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salen en español y quiere incentivar a los lectores a leer libros que las
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ningún momento se intenta entorpecer el trabajo de la editorial, sino
que el trabajo se realiza de fans a fans, pura y exclusivamente por amor
a la lectura.
Eli25 y Alexiacullen

alexiacullen Isane33✰ nanami27

Edgli xD Izzy Parvatti

Eli25 Karou! rihano

Escorpio LuisaV8 Vafitv

Fher_n_n Mari Pooh whiteshadow

Helen1 Mir

andreasydney Julieta_Arg Marivalepaz

Chole Ann Klarlissa Mir

Edgli xD La BoHeMiK yuya

Mir

Jane Rose&MaryJane♥
uego de una misión que sale mal, Aric Savage es tomado
prisionero. Medio muerto y desesperado, hace un
descubrimiento sorprendente: su compañero de Manada Micah
Chase, quien fue reportado muerto, es otro de los cautivos. Cuando el
equipo Alfa entra en modo rescate, acompañándolos hay una absoluta
despampanante con pelo sable y una columna de acero sólido.

La oficial de Los Angeles y Psy Caminante de sueños, Rowan Chase


tiene una prioridad: recuperar a su hermano Micah. Sin embargo, ella
no puede evitar sentirse atraída por Aric, un rústico lobo guapo que la
complace como ningún hombre lo ha logrado… sin embargo su relación
está destinada a ser fugaz. Pero cuando la vida de Aric está en peligro,
Rowan debe preguntarse qué está dispuesta a sacrificar en nombre del
amor, por el hombre destinado a ser su Compañero.
Traducido por Eli25, Helen1 & Escorpio

Corregido por yuya & Mir

ric Savage agarró con fuerza las cadenas mientras el látigo con
púas de plata desgarraba su espalda con una precisión
despiadada. Fuego azotaba sobre la piel desollada, calando
profundo para quemar sus entrañas y quitarle el aliento.

Sin embargo, él encontraba la fuerza para gruñir su rabia entre los


golpes y su lobo arañaba desesperadamente para ser liberado. Para
desgarrar a los esbirros de Orson Chappell en pedazos, empezando por
el bastardo que en ese momento manejaba el látigo y luego pasando a
Beryl, la maliciosa perra de su hermanastra. El par era una llaga
abierta en el culo del mundo. Sería un gran placer arrancar sus
gargantas, pero no antes de hacerlos gritar como lo habían hecho con
él. Y entonces él mismo rastrearía al gran jefe. Lo arrastraría desde
debajo de la roca donde se escondía y haría una carnicería con él,
también.

Despacio y dolorosamente, de modo que el hijo de puta chillara como


un cerdo mientras el lobo de Aric lo devorara vivo.

Aquí, Cerdito, Cerdito, ¡déjame entra r!

¡Ni por el pelo de mi chinny-chin-chin!

No hay problema, estúpido. Simplemente voy a quemar tu puerta, entrar


y te veré mearte en los pantalones mientras yo libero a mi bestia.

Otro golpe cayó, rompiendo el diálogo interno como agonía líquida,


marcándolo desde el hombro hasta la cadera.

—¡Ahhh! Maldita... malditos... b-bastardos...

Con cada golpe, se hacía más difícil mantener su control sobre la


cordura. Los esfuerzos de Beryl estaban empezando a dar sus frutos.
Después de semanas de este viaje infernal en Psicopatolandia, el
increíble dolor, estaba cerca del punto de ruptura.
Nunca había soñado que habría tantos métodos de tortura brutal. O
que se vería obligado a probar cada uno de los malditos.

Él no era consciente de que los azotes se habían detenido hasta que


una mano ahuecó su barbilla y empujó su cabeza hacia arriba. Los ojos
planos y sin alma de Beryl se clavaron en él, en busca de debilidad, de
conocimiento de que su medio hermano más querido finalmente se
había convertido en una cáscara rota. Una pila de balbuceante mierda.

—Siento decepcionarte, perra —susurró; su garganta estaba seca y


dolorida—.Todavía estoy aquí. —Podría no haber perdido la cordura
todavía, pero gritar lo había despojado de su voz durante una sesión
con el cuchillo de plata de Beryl. Si salí de allí, podría ser que nunca la
recuperara, en más de un modo.

—Bien. Estaría terriblemente decepcionada si te rindieras demasiado


rápido. —Una esquina de su boca se curvó hacia arriba—. Tal como
estás, me divierte. Tan tenaz, mi feroz hermano.

Su toque puso su piel de gallina, pero no tenía fuerzas para tirar su


barbilla fuera de su alcance. Incluso si ella lo liberaba, no le quedaba
nada. A pesar de su deseo de venganza, él no tenía la fuerza para dar
rienda suelta a su furioso lobo y mucho menos convocar a sus dones de
fuego o telequinesis. Patético.

—Me sorprende que Chappell te permita jugar con sus sujetos de


prueba —se burló.

Un destello de algo que podría haber sido inquietud interrumpió la falta


de vida en sus ojos y luego se había ido.

—Eso no es asunto tuyo.

Él resopló una carcajada que fue más como un sonido estrangulado.

—Él no lo sabe. —Esto se pone cada vez mejor.

—¿Qué? —Ahí. De nuevo el destello de alarma.

A pesar del dolor que afligía a su cuerpo maltratado, él se burló.

—Chappell no sabe lo que me estás haciendo aquí abajo, que estás


jugando con una de sus ratas de laboratorio. ¿Me pregunto qué haría
con su bruja mascota si se enterara?

Sacudiendo un largo mechón de pelo castaño, que era de un tono más


oscuro que el suyo, por encima de su hombro, puso una mirada de
desinterés total.
—Él tiene preocupaciones más importantes que un cambiador.

—Apuesto a que sí.

—Ya sea que estés aquí o en el laboratorio no hace ninguna difere ncia
para ti, de todos modos. —Dándole a su cara un duro apretón, ella lo
empujó, golpeando su cabeza hacia un lado—. Vas a estar igual de
muerto cuando haya terminado contigo.

Él no se molestó en contestar. Sabía que sus posibilidades de salir de


ese lugar, disminuían con cada día. Girando sobre sus tacones, se dio
la vuelta y se fue, la oscuridad más allá de su pequeño parche de luz se
tragó su forma y el taconeo de sus botas hasta que se quedó a solas
otra vez con sus pensamientos sombríos.

¿Cómo era que Beryl estaba involucrada en todo esto? ¿Y por qué la
tortura especial era reservada para el hermanastro mayor que apenas
había tomado la molestia de conocer y viceversa? ¿Por qué el odio que lo
consumía todo?

Era cierto que siempre había sido una perra egocéntrica. Desde el día
que la madre de Aric se había vuelto a casar y su padrastro había traído
a casa esa extraña y hosca pesadilla adolescente para jugar a las
casitas, Aric había hecho todo lo posible por mantenerse alejado de ella.
No siempre con éxito. Unirse a los SEAL1 de la Marina, para salir de esa
olla de presión, había sido una bendición.

Justo hasta que su unidad había sido atacada por delincuentes


cambiadores lobos en las montañas de Afganistán y su mundo había
sido completamente jodido. Para siempre.

Si era sincero, tendría que admitir que no había sido feliz desde que
había perdido su humanidad. Amaba a sus hermanos en el equipo de la
Manada Alfa, pero cuando esa última operación había fracasado, ellos
lo habían abandonado fácilmente, ¿no es así? Jax me abandonó. Para
salvar a su compañera. Cuando las cosas se fueron a pique, Aric estaba
solo. Como siempre. Nadie había venido por él y nadie lo haría. Su
garganta se apretó por la emoción, quemando con las lágrimas que
nunca permitiría caer. Tal vez estaba mejor muerto.

Pero él no podía darse por vencido. No, él quería vivir lo suficiente para
masacrar a todas las personas responsables de que él esté en este
infierno, sufriendo esta maldita agonía interminable.

1 SEALs: son la principal fuerza de operaciones especiales de los equipos Mar, Aire y
Tierra de la Armada de los Estados Unidos.
El general George Patton estaba en lo cierto. Iba a pavonearse por el
valle de la sombra de muerte… y él sería el más miserable hijo de puta
ahí. Haciéndoles pagar a todos.

Entonces, y solo entonces, él de buena gana dejaría que la Parca se lo


llevara.

***

Rowan Chase giró el volante a la izquierda bruscamente, derrapando el


coche hasta detenerse en un mugriento callejón con basura esparcida
entre dos edificios destartalados, apagando el encendido y saliendo
incluso antes de que su novato compañero, Daniel Albright, consiguiera
desabrochar su cinturón de seguridad.

Un vistazo a la situación le dijo que las cosas ya habían terminado


FUBAR 2: jodidas más allá de todo reconocimiento.

Una multitud de cerca veinte hombres hispanos de edades diversas,


rodeaban a dos personas que estaban rodando en el suelo, gritando
obscenidades, incitando la pelea. Rápidamente, su cerebro evaluó al par
que peleaba, recogiendo la trepidante información. Un hombre fornido,
de un metro ochenta, cerca de los cien kilogramos. El más pequeño más
joven, más delgado, metro setenta, alrededor de los setenta y cinco
kilogramos. Ella lo reconoció como era Emilio Herrera. Ambos llevaban
los colores de los Lobos del Lado Oeste. Pelea familiar. ¿Sobre qué?
¿Drogas, una chica, o alguna injuria imaginada? ¿Quién lo sabía?

La luz del sol se reflejaba en un metal plateado entre los combatientes,


y la sangre floreció en la camisa del tipo más pequeño. Navaja. Mierda.
Rowan desabrochó su cartuchera cuando corrió hacia ellos, la
adrenalina corría a través de sus venas.

—¡LAPD3! —gritó, con su pistola desenfundada—. ¡Paren de joder!

—¡Atrás! ¡Denos algo de espacio! —bramó Danny.

Danny estaba verde pero era un buen oficial. Confiaba en él para


controlar a la agitada multitud mientras ella trataba con la pelea, y la
confianza era imperativa. Una segunda unidad estaba de camino, pero

2 FUBAR: Fucked Up Beyon d All Recognition: jodidas más allá de todo


reconocimiento.
3 LAPD: Los Ángeles Police Departament: Departamento de Policía de Los Ángeles.
eso no significaba que llegaran a tiempo para prevenir un desastre.

El par era inconsciente al principio, el hombre joven estaba


completamente enfocado en defenderse contra su atacante. El fornido
claramente era el agresor y su rabia era palpable. Él era al que
necesitaba alcanzar.

—¡Dije que pararan! ¡Ahora!

Con la navaja automática en su puño carnoso y a horcadas sobre el


hombre más joven, el fornido giró su cabeza para mirarla con su cara
enfadada. Ella contuvo el aliento al reconocerlo. Luis García. Debería
haberlo sabido. Era un peligroso hijo de puta con un largo historial de
violencia. Peor, era impredecible, su mente estaba frita por una vida de
abuso de drogas.

—La pequeña puta 4 me robó mi mierda —arrastró las palabras,


salivando.

—¡No lo hice! —gritó Emilio levantando sus manos—. No tomo polvo,


¡sabes eso! ¡La familia sabe eso!

—Tú te la llevaste y yo te voy a destripar como a un...

—No, no lo harás —ordenó Rowan, usando su voz más autoritaria.


Sujetaba su pistola a su lado, apuntando al asfalto—. Pon el cuchillo en
el suelo y ven hablar conmigo. Nosotros lo arreglaremos.

—Cállate, lesbiana. Crees que tienes los cojones más grandes que Luis,
¿sí? Quizás los tengas. —Soltó una risa desagradable.

Rowan dejó que el insulto la pasara. Había sido llamada cosas pe ores.

—Emilio está diciendo la verdad, García. Lo conozco, y te juro que no


tomaría tu alijo. —¿Ahora, tu coche? Él habría robado eso en un latido,
pero no tu coca—. No le mentiría a mi propia gente. Deja el cuchillo.

A su derecha, el líder de los Lobos atravesó la multitud, aparentemente


tarde en la escena. Salazar Romero era alto, musculoso y amenazador,
con el pelo negro largo, barba perilla y los brazos cubiertos con tatuajes.

—No seas estúpido. Escucha a la mamacita, Luis. Ella está en la calle.


Uno de los nuestros… ¿estamos? Su palabra es lo bastante buena para
mí, así que es lo bastante buena para los Lobos.

Finalmente, rompió el hielo. El hombre más grande vaciló, el agarre en

4 En inglés en el original.
su presa se aflojó. Intentó hacer que Salazar bajara la mirada, pero él la
apartó primero, como el perro que era. Pero eso no significaba que el
peligro hubiera terminado. La mirada de Rowan permaneció tensa
cuando García dejó caer el cuchillo de su mano y soltó la camisa de
Emilio.

—Aléjate de él y quédate quieto —dirigió ella—. Lentamente.

García dejó ir una retahíla de maldiciones murmuradas, pero hizo lo


que le dijeron. De pie, se alejó del hombre ensangrentado y se giró hacia
ella, sacudiendo su cabeza. Aún maldiciendo. Gesticulando y
balanceando sus brazos mientras más se agitaba. A ella no le gustaba
su lenguaje corporal. El hombre iba a perder el control otra vez.

—De rodillas, las manos detrás de tu cabeza.

Su cabeza se levantó bruscamente.

—¡Dijiste que íbamos hablar!

—Primero, de rodillas, las manos sobre...

—¡Jódete, puta!

Rowan sabía lo que García iba hacer, incluso cuando él bajó su brazo
derecho, girándolo hacia atrás para tomar algo en la parte baja de su
espalda. Ella reaccionó una fracción de segundo más rápido, levantando
su arma y nivelándola a su pecho, gritando: —¡Bájala!

Pero él consiguió tomar el arma, girando el cañón hacia ella, en un claro


intento. Apenas fue consciente de su dedo presionando el gatillo, y la
ensordecedora explosión terminó antes de que su cerebro registrara el
ruido.

García se balanceó hacia atrás con los ojos abiertos por la sorpresa.
Una flor escarlata comenzó a extenderse a través de su pecho cuando
sus rodillas se doblaron y cayó al suelo. El arma aún estaba empuñada
mientras caía, ella caminó y pateó la pistola apartándola de su alcance.
Con precaución, se agachó cerca de su cabeza y situó dos dedos en su
cuello.

—¿Muerto? —preguntó Danny.

—Sí. —Soltó una temblorosa respiración y se puso de pie,


inspeccionando a las pocas personas que habían quedado.

Muchas de ellas habían salido de ese infierno cuando García cayó y su


acto de estupidez resultó fatal. Emilio aún estaba sentado a unos pocos
metros de distancia, con una mano presionando su costado
ensangrentado y haciendo una mueca de dolor. Salazar y un par de sus
lugartenientes estaban con él, elogiando al chico por enfrentar al loco
de García, como si el chico se hubiera encargado de él por sí mismo. La
reputación del pequeño ladrón de coches acababa de aumentar
considerablemente, junto con la completa tentación para una banda
rival de añadirle a su lista.

Y el ciclo nunca terminaba.

Rowan enfundó su arma, sintiéndose enferma. Oh, Dios. Maté a uno de


los míos. Justo aquí en mi propio terreno, entre la gente que se supone
mantengo a salvo. ¿Podría haber manejado esto de forma diferente?
¿Cómo?

—¡Chase!

Sorprendida, parpadeó hacia Danny, quien estaba justo en su cara con


la mano en su hombro.

—¿Qué?

—Cualquier mierda que esté pasando por tu cabeza en este momento


párala —dijo en voz baja—. Le diste muchas oportunidades para
entregarse. Demonios, casi esperaste demasiado para bajar y apretar el
gatillo. Fue un disparo justificado. Nadie va a discutir eso.

—El bebé policía tiene razón, mamacita —dijo Salazar en voz alta—.
Luis estaba roto, hombre. Actuó por su cuenta al asaltar a Emilio y los
Lobos se lavan las manos. No habrá castigo.

Roto, quería decir que Salazar recientemente le había degradado.


Supuso que debería haberse sentido aliviada de que Luis ya se hubiera
convertido en un problema que ellos querían eliminar o su educación
del lado Este no quería decir arrodillarse. De repente consciente de
varios pares de ojos perforándola, estudiando su reacción, apretó su
boca firmemente y dio un brusco asentimiento.

Salazar ondeó una mano a sus seguidores restantes.

—¡Vámonos!

No habrá castigo. Mirando a sus espaldas retirarse, no podía procesar


la gratitud. Once años en la fuerza y había sacado su arma menos de
una docena de veces. Nunca la había disparado fuera del campo de tiro
antes de hoy.
Y hoy, había matado a un hombre. Sin importar sus defectos, Luis
García tenía una esposa y seis niños que dependían de él. Su desayuno
amenazaba con hacer una reaparición, pero se las arregló para
mantenerlo dentro.

—¿Chase?

Rowan se giró, parpadeando hacia el Capitán Connolly. Parecía que no


podía eliminar la neblina que se había alojado en su cerebro.

—Señor.

—¿Qué ocurrió aquí? —preguntó con naturalidad. Su erosionada cara


estaba tranquila, sus ojos azules pacientes.

Rápidamente, puso al día a su supervisor detalladamente. Danny la


respaldó y el capitán asintió.

—Está bien. Parece un disparo limpio, pero sabes lo que ocurre a


continuación —dijo amablemente.

Lo sabía. Aunque nunca había disparado su arma y mucho menos


matado a un sospechoso, otros oficiales lo habían hecho durante años.
Todos ellos sabían las instrucciones. Exhaló una profunda respiración.

—Supongo que tengo que entregar mi placa.

—Eso me temo. —Connolly apretó su hombro—. Al menos hasta que la


investigación termine. Probablemente será solo una formalidad en este
caso, pero aun así es una mierda. Tenemos las cosas cubiertas aquí.
Vuelve a la comisaría y encárgate del papeleo. Asegúrate que esté bien y
fírmalo. Después entrega tu arma y vete a casa. Te llamaré.

—¿Qué pasa con Albright? —Gesticuló a su compañero.

—Temporalmente le reasignaré a la espera del cierre de la investigación.

—Sí, señor. —Maldición, odiaba ceder un buen novato a otro oficial.


Incluso si Asuntos Internos cerraba su informe rápidamente, tendría
que luchar para conseguirle de vuelta.

—Tómatelo con calma —dijo Danny, intentando ser tranquilizador—.


Todo estará bien.

—Seguro. Cuídate, nos vemos.

Se alejó caminando, consciente de los ojos en su espalda, midiéndola.


Preguntándose si sería la nueva loca del departamento, esperando ver si
esto sería lo que finalmente la enviaría a toda velocidad sobre el abismo.
Primero la pérdida de su hermano menor y ahora esto.

Subiendo al coche patrulla, se forzó a sí misma a encender el motor y


tranquilamente se alejó conduciendo cuando todo lo que quería hacer
era sentarse allí y desmoronarse. Después, se prometió. Recogió un
paquete de seis cervezas de camino a casa y se fue donde nadie pudiera
verla.

Por ahora, compartimentar era la palabra del día y la única manera de


conseguir traspasarlo.

Tres horas después, Rowan terminaba lo último de su montaña de


papales, entregaba su pistola y se dirigía hacia la puerta,
afortunadamente pasando desapercibida, salvo para un par de amigos
que habían oído la noticia y la detuvieron en el camino para darle unas
breves palabras de ánimo. Se sintió prácticamente desnuda sin el
consuelo del peso familiar de un arma a su lado y solo quería salir de
ese infierno antes de que sus compañeros lo notaran y quisieran oír
toda la verdad de primera mano.

Corrió a su coche y lo puso en marcha justo cuando el teléfono móvil


vibró en su regazo. Con un suspiro, dejó el vehículo aparcado y
recuperando del dispositivo, comprobó el identificador de llamadas.
Esta tenía que contestarla.

—Hola.

—Hey, soy yo.

A pesar de sí misma se encontró sonriendo.

—Hola, yo. ¿Qué, estás cocinando? —Su amigo, agente especial del FBI
Dean Campbell, nunca decía sus nombres por teléfono. La paranoia era
más que una descripción de su trabajo… estaba incrustado en su ADN.

—Totalmente. Tengo esos billetes de los Dodgers5 que querías —dijo


animadamente—. Reúnete conmigo para una hamburguesa, ¿en el
lugar habitual?

Su sonrisa desapareció y la sangre se drenó de su cara. Su boca se


abrió un par de veces antes de que pudiera encontrar su voz.

—Estaré allí en media hora. Necesito ir a casa y cambiarme primero.

5 Godgers: juego de pala bras. Dodger significa evasor, tramposo y a la vez es el


nombre de un equipo de béisbol estadouni dense con sede en Los Ángeles, California.
El personaje habla en código haciendo referencia a una información que le había
pedido.
—Estoy de camino. Conseguiré una mesa para dos.

Después de golpear el botón de OFF, tiró el teléfono al asiento de al lado


y salió. Oh, Dios. Finalmente, después de meses de una búsqueda
infructuosa y agonizante de respuestas, y un laberinto de callejones sin
salida, la llamada por la que había estado rezando, había llegado. Y por
unos pocos minutos, tenía que sangrar solo un poco más por dentro,
sin saber si esto era el final o el comienzo.

Sin saber si Micah realmente estaba muerto, como el gobierno


reclamaba, o si estaba vivo en algún lugar, esperando a ser rescatado.

Y si su hermano estaba vivo, ¿qué demonios estaba pasando?

Las preguntas y las posibles respuestas giraron en su cerebro todo el


camino a su apartamento, y no amainaron cuando ella rápidamente se
quitó su uniforme y se cambió a unos pantalones cortos, una camiseta
y zapatillas deportivas. No podía soportar otro segundo de tortura,
ahora que el final estaba cerca. El camino hacia Willy’s nunca le había
parecido tan largo y aun así ella lo hizo en menos de quince minutos. El
bar y la hamburguesería no estaban abarrotados a esa hora de la tarde,
así que fue capaz de conseguir un sitio bastante bueno al lado del
edificio.

Después de correr alrededor de la parte delantera, entró y ubicó a Dean,


sentado en una cabina cerca de la parte de atrás. Él ondeó una mano y
ella fue a reunirse con él, devolviéndole su rápido abrazo antes de
deslizarse en su asiento enfrente de él.

Reuniendo una sonrisa, ella cruzó sus brazos en la mesa.

—Te ves bien, amigo mío.

Él siempre lo hacía. Dean estaba en la mitad de sus treinta, con el pelo


rubio miel, los ojos marrones y una sonrisa asesina. Todo el conjunto
paraba el tráfico. Era una pena que ella no sintiera nada más que una
suave atracción por el hombre, y viceversa, porque hacía demasiado
tiempo que no tenía ningún tipo de relación íntima.

—Lo mismo digo. —Sentándose, él la miró especulando—. Ya oí a través


de la viña lo del disparo. ¿Cómo lo llevas?

—Jesús, eso fue rápido —murmuró ella—. Estoy bien.

—¿Seguro?

—No.
Él golpeó su mano, su mirada se suavizó.

—Es normal. Estarás bien, confía en mí. Especialmente después de


darte algo más para ocupar tu mente. —Alcanzando su bolsillo, sacó un
sobre blanco tamaño legal y lo deslizó a través de la mesa.

Tragando fuerte, ella lo miró.

—¿Mis tickets?

El agente miró alrededor, pero no había nadie cerca para escuchar. Aun
así habló en voz baja.

—Lee eso, memorízalo y luego destrúyelo.

Girando el sobre, miró a su amigo.

—¿Qué hay dentro?

—Direcciones a un lugar que oficialmente no existe. —Se detuvo—. Un


complejo en Wyoming situado en lo profundo del Bosque Nacional
Shoshone. Altamente secreto, operaciones oscuras.

—Al menos conoces a las personas correctas a quienes exprimir.

Una esquina de su boca se levantó.

—Exactamente.

Tomando una profunda respiración, hizo la pregunta que ardía en su


corazón.

—¿Mi hermano está vivo?

—No lo sé —le dijo, golpeando el sobre—. Pero esos son quienes lo


sabrán.

Tan cerca, pero aún sin respuestas. Aún. Ella luchó contra las lágrimas
que no hacían ningún bien por ella ni por Micah.

—Arriesgaste todo para conseguir esta información para mí. No sé como


agradecértelo.

—Consiguiendo que no te maten. —No estaba bromeando.

—Pondré eso en la lista justo después de terminar con AI6, tomar una
licencia personal, empacar y tomar la carretera.

—Llámame cuando dejes la ciudad y mantente en contacto.

6 AI: Asuntos Internos.


—Lo haré —prometió.

—¿Tienes hambre? Yo invito.

Para sorpresa de Rowan, su estómago gruñó. Era curioso como una


pizca de esperanza podía revivir el apetito de una persona.

—Podría comer, pero yo invito. Y si esto me guía a la verdad sobre lo


que le ocurrió a Micah, habrá una cena con bistec para ti cuando
vuelva. Es lo menos que puedo hacer.

—Solo si traes a Micah contigo —dijo él suavemente.

Maldición, no lloraría.

—Es un trato.

Comprensiblemente, su comida fue un poco más moderada de lo


normal. Rowan estaba demasiado preocupada para ser una buena
compañía, pero esa era la belleza de la verdadera amistad; ninguno de
ellos tenía que decir una palabra para estar cómodos. Se tenían
mutuamente.

Mientras comían, sus pensamientos fueron a la deriva a ese misterioso


complejo y qué tipo de operaciones encontraría. Sin mencionar la
recepción que recibiría, especialmente cuando conocieran su misión.

Pero no se iría sin saber, de una vez por todas, lo que le había ocurrido
a su hermano. Ella y Micah siempre habían compartido una conexión
mental de la que mucha gente se burlaría y seguramente no
comprendería. No eran gemelos, pero sentía fuertemente que lo sabría
en su corazón cuando él muriese. Él estaba vivo. Tenía que estarlo.

No, este no era el final después de todo, sino solo el comienzo.


Encontraría a su hermano aunque fuera lo último que hiciera.

Y entonces haría reservas para tres en un restaurante muy fino en L.A.

***

Cada milla la llevaba más cerca de su destino, la ansiedad de Rowan


aumentaba con saltos y brincos. El maravilloso telón de fondo del
Bosque Nacional Shoshone, resplandecía en el verdor del pleno verano,
difícilmente registrado mientras conducía su furgoneta por la carretera
serpenteante.

Sujetando el volante, miró el lado derecho de la carretera, buscando el


giro alternativo que indicaban las instrucciones que había memorizado
y quemado hacía dos semanas. Cinco kilómetros después, lo encontró.
O esperaba haberlo hecho.

Girando, frenó delante de una puerta de metal. Era simple, el tipo que
cualquier terrateniente podría usar, junto con la señal en blanco y
negro de NO PASAR clavada a un poste cerca de una cadena y candado.
Ninguno poseía un efecto disuasorio para sus tenazas ni para su
determinación.

Dejando la furgoneta en marcha, tomó las tenazas y cortó la cadena,


después la desenredó, dejándola colgando de la puerta. Si ella estuviera
en el lugar correcto, pronto tendría que preocuparse por mucho más
que un mísero cargo de allanamiento por entrar en una propiedad del
gobierno.

Después de girar la puerta, abriéndola lo suficiente para pasar su


vehículo, volvió a la furgoneta y así lo hizo. Después se bajó y cerró la
puerta de nuevo, enrollando la cadena alrededor de esta, para que con
un poco de suerte nada pareciera fuera de lo normal para un
transeúnte casual. Hasta ahora, todo bien. Continuó su camino.

Un par de kilómetros más dentro de la profundidad del bosque, la


segunda barrera fue una sorpresa desagradable y un enorme obstáculo.
Podría haber gritado de frustración.

La alambrada era de unos 3 metros de altura y estaba coronada con


alambre púas. Esta puerta era mucho más sofisticada, al menos medio
metro más alta que la valla al otro lado, y automatizada, con una caja
de código para pasar en el lado del conductor. Encima de la caja de
seguridad, una cámara la miraba a la cara como un ojo que todo lo
sabe.

—Mierda.

No tenía el código. Y después de varios minutos de pulsar el botón verde


de LLAMADA y esperar, se hizo evidente que nadie planeaba responder
sus llamadas. Los operativos de dentro probablemente estaban
partiéndose de la risa. Quizás pensaban que ella se aburriría y seguiría
su camino alegremente.

Estaban equivocados.

Tranquilamente, alcanzó su bolso, nunca más feliz de que su capitán le


hubiera devuelto su arma. Extrajo la Glock del interior y entornando los
ojos, apuntó la pistola a la cámara.

—Tock, tock, idiotas.

Y disparó, enviando una lluvia de cristales y metal que cayeron sobre la


carretera.

Eso debería llamar su jodida atención. Mejor conocerles cara a cara.


Bajando de la furgoneta, guardó la pistola en el cinturón de sus
pantalones y se acercó para inspeccionar la puerta. Cosas con arte del
estado, una verdadera fortaleza. ¿Qué era este lugar y cómo estaba
involucrado Micah? No se iría hasta que ellos la ilustraran.

Un arrastre sonó a su izquierda. Y un gruñido bajo.

Se giró y maldijo en voz baja con los ojos abiertos de par en par. ¿Perros
guardianes? Varios de ellos, a su lado de la valla, abriéndose en abanico
para rodearla, las cabezas agachadas, las orejas planas, los colmillos
desnudos. Moviéndose casi en silencio a través del bosque veteado por
el sol.

Pero no, esos no eran perros. Eran...

¡Lobos! ¿Y una pantera negra realmente grande?

Parpadeó rápidamente mientras se acercaban. Entonces retrocedió


lentamente hacia su furgoneta, pensando que debía estar imaginando
cosas. Los lobos ahora eran comunes en Shoshone, gracias a los
esfuerzos de rescate de la vida salvaje. Pero había oído que los lobos
salían de su camino para evitar a los humanos. ¿Verdad? Pero no estos
lobos.

¿Y qué pasaba con el gato grande? ¡Las panteras negras ni siquiera


existían técnicamente!

Que se lo digan a esta.

—Tranquilos —dijo, levantando una mano temblorosa—. Lindos


perritos. No voy hacerles daño.

Un alto gruñido vino detrás de ella, y una mirada casi detuvo su


corazón. Un lobo se había movido detrás, bloqueando su huida a la
furgoneta. Estaba completamente rodeada. Su pulso latía aterrorizado
tatuándose en su garganta mientras agarraba la culata de tu pistola,
sacando el arma de la cintura de sus vaqueros.

Justo entonces, las imágenes de tres de los lobos y el gato comenzaron


a titilar. Algo así como olas de calor en el pavimento caliente. Sus
cuerpos comenzaron a transformarse, la piel se retraía. Los caninos y
los miembros felinos se convirtieron en brazos y piernas. ¿Qué
demonios? Mirando, se dijo que no estaba viendo a un grupo de sexys
hombres desnudos de pie junto al resto de los lobos con un atisbo de
emoción en sus caras, desde diversión a severa resignación.

Un dios de pelo negro —lobo, o lo que fuera— dio un paso hacia


delante.

—Soy Nick Westfall, comandante del equipo Manada Alfa. Y usted está
en un montón de problemas, Señorita Chase.

¿Cómo sabía su nombre? Rowan no podía recuperar el aliento para


responderle, incluso si hubiera podido formar una respuesta. Su visión
se emborronó, y la fuerte mujer que creció en un barrio al este de L.A
hizo algo que nunca había hecho en su vida. Ni siquiera cuando había
sido informada de la “muerte” de Micah.

Se desmayó.
Traducido por whiteshadow, alexiacullen & Eli25

Corregido por La BoHeMiK

owan se despertó con un sobresalto y parpadeó confundida ante


su entorno. Inmediatamente su cerebro catalogó la cama suave y
cómoda en la que estaba, y el dormitorio modestamente
amueblado. Por unos pocos momentos luchó para encontrarle sentido a
dónde estaba y por qué, luego los recuerdos regresaron.

En cuanto se sentó, un poco de dolor arremetió la parte posterior de su


cabeza e hizo una mueca, sondeando el área con sus dedos. Bajo el
cabello en la parte posterior de su cráneo, se ocultaba un bulto que
latía cuando lo presionaba un poco más fuerte de lo debido, pero no era
tan malo. De todos modos, parecía ser la menor de sus preocupaciones.

Ella había venido a este lugar, si de hecho se encontraba en el interior


del complejo, en busca de respuestas sobre Micah y había visto... ¿qué,
exactamente? Entonces se había desmayado como un novato
observando su primera autopsia. Con su pistola en mano.

Su arma ahora estaba perdida.

Mirando hacia la mesita de noche, se acercó y abrió el cajón. Vacío,


excepto por una hoja de papel escrita con una lista de lo que parecían
ser extensiones telefónicas. Cerrando el cajón, le dio otra mirada a la
habitación. Su cartera descansaba en la parte superior del tocador, de
otra manera vacío. La bolsa negra de lona que había traído, rellena con
varios cambios de prendas y ropa interior, se encontraba en el suelo
delante del tocador. Dudaba mucho que fuera a encontrar su arma
escondida en cualquiera de ellos.

Levantándose de la cama, se tambaleó para investigar. El resto de sus


pertenencias parecían estar intactas, pero como esperaba, el arma
había desaparecido. Que la hubieran tomado no era una sorpresa, pero
estar sin protección era inquietante. Maldita sea, se sentía desnuda sin
ella.

Desnuda. Oh, Dios. Había visto a varios lobos y una pantera convertirse
en hombres calientes que no llevaban nada puesto. ¿No era así? O tal
vez todo lo que había pasado en los últimos meses la había empujado,
finalmente hasta el borde. Adiós cordura, hola dichosa locura. Quizás
había sido institucionalizada y esta era su celda disfrazada como una
habitación normal. En cualquier momento una enfermera llegaría con la
medicación que la enviaría de vuelta a la tierra de la felicidad y la luz.

—Oh, bueno ¡estás despierta!

Volviéndose, Rowan parpadeó ante la atractiva mujer de pie en la


puerta del dormitorio, un guardapolvo médico blanco sobre una blusa
verde y pantalones negros.

—Mierda, me volví loca en serio —murmuró.

—¿Perdón?

Ella hizo un gesto con la mano a la vestimenta de la mujer.

—¿Qué es usted, mi enfermera o mi psiquiatra? Porque estoy bastante


segura de que he sufrido una ruptura con la realidad y tú eres mi
cuidadora.

La morena se rio con buen humor, y empujó un mechón de pelo largo y


rizado de su cara, poniéndolo detrás de una oreja.

—Soy la doctora Mackenzie Grant, pero no, yo no soy tu médico,


cuidadora o cualquier otra cosa. Solo estoy aquí para asegurarme de
que estás bien. Ha sufrido un feo golpe en la cabeza cuando te
desmayaste.

—Así es. Cuando me desmayé, porque vi... o creí ver... —Frunciendo el


ceño, su voz se fue apagando.

La doctora se aclaró la garganta.

—Sí, bueno. Nick querrá hablar contigo acerca de eso, estoy segura.

—Nick Westfall. —Ella le recordó—. Su comandante.

—No es mi comandante, exactamente, pero sí. Es el mandamás aquí. Él


lidera el equipo Manada Alfa.

—Que son lobos y gatos disfrazados.

La mirada de la otra mujer era simpática.

—Lo siento, realmente no puedo hablar sobre…


Rowan soltó una risa que era medio histérica y chorreando sarcasmo.

—Por supuesto que no.

—Nick le dirá todo lo que sienta que necesitas saber, pero después de
eso podemos hablar todo lo que quieras.

La doctora era leal, por lo menos. Podía respetar eso.

—¿Cuándo quiere verme?

—Tan pronto como te sientas lista. Te puedo llevar a su oficina ahora, si


lo deseas, señorita Chase.

—Llámame Rowan. Espera, ¿cómo sabes mi nombre? —Ella echó una


mirada sospechosa a su bolso. ¿Esta gente había revisado sus cosas?

—Nick nos dijo.

Claro, Westfall la había llamado por su nombre en el momento que se


conocieron.

—¿Y cómo lo sabía? ¿Alguien le aviso que yo estaba en camino? —


Rowan frunció el ceño. Dean no la hubiera traicionado, de eso estaba
segura—. No importa. Estoy convencida de que es otra de las cosas que
tendrá que decirme. Y créeme, doctora Grant, lo hará.

—Mackenzie o Mac está bien —dijo la mujer amablemente, ignorando el


último comentario de Rowan—. ¿Estás lista?

—Por supuesto, guíame.

Echando un vistazo nuevamente a su cartera y bolso, optó por dejarlos


atrás. No llevaba mucho dinero en efectivo y solo un par de tarjetas de
crédito. No, si estas personas habían planeado retener sus cosas
hubieran tomado el resto junto con su pistola. Siguió a la doctora desde
la habitación, a través de una amueblada sala de estar, a la puerta,
saliendo hacia un pasillo alfombrado forrado con más puertas, todas
ellas enumeradas. Acelerando el paso, se puso a caminar al lado de la
otra mujer.

—Por lo tanto, ¿qué es esta área? ¿Cómo un dormitorio? —adivinó ella.

Mackenzie asintió.

—Sí, pero a diferencia de los dormitorios, las alas de residencia son


apartamentos totalmente equipados y no se nos exige a compartir los
cuartos. La privacidad es un bien muy valorado, ya que por lo general
es escasa en un lugar tan concurrido donde muchos de nosotros
vivimos y trabajamos.

—Es mejor de lo que esperaba —admitió Rowan, admirando la alfombra


de color verde oscuro y las paredes de color crema adornadas con
apliques que le recordaban el interior de un buen hotel—. De camino a
aquí, me imaginaba algo mucho más rígido y antipático. Ya sabes, como
se supone que sería un complejo ultra secreto y todo eso.

—Lo cual plantea la pregunta de cómo te enteraste acerca de nosotros


—la doctora le interrumpió con una mirada curiosa.

Rowan sonrió.

—Supongo que eso es algo que su ilustre jefe le puede decir si quiere,
claro, después de que él y yo tengamos una pequeña charla.

—Touché —dijo Mackenzie con una sonrisa.

Mientras caminaban, un destello de plata en el escote de la blusa de la


otra mujer, llamó la atención de Rowan. Un disco redondo del tamaño
de una moneda de un dólar colgaba allí, suspendido de una robusta
cadena. Le pareció que era un poco pesado, como una pieza de joyería
más adecuada para un hombre. Pero ¿qué sabía ella? Era policía, no
una crítica de moda.

—Ese es un magnífico colgante —dijo ella, agitando una mano hacia el


pecho de la doctora.

Mackenzie bajó la mirada hacia el artículo como si se hubiera olvidado


de que estaba allí.

—Gracias.

Ella miró más de cerca.

—¿Es un… pentagrama?

—Sí, lo es. —Pero la doctora no ofreció nada más.

Difícil. A los policías le gustaban las respuestas.

—Genial. ¿Eres una Wicca7?

—No. —Un indicio de molestia se deslizó en el tono de la mujer y sus


palabras se tornaron cortantes mientras metía el disco bajo su blusa de
nuevo—. El collar fue un regalo.

7 W icca: es una religión neopagana, desarrollada en Inglaterra durante la primera


mitad del siglo XX. El pentáculo (un pentagrama dentro de un círculo) es uno de los
símbolos de fe fundamentales reconocidos internacionalmente por la Wicca.
Asunto cerrado, al menos por ahora. Pero Rowan presintió una historia
allí y tarde o temprano desentrañaría el misterio. Investigar y obtener
respuestas de personas que no querían darlas, estaba en su sangre.
Pero de momento, lo dejó pasar.

Ella tenía cosas más importantes que hacer.

Mackenzie la condujo por un laberinto de pasillos y Rowan se aseguró


de catalogar cada paso en su cerebro. La información sería muy útil si
se quedaba o tenía que largarse de allí rápido.

Finalmente, la doctora se detuvo frente a una puerta cerrada y asintió.

—Esta es la oficina de Nick. No te dejes intimidar… no es tan malo


como parece.

—Eso está bien, porque yo soy más mala de lo que parezco. —Ella no
estaba bromeando, pero Mackenzie sonrió de todos modos, dándole al
brazo de Rowan un apretón.

—Voy a comprobar cómo estás más tarde.

—Gracias. —Rowan miró a la mujer retomar el camino por donde


habían venido, luego volvió su atención a la puerta. Exhalando un
suspiro fortificante, dio tres golpes secos y esperó hasta que oyó la
profunda voz del hombre invitándola a ingresar antes de girar la perilla
y dar un paso adentro.

El interior de la oficina de Westfall era muy parecida a su habitación,


cómoda, pero no demasiado lujosa. Un gran escritorio equipado con
una computadora portátil y un teléfono inalámbrico encajaba muy bien
en el cuarto, dejando espacio para un par de sillas re llenas enfrente.
Pero el hombre mismo rápidamente captó su atención cuando se
levantó y le ofreció la mano, con una expresión indescifrable.

—Señorita Chase.

—Rowan, por favor.

—Nick. —Estrecharon las manos y luego se sentó, haciendo un gesto


para que ella hiciera lo mismo.

—¿Quién te dijo que iba a venir aquí? —preguntó ella, tratando de no


sonar a la defensiva. No funcionaría si hacía enfadar al hombre que
podría tener las respuestas que necesitaba.

—Nadie. —Él le sostuvo la mirada, sus ojos azules parecían mirar


directamente a su alma.
Ella se preguntó lo que veía allí.

—Entonces, cuando llegué, ¿cómo sabías mi nombre?

El guapo de pelo oscuro pareció considerar su respuesta


cuidadosamente antes de que finalmente hablara.

—Soy un Precog.

—¿Perdón?

—Soy un clarividente, un Precog. A veces veo los acontecimientos antes


de que ocurran.

Rowan lo miró fijamente, preguntándose cuál de ellos estaba loco. Tal


vez Luis García realmente le había disparado y ella estaba en algún
hospital en estado de coma, soñando todo esto.

Se aclaró la garganta.

—¿Además de ser un hombre lobo? Por supuesto. Claro que lo eres.


Escucha, me importa una mierda, quién me delató o los delirios de
grandeza que estás sufriendo. Solo vine aquí a…

—Averiguar lo que le pasó a Micah —interrumpió él en voz baja.

Eso la sacudió durante un par de segundos, pero ella lo descartó.

—No me impresionas. Estoy segura de que la persona que le dijo que yo


iba a venir también te contó el por qué. —Se inclinó hacia delante,
sintiendo el fuego lento de la ira comenzando bullir al oír a este extraño
pronunciar el nombre de su hermano, de manera tan familiar. Sus
dedos se clavaron en los brazos de su silla—. Así que vamos a cortar
todo el rodeo en torno a este tema. Si Micah está vivo, dime dónde está
y por qué, en nombre de Dios, me dijeron que estaba muerto. Si está
muerto, ayúdame a llevar su cuerpo a casa.

Esas últimas palabras surgieron de sus labios como si estuviera siendo


estrangulada, sin llegar a pronunciar la estúpida frase sobre la
necesidad de un cierre. Nunca habría un cierre si Micah realmente se
había ido, el sangrante agujero en su corazón nunca se llenaría.

—No es así de simple.

Meses de alternar entre el dolor y la frustración con la obtención de


evasivas habían agotado su paciencia y finalmente estalló.

—¿Qué diablos quieres decir? ¡Él está vivo o muerto! —gritó ella—.
¿Cuál de las dos opciones es?
—¡No lo sé!

Su tono atronador resonó en el espacio cerrado, dejando un asombroso


silencio a su paso. Ella parpadeó ante la expresión triste de Nick y la
caída de sus grandes hombros.

—¿Está perdido?

—Extraoficialmente, sí.

—Ese tipo de la Marina, el General Jarrod Grant, dijo... El gobierno me


mintió —susurró—. Dijeron que Micah fue asesinado durante
maniobras de entrenamiento y que su cuerpo no pudo ser recuperado.
Enterré una maldita caja vacía, mientras que el bastardo de Grant me
entregó una bandera de Estados Unidos y me dijo lo mucho que lo
sentía. Y todo el tiempo que estuve llorando, mi hermano estaba ahí
afuera en algún lugar, posiblemente con vida, a la espera de ser
rescatado. Tal vez aún lo está.

La horrible realidad la desequilibró. La ausencia del cuerpo de su


hermano la había perturbado todo el tiempo, y en el fondo ella había
pensado, orado, que el informe de su "muerte" hubiera sido un error.
Pero ¿para descubrir que todo era una mentira? La furia arremetió,
demasiado grande para su piel, que amenaza con desgarrarla.

—Si sirve de algo. Lo siento —dijo él sinceramente—. Hubiera preferido


decirte la verdad, pero fui desautorizado.

—¿Por quién? ¿El General Grant?

—Sí.

Quería su pistola de vuelta. Entonces le dispararía a alguien. Todo lo


que necesitaba era el objetivo apropiado.

—¿Cuál es la verdad? ¿Realmente estaba mi hermano con los SEALs


cuando desapareció?

—No. Para entonces, él estaba trabajando aquí, como un miembro del


equipo de la Manada Alfa.

—Pero al principio, él estaba con la Marina, ¿verdad?

Todos estos años, eso es lo que Micah le había contado. Ahora se


preguntaba qué tan bien había conocido a su hermano.

—Sí, estaba, justo como un montón de mis hombres antes de que este
complejo abriera hace unos cinco años. Entonces había un jefe de
equipo diferente y luego le reemplacé hace poco más de seis meses.
Después de que él, Micah y otros de los varios miembros de la Manada
fueron presuntamente asesinados. —Su mirada se clavó en la de ella.

Rowan le estudió durante un minuto, pensando.

—El general. ¿Tendría alguna relación con Mackenzie Grant?

Nick asintió.

—Jarrod Grant es el padre de Mac… y mi principal contacto con el


ejército. Trabajamos juntos por así decirlo.

—Guau, son todos como una gran familia feliz ¿eh?

Él ignoró su sarcasmo.

—La mayor parte del tiempo, aunque tenemos nuestras propias riñas
de vez en cuando.

Ella se puso de pie, comenzó a pasear un poco, se detuvo y miró por la


ventana encima de su cabeza. La furia se había calmado a un nivel
soportable, pero la lenta combustión de la ira permanecía. Junto con
una buena ración extra de frustración.

—¿Por qué no lo sabías?

—¿Disculpa?

Bajó la mirada hacia él, para verlo fruncir el ceño en pregunta.

—Afirmas ser psíquico, ¿verdad? ¿Por qué no supiste que iba a


sucederle a mi hermano y lo detuviste?

Su expresión se volvió simpática.

—No soy psíquico, soy un clarividente. Es una gran diferencia, porque


las visiones que recibo como clarividente solo son una pequeña parte de
la habilidad psíquica. De cualquier forma, yo era un agente especial del
FBI en el momento en que Micah y los otros se desvanecieron. Hace
siete meses no conocía a los otros miembros del equipo, pero si incluso
los hubiera conocido, eso no es garantía de que hubiera visto el evento
a tiempo para advertirlo, en absoluto. No soy omnisciente.

—Así que recoges lo que puedes, ¿cómo una recepción irregular de


televisión por cable?

Una comisura de su boca se curvó hacia arriba.


—Algo así.

También era una muy bonita boca. Sexy. El gran bastardo era
probablemente un animal en la cama. Aunque como Dean, el tipo
estirado no era realmente su tipo. Cerrando esa línea de pensamiento,
se centró en su misión, cruzando sus brazos sobre el pecho.

—De acuerdo, la rutina de las veinte preguntas está agotándome y


cuando me canso me pongo de mal humor. Llena los espacios en blanco
para mí, comenzando con lo que el maldito trabajo de mi hermano aquí
implica, lo que estaba haciendo cuando desapareció y lo que piensas
que sucedió.

Nick se tomó un buen tiempo para responder. Pero cuando lo hizo, su


voz era baja y paciente.

—Como la mayoría de los del equipo, Micah es un lobo cambiaformas.


Hace casi seis años, cuando él y la mayoría de los otros eran parte del
equipo SEAL de la Marina, estaban apostados en las montañas de
Afganistán y fueron atacados por hombres lobos salvajes.

Le dio unos segundos para que digiriera ese dato y ella se tomó su
tiempo.

—De acuerdo. Soy policía, y nos ocupamos de los hechos. Vi hombres


volverse lobos… y a uno, una pantera. Creo que quizás estoy en estado
de coma y soñando, pero me dejaré ir con ello.

El hombre se echó a reír, sacudiendo la cabeza.

—No, estás muy despierta, aunque en breve desearás no estarlo. —Se


detuvo—. Mientras los supervivientes se recuperaban del ataque en un
hospital militar, los médicos descubrieron anomalías en sus análisis de
sangre. No pasó mucho tiempo antes de que el primer hombre cambiara
a un lobo, justo en su cama del hospital, y el caos lo siguió.

—Puedo imaginarlo. —Qué cuento más salvaje. Pero aun así, ella había
visto los resultados con sus propios ojos.

—Los estudios se llevaron a cabo en los hombres y fue constatado que


cada uno de ellos no solo podía cambiar en un lobo sino que tenían
varias habilidades especiales.

—¿Cómo el que aseguras de ser un PreCog?

Él no le hizo ningún comentario por su continua aparente duda.

—Exactamente. Pero la de cada hombre es diferente. Uno es Telépata,


otro es un Pirómano… —Se calló con una expresión de tristeza
ensombreciendo su rostro antes de que continuara—. Resultó que ellos
habían poseído estas tendencias desde la infancia, pero después de que
empezaron a convertirse, el poder de sus dones se había incrementado
varias veces.

—Asumiendo que puedo creer lo que estás diciendo, ¿cuál es el así


llamado don de Micah? —No podía esperar para escuchar esto.

—Él era… o es… un Caminante de sueños. El equipo y los doctores de


aquí me dijeron que tu hermano podía, literalmente, visitar los sueños
de las personas para comunicarse.

Las piernas de Rowan se debilitaron y se sentó de nuevo en la silla con


fuerza. Instantáneamente, se transportó al pasado cuando ella y Micah
eran niños. Al crecer, ella había tenido sueños en los que hablaba con
su hermano sobre cualquier cosa, y claramente recordó que en varias
ocasiones había comparado las notas y descubrió que habían tenido el
mismo sueño. Pero un montón de gente tenía de esos. ¿No?

No, no los tenían. No el mismo sueño al mismo tiempo. ¿Y si…?

Su mente daba vueltas con las implicaciones, y la verdad era que


estaba arrancando sus entrañas.

—No he soñado con mi hermano en casi un año.

—Eso no significa que esté muerto —dijo Nick suavemente.

—A diferencia de lo que me dijo su compañero, el General Grant —


replicó, golpeando con impaciencia una lágrima descarriada.

—Eso se hizo en contra de mi mejor juicio.

—Y sin embargo, no rectificaste su mentira.

—Primero quería algo sólido para darle a la familia de Micah —dijo con
firmeza—. Grant estaba de acuerdo en no dar a los familiares falsas
esperanzas, y no quería la lista de preguntas que la palabra “perdidos”
provocaría. No estoy de acuerdo con que deberíamos haber afirmado
que estaban muertos, sin los cuerpos para probarlo.

Ella casi podía sentir sus entrañas desmoronarse bajo el peso de todo lo
que había aprendido. Especialmente sobre el hermano que amaba más
que a su propia vida. Si él podía caminar en sueños, y todavía no había
visitado los suyos en meses, las posibilidades eran que realmente se
había ido. A pesar de la mentira de Grant.
—Afortunadamente, tengo algo que puedo compartir contigo.

Con una sacudida en su espina dorsal, trabó su mirada con la de él.

—Estoy escuchando.

—Hace unas semanas mi equipo condujo una operación de rescate en


una instalación, donde algunos experimentos desagradables habían
estado llevándose a cabo en cambiaformas y humanos. Una vez allí,
uno de mis hombres juró haber captado el olor de Micah.

—¿Su olor?

—Sí. Los lobos tienen un sentido del olfato excelente. Podemos


diferenciar la firma de cada olor individual y no olvidarlo nunca.

—Claro que pueden. —Jesucristo en tutú—. Así que, ¿era el de Micah?


¿Tienes alguna otra evidencia?

—En realidad, la tenemos. Uno de los cambiaformas que rescatamos


nos dijo que un hombre llamado Micah, quien había sido guardado en
una jaula cercana, había sido trasladado unos días antes de que
hiciéramos una redada en el lugar. Tenemos motivos para creer…

—Espera. ¿Estás diciéndome que alguien se llevó a mi hermano, le puso


en una jodida jaula y luego le trataron como un maldito animal por
cualquier retorcida razón?

Nick suspiró, pareciendo cansado.

—Sí, eso es lo que estoy diciendo. El hombre también encaja con la


descripción de tu hermano.

—¿Qué están haciendo esos idiotas con mi pequeño hermano? —


preguntó con su voz suave y peligrosa.

Para su crédito, Nick no se anduvo con rodeos.

—Hemos descubierto que una empresa con el nombre de NewLife


Technology, dirigida por Orson Chappell, tiene un proyecto secreto. Su
meta es conseguir el ADN de los cambiaformas y los hilos genéticos,
para combinarlos con los humanos y transformarlos en una nueva raza
de soldados invencibles.

—¿En términos sencillos?

—Están intentando crear súper cambiaformas con habilidades


psíquicas, y esperan producirlos en masa como en una fábrica de
automóviles producirían coches. Si tuvieran éxito, la humanidad tal y
como la conocemos es historia —refunfuñó—. Chappell también está
asesinando a gente en ese proceso. Puedes apostar a que sus razones
no tienen nada que ver con mejorar este país o salvar vidas, sino que
involucra su propio poder y codicia.

Rowan le miró boquiabierta, intentando asimilar esa nueva información.


Los segundos pasaban mientras el hombre la miraba.

—¿Y cuál es la diferencia de lo que tú estás haciendo aquí? Porque


desde donde estoy, he sido engañada y timada sobre la única familia
que me queda. ¿Cómo sé que no estás dando vuelta la historia
completamente y que ustedes no son los chicos malos?

—Esa es una pregunta justa. Pero permíteme preguntarte esto, ¿por


qué te hemos dado la bienvenida como cambiaformas en vez de hacerlo
como humanos cuando podríamos haber mantenido esa parte de
nosotros en secreto? Podríamos habernos encontrado contigo con una
demostración de fuerza, te alejaríamos y nunca nos habrías descubierto
o lo qué está pasando con Micah.

—Pero no me hiciste marcharme, y todos ustedes me mostraron uno de


sus secretos.

—Exactamente.

Y no le habían hecho daño de ninguna manera. Le habían mostrado su


punto débil, por así decirlo, y no la habían atacado. De repente eso la
golpeó.

—Querías ganarte mi confianza. Para mostrarme que son los buenos.

Él sonrió.

—Bueno, no sé si buenos. Pero como a mis hombres les gusta decir, no


somos los chicos malos por los que tienes que preocuparte.

De acuerdo. Eso parecía lógico. Pero nada de eso era muy reconfortante.

De repente, estaba tan condenadamente cansada. Su mente no podía


soportar más.

—Todo esto está tan desordenado —murmuró, empujando un mechón


de pelo de su cara.

El humor negro coloreó su respuesta.

—Sin argumentos ahí.

—Así que, ¿qué hace tu equipo Manada Alfa?


—Somos una especie de ejecutores. Nos preocupamos de los problemas
paranormales que aparecen de repente por todo el mundo.

Ella no pudo evitarlo, una risa se le escapó, la cual, estaba ausente de


humor y un montón de astucia.

—¿Aparecen de repente? ¿Cómo el sarampión? ¿De qué estamos


hablando aquí, de fantasmas y ghoulies8?

—Sí. Y mucho peor.

El hombre también dijo eso con una cara seria.

—De acuerdo. Picaré. ¿Cómo qué?

—Vampiros, todo tipo de cambiaformas salvajes, brujas, demonios.


Nómbralo como quieras. Si algún ser en la comunidad paranormal está
causando estragos, somos llamados para capturarlo o eliminarlo. A
algunos de ellos los traemos para ser sometidos a rehabilitación.
Conocerás al resto de nuestros residentes muy pronto. —Se encogió de
hombros como si enfrentarse con esas criaturas fuera un hecho
cotidiano.

—Y supongo que puedes probar todas las cosas que estás diciéndome.

—Puedo, aunque puedo sentir que ya estás empezando a creerme lo


quieras o no.

—Todavía quiero una prueba sólida. —Se dio cuenta de que él no


parecía preocupado con eso, lo que significaba una de dos cosas: él
sabía que ella no estaría ahí el tiempo suficiente para que eso fuera un
problema, o de verdad podía presentar las pruebas que ella quería. En
cualquier caso era preocupante—. ¿Qué hay sobre ti? Dijiste que
solamente habías conocido a esos chicos unos meses, así que, ¿cómo te
volviste lobo? ¿También fuiste atacado?

—No. Yo nací cambiaformas.

Otra sorpresa, con la que no pudo contener su expresión.

—Eso está… claro. ¿Tu familia era…?

—Mi familia no está en discusión —dijo con frialdad.

8 Ghoulies: es una serie de películas de terror en tono humorístico. El argumento


básico consiste en un grupo de adora dores satánicos , convocan a unas criaturas
denominadas ghoulies, las cuales acaban siempre encontrándose en libertad y
haciendo fechorías.
Guau, el descenso de temperatura podría haber conseguido que se
congelara. Mensaje recibido.

—Oye, mi error. No puedes culparme por ser curiosa después de


escuchar todo esto. ¿Sin resentimientos?

El hombre se relajó un poco y asintió.

—No, en absoluto.

Ella dudó.

—Suponiendo que yo pudiera, en un trillón de años, digerir que ustedes


luchan contra criaturas míticas ¿por qué me lo aclaran? ¿Por qué no
me dices solo que Micah está muerto y me envías por mi camino?

—Podría hacerlo —reconoció—. Pero tú ya te has enterado de nuestro


complejo y vi inmediatamente que no eres del tipo de persona que se
desanima una vez que estás de cacería. Tú y yo, somos similares en esa
manera.

—Bastante cierto.

—Además, tu viaje te guió aquí por otra razón además de encontrar a tu


hermano. Una muy importante.

—¿Qué...? Oh. Más cosas psíquicas, ¿eh?

—PreCog y sí.

—Lo que sea. —Ella resistió la urgencia de girar sus ojos. Casi. Pero no
pudo evitar la curiosidad sobre su misteriosa declaración—. ¿Qué otra
razón habría?

Él pareció incómodo durante un segundo, luego sacudió su cabeza.

—No puedo decirte eso. Como regla, intento no influenciar en las


decisiones de las vidas de otros, lo cual significa que no interfiero con el
libre albedrío.

—Bueno, gracias, Gran y Poderoso Mago de Oz —dijo ella inexpresiva—.


Eso es realmente útil. ¿Ahora qué?

—Tenemos una nueva pista —re veló, estudiándola intensamente—. Una


que podría llevarnos a Micah y a otro de nuestro equipo, Aric Savage,
quien fue capturado por este mismo grupo hace unas pocas semanas
durante una operación que salió mal.

—Esas son las mejores noticias que he oído en todo el año… la parte
sobre la pista, no la de cagarla. —Una emoción de excitación encendió
su sangre de policía—. Así que, ¿cuál es el plan? ¿Cuándo nos vamos?

—El plan es, que la Manada Alfa va a ir con la esperanza de capturar a


tantos de la organización como sean posibles, y rescatar a nuestros
hombres junto con cualquier persona que esté capturada. Tú te
quedarás aquí.

Su columna se enderezó.

—De ninguna maldita manera. Soy policía, ¿recuerdas? No puedo


volverme peluda y no tengo ningún genial talento supernatural, pero
suena como a que ustedes necesitan toda la ayuda que puedan
conseguir, con la pérdida de miembros de tu equipo a diestra y
siniestra.

—Puedes ser policía, pero en mi mundo eres civil. No puedo ser


responsable de que te maten. ¿Qué se supone que le diré a tu hermano
cuando le traiga de vuelta y se entere que te permití ser herida, o peor?

Tenía sentido cuando lo ponía así. El jefe de la Manada no quería cargar


con el muerto si algo le ocurría.

—Está bien —dijo ella con indiferencia—. Puedo vivir con eso. No
querría que te sintieras culpable si consigo que mi culo sea destrozado.

Los penetrantes ojos azules de Nick se estrecharon con sospecha.

—¿Por qué tengo la sensación de que estoy siendo engañado?

Por primera vez desde la reunión con el jefe de la Manada, ella sonrió.

—Yo te diría que no necesitas ser un maldito psíquico para saber eso.

***

Cuando la puerta de su oficina se cerró detrás de Rowan Chase, Nick se


sentó en su silla y removió una mano a través de su pelo con un
suspiro de cansancio. La llegada de la hermana de Micah era una
complicación que no necesitaba ahora mismo. Pero no podía negar que
ella iba a ser muy importante para el equipo.

Y para un hombre en particular.

Un golpe interrumpió sus pensamientos, levantó la mirada para ver a la


incorporación más nue va de la Manada Alfa, abriendo la puerta y
asomando su cabeza dentro.

—¿Tienes un minuto?

—Seguro, pasa.

Kalen Black pasó adentro y se quedó delante del escritorio de Nick, con
las botas extendidas y los brazos cruzados sobre su pecho. Como
siempre, Nick luchó por no mirar fijamente al chico vestido de gótico en
su habitual conjunto negro, pero para bien o para mal, el joven hombre
demandaba atención a donde fuera.

El pelo de color negro azabache como el de una estrella del rock caía en
desordenadas capas alrededor de su cara y en los hombros de su
maltratado abrigo de cuero. Debajo, llevaba una camiseta de malla y los
pantalones vaqueros metidos en botas hasta la pantorrilla adornadas
con hebillas de plata. Las uñas pintadas de negro adornaban los fuertes
dedos los cuales se clavaron en sus bíceps, y el notable Kohl 9
bordeando los ojos del color esmeralda, que le devolvieron la mirada a
Nick resueltamente.

Sin embargo, su residente Hechicero y Nigromante, quien era también


un cambiante pantera, no era un buscador de atención. Graduado en la
Escuela de Raramente Golpeo, a Kalen simplemente le importaba un
carajo lo que todos pensaran de él. El chico poseía el poder más crudo,
que cualquier ser con el que Nick se hubiera cruzado. Y le hacía
sentirse realmente como un maldito viejo, que era la triste verdad.

Si el equipo supiera qué edad tenía, ellos nunca lo creerían.

—La mujer, la señorita Chase —apuntó Kalen—. ¿Asumo que está


relacionada con el miembro de la Manada con el mismo apellido?

—Rowan es la hermana de Micah —confirmó Nick—. Pero como


ninguno de nosotros conocía a Micah, adivino que realmente no estás
aquí para hablar sobre el lobo perdido o su hermana.

La expresión neutral del Hechicero se oscureció. Lentamente, descendió


en una de las sillas opuestas a Nick, descansando los codos en las
rodillas, y poniendo la cara en sus manos. Así fue como Nick notó que
el pendiente plateado del pentagrama que el joven llevaba alrededor de
su cuello, el cual nunca se quitaba, estaba faltando.

Un escalofrío de temor se disparó a través de sus venas, y se enderezó.

9 Kohl: lápiz para ojos.


Había aprendido a no ignorar nunca el débil comienzo de una visión.

—¿Dónde está tu collar? —preguntó rápidamente.

La cabeza de Kalen se levantó, su cara grabada con resignación.

—Alguien lo necesitaba más que yo.

La sensación de temor se enraizó y comenzó a florecer.

—¿Se lo diste de Mackenzie? Maldición, chico...

—Eso no es discutible —dijo Kalen firmemente, levantando una


mano—. Solo estoy aquí para hacerte saber que me voy.

—¿Tú qué?

—Mira, aprecio todo lo que has hecho. Nadie más excepto mi abuela dio
una mierda por mí, o incluso preocuparse lo suficiente para darme una
oportunidad de hacer algo con mi vida. Pero tú fuiste diferente —dijo el
Hechicero tranquilamente—. Eso significa más para mí de lo que nunca
sabrás, pero es hora de que vuelva a la carretera.

Nick estudió a Kalen durante varios largos momentos. La caída de los


hombros del hombre, la tensión alrededor de su boca y el cansancio en
sus ojos, le decía a Nick que su recluta más nuevo no quería seguir pero
sentía que debía.

—No. No es aceptable.

El otro hombre parpadeó.

—No puedo quedarme. No lo comprendes.

—Entonces ponme al día con el problema y trataremos con él.

—No creo que vaya a ser tan simple —Una triste risa se escapó de sus
labios—. Como si algo lo fuera por lo que sé.

—Cuéntamelo, hijo —urgió él, inyectando toda la calidez y confianza en


su voz de la que podía exhibir. Después de un largo momento, el joven
hombre asintió.

—El pentagrama me fue entregado por mi abuela —comenzó él,


mirando sus botas—. Ella una vez me dijo que había sido
manufacturado hacía siglos por un maestro Hechicero, y hechizado
incluso como una protección contra el mayor poder maligno. Nunca
estuve seguro sobre algo de eso, hasta recientemente, pero era un
regalo de ella y era especial para mí.
Nick frunció el ceño.

—Entonces ¿por qué se lo diste a Mac?

—Porque ella necesita protección y es el talismán más fuerte, el único,


que tengo para dar.

—¿Por qué necesita protección? ¿Esto tiene que ver con el ataque?

Hacía un par de semanas, Kalen y Mackenzie habían ido a la ciudad por


separado y se habían metido en problemas con una de esas asquerosas
criaturas aladas con las enormes bocas llenas de afilados dientes, como
la que él había encerrado en la celda del sótano. Los dos casi habían
sido asesinados por la maldita cosa, y lo hubieran estado si Kalen no
hubiera ganado la partida enviándolo al infierno.

—Sí. Recuerda, eso la arañó y me mordió. Lo que no te dije es que


Mackenzie comenzó a oír una voz. Una siniestra que le dice que haga
todo tipo de cosas malas —Su expresión era desolada—. Intenté todo,
cada hechizo que sabía, pero no pude deshacerme de ella. El bastardo,
quien quiera que sea, la estaba conduciendo a la locura. Literalmente.

Nick se puso de pie e hizo su camino alrededor del escritorio, colocando


su trasero en el borde y diciéndose que no arremetiera contra el joven
hombre por esconderle esto tanto tiempo. Lo que importaba ahora era
conseguir respuestas. Esperó.

—Así que puse el pentagrama alrededor del cuello de Mackenzie y le dije


que nunca se lo quitara. Parece ser que funciona.

—Está bien, entonces si ella está bien, ¿por qué sientes la necesidad de
irte?

—Porque ahora el bastardo está en mi cabeza —dijo Kalen


miserablemente—. Es un ser muy distinto e inteligente. Esos malditos
de las grandes bocas trabajan para él.

Nick le miró, pasmado.

—¿Él admitió eso?

—Sí, y no es todo. Dijo que sabía al volver loca a Mac, él me forzaría a


darle el colgante, dejándome vulnerable para sus maquinaciones. Soy al
único que quería todo el tiempo. De alguna manera sabe muchas cosas
de mí, quiere usarme… y tengo miedo de que él lentamente gane la
batalla.

El temor que había echado raíces se transformó en terror. ¿Qué entidad


en el universo tenía semejante fuerza psíquica que podía manipular a
un Hechicero quien tenía pocos rivales?

Solo había dos posibles seres en esa lista, y cada uno de ellos tomando
el control de Kalen, sería un desastre para todos. ¿Y por qué? ¿Cuál es
su máximo objetivo?

Primero, tenían que contener la amenaza.

—Kalen —dijo él—. No puedo dejarte ir. ¿Comprendes lo que estoy


diciendo?

El Hechicero le miró durante un largo momento, luego tragó fuerte.

—Si me voy, tú me cazarías para matarme.

—Si te vuelves salvaje y luchas contra nosotros, sí. No tendré otra


opción. Pero si te quedas, te vigilaremos y haremos todo lo que podamos
por liberarte de su influencia, quienquiera que sea.

—Entonces creo que no tengo otra elección excepto quedarme —dijo él


amargamente.

—Siempre hay una opción.

—¿Qué me va a ocurrir? —Los ojos verdes se clavaron en Nick,


suplicando por la verdad.

La visión que había estado amenazando finalmente explotó en el cerebro


de Nick. Su cabeza cayó hacia atrás cuando la oficina desapareció y se
encontró atormentado por el dolor, arrodillado en medio de un campo
mientras la fría lluvia azotaba como agujas y los rayos rompían el cielo,
y luego bajaban para quemar el suelo.

Todo a su alrededor, sus hombres luchando con criaturas fantasmales


del infierno y más allá. Perdiendo terreno con cada minuto que pasaba.
Enfrentando su muerte.

Y en lo más alto de una cima, estaba de pie el Hechicero con su vara,


mojado. Gritando a los cielos por la ayuda que no vendría.

Una detonación sacudió el suelo y todo estuvo perdido en un torbellino


de viento y lluvia. De sangre y lágrimas. El mundo desapareció.

—¡Nick!

Muerto. ¿Estaba muerto?

—¡Nicky!
Los ojos de Nick se abrieron y jadeó, succionando el aire en sus
pulmones. Kalen estaba agachado en el suelo enfrente de él, sacudiendo
sus hombros, con una expresión aterrada.

—Estoy bien —dijo con voz ronca.

—¿Estás seguro?

—Sí. —No.

—Jesús —respiró Kalen. Poniéndose de pie, dio un paso hacia atrás—.


Me has asustado un montón.

—Lo siento, chico —Él tomó unas pocas respiraciones firmes.

—Nick, ¿voy a morir? —preguntó suavemente.

Oh, Dios. ¿No comprendes que no te lo diría ni siquiera si pudiera?

—Todos morimos alguna vez. Pero sé lo que quieres decir, y


honestamente no puedo decírtelo porque no vi eso.

Técnicamente, era cierto.

—¿Le voy hacer daño a alguno de mis amigos? ¿A inocentes?

—No lo sé.

Los segundos pasaron en un pesado silencio.

—Está bien —suspiró Kalen—. Me quedaré.

—Bien. Mantenme informado sobre cualquier desarrollo con la criatura.


Mientras tanto, prepárate para salir. Tengo la sensación de que eso
acabará por guiarnos al lugar donde están siendo retenidos Aric y
Micah y pronto.

—Lo haré.

Con eso, el Hechicero salió y dejó a Nick solo.

Tan solo. Como lo había estado durante los pasados dos siglos y medio.
Traducido por Alexiacullen, Eli25 & Rihano

Corregido por Edgli xD

na feroz discusión llegó a los oídos de Aric mucho antes de que


los combatientes llegaran a la vista. Las voces de una mujer y un
hombre. No, dos o tres hombres. ¿Beryl y quién más? No podía
distinguir sus palabras enojadas sobre el rugido en sus oídos y los
golpes en su cabeza y decidió que no importaba de todas formas. No
quedaba mucho de él más que un pedazo de carne colgando de las
cadenas y la malvada hermanastra cortaría en pedacitos el resto lo
suficientemente pronto.

¿Había alguien en el planeta que le importara una mierda lo que le


sucedía?

Normalmente no era un tipo dado a la introspección, pero no había


nada que hacer en este infierno excepto pensar. Cuanto más tiempo
permanecía como su invitado especial, más erosionaban su confianza
los demonios gemelos de la duda y el miedo, desentrañando los hilos
que mantenían junta su cordura.

Pero quizás perder el juicio no era un mal negocio.

Cuando los pasos se le acercaron, le vantó ligeramente su barbilla para


mirar de cerca al grupo a través de su cabello largo, rojo y sucio.
Deseaba no haberlo hecho, porque incluso además de Beryl, la mirada
de los tres hombres, dos en batas de laboratorio y otro idiota, que
obviamente era el músculo contratado, le heló el alma de la manera en
que nada más podía hacerlo.

Excepto por su acalorada conversación.

—… mejor agradece que no estoy haciendo una llamada de teléfono —


dijo uno de los hombres con frialdad. Era corriente en altura y
apariencia, con pelo castaño. Fuera de este lugar, nadie le daría una
segunda mirada.

—Hazla, Bowman —replicó Beryl con una sonrisa de satisfacción—. Y


veamos a quién le echa las culpas. Tú eres el empleado, no yo.
Enfrentarás su ira por dejar a un sujeto en pruebas escapar.

Doctor Gene Bowman de NewLife Technology. El ex supervisor de la


nueva pareja de Jaxon Law, Kira Locke. El sudor rodaba por el rostro
de Aric.

Bowman permaneció impasible.

—Honestamente, si piensas que abrir tus piernas para algún demonio


va a protegerte de cualquier consecuencia de lo que has hecho,
tristemente te estás engañando. Este proyecto es mucho más grande y
más significativo que tus insignificantes juegos. Lo que estamos a punto
de lograr es enorme, y él no dejará que nada se interponga en su
camino, especialmente no una mediocre bruja zorra que fácilmente es
reemplazada en su cama.

Aric se perdió la réplica cabreada de Beryl. Su cerebro estaba


demasiado ocupado tambaleándose por la sobrecarga de información.
¿Demonio? ¿Eso era un insulto contra Orson Chappell, o Bowman había
querido decir “demonio” en el sentido literal? Todo era posible,
incluyendo la idea de que Chappell no era la cabeza de la serpiente, algo
que Nick y el equipo habían temido. Sea quien fuera el canalla cabecilla,
Beryl estaba durmiendo con él.

Bowman se giró hacia el hombre musculoso y el otro tipo con la bata de


laboratorio.

—Bájenlo de allí y llévenlo al laboratorio para prepararle.

Antes de ese momento solo había pensado que había conocido el miedo.

