalte rompe la lisura del muro, lo mismo que hacen
los arcos transversales de la bóveda, obteniéndose así un efecto rítmico también en el exterior del
edificio y una sensación de solidez

Los edificios románicos, con pesadas cubiertas de piedra, necesitan utilizar soportes robustos y las
columnas no son suficientes para este fin. El soporte románico o pilar recibe el peso de cuatro arcos:
el del arco fajón de la nave central, el del arco que separa los tramos de la nave lateral y el de los dos
arcos formeros de la arquería que separa la nave central de las naves laterales. Para soportar estos
empujes, el pilar rectangular es insuficiente por lo que surge un nuevo soporte, el pilar compuesto,
normalmente cruciforme, enriqueciéndose progresivamente con columnas y molduras adosadas.

La columna no desaparece como elemento sustentante, incluso la encontramos como soporte para
la separación de las naves, aunque no en exclusiva sino alternando con el pilar. También se sigue
utilizando como soporte en ábsides, criptas, atrios y claustros, pero sin proporción ni ordenes clásicos:
el fuste deja de ser troncocónico y se hace cilíndrico, la proporción entre el diámetro y la altura se
olvida y en un mismo edificio encontramos el mismo grueso para las pequeñas columnas del claustro

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que para las altísimas adosadas a los pilares. El capitel se decora con temas vegetales, geométricos o
historiados.

Estos edificios se
distinguen por el
predominio del
macizo sobre el vano,
lo que presenta al
constructor
particulares
problemas de
iluminación. Las
ventanas son
estrechas, como exige
el sistema de peso de
la bóveda de cañón y
quizás como desea la
sensibilidad pietista de
la época. Con el
triforio pueden
resolverse algunos de Elementos constructivos románicos. Interior del templo
estos problemas de luz. No obstante, los edificios son oscuros y se distinguen por su masa, que ofrece
escasos puntos de comunicación con el exterior.

En los claustros, patios centrales de los monasterios destinados a paseos y rezos de los monjes, todos
estos elementos arquitectónicos (columnas, arcos, bóvedas, etc.) despliegan una gracia singular.

2.1.2. Elementos sostenidos

Sobre los pilares y columnas se apoyan los arcos, siendo -casi exclusivo- el uso del arco de medio
punto, empleado tanto para la estructura y separación de las naves como para los escasos vanos
(puertas y ventanas), con los que cuentan las edificaciones románicas. En el primer caso suelen ser
doblados (dos arcos superpuestos, siendo el interior más estrecho y actuando de refuerzo del
exterior). En las puertas y ventanas, debido al espesor de los muros, se disponen series decrecientes
de arcos, los cuales se denominan arquivoltas y dan lugar a una estructura de disposición abocinada,
donde se desarrolla un amplio programa iconográfico al decorarse con esculturas y relieves.

La cubierta más utilizada es la bóveda de cañón es el gran signo formal del Arte Románico. Medidas
de seguridad e intereses estéticos aconsejaron construir la bóveda de piedra; este material protegía
al edificio del fuego, reduciendo los riesgos de incendio que comportaban las techumbres de madera,
y permitía fabricar estructuras perfectas y acústicas para la salmodia y el canto. Este hallazgo
entrañaba nuevos problemas; había que combatir los empujes que el peso del cañón continuo
transmitía a los muros, amenazándolos con desplomarlos. La solución fue fragmentar la cubierta
abovedada en tramos, mediante arcos transversales o fajones que descargan sobre pilares, que a su
vez están enlazados por arcos paralelos al eje de la bóveda o arcos formeros. El esqueleto formado
por los fajones permitió elevar la altura y aumentar la longitud de la construcción. Las dificultades se
complicaban cuando el edificio contaba con tres naves; en consecuencia, el cañón central se
contrarrestaba con bóvedas de cuarto de círculo o de aristas, que resultan del cruce perpendicular de
dos bóvedas de cañón, y se situaba un contrafuerte exterior, o estribo, en el eje de los fajones.

La estabilidad que proporcionaban los contrafuertes autorizó a seccionar las naves laterales en dos
pisos, abriendo una galería alta, o tribuna, cuya instalación supletoria reforzaba la capacidad del

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edificio, al incrementar su aforo, y permitía la iluminación solar perforando una ventana en la pared;
estas galerías estaban cubiertas por medias bóvedas de cañón que actúan, al situarse sobre el arranque
de la bóveda de la nave central, como contrarresto de los empujes laterales de ésta.

En el crucero o intersección de la nave longitudinal con la transversal la cubierta se coloca más


elevada, con una cúpula, y a veces con linterna, que al exterior se manifiesta como un cimborrio. Estas
cúpulas se levantan sobre trompas o sobre pechinas, las cuales permiten el paso de la planta cuadrada
del crucero a la circular de la cúpula. Finalmente, los ábsides de la cabecera se cubren con bóvedas de
cuarto de esfera.

2.1.3. Decoración y valores plásticos

Cuando la decoración es figurativa aparece sobre todo en capiteles y portadas, mientras que la
vegetal y geométrica aparece dispuesta tanto en el interior como en el exterior, organizada en bandas
horizontales. Motivos muy utilizados son el ajedrezado, dientes de sierra, puntas de diamantes,
entrelazados, etc. Todos estos elementos hacen dominar la horizontalidad en las construcciones
románicas, ocasionando en el interior un movimiento y una direccionalidad hacia la cabecera, donde
se sitúa el altar mayor. Este movimiento horizontal está provocado por la ordenación de la arquitectura
de la nave central y de los tramos de la bóveda, acentuado además, por la decoración. A su vez, el
exterior es fiel reflejo de la articulación interna del edificio, presentando volúmenes nítidos y puros,
siendo las torres el único elemento que rompe la horizontalidad.

2.2. Tipos de edificios

Al ser la románica una


arquitectura
fundamentalmente
religiosa, el tipo de
edificios más usual y
característico son la
iglesia y el monasterio.

2.2.1. La Iglesia

La iglesia románica deriva


de la basílica
paleocristiana. Un tipo
de templo especialmente
importante es la iglesia
de peregrinación. Se
trata de las grandes
iglesias o catedrales que Elementos constructivos románicos. La planta
se levantan en los principales centros urbanos que jalonan las rutas de peregrinación, sobre todo las
que conducen al sepulcro del apóstol Santiago. Destacan las francesas de Santa Fe de Conques, San
Sernín de Toulouse y San Martín de Tours, pero especialmente es en la Catedral de Santiago de
Compostela donde este modelo de iglesia alcanza su mejor expresión.

