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Diseño de experiencias de aprendizaje:

Educación literaria y comprensión lectora


Profesora Gisela Watson Castro
Claves para la educación literaria

Por enseñar literatura se ha entendido tradicionalmente la transmisión de conocimientos sobre


un conjunto de autores y obras considerados como un patrimonio nacional y, junto a ello, el
adiestramiento en determinados métodos de análisis y comentario de textos. En cambio, la
expresión educación literaria se refiere a la enseñanza y al aprendizaje de las habilidades y
destrezas necesarias para leer de forma competente los textos literarios. Por tanto, con la
sustitución de un término por otro hay un cambio claro de perspectiva.

En primer lugar, se busca promover en el alumnado la experiencia literaria, es decir, el


descubrimiento por el lector de que palabras que alguien escribió en otro tiempo, en otro lugar,
tienen que ver con él y su relación con el mundo. Pero la experiencia de lo literario puede tener
también una dimensión pública, social. En nuestro contexto cultural hay personas que leen
porque deciden hacerlo sin que ningún profesor las obligue; hay establecimientos donde la
gente entra libremente, curiosea, encarga y compra libros; en los noticiarios y en los periódicos
se habla de escritores, de premios, de celebraciones; hay bibliotecas públicas donde se lee y se
piden prestados libros; hay lectores que se reúnen para hablar de lo que leen…

La educación literaria implica, también, guiar en las lecturas. La palabra guiar tiene aquí dos
sentidos:
 Mostrar, ofrecer, invitar, por si se produce la revelación de lo estético.
 Llevar de la mano, ayudar a salvar obstáculos, enseñar a salvarlos cuando ya no se tenga
un guía. Guiar implica, pues, aprendizaje, conocimiento de estrategias de lectura…

Y es aquí donde se plantean dos importantes problemas didácticos:


 ¿Qué saberes se consideran necesarios para mejorar la competencia lectora de los
alumnos?
 ¿Qué procedimientos didácticos son los adecuados?

En cuanto a los saberes necesarios, distinguiremos dos tipos:


 Conocimientos relacionados con contextos histórico-culturales.
 Conocimientos sobre la tradición literaria, en una doble dirección:
 Los temas y tópicos que recorren la historia literaria.
 Las formas convencionales (convenciones de género, procedimientos retóricos,
etc.).

El problema es determinar qué conocimientos son pertinentes, con qué dosis hay que
introducirlos, en qué momento y de qué modo.

En cuanto a los procedimientos didácticos, será necesaria una metodología basada en la lectura
compartida en el aula y en la realización de actividades que ayuden a «mirar» los textos, a
obtener las informaciones necesarias para comprenderlos mejor, a dotarlos de sentido
mediante actividades de recreación, de imitación, de cambio de género, etc.

¿Cómo negar que la literatura nos acerca mejor a la vida, a la realidad cotidiana y universal, a
los sentimientos y pasiones, que la ciencia? (Sánchez Ron, 2011, p. 292)

La literatura no es una ciencia empírica y la educación literaria no deriva de las comprobaciones


o conexiones directas experimentadas en ensayos de laboratorios.
Diseño de experiencias de aprendizaje:
Educación literaria y comprensión lectora
Profesora Gisela Watson Castro
El mundo al que se refiere la literatura es el mundo en el que los hombres son engendrados, en el
que viven y en el que, al fin, mueren; el mundo en el que aman y odian, en el que triunfan o se les
humilla, en el que desesperan o dan vuelos a sus esperanzas; el mundo de las penas y las alegrías,
de la locura y del sentido común, de la estupidez, la hipocresía y la sabiduría; el mundo de toda
suerte de presión social o de pulsión individual, de la discordia entre la pasión y la razón, del
instinto y de las convenciones, del lenguaje común y de los sentimientos y sensaciones para los que
no tenemos palabras… [Por el contrario] el químico, el físico, el fisiólogo son habitantes de un
mundo radicalmente diverso; no del mundo de los fenómenos, sino del mundo de estructuras
inferidas, no del mundo experiencial y de los fenómenos únicos y de las propiedades múltiples, sino
del mundo de las regularidades cuantificadas (Aldoux Huxley)

Ingredientes de la «receta» de Aidan Chambers para formar lectores


Los niños, los adolescentes, esperan que sus profesores sepan más de lo que ellos saben y que sepan
cómo ayudarlos a adquirir más conocimientos de ellos mismos. Esperan que los bibliotecarios
conozcan acerca de libros y sepan qué libros puede valer la pena leer ahora. Esperan que los
adultos, que son responsables de ellos, sepan cómo ayudarlos a ir a donde no pueden ir por sí
mismos. Los niños saben qué es lo que quieren leer por sí mismos. Se cuentan entre ellos acerca de
esos libros. No es necesario que lo haga un profesional pagado que les ayude a hacer eso. Lo que
los niños quieren de los adultos profesionales es una guía acerca de lecturas sobre las cuales ellos
no han pensado, o sobre las cuales no oyen hablar a sus compañeros: en realidad libros que
probablemente eviten porque no son instantáneamente atractivos.

En su cita se detallan las responsabilidades que a los adultos les corresponde cumplir en este
cometido:
 Al profesorado le corresponde el conocimiento literario y el saber qué hacer con esos
instrumentos culturales en la educación de los ciudadanos aprendices.
 De los adultos en general se espera por parte de los lectores que se conviertan en
mediadores (ser el hilo conductor entre los libros y los lectores) y orientadores
expertos.
 A los mismos lectores que pertenecen a cada grupo que comparte lecturas les es propio
comentar, hablar y recomendar sin intención orientadora directa pero sí en esa
publicidad denominada «boca a boca», que se ha mostrado como referente óptimo entre
iguales, con más eficacia que las recomendaciones de los adultos.
 Del profesorado experto, en fin, esperan los aprendices que se les proporcionen vías de
acceso a lecturas que por ellos mismos no serían capaces de descubrir, por
desconocimiento, y que los expertos consideran que pueden formar parte de su canon
formativo en la educación literaria.
 Los profesionales de la educación deberían hablar con los lectores para conocerlos, a
ellos y a sus lecturas, sus gustos, lo que consideran difícil o aburrido.
 Leer en voz alta con propiedad es ofrecer modelos, sugerir, sorprender, y también
permitir que escuchen a gente que hable de libros, como los propios autores.
 Los docentes deben leer previamente los libros que les damos a leer, o les sugerimos o
les comentamos.
 Hay que proporcionar tiempo apropiado de lecturas en el horario escolar.

¿Qué debería suceder en el aula?


a) compartir el entusiasmo;
b) compartir la construcción del significado; y
c) compartir las conexiones que los libros establecen entre ellos.

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