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Reconstrucción de los argumentos de Agustín en III.

2-4 para resolver el


problema del libre albedrío

AGUSTÍN, ​Del libre albedrío, ​Libro III

Capítulo 2​-”De cómo la presciencia de Dios no anula la voluntad de los que


pecan, cuestión que trae preocupados a muchos”.

Planteo del problema

Evodio-4: “​Siendo esto así, estoy, sin embargo, sumamente preocupado,


porque no acierto a comprender cómo puede ser que Dios conozca de
antemano todos los futuros y que, no obstante, no pequemos por necesidad”,
pg. 324. Y continúa: (…) “mostró su bondad al crearlo, su justicia al castigarlo y
su misericordia en redimirlo. No digo, pues, que no debiera haber hecho al
hombre, sino que, por lo mismo que Dios había previsto que había de pecar,
era de necesidad que sucediera lo que Dios había p revisto que sucedería.
¿Cómo, pregunto yo ahora, puede darse la libertad de la voluntad donde tan
evidente e inevitable es la necesidad?”, pg. 324.

Una primera observación que formulo, es si nos encontramos lógicamente ante


un problema o un dilema. El problema sería soluble, mientras que el dilema
resulta insoluble.

5-Agustín responde:

Grupo 1-(…) “Si esta cuestión atormenta a la mayor parte de los hombres, no
es por otra causa, según creo, sino porque no inquieren piadosamente, y
porque son más diligentes en excusar sus pecados que en confesarlos”, 325.
Esta primera respuesta tipifica la tentativa de ciertos grupos de individuos de
justificar sus pecados en un mal ajeno y externo, deslindando la
responsabilidad de la virtud propia.

Grupo 2-”Otros admiten voluntariamente y de buen grado que la Providencia


divina no preside los acontecimientos humanos, y así, abandonando al destino
sus cuerpos y sus almas, se entregan a toda suerte de vicios, que los
malhieren y despedazan. Niegan la justicia divina, burlan la humana y
pretenden rechazar a sus acusadores al amparo de la fortuna, la que, no
obstante, acostumbran a presentar y pintar como ciega (...)”, pg. 325.

Esta segunda argumentación describe otro grupo de sujetos que niega la


Providencia divina en el ámbito de los asuntos humanos, entregándose a toda
serie de vicios.

Grupo 3-”Otros, aunque no se atreven a negar la providencia de Dios en la vida


humana, prefieren, sin embargo, creer, por un error abominable, que es
impotente, injusta y perversa, antes que confesar sus pecados con piedad
suplicante”, pg. 325.

Aquí este tercer grupo de hombres afirma la Impotencia divina.

Concluye Agustín refiriéndose a los tres grupos humanos previamente


descriptos: “Todos éstos, si se dejaran aconsejar, es indudable que, al pensar
en este ser óptimo, justísimo y poderosísimo, creerían sin dificultad que la
bondad. la justicia y potencia de Dios es mucho mayor que todo lo que ellos
pueden pensar (...)”, pg. 325.

Libro III. Capítulo 3-​“​La presciencia de Dios no nos obliga a pecar, es decir, no
quita la libertad al pecador”.

Agustín retoma el problema: 6-“De modo que lo que te tiene perplejo y


admirado es cómo no puedan ser cosas contrarias y repugnantes entre sí la
presciencia divina de todos los futuros y el que nosotros no pequemos por
necesidad. Si Dios sabe de antemano, dices, que el hombre ha de pecar, es
necesario que el hombre peque, y si es necesario, ya no hay libertad de la
voluntad para pecar, sino más bien una inevitable e inflexible necesidad”, pg.
326.

Agustín presenta a Evodio la objeción:

“¿Y no temes, por consiguiente, que alguien te pueda argüir diciendo que si
todo cuanto es objeto de la presciencia divina ha de suceder por necesidad y
no libremente, síguese que él mismo hará por necesidad y no libremente todo
cuanto haya de hacer?”, pg. 327.

De este modo, Agustín advierte y traslada a Evodio la dificultad que implica la


Presciencia divina y su relación con la necesidad no sólo de los hechos futuros,
sino de sí mismo.

Evodio expone su concepción de la naturaleza divina y su conocimiento:

“en Dios las cosas no comienzan a ser ni dejan de ser, sino que son
sempiternas”, pg. 328.

(...)

“Desde la eternidad ha tenido esta presciencia”, pg. 328.

