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significación, capaz de proporcionar excelentes

ejemplos sobre el modo como- la tradición helénica


tardia se transformó para uso cristiano, me pro-
pongo dedicar este último capítulo. ('Boecio, que
también representa, aun cuándo de una manera
XIX distinta, un vínculo importante entre el neopla-
tonismo y el pensamiento cristiano occidental, per-
tenece más propiamente a la historia de· la filo-
SAN AGUSTÍN Y LA TRASMUTACIÓN sofía medieval). .
DEL PENSAMIENTO ANTIGUO San Agustín ha sido llamado el Platón cristiano,
y la comparación contiene cierto grado de verdad.
Al igual que Platón, es un gran creador que no
se nos presenta con un sistema acabado, sino que
nos introduce en una región de ideas llenas de
vida, en pleno crecimiento e incesantemente pro-
ductivas, que no pueden reducirse a un diagrama.
l. En el capitulo anterior nos hemos ocup~do Mas si bien el · pensamiento de San Agustín no
de la proyección asombrosamente fue1te Y s6bda puede ser rigidamente sistematizado, es muy ho-
que el pensamiento · griego paga~o formado po~ el mogéneo y forma una unidad. No hay ni puede ha-
neoplatonismo posterior a Jámblico tuvo en el ~- ber en él, como veremos, ninguna separación en-
bito del Imperio cristiano. Ahora debemos concluir tre 'filosofía y teología, y a lo largo de todo su
este esbozo con el estudio del ejemplo más sor- pensamiento encontramos los mismos grandes prin-
prendente. e imp_?rb,µte del ipo~o como los. <:ris- cipios aplicados en cada una de sus partes y a
'tianos contemporaneos de los ultimos neoplatomcos la solución de .cada problema. El pensamiento de
paganos transformaron la filosofía i;i~!ª Y l_a San. Agustín hace proceder su unidad y homogenei-
adaptaron a las exigencias de la trad1c1on teolo- dad ·del hecho· de que surge directamente de su
gica cristiana, hecho que produjo . consecuencias propia experiencia personal. No podemos compren-
tr.ascendentes para la historia del pensamiento e~ der el pensamiento sin comprender al hombre o
general. Esa tarea, como hemos visto, ya hahta si- al hombre sin comprender su pensamiento. Por
do comenzada por los apologistas y la escfü!la de esa razón un preliminar indispensable a todo es-
Alejandria, pero los :pasos decisivos en ese p·r~eso tudio de San Agustín debe consistir en la lectura
de transformación fueron dados, durante los s1_glos de su autobiografía, las Confesiones (y, fuera de
IV y .V d. C., por un grupo de grandes teólogos cualquier estudio serio del pensamiento agustinia-
filosóficos orientales y occidentales, que hicieron no, nadie que no haya leído de cabo a iabo, in--
de ese pe;íodo uno de los más fecundos de la his- cluso los tres últimos libros, las Confesiones, pué-
toria del pensamiento cristiano. Un hombre se de considerarse suficientemente culto). Las circuns-
destaca por sobre todos sus demás contemporáneos, tancias externas de la vida de San Agustin no son
tanto por la calidad de su pensamiento _como por .quizá de. suprema importancia para la compren-
su importancia para el desarrollo ulter1oi· de la sión de su pensamiento, excepto en la medida en
filosofía. Se trata de San Agustín, Y a su pensa-. que. ellas afectaron '.su desarrollo intelectual y es•
miento como filosofía original de gran ,·alor Y
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.., .
piritual. Merecen recordarse algunas fechas y acon- r só.n el modo persa; esto es, consideraba· al Bien
Y al Mal como dos fue:rzas positivas independien•
tecimientos. Nació en 854, en Tagaste (África sep-
, téntrional), de madre cristiana, Santa Mónica, y
t ~es, estric~f!:nte opuestas y ém.peñadas en una

l
de padre pagano, Patricio. Recibió una acabada fucha in~esante. Ambos, según •la doctrina· mani-
educación retórica y llegó a ser un brillante y quea, son de natura~eza material, siendo el Bien
afortunado orador profesional, ejerciendo en Ro- luz material .y el . Mal tinieblas materiales. Dios
ma y en Milán. En -esta última ciudad, en 868, es un cuerpo vá.sto y luminoso que habita más
se convirtió al cristianismo y poco después recibió allá del cielo y de quié-n procede una complica-
las órdenes. En 896 fue nombrado obispo de Hi- da jerarqufa de .emanaciones. El mundo material
pona (África del Norte), donde permaneció du- que conocemos es un reino ·~1 mal y las tinieblas
rante el resto de su vida. A este período de gran c~ado por el principio del Mai. Los diversos es-
actividad como obispo diocesanQ perte~ece la ma- pirttus humanos- son fragmentos de la· luz · dlvina
yor parte de su inmensa producción literaria. Mu- aprisionados en cuerpos, de los que pueden ser li-
rió en Hipona en 4ao, mientras los vándalos si- bertados, luego de muehas encarnaciones · ·median-
tiaban la ciudad. · te. rigurosas prácticas 8.$céticas y un curi0$o y com..
phcado mecanismo expiatorio que obra sebre ellos
2. Mucho más importante para nuestra com- ~espués de la muerte, en las re,.1iones superfore~
prensión de San Agustin es la historia de su evo- del universo.
lución interior. No podemo• tener la pretensión San Agustín se vio particularmente atraido
de comprender realmente el funcionamiento de su al maniquefsmo por la fácil solución que éste
inteligencia, si no nos hacemos cargo de que du- ofrecia al problema del mal, problema al que más
r~nte toda su vida tuvo conocimiento de la fe tarde dedicó mucha atención; además, le produjo
cristiana y de las Escrituras, aun cuando hizo po- ~ honda impresión el materialismo maniqueo. La
co uso de ellas durante su adolescencia y los pri- lectura de los neoplatónicos, especialmente de Plo-
meros años de su edad viril y no -fue bautizado tino, logró apartar su pensamiento del maniqueis-
ni practicó la religión cristiana hasta la época de mo. Fue Plotino quien lo convenció de que Dios
su conversión. Con todo, su conocimiento del cris- era un espíritu y no un cuerpo luminoso, y siem-
tianismo precedió a su conocimiento de la filoso- pre se mostró agradecido por esta liberación de las
fía y su mente no se halló nunca totalmente libre groseras fantasías maniqueas. Tambien importa re-
de su influjo. · También es esencial para nuestra cor.ear, cuando se considera el pensamiento de San
comprensión de su pensamiento recordar que por Agustín, que éste atravesó por un penoso periodo
algún tiempo aceptó el yµaniqueismo como · la de escepticismo o duda universal, -cuando se en-
doctrina que proporcionaba la · mejor explicación contró embarcado por .fuerza en la posición .aca-
posible del universo. El maniqueismo representó démica, sin hallar ninguna de las satisfacciones que
la última y más afortunada forma de esa suérte la Academia escéptica parece haber experimentado ,
de religión ~manatista de indole materialista que en el pensamiento negativo y destructivo. Esto ex-
fue tan popular en los primeros siglos de nuestra plica el cuidado y minuciosidad con que, en pe-
era, especialmente en el Cercano y :Medio Orien- riodos posteriores de su vida, refuta ·1a posición
te. Está relacionada con los sistemas gnósticos an- escéptica y discute el problema de la certeza (pro-
teriores, pero es más riprosainente dualística, se- .blema que había atormentado su espíritu), de ma-
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nera tal que en cierto modo anticipa a Descartes,. especial modo en el Evangelio según San Jua/n.
