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DIÓCESIS DE ENGATIVÁ
PARROQUIA: INMACULADA CONCEPCIÓN - SUBA
RELIGIOSOS AGUSTINOS RECOLETOS

EL PADRE DE FAMILIA

Texto bíblico: San Pablo a los Colosenses 3,19-21


El catequista leerá pausadamente: Hoy, queremos preguntar a todos los hombres a
quienes Dios les ha concedido el don de la paternidad ¿cuál es la realidad de la figura del
padre en la familia, en Colombia y en el mundo? Parece que en los inicios de este tercer
milenio el papel del padre, poco a poco va desapareciendo; debido a que ahora, la madre,
asume responsabilidades que anteriormente eran solo del padre. Sin embargo la misión o
tarea que Dios desde siempre ha encomendado al padre de familia es de acompañar,
orientar y formar al hijo para afrontar los retos que la vida cotidiana le presenta. La
palabra padre tiene un valor especial para nosotros los cristianos, porque es el nombre
con el cual Jesús nos enseñó a llamar a Dios: Padre. El significado de este nombre recibió
una nueva profundidad precisamente a partir del modo en que Jesús lo usaba para
dirigirse a Dios y manifestar su relación especial con Él. «Padre» es una palabra conocida
por todos, una palabra universal. El padre es cabeza de la familia, pero el problema en
nuestros días es su ausencia, el hecho de no estar presentes. Los padres están algunas
veces tan concentrados en sí mismos y en su trabajo, y a veces en sus propias
realizaciones individuales, que olvidan a la familia y dejan solos a los niños y a los
jóvenes. La ausencia de la figura paterna en la vida de los niños y de los jóvenes produce
lagunas y heridas que pueden ser incluso muy graves. Y en efecto, las desviaciones de los
niños y adolescentes pueden darse, en buena parte, por esta ausencia, por la carencia de
ejemplos y de guías autorizados en su vida de todos los días, por la carencia de cercanía y
la carencia de amor por parte de los padres. El sentimiento de orfandad que viven hoy
muchos jóvenes es más profundo de lo que pensamos. Son huérfanos en la familia,
porque los padres a menudo están ausentes, incluso físicamente, pero sobre todo porque,
cuando están, no se comportan como padres, no dialogan con sus hijos, no cumplen con
su tarea educativa, no dan a los hijos su ejemplo acompañado por las palabras, los
principios, los valores y las reglas de vida que tanto necesitan al igual que el pan. De
este modo los jóvenes se quedan, huérfanos de caminos seguros que recorrer, huérfanos
de maestros de quien fiarse, huérfanos de ideales que calienten el corazón, huérfanos de
valores y de esperanzas que los sostengan cada día; y, los llenan en cambio, de ídolos
pero les roban el corazón; les impulsan a soñar con diversiones y placeres, se les ilusiona
con el dios dinero, negándoles la verdadera riqueza. En este momento también, nos
vemos influenciados por una realidad donde el padre de familia maltrata a los hijos y
encontramos papás que exigen respeto, pero ellos son los primeros en irrespetar a su
esposa y a sus propios hijos. Triste situación cuando los hijos no quieren saber nada de
su padre porque éste abusó de ellos o los maltrató sin razón alguna en estado de
embriaguez. Vemos también como algunos de ellos, abandonan sus hogares formalizando
otras relaciones, trayendo de forma irresponsable hijos a sufrir.
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Pero también encontramos a papás que trabajan para un mejor bienestar de la familia,
que son fieles a su esposa, que forman y educan a sus hijos en los valores del respeto, la
paciencia, el amor y la paz. Hoy el padre está llamado a ser testigo, guía y custodio de la
familia, como lo haría un buen padre de cualquier tiempo, teniendo presentes algunos de
los signos, como lo son la fidelidad, la responsabilidad, el servicio, la generosidad y el
compromiso de guiar a los hijos con amor a la casa del Padre Celestial. Finalmente,
nuestro reconocimiento a todos ellos, por su entrega, por su donación y por la vida
compartida con sus hijos. Gracias por ser testigos del amor del Padre. Dios los bendiga y
les llene de sabiduría para cumplir con su misión y que les de la fuerza para vivir esta
bella vocación. Efectivamente, algunos padres de hoy están más involucrados en la vida
de sus hijos y se preocupan por su bienestar integral y por establecer un vínculo sólido
de afecto, comunicación y cercanía con ellos. Para lograrlo, se enfrentan a desafíos
adicionales a los tradicionales, como establecer prioridades, equilibrar el trabajo y la
familia, vencer el estrés y manejar el tiempo. Dios tenga, también, en su reino a todos los
papás difuntos y les conceda la recompensa a sus trabajos y desvelos por la formación de
sus hijos.
Para contestar individualmente (papás):
- ¿Cómo es mi relación con mis hijos?
- ¿Cómo padre de familia qué ejemplo estoy dando a mis hijos(as)?
- ¿Exijo a mis hijos(as) lo que con mis actitudes no vivo?
Plenaria:

