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TEMA 24: COHERENCIA TEXTUAL: DEIXIS, ANÁFORA Y CATÁFORA.

LA
PROGRESIÓN TEMÁTICA.

CONSIDERACIONES PREVIAS

En las distintas corrientes de la lingüística del texto las definiciones de los términos
coherencia y cohesión no son siempre equivalentes. A esto debemos añadir que en ninguno de
los estudios que tratan este tema, se les asigna a estos términos los contenidos concretos que
figuran en los enunciados de los temas 24 y 25, es decir, tratar dentro de la coherencia los
problemas de deixis, progresión temática, la anáfora y la catáfora y relacionar el resto de
elementos de conexión textual con la cohesión. Debemos efectuar las siguientes precisiones:
 La deixis guarda relación fundamentalmente con la relación texto / contexto, es decir, con
el proceso de la enunciación más que con la organización del enunciado. Su relación con
los conceptos de coherencia y cohesión es pues tangencial y su tratamiento, en todo caso,
debería ir acompañado por otros procedimientos cuyo valor de conexión es semejante.
 La cohesión aparece en la estructura superficial textual y es de carácter sintáctico y
semántico. Los fenómenos de anáfora y catáfora son considerados habitualmente
mecanismos que aseguran la interrelación de los elementos lingüísticos en la estructura
superficial textual, por lo tanto, más relacionados con el concepto de cohesión que con el
de coherencia.
 La coherencia se produce en la estructura profunda textual, por ello sí guarda relación
con ella el concepto de progresión temática.

A pesar de estas aclaraciones, nos ceñiremos lo más posible al enunciado del tema.

0. INTRODUCCIÓN

Una vez establecida por F. de Saussure la dicotomía entre lengua y habla, los primeros
estudios lingüísticos se habían centrado casi exclusivamente en una lingüística de la lengua,
entendida ésta como la descripción del código. Partiendo de esta consideración, se entendía la
comunicación como un simple proceso de codificación y descodificación.
A partir de la segunda mitad del siglo XX crece el interés por el segundo elemento de la
dicotomía saussoriana, aparece la lingüística del habla. Para ello es necesario superar el
inmanentismo (la casi total exclusión de lo relativo al significado) y el límite oracional. Se
observa ahora que el código, aunque imprescindible, no es suficiente para interpretar el hablar.
En el hablar hay más que palabras: hay uno o varios hablantes, un oyente y una relación entre
ellos; también el contexto o los diferentes medios de comunicación pueden condicionar el
intercambio de palabras; y por último hay también una dimensión extralingüística que actúa en el
proceso.
Comienza a hablarse ahora de lingüística del texto: el texto deja de ser considerado como
mera unidad de orden superior a la oración. Desde esta perspectiva el texto se concibe como la
unidad mínima de información, de comunicación y de interacción social, y todo ello de forma
conjunta y simultánea.
A partir de estos criterios, E. Bernández entiende el texto como la unidad lingüística
comunicativa fundamental, producto de la actividad verbal humana, que posee siempre carácter
social; está caracterizado por su cierre semántico y comunicativo, así como por su coherencia
profunda y superficial, debida a la intención comunicativa del hablante de crear un texto íntegro,
y a su estructuración mediante dos conjuntos de reglas: las propias del nivel textual y las del
sistema de la lengua.

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Esta definición pone de manifiesto las tres características esenciales del texto entendido
como unidad de la comunicación: el texto posee carácter comunicativo, un carácter pragmático y
un carácter estructurado.
Podemos establecer como conclusión que se trata de una realidad poliédrica, sujeta a
diversas interpretaciones. Quizás para entender el texto sea necesario acudir a las propiedades
que definen el texto como tal.
Estas tres propiedades remiten además a las tres perspectivas de análisis o niveles que
permiten un acercamiento al texto como unidad comunicativa: la pragmática (adecuación), la
semántica (coherencia) y la sintaxis (cohesión).
La adecuación es la propiedad que hace referencia a la relación existente entre el texto y
el contexto en el que se produce; su análisis intenta conocer cómo la unidad comunicativa
es interpretada en función de una serie de elementos extralingüísticos que se relacionan
con los elementos de la situación comunicativa.
La coherencia es la propiedad que permite que el texto tenga un significado global; indica
cuál es la información pertinente que se comunica en un texto y cómo se ha organizado la
misma.
La cohesión incluye los mecanismos de tipo sintáctico que se utilizan para explicitar las
relaciones existentes entre las diferentes partes de un texto. Sirve, además, para facilitar
la interpretación: si se logra cohesión, el texto resulta una verdadera unidad integrada.

