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1/9/2020 El sistema inmunológico de las mucosas

Revista Cubana de Medicina General Integral Mi SciELO


versión impresa ISSN 0864-2125versión On-line ISSN 1561-3038
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Rev Cubana Med Gen Integr v.18 n.5 Ciudad de La Habana sep.-oct. 2002

El sistema inmunológico de las mucosas Servicios Personalizados

Miriam Zaldívar Ochoa1 Revista

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Resumen
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El sistema inmunológico es muy importante porque protege al organismo de
agentes microbianos patógenos, toxinas, partículas extrañas, células Articulo
tumorales y procesos autoinmunes. Para mantener el equilibrio biológico se Articulo en XML
necesita que este sistema funcione normalmente, de manera que constituya
una fuerte barrera defensiva contra la invasión de agentes nocivos; de no Referencias del artículo
suceder esto, se presentará una inmunodeficiencia de expresión clínica
variable. La esencia de la función del sistema inmune es su gran capacidad Como citar este artículo
para la discriminación a escala molecular entre lo propio y lo ajeno, o sea, lo SciELO Analytics
que pertenece al organismo y lo que no, conservando así su individualidad.
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DeCS: INMUNIDAD MUCOSA; CELULAS PRODUCTORAS DE ANTICUERPOS;
INMUNOGLOBULINAS. Indicadores

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Cuando se produce la penetración en el organismo de un agente nocivo
(antígeno), se desencadena una respuesta (anticuerpo), y al reconocerlo Compartir
como no propio es a lo que se llama inmunidad. En cambio, si lo reconoce,
no se producen anticuerpos y se le llama entonces tolerancia inmunológica; Otros
ambas formas de respuesta se llaman "respuestas inmunológicas".
Otros
En la inmunidad aparecen sustancias químicas solubles que no provocan
daño en el organismo, pero cuando la inmunidad transcurre con daño, se Permalink
conoce como alergia o hipersensibilidad. La reacción inmunitaria puede ser
de tipo inmediata (15 min a 2 h) o alergia humoral o tardía (12 a 48 h), que
recibe entonces el nombre de alergia celular.

Desarrollo
El sistema inmunitario ocupa el 2 % del peso corporal, su peso es de 1 K2g, o sea, igual al peso del cerebro y del
hígado. Las células que lo componen se encuentran en íntimo contacto a través de moléculas que pueden ser
solubles (inmunoglobulinas, citocinas, receptores) y moléculas de contacto (CD, de adhesión y otros). Entre sus
características principales están: poseer especificidad etiológica, capacidad de aprendizaje y memoria, utilizar
lenguaje molecular, tener capacidad microbicida y microbiostática, y saber diferenciar muy bien lo peligroso de lo
no peligroso, o sea, lo propio de lo ajeno.

Diferentes tejidos y órganos desempeñan importantes funciones en la defensa del huésped. Dentro del tejido y
órgano linfoideo se encuentra los linfocitos T y los linfocitos B, los fagocitos mononucleares y las células
presentadoras de antígenos (profesionales y linfocitos T activado), células estructurales (fibroblastos, células
endoteliales y del músculo liso), así como las células epiteliales. Debemos señalar además que existen 3 tipos de
tejidos linfoides:

Encapsulado, bien estructurado: presente en ganglios linfáticos, bazo y timo.


No encapsulado, bien estructurado: presente en amígdalas y placas de Peyer.
Difuso y orgánico, no encapsulado: tejido linfoideo asociado a las mucosas (MALT).

Los órganos linfoideos se dividen en primarios (centrales), que son la médula ósea y el timo, que se organizan y
maduran independiente del estímulo antigénico, y los secundarios (periféricos), que son los ganglios linfáticos,
bazo, amígdalas, placas de Peyer y MALT.
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El MALT tiene autonomía funcional. En él pueden haber folículos organizados unidos como sucede en el tracto
gastrointestinal, colon y recto, y pueden haber folículos agregados presentes en el apéndice, en las placas de
Peyer del intestino delgado, en los adenoides, en la nasofaringe y en las amígdalas palatinas y linguales, así como
también pueden existir folículos difusos presentes en los aparatos respiratorio y genitourinario.