sobre quien ejerció indudable influencia. Fue el hecho ·de que ambas concordaran· en que
Dios es Espíritu y de natijraleza enteramente ínma-
S. La única filosoffa griega que influyó de ma... terial, como Plotino tan bien lo explica, lo qu'J lo
nera permanente en San Agustín fue el platonis- liberó del materialismo maniqueo; e . igualmente
mo· de Plotino, influjo que fue realmente muy pensó tequivocadamente, aun cuando nunca ad-
hondo. Su primsr conocimiento de Plotino lo tu- virtió su error) que la doctrina de Plotino so-
vo en Milán, dui:ante los dos años anteriores a su bre la Inteligencia divina era idéntica a la de San
conversión, en la época en que también, por obra Juan sobre el Logos divino. Muy pronto después
de los sermones, de San Ambrosio, de los que era de su conversión, y probablemente a. un tiempo
asiduo oyente, adquiría un más profundo conc,d- con ella, adquirió clara conciencia de ciertas dife-
miento del cristianismo del que hasta entonces ba- rencias fundamentales entre el neoplatonismo ploti-
bfa poseído. En ese entonces alcanzó a leer sólo niano y el cristianismo. En las Con/esiones, VII,
unos pocos tratados de los que componen las Enia- 9, expone magnfficamente el modo como llegó a
das (sin duda alguna 1, 6: Sobre la Belleza, y muy advertir esas diferencias y semejanzas; este capítulo~
probablemente V, 1: Sobre las tres Hip6stasis prin- junto con el 10 y el 20 del mismo libro, tendrá.
cipales), en la traducción latina de Mar.io Vic- que ser leido por quienquiera aspire a compren•
torino. Victorino fue otro profesor de retórica con- der el verdadero punto de vista de San Agustín
verso, esta vez en Roma, que realizó un decidido acerca de la relación existente entre su propio pen-
intento de aplicar los principios de la filosofía de samiento y el de Plotino. Pero jamás abandonó la
Plotino a la elucidación del dogma cristiano de idea de que existfa un alto grado de eoncordan-
la Trinidad contra los arrianos, con resultados in- .cía entre Plotino y la doctrina cristiana, y po:r ese
teresantes si bten, desde el punto de vista teológico, motivo, como hemos de ver, se hallaba muy di~-
no completamente satisfactorios. Pero su mayor puesto a permitir que su pensamiento se viera in-
importancia en la historia del pensamiento reside fluido por Plotino de muchas e importantes mane•
en la influencia que sobre el espfritu de San Agus- ras, dentro de límites claramente definidos, tal co-
tfn ejerció su traducción de las Enéadas. San Agus- mo los establecfa la suprema autoridad de las n:~-
tín acrecentó más tarde su conocimiento de Ploti- crituras interpretadas por la ·tradición católica.
no y aun es posible que en épocas posteriores de
su vida haya leído algunas de las Enlada,s en grie- 4. · Antes de proseguir con el examen dial pensa-
go. Es indudable que también conoció bien algu- miento agustiniano será también preciso reparar
nas de las obras de Porfirio. Pero el primer im- en el carácter de las obras por las que lo conoce-
pacto del pensamiento de Plotino sobre su espfri- · mos. Estas ocupan dieciséis volúmenes de lil Patro-
tu cuando se hallaba en Milán, fue el decisivo. Lo logfa, latina de Migne y seria imposible dar ni
qde ejerci6 en él una influencia particularmente siquiera una lista. de los títulos de todas ellas. El
profunda e hizo más que cualquier otra cosa para grueso de sus obras, como en todos los Padres, con-
preparar intelectualmente el camino de su con- siste en explicaciones muy detalladas de las Escri-
versión fue el alto grado de concordancia que en- turas, ya sea en forro~ de sermones predicados a
contró entre la ·doctrina de Plotino y la de las . su pueblo, en Hipona. o ya en comentarios so-
Escrituras tal como la exponía San Ambrosio, en bre los diversos libros de la Biblia. Estas obras ex-
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importancia filosóficos y dejar en segundo plano
i:?icativas son de máxima importancia para la correc- los que "hoy día se considera atañen exclusivamen-
ta comprensión del pensamiento agustiniano, pu!s- te a quienes hacen profesión de teólogos. Mas pron-
to que, por más importante que pueda ser la m- to hemos de ver que en San Agustín es realmen-
fluencia que Plotino ha ejercido sobre él, es te imposible separar la filosofía de la teología. Te-
siempre de la Biblia y no de aquél de donde parte, nemos ante nosotros una unidad que depende por
y la Biblia conserva un influjo dominante. Entre completo de la Revelación · cristiana. Ni para el
sus obras más importantes pertenecientes a es~ gé- propio San Agustín ni para ningún pensador de
nero se hallan las Homilías sobre San J'U,<J,n, las la tradición agustiniana es posible la existencia
Ezplicadones de los Salmos -Y los comentarios so- de una verdadera filosofía distinta y separada de
bre el Géne.sis. Luego tenemos cierto número de la teología. La razón de esto se encuentra en lo
obras de grandes proporciones sobre problemas teo- que quizá sea el principio fundamental más im-
lógicos particulares, de las que quiz6, las más im- portante del pensamiento agustiniano: 1a absolu-
portantes y de mayor influjo sean el gran tratado ta impotencia del hombre para hacer algo bien o
Sobre la Trinidad y las obras sobre la gracia ~a- pensar algo verdadero por sí mismo, sin el auxilio
ddas de la controversia con Pelagio. Hay también de Dios. Pero antes de examinar más detenidamen-
un conjunto de obras menores: morales, teológicas, te este principio debemos esforzarnos por compren-
filosóficas, polémicas, y una sobre estética: De Mú- der qué es lo que San Agustín entendía por Dios.
sica. Un grup9 muy interesante lo forman las Entendía, por supuesto, lo mismo que los otros
obras escritas inmediatamente después de su con- grandes Padres cristianos contemporáneos suyos o
\7ersi6n, durante su retiro en Cassiciacum 1, muy predecesores inmediatos y, en lo esenci~l, lo .que
importantes para comprender el desarrollo de su todo cristiano ortodoxo ha p~nsado antes o des-
pensamiento. Existen además muchas Cartas, algu- pués. Mas entendió que era algo muy diferente
nas de las cualea son realmente pequefios tratados so- de lo que había concebido Plotino o cualquíe1· pla-
bre cuestiones morales o teológicas. Tenemos también tónico pagano. La diferencia fundamental entre
las Retractaciones, escritas hacia el término de su los pensadores paganos griegos y los cristianos debe
vida, en lns que examina y critica sus obras anterio- buscarse en su manera diferente de entender lo
res. Finalmente, debemos mencionar sus dos obras que se entiende por Dios o lo Divino. .