1. LA COHERENCIA TEXTUAL

A. Delimitación del concepto. Distinción entre coherencia y cohesión. Análisis histórico


y estado de la cuestión.
La coherencia textual se concibe como la característica esencial que convierte un mensaje
verbal en texto. Por coherencia se entiende la conexión de las distintas partes del texto en un
todo, en una unidad congruente.
En un principio, la coherencia del texto se buscó en el estudio de la conexión entre oraciones y
de los mecanismos lingüísticos que manifiestan las relaciones entre unas y otras dentro de un
texto. Sin embargo, algunos autores empezaron más tarde a poner de relieve que los mecanismos
formales de conexión pueden no estar presentes en un texto o ser mínimos sin que deje de ser un
texto coherente; por otro lado, la existencia de elementos conectores, por sí solos, no garantiza la
coherencia. Por tanto, será necesario considerar el proceso total desde la intención comunicativa
del hablante hasta las estructuras lingüísticas en que se manifiesta finalmente esa intención.
Diremos, pues, que las marcas formales de conexión entre enunciados no explican la coherencia
textual, sino que son reflejo de su existencia.
Salomón Marcus propuso en 1980 la diferencia entre coherencia textual y cohesión textual:
- Coherencia significa una cierta capacidad de actuar como unidad. Es de naturaleza más
bien semántica, nos remite a un cierto significado global del texto.
- Cohesión se refiere a la existencia de conexión entre las distintas partes. La cohesión
parece dominada por aspectos sintácticos y relacionales entre los componentes.
Resulta imprescindible considerar, junto a las dimensiones sintáctica y semántica, el componente
pragmático. En la construcción de un texto entra en juego, no sólo la competencia idiomática del
hablante, sino también lo que se denomina competencia comunicativa. La congruencia del texto
habrá de ser estudiada considerando la intención comunicativa del hablante, que es la que
configura que un conjunto de unidades lingüísticas vinculadas resulte un acto comunicativo
aceptable.

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En general, la aceptación de un texto se hará en virtud del contexto, pero si no existe, el receptor
creará uno que permita dar coherencia a lo que se ofrece como texto, pues pondrá en marcha el
principio de cooperación (Grice) y el principio de relevancia (Sperber y Wilson). En este sentido,
Beaugrande y Dressler insisten en que la coherencia no es un simple rasgo que aparezca en los
textos, sino un producto de los procesos cognitivos puestos en funcionamiento por los usuarios.
Estos autores basan la coherencia en el concepto de constancia de sentido de Hörman, para
quien toda dinámica de compresión procede de la tendencia psicológica, inherente al ser
humano, a atribuir sentido y establecer relaciones en lo que percibe.

B. Concepto de coherencia. Coherencia lineal y coherencia global


La coherencia de un texto alude a su congruencia y es una propiedad fundamentalmente
semántico-pragmática de la macroestructura textual, que a nivel de la micoestructura se traduce
en el conjunto de mecanismos lingüísticos de cohesión, entendidos éstos como las funciones
lingüísticas que indican las relaciones entre los elementos de un texto.

Macrotexto y microtexto, sin embargo, no constituyen dos estadios independientes en la


construcción textual sino que, más bien, son etapas de un proceso gradual.
La coherencia es un proceso que empieza a intervenir antes de la estructuración propiamente
lingüística del texto y que se requiere en las sucesivas fases de elaboración hasta llegar a la
concatenación correcta de enunciados linealmente emitidos. E. Bernárdez resume el proceso en
tres fases:
- El hablante tiene una intención comunicativa.
- El hablante tiene un plan global que le permitirá, teniendo en cuenta los factores
situacionales, conseguir que se cumpla su intención comunicativa.
- El hablante realiza las operaciones necesarias para expresar verbalmente ese plan, de
forma que mediante las estructuras superficiales el oyente sea capaz de identificar la
intención comunicativa.
Según estos presupuestos un texto será coherente si:
a) Es percibido por el oyente como una unidad
b) Da las informaciones relevantes o pertinentes para la situación comunicativa en la que se
emite y, por tanto, tiene en cuenta los conocimientos que sobre el tema tienen sus
receptores.
c) Ordena y estructura las informaciones de modo preciso siguiendo algún tipo de tipología
textual.
La coherencia se manifiesta en la estructura superficial mediante fenómenos semánticos (como
por ejemplo la continuidad en predicados y actantes) y en niveles inferiores se refleja
progresivamente en forma sintáctica. Pero si recorremos el camino inverso del proceso, es decir
el que realiza el oyente al recibir y descodificar el mensaje, sería el siguiente:
Coherencia fónica  coherencia sintáctica  coherencia semántica  coherencia pragmática