SAN JOSÉ, MODELO DE PADRE Y ESPOSO

Texto bíblico: Mateo 1,18-25


El catequista leerá pausadamente: San José se convierte en modelo de padre en cuanto
que él por medio de su trabajo y dedicación hacia Jesús, cumplió a cabalidad su
responsabilidad de papá, él siempre buscó lo mejor para su familia, sin esperar nada a
cambio y además enseñó a trabajar a Jesús en su modesto taller. San José también fue
un buen esposo, amaba tanto a María que pudiendo denunciarla por incumplimiento al
desposorio, no lo hizo porque era un hombre prudente y fiel. Son muchas las virtudes de
San José dignas de imitar. En el plan reconciliador de Dios, San José tuvo un papel
esencial: Dios le encomendó la gran responsabilidad y privilegio de ser el padre adoptivo
del Niño Jesús y de ser esposo de la Virgen María. San José, el santo custodio de la
Sagrada Familia, es el santo que más cerca está de Jesús y de la Santísima de la Virgen
María. En los relatos no conocemos palabras expresadas por él, tan sólo conocemos sus
obras, sus actos de fe, amor y de protección, como padre responsable del bienestar de su
amadísima esposa y de su excepcional Hijo. Es un caso excepcional en la Biblia: un santo
al que no se le escucha ni una sola palabra. Es, pues, el "Santo del silencio". Su santidad
se irradiaba desde antes de los desposorios. Es un "escogido" de Dios; desde el principio
recibió la gracia de discernir los mandatos del Señor. San José, patrono de la vida
interior, nos enseña con su propia vida a orar, a amar, a sufrir, a actuar rectamente y a
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dar gloria a Dios con toda nuestra vida. Se ha tratado de definir muchas veces las
virtudes de San José: "Brillan en él, sobre todo las virtudes de la vida oculta: la
virginidad, la humildad, la pobreza, la paciencia, la prudencia, la fidelidad que no puede
ser quebrantada por ningún peligro, la sencillez y la fe; la confianza en Dios y la más
perfecta caridad. Guardó con amor y entrega total, el deposito que se le confiara con una
fidelidad propia, al valor del tesoro que se le deposito en sus manos. San José ejerció
sobre Jesús la función y los derechos que corresponden a un verdadero padre, del mismo
modo que ejerció sobre María, virginalmente, las funciones y derechos de verdadero
esposo. Ambas funciones constan en el Evangelio. Al encontrar al Niño en el Templo, la
Virgen reclama a Jesús: "Hijo, ¿por qué has obrado así con nosotros? Mira que tu padre y
yo, angustiados, te buscábamos". María nombra a San José dándole el título de padre,
prueba evidente de que él era llamado así por el propio Jesús, pues miraba en José un
reflejo y una representación auténtica de su Padre Celestial. La relación de esposos que
sostuvo San José y la Virgen María es ejemplo para todo matrimonio; ellos nos enseñan
que el fundamento de la unión conyugal está en la comunión de corazones en el amor
divino. Para los esposos, la unión de cuerpos debe ser una expresión de ese amor y por
ende un don de Dios. San José y María Santísima, sin embargo, permanecieron vírgenes
por razón de su privilegiada misión en relación a Jesús. La virginidad, como donación
total a Dios, nunca es una carencia; abre las puertas para comunicar el amor divino en la
forma más pura y sublime. Dios habitaba siempre en aquellos corazones puros y ellos
compartían entre sí los frutos del amor que recibían de Dios. En Belén tuvo que sufrir
con la Virgen la carencia de albergue hasta tener que tomar refugio en un establo. Allí
nació el Jesús, Hijo de Dios. El atendía a los dos como si fuese el verdadero padre. Cual
sería su estado de admiración a la llegada de los pastores, los ángeles y más tarde los
magos de Oriente. Después de la visita de los magos de Oriente, Herodes, lleno de envidia
y obsesionado con su poder, quiso matar al niño. San José escuchó el mensaje de Dios
transmitido por un ángel: "Levántate, toma contigo al niño y a su madre y huye a Egipto;
y estate allí hasta que yo te diga. Porque Herodes va a buscar al niño para matarle" (Mt
2,13). San José obedeció y tomo responsabilidad por la familia que Dios le había
confiado. San José tuvo que vivir unos años con la Virgen y el Niño en el exilio de Egipto.
Esto representaba dificultades muy grandes: la Sagrada Familia, siendo extranjera, no
hablaba el idioma, no tenían el apoyo de familiares o amigos, serían víctimas de
prejuicios, dificultades para encontrar empleo y la consecuente pobreza. San José aceptó
todo eso por amor sin exigir nada, siendo modelo ejemplar de esa amorosa obediencia,
que como hijo debe a su Padre en el cielo. Lo más probable es que San José haya muerto
antes del comienzo de la vida pública de Jesús, ya que no estaba presente en las bodas
de Canaá ni se habla más de él. De estar vivo, San José hubiese estado sin duda al pie de
la Cruz con María. La entrega que hace Jesús de su Madre a San Juan da también a
entender que ya San José estaba muerto.
Para contestar individualmente (papás):
- ¿Qué puedo hacer para que mis hijos(as) sean hombres y mujeres de bien?
- ¿Qué virtud de San José necesito trabajar?
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- ¿Qué tengo que poner de mi parte para que mi familia viva en paz?
Plenaria:
Una historia para reflexionar

El catequista leerá pausadamente: Una vez un sacerdote estaba dando un recorrido por
el templo al medio día … al pasar por el altar decidió quedarse cerca para ver quién había
venido a orar. En ese momento se abrió la puerta, el sacerdote frunció el entrecejo al ver
a un hombre acercándose por el pasillo; el hombre estaba sin afeitarse hacía varios días,
vestía una camisa rasgada, tenía el abrigo gastado y sus bordes se habían comenzado a
deshilachar. El hombre se arrodilló, inclinó la cabeza, luego se levantó y se fue. Durante
los días siguientes, el mismo hombre, siempre al medio día, estaba en el templo cargando
una maleta… se arrodillaba brevemente y luego volvía a salir. El sacerdote un poco
temeroso empezó a sospechar que se tratase de un ladrón, por lo que un día se puso en
la puerta del templo y cuando el hombre se disponía a salir le pregunto: ¿qué haces aquí?
El hombre le dijo que trabajaba cerca y tenía media hora libre para el almuerzo y
aprovechaba ese memento para orar: sólo me quedo unos instantes, sabe, porque la
fábrica queda un poco lejos, así que sólo me arrodillo y digo: “Señor, sólo vine
nuevamente para contarte cuan feliz me haces cuando me liberas de mis pecados… no sé
muy bien orar, pero pienso en Ti todos los días… así que Jesús, éste es Juan
reportándose”. El sacerdote sintiéndose un tonto, le dijo a Juan que estaba bien y que era
bienvenido cuando quisiera. Después, el sacerdote se arrodilló ante el altar, sintió
derretirse su corazón con el gran calor del amor y encontró a Jesús. Mientras que las
lágrimas corrían por sus mejillas, en su corazón repetía la plegaria de Juan: “sólo vine
para decirte, Señor, cuan feliz fui desde que te encontré a través de mis semejantes y me
liberaste de mis pecados… no sé muy bien cómo orar, pero pienso en ti todos los días…
así que, Jesús soy yo reportándome”.
Cierto día el sacerdote notó que el viejo Juan no había venido. Los días siguieron pasando
sin que Juan viniese para orar. Continuaba ausente, por lo que el sacerdote comenzó a
preocuparse hasta que un día fue a la fábrica a preguntar por él; allí le dijeron que él
estaba enfermo, que pese a que los médicos estaban muy preocupados por su estado,
todavía creían que tenía un chance de sobrevivir.
La semana que Juan estuvo en el hospital trajo muchos cambios, él sonreía todo el
tiempo y su alegría era contagiosa. La enfermera jefe no podía entender por qué Juan
estaba tan feliz, ya que nunca había recibido no flores, ni tarjetas, ni visitas. El sacerdote
se acercó al lecho de Juan con la enfermera y ésta le dijo, mientras Juan escuchaba:
“ningún amigo ha venido a visitarlo, él no tiene a dónde recurrir”. Sorprendido, el viejo
Juan dijo con una sonrisa: “la enfermera está equivocada… pero ella no debe saber que
todos los días, desde que llegué aquí, a medio día, un querido amigo viene, se sienta aquí
en la cama, me agarra de las manos, se inclina sobre mí y me dice: “sólo vine para
decirte, Juan, cuan feliz fui desde que encontré tu amistad y te liberé de tus pecados.
Siempre me gustó oír tus oraciones, pienso en ti cada día… así que Juan, este es Jesús,
reportándose”.
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Para contestar individualmente (papás)


- ¿Doy a mis hijos el ejemplo de participar en la Eucaristía dominical?
- ¿Recibo asiduamente el Sacramento de la Reconciliación y de la Eucaristía?
Disco foro: No basta - Franco de Vita
LA MADRE DE FAMILIA

Texto bíblico: Eclesiástico 26,1-4, 13-18.


