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"Soportando las Pruebas"

“Soportando las Pruebas”

TEXTO 1 Pedro 1:8-9

Introducción

El apóstol Pedro está escribiendo una carta a un grupo de creyentes del primer siglo,
que estaban pasando por una serie de pruebas (v.6-7).  Esto no es nada nueva.  La
Biblia enseña que todo creyente pasará por pruebas y dificultades (Juan 16:33).  Por lo
tanto, nunca debe sorprenderse de ello.

Ahora bien, si todo creyente va a pasar por tiempos de prueba, la pregunta que
debemos hacer es, ¿cómo podremos soportar esos tiempos de prueba?   En 1 Ped
1:8-9, Pedro indica CUATRO cosas que son importantes, si queremos triunfar sobre
las pruebas:

1. AMAR A CRISTO (“a quien amáis sin haberle visto”, v.8a)

La primera característica del creyente es que AMA a Cristo.  Pedro amaba mucho al


Señor; lo valoraba mucho, como lo expresa en 1 Ped 2:7 (“él es precioso”).  Pero lo
que parece sorprender a Pedro es que los creyentes a quienes él estaba escribiendo,
amaban al Señor a pesar de nunca haberlo visto (como él lo había visto, con sus ojos
físicos; ver 2 Ped 1:16b).  

¿Cómo es posible que el creyente ame al Señor, a pesar de nunca haberlo


visto?  Bueno, Juan lo explica, en 1 Juan 4:19, “Nosotros le amamos a él, porque él
nos amó primero”.  Habiendo experimentado el amor del Señor (Su perdón, Su gracia,
Su misericordia, etc.), nosotros sentimos un profundo afecto por Él.   Y es ese amor
que nos lleva a sacrificarnos por Él. 

Por ejemplo, antes de conocer a Cristo, Pablo era un hombre orgulloso, que valoraba
muchas cosas de sí mismo.  Los menciona en Fil 3:5-6 – circuncidado según la ley, de
sangre judía, de la tribu de Benjamín, fariseo, etc.  Sin embargo, cuando conoció al
Señor, la actitud de Pablo cambió rotundamente.  Por eso afirma, ahora como
creyente, “Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como
pérdida por amor de Cristo.  Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como
pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del
cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo” (Fil 3:7-8).   

Para el creyente, Cristo es el “tesoro escondido” (Mat 13:44).  Y es el amor a Él que le


lleva al creyente a estar dispuesta a vender todo lo que tenga, con tal de poder ganar
ese Tesoro.  

Él es también ‘la perla de gran precio’ (Mat 13:45-46).  Con tal de obtenerlo, ningún
sacrificio es demasiado grande.  Se vende todo lo que uno tiene, con tal de ganar esa
Perla.. 

Ahora, es esta clase de amor que le ayuda al creyente a soportar las pruebas.  Miren
lo que leemos en Hch 5:41.  Los apóstoles (Pedro y Juan) habían sido arrestados y
azotados.  El Sanedrín (el “concilio”) les había prohibido predicar más el evangelio de
Cristo.  ¿Cuál fue la  reacción de los apóstoles?  ¿Salieron quejándose de lo difícil que
era servir a Cristo?  ¡Totalmente lo opuesto!  Lucas nos dice que “ellos salieron de la
presencia del concilio, gozosos de haber sido tenidos por dignos de padecer
afrenta por causa del Nombre”.  Vemos, aquí, como el amor al Señor les ayudó a
salir triunfantes de este tiempo de prueba.

O veamos el testimonio de Pablo.  Como misionero, evangelista y apóstol, él sufrió


mucho por causa de Cristo. Tenemos una lista de sus sufrimientos en 2 Cor 11:23-
28.   ¿Cuál fue su actitud ante tantas pruebas en la obra?  Leamos lo que dice, cuando
escribe a los creyentes en Colosas.  “Ahora me gozo en lo que padezco por vosotros,
y cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la
iglesia” (Col 1:24).  ¡Qué tremendo testimonio!   Fue el gran amor que Pablo tenía para
con el Señor Jesús que lo llevó a soportar y a vencer todas las pruebas que le venían
en su vida y ministerio.

Pero, ¿qué pasa cuando el amor es débil? Simplemente, fallamos la prueba.  Eso fue
lo que pasó con Pedro, la noche en que negó conocer al Señor.  Él pensaba que
amaba mucho a Cristo; pero se engañaba a sí mismo.  Cuando Cristo le advirtió que
esa noche lo iba a negar, Pedro afirmó, ‘Nunca, Señor; yo te amo, y nunca te
negaría’.  Pero eso fue exactamente lo que hizo.  Cuando la chica le preguntó si él no
era uno de los discípulos, Pedro se puso nervioso, y temiendo por su vida, negó
conocer al Señor.  ¿Por qué lo negó?  Simplemente porque en ese momento de
prueba, Pedro descubrió la realidad de su corazón – se amaba más a sí mismo, que al
Señor.   

