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Curso de Filosofía del Lenguaje. 2020-1.

Profesor Jairo Urrea Henao


Componente lingüístico.
Del cotilleo a la función fática (contacto socias).
El grupo N° 3, compuesto por los estudiantes Marcela, Laura y Cristian, en su
exposición: Los requisitos cognitivos, un concepto que aparece en la
exposición que presentó dificultades de compresión fue el del cotilleo.
Antxon Olarrea en su libro: Orígenes del lenguaje y selección natural (2005),
Continúa con los aportes de a propuesta que hizo Bickerton de que se podía
rastrear el origen de los lenguajes humanos en cinco fenómenos que aún se
presentan como: “en el uso del lenguaje de los niños de dos años, en los
pacientes que han sufrido determinado tipo de lesiones cerebrales que
provocan déficits en la capacidad del lenguaje y que denominamos afasias, en
determinadas fases en la adquisición de una segunda lengua en adultos, en el
lenguaje de seres humanos que llegan a la adolescencia sin haber tenido
contacto con ninguna lengua natural, en el lenguaje que usan los chimpancés
que han sido adiestrados en el uso de un sistema simbólico y, por último, en las
denominadas lenguas pidgin” (53).
Conjetura Olarrea que: en la observación de la vida en sociedad y en sus
métodos de comunicación de los chimpancés se puede rastrear una de las
posibles motivaciones para que se diera el lenguaje humano. Agrega que: “La
propuesta de Bickerton es que la práctica del altruismo recíproco creó en
nuestros antepasados el conjunto de categorías abstractas que, una vez unidas
a la estructura básica del protolenguaje, dio como resultado la gramática que
exhiben todas las lenguas humanas” (60).
La necesidad de asociarse en grupos numerosos que les permitiera la
supervivencia los obligó a crear unos lazos suficientes para sentirse protegidos
en la manada, para ello debían calcular quién y que representaba cada
individuo dentro de esa sociedad.
Comenta Olarrea: “¿Qué es necesario para que dicho cálculo aparezca en una
especie? Según Bickerton, serían mínimamente necesarias tres condiciones:
(1) la habilidad de distinguir a cada uno de los individuos del grupo, (2) la
habilidad de distinguir distintos tipos de acciones y (3) algún tipo de
representación abstracta de los papeles que desempeña cada individuo en una
acción determinada” (61-62).
Esto requería de elaboraciones complejas como reconocer a cada individuo por
sus características fenotípicas. Ser capaz de distinguir y memorizar las
acciones que realizó con las cuales le fueron benéficas o nocivas. Proyectar en
una línea de tiempo las acciones, esto es, que fueron realizadas antes, que
pueden repetirse ahora o que se podrán repetir después.
En términos de Olarrea siguiendo a Bickerton: “Papeles como AGENTE (el que
realiza una acción) o como TEMA (qué o quién se beneficia de una acción)
sirven por tanto como etiquetas que describen la participación de un individuo
en una acción concreta, en un momento determinado” (62). Allí se pueden
encontrar los elementos básicos de una gramática: sujeto, acción (verbo) y
cualidad (predicado).
Recordemos las indagaciones del lingüista Noam Chomsky y filósofo del
lenguaje Ludwig Wittgenstein, que plantean que el humano posee una facultad
de relacionar en el mundo, los hechos, con su gramática: En la gramática NRN,
un nombre se relaciona con otro; y los hechos, XRY, se relaciona un objeto con
otro. Así se da una correspondencia entre NRN, la proposición y XRY, los
objetos en la fórmula “P” (NRN) sí y sólo P (XRY). “P” ↔ P (espero que no
hayan olvidado las clases de lógica formal).
Volviendo a Olarrea, las anteriores condiciones son premisas para actuar
dentro del grupo obedeciendo al impulso de ser reconocido como miembro de
él. Sobre las manifestaciones del individuo frente al grupo, nos dice Olarrea:
“Robin Dunbar, un antropólogo de Liverpool, ha sugerido que un modo básico
de comunicación dentro del grupo social y una manera de mantener la
cohesión del grupo es el despiojarse o espulgarse. Espulgarse implica una
forma rudimentaria de entender las necesidades de otro individuo y constituye
a la vez un ejemplo del mecanismo básico de altruismo recíproco, si tú me
rascas la espalda yo te la rasco a ti” (76). Pero esta práctica requería dedicar
todo el tiempo en esta actividad lo que podría llevar a que muchos murieran de
hambre pues no les quedaría tiempo para otras actividades básicas, por ello
agrega el autor que:
“Nuestros antepasados por tanto tenían un problema que resolver: mientras
que las condiciones ecológicas exigían el aumento del tamaño del grupo social,
el uso efectivo del tiempo y la energía necesaria para mantener todos los
vínculos sociales hacían que fuera prácticamente imposible desarrollar grupos
tan grandes” (77).