Generalmente, adopta la planta de cruz latina, pudiendo disponer en el brazo mayor de una o varias
naves (tres normalmente); el brazo transversal o de crucero sobresale en planta y se articula en una o
tres naves, aunque en algunas variantes se suprime el crucero o no sobresale en planta. Cuando
dispone de varias naves, la central es más ancha y elevada que las laterales. En la cabecera de las naves
se localizan en capillas semicirculares o absidiolos, cuyo número está en relación con el número de

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naves. Por lo general, las plantas se someten a unas dimensiones organizadas a partir de determinados
módulos -por ejemplo, las naves laterales tienen la mitad de anchura que la central-, lo que confiere a
los edificios una cierta unidad y los hace aparecer como un todo organizado.

El rasgo común a todas ellas es la grandiosidad de sus dimensiones y la existencia de la girola o


deambulatorio en torno a la capilla mayor. La necesidad de acoger a gran cantidad de peregrinos que
asisten a los oficios litúrgicos o a venerar las reliquias, determina las grandes dimensiones del templo
y su disposición espacial, con la girola que es una especie de nave semicircular que partiendo de las
naves laterales rodea la capilla mayor, para facilitar el paso de los peregrinos y dejar libre el frente del
altar mayor en el que se celebran los cultos. A la girola se abren capillas menores o absidiolos para los
cultos particulares.

Sobre las laterales de la edificación se sitúa la tribuna, una galería del mismo ancho que dichas naves
laterales que se abre a la nave central mediante unos ventanales, generalmente con arcos geminados;
no debe confundirse con el llamado triforio, elemento arquitectónico situado también en las naves
centrales, justo encima de las arcadas que dan a las naves laterales, consistente en una línea de vanos,
normalmente geminados, abiertos en el grueso de los muros; cuando coinciden tribuna y triforio,
aquella constituye el segundo piso, siendo el triforio el tercero. La tribuna sirve para la acogida de
peregrinos, como refugio o albergue y, en algún caso, de hospital, ya que las iglesias de peregrinación
se levantaban, en principio, en lugares sin instalaciones suficientes para el elevado número de
peregrinos. Esta galería alta realiza, además, un papel constructivo importantísimo, porque su
cubierta, en cuarto de cañón, traspasa parte del empuje de la gran bóveda central al muro exterior y
a los contrafuertes.

En el exterior, las fachadas de los templos románicos son sencillas. En ellas destacan las puertas
abocinadas con sus arquivoltas y las columnas que las sustentan, además de la decoración escultórica
del tímpano. Como elemento decorativo fue frecuente el uso de arquerías ciegas y de los llamados
arcos y bandas lombardas -por ser originarios de la región de Lombardía-, constituidos por largos y
delgados pilares adosados (bandas) y por series de pequeños arcos ciegos, igualmente adosados, que
carecen de sustentación. Como soporte decorativo de los aleros se utilizaron, en algunas zonas,
modillones o canecillos. Las fachadas suelen rematarse en los extremos por torres, tanto de sección
cuadrada como circular, siendo frecuente que el número de ventanas aumente a medida que se gana
en altura. También sobresale exteriormente la torre de crucero o cimborrio.

La iglesia románica es un edificio simbólico y funcional a la vez. Toma como modelo al hombre-Dios,
Jesucristo, es decir, el hombre con los brazos en cruz, convertido en la imagen perfecta de Dios hecho
hombre en la figura de Cristo Crucificado: el presbiterio (cabecera o ábside) corresponde a la cabeza,
el transepto a los brazos en cruz, el crucero al corazón y las naves a los pies del Salvador. El plano divino
viene configurado por las formas circulares de las bóvedas, las cúpulas, los arcos de medio punto y el
ábside. El plano terrestre y humano, por las formas poligonales (cuadrados, rectángulos) de los tramos
de las naves y del crucero, así como de los diferentes alzados de las fachadas.

La iglesia se orienta con la cabecera al Este, a la aurora, el lugar por donde cada día nace el Sol, porque
Cristo, como Dios y cabeza de la Iglesia, es la luz que ilumina al mundo. El crucero constituye el centro
de la iglesia, el lugar donde confluye la dimensión terrestre (cuadrado) con la divina (el círculo de la
cúpula). En el crucero, la luz purifica al hombre, preparándolo para el encuentro con la manifestación
de la presencia divina en el ábside, desde donde el sacerdote oficia el ritual litúrgico que conmemora
el sacrificio de Cristo. Éste último es el espacio divino por excelencia y este carácter divino viene
reforzado, simbólicamente, por sus pinturas: el Pantocrátor o Cristo en Majestad, Todopoderoso,
señor del Tiempo y Juez Supremo, rodeado por la imagen de los cuatro evangelistas o Tetramorfos,
símbolo de los cuatro puntos cardinales.

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El esplendor de la liturgia y el culto a las reliquias motivaron la aparición de soluciones constructivas


hasta entonces inéditas: la cabecera con absidiolos, el deambulatorio circunvalando el presbiterio, la
tribuna cabalgando sobre el transepto y el pórtico a los pies.

2.2.2. El monasterio

El monasterio románico tiene su origen en la labor de Roberto, monje cluniacense de Molesmes,


deseoso de restablecer la primitiva regla de San Benito; éste, con tal fin, se retiró en 1098 a Cîteaux,
donde fundó una abadía que dio nombre a los benedictinos reformados: el Cister. La pobreza en el
vestido, la austeridad en la comida y la severidad en la vivienda aparecen recogidas en la Carta de la
Caridad, lo que tuvo su reflejo en dicha construcción. La desnudez arquitectónica cristalizó en un
prototipo de abadía uniforme, que se propagó vertiginosamente por toda Europa. El gran desarrollo
de la orden benedictina en los tiempos altomedievales determinó la proliferación de estos edificios
conventuales con unas características comunes. Su distribución es siempre idéntica, con el propósito
de que cualquier monje forastero se sienta como en su propia casa nada más entrar, al reconocer la
localización en todos y cada uno de los edificios que integraban el complejo monástico. En suma, el
monasterio constituye una auténtica ciudad con fines materiales y espirituales a la vez.

