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Party Time

Harold Pinter

Traducción de Jose Padilla


Personajes.

Terry, cuarenta
Gavin, cincuenta y tantos
Dusty, veintitantos
Melissa, setenta
Liz, treinta y pico
Charlotte, idem
Fred, cuarenta y tantos
Douglas, cincuenta
Jimmy, joven

Sam, cuarenta y tantos


Pamela, cincuenta y pico
Emily, treinta y tantos
Suki, veintitantos
Harlow, treinta y algo
Smith, veintitantos

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Piso de Gavin.

Escuchamos un helicóptero a lo lejos.

Algunas personas están sentadas, otras en pie. Camareras con bandejas de bebidas. Un
bar.

Amplia puerta delantera.

Gavin y Terry están de pie con una copa en la mano.


Harlow y Smith escuchan.

Terry.- Como lo oyes, tiene de todo.

Gavin.- ¿De veras?

Terry.- Ya lo creo. Mucha clase.

Gavin.- ¿En serio?

Terry.- Mucha. Para que me entiendas, juegas al tenis, o te das un chapuzón, tienen un
bar justo ahí que…

Gavin.- ¿Dónde?

Terry.- En la piscina. Puedes tomarte un zumo de frambuesa allí mismo, sin cargo extra
alguno, luego sales y te ponen una toalla bien caliente que…

Gavin.- ¿Caliente?

Terry.- Y cuando digo caliente quiero decir caliente. No miento.

Gavin.- Como en el barbero.

Terry.- ¿El barbero?

Gavin.- En la barbería. Cuando era niño.

Terry.- Ah. (Pausa.) ¿De qué estás hablando?

Gavin.- Te ponía una toallita caliente, ya sabes, encima de la nariz y de los ojos. Me lo
hizo como un millón de veces. Para los puntos negros. Los de la cara.

Terry.- ¿Puntos negros?

Gavin.- Los quemaban. Las toallas, ¿sabes?, las condenadas hervían hasta decir basta.
“¿Está lo suficientemente caliente, señor?” Se dedicaba a abrasar puntos negros de la

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piel. Eso es lo que hacía el barbero. (Pausa.) Bueno, como sabes soy del sur. Puede que
esos sitios sólo existieran allí. Pero por otro lado estoy casi seguro de que, por aquel
entonces, las toallitas calientes para exterminar puntos negros se utilizaban por todo el
país. Sí, estoy convencido de que era una práctica común en aquellos tiempos.

Terry.- Sí, claro, lo era, lo era. Pero no, las toallas a las que me refiero son toallas de
baño, más grandes, de cuerpo entero, esa comodidad a la que sólo puedes aspirar en un
sitio así. Por eso sé a ciencia cierta que el sitio tiene clase, de la de verdad. Fíjate, hay
una lista de espera enorme, larga como un… Lo que estoy diciendo es que un socio
debe proponerte para ser admitido, respaldarte. Entonces comprueban tus datos, no
permiten que cualquier gilipollas ingrese, ni falta que hace, ¿verdad?

Gavin.- Por supuesto.

Terry.- Huelga decir que alguien como tú también recibiría una calurosa bienvenida…
Como miembro honorario.

Gavin.- Muy amable.

(Dusty entra por la puerta y se les une.)

Dusty.- ¿Sabéis lo que le ha pasado a Jimmy? ¿Lo que le ha…?

Terry.- Nada.

Dusty.- ¿Nada?

Terry.- No hablamos de eso. Nadie habla de eso, cariño. ¿Lo coges? A Jimmy no le ha
pasado nada. Y si no eres buena chica, tendré que darte unos azotitos.

Dusty.- ¿Qué está pasando?

Terry.- Háblale del club. Precisamente de eso charlábamos. Ella es socio.

Gavin.- ¿Y cómo es?

Dusty.- Maravilloso. Tiene de todo. Maravilloso. La iluminación es extraordinaria. ¿A


que sí? ¿Le has contado lo de los reservados?

Terry.- Hay un bar, con huequitos de cristal, metidos en el agua.

Dusty.- La gente nada a tu lado, ¿sabes?, mientras te tomas una copa.

Terry.- Chicas de infarto.

Dusty.- Y hombres.

Terry.- La mayoría son mujeres.

Dusty.- ¿Le has hablado de la comida?