En todo caso, tanto en la producción como en la comprensión subsiste el problema de la


transformación del significado lineal de las estructuras de superficie en significado global del
texto. Este paso ha sido tratado de forma detallada por Van Dijk como un paso de la coherencia
lineal (entre enunciados o secuencias) a la coherencia global o del texto.

C. Coherencia lineal: compatibilidad y mundos posibles


Una de las características que debe poseer un texto es que las distintas partes que se suceden
en él guarden las relaciones debidas de vinculación las unas con las otras. La incompatibilidad

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que puede romper la coherencia de un texto es la relación que se da entre dos oraciones que no
pueden ser simultáneamente verdaderas, sino que la aceptación de una implica la negación de
otra y viceversa.
Pero la compatibilidad entre enunciados depende también de factores más sutiles. Las partes de
un texto no sólo deben guardar las relaciones de coherencia entre ellas, sino que además deben
ser coherentes con el mundo posible en el que se incardina la actividad comunicativa. Para que
un mensaje sea coherente debe existir un conocimiento del mundo compartido por los
interlocutores que permite al receptor interpretar la información que desea transmitir el emisor y
a éste codificar el mensaje prefigurando la interpretación que hará el receptor.
Podemos definir un “mundo posible” como un conjunto más o menos coherente de verdades que
describe nuestro marco existencial. La alternancia de mundos puede producirse por las siguientes
causas:
- Cuando cambian los indicadores temporales: si situamos una acción a principios de siglo,
por ejemplo, nuestro receptor debe cambiar sus coordenadas de verdades para poder
interpretar la información que le transmitimos.
- Las creencias y conocimientos diferenciados de los sujetos hablantes definen también
mundos posibles diferenciados. Las expresiones que introducen opiniones o que tienen
valor epistémico pueden provocar un cambio de mundo posible: según María; yo creo;
Luis piensa ...
- El tercer eje de modificación del mundo referencial es el modal: se considera la verdad o
falsedad de las cosas, no porque ocurran o no, sino desde el punto de vista de la
posibilidad o necesidad que tienen de ocurrir.

D. Coherencia global: pertinencia y macroestructura.


Pero la compatibilidad de enunciados entre sí no garantiza por sí sola la coherencia del texto.
Es necesario además conseguir que cada parte del texto tenga una relevancia razonable con
respecto a las demás partes y con respecto a la estructura global del mismo, es decir, que sea
pertinente. Para ello la consideración pragmática es también imprescindible, puesto que el efecto
de coherencia o incoherencia del discurso depende del logro de un contexto oportuno que facilite
las inferencias deseadas. (Por ejemplo, El Teide es la montaña más alta de España y Juan está
cansado  este mensaje emitido en un contexto concreto y adecuado puede ser coherente).
La macroestructura debe explicar por qué para el hablante de un lengua ciertas series de
oraciones no son válidas como texto comprensible aun cuando cumplan las condiciones de
coherencia lineal. La coherencia global se consigue mediante reglas (macrorreglas) cuya
finalidad es reducir el contenido proposicional del texto para facilitar su comprensión global.

E. Formas de coherencia: Vamos a analizar ahora distintos los mecanismos mediante los
que se establece la coherencia global o del texto: la deixis, la foracidad y la progresión temática:

2. LA DEIXIS
La palabra deixis (procedente del griego y que significa “mostrar”, “señalar”) designa la
propiedad que tienen algunos elementos de la lengua para remitir al espacio, tiempo y personas
que enmarcan un acto concreto de comunicación. Bühler distingue tres modos de deixis:
- Ad oculos (directa o referencial): expresa una indicación a algo presente: ¿Quién se ha
dejado aquí este libro?
- Anafórica (o contextual): Sirve para señalar algo no presente y alude a elementos
previamente citados. Esta función puede ser desempeñada por los artículos con valor
actualizador, los adverbios o los pronombres personales.