El núcleo germinal es la iglesia, cuya planta muestra ya las diferencias entre Cluny y Cîteaux. Mientras
los cluniacenses proyectaron cabeceras semicirculares con protuberantes absidiolos y deambulatorios
anulares que se comunicaban con las naves, a las que tenía acceso el pueblo, los cistercienses
prohibieron la entrada a los seglares y optaron por el testero plano. Además, utilizaron rejas para
separar el templo en dos mitades: la parte oriental para los monjes profesos y el área de los pies para
los hermanos legos o religiosos que no cantaban misa, procedentes de estratos sociales inferiores y
que se ocupaban del servicio y de otras tareas mecánicas, como atender la huerta y la granja. La
concepción caballeresca de los cistercienses les obligó a mantener también esta barrera de separación
a lo largo y ancho del monasterio, entre los hermanos que rezan y los que trabajan. Incluso, en su porte
exterior, los legos se distinguían por vestir un sayal más corto sin capucha, y estaban obligados a
dejarse barba.

Contiguo al templo se dispone el claustro, que simboliza el paraíso terrenal, donde el aire, el sol, los
árboles, los pájaros y los cuatro canalitos que lo cruzan en ángulo recto simulan ser el Tigris, el Eúfrates,
el Fisón y el Guijón regando el bíblico Jardín del Edén. San Bernardo, en su Apología a Guillermo de
Saint Thierry, atacó duramente la profusa riqueza decorativa de los capiteles historiados que labró
Cluny en San Pedro de Moissac y en Santo Domingo de Silos; apasionado defensor de la santa
simplicidad, aboga por el ahorro, reduciendo los capiteles a fórmulas lisas. Es, además, el órgano
distribuidor de las dependencias monásticas. Las áreas de servicio que se abrían en sus cuatro galerías
porticadas están representadas por la sala capitular, el refectorio, la cilla y el mandatum.

En la sala capitular se congregaba la comunidad, presidida por el abad, para discutir los asuntos del
monasterio y acusarse públicamente los monjes de sus faltas. Al lado se construía el armoriolum o
biblioteca, el locutorium para conversar en privado con el superior, la gran sala de trabajos manuales,
las letrinas y dos accesos: el pasillo abovedado que salía al huerto y la caja de escaleras que ascendía
al dormitorio común, alojado en la planta alta, y amueblado con jergones tendidos en el suelo. Por
otro lado, las piezas que se edifican en la crujía del refectorio o comedor fueron la cocina, con el horno
de pan, y el calefactorio, provisto de una chimenea central para combatir los rigores del invierno. Aquí
se rompe el silencio de la clausura mientras los monjes se afeitan y saca lustre a sus sandalias. Encima
se eleva la alcoba del abad, que constituye el único aposento reservado del cenobio. A su vez, el
corredor de la cilla o granero contenía las oficinas de la administración monástica y las dependencias
para comer y descansar de los hermanos legos. Finalmente, en la panda del mandatum, se alineaba
un banco corrido, donde los monjes se sentaban para recibir las órdenes del abad y se les distribuía un
libro cada año para que lo leyeran.

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Dentro del recinto amurallado que acotaba la Ciudad de Dios, la Jerusalén Celeste en la Tierra, que era
el monasterio, se habilitaron otros establecimientos: la enfermería, el cementerio, las bodegas y
lagares, los establos y cuadras, el molino, la fragua y los talleres artesanales. A la entrada, junto a la
portería, se elevaba una hospedería para los transeúntes y una capilla para el pueblo, que los
cistercienses consagraron siempre a la Virgen, al igual que el color blanco de su hábito.

2.3. Distribución geográfica

2.3.1. Francia

Francia se encuentra en la encrucijada del Camino


de Santiago, con un románico que recoge gran
cantidad de variedades regionales. Por tanto
podemos distinguir varias zonas. En Borgoña, se
encuentra el foco monacal más importante de
Francia que es la sede del monasterio de Clunny
donde conocemos como era la planta del complejo, incluida su magnífica iglesia, la mayor de toda la
cristiandad, ya que tenía un magnífico doble crucero; de ella sólo queda hoy la Torre del Agua Bendita.
También contamos con la iglesia de peregrinación de la Magdalena de Vézelay siendo su mayor
característica el dovelaje bicolor de sus arcos fajones, lo que le da una nota de orientalismo.

En Normandía destacamos la catedral de San Esteban de Caen donde el románico normando se


caracteriza por las superficies lisas y desnudas con torres altas de remate cuadrangular.

En Perigord vamos a tener una relevante influencia bizantina, puesto que se utilizan cúpulas sobre
pechinas y cubiertas escamadas en piedra, siendo la fantasía decorativa la nota predominante,
destacando las iglesias de San Pedro de Angulema y Saint Front de Perigueux.

En La Provenza, zona limítrofe con Italia, el clasicismo se deja sentir tanto en el interior como en el
exterior de sus iglesias, debido a la utilización de órdenes y pilastras clásicas. Así, tenemos la iglesia de
San Trófimo de Arlés y Saint Gilles du Gard.

Aquitania está atravesada por el Camino de Santiago, lo que se hace patente y se concreta en la
magnífica iglesia de peregrinación de Saint Sernin de Toulouse que sirvió de modelo para levantar
Santiago de Compostela, con la diferencia de que la francesa tiene cinco naves longitudinales y una
cabecera muy regular en la distribución de los ábsides del transepto y de la girola. Nos encontramos
en esta zona otras joyas como: Santa Fe de Conques, también de planta de cruz latina, aunque de
dimensiones más reducidas; el Monasterio de Moissac es equiparable al de Silos en España, donde su
arquitectura alcanza el triunfo definitivo al adecuar a su portada la magnificencia de la escultura.

2.3.2. Inglaterra

En el año 1066 el rey normando-francés Guillermo el Conquistador invadió este país, creando así el
llamado arte anglonormando. Sus características van a ser las de una arquitectura sólida y pesada,
como la famosa Torre de Londres; pero quizás su ejemplo más relevante sea la Catedral de Durham,
donde se emplea por primera vez la bóveda de crucería o arista en la nave central, decorando
igualmente los fustes de sus columnas que alternan con pilares cruciformes.

2.3.3. Alemania

La dinastía de los Otones, sucesores del emperador Carlomagno, fue la encargada de definir este arte.
Estos reyes plasmaron su idea imperial en un tipo de arquitectura románica muy particular como se

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Historia del Arte Arte románico

aprecia en la Iglesia de San Miguel de Hildesheim, donde aparece un doble crucero, uno en la cabecera
y otro a los pies, siendo este último el dedicado a enterramientos. Pero las dos catedrales más
importantes del románico alemán, muy similares entre ellas, son la Catedral de Spira del siglo XI y la
Catedral de Worms del siglo XII; en ellas se utilizan arquillos ciegos de influencia normanda como
decoración exterior, a lo que se une en Worms la majestuosidad de sus torres circulares.