más difundidas, ninguna de ias cuales tiene cabi- Para los Cristianos, Dios es Ja sola y única Reali"
da dentro de Ja clasificación general: las Con/esio- dad absoluta. Es la plenitud del Ser (y, por
nes y su gran ohra sobre la filosofía de la historia, - consiguiente, del Bien, la Verdad, la Belleza, el
la Ciudad de Dios, libro de intención polémica Pensamiento y la Vida) y, en Sí mismo, todo lo
pero cuyo alcance e importancia van más allá de que son los seres creados, relativos y derívados,
f!U finalidad polémica inmediata.
y aún infinitamente más. Es la Unidad absoluta,
enteramente única y simple, pero esa unidad no
5. Al -tratar de dar una idea, aunque sea im- se parece a la de las unidades creadas que conoce-
pr.rfecta, del pensamiento de San Agustín, el ob- mos. No es la singularidad de una unidad, un
jeto de este libro hace necesario concentrar la aten- miembro de una clase, un individuo atómico, es
ción en aquellos elementos que poseen interés e decir, una mera negación de la pluralidad, ni tam-.
poco es la compleja unidad-en-la-pluralidad de un
:r .Muy cerca de Milán. (N. del T.)
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organismo, una estructura, un género o especie, o ~incipio, debe contener todo y aún más que todo
una clase cualquiera. Es una unidad que está si- lo que hay en los seres divinos subsecuentes, y ello
tuada en los confines de nuestro pensamiento, de · sin menoscabo de su unidád absoluta. Pero, como
manera tal que nuestra inteligencia jamás puede ya hemos visto, ·p]otino no se muestra nunca muy
alcanzarla, sino tan solo aproximársele. Una cua- claro sobre e.st~ punto y sus consecuencias y no hay
lidad esencial de todo pensamiento cristiano or- duda de que nunca vio que ello le hubiera permi-
todoxo acerca de Dios está en que ve en El tido prescindir de la jerarquía de los seres divinos
perfección trascendente de la Unidad y el ·Ser. subordinados que no ayudan en realidad a resol-
que supera todos los pensamientos y todas las : ver el problema, por fuerza más allá del alcance
reaUdades que la inteligencia humana es capaz de de nuestra mente, de cómo lo Múltiple procede
abarcar. Todo cuanto podemos decir es que El es de lo Uno. Mas cuando los grandes platónicos
absolutamente Uno y que su Unidad es una uni- cristianos de los siglos IV y V d. C. comenzaron
. dad riquísima, en la que se.. encuentran todas las a aplicar las ideas de Plotino acerca de lo divino,
realidades que Él crea e infinitamente más, cuya con el objeto de lograr un conocimiento más pro-
existencia no es virtual o potencial como en la si- fundo de la doctrina cristiana de Dios, lo que ellos
miente, sino que ha alcanzado un grado de actua- hicieron fue precisamente renunciar a la conceP-
lidad muy superior al que podemos concebir. Es- _ción de la jerarquía divina, considerar que toda la
to es lo que intentamos expresar al decir que las Divinidad se halla concentrada en lo Uno y apli-
Formas de todas las cosas están en la mente de car a la Trinidad-en-la~Unidad todo aquello que
Díos, son pensadas en un Acto único Y eterno Y dice Plotino sobre sus hipóstasis divinas. De esa
no introducen ia pluralidad en su Unidad-Origen manera los Padres atribuyeron todo cuanto Plotino
trascendente. Hay mucho más que decir (aunque, tenia que decir sobre la segunda Hipóstasis, .la In-
en última instancia, todo ello no es nada frente teligencia divina o el Ser-Uno ya sea a la Esencia
a la Realidad), pero no cabe decirlo aqui. Aque~ divina o ya, y de manera más particular, a la Segunda
Hos que :realmente deseen saber qué es lo que los Persona de la Trinidad, el Hijo, que es la Sabidu-
cristianos piensan acerca de Dios deben acudir ria divina en Quien están todas las Formas, la ple-
a los propios San Agustin, Santo Tomás Y San na, perfecta, infinita ·y eterna Expresión de la di-
e

Buenaventura y no a libros de texto de segunda vina productividad del Padre, de cuya generación
categoría. eterna. depende toda creación del ser relativo fue-
En contraste con esa idea cristiana de un Ser ra de la Esencia divina. Los Padres también apli-
divino único y trascendente los platónicos paganos, can a 'la actividad exterior del Espíritu Santo mu-
como hemos visto, creian en un Mundo divino je- cho . de lo que Plotino tenia que decir sobre las
rárquicamente ordenado, con un número de seres actividades del Alma superior en el universo, si
eternos, todos divinos, pero que difieren· en su gra- bien Plotino, como es obvio, no les pudo dar na-
do de divinidad, y todos provenientes de un pri- da que les ayudara a expresar el lugar que el Es-
mer Principio trascendente. Es verdad que Plotino píritu Santo ocupa en la vida interna de la Esen-
se aproxima a veces mucho a la idea de un Ser cia divina como Amor sustancial que surge de la
divino único y trascendente y que comprende que unidad del Padre y del Hijo. El Dios de los Pa-
si el .Primer Principio de la jerarquia divina, lo dres cristianos de esa época y, desde entonces, de
Uno, ha de adecuarse a las funciones de primer toda la teologia cristiana ortodoxa es absolutamen-

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te Uno y es también Ser, aun cuando trasciende
todos los seres limitados, relativos y derivados qué ,nidad Y sólo podemos. allegarnos a Él· como tal; por-
conocemos y difiere de ellos en calidad, no en que. Él crea en el Hijo y a través del. Hijo, divina
grado (de manera que, en ese sentido, puede de• Sab1durfa o Arte eterno en el que están las For-
cirse de Él que está más allá del ser); asi Él reúne mas, Y. sólo nos acercamos a Él por estar hechos
la primera y la segunda Hipóstasis de -Plotino,· lo como El, lo cual sólo puede suceder a través del
Uno y la Inteligencia divina. Y todos aquellos ·ac- Hijo mismo, la Imagen absoluta y únicamente ade-
tos y atributos que· Plotipo atribuye a sus diversos cuada, la Semejanza del Padre por Quien todaa
grados del ser divino son atribuidos por los Pa- las demás cosas están hechas como Él. Esa idea
dres a toda la Trinidad-en-la-Unidad o a una de de la Semejanza absoluta por la que las cosas son
las _Tres Personas divinas en particular. hechas semejantes, del mismo modo como son he-
Esa trasmutación de la teología plotinia.na es chas hermosas por obra de la Belleza absoluta, es-
particularmente visible en San· Agustin, puesto que tá una vez más tomada del platowsmo. Otro plin-
