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COLEGIO SAN PATRICIO

UNA EXPERIENCIA HACIA LA EXCELENCIA

ACUMULATIVO LENGUA CASTELLANA


III PERIODO

NOMBRE: ________________________________________________________ GRADO: 10 FECHA: ________________


Objetivo: Reforzar mediante varias clases de preguntas, los conocimientos adquiridos durante el periodo

I. Responde las preguntas 1 a la 5, a partir del siguiente texto.

La casa de la familia Maheu

En casa de los Maheu, el número 16 del segundo edificio, no se movía nada. Espesas tinieblas inundaban la única habitación
del primer piso, como aplastando con su peso el sueño de unos seres a los que presentía allí, amontonados, con la boca
abierta y muertos de fatiga. Pese al frio recio del exterior, el aire pesado tenía un calor vivo, ese ahogo cálido de los dormitorios
cuarteleros mejor cuidados, que despiden un olor a rebaño humano.

Sonaron las cuatro en el reloj de cuco de la sala de la planta baja, nada se movió, silbaban unas respiraciones débiles
acompañadas por dos sonoros ronquidos. Y de pronto fue Catherine quien se levantó. En medio de su fatiga, había contado
por hábito los cuatro timbrazos del reloj a través del piso, sin encontrar fuerzas para despertarse por completo. Luego, sacando
las piernas fuera de las mantas, empezó a tantear, rascó finalmente una cerilla y encendió la vela. Pero permanecía sentada,
con la cabeza tan pesada que se le derrumbaba entre los hombros, cediendo a la necesidad invencible de volver a caer sobre
el cabezal.

La vela iluminaba ahora la habitación rectangular, ocupada por tres camas, con dos ventanas. Había un armario, una mesa y
dos sillas de viejo nogal, cuyo tono renegrido manchaba con dureza las paredes pintadas de amarillo claro. Y nada más, unos
harapos colgados de clavos, un cántaro colocado sobre las baldosas, cerca de un barreño rojo que servía de palangana. En la
cama de la izquierda, Zacharie, el mayor, un muchacho de veintiún años, dormía junto a sus hermano Jeanlin, que había
cumplido los once; en la de la derecha, dos críos, Leonore y Henri, la primera de seis años, el segundo de cuatro, dormían uno
en brazos de la otra; mientras que Catherine compartía el tercer lecho con su hermana Alzire, tan enclenque para sus nueve
años que no la habría sentido a su lado de no ser por la joroba de la pequeña invalida que se le clavaba en el costado. La
puerta vidriera estaba abierta, se veía el corredor del descansillo, aquella especie de pasillo donde el padre y la madre
ocupaban una cuarta cama, junto a la que habían tenido que instalar la cuna de la última recién nacida, Estelle, de tres meses
apenas.

La casa de la familia Gregoire

La señora Gregoire, que había meditado en su cama la sorpresa del brioche se quedó para ver meter la pasta en el horno. La
cocina era inmensa, y por su extremada limpieza, por el arsenal de cacerolas, utensilios y ollas que la llenaban, parecía ser la
pieza importante de la casa. Olía a buenos alimentos. Las provisiones rebosaban en los estantes y aparadores. […]

Además de la estufa que calentaba toda la casa, aquella sala estaba animada por un fuego hulla. Pero no había ningún lujo: la
mesa, las sillas, un aparador de caoba; y únicamente dos sillones hondos dejaban traslucir el amor por el bienestar y las largas
digestiones tranquilas. Nunca iban al salón, se quedaban allí, en familia.

Precisamente en ese momento volvía el señor Gregoire, vestido con una gruesa chaqueta de fustán; también era de tez
colorada a sus setenta años, con amplios rasgos honestos y bondadosos, en medio de la nieve de su pelo rizado. Había visto
al cochero y al jardinero; ningún destrozo importante, solo un cañón de la chimenea caído. Todas las mañanas le gustaba
echar una ojeada a la Piolaine, que no era lo bastante grande para causarle preocupaciones y de la que sacaba todas las
compensaciones del propietario […]
La habitación era la única lujosa de la casa, tapizada de seda azul y provista de muebles lacados, blancos, con filetes azules,
un capricho de niña mimada satisfecho por los padres. En las blancuras confusas de la cama, en la semiclaridad que caía de
una cortina corrida, la joven dormía con una mejilla apoyada en su brazo desnudo. No era guapa ni demasiado sana, ni tenía
una apariencia robusta, madura ya a los dieciocho años; pero poseía una carne soberbia, un frescor de leche, con su pelo
castaño y su cara redonda de pequeña nariz decidida, ahogada entre las mejillas. La manta se le había caído, y respiraba tan
suavemente que su aliento no levantaba siquiera su pecho ya formado.