Evodio incorpora el condicionamiento necesario de la Presciencia divina a la


voluntad humana:

“Su voluntad es para mí una necesidad”, pg. 328.

Agustín emite un argumento posible para solucionar el problema, distinguiendo


en el ámbito de lo humano entre cuestiones necesarias y no necesarias:

“De aquí que con razón podamos decir que envejecemos por necesidad y no
por voluntad, e igualmente que morimos por necesidad, no por voluntad, y así
de otras cosas semejantes; pero ¿quién, si no es un loco, se atreverá a decir
que no queremos voluntariamente lo que queremos?”, pg. 329.

Agustín incluye además la adhesión de la voluntad del individuo:

“Por lo cual, aunque Dios conozca de antemano todos los actos de nuestra
voluntad, no se sigue, sin embargo, que queramos alguna cosa sin voluntad de
quererla (...) Así, pues, siendo Dios conocedor de tu felicidad futura y no
pudiendo ser de otro modo de como él lo conoce, de lo contrario no tendría
presciencia, no por eso nos vemos obligados a pensar lo que sería un absurdo
enorme y muy distante de la verdad, a saber: que tú has de ser bienaventurado
sin quererlo”, pg. 329.

En Agustín la voluntad humana, el querer humano, se asocia concurrentemente


a la Pres-ciencia divina.

Por lo cual: “no porque Dios lo vea de antemano dejará de ser un acto
voluntario”, pg. 330.

8.-”Considera ahora, te ruego, cuán ciega e irracionalmente se suele decir: Si


Dios ha previsto los actos futuros de mi voluntad, tengo que querer
necesariamente lo que él ha previsto, porque nada puede ser de otro modo de
como él lo ha previsto; y si es necesario que lo quiera, hay que confesar que lo
quiero por necesidad y no por elección de mi libre albedrío. ¡Oh demencia
singular!”, pg. 330.

Agustín luego procede a exponer el otro argumento que intenta refutar:

“No quiero hacer mención de aquel otro igualmente monstruoso delirio que
poco antes te indiqué, a saber: que el mismo hombre que dice: Es
ineludiblemente necesario que yo quiera esto, trate, no obstante, de suprimir la
voluntad, supuesta la necesidad del querer. Porque, si es necesario que quiera,
¿de dónde puede proceder su querer si no tiene voluntad ?”, pg. 330.

Por lo que concluye Agustín que la Presciencia divina no niega nuestra libertad,
debido a que Dios ha querido que seamos libres:

“He aquí cómo, sin negar la presciencia divina de todas las cosas que han de
suceder, es posible que nosotros queramos libremente lo que queremos. Dios
tiene presciencia de nuestra voluntad, y tal será cual él la prevé; y será una
voluntad o acto libre, porque Dios así lo ha previsto; y, por otra parte, no sería
voluntad nuestra si no tuviera en nuestro poder. Luego también Dios tiene
presciencia de nuestro poder. En fin, no queda anulada nuestra libertad por la
presciencia divina; al contrario, es más cierta, porque aquel cuya presciencia
no se engaña previó que seríamos libres”, pg. 331.

Capítulo 4​-“La presciencia de Dios no obliga a pecar, y, por tanto, justamente


castiga Dios los pecados”.

9-Agustín -refiriéndose a las conclusiones de la primera discusión afirma-: (…) “


pecamos por nuestra propia voluntad”, pg. 332.

Evodio responde: “aún no veo cómo no están en contradicción estas dos


cosas: la presciencia divina de nuestros pecados y nuestra libertad de pecar”,
pg. 332.

10-Agustín: “Dios, sin obligar a nadie a pecar, prevé, sin embargo, quiénes han
de pecar por su propia voluntad”, pg. 333.

11-”Dios prevé todas las cosas, de las que él mismo es el autor, y, no obstante,
no es él el autor de todo lo que prevé. Pero de las cosas de las que no es
malhechor es, sin embargo, justo vengador.

De aquí puedes entender ya por qué razón o con qué justicia castiga
Dios los pecados: es porque no es él el autor del mal futuro que prevé”, pg.
333.

En términos generales, podríamos concluir que para Agustín, refutando


la argumentación de Evodio, la Presciencia divina no clausura la libertad de los
actos humanos voluntarios futuros, por lo cual los hombres y mujeres somos
responsables de los mismos. Dios en su absoluta omnipotencia nos ha creado
libres, por lo cual su precognición no determina el futuro de nuestros actos
libres y por tanto Dios nos juzgará con Justicia.