su pensamiento se nos muestra al propio tiempo to en que la teologfa de la Trinidad de San Agus-
tan auténticamente cristiano y, en algunos aspec- tín (y de todo cristiano ortodoxo) se acerca mu-
tos, tan próximo a Plotino. El extraordinario én- c!1isi_~o ~1 pe~samie~to . de Plotino, aunque con
fasis que pone en la Unidad de Dios como el sigmf1cativas d1ferenc1as, es su insistencia en la ab-
principio trascendente de todo orden y número y, soluta a~tosuficiencia de Dios, en lo completo y
por ende, de todo ser (puesto que ser cualquier aut?C~ntmente de Su vida interior de amor y co-
otra cosa que no sea la Unidad absoluta es ser un nocimiento y en la absoluta primacía de ésta sobre
todo ordenado de partes y, por lo tanto, en cier- S~ a~tividad e~terior de creación. Para los teólogos
to sentido una unidad) procede de Plotino. Mas, cristianos, al igual que para Plotino la actividad
al poner el énfasis en la Unidad, simultáneamen- divi~a esencial consiste en un amor ; una contem-
te afirma al Ser y a la Trinidad de Dios. Al con- plac16!1' vueltos hacia ~1 interior, y todos los actos
siderar la Trinidad-en-la-Unidad, San Agustín (y de Dios sobre las criaturas a las que da el ser
con él todo Occidente) parte, sin duda, y es el son secundarios. Mas, a diferencia .de Plotino, pa-
primero en acentuarla, de la Unidad de la Esen- ra los cristianos la creación no es una acción re-
cia divina y no, como los Padres de Capadocia fleja automática de la contemplación divina, si-
y del Oriente tardío, de las Tres Personas divinas. no un acto absolutamente libre y generoso de la
Pero ni San Agustín ni ningún otro Padre de la divina voluntad. Dios no está compelido a crear
Iglesia ni pensador alguno dentro de la tradición por necesidad alguna. El divino poder productivo
agustiniana considera jamás separadamente la Uni- se .encuentra perfectamente expresado en el Hijo
dad y la Trinidad, la una comó un fin que la ra- eterno. La creación y, aún más, la Redención son
zón puede alcanzar sin ayuda en la filosoiia y la desbordamientos extraordinarios y espontáneos de
otra como sólo cognoscible ( en la medida en que la única gran corriente de voluntad y amor con
es posible conocerla) con ayuda de la revelación la cual Dios vuelve sobre Si mismo esa voluntad
en la teología, tal como lo hacen los tomistas. Tan- Y ese amor. Y aquí tenemos otra diferencia con
to para San Agustin como para sus adeptos todo ' Plotino. Los cristianos, al menos los de la tradi- ·
pensamiento verdadero comienza y termina con la ción teológica más antigua, sostienen que sólo nos
Trinidad. Según ellos Dios nos crea sólo como Tri- e~. posible aproximarnos al máximo de compren-
s1on que nos es dable alcanzar del amor y la con- ·
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templación introversos de Dios cuando nos damos cleo de su doctrina y el fin a que toda ella está
cuenta de que Él es Tres Personas en Una y qu~ dirigida.
Su unidad no es la simple negación de la multipli~. A semejanza de todos los démás pensadores cris-
cidad propia del pensamiento de Plotino en su ti~mo~, San Agustín cree en la creación por Dios
aspecto más negativo. de la totalidad del universo, el espiritual y el ma-
t~rial, a partir de la nada. Es decir que Dios, como
6. Esa imponente visión del Poder y el Acto úni- San Agustín aclara perfectamente, crea no sólo las
cos que es el Ser divino, infinito en todas Sus per- formas inmanentes en la materia, sino. también la
fecciones, hizo naturalmente que los teólogos se materia que ellas infarman; la creación .de forma
volvieran más intensamente conscientes de esa de- Y materia es simultánea, puesto que la materia no
. pendencia absoluta en que todos los seres creados, · puede existir sin estar infprmada, pero las dos eta-
incluso el hombre, se hallan con respecto a Dios, pas: la creación de la materia primordial y . su
creencia ésta que ellos recibieron de las Escrituras información, pueden distinguirse en el· pensamien-
judías. La conciencia de esa dependencia es particu- to. San Agustin y todos sus adeptos aceptan la
larmente viva en San Agustín, en especial modo doctrina plotiniana de que hay una materia en el
cuando se aplica al hombre en su presente estado sentido filosófico de una potencialidad ca~az de
de ser caído y pecador. Sabia perfectamente bien, recibir una forma tanto ,.m el mundo espiritual
por su larga experiencia personal, que al hombre creado, el mundo de los ángeles, como en el del
no le era posible ni ver la verdad ni obrar con espacio Y el tiempo. La descripción agustibia11a·
rectitud cuando la babia visto por sus propios del elemento formativo contenido en el universo
medios. creado es enteramente platónica y plotiniana. Las
Aquí Plotino .no podfa ayudarlo, puesto que, co- cosas todas sólo existen en la medida en que son
mo todos los griegos, sostenía que el filósofo pue- · imágenes de las Formas que hay en la mente de
de y debe obrar virtuosamente, purificar su vida, Dios; constituyen copias más o menos imperfectas
conocer la verdad y aun elevarse hasta los umbra- de la perfección divina. Y lo que las hace imá-
les de la visión o unión final por sus propios me- genes Y, por ende, les otorga el grado de ser que
dioEI y sin ninguna ayuda especial de la divinidad. poseen es el elemento de número, orden y ritmo
Fue la fe cristiana, y sobre todo San Pablo, quie- que existe en el universo creado.
nes enseñaron a San Agustín a buscar en la Gracia Con frecuencia San Agustín llama núm81'os a las
Divina, la respuestas para su terrible desamparo. formas de las cosas creadas e insiste en que el uni-
Y la absoluta convicción de la insuficiencia de to- verso y todas y cada una de las criaturas en él
do lo creado, de su incapacidad hasta para exis- "contenidas solo existen y poseen un determina.do
tir sin la sustentadora presencia de Dios y, sobre grado de bondad y belleza merced a que están
todo, del total desamparo del hombre caído si se ordenados, .son armoniosos y, por lo tanto, son, en
lo deja librado a sí mismo, constituye el principio cierto sentido, unidade·s. Para San Agustin todo
más hondo del pensamiento agustiniano. Podemos cuanto existe es bueno en la medida en que exis-
ver funcionar ese principio en su manera de expli- te, puesto que ha sido hecho por un creador bueno.
