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SETECA

1409 Teología de la Unidad


Dr. David Suazo J.

LA IGLESIA CATÓLICA ROMANA Y EL ECUMENISMO

Introducción

1. Oposición al ecumenismo.

A principios del siglo XX, cuando surgió el movimiento ecuménico


protestante, La Iglesia Católica Romana no tuvo participación ni interés alguno.
Casi ni se dio por enterada. Al contrario, tiempo después, hubo oposición abierta
desde las esferas de la jerarquía, empezando por los papas. Para la Iglesia Católica
Romana el ecumenismo protestante era parte del así llamado “modernismo”, es
decir, el liberalismo teológico que había surgido y florecido en Europa en el ámbito
protestante y que representaba algo dañino para la iglesia. Desde el principio la ICR
identificó el ecumenismo protestante con el liberalismo teológico.

El papa Pío XI en su encíclica Mortalium animus (1928) presenta su postura


frente al movimiento ecuménico protestante. Pío XI presenta a la ICR como la
“verdadera religión” y enjuicia negativamente el movimiento ecuménico de los
grupos no católicos. Esta es la postura oficial más clara de la ICR, tocante al
movimiento ecuménico protestante, antes del Concilio Vaticano II. Esta postura es
abiertamente opositora del movimiento ecuménico protestante.

El papa Pío XII (1939-1958) condenó la “nueva teología” (un movimiento


teológico dentro del catolicismo que surgió y se desarrolló en Francia en esos años)
y subrayó la autoridad apostólica del papa, sin dar muchas esperanzas al
movimiento ecuménico que ya comenzaba a verse entre algunos teólogos del
catolicismo de vanguardia. Poco antes de la fundación del CMI la ICR se pronunció
en contra de la participación de católicos en la conferencia de Amsterdam. De
manera que el CMI se fundó no solamente sin la presencia de católicos, sino con la
oposición oficial de la ICR. Esto es necesario decirlo para aclarar que el
ecumenismo no es una iniciativa de la ICR para “hacer volver” a los protestantes al
seno de ella.

2. Inclinación ecuménica de líderes católicos.

Uno de los personajes católicos que primero comenzaron a tratar el tema de


la unidad y del ecumenismo fue Ives Congar (1904-1995). En 1937 Congar publicó
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un desafiante libro titulado Chrétiensdésunis: Principesd’un “oecuménisme”


catholique (Cristianos desunidos: Principios de un ecumenismo católico). Después
del Concilio Vaticano II el libro se editó y publicó con grandes cambios con el título
Cristianos en diálogo en 1967. Congar se abrió al diálogo teológico con teólogos
protestantes de la época. Además, él fue uno de los primeros en promover una
renovación dentro de la ICR, tratando de volver a sus raíces bíblicas y patrísticas en
vez del énfasis jurídico y jerárquico que había adoptado la ICR. Por estas y otras
razones Congar fue disciplinado por 10 años, pero regresó al seno de la Iglesia
cuando hubo algunos cambios bajo el papa Juan XXIII y fue uno de los teólogos
participantes e influyentes del Concilio Vaticano II.

Otro de los teólogos católicos que expresó inclinación ecuménica fue Karl
Rahner (1904-1984). El concepto teológico más revolucionario de Rahner en este
sentido es el de “cristianos anónimos”, con el que se reconoce la realidad de
cristianos fuera de los círculos de la Iglesia Católica Romana e incluso fuera de los
círculos de las otras iglesias cristianas (protestantes y ortodoxas). Rahner fue uno de
los teólogos con más diálogo con teólogos protestantes, incluso en temas tan
polémicos como la “sola Scriptura” o la salvación por gracia. Rahner fue el
principal consejero teológico de Juan XXIII y el teólogo oficial del Concilio
Vaticano II. Además, fue el mentor de varios de los teólogos católicos más
destacados de la segunda mitad del siglo XX.

3. Movimientos precursores del ecumenismo en la ICR.

En círculos católicos se habla de la “renovación católica” como un


movimiento polifacético que había comenzado a principios del siglo XX y que
culminó con el Concilio Vaticano II (1962-1965) y el movimiento carismático
católico (1967). Estos movimientos incluyen una renovación bíblica, es decir, el
esfuerzo por estudiar la Biblia de manera más seria con traducciones bíblicas,
comentarios bíblicos y estudios exegéticos, siguiendo lo que los protestantes habían
estado haciendo desde tiempos de la Reforma, pero que no lo había hecho la ICR.

