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Tumbas de tiro en Usmajac (Jalisco).

Hacia
I

una reorientación de la temática


Francisco Valdez*

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g

u n o de los i n f o r t u n i o s de l a arqueología
de Occidente d e México es que l a s t u m b a s
de tiro no h a y a n sido j a m á s e n c o n t r a d a s in-
t a c t a s por los arqueólogos, ni e x c a v a d a s
bajo control preciso (Meìghan 1969: 15. C i -
t a d o p o r Oliveros 1974: 184).

arqueológico, inmerso en un contexto histórico


social que requiere una explicación igualmente
inmersa en un contexto histórico social.
El propósito de esta nota es revisar, de ma-
nera sucinta, la problemática que surge al abor-
En el transcurso de los últimos años, investi- dar esta práctica funeraria que caracteriza a
gaciones arqueológicas realizadas en distintas Occidente. Se pretende fomentar la discusión
zonas del Occidente de México han recuperado sobre una reorientación necesaria del objeto de
y analizado varias muestras del complejo fune- estudio en l o que respecta a la problemática de
rario conocido como "tumbas de tiro" (Oliveros las tumbas de tiro. La excusa para tratar el
1970, 1974; Galván 1976; Schöndube y Galván tema es la presentación de un grupo de tumbas
1978; Galván 1991; Cabrero 1992; Cabrero y recientemente excavadas en el sur de Jalisco
López 1993; Olay 1993; Mountjoy s.f. y Ramos por el equipo del Proyecto Arqueológico Cuenca
com. pers.). Las nuevas evidencias han puesto de Sayula.' No obstante, cabe'señalar el carácter
en claro la Decesidad de replantear la proble-
mática general que presenta este fenómeno, no
y a para tratarlo como un tema anecdótico o sen- 1 Los miembros del equipo d e arqueólogos son: O t t o '
sacionalista, sino para enfocarlo como un dato Schöndube, INAH; Rosario Acosta, Laboratorio de Antro-
pología de la Universidad de Guadalajara; Jean-Pierre
Emphoux y Francisco Valdez, Instituto Francés de In-
* Arqueólogo del Instituto Francés de Investigación Cien- vestigación Científica para el Desarrollo en Cooperación
tifica p a r a el Desarrollo en Cooperación (ORSTOM). (ORSTOMKEMCA).
OCCIDENTE

Figura 1 - Ubicacidn de la cuenca de Sayula dentro del “arco” de tumbas de tiro de Occidente.

preliminar de esta presentación. El analisis de tivos del proyecto, resultaba de especial interés
los restos 6seos y de los otros materiales re- estudiar los vestigios habitacionales de las pri-
cuperados de las tumbas, acaba de comenzarse meras épocas, aún mal definidas en toda la re-
apenas: Es evidente, por lo tanto, que las ob: gión. Con la intencidn de encontrar niveles de
servaciones y las conclusiones aquí esbozadas ocupación asociados a las tumbas y teniendo
se irBn afinando o modificando a medida que como hipótesis de trabajo que las tumbas de
los datos se completen. t i r o suelen agruparse y formar conjuntos, o
En la prospección sistematica del sector su- “panteones”, se procedió a sondear sistematica-
reste de la cuenca de Sayula (véase Fig. l) se mente el subsuelo de ambos sitios con un re-
detectaron varios sitios arqueológicos, entre los sistímetro e16ctrico.2 Los resultados positivos
cuales se destacan l o s sitios CS-28 El Casco y obtenidos en este proceso determinaron la in-
CS-32 Caseta (Schöndube e t al. s.f.). Ambos si- tervención del rescate arqueológico en el sitio
t i o s presentaron evidencias culturales en su- CS-32 Caseta. Los trabajos realizados sobre un
perficie, así como tumbas de t i r o saqueadas Brea de aproximadamente 7 300 m2, ex.pusieron
hace varids años. El estudio del conjunto de las el conjunto de evidencias estructurales que se
evidencias permitió definir una secuencia de
ocupaciones prehispanicas en los sitios. Esta va
desde el periodo Preclasico Tardio, hasta la 2 P a r a una explicaci6n sucinta de este método de pros-
parte terminal del PostclBsico. Para los obje- pecci6n eléctrica referirse a Schöndube e t al., ms.