El médico más alto y el cabeza hueca soltaron sus muñecas, dejándolo


caer. Con los brazos muertos por la poca circulación, flojos como fideos
cocidos, plantó su cara en el suelo sucio de hormigón con sus piernas
todavía conectadas a la pared, con las piernas y los brazos en cruz.

Era el momento más degradante de su vida.

Luego, el médico y el tipo musculoso le arrastraron, de forma fácil


teniendo en cuenta todo el peso que había perdido, uno le llevaba por
debajo de sus brazos, el otro tomando sus tobillos. Llevado boca arriba,
con el cuerpo desnudo expuesto y sin que a nadie le importe, su
cadáver no era mejor que un número para anotar en sus sórdidos
archivos.

Después de subir en un ascensor, intentó hacer un seguimiento de las


vueltas y giros que hacían, pero simplemente estaba demasiado
agotado. Desanimado. Bastantes minutos después, se encontró en un
espacio marcado que claramente se parecía a una sala de operaciones.

Fue entonces cuando se dio cuenta del desagüe en el suelo de baldosas.

Cuando lo colocaron de espaldas en una mesa de acero, comenzó a


luchar, tratando de llamar a su fuego o su lobo. A cualquier cosa. Pero
los “dones” que normalmente maldecía le habían abandonado cuando
más importaban y su rebelión duró poco. Una aguja se deslizó en el
hueco de su brazo derecho y una fría quemadura se filtró a través de la
extremidad, estirando sus dedos helados a través de su pecho. De
pronto, tenía problemas para respirar, ya fuera por la medicación o por
el pánico puro que no conocía.

La lenta congelación se deslizó por su estómago, ingle y piernas. Con el


frío se dio cuenta de que no podía moverse en absoluto, aunque su
mente permanecía consciente.

El rostro odioso e inocuo de Bowman apareció sobre él, sonriendo


vagamente.

—Consuélate con el pensamiento de que esto es para el más grande


triunfo de la humanidad. Ahora relájate. —Al otro médico, le dijo—:
Anota que el experimento con número cinco cincuenta y dos ha
comenzado.

—¿Qué… qué están haciéndome? —articuló. Su lengua se sentía pesada


como una manta mojada, sus pensamientos se volvían perezosos. Echó
un vistazo a la luz brillante sobre su cabeza y esta se cuadriplicó, como
lo hicieron las caras sobre él.

Nadie respondió su pregunta. Sus piernas fueron extendidas y sujetas


con restricciones, y lo mismo con sus muñecas a sus lados.

Un bisturí apareció en la mano de Bowman mientras seguía dictando el


procedimiento y los resultados a alguien que Aric no podía ver.

—El sujeto está desnutrido y deshidratado, con cortes y lesiones en las


últimas etapas de infección sobre un cuarenta por ciento de su cuerpo.
Tomamos muestras de ADN y semen del sujeto para determinar su
viabilidad a nuestra causa.

¿Semen? ¿Qué carajos?

—¿Porcentaje de probabilidad de programar al sujeto cinco cincuenta y


dos para la conclusión? —entonó una voz como robótica.
—Informaremos.

—Gracias doctor.

¿Sí? Que te jodan mucho, doctor.

Centrado en su misión, Bowman respondió con solo un gruñido


mientras bajaba el bisturí hacia el centro del pecho de Aric, solo a un
milímetro por debajo de su esternón. El instinto de Aric era luchar,
intentar jalar sus ataduras, conseguir liberar su manos y quemarlos a
todos, pero de nuevo, no pasó absolutamente nada. Solo podía ver como
la pequeña hoja gradualmente se deslizaba dentro de su piel, partiendo
la superficie como mantequilla caliente. Había presión pero no dolor,
algo extraño y aterrador cuando un loco tenía acceso total a su cuerpo y
no podía hacer una maldita cosa para detener al imbécil.

La presión aumentaba, el cuchillo excavaba más profundo. Tan


profundo que juraba que el doctor estaba cortando directamente su
corazón. Quizás lo estaba haciendo. Aparentemente satisfecho con su
corte, el doctor sacó el cuchillo ahora ensangrentado, lo puso sobre una
bandeja cercana y tendió su mano para un nuevo instrumental. Un par
grande de lo que Aric pensó que eran unas pinzas de gran tamaño
fueron deslizadas en las palmas de Bowman y levantó aparte la carne
cortada, insertando las puntas. Una extraña sensación tirante en su
pecho, acompañada ahora por un poco de dolor, le quitó el aliento.

Bowman alzó las pinzas. Los ojos de Aric se abrieron como platos al ver
un pedazo de su propio tejido colgando del instrumento. Si hubiera sido
capaz, hubiera conseguido vomitar violentamente. Tal como estaba la
cosa, el procedimiento se repitió dos veces más mientras Aric intentaba
desesperadamente pensar en algo excepto en lo que le estaban
haciendo. La medicación le permitía que cerrara sus ojos, pero no podía
dejar de mirar.

La última muestra de carne fue entregada a un asistente.

—Entra y comprueba las muestras del tejido del corazón del sujeto
cinco cincuenta y dos. Quiero saber si su ADN y sus hebras genéticas
son compatibles para fusionarse con el sujeto humano dos veintinueve.

—Sí doctor. —El asistente desapareció.

Y algo espeluznante se ocurrió a Aric: el hecho de que Bowman no se


había molestado en ponerle a dormir y estaba discutiendo abiertamente
el procedimiento cuando él y sus jefes sabían que la Manada Alfa estaba
sobre ellos, significaba que se suponía que Aric no debía sobrevivir.
Cuando hubieran hecho uso de su cuerpo, lo matarían.

Bowman continuó, moviéndose hacia abajo para quedarse cerca de las


piernas extendidas de Aric.

—Ahora obtendremos la muestra de semen de cinco cincuenta y dos.

El escalpelo fue devuelto a Bowman, y el cerebro de Aric dio vueltas con


temor cuando las manos cubiertas de látex del médico levantaron sus
testículos. Solo cuando el cuchillo descendió se dio cuenta de que el
agente anestésico debía estar desapareciendo. ¡Jodidos bastardos!

El dolor era extraordinario; ambos, frío y caliente, como nada que


hubiera sentido jamás. Ni siquiera cuando había sido atacado y se
convirtió en un lobo. A pesar de la medicación paralizante, su espalda
se arqueó en la mesa.

Y el lobo rojo aulló una y otra vez, pero solo en su mente.

***

—Hola, ¿puedo ayudarte?

Rowan se giró hacia la persona que hablaba con una medio respuesta
formada en afirmativo… la cual murió rápidamente en sus labios. De
pie delante de ella había un hombre alto, esbelto, imposiblemente
hermoso vestido con vaqueros ajustados y una cómoda camiseta de la
marina.

Y sí. El tipo tenía el cabello largo y suelto color azul zafiro que hubiera
pensado que había sido teñido por Miss Clariol 10, si no fuera por las
alas a juego.

—Bueno, que me jodan —dijo sin pensar.

Los ojos dorados brillaron con humor.

—Es una idea interesante. ¿Podría al menos tener tu nombre primero?

Eso la sorprendió con una sonrisa y le tendió la mano.

—Rowan Chase, LAPD. ¿Y tú?

El hombre, o lo que fuera, tomó su mano pero en lugar de darle un

10 M iss Clariol: Marca de tintura para el cabello.


firme sacudón, la giro y colocó un beso sobre su palma.

—Algunos me llaman Blue, pero mi nombre real es Sariel, y soy un


antiguo príncipe de la corte Seelie. Ahora, soy un asistente del Bloque
R, donde ayudo a Kira Locke a supervisar la rehabilitación de las
criaturas de otro mundo desplazadas y heridas.

Su piel hormigueaba donde sus labios la habían tocado y ella retiró la


mano lentamente, parpadeando hacia él. De… acuerdo.

—¿Seelie? ¿Qué diablos es eso?

—Soy un Fae —dijo orgullosamente—. O si lo prefieres un hada.

Ella lo miró desde su gloriosa cabeza a los pies, que lucía un elegante
par de Doc Martens 11 . Mientras que el pedazo hermoso de hombre
parecía como que pertenecía a una pasarela de París, no se parecía a
ningún hada en su libro. Pero bueno, mientras fuera feliz.

—Fae entonces.

—¿Qué es L-A-P-D? —preguntó, deletreando las letras minuciosamente,


como si fueran ajenas a él.

—Eso significa Policía del Departamento de Los Ángeles. Soy policía,


estoy aquí por asuntos personales.

El entusiasmo iluminó su rostro.

—¡Oh! He visto a esos en la televisión, capturando y disparando a los


tipos malos —dijo, haciendo una pistola con el pulgar y el índice.

Su entusiasmo hubiera sido lindo si no hubiera sido por la visión de


Luis García muerto en el suelo sucio que aún acechaba su cerebro.

—No todo es divertido y jugar —respondió de forma cortante—. Esa


gente en la tele son actores y rara vez muestran las cosas bien.

Su sonrisa desapareció.

—Lo siento. Solo es que todavía estoy aprendiendo tanto sobre su


mundo que hasta ahora me he dejado ir cuando reconozco algo
familiar…

11 Dr. M artens: es una marca de calzado, a menudo conoci da como Doctor Martens,
Doc Martens, Docs o DMs. La marca se caracteriza por las suelas con amortiguación
de aire, apoda das bouncing soles ('suelas robustas'), desarrolladas por el doctor
alemán Klaus Martens. Las botas han si do especialmente populares entre escritores,
skinheads y punks.
—Hey, no te preocupes. —Ahora se sentía mal por arruinar su
diversión.

Encogiéndose de hombros, él continuó.

—De todos modos, debes ser una mujer muy digna de tu clase para
tener un trabajo tan importante.

—Dile eso a los medios de comunicación y al público en general.

—¿Qué? —Su frente se arrugó.

—Nada. —No podía creer que estuviera teniendo esta conversación,


cualquier conversación, con un tío de pelo azul que llevaba alas—.
Dime, ¿a dónde va una persona hambrienta para conseguir algo de
comer por aquí?

Sariel se iluminó otra vez y le ofreció el brazo.

—Al comedor. Y estás de suerte porque es la hora de la cena. Te


acompañaré.

—Suena bien. Me podía comer un animal atropellado justo ahora


mismo. —Tomando el brazo del hombre, le vio arrugar la nariz y no
pudo dejar de reír—. Relájate solo es un dicho. No como animales
muertos del pavimento.

—¡Es bueno saberlo! —Su alivio era palpable.

Sariel la guió de vuelta a través del laberinto por el que había llegado,
pero cuando alcanzaron el vestíbulo donde su habitación estaba
localizada, él giró en una nueva dirección. Después de unos pocos
minutos, terminaron en un gran salón, como prometió. Como el resto
de este lugar, la habitación estaba diseñaba para crear un sentimiento
hogareño.

Varias mesas largas ocupaban el espacio, hechas para hospedar a un


número de personas y aun así preparadas para conversaciones más
íntimas que las que habría solo en una enorme mesa. En el centro de
cada mesa había surtidos de comida, servidas con estilo familiar. Y
alrededor de las mesas habían unos pocos hombres y unas mujeres
esparcidos. Muchos de las cuales habían dejado de hablar y estaban
comprobando al novato. Rowan buscó a Mackenzie, esperando por una
cara familiar, pero no la vio.

—Hola, Blue —llamó alguien—. ¿Quién es tu amiga?

—Ella es Rowan Chase —anunció Sariel, ignorando la ligera


incomodidad o desconociéndola—. Aparentemente es nuestra invitada
por un rato. Vamos.

Él la empujó hacia una mesa cercana donde una pequeña mujer rubia
estaba sentada con un apuesto hombre de pelo negro con perilla y otros
dos tipos que había visto en la puerta. Al menos ahora estaban
vestidos. El lenguaje corporal de la rubia y el hombre de perilla, por la
manera en la que estaban sentados cerca, el gran bruto inclinado hacia
ella, hizo que Rowan pensara que estaban juntos. Rowan se sentó cerca
de Sariel, enfrente de los otros, mirando el bistec y las patatas cocidas
en medio de la mesa.

Su estómago gruñó, con suerte sin oírse debido a la charla que se había
reanudado a su alrededor. El tipo con perilla empujó los platos cerca de
ella y asintió.

—Ataca.

—Gracias. —Alcanzando el tenedor grande en el plato de carne, ella se


sirvió un trozo, poniéndolo en su plato, luego apuñaló una patata.

—Yo soy Jaxon Law, por cierto —dijo él y luego gesticuló a la rubia
metida en su costado—. Esta es mi compañera, Kira Locke.

¿Compañera? Está bien. Los lobos se emparejaban, ¿cierto? ¿Se


casaban, también? No vio ningún anillo en sus dedos.

Ella se dirigió a la otra mujer.

—Debes de ser quien trabaja con Sariel rehabilitando, um...

Kira sonrió.

—Básicamente, ayudamos a cualquier criatura o ser inteligente cuando


se pierden o son heridos y traídos a nosotros. Ahora mismo tenemos un
gremlin, un basilisco, dos cambiantes rescatados y un lobo quien es...
—Ella se detuvo en la última parte de lo que estaba diciendo ante una
rápida sacudida de cabeza de Jaxon. ¿Qué fue eso?— De todas formas,
Nick va a proveer fondos para que construyamos un centro de
rehabilitación en las tierras para ese propósito especial.

—Eso es realmente genial —dijo ella y lo decía en serio—. No tengo un


hueso nutrido en mi cuerpo para encargarme de gente enferma, así que
solo puedo imaginar cuan duro debe ser cuidar algo que la mayoría de
la gente no sabe que existe.

—Estamos aprendiendo en el camino —señaló Sariel—. Tenemos


médicos aquí y Kira al menos tiene una ventaja por su entrenamiento
en el campo médico, especialmente en genética, y es buena con los
pacientes. Tampoco es como si administrar un centro como este se
hubiera hecho antes, y ciertamente no en mi reino, donde simplemente
echan a todos que son diferentes. —Una sombra cruzó sus gestos, pero
él la sacudió—. Aun así, el trabajo es gratificante cuando conseguimos
buenos resultados.

Después de una ronda de entusiasmo del grupo sobre el proyecto, un


hombre con el pelo negro un poco más largo que el de Jaxon habló
desde su lado.

—Soy Zander Cole, o solo Zan. Este es Ryon Hunter. —Él saludó al
hombre rubio a su otro lado, este tipo parecía un poco más joven que
sus amigos.

Ryon sonrió, abierta y amistosamente.

—Hola.

—Encantada de conocerlos a todos. —Su juicio aún no estaba


convencido de la verdad de esa afirmación, pero era una respuesta
amable. Ahora estaba ansiosa por llegar al corazón de su visita—.
Supongo ya les han dicho que soy la hermana de Micah. ¿Alguno de
ustedes lo conoce?

Su pregunta encontró expresiones precavidas mientras ella tomaba un


trozo de carne tierna. Qué mal que la preocupación por Micah tomara el
placer de su carne, como lo hacía con cada aspecto de su vida desde
que fue informada de que él había muerto.

Jaxon habló primero, señalándose y a sus dos amigos.

—Los tres estuvimos en los SEALs con él. Luego nos unimos a la
Manada Alfa, junto con Aric y Raven, quienes no están... con nosotros
en este momento. —Él paró, aparentemente negándose a adornar la
verdad.

Rowan miró al grupo.

—Está bien. Tu jefe ya me ha informado sobre qué es este lugar


realmente y lo que hacen para vivir. Soy policía y estoy acostumbrada a
tratar con hechos, así que no estoy segura de que crea totalmente todo
esto sobre conspiraciones y criaturas de otro mundo. Pero estoy
tratando de entender. —Ella disparó una mirada directa a Sariel por
énfasis. Cuando lo hizo, notó que él no había hecho ningún movimiento
para tocar algo de comida, pero ella no tuvo tiempo para preguntar por
qué.

—Es difícil no creerlo cuando es empujado en tu cara, ¿eh? —dijo Kira


en simpatía—. A.J. llegó a esa misma conclusión no hace mucho. Es un
ex oficial de policía, así que quizás los dos tendrán cosas en común. —
Ella gesticuló hacia un hombre que estaba sentado al otro lado de la
habitación con un enorme tipo calvo. Jaxon colocó un brazo alrededor
de la cintura de Kira y besó la parte superior de su cabeza.

Rowan se encogió de hombros.

—Quizás.

Jaxon llevó de vuelta el tema a Micah.

—Sobre tu hermano, todos pensábamos que él y otros miembros de la


Manada Alfa estaban muertos porque eso es lo que nos dijeron, al igual
que a ti. Estábamos devastados. Cuando Nick llegó a bordo, sabía que
los cuerpos estaban perdidos, pero fue ordenando no decir nada. No
estábamos felices por eso más de lo que debes estar tú, pero no le
culpamos. Nick no sabía con certeza si realmente estaban muertos…
solo lo que se le dijo.

Rowan sacudió su cabeza.

—Admitiré que estaba enfadada con tu jefe al principio, pero no le


culpo, tampoco. Solo quiero la verdad, y encontrar a mi hermano.
Incluso si se ha ido —añadió con voz ronca. Su apetito se fue.

Estirándose sobre la mesa, Zan dejó una mano sobre las suyas.

—Eso es todo lo que nosotros queremos también. Micah fue… es… un


hermano para nosotros. Ahora que estamos bastante seguros de que
está siendo retenido en alguna parte, vivo, nada va a detenernos de
traerle de vuelta. Y a los otros tipos, también, si están ahí fuera.

El calor envolvió su mano, viajando por su brazo a su corazón. La


agonía en su pecho disminuyó, y ella se preguntó si este era el talento
de Zan… aligerar el dolor de la gente.

—Sabemos que está Savage —señaló Ryon.

—Sí, el sarcástico hijo de puta. —Las palabras de Jaxon no tenían un


calor real, y su tono era triste, porque sus ojos rebosaban de culpa—.
Es culpa mía que él no esté aquí.

—Oh, cariño —suspiró Kira, abrazándole fuerte—. Tienes que dejar de


culparte. Que Aric fuera tomado es culpa de Chappell, no tuya.
Confusa, Rowan esperó a que alguien la iluminara. Zan accedió.

—El talento de Jaxon, aparte de su lobo, por supuesto, es que es un


Timebender12. Él literalmente puede manipular el tiempo hacia atrás,
pero no más de unos pocos minutos. Hace unas pocas semanas en una
operación de rescate, Kira fue asesinada y...

—Sin ofender, pero ella parece estar bastante bien para mí —


interrumpió Rowan, estudiando a la otra mujer.

Zan continuó mientras Jaxon miraba su plato.

—Eso es porque Jax manipuló el tiempo hacia atrás y la salvó. Pero eso
causó que Aric fuera tomado prisionero por el subordinado de Chappell
en su lugar.

—Uh-huh. —Su cerebro de policía se oponía a esto. Ella clavó a Jaxon


con una mirada de acero que había hecho que muchos sospechosos se
retorcieran.

—Muéstramelo.

—¿Qué?

Ella ondeó una mano.

—Si puedes doblar el tiempo, muéstramelo. Retrocede cuando entré


aquí caminando con el ángel.

—Fae —corrigió Sariel.

—Lo que sea.

Jax le dio una risa irónica.

—No puedo. No haría ningún bien.

—¿Por qué no?

—Porque no recordarías si lo hice. ¿Cómo sabes que no lo he cumplido


ya, y simplemente no estamos repitiendo la misma conversación?

Ella le miró unos pocos segundos, intentando procesar eso, luego bufó.

—Maldición, qué retorcida mierda. —Los hombres rieron, y ella supuso


que la broma era sobre ella. Impávida, sin embargo, y determinada en
conseguir algún tipo de prueba de esos dones sobre los que Nick le
había hablado, ella se dirigió a Zan—. Así que, ¿cuál es tu talento?

12
Timebender: Manipulador del tiempo.
Apuesto a que no puedes probarlo, tampoco.

—Soy un Sanador —dijo él, arqueando una negra ceja—. Y en realidad,


puedo. Ryon, dame tu mano.

El rubio levantó una mano.

—Hombre, solo no dejes cicatriz.

Zan giró la mano de su amigo con la palma hacia arriba, luego alcanzó
sus pantalones, extrayendo una navaja.

—Esto hará un corte más limpio que el cuchillo de bistec.

Los ojos de Rowan se abrieron de par en par.

—Espera un minuto. No quería decir...

—Solo observa. —Con una sonrisa, Zan abrió la cuchilla. Rápidamente,


la pasó a través de la palma de Ryon. Una delgada línea roja rezumó,
pero no demasiado—. ¿Ves eso? Su mano está sangrando, ¿cierto?

—Eso es —estuvo de acuerdo ella—. Creo que están locos.

Sin responder, Zan puso su palma encima de la de Ryon, alineando sus


dedos.

—Um, chicos, esa es una buena manera de pasar el VIH o la hepatitis


—avisó ella. Su patrulla estaba abastecida con guantes de látex en caso
de que ella se cruzara con alguien con sangre mientras estaba en su
deber, lo cual ocurría más a menudo de lo que uno podría pensar. Las
enfermedades transmitidas por la sangre siempre eran una
preocupación en su línea de trabajo.

Ryon parpadeó.

—Lo sería si aún pudiéramos contagiarnos de enfermedades humanas.

Antes de que ella pudiera responder a esa tontería, Zan levantó su


mano, girándola para que ella pudiera ver sus palmas.

—Ahora ambos tienen sangre. ¿Y?

Zan tomó su servilleta y la mojó en un vaso de agua cercano. Luego la


usó para limpiar la palma de Ryon y levantó la mano del hombre más
cerca de ella.

—¿Te importaría inspeccionarlo?

Inclinándose, ella miró fuerte la piel. Su piel perfectamente sin daño.


Ella agarró la muñeca de Ryon y frotó su palma con las almohadillas de
sus dedos. ¡Ninguna marca en absoluto!

—¡Qué me condenen! —Liberando a Ryon, se sentó de vuelta en su silla


y apartó la mirada del pequeño grupo cuando el impacto total de todo lo
que había visto y oído en su corto tiempo aquí la golpeó con plena
fuerza.

Realmente la golpeó. Micah era parte de un equipo de operaciones


negras paranormales, y el tipo de mal no humano realmente existía.
Como policía de Los Angeles, enfrentaba el peligro cada día, pero
incluso eso no podía ser comparado con el mundo con el que ella había
tropezado y ahora estaba hasta el cuello intentando sujetarse.

Llevo una placa, llevo una pistola, y hasta hoy caminaba con la confianza
de que sabía quiénes eran los chicos malos y estaba segura de mi
habilidad para manejarles. Entonces averiguo que soy un bicho
insignificante en el tallo del universo. Comida para monstruos.

Con la cena olvidada; agobiada, descansó sus codos en la mesa y


enterró su cara en sus manos. De ninguna manera estaba preparada
para esto. ¿Cómo demonios se suponía que ayudaría a Micah?

Una mano gentil frotó su espalda y ella se sobresaltó, sentándose


derecha para ver a Sariel. Su expresión era cálida y comprensiva. Nadie
excepto Dean se había molestado en consolarla en años, y el pequeño
acto de bondad casi la hizo flaquear. Pero no lloraría. Nunca lo hacía.

—Todo estará bien —dijo el hombre Fae, sonriendo débilmente—.


Confía en mí.

—¿Cómo, eres un PreCog como Nick?

—No. Pero no estás sin tus propios dones y tengo la sensación de que te
servirán en tu búsqueda.

—¿Te refieres a que tengo algún tipo de talento, como Micah? —Él
asintió y ella reavivó alguna idea. Pensó en la cosa sobre el Caminante
de sueños que Nick le había contado—. Genial. ¿Cuál es mi don?
¿Cómo lo sabes?

—Los humanos son tan impacientes. —Él suspiró, luego sacudió su


cabeza—. Cómo lo sé no es importante, y no sería tan efectivo para ti si
te dijera la naturaleza de tu don. Debes experimentarlo por ti misma
para aceptarlo y usarlo.
—Genial. Quiero respuestas y consigo a Yoda 13 como compañero —
murmuró ella.

—¿Quién? —Sariel parecía desconcertado y el resto del grupo se echó a


reír.

—Creo que ella va a encajar perfectamente —dijo Ryon.

Antes de que alguien pudiera hacer comentarios, un chico gótico entró


el cual llamó no solo la atención de Rowan sino la de todo el mundo en
la zona del comedor. Caminaba como un gato elegante y parecía un
cruce entre una estrella de rock y un pistolero. Incluso entre estos
hombres, él era único. Y no le sorprendía… este era el hombre que ella
había visto cambiar a humano desde una forma de pantera.

—¿Quién es ese? —le susurró a Sariel.

—Kalen Black —respondió él en voz baja—. Uno de los nuevos reclutas,


pero muy poderoso. Él es un Hechicero y un Nigromante.

—Jesús.

Kalen golpeó la mesa para llamar su atención.

—Hola, Nick quiere ver a la Manada en la sala de reuniones, pronto. El


interfono no está funcionando, así que me envió a reunirlos muchachos.

El tipo llamado A.J. lo miró esperanzado.

—¿Yo, también?

—Lo siento, amigo, todavía no.

Demasiado verde, pensó Rowan. Exteriormente decepcionado por haber


sido excluido, A.J. dejó escapar un suspiro y regresó a su comida. El
hombre calvo con él, sin embargo, se limpió la boca con una servilleta y
se levantó. Al igual que Jaxon, Zan y Ryon.

Jaxon le lanzó una intensa mirada a Kalen.

—¿Vamos a despegar?

—Sí, después de la puesta del sol. Él tiene los detalles sobre dónde
vamos a encontrar a nuestros dos chicos desaparecidos, y con suerte
un montón de cabrones de Chappell, también. —La mirada verde de
Kalen se encontró con Rowan brevemente. Él asintió con la cabeza en

13Yoda: Yoda es un personaje ficticio del universo Star Wars , película creada por
George Lucas.
reconocimiento de su presencia, y luego miró a sus amigos—. Vámonos.

—Esperen —ella los llamó—. Quiero sentarme en esta reunión.

—No puedes hacerlo —dijo Jax por encima de su hombro.

—¡Es de mi hermano del que estamos hablando! Ustedes no pueden


simplemente…

—Eso es exactamente el por qué podemos, porque él es tu familia y


estás comprometida emocionalmente. Si Nick quiere que sepas más, te
lo dirá.

—¡Estoy malditamente cansada de esa respuesta! —Ellos salieron,


haciendo caso omiso de ella, y golpeó un puño contra la me sa.
Frustrada, ella miró a Kira—. Dime que esto se vuelve más fácil.

—¿Lidiar con un grupo de machos alfa autoritarios? —La rubia soltó un


bufido—. Claro.

—Eso es lo que me temía. Misma actitud machista, diferente ubicación.

Bien. Ellos no le habían dejado otra opción que la de recurrir a medidas


desesperadas. Si la Manada pensaba que ellos iban a largarse en la
noche sin ella, iban a llevarse una gran sorpresa.

***

Rowan se agazapó en un rincón oscuro del enorme hangar, esperando.


A pesar de su formación como oficial, los pantalones vaqueros oscuros y
una camisa que llevaba, había una gran probabilidad de que fuera
atrapada. Ella era solo humana, armada con nada más que sigilo y tal
vez un poco de suerte. El equipo, con sus súper sentidos, podría muy
bien detectar su presencia y hacerla quedarse, algo que no podía
permitir que sucediera.

Utilizando una de las todo terreno del complejo como cubierta, ella se
asomó por la parte de atrás y estudió las descomunales formas de
varios vehículos en la tenue luz proveniente de una lámpara de pared al
otro lado del vasto espacio. Entre ellos contó dos jets privados, tres todo
terrenos, un par de motocicletas, y varios coches y camiones que
sospechaba eran propiedad de los miembros del equipo. La joya de la
corona eran los tres grandes Hueys14 en el extremo final, situados bajo
un techo con escotilla que se abriría para permitirles despegar.

Los principales problemas serían no saber cuál modo de transporte


tomarían, y cómo se las arreglaría ella para meterse y esconderse.

Por el rabillo del ojo, vio un débil resplandor. Sorprendida, giró la


cabeza para ver como una bola de luz azul neón se hacía más brillante
y más grande. Echándose hacia atrás, se quedó boquiabierta cuando la
pelota brilló en la forma de un hombre… o más bien Sariel.

Agachándose, él le sonrió, extendiendo sus hermosas alas.

—Hola.

—Está bien, eso va a tomar algo de tiempo que me acostumbre. ¿Qué


estás haciendo aquí?

—Estableciéndome como tu socio en el crimen, por supuesto.

Ella agradeció la ironía, a pesar de todo.

—Oye, eso es lindo de tu parte, pero no quiero que te metas en agua


caliente con Nick.

El hombre pareció alarmado.

—¿Querría que me bañe con él como castigo por ayudarte?

—No. —Rowan se ahogó, sin sofocar completamente una carcajada—.


“Agua caliente” significa meterse en problemas.

—Oh. —Él movió una mano—. Eso no me preocupa. ¿Qué puede


hacerme, después de todo?

Ella lo miró pensativamente.

—Es verdad. Pero, ¿por qué quieres ayudarme?

Los ojos ambarinos le devolvieron la mirada en la oscuridad,


volviéndose tristes.

—Porque si yo tuviera a alguien que me amara tanto como tú amas a tu


Micah, me gustaría que ella viniera por mí.

Oh, mierda. Una humedad repentina picó sus ojos y ella parpadeó
rápidamente. Estiró la mano y tocó su cara. Las palabras de este ser

14 Huey: la familia Bell Huey de helicopteros incluye un amplio rango de naves civiles
y militares producidos desde 1956 por Bell Helicopter.
gentil y ese simple acto forjaban los inicios de una verdadera amistad.
Ella lo sentía en su alma.

—Esa es una razón lo suficientemente buena para mí. Así que, ¿cómo
puedes hacerme pasar más allá del escuadrón lobo?

—Simple. ¡Voy a ocultar tu presencia y los vas a acompañar sin que


ellos siquiera lo sepan!

—¿Cómo?

Él se encogió de hombros.

—Un fácil hechizo de invisibilidad que incluso los niños Fae más
pequeños pueden realizar. Causan un gran alboroto en torno al palacio,
puedo decirte.

Imaginarlo la hizo reír. Era bueno que los chicos humanos no podían
hacer ese truco.

—Está bien. Si trabajas tu magia en mí, ¿cuánto tiempo va a durar?

—Cuanto más lejos viajes de la fuente, o sea yo, más débil se volverá el
hechizo hasta que se desvanezca por completo y tú seas descubierta. No
importa dónde estés, sin embargo, solo durará unas pocas horas como
máximo.

—Estoy impresionada. —Ella lo pensó—. Creo que eso funcionará. En el


momento en que desaparezca ya será demasiado tarde para que me
traigan aquí. Espero.

—Esa es la idea.

Mirándola fijamente, Sariel le puso una mano en la parte superior de la


cabeza y lanzó un conjuro suave en una lengua que ella no entendió.
Después de unos segundos la soltó, aparentemente feliz.

—¿Es eso todo? —preguntó ella.

—Sí. Puedo verte y oírte, pero nadie más lo hará por un tiempo.

En ese momento, la puerta del hangar se abrió con un chirrido


estridente y múltiples voces masculinas se hicieron eco en el espacio
cavernoso. El momento de la verdad había llegado, y ella habría estado
mintiendo si hubiera dicho que no estaba nerviosa. Los ruidos de los
hombres preparándose para salir, abriendo más puertas y recogiendo
equipo, llegó a sus oídos. Vacilando, ella echó un vistazo a su nuevo
amigo.
—Adelante —la exhortó él—. Antes de que sea demasiado tarde.

—¿Estás seguro de que esto funcionará? —Una pregunta estúpida para


hacerle a un hada mágica, tal vez, pero comprensible.

—Positivo. ¡Ve!

Levantándose, ella le dio a Sariel una sonrisa nerviosa.

—Gracias. Nos vemos pronto.

—Y con algo de suerte voy a llegar a conocer a este hermano tuyo.

La emoción obstruyó su garganta, por lo que optó por no responder. En


cambio, ella dejó escapar un profundo suspiro, rodeó la parte trasera de
la camioneta y comenzó a caminar lentamente hacia el grupo que
estaba reunido junto a dos de los Hueys, ocupados enfundando armas y
atando cuchillos. Una parte de ella estaba aliviada al ver artillería
buena y anticuada en medio de toda la locura no-humana. La otra parte
estaba preocupada de que Sariel estuviera equivocado sobre que el
hechizo funcionara alrededor de estos chicos.

Pero nadie la notó mientras ella caminaba hasta el grupo. Que viaje
extraño. Maldita sea, le encantaría utilizar este truco con los chicos de
la estación de policía.

Nick echó un paquete por encima del hombro.

—Kalen, tú y Hammer vienen conmigo. —El Hechicero y el hombre


calvo, que supuso sería Hammer, respondieron de manera afirmativa.
Jaxon, Zan y Ryon se dirigieron al segundo helicóptero.

Cuatro pilotos subieron a los helicópteros, un piloto y un copiloto para


cada uno. Debido a que ellos no habían sido anteriormente presentados
como miembros del equipo, y no estaban armados, ella pensó que
podrían ser contratados según las necesidades de la misión. Esto
dejaría al resto del equipo libre para hacer frente a lo que sea que
estuvieran enfrentando.

Rowan acechaba cuando los dos grupos de tres se separaron y


empezaron a subir a los helicópteros. Justo cuando ella dio un paso,
Nick se giró y miró en su dirección con el ceño fruncido. Con el corazón
desbocado, se quedó helada. Él buscó, y en un punto sus ojos se
encontraron en verdad con los suyos, haciendo que la saliva se secara
en su boca. ¿Cómo demonios podía él sentir a alguien allí cuando los
otros no?
Después de unos pocos momentos exasperantes el jefe se volvió y subió
a bordo de su Huey que esperaba. Rowan se apresuró a trepar en el
otro. De ninguna manera iba a correr el riesgo de algún tipo de
búsqueda psíquica antes de que ella estuviera lista.

Los hombres se acomodaron. Al ver un asiento vacío pasado por alto en


la parte de atrás, se sentó y trató de calmar sus temores. No por ella,
sino por lo que podría encontrar cuando viera a su hermano.

Un zumbido sonó por encima de la cabeza; la escotilla del techo


abriéndose. Los Hueys se preparaban para despegar, estremeciéndose y
levantándose con un ruido ensordecedor.

Ella estaba en esta operación por largo plazo ahora.

Sin vuelta atrás.


Traducido por Vafitv & Izzy

Corregido por Chole Ann

yúdame. Dios, por favor.

O solamente déjame morir.

Aric estaba acurrucado en posición fetal en el mugriento


suelo de concreto de su jaula, intentando respirar a través
de la agonía. Pero el dolor se envolvía alrededor de sus costillas,
apretando sus pulmones de modo que respirar fuera casi imposible.
Cada centímetro de su cuerpo palpitaba y sus bolas quemadas dolían
donde Bowman había tomado lo que no le pertenecía. Pero todo su
equipo allí abajo todavía respondía, aunque no importara.

Nunca había deseado la muerte. Eso era antes de que lo hubieran


tratado peor que a un animal, antes de que hubiera experimentado lo
peor de la humanidad y hubiera entendido que si su equipo no lo
encontraba pronto, este sería el final de su vida.

Quiero irme en mis propios términos. No atado y despojado de mis partes


hasta que no quedara nada y ellos insertaran una aguja en mis brazos.

Él abrió sus ojos agotados, los entrecerró y luego hizo una mueca, ya
que incluso la tenue luz procedente del laboratorio contiguo le
atravesaba el cráneo como un láser. Movió la cabeza, no vio más que
barrotes a su alrededor y por encima de él, una cárcel en miniatura ni
siquiera lo suficientemente alta como para estar de pie. Esto es una
maldita perrera. Si hubiera sido capaz de reír, lo habría hecho.
Estirándose, deslizó una mano temblorosa por el suelo, maldiciendo por
estar demasiado débil para levantar su maldito brazo. Si pudiera
moverse, seguro no tendría la fuerza para dejarse morir.

Maldita sea, él no podía creer que estuviera siendo obligado a


considerar este tipo de mierda. Enojado, utilizó cada gramo de fuerza
para sentarse. Le tomó varios minutos y cuando finalmente lo logró,
apoyó la espalda desnuda contra los barrotes, un acto que
probablemente le despegó varias tiras de piel.
—¡Mierda! —Lanzándose hacia adelante, se dejó caer lejos de los
barrotes, jadeando.

Plata. Los bastardos habían utilizado malditos barrotes de plata para


forrar la jaula. Por qué el metal lo había quemado, sin embargo, era
incomprensible; entrar en contacto simplemente con la plata no se
suponía que lo lastimara en su forma humana. ¿Ser apuñalado o
disparado con ella? Claro que sí. Así que esto le cayó como un tormento
más que enfrentar al hecho de que aunque recuperara el poder de
cambiar o usar sus otros dones, no podría salir.

No podía tomar mucho más tiempo. Él y su lobo ya estaban volviéndose


locos por haber sido retenidos en contra de su voluntad. Encorvado, se
concentró en calmarse. Tomó aire, exhaló. Cuando lo hizo, horribles
olores comenzaron a invadir sus maltratados sentidos.

Orina. Heces. Cuerpos sin lavar y basura rancia, que se duplicaba como
el olor a alimento. El hedor revolvió su estómago y se concentró en no
vomitar. Eso solo empeoraría las cosas y…

Otro olor se filtró en su conciencia. Aric levantó lentamente su cabeza.


Conozco ese olor. Oh, ¡Dios mío!

—Micah —susurró. Luego más fuerte—. ¿Micah?

No hubo respuesta. Por primera vez, Aric examinó el área fuera de su


propia prisión. Su jaula era una de muchas en una hilera contra la
pared y varias otras figuras yacían derrumbadas en ellas, muchos como
él cuando se había despertado, desnudos y desesperados. Cerrando sus
ojos, inhaló por su nariz aislando desesperadamente todo excepto un
olor que quería distinguir, siguiendo el rastro hasta el final.

Detrás de él. En algún lugar cercano. Girarse para poder afrontar la


dirección contraria le llevó una eternidad y lo dejó jadeando, con un
dolor como si hubiera sido golpeado con martillos. Pero tenía que saber
la respuesta a la pregunta que había perseguido a la Manada desde que
habían descubierto que su hermano podría estar vivo, ¿dónde estaba
Micah?

La respuesta estaba justo en la jaula siguiente. Su viejo amigo estaba


en el suelo sucio, acurrucado en sí mismo como si con eso mantuviera
los monstruos a raya. El cabello castaño de Micah, una vez de un rico
color negro llevado hasta su cuello, ahora estaba asqueroso y
enmarañado, tan largo que hacía un charco alrededor de su cabeza en
el concreto. Algunas hebras colgaban sobre su rostro anguloso y sus
ojos estaban cerrados. La respiración del hombre era irregular, el ruido
horrible de sus pulmones acreditaba su falta de atención médica. Ese
hecho además de un plato de comida para perros seca no consumida
junto a los barrotes de la puerta —malditos hijos de puta por darle a su
amigo esa mierda— y las sobresalientes costillas, los huesos de las
caderas y el estómago cóncavo de Micah, contaban la historia de cuán
crítica se había vuelto su situación.

Su amigo estaba al borde de la muerte y Aric solo podía sentarse y


hacer nada.

El impulso de alcanzar los barrotes y ofrecerle consuelo, era


abrumador. Eso lo hizo darse cuenta de cuál era probablemente parte
de la razón por la que hicieron el metal de plata, para evitar que los
“sujetos de prueba” tuvieran cualquier tipo de contacto positivo, para
matar toda esperanza y esto hizo que su sangre hirviera de rabia.

—¿Micah? Vamos a largarnos de aquí, tan pronto como la Manada


venga —susurró—. Ellos vendrán. ¿Me escuchas?

Su amigo no se movió.

Aric bajó su cabeza. Y por primera vez que pudo recordar, las lágrimas
goteaban de su barbilla para mezclarse con la basura en el suelo.

***

La conversación era escasa sobre el helicóptero, considerando el ruido.


Rowan se habría sentido un poco mejor con algunos detalles más sobre
dónde iban y cuál era el plan de acción al llegar, pero esto tendría que
esperar. Por ahora, ella se sentó y miró a su grupo, todavía asombrada
que fueran ajenos a su presencia.

Supongo que hay algo que decir acerca de la magia después de todo.

Lo que le hizo recordar el don que Sariel dijo que ella poseía. Días atrás,
ella había desestimado la idea como una locura. ¿Ahora? Había visto
tanto en el corto tiempo desde que había llegado al complejo, esto era
alucinante. No estaba loca, por lo que solo dejaba una opción.

Y estaba empezando a creer.

Micah era un Caminante de sueños, Nick lo había afirmado. Ella y su


hermano habían compartido sueños desde su niñez. ¿Eran capaces de
hacer eso porque compartían el mismo don? ¿Cómo podría averiguarlo?
Un dolor de cabeza comenzó a formase, entonces dejó de pensar en eso
para centrarse en llegar a su hermano. Nada más era tan importante.

El Huey comenzó a descender y ella comprobó su reloj. Habían estado


casi dos horas en el aire y parecía eones. En cuestión de minutos el
helicóptero aterrizó y los hombres se dispusieron a desembarcar y
chequear las armas. Todos ellos, sospechaba, calificaban como armas
ellos mismos.

Rowan salió detrás de los hombres, quedando de pie a un lado para


evitar chocar con nadie mientras se reunían. Verificando su entorno,
ella notó que habían aterrizado en un campo rodeado de bosques por
todos lados y majestuosas montañas a la distancia, todo esto contra el
telón de fondo de la vasta y hermosa luna y tropecientas estrellas.

—Esto es un cambio —comentó Jaxon—. Chappell por lo general


prefiere establecer sus operaciones clandestinas en o cerca de las
ciudades principales.

Nick estuvo de acuerdo.

—No sé porque pensaron en mover uno de sus sitios a Bumfuck,


Colorado, atraería menos atención por parte de los lugareños. Tomó un
rato que nuestros contactos del gobierno olfateen este pero su táctica
resultó contraproducente finalmente.

—Todavía creo que deberíamos haber ido en caliente —dijo Ryon con
ansiedad—. No me gusta darle tiempo a los matones para saber que
estamos aquí. Esos Hueys se pueden escuchar a kilómetros.

Su comentario le ganó un golpe detrás de la cabeza del tipo calvo,


Hammer.

—Idiota ¿Te olvidas que la última vez que fuimos estaban blandiendo
sus armas? Ellos nos estaban esperando, es ahí cuando las cosas se
fueron al demonio y nos arrebataron a Aric.

La expresión del rubio de repente era atormentada.

—Ellos estarán listos para nosotros, de todos modos. Los fantasmas


alrededor de nosotros, algunas de sus víctimas, creo, nos ruegan que
seamos cuidadosos.

Rowan lo miró fijamente. ¿El don de Ryon era comunicarse con los
muertos? ¿Los otros consiguen hacer todo tipo de cosas interesantes y
este pobre hombre se queda atascado con ser perseguido por un grupo de
cadáveres? Jesús, eso apesta.
—Esta vez vamos en silencio —reiteró Nick—. Recuerden estén atentos
a las trampas o cualquier tipo de emboscada. Detengan a cualquier
personal que esté de guardia y liberen a los prisioneros. Grant tiene
transporte terrestre esperando cerca del objetivo para asistir a las
víctimas que necesiten atención urgente. Vamos… y tengan cuidado. No
podemos permitirnos otra metida de pata.

A medida que avanzaban, ella corría detrás del grupo, pensando no solo
en Micah si no también en el otro hombre, Aric. La Manada estaba
devastada por la pérdida de todos sus hombres en los últimos años,
pero la captura de Aric era reciente, la sal vertida en una herida
entreabierta. Los chicos hablaban de él en partes iguales de irritación y
reverencia y ella se preguntaba cómo sería. Por alguna razón más allá
de la obvia de que él era amigo de ellos y estaba en peligro, esperaba
tener la oportunidad de conocerlo.

Estaba tan absorta en sus cavilaciones, que no pudo ver un tronco


caído que los demás habían esquivado fácilmente. Maldiciendo, ella
saltó en el último segundo y casi planta su cara en la maleza. Entonces
casi chocó con la espalda de Zan, cuando Nick, al frente, detuvo al
grupo abruptamente.

—¡Esperen! —Nick ladeó la cabeza—. Podría jurar que oí la voz de una


mujer.

—Yo también la oí —dijo Zan, mirando a su alrededor—. Sonaba como


si ella hubiera dicho “mierda”.

Rowan repitió la palabra en su cabeza. Maldita sea, el hechizo de Sariel


debe estar disipándose. Si tan solo durara hasta que llegaran a su
destino, Nick no podría mandarla de vuelta al helicóptero.

—¿Tal vez fue uno de los espíritus de Ryon? —sugirió Jax.

—No estoy seguro, pero creo que cualquier cosa es posible —especuló
Ryon—. A veces ellos pueden reunir suficiente energía para hacerse oír.

Después de unos momentos de tensión, Nick les condujo hacia


adelante. A pesar de que ella era oficial de policía y estaba en buena
forma física, era un milagro que pudiera mantener su ritmo, ya que la
visión nocturna y la gran resistencia de ellos, la superaba. Para cuando
el jefe desaceleró y señaló a sus hombres para que se agachen, ella
estaba empapada en sudor. A los otros ni siquiera les faltaba el aliento.

Agachándose al final de la línea al lado de Zan, ella contuvo el aliento y


miró a través de los árboles hacia el edifico iluminado por la luz de la
luna. No cualquier edificio, se dio cuenta, sino una vieja iglesia
abandonada, como lo demostraban las paredes que desmoronadas, el
techo hundido, y la maleza salpicando aquí y allá lo que alguna vez
habría sido un bonito césped, la más alta de ellas brotaba casi hasta el
borde inferior de las ventanas rotas.

—Qué maldita desgracia —siseó Hammer—. Usar la casa de Dios para


la mierda enfermiza que están haciendo.

Los otros murmuraron su acuerdo incondicional.

—¿Dónde esconden sus autos? —reflexionó Jax—. El terreno está vacío.

—¿A quién le importa? Vamos a patear algunos traseros.

—Puedes apostarlo.

Los espíritus subieron. Ella sintió la adrenalina, la emoción entre la


Manada, no tan diferente de cuando ella y sus compañeros oficiales
trabajaban en una llamada peligrosa. Pero en ese momento, sintió un
vínculo tangible entre estos hombres que iba más allá de lo que ella
tenía con sus compañeros. Estos hombres eran verdaderamente
hermanos en todo excepto de nacimiento, su vínculo se había forjado
por la sangre, las lágrimas y la lucha.

Moviéndose silenciosamente, dejaron la cubierta, dividiéndose en dos


grupos. Nick condujo a Hammer y a Kalen directamente a la parte
delantera, mientras que Jax se dirigía a la parte trasera, seguido por
Zan y Ryon. Por ninguna razón en particular que no fuera una
sensación de corazonada, porque los sujetos huían de la escena
típicamente arrastrando su culo por la puerta trasera, Rowan optó por
ir con el equipo de Jax. Lo que ella esperaba eran corredores, tal vez
armados, quizás uno o dos estallidos.

Lo que ella no esperaba era una guerra completa.

La parte de atrás de la iglesia estalló en un rugido colectivo, sombras


negras se separaban de la puerta y de varias ventanas abiertas. Tan
preparados como el equipo creía que estaba, era claro que estaban
superados en número y frente a algo horriblemente familiar.

—No esos hijos de puta —susurró Zan, colocando su cañón en la mano.

—Y esta vez ellos tienen ayuda. —Con esto, Jax cambió a un gran lobo
gris y salió corriendo a encontrarse del enemigo, dejando sus ropas y
las armas humanas en una pila en el suelo.
Rowan no tenía un segundo libre para maravillarse al ver el cambio de
hombre a su animal por primera vez. El miedo por sus nuevos
compañeros la impulsó hacia adelante y se zambulló por el arma que
Jax había descartado, mientras Zan abría fuego sobre una criatura del
infierno que es donde debió haber nacido.

Como sus compañeros, la cosa tenía alas curtidas negras, un cuerpo


robusto y peludo y un rostro verdoso, arrugado y agrietado que ni
siquiera una madre podría amar. Saliva goteaba de sus afilados dientes
de su boca abierta, y se precipitó hacia Zan, obviamente con la
intención de partir al hombre en pedazos.

Los disparos de Zan apenas redujeron la marcha de la bestia y este


cerró rápidamente la brecha. En un movimiento fluido, Rowan levantó
el arma, apuntó a su cabeza y disparó. El cráneo de la bestia explotó y
se cayó a mitad del camino, deslizándose cerca de las botas de Zan.

—¡Mierda! —Su rostro reflejaba el terror de la cercanía. Entonces el


pareció darse cuenta que no era su tiro el que había derribado a la cosa
y miró alrededor con confusión antes de regresar a la batalla y ayudar a
sus amigos.

Una oleada de adrenalina inundó sus venas. Este asunto de la


invisibilidad era práctico, mala suerte que no pudiera usarlo en la
fuerza policial. Lo aprovecharía ahora, sin embargo, liquidando a los
necrófagos a izquierda y derecha, haciendo lo posible para mantener a
los más cercanos lejos de alcanzar a los hombres. La Manada estaba
demasiado ocupada para investigar el origen y las bestias eran
demasiado estúpidas.

Pero su suerte estaba destinada a agotarse. Cuando uno de los feos


hijos de puta giró su cabeza en su dirección y los ojos amarillos se
encontraron con los suyos, ardiendo con odio, ella supo que el hechizo
de Sariel se había finalmente acabado. Con mudo horror, le vantó su
arma y disparó un tiro. Y le erró.

La bestia acortó la distancia a una velocidad vertiginosa. Justo antes de


que la alcanzara, sin embargo, una bola plateada de piel apareció de la
izquierda y se lanzó a la criatura. Un lobo colisionó con el necrófago y
los dos se fueron al suelo, el perro gruñendo y yendo a por la garganta
de su enemigo. Le erró y el ghoul le enterró sus garras como cuchillos
en el costado, rasgándole su abrigo. El lobo gritó, se retorció y reanudó
su ataque. Ellos luchaban y Rowan no podía conseguir un buen tiro a
la bestia sin arriesgar al lobo.

Mirando ansiosamente el resto de la pelea, vio a Zan y al gran lobo gris


que sabía que era Jax aún enredados en la lucha a lo largo patio. Eso
significaba que el lobo que le había salvado el culo era Ryon … y estaba
perdiendo.

Justo cuando acababa de arreglárselas para hundir sus dientes en la


garganta del ghoul y la cosa se liberó y lo tiró a un lado. Salió volando
por los aires, chocó contra un árbol y se deslizó hasta el suelo, inmóvil.
El monstruo volvió su atención a Rowan y ella podría haber jurado que
sonreía.

Apuntó, pero antes de que pudiera disparar, Nick corrió por el costado
del edificio, con Kalen y Hammer pisándole los talones. El Hechicero
evaluó la situación y se deslizó hasta detenerse. Un bastón grande
apareció de la nada y lo agarró con la mano derecha mientras se
arrodillaba, con los brazos rectos y la cabeza hacia atrás.

Cerrando los ojos, empezó a cantar en un idioma que Rowan pensó que
podría ser latín. Instantáneamente, todo el mundo se congeló en su
lugar, incluso Rowan. Solo podía mover los ojos y se percató de que la
batalla se detuvo en medio de una danza macabra mortal. Eso la
acojonó bastante, pero no tanto como lo que vino después.

Las bestias empezaron a... ampliarse. Simplemente hincharse, como si


fueran neumáticos de gran tamaño que alguien estuviera rellenando.
Sus ojos amarillos redondeados de miedo, uno logró un gemido…

Y luego estallaron en una lluvia de materia negro-verdosa. Dios,


apestaba. Si Rowan hubiera podido, estaría teniendo arcadas.

Con la cabeza hacia atrás, Kalen cerró su puño izquierdo con fuerza y lo
sacudió. Sus compañeros fueron liberados, entre ellos Rowan, y ella se
dejó caer de rodillas. El Hechicero se desplomó hacia delante,
apoyándose en la vara, respirando con dificultad. Nick corrió hacia su
compañero de Manada, sujetándole.

—Mi pantera no podría haber peleado con esas cosas —dijo Kalen con
voz ronca—. Eran demasiados. Hice lo primero que me vino a la mente.

—Lo hiciste bien, chico —alabó Nick, colocándole una mano en el


hombro—. ¿Estás bien?

Él asintió con la cabeza.

—Estoy bien, solo necesito un segundo.

Jax cambió de nuevo a su forma humana y comenzó a ponerse su ropa.


—No es de extrañar. Debe tomar una carga del demonio poder volar a
uno de esos hijos de puta, ni mucho menos todo un ejército de ellos a la
vez.

—Se podría decir que sí. —Kalen intentó hacer una broma, pero nadie
se reía.

—Oh, Dios —susurró Zan—. ¡Ryon!

Siguiendo la mirada de Zan, los demás vieron donde yacía su amigo


desplomado en el suelo a varios metros de distancia. Zan llegó a él
primero, cayendo de rodillas. Otra vez en forma humana, Ryon estaba
tendido sobre su costado. Sus cabellos de un rubio blanquecino caía
alrededor de su hermoso rostro y sus ojos estaban cerrados. Cuatro
cortes irregulares sangraban abundantemente, estropeaban su lado
izquierdo y estaba salpicado de cortes y magulladuras.

Zan le tomó de los hombros y habló con Jax.

—Ayúdame a rodarle sobre la espalda.

Una vez que lo lograron, alguien arrojó la camisa Ryon a lo largo de su


paquete por el bien de ella, pensó Rowan. Maldiciéndose a sí misma,
ella vio como Zan colocó ambas manos sobre las heridas en el costado
de su amigo.

—Si no fuera por mí, él estaría bien —dijo ella en voz baja.

—No —dijo Jax bruscamente, mirando hacia ella—. Si no hubieras


estado aquí, esos hijos de puta nos hubieran desgarrado a los tres
antes de que Kalen llegara a nosotros. Porque no podían verte al
principio, tomaste a un montón de ellos y salvó nuestro trasero.

La mirada de Nick era como un par de dagas azules mientras la miraba.

—¿Eso es cierto?

Ella se encogió de hombros. De ninguna manera iba a tomarse el


crédito cuando Ryon había terminado herido, o peor.

—Perdí mi último tiro y ese hijo de puta lo alcanzó. Eso es todo lo que
sé.

—¿Quién te ocultó?

Ella no veía ningún beneficio en tratar de ocultar la respuesta de un


psíquico.

—Sariel. Pero él tenía sus razones y su corazón estaba en el lugar


correcto, así que si hay algún castigo a tratar, es mío.

Algo así como el respeto cruzó el rostro de Nick y fue rápidamente


reemplazado por una expresión neutral. Él asintió con la cabeza,
volviendo a su hombre caído. Las manos de Zan estaban ahora
envueltas en un resplandor verdoso que se extendía hacia el exterior y
parecía hundirse en los cortes. Poco a poco, mientras Rowan miraba
con asombro, la carne desgarrada comenzó a unirse hasta que las
heridas desaparecieron.

—Bazo lacerado —dijo Zan con voz áspera—. Denme un par de minutos
más.

Minutos. Para curar una lesión interna grave. La mitad de la población


no creería en el talento de Zan, y la otra mitad se alinearía en su puerta
si lo supieran. Por su parte, vio la verdad con sus propios ojos. Eso es
todo lo que necesitaba.

Ryon parpadeó, agitando sus pestañas. Él miró a sus compañeros, la


conciencia de lo que había sucedido cayó sobre él lentamente.

—Dios, pensé que iba a morir. ¿Están muertos esos malditos?

Zan le dio unas palmaditas en el hombro.

—Sip. Kalen los convirtió en globos de cumpleaños y los reventó.

—Asqueroso.

—Anda. Vamos a ponerte la ropa y luego te llevaré de vuelta al


helicóptero.

—Uh-uh. Si nuestros amigos están ahí, no me voy a perder la reunión.


Solo ayúdenme a levantarme. —Él hizo una pausa—. Los espíritus
están molestos, instándonos a darnos prisa.

Zan y Nick pusieron a Ryon sobre sus pies. Rowan le devolvió la pistola
a Jax, entonces se dio la vuelta mientras Ryon se vestía, estaba
demasiado comida por la culpa para apreciar la vista de su cuerpo
desnudo. Se había sacrificado por ella, un desconocido, sin pensarlo
dos veces y casi muere por su hazaña.

Como policía, ponerse en la línea por gente que no conocía era lo que
ella hacía. ¿Por qué le molestaba estar en el extremo receptor?

Cuando todo el mundo estuvo listo, Nick hizo un gesto hacia la puerta
trasera.
—Mantengámonos juntos esta vez y sigamos el consejo de los
fantasmas de darnos prisa. Estoy sintiendo que no pasará mucho
tiempo antes de que los refuerzos aparezcan.

Se dirigieron a la escalera de atrás y se metieron dentro con cautela,


Rowan en el centro de la línea. No podía ver bien en la oscuridad como
ellos, pero su sentido del olfato no tenía por qué ser igual al de ellos
para adivinar lo que les esperaba. El hedor le obstruía los pulmones y el
temor por Micah se apoderó de su corazón.

—Santo Cristo. —Kalen se quedó sin aliento en algún lugar en el


frente—. Sé que Chappell y sus médicos no se preocupan por la forma
en como hieren a los demás con sus experimentos, pero ¿cómo pueden
estar trabajando con este horrible olor?

—Probablemente se acostumbraron a él —dijo Nick.

Alguien encontró un interruptor de luz y esta se encendió. El grupo


estaba en el área que se utiliza para alojar a los bancos de la iglesia,
pero ahora era una habitación grande, prácticamente vacía. Una mesa y
sillas estaban colocadas cerca de una pared, y cuatro catres de camping
cubiertos con sacos de dormir y almohadas estaban en diferentes
rincones.

—¿A dónde fueron los científicos? —se preguntó ella en voz alta.

Nick respondió: —Ellos están bien escondidos a la espera de más


refuerzos o fueron a la ciudad más cercana por un rato y no tienen idea
de que estamos aquí. Por aquí.

Un conjunto de puertas dobles en la parte trasera de la sala les llevó a


un pasillo que conducía a lo que habrían sido las aulas donde los
diversos grupos realizaron sus estudios bíblicos en otro tiempo. Ahora
muchas de las habitaciones estaban llenas de ordenadores y equipos de
laboratorio. Metódicamente, los hombres comprobaron cada habitación
a lo largo del camino por las trampas explosivas, localizando cinco
cables conectados a explosivos, que fueron cuidadosamente
desarmados.

Al final del pasillo, el olor, increíblemente, se puso peor. Nick abrió la


última puerta, miró hacia abajo y señaló. Jax estaba ocupado
desmontando el último cable y después estaban dentro. Jax encendió la
luz y se precipitó adentro… de lleno en una pesadilla.

—Oh, joder —gimió Hammer.

Rowan miró fijamente, incapaz de procesar lo que estaba viendo. Las


jaulas alineadas en dos paredes de lo que podría haber sido alguna vez
un almacén, y en la actualidad era utilizado como prisión. Y dentro de
las pequeñas jaulas había hombres. Cincuenta hombres desnudos
demasiado grandes para el espacio tan restrictivo, acurrucados sobre
sus costados. Algunos mirando y no reaccionando a su llegada, algunos
inconscientes.

Allí. Un hombre con el pelo largo y enredado color marrón. ¿Podría


ser...?

Ella se estaba moviendo antes de darse cuenta.

—¿Micah? —Al llegar a la jaula, se dejó caer de rodillas y el aire


abandonó sus pulmones. Ella reconocería a su hermano en cualquier
lugar, no importa cuanto cambiara su apariencia. Ella sacudió la
puerta y gritó—: ¡Alguien encuentre una llave! ¡Micah!

Zan se arrodilló a su lado y olfateó el aire.

—Por Dios, ¡es él! Él tocó los barrotes y rápidamente retiró la mano con
una maldición—. Plata y esto quema. Vamos a necesitar guantes —
exclamó.

—Aric está por aquí —gritó Jax.

Ryon hizo sonar un llavero.

—Estas estaban colgando de la pared. Vamos a tener que probarlas y


ver si alguna es. —Las lanzó a Zan, luego se acercó a una mesa de
trabajo, agarró un trapo viejo y se lo trajo también—. No hay guantes.
Usa esto.

Primero Zan probó las llaves una por una hasta que por fin una encajó
en la cerradura. Le dio la vuelta, con cuidando de no rozar las barras de
plata de nuevo y después usó el trapo para abrir la puerta antes de
entregar el aro a Ryon con la llave correcta.

—Con suerte tal vez sea una llave maestra que pueda a abrir las demás.

Ryon se alejó, pero la atención de Rowan estaba únicamente en la


forma inmóvil de su hermano. Cuando Zan comenzó a moverse hacia
delante, ella lo empujó hacia atrás.

—Déjame. Soy lo suficientemente fuerte como para mover a una


persona y no hay sentido en que te quemes.

Sin esperar la respuesta del hombre, ella se puso en cuclillas,


haciéndose pequeña en la jaula. Firmemente apisonando la furia por la
horrible condición de Micah, ella lo agarró por debajo de los brazos y
empezó a arrastrarlo hacia atrás. Cuando ella tenía los hombros fuera,
Zan ayudó y juntos le pusieron en el suelo entre ellos.

El desorden físico que alguna vez había sido un magnífico hombre le


rompió el corazón. Su constitución atlética una vez magra estaba
demacrada, sus clavículas y cada una de sus costillas eran visibles.
Tenía el pelo enmarañado, grasiento y su rostro barbudo...

Ella contuvo el aliento, las lágrimas le pinchaban los ojos. Durante toda
su vida, Micah hacía que le vieran dondequiera que iba por su belleza
casi cegadora, que brillaba desde dentro y desde fuera. Alguien se había
tomado muchas molestias para destruir esa luz maravillosa. El lado
izquierdo de su cara desde el puente de la nariz, bajando por su mejilla,
y su mandíbula, era una cicatriz enorme donde incluso su barba
desigual no había crecido. Al parecer se había curado, y parecía que su
perpetrador había derramado algo caliente sobre ese lado de su cara.

—Los mataré a todos. —Ella no se dio cuenta de que lo había dicho en


voz alta hasta que Zan habló.

—Vas a tener que hacer cola. —La mirada seria de Zan se encontró con
la de ella.

Volvió a mirar a su hermano.

—Vas a estar bien ahora. Te quiero.

—Vamos, cariño. Muévete hacia atrás y déjanos ayudarle.

Normalmente ella le hubiera pegado a cualquiera que la llamara


“cariño” mientras le ordenaban alejarse de la persona que más
significaba para ella. Era una clara e videncia de lo traumatizada que
estaba que ni siquiera discutió, simplemente se quedó ahí y miró a Zan
realizar lo que pudo sobre el cuerpo lleno de cicatrices de Micah.

El alivio de encontrarlo con vida luchaba contra la impotencia. Ella era


un ser humano que no significaba nada en un juego de monstruos, tan
ineficaz como una mosca en el culo de un dragón. La otra actividad en
el espacio cercano a ella finalmente fue registrada y miró a su alrededor
para observar a los demás, ocupados quitando a cuatro víctimas de sus
prisiones abarrotadas.

De inmediato su atención fue capturada por Jaxon que estaba inclinado


sobre uno de los hombres, con una expresión de pura angustia.

—Aric, lo siento, lo siento tanto —repetía—. Tenía que salvar a mi


compañera, pero tienes que creer que no era mi intención que esto
sucediera. Por favor...

—¿Jax? —la voz de Aric era ronca y tragó como si hablar fuera
extremadamente doloroso.

—¿Sí?

—Cierra la boca antes de que me dé un aneurisma.

Ryon cubrió la mitad inferior de Aric con una manta, sonriendo.

—No has perdido tu encanto, por lo que veo.

—Vete a la mierda, también, imbécil.

Jax se ahogó una medio carcajada, medio sollozo y se quedó callado,


pero no soltó la mano de su amigo. Curiosa, Rowan se acercó para
obtener una mejor visión de Aric... y el aire abandonó sus pulmones.
Esta vez, por una razón completamente diferente.

El hombre era, simplemente, hermoso.

Era alto y delgado, con un pecho ancho y musculoso. Un impresionante


tatuaje celta se arremolinaba sobre su pectoral izquierdo y por encima
del hombro, la cabeza de un lobo aullando se ubicaba en el centro del
diseño. El pelo largo, castaño oscuro que parecía caer hasta la mitad de
su espalda se acumulaba alrededor de su cabeza. Tenía la cara
cincelada, con pómulos altos y labios carnosos, sensuales. Una
agradable mandíbula cuadrada y masculina que semanas de no poder
afeitarse no podían ocultar su rostro de ser demasiado hermoso, y
penetrantes ojos verdes que sostenían más que un poco de cinismo,
como si la vida hubiera usado su patio delantero como basurero
demasiadas veces.

Lucía como un hombre orgulloso, pensó. Mirando el techo, los


músculos tensos, ajustadas líneas decoraban su fina boca. Odiaba ser
vulnerable frente a su Manada, odiaba necesitar a alguien. Incluso a
ellos. Cómo lo sabía, no podría decirlo, pero lo hacía. Algo en él la
atraía, y casi sonrió ante la imagen de la mariposa y la llama proverbial.
Lo habría hecho si la situación no hubiera sido tan grave.

Entonces su cabeza se volvió y sus ojos verdes se encontraron con los


de ella. El dolor y el agotamiento ensombrecían sus profundidades, pero
su chispa de terquedad se negaba a desaparecer. Poco a poco, sus
labios se inclinaron hacia arriba.
—Bueno, debo estar muerto después de todo —dijo en voz baja—. Si
esto es el cielo, llévame, ángel.

Su oscuras pestañas se cerraron y su cuerpo se aflojó. Ella trató de


recordar la última vez que un hombre le había dicho a ella algo que
fuera tan... poético, y en cierto modo sugerente. Su cerebro estaba
patéticamente vacío.

Sacudiéndose, Rowan miró al hombre inconsciente durante unos


segundos y luego regresó al lado de su hermano, diciéndose a sí misma
que tenía que quedarse con él. Ella nunca había corrido de nadie ni de
nada en su vida.

Y seguro que no iba a comenzar a hacerlo de un lobo cambiaformas con


una boca inteligente, cabello pelirrojo y matadores ojos verdes. Ella
podía manejarlo.

No había problema.
Traducido por nanami27 & Isane33✰

Corregido por Mir

ric se despertó con el olor a sábanas limpias y antisépticas.


Estaba tendido sobre algo suave y su cuerpo arropado por el
calor. Una cama, amortiguando sus heridas.

Durante un rato se quedó quieto, preguntándose cómo podía ser eso. Se


esforzó por recordar y las imágenes brumosas se deslizaron.

Tortura. Su cuerpo invadido. Desesperación. El descubrimiento de


Micah. Jax y sus hermanos, de repente allí, junto con una mujer
impresionante. Luego debe haberse desmayado.

¿Estaba seguro, entonces? Sus párpados no querían cooperar, pero


finalmente los convenció de abrirse. Cuando su nublada visión se
aclaró, podría haber llorado. Estaba en la enfermería del complejo.
Después de semanas de infierno, él estaba en casa.

Una oleada de emociones amenazó con ahogarlo, pero la reprimió. No


tenía sentido berrear como un maldito bebé ahora que estaba metido
firmemente en el seno de su Manada. En comparación con Micah, ni
siquiera estaba en tan mal estado. Levantó una mano a la cara y se dio
cuenta de que alguien, probablemente una enfermera, le había afeitado
la barba picosa. Eso le hizo sentir un poco mejor.

—Hola, ¿cómo está mi pelirrojo favorito? —Mackenzie entró con sigilo


en su habitación, cerrando la puerta detrás de ella y fue a pararse al
lado de su cama. La mujer tenía esa agradable expresión de médico
memorizada: amable y alentadora, para que su paciente le contara todo.

—Listo para festejar. —Cristo, sonaba como si su garganta hubiera sido


fregada con un estropajo metálico—. Ponte tus zapatos de baile y nos
iremos de parranda.

—Sarcástico como siempre, ya veo. —Tomando la muñeca entre el


pulgar y el índice, hizo una revisión rápida de su pulso.
—El día que no lo sea, es cuando realmente tendrás que preocuparte.

Una media sonrisa curvó sus labios mientras ella soltaba su muñeca.

—Es verdad. Pero con un mínimo de sarcasmo, dime con sinceridad


cómo estás.

No era fácil lograr un encogimiento de hombros mientras se estaba


acostado, pero lo logró.

—Estoy vivo, sanando. Estoy bien. ¿Cuándo puedo irme?

—Aric.

—Estoy pensando en relajarme en mi habitación y…

—Aric. —Acercando una silla, le puso una mano en el antebrazo—. Es


conmigo con quien estás hablando. No son las cicatrices en el exterior
las que me preocupan.

Él soltó una carcajada, haciendo caso omiso de la punzada de dolor que


causó en todo su cuerpo.

—Sí y es conmigo con quien estás hablando, así que sabes que no voy
con los sentimentalismos y la basura en mi cabeza. Además, nadie
quiere saber.

—Yo quiero —enfatizó ella.

—Te pagan para cuidar —espetó—. Eres un médico.

Los ojos de Mac se abrieron como platos mientras era tomada por
sorpresa, pero rápidamente recobró la compostura.

—Soy tu amiga, también y te conozco lo suficientemente bien como para


saber cuando estás evitando un tema. También sé que no tomas a bien
holgazanear, así que si deseas estar libre y en servicio de nuevo, te
abrirás.

Sus entrañas se apretaron.

—No lo harías.

—Pruébame.

—Maldita sea, Mac. —Cerrando sus manos en puños a los costados, se


quedó mirando la línea intravenosa atascada en la parte posterior de su
mano derecha. Pasó un minuto, dos, mientras luchaba con la forma de
poner sus malditos sentimientos en palabras—. No voy a congelarme en
la próxima operación, si eso es por lo que todos están preocupados.

—Está bien. ¿Qué vas a hacer?

—Desgarrarlos a todos en malditas piezas y quemar los restos. ¿Qué


más?

Su expresión se suavizó.

—Ahora estamos llegando a alguna parte.

—¿Por qué? ¿Porque estoy dejando escapar la ira saludable o alguna


mierda por el estilo? —Él rodó sus ojos—. Estoy declarando un hecho…
ellos pagarán.

—La ira puede ser saludable si se dirige a la meta correcta.

—¿Qué diablos se supone que significa eso? ¿Qué otro objetivo yo...? —
Entonces él lo captó. Mierda—. ¿Crees que todavía culpo a Jax por lo
que me pasó?

—¿Lo haces? —Ella se inclinó hacia delante, su mirada lo clavaba a la


cama.

—¿Qué? ¡No! —Pero la mentira casi lo estrangula.

—Pero lo hiciste en algún momento —señaló—. Dijiste “todavía”.

Apartando la mirada, pensó en ello. En cautiverio, había pensado en la


elección que Jax había hecho, salvar la vida de su compañera en lugar
de la de su hermano. Sobre ser llevado en el helicóptero, el horror de
darse cuenta de que había una buena posibilidad de que no volvería a
ver a la Manada de nuevo. La tortura sin fin y sí, en su hora más
oscura, odió a Jax. Maldiciéndolo por lo que había hecho.

¿Pero no era eso justicia por lo que le habías hecho a él y al equipo?

Tomando un par de respiraciones relajantes, fue capaz de decirle a Mac


lo que quería oír. No necesariamente la verdad sin adornos.

—Lo odié, por un tiempo. O pensé que lo hacía. Pero al segundo que lo
vi, ¿fue anoche?

—Sí.

—Cuando lo vi anoche y él estaba tan destrozado por ello... supe que no


era Jax al que odiaba. —Mentiroso. Tragó saliva y prosiguió con
dificultad—. Era Chappell y su operación. Si no fuera por ellos, los
seres humanos y los cambiaformas no estarían sufriendo las terribles
cosas que les han hecho. Es lo que Chappell está haciendo y sus
secuaces y ellos son los que merecen pagar. Voy a vivir para el día en
que pase. —Bueno, esa última parte era cierta, pero su corazón todavía
tenía una carga de dolor y conflicto interno con respecto a la elección
que Jax había hecho. Sin importar lo mucho que lo había merecido.

Ella lo miró un largo rato antes de responder.

—Está bien. Estás diciendo las cosas correctas, pero voy a querer
programar un par de visitas en mi oficina antes de liberarte como apto
para el trabajo. —Ella levantó una mano para evitar su protesta—.
Tengo que asegurarme de que estés recompuesto antes de volver al
campo. Un operativo albergando rabia contenida provoca errores y los
errores consiguen que inocentes sean asesinados. Eres un buen
miembro de la Manada para no entender eso.

—Está bien —suspiró—. Pero no tengo que estar emocionado al


respecto.

Esto le valió una sonrisa en toda regla.

—No, no tienes que estarlo. Descansa y te vengo comprobar más tarde.

Mujer persistente. Aric contempló a Mac mucho tiempo después de que


se fuera, más que nada porque no tenía nada más que hacer. Ella era
encantadora, maravillosa y una persona realmente agradable. No por
primera vez, se encontró deseando que "lo hiciera" por él. Estaba
hartísimo de estar solo. Pero incluso si hubiera habido atracción por su
parte, podría haber sido demasiado tarde.

Mac llevaba el pentagrama de Kalen. Interesante. Tal vez le preguntara


acerca de eso más tarde.