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- En phantasma o de fantasía: se recrea en la mente del receptor un referente como si
estuviera presente en la comunicación: Siempre va con esa carita de bueno.
Si nos centramos ahora en la deixis directa, diremos que la característica propia de los deícticos
es la de reenviar obligatoriamente al mensaje e implicar una referencia al proceso de la
enunciación. Tienen una significación indeterminada genérica y sólo adquieren un sentido
determinado cuando son enunciados en una situación concreta.

A. Deixis de persona: En toda comunicación humana tenemos que encontrarnos siempre


dos elementos que participan en el acto comunicativo: el yo – hablante o persona que enuncia el
mensaje y un tú – oyente o persona a la que se dirige el mensaje, pero también podemos
encontrar un él (referente) que no participa de la comunicación. Estos elementos reciben el
nombre de personas gramaticales y poseen una función deíctica. Exponemos ahora las formas
deícticas personales; incluimos los demostrativos en la tercera persona porque si bien es cierto
que establecen una mostración espacial y temporal, también pueden ser empleados con valor
deíctico personal, alternando con los pronombres personales de tercera persona:

Hablante – participante yo me mí, conmigo


Oyente – participante tú te ti, contigo

Él, éste, ése, aquél


No participante - referente ella, ésta, ésa, aquella
ellos, éstos, esos, aquellos lo, la, los, las le (se), les (se)
ellas, éstas, ésas, aquellas

B. Deixis de espacio: Esta deixis sirve para ubicar los elementos del discurso en una
localización relativa pero precisa. El carácter relativo le viene dado porque toda indicación
posicional en el espacio requiere una referencia concreta o punto de partida.
El punto de partida puede ser diferente:
- si tomamos como referencia la persona, encontramos un lugar – yo (aquí, acá, este), un
lugar–no–yo (ahí, ese) y un lugar referido a la persona no participante en la
comunicación (allí, allá, aquel).
- si el punto de referencia es el entorno de la comunicación encontramos una serie de
contraposiciones de valor locativo:
Cerca / lejos (Situación)
Dentro / fuera / alrededor (Interioridad)
Arriba / abajo; encima / debajo (Verticalidad)
Antes / después; enfrente / delante / detrás (Horizontalidad estática)
Adelante / atrás ; adentro / afuera (Horizontalidad dinámica)

C. Deixis de tiempo: La deixis temporal permite especificar el momento en que se realiza


lo enunciado según sea anterior, posterior o simultáneo al momento en que se produce el acto de
comunicación. Este tipo de deixis se expresa en nuestra lengua mediante los adverbios deícticos,
los demostrativos y los tiempos verbales.
Los adverbios deícticos de tiempo se pueden clasificar en dos grupos:
a) Deícticos puros: entonces, siempre, nunca, jamás. Ahora, después, luego, antes.
Mientras, aún, todavía. Pronto, ya, tarde.

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b) Los que están sometidos a unos límites, a unas medidas cronológicas: hoy, mañana, ayer,
anteayer, pasadomañana.
La expresión de la deixis temporal mediante las formas verbales nos permite clasificar los
tiempos según el modo de fechar un suceso. Según A. Bello, en el modo indicativo encontramos:
- Tiempos absolutos: se refieren directamente al presente: pret. perfecto simple, presente,
futuro  llegué llego llegaré.
- Tiempos relativos primarios: se establecen por relación con los absolutos: con relación al
pretérito: hube llegado (antepretérito), llegaba (copretérito), llegaría (pospretérito); con
relación al presente: he llegado (antepresente); con relación al futuro: habré llegado
(antefuturo).
- Tiempos relativos secundarios: se refieren a los relativos primarios y sólo aectan al
pretérito como tiempo histórico y conocido: había llegado (anterior al copretérito),
habría llegado (anterior al pospretérito).

3. LA FORICIDAD: LA ANÁFORA Y LA CATÁFORA


La coherencia se manifiesta en el nivel superficial por medio de una serie de procedimientos
denominados “formas de coherencia”. De entre estos procedimientos destacamos la co-referencia
(Brown y Yule) entendida como la existencia en el texto de distintos elementos que hacen
referencia a un mismo elemento de la realidad. Dentro de las formas correferenciales se
distinguen las exofóricas (unidades que hacen referencia a algo externo del texto) y las
endofóricas (hacen referencia a elementos presentes en el texto: anáfora y catáfora (Halliday y
Hasan).
La foracidad consiste en un tipo especial de las relaciones existentes entre los elementos del
texto: es la referencia a un elemento presente en el discurso. Según el tipo de referencia podemos
distinguir dos clases de relaciones fóricas:
- La anáfora: la relación se mantiene entre un elemento del texto y otro formulado anteriormente.
- La catáfora: el elemento con significado ocasional precede en el discurso lineal al elemento al
que hace referencia: De repente abrió la boca y dijo esto: ¡dejadme en paz!.
Los procedimientos anafóricos pueden clasificarse en los siguientes grupos:
A. Proformas o procedimientos gramaticales :
1. Elipsis: se trata de una forma especial de sustitución en la que el sustituto es nulo: Javier
está aquí, llegó anoche. El elemento anafórico elíptico es el pronombre personal de tercera
persona él que hace referencia a Javier.

