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HUMANIZACIÓN

Luis Fernández Godard

Como personas, tenemos una vocación. No hablo de la vocación individual, sino de la vocación
que todos tenemos por el solo hecho de ser personas. Es lo que en filosofía se llama la vocación
ontológica del ser humano.

Esta vocación no es algo que esté dado sino que se va construyendo en la historia. La lucha por
ella, los medios de llevarla a cabo además de variar en el tiempo, exige la asunción de una utopía.
Pero la utopía no sería posible si le faltara el gusto por la libertad, que es parte de la vocación
de humanización. Y tampoco si le faltara la esperanza, sin la cual no luchamos.

El sueño de la humanización, que está siempre en proceso, pasa siempre por romper los
paradigmas de orden económico, político, social, económico, etc., que nos están condenando a
la deshumanización. El sueño de la humanización es una condición que viene haciéndose
permanente en la historia, que hacemos y que nos hace y rehace.

El opresor se deshumaniza al deshumanizar al oprimido, no importa que coma bien, que vista
bien. No es posible deshumanizar sin deshumanizarse. No soy si tú no eres y, sobre todo, no soy
si te impido o te prohíbo ser. Por eso la utopía tiene que ser un proceso de liberación, que se
nutre con la esperanza de colaborar a la formación de un mundo diferente en que todos nos
respetemos, en el que seamos solidarios, cooperadores, sensibles a las necesidades de los
demás. La liberación de los individuos solo adquiere profunda significación cuando se alcanza la
transformación de la realidad.

Hay que hacer conciencia de que la transformación de la realidad es algo posible. Porque hay
quien piensa que las cosas no pueden cambiar, o que no está en nuestras manos hacerlo. Esta
visión es fatalista, donde no hay lugar para la auténtica esperanza. El futuro con el que soñamos
tenemos que hacerlo, que producirlo, o no vendrá. Podemos hacerlo con el proyecto de otro
mundo posible, con el sueño por el que luchamos.

Esto requiere de una conciencia crítica, donde no nos atengamos al fatalismo, como si la realidad
no pudiera transformarse. Aquí es donde en necesaria la educación crítica, la educación
liberadora, donde desde la escuela se impulse a los niños a pensar en que algo diferente es
posible, donde el los adultos cambiemos nuestros hábitos que nos limitan a creer en que las
cosas “así son” y “no podemos hacer nada”.

Lo que no podemos es seguir aceptando una realidad que no nos gusta, que no satisface, que
nos oprime y nos quita la alegría de vivir, de darle sentido a nuestra vida, como colaboradores,
como constructores, de otro mundo posible. Solo requerimos tener esos sueños, tener esa
esperanza que nos impulsa y esa libertad que nos compromete. Y hacerlo en compañía de otros,
es decir en comunidad.

LUIS FERNÁNDEZ GODARD ES LICENCIADO EN FILOSOFÍA Y TEOLOGÍA. ESPECIALISTA EN EDUCACIÓN POPULAR,


ESPECIALMENTE CON LOS CAMPESINOS Y LAS COLONIAS POPULARES.