Asociarse en grupos potencia el crecimiento del grupo pues los críos que
nacen disfrutan de los beneficios de lo conquistado por sus padres. Por ello,
Olarrea dirá:
“La solución fue desarrollar un comportamiento alternativo, y los mecanismos
anatómicos que lo permitieran, cuya función fuera similar al espulgarse pero
que necesitara de una inversión menor de tiempo y energía. Este mecanismo,
según Dunbar, es el lenguaje, y, más específicamente, el cotilleo” (77-78).
El cotilleo.
El paso de una comunicación compuesta por gestos y gruñidos a una especie
de pidgin en principio y que luego se fue generalizando a medida que los hijos
lo usaban masivamente, es decir, una evolucionó a una especie de lenguaje
creole, les permitió ser más exitosos en la comunicación y en su expresión
individual.
Veamos todavía que nos dice el autor del libro: “Cotillear es una forma más
eficaz de espulgarse, una manera de despiojarse verbalmente. Mediante el
cotilleo podemos establecer alianzas que requieren un esfuerzo menor con
más de un sólo individuo a la vez, y por tanto con un mayor número de
individuos en menor tiempo. Cotillear tiene además otra ventaja, ya que
posibilita el intercambio de información que podemos usar para establecer y
mantener relaciones y alianzas sin la necesidad de contacto físico directo” (78).
Concluye el autor con las siguientes consecuencias sacadas de las pesquisas
de los investigadores citados y que se desprenden de esta práctica del cotilleo:
“Además, el acto de espulgarse recíprocamente es intrínsecamente placentero
porque estimula en los primates la producción de opiáceos cerebrales y tiene
como consecuencia la inducción de efectos levemente narcóticos (el gustito de
que le rasquen a uno la espalda). Si el cotilleo es un sustituto evolutivo del
despioje, ¿qué mecanismo cerebral hace que sea igualmente placentero?
Dunbar presupone que los mismos efectos se producen con el canto rítmico de
las madres a sus hijos (las nanas), con vocalizaciones emotivas musicales o
con cantos sincronizados en grupo que imparten entre sus miembros un
sentimiento de protección o de pertenencia al mismo” (79-80).
Esta última parte nos lleva a conectarnos con las investigaciones que realizó el
antropólogo polaco Bronislaw Malinowski en Nueva Guinea en las
comunidades de pescadores de estas islas. Malinowski tratando de traducir a
su idioma la lengua que usaban los nativos se encontró con un obstáculo que
le impedía hacer la traslación. Esto ocurría cuando los pescadores, fuera de la
faena, se reunían en torno a una fogata y mientras comían departían y
narraban los acontecimientos del día. Encontró que las palabras que usaban ya
no significaban lo mismo que las que utilizaban en las jornadas de pesca.
Las palabras, las frases, las oraciones y los relatos iban más allá de la mera
comunicación y se les daba mucho más énfasis en la expresión, en la
intencionalidad de agradar o de burla a un compañero, situación episódica. El
interés principal es estar en comunidad, en contacto familiar. Podríamos
arriesgar decir que este sería otro fenómeno que se le escapó a Bickerton
donde se puede rastrear el nacimiento de los lenguajes humanos; esta puede
ser una práctica sofisticada del cotilleo.
Alejandro Patiño Arango en su ensayo: Malinowskí: La Importancia de la
Pragmática y del Bla - bla - bla en la Comunicación. Ideas y Valores. 1996.
