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TEMA 49: ESPAÑA: LA 2ª REPÚBLICA Y LA GUERRA CIVIL

INTRODUCCIÓN:
Los principios de siglo XX en España fueron años muy convulsos, de cambios continuos,
de esperanza y de decepción, de vaivenes sociopolíticos que afectaron a la población
en general. En este contexto, los años 30 supusieron avances y retrocesos, crisis
económicas y sociales que desembocaron en una Guerra Civil que influyó en la
evolución posterior de un país que vio cómo su avance se retrasaba por el contexto. La
II República se convirtió en la seña de que el sistema social estaba agotado, de que la
sociedad había cambiado influida por la industrialización, el éxodo rural y el descenso
del analfabetismo.

La fuerte crisis económica derivada de la pérdida de las colonias y la deficiente


reconstrucción de la monarquía hicieron que triunfara la república que heredó los
problemas de divisiones internas que ya tenía España.

“Solo si conocemos…!. Y como establece el currirulum….

CONTEXTO GENERAL DE ESPAÑA Y LLEGADA II REPÚBLICA


A principios de los años 30, el gobierno del general Berenguer, compuesto por
hombres de la alta burguesía y la clase terrateniente del partido conservador pretendía
volver al sistema suspendido en 1923 de legalidad constitucional una vez desaparecido
Primo de Rivera. La Dictadura de Primo De Rivera había destruido la turnismo liberal-
conservador, lo que supuso una crisis del sistema de la Restauración.

El PSOE era el partido más fuerte y el movimiento obrero empezaba a mostrar su


fortaleza con el crecimiento de la CNT, sobre todo en Cataluña y Andalucía, y en 1930
pasaba a la legalidad.

De forma paralela, ese mismo año las fuerzas republicanas se organizaban y se unían
para preparar su toma del poder con el Pacto de San Sebastián en verano, una unión
que el PSOE y la UGT dan su visto bueno y se unen a un movimiento encaminado a
derribar la monarquía y proclamar la república.

Todas estas fuerzas realizan en diciembre un primer intento de establecer la república


que fracasa y el rey Alfonso XIII encarga la formación de Gobierno a Sánchez Guerra,
quien ofreció cartera ministeriales a miembros del comité revolucionario. Esto supuso
su entrada en prisión y un último intento del rey de formar gobierno con el almirante
Aznar, quien convocó elecciones municipales para el 12 de abril de 1931 en un intento
de vuelta a la normalidad constitucional y con la confianza de tener el apoyo general.

Sin embargo, 41 de las 50 capitales de provincia y gran parte de los pueblos


industriales votaron a candidatos republicanos. El 14 de abril de ese año fue
proclamada la II República.

El contexto socioeconómico en el que se produjo este hecho está marcado problemas


y cambios estructurales. Se esta produciendo una creciente industrialización, pero
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todavía era muy numerosa la población agraria con un gran número de campesinos sin
tierra y un concentración de los cultivos en manos de unos pocos, lo que provocaba un
alto paro y numerosas insurrecciones. En la industria y el comercio la estructura era
parecida, una alta concentración de la actividad en pocas manos. Esto se trasladaba a
la organización política, en la que la burguesía industrial y los grandes terratenientes
concentraban el poder. Ejemplo el conde Romanones, dirigente del partido liberal y
ministro del último gobierno de la monarquía: terrateniente y miembro de siete
consejo de administración de empresas y bancos.

En este contexto, existe un movimiento obrero que buscaba una participación que le
negaban, y el problema de las nacionalidades con un movimiento nacionalista catalán
y otro vasco.

Estos se convirtieron en los principales retos a los que se tuvo que en enfrentar la II
República.

LA II REPÚBLICA

La II República llega en un contexto nacional e internacional muy complejo. A los


factores anteriores se une la crisis del 29, que ayuda a exacerbar los enfrentamientos
de clase, lo que redunda en un aumento de la conflictividad social; y una evolución
política internacional favorable al fascismo mientras que en España se caminaba en el
sentido inverso. El paralelismo entre la Alemania de Weimar y la II República es
coincidente.

Una vez proclamada la república en abril del 31, su desarrollo se ha dividido


tradicionalmente en tres periodos:

El Bienio Reformador (14 de abril de 1931-19 de noviembre de 1933):


El primer gobierno republicano fue presidido por Niceto Alcalá Zamora e integraba
representantes de casi todas las tendencias: derecha, centro, izquierda republicana y
socialistas.