La renovación católica también incluyó una renovación litúrgica con varios


componentes, como el uso de los idiomas vernáculos (siguiendo la práctica
protestante) y la participación activa y determinante de los laicos (siguiendo la
práctica del protestantismo).

El movimiento oficializado por el papa Pío XI en 1922 llamado “Acción


Católica” inyectó en la ICR el dinamismo de los seglares en, prácticamente todas las
actividades de la Iglesia, incluyendo la participación en la jerarquía oficial. En
América Latina este movimiento intentó cambiar las prácticas de la religiosidad
popular católica heredadas del tiempo de la Colonia, especialmente el asunto de las
imágenes en los templos y las actividades relacionadas con ellas (procesiones,
festividades, etc.). Aunque este movimiento era oficial y no buscaba un
acercamiento al protestantismo, en la práctica, al menos en América Latina, hubo
cierto acercamiento “no oficial”.
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Apertura oficial al ecumenismo en la ICR

1. La Instrucción del Santo Oficio: “Ecclesia Católica”, 1949

En ocasión de la fundación del Consejo Mundial de Iglesias en 1948 los


obispos holandeses publicaron una carta pastoral llamada Mortaliunanimos en la
que reconocen el valor de los esfuerzos ecuménicos protestantes, pero a la vez
ratifican que la ICR es la iglesia que representa y donde reside la unidad cristiana:
“Retorno a ella es retorno a la unidad que ella preserva”. Se puede observar, que,
aunque hay un reconocimiento de los esfuerzos protestantes por la unidad, la ICR se
considera la dueña de la unidad cristiana y a donde deben llegar todos los que la
buscan.

En 1949 la Congregación del Santo oficio promulgó una instrucción llamada


De motione oecumenica, la cual fue conocida popularmente como Ecclesia
Católica. Este documento representa el primero en que oficialmente la ICR estimula
y regula la participación de los obispos en los esfuerzos ecuménicos que incluyen
cuestiones sociales y éticas así como la participación de sacerdotes calificados en
conversaciones doctrinales inter confesionales. Sin embargo, se insiste en que las
iglesias separadas deben retornar a Roma para lograr la meta de la unidad.

2. Observadores católicos en Lund, Suecia 1952, cuando se celebró una de las


conferencias convocadas por Fe y Orden del CMI

Dos acontecimientos sobresalen en el año 1952. Primero se funda “La


Conferencia Católica para las cuestiones ecuménicas” en Alemania bajo la
autorización de Roma. Sin embargo, el acontecimiento más sorprendente es el envío
de observadores oficiales a la Conferencia de Fe y Orden del CMI, celebrado en la
ciudad de Lund, Suecia en agosto de 1952. Esta acción fue seguida luego por el
envío de observadores católicos a la segunda asamblea del CMI de Evanston, Ill en
1954 y a la tercera en Nueva Delhi en 1961.

3. El Papa Juan XXIII. Su vida, su inclinación ecuménica, su pensamiento


teológico, eclesial, y social.

El 28 de octubre de 1958 fue elegido papa Angelo Giuseppe Roncalli, quien


adoptó el nombre de Juan XXIII. Pocos meses después, el 25 de enero de 1959 Juan
XXIII anunció la convocación de un Concilio Ecuménico para promover la unidad
de los cristianos, ante el asombro de los propios católicos y la alegría de ortodoxos
y protestantes. El 5 de junio de 1960 Juan XXIII creó el Secretariado para la Unidad
de los Cristianos, el cual tenía como objetivo inmediato ser el organismo
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responsable de la preparación para el Concilio Vaticano II y como meta a mediano y


largo plazo establecer y mantener las relaciones con el Consejo Mundial de Iglesias.

Al interior de la ICR Juan XXIII estableció la meta de actualizarla para que


pudiera cumplir su misión al mundo de una manera más efectiva y acorde con las
nuevas realidades. Esto incluía una revisión y reforma del Código de Derecho
Canónico.

Al exterior de la ICR Juan XXIII realizó papeles políticos y diplomáticos,


especialmente con los regímenes comunistas de Europa de Este. Logró, por medio
de estos esfuerzos, que los obispos de Polonia, Hungría y otros países tras “la
cortina de hierro” obtuvieran permiso para asistir al concilio.