Por eso es significativo que, después de haber fallado al Señor, cuando Cristo lo iba a
restaurar, la pregunta que se le hizo fue, “¿Me amas?” (Juan 21:15).

ILUSTRACIÓN:

En su vejez Abraham enfrentó la prueba más grande de su vida.  Por años había


pedido a Dios por un hijo.  Por fin lo tenía, a más de 100 años de edad.  Un día, el
Señor le pidió a Abraham que sacrificara a su hijo, Isaac.  ¿Cómo reaccionó Abraham
frente a esta prueba?  Gén 22:3 dice que Abraham se levantó muy temprano, para
obedecer a Dios inmediatamente.  Aunque Gén 22:12 afirma que Abraham temía a
Dios, la verdad es que también lo amaba; amaba más a Dios, que a Isaac.  Fue su
amor a Dios que lo ayudó a salir victorioso de la prueba.

Reflexión: ¿Cuánto amamos al Señor? 

La triste realidad es que nos amamos demasiado a nosotros mismos, y por eso
fallamos muchas veces en las pruebas.   Pidamos a Dios que nos conceda un amor
más sincero, serio y profundo.

2. CREER EN CRISTO (“en quien creyendo…”, v.8b)

La segunda característica del creyente es que CREE en Cristo.  Su fe viene a ser tan
importante, que es por medio de ella que Dios nos salva (Efe 2:8; 1 Ped 1:5).  La fe
también es muy importante para salir victoriosos en tiempos de prueba.  Juan afirma,
“esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe” (1 Juan 5:4). 

Es interesante notar que en Sant 1:12, la palabra ‘tentación’ (griego, ‘peirasmos’) es


la misma que se traduce ‘prueba’.   En tiempos de pruebas, experimentamos la
tentación de dudar de Dios (dudar de Su amor, de Su poder, de Su misericordia,
etc.).  Eso fue lo que pasó con Pedro, la noche que Cristo fue arrestado.  Él pensaba
creer en Cristo, por eso pensaba que nunca lo negaría.  Sin embargo, cuando Cristo
se dejó arrestar, y cuando molestó a Pedro por haber usado la espada para defenderlo
(Juan 18:10-11), la fe de Pedro se derrumbó.  Por eso, cuando la muchacha le
preguntó si conocía a Cristo, lo negó. 

Es interesante notar que antes de eso, cuando Cristo estaba hablando con Pedro, le
dijo: “Simón, Simón, he aquí que Satanás os ha pedido para zarandearos como a
trigo; pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte…” (Lucas 22:31-32).  Ahí vemos el
problema de Pedro – la falta de fe, en tiempos de prueba.  Felizmente, luego de su
falta, Pedro tuvo la oportunidad de arrepentirse, recapacitar, y volver a poner su fe en
Cristo.  ¡La oración del Señor fue contestada!  

Sin embargo, es importante aprender esta lección: si queremos soportar tiempos de


prueba, y salir victoriosos de ellos, ¡necesitamos fortalecer nuestra fe!   Y esto encaja
perfectamente con el contexto del pasaje que estamos estudiando.  En 1 Ped 1:5-7, el
apóstol indica que tiempos de prueba venían pero que el propósito de esas pruebas
era fortalecer su fe.  Dado a que somos salvos y guardados por la fe, esa fe debe ser
genuina y fuerte.  Y es justo para ayudarnos a entender qué clase de fe tenemos, y
para fortalecer esa fe, que Dios permite pruebas en nuestras vidas.  Las pruebas
evalúan la calidad de fe que tenemos, y también la fortalece (si es que es una fe
genuina).

Ejemplos: Job fue probado en forma increíble.  ¡Perdió todo lo que tenía!  Sin


embargo, aunque
                 tuvo muchas luchas internas, en medio de todo su sufrimiento, su fe
prevaleció.  Al
                comienzo dijo, “Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová
bendito” (Job
                1:21).  Luego ratificó su fe en una de las más grandes declaraciones que
tenemos en
                el Antiguo Testamento: “Yo sé que mi redentor vive…” (Job 19:25-27).  Con
esto          
    podemos comparar la tremenda fe de Pablo, al fin de su vida, cuando
escribió: “yo sé
    a quien he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi
depósito para
    aquel día” (2 Tim 1:12).