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Terry.- Brillante. Li cannelloni.

Dusty.- De primera. Se come de primera.

Terry.- Incluso hacen hígado, cortado así, muy finito.

Gavin.- Vaya, un plato exótico.

(Melissa entra por la puerta y se les une.)

Melissa.- ¿Qué demonios está pasando ahí fuera? Parece el Apocalipsis.

Terry.- ¿El qué?

Melissa.- La ciudad. Está muerta. Nadie en las calles, ni un alma, excepto algunos…
soldados. Mi chofer tuvo que detenerse en un… ya sabéis… ¿cómo lo llamáis?... Un
retén. Tuvimos que decir quiénes éramos… menuda frivolidad.

Gavin.- Bueno, ha habido algunos… ya sabe…

Terry.- No ha sido nada. Permitidme que os presente. Gavin White, nuestro anfitrión.
Lady Melissa.

Gavin.- Un placer tenerla aquí.

Terry.- ¿Qué bebe?

(Una camarera se acerca.)

Tenga, una copa de champán.

(Terry le da una copa a Melissa.)

Dusty.- He oído cosas. No sé qué pensar.

Terry.- Perdón, ¿cómo has dicho?

Dusty.- Digo que no sé que…

Terry.- No tienes que pensar nada, ¿entendido? Cierra la boca y preocúpate de lo tuyo.
¿Cuántas veces te lo voy a tener que repetir? Estás en una fiesta espléndida. Todo lo que
has de hacer es cerrar la puta boca, disfrutar de la hospitalidad de nuestros anfitriones y
a lo tuyo. Joder. ¿Cuántas veces más lo tengo que repetir? Pero tú sigues “he oído esto”,
“he oído aquello.” Una sarta de gilipolleces dichas por una sarta de gilipollas. ¿Qué
coño te importa?

Gavin.- (A Melissa.) Venga, le voy a presentar a…

(Gavin conduce a Melissa fuera. Terry permanece frente a Dusty.)

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Sam y Pamela.

Sam.- Lo que digo es que uno siempre debe guiarse con mesura. No tolero que se
saquen las cosas de quicio.

Pamela.- Mantener un férreo control, ¿verdad?

Sam.- Como haces tú. ¿Sabes? Siempre he sido un hombre que se viste por los pies.

Pamela.- Se nota.

Sam.- ¿En serio?

Pamela.- En la forma de mirar. Y en tu presencia. Un hombre como hay que ser. Sí


señor. Porque es una fruslería andarse con rodeos. Hay que ir al grano. ¿Qué es lo
importante? ¿Qué cosas merecen la pena? Esa es la pregunta. ¿Qué valores hemos
decidido preservar y por qué?

Sam.- Bueno…

Pamela.- ¿Bueno qué?

Sam.- No, no… Quiero decir que… Sí, claro… Exacto.

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Liz y Charlotte.

Liz.- Es tan guapo. Esa boca, por favor. Y qué ojazos.

Charlotte.- Sí.

Liz.- Por no hablar de las manos. Como te lo digo, hubiera matado por…

Charlotte.- Te creo.

Liz.- Pero ese zorrón… Toda despatarrada sobre él.

Charlotte.- Lo sé.

Liz.- Por un momento pensé que lo iba a ahogar hasta matarlo.

Charlotte.- Increíble.

Liz.- Tenía la falda a la altura del cuello… ¿Puedes creerlo?

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Charlotte.- Fresca…

Liz.- Al momento, lo estaba arrastrando escaleras arriba.

Charlotte.- Lo vi.

Liz.- Pero según subían, ¿sabes lo que hizo él?

Charlotte.- ¿Qué?

Liz.- Me miró.

Charlotte.- ¿De verdad?

Liz.- Lo juro. La otra lo arrastraba y él echó la vista atrás, hacia atrás, te lo juro, hacia
mí, como un cervatillo herido, y nunca, nunca mientras viva, podré olvidar esa mirada.

Charlotte.- Es bonito.

Liz.- Le hubiera cortado la garganta a esa ninfómana. Putón

Charlotte.- Sí, pero piensa en lo que ha pasado. Hay un lado maravilloso en todo esto.
Para ti era de verdad, te estabas enamorando. Porque eso es lo que era, amor, ¿o me
equivoco? Te enamoraste.