2.3.4. Italia

Italia no solo mantiene su raíz clásica, sino que nunca llega a perderla, lo que aporta una gran
originalidad. Sus características más importantes van a ser: el empleo de arquillos ciegos, las bandas
lombardas, la importancia de la columna y la pilastra como reminiscencias clásicas, la separación de la
iglesia, el campanille y el baptisterio, junto con la utilización de mármoles de colores que proporcionan
cromatismo a las fachadas.

Podemos destacar dentro del románico italiano el caso de San Ambrosio de Milán, templo sencillo y
pesado en su interior, que consta del típico atrio paleocristiano, confiriéndole el color de la ladrillería
un aspecto plástico, junto con la decoración de los arquillos lombardos. San Zenon en Verona tiene un
pórtico a dos aguas, muy típico de esta zona de la Lombardía. En el Complejo arquitectónico de Pisa,
símbolo del poder que la ciudad ejercía sobre el Mediterráneo, se utilizó el mármol que preludia el
renacer del siglo XV, mientras Europa construía rústicas iglesias de piedra; consta de tres edificios
separados, pero unidos formal y estéticamente: la catedral consagrada en el 1122, el campanille
inclinado por el hundimiento de sus cimientos, debido a un error de cálculo, y el baptisterio que ya se
remata en estilo gótico; todos ellos, incluido el campo santo del complejo, tienen importantes efectos
cromáticos, debido a la utilización de mármoles de Carrara, una de las características más importantes
del románico pisano, que Burckhardt llamó protorrenacimento. San Miniato al Monte en Florencia
posee su mayor característica en la fachada telón o de pantalla, elaborada según la tendencia pisana
en mármoles de colores, donde la organización geométrica de los materiales coloreados marcó obras
del prerrenacimiento. En Sicilia, la mezcla de influencias normandas, árabes y bizantinas se ponen de
manifiesto en la Catedral de Palermo y en la Iglesia de Monreale.

2.3.5. España

En España existieron magníficos precedentes para que el románico diese sus frutos; se trata de la
arquitectura visigoda y asturiana, en la que en la iglesia-palacio de Santa María del Naranco en Oviedo
aparecen las bases estructurales románicas, pues ya se utilizan los arcos fajones y los contrafuertes
exteriores. Exceptuando el románico catalán que fue muy temprano, el resto se desarrolló en el siglo
XI, culminando en el XII. Nuestro románico estuvo salpicado de influencias árabes, debido a la
dominación de ésta cultura en el sur peninsular y, sobre todo, influencias europeas que venían a través
del Camino de Santiago. El románico hispano, en general, se caracteriza por sus dimensiones recogidas,
exceptuando la Iglesia de peregrinación de Santiago. No obstante, es preciso efectuar un estudio
regional para conocer sus rasgos de forma más nítida.

2.3.5.1. Cataluña

En estos momentos pertenecía al Imperio carolingio, conocida como la Marca Hispánica; por tanto, se
sienten en esta región influencias carolingias clasicistas, venidas de la Lombardía italiana, y francesas
por la cercanía territorial. El románico catalán fue sencillo y barato, ya que la piedra utilizada era de
poca calidad. El poder de los monasterios catalanes estaba en manos de abades tan poderosos como
el abad Oliva de Ripoll que hicieron de estos lugares auténticas joyas artísticas, debido a la fuerza
feudal y económica que ejercían en la zona. Los ejemplos más importantes están en el Monasterio de
San Pedro de Roda y el de Santa María de Ripoll con su impresionante cabecera absidial, aunque no

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podemos dejar al lado las magníficas iglesias pirenaicas como San Clemente y Santa María de Tahull
en Lérida.

2.3.5.2. Navarra

El románico navarro está dirigido por el rey Sancho el Mayor y su poder áulico quedó patente en el
monasterio de Santa María de Leyre con una cripta del siglo XI, elaborado en gran aparejo. En esta
comunidad debemos nombrar la pequeña capilla del Santo Sepulcro en Torres del Río, donde hasta
aquí ha llegado la influencia califal, ya que en su bóveda los nervios no se cruzan en el centro. Y como
último ejemplo de Navarra está la iglesia de planta centralizada de Eunate, mandada a construir por
la orden de los templarios y limitada por una arquería exterior que servía de cementerio a los monjes.

2.3.5.3. Aragón

Tenemos la influencia del Camino de Santiago y de los reinos de taifas, visible en el tipo de decoración
usada como es el taqueado y las bolas jaquesas. Entre los ejemplos destacamos el Castillo de Loarre,
fortaleza que salva los desniveles del terreno, a lo que se une su buen estado de conservación; el
Claustro de San Juan de la Peña, aunque del siglo XI, guarda en su interior restos mozárabes y la
Catedral de Jaca muy retocada en su exterior pero interiormente conserva la belleza del románico
tanto en la alternancia de pilares y columnas como en la cúpula sobre trompas del crucero.

2.3.5.4. Castilla-León

En esta comunidad es donde se refleja el arte imperial de la monarquía castellano-leonesa,


concretamente en León residía el rey Fernando I y muestra de esta magnificencia tenemos la iglesia
de San Isidoro de León, importante no solo por su arquitectura sino por las pinturas de su cripta real,
de las que se han dicho que son la Sixtina del Románico. Esta iglesia se comienza a construir en el siglo
XI con importantes notas islámicas, puesto que en el crucero aparecen grandes arcos polilobulados.
Entre otros ejemplos destacamos la iglesia de San Martín de Frómista en Palencia, ruta obligada en el
camino de peregrinación hacia Santiago, viendo su belleza en la pureza de sus formas y en sus torres
circulares. El Monasterio de Silos en Burgos es la joya monacal del románico, con su doble arquería en
el claustro y sus magníficas dependencias que se conservan intactas en la actualidad. En Segovia
sobresale La Veracruz de planta circular y en Ávila la casi protogótica de San Vicente. En Soria,
mencionamos el Claustro de San Juan De Duero de importantes influencias islámicos (arcos
festoneados, entrecruzados, de herradura apuntado…), al igual que se perciben en la bóveda califal de
la localidad soriana de Almazán. En Zamora y en Salamanca tenemos un importante foco de influencia
bizantina que, al igual que en la zona francesa del Perigord, se caracteriza por el empleo de cúpulas
gallonadas y cubiertas exteriores con escamas de piedra, como el Cimborrio de la Catedral de Zamora,
la de Toro y la Torre del Gallo de la Catedral Vieja de Salamanca.