La médula ósea produce células pluripotenciales capaces de originar todos los tipos de células hematopoyéticas.
Son células del sistema inmunológico los linfocitos, los monocitos, los histiocitos, los mastocitos los macrófagos,
los plasmocitos y los polimorfonucleares.

El timo, derivado de las bolsas faríngeas embrionarias tercera y cuarta, se localiza en el mediastino y contiene la
totalidad del sistema inmune. Su estructura reticular permite que un número significativo de linfocitos, emigre a
través de él para convertirse en células timoderivadas, totalmente inmunocompetentes. Para regular la función
inmunitaria, el timo segrega diferentes hormonas solubles, por lo que su ausencia o desarrollo anormal da lugar a
deficiencias en los linfocitos.

La célula protagonista del sistema inmune es el linfocito, que es el responsable de reconocer al antígeno. Se
divide en linfocito T y linfocito B. El primero causa reacciones inmunitarias mediadas por células, como es el caso
de las respuestas de hipersensibilidad cutánea retardada, el rechazo a injertos y los tumores y las enfermedades
autoinmunes. Los linfocitos B son los precursores directos de las células plasmáticas, y sintetizan y aportan a la
circulación las moléculas de inmunoglobulinas responsables de la respuesta humoral. Subpoblaciones
especializadas de linfocitos T controlan la actividad de los linfocitos B, y tanto los T como los B, se encuentran
agrupados con receptores de membrana capaces de reconocer individualmente un amplio espectro de estructuras
moleculares diferentes (antígeno).

La capacidad total de reconocimiento del sistema inmunológico está dada por la suma de las especificidades
aportadas por todas las clases de linfocitos T y B que lo forman. Así como los linfocitos son los responsables de la
hipersensibilidad tardía o inmunidad celular, las inmunoglobulinas son los mediadores de la inmunidad humoral o
inmediata. Estas son proteínas elaboradas por plasmocitos y algunos linfocitos que se encuentran en el suero,
tejidos y secreciones exocrinas, se degradan en la luz intestinal y en el sistema retículo endotelial. Su función es
ligarse a antígenos y originar inactivación de agresores del individuo como son las toxinas, los microbios u otras
sustancias extrañas.

Según sus propiedades fisicoquímicas y biológicas se dividen en la IgG, IgA, IgM, IgE e IgD. La IgG representa el
80 % de las inmunoglobulinas del suero, sus anticuerpos son de gran afinidad, fijan bien el complemento y
constituyen la mayoría de las defensas corporales contra bacterias, virus, toxinas, etc. Es el único anticuerpo que
atraviesa la placenta y llega al feto, protegiéndolo con cierta función de inmunidad pasiva hasta
aproximadamente 6 meses.

Por su parte, la IgM es un elemento fundamental en la respuesta inmune precoz, especialmente frente a los
antígenos bacterianos no proteicos, es la principal inmunoglobulina que el feto sintetiza. La IgA es la más
abundante en el suero después de la IgG, y posee una amplia gama de actividad antitumoral y antimicrobicida.

La IgD existe en el suero en una cantidad muy pequeña, e interviene en la maduración de los linfocitos B. La IgE,
conocida como anticuerpo antireagínico, se encuentra en el suero en pequeñas cantidades.

El MALT está compuesto por un grupo de tejidos linfoides organizados en folículos que se encuentran presentes
en las superficies mucosas respiratorias, digestivas y genitourinarias. Pueden presentarse en forma de folículos
agregados como en las amígdalas palatinas, amígdalas linguales y las adenoides. Las placas de Peyer son closters
de folículos cercanos a la pared del intestino delgado, responsable del inicio y preparación de la respuesta inmune
a ese nivel. Cada una consta de hasta 100 folículos linfoides.

Al nivel de las mucosas existe un contacto íntimo entre organismo y medio ambiente. La mayoría de los agentes
infecciosos llegan al cuerpo a través de las mucosas, y el moco adherido a la superficie constituye una parte
esencial del sistema inmune mucosal.

La superficie mucosa del cuerpo humano incluye las mucosas de la cavidad oral, las vías respiratorias, y tracto
genitourinario y el gastrointestinal. Las superficies mucosas son altamente vulnerables a la penetración,
colonización e invasión de microorganismos particularmente patógenos. Cuando penetra un agente nocivo se
desencadena un proceso a nivel de las mucosas, donde la adherencia bacteriana constituye un paso clave en el
desarrollo del proceso patológico; el agente infeccioso permanece en el hospedero, ganando acceso a los
nutrientes a través de este mecanismo de adherencia.