Liz.- Tienes razón. Amor. Estoy enamorada. No he podido pegar ojo en toda la noche.
Estoy enamorada.

Charlotte.- Y eso no ocurre todos los días. Ese es el tema. ¿Cuántas veces pasa algo así
de verdad? ¿Cuántas veces se puede sentir algo semejante?

Liz.- Sí, tienes razón. Eso es lo que me ha pasado. Eso y no otra cosa… a mí.

Charlotte.- Por eso te sientes tan mal.

Liz.- Sí, por culpa de esa cerda tetuda que…

Charlotte.- Violó a tu amado.

Liz.- Sí, eso hizo. Eso mismo. Violó al hombre que amo.

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Fred y Douglas.

Fred.- Tenemos que conseguir que arranque.

Douglas.- ¿El qué?

Fred.- El país.

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Douglas.- Cualquiera se desanima con esa cantinela, Fred.

Fred.- Pero eso es lo que importa. Eso. ¿O no?

Douglas.- Ah, importa. Sí, importante es y eso. Sí, he de reconocer que importar,
importa. Sí. Toda esta jodienda tiene que acabar. Ya.

Fred.- ¿No bromeas, verdad?

Douglas.- Ya lo creo que no.

Fred.- Admiro a la gente como tú.

Douglas.- Yo también.

(Fred cierra el puño con fuerza.)

Fred.- Una racioncita de esto.

(Douglas hace lo propio.)

Douglas.- Sí, una racioncita.

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Emily y Suki.

Emily.- Nos vamos al hipódromo el fin de semana que viene a ver saltos de obstáculos.
A los niños les encanta.

Suki.- ¿Tu marido salta?

Emily.- Bueno, el que salta es el caballo, ¿sabes? Mi marido compite.

Suki.- Lo he visto. Es buenísimo cabalgando.

(Emily la mira.)

Bueno, ya sabes lo que quiero decir…

Emily.- ¿Lo has visto? ¿dónde?

Suki.- Oh, pues en alguna competición al norte, creo.

Emily.- Estoy segura de que los críos van a seguir sus pasos. Adoran a su padre.

Suki.- ¿Y no va a venir a la fiesta?

Emily.- Por supuesto que no. Está ocupado. (Apunta a la ventana.) Allá abajo.

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Suki.- Ah, claro.

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Fred y Douglas.

Fred.- ¿Cómo va la cosa?

Douglas.- Como la seda. Mira. Déjame decirte algo. Queremos paz. Queremos la paz y
vamos a conseguirla.

Fred.- Así se habla.

Douglas.- Queremos la paz y vamos a conseguirla. Y queremos que esa paz sea dura
como el acero. No un chorrillo, no. No sólo unas gotitas y ya. Hierro candente. Acero
puro. Prieta como la piel de un tambor. Esa es la clase de paz que queremos y esa es la
clase de paz que vamos a conseguir. Una paz de acero.

(Cierra el puño con fuerza.)

Así.

Fred.- Sabes, siempre he admirado a la gente como tú.

Douglas.- Yo también.

(Salen.)

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Harlow, Smith y Pamela.

Harlow.- Mike Harlow.

Smith.- Simon Smith. Consejero del Señor White.

Pamela.- Tú eres el marido de Cynthia Harlow, ¿verdad?

Smith.- Lo soy, sí.

Pamela.- Estudiamos en Oxford juntas. ¿Le siguen gustando tantísimo los perros?

Harlow.- Ya lo creo, los perros son su vida.

Pamela.- En Oxford se imaginaba casada con uno.

(Mira a Harlow de arriba abajo.)

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No lo hizo. Aparentemente.

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Melissa, Dusty, Terry y Gavin.

Melissa.- (A Dusty.) Qué amable.

Dusty.- Pero es que es verdad. Tiene una figura envidiable. Con el corazón en la mano.
¿A que sí?

Terry.- Conozco a esta dama desde hace años. ¿O no? ¿Cuántos años hace que la
conozco? Años. Y jamás envejece. ¿A que no? Siempre goza del mismo aspecto. ¿A
que sí?

Gavin.- ¿Ah, sí?

Dusty.- Siempre. ¿O no?

Terry.- Siempre. ¿O no es cierto?

Melissa.- Ay, bromeáis.

Terry.- Jamás bromeo. ¿Me ha oído alguna vez bromear?