Zola, Émile. Germinal, https://hmcontemporaneo.wordpress.com/2009/12/10/germinal-obra-de-emile-zola-1885/ (27 de agosto


de 2018)
 
1. Émile Zola fue el máximo representante del
A. Barroco.
B. Romanticismo.
C. Naturalismo.
D. Modernismo.

2. Los adjetivos que mejor describen la atmósfera de pobreza de la familia Maheu son
A. espesa, amontonada, cuartelera y enclenque.
B. crío, vidriera, enclenque e invencible.
C. necesidad, espeso, vidriera y joroba.
D. joroba, amontonado, invencible y crío.

3. Los adjetivos que mejor describen la atmósfera de la familia Gregoire son


A. chaqueta, tez, estufa y mimada.
B. inmensa, estufa, cañón y provisiones.
C. inmensa, limpia, mimada y rebosante.
D. provisiones, limpieza, tez y cañón.

4. Algunas características del Naturalismo son


A. cercanía con las ideas revolucionarias, lenguaje elaborado y libre albedrío.
B. determinismo, ideas religiosas conservadoras y denuncia política.
C. lenguaje más cercano al pueblo, ideología más liberal e intransigencia política.
D. el determinismo, ideología más liberal y descontento de la clase obrera con la burguesía.

5. Se puede decir que en la descripción de la casa de la familia Gregoire, Zola


A. hace una descripción más naturalista que en la de la familia Maheu, porque usa más adjetivos.
B. hace una descripción naturalista, al igual que en la casa de la familia Maheu, aunque presenta un contraste entre ambas.
C. no sigue ideas naturalistas, porque en el Naturalismo se escribía solo de las clases trabajadoras.
D. sigue ideas naturalistas, porque en el Naturalismo se escribía de las clases altas, como la familia Gregoire.
II. Responde las preguntas 6 a la 10 a partir del siguiente texto.

Entrevista de Augusto con Unamuno

Aquella tempestad del alma de Augusto terminó, como en terrible calma, en decisión de suicidarse. Quería acabar consigo
mismo, que era la fuente de sus desdichas propias. Mas antes de llevar a cabo su propósito, como el náufrago que se agarra a
una débil tabla, ocurriósele consultarlo conmigo, con el autor de todo este relato. Por entonces había leído Augusto un ensayo
mío en que, aunque de pasada, hablaba del suicidio, y tal impresión pareció hacerle, así como otras cosas que de mí había
leído, que no quiso dejar este mundo sin haberme conocido y platicado un rato conmigo. 

Emprendió pues, un viaje acá, a Salamanca, donde hace más de veinte años vivo, para visitarme. Cuando me anunciaron su
visita sonreí enigmáticamente y le mandé pasar a mi despacho-librería. Entró en él como un fantasma, miró a un retrato mío al
óleo que allí preside a los libros de mi librería, y a una seña mía se sentó, frente a mí. Empezó hablándome de mis trabajos
literarios y más o menos filosóficos, demostrando conocerlos bastante bien, lo que no dejó, ¡claro está!, de halagarme, y en
seguida empezó a contarme su vida y sus desdichas. Le atajé diciéndole que se ahorrase aquel trabajo, pues de las vicisitudes
de su vida sabía yo tanto como él, y se lo demostré citándole los más íntimos pormenores y los que él creía más secretos. Me
miró con ojos de verdadero terror y como quien mira a un ser increíble; creí notar que se le alteraba el color y traza del
semblante y que hasta temblaba. Le tenía yo fascinado.

—¡Parece mentira! —repetía—, ¡parece mentira! A no verlo no lo creería... No sé si estoy despierto o soñando...

—Ni despierto ni soñando —le contesté.

—No me lo explico... no me lo explico —añadió—; más puesto que usted parece saber sobre mí tanto como sé yo mismo,
acaso adivine mi propósito... 