Aric empezó a inquietarse, tirando de las sábanas y agarrando la


molesta cinta que mantenía la línea intravenosa en su lugar. Realmente
necesitaba hablar con Nick sobre tener televisores instalados en las
salas de enfermería. Incluso los peores hospitales tenían televisiones,
por el amor de Dios.

Había acabado de decidir cerrar los ojos y tratar de tomar una siesta
cuando la puerta se abrió de nuevo. Al principio no podía reconocer a la
mujer que entró y no podía imaginar por qué una extraña estaría en el
complejo y mucho menos visitándolo. Era alta, probablemente solo ocho
o diez centímetros más baja que su casi metro ochenta de altura.
Llevaba el pelo marrón hasta los hombros recogido en una cola de
caballo y su rostro era anguloso y recién lavado, muy atractiva aunque
no llevaba maquillaje.

Cuando se volvió para cerrar la puerta, él no pudo dejar de notar que


sus jeans encajaban como un guante en sus largos muslos y en su
trasero redondeado. No muy apretado, pero haciendo hincapié en su
gran trasero que le hizo agua la boca. Maná del cielo para un
impertinente hombre que le gustan los traseros como él.

Volviéndose para mirarlo a la cara, se acercó a su cama, la curiosidad


—y tal vez la fatiga— en grande, ojos color de chocolate que estaban
ensombrecidos por debajo como si hubiera dormido poco. Cansada o
no, se conducía con su espalda recta, los hombros hacia atrás y la
cabeza hacia arriba. Totalmente en control de sí misma y de cualquier
situación que encontrara, evaluándolo abiertamente.

—Te vi anoche —se dio cuenta en voz alta—. En el laboratorio, cuando


mi equipo vino.

Ella le tendió una mano.

—Soy Rowan Chase, la hermana mayor de Micah.

—Aric Savage. —Automáticamente comenzó a levantar su brazo


derecho, pero el tirón de su mano le recordó la línea intravenosa, por lo
que le dio la izquierda en su lugar.

En el instante que sus dedos se cerraron en torno al del otro, una


sacudida le abatió el brazo y el pecho por el contacto. ¿Qué demonios?
Su visitante lucía tan sorprendida como él por la chispa de electricidad,
arrebatando rápidamente la mano y secándose las palmas en los
vaqueros como si tuviera una enfermedad contagiosa. En el interior, su
lobo comenzó a pasearse inquieto, angustiado ante el contacto roto. Aric
cubrió su confusión con la pregunta obvia.

—¿Cómo está Micah?

Una pequeña sonrisa teñida de tristeza adornó su boca exuberante.

—Vivo, pero tiene un largo camino por recorrer para recuperarse.


Está... —Se aclaró la garganta, obviamente para restringir sus
emociones—. Él no está sanando tan rápido, no como me han dicho que
un cambiaformas debe hacer. No creo que esté luchando muy duro.

Eso respondía a un par de preguntas. Una de ellas, ella sabía lo que


eran. Lo que significaba que Nick probablemente la había puesto al
corriente. Dos, Rowan amaba mucho a su hermano.
—Escucha, sé a ciencia cierta que Micah te ama más que a nada —le
dijo—. Una vez que se dé cuenta que ha sido rescatado y que estás
aquí, nada le impedirá recuperarse.

—Suenas tan seguro. —Su voz tenía tanta esperanza.

—Lo estoy.

La estudió con atención y ella le devolvió el favor enseguida. No era la


más hermosa modelo que había conocido, pero había algo en ella que lo
atraía. Irradiaba fuerza interior y un temple de acero, pero sus rasgos
agudos eran suavizados por un toque de vulnerabilidad que le daba
ganas de tomarla en sus brazos y no soltarla. Se percató de algo nuevo
y tardó unos segundos antes de reconocer lo que era.

El perfume de Rowan.

No lo sacudió como su contacto lo había hecho, sino más bien, llenó


sus sentidos lentamente, como el aroma de una vela encendida por fin
llegando a él desde el otro lado de la habitación. Brisa marina y flores
tropicales. Esa era su deliciosa esencia y se hundía en cada célula de su
cuerpo, llamándolo —y a su lobo— como ninguna otra cosa jamás lo
había hecho.

Debajo de la sábana, su polla se hinchó rápidamente, llenándose hasta


que la maldita cosa era roca dura y estaba dolorido. Oh, demonios.
Levantó una rodilla un poco, esperando que ella no se diera cuenta de
su problema. No era avergonzado o se ponía incómodo fácilmente,
porque simplemente le importaba una mierda lo que la gente pensaba.
Pero esta necesidad repentina y abrumadora que sentía por presionar
su piel desnuda contra la de ella, de estar dentro no simplemente de
cualquier mujer, sino de ella, le desconcertaba. Y lo asustaba un poco.

—Suena como si conocieras bien a mi hermano —dijo.

—Estábamos en los SEAL juntos y más tarde nos unimos a la Manada.


Supongo que cuando prácticamente convives con tipos durante años, a
veces los conoces mejor que sus propias familias.

Una chispa de crudo dolor cruzó por su rostro.

—Muy cierto.

—Mierda, lo siento —dijo él, frunciendo el ceño—. No quiero dar a


entender que conozco a Micah mejor que tú.

—No, está bien. Estoy segura de que en muchos aspectos lo haces. —


Hizo una pausa y miró hacia abajo, distraídamente sobre su línea
intravenosa—. Micah nunca me dijo que dejó a los SEAL y se unió a la
Manada Alfa. Asumo que tenían prohibido decirles a sus familias dónde
estaban y qué estaban haciendo en realidad.

—Bajo el liderazgo de Terry Noble, sí. Nick nos insta a tener cuidado
con lo que decimos a nuestros familiares y viejos amigos fuera de este
lugar, pero no es tan rígido como era Terry. Confía en nuestro juicio.

Fijándolo con su mirada de nuevo, ella le preguntó: —¿Qué le dices a tu


familia?

—Nada —dijo secamente—. No tengo familia. Mi madre está muerta.

Beryl, la perra y su padrastro no contaban. Le importaba un comino


dónde estaba ahora el viejo cabrón o qué había pasado con él y la
próxima vez que se encontrara con Beryl, le arrancaría la garganta.

—Lo siento mucho.

—Yo, también. —Él intentó una sonrisa tranquilizadora—. Fue hace


mucho tiempo. Me enviaron a la Marina y ella murió después de mi
primer despliegue.

No había sido capaz de salir de casa con suficiente rapidez después de


que ella se había casado con el estúpido. Había esperado años por su
libertad, luego se unió al servicio y nunca la volvió a ver. El dolor y la
culpa nunca sanaron.

Rowan no parecía saber de qué otra manera responder y se decidió por


dirigir el tema a su hermano de nuevo.

—Estuviste cautivo con Micah.

Así que aquí estaba, el verdadero motivo de su visita. Se había


preguntado cuándo llegaría al tema.

—Sí, pero no sabía que él estaba allí hasta justo antes de que fuéramos
rescatados.

—¿Dijo algo acerca de lo que hicieron con él? —La ansiedad ataba cada
palabra.

—No estaba consciente en el momento que estuve situado en la jaula


junto a él —dijo cuidadosamente—. Hasta que se despierte, solo
podemos especular por lo que pasó.

—Pero ellos estaban experimentando con personas en ese lugar


horrible.

—Sí.

—¿Tú, también?

No, no vayas por ahí.

—Mira, no tengo las respuestas que deseas. Ojalá las tuviera, entonces
tal vez podría ayudarle.

Por primera vez, su postura se encorvó.

—Eso es todo lo que quiero, también. Solo esperaba... bueno, no


importa. Obviamente has pasado por algo horrible y te he mantenido
despierto. Gracias por hablar conmigo.

—Cuando quieras.

Ella se volvió para irse y él se dio cuenta de lo que quería decir… que le
gustaría estar allí si ella lo necesitaba. De hecho, no quería que se fuera
en absoluto, pero no había una buena manera de animarla a que se
quedara sin sonar como un baboso, ya que era un extraño y Micah
estaba tan enfermo.

Antes de llegar a la puerta, ella lo miró por encima del hombro.

—Espero que te sientas mejor y salgas de aquí rápido.

—Ya me siento mejor —respondió en voz baja. Le sostuvo la mirada


para asegurarse de que entendiera el mensaje.

Una rápida sonrisa y ella se había ido.

Aric se hundió en las almohadas con un profundo suspiro.

—Jesús, ¿qué está mal conmigo?

Ya odiaba que estuviera lejos de él. Donde no podía llegar a conocerla.


Tocarla.

Follarla contra la pared.

¿No le había ocurrido algo similar a Jax cuando había conocido a Kira?

—Oh, mierda.

No. ¡Eso no era lo que estaba mal con él! Su libido descuidado estaba
reaccionando a una mujer sin ataduras, nada más. Espera… ¿era
soltera? No había visto un anillo, pero eso no significaba que no hubiera
un novio.

Su lobo gruñó, totalmente cabreado con la idea de que podría haber


otro hombre en su vida. Alguien esperándola, en donde sea de donde
ella fuera. Sus pulmones se constriñeron, se hizo difícil respirar y supo
que una cosa era segura.

Él. Estaba. Jodido.

***

Cerrando la puerta detrás de ella, Rowan se apoyó contra la pared,


permitiéndole a su compostura desmoronarse. El hombre, Aric, era tan
delicioso como había pensado cuando lo había visto anoche. Más aún
sin la barba. El oscuro pelo castaño rojizo caía alrededor de ese rostro
sexy como el pecado y tenía unos ojos verdes impresionantes que
habían visto demasiado. Su inteligencia era aguda como la hoja de un
cuchillo. Él era…

—¿Qué demonios estoy pensando?

Micah estaba mortalmente enfermo y él la necesitaba a su lado. Tenía


que ayudarlo a salir adelante. Por eso había ido a ver a Aric, para saber
si tenía alguna idea de lo que le había pasado a su hermano. No para
fantasear con el lobo como una adolescente.

Lobo. Mierda, ¿de verdad estaba comenzando a aceptar todo esto?


Parecía que no tenía elección, realmente. Era difícil refutar lo que
estaba justo en frente de tu cara, y la noche anterior había sido el factor
decisivo. Gracias a un curso intensivo, su pensamiento sobre el mundo
y las criaturas en él ya estaba cambiando.

Empujándose lejos de la pared, caminó pasando dos puertas, hacia el


cuarto de Micah y entró. El silencio era inquietante, la vida se
evidenciaba solo por el bip del monitor y el levantamiento y la caída del
pecho de su hermano. Levantando una silla, se sentó y miró su rostro
ya bien afeitado pero todavía arruinado, deseando que abriera los ojos.

Con el corazón dolorido, apoyó el brazo sobre la cama y le acarició el


cabello. Durante la noche larga y solitaria, había intentado cepillarlo,
pensando que la acción podría estimularlo de alguna manera, pero los
mechones estaban tan enmarañados que necesitaría un corte de cabello
y varias lavadas, además de un buen acondicionador para hacerlo
parecer decente de nuevo.

—Te sentirás mejor cuando tu cabello esté limpio —le susurró—. Ya


verás. Vamos a asegurarnos de que comas bien y tomes muchas
vitaminas. Cuando estés más fuerte, trabajaremos juntos y te venceré
en la carrera de 100 metros como siempre lo he hecho. ¿Está bien?

El hombre estaba dormido y ella se preguntó si estaría soñando. Si se


rindiera al cansancio y se dejara llevar, ¿sería capaz de llegar a él? Al
tener que hacer frente a los días por delante de verlo allí, recostado
como un cadáver, estaba lo suficientemente desesperada para intentar
cualquier cosa.

Al final resultó que no tuvo que convencer a su cansado cerebro de


cooperar. Su cabeza se sentía tan pesada que necesitaba descansar en
la cama, al lado de su hombro, solo por un rato. Al instante en que lo
hizo, el sueño la reclamó.

Un ruido estridente irrumpió en su conciencia y se intensificó


rápidamente convirtiéndose en un grito horrible e interminable. Rowan
se puso derecha, con el pulso acelerado y buscando automáticamente la
pistola que todavía no le habían devuelto. Un vistazo a Micah aclaró las
telarañas a toda prisa.

El cuerpo de su hermano estaba tenso como una cuerda de arco, la


cabeza oscura hacia atrás, los ojos apretados mientras agarraba las
sábanas, gritando como si estuviera siendo atravesado y cortado en
pequeños trozos.

—¡Oh, Dios mío! ¡Micah! —Sin pensarlo, puso una palma en su pecho,
esperando calmarlo. En su lugar, comenzó a agitarse—. ¡Cariño, soy yo,
Rowan!

En ese momento, él se arrojó hacia un lado de la cama. De dónde sacó


la fuerza, ella no tenía ni idea, pero hizo un desesperado intento por
agarrarlo y fue tirada al piso de mosaico tan fuerte que el aire abandonó
sus pulmones de golpe. Aterrizaron en un revoltijo de extremidades y su
línea intravenosa y la cosa con ruedas que sostenía la bolsa de líquido
cayó al suelo también. Él luchó como un gato salvaje —o un lobo
aterrado— mientras ella lo empujaba con la cara hacia abajo y yacía
sobre su espalda en un intento de dominarlo.

—¡Micah, detente!

—¡No! ¡Ahhhhh!

Él estaba completamente fuera de sí. Peleando contra sus torturadores.


Se resistía violentamente, gritando y tratando de hacer palanca para
quitársela de encima.

—¡Alguien ayúdeme! —gritó ella.

Incluso en su horrible condición, la fuerza de Micah era increíble. Él


levantó las rodillas y se echó hacia atrás. Rowan salió volando y la parte
posterior de su cabeza se estrelló contra el piso, el dolor explotó en su
cráneo. Su visión se ensombreció, pero vio que Micah se cernía sobre
ella, con los labios hacia atrás en un gruñido salvaje, sus ojos
normalmente marrones se habían vuelto negros. Su nariz come nzó a
alargarse en un hocico y pelaje comenzó brotar alrededor de su rostro.

Él va a matarme.

—¡Micah, no! —exclamó, empujando su pecho.

La puerta se abrió de golpe y el peso de Micah desapareció


repentinamente. Sonidos de feroces gruñidos y golpes, y muebles siendo
empujados, llegó a sus oídos; la inconfundible furia de dos caninos
batallando. Incorporándose, se agarró la parte posterior de la cabeza y
se quedó asombrada ante un par de lobos —uno marrón y uno rojo—
peleando por dominación.

Eran un borrón de velocidad y movimiento. El lobo marrón rodó,


esquivó, pero el rojo avanzó, mostrando los dientes, haciéndolo
retroceder hacia una esquina. El lobo marrón era más pequeño, su pelo
era sin brillo y mate, cuando debería haber estado tan completo y
brillante como el rojo y crema de su contraparte. El marrón, supuso,
era Micah.

Lo que se evidenció cuando él cayó y se desmayó… y entonces cambió


de nuevo a su forma humana. El lobo rojo se acercó a su compañero
caído, olfateándolo y se quejó en voz baja. Entonces el pelaje se retiró de
su piel lentamente, los miembros volvieron a su forma y se volvió un
macho humano agazapado donde había estado el lobo.

Un macho muy desnudo. Aric.

Más tarde, apreciaría la memoria de la vista. En ese momento, se puso


de pie con las piernas temblorosas cuando él hizo lo mismo, tomando a
su hermano en brazos y llevándolo a la cama. Una mujer que no había
visto antes, quien por la bata blanca presumió era una doctora, y un
joven enfermero, se apresuraron a ayudar a que Aric metiera a Micah
en otra bata y lo instalaran una vez más. El enfermero prestó atención a
la intravenosa, mientras la doctora re visaba sus signos vitales,
escuchando su corazón y pulmones.

Aric enderezó una silla volcada y la empujó a ella.

—¿Estás bien? —Su tono era tranquilo y preocupado y apartó su mano


para examinar la parte posterior de su cabeza. Los dedos sondearon
suavemente un bulto que se estaba formando allí y ella hizo una
mueca—. Vas a tener un poco de dolor de cabeza y ya estabas a punto
de caer. ¿Por qué no vas a tu cuarto y descansas un rato?

Su garganta se apretó por el miedo. Sufrimiento.

—No puedo. Él me necesita.

—Él necesita que estés bien —respondió Aric—. No sabe que estás aquí
ahora y un par de horas de sueño te van a ayudar.

—Ese no era mi hermano —susurró ella.

—Lo sé, cariño. —Sus nudillos rozaron su mejilla.

El pequeño acto de cariño fue casi su perdición. Y de repente, que un


hombre la llamara “cariño” no era tan malo tampoco, viniendo de este
hombre. Inclinando su cabeza, luchó por contener el torrente de
lágrimas que amenazaban con derramarse.

—Adelante, llora si eso te hace sentir mejor.

Ella soltó una risa lacrimosa y sin sentido del humor.

—Sabes, estaba sorprendida y desconsolada cuando ese imbécil me dijo


que Micah había sido asesinado. Pero ahora, no me siento muy
diferente, excepto que podría estar perdiendo la razón.

—De ninguna manera —bromeó él con suavidad—. El límite de locura


es un hermano por familia.

Esta vez, su risa fue un poco más de corazón. Pero solo un poco. Ella se
volvió para mirarlo, arrodillado junto a su silla, con el hermoso rostro
lleno de nada más que preocupación. Contra su voluntad, sus ojos
hicieron un rápido recorrido hacia el sur, pero en su posición, con el
brazo de la silla bloqueando su vista, solo pudo ver su bien esculpida
mitad superior. Su pecho era amplio, con una agradable pizca de pelo
oscuro y dos bronceadas tetillas masculinas frunciéndose por el aire
acondicionado.

Dios, era hermoso. Y había pasado demasiado tiempo.

Sacudiéndose a sí misma, apartó la mirada y recurrió a su modo


policía.

—Normalmente arresto a personas por caminar así por ahí.

Ignorando el humph de acuerdo de la doctora, él soltó una risita.

—Encuentras gran cantidad de nudistas, ¿verdad?

—Algunos. Especialmente por Halloween.

—Oye, aquí es Halloween todo el maldito tiempo. —Él movió las cejas—.
Qué ventaja.

Levantando la mirada de su paciente, la doctora se quejó: —Ponte algo


de maldita ropa, Savage.

—Solo estás celosa porque la mía es más grande que la tuya —replicó—.
Mel 15.

La mirada de la otra mujer lo niveló, lo que le dijo a Rowan cuánto


apreciaba ese apodo.

—Es Melina, idiota. —A Rowan, en un tono ligeramente mejor, le dijo—:


Dra. Melina Mallory. Ya sé que eres Rowan, la hermana de Micah.
Créeme, vamos a cuidar muy bien de él.

—Gracias. —Miró a Aric—. Y gracias a ti, también, por intervenir


cuando Micah perdió el control. Creo que él me habría lastimado.

—No a ti, a los demonios en su cabeza. No te estaba viendo en absoluto.

No era un consuelo. Recordando el incidente, pensó en algo.

—¿Cómo tuvo la fuerza para lanzarse fuera de la cama así? Quiero


decir, he sometido a muchos perpetradores que estaban intoxicados con
todo tipo de drogas, y a pesar de que la mierda en sus sistemas puede
hacerlos parecer sobrehumanos, por lo general puedo hacerlos caer.
Físicamente, me encontraba lejos de mi hermano a pesar de lo débil que
debería estar.

—Hay un par de buenas razones para eso —dijo la Dra. Mallory,


rodeando la cama de Micah para estar delante de Rowan—. Una,
incluso en su mayor estado de debilidad, como ahora, todavía será más
fuerte que varios hombres humanos si se siente amenazado. La otra
razón es que las drogas que esos bárbaros le dieron para mantenerlo
sedado están saliendo de su sistema. Su conciencia está volviendo, y

15Lo dice en doble sentido: com o a breviación de su nom bre y porque significa también
chica poco femenina a la que le gusta pasar el rato con chicos y no tiene amigas.
con ella, comienzan las verdaderas preocupaciones.

—Su estado mental está llegando a él.

—Exactamente. —La doctora le dio unas palmaditas en el brazo—. No te


engañaré. Hacer que esté bien no va a ser fácil, pero él lo logrará. Voy a
asegurarme de ello. Ahora sigue los consejos del desagradable pelirrojo
y descansa un poco. Llamaré a tu cuarto si hay algún cambio.

Ella suspiró.

—De acuerdo. Pero solo un momento.

La Dra. Mallory frunció el ceño ante Aric, con su mirada sumergiéndose


en el sangriento agujero en su mano donde había arrancado su
intravenosa.

—¡Y tú! ¡Pon tu trasero de vuelta en la cama! Noah, llé valo e instálalo —
ordenó. El lindo enfermero dio la vuelta directamente y se apresuró
sobre Aric.

—Pero…

—Ahora, o haré que te quedes indefinidamente —advirtió ella.

Rowan pensó que era un poco divertido, la se vera pero diminuta


doctora con una capa de cabello corto oscuro, ordenando a un
cambiaformas que podía darle una paliza. Pero Aric cedió, aunque por
su ceño fruncido, no estaba feliz.

—Maldita sea, está bien. —Apretó la mano de Rowan—. Iré a ver cómo
estás cuando Atila me suelte.

—Oh, eso no es necesario…

—Lo es. Confía en mí.

Con eso, se puso de pie y salió mientras Noah colocaba una bata sobre
sus hombros, bloqueando lo que seguramente habría sido una buena
vista de su trasero. Cuando la puerta se cerró, Rowan sacudió la cabeza
y miró hacia la Dra. Mallory para ver una expresión perpleja en su
rostro.

—¿Qué fue todo eso? —Rowan se preguntó en voz alta.

—No creo que él sepa —dijo la otra mujer crípticamente—. Pero lo hará.

Sea lo que quisiera decir eso.


—¿Asumo que Aric no suele ser del tipo cálido y tierno?

—Ni por asomo. Pero definitivamente fue diferente contigo. —Esto


parecía complacer infinitamente a la doctora, porque una sonrisa
suavizaba sus duras facciones.

—No sé por qué —dijo con un encogimiento de hombros—. Recién nos


conocimos y yo no soy tan mimosa.

—Ve, descansa un poco.

—¿Y si se enoja otra vez? —Estudió a su hermano dormido,


mordiéndose el labio con preocupación.

—Le di algo en su intravenosa para mantenerlo calmado. No es nada


como la mierda que esos supuestos científicos le estuvieron dando
antes —le aseguró a Rowan—. Pero lo ayudará a adaptarse mientras
regresa a nosotros.

Después de un largo momento, ella cedió.

—Muy bien. Volveré más tarde.

—Él está en buenas manos.

Rowan se levantó y salió antes de cambiar de opinión. Pasando por el


cuarto de Aric, pensó por un segundo en detenerse ahí para asegurarse
de que estuviera tan bien como él parecía pensar. Una voz interior, sin
embargo, le urgió a seguir adelante. No importa cuán atraída se sintiera
por el hombre.

Aric Savage no era como ningún hombre que hubiera conocido.

No podía evitarlo, pero pensar eso podría ser algo bueno.


Traducido por Karou! & Parvatti

Corregido por andreasydney

e estoy volviendo loco —murmuró Aric, apretando el


timbre. ¿No se supone que traería al mequetrefe? ¿Cuál era
su nombre? Oh, sí, Noah—. Detén la maldita Arca, Noah.
El lobo quiere salir.

No hubo respuesta.

—Okey, eso es todo. Me voy de aquí.

Usando la cinta en el dorso de su mano, tomó una esquina. Luego,


sosteniendo el tubo en su lugar, sacó la tira con cuidado, arrugó la
cinta y la pegó en la mesita de noche. Por último, deslizó fuera la IV,
haciendo una mueca ante el leve malestar. Un poco de sangre goteó del
agujero, pero nada como la noche anterior cuando había arrancado
toda la cosa, tratando de llegar a Rowan.

Pensando sobre el incidente, sintió que su estómago se apretaba. Nunca


había sentido nada parecido a la rabia que le había sorprendido el día
de ayer cuándo había visto a Micah en forma de lobo, fijando a su
hermana en el suelo con locura en sus ojos. La necesidad de protegerla
le había consumido. Él había querido matar al lobo por amenazar a lo
que era suyo.

Nuestro.

Incluso ahora, su lobo se paseaba inquieto, exigiendo que la buscara.


Que frotara su olor por toda su piel para que los demás supieran que
era de ellos y se mantuvieran fuera. Entonces él la inmovilizaría,
hundiría su polla dolorida en su apretado y dulce calor, dejando caer
los colmillos y…

Los hundiría profundo en la suave ve de su cuello y el hombro.

¿La reclamaría?

—No —susurró, sorprendido por sus propios pensamientos—. Diablos,


no.

Nada de eso había pasado por su mente antes, así que, ¿por qué ahora?
¿Con esta mujer a la que apenas conocía? A pesar de que ella no
parecía una completa desconocida, siendo hermana de Micah y todo
eso. El hombre había hablado un poco de su dura hermana policía, con
los años.

Un policía. Esa era otra razón para no involucrarse con la mujer. Nada
en contra de los chicos y chicas de azul. Muy por el contrario, no tenía
otra cosa que el más alto respeto por los peligros a los que se
enfrentaban todos los días para mantener las calles seguras para los
seres humanos. Ellos estaban dedicados, casados con sus trabajos.

Y ese era solo uno de los muchos obstáculos que enfrentaba con solo
mirar en dirección a Rowan. No permitiría que su compañera se pusiera
en peligro por el bien de otros. No es que él quisiera a una compañera
porque no lo hacía.

Ya está. Problema resuelto.

Un gemido patético vino de lo profundo del alma de su lobo y frunció el


ceño, empujándose a sí mismo fuera de la cama. No necesitaba esta
mierda. Él tenía el control, no la bestia con sus patéticos impulsos.

Razón por la cual, con la bata aleteando contra su culo desnudo, se


dirigió directamente a la habitación de Micah y revisó para ver si Rowan
estaba dentro. Ella no estaba, y su nivel de ansiedad aumentó un poco
más. ¿Dónde estaba? ¿Por qué no había venido a verle hoy? Bueno, ella
no lo conocía. Pero habría sido agradable, ya que él había salvado su
precioso trasero.

Se tomó unos segundos para asegurarse de que Micah estaba


descansando pacíficamente, se volvió y se dirigió a través de los pasillos
de la enfermería. Al instante, Noah le cerró el camino con los ojos muy
abiertos.

—¡Espera! ¿A dónde vas? ¡Tienes que volver a la cama!

—Si me meto en una cama va a ser la mía. Me voy, lo que te habría


dicho en persona si te hubieras tomado la molestia de contestar el
maldito timbre.

El enfermero frunció el ceño.

—Estaba ocupado cuidando del señor Chase. No puedes irte o la Dra.


Mallory va a comerse mi trasero.
—Entonces necesitará una gran cantidad de sal.

—¿Eh?

—Sal del camino, mequetrefe.

—No. Tú no puedes…

—Muévete, ahora. —Molesto, Aric dejó a su lobo suelto, solo un poco.


Lo suficiente como para permitir un cambio parcial en mitad hombre,
mitad lobo. Un espectáculo que sabía a ciencia cierta era aterrador
como el infierno por la forma en que el chico gritó y saltó a un lado, con
la mano sobre su corazón.

Mucho mejor. Continuando sigilosamente, se dejó volver a la


normalidad —si es que existía tal cosa— y se dirigió a uno de los
pasillos principales que llevaban a las habitaciones. Dios, no veía la
hora de tomar una ducha. Esa era la primera orden del día después de
semanas de cautiverio y ser obligado a soportar su propia suciedad. Los
enfermeros le habían afeitado y dado un baño de esponja, pero no se
podía comparar con un verdadero baño.

Por suerte, él no se encontró con nadie y llegó a su puerta sin ningún


incidente o discusión. De pie ante la puerta de su cuarto, sin embargo,
tuvo un mal momento cuando se dio cuenta de que había estado fuera
tanto tiempo y había sufrido tanto, que no podía recordar el código de
seguridad para entrar.

Una acción simple y mundana. Una que no daría por sentado de nuevo.

Estirando la mano, dejó que sus dedos trazaran sobre el teclado.


Después de un par de intentos incorrectos, la secuencia regresó a él y
estaba dentro, respirando profundamente y mirando alrededor.

El apartamento no era el mismo que él había dejado; el lugar estaba


impecable. Estaba seguro de que había habido periódicos, botellas de
cerveza, envoltorios de comida y algunos números de Big Tits-N-Asses16
esparcidos por todas partes. Podría haber jurado que estaba en el lugar
equivocado, excepto que el código había funcionado.

Cada superficie brillaba y el aroma a cera de limón flotaba en el aire. La


encimera que separaba el bar de la cocina había sido enderezada y
limpiado y así también las encimeras en la propia cocina.

Entrando en la cocina, inspeccionó el frigorífico. La leche adentro, así

16 Big Tits-N-Asses: Grandes Tetas y Culos.


como el sándwich de carne y una variedad de condimentos, estaba
fresca. Había una cazuela cubierta, también, y sospechaba que una de
las mujeres la había horneado por su regreso.

Y sí, tenía que haber pelusa en sus ojos. Olió y maldijo al mismo
tiempo, contento de no hubiera nadie aquí para ser testigo de su
regreso a casa. Cerró la nevera, se volvió y caminó hacia el dormitorio,
quitándose la horrible bata mientras caminaba. Tiró la cosa en el suelo
y se dirigió derecho hacia la ducha.

Su cuarto de baño también brillaba, y él se estremeció, pensando en la


capa de mugre que sus amigos debían de haber enfrentado para
ayudarlo. Encendió el agua, le dio un minuto para que se calentara y
luego entró en el cielo.

Corrientes de agua caliente regaban la parte superior de su cabeza,


mojándole el pelo y corría por el cuerpo. Masajeando sus músculos
cansados y maltratados. Él gimió de pura felicidad y se quedó bajo la
ducha durante varios minutos, y lo impactó que no se había dado
cuenta hasta ese momento que había estado congelado hasta los
huesos.

Después de lavarse el cabello dos veces, apretó gel de ducha para


hombres en su palma, enjabonó su cara, cuello, pecho, estómago. Las
piernas y los pies. Dejó el sendero de la gloria para lo último, siguiendo
hasta abajo entre sus muslos aplicó jabón a sus bolas.

—Ahhh, sí.

Demasiado puto tiempo. Se sentía tan jodidamente bien frotar la


espuma a lo largo de sus resbaladizos sacos, hacerlas rodar. Gracias a
Dios que sus pelotas ya no estaban lastimadas. Su polla se interesó en
el juego, alargándose hasta curvarse hacia su vientre y rogar atención.
Se tomó su tiempo, lavando sus bolas y enjuagándolas dulcemente.
Luego se sirvió una generosa cantidad de jabón líquido —
indiscutiblemente, el mejor invento de todos los tiempos— a lo largo de
su polla y tomó el miembro impaciente en su mano.

Siseando, agarró su eje más fuerte, temblando ante el placer que fluía a
través de su vientre. Comenzó a bombear, hasta el apretado saco y de
nuevo hasta la cabeza regordeta, enrojecida con necesidad. Bien, pero...

La intensidad había desaparecido. El factor Oh mi Dios que lo hacían


esforzarse para contenerse de correrse y enviar olas de fuego a través de
su cuerpo. Concentrándose, se masturbó casi brutalmente, buscando la
cumbre que permanecía esquiva.
Para su completo asombro, su erección empezó a marchitarse.

—¿Qué demo…? ¡De ninguna manera!

Apoyándose contra la pared de azulejos, se quedó asombrado mirando


su flácida polla, tratando de imaginar lo que había salido mal. Él y el
resto de la Manada tenían la mayor libido que jamás había visto y
requería liberación de manera regular, algo de lo que se encargaban en
ocasionales viajes a Las Vegas. A Aric se le había negado cualquier tipo
de contacto sexual —bueno, él no se iba a masturbar en frente de su
hermanastra o sus secuaces, incluso si hubiera podido— por lo que
debería haber estado a punto de estallar al segundo en el que se tocó.

Esto no estaba bien. Concentrándose, invocó en su mente la última


puta que había follado en la Ciudad del Pecado. El problema era que
ella no era tan memorable, a pesar de que él había alcanzado el éxtasis
en ese momento. No, solo una mujer le interesaba en absoluto. Una
total sutileza.

El rostro de Rowan, su cuerpo alto y fuerte y su delicioso trasero,


invadieron su mente. La excitación se estrelló contra su estómago como
un mazo y su pene se tensó al instante. Un gruñido de satisfacción
retumbó en su pecho cuando él empezó a acariciarse, fantaseando que
ella estaba allí con él. Tan ansiosa por probarlo como él lo estaba por
deslizar la cabeza entre sus labios. Más profundo, avanzando poco a
poco toda su carne por su garganta esbelta.

—Oh, mierda.

Eso es lo que haría. Follar esa exuberante boca suya, lento y suave.
Agarrando su espeso pelo oscuro, guiándose dentro y fuera,
aumentando el ritmo hasta que él le estaba dando todo lo que podía
tomar. Rápido y furioso mientras ella lo sorbiera.

—Mierda, ¡sí!

Sus bolas elaboraron cintas de electricidad que zigzaguearon a través


de su ingle, sus muslos. El orgasmo se abalanzó sobre él como un tren
de carga y su polla entró en erupción, cremosos arroyos salieron en
forma de arco hacia la lluvia de agua para arremolinarse por el desagüe.
Temblando, extrajo hasta lo último y se dejó caer.

Señor, estaba cansado. El agotamiento de su terrible experiencia,


seguido de una ducha refrescante y un gran orgasmo, lo dejó casi sin
poder ponerse de pie. Rápidamente, terminó y salió, secándose con la
toalla su largo cabello para sacar toda la humedad posible.
Rebuscó debajo del fregadero por el secador de pelo, tomó un cepillo y
fue a trabajar en sacarse semanas de enredos. Tal vez algún día iba a
acabar cortándolo todo. Le gustaba su pelo largo y también lo hacían
las mujeres, eso decían, pero cuidarlo era una putada. Tuvo que secarlo
porque odiaba dormir con el pelo mojado.

Mientras lo hacía, hizo una mueca ante su reflejo en el espejo. Había


perdido peso, no era sorpresa. Su pecho todavía lucía algunas
contusiones, pero se preguntó acerca de su espalda ya que todavía no la
había visto. Una vez que la larga masa estuvo bastante seca, apartó el
secador y, respirando hondo, le dio la espalda al espejo. Corriendo su
cabello fuera de camino, miró por encima del hombro y estudió su
reflejo y maldijo.

Su piel se veía como un maldito mapa de carreteras.

Líneas rosas inflamadas y arrugadas atravesaban toda la zona desde los


omóplatos hasta su trasero. Las púas de plata del látigo favorito de
Beryl habían funcionado tal como ella había sabido que lo harían en un
cambiaformas, tomando el doble de tiempo en sanar y dejando
cicatrices terribles cuando un látigo normal no lo haría.

Él llevaría estos recordatorios de su cautiverio por el resto de su vida.


Por muy larga o corta que pudiera ser. Si tomaba su último aliento, él
iba a encontrar una manera de hacer que Beryl, Chappell, y
quienquiera que fuera el autor intelectual de todo esto, sufrieran.
Gritaran como él lo había hecho.

Cuando salió del cuarto de baño, una ola de mareo casi lo derribó. Se
apoyó con una mano en la pared hasta que el balanceo se detuvo y de
pronto solo esperaba poder llegar a la cama. Estaba tan cansado.

Tambaleándose los últimos metros, cayó sobre el colchón y dejó que su


cuerpo se hundiera en la suavidad. No tenía energía para apartar las
mantas, pero no le importaba. Estaba en casa. Sus ojos se cerraron y
su último pensamiento fue que estaba especialmente cálido en la
habitación.

Y luego el sueño lo reclamó y ya no se preocupaba por eso, tampoco.

***

Aric sabía que estaba soñando.


Los sueños eran así a veces. La mente subconsciente sabía que estabas
en la cama, acogedora y durmiendo, pero el espíritu estaba dispuesto a
ir hacia adelante y ver a dónde lo guiaba la aventura.

A su interior de veintiún años le encantaba Las Vegas. Desde que se


había convertido en legal y había puesto por primera vez un pie en la
ciudad, una vida atrás, al parecer. Nunca olvidaría las luces por la
noche, la ciudad en constante movimiento, extrañamente seductora,
como una señora llamativa ya volviéndose un poco vieja, que llevaba
demasiado maquillaje y joyas, y reía un poco demasiado fuerte. Sin
embargo cuando ella hizo una seña, un joven no podría dejar de
seguirle.

Tenía perfecto sentido que se encontrara de pie en el centro de la calle,


contemplando el espectáculo de luces en la marquesina sobre su
cabeza. Una multitud de gente bullía dentro y fuera de Fitzgerald, el
Golden Nugget, Horseshoe, y Union Plaza 17 . Otros se encaminaban
hacia la calle principal, para subir a los autobuses que los llevaran a la
Strip, participar de los espectáculos u otros placeres.

Aric sabía qué clase de placeres buscaba y que no implicaban apostar


dinero duramente ganado o ir a uno de los espectáculos para adultos.
No cuando podía participar en un show privado por sí mismo.

Empezó a caminar, pensando tal vez que agarraría uno de los volantes
de la caja diarios que en realidad no contienen noticias en absoluto,
sino anuncios que describen los diversos establecimientos de
acompañantes y las mujeres con experiencia que un hombre podía
encontrar allí. Su lobo, sin embargo, gruñó con ira ante la idea.

¿Qué demonios? Es mi sueño, ¡maldita sea! Puedo hacer lo que me dé la


gana y con quien me de la gana .

Decidido a ignorar a su homólogo peludo, tomó la manija en una de los


puestos.

—¿Vas a encontrar lo que estás buscando ahí?

Enderezándose ante la voz familiar, se volvió y miró parpadeando a


Rowan. Ella estaba de pie a unos metros de distancia, con un par de
ajustados pantalones de cuero marrón y una camiseta recortada en
negro que mostraba un tentador trozo de su abdomen bronceado.
Brillante y rico cabello castaño caía sobre los hombros y su atrevida
boca y los pómulos se acentuaban con un toque de maquillaje. A decir

17 Casinos y hoteles de Las Vegas.


verdad, ella no lo necesitaba, pero el efecto total hizo endurecer su polla
dentro de sus pantalones vaqueros.

La mujer era impresionante.

—Pensaba hacerlo —respondió él, dando un paso más cerca—. Pero


ahora tengo serias dudas.

—¿Porque yo aparecí? —Su tono era divertido, provocador.

—¿Por qué lo hiciste? ¿Cómo es que estás aquí, conmigo?

Su expresión se volvió pensativa.

—No lo sé. Yo no te estaba buscando.

—Entonces, ¿a quién?

—A Micah. Tenía la esperanza de encontrarlo en nuestros sueños, como


cuando éramos niños. Deseaba llegar a él, tratar de traerlo de vuelta. —
Ella frunció el ceño—. Lo he intentado con tanto ahínco, pero no lo
logro.

—¿Nick te lo contó todo?

—Todo sobre ustedes, lo que hace el equipo y el don de Micah, sí.

—¿Eres un Caminante de Sueños, también? —La idea lo fascinaba.

—No lo sé. —Ella lo miró con esperanza—. Si tú y yo recordamos este


sueño, entonces quizás lo soy. Y aún podría encontrarlo.

—Eso espero —dijo sinceramente—. Pero estoy seguro de que va a


empezar a hacer progresos en breve. Los médicos del complejo son los
mejores.

—Gracias.

Hizo un gesto a su llamativo atuendo.

—Si no esperabas encontrarme, ¿qué hay con el cuero? Supongo que no


es la forma en que habrías vestido para ver a tu hermano.

Mirando brevemente hacia abajo, a sí misma, levantó la mirada y


sonrió.

—Tenía unos vaqueros y una camiseta, pero cuando te vi, ¡puf! Ropa
nueva. Los sueños son geniales, ¿no?

Ladeando la cabeza, sintió una lenta sonrisa dibujándose en su rostro.


—¿Te cambiaste por mí?

Ella se encogió de hombros.

—Esos son los derechos de una mujer, ¿cierto?

—Por supuesto. Es solo que cuando nos conocimos, no me pareciste del


tipo que trata de impresionar a un hombre usando ropas vistosas y
maquillaje.

Cerró sus puños contra su cadera y entornó los ojos.

—¿Por qué? ¿Porque soy policía? Porque incluso si no puedo hacer algo
tan genial como convertirme en lobo, todavía podría estrangularte y
tumbarte como un ladrón de poca monta.

Él se echó a reír. Dios, ella era hermosa, sobre todo cuando estaba
irritada. ¿Cómo pudo haber creído que ella no era la mujer más
hermosa que había visto nunca?

—No. Bueno, tal vez —admitió, le vantando las manos en señal de


rendición—. Descanse, oficial. Siempre trato de llevar a la gente a su
valor nominal cuando me encuentro con ellos, eso es todo. Me pareció
que eras muy terrenal y honesta, sin incluir lujos de dama. Eso me
gustó.

—¿Pero no te gusta esto?

—Por supuesto que sí, cariño. Soy un hombre. —Bueno, maldita sea,
eso no sonó como un gran cumplido. Apestaba en esto—. Pero en ti luce
extra caliente, sexy. —Ya está. Mucho mejor.

—Entonces supongo que no necesitas ese volante para encontrar la


fantasía que estabas buscando.

Sus labios se convirtieron en una sonrisa felina, cerró la distancia entre


ellos y extendiendo la mano hacia su cara, trazó con una uña uno de
los lados de su cara. Hacia abajo por su cuello y pecho. Su polla
palpitaba dolorosamente detrás de la cremallera mientras la miraba
fijamente, preguntándose si se había ganado la lotería o había sido
sumergido en el infierno.

—No puedo. —Tomando su muñeca con un apretón suave, él quitó su


mano.

—¿Por qué no?

—Por un lado, eres la hermana de mi mejor amigo, quien pateará mi


trasero cuando se mejores y se entere que me aproveché de ella.

—Gracioso, yo no lo veo de esa manera. Tal vez, soy yo quien se está


aprovechando de ti. —Ella presionó su frente con la de él, su calor, su
olor a océano y flores lo mareaba.

—Rowan, acabamos de conocernos. —El argumento sonaba débil. Y su


lobo estaba de acuerdo.

—No hubieras dicho que sería un problema con alguna de esas mujeres
—dijo ella, haciendo un gesto hacia el dispensador de noticias.

—Tú no eres como ellas. —No, ella vale más que un centenar de ellas.
Más.

—¿No lo crees?

—No.

Ella parecía contenta por esto.

—Bien. Porque ha pasado demasiado tiempo y tengo la necesidad de


rascarme el picor con un hombre en particular y eso no me convierte en
una puta. Bueno, no mucho. —Su mano libre se infiltró por debajo del
borde de su camiseta, acariciando su vientre plano. Deslizándose hacia
abajo, al botón de sus vaqueros.

¿Rascar un picor? ¿Por qué no le gustaba cómo sonaba eso? En el


pasado, ese es exactamente el término que habría utilizado, pero con
Rowan... no parecía la descripción correcta. Sin embargo, sí le gustaba
una parte de lo que ella había dicho.

—¿Has estado pensando en estar conmigo? —Por favor, di que sí.

—Cada minuto de los últimos dos días, desde que los rescatamos. —Su
intensa mirada lo mantuvo inmóvil—. Estoy totalmente atraída por ti y
no lo entiendo.

—¿Sexualmente?

—Sí. Pero se siente como más también. ¿Debemos analizarlo aquí y


ahora?

—¡Dios, no! Este es nuestro sueño y podemos hacer cualquier cosa que
queramos.

—¿Cualquier cosa?

—Dime lo que quieres.


—A ti.

Ella llevó su boca a la suya, y Jesús, sus labios eran tan suaves.
Besables. Uno de sus brazos se deslizó alrededor de su cuello mientras
la otra mano apretó su entrepierna. Frotando la dura barra que trataba
de liberarse. Gimiendo, él profundizó el beso, desesperado por
saborearla. Tan bueno, mejor de lo que había esperado. Sus lenguas se
enredaron, los cuerpos se apretaron, avivando las llamas del deseo.

Rompiendo el beso, ella jadeó, agarrando su camisa en un puño.

—¿Quieres oír mi fantasía?

—No sabes cuánto me gustaría.

—Quiero que me tomes allá —dijo, señalando a la entrada de “The


Golden Nugget”—. Y quiero que me folles justo encima de las mesas de
blackjack.

Aric casi se ahogó.

—¡Santa mierda! No hablas en serio. ¿O sí?

—¿Por qué no? Esto es solo un sueño.

Esa era una sugerencia que él no iba a rechazar. Tomando su mano, la


arrastró hacia el casino mientras ella se reía alegremente en voz baja y
ronca. El sonido enviaba escalofríos por su espalda, tan sexy que casi
se corrió en los vaqueros. Corriendo, tiró de ella por un pasillo de
máquinas tragamonedas, en busca de las mesas. Cualquier mesa
estaría bien para él, pero Rowan quería una mesa de blackjack y ella la
tendría, así tuviera que buscarla por siempre.

En un hueco semiprivado de la sala de juego había algunas mesas. Una


de blackjack estaba allí esperando, desocupada, como si él la hubiera
deseado para que existiera. Raro. Pero no tan extraño como los otros
jugadores en la sala, personas sin rostro, algo borrosos, como si su
cerebro no pudiese conjurar características individuales, así que eran
simple avatares. Llevó a Rowan hacia la mesa y la colocó en ella, con su
espalda contra el borde.

—Quédate exactamente como estás. Voy a disfrutar pelando cada capa


de este traje.

—¿Qué pasa si yo quiero desnudarte?

—Tendrás tu turno. —Le guiñó un ojo—. En el próximo sueño.


—¿Estás seguro de que habrá un próximo sueño?

—Un hombre puede tener esperanzas.

Tomando el dobladillo de su camisa, jaló el material por encima de su


cabeza y lo tiró tras él. Sus pechos estaban casi derramándose de un
sujetador negro de encaje y él resistió la tentación de lamerse los labios.
En su lugar, accionó el cierre frontal y separó las copas, dejando al
descubierto un magnífico par de pechos con pezones oscuros que se
animaron bajo su atención. Sobre todo cuando rodaron entre sus
dedos, convirtiéndolos en firmes picos.

Apoyando las manos en el borde de la mesa, ella arqueó la espalda con


un gemido de placer. Moviéndose entre sus muslos abiertos, él se
inclinó hacia ella, ahuecando un hermoso globo y moviendo su pezón
con la lengua. El sabor dulce de su piel irrumpió en sus pupilas
gustativas, pura delicia, para él y su lobo. La bestia en él gruñó, con
ganas de más. Todo lo que ella le diera.

Arrodillándose, él agarró la cintura de sus pantalones de cuero y se


detuvo, levantando los ojos hacia ella, debía estar seguro de que estaba
bien con esto. Si no, se detendría. Habría terminado con un caso grave
de bolas azules, pero nunca forzaría a una mujer. El perverso brillo en
sus ojos y la leve inclinación de su cabeza, era toda la luz verde que
necesitaba.

Desabrochando sus pantalones y bajándole la cremallera, comenzó a


deslizarlos por sus piernas, casi esperando ver un trozo de encaje negro
que coincidiera con el sujetador. Sin embargo, una prolija capa de rizos
oscuros le dieron la bienvenida en su lugar y la lujuria casi lo envió al
límite. Su sangre se volvió caliente, atizando el fuego que lo llevaría a la
ebullición.

—Supuse que solo estarían en tu camino —dijo ella con voz ronca,
como si estuviera leyendo su mente.

Una respuesta ingeniosa se alojó en su garganta cuando de scubrió sus


muslos largos y tonificados ante él. Para cuando le quitó las botas y
terminó con sus pantalones, su boca se le hizo agua. Rowan era más
que la perfección.

—Eres una diosa.

Ella le puso una mano en la cabeza y lo instó a moverse entre sus


piernas, mientras se abría a una postura más amplia. El olor de su sexo
combinado con la fragancia de océano era ambrosía, lo suficiente como
para volverlo loco. Con cuidado, separó sus pliegues y probó su
pequeño clítoris. Ella se retorció, apretó su agarre en su cabeza,
animándolo a tomar más.

Feliz de ser obligado, él lamió su hendidura, dándole tanto placer como


podía, consiguiendo como premio su humedad y gemidos. Luego folló
con su lengua el resbaladizo canal, jugando con la protuberancia de su
clítoris al mismo tiempo, hasta que ella tiró de su cabello.

—¡Por favor! Te necesito dentro de mí.

Poniéndose de pie, se limpió la boca y sonrió.

—Todo lo que la dama desee.

—No quiero sentirme como una dama en estos momentos —replicó ella,
haciéndole señas con un dedo.

—Creo que puedo entenderte. —Por fin liberó su erección, empujando


los vaqueros por sus caderas—. Súbete a la mesa y acuéstate sobre tu
espalda.

Él la ayudó a subirse, y después de que ella estaba acostada, metió los


brazos por debajo de sus rodillas, tirándola hacia adelante, hasta que
su parte inferior estaba en el borde y apoyada en él. Las rodillas le
temblaban con anticipación, colocó las piernas de ella sobre sus
hombros, levantando su trasero. La cabeza de su polla goteante
apuntaba su montículo cubierto de rocío y no veía la hora de
sumergirse en su interior.

Avanzando lentamente, su jadeo se unió al de ella. Si alguna vez se


había sentido tan bien cuando una mujer abrazaba su polla, no podía
recordarlo. Su calor de terciopelo lo envolvió como un guante hecho a
medida. Se hundió en ella lentamente, mirando con fascinación como
su longitud desaparecía en su interior. Cuando llegó hasta el final se
quedó quieto, simplemente disfrutando la sensación, hasta que ella
empujó sus caderas y arqueó su espalda.

—Oh, Dios. Fóllame, Aric —demandó—. ¡Fóllame en serio!

Eso fue todo lo que necesitó oír para romper su control. Se retiró
lentamente, luego golpeó a fondo, sacudiendo la mesa y haciendo que
su amante gritara de felicidad. Se salió rápidamente y golpeó hacia
dentro. Fuera y dentro. Pronto estaba hundiéndose en su coño como un
pistón 18, alcanzando el punto de no retorno más rápido de lo que él

18 Émbolo de una bomba o máquina.


quería.

Pero se sentía bueno. Tan jodidamente bueno, que no pudo detener el


disparo de sus bolas mientras gritaba, llenándola. Espasmos uno detrás
de otro, montando las olas de su clímax y el suyo. Su cabeza se movía
de un lado a otro, clavando las uñas en la zona verde de la mesa de
blackjack. Cuando la última de las olas disminuyó y ella se relajó, se
retiró cuidadosamente y le ofreció su mano para que se sentara.

—Estuviste increíble —la elogió él, besando sus labios.

—No te quedas atrás —dijo ella mordiendo su labio inferior—. Lástima


que no fuera real.

Sus palabras enviaron una cuchilla directa a su corazón.

—¿Qué?

—El sueño —le recordó—. No es real.

—Seguro que se sintió real para mí. —Notó cómo su voz sonó aguda, y
realmente esperaba a que ella no se hubiese dado cuenta.

Apartándose, vio que el resto del casino había desaparecido.


Parpadeando, se dio la vuelta hacia Rowan, pero ella ya no estaba allí,
tampoco. ¡Mierda!

—¿Rowan? ¡Hey!

Confundido, él empezó a correr... pero se tropezó en el aire vacío.

Cayó.

Se despertó de un salto, a salvo en su propia cama. El pulso corría en


su garganta, miró alrededor y vio que nada había cambiado. Su
habitación. Sus cosas.

—Dios, sí parecía real.

Su cuerpo, sin duda creyó que lo era también. Una mirada a su regazo
le confirmó que acababa de correrse, su erección todavía estaba a
media asta. Vaya sueño. Solo que, ¿qué pasa si no lo era?

Pasando una mano por su rostro sudoroso, se dio cuenta de que la


habitación estaba muy caliente. O tal vez la habitación estaba bien y
era él quien estaba recalentado, después del encuentro alucinante que
acababa de tener. Sea cual sea, la temperatura era insoportable, así que
se levantó y se fue por una ducha fría.
Se lavó y se puso bajo el chorro hasta que ya no se sentía como si
estuviera a punto de hacer combustión espontánea, luego salió y se
secó. Mejor. ¿Pero estaba su cara todavía un poco caliente? No sabría
decirlo y estaba demasiado cansado para pensar en el sueño o
cualquier otra cosa en estos momentos. Pero tenía que cambiar las
sábanas.

Tropezando hacia la cama, quitó las sábanas sucias, las hizo una bola,
y las arrojó a un rincón. Se quedó mirando el colchón desnudo, a
excepción de la almohadilla equipada, y decidió que no podía tratar de
armarla a estas horas. Más tarde.

Le tomó solo un par de segundos ponerse un par de calzoncillos limpios


y se dejarse caer sobre la cama.

Esta vez, cuando durmió, fue profundo y oscuro.

Y sin sueños.
Traducido por Edgli xD, Whiteshadow, Helen1 & Eli25

Corregido por Julieta_Arg

owan se despertó de su siesta paulatinamente, su cuerpo aún


gemía por el asombroso sueño que había tenido, con Aric de
protagonista.

Tentativamente, tocó entre sus piernas e incluso se encontró húmeda


por su propio orgasmo. ¿Cuándo en el infierno había tenido un sueño
tan vívido de sexo con un hombre? Nunca. No sabía que fuera posible,
no con tantos detalles.

Aún podía olerlo en su piel, almizcle y macho. Visualizaba exactamente


cómo la había perforado con esos penetrantes ojos verdes mientras la
devoraba, y la satisfacción en su rostro mientras la follaba hasta la
semana siguiente, ese glorioso pelo castaño cayendo sobre su pecho y el
tatuaje arremolinado.

Como si le había dicho, qué mal que no fuera real.

Seguramente no lo era. Ella no era ninguna Caminante de Sueños, al


menos no una con mucho talento si no podía encontrar a su hermano y
alcanzarlo en su prisión mental. Si no podía ayudar a nadie, ¿qué tan
bueno era un don? Mejor quedarse con lo que sabía y podía ver.
Pistolas y balas, carne y sangre. Y sí, monstruos de todo tipo. Se podía
lidiar con lo que era tangible.

Ese era el por qué de que estuviera tan perdida con respecto a Micah.

Lo había dejado solo por mucho tiempo. No era fácil avanzar, ya que su
siesta no había sido en realidad muy reparadora y todavía le dolía un
poco la cabeza. Si estaba calmado y sus signos vitales estaban bien,
podría irse a la cama temprano esta noche y tener un fresco comienzo
por la mañana.

Limpiándose rápidamente, decidió vestir los mismos pantalones que


tenía puestos y una camisa diferente. Lista, se deslizó en el pasillo y se
dio cuenta de alguna clase de conmoción al final. Dirigiéndose ya en esa
dirección, visualizó un pequeño grupo de personas de pie fuera de una
puerta. La Dra. Mallory golpeaba y alzaba la voz a quien sea que
estuviera dentro que le respondiera. No sonaba feliz.

Los pasos de Rowan se volvieron lentos mientras se acercaba. Nick


estaba de pie del lado izquierdo de la doctora, Jax del lado derecho.
Mallory hizo una seña con la mano hacia Nick de manera agitada.

—Usa tu código de acceso. Necesito entrar para ver si ese idiota terco
retrocedió en su recuperación al dejar la enfermería muy pronto.

—¿Micah se fue? —barbulló Rowan, alarmada—. ¿Cómo?

La doctora la miró, sacudiendo la cabeza.

—No tu hermano. Aric.

—Oh. —En vez de alivio, un sentimiento de miedo la invadió,


sacudiéndola hasta el corazón. Que Aric estuviera en problemas no era
más aceptable que si fuera Micah. Impotente, miraba mientras Nick
bloqueaba el teclado con su cuerpo y presionaba el código. Luego el
grupo se apresuró a entrar, llamando a su amigo.

Después de vacilar, Rowan los siguió. Nadie le había ordenado que se


mantuviera fuera, y Aric ya se estaba convirtiendo en un amigo, de
algún tipo. Esperaba que lo fuera, de cualquier manera, y no quería que
nada malo le pasara.

Rowan reconoció la disposición y supuso que todos los departamentos


debían ser casi lo mismo. Se apresuraron a través de la sala y por el
corto pasillo hasta su habitación. Había oído a Nick y a Jax llamándolo
por su nombre y luego maldiciendo justo cuando entraban.
Extrañamente, Aric yacía en el colchón desnudo, curvado de lado,
usando solo un par de bóxers.

Nick se estaba arrodillando en la cama, sacudiendo el hombro de Aric.

—¡Aric, despierta! Mierda, ¿qué le sucede?

—Déjame tomar su pulso —dijo la doctora rápidamente—. Muévanse.

Ambos hombres no perdieron tiempo saliendo de su camino, aunque se


veían ansiosos. Rowan se acercó, con una mano sobre su boca mientras
Mallory soltaba su muñeca y sacudía la cabeza.

—Es muy rápido y está más caliente que el infierno. —Removiendo una
tira blanca de su bolsillo, peló la parte trasera y la colocó en su frente.
En momentos obtuvo una lectura y removió la tira mientras Aric
permanecía sin darse cuenta—. Cuarenta y uno.

—Eso es imposible —exhaló.

Mallory respondió:

—No para Aric. Recuerda, no es humano, y es un Pirómano además. Su


temperatura normal es de alrededor de treinta y nueve, pero está muy
alta. Necesita despertar.

¿Pirómano? Dios.

—¿Qué le sucede?

—Esa es la pregunta del millón de dólares. —Le lanzó a Rowan una


mirada extraña, luego se volvió hacia su paciente.

Ya era la segunda vez que le daba esa mirada. ¿Qué le pasaba a esa
mujer?

—Nada me pasa —murmuró Aric, abriendo los ojos para fruncirle el


ceño al grupo—. ¿No puede un hombre dormir un poco? Creo que lo
merezco, maldición.

—Estábamos preocupados por ti, imbécil. —Jax cruzó sus brazos sobre
su pecho.

—¿En serio? —La voz de Aric goteaba asqueroso sarcasmo mientras se


sentaba y despertaba completamente, sacudiendo el cabello de su
cara—. Ven, ahora tengo una perspectiva completamente diferente de lo
mucho que se preocupan de si estoy muerto o vivo. ¡Mi punto de vista
era desde dentro de un helicóptero mientras despegaba y era llevado
para ser torturado por semanas!

La cara de Jax se volvió pálida mientras se veía como si hubiera sido


golpeado.

—No sabes lo mucho que siento eso —carraspeó—. Pero solo tenía una
oportunidad de salvar a mi compañera, y la tomé. Ambos están vivos,
y…

—Pero mi supervivencia no era una certeza, ¿cierto? —preguntó Aric en


una voz tranquila y despectiva. Como si fuera una bomba de tiempo a
punto de explotar—. Fui abandonado para ser picoteado por buitres,
especialmente Beryl, la perra. Ella siempre… —El hombre se detuvo y
cerró los labios, un rígido tormento reemplazaba la ira de hacía
segundos.
La policía en Rowan se alertó, y se preguntó qué estaba a punto de
decir. Lo que estaría escondiendo sobre “la perra” en cuestión.

Nick, también, lo estudió por un par de tensos segundos, pero no


persiguió el tema de la tortura de Aric o la mujer responsable.

—Vinimos por ti tan pronto como tuvimos la locación. Tenías que saber
que lo haríamos.

—Pero si estaba vivo… ¿tenían certeza de eso?

—Sentía que lo estarías, sí.

—Qué consuelo.

—Lo siento mucho —le dijo Jax con angustia.

El pecho de Rowan dolió. Amigos que eran tan cercanos como


hermanos no deberían estar destruyéndose por eventos terribles que
ninguno podría hacer diferentes si tuvieran una segunda oportunidad.
Aric estaba herido, pero ni por un segundo ella creyó que hubiera
sacrificado a la pareja de Jax para salvarse. Y por parte de Jax y los
otros, había hecho varias decisiones difíciles ella misma, y sin duda los
supervivientes de Luis García la culpaban por hacer lo único que podía
en el momento.

—Aunque estaba haciéndome cargo de esto. —Aric lanzó una risa


amarga—. Supongo que fue antes de que fuera puesto a prueba, ¿huh?

—Aric…

—No se preocupen. Lo superaré. Así que si todos ustedes amablemente


se escoltan afuera, lo apreciaría.

La doctora no se tragaba la mierda.

—No es posible. Estabas tan letárgico que tuvimos problemas en


despertarte y tu temperatura es de cuarenta y un grados, lo cual es un
poco alta incluso considerando tu sistema especializado. Vuelves
conmigo para un examen más exhaustivo, y eso no es negociable.

—No necesito…

—No eres el doctor. Lo soy yo —dijo severamente—. Puedes venir


pacíficamente o puedo llamar por refuerzos, pero vendrás.

Su ultimátum colgó en el aire y Aric trató duramente de fulminarla con


la mirada. No tuvo una súplica. Rowan pensó que la doctora sería una
magnífica teniente o capitana de la policía, una mirada helada y la
mayoría de las bolas de los hombres se congelarían y caerían.

—Está bien, lo que sea —soltó el molesto pelirrojo, saltando fuera de la


cama. Su pequeño espectáculo desafiante estaba arruinado, sin
embargo, cuando sus piernas se tambalearon y Nick lo sujetó del brazo
para estabilizarlo. Con las mejillas sonrojadas, Aric se sacudió la ayuda
y cruzó la habitación, abrió la puerta de su closet y desapareció dentro.

Nick soltó un resoplido y masajeó sus sienes.

—Eso estuvo bien.

—Ese chico es su propio peor enemigo —observó la Dra. Mallory.

—Este chico tiene treinta y cinco años y oído de perro —gritó Aric desde
el closet—. Oh, esperen, soy un perro. Mierda. —Una risa sin humor
flotó desde dentro.

Sus amigos intercambiaron miradas exasperadas, pero nadie quería


tocar esa. Chirridos fueron oídos y un par de minutos después su amigo
emergió vestido con unos pantalones de corte bajo y una camiseta
suelta. Cuando él se encontró con la mirada de Rowan, los duros
bordes de su expresión se suavizaron, y como si no lo supiera mejor,
habría dicho que parecía como si tuviera un secreto. Uno que le
gustaría compartir.

O uno travieso que ya habían compartido.

No era el tipo de mujer que se ruborizara pero su rostro se calentó


cuando el recuerdo del extraño sueño escogió alcanzarla en ese
momento. Estúpida, porque no había manera de que hubieran
compartido el mismo sueño…

—Doc, ¿estás segura de que tengo que ir en este momento? —preguntó.


Nunca quitando sus ojos de Rowan. Sus labios se curvaron en una
sonrisa predadora—. Tengo una repentina urgencia de ir a Las Vegas y
jugar un poco de… blackjack.

¡Oh, mierda! Sus ojos se ampliaron mientras veía inmediatamente que


él sabía que ella entendía completamente lo que había querido decir.
¡Pero no fue real! ¡No puede ser si dos personas están conectadas solo
mentalmente! ¿Verdad?

Las cejas de la doctora se juntaron.

—¿Qué?

Aric ignoró a la mujer, manteniendo su atención en Rowan.


—Vamos. Caminaré contigo hasta la enfermería para que puedas ver a
Micah y yo pueda soportar que la doctora hurgue en mí.

Dándose cuenta de que aún jadeaba como una trucha aterrorizada y


que sus amigos los veían de uno a otro tratando de descubrir el
intercambio íntimo, ella educó su expresión y le dio a Aric una
respuesta educada.

—Eso sería agradable, gracias.

El grupo salió del cuarto de Aric. Nick y Jax prometieron visitar a Micah
después y se fueron para atender otros negocios. La Dra. Mallory
descargó ordenes directas para que Aric fuera y se sentara en el banco
de la enfermería y luego se apuntó hacia adelante, dejándolos solos.

—No puedo decidir si me gusta esa mujer o no —dijo Rowan, más para
sí misma.

—Melina es una buena persona —dijo Aric pensativo mientras


caminaban juntos—. Pero fue cambiada por la masacre tanto como el
resto de nosotros. Nuestro líder, Terry Noble, era su pareja.

Una ola de simpatía la bañó.

—Ahora me siento horrible.

—No lo hagas. Melina no te agradecería que mostraras una onza de


lástima, así que es mejor ser honestos cerca de ella.

—¿Cómo contigo?

Eso visiblemente lo sorprendió por un segundo, pero aceptó.

—Sí. Ella y yo somos muy parecidos en ese aspecto. No me gusta la


lástima. Somos también susceptibles.

—Serían una buena pareja. —La idea de que Aric hiciera la mitad
aunque fuera de buena pareja con alguien la hacía querer herir a
alguien. Raro.

Él resopló.

—Infiernos, no. No estoy interesado en una mujer que tiene más bolas
que yo.

—¿Qué? ¿Tienes algún problema con mujeres fuertes enfocadas en su


carrera que no aceptan la mierda de nadie? ¿Quién probablemente
podría patearte el culo? —Oyó el tono defensivo en su voz, y él debió
haberlo hecho también.
—Oye, retrocede. Sé por dónde vas con eso y estás equivocada —dijo
formalmente—. No soy uno de esos tipos que hieren su frágil ego
cuando pierden contra una mujer quien puede mantenerse contra
cualquier hombre. No es así para nada. Estoy hablando de química, y
no estoy atraído a nadie, hombre o mujer, quien va por ahí actuando
como si son la mierda. ¿Eso tiene sentido?

Ella pensó un segundo.

—Bueno, puedo creer eso.

—Vaya, gracias.

Sonrió ante su tono ofendido.

—En serio, estoy contigo en eso. Trabajo con gente así, y eso no quiere
decir que sean malos, solo no me relaciono con ellos. Pero trato de
recordar que hay razones por las que se presentan de una cierta
manera, y algunas veces están cubriendo un profundo daño.

—Entonces, ¿podrías patearme el culo? —Sus labios se curvaron.

—Definitivamente, siempre y cuando sea una pelea justa.

—¿En serio? ¿Los criminales pelean limpio? —bromeó.

—Sabes lo que quiero decir. No podrías soltar a tu lobo o convertirme


en cenizas.

—O lanzarte al otro lado de la habitación sin tocarte. También soy


Telequinético.

—Dios mío, ¿algo más?

—No, eso es todo.

—Bueno, gracias a Dios por los pequeños favores.

Ella se encontró disfrutando de esa interacción entre ellos. Él también


parecía hacerlo.

—Así que vamos a ver si lo entiendo —dijo con fingida seriedad—.


Puedes ir a una ronda o tres conmigo y ganar, siempre y cuando no use
todas mis habilidades. Tengo que contenerme. Hmm, no parece justo
para mí.

—Prefiero pensar en ello como una elección de nuestras armas. Elijo las
que nacieron conmigo, a menos que te gustase que para igualar
probabilidades use una pistola cargada con balas de plata.
Él se rió y pasó un brazo alrededor de sus hombros.

—Está bien, tú ganas. Di el horario y el lugar.

—¿Ustedes tienen algún lugar donde hacer ejercicio? —El calor que
irradiaba su cuerpo la rodeó, y su aroma masculino la atormentaba.
Señor, ser sostenida contra él debía sentirse condenadamente bien.

—Tenemos un gimnasio donde entrenamos y básicamente, mantenemos


nuestras habilidades en forma. Está al otro lado del edificio no muy
lejos de nuestra sala de recreación.

—Eso servirá. Es una cita, después de que la doctora te autorice para


actividades vigorosas.

—No hay nada malo con mi resistencia, como sabes. —Su cálida
sonrisa disparó una ola de calor hasta la punta de sus pies.

Y sin una pequeña molestia, algo a lo que no estaba acostumbrada.

—No tengo idea de qué estás hablando.

—Oh, vamos. Hacer el tonto no le sienta bien, oficial. —Moviéndose de


repente, la empujó hacia atrás contra la pared más cercana y la atrapó
con sus brazos, las narices casi se tocaban—. ¿La mesa de blackjack?
¿En serio? Traviesa, traviesa Rowan.

—Detente ahí, hombre de las cavernas —dijo, mirando de un lado a otro


el pasillo—. Alguien podría ver.

—Eso no es lo que me dijiste hace un rato. —Recostando su cuerpo tan


cerca que su aliento abanicó contra el pabellón de la oreja, dijo en un
afectado falsete—: Oooh, fóllame duro, hombre-lobo.

—¡Eso no es lo que dije! Bueno, no exactamente.

—¡Sí, bestia, túmbame y tómame duro! —Su interpretación de Rowan


fue interrumpida por una carcajada.

—¡Basta! —Pero la orden no sonaba muy convincente. Especialmente


cuando ella se desarmó en un ataque de risitas. Dios, ¿cuando infiernos
fue la última vez que un hombre la había hecho reír? Pero Aric era
condenadamente divertido, cuando salía de su forma de estar a la
defensiva o ser sarcástico.

—La próxima vez dilo con un poco mas de énfasis si quieres que me lo
crea. —Luciendo poderoso y presumido, se apartó de la pared y
comenzó a caminar de nuevo—. ¿Vienes?
—Ya lo hice —replicó ella.

Los ojos verdes brillaban con diversión. Y allí estaba ese calor de nuevo,
quemándola hasta la médula.

—Me gustas, oficial.

—Es bueno saberlo. Tú también estás bastante bien.

—Voy a aceptar eso como un gran elogio de ti.

—Confía en mí, lo es.

Caminaron lentamente, por consentimiento mutuo, y Rowan pensó que


era tan reacio a llegar a su destino como ella. El silencio era sociable, la
incomodidad de hace unos momentos estaba desterrada. Ella cambió a
un tema más candente.

—¿Crees que algo es verdadero si ocurre solo en la mente? —Si había


pensado que él volvería a tomar la oportunidad para molestarla o hacer
alguna réplica ingeniosa, estaba equivocada.

—Estamos hablando de nuestro mutuo sueño-fantasía.

—Sí, pero también me pregunto en un sentido más amplio. La idea es


aterradora. Fascinante, también, lo admito.

—Antes de que pueda responder a eso y tratar de hacernos creer lo que


digo, tienes que reconciliar tu percepción de lo que es real y lo que no lo
es. Tienes que entender que lo que los humanos tradicionalmente
aceptan no es la única realidad que existe en el universo.

Ella lo miró, impresionada y complacida de que él la estuviera tomando


tan en serio.

—Eres muy inteligente.

—En realidad no. Solo he tenido más tiempo para llegar a un acuerdo
con la realidad alternativa.

Pensó en lo que había dicho acerca del universo.

—Supongo que no tengo más remedio que creer.

—No, sin suposiciones. A estas alturas ya has visto suficiente para


saber si lo haces o no.

—Está bien, lo hago. Pero no quiero —aclaró—. Mi cerebro todavía se


rebela contra todas estas cosas.
—Eso es justo. Entonces puedo decir que sí, hay ocasiones en que lo
que sucede en la mente es muy real. Incluso mejor, puedo probarlo.

—¿Cómo? —A su parte amante de los hechos le encantaba esto.

—Fácil. Aquí, yo te mostraré. —Agarrando su mano, se desvió de su


curso, girando por un pasillo diferente.

—A la doctora no le va a gustar que no regreses tu culo directamente


allí como dijo.

—Lo superará. Además, esto solo tomará un par de minutos.

—¿Eso es todo? ¿Unos minutos más para hacerme aceptar la teoría de


"mente sobre la materia"?

—Voy a dejar que seas el juez.

El viaje fue más corto de lo que hubiera esperado, porque ella realmente
le gustaba su gran mano envolviendo la suya. La hacía sentir como una
adolescente otra vez, y muy pocas cosas podían realizar ese milagro en
estos días. En instantes, se encontraban en una habitación que
contenía una gran mesa rectangular y un montón de sillas. Una gran
televisión de pantalla plana adornaba la pared en un extremo.

—Esta es nuestra sala de conferencias —le dijo—. Nick acaba de


derrochar en actualizarla con nuevo mobiliario y la TV. Una gran mejora
con respecto a la mierda de segunda mano que teníamos aquí antes.

—Lindo. Pero, ¿qué me puedes mostrar aquí?

—Observa.

Guiándola más adentro, la dirigió a estar de pie a un lado, lejos de los


muebles. Ella observó, perpleja y un poco divertida cuando él levantó
un brazo, volviendo la palma de la mano hacia arriba y simplemente la
sostuvo en esa posición, mirando fijamente a la mesa y sillas.

Las que muy lentamente comenzaron a subir.

—¡Oh, Dios mío!

Su boca se abrió mientras continuaban hacia arriba, como si estuvieran


siendo izadas con cuerdas invisibles y poleas, condenadamente cerca
del techo. Entonces de nuevo hacia abajo. Cuando las patas estuvieron
alrededor de 15 centímetros del piso, bajaron la distancia restante con
un estrépito ruidoso, con menos gracia con la que habían subido.

Aric apoyó una mano en el respaldo de una silla afelpada, luciendo un


poco pálido.

—Ahí está tu prueba. Ya te dije soy Telequinético. Puedo hacer fuego de


la misma manera, aunque Nick estaría un poco molesto si quemo los
nuevos juguetes.

—Nunca he visto algo así en mi vida —suspiró ella.

—La mente es una herramienta poderosa. Hay un potencial sin explotar


en todos los cerebros de los seres humanos, esta demostración
solamente araña la superficie. —Él la miró fijamente—. Ahora, ¿crees en
el poder de lo que no se puede ver?

Ella soltó una risa temblorosa.

—Sí. Es muy seguro decir que lo hago. ¿Quién lo hubiera pensado?

—Yo me hago esa pregunta todos los días —dijo en voz baja.

—¿Estás bien? De repente no tienes buen aspecto.

—Estoy bien.