Las proteínas de la superficie bacteriana, llamadas adhesivas, se unen a glicoconjugados presentes en la célula
huésped y actúan como receptores específicos. La adherencia permite la multiplicación bacteriana y a través de
ella la bacteria encuentra la vía para acceder a los órganos y tejidos, facilitando la síntesis y entrada a las células
del epitelio de toxinas bacterianas, su transporte y la correcta presentación antigénica como paso inicial en el
montaje de una respuesta inmune a ese nivel.

La infección de las mucosas producidas por patógenos intracelulares induce a la inmunidad mediada por células,1
como es la que se pone de manifiesto en las células T tipo 1 (CD4 +, CD8+) y en los linfocitos citotóxicos. Estas
respuestas son acompañadas normalmente por la producción de anticuerpos para la síntesis de IgA secretoria (s-

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IgA), las cuales proveen una primera línea de defensa muy importante contra la invasión de agentes patógenos
hacia los tejidos.

En el organismo la s- IgA constituye más del 80 % de todos los anticuerpos producidos por el MALT. Además, los
anticuerpos de s-IgA no solo están presentes en las secreciones externas, sino también ejercen propiedades
antimicrobianas a las células epiteliales durante su transporte a través del epitelio. Representan la clase de
inmunoglobulina predominante en las secreciones externas, cantidad bien definida, que brinda una protección
inmunológica específica para todas las superficies mucosas, al producir un bloqueo a este nivel ante la
penetración al organismo de agentes patógenos.2

La IgA es la inmunoglobulina predominante en la saliva y secreciones intestinales en forma de IgA secretoria, la


mayoría se produce como resultado de una síntesis y no del torrente circulatorio. Entre sus funciones están la de
inhibir la adherencia bacteriana y la neutralización de enzimas, virus y toxinas. Puede unirse de forma específica
a moléculas presentes en la superficie bacteriana mediadora de la unión de esta célula epitelial, y su unión a la
bacteria aumenta la afinidad de este complejo a la mucina, lo cual facilita la inmovilización del microorganismo a
la capa mucosa con la consiguiente eliminación. Cuando se une a la partícula viral, no solo previene la unión de
esta a la célula huésped mediante el bloqueo de receptores específicos, sino que este encuentro puede ocurrir
dentro de la célula epitelial en el momento del transporte de IgA. La neutralización de enzimas y toxinas puede
ocurrir por bloqueo del sitio de unión de la toxina con un receptor, o por modificación conformacional de este
sitio.

La IgM en secreciones está asociado al componente secretor, aunque su concentración es menor que la del IgA.
Por su parte, la concentración de IgG en secreciones puede ser igual, o incluso mayor que para la IgM, aunque su
transporte no está asociado al receptor de polinmunoglobulina y por tanto tampoco al componente secretor.

Pequeñas concentraciones de IgE pueden aparecer en secreciones, fundamentalmente en casos en que


reacciones alérgicas afecten la permeabilidad del tejido mucoso. Es válido destacar también que la IgA es la
principal inmunoglobulina del tracto respiratorio y la más importante en la defensa de los pulmones. Debido a su
vida media de 5 días para la mayoría de las células de IgA del plasma, muchas de ellas se convierten en células B
para garantizar un suplemento continuo de anticuerpos IgA en las mucosas de las vías respiratorias. Por esto, las
células circundantes deben proveer un suplemento constante de citoquinas necesarios para el cambio de isotipo
de las células B, para el crecimiento y para la diferenciación de las células secretorias de IgA del plasma.3