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.observa en la figura 2. Entre los contextos ex- nientes de tumbas de t i r o en las regiones de
cavados se destacan dos tumbas de tiro vírge- Ixtlán y de la cuenca del Lago Magdalena hacia
nes y una cantidad significativa de vestigios 1898 (Lumholtz 1902: 292-298 y 303-315). Los
culturales de sus probables constructores. dos connotados viajeros, visitaron varias tum-
bas y reconocieron que se trataba de un con-
junto funerario de gran interés arqueológico y
etnológico. No obstante, en la mentalidad de los
La problemática de las tumbas habitantes, desde un principio se vinculó la no-
de tiro en Occidente ción de riquezas y de estatuillas de cerámica
(“monos”) con las tumbas de tiro.
Aunque Kurt afirma que las tumbas comen-
En la arqueología mesoamericana se conoce zaron a ser saqueadas desde la llegada de los
bajo el apelativo tumba de tiro, a un tipo es- españoles, subraya que su fama como depósitos
pecífico de arquitectura funeraria. Esta se com- con “tesoros” se asienta en la época de la triste
pone de dos partes principales: un pozo construcción del ferrocarril Nogales-Guadalaja-
vertical, o t i r o que se excava en el subsuelo ra, allá por los años 1920 (Kurt 1975: 13). Fruto
hasta llegar a una profundidad deseada; de de esa “epopeya” fue la famosa Colección
donde se desvía la excavación hacia un costado Matthews, vendida por un empleado (Matthews)
para abrir un nicho, o cámara mortuoria. Allí de la Railroad Express Agency de Nogales, a
se deposita al o a los muertos con sus respec- la Universidad de California en 1931. Esta co-
tivos ajuares. En el Occidente de México, esta lección atrajo el interés del profesor Carl
designación no sólo hace referencia a las estruc- Sauer, quien intercedió para que Gifford via-
turas mortuorias propiamente dichas, sino tam- jase en 1946, a la región de Ixtlán del Río con
bién a un momento, mal definido de la historia el fin de realizar uno de los primeros estudios
antigua de la región: la Epoca de Tumbas de arqueológicos del área.
Tiro. Phil Weigand sostiene con razón que desde
La excavación clandestina de estas estructu- el punto de vista arqueológico, la mayor parte
ras funerarias ha sacado a la luz, innumerables de la historia sociocultural del occidente de
objetos de cerámica (recipientes y estatuillas) México se h a identificado erróneamente con
que desde inicios de este siglo han sido alta- este complejo funerario (Weigand 1993: 76-
mente valorados por los museos y por los co- 79). Afirma Weigand que el tema de “tumbas
leccionistas de arte antiguo. El alto costo que de tiro” se convirtió en una verdadera obse-
estos objetos alcanzan en el mercado interna- sión entre los arqueólogos. De hecho, durante
cional de piezas precolombinas, ha sido la causa muchos años, se desvió el interés principal de
del salvaje saqueo practicado en los depósitos este fenómeno -10s constructores y su contex-
arqueológicos de los estados de Colima, Jalisco t o sociocultural- hacia el sueño de encontrar
y Nayarit. De acuerdo a Carolyn Baus, la pri- una estructura intacta, descuidando l o s ofros
mera vez que se menciona en la literatura el tipos de evidencias culturales. Ante la falta
hallazgo de este tipo de enterramiento es en de éxito en esta pretensión, el objetivo de la
Noticias varias de N u e v a Galicia de 1878 (Baus búsqueda se fue diluyendo de las estructuras
1978: 151, en la que se dan detalles de una bó- propiamente dichas, hacia la riqueza estética
veda con figurillas huecas. Breton (1903: 130- de las ofrendas funerarias y primordialmente
133) describe igualmente algunas estatuillas el objetivo vino a s e r el estudio artístico-
provenientes de un entierro excavado hacia etnográfico de las estatuillas encontradas en
1896, en la base de un montículo en los alre- las tumbas por los “moneros”. El propósito del
dedores de Etzatlán. A fines del siglo pasado, estudio fue interpretar, o especular sobre el
según Diguet y Lumholtz, la práctica de buscar significado mágico-religioso que las tumbas y
antigüedades estaba ya bien establecida en la sus estatuillas tenían dentro de la sociedad
región de Nayarit y Jalisco. Buscadores de te- que las creó.
soros excavaban regularmente en “montículos, Por otro lado, desde un principio se vio en
cuevas y túneles” para buscar objetos de valor. esta manera particular de inhumar a los
Lumholtz vio y coleccionó varias piezas prove- muertos un rasgo que evidenciaba la difusión

98
. .
a.
ENTIERROS
4 Datum O-& Piedras k Extendido dorsal
Punto de cuadrícula qp AlinsociÓn de piedras x Flexionado dorsal
9

O Fosa o tiro profunda H Hoguera 4 Flexionado sedente


0
o
0

O Fosa poco profunda @ Ofrendo c e r h i c a aislada 4 d Flexionado loterai O

@ Fosa funerario @ Depresión poco profunda A Secundario

F= Trinchero estructural O Múltiple


Q Hoyo de poste
.............
......
........
..:.:.:.:.:. Cámara funeraria subterránea
.......
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4-
Q

Figura 2 - Plano de ubicación de evidencias


arqueológicas expuestas en la excavación d ë . -
rescate del sitio CS-32 Caseta.
a

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cultural entre el noroeste de Sudamérica y el prano, o más concretamente, a la etapa en que


occidente de México. Tumbas similares se en- surge y la civilización.
cuentran paralelamente en varias localidades Sin pretender la simultaneidad de este pro-
de Colombia, Ecuador y PerÚ y aunque los con- ceso en Occidente, la llamada Epoca de Tumbas
textos mexicanos no eran bien conocidos, se su- de Tiro se presenta como un momento crucial
ponía que cronológicamente ambos serían para la comprensión de los procesos de comple-
contemporáneos; dejando la duda sobre el punto jización sociocultural de l o s pueblos que se
original de difusión. En Occidente, la presencia constituyeron en aldeas agrícolas durante el pe-
del, fenómeno se atestigua en un territorio de- ríodo Formativo.
limitado, en forma de arco o media luna (véase Desde la década de l o s setenta se han reali-
Fig. 1) que se extiende desde el sur de Nayarit, zado varios hallazgos, pero el “milagro expli-
pasando por la parte central de Jalisco, hasta cativo” aún no se produce. Con la excavación
la zona de la actual Colima (Kelly 1948: 65-67). de tumbas vírgenes, no suntuosas, la problemá-
Se suponía, así mismo, que este amplio terri- tica de este fenómeno se ha ido definiendb cada
torio compartía el mismo rasgo funerario por vez más en términos sociales. Para algunos au-
haber tenido contactos continuos entre sí y con tores, a falta de un conjunto de rasgos m8s cla-
pueblos de la Costa Pacífica del norte de Amé- ros, la presencia’ de tumbas sirve para definir
rica Meridional. a un tipo de sociedad no igualitaria. La “cultura
Kelly sugería una conexión cronológico-cultu- de tumbas de tiro”, fundamenthdose en una
ral aparente entre los pueblos del interior de producción agrícola/art es anal especializada,
Nayarit y el altiplano de Jalisco con los pueblos con una distribución restringida de la riqueza
del “horizonte Ortices” de Colima (Kelly 1948: generada, sería ya la manifestación de una so-
66-67). Para ello se basaba en una serie de ras- ciedad estratificada con un modo de producción
gos estilísticos comunes. Subrayaba sin embar- “asiático” o inclusive “esclavistan (Galván 1991:
go, que en ambas zonas prácticamente no había 255-257 y 297-299). Para otros, como Weigand,
vestigios habitacionales de esta época. No obs- a partir del Formativo Medio se gestan proce-
tante, sugería que se debía buscar evidencias sos de complejización social que, hacia fines de
de esta supuesta continuidad cultural en el este periodo, van a definir una de las muestras
área intermedia. de civilización que caracterizan a Occidente:. la
Desafortunadamente, su experiencia en la tradición Teuchitlán. La presencia de tumbas
cuenca de Sayula-Zacoalco fue más bien ne- de tiro es un rasgo cultural que, al unirse con
gativa, pues encontró sólo un s i t i o de esta po- un patrón de asentamiento y ciertos elementos
sible afiliación (Verdía). En base a esto, Kelly estructurales y arquitectónicos bien definidos,
afirmaba que la cuenca de Sayula era el es- marca la existencia de entidades políticas que
labón más débil en l a supuesta cadena giran en torno a un centro jerárquico ubicado
cultural que unía las provincias cerámicas en el valle Ahualulco-Teuchitlán-Tala(Weigand
de Ameca y Colima durante las fases tem- 1993). A medida que la sociedad se va comple-
pr anas. jizando (entre el 200 y el 700 d.C.1 y el Centro
Con la llegada del carbono 14 y la cronología se hace más suntuoso en arquitectura monu-
absoluta, se pudo ubicar el fenómeno de las mental de superficie, las tumbas de t i r o se ha-
tumbas vagamente entre el primer milenio a.C. cen más sobrias que en el Formativo Tardío
y la primera mitad de la era actual. Ante el (Weigand 1993: 61, 83-85).
vacío latente de contenido histórico, se optó por
esperar que se produjera el milagro de un ha- Por otro lado, a medida que las comunidades
llazgo explicativo. Entre tanto, se cubrió la ig- que comparten la tradición Teuchitlán se alejan
norancia con una apelación vaga: “Epoca de del Centro, las tumbas decaen en complejidad
Tumbas de Tiro”. Esta serviría para calificar arquitectónica, suntuosidad del contenido y en
a las sociedades que surgieron aproximadamen- definitiva de categoría jerárquica (Weigand
te desde el 800 a.C. hasta el 500 d.C., época 1989: 42-43). En este supuesto, las tumbas son
que corresponde, en la secuencia cronológica además, un elemento diagnóstico del grado de
tradicionalmente aplicada en Mesoamerica, a dependencia hacia un centro o del nivel de com-
los periodos Preclásico Tardío y Clásico Tem- plejización sociopolitica imperante en una zona