El catequista leerá pausadamente: Entre las funciones más importantes de una madre es
el llamado de nutrir desde sus primeros días en la tierra a sus hijos no solamente de
alimento sino del amor y la bondad. Gracias a que nuestras madres nos aman, nosotros
aprendemos, que Dios también nos ama. Si son madres, ustedes participan con Dios en
su obra de crear, no sólo al proporcionar cuerpos físicos para sus hijos, sino también al
instruirlos y nutrirlos con amor. Si aún no son madres, los talentos creativos que
desarrollen las prepararán para cuando lleguen a serlo. Las bendiciones del cielo asisten
a las madres, la influencia de una madre es eterna e infinita. “¿Quién podría medir
debidamente la buena influencia del amor de una madre? ¿Qué frutos imperecederos
resultan de las semillas de verdad que una madre planta cuidadosamente, y cultiva con
amor en la tierra fértil de la mente y el corazón confiado de un niño? Como madre se le
han otorgado instintos divinos para que pueda darse cuenta de los talentos especiales y
capacidades únicas de sus hijos(as). A las madres que crían a sus hijos sin un padre en
el hogar, sentirán que el poder de los cielos las bendice. Ustedes son magníficas. Están
haciendo una excelente labor. El solo hecho de que se les haya dado esa responsabilidad
es una evidencia eterna de la confianza que Dios, nuestro Padre Celestial, tiene en
ustedes. Ser madre significa para la mujer una experiencia rica en sentimientos, pero
también llena de conflictos. Vive los logros de sus hijos, y sus fracasos los siente como
propios; y es que entre madre e hijo existe una comunicación única. La independencia de
sus hijos empieza a vivirla cuando llega el primer día de ir al colegio, y una lágrima deja
asomar, y junto con el padre debe enseñarles a valerse por sí mismos, dentro de ciertos
parámetros culturales que la sociedad espera de un hombre, de una mujer; pero
partiendo siempre de los pilares sólidos de amor y comprensión del hogar. Con regaños y
fuertes llamados de atención, ella primero moldea nuestro comportamiento, sin negar en
ocasiones la oportunidad a la palmada, que enseña que a los hermanos no hay que
pegarles y a las plantas no maltratarlas. Pero cuando el niño va creciendo, la enseñanza
de los principios morales ocupa ahora el lugar preferente y va sembrando la tradición de
una familia. Es aquí cuando la mujer actual, a pesar de sus compromisos laborales,
necesita distribuir sabiamente su tiempo para sus hijos, que aunque a veces es poco, es
valioso por la calidad de la entrega. Entrega las pautas de comportamiento para sus hijos
y estimula el desarrollo de sus habilidades, para llevar una vida íntegra, basada en el
respeto y la verdad, enseñándoles a afrontar la realidad con valor, sin escapar de ella, por
medios artificiales como la droga, el alcoholismo y otros vicios que llevan a la destrucción
personal, familiar y social. Ama de casa o empleada, ejecutiva o no, la madre es el pilar
sobre el que se levantan varias vidas, y de su incansable siembra, recoge los frutos en
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sus hijos que formarán otras familias, pero siempre en la mujer estará la responsabilidad
de educar una familia. La importancia del papel de la mujer en la familia, la podemos
sintetizar en un solo verso: El que educa a un hombre/ educa a un individuo, el que
educa a una mujer/ educa a una familia. Ser mamá es una vocación que el Señor da a
la mujer, pero existen algunas que rechazan este don y hacen de sus vientres sepulcros,
es así como encontramos algunas mujeres que se mandan practicar el aborto cometiendo
homicidios, matando a sus propios hijos, olvidando que la vida es un don gratuito que
Dios da al hombre para que lo administre, no para que se apropie y decida sobre la vida
de otro ser, especialmente de uno que es más indefenso. Esta es una realidad muy triste
pero no podemos cerrar nuestros ojos y hacer caso omiso. También vemos como en pleno
siglo XXI, por una falsa concepción de la “liberación femenina” algunas mujeres hacen de
su hogar lo que quieren, es como se ha generalizado la infidelidad, el abandonar a los
hijos, el irse con otros hombres sin pensar en el mal ejemplo y la desprotección para sus
hijos.
Esta realidad es contrastada por mamás cariñosas detallistas, serviciales, responsables,
fieles, pendientes de sus hijos, defensoras de la vida. Mamás como las que tenemos cada
uno de nosotros que nos enseñan a amar a Dios y a los hermanos, que con su ejemplo y
ternura se convierten en maestras del servicio y la disponibilidad.
Para contestar individualmente (mamás):
- ¿He respetado y cuidado el don de la vida que Dios me ha dado?
- ¿He cumplido con los deberes que me corresponden como madre?
- ¿Mis hijos están recibiendo el mejor ejemplo de parte mía?
Plenaria:

MARÍA MODELO DE MADRE Y ESPOSA

Texto bíblico: Lucas 1,26-38.


El catequista leerá pausadamente: Así como el padre, la madre cumple el más importante
papel de su vida al participar en la familia, por ella se desarrolla y se forma un niño,
entregándole no solo las necesidades básicas, también las del amor, que es la fuente de
vida de todo ser. Es así como Dios pensó como debía formarse su Hijo, es así como
también le entregó a la mujer un don especial, la maternidad, pero no solo para
engendrar, sino para formar, educar, cuidar y participar activamente en la primera etapa
de vida de sus hijos. Dios eligió a una mujer que con su actitud nos demostró que
efectivamente era digna de ser Madre de Dios, y con esto nos damos cuenta, como para
Dios todos somos importantes, y que para Él no es preferente el nivel socio-económico de
sus hijos, y así la mujer que da a luz al Hijo de Dios, es sencilla y simple, pero muy
importante para El.  La tarea de María como madre, fue siempre abnegada, generosa,
nunca pensando en sí misma, dio a luz, amamantó y alimentó; crio y acompañó a Jesús
por tres décadas, y cuando su Hijo partió a la casa del Padre, su presencia fue de gran
relevancia, y ella asume un nuevo papel de importancia, ser nuestra Madre; “Cerca de la
cruz de Jesús estaba su madre, con María, la hermana de su madre, esposa de Cleofás, y
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María Magdalena. Jesús, al ver a la Madre y junto a ella al discípulo que más quería, dijo
a la Madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo». Después dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu
madre». Y desde aquel momento el discípulo se la llevó a su casa”. Entonces María es
hecha nuestra Madre espiritual, esposa ejemplar, ejemplo de vida familiar, y como madre
nuestra, ella nos cuida y está con nosotros sus hijos de la misma forma como lo hizo con
Jesús, y está dispuesta y siempre lista para oír nuestras súplicas, cada una de nuestras
peticiones y elevarlas a su Hijo, y Jesús está dispuesto a acoger lo que le pida su madre.  
Toda buena madre es buena esposa, dos requisitos importantes en la familia, y María nos
enseña, además es el medio para llevarnos a Jesús, ella cuidó a su hijo y nos cuidará a
nosotros, así la Virgen María adquiere gran importancia en nuestras vidas, especialmente
en nuestra vida familiar y la debemos tener en cuenta. No podemos ir a venerar a nuestra
Madre, si estamos por otra parte siendo permisivos con la crianza de nuestros hijos, no
podemos ir a María si estamos alentando la separación de los esposos, no podemos ir a
ella, y no tomarla como modelo de vida familiar, pero si podemos recurrir para pedir su
intersección por nuestras necesidades, especialmente las que María Santísima conoce
muy bien, como debe ser una familia. María nos muestra su humildad, su respeto y amor
a Dios, con su obediencia, y lo hizo a través de toda su vida, y acompaño a su Hijo con
lealtad y amor en todos los momentos, allí estuvo ella al pie de la cruz, hasta el último
segundo, a pesar de que muchos ya habían abandonado a su Hijo. María participó en el
plan de Dios para nuestra salvación al ser Madre de Jesús,  porque no ver en ella
entonces, la ayuda necesaria para la salvación de los males de la familia, como esposa y
madre modelo, acompañado de un ejemplo de esposo, San José, también ejemplo de
padre con su hijo. Sobran méritos para confiar en la Virgen María la ayuda que
necesitamos en nuestra familia, ella asumió perfectamente el papel de madre y esposa y
continuó dando este ejemplo, a través de toda su vida terrenal. La Virgen María como
toda mamá, desde el momento de la concepción cuidó a Jesús, siempre solícita,
acudiendo cuando Jesús la necesitaba, se convirtió en su amiga y en su compañera de
camino. María estuvo presente en los grandes acontecimientos de la vida de Jesús. Hay
algunas virtudes que la Santísima Virgen María recibió de parte de Dios, entre ellas su
disponibilidad frente al llamado que Dios le hacía de ser Madre de Jesús y Madre
nuestra, la prontitud de responder a Dios: “he aquí la esclava del Señor hágase en mi
según tu Palabra”, el servicio gratuito a la salvación de la humanidad, la oración
intercesora a favor de todos los hombres, la fidelidad en la misión que Dios le encomendó,
la prudencia para guardar todo en su corazón. María era humilde, era pura, sencilla, era
fervorosa, era vigilante, nada la ofuscaba, nada la apartaba de los ojos de Dios. María es
prudente al obrar, en la anunciación oye al Arcángel y ante el anuncio se turba, pero pide
explicaciones y, una vez que conoce claramente la voluntad del Señor, acepta con
decisión y seguridad, entregándose a Dios como esclava suya. Durante la vida de Jesús,
tanto en la vida de Jesús, tanto en la vida privada como en la vida pública, aparece
silenciosa, acompañando a su Hijo; en ciertos momentos, se oculta prudentemente y
apenas si se le nombra algunas veces en el Evangelio. En la pasión, aparece junto a su
Hijo en el calvario; asiste a aquella escena con el dolor en su corazón de madre, pero de
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modo que pasa inadvertida ante los demás. Después de la Ascensión, Ella acoge a los
apóstoles, los anima, los alimenta y se dispone para la venida del Espíritu Santo. Ella es
la madre verdadera de la Iglesia naciente, con su ejemplo, con su consejo, con su oración,
con su fervor y virtud. María fue muy prudente en sus palabras. Habla con oportunidad y
discreción siempre, pero también sabe callar. La prudencia de María cuando le fue
confiado el misterio de la encarnación, es Dios quien se encarga de revelarlo a Santa
Isabel, a Simeón, a la profetiza Ana; es el Ángel quien en sueños, habla a José y le
comunica la noticia. María decide seguir callando y deja a Dios el desarrollo de los
acontecimientos como Él quiere. María también es modelo en el hablar, conocemos pocas
palabras de María en el Evangelio, que son muy oportunas, buscando el bien del prójimo
y la gloria de Dios.