2. Sustitución mediante proformas: el sustituto por excelencia es el pronombre:


- Personales: A Vicente le han concedido un premio (valor anafórico). Le dije a tu sobrina que
no hacía falta que vinieras (valor catafórico)
- El pronombre reflexivo posee un valor anafórico muy claro: Luisa se mira en el espejo.
- Los demostrativos: Javier y Pedro son gemelos pero tienen un carácter muy diferente; éste
es más sociable, aquel más introvertido.
- Los demostrativos neutros pueden actuar como sustitutos oracionales: estuvo diez años en el
extranjero, por eso cuando llegó se encontraba extraño en su tierra.
- Los relativos mantienen una relación anafórica con el antecedente: Trae el libro que compré
- Posesivo de tercera persona: Juan estaba desesperado, ha perdido su empleo y a su familia.
- Los interrogativos tienen siempre valor catafórico: ¿A quién le has entregado la nota?.- A la
secretaria.
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Otra de las proformas son los adverbios, que son elementos primariamente deícticos que
sustituyen a complementos circunstanciales: Luisa pasa los fines de semana en el campo, allí se
relaja de las presiones del trabajo. El avión aterrizó a las tres, fue entonces cuando pasó todo.

3. Oposición mediante el artículo con valor presentador o actualizador: Las formas el, la,
los, las determinan a un sustantivo conocido, mencionado o presentado previamente, por tanto
tienen valor anafórico al establecer una relación con un elemento textual previo. Por el contrario,
las formas un, una, unos, unas presentan a un sustantivo del que después se va a volver a hablar,
por lo que se considera que tienen un valor catafórico: Vimos pasar un tren de lejanía, por la
hora era el tren en el que venía nuestro primo.

B. Proformas o procedimientos léxicos:


1. Para sustituir sustantivos: se emplean como sustitutos nominales lexemas con un
significado amplio que se consideran hiperónimos de otros. Si el nombre que se desea
sustituir posee el rasgo  + humano le corresponde el hiperónimo persona, si posee el
rasgo - humano su sustituto es cosa: esa excusa es la cosa más absurda que he
escuchado (valor anafórico). Me da igual, que venga una persona: Marcos, Jorge ...(valor
catafórico).

2. Para sustituir verbos: este valor anafórico lo desempeñan verbos que actúan como
hiperónimos de otros que poseen un valor más concreto: hacer, suceder, pasar...

4. LA PROGRESIÓN TEMÁTICA
La unidad global se consigue en buena parte por la conservación de la identidad referencial,
pero el texto no siempre se encuentra en el mismo punto temático. Llamamos progresión
temática a la tensión que se establece en un texto entre la permanencia y el desarrollo temático.

A. Tema, rema, tópico, foco


Informar puede definirse como la actividad semiológica por medio de la que un emisor se
dirige a un destinatario para modificar su estado de conocimientos, transmitiéndole datos que se
supone que de algún modo le son nuevos.
Independientemente de la terminología podemos agrupar los trabajos acerca de la estructura
informativa de las secuencias en tres grupos:
1. Los estudios que parten de la tradicional distinción entre aquello de lo que se dice algo
(tema) y lo que se dice de él (rema).
2. La segunda perspectiva parte del contraste entre información vieja, compartida por emisor
y receptor y de escasa relevancia informativa, que puede manejarse como sobreentendida,
(tema o tópico) y la nueva, informativamente relevante (rema).
3. El tercer planteamiento parte de la idea de que el hablante puede destacar uno o varios
elementos y darles especial relieve mediante la posición, la entonación.... El elemento o
elementos destacados recibe el nombre de foco.

