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La representación de la esclavitud y la libertad en Tierra Firme de Matilde Asensi

En 1598, Catalina Solís, una chica sevillana de dieciséis años, logra escapar flotando en un

pequeño escritorio de un ataque pirata, tras ver morir a su hermano menor Martín (5), el último

miembro de su familia. Así empieza su descubrimiento de Tierra Firme, las colonias sureñas del

Nuevo Mundo regidas por Felipe III de España. Bajo este marco histórico, Matilde Asensi abre

su novela homónima Tierra Firme (2007), la primera de la trilogía sobre La vida extraordinaria

de Martín Ojo de Plata, descrita por Rafael Ruiz Pleguezuelos (2012) como un éxito profundo

(271). Esto se debe a que el texto incursiona en la metaficción historiográfica, problematizando,

como bien dice Linda Hutcheon, “the very possibility of historical knowledge, because there is

no reconciliation” (106), reconstruyendo la doctrina de la civilización y barbarie de Sarmiento.

Asensi destruye la figura catequizadora de España al describir el férreo sistema feudal de

impuestos y comercio cerrado que ejerce la Corona sobre sus colonias para “sufragar sus guerras

por la fe católica en Europa” (58). Así, la fulgente España del Siglo de Oro se ve oscurecida por

el mal manejo económico de sus dominios y la explotación inhumana de los esclavos, los

habitantes del Nuevo Mundo y las mujeres. Esto se percibe gracias a la narración de Catalina,

quien, más cercana a los sufrimientos de los esclavos y a las injusticias ocasionadas contra las

personas de Tierra Firme, cuestionará la realidad bajo la tutela de Esteban Nevares y María

Chacón, lejos de los oídos y ojos avizores de la Inquisición que había matado a su padre (16).

Este ensayo analiza tres tipos de esclavitud representados en la novela junto a sus luminosas

contrapartes: 1) la situación angustiosa de los esclavos explotados por Melchor de Osuna frente a

la resistencia ejercida por el rey Benkos en los palenques, 2) la explotación económica y las

restricciones comerciales de Tierra Firme frente a la liberalidad de Esteban Nevares, y 3) la

sumisión social de las mujeres frente a la independencia de María Chacón y Catalina Solís.
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La compraventa de esclavos negros era una práctica usual en el Nuevo Mundo, normalmente

practicada por los contrabandistas. Se les sometía a tratos inhumanos como los infligidos por

Melchor de Osuna: “aherrojados por los cuellos a largas cadenas de hierro. Aquellas pobres

gentes estaban trabajando muy duro bajo el ardiente sol, unos talando árboles, otros

despedazando grandes bloques de piedra con picos, palas, cinceles y martillos” (82). Hasta este

punto, no hay nada inexacto respecto al maltrato de los esclavos en Cartagena o al abuso de los

indios asignados en las encomiendas. Sin embargo, la metaficción histórica entra en acción con

la figura histórica del rey Benkos Biohó:

“Cuando llegué a Cartagena estaba hecho un esqueleto y, de tanto latigazo, andaba con el

cuerpo en carne viva. Ni siquiera sabía lo que estaba ocurriendo cuando el fraile me tiró el

agua sobre la cabeza en el Puerto. No entendía el castellano, señor, y no di mi

consentimiento. Yo era rey en África y nunca volveré a ser esclavo en ninguna parte del

mundo” (95).

Su discurso muestra un acoplo prácticamente perfecto a la lengua y a las costumbres del

Nuevo Mundo. Se ve una asimilación completa del pensamiento occidental, sin exponer el

menor atisbo de sus antiguas tradiciones africanas. Este léxico e hilo de pensamiento, que parece

tan anacrónico, implica en realidad un uso y abuso de la metaficción historiográfica de “the very

structures and values it takes to task” (Hutcheon 106). Si bien ésta no busca mejorar el presente a

través del pasado, el recuento de la historia remueve los “inamovibles” conocimientos históricos

sobre el tema de la esclavitud. Así, Esteban Nevares condena este “nefando comercio” bajo la

objeción de que “la naturaleza hizo libres a los humanos” (62). Esta declaración recuerda al

establecimiento de los derechos humanos en París en 1948, si bien ya algunos frailes como Las

Casas había levantado su voz contra esta aberración.


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El personaje del rey Benkos se muestra, así pues, más civilizado e ideológicamente

adelantado que el poderoso imperio español. Después de todo, lucha por la libertad y el

reconocimiento social de sus seguidores al buscar vestirse como un noble español, aunque esto

conlleve dimitir a su dignidad (238). No desea iniciar una guerra, sino tan sólo defender a su

gente, siendo él el primero en lanzarse a su salvaguardia, buscando armas ante el fracaso de

internarse en las ciénagas, selvas y montes, donde “los caballos y los perros no pueden pasar”

(98). Además de fungir como una fuerte figura histórica, el rey Benkos le permite plasmar a la

autora el pasado de uno de los tantos esclavos, demostrando en uno la dignidad humana de todos.