Melissa.- De acuerdo, de acuerdo. Pero el mérito de que me mantenga tan joven no es


mío, probablemente tenga que ver con este nuevo club del que soy socia… (A Gavin.)
¿Lo conoce?

Terry.- De eso hablábamos. Precisamente le estábamos contando todo sobre el tema.

Melissa.- Oh, ¿de veras?

Gavin.- Justo ahora, sí. Y suena fenomenal. Usted es socia, ¿verdad?

Melissa.- Ay, sí. Y creo que me ha salvado la vida. La natación. ¿Por qué no se nos
une? ¿Juega al tenis?

Gavin.- Soy golfista. Juego al golf.

Melissa.- ¿Y qué más hace?

Gavin.- (Sonriendo.) No entiendo la pregunta.

Terry.- ¿Qué más hace? Nada. Eso es todo lo que hace. Juega al golf.

Gavin.- Bueno… navego. Tengo un barco.

Dusty.- Me encantan los barcos.

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Terry.- ¿Qué?

Dusty.- Me encantan los barcos. Embarcarme.

Terry.- Embarcarse. ¿Ha escuchado eso?

Dusty.- Me hace ilusión cocinar en un barco.

Terry.- Lo único que no le gusta que le hagan en un barco es que se la follen. Eso no le
gusta.

Melissa.- Curioso. Creía que a todo el mundo le gustaba eso.

(Gavin y Terry ríen.)

Dusty.- ¿Alguien sabe lo que le ha pasado a mi hermano Jimmy?

Terry.- No sé a qué podrá deberse, igual es sorda o quizás mi voz no sea lo


suficientemente fuerte o no se distingue entre el murmullo. ¿Vosotros qué creéis,
amigos? Quizás mi dicción es defectuosa. Me veo obligado a manejar todas estas
posibilidades porque creía haber dicho que no íbamos a hablar sobre lo que le haya
podido pasar a Jimmy, no es un tema a debatir. Que no aparece en la agenda de nadie,
vaya. Pensé que estaba clarito. Por lo que quizás mi voz no sea lo suficientemente fuerte
o quizás articulo mal o quizás está sorda.

Dusty.- En mi agenda sí aparece.

Terry.- ¿Cómo dices?

Dusty.- He dicho que en mi agenda sí que aparece.

Terry.- No, no, no, te estás equivocando, cariñito mío. Y en lo que realmente te
equivocas, cariñito, en lo que has metido la pata pero hasta el fondo, es en el hecho de
que tú no tienes agenda ni nada que se le parezca. ¿Lo coges? No tienes agenda. De
hecho, por no tener, no tienes nada. (A los otros.) Le tendré que decir una palabrita o
dos cuando lleguemos a casa, lo veo venir.

Gavin.- Es extraño, la cantidad de hombres cuyas mujeres se les van de las manos.

Terry.- ¿Qué?

Gavin.- (A Melissa.) Es la raíz de tantos males, ya sabes. Esposas incontrolables.

Melissa.- Sí, te entiendo.

Terry.- ¿Qué estás diciendo?

Gavin.- (A Melissa.) Salí a dar un paseo por el bosque el otro día. No tenía ni idea de la
cantidad de ardillas que aún hay en este país. Son unas criaturitas tan vivaces, tan
encantadoras…

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Melissa.- Sí, cuando era niña me embargaban.

Gavin.- ¿De veras? ¿Y qué me dice de los halcones?

Melissa.- Deliciosos, también. Y las águilas. Pero los halcones… ay, los halcones. Esas
crestas. Cómo volaban sobre mi valle. Me emocionaba y… Mira, estoy llorando.

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La puerta delantera está entreabierta. La luz que entra va creciendo progresivamente.

Figuras silueteadas se mueven en primer plano.

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Douglas.- ¿Conoces a mi mujer?

Fred.- (A Liz:) Encantado.

Liz.- Y ella es Charlotte.

Fred.- Ya nos conocemos.

Charlotte.- Sí. Nos conocemos. Hace algún tiempo me echó una mano, un pequeño
empujoncito.

Douglas.- ¿De veras? Qué emocionante.

Fred.- Lo fue.

Douglas.- ¿Para ti también lo fue? ¿El que te dieran un empujoncito?

Charlotte.- Mmmmmmmm. Sí. Desde luego. Aún hoy me estremezco.