En cuanto al urbanismo medieval, no podemos dejar de nombrar a Ávila, como ejemplo de mejor
ciudad amurallada de España, con un perímetro de dos kilómetros y medio de lienzo que la circunvala.

2.3.5.5. Galicia

El románico español culmina en la gran obra de peregrinación que es Santiago de Compostela. Las tres
rutas románicas de las reliquias son: Tierra Santa (Jerusalén) y las Cruzadas; la ruta bretona que llega
a Mont Saint Michel desde Gran Bretaña; y la Ruta Jacobea que llega a Santiago de Compostela, desde
toda Europa. Los primeros restos se descubrieron en el siglo IX, levantándose una primera basílica que
fue destruida por Almanzor; posteriormente el obispo Diego Peláez y su sucesor Diego Gelmírez
concluyeron esta gran obra entre los años 1122 y 1128; intervinieron en ella maestros franceses como
Bernardo, Roberto y el gran maestro Esteban. Quedó todo documentado en el Codex Calixtino, libro

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Historia del Arte Arte románico

en el que se anotaba todo el


desarrollo de la obra. Para
levantar esta iglesia se tomó
como referente a la iglesia de
Saint Sernin de Toulouse, sin
embargo, en Santiago se
aprecia más madurez
constructiva aunque no tenga
la duplicidad de naves que
tiene la francesa. Su planta es
de cruz latina, con tres naves
y su crucero es uno de los más
largos de la cristiandad, ya
que en cada brazo tiene seis
tramos y su nave central mide
100 m. En el crucero se
levanta una cúpula sobre
trompas que ilumina la
estancia. Exteriormente se refuerza con contrafuertes e interiormente alternan bóvedas de cañón con
arcos fajones en las centrales y de arista en las laterales. Las entradas se articulan en tres: a) El Pórtico
de la Gloria en el oeste, a los pies de la iglesia; frente al pórtico, hoy tapado por la fachada barroca de
Casas y Novoa, se despliega la Plaza del Obradoiro, aludiendo a la ubicación de los talleres de la
catedral; b) Las Platerías, en el sur (brazo derecho), llamada así por los artesanos plateros que
trabajaban a su alrededor; c) Azabacherías, en el norte, llamada así por los artesanos del azabache.
Santiago es la culminación del Románico español y parte del europeo que termina aquí el ciclo.

3. ARTES PLÁSTICAS: ESCULTURA Y PINTURA

3.1. Características Generales

El Románico, frente a otros estilos artísticos que


anteriormente se desarrollaron en el Occidente
europeo, supone un resurgimiento de las artes
plásticas. Las principales características de las artes
figurativas románicas son:

a) Subordinación de las artes figurativas a la


arquitectura (ley del marco). El Románico es un
arte fundamentalmente arquitectónico y tanto
la escultura como la pintura se someten a la
ordenación general del conjunto arquitectónico
como componentes del mismo. La escultura
subraya las partes más importantes: la portada
y los capiteles de las arquerías de los claustros;
la pintura al fresco decora las extensas
superficies de los muros del interior de los
templos, con especial atención a los ábsides.
Esto no quita para que existan también otros
campos de las artes plásticas, independientes
de la arquitectura, como son las esculturas
exentas y la pintura sobre tabla, las miniaturas, Claustro del Monasterio de Silos. Relieve de la
etc., aunque de importancia secundaria. Duda de Santo Tomás (siglo XI)

86
Historia del Arte Arte románico

b) Temática religiosa y finalidad didáctica y moralizante. Predominan en las portadas las


representaciones bíblicas, especialmente apocalípticas, y la repetición del tema de Cristo, la
Virgen, apóstoles, ángeles y evangelistas. Los mismos temas se representan en las pinturas de
los ábsides. Estas "Biblias en piedra" se utilizaban para que una feligresía analfabeta
contemplara en imágenes los acontecimientos bíblicos y las escenas celestiales que, por el
bajísimo nivel cultural de la época, no podían conocer más que por la predicación oral y esa
visualización en las iglesias. Pero también existen también decoraciones geométricas,
vegetales y representaciones de animales fantásticos y monstruos, de origen oriental.

c) Antinaturalismo y predominio de los valores expresivos y simbólicos. En el Románico no


existen los criterios de proporción, belleza, y realidad del mundo clásico. El arte no busca ahora
la perfección y belleza de las formas, sino, exclusivamente, que las figuras transmitan a los
fieles las vivencias espirituales y un mensaje religioso trascendente. Para lograr esta
transmisión de ideas se utilizan diversos medios:

 Se deforman las imágenes, buscando la expresividad anímica mediante exageraciones de


la forma: los cuerpos se alargan, las partes más expresivas como las manos y los ojos se
agrandan, las piernas se entrecruzan y adoptan posturas extrañas para sugerir conmoción.
Junto a esta deformación expresiva la adecuación de la escultura al marco arquitectónico
implica además que la figura se estira o reduce según el espacio que debe ocupar. Como
resultado final se obtiene unas representaciones antinaturalistas, donde las figuras
representadas están desconectadas de cualquier modelo real.

 Debido a su función didáctica, se crea un mundo simbólico, con signos y alegorías que
intentan transmitir ideas o conceptos abstractos -el bien, el mal, el pecado, la virtud- que
se repiten frecuentemente y que hay que conocer para comprender adecuadamente con
todo su mensaje la representación (por ejemplo, el dragón y la serpiente encarnan el mal
o el pecado).