—Sí —le dije—, tú —y recalqué este tú con un tono autoritario—, tú, abrumado por tus desgracias, has concebido la diabólica
idea de suicidarte, y antes de hacerlo, movido por algo que has leído en uno de mis últimos ensayos, vienes a consultármelo.

El pobre hombre temblaba como un azogado, mirándome como un poseído miraría. Intentó levantarse, acaso para huir de mí;
no podía. No disponía de sus fuerzas. 
—¡No, no te muevas! —le ordené.

—Es que... es que... —balbuceó.

—Es que tú no puedes suicidarte, aunque lo quieras.

—¿Cómo? —exclamó al verse de tal modo negado y contradicho.

—Sí. Para que uno se pueda matar a sí mismo, ¿qué es menester? —le pregunté.

—Que tenga valor para hacerlo —me contestó.

—No —le dije—, ¡que esté vivo!

—¡Desde luego!

—¡Y tú no estás vivo!

—¿Cómo que no estoy vivo?, ¿es que me he muerto? —y empezó, sin darse clara cuenta de lo que hacía, a palparse a sí
mismo.

—¡No, hombre, no! —le repliqué—. Te dije antes que no estabas ni despierto ni dormido, y ahora te digo que no estás ni
muerto ni vivo.

—¡Acabe usted de explicarse de una vez, por Dios!, ¡acabe de explicarse! —me suplicó consternado—, porque son tales las
cosas que estoy viendo y oyendo esta tarde, que temo volverme loco.

—Pues bien; la verdad es, querido Augusto —le dije con la más dulce de mis voces—, que no puedes matarte porque no estás
vivo, y que no estás vivo, ni tampoco muerto, porque no existes...

—¿Cómo que no existo? —exclamó.

—No, no existes más que como ente de ficción; no eres, pobre Augusto, más que un producto de mi fantasía y de las de
aquellos de mis lectores que lean el relato que de tus fingidas venturas y malandanzas he escrito yo; tú no eres más que un
personaje de novela, o de nivola, o como quieras llamarle. Ya sabes, pues, tu secreto.  Al oír esto quedóse el pobre hombre
mirándome un rato con una de esas miradas perforadoras que parecen atravesar la mira a ir más allá, miró luego un momento
a mi retrato al óleo que preside a mis libros, le volvió el color y el aliento, fue recobrándose, se hizo dueño de sí, apoyó los
codos en mi camilla, a que estaba arrimado frente a mí y la cara en las palmas de las manos y mirándome  

[…]

—Conque no, ¿eh?  —me dijo—, ¿conque no? No quiere usted dejarme ser yo, salir de la niebla, vivir, vivir, vivir, verme, oírme,
tocarme, sentirme, dolerme, serme: ¿conque no lo quiere?, ¿conque he de morir ente de ficción? Pues bien, mi señor creador
don Miguel, ¡también usted se morirá, también usted, y se volverá a la nada de que salió...! ¡Dios dejará de soñarle! ¡Se morirá
usted, sí, se morirá, aunque no lo quiera; se morirá usted y se morirán todos los que lean mi historia, todos, todos, todos sin
quedar uno!  ¡Entes de ficción como yo; lo mismo que yo! Se morirán todos, todos, todos. Os lo digo yo, Augusto Pérez, ente
ficticio como vosotros, nivolesco lo mismo que vosotros. Porque usted, mi creador, mi don Miguel, no es usted más que otro
ente nivolesco, y entes nivolescos sus lectores, lo mismo que yo, que Augusto Pérez, que su víctima... 

—¿Víctima? —exclamé.

—¡Víctima, sí! ¡Crearme para dejarme morir!, ¡usted también se morirá! El que crea se crea y el que se crea se muere. ¡Morirá
usted, don Miguel, morirá usted, y morirán todos los que me piensen! ¡A morir, pues!

Este supremo esfuerzo de pasión de vida, de ansia de inmortalidad, le dejó extenuado al pobre Augusto.

Y le empujé a la puerta, por la que salió cabizbajo. Luego se tanteó como si dudase ya de su propia existencia. Yo me enjugué
una lágrima furtiva.