car la creación, en su ·teoría del conocimiento y El mal --sostien~ al igual que Proclo- no es una
en ese dogma del vivir bien, del modo· como el fuerza positiva sino siempre negativa, un defecto
alma redimida retorna a Dios, que encierra el nú- una imperfección, una falta de orden. Esta doctri~
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es ·1a generalmente aceptada por todos fos fit6sofos den llevar a cabo su tarea informativa y· producir
cristianos. San Agustín ensalza la belleza Y bon- seres acabados de ·manera inmediata, sino sólo lue-
dad del mundo visible tan magníficamente cotpo go de haber permanecido latentes en la mater,ia
Plotino y, a veces con un lenguaje tomado de las durante un período determinado, · hasta que haya
Enéadas pero otras con una complacencia más hon- lle¡ra(jo la· época establecida por Dios para la apa-
da e intima, puesto que ve la inmediata presencia rición ·de esos seres formados particulares. Así, pues,
de Dios en todas Sus obras de un· modo que Plo- en el universo de San Agustín no hay causa crea-
tino· no veia. San Agustín, sin embargo, se expre- da y secundari, alguna que posea verdadero po-
sa tan claramente como cualquier platónico acer- der creador. Todo cuanto aparece en una etapa pos-
ca de la necesidad de trascender el universo visi-- terior de la vida universal ha sido en realidad
ble, de pasar .del cuerpo al espíritu y de éste a directamente creado por Dios en Su acto creador
Dios. Etnpero, la doctrina cristiana de Dios Y Sqs único y original.
relaciones con el hombre transforma, como veremos, Según San Agustín, el universo ha sido creado
1
todo su concepto sobre esa asc~nsión .del alma. no en el tiempo sino con el tiempo. Da respuesta
. El sentido que tiene San Agustín de la absoluta a la pregunta: ¿ qué hacía Dios antes de crear el
dependencia en que las criaturas están con respec- mundo?, de un modo muy sencillo, afirmando que
to a Dios se manifiesta de dos maneras en su exa- no existió un antes. La vida de Dios es eterna. No
men de la creación. La primera está en la prueba existe cambio, transición, imperfección en desarro-•
de la existencia de Dios derivada de la incapaci- llo, ni incompletez alguna que se mueva en Él ha-
dad fundamental de la c:tiatur~ para dar razón de cia su perfecto cumplimiento. Por ende, no puede
si misma. "Todas las cosas -dice- proclaman que haber tiempo, puesto que el tiempo es la manera
han sido hechas." Si entendemos verdaderamente como nuestras inteligencias miden el cambio y el
lo que es una cosa creada, el carácter esencial~en- movimiento. Sólo las cosas creadas y, por lo tanto,
te relativo no necesario y, por lo tanto dependien- en cierto modo imperfectas y mudables, existen en
te de su ;er, será forzoso que consideremos a Dios el tiempo, y el tiempo ha nacido con ellas. La teoria
cdm.o su causa y el sostén de su existencia. La se- psicológica de San Agustín acerca de la naturaleza
gunda manera se encuentra en su doctrina . ~e del tiempo es tan interesante como importante.
las -rationes seminales. Se trata de una adaptac1on Para él el tiempo es un fenómeno mental; es en
de la doctrina de los logoi seminales creada poX' el alma donde lo medimos ; el tiempo es una "dis-
los estoicos y transformada radicalmente en un sen- tensión del alma". El pasado es recuerdo; el fu-
tido platónico por Plotino. La forma que adopta en turo, expectativa; el presente, atención; y si con-
San Agustín es platónica antes que estoica y d~be sideramos el tiempo con cuidado, veremos que el
provenir de Plotino o de alguna otra fu ente neo- presente es la única de sus tres dimensiones que
platónica, pero se halla modificada de •!71anera ·de realmente existe, pues contiene el pasado en el
hacer que Dios sea la. úriica causa .real de todo recuerdo presente y el futuro en la espera presen-
cuanto ocurre en el mundo creado. Las razones. 86• te, y que ese presente ·es esencialmente no perma-
minales de San Agustín sdn números, es decir nente, pues de continuo se disipa en el pasado.
prh1cipios f-ormativos injertados en la materia ~ El mundo del tiempo es un fluir heracliteo y tan
Dfos en el instante de la Creación Y a modo de solo en Dios hay estabilidad y permanencia (cf.
simientes, esto es, de forma tal que ellos no pue-- Con/esiones, XI, 14 s.igtes.).
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San Agustín se aparta decididamente de la an-
tigua teoría griega del tiempo cíclico, la medida. plemente tiene) un cuerpo. En cuanto a la per-
del eterno movimiento circular del universo eter- cepción y el conocimiento, sostiene que el alma
no.- Para él, el tiempo es la medida de un movi- actúa no de una manera aristotélicá sino platóni-
miento rectilíneo único, no reversible y no repe- ca; esto es, que percibe y conoce la forma-elemen-
tible de la historia; es la medición de la historia to de las cosas de una manera activa, en virtud
por parte de la conciencia humana. Tenemos aquí
la ·primera teoría filosófica del tiempo inspirada
por la revelación cristiana. Es absolutamente ori-
de su parentesco con ellas, y no como el alma aris-
totélica,
. que recibe pasivamente las impresiones
. . .
sensaciones e imágenes mentales, de las cuales, me.;
ginal y ejerce una profunda influencia en la filo- diante un procedimiento algo complicado, abstrae
sofía de la historia de San Agustín. sus conceptos. Tanto para los platónicos como pa-
ra San Agustín y sus adeptos, el alma nunca es
7. Esa teoría del tiempo ilustra muy bien la pasiva Y nunca se ve realmente afectada por el
interioridad del pensamiento agustiniano. El ,cen- cuerpo. Es siempre activa y dominante · y utiliza
tro de todo su sistema es Dios, y después de Dios el cuerpo y sus órganos sensorios para sus propios
el alma humana. Al igual que Plotino, tiende a ale- ~ineu. Además, el contenido de su pensamiento RO
jarse del mundo exterior y material y a concen- deriva exclusivamente de la percepción sensible.
trarse en la realidad espirituai interior. Es induda- Posee, por lo menos, cierto grado de contacto in-
ble que, para él, las formas de la materia son mediato con lo inteligible. Sin embargo, esa alma
semejanzas de las Ideas divinas, pero sólo son "ves- platónica que domina y gobierna al cuerpo es para
tigios" (vestigia) de Dios, así como en Plotino· son San Agustín una criatura, y una criatura caída.