 Se repiten unos esquemas y tipos iconográficos fijos, heredados en parte del Arte
Bizantino, el Paleocristiano o el Prerrománico. Así, la figura humana no tiene un
tratamiento individual, sino genérico. Nunca aparecen retratos, sino unas formas
estereotipadas con las que se quiere representar a toda la humanidad o las personas
divinas. Ello explica la impresión de que todas las figuras se parecen que se experimenta
ante una obra románica –los apóstoles se tallan todos iguales y cada uno se distingue por
el símbolo que lo representa, como por ejemplo las llaves de San Pedro o el rostro sin
barba de San Juan-.

d) Perspectiva jerárquica. La perspectiva románica depende exclusivamente del contenido


simbólico. Los personajes aparecen de mayor a menor tamaño en función de su importancia
jerárquica dentro del contexto en que se les represente. Así, el Cristo en majestad siempre es
de mayor tamaño que el resto de los personajes, le siguen en tamaño los demás protagonistas
de la jerarquía celestial (evangelistas, ángeles, apóstoles, santos, etc.) y, finalmente, los
humanos, siguiendo también su jerarquía eclesiástica y social. También se utiliza en las
representaciones románicas el principio de primer término, consistente en la representación
de cuerpo entero de las figuras situadas en el primer plano, mientras que las de planos más
alejados sólo se representan parcialmente y de forma escalonada. Este principio confiere a las
obras cierto sentido de profundidad, pero se trata en realidad de una perspectiva invertida,
donde las líneas oblicuas convergen hacia el espectador (primer término).

e) Composición. La composición, es decir, la forma en que se disponen las figuras respecto a la


totalidad del espacio que ocupan, es de carácter geométrico, sobre todo siguiendo el principio

87
Historia del Arte Arte románico

de simetría, radial o axial; se pretende que las figuras permanezcan en equilibrio, puesto que
la quietud y el reposo representan físicamente el concepto de inmutabilidad, de ausencia de
tiempo, de eternidad. En muchas ocasiones, las figuras lo llenan todo, superponiéndose en
altura y ocupando el primer plano (horror vacui); son figuras aisladas, rígidas y frontales, no se
interrelacionan, no se miran y parece que no forman parte de la misma escena; las
proporciones no son naturalistas; las imágenes se alargan, se deforman en extrañas posturas,
agrandan desmesuradamente ojos o manos, entrecruzan las piernas en posturas imposibles,
buscando recursos expresivos que crean ritmo y movimiento.

3.2. Escultura

Desde el punto de vista técnico, la mayor parte de la escultura románica se manifiesta en forma de
relieves, aunque también hubo escultura exenta. Ambas tienen en común el arcaísmo del modelado,
que recuerda que los periodos más primitivos de otras culturas. Este arcaísmo se manifiesta en los
siguientes rasgos: a) Rigidez de las figuras (hieratismo), inhiestas, sin capacidad de flexibilidad, que se
doblan con dificultad; b) Composiciones yuxtapuestas, con figuras sin relación ni formación de grupos;
c) Modelado tosco y rudo: mejillas sin blandura, labios sólo delineados, falta de expresión en los
rostros; y d) Falta de volumen, teniendo las figuras un carácter plano y de apariencia frontal. Se discute
si estos rasgos son involuntarios o conscientes. Para algunos especialistas son limitaciones
insuperables en ésta ruda época, ya que el Románico es, por naturaleza, arcaico. Otros estiman, en
cambio, que se trata de errores conscientes, que el artista románico utiliza la deformación para
expresar toda la espiritualidad de las vivencias religiosas.

Los campos principales de la escultura románica al servicio de la arquitectura son las portadas y los
capiteles. El plan decorativo de la portada responde a la disposición regular. El tímpano, donde se
despliega el tema escultórico más amplio, formando frecuentemente escenas. Son frecuentes los
temas del Juicio Final, de la Pasión de Cristo o las escenas más destacadas de la vida del santo a quien
estaba dedicada la iglesia, pero el tema más representado es el
Pantocrátor, figura de Cristo en majestad bendiciendo (Maiestas
Domini), como soberano del universo, rodeado de un nimbo o mandorla
mística; está sentado en un trono, con el Evangelio en la mano izquierda
y bendiciendo con la derecha. Alrededor se sitúa el Tetramorfos,
representación de los cuatro evangelistas, según San Juan en el
Apocalipsis (el león de San Marcos, el águila de San Juan, el toro de San
Lucas y el ángel o el hombre de San Mateo); Igualmente, como Dios Juez
se le representa en el Juicio Final con los bienaventurados a la derecha
y los condenados a la izquierda; se lo rodea también de una legión de
serafines y la presencia de los veinticuatro ancianos, que tocan
instrumentos musicales y cantan las alabanzas del Todopoderoso (San
Pedro de Moissac, 1115-1130). Es un Cristo violento, despótico,
vengador, irritado, a punto de estallar de cólera, que paraliza de temor
al espectador cuando contempla la escena del Juicio Final (Santa Fe de
Conques, 1130-1135; San Lázaro de Autun, 1140), donde el miedo a las
penas del infierno provocó un aluvión de donaciones in articulo mortis
por parte de los fieles con la intención de salvarse. Por su parte, las
arquivoltas tienen decoración geométrica, vegetal o pequeñas figuras
dispuestas radialmente. En el parteluz, se coloca una imagen de Cristo,
de la Virgen o el Santo al que está dedicado el templo. En las portadas
de pequeñas dimensiones no existe el parteluz. En las columnas de las
jambas, el fuste suele estar desnudo y los capiteles decorados con Parteluz del Pórtico de la
relieves, o bien, se colocan figuras de apóstoles o santos superpuestas Gloria. Santiago de
al fuste. En los capiteles, la representación alegórica del pecado o la Compostela

88
Historia del Arte Arte románico

lucha del bien y el mal, fueron los temas preferentes, aunque también son frecuentes las temáticas
vegetales, geométricas o animalísticas (en muchas ocasiones no exentas de simbolismo) e incluso las
figuras humanas. Por último, el dintel se decora con rosetas o con figuras de santos o de ancianos.

Dentro de la temática, se incluyen también otros temas de Antiguo y Nuevo Testamento: los
veinticuatro ancianos del Apocalipsis, Daniel en el foso de los leones, el sacrificio de Isaac, Adán y Eva
y el pecado original, Pentecostés, la duda de Santo Tomás, la muerte y resurrección de Jesús, Cristo en
la cruz, la Virgen madre como trono del Niño, el Nacimiento de Jesús, vidas de santos y santas,
rodeados de símbolos de la tradición cristiana (el libro de la vida, la paloma, la cruz, el cordero, el trono,
el alfa y la omega, la mandorla), etc. Por otro lado, se representan escenas de la vida cotidiana,
calendarios con las sucesivas tareas agrícolas anuales, torneos, escenas de circo, saltimbanquis, etc.
En espacios no fáciles de observar a primera vista, o a veces de manera evidente, se localizan imágenes
burlescas, figuras obscenas, provocativas, soeces, que se interpretan como crítica a los clérigos y a la
iglesia, rebeliones de los artistas ante los programas rígidos de los teólogos; pero también pueden ser
la crítica al cuerpo, al pecado, a la animalidad frente a la razón, y para ello se usa un lenguaje directo,
el crudo realismo que destaca lo genital, lo sexual, la analidad, porque la sociedad medieval se
encontraba más próxima que la nuestra a la realidad del cuerpo.