Este periodo termina cuando unas nuevas elecciones dan la victoria a la derechas, lo
que abre el siguiente periodo y se caracteriza por una época de reformas cuyo
principal exponente fue la reforma agraria. El jefe de Gobierno fue durante casi la
totalidad de los dos años Manuel Azaña. Se configuró una alianza republicano-
socialista que englobaba a la mayor parte de los partidos republicanos y a los
socialistas que se fue rompiendo por sus propias contradicciones y su ambigüedad que
no contentó a ninguna capa social. Poco a poco se produjo la salida a la posición de los
radicales y la derecha republicana de otros partidos.

La Reforma Agraria es el más claro exponente de esa ambigüedad del Gobierno. Los
problemas del campo se circunscribían al latifundio y el minifundio. El Gobierno recién
ascendido decidió actuar sobre el primero y promulgó una serie de decretos en abril y
mayo de 1931 con el objetivo de evitar el boicot de la República por parte de los
terratenientes y favorecer el trabajo de los campesino sin tierra. Estos decretos se

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completaban con la preparación de una ley de reforma agraria, cuya discusión se
prolongó hasta 1932.

La ley establecía un conjunto de tierras expropiables con indemnización (sin cultivar o


mal cultivadas, las que quisieran los dueños, las del Estado, las de más de 600
hectáreas en secano…); expropiable sin indemnización las de los grandes de España.
Estas tierras se entregaban a las comunidades de campesinos para su explotación
individual o colectiva. Para impulsar la reforma se creó el Instituto de Reforma Agraria
(IRA).

Junto a la reforma agraria, el gobierno de Azaña en un afán de disminuir el poder de


ciertos sectores en la sociedad inició reformas del ejército y la iglesia.

En el caso del ejército, con un gran peso en la vida pública española con un claro
exponente en la dictadura de Primo de Rivera, Azaña se proponía acabar con este
intervencionismo. Para ello, promulgó una serie de decretos de abril a junio de 1931
con los que pretendía reducir el exceso de oficiales con el fomento de las retiradas: el
cierre de la Academia de Zaragoza por antirrepublicana (dirigida por Franco); y la
creación de una Guardia de Asalto para evitar la intervención de la Guardia Civil y el
Ejército en los asuntos de orden público.

Las medidas provocaron el efecto contrario con la retirada de militares afines y


mantenimiento de no afines con un ejemplo claro en el intento de levantamiento de
Sanjurjo en el 32 que provocó un impulso reformador en el gobierno.

Respecto a la Iglesia, se intentó disminuir su influencia política y social,


antirrepublicana. Se declaró en la Constitución el Estado no confesional, y se aprobó el
gobierno civil, el divorcio y otras leyes similares. Además, la ley de Congregaciones
Religiosas de 1933 cesaba la actividad docente de la Iglesia; y se disolvió y confiscaron
los bienes de la Compañía de Jesús.

Otra de las características de este bienio fue el avance del nacionalismo catalán y la
aprobación del estatuto en septiembre de 1932 que concedía a la Generalitat
facultades legislativas y ejecutivas en hacienda, economía, educación, cultura,
comunicaciones y orden público.

El bienio reformador tuvo sus éxitos en la resolución del problema catalán, los avances
en materia educativa y los progresos en el orden social del ministro Largo Caballero.
Sin embargo, no fueron suficientes para evitar las contradicciones y la oposición de los
privilegiados del régimen anterior y la actitud de la CNT gobernada por el anarquismo
que terminó abandonando la República tras los conflictos de Castilblanco, Arendo o
Casas Viejas.

Azaña presenta su dimisión (12-IX-1933), formándose dos breves gobiernos radicales


de Lerroux (septiembre-octubre) y Martínez Barrio, que prepara las elecciones por
encargo del presidente Alcalá-Zamora.

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El Bieno Radical-Cedista (noviembre de 1933-febrero 1936)
El periodo comienza con el triunfo de las derechas en las elecciones de noviembre de
1933 hasta su derrota en febrero del 36 y se mantiene en una alianza de los radicales
con la CEDA.

Alcalá Zamora designa para formar gobierno a Alejandro Lerroux, miembro del partido
radical republicado de derechas que consiguió el apoyo de la CEDA formada por los
terratenientes afectados por la reforma agraria. Esto hizo que comenzara un
desmantelamiento de todas las medidas adoptadas en el periodo anterior,
principalmente la reforma agraria, pero también las relacionadas con Ejército e Iglesia.
En agosto de 1935 se aprobaba una ley de reforma agraria que suponía una auténtica
contrarreforma a la de tres años antes.

Estas medidas supusieron un enfrentamiento con el movimiento obrero y el


movimiento catalanista que confluyeron en los acontecimientos de octubre de 1934.

