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SAMUEL PÉREZ

De lo bucólico a lo ecológico

Por: Napoleón Vargas Peñaranda

¿Que tiene la sangre de los Quintero que nos ha regalado unos artistas fascinantes? ¿Que
tienen esas planicies, mesetas, ese paisaje geográfico de La labranza y Oropoma que inspiran
a estos hombres? Pues Samuel Pérez es uno de ellos. Nieto de Carlos Enrique “Carrique”
Quintero Pacheco y sobrino de Jairo Rincón “Labranza”. Nació y creció en una finca de su
abuelo. El mismo lo dice: “la pintura viene de la sangre de los Quintero”. A los cuatro años
ya dibujaba con un palito en la tierra y mientras estuvo en el colegio, a todos les ganaba en
dibujo. A los quince años vio en su casa al artista Jairo Labranza, pintar con espátula cinco
cuadros con óleo, después de quince días de tomar y fumar. Cometió el error de dejar todos
sus materiales de trabajo, y así Samuel fue sacando bastidores, pinturas y pinceles y comenzó
a pintar; claro que primero recibió los regaños de su mamá por utilizar lo que no era suyo.
Jairo regresó a los seis meses y vio las pinturas, “hacele que vas bien” fue lo único que le
dijo, pero esperaba una vaciada. Y así se inicio en la pintura.
Conocí a Samuel como compañero de puesto, en esos largos viajes en bus que hacemos los
ocañeros de Bogotá a Ocaña. Hablamos todo el tiempo de pintura y de la tierra donde vivía,
Oropoma, con el Río Algodonal. Me lo cruce muchas veces en Ocaña y poco a poco me fui
enterando que trabajó veinte años en artes graficas en Bogotá, y así pudo pagar a sus
hermanos, la bella finca de sus padres, donde vive actualmente en Oropoma. También
mientras vivía en Bogotá vendía sus pinturas a la Galería de los Navas y a la Gemis, donde
intentaron cambiar su estilo y prefirió renunciar a dejarse llevar por las modas de las galerías.
Recuerda con mucho cariño su encuentro a los 22 años, con su tío abuelo Martín Quintero
Pacheco, quien ya estaba en sus últimos días, pues Yolanda Ujueta ya le había mostrado el
cuadro de las mesetas de La Labranza. Solo le dio explicaciones de pintura: “elimina el
negro de tu paleta y no usar siempre el blanco, el blanco es el brillo. Utiliza óleo Winsor. Y
siempre tener en cuenta la perspectiva” y por ultimo dijo: “a esa tierra de bandoleros nunca
volveré”.
Samuel nunca ha dejado de pintar paisajes y es lo que esta haciendo ahora. Al igual que Jairo
Labranza solo pintan los de esta bella región. Samuel ha convertido estos paisajes en
símbolos o su marca personal, pues por donde quiera que uno vaya y ve estos paisajes, ya se
sabe de donde vienen. Esa mezcla de erosión y verdor seco, propio de esta región, con esas
casas de campesinos y el bello color azul del cielo y la cantidad de maleza verde y seca. Si
con Martin Quintero Pacheco vemos representaciones, y con Jairo Labranza vemos un paisaje
sublimado y alegórico, con Samuel Pérez vemos un paisaje con intención ecológica y con una
técnica de ilustrador científico. Pues como lo dice el mismo Samuel: “este es un paisaje en
vías de extinción y trato de ser lo más exacto posible”. Esas mesetas vírgenes que vemos de
la Labranza en pinturas de Martín Quintero y Jairo Labranza, hace muy poco fueron
destruidas y utilizadas como tierra de cultivo. Es este aspecto ecológico que hace tan
interesante y actual su propuesta pictórica, al respecto el profesor y escritor de arte
contemporáneo Tony Godfrey dice: “con imágenes de expolio ecológico… frente al paisaje y
la naturaleza subyace el súbito cambio que están experimentando debido a la
sobrepoblación humana, a la ganadería de cría intensiva, a la ingeniería genética y a la
contaminación descontrolada”. Es un mediodía soleado en Oropoma, Samuel se ubica al
frente de su casa y yo disparo mi WIDELUX, recuerdo imborrable.