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OCCIDENTE

particular. Este hecho parece fundamentarse nales de riego que se abastecen de pozos pro-
en las diferencias tipológicas que se observan fundos, o de las antiguas vertientes de la zona.
entre las tumbas del área Nayarit/Jalisco y las Por consiguiente, los terrenos agrícolas se ex-
tumbas de Colima. Las evidencias conocidas, en plotan con cultivos que dan dos cosechas al año.
este último estado, son estructuras más senci- Entre otros productos se destacan: maíz, sorgo,
llas: por lo general de una sola cámara y con alfalfa, frijol, chícharo, jitomate y cártamo.
profundidades que varían entre 1.50 y 2.50 m Dada la relativa humedad del suelo de esta par-
(Disselhoff 1932; Kelly 1978 y Olay 1993). De te del antiguo lecho lacustre, e s probable que
hecho, Kelly señalaba la conexión aparente en- en épocas prehispánicas (con, o sin ayuda,de
tre las dos zonas durante el “horizonte Ortices” sistemas de irrigación) la zona estuvo sujeta a
de Colima, pero no alcanzaba a definir en qué una intensa explotación agrícola que no sólo ga-
consistían exactamente esos lazos. Los rasgos rantizó el sustento a los habitantes del área,
comunes en que se basaba su apreciación se li- sino que además permitió la producción de ex-
mitaban a estilos y características particulares cedentes.
de las figurillas encontradas en las de tumbas El sitio CS-32 Caseta se encuentra sobre los
de tiro. Pero en su época nada se podía decir 19’52’37“ de latitud norte y los 103”31’03“ de
aún sobre patrones de asentamiento, sobre un longitud oeste. Se ubica en las faldas de una
posible control de la explotación de recursos colina, de aproximadamente 40 m de altura,
disponibles en las distintas áreas y, peor aún, que se levanta sobre las pkimeras terrazas
sobre una relación de poder que unía a varios lacustres de la cuenca. Su altura varía entre
pueblos de Occidente. 1350 y 1390 m sobre el nivel del mar.
Recapitulando, en la actualidad el fenómeno Durante la prospección inicial del sitio, se re-
de las tumbas de t i r o se caracteriza aún por conoció la presencia de varios tipos de cerá-
una falta de definición real a nivel geográfico, mica en superficie. Los tipos coinciden, a
cronológico y sociocultural. A pesar de ello se grandes rasgos, con la clasificación hecha en
reconoce al complejo mortuorio como sintomá- 1941 por Isabel Kelly para la cuenca de Sayula
tico de sociedades que han alcanzado un grado (Kelly ms. y Kelly 1948: 62-64). Luego de la
de desarrollo sociopolitico donde estratos jerar- intervención de rescate en el sitio, se comprobó
quizados aprovechan plenamente los recursos que la mayor parte del material recuperado c,o-
que tienen a su alcance, mediante sistemas pro- rresponde a las fases Amacueca y Autlán del
ductivos y con una red de intercambio bien or- periodo Postclásico Tardío (Kelly 1945). En y a
ganizado a nivel regional. La tónica no es ya proporción menor se recuperaron, igualmente,
encontrar tumbas de tiro, sino investigar los fragmentos cerámicos más finos de los tipos
contextos habitacionales contemporheos y tra- identificados como pertenecientes a las fases
tar de definir sus distintos modos de vida ( c f . Verdía y Tuxcacuesco de la parte final del pe-
Oliveros 1992: 42-43). riodo Preclásico. En complemento de los tepal-
cates tempranos, se recuperaron varios
fragmentos de figurillas antropomorfas sólidas,
del tipo definido por Kelly como Tuxcacuesco-
La evidencia de Usmajac: Los Ortices en su horizonte Tuxcacuesco (Kelly
el escenario 1949: 115-119).
A pesar de que las actividades agrícolas prac-
ticadas en la colina han alterado los contextos
estratigráficos de las distintas ocupaciones, se
El entorno ecológico del s e c t o r suroriental de pudo exponer una serie de evidencias contex-
la cuenca de Sayula es típico del bosque seco tuales la cual ilustra la historia de las ocupa-
montano bajo. Cuenta con dos estaciones bien ciones del sitio. Desde épocas del temprano
diferenciadas por el volumen de precipitacia- horizonte Tuxcacuesco (fase Verdía) se levantó,
nes: la temporada seca que va de noviembre sobre o cerca de la colina, una pequeña aldea
a junio y la temporada de lluvias, que va de que dejó, en el subsuelo de la loma, varias hue-
julio a octubre. En l a actualidad, la región llas de sus distintas ocupaciones. Las excava-
está atravesada por una importante red de ca- ciones revelaron los vestigios de algunas
,