                 David también fue un hombre que pasó por muchas pruebas.  En una de


ellas, cuando
                estaba siendo atacado por una serie de enemigos (Sal 31:11-13), David
declara, “Mas
                yo en ti confío…” (Sal 31:14); y luego añade estas tremendas palabras:
“¡Cuán
                grande es tu bondad, que has guardado para los que te temen…!” (Sal
31:19).

Reflexión: ¿Cuán fuerte es nuestra fe?   ¿Soporta tiempos de prueba? 

En tiempos de prueba, es de vital importancia depositar toda nuestra confianza en


Dios, y esperar confiadamente en Él.
3. EXPERIMENTAR PROFUNDO GOZO (“os alegráis con gozo inefable y glorioso”,
v.8c)

Una tercera característica del creyente es que se GOZA en Cristo.  A los creyentes en
Filipos, Pablo los exhorta, “Regocijaos en el Señor siempre.  Otra vez digo:
¡Regocijaos!” (Fil 4:4). 

Pero, ¿es posible gozarse en tiempos de prueba?   Parece que sí, porque eso es
precisamente lo que Cristo nos manda hacer.  En las Bienaventuranzas de Mateo 5,
Cristo termina diciendo, “Bienaventurados los que padecen persecución por causa de
la justicia…Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y
digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo.  Gozaos y alegraos…” (Mat 5:10-
12). 

Quizá Pedro estaba recordando estas palabras del Señor, cuando redactó su epístola,
diciendo: “Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido,
como si alguna cosa extraña os aconteciese, sino gozaos por cuanto sois
participantes de los padecimientos de Cristo…” (1 Ped 4:12-13).

Ejemplo: Esta fue la reacción de los apóstoles en Hch 5:41.  

Habría que añadir dos cosas:

i. Las únicas personas que podrían gozarse en tiempos de persecución son aquellas
que aman mucho al Señor, y confían tremendamente en Él. (ver Fil 2:17-18) 

ii. Este gozo nos es algo que nosotros tenemos que tratar de generar, para soportar
tiempos de prueba.  No; esto es algo que Dios derrama en nosotros (ver Rom 5:5).  El
gozo, al igual que el amor, es un fruto del Espíritu Santo.  Solo podemos tener esto,
cuando Dios derrama sobre nosotros de Su Espíritu, quien produce en nosotros amor
y fe y gozo espiritual.

Por eso Pedro puede describir este gozo como un gozo:

-          “inefable”: no se puede describir.


-          “glorioso”: porque viene del cielo.

Ejemplo: Los creyentes en Tesalónica (1 Tes 1:6).


               Pablo y Silas en la cárcel (Hch 16:25).

Reflexión: ¿Experimentamos ese gozo en tiempos de prueba?  Si no, debemos pedir


a Dios, que nos conceda ese fruto tan importante del Espíritu Santo.

4. OBTENER LA SALVACIÓN (“obteniendo el fin de vuestra fe, que es la


salvación…”, v.9)

Una cuarta característica de verdadero creyente es que está seguro de su salvación.


¡YA ES SALVO! Ya ha sido resucitado con Cristo; ya está sentado con Cristo en
lugares celestiales; ya está reinando con Cristo (Efe 2:5-6).  Pablo expresa la
seguridad de la salvación en la siguiente manera:

“a los que predestinó, a éstos también llamó;


 y a los que llamó, a éstos también justificó;
 y a los que justificó, a éstos también glorificó” (Rom 8:30).
Sin embargo, aunque el creyente es conciente de ya ser salvo, en cierta manera sigue
esperando la salvación (ver Rom 13:11). En esto, él sigue el ejemplo de la creación
(Rom 8:19-23).

NOTA: El contexto de estas afirmaciones de Pablo, en Rom 8, son las pruebas de la


vida
            cristiana (Rom 8:17-18).

El creyente está esperando su salvación.  La espera con seguridad.   Y es esa


‘esperanza’ que le trae gozo, aun en medio de las pruebas.  Todo esto es un anticipo
de la salvación (ver Apo 19:6-7).

Por ende, el creyente que experimenta estas cosas (amor, fe, gozo, en tiempos de
prueba), ya está experimentando algo de la salvación final.  ¡Ya lo tiene por
adelantado!   Y esa experiencia es lo que le ayuda a salir victorioso de los momentos
difíciles de su vida.

Reflexión: ¿Tenemos esta esperanza firmemente en nuestros corazones?  


                  ¿Sirve como un ancla en las pruebas?

Conclusión

Si somos creyentes, podemos estar seguros que tendremos pruebas a lo largo de


nuestras vidas.  La pregunta es, ¿Cómo vamos a responder ante estas
pruebas?   ¿Saldremos victoriosos?

La única manera de hacerlo es tomando en cuenta estas cuatro cosas que Pedro
menciona en estos versos. ¿Las estamos experimentando?