Para contestar individualmente (mamás):


- ¿Qué virtudes de la Santísima Virgen María tengo? ¿Cuáles no?
- ¿Qué estoy haciendo en mi hogar para que mis hijos(as) aprendan a querer y a venerar
a la Santísima Virgen María?
Plenaria:

Un historia para reflexionar

El catequista leerá pausadamente: Una vez un sacerdote estaba dando un recorrido por
el templo al medio día … al pasar por el altar decidió quedarse cerca para ver quién había
venido a orar. En ese momento se abrió la puerta, el sacerdote frunció el entrecejo al ver
a un hombre acercándose por el pasillo; el hombre estaba sin afeitarse hacía varios días,
vestía una camisa rasgada, tenía el abrigo gastado y sus bordes se habían comenzado a
deshilachar. El hombre se arrodilló, inclinó la cabeza, luego se levantó y se fue. Durante
los días siguientes, el mismo hombre, siempre al medio día, estaba en el templo cargando
una maleta… se arrodillaba brevemente y luego volvía a salir. El sacerdote un poco
temeroso empezó a sospechar que se tratase de un ladrón, por lo que un día se puso en
la puerta del templo y cuando el hombre se disponía a salir le pregunto: ¿qué haces aquí?
El hombre le dijo que trabajaba cerca y tenía media hora libre para el almuerzo y
aprovechaba ese memento para orar: sólo me quedo unos instantes, sabe, porque la
fábrica queda un poco lejos, así que sólo me arrodillo y digo: “Señor, sólo vine
nuevamente para contarte cuan feliz me haces cuando me liberas de mis pecados… no sé
muy bien orar, pero pienso en Ti todos los días… así que Jesús, éste es Juan
reportándose”. El sacerdote sintiéndose un tonto, le dijo a Juan que estaba bien y que era
bienvenido cuando quisiera. Después, el sacerdote se arrodilló ante el altar, sintió
derretirse su corazón con el gran calor del amor y encontró a Jesús. Mientras que las
lágrimas corrían por sus mejillas, en su corazón repetía la plegaria de Juan: “sólo vine
para decirte, Señor, cuan feliz fui desde que te encontré a través de mis semejantes y me
liberaste de mis pecados… no sé muy bien cómo orar, pero pienso en ti todos los días…
así que, Jesús soy yo reportándome”.
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Cierto día el sacerdote notó que el viejo Juan no había venido. Los días siguieron pasando
sin que Juan viniese para orar. Continuaba ausente, por lo que el sacerdote comenzó a
preocuparse hasta que un día fue a la fábrica a preguntar por él; allí le dijeron que él
estaba enfermo, que pese a que los médicos estaban muy preocupados por su estado,
todavía creían que tenía un chance de sobrevivir.
La semana que Juan estuvo en el hospital trajo muchos cambios, él sonreía todo el
tiempo y su alegría era contagiosa. La enfermera jefe no podía entender por qué Juan
estaba tan feliz, ya que nunca había recibido no flores, ni tarjetas, ni visitas. El sacerdote
se acercó al lecho de Juan con la enfermera y ésta le dijo, mientras Juan escuchaba:
“ningún amigo ha venido a visitarlo, él no tiene a dónde recurrir”. Sorprendido, el viejo
Juan dijo con una sonrisa: “la enfermera está equivocada… pero ella no debe saber que
todos los días, desde que llegué aquí, a medio día, un querido amigo viene, se sienta aquí
en la cama, me agarra de las manos, se inclina sobre mí y me dice: “sólo vine para
decirte, Juan, cuan feliz fui desde que encontré tu amistad y te liberé de tus pecados.
Siempre me gustó oír tus oraciones, pienso en ti cada día… así que Juan, este es Jesús,
reportándose”.
Para contestar individualmente (mamás):
- ¿Doy a mis hijos el ejemplo de participar en la Eucaristía dominical?
- ¿Recibo asiduamente el Sacramento de la Reconciliación y de la Eucaristía?
Disco foro: No basta - Franco de Vita

