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LA IMPRONTA DE MARX EN LA LUCHA DE LAS MUJERES REVOLUCIONARIAS

Yaocihuatl Atenea

Desde hace algunos meses he escrito varios textos dedicados a mujeres revolucionarias importantísimas
que han sido poco reivindicadas en la historia.

Una de las cuestiones que todas ellas han tenido en común, además de su papel revolucionario, es el
estudio del marxismo como herramienta para comprender los fenómenos complejos de la realidad
concreta.

Cada una de ellas desarrolló su actividad política en momentos históricos particulares, en diferentes
países, con un contexto específico. A pesar de ello, la necesidad de transformar la realidad de manera
profunda las llevó al estudio del marxismo para poder desarrollar plenamente sus actividades
revolucionarias y, así también, sus cualidades humanas.

Cada una de ellas, influídas por el pensamiento de Marx, encontró formas diversas para el desarrollo de
estas imperiosas actividades.

Sus destinos están marcados todos –desde Alemania en 1930 hasta El Salvador en la década de 1970,
España durante los años del franquismo, Angola durante la lucha por su independencia, etc.– por el
pensamiento revolucionario de Karl Marx.

Y es que el estudio desarrollado por Marx no fue sólo filosófico. Karl tenía la necesidad de comprender
la sociedad capitalista para acabar con ella y así desterrar los terribles males que aquejan a la sociedad
capitalista: guerras, hambre, explotación, pandemias, etc.

La comprensión total del capitalismo y sus contradicciones lo llevó a estudiar filosofía, economía
política, sociología, historia, inglés, francés y todo lo que necesitara para poder comprender y actuar en
consecuencia. También, junto al gran Friedrich Engels, sentó las bases para comprender la explotación
femenina en el seno de la familia y comprender que el patriarcado es resultado del surgimiento de las
sociedades divididas en clases sociales y terriblemente exacerbado en la sociedad capitalista, tal como
lo reflejan sus textos:

"La humillación del sexo es un rasgo esencial y característico tanto de la civilización como de la
barbarie, con la diferencia de que el vicio se practica en la barbarie sin ser adornado, mientras que en
la civilización se ha elevado al grado de una existencia compleja, equívoca, inconveniente e
hipócrita… Nadie está tan humillado como el hombre por el crimen de tratar a la mujer como
esclava".

Por otro lado, fustigaba la concepción de la familia burguesa y la hipocresía que al rededor de ésta ha
formado el capitalismo:

“La burguesía da históricamente a la familia el carácter de familia burguesa, cuyos lazos son el
aburrimiento y el dinero, y que comprende también la descomposición burguesa de la familia, durante
la cual la familia misma continúa existiendo. A su embarrada existencia corresponde también una
concepción sagrada, en la fraseología oficial y en la hipocresía general.”
Y expresaba junto a Engels, de manera maravillosa, una realidad en torno a la familia y la explotación
de la mujer en su seno:

“Pero vosotros, comunistas, queréis introducir la comunidad de mujeres, nos grita a coro la burguesía
entera.

El burgués ve en su mujer un mero instrumento de producción. Oye que los instrumentos de


producción han de ser explotados en común y, naturalmente, no puede imaginarse sino que el destino
de la socialización afectará también a las mujeres.

No sospecha que de lo que se trata precisamente es de acabar con la posición de la mujer como mero
instrumento de producción.

Por lo demás, nada hay más ridículo que el moralísimo horror de nuestros burgueses sobre la supuesta
comunidad oficial de mujeres de los comunistas. Éstos no necesitan introducir la comunidad de
mujeres. Casi siempre ha existido.”

Karl Marx fue un estudioso de la sociedad sin pretensiones académicas sino revolucionarias, luchó para
destruir la sociedad capitalista y la explotación del hombre por el hombre.

Dejó, a pesar de la persecución, el destierro y las carencias económicas, un enorme legado histórico,
político y humano. Sus hijas, de quienes siempre se enorgulleció, se convirtieron en revolucionarias
extraordinarias, entregadas a difundir la obra de su padre y a luchar por alcanzar su propósito.

Karl Marx, a poco más de doscientos años de haber nacido, aún tiene mucho, muchísimo que
enseñarnos.