Comenta:
“Por otra parte, debemos destacar que en el texto de Malinowski encontramos
expuesta la teoría de las funciones del lenguaje, notándose que el lenguaje no
cumple una única función ni que podemos traducir la diversidad de funciones
de la comunicación a un solo modelo, ya que la situación y las personas son
distintas, es decir, la intención, la convención, las reglas, funcionan de manera
sui - generis en cada acto de comunicación. Leamos a Malinowski: «Pues cada
enunciación verbal que hace un ser humano tiene la finalidad o función de
expresar algún pensamiento o sentimiento efectivo en ese momento y en esa
situación, y que por una u otra razón, es necesario hacer conocer a otra
persona o personas para servir las finalidades de la acción común o para
establecer vínculos de la comunidad puramente social, o si no para librar al
hablante de sentimientos o pasiones violentas» (Cfr. Malinowski, 1964; p. 325)”
(58).
En estudios posteriores a las indagaciones de Malinowski de denominó a esta
práctica social como función fática del lenguaje. Sigamos a Patiño:
“Por lo que hemos expresado al estudiar el artículo sobre las lenguas primitivas
de Malinowski, subyace allí la exposición de diversas funciones del lenguaje
como la función narrativa, la función fática, la función para estructurar el
pensamiento. Estas funciones están determinadas por lo que denomina
pragmática del lenguaje. Centremos la reflexión en la función fática del
lenguaje o función de bla - bla en la comunicación o chachara como la
podríamos denominar siguiendo la definición del diccionario: Chachara: charla,
conversación frívola o intrascendente” (59).
Ya un lingüista de la talla del ruso Roman Jakobson la ubica en su esquema de
la comunicación entre las funciones del lenguaje que están inscritas en el
mensaje como la función referencial, poética y meta-lingüística, la función fática
como contacto social.
En el libro: Lingüística y significación (1974) Jakobson ante la pregunta ¿Es el
lenguaje el único medio de comunicación humana? Responde: “Edward Sapir,
el gran lingüista de nuestro siglo, caracterizaba la comunicación como el
aspecto dinámico de la sociedad humana. No existe sociedad sin “una red,
intricada en extremo, de comprensiones parciales o totales que se establecen
entre los miembros de unidades organizadas de cualquier tamaño o
complejidad”. De acuerdo con el juicio preciso de este mismo investigador, el
lenguaje, “el tipo más explícito de comportamiento comunicativo”, sería “el
proceso de comunicación por excelencia en toda sociedad conocida; y es
extraordinariamente importante observar que, cualesquiera que sean las
limitaciones de una sociedad primitiva vista desde la privilegiada perspectiva de
la civilización, su lengua es tan exacta, compleja y potencialmente creadora de
simbolismos referenciales como la más alambicada de las lenguas que
conozcamos” (9).
Hay otro fenómeno social, una práctica antigua, pero exacerbada en nuestros
días como es el chisme, también se le escapa a Bickerton. Está referenciado
como un bocado apetitoso en la literatura como lo expresa Edgardo Cozarinsky
en su libro: Museo del chisme (2005). Trae una cita de Jorge Luis Borges que
dice:
“Cierta vez, una niña argentina proclamó que aborrecía los chismes y que
prefería el estudio de Marcel Proust; alguien le hizo notar que la novela de
Marcel Proust eran chismes”. Cozarinsky, basa su trabajo en Proust y Henry
James, quienes trabajan este aspecto tan humano, ese placer del cotilleo, que
encanta a los diferentes grupos sociales en que se clasifican los pueblos.
También podemos referenciar a otro autor como Thomas De Quincey en su
provocativo libro: El asesinato considerado como una de las bellas artes
(1981). Aquí el chisme se orienta hacia los crímenes. Y presenta un tema poco
conocido como son los crímenes cometidos por filósofos, claro está que todo a
nivel del chisme, donde nada se sostiene porque se dice pero no se sabe quién
echó a rodar la bola. Una especie de prensa amarilla.
En mi investigación reciente sobre la conversación trabajo un capítulo que he
denominado: El lastre caníbal de la conversación. La práctica del chisme
generalizado en nuestros días debido a que el uso de la palabra que en la
antigüedad tenía una carga positiva, en el sentido en que era tenía en cuenta
para las decisiones de la comunidad, hoy solo cuenta para destruir la honra de
los otros, un efecto negativo.
Son las huellas arqueológicas del cotilleo deformado hacia un placer perverso
de en complicidad con otro se destruye moralmente a otro u otros, pero que
también se sabe que eso harán con los que están chismoseando. El efecto del
uso de la palabra es pues caníbal, querer devorar al otro con las palabras.
La función fática que lleva al contacto social está conduciendo a la destrucción
del tejido social de una comunidad.