101
i -

.TRACE n " 2 5 1 9 9 4

unidades domésticas. Estas pudieron ser iden-


tificadas por la presencia de 181 huecos de pos-
t e , cimientos de piedra y basamentos en
trinchera o fosa para construcciones de bajare-
que. Se encontraron igualmente, posibles pozos
de almacenamiento y basureros con restos di-
versos de desechos domésticos. Adyacentes a es-
tas áreas habitacionales se encontraron zonas
destinadas a la inhumación de cadáveres (véase
Fig. 2).
Los cementerios o panteones pertenecen a las
dos épocas de ocupación del sitio. El más am-
plio, el del Postclásico, contuvo unas 70 inhu-
maciones con un número aproximado de 102
individuos. La mayoría de estos entierros se re-
alizaron dentro de fosas ovaladas poco profun-
das (35 cm promedio) donde los cuerpos yacían O Im
en posición sedente, flexionada dorsal o lateral
(Schöndube et al. s.f.). El segundo panteón se
encontró inmerso dentro de la matriz de toba
volcánica o tepetate. De filiación temprana,
éste incluyó tres tumbas de tiro, con cámaras
funerarias que contenían un mínimo de 12 in-
dividuos. Para caracterizar mejor estas eviden-
cias, serán incluidas en la tercera categoría de
tumbas de t i r o de la clasificación de Weigand
(1889: 43). Las tumbas encontradas no presen-
tan asociación directa con ningún tipo de es-
tructura arquitectónica de superficie; tampoco
demuestra el contenido de sus ofrendas la pre-
sencia de un estrato social particularmente je-
rarquizado. Como dato interesante, cabe
mencionar que el panteón tardío recubría el
área general de las tumbas de tiro. Inclusive,
encima de una de ellas, se encontró un entierro Y 4 u,
secundario reposando sobre la piedra laja que
tapaba la entrada al tiro. Si bien no se puede
afirmar de manera categ6rica que los ocupantes
del Postclásico conocieron la presencia de las
tumbas, la yuxtaposición de las dos zonas fu-
nerarias ciertamente es muy sugerente (véase,, /
Fig. 2). Un caso similar fue encontrado por Oli-
veros en el sitio El Opeño, donde entierros de
la fase Jacona se sobreponen directamente a la
entrada de una de las tumbas tempranas de ese
sitio (Oliveros 1974: 183). Casos como éstos nos
llevan a pensar que la tradición de la presencia
i B

de' un campo santo puede conservarse durante Figura 3 - Perfil, corte jl p l a n t a de


la tumba de tiro A.
mucho tiempo en una región.

102
OCCIDENTE

Descripción de las tumbas llas del instrumento utilizado para esculpir


de firo el tepetate. Probablemente se trata de una
punta aguda de entre 2 y 4 cm de diámetro,
usada para picar en ángulo el material y pro-
vocar el desprendimiento de bloques de
tamaño regular.
La tumba A O El eje principal de la cámara tiene una orien-
tación general n o r t e h r , con la entrada y el
La primera tumba fue encontrada hace algunos tiro ubicados hacia el este.
años de manera accidental, mientras se araba
el terreno. Según varios informantes, un ani- El contenido de la tumba no puede ser de-
mal metió una pata en un orificio oculto en el tallado con seguridad.
i
suelo. Al liberal al animal, su dueño se percató De acuerdo a los informantes, había varios
del vacío formado junto a una laja. Retiró la esqueletos y “cuatro monos” de tamaño media-
piedra y encontró Ia entrada al tiro; excavó la no; pero no se tiene ninguna evidencia, ya que
tierra floja hasta que encontró la entrada a la las estatuillas fueron supuestamente vendidas
cámara funeraria. Por desgracia, no se conoce a un museo. No hay mención de vajilla, ni de
cual fue el contenido exacto de esta tumba. otro tipo de ofrendas. De los ornamentos per-
Esta estructura, saqueada, se detectó en el re- sonales se tienen indicios gracias al material
conocimiento inicial del sitio. En la interven- recuperado de la tierra tamizada. Se encont’ra-
ción de salvamento, se realizó el levantamiento ron restos de collares de cuentas y pendientes
del perfil de la tumba (véase Fig. 3) y se tamizó de tres tipos de materiales: piedra, concha y
la tierra que yacía al fondo de la cámara. Así, hueso. Pero parece obvio que la mayor parte
se pudo recuperar un pequeño conjunto de evi- de los ornamentos fue retirada por quienes des-
dencias que incluyeron: algunas cuentas; varios cubrieron la tumba. En el apkndice I se enu-
fragmentos de huesos humanos pertenecientes mera el material recuperado de cada una de las
a por lo menos tres individuos distintos; algu- estructuras.
nas lascas pequeñas de obsidiana y unos cuan-
t o s tepalcates de apariencia temprana.
Esta tumba, por su forma puede ser catalo-
gada como de “bota”, tipo C, en la tipología de La tumba B
Disselhoff para las tumbas de Colima (1932:
528, Fig. 1);o tipo II de la tipología de Long
(1967: tabla 1). La segunda estructura fue detectada a 7 m al
este de la tumba A (véase Fig. 2). Sus primeros
Sus rasgos más importantes son: indicios aparecieron a 24 cm de la superficie,
$.Estructura compuesta de un t i r o vertical con como una mancha circular de tierra floja y hú-
una cámara lateral, esculpida en la matriz meda (23 cm de di8metro). A los 53 cm de ‘pro-
de tepetate. fundidad apareció el borde cilíndrico del tiro;
4 Un tiro cilíndrico de 162 cm de profundidad, se despejó el contorno del orificio y se vació su
con un diámetro máximo de 80 cm. contenido de tierra suelta. En el interior del
+ Entrada a l a cámara bajando un escalón, o tiro se fue perfilando un espacio semi vacío que
banqueta, al fondo del tiro. Sobre el filo del se profundizó unos 50 cm desde la boca, hasta
tepetate se depositó una piedra pesada para topar con el extremo de una piedra laja incli-
acentuar esta grada. nada. Sobre ésta se encontraron los restos de
+ La &mara funeraria tiene forma ovalada, un entierro secundario que había sido inhuma-
sus dimensiones son 240 cm de largo por 197 do sobre la tumba, pero que se fue deslizando
cm de ancho. hacia el interior del tiro junto con la piedra que
O El piso es plano, las paredes cóncavas for- alguna vez tapó su entrada. Aparentemente, un
man una bóveda esférica bastante regular, extremo de esta piedra se desplomó hacia el in-
con una altura máxima de 106 cm. terior, provocando el deslave de tierra al fondo
O En las paredes se aprecian claramente hue- del tiro. Retirados los huesos y la “tapa”, se