Los partidos obreros radicalizaron sus posiciones y empezaron a construir alianzas


obreras en las que confluían los socialistas, los comunistas y los anarquistas de algunas
zonas como Asturias preparándose para un movimiento insurreccional.

La chispa que hizo explotar la situación fue la entrada de la CEDA en el Gobierno en


octubre de 1934, que consideraron un intento de destruir la república desde dentro y
una amenaza contra el estatuto catalán. El 5 de octubre hay una huelga general
revolucionaria con insurrecciones armadas en algunas zonas y tomas de
ayuntamientos. La Generalitat proclamaba el Estado catalán. Estos movimientos
fueron reprimidos por el Ejército.

Desde entonces, la convivencia entre derechas e izquierdas se va haciendo más difícil y


el país se divide en dos bloques: el Frente Popular (republicanos de izquierdas
socialistas y comunistas) y el Frente Nacional (CEDA, monárquicos y tradicionalistas),
los dos bloques que se presentan a las elecciones de 1936.

El Gobierno del Frente Popular


Tras los últimos años de división, en febrero de 1936 gana las elecciones del Frente
Popular encabezado por Azaña como presidente de la República, tras la destitución de
Alcalá Zamora, y Casares Quiroga como primer ministro. Azaña aplicará su programa
electoral: amnistía para los implicados en los acontecimientos de octubre de 1934,
reapertura del parlamento catalán, y restitución de la ley de reforma agraria del 32 con
medidas en beneficio de los campesinos.

Ya desde el triunfo electoral la derecha y la extrema derecha empiezan a preparar la


sublevación. Las reformas continuaban y la polarización se iba incrementando.

LA II REPÚBLICA EN CANARIAS

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El contexto socioeconómico en el que se desarrolla la II República en Canarias se
caracteriza por una mayor afección de la crisis del 29, ya su economía estaba
fuertemente vinculada a la Europa Occidental (Inglaterra, Francia y Alemania) con una
agricultura de exportación (plátano, tomate y papas) que se ve seriamente afectada
por la crisis.

El inicio de la II República fue desigual en las dos provincias Canarias. Mientras en


Santa Cruz de Tenerife hubo un movimiento obrero organizado, en la de Las Palmas,
con un mayor arraigo del caciquismo, la oligarquía intento aprovechar el nuevo
movimiento. En ambos casos, la república estuvo instaurada el mismo día de su
proclamación.

La evolución no difirió mucho de lo ocurrido en el resto del territorio, Mientras en un


inicio la confianza en el nuevo régimen fue unánime en las dos provincias, este apoyo
que se tornó en desencanto cuando no se dieron satisfacción a las demandas de las
clases trabajadoras en la medida que querían, ya que las oligarquías lograron situarse
convenientemente entre los mandos de la república.

Según Millares Cantero, el bloque de poder oligárquico se planteó por distintos


conductos recuperar el control de las instancias que se le habían escapado
transitoriamente y lo consiguen salvo en algunas ciudades importantes que logran
sacudirse la tutela del caciquismo agrario.

LA GUERRA CIVIL

El relato de Muñoz Bolaños sitúa en el fracaso de la sublevación del general Sanjurjo el


momento en el que se comenzó a tejer una red que debía servir como base para
intentar una nueva sublevación que se materializó tras la victoria del Frente Popular.

Las causas de la guerra varían según los historiadores, pero existe consenso en que la
intensificación de las reformas que dañan lo intereses del poder económico y social de
las clases privilegiadas, y la radicalización de las posturas de la izquierda y la derecha
dan lugar a una polarización y a un posicionamiento de la derecha en contra del nuevo
gobierno.

Pese a que el ejército se divide en dos y algunas fuerzas políticas actúan con vacilación,
se está generando el caldo de cultivo para una Guerra Civil. Junto a la parte más dura
del ejército se sitúa una trama civil que la componían los carlistas navarros con sus
requetés armados, los falangistas, los monárquicos de Calvo Sotelo y muchos
conservadores.

El 9 de marzo del 36 se reúnen en Madrid los generales Mola, Varela y Franco, el


sector más duro del ejército y empiezan a dibujar la conspiración. Un primer intento en
abril tiene que ser abortado porque se conocen los planes hasta que, en julio, el
aldabonazo se sitúa por algunos historiadores como Paul Preston en el asesinato de
Calvo Sotelo por unos guardias de asalto el 13 de julio, en represalia por el asesinato
de un teniente de los guardias de asalto. El efecto fue terrible en la opinión pública

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conservadora, que temió una inminente masacre general en una nueva “revolución
roja”.