La escultura exenta es menos abundante. Se utiliza principalmente para la representación de Cristo


crucificado y de la Virgen sentada con el Niño Jesús en los brazos. El Crucificado, igual que en el Arte
Bizantino, es de cuatro clavos y vertical; adopta dos tipos: vestido con larga túnica o desnudo, con un
faldellín hasta las rodillas; pero siempre está representado no como hombre sino como Dios en
majestad, por ello no da sensación de estar colgado de la cruz, sino de pie ante ésta, y siempre con los
ojos abiertos sin señal de sufrimiento. La Virgen, generalmente sentada y de frente, con el Niño
sentado sobre sus piernas en actitud de bendecir; más que como madre es un trono del Salvador
(Maiestas Mariae), no existe comunicación expresiva entre ambos; se trata de un modelo iconográfico
que deriva de la Theotocos bizantina, a la que agrega el sentido de intercesora entre Dios y los
hombres. A veces, la escultura exenta representa escenas, siendo la más frecuente el Descendimiento.

3.2.1. Francia

Se va a caracterizar por la plasticidad y la volumetría


de sus obras. En Borgoña, se encuentra San Lázaro
de Autum con el tema del Juicio Final, donde el
maestro escultor aplica un canon excesivamente
alargado (imagen de Eva que se encuentra en el
dintel). En la Magdalena de Vezelay se representa en
el tímpano de entrada el tema de Pentecostés con la
bajada del Espíritu Santo mediante lenguas de fuego;
el maestro escultor representa al Pantocrátor con
una leve genuflexión para adaptarlo al marco,
dándole así un ritmo diferente al relieve.

En Aquitania, destaca el Monasterio de Moissac; su


portada principal hace gala del románico en toda su
plenitud, en el tímpano aparece el Pantocrátor
rodeado del tetramorfos y los veinticuatro ancianos
del Apocalipsis; tanto la decoración de sus arquivoltas
y dintel, como el festoneado de las jambas nos hablan
de la maestría escultórica que reunió este
monasterio. En Santa Foy de Conques se usa también
el tema del juicio final.

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Historia del Arte Arte románico

En la Provenza, destacamos las influencias clásicas de Saint Gilles du Gard y San Trófimo de Arlés.

En L’Ile de France, al sur de la zona central de París, destaca una joya gótica, aunque de comienzos
románicos: el Pórtico Real de Chartres, la portada principal de esta catedral tiene una temática
románica aunque sus arcos sean ya apuntados. En el tímpano aparece el Pantocrátor junto con el
tetramorfos, ajustándose plenamente a la iconografía románica, pero lo más destacado está en las
jambas con sus famosa estatuas columnas, de un canon alargado de adaptación al marco que en el
gótico irá desapareciendo.

3.2.2. Italia

Las escuelas broncistas italianas van a marcar la pauta del relieve románico; entre ellos destacamos el
Descendimiento de la Catedral de Parma, obra de Antelami, que aunque se percibe un exceso de
horizontalidad e isocefalia (cabezas iguales), se considera precursor del naturalismo gótico por el
sentido dramático (pathos) de sus personajes. Muy parecido es la Santa Cena de Módena, obra de
Guglielmo, donde sus cabezas quedan ceñidas, igualmente, a una línea imaginaría. Por último, también
en bronce las Puertas de la Catedral de Pisa donde aparecen más de cuarenta y ocho imágenes que
relatan la vida de Cristo, de manera casi infantil, enmarcadas en los cuadrados que las separan.

3.2.3. España

La Península Ibérica va ser la transmisora de iconografías y técnicas por el Camino de Santiago y, a su


vez, receptora de tradiciones visigodas, mozárabes (arte cristiano en territorio islámico o fronterizo,
donde se mezcla las características formales del arte medieval y del islámico, como los arcos de
herradura), islámicas, etc., junto con las de Francia o Italia. Distinguiremos tres periodos en la
escultura románica hispánica, que son los siglos XI, XII y comienzos del XIII. Mientras que en el siglo XI
se manifiestan las influencias prerrománicas y visigodas, en el XII se mezclan las tradiciones locales con
las extranjeras, y en el comienzo del XIII ya se puede hablar de protogótico y naturalismo.

3.2.3.1. Siglo XI

En Cataluña, destacamos el dintel de Sant Genis les Fonts, hoy en el Rosellón francés, donde aparece
un Pantocrátor muy rústico que nos recuerda a las tallas visigodas realizadas a bisel. Mientras en
Aragón, se halla el Tímpano de la Catedral de Jaca donde aparece el crismón trinitario y dos leones
que pisotean los vicios a los que están sujetos los hombres.

En Castilla y León, debemos mencionar el al Claustro del Monasterio de Silos en Burgos, que va a tener
diferentes etapas en la ejecución de sus relieves y esculturas (desde el siglo XI hasta el XIII). Sus
primeros capiteles, en ritmo par, datan de comienzos del siglo XI, con una temática que va desde lo
vegetal hasta temas de bestiarios medievales como las famosas Arpías o historiados (bélicos, bíblicos,
etc.). Pero, sin lugar a dudas, fueron los pilares de las esquinas del claustro con sus relieves, elaborados
en el XII, los que manifiesten mayor perfección técnica y en ellos se aprecie la evolución hasta el estilo
gótico. Tenemos La Incredulidad de Santo Tomás, el Santo Entierro, Pentecostés, la Ascensión, la
Crucifixión, etc. En todos ellos se aprecia la mano del llamado maestro de Silos, en cuanto a la
disposición de los paños, el paso de danza, la perspectiva caballera, la planitud y el acabado del rizo.
En el siglo XIII, con el relieve de la Anunciación se marca el final evolutivo de la escultura en el
monasterio, al apreciarse un avance hacia el naturalismo del gótico, patente en una virgen risueña y
amable, obra de un maestro escultor más avanzado.

En Galicia se encuentra la catedral de Santiago de Compostela, fechada en el siglo XI, donde el


maestro Esteban realizó una de las portadas (geminadas) más importantes, la de Las Platerías llamada
así, porque el gremio de los plateros trabajaban en esa zona. En esta portada se recoge el tema

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Historia del Arte Arte románico

iconográfico de la naturaleza de Cristo, es decir, tanto su naturaleza humana como la divina, poniendo
de manifiesto su árbol genealógico (Jessé), el rey David, escenas de la pasión, las tentaciones, etc. Hoy,
esta portada resulta desordenada y caótica ya que muchas de las esculturas se desprendieron y
después se adosaron sin ningún tipo de orden, perdiendo así la unidad original con la que fue creada.