B. Tematización y rematización
Según Mathesius la estructuración del contenido de una oración puede ajustarse a dos
patrones diferentes: Al orden objetivo: si el tema precede al rema (María acusó a Ramón) o al
orden subjetivo: cuando es el rema el que aparece delante del tema (A Ramón lo acusó María).
El orden refleja una jerarquía de prioridades de la que el único responsable es el emisor.
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La tematización o topicalización consiste en la selección de un elemento como tema de la
predicación (independientemente de la función sintáctica que realice). En español existen
diferentes formas de marcar esa selección:
Asignando al elemento topicalizado la posición inicial En el tobogán los niños se lo
pasan muy bien. Del examen nadie ha hablado todavía..
Anteponiéndole marcadores especializados en esa función tematizadora: en cuanto a, por
lo que se refiere a, en lo concerniente a...
La reduplicación léxica en el registro coloquial: Nevar sí que nevó. Leer, leo, pero no
escribo.
La rematización consiste en todos aquellos procesos mediante los cuales el rema se proyecta
hacia una posición prominente dentro de la oración:
Mediante la entonación puede enfatizarse la pronunciación de un constituyente: Ernesto
ha llegado temprano
Mediante ciertas estructuras sintácticas: Es Ernesto quien ha llegado temprano. Lo que
hizo tu hermano fue alquilar un apartamento.

C. La progresión temática.
La progresión temática representa el armazón del texto. Bernard Combettes, partiendo de la
distinción de tema (información conocida) y rema (información nueva) distingue tres modelos
básicos de progresión temática:

1. Progresión de tema constante: el mismo tema aparece en oraciones sucesivas mientras que
los remas son diferentes. La repetición del tema está asegurada mediante procesos
anafóricos como la elipsis, la paráfrasis y los pronombres.
Por ejemplo: El joven aventurero bajó del barco y se dispuso a explorar aquella nueva
tierra a la que había llegado. Se abrió paso entre la exuberante vegetación con ayuda de
su machete, miraba con mucha atención a su alrededor esperando descubrir un rastro de
vida humana.

Tema 1  Rema 1
Tema 1  Rema 2
Tema 1  Rema 3

2. Progresión lineal: El rema de una oración, o parte de éste, es el tema de la oración


siguiente. Los recursos léxicos que pueden emplearse son fóricos, hiperónimos, repetición
léxica, sinonimia, alternancia de presentadores y actualizadores...
Por ejemplo: De la superficie de la tierra y de los mares, el agua se evapora al calentarse
por la acción del sol e ingresa en la atmósfera en forma de vapor. Al enfriarse, éste se
condensa y cae en forma de lluvia.
Este tipo de progresión temática se consigue también mediante la figura retórica de la
concatenación: No hay criatura sin amor / ni amor sin celos es perfecto / ni celos libres de
engaños / ni engaños sin fundamentos (Tirso de Molina).
Tema 1  Rema 1

Tema 2  Rema 2

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Tema 3  Rema 3

3. Progresión de temas derivados: Los temas proceden de un tema general o hipertema. El


recurso más habitual es la contigüidad semántica.

HIPERTEMA

Tema 1 Rema1 Tema 3 Rema 3

Tema 2 Rema 2

5. CONCLUSIÓN

A lo largo de este tema hemos venido insistiendo en la importancia que en nuestros días
tiene el texto como unidad básica en la comunicación y, con ello, como unidad objeto de estudio
de las disciplinas lingüísticas; ellos supone una superación de los estudios lingüísticos
tradicionales que han establecido como límite la oración y también una evolución desde la
importancia otorgada a los aspectos abstractos del sistema, a una preocupación por la actividad
concreta del usuario de una determinada lengua.
Este cambio de enfoque se nos antoja como fundamental, pues puede incluso significar
también un cambio en el paradigma de la enseñanza de la lengua, al entender que una mejora en
la competencia lingüística en los aspectos relativos al texto, también significará una mejora en la
competencia comunicativa, permitiendo incluso una más satisfactoria participación social como
consecuencia de un mayor dominio de la actividad comunicativa a través del estudio del texto.
La descripción de las características textuales, ya sea desde el punto de vista del hablante
o desde el punto de vista del oyente, permitirá en el usuario del lenguaje mejorar en una
capacidad que podríamos llamar “competencia textual” (Bernárdez), término muy próximo a la
“competencia comunicativa” de Dell Hymes y que podríamos definir siguiendo a Bernárdez
como el “conjunto de conocimientos que permiten al usuario de la lengua la elaboración y
comprensión de textos coherentes en un contexto extralingüístico específico”.

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