Douglas.- Qué emocionante.

Liz.- Esta fiesta es extraordinaria, ¿verdad? Lo que quiero decir es que me parece que es
extraordinaria la fiesta, ¿verdad? Creo que es tan divertida… Y me fascina el hecho de
que la gente vaya tan bien vestida. Elegante pero informal. ¿Sabéis lo que quiero decir?
¿Suena estúpido si os digo que me siento orgullosa de estar aquí? Orgullosa de
pertenecer a este estrato social de gente bien vestida. Ay, Dios mío, no sé, elegancia,
estilo, gracia, buen gusto, esas palabras, estos conceptos, ¿no encierran algo que va más
allá? No creo ser la única, ¿verdad?, que crea que son de una importancia excepcional.
En cualquier caso adoro todo lo que de aquí emana. No puedo expresar lo feliz que me
siento.

Fred.- (A Charlotte.) ¿Te casaste, verdad? No recuerdo con quién…

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(Silencio largo.)

Charlotte.- Murió.

(Silencio.)

Douglas.- Si estás libre este verano vente a nuestra isla. Hemos alquilado una isla por
vacaciones. Vente. No hay casi nadie. Algún nativo que otro, gente de la que sentirse
orgulloso, la verdad. Enormemente civilizados. Todo va como un reloj. Tengo mi
propio generador. Por las tormentas. Son salvajes, ¿no es cierto, cariño? Pero si te
gustan las tormentas, los sirocos… Buf. Te hacen sentir vivo. Vivo de verdad. Hacen
que el pulso vaya como ratatatatatá. Por Dios, que pueden ser violentas, ¿verdad,
cariño? Hacen que el pulso vaya como ratatatatatá. Qué suban las apuestas. Ya sabes.
Te arde la sangre. De hecho, cuando estoy ahí, en la isla, me siento como diez años más
joven. Podría enfrentarme a cualquiera. Hombre, mujer o niño, ¿eh?

(Se ríe.)

Podría enfrentarme a un animal salvaje. Pero cuando amaina y cae la noche y la luna
sale en toda su majestuosidad y por toda compañía tienes el ritmo del mar, las olas,
entonces comprendes qué es lo que Dios designó para el ser humano, sólo entonces
comprendes cómo es el paraíso.

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Sam, Harlow y Smith.

Sam.- Lo que está bien está bien, es lo que digo.

Harlow.- Exacto.

Sam.- Si algo funciona, si algo está bien, respétalo, respétalo y aférrate a ello.

Smith.- Aférrate.

Sam.- Con fuerza. Hablamos de principios. A ver, el otro día conocí a un tipo… No lo
podía creer… Decía una ristra de gilipolleces que… Ideas sobre el mundo, ese tipo de
cosas… Un subnormal de los pies a la cabeza… Era músico o no sé qué…

Smith.- ¿Hablas de Stoddart?

Sam.- El mismo. Bueno, esa clase de gente es un cáncer.

Smith.- No te preocupes por Stoddart. Estuvimos con él esta mañana.

Harlow.- Nos lo desayunamos.

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Terry y Dusty.

Terry.- ¿Estás loca? ¿Sabes quién es ese hombre?

Dusty.- Sí, creo saber perfectamente quién es.

Terry.- No, no lo sabes. No tienes ni idea. No sabes de dónde viene. No tienes ni la más
remota idea. Ni de lejos.

Dusty.- Es de unos modales exquisitos. Como de otro mundo. Un mundo amable y


cortés. Me va a enviar flores mañana por la mañana.

Terry.- Ni de coña. Ni de puta coña.

Dusty.- Pobre cariñito mío. ¿Estás enfadado? ¿Te he decepcionado? Te he


decepcionado. Y eso que siempre he intentado ser una buena esposa. Una buena esposa.

(Permanecen enfrentados.)

¿Quizá piensas matarme cuando lleguemos a casa? ¿Eso vas a hacer? ¿Vas a poner un
final a todo esto? ¿Crees que esto tiene un final? ¿Lo crees? ¿Crees que acabando
conmigo va a ser el final de todo para todo el mundo? ¿Todo y todos morirán conmigo?

Terry.- Sí, vais a morir todos, tú y los tuyos.

Dusty.- ¿Y cómo lo piensas hacer? Dilo.