Como ejemplos de escultura exenta en este periodo, vamos a destacar el Crucifijo de marfil de Don
Fernando y de Doña Sancha que respeta el canon de los típicos crucifijos románicos.

3.2.3.2. Siglo XII

En Aragón, destaca el Claustro de San Juan de la Peña donde el maestro que elaboró sus capiteles
historiados tenía como característica el pronunciar las órbitas oculares redondeándolas.

En Navarra, sobresale la Portada de la Iglesia de Sangüesa con el tema del Juicio Final, despuntando
las estatuas-columnas de sus jambas, el tímpano decorado con tema apocalíptico, animales fantásticos
en las enjutas y de nuevo la aparición del Pantocrátor con el Tetramorfos, coronando la fachada.

En Cataluña, destaca la original Portada de Ripoll, donde se decora toda la fachada incluyendo los
muros adyacentes, a modo de procesión romana. Se narran escenas históricas y alegóricas inspiradas
en las Sagradas Escrituras: el Pantocrátor, rodeado del Tetramorfos, y aclamado por los veinticuatro
ancianos del Apocalipsis; a esto se unen escenas del pueblo de Israel, la decapitación de San Pablo, etc

3.2.3.3. Finales del siglo XII, comienzos XIII

Este periodo se puede calificar como de protogótico al apreciarse en las esculturas un naturalismo,
una desenvoltura de movimientos y una afabilidad, cada vez más alejados del románico. Ejemplo de
esto son las Estatuas-columnas de la Cámara Santa de Oviedo que, aunque siguen teniendo un canon
alargado, vemos en ellas más flexibilidad en la postura, mejor tratamiento en los paños y más
naturalismo en el rostro, donde se aprecia la llamada sacra conversatio.

No obstante, a los comienzos del siglo XIII, el culmen artístico se alcanza en el Pórtico de la Gloria de
la catedral de Santiago. Este se desarrolla en tres arcos de medio punto con importantes restos de
policromía. El arco central es el más importante ya que en él se desarrolla el tema del Juicio Final y la
llegada a la Gloria en el paraíso. Preside el gran arco el tímpano con el Pantocrátor y el Tetramorfos,
todo en alto relieve y rodeados de toda una corte celestial, descansando en la arquivolta los
veinticuatro ancianos del Apocalipsis con sus instrumentos musicales; en el parteluz, un apóstol
Santiago sereno y natural, a lo que contribuye la policromía; y, a sus pies el árbol genealógico de Cristo.
En el desarrollo de las jambas aparecen los profetas y apóstoles en sacra conversatio y ha sido
concretamente en el profeta Daniel donde se ha visto la clave hacia la transición del gótico, debido a
la amplia sonrisa de su rostro. Estas magníficas esculturas salieron de las manos del maestro Mateo,
plasmando así un románico lleno de luz hacia la evolución de un estilo gótico más naturalista.

Como escultura exenta dentro de este periodo final destacamos el Cristo de Batlló en madera
policromada, siguiendo los cánones del románico, y las vírgenes de localidades catalanas como la
Virgen de Solsona o la de Covet.

3.3. Pintura románica

Desde el punto de vista formal la pintura románica se caracteriza por varios rasgos:

a) Dibujo grueso, que contornea enérgicamente la silueta y separa con un trazo negro cada
superficie cromática; se explota el poder del dibujo para la construcción de formas. La

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Historia del Arte Arte románico

seguridad de la siluetación es admirable tanto en las superficies curvas de los ábsides como en
las superficies planas.

b) Color puro, sin mezclas, o a lo sumo con dos tonalidades. Se prefiere el plano cromático
amplio, en el que se obtienen efectos violentos y con el que se expresa muchas veces algún
simbolismo medieval.

c) Carencia de profundidad y luz. Las figuras se disponen en posturas paralelas a manera de


relleno de un plano, y con frecuencia resaltan sobre un fondo monocromo o listado en franjas
horizontales de diversos tonos. Al no proceder a la mezcla de los colores las escenas carecen
de vibración lumínica, lo que contribuye a resaltar la geometría de las formas.

d) Composición yuxtapuesta. Preferencia por las figuras frontales y por la eliminación de


cualquier forma que rompa el plano. En los grupos las figuras no se relacionan hasta el
románico tardío, alrededor de 1200.

e) El muro se prepara al fresco de forma tan concienzuda que, arrancadas las pinturas de
Berlanga o de Tahúll, quedan siluetas y colores adheridos a la cal; quizás los toques finales se
dieran con temple, lo que ha contribuido a mantener la viveza de los tonos.

El género por excelencia es la pintura mural, pero, en tabla, en los frontales del altar se pintaron
también obras notables. Los lugares más idóneos
para las pinturas son los ábsides, las bóvedas y los
muros laterales: en el ábside se vuelve a
representar el Pantocrátor rodeado de los
evangelistas o la Virgen en majestad con el niño en
brazos. La miniatura, utilizada en decoración de
libros, es igualmente importante.

En Cataluña, las muestras más sobresalientes son


las pinturas pertenecientes a Santa María (1123)
y San Clemente de Tahúll, en el leridano Valle de
Bohí, donde encontramos todas las características
que definen la pintura románica. Además, se
cultivó también la pintura sobre tabla para los
frontales de altar, un género más delicado y de
proporciones más pequeñas que el de la pintura
mural; entre estos frontales, merece destacarse el
del Maestro de Aviá, los talleres de Vic y Ripoll,
que fueron los principales suministradores de este
tipo de obras.

En Castilla y León, a diferencia de Cataluña, los Pantocrator de San Clemente de Tahúll


artistas no repiten tanto los formulismos y los tipos. Las obras son menos grandiosas que las catalanas,
pero tienen mayor poder narrativo. El conjunto de San Baudilio de Berlanga (Museo del Prado) es
muy original, pues -cosa rara en el románico- no trata el tema religioso, sino que representa escenas
de caza. En la iglesia de la Vera Cruz de Maderuelo (Museo del Prado) son notables sus escenas del
Génesis y su exageración decorativa, pues las pinturas intentan cubrir toda la superficie del muro
(horror vacui). San Isidoro de León cuenta con el conjunto de pinturas más importante de esta zona;
aquí destacan la creación de tipos diversos, el movimiento e, incluso, un cierto naturalismo, patentes
en escenas tales como la Anunciación del ángel a los pastores.

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