i-ndálmata, las últimas e ínfimas apariencias de la Como criatura, .por lo tanto, es absolutamente in-
realidad espiritual. Por otra parte, el alma hu- capaz de existir u obrar sin el apoyo y la asisten-
mana es para San Agustín mucho más que un cia divinas, •m tanto que como criatura caída se
"vestigio". Es una imagen de Dios. En esto sigue halla sumergida en el más hondo abismo de mi-:
la tradición judía y cristiana antes que la plató- seria e indigencia. Un rasgo muy notable del pen-
nica (es evidente que, para los platónicos paga- samiento de San Agustín es su vigoroso seDtido
nos, el alma era un ser divino por derecho pro- de la realidad, el cuidado que siempre pone en
pio). La concepción agustiniana del alma es en permanecer en contacto con la verdadera condi-
ciertos aspectos · muy· platónica. Admite, como to- ción del hombre tal como él la ve. A la inversa
do cristiano está obligado a admitir, que el hom- .de Santo 'I·omás, no establece una clara distinción
bre todo no es sólo alma, sino alma y cuerpo. entre lo que el hombre, antes - de su caída poseía
Mas, a diferencia de los aristotélicos, no define el por n~turaleza y lo que poseía por obra de la
alma como la forma del cuerpo, sino que, a se- gracia, es decir, los dones sobrenaturales que ha-
mejanza de los platónicos, la considera una sus- cían de él más que un hombre. Para San Agustín,
tancia espiritual separada, independiente y comple- el hombre antes de la caída era meramente un hom-
ta, aunque adaptada por Dios a la función de bre tal como debe ser, un hombre tal como ha
emplear y gobernar un cuerpo que la distingue sido concebido por Dios, provisto de los dones so-
de otros espíritus. Define al hombre como un al- brenaturales necesarios para conducirlo a la feli-
ma racional que hace uso de ( o gobierna~ o sim- cidad · perfecta. Y después · de la caída el hombre
no se ,.mcuentra simplemente despojado de las fa-
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cultades sobrenaturales al tiemp9 que conserva in• · tidos y $r>lo a través de ellos,_ ~1 conocimiento su•
cólumes las naturales (Santo Tomás tampoco pien- premo y más importante es para él ese contacto
sa asf, pero no tenemos sitio para analizar aquí inmediato de la inteligeneia con la realidad espi- _ /
su doctrina con la precisión debida): su ser todo ritual, e inteligible, cuyo primer paso es la con-
está corrompido y viciado, se encuentra sumido ciencia de nuestro yo como una realidad viviente
en la ignorancia y el pecado y es absolutamente y pensante.
incapaz de conocer lo que debiera sin el auxilio Desde este punto podemos llegar a nuevas con-
de la Revelación y aún más incapaz de hacer c]u5iones acerca de la naturaleza de nuestro cono-
lo que debiera sin la gracia de la Redención. cimiento. Al conocer nuestra propia existencia co-
Mas, aunque corrompida y. viciada, la naturale~ nocemos la verdad y luego, habiendo refutado a
za humana no está totalmente destruida. Dios, di- los académicos y habiéndonos liberado del desespe-
ce San Agustín, no nos ha retirado por completo ranzante escepticismo al alcanzar esa llnica certe-
Sus dones; de lo contrario, hubiéramos sencilla- za absoluta, se:remos capaces ~e seguir adelante y
mente dejado de existir. El alma sigue existiendo encontrarnos con que conocemos otras verdades.
y sigue siendo capaz de actuar. Por consiguiente, Ahora bien, la verdad posee c-iertas características
recibe el apoyo divino de un modo adecuado a que sorprende ver formando parte del pensamien-
cada una de sus actuaciones. Su teoría del conoci- to de un ser que pertenece a un mundo como el
miento nos permite observar claramente cómo has- nuestro. La verdad es necesaria, inmutable, eterna
ta esas operaciones naturales del alma humana y siempre y universalmente ciei-ta. ¿ De dónde,. ·pues,
( que por sí mismas son del todo insuficiente's pa- puede provenir? No del fluir heracliteo de muta-
ra conducir al hombre a su verdadero fin y a la bilidad transitoria que constitµ.ye el mundo visi-
felicidad que desea} dependen absolutamente, pa- ble, ni tampoco de nosotros mismos ni de ningún
ra San Agustín, de la continua asistencia divina. otro ser espiritual creado, puesto que tod~s las co-
Comienza sus consideraciones sobre el conocimien- sas creadas son transitorias y mudables. · (Es _ésta
to con esa famosa refutación del escepticismo una importantísima diferencia entre San AgQ.stin
que anticipa a Descartes. Hay una sola cosa, dice, y el platonismo pagano. Para este último la inteli-
de la que puedo estar absolutamente cierto, y ella gencia hu~ana, al menos la .pa~e superior del
es que existo. Mas ¿ por qué no puedo estar errado alma, es divina y participa de la eterna estabilidad
también en esto? Simplemente porque, si yerro,
para estar errado debo existir. Si fallor, sum (De
de lo divino). Para S'-n Agustín el conocimiento de
la verdad entraña alguna suerte de contacto de la
Civ. Dei; XI, 26; De Trinitate, XV, 12, 21). Esta inteligencia con el eterno y absoluto Ser de
refutación del escepticismo presenta importantes de- Dios, pues sólo Dios és Verdad y Realidad, cu~
rivaciones. En primer lugar, significa que el hom- yo Ser es necesario y eterno. Siempre que formu-
bre tiene un conocimiento directo e inmediato, lamos un juicio verdadero, éste deriva su condi_.
y no a través dé los sentidos, de por lo menos ción de necesidad y universalidad únicamente de
una realidad espiritual, esto es, de sí mismo co- cierta iluminación de nuestras inteligencias por
mo sujeto· pensante. San Agustin insi ste a menu-
1
obra de las Formas que se hallan en la Inteligen-
do en ello. Aun cuando admite, a diferencia de cia· de Dios. Esas Formas están en Cristo, la
algunos agustinianos posteriores, que conocemos los Sabiduría divina. Por lo tanto, es nuestro Maes-
objetos materiales exteriores a través de los sen• tro· "f nuestro único Maestro, el único que puede
,,,,,,.
enseñarnos la verdad, tanto en el ámbito del co- tampoco creyó que Dios hiserta en· nosotros,. al na-
nocimiento natural como en el del sobrenatural. ~er, todas nuestras ideas verdaderas ya hechas (in-
Conduce nuestras inteligencias hacia Él y nos ilus- ?Uttismo). Y parece muy improbable que sostuvie-
tra acerca de Su propia existencia a través de ra que Dios ·obra en nuestras inteligencias como
nuestro conocimiento de las verdades máu sencillas, la Inteligencia activa de Aristóteles, abstrayendo
y luego completa nuestro conocimiento y lo vuel- para nosotros nuestros conceptos, ya que su mo-
ve apto para el logro de nuestro fin último por do de pensar acerca de la inteligencia no es en
medio de la Revelación. absoluto aristotélico y no parece haberse interesado
De manera, pues, que, según San Agustín, al co- en el proceso de formación de los conceptos. Si
nocernos nosotros mismos y al conocer· que conoce- nos atenemos exclusivamente a San Agustln, dis-
mos la verdad, probamos la existencia de Dios, tinguiéndolo de los agustinianos posteriores, nos se-
pues sólo Dios puede ser la Verdad y pu·ede ex- rá dificil ir más allá de la metáfora de la Ü'Ql.i• ·
plicar la presencia de verdades ·aniversales en naci6n. De. alguna manera las Formas, las verda-
nuestras mentes. Esta prueba ínte111a de la exis- des eternas que hay en Dios, son el erigen de
tencia de Dios, que no, necesita exc(lder los limites la verdad contenida en nuestra inteligencia; de
de nuestra intima auto~onciencia sino que nos con- qué manera exactamente, San Agustín no nos
duce en derechura desde las profundidades de lo dice, mas de lo que si está seguro es de que
nuestro yo hasta Dios, es la favorita de San Agus- la luz de Dios resplandece en nuestras mentes. Es-
tín. Más que cualquier otra parte de su pensa- ta doctrina de la iluminación reemplaza, en San
miento, excepto quizá su doctrina de la gracia, Agustín y sus adeptos, la doctrina platónica de la re-
ella patentiza su convicción de la absoluta depen- mini~cenoia (anamnesis), -hacia la cual. sin embar-
dencia de la criatura con respecto a Dios, de ma- go, Y en una forma modificada, San Agustín ex-
nera que si entendemos realmente una criaturr,.1, perimentó alguna atracción especia,,lmente en sus
cualquiera, sobre todo nosotros mismos, de quie.n primeros años de pensador cristiano.
