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El surrealismo literario español: Antecedentes y estado actual de la cuestión

Según la crítica literaria (García de la Concha, 1982; Chénieux-Grendon, 1989; Aranda, 1991), el
surrealismo surge como movimiento rebelde contra los desastres de la Primera Guerra Mundial
y el capitalismo burgués. El surrealismo tiende un hilo conductor entre los mundos demasiado
disociados de la vigilia y el sueño, de la realidad externa e interna (Alquie, 1974). Los surrealistas
reafirmaron la importancia de la materia. Su pretensión fue que las obras que realizaban
contaran 275 una historia sin sentido (como ocurre en los sueños), una historia irracional que
sorprenda al espectador. Es esto consiste la retórica del non sense, que guarda estrecha relación
con el lenguaje humorístico del disparate, la tontería y el absurdo, el cual en el mundo infantil
ha sido ligado tradicionalmente a rondas y juegos y en el mundo adulto ha sido empleado para
la sátira inteligente, tal y como hizo, por ejemplo, Lewis Carroll en Alicia en el país de las
maravillas. Caro Valverde ha comentado al respecto que, por el hecho de aparear lo
heterogéneo, lo chistoso permite “hallar chocantes analogías y asombrar así por vía del ingenio”
(Caro, 1999, p. 251).

En España el surrealismo aparece a finales de los años veinte con manifestaciones pictóricas
(Dalí) y cinematográficas (Buñuel) escasas pero relevantes en su calidad artística. Cabe recordar
el argumento del primer cortometraje surrealista, Un chien andalou tejido por “hechos
irracionales, efímeros e insólitos” (Caro, 2012, p. 29). En cuanto a la poesía, el surrealismo dio
frutos más reflexivos y humanistas. El estudio de Bodini Poetas surrealistas españoles analiza las
cuatro figuras centrales del surrealismo poético –Larrea, Aleixandre, Alberti y Lorca– integrantes
de la llamada “Generación del 27”. Sobre este grupo dice Bodini: “La Generación del 27, no era
una simple reunión de figuras amigas y coetáneas, y de libros, sino que era una suma de fervores
comunes, de simpatías y antipatías, y sobre todo un sistema cultural coordinado” (Bodini, 1982,
p. 12). Para los poetas españoles del 27, el surrealismo fue ante todo una técnica que les liberó
de muchas convenciones poéticas y para expresar mejor su mundo interior. Así surgió la
“literatura del disparate”, como sostiene José Bergamín en su obra El disparate de la literatura
española, (Bergamín, 2005) donde sostiene que el disparate es una forma inventiva del
pensamiento dotada de sentido y de causa retórica en lo chocante. En semejanza al “witz” o
chispa ingeniosa teorizada por Freud (1988), ´cortos de circuito´, los llama Bergamín (2005, p.
12), tal y como ocurre con la sinéctica.

De los exponentes surrealistas españoles destacamos dos por su manera de conectar con la
infancia. Ellos son Federico García Lorca y M.ª Teresa León. Lorca se regocija de seguir siendo un
niño porque halla su esencia humana en su infancia y hace gravitar su voz poética en el mundo
lírico y bucólico de su niñez campestre de vega y serranía. Es por ello que su obra llega a los
niños y las niñas que logran captar esa “mirada infantil” que supo impregnar de sueño surreal
todo lo que miraba con afecto, incluso lo más cercano, como ocurre con su Romancero gitano,
un libro de recursos surrealistas del cual hemos seleccionado el poema Romance de la luna, luna
para trabajar con el alumnado participante. También merece atención la obra de M.ª Teresa
León, cuyos libros demuestran clara voluntad surrealista (García, 1992). Cuentos para soñar está
en la línea terapéutica que Bruno Bettelheim (1980) razona en Psicoanálisis de los cuentos de
hadas y revela que el surrealismo literario emerge cuando se escribe no para los niños sino como
los niños, quienes son capaces de” conmoverse ante todo lo que sea bello” (León, 2000, p. 5). El
cuento Rosafría, patinadora de la luna conecta con la poesía de Lorca y de Alberti y con la pintura
de Chagall, Miró y Magritte en su poder subversivo para conectar elementos muy extraños por
estar arrancados de su contexto habitual (Chocobar, 2012)

AUTORA: Cynthia Nathaly Chocobar

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