Ella frunció el ceño, no estaba convencida, y ahuecó su mejilla.

—Todavía estás ardiendo, y ahora estás pálido. Eso tomó mucho de ti


cuando todavía no estás recuperado de la terrible experiencia. Vamos a
llevarte con la Dra. Mallory.

—Sí, señora. Puedes llamarla Melina, ya sabes. No muerde demasiado


duro.

—Lo tendré en mente.

Él estaba haciendo una broma, pero el hecho de que no trató de


discutir de nuevo sobre el hacerse exámenes era preocupante. Supuso
que para un hombre terco como Aric tenía que sentirse realmente
horrible admitir que necesitaba ayuda de algún tipo. No es que lo
hubiera admitido, exactamente, pero aun así.

Saliendo de la sala de conferencias, comenzaron su camino una vez


más. Pero a mitad de camino a la enfermería, él se tambaleó. Actuando
con rapidez, ella lo agarró del brazo y lo apoyó contra su cuerpo hasta
que recobró el equilibrio.

—Estoy bien. Estoy bien.

Él no lo estaba, pero ella no discutió. Hicieron todo el camino a la


enfermería, donde el lindo enfermero, Noah, estaba sentado detrás de
un escritorio y saludó con una sonrisa vacilante.

—¡Gracias a Dios que lo has traído de vuelta! —Noah se incorporó y se


apresuró a ayudar a Rowan—. La Dra. Mallory ha estado en pie de
guerra desde que se ausentó sin permiso.

—Bueno, estoy de vuelta. Así que puedes dejar de tener sus bragas
fruncidas y...

Las rodillas de Aric se doblaron y la cabeza se inclinó hacia atrás


cuando se desplomó. Rowan maldijo, ella y Noah saltaron hacia él al
mismo tiempo y lo bajaron al suelo. El enfermero gritó por ayuda y
ambas médicas, Melina y Mackenzie, vinieron corriendo junto con otro
enfermero que Noah había llamado Sam, éste sustancialmente más
voluminoso que él. Supuso que tenía sentido tener por lo menos un
hombre fuerte en el personal cuando constantemente remendaban
soldados sobrenaturales.

Los dos hombres levantaron a Aric, el grande izándolo por bajo de los
brazos, Noah por sus pies, y lo pusieron en una camilla.

—Llévenlo a la sala de emergencias —ordenó la Dra. Mallory—. Quiero


hacer un examen físico completo, y él no se marchará hasta que
averigüe si solo está débil por su cautiverio o si es algo más.

Se apresuraron a cumplir, y Aric rodó fuera de vista. El pecho de Rowan


se apretó al pensar en él allí solo. Bueno, no realmente solo, pero sin
nadie para consolarlo. Alguien que no fuera un doctor o enfermera, sino
un amigo. No había nada que pudiera hacer por él en ese momento y lo
odiaba.

Tengo miedo por él. No puedo recordar la última vez que me importó
alguien así que no fuera de la familia. Que doliera por dentro, pensar
todo lo malo que le podría suceder. No quiero que me importe una mierda.

Pero lo hacía.

—Él va a estar bien —dijo Mackenzie, dándole a la mano de Rowan un


apretón—. ¿Por qué no vas a ver a tu hermano? Melina traerá noticias
de Aric cuando pueda.

Parpadeó para alejar las estúpidas lágrimas que querían formarse.


Llorando no ayudaría nadie, y menos a Micah o Aric.

—Está bien. Venía a visitar a Micah, de todos modos.

—Buena chica. Sin embargo hay una cosa que debes saber. Se despertó
de nuevo hace un poco. De hecho, eso es lo que nos retrasó en ir a
buscar a Aric.

—¿Qué? ¿Por qué nadie me ha llamado? ¿Él...? —El terror detuvo sus
palabras.

—Nadie te notificó porque estábamos ocupados con él hasta que se


volvió a dormir y tú necesitabas descansar. Lo más probable es que esté
entrando y saliendo de la inconsciencia todo el día. Y no será una
repetición del incidente de antes porque se mantiene tranquilo con un
sedante especial que hemos desarrollado para los cambiadores.

—La Dra. Mallory me habló de la droga. ¿Cuánto tiempo él estará con


ella?

—Es difícil de decir, pero nuestro plan es que deje de depender de ella
poco a poco, hasta que esté completamente curado de su calvario.

—Es decir, hasta que no sea un peligro para sí mismo o para otros.

—Me temo que sí. —Ella dio unas palmaditas tranquilizadoras en el


brazo de Rowan—. Trata de no preocuparte. Micah es un hombre fuerte
que ha sobrevivido y con todos nosotros cuidando de él, no puede
perder.

—Gracias.

—Por supuesto. Vamos a verlo.

Recorrieron la corta distancia a la habitación de Micah y entraron.


Rowan se acercó a la cama, odiando lo frágil que parecía su hermano
tirado allí. No era justo que una persona que amaba la vida tanto como
lo hacía él se viera reducido a un desastre catastrófico. Furia envue lta
en capas de dolor, y drogas, todo eso hervía bajo su piel, dispuesto a
liberarse y poner al mismo nivel todo a su alrededor.

Bajándose a sí misma a la silla a su lado, se deslizó cerca y le tomó la


mano.

—Estoy aquí, hermanito. Vuelve con nosotros, por favor.

No esperaba una respuesta, pero sus pestañas re volotearon y se


encontró mirando unos vidriosos y aburridos, ojos marrones.

—¿Her-hermana? —dijo con voz ronca.

Tragó el grito que casi se le escapó. Lo último que quería hacer era
molestarlo.
—Hola, problemático —dijo, con voz entrecortada—. Es bueno verte
despierto. —Y no salvaje, pero no quería recordárselo si él no tenía
memoria de ese detalle.

—¿Qué... dónde estoy?

—En el complejo de la Manada Alfa. Tu equipo te rescató. —Le acarició


el pelo, la confusión de él desgarraba su corazón—. Estás a salvo.

Él parecía confundido.

—¿Cómo es que estás tú aquí?

—Es una historia muy larga, así que tendremos que guardarla para
cuando te sientas mejor, ¿de acuerdo? Estoy aquí, me voy a quedar
hasta que estés mejor y eso es lo que importa.

—Está bien. —Su expresión era triste—. ¿Hermanita?

—¿Sí, cariño?

—Ellos... me lastimaron.

—Sé de los experimentos, los cambiaformas y las cosas sobrenaturales.


No tienes que explicarme.

—No, quiero decir que me lastimaron.

Hielo inundó sus venas y estuvo malditamente cerca de congelar sus


cuerdas vocales.

—¿Estás diciendo que te violaron?

La vergüenza inundó su rostro y una lágrima rodó por su mejilla.

—No dejes que me lastimen más. Por favor...

—Shh. No lo haré. Nadie va a dejar que esos hijos de puta de mala


muerte se acerquen a ti otra vez —lo tranquilizó enjugándole la
humedad del rostro—. ¿Escuchas?

—Sí.

Pero no estaba segura de lo mucho que realmente registraba de su


intercambio, o lo que recordaría. Sus párpados se cerraron y en
cuestión de segundos su pecho subía y bajaba a un ritmo constante, la
droga hacía su trabajo.

—Él va a estar bien.


Rowan se sobresaltó. Se había olvidado de la presencia de Mac en la
habitación.

—¿Cuándo iba alguien a contármelo? —siseó enfadada.

Para su crédito, la doctora no pretendió entender mal.

—Tenía planeado consultarlo primero con él y dejarlo que lo hablara


contigo cuando, y solo si, estuviera dispuesto a compartirlo. Seguiré
teniendo sesiones con él, por supuesto, y los detalles son suyos para
divulgarlos. Yo nunca traicionaría la confianza de un paciente.

—Entiendo eso, pero alguien debería haberme dicho toda la extensión


de su abuso en ese lugar horrible. ¿Hay algo más que deba saber?

—No que yo sepa. Si sirve de algo, lo siento. Por ambas cosas, por no
haberte dicho y por el hecho de que sucedió en primer lugar —dijo con
sinceridad—. Micah es muy querido por su equipo y todos los que
estamos aquí en el complejo. Nosotros solo queremos lo mejor para él,
igual que tú.

Rowan forzó la ira en una pequeña caja. Lo que le había ocurrido a su


hermano no era culpa de Mac.

—Puedo ver eso. Gracias.

—Voy a dejarlos solos por un rato.

La doctora se marchó, cerrando la puerta con suavidad. Dejando a


Rowan con un cambiador lobo dañado y ninguna idea de cómo ayudarlo
a recuperarse.

***

Aric oyó la puerta de su habitación y abrió los ojos para ver a Rowan
entrar, dándole una sonrisa vacilante que suavizó sus facciones. Era
increíble cómo su corazón tartamudeaba en su pecho, solo con estar en
la misma habitación que ella.

—Hola —dijo él con voz ronca.

—Hola tú. —Tomando asiento, le dio unas palmaditas en el brazo—.


Voy a hacer una pregunta estúpida: ¿cómo te sientes?

—Mejor, gracias. —Todavía no podía creer que se hubiera desmayado


delante de ella y trató de no mostrar su vergüenza. Pero su aroma
tentador le golpeó duro, disparándose directamente a su polla y yendo a
lo largo de todo el camino haciéndole olvidar cualquier otra cosa.

—Me alegro. ¿Averiguaron qué está mal contigo?

—Todavía estoy esperando, pero estoy seguro de que es agotamiento o


algo de mi estadía en el Motel Infierno. —Él se encogió de hombros—.
No es gran cosa.

—No sé cómo puedes ser tan indiferente al respecto —dijo, frunciendo el


ceño—. Definitivamente es un gran problema para Micah.

—Maldición, eso no es lo que quise decir. —Sentándose erguido, le tomó


la mano—. Nunca desestimaría por lo que él está pasando. Espero que
sepas que no soy un completo idiota.

Ella dejó escapar un suspiro.

—Lo sé. Es simplemente difícil verlo herido. Él no es para nada como el


hombre que recuerdo... No es que crea que alguna vez realmente le
conociera.

—¿Cómo era el Micah que tu conocías? —preguntó en voz baja.

Ella pensó por un momento.

—Cariñoso, divertido, siempre riendo. Tenía un gran sentido del humor,


e incluso a pesar de que sabía que el mundo no era perfecto, su mundo
era siempre color de rosa. Su vaso siempre estaba medio lleno.

—Sí, así es como yo lo veía, también. Como todo el mundo lo veía, por lo
que sé. Incluso después de que fuéramos transformados en
cambiaformas, estaba decidido a ayudar a todos los chicos a ver lo
bueno que venía de lo malo. La tenía difícil conmigo, porque odiaba en
lo que me había convertido.

Ella le apretó la mano con cálida expresión de preocupación.

—¿Todavía lo odias?

—No como solía hacerlo y Micah tiene una gran parte del crédito —dijo
con sinceridad—. Él pasaba horas hablándome, transformando lo que
nos había pasado en algo positivo. Estábamos vivos y más que
humanos y podíamos usar eso para hacer el bien, etcétera. Él también
comenzó a atravesar por eso, y entonces...

La voz de ella era casi inaudible.


—Entonces se había ido y fue dado por muerto.

—Sí.

Ella se quedó en silencio por un momento, estudiando sus manos


enlazadas.

—¿Harías algo por mí?

—Lo que sea. —Las palabras estuvieron fuera de su boca antes de que
él pudiera pensar, pero se dio cuenta de que hablaba en serio. Algo de
esta mujer lo obligaba a querer hacerla feliz, aunque no sabía por qué,
salvo por el hecho de que ella era la hermana de Micah y a él realmente
le gustaba.

—Dime qué ocurrió realmente el día en que atacaron al equipo de SEAL


y cambiaron —instó ella, inclinándose para estrechar su mano con más
fuerza—. Tengo que escuchar la historia de lo que pasó con todos
ustedes.

Aric la miró parpadeando. No le sorprendió que quisiera oír el relato, ya


que había cambiado la vida de su hermano, pero ella no le podría haber
hecho una petición más difícil. Demonios, él no sabía de ninguna
persona que quisiera volver a vivir esos pocos minutos infernales en
Afganistán. Pero si se negaba a decirle, ella simplemente iría a
preguntarle a uno de los otros hombres.

Y por alguna razón, eso no le caía nada bien. Mejor él que tenerla
preguntándoselo a alguien más.

—Está bien. Puedo hacer eso.

—Gracias.

Tomando una respiración profunda, empezó a decir: —Hacía tanto calor


ese día, que pensamos que moriríamos. No imaginábamos que la mitad
de nosotros lo haría, y no por el calor o por enfrentar al enemigo que
esperábamos encontrar...

Cinco años y medio antes...

—Jesucristo, estoy nauseabundo —maldecía Raven, rascándose la


entrepierna—. Cuando finalmente llegue a cambiarme esta ropa
interior, probablemente se pasara.

Micah sonrió.
—Con la asistencia de las ladillas que te contagiaste de esa mujer en el
último pueblo.

—Cállate, cabezotas. Ella no me contagió ladillas.

Aric y algunos de los chicos se rieron entre dientes. Sacarse la mierda


los unos a los otros era el único pasatiempo allí, a menos que contaras
con una visita a una de las putas disponibles en las sucias aldeas
pobres para aliviar la tensión. La idea hizo que Aric se estremeciera.
Diablos, no. Él se conformaría con su puño indefinidamente para evitar
la captura de algo de lo cual no podría deshacerse.

Ellos andaban a través de la espesa maleza, utilizando los cañones de


sus armas para hacer a un lado las extremidades y follaje. El sudor le
corría por la columna vertebral y entre las mejillas de su trasero, y la
camisa pegada a su torso. Dejando de lado las continuas bromas de sus
camaradas, soñaba con su casa. Con una comida que no estuviera
previamente enlatada y no supiera a mierda de perro. Con pizza y
cerveza.

Dios, podía saborear la masa y el queso, todo ello regado con una
cerveza fría…

—Deténganse —susurró Jax, haciendo un alto. Tensándose estudió el


bosque al pie de la montaña en torno a ellos, frunciendo el ceño. En
algún lugar escondido en la vegetación, unas pisadas crujían a su
izquierda. Otras a su derecha. Y unas detrás.

Un escalofrío se deslizó por la espalda de Aric mientras intercambiaban


miradas y preparaban sus armas. No podían haber llegado a la fortaleza
de su objetivo ya, y esta área se suponía que debía estar despejada.

Que se lo digan a los hijos de puta que los habían rodeado.

Entonces, el bosque quedó en silencio. Esos pocos latidos que siguieron


a la quietud absoluta, los segundos antes de que sus vidas cambiaran
para siempre, mientras intercambiaba miradas con Raven, y luego
Micah, quedarían para siempre cristalizados en su memoria.

Thud, thud, thud.

La tierra tembló y las hojas se sacudieron. Cuando un rugido gutural


hendió el aire, Aric saltó, apuntando el cañón de su fusil M-1619 a los
árboles, manos firmes, corazón acelerado, una gota de sudor goteando
de su nariz.

19 M -16: Rifle automático.


—Mierda —le susurró Micah—. ¿Qué demonios es eso?

Era un horror salido directamente de Jurassic Park, una escena que


nunca olvidaría mientras viviera. Lo que rompió el follaje a su izquierda
se mantenía erguido en dos patas y era de más de dos metros de altura.
Cubierto con una gruesa capa de piel de color marrón grisáceo, tenía un
torso largo, dos brazos, hombros musculosos y una cabeza con dos
orejas erguidas y un hocico largo gruñendo, lleno de dientes afilados.

Parecía una criatura que era mitad hombre, mitad lobo. Se quedó con la
boca abierta y el dedo congelado en el gatillo.

Cuántas cosas podrían haber sido salvadas y el desastre evitado, nunca


lo sabrían. Debido a que su compañero Jones comenzó a gritar,
llenando de balas el pecho de la bestia. Después de eso, todo se fue
rápido al infierno.

La criatura se tambaleó hacia atrás y luego se recuperó rápidamente,


corriendo hacia Jones. Con un golpe de una pata del tamaño de un
plato de cena, el gigante bastardo arrancó la garganta de Jones,
echándolo a un lado como una ramita. Entonces se abalanzó sobre
Raven, mordiendo la V de su cuello y el hombro mientras el hombre
gritaba.

Abrieron fuego justo cuando varios más de los animales surgieron de la


selva. Pronto se hizo evidente que las balas podían herirlos, pero que
necesitarían algo con mucho más poder para matarlos. Aric se agachó y
palmeó desesperadamente una granada mientras sus amigos caían a su
alrededor, llevando a cabo una batalla que no podían ganar. El que
había matado a Jones sacudió a Raven como un muñeco de trapo, lo
soltó y corrió hacia Aric.

Él dejó que la granada volara. Esta golpeó a los pies del objetivo y
explotó, enviando a la maldita cosa al infierno. Pero no fue suficiente.

Micah cayó con su cuchillo en mano, rajando la garganta de uno. Pero


otro saltó sobre él y su lucha duró poco, sus gritos se hacían eco en los
oídos de Aric. Jax cayó a continuación, luego CO, Prescott, Ryon, Zan,
Nix y muchos otros. Todos ellos, uno por uno. Muertos o moribundos.

Desenfundando su propio cuchillo, Aric giró para enfrentarse a la bestia


que venía por su flanco.

—Vamos, perra —siseó él—. Bailemos.

Hoy él moriría. Pero se llevaría a este con él.


Sorprendiendo a la criatura, salió corriendo y saltó, enterrando la
cuchilla hasta la empuñadura en su esófago. Cuando cayó, giró, el
corazón le latía con miedo. Automáticamente, lanzó una mano,
empleando una de las armas en su arsenal personal que había jurado
no arriesgar a menos que la situación se convirtiera en desesperada.
Sin razón para mantenerlo en secreto ahora.

Vertiendo toda su consciencia, cada onza de su energía en su talento, él


desató su fuego. Una columna de llamas salió disparada de su palma y
envolvió al hombre lobo. Chillando, la bestia cayó al suelo,
retorciéndose mientras se quemaba.

—¡Toma eso, mamón!

Lleno con renovada esperanza, encendió a tres lobos más. Podía hacer
esto y salvar al menos a sus compañeros de equipo. Todo no estaba
perdido.

Hasta que su fuego estuviera agotado. De repente las llamas murieron y


una de las bestias que quedaban avanzaron, llevando una siniestra
expresión que podía haber pasado por una sonrisa. Él le enfrentó de
frente, sin encogerse, permitiendo que su enfado superase el miedo que
significaría una muerte segura. Y si había cualquier oración para
sobrevivir, la tomaría. Moviéndose lentamente, se apropió de otra
granada.

—Vamos, feo capullo. Ven con papá.

Si lo comprendió, no podía haberlo dicho. Pero corrió hacia él y él se


apuntaló. La bestia lo tiró al suelo y su espalda golpeó fuerte cuando
sacó el prendedor de la granada. Ni un segundo que perder.

El lobo llevó la nariz hacia la suya, la boca abierta, la respiración


apestosa, los colmillos goteaban saliva sanguinolenta. Agarrando su
abertura, Aric embistió su puño por la garganta de la bestia, empujando
su brazo tan lejos como pudo. Inmediatamente, la cosa tuvo arcadas y
se apartó reflexivamente, agarrando su hombro y brazo para arrancarlo.
El dolor ardió en sus bíceps y antebrazo cuando empujó hacia atrás,
pero lo ignoró, revolviéndose tan lejos de la bestia como podía.

La granada detonó, rociando pelo, sangre y entrañas por todas partes.


Aric allí tumbado, las orejas alzadas, durante varios largos momentos
antes de darse cuenta que todos los sonidos habían cesado. Levantó su
cabeza, vio las propensas figuras de su equipo, tiradas por todas partes.
Algunos jadeaban y gemían por ayuda, otros estaban destrozados más
allá del reconocimiento. Él intentó gatear hacia las súplicas, luchando
bastante fuerte para hacerlo, para alcanzar aunque fuera a uno de sus
hermanos caídos.

Pero estaba condenadamente débil. Su brazo quemaba como si hubiera


sido zambullido en ácido, y lo miró para ver varios tajos largos y
profundos que habían sido tallados por los dientes del hombre lobo.
Estaba perdiendo sangre a un ritmo alarmante, aligerando su cabeza.

Descansa. Solo durante un minuto. Luego inténtalo otra vez.

Lo siguiente que supo, es que una mano sacudía su hombro.

—¿Aric? ¡Oh, Dios! Por favor que no estés muerto. ¡Por favor!

Abrir sus ojos era duro, pero se las arregló. Zan estaba agachado sobre
él, agarrando el brazo de Aric, el brazo que debería haber tenido varios
profundos cortes. Y ahora no los tenía. La piel estaba aún con sangre
seca, pero lisa, como si nada hubiera ocurrido.

—¿Qué demonios? —jadeó él.

—Tranquilo —dijo Zan. Su cara estaba pálida como la leche, la carne de


su hombro abierta por un feo mordisco—. No eres el único con un truco
en su manga, amigo mío. Soy un Sanador.

Antes de hoy, a pesar de su propio don, Aric podría haberse reído.


Ahora solo le dio a su amigo una débil sonrisa.

—Joder gracias. Cúrate a ti mismo mientras estás en ello.

Su cerebro estaba más nublado, su cuerpo pesado. No tuvo elección


excepto obedecer. Quizás estaría muerto después de todo, perdido en
este pequeño trozo del infierno, junto a sus amigos.

Podría haber deseado morir entonces, sabía que llevaría un trozo de ese
engendro malvado para el resto de su vida.

***

Aric terminó su historia y levantó la mano gentilmente para limpiar las


lágrimas de la bonita cara de Rowan.

—Lo siento mucho. Hice lo que pude por tu hermano y el resto, pero no
fue suficiente. Nunca lo será.
—No, no digas eso —protestó ella—. Luchaste fuerte, todos lo hicieron.
Y tú mataste al último, dando a los supervivientes la oportunidad de ser
rescatados y comenzar una nueva vida.

—Así es. —Él hizo una mueca de dolor por la amargura en su tono.

—¿Realmente es tan malo? —preguntó ella suavemente—. ¿Esta


carrera, esta vida que has construido aquí con tus amigos?

Él estudió su expresión seria, ahogándose en esos ojos marrones.


Estaba demasiado cerca, demasiado maravillosa. Olía tan
condenadamente bien que quería saltar de la cama y tomarla como la
bestia que era.

Más que eso, quería conocer a Rowan; en el interior tan bien como en el
exterior.

Una pequeña sonrisa curvó sus labios y él respondió seriamente: —No,


creo que no. Especialmente ahora.

Lentamente, ella le devolvió la sonrisa.

Pasaron la tarde hablando sobre nada, en realidad. Pero a pesar de las


circunstancias de su encuentro, Aric no podía recordar cuando había
disfrutado tanto un día. Cuando ella finalmente se fue, él solo podía
pensar en una cosa.

Cuando conseguiría verla otra vez.


Traducido por Whiteshadow & LuisaV8

Corregido por Klarlissa

ric de plano se negó a pasar un segundo más en esa


condenada e incómoda cama de enfermería. Eran instrumentos
de tortura especialmente concebidas para hacer que el paciente
quisiera curarse rápidamente, solo para poder largarse fuera de ese
estúpido colchón que debió haber sido diseñado para un niño de diez
años de edad. Sus malditos talones sobresalían, a menos que retrajera
sus piernas de lado.

En su lugar, se sentó en la silla de los visitantes junto a la ventana y


miró con nostalgia al bosque, con ganas de ir por una buena carrera. Él
lo haría, también, tan pronto como Melina arrastrara su culo flaco allí y
lo dejara salir de ese manicomio. Dos días había estado allí desde que la
doctora lo había hecho volver. Ahora sabía cómo debían de sentirse los
animales en el zoológico, y su lobo gruñó de acuerdo.

La puerta se abrió y Melina entró.

Él se puso de pie, sonriendo.

—Justo la señora que quería ver. ¡Déjame salir!

Ella no le devolvió su entusiasmo, pero lo miró a los ojos con calma,


empujando las manos en los bolsillos de su bata de laboratorio.

—Aric, siéntate. Tenemos que hablar.

—Habla mientras firmas mis papeles del alta.

—Estoy hablando en serio.

—Uh-oh. —Su sonrisa se marchitó—. ¿Qué pasa?

—Tu temperatura, otra vez. Por dos décimas de grado.

—¿Eso es todo? Jesús, doc, me asustaste. —Él tiró de la fea túnica—.


¿Ahora puedo salir de esto? Es un poco aireada y…
—Aric. Siéntate.

Su tono acerado podría marchitar las bolas del más duro de los
hombres. Incluido él mismo. Tragando saliva, plantó su culo en la silla
de vinilo de nuevo y esperó que llegara al punto.

Ella no perdió el tiempo, extrajo un trozo de madera plana de una jarra


en la mesa y movió su taburete rodante de modo que se encontrara
entre sus rodillas.

—Abre grande.

Él lo hizo, tratando de no hacer arcadas mientras ella presionaba su


lengua y dirigía una luz a su boca. Después de unos pocos segundos,
quitó el palo y lo tiró a la basura. Por un momento ella lo miró en
silencio. Él luchó contra el impulso de retorcerse como un colegial en la
oficina del director.

—Tu garganta está un poco roja, aunque ayer no lo estaba. ¿Duele? —


preguntó finalmente.

Él la miró parpadeando.

—No lo sé. No me había dado cuenta.

—Traga.

Él lo hizo, tratando de no hacer una mueca.

—¿Eso duele?

—No.

—Aric.

—Bueno, un poco.

Ella suspiró.

—Voy a realizarte un cultivo, pero dudo que algo aparezca, ya que los
cambiadores no contraen enfermedades humanas.

—Entonces, ¿para qué molestarse? —Él solo quería salir.

—Porque puede ser algo que no hemos visto antes en tu clase. O podría
ser un indicador de un asunto completamente diferente.

Su ceño se frunció.

—¿Cómo qué?
—Podría ser simplemente que tu cuerpo está fuera de control por los
abusos que sufrió en las instalaciones de Chappell.

—Pero tú no lo crees. —Esto realmente estaba empezando a


preocuparle—. Vamos, Melina. No es propio de ti irse por las ramas.

—No, no lo es. Sé paciente conmigo un minuto más. —Ella hizo una


pausa, inclinándose hacia adelante—. Tu temperatura era normal
cuando fuiste rescatado. Estábamos preocupados por el estado de tu
cuerpo, pero era bastante bueno, considerando todas las cosas. Esto no
comenzó hasta que llegamos a casa. En concreto, cuando conociste a
Rowan.

Se quedó mirando a la doctora, su pulso saltando.

—¿Qué tiene que ver ella conmigo?

—¿Sientes una atracción hacia ella? ¿Lo hace tu lobo?

Ah, mierda.

Fingió una sonrisa.

—¿Estás bromeando? La mujer es totalmente sexy. ¿Y las chicas en


uniforme? Maldita sea, si hay un Dios.

—Sabes lo que quiero decir. ¿Verdad? ¿Y si te informara a ti, y a tu


lobo, que la he visto a ella y a Zan involucrados en un beso profundo y
apasionado, justo antes de desaparecer en el bosque?

—¿Qué? —Él se puso de pie, con las manos cambiando a garras y pelo
brotando antes de que se diera cuenta. Su voz surgió en un gruñido—.
¿Dónde está ese hijo de puta? ¡Voy a sacar su maldita espina hacia
fuera a través de su garganta y haré una fiesta con su cadáver!

Se dio la vuelta, pero antes de que pudiera lanzarse a la puerta, una


mano firme agarró sus bíceps.

—Yo no he dicho que eso es lo que pasó. Te pregunté “¿qué pasaría


si…?” Y creo que has respondido a mi pregunta.

Cuando se volvió para mirarla, poco a poco cayó en la cuenta de que


había sido hostigado. El lobo dentro de él no había sido capaz de tolerar
la idea de otro hombre tocando lo que le pertenecía…

—Oh, Mierda. —La piel y las garras se retrajeron, se dirigió a su silla y


se sentó con brusquedad. Abatido, apoyó los codos en las rodillas y
agachó la cabeza, mirando a sus pies descalzos—. ¿Es esto lo que le
pasó a Jax cuando conoció a Kira?

—No puedo hablar de eso debido a la confidencialidad, pero puedo


decirte que sus síntomas son compatibles con lo que entendemos hasta
ahora acerca de los cambios que el cambiaformas macho experimenta
cuando se encuentra con su pareja.

—¡Pero ella y yo acabamos de conocernos! ¡No me malinterpretes, me


gusta… pero no quiero una pareja! —Aún cuando dijo eso, sin embargo,
un dolor miserable se le formó en las entrañas. Su lobo se paseaba por
su interior, ansioso. Intranquilo.

—Tengo la sensación de que al lobo no le importa lo que tu mitad


humana quiere —dijo. Su tono era más amable de lo normal, lo cual
decía mucho acerca de la gravedad de su situación—. ¿Estoy en lo
correcto?

—Sí. Está a punto de destrozarme desde adentro hacia afuera. —


Recostándose en su silla, miró al techo—. No puedo creer esto.
Cualquiera de los otros sería un mejor compañero para Rowan que yo.

Su estómago se revolvió y luchó por no ponerse enfermo al pensar en


ella con otra persona. Y en no romper los muebles.

—¿Por qué es eso?

Su risa era amarga, pero no podía evitarlo.

—No soy del tipo que se establece, amiga. Mi familia era tan
malditamente disfuncional, que hacíamos que el elenco de “Casado con
Hijos” 20 se pareciera a los malditos Cleavers 21 . No sé absolutamente
una mierda acerca de cómo hacer feliz a otra persona, o cómo se
supone que debe ser una familia.

—No estoy de acuerdo. Los hombres con los que trabajas, son tu familia
—señaló—. Son tan cercanos como hermanos, y la sangre no tiene
importancia cuando se trata de las personas que realmente cuidan tu
espalda.

Eso le llegó y él lo pensó un largo rato.

—Bueno, eso es cierto —dijo lentamente, mirando a la doctora—. Pero

20 M arried with children: sitcom norteamericana que estuvo en el aire 11


temporadas y que representaba una failia disfuncional viviendo en un suburbio de
Chicago, Illinois.
21 Los Cleavers: Apellido de los personajes de la serie de televisión estadounidense

Leave It to Beaver. Juno y su marido, Ward, se invocan a menudo com o los pa dres
arquetípicos suburbanos de la década de 1950.
son chicos. No tienes que preocuparte por estar ligado a uno de ellos
para el resto de nuestras vidas.

—En realidad, no tenemos ninguna prueba de que alguno de ustedes no


podría tener a otro hombre por compañero.

Se aclaró la garganta.

—Bueno, a cada uno lo suyo. No tengo nada contra la gente que


encuentra la felicidad con su mismo sexo y todo, pero yo sé que
definitivamente no es mi caso.

El más elemental atisbo de humor suavizó su rostro.

—De todos modos, el punto es que tienes una familia aquí, una que
obviamente, significa mucho para ti, aunque hagas todo lo posible para
ocultar los sentimientos detrás de una pared de sarcasmo. No es como
si tú no pudieras aprender a ser un compañero bueno y cariñoso con tu
mujer.

No estaba tan seguro de eso, pero pensó que era mejor no entrar en ese
debate.

—Lo que le sucedió a Jax... ¿será lo mismo para mí?

Su amigo había estado realmente enfermo antes de que la pareja


decidiera vincularse. Aric odiaba estar enfermo, pero no veía cómo e l
apareamiento iba a funcionar para alguien como él. ¿Qué mujer
necesitaba su mierda?

—Ya estás sintomático, con el dolor de garganta y la fiebre, que parece


acompañar el inicio del impulso de apareamiento. Cuanto más tiempo
pospongas el morder a tu mujer, tomándola como compañera, más
enfermo estarás. Por supuesto, si la muerdes, entonces hay una
posibilidad de que también se convierta en cambiaformas.

—¿No existe posibilidad de que pueda esperar? ¿De que mejore?

—Basada en lo que he visto hasta ahora, y lo que Nick me ha dicho


como cambiador nacido que ha vivido con su lobo mucho más tiempo
que todos ustedes... —Ella suspiró—. No parece probable.

Una calma mortal se apoderó de él. No tenía sentido estresarse por el


futuro cuando acababa de enterarse que no tenía uno.

—Escúchame y escúchame bien —dijo en voz baja—. Rowan no debe


saber lo que está pasando conmigo. No quiero empujarla a vincularse
conmigo como Kira con Jax. ¿Lo entiendes? Rowan es una buena mujer
y ella no se merece tener que cargar con esta vida, o conmigo.

—Aric, no es una existencia tan mala…

—No. Tú le dices a Rowan, o a cualquier otra persona, sobre esto y me


iré. Para siempre.

—Nick lo sabrá, tarde o temprano. Nadie va a tener que informarle.

—Él es diferente. Sin embargo, la misma regla se aplica a él.

—Trata de decirle eso a Nick —dijo secamente—. Él no está vinculado


por el mismo juramento de confidencialidad que yo.

—Me encargaré de eso cuando y si él me confronta.

Melina se quedó en silencio por un momento, observándolo, de repente


parecía más vieja que su edad.

—Sinceramente espero que lo reconsideres antes de que sea demasiado


tarde. —Él no respondió—. Está bien, voy a realizar el cultivo, y cuando
el resultado sea negativo, te voy a dar el alta.

—Gracias.

Ella se fue a obtener el kit que necesitaba y él se sentó allí mirando por
la ventana una vez más. Solo que no estaba tan emocionado como antes
sobre la posibilidad de salir. Estaba simplemente cambiando una
prisión por otra, esta vez siendo rehén de su propio cuerpo. Con un
suspiro, se desplomó en la silla y se cubrió el rostro con una mano.

Me voy a morir. Después del infierno en Afganistán. Después de todas


esas semanas de tortura, orando por rescate y la muerte me encuentra,
de todos modos… bajo la forma de mi compañera. ¿No es una mierda el
destino?

Melina volvió.

—Vamos a hacer esto para que puedas ponerte en marcha.

En menos de un minuto, ella limpió el interior de su garganta con la


punta de un palo largo y se lo llevó. En quince más estaba de vuelta,
anunciando que como era de esperar, no tenía virus o bacterias que
provocaran el dolor de garganta y la fiebre. Su análisis de sangre
también estaba bien. Él estaba curado de su tiempo en cautiverio.

—Una cosa más —dijo ella, observándolo con una mirada firme—.
Cuando te encuentres incapaz de desenvolverte en el equipo, solicita la
baja del servicio o voy a tener que ir con Nick.
—¿Cuánto tiempo tengo antes de llegar a ese punto?

—Me gustaría tener una respuesta firme —dijo con gravedad—. El ritmo
de deterioro parece variar. Pero va a suceder, a menos que hables con
Rowan. Explícaselo.

—No puedo.

Dios. La pérdida de su equipo y su lugar entre ellos, verdaderamente


sería su final. Cuando eso sucediera, cambiaría y desaparecería dentro
del Shoshone, dejando que la naturaleza siga su curso.

Melina firmó sus papeles, sin duda con la creencia de que cuando la
necesidad comenzara a presionar, él cambiaría de opinión y mordería a
Rowan, aún a riesgo de convertirla en un lobo, para salvar su propio
pellejo. La doctora estaba equivocada. Él no era un imbécil tan grande,
sin importar lo que pensara la gente.

Cuando ella se fue, Aric sacó su ropa del armario pequeño al otro lado
de la cama y se vistió con un chándal y una camiseta de Alice in
Chains22, tratando de ignorar el leve dolor en los músculos. ¿Cuánto
tiempo iba a ser capaz de ocultar su condición de sus amigos? No lo
suficiente, conociendo a esos tipos. Ellos también eran condenadamente
perceptivos.

Al salir, se detuvo para ver a Micah a pesar de su prisa por poner la


enfermería tras él. Entrando fácilmente al cuarto, le llamó la atención el
silencio horrible del hombre en la cama. Las drogas estaban haciendo
su trabajo, manteniendo a su amigo tranquilo. Casi prefería que el
chico fuera otra vez por su garganta a cambio de esto. Pero de cualquier
manera estaba sufriendo.

Aric fue a pararse junto a la cama y apoyó la mano en la baranda, sin


saber qué hacer ni qué decir. Nada parecía adecuado, por lo que optó
por lo que mejor conocía, la cruda realidad.

—Hey, hombre —le dijo a su amigo dormido—. Esto es un montón de


mierda, ¿eh? Pero yo sé que eres demasiado duro para dejar que esto te
mantenga abajo. No dejes que esos pendejos ganen, ¿me escuchas?
Recupérate por tu hermana y el equipo. Todo el mundo está haciendo
fuerza por ti. Y cuando salgas de aquí, vamos a patear culos.

Eso fue lo mejor que pudo manejar la charla. Especialmente con sus
repentinas emociones amenazando con estrangularlo. Maldita sea, él

22Alice in Chains: Ban da de rock norteamericana formada en Seattle,Washington en


1987.
incluso podría no estar cerca en el momento en que Micah se
recuperara. Pero su amigo no necesitaba saber eso.

—Voy a regresar, amigo —prometió.

Salió, saludando a Noah y al enorme enfermero, y siguió su camino,


tratando de decidir qué hacer. Probablemente debería informarle a Nick
que le habían soltado, pero no quería ver al jefe todavía. El hombre era
demasiado extraño con esa mierda PreCog, y si él no sabía lo que
estaba pasando con Aric, estar a solas con él podía inducirle una visión.
O algo así. No había necesidad de que supiera antes de lo necesario.

No tenía hambre, tampoco, y no tenía ganas de ver la televisión. Lo


último que quería era estar solo en su habitación. Eso dejaba el
gimnasio. Podría ser una buena idea hacer algo de ejercicio mientras
aún podía. Liberar cierta frustración.

A gusto con esta idea, corrió hacia allí, contento al llegar de no estar en
lo más mínimo sin aliento. ¿Qué si estaba un poco sudoroso y con
temperatura? Eso no era demasiado notable cuando estaba corriendo.
Despacio, entró y echó un vistazo para ver quién andaba por ahí.

Jax y Zan combatían en las esteras, como dos gladiadores en conflicto


en vez de buenos amigos. Parecían estar gozando. Hammer estaba
haciendo pesas en una banca, trabajando el estómago que ya contaba
con un paquete de ocho, siendo incentivado por Ryon. Pero fue la dulce
cosita haciendo abdominales en una esquina quien obtuvo toda su
atención.

Rowan llevaba pantalones negros de entrenamiento de licra y un


sujetador deportivo a juego, los cuales mostraban su cuerpo esbelto,
tonificado y pechos generosos. Ella no era una mujer pequeña y
escuálida como Kira. No, señor, era como una pared de ladrillo, cada
músculo, cada pulgada diseñada para patear culos. Él prácticamente
babeaba viendo sus abdominales y caderas flexionándose cada vez que
ella se sentaba.

Maldita sea, ella es casi perfecta. ¿Cómo pude haber pensado alguna vez
que me atraía la compañera de Jax?

Él había estado observando durante al menos un par de minutos antes


de que ella se diera cuenta y ejercitara por última vez, luego agarró una
toalla de mano a su lado. Se limpió la cara y luego la tiró hacia abajo,
con los codos sobre las rodillas.

—¿Estás espiándome? —Afable humor acompañaba su tono.


—No, solo te comía con los ojos. Espiar implica que tengo algo que
ocultar. —Casi se estremeció ante su elección de palabras.

—Todo el mundo tiene algo que ocultar, Savage. —Ella arqueó una ceja.

Sí, incluido él mismo. Solo que no en la forma en que ella podría


pensar.

—Supongo que tienes razón en eso.

—¿La doctora te autorizó a estar fuera corriendo?

—¿Ves un pelotón persiguiéndome esta vez? —señaló.

—No. —Ella sonrió—. ¿Qué tal una ronda en las esteras, entonces?
Todavía quiero mi combate de entrenamiento y ninguno de esos tipos
quiere cooperar. —Ella echó una mano a los demás e hizo una mueca
de disgusto.

Maldita sea, ella era sexy. La idea de alguno de sus amigos colocando
una mano sobre ella, incluso para una inocente ronda de lucha libre, lo
hizo gruñir bajo.

—Probablemente no querían dañar a una mujer.

—Yo no soy una mujer indefensa —dijo con un dejo de desafío.

—No somos gente normal, sin embargo. Pero en el espíritu de diversión,


voy a aceptar.

—¿Persona a persona?

—Por supuesto. No me gustaría que las cosas fueran más desiguales de


lo que ya son.

Ella le lanzó una pequeña y malvada sonrisa, y el brillo en sus ojos


castaños le hizo pausar.

—Vamos a hacerlo.

Le ofreció una mano y ella la tomó, poniéndose en pie con un rebote.


Juntos caminaron hacia las esteras y Aric gritó a los dos combatientes.

—Dense un descanso, cabezas de chorlito. La policía quiere patearme el


culo. —Dijo lo último con un toque de sarcasmo, como si quisiera dar a
entender que ella iba a necesitar mucha suerte.

Los cuatro de sus compañeros daban alaridos de risa, Jax y Zan


empujaron sus pies y salieron del camino, secándose el sudor de la
cara. Una ronda de estímulo sobrevino mientras que los idiotas se
reunieron, para que Rowan lo untara por todo el suelo.

—Sí, sí. Apoyen a la chica, a ver si me importa. —Quitándose los


zapatos, se dirigió hacia el centro del colchón y rebotó en puntas de pie,
señalando a Rowan que se adelante—. Vamos, pastelillos, vamos a ver
lo que tienes.

—No puedes tener lo que yo tengo, Red.

—Oh, ¿no puedo? —Estaba pensando en su sueño mutuo y vio que ella
entendía su significado.

Aunque sus amigos no sabían la historia completa detrás de su


intercambio, les hizo gritar aún más, pero Aric no les hizo caso. Se
centró en Rowan mientras hacían círculos entre sí, cada uno
dimensionando al oponente. No tenía la menor duda de que la mujer
era resistente, dada su profesión, pero él confiaba en su habilidad mejor
que la de ella. Incluso si se contuviera, lo cual se negaba a hacer por
principio, era un ex SEAL. Un agente altamente capacitado. Ella
simplemente no tenía su habilidad.

Esperó que Rowan diera el primer paso, su estrategia para aprender la


de ella mientras se mantenía cerca de su chaleco para comenzar. Tal
como esperaba, ella dio unos pocos golpes con el puño, amagando a la
izquierda y la derecha, sintiéndolo. Sonriendo, pensó que ella parecía
demasiado jodidamente hermosa, ojos entrecerrados, totalmente seria
acerca de su pelea, completamente ajena a los silbidos y abucheos
desde los asientos baratos.

Jesús, mira como esa cremallera se agita en ese minúsculo sujetador


deportivo.

Razón por la cual él estaba totalmente desprevenido cuando su


adversario cambió su postura, y en un movimiento digno de Karate Kid,
le dio una patada en la mandíbula que malditamente lo lanzó
directamente al medio de la semana próxima. El golpe resonó en su
cráneo, se sintió caer hacia atrás y luego golpear la lona con un gruñido
indigno. El consenso fuerte de sus supuestos amigos era "¡Mierda!" y él
estuvo de acuerdo.

—No es justo —murmuró.

Los rostros de ella aparecieron sobre él. Tres de ellos.

—¿Qué parte? ¿Mi pie en tu cara o la pérdida de tu orgullo?


—Las dos cosas.

Parpadeando, trató de que todas las figuras triplicadas se fusionaran de


nuevo mientras los idiotas que lo rodeaban casi se atragantaban con su
risa.

—Cállense, idiotas. —La orden no sirvió de nada.

—Golpeado por una mujer —observó Zan con un bufido.

—Por una policía. ¡Consiguió su culo servido, también!

—¡Eso es porque estaba demasiado ocupado comiéndose con los ojos el


paquete para ver la dinamita!

Los cuatro chocaron los nudillos y Aric se sentó, mirando al grupo.

—¿Quién quiere ser el próximo? ¿Nadie? Eso es lo que yo pensaba.


Perdedores.

—¿Estás bien? —preguntó Rowan.

—Estoy muy bien. —Para probarlo, se puso de pie. Su cerebro nadaba,


pero maldito si alguien podría adivinarlo.

—Por qué no vamos de nuevo, y esta vez mantén tu atención donde


debe estar —sugirió ella, chasqueando su cola de caballo sobre un
hombro.

¡Mierda, si no lo ponía medio duro! Afortunadamente, los sudores


sueltos ocultaban su problema.

—Cuando esté lista, oficial.

Decidido a salvar las apariencias, se concentró en su postura, cómo sus


músculos se agrupaban. Prever su movimiento antes de que ella entrara
en su cuerpo y lo empujara, tratando de desequilibrarlo y poniendo un
pie enganchado detrás de su tobillo. En cambio, él la agarró de las
manos y usando su fuerza como palanca, pulsó el exterior de su rodilla
izquierda hasta el interior de su pierna derecha y giró el torso hacia la
izquierda. Ella perdió el equilibrio y fácilmente dominada en este tipo de
concurso mano a mano. La puso en la lona, pero se aferró a una mano
para reducir el impacto al chocar. Sin importar su acuerdo de no
contenerse, él no era capaz de desatar toda su fuerza sobre su
compañera.

Oh, Dios.

—Bien hecho, amigo —dijo Ryon, y los demás le hicieron eco al


sentimiento—. ¡El mejor de tres!

De repente, lo único que quería era estar a solas con ella, lejos de todos
esos ojos curiosos.

—No —dijo él, dándole una mano. Se centró en Rowan, quien


desempolvó su trasero—. ¿Qué tal si vamos a correr?

Ella se iluminó.

—Me parece bien. Entonces no voy a tener que dejarte ganar de nuevo.

Los chicos se rieron y Aric rodó los ojos.

—Lo que sea. Vamos, vamos a abandonar a los idiotas.

Dejó que sus comentarios y especulaciones rodaran, mientras se ponía


sus zapatos. Estaban susurrando, pero oyó. Ya se preguntaban qué
estaba pasando. Nada de su incumbencia. Aric la condujo desde el
gimnasio. En el pasillo, él distraídamente se frotó la mandíbula.

—¿Se está volviendo un moretón?

Encontrando su mirada, vio la preocupación en sus ojos y se habría


estado mintiendo a sí mismo si fingiera que no le gustaba.

—Tal vez algunos, pero van a sanar muy rápido.

—Lo siento. Solo quería sacar ventaja de capturarte con la guardia baja,
realmente no quería causar ningún daño.

—Cumpliste con las reglas que establecimos, eso es todo. Deja de


quejarte.

—Está bien —suspiró—. No soy de las que suelen preocuparse. Parece


que no he hecho otra cosa más que preocuparme desde que estoy aquí,
sin embargo.

—Has tenido una buena razón.

—Ese es el eufemismo del universo. Nunca soñé que algo de esto existía
—dijo ella, agitando sus brazos para indicar el complejo y sus
habitantes—. Es un poco demasiado, incluso para un policía de Los
Ángeles y he visto algunas cosas raras.

Allí mismo, sabía que había tomado la decisión correcta. Nunca podría
añadirle estrés, atarla a su vida o el peligro en ella. Ella no podía saber
sobre el vínculo de apareamiento en espera de ser forjado entre ellos y
nunca reclamaría a su compañera.
La verdad apuñaló su intestino, pero no dejó que su desesperación se
mostrara. Toda su vida había sido bueno en ocultar su tristeza detrás
de una máscara y solo tenía que mantenerla hasta que ella se fuera a
Los Ángeles.

—¿Tan extraño como eso? —preguntó, señalando el final del pasillo.

Rowan se detuvo en seco al ver a Kira y su amigo peludo viniendo hacia


ellos.

—¿Qué diablos es esa maldita cosa?

Aric rió entre dientes.

—Eso es Chup-Chup, o simplemente Chup para abreviar. Kira lo


nombró por el ruido que hace cuando está contento. No estamos
realmente seguros de lo que es, así que lo llamamos un gremlin.

—Parece algo sacado de una película de Steven Spielberg.

—Supongo.

A medida que Kira se les acercó y se detuvo, el gremlin miró con ojos
redondeados a Rowan y Aric, correteando detrás de Kira y agarrándose
a la pierna de sus pantalones vaqueros con las patas diminutas.

—¡Lindo! —dijo Rowan, sonriendo—. ¿Muerde?

—Solo cuando tiene miedo —dijo Kira—. ¿Quieres conocerlo?

—Me encantaría.

—Está bien. —Doblándose, ella lo cargó y de inmediato se acurrucó en


los brazos con un contento chup. Desde la seguridad de su posadero,
Chup miró a Rowan con curiosidad. Kira dijo en voz baja—. Extiende el
brazo, lentamente y deja que te huela. Al igual que lo harías con un
perro desconocido.

Rowan lo hizo, encrespó los dedos hacia adentro para presentarse a la


criatura con el dorso de la mano. Aric pensó que eso era muy
inteligente, para reducir el riesgo de perder un dedo si lo asustaba un
poco. Había mordido a Jax una vez y de acuerdo con su amigo le había
dolido como el infierno.

Chup se estiró hacia delante tanto como se atrevió, aferrándose a Kira


por seguridad. Luego olfateó durante unos segundos y, al parecer
gustándole su nueva amiga, puso su cabeza bajo su mano, haciendo
clara su demanda.
—Alguien quiere que lo rasque —susurró Rowan. Chup comió la
atención como la miel, ronroneando y haciendo sus ruidos raros. Ella
miró a Aric—. ¿Quieres probar?

Se encogió de hombros, le ofreció el dorso de la mano para que lo oliera


y rápidamente consiguió un gruñido como respuesta.

—Creo que todavía no le importan mucho los hombres —dijo, dejando


caer su brazo.

Kira asintió.

—Ha llevado mucho tiempo entrar en confianza con Jax. Podría ser que
fue abusado por una figura masculina, pero supongo que nunca lo
sabremos.

—Pobre hombre. ¿Quién haría algo como eso?

El gremlin sabía cómo hacerlo funcionar, seguro. Volvió a ronronear y


Aric juró que la criatura sabía exactamente lo que estaba haciendo. Él
poseía más inteligencia que el perro promedio, en su opinión.

—Bueno, tengo que encontrar a Jax —dijo Kira—. Me pondré al día con
ustedes más tarde.

—Está en el gimnasio. —Aric señaló con un dedo en dirección por


donde habían venido—. Ve a buscar a tu hombre.

—Gracias. —Con un guiño, la rubia se apresuró a buscar a su


compañero.

Aric se volvió para verla pasar y una ola de tristeza se apoderó de él. Su
compañera podría apresurarse hacia él un día, si solo él...

—¿Aric?

Se sacudió.

—Lo siento. ¿Lista para ir por esa carrera?

—Después de ti.

Su ruta los llevó a través de la sala de recreación, donde Kalen y A.J.


estaban jugando a un juego en la Wii. Viendo al hechicero sin su
colgante de pentagrama, se preguntó de nuevo por qué ahora colgaba
alrededor del cuello de Mackenzie. La próxima oportunidad que tuviera
le preguntaría a Nick o a uno de los chicos. Parecía que se había
perdido algunas cosas mientras era un huésped en el motel del infierno.
Salieron a través de la puerta que abre directamente hacia el exterior,
hacia el césped de hierba y un campo más allá de eso. Señaló.

—Jugamos fútbol y otros deportes aquí cuando necesitamos dejar salir


un poco de estrés. Deberías ver a un montón de cambiaformas y a un
príncipe Fae jugando aquí a la pelota y tratando de no hacer trampa. Es
lo más jodidamente gracioso de todo.

—Apuesto a que sí. —Ella se echó a reír, como si lo imaginara—. Quiero


jugar en algún momento, si los demás están preparados para ello.

—Oh, lo estarán. Nunca conocerás a un grupo de gente más competitivo


que los que viven aquí.

—Estoy empezando a tener esa idea. ¿Por dónde vamos?

—Hay varios senderos muy buenos, pero mi favorito comienza allí —


dijo, señalando hacia el otro extremo del terreno despejado, donde el
bosque comenzaba—. Sé que dijimos que correríamos, pero no me
importa andar si quieres. Es más fácil hablar y disfrutar de la vista.

—Por supuesto. —Ella miró a su alrededor—. No me gustaría perder la


oportunidad. Es hermoso aquí.

—Sí, lo es.

La única vista hermosa que notaba estaba justo a su lado mientras iban
por el sendero. Sus pasos, el viento entre los árboles y las llamadas de
varios pájaros fueron los únicos sonidos por unos pocos minutos. Se
sentía tan a gusto en su presencia, como si su corazón hubiera estado
en carne viva los últimos treinta y cinco años y él no lo hubiera sabido
hasta que se habían conocido y ella había calmado el dolor. Lástima
que uno nuevo había tomado su lugar, pero no quería pensar en eso
ahora.

—Háblame de ser policía —pidió él—. ¿Te gusta lo que haces?

Su expresión se iluminó.

—Dios, sí. No me puedo imaginar no estar en la fuerza. Cada día es


diferente, siempre es un reto. Y luego están mis amigos, que son como
mis hermanos. Supongo que puedes entender eso.

—Puedo. —El nuevo dolor se convirtió en un dolor agudo que


desgarraba sus entrañas—. ¿Qué te hizo decidir seguir esa carrera?
—Eso es fácil. Me crié en el barrio23 de East Side, en uno de los más
deteriorados tugurios en L.A. Mi madre era una inmigrante legal de
México y mi padre, para usar el término livianamente, era basura pobre
blanca. Era la unión del infierno y él se fue cuando yo tenía cinco años
y mi hermano tenía tres. Nunca lo volví a ver, pero al menos estábamos
libres de sus ataques de rabia.

—Puedo entender el alivio —dijo él, pensando en su padrastro—. Lo


siento. Adelante.

—En los años antes de irse, los policías estaban siempre en nuestra
casa. Algunas semanas, venían todos los días para romper los combates
y arrastrar su culo a la cárcel si era necesario. Pero eran siempre muy
amables conmigo y Micah, incluso nos dieron a cada uno un oso de
peluche una vez, para sostenernos de algo cuando tuviéramos miedo.
Con el tiempo, nos conocían por el nombre, e incluso después de que
papá se había ido de largo, ellos paraban y se aseguraban de que
estábamos bien. Nunca me olvidé de eso. Uno de ellos está todavía en el
cuerpo, a pesar de que está casi listo para retirarse. ¿Cómo lo explico?
—Hizo una pausa—. La gente del barrio son míos para proteger. ¿Eso
tiene sentido?

—Perfectamente —le aseguró—. Es una cadena de favores.

—Supongo que sí.

Ella nunca querría abandonar su casa, su gente. No por él. Él estaba


haciendo lo correcto. Lo que hacía que su corazón doliera, porque
estaba empezando a ver la persona realmente especial que era.

Se aclaró la garganta, que estaba más adolorida de lo que había estado


antes. Mierda.

—¿Tu madre aún vive?

—No. Ella falleció hace un par de años de cáncer —dijo Rowan con
nostalgia—. Pero estaba contenta. Yo había ahorrado lo suficiente para
ayudarle a comprar una pequeña casa agradable hace varios años y
llegó a disfrutar de ella durante un tiempo. Cuando murió, la vendí y
me quedé en el barrio.

Él frunció el ceño.

—¿Por qué? ¿No estarías más segura viviendo en la casa de tu mamá?

23 En castellano en el original.
—Tal vez, tal vez no. Soy muy conocida en el barrio. Viviendo allí, donde
trabajo, me da credibilidad callejera, y si me mudo, los pandilleros que
trato de mantener en línea verían eso como una traición. Como si yo
fuera demasiado buena para ellos. No confiarían en mí y eso podría ser
más peligroso para mi salud que vivir allí en primer lugar.

—Eres su policía. Eso tiene sentido. —Pero él lo odiaba. Ella no debería


vivir en un barrio peligroso.

Ella lo miró con especulación.

—¿Qué hay de ti? ¿Qué le pasó a tu familia?

—¿Qué te hace pensar que algo pasó con ellos? —La pregunta lo puso
inquieto.

—Dijiste que tu madre había muerto, ¿recuerdas? Después de salir de


la Marina.

—Oh. Así es. —Se había olvidado de eso.

—Es triste que no pudieras estar con ella cuando falleció. ¿Fue
repentino?

Él tomó una respiración profunda.

—Ella resbaló y se golpeó la cabeza en la bañera. Fue descartado como


un accidente.

—Lo dices como si no lo creyeras.

—Una parte de mí pensaba que mi padrastro era el responsable, pero


no podía demostrarlo.

—¿Dónde está él ahora?

—No lo sé. En el infierno, si el mundo tiene suerte.

—¿Tienes hermanos?

—Estás empezando a sonar como un policía.

—¿Es una pregunta tan difícil?

—Maldita sea, Rowan, yo…

Lo que fuera que hubiera estado a punto de decir quedó en el olvido


cuando una gran sombra de repente bloqueó la llegada del sol a través
de la copas de los árboles y había un agudo sonido de aleteo. Como si
alguien estuviera sacudiendo una lona pesada. Él había oído eso
antes…

—¡Abajo! —gritó él, empujándola al suelo. Se tendieron en la maleza a


la orilla del camino, Aric encima de ella, cuando dos pares de garras
marcaron su espalda—. ¡Ahh, mierda!

Rodó hacia un lado, teniendo tiempo suficiente para ver la expresión de


horror en el rostro de Rowan mientras giraba la cabeza para ser testigo
de la criatura que estaba dando vueltas alrededor para otro ataque.
Llegando rápidamente.

Poniendo su cuerpo entre su compañera y el ghoul que iba hacia ellos,


Aric liberó a su lobo. El cambio fluyó sobre él, miembros
remodelándose, pies y manos a patas, la nariz convirtiéndose en un
hocico lleno de dientes, desnudos para proteger lo que era suyo.

Pero no con la maldita suficiente rapidez.

Antes de que pudiera liberarse de su ropa, el bastardo le golpeó con


toda su fuerza y se deslizaron, cayendo juntos sobre el terreno
accidentado en una maraña de pelo y alas de cuero. La suciedad y la
maleza volaba.

El grito de Rowan resonó en sus oídos mientras las fauces de la criatura


se abrieron, mostrando los dientes amarillentos y punzantes,
chorreando saliva.

Y esas mandíbulas se clavaron en su costado, hundiendo los dientes


profundamente.
Traducido por Fher_n_n & Eli25

Corregido por La BoHeMiK

owan miró con terror mientras el murciélago gigante caía del


cielo, era igual contra los que habían luchado en la antigua
iglesia en Colorado. Era una cosa horrible con una cara ancha,
hocico hundido y alas de cuero rotas, el cual, se lanzó por Aric.

Cómo la enorme criatura se movía tan rápido, era casi incomprensible.


Tuvo solo dos segundos para ver a Aric cambiando a su lobo, para el
combate. Sin embargo, no iba a tener tiempo para liberarse de su ropa,
y ella tenía que ayudarlo.

Entonces el bastardo golpeó Aric como una bala de cañón, y la pareja


chocó, cayendo sobre la tierra. El lobo acabó bajo la bestia, patas
arañando para agarrarlo, volviendo la cabeza para morder a su
enemigo. Pero la cosa lo estaba presionando, arrancando la camisa y los
pantalones, abriendo su enorme boca para revelar dientes parecidos a
sables.

Ella gritó cuando la criatura hundió sus dientes a un costado del lobo
rojo. El grito agónico del lobo cortó el aire, la bestia lo sacudía como
una muñeca de trapo. Luego torció el cuerpo dentro del agarre de la
criatura y apretó las mandíbulas alrededor de una de las patas
delanteras más pequeñas de la cosa.

Él incluso cambió a su forma humana, enviando una ráfaga de fuego a


la cara de la bestia, pero no lo soltaba. Aric no podía mantener su forma
humana y por su mueca supuso que era por el dolor. La cosa estrelló al
lobo fuertemente en el suelo. Y otra vez más. Se dio cuenta de que
estaba tratando de matar a Aric y tendría éxito si ella no hacía algo
rápido.

Eso la puso en movimiento. Escudriñó alrededor, buscando algo que


pudiera utilizar como arma. Sus ojos se posaron en una gran rama de
árbol a corta distancia, y medio se arrastró, medio se tambaleó hacia el.
La rama tenía poco más de un metro de largo y pesaba demasiado para
que ella la manejara fácilmente, pero no tenía elección.

Levantando la rama con la punta rota hacia adelante, ella la sostuvo


como una jabalina y corrió, resistiendo el impulso de gritar. Ella no
quería alertar a la criatura de su ataque antes de que pudiera
arremeter. Pero estaba completamente enfocada en aniquilar a su
presa, dándole una ligera ventaja. Usando toda su fuerza, embistió con
la punta de la rama en la espalda, justo entre las alas.

La criatura se irguió, echó su cabeza hacia atrás y el rugido gutural


sacudió las copas de los árboles. Su táctica había funcionado; la cosa
liberó al lobo, que cayó al suelo, jadeando, con sangre brotando de su
costado. Pero entonces la bestia arrancó la rama de su espalda y la
arrojó lejos. Se volteó y la inmovilizó con los ojos llenos de odio.

—Oh, Dios —susurró. La sangre desapareció de su rostro.

Debía de dos metros y medio de altura parado sobre sus patas traseras,
y se veía como algo salido de una película de terror. No solo su
apariencia física, sino la extraña inteligencia en sus ojos. No era cierto
que fuera una bestia irracional. Estaba aquí para matar, y disfrutaría
con el derramamiento de sangre. Humano o no, no había duda de esa
mirada.

Se aproximó hacia adelante y ella comenzó a retroceder. Pero no había


ningún sitio donde ir. Nunca sería capaz de correr más rápido que el
bastardo, y aunque pudiera, ella nunca escaparía cuando se elevara en
el aire.

No quiero morir. ¡No así!

La criatura se redujo a cuatro patas y empezó a galopar directamente


hacia ella. Un grito se atascó en su garganta y se quedó inmóvil en el
sitio. Esperando para ser desgarrada.

Pero una mancha roja corrió por el costado y se lanzó por el aire. El
lobo rojo se lanzó hacia la criatura, golpeándolo fuera de balance y
enviándolos a la tierra. Posicionado arriba esta vez, Aric tenía la ventaja
cuando se puso detrás los cortos y avariciosos brazos con sus afiladas
garras y fue por el cuello de la bestia. Pero solo bre vemente. La criatura
rodó, cambiando sus posiciones otra vez, tratando de ap artar al lobo,
para aplastarlo en el suelo.

El lobo se resistió, pero a menos que cambiaran de posición, la bestia lo


mataría.

Rowan corrió hacia la rama del árbol que yacía tirada y estaba a punto
de usarla de nuevo en la criatura cuando la ayuda llegó. Una pantera
negra y varios lobos irrumpieron de entre los árboles y corrieron por el
suelo hacia donde Aric luchaba. La pantera saltó, mostrando los dientes
y las garras extendidas, golpeando directamente a bestia en el pecho y
derribándola de espaldas.

Las fuertes mandíbulas felinas arrancaron la garganta de la criatura


mientras los compañeros de equipo de Aric se juntaban para romper
cada lugar disponible. Sintiendo su perdición, la bestia luchó más
fuerte, pero fue en vano. Su lucha se volvió lenta, y en minutos, se
detuvo por completo. El lobo rojo y la pantera siguieron, claramente
reacios a dejarlo en paz hasta que estuvieran absolutamente seguros de
que su enemigo estaba muerto.

Un magnífico lobo blanco que brillaba, se convirtió en Nick.

—¡Aric! ¡Kalen! Se acabó. La maldita cosa está muerta.

La pantera liberó a su presa, dando unos pasos hacia atrás. Cuando se


transformó en Kalen, el joven volvió la cabeza, y todavía en cuclillas,
escupió en la hierba.

—Maldita sea, ese hijo de puta sabe cómo un montón de mierda. De


todos modos ¿Qué demonios son esas cosas? Ese es el segundo que se
aparece por aquí en las últimas semanas, excepto que el que nos atacó
a mí y a Mac estaba cerca de la ciudad.

—Ojalá lo supiéramos —dijo Jax, después de haber cambiado,


también—. Mejor aún, ¿quién les ordena y cómo saben dónde
encontrarnos?

—¿Tal vez este estuviera aquí es una coincidencia? —sugirió Ryon.

—Yo no creo en las coincidencias.

Todos miraron a Aric, que había hablado último. Estaba tumbado sobre
su lado bueno, con una mano sobre las profundas heridas punzantes
esparcidas en sus costillas. Nick trotó hacia él, seguido de Rowan y los
otros.

—Cristo, ¿no puedes mantenerte apartado de los problemas? —dijo


Nick bruscamente.

—Así parece. —El sudor le rodaba por las sienes hacia su pelo caoba.

Zan se arrodilló a su lado y estudió las heridas.

—Puedo curar esto.


—No, no te drenes. Estaré bien en un par de días. —Sus ojos se estaban
volviendo vidriosos, desenfocados.

—Cállate y quédate quieto.

Si Aric dejó de protestar porque se le dijo que lo hiciera o porque no


tenía fuerza alguna, Rowan no lo sabía. Sospechaba que lo segundo,
con lo irritante que podría ser. Si Aric no estaba discutiendo, eso era un
testimonio de lo mal que lo habían herido.

Zan puso sus manos sobre las perforaciones supurantes y cerró los
ojos. Un resplandor verde comenzó a latir alrededor de sus manos y
aumentó el brillo hasta que era casi blanco y cegador. Esto era como la
curación de Ryon en la iglesia, pero en una escala mucho mayor. Esta
era la vida y la muerte, y cada segundo contaba.

Poco a poco, la luz se desvaneció. Zan se desplomó hacia atrás y Nick lo


atrapó, poniéndolo en el suelo. La carne en el costado de Aric estaba
ensangrentada, pero parecía totalmente intacta. El pelirrojo se sentó
con ayuda de Jax y alguien le tiró su camisa destruida y su chándal en
el regazo. Moviéndose cuidadosamente, descartó la camisa como inútil,
se levantó y se puso su chándal. No estaba en mejores condiciones,
pero al menos estaría cubierto hasta que volvieran al complejo.

Aric miró a Nick.

—¿Cómo sabías que estábamos en problemas? ¿Tuviste una visión?

—No.

—Bueno, el bastardo vino desde el aire, así que supongo que no sonó la
alarma del perímetro.

—Después de que fueron secuestrados, Kalen utilizó un hechizo para


colocar algunas guardas de gran alcance sobre nuestra propiedad por
unos veinte kilómetros a la redonda. Cualquier cosa sobrenatural o
humano que viole las guardas y no pertenezca a este lugar, se supone
que lo alerta a él y funcionó. Él gritó por nosotros y llegamos tan rápido
como pudimos.

—Vaya —dijo Aric, obviamente impresionado—. Eso es un fuerte


encanto el que tienes. Salvaste nuestro trasero, también. Gracias,
hombre.

Kalen detuvo la alabanza.

—Solo me alegro de que valió la pena. —Él le dio un golpe a la criatura


muerta con un pie—. Este estaba solo, como el de hace un par de
semanas atrás. Me pregunto por qué.

—¿Tal vez estaba explorando? —sugirió Ryon.

Nick maldijo.

—No estoy recibiendo nada sobre este tipo, ninguna vibración en


absoluto. Si ese es el caso y estaba buscando algo o alguien en
particular, necesitamos desechar todos los rastros del cuerpo. —Le
disparó a Kalen una mirada significativa y su expresión sombría creció.
Ella se preguntó de qué se trataba ese intercambio silencioso.

—Lo que se que estuviera haciendo, no es una mala idea —dijo Rowan,
mirando a la horrible cosa—. Me pone los pelos de punta.

—Yo me encargo de eso —dijo Kalen—. Pero primero...

Agitando una mano a su equipo, dijo un par de palabras silenciosas


que, de nuevo, sonaban como latín. Al instante, los hombres estaban
vestidos. Fue entonces cuando Rowan se dio cuenta de que Kalen era el
único que estaba vestido cuando cambió de nuevo a su forma humana.
Práctico.

—Tener un Hechicero de su lado debe ser agradable —murmuró ella—.


¿Seguro que no quieres un trabajo con la policía de Los Ángeles? Puedo
recomendarte.

—Él está tomado —bromeó Nick.

Sonriendo, Kalen se volvió hacia el cadáver, pero antes de que tuviera la


oportunidad de deshacerse de él, una voz gritó desde arriba.

—¡Espera!

Protegiéndose los ojos, Rowan miró hacia el cielo para ver a Sariel
acercándose. Deslizándose hacia abajo, aterrizó en sus pies con un
elegante estiramiento de sus alas azules, sus ojos dorados estaban fijos
en el cuerpo de la criatura. Acercándose poco a poco, se detuvo a corta
distancia de la cosa y se agachó, estudiándola con expresión sombría.

—Dioses —susurró—. Esto no puede ser.

Esas cinco palabras pasaron por el grupo como un rayo. El nivel de


tensión se elevó hasta las nubes mientras los chicos se miraban uno al
otro.

—Sariel —dijo Aric—, si sabes lo que es esta cosa, ilumínanos.


Apoyando los codos en las rodillas, cubiertas por un jean, el príncipe
Fae se dirigió al grupo en general.

—Primero, díganme si esto es lo que atacó a su equipo hace meses.

—Malditamente sí —replicó Zan con voz ronca—. Había una docena de


ellos o más, y los bastardos nos cortaban como un cuchillo caliente
cortando mantequilla.

Micah y Aric, junto con Zan y Jax, casi habían muerto en el ataque.
Rowan se estremeció.

—Uno vino por mí y Mac hace dos semanas cuando estábamos en la


ciudad —agregó Kalen—. Y también había muchos de ellos en la iglesia
de Colorado.

Sariel negó con la cabeza, el pelo zafiro cayó sus torturados ojos.

—¿Más de una docena? Incluso uno no debería ser posible, no en este


mundo. Estas criaturas son los Sluagh, y esto es lo que sucede cuando
un miembro de la Corte Seelie se convierte en malvado. Son expulsados
y aterrizan en el Inframundo Fae, donde su antigua belleza se tuerce en
esto —dijo con tristeza, señalando al fallecido Sluagh.

Aric, incrédulo, encontró su voz.

—Así que, si tú fueras a pasar al lado oscuro, ¿te habrías convertido en


algo así?

—Sí. Bueno, en parte. —Suspiró, pero no explicó qué quería decir con
"en parte"—. Una vez que los Sluagh son transformados por completo,
son poco más que zánganos que existen para provocar el caos. Esto los
convierte en muy populares para los nacidos en la corte Unseelie ya que
los usan como centinelas o vigilantes, para enviar y hacer sus terribles
actos. Espiar, secuestrar Seelies, asesinar… la lista es interminable.
Una vez que se encuentran en una misión, los Sluagh son implacables
hasta que la tarea se haya cumplido.

—O mueren en el intento —dijo Nick.

—Ansiosamente. Ellos son determinados, no estúpidos, y no conocen el


miedo, lo que los convierte en la herramienta perfecta.

—Dijiste que no deberían estar en este mundo, y sin embargo aparecen


en todas partes —observó Nick—. Explícalo.

Sariel se puso en pie y se alejó del cuerpo.


—La barrera, o la "cobertura" como lo llamamos, entre el reino Fae y el
de ustedes es inaccesible para los Sluagh. O lo ha sido, hasta hace
pocos meses, así parece. Su presencia aquí significa que fueron
ayudados para atravesar la barrera y solo hay un ser suficientemente
poderoso como para lograr esa hazaña.

—¿Y quién sería? —preguntó Hammer.

—Malik, rey de los Unseelie. —Sariel dio una risa amarga—. Mi


progenitor.

—Dios mío, Nick —respiró Kalen.

Allí estaba… esa extraña vibración pasando entre los dos hombres otra
vez. Esta vez un par de los chicos lo notaron, pero antes de que alguien
pudiera preguntar sobre lo que había molestado tanto a Kalen, Sariel
continuó.

El príncipe Fae balanceó su cabeza, hablando tranquilamente.

—Estos seres en tu mundo significan mucho, desearía haberme dado


cuenta antes que estas eran las criaturas de las que todos hablaban.
Ellas son el hilo que lo une todo.

—Aguarda —dijo Aric—. Tenemos a uno de esos en el sótano, en el


Bloque T. ¿No lo has visto?

—No. Sabía que una criatura estaba siendo retenida, pero no fui
permitido bajar allí. Si lo hubiera visto, habría sido capaz de contarles a
todos esta información antes. —Sariel hizo una pausa—. Ya no está
más allí. Me dijeron que murió mientras no estabas.

Nick confirmó esto.

—Es cierto. La criatura parecía poseer cierta inteligencia, es por eso que
la manteníamos retenida. Pero no se comunicaba o comía, y finalmente
murió.

Rowan no podía encontrar en sí misma la forma de preocuparse


realmente de que eso había muerto. El pensamiento de tener a un
monstruo literalmente debajo de tu cama era un poco demasiado.

—Estoy formando una imagen aquí, y es una que no me gusta. —Aric


miró duro al Fae, quién continuó con sus pensamientos sobre el tema.

—Donde los Sluagh están presentes, también lo está Malik. Ya que es el


único que podría haberles traído a este mundo, ellos obedecen sus
órdenes, y solo a él. Y tan desesperado como mi padre pudiera querer
destruirme, él no traería a un ejército de Sluagh aquí solo por eso. No
necesitaría tanta ayuda.

Nick miró alrededor a sus hombres.

—Entonces es seguro asumir que Malik estaba detrás de la emboscada


sobre la Manada Alfa de hace más de seis meses, así como también
colocarlos como vigilancia de la vieja iglesia dónde encontramos a
Micah, Aric y a los otros prisioneros. Él incluso envió a este explorador,
quizás para encontrarnos, o a Sariel. Es mucho peor de lo que
pensábamos… Orson Chappell no es el cabeza del proyecto para crear
una legión de súper cambiantes. Está trabajando para Malik o, lo más
probable, está bajo su control.