Terry.- Fácil. Las opciones son infinitas. Podríamos asfixiaros a todos y cada uno de
vosotros a una señal determinada o podríamos meteros una escoba por el culo o
podríamos envenenar la leche de cada madre del mundo y que todos los bebés murieran
antes de que abrieran sus putas bocazas.

Dusty.- ¿Y será divertido, eh? ¿Voy a divertirme?

Terry.- Te va a encantar. No pienso revelarte cómo va a ser. Por ahora basta con que te
vayas poniendo cachonda. Quiero que le vayas dando vueltas al tema y que eso te ponga
muy cachonda.

Dusty.- ¿Me sigues queriendo?

Terry.- Por supuesto que te quiero. Eres la madre de mis hijos.

Dusty.- Ah, por cierto. ¿Qué le ha pasado a Jimmy?

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Pamela, Emily, Suki.

Pamela.- Oh, sí, jugaba mucho cuando niña. Me encantaba. Mi padre era un jugador
fantástico. Un as de la pista.

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Suki.- ¿Conoces a Robert Cowley? ¿El marido de Emily? ¿El saltador de obstáculos?

Pamela.- No lo conozco de hecho, pero…

Suki.- Juega al tenis de lujo. (A Emily.) ¿A que sí?

Emily.- Es el primero en la clasificación en el club.

Pamela.- ¿Qué clasificación?

Emily.- Si, la clasificación del club… Ya sabes… Nuestro club… Es el número uno.

Suki.- Tiene un derechazo de ensueño. Literalmente de ensueño.

Emily.- Bueno, es un atleta total.

Suki.- ¿Y paracaidista en el ejército, verdad?

(Emily la mira.)

Pamela.- (A Emily.) Debes estar tan orgullosa…

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Fred y Charlotte.

Fred.- Cuánto tiempo.

Charlotte.- Cuánto.

Fred.- ¿Verdad?

Charlotte.- Oh, sí. Años.

Fred.- Se te ve tan guapa como siempre.

Charlotte.- Tú también.

Fred.- ¿Yo? Qué va.

Charlotte.- Que sí. Bueno, es una forma de hablar.

Fred.- ¿Qué quieres decir con “es una forma de hablar”?

Charlotte.- Pues que sí, que estás tan guapo como siempre.

Fred.- Pero yo jamás fui guapo. En absoluto.

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Charlotte.- Es verdad. Nunca lo fuiste. Ni en broma. Menuda gilipollez. Una forma de
hablar.

Fred.- Tus modales siempre han sido deplorables.

Charlotte.- Sí. Devastadores.

Fred.- ¿Disfrutas de la fiesta?

Charlotte.- La mejor fiesta en años.

(Pausa.)

Fred.- Entonces tu marido murió.

Charlotte.- ¿Mi qué?

Fred.- Tu marido.

Charlotte.- Ah, mi marido. Sí. Eso es. Murió.

Fred.- ¿Y fue largo?

Charlotte.- Corto.

Fred.- Ah.

(Pausa.)

Breve entonces.

Charlotte.- Breve, sí. Corto y breve.

(Pausa.)

Fred.- Mejor así.

Charlotte.- ¿Tú crees?

Fred.- Creo, vaya.

Charlotte.- Ah, ya veo. Pues sí.

(Pausa.)

¿Mejor para quién?

Fred.- ¿Qué?

Charlotte.- Dijiste “mejor así.” ¿Mejor para quién?

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Fred.- Para ti.

(Charlotte se ríe.)

Charlotte.- ¡Claro! Me alegro de que no hayas dicho para él.

Fred.- Bueno, podría haberlo dicho. Una muerte rápida debe ser mejor que una lenta. Es
lógico.

Charlotte.- No lo es.

(Pausa.)

De todas formas, me juego lo que quieras a que puede ser rápida y lenta a la vez.
Seguro. La muerte puede ser ambas cosas a la vez. Ah, por cierto, no estaba enfermo.

(Pausa.)

Fred.- Sigues igual de guapa.

Charlotte.- Creo que algo pasa en la calle.

Fred.- ¿Cómo?

Charlotte.- Creo que está pasando algo ahí abajo.

Fred.- Déjanoslo a nosotros.

Charlotte.- ¿Quiénes sois “nosotros”?

Fred.- Oh, pues nosotros… ya sabes.