El Segundo Concilio Vaticano (1962-1965)

1. La escena mundial

El mundo vivía la tensión de la guerra fría y la efervescencia de


movimientos revolucionarios en regiones como América Latina y África. En el
ámbito religioso se observaba un despertar de los movimientos protestantes
evangélicos y pentecostales, sobre todo en América Latina que tomaron por sorpresa
a la ICR. Se interpretaba que estos movimientos eran parte de la estrategia de
Estados Unidos para frenar el avance de los movimientos revolucionarios de
inspiración socialista y comunista como parte de esa guerra fría que el mundo
experimentaba.

En África muchos países que antes habían sido colonias de potencias


europeas estaban obteniendo su independencia o luchando por ella con las guerras
derivadas de esa lucha. Europa veía los primeros esfuerzos para la unificación de los
países de Europa Occidental, pero al mismo tiempo experimentaba la separación
ideológica/política, principalmente en países como Alemania. Los países del sur de
Europa luchaban por incorporarse al desarrollo del norte europeo sin mucho éxito.
Estados Unidos de Norteamérica, por su parte se había embarcado en una guerra
lejos de su territorio en Vietnam como parte de su estrategia para detener el avance
comunista en Asia

2. El desafío a la ICR: renovarse o seguir perdiendo terreno en el mundo


moderno

El papa Juan XXIII tenía como propósito principal de su pontificado el


aggiornamento de la ICR. Esto significaba poner al día a la ICR frente a los
desafíos del mundo moderno, en donde el protestantismo parecía estar más
actualizado y era más efectivo. Algunos pasos se habían tomado ya, como se vio
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arriba, en los campos bíblicos y litúrgicos, pero la parte más complicada siempre ha
sido la iglesia misma, es decir, su estructura, su teología y su misión. Para lograr
este propósito Juan XXIII convocó el Segundo Concilio Vaticano.

3. Los propósitos del Concilio Vaticano II

El propósito original de Juan XXIII al convocar el concilio era, como se dijo


antes, “poner al día” a la ICR frente a los desafíos del mundo moderno. Esta
renovación incluía aspectos constitutivos, misionales y relacionales con las otras
iglesias no católicas.

Otro propósito derivado de lo anterior, pero muy importante, al menos al


principio, fue la promoción de la unidad de las diversas iglesias cristianas. Por eso
provocó mucha expectación entre protestantes y ortodoxos. Sin embargo, al final el
“ecumenismo” pregonado en el concilio no era otra cosa que un llamado a retornar a
la “verdadera” iglesia donde se concentra la unidad de la iglesia, a pesar de los
esfuerzos de teólogos católicos prominentes como Rahner y Congar.

Más específicamente el papa Juan XXIII expresó los objetivos del concilio
en su encíclica Ad Petri Cathedram de la siguiente manera: “El objetivo principal
del concilio consistirá en promover el desarrollo de la fe católica, la renovación de
la vida cristiana de los fieles, la adaptación de la disciplina eclesiástica a las
condiciones de nuestro tiempo”.

A lo anterior hay que agregar propósitos no anunciados oficialmente, pero


que están “tras bambalinas”. Se trata de los propósitos políticos y diplomáticos, es
decir, que la ICR gane terreno e influencia en lugares y escenarios donde no los ha
tenido o donde los ha perdido: el mundo oriental (iglesias ortodoxas), el mundo
comunista y el movimiento ecuménico protestante. De hecho, estos propósitos sí se
lograron en gran medida.

4. Los dos papas del concilio: Juan XXIII y Pablo VI

Lo peor que le pudo haber pasado al concilio fue la muerte de su diseñador,


Juan XXIII. Esto sucedió el 3 de junio de 1963, es decir, en el receso entre la
primera sesión (que se clausuró el 8 de diciembre de 1962) y la segunda sesión (que
se inauguró el 29 de septiembre de 1963). Hubo temores de que Pablo VI
suspendiera indefinidamente el concilio, porque la personalidad y los intereses de
este nuevo papa no eran los mismos que los de su antecesor. Sin embargo, Pablo VI
decidió, sabia y políticamente, continuar con el concilio, aunque éste no fue igual y
los propósitos originales cambiaron. Cito un comentario que recoge Javier Gonzaga:

Sin embargo, aquella única renovación que se prometían muchos _y a la cual


prestó Juan XXIII todo su entusiasmo y autoridad_, dejó lugar a una actitud
más cautelosa, más conservadora, en suma: más típicamente romana. Y de
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esta manera, “un concilio que prometía llevar a cabo una profunda
renovación interna del Catolicismo Romano, se ha convertido en un
parlamento que busca la vía media del compromiso y la dilación”.1

De manera que, en términos del acercamiento católico al movimiento


ecuménico protestante, Pablo VI se distanció de lo que Juan XXIII había logrado.
Las expectativas que se habían levantado entre protestantes y ortodoxos se fueron
desvaneciendo. Esto no significa, sin embargo, que no hubo señales de
acercamiento y declaraciones oficiales a favor de la unidad dentro del concilio. Sí
los hubo, pero en un tono más reservado.

5. El ecumenismo en los documentos conciliares: “Constitución sobre la Iglesia


(Lumen Gentium)”. “Declaración sobre las religiones no Cristianas”. “Decreto
sobre el ecumenismo”.

Los tres documentos conciliares mencionados aquí son los que se relacionan
más directamente con el tema ecuménico que nos ocupa, pero el más específico y el
que más impacto ha tenido es el llamado Unitatis redintegratio, que es el Decreto
sobre el ecumenismo. Originalmente este decreto se llamó “Principios sobre el
ecumenismo católico”, pero después se cambió a “Principios católicos sobre el
ecumenismo”. Es en este documento en el que los cristianos no católicos reciben por
primera vez el nombre de “hermanos separados”.

A pesar de esta apertura la ICR sigue considerándose a sí misma como el


centro y el lugar donde deben converger todos para encontrar la verdadera unidad.
Se afirma que la verdadera iglesia subsiste en la ICR. A continuación un párrafo
significativo de este decreto:

“Por consiguiente, aunque creamos que las Iglesias y comunidades separadas


tienen sus defectos, no están desprovistas de sentido y de valor en el misterio de la
salvación, porque el Espíritu de Cristo no ha rehusado servirse de ellas como
medios de salvación, cuya virtud deriva de la misma plenitud de la gracia y de la
verdad que se confió a la Iglesia. Los hermanos separados, sin embargo, ya
particularmente, ya sus comunidades y sus iglesias, no gozan de aquella unidad que
Cristo quiso dar a los que regeneró y vivificó en un cuerpo y en una vida nueva y
que manifiestan la Sagrada Escritura y la Tradición venerable de la Iglesia.
Solamente por medio de la Iglesia católica de Cristo, que es auxilio general de la
salvación, puede conseguirse la plenitud total de los medios salvíficos… Pues,
aunque la Iglesia católica posea toda la verdad revelada de Dios, y todos los medios
de gracia, sin embargo, sus miembros no la viven consecuentemente con todo el
fervor”.

Javier Gonzaga, Concilios, Tomo II, Grand Rapids: International Publications, 1966: 857.
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De manera que este documento oficial confirma y ratifica la postura de la ICR que,
aunque hay elementos valiosos entre los “hermanos separados”, solamente en la ICR se
encuentra la verdadera unidad.

6. Observadores no católicos en el Vaticano II.

Una de las decisiones más importantes previas al Concilio fue la invitación


hecha a representantes de grupos no católicos para que asistieran en calidad de
observadores a las sesiones del concilio. El número de observadores protestantes
varió de unas pocas decenas al principio a varios centenares al final. Hubo un
observador protestante latinoamericano: José Míguez Bonino. Hubo incluso
teólogos protestantes que ofrecieron conferencias y ponencias alternativas en medio
del desarrollo del concilio, tal como sucedió con Oscar Cullman.

7. Acciones concretas como resultado del concilio

7.1 Reconciliación entre el Papa Pablo VI y el Patriarcado de Constantinopla


(diciembre 7, 1965), hacia el final del cuarto y último período del Concilio.

7.2 Secretariados de la Santa Sede para promover la unidad: Con los Cristianos
(fundado por Juan XXIII en 1960 y confirmado por Pablo VI en enero de 1965),
con los de las religiones no cristianas y con los no creyentes. Estos dos
secretariados que autorizan el ecumenismo extra-cristiano fueron establecidos
por el Papa Paulo VI en el documento “Finis concilio” en enero de 1966.