—Esa sería mi suposición —replicó Sariel gravemente—. Y si es cierto,


nadie en la tierra está a salvo.

—Nick, cuéntales el resto —dijo Kalen tranquilamente, apartando la


mirada—. Necesitan saberlo.

Nick estuvo en silencio durante un momento cuando el equipo les miró.


Finalmente asintió.

—Tienes razón. Tenemos que ponerles al tanto tarde o temprano, así


que podría ser bueno ahora. —Él enfrentó al grupo con voz baja—. La
versión corta de esto es, que desde que Mac y Kalen fueron atacados en
la ciudad por ese Sluagh, Kalen ha estado oyendo voces en su cabeza.
El ser, o lo que fuera, está intentando controlarle. Él está luchando, y
ha tenido éxito hasta ahora, pero... —Sacudió su cabeza.

El peligro para todos ellos lentamente se profundizaba.

Jax empujó una mano a través de su puntiagudo pelo negro.

—Si Malik puede ganar el control de un Hechicero, él tendrá el arma


máxima.

—Los dos juntos serían casi imparables. —Esto venía de Zan, quién
estudiaba a Kalen pensativamente.

—Puedo irme —ofreció Kalen tristemente—. Le dije a Nick el otro día


que me iba, pero él me disuadió.

—Tenía razón. —Ryon sacudió la cabeza—. No vamos a tirarte a los


lobos, perdón por la expresión. Eres uno de los nuestros ahora y la
Manada se mantiene fiel.

—Exactamente —dijo Jax. El resto se hizo eco de su sentimiento y


Kalen pareció emocionado.

Rowan también sabía que era más seguro mantener a Kalen aquí,
dónde podía ser vigilado. Aunque nadie dijo eso, los otros tenían que
saberlo, también.

—Está bien, ¿cómo tostamos el culo de Malik? —Típico de Aric.

—Si mi progenitor tiene una debilidad, no sé cuál es. Pero seguiré


buscando.

—Te ayudaremos en lo que podamos. —Aric suspiró—. Aunque muchos


de nosotros no sabemos una mierda sobre los Fae. ¿Quizás podamos
buscar por Internet?

Sariel giró sus ojos.

—Kira me está enseñando como ser un experto en tecnología, como lo


llaman ustedes. No creas todo lo que lees en Internet. La mayoría es
basura.

—Kalen —llamó Nick—. ¿Puedes situar otra guarda sobre la propiedad,


una que actúe como un manto, haciéndola parecer como si no hubiera
nada excepto bosque?

El Hechicero se encogió de hombros.

—Seguro, eso es fácil. La pregunta es, ¿engañará a Malik y a su ghouls?

—Quizás por un rato —meditó Sariel—. No puede hacer daño intentarlo.

Con un asentimiento, Kalen levantó la mano derecha y su vara apareció


en la palma de su mano. En la punta había una brillante bola de luz,
azul en los bordes y blanca en el centro. Rowan recordó que cuando él
llevó a cabo la magia en la iglesia, se había arrodillado. Esta vez
permaneció de pie, con las botas separadas a la altura de los hombros.
La cabeza hacia atrás, levantó la vara y comenzó a cantar.

Ella miró el cielo, sin ver nada inusual. Pero sintió algo como
electricidad estática y el pelo en sus brazos y en su cabeza
chisporroteaba como si estuvieran siendo frotados con un globo inflado,
como solía hacer cuando era niña. Volviendo su atención a Kalen, no
pudo evitar estar asombrada. Ser capaz de dominar los elementos,
doblegarlos a tu voluntad para hacer magia, debía de ser un subidón de
adrenalina. Y él también lucía malditamente genial haciéndolo.

—¿Qué estás mirando? —gruñó una voz suavemente en su oído.


Ella giró su cabeza para encontrase mirando a la cara molesta de Aric.

—Solo le observaba usar su vara mágica. Es tan impresionante como la


primera vez que le vi hacerlo. —Su respiración resoplaba contra su
cuello poniéndole la piel de gallina.

—¿Sí? Apuesto a que su bastón mágico no puede hacer lo que hace el


mío. —Sus labios se levantaron y su mirada verde se iluminó con
picardía.

Las cejas de ella se levantaron.

—Vaya, debes estar sintiéndote mejor. ¿Es por eso que realmente
querías ir a dar un paseo? ¿Así podrías abusar de mí en los bosques?

—¿No te gustaría saberlo?

—En realidad, me gustaría.

—Hecho —dijo Kalen, rompiendo su intercambio—. Si las guardas caen,


lo sabremos muy pronto. Ahora, el cuerpo.

Otro conjuro y la carcasa del Sluagh lentamente se marchitó, como una


pasa puesta en el sol. Entonces comenzó a desmenuzarse y finalmente
se desintegró por completo.

Hammer tembló.

—Hombre, me da asco cuando hace eso.

—En esa nota, quiero que todos sigan dentro del complejo y restrinjan
sus excursiones durante un tiempo —ordenó Nick en un tono severo.
Los previsibles gruñidos se produjeron—. Lo siento, pero es por nuestra
seguridad. Si deben salir, háganlo en grupo. Nada de correr o ir a la
ciudad solos, y grupos no más pequeños que cuatro.

—Mierda.

—Maldición, eso apesta.

Rowan podía decir que nadie culpaba realmente a Nick. Los líderes
hacían lo que debían para proteger a sus equipos, y Westfall no era una
excepción. Ella y Aric se quedaron detrás de los otros cuando estos
entraron como un tropel al complejo, pero mantenían un ojo en ellos.
Cuando entraron en el edificio, Nick se giró y señaló con un dedo al
pelirrojo.

—No voy hacer que vayas a la enfermería, pero quiero que descanses.
Es una orden.
—Sí, Papá.

—Engreído de mierda. No me presiones. —Con eso, Nick se fue


caminando y sus hombres se rieron.

—Maldición, ¿ahora qué? No hay nada que hacer en este lugar —


refunfuñó Aric.

—¿Estás bromeando? ¿Casi fuiste comido por una malvada mascota


Unseelie y estás aburrido? —Agarrando su mano, ella comenzó a
empujarle hacia su habitación—. Vamos.

—¿A dónde vamos?

—Tienes tres oportunidades.

—¿A algún lugar dónde no estaré aburrido?

—Ding-ding, acertaste una. —Ella le empujó, sin sorprenderse cuando


vio a dónde le estaba llevando y él hundió sus talones.

—Espera un segundo… ¿mi habitación? No soy un niño y no voy a


echarme una siesta.

—¿Quién dice que vamos a dormir? A menos que solo estuvieras


hablando allí afuera...

Eso consiguió su íntegra atención. Su pasmada expresión no tenía


precio.

—Tú... yo solo...

—¿Tú solo qué? ¿Estás bien con la provocación, pero no con la


intimidad real? ¿Espontaneidad?

—Oye, lo hice bastante bien cuando estuvimos en las Vegas —afirmó él,
inflando su pecho un poco.

—Eso no fue nada excepto un sueño.

—¿Lo fue? No, creo que fue más y creo que tú también lo sabes.

¿Lo hacía?

—Quizás tienes razón, pero aún me cuesta creer cosas que no puedo
ver. Ahora, ¿esas condenadas cosas Sluagh y la impresionante vara de
Kalen? Es difícil de negar lo que está en tu cara.

—¡Kalen! —Él hizo una cara—. ¿Qué tiene el chico Gótico que yo no
tenga?
—¿Una vara realmente grande? —Ella rio cuando su boca cayó abierta.

—¡Está bien, eso es todo! Gran vara, mi culo —murmuró él, tecleando
en el código de su puerta. Se abrió con un pop y él entró, empujándola
a su comedor. Entonces se giró y serpenteó un brazo alrededor de su
cintura, presionando el sonrojo hacia su cuerpo.

Su risa murió abruptamente cuando él machacó su boca en la suya.


¡Oh, mierda, sí! Un hombre —este hombre— haciendo sus fantasías
realidad, en carne y hueso. Dios, había pasado mucho tiempo desde
que ella había sido sujetada en los brazos de un hombre, y nunca en un
par tan fuerte como los de Aric. Nunca había sido besada tan
profundamente por un hombre quien supiera tan deliciosamente, cuyo
olor masculino la conducía tan completamente a la locura. Su dura
polla presionaba en la base de su hueso púbico, la longitud se extendía
casi hasta su ombligo. Ella gimió, empujándose contra él, queriendo ese
abrasador calor deslizándose dentro de ella y bombeando dentro de su
núcleo.

—Ducha —murmuró él en sus labios—. Necesito quitarme el hedor de


esa criatura, pero no quiero dejarte ir. Soy un bastardo egoísta.

—Puedo manejar eso. —Cualquier cosa, mientras que ella no tuviera


que abandonar ese calor y la promesa de estar con su lobo.

Mi lobo.

¿Por qué pensaría ella eso? Él no era suyo, pero no renunciaría a la


oportunidad de estar con él mientras estuviera aquí. Ignorando el
pinchazo en su pecho cuando el pensamiento de que eventualmente se
iría a Los Angeles, ella se dejó llevar hasta el baño. Como el suyo, no
estaba adornado, pero era más espacioso de lo que había pensado,
adornado con bonitos dejes de latón y azulejo modernizado. Aric había
añadido su propio toque, sus alfombras y toallas en colores óxidos y
marrones, el patrón le daba un tipo de sentimiento del suroeste, como
en el resto de su apartamento.

—¿Creciste en el sur? —preguntó ella cuando él se quitó el harapiento


chándal—. No puedo situar tu acento.

—Soy un chico de Texas, Houston, pero no he estado en mucho tiempo


así que he perdido la mayoría del acento. Desnúdate, cariño.

Ella lo hizo, se quitó su sujetador deportivo, adorando cómo sus ojos se


abrían de par en par cuando él agarró sus pechos libres.

—Apuesto a que te criaste en el duro sur.


—¿Eh? —Sus ojos de alguna manera llegaron a su cara.

—Ya sabes, ¿Lynyrd Skynyrd, cerveza y fiestas en las puertas traseras?

—Oh, seguro. ¿Qué tejano no es bueno en eso?

Bebiendo de su desnudo cuerpo, ella perdió el hilo de la conversación.


Le había visto desnudo antes, pero no cuando él era todo suyo. No
cuando estaban a punto de ponerse húmedos y traviesos. El hombre
era casi dos metros de carne magra y puro músculo. El largo y
reluciente pelo fluía sobre su pecho tatuado, bajando por su espalda en
una lujuriosa caída en la que ella quería ahogarse. Su pene estaba
duro, sobresaliendo orgullosamente de su nido de oscuros rizos,
arqueándose hacia su estómago como una coma. Él no era ni un poco
tímido sobre eso y ella encontró esa confianza increíblemente sexy.

Abriendo la puerta de cristal hacia el puesto de la ducha, él encendió el


agua y coló la mano debajo para comprobar la temperatura. Cuando la
consideró satisfactoria, entró y estiró una mano hacia afuera. Aunque
ella podía manejarlo bastante bien, la tomó, extrañamente tocada por el
gesto. Nadie de sus antiguos amantes se habían preocupado nunca por
ducharse juntos y ciertamente ninguno había sido muy atento.

Ella aprendió pronto, que eso describía a Aric como un buen amante.
Amable y atento. Considerado. Semejante contraste de su persona
pública, especialmente con sus amigos.

Cerrando la puerta del cubículo detrás de ella, dio un paso a sus


brazos. Él la atrajo cerca otra vez y ella disfrutó de la sensación de su
piel desnuda contra la suya. Su tenso trasero se sentía
condenadamente bien en sus palmas, perfectamente redondo y suave.
Sus labios descendieron, cálidos y suaves y la beso casi tan
profundamente como antes pero más suave. Buscando. Su lengua
lamió el techo de su boca, detrás de sus dientes, investigando todas las
partes como si tuviera que aprenderse cada rugosidad.

Entonces su mano trabajó entre ellos, los dedos combándose a través


de sus rizos para encontrar la protuberancia de su clítoris. Ella abrió su
postura, alentando su toque. Él jugó, acarició y provocó, enviando
pequeños estremecimientos a sus miembros, preparando su libido tan
descuidada por tanto tiempo para una sobrecarga. Incapaz de resistirse,
ella estiró su mano entre ellos también y acunó su pesado saco,
comprobando su peso.

Él rompió el beso, gruñendo.


—Joder, sí, nena. Explora todo lo que quieras. Eso es tuyo.

A ella le gustaba esa idea, un gran aleluya por eso.

—¿Esto es todo para mí? ¿Nadie más?

—Nadie excepto tú.

Él sonaba muy serio, pero tenía que ser una línea. Ellos se habían
conocido hacía solo unos días, no era el tiempo suficiente para formar
algún apego. ¿Cierto? Tenía que ser una afirmación nacida de la lujuria,
nada más.

La imagen no querida de otra mujer complaciendo a su lobo salió a la


palestra, y ella despiadadamente la aplastó. Él no podría no ser suyo,
pero no permitiría que la realidad se entrometiera en el aquí y ahora.

Él extendió sus piernas ampliamente, haciendo claro que era un


hombre de palabra. Ella podía hacer lo que quisiera y él disfrutaría
cada segundo. Cuidadosamente, ella se arrodilló y agarró la base de su
pene con una mano y se estabilizó a si misma sujetándose a su muslo
con la otra. Le vantó la mirada, admiró cómo el agua caía sobre su
cabeza, mojando su pelo, descendiendo en torrentes por su pecho y
estómago, vertiéndose en su polla y pelotas. Él era como algún dios del
agua venido a la vida especialmente para ella y no perdería ni un
momento.

Comprobando la escurridiza cabeza de su pene con su lengua, ella


estaba sorprendida y feliz de encontrar que su sabor era dulce, a
diferencia del amargor salado de amantes pasados. Hacer una mamada
no era su cosa favorita, pero por Aric podía cambiar de opinión.

Ella succionó la esponjosa corona, sonriendo por dentro por la manera


en la que él se derritió bajo su asistencia, haciendo ruidos
incomprensibles que podrían haber sido cariñosos. O maldiciones.
¿Quién lo sabía? Todo lo que le importaba era derretir al hombre
incapaz de hablar. Al menos algo de eso tenía sentido.

Ella lo tomó hasta su garganta, adorando que su longitud entera


pareciera encajar como una mano en un guante cuando este no era
típicamente su fuerte. Estaba resbaladizo, caliente y ella lamió cada
vena y contorno, comiéndolo como si fuera un bastón de caramelo. El
hombre era masilla en sus manos y boca, así que ella subió la apuesta,
incrementando la succión en su polla. Una mano se cerró en su pelo y
él incrementó su ritmo hasta que sus caderas estuvieron golpeándola,
follando su cara como si no hubiera mañana.
Ella se abrió para él, apretando sus pelotas, esperando que él perdiera
el control. Sus esfuerzos se encontraron con éxito resonante. Después
de una serie de rápidas embestidas, su cuerpo se tensó, las pelotas
ascendieron tensas.

—¡Mierda! ¡Viniendo!

Él intentó apartarse, pero ella se sujetó rápido a su premio. Rindiéndose


a sus deseos, él se corrió con un grito, su semilla saliendo en chorros
calientes y espesos hacia su lengua, bajando por su garganta. Ella le
bebió golosamente, sin querer perderse una gota, aunque no era fácil.
El hombre estaba cargado con crema y quizás no había disfrutado de
esto en un buen rato. O eso esperaba ella.

Cuando él se desplomó contra el azulejo, ella lamió las últimas gotas,


luego le dejó deslizarse de sus labios y sonrió a su cara saciada.

—Maldición, sabes bien, mi lobo.

—¿Qué? —Él parpadeó hacia ella como sorprendido.

—Sabes bien —repitió ella.

—Oh. Gracias —Ayudándola para levantarse, él sonrió—. Me encantaría


devolver el favor.

—Puedes, pero hice eso porque quería hacerlo. Lo disfruté, mucho.

Él parecía bastante orgulloso por eso.

—Así como yo, como si no pudieras decirlo. Eres alucinante, cariño.

Ella disfrutó en sus alabanzas cuando él agarró la botella de champú y


apretó algo en su palma, luego en la suya. Se enjabonaron, tomando
sus turnos para enjuagarse, luego ambos también enjabonaron sus
cuerpos. Ella se divirtió enjabonando su pecho y espalda, sin mencionar
su ingle, haciéndole reír por su gracia. Él también la enjabonó,
poniendo especial atención en sus pechos, modificando los pezones a
duras cumbres. Luego él enjabonó entre sus piernas, asegurándose
frotar la hendidura sensible para que ella se retorciera con excitación.

En el momento que Aric apagó la ducha y le entregó una toalla, ella era
una bola de deseo frustrado y excitado. Estaba en el borde y necesitaba
despegar rápidamente.

Ella se secó, entonces Aric sacó un secador diciendo que su pelo era tan
largo; que terminaba siendo un miserable paño frío y húmedo si lo
dejaba secar naturalmente. Rowan ansiaba poner las manos en su
melena, él renunció a la secadora y al cepillo con un mínimo de
esfuerzo. Le hizo sentarse desnudo en el asiento del inodoro de espalda
hacia ella y abordó los gloriosos mechones con deleite. Cuando lo secó,
el caos era sedoso, brillante y él prácticamente ronroneaba con placer
por la atención.

Cuando estuvo lo suficientemente seco, ella hizo lo mismo con el suyo,


el cual no le llevó tanto tiempo y luego apagó el secador.

—¿Siempre has llevado tu pelo largo? —preguntó ella, girando el cordón


y colocando el secador en el armario.

—Excepto en mis años en la Marina, sí. Vuelve locas a las mujeres.

—¿Muy engreído?

—No, yo no. Ciertamente, solo me gusta de esta manera. Alimenta mi


aspirante interior a estrella del rock.

Ella rió.

—Tira una guitarra eléctrica a tus caderas y la imagen estará completa.


Lo adoro.

—¿Ves? Funciona todo el tiempo.

—Eres incorregible.

—¿Me querrías de otra manera?

—Dudo que llevaras muy bien lo de “dulce e inocente”, así que no.

De pie, él la empujó contra el lavabo, una posición que a ella le gustaba


mucho.

—Bueno, porque nunca he sido nada excepto un chico realmente malo


—dijo él, acunando sus mejillas.

Su lengua provocó la unión de sus labios, deslizándose dentro para


jugar durante unos pocos segundos. Luego se apartó y tomó su mano,
dirigiéndose directo a la cama. Ella se arrastró hasta el medio, riendo
cuando él la giró como si no pesará nada y abordándola falsamente
cubriendo su cuerpo con el suyo. Ella extendió sus piernas para
acomodarle y él situó su peso cómodamente, teniendo cuidado de no
aplastarla en el colchón. Adoraba la sólida sensación de él, su olor
limpio y definido.

Especialmente adoraba cómo su pelo caía alrededor de ellos como una


cortina de seda ardiente. Incapaz de resistirse, ella retorció un mechón
alrededor de un dedo.

—Creo que solo me quieres por mi pelo. —Su sonrisa era provocativa.

—Oh, eso no es todo. Confía en mí. Pero no voy a enumerar tus


recursos sin importar cuando lo intentes, porque tu ego ya está
bastante inflado.

—No es mi ego —dijo él con un malvado brillo en sus ojos, moliendo la


prueba contra su vientre—. Tropezaste justo con ese.

—Lo hice.

Con un dedo ella trazó los maravillosos tatuajes que se derramaban


sobre su hombro izquierdo y en su pecho. La cabeza del lobo gruñendo
en el centro era más un contorno que un dibujo detallado, era una
silueta.

—¿Te gusta?

—Es impresionante —respondió ella honestamente—. Cuando los otros


cambiaron a forma humana, noté que excepto por Kalen, Hammer y
Nick, cada uno lo tiene en alguna parte de su cuerpo. Incluso Micah
tiene uno.

Su expresión se oscureció un poco.

—Sí, todos los que fuimos atacados y cambiados hace años, en


Afganistán. Lo hicimos cuando nos unimos a la Manada Alfa, como un
tipo de recuerdo por la vida que perdimos y la que estábamos
comenzando.

—Eso es triste —dijo ella suavemente.

—Para nosotros, fue un tributo de algún tipo. Una manera de decir, “me
importa una mierda” y seguir adelante. —Inclinándose, él mordisqueó
su cuello—. No hablemos más. Por ahora.

—Está bien, por ahora… ¡Oh!

Sus dientes rozaron a lo largo de su vulnerable piel y ella sintió sus


caninos, afilados y peligrosos. Dios, eso era un poco pervertido. Y la
encendió enormemente. De repente ella quería mucho que él hundiera
sus dientes en su cuello, aunque no estaba segura de por qué. Él no lo
hizo, y su decepción se perdió en la anticipación cuando él continuó
descendiendo, parando para capturar un descarado pezón en sus
dientes.
Ella se retorció, enterrando sus dedos en su pelo y tirando. Él se rió,
succionando y provocando la protuberancia, dando la más débil
sacudida de dolor con el placer, luego repitió sus atenciones en el otro.
Luego besó una línea bajando por la mitad de su estómago, parando
dónde su área de rizos ordenados comenzaba.

Separando sus muslos, él frotó su raja con dos dedos. Extendiendo la


humedad, mirando su saciedad. El hambre en sus adorable cara la hizo
sentirse lasciva. Sexy. Excitada. Tantas cosas que estaba
desacostumbrada en su vida. En su trabajo, donde ciertamente se
sentía cualquier cosa, menos femenina. Esto era diferente y
extraordinario.

Al igual que el lobo.

Inclinándose, él la saboreó y un gruñido de aprobación masculina


retumbó en su pecho.

—Tan dulce, como sabía que serías.

—Pero nuestro sueño...

—No puede compararse a esto.

Él tenía razón. Ninguna fantasía, incluso una compartida, podía


compararse con la carne y la sangre. Al hombre caliente y fuerte cuya
lengua estaba trabajando mágicamente, lamiendo lentamente y
enviando los más encantadores temblores a cada terminación nerviosa.
Entonces él trabajó entre sus pliegues, lamiendo su núcleo. Tomándose
su tiempo, conduciéndola a la locura. Finalmente, ella le empujó, casi
frenética.

—¡Te necesito dentro! ¿Protección?

—No la necesitamos —dijo él con voz ronca, moviéndose encima de su


cuerpo para posicionarse—. Los cambiantes no podemos contagiarnos o
pasar enfermedades humanas, incluyendo las enfermedades de
trasmisión sexual. Y no puedo preñarte, tampoco, a menos que nos
emparejemos.

—¿Preñarme? —Ella arrugó su nariz—. Tan romántico.

—Shh, ¿en dónde estábamos? Oh, sí… justo aquí.

—Pero ¿qué quieres decir con empa... ?

Él silenció su pregunta con un beso abrasador, facilitando la cabeza del


pene en su interior, haciendo polvo sus pensamientos. Entonces se
deslizó profundo, su contorno la estiró pero no lo suficiente para
hacerle daño, llenándola más completamente que cualquier hombre que
haya tenido.

Tenerle dentro, follándola con esa enorme polla desnuda... era eléctrico.
Ella nunca había permitido a un compañero hacerlo sin protección, y
Dios, ¡lo que se había estado perdiendo! Ella se aferró a él, con las
palmas extendidas en su espalda, notando que parecía demasiado
caliente. Pero se perdió en el adorable juego de duros músculos debajo
de su piel que no eran lo bastante suaves. ¿Rugosidades? Sí, él tenía
diminutas líneas y ella recordó las marcas del látigo en su espalda,
prueba de su tortura durante el cautiverio. Ella quería besar cada
cicatriz y hacerlas desaparecer.

Extrañamente, las imperfecciones la hicieron sentir más cercana a él,


más conectada. Con toda su fuerza y habilidades especiales, él no era
invencible.

Era un hombre. Un hombre increíble.

Sus embestidas ganaron poder y él la agarró con fuerza, gruñendo por


el obvio disfrute cuando ella lamió la piel salada de su pecho y
mordisqueó su clavícula. Se apartó un poco para ver su cara, los ojos
cerrados, los labios ligeramente separados, llenándola de felicidad. Sus
caninos estaban alargados, las puntas afiladas se mostraban solo por
debajo de su labio superior y le hacía una imagen sexy, que la condujo
al borde.

—¡Oh! —respiró ella —. ¡Me voy a correr!

—Hazlo, nena —jadeó él—. ¡Córrete en mi polla!

Lo último de su control se fue y el orgasmo la barrió en una ráfaga de


éxtasis embriagador. Ella lo apretó con fuerza, gritando cuando él gritó,
vaciando su semilla caliente. Llenándola hasta desbordarse. Cuando
sus espasmos murieron, él se echó a un lado, deslizándose fuera de ella
y la abrazó. Con un suspiro contento, ella descansó la cabeza en su
pecho y envolvió un brazo alrededor de su cintura.

—Estuviste impresionante —alabó ella.

—Gracias. También tú, cariño.

Ella frunció el ceño.

—Estás realmente caliente y tu voz es áspera. ¿Aún tienes fiebre?


—Quizás un poco. —Él le dio a sus hombros un apretón—. Estoy bien.
Melina dijo que pasaría.

—¿Pensaba que los cambiantes no se ponían enfermos?

—Dije que no nos contagiábamos o pasábamos enfermedades humanas.


Probablemente solo sea mi cuerpo que todavía está curándose de la
estancia en el Motel Infierno.

Algo en su tono la hizo parar. Habría jurado que él estaba mintiendo


pero no podía probarlo. Intentó una pregunta distinta.

—También dijiste que no podías dejarme embarazada a menos que


estuviéramos emparejados. ¿Cómo lo sabes con seguridad? Puse mucha
confianza en ti.

—Lo sé y estoy agradecido. —Él la besó en la parte superior de su


cabeza—. Los científicos aquí en el Instituto nos han estado estudiando
durante años. Y Nick es un nacido cambiante, así que trajo mucha
información cuando llegó.

—¿Cómo funciona el emparejamiento con tu especie, exactamente?

—Eh, por lo que me han dicho, tu muerdes a tu compañera prevista y,


asumiendo que sean realmente compañeros, están juntos atrapados de
por vida y nunca puedes estar con nadie más. —Ella sintió su
encogimiento de hombros—. Aunque yo no lo sabría.

Extraño. Había sentido una fuerte urgencia para que él la mordiera


cuando estaban haciendo el amor. De alguna manera no parecía una
buena idea decirle eso ahora, ni nunca. Él parecía algo evasivo sobre el
tema.

Bueno, claro. El hombre era un lobo libre y cómodo. Probablemente no


quería una hembra permanentemente unida a su lado.

—¿Aric?

—¿Sí?

—Nunca intentaría atarte. Solo para que lo sepas.

Debajo de ella, su cuerpo se tensó. Luego lentamente se relajó.

—Seguro. Quiero decir, te irás cuando Micah esté mejor. Tienes una
vida esperándote en Los Ángeles. Pero no hay razón por la que no
podamos tener algo de diversión antes de irte.

Una viciosa puñalada de dolor aterrizó a través de su corazón.


—Sí, exactamente. Esto es solo sexo. Simplemente quería exponer esto.
Así que no dejemos que nuestros caminos se crucen o algo así.

—Seguro, eso es comprensible —dijo él suavemente—. Duerme e iremos


a ver a tu hermano después.

—Está bien.

Pero el sueño no llegó. Rowan permaneció despierta mucho después de


que la respiración de su amante se hubiera regulado.

Solo sexo. Eventualmente, ella volvería a casa. Regresar a su propia


vida aburrida sería lo mejor. Una vida que no incluía cambiante s,
príncipes Fae, Hechiceros, gremlins, o malvados Unseelies y sus
mascotas Sluaghs.

Este lugar era como un raro Disneylandia drogado. Ella se alegraría de


ver toda esta locura en su espejo retrovisor.

De verdad.
Traducido por Alexiacullen & Mir

Corregido por Edgli xD

ric colocó una mano en la parte baja de la espalda de Rowan y


la guió hacia la habitación de Micah. Después de una siesta
muy necesaria, se levantaron medio recuperados de la emoción
del ataque de Sluagh, sin mencionar el increíble y reafirmante hacer el
amor que le siguió. No, no hacer el amor.

Esto es solo sexo.

La manera honesta y sensata en la que ella lo había dicho le había


apuñalado el estómago. Dios, todavía estaba sangrando por dentro. El
hecho de que había tenido razón sobre que ella no quería estar atada a
él y el hospital psiquiátrico que hacía las veces de su vida no servía de
consuelo. Estaba jugando con fuego, literalmente.

Y luego tendría que dejarla ir.

—¿Micah? —Rowan se acercó para agarrar la silla junto a la cama y


envolvió sus dedos alrededor de los de su hermano.

Aric fue a quedarse detrás de ella y puso sus manos en sus hombros.
Un gesto de consuelo y sabía Dios que lo necesitaba. Los ojos de Micah
estaban abiertos, turbios y sin vida. Miraba fijamente a la nada, ya
fuera inconsciente de la presencia de ellos o demasiado perdido en su
propio infierno para reconocerlos.

Tú causaste esto, gruñó una voz despiadada en su cabeza. Si solo


hubieras advertido a Jax sobre Beryl, esto no habría sucedido y la mitad
del equipo no estaría desaparecida o muerta.

La verdad le estaba matando. Tendría que confesarle esto al equipo y a


Rowan. Tarde o temprano.

—Hola hermanito. Es bueno verte despierto de nuevo. —Tragó saliva


fuerte, haciendo un esfuerzo visible por estar alegre por el bien de
Micah—. Estoy conociendo a tus amigos y todos han sido estupendos
conmigo. Has tenido un montón de visitas y estamos todos aliviados de
que vayas a estar bien. Sabes que estás a salvo ¿verdad? Está bien que
estés callado pero estamos aquí si quieres hablar y…

Ella siguió cotorreando, pero Aric dejó de escuchar. Jesús, era más que
doloroso. Ver a Micah así, completamente catatónico. Pero estaba lejos
de ser un cascarón vacío. Aric sentía la ira hirviendo debajo de la
superficie de la piel del joven, la tristeza ahogando todas las palabras.
Sin embargo, tan terrible como era esto, le daba esperanzas. Donde
todavía había emociones, había esperanza.

Si esas emociones morían, también lo haría Micah.

—¿Crees que es la medicación?

Le tomó un momento a Aric darse cuenta de que Rowan se dirigía a él


en lugar de a su hermano.

—Eso creo. Mi lobo siente sus emociones y ahora mismo parece que
están siendo reprimidas. —Le acarició el pelo—. Es por su propio bien,
solo hasta que pueda manejar la realidad.

Nadie quería una repetición de la terrible escena del otro día.

—¿Escuchaste eso? —le preguntó a su hermano, con su inquebrantable


determinación—. Sabemos que estás ahí, escuchando. No eres un
cobarde, nunca lo has sido. Déjanos ayudarte.

—No —susurró Micah.

Ambos, él y Rowan se inclinaron para escuchar lo que pudiera añadir y


ella extendió su mano para agarrar la de Aric. El hombre no habló de
nuevo. En su lugar, sus ojos se llenaron de lágrimas que se derramaban
por su cara, incluso cuando miraba hacia la nada.

Rowan hizo un sonido de angustia y se acercó a él tanto como pudo, le


abrazó por sus hombros y metió la cabeza de él debajo de su barbilla.
Le balanceó y le apretó fuerte, hablándole suavemente. La expresión en
blanco no cambió nunca, a pesar de la emoción debajo de las lágrimas.

Aric nunca había querido correr tan desesperadamente, nunca.

Veinte minutos avanzaron con una lentitud insoportable y finalmente


Rowan dejó con cuidado a su hermano otra vez sobre la almohada.
Estaba dormido, sin duda por haberse agotado de estar lleno de
desesperación que no podía expresar.

Aric tomó su brazo.


—Vamos cariño. Puedes volver después. —De mala gana le permitió que
la escoltara fuera—. ¿Hambrienta para cenar?

—Todavía no. ¿Caminas conmigo?

—¿A dónde?

—A cualquier parte.

Él lo entendió, a cualquier lugar excepto allí. Agarró su mano y


caminaron juntos hacia el pasillo. Mientras mayor era la distancia que
ponían entre ellos y la enfermería más rápido la rigidez dejaba su
postura.

—Se va a recuperar, lo sabes —le dijo Aric firmemente—. Físicamente


ya está mucho mejor y Mac lo tomará el resto del camino. Realmente es
buena en lo que hace.

—Lo sé. Tiene amigos estupendos también, para ayudarlo a pasar esto.
—Apretó su mano.

La culpa obstruía su garganta pero se las arregló para hablar a través


del terrible nudo.

—Todos haremos lo que esté en nuestro poder para estar seguros de


que se ponga bien.

—Lo sé. —Le dio una pequeña sonrisa—. La Manada Alfa puede batallar
contra monstruos pero lo que hacen aquí es mucho más que eso.
Ustedes chicos, ayudan al inocente, sea humano o no.

—En realidad no había pensado en eso así, pero supongo que es cierto.
Aunque Kira y Sariel, con la ayuda del equipo médico y de enfermeras
hacen el trabajo duro de rehabilitar a todo tipo de sere s sobrenaturales
a través de su proyecto.

—Bloque R. Me han hablado algo de eso.

—¿Te dijeron que Nick dio el visto bueno a la construcción de un nuevo


edificio para su programa?

—Kira lo mencionó el primer día que estuve aquí, pero solo brevemente.

—Van a expandirlo y darle un nombre mejor, además tienen planeado


hacer de él un refugio para discapacitados paranormales así como para
enfermos.

—Eso es algo muy considerado. —Se detuvo—. ¿De verdad hay un


basilisco aquí?
—¿Kira te dijo eso?

—Sí. También empezó a decir algo sobre un lobo, pero Jax la detuvo de
hablar más.

—Oh, bueno, el lobo es un tema delicado —dijo, incapaz de mantener la


emoción fuera de su voz—. Su nombre es Raven y era un miembro de
nuestro equipo cuando Micah, Jax, Ryon, Zan y yo estuvimos con los
SEAL. Él fue convertido junto a nosotros. La diferencia es, que él nunca
regresó de su forma cambiada. Es salvaje.

—Dios, eso es terrible —exhaló—. ¿Están intentando llegar a él?

—Lo han estado intentando, por casi seis años. Tienen la esperanza de
que con la apertura del nuevo centro y la contratación de uno o dos
expertos, al final tendrán éxito.

La expresión de Rowan era tan compasiva que le causó dolor. ¿Por qué
no podía esta mujer ser suya?

—Yo también espero eso. ¿Qué hay sobre el basilisco?

—De hecho, es un cambiaformas basilisco y su nombre es Belial. Es


bastante problemático, porque intenta seducir a todo el mundo en vista
de conseguir lo que quiere. Por supuesto, no consigue ir a ninguna
parte porque todos tenemos su número. Nadie confía en él y con razón.

—¿No pueden matar a una persona mirándola a los ojos?

—No, eso es mierda de internet. Pero cuando cambia, pasa de un chico


normal con aspecto alto y delgado a una serpiente del tamaño de un
jodido sedán. Cada uno de sus colmillos es como de unos treinta
centímetros y se podría tragar a un hombre adulto entero si quisiera.
No necesita más habilidades que esas.

—¡Jesús! No es broma.

—Todavía no le dejan salir mucho, pero Kira está presionando que le


den indulgencia para así poder probar su valía.

—Podría ser de ayuda en la lucha contra el padre de Sariel y esas cosas


Sluagh.

Aric se encogió de hombros.

—Ya veremos.

Su caminata les llevó a la sala de recreación donde Rowan se detuvo.


—Supongo que ir a los bosques está fuera del panorama. Qué
desperdicio de un escenario estupendo.

—Sí, a menos que queramos llevar a dos más con nosotros. Medio
limita el estilo. —La empujó hacia el sofá—. ¿Quieres jugar a un juego
en la Wii?

—¿Qué tenemos, doce años? —bromeó ella.

—Mentalmente, eso se ajusta a la mayoría de nosotros por aquí. Nos


mantiene cuerdos. De todas formas, me encantan los videojuegos. Solía
pasar horas en mi habitación con mi vieja PlayStation, solo para estar
lejos de mi hermanastra… —se calló inmediatamente, maldiciendo su
estúpido error. Por supuesto, ella captó su metedura de pata con los
ojos entrecerrados.

—Así que tienes una hermanastra. Me dijiste que no te quedaba familia.

—Yo… bueno, mi madre se volvió a casar cuando yo estaba en el


instituto, pero no considero a mi padrastro y a su hija de mi familia.
Lejos de eso —dijo vehementemente—. Bruce era un idiota de primera
clase y su preciosa hija era una bruja y lo digo literalmente. Todavía lo
es y una peligrosa.

Rowan hizo una pausa y casi pudo ver esos puntitos conectándose a
toda velocidad. ¿Por qué la mujer tenía que ser una policía
malditamente inteligente? Por otra parte, quizás una parte pequeña de
él quería confesar a alguien que le entendiera.

—¿Sabes dónde están tu padrastro y hermanastra estos días? ¿Lo que


están haciendo?

—Mi viejo y querido padrastro no. ¿Pero su hija? —Negó con la cabeza,
con su estómago apretándose—. En ese aspecto no tuve tanta suerte.
Beryl volvió a mi vida hace unos meses, como la proverbial moneda
falsa.

—¿Te encontró aquí? ¿Vino a verte?

—Peor. Se mostró del brazo de Jax… como su novia.

Los ojos de Rowan se volvieron como platos. Sip, lo había entendido.

Un débil gruñido sonó detrás de ellos.

—Eres un maldito hijo de perra.

Oh, mierda. Esto va a ser malo.


Tomando una profunda respiración, se puso de pie y se giró.
Enfrentándose ante un Jax cabreado extremada y justificadamente, que
estaba de pie en la puerta de la sala de recreación, con los puños
cerrados y los ojos azules soltando chispas de rabia. Aric alzó hacia
arriba las palmas de sus manos.

—Jax…

—¿Beryl es tu jodida hermanastra? —se atragantó—. Lo sabías.


Durante meses, esa bruja y su malvado séquito estaban planeando
aniquilarnos y tú lo sabías. ¡Y no dijiste nada!

—Puedo explicarlo…

El hombre cruzó la habitación en tres zancadas y brincó por encima del


respaldo del sofá, golpeando a Aric como un toro saliendo de un
tobogán. Aric voló hacia atrás, estrellándose contra la parte superior de
la mesa de café, la cual se hizo añicos. Se golpearon contra el suelo y
sintió una punzada de dolor en su espalda, probablemente por un trozo
de madera, mientras Jax agarraba un puñado de su camiseta y
descargaba sobre él un puñetazo de esos que competían con los de una
demoledora.

El dolor explotó en su cara y reverberó a través de su cráneo. Se


preguntó si su mandíbula se había roto, pero los golpes propulsaban
dentro de su cabeza, esparciendo todos sus pensamientos excepto
uno… que se merecía esto. Se lo había merecido hace siglos. Él y Jax se
habían peleado antes, pero esta vez, no le devolvió la lucha,
simplemente aceptaba lo que el hombre repartía.

Su labio se quebró y la sangre corría por su garganta. Rowan estaba


gritando por ayuda, pero Jax ni se inmutó. Su única misión era golpear
a Aric hasta hacerle picadillo. Luego, con un ojo hinchado vio a Nick,
Zan y Hammer aparecer detrás de Jax. Le agarraron y tiraron de él,
aunque les tomó a tres de ellos hacerlo. El rostro de Jax era una
máscara de ira mientras se esforzaba por llegar de nuevo hacia Aric.

—¡Jaxon, tranquilo hombre! —chilló Nick—. ¡Ya basta!

Hammer tenía los brazos de su amigo clavados en la espalda.

—Jesús, hombre, ¿qué carajos?

Rowan se agachó al lado de Aric y le ayudó a incorporarse.

—¿Estás bien?
Limpiándose la sangre de su labio inferior, hizo una mueca.

—Me siento como si me hubiera atropellado un camión, pero sí.

—Debería matarte —gritó Jax.

—Quizás deberías —añadió. Ese reconocimiento pareció darle un alto a


Jax, aunque estaba todavía lleno de rabia.

Por lo que Nick dijo—: ¿A alguien le importaría decirme qué está


pasando? ¿Por qué diablos están mis dos mejores hombres peleándose
como perros rastreros?

Jaxon le señaló con un dedo acusador.

—¡Pregúntale quién es Beryl para él! ¡Pregúntale!

Los otros tres hombres le miraron en una pregunta silenciosa. No


quería hacer esto, pero ya que no tenía elección, prefería estar de pie.
Se incorporó, con algo de ayuda y se le cayó el alma a los pies. Cada
uno de los del equipo, incluyendo los más nuevos, A.J. y Kalen, estaban
esperando una explicación. Quienes habían estado alrededor más
tiempo, durante el tiempo de Beryl como novia de Jax y las
consecuencias desastrosas, tenían expresiones duras.

Armándose de valor, les dijo la verdad negada durante mucho tiempo.

—Beryl es mi hermanastra —dijo—. Pero nunca la he considerado como


familia.

Zan le miró con la boca abierta.

—¿Por qué nos ocultarías eso? Incluso si no la consideras tu hermana,


¿Por qué no nos contaste?

Jax se abalanzó de nuevo, pero fue contenido.

—Deberías habernos… haberme advertido acerca de su verdadera


naturaleza. Pero nunca dijiste una palabra.

Él trató de hacerles entender.

—Mirando hacia atrás, sí, debería haberlo hecho. Sospechaba de los


motivos de Beryl, pero hablé con ella y juró que ustedes se hacían feliz
el uno al otro. No pensé que ella podría haber cambiado tanto de la
perra egoísta que había conocido cuando su padre se casó con mi
madre y se mudaron con nosotros. Pero, Jax, pensabas que estabas
enamorado de ella, ¿recuerdas? No me habrías creído.
—¡Nunca me diste la oportunidad!

—Pensabas que ella era fantástica. Cualquier cosa que hubiera dicho
habría dañado nuestra amistad. —Odiaba el tono desesperado de su
propia voz. El miedo.

—Al menos podrías haber mencionado su vínculo contigo y nada más —


acotó Ryon—. Esto es jodido, hombre.

—Ella me rogó que no lo hiciera e hizo un gran trabajo en fingir


sinceridad. Dijo que no quería que la animosidad entre nosotros
interfiriera con el amor que había encontrado con Jax. Quería creerle y
es por eso que no dije nada. Y después de la emboscada, la culpa era
demasiada y no sabía cómo confesar. Por favor, traten de entender…

—Lo que yo entiendo es que tú deberías estar muerto —dijo Jax con
frialdad—. Deberías haber sido tú.

Sacudiéndose el agarre de sus amigos, giró y salió de la habitación. El


corazón de Aric murió en su pecho, desmoronándose en cenizas. Jax
tenía razón.

Tenía que largarse de allí. Girando, tropezó ciegamente hacia la salida y


se fue, ignorando el grito de Nick para que se detuviera y la súplica de
Rowan para que se quedara, que su amigo no lo decía en serio. Los
bloqueó a todos y caminó rápidamente, quitándose la camisa, las botas
y desabrochándose los vaqueros. Luego trotó por el césped,
aumentando la velocidad hasta que estaba corriendo.

Cambió sin perder el paso, corriendo rápidamente por el bosque. Por


libertad. Si corría lo suficientemente lejos y rápido, tal vez podría dejar
atrás las voces de sus compañeros de equipo. Las almas perdidas de
Terry, Jonas, Nix y Ari, acusándolo.

¿Crees que estamos aquí esperando con desesperación, al igual que


Micah? ¿Siendo destrozados, pieza por sangrienta pieza, locos?
¿Rezando por la muerte?

Deberías haber sido tú.

Aric siguió corriendo. Sin pensar en volver jamás.

***
—¡Aric, espera! —gritó Rowan—. ¡Él no quiso decir eso!

Su amante desapareció por la puerta exterior como si un demonio del


infierno estuviera tras él. La severa y desnuda agonía en su rostro era
algo que nunca olvidaría. Después de un momento de vacilación, ella
corrió hacia la puerta y buscando, lo vio cambiar y escapar hacia el
bosque. De ninguna manera podía esperar alcanzarlo.

Volviéndose hacia los impresionados amigos de Aric, levantó las manos


en señal de frustración.

—Bueno, ¿no irán tras él? ¡Yo desde luego no puedo atraparlo!

—¡Mierda! —estalló Nick, pasando una mano a través de su pelo


oscuro—. Está bien, dejen a Jax solo por ahora y vámonos.

Salieron en fila y Rowan se fue corriendo en la otra dirección, con la


intención de hacer todo excepto dejar a Jax en paz. Cristo, este lugar
tenía tanto drama como con frecuencia sucedía en el departamento.
Una gran metedura de pata y demasiada testosterona en un espacio
pequeño no lo hacía un ambiente armonioso.

Vio su objetivo retirándose al final del pasillo y se apresuró para


alcanzarlo. Agarrando su bíceps, tiró con fuerza, lo que probablemente
no fue el movimiento más inteligente. Él la enfrentó con los labios hacia
atrás en un gruñido amenazador con los caninos alargados y listo para
rasgar algo, o alguien, en pedazos. Una mirada a sus manos le mostró
que en sus dorsos había brotado pelaje y las uñas se habían
transformado en afiladas garras que podrían matar en una fracción de
segundo.

Y en ese milisegundo pensó en retirarse con una disculpa, hasta que


recordó la cara de Aric, carente de toda esperanza.

Ella dejó que hasta la última gota de veneno se filtrara en su voz.

—¿Cómo pudiste? Ese hombre ha sido tu amigo leal por años, desde
que estaban en el ejército, ¿y tú acabas de cagarte en él?

—Él la jodió y nos costó la mitad del equipo —gritó Jax.

—¿Tú nunca la has jodido? —respondió ella con fiereza—. ¿Nunca has
hecho nada que le costara al equipo? ¿Qué hay de confiar en la bruja y
traerla aquí para empezar?

Directo en el blanco. Durante un par de segundos, realmente pensó que


la estrangularía. El hombre era grande y verdaderamente escalofriante,
con su cabello negro en punta, barba perilla y los tatuajes recorriendo
un brazo. Pero la luz salvaje en sus ojos se atenuó, una mínima
fracción.

—Si él le hubiera dicho a cualquiera de nosotros…

—Bueno, no lo hizo y no hay nada que se pueda hacer al respecto


ahora. Sí, la jodió, pero lo hizo por amor a ti, con la mejor de las
intenciones. Ya lo has oído, él realmente quería creer que ella te amaba
y no quería que nada se interpusiera en el camino de tu felicidad. Sé
honesto. ¿Qué le hubieras dicho si él hubiera hablando mal de ella
entonces?

—Yo... —Su protesta se fue apagando, perdiendo gran parte de su


calor—. Yo habría estado enojado y le habría dicho que estaba lleno de
mierda. Sin embargo, podríamos haberla capturado, si él hubiera
empezado a rodar la pelota.

—Tal vez, tal vez no. —Tomando la oportunidad, agarró su hombro,


como si fuera un compañero oficial. En forma amistosa y con una suave
amonestación—: Jax, acabas de decirle a un hombre bueno, un amigo
que cuidó tu espalda por años, que debería estar muerto. Y él te creyó.

Las palabras quedaron flotando entre ellos, con su terrible peso.

—¿Qué hiciste qué?

Ambos miraron a Kira, que estaba a unos metros de distancia mirando


a su compañero como si no lo conociera en absoluto. Ella se acercó,
inmovilizándolo con una mirada que hizo que el duro lobo diera un paso
atrás.

—Jax, ¿de quién están hablando?

—Aric —dijo él, su tono defensivo sufrió una muerte rápida al ver su
expresión de incredulidad—. ¡Lo oí diciéndole a Rowan que Beryl es su
hermanastra! Él mantuvo eso en secreto de mí, de todos nosotros. ¿No
entiendes lo que eso significa?

—Sí. Significa que tu amigo comete errores como todo el mundo —


espetó—. ¿No entiendes lo mal que se debe haber sentido todos estos
meses, la forma en que probablemente ya se ha estado golpeando a sí
mismo? Y luego tú apareces y lo pateas cuando está caído.

El silencio sonó y Jax bajó la cabeza, pellizcando su nariz.

—Dios. ¿Qué he hecho?


Kira tomó la mano de su compañero.

—Ve tras él. Él no va a escuchar a nadie más que a ti.

—Voy a hacer las cosas bien —prometió con voz ronca. El hombre
envolvió a su mujer con fuerza entre sus brazos, la besó con fuerza en
los labios y luego salió.

Rowan lo vio alejarse.

—No pensé que este día pudiera empeorar, pero eso me enseñará a no
asumir cosas.

Para su sorpresa, Kira le dio un rápido abrazo.

—Van a lograr que las cosas se arreglen y estará todo bien. No es la


primera vez que esos dos han querido arrancar la garganta del otro y no
será la última.

—No estoy segura de que eso sea un consuelo.

—Lobos Alfa. ¿Qué se puede hacer?

Rowan estaba segura de que no tenía ni idea.

***

Las piernas de Aric ardían. Sus pulmones estaban ardiendo, pero no se


detuvo. Durante un tiempo, no era consciente de a dónde iba, pero en el
fondo de su mente debe haberlo sabido. Los árboles eventualmente se
fueron haciendo más ralos y se encontró corriendo hacia un lugar
donde la tierra se unía con el cielo. Nada más que una gota pura. En el
último segundo, patinó hasta detenerse y miró por encima del borde del
profundo barranco, la respiración serruchaba dentro y fuera, jadeando.

Lo que yo entiendo es que tú deberías estar muerto. Deberías haber sido


tú.

Su pasado finalmente lo había alcanzado con una venganza. La vida o


la muerte. ¿Había elección, realmente?

Todo podría terminar tan pronto. Incluso un cambiaformas no


sobreviviría a una caída de treinta metros sobre el áspero terreno
debajo. ¿No sería más amable que morir poco a poco, anhelando una
pareja que no podía reclamar?
Agotado, se dejó caer sobre su vientre y se arrastró hasta el borde,
apoyando su hocico sobre las patas. Rocas y tierra se deslizaron hacia
el abismo. El sol había desaparecido tras el horizonte, dejando el fondo
del barranco ensombrecido en tonos azules y grises, cubierto de la
vista. Todo estaba en silencio, la tierra contenía su aliento. Esperando.

Un salto. Centímetros lo separaban del final de la culpa. Del dolor.

Durante meses, había culpado a Jax por su propio secuestro, por salvar
Kira y cambiar el destino. Pero la ineludible verdad era que Aric había
conseguido exactamente lo que se merecía. No, había merecido algo
mucho peor. Él debería haber sufrido el destino de Micah y mucho más.

Deberías haber sido tú.

De pie sobre cuatro patas temblorosas, se dijo que podía hacer esto. Su
lobo se resistía con un gruñido, su instinto de supervivencia era fuerte.
Se puso tenso, los músculos se agruparon…

Y fue duramente golpeado en la cara, con un empujón que lo envió


rodando, lejos del peligro. Saltó sobre sus pies y encontró un enorme
lobo blanco colocado en ángulo recto entre él y su objetivo. Nick. Los
dientes del lobo no estaban desnudos, pero su cuerpo era como de
piedra, su propósito era claro: Aric no lo pasaría. O pasaría más allá de
los otros que de repente aparecieron trotando, rodeándolos en un
semicírculo.

Aric cambió a su forma humana, se agachó de rodillas, con los brazos


envueltos alrededor de su mitad inferior y tomó una profunda
respiración. Tal vez de esa manera podría sostener los intestinos que
estaban siendo arrancados de su torso.

—Apártate, Nicky.

Su comandante cambió y lo mismo hicieron los amigos de Aric… si es


que todavía lo eran.

—No puedo hacer eso y tú lo sabes —dijo Nick en su tono de “no me


jodas”. Sin importar lo severo que sonaba, la preocupación sangraba en
su tono.

—Tú no interfieres con el libre albedrío, ¿recuerdas? —espetó Aric.

La preocupación se convirtió en rabia mientras daba un paso más


cerca.

—Estoy haciendo una maldita excepción. ¿De verdad crees que eres el
único que está sufriendo? ¿Que no dejarás un agujero gigante en este
equipo si haces algo tan estúpido?

Eso le dio que pensar.

—Yo…

—Hay una consecuencia para cada acción, Aric. Estos chicos son tus
hermanos y morirían por ti. ¿Te importan tan poco que te gustaría
poner en peligro su futuro porque tomaste el camino más fácil?

Un escalofrío se instaló en su pecho, a pesar de la creciente fiebre que


le hacía sentir como si estuviera a punto de hacer combustión
espontánea.

—Nunca lo pensé de esa manera.

—Es por eso que te lo estoy diciendo. Tomar tu propia vida tendrá
efectos de largo alcance y devastadores en cada hombre aquí, por no
mencionar a otros que no están presentes. No puedes hacer esto. No te
dejaré. —La determinación de su voz era a la vez un alivio y una carga.

—Soy responsable de lo que pasó con el equipo —dijo con voz ronca—.
Ya oíste a Jax… Debería estar muerto. Él tenía razón. Es lo que
merezco.

—No. —Una nueva voz interrumpió—. Me equivoqué.

Genial. Justo lo que necesitaba, Jax metiéndose en su cara otra vez.


Aric miró al hombre con cautela mientras se acercaba, notando la
vergüenza en su rostro.

—¿Qué motivó el cambió de opinión? ¿No quieres mi fin en tu


conciencia?

Jax hizo una mueca.

—Después que me calmé, sabía que no quería decir lo que te dije. Y


tenías razón sobre Beryl… Tengo mi propia carga de culpa por haber
confiado en ella y no puedo poner eso en ti. Me siento como el infierno
por transferirte la culpa y espero que puedas perdonarme.

Él se quedó mirando a su amigo por un largo rato.

—No es una cuestión de perdonarte. Se trata de si puedo hacer cuadrar


mi parte en todo este maldito lío.

—Sin embargo... —Jax tragó saliva—. Tengo que oírlo.


—Te perdono, hombre. —Dios, tenía que decirles el resto—. Pero eso no
va a hacer ninguna diferencia a largo plazo.

—¿Por qué? ¿Qué quieres decir? No estás aún planeando…

—No. Voy a dejar que la naturaleza siga su curso, pero no voy a


apresurar lo inevitable. —Todo el mundo se quedó perplejo. Excepto
Nick. Armándose de valor, explicó—: He encontrado a mi compañera,
pero no puedo reclamarla.

Un momento de silencio y asombro siguió ese anuncio, y entonces todos


empezaron a hablar al mismo tiempo, acribillándolo a preguntas. Las
más pre valentes fueron: “¿Quién es ella?” y “¿Por qué demonios no
puedes?”

Levantó una mano.

—Todos ustedes deben saberlo. Es Rowan.

—¡Mierda! —exclamó Ryon.

Desvió las preguntas más curiosas.

—No puedo reclamarla porque ella se va a Los Angeles de nuevo tan


pronto como Micah esté mejor. Le encanta su trabajo como policía y no
voy a sacarla de su vida. Ella no quiere un compañero, e incluso si lo
hiciera, se merece uno mejor que yo y los peligros que conlleva el vivir
en mi mundo.

—Eso es pura mierda —dijo Jax con enojo—. Ha funcionado para Kira y
para mí. ¿Al menos le has dicho a Rowan lo que está pasando?

—No y todos ustedes van a prometer que no dirán una palabra. Lo digo
en serio. Este no es su problema.

—Sí, lo es —insistió Zan—. Hermano, te vas a morir si no reclamas a tu


compañera y no podemos darnos el lujo de perderte… en el equipo o
como nuestro amigo.

Aric miró hacia otro lado, hacia la oscuridad.

—Tal vez no, pero no importa. Prométanmelo.

Uno a uno, lo hicieron, aunque de mala gana. Todos menos Nick, quien
regresaba la mirada de Aric con una dura de las suyas.

—No voy a decir nada a menos que sienta que tengo que hacerlo.

—Está bien —suspiró Aric. Supuso que era lo mejor que iba a
conseguir.

Qué chiste. Su equipo había intervenido, pero iba a morir de todos


modos. Había defraudado a todos los que lo habían amado. No se
merecía ser feliz, tener una compañera hermosa. Solo terminaría
perjudicándola, también.

El sol se puso por completo a medida que cambiaban y comenzaban el


largo camino de regreso al complejo. Incluso en medio de su Manada, se
sentía solo en la oscuridad.

Sufriendo por lo que podría haber sido, si solo hubiera sido un mejor
hombre.
Traducido por rihano & Vafitv

Corregido por Chole Ann

owan se cernía en la ventana de la sala de recreación, alternando


entre ir, venir y escudriñar la noche menguante. Como en
cualquier lugar de trabajo, se había corrido la voz en torno a la
pelea al instante.

Sariel y un par de los otros habían encontrado a Rowan manteniendo


vigilia y habían estado preocupados por lo que pasó. Ella simplemente
les había dicho que los chicos tuvieron un desacuerdo y se fueron a
correr para resolver sus frustraciones. Una respuesta vaga, pero supuso
que era decisión de ellos airear o no los trapos sucios del equipo.

—¿No han regresado?

Ella miró a su alrededor para ver al magnífico Fae entrando de nuevo,


con el ceño fruncido.

—Todavía no.

—Creo que este “desacuerdo” era más grave de lo que tú dijiste, ya que
te has paseado por allí por más de dos horas.

—Podrías decir eso. Pero no es mi historia para que la cuente.

—Entiendo. Solo quería comprobar y ver si necesitabas un amigo.

—Gracias —ella le sonrió— Una persona nunca puede tener


demasiados de esos.

—Oh, no sé. Un puñado de muy buenos y leales siempre ha sido


suficiente para mí. —Su voz era melancólica, su expresión distante por
un momento.

—¿Dejaste a alguien especial detrás en tu mundo? —preguntó ella con


suavidad. Sus ojos dorados estaban tan tristes, podría haber llorado por
él. Ella no lloraba con facilidad.

—Mis cinco hermanos y mi mejor amigo. Todos estaban en una visita


diplomática a la Coalición de Vampiros o la corte Seelie nunca habría
tenido éxito en sacarme del reino. Política, ¿sabes?

—Lo siento mucho —dijo ella con sinceridad— ¿Tus hermanos y tu


amigo, sabían que tu padre es este bastardo Unseelie?

—Sí. Ellos me amaban de todos modos —dijo él en voz baja—, al igual


que mi último padrastro. Ahora mi hermano mayor es el rey y ninguno
de ellos habría dicho mi secreto. No sé cómo se enteró la corte.

—¿Tal vez les dijo Malik o arregló que alguien más lo hiciera?

—¿Por qué él haría eso? Violar a mi madre fue y sigue siendo un delito
punible con la muerte.

—Bueno, consiguió que te echaran, ¿no? Y ahora estás sin la protección


de tu clase.

—Lo qué es exactamente lo que debe de haber querido. —Negó con la


cabeza, haciendo que el cabello color zafiro ondeara como la seda. Sus
alas crujieron con la agitación—. He sido un estúpido. No podía
entender cómo la corte supo que Malik me engendró, pero nunca se me
ocurrió que él podría haber estado detrás de esto.

—¿No lo has visto desde que has estado... en la tierra? —Todavía era
difícil decir mierdas como esas.

Su sonrisa era tenue.

—La corte Seelie, así como la Coalición de Vampiros existen en la tierra,


solo que en planos diferentes. Pero para responder a tu pregunta, sí.
Malik estaba esperándome casi en el instante en que aterricé en el
medio de una calle muy transitada en Irlanda, en el lado equivocado del
velo.

Ella parpadeó, tratando de imaginar eso.

—¿Alas y todo?

—Por desgracia. Mi aparición causó un gran pánico, lo que alertó a


Malik de mi ubicación. Huí y apenas logré mantenerme un paso por
delante de él, escondido en varios lugares diferentes. Durante todo e sto,
el equipo de la Manada Alfa fue alertado de mi presencia y me vino a
detener.

—¿Pero no a Malik? —Ella frunció el ceño—. ¿Por qué ellos no lo


agarraron?
—Él es mucho más hábil que yo en disimular durante largos períodos
de tiempo y estaba en una seria desventaja. De lo que el equipo ha
aprendido, ahora sabemos que está viviendo entre los humanos. Dudo
mucho que sus subordinados sepan exactamente lo que Malik es o de lo
cerca que ellos realmente están de tratar con el diablo.

—Así que él parece ser un tipo normal —reflexionó ella en voz alta.

—La Manada no ha tenido una llamada de auxilio para detener a un


Unseelie de más de dos metros de alto, feo como el culo de un Sluagh,
con alas de murciélago y dos grandes cuernos que sobresalen de los
lados de su cabeza, así que supongo que sí . Parece normal.

Ella soltó un bufido.

—Imbécil.

—Gracias. —Él pareció complacido—. Estoy aprendiendo. El humor es


un género perdido en los Seelies.

—Un montón de serios, ¿eh?

—Se podría decir eso.

Ella hizo una pausa.

—¿Reconocerías a Malik, incluso si estuviera oculto, como tú dices?

—Los Fae pueden percibirse entre sí desde largas distancias. Si yo


estuviera en una habitación con un montón de seres humanos, excepto
uno que fuera un Fae disfrazado, yo podría identificar cuál es debido al
campo mágico que no pueden esconder de otro Fae. El Hechicero,
Kalen, incluso podría ser capaz de hacer esto.

—¿Serías capaz de decir si el Fae es Malik en particular?

—Sí, porque yo soy de su sangre. Lo mismo con mis hermanos.

—Hum. —Ella consideró a su nuevo amigo, seriamente—. ¿Por qué este


tipo tiene tal obsesión contigo? Quiero decir, no es como si fueras el rey
o algo… Maldición, lo siento. No quise ser ofensiva.

—No hay problema. Tienes un punto válido, pero yo soy el bastardo de


una reina Seelie y un rey Unseelie. Sangre poderosa, aunque
manchada, y nuestra unión me hace el único Fae lo suficientemente
fuerte como para matarlo. No es que yo lo habría intentado sin
provocación, pero eso no le importa.

—Bueno, eso tiene sentido, entonces. —Cristo, Sariel estaba en serios


problemas con esa escoria de padre, que tenía decenas de Sluagh a su
entera disposición—. ¿Por qué no ha venido detrás de ti antes? Eres un
adulto, después de todo.

—Adulto. —Rió el príncipe, la sonrisa hacía cosas deslumbrantes en su


rostro—. Tengo nueve mil años de antigüedad, medido en tiempo
humano.

—Tú... tú estás mintiendo —balbuceó ella—. ¿En tiempo humano?

—En mi mundo, eso no es nada. Soy prácticamente un bebé.

Ella miró a su magnífico ser de la cabeza a los pies.

—Definitivamente no eres un infante.

—Hablando en sentido figurado. Pero soy relativamente joven en un


reino donde mi clase no tiene edad. En cuanto a Malik, no sé por qué
está intentando matarme, cuando antes ni siquiera se molestaba. Tal
vez le importará explicarse antes de destrozarme.

—Él no va a hacer eso, porque la Manada no dejará que eso suceda.

—Y hablando de eso, ellos han regresado. —Movió una mano hacia la


ventana.

A la luz de la luna, la visión de varios lobos y una pantera emergiendo


del bosque era extrañamente hermosa. Estaban casi arrastrándose, sin
embargo, las cabezas y las colas caídas. En el centro del grupo estaba
un conocido lobo rojo, y parecía que los demás lo rodeaban casi
protectoramente. Rowan moría de ganas de saber qué había pasado allí.

Cuando los hombres se acercaron a la puerta de atrás, cambiaron de


uno en uno y Kalen inmediatamente ondeó la mano, haciendo lo suyo
para vestir sus cuerpos desnudos. Lástima.

—Tengo la sensación de que vas a querer hablar con Aric —dijo el


príncipe—. Te veré más tarde.

—Oye, vamos a hablar más acerca de tu situación. Estoy segura de que


los chicos se van a plantear una forma de atrapar a Malik y resolver un
montón de problemas, incluyendo el tuyo.

Él asintió con la cabeza.

—Gracias. Eso significa mucho para mí.

Ella lo miró irse con un pequeño tirón en su corazón. Probablemente no


estaría aquí para ninguno de los fuegos artificiales cuando el equipo
finalmente eliminara a Malik y su operación. ¿Por que eso le molestaba?
Cuando Micah estuviera mejor, la mantendría actualizada. Así que no
era como si ella estuviera perdiéndolos a todos.

La Manada entró en tropel y de repente no estaba segura de cómo


posicionarse, qué hacer con las manos. Ella no quería parecer como si
hubiera estado esperando ansiosamente el regreso de Aric, lo que era
ridículo, porque nunca había sido del tipo de estar preocupada
demasiado con lo que otros pensaban. Pero entonces, los hombres y
mujeres con los que ella trabajaba en la estación eran en su mayoría
eso, compañeros de trabajo con quienes se sentía totalmente cómoda.
Desde que conoció a Aric y su equipo, había sido todo lo contrario.

Al segundo que los ojos verdes de Aric encontraron los de ella, perdió el
equilibrio. No le gustaba sentirse fuera de control, como si algo más
grande que ellos dos fuera difícil de manejar, atrayéndola como un imán
hacia un hombre que haría que enamorarse de él fuera un camino
difícil. Ella no era del tipo de casa con vallas. Tenía un trabajo
gratificante, bueno, la mayor parte del tiempo, y su independencia. Este
lobo pelirrojo venía con demasiado equipaje. Era un montón de
problemas.

Y se encontró cruzándose con él, decidida a asegurarse de que estaba


bien. Se detuvo delante, agarrando sus brazos, estudiando su rostro.
Los moretones y el labio partido de la paliza que le había dado Jax ya
estaban curados, pero había círculos bajo sus ojos. El calor radiaba
desde su piel. ¿Estaba más caliente que antes?

—¿Qué pasó?

—Nos dimos un beso y lo arreglamos. Todo está bien. —Él sonrió, pero
el esfuerzo de desenvoltura no sonaba muy verosímil. El resto de la
Manada pasó junto a ellos, con aspecto tan desgastado como Aric.

—¿No puedes ser serio cuando te están haciendo una pregunta directa?

—No necesito una madre, cariño. Tuve una, cometió un error. Qué
sorpresa.

—Lo que estoy sintiendo en este momento es todo menos maternal, ¡a


menos que cuentes el número de veces que ella probablemente quería
estrangularte! Habla conmigo, maldita sea.

La máscara se deslizó y se hizo añicos a sus pies. La angustia brutal


que ella había atestiguado en persona por las acusaciones de Jax,
regresó con toda su fuerza.
—Iba a tirarme por un acantilado, pero ellos me detuvieron —dijo con
dureza—. Y deseo como el infierno que no lo hubieran hecho. ¿Es eso
suficientemente directo para ti, oficial?

La burla a su profesión, por el hecho de que a ella le importaba, la


molestó. Pero eso no fue lo que realmente la puso en marcha.

—¿Sabes lo que hice antes de venir aquí? Maté a un hombre. Le disparé


justo a través del corazón porque él sacó su arma. Su elección y está
muerto por su causa, sin importar el hecho de que si se hubiera tomado
un segundo más para pensar, si no hubiera estado drogado, él todavía
estaría vivo. Pero yo tuve que actuar, y fui puesta en suspensión
obligatoria hasta que fui absuelta de las acusaciones.

—¿Tu punto?

—¿De verdad crees que el hombre quería dejar a su esposa e hijos sin
apoyo? ¿Que él quería ser comida de gusanos? Tenía una vida
miserable, pero valía la pena. La tiró y a su familia en una decisión
impulsiva que nunca pudo deshacer. No cometas el mismo error.

Él la miró fijamente durante un par de segundos y luego empezó a


aplaudir. El ruido era violento en el espacio vacío, la máscara en su
lugar otra vez.

—Bravo. ¿Tienes un pañuelo de papel para que pueda secarme las


lágrimas?

—¡Eres un idiota!

Ella se alejó pisando fuerte, dejándolo allí de pie, su risa flotando a su


espalda. Su táctica era tan transparente, sin embargo, le permitió sacar
lo mejor de ella de todos modos. Esto era exactamente lo que él quería,
poner un muro que ella no pudiera penetrar. Su actitud era un escudo
erigido entre él y el mundo, probablemente siempre lo había tenido y él
lo manejaba como un guerrero.

Bueno, no iba a salirse con la suya. Había ganado la batalla pero no la


guerra. Ella necesitaba un poco de tiempo para calmarse y recuperar su
abominable compostura y luego el tonto estaría acabado.

Uh-huh. Hace cinco minutos él era demasiado problema. Entonces, ¿por


qué te preocupas tanto, amiga?

Estaba segura de que no quería saber la respuesta.


***

Aric se sentó lánguidamente en el sofá de su habitación, con los pies


apoyados en la mesa de café, cruzadas en los tobillos. En la televisión
había una repetición de un reality show, aquel donde los jóvenes
veinteañeros salían en citas que eran organizadas por sus “amigos”
para que resultaran terribles a propósito. Por lo general, se estaría
riendo hasta reventar y comiendo palomitas de maíz.

Esta noche, no podía sacar a relucir una sonrisa.

¿Sabes lo que hice antes de venir aquí? Maté a un hombre.

—Y otro cuando llegaste —susurró él.

Pero eso no era justo para Rowan. No tenía ni idea de lo que le estaba
pasando y nunca la tendría. Había instruido a Micah y a Nick para que
le dieran alguna historia “oficial” de que había sido asesinado por un
Sluagh o algo así. Dios mío, qué malhumorado.

Levantándose, se acercó a la ventana de la sala y se quedó mirando


hacia la noche. Tenía ganas de correr de nuevo, mantenerse haciéndolo
para siempre, como el idiota egoísta que era. Rowan tenía razón en eso.
De lo contrario, habría hecho un intento de escuchar realmente lo que
ella había estado tratando de meter en su grueso cráneo. Y él habría
mostrado mucha más empatía por lo que ella se había visto obligada a
hacer.

Matar nunca era fácil. La verdad era, lo enfermaba tomar una vida.
Cualquier vida, incluso una tan peligrosa y destructiva como la de un
Sluagh. Irónico, para un hombre que se había unido a los SEALs y
había sido parte de un equipo condenadamente bueno. Él sabía muy
bien cómo Rowan debe haberse sentido, haciendo su trabajo y deseando
que el resultado hubiera sido diferente.

Le debía una disculpa.

—Mierda —murmuró y se dirigió hacia la puerta.

Cubriendo la corta distancia hasta su habitación en cuestión de


segundos, él golpeó fuerte, por si acaso ella se había ido a la cama. Miró
su reloj. ¿Las diez? No era demasiado tarde, pero ellos habían tenido un
día ajetreado. Con ser casi comidos y todo.

Le dio unos treinta segundos, los que parecieron una eternidad y volvió
a llamar. Nada más que silencio encontró sus llamadas y frunció el
ceño. ¿Dónde diablos podría estar?

Ya que era pasada la cena, la sala de recreación fue su siguiente


parada. Por desgracia, también estaba vacía. Frustrado, se dirigió en
dirección a la oficina de Nick y la sala de conferencias. Brevemente
consideró que algo urgente podría haber aparecido y no habían tenido
tiempo de avisarle, sin embargo, luego desechó la idea. Si eso hubiera
sucedido, Nick le habría avisado por el recientemente reparado sistema
de altavoces.

Al final del pasillo, vio a Ryon y Zan hablando con Nick y él se relajó un
poco. Al menos, el edificio no estaba tan desierto como parecía.

—Por favor —aduló Ryon, sonando como un adolescente—. Si vienes


con nosotros, seremos tres y eso es suficiente.

Nick negó con la cabeza.

—Dije que grupos no más pequeños de cuatro y yo no voy a romper mi


propia regla. Además, eso nos dejaría solo con Hammer, Jax y A.J. en el
edificio para luchar si tuviéramos visitantes no deseados.

Ryon se mantuvo ante su jefe.

—Kalen puso ese hechizo en el edificio, ¿recuerdas? Va a estar bien.


Vamos, Nicky, no hemos ido a la ciudad en un tiempo y los demás ya
están allí. Estamos perdiéndonos la diversión.

¿Los otros?

—¿Quién fue a la ciudad? —preguntó Aric, deteniéndose junto al grupo


y mirando a cada uno de ellos.

Ryon contestó, exasperado.

—Kalen, Sariel, Mackenzie y Rowan. Fueron al Grizzly Crosseyed24 a


relajarse un rato. Día duro y todo eso.

—Y la manera de recompensarte al final de un “día duro” es


emborracharte y vomitar —dijo Nick secamente, poniendo los ojos en
blanco—. Creo que Bill Cosby hizo una rutina sobre eso una vez.

Zan rió por lo bajo.

—Relájate, jefe. Nadie va a emborracharse. Alegrarse, tal vez.

24 Grizzly Crosseyed: El Oso Pardo Bizco. (nombre del bar)


—Tengo una idea. —Ryon se iluminó—. Aric puede venir con nosotros y
así somos cuatro. Problema resuelto.

Aric levantó una mano.

—Hombre, estoy molido. Solo estaba buscando a Rowan, umm, para


decirle que lo siento por ser tan idiota antes. —Él realmente no se
sentía como para salir, independientemente de lo atractivo que sonaba
estar con Rowan en un ambiente informal y divertido.

—¿Sí? —Su amigo rubio tenía una mirada decididamente malvada en


sus ojos—. Yo diría que ella ya ha olvidado todo sobre ti y tu polla, así
que no te preocupes.

—¿Qué se supone que significa eso?