tenemos un conocimiento interior inmediato, e:...,-
tenderemos que es una criatura y que es .absolu- 8. Para San Agustín, el · fin a que tiende todo
tamente dependiente y, en el mismo acto de com- conocimiento es .la felicidad. El hombre puede en- ,·
prensión, comprenderemos de manera inevitable contrar su verdadera felicidad sólo en el logro de 1
que Dios está con ella, sustentándola en su ser .v su unión con Dios, el Único capaz de satisfacer to-
actividad por obra de Su presencia y poder. das s~ aspiraciones. Por ende, el fin y objeto de
Jamás San Agustín describe o define con mu.- todo pensamiento es la ascensión de la inteligen-
c:ha precisión la iluminación de la inteligencia por cia hasta Dios y su unión final con Él, tanto pa-
las verdades eternas, pero hay una o dos doctri- ra San Agustín como para Plotino, aun cuando
nas que a menudo le son atribuidas y que casi sus respectivas concepciones de Dios y de· los ca-
seguramente jamás profesó. Con toda seguridad minos que conctuceri a El difieren considerable-
no creyó que podamos tener una percepción di- mente. Todo conocimiento y toda especulación qÚe
recta· de las Formas que hay en Dios, pues ello no ayude .al alma en su camino hacia Dios es,
significaria contemplar directamente la Suste.ncia para San Agustín y sus seguidores, vana y nociva .
divina en el curso de esta vida, cosa que, como curiosidad,· y la parte central y más importante de
todo cristiano ortodo:go, él estima imposible. Ni todo su pensamiento es su doctrina sobre la vida
348 349
cristiana de unión creciente con Dios por obra de mente mal. En nuestra corrompida y deprava.da
la gracia de una misericordia sobrenatur~l. Un condición somos impotentes para llevar a cabo nin•
análisis amplio de este punto, que implicaría una guna buena acción o realizar una elección corree•
consideración detallada de la teoría agustiniana de ta sin el auxilio de la gracia que nos viene de
la gracia y también de su doctrina sobre la Igle- Cristo encarnado que nos redimió por la Cruz.
sia, los sacramentos y la moral cristiana, nos apar- La incapacidad de los platónicos paganos para
taría demasiado de los fines inherentes a lo que aceptar con humildad la humillación del Verbo en-
pretende ser una historia de la filosofía. Hay, em- carnado y su muerte en la Cruz por nuestra sal-
pero, ciertos puntos que podemos y debemos consi- vación constituyó, a los ojos de San Agustin, su
derar, como que son de gran importancia para la error fundamental, error que les impidió llegar
historia ulterior del pensamieqto occidental. hasta el Dios que habían divisado desde lejos. No
El primero es la importancia qu·e San Agustin, pudieron atravesar el abismo que se interpone en-
de acuerdo· con la tradición general judía y cris- tre ellos y Él porque no confiaron en los made-
tiana, mas no con los filósofos griegos, confiere a ros de la Cruz, la tabla de Su humillación (Hom.
la voluntad, por cuyá acción el hombre elige el in Joann., 11, 4). En el extraordinario énfasis que
objeto deseado y pone todaa.. ~us energías en .acti- sobre la gracia pon~ San Agustfn volvemos- a ob-
vidad para alcanzarlo. Es la dirección de la volun- servar su sentido de la dependencia absoluta en
tad lo que forma y· determina la vida humana. que se halla con respecto a Dios la criatura hu-·
Para San Agustín el .libre albedrío se funda en el mana, el cual se halla fortalecido por su viva con-
hecho de la elección. Si llevamos. a cabo verdade- cepción de la caída del hombre y sus efectos.
ras elecciones, tal como nuestra experi~ncia toda La dirección de la voluntad, el camino que ele-
nos permite afirmarlo, entonces ese hecho estable- gimos, es el factor determinante de la vida huma-
ce que nuestra voluntad es libre en el sentido na, y la fuerza conductora de la voluntad es el
usual 'del término, pues libertad es . simplemente amor. Pondus meum amor meus; eo feror quo-
posibilidad de elegir. Pero, añade San Agustín, si cumque feror ("Mi amor es mi peso; a dondequie-
realizamos una mala elección, si nos domina un mal ra me vea llevado, es él quien me lleva"), (Con-
deseo y apuntamos a un fin malo, no somos verdade- fessiones, XIII, 9-10). El amor mueve la voluntad
;ramente libres, sino esclavos. Y si nos vemos aban- y, por ende, al hombre entero, pues su peso con-
donados a nosotros mismos, siempre elegiremos erró- duce irresistiblemente a todo cuerpo hacia el si-
neamente, es decir, que pecaremos. Sólo Dios, por tio que le es natural. Por lo tanto, vivir rectamen-
obra de · Su gracia, puede darnos la verdadera li- te es amar rectamente, deleitándonos en nuestro
bertad, que no es libertad para pecar, sino liber- objeto propio y viéndonos decididamente arreba-
tad para no pecar, o, en el grado supremo, en tados por el deseo de ese propio objeto nuestro,
el Cielo, exención del pecado, incapacidad para que es Dios. Y sólo Dios, por obra de Su gracia;
pecar (De correptione et gra,tia,, XII.~ 88). Pode- puede darnos ese grado de deleite en Él que mue-
mos quizá decir que San Agustín concibe con tan- ve nuestra voluntad a elegirlo librem.ente, a amar-
to vigor la importancia de la voluntad precisa- lo y buscarlo con preferencia a toda otra cosa.
mente porque tiene tan clara conciencia de que El porqué mueve a unos sf y a otros no hacia.
en ~i-- mismo y en toda la humanidad caída la v0- ese eficaz deleite en Él por el cual, únicamente,
luntad; abandonada a si misma, obra irremediable- podemos ser salvos, constituye un impenetrable
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pio, Dios, por sobre todas las cosas, y aquellos cu-
misterio de Su justicia. (Más tarde la Iglesia, fren- yo deseo está pervertido, de suerte que eligen los
te a exposiciones torcidas y exageradas de la doc- bienes terrenales como fines y no como medios.
