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El Positivismo Jurídico en La Historia: Las Escuelas del Positivismo

Jurídico en el Siglo XIX y Primera Mitad del Siglo XX


Reseña Crítica de la Obra de Andrés Botero-Bernal (2015)

Abogado, Eladio Román Urbina Tortolero.


Barquisimeto, Venezuela. 2019
elurbina@outlook.com

ENSAYO

El estudio del positivismo jurídico debe partir desde el entendimiento mismo


de lo que es y lo que representa esta corriente filosófica, para poder entender
lo que desde sus inicios el btitánico Hume, el francés Saint-Simon y el
alemán Kant vinieron desarrollando como parte de sus postulados, y lo que
en el siglo XIX el filósofo francés Augusto Comte, bautizó por primera vez
como positivismo. Siendo esta corriente filosófica la que postula la no
admisión de aquellos conocimientos que no proceden de la experimentación,
de la aplicación de métodos exclusivos de la ciencia y la inducción; lo cual se
traduce en el rechazo de toda noción a priori y todo concepto metafísico que
se encuentre fuera de la esfera científica.

Ahora bien, en el campo del positivismo jurídico, se observa de una u otra


forma como el contexto general de esta corriente se hace presente, sobre
todo cuando el tratadista ha expresado como uno de los criterios de algunas
de las escuelas iuspositivistas “el rechazo, por algunos, o la no
consideración, por otros, de las teorías metafísicas dentro del discurso
científico del derecho” (p.68). Colocando al positivismo jurídico como
antagonista del iusnaturalismo, aun cuando sabemos que ambos revisten de
validez.

De igual manera, es de suma importancia abordar la subdivisión que hace


dicho tratadista entre los funcionalistas (los que estudian la función del

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derecho como tal) y los estructuralistas (los que estudian desde la


perspectiva de las normas al derecho), ambos como integrantes del
iuspositivismo, cuando Botero-Bernal ha indicado que “un funcionalista se
pregunta por la función del derecho en campos judiciales o sociales, mientras
que el estructuralista define el derecho mismo desde la norma jurídica y
desde el ordenamiento jurídico” (p.70)

El positivismo jurídico, también ha sido utilizado como justificación para


determinadas formas de estado, adecuando sus postulados a las
necesidades propias de cada uno de ellos. Esto queda en evidencia cuando
se observa la evolución de la costumbre como fuente primigenia del derecho
a las diferentes formas de estado conocidas, y como la exegesis que se
realiza de las normas y que propende a sustentar la forma de estado
seleccionada; perdiendo con ello los juristas toda capacidad de interpretación
so pena de contravenir la voluntad general. De forma contraria a la exegética
jurídica antes mencionada, y propia de una corriente positivista pura, es
indispensable mencionar lo importante que fue el aporte de los doctrinarios
alemanes a la corriente iuspositivista, al reconocer la relevancia del sector
académico en el proceso judicial, debido que este debía ser comprendido
como una “unidad lógico-formal y plena”, capaz de ser aplicado a cualquier
situación planteada y tal y como ha expresado Botero-Bernal:

“El derecho se presenta pues como un organismo o maquina


lógica, de manera tal que sólo puede ser estudiado desde
parámetros igualmente lógicos, de un lado, y que esta misma
esencia ordenada (de lo general a lo especial) da lugar, por medio
de la deducción, a presuponer las nuevas normas que se
entienden propias del organismo, del otro” (p.98)

Con respecto a los postulados de la escuela inglesa y propia del derecho


anglosajón, se observa la intervención del componente moral a través del

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Common Law y el derecho consuetudinario. El juez aunque debe razonar las


situaciones planteadas, debe por analogía y a través de su conciencia (como
componente axiológico) sopesar una determinada conducta. En el Common
Law, desde una perspectiva estructuralista, las normas están diseñadas para
los jueces. Lo cual de una manera simplista, se puede concentrar en dos
aspectos principales: el primero, que el juez pudiera ocultar su voluntad
personal en el proceso judicial, y el segundo, la adecuación de las conductas
de las personas, a los posibles tratamientos que con base a esas conductas
podrían hacer los juristas.

Por su parte, la teoría pura del derecho, de mano de Kelsen, se observa que
es netamente estructuralista, estableciendo el grado de las normas y
reconociendo la facultad de los jueces de crear a través de la jurisprudencia
otras normas, que deben ir en franca concordancia con dichos grados
legales, adhiriéndolos al ordenamiento jurídico.

Por ultimo desde una perspectiva funcionalista, el positivismo jurídico se


desarrolla, desde la figura de la función que cumple el derecho dentro de la
estructura jurídica de un Estado, en la cual el proceso lógico-deductivo
(propiamente positivista) desencadenado por los operadores de justicia, se
centrará en la función misma del derecho, y que debe centrarse en lo que
previamente se ha establecido como necesario para la sociedad. Lo cual
desde mi propia perspectiva, traduce al derecho en una fuente de consenso
a través de la cual se pueden alentar, promover y facilitar los
comportamientos sociales que son necesarios, para alcanzar los objetivos
sociales del Estado y todo lo que ellos implica.

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