—Solo que parecía muy feliz de estar saliendo del brazo de un príncipe
Fae que se parece a un maldito modelo de pasarela, eso es todo. —Él le
disparó a Aric una sonrisa.

El cuadro que Ryon había pintado hizo que su lobo se pusiera en


tensión con ganas de destrozar algo y su sangre empezara a hervir
lentamente. Rowan y Sariel. Poniéndose cómodos en el Grizzly y
bebiendo toda la noche sin parar. No, mierda no. Eso no iba a pasar.

Rápidamente verificó sus pantalones vaqueros, camiseta y sus


zapatillas de mierda. No mucho, pero probablemente tenía mejor
aspecto que los habituales. Dudaba que la mayoría de ellos se bañaran.

—Estoy dentro ¿Nicky?

Con un suspiro el jefe cedió.

—Voy a ir por un rato, pero no me voy a quedar toda la noche.

—¡Wuju! —Ryon agitó su puño.

Aric trató de recordar cuando se sintió tan joven y decidió que había
sido antes de que su padrastro y Beryl hubieran invadido su vida. No
era algo que quería pensar.

—Espera, ¿cómo es posible que Sariel esté en un bar? —preguntó.

—Kalen le ayudó con un hechizo de encubrimiento —sonrió Nick—.


Deberías verlos. Esos dos parecen hermanos ahora.

Aric trató de traer esa imagen a la mente y fracasó.

En el exterior, se amontonaron en uno de los SUV con Nick detrás del


volante y Aric en el asiento delantero del pasajero. Ryon, Cristo lo
amara, mantuvo la conversación alegre, parloteando como un mono
fumando crack todo el camino, como tratando de alguna manera
compensar el montón de estiércol humeante que el día había resultado
ser.

Su amigo no respiró hasta que Nick se estacionó fuera del Grizzly y


apagó el motor. Para entonces los oídos de Aric sonaban. Tal vez su
cerebro tendría una hemorragia y no tendría que sentarse en un bar
lleno de aspirantes a apestosos aventureros durante horas. Pero tan
pronto como entró, sabía que no sería tan afortunado.

Le tomó cerca de dos segundos detectar al cuarteto contra la pared del


fondo en una larga mesa. Se estaban riendo y pasando un buen
momento, obviamente haciendo su parte para poner al día detrás de
ellos. Kalen y Sariel cada uno tenía unas cervezas largas. Mac estaba
bebiendo lo que parecía una margarita y Rowan tenía dos tragos de un
líquido dorado y rodajas de limón en fila delante de ella. No se
sorprendió al descubrir que se había saltado la margarita y había ido
directo al tequila.

A medida que se acercaba a su grupo, la atención de Aric se centró en


Sariel. El príncipe tomó un trago de cerveza, tratando de emular a su
compañero masculino y terminó ahogándose. Supongo que no sirven
Sam Adams25 en la corte Seelie. Rowan le golpeó la espalda, sonriendo y
luego abrazó su cintura; ella y Mac hacían ruidos simpáticos.

Aric contuvo un gruñido. Incluso con sus alas escondidas, con el pelo
largo disfrazado de negro azabache, vestido con pantalones vaqueros y
una camiseta con botones negros ceñidos, el hombre era demasiado
condenadamente bonito. Y demasiado sensual, inclinándose con las
atenciones de Rowan como un gato arqueándose para ser
agradablemente acariciado.

El tipo tendría que encontrar a alguien más para rascarse la picazón.

—No puedes sostener tu bebida, ¿verdad Sam?

Aric tomó el asiento vacío junto a Rowan. Nick, Zan y Ryon ocuparon
los espacios abiertos al final.

La sonrisa de bienvenida de Sariel se volvió desconcertada.

—¿Sam?

25 Sam Adams: marca de cerveza norteamericana.


Él señaló la botella.

—Alias. Te estoy tomando el pelo. —Le dio una mirada en blanco—. La


cerveza que estás bebiendo es Sam Adams.

—¡Oh! Sí, bueno… —Sariel arrugó la nariz—. Kalen me convenció de


ordenar esto y su sabor es horrible. Estoy seguro que eso sería mucho
mejor. —Él señaló a la bebida de Mac.

—¿Quieres probar una? —preguntó Rowan—. Es suave, dulce y sabe a


limonada. Con una patada.

El príncipe le dio una entusiasta aprobación y Rowan llamó a la


mesera. La chica se apresuró, dándole a los hombres del grupo una
mirada apreciativa antes de tomar su orden. Sariel solicitó su
margarita, pero el resto incluyendo Aric, fueron por las cervezas. Zan se
sirvió la cerveza abandonada del Fae como un calentamiento. O
enfriamiento. Lo que sea.

Mirando a su alrededor primero para asegurarse de que nadie estaba


escuchando, Aric se dirigió a Nick.

—¿Estamos seguros de que es seguro para él estar en público? —Hizo


un gesto hacia Sariel—. Buen trabajo con el disfraz, pero los de su tipo
pueden sentirlo.

Kalen le lanzó una mirada de irritación.

—Mi hechizo funcionará. ¿Por qué no tratamos de tener una noche de


fiesta y relajarnos para variar? A todos nos vendría bien un descanso.

Tomando una respiración profunda, él se obligó a relajarse. Nadie


quería pasar el rato con un eterno deprimente, incluso si sus
preocupaciones eran válidas. Decidiendo intentar una breve charla, hizo
un gesto hacia el pecho de Kalen.

—Me di cuenta de que Mac lleva tu colgante. ¿Qué pasa con eso? —Él
inclinó la cabeza—. ¿Qué no nos has dicho contra a el ataque a ti y a
Mac?

La pareja se miró el uno al otro y a Nick. Kalen se encogió de hombros.


Aric pensó que su indiferencia era forzada.

—Sucedió mientras estabas en cautiverio. El colgante es una protección


contra el mal y estoy dejando que Mac lo use por un tiempo, eso es
todo. El encuentro con esas cosas la sacudió y tenerlo la hace sentir
mejor.
—Creo que estás encubriendo la respuesta. —Aric entrecerró sus ojos.

Mac dio una débil sonrisa.

—¿Cuál es el problema? Como dijo Kalen, vamos a pasar una buena


noche.

Nick cambió de tema con una discusión sobre una nueva arma láser
que estaba siendo desarrollada por Grant y su equipo en el gobierno.
Aric se desconectó de ello. Recostándose, pasó un brazo sobre el
respaldo de la silla de Rowan y le susurró al oído.

—¿Saliste y no me invitaste a la fiesta? Estoy destrozado. —En realidad,


lo estaba un poco. Pero no quería que ella supiera.

—¿Tal vez porque me molestaste? —sugirió con dulzura.

—Sí, sobre eso… ¿Podríamos salir un momento?

—No lo sé. La estoy pasando muy bien donde estoy.

Su tenaz mandíbula, el destello agresivo en esos grandes ojos marrones,


su pelo brillante cayendo alrededor de sus hombros eran tan
malditamente sexy. Su polla se estaba poniendo condenadamente dura
en sus pantalones vaqueros y tuvo que presionar el talón de su mano
en su entrepierna para conseguir que se comporte. No es que funcionó.

—¿Por favor?

—Déjame pensar... no.

—Bien, lo tendrás a tu manera. —Golpeando la mesa con un puñetazo y


causando que sus amigos saltaran, se aclaró la garganta. La
conversación se detuvo y él se encontró con sus miradas curiosas, sin
pestañear.

—Le debo a Rowan y a todos los demás una disculpa. Fui un completo
imbécil esta tarde y lo siento.

Silencio.

Y entonces, Kalen dijo: —¿Eso es todo?

Él frunció el ceño.

—¿Qué más quieres? ¿Una docena de rosas?

El Hechicero se río por lo bajo.

—Yo no, pero la dama se puede sentir de manera diferente.


Se giró hacia Rowan y se encontró que el hielo se había descongelado
un poco. Pero tenía un poco más a favor para él. Reuniendo cada onza
de sinceridad, él puso sus manos sobre las de ella sobre la mesa.

—Entiendo lo que me estabas diciendo antes. Te pido disculpas por ser


un idiota. Lo hago cuando las cosas se ponen demasiado intensas y no
lidiar con ellas, pero no es ninguna excusa para cerrarme cuando
compartiste algo realmente doloroso que atravesaste. Lo siento Ro.

Sus ojos se suavizaron y ella le ofreció una pequeña, sonrisa.

—Nadie me llama así, solo Micah.

—¿Te importa?

—No, por supuesto que no. Disculpas aceptadas.

¡Uf!

—Gracias, cariño. ¿Llegaste ver a Micah antes de que se fueran?

—Lo hice. Estaba despierto, pero no dijo ni una sola palabra en esta
ocasión. Probablemente no debería haberlo dejado.

—No —dijo él saliendo de una sesión desgastante—. Tenías que


escaparte un momento y él está en buenas manos. Melina y las
enfermeras están cuidando de él.

Ella se relajó un poco.

—Tienes razón. No puedo evitar preocuparme.

—Diviértete esta noche y luego duerme un poco. Podrás verlo en la


mañana.

—Está bien.

Ella logró soltarse y la conversación se aligeró considerablemente. Los


ocho terminaron pasando un buen momento, compartiendo algunas
risas. Rowan les entretenía con algunas historias divertidas de las
llamadas que ella y su compañero, Danny, habían contestado y los
chicos se turnaron en compartir algunos de sus apuros cómicos,
también.

Aric trató de no preguntarse si ese Danny del que ella hablaba tan bien,
era alguien a quien echaba mucho de menos. Y fracasó.

—¿Quieres dar un paseo ahora? —dijo él en su oído.


Nick, escuchó y sacudió su cabeza.

—Grupos de cuatro.

—Jesús —insultó Aric—. Vamos a estar juntos fuera. Vamos, hombre,


dame un respiro.

Su jefe vaciló, luego de mala gana dio su asentimiento.

—No estoy recogiendo nada, pero no tarden mucho.

—Seguro. —Tomando un último sorbo de su cerveza, le agarró la mano


y tiró de ella hacia la salida. Cuando salieron al porche de madera que
corría a lo largo del frente, él aspiró una bocanada de aire fresco
nocturno.

—Dios, que bueno fue salir de allí. El ruido y el humo me estaban


molestando.

—Me siento como de dieciséis años escapándose para besuquearse.

—¿Eso es lo que vamos a hacer? —preguntó esperanzado.

Su “cita”, se rió.

—Oh, si tienes suerte.

—Ya veremos eso.

Afuera estaba tranquilo, el thump-thump de la música country estaba


amortiguado, gracias a Dios. No había clientes del bar dando vueltas,
solo lo normal de uno o dos que iban y venían. Aric la llevó a la esquina
del edificio frente a la playa de estacionamiento, al lado que daba a los
árboles y tiró de ella hacia la oscuridad, fuera de vista. Abriendo los
sentidos de su lobo, él inhaló profundamente. No había olores distintos
de los normales, la tierra, el follaje y los animales nocturnos habituales.

—¿Qué estás haciendo?

—Asegurándome de que no nos sorprendan esta vez. —Empujando su


espalda contra la pared del edificio, él sonrió y tomó su cara—. No tengo
planes de ser interrumpido.

Antes de que ella pudiera expresar una protesta, Aric aplastó su boca
en la de ella. Lamiendo el interior, jugando con su lengua, amando su
dulzura. Tequila y algo más potente, todo eso era Rowan. Rozando sus
palmas hacia el sur, encontró el borde su entallada blusa roja y viajó
por debajo, buscando los exuberantes montículos que había estado
muriendo por apretar todo el día.
Ella gimió, arqueándose ante su toque, dándole permiso para seguir
adelante. Su sujetador era algo de encaje, casi transparente y él se
divirtió jalando sus pezones a través del material, provocándolos hasta
convertirlos en tensos picos. Luego sus dedos encontraron el botón de
sus pantalones vaqueros, haciendo un trabajo breve con estos y la
cremallera.

Su mano resbaló entre sus bragas, buscando sus rizos sedosos.


Cepillando a través de ellos para encontrar ese lugar caliente entre sus
piernas y frotar su clítoris, extendiendo la humedad.

—Aric… —Su voz era entrecortada. Aumentando más la excitación.

—Vamos a sacar estos pantalones del camino así puedo hacerte sentir
realmente bien, cariño. —Agarrando el cinturón, los bajó junto con sus
bragas, dejándolos en sus pantorrillas. Luego le dio la vuelta para que
enfrentara al edificio—. Las manos en la pared, separa más los pies.

—Aric podríamos ser arrestados por exposición indecente —suspiró ella.


Pero asumió la posición.

—Nick nos rescataría. —Pasando suavemente las palmas de sus manos


sobre sus caderas y los globos redondos de su gordo trasero, él lamió
sus propios labios—. Sepárate un poco más. Buena chica. Dime lo que
quieres cariño.

—Yo... yo quiero que me folles. —Ella empujó su trasero hacia atrás,


invitándolo.

—¿Cómo lo quieres? Dime. —Con su mano derecha, la rozó por bajo de


la curva de su trasero. Con dos dedos separó sus pliegues y frotó su
entrada. Luego trabajó en el interior follando su canal, volviéndola loca.

—Duro y rápido. ¡Fóllame en serio!

Su lobo gruñó en señal de aprobación. Anticipándose. Sus colmillos


cayeron y su corazón se aceleró rápidamente cuando el liberó su polla
goteando. Llevando la cabeza a su entrada y comenzó a empujar en el
calor aterciopelado.

—Mierda, sí. Eres tan caliente y apretada nena. Solo prepárate, porque
te voy a dar un viaje para recordar.

—Hazlo.

Ella rogó tan linda que él casi se corrió con eso y la vista de su mujer
abierta para él. Húmeda y lista para su polla.
—Mía.

—¡Tuya! Oh, sí… hasta el final, ¡te necesito en mí!

Él empujó hasta el fondo y se quedó quieto durante unos segundos,


agarrándola por la cintura. La necesidad de morderla, reclamar a su
compañera, nunca fue más fuerte que en ese momento. Le tomó toda su
fuerza de voluntad no sucumbir a la cegadora necesidad, que rasgaba
por la necesidad del enlace. Para hacerla suya para siempre.

Pero él lo controló, apenas y comenzó a tomarla en movimientos


pausados pero poderosos. Su piel resbaladiza lo volvía loco y su canal
abrazando y apretando su vara lo envió al borde en minutos.

—No voy a durar —le advirtió.

—Yo tampoco. Por favor, ¡házmelo fuerte!

Él aumentó el ritmo un poco, pero sobre todo la fuerza, poniendo más


fuerza detrás de los golpes. Lo bastante para enviar a ambos al éxtasis,
pero no lo suficiente como para hacerle daño.

Su orgasmo lo golpeó repentinamente y ella gritó, ondulando sobre su


polla, ordeñándolo. Su propia liberación fue explosiva y se corrió sin
parar, duro y profundo. Justo como ella había querido.

Muy pronto se agotaron y él se salió con cuidado, colocando un suave


beso entre sus omoplatos.

—Gracias, cariño. Estuviste increíble.

—Al igual que tú. —Ella giró y le dio un beso ardiente. Cuando él se
apartó, no podía dejar de mirarla, asombrado por su belleza. Y en ese
momento, la verdad lo golpeó como un rayo, él no solo estaba perdiendo
su vida por no reclamar a Rowan.

Estaba perdiendo a una mujer especial, alguien que hubiera hecho de él


el bastardo vivo más feliz .

Si tan solo las cosas hubieran sido diferentes.


Traducido por Izzy, Isane33✰ & nanami27

Corregido por Klarlissa

owan estaba sentada junto a la cama de Micah, sosteniendo su


mano y leyendo en voz alta el último libro de Jim Butcher sobre
Las Aventuras del Mago PI Harry Dresden, cuando ocurrió.

—Hola, Ro —graznó una voz.

El libro cayó de sus débiles dedos y alzó los ojos, mirando directamente
a Micah.

—¡Oh, Dios mío! Estás... ¡Estás despierto! ¡Has vuelto!

—¿He vuelto? ¿A dónde iría? —Él sonrió con cansancio, viéndose más
que un poco confundido.

—Te hirieron —respondió ella cuidadosamente—. ¿No lo recuerdas?

Su hermoso rostro se arrugó, el tejido cicatrizado de la quemadura


estiraba el lado izquierdo mientras meditaba sobre ello. Gracias a Dios
que no lo había notado aún, pero lo haría. Ella no esperaba ansiosa su
reacción.

—Me... nos enviaron fuera, espera ¿dónde estoy?

—En el complejo de la Manada Alfa. Estás a salvo, cariño. Nick y los


demás te rescataron.

—¿De dónde? ¿Quién es Nick? —Empezó a verse alarmado—. ¿Tú sabes


sobre la Manada Alfa?

Percibiendo su creciente ansiedad, le acarició el pelo.

—Cada cosa a su tiempo, cielo. Sí, sé acerca de tu equipo y de lo que


ustedes hacen. Cómo eliminan demonios granujas y diferentes tipos de
criaturas, todo. Puedes adivinar lo divertido que fue para una no
creyente como yo. —Todo el humor en él se esfumó.

Él se tomó un largo rato para digerirlo, estudiando su regazo. Cuando


por fin la miró de nuevo, su expresión era de un terror silencioso. Habló
con dificultad, su voz era ronca por falta de uso.

—Nos enviaron a un edificio abandonado, para rescatar a unos rehenes


de los vampiros, creo. Después solo hay un espacio en blanco. ¿Dónde
está Terry? ¿Están todos bien?

Su corazón dio un vuelco, doliente por su pérdida.

—Por lo que me dijeron, esa operación fue una trampa y todos fueron
emboscados. Cielo, Terry y algunos de los otros chicos están en su
mayoría muertos. Lo siento mucho.

—Yo... ¿Qué? Eso no tiene sentido. ¿Cómo...? Oh, Dios. —Se hundió en
las almohadas, parecía tan joven y vulnerable. Sin rastro del guerrero
duro que ella sabía que era. Estaba asustado y no tenía ni idea de lo
que estaba pasando. Ella le dejó procesar todo.

Él continúo: —¿Quién es Nick? —repitió.

—Nick Westfall. Es tu nuevo comandante. Todo el mundo realmente lo


respeta y por lo que tengo entendido, se adecuó muy bien en el tiempo
que ha estado aquí.

—¿Cuánto tiempo? Quiero decir, él no puede haber reemplazado a Terry


en solo unos días.

—Micah, la emboscada fue hace más de seis meses —dijo en voz baja.

—Pero... ¿dónde he estado? ¿Qué me sucedió?

Su hermano sinceramente no lo recordaba. Cristo los ayudara, ¿cómo


se suponía que iban a curarlo si él había bloqueando todo el asunto?
Pero que su mente le cerrara la puerta al horror era probablemente la
única razón por la que estaba despierto y comunicativo ahora.

—Estuviste retenido en diversos edificios, laboratorios donde este tipo


Orson Chappell, director general de NewLife Tecnology y su banda de
locos están haciendo experimentos en cambiantes y humanos,
fusionando su ADN. ¿Algo de esto te suena?

Él lo pensó por un momento, sacudió la cabeza.

—No. —Sus ojos castaños eran sombríos, sin embargo, se preguntó si


su cerebro se esforzaba por mantener los eventos suprimidos.

Con un suspiro, le dio el resumen de los acontecimientos de los últimos


meses, sin entrar en detalles sobre lo que le hicieron a su cuerpo esos
dementes hijos de puta. Le haría más daño que bien decirle lo que
había sufrido antes de que estuviera listo para escucharlo. Tendría que
hablar con los médicos. Cuando terminó, él yacía exhausto. Pensando,
ella se dio cuenta.

—Así que, como yo he sobrevivido, Terry y los demás todavía podrían


estar vivos en algún lugar, a la espera de que les rescaten —dijo
esperanzado.

—Tal vez, pero nadie lo sabe. No estoy segura de si es cruel tener


esperanza de que sea verdad o no.

Lamiendo sus labios, miró a la jarra de plástico y a la taza en la mesita


de noche.

—¿Puedo beber un poco de agua?

—Claro. —Ella le dio unas palmaditas en el brazo—. Vuelvo enseguida.

Tomando la jarra, se encontró a Noah inclinado sobre un mostrador


mirando un gráfico.

—Buenas noticias, Micah está despierto.

Se volvió con una sonrisa brillante.

—¡Eso es genial! Le voy a conseguir un poco de agua y luego les haré


saber a los médicos. Dame un minuto.

—Gracias.

Ella volvió a la habitación de su hermano para esperar. Ninguno de los


dos habló hasta que Noah entró trayendo la jarra.

—Aquí tienes —dijo él alegremente—. ¡Micah, es bueno verte despierto!


Todos hemos estado preocupados, pero estás en el camino de la
recuperación. Vas a estar bien. No te preocupes.

—Gracias —dijo con voz ronca, tratando de devolver una pequeña


sonrisa. Pero la piel de su mejilla tiró otra vez, haciendo el esfuerzo
desigual—. ¿Cómo estás, niño?

—Estoy bien. Solo pequeños sorbos, ¿de acuerdo?

El enfermero le sirvió media taza de agua y colocó una pajita en ella,


después se la entregó mientras Rowan ayudaba a su hermano a
sentarse. Tomó más de lo que se le dijo, más rápido de lo que debería y
Noah quitó la pajita, colocando la taza sobre el mostrador.
—No la devores o te enfermarás —le advirtió el enfermero.

Asintiendo con la cabeza, Micah se estiró para limpiarse la boca. Sus


dedos rozaron la esquina izquierda donde la piel arrugada comenzaba, y
Rowan contuvo el aliento. Frunciendo el ceño, dejó que las yemas de
sus dedos exploraran su mejilla, sobre el áspero terreno hacia el puente
de la nariz. Después abajo por donde se curvaba bajo su mandíbula.
Ella y Noah se lanzaron una mirada de preocupación.

—¿Qué demonios le pasa a mi cara? —preguntó él, con el pánico


arrastrándose en su voz y sus ojos muy abiertos—. ¿Qué es esto?

Rowan se aclaró la garganta.

—Resultaste lesionado. Hay una cicatriz, pero no se ve tan mal.

—Quiero un espejo.

—Creo que deberíamos esperar...

—No hay un nosotros. ¡Es mi cara y quiero un maldito espejo!

Rowan le dio a Noah una mirada desesperada, y él balbuceó: —Yo... yo


te conseguiré uno. Y voy a ver que está reteniendo la Dra. Grant y a la
Dra. Mallory.

Date prisa. Su hermano estaba cada vez más agitado, con las manos
haciendo puñados las sábanas, mirando alrededor de la habitación, con
los ojos un poco salvajes. Ella no podía soportar repetir lo que había
sucedido cuando había saltado de la cama y tratado de arrancarle la
garganta. Él ni siquiera recordaba haberlo hecho, lo que daba miedo.

—Micah, cálmate. Por favor. No quieres que los médicos se vean


obligados a darte un sedante otra vez, ¿verdad?

—No quiero dormir. Solo quiero saber qué hay de malo en mí.

Pero él siguió apretando las sábanas, con la cinta en su mano


sosteniendo la intravenosa en su lugar. Sintiendo su cicatriz. Después
de lo que pareció una eternidad, pero que fueron probablemente solo un
par de minutos, Mac y Melina entraron, seguidas por Noah. Todos
llevaban expresiones neutrales. Mac llevaba un espejo de mano, del tipo
redondo y grande que uno podría encontrar en un salón de belleza, o en
un hospital, cuando un paciente quiere ver una lesión.

Mac se trasladó a la cabecera de su hermano y le dio una amplia


sonrisa genuina.
—Es tan bueno verte despierto. ¿Sabes quién soy yo?

Rowan sabía que ella estaba probando cuán "despierto" y "presente"


estaba realmente, buscando áreas afectadas.

—Por supuesto que sí. —Él intentó sonreír de nuevo, pero no pudo
conseguirlo—. ¿Cómo estás, Mac? Hermosa como siempre, por lo que
veo.

Ella se echó a reír.

—Siempre encantador. ¿Cuánto tiempo has estado despierto?

Él miró a Rowan con incertidumbre, por lo que respondió ella.

—No más de diez minutos.

—Ah. —Mac hizo un gesto a Melina—. Bueno, antes de hacer cualquier


otra cosa, la Dra. Mallory y Noah van a revisar tus signos vitales, para
asegurarnos de que todavía estás bien físicamente. Después vamos a
llegar a lo otro, ¿de acuerdo?

—Claro.

—Micah, es bueno verte de vuelta en la tierra de los vivos —dijo Melina


amablemente.

—Gracias. Oye, te cortaste tu largo cabello.

La sonrisa de Melina era tensa.

—Lo hice. Simplemente se puso en el camino, así que fui al pueblo un


día y lo corté.

—Cuando encontremos a Terry, querrá que te crezca de nuevo —dijo


Micah en voz baja—. A él le gusta largo.

Todo el mundo se quedó en silencio por un momento. Rowan sabía que


solo estaba tratando de ofrecer esperanza a su manera, y al parecer por
su expresión Melina lo hacía también.

—Lo sé. Gracias. —Se puso manos a la obra—. Está bien, relájate.

Rowan se movió hacia un rincón junto a la ventana, fuera del camino y


observó. Noah tomó la presión arterial de Micah mientras Melina
alumbraba sus ojos, re visando la dilatación de las pupilas. Después ella
le hizo apretar los dedos y comprobó algunos otros reflejos.

—¿Cuál es tu nombre completo y fecha de nacimiento?


—Micah Lee Chase. 04 de octubre 1979.

Fueron a través de algunas preguntas sencillas, como cuando se había


unido a la Manada Alfa, qué conllevaba su trabajo, quién era el
presidente de los Estados Unidos. Él respondió todas ellas con no más
de una pausa normal, pasándolas brillantemente. Hasta que Melina se
dirigió a los acontecimientos más recientes.

—Micah, ¿te acuerdas de tu rescate, o de algo desde que fuiste traído


aquí?

—Yo... No, todo está en blanco. —Su ceño estaba fruncido—. ¿Estuve
alguna vez despierto? Debo haberlo estado, o ¿por qué lo preguntarías?

—Te despertaste varias veces, pero no eras tú. —Melina hizo una
pausa, pero obviamente decidió no tener pelos en la lengua—. La
primera vez, cambiaste a tu forma de lobo, saltaste de la cama y
atacaste a tu hermana.

—¿Qué? —Echó un vistazo a Rowan, y al resto de ellos, aturdido—.


¡Nunca le haría daño a Ro!

—Como he dicho, en realidad no eras tú —respondió la médica


suavemente. A pesar de su porte rígido, Rowan observó que tenía un
corazón suave cuando se trataba de sus pacientes—. Fuiste herido, en
el dolor y trauma, tu lobo solo estaba protegiéndose y protegiéndote de
daños mayores.

—Enloquecí, es lo que estás diciendo. —Colapsando hacia atrás, se


quedó mirando al techo—. Ataqué a mi propia hermana. Esto es tan
jodido.

Melina acercó una silla y se sentó.

—Micah, vas a reponerte y nosotros te vamos a ayudar. Pero primero


tenemos que saber lo que recuerdas desde el momento en que te
raptaron hasta tu rescate.

Una vez más, parecía esforzarse por recordar. Su frustración era


evidente mientras suspiraba y enterraba una mano en su cabello.

—Ni una maldita cosa. Es todo un espacio en blanco, como si en un


minuto estuviera con la Manada y estuviéramos a punto de entrar en el
edificio donde algunos vampiros mantenían rehenes, y al siguiente me
despierto y Ro está aquí… ¿seis meses después? ¿Y la mitad de
nosotros tal vez están muertos? Dios.
Melina parecía conmovida. Comprensible cuando uno de los hombres
que creían muerto era su compañero.

—Sí y lo siento. Más de lo que imaginas. Pero en este momento nuestra


prioridad es conseguir sanarte, por dentro y por fuera.

—Quiero ver mi rostro —exigió obstinadamente.

Después de dudar, Melina estuvo de acuerdo.

—Bien, Dra. Grant.

Mac le dio el espejo. Él lo tomó con la mano que no tenía la intravenosa


y lanzó un profundo suspiro. Lo levantó y miró por momentos
interminables su reflejo. Luego, lentamente, su mano empezó a temblar.
Y después a agitarse hasta que sus dedos perdieron su agarre y el
espejo aterrizó en su regazo. Mac lo recuperó y se lo dio a Noah, quien
merodeaba ansiosamente.

—Soy un monstruo —susurró—. Soy un maldito hijo de puta muy feo.

—¡No! No lo eres. Todavía eres guapo y…

—¿Por qué? ¿Por qué alguien me haría eso?

La explosión que Rowan temía no llegó, pero la angustia silenciosa era


peor de alguna manera. Su barbilla cayó a su pecho y sus hombros
comenzaron a temblar. Se apresuró hacia adelante, empujando a Mac a
un lado, reuniéndose con su hermano en sus brazos.

—No sé por qué alguien le haría daño a un hombre maravilloso y guapo


como tú —se atragantó—. Me gustaría poder matarlos a todos por ti.

Se aferró a ella como lo había hecho cuando eran niños, envolvió sus
brazos alrededor y se aferró. Ella odiaba lo que había pasado, lo delgado
que se había puesto. Sus lágrimas empaparon la parte delantera de su
camiseta.

—¿Cómo sucedió? ¿Qué me hicieron, Ro?

—Cariño, no creo…

—Cuéntame.

Echó un vistazo a Melina al otro lado de la cama, en silencio pidiendo


ayuda con el tema. Melina hizo una rápida inclinación de cabeza,
indicando que ella asumiría el control. Rowan se alejó con cuidado de
Micah y él le dio al médico su atención, secándose los ojos.
—El daño a tu cara y el hecho de que la piel cicatrizó en la manera que
lo hizo, sugiere que tus captores vertieron plata caliente sobre ti.

—¿Entonces esto va a quedar así? —preguntó con voz entrecortada.

—Yo diría que es muy probable que sí. Existe la posibilidad de que con
nuestros avances en la curación de varios tipos de cambiaformas con el
tiempo algo se podría hacer, pero está más allá de nuestras capacidades
en este momento.

—¿Qué más?

—¿Qué quieres decir?

—¿Qué más me hicieron? Quiero saberlo todo.

—No sabemos por todo lo que pasó tu cuerpo físicamente y puede que
nunca sepamos. Incluso si tu memoria regresa, puede que no sea clara
en ciertas cosas. Hemos constatado que fuiste torturado, ampliamente.
Había incisiones en tu torso y en la ingle, indicativo de
experimentación. Lo que este grupo espera obtener es crear una raza de
súper cambiaformas.

—Ro me puso al corriente de este tipo Orson Chappell y su operación, y


que hay un príncipe Seelie viviendo aquí ahora cuyo padre es
probablemente el jefe de este tipo.

—Eso es correcto.

Hubo un pesado silencio antes que su hermano volviera a hablar, la


amargura deslizándose.

—Termina. Sé que hay algo más que estás considerando.

—Creo —dijo ella lentamente—, que algunos recuerdos es mejor


dejarlos resurgir en el tiempo propio del paciente. Cuando una persona
está lista, recordará.

—¿No crees que esté listo?

—Es pronto y tienes un largo camino por recorrer antes de estar listo
para volverte a unir al equipo.

—Soy un loco. Lo entiendo. No importa. Quiero saber lo que estoy


enfrentando para poder lidiar con eso, o me voy a volver aún más loco
tratando de averiguar lo que están escondiendo. —Su mirada abarcó a
todos en la sala.

Mac se acercó, agarró su mano y tomó el relevo de su compañera.


—Está bien. Puedo ver que esto va a doler igual si te lo ocultamos. —
Rowan podía ver cómo Mac luchaba con la decisión de decírselo.
Incluso un médico a veces no sabía cuál era el mejor curso de acción,
psicólogo o no—. Micah... fuiste violado. Lo siento mucho.

Él la miró fijamente, sin comprender al principio. Entonces la


conmoción apareció, la expresión de un hombre que acababa de ver a
su casa quemarse, o había sido testigo de la muerte de un ser querido.
En cierto modo, tal vez se trataba de una especie de muerte. La
desaparición de cualquier resto de inocencia a la que el alma podría
haberse aferrado todos esos años, se retorcía y gritaba en el suelo.

—¿Una vez? —dijo con voz áspera—. Solo una vez, ¿verdad?

Rowan no podía ver qué diferencia haría una vez o muchas veces a un
hombre que no podía recordar, pero le importaba a Micah.

—Las pruebas sugieren abuso sexual continuo. Pero estás físicamente


sanado ahora —enfatizó Mac—. En cuanto a mentalmente, vas a estar
bien. Vamos a llegar allí.

—Sigan diciendo eso, como si alguna vez fuera a ser normal otra vez. —
Su risa era dolorosa, nerviosa.

—Lo estarás. Eres normal...

Él interrumpió a Melina.

—¡Nunca voy a ser nada más que un caso perdido! —Su voz se elevó en
un grito y se sentó, tirando de su intravenosa—. ¿Por qué molestarse
con todo esto? ¡Soy feo, contaminado por dentro y por fuera! ¿Qué
mierda importa?

—Micah, cálmate —ordenó Melina. Ella y Mac agarraron sus brazos y


Rowan empujó su pecho, sujetándolo a la cama.

—¡Micah, para!

—¡Váyanse a la mierda! —gritó—. ¡Suéltenme!

—Noah —gritó Melina—. Busca en mi bolsillo derecho y pon un sedante


en su intravenosa.

El enfermero con los ojos abiertos saltó hacia delante para hacer lo que
la jefa dijo, recuperando la jeringa mientras que las tres luchaban para
mantener a Micah quieto. Noah se apresuró a agarrar el catéter unido al
tubo de la intravenosa. Abrió la tapa con los dientes e insertó la aguja
en el pequeño agujero. El líquido transparente fluyó en la línea y en el
momento que lo último de la medicina entró, las protestas de Micah ya
eran más débiles. Un minuto máximo y se desplomó, cerrando los
párpados.

—No. Por favor... —Entonces quedó inconsciente.

Él estaba fuera. Lo liberaron y Rowan estudió a su hermano, el


abrumado amor y dolor obstruían su garganta. Todo su cuerpo estaba
laxo, su tormento había desaparecido, aunque temporalmente, gracias a
un sueño inducido por fármacos.

Esto no era justo. Para Micah, para los desaparecidos que todavía
pudieran estar sufriendo. Nada de esto. Su hermano era un buen
hombre. No se merecía esto.

Se volvió y huyó de la habitación. En el exterior, se apoyó contra la


pared y golpeó una mano sobre su boca, luchando por ganar la batalla
contra las lágrimas que amenazaban con derramarse. Tuvo éxito, pero
era algo cercano.

El trío adentro salió y Melina le habló en voz baja al enfermero. Él se


alejó rápidamente y las dos mujeres se enfrentaron a ella, dispuestas a
dar su mejor discurso. Rowan no estaba de humor para escuchar, pero
lo hizo de todas formas. El bienestar de Micah estaba en juego.

—Sabes que él va a estar bien —dijo Mac—. No vamos a aceptar nada


menos que su completa recuperación.

—Lo sé y se los agradezco. Pero lo vi allí… la única razón de que no


cambió de nuevo fue probablemente debido a las drogas.

—Tal vez sea así, pero la verdad, él manejó la conversación mejor de lo


que esperaba. ¿No te parece? —ella le preguntó a Melina.

—Estoy de acuerdo. Podría haber sido mucho peor.

—No veo cómo, así que voy a tener que confiar en ambas. —Suspiró,
recuperando un cierto control de sus furiosas emociones—. ¿Qué pasa
ahora? ¿Seguirán los sedantes?

—En pequeñas dosis —respondió Melina—, solo para mantenerlo


calmado y suprimir su capacidad de cambiar hasta que esté
mentalmente estable. Se los vamos a quitar a medida que muestre un
progreso real en su recuperación. Y antes de que preguntes, no
sabemos cuánto tiempo podría ser. Meses sería mi conjetura
profesional, pero eso es una estimación.
—Meses. Dios, tengo que volver a Los Ángeles pronto. ¿Cómo lo voy a
dejar así?

—Él va a estar bien —le aseguró Mac—. Tiene a todo el equipo, más un
montón de personal cuidándolo. Los chicos entran y salen de aquí día y
noche para comprobarlo y cuando se enteren de que está realmente
despierto, va a tener un montón de compañía. No se le dejará solo por
largos períodos de tiempo, lo prometo.

Maldita sea, tener que irse la estaba carcomiendo por dentro. Y si era
honesta, no solo por tener que dejar a Micah.

No vayas allí.

—Entonces supongo que tendré que esperar hasta que pueda volver
aquí para verlo.

—¿Cuándo te irás? —preguntó Mac.

—En un par de días. Me tomé un tiempo de vacaciones, además de mi


licencia obligatoria de la policía y casi se ha acabado. —Tardíamente, se
dio cuenta de que ellas podían no haber oído por qué estaba en licencia
de la policía de Los Angeles. Por otra parte, no lo había mantenido en
secreto exactamente y ellas no preguntaron por la historia, así que tal
vez se había corrido la voz.

—Asegúrate de despedirte de nosotras antes de que te vayas —dijo


Melina—. De esa manera podemos mantener vigilancia estrecha
adicional en tu hermano, asegurándonos de que está manejando tu
partida. Creo que lo hará, pero es solo una medida de precaución.

—Voy a pasar a despedirme, no se preocupen. Gracias por todo lo que


están haciendo por él... —Maldita sea, no perdería la compostura—. De
todos modos, volveré más tarde.

Las paredes se estaban cerrando. Tenía que salir a la calle por un rato y
no quería encontrarse con nadie. No hasta que estuviera bajo control.
Salió por una puerta lateral y comenzó a caminar, asegurándose de
estar cerca del edificio. Si estaba quebrantando la regla de Nick de
"grupo de cuatro", bueno, él no era su jefe. No era como si ella podría
ser despedida.

Dirigiéndose hacia la parte de atrás, se encontró de pie en el borde de lo


que Aric había dicho que era el campo de juego. La hierba estaba un
poco pisoteada, evidencia de que ellos no eran todo trabajo y nada de
juego. ¿Estaría Micah lo suficientemente bien un día cercano para
unirse a ellos en un juego?
La idea de todo lo que tenía que superar era abrumadora para ella, no
podía entender cómo él debía estar sintiéndose. Girando alrededor,
planeaba dirigirse hacia el edificio de nuevo… y chocó directamente
hacia una sólida pared de músculo. Un par de manos la estabilizaron,
llegando a cubrir sus hombros y ella miró hacia arriba, casi esperando
ver a Aric. Solo que este hombre era demasiado grande y alto para ser
su amante.

—¡Hammer! Lo siento. No estaba prestando atención hacia dónde iba.


—Ella dio un paso atrás, no por miedo o malestar debido al tamaño
gigantesco del hombre, sino simplemente para poder verlo mejor. Podía
jurar que él no había estado en ninguna parte cerca hacía un segundo.

—Está bien.

Su sonrisa poco frecuente era cegadora y ella parpadeó. El enorme


hombre calvo era realmente impresionante, el epítome de un gigante
hermoso y amable. Especialmente con su habitual reserva desterrada
por una sonrisa brillante y acogedora. Él se parecía a una especie de
Vin Diesel26, solo que mucho más sexy. Y eso era mucho decir.

—¿Necesitas… algo?

—¿Qué? —Parecía haber sido sorprendido pensado profundamente en


algo—. Oh, no realmente. Te vi por la ventana de la sala de recreación y
quería asegurarme de que no estuvieras sola. No estoy seguro de si la
regla de Nick se aplica tan cerca del edificio, pero quería, eh, hacerte
compañía.

La forma en que lo dijo, un poco tímido, era tan dulce. El hombre por lo
general reticente no solía tener mucho que decir, pero su actitud
tranquila obviamente escondía un gran corazón.

—Gracias, Hammer.

—John.

—¿Disculpa?

—Mi nombre. Es John —dijo en voz baja.

—Oh, vaya. Es un nombre genial —dijo ella, estudiándolo—. El gran


John. ¡Me encanta!

26Mark Sinclair Vincent (Nueva York, 18 de julio de 1967), más conocido como Vin
Diesel, es un actor estadounidense, conocido por su tra bajo en películas de acción
como The Fast and the Furious, Pitch Black, xXx, The Chronicles Of Riddick y The
Pacifier.
—Gracias. —Él se sonrojó y de repente parecía fascinado por sus
zapatos de tenis.

—Sabes, los chicos están apostando que tu nombre es algo muy nerd o
embarazoso. Y aquí tienes un nombre seguro y sólido que se adapta a ti
muy bien. —Ella se inclinó hacia delante—. Pero ¿por qué me lo dijiste?

Él se encogió de hombros.

—Eres policía y eres la hermana de Micah. Sé que puedo confiar en ti.


Lo siento aquí —dijo él, poniendo una palma del tamaño de un plato
sobre su estómago.

Ella estaba más que conmovida.

—Gracias. Tu secreto está a salvo conmigo. Después de todo, no


querríamos molestar al pozo de apuestas, ¿no? —Él se rió en voz baja.
Mientras lo miraba, le dio el hombre algo que pensar, las piezas
comenzaron a encajar—. Te uniste al equipo con Nick hace seis meses.

—Sí.

—Él dijo que estaban juntos en el FBI. Estabas encubierto, ¿verdad?

—Sí.

—Estuviste muy metido y fuiste hecho, ¿no? —preguntó ella, midiendo


su reacción para ver si tenía razón. Él se tensó, la miró a los ojos y lo
supo antes de que hablara.

—Ellos me hicieron, el grupo de terroristas que ayudé a derribar.


Después de que el trabajo estuvo hecho y muchos de ellos fueron
arrestados, averiguaron que era un agente, aprendieron mi nombre
verdadero. El mío fue borrado y no me molesté en elegir uno nuevo. Si
no existo, ¿por qué necesito un nombre en papel?

—Cierto. Así que, ¿quién acuñó el apodo “Hammer”? ¿O lo hiciste tú?

—No, Nicky lo hizo, por accidente. Cuando nos encontramos por


primera vez, dijo que mis puños eran tan grandes como la punta de un
martillo. Así quedó.

—Bueno, eso es cierto, también, pero aun así prefiero John. —Ella le
guiñó un ojo—. No lo soltaré en frente de nadie.

—Oye, me preguntaba…

El gran hombre vaciló y miró por encima de su cabeza en el bosque. No


porque viera algo peligroso o interesante allí afuera. Tenía esa mirada
en su rostro que los hombres algunas veces hacían cuando estaban a
punto de…

Uh-oh.

Él se aclaró la garganta, e intentó de nuevo.

—Pensé que quizás, antes de que regresaras a Los Ángeles, yo podría,


um, ¿llevarte a cenar alguna vez? Si quieres. Quiero decir, nada serio.
Solo creo que eres realmente genial y bueno, sexy y… mierda, estoy
arruinado esto totalmente.

Oh, Dios. ¿Cuán dulce era eso? Solo había un problema. Uno grande,
sarcástico y pelirrojo.

—No estás arruinando nada —le aseguró ella. Señor, ¿cómo rechazarlo
sin herir sus sentimientos?— Es solo que ya he estado viendo a alguien.
No es tan serio, pero no creo…

—Maldita sea. —Él sonrió con tristeza—. Debería haberlo imaginado,


considerando cuánto tiempo han pasado juntos. Pero pensé que tal vez
había una remota posibilidad para mí, ya que no reclamará… no
importa.

—¿No reclamará qué?

—Nada. Olvida que dije algo. —Ahora parecía ansioso por cambiar de
tema.

Barriendo al hombre con la mirada de pies a cabeza, ella estuvo muy,


muy cerca de aceptar su invitación a cenar. Sin embargo, maravilloso
como parecía, la tentación fue fugaz. De hecho, la idea de estar con un
hombre que no fuera Aric le hacía doler el estómago. Era una verdadera
reacción física que era preocupante, cómo su ser entero rechazaba la
mera sugerencia de estar cerca a otro hombre.

Oh, Dios. No quiero ningún hombre que no sea Aric.

—Realmente no entiendo lo que está pasando entre él y yo —admitió


ella—. Pensé que era un simple asunto fuera de la ciudad, tan
cachondo como suena, ¿pero ahora? No lo sé. Es más complicado de lo
que pensé, si no puedo salir con alguien tan genial como tú.

—No suena cachondo para mí. Estar solo apesta, ¿sabes? Algunas veces
realmente es agradable tener a alguien, incluso si no es para siempre.
—Su expresión melancólica creció por un momento; entonces se
sacudió—. De todos modos, gracias por ser honesta. Había pensado que
quizás las cosas fueran diferentes con ustedes dos. Al menos sé que no
soy yo, nunca le robaría a uno de mis amigos.

—Eso es bueno saberlo, porque odiaría arrancarte el corazón y comerlo


de un bocado.

Ambos se enfrentaron a Aric, quien de alguna manera había llegado


hasta ellos sin que ninguno se diera cuenta. Parecía muy enfadado,
también. Cuando ella recibió la sonrisa de Hammer, se preguntó si el
hombre no había escuchado el acercamiento de su amigo.

—Está todo bien, Red. —Él hizo un gesto con la mano a Rowan—. No
puedes culpar a un tipo por intentar atrapar a una magnífica e
inteligente mujer patea traseros, ¿no?

Aric resopló.

—Supongo que no. Eso sí, que no vuelva a suceder.

—No hay problema. Los dejaré solos. Rowan, hasta más tarde. —Con
un guiño, se dirigió hacia el edificio.

—Espero que no haya lastimado sus sentimientos —dijo ella,


frunciendo el ceño—. Es un hombre fantástico.

—¿Qué tan fantástico es? —Reforzó él, envolvió los brazos alrededor de
ella, atrayéndola directamente a su tan cálido cuerpo—. ¿Tan bueno
como esto?

Sus labios mordisquearon los suyos y su lengua chasqueó suavemente,


en lugar de abalanzarse por la devastación, el beso de “me hago cargo”
que usualmente entregaba. Este no fue menos dominante, pero fue…
tierno. Dulce y minucioso. En lugar de un rayo de luz, el hormigueo se
extendió hasta su vientre y pies como ondas en un estanque hermoso,
brillando con luz.

Una de sus manos ahuecó su mejilla y su pulgar acarició su mandíbula


mientras profundizaba el beso. Le comió la boca lentamente, como si
estuviera saboreándola el mayor tiempo posible, antes de retroceder.

—¿Mi cuarto?

—Vamos. —Las palabras salieron antes de que ella lo pensara dos


veces. La necesidad de estar con él era como una atracción irresistible,
una fuerza tan poderosa que era inútil luchar contra ella. Así que no lo
intentó, solo por esta noche.

De nuevo, ella pensó en Hammer… no, John, invitándola a salir, y


reflexionó sobre su rechazo. Aunque había sido tentada, realmente no
había ninguna duda de que no podía haberlo hecho. Los dos hombres
eran tan diferentes como la noche y el día; uno un gigante gentil, otro
todo fuego y tempestad. John era muy agradable, pero… el pelirrojo
llamaba a su sangre, retándola, excitándola como nunca ningún
hombre lo había hecho.

A pesar de su sarcasmo y asperezas, la mayor parte de eso era una


fachada. Aric era amable y casi se preocupaba demasiado. Su culpa por
Beryl casi lo había matado. Era leal y amaba a sus “hermanos”. Se
había quedado al lado de Rowan mientras Micah se recuperaba.

Era espontáneo y divertido, también. Ella pensaba en su encuentro


fuera del Grizzly y su apetito sexual se encendió. Ningún hombre la
había tomado antes en público, o al menos en un lugar donde
cualquiera podría haber pasado. Él la hacía sentir viva y tenía un gran
sentido del humor.

Aric se había envuelto alrededor de su corazón. Y se negaba a soltarse.

El camino hacia su habitación fue rápido y se echaron en el interior


despojándose de sus ropas. En su dormitorio, la empujó suavemente
sobre su espalda y se movió sobre ella como una manta, viva y real. Sus
palmas rozaron su espalda, trazaron sus músculos, su columna
vertebral. Cuando él llevó la cabeza de su polla a la apertura y comenzó
empujar dentro, ella se abrió, dándole la bienvenida. Buscando la
conexión que era algo más que solo física, aunque ella no supiera
exactamente qué podría ser. Era la misma cosa misteriosa que la atraía
a él una y otra vez, con una fuerza más grande que la de ambos.

Entonces paró de analizar y se dejó llevar, perdida en el embiste de su


cuerpo, la manera en que bailaba sobre ella con gracia. Cebando los
fuegos más alto. Envolviendo sus piernas alrededor de su cadera, ella se
arqueó para recibirlo, tomándolo dentro lo más que pudo, besando y
lamiendo la piel salada de su cuello y pecho. Su pecho rugió, así que
obviamente le gustaban sus atenciones. Ella continuó, amasando las
redondas esferas de su trasero mientras él le hacía el amor.

Y no podía haber duda, esto era hacer el amor.

En ese momento, su corazón tembló bajo un asalto que nunca había


experimentado antes. Que no había querido saber. Ella no lo
nombraría, pero se quedó allí con toda su alma rompiéndose en
intensidad, con el poder de sanar, de liberar.

O de diezmar.
—¡Oh, Dios, amor! No puedo parar —jadeó él. Se dirigió hacia ella,
aumentando el ritmo.

—¡No te detengas! ¡Por favor, Aric! ¡Te necesito!

Eso lo envió al borde y se enterró hasta la empuñadura, gritando su


placer. La semilla caliente bañó su vientre cuando ella encontró su
propia liberación, aferrándose a él. Su línea de vida en la tormenta.

El hombre al que pronto tendría que decir adiós cuando se fuera a un


apartamento frío de la ciudad, que ya no se sentiría como estar en casa.

No desde que un cierto lobo y su familia se habían metido bajo su piel.


Y enterrado en su corazón.

***

La voz era nociva, como veneno en sus venas. Monóxido de carbono en


un espacio cerrado. Una espina clavada debajo de una uña.

Kalen estaba sentado en su cama, con la cabeza entre las manos.


Intentó dejar fuera el intruso, pero era cada vez más difícil, no, casi
imposible, de hacer. Incluso Nick con toda la fuerza que tenía en
predecir el futuro no podía saber lo que Kalen sufría verdaderamente.
Cuán malo era realmente el tormento. La tentación.

Nick había “visto” solo un indicio, pero no podía haber adivinado que la
posible destrucción de la Manada Alfa entera, el mundo, descansaba
sobre los hombros de un joven Hechicero que nunca había conocido el
amor o la lealtad. Que la bestia Unseelie disfrutaba explotando esa
debilidad. No tenía idea que Kalen estaba perdiendo terreno cada día en
su batalla contra la oscuridad.

Porque si Nick lo supiera, Kalen ya estaría muerto.

Sin el colgante estaba perdido. Sus hechizos protectores no


funcionaban en él.

Mejor él que Mackenzie. Él la protegería, sin importar el precio. Con su


último aliento, cuando el tiempo llegara.

Y llegaría.

Sííí, mi niño, susurró la voz seductoramente. ¿Por qué te molestas en


luchar contra lo que sabes que es verdad? Tú eres mío y yo no comparto.

—Cállate, cabrón —siseó Kalen—. Estás lleno de mierda.

¿Lo estoy? ¿Tu pulso no se acelera ante la imagen del máximo poder que
vamos a ejercer juntos? ¿Tu pene no se endurece con el mero sonido de
mi voz?

Su entrepierna palpitaba, la longitud empujaba contra sus cueros. La


oscura necesidad demandaba ser satisfecha, la lujuria por dominio. Por
tener todo el mundo.

Oh, sí, es una tentación tan deliciosa para un niño que ha tenido tan
poco. Nadie jamás te ha amado…

—¡Mi abuela me amaba!

Y luego te dejó solo. Un pobre enano echado de tu familia a la edad de


catorce años, sin amor e incomprendido. Pero te mantendré a salvo y
gobernaremos juntos.

—Dios —dijo él con voz áspera—. Ayúdame.

No, jovencito. No hay ayuda, no para gente como nosotros. Así que
tenemos que tomar lo que otros no darían y hacerlo nuestro.

—No.

Sí. Prepárate, mi aprendiz. Vendré por ti pronto.

Ese día, Kalen mejor debía tener un plan de cómo iba a derrotar a
Malik.

Y la oscuridad en su interior.
Traducido por Karou!, Parvatti & Edgli xD

Corregido por andreasydney

ulce Jesús, ella se siente como el cielo.

Aric metió a su posible compañera contra su lado, tan


cerca que casi eran un solo cuerpo. Mientras ella dormía
una siesta con la cabeza en su pecho, dejó que sus dedos
se deslizaran por el pelo sable una y otra vez, y repitió su
acto de amor en la cabeza. Nunca se había sentido más cerca de una
mujer, ni a nadie, en realidad.

Y él tenía que perderla.

Estaba tan malditamente caliente, y no en el buen sentido, pero él se


negó a moverla solo para tratar de conseguir enfriarse. Estos últimos
días eran todo lo que tenía y no estaba dispuesto a perder ni un
segundo. Contra él, ella se movió un poco y colocó un ligero beso sobre
su corazón.

—Mmm.

Él le sonrió a su gemido soñoliento.

―¿Despierta?

—Apenas. Se siente bien ser así de perezosa. Me gustaría que pudiera


durar para siempre.

Cerrando sus ojos, él quiso bajar el dolor. La abrazó con más fuerza.

—A mí también.

—Por desgracia, tengo que moverme. —Levantándose, ella besó sus


labios—. Micah se despertó antes, de verdad.

—¿En serio? Eso es genial —dijo con alivio—. ¿Cómo está?

—Tan bien como era de esperar, supongo. Confundido. No recuerda


nada de sus meses en manos de esos hijos de puta o de ser rescatado;
nada de eso.

—Mierda. ¿Él lo está bloqueado?

—Sí. Está allí, en su subconsciente, pero la única manera que tiene de


hacer frente es dejando fuera todo lo malo. Tengo tanto miedo de lo que
va a pasar con él cuando no pueda reprimirlo más.

Él le acarició la mejilla, tratando de darle una medida de comodidad.

—Los médicos estarán allí para ayudarle. Todos lo haremos.

—Lo sé. Pero la cosa es que tengo que salir pasado mañana. Odio
alejarme de él, pero tengo que ir a casa por un tiempo —dijo con
preocupación—. Tengo que pagar cuentas, revisar el apartamento y ver
si puedo conseguir más tiempo de vacaciones para regresar.

La noticia, aunque no inesperada, lo golpeó como un puñetazo en el


estómago. No escapó a su atención que ella no había expresado la
misma reticencia a dejarlo a él y se maldijo por ser un egoísta cabrón.

—La realidad se entromete, ¿eh? El tiempo y el trabajo diario no


esperan por ningún hombre. O ninguna mujer.

—Algo así. —Ella le dio una sonrisa triste—. No es como si pudiera


decirle a mi sargento que no puedo volver a trabajar porque mi
hermano es un lobo cambiaformas que fue torturado por un malvado
Unseelie y sus cómplices.

—Por lo menos no a menos que quieras encontrarte del lado equivocado


de una evaluación psicológica. —Él le besó la nariz—. Pero estará en
buenas manos. No es que le estés abandonando, así que saca la culpa
fuera de tu cabeza. Volverás a visitarlo tan pronto como puedas y él
entenderá. Cuando te pones un uniforme y has jurado proteger a la
población, no puedes alejarte de tu carrera. Nadie entiende eso más que
nosotros.

Ya está. Podía ser objetivo acerca de dejarla ir. Podía.

Algunas de las sombras dejaron sus ojos, haciendo que el sacrificio


valiera la pena.

—Gracias por la charla. Eres bueno para mí.

Entonces no te vayas. Por favor, no me dejes.

—Genial. Vamos a levantarte y moverte y vamos a ir a verlo. ¿Ducha?

—¡Te echo una carrera!


Saltando, ella corrió hacia el cuarto de baño. Una amplia sonrisa
floreció en su rostro por su propia cuenta y él ni siquiera trató de ganar,
porque estaba demasiado ocupado mirando su trasero desnudo y
comestible meneándose al otro lado de la habitación. En lo que a él
concernía, él era el ganador.

Una vez que ella desapareció, el señuelo de una mujer húmeda y


enjabonada, puso en marcha su culo. Se metió en la ducha para verla
de cara a la lluvia y la agarró por las caderas, deslizando su dura polla
a lo largo de la grieta de las mejillas de su trasero.

—Ooh, ¿alguien está burlándose de mí?

—¡Por supuesto!

Ella se rió y luego gimió cuando él cumplió su amenaza. Le hizo el amor


bajo la cascada de agua, lentamente, saboreando cada momento del
deslizamiento de su polla dentro de ella, el placer agridulce. Esta era la
última vez, porque él no podría tocarla de nuevo. No si esperaba
mantener su lobo atado y contenido de reclamarla. Algo que ella nunca
querría.

No, no lo merecía. Ella podía aspirar a algo mucho mejor que estar
atada al hombre responsable por el secuestro y tortura de su hermano.

Sin embargo, sus colmillos se alargaron, un instinto casi más fuerte que
la voluntad humana. Casi. Resistir la tentación de hincarle el diente a
la delicada curva de su cuello y el hombro fue más doloroso que nunca.
El calor crepitaba bajo su piel, cociéndolo por dentro. Pero él se
mantuvo firme en su decisión y se hundió profundamente, llegaron al
orgasmo con una ráfaga de éxtasis embriagador, llenándola.

Haciendo que durara para siempre.

Saliendo con cuidado, se limpiaron y terminaron su ducha. Se secaron


con una toalla, se vistieron con simples pantalones vaqueros y
camisetas y fueron a ver a Micah.

Deslizándose en la habitación de Micah detrás de Rowan, Aric vio a


Ryon, Jax y Zan ya allí, de pie alrededor de la cama. Los cuatro estaban
hablando y Micah estaba sentado, con aspecto cansado pero sonriente,
un hecho que alivió algo la angustia, pero no lo suficiente.

¿Cómo iba a pedir la absolución de un pecado que Micah ni siquiera


recordaba?

Una sonrisa le iluminó el rostro lleno de cicatrices a Micah. Aric se las


arregló para no reaccionar ante la visión de la piel arrugada tirando de
la mejilla y la comisura de la boca. El hombre obtendría una idea
equivocada.

—¡Aric! Jesús, es bueno ver tu hábil culo. —Le tendió la mano y Aric se
la estrechó con cuidado, evitando la intravenosa.

—Es muy bueno verte sentado, tomando el pelo a todo el mundo con
ese encanto característico —dijo con una sonrisa que se sentía tensa.
Afortunadamente, su amigo no se dio cuenta.

Micah resopló.

—¿Encanto? Bueno, no está funcionando o los doctores me dejarían


salir de aquí.

—Pronto. No te exijas.

—Hola, hemos estado aquí por un tiempo —interrumpió Jax—. Nos


vamos a ir para que ustedes puedan visitarlo. Micah, es genial tenerte
de vuelta. Estarás en el juego de nuevo, pateando demonios en el culo
antes de que lo sepamos.

El trío se turnó para darle la mano y palmadas en la espalda antes de


hacer una salida ruidosa. Micah se rió con voz ronca, miró a su
hermana y a Aric y la fachada de buen humor se deslizó fuera de su
cara.

—¿Cómo estás, de verdad? —preguntó Aric, tomando asiento. Rowan se


detuvo en una silla extra a su lado.

—Cansado —admitió—. Me siento como si me hubiera caído sobre mi


cabeza. Es como si me hubiese ido a dormir, hubiera abierto los ojos
diez minutos más tarde y todos estos cambios hubieran sucedido. La
mitad de nuestros chicos muertos o desaparecidos.

Apoyando los codos en las rodillas, Aric se armó de valor.

—No sabes cuánto lo siento por eso, amigo. Confié en alguien que no
debería y fue mi…

—Tu culpa. Sí, sí, Jax acaba de darme la misma línea de mierda. —Él
negó con la cabeza, inmovilizándola en Aric con una mirada
determinada—. Jax dijo que Beryl era su novia, que yo recordaba, y que
ella nos traicionó a todos. No recuerdo esa parte. También dijo que
Beryl es tu hermanastra, pero no te culpó por sus acciones. Tampoco
yo. Diablos, yo no culpo a nadie. Yo solo quiero mejorar y seguir
adelante, reunirme de nuevo con el equipo.

—Puede que te sientas diferente cuando te acuerdes de lo que pasó. Es


posible que me odies. —Ya sea que Micah lo hiciera o no, Aric se odiaba
lo suficiente por los dos. Se llevaría eso a la tumba.

—No. No va a suceder. —Su amigo se llevó una mano a la mejilla en


ruinas y sus ojos marrones se oscurecieron—. Les debo a algunos hijos
de puta por esto, pero no a ti o a Jax. Ustedes son mis hermanos. Es
así.

El hombre estaba poniendo una fachada valiente y eso es exactamente


lo que era, pero Aric lo dejó pasar. No tenía sentido arrastrar hacia
abajo la poca confianza que su amigo estaba tratando de reunir. Buscó
la manera de cambiar el incómodo tema, pero Micah lo hizo por él.

—Así que, hermanita, ¿cuáles son las últimas noticias de la policía de


Los Angeles? Tienes que volver pronto, ¿no?

—En realidad, eso es lo que yo quería hablar contigo. Tengo que volver
pasado mañana, cuidar de mi negocio. No estoy segura de cuándo voy a
conseguir más tiempo de vacaciones para regresar —dijo ella con
ansiedad.

—Oye, no te sientas mal por eso. —Él hizo un gesto despectivo con la
mano—. Tú tienes un trabajo, Ro. No es como si estuviésemos una
maldita independencia económica y tuviéramos la opción de trabajar o
no. Ve. Tengo todo el equipo y el personal para mimar mi culo.

Rowan rió, aunque su expresión todavía era preocupada.

—Si estás seguro...

—Lo estoy. Solo despídete primero.

—Lo sabes —dijo en voz baja.

—Entonces, ¿qué hay de nuevo en la tierra de las frutas y las nueces?

Ella se rió de su antigua referencia a California, y se lanzó a algunos


cuentos recientes de las trincheras. Un borracho corriendo desnudo que
habían detenido una noche, una pelea entre dos mujeres que se habían
arrancado la blusa la una a la otra y un ladrón de bancos cuyo coche
no arrancaba después de que él había hecho la hazaña. Hubo más, y
tuvo a Micah sonriendo, olvidando los problemas, solo por un rato.

Aric, por otro lado, estaba sentado casi sin aliento; el sudor rodaba por
su espina dorsal. Su sien. Tratando de actuar como si no pasara nada.
Si podía durar dos días, sería un milagro.

***

Esa noche, Aric, Rowan, y el resto de la banda estaban cenando en la


cafetería cuando Nick entró, obviamente un hombre con una misión si
su expresión grave era cualquier cosa cerca. La conversación se detuvo
gradualmente cuando su comandante se detuvo en el centro de la zona
y se dirigió a todos.

—Recibí una llamada de Jarrod Grant —anunció—. Orson Chappell y


Beryl han sido localizados. Terminen su cena y reúnanse en la sala de
conferencias en quince. Quiero a A.J. y a Rowan en esto, también.

Bajando su tenedor, Aric se limpió la boca con la servilleta y la arrojó


sobre su plato. No había sido capaz de reunir un gran apetito de todos
modos y esto lo había terminado de matar. Echando un vistazo a
Rowan, consideraba absolutamente prohibirle tomar parte en esta
operación, pero pensaba que eso no saldría muy bien. No. Además,
Nicky tenía una razón para solicitar su participación. Él mismo les diría
por qué.

Aric esperó a que Rowan y los otros terminaran rápidamente sus


comidas, y luego todos en fila, caminaron a la "sala de guerra" como él
la llamaba. Todos se sentaron en la larga mesa de conferencias excepto
Nick, que estaba a la cabeza sosteniendo un pequeño mando a
distancia. Una vez que el grupo se instaló, él comenzó.

—Grant nos envió imágenes, cortesía de los militares, de una remota


cabaña en el este de Texas, donde Chappell y Beryl están
supuestamente atrincherados. No hay evidencia de que se trata de una
instalación de laboratorio, es simplemente una cabaña. Pero es una
muy bien protegida.

—¿Por Sluaghs? —preguntó Kalen.

Nick asintió con la cabeza y apuntó el mando a distancia hacia la nueva


TV de pantalla plana montada en la pared.

—Vamos a echar un vistazo.

La pantalla se encendió y mostró un video de la parte delantera de la


cabaña, un refugio de tamaño medio bien situado entre pinos altísimos.
Contaba con un amplio porche, que envolvía un lado de la casa y
grandes ventanas con las cortinas cerradas. Una chimenea de piedra a
un lado y Aric no tenía duda de que el interior era tan atractivo como el
exterior. Por otra parte, él no habría esperado que Beryl se alojara en
un basurero, huyendo o no.

Nick hizo pausó el vídeo.

—Está bien, ¿ven esas manchas oscuras en las imágenes? —Apuntó a


diversas formas que parecían sombras o quizás mala recepción en la
alimentación, ubicadas en esquinas opuestas del porche, varias a lo
largo del borde de los árboles—. Hay más de estas sombras en el porche
mientras la cámara iba hacia un lado y hacia atrás. Creo que esos son
los Sluagh siendo utilizados como centinelas, solo que sus verdaderas
formas no aparecen en la toma. Le mostré esto a Sariel y él está de
acuerdo. Ahora observen mientras el vídeo viaja a la parte posterior de
la cabaña.

La transición no fue delicada. El que había arriesgado su cuello para


obtener la imagen movió el lente hacia la cabaña mientras se movía
furtivamente alrededor de la construcción, haciendo que la vista subiera
y bajara. Luego se calmó cuando llegó a su destino, dando una buena
imagen de la parte trasera de la cabaña en un ángulo de cuarenta y
cinco grados.

Más sombras salpicaban el patio trasero y el área circundante. Nick


detuvo el vídeo, apuntando a una ventana en el lado izquierdo.

—Justo aquí. Miren bien y verán dos figuras, un hombre y una mujer.
El hombre está a la izquierda, es más alto, de pelo blanco, corpulento.
Ha sido identificado como Orson Chappell. La mujer con el pelo largo y
castaño es Beryl. Los militares creen que son los únicos en el interior.

Aric soltó una maldición. Él y Jax se miraron a los ojos, sabía que su
amigo ya estaba anticipando y temiendo la próxima confrontación,
porque él sentía lo mismo.

—Nicky, conté alrededor de treinta de las horribles mascotas de Malik


—dijo Zan, frunciendo el ceño—. Y esas son solo las que podemos ver
en el video. ¿Cómo diablos vamos a destruir a todos para aunque sea
tengamos la posibilidad de adentrarnos en esa cabaña?

—Porque ahora tenemos algunos puntos a nuestro favor que antes no


teníamos: el elemento sorpresa y el conocimiento de lo que son, y que
pueden ser asesinados. Nuestro príncipe hada residente también me dio
un dato muy importante que vamos a utilizar a nuestro beneficio.

Su comandante detuvo el video y luego pulsó otro botón. Una


diapositiva apareció en la pantalla, una ilustración dibujada a mano de
un Sluagh. La representación era bastante buena, hecha con lápiz
oscuro, con todos los pequeños detalles, hasta las verrugas. Un círculo
rojo estaba dibujado en el lado superior izquierdo de la bestia, justo por
encima de las costillas, en el lugar donde estaría la parte superior de un
pulmón, si fuera humano.

—¿Qué es esto? ¿Anatomía Sluagh 101? —bromeó Ryon. La tensión se


rompió y los otros se rieron. Incluso Nick se las arregló para relajarse
un poco.

—Exactamente. Este es, probablemente, el hecho más relevante que


ustedes aprenderán acerca de ellos. —Señaló el centro del círculo
rojo—. Cuando el Seelie se transforma en su homólogo maligno, la
transición es físicamente difícil en sus cuerpos, como pueden ver. Sus
corazones son desplazados, lo que es un poco apropiado cuando se
piensa en ello. —Más risas y los labios de Nick se curvaron en una
media sonrisa. Golpeó la imagen en la pantalla—. El corazón termina
justo aquí, más a la izquierda de donde los corazones humanos y Seelie
se encuentran. Al igual que las criaturas sobrenaturales más sensibles,
un Sluagh no puede sobrevivir si este órgano está destruido. Es, con
toda su fuerza y maldad, simplemente carne y hueso. Saquen su
corazón y estará muerto.

—Pero eso significa que tenemos que llegar lo suficientemente cerca de


la maldita cosa para poder acabar con ellos —observó Aric.

—No es cierto. Disparen si pueden. Apuñálenlos si es necesario. Pero de


una manera u otra, maten a los hijos de puta —ordenó Nick—.
Entonces tomen a Chappell y Beryl con vida si es posible.

A.J. habló: —Así que, ¿Rowan y yo podemos ir? ¿Es seguro confiar en
los humanos de este operativo, especialmente los verdes?

—Buena pregunta A.J., el resto de la manada debe saber que tú eres


más que un ex guardia de seguridad de uno de los edificios Chappell. —
Ante el reacio asentimiento de A.J. Nick se dirigió al resto del grupo—.
A.J. es un ex detective de la policía de Dallas y también formó parte del
equipo SWAT... como francotirador. De todos los presentes, él es el
hombre que probablemente pueda cargarse una docena de esos hijos de
puta, antes de que siquiera se den cuenta de lo que les viene encima.

Todos los ojos se volvieron hacia el apuesto hombre de pelo rubio rojizo.
Sus labios estaban fruncidos y su mirada hacia la mesa.

—Amigo, eso es increíble —dijo Ryon.


—No, no lo es —gruñó A.J. y Ryon parpadeó sorprendido.

Aric se preguntó qué historia podría tener este chico, por qué había
dejando la fuerza para convertirse en un vigilante de alquiler, pero esa
era una historia para otro día.

Nick rápidamente tomó la palabra de nuevo, llevando a la basura el


incómodo intercambio.

—A.J. ha aceptado ser el francotirador de la Manada, un área donde


realmente brillar sin tener que ir mano a mano con nuestros oponentes
no humanos. Él ha estado practicando por mi pedido y ha aceptado el
puesto. ¿Alguien tiene alguna objeción?

Era un punto discutible si el trabajo ya le pertenecía a A.J. pero Aric


sabía que Nick escucharía. Al final resultó que, la Manada era
comprensiva, y estaba de acuerdo en que tener un francotirador en el
equipo era un excelente plan. Pero, él estaría cargado con balas de plata
para mayor protección.

—Bien. Esto también ayudará a Kalen, guardando su magia para


problemas más grandes, y créanme, habrá algunos. En cuanto a Rowan
—continuó Nick—, ella es una oficial entrenada en armas de fuego y
sabe cómo aprehender delincuentes, aunque esté acostumbrada a los
humanos. Puede luchar y se ha probado a sí misma en la batalla por lo
que a mí respecta, y necesitamos a cada soldado sano que podamos
conseguir. Esto es, por supuesto, si ella, y la Manada está de acuerdo.

—Sería un honor ser incluida —dijo Rowan con entusiasmo—. Sí.

—¿Objeciones?

Aric esperaba una en este caso y no se sorprendió que viniera de


Hammer. Su amigo era extremadamente dulce con la mujer de Aric. Un
gruñido escapó de la garganta de Aric, pero se las arregló para hacer
que sonara como una tos.

—Ella lo hizo muy bien antes —dijo Hammer con preocupación—. Pero
no sabíamos que ella estaba con nosotros hasta que fue demasiado
tarde. Tengo mis dudas acerca de traer una mujer a la batalla, policía o
no.

Oh, el gran hombre tendría las manos llenas con su propia pareja algún
día, con una actitud tan anticuada como esa. Aric sonrió para sus
adentros. Claro, él había tenido la misma urgencia para proteger a
Rowan, pero sabía que ella no lo necesitaría.
—¿Estás diciendo que te niegas a luchar a su lado? —preguntó Nick
bruscamente—. ¿Por qué? ¿Su sexo será una distracción para ti en
pleno peligro?

—No —protestó su amigo con el ceño fruncido—. Soy un guerrero mejor


que eso y tú lo sabes. Tú preguntaste, es todo, y yo dije mi opinión.

—Apuntado. ¿Alguien más?

—Nop.

—Genial, jefe.

Para Aric, era cualquier cosa menos genial. Pero, al estar en minoría,
mantuvo su boca cerrada. Para variar.

—Quiero a todo el mundo armado y que usen sus dones tanto como
puedan. Usen su lobo, y pantera, solo si tienen que llegar muy de cerca
a una de estas criaturas. Nos iremos en una hora.

La reunión fue terminada y Rowan se volvió hacia Aric.

—Estás molesto porque voy a ir. Me doy cuenta.

—Estoy encantado —dijo arrastrando las palabras con sarcasmo—.


¿Hace alguna diferencia? Vas a hacer lo que quieras, porque eres más
terca que nadie que haya conocido.

—Incluyéndote.

—Síp. —Él le pellizcó la nariz—. Nos encontramos en el hangar.

Él la dejó de pie en el pasillo, se sentía un poco mierda por eso. Pero


necesitaba algo de distancia entre esta mujer y sus emociones. Tenía
que mentalizarse en la lucha que vendría o pondría en peligro a sus
amigos. A su compañera.

En su cuarto, se quedó jadeando, la fiebre era casi insoportable. Él


apenas tenía fuerza para superar esta noche. Esta sería su última
batalla.

Haría que valiera la pena.

Una hora más tarde, estaba armado hasta los dientes, mientras se
paseaba hacia el hangar. Se dirigió hacia el grupo y miró alrededor
buscando a Rowan, la vio venir tras él. Mientras ella se unió a él, agarró
un arma de la cintura de su pantalón y se la entregó a ella.