LOS HIJOS

Texto bíblico: Eclesiástico 3, 1-16; 7, 27 – 28


El Catequista lee pausadamente: A veces los hijos son muy desagradecidos con sus
padres, incluso en su etapa de adultos cuando debieran tener mayor capacidad de
apreciar lo que sus padres hicieron por y para ellos. Bien es cierto que hay padres que no
han sido ejemplares, pero incluso los mejores padres, los que más han sacrificado por
sus hijos, los que más han luchado por darles oportunidades que ellos mismos no
tuvieron… también pueden tener hijos muy ingratos. Para una madre que ha sacrificado
mucho de su propia vida, que ha dado buen ejemplo a sus hijos incluso llegando a dejar
de lado, sus propias vidas para dar paso a la de sus hijos, los hijos ingratos le son
doblemente dolorosos. Es doloroso tener hijos desagradecidos. Dice una mamá “Mi vida
nunca ha sido fácil, muchas veces me vi obligada a trabajar en otras cosas para dar
sustento a mis hijos, nunca mirando por mí, sino por las necesidades de mis hijos. Mis
hijos lo son todo para mí, ahora son bien educados y bien posicionados, pero ya no están
junto a mí. Ahora sólo me escriben muy de vez en cuando y no sé nada de ellos, ya no me
necesitan en su vida y ahora sus vidas giran sólo en torno a ellos mismos, se olvidaron de
mí, una vez alcanzaron lo que tanto luché porque tuviesen me dejaron de lado. Ahora
sólo están disponibles para sí mismos y los amigos que ellos, yo claramente no estoy en
su lista.” Así habla una madre con mucho dolor sobre sus hijos; no existe la madre
perfecta ni la mujer perfecta, pero cuando se es madre se trata de ser la mejor, y todo el
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amor que ha sido dado a la mujer, se derrama sobre el hijo, se trata de que no tengan
problemas y se les evita que pasen necesidades. Aunque la madre pase por muchos
malos momentos, los hijos pasan a ser intocables. Se les mima demasiado, se les
consiente tanto, que muchas veces se les da sobreprotección. Pero eso no se le dice a un
hijo, no se puede, ellos deben ver en una madre a la mujer perfecta, la que todo lo puede.
Pero la realidad es que todos somos humanos y por lo tanto con muchos defectos. Creo
que los hijos debieran saber, que no siempre se les puede dar todo lo que quieren porque
a la larga no sabrán apreciar los sacrificios, y darán por sentado que sólo deben abrir la
boca para obtener lo que quieren. La ingratitud supone mucho dolor para cualquier
persona, sobre todo si viene de un hijo. A una madre cualquier palabra que se diga
afectará su corazón, porque siempre piensa como esta madre hizo: “cuando mis hijos
sean grandes… podré hablar con ellos, seremos amigos y nos podremos contar nuestras
cosas”. Esperando que así sea se le da todo, hasta que llegan a ser grandes profesionales.
Las madres siempre están dispuestas a sacrificarlo todo por sus hijos, y a veces la vida
así lo requiere. Hay madres que lo han dado todo por sus hijos e hijas, que no se han
guardado nada y han dado de sí por ellos. Muchas veces trabajando de más, sacrificando
comodidad e incluso llegando a sacrificar sueños por ver a sus hijos con algo mejor, con
un futuro mejor, o por la sonrisa de un hijo un día cualquiera. A los padres que han
hecho todo esto y más por sus hijos, la vida muchas veces les depara sorpresas
desagradables: hijos e hijas que no les toman en consideración una vez llegan a
independizarse. A una madre todo esto le duele mucho más cuando entra en cierta edad
y las fuerzas flaquean y se sigue sin saber nada de esas criaturas preciosas por las que se
vivió y desvivió. ***Como madre produce una enorme alegría y satisfacción en la vida ver
que a una hija le salgan alas, se independice, la educación por la que luchaste que
tuviera le viniese bien y logre una profesión y un nivel de vida mejor que la tuya propia.
Todo ello es motivo de alegría y regocijo, pues es muestra de que tus sacrificios no fueron
en vano. Pero duele enormemente que esas alas puedan llevar a los hijos tan lejos que ni
se asomen a preguntar cómo estás, y que cuando lo preguntan sea sin interés real sino
simple por cordialidad con la madre. Como madre resulta duro descubrir que tu hija te
dejó de lado, pasa todo su tiempo con sus nuevas amistades y ni un fin de semana al mes
pueda dedicarte. Duele ver que ahora, personas que te son extrañas son las que están
para recoger las lágrimas de tu hija, que son ellos quienes la arropan cuando el mundo se
viene abajo, y que no sólo ya no acuda a ti para buscar cobijo en estos momentos, sino
que tampoco está para ti cuando es a ti que todo se te viene abajo. Observando
experiencias así saco la conclusión de que siempre es malo darlo todo y sin medidas. No
se les puede estar dando todo a los hijos cuando éstos lo quieran, los padres no debieran
darles a los hijos todo cuanto pidan, en el momento que lo pidan. Hay que enseñarles a
valorar las cosas, a valorar el sacrificio que por ellos se hace, a valorar cada cosa que se
les da. Los hijos deben de comprender, desde cuanto más jóvenes mejor, que la vida no
es de color rosa y que todo cuesta, todo tiene un precio, todo se logra con el sudor de una
frente (si no es la de ellos, es con el sudor de la frente de los padres). Hay que enseñar a
los hijos a ser buenos hijos, no sólo preocuparnos por que tengan estudios y acceso a la
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universidad. En el hogar también deben recibir educación, es una educación diferente


pero igualmente importante. Las madres sacrificadas deben darse a respetar, que los
hijos ingratos sepan que muchas veces la madre se saca el pan de la boca para dárselos a
ellos. Es necesario que los hijos lo sepan, es necesario no ocultarles la realidad de la
dureza de la vida, es necesario evitar que piensen que todo es color rosa, es necesario que
valoren cuanto se hace por ellos, que si la vida les es fácil es gracias a lo que por ellos se
hace y muchas veces por lo mucho que se sacrifica por ellos. No hay súper madres,
madres con poderes mágicos, lo que hay son madres trabajadoras. A los hijos hay que
enseñarles a ser responsables. Si eres madre de niños pequeños puede que aún estés a
tiempo de cambiar la forma en la que les estás educando. Pero a las madres que ya están
sufriendo el abandono de sus propios hijos, esta falta de interés que tienen por ti, sólo
queda decirles que seguramente llegará el día en que sus hijos ingratos se den cuenta de
que la madre que tuvieron fue realmente la mejor madre del mundo. Ojalá cuando se den
cuenta de ello no sea demasiado tarde y puedan de algún modo llegar a apreciar y
recompensar a sus padres por lo mucho que hicieron por ellos. Si eres una hija, aunque
seas ya adulta, y te sientes identificada, entonces posiblemente seas una mujer con
suerte porque aún estás a tiempo de acercarte a tu madre, acércate a ella porque tenerla
es como tener un pedacito de Dios. Acércate porque aún estás a tiempo pues una madre
siempre espera a sus hijos con los brazos abiertos por muy mal que éstos se portasen con
ella. Si eres hija y aún no eres madre, se buena hija porque seguramente algún día serás
madre, y este dolor que tu madre sufre pudiera ser también tu dolor.
El fruto del amor de los padres son los hijos, don de Dios, regalo de Dios. Si miramos a
nuestro alrededor encontramos una realidad muchas veces contradictoria, papás y
mamás que han gastado toda su vida formando y educando a sus hijos y éstos
corresponden no sólo con maltrato verbal sino físico, llegando al extremo de desterrar y
expropiar a sus papás y mamás de los bienes que ellos mismos después de muchas años
de esfuerzo y trabajo han conseguido. Pero también hay hijos que comprenden que sus
padres han hecho mucho por ellos y por tanto en recompensa a tanto esfuerzo,
colaboran, consienten apoyan, cuidan, atienden, respetan, sirven a sus padres sean
jóvenes o ya mayores.
Para contestar individualmente hijos(as):
- ¿Valoro el esfuerzo que han hecho mis padres?
- ¿He retribuido con mi cariño y mi ayuda todo lo que han hecho papá y mamá por mí? -
¿Cómo puedo enmendar los errores que he cometido hacia mi papá y mi mamá?