El alzamiento se inició la tarde del 17 de julio en el Ejército de África en su cuartel


general de Melilla y en los días 18 y 19 de julio en diversas capitales del país. Franco
sublevó Canarias y tomó el 18 el mando del ejército de África. Decretaron el estado de
guerra Mola en Pamplona, Queipo de Llano en Sevilla, Saliquet en Valladolid, Goded en
Baleares, Cabanellas en Zaragoza... sometiendo en estos lugares con rapidez a los
partidarios de la República mediante ejecuciones y encarcelamientos.

Durante esos días el Gobierno, formado por las fuerzas moderadas del Frente Popular
pretendió sofocar el levantamiento con concesiones. Tras el fracaso de las
negociaciones, el Gobierno dimite y se forman nuevos gobiernos con Martínez Barrios
(un día) primero, y José Giral, después. Ante el temor a la ofensiva militar, el nuevo
gobierno entregó armas a los obreros y los pueblos fieles a la República de organizaron
en Comités Locales Militares de los partidos.

De esta forma, España queda dividida en dos:

El bando republicano que reunió a los burgueses radicales, socialistas, comunistas y


anarquistas. Su base social era la burguesía mediana, los intelectuales, los
funcionarios, los obreros y los campesinos.

El bando nacional formado en un primer momento por grupos antirrepublicanos y a


algunos que habían colaborado en la República al principio. Eran los partidos
monárquicos (borbónicos y carlistas), católicos, republicanos conservadores, la CEDA,
muchos radicales, catalanes de la Lliga Regionalista, la Falange y los pequeños partidos
fascistas. Su base social era el clero, los terratenientes, la burguesía (alta y pequeña),
los militares.

Desde el alzamiento, se produce un total de cuatro grandes fases:

La guerra de columnas: Comprende la sublevación y el avance hacia Madrid


(noviembre 1936). Los nacionales lanzaron las campañas “enlaces”, con el objetivo de
juntar la sdos grandes zonas rebeldes al Norte y al Sur y marchar contra Madrid.

Mientras, los republicanos trataban de evitar la extensión de la sublevación para dar


tiempo a imponer su superioridad en población y economía, y crear un ejército para la
guerra. Intentaron liquidar la resistencia en Baleares, Aragón y Asturias, pero
fracasaron.

Franco llega a la Península a principios de agosto y compensa con 30.000 soldados la


superioridad republicana en la Península. Consolida el dominio del Bajo Guadalquivir y
se establece en Sevilla. Desde allí comienza su avance hacia Madrid por Andalucía y
Extremadura. Mola converge desde el norte a Madrid y Extremadura.

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Franco ya se había hecho en septiembre con el mando de Generalísimo de los Ejércitos
y Jefe de Estado, y Mola con el mando militar conjunto.

Largo Caballero sustituía a Giral al frente de la república.

La batalla de Madrid (noviembre 1936-febrero 1937) A primeros de noviembre del 36,


Franco llega a amenazar Madrid. Azaña ya se había marcado a Valencia, aunque los
republicanos trataban de reforzar sus efectivo con reservistas y milicianos. Los
generales Miaja y Rojo organizaron la defensa y las brigadas internacionales y las
milicias republicanas resistieron. Esta resistencia anunciaba una larga guerra de
desgaste con combates que siguieron hasta enero del 37.

En febrero, tras la batalla del Jarama los nacionales consiguieron cortar las
comunicaciones entre Madrid y Valencia, y se estabiliza el frente sur. En el norte, en
marzo, la batalla de Guadalajara, los italianos intentan hacer pinza, pero son
derrotados por los republicanos.

La guerra en el Norte (marzo-octubre 1937) Franco se concentra en la conquista de las


zonas industriales el Norte: País Vasco, Santander y Asturias, defendidos por milicias
del PNV, y UGT y CNT, desunidos y sin mando único. Fue una de las campañas más
sangrientas con episodios como los de Guernica. Mientras, los republicanos intentaban
aliviar la presión con una ofensiva en el centro que fracasó en Brunete, y en el frente
de Aragón. La superioridad del bando nacional se basó en el aire, con la Legión Cóndor.
En otoño del 37, hubo un poco de tranquilidad porque ambos bando preparaban las
ofensivas finales. Fue cuando la capitalidad republicada se trasladó a Barcelona.

La guerra del Este (1938): Los republicanos, intentando desviar la atención de los
nacionales sobre el norte, deciden atacar Aragón. Rompieron el frente en Teruel y
sitiaron la ciudad durante varias semanas. Sin embargo, los nacionales consiguieron
romper el frente de Aragón, y Franco consigue ocupar Valencia por esa brecha, lo que
parte por la mitad el territorio republicano.
En este frente, la batalla del Ebro fue la más larga y sangrienta de toda la guerra. Los
republicanos trataban de recuperar la comunicación entre el centro y Cataluña e
impedir la ofensiva sobre Valencia, y prolongar la guerra para debilitar a los nacionales
hasta conseguir mayor ayuda exterior.

