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JOSE ANTONIO RODRIGUEZ VEGA

José Antonio Rodríguez Vega nació en Santander (Cantabria, España). Llamado también de “El
Mataviejas” (Santander, Cantabria, 3 de diciembre de 1957 - 24 de octubre de 2002, Topas,
Salamanca), fue un asesino en serie español que acabó con la vida de al menos 16 ancianas de
edades comprendidas entre los 60 y los 93 años, en Santander, entre agosto de 1987 y abril de 1988.

José Antonio manifestaba un profundo odio hacia a su madre, a la que temía por un lado y se sentía
sexualmente atraído por otro. Tal sentimiento de odio se inició cuando ésta lo echó de casa por
agredir a su padre gravemente enfermo. Como en otros casos que son objeto de análisis a través de
la historia, Rodriguez Vega comenzó su carrera criminal agrediendo sexualmente a mujeres hasta el
17 de octubre de 1978, que fue arrestado y condenado a 27 años de prisión. Sin embargo, gracias a
su encanto personal, consiguió que todas sus víctimas menos una le perdonaran, lo que en el Código
Penal Español anterior al de 1995 eximía de la responsabilidad penal en ciertos delitos. Esto, en
suma a su buen comportamiento en prisión, hizo que sólo pasara 8 años en la cárcel. Fue puesto en
libertad en 1986, y sufrió el abandono por parte de su mujer.

Sin embargo, Rodriguez Vega volvió a casarse, esta vez con una mujer epiléptica. Era considerado
como una persona ejemplar, muy educada, trabajadora y un buen esposo por todos sus conocidos y
vecinos.

El 19 de mayo de 1988 fue arrestado nuevamente y confesó sus crímenes. Rodriguez Vega fue
acusado de su asesinato.

El 6 de agosto de 1987, Rodriguez Vega entró en la casa de Margarita González de 82 años, a la


que asfixió, llegando incluso a hacer que se tragara su dentadura postiza. Unas semanas más tarde,
el 30 de septiembre de 1987, Carmen González Fernández de 80 años fue encontrada muerta en su
casa. En Octubre de ese mismo año, Rodriguez Vega asesinó a Natividad Robledo Espinosa de 66
años.

Rodriguez Vega no volvió a matar hasta enero de 1988, cuando Carmen Martínez González fue
encontrada muerta en su casa y en abril de 1988, asesinó a Julia Paz Fernández de 66 años que fue
encontrada desnuda. Sin embargo, la identidad del resto de las víctimas no llegó a ser revelada.

Como comentábamos, Rodriguez Vega fue acusado de asesinato. Su juicio comenzó en 1991 en
Santander. Si bien, en el momento de su arresto confesó los crímenes, a la hora de declarar ante el
juez afirmó que las mujeres habían muerto por causas naturales, y que al momento de sus ataques él
las dejaba inconscientes pero no era responsable de sus muertes.
José Antonio Rodríguez Vega fue diagnosticado como un psicópata. Se determinó que sus
asesinatos eran premeditados y organizados, ya que identificaba a sus víctimas, y las observaba
hasta que se familiarizaba con su rutina. Cuando sabía cuáles eran sus necesidades se hacía pasar
por reparador de televisores o albañil, y se ofrecía a acompañarlas, visitarlas, arreglarles cualquier
desperfecto, todo ello con el fin de ganarse su confianza y poder entrar libremente en sus casas.
Considerado como un asesino en serie que tomaba trofeos de cada uno de sus crímenes, ya que al
ser arrestado, la policía encontró en su casa una habitación roja en la que guardaba los trofeos que
arrebataba a sus víctimas, en lo que parecía ser un pequeño “museo” de sus crímenes.

Estos trofeos iban desde pequeños televisores a rosarios o flores de plástico. Esta fue la clave para
poder determinar el alcance de sus crímenes ya que la policía mostró una grabación de esta
habitación a los familiares de mujeres ancianas muertas por asfixia y así las familias de las víctimas
identificaron objetos que vinculaban a Vega con sus familiares.

José Antonio Rodríguez Vega fue sentenciado a una pena de 432 años de prisión. Al encontrarse
cumpliendo condena en la cárcel de Topas, en Salamanca, el 24 de octubre de 2002 fue apuñalado
por dos reclusos del centro, al parecer por incumplir dos "leyes" de los presos, ser un violador y
trabajar presuntamente de chivato para los funcionarios de prisiones. Fue enterrado en una fosa
común al día siguiente, acudiendo a su entierro solo los dos enterradores.

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