El segundo caso de esclavitud es el de los súbditos de Tierra Firme. Pese a que el Nuevo

Mundo se pensaba entonces como un lugar de oportunidades para los europeos, Catalina advierte

que “aquí hay tanta miseria y necesidad como en España” (57). Esto se debe a que las riquezas

naturales (oro, plata, sal y perlas) iban directamente para el disfrute de la Península. A esto se

suma el regio castigo comercial: “Si el rey hubiera permitido que los comerciantes de otros

países nos abastecieran de lo más necesario cuando los de España no podían hacerlo, el Nuevo

Mundo hubiera florecido con la potencia con que florecían allí las arboledas y las selvas” (80).

La sujeción a la realeza no implicaba, pues, mayor derecho que el de ser despojado de lo propio.

Es necesario recordar que la escritora es de Alicante y que está criticando las injusticias

históricas de su propio país. La conquista de América significó para los españoles una

ampliación territorial y un triunfo espiritual sobre las nacientes religiones protestantes. Aquí se

destacan las figuras de Esteban Nevares y María Chacón, el uno criollo y la otra sevillana, pero

ambos libres de vivir a sus anchas en un continente donde las acusaciones y las asechanzas de la

Inquisición no pasaban de ser historias de ultramar. Viven sujetos a las leyes e impuestos de la

Corona, aunque obrando conforme a su voluntad en Tierra Firme.


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Esteban Nevares se considera un fiel seguidor del rey y muestra reparos a la oferta del rey

Benkos de favorecer el contrabando de armas: “Con esas armas matarías a españoles” (97). El

maestre de la Chacona manifiesta una lealtad inconcebible ante la Corona, a pesar de no estar de

acuerdo con su manera de regir el Nuevo Mundo. Además, su condición criolla le constituye un

hidalgo de menor valía que los españoles nacidos en la Península. Sin embargo, su condición

periférica le permite simpatizar con las castas inferiores, demostrándolo la hermandad de su

tripulación, donde conviven mulatos, indios y españoles. De igual forma, presenta una

liberalidad admirable al reconocer la otredad de Catalina y su esposa María.

La opresión de la mujer constituye un tipo de esclavitud más subrepticia, sobre todo, para la

época, bastante previa al derecho de las mujeres al voto. Catalina ve como normal la sujeción a

la voluntad de sus padres: “Durante mis dieciséis años de vida no había dejado de escuchar

cuáles eran mis obligaciones como mujer y cómo debía comportarme para conseguir un buen

marido” (8). Su estancia en la isla establece un punto de partida para ella, donde cuestiona su

educación y rol social, a la vez que experimenta en carne propia cuán arbitrarios son los

estereotipos respecto a la fragilidad femenina. Sin embargo, necesitará toda la narración de la

novela para probarse a sí misma su propia valía.

La adquisición —¿o suplantación?— de su nueva identidad como Martín Nevares le permite

desempeñarse como un hidalgo de la época, advirtiendo que aún la bastardía fingida sigue siendo

preferible a la buena cuna de cualquier mujer. A la sombra de este fingimiento, aprende a

marear, leer, montar a caballo y manejar la espada, pensando en las opuestas reacciones de su

padre: “De seguro, mi verdadero progenitor se hubiera revuelto en la tumba de haber visto a su

hija usando la espada y la daga” (77-8). Este abierto feminismo de Catalina dialoga
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anacrónicamente con el feminismo actual, lo que se vuelve a traducir en el uso y abuso del marco

histórico de la metaficción historiográfica.

Para reafirmar este punto, Asensi recurre a la figura de María Chacón, la regenta sevillana de

la mancebía y esposa de Esteban Nevares. Si bien su vida no es un ejemplo moral a seguir —al

menos no en comparación a Catalina—, es una mujer fuerte, inquisitiva, “más lista que el

hambre” (68). Esteban le brinda un trato igualitario, tan progresivo para la época como para la

actualidad de algunos países. Aunque también manifiesta su ascendiente sobre él, se muestra

como un personaje clave para la feliz resolución de la novela. De manera que Esteban Nevares

encuentra su redención gracias a la ayuda de dos mujeres a las que les permite ser ellas mismas.

Tierra Firme representa, así pues, una reinterpretación contemporánea de la historia oficial y

de los papeles sociales desempeñados durante la colonización española en América. La

ficcionalización de aquellos personajes tan insignificantes cuyos nombres no entran en los libros

se entrelaza con la necesidad de exigir una verdad alterna, una donde surjan los gritos de libertad

que “el progreso y las buenas costumbres” intentan acallar. De esto, se aprovecha Matilde Asensi

para cuestionar la veracidad sobre el descubrimiento, conquista y colonización de América. Este

elemento, aunado a su cuidada investigación historiográfica seguida de profusas descripciones,

facilita la creación del bestseller intrigante, pero recreativo, donde se descarta apasionadamente

la esclavitud desde el confort de la lectura a la vez que se aprenden prácticas y usanzas

desterradas de los libros de Historia.


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Bibliografía

Asensi, Matilde. Tierra Firme. Planeta, 2008.

Hutcheon, Linda. “Historiographic Metafiction: “The Pastime of Past Time”.” The Poetics of

Postmodernism: History, Theory, Fiction. Routledge, 1988, pp. 105-23.

Ruiz Pleguezuelos, Rafael. “La historia vende: el best seller español de las últimas décadas y la

novela histórica.” 1616: Anuario de Literatura Comparada, vol. 2, 2012, pp. 269-79.

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