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COMPRENSIÓN DE UN TEXTO Y REDACCIÓN CORRECTA

TEXTO: Cortázar, J. (1980). Capítulo 68. Rayuela. Buenos Aires: Sudamericana.

Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clásimo y caían en

hidromurias, en salvajes amonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que

él procuraba reclamar las incopelusas, se enredaba en un grimado

quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo como

poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando,

reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomenina al

que se le han dejado caer unas filunas de cariaconcia. Y, sin embargo, era

apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba las

urgalios, consistiendo en que él aproximara suavemente sus orfelunios.

Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los

extrayustaba y paramovía, de pronto era el clinón, la esterfurosa

convulcante de las mátricas, la jadehollante empocapluvia del orgumio, los

esproemios del perpasmo en una sobrehumitica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé!

Vollposados en la cresta del murelio, se sentían balparamar, perlise

resolviraba en un profundo pinice, en niolamas de argun tendidas gasas, en

carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias.

En este pequeño texto, Cortázar narra la historia de amor entre una pareja,

en la cual ambos van descubriendo su conexión; más allá de algo superficial,

es la emoción y sensación de amor con el que se desenvuelven.


La relación y conexión entre una pareja.

Al inicio, el texto era un poco confuso por el lenguaje que usa Cortázar, pero

leyendo detalladamente adquiere un ritmo en el que a pesar de que algunas

palabras no se entiendan, el mensaje sí.

Apenas él le tomaba la mano, a ella se le aceleraba el pulso y caían en afecto,

en salvajes risas, en anhelos exasperantes. Cada vez que él procuraba unir

los extremos, se enredaba en un clamor quejumbroso y tenía que volverse de

cara a la fascinación, sintiendo como poco a poco las dudas se desvanecían,

se iban reduciendo, desapareciendo, hasta quedar tendido como la hoja de

un árbol marchitándose al que se le ha dejado caer para volver a florecer. Y,

sin embargo, era apenas el principio, porque en un momento dado ella se

aferraría a su cintura, consistiendo en que él aproximara suavemente sus

brazos a su alrededor. Apenas se rozaban, algo como una corriente los

abrumaba, los estremecía y ablandaba, de pronto era el tornado, las

emociones brotaban de sus cuerpos, el ansia desmedida de estar con el otro,

los latidos del corazón en una melodía armoniosa. ¡Añoranza! ¡Añoranza!

Absortos en la sensación de su entorno, se sentían temblar, perderse en un

profundo amor, en millones de llamas en el incendio de su conexión, en un

calor casi cruel que los conducía más allá del límite de la atracción.

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