(Lo mira fijamente.)

Charlotte.- ¡Por Dios! ¡Qué bien te veo! No, de verdad. ¡Sigues igual de guapo! ¿Cómo
lo haces? ¿Cuál es tu dieta? ¿Alimentos sanos? ¿Qué dieta? ¡Dime! ¿Qué haces para
mantenerte tan… no sé… tan… no sé, tan… delgado, tan esbelto?

Fred.- Sigo hábitos saludables.

(Douglas y Liz se les unen.)

Charlotte.- (A Douglas.) ¿Tú también?

Douglas.- ¿Yo también qué?

Charlotte.- Fred dice que está tan esbelto y tan… guapo… porque lleva una vida sana.
¿Y tú?

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Douglas.- Mis hábitos son ínclitos. No me hace más guapo, pero sí más feliz.

Liz.- Y a mí. Mucho.

Douglas.- ¿Aunque no sea guapo?

Liz.- Lo eres. Lo eres. ¿No? Lo es. Lo eres. ¿No?

(Douglas le pasa el brazo por encima.)

Douglas.- Cuando nos casamos vivíamos en un pisito de dos habitaciones. Yo era…


para ser franco… Era un vendedor comercial, un viajante… Es verdad, es lo que era y
no lo niego… Viajaba, lo hacía. ¿Que no lo hacía? Lo hacía. Viajes. Muchos. Porque mi
dulce niña acababa de alumbrar a dos gemelos.

(Se ríe.)

¿Lo pueden creer? Gemelos. Me convertí en un esclavo, como lo cuento. Pero esta
muchachita, esta dulce muchachita, ¿sabéis lo que hizo? ¡Cuidó a esas dos criaturas ella
sola! Sin asistenta, ni ayuda de ningún tipo, nada. Lo hizo todo ella… Y nadie más. Y
cuando volvía de mis viajes encontraba el piso inmaculado, a los gemelos bañados y en
la cama, bien arropados y alimentados, una mujer preciosa y mi cena en el horno.

(Fred aplaude.)

Por eso seguimos juntos.

(Besa a Liz en la mejilla.)

Por eso seguimos juntos.

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Harlow y Smith caminan a través del vestíbulo vacío. La puerta delantera está cerrada.
Se paran, miran a los pasillos y salen de plano. La cámara los sigue y regresa
lentamente hacia la puerta. Está entreabierta. La luz que entra va creciendo
progresivamente.

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Terry, Dusty, Gavin, Melissa, Fred, Charlotte, Douglas, Liz, Sam, Pamela, Emily, Suki,
Harlow y Smith.

Terry.- El asunto es que realmente vale lo que cuesta. Y esto es algo muy poco común
hoy en día. Es tremendamente extraño encontrar algo que valga su precio. Sacas la
mano del bolsillo dejas tu dinero y sabes lo que vas a obtener. Algo cuyo valor se
corresponde con lo que has dejado, o más, un servicio que vale su peso en oro. Oro, en
todas las secciones. Servicio de comidas de los de verdad. Y no es que sea buena la
gastronomía por sí sola… ya sabéis, la materia prima, esas cosas… las servilletas…

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todas esas cosas que allí son maravillosas y de categoría, por supuesto, sino es que
además el concepto “hostelería” está a la altura del arte… Han diseñado, en este club,
un ambiente pensado como arte-restauración exclusivamente para su clientela. Me
refiero al tipo de luz, las pinturas, la música, los servicios que ofrecen. Una atmósfera
cálida y armoniosa de verdad. Nadie levanta la voz. La gente no dice o hace nada
vulgar, sórdido u ofensivo. Y si lo hicieran les daríamos una patada en las pelotas y los
arrastraríamos escaleras abajo sin miramientos.

Melissa.- ¿Me permitís que suscriba todo lo dicho?

(Pausa.)

Me gustaría suscribir todo lo dicho. Me gustaría alzar mi voz. He pertenecido a muchos


clubes de tenis y de natación. Muchos clubes de tenis y de natación. Y en algunos de
estos clubes he conocido a algunos de mis amigos más íntimos. Todos están muertos.
Cada uno de los amigos que he tenido. O que he conocido. Están muertos. Todos están
muertos. Todos y cada uno de ellos. No queda ninguno. No queda nadie. No queda
nada. ¿Cuál era el propósito de todo? ¿De los clubes de tenis y de natación? ¿Cuál era
su propósito? ¿Cuál?