JESÚS MODELO DE HIJO

Texto bíblico: Lucas 2,41-52


El Catequista lee pausadamente: Jesús se convierte para nosotros en modelo de
obediencia, primero a nuestro Padre Dios, por quien vino al mundo. Su obediencia está
impregnada totalmente de amor, no solo a Dios sino a la humanidad, concretamente al
hombre enfermo, al esclavo del pecado, al oprimido, al pobre, al desprotegido, al
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humillado, al excluido de la comunidad, al hambriento, al marginado. Pero la obediencia


de Jesús se da también en relación con María y José sus padres, ante todo Jesús era
presto al mandato de ellos, sin reclamar, sin pelear, sin contestar mal, fue así toda su
vida. Además siempre fue respetuoso, servicial, colaborador en todos los quehaceres del
hogar y en el trabajo con sus padres. Jesús siendo hijo de Dios Padre Todopoderoso,
siempre mantuvo la humildad ante quien lo creó y ante sus semejantes. En cuanto a la
obediencia la Sagrada Escritura nos dice que "Jesús crecía en gracia y en sabiduría ante
los ojos de Dios y de los hombres y María, su Santa Madre guardaba todas estas cosas en
su corazón". Tal obediencia se vio también cuando, al perderse en el Templo, y cuando
María Madre le pregunta por qué ha hecho eso, él le responde: "¿No saben que yo debo
ocuparme en lo referente al servicio de Mi Padre?". Tal nobleza y obediencia es
increíblemente evidente, además de dar fuerte testimonio, es cuando en la cruz queda
establecido que obedeció hasta lo último el mandato Divino, que había recibido del Padre
Eterno, sellado con las dolorosas palabras de "Todo está consumado". Siendo el orgullo
principio de pecado y perdición, Jesús buscó la manera de liberarnos del mismo
enseñándonos la virtud de la humildad en estas palabras: "aprendan de mí que soy
manso y humilde de corazón, y lograrán la paz y la tranquilidad en sus almas”. Tan
humilde era, que por eso se hizo llamar El Hijo del Hombre, además que decía que había
venido a servir, más no a que le sirvieran. Se comenta que llegó incluso a ocultar
milagros y que prohibía que los beneficiados hablaran de los mismos. Realmente una
belleza, ya que efectivamente es mucho más hermosa la entrega incondicional y el
servicio al prójimo que el ser servidos. Además de humilde, Nuestro Señor Jesucristo,
rebosaba de una dulzura y mansedumbre increíbles. Nunca despreció a nadie jamás,
todos ante sus ojos eran iguales, como lo somos todos, consolaba sin la más mínima
distinción". La demostración de la piedad, la compasión ante la muerte de Lázaro, cuando
llora sobre Jerusalén. Su corazón siempre estuvo lleno de caridad, compasión y una
infinita ternura. Sorprendente la misericordia profesada a los pecadores que querían
cambiar, con quienes era bondadoso y les visitaba. Con los fariseos y escribas, por
ejemplo, era severo, más aun con los hipócritas, sin embargo, jamás desestimaba su
autoridad ante el pueblo, antes bien, los instaba a observar la doctrina, más a no actuar
como ellos. Jesucristo Nuestro Señor siempre mantuvo una paciencia extraordinaria, en
su infancia, a lo largo de su vida, en el trabajo, en el calvario, en su Sagrado Ministerio.
Soportó los defectos y errores de los apóstoles, los lamentos de los enfermos en
momentos inesperados, las acciones de sus enemigos. Que decir de su largo y doloroso
camino al calvario, donde recibió los peores agravios, no solo de los soldados, sino del
pueblo. No habló, no amenazó, no maldijo. La muestra mas preciosa de su divina
paciencia es en la Cruz, donde a pesar de todo el agravio a su persona, suplica a su Padre
Celestial: "Padre, perdónalos, no saben lo que hacen.". Jamás ostentó riqueza alguna
como no fuera la de su alma. Respetando siempre la Ley del Templo de su Divino Padre,
así como la ley preestablecida por Moisés, y cumpliendo las leyes del país donde vivía,
pagando impuestos como debía ser. Jesús el hijo de Dios, fue una entrega incondicional y
de amor a sus semejantes. Fue una fuente infinita de misericordia y perdón, con una
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humildad digna más que de admiración y respeto. Debemos ser ejemplo de amor y
compasión, y que nuestras acciones sean el ejemplo a seguir de nuestras futuras
generaciones. Es importante ir tratando de adoptar las virtudes que Jesús Nuestro Señor
nos dejó como ejemplo. No es justificable una actitud de indiferencia por ir con las
tendencias de la "moda", de los gobiernos o delos sistemas económicos. Estas y otras
muchas cualidades sobresalientes convierten a Jesús en un modelo perfecto para nuestra
vida. De modo que si imitamos su conducta, seremos mejores personas y más felices. Por
eso, el apóstol Pedro exhortó a los cristianos a seguir cuidadosamente los pasos de Jesús.
Así pues, ¿estamos esforzándonos al mayor grado posible por imitar a Jesús?
Para contestar individualmente hijos(as):
- ¿Con qué actitudes de Jesús me identifico?
- ¿Qué tan buen hijo(a) he sido con mis padres?
- ¿En qué podría mejorar en la relación que tengo con mis padres?