I 103
T R A C E n 0 2 5 1 . 9 9 4

encontró, mezclado entre tierra suelta, un grupo ' A pesar de la acción continua de estos fac-
de piedras más pequeñas las que reposaban a su tores, la evidencia encontrada en la cámara
vez, sobre varias lajas inclinadas contra una pa- presenta una disposición ordenada que sugie-
red del tiro.' Así, seis lajas se yuxtaponían par- re el uso repetido de la estructura funeraria
+almente sobre 1a.entrada a la cámara funeraria.
Se puede afirmar que el interior del tiro estuvo t
relleno de tierra suelta, junto con unas cuantas Il
A
piedras que reposaban por decantación, sobre la
parte superior de las lajas. En el interior de la
cámara se encontró un piso cubierto por un es-
pesor de tierra de unos 35 cm. Este material se
filtró, poco a poco, a través 'de las lajas desde
el tiro. Dentro de la cámara, lo Único que se dis-
tinguía claramente era una serie de huesos arri-
mados contra la pared del fondo.
Luego de dos meses de excavación fina, se
despejó la tierra y se puso en evidencia el con-
tenido de la cámara. Para el registro adecuado
de los vestigios, se adoptó una reticula con uni-
dades cuadrangulares de 50 cm.

Tipológicamente, la tumba B es similar a la


tumba A (véase Fig. 4).
+- Un t i r o cilíndrico de 90 cm de diámetro pro- v
medio que se profundiza 287 cm en la matriz.
4 Un escalón de tepetate baja desde el fondo
, del tiro hacia la cámara; sobre el escalón se

' pusieron 3 piedras de tamaño mediano para N T


dar mayor solidez a la entrada.
0 Las dimensiones de la cámara son 225 cm
de largo por 250 cm de ancho, con una altura
máxima de la bóveda de 105 cm.
+- La orientación del eje mayor es noroeste/su-
reste y coincide con la disposición de los
primeros 4 cuerpos extendidos que fueron en-
contrados. El tiro y la entrada a la cámara
se ubican en el extremo suroeste de la es-
tructura.

El contenido de la cámara fue parcialmente


revuelto a consecuencia de varios episodios de
infiltración de tierra y lodo que se unen a pe-
queños desprendimientos del tepetate de la bó-
veda. Por o t r o lado, se constató la presencia de
roedores que habrían bajado a la cámara a tra-
vés de pequeños túneles cavados desde el ex-
terior (madrigueras). En las paredes de la
estructura se detectaron no menos de 9 orificios
abiertos por estos animales. Huellas de la ac-
cibn de sus dientes aparecen igualmente sobre
muchas de las osamentas humanas encontradas Figura 4 - Perfil, corte y planta de
la tumba de tiro B.
en la tumba.

104
.
OCCIDENTE

Figura 5 - Planta con inhumaciones primarias y secundarias en la tumba de tiro B.

(vease Fig.
- 5). En el extremo norte de la c6- duos. En el espacio prdximo a l-- entrad se ubi-
mara se encontraron las osamentas reacomoda- c6 el esqueleto de un individuo reposando en
das de por lo menos 4 individuos (2 adultos y posici6n supina sobre un “lecho” formado por
2 infantes). Es posible que estas deposiciones 3 piedras (2 metates quebrados y un canto llano
secundarias, hayan sido reubicadas para hacer de forma triangular).
lugar a nilevas inhumaciones. En la parte cen- En los 4 casos de cuerpos extendidos, la ca-
tral, aparecieron los esqueletos de 3 individuos beza estuvo orientada hacia el oeste; los 4 pre-
adultos extendidos en decúbito dorsal con las sentaron algún tipo de ornamentacidn corporal
extremidades inferiores reposando sobre otras y, cosa notable, los 4 tuvieron una lasca de ob-
osamentas reordenadas de otros 3 6 4 indivi- sidiana ubicada en el interior de la boca. Sin

105
. T R A C E n 0 2 5 1 9 9 4

embargo, ninguno tuvo ofrendas asociadas. El dispuesta sobre el borde, para acentuar el es-
individuo ubicado próximo a la entrada, apa-
rentemente tuvo junto a su brazo derecho un
calbn de ingreso al interior.
La cámara es circular, de paredes cóncavas
I
átlatl, pues se encontraron 2 asas de propulsor y piso plano. Mide 210 cm de largo por 185 cm
en piedra verde, reposando a proximidad de su de ancho. La.profundidad del piso desde la su- ,
antebrazo derecho. Las evidencias encontradas perficie actual es de 120 cm. El eje mayor tiene
en’ esta estructura sugieren que la tumba ha- una orientación norestehuroeste, con la entra-
bría sido utilizada como una “cripta”, a la que da desviada ligeramente. del norte. No existe
I
se‘ le iban añadiendo inhumaciones a medida bóveda, sino un gran orificio que se une a la
que se producían decesos en el grupo que uti- apertura del “falso tiro”, dando la apariencia
lizaba la tumba. de una fosa esférica. Es probable que al mo- I