(Silencio.)

Porque los clubes murieron de igual modo y sin remedio. Y creo que se debe hacer una
distinción. Mis amigos siguieron el proceso natural de la carne y no lo lamento, la
verdad. No eran amigos míos de todas formas. A la mitad de ellos no los soportaba.
¡Pero los clubes! Los clubes murieron porque estaban basados en ideas sin ningún
fundamento moral, sin base moral alguna. Pero nuestro club… nuestro club es un club
movido, inspirado, por un sentido estricto de la moral, por una conciencia moral, un
compendio de valores morales que son, y debo decirlo, inamovibles, rigurosos, básicos
e imperecederos. Gracias.

(Aplausos.)

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El teléfono suena. Harlow contesta.

Harlow.- ¿Sí?... Gracias

(Cuelga.)

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El grupo entero.

Gavin.- Sí, me hace muy feliz que diga eso.

(Harlow se le acerca y le dice algo al oído. Gavin asiente y se vuelve hacia los otros.)

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¿No os parece?

Douglas.- De primera

Liz.- Conmovedor.

Pamela.- ¡Absolutamente!

Terry.- Fantástico.

Emily.- ¡Encantador!

Fred.- En el clavo.

Suki.- ¡Justo en la diana!

Charlotte.- Desde luego.

Smith.- Grandioso.

Dusty.- Oh, sí. (Aplaude.) Oh, sí.

Sam.- Increíble.

Douglas.- De primera, absolutamente.

Gavin.- Sin duda, lo ha sido. Esas palabras necesitaban desesperadamente ser dichas. Y
de qué modo tan espléndido han sido expuestas, en esta fiesta tan fabulosa y con una
compañía tan excepcional. Debo decir que soy un anfitrión completamente satisfecho.
Y, por cierto, creo que debo unirme a ese fantástico club al que pertenecéis, ¿verdad?

Terry.- Admitido de inmediato. Eres miembro honorario desde hoy.

(Algarabía y aplausos.)

Gavin.- Gracias de corazón. Bueno, tengo entendido que algunos de vosotros tuvisteis
problemas con el tráfico en vuestro camino aquí. Pido disculpas por ello, aunque no sin
aseguraros que esos problemillas, y lo relacionado con ellos, estarán resueltos en breve.
Entre nosotros, hemos tenido que sofocar algunos pequeños conatos. Pero están a punto
de extinguirse. De hecho, los servicios normales se restablecerán en breve. Al fin y al
cabo esa ha sido siempre nuestra intención. Servicios normales. Podemos insistir. E
insistiremos. Vamos a hacerlo. Todo lo que pedimos es que los servicios que este país
dispensa, discurran en un ambiente legítimo de normalidad y seguridad, y que a los
ciudadanos se les restituyan sus quehaceres cotidianos, en paz. Gracias a todos por estar
aquí hoy. Ha sido un placer tremendo estar con vosotros.

(Camareras entran con Champán. Jolgorio. Voces.)

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La algarabía continúa. Movimiento. Al final del vestíbulo podemos ver la puerta
principal. Está abierta de par en par. La luz entra en la habitación. Un joven está de
pie en el marco de la puerta. Viste con harapos.

La cámara se mueve hacia él a través de la muchedumbre. El bullicio se extingue.

Jimmy.- A veces oigo cosas. Luego paran.

Tuve un nombre. Era Jimmy. La gente me llamaba Jimmy. Ése era mi nombre.

A veces oigo cosas. Luego todo se calma. Cuando todo está en calma escucho mi
corazón. Cuando vuelve ese ruido horrible no escucho nada. No escucho no respiro
ciego.

Luego se para. Oigo un corazón latir. No creo que sea el mío el que late. Probablemente
el corazón que late sea de otro.

¿Qué soy?

A veces pegan a la puerta, oigo voces, luego se paran. Todo se para. Todo. Se cierra.
Completamente. Se obstruye. Del todo. Se cierra. Se cierra. Se cierra. No veo nada
nunca más jamás. Me siento lamiendo oscuridad.

Es lo que me queda. La oscuridad ya está en mi boca y me la trago. Es todo lo que


tengo. Es mía. Me pertenece. La engullo.

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