trina agustiniana, juzgó necesario dejar bien en Estos dos grupos fon;nan necesariamente dos socie-
claro que Dios otorga a todos los hombres la gra- dades o ciudades entre las que la· raza humana se
cia suf icielite para salvarse y que el hombre pue- encuentra dividida: la Ciudad de Dios y la Ciu-
de siempre rechazar la gracia divina). Sin esa dad Terrenal o Ciudad del Demonio. "Dos amores
gracia vivimos erróneamente, porque amamQS ~rró- engendran a esas dos ciudades: el amor de Dios
neamente. Esto es, empleamos y dedicamos todas produce a Jerusalén y el amor del mundo produ-
nuestras energías a tomar como fines aquellos bie- ce a Babilonia." La Ciudad de Dios está en el
nes terrenales parciales y secundarios que sólo de- cielo, no en la tierra, donde sus ciudadanos son ex-
biéramos usar como medios para asistirnos en tranjeros Y peregrinos que carecen de residencia
nuestra ruta hacia Dios. Ese _utilizar como fin permanente. La Ciudad de Dios tiene como ciuda-
af¡uello que sólo debiéramos usar como . medio, esa danos tanto ángeles como hombres e incluye a to-
perversión de la voluntad, es, según San Agustín, dos los redimidos desde el principio hasta el fin
la esencia del pecado ( C/.. De. doctriM christiana, del mundo. Por con$iguiente, no corresponde a,
1). Sólo podemos vivir-· rectamente si guardamos la Iglesia en la tierra, la cual, no obstante, tiene
un .orden recto en nuestro amor.· "Según mi ma- una íntima relación con eIUt: La Iglesia es Ia re-
nera de pensar, he aqui una breve y verdadera presentante, y la única representante, de la Ciu-
definición de la virtud: es el orden del amor" dad de Dios en esta vida transitoria e imperfecta
(De Civ. Dei, XV, 22). Debiéran:ios desear los bie- Y está globalmente dotada de santidad sobrenatu-
nes materiales menos que los espirituales y tratar ral; pero muchos de sus miembros no son verda-
· todos los bienes creados, que son tran-sitorios y par- deros ciudadanos de la Ciudad y en un momento
ciales y jamás pueden satisfacernos, como medies dad,o cualquiera, hay f 1,1era de ella muchos que
para llegar a Dios, el único que puede contentar s~ran salvos y se convertirán en ciudadanos. La
completa y acabadamente los anhelos del alma hu- Cm dad de Dios es sabiduría creada (Confessiones,
mana. Al concebir el pecado ante todo como una XII, 15), perdurable, y perteneciente al orden
dirección errónea del deseo hacia un bien inferior sobretemporal. La Iglesia és la sociedad a través
con preferencia a uno superior, San Agustín se ha- de la cual ese orden sobrenatural se nos hace pre-
lla muy cerca del pensamiento de Plotino. ~ente en una forma adecuada a esta vida pasa-
Jera y mudable.
9. Para San Agustín el amor es la fuerza im- La Ciudad Terrenal o Ciudad del Demonio no
pulsora no sólo del individuo, sino también de la cuenta con ningún género único de sociedad que
vida social. Todas la sociedades y comunidades, di- sea su corporización y realización necesarias pero
ce, están ~onstituidas por un deseo común. Quie- todas las sociedades y Estados temporales f ~rman
nes persiguen el mismo objeto forman necesaria- parte de ella, en tanto persiguen fines puramente
mente una sociedad para alcanzarlo, y la natura- ~undanales, tales como el poder, la gloria o las
leza del fin es la que determina el carácter de riquezas, Y no reconocen al verdader.o. Dios ni se
la sociedad (De Civ. Dei, XIX, 24). La· gran di- s~bordinan al logro de los fines de Su Ciudad.
visión de la humanidad, como hemos visto~ se en- S1 un Estado se aparta del servicio del demonio
cuentra entre quienes desean el fin que les es pro-
353
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y de la búsqueda de fines terrenales y reconoce que
la salvación del hombre, el logro de su unión
autores entr.e aquellos cuyo pensamiento be tratado
con Dios y de la ciudadania celestial a través de
la Iglesia, constituyen el fin supremo de la vida de descri~ir. Si he logrado persuadir a alguien de
humana, ciertamente ya no forma parte de la Ciu- que Platon .Y Aristóteles, Plotino Y San Agustfn,
dad Terrenal. Y aun un Estado malo, entregado
al servicio del demonio, puede exigir cierto grado
de obediencia a los ciudadanos de la Ciudad ce-
:i:~is:.
son al~o mas que mohosas curiosidades históricas
o. ~abe abando~ar a la atención de espe-
1·ealiz~~ ~~onada b~eJor e? que ocuparse, habré
lestial que en él viven, mientras no les ordene ués d que ien vaha la pena hacer. Des-
P e todo, podemos, si así nos place d .
nada contrario a la ley de Dios, puesto qué brin-
da ciertos bienes temporales, sobre todo cierta. paz
cha~ las conclusiones de los antiguos, pero ¿u e:::
y orden, que ellos necesitan en su peregrinaje. La ::::e~to ostenta una calidad suficientemente Pele-
lucha entre las dos Ciudades, lucha que para San • • Y ha afectado el de épocas posteriores con
Agustín domina todo el curso de la historia huma- ::f1c1ente profun~idad para que resulte insensato
na, es algo más profundo y universal que una tar nuestra parte !gnorarlos por completo al adop..
contienda entre la Iglesia y el Estado (aun cuan- ~duestras propias decisiones respecto de lo que
cons1 eramos verdadero.
do a menudo puede manifestarse en eaa forma).
Es, en realidad, el conflicto entre el amor recto
y el amor corrupto, entre el orden verdadero y
el falso ( que en realidad es desorden), conflicto
situado en las raíces mismas de la vida buiJ1ana
y en el que cada hombre y cada. grupo o comu-
nidad debe tomar partido.
Con San Agustín finalizamos nuestro estúdio de
la filosofía del mundo antiguo Él nos proporciona
un buen punto de terminación, puesto que, más
, que ningún otro pensador, constituye el vinculo
entre la filosofía antigua y el pensamiento poste-
rior de la cristiandad occidental. El intento de es-
cribir una •historia de tanta magnitud en tan re-
ducido espacio tiene necesariamente que haber si-
do causa de muchos errores y omisiones y dado
origen a cierta desproporción. Pero el dnico pro-
pósito del libro es hacer las veces de introdueción
al tema y estimular el interés de los lectores que
pueda tener. Habrá cumplido petfeétatnente su
propósito si incita a alguien a realizar por su pro-
pia cuenta lecturas más amplias y, sobre todo, a
leer, en el texto original o en traducción, por lo
menos algunas de las obras de los más grandes
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