Analizando el plano de ubicación de las tum- mento de excavar la estructura original, se


bas A y B, se tiene la impresión de que las cá-
maras están orientadas en ejes divergentes (por
A
i
no decir opuestos): la tumba A hacia el oeste
y la B hacia el este. Las similitudes tipológicas
y la relativa c o r t a distancia entre las 2 sugie- I
ren que ambas estructuras pudieran ser
contemporfineas y quizás idclusive, complemen-
tarias. La ausencia de datos concretos sobre el
i
contenido de la tumba A imposibilita ahondar
en esta hipbtesis. Los pocos ornamentos perso-
nales, recuperados de esta tumba, son más ela-
borados que los hallados en la tumba B, por
lo que podrían ser interpretados como símbolos
de una jerarquía superior a los de la tumba B
(apéndice I). De igual manera, la supuesta pre- 1
sencia de cuatro estatuillas antropomorfas en
la !tumba A marca otra diferencia notable con
el contenido de la tumba B que no presentó nin-
gún tipo de ofrendas funerarias.

l
I
I
I
La tumba C 1
I
Esta estructura se ubica en un punto interme-
I
dio entre las tumbas A y B, aproximadamente 1
a 8 m en dirección norte (véase Fig. 2). En apa-
Y - L J . V G + y
riencia, difiere tipológicamente de las anterio-
res, pudiendo ser calificada de tumba en forma
de pozo (véase Fig. 6). Sin embargo, comparte c
_ - - - -- -- - 1

ciertos elementos estructurales que la identifi-


can plenamente con el estilo de las tumbas an-
teriores.
La planta es idéntica a las formas ya vistas.
Se accede a la cámara a través de un orificio
de planta cilíndrica (“falso tiro”), excavado en
la matriz hasta una profundidad de 80 cm. Su
diametro aproximado es de 80 cm y al igual que Figura 6 - Perfil, corte Y p l a n t a de
las tumbas anteriores, tiene una piedra plana la tumba d e tiro .’

106
OCCIDENTE

Figura 7 - Planta con inhumaciones primarias en la tumba de tiro C.

haya dePplomado la bóveda que se trataba de de tepetate o piedras. El relleno poco compacto
formar por lo que los constructores readaptaron facilitó la penetración de innumerables madri-
la forma general de la tumba. gueras que, en el transcurso de varios siglos,
Una vez realizadas las inhumaciones, la tum- alteraron significativamente el contenido de la
ba fue rellenada con tierra, sin incluir bloques tumba (v6ase Fig. 7). Sin embargo, el material
I

107
4 11 u_

T R A C E no25 19.94

de relleno de la cámara resultó ser muy rico probablemente fue sacado de su sitio original i
en materiales cerámicos tempranos. El relleno por algún animal. Se desconoce si estas cuentas
de la tumba C constituye la dnica evidencia “es- fueron parte de collares, pulseras u ajorcas y
tratificada”, no funeraria, de la ocupación ori- desgraciadamente ni siquiera pueden ser asigna-
ginal del sitio. das a uno de los individuos en particular.
A pesar de estar removidas, las inhumacio-
nes encontradas aportan nuevos datos al regis-
t r o de patrones funerarios en tumbas de t i r o .
La posición del individuo 2, decúbito dorsal, Conclusiones tentativas
coincide con lo registrado en la tumba B; pero
varía la orientación de la cabeza, hacia el este Los trabajos en el sitio CS-32 Caseta han apor-
y n o hacia el oeste. De los otros dos cuerpos tado una serie de datos nuevos que clarifican
no ‘se puede afirmar gran cosa. El grado de re- varios aspectos de la llamada Epoca de Tumbas
moción de las osamentas es tal que casi nada de Tiro en la cuenca de Sayula. La información
queda de la disposición original. El individuo obtenida sugiere que una de las primeras eta-
1 estuvo aparentemente extendido sobre la es- pas de ocupación del área estudiada correspon-
palda, con una orientación. general surhorte. de justamente a esta época. Se espera que l o s
De este cuerpo sólo queda in situ la tibia y el resultados del fechamiento por 14C aclaren en
peroné izquierdos que reposan al costado orien- breve su ubicación cronológica. Por otro lado,
tal de la entrada. Entre otros huesos probables la abundante evidencia cerámica, unida a las
de este individuo, se incluyen: fragmentos de huellas estructurales detectadas sugieren que
cráneo, extremidades, pelvis, sacro, y algunas la colina a o sólo sirvió de emplazamiento fu-
vértebras. Del individuo 3, sólo quedan frag- nerario, sino que ante todo constituyó un asen-
mentos de un cráneo que reposan sobre una pie- tamiento de carácter habitacional. La ausencia
dra laja de gran tamaño‘ en el extremo de una clara sobreposición estratigráfica cultu-
occidental de la tumba. Entre estos fragmentos ral complica el estudio de los vestigios de esta
se encontraron 2 lascas de obsidiana que pu- ocupación, pues en muchos casos no es posible
dieron haber estado colocadas en la boca del in- atribuir con certeza la evidencia no cerámica
dividuo, tal como se anotó en 4 casos de la a ninguna de las dos ocupaciones del sitio. Sin
tumba B. embargo, los restos cerámicos de esta etapa re-
La ubicación de las ofrendas sugiere también flejan actividades cotidianas, con vajillas de !

un patrón definido. Un pequefio cántaro acom- uso doméstico. Las ofrendas encontradas en la
paña al individuo 2; fue encontrado a la altura tumba C son recipientes utilitarios que además
de ‘,a pelvis, al costado izquierdo del esqueleto. muestran un acentuado desgaste por uso.
Una ofrenda similar fue situada, más o menos Las excavaciones confirmaron la hipótesis de
en ,la misma ubicación cerca del individuo 1. que las tumbas no aparecen aisladas, sino que
La tercera ofrenda se halla a proximidad de forman grupos o conjuntos. Al igual que en el
restos alterados del cráneo del individuo 3, sin valle de Atemajac, se demostró que no todas
que se pueda inferir una posible ubicación con las tumbas contienen ofrendas suntuosas. Por
respecto al cuerpo, por falta de osamentas. Hay otro lado, a pesar de que la forma y la orien-
pocos indicios de adornos corporales, en zonas tación individual de cada estructura puede va-
próximas a las osamentas, pero mezclados en- riar notablemente, hay ciertos rasgos formales
tre el material de relleno s e encontraron 9 que están constantemente presentes de una
cuentas de piedra; 7 son circulares, pulidas en manera u otra. Estos rasgos ciertamente deben
un material verde lechoso. Otra, del mismo ma- reflejar valores ideológicos que van más allá de
terial fue pulida en forma de ardilla y es idén- las meras convenciones funcionales.
tica a 2 ejemplares encontrados en la tumba Las tres tumbas se complementan y suminis-
A. La última cuenta es una pequeña plaqueta tran datos concretos sobre las costumbres fu-
antropomorfa de obsidiana, con un orificio di- nerarias de esta época. El contenido del relleno
minuto perforado en su extremo superior. Un y de las filtraciones encontrado en el interior
fragmento de una pieza semejante fue encon- de las tumbas ha dado una buena muestra de
trado en las inmediaciones de la fosa y material cerámico no mezclado que sirve de