Un historia para reflexionar

Una vez un sacerdote estaba dando un recorrido por el templo al medio día … al pasar
por el altar decidió quedarse cerca para ver quién había venido a orar. En ese momento
se abrió la puerta, el sacerdote frunció el entrecejo al ver a un hombre acercándose por el
pasillo; el hombre estaba sin afeitarse hacía varios días, vestía una camisa rasgada, tenía
el abrigo gastado y sus bordes se habían comenzado a deshilachar. El hombre se
arrodilló, inclinó la cabeza, luego se levantó y se fue. Durante los días siguientes, el
mismo hombre, siempre al medio día, estaba en el templo cargando una maleta… se
arrodillaba brevemente y luego volvía a salir. El sacerdote un poco temeroso empezó a
sospechar que se tratase de un ladrón, por lo que un día se puso en la puerta del templo
y cuando el hombre se disponía a salir le pregunto: ¿qué haces aquí? El hombre le dijo
que trabajaba cerca y tenía media hora libre para el almuerzo y aprovechaba ese
memento para orar: sólo me quedo unos instantes, sabe, porque la fábrica queda un poco
lejos, así que sólo me arrodillo y digo: “Señor, sólo vine nuevamente para contarte cuan
feliz me haces cuando me liberas de mis pecados… no sé muy bien orar, pero pienso en
Ti todos los días… así que Jesús, éste es Juan reportándose”. El sacerdote sintiéndose un
tonto, le dijo a Juan que estaba bien y que era bienvenido cuando quisiera. Después, el
sacerdote se arrodilló ante el altar, sintió derretirse su corazón con el gran calor del amor
y encontró a Jesús. Mientras que las lágrimas corrían por sus mejillas, en su corazón
repetía la plegaria de Juan: “sólo vine para decirte, Señor, cuan feliz fui desde que te
encontré a través de mis semejantes y me liberaste de mis pecados… no sé muy bien
cómo orar, pero pienso en ti todos los días… así que, Jesús soy yo reportándome”.
Cierto día el sacerdote notó que el viejo Juan no había venido. Los días siguieron pasando
sin que Juan viniese para orar. Continuaba ausente, por lo que el sacerdote comenzó a
preocuparse hasta que un día fue a la fábrica a preguntar por él; allí le dijeron que él
estaba enfermo, que pese a que los médicos estaban muy preocupados por su estado,
todavía creían que tenía un chance de sobrevivir.
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La semana que Juan estuvo en el hospital trajo muchos cambios, él sonreía todo el
tiempo y su alegría era contagiosa. La enfermera jefe no podía entender por qué Juan
estaba tan feliz, ya que nunca había recibido no flores, ni tarjetas, ni visitas. El sacerdote
se acercó al lecho de Juan con la enfermera y ésta le dijo, mientras Juan escuchaba:
“ningún amigo ha venido a visitarlo, él no tiene a dónde recurrir”. Sorprendido, el viejo
Juan dijo con una sonrisa: “la enfermera está equivocada… pero ella no debe saber que
todos los días, desde que llegué aquí, a medio día, un querido amigo viene, se sienta aquí
en la cama, me agarra de las manos, se inclina sobre mí y me dice: “sólo vine para
decirte, Juan, cuan feliz fui desde que encontré tu amistad y te liberé de tus pecados.
Siempre me gustó oír tus oraciones, pienso en ti cada día… así que Juan, este es Jesús,
reportándose”.
Para contestar individualmente hijos(as):
- ¿Participo en la Eucaristía dominical?
- Recibo con frecuencia los Sacramentos de la Eucaristía y la Reconciliación?
(Catequizandos Confirmación).
- ¿Hago oración todos los días? ¿Cada cuánto la hago?

LA FAMILIA DE NAZARET MODELO DE TODAS LAS FAMILIAS

Para contestar por familias:


- ¿Cuáles son las personas que forman nuestro hogar?
- Las necesidades que tiene nuestra familia actualmente son: (no pensemos solamente en
el aspecto económico).
- ¿Qué es lo más difícil de la relación de nosotros con nuestros(as) hijos(as)?
- ¿Cómo manifestamos nuestro afecto a nuestros hijos(as)?
- ¿Cómo familia participamos todos los domingos y fiestas de precepto de la Eucaristía?
¿Por qué?
Plenaria:
LA FAMILIA

El catequista leerá pausadamente: Tradicionalmente la familia ha sido la célula básica de


la sociedad. Pero actualmente ese núcleo se encuentra en proceso de transformación y lo
sorprendente es que, en el mundo,  la familia colombiana es la que más cambios está
sufriendo. El reporte muestra que si se compara al país con el resto de América Latina,
el matrimonio en Colombia, ya sea civil o religioso, ha perdido terreno frente a la unión
marital de hecho. En cuanto a la estructura familiar, los grupos conformados por los
padres y sus hijos, es decir los hogares biparentales, le han cedido espacio a la familia
extensa, conformada por abuelos, tíos y otros familiares. El panorama estaría incompleto
si no se hablara de los hogares unipersonales y los monoparentales, conformados por un
padre y un hijo, que han ido creciendo a costa de los tradicionales. Esto significa que las
mujeres ya no esperan a casarse para iniciar su vida sexual ni tampoco para tener hijos.
Aunque el madresolterismo siempre se asocia a las jóvenes, y es un tema crítico porque
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para ellas puede ser una trampa de la pobreza, cada vez más mujeres adultas deciden ser
madres de manera autónoma. 
Actualmente la familia se está viendo amenazada en su núcleo más profundo; el
panorama nos muestra división, se vive bajo el mismo techo pero cada uno en su mundo,
el anonimato (vivir bajo el mismo techo sin interesarme el problema que tenga el otro,
hotel - hogar) es la mayor tentación. No hay espacio para el diálogo, todos creen tener la
razón y viven según los propios caprichos convirtiéndose en personas tercas y
desconfiadas. Muchos quieren destruir la familia para desestabilizar la sociedad, pero a
pesar de esta constante tentación, algunas familias se convierten para nosotros en
modelo de unidad, diálogo, comunicación y reconciliación, existe en algunas familiaridad
y confianza en el trato, se vive en una actitud de escucha, atención y prontitud frente a
los problemas que se presentan.
Para muchos estos datos son alarmantes y sugieren que la familia está en una crisis la
baja nupcialidad y la poca importancia que tiene hoy la figura del padre, pues para nadie
es un secreto que la mayoría de los hogares monoparentales está en cabeza de las
mujeres y en esta situación los únicos perjudicados son los niños.
El madresolterismo ha llevado a que los niños crezcan sin padres, y es preocupante que
las mujeres desconozcan el rol de ellos en la crianza. Muchas veces los niños crecen con
los abuelos o con otros familiares que pueden abusar de ellos. También preocupa el
efecto que esta nueva estructura puede tener en el desempeño académico de los niños.
Según el estudio, los estudiantes con dos padres tienen mayor probabilidad de seguir en
el colegio y de alcanzar mayores niveles de comprensión de lectura, si se compara con
aquellos que solo viven con uno o con ninguno.
Algunos expertos señalan que lo ideal es que los hijos vivan con sus padres biológicos,
pero advierten que estos estudios no necesariamente implican que los niños que por
algún motivo no lo hacen estén en desventaja. Se ha encontrado que un factor que incide
en la excelencia académica es que los padres les lean por las noches a sus hijos desde
temprana edad.

Para contestar individualmente:


- ¿En este momento qué problema está aquejando a mi familia?
- ¿En mi familia existe el diálogo?
- ¿Cuando hay problemas busco la reconciliación?
Plenaria
LA FAMILIA DE NAZARET