Ecumenismo católico posconciliar

1. Documentos y acciones oficiales

A partir del 1 de marzo de 1989 el Secretariado para la Unidad cambió su


nombre por el de Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad. Este Consejo
ha creado, junto con el CMI una comisión mixta de trabajo. Esta ha sido la
participación oficial más importante de la ICR en el movimiento ecuménico
protestante.

Este Consejo también ha creado el Directorio Ecuménico, que especifica los


términos y los pasos que los católicos deben dar en el trabajo ecuménico.

Otro paso en el ecumenismo católico se dio con la encíclica It unum sint (del 25
de mayo de 1995) del papa Juan Pablo II. La encíclica no aporta muchas novedades.
Pasa revista de los logros ya alcanzados por el movimiento ecuménico y describe
con notas de esperanza el futuro del movimiento. Sin embargo, también reconoce
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que el ejercicio del ministerio universal del papa es todavía un obstáculo para una
verdadera unidad.

2. Hans Küng y la disidencia católica contemporánea

En las décadas posteriores al Concilio Vaticano II surgió la figura de Hans Küng


como el principal propulsor de cambios estructurales, teológicos y estratégicos
dentro de la ICR. En 1979 el Vaticano le retiró la licencia a Küng para enseñar
teología católica, debido en parte a su libro ¿Infalible? Un interrogante, donde
cuestiona el dogma de la Infalibilidad Papal. Su actitud crítica frente al Vaticano, y
especialmente frente a la figura del papa Juan Pablo II, lo convirtieron en uno de los
principales teólogos críticos.

En 1987 en alemán y en 1989 en español se publicó el libro Teología para la


postmodernidad: Fundamentación ecuménica. En este libro Küng propone una
teología ecuménica dentro del ámbito cristiano como la solución al problema de las
divisiones dentro del mismo y como el aporte cristiano a la nueva cultura
postmoderna.

A partir de 1995 se embarcó en un nuevo proyecto llamado “Fundación Ética


Mundial”. Küng es el fundador presidente de la Fundación Ética Mundial que tiene
su sede central en Alemania. Esta organización además existe en muchos otros países
y promueve básicamente el diálogo interreligioso como base para iniciar los
procesos que conlleven a la paz mundial. Su lema es "No habrá paz mundial sin paz
entre las religiones, no habrá paz entre las religiones sin diálogo entre las
religiones".

En abril de 2010 Küng publicó una carta abierta a los obispos católicos en la que
señala la necesidad de una reforma dentro de la ICR y pide que los obispos actúen
más en representación y a favor del pueblo que del papa y de la curia romana.
También propone la convocación de un nuevo concilio o, al menos un sínodo
episcopal representativo para reformar la iglesia.

En agosto de 2011 Küng concedió una entrevista a raíz de la publicación de su


último libro Diagnóstico: enferma terminal ¿Se pueda salvar aún la Iglesia? Küng
propone aquí una especie de ecumenismo popular “desde abajo” a espaldas de la
jerarquía y en beneficio del pueblo. Señala unos ejemplos de esto en comunidades
de Alemania, donde ya hay esfuerzos de unidad de base entre católicos y
protestantes.

Durante el pontificado de Benedicto XVI (2005-2013) Küng se pronunció


abiertamente en contra de la institución del papado y que la reforma al interior de la
ICR debería comenzar por eliminar esa institución. Sin embargo, con la llegada de
Francisco I en 2013, Hans Küng ha expresado cierta esperanza de que este papa va a
hacer cosas más correctas en la dirección de una reforma más profunda de la Iglesia
Católica Romana. No obstante, no se ve mayor cambio en los asuntos de fondo que
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Küng ha cuestionado como es la estructura monárquica de gobierno de la que el


papado es su máximo exponente. Así como está organizada la ICR, se dice allí que
la unidad cristiana necesariamente tiene que pasar y quedarse allí.

3. La Asociación de Teólogos Juan XXIII

Poco después de la publicación de la carta abierta a los obispos de Hans


Küng, en 2010, la Asociación de Teólogos Juan XXIII de España, presidida por
Juan José Tamayo, publicó una declaración oficial en la que respalda la carta de
Küng y puntualiza varios asuntos específicos. El punto más atrevido de la
declaración es la petición de la dimisión del papa Benedicto XVI en aquél entonces.