108
I
n ,

OC CIDENTE

base para tratar de reconstituir las principales cas, en el área intermedia. La evidencia de la
formas de la vajilla utilizada en esos tiempos. cuenca de Sayula aquí presentada sustenta la
El estudio de sus rasgos tecnológicos y morfo- hipótesis de Kelly; pero demuestra, al mismo
lógicos servirá de referencia para reconocer (en tiempo, que esta “continuidad cultural” no es
la cerámica de superficie y en la de estratos el simple reflejo de difusión de rasgos cultuia-
mezclados) el material temprano, ampliando les o estilisticos (entre los que se incluyen for-
así la gama del cuerpo cerámico identificado zosamente las tumbas de t i r o ) . La afinidad
para la llamada Epoca de Tumbas de Tiro. Del puede ser, más bien, el resultado de procesos
mismo material de relleno, se tomaron varias de complejización social afines, aunque quizás
muestras de carbón que ayudaran a fechar me- iniciados independientemente. La reorientaci611
jor los dep6sitos tempranos de la cuenca. Por del objeto de estudio en la problemática de las
último, el estudio antropométrico de los restos tumbas de tiro, hacia los contextos habitacio-
óseos rescatados de las tumbas, completará la nales de los pobladores de esta época, podrá fi-
informacidn que se tiene sobre los aspectos fí- nalmente suministrar la evidencia necesaria
sicos de las poblaciones prehispánicas de esta para comprender el mecanismo de esos
región.3 Aunque la muestra es aún relativamen- procesos. *
te pequeña, pronto se dispondrá de datos con-
cretos sobre los habitantes de esta época en la
zona.
Si bien Kelly señaló la conexión cultural apa-
rente entre el área de Nayarit interior / Jalisco Bibliografia
central con l o s pueblos de Colima, no pudo ca-
racterizar la relación efectiva entre ambas zo-
nas. La razón principal de esta circunstancia -
Baus Reed Czitrom, Carolyn 1978 Figurillas sólidas d e
estilo Colima: una tipología. Colección Cientifica 66.
(nada imputable a los excelentes trabajos pio- SEP-INAH, México.
neros de Isabel Kelly) fue el carácter puramen- Breton, Adela 1903 - Some Mexican Portrait Clay F i g y e s .
t e ceramológico de sus apreciaciones. Las Man 3: 130-133. Londres.
estrechas interrelaciones entre ambas zonas Cabrero, María Teresa 1992 - La cultura Bolaños como res-
p u e s t a a u n a tendencia expansiva. In Origeh y
homogeneizaron muchos temas iconográficos, desarrollo en el Occidente de México (Brjgitte Boehm de
pero cada región guardó sus propios rasgos es- Lameiras y Phil C. Weigand eds.): 339-358. El Colegio
tilísticos como muestra de su identidad e in- de Michoacán, Zamora.
dependencia, El reconocimiento inicial que Cabrero, María Teresa y Carlos López Cruz 1993 - Hallaz-
go de una tumba de tiro sellada e n el Cañón de Bolaños.
efectuó Kelly en ambas regiones, permitió la Antropológicas 8: 14-78. UNAM, México.
identificaci611 de dos provincias cerámicas. Sin -
Diguet, Léon 1898 Notes sur certaines pyramides des en-
embargo, no detect6 vestigios habitacionales de virons d’lxtlán. L’anthropologie 9: 660-665. París.
Disselhoff, Hans D. 1932 - Note sur le résultat de quelques
estas kpocas, ni pudo definir las principales ca- fouilles archéologiques faites à Colima (Mexique). Revis-
racterísticas socioculturales de ambas regiones. t a del I n s t i t u t o de Etnología d e l a Universidad de
Sus trabajos fueron la piedra angular para la Tucumán 2: 525-537. Tucumán.
edificación del conocimiento arqueol6gico de Oc- -
Galván, Javier 1976 Rescate arqueológico en el fracciona-
miento Tabachines, Zapopan, Jalisco. Cuadernos de ¿os
cidente. No obstante, ella misma sugirió que se Centros 28. INAH, México.
debían realizar m6s estudios en profundidad 1991 - Las tumbas de tiro del valle de Atemajac, Jalisco.
para definir correctamente el pasado prehispá- Co¿ecciÓn Cientifica 239. INAH, México.
nico. Kelly sostuvo que se debían buscar Kelly, Isabel 1945 - The Archaeology of the Autlan-Tuxca-
mayores manifestaciones de la supuesta conti-
cuesco A r e a of Jalisco. I - T h e A u t l a n Zone.
Ibero-Americana 26. University of California, Berkeley.
nuidad cultural de las dos provincias cerámi- 1948 - Ceramic Provinces of Northwest Mexico. El Occi-
dente de México. Memorias de l a IV Mesa Redonda de la
Sociedad Mexicana de Antropología: 55-71. México.
3 Los dos trabajos de salvamento arqueol6gico realizados 1949 - The Archaeology of the Autlan-Tuxcacuesco Area
en l a cuenca h a n permitido formar dos colecciones im- of Jalisco. II - The Tuxcacuesco-Zapotitlan Zone. Ibero-
portantes d e restos humanos. Las mismas están siendo Americana 27. University of California, Berkeley.
estudiadas por Ia maestra Gabriela Uruñela Ladrón de 1978 - Seven Colima Tombs: a n Interpretation of Cera-
Guevara de l a universidad d e L a s Américas, Puebla. mic Content. In Studies in Ancient Mesoamerica III
(Véase artículo de Uruñuela en este número.). (John Graham ed.). Contributions of the University of