—Mi cañón de mano adicional, con silenciador. Supuse que necesitarías


uno.

—Gracias. Iba a pedir, ya que la mía fue confiscada cuando llegué aquí.

—No hay problema.

Nadie dijo mucho mientras se montaban en los dos Hueys, abrochaban


sus cinturones y despegaban hacia Texas. Era hora de patear algunos
traseros Unseelie.

Y atrapar su maldita media hermana.

***

Se arrastraban a través del follaje, Aric bendijo la alfombra que


formaban las agujas de pino y ayudaban a amortiguar su aterrizaje.
Eran puntiagudas y el olor a pino espesaba el aire, haciendo que su
lobo tuviera ganas de estornudar, pero eran útiles en cierta forma.

La Manada se desplegó, pero Aric mantuvo a Rowan cerca. El bosque


estaba casi negro como el carbón, ocasionales rayos de luna
proporcionaban un camino iluminado, como las luces del piso en una
sala de cine. La Manada podría ver mucho mejor, pero los compañeros
humanos eran vulnerables.

Afortunadamente, la cabaña no estaba muy lejos de la carretera del


condado, por lo que su viaje no fue tan largo como algunos en los que
habían estado. A pesar de que se movían lentamente y con precaución,
a la media hora el lugar quedó a la vista. Agachándose, se congelaron
como una unidad. Las formas descomunales de una docena de Sluagh
estaban apostadas en el frente, en el porche y el perímetro alrededor.
Algunos deambulaban, otros pocos dormitaban. Uno en particular
roncaba en un rincón del porche, tan fuerte que podría oírse hasta
Dallas si el viento fuera el correcto. Aric resopló para sí mismo. No
importa lo malo que fueras, buena ayuda era difícil de encontrar.

—Tengan cuidado —susurró Nick—. Ellos solo parecen estúpidos.


Vayan en silencio, maten a tantos como puedan antes de que la alarma
se levante y luego A.J. hará lo suyo. Bueno, mi grupo, vamos a ir a la
parte trasera.

Nick, Ryon, Jax y Zan se alejaron silenciosamente, dejando a Aric,


Rowan, Kalen y Hammer para cubrir la parte delantera. A.J. se quedó
tras los árboles, con el rifle de francotirador en la mano. Estaban tan
listos como lo estarían alguna vez.

El grupo de Aric se movió hacia adelante y se dispersó para acabar con


las bestias que en los bordes exteriores, las que estaban solas y
cercanas a las sombras. Tomando una respiración profunda, Aric
apuntó a uno y disparó. Gracias al silenciador, el disparo realizó un
susurro mínimo. Dio en la zona de muerte y la cosa se desplomó en el
suelo, muerta.

El problema resultó ser el ruido de sus cuerpos bastante grandes


cuando caían. Al oír el ruido sordo y el gruñido de su camarada caído,
un Sluagh giró su cabeza, buscando la fuente de perturbación.

—Vamos, gran hijo de puta —dijo Aric en voz baja—. Así es, ven a ver
qué pasa.

Oliendo el aire, la criatura se encaminó hacia su lugar. Unos pasos más


adelante, se encontró con el cuerpo del otro y levantó la cabeza para
dejar salir un rugido. Aric disparó de nuevo, golpeando a este en el
corazón también y se desplomó.

A su izquierda y derecha, su grupo comenzó a tomar el resto de ellos,


pero su suerte no podía durar mucho. Alguien disparó alcanzando a
una de las bestias en el hombro en su lugar. La criatura dejó escapar
un grito estridente que despertó a la zona e hizo que sus oídos sonaran.

—Mierda.

Hora de bailar. Ellos se precipitaron a las criaturas restantes, tomando


tantas como pudieron antes de que el número los abrumara, Hammer y
Kalen tuvieron que recurrir a sus dones. Justo cuando él le disparaba a
un Sluagh a su derecha, giró para encontrar dos más cerca. Él estiró su
mano, desatando su fuego, haciendo una mueca cuando se quemaron,
chillando.

No muy lejos de él, Kalen estaba haciendo un buen trabajo


protegiéndose a sí mismo y a Rowan, usando su magia para que se
secaran hasta convertirse en cáscaras. Hammer usó su don como
Tracer, teletransportándose de un lugar a otro un instante antes de
apenas evitar ser decapitado. Aric estaba tan distraído viendo lo que
hacía en la batalla, que casi consiguió ser destripado.

Él chocó con una de las criaturas, haciendo caer su arma. Mierda. En


su desesperación, empujó su cuerpo hacia otra mole. Forzando un
cambio parcial rápido, sacó sus garras afiladas y las enterró en la carne
rancia del corazón de la bestia. Dio un gruñido y cayó mientras él se
movía libre de nuevo.

Otra bestia lo embistió desde un costado y él alzó una mano, usando su


don de la telequinesis para detenerlo en seco y levantarlo. Luego lo
envió a volar con la velocidad de un tren andando. Lanzó un grito de
triunfo mientras golpeaba el árbol con un chasquido, se deslizaba al
suelo y yacía quieto.

Hammer y Kalen estaban fácilmente despachando al último de los


Sluagh, aunque el hombre más grande estaba sangrando. Viendo que el
camino hacia la puerta principal ahora estaba despejado, Aric corrió,
vagamente consciente de Rowan corriendo detrás de él. Se detuvo lo
suficiente para darle a la puerta un par de duras patadas y esta se
rompió hacia adentro.

Saltando al interior, buscó a la bruja. La que ansiaba ver arder por sus
crímenes. Localizó al hombre de cabello blanco que debía ser Chappell
corriendo hacia la parte trasera de la cabaña y Rowan gritó.

—¡Yo lo tengo! —Ella se adelantó con arma en mano.

—¡Ten cuidado! —Revisó la habitación; parecía estar vacía. Hasta que


ella habló.

—¿Me extrañabas tanto que tuviste que venir por más?

Justo frente a él, Beryl apareció de la nada. No había cambiado. Cabello


largo fluía alrededor de un rostro que debería ser hermoso, si no fuera
por la siempre presente frialdad en sus ojos y la cruel curva de su boca.

—Vine para tostar tu apestoso trasero —gruñó, dando un paso


adelante.

Ella rió roncamente.

—Buena suerte con eso.

Aric liberó su fuego de nuevo, soltando una mano. Pero Beryl fue igual
de rápida, soltando una palabra en latín y levantando una palma hacia
él. Sus flamas fueron rechazadas con un rugido mientras una luz
carmesí las llevaba hacia atrás y el poder del chasquido lo lanzó hacia
atrás. Aterrizó duramente, el golpe lastimó su espina y perdió su agarre
de las flamas.

La luz roja lo envolvió, entrando en su cuerpo como un millón de voltios


de electricidad. Gritó, no podía evitarlo, el dolor era muy grande.
Retorcido en el suelo como una cucaracha que ha sido rociada,
esperando morir e incapaz de hacer ninguna maldita cosa al respecto.

Luego un alto boom sonó y fue liberado del poder de la luz. Levantando
su cabeza, vio a Beryl salir volando, golpeando una caja de made ra y
vidrio, de las que guardan pequeñas chucherías. La madera se
resquebrajó y el vidrio voló por todas partes. En la entrada, Kalen
estaba de pie, con la vara en mano, susurrando otro canto y enviando
un segundo rayo a la bruja.

Aric no pensaba que alguna vez estaría tan feliz de ver a alguno de sus
hermanos. Sin duda, Kalen era uno de ellos.

Beryl se retorció con dolor e ira, volando en el aire con fuerza y


velocidad sobrehumana. Voló hacia Kalen, enviando una explosión en
respuesta que lo levantó de sus pies, impulsándolo hacia atrás para
golpear una pared. Se deslizó hasta el suelo y los dos se enviaron
golpes.

Aric se impulsó a sus pies, moviéndose hacia atrás de la bruja. Tenía


que ayudar a Kalen mientras su atención se enfocaba en él. Aric rompió
su camisa, soltando a su lobo. Cambió, se liberó de sus pantalones y
zapatos y corrió. Se alzó, golpeándola entre los omóplatos, llevándola al
suelo. Ella se retorcía y él fue hacia su garganta, se inclinó, con la
completa intención de desgarrarla.

—¡Aric! —gritó la voz de Nick—. ¡No la mates!

¡Maldición! Mantuvo su posición, teniéndola sujeta. De alguna manera


se las arregló para suprimir la necesidad de desgarrar la cabeza de la
perra que le había causado tanto dolor. Varios pares de pisadas se
aproximaron, su equipo estaba uniéndoseles. ¿Dónde mierda estaba
Rowan?

—Aric, levántala —ordenó Nick—. Y tú, bruja. Arrodíllate, lentamente.

Aric se movió a un lado, gruñendo, con sus pelos de punta. Listo para ir
en contra de las órdenes de su líder y destrozarla si intentaba algo.

—Ahora, de pie. Lentamente.

Los hombres la rodearon. Kalen era el más cercano, manteniendo un


ojo guardián sobre ella. Pero incluso él no estaba preparado cuando
levantó un dedo ensangrentado y lo presionó en el centro de su frente.

—Abyssus abyssum invocat —siseó. Luego retiró su mano y lamió su


propia sangre de su dedo, viéndose bastante encantada consigo misma.
Los ojos de Kalen cayeron por un momento y se tambaleó como si fuera
a desmayarse. Hammer lo estabilizó y el Hechicero pareció sacudirse lo
que sea que ella haya hecho. Inmediatamente, vocalizó su propio
encantamiento y la bruja se puso rígida, colocando los brazos detrás de
su espalda.

—Está atada —dijo Kalen con voz cansada—. La podemos transportar


ahora.

Aric volvió a su forma humana y fue hacia sus pantalones. Metiéndose


en ellos, buscó alrededor por Rowan y la localizó saliendo del pasillo.

—Gracias a Dios —dijo, caminando hacia ella. Sujetándola, la llevó


hasta su pecho—. Ya estaba más que preocupado por ti.

—Estoy bien. ¿Chappell? No mucho —suspiró, inclinándose hacia


atrás—. Lo siento, chicos, pero se volteó y sacó un arma. Devolví el
fuego y le disparé en el estómago. Se está desangrando en la habitación
principal y no lo logrará, si Nick quiere interrogarlo, mejor que vaya allí.

—Mierda —soltó Nick. Luego miró a Rowan, sacudiendo la cabeza—. No


es tu culpa, sin embargo. Solo deseo que pudiéramos haberlo traído.
Kalen, Hammer, Ryon, vigilen a la bruja. El resto de ustedes puede
venir conmigo.

Marcharon hacia el cuarto. Aric tenía tanta curiosidad como el resto de


ellos de ver en persona al hombre que había causado tanto luto en
tantos cambiantes y familias humanas. Pero cuando entraron y lo
vieron despatarrado en el suelo, sujetando su estómago y
desangrándose en la alfombra, simplemente se veía como un patético
viejo.

Su complexión parecía fina como el papel y se volteó para verlos,


gimoteando fuerte. Lo que dijo a continuación impresionó a todos.

—Me alegro de que me atraparan —carraspeó—. Me alegro de que


terminara.

Sus ojos azul pálido estaban limpios de malicia, sus palabras eran
sinceras. Aric había oído en alguna parte que la muerte no mentía, y
pensó que podría ser verdad en el caso de Chappell. Jax se encorvó al
lado del viejo, colocando una mano confortante en su hombro. Luego
cerró sus ojos y Aric supo que el RetroCog estaba tomando las hebras
de su pasado. Reuniendo las visiones que guiarían a la verdad.

Finalmente Jax abrió los ojos y miró a Chappell.


—Fuiste un buen hombre e hiciste cosas grandiosas en NewLife,
ayudando a familias con trasplantes de órganos e investigaciones
médicas. Ayudaste a miles.

—Sí. Y entonces el demonio vino.

—¿Malik? —preguntó Nick, cuya expresión era intensa.

Chappell asintió.

—Nunca supe que tal maldad existía en realidad. —El viejo tosió y
sangre burbujeó hasta sus labios—. Pero entonces vino y estuve
perdido. Él toma lo que quiere sometiéndote a su voluntad. Es un
seductor, el bastardo y toma placer retorciendo un alma. Haciéndote
disfrutarlo.

El viejo se estaba desvaneciendo rápidamente. Nick habló rápido.

—Chappell dinos como identificar a Malik, ¿cómo luce?

El hombre soltó una risa que repercutió en su pecho.

—Puede ser lo que sea, o quien sea. Pero he visto su verdadero yo…

Aric dudaba muchísimo eso. Sariel les había pasado a Nick y al equipo
la descripción de Malik que le había dado a Rowan, y el Unseelie era tan
feo como el pecado con cuernos saliendo de su cabeza. Nick solo trataba
de discernir qué forma había usado Malik con el viejo.

—¿Es feo —presionó Nick— como esas bestias que usa como lacayos?

—Lo creerías, ¿verdad? Pero no, es tan oscuramente hermoso como


Satanás mismo… cabello negro y ojos como ónix pulido. Grandes alas
negras con plumas negro azuladas, no como las de esas mascotas
suyas que tienen apariencia de cuero. No lo verán de esa manera, sin
embargo. No puede caminar por las calles luciendo… así.

Nick maldijo.

—Entonces estamos justo donde empezamos, sin una pista de cómo


luce en realidad.

—Apuesto que la descripción de Sariel es la correcta —dijo Aric—. Lo


sabría mejor que nadie.

—Verdad. —Nick volvió la mirada hacia el viejo—. Sr. Chappell, ¿nos


podría decir cuál es la identidad que está usando para infiltrarse con
los humanos? ¿Su nombre?
—Es un millonario —el hombre jadeó con dificultad—. Se llama Evan…
Kerrigan.

Nick suspiró y el alivio se reflejó en su rostro.

—Gracias. Por su ayuda, tenemos un lugar para empezar la búsqueda.

Zan, quien había estado en silencio, se inclinó al otro lado del viejo.

—Sr. Chappell, puedo sanarlo. Déjeme…

—No, chico. —El hombre refutó la oferta rápidamente—. He lastimado a


demasiados.

Zan no era de los que dejaba fácilmente morir a un hombre.


Especialmente a uno que había sido inocente y controlado contra su
voluntad.

—Usted fue arrastrado en el horrible proyecto de Malik, su mente fue


hecha rehén justo igual que aquellos en los que experimentaba. Lo usó
como una mascota y usted no tenía voz ni voto. Merece una segunda
oportunidad y lo mantendremos a salvo. Por favor, antes de que sea
demasiado tarde.

—Hijo, era demasiado tarde para mí cuando la primera persona murió


bajo mis propios malditos cuchillos. Solo prométeme que lo atraparán
—susurró, sus ojos encontrándose con los de Nick.

—Tiene mi palabra —dijo Nick con gravedad—. Un día destruiremos a


Malik y usaremos sus entrañas como oropel navideño.

—Eso es suficiente. Perdónenme… —Los ojos del viejo se cerraron.


Mientras miraban, soltó un suspiro y no respiró más.

Por un momento nadie se movió. La garganta de Aric estaba prensada.


Eso de seguro no había resultado de la manera que pensaban. Chappell
había sido un gran hombre caído por un demonio, y su muerte lo había
liberado. Fueron un par de minutos aleccionadores.

—Llamaré a Grant —dijo Nick al fin—. Haré que mande un equipo de


limpieza y retire el cuerpo de Chappell. Inventará una historia para la
familia del hombre y la prensa.

—Lo barrerá bajo la alfombra —soltó Zan—. Es malditamente bueno en


eso.

—Sí, lo es —dijo Nick, su rostro serio—. Vámonos.

En la sala. Kalen y los otros aún mantenían vigilancia sobre Beryl,


quien les lanzaba miradas heladas a todos ellos. Aric tembló a pesar del
calor volviendo a su cuerpo. Ella mataría hasta al último de los
miembros de la Manada si tuviera la oportunidad, o moriría
intentándolo.

Aparentemente, el hechizo sujetador de Kalen había trabajado con su


venenosa boca también, por lo que Aric estaba agradecido. Manteniendo
un ojo avizor sobre ella de igual manera, caminó hacia Kalen y luego le
dio su atención al lugar donde había presionado su dedo. El Hechicero
debía haber limpiado la sangre.

—¿Qué fue lo que te dijo, cuando tocó tu frente? —preguntó Aric,


ladeando la cabeza. No era el único que quería saber. Sus hermanos se
detuvieron alrededor de la habitación para escuchar la respuesta.

—Abyssus abyssum invocat —dijo en voz baja—. Es el latín para “el


infierno llama al infierno”.

Ryon frunció el ceño.

—Eso no suena bien. ¿Qué quiere decir?

—Quiere decir que cuando Malik llame, esperará que yo responda. Y si


me rehúso, pagaremos un infierno.
Traducido por Mari Pooh & Fher_n_n

Corregido por Julieta_Arg

a mañana que Rowan tenía programada para partir hacia Los


Ángeles, Nick la llamó a su oficina.

Se levantó para saludarla y luego hizo un gesto a la silla que


había ocupado... ¿había sido solo hace una semana? El mismo lugar
donde se había sentado y escuchado las cosas más sorprendentes
saliendo de su sexy boca y no había creído ni una estúpida palabra.
Hasta que ella lo había visto por sí misma, una y otra vez.

Cuando se acomodaron, él fue directo al punto.

—Yo quería darte esto —dijo. Metiendo la mano en el cajón de su


escritorio, sacó un objeto pesado y lo deslizó por la superficie hacia
ella—. Debí haber dejado que la utilizaras durante nuestro tiroteo en
OK Corral.

—Mi arma. —Ella sonrió—. Pensé que quizás habías planeado


quedártela.

—Nah. En realidad, tenía la intención de devolvértela antes.

—Gracias. —Ella le lanzó una mirada pensativa—. De alguna manera


no creo que conseguir mi arma de vuelta sea la única razón por la que
estoy aquí. Podrías solo habérsela dado a uno de los chicos si es todo lo
que querías.

Como siempre, su sonrisa transformó su endurecido rostro en uno


impresionante.

—Yo diría que no necesitas ser psíquica para saber eso.

Ella se echó a reír, encantada de que él había recordado su combate de


ese día y arrojó sus palabras hacia ella.

—Touché. Así que, ¿qué pasa, Oh Gran Señor?

—Tú eres la única a la que dejaría salirse con la suya al llamarme así —
dijo, solo medio bromeando.

—¿Por qué lo hiciste?

—Demonios, si lo supiera. De todos modos, tengo algo serio que


discutir.

—Suena siniestro.

—En realidad no, a menos que cuentes luchar con repugnantes


criaturas sobrenaturales como siniestro —bromeó.

—No te sigo.

Recostándose en su silla rodante, golpeó un lápiz sobre su escritorio.

—Quiero que pienses sobre unirte al equipo Manada Alfa cuando


regreses.

Después de esa bomba, lo miró boquiabierta, intentando asimilar lo que


había dicho.

—¿Me quieres en el equipo? ¿Hablas en serio?

—Yo no hago ofertas como esa a la ligera. Así que, sí, lo hago.

—Pero no tienen a ninguna mujer en sus filas, como Hammer señaló


antes. ¿Cómo se sentirán los chicos al respecto?

—¿Qué es esto, la Edad Media? Y no te olvides, ya has demostrado tu


valía en la batalla, dos veces. El equipo tendría suerte de tenerte.

—Yo-yo no sé qué decir.

—Es un inicio.

—Ja ja.

—Solo dime que lo vas a pensar seriamente.

La importancia de su oferta lentamente se filtraba, y ella asintió.

—Lo haré. No importa lo que decida, estoy muy honrada que me lo


pidieras. ¿Cuándo quieres una respuesta?

—Es una oferta abierta, pero tal vez no deberías tomarte mucho tiempo.

Una sensación de temor se deslizó adentro, como una araña debajo de


la cama.

—¿Por qué es eso?


—Solo escucha lo que te dice esto. —Colocó un puño sobre su corazón,
le dio un golpecito en el pecho, y puso su brazo sobre la mesa de nue vo.

—Entonces, ¿estás diciendo que hay una razón por la que debo tomar el
trabajo? ¿Es eso lo que estás diciendo?

—No puedo interferir en tu decisión, ya lo sabes. Todo lo que puedo


hacer es presentar las opciones. Tienes que seguir el deseo del corazón.
Nadie puede hacerlo por ti.

—¿Y qué si eso está en Los Angeles?

—Entonces lo está. —Sus ojos revelaban nada.

Ella suspiró.

—Voy a pensar en ello. Te lo prometo.

—Eso es todo lo que puedo pedir. —Él se levantó, señalando el final de


su encuentro. Metiendo la mano en su bolsillo, sacó una tarjeta de
visita y se la entregó—. Llámame en cualquier momento, de día o de
noche.

Ella estudió la tarjeta, vio que solo decía NICK WESTFALL y el número
de su teléfono celular. Nada más.

—Gracias. —Tomó la tarjeta y su arma, las metió en su bolso y se


levantó, lanzando la correa sobre su hombro—. Aprecio todo lo que tú y
todos los demás están haciendo para ayudar en la recuperación de
Micah.

—Lo vamos a lograr. Solo va a tomar tiempo.

—Lo sé. —Ella se despidió antes de que esto fuera más duro—. Hasta
pronto, por ahora.

—Nos vemos.

Ella salió y se dirigió a su habitación para recoger su bolsa de viaje, que


ya estaba empacada y esperándola en la cama. ¿Cómo había llegado
este lugar a parecer su casa en tan poco tiempo? ¿Cómo había llegado
la gente de aquí a significar tanto?

Sobre todo un hombre en particular.

En sus habitaciones prestadas, se dirigió al dormitorio. Cada fibra de


su ser le dolía al pensar en irse lejos, dejándolo a él detrás. Nunca se
había sentido de esta manera, como si sus entrañas estuvieran
retorcidas en un puño gigante. Como si por primera vez en su vida,
estuviera a punto de joderla realmente más allá de la posibilidad de
repararlo.

¿Por qué debería estar atormentada por decirle adiós a una aventura
casual?

Porque sabes que es más que eso y tienes miedo. Todo el mundo que
alguna vez te importo ha desaparecido: mamá, papá. Incluso Micah. Sí,
fue encontrado con vida. Pero aun así te dejó unos años atrás para seguir
su propio camino. Nunca has tenido que depender en nadie más que en ti
misma en mucho tiempo, no recuerdas lo que se siente dejarse ir. Amar
sin miedo.

—¿Lo amo?

Pensó en cómo le había hecho el amor la última vez, con tanta ternura.
Como si ella no tuviera precio para él y quisiera abrazarla para siempre.
Había estado caliente al tacto también, más que nunca y ella estaba
preocupada por él. La idea de que algo malo le ocurriera a Aric la
llenaba de horror.

Deseaba quedarse, mantenerlo a salvo de cualquier daño. Sostenerlo


cuando estuviera enfermo, cuando estuviera feliz. Hacerlo reír, incluso
estar para él cuando estuviera de pésimo humor.

¿Eso era amor?

Ella parpadeó varias veces, dándose cuenta de que había estado


mirando fijamente la bolsa por un minuto o dos. Eso no era una
pregunta que pudiera contestar ahora, cuando tenía una docena de
detalles por resolver con respecto a su vida en Los Angeles.

Estás huyendo.

—¿Y qué?

Ella podría volver, cuando quisiera.

¿Y si no está esperando cuando lo haga s? ¿Qué pasa si hay alguien


más?

—Cállate.

Colocando la bolsa sobre su hombro, salió de la habitación. Su


hermano fue la primera parada y ella lo descubrió apenas despierto.

—Hola —dijo con una sonrisa somnolienta—. ¿Por qué te vas tan
temprano?
—Largo camino, hermano. —Sonriendo, ella se sentó y tomó su mano—.
Voy a tener que parar durante la noche y hacer el resto del viaje
mañana.

—Oh. Es verdad. —Él frunció el ceño—. Me gustaría que no tuvieras


que hacer todo el camino sola.

—Soy policía, ¿recuerdas? Además, lo hice bien cuando llegué aquí,


preocupón. Te llamaré cuando llegue a casa si eso te hace sentir mejor.

—Lo hará. Pero ya no tengo teléfono. Dios sabe lo que le pasó al viejo.

—Llamaré a Nick o a Aric. Tengo sus números de celulares.

Demasiado atento para su comodidad, Micah la observó con


especulación.

—Ro, no quiero entrometerme en lo que no es mi asunto…

—Entonces no lo hagas.

—Tengo que hacerlo. Eres la única hermana que tengo y si Aric está
jugando con tus sentimientos quiero saberlo —dijo con voz fría.

—No, no lo está haciendo —dijo en voz baja—. No es eso. —Un nuevo


dolor nuevo se clavó justo en el centro, pero lo empujó hacia abajo.

—Tienes sentimientos por él. —Era una afirmación, no una pregunta.

—Sí. Pero no estoy segura de que esos sentimientos sean amor. ¿Cómo
se supone que voy a saber si es real o solo un par de noches geniales de
sexo sin sentido?

Su hermano hizo una mueca.

—Vaya, demasiada información. Voy a necesitar un mes adicional de


terapia solo para esa imagen, muchas gracias.

—De nada. —Era agradable ver que todavía podía bromear sobre
algunas cosas—. Entonces, ¿cómo lo sé?

—Al hacer exactamente lo que estás haciendo, poniendo un poco de


distancia entre tú y la tentación. Si estos sentimientos se convierten
rápidamente en nada más que un buen recuerdo, puedes seguir
adelante. Fácil.

—¿Y si mis tripas todavía se sienten como que están siendo puestas al
revés una semana o un mes a partir de ahora?
Él la estudió por un largo momento.

—¿Alguien te ha hablado de lobos cambiantes y sus compañeras?

—Sí. —Ella hizo una pausa—. Jax y Kira son compañeros. Aric me dijo
más sobre el tema, también, como la forma que un lobo cambiante tiene
que morder a su compañero previsto y entonces no pueden vivir el uno
sin el otro.

Él se quedó en silencio. La ansiedad formó un nudo en su pecho.

—Micah, Aric y yo no somos compañeros. Él no ha hecho ningún


movimiento en absoluto para reclamarme. Y me está dejando ir sin una
sola protesta.

—Eso no suena como el Aric que conozco, dejando que se vaya algo que
realmente quiere. —Él suspiró—. Pero tal vez tengas razón. Pregúntale,
¿de acuerdo? Basta con colocarlo ahí, a quemarropa, y pregunta si él ha
sentido un vínculo entre ustedes, si ha sentido la necesidad de
reclamarte. Si es así, eso explicaría parte de la intensa atracción entre
ustedes.

—No estoy segura si debería. ¿Y si él piensa que estoy tratando de


atraparlo o algo así? No quiero ser una trepadora.

—Solo hazlo. Será directo contigo, si es el mismo chico que conozco


desde hace años.

—Está bien. Gracias, hermanito. —Lo miró, reacia a irse—. Me gustaría


poder quedarme más tiempo.

—Ponte en marcha. No quiero que conduzcas por la noche.

La orden sonó paternal, y viniendo de él era gracioso. Levantándose,


ella le dio un fuerte abrazo y luego lo besó en la mejilla de la cicatriz.

—Te quiero.

—Yo también te quiero. Ahora vete antes de que me hagas poner


sentimental.

—Te veo pronto.

—No, si yo te veo primero.

Levantando su bolso de lona, le lanzó un beso y se fue, tratando de no


llorar. En su mayor parte lo consiguió, a excepción de un par de
lágrimas perdidas que secó rápidamente, antes de que alguien las viera.
Encontró a los chicos en la sala de recreación, Ryon y Zan jugando con
la Wii, los otros bebiendo y viendo la televisión. Kalen se fijó en ella
inmediatamente y miró por encima del hombro desde su lugar en el
sofá.

—Oye, ¿te vas ya?

—Me temo que sí. —Su mirada fue a Aric y su sonrisa tembló en sus
labios. Él se levantó de su lugar al lado de Kalen y se acercó
lentamente. Esto iba a ser mucho más difícil de lo que había creído—.
Hola.

—¿Puedo ayudarte a llevar eso hasta tu coche?

—Por supuesto.

Él tomó la bolsa de lona y los chicos se acercaron a darle un abrazo de


despedida uno a uno. Incluso A.J., a quien lamentaba no haber llegado
a conocer mejor. Ya habría tiempo, sin embargo, para fomentar esas
relaciones. Su hermano trabajaba allí.

Y Nick le había dado una oportunidad para tener en cuenta. Un a


grande.

Se dirigieron hacia el exterior y caminaron alrededor del edificio hasta


su coche. Alguien lo había llevado al frente y había dejado las llaves en
el contacto. Vaya policía que era, no se había dado cuenta siquiera que
le faltaban las llaves en primer lugar.

Aric tiró la bolsa en el asiento de atrás, cerró la puerta, y luego abrió la


puerta del conductor para ella.

—Te voy a echar de menos. Hasta que vuelvas, es decir —dijo.

¿Había una nota de tristeza en su voz? ¿O era una ilusión de su parte?

—Esperemos que no sea demasiado tiempo. Unas pocas semanas a lo


sumo. —Ella tocó su cara, trazó sus labios—. Te echaré de menos,
también.

—Probablemente vas a olvidar todo de mí al segundo que llegues a casa,


de vuelta en la fuerza y con la gente que estás dedicada a proteger. —
Sus labios se curvaron hacia arriba y le mordisqueaba los dedos.

Mirando fijamente a los hermosos ojos verdes, ella sabía que no era
cierto. ¿Qué tan buena sería esa vida, ese trabajo que significaba tanto,
sin este hombre en ella? Ella se tomaría un par de semanas, para ver si
sentía el mismo deseo de estar con él.
—No puedes contar con que eso suceda —le dijo—. Yo nunca podría
olvidar. De hecho, es muy posible que realmente no te vayas a deshacer
de mí.

—¿Qué... qué quieres decir?

—Tengo que preguntarte algo. ¿Va a responder honestamente?

Se encogió de hombros, con mirada cautelosa.

—Por supuesto.

—Me he sentido atraída por ti. He mencionado esto antes. Ahora que es
tiempo de irme, siento como mi interior se retuerce en mil nudos, y es
porque te voy a dejar. ¿Se siente... tú te sientes de la misma manera?

Por varios segundos, él la miró con tristeza.

—No —dijo con voz áspera—. No siento nada por el estilo. Lo siento.

—Oh. —La palabra se sintió como si le hubieran dado un puñetazo—.


Yo… de acuerdo. Bueno. Eso fue estúpido de mi parte, ¿eh? Cuídate,
Aric. Te veré cuando vuelva a visitar a mi hermano.

—Está bien. Nos vemos.

Ella cerró la puerta tan pronto como él dio un paso atrás, puso en
marcha el coche y se alejó. Inició el camino sin mirar atrás. Después
que él desapareció de su vista dejó que las lágrimas fluyeran. Ella no se
molestó en limpiarlas.

De ninguna manera podía aceptar la oferta de Nick ahora. Dolería


malditamente demasiado trabajar con Aric.

Con el hombre del que de alguna estúpida manera se había enamorado.

Y allí tenía la respuesta, a un precio doloroso. Ella lo amaba, y él no


sentía lo mismo. Gracias a Dios no había hecho un ridículo aún más
grande diciéndole eso.

La carretera se extendía por delante, larga y solitaria como el viaje


había sido días antes. Cuando ella empezó, nunca soñó que iba a
encontrar a su hermano con vida y experimentar semejante éxtasis por
ello.

Nunca imaginó tampoco encontrar al hombre que podría amar, aquí en


Bumfuck, Wyoming. Y que se iría cambiada para siempre. Con el
corazón partido.
Los Ángeles se alzaba delante, un mar hostil lleno de humo de extraños
donde alguna vez se había sentido en casa.

Las lágrimas no pararon en un largo, largo, largo tiempo.

***

Aric la vio alejarse, y cuando el coche fue tragado por los árboles
alrededor de la curva, se dejó caer de rodillas. La devastación total y
completa pasó a través de él, ola tras ola de dolor. Más de lo que podía
soportar.

Su compañera. Le había mentido y lastimado, la había enviado lejos.

Él nunca la volvería a ver. No en esta vida.

Sentado sobre sus talones, echó la cabeza hacia atrás y gritó su


angustia hacia el cielo. El grito se convirtió en un aullido mientras sus
miembros se transformaron. El pelaje brotó y su hocico se alargó. En
segundos, el cambio estuvo completo.

Dejó que su lobo saliera y corrió. Oh, él volvería. Le había hecho una
promesa a sus hermanos y él la mantendría.

Pero iba a descubrir muy pronto que solo había venido a casa para
morir.

***

Rowan se sentó en su pequeña mesa del comedor y ordenó el correo. No


era mucho, lo que era un poco sorprendente, ya que parecía que había
estado fuera un año.

Factura. Mierda. Mierda. Factura.

Lo de siempre. Le llevó unos diez minutos mirar y organizar los sobres


entre qué triturar y qué era importante. Las plantas fueron lo siguiente,
aunque no estaban demasiado mal, estaban poco caídas. Luego arregló
la sala de estar, se preparó un Lean Cuisine 27 , lo que le llevó unos

27 Lean Cuisine: es una marca de platos congelados y comidas vendidas en los


quince minutos consumir, y eso fue estirándolo.

Y sí, las paredes se estaban cerrando. L.A. definitivamente no era el


Parque Nacional Shoshone, con sus majestuosas montañas y árboles
gruesos.

Sluaghs, también. No te olvides de ellos.

Bueno, aquí en la ciudad ellos tenían mierdas que eran igual de malas.
A ella le gustaría ver una de las mascotas de Malik ir contra los Lobos
de East Side. Ahora eso valdría la pena el precio de la admisión.

Nerviosa, metió la mano en su bolso y extrajo su celular para cargarlo,


porque realmente no lo había utilizado en días. Fue entonces cuando
por fin comprobó sus mensajes y descubrió que tenía tres de Dean.
Maldición, se había olvidado de él y probablemente estaba muriendo de
curiosidad, por no mencionar preocupado porque ella no se había
molestado en llamarlo.

Después de asegurarse de que había suficiente carga, llamó


rápidamente a su amigo. Contestó a la tercera timbrada, actitud típica
de Dean.

—Ya era la maldita hora. Estaba empezando a pensar que habías sido
devorada por un maldito Yeti.

—Montañas equivocadas. —Buddy, nunca creerías lo que realmente


encontré—. Como puedes ver, o más bien oír, estoy bien.

—¿Estás en casa?

—Sana y salva. Llegué hace un par de horas.

—Voy para allá. ¿Tienes alguna cerveza?

—Estoy cansada, Dean. Conduje durante un día y medio para llegar


aquí.

—No voy a quedarme mucho tiempo. Solo quiero la historia. Supongo


que hay una.

Ella suspiró.

—La hay. Trae la cerveza. Yo no tengo.

—Lo tengo. Una hora, como mucho.

Estados Unidos, Canadá y Australia por Nestlé.


Diciendo adiós, ella colgó el teléfono y se acomodó en el sofá a esperar.
Debió de haberse dormida, porque acababa de ver a través de un claro
un hermoso lobo rojo al que estaba desesperada por llegar cuando unos
golpes destrozaron el jirón de un sueño y ella se enderezó.

El sonido se repitió, unos golpes en la puerta. Frotándose los ojos, se


tambaleó hacia la puerta y se asomó fuera, entonces dejó entrar a
Dean. El rubio le dio un gran abrazo con un solo brazo y luego se dirigió
a la cocina, sintiéndose como en casa mientras quitaba dos longnecks28
de una de las cajas y ponía a un lado el resto.

—Bien, suéltalo —exigió, girando la parte superior de una botella de


color marrón y entregándola—. ¿Encontraste alguna señal de lo que le
pasó a Micah?

Tomó un trago largo y se limpió los labios.

—Mejor. —Por primera vez desde que abandonó el complejo, sonrió—.


Lo encontré a él.

—¿En serio? ¡Eso es genial! —Dando un paso adelante, la abrazó de


nuevo y le dio un beso húmedo en la mejilla—. ¿Por qué diablos no me
llamaste? He estado en ascuas todo este tiempo, preocupado de que
habías golpeado a otro callejón sin salida y probablemente estabas
devastada y… mierda, no importa. ¿Cómo está? ¿Dónde ha estado?

Apoyándose en el mostrador, Rowan colocó la botella fría contra su


frente por un momento, recopilando de sus pensamientos. Dean era del
FBI y era un buen hombre. Sabía que podía confiar en él. Pero, ¿cuánto
podría creer?

—Micah fue capturado hace un poco más de seis meses, durante una
operación que salió mal. Material muy secreto. Fue recuperado de la
instalación donde se encontraba retenido, poco después de que yo
llegara al complejo sobre el que me contaste. Estaba en muy mal
estado, pero está en proceso de recuperación.

Ella esperaba.

Él la estudió, el silencio se extendió.

—¿Eso es todo? Después de meses de verte llorar, ¿consigo la versión


corta?

—Dean...

28 Longnecks: Un tipo de botella de cerveza con un largo cuello delga do y cónico en la


parte superior.
—¿Qué era esta instalación donde se encontraba detenido?

¿Qué decir?

—Es uno de los muchos lugares donde alguien muy conocido realiza
experimentos ilegales con humanos.

—¿Humanos?

Mentalmente maldijo su torpeza.

—A diferencia de los chimpancés y las ratas.

—Oh. ¿Qué tipo de experimentos?

—Realmente no puedo decirte.

—¿No puedes o no quieres? Vamos, Rowan. He buscado durante meses


para conseguirte una pista de tu hermano, y nunca he traicionado tu
confianza.

Vacilante, ella lo miró a la cara, leyendo su preocupación. Era el mejor


amigo que tenía y lo había demostrado ser una y otra vez. Lo que es
más, Nick nunca le había prohibido decir nada. Necesitaba decirle todo
a alguien en quien pudiera confiar. Ese sería Dean.

—Trae el resto de la cerveza. La vamos a necesitar.

Claramente intrigado, fue a buscar la caja. Llevaron sus cervezas a la


sala de estar, las colocaron en el centro de la mesa de café y se dejaron
caer en el sofá.

Y entonces, procedió a contarle todo. Desde su llegada y su encuentro


con los cambiaformas, hasta su desgarradora salida. Cómo había
llorado la mitad del camino a casa y solo quería dormir durante un
maldito año y olvidar que esto había pasado. Excepto que no podía
porque ahí es donde estaba Micah y donde obviamente planeaba
quedarse.

Cuando terminó, habían acabado con todas, excepto dos cervezas y


Dean la estaba mirando fijamente, con los ojos abiertos, sin tener
mucho que decir de toda la historia. A excepción de interferir con una
pregunta o un sincero "Mierda" aquí o allá.

—Crees que me he vuelto completamente loca, ¿no? —Agarró la


etiqueta, sintiéndose un poco dudosa. Demasiado trauma, poco
descanso en el viaje de regreso a Los Angeles, además de agregar algo
de cerveza sobre una superficial Lean Cuisine, daban por resultado una
policía cansada y triste.

—Cristo, no lo sé. —Él empujó sus dedos a través de su corto cabello


color trigo, haciéndolo ir en diferentes direcciones—. En toda mi vida,
nunca he conocido a una persona más estable y honesta que tú. Nunca
me has mentido. Pero esto...

—Sé que es mucho para digerir. Pero es verdad, cada palabra. —Se
inclinó hacia él, ansiosa para que le crea—. Necesito una persona a mi
lado con quien pueda hablar de todo esto, alguien que me entienda y no
juzgue. Siempre has sido tú. Por favor, no me sigas la corriente, o me
digas que estoy imaginando cosas a causa de todo el estrés. No lo estoy.
Es real.

Ella no se había dado cuenta que había levantado la voz hasta que él le
puso una mano en su rodilla y habló en voz baja.

—Está todo bien, mi amiga. Necesito pruebas, tanto como con cualquier
cosa que me dicen. Trabajo peligroso, ¿sabes? Pero debido a que nos
conocemos desde siempre, confío en que me estás diciendo la verdad.

—Sin embargo, todavía querrías una prueba, ¿no es así? —Logró decir
con una pequeña sonrisa.

—Soy un agente. —Él se encogió de hombros, como si eso lo dijera todo.


Y lo hacía.

—Gracias por tu atención, incluso si todavía eres escéptico acerca de


cosas sobrenaturales.

—Eres mi mejor amiga, y eso es lo que hacen los amigos. —Terminando


su cerveza, la puso sobre la mesa y la observó con atención—. ¿Qué vas
a hacer con este chico Aric?

—¿Qué puedo hacer? Dijo que no siente la misma atracción hacia mí


que yo siento por él. Jesús, mis entrañas están revolviéndose y quiero
saltar en el coche y conducir todas las diecinueve horas directo hasta
llegar a él. ¿En qué tipo de acosadora me convierte eso?

—Estás enamorada. Tómate un descanso. Y, ¿has considerado que tal


vez él solo tiene miedo?

—¿De qué? ¿De mí? ¿Del compromiso?

—No sería el primer hombre en huir, en un principio. Podría ser que


necesite un poco de ánimo. Un pequeño empujón. Una cosa es segura,
no ayudaste a tu misión de atraparlo corriendo a casa como un perrito
apaleado.

Ella frunció los labios.

—En primer lugar, no estaba en una misión para atrapar a un hombre.


No quería un novio. —Bueno, eso era una mentira. Pero aun así, no
había estado buscándolo activamente—. Y en segundo lugar, no huyo
de la escena como un criminal… Tengo un trabajo. Ya sabes, ¿esa cosa
que hago que paga las cuentas?

—Vaya, no me arranques la cabeza. —Su sonrisa idiota era linda—. ¿No


estás olvidando convenientemente la oferta de empleo que el jefe del
equipo te ha hecho?

Frustrada, agitó una mano en el aire.

—¡Hollaaa! Aric está en dicho equipo y prácticamente me empujó en mi


coche y me lanzó de vuelta a L.A. Amor no correspondido y compañeros
de trabajo no se mezclan, como tú y yo bien lo sabemos.

Él hizo una mueca.

—Buen punto. Los dos hemos intentado eso y fracasamos, ¿no es así?
Pero creo que deberías reconsiderarlo, porque tengo la sensación de que
no es tan inmune a ti como piensas. Tómate un poco de tiempo, es todo
lo que estoy diciendo. No lo descartes totalmente, o podrías realmente
lamentarlo.

Un recuerdo de Nick en su oficina saltó a la mente, colocando su puño


sobre su corazón.

Solo escucha lo que te dice.

—Está bien, te prometo que voy a reflexionar un poco más.

—Bien. Ahora, ¿qué hay de comer por aquí? Me muero de hambre.

Algunas cosas nunca cambian. Y eso era muy, muy bueno saber en
estos momentos.

La familiaridad era a todo lo que tenía que aferrarse.

***

Después que Dean se fuera, Rowan se preparó para la cama y se deslizó


bajo las sábanas. Casi tan pronto como su cabeza golpeó la almohada,
dormida, se hundió en el sueño.

Aun así, no podía dejar de pensar en Aric. Anhelando a su lobo.

Al llegar al otro lado de la gran distancia, se imaginó el campo detrás


del edificio. Sabía que era el lugar en donde ella lo encontraría, porque
siguió a la tracción. El maldito anhelo que se rehusaba a ser negado.

El campo apareció y se encontró hundiendo sus dedos en la hierba


suave. Y a través de la corta distancia, el hombre que buscaba estaba
bañado en luz de luna, el resplandor iluminaba su piel sin defectos, los
delgados músculos ondulantes. No la vio, pero se quedó con la cabeza
inclinada hacia atrás con el pelo castaño oscuro fluyendo,
contemplando las estrellas. Pero él debió sentirla y habló en voz baja
mientras se acercaba.

—¿Crees que es allí donde vamos cuando morimos?

Moviéndose más cerca, ella le tomó la mano. Se quemó con el calor,


pero ella no lo soltó.

—No lo sé. Siempre he preferido la idea de que nos quedamos cerca de


la tierra, protegiendo a la gente que amamos.

Se dio la vuelta para mirarla, con una sonrisa triste en sus labios.

—Al ser una criatura de la tierra, me gusta más esa idea.

—¿Por qué estás parado aquí en una noche tan hermosa como esta y
preguntando algo así?

—No estaba haciéndolo, originalmente. Simplemente estaba aquí,


esperando que usaras de ese don tuyo para encontrarme.

Acunando el rostro de él, el amor creció en su corazón contra su


voluntad. Sin su permiso.

—Y así lo hice. Hazme el amor, Aric —dijo ella sin aliento. Con él, ella
no era un policía, un protector. Era una mujer, desnuda hasta su
esencia y se sentía increíble.

—No sabes lo mucho que quiero. —Acariciando su cara con una mano,
parecía estar memorizando cada una de sus características—. Pero no
puedo. Me tengo que ir, pronto, y y-yo quería decirte adiós —susurró.

El miedo se apoderó de su alma por la forma en que había dicho eso.


Tan definitivo.
—¿A dónde vas? ¿Es una operación?

—No, cariño.

—¿Entonces qué? ¿Cuándo volverás?

—No lo sé. —Él apartó la mirada.

Estaba mintiendo.

—Dime la verdad, ¡maldita sea! Merezco saber —exclamó, agarrando su


brazo.

La agonía se alineaba en su hermoso rostro.

—Antes de que te fueras, mentí. Lo sentí, también, el tirón. Nunca quise


que te fueras.

—Entonces, ¿por qué? ¡Pensé que no me querías!

—Oh, Dios. Nada podría estar más lejos de la verdad. Pero te mereces
mucho más que un perdedor como yo.

Antes de que ella pudiera protestar, la besó en los labios. Probando con
su lengua, profundizando la unión mientras acercaba sus cuerpos
desnudos. Luego terminó y él retrocedió. Dejándola ir.

—Perdóname por lo que le hice a Micah —se atragantó—. No me olvides.

Luego se volvió y se dirigió resueltamente hacia el bosque, como un


hombre que va a la horca. Ella gritó su nombre, pero comenzó a ser
jalada hacia atrás, hasta distancia se ampliaba hasta que no pudo verlo
más. Niebla se arremolinó a su alrededor y sollozó, perdida, llamando a
Aric.

—¡Aric, no!

Se despertó, temblando, mirando en la oscuridad de la caja de zapatos


que era su dormitorio en el apartamento. Llevándose una mano
temblorosa a la frente, se frotó, tratando de despejar su mente del
horrible sueño. El terror roía sus entrañas en estos momentos, su
sensata voz interior susurraba ¿y si no fue solo un sueño?

Echando un vistazo al reloj digital junto a la cama, vio los brillantes


números que decían que eran las tres y cuarto de la mañana. No podía
llamar a Nick a estas horas y ordenarle que comprobara a un hombre
adulto porque había tenido un mal sueño.

No. Había superado esto. Era una especie de ansiedad sobrante


haciéndole saber que estaba en casa. Ella llamaría, pero esperaría hasta
la mañana y hablaría con Micah. Sonsacándole lo suficiente como para
saber que todo estaba bien, y nadie tendría que saber acerca de su
pequeño colapso.

Bien, mal plan. Descartó eso y fue con el instinto. Eso es lo que hacía
un buen policía.

Encendió la lámpara de la mesilla, salió de la habitación a trompicones


y fue en busca de su bolso. En el interior, encontró la tarjeta de Nick
donde la había puesto. Entonces agarró su celular del cargador y lo
llamó, con el pulso acelerado.

No sabía si sentirse aliviada cuando se fue al buzón de voz, pero, de


todas maneras, dejó un mensaje.

—Nick, es Rowan. Sé que son más de las tres de la mañana, pero tengo
este mal presentimiento de que algo está mal con Aric. Tuve un sueño
y… bueno, es una estupidez, pero llámame de todos modos cuando
recibas este mensaje. —No importa a que hora—. Adiós.

La siguiente llamada fue al celular de Aric. Allí, también, dejó un


mensaje de voz.

—Aric, es Rowan. ¿Has tenido ese sueño en este momento? ¿Ese en el


que te despides? Devuélveme la llamada tan pronto como escuches esto
y dime que era solo un viaje extraño, o que no tuviste el mismo sueño, y
estaré feliz. Por favor, llámame. Yo… te echo de menos.

Maldita sea. No había querido añadir la última parte, pero se le escapó.


Presionando el botón FINALIZAR LLAMADA, se echó de nuevo en la
cama, pero puso el teléfono en la mesilla de noche. Aparte de conducir
de nuevo a Wyoming, había hecho lo que podía por ahora.

Cerrando los ojos, se sumió en un sueño inquieto. Pero esta vez no soñó
nada.
Traducido por Whiteshadow

Corregido por Marivalepaz

n algún lugar, un pájaro cantaba.

No, no era un pájaro. Pero era insistente, y lo arrastró de vuelta


a la conciencia. Aric abrió los ojos y buscó a tientas por lo que
fuera la maldita cosa que estaba haciendo ruido, un zumbido o
chirrido en su mesita de noche. Y por supuesto, en su estado
aturdido, golpeó el dispositivo contra el suelo. Su teléfono celular, se dio
cuenta.

—Maldición.

Todavía era de noche, y según el reloj de cabecera, eran las tres y veinte
de la mañana. ¿Quién diablos le llamaría a esta hora? Inclinado sobre el
lado de la cama, buscó a tientas el teléfono. Perdió el equilibrio y cayó
sobre el alfombrado suelo con un ruido sordo.

Un ruido de chisporroteo llegó a su conciencia, y poco a poco se dio


cuenta de que el sonido venía del suelo, donde sus palmas y rodillas se
encontraban apoyadas en la alfombra. Un olor a acre llegó a sus
narices. ¿Qué demonios?

Humo. La alfombra, humeaba.

Lanzándose hacia la lámpara la encendió y parpadeó, aclarándose la


visión. La alfombra estaba chamuscada y ennegrecida donde había
estado arrodillado.

—¡Mierda! —Irreal. Estaba a punto de poner su maldito apartamento en


llamas.

Trastabillando hacia su cuarto de baño, se sentó en el azulejo,


jadeando. Nunca había estado tan malditamente caliente desde que
había desarrollado su don como Pirómano. De hecho, estaba ardiendo.
Literalmente. El sudor rodaba por los lados de su cara, por el pecho y
columna vertebral. Dios, era tan difícil respirar. Y sus colmillos le dolían
con la necesidad de reclamar a la mujer que estaba a cientos de
kilómetros de distancia, durmiendo profundamente. ¿A menos que esa
hubiese sido su llamada?

Antes de que pudiera comprobar su teléfono, tenía que tratar de


enfriarse. Empujándose a sí mismo hacia arriba, se tambaleó hacia la
ducha y abrió el agua fría. Subió dentro y se apoyó en el azulejo, frente
a la regadera viendo las gotas golpear su piel, siseando y
chisporroteando. Al principio él disfrutaba del agua fría. Se sentía tan
bien.

Entonces, el efecto calmante pareció desaparecer. Estaba tan caliente


que apenas podía respirar. Sus rodillas cedieron y se desplomó en el
suelo de la ducha, apenas capaz de levantar la cabeza. Sin su
compañera, su llamado don se había vuelto por fin en su contra.

—Oh, Dios. —Ayúdame.

Pero no habría respiro esta vez. Para aliviar el dolor, se imaginaba la


cara sexy de Rowan, cuan bella había lucido mientras le hacía el amor.
Tan perdido en el placer de sus cuerpos unidos.

Al menos había llegado a decir adiós, aunque solo fuera en sueños.

***

Nick surgió de un sueño, preguntándose si había oído su teléfono,


¿cuánto tiempo hacía? Él no estaba seguro. Las llamadas en medio de
la noche nunca eran un buen presagio, y tenía la sensación de que
debía comprobar. No era como si él consiguiera dormir más si no le
hacía caso. Entonces se dio la vuelta y tomó la cosa fuera de su mesa
de noche.

Una llamada, de Rowan a las tres y cuarto. Ahora eran las tres y
veinticinco ahora. Con el estómago apretado en un nudo, se volvió hacia
la lámpara y pulso el botón para reproducir el mensaje.

Nick, es Rowan. Sé que son pasadas las tres de la mañana, pero tengo la
sensación de que algo anda mal con Aric. Tuve un sueño y, bueno, es una
estupidez, pero llámame de nuevo de todas formas cuando recibas este
mensaje. No importa la hora. Adiós.

Maldiciendo, saltó de la cama, completamente despierto. Un


presentimiento se deslizó a través de él y sabía que no se trataba de
una falsa alarma. Rápidamente, se puso un pantalón de chándal, una
camiseta y metió los pies en los tenis sin molestarse por ponerse
calcetines. Luego corrió desde su habitación por el pasillo a la
habitación de Aric, deteniéndose solo lo suficiente como para golpear a
la puerta de Jax.

El hombre abrió después de un largo minuto, vistiendo boxers, alisando


su barba y mirando agotado a Nick.

—Jefe, ¿qué mierda…?

—Creo que algo está mal con Aric. Necesito tu ayuda.

Jax se despertó, con los ojos abiertos de par en par.

—Dame veinte segundos.

—Dile a Kira que busque a Mac y Melina —gritó a la espalda de Jax.

Un momento después el RetroCog estaba de vuelta.

—Kira está poniéndose algo de ropa. Estarán justo detrás de nosotros.


¿Piensas que deberíamos llevar a Zan?

—Buena idea.

Una parada más, y los tres se fueron corriendo por el pasillo hasta la
habitación de Aric. El tiempo era esencial. Sentía la urgencia,
presionando. No se molestó en llamar, pero golpeó un código de
anulación para acceder a la puerta. Entonces corrió, sus hombres
detrás de él.

El sonido de la regadera abierta le alivió, pero solo por un momento. No


había ruidos de chapoteos, como cuando alguien toma una ducha. Solo
un flujo constante. No había otros sonidos.

Luego abrió la puerta del baño y vio por qué. Aric estaba tendido
desnudo en el suelo, inconsciente. El cabello castaño rojizo ocultaba su
cara, y estaba pegado a su pecho. Vapor se levantaba de su cuerpo
cuando el agua lo golpeaba, empañando el cristal.

—Jesucristo —exclamó Zan, saltando dentro. Cerró el grifo y colocó una


palma en el pecho de su amigo—. Joder, esta quemándose, de adentro
hacia afuera. No puedo… Dios, no puedo curar esto. Su temperatura
esta fuera de control.

Jax le tiró una toalla grande.


—Envuélvelo con ella. ¿Puedes llevarlo sin quemarte?

—Sí, puedo neutralizar el calor, siempre y cuando no arda en llamas.

Era una posibilidad distinta. Nick miró como Zan metía la toalla
alrededor la sección media de Aric, agarrando bajo sus rodillas y la
espalda, levantando a su amigo entre sus brazos. La cabeza de Aric
cayó hacia atrás, las pestañas oscuras contrastaban contra sus pálidas
mejillas.

Maldita sea, lo iban a perder… a menos que Rowan llegara aquí, rápido.

Encontraron a las mujeres en el corredor, y el grupo se apresuró hacia


la enfermería. Cuando llegaron allí, un Noah de aspecto somnoliento
salió al encuentro, obviamente después de también haber sido sacado
de su cama. Mac detuvo a Nick que seguía a Zan a la habitación donde
estaban llevando a Aric.

—Déjanos ayudarle. Solo estarías en el camino en este momento.

—Pero él es…

—Lo sé —dijo ella suavemente—. Déjanos a hacer nuestro trabajo.

Dando un suspiro, él cedió.

—Por supuesto. Lo siento.

Luego de apretar su brazo, ella desapareció en la habitación. En


momentos, Zan salió, después de haber sido obligado a esperar con el
resto de ellos.

—Si ese bastardo sarcástico muere —gruño el Sanador—. ¡Voy a tocar


música country sin parar sobre tumba, como castigo! ¿Qué demonios le
pasa, Nicky?

Todo el mundo sintió su dolor. La desesperación de la posibilidad de


perder a un gran soldado. Un buen amigo y buen hombre. Ellos
merecían saber.

—Rowan es su compañera, ¿recuerdas? Y la dejó ir sin decirle y más


importante, sin reclamarla como suya.

—No puedo creer que dejáramos que el idiota hiciera eso —graznó
Jax—. ¡Él vio lo que me pasó!

—Él siente que no se merece a Rowan por lo que le pasó a Micah y al


equipo. No dijo nada acerca de Beryl, y ella terminó perjudicando a
todos. La mitad de ustedes todavía están desaparecidos, y se culpa a sí
mismo por eso.

Zan golpeó la pared, dejando una abolladura.

—¡Que puñado de mierda! ¡Nadie le echa la culpa! ¿Por qué no puede su


estúpido cerebro entender ese hecho?

—¿Y ahora qué? —preguntó Kira.

Nick tomó el teléfono celular del bolsillo de su sudadera.

—Traeremos a cierta policía aquí, pronto. Voy a enviar el jet a Los


Angeles. ¿Quién quiere pilotearlo?

—Yo lo haré —ofreció Jax—. Mi licencia está vigente.

Kira habló.

—Iré contigo. Apuesto a que va a necesitar otra mujer con quien hablar
sobre el emparejamiento.

—Buena idea —dijo Nick—. Ve. Le diré que los vea en nuestra pista de
aterrizaje al este de la ciudad.

La pareja salió y Nick fue a la sala de espera para realizar la llamada.


Zan lo siguió y se sentó frente a él, en silencio. Nick esperó, no se
sorprendió cuando respondió al segundo timbrazo.

—¿Hola? ¿Nick?

—Soy yo. Rowan, escúchame, tenías razón. Algo ha pasado y te necesito


aquí enseguida.

—¡Oh, Dios! Es Aric, ¿verdad? ¿Qué le pasa?

—Jax y Kira están en camino en nuestro jet, y te lo e xplicarán cuando


lleguen. Empaca tus cosas y está en la pista de aterrizaje en dos horas.
¿Puedes hacer eso?

—Por supuesto. Dame las direcciones y estaré allí. —Su voz se había
calmado, teniendo ese tono policíaco que había llegado a conocer tan
bien.

En ese momento supo, sin lugar a dudas que Rowan haría lo que
pudiera para salvar a Aric. Amaba al hombre. Había esperanza.

Le dio las instrucciones y colgó, desplomándose en su asiento. Él y Zan


no hablaron. Ellos solo escucharon el tictac del reloj en la pared, y
oraron para que Jax pudiera regresar con Rowan a tiempo.
***

Rowan se duchó rápidamente, salió y se vistió. Optó por lo simple,


recogió su cabello en una cola de caballo y se puso poco maquillaje,
aplicando solo lo suficiente para que no se viera como un cadáver casi a
las seis de la mañana.

A continuación, volvió a empacar ropa como para una semana o más.


Luego, llamó a Dean y le dejó un mensaje, diciéndole lo que sabía. Lo
cual no era mucho.

Una llamada a su sargento fue lo siguiente, y dios, esa fue tan divertida
como una colonoscopía. A él no le hizo gracia enterarse de que ella no
iba a volver a su turno esa mañana como estaba previsto. Su tono
amenazador mientras decía “Hablaremos cuando regreses", no
auguraba nada bueno. Se dio cuenta de que podía no tener un trabajo
al cual regresar.

Y entonces se le ocurrió que en realidad no le importaba.

Lo único que importaba era Aric y que algo terrible había sucedido.
Todo lo que podía pensar era en llegar a él. Después de regar sus
plantas, recogió las facturas de la mesa y las metió en su bolso. Las
podría enviar por correo desde Wyoming.

Entonces, estaba en camino, dejando Los Angeles y tuvo la extraña


sensación de que no volvería. Pero tendría que volver, ¿no? Ella procesó
eso todo el camino a la avenida principal y un poco más mientras
esperaba al avión que la llevaría a Aric.

Finalmente apareció, descendiendo y siendo objeto de un aterrizaje


suave. La nave rodó hasta el final de la pista, y el piloto ni siquiera se
molestó en apagarlo. En cambio, la puerta se abrió y Jax salió
corriendo.

—Aquí, déjame ayudarte con eso —dijo, tomando su bolso y arrojándolo


sobre un hombro—. Ven. No hay ni un minuto que perder.

Ella lo siguió, el pánico comenzaba a roer los bordes de su auto


impuesta calma. ¿Qué podría haber pasado? ¿Qué podía ser tan malo?
¿Y por qué iban a venir por ella en medio de la noche? No veía cómo
podía ayudar, agradecida de que iba a ser capaz de llegar a él con
rapidez. Jax echó el bolso adentro y le tendió una mano para ayudarla a
subir en el avión.

—Contigo dentro nos marchamos. Kira nos acompaña. Ella pensó que
podrías necesitar un poco de compañía, y una explicación.

El alivio la inundó.

—Aprecio eso, más de lo que crees.

—Oh, me doy una idea. —Con una sonrisa amable, subió y cerró la
puerta, dirigiéndose hacia el asiento del piloto—. Abróchense los
cinturones.

Se sentó al lado de la pequeña rubia y colocó el cinturón de seguridad


en su lugar. Normalmente odiaba los despegues, pero de éste apenas se
enteró. Estaba demasiado alterada para pensar en el viaje en avión.

Kira le sonrió cálidamente, pero Rowan podía ver la sombra de


preocupación en sus ojos.

—Hola. Pensé que te vendría bien una amiga.

—Lo hace, gracias. Ya sabes, no tengo muchas amigas —reflexionó—.


Supongo que es porque he trabajado durante tanto tiempo en un
ambiente machista. La mayoría de las mujeres no son muy cálidas
conmigo por eso, especialmente las esposas de los policías.

—¿Ellas piensan que estás a la caza de sus hombres?

Rowan rió sin humor.

—Algo así.

—Bueno, son perras estúpidas, entonces. Todo el mundo puede ver que
tienes un gran corazón.

—Gracias. Así que dime, ¿qué pasa con él?

Kira se quedó en silencio por un largo momento, luego la miró a los


ojos.

—Está enfermo, Rowan. Quiero decir, mortalmente enfermo.

—¿Él... él podría morir?

Los ojos de Kira se llenaron de lágrimas.

—Sí. Solo espero que lleguemos a tiempo.

Rowan sintió que la sangre abandonaba su rostro.


—¿Con qué? ¿Cómo? Parecía estar bien cuando lo dejé… —¿Pero lo
estaba en realidad? Ahora que lo pensaba... él no le había parecido
como él mismo. También estaba la fiebre sin motivo que preocupaba a
los médicos.

—Sabes acerca de las parejas de los lobos cambiaformas, ¿verdad?

—Algo. El otro día, no quería dejar a Aric. La sola idea me hizo sentir
mal, y me duele físicamente estar apartada de él. Antes de irme, Micah
me dijo que le preguntara Aric si sentía lo mismo. Así que le pregunté y
él lo negó. Cristo, todavía me duele.

Kira le tomó la mano.

—Cariño, Aric te mintió. Se sentía atraído por ti, como tú por él.

—Eso es lo que dijo en mi sueño. ¿Qué quiere decir? —Ella parpadeó,


haciendo la conexión al fin. Maldita sea, ella estaba algo lenta—.
Espera, ¿estás diciendo que somos compañeros?

—Sí. Y él lo ha sabido todo el tiempo.

La verdad arrasó con ella, con dolor, casi demasiado.

—¿Por qué mentiría? ¿No quiere estar atado a una policía? ¿O no quiere
ninguna compañera?

—Nada de eso. Él no se siente digno de tu amor, de ser tu pareja.

Rowan la miró fijamente. La luz brillaba.

—Debido a Beryl y lo que le ocurrió a Micah y al equipo.

—Exactamente. Siente que debe pagar, y eso quiere decir negar su


apareamiento. Cuando un lobo cambiaformas no reclama a su
compañera dentro de un período de tiempo determinado, se enferma.
Jax se enfermó porque no quería empujarme al apareamiento antes de
que estuviera lista, el muy idiota.

—¡Hey, oí eso!

—De todos modos, por lo qué está pasando Aric es más profundo. Él
honestamente siente que está haciendo lo correcto y que es indigno.

Dios, esto era un desastre.

—¿Cómo es que me reclama?

—Él te muerde. Bastante simple, o lo sería si él estuviera consciente.


Van a tener que tratar de despertarlo para que pueda hacerlo.

Ella no quería que muriera. No importaban las dudas que tuviera de


ellos como una pareja, no permitiría que eso sucediera.

Se quedaron en silencio durante unos minutos. Entonces Rowan miró


la mano aún sosteniendo la suya y sintió las lágrimas.

—Gracias por estar aquí. Eso ayuda.

—De nada —dijo Kira con suavidad—. Pero hay una cosa más que
necesitas saber. Después de emparejarse, hay una buena probabilidad
de que también te conviertas en una cambiaformas.

—Claro, ¿por qué no? —Su risa era un poco desesperada—. Me he


encontrado casi todo lo demás, ¿por qué no volverme peluda?

—No es tan malo. En realidad, es muy divertido correr con Jax por el
bosque mientras estemos en forma de lobo. Y luego está el sexo
caliente, desnudos en el bosque cuando cambiamos de nuevo.

Esta vez la sonrisa de Rowan era real.

—Tienes un buen punto.

—Me lo imaginaba.

Se quedaron en silencio y Rowan se removió durante el resto del viaje.


Después de lo que pareció una eternidad, el avión estaba aterrizando.
Luchando, se volvió para alcanzar su maleta y Jax la despidió con la
mano.

—Ve. Llevaré esto a la habitación en la que estabas antes.

—Gracias. Les agradezco que vinieran por mí en horas de la


madrugada.

—No hay problema.

Rowan se apresuró a la enfermería, con Kira a su lado. Irrumpieron y


Noah se levantó del escritorio al ver a Rowan.

—¡Gracias a Dios! Vamos, los médicos están esperando por ti.

Corrieron a una de las habitaciones, un par de puertas más abajo que


la de Micah, haciéndola pasar a su interior. Nick, que lucía demacrado,
estaba apoyado en una esquina. Los dos médicos oscilaban en cada
lado de la cama, Melina tomaba los signos vitales de Aric. Había bultos
envueltos en toallas, asentados en el pecho Aric, otros escondidos
contra los costados. Rowan se acercó, puso la mano en un paquete.
Bolsas de hielo.

—Él estaba literalmente ardiendo —le dijo Melina —. Esto parece estar
ayudando.

—¿Cómo está en realidad?

—No muy bien. Sinceramente, no sé si va a ser capaz de morderte… si


tú estás de acuerdo con ello.

—¡Por supuesto que sí! Lo am… —Ella se detuvo, respiró hondo—.


Quiero que él sea el primero en saber cómo me siento. Pero sí, estoy de
acuerdo.

—Genial. Ahora tenemos que conseguir un poco de tu sangre en su


boca, tratar de estimular su instinto para que te reclame. Dame tu
dedo.

Rowan le tendió el brazo, con la palma hacia arriba. Melina se colocó un


par de guantes de látex y tomó del contenedor un dispositivo para
punzar dedos. Rowan odiaba esas cosas. La doctora limpió la punta con
alcohol y posicionó el instrumento, y luego lo hizo descender. La sangre
brotó y la doctora exprimió para obtener una buena y robusta gota,
entonces la dejó caer sobre su propio dedo protegido por látex.

—Voy a poner mi dedo en su boca, y esperemos que la sangre estimule


una respuesta. Ha resultado antes, así que espero que lo vuelva a
hacer.

—¿Por qué no me dejas poner mi dedo adentro?

—Podrás hacerlo, después de asegurarme de que no va a ser demasiado


agresivo. Paso uno.

—Está bien.

Melina usó una mano para levantar y abrir la mandíbula de Aric. No


parecía demasiado difícil, tan laxos como sus músculos estaban. Luego,
la doctora colocó el dedo con la gotita entre sus labios, y parecía estar
masajeando su lengua. Aunque se trataba de salvar su vida, una gran
parte de Rowan se arremolinaba de cólera ante la idea de que alguien
más tocara la lengua de su hombre, o cualquier otra parte de él.

Después de un momento, su mandíbula se movió. Sus labios se


cerraron alrededor del dedo y empezó a mamar como un bebé prendido
al pecho de su madre, otra imagen de la que podía prescindir.
—Está bien, ven aquí y vamos a sustituir mi dedo con el que te piqué.
Primero asegúrate de exprimir más sangre.

Rowan hizo lo que la doctora dijo, y deslizó su dedo dentro de la boca de


Aric mientras Melina retiraba el suyo. Se sentía extraño, su lengua se
encrespaba alrededor de ella, caliente y húmeda. Incluso esa pequeña
conexión era demasiado íntima con una audiencia, pero decididamente
no les hizo caso. Esto era por Aric.

Con la mano libre, le acarició el pelo.

—Vamos, cariño —susurró—. Vuelve a mí, hombre terco. ¿Por qué


demonios te hiciste esto a ti mismo? Despierta para que pueda gritarle
a tu estúpido trasero.

Haciendo un ruido en la parte posterior de la garganta, chupó un poco


más fuerte, más ávido de conseguir su esencia. Ella dudaba de que él
fuera consciente de lo que estaba haciendo o por qué, pero tal vez eso lo
traería a la superficie. Sin embargo, unos pocos minutos más pasaron y
él parecía estar cansado de nuevo.

—Tengo una idea —le dijo Rowan al grupo—. Córranlo así podré
tumbarme junto a él. Si lo envuelvo en mi esencia, tal vez eso lo traiga
de vuelta.

—Excelente idea —dijo Mac—. A este punto probar cualquier cosa vale
la pena.

Nick ayudó a la mujer a mover a Aric justo lo suficiente para que Rowan
se tendiera junto a él. Se situó en el lado derecho, de cara a él, y metió
su dedo de vuelta en su boca.

—Ahora háganme un favor y dennos algo de privacidad, ¿por favor? Él


va a morderme, o no lo hará. De cualquier forma, no necesitamos una
audiencia rondando.

Obviamente reacia a dar su consentimiento, Melina pensó por un par de


segundos antes de replicar.

—Está bien. Pero volveremos para chequearlos a ambos.

El grupo salió en fila india y Rowan dejó salir un suspiro.

—Bueno, al menos podemos hablar en privado. ¿O qué tal si yo hablo y


tú escuchas? Vas a ser un buen lobo y morderme, ¿lo entiendes? Y
después si no quieres una pareja, regresaré a California y nunca me
volverás a ver.
Un pequeño gruñido retumbó en su pecho, y ella lo tomó como un signo
positivo. Acomodándose más cerca, ella acarició con la nariz su mejilla
y su cabello, haciendo lo mejor que podía para asegurarse de que él no
pudiera no notar de su esencia. Esto tenía que funcionar. Si no lo
hacía…

Ella no lo perdería. No era una opción.

Descansando su cabeza en su hombro, empezó a hablar. Y hablar,


hasta que su voz estuvo ronca.

***

Él flotaba, retorciéndose en agonía. Pesadillas de fuego y muerte lo


consumían.

Emergía de tanto en tanto, pero el dolor era demasiado. No solo físico,


sino la consciencia de todo lo que había perdido. Estaba listo para
rendirse, para abrazar el final.

Y después un dulce sabor quemó en su lengua. Delicioso. Había algo en


su boca, y eso traía lo que fuera que sabía tan bien. ¿Un dulce? No. Era
tibio, vivo.

Carne. El dedo de alguien. Y… ¿sangre?

Eso no tenía sentido. Él era un lobo, no un vampiro. Pero a los lobos les
gustaba la sangre cuando comían un conejo o un ciervo. Este sabor no
era de un animal, sin embargo.

Mientras sus pensamientos se volvían más lúcidos, él se volvió


consciente de la calidez en su costado. En lugar de añadirse al malestar
del fuego interno que rabiaba, era un consuelo. También lo era la
embriagadora esencia incitando su nariz. Espuma de océano y flores se
envolvieron alrededor de sus sentidos, dándole paz, aliviando la agonía.

Su lobo reconoció al dueño de esa maravillosa esencia antes de que él lo


hiciera, y gimió, necesitando acercarse. Compañera. Mía.

¿Rowan?

¿Había dicho su nombre en voz alta? Lo intentó otra vez.

—¿Ro?
—Estoy aquí, cariño. —Brazos se envolvieron alrededor de él y su cara
fue empujada contra su piel.

Jesús, ella olía tan bien. Se sentía bien contra él. Él acarició con la
nariz la curva de su cuello y sus caninos se alargaron. Él anhelaba
reclamar a su pareja, pensó que no debía, pero no podía recordar por
qué no.

—Muérdeme, Aric —susurró ella—. Hazme tuya.

Separando sus labios, él dejo que sus dientes rozaran a lo largo la


delicada piel. Que dios lo ayudara, no podía resistir un segundo más.

Él atacó, hundiendo sus dientes en su cuello. Su ambrosía explotó en


su lengua y su cuerpo estalló. Montó ola tras ola de éxtasis mientras su
compañera gritaba su placer.

¡Mía!

Suya. Por siempre.

***

—Muérdeme, Aric —susurró Rowan—. Hazme tuya.

Por un segundo, ella no pensó que se daría por vencido. Sus dientes
rasparon la curva de su cuello y su hombro, y vaciló. Y luego hundió
sus colmillos profundamente.

Alegría instantánea, desenfrenada, la derritió hasta los huesos y la


encendió como una antorcha, de adentro hacia afuera. Un hilo de oro se
abría paso a través de sus almas, uniéndolos para siempre. Ella
realmente lo sentía, lo veía con el ojo de su mente y supo que era real.

Vagamente, fue consciente de gritar. Esa soy yo. ¡Dios, es tan bueno!

Pasos se acercaron corriendo y se abrió la puerta. Entonces deben de


haberse alejado sigilosamente porque cuando volvió de nuevo a la
tierra, ella abrió los ojos y estaban los dos solos.

Retirando sus colmillos, Aric lamió las heridas.

—Mía —dijo con voz áspera—. Mi compañera.