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El 25 de julio cruzaban el Ebro con algunos éxitos locales, pero sin romper el frente.
Fue una batalla de trincheras en la que Franco volcó su superioridad en material, sobre
todo artillería y aviación. La bajas fueron muy numerosas y el bando republicano veía
acabadas sus reservas de hombre y material, lo que abría Cataluña a la siguiente
ofensiva nacional. En enero de 1930 caía Cataluña y el bando republicado solo aspiraba
a una paz negociada con la mediación internacional.

Madrid fue la última ciudad en rendirse. Malefakis ha explicado el fracaso republicano


por la diversidad de los intereses que se defendían y que las fuerzas armadas estaban
del lado nacional.

Frente a la pluralidad y las dimensiones de la zona republicana, el frente nacional se


caracteriza por la unificación en todos los terrenos, con una Junta de Defensa Nacional
en Burgos formada por los más importantes generales de la zona norte en un inicio
(1036) que se transformó en septiembre en una Junta de Defensa con Franco como
Jefe de Estado y de todos los ejércitos.

Respecto al apoyo internacional, la Guerra Civil coincide con el avance de Hitler por
Europa. Las potencias internacionales, para evitar la guerra, cedieron a las ambiciones
de Alemania e Italia y aceptaron la no intervención ante el apoyo de estos dos países a
Franca.
Alemania se centró en proporcionar material de guerra y persona cualificado; Italia,
tropas hasta alcanzar unos 100.000 hombres. Portugal facilitó las comunicaciones de
los franquistas cuando territorio estaba dividido en dos. Las compañías petroleras
norteamericanas le garantizaron suministro de combustible, mientras ponían
dificultades a la República. También se reclutaron hombres en los territorios
colonizados de Marruecos.
El régimen republicano, por su parte, apenas consiguió recibir ayudar material de las
democracias occidentales (Francia, Inglaterra, EE UU), que se limitaron a cumplir el
pacto de no intervención. Solo la URSS proporcionó ayuda en material bélico y en
personal militar cualificado. La única ayuda de hombres fue la de las Brigadas
Internacionales, formadas por voluntarios de diferentes países movilizados por la
propaganda antifascista.

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El final llegó como consecuencia de todos estos factores. Cuando Cataluña cae, Negrín
(presidente de la República) continuaba resistiendo a la espera de una reacción
mundial contra el fascismo. Sin embargo, la desunión se hizo visible con el golpe de
Casado contra el Gobierno, apoyado por sectores enemigos de los comunistas, que
facilitó la toma de la capital. Desde que los nacionales tomaron Madrid el país se
convirtió en un estado militarizado con un único jefe: Franco, que asumiría el poder
político supremo y todos los poderes del Nuevo Estado.

CONSECUENCIAS DE LA GUERRA: La primera consecuencia de la guerra fueron las


pérdidas humanas, aunque no hay consenso entre los historiadores fueron muy
numerosas y se llegan a cifrar entorno a unas 600.000. Afectaron sobre todo a
varones, lo que desemboca en el descenso de la natalidad.
Los republicanos se exiliaron y se calcula que fueron más de 700.000 personas las que
salieron de España a lo largo de la guerra, aunque volvieron unas 500.000 el exilio
permanente afectó a unas 165.000 personas.
A ello se suman las pérdidas materiales con destrucción de infraestructuras de
transportes, viviendas y patrimonio histórico y artístico. Hubo que depreciar la peseta,
aumentó la deuda exterior y hubo que trabajar en una reconversión de la industria
militar en civil. Todo ello generó una grave crisis que se vio agravada por el régimen
económico que arruinó las mejoras alcanzadas. Hasta 1951 no se recuperaron los
niveles de 1935.

En Canarias, la Guerra Civil fue una guerra sin trincheras, pero con represión y miedo.
Hubo represaliados de las islas, otros fueron llamados a filas para luchar en las batallas
que tenían lugar en territorio peninsular. Tenerife acogió a una de las prisiones más
conocidas durante la Guerra Civil, la Prisión de Fyffes. También Gando, en Gran
Canaria, contó con centros penitenciarios. La Gomera vivió historias de quienes se
escondieron y la Palma vivió la conocida como Semana Roja, siete días al inicio de la
revuelta en los que la isla se resistió.

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