En el organismo la mucosa intestinal es la que ocupa mayor espacio; la cantidad de IgA secretora que produce y
transporta hacia las superficies mucosas cada día, excede los niveles de IgG del suero. La superficie mucosa en el
intestino está cubierta por una capa única de células, entre las que se encuentran las células absortivas
(enterocitos), que son muy numerosas y cubiertas por mucos y glicocolyx, las Globet cells que sintetizan el
mucus, las Paneth cells localizadas en el intestino delgado, y que presentan en su citoplasma gránulos secretorios
que contienen lisozimas, IgA, IgE, así como también células entero endocrinas, situadas a todo lo largo del tracto
gastrointestinal, cuya función principal es liberar hormonas al tejido conectivo en respuesta a cambios en el
ambiente exterior, y además las células M que se encuentran esparcidas por todo el epitelio mucoso.4 La función
principal de esta célula M es la absorción de partículas desde la luz gastrointestinal transportándola hacia la
región vasolateral rica en linfocitos y otras células inmunes; además, debido a su bajo contenido en lisosima,
pueden transportar antígenos con una casi nula degradación enzimática. Su superficie contiene receptores
específicos para la región Fc. de la IgA, por lo que puede fijar y transportar complejos antígenos anticuerpos. Las
células M pueden transportar partículas y macromoléculas, tales como la ferritina, la peroxidasa, las toxinas del
cólera y partículas del látex, así como bacterias, parásitos y virus.

El epitelio mucoso constituye la interfase entre los ambientes internos y externos del tracto gastrointestinal y
cubre una superficie entre 200 y 300 m2. Esta área es el sitio para la digestión y absorción de los nutrientes
esenciales, además de que funciona como la primera barrera de defensa contra los agentes infecciosos. Existen
además una serie de agentes y mecanismos no inmunes las que participan en la protección, como es la acidez
gástrica, el jugo pancreático, la bilis, el mucus y la motilidad intestinal.

El intestino es el órgano linfoide más grande del cuerpo por el número de linfocitos y la cantidad de
inmunoglobulina que produce. Esto está muy relacionado con la gran cantidad de antígenos a los cuales estas
células están expuestas diariamente. Sin embargo, a pesar de esto, el MALT parece ser regulado por un
mecanismo único, y esto está reflejado en un fenómeno específico (tolerancia oral, controlada o inflamación
fisiológica), también como poblaciones linfoides inusuales (linfocitos intraepiteliales), que responden a la vía
alternativa de activación. Esto, aparejado a la existencia de nuevas células presentadoras de antígenos (células
del epitelio intestinal), sientan las bases para las distintas respuestas inmunes.5

La superficie mucosa intestinal está colonizada por una microflora que alcanza un gran número de células
bacterianas en el intestino distal, y más específicamente en el colon, al mismo tiempo, estas áreas extensas son
la interfase con el ambiente externo, a través del cual la mayoría de los agentes patógenos inician los procesos
infecciosos. Los mecanismos intestinales de defensa necesitan discernir correctamente entre la microflora
simbiótica y los patógenos exógenos. Hoy en día, aún no se entiende bien este mecanismo de discernimiento,
pero probablemente, tanto la respuesta inmunológica innata como las adaptativa participen en este proceso.6

Se ha explorado in vitro, la capacidad de las células mucosas inmunocompetentes de discernir entre señales
emitidas por diferentes tipos de bacterias, y se han encontrado, al menos, 2 patrones distintos de respuesta

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innata a las bacterias gram negativas y gram positivas, y en este último grupo se observan grandes diferencias
entre las especies. Se ha trabajado solamente con bacterias no patógenas, lo que puede representar la
modulación del estado fisiológico del huésped. La compresión de estas funciones moduladoras pudiera suministrar
una posibilidad única para el uso de las bacterias que llevan alimentos para prevenir o corregir problemas
intestinales asociados a las alergias alimentarias, la enfermedad inflamatoria del intestino y la autoinmunidad.

Estudios recientes sugieren un posible papel de las células epiteliales en la presentación de antígenos. Células
dendríticas situadas en el epitelio de las vías aéreas pueden presentar directamente antígenos hacia las células B,
y dirigir sus cambios de isotipo hacia la IgA e IgA2 con la ayuda de las citoquinas producidas por las células
epiteliales.3 Las células epiteliales pueden, por eso, jugar un rol mayor en la producción de anticuerpos IgA de las
mucosas, los cuales son esenciales para la defensa de la mucosa de las vías aéreas.