—Sí, tuya. Y tú eres mío. —Ella lo abrazó más cerca.


Entonces su cuerpo se aflojó. Al principio ella estaba alarmada, pero
luego se dio cuenta de que el horrible calor que había irradiado de su
cuerpo había disminuido notablemente. Su rostro estaba relajado, pero
tenía una leve sonrisa, como si acabara de ver el cielo. Estaba
simplemente durmiendo.

—Gracias —dijo ella a cualquiera fuera el poder más alto que lo había
salvado. O tal vez le hablaba a él. Pero tenía que darle las gracias a
alguien.

Y ella le debía unas patadas cuando se despertara, por asustarlos a


todos como la mierda.

***

Sol. Calidez, en su cara.

La luz no quemaba, y para sorpresa de Aric, él ya no estaba caliente. De


hecho, se sentía malditamente acogedor, con alguien acurrucado a su
lado. Abriendo sus ojos curiosos, dejó que su visión se ajustara y estiró
el cuello para mirar a la mujer cuya cabeza estaba apoyada en su
pecho, el cabello castaño se desplegaba. Le gustaba ser su almohada y
sonrió un poco.

Pero, un momento… se suponía que debía estar enfermo. Muriendo.


¿Cómo era que ella estaba allí, y él estaba... normal?

Sí, se sentía bien. Cansado, pero bien. Pensando duramente, buscó una
explicación… y recordó.

—Oh, Dios.

Había mordido a Rowan. La había reclamado.

Mía, retumbó su lobo, inmensamente satisfecho consigo mismo.

El hombre, sin embargo, estaba avergonzado. ¿Cómo podía haber hecho


esto? ¿Atarla a sus gustos para siempre?

—Rowan —dijo en voz baja, empujándola suavemente—. ¿Cariño?

Ella se movió un poco.

—¿Mmm?
—Ro, despierta. —Besó la parte superior de su cabeza, su corazón latía
tatuándose extrañamente en su pecho. Quería negar lo que había
hecho, pero se sentía protector de la unión. Como si su alma
absolutamente no aceptaría negarlo ahora.

Estirándose, ella se levantó y le dio una sonrisa somnolienta.

—Estás despierto. ¿Cómo te sientes?

—Bastante bien, en realidad. Mejor de lo que debería.

—Oh, no. No vamos a auto-compadecernos por esta unión —dijo con


firmeza—. Haz que te crezcan un par de bolas, lobo, y úsalas.

Sus ojos se abrieron.

—¿Me estás llamando cobarde?

—Si la vagina se ajusta.

Él se ahogó, sin saber si reír o estar enojado. Eligió la diversión, como si


simplemente no tuviera el corazón para estar enojado con su
compañera. Ella obviamente había corrido a su lado y le había salvado
su penoso trasero.

—¿Es así? No me importa lo dura que seas, oficial. Mis pelotas siempre
serán más grandes que las tuyas.

—Gracias a Dios por eso. —Sus ojos chocolate se ablandaron con


emoción—. Estoy tan feliz de que la mordida funcionara. Espero que
estés feliz, también.

Él ahuecó su cara.

—No merezco serlo, pero sí, lo estoy.

—Mira, tenemos que trabajar en esa cosa de “no te merezco”. Es auto-


destructivo y estás equivocado. Beryl y Malik son los que han
orquestado cada paso de su plan, nadie más. ¿No es hora de que dejes
de tomar la culpa por las manipulaciones de esa puta?

Por primera vez, él realmente pensó en eso. La verdad se filtró y


mirando en bello rostro de Rowan, fue liberado. Del horror y la culpa.
De todo.

—Sí, lo es. No estoy diciendo que será fácil, pero estoy dispuesto a
ponerlo detrás, por ti.

—Por nosotros.
—Así es. Por nosotros.

—¿Hablarás con Mac? ¿Le dejarás que te aconseje para que puedas
sanar? Te quiero sano, cariño, por dentro y por fuera. Es la única
manera en que lo lograremos.

Él no podía negarle nada.

—Por supuesto. —Algo más se le ocurrió, una gran piedra de tropiezo—.


¿Y tú trabajo? Sé lo mucho que amas ser policía.

—Sí, pero... —Ella pensó por un momento—. Cuando me fui de aquí,


sentí como si mi corazón estuviera siendo arrancado. Sí, mucho de ello
era por la atracción del apareamiento, pero eso no es todo. Este lugar,
contigo en él, se siente como estar en casa. Micah está aquí, y sé que si
me quedo, con el tiempo voy a estar tan cerca de los chicos como lo
estoy de mi propio hermano.

La ansiedad hizo que su pulso saltara.

—¿Qué estás diciendo?

—Que me quiero quedar. —Trazando sus labios con los dedos,


susurró—: Te amo.

Esto es felicidad. He esperado tanto tiempo.

—Toda mi vida he querido escuchar esas palabras de alguien que las


sintiera —dijo él con voz apretada—. Cariño, yo también te amo.

Sus labios se juntaron y su cuerpo se encendió en la mejor forma


posible. Su pene se endureció entre ellos, exigiendo entrar en acción.

—Tengo que estar en tu interior —jadeó—. No puedo esperar.

—No creo que estés en forma para pasar a la acción todavía. —Ella
sonrió cuando él hizo un ruido de protesta—. Pero yo puedo ayudarte
con tu problema.

Moviéndose más abajo en la cama, apartó la manta a un lado para


revelar su cuerpo desnudo. Un par de bolsas envueltas en toallas
cayeron al suelo al otro lado de la cama y él recordó vagamente el hielo
para bajarle la temperatura. Ahora disfrutaba de una buena clase de
calor cuando ella se inclinó y lamió la goteante corona de su pene.

—¿Te sientes travieso? —murmuró—. ¿Siendo mamado por tu


compañera cuando cualquiera podría entrar?

—Mierda —gimió—. Por favor...


—Bueno, ya que ruegas tan amablemente.

Su lengua trazó círculos alrededor de la punta, capturando las


diminutas gotas que continuaban filtrándose. Estaba duro como una
maldita roca, el eje estaba rojo y palpitante. Cuando ella lo deslizó en su
boca, hacia su garganta, pensó que tal vez había muerto después de
todo. Ella lo succionó, poniendo la cantidad justa de presión,
reduciendo así la parte inferior acanalada. Sus caderas se inclinaban
hacia arriba y enterró una mano en su pelo sedoso, animándola a que
continuara.

—No voy a durar, amor —jadeó—. Oh, tan bueno.

El cosquilleo comenzó en la base de su espina dorsal y sus bolas se


apretaron. Fiel a su palabra, él no podría haberse detenido si hubiera
querido. Habría más tiempo, todas sus vidas, para hacer el amor de
cualquier forma que quisieran.

Ese solo pensamiento le hizo perder el control. Con un grito, se disparó


duro, bombeando su semilla sin cesar en su garganta. Ella lo bebió con
avidez, sin derramar una gota, luego lo liberó para sentarse y limpiar
sus labios, sonriendo.

—La próxima vez, quiero a este chico malo dentro de mí —dijo ella con
voz traviesa—. Tan pronto como estés en pie.

—Nada me va a mantener lejos de ti. Es una promesa.

—Una que espero que mantengas.

Se acurrucaron otra vez y Aric se concentró en curarse. Por sí mismo y


su compañera.
Traducido por Helen1, Escorpio & Eli25

Corregido por La BoHeMiK

ric? ¿Cariño? —Llamó Rowan a través de la sala de


recreación a su hombre, que estaba ocupado en una
batalla de vida o muerte con Jax en la Wii.

—¿Sí? —Su compañero continuó saltando alrededor como una rana,


mientras jugaban con cualquier estúpido juego que hacía una hora
atrás habían comenzado.

—¿Ya terminó la luna de miel? —murmuró ella, rascándose los brazos.

—¿Qué? —Saltó de nuevo, y tocó la bocina, anotándose un punto


contra Jax.

—Me está picando. —Cuanto más se rascaba Rowan, peor se ponía.

—¡Deja de rascarte!

—¡No puedo! —Maldita sea, estaba en todas partes. Sus brazos, el


cuello, el estómago, las manos y los pies—. Estoy a punto de perder la
razón.

Finalmente, él dejó de jugar y se acercó a ella, frunciendo el ceño con


preocupación.

—¿Has usado alguna de las cremas que Melina te dio?

—Sí, y no ha ayudado. —Suspiró—. Voy a volver a nuestros aposentos


para tomar otra ducha.

—Voy a ir contigo. —Tomándola de la mano, le dijo a Jax "hasta más


tarde", y regresó con ella. Una vez allí, marcó el código y entraron —.
¿Quieres algo frío para beber? Podría no ayudar, pero te caería bien,
¿no?

Bendito sea, realmente estaba preocupado ahora e intentaba ser de


ayuda. Ella le dirigió una sonrisa y lo besó profundamente.
—Por supuesto. Algún tipo de refresco sería genial.

—Está bien. Vuelvo enseguida.

Ella continuó hacia el dormitorio, empezó a quitarse la ropa. Cada fibra


de su camisa y pantalones vaqueros parecía agravar el problema, y era
molesto como el infierno. Una vez desnuda, ella se inspeccionó en el
espejo de la cómoda, y no vio nada fuera de lo común. Las marcas
visibles solo eran las de sus propias uñas mientras se había rascado
como un perro con pulgas.

O lobo. ¿Podría ser...?

En ese momento, un fuerte dolor se apoderó de su estómago. Agarrando


su cintura, ella se quedó sin aliento, arreglándoselas para ahogar un
grito. Tal vez pasaría, y ella no quería asustar a Aric. Sin embargo, un
segundo dolor siguió detrás del primero, éste se irradió a todos los
miembros. Sus piernas se doblaron y ella golpeó el suelo con un ruido
sordo, pero no le dolió tanto comparado con los cuchillos clavándosele
en los brazos y las piernas.

—¡Aric! —llamó ella con los ojos llenos lágrimas. Enroscándose en


posición fetal y agarrándose del estómago.

—Rowan, lo que… ¡Oh, mierda! —La lata de refresco cayó rodando


mientras el caía de rodillas y la levantaba en sus brazos. Rápidamente,
él la puso en la cama y comenzó a revisarla buscando heridas—. ¿Qué
pasó, cariño? ¿Dónde te duele?

—Todo —gimió ella—. Es… estoy siendo apuñalada.

—¿Dónde?

—Los brazos y las piernas. ¡Me duele!

—Voy a llamar a Melina. —Comenzó a levantarse, pero ella se aferró a


él.

—¡No me dejes! Solo sostenme, por favor —rogó. Nunca había estado
tan necesitada. Lo único que quería era a Aric—. Nunca había sentido
nada como esto.

—¿Está mejor el dolor? —preguntó con ansiedad. Sentándose en la


cama, él la movió a su regazo, sosteniéndola protectoramente en el
círculo de sus brazos.

—Algo. Pero me hormiguea y no me siento bien. Como si tuviera una


especie de enfermedad o hubiera comido algo descompuesto.
Aric se quedó en silencio, frotándole la espalda. Cuando volvió a hablar,
él estaba mucho más tranquilo.

—Cariño, esto es exactamente lo que yo sentí justo antes de mi primer


cambio. Y fue alrededor de dos semanas después de que había sido
mordido.

—Igual que yo. —Mientras lo miraba a la cara, le sudaba la frente y su


miedo aumentó—. No sé si puedo hacerlo —susurró—. No, si siempre va
a doler de esta manera.

—No lo hace, cariño, te lo juro. Solo la primera vez. —Él la besó, lento y
suavemente.

—No sé qué hacer. —Ella odiaba el tono quejumbroso de su voz. Odiaba


sentirse débil.

—Está bien, vamos a ver. —Él pensó por un segundo—. Trata de abrir
tu mente a la loba. Déjala entrar. ¿La sientes?

Cerró los ojos, respiró hondo y se concentró en relajarse. No fue fácil


con el dolor todavía retorciéndole las extremidades, pero ella profundizó
en su mente.

—Siento algo. ¿Una presencia?

—Yo apostaría a que es ella —dijo él, empezando a sonar emocionado—.


Hazlo otra vez, y trata de no pensar tanto.

—Es fácil para ti decirlo. —Pero ella lo intentaba, cavó más profundo.
En esta ocasión, la imagen de una loba vino a la mente. De color
oscuro, como Micah, pero más pequeña. Ella se quedó sin aliento, y la
imagen se desvaneció—. ¿Esa soy yo? ¡Vi una loba marrón!

Él sonrió.

—Estás llegando allí. Tienes que llamarla y hacerla obedecer. ¿Quieres


que yo cambie? Podría ayudar.

—Está bien, vamos a intentarlo.

Ella observó como Aric se levantó de la cama y empezó a quitarse la


ropa. Señor, era precioso y ella era la mujer viva más afortunada.
Desnudo, se arrodilló en la cama, su mirada verde sosteniendo la de
ella, pelo rojizo fluyendo en sus hombros. Su boca se torció y sus ojos
ardieron. El hombre sabía muy bien que ella amaba lo que veía, cómo la
afectaba.
Él cambió lentamente, y ella se imaginó que era para su beneficio, ya
que así podía estudiar el proceso de una manera que nunca había
hecho antes. Su rostro se estaba remodelando, la nariz convirtiéndose
en un hocico, el cabello rojo como el pelaje y las orejas afelpándose. Los
brazos y piernas se convirtieron en caninas y su pecho se redondeó. Su
cola era afelpada, meneándose alegremente cuando el cambio se
completó. Tenía la lengua afuera.

—Eres hermoso —dijo ella, frotándole la cabeza. Ella sonrió mientras él


se metía bajo su mano, obviamente deseando que lo rascara—. No sé si
puedo hacerlo...

Apenas había terminado ese pensamiento cuando su estómago dio un


vuelco. El cosquilleo debajo de su piel se convirtió en un enjambre de
abejas. En el interior, su loba gruñó, al fin haciendo notar su presencia.
Ella se quedó mirando a Aric y vio preocupación. También, estímulo,
mientras él le lamía la cara.

Entonces, de repente, ella no tuvo otra opción. Lanzó un grito de alarma


mientras el primero de los cambios sacudía su cuerpo. Una imagen de
Pinocho vino a su mente mientras el rostro se le alargaba,
especialmente la nariz. Afortunadamente, su hocico parecía el tamaño
correcto cuando dejó de crecer. A continuación, los brazos y las piernas
empezaron a adelgazar y brotar pelaje. Sus manos se convirtieron en
garras, su torso se transformó. Y algo estaba saliendo de su culo. Ella
se volteó lo mejor que pudo para ver su peludo trasero marrón, con una
cola parada como una bandera. Dando un meneo experimental,
encontró que funcionaba muy bien.

Un ladrido feliz trajo su atención de nuevo a Aric. Su compañero


bailaba al alrededor de ella, en la cama. Y la mordisqueaba
juguetonamente en el trasero. Ella le devolvió la mirada, pero luego algo
llamó su atención, su reflejo en el espejo del tocador.

¡Oh, Dios mío!

Pero las palabras salieron como un ladrido. Mirando de nuevo hacia ella
había una loba de color oscuro, más bien pequeña, al igual que en su
visión. Su pelo era brillante y llenaba su rostro delicado. Nunca había
sido delicada en su vida, así que esto era un cambio agradable.

¡Puedo ser una loba demasiado bonita, si se me permite decirlo!

Puedes apostar que lo haces. ¡Hermosa! Y tú eres toda mía.

Aturdida, se dio la vuelta para mirar a Aric.


¿Puedes oírme?

Sí. Kira y Jax se pueden comunicar de esta manera, o al menos eso han
dicho. No sabía si era verdad, pero al parecer podemos también. Genial,
¿eh?

¡Sí! No puedo creer esto. Soy una loba.

Bastante impactante para un policía de una gran ciudad.

Y algo más.

¿Quieres probar tus piernas perrunas?

Él saltó de la cama y corrió hacia la puerta, esperando.

Aquí va.

Ella saltó, cayó al suelo y terminó en un montón. La risa de Aric resonó


en su cabeza y ella frunció el ceño. O lo intentó.

No te rías de mí, amigo. Ve si consigues alguna cola, por así decirlo.

Oye, no hay necesidad de ponerse irritable.

Trotando, empujó su cuerpo en el de ella, animándola a le vantarse. Se


puso de pie con las piernas temblorosas, siguiéndolo mientras él la
llevaba por el pasillo, y en su sala de estar. Durante un tiempo,
simplemente caminaron alrededor, dejándola acostumbrarse a la nueva
forma y movimiento a cuatro patas en vez de dos. Lo hizo bastante bien,
y él empezó a mordisquear, jugando de nuevo, deseando que ella se le
uniera.

Lanzándose a sí misma ánimo, ella le devolvió la mordida, gruñendo,


fingiendo ser la loba más mala. Él gruñó, mostró sus enormes dientes y
ella gritó, quitándose, saltando a la mesa del café, cayendo en el sofá, y
saltando por encima de la parte posterior del mismo. Él estaba detrás
mientras ella corría en círculos alrededor de la sala de estar.

La feroz alegría se desbordó mientras corrían. Ella nunca había sido tan
libre. Amaba a ese hombre, su lobo, y era amada.

La alcanzó y saltó sobre ella, llevándola hasta el suelo, pero no le hizo


daño. Él era muy cuidadoso, incluso mientras eran bulliciosos. Ella
disfrutaba cada segundo, pensando que todo el mundo debía oír sus
ladridos y gruñidos.

Finalmente, se cansaron y se tumbaron en la alfombra, jadeando. Poco


a poco, su compañero cambió de nuevo y apoyó la barbilla en su mano,
sonriendo.

—Está bien, tu turno. Cambia de nuevo. De la misma forma que antes,


a la inversa. Llama a tu mitad humana.

Después de la agonía del primer cambio, volver a su forma humana fue


sorprendentemente fácil. Se imaginó como Rowan, con rasgos
humanos. Funcionó, y el cambio ocurrió sin problemas, en cuestión de
segundos, dejándola desnuda y con un compañero muy caliente.

—Dios, eres hermosa. —La besó con fuerza y profundamente—. Podría


comerte. De hecho, creo que lo haré. Rueda sobre tu estómago.

—Mandón.

—Lo amas.

Él tenía un punto. Hizo lo que le dijo, y Aric le abrió las piernas


ampliamente, arrastrándose entre ellas. Ella lo sintió allá abajo, el soplo
de aliento en su sexo. Casi hizo una conexión en cadena… bueno, una
con solo dos enlaces. Es todo lo que alguna vez sería.

—Me voy a comer ese dulce coño —dijo, con voz ronca—. ¿Quieres?

Una pequeña sacudida pasó por ella debido a su hablar sucio. Sus
últimas veces juntos había sido tierno y dulce. Esta era una parte de él
que la llamaba a un nivel completamente diferente, sobre todo ahora
que estaban unidos. Nada era realmente sucio, siempre y cuando eran
ellos dos, y alimentaba su deseo aún más.

—¡Sí, por favor!

—Dilo —exigió.

—Por favor, cómeme —suplicó ella, sin aliento.

—Esa es mi chica. Voy a cuidar muy bien de ti.

Ella gimió cuando sus dedos la abrieron, y su lengua empezó a lamer su


centro. Le hizo cosas atre vidas que ninguna lengua normal debe ser
capaz de hacer, deslizándose profundamente para follarla. Dentro y
fuera, constantemente volviéndola loca. Sintiéndose atrevida, se abrió
más ampliamente.

Toma todo de mí. Haz lo que quieras.

Oh, lo haré, dulce nena. Cuenta con ello.

Él lamió en su centro, acariciando el pequeño botón. Ella se retorció,


necesitando más, y levantó sus caderas para enviar el mensaje.
Riéndose, él lo recibió.

—¿Necesitas mi polla follando tu bonito coño, nena?

—¡S-sí! Fóllame, ¡por favor!

Su cuerpo delgado cubrió el de ella, y el casco redondeado de su polla


se deslizó entre sus pliegues. Empujó profundamente, metiéndolo todo
el camino hasta la empuñadura. Entonces, comenzó una rutina sensual
que hacía que sus nervios cantaran. El hombre la folló como hacía todo
lo demás en su vida… con su corazón y su alma. Él trabajó su vara en
el canal de ella, conduciéndolos a los dos al borde.

Rowan no podía durar. No quería.

Su liberación explotó y ella gritó, sintiendo espasmos alrededor de su


longitud. Él la metió dos, tres veces más y, poniéndose rígido, la llenó
con su semilla. Con sus dedos entrelazados en los de ella, él se acostó
sobre su espalda, besando su cuello.

—Hermoso —murmuró—. Gracias, cariño. Te amo.

—Yo también te amo. —El letargo la tomó y se sintió fundirse en la


alfombra.

—Mi pobre compañera cansada. Has pasado por mucho hoy. Vamos a
echar una siesta, ¿eh?

—Suena muy bien.

Vagamente, fue consciente de él saliendo, poniéndose de pie.


Tomándola en sus brazos. Ella apoyó la mejilla contra su pecho, seguro
y cálido. Estaba dormida antes de que él la depositara en la cama y la
arrimara cerca de su corazón.

***

El infierno llama infierno.

Ve con ella, Kalen. Te espera.

Kalen dejó caer el control remoto, el corazón le latía con fuerza. Se puso
de pie, mirando alrededor de su apartamento con miedo, pero Malik no
estaba allí. No en carne y hueso, de todos modos. El rey Unseelie no
podía romper las guardas para entrar en el complejo, o eso esperaba
Kalen.

—¿Ir con quién? No te preocupes, no importa. ¡Déjame en paz de una


puta vez! —gritó.

No va a suceder. Me necesitas, y no voy a abandonarte como todos los


demás en tu vida.

—Ahora tengo a la Manada Alfa —observó—. Son buenos para mí. Se


han convertido en mis amigos, apuesto a que no tienes nada como eso.

Tengo algo mejor… poder. Tú también lo tienes, mi pequeño diamante en


bruto. Esa energía sin aprovechar, tan tosca, pide a gritos ser
desarrollada, aprovechada, canalizada en la dirección correcta. Puedo
hacerlo por ti. Todo lo que tienes que hacer es rendirte a mí, tu maestro.

—¿Mi qué? Estás loco bastardo. No va a pasar —replicó con


brusquedad, lanzando las palabras del Unseelie de regreso.

Una risa divertida se enroscó alrededor de Kalen haciéndolo temblar. El


crujido débil de electricidad resplandecía en el aire a su alrededor, como
si alguien arrugara celofán. Un toque fantasmal, como el de un dedo,
recorrió su mejilla. Continúo y se sumergió en la V de su camisa negra
con botones.

Ahora me perteneces, y harás lo que te ordene. No tienes opción. No


pelearás conmigo.

La mano fantasma rozó su estómago, y finalmente, cayó a su cierre y al


doloroso bulto allí. Por un momento se permitió beber del placer. ¿Sería
tan malo ser propiedad de alguien que podía hacerle sentir…?

Jadeando, él retrocedió, lejos de lo prohibido.

—No. ¡No te pertenezco!

Sí, lo haces, mi chico. Cada pulgada tuya es mía.

Nunca se había topado con un ser cuyo poder rivalizaba con el suyo. Ni
siquiera de cerca. A pesar de sí mismo, estaba intrigado. Atraído. La
oscuridad se filtró en su mente y sabía que era Malik. Trató de sacarlo.
Pero el señor oscuro era más fuerte, y una imagen comenzó a formarse ,
a tomar vida.

El cuerpo de Kalen, desnudo. Extendido en sumisión. Manos y bocas lo


devoraban. Consumían su cuerpo y alma. Él quería que tomaran todo
de él. Lo follaran y lo usaran.
Beryl lo miró de entre sus piernas.

Entrégate a nuestro maestro. Solo él sabe lo que realmente somos, lo que


necesitamos.

—Pero, Mackenzie —comenzó a decir con la voz rota. Él se estaba


debilitando bajo su embestida.

No están juntos, dijo Beryl. Se lo dejaste claro a ella. Ahora le perteneces


a Malik.

Ella tomó su polla entre sus labios rojos, succionando. Quería que
alguien lo reclamara, ansiaba ser amado. Malik respondió.

Voy a darte todo lo que necesites. Permíteme entrar.

—Sí —escapó de sus labios—. Maestro.

La negrura entró en su corazón, delicioso. Al igual que las melazas


oscuras. Su polla se introdujo en la boca caliente, follándola con
abandono. El perverso placer era demasiado y su orgasmo rodó sobre
él. Se corrió con un grito mientras ella llenaba su boca secándolo.

Mientras los temblores de la liberación desaparecían, él miró hacia


abajo. Beryl se había ido, y la ropa seguía en su lugar. Su pene se
estaba ablandando, pero una rápida comprobación le reveló que no se
había corrido en sus pantalones vaqueros. ¿Ella había estado allí? ¿Era
solo una visión?

Muy bien, mi chico. Tendrás todo el sexo que tu cuerpo pueda soportar,
toda la aceptación que deseas. ¿Quieres esas cosas?

—Sí, Maestro —susurró, alcanzando el colgante que no estaba ahí.


Nunca más lo protegería del mal que corría como la heroína a través de
sus venas.

Entonces mira tu primera tarea. Ve al sótano de la Manada y libera a


Beryl. Tiene una última tarea que realizar antes de dejarnos.

—¿Dejarnos? —Frunció el ceño tratando de aclarar su mente.

Beryl no estaba destinada a permanecer con nosotros, mi mascota. Es


una herramienta nada más. Libérala y luego finge horror por lo que has
hecho. Ellos no deben saber que ahora eres mío.

—Haré lo que digas.

Esto estaba mal. Lo sabía, pero no podía encontrar el punto de apoyo


que necesitaba para luchar contra un ser tan oscuro. Saliendo de su
habitación, caminó por los pasillos, buscando el ascensor al Bloque T,
que significaba "Terminación". Pronto ejecutarían a la bruja, por su
participación en los atroces crímenes de Malik, tanto si hablaba o no.

Localizó el elevador, que lo condujo hacia el sótano y salió. La celda de


la bruja no era difícil de encontrar, ya que no eran muchas y la de ella
era la única ocupada. Ella se acercó a la puerta y le dio una sonrisa
gatuna, como si hubiera estado esperando.

—¿Buena mamada?

—¿Así que realmente eras tú?

Ella se encogió de hombros.

—No. Era Malik. Ya sabes que él puede cambiar de forma, y es genial en


la proyección de su yo espiritual.

—¿Pero era real?

—¿Quién podría decirlo? Malik es el maestro de la mente jodida. Es tan


real como quieres que sea.

El frío sudor se estaba formando en su frente. No podía pensar en eso


ahora. Tenía una tarea que realizar. Rápidamente lanzó un hechizo y
abrió la cerradura, entonces la puerta se deslizó sobre su carril. Beryl
salió y se lanzó contra su pecho, metió su lengua en su boca, besándolo
durante algunos momentos antes de separarse.

—Hay más de dónde vino eso, pero después. Ahora mismo tengo que
llevar acabo mi tarea. Toma el siguiente ascensor, así ellos no nos verán
juntos.

Se encogió de hombros, pero no dijo nada. Poco sabía la bruja que no


había un “después” para ella. O bien la mataría el equipo o lo haría
Malik. No le importaba cuál.

Mientras ella salía, él luchó contra ese hecho… en el que no se


preocupaba por su vida. Ese no era él, pero los sentimientos de empatía
no estaban allí. Como si Malik los hubiera removido quirúrgicamente.

Esperó. Cuando el elevador regreso, él continúo.

—¿Qué he hecho? —susurró, apoyándose contra la pared interior. La


voz que odiaba le respondió.

Tu tarea, y las has hecho muy bien.

—¡Vete a la mierda!
Una risa gutural fue la única respuesta del bastardo. Las rodillas de
Kalen temblaban mientras se limpiaba el sudor de la cara. Su estómago
estaba revuelto.

¿Qué iba a hacer Beryl? Pasará lo que pasara sería su culpa. Kalen
esperaba poder encontrar la fuerza suficiente para hacer lo correcto.
Tenía que desobedecer la orden de Malik y detener a Beryl.

¡Dios, ayúdame por favor!

Pero él nunca le había respondido a Kalen. Ni una vez, en su vida.

Y ahora él estaba preso del que lo hacía.

***

Aric le tomó la mano a Rowan mientras caminaban por el pasillo,


juntos. Una tontería pero lo hacía feliz. Él estaba domesticado, un
estado en que nunca se había imaginado.

—Hablé con mi amigo, Dean —dijo ella—. Le dije que renunciaba al


Departamento de Policía de Los Angeles.

—¿Qué dijo? —Se las había arreglado para no gruñir cuando ella le
había dicho que su mejor amigo era un chico, y un atractivo agente del
FBI. Se felicitó por su tono tranquilo.

—No estaba exactamente sorprendido. Le conté de ti. Le gustaría venir a


visitarnos alguna vez.

—Ehhh. Habría que aclararlo con Nick, pero como has dicho que él fue
el primero en saber sobre el complejo, supongo que no será un
problema. Apuesto a que Nick va a querer hablar con él en persona
acerca de eso, para tratar de localizar la filtración desde el origen.

—Cierto.

Algo lo estaba carcomiendo y tenía que sacarlo de su pecho.

—Ro, sabes que me mudaría a Los Angeles si es donde quieres estar. Lo


digo en serio.

—Lo sé y te amo por eso. —Ella besó su mejilla—. Pero ahora mi hogar
es aquí, contigo y la Manada.
Estaba a punto de decir algo más cuando Sariel dio la vuelta en la
esquina. El príncipe Fae se detuvo y les dio a ambos una sonrisa
cegadora, haciendo susurrar sus alas azules. Aric pensaba que era
genial, pero nunca diría eso.

—Felicitaciones por su apareamiento —les dijo a ambos—. ¿Van a tener


lo que los humanos llaman una boda?

Aric miró a Rowan quién se encogió de hombros.

—No creo que ninguno de nosotros haya pensado en ello. Pero para mí,
como cambiaformas, ya estamos casados.

—Cierto —reflexionó el hada—. Es lo mismo con mi especie.

Antes de que Aric pudiera abrir la boca, una explosión ensordecedora


sacudió el pasillo. Aric y Rowan se arrojaron al suelo, y mientras él caía,
Aric como vio que la explosión capturaba al alto príncipe en el pecho.
Sariel voló hacia atrás, chocando contra el muro con el e scalofriante
sonido de la pared abriéndose camino y el crujido de huesos rotos.

Él se deslizó hasta el suelo y no se movió.

En un instante, Rowan había cambiado. Para su horror, corrió,


atacando a Beryl desde el costado. No tenía tiempo para preguntarse
qué carajos estaba haciendo la bruja suelta. La perra giró y envió un
rayo de luz a su compañera, que la golpeó en el hombro. Rowan giró
con un grito agudo y se derrumbó.

La rabia lo inundó, y el cambio ocurrió sin un pensamiento consiente


de su parte. Era una máquina de matar, se inclinó sobre el objetivo
para matar a una puta que le había hecho daño a su compañera. No
habría más indultos para Beryl.

Ella lo vio venir, sonrió, y envió otra ráfaga. Aric la esquivó y esta pasó
sin hacerle daño a su costado, estrellándose contra la pared detrás de
él. Tuvo una fracción de segundo de inmensa satisfacción cuando sus
ojos se abrieron y ella supo que la muerte había llegado.

Luego dio un salto, estaba sobre ella, enviándolos a ambos a estrellarse


contra el suelo. Los gritos sonaban, la caballería venía, pero nadie iba a
detenerlo. Beryl se agarró de él, trato de empujarlo lejos de ella, pero él
se abalanzó.

Sus grandes mandíbulas se cerraron en su cuello y le hundió los


dientes profundamente. Su grito de dolor terminó abruptamente cuando
él le arrancó la garganta. Sana eso, zorra. La sostuvo hasta que su
cuerpo dejó de contraerse, luego se sentó sobre sus patas traseras y
dejó escapar un aullido de victoria.

Esta vez, ella realmente estaba muerta.

Pero Rowan…

Cambió de nuevo a su forma humana, se limpió la boca y se arrastró


hasta el cuerpo inmóvil del pequeño lobo marrón. Él apenas era
consciente de que el resto del equipo entraba al pasillo mientras recogía
a su preciosa compañera en sus brazos.

—¿Rowan? Despierta bebé. Abre tus ojos para mí.

—¡Aric! —gritó Jax—. ¿Qué demonios ocurrió?

—Beryl consiguió soltarse de alguna manera —él le respondió


ahogadamente. Las lágrimas picaban en sus ojos—. Ella golpeó a Sariel.
Comprueba como está, por favor.

Su amigo fue hacer eso, y los otros se le unieron cuidando al príncipe


Fae. Aric estaba preocupado por el tipo, pero su compañera tenía
prioridad. Ella se movió un poco, y él pudo sentirla respirar, los
pulmones subiendo y bajando con seguridad. El alivio casi le deshizo,
pero intentó permanecer tranquilo. Por ella.

Entonces sus ojos se abrieron y parpadeó lentamente. Su rosada lengua


salió tentativamente para lamer su brazo, y él rió con profundo júbilo.

—Dios mío, cuando ella te atacó, pensé… Olvida eso. Estás bien. Vuelve
a cambiar, cariño. ¿Por mí?

Eso llevó varios minutos, pero finalmente él tuvo en su regazo a la


maravillosa mujer desnuda. Quien solo sonreía débilmente e intentaba
hacer una broma de todo.

—Después de las cosas pequeñas como los comerciantes de drogas y


pandilleros. Las brujas, demonios y todas las otras mierdas, tomara
cierto tipo de ajuste.

—Mujer loca —dijo él roncamente, besando la parte superior de su


cabeza—. No hagas nada así otra vez.

—Eh, ahora estoy en el equipo, Red. Será un trabajo peligroso.

—Maldición. Bueno, promete que serás más cuidadosa.

—Evitar explosiones mágicas de esa puta bruja. Anotado.


—Bueno, ya no de esa puta bruja. La maté.

—Bien —dijo ella fieramente—. Espera… ¿cómo está Sariel?

—Déjame ayudarte con tus ropas y lo comprobaré.

Juntos, consiguieron que ella se vistiera. Aún estaba sacudida, pero


insistía en que estaba bien. Él la ayudó cojeando hacia dónde todos
rodeaban al fae. Todos excepto Kalen, quien estaba de pie a varios
metros de distancia, su cabeza colgando baja, pareciendo como si
hubiera perdido a su mejor amigo.

Aric giró su atención de vuelta al príncipe. Melina, Mac y Nick estaban


agachados a su lado, Melina sujetando una compresa en su hombro. La
sangre del color de un brillante zafiro empapaba la toalla, y la propia
sangre de Aric se congeló. ¿Cómo demonios se suponía que iban a
reemplazar la sangre Fae?

Noah y Sam, los enfermeros más fuertes, vinieron rápidamente


doblando la esquina, llevando una camilla de ruedas. Nick y las
enfermeras levantaron a Sariel a la cuenta de tres, colocándolo encima
y atándolo para estabilizarlo.

—¡Vamos! —gritó Melina. Poniéndose en marcha rápidamente.

Nick se giró hacia la Manada, apenas atando la rabia controlada que


Aric nunca antes le había visto.

—Que alguien cubra el cuerpo de la bruja hasta que podamos tratar


con ella.

—Yo lo eliminaré. —Se ofreció Kalen rápidamente. Cuando nadie


discutió, convirtió el cuerpo de Beryl en cenizas. Entonces las cenizas
giraron y desaparecieron.

—Buena liberación —murmuró alguien. Sonaba como Jax.

Nick suspiró.

—Reunión en la sala de conferencias. En este maldito momento.

Aric se sintió enfermo. Debería haber sido más rápido, bloqueando el


disparo que era para el príncipe. Ahora todos podían rezar para que él
sobreviviera.

Antes de salir, Nick se detuvo para mirar a Rowan.

—¿Quizás deberías hacer que te revisen?


—No, no. Solo estoy adolorida y estaré amoratada. Nada que no sane.

El jefe asintió y se fue. La Manada le siguió, nadie celebraba el


fallecimiento de Beryl. Un ser bueno y gentil en el que habían llegado a
pensar como uno de los suyos estaba luchando por su vida.

En la sala de conferencias, alguien cerró la puerta detrás de ellos. Nadie


se molestó en sentarse cuando Nick comenzó.

—¿Cómo demonios salió Beryl del Bloque T? —preguntó, con su voz


baja e inquietantemente tranquila.

Durante un largo momento, hubo silencio.

—Yo la solté —admitió Kalen, con voz atragantada—. Dios, lo siento


mucho...

—¿Por qué? ¿Ella te sedujo o fue a Malik? —No había duda que uno de
ellos había llegado al Hechicero.

—Ella no. Malik.

Apenas se podía oír caer un alfiler.

La mirada de Nick se endureció.

—¿Él ganó el control de tu mente el tiempo suficiente como para hacer


que la soltaras?

—Sí, señor —susurró Kalen—. Creo que Beryl me hechizó, en la casa


dónde la atrapamos. Mis defensas están... desmoronándose. No puedo
mantenerlo afuera mucho tiempo más.

—Jesús —dijo Aric con un temblor. No quería que algún Unseelie se


arrastrara en su condenado cerebro.

Nick maldijo viciosamente, frotando sus ojos.

—Está bien. Averiguaremos esto. Al menos ahora tenemos el nombre


humano de Malik: Evan Kerrigan. Grant le está rastreando, reuniendo
informes. Con algo de suerte tendremos su localización y un perfil
completo pronto.

Solo entonces hubo una llamada en la puerta y Mac entró. Su mirada


fue brevemente hacia Kalen, y Aric vio verdadera agonía allí,
rápidamente la cubrió cuando se dirigió al grupo.

—Lamento interrumpir, pero sabíamos que querrían saber de Sariel.


Creemos que se recuperará. —Sonidos de alivio aparecieron alrededor
de la sala—. Pero ya estaba debilitado por algún tema de salud derivado
de estar en nuestro mundo, así que la curación llevará tiempo. Está
estable, así que quise pasar a las buenas noticias.

—Gracias, Mac. —Nick le dio una sonrisa cansada.

Ella se volvió a girar y se fue. Sin mirar a Kalen otra vez, quién
observaba con anhelo al lugar dónde ella había estado.

Nick habló al grupo otra vez.

—Está bien. Necesito hablar con Kalen. Lo aplazaremos por ahora y


discutiremos este caos más tarde.

Nick guió a un aturdido Kalen, y Aric no lo envidiaba por la próxima


reunión. El Hechicero estaría dentro durante una larga sesión, sin
duda. Aric se preguntó si eso significaría su futuro en la Manada. Le
gustaba el chico. Esperaba como el infierno que las cosas salieran bien
para él.

Egoístamente. Porque si el Hechicero se volvía en contra de la Manada,


le daría el control al rey Unseelie...

Y estarían atrapados, bajo el último hombre.

Una mano se situó en su hombro, frotándole gentilmente.

—¿Qué dices de ir a correr, y escapar durante un rato? —sugirió


Rowan—. ¿Solos tú y yo?

—Creo que suena como una idea fantástica.

Sonriendo, él tomó su mano, guiándola por el camino fuera del edificio,


a través del campo por donde comenzaba el sendero. Esta vez, iba a
romper las reglas de Nick. Porque necesitaba correr con su compañera.
Hacer el amor a la luz del sol.

Afuera, cambiaron y saltaron hacia el bosque. Soltando a sus lobos,


corrieron durante kilómetros antes de que finalmente frenaran cerca de
un arroyo. Se acomodaron y tomaron un gran sorbo, saciando su sed.
Luego él mordisqueó juguetonamente su trasero, disfrutando cuando
ella se lo devolvió y comenzó a perseguirle. Durante varios minutos
simplemente se permitieron ser libres, solo un par de lobos
emparejados jugueteando y salpicándose agua en el moteado sol de la
tarde.

Dios, necesitaban este tiempo juntos. Para solo ser ellos mismos. Así
que lo tomaron, jugando hasta que Aric cambió, riendo, y reuniendo a
su compañera en sus brazos.

—Cambia, bebé.

Ella lo hizo, y él de repente estuvo sujetando a un raudal de maravillosa


mujer desnuda. La piel resbaladiza, las gotas de agua enredadas en su
pelo. Ella le sonrió y su respiración quedó atrapada en su garganta.
Rowan era todo lo que él había querido alguna vez y nunca se permitiría
creer que lo merecía.

Hasta ahora.

—Te amo —dijo él, acunando su mejilla.

Sus labios se separaron y los ojos le brillaban cuando ella tomó su cara
entre las manos.

—Yo también te amo. Demasiado.

Entonces no hubo necesidad para las palabras. Alzándola en brazos,


llevó su preciosa carga a un lugar más allá de la orilla cubierta de
hierba y la dejó cuidadosamente. Ella levantó sus brazos y él entró en
ellos con gratitud, presionándola hacia abajo, cubriendo su dulce
cuerpo con el suyo. Capturó sus labios, besándola sin sentido mientras
tomaba un pezón, el cual ya estaba inquieto por su diversión en el
arroyo.

—Hazme el amor —jadeó ella.

—Eso es lo que estoy haciendo, bebé. Eso es lo que haré el resto de mi


vida —susurró él.

Entonces se movió entre sus piernas, presionando su pene en su


húmedo calor. Deslizándose en casa comenzó a moverse en un lento y
sensual ritmo. Dentro y fuera, haciéndole el amor dulcemente a su
compañera.

Y eso es lo que era. Amor.

La presión comenzó a aumentar, extendiendo ese delicioso dolor a


través de sus pelotas y a cada terminación nerviosa. Su mundo entero
se estrechó en ellos dos, conectados en un ritual más viejo que el
tiempo. Solo quedaba una cosa que no habían hecho, y era algo que él
quería desesperadamente.

—Muérdeme —jadeó él, incrementando sus estocadas—. ¡Reclámame!


Estoy tan cerca, y quiero venirme cuando lo hagas.
—¿Estás seguro? —dudó ella, pero él vio la luz de excitación en sus
ojos.

—¡Dios, sí!

Acercándose, él presionó su cara en la curva de su cuello y hombro. Su


pequeña y caliente lengua lamió el punto durante unos pocos
segundos…

Y luego golpeó.

Sus colmillos se hundieron profundamente en su carne. Un momento


de dolor brillante y abrasador fue rápidamente reemplazado por un rayo
de éxtasis tan intenso que casi perdió el conocimiento.

—¡Ahhh! —Su grito se hizo eco a través de los árboles. Sus pelotas se
tensaron y su pene explotó. Él se corrió lo bastante fuerte para ver las
estrellas. Su cuerpo se estremeció cuando se vació por completo,
vagamente consciente de que ella estaba convulsionando a su alrededor
también. Después de unos pocos minutos, él descendió a la tierra, aún
sujetándola de cerca.

—Oh Dios mío, eso fue alucinante —dijo él sin respiración, besándola
sonoramente—. ¿Podemos hacerlo otra vez en algún momento? ¡No hoy,
porque correrme así de fuerte en el mismo día podría matarme!

Ella sonrió, enterrándose en su pecho.

—Seguro. Pero solo si prometes morderme primero.

—Maldición, ¿quién sabía que morder era algún tipo de súper


estimulante sexual?

—Si los otros chicos lo supieran, todos saldrían a recorrer el país por
sus compañeras.

Sonriendo, él se apartó cuidadosamente y giró sobre su espalda,


llevándola con él. Ella se acurrucó y descansó su cabeza en su pecho,
haciéndole sentir como de tres metros de alto.

—Espero que todos encuentren a sus compañeras —dijo él, apretándola


tensamente—. Porque nada en la tierra se compara a esto.

—Estoy de acuerdo. Creo que una persona puede sobreponerse de


cualquier cosa con alguien especial a su lado. Alguien hecho solo para
ella.

—O para él. —Aric besó la parte superior de su cabeza—. De seguro


encontrarte me probó eso.

—Te quiero, lobo.

—Yo te quiero más, mi bebé.

Ellos permanecieron allí en su valle privado durante un largo rato. Al


infierno con las reglas, solo por hoy.

Sí, venía una tormenta, y amenazaba con consumirles a todos con su


furia. Pero por ahora, él planeaba pasar cada segundo libre amando a
su dura y maravillosa compañera.

Comenzando ahora mismo.


Traducido por Alexiacullen, Mir & Eli25

Corregido por Mir

Kalen Black se mantuvo apartado de su equipo, inundado de culpa,


impotente de vergüenza.

En este mismo segundo el amado residente Fae de la Manada Alfa, el


príncipe Sariel, podría morir. Encima de eso, Beryl casi había matado a
la compañera de Aric antes de que él le arrancara la garganta a la
bruja… dando fin a cualquier información que podrían haber obtenido
de ella.

El peligro que los rodeaba a todos aumentaba a diario. A cada hora. Un


traidor caminaba entre los amigos y colegas de Kalen, ahogándose poco
a poco en la oscuridad que obstruía sus pulmones. Tomando posesión
su alma.

Y todo es mi maldita culpa... porque el traidor soy yo.

Como resultado del ataque de Beryl, mientras Aric se ocupaba de


Rowan y el príncipe era trasladado a la enfermería, Kalen bajó la
cabeza. Trató de encontrar consuelo en el hecho de que Rowan estaba
bien, pero no funcionó. Él quería que la tierra lo tragara.

Entonces se puso peor.

Nick Westfall, comandante de la Manada, introdujo a todos en la sala de


conferencias y preguntó: —¿Cómo diablos se escapó Beryl del Bloque T?

—Yo la dejé salir. —Su voz se quebró—. Dios, lo siento tanto…

—¿Por qué?

Kalen murió mil muertes durante las preguntas que siguieron a su


confesión y las respuestas veraces que suministró. En la miserable vida
de Kalen había sufrido malos tratos y humillaciones. Aislamiento.
Hambre. Más horrores que la mayoría de la gente nunca tuvo que
enfrentar.
Pero ninguno de esos se asemejaba con el dolor de casi lograr su sueño
de una casa, un trabajo, una familia, y, sobre todo, la aceptación entre
aquellos que eran tan diferentes como él. Casi. Antes de que Malik, rey
de los Unseelie y el padre maligno de Sariel, hubiera decidido que Kalen
Black era exactamente el tipo de aliado poderoso que necesitaba en su
afán por dominar el mundo.

Y que empezara a apoderarse de la mente del Hechicero. Con una


sugerencia peor cada vez.

Frente a todos ellos, Kalen admitió que Malik había invadido su mente.
Lo había manipulado para que cumpliera su orden y dejara salir a Beryl
de su celda, donde su objetivo, o más bien el de Malik, era
aparentemente que ella matara a Sariel. A pesar de que el hechizo no
era culpa de Kalen y él no sabía que Beryl intentaría asesinar al
príncipe Fae, poco importara. Él tenía la culpa. Debería haber sido más
fuerte.

Incluso sin la protección de su colgante de pentagrama de plata. El que


le había dado a la doctora Mackenzie Grant semanas atrás y le hizo
jurar que nunca se lo quitaría.

Después de la confesión Kalen, él apenas escuchó los bre ves


comentarios de Nick hacia el equipo recordándoles a todos que Malik se
hacía pasar por un ser humano rico con el nombre de Evan Kerrigan.
Cuando Mackenzie entró en la habitación para informar que parecía
que Sariel iba a sobrevivir, él no podía sentir nada más que odio hacia
sí mismo. Su mirada se posó en la hermosa doctora, devorando con
avidez a la mujer que no podría tener otra vez, nunca más permitida en
su mente o corazón. La mujer a la que tenía que proteger a toda costa
de Malik.

De sí mismo.

—Gracias, Mac —dijo Nick, trayendo a Kalen de vuelta al presente. Ella


le devolvió la sonrisa de Nick y se fue.

Sin darme una mirada.

Nick continuó: —Está bien. Tengo que hablar con Kalen. Vamos a
suspender por ahora y discutir este lío más tarde.

Nick asintió con la cabeza a Kalen, indicando que debía seguirlo. Siguió
al comandante, preguntándose si podría derribar al hombre en una
pelea. Nick era alto y musculoso, daba grandes zancadas con sus
anchos hombros hacia atrás, la cabeza hacia arriba, todo con cómoda
gracia y confianza. Sí, este hombre tenía tanto poder como habilidad.
Kalen le había visto tomar docenas de Sluagh enfurecidos, las enormes
criaturas tipo murciélagos que eran los esclavos de Malik. Simplemente
los aplastaba como si fueran moscas y escupía sobre sus c adáveres.
Nick no necesitaba el don de la magia, con la fuerza bruta sola
definitivamente podría deshacerse de Kalen.

No es que Kalen se defendería. No, cualquiera fuera la elección que el


lobo blanco optara por repartir, se la merecía.

En la oficina de Nick, el hombre cerró la puerta y se dirigió a su


escritorio, estacionando su culo en el borde del mismo. Con un suspiro,
se pasó una mano por el pelo corto y negro con un toque plateado en
las sienes, y se cruzó de brazos.

—Siéntate.

Kalen cumplió sin hacer ningún comentario y esperó.

—Dime exactamente lo que sucedió antes de que te vieras obligado a


liberar a Beryl. No dejes nada fuera.

Esa no era una escena que hubiera querido volver a visitar. Nunca.

Pero la mirada acerada de los profundos ojos azules de Nick decían que
Kalen no escaparía de decir la verdad. Él tomó una respiración
profunda.

—Yo estaba en mi habitación hace una hora y el hijo de puta empezó


husmear en mi cabeza de nuevo. —Ambos sabían que se refería a
Malik—. Me dijo que nunca me abandonaría como todo el mundo lo ha
hecho en mi vida.

—Listo —dijo Nick, con un borde de disgusto en su tono—. Está


aislando al cachorro vulnerable de la manada, jugando al mentor
cariñoso.

—No soy un cachorro. —Su juventud era un punto delicado. Siempre lo


había sido, desde que había sido expulsado de su casa a la edad de
catorce años, nueve largos años atrás. Toda una vida. Había tenido que
escarbar, y sufrir, por cada bocado que alivió el hambre en su vientre.
Por cada noche para no pasarla en un callejón sucio bajo una caja de
cartón.

No se sentía como de veintitrés… sino más bien como de cien.

—Confía en mí… lo eres, a pesar de todo el poder que ese maldito


Unseelie está tratando de emplear en ti. No lo digo que como un insulto
—dijo Nick serio—. Lo que quiero decir es que, en ti, Malik ha
encontrado un Hechicero joven en la cima de convertirse en todo lo que
está destinado a ser. Tan fuerte como eres, Kalen, no estás cerca de ser
tan poderoso como lo serás en un par de años, y luego en unas pocas
décadas. Es como cuando el primer entrenador que vio a Michael
Jordan en acción y dijo: “Dios mío, ese chico va a ser el mejor jugador
de la NBA un día”.

A pesar de sí mismo, Kalen soltó una carcajada.

—Es cierto —continuó Nick—. Malik sabe que eres una estrella en
ascenso y te quiere en su equipo. No puedo dejar que eso suceda.
¿Entiendes?

Un nudo se atoró en su garganta.

—¿Quieres que me vaya después de todo? ¿O simplemente me vas a


liquidar y acabarás con ello?

—Termina de decirme cómo te manipuló Malik más temprano.

No escapó a su atención que Nick no había contestado a la pregunta.

—Él me prometió poder y me dijo que todo lo que tenía que hacer para
conseguirlo era entregarme a él. Traté de luchar contra él, pero fue…
muy seductor.

—¿De una manera sexual?

Kalen se sintió enfermo y luchó contra ello.

—Sí. El hijo de puta me tocó y de repente quería todo que estaba


vendiendo. Dios, Nick —se atragantó—, ¿qué está mal conmigo?

El comandante se apartó de su escritorio y se acercó junto a la silla de


Kalen, agarrando el hombro joven Hechicero.

—No hay absolutamente nada malo en ti. Al igual que el resto de


nosotros, estás tratando de obtener un punto de apoyo en la lucha
contra el Unseelie; solo que para ti es peor porque tiene un interés
personal en reclutarte. Eso significa que no se detendrá ante nada para
conseguir lo que quiere. Las criaturas como él hacen uso de la
seducción como un arma.

—Lo sé. Al igual que sé que jugar conmigo no fue más que una paranoia
mental, pero eso no lo hace mejor. Estoy perdiendo la maldita cabeza.
—Enterrando las manos en su pelo, él se aferró como si pudiera
mantener su cerebro revuelto dentro—. Lo llamé Maestro y me gustó su
aprobación. No, la ansiaba, y hubiera hecho cualquier cosa en ese
momento para complacerlo. Así que supongo que tienes razón en lo del
cachorro, ¿eh?

—Jesús Cristo. —La mirada de Nick lo traspasó hasta la médula—.


Luego, ¿qué pasó?

Kalen bajó las manos a su regazo, con los puños apretados.

—Me dijo que dejara Beryl fuera de su celda. Dijo que ella tenía una
tarea que realizar antes de irse, y que no estaba destinada a quedarse
con nosotros. Yo no sabía que quería decir que moriría, pero debería
haberlo sabido. Entonces la dejé salir, la llevé hasta la planta baja,
donde atacó a Sariel. Rowan y Aric fueron tras ella y Aric la mató.

El comandante se quedó en silencio durante mucho tiempo, el miedo


hizo una bola al estómago de Kalen. Finalmente se armó de valor y
preguntó una vez más: —¿Vas a matarme?

—Si digo que sí, ¿te rendirías?

Kalen asintió, el nudo cayó en su estómago.

—Lo haría.

—¿Por qué? —Nick ladeó la cabeza.

—Porque eres un PreCog y eso significa que a veces puedes ver el


futuro. Además de eso, eres un hombre bueno y justo. Así que si el
futuro está mejor sin mí en él, si mi muerte ayudará a que la Manada y
otros inocentes estén a salvo… —No pudo terminar.

—De rodillas, Hechicero.

El tono del comandante era frío y sus ojos azules eran como el océano
ártico del norte. Con las piernas temblándole, Kalen se deslizó de su
asiento y se arrodilló sobre la mullida alfombra. Colocó sus manos
sobre sus muslos vestidos con vaqueros y miró fijamente hacia sus
uñas pintadas de negro, las cuales se estaban clavando dolorosamente
en sus piernas. Su corazón retumbaba en su pecho, amenazando con
romper su esternón.

Entonces Nick camino alrededor de su escritorio y abrió el cajón


superior. Se estiró y sacó el jodido cañón de mano más grande que
Kalen hubiera visto nunca. La saliva se secó en su boca y miró
aturdidamente como el lobo Alfa se acercó, para quedarse de pie detrás
de él.

La dura boca de la pistola presionó la parte de atrás de su cabeza. Así


que iba a morir de rodillas, al estilo ejecución. Rápido y sin dolor.

Oh Dios. Toma mi alma antes de que Malik pueda reclamarla, y cuida de


Mackenzie también. Eso es todo lo que pido.

—Lo siento, chico.

Kalen cerró y apretó sus ojos. El tiempo avanzó lentamente hacia un


punto muerto.

El crujido de un disparo quebró el aire.

***

—¿Dra. Grant?

Mackenzie se apartó un irregular mechón de pelo oscuro y rizado detrás


de su oreja y levantó la mirada del papeleo sobre su escritorio para ver
a Noah ahí de pie. El lindo enfermero rubio llevaba una expresión
satisfecha mientras merodeaba la puerta de su oficina.

—¿Qué pasa?

—Blue finalmente está despierto —dijo. “Blue” era el nombre como un


montón de personal en el complejo, llamaba al príncipe Fae, debido a su
largo y espléndido pelo azul y las alas a juego.

—¡Esas son grandes noticias! —le sonrió a Noah—. ¿Lo sabe la Dra.
Mallory? —Melina Mallory era su colega y una médica condenadamente
buena. La consideraba como una amiga, pero la mujer también llevaba
las riendas de la enfermería además de sus investigaciones sobre los
cambiaformas y otros seres paranormales.

—Está con él ahora. Todos sus signos vitales se ven bien… bueno, al
menos para lo que sabemos sobre las hadas, de todas formas. El
príncipe tiene algo de color de nuevo en su rostro, pero todavía se niega
a comer. Yo no me preocuparía, quiero decir, no es sorprendente que un
paciente no tuviera hambre después de ser seriamente herido, excepto
que Blue no ha estado comiendo bien desde que está aquí en el
complejo.
—Necesitamos mantener un ojo en eso —dijo preocupadamente—. Si su
peso cae apenas unos doscientos gramos, quiero saberlo.

—Claro que sí —dijo Noah. Algo de su alegría natural regresó—. Pero


está de vuelta con nosotros y eso es lo que cuenta.

—Sí, así es. —Poniéndose de pie, se estiró. Vamos y contémosle a Sariel


que iré a chequearlo dentro de un rato. Tengo un par de cosas que
hacer primero.

—¡Sí, señora!

Con eso, el enfermero se fue. Mac no podía evitar sentir cariño por el
chico. Noah era un manojo de nervios, vivía en el complejo, adoraba su
trabajo y raramente se tomaba algún tiempo libre. Estaba en su salsa
cuidando de las heridas de los miembros de la Manada cuando eran
enviados a batallar con seres paranormales salvajes y eran heridos con
frecuencia. También había comenzado a trabajar con Kira,
rehabilitando a criaturas inocentes como Sariel, quienes no tenían a
nadie más para que cuidara de ellos y los ayudaba a amoldarse a lo que
era, para ellos, un mundo extraño.

Noah era adorable y fantástico en lo que hacía.

Después de organizar sus papeles, salió de su oficina y fue por el


pasillo, pasando la sala de exámenes, al lado opuesto de las
habitaciones de los pacientes. Se dirigió hacia el recibidor de la
enfermería, más allá de la recepción, y hacia el pasillo principal que
lleva al resto del complejo.

Solo cuando estuvo sola se tocó el colgante colocado alrededor de su


cuello con su cadena larga. El peso del disco era sólido y reconfortante.
Podía sentir los relieves rugosos que formaba el pentagrama dentro del
círculo y el colgante pareció calentarse en su mano. Casi como si
estuviera buscando asegurarle que siempre haría lo que Kalen había
dicho, protegerla de todo lo malo.

Incluyendo Malik. El cieno Unseelie había enviado un Sluagh para


atacarlos a ella y a Kalen en la ciudad hacía unas cuantas semanas, y
Mac había sido arañada por la bestia. Esto, de alguna manera, había
permitido a Malik un portal hacia su mente, y el hijo de puta
sinceramente la había asustado. Inmediatamente, Kalen le había dado
su amado amuleto a Mac, su única posesión con un valor sentimental.
La protección hechizada que su abuela le había dado, ahora era de Mac.

Oh, pero Kalen había compartido mucho más que eso. Sus pasos
titubearon y se detuvo, recordando.

Gemidos susurrantes y sábanas revueltas. El pelo negro enmarañado


cayendo sobre sus ojos verdes delineados con rímel mientras se movía
sobre ella. Empujando, poseyendo.

Haciendo el amor.

Y cuando se terminó y se metió en su aislado caparazón, declarando


que no podía haber nada entre ellos. Le había dado el colgante, le hizo
prometer no quitárselo nunca, y luego había puesto kilómetros de
distancia emocional entre ellos. Bien podrían haber estado viviendo en
planetas diferentes, era tan genial.

¿Por qué?

Un fuerte crujido sobresaltó a Mac, haciéndola saltar. El ruido hizo eco


en el pasillo, y cuando se desvaneció, se dio cuenta de lo que había sido
el sonido.

El disparo de un arma.

Con el corazón retumbando, despegó en dirección al ruido. Kalen había


utilizado su poder de Hechicero para proteger el complejo de los
intrusos, pero quizás un Sluagh o alguna otra criatura había
conseguido entrar. O quizás una de las criaturas de Bloque R se había
vuelto salvaje.

Pero no, el sonido la llevó pasando la sala de Rehabilitación, más allá de


las alas donde se ubicaban las habitaciones. Los hombres de la Manada
echaron a correr desde sus habitaciones, saliendo de todas las
direcciones, pasándola a toda velocidad. Ella corrió, dándose cuenta al
fin de que se dirigían hacia la oficina de Nick. No podía imaginar qué
cosa tan terrible podía haber sucedido.

Hasta que vio a Nick de pie como una estatua sobre el cuerpo bocabajo
de Kalen con una pistola humeando en su mano.

Entonces los ojos de Mac se pusieron en blanco y no vio nada más.

***

No me dispararon. Mierda, estoy vivo.


Kalen miró fijo la mancha quemada en la alfombra justo cerca de su
pierna derecha durante unos cinco segundos antes de desplomarse en
el suelo. Su cuerpo simplemente se negó a cooperar más tiempo, y se
quedó ahí en shock, sin apenas creer que estuviera respirando.

—Tenía que saber si lo llevarías a cabo —dijo Nick en voz baja—. Lo


siento.

—Mierda —dijo con voz ronca.

—Tu último pensamiento fue para la seguridad de los demás, no la


tuya. Estabas dispuesto a morir por el bien común, y eso significa que
Malik no ha ganado. En el fondo eres un buen hombre, así que hay
esperanza.

—Nick, ¿estoy luchando estaba batalla para morir de todas formas? —


Era una pregunta que había preguntado antes, y había recibido la
misma respuesta.

—No lo sé.

—Y no me lo dirías incluso si pudieras.

—Así es.

Dios, qué caos fastidiado. No estaba seguro de cómo habría respondido,


pero el sonido de los pasos y las voces aumentando en preocupación,
flotaban desde el pasillo. Kalen soltó un profundo suspiro, humillado
porque el equipo atestiguara esto y se enteraran del pequeño “examen”
de valía de Nick.

—¡Hey, atrápala!

¿Atrápala? Kalen se sentó rápidamente, justo a tiempo para ver a


Zander alzar en sus brazos a Mackenzie y levantándola contra su
pecho. Kalen se puso de pies al instante y, antes de pensar lo que
estaba haciendo, agarró a la doctora de los brazos de Zan con un
gruñido, sujetándola cerca. Él miró al hombre, con una adverte ncia.

Zan levantó sus manos con las palmas hacia fuera.

—Relájate, hombre. ¿Habrías preferido que la dejara golpear el suelo?

Con esfuerzo, se tranquilizó. Zan solo estaba intentando ayudar. Pero


por dentro, su pantera se enfureció al ver a Mac —su mujer— en los
brazos de otro macho. Nunca había sentido algo así en su vida. Era
confuso como el infierno.
—No, lo siento —se las arregló para decir—. Yo solo...

—Puedes bajarme.

Ansiosamente, él miró a la maravillosa cara de Mac. Grandes ojos


azules bordeados con pestañas oscuras le miraban, parpadeando lejos
las lágrimas. Su intestino se tensó, sabiendo que él había causado sus
lágrimas, en más de una manera.

—No era lo que pareció, exactamente.

—Bájame. Por favor —rogó ella suavemente.

A regañadientes, él hizo lo que ella pidió, pero eso no le detuvo de


comprobarla de la cabeza a los pies.

—¿Estás bien? ¿Estás herida en alguna parte?

—No. —Ella miró a los chicos alrededor quienes se habían reunido allí,
sus mejillas estaban pálidas como la leche. Tragando fuerte , dijo—:
Estoy bien. Ahora dime qué demonios está pasando aquí.

—Nick me hizo un examen. Lo pasé. Fin.

Ella frunció el ceño hacia Nick.

—¿Qué tipo de examen involucra disparar una pistola a uno de tus


hombres?

Nick se dirigió al grupo, yendo directamente al punto con la explicación.

—Kalen estaba de acuerdo en ser ejecutado antes que arriesgarse a


traer daño a su equipo. Aún hay la esperanza de que él pueda ser
salvado del control de Malik, así que veremos qué pasa. ¿Alguien en
desacuerdo?

Nadie lo hizo. Uno a uno los hombres, además de sus hembras


solitarias, juraron lealtad al equipo. Y esa lealtad incluía a Kalen.
Cuando él los miró, no pudo respirar. Nunca nadie había estado ahí
para él. Por él. Ni siquiera sus propios padres, la gente que debería
haberle protegido y amado más. La idea de que esas personas quienes
habían llegado a su vida tan recientemente le respaldaran, incluso
luego de decepcionarles, le sobrecogió.

Apenas podía hablar.

—Juro que haré mi mejor esfuerzo para no fallarles otra vez.

O moriría intentándolo. De repente el caos dentro de él pareció


aquietarse y su propósito se hizo claro; lucharía contra Malik con todo
en él. Y cuando llegara la hora, haría la elección correcta.

Sea lo que fuere que eso probara.

—Perdónenme —dijo Mackenzie tensamente—. Pero creo que voy a


vomitar.

Volteándose, corrió hacia un baño de mujeres en el pasillo de la oficina


de Nick, desapareciendo dentro. Él habría ido tras ella, pero Nick
bloqueó su camino.

—Probablemente deberías dejarla ahora mismo.

No era una sugerencia. La frustración aumentó, junto con su enfado.


Reprimiendo a su pantera cabreada otra vez, él asintió y caminó en
dirección opuesta, poniendo tanta distancia entre él y todos los demás
tan rápido como fuera posible.

Justo como lo había hecho toda su vida.

***

—¿Mac?

—Aquí dentro. —Inclinada sobre el lavabo, Mac terminó de enjuagarse


la boca, luego cerró el agua. Mirando a Melina, agarró algunas toallas
de papel del dispensador, se secó la cara, y las tiró a la papelera—.
¿Ves? Estoy bien.

—No lo creo. —El afilado escrutinio de Melina recorrió la cara de Mac, y


aparentemente no le gustó lo que vio—. A la enfermería contigo. Te haré
un chequeo.

—No necesito...

—No pregunté. Te lo estoy diciendo. Los médicos son los peores


pacientes —gruñó ella—. Vamos.

No había discusión con su amiga cuando tenía un bicho en su trasero,


así que Mac cedió. Aunque Melina era delgada de constitución, y de
apariencia similar a un elfo con su oscuro pelo corto, era
completamente capaz de encoger de miedo al más duro de los miembros
de la Manada. Ella era una bruja dura y agresiva.
Y eso era cuando estaba de buen humor.

Su amiga no siempre había sido así, pero eso fue antes de que su
compañero, Terry, el ex comandante de la Manada Alfa, fuera asesinado
en una emboscada hacía varios meses. Aceptar a Nick como el nuevo
líder en lugar de su compañero había sido difícil para la mujer, y ella y
Nick no siempre veían las cosas del mismo modo. Pero habían
encontrado algún lugar de paz entre ellos, basado en el mutuo respeto.

Melina guió a Mac a una sala de examen y gesticuló hacia la mesa


cubierta con el odioso papel blanco y crujiente.

—Siéntate.

Obedientemente, Mac lo hizo, y procedió a examinarse para un físico


completo. Melina comprobó sus ojos, oídos, nariz, y garganta.
Comprobó sus reflejos. Todo parecía bien, pero la mujer aún no estaba
satisfecha.

—No me gusta ni un poco que te hayas desmayado —dijo ella con el


ceño fruncido.

—¡Por amor de Dios, pensé que Nick había matado a Kalen! Dame un
respiro.

—¿Cuánto tiempo has estado con náuseas? No creas que no lo he


notado.

¿Ella lo había notado? Mac parpadeó hacia su amiga, asegurándose.

—No lo sé. Unos pocos días, quizás.

—¿Con qué frecuencia has estado vomitando?

Mac la miró, en silencio. Mierda, mierda.

—Está-bien —pronunció Melina, con las cejas levantadas—. Esto es lo


que va a pasar. Noah va a venir a tomarte sangre para un chequeo
estándar completo. Luego irás a la sala de descanso para hacer pis en
un bote. Entonces volverás aquí, te sentarás y me esperarás.
¿Comprendes?

Ella suspiró.

—Sí.

—Buena chica.

Melina golpeó su rodilla y se fue. Un poco después, Noah entró, pasó la


torunda en el recodo de su codo, y tomó tres muestras de sangre.
Cuando terminó, presionó una bola de algodón sobre la unión y lo tapó
con una tirita.

Dándole una sonrisa, él señaló en dirección a la sala de descanso.

—Ve hacer tus cosas.

Ella absolutamente odiaba hacer pis en un bote. Era una propuesta


arriesgada al menos, apuntar bien. Pero se las arregló y en poco tiempo
estaba sentada de vuelta en la sala de examen.

Dónde el reloj en la pared marcaba con insoportable lentitud.

Cinco minutos pasaron. Diez. Mac estaba empezando a inquietarse


cuando Melina entró, llevando un manojo de papeles. Su amiga cerró la
puerta y lentamente se giró hacia ella. La expresión en la cara de Melina
envió un rayo de terror todo el camino a sus pies.

—¿Qué es? —jadeó ella, agarrando el borde de la mesa—. ¿Qué pasa?

—Mac, cariño. Tenemos que hablar.


Primal Law
(Alpha Pack #1)
Fundada por un equipo de antiguos SEALS
de la marina, la Manada Alfa es un equipo
de ultra secreto de lobos cambiaformas con
facultades psíquicas encargados de
eliminar a los más peligrosos depredadores
del mundo. Pero el don de sus habilidades
tiene un precio…

Después de que una masacre diezma a la


mitad de su equipo y lo deja paralizado,
Jaxon Law debe volver a aprender cómo
pelear —y debe vencer la ira y la culpa que
amenaza con abrumarlo. Pero cuando rescata a una hermosa mujer que
despierta sus instintos primarios, Jax no está preparado para los
peligros que se avecinan.

Huyendo de su empleador, la brillante asistente de laboratorio Kira


Locke escapa con inquietantes pruebas que conducen a la Manada Alfa
a la caza de alguien que ataca civiles humanos con habilidades
psíquicas. Y mientras Jax y Kira cercan tanto al asesino como el uno al
otro, Jax tendrá que decidir si la profunda conexión que siente con Kira
es digna de romper la última regla de los cambiaformas; porque la
vinculación con Kira significa poner en riesgo sus habilidades, y tal vez
sean las únicas herramientas que tiene para mantener a su compañera
viva…
Black Magic
(Alpha Pack #1.5)
Una terrible tormenta se avecina, y el
miembro más reciente de la Manada Alfa
no se enfrentará solo a una batalla consigo
mismo, sino a una guerra en el horizonte
que podría terminar con todos ellos...

El hechicero/Nigromante/cambiante a
pantera negra Kalen Black y la Dra.
Mackenzie lucharán contra un letal
enemigo y juntos entrarán en una
explosión de pasión. Una noche se pondrán
en movimiento las graves consecuencias no
solo para la pareja, sino para la Manada entera...

Esta novela es el comienzo de la historia de Kalen y Mackenzie, que se


concluirá en su libro BLACK MOON.

Savage Awakening
(Alpha Pack #2)
Luego de una misión que sale mal, Aric
Savage es tomado prisionero. Medio muerto
y desesperado, hace un descubrimiento
sorprendente: su compañero de Manada
Micah Chase, quien fue reportado muerto,
es otro de los cautivos. Cuando el equipo
Alfa entra en modo rescate,
acompañándolos hay una absoluta
despampanante con pelo sable y una
columna de acero sólido.

La oficial de Los Angeles y Psy Caminante


de sueños, Rowan Chase tiene una
prioridad: recuperar a su hermano Micah. Sin embargo, ella no puede
evitar sentirse atraída por Aric, un rústico lobo guapo que la complace
como ningún hombre lo ha logrado… sin embargo su relación está
destinada a ser fugaz. Pero cuando la vida de Aric está en peligro,
Rowan debe preguntarse qué está dispuesta a sacrificar en nombre del
amor, por el hombre destinado a ser su Compañero.
Black Moon
(Alpha Pack #3)
Desde que salvó la vida de la Dra.
Mackenzie Grant, la pantera cambiaformas
y hechicero, Kalen Black, ha tenido
problemas para mantener a la hermosa
doctora fuera de sus pensamientos y su
corazón. El roce con la muerte despierta
una pasión intensa entre ellos, una que por
primera vez logra que el notorio solitario
notorio baje su guardia.

Con la Manada Alfa luchando contra un


malévolo Fae que poco a poco va ganando
control sobre la mente de Kalen, Kalen ya
no puede confiar en sus propias acciones, y rompe su relación con
Mackenzie con el fin de mantenerla a salvo. Pero cuando Mackenzie se
entera que está embarazada de Kalen, ningún peligro la mantendrá
lejos del hombre que ama. Para proteger a su compañera y su hijo no
nacido, Kalen tendrá que luchar contra un mal terrible, desatar la furia
de su poder y arriesgar que todos sean destruidos...
Autora de Bestsellers J.D. Tyler es muy conocida por sus oscuras y
sexys series paranormales Manada Alfa y los Bomberos de la Estación
Cinco. Primal Law, el primer libro de la serie Alpha Pack (Manada Alfa),
fue ganador del Premio Elección de los Lectores Nacionales en
Paranormal. También ha sido una múltiple finalista en el Premio por
Excelencia a Escritores de Romance de Colorado, una finalista por el
Premio al Mejor Bestseller, ha obtenido el Premio al Mérito al Medallón
CALIENTE, y ha sido dos veces nominada al Premio de los Lectores de
Romance Australiano en suspenso romántico.

Los libros de J.D. Tyler regularmente aparecen en las listas de mejores


vendidos de Neilson Bookscan, Barnes y Noble, BooksOnBoard y
Amazon, entre otras, y ella fue recientemente nombrada por
BooksOnBoard como su Autora de Romance Mejor Vendido #1.

Cuando no está escribiendo, la idea de J.D de pasar un buen rato


seguramente no es limpiar la casa (sniff) hacer bungee jumping (no en
esta vida, o la siguiente), o acampar (su idea de "agreste" es un botones
lento) Ella disfruta siendo consentida como la diva que es, y pasando el
tiempo con su adorable familia. J.D. vive en Texas con su dos
adolescentes.