Texto bíblico: Mateo 2,13-18


El catequista leerá pausadamente: La familia de Nazaret se ve amenazada por Herodes y
esto hace que ellos huyan a Egipto para resguardar la unidad y la comunión que los
distingue. Así es como también hoy nuestras familias se ven radicalmente amenazadas
especialmente por los medios de comunicación, quienes proclaman con voz potente e
indiscriminada la infidelidad, la unión libre, el adulterio, el matrimonio homosexual, etc.,
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como modelos a seguir e imitar. Esta es una de las causas por las que encontramos en
las familias división, separación, engaño y fraude. El llamado que Dios nos hace en este
día es a revisar qué tanto nos hemos dejado influenciar por todas estas corrientes
libertinas y hasta qué punto hemos aceptado estas conductas como normales. Los padres
de familia son los cooperadores del amor de Dios creador, y por lo mismo deben cumplir
responsablemente en el deber de procreación de los hijos y luego educarlos
cristianamente, con autoridad amorosa y vigilante, con diálogo, comprensión y amistad
sincera. Y a los hijos corresponde una obediencia razonable y por amor, y esto
manifestado en agradecimiento, piedad filial, confianza, asistencia en las dificultades y en
la soledad de la ancianidad, y cooperación alegre y generosa al bien común familiar como
miembros vivos de la familia. En el hogar de Nazaret está el modelo. La
Sagrada Familia es la Primera Iglesia, la Iglesia doméstica, germen y embrión de la
Iglesia Universal: María y José donan a su Hijo Jesús como Pan bajado del cielo y como
Cordero del sacrificio, que se inmola en la cruz para la salvación del mundo; la Iglesia,
como María, y el sacerdocio ministerial, como José, donan a Jesús Eucaristía como Pan
bajado del cielo y como Cordero del sacrificio que se inmola sacramentalmente en
el altar eucarístico, la Sagrada Familia es la fuente de la santidad para toda familia
humana y para toda la Iglesia, Familia de las familias de Dios. Porque la
Sagrada Familia es fuente de santidad para toda familia, es que la Iglesia nos la presenta
no solo para que la contemplemos y para que imitemos sus virtudes, sino para que la
santidad de Dios Uno y Trino que brota de esta Familia de Nazaret inunde todas y cada
una de las familias humanas. La familia de Nazaret era única e irrepetible, pues es la
única familia que ha cambiado la historia del mundo. Al contemplar la familia de Nazaret
uno podría pensar que tenían todo a su favor y nada en contra. Es cierto que gozaban de
inmensas gracias, pero también es cierto que tuvieron que sufrir grandes pruebas, como
cualquier familia: tuvieron que sufrir la escasez, la persecución, el ser refugiados en un
país extranjero, las calumnias de las malas lenguas, etc. En la familia de Nazaret había
tres elementos esenciales: los padres, el hijo y Dios. En todas las familias del mundo hay
los primeros dos elementos, padres e hijos, pero en la mayor parte falta el tercer elemento
que es Dios, y por eso surgen los problemas. Dios es como el alma de la familia. Se ve que
la familia de Nazaret era religiosa porque cumplía con los deberes religiosos. La ausencia
de Dios en una familia lleva a la ausencia del amor. En la familia de Nazaret no hubo
comodidades, riquezas, posición social, pero sí hubo caridad. La caridad es como el
“cemento” que une los miembros de la familia. Si no hay caridad, no hay comprensión,
mutua aceptación, tolerancia, perdón. El imitar a la familia de Nazaret no es sólo un ideal
sino una posibilidad. El mismo Espíritu Santo que la animó, también anima a la familia
cristiana. Él es el Espíritu de Amor que desea transformar a todas las familias y hacerlas
una reproducción, lo más fiel posible, de la familia de Nazaret. Dios tiene su proyecto
sobre la familia. Lo importante es realizar este proyecto: quiere que sea un gran medio
de evangelización en el mundo.
La familia cristiana tiene que ser luz en un mundo donde la familia está sufriendo los
golpes del paganismo por medio del divorcio, de la infidelidad, de la negativa a tener
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hijos, del aborto, y muchos otros males que todos sabemos y conocemos. Es necesario
hablar del mejor ejemplo a seguir para "llevar" una familia: la familia de Jesús,  la
Sagrada Familia de Nazaret. Creo que todos, alguna vez, hemos querido conocer cómo era
la obediencia de Jesús hacia sus padres, o cómo les decía, a qué jugaban, de qué
platicaban. Lo único claro, que se vislumbra en los Evangelios respecto a la vida de Jesús
antes de sus 30 años, es que era una familia normal, que debía trabajar para tener
sustento. Algo que es básico mencionar es que, si Cristo tenía tanta obediencia y respeto
a Dios Padre para hacer todo lo que le mandara, así mismo la tendría con sus papás de la
tierra. ¡Cuánto amor, por lo regular, tiene en una familia, un hijo hacia su madre! ¡Y
cuánto la defendemos y nos damos cuenta de lo que hacen las mamás por sus hijos! En
el caso de Jesús, María tuvo que comenzar su tramo de amor desde su "hágase en mí", ya
que debía creer por pura fe que sería la madre de Dios. Llevarlo 9 meses en su vientre y
alimentarlo de su misma sangre. Después, ver a su hijo perdido por hacer la voluntad de
Su Padre. Verlo perseguido, calumniado, golpeado, condenado a muerte y crucificado,
sabiendo que Él era el único inocente. Verlo resucitado y separarse de Él de nuevo, hasta
su asunción. María soportó todo por amor, y se ganó un lugar muy especial en el corazón
de Dios Padre, de Cristo y del Espíritu Santo.

Para contestar individualmente:


- ¿Qué estoy haciendo para proteger a mi familia de estas influencias negativas?
- ¿Cuál es la dificultad más común en mi familia?
- ¿Qué caminos viables podemos tomar para resolverla?
Plenaria:

Lectura: Las manos de mi padre, los labios de mi madre

Ninguno en mi casa me enseñó la piedad expansiva y solemne. Solamente hacíamos


diariamente la oración de la noche, recitada en común, de esto me acuerdo y me acordaré
hasta que me muera. Rezaba las oraciones mi hermana Helena quien, como duraban un
cuarto de hora (tal vez mucho, ya que todos éramos pequeños), aceleraba, se equivocaba,
abreviaba, hasta el momento en el que mi padre le decía: “comienza de nuevo”. Aprendí
entonces que es necesario hablarle a Dios con lentitud, con seriedad, con delicadeza
paciente.
Esta actitud de mi padre, hoy me conmueve. Regresaba siempre cansado del trabajo en el
campo o de transportar leña, sin embargo, sin avergonzarse de manifestar el cansancio,
siempre, después de la cena, se arrodillaba con los dos codos apoyados en el espaldar de
un asiento, con la frente entre las manos, sin mirar a sus hijos, sin moverse, sin toser,
sin impacientarse. Yo pensaba: “mi padre que es tan fuerte, que manda en la casa, que se
entiende bien con sus dos bueyes, que no se deja acobardar por su mala suerte, ni por el
alcalde, ni por los ricos o los malvados, de frente a Dios … se vuelve un niño ¿cómo
cambia de aspecto cuando se pone a hablar con Él! … Dios debe ser muy grande para
que mi padre se arrodille delante de Él, pero también debe ser muy bueno, puesto que se
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le puede hablar sin cambiar el vestido. Al contrario, mi madre jamás se arrodillaba. Muy
cansada por la tarde, con el más pequeño entre los brazos, le vestido negro, los bellos
cabellos castaños sueltos sobre la espalda, con todos nosotros entorno suyo, muy cerca
de ella, permanecía en medio de la pieza. Seguía las oraciones del principio al fin con los
labios, sin perder una sílaba, en voz baja, y… cosa extraña, no dejaba de mirarnos, uno
después del otro, deteniéndose más sobre los más pequeños. Nos miraba sin decir nada.
No siquiera cuando los pequeños murmuraban o se movían, ni siquiera cuando el trueno
estallaba sobre la casa o el gato hacía caer una cacerola. Yo pensaba: “Dios debe ser muy
sencillo si se le puede hablar con un niño entre los brazos y con el delantal puesto, pero
también tiene que ser una persona muy importante si mi madre, cuando le habla no le
hace caso ni al gato ni a la tempestad”. “Las manos de mi padre y los labios de mi
madre, me han enseñado a conocer y amar a Dios más que mi catecismo”.

Canto: Oración por la familia del P. Zezinho