109
T R A C E n”25 1 9 9 4

California Archaeological Research Facility 36: 1-26. Apéndice


Berkeley.
s.f. A Surface Survey of the Sayula-Zacoalco Basins of
Jalisco (1941-1944). Ms. Inventario de artefactos recuperados de las tumbas de
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Kurt, Michel 1975 Les figurines de terre cuite d u Mexique tiro del sitio CS-32 Caseta (Usmajac, Jalisco)
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Musées Royaux d’Art e t d’Histoire. Université libre de
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Lumholfz, Carl [19021 1973 Unknown Mexico, a Record of TTAZ 3 cuentas tubulares de piedra pulida, verde
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’Sierra Madre; in the Tierra Caliente of Tepic and Jalis- TTAB 2 cuentas en forma de ardilla en piedra
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t o , Ajijic. TTB3 1 fragmento de pendiente de ¿fósil? o pizarra.
1992 - El Valle Zamora-Jacona: un proyecto arqueológi- TTB4 sarta con 106 cuentas circulares de concha,
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Schöndube, Otto, J e a n Pierre Emphoux, Rosario Acosta y TTBG sarta con 9 cuentas tubulares de hueso y
Francisco Valdez (s.f.) - II informe técnico del Proyecto 7 cuentas circulares de concha.
arqueológico cuenca de Sayula a l Consejo de Arqueolo- TTB7 1 cuenta de piedra verde.
gía del INAH (1994). Ms. TTBB 1 pendiente alargado de piedra verde lechosa.
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Schöndube, Otto y Javier Galván 1978 Salvage Archeo- TTB9 sarta con 17 cuentas tubulares de hueso pulido.
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In Across the Chichimec Sea, P a p e r s i n Honor of J. TTB11 sarta con 7 cuentas tubulares de hueso pulido.
Charles Kelley (C. Riley y B. Hedrick eds.): 144-163. TTBlZ 2 orejeras tubulares de cerámica.
Southern Illinois University Press, Carbondale. TTB 13 sarta con 12 cuentas circulares de concha y
Weigand, Phil C. 1989 - Architecture and Settlement Pat- 1 cuenta tubular de hueso pulido.
t e r n s w i t h i n t h e Western Mesoamerican Formative TTB14 1 cuenta trapezoidal de pizarra.
Tradition. In El Precldsico o Formativo. Avances y pers- TTB15 1 cuenta circular de concha.
pectivas (Martha Carmona ed.): 39-64. INAH, México. TTB16 1 fragmento de aguja de hueso.
1993 - Evolución de una civilización prehispánica. El Cole- TTB17 1 fragmento largo de hueso labrado, ¿espátula?
gio de Michoacán, Zamora. TTB 18 49 lascas de obsidiana, de las cuales
5 estuvieron en el área de la boca de
algunos cráneos.

624 tepalcates recuperados en excavación, de los cuales


119 están decorados y 505 no están decorados. Dos son
fragmentos de figurillas .sólidas tipos Tuxcacuesco Los
Ortices.

110
OCCIDENTE

TUMBA DE TIRO C
I

TTCl 1 cántaro de cerámica engobada y pulida.


TTCZ 1 olla globular de cerámica alisada.
TTC3 1 cajete trípode de cerámica alisada.
TTC4 7 cuentas circulares de piedra pulida, lechosa. .
TTC5 1 pendiente en forma de ardilla en piedra pulida
lechosa.
TTCG 2 cuentas antropomorfas de obsidiana tallada.
TTC7 19 lascas de obsidiana.

532 tepalcates recuperados en excavación, de los cuales


85 están decorados y 447 no están decorados. Ocho son
fragmentos de figurillas sólidas tipo Tuzcacuesco Los Or-
tices.
LAS CULTURAS DEL SABOR N o I7 I l . PRIMAVlfAVtiANO IVVI I FI AND

Editorial
HervéPietre ~amberl . ................................ I

DE LOS REGíMENES Y LA SOBERANIA DEL GOURMET


ivivir como Reyes? io comer como Principes?
Fernondodel Poso .................................. 3
hslronomie et gaslrosophie
Entrelienavec Rene Sclleret
'
. ,7
EI p a i r o perdido de los golosinar
JuonJosBAtteolo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . II
Surtido de locos
] o r i llurrioga de Io Fuenle ................................................... I&
Le lu el le cuit
HewePierre Lanibert ......................................................................... 22
L'art der cuisiniers et lo Révolulion
Marc Cheymol ............................................................
En busca de lo blonquefleperdido
Poco lgnocio T a i b I ......... ,._. ................................................................. 33
Grano de lcl
Adolfo Caslofibn ................................................................. ..... 35
ESCENAS Y CENAS OPiPARAS

Swlliel Alalrisle ........ ........................................................... 41


I

J
h e u r et nous& de l'art
................................................................. 54

LA COCINA DE BABEL
ta pizzo de Babel
Pierre Force ..................... ....................................................................... 61

Guy Rozo1 ........................................................


InAuencios de Io xnuevo cocinoa francesa
.......................................................... 7'
............................................ ?4
RITOS PROFANOS, RITOS SAGRADOS.
*Hoy lengo que cenar con Moribel... 9
Renolo Prodo Oropezo ................................................

.................................................. 52
Alfll plblica. lies m e s a1 afio. hxtos Iiteiaiios y e n v i ï n + h lirmodos p i figuras relmntes de lo vida
culiu~olen Mxico y Francia. en lotna a remas mriltiples: lileratura. orles plisticos, mlsico, danzo. cine. tearolro.
............................................. 86
ciencias del hombte y de la midad.
Es bilingüe y su nombre, anagrama de IFAI. m a nUeslro deseo de dre-zer un e s p i o abierto. ptivikgmdo. Etneslo Herndnder Buslo . .......................................................
p o el ïnteicombio cultutal. luera de toda capillo o casilla. lo linea editotial de la revislo se sifrio en el juego
de los mitados qve se ccuzonenlre Fmncio y Nixico. Eu~opoy AmCti.cn Latino,'
Son de despedida
POAIOA: A pod^ de Un bvlfelde PierreNicolas Huillol IEscuelqde Chardin). Coleccï6n I b n Hellt. Paris Florence Olivier ....................... ......................................................... ?J

'111