Unamuno, Miguel de. Niebla, Madrid, Alianza Editorial, 1998 (Adaptación)

6. Miguel de Unamuno, autor de la novela Niebla, pertenece a


A. la Generación del 98.
B. la corriente naturalista.
C. los románticos.
D. la Generación del 27.
7. El problema que representa Augusto en el fragmento de la novela es 
A. el amor.
B. la rebelión.
C. la existencia.
D. la vida después de la muerte.

8. Pues bien, mi señor creador don Miguel, ¡también usted se morirá, también usted, y se volverá a la nada de que
salió...! ¡Dios dejará de soñarle! ¡Se morirá usted, sí, se morirá, aunque no lo quiera; se morirá usted y se morirán
todos los que lean mi historia, todos, todos, todos sin quedar uno! 

Estas palabras de Augusto Pérez son

A. el descubrimiento de que él es un personaje de novela.


B. la reacción de un hombre frente al rechazo.
C. el lamento de un hombre desesperado por no poder controlar su destino.
D. reflexiones filosóficas sobre el destino humano, equivalente al de un personaje de novela.

9. En las palabras de Augusto a su creador se infiere


A. la independencia que tiene la criatura frente a su creador.
B. el problema del libre albedrío.
C. una paradoja literaria de Miguel de Unamuno.
D. la incredulidad con que recibe las palabras de Unamuno.

10. Las palabras platicado, enigmáticamente, malandanza, ficción pueden remplazarse, en el texto, por


A. misteriosamente, desdicha, invención y charlado.
B. desdicha, invención, charlado y misteriosamente.
C. charlado, misteriosamente, desdicha e invención.
D. invención, charlado, desdicha y misteriosamente.
III. Responde las preguntas 11 a 15 a partir del siguiente texto.

Pero veamos las opiniones de Valle-Inclán con respecto a los personajes literarios. En "Hablando con Valle-Inclán", artículo de
Gregorio Martínez Sierra (ABC, 7 de diciembre de 1938), afirma Valle:

Comenzaré por decirle a usted que hay tres modos de ver el mundo artística o estéticamente: de rodillas, en pie o levantado en
el aire. Cuando se mira de rodillas, y ésta es la posición más antigua en literatura, se da a los personajes, a los héroes una
condición superior a la humana... Así, Homero atribuye a sus héroes condiciones que en modo alguno tienen los hombres. Hay
una segunda manera, que es mirar a los protagonistas novelescos, como de nuestra propia naturaleza... Esta es,
indudablemente, la manera más próspera. Esto es Shakespeare, todo Shakespeare... Y hay otra tercera manera, que es mirar
el mundo desde un plano superior y considerar a los personajes de la trama como seres inferiores al autor, con un punto de
ironía. Los dioses se convierten en personajes de sainete. Esta es una manera muy española, manera de demiurgo, que no se
cree en modo alguno hecho del mismo barro que sus muñecos. Quevedo tiene esa manera, Cervantes también... y esta
consideración es la que me movió a dar un cambio en mi literatura y a escribir los esperpentos... 

En otro momento afirma Valle:

La vida, sus hechos, sus tristezas, sus amores, es siempre la misma, fatalmente. Lo que cambia son los personajes, los
protagonistas de esa vida. Antes esos papeles los desempeñaban dioses y héroes. Hoy... bueno, ¿para qué vamos a hablar?
Antes, el destino cargaba sobre los hombros, -altivez y dolor-, de Edipo o de Medea. Hoy, ese destino es el mismo, la misma su
fatalidad, la misma su grandeza, el mismo su dolor... Pero los hombres que lo sostienen han cambiado. Las acciones, las
inquietudes, las coronas, son las de ayer y las de siempre. Los hombres son distintos, minúsculos para sostener ese gran peso.

De ahí nace el contraste, la desproporción, lo ridículo... (Madrid, 1943: 114)

Por una parte, la manera del autor, el modo de la mirada; por otra, la incidencia de la devaluación del concepto del individuo, ya
minúsculo, ya pequeño para soportar la vida. Y así llegamos a la creación del esperpento, etapa final en esa construcción
dramática. Los esperpentos de Valle-Inclán logran un doble efecto: por una parte, divierten, por otra, ridiculizan y satirizan
(Floeck, 1992: 305). Pero las burlas del autor van dirigidas no sólo contra los modelos parodiados, sino también contra la
ideología que les sirve de base y que determina la realidad de la sociedad española contemporánea. Así la esperpentización
adquiere una nueva dimensión: aspira a hacer ver al espectador o al lector la realidad coetánea. De ese modo el esperpento
ofrece al autor, según Floeck, la posibilidad de desahogar su sufrimiento y al espectador, la de repensar la realidad. Con ello el
esperpento se muestra como un género dramático independiente.
Burguera Nadal, María Luisa. “Valle-Inclán y el 98: del Modernismo al
esperpento”, https://cvc.cervantes.es/ensenanza/biblioteca_ele/aepe/pdf/congreso_33/congreso_33_18.pdf (27 de agosto de
2018)