Se conoce por estudios recientes que las IgA, IgM e IgE son producidas y secretadas por los inmonocitos que se
encuentran presentes en las secreciones de la nasofaringe, y se ha probado que los linfocitos T y B que se
encuentran en las secreciones de las superficies mucosas, son derivados desde la amígdala nasofaríngea a través
de un proceso activo. Gracias a los estudios de inmunohistoquímica se demostró que estos linfocitos constituyen
un hallazgo que indica que las células inmunológicamente activas son transportadas hacia secreciones de
superficie, y que hay una mayoría sustancial desde la amígdala nasofaríngea de células inmunológicamente
activas, hacia las secreciones de superficie.7

Recientemente muchos estudios reportan que el epitelio de las vías respiratorias produce IL-2, IL-6, IL-10 y TGF
beta, factores esenciales para la proliferación clonal de las células B. La estrecha proximidad de las células B al
epitelio de las vías respiratorias, probablemente garantiza un aporte constante de factores de crecimiento y
diferenciación necesarios para la producción de IgA mucosal. Además, las células epiteliales producen una
glicoproteína, llamada componente secretor, que no solo confiere creciente estabilidad a la s-IgA, sino que es
cuantitativamente el receptor más importante del sistema inmunológico de las mucosas, al ser responsable del
transporte externo de polímeros de IgA e IgM producidos localmente.8-11

La existencia de un sistema inmune para las mucosas ha sido ampliamente estudiado y actualmente se
desarrollan vacunas para la inmunización a través de ella hacia otros sitios distantes del organismo. Nuevas
estrategias de vacunación han surgido a escala mundial, capaces de erradicar ambas respuestas (sistémica y
mucosal), que pueden ser capaces de reducir grandemente la morbilidad por infecciones.

Conclusiones

1. Las superficies de las mucosas constituyen el sitio primario de penetración de la mayoría de los agentes
patógenos al organismo humano.
2. La gran mayoría de estos agentes infecciosos afectan al huésped por contacto inicial sobre las
superficies mucosas.
3. Las superficies mucosas del organismo incluyen las mucosas de la cavidad oral, las vías respiratorias, el
tracto gastrointestinal y el tracto genitourinario. El tejido mucoso que se encuentra debajo de este
epitelio, está grandemente poblado de células del sistema inmune.
4. El sistema inmune de las mucosas consiste en moléculas, células y estructuras linfoides, organizadas,
tratando de proporcionar inmunidad a los patógenos que chocan contra estas superficies.
5. El tejido linfoideo asociado a las mucosas está compuesto por un grupo de tejidos organizado en
folículos, que se encuentran presentes en las superficies mucosas respiratoria, digestiva y
genitourinaria.
6. La IgA secretoria constituye más del 80 % de todos los anticuerpos producidos por el tejido linfoide
asociado a las mucosas. Los anticuerpos de la IgA secretoria representan la clase de inmunoglobulina
predominante en las secreciones externas, las cuales brindan protección inmunológica específica para
todas las superficies mucosas al bloquear a este nivel la penetración de agentes patógenos.
7. Se conoce que la IgA, IgM y la IgE son producidas y secretadas por inmunocitos que se encuentran
presentes en las secreciones de la nasofaringe. Los linfocitos T y B, que se encuentran en las
secreciones de las superficies mucosas de las vías aéreas, son derivados desde la amígdala nasofaríngea
en un proceso activo.

Summary
The immunological system is very important because it protects the organism from pathogenic microbial agents,
toxins, foreign particles, tumoral cells and autoimmune processes. To maintain the biological balance, this system
should work normally, acting as a strong defensive barrier against the invasion of harmful agents. Otherwise,
there will be an immunodeficiency of variable clinical expression. The essence of the function of the immune
system is its great capacity for distinguishing its own from the strange at the molecular level, that is, to recognize
a difference between what belongs or not to the organism, keeping this way its individuality.

Subject headings; IMMUNITY, MUCOSAL; ANTIBODY-PRODUCING CELLS; IMMUNOGLOBULINS.

Referencias bibliográficas

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Recibido: 5 de octubre de 2001. Aprobado: 4 de marzo de 2002.


Dra. Miriam Zaldívar Ochoa. Hospital Clínicoquirúrgico Docente " Comandante Manuel Fajardo" Calle Zapote,
esquina C, municipio El Vedado, Ciudad de La Habana, Cuba.

1 Especialista de I Grado en ORL. Profesora Instructora de ORL.

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