11. Según Valle-Inclán, la diferencia entre las tres formas de ver el mundo es
A. la intención del escritor.
B. la importancia del héroe.
C. la mirada del autor que los crea.
D. la finalidad de la historia contada.

12. Según lo dicho por Valle-Inclán,


A. la vida cambia con las circunstancias sociales.
B. los seres humanos cambian la vida.
C. la vida y los actores van de la mano en el tiempo.
D. la vida es eterna, los actores son los que cambian.

13. Dice Valle-Inclán que de la pequeñez de los hombres actuales han surgido
A. las desigualdades sociales.
B. los textos esperpénticos.
C. el contraste, la desproporción y lo ridículo.
D. las novelas existencialistas.

14. De la lectura del texto se puede deducir que contemporánea y coetánea son


A. antónimos.
B. sinónimos.
C. verbos.
D. homónimos.

15. De la lectura del texto se puede deducir que demiurgo significa


A. dios.
B. personaje.
C. antagonista.
D. escritor.

IV. Lee el siguiente texto


y responde las preguntas 16 a 20
16. La narración se desarrolla a partir de

 A. alusiones a comportamientos inadecuados.

 B. descripciones profundas de los personajes.

 C. escenas y acontecimientos de la vida rural.

 D. una serie de eventos conectados entre sí.

17. La fiel representación de los personajes y la realidad a la que pertenecen, es un aspecto fundamental dentro del Realismo y
el Naturalismo, que está relacionado con

 A. el surgimiento del positivismo.

 B. la idealización de la sociedad.

 C. las corrientes revolucionarias.

 D. los contextos rurales y urbanos.

18. Con base en la descripción de la doméstica, se puede concluir que este personaje

 A. cumple un rol similar al de la joven.

 B. goza de una buena posición social.


 C. destaca por sus grandes virtudes.

 D. ha sido degradada y subordinada.

19. Las características atribuidas a la joven cuentan con la siguiente particularidad

 A. cuestionan el selecto gusto de los galanteadores de oficio.

 B. destacan su belleza y virtudes sin caer en la idealización.

 C. exaltan la importancia de su inaccesible belleza espiritual.

 D. manifiestan que su belleza es resultado de su elegancia.

20. El autor posibilita la comprensión del concepto de la

 A. belleza.

 B. feminidad.

 C. juventud.

 D. naturalidad. 
V. Lee el siguiente texto y responder las preguntas 21 a 25
.
21. En su texto Azorín elabora una narración utilizando como herramienta

 A. alusiones fantásticas.

 B. descripciones crudas.

 C. el lenguaje retórico.

 D. la personificación.

22. ¿Cuál es el propósito del autor al realizar preguntas dirigidas al lector?

 A. Alterar los recursos literarios.

 B. Contextualizar las situaciones.

 C. Establecer su punto de vista.

 D. Fomentar un diálogo reflexivo. 

23. La prosa de los autores de la Generación del 98 se caracteriza por la exploración de

 A. la dimensión psicológica del personaje principal.

 B. la variedad de referentes narrativos extranjeros.


 C. un espacio para conservar la literatura clásica. 

 D. un lenguaje simplificado más cercano al pueblo.

24. ¿Por qué la carta que recibió Doña Inés es igual a las cartas que había recibido antes?

 A. Porque es símbolo de malos presagios.

 B. Porque implica buenas o malas noticias.

 C. Porque se trata de una hoja en blanco.

 D. Porque trae buenos sucesos y alegrías.

25. Teniendo en cuenta la reacción de Doña Inés al leer la carta se puede establecer que

 A. la carta no era para ella.

 B. quedó en incertidumbre. 

 C. recibió excelentes noticias.

 D. se enteró de algo terrible.